Amenazas a la piedad del joven 2

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IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

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El legado espiritual de Juan Calvino 7

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Calvino y la “teocracia” ginebrina

Ginebra bajo Calvino ha sido definida como teocracia, clerocracia también como bibliocracia. En esta concepción “teocrática” muchos son los estudiosos del Reformador que han llegado a la conclusión de que los fundamentos del gobierno eclesial, político y social desarrollados e implantados por Calvino en Ginebra fueron de carácter más vetotestamentario que neotestamentario. Estas afirmaciones no pueden tomarse a la ligera y, una vez más, merecen un juicio equilibrado a la luz de la enseñanza bíblica.

Las Escrituras describen la historia de la redención como un proceso de progresión creciente, que se inicia con la promesa de salvación dada a Adán y Eva, y que en el curso del tiempo, a través de la ley y los profetas, se amplía y enriquece en sus contenidos, hasta que en la “plenitud de los tiempos”, con la venida del Mesías, adquieren pleno cumplimiento. El Nuevo Testamento marca la pleroma de las crecientes y renovadas promesas de salvación del Antiguo Testamento. Evidentemente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, pero la luz de revelación soteriológica no es la misma en los dos Testamentos: de menos luz se pasa a más luz, hasta que en el Verbo encarnado la luz de la antigua dispensación se hace plena LUZ. “Dios es luz”, y los que han visto y ven al Hijo de Dios ven la luz del Padre. Y esto es así con todos los contenidos de la Escritura: encierran un mensaje revelacional que va constantemente a más en conformidad con los planes soberanos del Dios de la salvación y de la historia. Po-siblemente Calvino tuvo una idea demasiado horizontal del tiempo bíblico y situó los contenidos de ambos Testamentos a un mismo nivel de actualidad revelacional y de contenido. Esto podría explicar algunas de sus apelaciones al Antiguo Testamento como base argumentativa de sus concepciones más o menos teocráticas. ¿Pasaron estas apelaciones por el filtro de la pleroma del Nuevo Testamento?

Calvino rechazó la idea anabaptista de que toda la estructura eclesial concernía únicamente al ámbito de los creyentes, e hizo suya la distinción zuingliana de una Iglesia invisible en el seno de una Iglesia visible —la ecclesiola en ecclesia de Lutero—. En su aspecto visible la Iglesia es la comunidad de los que profesan la verdadera fe —con sus hijos—, predica fielmente la Palabra de Dios, administra correctamente los sacramentos y ejerce la disciplina sobre sus miembros. En su aspecto invisible la Iglesia es el cuerpo de los elegidos, la comunidad de los creyentes de todos los tiempos: la Iglesia católica, la Iglesia universal. Esta universalidad tiene también una manifestación visible. [Ni Calvino, ni los los reformados posteriores, han logrado clarificar suficientemente y convincentemente la idea de universalidad en la Iglesia visible]. Cristo es la cabeza de la Iglesia y la fuente de toda su autoridad. Cristo, a través de aquellos que han sido llamados a los diferentes ministerios eclesiales, ejerce su autoridad en la Iglesia. La elección de pastores, ancianos y diáconos por parte de la congregación “viene a ser la confirmación externa de la autoridad y llamamiento interno que estos han recibido de Cristo, el Señor de la Iglesia” —afirma Calvino—. El poder de la iglesia local reside en el cuerpo gobernante de la congregación local. La autoridad de la Iglesia es espiritual y concierne únicamente a los creyentes. A los presbíteros incumbe la implantación del buen orden y la disciplina en la Iglesia. Calvino hacía de la disciplina una de las señales de la verdadera Iglesia, y a través de ella confiaba instaurar el más alto grado de santidad y pureza moral en su seno.

En la aplicación de estos principios eclesiológicos, Calvino no fue consecuente. Y ello se debió, en parte, a que nunca pudo desprenderse de todo un lastre de prejuicios religiosos medievales, y que él pretendió de algún modo justificar recurriendo a cuestiona-bles paralelos con la teocracia vetotestamentaria. En contra de sus propias afirmaciones, Calvino fue incapaz de delimitar con precisión las diferencias de competencia entre lo estatal y lo eclesial. En la práctica, su idea de “iglesia visible” terminaría englobando en su seno a la esfera civil, e identificaría el ámbito eclesial con los límites geográficos de un territorio. Y es por esta identificación territorial por lo que en la Ginebra calvinista no había lugar para los disidentes religiosos: si pasado un tiempo razonable los extranjeros venidos a la ciudad no llegaban a identificarse con su credo doctrinal, obligatoriamente debían abandonar el cantón. Por otro lado, ¿era justo someter a los no creyentes de la Iglesia visible al régimen normativo y disciplinario de la autoridad eclesial?
Para Calvino, tanto la Iglesia como el Estado habían de supeditarse y regirse por la Palabra de Dios. Obviamente esto otorgaba a los pastores y teólogos un rango de autoridad superior al de los poderes civiles. Como intérpretes de la Revelación bíblica, los ministros del Evangelio podían determinar las pautas a seguir en todas las cuestiones de ámbito religioso, social y político. Y en tanto que Calvino era el gran expositor de las Escrituras, a todos los niveles sus consejos y dictámenes pesaban y eran tenidos en cuenta. Esto explica también el hecho de que el Reformador nunca pretendiera cargo político alguno, ni se diera prisa en obtener la ciudadanía ginebrina: en última instancia todo los resortes importantes de poder estaban en sus manos; e incluso en asuntos de índole muy secunda-ria, su juicio y opinión eran tenidos muy en cuenta. Al primer den-tista que se personó en Ginebra con ánimo de ejercer su profesión, no se le concedió la debida licencia hasta después de haber probado satisfactoriamente sus habilidades en la boca de Calvino.

En el ámbito de la disciplina eclesiástica, Calvino creía ver un ejemplo claro de interdependencia entre lo civil y lo eclesial. Esta creencia se basaba, una vez más, en la suposición de que todos los ciudadanos eran a la vez miembros de la Iglesia visible y, en con-secuencia, estaban sujetos también a su disciplina. Por otro lado, y en tanto que la autoridad del gobierno civil regía en el ámbito de las dos tablas de la Ley mosaica, entre sus obligaciones primaba la de “mantener el culto a Dios, preservar la verdadera doctrina y defender la constitución de la Iglesia”. Bajo este régimen autoritario, la vida de los habitantes de Ginebra transcurría dentro de unas reglas de estricta disciplina civil, moral y religiosa. La pena de muerte era preceptiva en casos de herejía, brujería y adulterio. Se castigaba con penas diversas las diversiones mundanas, la blasfemia, la lectura de libros “inmorales”, etc. Durante la semana, las actividades seculares se realizaban en estricta alternancia con las religiosas: estudio de las Escrituras, canto de los Salmos etc. La inasistencia a los servicios religiosos era sanciona-da, y con la finalidad de descubrir a los infractores inasistentes, se autorizaba a “oficiales espías” la entrada en las casas de los ciudadanos.

El juicio y muerte de Miguel Servet se enmarca en este contexto general de intolerancia que se vivía en Ginebra. En la condena y quema de herejes, la mente de muchos protestantes del siglo XVI permaneció ciegamente anclada en el catolicismo. De entre todas las formas de persecución, la más censurable y condenable es la religiosa, pues se practica en nombre de Dios y se opone radicalmente al espíritu del cristianismo y a las normas más esenciales de Humanidad. Y en esto las iglesias de la Reforma mostraron una tortuosa senda de actuación. Lutero —que en Worms revindicó los derechos inalienables de la conciencia, y en sus primeros escritos se nos muestra como campeón de la tolerancia— más tarde sucumbiría también a las viejas prácticas intransigentes del catolicismo.

La condena de Servet constituye la página negra de la biografía de Calvino. Calvino fue gran-de, sumamente grande en sus virtudes y talentos, pero en su talante religioso fue duro y radicalmente intolerante. Conoció personalmente a Servet en 1534, en París, y pronto se percató de que por su agudeza mental y radicalidad de ideas, el aragonés iba a ser un formidable enemigo de la teología reformada: como realmente así fue. Siete años antes de la muerte de Servet, en una carta a G. Farel, Calvino declaraba que de venir el aragonés a Ginebra haría uso de toda su autoridad para que no saliera de allí vivo ( […] Nam si venerit, modo valeat mea auctorita.s, vivum exire nunquam patiar). Para Calvino la persona y los escritos de Servet encarnaban la herejía en su grado más abyecto, y no cejó en su celo persecutorio del aragonés hasta verle en la hoguera ginebrina. (No se olvide, por otro lado, que Servet llegó a Ginebra huyendo de la condena a la hoguera que le había impuesto la Iglesia católica). Al reprobar y condenar a Calvino por la muerte de Servet, de hecho condenamos a toda una época. Los líderes religiosos de aquel tiempo —tanto católicos como protestantes— fueron radicalmente intolerantes con la herejía. Incluso para el suave y gentil Melanchton, la muerte de Servet constituyó “un piadoso y memorable ejemplo para toda la Humanidad”. A juicio de Beza la libertad religiosa era “un dogma diabólico”. Después de la muerte de Servet, y con el propósito de contra-rrestar las duras críticas recibidas por parte de unos pocos teólogos y humanistas del tiempo, Calvino escribió la Declaratio orthodoxae fidei de Sacra Trinitate. A nuestro jui-cio, esta réplica carece de la solidez argumentativa y base bíblica de todas sus otras producciones. Es uno de los escritos “argumentativos” más débiles que fluyeron de su pluma.
En mayor o menor grado, los líderes de la Reforma traicionaron los principios neotestamentarios de libertad religiosa y libertad de conciencia; y de perseguidos pasa-ron a perseguidores. En contra de esta negación de libertades, los protestantes españoles —también calvinistas— fueron unos adelantados de la Reforma. Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, y Cipriano de Valera, condenaron siempre la intolerancia religiosa y la imposición de la pena capital a los herejes. Cuando Servet fue condenado y quemado en la hoguera, Casiodoro de Reina —el traductor de la Biblia al castellano (1569)— mos-tró total repulsa con la sentencia. Según el testimonio histórico, siempre que caminaba cerca del lugar en que fue quemado Servet, “las lágrimas fluían de sus ojos”. Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y otros reformadores españoles que llegaron a Ginebra —huidos de la Inquisición española—, residieron durante muy poco tiempo en la ciudad de Calvino. No puede alegarse como justificante de la intolerancia protestante la repetida “excusa” de que en este tema Calvino, y los demás reforma-dores, fueron “hijos de su tiempo”. Más correcto sería decir que sucumbieron al tiempo; y sucumbieron con el agravante de haber pecado contra la luz del Nuevo Testamento que ellos mismos habían vislumbrado. Evidentemente, no todos los logros de la Reforma fueron in-mediatos y de fácil consecución. Fueron los calvinistas de segunda generación quienes, haciendo causa común con los bautistas y demás stepchildren de la Reforma, lograron desarrollar en las naciones protestantes los gérmenes democráticos de libertad y tolerancia implícitos en el calvinismo.

 

Continuará …

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Amenazas a la piedad del Joven 1

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Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 6

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2] . Elección incondicional. Según este segundo punto doctrinal, de entre la humanidad caída, desde antes de la fundación del mundo Dios escogió a un número de pecadores para salvación y dejó a otros en su estado de pecado y condenación. Esta elección des-cansa en el propósito soberano de Dios y en el “puro afecto de su voluntad”. Dios es el Alfarero divino que del barro de su creación dispone de los vasos de honra y deshonra según el beneplácito de su soberana voluntad, y por encima de los criterios humanos de pequeña lógica y justicia. En palabras de Jesús: “Si, Padre, porque así te agradó” (Mr. 11.26). Insiste Calvino en que la elección pone de manifiesto el carácter totalmente gratuito y totalmente inmerecido de la salvación, y descarta, en consecuencia, cualquier pretensión de meritoriedad por parte del hombre. El misterio de la elección involucra a las tres personas de la Trinidad: Dios Padre elige y entrega al Hijo para la salvación de los elegidos; a estos redime Dios Hijo al aplicarles Dios el Espíritu Santo los méritos del Salvador. Es por la obra del Espíritu Santo por la que el pecador es renovado y regenerado espiritualmente y capacitado para oír y aceptar, la invitación del Evangelio. Tanto la justificación como la santificación tienen su origen en la libre gracia de Dios y tienen en Cristo su raíz. Ambas se encuentra en la misma persona: los que son justificados son también santificados. Por la justificación la justicia de Cristo es imputada al pecador. Por la santificación el creyente es renovado a la imagen de Cristo. La justificación es un acto, mientras que la santificación es un proceso. Por la justificación se nos declara justos y por la santificación se nos hace justos. En modo alguno la elección es un decreto aislado del Dios soberano: es siempre una elección en Cristo. Algunos de los pasajes bíblicos sobre el tema a los que alude Calvino, son los siguientes: Ex. 33.19; Dt. 7.6-7; Sal.115.3; Is. 14.24, 27; 46.9-11; Mt. 22.14; 24.24; 22.31;jn. 15.16; Hch. 13.48; Ro. 8.28-30, 33.9, 10-24; 11.4-6, 33-36: I Co. 1.27-29; 3.12; Ef. 1.4-3; 1 Es. 5.9; 2 Ts. 2.13-14; 2 Ti. 1.9; Tit. 1.1; 1 P. 1.1, 2; 2.8-9.

3]. Redención particular. En contra de la posición católica, luterana y arminiana de que Cristo con su obra mesiánica abrió la posibilidad de redención a toda la raza humana —aunque esto no implique necesariamente la salvación de todos los hombres—, la posi-ción de Calvino y de sus seguidores reformados, es de que los beneficios de la redención se limitan exclusivamente al número de los elegidos. El alcance del sacrificio expiatorio de Cristo no rebasa el ámbito de la elección. En defensa de este punto doctrinal, Calvino apela, entre otros, a los siguientes pasajes bíblicos: Mi. 1.21; l.c. 19.10; Jn, 10.11; Hch. 20.28; Ro. 5.10; 8.32-35; 2 Co. 5.21; Gá. 1.4; Ef. 1.7; 5,23-27. (Pasajes como los de in. 1.29; 1 Jri. 2.2; 4,14; 1 Ti. 2.2: Tit. 2.11; y He. 2.9, según Cal-vino han de interpretarse en el sentido de que los elegidos, en cuanto a su nacionalidad, linaje, lengua, raza y posición, proceden de lodo el mundo).

4]. Grada irresistible, o llamamiento eficaz de salvación. Calvino alude con mucha frecuencia a este cuarto punto doctrinal. En tanto que el Espíritu Santo aplica a los elegidos los beneficios de la obra redentora de Cristo, el llamamiento sabático del Evangelio es necesariamente eficaz. La regeneración, o nuevo nacimiento obrado por el Espíritu Santo en el elegido, capacita a este para el arrepentimiento, para su conversión a Dios, y para creer y aceptar voluntariamente a Cristo con fe verdadera. Acepta Calvino la realidad de una voluntad libre (libertan arbitriurn) en el sentido de que el hombre decide voluntariamente y por impulso propio; pero niega, por otro lado, que el hombre sin la intervención del Espíritu Santo tenga facultad para elegir lo que es espiritualmente bueno y en conformidad con la voluntad de Dios (Ro. 6.17; 7.14, 23). Según la enseñanza del Reformador, el hombre tiene arbitrium spontaneurn, pero por depravación de su naturaleza, y sin compulsión exterior, su voluntad está tan dada al pecado que siempre decide por el mal. De ahí, pues, que la espontaneidad y la esclavitud puedan coexistir simultáneamente. La voluntad es espontanea, pero no libera, no es coacta, sin embargo es serva. Es, pues, importante, insiste Calvino, distinguir siempre entre capacidad natural e incapacidad .moral Para refrendar bíblicarnente estas consideraciones en torno a la gracia irresistible. Calvino cita los siguientes pasajes: (a) la salvación como obra del Dios Trino: Ro. 8.14; 1 Co. 2.10-14; 6.11; 12.31; 2 Co. 3.6, 17-18: 1 I. 1.2. (b) La salvación no se supedita a una pretendida cooperación humana, sino que la resurrección espiritual que supone el nuevo nacimiento se debe al obrar de Dios en el hombre; ja. 1.12-13; 3.3-8; Tit, 3.5; 1 P. 1,3, 23; 1 Jn. 5.4. (c) El arrepentimiento y la fe vienen como resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo: Hch. 5.31; 11.18; 13.48; 16.14; 18.27; Ef. 2.8-9: Fil. 1.29. (d) La salvación como resultado del llamamiento divino: Ro. 1.6-7: 8.30; 9.16, 23-23; 1 Co. 1.1, 2, 9, 23, 31; 3.6-7; Gá. 1.15, 16; Ef. 4.4; 2 Ti. 1.9; He. 9.15; 1 P. 1.15; 2.9; 5.10; 2 P. 1.31: Jud. 1; Ap. 17.14.

5]. Perseverancia y seguridad del creyente. Los elegidos, además de participar de una plena salvación en Cristo, son también guardados en la fe por el poder de Dios. Podrán caer en la tentación y en las asechanzas del maligno, pero se levantarán espiritualmente y, por la gracia de Dios, perseverarán hasta el fin y eternamente. Para fundamentar esta doctrina de la seguridad del creyente y su perseverancia en el camino de la salvación, Calvino recurre a los siguientes pasajes bíblicos: Is. 43.1-31; 54.10; Jer. 32.40; Mt. 18.12-14; Jn. 3.16, 36; 5.24; 6.35-40; 10.27-30; 17.11, 15; Ro. 5.5-10; 8.1, 29-30, 35-39; 1 Co. 1.7, 9; 10.13; Ef. 1.5, 13, 14; 1 Ts. 5.23, 24; He. 9.12, 15; 10.14; 12.28; 1 P. 1.3, 5; Jud. 1.24, 25.

En oposición a los cinco puntos del calvinismo, el teólogo holandés Jacobo Arminio (t 1609), defendió las siguientes tesis: (a) una elección basada en la presciencia divina de los que en el curso del tiempo creerían en el Evangelio, (b) una redención universal, (c) una depravación parcial, (d) una gracia salvífica resistible, (e) y la posibilidad de una caída final de la gracia. Las tesis de Arminio introducían un elemento sinergista, o de cooperación humana, en el esquema de la sola gracia de la Reforma. Las enseñanzas de Arminio —de aquí el término arminianismo— serían poco después ampliadas y desarrolladas por Simón Episcopius, J. Oldenbarnevelt y Hugo Grotius. El Sínodo de Dort (1618-1619), con representantes calvinistas holandeses y de otros países, condenó las tesis arminianas. Evidentemente, la teología arminiana muestra afinidades con la católica en temas diversos de antropología y soteriología. Los católicos defienden la cooperación del hombre en la salvación con sus obras y con su libre elección. Los arminianos, por su parte, otorgan al pecador la libre capacidad de aceptar o rechazar la oferta de salvación evangélica. En uno y otro caso, tanto católicos como protestantes arminianos no aceptan la incapacidad total del hombre caído en el tema de la voluntad: el pecador, a pesar de su condición lapsaria, puede aceptar o rechazar la oferta salvífica (de ahí que en la predicación arminiana se apele a “los buenos sentimientos del peca-dor” para aceptar a Cristo).

Lejos de acarrear inactividad de testimonio, o inactividad evangélica, la doctrina de la predestinación ha infundido siempre celo misionero en sus creyentes. Las grandes sociedades y comités misioneros protestantes, así como los misioneros más célebres, han sido de persuasión calvinista. Entre estos cabe recordar los nombres de William Carey, Robert Morrison, Henry Martin, Alexander Duff, Adoniram Hudson, Robert Mofat, David Brainerd y David Livingstone .

Continuará …

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La ira del padre piadoso

Blog97
Primero, expresado negativamente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Ef. 6:4) lo cual se hace:

1. Con palabras: dándoles órdenes injustas e irrazonables, regañándoles a menudo, en público y con dureza; con expresiones inoportunas y apasionadas, y con un lenguaje humillante y abusivo; como el de Saúl a Jonatán (1 Sam. 20:30).

2. Con hechos: mostrando más cariño por uno que por otro, como en el caso de Jacob por José, lo cual indignó tanto a sus hermanos que los llevó a odiarlo al punto de no poder hablar pacíficamente con él (Gén. 37:4); negándoles comida sana y en suficiente cantidad (Mat. 7:9-10; 1 Tim. 5:8); no permitiéndoles jugar, siendo que los juegos infantiles son algo que deben tener (Zac. 8:5); y cuando llegan a la edad de casarse, desposarlos con alguien que no quieren, impidiéndoles sin ninguna razón el noviazgo con alguien que prefieren; despilfarrando en una mala vida el dinero que debiera ser para mantener en el presente a sus hijos y ahorrar para el futuro de ellos, y especialmente cualquier conducta cruel e inhumana como la de Saúl hacia Jonatán cuando atentó contra su vida (1 Sam. 20:33-34). Tales provocaciones han de ser evitadas a todo costo, ya que le quitan toda eficacia a las órdenes, los consejos y las correcciones, y les hace perder el afecto de sus hijos. La razón que da el apóstol para evitar todo esto, es “para que no se desalienten” (Col. 3:21). Pueden sufrir tanto dolor que pierden totalmente el ánimo, se sienten acobardados, desanimados y abatidos. Cuando pierden la esperanza de complacer a sus padres y de compartir su amor pierden toda motivación para cumplir sus deberes y superarse. Los padres de familia indudablemente tienen el derecho
de reprender a sus hijos cuando actúan mal: fue culpa de Elí que sus hijos fueran como eran porque era demasiado indulgente con ellos y sus reprensiones demasiado débiles cuando debió haberles impedido cometer sus vilezas. Debió haber mostrado su desagrado con firmeza, exigido que se cumplieran sus órdenes y debió amenazarlos, castigándolos si seguían con su obstinación y desobediencia (1 Sam. 2:23-24; 3:13). Y pueden los papás usar la vara de corrección, lo cual deben hacer temprano, mientras hay esperanza, pero siempre con moderación y amor, y deben tomarse el trabajo de darles pruebas de que los aman, y que es por el amor a ellos y para su bien, que los castigan. Se menciona a los “padres” en particular porque tienen la tendencia a ser más severos mientras que las mamás son más indulgentes.

Tomado de A Body of Divinity
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John Gill (1697-1771): Teólogo bautista, nacido en Kettering, Inglaterra.

Mis hermanos, les exhorto que sean como Cristo en todo momento, imítenlo en público. La mayoría vivimos como si fuéramos un medio de publicidad; muchos somos llamados a trabajar en presencia de otros todos los días. Somos observados, nuestras palabras son captadas, nuestras vidas son examinadas a fondo. El mundo con ojos de águila, con ojos que buscan argumentos para discutir, observa todo lo que hacemos, y los críticos cortantes nos atacan. Vivamos la vida de Cristo en público. Seamos cuidadosos de mostrar a nuestro Señor y no a nosotros mismos, a fin de poder decir: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Ustedes que son miembros de la iglesia, lleven esto también a la iglesia. Sean como Cristo en la iglesia. Cuantos hay como Diótrefes, quien buscaba ser el más prominente (3 Juan 9). Cuántos hay que están tratando de parecer más de lo que son y tener poder sobre sus hermanos cristianos, en lugar de recordar que la regla fundamental de todas nuestras iglesias es que todos los hermanos son iguales y que deben ser recibidos como tales. Manifiesten, pues, el espíritu de Cristo en sus iglesias y donde quiera que estén. Que sus hermanos en la iglesia digan de ustedes: “Ha estado con Jesús”… Pero por sobre todas las cosas sean ustedes cuidadosos en practicar su religión en sus hogares. Un hogar religioso es la mejor prueba de verdadera piedad. No mi capilla, sino mi hogar; no mi pastor, sino mi familia quien mejor me puede juzgar. Es el sirviente, el hijo, la esposa, el amigo los que pueden discernir mejor mi verdadero carácter. Un hombre bueno mejora su hogar. Rowland Hill dijo en cierta ocasión que él no creería que un hombre fuera un verdadero cristiano si su esposa, sus hijos, sus sirvientes y aun su perro y su gato, no fueran mejores por ello… Si su hogar no es mejor por ser ustedes cristianos, si los hombres no pueden decir: “Esta casa es mejor que otras”, no se engañen, no tienen ustedes nada de la gracia de Dios… Practiquen su piedad en familia. Que todos digan que ustedes tienen una religión práctica. Que sea conocida y practicada en la casa, al igual que en el mundo. Cuiden su carácter allí; porque realmente somos como allí nos comportamos. —Charles Spurgeon

Dios otorga más bondades a un hombre piadoso que a todos los impíos en el mundo. Júntese toda la manutención, todos los males de los que han sido liberados,todas sus riquezas, todas las comodidades que la providencia les ha dispensado: esas cosas no son más que nimiedades que Dios otorga a hombres impíos. Pero hay bendiciones únicas que otorga a los justos. Dios tiene reservadas cosas preciosas para sus favoritos en comparación con las cuales los tesoros del mundo no son más que polvo y escoria. En cuanto a los santos, Cristo murió por ellos, todos han sido perdonados, han sido librados de un infierno de sufrimiento eterno, se les ha dado derecho a la vida eterna, la propia imagen de Dios les ha sido conferida, han sido bien recibidos y disfrutar disfrutarán del amor imperecedero de Dios. —Jonathan Edwards

El legado espiritual de Juan Calvino 5

Blog94E

Los principios básicos de la teología calvinista

La teología de Calvino está firmemente anclada en las escrituras en el principio de autoridad divina que emana de la misma.  La polémica religiosa del siglo XVI planteó una decisiva y radical cuestión de autoridad. durante siglos de tensiones y confrontaciones entre la Iglesia y el poder civil, la jerarquía católica llegó a convertirse en una poderosa estructura de poder. En el plano religioso la Iglesia actuaba como depositaria infalible de la verdad del cristianismo y ejercía en lo doctrinal una autoridad absoluta. A través de su sistema sacramental se convertía en agencia exclusiva de mediación espiritual. En todas las facetas de la vida, los preceptos de la Iglesia eran ineludibles e incontestables. En la esfera del pensamiento imponía la escolástica —sobre todo el tomismo— como sistema verdadero de interpretación de la realidad. Con el advenimiento de la Reforma se hunde toda esta estructura de poder y autoridad: Roma pierde su poder hegemónico y ve cuestionado los cimientos de su autoridad. En nombre de una autoridad superior —la de las Escrituras—, la Reforma se enfrenta a Roma con valor y firmeza en su es-fuerzo de retorno a la fe apostólica. Toda la obra de Calvino constituye una constante apelación a la autoridad de la Biblia. Calvino escribe con autoridad: con la autoridad que emana del texto sagrado de las Escrituras. Una objeción que con frecuencia tanto católicos como protestantes arminianos esgrimen en contra del calvinismo tiene que ver con la doctrina de la predestinación. Se acusa al calvinismo de presentar a un Dios inmisericorde y cruel en sus designios de salvación: a algunos hombres, por decreto de elección soberana, otorga salvación, y a otros, por decretum horribile, condena a reprobación eterna. En este, como en otros temas también cuestionados, se hace imperativo el estudio sosegado y directo de los textos de Calvino a la luz de la ver-dad revelada. Los que rechazan la soberanía de Dios en todo lo con-cerniente a la predestinación, decía y repetía el predicador Spurgeon, deberían mutilar previamente sus Biblias y eliminar muchos de sus pasajes. Posiblemente sea la doctrina de la elección la peor entendida y más caricaturizada de la teología bíblica. Aconsejable sería, por consiguiente, leer y estudiar a Calvino con el fin de “enderezar entuertos teológicos” y clarificar ideas sobre la doctrina. Con frecuencia se habla también de la predestinación como si fuera la doctrina central y distintiva del calvinismo. Los que así piensan ignoran que sobre esta doctrina lo que dice Calvino no difiere de lo expuesto por san Agustín en el siglo IV, y Zuinglio, Lutero y demás reformadores en el siglo XVI. Dicho esto debe afirmarse que el decreto de elección y predestinación no es el principio formal en torno al cual gira y se estructura el sistema teológico calvinista. En el calvinismo la predestinación (y todas las demás doctrinas) se subordina a un principio revelacional superior: el del teísmo bíblico. De no captarse el significado del teísmo bíblico, no se llegará a entenderá nunca la verdadera esencia del calvinismo. El calvinismo es un sistema radicalmente teocéntrico. El principio fundamental del calvinismo es inseparable de una experiencia de profunda aprehensión de Dios en su majestad y gloria. En palabras de B.B. Warfield:

“El calvinista es el hombre que ha visto a Dios, y ante la visión divina se apodera de él un pro-fundo sentimiento de indignidad como criatura, y mucho más como pecador. Pero al mismo tiempo el calvinista se ve embargado por un desbordante sentimiento de asombro adorante al darse cuenta de que este Dios es también el Dios que recibe a los pecadores. Aquel, pues, que en completa entrega y sin reserva al-una cree en Dios y le acepta como Dios en la totalidad de su corazón, mente y voluntad —en la esfera completa de sus actividades intelectuales, morales y espirituales, y a través de todas sus relaciones individuales, sociales y religiosas—es, por necesidad, un calvinista.” [“Calvinism”, The New SchaffHerzog Encyclopedia of Religious Knowledge, Baker, Grand Rapids 1958, ad. loc.].

El principio fundamental del calvinismo está enraizado en un teísmo omniabarcador. En palabras del propio Calvino: “en la totalidad de nuestra vida tenemos negocio con Dios (negotium cum Deo)”. Es sobre la base del teísmo bíblico donde el Reformador desarrolla el tema de la predestinación y levanta todo el edificio de su teología. La soteriología calvinista se la resume tradicionalmente en cinco puntos doctrinales: depravación total del hombre, elección incondicional, redención particular, gracia irresistible y perseverancia del creyente en la salvación.

1]. Depravación total del hombre. Aquí el adjetivo total, más que intensivo, es incluyente: todas las facultades del hombre se han visto afectadas por el pecado. Delante de Dios el hombre es incapaz de lograr ningún bien espiritual o de valor soteriológico. En lo social, moral e intelectual el hombre puede conseguir grandes y loables metas. Sin embargo, en tanto que estos logros no están motivadas por un genuino amor y obediencia a Dios, no son aceptables ni meritorios. La voluntad del hombre caído no es libre: es esclava del pecado. Las conclusiones de Calvino sobre este punto se derivan de la exégesis de pasajes bíblicos tales como los de: Gn. 6.5; Job 15. 14-16; Sal. 51.5; Ec. 7.20; 9.31; Is. 64.6; Jer. 17.9; Mr. 7.21-23; Jn. 3.5-7; 8.7-8; 6.44, 1 Co. 65; Ro. 3.9-12; 2.14; Ef. 2.1-3; 6.20; 4.17-19,24; Col. 3.10; Tit. 1.5; 3.3. Sobre la imagen de Dios en el hombre, Calvino distingue entre la imagen natural, que tiene que ver con la espiritualidad, racionalidad, moralidad e inmortalidad de su ser, y la imagen moral, que tiene que ver con el conocimiento verdadero, la justicia y la santidad. La primera imagen se vio afectada por la caída; mientras que la segunda se perdió por el pecado y es restaurada por Cristo.

Continuará …

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Conversión de los miembros de la familia 3

Blog96C

8. Procuren por todos los medios que todos participen de las ordenanzas públicas, porque allí Dios está presente de un modo más especial. Hace que el lugar de sus pies sea glorioso. Aunque el mandato de Dios era que solo los varones fueran a las fiestas solemnes en Silo, Elcana llevaba a toda su familia al sacrificio anual (1 Sam. 1:21). Quería que su esposa, hijos y siervo estuvieran “en la casa de Jehová” para “contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4). También Cornelio, cuando Pedro llegó a Cesarea para predicar por mandato de Dios, llamó a todos sus familiares y conocidos para escuchar el sermón (Hech. 10:24)… Recuerden examinarlos para ver si prestaron atención, como lo hizo Jesús cuando predicó su famoso sermón junto al mar. Les preguntó a sus discípulos: “¿Habéis entendido todas estas cosas?” (Mat. 13:51). Cuando ya estaban solos les explicó más en detalle las cosas que había enseñado (Mar. 4:34).

9. Si lo antedicho no da resultado, sino que los que están a su cargo siguen pecando, tendrán que recurrir a la corrección paternal. Ahora bien, las reprensiones tienen que depender de la edad, el temperamento, carácter y las diversas cualidades y tipos de ofensas de cada uno. Otorgue su perdón por faltas leves en cuanto muestran arrepentimiento y pesar. Tienen que considerar si las faltas de ellos proceden de su imprudencia y debilidad, en qué circunstancias y como resultado de qué provocaciones o tentaciones. Observen si parecen estar realmente arrepentidos y verdaderamente humillados… En estos y otros casos similares, deben los padres tener mucho cuidado y prudencia. El castigo merecido es una parte de la justicia familiar, y hay que tener cuidado de que por eximirlos de castigo, ellos y sus amigos se endurezcan en sus pecados y se pongan obstinados y rebeldes en contra de los mandamientos de Dios. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Prov. 13:24; 23:14). Esta es una orden y un mandato de Dios. “Tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos” (Heb. 12:9). Algunos progenitores y maestros se conducen más como bestias embravecidas que como seres humanos: disfrutan de corregir tiránicamente. Pueden dejar que sus hijos digan groserías, mentiras y que roben, y cometan cualquier otro pecado sin corregirlos para nada. Pero si no hacen lo que ellos quieren que hagan, caen sobre ellos y los despedazan como bestias salvajes. ¡Sepan que en el Día del Juicio, estos  rendirán cuenta de sus acciones viles! ¡Ay, mejor déjenles ver que están  indignados por lo hecho contra Dios y no contra ustedes! Tienen que sentir mucha compasión por sus almas y un amor santo mezclado con su ira contra el pecado… Tengan cuidado, sean imparciales y reúnase con ambas partes cuando hay quejas mutuas. Pero si están convencidos de que ninguna otra cosa fuera de la corrección daría resultado, sigan el mandato de Dios: “corrige a tu hijo, y te dará descanso” (Prov. 29:17)… pero eviten toda corrección violenta y apasionada. El que ataca cuando arde su pasión se arriesga demasiado a sobrepasar los límites de la moderación… tengan cuidado, no sea que por demasiados castigos físicos su hijo termine sintiéndose envilecido ante sus propios ojos (Deut. 25:3).

10. Si los medios ya mencionados son eficaces por bendición divina, entonces elogien a sus hijos y anímelos, pero no demasiado. Al igual que los magistrados, los padres a veces tienen que elogiar a los que hacen el bien (Rom. 13:3). Nuestro Señor a veces se acerca y dice: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21). Entonces, cuando los resultados son prometedores y los que están a su cargo demuestran ser responsables, tienen ustedes que alentarlos demostrando su aprobación… Pero no demasiado, porque los barquitos no pueden aguantar grandes velámenes. Muchas veces el exceso de elogios genera orgullo y arrogancia, y a veces altanería y exceso de confianza.

11. ¿Comienzan ellos a mejorar y prosperar en su obediencia y empiezan a aceptar con buena actitud sus preceptos? Entonces, conquístenlos todavía más con recompensas según sus diversas capacidades y su posición. Dios se complace en atraernos a los caminos de santidad con la promesa de una recompensa: “es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). A medida que van creciendo, deles recompensas que son las apropiadas para su edad. En algunos casos, han probado ser muy motivadoras, al menos en lo que se refiere a la obra externa de la religión en los pequeños… Recuerde que cuando el hijo pródigo de la parábola volvió a su hogar para vivir una vida nueva, el padre hizo matar el becerro gordo, le hizo poner el mejor vestido, poner un anillo en su mano y calzado en sus pies (Luc. 15:22).

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph,
Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 4

Blog94D

Calvino y sus escritos

La producción teológica de Calvino es amplia y variada: escritos doctrinales, exegéticos, catequéticos, litúrgicos y epistolares. Sin duda alguna, la Institución de la religión cristiana es su obra doctrinal más importante. La primera edición, en latín, apareció en Basilea en 1536. La versión francesa, obra del propio Calvino, mucho más extensa, apareció en Ginebra en 1541. Fue traducida al castellano por Cipriano de Valera en 1597. La Institución es la expresión más completa de la teología de Calvino. Han transcurrido cerca de cinco siglos desde su aparición, pero por las excelencias bíblicas de su contenido continua siendo la obra maestra de la teología protestante.

Los comentarios bíblicos de Calvino son también obras clásicas de la Reforma. Sus comentarios cubren todos los libros del Antiguo Testamento —con excepción de los “salomónicos” y algunos de los históricos—. Del Nuevo Testamento —salvo 1 y 2 de Juan y el Apocalipsis— escribió comentarios a todos los demás libros. Por su importancia, y trascendencia posterior sobre otros estudios bíblicos, cabe destacar su comentario a los Salmos y el de la Epístola a los Romanos. Calvino es el gran exegeta de la Reforma. Emancipó la exégesis bíblica del apriorismo dogmático del catolicismo y de las interpretaciones alegóricas tradicionales, que en vez de hacer hablar el texto por sí mismo lo acallaban con añadidos totalmente ajenos al mismo. Gran conocedor del he-breo y el griego, se esforzó siempre por encontrar el sentido filológico correcto del original. Su amplio y profundo conocimiento de la Escritura explica y avala la solidez bíblica de sus escritos teológicos. En el campo de la apologética, sus tratados en defensa de las doctrinas de la Reforma son numerosos y de gran fuerza y agudeza argumentativa. Entre estos, cabe mencionar la Respuesta al Cardenal Sadoleto, Antídoto contra el Concilio de Trento y el Tratado contra las reliquias.

En la esfera de lo pastoral y litúrgico Calvino escribió tratados modélicos de catequesis. Su Catecismo de Ginebra de 1541, por ejemplo, inspiró a otros tan importantes como los Short y Larger catecismos de Craig, de 1581 — primer catecismo de la Iglesia escocesa; los catecismos de Westminster  —The Larger y The Shorter, ambos de 1648—; y el Catecismo de Heidelberg de 1563. Pero no solo los catecismos, también las grandes confesiones reformadas vienen marcadas por la impronta teológica de Calvino: la Confesión Helvética (1562) —en la que Bullinger tuvo una intervención muy directa y que fue aceptada como confesión de las iglesias reformadas de Suiza—; la Confesión Belga. preparada por Guy de Brés, y que a partir de 1566 llegaría a ser la base doctrinal de la Iglesia Reformada de Holanda—; la Confesión de fe de Westminster (1643-1649) -credo de doctrina de los presbiterianos y base de las confesiones bautistas; como la Second London Confesion of Faith (1689) y la Philadelphia confession of Faith (1742)—.

Ya desde sus días de pastoreo de la pequeña congregación de Estrasburgo mostró Calvino un especial interés por la introducción de la salmodia en el culto de adoración y alabanza. A él se deben varias versiones métrica de los Salmos que, sumadas a las excelentes versificaciones del poeta ( Clément Marot, integrarían y daría forma final al Salterio calvinista. El canto de los salmos ha dado una marcada nota de reverente solemnidad al culto de adoración reformado.

En el campo de la enseñanza Calvino fue un avanzado de su tiempo. Sus planes educativos fueron de sólida integración cultural. Además de escuelas para niños Calvino fundó la famosa academia de Ginebra, dirigida desde sus origenes por Teodoro Beza, en la que se formaron los lideres del calvinismo europeo y semtaria el modelo de la institución educativa de estudios superiores en todos los países protestantes. tanto Europeos como norteamericanos. Para Calvino la incultura era tierra de cultivo de la ignorancia religiosa, de la superstición y del atraso social y humano.

Continuará …

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Caminar en sintonía con el Espíritu

Reseña 12

“El Espíritu Santo nos da fuerzas, nos guía y nos capacita, para crecer y perseverar en nuestra relación con el Padre por medio de Jesucristo. El Espíritu Santo es la persona de la Trinidad menos comprendida, pero aun así, sigue siendo el foco principal de renovación y avivamiento.”

J. I. Packer busca ayudar a los creyentes a reafirmarse en el llamamiento a la santidad, atentos a la función que desempeña el Espíritu en el nuevo pacto con Dios. Packer nos muestra la riqueza y profundidad de la obra en acción del Espíritu, evaluando para ello las facetas de la santidad y de los carismas, permaneciendo Cristo en todo momento en el centro y fundamento de un genuino ministerio del Espíritu. Un capítulo complementario analiza la seguridad con que el cristiano puede contar.

Los acercamientos que ha habido al tema de la persona y obra del Espíritu Santo han estado mediados por prejuicios y presupuestos teológicos que han inclinado la balanza hacia la más sosa pasividad o hacia la más exaltada actividad, olvidando el ministerio distintivo y constante del Espíritu Santo bajo el nuevo pacto, que es mediar la presencia de Cristo a los creyentes con las implicaciones prácticas y radicales que eso supone: comunión personal con Jesús, transformación del carácter en la semejanza de Jesús y la certeza de ser amados, redimidos y adoptados en la familia de Dios.

“El Espíritu Santo de Dios, el Señor, el dador de vida, que sobrevoló las aguas en la creación y habló en la historia por los profetas, se derramó en los discípulos de Jesucristo en Pentecostés para cumplir el nuevo papel del Paracleto que Jesús había definido para ellos. En Su carácter de segundo Paracleto, el sustituto de Jesús y agente representativo en la mente y en el corazón de los hombres, el Espíritu ministra hoy. Paracleto (paraklétos en griego) significa “Consolador; Consejero; Ayudador; Abogado; Fortalecedor; Sostén”. Jesús, el Paracleto original, continúa Su ministerio a la humanidad a través de la obra del segundo Paracleto. Así como Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, lo mismo ocurre con Su Espíritu; y en cada época desde Pentecostés, dondequiera que ha llegado el evangelio, el Espíritu ha seguido haciendo, en mayor o menor escala, las cosas que Jesús prometió que haría cuando lo enviase en esta nueva capacidad.” Prefacio 1984

Relevante y pleno de significado, este libro aporta un conocimiento vital para una vida cristiana sana y gozosa, mediante el conocimiento y experiencia propia de Dios Espíritu Santo. Un libro que el creyente comprometido leerá una y otra vez.

ÍNDICE

Prólogo a la serie
Prólogo al prólogo (2005)
Prefacio (1984)
1. Enfocar el Espíritu
2. El Espíritu Santo en la Biblia
3. Trazado de la senda del Espíritu: El camino de santidad
4. Trazado de la senda del Espíritu: Versiones de santidad
5. Trazado de la senda del Espíritu: La vida carismática
6. Trazado de la senda del Espíritu: Interpretación de la vida carismática
7. Ven, Espíritu Santo
8. El cielo en la tierra: Una exposición de Pentecostés

* Editorial Andamio 2017* Nº páginas: 420p 

 

 

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Conversión de los miembros de la familia 2

Blog96B

5. Presérvenlos de una sociedad impía. David no solo aborrecía el pecado en general, sino que detestaba especialmente tenerlo en su casa.

“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos” (Sal. 101:7), para que el ejemplo impío y la tiniebla espiritual de personas malas en su medio no se pegara y corrompiera a los moradores. La imitación es natural en los niños: imitan a sus familiares y amigos. Porque, según el proverbio: “El que vive con un cojo aprenderá a cojear” (Prov. 22:24-25). Los niños en especial corren el peligro de infectarse por las compañías lascivas y corruptas. Muchos chicos de padres consagrados se han corrompido por andar siempre con los hijos malos de vecinos impíos.

6. Hagan que las reprensiones prudentes y en el momento preciso sean administradas según la naturaleza y calidad de las fensas. Empiecen suavemente. Usen toda la persuasión posible para atraerlos a los caminos de Dios. Cuéntenles de las recompensas de gloria, la dulce comunidad en el cielo; esfuércense por poner en sus corazones la verdad de que Dios puede llenar sus almas con un gozo imposible de encontrar en el mundo. “A algunos que dudan, convencedlos” (Jud. 22).

Pero si esto no da resultado, comiencen a incluir expresiones más graves de la ira divina contra el pecado. Así como hay un nexo entre las virtudes, lo hay también entre las pasiones. El amor y la ira no son enteramente “sentimientos incompatibles”. No, el amor puede ser el principio y fundamento de la ira, que lanza sus flechas reprochadoras contra el blanco del pecado… Pueden decirle a su hijo con algo de severidad, que si sigue en su camino pecaminoso, Dios se indignará, y ustedes también. Luego háganle saber que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). Esta es la manera de aplicar el “Airaos, pero no pequéis” como manda el apóstol (Ef. 3:26). No permitan que sus pasiones, como torrentes incontrolables, se desborden de los límites establecidos por las Escrituras y la razón. Hay una indignación seria y sobria que produce respeto y conduce a una reforma. Pero la que incluye un estrépito horrible y gritos desaforados fluye del pecho de los necios. Sería en vano que quisieran ustedes ganar a otros cuando ustedes mismos son abusivos y descontrolados. ¿Cómo puede alguien en tal estado razonar con otro en su mismo estado? El que es esclavo de su irascibilidad no puede ofrecer reprensiones nobles.

El niño jamás podrá convencerse de que tal indignación proviene del amor cuando lo obligan a aguantar los abusos diarios de un temperamento encolerizado, cuando por parentesco está siempre expuesto a un temperamento dominado por la ira que se tiene que desquitar con alguien… Entonces, administren con prudencia sus reprensiones. Recubran esas píldoras amargas con la esperanza de volver a ganarse su favor en cuanto se corrige. Consideren igualmente la posición y el lugar de sus distintos familiares. A la esposa no hay que reprenderle delante de los hijos y los sirvientes, para no menoscabar su autoridad. El desprecio mostrado hacia la esposa terminará siendo contraproducente para el marido. También, las pequeñas ofensas de los hijos y sirvientes, si no fueron
cometidas en público, deben ser reprendidas en privado. Pero, sobre todo, tengan cuidado de no reprenderlos más por las ofensas contra usted que por las ofensas contra Dios. Si tienen motivos para indignarse, no empeoren las cosas sino que procuren calmarse antes de tomar alguna medida.

No den demasiada importancia a las debilidades. Si todavía no son pecaminosas, repréndanlos con la expresión de su rostro y no con agresiones amargas. Reserven sus reprensiones públicas y ásperas para las ofensas abiertas y escandalosas, para transgresiones reiteradas que demuestran mucha indiferencia, o desprecio y desdeño.

7. Mantengan una práctica constante y vigorosa de los deberes santos en el seno familiar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, dijo Josué (Jos. 24:15). Moisés mandó a los israelitas que repitieran una y otra vez en familia y en privado con sus hijos las leyes y los preceptos que Dios les había dado (Deut. 6:7). Las enseñanzas y exhortaciones de los siervos de Dios en público deben ser constantemente repetidas en casa a los pequeños. Samuel hizo una fiesta en su propia casa después del sacrificio (1 Sam. 9:12, 22). Job y otros realizaban sacrificios con sus propias familias. El cordero pascual debía ser comido en cada casa en particular (Éxo. 12:3, 4). Dios dice que derramará su “enojo sobre los pueblos que no te conocen” (Jer. 10:25). Mantener estos deberes familiares hace de cada hogar un santuario, un Betel, una casa de Dios. Aquí quiero recomendar que los cristianos no sean demasiado tediosos en su cumplimiento de los deberes de adoración privada. Cuídense de no hacer que los caminos de Dios sean una carga y una cosa desagradable. Si a veces Dios les toca el corazón de un modo especial, no rechacen ni repriman la inspiración divina, pero en general esfuércense por ser concisos y breves. Muchas veces el espíritu está dispuesto cuando la carne es débil (Mat. 26:41). Y a uno le es fácil no distraerse durante un tiempo breve, pero la plática larga da ocasión para distraerse mucho. “Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Ecl. 5:2). Igualmente es bueno variar los deberes religiosos: a veces canten y a veces lean, a veces repitan, a veces catequicen, a veces exhorten. Pero hagan dos cosas a menudo: ofrezcan el sacrificio de las oraciones y hagan que los hijos lean cada día alguna porción de las Sagradas Escrituras.

 

Continuara …

 

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 3

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¿Artísticamente, fue el Reformador un hombre falto de sensibilidad estética?

En contra de la opinión de muchos de sus críticos, creemos que Calvino fue un hombre dotado de un fino y profundo sentido de lo bello y lo sublime. Con el fin de empequeñecer la talla artística del francés se le ha juzgado comparativamente con Lutero y se le ha considerado pobre en lo estético. Bien sabido es que Lutero mostró siempre una predilección especial por la pintura y la música. Fue amigo de Durero, de Lucas Cranach —el pintor de la Reforma— y de otros pintores famosos del tiempo. Después de la Biblia, la música era para Lutero el don más grande concedido por Dios al hombre. Proficiente en el laúd y notable en el canto, sus contribuciones en el canto coral y en la himnología llegarían a ser decisivas para el desarrollo de la música de la Reforma. J.S. Bach representa la plenitud de una nueva música religiosa de la que Lutero fue su precursor. La talla artística de Calvino, sin embargo, se manifestó de una manera menos ostentosa y por cauces estéticos distintos. Compartió también con Lutero y Zuinglio afición por la música. Consideraba el canto congregacional de los Salmos como “un medio excelente para enfervorizar el corazón y llenarlo de ardor para la oración”. Sin embargo, fue en el campo de la expresión literaria donde se hacen más patentes sus dones artísticos. Calvino fue un verdadero artista de la prosa: su Institución de la religión cristiana, por su elegancia y belleza de estilo, es una joya literaria de la lengua francesa. En nuestra opinión, la categoría estética que más distingue a Calvino es la de lo sublime. Nadie ha sabido plasmar con mayor elegancia de estilo y sobrecogedora fuerza expresiva el tema de la grandeza y majestad de Dios como Calvino. Calvino es el artista de lo sublime religioso.

Nunca gozó Calvino de una buena salud. Agotado por el trabajo, y vencido su cuerpo por dolorosas enfermedades, el 27 de mayo de 1564 moría en Ginebra. Difícil ha sido siempre valorar la figura del Reformador. En la historia de la Iglesia, escribe Philip Shaff, no hay hombre tan amado y odiado, admirado y aborrecido, ensalzado y culpado, bendecido y condenado como el de Juan Calvino. Su persona no despierta la simpatía de Lutero ni el atractivo de Zuinglio. “Sin embargo, cuanto más se le conoce, más se le aprecia y se le admira”. [History of the Christian Church, Eerdmans, Grand Rapids 1953, vol. VIII, 834 ss.] trás de su temple de acero, voluntad férrea, disciplina estoica, talante intolerante y carácter iracundo, descubrimos a un personaje de la mejor fibra humana. En su lecho de muerte, en una carta a Bucero, confiesa cuán difícil le había sido ‘domar la bestia salvaje de Su ira’. Las riquezas y los honores no tuvieron para él encanto alguno; su vida transcurrió siempre en el marco de una pobreza evangélica y en los cauces de una moralidad estricta e irreprochable. Su única ambición fue la de servir a Dios: ante sus ojos solo Dios era grande, y sin Dios el hombre no era más que vanidad y polvo. El omnipresente y omniabarcador SOLI DEO GLORIA del teocentrismo bíblico que inspiró y motivo la vida y pensamiento teológico de Calvino, es también el principio que fundamenta y condiciona. los grandes catecismos, confesiones y tratados teológicos calvinistas. En el primer artículo de su Catecismo de la Iglesia de Ginebra, de 1541, formula en estas breves palabras el principio teocéntrico que ha de regir en todo la vida del hombre:

P— ¿Cuál es el fin último de la vida humana?

R. — Conocer a Dios.

P. — ¿Por qué es esto así?

R. — Porque Dios nos creó y nos puso en este mundo para ser glorificado en nosotros. Justo es, pues, que nuestra vida, que de Él procede, se consagre a su gloria.

 

El teólogo holandés Herman Bavinck formula en estos términos el teocentrismo evangélico del calvinismo:

“En conformidad con la enseñanza paulina, ‘nosotros tenemos la mente de Cristo’ (1 Co. 2.6). Esta es la mente que descubre a Dios en el trono de su señorío universal en las esferas de la creación y de la gracia, y hace exclamar al creyente, en palabras del Apóstol: ‘Porque de El, y por Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos’ (Ro. 11.36).” [ Our reasonable faith, Eerdmans, Grand Rapids, 1956, p. 134].

Mucho podemos decir sobre Calvino como teólogo y comentarista de la Biblia; pero hay algo en sus escritos que destaca, y hace vibrar el alma del lector con un sentimiento de abrumadora presencia de lo divino en todas sus páginas. Calvino nos impacta profundamente con su desbordante sentimiento de la majestad infinita de Dios. Al acercarnos a Calvino, nos maravilla lo que nos dice, pero también cómo lo dice. Calvino nos habla con la autoridad que infunde la experiencia de un profundo sentimiento de la majestad de Dios. “La verdadera piedad —escribe en los inicios de su Breve instrucción— no consiste en el temor, sino en un puro y auténtico celo que ama a Dios como un verdadero Padre y le reverencia como verdadero Señor, abraza su justicia y tiene más horror de ofenderle que de morir […] . Como la majestad de Dios sobrepasa en sí la capacidad del entendimiento humano, e incluso es incomprensible para este, tenemos que adorar su grandeza más bien que examinarla para no vernos completamente abrumados con tan grande claridad”. La aprehensión de la infinita grandeza de Dios, en el grado en que esto sea posible para el hombre, constituye el fundamento de la verdadera adoración y del genuino culto de alabanza de la piedad cristiana.

 

Continuara…

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Conversión de los miembros de la familia 1

Blog96A

PREGUNTA: “¿Qué podemos hacer, qué medidas podemos tomar, qué método nos recomienda para cumplir este deber tan importante, y ser útiles en la conversión y salvación de nuestros familiares que se encuentran en un estado natural?
Daré indicaciones bajo varios encabezamientos. Algunas, aunque son obligaciones comunes y obvias, pueden cumplirse mejor de lo que se están cumpliendo, por lo que no las pasaré por alto ya que son muy provechosas y no menos prácticas que otras. Muchos hombres bajo el evangelio perecen por no llevar a cabo los deberes que saben que les
corresponden. Por lo tanto les ruego, oh cristianos, que cada indicación sea debidamente evaluada y conscientemente mejorada a fin de lograr el éxito con la ayuda divina.

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1. Preserven y respeten el honor y la preeminencia de la posición en que Dios los ha puesto con toda sabiduría y cuidado. El profeta se queja de los tiempos cuando “el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble” (Isa. 3:5). La diferencia de edad requiere una diferencia en la conducta… Los adultos tienen que demostrar gran
respeto hacia los jóvenes si quieren que los jóvenes demuestren gran respeto hacia ellos. Dicho esto, no deben ustedes mostrarse orgullosos, altaneros ni presuntuosos. Sus rostros, aunque serios, no deben ser adustos. Así como no siempre tienen que estar sonriendo, tampoco deben estar con el ceño fruncido. Una severidad rígida en palabras así como en acciones producen en los hijos una disposición servil y de desaliento.
2. Sea la instrucción familiar frecuente, de envergadura y clara. Por naturaleza, todos somos desiertos áridos y rocosos: la instrucción es la cultura y el mejoramiento del alma. Los naturalistas han observado que las abejas “llevan gravilla en las patas” para fijar sus cuerpecitos cuando rugen los vientos tormentosos. Ese mismo fin cumple la instrucción en la mente indecisa y fluctuante de la juventud. La quilla de su poco criterio se hundiría sin el contrapeso de la disciplina… Pero en todos sus momentos de instrucción, cuídense de no ser tediosos por hablar interminablemente. Compensen la brevedad de esas ocasiones aumentando su frecuencia. La Palabra manda hablar de los preceptos
de Dios “cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes” (Deut. 6:7; 11:19), un poco ahora y un poco después. Los largos discursos son una carga para la poca memoria que tienen, y una imprudencia tal bien puede resultar en que terminen teniendo una aversión por el maná espiritual, siendo que todavía están en su estado natural. A una planta joven se la puede matar con demasiado fertilizante y podrirla con demasiada agua. Los ojos que recién se despiertan no aguantan el resplandor, entonces:

“mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isa. 28:10). Deben guiar a los pequeños como lo hizo Jacob, mansamente hacia Canaán (Gén. 33:13).”

Capten su tierna atención con pláticas acerca de la grandeza infinita y la bondad eterna de Dios, acerca de las glorias del cielo, de los tormentos del infierno. Las cosas que afectan los sentidos tienen que ser espiritualizadas para ellos, gánense su buena disposición con astucia santa. Usen alegorías lo más que puedan. Si están juntos en un jardín, hagan una aplicación espiritual de las hermosas flores. Si están a la orilla de un río, hablen del agua de vida y los ríos de placer que hay a la diestra de Dios. Si en un maizal, hablen de la cualidad nutritiva del pan de vida. Si ven pájaros que vuelan en el aire, o los oyen cantar en la floresta, enséñenles acerca de la providencia omnisapiente de Dios que les da su alimento a su tiempo. Si alzan su mirada al sol, la luna y las
estrellas díganles que son destellos de la antesala del cielo. ¡Oh, entonces qué gloria hay interiormente! Si ven un arcoíris adornando alguna nube acuosa, hablen del pacto de Dios. Estos y muchos más pueden ser como eslabones de oro que van poniendo realidades divinas en sus memorias: “Por medio de los profetas usé parábolas”, dice Dios
(Ose. 12:10). Además, procuren que los pequeños lean y aprendan de memoria algunas porciones de los libros históricos de las Sagradas Escrituras. Pero, sobre todo, la mejor manera de instruir, especialmente a los más chicos, es por medio de catecismos  explícitos, pueden ser citados directamente del texto bíblico y expresados en breves frases según su capacidad, en un estilo directo pero fiel a la Palabra, de modo que queden en la memoria.

Versiculo 219

3. Agreguen requisitos a sus instrucciones. Ínstelos en el nombre de Dios a que escuchen y obedezcan las reglas y costumbres de su hogar. Tenemos un ejemplo en Salomón, quien nos dice que era “hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y
vivirás” (Prov. 4:3-4)… En cuanto a esto, Abraham fue designado por Dios mismo como un modelo para toda posteridad. “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Gén. 18:19), por lo que le
complacía a Dios revelarle secretos.
4. Permanezca atento para percibir las primeras manifestaciones de pecado en su conducta. Deténganlas cuando recién empiezan y son todavía débiles. “De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra”, dice David (Sal. 101:8). Hay que empezar este trabajo desde el principio y refrenar cada palabra mala y desagradable desde la primera vez que la oyen. Manténganse en guardia para detectar las primeras señales de
corrupción en ellos. Se puede cortar fácilmente un brote tierno, pero si se deja crecer hasta ser una rama, es mucho más difícil hacerlo.

Continuara …

 

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

Versiculo 218

La iglesia y las últimas cosas

La Iglesia 4

Bien conocido por muchos, conocedores de la importancia y relevancia de todo el trabajo realizado por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, este libro es el último tomo de una serie de grandes e importantes obras en las que el magistral predicador expone la Biblia para mostrar la esencia de la fe cristiana.

Durante muchos años ante el presente volumen, las personas con las que nos hemos encontrado que se interesaban por esta obra en particular, tomaban el título de la misma comprendiendo que se trataría de un estudio de como afrontará la Iglesia los últimos tiempos, o lo que es lo mismo, un acercamiento escatológico a la doctrina de las últimas profecías que ocurrirán con referencia al fin del mundo en el plan de Dios, centrado en la Iglesia.

Mas bien confundidos siempre hemos aclarado que el presente libro, explora en una primera parte profunda y biblicamente la Iglesia y sus sacramentos, especialmente por una comprensión correcta del bautismo y la cena del Señor e igualmente, las marcas y el gobierno de la iglesia.

Ahora si, en una segunda parte afrontamos en esta misma obra la segunda venida de Cristo, el juicio final y la resurrección del cuerpo. Además de un detallado estudio de la enseñanza clave de la Biblia en Daniel 9 y el Apocalipsis, Lloyd-Jones también examina las distintas ideas al respecto y analiza cómo se lleva a cabo el plan de Dios para los Judios.

 

Integran este libro los siguientes capítulos:
1 La Iglesia
2 Las marcas y el gobierno de la Iglesia
3 Los sacramentos: señales y sellos
4 El bautismo
5 La Cena del Señor
6 La muerte y la inmortalidad
7 ¿La inmortalidad condicional o una segunda oportunidad?
8 La segunda venida: una introducción general
9 El tiempo de su venida: las señales
10 El plan de Dios para los judíos
11 El anticristo
12 La interpretación de Daniel 9:24-27
13 La conclusión de Daniel 9 y el rapto secreto
14 El libro del Apocalipsis: introducción
15 Los conceptos preterista y futurista
16 El concepto historicista espiritual
17 El sufrimiento y la seguridad de los redimidos
18 Las trompetas
19 El juicio final
20 El concepto premilenarista
21 El posmilenarismo y el concepto espiritual
22 La resurrección del cuerpo
23 El destino final

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Por una razón u otra, nuestros padres y abuelos creyeron que era suficiente formar movimientos y no pensaron en términos de la Iglesia, con el resultado de que el testimonio se ha diluido entre multitud de denominaciones y los cristianos solo se reúnen en movimientos en lugar de en iglesias. Desde esa perspectiva, pues, se trata de una cuestión sumamente importante. Si tenemos una profunda preocupación por el mensaje evangélico y su vital importancia en la actualidad, entonces estamos obligados a considerar la doctrina de la Iglesia. […] La primera cuestión que debemos tratar es esta: ¿cuál es la relación de la Iglesia con el Reino de Dios? En la Biblia encontramos enseñanza acerca del Reino y enseñanza acerca de la Iglesia. Entre los cristianos suele haber gran confusión con respecto a estas dos cuestiones. Esto se debe en gran medida a la manera como la Iglesia católica identifica a ambas. En la enseñanza católica romana, la Iglesia es el Reino de Dios, y los católicos son completamente coherentes en la forma en que lo desarrollan, reivindicando el derecho a gobernar y dominar hasta el último aspecto de la vida. Y podemos recordar cómo en el Medioevo la Iglesia gobernaba sobre señores, príncipes, países y potestades, sobre la base de que ella era el Reino de Dios, era superior. Y de alguna forma, ese concepto tendió a persistir. Debemos tener clara, pues, la relación entre la Iglesia y el Reino. ¿Qué es el Reino de Dios? Bien, su mejor definición es el gobierno de Dios. El Reino de Dios está presente dondequiera que reine Dios. Ese es el motivo por que nuestro Señor pudo decir que, debido a su actividad y obras, «el reino de Dios está entre vosotros » (Lucas 17:21). «Mas si —dijo— por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lucas 11:20). Si consideramos, pues, el Reino de Dios como el gobierno y el reinado de Dios, el Reino estaba aquí cuando nuestro Señor estuvo en persona. Está presente ahora dondequiera que al Señor Jesucristo se le acepte como Señor. Pero vendrá en toda su plenitud cuando todo el mundo tenga que aceptar su señorío. Podemos, pues, decir que el Reino ha venido, que el Reino está entre nosotros, y que el Reino está por venir. ¿Cuál es, entonces, la relación entre la Iglesia y el Reino? Sin duda esta: la Iglesia es una expresión del Reino pero no es equivalente a él. El Reino de Dios es más amplio que la Iglesia. En la Iglesia, dondequiera que la Iglesia sea verdaderamente la Iglesia, se acepta y se reconoce el señorío de Cristo y este mora allí. El Reino, pues, está ahí en ese punto. De manera que la Iglesia es parte del Reino, pero solo parte. El Reino de Dios es mucho más amplio que eso. Él gobierna fuera de la Iglesia, en lugares donde no se le reconoce, porque todas las cosas, incluyendo la historia, están en su mano. La Iglesia, pues, no es equivalente en extensión al Reino. Ahora bien, permítaseme mostrar algunos de los términos que se utilizan. La palabra griega que se traduce como «iglesia» es el término ekklesia, y ekklesia significa «aquellos que son llamados fuera». No necesariamente llamados fuera del mundo, sino fuera de la sociedad para alguna clase de función o propósito específicos; son «reunidos». Podemos traducir la palabra ekklesia por «asamblea». En las Escrituras ekklesia no está restringido a una asamblea espiritual. Si leemos el relato de Hechos 19 sobre la extraordinaria reunión que tuvo lugar en la ciudad de Éfeso, una reunión que casi se convirtió en revuelta, encontraremos que el escribano de la ciudad lo llama una asamblea, una ekklesia, con lo que quería decir un cierto número de personas que se habían reunido. De la misma manera, Esteban en su discurso de Hechos 7 hace referencia a Moisés estando en «la congregación en el desierto» (versículo 38). Los hijos de Israel, pues, eran una iglesia, una reunión, una asamblea del pueblo de Dios. Eran la ekklesia, la Iglesia en el Antiguo Testamento. Ese es el significado fundamental de la palabra «iglesia». Ahora bien, nuestra palabra «iglesia» y todos los términos y palabras afines, contienen un significado levemente distinto. Utilizamos la palabra aludiendo a nuestra pertenencia al Señor. La palabra inglesa «church» (iglesia) proviene de la palabra griega kurios, que significa «señor», tiene la misma derivación que las palabras káiser y césar. Es importante que recordemos eso, porque debemos unir estos dos significados: la Iglesia se constituye de aquellas personas que pertenecen al Señor, que están reunidas. Pero vayamos más allá. Consideremos ciertas afirmaciones que se hacen en la Escritura con respecto a la Iglesia, y estas son verdaderamente importantes. En la Biblia, la palabra ekklesia, cuando se aplica a los cristianos, en general se utiliza en referencia a una reunión local. Ahora bien, la distinción que estamos estableciendo es la diferencia entre la Iglesia considerada como un concepto general y la Iglesia considerada como un concepto local, particular. El término que se utiliza casi invariablemente en las Escrituras conlleva este significado local. Por ejemplo, en Romanos 16, cuando Pablo envía sus saludos a Aquila y Priscila, hace referencia a «la iglesia de su casa» (versículo 5). Una serie de cristianos se reunía en la casa de Aquila y Priscila y el apóstol Pablo no duda en llamar a esa reunión local una iglesia. No está pensando en término del ideal ecuménico moderno, según el cual la Iglesia es lo grande. Luego, además, Pablo dirige sus epístolas, por ejemplo, «a la iglesia de Dios que está en Corinto. Escribe la Epístola a los Gálatas a «las iglesias de Galacia» (Gálatas 1:2), no a «la Iglesia de Galacia». Pablo no está pensando en una unidad dividida en ramas locales, sino en las iglesias, un número de estas unidades, en Galacia. Ese es un punto sumamente importante y significativo. Ahora bien, si repasamos las Escrituras, hallaremos que esa es la manera apostólica habitual de manejar la cuestión. Pero debemos advertir que hay dos o tres ocasiones donde se emplea la palabra «iglesia» más que «iglesias» y una de ellas muy interesante. La encontramos en Hechos 9:31. Aquí hay una diferencia entre la versión de la Biblia de las Américas y la Reina-Valera. La Reina-Valera dice: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas». Pero en la Biblia de las Américas se puede leer en singular, «iglesia», e indudablemente es una traducción mejor. Sí, pero aun así, debemos recordar que la referencia es casi con toda certeza a los miembros de la iglesia en Jerusalén que se habían dispersado como resultado de la persecución. Lucas, pues, probablemente no se estaba refiriendo al concepto de «la Iglesia» como algo distinto de «las iglesias», sino que estaba pensando en la Iglesia diseminada por distintos lugares. En cualquier caso, este no es un punto vital. Por otro lado, en 1 Corintios 12:28 leemos: «Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas». Pablo no dice que Dios los pusiera «en las iglesias», sino «en la iglesia».”

 

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Otros dos volúmenes que forman parte de la trilogía:

  1. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/01/18/dios-el-padre-dios-el-hijo-2/
  2. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/04/15/dios-el-espiritu-santo/

El legado espiritual de Juan Calvino 2

Blog94B

En 1536 llegó a Ginebra camino a Estrasburgo. Sin embargo no pudo continuar su viaje debido a que su compatriota Guillaume Farel lo convenció para que se quedara en la ciudad y colaborara con él en las tareas de reforma evangélica allí emprendidas. Por aquel tiempo el movimiento reformado en Suiza, iniciado por Zuinglio en Zurich, había ya arraigado en importantes cantones helvéticos, y contaba con destacados líderes evangélicos: Capito y Ecolampaio en Basilea, Haller en Berna, Vadiano en St. Gall, Viret en Lausana, Farel en Ginebra y Bullinger en Zurich. Si bien al principio Ginebra acogió favorablemente el ministerio de Calvino, las rígidas medidas disciplinarias impuestas por el joven reformador determinaron el rechazo de la población y la consiguiente expulsión de la ciudad. La estancia en Ginebra había durado menos de dos años. Aceptando la invitación de Martín Bucero, Farel y Calvino se instalaron en Estrasburgo. En esta ciudad Calvino pastoreó una pequeña congregación de refugiados franceses e inició un ambicioso esquema de reformas religiosas en conformidad con su visión bíblica de lo que había de ser una verdadera iglesia cristiana. En buena medida estas medidas encontrarían más tarde debido cumplimiento en Ginebra, donde a instancias y súplicas de las autoridades de la ciudad Calvino regresó de nuevo en 1541. Catorce años de “pacificación espiritual”, escribe Beza, fueron los que necesitó Calvino para implantar su plan de reformas religiosas, sociales y políticas . Al término de las mismas, según el testimonio del escocés John Knox, Ginebra se convirtió “en la más perfecta escuela de Cristo que jamás haya existido desde tiempos apostólicos”.

Calvino, ya desde el inicio de su ministerio, tuvo conciencia de su propia excepcionalidad en cuanto a dones espirituales y capacidades intelectuales; pero también tuvo conciencia de la extraordinaria tarea reformadora a él encomendada por llamamiento de Dios. Ante estas dos realidades, Calvino asumió una inquebrantable doble determinación: la de que se le conociera por sus reformas y escritos, y se le desconociera por lo que era en la esfera de lo personal. Sus escritos eran importantes por centrarse en la gloria y grandeza de Dios; mientras que por lo personal y propio él no era más que un insignificante “gusano de Jacob”. Muy celoso fue siempre Calvino de su “escondimiento personal”, al extremo de proyectarlo más allá de su muerte, pues dio estrictas instrucciones a sus amigos para que, llegado el día, se ocultara el lugar exacto donde habían de ser enterrados sus restos mortales. Al igual que Moisés, en modo alguno quería que su tumba fuera profanada por la idolatría. Ante la realidad de esta ocultación personal, motu proprio, poco es lo que sabemos de la biografía del Reformador, y para conocer algo hemos de hacernos eco de la información que sobré él nos ha llegado de los que le conocieron (particularmente de T. Beza). Por lo que podemos colegir de la información biográfica disponible, Calvino fue un hombre de férrea voluntad y determinación, y de profundos sentimientos —a los que siempre controló y sujetó bajo una estricta disciplina—. Por su carácter y actuación personal a la hora de asumir responsabilidades y obligaciones, se nos muestra siempre como un ejemplo modélico de creyente, que al igual que su admirado apóstol Pablo, ante cualquier situación, anímica o de índole exterior, podía afirmar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¿Ha sido por este dominio de sí mismo y de control de sus sentimientos que se le ha juzgado de frío y distante? Los que así piensan deberían leer un buen número de sus más de cuatro mil cartas en las que el Reformador muestra una desbordante riqueza de sentimientos y afectos personales.

Dicho esto, con toda su riqueza personal y de carácter, Calvino no despierta el atractivo humano de Lutero. El reformador alemán, con todos sus defectos y virtudes, se nos aparece como un hombre más “como nosotros”. Con su “reina Catalina”, a la que amaba “tanto o más que a la Epístola a los Gálatas”, fundó un hogar cristiano, ejemplo de virtudes familiares y modelo de hospitalidad bíblica para propios y extraños. Del calor humano de sus Charlas de sobremesa, participan todavía hoy los que a través de la lectura de sus páginas se sientan en torno a la gran mesa preparada por la “reina Catalina”. Gracias a Lutero, el hogar del ministro de Dios pasa a desempeñar un papel decisivo en la esfera religiosa, social y cultural de los países protestantes. Pero en el hogar de Calvino no hemos podido entrar. ¿Qué era para Calvino, por ejemplo, el enamoramiento y la relación afectiva en el matrimonio? Nos asaltan muchos interrogantes sobre este particular al recordar cómo entró el Reformador en la orden de los casados. Al insistir sus amigos en que no “era bueno que el hombre estuviera solo”, y que por su salud débil y enfermiza había de casarse, Calvino accedió a entrar en el estado matrimonial bajo la condición de que fueran sus amigos los que le encontraran “la esposa ideal”. Y así fue: en 1540 contrajo matrimonio con Idelette de Bure, viuda y madre de dos hijos. De este matrimonio nació un hijo que murió en la infancia. Idelette moriría nueve años más tarde. Calvino permaneció viudo el resto de su vida.

Continuara…

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Maridos amen a sus esposas 5

Blog95

Acerca de que los maridos amen a sus esposas como a sí mismos: Al ejemplo de Cristo, el apóstol agrega cómo los maridos deben imitarlo: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (Ef. 5:28)… El ejemplo de Cristo es completo, perfecto y suficiente en todo sentido, mucho más excelente que el del hombre. No se agrega esto para añadirle algo más, sino solo hacer notar nuestra falta de comprensión y destacar su punto de un modo más claro. Porque con este agregado es más práctico y fácil de entender. Todos saben cómo aman a su propio cuerpo, pero ninguno o pocos saben cómo Cristo ama a su iglesia. Además, ese ejemplo de Cristo puede ser demasiado elevado y excelente como para que alguien pueda alcanzarlo. Por lo tanto, para hacer ver que no requiere más de lo que el hombre puede llevar a cabo, siempre que con cuidado y conciencia se decida cumplir su deber, [el apóstol] usa como ejemplo a uno mismo; lo que uno hace con su cuerpo, puede hacer con su esposa.Ningún hombre tratará con más cuidado la mano, el brazo, la pierna o alguna otra parte del cuerpo que él mismo, porque es muy sensible a sus propios dolores. Las metáforas que el apóstol usa en estas palabras: “sino que la sustenta y la cuida” muestran  claramente este cuidado (Ef. 5:29). Son tomadas del mundo de las aves quienes con [cuidado] y ternura rondan en medio de sus crías, cubriéndolas con sus alas y plumas, pero sin cargar sobre ellas el peso de su cuerpo… De esta manera, con suma ternura y cuidado deben tratar a sus esposas, como ya hemos mencionado varias veces. Me pareció bueno destacar a los esposos este ejemplo del hombre mismo, como algo para considerar como un precedente sin excepciones, por lo cual reciben una pauta para cumplir mejor todo lo antedicho.
Así es el afecto que los maridos deben tener para con sus esposas: deben más voluntaria y alegremente hacer cosas por sus esposas que por sus padres, hijos, amigos y otros. Aunque esta alegría es una actitud interior de su corazón, el hombre la demuestra con su presteza y buena disposición por hacerle un bien a su esposa. En cuanto su
esposa desea algún favor, él debe estar listo para hacerlo: como le dijo Boaz a Rut: “Yo haré contigo lo que tú digas” (Rut 3:11).Lo opuesto es el talante de esos maridos que hacen cosas por sus esposas de tan mala gana, quejándose y mostrando su descontento que ellas preferirían que ni las hicieran. Su manera de actuar causa más sufrimiento a las esposas de buen corazón, que hacer las cosas difíciles que se ven obligadas a hacer.
Acerca del ejemplo de Cristo, para motivar a los maridos a amar a sus esposas: No puede haber una motivación más fuerte para hacer algo que seguir el ejemplo de Cristo. Cualquier ejemplo vivo es en sí tan fuerte que nos puede motivar a hacer cualquier cosa: con más razón si es de una gran persona, un hombre de renombre. Pero, ¿quién más
grande que Cristo? ¿Qué ejemplo más digno de imitar? Si el ejemplo de la iglesia es poderoso para motivar a las esposas a estar sujetas a sus maridos, el ejemplo de Cristo tiene que ser mucho más poderoso para motivar a los maridos a amar a sus esposas. Qué gran honor es ser como Cristo: su ejemplo es un modelo perfecto.
Tomado de Domestical Duties
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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres,
considerado como el centro de predicación más importante de aquella época.
Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y
penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30
años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario
famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

C.H Spurgeon16

 

El legado espiritual de Juan Calvino 1

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Calvino ha sido, y continúa siendo, el gran teólogo del protestantismo, fraguador del pensamiento evangélico más sólido y coherente que ha dado el cristianismo.

Juan Calvino nació en Noyon, en la región francesa de la Picardía, el 10 de julio de 1509, y murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564. Se cumplen, pues, quinientos años de su nacimiento. La efemérides es importante, pues importante ha sido para la historia y la Iglesia cristiana, la persona y obra de este gran reformador protestante. A pesar de los cinco siglos que nos separan de su nacimiento, la actualidad de su impronta histórica y religiosa continúa aún vigente en nuestro tiempo. Y en tanto que la aportación teológica de Calvino está firmemente enraizada en los contenidos de la revelación bíblica, su memoria y obra ofrecen sólida garantía de perdurabilidad en el tiempo. Cierto es, por otro lado, que una distancia temporal de cinco siglos puede favorecer una valoración más serena y equilibrada de la persona y obra del Reformador y permitir coronar conclusiones mejor funda-mentadas sobre el fenómeno religioso calvinista. Y esto es lo que nos proponemos hacer en nuestras reflexiones de quinto centenario. A menos que así lo requieran algunas de las cuestiones que nos proponemos abordar, dejaremos de lado aquello datos y secuencias biográficas sobre el Reformador que son de fácil acceso gracias a los muchos libros que se han escrito sobre el teólogo francés.

El calvinismo representa la madurez teológica de la Reforma protestante del siglo XVI, y el intento más logrado de construir una dogmática cristiana sobre la única base de la Biblia_ Más que el iniciador de la teología calvinista propiamente dicha, Calvino fue el genio sistematizador de todo un conjunto de doctrinas bíblicas que, a lo largo de la historia del cristianismo han proclamado, en mayor o menor grado, y de forma más o menos intermitente, la gracia soberana de Dios en la salvación del pecador y la gloria del Sumo Hacedor en todos los ámbitos de la Creación. Los principios fundamentales del movimiento reformado, presentes ya en el luteranismo y en el zuinglismo, bajo el genio teológico de Calvino adquirieron su pleno desarrollo y se plasmaron en un coherente y sistemático cuerpo de doctrina, único en la historia del cristianismo, tanto por la amplitud de su contenido, como por la profundidad bíblica que lo impregna. No es de extrañar, pues, que está sin par concepción teológica se la conozca bajo el nombre de calvinismo, en directa e inseparable relación con su autor. El concepto de vocación, de llamamiento, que ha de caracterizar la vida y actividad del hombre re-dimido por Cristo, constituye otra de las grandes aportaciones de su pensamiento. En esto Calvino fue el alfarero del hombre reformado. Con su reiterado acento en la doctrina bíblica del sacerdocio universal de los creyentes, Calvino inculcó en los hijos de la Reforma un profundo sentido de responsabilidad ante Dios y ante los hombres hasta entonces desconocido. El hombre reformado es el prototipo más actualizado del hombre responsable. De su responsabilidad ante Dios dimana su responsabilidad con la sociedad y consigo mismo. El hombre reformado es un hombre de vocación, de entrega y compromiso en todas sus acciones y relaciones con el mundo de sus semejantes y el mundo de su trabajo y de sus actividades cotidianas. El cambio doctrinal que supuso el retorno a la Biblia, implicó también un radical cambio de actitud hacia el trabajo y hacia las obligaciones del individuo en el orden creado. No solo, pues, en la esfera religiosa la impronta calvinista ha sido importante: lo ha sido también en el desarrollo político, social y cultural de Occidente.

Calvino: el hombre

En el prólogo de su Comentario a los Salmos, en una de las pocas referencias autobiográficas que nos hace de sí mismo, Calvino habla de una “súbita conversión”. Según observa Teodoro Beza en su reseña biográfica del Reformador, esta súbita experiencia de conversión de hecho marcaría el momento cumbre de un largo proceso espiritual que se iniciaría en sus años de estudiante en París, bajo el impacto de las ideas evangélicas luteranas predicadas con mucho ardor en la capital francesa por discípulos y seguidores del Reformador alemán.

Continuara…

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Maridos amen a sus esposas 4

Blog93

Acerca de descuidar la edificación de la esposa: Lo contrario es la práctica de los que ejerciendo sus profesiones en lugares donde la Palabra abunda, prefieren por placer, satisfacción, comodidad y economía, mudar a sus familias a lugares remotos donde escasea la predicación o ni la hay. Dejan allí a sus esposas a cargo de la familia, sin tener en cuenta su necesidad de la Palabra, porque ellos mismos se van a Londres u otros lugares parecidos en razón de sus profesiones, y allí disfrutan de la Palabra. Muchos, abogados y otros ciudadanos son culpables de descuidar a sus esposas en este sentido.

También lo son aquellos que abandonan todo ejercicio religioso en sus casas,
convirtiéndolas en guaridas del diablo en lugar de iglesias de Dios. Si por falta de medios, públicos o privados, la esposa vive y muere ignorante, irreverente, infiel e impenitente lo cual significa condenación eterna, sin duda su sangre le será demandada a él porque el esposo es guardia de su esposa (Eze. 3:18).
Acerca del cuidado del marido en mantener a su esposa durante toda la vida: la manutención cariñosa del marido por su esposa debe ser mientras ella viva, sí, también en el caso que ella lo sobreviva. No que pueda él hacer algo después de muerto, sino que antes de su muerte ha tomado las medidas para su futuro sustento, de modo que después
ella pueda mantenerse independientemente y vivir en el mismo nivel que antes. [Él debiera por lo menos] dejarle no solo lo que tenía con ella, pero algo más también como testimonio de su amor y preocupación por ella. Los maridos tienen el ejemplo de Cristo para imitar, porque cuando este partió de este mundo dejando a su iglesia aquí en la tierra, dejó su Espíritu, que le proporcionó a ella dones tan o más abundantes (Ef. 4:8), como si Cristo estuviera todavía con ella. En el caso de muchos que mantienen a sus esposas mientras viven con ellas, a su muerte demuestran que realmente no la amaban. Todo había sido para aparentar.
Acerca de lo gratuito del amor de los maridos: La causa del amor de Cristo fue su amor, como dice Moisés, demostró su amor porque los amaba (Deut. 7:7-8). El amor surgió solo y absolutamente de él mismo y era gratuito en todo sentido: no había nada en la iglesia, antes de que Cristo la amara, para motivarlo a amarla, por lo que no había
nada que él pudiera esperar después, más que lo que él mismo daría.
Ciertamente se deleita en esa justicia que tiene como si vistiera un manto glorioso y con gracias celestiales como si estuviera adornada con piedras preciosas. No obstante, esa justicia y esas gracias son de él y otorgadas gratuitamente por él. Se presenta a sí mismo una iglesia gloriosa (Ef. 5:27).
En imitación de esto, los maridos deben amar a sus esposas, aun cuando no hubiere en ellas nada que los mueva a amarlas, fuera del hecho de que son sus esposas. Sí [deben amarlas] aunque no puedan esperar nada de ellas en el futuro. El verdadero amor respeta al objeto que ama, y considera el bien que le puede hacer, en lugar de esperar el
bien que pueden recibir del objeto de su amor. Porque el amor no busca lo suyo (1 Cor. 13:5)… El amor de Cristo debiera impulsar aún más a los esposos para hacer todo lo que esté en su poder a fin de amarlas sin reservas. Entonces será cierto que viven con sus esposas sabiamente (1 Ped. 3:7), y su amor se parecerá al de Cristo: será gratuito.
Acerca de que los maridos amen a sus esposas más que a sí mismos: No se puede expresar la magnitud del amor de Cristo, porque sobrepasa toda medida. Se dio a sí mismo por su iglesia (Ef. 5:25), fue ese Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas (Juan 10:11). “Nadie tiene mayor amor que este” (Juan 15:13). ¿Qué no hará por su esposa por quien dio su vida?
Acerca de la falta de consideración de los maridos: Lo contrario es su falta de consideración que prefieren cualquier trivialidad propia antes que el bien de sus esposas: sus ganancias, sus placeres, su progreso, sin ningún sentimiento por sus esposas. Si se requiere de ellos algún esfuerzo extraordinario en favor de sus esposas, entonces se notará el poco amor que le tienen.
Acerca de la constancia del amor de los maridos: La duración del amor de Cristo es sin fecha: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Su amor era constante [no por arranques, amando ahora, luego odiando] y sin fin (Os. 2:19) [nunca arrepintiéndose de él, nunca cambiando de idea]. Ninguna
provocación ni ninguna transgresión pueden hacerle olvidar de amar o dejar de hacer aquel bien que tenía la intención de hacer para su iglesia. Note que le dijo aun cuando ella se rebeló contra él: “Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí dice Jehová!” (Jer. 3:1) y también “Mi misericordia no se apartará” (2 Sam. 7:15)…
Porque su amor no depende del desierto de su iglesia sino de lo inmutable de propia voluntad. Así como esto demuestra que el amor de Cristo es un amor auténtico, demuestra también que es provechoso y beneficioso para la iglesia, la cual a pesar de sus muchas faltas, por ese amor es glorificada.

Continuará …

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

La vida de Juan Calvino 2

Blog91B

En Mayo de ese año fue a Noyon para presentar la dimisión de los beneficios que recibía de la Iglesia católica romana. Calvino había recibido beneficios de la iglesia desde los 12 años de edad, pero poco antes de cumplir 25 años lo dejó todo. En aquel tiempo fue encarcelado dos veces brevemente.

Hacia el fin de ese año se encontró en Poitiers, reuniéndose con unos protestantes en una caverna y celebrando con ellos la Santa Cena. En aquel tiempo el rey de Francia, Francisco I, quemó a treinta y dos “herejes” en cuatro lugares públicos en la ciudad de París y declaró que haría lo mismo con sus propios hijos si fueran infectados con las herejías de los que no creían en la misa como celebrada por los católicos. Viendo la situación Calvino y el canónigo salieron de Francia y fueron a Basilea en Suiza.

Allí Calvino estudió más He-breo y terminó la Institución, la cual se publicó (en latín) en 1536 con 6 capítulos. Fue dedicada al rey de Francia, Francisco I. Tenía un propósito doble: quería que el Rey leyera y considerara lo que escribió, y a la vez quiso ayudar a los creyentes verdaderos a entender y confesar su fe.

Después de escribir la Institución hizo un viaje a Italia. En abril de 1536 comenzó a viajar de Italia hacia Estrasburgo en Alemania. Debido a una guerra, en la providencia de Dios Calvino fue obligado a desviarse por Suiza.

Ginebra era una ciudad en Suiza en la cual la Reforma protestante prevaleció por medio de hombres como Guillermo Farel. En mayo de 1536, “el pueblo reunido en Concilio general, adoptó oficial-mente la Reforma” (Irwin, p. 29). Calvino llegó de paso como dos meses después en julio de 1536, cuando Ginebra estaba comenzando el proceso de seguir la Reforma en serio. El fogoso predicador y reformador Guillermo Farel se enteró de la presencia de Calvino, ya conocido por muchos, y fue a saludarle e invitarle a permanecer con ellos y ayudar en la Reforma. Calvino mismo nos cuenta de lo que pasó:
“Cuando [Farel] comprendió que yo había puesto mi corazón en estudios privados y dándose cuenta de que no conseguía nada con sus súplicas, procedió a proferir una imprecación en el sentido de que Dios condenaría mi reclusión y mi aislamiento si yo no aportaba mi ayuda cuando la necesidad era tan urgente. Me sentí tan aterrado que desistí del viaje que había emprendido; pero, consciente de mi apocamiento y mi timidez, no me até a ninguna promesa para cual-quier particular cometido”. (De la introducción a los Salmos, citado en Calvino, profeta, p. 74).
Así comenzó su asociación con Farel y su compromiso con Ginebra.
Ginebra, Estrasburgo y Ginebra hasta la muerte (1536-1564)

En Ginebra Calvino buscó la verdadera reforma de la iglesia. A la vez las autoridades civiles iban promulgando leyes contra la in-moralidad y eso causó oposición a Calvino hasta en el Concejo, por-que los malvados le echaron la culpa por no poder vivir como quisieran. En 1538 el Concejo de la ciudad tomó dos decisiones:
1. Que no se rehusara a nadie la Cena del Señor. Así quisieron acabar con la disciplina en la iglesia, cosa que Calvino veía como una marca de la verdadera Iglesia.

2. Que el modo de celebrar la Cena del Señor fuera el adoptado en Berna, Suiza (con pan no leudado y vino). Con esa decisión el Concejo se apoderó de la autoridad en la Iglesia, y para Calvino y los otros pastores eso no era aceptable.

Calvino y sus colegas rehusaron someterse a esas directrices. El Consejo les prohibió predicar. Él y Farel predicaron, pero no celebraron la Cena. El Consejo se reunió el día siguiente, 23 de abril de 1538, y los condenó, dando a Calvino y a Farel tres días para salir de la ciudad. Salieron inmediatamente.

Desterrado de Ginebra, a Cal-vino lo buscó Martín Bucero de Estrasburgo en Alemania. Había una pequeña colonia de franceses protestantes que Calvino pastoreó además de enseñarles Teología. Comenzó los estudios bíblicos que luego resultaron en los valiosos comentarios que todavía están disponibles.

En Estrasburgo le hicieron ciudadano y le trataron relativamente bien, aunque vivió con pocos re-cursos. Allí halló una esposa idónea, Idelette de Bure, excelente mujer, la viuda de un hombre creyente. Ellos habían sido desterrados de Bélgica por su fe protestan-te. Se casaron en 1540 pero su vi-da matrimonial duró menos de nueve años. La amó profunda-mente y la honró en cartas escritas a otros. El único hijo que les nació vivo duró poco tiempo.

En Estrasburgo hizo una edición de la Institución en francés; el comentario sobre Romanos, un tratado sobre la Cena del Señor, y otras cosas, incluyendo la Carta al Cardenal Sadoleto. Ese hombre qui-so atraer la gente de Ginebra a la Iglesia católica romana nueva-mente, y Calvino, por amor al Señor y al Evangelio y a la gente de Ginebra, escribió a Sadoleto una carta pública, famosa por la suavidad y manera atractiva con la que trató de ganar al cardenal mismo a la fe.

No fue la voluntad de Dios que Calvino se quedara en Estrasburgo. En Ginebra, sus enemigos habían caídos en problemas graves y los líderes se dieron cuenta de cuánto necesitaban a Calvino.

Debido al maltrato que había recibido en Ginebra, Calvino no quiso volver; sin embargo, los de Ginebra lograron convencer aun a Bucero (que no quiso perder a Calvino de Estrasburgo) que era la voluntad de Dios que Calvino volviera a Ginebra. Negando a sí mismo y sometido al Señor, volvió a Ginebra en septiembre de 1541.

En Ginebra, Calvino tenía sus luchas y enemigos todavía, y tiempos de peligro, pero poco a poco iba logrando las reformas que anhelaba en la Iglesia.

Uno de los males que Calvino enfrentó fue la interferencia de las autoridades civiles en asuntos de la iglesia. Había personas que querían obligar a Calvino y a los otros pastores a no disciplinar a los malhechores y a darles la Cena del Señor. En ese punto Calvino fue intransigente y declaró en un sermón que escogería más bien ir a la muerte que permitir a un pro-fano tomar la Cena.

Aunque Calvino no creía que el Estado pudiera mandar a las iglesias cómo llevar la adoración y el ministerio, sí pensaba que el Estado o los magistrados tenían la potestad de juzgar y matar a los herejes; por lo menos a algunos herejes, condenados y excomulga-dos por la iglesia. El caso más famoso que involucró a Calvino fue el de Miguel Servet.

Servet era un médico español que por años había propugnado una doctrina antitrinitaria (sabelianismo o modalismo). Publicó un libro provocativo que promovía sus convicciones sobre el asunto. Servet había sido condenado por los católicos y estos lo iban a matar pero, logró escapar. Fue a Ginebra sabiendo que no sería bienvenido. Allí fue arrestado, acusado, condenado y quemado. Calvino tuvo una parte en el pro-ceso, como fiscal en la acusación. El estaba de acuerdo en que Servet merecía la muerte, pero Calvino no quiso que lo quemaran y sugirió que lo decapitaran. Los jueces hicieron caso omiso de su su-gerencia y Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553. Muchos han usado el caso de Servet para condenar a Calvino. Sin embargo, debemos reconocer que en aquel tiempo esas eran fueron comunes y corrientes. Con la luz y entendimiento que tenemos ahora, no creemos que fuera bien hecho; sin embargo, debemos reconocer la realidad de que Calvino en ese asunto fue un hombre de su tiempo. Servet hubiera sido matado en casi cualquier sitio del mundo europeo en aquel tiempo, porque fue un hombre desafiante y arrogante que había condenado a las iglesias que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad.

En 1555, después de muchos años de lucha, Calvino logró que el gobierno de Ginebra reconociera la autoridad de la Iglesia en asuntos que pertenecen a la Iglesia.

Calvino trabajó incansable-mente toda su vida. Quizás su duro trabajo causó que tuviera quebrantos de salud, muchos dolores de cabeza y malestares del estómago, pero a pesar de su mala salud, no se detenía.

A la larga no pudo más. El 25 de abril de 1564 hizo su testamento. El día siguiente se reunió con los cuatro síndicos de la ciudad y los senadores para dirigirles unas palabras finales. Otro día reunió a los pastores para darles una palabra final. El 27 de mayo de 1564, después de ese último tiempo de lucidez que muchos experimentan antes de morir, Calvino tranquilamente dio su último suspiro. Según su petición, fue sepultado como cualquier otro creyente de esa ciudad: sin pompa, en el cementerio común y sin señal alguna. Nadie puede indicar el lugar.

Sus enemigos lo acusaron de enriquecerse pero cuando murió era obvio que no había acumula-do bienes terrenales. Para poder dar a sus sobrinos una herencia, vendieron sus libros y pertenencias, porque no tenía mucho más que eso.

En su vida Calvino enseñaba y predicaba varias veces durante la semana. Escribió el equivalente de unos 60 tomos de libros, incluyen-do muchísimas cartas (como 4000 se han preservado) porque tenía contacto con perseguidos y otros en muchos lugares.

Era un hombre de humildad, fe y valor; diligente en su trabajo y fiel pastor. Sobre todo, sus amigos y feligreses reconocieron que era un hombre temeroso de Dios, dedicado a Él y la causa del evangelio.

 

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En inglés Calvin and Augustine, por B. B. Warfield, especialmente el primer capítulo “John Cal-vin: The Man and His Work”.

The Life of John Calvin, pequeño libro, fuente primaria, escrito por Teodoro Beza, un contemporáneo de Calvino, amigo íntimo por 16 años,

En español: Juan Calvino: su vida y su obra, por C.H. Irwin.

Juan Calvino: profeta contemporáneo, compilado por Jacob T. Hoogstra

Calvino, Antología, presentación y se-lección Dr. M Gutiérrez Marín

Así fue Calvino, por Thea B. Van Halse-ma.
Otras referencias útiles en español:

http://es,wikipedia.org/wiki/Juan_Calvino

http://biografas.blogspot.com/2007/05/juan -calvino.html.

http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_76 1570916/Juan_Calvino.html.

 

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Objetivo: El corazón

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“El arte de aplicar la Palabra de Dios al corazón del oyente”

El libro que nos ocupa en esta ocasión (Objetivo el Corazón) es la segunda obra seleccionada dentro del llamado “Taller de Predicación”.

El primero de los títulos de este taller creado por editorial Andamio “El arte de la predicación”, está escrito por diez autores, todos ellos contextualizados en España, por nacimiento o por identificación misionera y espiritual, o por ambas. Todos ellos están comprometidos con el ministerio de predicación en sus iglesias locales. Cada hermano de los que contribuye desde su experiencia, formación, y de la gracia que ha recibido para desarrollar este ministerio, pone en evidencia un estilo, una visión única que aporta una riqueza singular a esta obra.

Nuestro mundo y sociedad necesita desesperadamente escuchar la Palabra de Dios expuesta fielmente y de forma relevante.

En Objetivo: el corazón, Murray Capill ayuda a los predicadores a dar forma a sus mensajes de tal manera que impacten de forma duradera en las vidas de sus oyentes. Acompaña a los predicadores en un proceso de “aplicación vital” que traslada la Palabra de Dios, a través de la vida de los predicadores, para que llegue a las vidas de los oyentes. Su modelo evita las trampas de la aplicación artificial, permitiendo así que los predicadores apunten al corazón de principio a fin. Además explica cómo hacerlo frente a determinados retos específicos en la predicación. Aquí encontrarás herramientas que, de forma sistemática, exploran las aplicaciones potenciales de cualquier texto en cualquier situación.

Mejor que nadie es el propio autor el que nos habla sobre el libro y su trasfondo por medio de esta entrevista.

Objetivo: El Corazón.

El arte de aplicar la Palabra de Dios al corazón del oyente, es una obra creada por Murray Capill. Él es  director del  Reformed Theological College en Geelong (Australia) un predicador regular.

¿Cuál fue el camino que te llevó a predicar?

En mi adolescencia empecé a interesarme en la predicación. Escuché a algunos predicadores que me inspiraron y comencé a sentir un tirón en mi corazón, deseando poder abrir la Palabra de Dios de esa manera. Pero era un desarrollador retrasado académicamente, así que fue más tarde en mi adolescencia que comencé a leer. Comencé a leer a Martyn Lloyd-Jones y su predicación me cautivó. De él me trasladé a CH Spurgeon y luego a JC Ryle. Esos grandes predicadores del pasado despertaron en mí el apetito y el aprecio por la predicación expositiva reformada.

Al mismo tiempo, Dios estaba trabajando en mí de otras maneras también. Dejé la iglesia en la que crecí y pasé un año saltando y comprando en la iglesia, y en muchos sentidos fue un momento muy inquietante. Parecía difícil encontrar una iglesia que fuera holísticamente sana, que tuviera buena predicación, compañerismo cálido, servicios dinámicos de la iglesia, sana doctrina y alcance efectivo. Encontré que las iglesias tendían a ser buenas en un frente pero decepcionantes en muchas otras. Muy a menudo  la predicación fue decepcionante. Entonces el Señor usó eso para fortalecer mi deseo de predicar y ayudar a construir iglesias sanas.

Al mismo tiempo, comencé la universidad y me involucré en la Unión Cristiana, donde aprendí mucho sobre el liderazgo y la participación del ministerio, y descubrí que tenía un verdadero corazón para el ministerio y el liderazgo. Así que estas tres cosas juntas: predicadores inspiradores del pasado, una preocupación por la iglesia de hoy y oportunidades iniciales para el ministerio, llevaron a una creciente aspiración de ser pastor y predicador.

¿Quién te influenció mientras seguías el ministerio evangélico?

Al principio, las influencias más importantes fueron los predicadores que leí y escuché. Como dije, Martyn Lloyd-Jones fue probablemente el más significativo. Spurgeon fue otro. Y luego estaban todos los sermones que escuchaba (¡en casetes en aquellos días!). Escuché a Al Martin, John Stott, David Pawson, Stuart Briscoe, Charles Price y otros: una verdadera mezcla de estilos y enfoques. Hoy, por supuesto, hay otra generación de predicadores, pero descubrí que escuchar a una variedad de expositores dotados de la Biblia era enormemente estimulante e influyente.

Para ser honesto, ellos fueron más formativos para mi predicación que las personas que realmente conocía en la carne. En ese momento, poco sucedía en los círculos de mi iglesia en términos de tutoría intencional y discipulado. Pero lo que fue realmente significativo fue el aliento que recibí de mi iglesia local, de mi pastor, y más tarde de los conferenciantes en el RTC (Colegio Teológico Reformado en Geelong) donde estudié. Eso realmente me estimuló y confirmó mi sensación de que allí era donde Dios me estaba guiando.

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Con la publicación de este libro “El corazón es el objetivo” sobre la importancia de la aplicación en la predicación. ¿Por qué vio la necesidad de un libro sobre este tema?

Al entrenar a los predicadores expositivos, tendemos a darles a las personas sólidos fundamentos teológicos, excelentes herramientas de lenguaje y exegéticas, y, a menudo, un buen entrenamiento en los principios básicos de la homilética. Pero lo que los predicadores no entienden es una gran ayuda al aplicar el texto bíblico, aplicándolo de forma fresca, penetrante, convincente y bíblicamente fiel. Además, los comentarios a menudo tampoco ayudan mucho. La mayoría de ellos son escasos cuando se trata de ayudar a los predicadores a saber cómo aplicar el texto hoy.

El problema es que si los predicadores tienen grandes habilidades exegéticas y conocimiento teológico, pero no saben cómo aplicar la verdad a la vida de las personas, sus sermones terminan en conferencias. Una conferencia, no importa cuán brillante sea, no es un sermón. Un sermón no solo debe explicar el texto, sino también debe presionar el mensaje principal del texto contra la vida de las personas. Necesita relacionar la verdad bíblica con las realidades de las experiencias de vida de las personas.

Entonces, lo que quería hacer era proporcionar a los predicadores algunas herramientas para pensar más profundamente sobre la aplicación de la Palabra de Dios. Quería ayudarlos a evitar añadir al final del mensaje algunas exhortaciones muy predecibles para leer más la Biblia, orar más y atestiguar más. Quería ayudarlos a ver que la aplicación debe moldear e impregnar todo el mensaje y debe llevar el mensaje a los corazones de las personas.

¿Cómo se ha recibido ese libro en Australia y más allá?

Bueno, no creo que escribas libros sobre aplicaciones expositivas para convertirte en un best-seller. Pero ha sido muy reconfortante escuchar a predicadores nuevos y experimentados en muchos lugares diferentes que el libro ha sido de gran ayuda para ellos. Creo que el hecho de que sea legible y práctico, dándoles a las personas herramientas que puedan usar cuando preparan su próximo sermón, lo ha hecho útil para las personas.

En nuestras experiencias personales, muchos de nosotros podemos señalar momentos en los que fuimos particularmente sorprendidos por algo en un sermón. Y luego están los momentos “normales” de escuchar una predicación buena pero, sin embargo, más regular. ¿Cuánto control ejerce un predicador sobre si su mensaje llega al corazón? 

Me gusta la distinción que hace Tim Keller entre un “buen” sermón y un “gran” sermón. Básicamente dice que el predicador puede trabajar para producir un buen sermón, pero solo el Espíritu Santo puede tomarlo y convertirlo en un gran sermón. Algunas veces el Espíritu toma nuestro trabajo, tal vez nuestro trabajo ordinario, y lo usa poderosamente en las vidas de las personas. Eso es algo maravilloso por lo que debemos orar fervientemente.

Pero nuestra tarea como predicadores, además de orar por eso, es hacer todo lo posible para predicar ‘buenos’ sermones. Y mi definición de eso incluye no solo ser fiel al texto bíblico, no solo comunicar clara y convincentemente, sino también dirigir el mensaje del texto a los corazones de los oyentes. En el sermón después del sermón debemos ir tras los corazones de las personas. Deberíamos tratar de iluminar sus mentes, condenar sus conciencias, despertar pasiones y afectos piadosos, y moverlos a la acción y respuesta correctas.

De modo que la predicación normal, regular, de pan y mantequilla debe dirigirse al corazón. Debe estar dirigido a cambiar vidas e impactar a las personas en el nivel más profundo de su alma. Por supuesto, si realmente penetra en los corazones de las personas depende por completo del trabajo interno del Espíritu. Solo por el Espíritu pueden los corazones ser cambiados. Pero el Espíritu usa medios, y uno de los principales medios que usa es la habilidad del predicador para aplicar la Palabra. Entonces debemos hacer todo lo que podamos, y entonces debemos depender totalmente del Espíritu de Dios.

¿Cuáles son algunas de las cosas que los predicadores más jóvenes necesitan aprender consistentemente?

Creo que hay tres cosas que hacen buena predicación: contenido, conexión y comunicación.

El contenido es la sustancia bíblica y teológica del mensaje y si eso no es fuerte, entonces el sermón nunca llegará a nada.

La conexión es la forma en que el mensaje principal del texto se conecta con los corazones y las vidas de las personas de hoy. Si eso es débil o falta, entonces tienes una conferencia, no un sermón.

La comunicación es la forma en que se presenta el contenido y la aplicación. Tiene que ser claro y convincente, interesante y atractivo, predicado con calidez y fuerza.

Así que eso es lo primero que les diría a los jóvenes predicadores: un buen sermón es la combinación de los tres juntos. No puedes elegir. Trabaja duro en los tres. Cada uno implica habilidades que deben aprenderse y lleva tiempo. A menudo bromeo que los primeros cien sermones son los más difíciles. Chappo fue más duro: dijo que los primeros 50 años son los más difíciles.

La segunda cosa que diría, sin embargo, es que aunque deberías esforzarte por ser lo más hábil posible, no intentes ser increíble. No trates de ser el próximo Keller, Piper, Jensen o el héroe que sea. Estamos rodeados de celebridades predicadoras evangélicas a quienes Dios ha bendecido y dotado. No creo que pretendieran ser de alto perfil, eso acaba de pasar porque Dios los ha usado. Y debemos estar contentos con cómo Dios quiere usarnos, lo que para la mayoría de nosotros será de muy bajo perfil.

De hecho, creo que el trabajo de la iglesia de Cristo es promovido principalmente por gente común, haciendo su mejor esfuerzo en ministerios que nunca serán mundialmente famosos. Lo que su iglesia necesita no es que usted sea famoso, sino que sea real, diligente, humilde y amoroso. Solo haz lo mejor para tu gente. Ámenlos lo suficiente como para trabajar por la Palabra y destilar la esencia de cada texto que predican. Ámalos lo suficiente como para hacer las cosas tan claras y atractivas como puedas. Ámenlos lo suficiente como para predicar a sus corazones y llevar el mensaje a la vida como realmente es. Ámenlos lo suficiente como para que su ministerio sea sobre Jesús, no usted. 29852896_1626113814111142_428033708_n

A veces se argumenta sobre la base de 1 Corintios 2: 1 que el estilo del predicador no es significativo siempre y cuando el evangelio esté presente en el mensaje. ¿Puede un predicador trabajar en técnicas estilísticas y su entrega sin comprometer el evangelio?

Esa es una gran pregunta. Desde luego, parece que Pablo desprecia cualquier interés en cuestiones de estilo, retórica y comunicación. Pero luego observas la forma en que escribe, y te das cuenta de que es un maestro de los recursos retóricos, los argumentos poderosos, las ilustraciones simples y el lenguaje apasionado.

Pablo no estaba hablando en contra de desarrollar habilidades en comunicación. Estaba hablando en contra del amor de un brillante discurso del griego. Él está diciendo que predicar no se trata del discurso, no se trata de mostrar nuestro ingenio y sabiduría. Se trata de la gloria de Jesús y la maravilla del evangelio.Nuestra tarea, entonces, es hablar lo mejor que podamos para que Jesús se mantenga en alto. Queremos hablar de manera clara, convincente, interesante, clara, convincente y persuasiva. Eso requiere una gran habilidad, pero el objetivo nunca debe ser mostrar lo maravillosos que somos, sino usar esas habilidades para mostrar cuán maravilloso es el evangelio. Necesitamos comunicarnos lo mejor que podamos, pero también debemos buscar en nuestros corazones y asegurarnos de que nuestra predicación se trata de Jesús, no de nosotros.

¿Qué es lo más difícil de predicar?

La buena predicación por lo general suena sin esfuerzo y los buenos predicadores hacen que parezca bastante fácil. Pero no lo es. Detrás de una buena predicación se encuentran muchas horas de trabajo arduo, en exégesis, aplicación y comunicación. Y creo que lo más difícil de predicar es sostenerse semana tras semana, año tras año. No es tan difícil producir una maravilla única. Pero cuanto más prediques, más profundo tendrás que cavar. No puedes mantenerte fresco si solo estás haciendo los movimientos y generando otro mensaje. El peligro es que sabes cómo hacer eso y solo tienes que pasar por la mecánica. Pero si quieres ser usado por Dios, necesitarás seguir creciendo en la palabra, seguir aprendiendo cosas nuevas, seguir orando más que nunca para que Dios bendiga su Palabra. Nunca piense que ha llegado, tiene predicación en la bolsa, y puede hacerlo sobre la marcha mientras atiende otras necesidades del ministerio. La predicación siempre garantiza lo mejor de tu tiempo, energía y concentración.

 

*(Entrevista publicada originalmente en ingles por http://www.au.thegospelcoalition.org

 

ÍNDICE

Introducción: ¿Qué es la predicación?
1. Un manual de aplicación para el principiante
Parte I. El proceso de la aplicación viva en la predicación 
2. La Palabra viva: Tiene una obra que hacer
3. La vida del predicador: Un depósito lleno
4. La vida de nuestros oyentes: El corazón es el objetivo
5. La vida de nuestros oyentes: Una talla no sirve para todos
6. Aplicaciones vivas: Disparar flechas afiladas
Parte II. Poner la aplicación viva en práctica
7. Predicar el Reino
8. Captar la atención con historias
9. Predicar los tres «ivos»
10. La preparación integral
Pensamientos finales
Apéndice. Herramientas para una aplicación

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

 

 

Objetivo: el corazón

Objetivo el corazón

 

 

 

 

 

 

 

Objetivo: el corazón

El arte de aplicar la Palabra de Dios al corazón del oyente

Murray Capill

La Palabra de Dios es poderosa y, cuando es predicada de forma clara y aplicada, su impacto se puede palpar. Pero, cuando la predicación meramente transmite información, puede dejar indiferente a la congregación; y cuando en nombre de la relevancia sacrifica contenido, defrauda y tampoco transmite el poder del texto. Para que la predicación realmente transforme vidas, es necesario combinar fidelidad bíblica con aplicación penetrante. Juntas son una combinación poderosa.

Murray Capill ayuda a los predicadores para que puedan dar forma a sus mensajes, de tal manera que impacten de manera duradera en las vidas de sus oyentes. Acompaña a los predicadores en un proceso de “aplicación viva” que traslada la Palabra de Dios, a través de la vida de los predicadores, para que llegue a la de los oyentes. Su modelo evita las trampas de la aplicación artificial, permitiendo así que los predicadores apunten al corazón de principio a fin. Además, explica cómo hacerlo frente a determinados retos específicos en la predicación. Aquí encontrarás herramientas que, de forma sistemática, exploran las aplicaciones potenciales de cualquier texto en cualquier situación.

ÍNDICE

Introducción: ¿Qué es la predicación?
1. Un manual de aplicación para el principiante
Parte I. El proceso de la aplicación viva en la predicación 
2. La Palabra viva: Tiene una obra que hacer
3. La vida del predicador: Un depósito lleno
4. La vida de nuestros oyentes: El corazón es el objetivo
5. La vida de nuestros oyentes: Una talla no sirve para todos
6. Aplicaciones vivas: Disparar flechas afiladas
Parte II. Poner la aplicación viva en práctica
7. Predicar el Reino
8. Captar la atención con historias
9. Predicar los tres «ivos»
10. La preparación integral
Pensamientos finales
Apéndice. Herramientas para una aplicación

*Este libro forma parte de Taller de Predicación. Puedes ver el otro título del Taller en: El Arte de la Predicación.

305 pp. Rústica

Ref. 1714 – 15,99€

Maridos amen a sus esposas 3

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.-Acerca de la severidad excesiva de los maridos para con sus esposas: Lo contrario es el rigor y la severidad de muchos maridos, que ejercen al máximo su autoridad, y no ceden nada a sus esposas como si fueran inferiores. Estos son:

1. Los que nunca están conformes ni satisfechos con lo que la esposa haga, sino que son siempre más y más exigentes.
2. Los que no les importa lo detestable y oneroso que resultan para sus esposa: detestables por traer a casa huéspedes que saben que no pueden atender, onerosos por traer visitas con demasiada e inoportuna frecuencia o imponiéndoles responsabilidades fuera de lugar y por sobre los asuntos de la casa. Imponer tales cosas con demasiada
frecuencia no puede más que hartarlas, y hacerlo irrazonablemente no puede menos que alterarlas y ofenderlas en gran manera [como en el caso de que la esposa esté débil por causa de alguna enfermedad, que esté embarazada o recién haya dado a luz, por estar amamantando u otras cosas similares que le impiden dar las atenciones que de otra
manera daría].
3. Sujetan a sus esposas como si fueran niñas o sirvientas, impidiéndoles hacer nada sin su conocimiento y sin su expreso consentimiento.

.-Acerca de los maridos que ingratamente desalientan a sus esposas: Lo contrario es la actitud desagradecida, quizá por envidia de los maridos que no se fijan en las muchas buenas cosas que hacen sus esposas todos los días sin recibir aprobación ni elogio ni recompensa, sino que  están prontos para criticar la menor falta o descuido en ellas. Hacen esto en términos generales como si ellas nunca hicieran nada bien, por lo que ellas tienen derecho a decir: “Hago muchas cosas bien, pero él lo ignora; pero si hago una cosa mal, no cesa de criticarme”.
.-Acerca de la manera como el marido instruye a su esposa: En cuanto a la instrucción, el apóstol agrega humildad. Instruid [dice él] con humildad a “a los que se oponen” (1 Tim. 2:25). Si los pastores deben instruir a su pueblo con humildad, cuanto más los maridos a sus esposas: en caso de encontrar oposición, no debe hacer a un lado la humildad, no debe hacerse a un lado en ningún caso. Observe el marido estas reglas que demuestran humildad:
1. Tome en cuenta la capacidad de su esposa y programe sus instrucciones en consecuencia. Si tiene poca capacidad, enseñe precepto por precepto, línea por línea, un poquito aquí un poquito allá. Un poquito a la vez [día tras día] llegará a ser mucho, y conforme ambos conocen lo enseñado, el amor de la persona que enseña aumentará.
2. Instrúyala en privado, solo usted y ella, para que no se ande pregonando su ignorancia. Las acciones privadas entre el hombre y su esposa son muestras de cariño y confianza.
3. En la familia, instruya a los hijos y sirvientes cuando ella está presente, pues así podrá ella aprender también. No hay manera más humilde y gentil de instruir, que instruir a terceros.
4. Junto con los preceptos añada comentarios dulces y expresivos como testimonios de su gran amor. Lo opuesto es instruir duramente, cuando los maridos pretenden hacerles entrar violentamente en la cabeza a sus esposas cosas que ellas no pueden comprender. Y aun sabiendo que ellas no pueden comprender, se enojan con ellas, y el enojo los lleva a decir groserías y a proclamar su ignorancia delante de los hijos, sirvientes y extraños. Esta dureza es tan contraproducente y exaspera tanto el espíritu de la mujer, que mejor es que el marido deje a un lado este deber si lo pretende cumplir de esta manera.

Acerca de que el marido debe proveer maneras para que la esposa sea edificada espiritualmente: Se deben proveer los medios para la edificación espiritual del alma de ella, tanto en privado como en público. En privado se refiere a los oficios santos y religiosos en el hogar, tales como leer la Palabra, orar, instruir y cosas por el estilo,
que son el alimento espiritual cotidiano del alma como lo es alimento cotidiano para nuestros cuerpos. El hombre, como cabeza de la familia, tiene el deber de proveer estos para el bien de toda su casa; y como marido, en especial para el bien de su esposa: porque para su esposa, al igual que para toda la familia, él es rey, sacerdote y profeta.
Por lo tanto, él solo, para el bien de su esposa, debe realizar estas cosas o conseguir que otro las haga. Cornelio mismo realizaba estos oficios (Hech. 10:2, 30). Micaía empleó a un levita [aunque su idolatría era mala, el hecho de que quisiera a un levita en su casa era
encomiable] (Jue. 17:10). El esposo de la sunamita proveyó un cuarto para el profeta y lo hizo especialmente por su esposa, porque fue ella quien se lo pidió (2 Rey. 4:11).
Medios públicos se refieren a las ordenanzas santas de Dios realizadas por el siervo de Dios. El cuidado del marido por su esposa en este respecto es ver que alguien más haga las cosas imprescindibles de la casa de modo que ella pueda participar de ellas. La Biblia
destaca que Elcana había provisto todo de tal manera que sus esposas podían ir con él todos los años a la casa de Dios (1 Sam. 1:7; 2:19): lo mismo dice de José, el esposo de la virgen María (Luc. 2:41). En aquella época había un lugar público que era la casa de Dios a dónde debían concurrir todos los años [sin importar la distancia desde su casa]. Los lugares donde vivían Elcana y José eran lejos de la casa de Dios, no obstante, ellos dispusieron todo de modo que no solo ellos, sino que sus esposas también fueran a los cultos públicos para adorar a Dios. En la actualidad hay muchas casas de Dios, lugares donde se adora a Dios en público, pero por la corrupción de nuestros tiempos, el ministerio de la Palabra [el medio principal para edificación espiritual] no prevalece en todas partes. Por lo tanto, tal debe ser el cuidado del marido por su esposa en este respecto, que la elección de su vivienda tiene que depender de que sea donde pueda tener el beneficio de la Palabra predicada, o si no, proveerle los medios para llegar semanalmente al lugar de predicación.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

 

La vida de Juan Calvino 1

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Juventud y vida hasta Ginebra (1509 — 1536)

Juan Calvino nació el 10 de julio de 1509, en Noyon en Picardía (noreste de Francia), un centro religioso importante. Carlomagno fue coronado allí en 768. Hoy día atrae a turistas y aún tiene un museo de Juan Calvino en el lugar donde estaba la casa en la cual nació.

El nombre de su padre era Gerard Cauvin (o Caulvin: en latín, Calvinus; en español, Calvino) Era un abogado que trabajaba con el Gobierno, pero especial-mente con la Iglesia católica ro-mana. La madre de Jean Cauvin (Juan Calvino), Jeanne le Franc, tenía la reputación de ser bella y piadosa, de la manera como los católicos consideran la piedad. Parece que tenía algo de sinceridad y sobriedad como católica. Juan tenía un hermano mayor y otro menor. Su madre murió cuando era niño. Su padre se casó de nuevo y procreó dos hijas.

La familia tenía buenas relaciones con personas de importancia social. Debido a esas ventajas de su padre Juan recibió una bue-na educación. Estudiaba en la casa de la familia Montmor, una de las familias más distinguidas del con-dado. Desde sus primeros años Juan “demostró tener una memoria retentiva y una inteligencia despierta”

Aunque el padre de Juan pagó por su mantenimiento parece que la familia Montmor prácticamente adoptó a Calvino. El primer libro de Calvino, un comentario sobre una obra de Séneca, fue dedicado a la abadesa Hangest de esa familia. Han observado que por este contacto con la nobleza, “Dios lo es-taba preparando así para desempeñar dignamente su papel en la sociedad de los grandes, de los príncipes y reyes” (Emile Doumergue, citado por Ir-win, p10).

A los 14 años de edad (1523), Calvino fue a París con esa familia Montmor para terminar sus estudios. En el Colegio de la Marche, uno de sus profesores fue Maturinus Corderius (Cordier), un hombre de gran reputación como maestro y de “espíritu profundamente evangélico”

Además de tener un espíritu evangélico, Cordier trabajó para purificar el idioma francés, cosa que también debió de haber tenido mucha influencia en Calvino. Luego Cordier se mudó a Ginebra para enseñar en la academia. Cal-vino dedicó el comentario sobre 1 Tesalonicenses a ese maestro y amigo.

Calvino se trasladó al Colegio Montagu, donde Erasmo había estudiado. Progresó mucho en sus estudios allí. Al terminar, en 1527, a los 18 años de edad, se le ofreció a Calvino fue la parroquia de Saint Martin de Martheville.

Originalmente el padre de Calvino quería que trabajara con la Iglesia (católica romana) y le ayudó a obtener becas y ayuda de la Iglesia, pero después cambió e instó a su hijo que no aceptara la posición sino que estudiara Derecho. Calvino siguió el consejo de su padre, probablemente porque ya tenía dudas sobre la Iglesia y sabía de la pugna entre los protes-tantes y los católicos.

Calvino fue a Orleáns para estudiar leyes. Estuvo allí durante 1528 y hasta mayo de 1529, poco antes de cumplir 20 años de edad. Calvino llegó a ser maestro suplente de los profesores regulares y quisieron hacerle doctor en Derecho sin hacerle pasar por los pasos regulares.

Después de sus estudios en Orleáns, Calvino continuó sus estudios en la Academia de Bourges en la cual había un profesor, abogado famoso de Italia. En ese lugar Calvino conoció a Melchior Wolmar, suizo, luterano, un hombre a quien, años después, dedicó su comentario sobre el Evangelio de Juan. Con la ayuda de ese hombre Calvino aprendió griego. Luego Teodoro Beza llegó a estudiar griego bajo aquel hombre Wolmar. Beza sucedió a Calvino en Ginebra en varios de los deberes y fue reconocido como gran erudito en griego.

En 1531 el padre de Calvino murió. Se quitó la presión de estudiar Derecho. Calvino volvió a París para estudiar Literatura. Allí en el Colegio de Fortet estudió Griego y Hebreo.

El año siguiente (1532), Calvino publicó un comentario sobre la obra de Séneca De clementia. Parece que Calvino, de esa manera indirecta, quiso enviar un mensaje al rey y a otros que estaban per-siguiendo a los “herejes” para que practicaran la clemencia. Pero fue un mensaje indirecto y no cristiano. Sin embargo, esa obra demostró que Calvino pudiera haber seguido una carrera como profesor en Humanidades.

Pero algo pasó que cambió el rumbo de su vida. Juan Calvino fue convertido al Señor. Estaba hospedado en la casa de Etienne de la Forge, un hombre “dedicado a las doctrinas de la Reforma y en cuya casa protestante los fugitivos de la persecución fueron acogidos con cor-dial hospitalidad” (Calvino, profeta, p. 77).

[…] Calvino estaba en contacto diario con el devoto y bíblico celo de la residencia en donde se encontraba a la sazón. De una fe tan vital no pudo mantenerse a distancia mucho tiempo. Todas sus futuras publicaciones fluyeron de la pluma, no del Calvino humanista, sino de Calvino el Reformador y apasionado campeón de la verdad evangélica. Esa verdad en favor de la cual estaban preparados hombres y mujeres a sufrir la pérdida de todas las cosas, incluso la propia vida (Calvino, profeta, 77-78).

Además, Calvino tenía un primo, Pierre Robert, también conocido como Olivétan, evangélico, hombre que luego fue misionero a los valdenses y tradujo el Antiguo Testamento al francés para que ellos tuvieran la Biblia. Según Beza, por ese pariente Calvino conoció mejor la fe de los reforma-dores y dejó de asistir los servicios de la Iglesia católica debido a su aborrecimiento de la superstición.

Después de la publicación de su primer libro en 1532, y antes de 1535, pensamos que Calvino se convirtió.

Esto se deduce de sus propios escritos en ese año, es decir, los Prefacios (publicados en 1535) al Antiguo y Nuevo Testamento en la traducción francesa de la Biblia que, con la ayuda de Calvino, había preparado su primo Roberto Olivé-tan, y su tratado titulado Psychopannychia ” “La sola Escritura (sola Scriptura), ese funda-mental principio de la Reforma, ya había sido captado y apropiado por Calvino (Calvino, profeta, 78)

Fue fiel a ese principio hasta la muerte.

En un pasaje autobiográfico en el prefacio a su comentario sobre los Salmos, Calvino explica cómo siendo joven era «obstinadamente adicto a las supersticiones del papismo», pero que por una súbita conversión Dios conquistó su mente a una dócil condición. «Habiendo así adquirido un gusto por la verdadera piedad -dice-, me sentí inflama-do con un intenso deseo de hacer progresos en ella, aunque sin abandonar mis otros estudios, que continué con no menos ardor. No había pasado un año antes de que todos los que tenían el de-seo de una doctrina más pura vinieran continuamente a mí, aun siendo un novicio y un novato en la materia, para aprende?: Siendo reservado por naturaleza y amante de la paz y del retiro, comencé entonces a buscar algún apartamiento; pero, a pesar de ello, todos mis retiros se convirtieron en clases pú-blicas. Aunque mi único propósito era vivir apartado y desconocido, Dios me condujo a una tal situación que no me dejó estar en calma en ningún lugar hasta que, contrariamente a mi natu-ral disposición, surgí a la luz pública» (Calvino, Profeta, p. 74).

El primer día de noviembre de 1533, un amigo de Calvino, Nicolás Cop, rector de la Universi-dad de París dio un discurso, que algunos creen que Calvino escribió. Ese discurso fue tan evangélico que Cop fue citado a comparecer delante de las autoridades, y buscaron a Calvino también. Los dos huyeron.

La Inquisición había comenzado en el año 1525 v la vida de Calvino estaba en peligro. Duran-te parte del año 1534, estaba en Angulema en la casa del canónigo Louis de Tillet, bajo la protección de la reina Margarita, hermana del rey, pero que favorecía el Evangelio. Allí, con una buena biblioteca disponible, Calvino comenzó el libro (en latín) Institución de la religión cristiana.

Continuará………….

 

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com  |  http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

Dios el Espíritu Santo


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Este es el segundo tomo de una serie de grandes e importantes obras de el Dr. Martyn Lloyd-Jones en el que el magistral predicador expone la Biblia para mostrar la esencia de la fe cristiana. Aquí se explora detalladamente la persona y la obra vital del Espíritu Santo.

Ya le hemos hablado del primero de los tomos de esta trilogía esencial en toda biblioteca reformada que se precie, “Dios el Padre, Dios el Hijo” en nuestro apartado de reseñas literarias: (https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/01/18/dios-el-padre-dios-el-hijo-2/).

En este libro,  El Espíritu Santo se muestra claramente como un tremendo poder divino que actúa en la conversión, la redención, la regeneración, la santificación y la seguridad. Se hace una consideración adicional de Pentecostés, el bautismo y los dones del Espíritu Santo, dando así a los lectores una mejor comprensión de la persona menos conocida de la Trinidad.

Se estudian en este tomo los siguientes capítulos:

1. La persona del Espíritu Santo 10
2. La divinidad del Espíritu Santo 22
3. Creación y gracia común 34
4. El significado de Pentecostés 44
5. La obra del Espíritu Santo en general 58
6. La obra del Espíritu Santo en la redención 72
7. El llamamiento eficaz 84
8. La regeneración: una nueva disposición 96
9. El nuevo nacimiento 108
10. Un hijo de Dios y en Cristo 122
11. La unión con Cristo 136
12. La conversión 150
13. El arrepentimiento 164
14. La fe salvadora 178
15. La seguridad 194
16. La justificación por la fe 212
17. La adopción 226
18. La santificación: las distintas ideas 240
19. La santificación: la obra de Dios y la nuestra 252
20. El poderoso proceso del Espíritu Santo 264
21. La santificación en Romanos 6 al 8 278
22. El bautismo y el ser llenos 294
23. Otras reflexiones acerca del bautismo del Espíritu 306
24. El sello y las arras 320
25. Los dones del Espíritu Santo 332

A continuación te ofrecemos un fragmento de “Dios el Espíritu Santo”, de Lloyd-Jones:

“La mejor forma de enfocar la doctrina del Espíritu Santo es comenzar por advertir los nombres y títulos que se atribuyen a esta persona.

En primer lugar, están todos los nombres que lo relacionan con el Padre; permítaseme enumerar algunos de ellos: el Espíritu de Dios (Génesis 1:2); el Espíritu del Señor (Lucas 4:18); el Espíritu de nuestro Señor (1 Corintios 6:11).

Luego hay otro que es el Espíritu de Jehová el Señor, que se encuentra en Isaías 61:1. Nuestro Señor habla, en Mateo 10:20 del Espíritu de vuestro Padre, mientras que Pablo se refiere al Espíritu del Dios viviente (2 Corintios 3:3).

Mi Espíritu, dice Dios en Génesis 6:3, y el Salmista pregunta: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” (Salmo 139:7). Hay referencias a Él como su Espíritu —el Espíritu de Dios— en Números 11:29; y Pablo, en Romanos 8:11, utiliza la frase y si el Espíritu de aquel [Dios el Padre] que levantó de los muertos a Jesús.

Todos estos son títulos descriptivos que se refieren al Espíritu Santo en términos de su relación con el Padre.

En el segundo grupo se encuentran los títulos que relacionan al Espíritu Santo con el Hijo.

Primero: “Y si alguno no tiene el espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9), lo que constituye una frase muy importante. La palabra “Espíritu” se refiere aquí al Espíritu Santo.

En Filipenses 1:19, Pablo habla acerca del Espíritu de Jesucristo, y en Gálatas 4:6 dice: “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo”. Finalmente, hay referencias a Él como el Espíritu del Señor (Hechos 5:9).

Finalmente, el tercer grupo reúne los títulos directos o personales y aquí, en primer lugar y antes que nada está, por supuesto, el de Espíritu Santo. La palabra “Espíritu” se deriva del latín spiritus.

Un segundo título dentro de este grupo es el Espíritu de santidad. Romanos 1:4 dice: “Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos”.

Otro título es el de el Santo: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo” (1 Juan 2:20). En Hebreos 9:14 se habla de Él como el Espíritu eterno y Pablo, en Romanos 8:2, dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.

En Juan 14:17 se le denomina el Espíritu de verdad, y en los capítulos 14, 15 y 16 del Evangelio de Juan, se habla de Él como el Consolador.

Esos son, entonces, los nombres o títulos principales que se le aplican. ¿Pero nos hemos preguntado alguna vez por qué se le denomina Espíritu Santo? Ahora bien, si planteamos esa pregunta a la gente, creo que su repuesta será: “Se le describe así porque es santo”.

Pero esa no puede ser la verdadera explicación porque el propósito de un nombre es diferenciar a alguien de los demás, pero Dios el Padre es santo y Dios el Hijo es igualmente santo.

¿Por qué, entonces, se le denomina santo? Sin duda, la explicación es que su obra particular consiste en producir la santidad y el orden en todo lo que hace al aplicar la obra de salvación de Cristo.

Su objetivo es producir la santidad, y lo hace en la creación y en la naturaleza, así como en los seres humanos.Pero en última instancia, su obra es hacernos personas santas, santos como los hijos de Dios.

Es probable también que se le describa como el Espíritu Santo a fin de diferenciarlo de otros espíritus: los espíritus malignos. Ese es el motivo por que se nos dice que probemos los espíritus y sepamos si son de Dios o no (1 Juan 4:1).

A continuación, el siguiente y gran asunto es la personalidad o la persona del Espíritu. Ahora bien, esto es vital y por ello es esencial que lo exprese de la siguiente forma. El Espíritu Santo no ha sido olvidado solo por aquellos que definimos como liberales o modernistas en su teología (siempre es cierto en su caso), sino que nosotros mismos a menudo somos culpables de exactamente lo mismo.”

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Maridos amen a sus esposas 2

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2. En cuanto al manejo correcto de autoridad por parte del marido, principalmente en relación con su esposa: Así como la autoridad debe ser correctamente sostenida, tiene que ser bien manejada. Para esto, dos cosas son necesarias: 1) que el esposo respete tiernamente a su esposa y 2) que la cuide y se ocupe de su mantenimiento.
El lugar de ella es efectivamente de sujeción, pero lo más cerca posible a la igualdad. Su lugar es uno de igualdad en muchos sentidos en que esposo y esposa son fraternales y compañeros. De esto se desprende que el hombre debe considerar a su esposa compañera de yugo y colaboradora (1 Pedro 3:7). En este punto corresponde honrar
a la esposa, ya que la razón para crear una esposa (Gén. 2:18) fue, según fue traducida a nuestro idioma: ser una “ayuda idónea” para él, literalmente “como frente a él”, es decir, como él mismo, uno en quien se puede ver reflejado.
Así como la esposa reconoce que el papel de su esposo es la base de todo los deberes de ella, la de él es reconocer el compañerismo entre él y su esposa que hará que se conduzca con mucha más amabilidad, confianza, cariño y todos los demás tratos hacia ella que corresponden a un buen esposo.
Acerca de la opinión errada de los maridos hacia sus esposas: Es contrario a los preceptos bíblicos lo que muchos piensan: que aparte de los lazos familiares, no hay ninguna diferencia entre una esposa y una sirvienta, de modo que las esposas son tenidas como sirvientas de sus maridos, porque ellos requieren sujeción, temor y obediencia. Por eso muchas veces sucede que las esposas son tratadas apenas un poco
mejor que las sirvientas. Esto es soberbia, una conducta desmedidamente pagana y una arrogancia tonta. ¿Acaso al crearla del costado del hombre tomó Dios a la mujer y la puso bajo los pies de Adán? ¿O la puso a su lado, por encima de todos los hijos, siervos y
demás familiares, para atesorarla? Porque nadie puede estar más cerca que una esposa, y nadie debe ser más querida que ella. Acerca del afecto absoluto de los maridos hacia sus esposas: El afecto del esposo por su esposa será según su opinión de ella. Por lo tanto debe deleitarse totalmente en su esposa, o sea deleitarse solamente en ella. En este sentido la esposa del profeta es llamada “el deleite [placer] de tus ojos” (Eze. 24:16), en quien él más se deleitaba. Un deleite así sintió Isaac por su esposa que le quitó la gran tristeza que sentía por la partida de su madre. La Biblia dice que la amó y que esto lo consoló después de la muerte de su madre (Gén. 24:67).
El sabio expresó con elegancia este tipo de afecto, diciendo:
“Alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela” (Prov. 5:18, 19). Nótese aquí las metáforas al igual que la hipérbole usadas para describir el deleite de un esposo en su esposa. En las metáforas, note tanto las criaturas que dice se parecen a la esposa y los atributos que les da. Las criaturas son dos: una cierva y una gacela, que son las hembras del venado y el corso respectivamente. Aquí cabe mencionar que de todas las bestias, el venado y el corso son los más apasionados con sus hembras.
Estas comparaciones aplicadas a la esposa muestran cómo el marido debiera disfrutar de su esposa… Tanto que le haga olvidar las fallas de su esposa; esas fallas que otros pueden notar o aborrecer, él no ve, ni por ellas se deleita menos en ella. Por ejemplo, si un hombre tiene una esposa, no muy linda ni atractiva, con alguna deformación en el cuerpo, alguna imperfección en su hablar, en su vista, en sus gestos o en cualquier parte de su cuerpo, pero tanto la ama que se deleita en ella como si fuera la mujer más hermosa y en todo sentido la mujer más perfecta del mundo. Además, tanto la estima, con tanto ardor la ama, con tanta ternura la trata al punto que los demás piensan que es un tonto. El afecto de un marido por su esposa no puede ser demasiado grande, siempre y cuando sea sincero, sobrio y decente.
Acerca de la paciencia de los esposos por exigir todo lo que corresponde: tanto la reverencia de la esposa como su obediencia deben ser correspondidas por la cortesía del esposo. Como testimonio, el marido tiene que estar listo para aceptar todo aquello en que su esposa está dispuesta a obedecerle. Tiene que ser moderado y no exigirle demasiado. En este caso, debe decidirse a tener una buena disposición hacia ella; es preferible que la obediencia de ella sea por su propia voluntad con una conciencia limpia ante Dios, porque Dios la ha puesto en una posición de sujeción, y por amor matrimonial que por
la fuerza porque su marido se lo ordena.

Maridos… tienen que considerar lo que es legal, necesario, conveniente, oportuno y apropiado para que sus esposas hagan, sí, lo que están dispuestas a hacer y no negarse.

Por ejemplo:

1. Aunque la esposa debiera ir con su esposo y quedarse donde él diga, él no debiera [a menos que por alguna razón fuera de su control se vea obligado a ello] llevarla de un lado para otro, y sacarla del lugar que a ella le gusta. Jacob consultó con sus esposas y se aseguró de que estuvieran de acuerdo antes de llevárselas de la casa de su padre (Gén.
31:4).
2. Aunque ella debiera atender de buen talante a las visitas que él trae a la casa, él no debiera ser desconsiderado ni insistente con ella en estos casos. La mayor parte de la responsabilidad y el trabajo para atender a las visitas cae sobre la esposa, por lo tanto el marido debiera ser considerado con ella.
Si él ve que ella es responsable y sabia, muy capacitada para administrar y ordenar las cosas de la casa, pero que prefiere no hacer nada sin el consentimiento de él, él debe dar su consentimiento sin reparos, y satisfacer el deseo de ella, como Elcana, y como el esposo de esa excelente mujer que Salomón describe (Prov. 31:10-31).
Para administrar los asuntos de la casa es necesario un consentimiento mutuo, pero es un deber específico de las esposas (1 Tim. 5:14). Porque los asuntos de la casa están a su cargo es lógico que se la llame ama de casa. En vista de esto, los maridos deben dejar a su
cargo la administración de la casa y no ponerle impedimentos por querer intervenir y dar su aprobación a cada cosa. En general, es responsabilidad de la esposa:

1. El arreglo y decoración de la casa (Prov. 31:21, 22),

2. Administrar las provisiones cotidianas para la familia (Prov. 31:15),

3. Supervisar al personal de servicio (Gén. 16:6),

4. Ocuparse de la formación de los hijos mientras todavía son chicos (1 Tim. 5:10, Tito 2:4).
Entonces, en general, todo esto debe dejarse a discreción de ella (2 Rey. 4:19) con solo dos advertencias: 1. Que ella tenga discreción, inteligencia y sabiduría, y no sea ignorante, necia, simple, gastadora, etc.; 2. Que él supervise todo en general, y que haga uso de su
autoridad en caso de tener que prevenir que su esposa o sus hijos, sirvientes u otros hagan algo ilegal o impropio.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

Maridos amen a sus esposas 1

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Así como la esposa tiene que saber sus obligaciones, el esposo tiene que saber las suyas porque debe ser un guía y un buen ejemplo para su esposa. Debe vivir con ella sabiamente (1 Ped. 3:7). Más elevado es su lugar, más sabiduría debe tener para andar
digno de él. Descuidar sus obligaciones es sumamente deshonroso para Dios porque, en virtud de su posición, él es la imagen y gloria de Dios (1 Cor. 11:7).
Ese poder y esa autoridad que tiene puede ser perjudicial, no solo para su esposa, sino para toda la familia, pues puede abusar de ellos por su maldad. En su hogar no hay un poder superior que frene su furia, mientras que la esposa, aunque nunca tan malvada, puede por el poder de su esposo, ser sojuzgada y refrenada de sus maldades. Acerca de ese amor que los maridos les deben a sus esposas. Esta cabeza de todo el resto ––el Amor— se estipula y menciona en este y muchos otros lugares de las Escrituras, siendo evidente que todas las demás obligaciones se desprenden de él. Sin tener en cuenta los otros lugares donde se insiste en este deber, el Amor aquí se menciona expresamente cuatro veces. Además, se indica usando muchos otros términos y frases (Ef. 5:25, 28, 33).
Todas las ramas que crecen de esta raíz de amor, en lo que respecta a los deberes de los maridos, pueden categorizarse bajo dos encabezamientos: 1) un mantenimiento sabio de su autoridad y, 2) un manejo correcto de ella.
Estas dos ramas del amor del marido se hacen evidentes por la posición de autoridad en que Dios lo ha colocado. Porque lo mejor que cualquiera puede hacer y los mejores frutos del amor que cualquiera puede demostrar serán en su propia posición y en virtud
de ella. Entonces, si un marido renuncia a su autoridad, se priva de hacer ese bien y de mostrar esos frutos del amor que de otra manera mostraría. Si abusa de su autoridad, es como si desviara el filo y la punta de su espada erróneamente y, en lugar de sostenerla sobre su esposa para protegerla, se la clava en el corazón para su destrucción,
manifestando así más odio que amor. Ahora bien, para tratar estos dos temas más seria y particularmente:
1. En cuanto a que el marido mantenga sabiamente su autoridad: El precepto apostólico lo implica: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7), es decir, hacerlo lo mejor posible manteniendo el honor de la posición que Dios le ha otorgado, no como un tonto y necio que no entiende nada. El honor y la autoridad de Dios y de su Hijo Jesucristo son mantenidos por el honor y la autoridad del marido, así como la autoridad del rey es mantenida por el concilio de sus ministros y por otros magistrados bajo su mando, sí, la autoridad del marido en la familia es mantenida por la autoridad de su esposa: “El varón… es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1 Cor. 11:7).
De este modo se promueve en gran manera el bienestar de la esposa, tal como el bienestar del cuerpo es ayudado debido a que la cabeza permanece en su lugar. Si se pusiera la cabeza debajo de cualquier parte del cuerpo, el cuerpo y todas sus partes no harían más que ser dañados por ello. De la misma manera, la esposa y toda la familia serían dañadas por la pérdida de autoridad del marido.
Pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de que un marido mantenga su autoridad?
Respuesta: La directiva del apóstol a Timoteo de mantener su autoridad, ha de aplicarse en primer lugar para este propósito al marido: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12)…

Así es que la mejor manera como los maridos pueden mantener su autoridad es siendo un ejemplo de amor, seriedad, piedad, honestidad, etc. Los frutos de estas y otras gracias similares, demostradas por ellos delante de sus esposas y sus familias, no pueden dejar de producir un respeto reverente y consciente hacia él y en consecuencia podrán discernir con mayor claridad la imagen de Dios brillando en sus rostros. Acerca de la pérdida de autoridad de los maridos: Producen el efecto contrario si por sus groserías, descontroles, borracheras, lascivias, irresponsabilidad, despilfarros y otros comportamientos similares generan desprecio perdiendo así su autoridad. Aunque la esposa no debe aprovechar esto para despreciar a su marido, él bien merece ser
despreciado. Contrario también a las directivas bíblicas es la conducta severa,
áspera y cruel del marido quien pretende mantener su autoridad con violencia y tiranía. Esta conducta bien puede causar temor, pero un temor contraproducente ya que genera más odio que amor, más desprecio interior que respeto exterior.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

Señales y características del hombre piadoso 5ª Parte

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El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.

1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto  debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea
familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte?

Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

2. Por medio de meditación frecuente: “Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97). El alma piadosa medita sobre la veracidad y santidad de la Palabra. No solo tiene pensamientos pasajeros, sino que empapa su mente de las Escrituras: al meditar bebe de esta dulce flor y fija la verdad santa en su mente.

3. Por medio de deleitarse en ella. Es su recreación. “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16). Nunca nadie ha disfrutado tanto de una comida que le encanta, como disfruta el profeta de la Palabra. Efectivamente, ¿cómo podría un santo escoger otra cosa que deleitarse
grandemente en la Palabra cuando contiene todo lo que es y será siempre de más valor para él? ¿Acaso no se deleita un hijo al leer el testamento de su padre en que le deja todos sus bienes?

4. Por medio de guardarla. “En mi corazón he guardado tus dichos” (Sal 119:11), tal como uno guarda un tesoro para que nadie lo robe. La Palabra es una joya, el corazón es el joyero donde se debe guardar bajo llave. Muchos guardan la Palabra en su memoria, pero no en su corazón. ¿Y para qué guardaría David la Palabra en su corazón? “Para
no pecar contra ti”. Así como uno llevaría consigo un antídoto cuando va a un lugar infectado, el hombre piadoso lleva la Palabra en su corazón para prevenirse de la infección del pecado. ¿Por qué tantos se han envenenado del error, otros de vicios morales, solo por no haber escondido la Palabra como un antídoto santo en su corazón?

5. Por medio de preferirla por sobre todas las cosas como lo más preciado:
a. por sobre el alimento: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12).

b. por sobre las riquezas: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata”   (Sal. 119:72).

c. por sobre toda honra mundana. Es famosa la anécdota del rey Eduardo VI de
Inglaterra, quien, cuando en el día de su coronación le presentaron  Diocleciano (245-313) – emperador romano que persiguió a los cristianos.

6. Por medio de conformarse a ella. La Palabra es el reloj por el cual uno pone la hora de su vida, la balanza sobre la cual pesa sus acciones. El hombre piadoso vive la Palabra en su diario andar. El hombre piadoso ama la Palabra predicada que en realidad es un
comentario de la Palabra escrita. Las Escrituras son el oleo y bálsamo, la predicación de la Palabra es verterlos. Las Escrituras son las especies preciosas, la predicación de la Palabra es el molido de estas especies que producen una fragancia y un placer maravillosos… La predicación de la Palabra es llamada “poder de Dios para salvación”
(Rom. 1:16). Dice la Biblia que así es como Cristo nos habla desde el cielo (Heb. 12:25). El hombre piadoso ama la Palabra predicada en parte por el bien que ha derivado de ella: ha sentido el rocío caer con este maná, y en parte por ser la institución de Dios: el Señor ha designado esta ordenanza para salvarlo.

El hombre piadoso es un hombre que ora. Esto aparece en el texto: “Por esto orará a ti todo santo” (Sal. 32:6). En cuanto la gracia es derramada en el interior, la oración es derramada en el exterior: “Mas yo oraba” (Sal. 109:4). En el hebreo es: “Pero yo oración”. La oración y yo somos uno. La oración es el camino del alma hacia el cielo. Dios
desciende hasta nosotros por medio de su Espíritu, y nosotros subimos a él por medio de la oración. El hombre piadoso no puede vivir sin oración. El hombre no puede vivir sin respirar, tampoco puede el alma si no exhala hacia Dios sus anhelos. En cuanto nace el
infante de gracia, llora; en cuanto Pablo se convirtió: “Porque he aquí, él ora” (Hech. 9:11). Habiendo sido un fariseo, sin duda habría orado antes, pero lo había hecho superficial o livianamente, pero cuando la obra de gracia se había llevado a cabo en su alma, entonces realmente oraba. El hombre piadoso permanece todos los días en el monte de oración, comienza su día con oración, antes de abrir su negocio, le
descubre su corazón a Dios. Antes solíamos quemar perfumes dulces en nuestros hogares; la casa del hombre piadoso es una casa perfumada: extiende el perfume con el incienso de la oración. No comienza ninguna actividad sin buscar a Dios. El hombre piadoso consulta a Dios en todo.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”  en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de    A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

 

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI 3ª Parte

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Analicemos el legado de Juan Calvino, un profesor, pastor, comentarista, maestro y prolífico autor (con al menos cincuenta y nueve obras[7]). Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia, La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[8], de hecho, un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[9].

Claramente Martín Lutero y Juan Calvino continuaron y sobrepasaron con creces a sus antecesores en el proceso de Reforma a través de su intensa labor, lo que no cesó con ellos sino que fue una constante en el movimiento. A propósito de aquello, los autores del libro “La Reforma Ayer y Hoy” nos aportan una llamativa descripción del proceso en España: “La extensión que alcanza la Reforma en España, antes de desatarse las grandes persecuciones contra la misma en la segunda mitad de siglo XVI, resulta prodigioso. Los abundantes Autos de Fe, así como el gran número de exiliados, lo pondrán de manifiesto. Escribiendo en 1602, Cipriano de Valera nos dice que: “En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los Autos. No hay ciudad y, a manera de decir no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido ni aún tenga alguno o algunos que Dios, por su infinita misericordia, haya alumbrado con la luz del evangelio. Común refrán es el día de hoy en España cuando hablan de algún hombre docto decir: es tan docto que está en peligro de ser luterano[10].

Así entonces podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Protestante implicó también un profundo cambio en los hábitos de lectura pues la intención de sus protagonistas fue dar acceso a las Escrituras y sus verdades a la mayor cantidad de personas posible, aquello a través de la traducción del texto sagrado y la publicación de material de apoyo.

Entonces, ¿qué nos queda para los lectores del Siglo XXI?:

  • Problema de soporte: superado, pues en la actualidad podemos leer en diferentes tipos de ediciones y plataformas (aunque mi favorito siempre será el papel)
  • Problema de acceso: bastante superable (en la actualidad los servicios de envío y mensajería pueden ayudar a que los libfoz estén en nuestras manos, tablets o dispositivos en períodos relativamente razonables de tiempo)
  • Problema de cantidad de libros: superado (Según Google, en 2010 existían en el mundo ciento treinta millones de libros diferentes[11]; una asombrosa cantidad de 129.864.880 libros, de todas las lenguas, de todas las materias, de todas las culturas, de todos los tiempos y según la UNESCO se publican 2.2 millones de libros cada año[12]); el desafío entonces es el criterio para elegir una buena obra para leer.
  • Problema de selección: superado gracias a amigos lectores y distribuidores de limpia conciencia y buena voluntad (como por ejemplo los amigos de Solo Sana Doctrina).

Antes de finalizar, un par de datos interesantes para los amantes de la lectura: en la misma época de la invención de la imprenta y desarrollo de la Reforma Protestante comenzó también la difusión a escala masiva del café (el té ya era bastante más conocido) y también comenzó a llegar desde América el chocolate. Esta combinación de café y chocolate, es muy buena compañía para las jornadas de estudio y lectura. En conclusión, sin lugar a dudas, estamos en una época muy privilegiada. Entonces, organicemos el tiempo y ¿vamos a leer un buen libro?

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

 

[1]Juan Hus, el reformista checo”, en http://www.radio.cz/es/rubrica/especiales/juan-hus-el-reformista-checo

[2] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[3] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[5] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[6] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

[7] Puede revisar el listado en “John Calvin Books List”, https://www.ranker.com/list/john-calvin-books-and-stories-and-written-works/reference

[8] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[9] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[10] José Moreno Berrocal, Bernard Coster, José de Segovia “La Reforma Ayer y Hoy”, Básicos Andamio, Barcelona, España, 2012, Págs. 30-31. Disponible en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=515&controller=product

[11] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” en: https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuantos-libros-existen-mundo/20160628180330062423.html

[12] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” https://hipertextual.com/2017/04/cuantos-libros-existen-mundo

Escándalo. La cruz y la resurrección de Jesús

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Donald Arthur Carson (nacido el 21 de diciembre de 1946) es un teólogo evangélico reformado nacido en Canadá y profesor del Nuevo Testamento .

Permítanme, antes de que muchos piensen en la lapidación, por la recomendación de este libro para su lectura, en estos días que se aproximan, “semana santa”, que les hablemos sobre esta obra del bien conocido por todos (o casi todos), Donald A. Carson.

Sirva de introducción lo anterior para pensar  que mientras unos celebran de una forma, los creyentes bien podríamos leer el libro que nos ocupa y estudiar profundamente el significado de la Cruz y la Resurrección de Jesús. 

Nada es más central en la Biblia que la muerte y la resurrección de Jesús. La Biblia entera gira alrededor de un fin de semana en Jerusalén hace unos dos mil años. Todo intento de entender la Biblia sin pensar sobre cómo integrar la crucifixión y resurrección de Jesús fracasará, no será más que un ejercicio de irrevelancia. Los mismos seguidores de Jesús no esperaban que le crucificaran y definitivamente no esperaban que resucitara. Sin embargo, después de ocurridos estos eventos, sus pensamientos y actitudes fueron transformados de tal manera que entendieron que era inevitable que Jesús muriera en una cruz y dejara una tumba vacía. Desde ese momento, sus vidas enteras cambiaron.

Este libro resume no meramente lo que sucedió, sino las implicaciones de estos sucesos. Es decir, la intención del autor es proveer una explicación introductoria de la cruz y la resurrección, estudiando los escritos de algunos de los testigos más antiguos de la muerte y resurrección de Jesús. Las palabras de estos testigos han sido preservadas en la Biblia; los capítulos de este libro son explicaciones de cinco secciones de la Biblia que se expresan sobre estas preguntas.

  1. Las ironías de la Cruz (Mt. 27:27-51a)
  2. El centro de toda la Biblia (Ro. 3:21-26)
  3. El extraño triunfo de un Cordero inmolado (Ap.12)
  4. Un milagro lleno de sorpresas (Jn, 11:1-53)
  5. Dudando de la resurrección de Jesús (Jn. 20:24-31)

¿Crees? ¿O te encuentras entre los millones de personas que en cuanto comienzan a ver de qué trata la cruz, descartan el relato completamente porque les parece un escándalo? ¿Un Dios que vive, muere y resucita? ¿Un Dios que nos mira con ira pero nos ama igualmente? ¿Una cruz en la cual Dios envía y a la vez recibe el castigo? ¡Un escándalo!

“NO HAY CRISTIANISMO SIN LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ Y SU RESURRECCIÓN DE ENTRE LOS MUERTOS.”

Mediante un contenido bíblico directo y sólido, y al mismo tiempo lúcido, revelador y perspicaz, Carson hace una exposición fascinante que nos ayuda a entender más claramente la pasión de la cruz y el triunfo de la resurrección.

 

Donald A. Carson. Publicaciones Andamio, 2011

 

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Puedes ver y ampliar la información viendo el siguiente vídeo:

Señales y características del hombre piadoso 4ª Parte

Blog86

El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).

El hombre piadoso ama la Palabra escrita.

Crisóstomo compara las Escrituras a un jardín con canteros y flores. El hombre piadoso se deleita en caminar en este jardín y encontrar allí dulce descanso; ama cada rama y cada parcela de la Palabra.
1. Ama la parte consejera de la Palabra, dado que es una guía y una regla para la vida. Contiene credenda et facienda, que significa “cosas para 2 Juan Crisóstomo (347-407) – teólogo y expositor de la iglesia griega primitiva cuyo nombre, Crisóstomo, es un apelativo que significa “Boca de oro”.
2. El hombre piadoso ama la parte intimidante de la Palabra. Las Escrituras, como el Jardín del Edén, porque tiene el árbol de la vida, tiene también una espada flameante en sus portales. Esta es la amenaza de la Palabra: lanza fuego en el rostro de todo el que sigue obstinadamente en sus maldades: “Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados” (Sal 68:21). La Palabra no tolera la maldad. No deja que el hombre se quede entre el pecado y Dios: la verdadera madre no dejó que el niño fuera dividido en dos (1 Rey. 2:26), y Dios no deja que el corazón se divida.
3. El hombre piadoso ama las amenazas de la Palabra. Sabe que hay amor en cada amenaza; Dios no quiere que ninguno de nosotros se pierda, por lo tanto nos amenaza misericordiosamente, para que, con temor, nos apartemos del pecado. Las amenazas de Dios son como balizas en el mar que indican que hay rocas debajo del agua que son una amenaza de muerte para los que se acerquen. Las amenazas son un freno para que nos detengamos y no sigamos galopando derecho al infierno; hay misericordia en cada amenaza.
4. El hombre piadoso ama cada parte consoladora de la Palabra: las promesas. Se alimenta constantemente de ellas, como Sansón iba por su camino alimentándose de la miel del panal. Las promesas son puro alimento y dulzura, son nuestro aliento cuando desfallecemos, son los cauces del agua de vida. “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Sal. 94:24). Las promesas eran el arpa de David para espantar los pensamientos tristes; eran los pechos que le daban leche de consolación divina.

El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.
1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte? Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

 

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Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI 2ª Parte


Blog85Gerónimo Savonarolla o Jerónimo de Ferrara (Ferrara, Italia, 21 de septiembre de 1452. – Florencia, 23 de mayo de 1498), fue un religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de las vanidades donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos, como los de Giovanni Boccaccio. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia católica, contra la búsqueda de la gloria y contra la sodomía, sospechando que estaba en toda la sociedad de Florencia, donde él vivió. Se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia católica, pero no estableció ninguna base doctrinal, a diferencia del propio Lutero, precursor del cisma protestante. A pesar de sus excesos destacó como escritor y expositor, presentando diferentes aspectos: poeta, artista, profeta, apologista, entre otros.

William Tyndale, (Slymbridge, 1495 – Bruselas, 6 de octubre de 1536) era un estudiante inglés destacado en griego y latín, que llegó a ser una figura clave en el movimiento de la reforma protestante durante los años posteriores a su implantación. Estudió las Universidades de Oxford y Cambridge, se enfurecía por las barreras entre la Biblia y la gente y su anhelo era alimentar no solo la mente sino también el alma del pueblo. Así es que trabajó desde el hebreo, arameo y griego para crear una Biblia en inglés vernáculo, tan legible y apropiada como para una persona inglesa pudiera leerla y basarse en ella para su vida diaria. Luego de muchas tribulaciones y esfuerzo logró terminar su tarea siendo reconocido hasta la actualidad por haber traducido la Biblia del griego y hebreo, además de imprimirla en inglés.

A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura. A continuación, analicemos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

En 1512 Lutero, hasta entonces monje agustino,  se doctoró en teología y por aquella época ya contaba con un conocimiento nada despreciable de la Biblia. Al iniciar sus tareas como expositor de las Escrituras, Lutero se encontró una vasta bibliografía exegética, enraizada en la literatura patrística. Ello ocurrió entre los años 1513 y 1515, época en que redactó las primeras notas sobre los Salmos. La primera dificultad con que tuvo que enfrentarse el Reformador fue el método empleado para analizar los textos bíblicos. El método que se usaba en aquel entonces trataba de extraer del texto cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico y analógico[1]. Fue el contacto con el texto sagrado el que empezó a proporcionarle una vía de salida a las angustias de los últimos años lo que derivó en la publicación el 31 de octubre de 1517 de las llamadas 95 Tesis. Al comienzo de la Reforma siguieron años de incertidumbre. Por un tiempo, tras la Dieta de Worms (1521), Lutero estuvo exiliado en Wartburgo.

Aunque Lutero tomó parte en las visitaciones y actividades semejantes, su principal actividad consistía no tanto en la organización externa sino en la predicación, la exégesis, el consejo espiritual y la preparación de tratados sobre las verdades de la salvación.  Como predicador trabajó en la iglesia de la ciudad con su amigo Bugenhagen, visitando también a los enfermos y realizando otras tareas de cuidado pastoral privado. Durante los años que seguirían a su regreso de Wartburgo:

  • 1522-24: Predicó sermones exegéticos sobre 1 y 2 de Pedro y Judas
  • 1523-27: Predicó sobre Génesis y Éxodo además de predicar sobre perícopas.
  • En 1524-25: Clases sobre Deuteronomio
  • En 1524-26: Clases sobre los Profetas menores, Eclesiastés e Isaías.
  • En 1526: Publicó su exégesis de Jonás y Habacuc
  • 1527: Exégesis de Zacarías.
  • En 1527: Se terminaron sus apostillas, la segunda parte no editadas por él mismo.
  • 1529: Publicación de El Pequeño y el Gran catecismo
  • 1531-35: Clases sobre Gálatas (la principal presentación de su doctrina de la salvación)
  • 1536-45: Clases sobre Génesis
  • 1532: Base de Hauspostille: Los sermones que predicó a sus hijos y casa, impedido de hacerlo en público por su mala salud
  • 1534: Se terminó la traducción de la Biblia, aunque hizo correcciones hasta 1545[2].

A propósito de esta traducción, claramente es una de las realizaciones maestras de Lutero. Incluso en la actualidad, en muchos países protestantes aquella es la que figura en las biblias políglotas que se encuentran en las habitaciones de los hoteles[3].

Se calcula que entre 1517 y 1525 se vendieron más de dos mil ediciones de los escritos del Reformador redactados entre esas dos fechas. Y entonces Lutero no se hallaba más que en el principio de su carrera, puesto que falleció́ en 1546. No es exagerado afirmar que fue el hombre del siglo XVI más impreso en su tiempo. El éxito de Lutero prosiguió después de su muerte. Ya en 1906 se enumeraban dos mil libros sobre su persona, sin contar los artículos y los ensayos[4]. Sin lugar a dudas, el estudio, la difusión y explicación de las Escrituras (a través de aproximadamente cincuenta y cinco obras[5]) fueron parte fundamental de la obra de Lutero.

 

[1] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[2] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[5] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

 

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Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Lo que el boleto de avión no te dice

1

“Nuestro matrimonio es uno que se basa en Dios. Para los que no creen esto suena absurdo, pero no puedo justificar mi fe ante unos que no la tienen y no la ven. Es como tratar de hacer distinguir a un daltónico el rojo del verde o el azul. Dios ha planificado todo esto y gracias a Él estamos aquí, pero no es fácil. El hecho de ser cristianos no nos promete una vida en la que falten las aflicciones. Al contrario”.

Sabía que tenía que comenzar con esta porción. Lo supe desde la primera vez que leí el libro, lo hice en 3 horas. Pocos libros he leído tan rápido. Es tan lindo, tan real, tan sentido, tan nuestro. Nuestro, sí, el de personas que creen, que creen en la Soberana Voluntad Divina de Dios, tanto Predestinando nuestras vidas para la salvación, como escribiendo cada una de las cosas que nos han de ocurrir a lo largo de este largo periplo al que llamamos vida. Una invitación a la lectura (resuena en mi mente esta frase de Abraham). No sé si estos párrafos animaran a alguien a la lectura, espero que sí, (como a mí que ya voy por la segunda vez), aunque prefiero pensar que aparezcan en el prólogo del libro o en la contraportada (soy más pretencioso).

Esta historia, como la describí en mi primer pensamiento, es: “una historia de fe, real, sincera, de cambio. Una historia para compartir, para soñar. Un cambio de vida, de estado, pero también un paso de la inocencia a la realidad, como de la juventud a la edad adulta en tan solo el tiempo que dura un vuelo de avión”. Puedo añadir ahora que es una historia de hoy. Un libro que presenta ante el lector una historia de amor (a la antigua usanza) en pleno siglo XXI. Dos jóvenes cristianos, separados por 13.212 kilómetros para el mundo, y tan solo un paso para Dios, quien bajo su pluma escribió cada una de sus vidas por separado y unos capítulos después juntó sus caminos según sus designios. Lo que es imposible para el mundo, es el día a día para Dios, lo inalcanzable para muchos está a un tiro de piedra para los que tienen fe. Por eso este libro es una historia de fe. Sí claro, es una historia de amor, pero no se puede entender sin la fe, la fe en el mismísimo amor, la fe en Dios.

Una red social tan acorde y valida en nuestros días, (aunque muchos piensen lo contrario) es el cauce utilizado en principio para hacerles coincidir. Dos culturas diferentes, dos idiomas distintos, las familias, el trabajo, la escasez económica, son problemas que se rompen con solo un abrazo, en un aeropuerto.

Este libro te abraza, te acaricia los sentidos, te enamorara, te hará llorar, soñar, sufrir. Te hará creer o volver a hacerlo. Te acercará a Dios, al Dios de las vidas de sus dos protagonistas y sentirás el amor que tan solo separa un billete de avión, que ahora sí, tiene muchas cosas que contarte.

 

Georgia Blidar. Rumana de nacimiento, pero peregrina en esta tierra, hoy está radicada en Chile junto a su esposo Abraham Serey, comenzando una nueva vida. De profesión periodista, nos presenta esta primera novela que te recomendamos encarecidamente. 

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Puedes hacerte con una copia digital del libro en:

www.amazon.es/Lo-que-boleto-avi%C3%B3n-dice-ebook/dp/B07B2CR1D2/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1520896406&sr=8-1&keywords=Georgia+Blidar

Puedes saber más de este libro en:

Señales y características del hombre piadoso 3

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Pregunta: ¿En qué encuentra el piadoso su santidad?

Respuesta:

1. En aborrecer la vestidura manchada por la carne (Jud.23). El piadoso se afirma contra la maldad, tanto en sus propósitos como en sus prácticas. Teme a lo que puede parecer pecado (1 Tes. 5:22). La apariencia del mal puede influenciar al creyente débil; si no
profana su propia conciencia, puede ofender la conciencia de su prójimo; y pecar contra él es pecar contra Cristo (1 Cor. 8:12). El hombre piadoso no aprovecha ir hasta donde puede, no sea que vaya más allá de lo que debe.
2. El piadoso descubre su santidad al ser defensor de la santidad: “Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré” (Sal. 119:46). Cuando en el mundo se calumnia la piedad, el piadoso se pone de pie para defenderla. Le quita el polvo de
reproche al rostro de la religión. La santidad defiende al piadoso, y el piadoso defiende la santidad. Lo defiende del peligro, y él la defiende de modo que no la avergüencen.
El hombre piadoso es muy exacto e inquisitivo en cuanto a la adoración a Dios. La palabra griega traducida piadoso significa “un adorador correcto de Dios”. El hombre piadoso reverencia las instituciones divinas y prefiere la pureza en la adoración en lugar del esplendor de los ritos… El Señor quiso que Moisés construyera el tabernáculo según el diseño dado en el monte (Éxo. 25:9). Si Moisés hubiera dejado de incluir algo o hubiera agregado algo hubiera sido una provocación. El Señor siempre ha dado testimonios de su
desagrado por todos los que han corrompido el culto a él: Nadab y Abiú “ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lev. 10:1, 2). Todo aquello que no es ordenado por Dios para el culto a él, lo considera como un fuego extraño. No nos sorprenda que le indigne tanto, como si Dios no tuviera suficiente sabiduría para determinar la manera como se le ha de servir, los hombres pretenden determinarlo, y como si las reglas para la adoración fueran defectuosas, intentan corregirlas y agregarles vez tras vez sus propias invenciones… El hombre piadoso no se atreve a variar el diseño que Dios le ha mostrado en las Escrituras. Esta puede ser una de las razones por las cuales David es llamado un hombre según el corazón de Dios: mantuvo la pureza de la adoración a Dios y en cuestiones sacras no agregó nada de su propia invención.
El hombre piadoso es el que compite para ganar a Cristo como su premio. A manera de ilustración, mostraré que Cristo es precioso en sí: “He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa” (1 Ped. 2:6). Cristo es comparado con cosas muy preciosas. Cristo es precioso en su Persona. Él es la representación de la gloria de su Padre (Heb. 1:3). Cristo es precioso en sus oficios, que son varios rayos del Sol de
Justicia (Mal. 4:2).

1. El oficio profético de Cristo es precioso: Él es el gran oráculo del cielo: Es más precioso que todos los profetas que lo precedieron. Enseña no solo al oído a escuchar, sino también al corazón para que atesore sus palabras. El que tiene la llave de David en su mano abrió el corazón de Lidia (Hech. 16:14).

2. El oficio sacerdotal de Cristo es precioso: Esta es la base sólida de nuestro consuelo: “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo” (Heb. 9:26). En virtud de este sacrificio, el alma puede presentarse ante Dios con confianza y decir: “Señor, dame el cielo; Cristo me lo compró; colgó en la cruz para que yo pudiera sentarme en el trono”. La sangre de Cristo y el incienso son las dos bisagras sobre las cuales gira nuestra salvación.

3. El oficio legal de Cristo es precioso “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apoc. 19:16). En lo que a majestad se refiere, Cristo tiene preeminencia sobre todos los demás reyes. Tiene el trono más elevado, la corona de más precio, los dominios más extensos y el reinado más duradero: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Heb. 1:8)… Cristo establece su cetro donde
ningún otro rey lo hace. Gobierna la voluntad y los afectos; su poder obliga la conciencia de los hombres. Si somos competidores para obtener a Cristo como premio, entonces
lo preferimos por encima de todo lo demás. Valoramos a Cristo más que la honra y las riquezas; lo que más anhelamos en nuestro corazón es la perla de gran precio (Mat. 13:46). El que quiere a Cristo como su premio, valora las cosechas de Cristo más que las vendimias del mundo. Considera las peores cosas de Cristo mejor que las mejores cosas del mundo: “Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Heb. 11:26). ¿Sucede así con nosotros? Algunos dicen que valoran mucho a Cristo, pero prefieren sus tierras y propiedades antes que a él. El joven rico en el Evangelio prefirió sus bolsas de oro antes que a Cristo (Mar. 10:17-22); Judas valoró las treinta piezas de plata más que a él (Mat. 26:15). Es de temer que cuando llega el tiempo de pruebas, muchos prefieren renunciar a su bautismo y descartar la ropa de siervo de Cristo antes que arriesgar por él la pérdida de sus posesiones terrenales.
Si preferimos a Cristo por encima de todas las cosas, no podemos vivir sin él. No podemos arreglarnos sin las cosas que valoramos: uno puede vivir sin música, pero no sin alimento. Un hijo de Dios puede carecer de salud y amigos, pero no puede carecer de Cristo. En la ausencia de Cristo, dice como Job: “Ando ennegrecido, y no por el sol” (Job 30:28). Tengo las más brillantes de las comodidades terrenales, pero quiero el Sol de Justicia. “Dame hijos, o si no, me muero” dijo Raquel (Gén 30:1). Lo mismo dice el alma: “¡Señor, dame a Cristo o muero; una gota del agua de vida para apagar mi sed!”… ¿Acaso
prefieren a Cristo los que pueden andar tranquilos sin él? Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, no nos duele tener que pasar por lo que sea para obtenerlo. Aquel que valora el oro se tomará el trabajo de cavar en la mina para encontrarlo: “Está mi alma apegada a ti (Dios)” (Sal 63:8).

Plutarco reporta que los galos, pueblo antiguo de Francia, una vez que probaron el vino dulce de las uvas italianas, preguntaron de dónde provenía y no descansaron hasta dar con ellas. Todo el que considera precioso a Cristo no descansa hasta obtenerlo. “Hallé
luego al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé” (Cantares 3:1-2, 4). Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, renunciaremos por él a nuestras concupiscencias más queridas. Pablo dice de los gálatas, que tanto lo estimaban, que estaban dispuestos a arrancarse sus propios ojos y dárselos a él (Gál. 4:15). El que estima a Cristo se sacará esas concupiscencias, como lo haría con su ojo derecho (Mat. 5:29). El hombre sabio rechaza lo que es veneno prefiriendo un refresco sano; el que valora grandemente a Cristo se despojará de su orgullo, sus ganancias injustas, sus pasiones pecaminosas. Pondrá sus pies sobre el cuello de sus pecados (Jos. 10:24). Piénselo: ¿Cómo pueden valorar a Cristo por sobre todas las cosas aquellos que no dejan sus vanidades por él? ¡Cuánto se burlan y desprecian al Señor Jesús los que prefieren las concupiscencias antes que a Cristo quien los salva! Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, estaremos dispuestos a ayudar a otros a tener parte con él. Anhelamos compartir con nuestro  amigo aquello que consideramos excelente. Si un hombre ha encontrado un manantial de agua, llamará a otros para que beban y satisfagan su sed. ¿Recomendamos a Cristo a otros? ¿Los tomamos de la mano y los conducimos a Cristo? Qué pocos hay que valoran a
Cristo, porque no tienen interés en que otros lo conozcan. Adquieren tierras y riquezas para su posteridad, pero no se ocupan de dejarles la Perla de Gran Precio como su legado…

Oh entonces, tengamos pensamientos afectuosos de Cristo; hagamos que sea él nuestro
principal tesoro y placer. Esta es la razón por la cual millones mueren: porque no valoran a Cristo por sobre todas las cosas. Cristo es la Puerta por la cual los hombres entran al cielo (Juan 10:9). Si no saben de esta Puerta, o si son tan soberbios que se niegan a inclinarse para pasar por ella, ¿cómo, entonces, han de ser salvos?
El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).
Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI

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“Sola Gratia y Sola Scriptura: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?”

Introducción

¿Qué es la verdad?” Esa fue la pregunta que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, le hizo a Jesucristo mientras lo juzgaba (Juan 18:38). Sin embargo, parece que  a Pilato no le interesaba la respuesta, sino más bien su pregunta fue un reflejo de su incredulidad. Al parecer, para él la verdad era lo que a uno le enseñaban a creer o lo que uno mismo elegía creer.

Para los cristianos la verdad puede ser hallada y el lugar está en la Biblia. Por este motivo, la Biblia, ha sido declarada como la base de la fe y la conducta. ¿Cuáles son las razones que explican tan alto lugar?

 

Respuesta 1: La misma recomendación escritural

  • El Apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:16-17:Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (RV 1960).
  • El autor de la Epístola a los Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).
  • El mismo Jesús. Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (RV 1960).

 

Respuesta 2: El legado de la Reforma Protestante

Qué duda cabe, un hito fundamental en la construcción y asimilación de esta convicción fue el proceso histórico conocido como Reforma protestante, esto ha quedado expresado en una de las cinco solas, a saber  el princopio de “Sola Scritpura

Esto debido a que a finales de la Edad Media, la Biblia sólo estaba disponible en latín, un lenguaje que la gente común de Europa ya no hablaba. Por eso, los reformadores se propusieron acercarles las Escrituras al traducirla a idiomas que sí podían entender.

Además estaba el problema de la predicación, pues los curas párrocos fueron incapaces de realizar una predicación cualificada y los Obispos, quienes tenían más conocimiento y capacidades tenían la obligación de predicar sólo diez veces al año.

 

¿Qué había pasado en el Siglo XV? Preparando el terreno

El siglo XV estuvo caracterizado entre otros aspectos de relieve por un sentimiento de creciente crisis en el seno de la Iglesia católica.

Durante aquellas agitadas décadas:

  • La corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia
  • Se produjo el denominado cisma de Occidente, esto implicó que existieran simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre sí y que se presentaban como el único pontífice legítimo
  • Fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca (que terminó aniquilando Bizancio en 1453)
  • Considerando este panorama, se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

De esta manera, si algo parecía indiscutible a finales del siglo XV era que la Iglesia necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Posición que era defendida por personajes que iban desde Lorenzo Valla a Erasmo, Tomás Moro y Luis Vives, Cisneros e Isabel la católica[1].

 

El Siglo XVI: un Siglo de cambios profundos

En este periodo, tuvieron lugar varios procesos muy importantes y paralelos:

  • El «descubrimiento» y conquista de América.
  • Desarrollo del Humanismo y Renacimiento.
  • La Reforma Protestante.

El Descubrimiento y la Conquista de América son bien conocidos, y se podría comentar mucho al respecto. Sin embargo, lo relevante es que durante un periodo de escasamente cien años las naciones europeas se derramaron por el resto del mundo, y especialmente por América.

Para la mente del habitante del Siglo XXI resulta difícil calibrar el impacto de este proceso, pero para hacernos una idea esto fue tan impactante y desafiante como la llegada del primer equipo a la luna en 1969 o como lo sería si en un plazo cercano se lograra llegar y colonizar Marte o incluso otro planeta más lejano. Pues esto implica un tremendo avance tecnológico, grandes cambios en los equilibrios de poder de los países involucrados en ello y por supuesto los desafíos propios de incorporar a la administración, comercio y cultura nuevos territorios.

Ahora bien, regresando al Siglo XVI, la conquista del Nuevo Mundo implicó que se multiplicó enormemente el número de los que se llamaban cristianos, aunque claro, esta incorporación fue a la fuerza en la mayoría de los casos y por supuesto no incluyó la fe de los Reformados.

Por otra parte, el movimiento intelectual conocido como Humanismo provocaba que se revisaran las bases del conocimiento acumulado hasta la fecha rescatando los escritos de la Antigüedad Clásica y por cierto cuestionando también los cimientos cristianos de la civilización.

A estos grandes procesos se suma la Reforma Protestante. La fecha que normalmente se señala como el comienzo de la Reforma es 1517, cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis. Aunque, ya habían movimientos reformadores desde mucho antes, lo cierto es que fue con Lutero y sus seguidores que el movimiento cobró un ímpetu incontenible[2]. Señala el historiador Jean Delumeau: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[3].

Ahora bien, regresemos a nuestra pregunta inicial: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?” Para ello realizaremos dos recorridos, el primero será a través de la relación de los llamados “Precursores de la Reforma” con las Escrituras[4] y en segundo lugar, del mismo Martín Lutero.

Los Precursores de la Reforma y las Escrituras

  • Los Valdenses: En el siglo XII, los Valdenses tradujeron el Nuevo Testamento del latín a sus dialectos regionales franceses. Según la tradición, tal era su compromiso con la Escritura, que las diferentes familias Valdenses memorizaban grandes porciones de la Biblia, de manera que si las autoridades católicas romanas les encontrasen y confiscasen sus copias impresas, serían capaces de volver a reproducir toda la Biblia de memoria.
  • John Wycliffe: En el siglo XIV, John Wycliffe y sus asociados en Oxford, Inglaterra tradujeron la Biblia del latín al inglés. Los seguidores de Wycliffe, conocidos como los Lolardos, iban de pueblo en pueblo predicando el evangelio y enseñando la Palabra en inglés.
  • Jan Hus: En el siglo XV, Jan Hus se convirtió en el predicador más popular de Praga al predicar en la lengua del pueblo y no en latin. Sin embargo, debido a que Hus insistió en que sólo Cristo es la cabeza de la iglesia y no el papa, el concilio católico de Constanza le condenó como hereje. Murió en como mártir en la hoguera en 1415.

 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Señales y características del hombre piadoso 2

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Aunque Pablo conocía a Cristo, más lo quería conocer: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección” (Fil. 3:10).

Pregunta: ¿Cómo podemos obtener este conocimiento salvador?

Respuesta: No por el poder de la naturaleza. Algunos hablan del alcance que puede tener la razón desarrollada para bien. Ay, la plomada de la razón es demasiado corta para ver las cosas profundas de Dios. Lo mismo pasa con el poder de razonamiento del hombre, que no basta para alcanzar el conocimiento salvador de Dios. La luz de la naturaleza no nos puede ayudar a ver a Cristo, como tampoco puede la luz de una vela ayudarnos a entender. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…, y no las puede entender” (1 Cor. 2:14). ¿Qué haremos, entonces, a fin de
conocer a Dios para salvación? Mi respuesta es: “Imploremos la ayuda del Espíritu de Dios”. Pablo nunca se había considerado ciego hasta que lo cegó la luz del cielo (Hech. 9:3). Dios tiene que ungirnos los ojos para que podamos ver. ¿Por qué les iba a pedir Cristo a los de la iglesia en Laodicea que acudieran a él para que los ungiera con colirio
si ya lo podían ver? (Apoc. 3:18). Oh, elevemos nuestro ruego al Espíritu de revelación (Ef. 1:17). El conocimiento salvador no es por especulación, sino por inspiración (Job 32:8). La inspiración del Todopoderoso da comprensión.

Quizá tengamos nociones teológicas excelentes, pero es el Espíritu Santo quien tiene que darnos la capacidad de conocerlas espiritualmente; el hombre puede notar las figuras en un reloj, pero no puede decir qué hora es a menos que la luz lo ilumine. Podemos leer muchas verdades en la Biblia, pero no las podemos conocer para salvación hasta que el Espíritu de Dios nos ilumina. “El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Cor. 2:10). Las Escrituras nos revelan a Cristo, pero el Espíritu nos revela a Cristo en nosotros (Gál. 1:16). El Espíritu da a conocer lo que nada en el mundo puede,  concretamente, la certidumbre del amor de Dios.

El hombre piadoso es un hombre que actúa por fe. Así como el oro es el más precioso entre los metales, la fe lo es entre las gracias. La fe nos corta del olivo silvestre que es la naturaleza y nos injerta en Cristo. La fe es la arteria vital del alma: “Mas el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4). El que no tiene fe, aunque respira, no tiene vida. La fe es la vivificante de las gracias; ninguna gracia se mueve hasta que la fe la agita. La fe es al alma lo que la respiración y los latidos del corazón son al cuerpo: impulsa al resto del organismo. La fe impulsa al arrepentimiento. Cuando creo en el amor que Dios tiene por mí, el hecho de pecar contra un Dios tan bueno me hace derramar lágrimas. La fe es la madre de la esperanza: primero, creemos la promesa, luego la esperamos. La fe es el aceite que alimenta la lámpara de la esperanza. La fe y esperanza son siamesas; si se quita una y otra languidece. Si se corta el nervio de la fe, la esperanza queda lisiada.

La fe es el fundamento de la paciencia, el que cree que Dios es su Dios y que todo obra para su bien, se entrega con paciencia a la voluntad de Dios. Por lo tanto, la fe es un principio vivo, y la vida del santo no es otra cosa que una vida de fe. Su oración es la respiración de la fe (Sgt. 5:15). Su obediencia es el resultado de la fe (Rom. 16:26).
El hombre piadoso vive por fe en Cristo, como el rayo de sol vive en el sol: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20) El cristiano, por el poder de la fe, ve más allá de la lógica, anda más allá de la luna (2 Cor. 4:18). Por fe finalmente se tranquiliza su corazón (Sal. 12:7). Se pone a sí mismo y a todos sus asuntos en las manos de Dios, como en
la guerra los hombres entran a su baluarte y allí se ponen a salvo junto con sus tesoros. Igualmente, el nombre del Señor es torre fuerte (Prov. 18:10). Y el creyente confía plenamente en este baluarte: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:12). Dios confió su evangelio a
Pablo, y Pablo confió a Dios su alma. La fe es un remedio universal para todos los problemas. Es el áncora que se echa al mar de la misericordia de Dios y previene que uno se hunda en la desesperación.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

La Reforma Protestante y la lectura 3

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A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura. A continuación, analicemos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

En 1512 Lutero, hasta entonces monje agustino,  se doctoró en teología y por aquella época ya contaba con un conocimiento nada despreciable de la Biblia. Al iniciar sus tareas como expositor de las Escrituras, Lutero se encontró una vasta bibliografía exegética, enraizada en la literatura patrística. Ello ocurrió entre los años 1513 y 1515, época en que redactó las primeras notas sobre los Salmos. La primera dificultad con que tuvo que enfrentarse el Reformador fue el método empleado para analizar los textos bíblicos. El método que se usaba en aquel entonces trataba de extraer del texto cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico y analógico[1]. Fue el contacto con el texto sagrado el que empezó a proporcionarle una vía de salida a las angustias de los últimos años lo que derivó en la publicación el 31 de octubre de 1517 de las llamadas 95 Tesis. Al comienzo de la Reforma siguieron años de incertidumbre. Por un tiempo, tras la Dieta de Worms (1521), Lutero estuvo exiliado en Wartburgo.

Aunque Lutero tomó parte en las visitaciones y actividades semejantes, su principal actividad consistía no tanto en la organización externa sino en la predicación, la exégesis, el consejo espiritual y la preparación de tratados sobre las verdades de la salvación.  Como predicador trabajó en la iglesia de la ciudad con su amigo Bugenhagen, visitando también a los enfermos y realizando otras tareas de cuidado pastoral privado. Durante los años que seguirían a su regreso de Wartburgo:

  • 1522-24: Predicó sermones exegéticos sobre 1 y 2 de Pedro y Judas
  • 1523-27: Predicó sobre Génesis y Éxodo además de predicar sobre perícopas.
  • En 1524-25: Clases sobre Deuteronomio
  • En 1524-26: Clases sobre los Profetas menores, Eclesiastés e Isaías.
  • En 1526: Publicó su exégesis de Jonás y Habacuc
  • 1527: Exégesis de Zacarías.
  • En 1527: Se terminaron sus apostillas, la segunda parte no editadas por él mismo.
  • 1529: Publicación de El Pequeño y el Gran catecismo
  • 1531-35: Clases sobre Gálatas (la principal presentación de su doctrina de la salvación)
  • 1536-45: Clases sobre Génesis
  • 1532: Base de Hauspostille: Los sermones que predicó a sus hijos y casa, impedido de hacerlo en público por su mala salud
  • 1534: Se terminó la traducción de la Biblia, aunque hizo correcciones hasta 1545[2].

A propósito de esta traducción, claramente es una de las realizaciones maestras de Lutero. Incluso en la actualidad, en muchos países protestantes aquella es la que figura en las biblias políglotas que se encuentran en las habitaciones de los hoteles[3].

Se calcula que entre 1517 y 1525 se vendieron más de dos mil ediciones de los escritos del Reformador redactados entre esas dos fechas. Y entonces Lutero no se hallaba más que en el principio de su carrera, puesto que falleció́ en 1546. No es exagerado afirmar que fue el hombre del siglo XVI más impreso en su tiempo. El éxito de Lutero prosiguió después de su muerte. Ya en 1906 se enumeraban dos mil libros sobre su persona, sin contar los artículos y los ensayos[4]. Sin lugar a dudas, el estudio, la difusión y explicación de las Escrituras (a través de aproximadamente cincuenta y cinco obras[5]) fueron parte fundamental de la obra de Lutero.

Analicemos el legado de Juan Calvino, un profesor, pastor, comentarista, maestro y prolífico autor (con al menos cincuenta y nueve obras[6]). Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia, La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[7], de hecho, un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[8].

Claramente Martín Lutero y Juan Calvino continuaron y sobrepasaron con creces a sus antecesores en el proceso de Reforma a través de su intensa labor, lo que no cesó con ellos sino que fue una constante en el movimiento. A propósito de aquello, los autores del libro “La Reforma Ayer y Hoy” nos aportan una llamativa descripción del proceso en España: “La extensión que alcanza la Reforma en España, antes de desatarse las grandes persecuciones contra la misma en la segunda mitad de siglo XVI, resulta prodigioso. Los abundantes Autos de Fe, así como el gran número de exiliados, lo pondrán de manifiesto. Escribiendo en 1602, Cipriano de Valera nos dice que: “En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los Autos. No hay ciudad y, a manera de decir no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido ni aún tenga alguno o algunos que Dios, por su infinita misericordia, haya alumbrado con la luz del evangelio. Común refrán es el día de hoy en España cuando hablan de algún hombre docto decir: es tan docto que está en peligro de ser luterano[9].

Así entonces podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Protestante implicó también un profundo cambio en los hábitos de lectura pues la intención de sus protagonistas fue dar acceso a las Escrituras y sus verdades a la mayor cantidad de personas posible, aquello a través de la traducción del texto sagrado y la publicación de material de apoyo.

Entonces, ¿qué nos queda para los lectores del Siglo XXI?:

  • Problema de soporte: superado, pues en la actualidad podemos leer en diferentes tipos de ediciones y plataformas (aunque mi favorito siempre será el papel)
  • Problema de acceso: bastante superable (en la actualidad los servicios de envío y mensajería pueden ayudar a que los libros estén en nuestras manos, tablets o dispositivos en períodos relativamente razonables de tiempo)
  • Problema de cantidad de libros: superado (Según Google, en 2010 existían en el mundo ciento treinta millones de libros diferentes[10]; una asombrosa cantidad de 129.864.880 libros, de todas las lenguas, de todas las materias, de todas las culturas, de todos los tiempos y según la UNESCO se publican 2.2 millones de libros cada año[11]); el desafío entonces es el criterio para elegir una buena obra para leer.
  • Problema de selección: superado gracias a amigos lectores y distribuidores de limpia conciencia y buena voluntad (como por ejemplo los amigos de Solo Sana Doctrina).

Antes de finalizar, un par de datos interesantes para los amantes de la lectura: en la misma época de la invención de la imprenta y desarrollo de la Reforma Protestante comenzó también la difusión a escala masiva del café (el té ya era bastante más conocido) y también comenzó a llegar desde América el chocolate. Esta combinación de café y chocolate, es muy buena compañía para las jornadas de estudio y lectura. En conclusión, sin lugar a dudas, estamos en una época muy privilegiada. Entonces, organicemos el tiempo y ¿vamos a leer un buen libro?

 

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[1] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[2] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[5] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

[6] Puede revisar el listado en “John Calvin Books List”, https://www.ranker.com/list/john-calvin-books-and-stories-and-written-works/reference

[7] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[8] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[9] José Moreno Berrocal, Bernard Coster, José de Segovia “La Reforma Ayer y Hoy”, Básicos Andamio, Barcelona, España, 2012, Págs. 30-31. Disponible en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=515&controller=product

[10] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” en: https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuantos-libros-existen-mundo/20160628180330062423.html

[11] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” https://hipertextual.com/2017/04/cuantos-libros-existen-mundo

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Señales y características del hombre piadoso 1

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“Por esto orará a ti todo santo [piadoso]” Salmo 32:6.

¿Cómo es el hombre piadoso? Para dar una respuesta completa, describiré varias señales y características específicas del hombre piadoso.

La primera señal fundamental del hombre piadoso se muestra en que es un hombre con conocimiento sabio: “los prudentes se coronarán de sabiduría” (Prov. 14:18). Los santos son llamados vírgenes “prudentes” en Mateo 25:4. El hombre natural puede tener algún
conocimiento superficial de Dios, pero no sabe nada como debiera saberlo (1 Cor. 8:2). No conoce a Dios para salvación; puede conocerlo con la razón, pero no discierne las cosas de Dios de un modo espiritual. El agua no puede ir más arriba de su manantial, el vapor no puede elevarse más allá del sol que lo genera. El hombre natural no puede actuar por encima de su esfera. No puede discernir con certidumbre lo sagrado, así como el ciego no puede discernir los colores. 1. No ve la maldad de su corazón: por más que un rostro sea negro o deforme, bajo un velo no se puede ver. El corazón del pecador es tan negro, que nada excepto el infierno le puede dar su forma, no obstante, el velo de la ignorancia lo esconde. 2. No ve las hermosuras de un Salvador: Cristo es una perla, pero una perla escondida.

El conocimiento del hombre piadoso es vivificante. “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (Sal. 119:93). El conocimiento en la cabeza del hombre natural es como una antorcha en la mano de un muerto, el conocimiento verdadero aviva. El hombre piadoso es como Juan el Bautista: “Antorcha que ardía y alumbraba” (Juan 5:35). No solo brilla por iluminación, sino que también arde de afecto. El conocimiento de la esposa la hizo estar “enferma de amor” (Cant. 2:5), o “Estoy herida de amor. Soy como el ciervo que ha sido herido con un dardo; mi alma
yace sangrando y nada me puede curar, sino una visión de Él a quien mi alma ama”.
El conocimiento del hombre piadoso es aplicable. “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). Un medicamento da resultado cuando se aplica; este conocimiento aplicativo es gozoso. Cristo es llamado Fiador (Heb. 7:22). Cuando me estoy ahogando en deudas, ¡qué gozo es saber que Cristo es mi Fiador! Cristo es llamado Abogado (1 Juan 2:1). La palabra griega traducida abogado significa “consolador”.

Versiculo 198

Cuando tengo un caso difícil, ¡qué consuelo es saber que Cristo es mi Abogado, quien jamás ha perdido un caso en una litigación!

Pregunta: ¿Cómo puedo saber si estoy aplicando correctamente lo que sé acerca de Cristo? El hipócrita puede creer que sí lo está haciendo cuando en realidad no es así.
Respuesta: Todo aquel que aplica el evangelio de Cristo, acepta a Jesús y Señor como uno (Fil. 3:8). Cristo Jesús, es mi Señor: Muchos aceptan a Cristo como Jesús, pero lo rechazan como Señor. ¿El Príncipe y el Salvador son uno para usted? (Hech. 5:31). ¿Acepta ser gobernado por las leyes de Cristo al igual que ser salvo por su sangre? Cristo “desde su trono servirá como sacerdote” (Zac. 6:13, Nueva Traducción Viviente). Nunca será un sacerdote que intercede a menos que el corazón de usted sea el trono donde él alza su cetro. Aplicamos bien el evangelio de Cristo cuando lo tomamos como esposo y nos entregamos a él como Señor.

El conocimiento del hombre piadoso es transformador. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2 Cor. 3:18). Así como el pintor mira un rostro y dibuja uno similar, al mirar a Cristo en el espejo del evangelio somos transformados a similitud de él. Podemos mirar otros objetos que son gloriosos, pero no por mirarlos nos hacen gloriosos; un rostro deforme puede mirar a uno hermoso pero no por eso se convierte él mismo en uno hermoso. El herido puede mirar al doctor y no por eso curarse. En cambio esta es la excelencia del conocimiento divino: nos brinda tal visión de Cristo que nos hace participar de su naturaleza. Como sucedió con Moisés, cuando su rostro resplandeció cuando vio la espalda de Dios porque algunos de los rayos de la luz de su gloria lo alcanzaron.

El conocimiento del hombre piadoso es creciente. “Creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10). El conocimiento verdadero es como la luz del amanecer que va en aumento hasta su cenit. Tan dulce es el conocimiento espiritual, que más sabe el creyente, más ansía saber. La Palabra llama a esto enriquecerse en toda ciencia
[conocimiento] (1 Cor. 1:5). Más riquezas tiene uno, más quiere tener.

Thomas Watson 8

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

La Reforma Protestante y la lectura 2

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Continuemos revisando la relación entre los pre reformadores (del Siglo XV) y reformadores (del Siglo XVI) con la lectura y el compromiso con la difusión de libros.

Juan Huss fue sucesor del inglés John Wycliff (Hussenitz, Reino de Bohemia, c. 1370 – Constanza, Sacro Imperio Romano Germánico, 6 de julio de 1415), sus actividades dejaron una huella imborrable en la historia civil y religiosa del Reino Checo: se desempeñó como teólogo y filósofo, rector de la Universidad Carolina de Praga. Como reformador y predicador se le considera uno de los precursores de la Reforma Protestante, sus seguidores son conocidos como husitas. Un hecho muy importante fue su nombramiento como predicador de la capilla Belén, esta capilla había sido construida por dos laicos, con el expreso deseo de que en ella se predicase la Palabra de Dios al pueblo en lengua común. Cuando estuvo lista, se designó a Huss para predicar en ella. Poco después ocurrió un hecho que sería decisivo para el resto de su vida: llegaron a sus manos unos libros de Juan Wiclef, en un principio, los libros le desconcertaron, pero luego los apreció hasta convertirse en su admirador. La combinación de estos hechos produjo una profunda transformación que derivó en una intensa labor de predicación y publicación lo que provocó su destierro, persecución, encarcelación y finalmente su ejecución luego del Concilio de Constanza. Sin embargo, aquellas complejas circunstancias no impidieron que siguiera trabajando en predicar y escribir, de hecho se cuenta que se ganó la simpatía de hasta de sus mismos carceleros, quienes le pidieron instrucción y consejo. A petición de ellos escribió algunos tratados, como: “Los diez mandamientos”, “La oración dominical”, “El matrimonio”, “Los tres enemigos del hombre” y “Del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, por eso en las portadas de los tratados puso los nombres de los carceleros a cuya petición los había escrito, Además de su obra espiritual, también se recuerdan los méritos que Juan Hus tuvo en el campo de la linguística y la gramática checas. Fue él quien hizo cambios importantes en la ortografía checa, que acompañan a los checos hasta el presente[1].

Gerónimo Savonarolla o Jerónimo de Ferrara (Ferrara, Italia, 21 de septiembre de 1452 – Florencia, 23 de mayo de 1498), fue un religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de las vanidades donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos, como los de Giovanni Boccaccio. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia católica, contra la búsqueda de la gloria y contra la sodomía, sospechando que estaba en toda la sociedad de Florencia, donde él vivió. Se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia católica, pero no estableció ninguna base doctrinal, a diferencia del propio Lutero, precursor del cisma protestante. A pesar de sus excesos destacó como escritor y expositor, presentando diferentes aspectos: poeta, artista, profeta, apologista, entre otros.

William Tyndale, (Slymbridge, 1495 – Bruselas, 6 de octubre de 1536) era un estudiante inglés destacado en griego y latín, que llegó a ser una figura clave en el movimiento de la reforma protestante durante los años posteriores a su implantación. Estudió las Universidades de Oxford y Cambridge, se enfurecía por las barreras entre la Biblia y la gente y su anhelo era alimentar no solo la mente sino también el alma del pueblo. Así es que trabajó desde el hebreo, arameo y griego para crear una Biblia en inglés vernáculo, tan legible y apropiada como para una persona inglesa pudiera leerla y basarse en ella para su vida diaria. Luego de muchas tribulaciones y esfuerzo logró terminar su tarea siendo reconocido hasta la actualidad por haber traducido la Biblia del griego y hebreo, además de imprimirla en inglés

A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura.

La semana próxima y como punto final analizaremos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Institución de la Religión Cristiana

Reseña 8

En Marzo de 2018 se cumpliran 482 años de la publicación de la Institución de la Religión Cristiana, la primera y más famosa obra teológica del reformador francés Juan Calvino.

Impresa en Basilea, apareció después de su estudio sobre De Clemetia, de Séneca (1532). Hacía poco tiempo que Calvino se había convertido al protestantismo. Luego de un conflicto en La Sorbona y de la proscripción del grupo protestante, abandonó París (1534) y se estableció en Basilea, un centro protestante donde vivió bajo el seudónimo de Martinus Lucanius. Allí se consagró al estudio de la teología, concentrándose en la Biblia, así como a la revisión de los Padres Apostólicos y de teólogos contemporáneos como Lutero y Bucero.

La mayor parte de su conocimiento sobre teología católica la adquirió de dos textos medievales: las sentencias de Pedro Lombardo y los decretos de Gracián. El resultado de semejante estudio fue precisamente la Institución de la Religión Cristiana, que en su forma inicial era un catecismo ampliado, en latín, organizado a la manera tradicional las doctrinas esenciales del protestantismo naciente. Contenía también un material suplementario contra los sacramentos que veía como falsos, y algunas ideas sobre la organización de la iglesia.

Esta obra pronto le ganó prestigio como vocero autorizado del protestantismo. Fue la obra de su vida, pues la revisó, tradujo y amplió sustancialmente en ediciones subsecuentes. La edición latina definitiva apareció en 1559, la francesa en 1560, y la primera en castellano, traducida por Cipriano de Valera, en 1597. De 85 mil palabras pasó a 450 mil. La Institución llegó a ser un manual sistemático y completo de la teología dogmática, el más influyente, de hecho, producido durante la Reforma.

Lucien Febvre escribió acerca de esta obra:

“Equívoco, confusión, desamparo. Fue entonces cuando se alzó un hombre. Y apareció un libro. El hombre: Juan Calvino. El libro: la Institución Cristiana […]. ¿Qué aportaba? Una doctrina clara, lógica, coherente, perfectamente ordenada por un maestro al cual, de vez en cuando, resulta tentador aplicar las palabras destinadas a Ario: “una lucidez autoritaria”… Desde luego, y ello no supone disminuir su valor. Lo esencial, sin embargo, es otra cosa —si es verdad que la gran obra histórica de Calvino no fue componer libros, pronunciar sermones, formular y defender dogmas. Fue “educar hombres”. Calvino ha creado, ha formado, ha moldeado un tipo humano que puede o no gustar, con el que pueden o no sentirse afinidades: tal y como es, constituye uno de los fermentos de nuestro mundo, y no sólo de nuestra Francia.”

La Institución es un trabajo destinado a influir en el rey de Francia para que tratase con benevolencia y comprensión a aquellos profesaban la fe protestante. Es asimismo una declaración de las doctrinas evangélicas y bíblicas a las cuales el autor se hallaba ya definitivamente adherido. A la edad de 27 años Calvino es ya un reformador maduro y un excelente exegeta de las Escrituras. En su epístola dirigido al rey de Francia, Francisco I, explica cómo su intención original ha sido la de suministrar una especie de manual elemental de instrucción para sus compatriotas cuya mayoría esta sufriendo hambre y sed de Cristo y tan poco conocimiento tienen de él. Es sorprendente el arrojo y la intrepidez con que Calvino se dirige a su soberano.

El propósito de Calvino de edificar e instruir mediante este libro a aquellos que se acercaban a la luz de la fe Reforma, no sólo fue alcanzado, sino sobrepasado. El libro, más bien pequeño, que comprendía sólo 6 capítulos sobre la ley, el Credo, la Oración del Señor, los sacramentos, los cinco falsos sacramentos y la libertad cristiana, el poder eclesiástico y la administración pública fue vendido rápidamente. La segunda edición apareció en 1539. Había crecido de tamaño hasta casi tres veces la edición original, con un total de 17 capítulos.

El desarrollo del pensamiento de Calvino se refleja en el hecho de que los dos primeros capítulos están dedicados al conocimiento de Dios y el conocimiento del hombre. El conocimiento de la criatura está ligada al conocimiento de su creador, y este conocimiento es fundamentalmente para todos los demás conocimientos. De acuerdo con esto, forma una magnífica introducción para una gran obra de teología cristiana. En la edición de 1539 encontramos la famosa sentencia inicial, que fue impresa en todas la ediciones subsiguientes: “Casi la totalidad de la suma de nuestra sabiduría que debe ser considerada como verdadera y sólida sabiduría consiste en dos partes: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos”. En la Epístola al Lector Calvino declara que su objeto fue preparar y entrenar candidatos en sagrada teología por la lectura de la divina palabra, de tal forma que pudiesen tener una fácil introducción a la misma y proseguir luego en ella con paso inalterable.

La versión francesa (1541) muestra sus progresos literarios, al grado de ser capaz de eludir los artificios. Su prosa trata, sobre todo, de ser vehículo de la verdad. La dignidad, la sinceridad y completa sencillez de propósito son los contrastes del hombre y sus criterios.

La obra, en su versión final, está dividida por Calvino en cuatro libros separados, que a su vez están subdivididos en un total de 80 capítulos. El primer libro se titula “Del conocimiento de Dios creador”, el segundo, “Del conocimiento de Dios redentor, en Cristo, que fue manifestado primero a los padres bajo la ley y a nosotros, después, en el Evangelio”; El tercero, “El medio de obtener la gracia de Cristo: qué beneficios fluyen de ella para nosotros y qué efectos siguen”; y el cuarto, “De los medios externos o auxilios por los cuales Dios nos invita ala unión con Cristo y nos mantiene en ella”. En otras palabras, queda cubierta la totalidad del campo teológico y bíblico. Procede después con lo relativo al pecado, la caída, la servidumbre de la voluntad, la exposición de la ley moral, la comparación del Antiguo y el Nuevo Testamento y la persona y la obra de Cristo como mediador y redentor. Sigue luego con una consideración de la obra del Espíritu Santo en la regeneración, la vida del hombre cristiano, la justificación por la fe, la reconciliación, las promesas de la ley y el Evangelio, la libertad cristiana, la oración, la elección eterna y al escatología (las últimas cosas). Finalmente trata la doctrina de la Iglesia y su ministerio, su autoridad, su disciplina, los sacramentos y el poder del estado. Estamos, pues ante un monumento teológico cuya validez se ha mantenido con el paso del tiempo.

Después de la publicación de la Institución en 1536, Calvino salió de Basilea y fue a Ferrara, Italia, donde la duquesa Renata hija de Luis XII de Francia, toleraba a los protestantes, quizá él, como humanista que era, tenía muchos deseos de conocer Italia. Poco tiempo después salió rumbo a Estrasburgo, pero la guerra entre Carlos V y Francisco I le obligó a desviarse y pasar por Ginebra. El resto de la historia es muy conocido.

Puedes conseguir esta obra en el siguiente enlace:  http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=141&controller=product&search_query=Institucion&results=15

Puedes ver el video de esta reseña en el siguiente enlace: https://youtu.be/P2x0r1cRsNk 

 

 

 

La naturaleza del hombre íntegro

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1. El de corazón íntegro es de un solo sentir, no tiene divisiones. Para el hipócrita hay muchos dioses y muchos señores, y tiene que dar parte de su corazón a cada uno. Pero para el íntegro, hay un solo Dios el Padre y un Señor Jesucristo, y con un solo corazón servirá a ambos. El hipócrita da su corazón a la criatura, y a cada criatura tiene que darle parte de su corazón, y dividir su corazón lo destruye (Os. 10:2). Las ganancias humanas llaman a su puerta, y tiene que darles una parte de su corazón. Se presentan los placeres carnales, y a ellos también tiene que darles parte de su corazón. Aparecen deseos pecaminosos, y les tiene que dar parte de su corazón. Son pocos los objetos necesarios, pero incontables las vanidades innecesarias. El hombre íntegro ha escogido a Dios y eso le es suficiente.

Un solo Cristo es suficiente para un solo corazón; de allí que el rey David oraba en el Salmo 86:11: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Es decir: “Déjame tener un solo corazón y mente, y que sea tuyo”. Hay miles de haces y rayos de luz, pero todos se unen y centran en el sol. Lo mismo sucede con el hombre íntegro, aunque tiene mil
pensamientos, todos (por su buena voluntad) se unen en Dios. El hombre tiene muchos fines subordinados ––procurar su sustento, cuidar su crédito, mantener a sus hijos—pero no tiene más que un fin: ser de Dios. Por lo tanto, tiene firmeza en sus determinaciones, esa concentración en sus deberes santos, esa constancia en sus acciones y esa serenidad en su corazón que los hipócritas miserables no pueden logar.

2. El corazón íntegro es recto y sin corrupción. “Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado” (Sal. 119:80). Cuando hay más sinceridad, hay menos vergüenza. La integridad es la gran autora de la confianza. Cada helada sacude al cuerpo enfermo, y cada prueba sacude al alma inicua. El íntegro quizá no siempre tenga
un color tan atractivo como el hipócrita, pero su color es natural: es suyo; no está pintado; su estado es firme. La hermosura del hipócrita es prestada; el fuego de la prueba la derretirá.

El íntegro tiene sus enfermedades; pero su naturaleza nueva las remedia, porque en su interior es recto. La lepra domina al hipócrita, pero la esconde. “Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (Sal. 36:2). Procura
esconderse de Dios, esconderse más de los hombres, y más aún de sí mismo. Con gusto podría seguir así para siempre creyendo que “su iniquidad no será hallada y aborrecida”. En cambio el hombre íntegro  siempre está examinándose y probándose: “¿Soy recto? ¿Estoy en lo correcto? ¿Estoy cumpliendo bien mis deberes? ¿Son mis debilidades según mi integridad?”

El santo íntegro es como una manzana que tiene manchitas en la cáscara, pero el hipócrita es como la manzana con el centro podrido. El cristiano sincero tiene aquí y allá manchitas de pasión, otras de mundanalidad y alguna de soberbia. Pero si lo cortamos y analizamos, lo encontramos recto de corazón. El hipócrita es como una manzana que es lisa y hermosa por fuera, pero podrida por dentro. Sus palabras son correctas, cumple sus deberes con devoción y su vida es intachable; pero véanlo por dentro: su corazón es una pocilga de pecado, la guarida de Satanás.

Richard Steele 1

3. El corazón íntegro es puro, sin contaminación. No es absolutamente puro, porque esa feliz condición es reservada para el cielo; pero lo es en comparación con la contaminación y la vil mezcla que es el hipócrita. Aunque su mano no puede hacer todo lo que Dios manda, su corazón es sincero en todo lo que hace. Su alma se empeña en lograr una pureza perfecta, de manera que de eso deriva su nombre.

“Bienaventurados los limpios de corazón” (Mat. 5:8). A veces falla con sus palabras, con sus pensamientos y acciones también. Pero al poner su corazón al descubierto, se ve un amor, un anhelo, un plan y un esfuerzo para llegar a tener una limpieza real y absoluta. No es legalmente limpio, o sea, libre de todo pecado; pero es limpio según el evangelio, o sea, libre del dominio de todo pecado, especialmente de la hipocresía, la cual es totalmente contraria al pacto de Gracia. En este sentido, el hombre íntegro es el puritano de las Escrituras, y por lo tanto está más lejos de la hipocresía que cualquier otro. Está realmente contento que Dios es el que escudriña los corazones, porque entonces sabe que encontrará su nombre y naturaleza en su propio pueblo escogido.

No obstante, aun el más íntegro de los hombres en el mundo tiene en él algo de hipocresía. “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Prov. 20:9). Detecta, resiste y aborrece esta hipocresía de modo que no se le puede llamar hipócrita en este mundo, ni condenarlo como tal. Sus propósitos son generalmente puros para la gloria de Dios; el estado de su corazón y de sus pensamientos
son generalmente mejor que su exterior; más se lo estudia, mejor es. Es limpio de deshonestidad en sus relaciones, más limpio aún de toda apariencia de iniquidad ante su familia, más limpio aún en su intimidad, y sobre todo, limpio en su corazón. Aunque hay allí pecado, hay también aversión hacia él, de modo que no se mezcla con él.

El hipócrita escoge el pecado, en cambio, si del íntegro dependiera, no tendría ningún pecado. El viajero puede encontrarse con lodo en su camino, pero hace todo lo que puede por quitárselo. Los cerdos lo disfrutan y no pueden estar sin él. Sucede lo mismo con el hombre íntegro y el hipócrita. Aun el santo más íntegro sobre la tierra a veces se ensucia de pecado, pero no lo programó en la mañana, ni se acuesta con él en la noche. En cambio el hipócrita lo programa y se deleita en él; nunca está tan contento como cuando está pecando. En una palabra, el hipócrita puede evitar el pecado, pero nadie aparte del hombre íntegro, aborrece el pecado.

Versiculo 195

4. El íntegro es perfecto y recto sin reservas. “Observa al hombre perfecto, y mira al íntegro” (Sal. 37:37, traducido de la versión King James para esta obra). Ver al uno es ver al otro. Su corazón está enteramente sujeto a la voluntad y los caminos de Dios. El hipócrita siempre busca algunas excepciones y pone las cosas en tela de juicio.

“Tal pecado no puedo abandonar, tal gracia no puedo amar, tal deber no cumpliré.” Y muestra su hipocresía agregando: “Hasta aquí cederé, pero no más, hasta aquí llegaré. Es consecuente con mis fines carnales, pero todo el mundo no me persuadirá a ir más allá” A veces, el razonamiento del hipócrita lo llevará más allá de su voluntad, su conciencia más allá de sus afectos; no es de un solo sentir, su corazón está dividido, así que fluctúa constantemente.

El íntegro tiene solo una felicidad, y esta es disfrutar de Dios; tiene solo una regla, y esta es su santa voluntad; tiene una sola obra, y esta es complacer a su Hacedor. Por lo tanto, es de un solo sentir y resuelto en sus decisiones, en sus anhelos, en sus caminos y su planes. Aunque puede haber alguna tardanza en el cumplimiento de su misión principal, no titubea ni vacila entre dos objetos, porque está enteramente decidido, de modo que de él puede decirse que es “perfecto e íntegro, sin falta alguna”.

Hay en todo hipócrita algún tipo de baluarte que nunca ha sido entregado a la soberanía y el imperio de la voluntad de Dios. Alguna lascivia se fortifica en la voluntad; en cambio, donde entra la integridad esta lleva cada pensamiento cautivo a la obediencia de Dios. Dice: “Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre” (Isa. 26:13). Aquí está el íntegro.

5. El corazón íntegro es cándido y no tiene malicia. “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Sal. 32:2). He aquí ciertamente un mensaje bendito. ¡Ay! Tenemos grandes y muchas iniquidades; ¿no es mejor para nosotros ser como si nunca hubiéramos pecado? Por cierto que una falta de culpa es tan buena para nosotros como si nunca hubiera sucedido una falta; que los pecados remitidos son como si nunca se hubieran cometido; que en el libro de deudas pendientes estas estuvieran tachadas como si nunca hubiera existido la deuda. Pero, ¿quién es ese hombre bendito? Aquel “en cuyo espíritu no hay engaño”, es decir no hay engaño fundamental.

Él es el hombre que sin engaño ha pactado con Dios. No tiene ningún engaño que lo lleve a ceder a alguna forma de iniquidad. No hace tretas con Dios ni con los hombres ni con su propia conciencia. No esconde sus ídolos cuando Dios está revisando su tienda (Jos. 7:21). En cambio, como sigue diciendo el Salmo 32:5, reconoce, aborrece y deja su pecado. Cuando el hombre íntegro confiesa su pecado, le duele el corazón y está profundamente perturbado por él; no finge para disimularlo. Aquel que le finge a Dios, le fingirá a cualquier hombre en el mundo. Vean la gran diferencia entre Saúl y David. Saúl es acusado de una falta en 1 Samuel 15:14. Él la niega, y vuelve a ser acusado en el versículo 17. Sigue restándole importancia al asunto y busca hojas de higuera para tapar todo. Pero David, de corazón honesto, es distinto: se le acusa, y cede; una pequeña punción abre una vena de sufrimiento en su corazón. Lo cuenta todo, lo vuelca en un salmo que concluye diciendo “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo” (Sal. 51:6). El hombre sincero dice: “En cuanto a mí, con el íntegro me mostraré íntegro”.

Tomado de The Character of the Upright Man. Soli Deo Gloria

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y autor puritano; nacido en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

La Reforma Protestante y la lectura 1

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En el hemisferio sur, estamos en pleno verano, período en que la mayoría puede disfrutar del período de vacaciones. Para algunos de nosotros, esta temporada es también el momento en que podemos disfrutar de las lecturas que durante el año postergamos por diversos motivos

A propósito del hábito de leer, recordé la obra de un historiador: Roger Chartier, un francés, nacido en Lyon en 1945, cuya formación intelectual fue en el ámbito de la llamada escuela de los Annales, de los años sesenta, la cual representó una renovación en la historiografía al comenzar a instalar nuevos temas en la investigación profesional. Los temas en los que se ha especializado Chartier es en Historia del libro y en las ediciones literarias, revisemos un brillante resumen sobre el libro y su desarrollo histórico:

Entre los siglos II y IV, la difusión de un nuevo tipo de libro que es todavía el nuestro, es decir el libro compuesto de hojas y páginas reunidas dentro de una misma encuadernación que llamamos codex y sustituyó a los rollos de la Antigüedad griega y romana (Colin H. Roberts y T. C. Skeat, 1987); en segundo lugar, a finales de la Edad Media, en los siglos XIV y XV, la aparición del “libro unitario”, es decir la presencia dentro un mismo libro manuscrito de obras compuestas en lengua vulgar por un solo autor (Petrarca, Boccacio, Christine de Pisan) mientras que esta relación caracterizaba antes solamente a las autoridades canónicas antiguas y cristianas y a las obras en latín (Armando Petrucci, 1995), y, finalmente, en el siglo XV, la invención de la imprenta que sigue siendo hasta ahora la técnica más utilizada para la producción de los libros. Somos herederos de esta historia tanto para la definición del libro, es decir a la vez un objeto material y una obra intelectual o estética identificada por el nombre de su autor, como para la percepción de la cultura escrita que se funda sobre distinciones inmediatamente visibles entre diferentes objetos (cartas, documentos, diarios, libros)[1].

A partir de este breve resumen nos puede quedar claro que los libros son objetos que nos han acompañando por mucho tiempo siendo el siglo XV un momento clave para la expansión de las posibilidades de poseer uno de ellos. Esta transformación fue muy importante para los procesos que vendrían más tarde, pues recordemos que hasta ese momento la principal fuente de información que tenían las personas era: la predicación, cantares de los juglares, trovadores, las pinturas y vitrales de iglesias y lugares públicos.

Ahora bien, en paralelo a la aparición de la imprenta durante el siglo XV se fue gestando lo que sería conocido como “Reforma Protestante”, pues ya en esa época las críticas al orden religioso del momento fueron adquiriendo mayor fuerza y difusión. En este mismo sentido, la lectura y la reforma fueron de la mano, pues es muy importante tener en cuenta el hecho de que los principales líderes de dicho proceso fueron personas que tuvieron acceso a la lectura de las Sagradas Escrituras y otras obras del saber de su época, de hecho fue precisamente la lectura de la Biblia lo que los movió a ser líderes de esfuerzos por volver el cristianismo al diseño original y en el camino también de una profunda transformación en los hábitos de lectura de la población general.

Revisemos la relación entre los pre reformadores (del Siglo XV) y reformadores (del Siglo XVI) con la lectura y el compromiso con la difusión de libros.

Pedro Valdo (1140 ? – 1205/7​) (de nombre original Pierre Valdo, Valdès o Vaudès según las fuentes, igualmente conocido como Pierre de Vaux) fue un predicador itinerante, considerado como uno de los precursores de la Reforma Protestante. Impulsó el movimiento cristiano de los Pobres de Lyon, también conocidos como valdenses, uno de los distintivos de este movimiento fue la promoción de la lectura de la Biblia (en tiempos en que estaba prohibido su acceso para el público, en otra instancia que no fuera la misa), destinando fondos para la traducción del Nuevo Testamento desde el latín, utilizando tácticas de venta especiales para las Biblias (para evitar ser denunciados), siendo también intensos misioneros y predicadores. Finalmente, Valdo fue excomulgado y ejecutado por herejía sin embargo, el movimiento Valdense continuó creciendo por un tiempo, se esparció hacia el norte de Italia y regiones de España, Austria, Alemania, Hungría, y Polonia siendo fuertemente perseguido durante los siglos siguientes, al llegar la Reforma la mayoría de los valdenses se unieron a sus filas.

John Wyclif, conocido como Juan Wiclef en español (Hipswell, Yorkshire, c. 1320 – Lutterworth, Leicestershire, 31 de diciembre de 1384) fue traductor, teólogo y reformador inglés que fundó el movimiento que se conoce como Lolardos o Wycliffismo y es considerado por muchos autores como el padre espiritual de los husitas y, en última instancia, de los protestantes. A través de su vida, sostuvo numerosos debates con el Papado lo que le valió persecución y condena. Sin embargo, también fue una de las primeras personas en realizar una traducción de la Biblia en latín, conocida como la Vulgata, directamente a una lengua vernácula, en este caso el inglés, en 1382. En cuanto a la bibliología y su relevancia, sus principales ideas fueron que el verdadero y auténtico poder está en las Sagradas Escrituras (la Biblia), y no en la Iglesia. Esta es la teoría del “biblicismo”, donde está la salvación, la revelación y la autoridad, de forma que la salvación viene directamente de Dios, sin intermediarios, y solamente resaltando el valor único de la Biblia, como fuente única de poder. No juzga a la iglesia sino que, antepone la autoridad suprema de la Biblia a la eclesiástica, como revelación divina. El Concilio de Constanza declaró a Juan Wiclef culpable de herejía en 1414, se ordenó la quema de sus libros, así como la exhumación de su cuerpo y la quema de sus huesos. Por otra parte sentenció la persecución contra los lolardos que permitió la ejecución de John Oldcastle, junto a 37 líderes del movimiento.

 

[1] Conferencia magistral presentada en el Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer? Perspectivas sobre la lectura en la infancia”, organizado por el Plan Nacional de Fomento de la Lectura, Lee Chile Lee, del Ministerio de Educación y la Universidad Diego Portales durante los días 6 y 7 de diciembre de 2012, Págs. 12-13

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Descripción de la verdadera piedad

Blog78

Siendo la Verdadera Piedad muy extraña para la mayoría de los hombres y por ende conocida por pocos, en primer lugar y antes de entrar de lleno en el tema, trataré de describirla. Muchos erran grandemente al entenderla como Moralidad; otros la confunden con Piedad Falsa; y otros, ya sea por ignorancia o malicia, la pregonan
desvergonzadamente llamándola Singularidad, Terquedad, Orgullo o Rebelión. Estos últimos declaran que esta no merece existir por ser una perturbadora sediciosa de la paz y el orden dondequiera que aparece.

Sí, una compañera tan contenciosa y querellosa que es la causa de todas esas desdichadas diferencias, divisiones, problemas y desgracias que abundan en el mundo. Por lo tanto, he llegado a la conclusión que no hay nada más necesario que quitar esa máscara que sus enemigos implacables le han puesto y exonerarla de todas las calumnias y los reproches de los hijos de Belial. Cuando entonces aparece en su propia inocencia original e inmaculada, nadie necesita tenerle miedo, ni negarse a aceptarla o estar avergonzado de hacerla suya y de convertirla en la compañera de su corazón.

Sepamos, entonces, en primer lugar, que la piedad consiste del conocimiento correcto de las verdades divinas o los principios fundamentales del evangelio, los cuales todos los hombres deben conocer y dominar. “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la  piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Tim. 3:16). Vemos por este texto que las grandes verdades de la religión cristiana son llamadas piedad.

Ahora bien, si alguno quiere saber más en detalle qué son esos principios de la verdad divina o los fundamentos de la fe cristiana, los cuales son lo esencial de la Verdadera Piedad, respondo:

1. Que hay un Dios eterno, infinito, santísimo, omnisapiente, absolutamente justo, bueno y lleno de gracia, o la Deidad gloriosa que existe en tres Personas ––el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— y estos son uno, a saber, uno en su esencia.

2. Que este Dios, por su gran amor y bondad, nos ha dado una regla de fe y práctica segura e infalible que son las Santas Escrituras. Por ellas, podemos conocer, no solo que hay un Dios y Creador, sino también la manera como fue creado el mundo, con los designios o la razón por la cual hizo todas las cosas. También nos es dado saber cómo entró el pecado en el mundo y cuál es la justicia que Dios requiere para nuestra justificación (o la liberación de la culpabilidad del pecado), a saber, por un Redentor: su propio Hijo, a quien mandó al mundo. No existe ninguna otra regla o camino para saber estas cosas a fin de que los hombres sean salvos aparte de la revelación o los registros de las Sagradas Escrituras, siendo el misterio de la salvación muy por encima del razonamiento humano y por lo tanto, imposible conocer por medio de la iluminación natural en los hombres.

3. Que nuestro Redentor, el Señor Jesucristo, quien es la Garantía del Nuevo Pacto y el único Mediador entre Dios y los hombres, es realmente Dios (de la esencia del Padre) y realmente hombre (de la sustancia de la virgen María), teniendo estas dos naturalezas en una Persona, y que la redención, paz y reconciliación son únicamente por medio de este Señor Jesucristo.

4. Que la justificación y el perdón del pecado son exclusivamente por esa satisfacción plena que Cristo hizo de la justicia de Dios y se logran solo por fe a través del Espíritu Santo.

5. Que todos los hombres que son o pueden ser salvos tienen que ser renovados, regenerados y santificados por el Espíritu Santo.

6. Que en el Día Final habrá una resurrección de los cuerpos de todos los hombres.

7. Que habrá un juicio eterno, a saber, todos comparecerán ante el tribunal de Jesucristo en el gran Día y darán cuenta de todas las cosas hechas en el cuerpo, y que habrá un estado futuro de gloria y felicidad eterna para todos los creyentes verdaderos, y de tormento y sufrimiento eterno para todos los no creyentes y pecadores, quienes viven y mueren en sus pecados. Ahora bien, en el verdadero conocimiento y creencia de estos principios (que son el fundamento de la verdadera religión o de la fe cristiana) radica la Verdadera Piedad en lo que respecta a su parte esencial.

En segundo lugar, Piedad en lo más profundo es una conformidad santa con estos principios sagrados y divinos, que el hombre natural no comprende. La Verdadera Piedad consiste de la luz de las verdades y la vida de gracia sobrenaturales, Dios manifestándose a la luz de esos gloriosos principios y obrando la vida de gracia sobrenatural en el alma por medio del Espíritu Santo. Consiste del conocimiento salvador y personal de Dios y Jesucristo y de habérsele quitado las cualidades
pecaminosas del alma y habérsele infundido hábitos celestiales en su lugar o en una conformidad e inclinación hacia el corazón de Dios, aferrándose a todas las verdades que nos han sido dadas a conocer y encontrando las poderosas influencias del evangelio y del Espíritu de Cristo sobre nosotros, de manera que nuestras almas son a imagen y
parecido de su muerte y resurrección. Esto es Verdadera Piedad. No es meramente atenerse a los principios naturales de moralidad ni a un conocimiento dogmático o teórico de los evangelios sagrados y sus preceptos; sino una conformidad fiel a los principios del evangelio, cumpliendo nuestros deberes con la mejor predisposición hacia Dios al igual que hacia los hombres, para que nuestra conciencia se mantenga libre de ofensas hacia ambos (Hech. 24:16).

Consiste en abandonar el pecado y aborrecerlo como la peor maldad y aferrarse a Dios de corazón, valorándolo a él por sobre todas las cosas, estando dispuestos a sujetarnos al principio del amor divino, a todas sus leyes y mandatos. La piedad lleva al hombre a decir con el salmista: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?” (Sal. 73:25). San Agustín dice: “Aquel que no ama a Cristo por sobre todas las cosas, no lo ama en absoluto”. El que tiene Verdadera Piedad es celoso de la obra de la religión al igual que de la paga de la religión. Hay algunos que sirven a Dios para poder servirse de Dios. En cambio, el cristiano auténtico anhela gracia, no solo que Dios lo glorifique en el cielo, sino también poder él glorificar a Dios en la tierra. Exclama: “Señor, dame un corazón bueno en lugar de muchos bienes”. Aunque ama muchas cosas además de amar a Dios, no ama esas cosas más de lo que ama a Dios. Este hombre teme al pecado más que a los sufrimientos, y por lo tanto prefiere sufrir que pecar.

En tercer lugar, para poder tener un conocimiento completo y perfecto de ella, quizá no esté de más describir su forma (2 Tim. 1:13; 3:5) junto con las vestimentas que usa continuamente. Las partes externas de la Verdadera Piedad son muy hermosas. No sorprende que lo sean, ya que fueron diseñadas por la sabiduría del único y sabio Dios, nuestro Salvador, cuyas manos son totalmente gloriosas. Pero esto, la formación de la Piedad, siendo uno de los más elevados y más admirables actos de su sabiduría eterna, por supuesto excede toda gloria y belleza. Su forma y hermosura externa son tales que no necesitan artificios humanos para adornarla o para demostrar o destacar la beldad de su semblante; porque no hay nada defectuoso en lo que respecta a su forma evangélica y apostólica, debido a que surgió de las manos de su gran Creador. Como de pies a cabeza no hay nada superfluo, igualmente sus líneas y figura, venas, nervios y tendones:
todos están en un orden tan exacto y admirable, que nada se le puede agregar a su belleza. Por lo tanto, cualquiera que agrega o altera cualquier cosa relacionada con la forma de la verdadera Piedad, la mancha y profana en lugar de embellecerla. Además, Dios ha prohibido estrictamente que se haga esto. “No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Prov. 30:6), adjudicando a Dios algo que no es suyo. ¿Acaso no llaman los papistas adoración a Dios a esas ceremonias supersticiosas y vanas usadas en su iglesia? ¿Y qué es esto más que mentirle? Además, tratar de cambiar
o alterar algo a la forma de la Piedad es cuestionar a Dios, como si Dios no supiera cuál es la mejor manera de adorarle y tuviera que recurrir al hombre para obtener su ayuda, sabiduría e ingenio, agregando muchas cosas que este considera decentes y necesarias. ¿Acaso no es cuestionar el cuidado y la fidelidad de Dios, suponer que no tendría cuidado él de incluir en su bendita Palabra las cosas que son imprescindibles para la Piedad, sin tener que depender del cuidado y sabiduría del hombre débil para que agregue lo que él omite?

Todos, entonces, pueden percibir que la Verdadera Piedad nunca cambia su semblante. Su aspecto no ha cambiado ni en lo más mínimo del que tenía en la antigüedad. No, ciertamente nada le resulta más insólito que esas vestimentas pomposas, esas vestiduras,
supersticiones, imágenes, cruces, sales, óleo, agua bendita y otras ceremonias que para muchos son necesarias para su existencia. Por lo Descripción de la verdadera piedad tanto, hay que tener cuidado de no confundir la forma falsa de la Piedad con la verdadera. Solo falta destacar una cosa más, a saber, tenemos que estar seguros de recibir el poder de la Piedad junto con su forma, pues su forma sin su vida interior y su poder de nada sirve: es como el cuerpo sin el alma, la mazorca sin el grano o el alhajero sin las joyas. Tampoco debe nadie descuidar su forma, porque recordemos lo que el Apóstol dice de “forma de doctrina” (Rom. 6:17) y de “la forma de las sanas palabras” (2 Tim. 1:13); porque así como hemos de aferrarnos a la fe auténtica, hemos también de profesarla.

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Benjamin Keach (1640-1704): Predicador y autor bautista particular inglés y defensor ardiente de los principios bautistas, aún contra Richard Baxter. A menudo en prisión y en peligro por predicar el evangelio, fue el primero en incluir el canto de himnos en el culto de las congregaciones inglesas. Nació en Stokeham, Buckinghamshire, Inglaterra.

Teología Práctica

Reseña 7

Es algo común en la actualidad que la gente cuestione la importancia de estudiar teología. Algunos cristianos afirman que ellos solo quieren escuchar sermones prácticos, no sermones que enseñan teología. Otros afirman que la teología divide, de modo que concluyen en que toda la teología es perjudicial.

La teología cristiana es el conjunto de creencias del cristianismo, las cuales están basadas fundamentalmente en la Biblia. Para los cristianos, tales creencias son consideradas «verdades fundamentales».

Dentro de esta teología se encuentra también la teología sistemática, la teología bíblica, la “teología práctica” y la teología histórica. Este libro trata acerca de la “teología práctica”.

Partiendo de esta definición, el libro que nos ocupa aporta desde sus comienzos que la teología cristiana es uno de los campos de estudio mas emocionantes y estimulantes, rico en recursos para la vida de fe y el servicio de la iglesia. Este libro es una defensa del lugar de la teología en la vida cristiana, y también como un ruego a que la iglesia cristiana tome en serio el ámbito de la mente, sobre todo a la luz de los debates públicos contemporáneos

Por “teología práctica”, el autor Alister McGrath se refiere a los temas básicos que han caracterizado la visión cristiana a lo largo de los siglos, investigando la forma en la que la gran tradición de reflexión teológica cristiana enriquece nuestra fe y hace más profunda nuestra involucración en las preocupaciones y los debates del mundo que nos rodea.

La primera parte del libro habla del propósito, lugar y relevancia de la teología cristiana: ¿Cómo transforma la teología el modo en el que vemos las cosas? ¿Cómo podemos enfrentarnos a las cuestiones teológicas que nos desconciertan? ¿La fe cristiana tiene algo que decir sobre cómo acercarnos al mundo natural? ¿Qué relación hay entre la teología y la apologética?

La segunda parte se centra en cómo interactuar con la cultura y sus preocupaciones, sin dejar a un lado el revuelo que está causando el nuevo ateísmo. Por eso habla de la relación entre las ciencias naturales y la fe, y examina de forma minuciosa y crítica los argumentos de los nuevos ateos, incluyendo su campaña sobre la necesidad de una “nueva Ilustración”.

En resumen, este libro nos ayuda a ver que para cultivar una vida cristiana fructífera es imprescindible cultivar la mente con la que Dios nos ha dotado. Sin duda con la publicación de este texto, Editorial Andamio consigue un nuevo acierto a la hora de armar al cristiano con herramientas prácticas, útiles y necesarias.

ÍNDICE

Parte 1
EL PROPÓSITO, LUGAR Y RELEVANCIA DE LA TEOLOGÍA CRISTIANA
1 Teología práctica: el paisaje de la fe (1)
2 Teología práctica: el paisaje de la fe (2)
3 El evangelio y la transformación de la realidad: El elixir de George Herbert
4 La cruz, el sufrimiento y la perplejidad teológica: reflexiones sobre Martín Lutero y      C. S. Lewis
5 El teatro de la gloria de Dios: una visión cristiana de la naturaleza
6 El tapiz de la fe: teología y apologética

Parte 2
INTERACTUANDO CON NUESTRA CULTURA
7 Las ciencias naturales: ¿amigas o enemigas de la fe?
8 Fe científica y religiosa: el caso de El origen de las especies de Charles Darwin
9 Agustín de Hipona sobre creación y evolución
10 ¿La religión lo envenena todo? El nuevo ateísmo y la creencia religiosa
11 Ateísmo y la Ilustración: reflexiones sobre las raíces intelectuales del nuevo ateísmo

Sobre el autor:

Alister McGrath (Belfast, Irlanda del Norte, 1953), biofísico y teólogo, es profesor de Teología histórica en la Universidad de Oxford.​ Estudió en las Universidades de Oxford —donde obtuvo tres doctorados, en Biofísica molecular, en Teología, Letras y sirvió en una parroquia en Nottingham antes de unirse al personal de Wycliffe Hall. Es uno de los más leídos e influyentes escritores cristianos en el mundo, y viaja extensamente para hablar en conferencias y misiones.

Su reciente trilogía A Scientific Theology (2001-3) ha sido aclamada como una de las más importantes obras de teología sistemática de los últimos años. McGrath tiene un interés especial por el ateísmo, sobre todo desde la publicación de su libro Dawkins’ God: Genes, Memes and the Meaning of Life. Enseña en los ámbitos de la teología sistemática, la ciencia y la religión, la espiritualidad y la apologética. Fue elegido miembro de la Royal Society of Arts en 2005. En 2009 pronunció las Gifford Lectures en la Universidad de Aberdeen.

Puedes solicitar tus ejemplares en el siguiente link:  http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=671&controller=product

Puedes saber más de este libro en este video:

 

El Príncipe de Paz

Blog77

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Una gran bendición que Cristo en su testamento ha legado a sus verdaderos seguidores es su paz.

Aquí hay dos cosas que yo observaría particularmente

Que Cristo ha legado a los creyentes verdadera paz, y que la paz que les ha dado es su paz. Nuestro Señor Jesucristo ha legado verdadera paz y consuelo a sus seguidores. Cristo es llamado Príncipe de paz (Isaías 9:6). Y cuando nació en este mundo, los ángeles en esa feliz y maravillosa ocasión cantaron, Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra. Porque de esa paz que Él procurará y legará a los hijos de los hombres es especialmente el beneficio del que habla el texto. Este Cristo ha provisto para sus seguidores, y ha puesto fundamentos para poder disfrutar de ello, en esto Él ha procurado para ellos las otras dos cosas: Paz con Dios y paz los unos con los otros. Él ha provisto para ellos paz y reconciliación con Dios y su favor y amistad, en esto se satisfizo por sus pecados y estableció fundamentos para la perfecta eliminación de la culpa del pecado, y el perdón de todas sus transgresiones, alcanzó para a ellos una perfecta y gloriosa justicia aceptable ante Dios y suficiente para recomendarles para la aceptación completa de Dios, para la adopción como hijos y para los eternos frutos de su paternal favor.


Jonathan Edwards (5 de octubre de 1703-22 de marzo de 1758) fue un teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativoamericanos durante la época colonial. Es conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos protestantes en la historia de los Estados Unidos. Su obra tiene un alcance muy amplio, pero suele ser a menudo asociada con su defensa de la teología calvinista y el patrimonio puritano.

Dios cumplirá su palabra

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“Dios no es hombre, para que mienta” (Núm. 23:19).

ASI NO hay peor cosa que manifieste con más fuerza la depravación de nuestra naturaleza que esa propensión a mentir que percibimos en los niños en cuanto empiezan a hablar. Cuando los hombres ya han desarrollado su razonamiento, con demasiada frecuencia se desvían de la verdad, a veces por olvido, a veces por un cambio de sentimiento o de manera de pensar y a veces por su incapacidad de cumplir su palabra. Por lo tanto, es característico del hombre mentir: y todos somos tan sensibles a esto, que en cuestiones muy importantes exigimos de los hombres un juramento que confirme su palabra, y hacemos con ellos acuerdos por escrito, que somos cuidadosos en que sean correctamente avalados. Ahora bien, tenemos la tendencia de “pensar que Dios es alguien como nosotros”, y que podemos convencerlo de que “cambie la palabra que ha salido de su boca”. Resulta evidente que Balac tenía este concepto de él y procuró con muchos y repetidos sacrificios desviarlo de su propósito. Pero Balaam fue inspirado a declarar la vanidad de semejante esperanza, y de confirmar por medio de una
comparación muy humillante la inmutabilidad de Jehová.

Para demostrar el significado completo de sus palabras, observamos que:

I. Algunos piensan que Dios miente. Dios nos ha dicho en fuertes y repetidas declaraciones que “tenemos que nacer de nuevo”: pero esto no lo creen para nada:

1. Los profanos
Se convencen a sí mismos que la severidad en la religión que implica el nuevo nacimiento no es necesario; y que irán al cielo a su manera.
2. Los farisaicos
Consideran la regeneración como un sueño de devotos débiles; y se quedan satisfechos con “la forma externa de piedad” sin experimentar “el poder de ella”.
3. Los eruditos hipócritas de la religión
Estos, habiendo cambiado su credo junto con su conducta exterior, se creen cristianos, a pesar de que su fe no “vence al mundo”, ni “obra por amor”, ni “purifica sus corazones”.
No cabe duda de que todas estas personas creen que Dios puede mentir: porque si realmente creyeran que “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”antes de poder entrar en el reino de Dios, se preocuparían por saber si tal cambio ha ocurrido en ellos; no estarían tranquilos hasta tener una evidencia bíblica de que realmente son “nuevas criaturas en Cristo Jesús”. Pero como esto no es de ninguna manera el caso de ellos; es evidente que “no creen el registro de Dios” y, en consecuencia, por más dura que parezca la expresión, “hacen de Dios un mentiroso”. Mientras que algunos no vacilan en tener estos deshonrosos pensamientos acerca de Dios,

II. Otros temen que pueda mentir. Esto es común entre las personas:

1. Bajo convicción de pecado
Cuando los hombres están profundamente convencidos de pecado, les resulta muy difícil descansar simplemente en las promesas del evangelio. Dios promete no echar fuera a nadie que acuda a él por medio de Cristo Jesús; de lavarles los pecados más negros y de
colmarlos de todas las bendiciones de la salvación gratuitamente “sin dinero y sin precio”. Ahora bien, esto parece demasiado bueno como para ser verdad: no pueden concebir cómo Dios pueda “justificar al impío” y, por lo tanto, se esfuerzan por llegar a ser píos primero, a fin de ser justificados: y si no pueden acercarse primero con algún pago en sus manos, se quedan atrás, y caen en temores desalentadores.
2. Bajo tentación o deserción
Dios ha declarado que “no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. Pero cuando se enfrentan con la tentación, es probable que digan, como David; “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl” (1 Sam. 27:1). No ven modo de escapar y, por lo tanto, temen que la próxima ola los vencerá totalmente.
Si Dios en estas ocasiones esconde su rostro, concluyen que “no hay esperanza”, piensan que “su misericordia ha desaparecido para siempre, su bondad ha terminado para siempre”, pero en realidad Dios con tanta frecuencia y tan expresamente ha declarado que “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).
Ahora bien, esta personas, a diferencia de los impíos, no piensan a conciencia que Dios puede mentir; pero tienen temores nacidos de la duda de que acaso sí mienta: y que así piensan es obvio porque, de lo contrario, creerían lo que Dios dice: “confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios” (Isa. 50:10).
Así es generalmente la veracidad de Aquél que es la verdad misma, que no puede ser cuestionada ni negada:

III. Dios no miente ni puede mentir. Es inexpresablemente humillante que los pastores se vean forzados a vindicar la veracidad de Dios. Pero en vista de que él mismo ha
considerado apropiado hacerlo en los oráculos sagrados, y como la falta de fe de los hombres es tan profunda, es necesario que procedemos a demostrar que:

1. Dios no miente
Primero, escuchemos los testimonios de los que lo pusieron a prueba. ¿Ha habido alguien con más oportunidad de probar su fidelidad que Moisés, Josué y Samuel? Todos ellos dan testimonio de la manera más solemne de que nunca fueron engañados en nada, ni de que jamás lo serían (Deut. 32:4; Jos. 23:14; 1 Sam. 15:29).
Segundo, prestemos atención a las propias afirmaciones y apelaciones de Dios (Isa. 5:4; 49:19). ¿Acaso se aventuraría a hablar con tanta fuerza para defenderse a sí mismo si sus criaturas pudieran confirmar sus acusaciones en su contra? Amenazó castigar a los
ángeles si desobedecían; pronunció una maldición sobre Adán si comía del árbol prohibido; amenazó destruir todo el mundo con un diluvio; y de destruir a Sodoma y Gomorra con fuego y azufre y de dispersar sobre la faz de la tierra a los que una vez fueron su pueblo escogido. Considere ahora si no cumplió con alguna de estas
amenazas. También prometió que enviaría a su único y amado Hijo a morir por los pecados; y de hacerlo grande entre los gentiles mientras que su propia nación lo rechazaba casi universalmente. ¿Acaso ha sido olvidada cualquiera de estas promesas? O, si tales promesas y amenazas han sido cumplidas, ¿hay alguna razón para dudar de
alguna otra parte que todavía tiene que cumplirse? ¿Acaso no son sus acciones del pasado pruebas y votos de lo que realizará en el futuro? (2 Ped. 2:4-9; Judas 7).
2. No puede mentir
La verdad es tan esencial a la naturaleza divina como lo son la bondad, la sabiduría, el poder o cualquier otro atributo; así que puede tan fácilmente dejar de ser bueno, o sabio o poderoso, como puede dejar que “ni una jota ni un tilde perezca de la ley”. Si pudiera
despojarse por un momento de la verdad, dejaría de merecer toda la confianza o el afecto. Si uno dice de alguien: “Es grande, y sabio, y generoso, pero no se puede depender de su palabra”, ¿no sería considerado en general como una persona despreciable? ¿Cómo
entonces, sería degradado Jehová si se le pudiera imputar semejante debilidad?
Parece que San Pablo fue particularmente cuidadoso en prevenirnos contra tener la duda aun más pequeña acerca de la veracidad divina; porque abunda en expresiones que declaran su perfección. Dice: “Dios… no puede mentir” (Tito 1:2) y también “no
se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13) y luego en términos más contundentes: “Es imposible que Dios mienta” (He. 6:18). Ni se piense que esto le quitaría poder a Dios: porque poder mentir sería una debilidad en lugar de una perfección: y así como es una
vergüenza que el hombre esté propenso a violar su palabra, es honroso para Dios el hecho de que no mienta ni pueda mentir.

IV. Aplicación

1. ¡Cuán vanas son las expectativas de los inconversos!
Los hombres, cualquiera sea su estado, se convencen a sí mismos de que serán felices cuando mueran. ¡Pero qué ilusa es esa esperanza que se basa en la expectativa de que Dios resultará ser mentiroso! ¿Quiénes somos nosotros (por así decir) para que Dios deje de ser Dios a causa de nosotros? ¿Y qué seguridad podríamos tener si nos admitiera al cielo en oposición directa a su propia palabra? ¿Acaso no podría volver a cambiar su palabra y arrojarnos al infierno al final? Ciertamente el cielo no sería cielo si estuviéramos en una condición tan precaria. Dejemos a un lado tales esperanzas ilusas. Aprendamos a temblar ante la palabra Dios; y procuremos conseguir ese cambio
total tanto del corazón como de la vida, a los cuales están anexadas las promesas de salvación.
2. ¡Cuán infundados son los temores de los convertidos!
Existe un temor o celo santo que es de alta estima para todos, por más eminentes y maduros que sean. Pero hay un temor atormentador y servil que brota de la falta de fe, que retrasa grandemente nuestro progreso en la vida divina. Nos preguntamos: ¿Este temor surge de una aprehensión de nuestra propia falta de fe o de la de Dios? Si lo
que dudamos es la fidelidad de Dios, sepamos que son “sin arrepentimiento las mercedes y la vocación de Dios” (Rom. 11:29) y que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Pero si desconfiamos de nuestra propia
fidelidad, reflexionemos de quién depende nuestra fidelidad: si dependemos totalmente de nosotros mismos, ¿quién entre nosotros será salvo? Gracias sean dadas a Dios, pues el que ha sido el autor de nuestra fe, se ha comprometido a consumarla; (He. 12:2) y ha
prometido no sólo que no se alejará de nosotros, sino que pondrá su temor en nuestros corazones a fin de que no nos alejemos de él (Jer. 32:39, 40). Entonces afirmemos que “Dios es verdadero” (Juan 3:33).

Consagrémonos a él en quien hemos creído, y tengamos por seguro de que si permanecemos sobre el fundamento de su palabra, estamos inquebrantablemente seguros (2 Tim. 2:19).

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Charles Simeon (1759-1836): predicador y escritor evangélico anglicano que tuvo una influencia duradera sobre el pensamiento evangélico británico; la experiencia angustiosa de su conversión le impresionó para siempre con el poder de la Cruz. Predicó teniendo tres propósitos: “humillar al pecador, exaltar al Salvador, promover la santidad”. Nació en Reading, Inglaterra.

Dios el Padre, Dios el Hijo

Reseña 6

El libro que nos ocupa en esta ocasión, es el primer tomo de una trilogía, que se han convertido en obras indispensables para cualquier biblioteca Sana que se precie de serlo (biblioteca y Sana) así, de esta manera, se transforma en  un material de estudio y consulta  inigualable a la vez que un placer para los sentidos y el conocimiento su lectura y discernimiento.

Nos cuentan los editores de la dificultad que supuso su creación, debido a que estas conferencias en las que se basa el texto fueron impartidas en los primeros tiempos de las grabaciones en cinta, por lo que en algunas ocasiones hay palabras difíciles de descifrar, aparte de que algunas de las cintas se han perdido. Además, solo se tomaron notas taquigráficas de muy contadas conferencias, por lo que en uno o dos casos no contaban ni con la cinta ni con el manuscrito. Por fortuna nos siguen relatando los editores, el Doctor conservaba sus muy extensas notas de todas las conferencias, de modo que las han empleado. Es una lástima que durante muchos años la editorial encargada de la publicación de estos textos nos hallan restado bendición al no publicar estos libros que tanto esfuerzo les costó dar forma en un principio, anteponiendo otros textos no de menos calidad, pero sin duda, si menos relevancia para el seno histórico y reformado. Echamos de menos igualmente tras tanto tiempo sin ser publicadas, el que no apareciera una nueva edición revisada y actualizada trás siete años en el armario desde la última edición.

Estas exposiciones doctrinales magistrales, fueron realizadas entre los años 1952 a 1955 convirtiendose en regulares debido al aprecio de las grandes congregaciones que los escucharon y, años después, mucho han dado testimonio de la forma en que sus vidas cristianas resultaron fortalecidas por ellos. Libros de gran fuerza en sus estudios doctrinales sin ser áridas conferencias debido a que no fueron concebidas en forma de libro de texto. El doctor Lloyd-Jones por encima de todo era un predicador, y eso sale a relucir en todos ellos. Fue también un pastor, y quería que los hombres y las mujeres compartieran su sentimiento de asombro y gratitud hacia Dios por los poderosos hechos del Evangelio, de modo que su lenguaje es claro y no está cargado de una compleja terminología académica. Quería que la verdad estuviera en palabras “comprendidas por la gente”. Además, no quería que la enseñanza permaneciera solo en la cabeza, por lo que en cada conferencia hay una aplicación para asegurar que el corazón también resulte tocado. En cada uno de los tres libros encontramos las verdades fundamentales y esenciales de la Palabra de Dios.

Se divide este primer libro en los siguientes capítulos:
1 Mi propósito y método
2 La revelación
3 La autoridad de la Biblia
4 Cómo encontramos las doctrinas
5 La existencia y el ser de Dios
6 Los atributos de la personalidad absoluta de Dios
7 Los atributos morales de Dios
8 Los nombres de Dios y la Santísima Trinidad
9 Los decretos eternos de Dios
10 Los ángeles buenos
11 El diablo y los ángeles caídos
12 La creación del mundo
13 La providencia
14 La creación del hombre
15 La imagen divina en el hombre
16 La Caída
17 La posteridad de Adán y el pecado original
18 La contaminación original
19 La redención: el plan eterno de Dios
20 El pacto de gracia en el Antiguo Testamento
21 El pacto de gracia en el Nuevo Testamento
22 El Señor Jesucristo
23 La encarnación
24 Evidencias de la deidad y humanidad de Cristo
25 El Dios-hombre: la doctrina
26 Cristo el Profeta
27 Cristo el Sacerdote
28 La expiación
29 La sustitución
30 La necesidad de la expiación
31 Cristo el Vencedor
32 Las bendiciones del nuevo pacto
33 Cristo el Rey

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

La revelación

Quizá nos vendría bien tener en mente las palabras que encontramos en Hechos 14:15–17:

Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.

Ahora bien, cualquier consideración de las doctrinas bíblicas, y de la doctrina cristiana en general, obviamente, en última instancia, está centrada en esta gran pregunta: ¿Cómo podemos conocer a Dios? El clamor está ahí en el corazón humano, como lo expresa Job tan acertadamente: “¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!”. Damos por supuesto lo que muchas veces se ha señalado: que en toda la raza humana encontramos lo que se podría describir como un “sentimiento de Dios”. Muchos dicen que no creen en Dios, pero, al decirlo, deben luchar contra algo fundamental e innato en ellos que les dice que Dios existe, que tienen una relación con Él y que, de una forma u otra, deben enfrentarse a Él, aun cuando ese enfrentamiento consista en negarle por completo. Aquí, por tanto, hay algo básico en la naturaleza del ser humano, y fundamental en toda la raza humana. Y este sentimiento de Dios, esta sensación de Dios, es algo que o bien bendice a los hombre y mujeres o bien los atormenta. Y todo el mundo debe encararlo.

Aquellos a los que esto les preocupa, y que desean encontrar a Dios y conocerle, se encuentran con dos maneras posibles de hacerlo. La primera, y la que nos viene instintivamente debido a nuestra naturaleza caída, es creer que nosotros, por nuestra propia búsqueda y esfuerzos, podemos encontrar a Dios; y desde el principio de la Historia, los hombres y las mujeres se han dedicado a esta búsqueda. Lo han hecho por medio de dos métodos principalmente. Uno es seguir esa especie de sensación instintiva o intuitiva que tenemos, y eso se manifiesta de varias maneras. A veces la gente habla de una “luz interior”, y dicen que lo único que hay que hacer es seguir esa luz adonde nos conduce.

Ese es el camino de los místicos y otros más. Dicen: “Si quieres conocer a Dios, lo mejor que puedes hacer es sumergirte en ti mismo, dentro de todos hay una luz que finalmente conduce a Dios. No te hace falta ningún conocimiento”. “No necesitas más que someter tus fuerzas y tu ser a esta luz y su guía”. Ese método intuitivo es algo que a todos nos resulta familiar. Se manifiesta de muchas maneras, y está presente en muchas de las sectas del mundo moderno.

El otro método que se ha adoptado ha sido el que se basa en la razón, la sabiduría y el conocimiento. La gente, por ejemplo, puede empezar por la naturaleza y la creación, y razonar a partir de eso. Sostienen que, como resultado de ese proceso, pueden llegar al conocimiento de Dios. Otros dicen que mirando a la Historia, y razonando sobre su desarrollo, pueden llegar a creer en Dios. Y aún hay otros que dicen que el camino para llegar a Dios se reduce a un proceso de razón pura. Dicen que si nos ponemos a razonar verdadera y correctamente, debemos llegar por fuerza a creer en Dios. Recordemos que está ilustrado por el argumento moral: puesto que en este mundo soy consciente de un bueno y un mejor morales, eso supone que debe de haber un óptimo en algún sitio. ¿Pero dónde está? No lo encuentro en este mundo; por tanto, debe de estar fuera de él, y la creencia es que eso es Dios.

Por otra parte, no quiero adentrarme en esos asuntos. Simplemente te estoy recordando que esas son las formas en las que muchas personas piensan que pueden encontrar a Dios y llegar a un conocimiento de Él. Pero la respuesta cristiana es que ese método está inevitablemente condenado al fracaso. El apóstol Pablo lo expresa en estas palabras memorables: “El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:21); y es significativo que lo dijera a los corintios, que eran griegos y que, por tanto, estaban familiarizados con las enseñanzas filosóficas. Pero a pesar de que Pablo dijera eso, la gente aún confía en las ideas y los razonamientos humanos para encontrar a Dios.

Me parece que éste no es un asunto sobre el que se pueda discutir, porque simplemente es una cuestión de hechos, y el hecho es que uno no puede llegar al conocimiento de Dios siguiendo esa dirección por dos razones muy obvias. La primera es (como esperamos ver más adelante al tomar en consideración estas doctrinas en particular) la naturaleza de Dios mismo: su infinitud, su carácter absoluto y su completa santidad. Todo en Él y sobre Él hace imposible tener un conocimiento de Dios en términos de razón o intuición.

Pero cuando a eso se le añade la segunda razón, que es el carácter y la naturaleza de los hombres y las mujeres en su estado pecaminoso, la cosa se vuelve doblemente imposible. La mente humana es demasiado pequeña para abarcar o aprehender a Dios y comprenderle. Y cuando llegamos a la comprensión de que, a causa de la Caída, todas nuestras facultades se ven afectadas por el pecado y la enemistad natural, entonces, de nuevo, un conocimiento de Dios por medio del esfuerzo humano se torna completamente imposible.

Ahora bien, la Biblia siempre ha empezado por eso y, sin embargo, las personas en su necedad aún intentan emplear estos desgastados métodos que ya han probado ser un fracaso. Debemos, pues, empezar por asentar este postulado: nuestra única esperanza de conocer a Dios verdaderamente es que Él en su gracia se complazca en revelarse a nosotros, y la enseñanza cristiana es que Dios lo ha hecho. Está claro, pues, que la primera doctrina que habremos de considerar juntos es la doctrina bíblica de la revelación. No puedo llegar a Dios sin ayuda, por medio de mis propios esfuerzos. Dependo de que Dios se revele a sí mismo. La pregunta es: “¿Lo ha hecho?”. La respuesta: “Sí, lo ha hecho”, y la Biblia nos habla de ello………..

Puedes saber más del libro viendo el siguiente video:

Puedes comprar este libro siguiendo el siguiente enlace:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=626&controller=product&search_query=Lloyd-Jones&results=37

 

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 2

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6. Sentirse satisfechos con la verdad de la fidelidad de Dios es de gran importancia para los creyentes. En parte porque la fidelidad de nosotros a Dios recibe mucho aliento de la fidelidad de él para con nosotros. Los que no confían en Dios no pueden serle fieles por
mucho tiempo: (He. 3:12) “Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”; y (Stg. 1:8) “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”; uno que no se aferra firmemente a Dios y siempre vacila, estando dividido entre esperanzas y temores con respecto a si es aceptado por Dios. El cristiano indeciso está dividido entre Dios y algún otro camino ilícito “por si acaso”, dividido entre los caminos de Dios y los propios, y no puede depender silenciosamente de sus promesas, sino que es llevado de un lado para otro, no se pone enteramente en las manos de Dios, sino que se apoya en su propia seguridad carnal. Y en parte porque Dios es invisible, él trata con nosotros por medio de representantes, por medio de mensajeros quienes nos traen la palabra. No vemos a Dios en persona: (He. 13:7) “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta”, su manera de vivir, su perseverancia hasta la muerte en esta fe y esperanza, y en parte porque las promesas son futuras, y las principales se cumplirán en otro mundo. Ahora nada nos sostendrá sino la fidelidad de Dios: (Prov. 11:18) “El impío hace obra falsa: mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme”. Los hombres se creen felices en su pecado, pero al final son engañados; pero nadie que confía en el Dios vivo y verdadero puede ser engañado. En parte porque muchas de las promesas contradicen la lógica; como cuando el alma está llena de angustia por la culpa del pecado: (1 Juan 1:9) “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. Y el poder del pecado: (1 Tes. 5:24) “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. Sostenidos en grandes aflicciones; (1 Cor. 10:13) “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. A fin de que podamos resistir en el juicio: (1 Cor. 1:9) “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. He aquí la gran seguridad y el puntal del cristiano. La fidelidad de Dios, de la cual testifican cristianos de ahora y de todas las épocas, confesando que han descubierto por su experiencia que la palabra de Dios es cierta, nos han transmitido la religión por medio de su consentimiento constante; y nos la han dejado sellada por la fidelidad de Dios; y por lo tanto debemos perseverar en nuestro deber para con Dios.

II. Manifestado por un emblema
Hemos de considerarlo, porque es una ayuda para frecuente meditación, y porque siempre lo tenemos delante de los ojos; y no tienen excusa los que no ven a Dios en esto; cada vez que pisamos el suelo podemos recordar la estabilidad de las promesas de Dios.

 

Y es también una confirmación de fe, en esta forma:
1. La estabilidad de la tierra es el efecto de la palabra de Dios, éste es el verdadero pilar sobre el que permanece la tierra; porque sustenta “todas las cosas con la palabra de su potencia”, (He. 1:3; Sal.33:9): “Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió”. Ahora bien, su palabra poderosa nos ayuda a depender de su palabra de promesa.
Dios, quien hace lo que le place, nunca falla en lo que promete. Vemos claramente que cualquier cosa que permanece por la voluntad y palabra de Dios, no puede ser desbaratada. ¿Cómo fue? ¿Cómo fue que este mundo llegó a ser? Es la obra y el producto de ese Dios cuya palabra y promesa tenemos en las Escrituras. Ciertamente el poder de
este Dios no puede fallar, a él le es tan fácil hacer como decir.

Thomas Manton 5

2. Pareciera que el globo con su tierra y agua no tiene en qué apoyarse y descansar; (Job 26:7) “Extiende el alquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada”. Ahora bien, que este cuerpo vasto y voluminoso se esté apoyando sobre el aire inestable como si estuviera
sobre un fundamento firme es algo que maravilla. En el libro de Job, capítulo 38:6 aparece esta pregunta: “¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” Pero firme está, aunque está suspendido como una pelota en el aire. El globo de la tierra está rodeado de regiones de aire y las esferas celestiales, y no tiene ningún
soporte para sostener un cuerpo tan pesado colgando en medio de una expansión tan inmensa; no obstante, Dios la ha colocado y establecido con tanta firmeza como si descansara sobre una base y un fundamento sólido; tan extraño es el lugar en que está que, siendo un cuerpo pesado, uno pensaría que caería en cualquier momento; pero
que, cuando nos lo imaginamos, debe, contrariamente a la naturaleza de tal cuerpo, caer para arriba, y por ende, no puede caer a su ruina pues cae al cielo. Ahora bien, así como su palabra sostiene tal peso, también todo el peso de la iglesia, y nuestra propia carga se apoyan en la promesa de Dios; él puede, por el poder de su palabra, hacer las cosas más grandiosas no por medios visibles; (Luc. 7:7) “Mas di la palabra, y mi siervo será sano”. Por lo tanto, su pueblo puede confiar en su providencia; él puede sostenerlos en cualquier aflicción, cuando aparentemente no hay ninguna ayuda y ningún alivio.

3. La firmeza y estabilidad ofrecen motivos de reflexión. La tierra permanece en la misma órbita y condición en que Dios la dejó, en tanto siga el presente orden natural: (Sal. 104:5) “Él fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida”. La verdad de Dios es tan inamovible como la tierra; (Sal. 117:2) “La verdad de Jehová es para
siempre”. Ciertamente, si el fundamento de la tierra permanece seguro, el fundamento de nuestra salvación en Jesucristo es mucho más seguro: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas”. (Mat. 5:18). Si la ley dada por Moisés es tan segura, mucho más lo son las promesas de salvación en Cristo: (2 Cor. 1:20) “Porque todas las promesas de Dios son en el Sí, y en el Amén”.

Versiculo 188

4. La estabilidad en medio de cambios: (Ecl. 1:4) “Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece”. Cuando el hombre muere, la tierra queda como habitación para otros, y permanece donde está cuando los habitantes van de un lado para otro, y ya no la pueden disfrutar. Todas las cosas en el mundo están sujetas a muchas revoluciones, pero la verdad de Dios es una y siempre es la misma. Las vicisitudes en el mundo no derogan su fidelidad a las promesas; él cambia todas las cosas, y él mismo no cambia. Aunque aparezcan cosas nuevas en el mundo, contamos con una regla segura para regirnos, y promesas seguras en las cuales apoyarnos. Y, por lo tanto, en cualquier condición, debemos ser siempre fieles hacia Dios, y no hay duda de que él será siempre fiel para con nosotros.

5. En el hecho de sostener el cuerpo del planeta, se pueden ver todos esos atributos que son puntal firme para el corazón del creyente, como ser: sabiduría, poder y bondad. Sabiduría: (Prov. 3:19) “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con
inteligencia”. Contémplelo, es la obra de un ser sabio. Lo mismo sucede con el poder: Esta gran estructura es sostenida por su poder supremo. Su bondad se nota en que hizo que la tierra fuera firme y seca, a fin de ser adecuada como hábitat de los hombres; este es un milagro permanente de bondad. Lutero dice que somos mantenidos, como lo fueron los israelitas, en el medio del Mar Rojo. El salmista nos dice; (Sal. 24:2) “Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos”. Esa parte del planeta en que vivimos sería súbitamente cubierta por las aguas si no fuera por la bondad de Dios, porque éste, el orden de la naturaleza ya se vio en el principio de la creación, (Gén. 1:7), que próximas al aire estaban las aguas que cubrían toda la superficie de la tierra. Pero Dios hizo cavidades en la tierra para recibir en ellas las aguas, y orillas tales que detienen y doman el vasto océano a fin de que no avance (Gén 1:9); y ahora por su providencia el agua está debajo de la tierra, y la tierra permanece tan firme sobre ese cuerpo inestable como si estuviera sobre un fundamento sólido; lo cual, siendo una obra sabía tan bien dispuesta,
es un efecto de la bondad de Dios para la preservación de la humanidad. Y aunque, en un tiempo, por los pecados del mundo, mandó que estas aguas se salieran de sus límites e inundaran la tierra, Dios ha prometido firmemente que eso nunca volvería a suceder; por lo cual su verdad es también verificada y aplicada al pacto de la gracia; (Isa. 54:9) “Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré”. El
pacto de gracia es un pacto tan seguro como él que hizo después del diluvio; por lo cual no podemos considerar a esta tierra más que como un emblema de aquellos atributos que confirman nuestra fe en confiar en Dios hasta que sus promesas se nos cumplan.

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III. Aplicación
Estemos, entonces más firmemente persuadidos de la fidelidad de Dios a fin de poder depender de que preservará tanto a la iglesia como a nosotros, en el camino que debemos seguir, hasta que disfrutemos de nuestra recompensa final.

1. Para preservación del reino de Cristo, la fidelidad de Dios se manifiesta principalmente en el gobierno de su iglesia o del reino espiritual, y éste es un reino que no puede ser conmovido aunque todo lo demás sea sacudido: (He. 12:28) “Así que, tomando el reino inmóvil”. Cristo no puede ser una cabeza sin miembros, ni rey sin
súbditos. Y la palabra nos dice: (Mat. 16:18) “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Suceden muchos desórdenes, pero dependamos de la fidelidad de Dios. El mundo estaba bien dirigido antes de que nosotros hiciéramos nuestra entrada, y otras
generaciones han tenido la experiencia de la fidelidad de Dios, aunque nos quejamos de que no vemos señales para nosotros ni ninguna muestra para bien.

2. Para la preservación de nuestros cuerpos en el reino celestial. Tenemos muchos desalientos adentro y afuera, pero mientras perseveremos en nuestro deber, Dios no nos fallará; su palabra es tan segura como la tierra: (2 Tes. 3:3) “Mas fiel es el Señor, que os
confirmará y guardará del mal”. Dios ha prometido no sólo darnos nuestra recompensa final, sino también asegurar y defender a su pueblo en el camino, a fin de que no sean vencidos por las maldades que encuentran en su peregrinaje.

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Thomas Manton (1620-1677): predicador puritano inconformista. Graduado de Oxford, predicó hasta que se lo prohibió el Acto de Uniformidad de1622. Desde 1662 hasta 1670 predicaba en su propia casa, pero finalmente fue arrestado y encarcelado por seis meses. Después fue el predicador de los comerciantes de Londres en Pinners’ Hall. James Ussher lo llamó “uno de los mejores predicadores en Inglaterra”. Fue nombrado como uno de los tres empleados administrativos en la Asamblea de Westminster. Nació en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 1

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Por generación y generación es tu verdad; tú afirmaste la tierra, y persevera

(Salmo 119:90).

ESTAS PALABRAS contienen una verdad que es:

(1.) Confirmada por la experiencia; (2.) Representada por un emblema apropiado y vivo “Tú afirmaste la tierra, y persevera”. Antes había dicho: “Permanece tu palabra en los cielos”. Ahora habla de ella manifestada en la tierra. Allí la constancia de las promesas de Dios es atestiguada por la duración y estabilidad de la moción de los cuerpos celestiales, ahora por la firmeza y lo inamovible de la tierra. La palabra poderosa y la providencia de Dios abarcan todo el mundo, esta parte más baja sobre la tierra al igual que la parte más alta de los cielos.

La doctrina: Que en todas las edades Dios siempre se ha manifestado como un Dios verdadero y fiel a todas sus promesas. Aquí, esto es confirmado por experiencia y manifestado por un emblema.

I. Confirmado por la experiencia
1. La fidelidad de Dios se relaciona con una promesa por la cual se ha comprometido con su pueblo: (He. 11:11) “Porque creyó ser fiel el que lo había prometido”. Es su merced hacer promesas, pero es su fidelidad y verdad las que las cumplen. Su verdad es  empeñada con cada criatura hasta su cumplimiento. “Otorgarás a Jacob la verdad, y
a Abraham la misericordia, que tú juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos” (Mic. 7:20).

2. Su verdad depende de su naturaleza inmutable, pero nos es confirmada por la experiencia. “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta” (He. 6:17, 18). Si podemos discernir que una promesa procede de Dios, no podemos tener más razón para dudarla que para dudar de la naturaleza y la persona de Dios. Sí, la experiencia lo
confirma: (Sal. 18:30) “Es acendrada la palabra de Jehová”. Somos guiados por cosas sensatas, y lo que ha sido hecho nos asegura lo que será hecho, o lo que podemos esperar de Dios.

3. Dios siempre ha sido cuidadoso de su verdad a fin de que la promesa tenga respuesta, y que podamos saber que el Dios que ha sido fiel y se ha mantenido en contacto con el mundo hasta ahora, nos asegura de que ciertamente no fallará. Los paganos atribuían una doble perfección a sus dioses. Así que el Dios verdadero es conocido por su misericordia y su fidelidad; nunca falla en cumplir su parte del pacto: (Sal. 138:2) “Alabaré tu nombre por tu misericordia y tu verdad; porque has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas”. Así como nos ha hecho promesas admirables y
grandes de dar a su Hijo, y con él todas las cosas, así también las cumplirá hasta lo sumo. El tema de su palabra es misericordia y bondad, y las pone en práctica verdadera y fielmente; así como ha hecho grandes y excelentes promesas, así también las cumple con la mayor puntualidad. Esto a fin de que al cumplir su palabra, Dios sea puesto sobre todo lo que se nombra, o cree, o comprende o habla. He aquí su gran gloria y excelencia.

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4. La experiencia de todas las generaciones confirma la fidelidad de Dios a sus promesas; porque el texto dice, “Por generación y generación es tu verdad.” En el Hebreo es, “de generación a generación”. Este punto puede ser ampliado considerando dos cosas:
Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra. Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas a los fieles de todas las épocas.

Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra, cuando la cuestión así lo requería; como, por ejemplo, la liberación de Israel de Egipto: (Gén. 15:13, 14) “Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será
peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.” Compare ahora Éxo. 12:41: “Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.” Se agregaron treinta años, debido a que sus padres moraron en Canaán; pero Dios se mantuvo en contacto hasta el último instante. Así fue también con la promesa del Mesías y el llamado a los gentiles que Dios cumplió a su tiempo enviando un Salvador al mundo; (Gál. 4:4) “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo.

Cuando el cetro le había sido quitado a Judá (Gén. 49:10), cuando la corona la tenía Herodes, un tributario y extranjero durante la monarquía romana, a su debido tiempo, Cristo lo destruyó totalmente (Dan. 2:35). Nabucodonosor tuvo una visión de una imagen hecha de cuatro metales distintos: la cabeza de oro, los brazos y pechos de plata, el vientre y sus muslos de bronce y los pies parte hierro y parte barro cocido. Mientras contemplaba la imagen y la revisaba de pies a cabeza, vio que una piedra era cortada de la montaña, sin intervención de manos, y que ésta hirió a la imagen, no en la cabeza,
el pecho o el vientre, sino en los pies de hierro y barro, lo cual desmenuzó la imagen, y la piedra se convirtió en una gran montaña que llenó toda la tierra. Daniel interpretó la visión diciendo que representaba cuatro reinos gentiles que su sucederían unos a otros
teniendo un extenso dominio. El primero de los babilonios, que era el de esa época; luego el de medos y persas; el tercero de los griegos; el cuarto de los romanos que conquistó a todos los demás apoderándose de las riquezas y la gloria de los anteriores; durante este último reinado es que la piedra fue cortada de la montaña, e hirió los pies de hierro. Esta piedra era el reino del Dios de los cielos, el cual estableció Cristo. Pero para no hacerla larga con misterios y lindos debates, el apóstol nos dice (Rom. 15:8-10): “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo.” La realidad, en todos
estos casos, habla por sí misma de manera que en todo lo que aún está por venir, debemos depender de la veracidad de Dios; como en el caso del llamado a los judíos, la destrucción del anticristo, una manifestación más amplia de los dones sobre la iglesia, junto con una ampliación de su límites; siguiendo el ejemplo de los patriarcas que
conforme a la fe murieron”: (He. 11:13) “sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas.

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Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas en los fieles de todas las épocas; existe sólo un mismo camino a la vida eterna , y las dispensaciones de Dios a cada generación siguen siendo las mismas; así que en cada generación las promesas de Dios todavía se cumplen como si hubieran sido dirigidas a esa época únicamente.
La fidelidad de Dios ha sido puesta a prueba de muchas maneras en muchas épocas, pero cada edad brinda ejemplos de la verdad de sus promesas. Desde el principio del mundo hasta el final, Dios está constantemente cumpliendo su palabra en su gobierno providencial, el cual es doble –externo o interno.

[1.] Externo, en la liberación de su pueblo, las respuestas a las oraciones y las múltiples bendiciones concedidas a los creyentes y su simiente (Sal. 22:4, 5): “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; esperaron en ti, y no se avergonzaron.” Los creyentes en épocas pasadas confiaban en Dios, y confiaban constantemente en medio de sus dificultades clamando a él, y nunca buscaron en vano a Dios lo cual debe confirmarnos que debemos esperar en Dios y depender de su misericordia y fidelidad; porque los que ponen toda su fe en Dios, y buscan su ayuda con sus oraciones constantes e inoportunas, nunca serán avergonzados.

[2.] Interno, en la conversión a Dios, el consuelo de su Espíritu, en el arraigamiento del alma en las esperanzas del evangelio, en lo que concierne al perdón de pecados y la vida eterna. Ciertamente Dios, quien ha bendecido su palabra a través de muchas generaciones, convirtiendo y reconfortando a muchas almas, nos muestra que podemos depender del pacto de perdón y vida eterna. ¡Cuántos han encontrado consuelo en la promesa! Ahora bien, así como el apóstol habla de Abraham: “y no solamente por él fue escrito… sino también por nosotros;” (Rom. 4:23, 24), así también estos consuelos no fueron dispensados para ellos únicamente, sino también para nuestro beneficio a fin de que seamos reconfortados por Dios; teniendo el mismo Dios, el mismo Redentor, el mismo pacto y las mismas promesas, y el mismo Espíritu que lo aplica todo a nosotros. Si ellos confiaban en Dios y eran confortados, ¿por qué no nosotros? Su fidelidad es para todas las generaciones; él es igual con los creyentes, como ellos son iguales con él: (Rom. 3:22) “Porque no hay diferencia”.

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5. La experiencia de la fidelidad de Dios en épocas pasadas es provechosa para los que vienen después y triunfan, pues les asegura la fidelidad de Dios; porque las obras maravillosas y misericordiosas de Dios nunca fueron para beneficiar meramente a la época en que fueron hechas, sino también para beneficio de aquellos que tuvieran
noticias de ellas por cualquier medio digno de confianza. Es una burla y un desprecio vil de esas obras maravillosas que Dios ha realizado para que sean recordadas, que los que viven en épocas posteriores las olviden o no las observen o mejoren, sí, es contrario a
las Escrituras: (Sal 145:4) “Generación a generación narrará tus obras, y anunciarán tus valentías”; (Joel 1:3), “De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación”; (Jos. 4:6-8) “Para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del pacto de Jehová”. Por lo tanto (Sal. 78:3-7): “Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos; a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos”. De todo lo cual observo:

[1.] Que debemos contarles a las generaciones venideras lo que hemos descubierto acerca de Dios en nuestro tiempo, y más especialmente, los padres deben contarles a sus hijos; están obligados a transmitir este conocimiento a sus hijos, y ellos a ampliarlo, ya sea por palabra o por obra. Por palabra, recordando los pasajes que muestran sus actos providenciales, y publicando sus misericordias para la posteridad: (Sal. 89:1) “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca”. O por obras, haciendo que se apropien de una religión pura, confirmada a nosotros por tantos actos providenciales y demostraciones de la bondad y verdad de Dios.

[2.] Que esta información sobre las obras misericordiosas de Dios, y ser partícipes de su pacto, son medios especiales para edificación. ¿Por qué otra razón habría Dios de imponerlas, sino para que las generaciones siguientes se beneficiaran de ellas? Ciertamente es una ventaja para ellas oír cómo Dios se ha adueñado de nosotros por
medio de ordenanzas y actos providenciales.

[3.] Y observo más particularmente que esta tradición es una gran razón y ayuda para la fe; porque fue dicho: (Sal. 78:7) “A fin de que pongan en Dios su confianza”.

Fin de la primera parte de “La Fidelidad de Dios (de generación en generación)” un  texto de Thomas Manton (1620-1677).

 

Los cánticos de Jesús

Reseña 5

Si para terminar el año, nuestra última reseña era de un devocional anual, la primera no podía ser de otra manera, otro gran devocional. Cambian los autores pero continúa la inspiración de dos grandes y prolíficos autores (terminamos con Calvino y comenzamos con Keller, pasado, presente). Y es que Enero es el mes de las promesas, la mayoría perdidas en los próximos meses, ir al gimnasio, hacer ejercicio (sin gimnasio), hacer dieta (con o sin gimnasio). ¿Dedicarle un tiempo diario a Dios?, parece que la pregunta para algunos tiene una contestación obvia, ni aún tendría cabida hacerla, pero sí, se puede hacer.

Si reservas tu tiempo devocional para y con Dios, enhorabuena, es una actitud más que normal para todo aquel que se dice ser cristiano. Pero ¿si no lo tienes?, querido hermano, si no lo tienes, estas perdiendo un gran tesoro y una herramienta de bendición grandísima en tu día a día. Es como el soldado que marcha a la batalla sin preparación, ni con las armas adecuadas. En tu vida no puede faltar un altar diario.

Los cánticos de Jesús es el segundo libro conjunto del matrimonio Keller, después de su extraordinaria obra “El significado del matrimonio” (uno de los mejores libros sobre el tema del matrimonio). Se trata de un devocional que cubre los ciento cincuenta cánticos que componen el libro bíblico de los Salmos en exactamente un año, ¡una idea genial y muy lograda por los Keller!

El pastor Andrés Birch nos hablaba  hace un par de años sobre este libro, con sus propias palabras:

“Si necesitas algo para ayudarte a renovar tu relación con el Señor, ¡prueba Los cánticos de Jesús! ¡Déjame que te ayude a decidirte! Aquí van siete razones por las que te animo a adquirir y leer Los cánticos de Jesús:

1. Es un libro fiel a la Biblia y al evangelio Esto es algo fácil de dar por sentado, pero muy importante. Los Keller no ostentan su conocimiento teológico, pero todo lo que escriben tiene una sólida base bíblica y “evangélica” (del evangelio).

2. Es un libro lleno de Jesús Ya lo dice el título: Los cánticos de Jesús. Se trata de un juego de palabras: son “de Jesús” porque hablan de él (y no solo en los salmos mesiánicos como tales), pero también porque Jesús mismo los cantaría. Una y otra vez los Keller nos llevan a Jesús y a la gracia de Dios en él.

3. Es un libro sencillo pero a la vez profundo Es sencillo tanto en el formato como en el contenido. Cada lectura diaria consiste en el texto de un salmo o de parte de un salmo, un breve comentario sobre algo que sale en el salmo y una sencilla pero sentida oración. Pero ¡nada de superficialidad! Una de las cosas que más me ayudaron fue la luz que se arroja sobre los difíciles salmos imprecatorios.

4. Es un libro realista y honesto El realismo y la honestidad son virtudes a las que los Keller ya nos tienen acostumbrados. ¡Saben cómo somos los seres humanos! Rehúyen de todo lo que huela a fariseísmo o a falsa espiritualidad. Esto hace que el lector se reconozca en los Salmos y encuentre verdadera ayuda.

5. Es un libro devocional sin ser sentimental Como reza el subtítulo del libro, “Un devocional anual basado en el libro de los Salmos”. Es un devocional, pero no uno de esos devocionales sentimentaloides que tanto abundan. Pero los Keller nos ayudan a renovar nuestra devoción al Señor, mostrándonos el multiforme carácter de Dios y sobre todo su amor y su gracia para con nosotros, los pecadores, en el evangelio de Jesús que permea los salmos bíblicos.

6. Es un libro para calentar el corazón Lo que más buscamos en un devocional anual es algo un poco diferente, algo fresco, que nos salve de la rutina y que nos ayude a renovar nuestra relación con el Señor a través de su Palabra. Este libro lo hace con creces.

7. Es un libro para leer y para compartir Los cánticos de Jesús fue escrito por un equipo matrimonial, Timothy y Kathy Keller, quienes nos cuentan lo que les costó llegar al texto definitivo. Aunque yo no sé ni qué ni cuánto del libro aportó cada uno de ellos, me da la sensación de que la autoría conjunta del libro lo hace especialmente idóneo tanto para mujeres como para hombres y tanto para individuos como para matrimonios o incluso grupos.   Conclusión Podrás leer el texto bíblico, el comentario y la oración correspondientes a cualquier día del año en solo dos o tres minutos. Ahora, imagínate por un momento que decidieras dedicar cinco minutos más a “digerir” un poco más despacio los tres “platos” que componen “la dieta” de cada día. ¡Podría ser la revolución espiritual que tu corazón te está pidiendo!   (Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España. Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio).

Si todavía no tienes una vida devocional, este libro es una forma maravillosa de comenzar. Si ya has pasado tiempo en estudio y oración, comprender cada versículo de los Salmos te llevará a un nuevo nivel de intimidad con Dios, descubriendo tu propósito dentro del reino de Dios.

Puedes comprar tu ejemplar aquí: 

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=657&controller=product&live_configurator_token=03ddd557067e20d4cb4d7120e1b26dc7&id_shop=1&id_employee=1&theme=&theme_font=

Puedes ver y ampliar la información viendo el siguiente vídeo:  https://www.youtube.com/watch?v=NrLZ9eqaWIQ

 

El Verbo se hizo Carne

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“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” 1 Timoteo 3:16

El misterio es grande, no porque sea enigmático sino porque es asombroso. El misterio es la verdad extraordinaria que Dios fue manifestado en carne. Significa, por ejemplo, que el Eterno nació en un mundo donde hay tiempo, y vivió en una esfera de calendarios y relojes.

Aquel que es Omnipresente y capaz de estar en todos los lugares al mismo tiempo, se confinó a Sí mismo a un sólo lugar: Belén, Nazaret, Capernaúm o Jerusalén. Es maravilloso pensar que el Dios Grande, que llena el cielo y la tierra se comprimiera en un cuerpo humano.

Cuando los hombres lo miraban podían decir con precisión: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”. El misterio nos recuerda que el Creador visitó este insignificante planeta llamado Tierra. Siendo tan sólo una partícula de polvo cósmico, en comparación con el resto del universo, no obstante, pasó por alto el resto para llegar aquí. ¡Del palacio del cielo a un establo, a un pesebre!

El Omnipresente se convirtió en un indefenso Bebé. No es exagerado decir que Aquel a quien María sostenía en sus brazos también sostenía a María, porque Él es Sustentador así como el Hacedor.

El Omnisciente es la fuente de toda sabiduría y conocimiento y a pesar de esto, leemos acerca de Él que, siendo Niño, crecía en sabiduría y conocimiento. Es casi increible pensar que el Dueño de todo llegaba como alguien inoportuno a sus propias posesiones. No hubo lugar para Él en el mesón. El mundo no le conoció, los Suyos no le recibieron. El Amo llegó al mundo como un Siervo. El Señor de la vida vino al mundo a morir. El Santo se internó en una jungla de pecado. Aquel que es infinitamente alto llegó a ser intimamente cercano. El Objeto de la delicia del Padre y de la adoración angélica se encontró hambriento, sediento y cansado, junto al pozo de Jacob, durmió en una barca en Galilea y vagó “como un extranjero sin hogar en el mundo que Sus manos habían hecho”.

Vino del lujo a la pobreza, sin tener siquiera un lugar donde reclinar Su cabeza. Trabajó como carpintero. Jamás durmió en un colchón. Nunca tuvo agua corriente caliente y fría u otras comodidades que nosotros damos por sentado.

¡Y todo fue por ti y por mí! ¡Oh ven, adorémosle! En todo lugar y momento sin olvidar estos pensamientos en los próximos 365 días.

¡A Él, sea toda la Gloria, ahora y siempre!

Amén….

* Extraído del libro De día en día.

William MacDonald (7 de enero de 1917 – 25 de diciembre de 2007) fue presidente del Emmaus Bible College ,  profesor, teólogo de Plymouth Brethren y autor prolífico de más de 84 libros publicados.

El escondite de los santos en el día malo

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“Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Creador, haciendo bien.” (1 Pedro 4:19)

TRATARÉ AHORA ESE atributo de Dios que debe movernos a confiar en él, a saber que es un Creador fiel. Ahora bien, Dios es fiel: 1. En su naturaleza. Él es YO SOY, siempre él mismo, inmutable e invariable. 2. En su palabra. Se expresa tal como es. La palabra que procede de Dios es una expresión de la fidelidad de su naturaleza. 3. En sus obras. “Bueno eres tú, y bienhechor” como dice el salmista, (Sal. 119:68).

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Siendo Dios mismo fiel , también lo es todo lo que procede de él. Cualquier relación que asume Dios, es fiel a ella. Como es Creador, preserva y mantiene su propia obra. Como es
Padre, es fiel en cumplir plenamente ese deber para bien de sus hijos. Como es nuestro Amigo, también cumple todos los deberes de esa relación. ¿Y por qué otra razón se rebaja tan bajo para asumir estas relaciones sino para mostrar que ciertamente cumplirá con ellas totalmente? ¿Por qué es que los hombres son fieles a sus relaciones mutuas, que el padre es fiel a su hijo? ¿Acaso no viene de Dios, el Padre soberano? Que un amigo sea fiel a su amigo, ¿no es cosa de Dios, el gran Amigo?

Todos sus caminos son misericordia y verdad. No sólo son misericordiosos y buenos y generosos, sino que son misericordia y verdad mismas. Si él se muestra como un Padre, es un padre verdadero, un amigo verdadero, un creador y protector verdadero. Como ha dicho alguien: ‘¿Causaré que otros teman, y sea yo mismo un tirano?’ Toda otra fidelidad no es más que un vislumbre de lo que es Dios. ¿No ha de ser absolutamente fiel aquel que hace que otras cosas sean fieles?

Ahora bien, esta fidelidad de Dios es aquí una razón para esta obra de consagrarnos a él; y podemos confiar en él cuya palabra ha sido probada siete veces en el fuego (Sal. 12:6). No hay escoria en ella. Cada palabra de Dios es una palabra segura; su verdad es un escudo y un ceñidor; haremos bien en confiar en ella. Por lo tanto, cuando lee usted una promesa en particular en el Nuevo Testamento, dice “Palabra fiel…” (1 Tim. 1:15); es decir, ésta es una declaración en la que podemos confiar; es la declaración de un Creador fiel.  entonces, teniendo en cuenta que Dios es fiel en todo sentido a sus promesas y en sus actos, aprovechémosnos de una manera especial.

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Atesoremos todas las promesas que podemos relacionadas con el perdón de los pecados, de protección y preservación; de que nunca nos abandonará, sino que será nuestro Dios hasta la muerte, etc., y luego estemos seguros de que será fiel en cumplirlas. Cuando nos
sentimos atemorizados por su majestad y su justicia y otros atributos, pensemos en su misericordia y su verdad. Se ha vestido de fidelidad, como dice el salmista. En medio de la infidelidad de los hombres en quienes usted confía, dependa de esto: que Dios sigue siendo el mismo y nunca lo engañará.

Cuando un hombre nos da su palabra, tomamos en cuenta cómo es él, porque las palabras de los hombres son como ellos son. ¿Qué no puede hacer la palabra de un rey? Si un hombre es poderoso y grande, responde por su palabra. Ésta es la razón por la cual hemos de dar tanta importancia a la palabra de Dios, porque es la palabra de Jehová, un poderoso Creador, que da vida a todas las cosas, y no puede menos que ser Señor y Dueño de su palabra. No sabemos el significado de Dios de ninguna otra manera más que por medio de su palabra. Hasta que no lleguemos al conocimiento por vista en el cielo,
hemos de contentarnos con el conocimiento por la revelación en la palabra.

Y en cada promesa, identifique la que mejor se adapta a su condición actual. Si se encuentra en grandes dificultades, piense en el poder supremo de Dios. Señor, tú me formaste de la nada, y puedes librarme de este estado. He aquí, vuelo hacia ti para obtener sustento. Si se encuentra perplejo por falta de dirección, y no sabe qué hacer,
enfoque el atributo de la sabiduría de Dios, y anhele que le enseñe la senda que debe tomar. Si ha sufrido una injusticia, vuele a su justicia, y diga: Oh Dios, de quien es la venganza, escucha y ayuda a tu siervo. Si ha sido sorprendido por la desconfianza y vacilación, entonces acuda a su verdad y fidelidad. Siempre encontrará en Dios algo para
sostener su alma aun en la condición más extrema en que pueda caer; porque si no  hubiera en Dios una plenitud para suplir cada urgente necesidad en que nos  encontramos, no merecería ser adorado, no merecería que confiáramos en él. Puesto en balanza, el hombre es más liviano que la vanidad. Todo hombre es mentiroso, o sea que es falso. Nosotros podemos ser así, siendo humanos, pero Dios es esencialmente veraz.

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No puede engañar y a la vez ser Dios. Por lo tanto, cuando esté decepcionado de alguien, acuda a Dios y sus promesas, y edifique sobre esto: que el Señor no dejará que le falte nada que pueda hacerle a usted bien. Entre los hombres hay pactos rotos: entre nación y nación, y entre hombre y hombre. Casi no se puede confiar en nadie; pero para todas
las circunstancias confusas hay un consuelo. La persona religiosa puede echarse audázmente en los brazos del Todopoderoso, y acudir a él en cualquier dificultad, como el Creador fiel que no lo abandonará. Oh, avergoncémonos de deshonrar al que está listo para empeñar en nosotros su fidelidad y verdad. Si confesamos nuestros pecados,
Dios “es fiel… para que nos perdone” (1 Juan 1:9). No nos dejará ser tentados “más de lo que podéis llevar” (1 Cor. 10:13). Cuando nos llenamos de dudas y temores pensando si cumplirá o no sus promesas, deshonramos su Majestad. ¿Acaso no creemos que Dios
permanece verdadero y fiel? Sin lugar a dudas que así es y no podemos deshonrarlo más que si desconfiamos de él, especialmente en lo relativo a sus promesas evangélicas. Si no descansamos seguros en él, lo hacemos mentiroso, y le robamos aquello en lo cual él más se gloría, su misericordia y fidelidad.

Considere la bajeza de la naturaleza del hombre. Dios ha hecho fieles a todas las cosas que lo son, y podemos confiar en ellas; pero siempre andamos cuestionando la verdad de su promesa. Con razón podemos hacer nuestra la queja de Salvian en su época. Dijo: ‘¿Quién, sino Dios, ha hecho que pudiéramos confiar que la tierra diera su fruto? De hecho, podemos confiar en la tierra al sembrar nuestra semilla. ¿Quién, sino sólo Dios, hace fiel al hombre, que es por naturaleza la criatura más engañosa y vana? No obstante, confiamos en un hombre vano, usurero, y esperamos grandes cosas de su mano, antes que del Dios todo suficiente que no cambia. ¿Quién, sino Dios, hace que los mares y los vientos sean fieles, que no nos hagan daño? No obstante, antes confiamos en el viento y el tiempo que en Dios, al ver a muchos marineros en un barco pequeño, echar sus bienes en un océano inmenso para ser llevados de un lado a otro, en lugar de confiárselos a Dios.’

Sí, dejen a Satanás, por sus medios malévolos, llevar al hombre a los razonamientos que le convienen, porque el diablo no conversa inmediatamente con el mundo, sino con sus instrumentos, y el hombre confiará antes en él que en Dios. Nuestros corazones están
propensos a desconfiar del Todopoderoso, de poner su verdad en tela de juicio y de confiar en las mentiras de sus propios corazones y de otros hombres, antes que confiar en él. Lamentemos, pues, nuestra infidelidad, que teniendo tal Creador omnipotente y fiel en quien apoyarnos, no podemos hacer que nuestros corazones confíen en él.

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Hay dos columnas principales en la fe del cristiano: El poder de Dios y la bondad de Dios.
Estas dos, como Aarón y Hur, sostienen los brazos de nuestras oraciones. Por más desesperante que sea nuestra condición, Dios sigue siendo un Creador. Nunca son tan grandes nuestros pecados y debilidades, que no tenga él el poder para sanarlos. Oh, cómo debe esto alegrar nuestras almas, y reanimar nuestros espíritus caídos en todas nuestras luchas y conflictos con el pecado y Satanás, de tal manera que no cedamos a la más mínima tentación, teniendo un Dios todopoderoso al cual acudir para sustentarnos.

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Richard Sibbes (1577-1635): reconocido predicador de la Palabra de Dios inglés a
principios del movimiento puritano; educado en Cambridge.

 

Todas sus promesas me ayudarán a vencer las tentaciones de Satán. Puedo yo confiar en que mi Salvador con su dulce voz me guiará. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

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