¿Quién es el Espíritu Santo 2?

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3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

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Las bodas del cordero 1

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LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

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“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

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Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

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EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Meditaciones Navideñas

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Queremos reseñar este libro durante estos días, justo antes de que comencemos a escuchar y leer si se celebra en las fechas correctas, si como creyentes deberíamos celebrar, regalar, comer turrón, ir a la cena o comida de empresa, recibir el aguinaldo o la paga extra navideña, recibir la cesta de regalo de la empresa, el jamón y lo que acompañe. Si deberíamos regalar a nuestros seres más queridos el 24 o el 25 o el 6 de Enero, o cualquier otro día del año o ninguno.

Personalmente no estamos ni a favor ni en contra, pero sí que en un mundo como el que vivimos nos tendríamos que alegrar, de que más o menos, mejor o peor, alguien tuviera un recuerdo para Jesucristo y su nacimiento. Si además alguien le pudiera explicar, el significado, la misión de su nacimiento y lo que 33 años después pasaría (lo cual es nuestra ineludible misión) sería increíblemente mejor que entrar en ninguna batalla teológica, en el calorcito de nuestro hogar, delante de la chimenea, con nuestro calcetín colgando de la misma por si acaso cae algo e iluminado a la tenue luz de las luces navideñas y las llamas.

Te queremos hablar de un libro, no es nuevo, cinco años pasaron desde su publicación, pero su mensaje atemporal, su mensaje de gozo y alegría, lo personal, íntimo y sentido de lo escrito en sus más de 450 páginas hacen de el, una lectura más que apropiada para disfrutar, solo o en compañía, en familia. En grupos de lectura, en la iglesia, para dar y para recibir, para comentar, para regalar, para aprender, para descubrir.

Margarita Burt es la autora de esta obra publicada por Andamio. Licenciada en Magisterio en la Michigan State University, obtuvo un máster de la Universidad Internacional de Columbia en Carolina del Sur. Después de ejercer como profesora en una escuela pública de Estados Unidos, en 1968 colaboró con la obra evangelística de “Operación movilización” en España, país donde sigue residiendo hasta la fecha. En 1971 se casó con David Burt. Desde entonces, han colaborado juntos, primero en el ministerio de los Grupos Bíblicos Universitarios (GBU. Margarita escribe un devocional diario desde hace muchos años y este libro es un fruto de ello.

Este libro es un canto diario de alegría y agradecimiento de corazón a Dios por la venida a esta tierra de su hijo. Analizando y basándose en las sagradas escrituras, se nos regalan comprometidos y sentidos mensajes sobre el texto bíblico que nos da a conocer este bién conocido relato en los evangelios,  así como sus concordancias similares e históricas a lo largo de la historia del antiguo testamento.

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Desde el puño y letra de su autora esta invitación:

Te recomendamos en estos días de fiesta, que dediques un tiempo cada día a meditar en los temas navideños y verás cómo tus celebraciones cobran otro significado. Por encima de regalos y comidas especiales tendrás el gozo del corazón ardiendo, porque habrás estado con Jesús mientras te abría las Escrituras. Este libro está pensado para alegrar tus fiestas de verdad. Haz la prueba.

El Espíritu que dio origen a la Navidad es el Espíritu Santo, pues Dios le dijo a José: “No temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (Mt. 1:20). El Espíritu de la Navidad el espíritu de la vida, del nuevo nacimiento y del gozo que trae un bebé a casa, ¡sobre todo cuando el bebé es Jesús y la casa eres tú! Vuelve a ocurrir cada vez que alguien abre su corazón al Salvador, y cada vez que el creyente se dispone a estar con su Señor, convirtiendo su corazón de nuevo en un Belén para el Hijo de Dios.

Ya sea que celebremos estas fechas en casa rodeados de familiares o solos, con los seres queridos lejos, nuestro gozo es el mismo: es él. Ha llegado y está aquí y pregunta por ti, para tener comunión contigo. Vino a buscarte desde muy lejos, trayendo la alegría con él. Abre de par en par tu casa a su presencia y comparte con él el amor que inspiró su primera venida.

El Espíritu de la Navidad es el Espíritu que movió al Padre a desprenderse del Tesoro del Cielo y a enviarle a este triste mundo para salvar a una humanidad perdida. Es un Espíritu de generosidad, de regalo, de asombroso amor, de compartir y de dar.

En un espíritu de recogimiento y paz en la presencia de Dios, medita en estos devocionales navideños que tienes en tus manos. 

Que el Señor te bendiga y te llene con su hermoso Espíritu y que rebose el Espíritu navideño en ti, ahora y todo el año, porque, para el creyente, siempre es Navidad: “Dios con nosotros”, el mismo Espíritu de la Navidad.”

Margarita Burt

 

ÍNDICE

Agradecimientos 11

Introducción 15

CELEBRANDO LA NAVIDAD 19

  1. Una estrella y una Cruz
  2. ¿Por qué escogió Dios a María?
  3. Adoración Navideña
  4. Triple Elección
  5. La justicia de José
  6. En la Cama
  7. De vuelta
  8. La guía del Señor
  9. La señal
  10. Luz
  11. La Navidad y José
  12. Por qué vino Jesús
  13. El motivo de su venida
  14. ¡Frustrado!
  15. A los suyos vino
  16. Celebración Personal
  17. Lugar para Jesús
  18. ¡Feliz Navidad!
  19. Solo a Jesús
  20. Queremos verle
  21. El mensaje de la Navidad
  22. Simeón
  23. La profecia de Zacarías
  24. Para destruirlo
  25. Las dos Marías y los dos Jesuses
  26. Se hizo pobre
  27. Hecho perfecto por el sufrimiento
  28. Zacarías sin y con
  29. Los ángeles y los pastores
  30. La promesa de Dios a Abraham
  31. Hijo de David, Hijo de Dios
  32. Judíos y Gentiles
  33. Formas de Adorar
  34. Adorar es doblar la rodilla
  35. El mesías prometido
  36. ¿Que niño es este?
  37. El plan de Dios para José
  38. Navidad y persecución
  39. Algo pequeño
  40. Esperanza: El mensaje de la Navidad
  41. Ana esperaba en Dios
  42. Un trabajo completo
  43. Otras Marías
  44. La fidelidad de María
  45. Sanidad para María
  46. María esperaba en Dios
  47. Los antepasados de Jesús
  48. El niño pobre
  49. Pastores y Magos
  50. José, una obediencia costosa
  51. El príncipe de paz
  52. Navidad en Marcos
  53. Ángeles en Navidad
  54. La presentación del Rey
  55. Rey, Salvador y Dios
  56. Vino para ser rey
  57. ¿Es tu Dios?
  58. El principio y el fin
  59. El antiguo testamento y el nuevo coinciden
  60. Nació en Belén
  61. La Señal (1)
  62. La Señal (2)
  63. La Señal (3)
  64. Redención en tres actos
  65. Gloria y dolor
  66. Navidad: La gracia de Dios
  67. Lo que le costó
  68. Queremos verle
  69. La Navidad es luz
  70. “No habrá siempre oscuridad”
  71. ¡Sacando la sustancia del texto”
  72. La luz según el evangelio de Juan
  73. Esta Navidad: la luz brillando en ti
  74. La otra cara de la Navidad
  75. “Y a su madre”
  76. Credenciales fuera de su control
  77. ¡Navidad!
  78. La Navidad
  79. Nos es nacido
  80. Os ha nacido hoy
  81. ¿Para quién es la paz de Dios?
  82. El Señor nos lo manifestó
  83. Dios descendió
  84. La pausa que da sentido a la vida
  85. La historia de la Navidad
  86. Cómo habló Dios
  87. Un feliz encuentro
  88. Su nombre es Jesús
  89. El misterio de la encarnación

CELEBRANDO AÑO NUEVO

  1. La meta de una vida
  2. Dios como labrador
  3. El año nuevo
  4. Nuevos hábitos para un nuevo año
  5. Esperando
  6. Para progresar en el año que viene
  7. Enfoque para el nuevo año
  8. Un testimonio personal
  9. Fin de año
  10. ¿Qué quiero para mí?
  11. Para este nuevo año 101. En el año nuevo
  12. Nuestro planteamiento de la vida
  13. Esperanza para el futuro

CELEBRANDO “REYES”

  1. La guía de Dios
  2. El día de Reyes
  3. Dos Reyes
  4. La adoración de los Magos
  5. ¿Reyes?
  6. Belén
  7. La misión de los Reyes
  8. Reyes
  9. Regalos de Reyes
  10. La estrella misteriosa
  11. Dos Reyes
  12. La fe de los Magos
  13. Tu celebración de Reyes

CONCLUSIÓN

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Navidad1

 

Cómo encontrar pareja matrimonial 2

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EL MATRIMONIO DEBE, EN TODOS LOS CASOS, BASARSE EN EL AMOR MUTUO.

Si no hay amor antes del matrimonio, no se puede esperar que lo haya después. Los enamorados, que se supone deben estarlo todos los que esperan con anticipación esta unión, si no tienen amor, no pueden esperar ser felices. En este caso, la frialdad de la indiferencia muy posiblemente se convierta pronto en antipatía. Tiene que haber un sentimiento personal de querer estar unidos. Si hubiera algo, aun exteriormente, que produce disgusto, la voz de la naturaleza misma hasta prohíbe anunciar el compromiso matrimonial. No digo que la belleza física o la elegancia sea necesaria. A menudo ha existido un fuerte amor sin estas. No me corresponde determinar que es absolutamente imposible amar a alguien que tenga una deformidad. Pero ciertamente no nos debemos unir con alguien así a menos que podamos amarlo o por lo menos estar tan enamorados de sus cualidades mentales, que su físico deja de tener importancia ante la hermosura de su mente, corazón y manera de ser. En suma, lo que argumento es que proceder a casarse a pesar de una antipatía y revulsión es irracional, vil y pecaminoso.

El amor debe incluir la mente tanto como el cuerpo. Porque estar enamorado con alguien sencillamente por su belleza es enamorarse de una muñeca, o una estatua o una foto. Tal enamoramiento es concupiscencia o una quimera, pero no un afecto racional. Si amamos el físico, pero no amamos la mente, el corazón y la manera de ser de la persona, nuestros sentimientos se basan en la parte inferior de ella, y por lo tanto, algo que para el año próximo puede cambiar totalmente. Nada se desvanece con más rapidez que la belleza. Es como el pimpollo delicado de una fruta atractiva que, si no tiene buen sabor, es arrojado con disgusto por la misma mano que lo arrancó. Dice un proverbio que los encantos de la mente aumentan al ir conociendo mejor a alguien, mientras que los encantos exteriores van menguando. Mientras lo primero nos lleva a aceptar un aspecto poco agraciado, lo segundo incita, por contraste, una aversión por lo insulso, la ignorancia y falta de corazón que ha resultado su unión, que es como una flor sin aroma que crece en el desierto. En lugar de jugarnos nuestra felicidad juntando estas malezas florecientes y poniéndolas en nuestro regazo, preguntémonos cómo se verán dentro de algunos años o cómo adornarán y bendecirán nuestro hogar. Preguntémonos: ¿Acompañará a este semblante una comprensión que le haga apto/a para ser mi compañero/a e instructor/a de mis hijos? ¿Tendrá la paciencia para tolerar mis debilidades, amablemente consultar mis gustos y con afecto procurar mi confort? ¿Me complacerá su manera de ser en privado al igual que en público? ¿Harán sus costumbres que mi hogar sea placentero para mí y mis amigos? Tenemos que analizar estas cuestiones y controlar nuestra pasión para poder razonar pragmáticamente y formarnos un criterio inteligente.

Este pues, es el amor sobre el cual ha de basarse el matrimonio: amor por la persona integral, amor por la mente, el corazón y su manera de ser al igual que por su aspecto exterior, amor acompañado de respeto. Solo este cariño es el que puede sobrevivir la fascinación de lo Pensamientos sobre cómo encontrar pareja matrimonial novedoso, los estragos de las enfermedades y del tiempo. Solo este puede mantener la ternura y exquisitez del estado conyugal de por vida, como fue la intención de aquel que instituyó la unión matrimonial: que fuera de ayuda y confort mutuo.

¿Qué palabras hay, que sean suficientemente fuertes y expresen la indignación con que rechazamos esos compromisos, tan indignos y no obstante tan comunes, por los que el matrimonio se convierte en una especulación monetaria, un negocio, una cuestión meramente de dinero?… Los jóvenes mismos deben tener muchísimo cuidado de no dejar que las persuasiones de otros, ni un impulso de su propia  concupiscencia, ninguna ansiedad por ser independientes, ninguna ambición de esplendor secular, los lleve a una relación que no sea por puro y virtuoso amor. ¿De qué valen una casa grande, muebles hermosos y adornos costosos si no hay amor conyugal? “¿Es por estas chucherías, estos juguetes?”, exclama al despertar el corazón atribulado demasiado tarde en medio de alguna triste escena de infelicidad doméstica. “¿Es para esto que me he vendido y he vendido mi felicidad, mi honor?”

¡Ah, hay en el afecto puro y mutuo una dulzura, un encanto y un poder para complacer, aunque sea en la más humilde de las viviendas, mantenido en medio de la pobreza teniendo que lidiar con muchas dificultades! Comparado con esto, la elegancia y brillantez de un palacio oriental no son más que una de las enramadas del Huerto de Edén …

EL MATRIMONIO DEBE CONTRAERSE CON LA MAYOR PRUDENCIA…

Los matrimonios imprudentes, como ya hemos considerado, tienen malas y muy extensas consecuencias y también pasan esas consecuencias a la posteridad. Contamos con la comprensión para controlar nuestras pasiones e ilusiones falsas. Aquel que, en un asunto de tanta consecuencia como lo es elegir un compañero de por vida, deja a un lado lo primero y escucha solo la voz de lo segundo, ha renunciado al carácter de un ser racional para dejarse gobernar totalmente por los apetitos carnales. La prudencia previene mucha de la infelicidad humana cuando permitimos que nos guíe.

En este sentido, la prudencia no deja que nadie se case hasta tener un medio de vida seguro. Me resulta obvio que la presente generación de jóvenes no se distingue por su discreción en este aspecto. Muchos tienen mucho apuro por contraer matrimonio y ser cabeza de familia antes de tener con qué mantenerla. En cuanto llegan a la mayoría de edad, si tienen trabajo o no, antes de haberse asegurado que su trabajo sea un éxito, buscan esposa y hacen una elección apurada y quizá insensata. Los hijos comienzan a llegar antes de tener los medios adecuados para mantenerlos… Los jóvenes tienen que razonar y contemplar el futuro. Si no lo hacen, y en cambio se precipitan a tener que enfrentar los gastos del hogar antes de tener los  recursos para hacerlo, a pesar del canto de la sirena que son sus ilusiones, presten atención a la voz de advertencia o prepárense para comer las hierbas amargas de inútiles lamentos…

“Se ha dicho que nadie yerra en este sentido tanto como los pastores. ¡Cómo puede ser! Es difícil imaginar que aquellos cuyo deber es inculcar prudencia sean ellos mismos conocidos por su indiscreción… El pastor quien debe recomendar prolijidad en todos los aspectos de la vida, ¡cómo se va a casar con una mujer sucia y desprolija! El pastor quien debe demostrar un espíritu humilde y tranquilo preciado ante los ojos de Dios, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que regaña y critica constantemente! El pastor quien debe tener la misma relación con toda su congregación por igual, a quien le debe su amor y su servicio, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que se apega a unas pocas amigas, escucha sus secretos y divulga los propios, y se limita a relaciones dentro de un grupito seleccionado y exclusivo de sus preferidos, lo cual haría que su pastorado fuera insoportable o motivo de despido!

A mis hermanos en el ministerio recomiendo, y lo recomiendo con tanta seriedad que no tengo palabras suficientemente enfáticas para expresarla, que tengan gran cautela en este asunto tan delicado e importante. En su caso, los efectos de un matrimonio imprudente se sienten en la iglesia del Dios viviente…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 1

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“¡Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista”.

                                                                                                         Notas de una conferencia memorable del Dr. Lloyd-Jones

INTRODUCCIÓN

EI Dr. Lloyd-Jones predicó por última vez como pastor de la iglesia Westminster Chapel el viernes 1 de marzo de 1968. La enfermedad (de la cual se recuperó después de ser intervenido quirúrgicamente) le condujo posteriormente a su retiro de aquella obligación pastoral. Pero entre las labores que continuó haciendo después de eso estuvo el ser presidente de la Asociación de Pastores de Westminster, y, al reanudar el ministerio público, uno de sus primeros compromisos fue con la Asociación, en la reunión del 9 de octubre de 1968 en Westminster Chapel. Al igual que con varios sermones de Martyn Lloyd-Jones, no se hizo ninguna grabación de esta conferencia, ni en cinta magnetofónica ni en taquigrafía, y lo que sigue son únicamente mis notas de oyente tomadas de prisa. Aun en esta forma fragmentaria creo que son dignas de ser preservadas.

La reunión estaba repleta de gente; el amor y el agradecimiento hacia el orador eran los sentimientos principales, y sus elevadoras palabras tuvieron que ser recordadas por mucho tiempo por quienes allí estuvieron. El encabezamiento es mío y no se dio ningún título del contenido de antemano.

El Dr. Lloyd-Jones empezó disculpándose por la interrupción de su presencia en la Asociación, aunque “había estado fuera de mi control“. Quiso decir una sola cosa sobre su operación. Antes de ella había gozado de una salud notable, y había encontrado difícil visualizar cómo sería cuando enfermara. “Creo que ahora conozco ‘la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento’ como algo muy real. Algo que no se puede decir con palabras me fue dado en un modo que nunca olvidaré mientras viva. En cuanto al lado negativo, tengo que confesar que me preguntaba después por qué no sentí como Pablo un ‘deseo de partir y estar con Cristo’. No era que estuviera anhelando vivir, pero mirándolo retrospectivamente faltaba algo allí. Yo sabía que me iba a poner bien. Me digo que debería haber conocido algo de ese otro aspecto al enfrentarme a la muerte: un sentimiento de expectación. Considero la ausencia de eso como una deficiencia. Nuestra relación con nuestro Señor debería hacer que fuera diferente. Deberíamos no estar esperando que las cosas ocurrieran, que la muerte viniera; deberíamos estar preparándonos“. Aquí endosó las palabras de un pastor que estaba muriendo de tuberculosis que instaba a quienes estaban a su alrededor a amar a Dios con todas sus fuerzas, porque cuando la enfermedad llega, la fuerza se va. “Nos volvemos demasiado débiles para leer, incluso las Escrituras. Debemos usar nuestra fuerza, y acumular reservas para el día de comparecer“.

Nuestro peligro está en ser víctimas de nuestra rutina, ser llevados por el ímpetu del trabajo. Necesitamos que nos recuerden las palabras de Edmund Burke. En medio de una campaña electoral parlamentaria en Bristol, Burke estaba a punto de levantarse para hablar cuando le comunicaron que su oponente en las elecciones había muerto repenti-namente: ‘iQué fantasmas somos, y qué fantasmas perseguimos“‘.

Otra cosa me ha inquietado estos últimos meses. El punto en el que mi ministerio pastoral fue interrumpido tenía un mensaje para mí. Estaba predicando sobre Romanos 14: 17: ‘Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo’. Yo había tratado de ‘justicia, y paz’ (esta última el 1 de marzo), y allí se me hizo parar. No se me permitió tratar del ‘gozo en el Espíritu Santo’. Tengo la sensación de que con ‘justicia y paz’ yo tenía una pasajera experiencia de ello, pero la tercera cosa es la más profunda de todas. ¿Por qué no se me permitió tratar de ‘el gozo en el Espíritu Santo’? Porque yo conocía algo, pero no lo suficiente sobre ello. Como si Dios dijera: ‘Quiero que hables sobre esto con mayor autoridad“.

“Estoy convencido de que esta es la cosa más importante de todas y me conduce a lo que quiero exponer ante vosotros. Durante seis meses, hasta septiembre, no prediqué nada. He sido oyente y ha sido una experiencia de lo más valiosa. (Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista. La mayoría de los que asisten son mujeres, por encima de la edad de cuarenta, y tengo la sensación de que asisten por obligación; algunas quizá tienen la oportunidad de ser importantes en sus pequeñas esferas. No hay nada que haga que un extraño sienta que se está perdiendo algo. ¡Por el contrario, encuentra que esto supone un terrible peso! Y el pastor al sentir esto piensa que debe ser breve; de esta manera la gente se reúne para separarse. Estoy hablando sobre las iglesias en general pero en este aspecto hay muy poca diferencia en las iglesias evangélicas.”

“Es una gran cosa ser oyente. Uno quiere algo para su alma, quiere ayuda. Yo no quiero un gran sermón. Quiero sentir la presencia de Dios, que estoy adorándole y considerando algo grande y glorioso. Si obtengo esto, no me importa lo pobre que sea el sermón.”

“Os sugiero que nuestro mayor peligro es del profesionalismo. No nos paramos con la suficiente frecuencia a preguntarnos a nosotros mismos qué estamos haciendo realmente. El peligro consiste en únicamente enfrentarnos a un texto, y tratarlo como un fin en sí mismo, con un extraño desapego. Lejos de Londres, y en una iglesia anglicana, oímos predicar a un párroco sobre las palabras de Jeremías, 20:9 “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude”. El predicador se había tomado grandes molestias preparando el sermón; estaba bien coordinado, tenía forma; lo único que no había era fuego. Era una ducha fría. Imposible que nadie pudiera salir de aquel culto enardecido! El predicador no pudo haberse preguntado: ‘¿Qué es este fuego, y qué es para mí?’. En lugar de hacerse tal pregunta, había preparado un sermón, y la cosa vital estaba ausente.

“Podéis pensar que estaba escuchando como crítico; no lo estaba. En otra localidad oí un sermón sobre Gálatas 3:1 ‘¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?’. Se nos habló mucho sobre ‘fascinar’, y el sermón versó sobre cosas que podrían desviarnos y nos desvían; pero yo estaba consternado de que el predicador no viera la cosa principal en el texto: que estos gálatas se habían desviado de esta gloriosa cosa, Cristo Jesús quien había sido anunciando ante ellos. ¡Esto es sobre lo que debemos hablar!

“Podemos perder de vista el bosque por causa de los árboles y perder la gloria del evangelio. Nuestra tarea es despedir a la gente con la cosa más gloriosa del universo. Esto es apicable a la gente que viene regularmente. No hay esperanza de atraer a los de fuera mientras los de dentro estén como están. Los de fuera ya están deprimidos, y, si no, pronto lo estarán.

Continuara …

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

La humanidad de Juan Calvino 8

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Al final de la sesión, Bolsee fue conducido, según las leyes de aquellos tiempos, a la prisión, lo cual no le impidió recibir visita de sus amigos. El 22 de diciembre de 1551 fue, como extranjero, condenado al destierro. Desde ese día, su odio por Calvino no conoció límites, pero fue tan solo en 1577, trece años después de la muerte del Reformador, cuando conoció su satisfacción con la publicación del primero de sus dos violentos panfletos, uno dirigido a un hombre muerto desde hacía mucho tiempo, y el otro destinado, en 1582, a un hombre todavía bien vivo, Teodoro de Beza. El título de las calumnias vengativas imaginadas de todas las maneras acerca de Calvino era Historia de la vida, costumbres, actos, doctrina y muerte de Jean Calvino, otrora ministro en Ginebra. Bolsee, tras haber cambiado de chaqueta confesional muchas veces, definitivamente había caído en los brazos del papado romano, del cual se hizo como el portavoz, el instrumento delator y calumniador de elite. Una multitud de autores católicos romanos —entre los cuales el cardenal Richelieu, que Drelincourt intenta refutar—han bebido de este estercolero de inmundicias para calumniar —cuanto más, mejor— la fe evangélica de los reformadores. Richard Stauffer, historiador de la Reforma, reputado por el equilibrio, la seguridad y ponderación de sus escritos, describe sin embargo este “vil panfleto” de la siguiente manera:

“Calvino era tratado de ambicioso, de pretencioso, de arrogante, de cruel, de maligno, de vindicativo y, sobre todo, de ignorante. Mucho más: era presentado como un hombre avaro y codicioso, como un impostor con apariencia de resucitar a los muertos, como un amante de banquetes; todavía peor: como un aventurero y un sodomita, que por sus prácticas infames habría sido condenado en su Noyon natal, a ser marcado por hierro incandescente. Para concluir este cuadro, Bolsec hacía del Reformador un reprobado de Dios, quien, tras haber sido castigado con una “irrupción de piojos y parásitos por todo su cuerpo”, tras haber sido roído de gusanos en castigo por sus vicios, habría muerto mascullando, jurando y blasfemando, víctima de la más profunda desesperación.”

Mützenberg no se queda corto:

“Esta historia singular […] proporciona un ejemplo típico del uso sin límites de la calumnia al servicio de la religión. De este antro nauseabundo en que se ha convertido la imaginación de Bolsee sale un torrente de excremento. Calvino, cuya historia auténtica conoce la simplicidad, la sobriedad, el desinterés, la pureza, la rectitud e incluso la pobreza, virtudes que a menudo se le reprochan, es aquí acusado de todos los vicios contrarios […]. El autor hace de él incluso —¿quién le ha creído?— un ignorante. Sin embargo, lo conocía bien, lo había oído y habido sido brillantemente refutado por él en el terreno que él mismo había elegido, el del pensamiento de S. Agustín. Algunos émulos jesuitas de Bolsee llegarán a decir incluso que Calvino a penas había hecho Gramática.”

Para concluir nuestras palabras, nos centraremos algo en lo que Bolsee mismo nos dice de la muerte de Calvino, contrastando sus fabulaciones con la realidad de los hechos auténticos. Puesto que Bolsee, contra todos los testimonios bien conocidos de su época —entre los cuales, en particular, L’histoire de la vie et mort de Maitre Jean Calvin, de Teodoro de Beza— que relatan en detalle las circunstancias de la muerte tan edificante de Juan Calvino, busca acosar de calumnias al Reformador hasta su lecho de muerte. He aquí cómo esta última infamia de Bolsee es descrita por Drelincourt:

“Habiendo intentado oscurecer de humos de los pozos del abismo la bella e inocente vida de este hombre de Dios, lo representa en el lecho de la muerte como un hombre desesperado, que jura y que blasfema, que invoca los diablos, que reniega de la fe, que detesta la obra de la Reforma de la Iglesia, y que maldice el día que puso su mano en la pluma.”

He aquí la versión de la muerte de Calvino que la venenosa pluma de Bolsee expandió por todo el mundo católico romano. ¿Qué fue de su muerte, en realidad? Drelincourt nos lo dirá:

“En medio de sus más violentos dolores, alzando sus ojos al Cielo, decía a menudo estas palabras: “Señor, ¿hasta cuándo?”. Era la frase que había tomado hacía tiempo por divisa. Trabajó sin cesar en sus obras, y estuvo dictando hasta ocho horas antes de su muerte. Y cuando se le quería apartar de este trabajo, su réplica habitual era:

“Que él hacía como si nada. Y se le dejara que Dios lo hallara siempre velando y trabajando en su obra, como él pudiera, hasta el último suspiro”. Tenía el espíritu tan libre y presente que, poco antes de su muerte, habiendo sabido que G. Petrel, ministro de Neuchátel, su buen amigo y antiguo colega, lo quería venir a visitar, a pesar de su avanzada edad, que era de más de 80 años, le escribió en latín la siguiente carta:

“Bien a vos, mi muy buen y querido amigo. Y puesto que le place a Dios que permanezcáis cerca de mí, acordándoos de nuestra unión, de la cual el fruto nos espera en el Cielo, tan provechosa ella, ha sido a la Iglesia de Dios. No quiero que os fatiguéis por mi. Apenas respiro, y espero de un momento a otro que el aliento me falte. Ya es demasiado que viva y que muera en Cristo, que es ganancia para los suyos en la vida y en la muerte. Os recomiendo a Dios, con los hermanos”.

“En Ginebra este segundo mes de 1564. Juan Calvino”

Y Drelincourt continúa su cela to del final de Calvino:

“De Beza dice que de ahí en adelante su enfermedad hasta su muerte, el 27 de mayo de 1564, no fue más que una oración continua. Y que a pesar de sus crueles dolores, tenía a menudo en la boca estas palabras del Salmo 39: Me he callado, Señor, porque eres Tú quien lo ha hecho. Que otra vez decía estas palabras del rey Exequias, que están en el capítulo 38 de Isaías: “Gimo como la paloma”. Y que alzándose hacia Dios por un anhelo de celo, clamaba: “Señor, Tú me quebrantas, pero me basta que sea tu mano”.

En definitiva, De Beza, tras haber hecho la oración cerca de él por última vez, apenas había salido cuando le vinieron a avisar que [Calvino] había caído de debilidad. Al instante vino corriendo, pero supo que Dios lo había quitado del mundo, que había muerto lo más dulcemente que se podría desear, sin ningún movimiento convulsivo. E incluso que no pare-cía más muerto que cuando estaba todavía vivo.

Drelincourt continúa:

Toda la ciudad de Ginebra fue testigo de la vida santa e inocente de Calvino. Y como ya lo he dicho, ella lo vio morir la muerte de los Justos. Ella lo oyó enseñar en su lecho de muerte, como si hubiera sido su Auditorio de Teología, o su pálpito de Pastor. Los Señores no podían ignorar las santas disposiciones de este hombre de Dios. Porque algunas semanas antes de dejar este mundo se hizo llevar hasta su Consejo, y les agradeció muy humildemente todas las gracias y favores que había recibido de la Señoría. E incluso pocos días antes de su muerte, quiso todavía que lo llevaran para darles el último adiós. Pero se lo impidieron y vinieron ellos mismos a visitarlo en su casa; y hallaron que se iba a Dios con una maravillosa paz de espíritu, y que en medio de sus dolores estaba totalmente lleno de un santo gozo y de una gloriosa esperanza. Le agradecieron efectivamente de todos los servicios buenos y agradables que había hecho al Estado y a la Iglesia y se retiraron grandemente consolados y satisfechos. La Iglesia de Ginebra tampoco podía ignorar cuál había sido la cristiana manera de vivir y el fin ejemplar de su fiel pastor. Porque los principales cabezas de familia le rindieron los últimos respetos con mucha cordialidad y testimonios de honor y de respeto.

Él fue cuidadosamente visitado por todos los Señores Pastores, todos los cuales oraban por él. E incluso pocos días antes de su muerte, él quiso tener la alegría de que todos cenaran en su casa. Y a pesar de que estaba grandemente débil, se hizo llevar al borde de la mesa, donde permaneció algún tiempo, y les dio discursos dignos de su piedad y de su celo. Y les dijo que no esperaba más que verlos en el Reino de los cielos. Y cuando la debilidad le obligó a retirarse a su habitación, profirió estas palabras dignas de recordar, y que mos-traban la presencia de su espíritu: “Una pared entre los dos no impedirá que esté unido en espíritu con vosotros”.

Los pastores continuaron visitándolo cuidadosamente unos tras otros. Y no lo abandonaron hasta que rindió apaciblemente su alma a Dios. En fin, no hubo persona en Ginebra que al ver un final tan bendito y cristiano, no dijera de corazón: “Que yo muera la muerte de los justos, y que mi fin último sea parecido al de ellos”. 

He aquí el testimonio que el célebre historiador católico romano, contemporáneo del Reformador, el Presidente de Thou, hizo a Calvino cuando murió:

Poco antes del 13 de las calendas de junio (el 27 de mayo), Juan Calvino, nativo de Noyon en Vendamois, personaje de un espíritu vivo y ardiente y dotado de una admirable elocuencia, y que también era entre los protestantes un teólogo muy renombrado, habiendo sido durante el espacio de siete largos años, afligido de diversas enfermedades y diferentes tormentos, y que no por ello era menos asiduo en su ministerio, ni impedido de escribir continuamente, en fin, por la dificultad de respirar, murió en Ginebra, donde había enseñado durante veintitrés años, habiendo casi cumplido el quincuagésimo sexto año de su vida.

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Cómo encontrar pareja matrimonial 1

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EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La ciudad de Dios

San Agustín III

Obras escogidas de Agustín de Hipona III

La ciudad de Dios

Agustín de Hipona

El Tomo III presenta la obra clave de Agustín: “De Civitate Dei” o La Ciudad de Dios. Planteada en 22 libros, La Ciudad de Dios es la obra más extraordinaria que jamás se haya podido escribir para sintetizar el conjunto de la historia universal y divina, la lucha habida desde el siglo I al siglo V, entre el mundo antiguo agonizante con el cristianismo naciente.

Agustín escribió La Ciudad de Dios como réplica a las críticas que hacían contra el cristianismo los paganos ricos y cultos tras la caída de Roma en poder de los Visigodos (año 410) obligándoles a tener que huir y exilarse al norte de África. Y lo hace describiendo la contraposición entre dos tipos de hombres y sociedades: la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre. En sus propias palabras: «Dos amores fundaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor».

Sobre esta base los temas tratados son inagotables: partiendo del origen y naturaleza de Dios; problema del bien y el mal, el pecado y la culpa, la muerte, el derecho y la ley, el tiempo y el espacio, la Providencia, el destino y la historia, y una extensa lista.

1040 pp. Rústica

Ref. 1734 – 24,99€

Confesiones

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Obras escogidas de Agustín de Hipona II

Confesiones

Agustín de Hipona

Este Tomo II de los tres dedicados a las obras de Agustín va dedicado por completo a su obra autobiográfica, probablemente la más leída y conocida y que más ha influenciado a la sociedad. Sus: Confesiones, trece libros autobiográficos de san Agustín de Hipona escritos entre el 397 y el 398.

Agustín escribe sus Confesiones para dar a conocer a Dios. Siguiendo la humildad impuesta por el cristianismo a la vanidad humana, Agustín no busca glorificarse a sí mismo, sino todo lo contrario. Su autobiografía le sirve para conocerse a sí mismo conociendo a Dios y, al conocer a Dios, conocerse a sí mismo y a los demás. Siendo ya Obispo, afamado orador y escritor, para evitar las alabanzas de sus dones en lugar del dador de los mismos, o sea, Dios, Agustín se propone escribir unas confesiones que resalten la grandeza de Dios y el lector llegue a conocerle en sus debilidades.

Las Confesiones son el primer intento de acercamiento del hombre a sí mismo, por vías de profunda intimidad. Agustín descubre el prodigio y la maravilla de la personalidad humana: a Dios en el hombre y al hombre en Dios. Durante siglos haber leído las Confesiones se consideraba como requisito indispensable de toda persona culta. Y en nuestros días siguen siendo la mejor exposición del contraste entre la maldad e incapacidad humana para superarse espiritualmente; frente a la exaltación de la gracia y poder divino que doblegan esa resistencia natural del hombre.

512 pp. Rústica

Ref. 1735 – 19,00

La verdadera Religión – La utilidad de creer – El enquiridion

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Obras escogidas de Agustín de Hipona I

La verdadera Religión – La utilidad de creer – El enquiridion

Agustín de Hipona

La verdadera religión
La utilidad de creer
El enquiridion

Agustín de Hipona [353-429] es un fenómeno único en la historia de la Iglesia cristiana, admirado y respetado por igual por católicos y protestantes como el Campeón de la verdad, frente a los errores maniqueos, arrianos y pelagianos. Lutero, refiriéndose a los Padres de la Iglesia, dijo: «Agustín me agrada más que todos los demás, porque enseño una doctrina pura y sometió sus libros, con humildad cristiana, a la Sagrada Escritura». Su influencia teológica y filosófica sigue vigente. Apela por igual a la razón, a las emociones y a la voluntad, y constituye una fuente clara a la que muchos recurren después de sentirse cansados de un cristianismo superficial.

Dentro de la colección PATRÍSTICA, los escritos de Agustín de Hipona son uno de sus pilares básicos. Este Tomo I de los tres dedicados a las obras de Agustín incluye tres escritos fundamentales de su producción literaria:

La verdadera religión. En “vera religione” Agustin plantea la búsqueda de la verdad trascendente, lo que le lleva a adoptar un enfoque más filosófico.

La utilidad de creer. En “De utilitate credendi” explica el asentimiento personal a la fe, esa realidad maravillosa que se sitúa por encima de la ilusión y la necedad, es una obra más teológica.

El Enquiridion. En su “Enchiridion sive de fide, spe et caritate” (Tratado de la fe, la esperanza y la caridad), cubre los aspectos dogmáticos y morales de esa fe revelada y descubierta por la experiencia creyente, que se traduce en adoración al Dios verdadero, consistente en “la fe que obra por el amor” (Gá. 5:6), verdadero principio espiritual alrededor del cual gira todo su pensamiento.

En todas ellas Agustín trata las cuestiones más preocupantes del momento que renacen en el seno del cristianismo una y otra vez.

368 pp. Rústica

Ref. 1736 – 16,99€

La muerte de la predicación bíblica 2

Blog113B

El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

Confesiones

Reseña 19

La nueva edición de estos libros en 3 tomos, sobre obras escogidas de Agustín de Hipona [353-429]. El primero de ellos incluye tres escritos fundamentales de su producción literaria:

“La verdadera religión. En “vera religione” Agustin plantea la búsqueda de la verdad trascendente, lo que le lleva a adoptar un enfoque más filosófico.” 

“La utilidad de creer. En “De utilitate credendi” explica el asentimiento personal a la fe, esa realidad maravillosa que se sitúa por encima de la ilusión y la necedad, es una obra más teológica.” 

“El Enquiridion. En su “Enchiridion sive de fide, spe et caritate” (Tratado de la fe, la esperanza y la caridad), cubre los aspectos dogmáticos y morales de esa fe revelada y descubierta por la experiencia creyente, que se traduce en adoración al Dios verdadero, consistente en “la fe que obra por el amor” (Gá. 5:6), verdadero principio espiritual alrededor del cual gira todo su pensamiento.” 

En todas ellas Agustín trata las cuestiones más preocupantes del momento que renacen en el seno del cristianismo una y otra vez.

“El tercer tomo íntegramente esta dedicado a la obra “La Ciudad de Dios”, escrito como réplica a las críticas que hacían los paganos ricos y cultos, durante su huida tras la caída de Roma, contra el cristianismo. Y lo hace describiendo la contraposición entre dos tipos de hombres y sociedades: la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre. En sus propias palabras: «Dos amores fundaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor”.

Esta reseña la realizamos del segundo tomo de esta colección dedicada a las obras de Agustín. El libro “Confesiones” es uno de los más conocidos, apreciados e influyentes. Escrito entre el 397 y 398, como una oración a Dios, es una autobiografía donde el autor relata aspectos de su vida antes y después de su conversión, y está repleto de líneas que quedan en la memoria al pasar de los años.

El libro como un todo se puede dividir en dos partes. La primera, un relato honesto y detallado de su caminar por la vida sin Cristo. La segunda, sus impresiones ya como un nuevo creyente.

La mención a su madre Mónica es recurrente a lo largo del libro. Agustín no es mezquino en ofrecer elogios a la piedad y devoción de su progenitora. Reconoce el carácter piadoso y las oraciones de su madre de esta manera:

“Mi madre cuyo corazón era puro en tu fe y quien buscaba vehementemente a Dios por mi salvación…”.

Luego recuerda con nostalgia que:

“Ella empapaba el suelo cada día con sus lagrimas por mi”.

Por eso, entre las varias lecciones que nos otorga las Confesiones de Agustín, su devoción por su madre nos recuerda la necesidad y el incalculable valor de la intercesión de los padres por los hijos, en especial cuando se trata de la salvación de ellos.

El libro narra ciertas experiencias que marcaron la vida de Agustín de una manera muy particular, sobretodo aquellas que le revelaron su corrupción. Quizá la historia del robo de peras junto a sus amigos, es uno de los momentos que lo ayudó a comprender la naturaleza de su maldad de una manera reveladora. Tras un riguroso autoexamen acerca de las motivaciones que lo llevaron a robar y de las oscuras emociones que lo acompañaron, Agustín se horroriza por la bajeza de su perverso corazón. En esa contemplación le confiesa a Dios:

“Y lo hicimos solo por gusto, por el disgusto causado. Este es mi corazón, Señor del que tuviste compasión cuando me encontraba en el fondo de un pozo sin fondo. Deja que mi corazón te cuente lo que buscaba ahí: ser malvado porque sí, sin tentación para obrar el mal, solo por la fechoría en sí”.

Comentarios como estos son de vital importancia, puesto que aquello que hoy conocemos como el Calvinismo fue formulado mucho antes por Agustín, basado en lo que enseña la Palabra.

La muerte de un amigo cercano, después de una profunda tristeza, despertó un obsesivo temor por la muerte. Esa interrogante acerca de esta realidad lo persiguió por años e influyó mucho para su posterior conversión. Agustín era un maestro en retórica, y más adelante dejó su ciudad natal para emprender una nueva etapa como maestro en la ciudad de Roma, que lo llevaría hasta la ciudad de Milán.

Ese viaje sería el inicio de su transformación. Aunque narra que su madre Mónica daba por sentado la definitiva perdición de su hijo, Dios estaba obrando sus propósitos de una manera que ella no comprendía. Fue precisamente en Milán que Agustín conoció al Obispo de la ciudad: Ambrosio. Su interés por la retórica lo llevó a escuchar a este conocido predicador, aunque no tenía ningún interés por el Dios que él predicaba:

“Escuchaba con diligencia sus predicaciones al pueblo, no con la intención debida, sino probando su elocuencia, para ver si se correspondía con la fama… Me deleitaba en la dulzura de su discurso….aunque no me esforzaba por aprender lo que decía”.

Dios estaba martillando el corazón de Agustín con las palabras de Ambrosio, quien más adelante se convirtió en una especie de mentor para él.

El clímax del libro se encuentra en la descripción de su dramática conversión estando a las afueras de un hotel junto a su amigo Alipio. Su nuevo nacimiento fue precedido por una lucha interna en su mente y corazón, pues no estaba dispuesto a abandonar sus pasiones. Pero en esa lucha Dios lo doblegó y reconoció que “salió toda mi miseria a la vista de mi corazón, se levantó una fuerte tempestad que trajo una caudalosa lluvia de lágrimas”.

Sin embargo, lo que sucedió inmediatamente después añadió certeza a su experiencia. Mientras lloraba, escuchó desde atrás el cántico de un niño que decía: “Toma y lee, toma y lee”. Agustín tomó estas palabras como una señal divina y cuando abrió su Biblia sus ojos dieron con un pasaje del Nuevo Testamento:

“Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”, Romanos 13:13-14.

Agustín había entendido el mensaje como el sello de su nueva fe. Agustín había nacido de nuevo.

La última parte del libro se enfoca en su nueva vida como creyente, dejando en claro que su conversión y crecimiento espiritual solo fueron posibles a través de la gracia divina. Expresa la incapacidad humana en la celebre frase “mándame lo que quieras, y dame lo que mandas”. Esta expresión luego fue objeto de rechazo por parte de Pelagio, quien no miraba en el hombre la corrupción del pecado.

Acerca de la libertad humana, Agustín reconoce “que el libre albedrío era la causa de nuestro mal hacer…”, pues somos esclavos del pecado hasta que su gracia nos libere.

Agustín culmina el libro haciendo una consideración acerca de la creación y la verdad descubierta, inclinándose en reverencia y adoración ante tal majestad.

Conclusión

Confesiones, por un lado, es el relato de la maldad y de la incapacidad humana. Por el otro, es la exaltación de la gracia y poder divino que doblegan esa resistencia natural del hombre. Confesiones es el necesario contraste entre nuestra depravación humana y la gracia transformadora de Dios.

Este clásico de la literatura cristiana nos invita a la consideración de nuestra propia corrupción y miseria, porque solo de esa manera la majestad, santidad y gracia divina toman una dimensión justa en nuestros corazones. En otras palabras, mientras más reconocemos nuestra bajeza, mayor será nuestra convicción, admiración y devoción por la grandeza de Dios, tal como lo experimentó Agustín.

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Confesiones2.jpg

La humanidad de Juan Calvino 7

Blog109G

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. B

Veamos ahora los ataques repetidos constantemente contra el carácter de Calvino, los cuales también se remontaban al menos hasta los dos libelos de Baudoin. Esta tradición historiográfica mentirosa ha sido retransmitida por una verdadera tribu de panfletarios calumniadores, cortesanos de la Roma papal. Tomemos, todavía aquí, la Défense de Calvin como nuestro guía. El cardenal de Richelieu, tras Papyrius y Baudoin, decía de Calvino que “El ardor de su espíritu y de su bilis lo hacían colérico”. Drelincourt retorna, por su propia cuenta, el reproche ya antiguo del célebre cardenal:

“Sin la menor duda, como lo he señalado en otro lugar, Calvino era de un temperamento bilioso, y de sí mismo montaba en cólera, sin que sus vigilias, sus ayunos sus continuos trabajos, sus violentas enfermedades, lo hacían todavía más colérico y triste. He aquí pa-labra a palabra lo que M. de Beza dice al describir la vida de este servidor de Dios: Además de su inclinación natural a la cólera, el espíritu maravillosamente dispuesto, la indiscreción de muchos, la multitud y la variedad infinita de asuntos para la Iglesia de Dios, y al final de su vida, las enfermedades grandes y las ordinarias, le habían hecho triste y difícil. Pero en ningún modo se agradó en este defecto, sino que al contrario, nadie lo ha apercibido mejor que él, ni lo ha hallado tan grande que él”. 

Drelincourt continúa:

“Es bueno oír lo que él mismo ha dicho. Antes de responder a Baudoin, él advierte a sus lectores que “no hay mayor ladrón que este hombre”. Lo compara al “arrendajo” o a la “lechuza” y dice que “nadie le puede sobrepasar en el arte e industria de robar. Mi confianza de buena fe hacia él —sigue diciendo— ha sido tan grande que todo lo que había de papeles en mi biblioteca, él los ha ojeado libremente en mi ausencia. Que él haya arrebatado lo que ha creído que le podría servir, no hay que buscar prueba más clara que su propio escrito, por el cual él se da a conocer tal cual es. Ciertamente se descubre así su fidelidad y su respeto de la hospitalidad. Pero veamos la cosa en sí misma. Si él hubiera descubierto en mí cualquier vicio, él tendría la capacidad de reproducirlo, como habiéndolo sacado de mis propias entrañas; pero no ha hallado nada más atroz de lo que yo haya confesado a Bucero, que yo soy por naturaleza colérico, y que combato sin cesar contra este defecto; pero que hasta ahora no he avanzado tanto como lo que querría. Las demás cosas que él añade a esto, él las ha fabricado. Pero acerca de esta acusación, ¿qué quiere decir? Si no es que, según él, solo son dignos de alabanza aquellos que no solo se agradan de sus vicios y se los perdonan; sino que son tan descarados de rechazar el sentimiento del cual se reconocen culpables. Pero nosotros hemos aprendido otra cosa en la Escuela de Nuestro Señor Jesucristo.”

Y Drelincourt comenta:

“No es que esta confesión franca e ingenua de Calvino deba marchitar su memoria, sino que la corona de una alabanza inmortal. Porque no hay nada más raro que ver a un hombre confesar sus defectos; y, sobre todo, intentar corregirlos, y emplear todas sus fuerzas. Pero, por lo demás, yo bien querría saber los males que han venido de la cólera de Calvino y los funestos efectos que ella ha producido. A veces él ha respondido a sus adversarios con cierto calor y vehemencia, como le ocurrió acerca de Baudoin, cuyas obras le hicieron gran daño, porque él había sido su doméstico, y que él había violado las leyes más sagradas de la hospitalidad. Pero muchas veces ha imitado a su Salvador que cuando se le ultrajaba no lo devolvía; cuando se le amenazaba, se remitía a aquel que juzga justamente (1 Pedro 2:21-23)”.

Dejaremos aquí la última palabra a Calvino:

“Bien que su audacia y malicia fueran desde largo tiempo conocidas de todos, sin embargo yo no habría jamás pensado que él se entregaría a tal locura de injuriarme con tanta maldad. Pero como el desespero incita a tales gentes a la rabia, es su mala conciencia lo que le ha precipitado a lanzarse por una impetuositad ciega más bien contra sí mismo que contra mí. Yo no puedo negar que el arrebato de este hombre no me haya conmovido, visto que no puede ser que tal indignidad no conmueva a las personas cordiales e ingenuas. Pero yo he despreciado fácilmente sus obras como si no me afectaran. Este dicho de Sócrates es muy célebre: “Si un asno me hubiera dado un puntapié, ¿lo tendría que presentar ante el juez?”. A pesar de que yo esté bien alejado de la grandeza de espíritu de la cual Sócrates ha destacado, no obstante me he endurecido por el continuado uso del ladrido de tales perros. Y he aprendido en una mejor escuela que Dios expone a sus siervos a tales oprobios para probar su paciencia. No me glorificaré de la grandeza de las revelaciones, como si me acercara a la de S. Pablo. Sin embargo, reconozco que esto tengo en común con el gran Apóstol: que no sea que me exalte a mí mismo, Dios me ha enviado un aguijón de Satanás, y que abofeteándome aprenda humildad.”

Las injurias y calumnias contra Calvino que acabamos de examinar, se muestran de una extrema moderación en comparación con el ácido sulfúrico verdaderamente diabólico que salió del espíritu y la pluma del médico Jéróme-Hermés Bolsee, antiguo colega del moderador de la Compañía de los Pastores. El 16 de octubre de 1561, Bolsee tomó la palabra en una Congregación de los pastores para oponerse públicamente a la doctrina de la elección divina que era enseñada por Calvino. He aquí cómo Mützenberg describe la escena:

“Jéróme Bolsec se levantó para expresar su desacuerdo. Acababa de comenzar su discurso cuando entró Calvino. El reformador lo escuchó, y después, cuando hubo acabado, refutó punto tras punto, citando abundantemente a S. Agustín, a quien su contradictor había citado como que no profesaba la doble predestinación”.

Continuará …

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La muerte de la predicación bíblica 1

Blog113A

Las distorsiones del Evangelio y su restablecimiento.

Un amigo mío informó recientemente que una iglesia que él había pastoreado anteriormente en Nueva Zelanda ha quitado el gran púlpito central (su único púlpito) y lo ha sustituido por una pantalla, que se usa para himnos y coros de alabanza y también para imprimir historias gráficamente ilustradas y mensajes de sermones. Lo que es sorprendente y desconcertante es que esta iglesia está relacionada con la Iglesia de Escocia, una rama de la cristiandad que se ha preciado de la predicación bíblica y expositiva. Sin embargo, lo que ocurrió en esta iglesia no es poco común: a lo largo y ancho del mundo protestante, hoy hay un movimiento inconfundible desde lo audible hacia lo visual, de la palabra a la imagen. La adoración se está convirtiendo rápidamente en entretenimiento; la meta ya no es la gloria de Dios y el servicio para su Reino sino el bienestar y la realización de la criatura humana. Además de la predicación, otras víctimas en este megafraude incluyen la oración de intercesión y la confesión de pecados corporativa seguida de la seguridad del perdón. La lectura extensa de la Escritura como preparación para el sermón está también siendo menos frecuente. Los solos musicales por algún conjunto especial están reemplazando cada vez mas al canto congregacional.

El legado evangélico que proviene de la Reforma protestante y los movimientos de renovación del puritanismo y el pietismo buscaban mantener la Palabra y los sacramentos juntos en tensión dialéctica, pero el acento estaba puesto en la Palabra de Dios predicada. Karl Barth observó acertadamente que, en la teología de la Reforma, la predicación prácticamente llegó a ser un tercer sacramento. El contenido del sermón era la Ley y el Evangelio. Hemos de confortar a los afligidos por medio de la predicación del Evangelio y afligir a los que se sienten bien por medio de la predicación de la Ley (Lutero). La meta de la predicación era la fe y la obediencia. La verdad de la Revelación divina era considerada como algo tanto objetivo como subjetivo. Sus bases y su contenido eran objetivos, debido a que se trataba de la pronunciación de Dios mismo en conjunción con los acontecimientos de la historia sagrada. Su comunicación era tanto objetiva como subjetiva, puesto que esta verdad era dada por el Espíritu en la experiencia evangélica de un corazón despertado.

Aberraciones después de la Reforma

La Reforma recuperó el poder revitalizante de la predicación bíblica, pero en el espacio de una generación, una orientación antropocéntrica empezó a suplantar al teocentrismo de los Reformadores. El acento ya no estaba en la justificación por la libre gracia recibida por medio de la fe y demostrada en una vida de obediencia, sino mas bien en la justifi-cación por creer en una doctrina correcta (como la ortodoxia) o en humanos preparativos y confirmaciones de la justificación (como en el pietismo). Un sermón bíblico acarreará por cierto un llamamiento a tomar una decisión, pero nuestra decisión constituye una respuesta al Evangelio y no al contenido del Evangelio. Es una respuesta, más aún, inducida por el derramamiento del Espíritu Santo y no un logro del libre albedrío humano, lo cual convertiría entonces la justificación en un asunto tanto de obras como de gracia.

Tanto en el protestantismo conservador como en el liberal que siguieron a la Reforma, la predicación a menudo degeneró en moralismo, en el cual nuestra aceptación por parte de Dios se hizo recaer sobre el esfuerzo humano. El moralismo es predicar la Ley sin el Evangelio de tal modo que a nuestros oyentes se les dice lo que hacer para asegurarse un lugar en el Reino de Dios, en lugar de lo que Dios ha hecho ya en Cristo Jesús por nosotros en el mundo entero. A veces el Evangelio se convierte en una nueva ley: ya no es la divina promesa sino el divino mandamiento. Aquí el protestantismo se acerca pe-ligrosamente al estilo de predicación prevalente en las iglesias católicas en las que una homilía moral, generalmente breve y yendo al grano, ocupa el lugar de la proclamación kerigmática.

El gnosticismo es otra tentación contra la que necesitamos guardarnos si hemos de permanecer fieles al mandato bíblico y de la Reforma de predicar el Evangelio a la creación entera. En el gnosticismo la predicación está diseñada para despertar los poderes latentes en la psique humana. La tarea del predicador consiste en capacitamos para descubrir nuestra propia divinidad o para darnos cuenta de las posibilidades humanas no descubiertas. También lleva consigo la pretensión de un conocimiento se-creto del futuro basado en la correcta interpretación de la profecía bíblica. El misterio de la Revelación ya no es el conocimiento de los poderosos hechos de Dios abiertos a todas las personas de fe, sino una sabiduría secreta disponible solo para aquellos que se someten a la disciplina de descifrar el lenguaje del código apocalíptico en que una porción de la Biblia está escrita.

Otra aberración es lo que algunos en el Movimiento de Santidad wesleyano llaman creencia fácil [en inglés, easy believism] y que Dietrich Bonhoeffer denominó gracia barata. Aquí nos encontramos confrontados con una forma truncada de ortodoxia en la que el mensaje de la justificación está completamente afirmado, pero el llamamiento a la santificación personal (nuestra respuesta al acto de misericordia de Dios) está mutado o rebajado. En esta clase de predicación discernimos el Evangelio pero no la Ley, mientras que el Evangelio completo consta tanto de la predicación de la Ley como de las Buenas Noticias de la victoria de Cristo sobre el pecado. Un sermón completamente bíblico hará sonar el llamamiento tanto a un discipulado costoso como a celebrar el don de la costosa gracia (gracia que costó a Dios la vida de su Hijo; se nos manda proclamar no solo el mensaje de la Cruz, sino también se nos manda tomar nuestras propias cruces y seguir a Cristo) no para ganar la salvación sino para hacer patente una salvación ya llevada a cabo por medio de la obra reconciliadora de Dios en Cristo Jesús.

Donald G. Bloesch 1

En lo que yo escojo llamar ortodoxismo, la enseñanza toma prioridad sobre la predicación y el sermón se reduce a un estudio bíblico, que puede ser edificante e instructivo, pero no es el poder de Dios para salvación. El desarrollo de la mente hu-mana es una meta digna, pero lo que más necesita el pecador es la regeneración del corazón humano. La predicación ciertamente transmitirá una dimensión tanto didáctica como kerigmática, pero si solo permanece didáctica, tendrá poca eficacia para convencer a las personas de pecado o para inspirar fe. Jesús no fue simplemente un gran Maestro sino el Salvador del mundo, y hasta que reconozcamos debidamente este hecho, careceremos del poder para tomar una genuina decisión de fe. Es posible predicar de la Biblia y, sin embargo, no predicar a Cristo Jesús ni el Evangelio y esto es lo que los protestantes, tanto conservadores como liberales, necesitan tener en mente al preparar a hombres y mujeres para el ministerio.

El exhibicionismo también tienta a muchos protestantes a deshacerse de las ataduras de la Reforma y de la Biblia. Aquí el propósito de la predicación es causar una impresión en nuestra audiencia en lugar de dar una interpretación fiel del mensaje de la Escritura. La predicación se convierte en una actuación en lugar de en un acto de obediencia. El culto de adoración ya no se centra en la Palabra sino en el predicador, en la personalidad y los talentos que él o ella aportan. Se espera que los predicadores sean maestros en el arte de la comunicación más que diligentes estudiantes de la Biblia. Su éxito está determinado por el número de personas que asistan a sus cultos o que lleven a cabo actividades en la iglesia y no por la obra del Espíritu Santo convenciendo de pecado a las personas y volviéndolas hacia la Cruz en arrepentimiento y fe.

Continuará

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 6

Blog109F

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. A

En la época, desde el fin del siglo XVII, cuando se desarrollaban los principios de la propaganda humanista y liberal contra Calvino, la máquina de guerra romana contra el Reformador llevaba ya mucho tiempo bien engrasada. A finales del siglo XVII, Bossuet, aunque reconociendo en Calvino muchas cualidades, afirmaba al mismo tiempo que la obra del reformado estaba viciada por numerosas faltas.

“Calvino habría sido un ambicioso: habría sido arrebatado de orgullo […] un autócrata con arrebatos fáciles […] un espíritu moroso y amargo.”

En el siglo XIX, Balzac en su novela Mártir calvinista hace un retrato fantasioso de Calvino, describiéndolo como el revolucionario de Picardía, imagen que será vehiculada en los ambientes católicos conservadores. En el siglo XX, la palma de la  desinformación histórica católica romana debe atribuirse al padre André Favre-Dorsaz. Richard Stauffer caracteriza así este retrato que se pretende histórico:

“André Favre-Dorsaz ha escrito sobre el Reformador el libro más insidioso, el más nocivo que conocemos. Pone a Calvino en paralelo con Ignacio de Loyola y para mejor mostrar la superioridad espiritual del fundador de la Compañía de Jesús, habla del teólogo de Ginebra en un tono de ironía, de mofa, de burla y de desprecio que es todavía más penoso que los ataques groseros de Bolsec.” 

Gabriel Mützenberg no se muestra menos indignado:

“El autor fuerza la verdad en su sentido propio: siempre en el peor; ignora sistemática- mente los testimonios que podrían invalidar sus tesis; construye su retrato sobre indicios imperceptibles sobre comienzos de líneas indistintas que él prolonga según su imaginación .Afirma sin saber: Supone. Su mala intención le hace suponer. ¡Pero qué importa! La palabra está escrita y será recordada: “delación edificante”. El golpe es bajo, pérfido, pero consciente. El fin justifica los medios. A medida que se avanza en esta lectura, uno se siente tomado, enganchado por la marea de esta hipocresía.”

Pero vengamos a la fuente de esta desinformación histórica anticalvinista.

Calvino fue el blanco de los ataques romanos desde los inicios de su combate por la renovación de la fe verdaderamente evangélica en el mundo francófono. Sin embargo, no fue hasta 1562 cuando empezó a ser objeto de verdaderas calumnias de parte de uno de sus colaboradores próximos, un hombre que había sido a la vez su doméstico y su secretario, Francois Baudoin. Abandonó Ginebra bruscamente para volver a la Iglesia romana, partiendo con un buen número de documentos robados a Calvino. Utilizó este robo falsificando abusivamente estos documentos en dos libelos contra el Reformador.

Richard Stauffer caracteriza así los ataques de Baudoin contra Calvino:

“Por parciales que sean las críticas de estas dos obras contra el Reformador (acusando de cobardía, falta de corazón y despotismo), ellas todavía están lejos de los ataques injuriosos de Bolsee [en 1577] y de sus epígonos.”

Lo que nos interesa aquí es ve cómo Calvino, dos años antes de su muerte, reaccionó ante tal traición de un hombre de su confianza, íntimo suyo, y ante tales calumnias. La Défense de Calvin de Charles Drelincourt que nos permite entrever un Calvino total-mente más humano y simpático que no lo deja entender la caricatura convencional. Respondiendo a Baudoin, que acusaba a su antiguo maestro de “presunción inso-portable” con respecto a sus colegas, Drelincourt escribe:

“Es necesario que pregunte una ve más: ¿Quiénes son estos colegas de: Calvino, que se han quejado de su fasto increíble y de su insoportable arrogancia.”

Drelincourt da la palabra a Calvino mismo:

“Me acusa, dice, de que yo no puedo sufrir a ningún colega. Pero mi moderación a sufrir no solo a mis colegas, sino también a todos aquellos que están por encima de mí, y no solo a sufrirlos, sino también a desearlos, es tan conocida, que no es necesario refutar una calumnia tan fútil. No ha sobresalido nadie de mi tiempo en piedad y en doctrina a quien yo no haya rendido el honor y el respeto que se le debe, y del cual no haya publicado las virtudes a plena voz. Tampoco hay uno de ellos que no me haya deferido más de lo que yo hubiera querido. Como Felipe Melanchton acostumbraba a decir de mí, del cual una sola palabra es capaz de hacer callar los ladridos de Baudoin.”

Tras haber citado la reacción de Calvino a la acusación de Bau-doin de que no soportaba a nin-gún colega, continúa diciendo:

“Y sin embargo [dice Calvino] no hay en todo el mundo ningún fiel servidor de Cristo a quien yo no haya tendido la mano en sociedad fraternal. Que mis colegas respondan de nuestro consentimiento doméstico, de los cuales la administración de esta Iglesia es común conmigo. A todos aquellos que despuntan de manera esperanzadora yo los ayudo por todos los medios que puedo para hacerles florecer en gracia y en autoridad. Y puedo dar testimonio en buena conciencia, de que digo de buen corazón con Moisés: Quiera Dios que todos profetizaran en el campamento de Dios. En fin, que el calumniador nombre, si puede, uno solo a quien yo haya impedido por envidia o por emulación ser mi colega, si pudiera hacerlo. E incluso de estar en un grado más alto.”

Pero Drelincourt no se limita solamente al testimonio de Calvino sobre su generosidad en su actitud hacia sus colegas. Lleva al tribunal de estas acusaciones gratuitas y ma-lintencionadas a un testigo de excepción: Teodoro de Beza. Respondiendo a aquellos que afirmaban que Calvino “quería gobernarlo todo”, Beza escribe:

“¡Oh, vil y falsa impudicia! ¿Qué preeminencia ha buscado él jamás? ¿Con quién ha tenido alguna vez debate sobre el primer o segundo lugar? ¿Cuándo se le ha reconocido lo que correspondía a los dones y las gracias que Dios había puesto en él, cuándo se le ha visto cambiado, por poco que sea? ¿Cuándo se hallará haber jamás abusado de su cargo y autoridad, hacia el menor del mundo? ¿Cuándo ha emprendido hacer cosa alguna sin el consejo y contra la opinión de sus compañeros? Incluso al haber acabado un libro de la Escritura en sus lecciones, o en sus sermones, aun sabiendo mejor que nadie qué texto sería el más apropiado para la edificación de la Iglesia, nunca ha comenzado otro libro sin preguntar el parecer de sus compañeros. En definitiva, ¿qué disputa hemos jamás visto entre él y nosotros, sino que nos sobrepasaba a todos en toda humildad, entre sus demás virtudes, en lo que él solo se esforzaba más que todos nosotros; pero también de un gran coraje y virtuosamente, no obstante sin ostentación, e incluso sin apariencia externa? Puesto que se puede decir de él que Dios lo había trabajado tanto, como la medida de la condición de los fieles en este mundo puede albergar estas cosas, era un hombre que tenía una humildad sin pusilanimidad y una magnanimidad sin orgullo.”

Beza refuta la acusación de Baudoin según la cual Calvino no podía sufrir a sus colegas:

“Tú le acusas de que no puede sufrir a ningún colega, pero no hay nada más falso. ¿A quién harás tú ver que haya ejercido la menor enemistad contra quien sea de sus colegas? ¿Contra quién él ha hablado mal? ¿O quién es el que por envidia o por mal humor él haya buscado que disminuya, o le haya impedido elevarse? ¿Y qué, no sabes tú que conversamos en la Iglesia de Dios y no en un convento de monjes? Sabes bien tú mismo con qué fidelidad, mientras estuvo en Estrasburgo, ha mantenido una amistad santa con los mayores teólogos de nuestro tiempo: Capiton, Bucero y Pedro Mártir. También parece por testimonios públicos cuál ha sido su relación confirmada por tantos años con Farel y Viret, cuál ha sido su particular amistad entre él y Mr. Bullinger. Y el afecto que le muestran los principales Ministros de Suiza y de Grisons.”

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 3

Blog110C

Acerca de la preocupación del marido y de la esposa por ganar a su cónyuge cuando este no es creyente:

A fin de que el alma sea influenciada para bien, hay que tener muy en cuenta el estado presente del cónyuge en cuestión. Si uno es creyente y el otro no,
el creyente debe usar todos los medios que pueda haber para lograr que el otro también crea. Si ambos son creyentes, su cuidado mutuo debe ser edificarse uno al otro en su fe.

En primer lugar, es el sentir principal de la exhortación de San Pedro a la esposa creyente en cuanto a su conducta a fin de atraer a su esposo a una fe auténtica… Ahora bien, si este deber es de la esposa, con más razón lo es del esposo, quien es designado como la cabeza y un salvador de su esposa. Con este fin, San Pablo aconseja a los esposos y a las esposas casados con no creyentes que vivan con ellos…

Los medios de conversión son la mejor razón para amar: Le place al Señor dar esta bendición al esfuerzo del esposo o de la esposa por ser el medio de conversión de su pareja; el que se convierte amará entrañablemente al otro y bendecirá a Dios con todo su corazón… porque han podido entrelazarse tan fuertemente…

ACERCA DE LA EDIFICACIÓN MUTUA DE ESPOSOS Y ESPOSAS: El segundo deber relacionado con la salvación del alma es que ambos cónyuges creyentes se esfuercen mutuamente por edificarse el uno al otro. El cristiano les debe esto a los demás, cuanto más el hombre y la esposa… La edificación espiritual mutua es el mejor uso que pueden y deben hacer de las coyunturas y ligamentos que los une. En virtud de esto, el cuerpo (concretamente el cuerpo místico de Cristo) crece con el crecimiento que da Dios (Col. 2:19). Ahora bien, el vínculo matrimonial, siendo el más firme de todos los demás y por el cual estamos íntimamente entrelazados, ¿en virtud de qué otro vínculo habríamos de edificarnos el uno al otro, sino en virtud del vínculo matrimonial?…

El hombre y su esposa deben prevenir el pecado de su pareja:  Hasta donde les sea posible es el deber mutuo de esposos y esposas prevenir el pecado el uno del otro, esto se hace evidente por lo que dice el Apóstol: para prevenir que se engañen uno al otro “para que no [los] tiente Satanás” (1 Cor. 7:5). De estas palabras podemos arribar a esta doctrina general: Los cónyuges tienen que tener cuidado de protegerse el uno al otro de las tentaciones de Satanás, es decir del pecado, que es a lo que llevan todas sus tentaciones…

Indicaciones para prevenir el pecado: Para un mejor cumplimiento de este deber, el esposo y la esposa tienen que estar atentos y observar en qué pecado han caído, ya sea el uno o el otro, o qué ocasiones se presentan que puede conducirlos a pecar… Si ambos se irritan y enseguida se enojan, y uno nota esto primero en el otro, el que todavía está calmo debiera más bien sosegarse y con humildad y paciencia mantenerse tranquilo, no sea que al explotar ambos al mismo tiempo, toda la familia sufra…

Al esposo y la esposa les corresponde corregirse mutuamente los pecados: Ya sea que el esposo o la esposa ha pecado, el deber mutuo es que el que es inocente corrija al otro. Como si uno de ellos estuviera herido, el otro debe ocuparse de curar la herida. Esto es lo que hizo Abigail, esposa de Nabal, cuando se enteró de la furia de David contra Nabal por el desaire recibido de este. Se apresuró a llevarle alimento, y se humilló ante él (1 Sam. 25:23). Esto conmovió tanto a David que se tranquilizó. Sí, y Abigail se tomó el tiempo para hacerle ver a su marido su falta y el peligro en que esto lo había puesto. Más directamente y con más éxito corrigió Jacob la superstición o idolatría de su esposa Raquel, como puede verse comparando Génesis 31:19 con 35:2, 4. Un hermano no debe dejar que su hermano permanezca en pecado: cuánto menos puede la pareja dejar que esto suceda entre ellos.

Es un corolario del odio ser indiferente al pecado ajeno: No debes aborrecer a tu hermano (dice la Ley) y ser indiferente a su pecado (Lev.19:17). Hacerlo es muestra y fruto del odio. Si un esposo viera a su esposa o una esposa viera a su esposo en medio del fuego o en el agua, a punto de ser quemado o de ahogarse, y no hace todo lo que puede para rescatarlo, ¿no pensaríamos con razón que lo aborrece? El pecado es como fuego y agua, que quema o ahoga a los hombres para su perdición. Este deber puede cumplirse con sugerencias humildes, expresiones concisas, mansas llamadas de atención y con la ayuda de un pastor bueno o algún amigo discreto y fiel…

Cómo impulsar el crecimiento en la gracia: Este deber puede cumplirse de estas maneras:

1. Notando y mostrando aprobación por el comienzo y aun el paso más  pequeño de adelanto en la gracia.

2. Conversando frecuentemente acerca de las cosas que les conciernen: haciéndose preguntas el uno al otro sobre el tema y contestándolas.

3. Poniendo esto en práctica y siendo ejemplos mutuos: siendo el uno para el otro un ejemplo constante de devoción.

4. Realizando juntos ejercicios religiosos, tales como orar, cantar salmos, leer la Palabra y otros.

5. Ejecutando ejercicios santos y religiosos en la familia: Aunque este deber corresponde especialmente al marido, a la esposa le  corresponde recordárselo en caso de que se olvide y motivarlo a hacerlos, si le faltan ganas… En este tipo de persuasión, nadie puede prevalecer con un hombre mejor que su esposa.

6. Motivándose el uno al otro a concurrir a la casa de Dios para escuchar la Palabra, participar de las ordenanzas de Cristo y a conciencia ser parte de todo el culto público a Dios.

De Of Domestical Duties
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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres; poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

Los falsos maestros y la Gracia

Blog111

Para esa clase de milagros, como curar un cáncer terminal, un sida o un paralítico, como también para realizar un gran negocio, se necesita dar una “siembra” mayor (en dinero), porque de acuerdo a la cantidad de dinero, es el tamaño de la bendición que Dios te da”. Esto lo dijo textualmente el mismo locutor, autodenominado “apóstol cristiano”, que casi me hizo estrellar en una ocasión anterior, según narrábamos en un mensaje titulado “Siembras, Opus Dei y G-12”, de 23 de junio de 2006:

“Casi me estrello cuando conducía por la avenida de circunvalación de mi ciudad, pues sintonicé la radio en un momento cuando el locutor-predicador constreñía a su numerosa, cristiana y pobre audiencia a llevarle una “siembra” en dinero, para obtener a cambio un milagro físico o financiero y aun la salvación de sus familiares”.

Decía literalmente: “Dios te dice que aún tienes un dinero en tu bolsillo que no has entregado para la “siembra”; que lo entregues todo, que no temas, pues Él te lo va a multiplicar y te va a bendecir aunque te quedes sin nada ahora”.

Esta supuesta profecía, me dejó conmocionado de indignación y estupefacción, por eso casi me estrello.

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1). “Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida” (Apocalipsis 21:6). destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, Y POR AVARICIA HARÁN MERCADERÍA DE VOSOTROS con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1). 

Versiculo 303

El actual dueño de esa emisora radial es un antiguo locutor que hoy se hace llamar “apóstol”, quien adquirió en forma oscura y conflictiva esa emisora, arrebatándosela a la iglesia donde era miembro y a la cual dividió llevándose también a un grupo de her-manos, todo ello sumado a escandalosos conflictos personales de dos divorcios, el último con la hija de su antiguo pastor.

Además del desvergonzado comercio engañador de milagros, ofreciéndolos a cambio de la descarada recolección de dinero para el dueño, ese falso apóstol y sus ayudantes pagados (verdadero objeto de esa emisora), abusan con las siguientes prácticas:

—”Testimonios” que son morbosas narraciones detalladas de los pecados que cometían, como las horrendas prácticas homosexuales y travestis, los asaltos a bancos, la drogadicción, los adulterios, las borracheras, etc.

—A sus seguidores no les llaman cristianos sino “sembradores” y a los templos o iglesias, los llaman “punto de siembra”.

—Les dicen a los oyentes que no necesitan congregarse o acudir al templo, para recibir la bendición de Dios, sino que basta que llamen por teléfono dando su dirección y será recogida su “siembra” de dinero por un conductor de moto. También anuncian constantemente por esa radio, con voz y estilo de propagandista comercial, los números de las diferentes cuentas bancarias, para que sin necesidad de acudir al templo, depositen su dinero de “siembra” en el banco más cercano y así obtendrá la “bendición” de Dios, sea en algún milagro, curación, empleo o enriquecimiento súbito.

El nefasto canal Enlace TBN realiza sus telefónicas recolectas de dinero cada mes, pero esta emisora radial lo hace todos los días. “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; DE GRACIA RECIBISTEIS, DAD DE GRACIA” (Mateo 10:8).

—Todo este montaje de mercadería y recolección de dinero, lo sustenta el “apóstol” comercian-te con supuestas o falsas profecías, diciendo constantemente que “Dios le dice o le revela”, lo cual utiliza para manipular a los paupérrimos y desesperados habitan-tes de los tugurios y barrios de clase media baja de mi ciudad, generalmente recién convertidos que desconocen la Palabra de Dios, además de ser personas con escasa educación escolar que se engañan deslumbrados por la verborrea del hábil locutor.

—Permanentemente propagan la música de parranda, supuestamente “cristiana”, como ballenatos, merengues, salsa, rancheras y rap. Música que muy bien podría animar un baile del carnaval de mi dudad, con la seguridad de que los borrachos adúlteros y bailadores no notarían que esas canciones tienen una letra seudocristiana y que también la usan en esa emisora iglesia.

Esa emisora, que han convertido en templo, se llena diariamente con los desesperados que caen en la seducción de llevar algo de dinero, lo poco que les queda o han pedido prestado, con la esperanza de recibir a cambio un milagro, sea de salud, de restauración a relaciones familiares destruidas o de un empleo.

Como la gran mayoría no conocen el Evangelio ni a Cristo, reciben una torcida predicación y quedan cautivos de una nueva mentira: el dios dinero (el dios Mamón, en griego) como salvador y sanador de ellos.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15).

Versiculo 304

¡Ya basta! Levantémonos en contra de los mercaderes religiosos.

Es indignante la continua falsa predicación y herejías de esa emisora radial de amplia sintonía en mi ciudad, lo cual me ha movido a escribir estas líneas, haciendo un llamado, con la esperanza de que todos los hermanos cristianos evangélicos, pastores y asociaciones de ministros, nos unamos en protesta y defensa de la sana doctrinadel nombre de Jesucristo y de nuestra Iglesia, para que esa y todas las emisoras radiales o televisivas de otras ciudades y países, dedicadas a recoger dinero para el enriquecimiento de sus dueños, usando como pretexto el Evangelio, se arrepientan, cambien o abandonen esa práctica de falsedad y perdición para miles de almas, además de las propias almas de esos falsos apóstoles recolectores y sirvientes del dios dinero o dios Mamón.

Cuando Cristo vino a mi vida, sin que yo lo buscara, estando perdido, muerto y destruido, no tuve que dar dinero de “siembra” o “pacto”, como tampoco mis familiares, aunque no lo merecía ni lo entendía Lo hizo Dios por pura gracia suya y hoy lo sigue haciendo todo por su gracia_ La gracia de dios es gratis. gratuita e inmerecida. Por esa gracia vivo y estoy delante de Él, para su gloria.

“No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del Cielo” (Juan 3:27).

Porque POR GRACIA SOIS SALVOS por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; NO POR OBRAS, PARA QUE NADIE SE GLORÍE” (Efesios 2:8).

Me duele lo que hacen con nuestra Iglesia, con el nombre de Cristo y con su Evangelio, engañando y perdiendo con un falso evangelio a las almas perdidas que necesitan ser salvadas.

Por ello, lamento dedicar este mensaje a denunciar este abuso y mentira diabólica continuada. Cuánto desearía tratar temas más “agradables”, “positivos” o “edificantes”, como algunos me reclaman, como si denunciar y combatir la falsedad o el comercio del Evangelio no fuera algo positivo y edificante para salvar a los ignorantes e ingenuos cautivos de esos falsos apóstoles.

Por otro lado, amada Iglesia, he demorado en volver a escribir estas notas, porque he recibido múltiples ataques anormales, entre ellos un virus que inutilizó mi ordenador por una semana. Sabemos que “no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra huestes espirituales de maldad” (Efesios 6:12), pero el amor a Cristo y a ustedes, amados hermanos, me constriñe a continuar levantando en alto esta voz, confiando en la gracia y el poder de Dios en Cristo.

Dios les continúe bendiciendo.

VICENTE MERCADO SANTAMARÍA

Barranquilla, Colombia

La humanidad de Juan Calvino 5

Blog109E

B) LA HUMANIDAD DE JUAN CALVINO A LA LUZ DE LA DELACIÓN, LA CALUMNIA Y LA PERSECUCIÓN.

Una visión tan poderosa y completa de la fe bíblica en un Dios justo, tan soberanamente Señor de todas las cosas, tan clemente y lleno y bondad y de misericordia hacia sus criaturas, no podía más que suscitar la rabia del Diablo y el odio irreductible de los hombres impíos. Calvino conoció durante su vida la persecución que suscitan tales odios. Pero ella se volvió todavía más feroz tras su muerte. Es a la luz de estos ataques de Sa-tanás y de sus servidores como aparece de manera aún más viva la humanidad —en el sentido de las primeras definiciones de Robert que hemos citado en nuestra in-troducción— de Calvino: (1) su carácter humano, (2) su clemencia incansable y (2) la manifestación en él de una naturaleza humana plenamente realizada, a la imagen de Jesucristo, renovada por la gracia de Dios en él.

A fin de aclarar mejor esta luz tan humana que emanaba de nuestro reformador y para contrastarla con las tinieblas más que inhumanas de sus innumerables detractores y adversarios, me basaré en los escritos de sus más eminentes defensores: Charles Drelin-court, pastor de la Iglesia de Charenton, cerca de París durante buena parte del siglo XVII; Richard Stauffer, pastor suizo y profesor de Historia de la Reforma en París; y Gabriel Mützen-berg, hombre de letras ginebrino, intrépido defensor evangélico de Calvino y de la Reforma ante sus detractores evangélicos, protestantes, ateos y católicos romanos. Nos inspiraremos amplia-mente en estos tres autores, principalmente en Charles Drelincourt.

1. Calvino calumniado entre los protestantes

El eminente biógrafo de Calvino e historiador Émile Doumergue evoca la forma en que, por 1893, intentaba desprenderse de la interpretación convencional, entonces unánimemente recibida en el mundo francófono, del gran reformador. Describe así en su Iconographie calvinienne, los sentimientos de moda contra los que tenía que luchar para intentar restablecer la verdadera figura de Juan calvino:

“En esta época, yo comenzaba a sacudir el yugo de la leyenda, a mantener a un Calvino totalmente distinto que el Calvino convencional, casi el único conocido, un Calvino que no nació a la edad de casi sesenta años, agotado por el trabajo y la enfermedad, caricatura en lo moral y en los físico, por los escritores y los pintores de un talento o de una buena fe bastante sospechosos.”

¿Cómo es esta tradición de escritores y pintores encarnizados desde muchos siglos en calumniar al reformador de Ginebra? Tiene un doble aspecto:

Primeramente, católica romana; después protestante liberal, atea, democrática y humanista. Para comenzar, examinaremos brevemente el ataque protestante contra el gran reformador de Ginebra, después, principalmente con ayuda de la obra del pastor Drelincourt, observaremos más en detalle el ataque romano contra Calvino. Richard Stauffer hace una buena presentación de la hostilidad de los ámbitos protestantes liberales del siglo XIX hacia Calvino. Presentado por estos autores pretendidamente reformados, Calvino es irreconocible. Lo trágico es que esta caricatura se ha convertido en la imagen típica del reformador, tal y como se ha recibido en los ámbitos francófonos, y esto no solo por los protestantes en general, sino simplemente por todo hombre cultivado. Alfred Franklin, en la “Introducción” que escribió para su edición de la Vida de Calvino de Teodoro de Be-za, nos presenta el modelo de este género de desinformación histórica:

“Este gran fantasma negro, de figura glacial que, sombrío, seco, apresurado, a la caza de una idea excesiva, que surca rápidamente el mundo y le deja una marca tan profunda, atrae irresistiblemente las miradas, sin inspirarle simpatía; la gente se resiste a su ascen-diente, puesto que no puede satisfacer la razón y no le dice nada al corazón.”

 
Franklin dio así el tono del desprecio protestante por Calvino, desprecio liberal, demócrata y humanista, en definitiva, el de la Ilustración de inspiración gnóstica y masónica. Es frente a esta cultura del desprecio que se alzaron esas figuras a las que nosotros somos tan deudores: los J.H. Merle d’Aubigné, los Louis Gausse, Émile Doumergue, Auguste Lecerf, Jean-Daniel Benorit, Jean Cadier, Pierre Marcel y Pierre Courthial, valientes y lúcidos cristianos calvinistas, el combate de los cuales, nos parece, continuamos hoy aquí. Nombremos, por el deber de la memoria, algunos de los des-tructores protestantes de nuestra herencia reformada:

—Oskar Pfister, pastor y psicólogo de Zurich dibujó en 1947 el retrato de un Calvino sádico, perseguidor de las brujas ginebrinas, verdadero psicópata.

—Jean Schorer (1885-1973), pastor en la Catedral de San Pedro en Ginebra, en una obra llena de “citas mutiladas y falsificadas” (Stauffer, op.cit., p. 17) dibujó el retrato de un Calvino dictador, a imagen de los Hitler o Stalin de su época.”

—El novelista judío austríaco Stefan Zweig, por incitación del pastor Schorer, dibujó el retrato de Castellón, adversario humanista y pacifista de Calvino obra que, según Roland de Pury es, en su injusticia para con el reformador, “una de las mentiras más profundas y perniciosas que hayan sido proferidas en literatura histórica”.

—Henry Babel, pastor en San Pedro, ha también evocado la vida y obra de Calvino. En la conclusión de su obra Calvino le pour et le contre evoca el retorno de Calvino a Ginebra e imagina al Reformador emplearse a redefinir el contenido de la fe reformada según el modelo de una religión mejor adaptada al progreso técnico y al pluralismo ideológico de moda en la Ginebra de mediados del siglo XX. Todavía aquí la ideologia liberal y humanista del sucesor de Calvino le impide percibir el objeto mismo de su estudio.

—Por último, incluso el cine se ha ocupado de la figura de Juan Calvino. El poeta ginebrino Georges Haldas y el cineasta Claude Goretta se han asociado para evocar, en detrimento del Reformador (¡y del Evangelio!) la Pasión y muerte de Michel Servet. Este, que con todas sus fuerzas negó la divinidad de Jesucristo y la Trinidad misma, y pagó con su vida tal blasfemia, ¡es identificado con la Persona misma del Salvador! La obra de Haldas está, también ella, llena de errores y de los peores anacronismos: Calvino sería el Stalin de la Reforma. Además, Haldas afirma haber visto, en su infancia, y con sus propios ojos, el edificio en el que Servet fue encerrado, edificio desgraciadamente reconstruido en 1841-1842. Pero lo peor es el humanismo sentimental perfectamente unilateral en el que se baña toda esta obra. De esta manera el antitrinitario es un mártir, pero los cinco jóvenes estudiantes de teología de la Academia de Lausanne martirizados en Lyon en el mismo año no le merecen a Haldas la menor simpatía humana. ¡Como parcialidad malintencionada no se podría hacer mejor!

Pero dejemos ahí las divagaciones de una cierta historiografia protestante para volvernos hacia una guerra de propaganda mucho más devastadora.

Continuará …

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El Dios Pródigo

El Dios Prodigo 2

El Dios pródigo, de Tim Keller (Publicaciones Andamio, 2015) es un libro que nos describe la parábola del hijo pródigo mostrando una perspectiva nueva de la gracia de nuestro Dios, de una forma profunda y para algunos inesperada.

En El Dios pródigo, el reconocido escritor Timothy Keller, usa una de las parábolas cristianas más conocidas para revelar un mensaje inesperado de esperanza y salvación.

Este libro retará tanto al devoto como al escéptico a ver el cristianismo de una forma completamente nueva y diferente.

En “El Dios pródigo”, Tim Keller hace un repaso del mensaje del evangelio basándose en esta parábola. Para ello, emplea dos pilares fundamentales: por un lado, hace un esfuerzo por sumergir al lector en el contexto cultural del primer siglo, debido a que hay ciertos detalles de la narración que para nosotros podrían pasar desapercibidos y que tenían repercusiones importantes para los lectores originales, como por ejemplo, que el hijo pidiese al padre su parte de la herencia mientras estaba vivo – equivalente a desearle la muerte al padre -, o que a su vuelta, el padre corriese al encuentro del hijo – algo impropio de alguien de su posición.

Por otro lado, el autor enfatiza lo que generalmente no se destaca al hablar de esta parábola: que el hijo mayor también tiene un problema. Normalmente, se habla del hijo menor y de cómo se ha alejado del padre, pero su hermano, a pesar de estar físicamente cerca del padre, está en realidad tanto o más alejado de él que el hijo menor cuando se va. Basándose en esto, Tim Keller estudia la conducta de ambos hermanos y concluye mostrando cómo ambos estaban igual de perdidos, aunque exteriormente esa perdición se manifestase de formas muy diferentes: el que vive a su manera y el que vive creyendo ser buena persona por su mera obediencia.

El Dios Prodigo 1

Ambos hijos requieren del Amor y la Gracia del Padre, y es en este punto donde el autor profundiza para mostrar la esencia del evangelio: que todos estamos alejados de Dios y perdidos, que nadie puede salvarse por sus medios y que todos necesitamos urgentemente de la Gracia divina.

En resumen, estamos ante un  libro que expone el evangelio con claridad y aporta bastante perspectiva respecto a la parábola del hijo pródigo – especialmente, en cuanto al esfuerzo del autor por acercarnos al contexto de los oyentes originales y a la centralidad que ocupa el hijo mayor en el tratamiento que hace el autor.

Este libro puede servir como introducción a la fe cristiana para quienes no estén familiarizados con sus enseñanzas o se hayan apartado de ellas durante un tiempo. Sin embargo, esta obra no es solo para los que están buscando. Muchos creyentes cristianos de toda la vida creen que entienden lo fundamental de la fe cristiana bastante bien y no necesitan un manual básico. No obstante, una de las señales de que quizás no comprendas la naturaleza única y radical del evangelio es que tienes claro que sí la entiendes. En algunas ocasiones, un entendimiento renovado del mensaje cristiano deslumbra y conmueve tanto a los miembros veteranos de la iglesia, que sienten que se han “reconvertido”. Por tanto, este libro se ha escrito tanto para los de afuera, que tienen curiosidad, como para los de dentro de la fe; tanto para los que Jesús llama “hermanos menores”, como para los “hermanos mayores” en la famosa parábola del hijo pródigo.

Es un buen libro tanto para leer a nivel personal, redactado en estilo sencillo, de modo que no es difícil de seguir – como para leer a nivel grupal, ya que suscita preguntas muy interesantes de tratar.

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

El Dios Prodigo 3.jpg

 

DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 2

Blog110B

ACERCA DE LAS ORACIONES MUTUAS DE LOS ESPOSOS.

El mayor interés de los dos debe ser el bien del uno y del otro, que Salomón aplica en particular a la esposa; es decir, hacer bien y no mal todos los días de su vida. Recordemos que el bien del hombre incluye su alma, cuerpo, buena reputación y bienes.

La oración, un deber mutuo: Un deber general que incluye a todos los deberes es la oración. San Pedro exhorta que la relación entre esposos no sea un obstáculo para las oraciones. Da por sentado que la oración es un deber mutuo que uno le debe al otro, como el que Isaac demostró hacia su esposa (Gén. 25:21). Por medio de ella, que el hombre y su esposa se ayuden el uno al otro en todo lo que necesitan. Es el medio en que Dios, en su sabiduría, la ha santificado para obtener todas las bendiciones necesarias para otros y para uno mismo. Muchos la consideran un deber de poca importancia y de
poco provecho, pero la verdad es que orar correctamente en verdad y con fe es difícil, pero sus efectos son poderosos. Es el mejor deber que uno puede cumplir para bien de otros y el que menos hay que descuidar. Ya mencionamos que Isaac oró por su esposa. Para demostrar el bien que le hizo a ella, nos dicen las Escrituras que el Señor lo escuchó. Así ella, siendo antes estéril, por este medio concibió un hijo. Todos los tratamientos médicos del mundo no podían haberle hecho tanto bien. Entonces, siempre, sin cesar, hay que cumplir este deber. Cada vez que los dos eleven una oración, tienen que tenerse en cuenta el uno al otro: sí y a menudo han de proponerse elevar oraciones en especial el uno por el otro, ya sea estando juntos o separados.

Esto último concierne especialmente al esposo, quien es como un sacerdote para su esposa y debe llevar los ruegos de ella a Dios cuando están juntos…

Las cosas por las que los esposos y las esposas orarán solos: Hay varias bendiciones necesarias por las que los esposos y las esposas deben orar y que tienen que ver solo con ellos dos y corresponden ser  mencionadas en las oraciones privadas entre ellos, como:

1. Siendo ambos una sola carne, tienen que ser también un solo espíritu: para que sus corazones sean como uno, entretejidos por un amor matrimonial, auténtico y espiritual, deleitándose siempre el uno en el otro, siempre dispuestos a ayudarse el uno al otro, y listos para cumplir con buena voluntad y alegría todos esos deberes que el uno le debe al otro.

2. Que su lecho matrimonial sea santificado: Siendo que es ordenanza de Dios, les corresponde cumplirla, manteniendo su lecho sin mancilla. No hay nada tan importante por la que debe orar mutuamente el matrimonio… debido al calor de los apetitos de la carne que la mayoría tiene. Si no se contiene por medio de la oración (el mejor medio para este fin), puede suceder que el lecho sin mancilla sea mancillado, y el hombre y su esposa pueden llegar a adulterar el uno con el otro. Como en otros casos, así también es esto santificado por la Palabra y la oración. La Palabra da una garantía y dirección para su uso. La oración lo sazona e igualmente lo bendice.

3. Para que puedan tener hijos y que estos puedan ser herederos de la salvación y vivan en este mundo para su propio bien y el de los demás…

4. Para que Dios les dé capacidad en lo que se refiere a los bienes de este mundo, y otros buenos medios para alimentar, nutrir y darles a sus hijos un buen futuro: y suficiencia para mantener a su familia y los bienes donde Dios los colocó.

5. Para que los dones y las gracias que necesitan y faltan en cualquiera de los dos les sean dados: y que los males y las enfermedades a los cuales están sujetos puedan ser superados.

Estas cosas y muchas similares brindan ocasión para que el hombre y su esposa oren de manera especial el uno por el otro y con otros.

Acerca de la preocupación del esposo y de la esposa por su salvación mutua:

Acerca del deber particular de los maridos en este sentido: Del deber general de orar que es provechoso para todo, pasemos a las  ramificaciones de las providencias relacionadas con el cuidado mutuo del hombre y su esposa. Comencemos con lo primero que deben procurar, a saber: el bienestar del alma del uno y del otro. El Apóstol indica que es algo que hay que procurar, donde dice: “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:16). San Pedro insta a las esposas a esforzarse por ganar a sus esposos (1 Ped. 3:1-5). Y San Pablo establece para los maridos cómo es el amor de Cristo, que tiene un especial interés por el alma y su salvación (Ef. 5:22-32). Este es un deber de ambos que San Pedro subraya cuando dice que son coherederos de la gracia de la vida (1 Ped. 3:7).

El bien más grande que uno puede hacerle a otro es ser un medio que le ayude a obtener la salvación. Y no hay nada que puede entrelazar más profunda y firmemente dos corazones que ser este medio.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino IV

Blog109D

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 2.
Ocurre evidentemente lo mismo acerca de todos los aspectos de la realidad sobre los cuales Calvino hace brillar la claridad de la Palabra de Dios, el estallido de la luz que Jesucristo, por su Espíritu, hace brillar sobre todas las obras divinas. Es así como, siguiendo al apóstol Pablo, busca traer cautivos a la obediencia de Jesucristo todos los pensamientos extraviados de los hombres (II Corintios 10:5). Su estilo mismo suscitó toda una tradición de poetas y prosistas reformados, que van desde Teodoro de Beza a Agrippa d’Aubigné, desde Guillaume Salluste du Bartas en el fin del siglo XVI, a Jean Ogier de Gombauld y los Drelicourt (tanto el padre Charles que el hijo Laurent), desde Pierre du Moulin hasta Jacques Saurin y Bénédict Pictet, hasta el alba de la vaporosa Ilustración del siglo XVIII.

Por todas partes, estos escritores calvinistas volvían a este modelo de belleza que es el estilo de la Biblia, estilo del cual las formas tan diversas que usan los autores del Libro sagrado están puestas siempre al servicio de la verdad divina.

Vemos cómo el crítico protestante del siglo XIX, A. Sayous, caracterizaba el estilo de Juan Calvino:

El estilo de Calvino es del mismo temple que su pensamiento: preciso, enérgico, que prescinde de las gracias superfluas y de las inutilidades del lenguaje, es el reflejo exacto de la perfecta claridad de su inteligencia. Predicador, o escritor, la expresión justa y fuertemente recortada le llegaba sin esfuerzo, acuñada de un golpe, por así decirlo, por el peso del pensamiento; y sus sermones improvisados, sus escritos dictados al vuelo o escritos al correr de la pluma, están todos igualmente marcados por este mismo cuño de precisión y vigor […J. Para alcanzar tal claridad y vigor de expresión, sin cesar ni un mo-mento de ser natural, es necesario instinto o estudio, poseer esta inteligencia de un idioma del que uno se convierte en maestro.

Más recientemente, el eminente crítico literario protestante Albert-Marie Schmidt escribía acerca del estilo de Calvino:

Por una especie de prodigio, del cual no se llega a dar una explicación satisfactoria, Calvino enuncia sus sólidos pensamientos en una especie de lenguaje eterno que, preservado de los daños del tiempo, no pierde en ninguna circunstancia su actualidad. Mientras que el arte y la intención de Rabelais, su contemporáneo, se nos han vuelto igualmente oscuros, nosotros entendemos sus intenciones más ocultas, desciframos con agudeza las alusiones más secretas que implica su escritura, por cuanto ella, animada por un impecable espíritu de geometría intuitiva, pone discreción a no emplear, en su sentido más simple, más directo, más claro, más puro, que palabras comunes y claras.

Schmidt muestra qué propósito anima a tal estilo, límpido y enérgico, apasionadamente inteligible y concreto:

Los textos de Calvino, que no deparan y ocultan jamás la jerga oscura de los eruditos que no se dirigen más que a algunos doctos erizados orgullosos de su saber, sino al conjunto de los predestinados a creen a fin de preparar en ellos, por la resolución de las principales dificultades de la Escritura y la justa organización de sus máximas la irrupción familiar del Espíritu Santo.

Lo que acabamos de ver en el ámbito de la estética de Juan Calvino lo podríamos demostrar sobradamente en lo que se refiere a su pensamiento político, su filosofía,” por el ámbito económico y social,” por el de la caridad eclesial y privada, por el de la cura de almas y, finalmente, en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, pero puesto que el tiempo es un dueño exigente, continuemos sin más hacia nuestro segundo apartado.

Dejemos la última palabra de esta primera parte de Las humanidades de Juan Calvino, a dos grandes conocedores franceses del pensamiento de Calvino, Jean-Daniel Benoit y Jean Cadier. Este último escribe:

Esta soberanía de Dios [que enseña Calvino] sobre todos los momentos de la vida está evidentemente opuesta a la secularización que es la marca de nuestra época. Toda nuestra existencia ha sido poco a poco separada de sus raíces profundas en Dios. La  religión  aparece como un asunto privado, sin relación con la vida pública. Pero precisamente esta secularización debe obligar al cristiano de nuestro tiempo a reafirmar la gloria de Dios en un mundo que lo desconoce. El pensamiento de Calvino ciertamente fue marcado en el siglo XVI por un contexto de oposición y de persecución. Es una doctrina para los prisioneros, los torturados, los testigos que serán degollados. Pero ella también es totalmente necesaria en la situación dramática del siglo XX, donde también existen prisiones, torturas y ejecuciones para aquellos que confiesan a Cristo en algunos países, y donde también existe una voluntad de poner a Dios fuera de la vida. Pero Dios no quiere ceder su gloria a nadie.

Después Cadier evoca la piedad, a la vez Trinitaria y centrada en la unión personal del creyente con el Señor Jesucristo, por el Espíritu Santo:

Esta unión con Cristo es la obra del Espíritu Santo. Y esta obra del Espíritu Santo tiene otro nombre: se llama la fe. Calvino da esta definición admirable de la fe: “La fe abraza Jesucristo” (Institución III,ii,8). Pocos teólogos han tenido una concepción más viva, más mística en el sentido religioso de esta palabra, que esta. La vida religiosa es, pues, “la comunicación alta y mística que tenemos con Jesucristo”.

Por tanto, vemos que el geocentrismo de Calvino en modo alguno le conduce a una piedad que se alejaría de la relación con Cristo. ¿Pero de dónde viene entonces esta dureza en la lucha que hemos descrito anteriormente y que ha dado ocasión a los numerosos detractores de Calvino de componer esta figura legendaria de un ambicioso, que no retrocede ante nada para llegar a sus propósitos de dominación?

Si no se tiene la certeza de ser conducido por Dios, la fuerza inquebrantable da, a aquellos que están fuera de esta acción, la impresión de ambición. La tenacidad de un hombre conducido por Dios es para los incrédulos una voluntad orgullosa de alcanzar sus fines […]. Pero Calvino contempla el triunfo de la causa de Dios. Es necesario que Dios gane. Es por ello por lo que su obra tiene este carácter dramático y a veces violento.

Sin embargo, los siglos han pasado. El mensaje calvinista se ha extendido en el mundo. Contra todas las pretensiones humanas ha alzado la exigencia señorial de Dios. Los hugonotes de Cévennes, los gueux de Holanda [Literalmente, “miserables, mendigos”. Nombre dado a los reformados holandeses que se alzaron contra Felipe II, N. T.], los puritanos de Nueva Inglaterra, los confesantes de la Alemania de Hitler han mostrado que cuando la gloria de Dios se encuentra amenazada, los hombres pueden resistir a la opresión. La lucha continúa. Calvino permanecerá en esta lucha como un guía indispensable y su voz de mando permanece: ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Jean-Daniel Benoit plantea a su vez la siguiente cuestión en la conclusión de su bello libro sobre Juan Calvino:

¿Cuál es, pues, el espíritu del calvinismo, la característica dominante de esta piedad que hizo a los hugonotes, los puritanos, los mártires?.
Y responde:

El espíritu del calvinismo se encuentra en el gran principio teocéntrico: Dios en el centro, Dios ante todo, por encima de todo y de todos.

En efecto, el calvinismo es, principalmente la afirmación apasionada de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios. “Servir a la gloria de Dios”, es el fin supremo de la vida humana, la razón de ser de toda existencia, por alta o humilde que sea, es el principio motor del calvinismo, la fuente de la energía desbordante y de la actividad de la que los calvinistas siempre han hecho gala a lo largo de la Historia.

Tenemos ahí, en esta actitud teocéntrica, el principio de una renovación necesaria de nuestro pensamiento y de nuestra piedad.

En efecto, poco a poco estamos habituados a poner al hombre en el centro del universo, y a proclamar los derechos del hombre independientemente de los derechos de Dios. En el centro, el hombre, su angustia, su miseria, sus necesidades, sus aspiraciones. Y Dios parece no entrar en escena más que para responder a estas necesidades del hombre, para aportarnos el perdón y la paz, para calmar nuestras angustias, permitirnos avanzar con confianza a través de las brumas que nos ocultan el porvenir, y calmar nuestros terrores frente al misterio y el pavor de la muerte. Dios, ¡cómo sabemos utilizarlo para nuestros propios intereses! Nos imaginamos de buena gana que no tiene otra razón de ser que la de hacer por el hombre lo que la nodriza por el niño, y que su papel es únicamente velar por él, nutrirlo, consolarlo, guiarlo quitando de sus pasos las piedras del camino. ¡En verdad, a veces parece que Dios haya sido hecho para el hombre, y no el hombre para Dios!

Y Benoit añade:

Estas desviaciones egoístas y sentimentales se remontan lejos en el pasado. El racionalismo, con su “Dios de las buenas personas”, y un cierto pietismo, con su Cristo delicado y afeminado, no son totalmente ajenos de ello.

Ante tal desnaturalización de la fe cristiana Benoit recuerda las cimas espirituales a las que Dios nos llama:

Frente a tales desvíos, ¡cuánto se impone un retorno al espíritu del calvinismo, a esta afirmación fundamental de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios!

Y continúa diciendo:

Hemos hablado demasiado de nuestras necesidades, de nuestras aspiraciones, de las nostalgias de nuestros corazones; nos falta tomar conciencia de los derechos de Dios; no de nuestros derechos sobre Dios —derecho a la salvación, derecho a la felicidad, derecho a la consolación, derecho a la felicidad eterna, ¡como si tuviéramos derechos a la gracia y a la misericordia divinas!—, sino de los derechos de Dios sobre nosotros, nuestras vidas, derechos de Dios a nuestro servicio, a nuestra obediencia, a nuestra consagración; actitud austera y viril que nos inclina ante la majestad divina, que quebranta nuestro egoísmo y nuestro orgullo, y nos pone, ante Dios, en nuestro verdadero lugar.

Y Benoit nos muestra que únicamente es cuando ponemos a Dios en su justo lugar, el único lugar que por derecho es el suyo, que nuestras vidas serán saciadas y satisfechas todas nuestras necesidades más legítimas y profundas. Y termina citando una carta de Calvino recordando, incluso a un rey, esta prioridad suprema:

Escuchad a Calvino, escribiendo al rey de Navarra y recordándole que hay una cosa más digna y más preciosa que su salvación:

“Nos perdonará usted, Sir, la necesidad que nos constriñe a hablar de esta manera, ya que nos preocupa vuestra salvación, en verdad algo más digno y precioso: es la gloria de Dios y el avance del reino de Jesucristo, en el que consiste la salvación vuestra y de todo el mundo”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO

Blog110

EL primer deber principal y absolutamente indispensable entre el hombre y su esposa es la unidad matrimonial, por la que ambos se consideran una sola carne y  consecuentemente preservan su unión inviolable. Ese es el deber que el Apóstol les recomienda con estas palabras: “Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer” (1 Cor. 7:10-11). Está hablando de la separación de la pareja, quebrantando e invalidando así el lazo matrimonial. Quiere que la unión se conserve firme e inviolable, y que los dos que fueron hecho uno, sigan siéndolo para que no vuelvan a ser dos. Esta unidad matrimonial es tan necesaria que no puede ser infringida ni disuelta aunque uno sea cristiano y el otro pagano. Dice el Apóstol: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Cor. 7:12-13)…

ACERCA DE LA PAZ ENTRE EL HOMBRE Y SU ESPOSA: Entre otros medios para mantener un afecto cariñoso interior entre esposos, algunos de los principales son: la paz, armonía y el acuerdo exterior. De hecho, el Apóstol les exhorta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), porque la paz es el lazo que amarra el uno al otro y hace que sean uno, aun uno en espíritu. Cuando sucede lo opuesto la discordia exterior desune el espíritu de los hombres. La Biblia nos estimula a seguir la paz con todos. Entonces, ¿con cuánta más razón deben los maridos tener paz con sus esposas y las esposas con sus maridos? Son más cercanos que hermanos y hermanas. ¡Entonces, cuánto más bueno y cuánto más delicioso es el habitar el esposo y la esposa juntos en armonía (Sal. 133:1)! Habitar juntos es algo que tienen que hacer, pero sin paz no hay un habitar juntos. Es mejor vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa (Prov. 21:9; 19; 25:24). Es mucho mejor que las personas que no se llevan bien permanezcan alejadas. No debe ser así con el hombre y su esposa, sino que más bien tienen que vivir en paz. La paz entre ellos es reconfortante, habiendo sido expuestos a las discordias de otros. Se ha dicho que en este sentido, la esposa es un remanso de paz para el hombre: ¿cuánto más el hombre lo es para su esposa?…

Para mantener la paz:
1. Eviten ofender: Hasta donde sea posible, eviten las ofensas. El esposo debe cuidarse de no ofender a su esposa, y lo mismo la esposa.
Las ofensas causan discordia.

2. No se ofendan: Cuando una parte ofende a la otra, la otra no debe darse por aludida. Así conservarán la paz. La reacción a las ofensas es lo que da inicio a las rencillas.

3. Procuren la reconciliación: Si ambos se enojan al mismo tiempo, el fuego se hará más grande. Por esta razón, sean rápidos en apagarlo. La ira no debe compartir la cama con los esposos, ni deben ellos dejar de compartir la cama por ella. Para que el fuego se apague más pronto, ambos tienen que esforzarse por reconciliarse. La gloria es del que da el primer paso, porque de hecho es bienaventurado por ser conciliador. No aceptar la conciliación cuando se ofrece es peor que ser pagano; cuando surge la ira, el deber del cristiano es procurar calmar los ánimos: una gracia que viene de lo Alto.

4. No permita que se formen partidos: No lleven sus desavenencias a sus hijos ni a sus sirvientes ni ningún otro familiar con el fin de que tomen partido con uno y se pongan en contra del otro. El hecho de que el hombre hable con cualquiera en su casa en contra de su esposa o que la esposa lo haga en contra de su esposo es, por lo general, causa de problemas entre ambos.

5. No hagan comparaciones: Deben evitar criticar constantemente a su pareja comparándola con otras personas o con sus esposos o esposas anteriores (en caso de haberlos tenido). Las comparaciones de este tipo son muy dañinas. Suscitan muchos malos sentimientos y causan grandes discordias.

6. No sean celosos: Sobre todo, hay que cuidarse de los celos imprudentes e injustos, que son la desgracia del matrimonio y la causa mayor de disgustos entre el hombre y su esposa. Las personas celosas son rápidas para empezar riñas y buscar ocasiones para sembrar la semilla de la discordia. Toman cada palabra, cada mirada, acción y moción de la peor manera posible y, en consecuencia, se ofenden sin razón. Una vez que se encienden los celos, son como un fuego llameante fuera de control. Es imposible sosegar al que los tiene.

7. Deléitense el uno al otro: En todas las cosas buenas, tienen que esforzarse por deleitarse el uno al otro sacrificando su propia voluntad y evitando causarle un disgusto al otro. San Pablo hace notar que es el deber de ambos hacerlo y describe el cariño mutuo que los esposos se tienen como un desvivirse por alegrarse mutuamente.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino III

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A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 1.

Deberíamos ahora considerar brevemente un cierto número de ámbitos donde tales preocupaciones a favor de las “humanidades cristianas” se manifiestan en la obra de Juan Calvino. Pero, por el límite de nuestro espacio, nos centraremos únicamente en su amor a la belleza.

Léon Wencelius, en su bella tesis dedicada a La estética de Calvino, se expresa así:

Antes de conocer la armonía de Calvino y la belleza de su estilo, tenemos que saber lo que él mismo pensaba acerca de la belleza, y cuál fue su actitud ante las artes de su época […]. En la exposición sistemática de su doctrina, tenía que dar una explicación de la belleza del universo […]. Escribió en medio de un mundo que se planteaba el problema de la belleza pagana. Estuvo obligado a responder a las acusación de múltiples adversarios, que ya reprochaban al culto reformado su falta de pompa y de esplendor externo. De nuevo, una actitud en el terreno estético se imponía. Guiados por estas reflexiones, hemos leído toda la obra de Calvino […]. A medida que realizábamos este escrutinio del pensamiento de Calvino, hemos advertido que todos los pasajes que descubríamos que hablaban acerca de la belleza y de las artes obedecían a una armonía común. Su orden no era distinto del orden que preside en el pensamiento de Calvino en su conjunto, y hemos visto que para exponer en toda claridad el problema estético, le bastó mostrar el brillo de la belleza a través de las partes de su teología.

Wencelius concluye estas apreciaciones introductivas con estas magníficas palabras:

Cualquiera que sea el problema que se estudie en el reformador, siempre se tiene que considerar a partir de lo que es el centro de su pensamiento, que es Dios, y su brillo en el universo. Esta es la realidad suprema del calvinismo. Pero las criaturas están obligadas a tener en cuenta otra realidad, desgraciadamente presente en la raza humana: el pecado. Todo problema, ya sea moral, social, político, estético, no puede, en el calvinismo, ser considerado más que a partir del brillo de Dios en un universo deformado por el pecado. Existen como tres momentos en el dinamismo del calvinismo: Dios brillando en su gloria y, por su Verbo, Creador del mundo que es conservado por su Espíritu, después el drama cósmico causado por la criatura que se separada del Creador; después la fulguración redentora de Dios que envía a su Hijo en medio de sus criaturas, a fin de salvarlas, redención que es culminada con la santificación del Espíritu Santo. Toda la Creación, ya sea en el equilibrio de sus formas, o en el impulso de su energía, obedece a este dinamismo y está englobada en este drama. Las criaturas humanas, ya sean en su contemplación, en su pensamiento, en sus actos, son parte integrante de este gigantesco plan de Dios, y examinar uno de sus elementos no es posible más que en relación con el plan divino. De esta manera siempre tenemos el mismo ritmo en el examen de toda cuestión que interese al calvinismo: exposición de la cuestión tal y como se presentaría si el pecado no existiera; la cuestión considerada frente a la deformación que el pecado le ha hecho sufrir; los medios que Dios pone a nuestra disposición a fin de triunfar sobre las dificultades suscitadas por el maligno.

Emile Doumerge confirma ampliamente lo que escribe Wencelius, en este caso en lo que respecta la música:

Entre las artes, Calvino otorga un lugar especial a la música. Lejos de perseguirla, como pretende la leyenda, él ha protegido y defendido al gran compositor de las melodías del Salterio, Louis Bourgeois. Lejos de condenar, como lo pretende la leyenda, el canto a cuatro voces continuamente se ha servido de comparaciones musicales, en las que ha hablado de la melodía y la armonía. En su prefacio del Salterio, ha hecho tal elogio de la música (he aquí una sola frase que se halla idéntica en dos lugares de sus obras: “Todos experimentamos qué gran poder tiene la música para conmover los sentidos de los hombres” (Comentarios I Corintios XIV,7)que su enemigo y detractor íntimo, aquel que lo trata de antiartístico y de antihumano, estuvo obligado a confesar: “Nadie ha hablado de la música como Calvino, excepto Lutero”.

Sin duda —y ello hace cuestionar cada vez más la leyenda—la música “sirve más bien a la voluptuosidad y delicias que a la necesidad”; sin embargo no hay que tenerla por “superflua”. Solo es reprensible “la voluptuosidad que no va unida al temor de Dios”. Con esta restricción, Calvino aprueba altamente todas las cosas que “son aptas para recrear al hombre y darle voluptuosidad”.

“Nuestro Señor, añade, quiere alegrarnos en todos los sentidos”. Y él se goza y alegra. Él goza del orden de las cosas: “Un orden decoroso sirve de mucho, no solo para dar gracia y belleza a todos los actos, sino también para acostumbrar nuestros espíritus a la honestidad” (Comentarios: I Corintios XI: 2).

Y Doumergue concluye estos comentarios sobre la belleza en Calvino citando de él este magnífico texto:

¿Pensamos que nuestro Señor haya dado tal belleza a las flores, que salta a la vista, y que no sea lícito ser tocado por algún placer al verla? ¿Pensamos que Él le ha dado tal suavidad de olor que no haya querido que el hombre se deleitara al aspirarla? Dejemos pues ahí esta filosofía inhumana (el estoicismo), que nos priva malignamente del fruto lícito de la bendición divina, e incluso no le da lugar, sino que habiendo despojado al hombre de todo sentimiento, lo hará parecido a un trozo de madera.

 

Continuará …

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EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 3

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III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL RESPETO DE LA ESPOSA POR EL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son:

1. De palabra: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si hay ese temor y respeto interior en su corazón, como Dios lo requiere, será evidente en las palabras que dice. La misma ley que se aplica al corazón en este caso, también gobierna la lengua. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26). Y ciertamente aquí “la lengua apacible es árbol de vida”, mientras que “la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu” (Prov. 15:4).

Este respeto de la esposa se demuestra:

(1) En sus palabras acerca de su esposo: Las cuales siempre deben estar llenas de respeto y honra. El Apóstol menciona a Sara como ejemplo de esto: “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien” (1 Pedro 3:6). Este era el lenguaje de su corazón como lo dice antes Génesis 18:21. Y ninguna esposa es demasiado grande o buena como para no imitar su ejemplo en esto, hablando respetuosamente de su esposo… todas las críticas acerca de su esposo y las palabras que lo deshonran tienen infaliblemente consecuencias para su propia
vergüenza; su honra y respeto se mantienen o caen juntos.

(2) Las palabras de la esposa hacia su esposo deben ser llenas de respeto.

Tiene que evitar: (I) Hablar en exceso, interrumpir ridículamente a su esposo mientras él está hablando, y responder con diez palabras cuando una hubiera bastado. Porque el silencio demuestra más la sabiduría de una mujer que las palabras, y la que es sabia es de pocas palabras. Aunque parezca ser religiosa, si no controla su lengua, su religión es en vano.

Y (II) ella tiene que cuidarse que sus palabras sean de calidad, es decir, humildes y respetuosas. Porque el gran deseo de la esposa debe ser “un espíritu afable y apacible”, sí, y del hombre también “es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:4). Cuando el corazón ha sido humillado por la gracia de Dios, se notará en sus palabras… ¿Acaso no ha dicho Dios “la lengua blanda quebranta los huesos” (Prov. 25:15)? Esto es más de lo que puede hacer una lengua virulenta… Le será un consuelo indescriptible en la muerte y el juicio reflexionar en las victorias que su paciencia ha logrado y con cuánta frecuencia su silencio y sus respuestas blandas han mantenido la paz… Es indudable que si la mansedumbre y el respeto no prevalecen, menos lo harán la ira y la pasión…

2. La demostración del respeto de la esposa hacia su esposo tiene que ser también de hecho. Y eso por su obediencia a sus directivas y restricciones… La esposa ha de obedecer a su esposo en todo lo que no sea contrario a la voluntad de Dios. Pero si le manda hacer algo pecaminoso según la Ley de Dios—si le pide que mienta, que dé falso testimonio o algo parecido—ella tiene que negarse modesta y resueltamente. Si le prohíbe hacer algo que, según los mandatos de Dios es un deber indispensable—si él le prohíbe orar, leer la Biblia, santificar el día del Señor o algo parecido—entonces tiene ella que “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29). Pero en todos los
demás casos, aunque ella puede presentarle respetuosamente a él sus razonamientos, si él sigue insistiendo, su mejor sacrificio será obedecer y hacer lo que le pide lo cual alivianará su yugo…

El hogar es el lugar que le corresponde: porque ella es la hermosura del hogar. Allí están sus ocupaciones, allí está segura… Cuando desaparecen el sol y la luna, el cielo está oscuro; y cuando tanto esposo y esposa están fuera de casa, se fomentan muchos problemas en el hogar, y ya sabemos de quién es la culpa: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa” (Prov. 7:11). Donde sea que el esposo juzgue mejor vivir, allí tiene la esposa que alegremente consentir vivir, aunque quizá por los amigos de ella o de él, sea incómodo para ella. Entonces… aquel que designa “amar a sus maridos” (Ti. 2:4) en el versículo que sigue le indica “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (2:5). Porque aunque se pueden silenciar las palabras de una mujer buena, nunca se podrán silenciar sus buenas obras…

Pocos esposos hay tan malos que la discreción y el respeto de una esposa no los reformaría; y pocas esposas hay de tan mal genio, que la sabiduría y el afecto de un esposo no la mejoraría.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

Preguntas y respuestas sobre como interpretar la Biblia

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El libro es presentado por el autor en la introducción como pensado para ayudar entender la Biblia. En tanto que  profesor de Introducción a la Hermenéutica en un seminario no encontraba ningún libro de texto que incluyera los temas que él quería dar, frase que no está exenta de cierta ironía. Así que escribió este para abordar todas las materias que entraban en el curso que impartía.

Plummer es un joven profesor de interpretación del NT del Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, Ky. Es anciano de la iglesia Comunidad Sojourn en Louisville. Ha formado parte de las tareas de la misión en China, India, Malasia, Ghana, Israel, Turquía y Trinidad. Él y su esposa Chandi tienen tres hijas. En su tiempo libre le gusta correr mini-maratones.

Esta obra consta de cuatro partes: en la primera trata sobre la Biblia y en conformidad con el título del libro, cada capítulo está formulado con una pregunta, siendo la respuesta la exposición del asunto. Aunque en muchas obras de hermenéutica se suele hacer lo mismo, en realidad  el contenido de esta sección es más propio de la bibliología, pues trata sobre el texto, el canon y la traducción. Pero  aunque lo ponga en el epígrafe, no hay ninguna exposición sobre las técnicas para traducir la  Biblia.  La segunda parte es un acercamiento general a la Biblia dividido en dos secciones: en la primera, con preguntas relacionadas con la interpretación; en la segunda, concernientes con el significado. Uno de los capítulos más interesantes es el de la historia de la interpretación de la Biblia en la Iglesia. Aunque relata lo más destacado, tiene algunas lagunas, porque da saltos muy grandes concentrándose en cinco periodos de tiempo.

La tercera parte tiene tres secciones: en la primera contempla los diversos géneros literarios de la Escritura en general, en la segunda los del AT y en la tercera los del NT. Por último en la cuarta parte, Plummer expone algunos temas de debates recientes. Y aquí nos encontramos en que no todos los debates son recientes, como por ejemplo, el de las diferentes interpretaciones escatológicas y la crítica bíblica. Por otro lado, hay otras que ya existían,  pero lo novedoso es que con el mismo nombre se han abierto paso nuevos métodos, como por ejemplo, la interpretación teológica y la interpretación bíblica. La interpretación teológica ha surgido hace unos diez años y tiene su origen en la desilusión con el método histórico-crítico y rebuscadas interpretaciones ideológicamente motivadas, como por ejemplo, las lecturas homosexuales de las Escrituras; un deseo de continuidad teológica con la iglesia anterior a la Ilustración y una creciente aceptación en el mundo académico de movimientos interpretativos que juntan el escepticismo y las cuestiones críticas, como por ejemplo, el enfoque de la respuesta del lector, la crítica canónica, el enfoque del proceso canónico, la crítica narrativa o literaria, historia de la recepción, historia efectiva, etc. En cuanto a la teología bíblica, se entendía en el pasado al hecho de centrarse en el significado histórico gramatical de los textos, es decir en la exégesis bíblica siguiendo el proceso de la revelación progresiva, proveyendo la interpretación de texto que luego recogía la teología sistemática. Sin embargo, en la actualidad, se han añadido las tendencias siguientes: la crítica canónica, el enfoque del  proceso canónico, la historia de la recepción, la historia eficaz, la intertextualidad, la hermenéutica del movimiento redentor, la hermenéutica misional y la hermenéutica filosófica.

Una obra excelente y muy apropiada como libro de texto en Seminarios, Escuelas e Institutos Bíblicos, ya que da pie a la ampliación por el  profesor de los diferentes temas.

Pedro Puigvert

 

Compartimos a continuación una porción de la entrevista realizada  por Coalición por el Evangelio a Robert Plummer autor de la obra.

1. ¿Siempre ha disfrutado de leer la Biblia? ¿Cuál fue su primer acercamiento a la interpretación de la Escritura?

Afortunadamente fui criado en un hogar cristiano en el que mis padres me leían la Biblia desde pequeño. La parte más importante de mi educación teológica fue cuando tenía 13 años y mi madre me enseñó a leer la Biblia en un año. El Espíritu Santo amorosamente usó esos años de adolescencia para afirmar la Palabra de Dios en mi corazón.

2. ¿Dónde cree que debería empezar alguien que jamás ha estudiado la Biblia por sí mismo?

Si alguien jamás ha leído la Biblia, quizá el Evangelio de Juan es un buen lugar para empezar. La narrativa es clara y atrapante, y al lector se le presentan las preguntas fundamentales de (a) quien Jesús es y (b) cómo debemos responder al amor de Dios en Cristo.

3. Usted escribe, “Incluso el pueblo de Dios, aunque ha recibido una nueva naturaleza y el Espíritu Santo como guía, debe tener cuidado con las inclinaciones engañosas de lo que le queda de su naturaleza pecaminosa”. ¿Cuáles diría que son las maneras más comunes en las que nos engañamos a nosotros mismos al estudiar la Biblia?

Tenemos la tendencia a poner excusas o ignorar nuestro pecado, lo que puede llevar a que ignoremos los pasajes de la Escritura que exponen nuestro pecado, o podríamos enfocarnos en los pasajes que creemos que “otros” necesitan escuchar sin primero haberlos escuchado nosotros mismos del Señor.

4. En la práctica, ¿cuáles son algunos de los errores más comunes que cometemos al estudiar la Biblia?

Uno de los errores más comunes al interpretar la Biblia es ignorar la intención del autor inspirado. Los maestros y pastores “usan” un texto para enseñar algo diferente a la intención del autor inspirado.

5. ¿Cómo exhortaría a una madre soltera o a un hombre de edad avanzada que no creen que necesitan ni pueden estudiar la Biblia por sí mismos?

En los Salmos, David nos dice que la Palabra de Dios es más valiosa que montones de oro y más deliciosa que la miel más dulce. Los creyentes que han leído y estudiado la Biblia saben que esto es verdad. La vida en este mundo quebrantado está llena de aflicción y problemas, pero la Palabra de Dios (aplicada a nuestros corazones por el Espíritu) conforta, instruye, y nos hace capaces de vivir vidas de significado, gozo, y amor.

 

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La humanidad de Juan Calvino II

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I. LAS HUMANIDADES DE JUAN CALVINO

Para introducir esta primera parte, citaremos una página del bello libro de Susan Schreiner El teatro de su gloria. La naturaleza y el orden natural en el pensamiento de Juan Calvino.

“Aquellos que estudian la teología de Calvino no deben nunca perder de vista aquello que él afirmó en su debate con Sadoleto, es decir, que la preocupación mayor del cristiano no es la salvación individual de su alma, sino la gloria de Dios. Sin minimizar la importancia del pecado, de la justificación por la fe, o de la seguridad de la salvación en el pensamiento de Calvino, debemos acordarnos que él sabía que la gloria de Dios iba mucho más allá del individuo y se extendía a todos los aspectos de la Creación. Dios creó el mundo como un teatro de su gloria, y bien que el ser humano esté situado a la cabeza de la Creación, no constituye jamás, en su sola persona, toda esta Creación. Desde el movimiento ordenado de las estrellas hasta la estabilidad relativa de los Gobiernos, la naturaleza de Dios y su gloria se manifiestan en cada una de las partes de su Creación. La sugerencia de que “el mundo” se habría convertido en el dominio de las tinieblas, extranjero a la vida de la Iglesia, implicaba para Calvino que el propósito de Dios para su creación —ser el espejo o el teatro (de su gloria] — habría fracasado. Rehusar participar en este dominio terrestre o descuidar la contemplación de la naturaleza, manifiesta para él una ncomprensión del compromiso de Dios hacia su Creación y un olvido incluso de su gobierno del orden creado. En definitiva, limitar la visión de Calvino solamente a las doctrinas de la depravación total de la naturaleza humana, de la justificación por la fe y de la función condenatoria de la naturaleza [caída] sería imponerle una manera de ver a la cual se resiste todo lo que él ha escrito. En la perspectiva de Calvino, la especia humana pertenece al orden de la Creación, orden que revela o refleja el poder, la sabiduría y la gloria de Dios; no es entonces sorprendente que toda la Creación desempeñe un papel importante en su compresión de la naturaleza de Dios y de sus propósitos.”

En su bello libro El hombre cristiano y el saber en la época de la Reforma, E. Harris Harbison llega, en el capítulo que él dedica a Juan Calvino, a conclusiones totalmente parecidas. Hablando de la utilidad incomparable del estudio de la Biblia para los reformadores, Harbison plantea la pregunta: “¿Para qué es útil, según Calvino?”, y responde:

“La respuesta es que este saber bíblico [tal como se manifiesta en particular en la Institución de la religión cristiana] no debe solamente servir a la clarificación intelectual y doctrinal, y a la piedad personal, sino a una empresa mucho más vasta: el avance del Reino de Dios…. Estaba preocupado, de una manera que no era la de Lutero, a la vez en “la comunión y de la comunicación” de los beneficios espirituales. Esta preocupación social estaba asociada a una concepción asombrosamente dinámica de la Historia. El Dios de Calvino era un Dios activo, siempre activo y todopoderoso, tal como escribía, no aquel “imaginado por los sofistas [los escolásticos], vano, inactivo y casi dormido, sino más bien vigilante, eficaz, siempre obrando y continuamente en acción”. De igual manera, sus elegi-dos debían también trabajar en construir su Reino, estando constituidos como un ejército conquistador en marcha, avanzando en el mundo a partir de esta cabeza de puente del Reino de Dios establecida en Ginebra.”

Y Harbison concluye:

“Para Calvino, el saber puro, el hecho de estudiar y escribir por propio placen no podía nunca ser justificado. Pero si Calvino podía persuadirse, y persuadir con él a sus lectores, que esta forma de saber —sensible a las necesidades de los hombres, apropiada a los males sociales, productora de piedad cristiana, capaz para profundizar la comprensión por el cristiano de sus creencias esenciales, viva y concreta, allí donde la antigua tradición escolástica no era sino abstracción muerta— entonces los trabajos del erudito cristiano podían en efecto constituir una verdadera vocación cristiana de la mayor importancia. He aquí lo que se hallaba en el corazón de su visión de la búsqueda del saber como vocación cristiana.”

Continuará …

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EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 2

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II. CONSIDEREMOS EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO TAL COMO VA APARECIENDO EN LAS ESCRITURAS, Y PARTICULARMENTE EN EL CONTEXTO DE ESTAS PALABRAS.

Aquí afirmo estas dos cosas:

1. Que la esposa debe respetar a su esposo como la iglesia respeta a Jesucristo: Dice el versículo 22: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” y el 24: “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. Abundan los ejemplos de esto, especialmente de gente sabia y buena. El Apóstol Pablo parece decir que es el deber de la mujer sujetarse a su esposo, así como la iglesia debe sujetarse a Cristo…

Dos cosas proclaman el respeto que la iglesia le debe a Cristo, a saber:

(1) La cuestión de su sujeción: Esto es en todo… No es que se sujete a él en lo que a ella le plazca o que su apetito le permita, sino que cuando él lo requiere… dice el Apóstol: “así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (v. 24), esto es en todo lo que un poder más alto, y aun la Ley de Dios no prohíba. De hecho, si algo es inconveniente, la esposa debe razonar con tranquilidad y demostrarle sus desventajas, pero si no puede convencer y satisfacer a su esposo, a menos que haya un pecado de por medio, tiene que someter su razonamiento y su voluntad a los de él.

(2) El modo de sujetarse demuestra el respeto de ella: Y esto es libre, voluntaria y alegremente. Es igual como la iglesia se entrega a la voluntad de su esposo, lo cual ha llegado a ser una de sus características “sirviendo de buena voluntad, como al Señor” (Ef.6:7), dando a entender que la sujeción y el servicio que realizamos para el Señor es con buena voluntad. Así debe ser la sujeción de la esposa: muy libre y con muy buena voluntad, como si hubiera una misma voluntad en ambos… Por lo tanto, un espíritu contradictorio o que actúa de mala gana no corresponde a la esposa cristiana; deja una herida en el corazón de él y culpabilidad en el de ella. Porque por lo general es una señal de orgullo y engreimiento y causa zozobra en la familia, lo cual es una maldición…Si el gobierno del esposo es demasiado pesado, es mejor que ella deje que él rinda cuentas por su severidad a que ella tenga que rendir cuentas por su desprecio.

2. La esposa tiene que respetar a su esposo así como los miembros respetan a la Cabeza. Dice Efesios 5:23: “Porque el marido es cabeza de la mujer”. Él es cabeza para influenciar y solidarizarse con ella: ese es el privilegio de ella. Él es cabeza para ocupar con dignidad esa posición y para administrar: eso es de él. ¿Y cómo puede esperar ella beneficiarse de la cabeza si no la honra? Deshonrar la cabeza de un hombre siempre se considera uno de los pecados antinaturales (1 Cor. 11:4)…Ella no tiene que contrariar los propósitos de su cabeza. Es ridículo que la cabeza vaya para un lado y la costilla para otro. Tiene ella que seguir las instrucciones y los consejos de su cabeza sin vacilar, porque los miembros no le enseñan a la cabeza para dónde ir. La apoyan, pero no la dirigen… es sabio y el deber de la esposa sujetarse a su esposo como su cabeza (excepto en casos en que la cabeza esté demente o evidencie un desorden mental).

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino I

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PREÁMBULO

Es para mí un gran placer hablar al lector de este célebre personaje al que celebramos hoy, no por sí mismo, sino por el honor y la gloria que dio, en su corta y tan fecunda vida, a Dios. Para mí es un placer especial hablar del tema que me ha sido encargado (“La humanidad de Juan Calvino”), puesto que fue este medio —el de su humanidad— el instrumento de Dios para mi propia conversión. Era en la primavera de 1966. Habiendo por largo tiempo caminado sin Dios, errando en los laberintos donde me llevaron mi orgullo y mis pasiones, en su gracia Dios interrumpió la vanidad de mi vida sin El y en contra de Él, al revelarme, de manera físicamente tangible, el vacío de mi vida. Los estudios que yo seguía entonces sobre los orígenes de lo que hoy llamamos la “secularización” me habían conducido a investigar diversos escritos del siglo XVI para discernir los indicios de dos estilos que me parecían dividir el mundo de las letras: el primero, formalista, de pura apariencia; el segundo, cuya forma manifestaba una plenitud de sentido, que expresaba el ser. El estilo de las apariencias (el espíritu de la corte, hoy en día, el de la televisión) era un formalismo vacío de todo sentido por el cual yo sentía la mayor repugnancia. Era la manifestación cultural de esta incipiente civilización moderna que yo rechazaba con todas mis fuerzas. Pero también veía otro estilo, al que llamaba el del ser, en el que el escritor busca, en la forma escogida por él, una plenitud de este sentido al cual yo aspiraba con todas mis fuerzas, sin saber que Aquel a quien yo buscaba palpando así era Dios mismo, el Ser en Persona, el Dios tres veces santo, quien es el único que da ser y sentido a todas sus criaturas.

Este estudio literario me condujo a leer, puesto que quería abordar de manera completa los textos literarios del siglo XVI francés, el Tratado de los escándalos de Juan Calvino. Descubrí entonces, con un asombro sin límites, toda la vivacidad y energía, la belleza y el vigor de la escritura del Reformador. Es este libro el que se hallaba sobre la mesa de mi pequeña buhardilla de Neuchátel cuando volví aquel domingo de primavera, absoluta-mente anonadado por la súbita revelación de mi vacío. Y fue una palabra de la Escritura escrita en la página en la que me fijé, palabra que me decía, como venida del Cielo mismo: “Quien clama a Dios en la angustia, Dios no lo dejará jamás”. En mi completa impotencia, en mi incredulidad, clamé a Dios y Dios respondió a mi pobre oración. Es por esta razón, ya bien lejana, por la que me hallo hoy aquí para hablar de este bello tema: “La humanidad de Calvino”.

INTRODUCCIÓN

En el “Prefacio” de su Institución de la religión cristiana, texto fechado el 1 de agosto de 1559, Calvino se defendía así contra los calumniadores (por aquel entonces ya eran numerosos; después han sido multitudes) que hacían correr, en la Dieta de Augsburgo en Alemania, el rumor de su vuelta a la Iglesia romana, noticia recibida con un celo precoz por muchos de los Príncipes del Imperio:

“Veis aquí el buen pago que muchos cortesanos me dan: los cuales muchas veces han experimentado mi constancia, y por tanto me debería servir de abogados, si la ingratitud no les hubiese sido impedimento; y tanto más justamente deberían juzgar de mí, cuanto más han conocido quien yo sea.”

Y Calvino añade:

“Pero el Diablo con todos los suyos se engaña muy mucho, si piensa abatirme y desanimarme haciéndome cargo de tan vanas y frívolas mentiras. Porque yo confío que Dios por su suma bondad me dará gracia de perseverar y de tener una paciencia invencible en el curso de su santa vocación; de lo cual aun ahora de nuevo yo doy muy buenas muestras a todos los cristianos con la impresión de este libro [la publicación de esta nueva edición francesa de su Institución] .”

Al concluir su Prefacio, elevando a Dios su oración por los lectores y pidiendo las de ellos:

“Dios sea con vos amigo lector, y si algún provecho recibiereis de estos mis trabajos, me encomiendo en vuestras oraciones a Dios nuestro Padre.”

Pero antes de que entremos de lleno en nuestro asunto, “La humanidad de Juan Calvino”, debemos brevemente intentar definir lo que significa para nosotros esta palabra “humanidad”. Trataremos la humanidad de Calvino según las tres primeras definiciones del diccionario Gran Robert: (1) su carácter realmente benigno; (2) la plenitud de su humanidad, recreada a la imagen divina; (3) su humanidad en sus relaciones con los demás. En estos tres aspectos de su humanidad él fue calumniado y perseguido. Pero an-tes de hablar de las cualidades humanas de Calvino, trataremos de la quinta y última definición que ofrece Robert: sus humanidades (en plural). Examinaremos, pues, la amplitud casi universal de su cultura podría él haber dicho “nada de los que es humano me resulta extraño”— pero sobre todo su voluntad de extender el Reino de Jesucristo, el Pantocrator — el Señor de todas las cosas— a todas las realidades de un mundo que pertenece, por su creación, y todavía más por su redención, a Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios bendito eternamente. Este verdadero imperialismo cultural para Jesucristo tenía como objetivo la reforma de los pensamientos, de los sentimientos, de la voluntad y de la acción de los hijos de Dios. Comenzaremos, pues, por este segundo punto: las humanidades de Juan Calvino, después veremos su humanidad para con su prójimo, en particular frente a la calumnia.

Continuará …

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EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 1

Blog108

El gran deber de toda esposa es respetar a su propio esposo. Tiene también muchas otras obligaciones que son mutuas, pero ella se caracteriza por esto. Esta es su calificación principal como esposa. No importa cuanta sabiduría, erudición y gracia tenga ella, si no respeta a su esposo, no puede ser una buena esposa.

Veamos su creación: Fue hecha después del hombre, él tiene algo de honor por haber sido creado primero. “Porque Adán fue formado primero, después Eva” (1 Tim. 2:13). Fue hecha del hombre, él fue la roca en que fue formada. “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón” (1 Cor. 11:8). Vemos aquí que no fue el hombre quien estableció este orden, sino Dios mismo. Volvamos a recordar la Caída donde escuchamos que Dios dice: “Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gén. 3:16). En el Nuevo Testamento, el hecho que Cristo fue “hecho de mujer” pareciera alterar esta ley inviolable: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio” (Col. 3:18). “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 Ped. 3:1), “considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (v. 2). “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (v. 5). Volvamos al versículo inicial. Aunque sea ella muy importante, muy buena y su esposo muy malo y muy perverso su deber indispensable es respetar a su esposo… no coincide con la naturaleza ni con la decencia ponerla a la cabeza, ni más abajo ni más arriba de la costilla. Y cuando ella acepte esto, entonces cumplirá muy contenta y fácilmente su deber. Un Dios sabio así lo ha ordenado, y por lo tanto es lo mejor.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA DE ESTE RESPETO.
Es un respeto auténtico, cordial y conyugal, que es característico de una mujer buena. Y yo creo que incluye lo siguiente:

1. La esposa debe honrar y estimar a su esposo: “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Es. 1:20). Para este fin, debe contemplar todas las excelencias de su persona, sea del cuerpo o la mente, darles el valor que merecen y no considerar que todo en su esposo es negativo…A aun si su esposo es ignorante,igualmente ella debe valorar la excelencia de su posición, siendo que el Espíritu Santo lo ha descrito como “imagen y gloria de Dios” (1 Cor. 11:7). Sea como sea que él se ve a sí mismo o como sea que lo vean los demás, para su esposa es una persona sin igual. Si lo estimó cuando lo escogió, debe seguir estimándolo… La esposa debe tener en cuenta que su honor y respeto entre sus familiares y vecinos se levanta o cae según su relación con su esposo, de modo que al honrarlo a él se honra a sí misma.

2. Este respeto es generado por el amor: Aunque el versículo enfatiza más el amor del esposo, es también deber de la mujer: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tit. 2:4). Es así que Sara, Rebeca y Raquel dejaron a sus padres,amigos y a su país por puro amor hacia sus esposos… Y de hecho no hay mejor modo de aumentar el amor del esposo que el respeto de la esposa, lo cual hará que esto sea dulce y fácil.

3. El temor es el tercer ingrediente del respeto hacia el esposo que le corresponde a la esposa… el requisito es que tenga una “conducta casta y respetuosa” (1 Ped. 3:2). El uno no es suficiente sin el otro. Esto… es sencillamente un anhelo cauteloso de complacerle y
prestarle atención, no sea que lo ofenda…

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 4

Blog107D

4. TEÓLOGO DE LA ALIANZA

El conjunto de la enseñanza de Calvino puede muy bien ser presentado bajo el título de la Teología de la Alianza, la cual es, sin ningún género de duda, uno de los distintivos más importantes de la teología reformada. El concepto bíblico de Alianza o Pacto entre Dios y los hombres sirve en ella para integrar y organizar las distintas doctrinas cristianas, además de proporcionar una visión de conjunto de la Biblia, como un útil hermenéutico que articule, en especial, la relación entre la Ley y el Evangelio, Antiguo y Nuevo Testamentos. La Teología de la Alianza sería fruto de la orientación esencialmen-te teocéntrica de la teología reformada, así como del carácter eminentemente bíblico de la Reforma. Esto último se pone claramente de manifiesto al considerar que la Teología de la Alianza no es una elaboración de teología especulativa ni aun, en primera instancia, una construcción sistemática, sino que sería el resultado de una vasta y compleja integración de datos exegéticos y sobre todo de lo que hoy llamamos teología bíblica.

Aunque en tiempos recientes la Teología de la Alianza ha conocido intentos (podemos decir que todos fracasados) de reformulación,” en su periodo clásico (la de la Reforma en un sentido amplio, desde Lutero hasta la Asamblea de Westminster, aproximadamente) la Teología de la Alianza estaba estructurada por tres pactos que tendrían como resultado la salvación de los hombres: el pactum salutis o Pacto de Redención, el Pacto de las Obras, y el Pacto de Gracia. La precisión con la que opera la Teología clásica a la hora de integrar estos tres pactos o alianzas se evidencia, sobre todo, en la diferenciación entre el Pacto de Redención y el de Gracia, o entre el estado natural de Adam y el Pacto de Obras, además de nociones como la continuidad de la Ley tras el Pacto de Obras, de manera que la Alianza de Sinaí, aun siendo en esencia el mismo Pacto de Gracia que el Evangelio, sea presentada en parte como una Alianza legal, en contraste con el Nuevo Pacto o Evangelio.

Cabe decir que durante el pasado siglo XX hemos asistido al ataque en el mundo académico a la Teología de la Alianza por parte principalmente de la escolástica barthiana. Llevado al terreno eclesial, este ataque ha contribuido poderosamente el abandono definitivo de la Teología clásica de la Alianza por parte de las Iglesias re-formadas y presbiterianas más importantes, y su vacío ha sido sustituido por una teología con los acentos más característicos y distintivos de la teología barthiana, de la cual la Confesión de 1967 de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA) es el exponente más elocuente. En el terreno académico, la escolástica barthiana ha procedido a intentar minar la Teología de la Alianza, codificada por la segunda generación de la ortodoxia reformada, fundamentalmente negándole cualquier nexo de unión con el Reformador Calvino. Ciertamente, concebir a Calvino como enfrentado con la ortodoxia reformada en distintos aspectos de la Teología de la Alianza se ha convertido en un poderoso cliché del que no es fácil desprenderse.

No obstante, se puede decir que, a estas alturas, la crítica barthiana ha sido ampliamente rebatida por toda una generación de académicos reformados contemporáneos altamente erudita, de los que destacaríamos a Richard A. Muller y Peter A. Lillback. Gracias a su estudio cuidadoso ad fontes de las obras de los Reformadores, la relación de Calvino con la Teología de la Alianza ha sido suficientemente clarificada. Con Lillback, sostenemos que Calvino desarrolló toda una Teología de la Alianza, que era en esencia la misma que la ortodoxia reformada codificaría, aunque todavía fuera incompleta en el Reformador y estuviera todavía, podríamos decir, en estado embrionario.

Cierto, como afirman los escolásticos barthianos, el Pacto de las Obras no fue enseñado de manera formal por Calvino, pero sí que lo fueron todos los elementos que conforman esta doctrina: Adam como representante de la Humanidad ante Dios, relación legal en-tre Dios y Adam, situación probatoria en Edén, el hecho de que Adam hubiera recibido la vida por la obediencia, la comprensión del árbol de la vida como un sacramento, el paralelo Adam-Cristo como cabezas federales, la distinción entre Ley y Evangelio. Por consiguiente; la Alianza de Obras fue, en esencia, enseñada por Calvino, y lo que es completamente inexacto es querer hacer enseñar al Reformador de Ginebra que el estado original del hombre es uno de solo gracia, de lo cual se desprendería que todas las relaciones de Dios con el hombre, incluido por lo tanto ahora el estado natural de los hombres sin Cristo, sería asimismo uno exclusivamente de gracia. De lo cual, fácilmente se llegaría el universalismo soteriológico, que es a lo que la teología de Barth tiende inevitablemente.

De la misma manera, tampoco el Pacto de la Redención fue expresado en estos mismos términos por Calvino. Pero basta comprender la relación de Cristo con la predestinación en el pensamiento del Reformador, como fuente de la elección y en su mediación eterna de los elegidos, para concluir que la dicha formulación de la ortodoxia posterior, conocida como Pacto de Redención, es la expresión de la determinación intratrinitaria, desde antes de la fundación del mundo, de la salvación de los pecadores.

La relación de la Teología de la Alianza con las afirmaciones fundamentales de la Reforma se puede poner claramente de manifiesto. Tras la Caída de Edén, el Antiguo Testamento es, en esencia, la misma alianza de gracia que la del Nuevo Testamento; de hecho, le debemos a Calvino la formulación clásica de la única alianza de gracia en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento como “una esencia aunque diversa en administra-ciones”.” Pero al mismo tiempo Calvino mantiene la distinción entre Ley y Evangelio, la cual se corresponde a la de Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Si bien la Antigua Alianza es evangélica, es enteramente tipológica y en ella el elemento legal se hallaría sobredimensionado por el don del la Ley en Sinaí que hace recordar las estipulaciones del Pacto de las Obras. Por tanto, la plenitud de la revelación de la gracia corresponde a la Nueva Alianza en Jesucristo.

La plenitud evangélica del Nuevo Pacto en Cristo, por otra parte, conlleva una salvación por gracia en la que Dios es el único autor (monergismo divino), puesto que de otra manera, si ella ha de depender de algún concurso del hombre, aunque sea en parte (si-nergismo), entonces la salvación estaría situada en un terreno de remuneración legal, como en el Pacto de las Obras. Es de esta manera como la justificación por la sola gracia y la sola fe no son doctrinas aisladas ni fuera de lugar, sino que se hallan al interior del mismo conjunto de enseñanza bíblica del Pacto.

Todas estas cuestiones se pueden contemplar, asimismo, desde el ángulo de la incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza. La incondicionalidad en el Pacto, del que depende la salvación por la sola gracia y la sola fe, se correspondería al carácter monergista y absoluto de la salvación divina, que se evidencia en el Nuevo Pacto. La condicionalidad, al elemento legal, que se pone palmariamente de evidencia en el Pacto de las Obras, pero que asimismo se encuentra integrado de manera subordinada en el Nuevo Pacto. Aunque los principios de incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza nos resulten en principio conflictivos, hemos de mantener ambos al mismo tiempo en nuestra enseñanza de la misma, y ello, a poder ser, sin caer en planteamientos paradóji-cos, propios más bien del principio “et…et” del catolicismo romano, o incluso de la teología dialéctica barthiana. La condicionalidad, propia de la temporalidad, ha de ser el medio por el cual la incondicionalidad, cuyo origen es el pactum salutis eterno, se realiza en el tiempo.

Calvino entiende perfectamente las implicaciones del carácter incondicional y condicional de la Alianza. En su comentario del Salmo 132:12 lo podemos apreciar de manera clara cuando dice:

Pero primero hemos de considerar que este pacto, en la medida que Dios había prometido enviar un redentor; de cuya mano se tendría que buscar la salvación, era totalmente un don gratuito, puesto que brotó de la adopción originaria, la cual también fue un don gratuito. Y ciertamente la perfidia de aquella impía nación [e. d., los judíos] no impidió a Dios mostrar abiertamente que Él no cuenta con méritos para enviar a Cristo […. Ahora pues vemos que el dicho pacto no fue condicional, pero porque establecía con él otras cosas que eran accesorias, se le añadió esta condición “Si obedecen mis mandamientos los bendeciré”.

Podemos decir que el genio de Calvino se manifiesta definitivamente a la hora de sintetizar las distintas doctrinas de manera completa. Las doctrinas de la gracia, en el orden temporal, que conllevan la completa depravación humana, serian el cumpli-miento de la libre elección divina, en el orden eterno. Esta última había sido, en efecto, enseñada de manera explícita en la Iglesia, por lo menos, desde los tiempos de Agustín de Hipona. Pero al Padre de la Iglesia le falló completar de manera coherente el conjunto de la enseñanza, y de esta manera, enseñó también que la elección debía ser completada con el don de la perseverancia. La elección de gracia, por tanto, se trasladaba de la elección de individuos para la salvación, a la elección de individuos para la gracia, transmitida por la Iglesia, fundamentalmente a través de los sacramentos. De esta manera, dentro del espacio sagrado de la Iglesia, y por los deméritos de las personas, la salvación se podría perder.

Esta fue, precisamente, la evolución de los temas característicos de la teología agustiniana durante la Edad Media, que daría como resultado el discurso sacramentalista con el que la Reforma luchó y que es el propio de la Iglesia católica romana hasta nuestros días. La implicación eclesiológica de ello es inevitable: desde el punto de vista sacramentalista, la Iglesia es el transmisor infalible de la gracia divina. La incondicionalidad divina en la Alianza se traslada de los individuos a la comunidad de la Iglesia. Ella, por tanto, no puede conocer caída, apostasía. Luego, ella tampoco puede necesitar Reforma. Sin embargo, la Reforma reconoce una cierta incondicionalidad al pueblo de Dios, pero es ella, en última instancia, la que pertenece a las personas de los elegidos, y que le es aplicada al pueblo según uno de los conceptos clave en la teología de Calvino, por acomodación divina.
CONCLUSIÓN: UN REFORMADOR PARA LA MODERNIDAD

En definitiva, toda la obra teológica de Calvino es la que fija en la Escritura y presenta de manera del todo coherente la obra de Dios que fue la Reforma protestante del siglo XVI. Las afirmaciones teológicas de Calvino no suponen para los hijos espirituales suyos una regla de fe, pero tampoco podemos desentendernos de ella.

Primero, por evitar el individualismo teológico (y su acompañante obligado, el eclesial), que ciertamente es un mal a evitar. Calvino y el resto de los Reformadores desempeñan el papel de Padres de la Iglesia para nosotros. El consenso unánime de los Padres para nosotros no es una regla de fe, pero sería muestra de gran arrogancia por nuestra parte que no lo tomemos cuidadosamente en cuenta, recordando además que en la medida que su enseñanza sea la de la Palabra de Dios, también es una autoridad secundaria para nosotros. La voz del mayor de los Reformadores, Calvino, tampoco puede ser desechada sin más.

Segundo, porque si la enseñanza de Calvino es un todo coherente con la enseñanza de la Escritura y con el mensaje de la Reforma, entonces el dejarla, y al mismo tiempo querer seguir siendo protestante, reformado o evangélico, supone una incoherencia intelectual y espiritual que a la larga no puede sino conducirnos de regreso a Roma. A nivel personal e individual, cada uno es capaz de vivir a lo largo de su vida con sus propias contradicciones, pero ello es mucho más difícil a una escala mucho mayor, si hablamos de un país, de la Iglesia en un país o, más aún, de la Iglesia dispersa por distintos países lo largo de las épocas. La demonización obrada por Roma a Calvino no es en modo alguno casual: es que la enseñanza de Calvino es la que verdaderamente le resulta peligrosa. La enseñanza corriente evangélica, por el contrario, no lo es.

Y en cuanto a la demonización obrada por los liberales, al estilo de las blasfemias de Jefferson, tampoco tiene nada de extraordinario. La civilización moderna en Occidente precisamente está basada sobre un concepto de la libertad del individuo que tiene sus ra-íces en un concepto filosófico de una libertad humana indeterminada y no necesaria, que choca contra la soberanía divina enseñada por la Escritura, la Reforma y, en particular, Calvino.

Con lo que, para concluir, ante el grado de degeneración teológica, eclesial, social y política reinante en Occidente, mejor recordar las palabras del Reformador:
Igualmente el pacto que ha hecho el señor en Francia, Italia, Alemania, España e Inglaterra. Pues, aunque casi todo haya sido destruido por la tiranía del Anticristo, con todo quiso, para que así permaneciera inviolable su pacto, que quedara el bautismo como testimonio de la misma, el cual retiene su virtud, a pesar de la impiedad de los hombres, porque fue consagrado y ordenado por su boca.
Del cual, sin duda, el Reformador desprendería para hoy el ineludible deber de Reforma bíblica.

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

Blog106C

III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 3

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3. TEÓLOGO DE LA IGLESIA

Este proceder teológico de Calvino, que, repetimos, era el propio de la Reforma en su conjunto, tiene unas consecuencias de una transcendencia verdaderamente capital. Por lo pronto, determina que es únicamente la Escritura la regla de la fe para los cristianos (lo que hoy conocemos por el principio de Sola Scriptura), lo cual implica que las Escrituras han de ser claras en sí mismas, sin que medien para ello las interpretaciones de la Iglesia (esto es, la doctrina de la perspicuidad y la claridad de las Escriptura). Se implica y se desprende de ahí todo un valor para la Tradición de la Iglesia, ya sea tanto de las obras particulares de los teólogos como de las resoluciones de los Concilios: bajo el principio de la Sola Scriptura, si alguna autoridad tienen para nosotros hoy, esta no la poseen de suyo propio, sino que se deriva de las Escrituras, y en la medida que están expresan-do la verdad enseñada por ellas.

Este principio fundamental de la Reforma ha sido y es objeto de ataques por parte de la Iglesia católica romana, que lo presenta como la causa primaria del subjetivismo e individualismo teológico y eclesial protestante. Por el contrario, nosotros sostenemos que si alguna acusación de subjetivismo e individualismo puede hacerse al protestantismo, no puede en modo alguno ser dirigida contra la Reforma como tal, sino más bien a su rechazo, principalmente, en el bando del liberalismo protestante. La aversión liberal a concebir el cristianismo como un sistema unificado de creencias y con un código moral concreto, contenidos en las Escrituras y confesados por la Iglesia a lo largo de los siglos, en definitiva, su rechazo del cristianismo como una religión, es la expresión máxima de este subjetivismo e individualismo teológico. Si este no tiende, en el bando liberal, a la atomización eclesial es porque tampoco la necesita: todas las opiniones tienen cabida, con tal de que se hagan dentro de la Iglesia institucional y sin romper la premisa básica, que es el relativismo común a todas ellas.

Lejos de ello, la Reforma, bajo el principio de la Sola Scriptura, no hizo, so pretexto de individualismo o subjetivismo, ni abstracción ni tabula rasa de todo lo precedente, así como tampoco le falta nada de, en palabras de hoy, conciencia eclesial. Baste decir este simple ejemplo: en la Institución, al Padre de la Iglesia Agustín de Hipona se le cita más de doscientas veces, y si a esto sumamos el resto de citas de Padres y teólogos, la cifra resulta verdaderamente abrumadora.’ Es de esta manera como Calvino no tenía dudas para poder hacer la siguiente afirmación al Cardenal Sadoleto:

Sabes muy bien que estamos más de acuerdo con la antigüedad que vosotros; y además no pedimos otra cosa sino que esta antigua faz de la Iglesia pueda por fin ser restaurada y renovada por entero.

Este uso continuo por Calvino de la patrística se debe, sin duda, a sus convicciones profundas en el terreno de la eclesiología.

Primero, que el período patrístico suponía la verdadera Edad de Oro de la Iglesia, al cual la Reforma del siglo XVI quería hacer volver a la Iglesia, tras el intervalo de la dominación y tiranía del papado. Ciertamente, Calvino no conocía nada de la noción tan corriente de que la conversión de los emperadores romanos y la cristianización de las naciones fue la gran apostasía de la Iglesia, a resultas de la cual la verdadera Iglesia de Jesucristo hubiera estado como escondida, anónima, bajo el manto de la Historia a lo largo de los siglos. Repetimos, esta concepción, que es más bien la del anabaptismo, y por la cual han nacido sectas de origen protestante como los Testigos de Jehová o los mor-mones, no es la propia de Calvino.

Segundo, que la Iglesia poseía el carácter de catolicidad, basado no en ninguna condición propia cumplida por los creyentes, sino solo en Jesucristo y las promesas absolutas de Dios en relación con Él. Esta cita, de su tratado Manera de reformar la Iglesia, lo pone bien de relieve:

Ciertamente nosotros no negamos que la Iglesia de Dios haya siempre existido en el mundo; puesto que escuchamos lo que Dios promete acerca de la perpetuidad de la si-miente de Cristo. En este sentido, tampoco negamos que ha habido una sucesión ininterrumpida de la Iglesia desde el principio del evangelio hasta nuestros días; pero lo que no concedemos es que esto esté tan fijado a las señales externas: que hasta ahora siempre ha estado, y por consiguiente siempre estará, en posesión de los obispos.

Por ello mismo, Calvino y la Reforma en su conjunto siguieron aceptando la validez del bautismo concedido por la Iglesia que permaneció bajo Roma, y le siguieron reconociendo el carácter de Iglesia, aunque caída en el error.” La sucesión apostólica en la Iglesia, según Calvino, no reside en las personas de los obispos, sino que no es otra cosa que “la perpetuidad de la doctrina”.” De esta manera, aunque limitado por la Palabra de Dios, se reconoce a la Tradición una cierta autoridad, puesto que la perpetuidad en doctrina conlleva que toda novedad doctrinal es, según Calvino, por definición falsa.” La Tradición, en Calvino y en la Reforma, no es completiva como en el catolicismo romano (es decir, no completa la revelación escrituraria), sino que es limitativa: la verdad de la Palabra de Dios ha de encontrarse en los límites de la verdadera tradición eclesial a lo largo de los siglos.

Esta conciencia eclesial, que es justo lo contrario de subjetivismo e individualismo teológico, fue sin duda lo que guió la obra de Calvino en el sentido de la búsqueda de la unidad cristiana. Lo cual fue indudablemente cierto con respecto a los distintos bandos en los que empezaba ya en su tiempo a dividirse la Reforma. El ejemplo por excelencia fue su enseñanza acerca de la Santa Cena, por la cual buscó la reconciliación entre las posiciones encontradas de los seguidores de Lutero y Zwinglio, y fue aceptada tanto por los últimos como, según parece, también por el reformador Lutero. Pero fue la misma actitud que mostró incluso con la Iglesia sometida a Roma. Sin llegar a sacrificar ningún elemento de la verdad central de la Reforma, Calvino fue capaz de aproximar máximo posiciones en cuanto a la doctrina de la justificación por la fe, por medio de su fórmula “no somos justificados sin obras, y no obstante, no somos justificados por las obras”,  hablando así de la necesidad de las obras para salvación: aunque no como siendo la causa misma. Esta afirmación se basa en la inseparabilidad de la justificación y la santificación en la participación de Cristo del creyente, puesto que en la justificación se recibe a un Cristo “entero” es decir, no para la justificación. Cabe señalar, de este modo, el acuerdo que el 27 de Abril de 1541 se alcanzó entre reformados (Calvino, Bucero y Melanchton) y representantes católicos romanos (el Cardenal Contarini y Eck) acerca de la justificación por la fe. Este acuerdo sería posteriormente rechazado tanto por Roma como por Wittenberg.

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 2

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II. CONSIDEREMOS EL AMOR DEL ESPOSO HACIA SU ESPOSA TAL COMO VA APARECIENDO EN LAS ESCRITURAS, Y PARTICULARMENTE EN EL CONTEXTO Y PALABRAS QUE ESTOY UTILIZANDO:

1. El esposo debe amar a su esposa, como nuestro Salvador Jesucristo ama a su iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25). El esposo “la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:29). Estos versículos nos hablan de la calidad del amor aunque no podamos ser iguales a Cristo en esto… Su amor se presenta aquí como:

(1) Desbordante, sin disimulo: El “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Su amor era verdadero, porque murió por ella. El esposo siga este ejemplo. No amar solamente de labios para afuera, sino con hechos y en verdad, como si el nombre de ella se encontrara escrito en su corazón…

(2) Libre, sin [esperar ser recompensado]: Porque él se dio a sí mismo para santificar a su iglesia (v. 26), esto implica que ella estaba en una condición deplorable cuando él inició sus primeros contactos. No era bella. Lo amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El esposo ama primero y con su amor forja el amor de su esposa, porque el amor, con amor se aviva. Si ella parece ser débil, por las características mismas de su género – en sabiduría, fortaleza y valentía, o muestra no tener amor o ser negligente en sus deberes aún así él esposo la amará, porque el amor no busca lo suyo propio (1 Cor. 13:5). El verdadero amor procura mejorar al ser amado, pero no para provecho del que ama. Amar a la esposa esperando solo algún provecho propio no es digno del esposo ni dista de seguir el ejemplo de Cristo.

(3) Santo, sin impurezas: Porque él “amó a la iglesia… para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (vv. 25-26)… El esposo no puede contar con un mejor ejemplo: tiene aquí la enseñanza de que debe esforzarse para continuar la santificación y salvación de su esposa.

(4) Grande, sin comparación: Porque, “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13), y así lo hizo nuestro Salvador. Él se entregó por su iglesia (v. 25)… El esposo imitará a su Señor y Maestro manteniendo un gran respeto por su esposa porque ella es miembro “de su cuerpo, de su carne y de sus huesos…”

(5) Es un amor activo y fructífero: Porque él a su iglesia “la sustenta y la cuida” (v. 26). Su humilde iglesia siempre está necesitada: él suple sus necesidades; está en problemas: él la protege; está a punto de desfallecer: él la levanta. Así debe ser el amor del esposo. No debe escatimar recursos ni sacrificios para hacerle bien a su esposa… el esposo tiene que amar a su esposa como Cristo ama a su iglesia.

2. El esposo tiene que amar a su esposa como se ama a sí mismo: Así lo dice mi Biblia. El Apóstol dice: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (v. 28) y, como si esto no fuera suficiente, continúa diciendo: “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…” Él no sabe con cuánto amor Cristo ama a su iglesia, pero sí sabe con cuanto amor se ama a sí mismo. Se ama a si mismo:

(1) Tiernamente: Ninguno puede tocar o manejar las heridas y penas de un hombre tan tiernamente como él mismo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” por desagradable que sea, sino que la sustenta y la cuida (v. 29). Así debe ser el amor del esposo hacia su esposa: lleno de ternura. Porque ella es como lente de cristal, que se
quiebra si no se trata con ternura…

(2) Con alegría: Nadie está más listo para ayudar a alguien que él mismo. Sus mejores amigos a veces fallan y se cansan; pero todos se ayudan a sí mismos. Por más difícil o peligroso que sea hacerlo, lo hace si es para propio beneficio. Así ha de ser la disposición del esposo para asistir, confortar y ayudar alegremente a su esposa. Si una nube se interpone entre ellos, el amor de él la disolverá rápidamente; porque nadie está enojado consigo mismo por mucho tiempo… sus oídos estarán abiertos, sus manos, su corazón listos para consolar, ayudar y agradar a su esposa, así como está listo para ayudarse a sí mismo.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 2

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2. LA PREEMINENCIA DE LA ESCRITURA

Para comprender mejor lo que significó en su momento la obra del Reformador Calvino (así como la de Lutero) conviene situarla en el contexto de la tradición teológica de su momento. Durante la Edad Media se desarrollaron dos grandes tradiciones teológicas en Europa. La primera fue la monástica, llevada a cabo en comunidades cistercienses y benedictinas, de carácter más bien espiritual, por medio de la composición y transmisión de himnos, oraciones, liturgias o sermones, cuyo máximo representante fue Bernardo de Claraval (1090-1153). La segunda tradición fue la escolástica o escolasticismo, de la cual la Universidad de París fue el modelo para toda Europa. El objetivo de esta última era la de preparar intelectualmente a las elites de la Iglesia, siguiendo una metodología emi-nentemente racional, con una fuerte influencia de la filosofía. En la teología escolástica, los dos libros de texto básicos eran la Glossa Ordinaria, de Walafrid Strabo (808-848), y las Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160). La Glossa era un comentario de todos los libros de la Biblia, en la traducción latina de la Vulgata, por medio de una recolección de citas de los Padres y algunos teólogos del periodo carolingio. Ella representaba lo que podíamos llamar la exegesis normativa durante la Edad Media. Por su parte, en sus cuatro libros, las Sentencias de Lombardo trataban de las “distinciones” (pues así eran llamadas) hechas al contenido de la Escritura, es decir, de las doctrinas cristianas.

Por lo tanto, la teología escolástica procedía claramente en dos disciplinas distintas: la exegética y la doctrinal. La característica principal de la exegesis medieval era el uso exclusivo del texto latino de la Biblia, el cual era siempre abordado a partir de los comentarios de los Padres. En cuanto a la disciplina doctrinal, su método procedía principalmente a través de la diferenciación, o distinción, entre las diversas cuestiones, y el análisis de las mismas a partir de diferentes preguntas. De esta manera, la actividad teológica en las diferentes universidades europeas se centraba en comentar tanto las Glosas como las Sentencias, y subsiguientemente a debatir los comentarios sobre las mismas hechos por los miembros de otras universidades. Por lo general, el debate discurría siempre dentro de los márgenes de la corrección del mundo universitario. El objetivo fundamental era el mantenimiento del consenso intelectual (y por ende, eclesial), del cual las distintas opiniones no representaban sino variaciones.

Este estado de cosas se iba a ver profundamente transformado por el espíritu humanista del Renacimiento, el cual iba a despertar el interés por los estudios de los autores antiguos en sus fuentes originales. La aplicación de ello al cristianismo fue la renovación de los estudios de la Biblia, pero no en la traducción de la Vulgata y de las autoridades cristianas, sino en los idiomas originales hebreo y griego. Aunque manteniendo en común el principio de remontar ad fontes los estudios de los documentos de la Antigüedad (en este caso de la Biblia), la Reforma difería en esencia con el Renacimiento por su orientación absolutamente teocéntrica y su visión fundamentalmente pesimista del hombre, amén de que su materia se circunscribía estrictamente a la revelación escrita de Dios y al conjunto de las doctrinas cristianas. De esta manera, la Reforma pre-sentó su propia entidad tanto frente a la escolástica medieval, por un lado, como, por otro, al humanismo renacentista.

Por supuesto, Calvino tenía un buen conocimiento de la teología escolástica. Incluso en ocasiones llegó a emplear algunos de sus conceptos como útiles o herramientas teológicas, especialmente en el terreno doctrinal. Por ejemplo, a veces encuentra útiles algunas de sus distinciones, llegando a aceptar la distinción entre “necesidad de consecuente” y la “necesidad de consecuencia” en relación con la reprobación, la cual, dicho sea de paso, Lutero rechazó. El concepto escolástico más importante que usó Calvino fue, sin duda, el empleo del esquema de la múltiple causalidad de Aristóteles en relación con las causas de la salvación y, aún más importante, de la reprobación. No obstante, a diferencia de Tomás de Aquino, Calvino no elabora a partir de ella ningún discurso metafísico.

Aparte de estos usos puntuales, el ministerio de enseñanza de la Escritura que desarrolló Calvino discurre al margen de los parámetros de la escolástica. Calvino no comentó nunca las Glosas ni las Sentencias. En exegesis, Calvino comenta el texto directamente del griego y del hebreo, y ello en un estilo que acuñaría como propio. Según sus propias palabras, el principal cometido como comentador era la de resaltar el pensamiento del autor bíblico, y el método más adecuado el exponer breve y claramente el sentido literal de la Escritura.’ Sin lugar a dudas, Calvino fue “el Comentarista” de la Reforma protestante y debe ser señalado como uno de los padres del método gramático-histórico de interpretación de la Biblia: el cual no debe confundirse con su perversión, el “histórico-crítico”, propio de la teología liberal.

En lo que a la doctrina se refiere, en sus obras Calvino cita profusamente tanto a los Padres como a los mejores teólogos posteriores. Pero no se los cita para fundar a partir de sus afirmaciones el discurso teológico, sino en el transcurso en el discurso mismo. Las distintas doctrinas son derivadas, así, de su fuente primaria que es la Escritura, quien a su vez es la que juzga, confirmando o rechazando, las opiniones vertidas por los distintos teólogos. Ejemplo por excelencia de este proceder teológico, que basa la enseñanza doctrinal directamente de la Escritura, es su obra magna, la Institución de la religión cristiana, la cual, pese a ser en esencia una obra doctrinal, también podría ser percibida, gracias a este carácter y método, como una teología bíblica de las distintas doctrinas cristianas.

En la manera de hacer teología de Calvino, que fue la propia de la Reforma, el texto bíblico sale del marco primario de la interpretación exegética, para adquirir una dimensión mayor. Al hablar con autoridad entre las distintas voces de los teólogos y de las afirmaciones de la Iglesia a lo largo de la Historia, se pone claramente de manifiesto la, podríamos decir, “pertinencia dogmática” de los textos bíblicos. En esta forma de ha-cer teología, el discurso teológico no es un sistema cerrado en el que el texto bíblico es considerado tan solo como un objeto de estudio bajo un férreo protocolo intelectual, sino como un sistema abierto en el que el texto bíblico, además de ser cuidadosamente estudiado, interviene como actor, poseyendo la libertad y la supremacía para hablar de manera autoritativa.

En definitiva, todo lo expuesto evidencia la preocupación fundamental que fue la de la Reforma en su conjunto: es la Sagrada Escritura la que ha de proporcionar la verdad a la Iglesia para su fe y su vida. Esto es lo que conllevó su ruptura con la escolástica, al con-siderar a esta última como una forma diletante y contemporizadora de hacer teología para la Iglesia. Aunque no fueran dichas por él, Calvino participa plenamente del espíritu de las palabras que Lutero dirigió a Erasmo, que fueron con las que concluyó su obra fundamental De servo arbitrio, que muy bien expresan el espíritu fundamental de la Reforma:
“Y no es difícil suponer que, puesto que eres un hombre, tú hayas podido no comprender correctamente, ni observar con suficiente cuidado las Escrituras o las palabras de los Padres bajo cuya dirección crees haber alcanzado el objetivo. De esto nos damos suficientemente cuenta, cuando escribes que no escribes nada por aserción, sino que “haciendo comparaciones”. No escribe así el que ve el fondo del asunto y quien lo comprende correctamente. En cuanto a mí, con este libro, YO NO HE “HECHO COMPARACIONES” SINO QUE HE SOSTENIDO Y SOSTENGO POR ASERCIÓN; y no quiero dejar el juicio a nadie, sino que me esfuerzo por persuadir para que asientan.”

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

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“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El Teólogo de la Reforma Juan Calvino

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INTRODUCCIÓN: UNA REHABILITACIÓN PARA LA MODERNIDAD

“No podré nunca unirme a Calvino para invocar su Dios. De hecho, él fue un ateo, lo cual yo nunca podré ser; o más bien su religión fue el demonismo. Si alguien adoró a un Dios falso, fue él. El Ser descrito en los cinco puntos, no es el Dios a quien usted y yo reconocemos y adoramos, el Creador y benevolente Gobernador del mundo; sino un demonio y un espíritu maligno. Sería más perdonable no creer en absoluto en Dios, que blasfemarlo con los atroces atributos de Calvino.”

Estas palabras fueron pronunciadas, en 1823, por el que fuera el tercer Presidente de los Estados Unidos, y el principal redactor de la Declaración de Independencia americana, el unitario (antitrinitario), deísta y filósofo liberal Thomas Jefferson.

Calvino entró, pues, en la época de la Modernidad, de la mano de algunos de sus mayores artífices, ocupando literalmente el papel de diablo. De hecho, durante siglos el Reformador había sido largamente demonizado por sus tradicionales adversarios católicos romanos y, en el bando protestante, por los arminianos. A ellos se sumaban entonces también los detractores provenientes de lo que ahora conocemos como liberalismo, tanto filosófico como teológico.

Desde que estas palabras de Jefferson fueron pronunciadas, en estos últimos y escasos doscientos años, hemos venido asistiendo a una lenta y en buena medida sorprendente recuperación de la figura del reformador Juan Calvino. Bien paradójicamente, saliendo poco a poco de su ancestral demonización, Calvino goza ahora incluso de cierta reputación, siendo aun señalado como uno de los precursores de la liberal civilización de la Modernidad, de la que la formación de los Estados Unidos de América sería uno de sus mayores hitos. Convertido en abuelo lejano de este país de talla mayúscula, hoy por hoy resulta bastante menos impropio reclamarse de Calvino en público que doscientos años atrás.

Esta recuperación de Calvino se ha extendido, también, hasta el ámbito teológico. Ello ha sido sobre todo fruto de las tareas de eminentes plumas neoliberales, de origen europeo pero que tuvieron durante el siglo XX una enorme repercusión en el protestantismo americano, como Philip Schaff o, sobre todo, Karl Barth. De hecho, hoy en día todavía es predominante la visión de un Calvino como teólogo barthiano por adelantado, enfrentado no solo a la escolástica medieval sino aun a la escolástica u ortodoxia re-formada posterior a él, manteniendo así, en esencia, el mismo espíritu libre de toda “atadura” dogmática que hoy día disfrutaríamos. Recuperación, pues, fruto, en buena medida, del quehacer de la escolástica neoliberal (que no, como es frecuentemente llamada, “neoortodoxa”) básicamente barthiana, escolástica que ha dominado en el gran mundo académico internacional durante la segunda mitad del pasado siglo XX.

A todo esto, y como dato hartamente significativo, esta lenta y progresiva rehabilitación de Calvino en todos los frentes para la Modernidad, ha ido a la par, durante esta misma Modernidad, de una devastadora pérdida de casi todo vestigio de ortodoxia doctrinal en las grandes iglesias reformadas y presbiterianas de Europa y Estados Unidos. Ello ha conllevado una no menos catastrófica mengua de la base social de dichas iglesias y la desaparición de toda relevancia religiosa y moral de dichas iglesias en el tiempo en que vivimos. Ciertamente, un hecho que bien invita a la reflexión.

En este río revuelto de visiones contradictorias, pues, cabe preguntarse acerca de la verdadera importancia y significado de la teología de Juan Calvino. ¿Qué representó la enseñanza del reformador de Ginebra en su día y qué representa esta para nosotros hoy? ¿Se trata simplemente de una escuela de pensamiento más dentro del protestantismo, este una más de las distintas versiones del cristianismo, el cual sería una más de las manifestaciones del espíritu religioso de la Humanidad? ¿Estamos abocados, en nuestros días de multiculturalismo triunfante, a considerar y presentar así la enseñanza de Calvino?

La tesis de este artículo es que la enseñanza de Juan Calvino representa, en su espíritu y en su letra, la mejor y más alta expresión de lo que fue la Reforma del siglo XVI. Profundizada por la siguiente generación de teólogos de la Reforma (conocida como la esco-lástica o la ortodoxia reformada), transmitida y codificada en las confesiones de fe de las Iglesias reformadas, el mantenimiento de la enseñanza del Reformador Calvino ha sido y representa hoy la preservación y proclamación, íntegramente y sin compromisos, del mensaje de la Reforma.

1. LA PERSONA Y LA OBRA DE CALVINO

No es exagerado afirmar que desde el tiempo de la Reforma hasta nuestros días, la figura de Calvino descuella como la del mayor teólogo que ha tenido la Iglesia cristiana, lo cual es indudablemente cierto al menos en el bando de la Reforma. Don valiosísimo de Cristo a su Iglesia, podemos incluso decir que desde entonces Calvino aparece como el prototipo de teólogo, tanto en lo que este ha de ser en cualidades, como en lo que ha de realizar en cuanto a obra.

En esta primera dimensión, Calvino reunía en sí mismo todas las cualidades que hacen al teólogo, aquellas que son necesarias para el estudio, exposición y proclamación de la Palabra de Dios a toda una generación. Comenzando por su maestría en su propio idio-ma, el francés, y también en la lengua de cultura de su tiempo, el latín; siguiendo por su vasto conocimiento de la cultura clásica o, por su formación en leyes, del ordenamiento jurídico medieval; su asombrosa erudición en la literatura patrística; su excelencia en las lenguas bíblicas, especialmente en el griego, aunque también mostrara un notable dominio del hebreo; su genio a la hora de sistematizar las doctrinas cristianas de una manera excepcional en su época; su expresión escrita elegante y precisa, pero tremenda-mente elocuente; su sólida predicación bíblica, que buscaba continuamente su aplicación en la vida de los oyentes y su culminación en la persona de Cristo, presentada siempre a sus oyentes, cosa destacable, en la manera de la predicación ex tempore más viva y comunicativa; estas cualidades, pues, presentes todas ellas en un grado excepcional en la misma persona, explica por qué la voz de Calvino transformó su propia generación y ha atravesado los siglos hasta hoy día. Si a ello sumamos una vida completamente entregada para la causa de la Reforma, habiendo sufrido en propias carnes el destierro o la pobreza, innumerables oposiciones y enemistades fuera y dentro de las filas de la Reforma, el acoso incesante de la enfermedad y la pérdida temprana de los suyos, además de su propia muerte en olor de santidad, entonces la figura de Calvino adquiere ante la Historia dimensiones verdaderamente colosales.

Asimismo, la obra teológica de Calvino es asombrosa por diversas razones. Primero, por su enorme fecundidad. La obra completa del Reformador comenzó a ser publicada en 1860 y se tardó cuarenta años en acabarla, y el resultado fue una colección de, nada menos, cincuenta y nueve voluminosos tomos. Uno no puede dejar de asombrarse, además, al considerar el contenido de esta su obra. Los volúmenes de sus obras completas están compuestos como sigue: las distintas ediciones de la Institución de la religión cristiana (volúmenes 1-4) , tratados teológicos (5-10) , epístolas (11-20), y comentarios y sermones (23-55). Si nos fijamos, pues, la producción teológica de Calvino se corresponde exactamente con el periplo de su ministerio de la Palabra al frente de la Iglesia de Ginebra. En su mayor parte, sus comentarios fueron el fruto de sus clases magistrales durante la semana, recogidos diligentemente por secretarios, de igual mane-ra que lo fueron sus predicaciones. Por otro lado, sus tratados teológicos, así como su sorprendente actividad epistolar, se corresponden siempre a las necesidades pastorales del momento, que van desde encuentros entre las iglesias de la Reforma, hasta las inter-minables polémicas y disputas a las que tuvo que hacer frente. Con todo lo vasta que ella es, puesto que cubrió prácticamente la totalidad de la Escritura y de la doctrina cristiana, su producción teológica termina aquí y no va más allá.

Por tanto, lo asombroso de la obra de Calvino es, al mismo tiempo que su fecundidad, podemos decir, también su humildad. Su obra teológica tiene un propósito y conoce unos límites. Es decir, con Calvino, la teología deja de ser un ejercicio académico la mayoría de las veces especulativo y sobre todo sin ninguna relación con la vida real de la Iglesia, que fue en lo que derivó en el período escolástico medieval, para volver a situarse en el área de acción del púlpito. Al volver a estar unida intrínsecamente al ministerio de la Palabra, la teología con Calvino es devuelta a la Escritura y ambas a la Iglesia, que es la depositaria de la Revelación de Dios y la responsable de vivirla. Y es de esta manera como se puede establecer un paralelo entre Calvino y los mayo-res Padres de la Iglesia antigua, a la que Calvino tanto admiraba.

En efecto, se puede perfectamente decir que la obra de Calvino recupera el carácter de la patrística, en el que la teología era una dimensión más del ministerio de la Palabra en la Iglesia, es decir, del ministerio pastoral. Por supuesto, que este carácter de su obra va ligado con una concepción de lo que la Iglesia es y lo que ella no debe dejar de ser nun-ca. En concreto, a la concepción medieval de la Iglesia como “madre de los creyentes” (la cual el Reformador acepta) Calvino añade el calificativo de “escuela”: “Mi intención es tratar aquí de la Iglesia visible, y por eso aprendamos ya de solo su título de madre qué provechoso y necesario nos es conocerla […]. Porque nuestra debilidad no sufre que se-amos despedidos de la escuela hasta que hayamos pasado toda nuestra vi-da como discípulos”. El profesor David C. Steinmetz explica en qué se traduce esta concepción de Calvino de la “Iglesia madre y maestra”:

“El ideal calvinista era situar a un glosador erudito en cada púlpito. La iglesia local vino a ser menos un espacio sagrado para la celebración de los misterios religiosos que una sala de asambleas para la educación teológica del pueblo laico. Los historiadores no deben sorprenderse de que el pastor en las iglesias reformadas a menudo fuera conocido como un anciano docente. La enseñanza se convirtió en la función central del ministro de la iglesia local en una iglesia que era tanto madre como escuela.”

Continuará …

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Deberes mutuos en el matrimonio 3

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5. ES DEBER DE ESPOSOS Y ESPOSAS AYUDARSE MUTUAMENTE:

Esto se aplica a los cuidados de la vida… El esposo nunca debe emprender algo  importante sin comunicárselo a su esposa, quien, por su parte, en lugar de sustraerse de las responsabilidades como consejera dejándolo a él solo con sus dificultades e incertidumbres, tiene que animarlo a comunicarle libremente todas sus ansiedades. Porque si ella no puede aconsejar, puede confortar. Si no puede quitarle las  preocupaciones, puede ayudarle a aguantarlas. Si no puede dirigir el curso de sus negocios, puede cambiar el curso de sus sentimientos. Si no puede valerse de ninguna fuente de sabiduría terrenal, puede presentar el asunto al Padre y Fuente de Luz. Muchos hombres, pensando en resguardar, por delicadeza, a sus esposas, no le cuentan sus dificultades, que no hace más que prepararlos para sufrir la carga de tiempos peores cuando estos llegan.

Y así como la esposa debiera estar dispuesta a ayudar a su esposo en cuestiones relacionadas con sus negocios, él debiera estar dispuesto a compartir con ella la carga de las ansiedades y las fatigas domésticas. Algunos se pasan de la raya y degradan totalmente a la cabeza femenina de la familia tratándola como si no pudiera confiar en su honestidad o habilidad para administrar el manejo del hogar.

Se guardan el dinero y lo comparten como si estuvieran dándoles su sangre, resintiendo cada centavo y exigiendo un rendimiento de cuentas tan rígido como si se tratara de un sirviente cuya honestidad sospecha. Se hacen cargo de todo, se meten e interfieren en todo. Esto es para despojarla a ella de su autoridad, quitarle el lugar que le corresponde para insultarla y rebajarla delante de sus hijos y los demás. Otros, por el contrario, se van al otro extremo y no ayudan en nada. Me ha dolido ver la esclavitud de algunas esposas devotas, trabajadoras y maltratadas. Después de trabajar todo el día sin parar para su joven y numerosa familia, han tenido que pasar las últimas horas del día solitarias, mientras sus esposos, en lugar de llegar a casa para alegrarse con su compañía o para darles aunque fuera media hora de respiro, andan en alguna fiesta o escuchando algún sermón. Y después, estas desafortunadas mujeres han tenido que despertar y quedarse en vela toda la noche para cuidar a un hijo que está enfermo o inquieto, mientras que el hombre al que aceptaron como compañero en las buenas y las malas duerme a su lado, negándose a sacrificar aunque sea una hora de descanso, para darles un poco de reposo a sus esposas agotadas. Hasta las criaturas irracionales avergüenzan a hombres como estos. Porque es bien sabido que el pájaro macho se turna para quedarse en el nido durante el periodo de incubación a fin de darle tiempo a la hembra a renovar sus fuerzas comiendo y descansando, y la acompaña en su búsqueda de alimento y alimenta a los pichones cuando pían.

Ningún hombre debiera pensar en casarse si no está preparado para compartir, hasta donde puede, la carga de las tareas domésticas con su esposa. 

Tienen que ayudarse mutuamente en todo lo que atañe a su vida espiritual. Esto lo implica claramente el Apóstol cuando dice:

“Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:17). Sean ambos inconversos o lo sea uno de ellos, debieran hacer cariñosos esfuerzos por procurar la salvación. ¡Qué triste es que disfruten juntos los beneficios del matrimonio y luego vayan juntos a la perdición eterna; ser consoladores mutuos sobre la tierra y luego atormentadores mutuos en el infierno; ser compañeros felices en el tiempo y compañeros de tormentos en la eternidad! Y donde ambas partes son creyentes auténticos, debe existir una demostración de una constante solicitud, atención y preocupación recíproca de su bienestar eterno… ¿Conversan juntos, como debieran, sobre los grandes temas de la redención en Cristo y la salvación eterna? ¿Prestan atención al estado de ánimo, los obstáculos, problemas y bajones en la devoción de su pareja a fin de poder aplicar remedios adecuados? ¿Se exhortan el uno al otro diariamente, no sea que se endurezcan por lo engañoso del pecado? ¿Ponen en práctica su fidelidad sin tratar de encontrar faltas y elogian sin adular? ¿Se alientan el uno al otro a participar de los medios públicos de gracia más edificantes y recomiendan la lectura de libros que encuentran  beneficiosos para sí mismos? ¿Son mutuamente transparentes acerca de lo que piensan sobre el tema de su religión personal y sus inquietudes, sus alegrías, sus temores, sus tristezas? ¡Ay, ay! ¿Quién no tiene que avergonzarse de sus descuidos en estos aspectos? Aún así, tal negligencia es tanto criminal como lo es usual. ¡Huimos de la ira que vendrá y no obstante no hacemos todo lo que podemos para ayudarnos el uno al otro en la huida! ¡Contender lado a lado por la corona de gloria, el honor, la inmortalidad y vida eterna y no obstante no hacer todo lo que podemos para asegurar el éxito mutuo! ¿Es esto amor? ¿Es esta la ternura del cariño conyugal?

Esta ayuda mutua ha de incluir también todas las costumbres relacionadas con el orden, la disciplina y devoción domésticos. Al esposo le corresponde ser el profeta, sacerdote y rey de la familia para guiar sus pensamientos, dirigir sus meditaciones y controlar sus temperamentos. Pero en todo lo que se relaciona a estos aspectos importantes, la esposa tiene que ser de un solo sentir con él. En estas cuestiones tienen que trabajar juntos, ninguno de los dos dejando que el otro sea el único que se esfuerza, y mucho menos oponerse o boicotear lo que se está tratando de lograr… No existe una escena más hermosa sobre la tierra que la de una pareja devota usando su influencia mutua y las horas juntos para alentarse el uno al otro a realizar actos de misericordia y benevolencia religiosa. Ni siquiera Adán y Eva, llenos de inocencia, presentaban ante los ojos de los ángeles un espectáculo más interesante que este mientras trabajaban en el Paraíso levantando las enredaderas o cuidando de las rosas de ese jardín santo.

6. REQUIERE SOLIDARIDAD MUTUA:

Una enfermedad puede requerir solidaridad, y las mujeres por naturaleza parecen tener la inclinación a enfermarse. “¡Oh mujer!… ¡Un ángel ministrador eres tú!”…Si pudiéramos arreglarnos sin ella y ser felices cuando gozamos de buena salud, ¿qué somos sin la presencia y la ayuda tierna de ella cuando estamos enfermos? ¿Podemos, como puede la mujer, acomodar la almohada sobre la cual el hombre enfermo apoya su cabeza? No. No podemos administrar las medicinas y los alimentos como puede ella. Hay una suavidad en su toque, una delicadeza en sus pasos, una habilidad en las cosas que arregla, una compasión en su mirada, que quisiéramos tener…

Tampoco es esta solidaridad un deber exclusivo de la esposa, sino que lo es de igual grado del esposo. Es cierto que este no puede brindarle a ella las mismas ayudas que ella a él. Pero sí puede hacer mucho, y lo que puede hacer, debe hacerlo… Maridos: Les insto a hacer uso de toda la habilidad y ternura del amor, para bien de sus esposas si se encuentran débiles y enfermas. Estén junto a su lecho, hablen con ellas, oren con ellas, esperen con ellas. En todas sus aflicciones, súfranlas ustedes también. Nunca desestimen sus quejas. Y, por todo lo sagrado en el afecto conyugal, les imploro que nunca, por sus expresiones de descontento o irritación, en estos momentos cuando son inusualmente sensibles, aumente su temor de que la enfermedad que les ha destruido la salud destruya también su cariño. ¡Ay! Evítenles el dolor de pensar que son una carga para ustedes. La crueldad del hombre que en estas circunstancias se muestra  indiferente y despectivo no tiene nombre… Un hombre así comete acciones asesinas sin recibir castigo, y en algunos casos, sin recibir ningún reproche, pero no siempre sin remordimiento.

Pero la solidaridad debiera ser puesta en práctica por el hombre y su esposa, no solo en casos de enfermedad, sino en todas sus aflicciones, sean o no personales. Han de compartir todas sus tristezas: como dos hilos unidos, la cuerda del dolor nunca debe sonar en el corazón de uno sin causar una vibración correspondiente en el corazón del otro. O como la superficie de un lago reflejando el cielo, tiene que ser imposible que uno esté tranquilo y feliz, mientras que el otro está agitado e infeliz. El corazón debiera responder al corazón y el rostro al rostro.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 7

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El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

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Deberes mutuos en el matrimonio 2

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3. EL DESEO MUTUO DE ESTAR EN LA COMPAÑÍA EL UNO DEL OTRO ES UN DEBER COMÚN DEL ESPOSO Y DE LA ESPOSA:

Están unidos para ser compañeros, para vivir juntos, para caminar juntos, para hablar juntos. La Biblia manda al esposo que viva con la esposa sabiamente (1 Ped. 3:7). “Esto”, dice el Sr. Jay, “significa residir, lo opuesto a ausentarse o tener carta blanca para irse a dónde quiera. Es absurdo que se casen los que no piensan vivir juntos, los que ya están casados no deben ausentarse de casa cuando no es necesario. Hay circunstancias de diversos tipos que sin duda hacen que las salidas ocasionales sean inevitables, pero vuelva el hombre a su casa en cuanto terminó su diligencia. Que salga siempre con las palabras de Salomón en su mente. ‘Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.’ (Prov. 27:8). ¿Puede el hombre, no estando en su casa, cumplir los deberes que le corresponden cuando está allí? ¿Puede disciplinar a sus hijos? ¿Puede mantener el culto a Dios con su familia? Sé que es la responsabilidad de la esposa dirigir el culto familiar en la ausencia de su esposo; y no debe tomarlo como una cruz, sino como un privilegio temporal. No obstante, pocas son las que tienen esta actitud, y por eso uno de los santuarios de Dios durante semanas y meses enteros se mantiene cerrado. Lamento tener que decir que hay maridos que parecen preferir la compañía de cualquiera que no sea su esposa. Se nota en cómo usan sus horas libres. ¡Qué pocas son dedicadas a la esposa! Las noches antes de ir a dormir son las horas más hogareñas del día. A estas, la esposa tiene un derecho particular, ya está libre de sus numerosas obligaciones para poder disfrutar de la lectura y la conversación. Es triste cuando el esposo prefiere pasar estas horas fuera de casa. Implica algo malo y predice algo peor”.

Para asegurar en lo posible la compañía de su esposo en su propia casa, sea la esposa cuidadosa de su casa (Tit. 2:5) y haga todo lo que pueda para ser todo lo atractiva que el buen humor, la pulcritud, la alegría y la conversación amena permitan. Procure ella hacer de su hogar en lugar apacible donde le encante a él reposar en las delicias hogareñas…

Unidos, entonces, para ser compañeros, estén el hombre y su esposa juntos todo el tiempo posible. Algo anda mal en la vida familiar cuando necesitan bailes, fiestas, teatro y jugar a las cartas para aliviarles del tedio de las actividades hogareñas. Doy gracias a Dios que no tengo que valerme de los centros de recreación para estar contento, ni tengo que huir de la comodidad de mi propia sala y de la compañía de mi esposa, ni del conocimiento y la recreación que brinda una biblioteca bien organizada o de una caminata nocturna por el campo cuando hemos terminado las tareas del día. A mi modo
de ver, los placeres del hogar y de la compañía de seres queridos, cuando el hogar y esa compañía son todo lo que uno pudiera desear, son tal que uno no necesita cambios, sino que va pasando de un rato agradable a otro. Suspiro y anhelo, quizá en vano, por un tiempo cuando la sociedad sea tan elevada y tan pura, cuando el amor al conocimiento sea tan intenso y las costumbres tan sencillas, cuando la religión y la moralidad sean tan generalizadas que el hogar de los hombres sea la base y el círculo de sus placeres; cuando en la compañía de una esposa afectuosa e inteligente y de hijos bien educados, cada uno encuentre su máximo bienestar terrenal y cuando, para ser feliz, ya no sea necesario salir de su propia casa para ir a la sala de baile, a un concierto o al teatro, ni preferir irse de una mesa con abundante comida, a un banquete público para satisfacer su apetito. Entonces ya no tendríamos que comprobar que las diversiones públicas son inapropiadas porque serían innecesarias…

4. OTRO DEBER ES LA PACIENCIA MUTUA:

Esto se lo debemos a todos, incluyendo al extraño o al enemigo. Con más razón a nuestro amigo más íntimo. Porque el amor que “es sufrido, [que] es benigno; el amor [que] no tiene envidia, el amor [que] no es jactancioso, [que] no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. [Que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:4-7). Es un amor indispensable y tiene que tener su lugar en cada relación de la vida. En dondequiera que haya pecado o imperfecciones, hay lugar para la paciencia del amor. En esta tierra no existe la perfección. Es cierto que los amantes a menudo creen que la han encontrado, pero un criterio más sobrio de esposo y esposa generalmente corrige este error. Las primeras impresiones de este tipo por lo general pasan con el primer amor. Hemos de contraer matrimonio recordando que estamos por unirnos a una criatura caída… El afecto no prohíbe sino que en realidad demanda que mutuamente nos señalemos las faltas. Pero esto debe hacerse con toda la mansedumbre de la sabiduría, junto con la ternura del amor, no sea que solo aumentemos el mal que tratamos de corregir o lo sustituyamos por uno peor…

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Canon de la Escritura

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El Canon de la Escritura

F.F.Bruce

Desde que Anastasio, Obispo de Alejandría -uno de los hombres más ilustres y preclaros entre los llamados “Padres de la Iglesia”-, utilizó por primera vez, en el año 367, la palabra “canon” en una de sus cartas para referirse a la lista de libros reconocidos como dignos de ser considerados escritos sagrados de inspiración divina, el Canon de la Escritura ha sido uno de los puntos de mayor debate en el seno de la cristiandad.

– ¿Qué libros son los que propiamente forman parte del texto bíblico?
– ¿Quién decidió qué libros debían aceptarse o rechazarse?
– ¿En qué se fundamentó tal decisión?
– ¿Continúan teniendo validez tales argumentos en el día de hoy?

Por otro lado, nuestra sociedad actual, tan aficionada a lo esotérico y fácilmente encandilada por todo aquello que tenga aureola de “misterio”, se ve con frecuencia perturbada por un enjambre de escritores sensacionalistas que recurren a supuestos escritos “secretos” o escondidos atribuidos a escritores bíblicos para apoyar sus fantasías.

– ¿Qué hay de cierto en todo esto?
– ¿Es el Canon de la Sagrada Escritura un canon cerrado?
– ¿Cabe pensar en la posibilidad de añadir otros textos originales en caso de ser actualmente descubiertos y probada su autenticidad?

 

Índice:

Prefacio y Abreviaturas

Primera parte: Introducción
1. La Santa Escritura

Segunda parte: el Antiguo Testamento
2. La ley y los profetas
3. El Antiguo Testamento griego
4. El Antiguo Testamento se convierte en un nuevo libro
5. El canon cristiano del Antiguo Testamento: A. Zona oriental
6. El canon cristiano del Antiguo Testamento: B. Zona occidental latina
7. Antes y después de la Reforma

Tercera parte: el Nuevo Testamento
8. Escritos de la nueva era
9. Marción
10. Valentino y su escuela
11. La respuesta católica
12. El fragmento de Muratori
13. Ireneo, Hipólito, Novaciano
14. Tertuliano, Cipriano y otros
15. Los padres alejandrinos
16. Eusebio de Cesasea
17. Atanasio y posteriores
18. Occidente en el siglo IV hasta Jerónimo
19. De Agustín hasta el final de la Edad Media
20. El canon del Nuevo Testamento en la era de la imprenta

Cuarta parte: Conclusión

Apéndice 1: El evangelio “secreto” de Marcos
Apéndice 2: Sentido primario y sentido plenario

Bibliografía e Índice analítico

350 pp. Rústica

Ref. 1527 – 20,00€

El Canon de la Escritura

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En esta ocasión reseñamos esta obra maestra, erudita y científicamente documentada; pero, a la vez, asequible a la comprensión de cualquier lector.

Desde que Anastasio, Obispo de Alejandría -uno de los hombres más ilustres y preclaros entre los llamados “Padres de la Iglesia”-, utilizó por primera vez, en el año 367, la palabra “canon” en una de sus cartas para referirse a la lista de libros reconocidos como dignos de ser considerados escritos sagrados de inspiración divina, el Canon de la Escritura ha sido uno de los puntos de mayor debate en el seno de la cristiandad.

Cuando hablamos del canon de la Escritura, la palabra “canon” tiene un significado sencillo. Hace referencia a la lista de libros contenidos en la Escritura, la lista de libros reconocidos dignos de ser incluidos dentro de los escritos sagrados de una comunidad de culto. En un contexto cristiano, podemos definir la palabra como la lista de escritos reconocidos por la Iglesia como documentos revelados por Dios.  Al parecer, fue Atanasio, obispo de Alejandría, quien utilizó por primera vez esta palabra en dicho sentido, en una carta que circuló en el año 367 d.C.

La palabra “canon” se ha introducido en nuestro lenguaje (a través del latín) a partir de la palabra griega kanon. En griego significa caña, especialmente en referencia a la caña recta que se utiliza como regla. De este uso procede el otro significado que suele tener en inglés: “regla” o “patrón de medida”. Hablamos, por ejemplo, de los “cánones” o las reglas de la Iglesia de Inglaterra. Pero una caña recta utilizada como regla puede ser dividida en unidades de longitud (como una regla moderna en pulgadas o centímetros); de esta costumbre se deriva que la palabra griega kanon pasara a ser utilizada para referirse a una serie de estas marcas y después con el sentido general de “serie” o “lista”. Es este último uso el que se aplica al término “el canon de la Escritura”.

Antes de que la palabra “canon” se utilizara con el significado de “lista”, la Iglesia la utilizó en otro sentido: como “regla de fe” o “regla de verdad”. En los primeros siglos de cristianismo era un resumen de la enseñanza cristiana que se creía que reproducía lo que enseñaron los apóstoles mismos y que se utilizaba para examinar todo sistema doctrinal o toda interpretación de los escritos bíblicos antes de ser aceptados por la cristiandad. Pero, una vez que los límites de la Sagrada Escritura quedaron generalmente aceptados, la Escritura misma llegó a considerarse la regla de fe. Por ejemplo, Tomás de Aquino (c 1225-1274) dice que sólo la escritura canónica es la regla de fe. Desde otro punto de vista teológico, la Confesión de Fe de Westminster (1647), tras establecer la lista de los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamentos, añade: los cuales son proporcionados por la inspiración de Dios para ser la regla de fe y conducta.‘ Estas palabras afirman la posición de la Sagrada Escritura como el “canon” o “patrón de medida” por el cual regular la enseñanza y actuación cristianas. Mientras que “canon” de la Escritura significa lista de libros aceptados como Sagrada Escritura, el otro sentido de “canon” —regla o patrón de medida— ha desaparecido, por lo que se entiende como “canon” de la Escritura únicamente la lista de libros que se reconocen como la regla de fe y conducta.

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– ¿Qué libros son los que propiamente forman parte del texto bíblico? – ¿Quién decidió qué libros debían aceptarse o rechazarse? – ¿En qué se fundamentó tal decisión? – ¿Continúan teniendo validez tales argumentos en el día de hoy?

Por otro lado, nuestra sociedad actual, tan aficionada a lo esotérico y fácilmente encandilada por todo aquello que tenga aureola de “misterio”, se ve con frecuencia perturbada por un enjambre de escritores sensacionalistas que recurren a supuestos escritos “secretos” o escondidos atribuidos a escritores bíblicos para apoyar sus fantasías.

– ¿Qué hay de cierto en todo esto? – ¿Es el Canon de la Sagrada Escritura un canon cerrado? – ¿Cabe pensar en la posibilidad de añadir otros textos originales en caso de ser actualmente descubiertos y probada su autenticidad°

Sobre el autor contarte:

F. Bruce, fue profesor emérito de la Universidad de Manchester en el área de Exégesis y Crítica bíblica, y una de las mayores autoridades mundiales en el tema, aporta en este libro el trabajo de investigación y estudio más serio y documentado que se conoce, dentro del campo conservador, analizando con microscopio los criterios utilizados en la forja del Canon de la Escritura a través de los siglos y las garantías sobre las que descansa el texto de nuestra Biblia.

Índice:

Prefacio y Abreviaturas

Primera parte: Introducción
1. La Santa Escritura

Segunda parte: el Antiguo Testamento
2. La ley y los profetas
3. El Antiguo Testamento griego
4. El Antiguo Testamento se convierte en un nuevo libro
5. El canon cristiano del Antiguo Testamento: A. Zona oriental
6. El canon cristiano del Antiguo Testamento: B. Zona occidental latina
7. Antes y después de la Reforma

Tercera parte: el Nuevo Testamento
8. Escritos de la nueva era
9. Marción
10. Valentino y su escuela
11. La respuesta católica
12. El fragmento de Muratori
13. Ireneo, Hipólito, Novaciano
14. Tertuliano, Cipriano y otros
15. Los padres alejandrinos
16. Eusebio de Cesasea
17. Atanasio y posteriores
18. Occidente en el siglo IV hasta Jerónimo
19. De Agustín hasta el final de la Edad Media
20. El canon del Nuevo Testamento en la era de la imprenta

Cuarta parte: Conclusión

Apéndice 1: El evangelio “secreto” de Marcos
Apéndice 2: Sentido primario y sentido plenario

Bibliografía e Índice analítico

* Editorial Andamio 2014Nº páginas: 350 pp.

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

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Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 4

Blog101D

Ahora, destaquemos para beneficio de los lectores jóvenes algunas de las características por las cuales se puede identificar una pareja consagrada e idónea.

Primero, la reputación: un hombre bueno por lo general tiene un buen nombre (Prov. 22:1). Nadie puede acusarlo de pecados patentes.

Segundo, el semblante: nuestro aspecto revela nuestro carácter, y es por eso que las Escrituras hablan de “miradas orgullosas” y “miradas lascivas”, “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa. 3:9).

Tercero, lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26).

Cuarto, la ropa: la mujer modesta se conoce por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar o llamativa, el corazón es vanidoso. Quinto, la gente con quien anda: Dios los cría y ellos se juntan: se puede conocer a una persona por las personas con quien se asocia.

Quizá no vendría mal una advertencia. No importa con cuánto cuidado y oración uno elige su pareja, su matrimonio nunca será perfecto. No que Dios no la haya hecho perfecto, sino que, desde entonces el hombre ha caído, y la caída ha estropeado todo. Puede ser que la manzana siga siendo dulce, pero tiene un gusano adentro. La rosa no ha perdido su fragancia, pero tiene espinas. Queramos o no, en todas partes leemos de la ruina que causa el pecado. Entonces no soñemos de esa persona perfecta que una imaginación enferma inventa y que los novelistas describen. Aun los hombres y mujeres más consagrados tienen sus fallas, y aunque son fáciles de sobrellevar cuando existe un amor auténtico, de igual manera hay que sobrellevarlas.

Agreguemos algunos comentarios breves sobre la vida familiar de la pareja casada. Obtendrás luz y ayuda aquí si tienes en cuenta que el matrimonio es usado como un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. Esto, pues, incluye tres cosas.

Primero, la actitud y las acciones del esposo y la esposa tienen que ser reguladas por el amor. Ese es el vínculo que consolida la relación entre el Señor Jesús y su esposa; un amor santo, un amor sacrificado, un amor perdurable que nunca puede dejar de ser. No hay nada como el amor para hacer que todo marche bien en la vida diaria del hogar. El esposo tiene con su pareja la misma relación que el Redentor con el redimido, y de allí la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25), con un amor fuerte y constante, buscando siempre el bien para ella, atendiendo sus necesidades, protegiéndola y manteniéndola, aceptando sus debilidades, “dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7).

Segundo, el liderazgo del esposo. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23). A menos que esta posición dada por Dios se observe, habrá confusión. El hogar tiene que tener un líder, y Dios ha encargado su dirección al esposo, haciéndolo responsable del orden en su administración. Se perderá mucho si el hombre cede el gobierno a su esposa. Pero esto no significa que la Biblia le da permiso para ser un tirano doméstico, tratando a su esposa como una sirvienta: su dominio debe ser llevado a cabo con amor hacia la que es su consorte. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas” (1 Ped. 3:7). Busquen su compañía cuando haya acabado la labor del día…

Tercero, la sujeción de la esposa. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Hay una sola excepción en la aplicación de esta regla: cuando el esposo manda lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios manda. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5). ¡Ay, qué poca evidencia de este “adorno” espiritual hay en la actualidad! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6). La sujeción voluntaria y amorosa hacia el marido por respeto a la autoridad de Dios es lo que caracteriza a las hijas de Sara. Donde la esposa se niega a someterse a su esposo, es seguro que los hijos desobedecerán a sus padres ––quien siembra vientos, recoge tempestades…

De “Marriage – 13:4) en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de
Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La
soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y
muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más
adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 4

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Evangelización en Ginebra

Calvino no limitó la predicación a su propia congregación. También la usó como una herramienta para extender la Reforma por toda la ciudad de Ginebra. Los domingos, las Ordenanzas de Ginebra demandaban sermones en cada una de las tres iglesias al amanecer y a las 9 de la mañana. A mediodía, los niños iban a clase de catecismo. A las 3 de la tarde se volvían a predicar sermones en cada iglesia.

Los sermones de entre semana eran programados a diferentes horas en las tres iglesias los lunes, miércoles y viernes. Para la época en que Calvino murió, se predicaba un sermón en cada iglesia todos los días de la semana.

Aun esto no era suficiente. Calvino quería reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada iglesia debía ofrecer:

1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Be-za, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.

2. Disciplina. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores pata mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la iglesia y sus líderes.

3. Caridad. Los diáconos de cada iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomu-nión para ejercer la disciplina de la iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino sobre Ginebra fue casi completo.

Calvino quería algo más que reformar Ginebra, sin embargo. Quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo para el reinado de Cristo por todo el mundo. De hecho, la reputación e influencia de la comunidad ginebrina se extendió a la vecina Francia; después, a Escocia, Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, y regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La iglesia ginebrina se convirtió en un modelo para todo el movimiento reformado.

La Academia de Ginebra también asumió un papel de crucial importancia, puesto que pronto se convirtió en algo más que un lugar para aprender teología. En John Calvin: Director of Missions, Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre de marfil teológica que vivía para y por sí misma, olvidada de su responsabilidad en el Evangelio, para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y peligros que les esperaban, para llevar la luz del Evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres.”

Influido por la Academia, Juan Knox llevó la doctrina evangélica de vuelta a su Escocia natal. Los ingleses fueron preparados para conducir la causa en Inglaterra; los italianos tuvieron lo que necesitaban para enseñar en Italia; y los franceses (que formaban la gran mayoría de refugiados) extendieron el calvinismo a Francia. Inspirada por la visión verdaderamente ecuménica de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo desde el que la evangelización se extendió por todo el mundo. Según el Registro de la Compañía de Pastores, ochenta y ocho hombres fueron enviados entre 1555 y 1562 desde Ginebra a diferentes lugares del mundo. Estas cifras, lamentablemente, están incompletas. En 1561, que parece haber sido el año cumbre de la actividad misionera, solo está registrado el envío de doce hombres, mientras que otras fuentes indican que casi doce veces este número —no menos de 142— salieron en sus respectivas misiones.

Esto es un logro asombroso para una obra que comenzó con una pequeña iglesia que luchaba en una diminuta ciudad-repúbli-ca. Sin embargo, el propio Calvino reconoció el valor estratégico de la obra. Escribió a Bullinger: “Cuando considero cuán importante es este rincón [de Ginebra] para la propagación del Reino de Cristo, tengo buena razón para preocuparme por que se vigile con diligencia”.

En un sermón sobre 1 Timoteo 3:14, Calvino predicó: “Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le ado-ren en verdad”.

Continuará …

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Sermones sobre Efesios

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La predicación en la Iglesia es la verdadera alma del ministerio pastoral de Calvino, y esto fue lo que dio forma a su obra como teólogo.

Calvino fue fundamentalmente un predicador. Su mensaje en el púlpito estaba dominado tanto por la reverencia hacia la Sagrada Escritura como por el sentimiento de la dignidad y responsabilidad de la misión de predicar la Palabra de Dios.

Los sermones sobre la Epístola a los Efesios fueron predicados entre 1558 y 1559, cuando Calvino comenzó a recoger los frutos de veinte años de ministerio y de intensas luchas. En ellos, la voz de Calvino resuena llamando siempre a la conversión al Evangelio y a la reforma de la vida de los creyentes y de la Iglesia, bajo la autoridad soberana de las Sagradas Escrituras. Ahora, unos 450 años después, los sermones de Calvino sobre Efesios, por primera vez en la Historia, están disponibles en español.

En cuanto al presente volumen de sermones en Efesios, hay que tener en cuenta que ellos fueron predicados los domingos por la mañana. El primer sermón se dio el 1 de mayo de 1558 y la serie finalizaría el mes de marzo del año siguiente. Este periodo puede ser visto como la culminación de todos los esfuerzos y conflictos mantenidos por Calvino en Ginebra, que culminaron con la resolución del affaire Servet (1553) y la posterior derrota del bando libertino. Por ello, sus directrices como pastor habían podido ser implantadas en la iglesia, pero no sólo esto, sino también orientar la marcha de los asuntos generales de la ciudad que unos veinte años antes había abrazado la Reforma. Precisamente en este tiempo (1556-1559) fue cuando estaba refugiado en la ciudad un joven escocés, John Knox, quien diría de aquella Ginebra: “Aquí está la escuela de Cristo más perfecta que ha habido sobre la tierra desde los tiempos de los apóstoles”, y que regresaría a Escocia con la intención de poner en práctica lo que allí vio.

Bien significativamente, Calvino escogió para este tiempo predicar consecutivamente en Efesios, a la que no es raro hoy día que se la llame como la epístola de “la gloria de la Iglesia”. Dejamos hablar a Thea B. Van Halsema acerca de lo que este periodo significó en la vida y ministerio de Calvino:

“El año 1559 fue un año glorioso. En mayo la iglesia clandestina reformada de Francia pudo celebrar su primer sínodo nacional en París. Mientras sus miembros sufrían torturas y muerte por causa de su fe, la iglesia se organizaba y adoptaba el sistema eclesiástico de gobierno que Calvino había trazado (…)

En el mes de junio, la academia de Ginebra se inauguró oficialmente, y llegó a ser un modelo para muchas otras universidades protestantes en los años próximos.

En julio, Calvino celebró su cumpleaños número cincuenta. A pesar de su enfermedad podía mirar a su alrededor y dar gracias a Dios por lo que se había logrado en Ginebra. Estaba agradecido también por haberse salvado de la muerte por la fiebre malaria sufrida el año anterior. Durante esos meses de grave enfermedad se había esforzado para terminar una última edición de la Institución. Era una edición mucho más extensa que las anteriores. Pero había días en que dudaba llegar a vivir lo suficiente como para ver su obra finalizada.

El Señor lo había guardado. En agosto de 1559, salió a la luz la edición final. Eran ochenta capítulos en cuatro gruesos volúmenes.

Fueron días, por tanto, en los que, en la debilidad, Calvino comenzaba a probar también la gloria. Sin embargo, el mensaje de Calvino a partir de Efesios está bien lejos de caer en triunfalismos anticipados, que se sitúan en este tiempo fuera de la cruz de Cristo. La voz del predicador siempre llama a una conversión al Evangelio y a una continua Reforma de vidas de creyentes e Iglesia.

Las repercusiones de estos sermones sólo Dios las tiene ante Sus ojos y algún día nos será dado contemplarlas en su plenitud. No obstante, podemos señalar que la lectura de volumen de predicaciones sobre Efesios en francés –las mismas predicaciones que escuchara en vivo durante su juventud– asistiría a John Knox en su lecho de muerte. La traducción al inglés de este volumen, juntamente con otros libros de sus sermones, contribuiría poderosamente, asimismo, a la influencia de Calvino en Gran Bretaña, configurando lo que hoy conocemos como movimiento puritano y la extensión del mismo en el mundo anglosajón.

Los sermones de Calvino en Efesios están nuevamente disponibles en español. Quiera el Señor que su lectura contribuya, aun en nuestros días, a que la Iglesia de Cristo sea reformada según Su voluntad, a la espera del día en el que será presentada como “una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante” a Aquel que la “amó y se entregó por ella para santificarla habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-27).

 

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:  http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=73&controller=product&search_query=Sermones+sobre+Efesios&results=226

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