La Naturaleza, La reivindicación y La Historia de La Adoración en Familia 3

Pero en ningún país ha brillado la luz hogareña con mayor resplandor que en Escocia. La adoración familiar en toda su plenitud fue simultánea con el primer periodo reformador. Es probable que ningún territorio tuviera jamás tantas familias orando en proporción a sus habitantes; tal vez ninguno tenga tantas hoy. En 1647, la Asamblea General emitió un Directorio para la adoración familiar en la que hablan como sigue:

“Los deberes corrientes abarcados en el ejercicio de la piedad que deberían llevarse a cabo en las familias cuando se reúnen a tal efecto son estos: Primero, la oración y las alabanzas realizadas con una referencia especial, tanto a la condición del Kirk (la Iglesia) de Dios y su reino, como al estado presente de la familia y cada miembro de la misma. A continuación, la lectura de las Escrituras, con la instrucción en la doctrina de una forma clara para posibilitar de la mejor manera la comprensión de los más simples y que se beneficien bajo las ordenanzas públicas y se les pueda ayudar a ser más capaces de entender las Escrituras cuando estas se lean; junto con conferencias piadosas que tiendan a la edificación de todos los miembros en la fe más santa; así también la amonestación y la reprensión por razones justas de quienes tengan la autoridad en la familia. El cabeza de familia debe tener cuidado de que ninguno de los miembros se retire de ninguna parte de la adoración en familia y, viendo que el ejercicio ordinario de todas las partes de esta adoración le pertenecen al cabeza de familia, el ministro debe instar a los que son perezosos y formar a los que son débiles para que sean adecuados en la realización de estos ejercicios”.

“Tantos como puedan concebir la oración, deberían hacer uso de ese don de Dios, aunque los que sean toscos y más débiles pueden comenzar con una forma establecida de oración; esto se hace con el fin de que no sean perezosos en despertar en sí mismos (según sus necesidades diarias) el espíritu de la oración que han recibido todos los hijos de Dios en cierta medida; a este efecto, deberían de ser más fervientes y frecuentes en la oración secreta a Dios para que capacite sus corazones para concebir y expresar peticiones legítimas a favor de sus familias”. “Estos ejercicios deberían llevarse a cabo con gran sinceridad, sin demora, dejando a un lado todos los asuntos mundanos o estorbos, a pesar de las burlas de los ateos y de los hombres profanos, teniendo en cuenta las grandes mercedes de Dios sobre esta tierra y las correcciones mediante las cuales Él nos ha disciplinado últimamente. Y, a este efecto, las personas de eminencia y todos los ancianos de la Iglesia, no sólo deberían estimularse ellos mismos y sus familias a la diligencia en todo esto, sino también contribuir de forma eficaz para que en todas las demás familias que estén bajo su influencia y cuidado, se realicen estos ejercicios mencionados con plena consciencia”.

La fidelidad del cristiano individual con respecto a este deber se convirtió en cuestión de investigación por parte de los tribunales de la Iglesia. Mediante el Acta de Asamblea de 1596, ratificado el 17-18 de diciembre de 1638, entre otras estipulaciones para la visitación de las iglesias por parte de los presbíteros, se propusieron las siguientes preguntas para que les fueran formuladas a los cabezas de familias:

“¿Visitan los ancianos a las familias dentro del barrio y de los límites que se les ha asignado a cada uno de ellos? ¿Son cuidadosos de que se establezca la adoración de Dios en las familias de sus zonas? Se le sugiere al ministro que también pregunte, en sus visitas pastorales, si se adora a Dios en la familia mediante oraciones, alabanzas y la lectura de las Escrituras. En cuanto a la conducta de los siervos hacia Dios y hacia los hombres, ¿se aseguran de que también participen de la adoración en familia y en público? ¿Catequizan a su familia?”.

Cuando la Iglesia de Escocia adoptó la Confesión de Fe de la Asamblea de Teólogos de Westminster, contenía esta estipulación que sigue siendo válida entre nosotros: “Dios ha de ser adorado en todo lugar, en espíritu y en verdad, en las familias privadas a diario y también en secreto, cada uno por sí mismo”

En conformidad con estos principios, la práctica de la adoración en familia se convirtió en algo universal por todo el cuerpo presbiteriano de Escocia y entre todos los disentidores de Inglaterra. Especialmente en Escocia, las personas más humildes de las chozas más lejanas honraban a Dios mediante la alabanza diaria y no hay nada más característico de las personas de aquella época que esto. “En ocasiones he visto la adoración en familia en grandes casas —dice el Sr. Hamilton—, pero he sentido que Dios estaba igual de cerca cuando me he arrodillado con una familia que oraba, sobre el suelo de tierra de su choza. He conocido la adoración en familia entre los segadores en un granero. Solía ser algo común en los barcos de pesca en los estuarios y los lagos de Escocia. He oído que esto se observaba incluso, en las profundidades de un pozo de carbón”.

Los padres de la Nueva Inglaterra, habiendo bebido del mismo espíritu, dejaron el mismo legado a sus hijos.

La adoración en familia es altamente honorable, especialmente cuando el servicio espiritual languidece y decae en tiempos en los que el error y la mundanalidad hacen incursiones en la Iglesia. Éste ha sido el caso notable entre algunas comunidades protestantes del continente europeo. En términos generales, debemos decir que la adoración en familia no se practica tan extensamente allí y, por supuesto, no se le valora tan altamente como en las iglesias de Gran Bretaña y de los Estados Unidos. Esto es cierto, in-cluso cuando se hace la comparación entre las que están en los respectivos países, cuyo apego al evangelio parece ser el mismo. Hay muchas, sobre todo en Francia y Suiza, que le dan tan alto valor y mantienen con regularidad la adoración diaria a Dios como muchos de sus hermanos en Inglaterra o en los Estados Unidos. Sin embargo, constituyen excepciones a la declaración anterior sin ser una refutación de la misma. Los viajeros cristianos observan, no obstante, que las mejores opiniones sobre este tema, como en la observancia del Día de reposo, están creciendo decididamente en Francia y Suiza, y, probablemente, en cierta medida también en Alemania y en otros países del Continente. Esto se le debe atribuir a la traducción de muchas obras excelentes del inglés al francés y a su circulación en esos países en los últimos años.

De lo que se ha dicho, queda de manifiesto que, la voz universal de la Iglesia en sus mejores épocas, se ha pronunciado a favor de la adoración en familia. El motivo de esto también se ha manifestado. Es un servicio que se le debe a Dios con respecto a su relación abundante y misericordiosa para con las familias como tales, algo que se ha hecho necesario por las carencias, las tentaciones, los peligros y los pecados del estado de la familia y, en los más altos niveles, es algo adecuado y correcto, dadas las oportunidades que ofrece la misma condición de la familia.

Tomado de Thoughts on Family Worship.


James W. Alexander (1804-1859): Hijo mayor de Archibald Alexander, el primer catedrático del Seminario Teológico de Princeton. Asistió tanto a la Universidad de Princeton como al Seminario de Princeton y, más tarde, enseñó en ambas institu-ciones. Su primer amor, sin embargo, fue el pastorado y trabajó en iglesias de Vir-ginia, Nueva Jersey y Nueva York, EE. UU., hasta su muerte.

No hay otro Evangelio

De Spurgeon se sabe que fue un gran predicador; que miles y miles de almas se convirtieron bajo su ministerio; que fue bautista, y que dio muestras prodigiosas de una ironía sana y oportuna desde el púlpito. Se conocen y repiten muchas de sus anécdotas e ilustraciones; pero poco, muy poco, se sabe del contenido doctrinal de su predicación. Se supone y se cree ¡claro está!, que fue sano en sus creencias; pero en qué consistía la ortodoxia “spurgeoniana” ¡ah! eso ya son aguas de otro molino. Pero aún así, lo que muchos protestantes no pueden ni tan siquiera imaginar, es que la sana predicación de Spurgeon descansara en aquellas gloriosas doctrinas bíblicas comúnmente conocidas bajo el nombre de calvinistas.

En el prólogo del primer volumen del “New Park Street Pulpit” de cuya colección provienen los sermones de este libro; Spurgeon decía:

“Recurrimos con frecuencia a la palabra calvinismo por designar esta corta palabra aquella parte de la verdad divina que enseña que la salvación es sólo por la gracia”. Y añadía: “Creemos firmemente que lo que comúnmente se llama calvinismo no es más, ni menos, que aquel sano y antiguo evangelio de los puritanos, de los mártires, de los Apóstoles y del Señor Jesucristo”.

Spurgeon se mantuvo siempre fiel a las doctrinas de la gracia. Las páginas de este libro -como toda la producción literaria del gran predicador-, están estampadas con aquel inconfundible sello del Soli Deo Gloria, tan genuinamente bíblico. Y como sucede siempre que el Evangelio es predicado en toda su pureza, la oposición de la mente carnal no tarda en desatarse. ¡Cómo odian los hombres a quienes exaltan la soberanía de Dios! ¡Y con cuán poco escrúpulo la desfiguran! Modernistas y arminianos hicieron causa común en un intento vano para acallar la voz evangélica del joven predicador. La crítica más mordaz y severa se volcó sobre él; su nombre era satirizado en la prensa y “pateado por la calle como una pelota de fútbol”.

El 25 de octubre de 1856, un semanario londinense escribía:

“Creemos que las actividades del señor Spurgeon no merecen en lo más mínimo la aprobación de sus correligionarios. Apenas hay un ministro independiente de cierta categoría que esté asociado con él”. Y todo como resultado de sus convicciones doctrinales.

Con referencia a los sermones que tienes en tus manos, lector, Spurgeon comentaba:

“Nada más zahiriente queda por decir en contra de ellos que no se haya dicho ya; las formas más externas de vejación ya se han agotado; se ha llegado ya al no va más del vocabulario libélico, y las críticas más mordaces ya no dan más veneno”. Con todo, Spurgeon se gozaba en el glorioso hecho de que Dios había estampado estos sermones con el sello de numerosas conversiones genuinas. Y aun después de la muerte del gran predicador, el Espíritu de Dios se sirve de estos mensajes -que son locura y escándalo a la mente carnal- como medio de salvación para muchos pecadores”.

(Uno de los traductores de estos sermones fue alcanzado por el poder de la gracia de Dios a través de la lectura de los mismos en su versión original).

Spurgeon se alzó ante la rutina y la superficialidad. El Señor usó para desempolvar las Biblias de una multitud de “cristianos del domingo”, y despertarlos a la realidad de su condición. Y eso no podía conseguirse por la predicación del Spurgeon tradicionalmente conocido por los lectores. Era necesaria la publicación de sermones íntegros de ese siervo de Dios para que fuese por fin conocido. Acostumbrados como estamos a la predicación superficial y soporífera de nuestro tiempo, la lectura de estos sermones causará, por necesidad, revuelo espiritual en los círculos protestantes de habla hispana. Estos mensajes son llamadas directas al espíritu y exigen como contestación, un examen profundo de nuestra pretendida fe cristiana.

Introducción
La Biblia
El glorioso Evangelio
Predicad el Evangelio
El propósito de la Ley
Los dos efectos del Evangelio
Un sermón sencillo para las almas que buscan
Un llamamiento a los pecadores
La Soberanía Divina
La Justificación por la Gracia
Soberanía y Salvación
¿Por qué son salvados los hombres?
El libre albedrío: un esclavo
La incapacidad humana
La intención de la carne es enemistad contra Dios
La Redención limitada
La elección
Las alegorías de Sara y Agar
El poder del Espíritu Santo
El llamamiento eficaz
La resurrección espiritual
El nuevo corazón
Un pueblo voluntarioso y un Caudillo inmutable
La Fe
La responsabilidad humana
La Salvación del Señor
Solamente Dios es la salvación de su pueblo
Salvación hasta lo sumo
¡Despertad! ¡Despertad!
La contienda de la verdad

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Hipócritas en la iglesia

¿Por qué maldijo Jesús a la higuera en Marcos 11? Jesús, entre otras cosas, era un profeta. Una de las formas más gráficas de comunicación profética en el Antiguo Testamento era enseñar por medio de objetos. El profeta tomaba algo de la naturaleza o de la vida cotidiana, como lo hizo Amós con una plomada de albañil para comunicar la verdad de Dios. Aquí Jesús encontró un objeto que ilustraba el pecado de la hipocresía. Tenía la apariencia de fertilidad, pero en realidad era estéril. A lo largo de su ministerio terrenal, Jesús denunció fuertemente el pecado de la hipocresía. Esa era su crítica básica a los fariseos de su tiempo (Lucas 12:1).

En varias ocasiones Jesús reprendió a los líderes religiosos por demostrar espiritualidad y rectitud a pesar de su falta visible de fruto.

Eso debería ser una lección para nosotros. Un ministerio evangelístico encontró durante muchos años que una de las diez principales objeciones al cristianismo es la suposición de que la iglesia está llena de hipócritas. La gente veía las vidas de los miembros de la iglesia a lo largo de la semana y dijeron que se alejaron del cristianismo porque creían que los cristianos no vivían lo que profesaban.

Es cierto que la iglesia está llena de pecadores. De hecho, no conozco de ninguna otra organización en el mundo que requiera que una persona sea un pecador para unirse a ella. Sin embargo, mientras que todos los hipócritas son pecadores, no todos los pecadores son hipócritas. La hipocresía es solo uno de muchos pecados. Es injusto que nuestros críticos digan: “Fulanito es un cristiano, y lo vimos pecando durante la semana; por lo tanto, es un hipócrita”. Eso no es necesariamente así. Si yo afirmo no hacer algo pecaminoso y luego usted me ve hacerlo, soy culpable de hipocresía. Pero si usted me ve hacer algo pecaminoso que nunca dije que no hago, soy un pecador pero no soy un hipócrita. Tenemos que establecer esa clara distinción.

Sin embargo, habiendo dicho eso en defensa de los cristianos que por su naturaleza caída continúan pecando incluso después de abrazar al Salvador, todavía exhorto a que todos tengamos cuidado de evitar el pecado de la hipocresía. Pablo habló de esto cuando dijo: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes” (Ro. 2:24).

Los incrédulos nos ven predicando sin ponerlo en práctica, y eso no debería ser así entre nosotros.

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

La Naturaleza, La reivindicación y La Historia de La Adoración en Familia 2

En el Nuevo Testamento, las huellas de la adoración familiar no son menos obvias. Nos alegra tomar prestado el animado lenguaje del Sr. Hamilton de Londres y preguntar: “¿Envidias a Cornelio, cuyas oraciones fueron oídas y a quien el Señor le envió un mensajero especial que le enseñara el camino de la salvación? Era un hombre “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” y que estaba tan ansioso por la salvación de su familia que reunió a sus parientes y sus amigos cercanos para que pudieran estar preparados para escuchar al Apóstol cuando éste llegara y, de esta manera, también beneficiarse (Hch. 10:2, 24 y 31). ¿Admiras a Aquila y Priscila, La naturaleza, la reivindicación y la historia de la adoración en familia “colaboradores [de Pablo] en Cristo Jesús” y tan diestros en las Escrituras que pudieron enseñarle más exactamente el camino de Dios a un joven ministro? Encontrarás que una razón de su familiaridad con las Escrituras era que tenían una iglesia en su casa (Hch. 18:26; Ro. 16:5). Sin lugar a duda, se reconocía con respecto a las cosas espirituales y también a las temporales, que “si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” (1 Ti. 5:8). Ese espíritu de oración social que llevó a los discípulos a unirse en súplica o alabanza, en aposentos altos, en cárceles, y al borde del mar se manifestó en las devociones diarias de la familia (Hch. 1:13; 16:25; Gá. 4:12; 2 Ti. 1:3).

Nuestros registros del cristianismo primitivo están tan distorsionados y contaminados por una tradición supersticiosa que no debe sorprendernos encontrar un culto sencillo y espiritual como éste bajo la sombra de los ritos sacerdotales. A pesar de ello, discernimos lo bastante para enseñarnos que los creyentes de los primeros siglos no descuidaron la adoración familiar.

“En general —dice Neander en una obra que no se ha publicado entre nosotros—, siguieron a los judíos en la observancia de los tres momentos del día, las nueve, las doce y las tres como horas especiales de oración; sin embargo, ellos no los usaron de forma legal, como en contra de la libertad cristiana; pues Tertuliano afirma, hablando sobre los tiempos para la ora-ción, ‘no se nos exige nada excepto que oremos a toda hora y en todo lu-gar’. Los cristianos comenzaban y terminaban el día con la oración. Antes de cada comida, antes del baño, oraban, ya que, como dice Tertuliano, ‘el refresco y la alimentación del alma debe preceder a los del cuerpo; lo celestial antes que lo terrenal’. Cuando un cristiano del extranjero, tras la recepción y la hospitalidad fraternal en casa de otro cristiano se marchaba, la familia cristiana lo despedía con oración, ‘porque —decían— en tu hermano has contemplado a tu Señor’. Para cada asunto de la vida ordinaria se preparaban mediante la oración”.

A esto podemos añadir las declaraciones de un hombre culto que convirtió las antigüedades cristianas en su peculiar estudio: “En lugar de consumir sus horas de ocio en hueca inactividad o derivando su principal diversión del bullicioso regocijo, el recital de cuentos de superstición o cantar las canciones profanas de los paganos, pasaban sus horas de reposo en una búsqueda racional y vigorizante, hallaban placer en ampliar su conocimiento religioso y su entretenimiento en cánticos dedicados a la alabanza de Dios. Esto constituía su pasatiempo en privado y sus recreos favoritos en las reuniones de su familia y sus amigos. Con la mente llena de la influencia inspiradora de estas, regresaban con nuevo ardor a sus escenarios de dura tarea y para gratificar su gusto por una renovación de ellas, anhelaban ser liberados de la labor, mucho más que apaciguar su apetito con las provisiones de la mesa. Jóvenes mujeres sentadas a la rueca y matronas que llevaban a cabo los deberes de la casa, canturreaban constantemente algunas tonadas espirituales.

“Y Jerónimo relata sobre el lugar donde vivía, que uno no podía salir al campo sin escuchar a los labradores con sus aleluyas, los segadores con sus himnos y los viñadores cantando los Salmos de David. Los cristianos primitivos no sólo leían la palabra de Dios y cantaban alabanzas a su Nombre al medio día y a la hora de sus comidas. Muy temprano en la mañana, la familia se reunía y se leía una porción de las Escrituras del Antiguo Testamento, a continuación se cantaba un himno y se elevaba una oración en la que se daba gracias al Todopoderoso por preservarlos durante las silenciosas vigilias de la noche y, por su bondad, al permitirles tener sanidad de cuerpo y una mente saludable y, al mismo tiempo, se imploraba su gracia para defenderlos de los peligros y las tentaciones del día, hacerles fieles a todo deber y capacitarlos en todos los aspectos para caminar dignos de su vocación cristiana. En la noche, antes de retirarse a descansar, la familia volvía a reunirse y se observaba la misma forma de adoración que en la mañana con esta diferencia: Que el servicio se alargaba considerablemente, más allá del periodo que se le podía asignar convenientemente al principio del día. Aparte de todas estas observancias, tenían la costumbre de levantarse a medianoche para entrar en oración y cantar salmos, una práctica de venerable antigüedad y que, como supone con razón el Dr. Cave, tomó su origen de las primeras épocas de la persecución cuando, no atreviéndose a juntarse durante el día, se veían obligados a celebrar sus asambleas religiosas de noche”.

Cuando llegamos al avivamiento de la piedad evangélica en la Reforma, nos encontramos en medio de tal corriente de autoridad y ejemplo que debemos contentarnos con declaraciones generales. Cualquiera que pudie-ra ser la práctica de sus hijos degenerados, los Reformadores primitivos son universalmente conocidos por haber dado gran valor a las devociones familiares. Los contemporáneos de Lutero y sus biógrafos, recogen sus oraciones en su casa con calidez. Las iglesias de Alemania fueron bendeci- das en mejor época, con una amplia prevalencia de la piedad familiar. Se recogen hechos similares en Suiza, Francia y Holanda.

Tomado de Thoughts on Family Worship.


James W. Alexander (1804-1859): Hijo mayor de Archibald Alexander, el primer catedrático del Seminario Teológico de Princeton. Asistió tanto a la Universidad de Princeton como al Seminario de Princeton y, más tarde, enseñó en ambas institu-ciones. Su primer amor, sin embargo, fue el pastorado y trabajó en iglesias de Vir-ginia, Nueva Jersey y Nueva York, EE. UU., hasta su muerte.

La Santidad

Hablar de Santidad o Santificación en nuestros días, como cosa común y corriente en la vida diaria del creyente, parece algo decadente de lo que no se habla en los tiempos en los que vivimos, donde se da más importancia a otras actitudes más acorde con el ritmo del mundo actual y sus intereses sociales. Muchos ven estos mandatos como exigencias demasiado altas, lejos de poder alcanzar, por lo que no les prestan la atención necesaria. Y ahí es donde damos la bienvenida a esta edición en castellano de este reconocido tratado.

Hace 134 años el autor decía:”Los veinte textos que contiene este volumen son una humilde contribución a una causa que despierta un profundo interés en mí en estos momentos: me refiero a la causa de la santidad. Es una causa que todo aquel que ama a Cristo y desea propagar su Reino en el mundo ha de esforzarse en impulsar. Todo el mundo puede hacer algo, y yo deseo aportar mi grano de arena. Durante muchos años he sentido la profunda convicción de que la santidad práctica y la consagración absoluta de las personas a Dios no recibe la suficiente atención por parte de los cristianos modernos de este país”.

Afirma en el capítulo 2: La santificación. “Temo que la cuestión de la santificación desagrade profundamente a muchos. Algunos hasta lo dejan de lado con desprecio y sarcasmo. Esta es una cuestión de la mayor importancia para nuestras almas. Se trata de una cuestión de gran actualidad en estos tiempos. Últimamente han surgido doctrinas extrañas en lo referente a toda la cuestión de la santificación. Algunos parecen confundirlo con la justificación. Otros, con un fingido celo por la libre gracia, la devalúan y prácticamente la descuidan por completo. Otros aún se fijan el listón de la santificación a una altura equivocada y, al no poder alcanzarlo, malgastan sus vidas vagando de iglesia en iglesia, de capilla en capilla y de secta en secta, en la vana esperanza de encontrar lo que buscan. En tiempos como estos una consideración sosegada de la cuestión, como una de las grandes doctrinas del evangelio, puede ser de gran ayuda para nuestras almas”.

J.C. Ryle ya tiene varias obras en castellano, por lo que no es necesario aportar muchos datos de su vida; sirvió cerca de cuarenta años como ministro del evangelio y llegó a ser el primer obispo de Liverpool en 1880. Pero nos gusta lo que dicen los editores de la versión inglesa de 1995 en el prólogo: Es casi innecesario presentar a John Charles Ryle (1816-1900), puesto que sus obras más conocidas se han reeditado y han tenido numerosos lectores durante muchos años. La exquisita factura literaria de sus libros ha garantizado su popularidad y su utilidad hasta nuestros días. El presente volumen se ha convertido en una obra clásica que goza de difusión y reconocimiento entre muchas personas de todo el mundo. Ryle goza de merecida fama por la maravillosa sencillez de su estilo. Sus sermones, que reflejan la llaneza de sus mensajes orales, son un exquisito ejemplo para todo el que desee comunicarse de manera más eficaz con quienes asisten a la iglesia o con el hombre de la calle. En tiempos en los que a los predicadores evangélicos se los tacha o bien de superficiales o bien de soporíferos, aquí tenemos un gran ejemplo de alguien que no fue ninguna de esas cosas. A medida que el obispo Ryle va explicando y aplicando sus textos con su habitual sencillez y franqueza, el lector siente una punzada en la conciencia y su alma sometida a examen.

Entre sus múltiples citas se hallan excelentes textos de autores puritanos: John Owen, Juan Bunyan. William Gurnall, Samuel Rutherford, Thomas Brooks, Richard Baxter, Thomas Watson, Robert Traill; y él mismo añade dos “pasajes de autores clásicos” en el capítulo 21: de Robert Traill, el primero y de Thomas Brooks el segundo.

Una importante aportación a la buena instrucción, para el cristiano interesado en crecer y para los predicadores.

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La Naturaleza, La reivindicación y La Historia de La Adoración en Familia 1

La adoración en familia, como el nombre lo indica, es la adoración conjunta que se rinde a Dios por parte de todos los miembros de una familia. Existe un impulso irresistible a orar por aquellos a quienes amamos y, no sólo a orar por ellos, sino con ellos. Existe una incitación natural, a la vez que benévola, de orar con aquellos que están cerca de nosotros. La oración es un ejercicio social. La oración que nuestro Señor les enseñó a sus discípulos lleva este sello en cada petición. Es este principio el que conduce a las devociones unidas de las asambleas de iglesias y que se manifiesta de inmediato en las familias cristianas.

Aunque sólo hubiera dos seres humanos sobre la tierra, si tuvieran un corazón santificado, se verían atraídos a orar el uno con el otro. Aquí te-nemos la fuente de la adoración doméstica. Hubo un tiempo en el que sólo había dos seres humanos sobre la tierra y podemos estar seguros de que ofrecieron adoración en común. Fue la adoración familiar en el Paraíso.

Que la religión deba pertenecer especialmente a la relación doméstica no es en absoluto maravilloso. La familia es las más antigua de las sociedades humanas. Es tan antigua como la creación de la raza. Los hombres no se unieron en familias por una determinación voluntaria o convenio social de acuerdo con la absurda invención de los infieles: Fueron creados en familias.

No es nuestro propósito hacer ningún esfuerzo ingenioso por forzar la historia del Antiguo Testamento para nuestro servicio o investigar la ado-ración familiar en cada era del mundo. Que ha existido siempre, no lo po-nemos en duda; que el Antiguo Testamento pretendía comunicar este hecho ya no está tan claro. Pero sin ninguna indulgencia de la imaginación, no podemos dejar de discernir el principio de la adoración familiar que aparece y reaparece como algo familiar en los tiempos más remotos.

Aunque toda la iglesia de Dios estaba en el arca, la adoración era por completo una adoración familiar. Y, después de que las aguas retrocedie-ran, cuando “edificó Noé un altar a Jehová” se trataba de un sacrificio fa-miliar (Gn. 8:20). Los patriarcas parecen haber dejado un registro de su adoración social en cada campamento. Tan pronto como encontramos a Abraham en la Tierra Prometida, le vemos levantando un altar en la llanu-ra de More (Gn. 12:7).

Lo mismo ocurre en el valle entre Hi y Betel. Isaac, no sólo renueva las fuentes que su padre había abierto, sino que mantiene sus devociones, edificando un altar en Beerseba (Gn. 26:25). El altar de Jacob en Betel era eminentemente un monumento familiar y así fue señalado por lo que él le dijo a su familia y a todos los que estaban con él en el camino: “Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros” (Gn. 35:1-2). El altar se llamó El Betel. Esta herencia de ritos religiosos en el linaje de la familia correspondía con aquella declaración de Jehová con respecto a la religión de la familia que debería prevalecer en la casa de Abraham (Gn. 18:19). El servicio de Job en nombre de sus hijos era un servicio perpetuo: “Enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos… De esta manera hacía todos los días” como dice el hebreo, “todos los días” (Job 1:5). El libro de Deuteronomio está lleno de religión familiar y como ejemplo de esto podemos señalar de forma especial el capítulo seis. La Pascua, como veremos de forma más plena más adelante, era un rito familiar.

Por todas partes en el Antiguo Testamento, los hombres buenos tenían en cuenta la unión doméstica en su religión. Josué, aún ante el riesgo de quedarse solo con su familia, se aferra a Dios: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). David, tras su servicio público en el tabernáculo, donde “bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos” regresa “para bendecir su casa” (2 S. 6:20). Había aprendido a relacionar el servicio a Dios con los lazos domésticos en la casa de su padre Isaí “porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual” (1 S. 20:6). Y, en las predicciones de la humillación penitencial que tendrá lugar cuando Dios derrame sobre la casa de David y los habitantes de Jerusalén el espíritu de gracia y de súplicas, la idoneidad de tales ejercicios para la familia como tal no se pasan por alto: “Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí” (Zac. 12:12-14).

Continuará …

Tomado de Thoughts on Family Worship


James W. Alexander (1804-1859): Hijo mayor de Archibald Alexander, el primer catedrático del Seminario Teológico de Princeton. Asistió tanto a la Universidad de Princeton como al Seminario de Princeton y, más tarde, enseñó en ambas instituciones. Su primer amor, sin embargo, fue el pastorado y trabajó en iglesias de Virginia, Nueva Jersey y Nueva York, EE. UU., hasta su muerte.

Apuntes de Matthew Henry

¿Te gustaría mantener la autoridad en tu familia? No podrías hacerlo mejor que manteniendo la adoración a Dios en el seno la misma. Si alguna vez, un cabeza de familia ha tenido un aspecto estupendo, realmente extraordinario, es cuando dirige su hogar en el servicio de Dios y preside entre los suyos en las cosas santas. Entonces se muestra digno de doble honra porque les enseña el buen conocimiento del Señor, es la boca de ellos ante Dios en la oración y los bendice en su Nombre. — Matthew Henry

Matthew Henry, teólogo y comentarista no conformista, nació en Broad Oak, cerca de Bangor-Iscoed, Flintshire, Gales, el 18 de octubre de 1662 y murió en Nantwich, Cheshire, Inglaterra, el 22 de junio de 1714.

Un remedio para el decaimiento de la Fe Cristiana

Por amor a ustedes, queridos amigos, me atrevo a aparecer de nuevo en público para ser su monitor fiel para impulsarlos hacia su deber y fomentar la obra de Dios en sus almas y la adoración de Dios en sus familias. Y no sé cómo puede emplear un ministro su nombre, sus estudios y escribir mejor (además de la convicción y la conversión de almas particulares) que imponiendo sobre los cabezas de familia que se ocupen de las almas que estén a su cargo. Esto tiene una tendencia directa a la reforma pública. La fe cristiana empieza en los individuos y se transmite a sus parientes, y las esferas relacionales menores componen una entidad mayor: Las iglesias y las mancomunidades están formadas por familias. Existe una queja general por la decadencia del poder de la piedad y la inundación de las cosas profanas y con razón. No conozco mejor remedio que la piedad doméstica: ¿Acaso enseñaron los gobernadores a sus subalternos mediante consejos y ejemplos? ¿Desanimaron severamente y restringieron las enormidades, fomentando con celo la santidad, clamando a Dios en unidad y con fervor, pidiéndole que obrara con eficacia y realizara aquello que ellos no podían hacer, pudiendo decir qué bendita alteración vendría a continuación?

En vano se quejan de magistrados y ministros, mientras ustedes que son padres de familia son infieles a su deber. Se quejan de que el mundo está en mal estado: ¿Qué hacen ustedes para remediarlo? No se quejen tanto de los demás, sino de ustedes mismos, y no se quejen tanto antes los hombres, sino delante de Dios. Suplíquenle a Dios que haga una reforma y secunden también sus oraciones con ferviente esfuerzo, ocúpense de su propio hogar y actúen para Dios dentro de este ámbito. Conforme vayan teniendo más oportunidad de familiaridad con los que viven dentro de su casa, más au-toridad tendrán sobre ellos porque ellos dependerán de ustedes para que influyan en ellos. Y si no mejoran este talento, tendrán terribles cuentas que rendir, sobre todo cuando sus manos tengan que responder de la sangre de ellos, porque el pecado que cometieron se cargará sobre la negligencia de ustedes.

¡Oh, señores! ¿No han pecado ustedes ya bastante, sino que tienen que acarrear sobre ustedes la culpa de toda su familia? Son ustedes los que hacen que los tiempos sean malos y provocan juicios sobre la nación. ¿Prefieren ver las angustias de sus hijos y oírlos gritar en medio de tormentos infernales que hablarles una palabra para su instrucción, escucharlos llorar bajo su corrección o suplicarle a Dios por su salvación? ¡Oh crueles tigres y monstruos bárbaros! Tal vez imaginen que ustedes son cristianos; sin embargo, a mi juicio, un hombre que no mantiene la adoración de Dios como costumbre en su familia no es digno de ser un participante adecuado de la Santa Cena. Merece amonestación y censura por este pecado de omisión, así como por los escandalosos pecados de comisión; y es que traiciona su vil hipocresía al pretender ser un santo fuera, cuando es una bestia en su casa porque un cristiano bien nacido, es decir, de buenas maneras y refinado, [respeta] todos los mandamientos de Dios. Es de los que son justos delante de Dios y “andan irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lc. 1:6). Que los otros vayan en medio de la manada de los profanos y que les vaya como hagan finalmente, sin conciencia de familia o piedad pertinente. Los que no oren ahora, llorarán más tarde: “Señor, Señor, ábrenos” cuando la puerta se cierre (Mt. 25:11). Sí, los que ahora no quieren clamar por un mendrugo de misericordia, lo harán en el infierno por una “gota de agua que calme sus lenguas abrasadas en los tormentos eternos” (cf. Lc. 16:22-24). A estos hipócritas que se autodestruyen les recomiendo que consideren seriamente Proverbios 1:24-31; Job 8:13-15; 27:8-10. ¡Oh cuán gran honor que el Rey del Cielo le admita a uno en la cámara de su presencia con la familia, dos veces al día para confesar los pecados; pedir perdón y provisiones de misericordia; para darle la gloria por su bondad y depositar la carga sobre Él y obtener alivio! Espero que no sean nunca reacios a esto ni se cansen de ello, ¡que Dios no lo permita! El que quiere tener buena salud no se queja a la hora de comer. Reconozcan y observen esos momentos designados para venir a Dios. Si uno pro-mete encontrarse con una persona importante a una hora concreta, cuando el reloj da la hora se levanta, pide disculpas y le dice a quién lo acompaña que [alguien] le espera, que debe marcharse. No se tomen más libertad con Dios de la que se tomarían con los hombres y mantengan su corazón continuamente en disposición de hacer su deber.

Tomado de “The Family Altar”, The Works of Oliver Heywood


Oliver Heywood (1630-1702): Erudito puritano no conformista. Expulsado de su púlpito en 1662 y excomulgado, Heywood

Por qué la Reforma sigue siendo importante

El 31 de octubre de 2016, el papa Francisco anunció que después de quinientos años, los protestantes y los católicos ahora «tienen la oportunidad de reparar un momento crítico de nuestra historia yendo más allá de las controversias y desacuerdos que a menudo nos han impedido entendernos». Al leer esto, da la impresión de que la Reforma fue una disputa desafortunada e innecesaria por tonterías, un arrebato infantil que todos podemos dejar atrás ahora que hemos crecido.  

Pero dile eso a Martín Lutero, quien sintió tal liberación y gozo al redescubrir la justificación por la fe sola que escribió: «Sentí que había nacido de nuevo y que había entrado en el paraíso mismo por puertas abiertas». Díselo a William Tyndale, a quien le parecieron noticias tan «felices, alegres y gozosas» que lo hicieron «cantar, bailar y saltar de alegría». Díselo a Thomas Bilney, quien descubrió que le proporcionaba «consuelo y reposo maravillosos, tanto así que mis huesos magullados saltaron de alegría». Es evidente que esos primeros reformadores no lo vieron como un pleito juvenil, sino como el descubrimiento de buenas nuevas de gran gozo.

BUENAS NOTICIAS EN 1517

A principios del siglo XVI, Europa llevaba ya unos mil años sin una Biblia que la gente pudiera leer. Por tanto, Thomas Bilney nunca se había encontrado con las palabras: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Tim 1:15). En lugar de comunicarles la Palabra de Dios, se les decía que Dios es un Dios que capacita a las personas para que se ganen su propia salvación. Como solía decir uno de los maestros de la época: «Dios no le negará Su gracia a los que dan lo mejor de sí». Sin embargo, lo que ellos presentaban como palabras de ánimo le dejaba un sabor amargo a todos los que las tomaban en serio. ¿Cómo puede uno estar seguro de haber hecho el mejor esfuerzo? ¿Cómo puede uno saber si se ha convertido en el tipo de persona justa que merece la salvación?

Martín Lutero ciertamente lo intentó. Escribió: «Era un buen monje y mantuve mi orden tan estrictamente que de ser posible que un monje entrara al cielo mediante la disciplina monástica, yo debería haber entrado». Sin embargo, encontró lo siguiente:

Mi conciencia no me daba certeza sino que siempre dudaba y decía: «No lo hiciste bien. No estuviste suficientemente contrito. Dejaste eso fuera de tu confesión». Cuanto más trataba de remediar una conciencia incierta, débil y atribulada con tradiciones humanas, más aumentaba mi incertidumbre, mi debilidad y mi tribulación.

Según el catolicismo romano, Lutero tenía razón al no estar seguro del cielo. Mostrar esa confianza en tener un lugar en el cielo se consideraba una presunción errada, y fue uno de los cargos formulados contra Juana de Arco en su juicio en 1431. Allí, los jueces proclamaron:

Esta mujer peca cuando dice estar tan segura de que será recibida en el Paraíso como si ya fuera partícipe de… la gloria, pues en este camino terrenal ningún peregrino sabe si es digno de gloria o de castigo, algo que solo sabe el Juez soberano.

Ese juicio tenía mucho sentido dentro de la lógica del sistema: si solo podemos entrar al cielo porque (por la gracia habilitadora de Dios) nos hemos vuelto personalmente dignos de él, entonces es obvio que nadie puede estar seguro. Según esa línea de razonamiento, si no puedo afirmar que no tengo pecado, no puedo afirmar que iré al cielo.

Esa fue la razón por la que, siendo un estudiante, el joven Martín Lutero gritó de miedo cuando casi fue alcanzado por un rayo en una tormenta eléctrica. A él le aterrorizaba la muerte, pues sin el conocimiento de la gracia y la suficiencia de la salvación de Cristo, sin el conocimiento de la justificación que es por la fe sola, no tenía esperanza de ir al cielo.

Y fue por eso que su redescubrimiento en las Escrituras de la justificación que es por la fe sola se sintió como entrar al paraíso a través de puertas abiertas. Significaba que, en lugar de toda su angustia y terror, ahora podía escribir:

Cuando el diablo nos arroja nuestros pecados y declara que merecemos la muerte y el infierno, debemos hablar así: «Admito que merezco la muerte y el infierno. ¿Y qué? ¿Significa esto que seré sentenciado a una condenación eterna? De ninguna manera. Porque conozco a Uno que sufrió y proveyó satisfacción por mí. Su nombre es Jesucristo, el Hijo de Dios. Donde Él esté, allí estaré yo también».

Y fue por eso que la Reforma le dio a la gente un gusto por los sermones y por la lectura de la Biblia. Poder leer las palabras de Dios y ver en ellas tan buenas nuevas de que Dios salva a los pecadores, no sobre la base de lo bien que se arrepientan sino por Su propia gracia, fue como un rayo de luz solar en el mundo gris de la culpa religiosa.

BUENAS NOTICIAS EN 2017

Durante los últimos quinientos años no se han desvanecido ni la hermosura ni la relevancia de las ideas de la Reforma. Las respuestas a las mismas preguntas claves todavía marcan la diferencia entre la desesperanza y la felicidad humanas. ¿Qué me pasará cuando muera? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Es la justificación el don de un estatus justo (como argumentaron los reformadores) o un proceso para uno volverse más santo (como afirma Roma)? ¿Puedo confiar plena y únicamente en Cristo para ser salvo, o mi salvación depende también de mis propios esfuerzos y mi éxito en la santidad?

Lo que casi siempre hace que la gente se confunda y vea la Reforma como un evento histórico que quedó en el pasado es la idea de que fue solo una reacción a algún problema del día. Pero cuanto más se mira, más claro se vuelve: la Reforma no fue principalmente un movimiento negativo para alejar a las personas de Roma y de su corrupción; fue un movimiento positivo para acercarlas al evangelio. Y eso es precisamente lo que preserva la vigencia de la Reforma hoy en día. Si la Reforma hubiera sido una mera reacción a una situación histórica hace quinientos años, uno esperaría que hubiera terminado. Pero como programa para acercarnos cada vez más al evangelio, no puede terminar.

Durante los últimos quinientos años no se han desvanecido ni la hermosura ni la relevancia de las ideas de la Reforma.

Otra objeción es que el enfoque de la cultura actual en el pensamiento positivo y la autoestima ha eliminado la percepción de necesidad que debe tener todo pecador de ser justificado. En la actualidad no vemos a muchas personas vestidas de cilicio ni haciendo vigilias de oración durante noches heladas para ganarse el favor de Dios. Por esto, el problema de Lutero de ser torturado por su culpa ante el Juez divino se descarta como un problema del siglo XVI, y su solución de la justificación por la fe sola se descarta como innecesaria para nosotros hoy.

Pero es precisamente en este contexto que la solución de Lutero resuena como una noticia tan feliz y relevante. Al descartar la idea de que podríamos ser culpables ante Dios y, por lo tanto, necesitar Su justificación, nuestra cultura ha sucumbido al viejo problema de la culpa de maneras más sutiles y no tiene los medios para solucionarlo. Hoy en día, todos somos bombardeados con el mensaje de que nos amarán más cuando nos hagamos más atractivos. Puede parecer que eso no está relacionado con Dios, pero sigue siendo una religión de obras y una que está profundamente arraigada en el ser humano. Por eso, la Reforma contiene las buenas noticias que más brillan. Lutero pronuncia palabras que atraviesan la penumbra como un rayo de sol glorioso y completamente inesperado:

El amor de Dios no encuentra lo que le agrada sino que lo crea…. En lugar de buscar su propio bien, el amor de Dios fluye y otorga el bien. Por tanto, los pecadores son atractivos porque son amados; no son amados porque sean atractivos.

UNA VEZ MÁS, HA LLEGADO LA HORA

Quinientos años después, la Iglesia católica romana aún no ha sido reformada. A pesar de todo el cálido lenguaje ecuménico utilizado por tantos protestantes y católicos romanos, Roma todavía repudia la justificación que es por la fe sola. Entienden que pueden hacerlo porque no ven las Escrituras como la autoridad suprema a la que deben conformarse los papas, los concilios y las doctrinas. Y debido a que las Escrituras están tan relegadas, no se fomenta la alfabetización bíblica y, por lo tanto, millones de católicos romanos todavía se mantienen alejados de la luz de la Palabra de Dios.

Fuera del catolicismo romano, la doctrina de la justificación que es por la fe sola es evitada rutinariamente por ser considerada insignificante, errada o desconcertante. Algunas nuevas perspectivas sobre lo que el apóstol Pablo quiso decir con justificación, especialmente cuando han tendido a desviar el énfasis de cualquier necesidad de conversión personal, solo han confundido más a las personas, y han abandonado o comprometido precisamente el artículo que Lutero había dicho que no podían renunciar ni comprometer.

Ahora no es momento de ser tímido en cuanto a la justificación o la autoridad suprema de las Escrituras que la proclaman. La justificación por la fe sola no es una reliquia de los libros de historia; hoy permanece como el único mensaje que realmente libera, el mensaje con el poder más profundo para hacer que los humanos se desarrollen y florezcan. Da seguridad ante nuestro Dios santo y convierte a los pecadores que intentan comprar a Dios en santos que le aman y le temen.

¡Y cuántas oportunidades tenemos para difundir esta buena noticia hoy! Hace quinientos años, la invención de Gutenberg de la imprenta significó que la luz del evangelio podría viajar a una velocidad nunca antes vista. Las Biblias de Tyndale y los tratados de Lutero podrían publicarse por miles. Hoy en día, la tecnología digital nos ha dado otro momento como ese en Gutenberg, y el mismo mensaje ahora se puede difundir a velocidades que Lutero nunca podría haber imaginado.

Tanto las necesidades como las oportunidades son tan grandes como hace quinientos años; de hecho, son mayores. Así que imitemos la fidelidad de los reformadores y sostengamos en alto el mismo evangelio maravilloso, porque no ha perdido nada de su gloria ni de su poder para disipar nuestras tinieblas.

El Dr. Michael Reeves es presidente y profesor de teología en Union School of Theology en Gales. Es autor de varios libros, incluyendo Rejoicing in Christ [Regocijo en Cristo]. Es el profesor destacado de la serie de enseñanza de Ministerios Ligonier The English Reformation and the Puritans [La Reforma inglesa y los puritanos].

El Cristiano con toda la Armadura de Dios

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“La obra de Gurnall no tiene igual y es valiosísima. Cada una de sus líneas está llena de sabiduría; cada frase es sugestiva. Esta ‘armadura completa’ es, por encima de todo, un libro de predicador. Tiendo a pensar que habrá sugerido más sermones que ningún otro volumen no inspirado. A menudo he recurrido a él cuando mi propio fuego ardía bajo, y pocas veces he dejado de encontrar algún carbón encendido en el hogar de Gurnall.” Charles Haddon Spurgeon 

“Creo que El cristiano con toda la armadura de Dios, bien en esta versión abreviada o en la original que The Banner of Truth aún tiene en existencia, debería formar parte de la biblioteca de cada hombre y mujer de Dios. A ningún dirigente cristiano, maestro, pastor, evangelista u obrero debería faltarle. Esta obra respira santidad, pureza, y nos mueve a la oración y a una dedicación más plena a Jesucristo. De todos los escritores puritanos, pienso que es Gurnall quien habla más directamente a esta generación. Este es uno de los libros más importantes jamás escritos aparte de la Palabra de Dios. Bendeciré eternamente el día en que lo hicieron llegar a mis manos.” David Wilkerson: Autor de La cruz y el puñal.

Los Puritanos

Este volumen reúne, por primera vez, las diecinueve ponencias que el Dr. Lloyd-Jones dio en las conferencias de Estudios Puritanos y de Westminster desde 1959 hasta 1978. Es conveniente recordar que, como el día de su nacimiento había sido el 20 de diciembre de 1899, la edad del Dr. Lloyd-Jones coincidía con los años del siglo XX; por ende, cuando dio la primera de estas ponencias -el 16 de diciembre de 1959- estaba en vísperas de su sexagésimo cumpleaños, y cuando pronunció la última iba a cumplir setenta y nueve años.

La Conferencia Puritana se reunía el martes y miércoles de la semana previa a la Navidad en Westminster Chapel, Londres, habiéndose convocado por primera vez el 19 de diciembre de 1950. Esta Conferencia se originó porque, a finales de los años cuarenta del siglo XX, entre un pequeño grupo de estudiantes miembros de la Oxford Inter-Collegiate Christian Union (Unión Cristiana Universitaria de Oxford) -una rama de Inter-Varsity Fellowship (IVF, en España GBU)-, comenzó a aumentar el interés por los escritos de los puritanos ingleses. Fue sorprendente que surgiera en ellos dicho interés, porque en aquel momento prácticamente no existían libros puritanos en circulación y el movimiento evangélico al que ellos pertenecían se ocupaba comúnmente de otros temas. Como aquellos estudiantes de licenciatura habían escogido autores tan difíciles de encontrar como John Owen y Richard Baxter, sentían que estaban descubriendo las ruinas de algún mítico El Dorado.

Fue al cruzarse los caminos de ellos con los del pastor de la londinense Westminster Chapel cuando nació la idea de una Conferencia. Le conocieron en las reuniones y encuentros de Inter-Varsity donde él era el orador, o por medio de su hija Elizabeth, también estudiante de licenciatura en Oxford durante ese mismo período y miembro de la Unión Universitaria de esa ciudad. En los sermones del Dr. Lloyd-Jones oyeron por primera vez a un ministro de Dios cuya enseñanza armonizaba claramente con las doctrinas que habían comenzado recientemente a leer y descubrir, el cual abogaba por seguir a la vez la perspectiva bíblica del pecado y de la gracia al tiempo que instaba a los creyentes a hacer tal cosa. En su presentación del evangelio ponía a Dios en primer lugar, y la necesidad de ser santos antes que cualquier promesa de felicidad. En vez de compartir el tipo de evangelización que se enfocaba en ciertos esfuerzos particulares y específicos, y en determinados métodos modernos, llamaba a la gente a una vida centrada en Dios, en la cual el ser testigos de Cristo llegara a formar parte espontánea del comportamiento diario de todo cristiano. Con estas prioridades, resultó evidente para aquellos estudiantes que habían encontrado a un predicador moderno cuyas afinidades espirituales eran aquellas de una tradición mucho más antigua que el de los evangélicos  de finales del siglo XX.

James I. Packer, uno de aquellos estudiantes de Oxford, llegó a Londres en 1948 para ser tutor por un año de los alumnos de Oak Hill College, y asistía regularmente a Westminster Chapel, los domingos por la tarde. Fue su amigo Raymond Johnston -respaldado probablemente por Elizabeth Lloyd-Jones- quien primero solicitó al «Doctor» que dirigiera una nueva Conferencia bajo los auspicios de Tyndale Fellowship (la rama teológica de Inter-Varsity). Puesto que ya existían varias conferencias de Tyndale, la idea de una más centrada en los puritanos era novedosa y probablemente recibiría escasa aceptación. Sin embargo, el Dr. Lloyd-Jones aceptó de buena gana. El número de The Christian Graduate (El graduado cristiano) correspondiente a junio de 1950 publicó un breve anuncio que decía: «Días 19 y 20 de diciembre: La contribución teológica distintiva de los puritanos ingleses. Entre los oradores contaremos con el Rvdo. Dr. Martyn Lloyd-Jones». No se nombraba a ningún otro conferenciante; y lo cierto es que para una conferencia que duraba dos días no era fácil encontrar a un orador que compartiera aquel entusiasmo por los autores puritanos.

La primera Conferencia tuvo comienzos pequeños: solo veinte personas se reunieron en el salón de Westminster Chapel, y J.I. Packer recuerda haber dado tres de las ponencias mientras que el Dr. Lloyd-Jones se dedicaba a hablar acerca de los puritanos y de la seguridad de la fe. Sin embargo, la contribución de Lloyd-Jones fue la mayor de todas. Presidió los períodos de discusión y las sesiones que siguieron a cada una de las seis ponencias, la mayoría de las cuales fueron tan valiosas como las ponencias mismas. Desde el comienzo, la Conferencia constituyó mucho más que un mero interés intelectual acerca de los puritanos. Cada sesión comenzaba y terminaba con oración y, a pesar del debate, en ocasiones bastante enérgico, el tenor distintivo se asemejaba más al de una reunión de alabanza que a aquel de las aulas. «Los intereses de la Conferencia -escribió Packer- son prácticos y constructivos, no solo académicos. Consideramos a los puritanos como nuestros hermanos en Cristo que ahora comparten con nosotros, por medio de los libros, todo lo bueno que Dios les concedió hace tres siglos. No solo nos planteamos la pregunta histórica de qué fue lo que ellos hicieron y enseñaron, sino que inquirimos más bien hasta qué punto su exposición de las Escrituras es correcta y cuáles son los principios bíblicos que dicha exposición nos proporciona como guías para nuestra fe y nuestra vida propias en la actualidad.»

Durante los años cincuenta del siglo XX, el interés por los puritanos creció sensiblemente y, como resultado de una combinación de influencias, James I. Packer, Raymond Johnston y otros antiguos estudiantes de Oxford, escribieron artículos en Inter-Varsity y en The Christian Graduate. La Biblioteca Evangélica permitió un acceso más fácil y directo a los libros más peculiares, y Ernest F. Kevan, director del London Bible College, dio testimonio acerca del valor de aquellos antiguos autores. En 1955 se publicó por primera vez la revista Banner of Truth, seguida de una edición a gran escala de libros en 1957; y relacionado muy de cerca con cada uno de estos esfuerzos estuvo el liderazgo y ministerio, semana tras semana, del Dr. Lloyd-Jones. En su discurso correspondiente a la reunión anual de 1955 de la Biblioteca Evangélica, el «Doctor» dijo lo siguiente: «Hay otra cosa extraordinaria que debo mencionar: tengo la impresión de que estamos asistiendo a un verdadero avivamiento de interés por los puritanos, y contamos con un grupo de jóvenes que estudian constantemente los escritos de aquellos. Anualmente, se lleva a cabo una Conferencia Puritana con la asistencia de setenta personas, y la Biblioteca ha desempeñado un papel muy importante en este asunto».

La historia cobra vida cada vez que el Dr. Martyn Lloyd-Jones aborda un determinado tema o personaje, y sorprende la comprensión y el conocimiento que tiene de la historia de la Iglesia. Lejos de compartir la idea de que toda enseñanza del pasado es inútil y está fuera de lugar, Lloyd-Jones creía que el estudio de la historia resulta esencial para el bienestar de la iglesia de nuestros días. Escritos en un estilo cautivador e inspirador, estos estudios siguen hablando con gran discernimiento y pertenencia a la Iglesia del siglo XXI.

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¿Qué es el día de la Reforma?

Un solo evento en un solo día cambió el mundo. Ocurrió el 31 de octubre de 1517. El hermano Martín, monje y erudito, había luchado durante años con su iglesia, la Iglesia en Roma. Se sentía grandemente perturbado por la venta sin precedentes de indulgencias. La historia tiene todos los elementos de un éxito de taquilla en Hollywood. Conozcamos al elenco.

Primero, está el joven obispo —demasiado joven según las leyes de la Iglesia— Alberto de Maguncia. No solo era obispo sobre dos diócesis, sino que deseaba un arzobispado adicional sobre Maguncia. Esto también iba en contra las leyes de la Iglesia. Así que Alberto apeló al Papa en Roma, León X. Proveniente de la familia de Médici, León X avariciosamente permitió que sus gustos excedieran sus recursos financieros. Entran los artistas y escultores, Rafael y Miguel Ángel.

Cuando Alberto de Maguncia apeló por una dispensación papal, León X estaba preparado para negociar. Alberto, con la bendición papal, vendería indulgencias por los pecados pasados, presentes y futuros. Todo esto molestó al monje Martín Lutero. ¿Podemos comprar nuestro acceso al cielo? Lutero tuvo que protestar.

Pero ¿por qué el 31 de octubre? El 1 de noviembre ocupaba un lugar especial en el calendario de la Iglesia como el Día de Todos los Santos. El 1 de noviembre de 1517, una exposición masiva de reliquias recién adquiridas serían exhibidas en Wittenberg, la ciudad de Lutero. Los peregrinos vendrían de todas partes, harían una genuflexión ante las reliquias, y eliminarían así cientos si no miles de años de tiempo en el purgatorio. El alma de Lutero se enfurecía cada vez más. Nada de esto parecía correcto.

Martín Lutero, un erudito, tomó la pluma en la mano, la sumergió en su tintero y publicó sus 95 Tesis el 31 de octubre de 1517. Estas tenían la intención de suscitar un debate, para estimular la reflexión entre sus hermanos y compañeros en la Iglesia. Las 95 Tesis suscitaron mucho más que un debate. Estas 95 Tesis también revelaron que la Iglesia ya no podía ser rehabilitada. Se necesitaba una reforma. La Iglesia y el mundo nunca volverían a ser los mismos.

Una de las 95 Tesis de Lutero de manera simple declara: «El verdadero tesoro de la Iglesia es el Evangelio de Jesucristo». Esa declaración sola es el significado del Día de la Reforma. La Iglesia había perdido de vista el Evangelio porque hacía mucho tiempo que había cubierto las páginas de la Palabra de Dios con capas y capas de tradición. La tradición siempre produce sistemas de obras para ganar tu camino de regreso a Dios. Fue así en el caso de los fariseos como también en el catolicismo romano medieval. ¿No dijo el mismo Cristo: “Mi yugo es fácil y mi carga ligera?” El Día de la Reforma celebra la gozosa belleza del Evangelio liberador de Jesucristo.

¿Qué es el Día de la Reforma? Es el día en que la luz del Evangelio prorrumpió de las tinieblas. Fue el día en que comenzó la Reforma protestante. Fue un día que llevó a Martín Lutero, Juan Calvino, John Knox y a otros reformadores a ayudar a la Iglesia a encontrar su camino de regreso a la Palabra de Dios como la única autoridad para la fe y la vida y a guiar a la Iglesia de regreso a las gloriosas doctrinas de la justificación por la gracia sola a través de la fe sola en Cristo solo. Este día encendió el fuego de los esfuerzos misioneros, motivó la composición de himnos y el canto congregacional y promovió la centralidad del sermón y la predicación para el pueblo de Dios. Es la celebración de una transformación teológica, eclesiástica y cultural.

Es por eso que celebramos el Día de la Reforma. Este día nos recuerda que debemos estar agradecidos por nuestro pasado y al monje convertido en reformador. Además, este día nos recuerda nuestro deber, nuestra obligación de mantener la luz del Evangelio en el centro de todo lo que hacemos.

El Dr. Stephen J. Nichols es presidente de Reformation Bible College, director académico de Ligonier Ministries y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Es el anfitrión de los podcasts 5 Minutes in Church History y Open Book. Es autor de numerosos libros, entre ellos For Us and for Our SalvationJonathan Edwards: A Guided Tour of His Life and ThoughtPeace y A Time for Confidence, y es coeditor de The Legacy of Luther y de la serie de Crossway: Theologians on the Christian Life.

Una causa de la decadencia de la fe cristiana en nuestro tiempo

Oh! Si pudiéramos poner a un lado las demás contiendas y que en el futuro la única preocupación y contienda de todos aquellos sobre los cuales se invoca el nombre de nuestro bendito Redentor, sea caminar humildemente con su Dios y perfeccionar la santidad en el temor del Señor, ejercitando todo amor y mansedumbre los unos hacia los otros, esforzándose cada uno por dirigir su conducta tal como se presenta en el evangelio y, de una forma adecuada a su lugar y capacidad; fomentar enérgicamente en los demás la práctica de la religión verdadera y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre. Y que en esta época de decadencia no gastemos nuestras energías en quejas improductivas con respecto a las maldades de otros, sino que cada uno pueda empezar en su hogar a reformar, en primer lugar, su propio corazón y sus costumbres; que después de esto, agilice todo aquello en lo que pueda tener influencia, con el mismo fin; que si la voluntad de Dios así lo quisiera, nadie pudiera engañarse a sí mismo descansando y confiando en una forma de piedad sin el poder de la misma y sin la experiencia interna de la eficacia de aquellas verdades que profesa.

Ciertamente existe un origen y una causa para la decadencia de la reli-gión en nuestro tiempo, algo que no podemos pasar por alto y que nos insta con empeño a una corrección. Se trata del descuido de la adoración a Dios en las familias por parte de aquellos a quienes se ha puesto a cargo de ellas encomendándoles que las dirijan. ¿No se acusará, y con razón, a los padres y cabezas de familia por la burda ignorancia y la inestabilidad de muchos, así como por la falta de respeto de otros, por no haberlos formado en cuanto a la forma de comportarse, desde que tenían edad para ello? Han descuidado los mandamientos frecuentes y solemnes que el Señor impuso sobre ellos para que catequizaran e instruyeran a los suyos y que su más tierna infancia estuviera sazonada con el conocimiento de la verdad de Dios, tal como lo revelan las Escrituras. Asimismo, su propia omisión de la oración y otros deberes de la religión en sus familias, junto con el mal ejemplo de su conversación disoluta, los ha endurecido llevándolos en primer lugar a la dejadez y, después, al desdén de toda piedad. Sabemos que esto no excusará la ceguera ni la impiedad de nadie, pero con toda seguridad caerá con dureza sobre aquellos que han sido, por su propio proceder, la ocasión de tropiezo. De hecho, estos mueren en sus pecados, ¿pero no se les reclamará su sangre a aquellos bajo cuyo cuidado estaban y que han permitido que partiesen sin advertencia alguna? ¡Los han llevado a las sendas de per-dición! ¿No saben que la diligencia de los cristianos en el desempeño de estos deberes, en los años pasados, se levantará en juicio y condenará a muchos de aquellos que estén careciendo de ella en la actualidad?

Concluiremos con nuestra ferviente oración pidiéndole al Dios de toda gracia que derrame esas medidas necesarias de su Espíritu Santo sobre nosotros para que la profesión de la verdad pueda ir acompañada por la sana creencia y la práctica diligente de la misma y que su Nombre pueda ser glorificado en todas las cosas por medio de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Tomado del prefacio de La Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689.

La Santidad – Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raices

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*Envíos Internacionales (Todos los Paises).

«Durante muchos años he sentido la profunda convicción de que la santidad práctica y la consagración absoluta de las personas a Dios no reciben la suficiente atención por parte de los cristianos modernos de este país. La política, la controversia, el espíritu partidista o la mundanalidad han socavado los cimientos de la piedad viva en muchos de nosotros. La cuestión de la piedad personal ha quedado lamentablemente relegada a un segundo plano y el listón vital ha caído deplorablemente bajo en muchas áreas. Con frecuencia, la inmensa importancia de «[adornar] la doctrina de Dios nuestro Salvador» (Tit. 2:10) y de hacerla hermosa por medio de nuestros hábitos se pasa completamente por alto […]. La sana doctrina […] es inútil si no va acompañada de una vida santa. Es peor que inútil: es perniciosa […]. Tengo la clara convicción de que precisamos un profundo avivamiento en lo referente a la santidad bíblica.»John Charles Ryle sirvió durante casi cuarenta años como ministro del evangelio antes de ser nombrado primer obispo de Liverpool, en 1880. Otras obras suyas publicadas en lengua española incluyen Meditaciones sobre los EvangeliosCristianismo práctico, Sendas antiguas, Advertencias a las iglesias, El camino de salvación, ¿Vivo o muerto?, Seguridad de salvación, El Aposento Alto, Nueva vida, El secreto de la vida cristiana y Sencillez en la predicación.

Apuntes de Spurgeon

Sobre la Adoración Familiar.

Confío en que no haya nadie aquí, entre los presentes, que profese ser seguidor de Cristo y no practique también la oración en su familia. Tal vez no tengamos ningún mandamiento específico para ello, pero creemos que está tan de acuerdo con el don y el espíritu del evangelio, y que el ejemplo de los santos lo recomienda tanto que descuidarlo sería una extraña incoherencia. Ahora bien, ¡cuántas veces se dirige esa adoración con familia con descuido! Se fija una hora inconveniente; alguien llama a la puerta, suena el timbre, llama un cliente y todo esto apresura al creyente que está de rodillas a levantarse a toda prisa para atender sus preocupaciones mundanas. Por supuesto, se pueden presentar numerosas excusas, pero el hecho sigue siendo el mismo: Hacerlo de este modo reprime la oración.

Ciertamente, la alabanza no es tan común en la oración familiar como otras formas de adoración. No todos nosotros podemos alabar a Dios en la familia uniéndonos en los cánticos porque no todos somos capaces de seguir una melodía, pero estaría bien si lográramos hacerlo. Coincido con Matthew Henry cuando afirma: “Aquellos que oran en familia hacen bien; los que oran y leen las Escrituras, mejor; pero los que oran, leen y cantan son los que mejor hacen”. En ese tipo de adoración familiar existe una completitud que se debería desear por encima de todo.—

C.H. Spurgeon

La historia de la Reforma

«Un vertedero de herejías». Este fue el juicio pronunciado por el santo emperador romano Carlos V el 26 de mayo de 1521, poco después de que Martín Lutero compareciera en la Dieta de Worms.  

Anteriormente, en la bula Exsurge Domine, el papa León X describió a Lutero como un cerdo salvaje, suelto en la viña de Cristo y como un hereje terco, escandaloso y condenado. El 4 de mayo de 1521, Lutero fue «secuestrado» por unos amigos y llevado al castillo de Wartburg, donde lo mantuvieron escondido y disfrazado de caballero. Allí Lutero asumió de inmediato la tarea de traducir la Biblia a la lengua vernácula.  

La Biblia de Estudio de La Reforma

La Reforma se describe frecuentemente como un movimiento que giraba en torno a dos cuestiones fundamentales. La llamada causa «material» fue el debate sobre la sola fide («justificación por la fe sola»). La causa «formal» fue sobre la sola Scriptura, es decir, que la Biblia, esto es, la Biblia sola, tiene la autoridad para atar la conciencia del creyente. Los reformadores respetaron la tradición de la Iglesia, pero no la consideraron una fuente normativa de revelación. La «protesta» del protestantismo fue más allá del tema de la justificación por la fe sola, desafiando muchos dogmas que surgieron en Roma, especialmente durante la Edad Media.  

La Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia.

En poco tiempo, la Reforma se expandió por toda Alemania, pero no se detuvo allí. Gracias a la traducción de la Biblia en otras naciones, llegó a Escocia, Inglaterra, Suiza, Hungría, Holanda y a los hugonotes en Francia. Ulrico Zuinglio dirigió el movimiento de la Reforma en Suiza, John Knox en Escocia y Juan Calvino entre los protestantes franceses. 

En 1534, Calvino dio un discurso llamando a la Iglesia a regresar al evangelio puro del Nuevo Testamento. Su discurso fue quemado y Calvino huyó de París a Ginebra. Se disfrazó de viñador y escapó de la ciudad en una canasta. Durante el año siguiente, más de dos decenas de protestantes fueron quemados vivos en Francia. Esto llevó a que Calvino escribiera la Institución de la religión cristiana, la cual fue dirigida al rey de Francia. El contenido de la Institución se convirtió en la teología dominante para la expansión internacional de la Reforma.  

La primera edición de la Institución fue completada en 1536, el mismo año en que Calvino fue persuadido por Farel de ir a Suiza para convertir a Ginebra en una ciudad modelo de la Reforma. En 1538, Farel y Calvino fueron obligados a abandonar Ginebra. Él vivió y ministró en Estrasburgo por tres años hasta que fue llamado a regresar a Ginebra en 1541.  

La teología de Calvino enfatizó la soberanía de Dios sobre todos los aspectos de la vida. Su pasión principal fue la reforma de la adoración a tal nivel de pureza que no promoviera ni apoyara la inclinación humana hacia la idolatría. Ginebra atrajo a líderes de toda Europa que iban para observar el modelo y para ser instruidos por el mismo Calvino. 

La turbulencia se extendió a Inglaterra durante este período cuando el rey Enrique VIII se resistió a la autoridad de Roma. En 1534, Enrique se convirtió en el jefe supremo de la Iglesia anglicana. Él asumió la persecución de los evangélicos, la cual se intensificó con el reinado de «María la sanguinaria», provocando que muchos huyeran a Ginebra en busca de refugio. 

Las persecuciones fueron suspendidas bajo el reinado de «la buena reina Bess», Isabel I, cuya postura provocó una bula papal contra ella en 1570. La Reforma se expandió rápidamente a Escocia, mayormente bajo el liderazgo de John Knox, quien sirvió por 19 meses como esclavo de galera antes de irse a Inglaterra y luego a Ginebra. En 1560, el Parlamento escocés rechazó la autoridad papal. En 1561, se reorganizó la «Kirk» reformada escocesa.  

Una interesante nota al margen es que el primer hombre que John Knox ordenó al ministerio de la iglesia fue un clérigo desconocido llamado Robert Charles Sproul, de quien soy descendiente directo.  

A principios del siglo XVII, la Reforma se extendió al nuevo mundo con la llegada de los peregrinos y las colonias de puritanos que trajeron la teología reformada y la Biblia de Ginebra con ellos. 

La teología de la Reforma dominó el evangelicalismo protestante por décadas, pero más tarde se diluyó bajo las influencias del pietismo y el finneyismo.  

A finales del siglo XX, la teología de la Reforma declinó drásticamente en el mundo occidental, siendo atacada por un lado por la teología liberal del siglo XIX, y por el otro lado por la influencia de la teología arminiana. Esto fue especialmente cierto en los Estados Unidos. 

En el escenario actual del evangelicalismo estadounidense, la teología de la Reforma es minoritaria. Las corrientes teológicas dominantes en los círculos evangélicos actuales son el dispensacionalismo y el pensamiento carismático neopentecostal. La expansión y el crecimiento fenomenales de la teología dispensacional en los Estados Unidos es un capítulo fascinante en la historia de la Iglesia. Con sus raíces en las suposiciones de los Hermanos de Plymouth, el dispensacionalismo se extendió rápidamente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Impulsado por el movimiento de los institutos bíblicos, las conferencias de profecías y la predicación de hombres como D. L. Moody, el dispensacionalismo obtuvo un gran apoyo popular. 

La versión estadounidense del dispensacionalismo fue potenciada por la publicación de la Biblia Anotada de Scofield. La Biblia de Scofield, con sus notas de estudio, sirvió como una herramienta popular para la expansión de la teología dispensacional. Esta teología fue forjada por hombres cuyas raíces estaban principalmente en las ideas de la Reforma. Los temas de la teología reformada clásica fueron modificados significativamente por este movimiento.  

The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] —publicada originalmente en inglés como New Geneva Bible [Biblia de Estudio de Ginebra]— es la primera Biblia de estudio distintivamente reformada desde la publicación de la Biblia de Ginebra en el siglo XVI. Ella busca recuperar la teología de la Reforma y proveer una guía para que el laicado entienda la riqueza de su sistema histórico, doctrinal y bíblico. Su importancia para el cristianismo es enorme. Espero que esta Biblia ayude a los evangélicos a regresar a sus raíces reformadas. Más importante aún, está diseñada para llamar a los evangélicos de regreso a la Palabra y a sus confesiones históricas de teología bíblica.  

Más allá de las fronteras de los Estados Unidos, The Reformation Study Bible [La Biblia de Estudio de La Reforma] puede ser utilizada para expandir la luz de la Reforma a tierras donde la Reforma original nunca llegó, especialmente Rusia y Europa del Este. 

En nuestros días hemos visto un avivamiento del interés en la Biblia y un compromiso renovado con la autoridad y la confiabilidad de las Escrituras. Pero la Reforma fue más que una doctrina sobre la Biblia. Fue impulsada por un estudio profundo y serio de la Biblia. No basta con ensalzar la virtud de las Escrituras; tenemos que volver a escuchar la enseñanza de las Escrituras, una vez más. La única manera de evitar caer en un nuevo vertedero de herejías es mediante una recuperación seria y ferviente de la verdad bíblica.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente por Ligonier Ministries.

A los hijos de padres consagrados

Creo que para cualquier chico o chica que ha tenido un padre y una madre consagrados, el mejor camino de vida que pueden planear es seguir el camino en el cual los principios de ellos los conduce. Por supuesto, hemos avanzado mucho más que los adultos, ¿no es cierto? Los jóvenes son maravillosamente despiertos e inteligentes y los mayores no llegan a su altura. Sí, sí: esto es lo que decimos antes de crecer la barba. Es posible que cuando seamos más maduros, no nos sentiremos tan engreídos. De cualquier modo, yo, que no soy muy mayor pero que ya no me atrevo a llamarme joven, me arriesgo a decir que, en lo que a mí respecta, anhelo únicamente continuar las tradiciones de mi familia. No quiero encontrar otra senda que no corra paralela a la de los que me precedieron. Y creo, queridos amigos, que ustedes que han visto la vida santa y feliz de sus
antepasados cristianos, harán bien en hacer una pausa y pensarlo bien
antes de desviarse, ya sea a la derecha o a la izquierda, del curso tomado por esos seres queridos consagrados. No creo que comience la vida de un modo que seguramente Dios bendeciría, y que él a la larga juzgaría sabio, aquel que lo hace con la noción de que cambiará todo: que descartará todo lo que su familia piadosa practicó.

No quiero tener reliquias de oro o plata: pero aunque muriera mil
veces, nunca podría descartar al Dios de mi padre, al Dios de mi
abuelo, al Dios del padre de él ni al Dios del padre de su padre. Tengo
que considerar esto como el haber principal que poseo. Mi oración es
que los jóvenes y las señoritas piensen de la misma manera. No
manchen las tradiciones gloriosas de las vidas nobles que les fueron
legadas. No avergüencen el escudo de sus padres, no manchen el honor
de sus predecesores con ningún pecado y transgresión suya. ¡Dios les
ayude a creer que la mejor manera de vivir una vida noble es actuar
como actuaron los que les educaron en el temor de Dios!

Salomón nos dice que hagamos dos cosas con las enseñanzas que
hemos recibido de nuestros padres.
Primero, las llama “mandamientos” y dice: “átalos siempre en tu corazón” porque merecen ser adoptados. Muestren que aman estas cosas atándolas en su corazón. ¡El corazón es el punto vital! Hagan que haya allí consagración. Amen las cosas de Dios. Si pudiéramos tomar a los chicos y las chicas y hacer que profesen ser cristianos sin realmente amar la santidad, eso sería simplemente convertirlos en hipócritas, lo cual no es lo que deseamos. No queremos que digan ustedes que creen lo que no creen ni que parezcan gozarse de lo que realmente no gozan. Pero nuestra oración –¡oh que fuera la oración de ustedes también!– es que reciban ayuda para atar estas cosas en su corazón. Merecen que vivan por ellas, merecen que estén dispuestos a morir por ellas y valen más que todo el resto del mundo: los principios inmortales de la vida divina que proviene de la muerte de Cristo. “Átalos siempre en tu
corazón”.

Luego Salomón, porque no quería mantener en secreto estas cosas como si se avergonzara de ellas, agrega: “enlázalos a tu cuello”, porque merecen ser mostradas con atrevimiento. ¿Viste alguna vez a un dignatario usando la franja de su puesto? No se avergüenza de usarla. Y los policías usan sus insignias. Recuerdo muy bien la enorme importancia que llegan a tener, y se aseguran de usarlas. Ahora bien, ustedes que aman a Dios enlacen sus creencias a su cuello. ¡No se avergüencen de ellas! Úsenlas como un adorno. Úsenlas como el dignatario usa su franja. Cuando están en un grupo, nunca se avergüencen de decir que son cristianos. Y si hay compañías con quienes no pueden estar como cristianos, pues entonces, evítenlas totalmente. Díganse a sí mismos: “No iré donde no puedo presentar a mi Señor. No iré a donde no pueda él ir conmigo”. Descubrirán que esa decisión les será de gran ayuda para determinar a dónde irán y a dónde no irán. Por lo tanto, átenlas a su corazón, enlácenlas a su cuello. ¡Dios les ayude a hacer esto, y de esta manera seguir en los pasos de aquellos santos que los precedieron!…

Pero primero, ¡crean en el Señor Jesucristo! Entréguense totalmente a
él, y él les dará la gracia para permanecer firmes hasta el fin.

Predicado en el Metropolitan Tabernacle, Newington, en el culto del domingo a la noche del 27 de marzo de 1887, reimpreso por Pilgrim Publishers.


Charles H. Spurgeon (1834-1892): bautista británico y el predicador más leído en el mundo, aparte de los que se encuentran en las Escrituras; nacido en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

Los diez mandamientos

El libro está compuesto de cuatro secciones: la primera es una amplia introducción de 73 páginas, en la que se trata de la obediencia a Dios y del amor a Dios, el más grande de los mandamientos. Luego sigue un prefacio a los mandamientos en que expone Éx. 20:1-2,  y sobre la comprensión apropiada de la ley. Sin duda este último punto es muy oportuno porque responde a una serie de preguntas que muchos se formulan sobre el lugar de la ley en la vida cristiana, tales como: “¿En qué se diferencian la ley moral y el evangelio?; ¿Qué utilidad tiene la ley moral para nosotros?; Sigue teniendo vigencia la ley para los creyentes?  ¿Cómo fue hecho Cristo maldición por nosotros?” Después de responder a estas preguntas, Watson desprende de las mismas ocho reglas.  En este libro las aplicaciones prácticas las denomina el autor “utilidades”, que expone al final de cada explicación a un mandamiento.

La segunda sección es ya la interpretación de cada uno de los diez mandamientos y constituye la parte central de la obra. El primer y el segundo mandamientos están relacionados, “pues en el primer mandamiento se prohíbe adorar a un dios falso; en este (el segundo) se veta la adoración del Dios verdadero de una forma falsa” (pp.103-104). Da algunas razones acerca de la prohibición de hacer imágenes para adorarlas: a) Confeccionar una imagen fiel de Dios es imposible porque él es Espíritu e invisible; b) adorar a Dios por medio de una imagen es absurdo e ilegítimo; c) la adoración de imágenes es contraria a la práctica de los santos de la antigüedad. En las aplicaciones condena sin paliativos la adoración que el catolicismo hace a lo que la imagen significa. En cuanto al tercer mandamiento es magnífica la exposición del sentido  que tiene tomar el nombre de Dios en vano, dando once motivos en que se cae en este pecado.

Podemos calificar de sobresaliente la extensa demostración que hace sobre la santificación del día de reposo al que dedica 48 páginas. Queremos destacar sobre todo la primera aplicación y de ella la interpretación del Sal. 118:24. Es bastante conocido que los salmos 113-118 eran cantados por los judíos durante la cena pascual. Ellos recordaban su redención de Egipto y para nosotros el domingo es también un día para recordar la redención hecha por Cristo. Watson interpreta que la frase este es el día que hizo Yahweh se refiere al domingo: “Dios hizo todos los días, pero bendijo este en particular. Tal como Jacob recibió la bendición de su hermano, así también el día de reposo recibe la bendición de todos los demás días de la semana” (p. 168).   Con este mandamiento se cierra la primera parte de la tabla, es decir, los mandamientos que se refieren a Dios y con el quinto mandamiento empieza la segunda parte con los deberes para con el prójimo.

El quinto mandamiento no lo limita a los progenitores de cada ser humano, sino que para él, padre en este mandamiento es un término con diversos sentidos: el gobernante, el rey en especial. Considera padres a los reyes de Israel que hicieron lo bueno y también los emperadores romanos como Constantino y Teodosio. Están también los padres que son venerables por su edad y los que lo son por su piedad. Asimismo, menciona a los padres espirituales, los pastores y los ministros. Y por último nombra al pater familias, el señor de la casa, al que lo siervos deben honrar y  por descontado, a los  padres naturales, padre y madre. En el sexto mandamiento hay una prohibición (no matar) que lleva implícito un deber: proteger la vida propia y la de los demás. En cuanto al séptimo mandamiento, positivamente es la protección de la pureza. Hay una prohibición explícita (no cometer adulterio) y una obligación implícita, guardar la ordenanza del matrimonio (1 Co. 7:2, He. 13:4). El octavo mandamiento es la prohibición de apropiarse de los bienes de otros. Señala como causa interna la incredulidad y como causa externa la incitación de Satanás. Menciona nueve tipos de hurto, siendo el más llamativo de todos,  el ladrón eclesiástico o el pluriempleado  que recibe varios sueldos, pero raramente predica a su congregación. Entiende que en el noveno mandamiento se prohíben dos cosas: a) verter calumnias sobre nuestro prójimo [“el escorpión lleva su veneno en la cola, mientras que el calumniador lo lleva en su lengua”] y b) el falso testimonio, que incluye hablar con falsedad, dar testimonio de algo falso y jurar falsamente. El décimo mandamiento prohíbe la codicia en general y de forma particular. Codiciar es un deseo insaciable de obtener el mundo. Agustín de Hipona definió la codicia como plus velle quam sat est (desear más de lo que es suficiente).

La tercera sección trata sobre la ley y el pecado en tres capítulos: 1) La incapacidad del ser humano para cumplir la ley moral; 2) Grados de pecado y 3) La ira de Dios. El primero, diríamos que es de obligada lectura, pues debe formar parte del mensaje del evangelio que predicamos y en nuestros días se suele pasar por alto descafeinando el anuncio de la salvación.

La cuarta y última sección de esta obra presenta el camino de la salvación desarrollándolo en seis capítulos: 1) La fe; 2) El arrepentimiento; 3) La Palabra; 4) El bautismo; 5) La Cena del Señor; 6) La oración. Su presentación del bautismo la formula desde la posición clásica  de un teólogo reformado paidobautista. La manera en que rebate las objeciones al bautismo infantil es, a nuestro entender, la parte más débil de todo el libro, porque algunos de sus argumentos los basa sobre suposiciones, aunque el texto bíblico guarde silencio al respecto, cuando en realidad deberían adquirir carta de naturaleza los textos que explícitamente mencionan que el bautismo debe administrarse a los adultos que han creído en  el evangelio. A la oración dedica solamente once páginas porque ya la consideraría más exhaustivamente en su obra “El Padrenuestro”.

En líneas generales, la exposición de los diez mandamientos que hace Watson es una de las mejores que hemos leído porque está impregnada de sabiduría bíblica y bien fundamentada  bíblica y teológicamente. Además, las aplicaciones no han perdido un ápice de actualidad a pesar de haber sido escritas hace más de trescientos años. Por todo lo dicho, recomendamos encarecidamente la lectura de esta obra.

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/doctrina-y-teologia/202-los-diez-mandamientos.html

Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Hijos que andan la verdad 2

Te digo que los hijos que andan en la verdad sirven a Dios con un corazón sincero. Estoy seguro de que sabes que es muy posible servir a Dios sirviéndole sólo exteriormente. Muchos así lo hacen. Ponen cara de santos y pretenden ser sinceros cuando en realidad no lo son. Dicen hermosas oraciones con sus labios pero no son sinceros en lo que dicen. Se sientan en sus lugares en la iglesia cada domingo y a la vez están pensando todo el tiempo en otras cosas: y tal servicio es un servicio externo y muy errado.

Lamento tener que decir que hay hijos malos que frecuentemente son culpables de este pecado. Dicen sus oraciones regularmente cuando sus padres les obligan, pero no si no los obligan. Parecen prestar atención en la iglesia cuando los observa el maestro, pero no en otros momentos.

Los hijos que andan en la verdad no son así. Tienen otro espíritu en ellos. Su deseo es ser honestos en todo lo que hacen con Dios y le adoran en espíritu y en verdad. Cuando oran, tratan de ser sinceros y todo lo que dicen lo dicen en serio. Cuando van a la iglesia, tratan de ser serios y concentrarse en lo que oyen. Y uno de sus principales lamentos es que no pueden servir a Dios más de lo que lo hacen.

Niño, jovencito: esta es la tercera señal de que uno anda en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Es tu corazón falso o sincero?

Te diré, en último lugar, que los hijos que andan en la verdad
realmente se esfuerzan por hacer las cosas que son correctas ante los
ojos de Dios.
Dios nos ha dicho con mucha claridad lo que él piensa es lo correcto. Nadie que lea la Biblia con un corazón honesto puede quivocarse. Pero es triste ver cómo pocos hombres y mujeres se interesan en complacer a Dios. Muchos desobedecen sus mandamientos continuamente y no parece que esto les importara. Algunos mienten, insultan, se pelean, engañan y roban. Otros dicen malas palabras, no observan el día de reposo, nunca oran a Dios y nunca leen su Biblia. Otros son malos con sus familiares o haraganes o glotones o malhumorados o egoístas. Todas estas cosas, opine lo que opine la gente, son malvadas y desagradan a un Dios Santo.

Los hijos que andan en la verdad siempre tratan de evitar las cosas malas.
No les gustan las cosas pecaminosas de ninguna clase, y no les gusta la
compañía de los que las hacen. Su gran anhelo es ser como Jesús: santo,
inocente y apartado de las prácticas pecaminosas. Se esfuerzan por ser
bondadosos, gentiles, dispuestos a hacer favores, obedientes, honestos,
veraces y buenos en todos sus caminos. Les entristece no ser más santos
de lo que son.

Niño, Jovencito: esta es la última señal de los que andan en la verdad que te daré. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Son tus acciones buenas o malas?

Has oído ahora las señales de andar en la verdad. He tratado de presentártelas claramente. Espero que las hayas entendido. Saber la
verdad acerca del pecado; amar al verdadero Salvador, Jesucristo; servir a Dios con un corazón sincero; hacer las cosas que son buenas y aceptables ante los ojos de Dios: estas son las cuatro. Te ruego que pienses en ellas, y pregúntate: “¿Qué estoy haciendo en este mismo momento? ¿Estoy andando en la verdad?”…

Confía en Cristo, y él se ocupará de todo lo que concierne a tu alma. Confía en él en todo momento. Confía en él sea cual fuere tu condición: en enfermedad y en salud, en tu juventud y cuando seas adulto, en la pobreza o en la riqueza, en la tristeza y en el gozo. Confía en él, y él será un Pastor que te cuidará, un Guía que te guiará, un Rey que te protegerá, un Amigo que te ayudará cuando lo necesites. Confía en él, y recuerda que él mismo dice: “No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5). Pondrá su Espíritu dentro de ti y te dará un corazón nuevo. Te dará poder para llegar a ser un verdadero hijo de Dios. Te dará gracia para controlar tu temperamento, para dejar de ser egoísta, para amar a los demás como a ti mismo. Hará más livianos tus problemas y más fácil tu trabajo. Te confortará en el momento de aflicción. Cristo puede hacer felices a los que confían en él… Querido niño o jovencito, Juan sabía muy bien estas cosas. Las había aprendido por experiencia. Vio que los hijos de esta señora serían felices en este mundo, ¡con razón se regocijó!

Tomado de Boys and Girls Playing.


J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana, venerado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) , y muchos otros; nacido en Mcclesfield, Cheshire County, Inglaterra.

Hijos que andan la verdad

¿Qué quiere decir aquí “andando”? No creas que significa andar con tus pies… En cambio, significa nuestro modo de comportarnos: nuestra manera de vivir y de seguir adelante. ¿Y puedo decirte por qué la Biblia llama a esto “andando”? Lo llama así porque la vida del hombre es justamente como un viaje. Desde el momento cuando nacimos al momento de nuestra muerte, estamos siempre andando y siguiendo adelante. La vida es un viaje desde la cuna hasta la tumba, y la manera de vivir de una persona es llamada con frecuencia su “andar”.

Pero, ¿qué significa “andar en la verdad”? Significa andar en los caminos del evangelio bíblico, y no en los caminos malos de este mundo impío. El mundo, lamento decirte, está lleno de nociones falsas y mentiras, y especialmente lleno de mentiras acerca del evangelio. Todas proceden del diablo, nuestro gran enemigo. El diablo engañó a Adán y Eva y causó que pecaran por decirles una mentira. Les dijo que no morirían si comían del fruto prohibido, y eso era mentira. El diablo está siempre ocupado en ese mismo trabajo ahora. Siempre está tratando de lograr que hombres, mujeres y niños tengan nociones falsas de Dios y del cristianismo. Los persuade a creer que lo malo es realmente bueno, y que lo que es realmente bueno es malo: que servir a Dios no es agradable, y que el pecado no les hará ningún daño. Y, lamento decir, muchísimas personas son engañadas por él y creen estas mentiras.

¡Pero los que andan en la verdad son muy distintos! No prestan atención a las nociones falsas que hay en el mundo acerca del cristianismo.
Siguen el camino correcto que Dios nos muestra en la Biblia. Sea lo que se que hacen los demás, su anhelo principal es complacer a Dios y ser sus verdaderos siervos. Ahora bien, éste era el carácter de los hijos del que habla el texto. Juan escribe a casa a su madre y dice: “He hallado a… tus hijos andando en la verdad”.

Queridos hijos, ¿quieren saber si están ustedes andando en la verdad? ¿Les gustaría saber las señales por lo que podemos saberlo? Escuchen cada uno de ustedes, mientras trato de presentarles estas señales en orden. Venga cada hijo e hija a escuchar lo que voy a decir.

Les digo, pues, que por un lado, los hijos que andan en la verdad saben la verdad acerca del pecado. ¿Qué es pecado? Desobedecer cualquier mandato de Dios es pecado. Hacer cualquier cosa que Dios dice que no debemos hacer es pecado. Dios es muy santo y muy puro, y cada pecado que es cometido le desagrada muchísimo. Pero, a pesar de esto, la mayoría de las personas en el mundo, ancianas al igual que jóvenes, casi ni piensan en el pecado. Algunos procuran pretender que no son grandes pecadores y que no desobedecen con frecuencia los mandamientos de Dios. Otros dicen que el pecado, al final de cuentas, no es tan terrible y que Dios no es tan detallista y estricto como dicen los pastores que lo es. Estos son dos grandes y peligrosos errores. Los hijos que andan en la verdad piensan muy distinto. No tienen semejante orgullo ni sentido de superioridad. Se sienten llenos de pecado, y esto los entristece y humilla. Creen que el pecado es la cosa abominable que Dios aborrece. Consideran el pecado como su gran
enemigo y como una plaga. ¡Lo aborrecen más que a cualquier otra cosa sobre la tierra! No hay nada de lo que se quieran librar tanto como librarse del pecado.Niñó, jovencito: esa es la primera señal de estar andando en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Aborreces tú el pecado?

Les digo también que los hijos que andan en la verdad aman al
verdadero Salvador de los pecadores y lo siguen.
Hay pocos hombres y mujeres que de alguna manera no sientan la necesidad de ser salvos.
Sienten que después de la muerte viene el juicio, y les gustaría salvarse
de aquel juicio terrible. Pero, ¡ay! pocos de ellos verán que la Biblia dice que hay un solo Salvador, y que éste es Jesucristo. Y pocos acuden a Jesucristo y le piden que los salve. En cambio, confían en sus propias oraciones, su propio arrepentimiento, su propia asistencia a la iglesia o algo por el estilo. Pero estas cosas, aunque tienen su lugar, no pueden salvar del infierno ni siquiera a un alma. Estos son caminos falsos de salvación. No pueden borrar el pecado. No son Cristo. Nada te puede salvar a ti o a mí sino Jesucristo quien murió en la cruz por los pecadores. Sólo los que confían exclusivamente en él reciben el perdón de sus pecados e irán al cielo. Sólo ellos encontrarán que tienen un Amigo Todopoderoso en el Día del Juicio. Esta es la manera verdadera de ser salvos. Los hijos que andan en la verdad han aprendido todo esto. Si les preguntas en qué confían, responderán: “Solamente en Cristo”. Recuerdan sus palabras llenas de su gracia: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Mar. 10:14). Tratan de seguir a Jesús como los corderos siguen al buen pastor. Y lo aman porque leen en la Biblia que él los amó y se dio a sí mismo por ellos. Niño, jovencito: aquí tienes la segunda señal de que uno anda en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Amas a Cristo?

Continuará …

Tomado de Boys and Girls Playing.


J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana, venerado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) , y muchos otros; nacido en Mcclesfield, Cheshire County, Inglaterra.

El Padre Nuestro

Las primeras palabras de la oración modelo enseñada por Jesús, son un patrón de cómo debemos orar: el que sea un modelo no significa que tenemos que emplear las mismas palabras, sino que las palabras deben estar en consonancia con el contenido del Padrenuestro. Tertuliano denomina la oración modelo como sumario y compendio del evangelio y Calvino dijo que debemos ajustar nuestras preces a esta norma. Como muchos teólogos del tiempo de la Reforma y posteriores, con grandes  conocimientos de los escritos de los Padres de la Iglesia y otros–entonces no había la cantidad de libros que tenemos ahora- Watson no es una excepción,  su obra está sembrada de citas en latín de autores y libros antiguos, la mayoría sin mencionar la procedencia o la autoría, aunque las frases en latín están traducidas.

Watson, distribuye su obra del siguiente modo: en el primer capítulo  explica el significado de la frase introductoria  Vosotros pues oraréis así… y el prefacio Padre nuestro que estás en los cielos. Siguen seis capítulos, uno por cada petición. En realidad, expone cada palabra de manera exhaustiva, como se puede comprobar por el número de páginas que tiene el libro. Por ejemplo, a Padre nuestro le dedica 52 páginas y 10 a que estás en los cielos.

La primera petición, santificado sea tu nombre, no es tanto una petición como una alabanza a Dios, aunque el autor no lo diga explícitamente, pero sí con otras palabras: “que el nombre de Dios resplandezca gloriosamente” o “alabar a Dios santifica su nombre”. Aquí también, como en la obra anterior, las aplicaciones se nombran como “utilidades” de dos tipos. De enseñanza y de exhortación. La segunda aplicación de la primera petición está formulada de manera negativa, es decir, la deshonra del nombre de Dios y especifica el tipo de personas que hacen tal cosa: los paganos, los turcos (se refiere a los musulmanes), los judíos, los papistas y los protestantes. Sobre todo arremete contra el catolicismo señalando sus errores, entre los que se encuentran la idolatría, la misa, las indulgencias, la mariolatría, las reliquias, el papado, etc. Un libro escrito hace 300 años forzosamente dice cosas que pertenecen a su época o que la fuente de donde obtuvo la información no era correcta. Por ejemplo, critica al catolicismo por “confinar las Escrituras en una lengua extranjera”, que suponemos se refiere a la Vulgata, pero desde el siglo pasado ya no es así; también dice que los albigenses eran protestantes, lo que además de erróneo es anacrónico, pues surgieron en siglo XI y fueron exterminados en el siglo XIV.

Las dos siguientes peticiones tienen que ver también con Dios. Una con el reino de Dios y la otra con la voluntad de Dios. Su exposición del reino de Dios es muy amplia, pero carga excesivamente las tintas en el ámbito personal del reino, es decir, en el corazón del creyente y en su dimensión celestial. La exposición de la consumación del reino es como la entrada en un paraíso onírico, sin referencias a su establecimiento en la tierra. En cuanto a la voluntad de Dios, entiende que es doble: la voluntad oculta y la revelada. Al formular esta petición entendemos que tiene dos sentidos: la obediencia de lo que nos manda y el sometimiento a lo que nos inflige, es decir, a alguna providencia desastrosa. Su explicación es esta: “el cristiano puede ser profundamente sensible a la aflicción, y, sin embargo, someterse con paciencia a los designios de Dios”. En este caso las aplicaciones son de reprensión a los que no han aprendido el significado de hágase tu voluntad y de admonición a soportar con ánimo sereno las adversidades que Dios nos depare y someter nuestros deseos a Dios. En sentido escribe una frase lapidaria en latín que dice: “los justos son afligidos para que, en su aflicción, oren” y pone como ejemplo a Jonás y a Jacob cuando contendió con Dios, además de Is. 26:16.

Las tres últimas peticiones tienen que ver con nosotros y con nuestras necesidades. Es cierto lo que dice sobre las dos partes de la oración modelo: en primer lugar debemos pensar en Dios y en segundo lugar en nosotros mismos, por este orden. En cierta ocasión, escuchamos a alguien que estaba enseñando sobre la oración y mencionaba sus partes tomando los dedos de una mano como modelo mnemotécnico: empezó por el dedo pulgar de la mano derecha al que le adjudicó la alabanza, siguió con el índice para la acción de gracias, el corazón para la confesión, el anular para la intercesión y el meñique para la petición. Siempre por este orden; le dio la vuelta a su mano mostrando que no se podía empezar por las necesidades propias y dejar a Dios para el final. La cuarta petición del Padrenuestro está relacionada con las necesidades materiales diarias.  Como dice muy bien Watson, “Esta oración se puede resumir diciendo que Dios nos proporcionará el disfrute de las cosas materiales que sea más apropiado para nosotros” (cf. Pr. 30:8). Nos hace observar el autor que el verbo de esta frase está en plural y la explicación es que “en la oración debemos tener un espíritu colectivo.  No solo hemos de orar por nosotros  mismos, sino también por los demás” (p. 345). Está en lo cierto al decir que el término pan es la figura de dicción llamada sinécdoque, en que se toma la parte por el todo. Si la cuarta petición tenía que ver con el cuerpo, la quinta y la sexta se relacionan con el alma, según el teólogo puritano. De manera poética Watson describe lo que es el alma: “el alma es una substancia inmaterial, una chispa celestial encendida por el aliento de Dios”. Sin embargo, observamos que en su exposición tiende hacia la dicotomía en vez de la unidad que constituyen cuerpo y alma en el ser humano. Como dice correctamente Berkhof, “Por una parte la Biblia nos enseña a considerar la naturaleza del hombre como una unidad, y no como dualidad consistente de dos elementos diferentes, cada uno de los cuales se movería paralelamente al otro; pero sin unirse, verdaderamente, para formar un simple organismo. La idea de un mero paralelismo entre los dos elementos de la naturaleza humana que se encuentra en la filosofía griega y también en las obras de algunos filósofos posteriores, es enteramente extraña a la Biblia (…) No es alma sino el hombre el que peca; no es el cuerpo el que muere, sino muere el hombre; y no es meramente el alma sino el hombre, que es cuerpo y alma, al que Cristo redime”. En varias frases se observa que Watson da más importancia al alma que al cuerpo y no tiene en cuenta su unidad, el ser humano: “¡Concéntrate, pues, en lo principal y haz que tu alma ocupe el lugar más importante!”  Llegamos a un aspecto muy importante de la oración que se está perdiendo en la actualidad y que debemos recuperar: la confesión de pecado. El comentario de esta parte de la petición,  trata tanto sobre la confesión como también del perdón.

La sexta y última petición tiene para Watson dos partes: la primera es un expresión de modestia y la segunda una demanda. Dios no tienta a nadie, permite el pecado o es una prueba. Lo que pedimos a Dios es que no nos deje sucumbir al pecado. La petición de liberación del mal, lo que suplica es que Dios nos proteja del mal.

A diferencia de la obra reseñada anteriormente del mismo autor, esta no lleva introducción, pues en el prefacio ya trata la primera frase del Padrenuestro. En ambas obras, no hay conclusión dando la impresión de que falta algo. Si dejamos de lado algunos aspectos que hemos mencionado, en general es una obra excelente.

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Por qué necesitan nuestros hijos e hijas fe en Cristo 2

Ahora bien, sabes lo que Dios nos ha dicho en las Sagradas Escrituras acerca de su Hijo. Recuerdas lo que la Biblia dice acerca del nacimiento, la vida y la muerte de Jesús. Aunque moraba en el cielo y estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1)… se hizo hombre, creció como otros niños. “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Luc. 2:52). Cuando tenía treinta años, comenzó su ministerio. Predicó que todos tenían que arrepentirse y creer en él (Mar. 1:15), de otra manera nunca entrarían en el Reino de los Cielos. Realizó muchos milagros maravillosos que probaban que Dios estaba con él y que realizaba las obras de Dios. Su vida fue enteramente santa, libre de todo pecado. Su ejemplo fue perfectamente bueno… Su enseñanza fue sabia y buena. Aun sus enemigos decían: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7:46). Habló de todos los deberes que los seres humanos se deben unos a otros y a Dios… Por último dejó que hombres malos lo apresaran y crucificaran, a fin de que, por su muerte, pudiera hacer expiación por los pecados del mundo1 (1 Juan 2:2) y preparar el camino a fin de que todos los pecadores que se arrepienten y creen en él puedan ser salvos y felices en el cielo para siempre. Después de su muerte, resucitó, apareció vivo a sus discípulos, les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mar. 16:15). Luego ascendió al cielo en presencia de muchos de sus amigos, “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).

Este es un breve resumen de lo que la Biblia nos informa con respecto al Salvador. Ahora Dios requiere que creamos esto, y creer de tal manera que creerlo regirá nuestra conducta y nos convertirá en seguidores y discípulos de Jesucristo. No basta con que digas que no disputas o niegas
lo que Dios dice acerca de su Hijo. No basta con decir que crees en el relato bíblico acerca del Salvador. Si tu creencia no es del tipo que gobierna tus acciones, si no te lleva a hacer lo que el Salvador te indica, si no te hace su amigo y discípulo, no es verdadera fe en él.

Ahora bien, mi joven lector, si has leído atentamente y comprendido lo que has leído, ves que cuando tienes una fe verdadera en Cristo te pondrás totalmente en sus manos. Confiarás únicamente en él para ser salvo. Obedecerás sus órdenes y te esforzaras por ser como él… Esta es la fe de la cual Dios habla en la Biblia… Considera, mi joven amigo, por qué tú mismo necesitas fe. Es porque eres pecador. ¿Alguna vez has considerado esto en serio? Eres un pecador. Tienes, por naturaleza, un corazón malvado, has desobedecido a Dios, y has venido a condenación. La Biblia dice: “El que no cree, ya ha sido condenado” (Juan 3:18). La única manera de escapar de esta condenación es por la fe en Cristo. Él vino para salvar a pecadores. Dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Tú estás perdido. Te has apartado del deber y de Dios, y perecerás para siempre si no eres salvo por Jesucristo. Y esta es la razón por lo que necesitas fe en él.

Tomado de Repentance and Faith Explained to the Uniderstanding of the Young,.

Charles Walker (1791-1870): Pastor congregacional, consagrado a enseñar la
verdad de Dios a los jóvenes; nacido en Woodstock, Connecticut.

Por qué necesitan nuestros hijos e hijas fe en Cristo


Mi joven lector… el escritor te habla como un amigo. ¿Escucharás lo que dice? ¿Dedicarás tu mente al estudio de este importante tema? Si lo haces con seriedad, puedes llegar a ser sabio para salvación. De las personas de tu edad, Dios dice en las Escrituras: “Me hallan los que temprano me buscan” (Prov. 8:17).

Sabes que la Biblia dice mucho acerca de la fe. Sabes que toda persona tiene que tener fe [en Cristo], de otro modo no puede ser bueno y feliz. La Biblia dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Entonces, si esperas complacer a Dios, contar con su bendición y morar en su presencia cuando dejes este mundo, tienes que tener fe. Como ves, es de primordial importancia que sepas qué es la fe…

Sabes que la Santa Biblia es la Palabra de Dios. Sabes que en la Biblia
Dios nos habla y nos cuenta muchas cosas que nunca sabríamos si no nos
lo hubiera dicho en ese Santo Libro. Sabes que Dios nos habla en la Biblia acerca de sí mismo. Nos dice quién es, dónde mora, lo que ha hecho y lo que hará. Dios nos habla también de lo que nosotros mismos somos, lo que hemos hecho y lo que debemos hacer para complacerle. Nos cuenta acerca de otro mundo, de una existencia más allá de la tumba: un lugar de felicidad para los justos y de sufrimiento para los malos. Además, Dios nos habla de Jesucristo quien vino al mundo y murió para salvar a los pecadores, a fin de que los que creen en Cristo sean salvos, y que los que creen no sean condenados. Todo esto y mucho más nos revela Dios en la Biblia.

Ahora estoy listo para decirte qué es la fe: Es creer lo que Dios ha dicho y hacer lo que ha ordenado. ¿Comprendes esto? Quiero que lo comprendas. Por lo tanto, lo expresaré con palabras un poco diferentes. Fe es creer lo que Dios ha dicho. Es creer de tal manera que te lleve a hacer lo que él ha mandado. Esta es una definición en términos generales, y la fe en este sentido es aplicable a todas las cosas que Dios ha dicho en la Biblia. Incluye todo lo que dijo de sí mismo, su soberanía y su Hijo Jesucristo. Es respetar sea lo que sea que Dios ha ordenado y sea lo que sea que ha prohibido. Pero más particularmente, la fe cristiana, o la fe por la cual el pecador es salvo, puede explicarse de esta manera: Es esa creencia o confianza en Jesucristo que nos llevará a depender sólo de él para ser salvos. [Esta fe nos llevará] a consagrar nuestra alma, a nosotros mismos, y nuestro todo a él como el único Salvador, y a obedecer sus mandamientos.

No basta decir que crees la Biblia o pensar que la crees si no la
obedeces.
Fe no es tener una especie de creencia general de que la Biblia
es la Palabra de Dios y que es toda cierta. Muchos que no tienen fe
verdadera tienen esta clase de creencia. Si alguien tiene fe verdadera, no
sólo creerá lo que Dios ha dicho en la Biblia, sino que actuará demostrando que la cree. Ni basta decir que crees que Cristo es el único Salvador si no le sigues. Fe en Cristo no es limitarse a reconocerlo como el único Redentor. Miles que carecen totalmente de la fe verdadera tienen este tipo de creencia. Obedecerás al Salvador si tienes fe verdadera en él. Como dijo Jesús mismo, te negarás a ti mismo, tomarás tu cruz y le seguirás… El gran objeto de la fe cristiana es el Señor Jesucristo. Él es el único Salvador. Y la única manera en que podemos ser salvos es por medio de la fe en él. La Biblia dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hech. 16:31). Dice también: “El que no creyere, será condenado” (Mar. 16:16). Resulta claro, pues, que nuestra salvación depende de que tengamos fe verdadera en el Salvador.

Tomado de Repentance and Faith Explained to the Uniderstanding of the Young,.

Charles Walker (1791-1870): Pastor congregacional, consagrado a enseñar la
verdad de Dios a los jóvenes; nacido en Woodstock, Connecticut.

Tratado de Teología

Reseña 49

El Tratado de Teología de Thomas Watson es una de las obras más valiosas de entre los incomparables escritos de los puritanos; y aquellos que mejor la conocen más la aprecian. Watson fue uno de los más concisos, animados, ilustrativos y sugestivos de aquellos eminentes teólogos que hicieron de la era puritana el periodo más excelente de la literatura evangélica. A través de todas sus obras podemos ver una feliz unidad entre la sana doctrina, el examen de conciencia y la sabiduría práctica, y este libro sobresale del resto en utilidad para es estudiante y el ministro.

“Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe” (Colosenses 1:23)

Este libro basado en el Catecismo Menor de la Asamblea de Westminster, donde se recogen y exponen, en forma de preguntas y respuestas, los principios más importantes del cristianismo, diseminados por toda la Escritura. Este catecismo no tiene igual por la «escueta exactitud de las definiciones» y por el «desarrollo lógico» de los fundamentos.

Thomas Watson trata de las principales verdades doctrinales y prácticas de la fe cristiana. Watson transmite su riguroso conocimiento doctrinal y práctico de la verdad en un estilo tan original, conciso, expresivo, mordaz, animado, rico e ilustrativo que se le considera por ello el más leíble de los puritanos.

Es para Watson una necesidad que los cristianos esten bien instruidos en el campo tanto doctrinal como teológico. Es por esto mismo que expone varias ideas en su exposición en este Tratado de Teología:

1 ) ES DEBER DE LOS CRISTIANOS ESTAR FIRMES EN LAS DOCTRINAS DE LA FE.

  • a) La gran finalidad de la Palabra predicada es llevarnos a la estabilidad en la religión.
  • b) Estar firme en la religión es tanto el signo de excelencia como la honra del cristianismo.
  • c) Los que no están firmes en las doctrinas de la fe jamás sufrirán por ella.
  • d) No estar firme en las doctrinas de la fe es una provocación a Dios.
  • e) Si no estás firme en la religión, jamás creceras.
  • f) Tenemos una gran necesidad de estar firmes, por tantas cosas como hay que nos perturban.

2) LA SEGUNDA PROPOSICIÓN ES QUE LA MANERA COMO LOS CRISTIANOS PUEDEN ESTAR FIRMES ES ESTANDO BIEN FUNDADOS.

  • a) De que deberíamos estar fundados en el conocimientos de los principios esenciales.
  • b) Este fundamento es la mejor forma de estar firmes: “Fundados y firmes”.

Tratado de Teología 1

ÍNDICE

Breve nota biográfica acerca de Thomas Watson 7

Un discurso preliminar a la enseñanza de la doctrina 19

I. Introducción 1. El fin principal del hombre 28

2. Las Escrituras 61

II. Dios y su creación 1. El ser de Dios 82

2. El conocimiento de Dios 109

3. La eternidad de Dios 118

4. La inmutabilidad de Dios 127

5. La sabiduría de Dios 136

6. El poder de Dios 147

7. La santidad de Dios 156

8. La justicia de Dios 165

9. La misericordia de Dios 174

10. La verdad de Dios 184

11. La unidad de Dios 192

12. La Trinidad 201

13. La creación 208

14. La providencia de Dios 218

III. La Caída

1. El pacto de las obras 233

2. El pecado 240

3. El pecado de Adán 249

4. El pecado original 257

5. La desgracia del hombre por la Caída 269

IV. El pacto de gracia y su Mediador

1. El pacto de gracia 280

2. Cristo, Mediador del pacto 292

3. El oficio profético de Cristo 300

4. El oficio sacerdotal de Cristo 310

5. El oficio regio de Cristo 335

6. La humillación de Cristo en su encarnación 344

7. La exaltación de Cristo 363

8. Cristo, el Redentor 372

V. La aplicación de la redención

1. La fe 382

2. El llamamiento eficaz 391

3. La justificación 401

4. La adopción 410

5. La santificación 425

6. La seguridad 442

7. La paz 460

8. El gozo 470

9. El crecimiento en la gracia 481

10. La perseverancia 491

VI. La muerte y el día final

1. La muerte de los justos 511

2. El privilegio del creyente al morir 520

3. La resurrección 538

BREVE NOTA BIOGRÁFICA DE THOMAS WATSON

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Tratado de Teología 2

Niños: Busquen al buen pastor 3

Antes de venir al mundo, Jesús cuidaba a los corderos. Samuel era un niño muy pequeño, no más grande que el más pequeño de ustedes cuando
se convirtió. Vestía un efod de lino. Su madre le cosía una túnica pequeña
y se la llevaba cada año. Una noche, mientras dormía en el lugar santo,
cerca de donde guardan el Arca de Dios, oyó una voz que llamaba:
“¡Samuel!” Se levantó y corrió a Elí, que ya no veía bien, y le dijo: “Aquí
estoy, ¿para qué me llamaste?” Y Elí dijo: “Yo no te he llamado. Vuelve y
acuéstate”. Así lo hizo, pero por segunda vez oyó la voz que lo llamaba:
“¡Samuel!” Se levantó y fue a donde Elí, y dijo: “Aquí estoy, ¿para qué me
llamaste?” Pero Elí volvió a responder: “Yo no te llamé, mi hijo; vuelve a
acostarte”. Por tercera vez la voz santa llamó: “¡Samuel!” Se levantó y fue
a donde Elí diciendo lo mismo. Entonces Elí comprendió que el Señor
había llamado al muchacho. Por lo tanto, Elí dijo: “Ve y acuéstate; y si te
llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye”. Samuel se volvió a
acostar. Una cuarta vez –¡con cuánta frecuencia llama Cristo a los
niñitos!– la voz llamó: “¡Samuel, Samuel!” Entonces Samuel contestó:
“¡Habla, porque tu siervo oye!” De esta manera Jesús tomó en sus brazos
a este cordero y lo llevó en su regazo. Porque: “Samuel creció, y Jehová
estaba con él… porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo…” (1 Sam.
3:5-10; 19, 21).

Niñitos, a quienes ansío ver nacer y crecer en Cristo: oren pidiendo que
el Señor mismo se les revele. Algunos dicen que son ustedes demasiado
chicos para convertirse y ser salvos. Pero Samuel no era demasiado chico.
Cristo puede abrir los ojos de un niño con la misma facilidad que los de
un anciano. Sí, la infancia es la mejor etapa en la que ser salvo. No eres
demasiado joven para morir, no demasiado joven para ser juzgado y, por
lo tanto no demasiado joven para acudir a Cristo. No te contentes con oír
a tus maestros hablar acerca de Cristo. Ora para que se revele a ti. Dios
quiera que haya muchos pequeños “Samuel” entre ustedes.


Jesús sigue cuidando a los corderos. El Duque de Hamilton tenía dos
hijos. El mayor [se enfermó de tuberculosis] siendo apenas un muchacho,
lo cual lo llevó a la tumba. Dos pastores fueron a verlo donde yacía en la
mansión de la familia cerca de Glasgow. Después de una oración, el
muchacho tomó su Biblia de debajo de la almohada y leyó 2 Timoteo 4:7-
8: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia”. Agregó: “¡Esto,
señores, es mi gran consuelo!” Cuando se acercaba su muerte, llamó a su
hermano menor y le habló con gran cariño. Terminó con estas palabras
significativas: “Ahora bien, Douglas, en poco tiempo serás un duque, pero
yo seré un rey”…


¿Te gustaría poder partir así? Vé ahora a un lugar solitario: arrodíllate
y clama al Señor Jesús. No te pongas de pie hasta haberlo encontrado.
Ora pidiendo ser recogido en sus brazos y llevado en su regazo. Toma la
punta de su vestidura y di: “No debo dejarte–no me atrevo a dejarte– no
te dejaré ir hasta que me bendigas”.

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
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Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

Niños: Busquen al buen pastor 2

Blog147B

2. LO QUE JESÚS HACE POR SU REBAÑO:

(1) Murió por ellos. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Esta es la belleza principal en Cristo. Las heridas que estropearon la hermosura de su cuerpo lo hacen maravilloso a los ojos del pecador necesitado. Todos los que ahora y eternamente serán las ovejas de Cristo estuvieron una vez condenados a morir. Eran objeto de la ira de Dios. Estaban a punto de caer en el lago de fuego. Jesús les tuvo compasión, dejó el seno de su Padre, se vació a sí mismo, se convirtió en “gusano, y no hombre” (Sal. 22:6) y murió por los pecados de muchos. “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8). Esta es la gracia del Señor Jesús: todos en su rebaño pueden decir: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20).

(2) Los busca y los encuentra. Nunca buscaríamos a Cristo, si primero no nos buscara él a nosotros. Nunca encontraríamos a Cristo, si no nos encontrara él “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Cierta vez le pregunté a un pastor de ovejas: “¿Cómo encuentra a las ovejas perdidas en la nieve?” “Ah”, respondió, “vamos a los barrancos profundos donde van las ovejas en las tormentas. Las encontramos acurrucadas juntas debajo de la nieve”. “¿Y pueden salir cuando les quita la nieve?” “Oh, no. Si tuvieran que tomar un paso para salvarse, no podrían hacerlo. Así que sencillamente vamos donde están y las cargamos para sacarlas”. Ah, esta es precisamente la manera cómo Jesús salva a las ovejas perdidas. Nos encuentra en los fosos profundos del pecado, helados y muertos. Si tuviéramos que tomar un paso para salvar nuestra alma, no podríamos hacerlo. Pero él extiende su brazo y nos carga para sacarnos. Esto hace para cada oveja que salva. ¡Gloria, gloria, gloria sea a Jesús, el Pastor de nuestra alma!…

(3) Las alimenta. “El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9). Si Jesús te ha salvado, te alimentará. Alimentará tu cuerpo. “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Sal. 37:25)… Alimentará tu alma. El que alimenta a la florcita en la grieta del escarpado precipicio, donde ninguna mano del hombre la puede alcanzar, alimentará tu alma con gotas silenciosas de rocío celestial. Nunca olvidaré la historia de una niña en Belfast, Irlanda. Iba a una escuela dominical y se ganó una Biblia como premio por su buena conducta. Ésta llegó a ser realmente un tesoro para ella. Se alimentaba de su contenido. Sus padres eran malos. Con frecuencia ella les leía, pero se ponían cada vez peor. Esto le rompió el corazón a Eliza (que así se llamaba la niña). Quedó postrada y nunca volvió a levantarse. Quiso ver a su maestro. Cuando éste llegó, levantando la Biblia de ella, dijo: “No estás sin una compañera, mi querida niña”. “No”, respondió ella.

“Gozo la Santa Palabra al leer, cosas preciosas allí puedo ver.
Y sobre todo que el gran Redentor, es de los niños el tierno Pastor.
Con alegría yo cantaré al redentor, tierno Pastor,
Que en el Calvario por mí murió, sí, sí, por mí murió”

Apenas había terminado de recitar las líneas cuando echó para atrás la cabeza y falleció. Queridos niños, esta es la manera como Jesús alimenta a su rebaño. Es un Pastor tierno, constante y todopoderoso. Si pasas a ser parte de su rebaño, él te alimentará todo el trayecto hasta la gloria.

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
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Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

5 LIBROS QUE CHARLES SPURGEON USÓ PARA FORTALECER LA FE DE SU ESPOSA

C.H. Spurgeon

Cuando Charles Spurgeon quería ayudar a Susannah con su crecimiento espiritual, involucrarla en el estudio de su sermón o pasar tiempo con ella en busca de estímulo mutuo, miró libros. Quizás también utilizará buenos libros para bendecir a otros y para su propia edificación. ¿Qué libros / autores eligió Spurgeon?

1.- EL PROGRESO DEL PEREGRINO (JUAN BUNYAN)

Este libro guió a Charles desde su infancia y lo leyó 100 veces antes de morir. Por mucho que a Spurgeon le encantara el Progreso del peregrino, él insinuó que valoraba aún más la Guerra Santa de Bunyan. El Progreso del peregrino fue su primer regalo para Susie.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/clasicos/366-el-progreso-del-peregrino.html

2.- PIEDRAS LISAS TOMADAS DE ANTIGUOS ARROYOS (THOMAS BROOKS)

Aunque en 1855 los trabajos recopilados de Brooks aún no se habían publicado, varios de sus volúmenes estaban disponibles. Charles le pidió a Susie que revisara un volumen particular de Brooks y que extrajera algunas citas destacadas. El resultado fue un libro: Piedras lisas tomadas de antiguos arroyos.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/clasicos/32-remedios-preciosos.html

3.- LA POESÍA DE GEORGE HERBERT

La poesía de George Herbert. Spurgeon le pidió a Susie que le leyera poesía de Herbert para su propio beneficio. Sin embargo, a Susie le parecieron útiles esos momentos y los disfrutó mucho. http://www.luminarium.org/sevenlit/herbert/herbbib.htm

4.- ESCRITOS PURITANOS Y REFORMADOS

Varios escritores puritanos y otros reformados: Thomas Watson, Richard Baxter, Thomas Brooks y Juan Calvino fueron algunos de los favoritos de Spurgeon. El sábado por la noche, hacia el final de la preparación del sermón de Charles, le pidió a Susie que le leyera varios comentarios. Ella veía esos tiempos como un buen entrenamiento para la esposa de un pastor.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/40-clasicos

5. LOS SERMONES DE CHARLES SPURGEON

Los sermones de Charles Spurgeon. El primer regalo de bodas que Charles le dio a Susie fue el primer volumen de sus sermones. Spurgeon tiene una copia a fines de diciembre de 1855. Susie nunca se cansó de los libros que salieron de la mano de su amada.

REFLEXIÓN FINAL

Los libros fueron parte integral de la relación de Charles y Susannah desde el principio. Su primer regalo para ella fue El Progreso del Peregrino; su primer regalo para él fue un conjunto de comentarios de Calvino.

Después de la muerte de Charles, Susie dijo que sus 12.000 volúmenes eran su posesión más preciosa.

Charles y Susie leyeron libros, coleccionaron libros, regalaron libros, y ambos fueron autores prolíficos. Desde 1875 hasta su muerte en 1903, Susie regaló 200.000 libros a pastores pobres a través de su ministerio, ‘Mrs. Spurgeon’s Book Fund’.

¿Cómo puedes usar mejor los libros en tus relaciones con los demás?

– Ray Rhodes sirve como pastor fundador de Grace Community Church de Dawsonville, GA y como presidente de Nourished in the Word Ministries. Ha servido en cuatro congregaciones durante tres décadas de ministerio pastoral y durante quince años, ha dirigido Nutrido en la Palabra. Ray ha publicado varios libros y posee títulos teológicos del Seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans (M.Div.) Y del Seminario Teológico Bautista del Sur (D.Min.). Está casado con Lori y están bendecidos con seis hijas y cuatro nietos. Ray ha sido un entusiasta de Spurgeon durante mucho tiempo, y su tesis doctoral se centró en el matrimonio y la espiritualidad de Charles y Susannah Spurgeon

 

Niños: Busquen al buen pastor

Blog147

Niños queridos: Jesús es el Buen Pastor. Extendió sus brazos en la cruz, y su seno fue atravesado por una lanza. Esos brazos les pueden recoger, y ese seno está listo para recibirlos. Oro por ustedes todos los días pidiendo que Cristo los salve. Él me dijo a mí: “Apacienta mis corderos”, y todos los días le devuelvo a él sus palabras: “Señor, apacienta mis corderos”. Anhelo verles en el regazo de Jesucristo. Creo que Cristo ha recogido a algunos de ustedes. ¿Pero no habrá más para recoger? ¿No habrá más retoños verdes para quitar del fuego? ¿No habrá otros que deseen cobijarse bajo la vestidura blanca de Jesús? ¡Ay, vengan! Porque “aún hay lugar” (Luc. 14:22). Eleven sus corazones a Dios mientras les cuento algo más del Buen Pastor.

1. JESÚS TIENE UN REBAÑO: Todo pastor debe tener un rebaño, y Cristo también. Cierta vez vi un rebaño en un valle cerca de Jerusalén. El pastor iba al frente y llamaba a las ovejas, y ellas conocían su voz y le seguían. Dije: “¡Este es el modo como Jesús guía a sus ovejas!” ¡Ah, que sea yo una de ellas!

(1) El rebaño de Cristo es un rebaño pequeño. Escucha lo que dice Jesús: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Luc. 12:32). Ora pidiendo estar en el rebaño pequeño. Fíjate en el mundo: [billones] de hombres, mujeres y niños de distintos países, color, idioma, marchan hacia el tribunal. ¿Es éste el rebaño de Cristo? ¡Ay, no! Millones sin cuenta jamás han escuchado el dulce nombre de Jesús, y del resto, la mayoría no ve la hermosura de la Rosa de Sarón. El rebaño de Cristo es pequeño. Fíjate en esta ciudad. ¡Cuántos andan por las calles en un día de descanso! ¡Qué rebaño tan grande! ¿Es este el rebaño de Cristo? No. Me temo que la mayoría no son hermanos y hermanas de Cristo. No se parecen a él. No siguen al Cordero ahora y no lo seguirán en la eternidad. ¡Observa las escuelas dominicales! ¡Cuántos rostros infantiles y juveniles vemos allí! ¡Cuántos ojos radiantes de alegría! ¡Cuántas almas preciosas! ¿Es éste el rebaño de Cristo? No, no. La mayoría tiene un corazón duro y de piedra. La mayoría ama el placer más que a Dios. La mayoría ama el pecado y no le dan importancia a Cristo… quiero llorar cuando pienso cuántos vivirán una vida de pecado, morirán una muerte horrible y pasarán la eternidad en el infierno. Queridos niños: oren pidiendo ser como un lirio entre muchas espinas: ser los pocos corderos en medio de un mundo de lobos.

(2) Las ovejas de Cristo son ovejas marcadas. En la mayoría de los rebaños, las ovejas están marcadas a fin de que el pastor pueda identificarlas. La marca se hace con frecuencia con alquitrán en el lomo lanudo de la oveja. A veces es la primera letra del nombre del dueño. Se ponen las marcas para no perderlas cuando andan entre otras ovejas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. Cada una de sus ovejas tiene dos marcas:

Una marca está hecha con la sangre de Jesús. Cada oveja y cordero en el rebaño de Cristo una vez fue culpable y manchado de pecado, totalmente inmundo. Pero cada uno ha sido atraído por la sangre de Jesús y limpiado en ella. Son cono ovejas “que suben del lavadero” (Cant. 4:2). Todos pueden decir: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc. 1:5). ¿Tienes tú esta marca? Fíjate y mira si la tienes. Nunca podrás estar en el cielo a menos que la tengas. Cada uno allí ha lavado sus vestiduras y “las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).

Otra marca está hecha por el Espíritu Santo. Esta no es una marca que puedes ver desde afuera, como la marca en la lana blanca de las ovejas. Está muy, muy adentro en el interior, donde al hombre le es imposible ver. Es un nuevo corazón. “Os daré corazón nuevo” (Eze. 36:26). Este es el sello del Espíritu Santo que da a todos los que creen. Con poder infinito, extiende su mano invisible, y silenciosamente cambia el corazón de todos los que realmente son de Cristo. ¿Tienes tú un corazón nuevo? Nunca irás al cielo sin él. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom. 8:9). Queridos niños, oren pidiendo estas dos marcas de las ovejas de Jesús: perdón a través de su sangre y un nuevo corazón. Toma esto muy en serio y procura muy en serio obtener las dos ahora mismo. Pronto vendrá el Pastor Principal, y pondrá sus ovejas a su mano derecha, y las cabras a su izquierda. ¿Dónde estarás tú aquel día?

(3) Todas las ovejas de Cristo se mueven en rebaño. A las ovejas les encanta andar juntas. Una oveja nunca anda con un lobo o un perro, sino siempre con el rebaño. Especialmente cuando amenaza una tormenta, se mantienen cerca unas de las otras. Cuando los nubarrones oscurecen el cielo y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, los pastores dicen que entonces ven a las ovejas bajando desde los cerros y juntándose en algún valle resguardado. Les encanta mantenerse juntas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. No les gusta andar con el mundo, sino siempre unos con los otros. El cristiano ama al cristiano. Tienen la misma paz, el mismo Espíritu, el mismo Pastor, el mismo rebaño en los cerros de la inmortalidad. Especialmente en el día oscuro y nublado –como tarde o temprano uno lo será– las ovejas de Cristo se sienten impulsadas a estar juntas y llorar juntas. Les encanta orar juntas, cantar alabanzas y esconderse juntas en Cristo… Pequeños: “amémonos unos a otros” (1 Juan 4:7). Hazte compañero de los que temen a Dios. Huye de todos los demás. ¿Quién puede abrazar el fuego y no quemarse?…

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
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Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

El conocimiento del Dios Santo

Reseña 47

Oseas 4:6 nos enseña que “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. Esto no solo aplica a la falta de conocimiento de Su ley sino también a la falta de conocimiento de la persona de Dios. Dios nos dio Su Palabra para que le conociésemos, y es la principal forma de así hacerlo. Pero Él también dio sabiduría para que algunos hombres pudieran escribir sobre ese tema. Con más de un millón de copias vendidas solo en los Estados Unidos, El conocimiento del Dios Santo es considerado uno de los clásicos de la literatura cristiana, probando que J.I. Packer es uno de estos hombres dotados por Dios.

Cada capítulo de esta obra describe un atributo de Dios, lo que nos permite quedarnos meditando en las diversas características de nuestro Dios.

Su inmutabilidad. Todos sabemos que Dios no cambia, pero ¿qué significa eso para la vida del cristiano? Packer nos explica:

Jamás se vuelve menos veraz, menos misericordioso, menos justo, menos bueno de lo que una vez fue. El carácter de Dios es hoy, y lo será siempre, exactamente lo que fue en los tiempos bíblicos (100).

No solo su carácter no cambia: Su verdad no cambia, Sus propósitos no cambian, Su amor no cambia, Su fidelidad no cambia. Toda Su persona es eternamente inmutable, lo que nos lleva a confiar plenamente en Él.

Su verdad. Su Palabra es verdad. Dios se ha comunicado con nosotros a través de toda la historia, y el instrumento principal es mediante Su Palabra:

Dios, nuestro Hacedor, nos conoce antes que digamos nada; pero nosotros no podemos conocerlo Él a menos que se nos dé a conocer. Aquí, por lo tanto, tenemos una nueva razón de por qué Dios nos habla: no solo para movernos a hacer lo que Él quiere, sino para hacer posible que lo conozcamos a fin de que podamos amarlo (142).

Su amor. Es el atributo más conversado y  más mal entendido, tanto por los no creyentes como por los creyentes. Decimos con frecuencia que Dios es amor, pero olvidamos que Su amor, al igual que sus demás atributos, es santo. Tenemos que entender qué es realmente el amor de Dios de una manera bíblica:

El amor de Dios, como se refleja en la Biblia, jamás lo conduce a cometer acciones necias, impulsivas o inmorales, como ocurre con el amor humano…El amor de Dios es severo, porque es expresión de santidad en el que ama y procura la santidad de aquel que es amado (194;158).

Su ira. Packer llama la atención a que una de las cosas más notables sobre la Biblia es el vigor con que ambos Testamentos destacan la realidad y el terror de la ira de Dios. Una mirada a la concordancia nos revelará que en las Escrituras hay más referencias al enojo, al furor y la ira de Dios, que a su amor y su benevolencia (192).

Por esto Dios envió a Su Hijo, para librarnos de Su ira:

Entre nosotros los pecadores y las tormentosas nubes de la ira divina está ubicada la cruz del Señor Jesucristo (201).

¿Conoces tú a tu Dios?

¿Quieres saber qué tanto conoces a Dios? Revisa tu contentamiento, ya que la medida de nuestro contentamiento es uno de los elementos mediante el cual podemos juzgar si realmente conocemos a Dios (40). Dicho de otra manera: mientras menos gozo tengo, menos conozco a mi Dios.

Una vez que comprendemos que el propósito principal para el cual estamos aquí es el de conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida encuentran solución por sí solos (43).

Lo que hace de El conocimiento del Dios santo un libro tan especial es la increíble capacidad que tiene de apuntar más allá de sí mismo; de levantar nuestros ojos de sus letras a nuestro Creador. Así, con el favor de Dios, podemos hacer nuestras las hermosas palabras de Jeremías:

No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza;  mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor”, Jeremías 9:23-24.

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http://www.solosanadoctrina.com/tienda/doctrina-y-teologia/184-el-conocimiento-del-dios-santo.html

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El Conocimiento del Dios Santo 2

Pecados de niños y jóvenes 4

Blog146D

Un amor desmedido por el placer sensual y las alegrías mundanas es otro pecado muy común de los jóvenes. La Palabra de Dios describe a los que viven entregados a los placeres como viviendo estando muertos (1 Tim. 5:6) y los cataloga con los malvados más abominables, los que son “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). Aunque tales son las declaraciones del Señor, el placer es el objetivo de miles de jóvenes. Algunos lo buscan en las sendas grotescas y embrutecedoras de las borracheras, dando rienda suelta a sus bajas pasiones. Los juegos de azar, el baile, las carreras de caballo, las salas de fiestas, los parques de diversiones y las veladas son los escenarios de su mayor felicidad. Joven varón, ¿abrigas en tu corazón este amor por los placeres mundanos? Quizá no te hayas dado a excesos escandalosos y vergonzosos, pero, ¿has amado más los placeres mundanos que a Dios y el evangelio? De ser así, lamentablemente llevas la terrible marca de ser un hijo de destrucción: eres amante de los placeres más que de Dios. ¿Has estado presente en ambientes de diversiones pecaminosas y festividades culposas? ¿Has ansiado, como lo han ansiado otros, esos deleites sensuales que más se adaptan a tus gustos? Y, mientras has amado así a este mundo, ¿te has olvidado de lo que vendrá? ¿Acaso has estado más contento con alguna diversión barata o con un juguete titilante que con las bendiciones que hay en el evangelio? ¿Y has sido más entusiasta por un día de placer prometido que por asegurar una eternidad de sano gozo celestial?

No interpretes que quiero insinuar que el cristiano debe ser un esclavo de la melancolía. ¡Al contrario! Ninguno tiene mayor razón para estar alegre que el que asegura su entrada al cielo. Pero tremenda es la diferencia entre la alegría inocente y el gozo humilde del cristiano y los placeres vanos de un mundo necio. El que es verdaderamente cristiano tiene sus deleites, aunque sabe que no hay aquí lugar para una jovialidad superficial.

Deja que responda ahora tu conciencia, como estando en la presencia de Dios: ¿Has atesorado en tu corazón un amor por los placeres mundanos y sensuales? Aun si tu situación te ha impedido seguir libremente los deleites de la carne, ¿has abrigado dentro de ti un amor por ellos? Si así ha sido, aunque no hayas tenido la oportunidad de darte tus gustos mundanos en más de un mes o un año, sigues siendo a los ojos de Dios un amante de los placeres igual que si hubieras dedicado a ellos todo tu tiempo…

El Apóstol Pablo, cuando enumeró algunos de los pecados de la humanidad, concluye la terrible lista con el hecho de que también se complacen con los que las practican (Rom. 1:32). Esto, aunque uno de los peores, es uno de los más comunes y abunda mucho más entre la juventud que entre otros. Los jóvenes son con frecuencia los tentadores y destructores unos de otros. Los lascivos y profanos tientan a otros a serlo también. Los irreflexivos y [los adictos a la vida social] persuaden a otros a imitar su superficialidad y sus locuras. ¡Como si no fuera suficiente tener que rendir cuentas por sus propios pecados, muchos son partícipes de los pecados de otros! Y, como si esto no fuera bastante para arruinar sus propias almas, muchos caen en la culpa de ayudar a destruir con esto a sus compañeros y amigos.

¿Nunca has llevado a otros a pecar? Quizá algunos, que ahora están perdidos para siempre, se estén lamentando en total oscuridad y desesperación la hora fatal cuando te conocieron. ¿Ha aprendido de ti alguno a jugar con el evangelio? ¿A desperdiciar sus años dorados de gracia? ¿A rechazar a su Dios y elegir la perdición? Si no por palabras,quizá por algún ejemplo despreocupado e irreligioso, le has enseñado estas atroces lecciones.

He mencionado algunas iniquidades juveniles, pero no creas que estas son todas. ¡No! Cada pecado al que es propenso nuestra naturaleza caída ha aparecido no meramente en aquellos quienes, por sus años, maduraron cargando su culpabilidad, sino también en aquellos que apenas empezaban la jornada de la vida. Y sin enumerar los crímenes más oscuros de la multitud que vive en iniquidad, ¿dónde, mi joven amigo, está el corazón juvenil que nunca ha sentido aflorar las emociones de esas pasiones infernales: orgullo, envidia, malicia o venganza? ¿Dónde está la lengua juvenil que nunca ha dicho una palabra profana, libertina o al menos cruel o calumniadora? ¿Dónde
está el joven, que posee los formulismos de la piedad que nunca se ha burlado de Dios “con los sonidos lamentables de una lengua irreflexiva”? ¿Dónde está el oído juvenil que nunca se ha abierto para beber en el placer de las conversaciones del superficial y el necio? ¿Y dónde el ojo juvenil que nunca ha tenido una mirada orgullosa, airada,desvergonzada o insultante? ¿Eres tú tal persona? ¿Puedes apelar al que escudriña los corazones y basar tu esperanza eterna en el éxito de la apelación de que el amor –amor puro para con Dios y el hombre– siempre ha morado en tu corazón? ¿Que ninguna emoción de resentimiento, envidia o crueldad jamás ha morado allí? ¿Que una ley de benignidad constante siempre ha gobernado tu boca? ¿Que tus ojos han destilado sólo humildad, ternura y bondad? ¿Que tu oído nunca escuchó con placer acerca de la vergüenza de tu hermano? ¿Puedes hacer esta apelación?

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Pecados de niños y jóvenes 3

Blog146C

Otro pecado, no único a la juventud, pero muy común en ella, es perder el tiempo que es tan precioso. La Palabra de Dios nos recuerda que “el tiempo es corto” (1 Cor. 7:29) y nos ordena redimirlo (Ef. 5:16; Col. 4:5). El valor del tiempo sobrepasa nuestro entendimiento y nuestra capacidad de expresarlo… El tiempo nos es dado a fin de prepararnos para la eternidad. Pero, ¡ay, qué pecado es el modo en que se desperdician las horas! Muchos jóvenes actúan como si creyeran que tienen tanto tiempo por delante que se pueden dar el lujo de desperdiciarlo, cuando quizá su juventud desperdiciada es su todo: todo el tiempo que tendrán para prepararse para la eternidad, todo el que tendrán para “escapar del infierno, y volar al cielo”.

Una de las peores y más comunes maneras de desperdiciar el tiempo es invirtiéndolo en romances, obras de teatro y novelas. Las novelas son el veneno de esta era. Aun las mejores de ellas tienden a debilitar y arruinar la mente. Muchas de ellas promueven instintos bajos e innobles en la juventud y los inocentes. Pero, aun si estuvieran libres de todos los demás cargos de maldad, es muy serio y lamentable el hecho de que desperdicien ese tiempo del que hay que rendir cuentas ante el Dios del cielo. Deja que lo admiradores ilusorios defiendan la lectura de novelas, si es que se atreven a defenderla ante el Juez digno y eterno. Si lees novelas, piensa la próxima vez que tomas una novela en tus manos: “¿Cómo responderé ante un Juez tremendo por el tiempo ocupado en esto? Cuando me diga: ‘Te di tantos años en el mundo aquel para prepararte para la eternidad. ¿Conversaste devotamente con tu Dios? ¿Estudiaste su Palabra? ¿Te ocupaste de las obligaciones de la vida esforzándote por superarte aun en tus horas libres?’ Entonces, entonces tendré que responder: ‘Señor, ¡usé mi tiempo de otra manera! Las novelas y los romances ocuparon el tiempo libre de mis días, y, ¡ay, descuidé mi Biblia, mi Dios y mi alma!’” De este modo y muchos otros se desaprovecha esa bendición tan preciosa que es el tiempo. ¿No te hace acordar la conciencia las muchas horas libres? ¿Horas que, aunque sin pensar malgastas, pronto valdrían para ti más que montañas de oro o perlas?

El descuido intencionado del alma y la eternidad es otro pecado común de la juventud. Los jóvenes dan por sentado que vivirán una vida larga y entristecen al Espíritu Santo al demorar su atención a una cosa que es seguro que necesitan (Luc. 10:42). Confían en su juventud. Dios desaprueba de esta necedad y dice: “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” (Prov. 27:1). Pocos son los que prestan atención a esta advertencia. En cambio, se engañan pensando que vivirán muchos años y ven la enfermedad, muerte y el juicio como algo muy lejano. Por lo tanto, descuidan el alma y creen que no necesitan el evangelio o por lo menos que no les es útil. El santo Dios los llama en su Palabra. El Salvador crucificado les ruega que acudan a él: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan” (Prov. 8:17). Los ministros del evangelio los aconsejan. Otros oran por ellos y derraman lágrimas por ellos, no obstante, muchos persisten en seguir sus propios caminos. Sea lo que fuere que hagan, no recuerdan a su Creador en los días de su juventud (Ecl. 12:1). Mi joven amigo, ¿ha sido éste tu pecado y tu locura? Ay, si lo ha sido, ¡recuerda cuántas maneras existen de partir de este mundo! ¡Cuántas enfermedades para acortar tus días! Dios te da tiempo suficiente para asegurarte tu salvación, pero no te creas que te da tiempo de sobra.

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Sabios con el Planeta

Reseña 38

“Una lectura obligada para todos los discípulos de Jesús comprometidos con la misión de Dios en el mundo”. — Tim Dakin, General CMS

“Una oportunidad para explorar un enorme problema global de nuestra generación de manera tanto teológica como práctica”. — Nicky Gumbel , Vicario de Holy Trinity Brompton y pionero del curso Alpha

Este libro es una importante contribución al debate cristiano sobre el medioambiente. Dave no lo ha escrito desde  la torre de marfil del conocimiento académico. No, la teología que sustenta este libro se ha forjado a lo largo de una vida y un  ministerio totalmente comprometidos con el desarrollo de una respuesta cristiana a la crisis medioambiental.

La teología de Dave le ha guiado a un estilo de ministerio cristiano contemporáneo fresco e innovador, que empuja a muchos ecologistas a trabajar con él. Está haciendo una gran labor  reclamando el terreno que hemos perdido frente a los seguidores de la “ecoespiritualidad”, y su vida da testimonio de una vida cristiana personal creíble ecológicamente y espiritualmente. Este libro proviene de un ministerio desarrollado en el seno de lugares difíciles, de una parroquia multicultural, y tiene su origen en un compromiso común de vivir con sencillez y un hambre personal de discernir la perfecta voluntad de Dios.

Algunas iglesias proclaman orgullosas que reciclan las botellas o no van en coche a la iglesia un domingo al año. Son dignas de elogio, pero no son más que cortinas de humo que quedan muy lejos de suponer una respuesta creíble a los catastróficos efectos del calentamiento global. El ministerio de Dave sirve de modelo de algo mucho más relevante y profundo. Este libro enseña que, si queremos apostar por algún tipo de ecoespiritualidad cristiana con la visión de salvar el orden creado, nos va a suponer un sacrificio real y una manera de vivir totalmente diferente.

Un día, la manera en la que hemos ejercido la mayordomía sobre el planeta será juzgada, lo cual significa un cambio de perspectiva. Una nueva mirada a cómo vivimos y un nuevo compromiso para trabajar con el Señor para renovar el planeta.

Nuestro entendimiento de la creación debe comenzar sabiendo que pertenece a Dios, no a nosotros. Dios no se fue y la abandonó; su presencia llena la creación. La elección de cómo vivir es tuya. Pero, en última instancia, el juicio será suyo.

La Iglesia contemporánea necesita urgentemente la sabiduría de Dave aunque sea para reenfocar su alabanza y oración hacia una nueva conciencia del Dios Creador. La teología de Dave demuestra cómo las acciones ecológicas genuinas deberían provenir del núcleo mismo de lo que creemos, en lugar de suponer una especie de actividad opcional añadida para acallar nuestras conciencias.

El mundo produce dos millones de toneladas de basura al día. Quinientos mil millones de toneladas de petróleo se vierten cada año a causa de accidentes, vertidos y fugas. Seis millones y medio de toneladas de desechos, incluyendo residuos tóxicos y no biodegradables, acaban cada año en los océanos del mundo. Así pues, ¿qué principios básicos deberían guiamos en la manera en que vivimos nuestra fe en este planeta cada vez más contaminado? ¿Y cómo deberían responder los cristianos a la crisis medioambiental? Este libro es el comienzo.

Sabios con el planeta 4

Índice
Prefacio: ¡Marcar la diferencia! 13

Agradecimientos 17

Introducción: El planeta Tierra, ¿por qué molestarse? 19

01. La creación clama 29

02. La caída: La creación gime 51

03. Tierra: La gente y el lugar en contexto 65

04. Jesús: El Salvador del mundo 81

05. La nueva creación: En la tierra como en el cielo 97

06. Ponerlo en práctica: Discipular como si la creación importara 113

07. Ponerlo en práctica: Alabar como si la creación importara 125

08. Ponerlo en práctica: Vivir como si la creación importara 147

09. Ponerlo en práctica: Hacer la misión como si la creación importara 169

Apéndice: Los porqués del planeta 181

Notas 191.

¿Cómo continuar desde aquí? 197

* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 208 pp.

Dave Bookless (1962) nació en Calcuta y vivió en India hasta los diez años, cuando se mudó a Inglaterra junto con su familia. Ha trabajado como maestro y profesor en la multirreligiosa Bradford, como vicario en la multirracial Southall, y como director fundador de A Rocha Reino Unido, parte de un movimiento internacional medioambiental cristiano (www.arocha.org), donde ha dirigido proyectos prácticos en dieciocho países a lo largo y ancho de seis continentes.

La pasión de Dave es vivir y comunicar la fe cristiana de manera que refleje el Evangelio bíblico en su totalidad, hablándole a las culturas contemporáneas.

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/estudios-biblicos/943-sabios-con-el-planeta.html

Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Sabios con el planeta 5

Pecados de niños y jóvenes 2

Blog146B

Uno de los tipos de orgullo más común y más dañino es el que llamo el orgullo del fariseísmo. Nuestro Señor, en la parábola del fariseo y el publicano, da una descripción impresionante de este pecado. El fariseo alardeaba de que no era como los demás, que él cumplía los deberes que los otros no cumplían. En este fundamento arenoso parece haberse levantado su esperanza de la eternidad. Nada que pudiera parecerse a la humildad entró en su corazón, sino que se acercó a Dios con el orgullo de su imaginada virtud. Éste es exactamente el espíritu de miles en la actualidad. Y donde los jóvenes han sido frenados de francas inmoralidades, ¡qué común es verlo entre ellos! Se dice, respecto a ellos: “¡No son como tantos jóvenes inmorales a su alrededor! No se han dado a profanaciones y mentiras, a las borracheras o la deshonestidad; en cambio, han sido amables y conscientes de sus deberes, tiernos y atentos, tienen un corazón bueno y son jóvenes buenos”. Quizá hayan vivido toda su vida sin importarles Dios ni sus almas, pero esto no lo tienen en cuenta. Otros los elogian, y están dispuestos a creer estos elogios. Se halagan a sí mismos con sus virtudes imaginarias y se creen muy buenas personas. Se sienten orgullosos de lo buenos que son y marchan adelante para luego descubrir que Dios ve en ellos diez mil crímenes y aborrece más que cualquier otra cosa el orgullo del fariseísmo en una criatura contaminada por iniquidades diarias.

Otro pecado común de la juventud es la desobediencia a los padres. “Honra a tu padre y a tu madre… para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Ef. 6:2-3). Este es el mandamiento divino. Hay, es cierto, una caso en que los padres no deben ser obedecidos: cuando sus instrucciones y deseos se oponen a los de Dios. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29), y amar al Redentor más que a los padres mismos. Por lo general, los padres son los amigos más tiernos, y los padres piadosos están entre los guías más seguros que los jóvenes y faltos de experiencia pueden tener para llevarlos a los pies de Dios. Tus intereses son los de ellos. Tu bienestar la felicidad de ellos. Pero, ¡ay! ¿ha sido su ternura correspondida como se merece? ¿Quiénes, mi joven amigo, merecen más tu obediencia y afecto que los que te dieron vida y te han cuidado en tu infancia indefensa? El padre, cuyos años han sido invertidos en satisfacer tus necesidades, la madre que te dio pecho y te cuidó todos tus primeros días: ¿Han recibido ellos de ti esta obediencia y este afecto?

Quizá me esté dirigiendo a alguien cuya desobediencia y crueldad han hecho sufrir a sus cariñosos y piadosos padres, llenándolos de tristeza en lugar de alegría. El anhelo de ellos ha sido verte andar en el camino de Dios. Para esto te han llevado a la casa del Señor. Para esto sus oraciones han subido a lo Alto en público y en privado. Para esto han sido sus primeras enseñanzas y sus admoniciones posteriores, te han advertido con respecto al fin principal de la vida, como el único asunto que debiera interesarte, más que ningún otro, y ocupar tu corazón por completo. Y ahora te ven negligente de Dios y el evangelio. Lloran en secreto porque el hijo que aman es aún un hijo de Satanás. ¡Ay! Joven o señorita, si este es tu caso, Dios te juzgará por abusar de los preciosos privilegios y descuidar la enseñanza de tus padres. Las oraciones, las lágrimas y las exhortaciones de tus padres serán terribles testigos contra ti. No creas que por ser afectuoso y amable con ellos atenuarás en algún grado los sufrimientos de padres realmente piadosos. No. Seguirán llorando ante el pensamiento de que el hijo afectuoso que tanto aman no es un hijo de Dios. Les dolerá profundamente considerar lo cercano que estás a una  destrucción sin fin y cuán pronto te tienen que decir adiós para siempre, cuando van a su descanso donde no tienen esperanza de verte.

¡Ay! Mi joven amigo, si desprecias al evangelio, tus padres piadosos partirán, diciendo con tristeza a la hora de su muerte: “Hijo amado nuestro, no te veremos más. Porque en nuestro Dios no has confiado como tu Dios, a nuestro Salvador no has buscado como tu Salvador. ¡El cielo al cual vamos es un descanso al cual no tienes derecho y en el cual, muriendo como estás, no puedes entrar! Sí, con amargura llorarán al pensar que a pesar de todo lo que es hermoso a la vista de ellos, no hay nada en ti que sea hermoso ante los ojos de Dios. Todo lo que valoran tanto en ti pronto será enterrado en las profundidades del infierno.

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Pecados de niños y jóvenes 1

Blog146

Mi joven amigo, te ruego que me des tu atención mientras te destaco algunos de los pecados que arruinan a multitudes. Entre estos males, un espíritu irreflexivo e inconsiderado es uno de los más comunes y más fatales entre los jóvenes. Aunque la impiedad manifiesta mata a sus miles, ésta lleva a decenas de miles a la perdición. Llegará el momento cuando tendrás que considerar tus caminos. Desde tu lecho de muerte o desde el mundo eterno, tendrás que repasar tu vida. Pero como amas tu alma, no demores hasta entonces la pregunta cuya respuesta determinará tu estado eterno:“¿Qué he hecho con mi vida?” Piensa en tus años pasados. Se han ido para siempre. ¿Pero que informe ha habido de ellos en el cielo? ¿Qué se escribió acerca de ellos en el libro de Dios? ¿Serán presentados en el juicio en tu contra? Es posible que no verás muchos crímenes flagrantes. ¿Pero no ves nada que la conciencia tiene que condenar? ¿Nada que te alarme, si fueras a presentarte en este instante ante el tribunal de tu Creador? Quizá respondas: “Es cierto, no puedo justificar todas las acciones de mis años juveniles. No obstante, lo peor que veo son los desatinos juveniles”.

Mi amigo, ¿acaso eso es lo que los llaman en el cielo? ¿No los considera tu Juez peor que eso? Siempre ha sido la costumbre de este mundo excusar el pecado y cerrar los ojos a lo aborrecible que son estas aberraciones. Pero, ten conciencia de lo que tomas tan a la ligera, tu Dios los aborrece porque son pecados: pecados, los más pequeños de los cuales, si no son perdonados, sumirán tu alma en una aflicción eterna. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia” (Rom. 1:18). Aborrece las iniquidades de la juventud al igual que la de los años maduros. Los pecados de la juventud fueron las cosas amargas que lamentó el santo Job: “¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud?” (Job. 13:26). Y fue lo que motivó la súplica devota de ser liberado: “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad,oh Jehová” (Sal. 25:7).

Vuelve a repasar tu vida. Comienza con tu niñez. En los primeros años, con frecuencia considerados como un estado de inocencia, comienzan a aparecer las corrupciones de la naturaleza caída. Los primeros años de vida están manchados de mentiras,  desobediencia, crueldad, vanidad y orgullo. ¿Puedes recordar alguna oportunidad en tus primeros años cuando fueron contaminados con un pecado real? ¿Puedes recordar alguna ocasión cuando dijiste una mentira? ¿O cuando abrigaste en tu corazón vanidad, orgullo u obstinación? ¿O cuando la crueldad hacia seres más débiles era tu deporte? No te retraigas del repaso: aunque doloroso, es útil. Es mucho mejor ver y aborrecer tus pecados juveniles en este mundo, cuando puedes encontrar misericordia, que cuando te los recuerden en el momento en que se acabó la misericordia.

Pero los años de tu niñez han pasado. Has avanzado una etapa más en tu camino hacia un mundo sin final. ¿Han disminuido tus pecados a medida que tus años han aumentado? ¿No es cierto que algunas tendencias pecaminosas maduraron y tienen mayor fuerza? ¿No es cierto que otras que no conocías en tus primeros años han comenzado a aparecer? ¿Y no es cierto que más conocimiento agrega una nueva
culpabilidad a todos tus pecados?

Entre las iniquidades prevalecientes de la juventud podemos mencionar el orgullo. Este es un pecado que tienen en común todas las edades, pero con frecuencia infecta particularmente a los jóvenes. Dios lo aborrece. “Al altivo mira de lejos” (Sal. 138:6). “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Stg. 4:6). “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón” (Prov. 16:5). Aborrece a “todo altivo de corazón” (Prov. 6:16-17). “Altivez de ojos, y orgullo de corazón… son pecado” (Prov. 21:4). Dios reprende a los orgullosos (Sal. 119:21). El orgullo es el padre de muchos otros males. Se presenta en miles de maneras; no obstante, a menos que sea sometido por el evangelio, lo encontramos en el palacio y en la choza. Lo vemos demostrado en el carácter del hijo pródigo (Luc. 15:19).

¿Acaso este pecado, que Dios tanto aborrece, no ha entrado sigilosamente en tu corazón? Quizá te ha hecho altanero, cuando debieras ser humilde; obstinado, cuando debieras ser complaciente; vengativo, cuando debieras ser perdonador. Te pareció que demostrabas fuerza de carácter cuando reaccionabas ante una injuria o un insulto, en lugar de aguantar pacientemente como lo hizo aquel a quien llamas tu Señor. Quizá te ha llenado de insatisfacción, cuando debieras haber sido totalmente sumiso. Te pareció injusto en el día de la aflicción de que tenías que sufrir tantas pruebas, y aun si no murmuraste contra Dios, ¿no sentiste el deseo de hacerlo?

El orgullo posiblemente te ha llevado a descuidar los consejos sabios: no escuchar a los que desean tu bien eterno. Vanidad de los adornos de vistes: ¿no es cierto que has pensado más en la ropa que vistes que en la salvación de tu alma inmortal? ¿No es cierto que te has preocupado más por el aspecto de una prenda de vestir o si lo que vistes está de moda, que de la vida o muerte eterna? Quizá has sido uno de esos que se pasa más tiempo mirándose al espejo que en buscar el favor de su Dios. ¡Ay! ¿Nunca te llevó el orgullo a esta auto idolatría? ¿Nunca, nunca te llenaste de vanidad porque creíste tener un rostro atractivo o un cuerpo hermoso o vigor varonil? ¡Ay! ¡Necia vanidad! ¿Nunca
sucedió que le decías a la corrupción: “A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana” (Job 17:14), por más necio que fuera hacerlo? “¿Dónde hay un rostro más desagradable que no fuera objeto de auto adoración al mirarse al espejo? ¿Dónde un cuerpo, aunque fuera deforme, que el espíritu caído que lo habita no lo convirtiera en una ídolo favorito?”

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Hijos, autoridad y sociedad 4

Blog145D

Pero creo que hay otra implicación aquí. Hay algo acerca de esta relación entre los hijos y los padres que es única en este sentido: señala aun otra relación más elevada. Después de todo, Dios es nuestro Padre. Ese es el vocablo que él mismo utiliza, ese es el vocablo que nuestro Señor usa en su oración modelo: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Por lo tanto, el padre terrenal es, por así decir, un recordatorio del otro Padre, el Padre celestial. En la relación de los hijos con los padres, tenemos un ejemplo de la relación de toda la humanidad originalmente con Dios. Somos todos “hijos” frente a Dios. Él es nuestro Padre: “Porque linaje suyo somos” (Hech. 17:28). Así que de un modo muy maravilloso la relación entre padre e hijo es una réplica y un retrato, una predicación de esta relación total que subsiste entre los que son cristianos y Dios mismo… Toda la relación de padre e hijo debe recordarnos siempre nuestra relación con Dios. En este sentido, esta relación particular es única… Esta relación nos recuerda que Dios mismo es el Padre y que nosotros somos los hijos. Hay algo muy sagrado en cuanto a la familia, en cuanto a esta relación entre padres e hijos. Dios, de hecho, nos lo ha dicho en los Diez Mandamientos. Cuando se dispuso a dar este mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” le agregó esta promesa.

¿Qué promesa? “Que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. No cabe duda que cuando la promesa fue dada originalmente a los hijos de Israel, significaba lo siguiente: “Si quieren seguir viviendo en esta tierra de promesa a la cual los estoy conduciendo, cumplan estos mandamientos y éste en particular. Si quieren tener bendiciones y felicidad en la Tierra Prometida, si quieren seguir viviendo bajo mi bendición, cumplan estos mandamientos, especialmente éste”. No cabe duda de que esta era la promesa original.

Pero ahora el Apóstol generaliza la promesa porque está tratando aquí con gentiles al igual que con judíos seguidores de Cristo. Entonces, dice en efecto: “Ahora bien, si quieren que todo ande bien con ustedes, y si quieren vivir una vida larga y plena sobre la tierra, honren a su padre y a su madre”. ¿Significa esto que si soy un hijo o una hija que honra a sus padres voy a vivir hasta la vejez? No, esto no es así. Pero la promesa sin duda significa esto: Si quieres vivir una vida bendecida, una vida plena bajo la bendición de Dios, obedece este mandamiento. Él puede elegir mantenerte largo tiempo sobre esta tierra como un ejemplo y una ilustración. Pero sea cual fuere la edad que tengas cuando partas de este mundo, sabrás que estás bajo la bendición y la mano buena de Dios…

Esto nos trae al tercer y último punto. Fíjate cómo lo expresa el Apóstol: “Hijos, obedeced a vuestros padres. Honra a tu padre y a tu madre”. La naturaleza lo dicta, pero no sólo la naturaleza: la Ley lo dicta. Pero tenemos que ir aún más allá: ¡la Gracia! Este es el orden: naturaleza, Ley, Gracia. “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor”. Es importante que agreguemos esa frase “en el Señor” a la palabra correcta. No significa: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor”. Es, más bien: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres”. Es decir, el Apóstol esta repitiendo justamente lo que dijo en el caso de esposos y esposas. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor”. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”. Cuando llegamos a sus palabras a los siervos dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo”. Eso es lo que significa “en el Señor”. O sea que esta es la razón suprema. Hemos de obedecer a nuestros padres y honrarles y respetarles porque es parte de nuestra obediencia a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En suma, esa es la razón por la cual debemos hacerlo… Hacerlo “como al Señor”. Obedece a tu padre y a tu madre “en el Señor”. Ese es el mejor y más excelente aliciente. Agrada al Señor, es prueba de lo que dijo, estamos avalando sus enseñanzas. Dijo que había venido al mundo para redimirnos, limpiarnos de nuestros pecados, darnos una nueva naturaleza y hacernos hombres y mujeres nuevos. “Bien, compruébalo, demuéstralo con tus acciones”. Hijo, demuéstralo por medio de obedecer a tus padres: ¡serás entonces distinto a todos los demás hijos! No seas como esos hijos arrogantes, agresivos, orgullosos, fanfarrones y mal hablados que te rodean! ¡Demuestra que eres distinto, demuestra que el Espíritu de Dios mora en ti, demuestra que perteneces a Cristo! Tienes una oportunidad maravillosa, y le serás motivo de gran gozo y gran placer.

Pero hagámoslo también por otra razón. “Hijos, obedeced a vuestros padres” también por esta razón: cuando Jesús estaba en este mundo, así lo hizo. Eso es lo que encontramos en Lucas 2:51: “¿Por qué me buscabáis? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. La frase se refiere al Señor Jesús a los doce años. Había subido a Jerusalén con María y José. Éstos habían emprendido el viaje de regreso y habían viajado un día antes de descubrir que el muchacho no estaba entre los que viajaban con ellos. Regresaron y lo encontraron en el templo, en medio de los doctores de la Ley, escuchando, y haciendo y contestando preguntas, y todos los que lo oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Y él dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Luc. 2:49). Tuvo esta experiencia a los doce años que le hizo entender cuál era su misión. Pero luego dice la Biblia que volvió con ellos a Nazaret: “Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos”. ¡El Hijo de Dios encarnado sometiéndose a María y José! Aunque tenía conciencia de que estaba en este mundo para atender los negocios de su Padre, se humilló a sí mismo y fue obediente a sus padres. Sigamos su ejemplo: comprendamos que lo estaba haciendo principalmente para agradar a su Padre en los cielos, a fin de poder cumplir su Ley en todo sentido y dejarnos un ejemplo para poder seguir en sus pasos.

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Alegría Indestructible

 

Reseña 43

¿Cómo podemos estar seguros de Jesús?

A mediados del siglo pasado el escritor británico C.S. Lewis lo expresó de manera increíblemente acertada:

“Un hombre que fuera simplemente un hombre y que dijera las cosas que Jesús decía no sería un gran maestro de moral. O sería un lunático —como el que dice que es un huevo pasado por agua— o sería el diablo del infierno. Podemos encerrarlo por loco, podemos escupirle y matarlo por demonio, o podemos caer rendidos a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero dejémonos de tonterías condescendientes de que era un gran maestro humano. Él no nos dejó abierta esa posibilidad,. no era ésa su intención.”

En otras palabras, a Jesús no se le puede domesticar, aunque la gente lo intente constantemente. Este hombre parece tener algo para todo el mundo, así que cada uno elige aquello que le sirva para demostrar que está de su parte. En todos los lugares de la tierra tener a Jesús de tu parte se considera como algo bueno; pero no al Jesús original, sin adaptar ni domesticar, sino a la versión revisada de Jesús que encaja dentro de nuestra religión, de nuestra plataforma política o de nuestro estilo de vida.

Es curioso que, de entre las personas que no siguen a Jesús como su Señor y Dios, casi ninguna quiera decir nada malo sobre él. Lo mismo ocurre con las cruces: son bonitas para lucir como joyas, pero nadie quiere morir en una. Las únicas cruces que quiere la gente son las domesticadas. Por tanto, tiene sentido que resulte peligroso creer en un hombre que calculó toda su vida para morir en una cruz.

¿Podemos conocerlo como él era —y es— de verdad? ¿Cómo podemos llegar a conocer a una persona que vivió en la tierra hace dos mil años, uno que afirmó haber resucitado de entre los muertos con vida indestructible y que, por consiguiente, vive hoy? Algunos dicen que no se puede. El Jesús verdadero está enterrado en la historia, dicen, y no podemos tener acceso a él. Otros no son tan escépticos. Creen que el relato bíblico de la vida de Jesús es fiable, y que sus primeros intérpretes, como el apóstol Pablo, son más dignos de confianza que los críticos de hoy en día.

Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que el retrato bíblico de Jesús es verdadero? La gente sigue dos caminos en busca de tierra firme bajo los pies de la fe. Uno es el camino de la concienzuda investigación histórica para probar la autenticidad del relato histórico. Yo seguí ese camino durante mis años de formación en el seminario, en mis estudios de postgrado y en el tiempo en que daba clases en la universidad. A pesar de
los desafíos que experimentó mi fe durante esos años, la convicción de que existían buenas razones para creer en los documentos del Nuevo Testamento relativos a Jesús nunca se debilitó. En la actualidad disponemos de una gran cantidad de libros muy interesantes —tanto eruditos como populares— que dan apoyo a esta convicción.

Pero yo ya no soy profesor universitario; soy pastor. Todavía le doy valor al camino de la investigación histórica académica. De hecho, me apoyo en ella con frecuencia. Sin embargo, me doy cuenta de que la gran mayoría de las personas del mundo nunca tendrá ni el tiempo ni las herramientas necesarios para rastrear todas las pruebas de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento. Si Jesús es el Hijo de Dios, si murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos, y si Dios tenía la intención de que la gente, dos mil años después, tuviera una fe bien fundada, entonces tiene que haber otro camino, aparte de la rigurosa investigación histórica académica, que nos lleve a conocer al verdadero Jesús.

Hay otro camino. Es el que se va a seguir en este libro. Empieza con la convicción de que la verdad divina puede autentificarse a sí misma. De hecho, resultaría bastante extraño que Dios se revelara a sí mismo en su hijo Jesucristo e inspirara el relato de esa revelación en la Biblia, pero que luego no proporcionara una manera para que la gente corriente conozca dicha revelación. En términos sencillos, el camino común para un conocimiento seguro del verdadero Jesús es éste: Jesús, tal y como se revela en la Biblia, tiene una gloria —una excelencia, una belleza espiritual— que por sí misma evidencia que es verdadera. Es como ver el sol y saber que es luz, y no oscuridad, o como probar la miel y saber que es dulce, y no amarga. No existe una larga cadena de razonamientos desde las premisas hasta las conclusiones, sino una percepción directa de que esta persona es verdadera y de que su gloria es la gloria de Dios.

El apóstol Pablo describió este camino hacia el conocimiento de Jesús en 2 Corintios 4:4-6:  … el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo .

Pablo nos dice que Dios ilumina nuestros corazones (como en la obra de la creación) para que percibamos el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Se está refiriendo a personas que jamás han visto al Jesús histórico. ¿Cómo pueden conocerle y estar seguros de él? Lo que “ven” es la descripción verbal de Jesús en el evangelio, es decir, en la predicación apostólica de Cristo. Esta descripción, dice Pablo, acompañada por el resplandor de Dios en nuestros corazones, se nos manifiesta como lo que es de verdad: la gloria de Dios en Jesucristo, o la gloria de Cristo la imagen de Dios.

Alegría Indestructible 3

Vemos que hay dos cosas que hacen que este camino sea posible. Una es la realidad de la gloria de Jesucristo resplandeciendo a través de su descripción en la Biblia. La otra es la obra de Dios para que los ojos de nuestro cegado corazón se abran y puedan ver su gloria. No es que Dios nos “diga” que la Biblia es verdadera, sino que nos capacita para ver lo que se encuen-tra en ella. Hay una gran diferencia. Si Dios nos susurrara al oído que el Jesús de la Biblia es verdadero, entonces ese susurro tendría la autoridad final, y de él dependería todo lo demás. Pero ése no es el camino que yo veo en la Biblia, ni el camino que yo sigo. Por el contrario, Jesús mismo, y su descripción en la Biblia, de inspiración divina, tienen la autoridad final.

La consecuencia práctica de este camino es que no te pido que ores para recibir un susurro especial de parte de Dios que te ayude a decidir si Jesús es real. Lo que te pido es que mires al Jesús de la Biblia. Míralo. No cierres los ojos esperando una palabra de confirmación. Mantén los ojos abiertos y llénalos de la descripción completa de Jesús que te ofrece la Biblia. Si llegas a confiar en Jesucristo como Señor y Dios, será porque ves en él una gloria y una excelencia divinas que son sencillamente lo que son: la verdad.

Este camino se denomina a veces “el testimonio del Espíritu Santo”. Los catecismos antiguos lo expresan de la siguiente manera: El Espíritu de Dios, dando testimonio por y con las Escrituras en el corazón del hombre, es por sí solo totalmente capaz de con-vencerlo de que son la Palabra misma de Dios. Es importante notar que el Espíritu convence por y con las Escrituras. No rodea las Escrituras y las sustituye por revelaciones privadas acerca de las Escrituras. Quita la ceguera de la hostilidad y la rebelión, y así abre los ojos de nuestro corazón para ver el brillo autoevidente de la belleza divina de Cristo.

Por lo tanto, lo que se intenta hacer en este libro es poner de manifiesto el retrato bíblico de Jesús. No he intentado argumentar a su favor desde un punto de vista histórico; eso ya lo han hecho otros autores mejor de lo que podría hacerlo yo, y me gozo con sus trabajos. He tratado de ser fiel a lo que la Biblia dice realmente sobre Jesús. Aunque mi manera de escribir, comparada con la Escritura misma, deje mucho que desear, espero que leer estos trece capítulos sea como ver un diamante a través de trece facetas diferentes. La Biblia misma es la única descripción autorizada del diamante de Jesucristo, así que espero que después de leer este libro, el lector acuda a la Biblia. Por eso he saturado estos breves capítulos con citas de las Escrituras.

Espero que este libro sea útil tanto para los creyentes como para los no creyentes. Le pido a Dios que lo use para despertar a los no creyentes y que puedan ver la grandeza y la gloria de Jesucristo, que se autentifican a sí mismas. Y es mi oración que les sirva a los creyentes para que puedan ver la excelencia de Cristo de forma aún más dulce.

Así, el subtítulo del libro se haría realidad: Ver y saborear a Jesucristo. Cuando vemos a Jesús como él es de verdad, lo saboreamos. O lo que es lo mismo, nos deleitamos en él porque es verdadero y hermoso, y nos llena por completo. Ése es mi objetivo, porque hay dos cosas que se dan cuando se experimenta a Cristo de esta manera: él recibe el honor, y el gozo nos hace libres a nosotros para poder andar el angosto camino del amor. Cuanto más nos satisfacemos en Cristo, más se glorifica él en nosotros. Y cuando nos satisfacemos en él, somos crucificados para el mundo. Así, viendo y saboreando a Cristo se multiplicarán los espejos de su presencia en el mundo. Como dijo el apóstol Pablo: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18). Al contemplar, se llega a ser. Ver a Cristo salva y santifica.

Alegría Indestructible 1

Ya que todo esto, como dice Pablo, viene del Espíritu, he incluido una oración al final de cada capítulo. La acción del Espíritu en nuestra vida es fundamental. Y Jesús dijo: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:13). Me uno en oración a vosotros, lectores sinceros, para pedir medidas más grandes y más llenas de la acción del Espíritu en nuestras vidas. Al mirar a Jesús, que Él nos conceda ver y saborear la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Te invito a que te unas a mí en esta búsqueda seria del gozo eterno, bien fundado y que produce amor. Todo está en juego. En la vida no hay nada más importante que ver a Jesús como él es de verdad y saborear lo que vemos por encima de cualquier otra cosa.

 

Índice

Agradecimientos 7

Prefacio: ¿Cómo podemos estar seguros de Jesús? 9

1 Ver y saborear la gloria de Dios: El fin último de Jesucristo 17

2 Jesús es la gloria de Dios: La deidad de Jesucristo 25

3 El León y el Cordero: La excelencia de Jesucristo 33

4 El gozo indestructible: La alegría de Jesucristo 39

5 Las olas y los vientos todavía conocen su voz: El poder de Jesucristo 47

6 He aquí más que Salomón en este lugar: La sabiduría de Jesucristo 55

7 La gloriosa pobreza de una mala reputación: La profanación de Jesucristo 63

8 El sufrimiento incomparable: La angustia de Jesucristo 71

9 La gloria de rescatar a los pecadores en vez de eliminar a Satanás: El sacrificio salvador de Jesucristo 79

10 La riqueza encarnada de la compasión de Dios: Las misericordias de Jesucristo 87

11 El lado duro: La severidad de Jesucristo 97

12 Vida invencible: La resurrección de Jesucristo 107

13 La aparición de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador: La Segunda Venida de Jesucristo 115

Conclusión: La reconciliación con Dios a través de Jesucristo 121

* Editorial Andamio 2005. – 121 pp. Rústica

 

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Alegría Indestructible 2

 

Hijos, autoridad y sociedad 3

Blog145C

Consideremos las razones por las cuales el Apóstol da esta orden. La primera es –y las estoy poniendo en este orden particular por una razón que verás más adelante—“porque esto es justo”. En otras palabras: está volviendo a todo el orden de la creación establecido desde el principio, empezando por el libro de Génesis… Nos dice que, en lo que se refiere a los hijos, el principio existe desde el principio. Siempre ha sido así, es una parte del orden de la naturaleza, es parte de las reglas básicas de la vida. Esto es algo que encontramos no sólo entre los seres humanos, sino también en los animales. En el mundo animal, la madre cuida a su hijo pequeño que acaba de nacer, vela por él, lo alimenta y lo protege… Este es el orden de la naturaleza. La cría en su debilidad e ignorancia, necesita la protección, dirección, ayuda e instrucción que le da su progenitor. Por eso, el Apóstol Pablo dice: “Obedeced a vuestros padres… porque esto es justo”. Los cristianos no están divorciados del orden natural encontrado en toda la creación.

Es lamentable que sea necesario decirles esto a los cristianos. ¿Cómo puede ser posible que la gente se desvíe de algo que es tan totalmente obvio y se aplica al orden y curso de la naturaleza? Aun la sabiduría del mundo lo reconoce. Hay personas a nuestro alrededor que no son cristianas, pero creen firmemente en la disciplina y el orden. ¿Por qué? Porque toda la vida y toda la naturaleza lo indica. Que un hijo se rebele contra sus padres y se niegue a escucharles y obedecerles es ridículo y necio… Es antinatural que los hijos no obedezcan a sus padres. Están violando algo que claramente es parte de la estructura misma sobre la que se edifica la naturaleza humana, se ve en todas partes, de principio a fin. La vida ha sido planeada sobre esta base. Si no lo fuera, por supuesto, la vida muy pronto sería caótica, y terminaría con el fin de su propia existencia.

¡“Esto es justo”! Hay algo en este aspecto de las enseñanzas del Nuevo Testamento que me parece muy maravilloso. Demuestra que no debemos dividir el Antiguo Testamento del Nuevo. No hay nada que demuestre más ignorancia que el que un cristiano diga: “Es claro que siendo ahora cristiano, el Antiguo Testamento no me interesa”. Esto es totalmente equivocado porque, como el Apóstol nos recuerda aquí, es Dios el que creó todo al principio y es Dios el que salva. Es un mismo Dios desde principio a fin. Dios creó a varón y hembra, a padres e hijos, en todos los seres vivientes que encontramos en la naturaleza. Lo hizo de esa manera, y la vida tiene que conducirse según estos
principios. Por lo tanto, el Apóstol comienza su exhortación diciendo prácticamente: “¡Esto es justo, esto es básico, esto es fundamental, esto es parte del orden de la naturaleza! ¡No se aparten de eso! Si lo hacen, están negando su cristianismo, y negando al Dios quien estableció la vida de esta manera y la hizo funcionar según estos principios. La obediencia es justa”.

Habiendo dicho esto el Apóstol procede a su segundo punto. No sólo es lo justo, dice, sino que es también “el primer mandamiento con promesa”. “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”. Quiere significar que honrar a los padres no sólo es esencialmente justo, sino que es una de las cosas que Dios señaló en los Diez Mandamientos. Este es el Quinto Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxo. 20:12)…

¿Qué quiere decir el Apóstol con la expresión “el primer mandamiento con promesa”? Este es un punto difícil, y no podemos dar una respuesta absoluta. Es obvio que no significa que este es el primer mandamiento que tiene una promesa adjunta, porque hemos de notar que ninguno de los otros mandamientos tiene una promesa adjunta. Si fuera cierto decir que los mandamientos 6, 7, 8, 9 y 10 tienen promesas adjuntas, entonces podríamos decir: “Pablo dice que ciertamente este es el ‘primero’ de los mandamientos al que le incluye una promesa”. Pero ninguno de los otros tiene una promesa, así que ese no puede ser el significado.

Entonces, ¿qué significa? Puede significar que aquí en el quinto mandamiento comenzamos a tener enseñanzas con respecto a nuestras relaciones unos con los otros. Hasta ese momento han sido con respecto a nuestra relación con Dios, su nombre, su día, etc. Pero aquí empieza a hablar de nuestras relaciones unos con otros, por lo que puede ser el primero en ese sentido. Pero sobre todo, puede significar que es el primer mandamiento, no tanto en cuanto al orden sino al rango, y que Dios ansiaba grabar esto en la mente de los hijos de Israel por lo que agregó esta promesa a fin de hacerlo cumplir. Primero, por así decir, en rango y ¡primero en importancia! No que en última instancia alguno de éstos sea más importante que los demás, porque son todos importantes. No obstante, existe una importancia relativa.

Por lo tanto, lo interpreto así: esta es una de esas leyes que, cuando se descuidan, llevan al colapso de la sociedad. Nos guste o no, el colapso de la vida familiar tarde o temprano lleva al colapso en todas partes. Este es, sin lugar a dudas, el aspecto más peligroso de la sociedad en la actualidad. Una vez que la idea de la familia, la unidad familiar, la vida familiar se quebranta: pronto se desprovee de toda otra lealtad. Es lo más serio de todo. Y esa es quizá la razón por la cual Dios le agregó esta promesa.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Hijos, autoridad y sociedad 2

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Pero existe una segunda razón por la que todos necesitamos esta enseñanza. Según las Escrituras, no sólo la necesitan los cristianos en la forma como he estado indicando, sino que los cristianos necesitan esta exhortación también porque el diablo aparece en este momento de una forma muy sutil y trata de desviarnos. En el capítulo quince del Evangelio de Mateo, nuestro Señor toca este tema con los religiosos de su época porque, de un modo sutil, estaban evadiendo uno de los claros mandatos de los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos les decían que honraran a sus padres, que los respetaran y cuidaran. Pero lo que estaba sucediendo era que algunos, que pretendían ser ultra religiosos, en lugar de hacer lo que el mandamiento ordenaba, decían en efecto: “Ah, he dedicado este dinero que tengo al Señor. Por lo tanto, no puedo cuidarlos a ustedes, mis padres”. El Señor lo dijo así: “Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre” (Mat. 15:5-6). Estaban diciendo: “Esto es corbán, esto es dedicado al Señor. Por supuesto que quisiera cuidarlos y ayudarlos, pero esto lo he dedicado al Señor”. De esta manera, estaban descuidando a sus padres y sus obligaciones hacia ellos…

Por lo tanto, a la luz de estas cosas, notemos cómo el Apóstol expresa el asunto. Comienza con los hijos, valiéndose del mismo principio que usó en el caso de la relación matrimonial. Es decir, comienza con los que deben obediencia, los que han de sujetarse a ella. Comenzó con las esposas y luego siguió con los maridos. Aquí comienza con los hijos y sigue con los padres. Lo hace porque está ilustrando este punto fundamental: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef. 5:21). La orden es: “Hijos, obedeced a vuestros padres”. Luego les recuerda el Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”.

De pasada, notamos el punto interesante de que aquí, nuevamente, tenemos algo que distingue al cristianismo del paganismo. Los paganos en estos asuntos no relacionaban a la madre con el padre, sino que hablaban únicamente del padre. La posición cristiana, que es la posición judía según fue dada por Dios a Moisés, coloca a la madre con el padre. El mandato es que los hijos tienen que obedecer a sus padres, y la palabra obedecer significa, no sólo escucharles, sino escucharles sabiendo que están bajo su autoridad… No sólo escuchar, sino reconocer su posición de subordinación, y proceder a ponerla en
práctica.

Pero es imprescindible que esto sea gobernado y controlado por la idea que lo acompaña: la de “honrar”. “Honra a tu padre y a tu madre”. Esto significa “respeto”, “reverencia”. Esta es una parte esencial del Mandamiento. Los hijos no deben obedecer mecánicamente o a regañadientes. Eso es malo. Eso es observar la letra y no el espíritu. Eso es lo que nuestro Señor condenaba tan fuertemente en los fariseos. No, tienen que observar el espíritu al igual que la letra de la Ley. Los hijos deben reverenciar y respetar a sus padres, tienen que comprender su posición para con ellos, y deben regocijarse en ella. Tienen que considerarla un gran privilegio, y por lo tanto, tienen que hacer lo máximo siempre para demostrar esta reverencia y este respeto en cada una de sus acciones.

La súplica del Apóstol da a entender que los hijos cristianos deben ser totalmente lo opuesto a los hijos descarriados que por lo general muestran irreverencia hacia sus padres y preguntan: “Y ellos, ¿quiénes son?” “¿Por qué tengo que escucharles?” Consideran a sus padres “pasados de moda” y hablan de ellos irrespetuosamente. Imponen su opinión y sus propios derechos y su “modernismo” en toda esta cuestión de conducta. Eso estaba sucediendo en la sociedad pagana de la cual provenían estos efesios, tal como está sucediendo en la sociedad pagana a nuestro alrededor en la actualidad. Leemos constantemente en los periódicos de cómo se está infiltrando este desorden, y cómo los hijos, según lo expresan: “están madurando tempranamente”. Por supuesto, tal cosa no existe. La fisiología no cambia. Lo que está cambiando es la mentalidad y actitud que llevan a la agresividad y un apartarse de ser gobernados por principios bíblicos y enseñanzas bíblicas. Uno escucha esto por todas partes: los hijos hablan irrespetuosamente a sus padres, los miran sin respeto insubordinándose abiertamente a todo lo que les dicen, e imponen su propia opinión y sus propios derechos. Es una de las manifestaciones más feas de la pecaminosidad y el desorden de esta época. Ahora bien, una y otra vez, el Apóstol se declara contra tal conducta, diciendo: “Hijos, obedeced a vuestros padres, honrad a vuestros padres y vuestras madres, tratadlos con respeto y reverencia, demostradles que sabéis vuestra posición y lo que significa”.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Hijos, autoridad y sociedad

Blog145

Vivimos en un mundo en que vemos un alarmante colapso en la disciplina. El desorden en este sentido reina por doquier. Hay un colapso en la disciplina en todas las siguientes unidades fundamentales de la vida: en el matrimonio y en las relaciones familiares. Cunde un espíritu de anarquía, y las cosas que antes prácticamente se daban por hecho no sólo se cuestionan sino que son ridiculizadas y desechadas. No hay duda de que estamos viviendo en una época en que hay un fermento de maldad obrando activamente en la sociedad en general. Podemos decir más, –y estoy diciendo sencillamente algo en que todos los observadores de la vida coinciden, sean cristianos o no– y afirmar que de muchas maneras estamos frente a un colapso y desintegración total de lo que llamamos “civilización” y sociedad. Y no hay ningún aspecto en que esto sea más evidente que en la relación entre padres e hijos.

Sé que mucho de lo que estamos viendo es probablemente una reacción de algo que, desafortunadamente, era demasiado común hacia el final de la era victoriana y en los primeros años del siglo XX. Hablaré más de esto más adelante, pero lo menciono ahora de pasada a fin de presentar este problema con claridad. No hay duda de que existe una reacción contra el tipo de padre victoriano severo, legalista y casi cruel. No estoy excusando la posición actual, pero es importante que la comprendamos, y que tratemos de investigar su origen. Pero sea cual fuere la causa, no hay duda que tiene su parte en este colapso total en materia de disciplina y en las normas de conducta.

La Biblia, en su enseñanza y en su historia, nos dice que esto es algo que siempre pasa en épocas irreligiosas, en épocas de impiedad. Por ejemplo, tenemos un excelente ejemplo en lo que el apóstol Pablo dice acerca del mundo en la epístola a los Romanos en la segunda mitad del primer capítulo, desde el versículo 18 hasta el final. Allí nos da una descripción horrorosa del estado del mundo en el momento cuando vino nuestro Señor. Era un estado de total descontrol. Y entre las diversas manifestaciones de ese descontrol que lista, incluye precisamente el asunto que estamos ahora considerando.

Primero, dice: “Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (1:28). Enseguida sigue la descripción: Están “atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia”. En esa lista horrible, Pablo incluye esta idea de ser desobedientes a los padres.

También en la Segunda Epístola a Timoteo, probablemente la última carta que escribiera, lo encontramos diciendo en el capítulo 3, versículo 1: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. Luego detalla las características de esos tiempos: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos,desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:2-4).

En ambos casos, el Apóstol nos recuerda que en los tiempos de apostasías, en los tiempos de total impiedad e irreligión, cuando los mismos fundamentos tiemblan, una de las manifestaciones más impresionantes de descontrol es la “desobediencia a los padres”. Así que no sorprende que llamara la atención a aquello aquí, al darnos ilustraciones de cómo la vida que está “llena del Espíritu” de Dios se manifiesta (Ef. 5:18). ¿Cuándo se darán por enterados todas las autoridades civiles de que hay una relación indisoluble entre la impiedad e inmoralidad y la decencia? Existe un orden en estas cuestiones. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”, dice el Apóstol en Romanos 1:18. Si tienes impiedad, serás siempre insubordinado. Pero la tragedia es que las autoridades civiles – sea cual fuere el partido político en el poder– parecen todas regirse por la psicología moderna en lugar de las Escrituras. Todas están convencidas de que pueden manejar la insubordinación directamente, aisladamente. Pero eso es imposible. La insubordinación es siempre el resultado de la impiedad. La única esperanza de recuperar alguna medida de la rectitud y justicia en la vida es tener un avivamiento de la piedad. Eso es precisamente lo que el Apóstol les está diciendo a los efesios y a nosotros…

Por lo tanto, las condiciones actuales demandan que consideremos la afirmación del Apóstol. Creo que los padres e hijos cristianos, las familias cristianas, tienen una oportunidad única de testificar al mundo en esta época sencillamente por ser diferentes. Podemos ser verdaderos evangelistas demostrando esta disciplina, este respeto al orden público, esta verdadera relación entre padres e hijos. Podemos, actuando bajo la mano de Dios, llevar a muchos al conocimiento de la verdad. Por lo tanto, sea ésta nuestra actitud.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 3

Blog144C

Estar sujeto también requiere el cumplimiento que corresponde a las reglas establecidas para mantener el orden familiar. En las familias en que todo funciona bien, las cosas no se dejan al azar, sino que se regulan con reglas fijas. Hay un tiempo para cada cosa y cada cosa en su tiempo… Las comidas, oraciones, acostarse a la noche y levantarse a la mañana se realizan en el tiempo determinado para cada una. Es el deber obvio de cada miembro de la familia someterse a estas reglas. Los hijos y las hijas pueden estar ya mayores y pueden haber llegado a la adultez, esto no importa, tienen que someterse a las reglas de la casa, y su edad es una razón más para ser sumisos, ya que se supone que la madurez de su juicio los capacita para percibir con mayor claridad la razón de cada obligación moral. Quizá opinen que las reglas son demasiado estrictas, pero si el padre o la madre las estableció, tienen que sujetarse a ellas, en tanto sigan siendo integrantes de ese núcleo familiar, aunque sea hasta casi su vejez. Corresponde también al padre o a la madre decidir qué visitas entran en la casa: y es totalmente incorrecto que un hijo traiga o quiera traer a la casa una amistad a la cual él sabe que se opone uno de sus padres. Lo mismo se aplica a las diversiones: los padres determinan cuales serán, y ningún hijo que tiene los sentimientos correctos de un hijo querrá establecer diversiones que el gusto, y especialmente que la conciencia, de la madre o el padre prohíbe. Han ocurrido casos en que los jóvenes han invitado a tales amigos para tales diversiones en la ausencia de sus padres, aunque saben que esto es decididamente contrario a las reglas de la casa. No hay palabras para expresar lo abominable que es una acción de rebelión vil y malvada contra la autoridad paternal, y un desprecio tan carente de escrúpulos de lo que saben es la voluntad de los padres. Aun los libros que entran a la casa deben coincidir con las reglas domésticas. Si el padre o la madre prohíbe traer novelas, romances o cualquier otro libro, el hijo, en la mayoría de los casos, tiene que renunciar a sus propias predilecciones y acatar una autoridad a la cual no se puede oponer sin oponerse a los dictados de la naturaleza y la religión.

5. ES EL DEBER DE LOS HIJOS CONSULTAR CON SUS PADRES: Ellos son los guías de tu juventud, tus consejeros naturales, cuyos consejos y respuestas debes recibir con piadosa reverencia. Aun si con justa razón sospechas de la solidez o percepción que ha generado la determinación de ellos, es por tu relación con ellos que no debes emprender nada sin explicarles el asunto y obtener su opinión. Cuanto más dispuesto debes estar de hacer esto cuando tienes toda la razón de confiar en su criterio. Eres joven y sin experiencia: todavía no has andado por la senda de la vida, y siempre surgen contingencias que no tienes la experiencia para comprender… Ellos ya han andado por esa senda y conocen sus curvas, sus peligros y sus dificultades. Recurre, pues a tus padres en cada circunstancia: consulta con ellos en cuanto a tus amigos, libros y diversiones. Haz que el oído de tu padre o tu madre sea el receptor de todos tus cuidados. No tengas secretos que guardas de ellos. Consúltalos especialmente en los temas relacionados con tu vocación y matrimonio. En cuanto a lo primero, quizá necesites de su ayuda [económica], ¿y cómo puedes esperar esto si no sigues sus consejos en cuanto a la mejor manera de invertir su inversión en ti? En cuanto al matrimonio… las Escrituras nos brindan muchos ejemplos excelentes de la deferencia de los hijos a los padres en las épocas patriarcales. Isaac y Jacob parecen haber dejado la selección de sus esposas a sus padres. Rut, aunque nuera, estaba dispuesta a ser guiada enteramente por Noemí. Ismael le pidió a su madre su consejo. Sansón buscó el consentimiento de sus padres. La simplicidad de aquellas épocas ha desaparecido, y el avance de la sociedad ha traído aparejado más poder de elección por parte de los hijos. Pero éste no debe ser practicado independientemente del consejo paternal. Un anciano consagrado le dijo esto a sus hijos: “Mientras son ustedes jóvenes, escojan su vocación, cuando sean hombres, escojan a sus esposas, pero llévenme con ustedes. Es posible que los ancianos veamos más lejos que ustedes”… En todo esto, tienes que esforzarte de manera especial de que tu fe en Cristo sea consecuente y práctica, visible en toda tu conducta y más particularmente evidente en la manera amable, tierna y diligente en que cumples tus obligaciones para con ellos.

Hasta aquí el compendio de los deberes filiales. Hijos e hijas: léanlos, estúdienlos, anhelen sinceramente cumplirlos, y oran pidiendo al Dios Todopoderoso que la gracia de Cristo Jesús les ayude a llevar a cabo sus obligaciones.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 2

Blog144B

3. OTRO DEBER ES LA OBEDIENCIA. “Hijos, obedeced a vuestros padres”, dice el Apóstol en su epístola a los Colosenses. Éste es uno de los dictados más obvios de la naturaleza. Aun las criaturas irracionales son obedientes por instinto y siguen las señales de sus progenitores, sea bestia, ave o reptil. Quizá no haya deber más reconocido generalmente que este. Tu obediencia debe comenzar temprano: más joven eres, más necesitas un guía y autoridad. Debiera ser universal: “Hijos, obedeced a vuestros padres”, dijo el Apóstol, “en todo”.

La única excepción a esto es cuando sus órdenes son, de hecho y en espíritu, contrarios a los mandatos de Dios. En dicho caso, al igual que en todos los demás, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. Pero aun en este caso, tu negativa a cumplir la directiva pecaminosa de un padre, debe ser expresada con humildad y respeto, para que sea manifiesto que tu motivación es pura y responsable, no por una mera resistencia rebelde a la autoridad de tus padres. La única excepción a tu obediencia debe ser regida por tu conciencia: si tu situación, inclinación y gusto entran en juego, deben ser puestos a un lado cuando éstos son contrarios a la autoridad paternal.

La obediencia debe ser puntual. En cuanto la orden es expresada, debe ser cumplida. Es una vergüenza para cualquier hijo el que un padre o madre necesite repetir una orden. Debes anticipar, si es posible, sus directivas y no esperar hasta que las tengan que decir. Una obediencia que se demora pierde toda su gloria.

Debe ser alegre. Una virtud practicada a regañadientes no es una virtud. Una obediencia bajo coacción y cumplida con mala disposición es una rebelión en principio: es un mal, vestido con una vestidura de santidad. Dios ama al dador alegre, y también el hombre. Un hijo que se retira de la presencia de uno de sus padres refunfuñando, malhumorado y mascullando su enojo es uno de los espectáculos más feos de la creación: ¿de qué valor es algo que un hijo hace con semejante actitud?

Debe ser negándote a ti mismo. Debes dejar a un lado tu propia voluntad, sacrificar tus propias predilecciones y realizar las acciones que son difíciles al igual que las fáciles. Cuando un soldado recibe una orden, aunque esté disfrutando de la comodidad de su casa, sin vacilar, parte inmediatamente a exponerse al peligro. Considera que no tiene otra opción. El hijo no tiene más margen para la gratificación del yo que la que tiene el soldado: tiene que obedecer. Tiene que ser uniforme. La obediencia filial por lo general tiene lugar sin muchos problemas cuando están presentes los padres, pero no siempre con la misma diligencia cuando están ausentes.

Joven, debes detestar la vileza y aborrecer la maldad de consultar los deseos y obedecer las directivas de tus padres únicamente cuando están presentes y ven tu conducta. Tal hipocresía es detestable. Actúa basándote en principios más nobles. Que sea suficiente para ti saber cuál es la voluntad de tus padres, para asegurar tu obediencia, aunque continentes y océanos te separen de ellos. Lleva esta directiva a todas partes: deja que la voz de la conciencia sea para ti la voz de tu padre o de tu madre, y saber que Dios te ve sea suficiente para asegurar tu obediencia inmediata. Qué sublimemente sencillo e impresionante fue la respuesta del hijo quien, siendo presionado por sus compañeros a tomar algo que sus padres ausentes le habían prohibido tocar, y que, cuando le dijeron que aquellos no estaban presentes para verlo, respondió: “Es muy cierto, pero Dios y mi conciencia sí están presentes”. Decídete a imitar este hermoso ejemplo… y obedece en todo a tus padres aún cuando estén ausentes.

4. SER DÓCIL A LA DISCIPLINA Y REGLAS DE LA FAMILIA NO SON MENOS TU DEBER QUE LA OBEDIENCIA A SUS DIRECTVAS. En cada familia, donde hay orden, hay un control de la autoridad que son los padres: hay subordinación, sistema, disciplina, recompensa y castigo. A todo esto, deben sujetarse todos los hijos. Estar sujeto requiere que si en alguna ocasión te has comportado de manera que se hace necesario el castigo paternal, debes aceptarlo con paciencia y no enfurecerte ni resistirte con pasión. Recuerda que Dios ha ordenado a tus padres que corrijan tus faltas, que han de estar motivados por amor al cumplir este deber con abnegación… Confiesa sinceramente tus faltas y sométete a cualquiera sea el castigo que la autoridad y sabiduría de ellos dicte. Uno de los espectáculos domésticos más hermosos, después del de un hijo uniformemente obediente, es el de uno desobediente quien entra en razón y reconoce sus faltas cuando se las señalan, y se somete con tranquilidad al castigo que corresponde. Es una prueba de una mente fuerte y de un corazón bien dispuesto decir: “Actué mal, y merezco ser castigado”.

En el caso de hijos mayores… es sumamente doloroso cuando un padre, además del dolor extremo que le causa reprochar a tales hijos, tiene que soportar la angustia producida por su total indiferencia, su sonrisa desdeñosa, sus murmuraciones malhumoradas o respuestas insolentes. Esta conducta es aún más culposa porque el que es culpable de ella ha llegado a una edad cuando se supone que ha madurado su comprensión lo suficiente como para percibir cuán profundos son los fundamentos de la autoridad paternal –en la naturaleza, la razón y revelación—y cuán necesario es que las riendas de la disciplina paternal no se aflojen. Por lo tanto, si has cometido un error que merece reprensión, no cometas otro por resentirla. Permanece quieto en tu interior, no dejes que tus pasiones se rebelen contra tu sano juicio, sino que reprime al instante el tumulto que comienza en tu alma.

La conducta de algunos hijos después de un reproche es una herida más profunda en el corazón de un padre o una madre que la anterior que mereció el reproche. Por otra parte, no sé de otra señal más grande de nobleza ni nada que tienda a elevar la opinión del joven por parte de uno de sus padres ni generar en ellos más ternura que el sometimiento humilde al reproche y una confesión sincera de su falta. Un amigo mío tenía un hijo (que hace tiempo ha fallecido), quien habiendo desagradado a sus padres delante de sus hermanos y hermanas, no sólo se sometió humildemente a la amonestación de su padre, sino que cuando la familia se reunió a la mesa para comer, se puso de pie delante de todos ellos. Después de haber confesado su falta y pedido el perdón de su padre, aconsejó a sus hermanos menores que tomaran su ejemplo como una advertencia y tuvieran cuidado de no hacer sufrir nunca a sus padres, a quienes les correspondía amar y respetar. No puede haber nada más hermoso ni más impresionante que esta acción tan noble. Con sus disculpas, aumentó el aprecio de sus padres y de su
familia a un nivel más alto aún del que gozaba antes de haber cometido la falta. El mal humor, la impertinencia y la resistencia obstinada son vilezas, cobardías y mezquindad en comparación con una acción como ésta, que combina una nobleza heroica y valiente con la más profunda humildad.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en
Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El profeta pródigo

Reseña 44

Existen historias que dejan huellas en las arenas del tiempo. El relato de Jonás es una de ellas. No necesitamos esforzarnos mucho para recordar al profeta rebelde y al gran pez que lo tuvo en sus entrañas. Tanto es el impacto de esta historia, que existe la costumbre de llamar “Jonás” a un navegante que trae desgracia al resto de la tripulación.

En el libro El profeta pródigo, Timothy Keller —pastor fundador de Redeemer Presbyterian Church en Manhattan— nos invita a adentrarnos en la historia de Jonás. A lo largo de las páginas Keller nos ayuda a conocer “el misterio de la misericordia de Dios” junto a este profeta.

Con sensibilidad literaria y precisión histórica, Keller expone el libro de Jonás verso a verso en 12 capítulos cortos pero profundos. Estos se mueven de una parte expositiva a una parte práctica, usando una historia que seguro resonará en el oído del lector: la parábola del hijo pródigo.

El profeta pródigo es un recurso necesario tanto para el joven como para el anciano; para el recién nacido de nuevo y para el avanzado en la carrera. Léelo y pronto te encontrarás maravillado por las profundidades de la misericordia de Dios que Keller expone en todo su esplendor.

 

“En la primera parte Jonás interpreta al ‘hijo pródigo’ de la famosa parábola de Jesús (Luc. 15:11-24), que huyó de su padre. Sin embargo, en la segunda mitad del libro, Jonás es como el ‘hermano mayor’ (Luc. 15:25-32), que obedeció a su padre, pero lo reprochó por su compasión hacia los pecadores arrepentidos” (loc. 188).

 

Con esta reveladora afirmación, Keller prepara el camino para exponer una de las historias bíblicas conocidas por niños y adultos. Lo mejor de todo es que el autor no teme mostrar cómo el relato apunta a Alguien mucho más grande que Jonás.

¿Cómo podía Dios mantener sus promesas?

Ante el imperativo de ir a Nínive para llevar el mensaje de Dios, Jonás decide hacer todo lo contrario a lo que se le ordenó. Así es como el profeta desciende primero a Jope, luego al fondo del barco, y finalmente al fondo del océano mismo.

En las profundidades de Jonás había un problema teológico; Keller menciona que la duda que aquejaba la mente del profeta era la de un filósofo: “¿Cómo podía Dios mantener Sus promesas de defender a Su pueblo y al mismo tiempo mostrar misericordia a los enemigos de este mismo pueblo? ¿Cómo podía afirmar ser un Dios de justicia y permitir que tanta maldad y violencia quedaran impunes?” (loc. 1039).

Jonás sentía que el amor de Dios no debía extenderse a los no israelitas, especialmente a personas malvadas como los habitantes de Nínive. Fue así como Jonás se encontró con un problema con el que muchos hemos luchado: la aparente contradicción entre la bondad de Dios y su justicia. La respuesta a este dilema, por supuesto, está en la cruz. Es a través del sacrificio de Cristo que Dios satisface su justicia y al mismo tiempo ofrece salvación a pecadores de toda lengua, tribu, y nación.

En la segunda sección del libro, Keller se mueve a una parte más práctica. A partir de lo visto en la primera parte, concluimos que la historia de Jonás termina de una manera inusual, como esperando que nosotros demos respuesta a la pregunta que Dios hace al final del capítulo 4: “¿No habría yo de compadecerme?”. De esta manera, la historia de Jonás nos muestra tres relaciones: Jonás y la palabra de Dios, Jonás y el mundo de Dios, y Jonás y la gracia de Dios. Keller abre esta sección haciéndonos reflexionar: ¿Cuál es nuestra relación con la palabra de Dios, el mundo de Dios, y la gracia de Dios?

La relación de Jonás con Dios y Su Palabra fue decisiva para su relación con todo lo demás. Esto también es cierto para nosotros. Keller afirma que la raíz de toda desobediencia es la desconfianza en la bondad de Dios revelada en Su Palabra.

Ante toda encrucijada moral, pecamos cuando pensamos que la obediencia que Dios demanda nos llevará a ser infelices, y que nosotros somos más sabios y capaces de alcanzar nuestra felicidad. Este pecado (que el autor rastrea hasta el Edén) es la causa de cómo luce la relación de Jonás con el resto del mundo. No comprender la Palabra de Dios hizo que el profeta fuera incapaz de amar a su prójimo (en este caso, un pueblo diferente).

 “En el capítulo uno, [Jonás] huyó porque concluyó que la gracia y la misericordia de Dios eran un misterio inexplicable. En el capítulo dos, en el vientre del pez, lo encontramos luchando con ese mismo misterio. Solo cuando avanzó en su comprensión sobre la gracia es que fue liberado. Solo entonces se convirtió en un predicador valiente. El propósito principal de Dios es que Jonás comprendiera la gracia. El propósito principal del Libro de Jonás es que nosotros comprendamos la gracia” (loc. 2003).

 

Maravillados por el misterio de la misericordia de Dios 

Luego de una lectura interesante y emocionante, no solo sentirás la misma tormenta que Jonás sintió, sino que caminarás hasta el final en los zapatos del profeta rebelde y te asombrarás de la gracia que inunda su historia. El profeta pródigo es un recurso necesario tanto para el joven como para el anciano; para el recién nacido de nuevo y para el avanzado en la carrera. Léelo y pronto te encontrarás maravillado por las profundidades de la misericordia de Dios que Keller expone en todo su esplendor.

 

Editorial B&H ESPAÑOL.- 304 pp

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/doctrina-y-teologia/1067-el-profeta-prodigo.html

Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

El profeta Prodigo 2

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 1

Blog144

CONSIDERA con cuidado la relación que tienes con tus padres. Existe una conexión natural entre ustedes, por el hecho de que son ellos los propios instrumentos de tu existencia: una circunstancia que de por sí parece investirlos… de una autoridad casi absoluta sobre ti. Lo usual, la universalidad del vínculo, distrae de pensar en su intimidad, su ternura y su santidad. Eres, literalmente, parte de ellos y no puedes reflexionar en ningún momento en tu nacimiento sin que te impresione el peso maravilloso y solemne que llevas de tu obligación hacia tu padre y tu madre. Pero considera que no hay solamente una cuestión natural de tu deber hacia ellos, sino una conexión establecida entre ustedes. Jehová mismo ha intervenido y, uniendo el lenguaje de revelación con los dictados de la razón y la fuerza de autoridad a los impulsos de la naturaleza, te ha llamado a la piedad filial, no sólo como una cuestión de sentimientos, sino de principios. Estudia entonces la relación: piensa cuidadosa y seriamente en la conexión que existe entre ustedes. Pesa bien la importancia de las palabras padre y madre. Piensa cuánto contiene que tiene que ver contigo, cuántos oficios contiene en sí: protector, defensor, maestro, guía, benefactor, sostén de la familia. ¿Cuáles, entonces, tienen que ser las obligaciones del hijo? Lo siguiente es un breve resumen de los deberes filiales:

1. DEBES AMAR A TUS PADRES. El amor es la única actitud de la cual pueden surgir todos los demás deberes que te corresponden hacia ellos. Al decir amor, nos referimos al anhelo de cumplir los deseos de ellos. Por cierto que es lo que un padre y una madre merecen. La propia relación que tienes con respecto a ellos lo demanda. Si te falta esto, si no tienes en tu corazón una predisposición hacia ellos, tu actitud es extraña y culpable. Hasta que contraigas matrimonio, o estés por hacerlo, deben ellos, en la mayoría de los casos, ser los objetos supremos de tu cariño terrenal. No basta con que seas respetuoso y obediente y aún amable, sino que, donde no existan razones [bíblicas] para alejarte de ellos, tienes que quererlos. Es de importancia infinita que cuides tus sentimientos y no caigas en una antipatía, un distanciamiento o una indiferencia hacia ellos y que se apague tu cariño. No adoptes ningún prejuicio contra ellos ni permitas que algo en ellos te impresione desfavorablemente. El respeto y la obediencia, si no brotan del amor… son muy precarios.

Si los amas, te encantará estar en su compañía y te agradará estar en casa con ellos. A ellos les resulta doloroso ver que estás más contento en cualquier parte que en casa y que te gusta más cualquier otra compañía que la de ellos. Ninguna compañía debe ser tan valorada por ti como la de una madre o un padre bueno.

Si los amas, te esforzarás por complacerles en todo. Siempre ansiamos agradar a aquellos que queremos y evitamos todo lo que pudiera causarles un dolor. Si somos indiferentes en cuanto a agradar o desagradar a alguien es obviamente imposible que sintamos algún afecto por él. La esencia de la piedad hacia Dios es un anhelo profundo de agradarle, y la esencia de la piedad filial es un anhelo por agradar a tus padres. Joven, reflexiona en este pensamiento sencillo: el placer del hijo debiera ser complacer a sus padres. Esto es amor y la suma de todos tus deberes. Si adoptas esta regla, si la escribes en tu corazón y si la conviertes en la norma de tu conducta, dejaría a un lado mi pluma: porque ya estaría todo dicho. Ojalá pudiera hacerte entrar en razón y determinar esto: “Estoy comprometido por todos los lazos con Dios y el hombre, de la razón y revelación, del honor y la gratitud, hacer todo lo posible para hacer felices a mis padres, por hacer lo que sea que les produce placer y por evitar todo lo que les cause dolor; con la ayuda de Dios, desde este instante, averiguar y hacer todo lo que promueva su bienestar. Haré que mi voluntad consista en hacer la de ellos y que mi felicidad terrenal provenga de hacerlos felices a ellos. Sacrificaré mis propias predilecciones y me conformaré con lo que ellos decidan”. ¡Noble resolución, justa y apropiada! Adóptala, llévala a la práctica y nunca te arrepentirás. No disfrutes de ninguna felicidad terrenal que sea a expensas de ellos.

Si los amas, desearás que tengan una buena opinión de ti. Es natural que valoremos la estima de aquellos a quienes amamos: queremos que piensen bien de nosotros. Si no nos importa su opinión de nosotros es una señal segura de que ellos no nos importan. Los hijos deben anhelar y ansiar que sus padres tengan una opinión excelente de ellos. No hay prueba más decisiva de una mala disposición en un hijo o una hija que ser indiferente a lo que sus padres piensan de él o ella. En un caso así, no hay nada de amor, y el joven va camino a la rebelión y destrucción…

2. EL PRÓXIMO DEBER ES REVERENCIAR A TUS PADRES. “Honra a tu madre y a tu madre”, dice el mandamiento. Esta reverencia tiene que ver con tus sentimientos, tus palabras y tus acciones. Consiste, en parte, de tener conciencia de su posición de superioridad, o sea de autoridad, y un esfuerzo por conservar una actitud reverente hacia ellos como personas que Dios puso para estar por encima ti. Tiene que haber… un sometimiento del corazón a la autoridad de ellos que se expresa en un respeto sincero y profundo… Si no hay reverencia en el corazón, no puede esperarse en la conducta. En toda virtud, ya sea la más elevada que respeta a Dios o la clase secundaria que se relaciona con otros humanos como nosotros, tiene que ser de corazón: sin esto, dicha virtud no existe.

Tus palabras tienen que coincidir con los sentimientos reverentes de tu corazón. Cuando hablas con ellos, tu manera de hacerlo, tanto tus palabras como tu tono, deben ser modestos, sumisos y respetuosos, sin levantar la voz, sin enojo ni impertinencia ni tampoco descaro. Porque ellos no son tus iguales, son tus superiores. Si alguna vez no concuerdas con su opinión, debes expresar tus puntos de vista no con displicencia ni intransigencia como con alguien con quien disputas sino con la curiosidad humilde de un alumno. Si ellos te reprenden y quizá más fuerte de lo que te crees que mereces, tienes que taparte la boca con la mano y no ser respondón ni mostrar resentimiento. Tu reverencia por ellos tiene que ser tan grande que refrena tus palabras cuando estás en su compañía, por todo lo que ellos se merecen. Es extremadamente ofensivo escuchar a un joven irrespetuoso, grosero, hablador, que no se controla en la presencia de su madre o su padre y que no hace más que hablar de sí mismo. Los jóvenes deben ser siempre modestos y sosegados cuando está con otros, pero con mayor razón cuando sus padres están presentes. También debes tener cuidado de cómo hablas de ellos a otros. Nunca debes hablar de sus faltas… ni decir nada que puede llevar a otros a pensar mal de ellos o a ver que tú piensas mal de ellos. Si alguien ataca la reputación de ellos, con presteza y firmeza, aunque con humildad, has de defenderlos hasta donde la verdad te permita, y aún si la acusación es verdad, justifícalos hasta donde la veracidad te lo permita y protesta en contra de la crueldad de denigrar a tus padres en tu presencia.

La reverencia debe incluir toda tu conducta hacia tus padres. En toda tu conducta con ellos, dales el mayor honor. Condúcete de manera que otros noten que haces todo lo posible por respetarlos, y que ellos mismos lo vean cuando no hay nadie alrededor. Tu conducta debe ser siempre con compostura cuando están cerca, no la compostura del temor, sino de la estima…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en
Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

¿Qué es la Teología Reformada?

Reseña 42

“Sproul no solo tiene un entendimiento increíblemente amplio sobre la teología reformada, sino que también tiene la habilidad para explicar teología compleja de una manera tanto interesante como entendible… Este es un gran libro de R. C. Sproul en su mejor punto: defendiendo la pureza del evangelio”. – Tim Chales, pastor, autor y reseñador de libros para World Magazine

La mayoría de los cristianos han escuchado acerca de la teología reformada. Muchos piensan que la entienden bastante. Pero la experiencia me ha mostrado que pocos realmente la conocen como ellos piensan. Y eso es así tanto para personas que afirman ser reformadas como para aquellas que no lo son. Esto no se puede decir de R. C. Sproul. Sproul no solo tiene una comprensión asombrosamente amplia pero detallada de la teología reformada, sino que además ha sido dotado con la capacidad de explicar teología compleja de una forma que es tanto interesante como comprensible. Ese no es un don común.

¿Qué es la teología reformada?, que anteriormente fue publicado en inglés con el título más desconocido Grace Unknown, es el intento de Sproul de ayudar a otros a entender lo básico de la teología reformada. Es sorprendente que solo el cincuenta por ciento del libro está dedicado a una discusión de los cinco puntos del calvinismo. La primera mitad trata acerca de los fundamentos de la teología reformada que muchos libros similares han pasado por alto. Sin entender primero los fundamentos, al lector se le hará muchos más difícil entender los cinco puntos. Así que Sproul comienza analizando la soberanía de Dios; la importancia de la Escritura como la única regla infalible para nuestra fe; la sola fe; el triple oficio de Cristo como Profeta, Sacerdote y Rey; y la teología del pacto. Cada uno de estos temas se explica en detalle, pero con precisión suficiente que los hace fáciles de entender.

La segunda parte del libro es un examen de los cinco puntos del calvinismo: depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible, y perseverancia de los santos. Al igual que muchos otros teólogos, Sproul ha llegado a ver que este acróstico, aunque es útil, hace tanto por oscurecer los puntos como por aclararlos. Sproul prefiere hablar de corrupción radical, elección soberana, expiación con propósito, llamado efectivo, y preservación de los santos. Estos términos ayudan mucho a aclarar malentendidos comunes. Por ejemplo, con la frase «depravación total» es fácil suponer que los cristianos reformados creen que los humanos son todo lo depravados que podrían ser; su depravación es total. No obstante, la teología reformada enseña que, si bien los seres humanos son corruptos, y aun radicalmente corruptos, lo son en extensión, no en grado. La depravación se extiende a cada aspecto de la persona, pero por la gracia de Dios, el grado puede ser mayor o menor.

Debo señalar que, con todo lo útil que es este libro, no es para regalarlo a tu amigo que no es salvo. Sproul presupone que uno conoce la Biblia y la teología cristiana. Incluso a un joven cristiano puede resultarle difícil lidiar con algunos términos y conceptos. No obstante, es ideal para el creyente reformado que está intentando clarificar sus creencias, o para el cristiano no reformado que quiere entender de qué se trata la teología reformada.

Un libro accesible, bíblico, y educativo, uno de los mejores que he leído sobre la materia, y se da el caso de que he leído bastantes. Sproul le ha prestado un servicio al cristianismo al articular con tanta claridad los fundamentos y creencias de la teología reformada. No hace falta decir que lo recomiendo.

* Editorial Poiema 2016. -240 pp.

Contenido

Introducción: La teología reformada es una teología 7

I. FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA REFORMADA
1 Dios en el centro 23
2 Basada solo en la Palabra de Dios 43
3 Comprometida con la sola fe 61
4 Comprometida con el profeta, sacerdote y rey 83
5 Apodo: Teología del Pacto 103

II. LOS CINCO PUNTOS DE LA TEOLOGÍA REFORMADA
6 La corrupción radical de la humanidad 121
7 La elección soberana de Dios 143
8 El sacrificio con propósito de Cristo 167
9 El llamado eficaz del Espíritu 183
10 La divina preservación de los santos 203
Epílogo 225
Notas 227
Índices 231

ÍNDICE DE DIAGRAMAS
Diagrama 0.1 – Una teología centrada en Dios 15
Diagrama 0.2 – Una teología centrada en el hombre 16
Diagrama 7.1 – La cadena de oro de la salvación 148
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla 1.1 – La primera piedra fundacional 24
Tabla 2.1 – La segunda piedra fundacional 44
Tabla 2.2 – El canon 55
Tabla 3.1 – La tercera piedra fundacional 62
Tabla 3.2 – La justificación 81
Tabla 4.1 – La cuarta piedra fundacional 84
Tabla 4.2 – Los concilios cristológicos 87
Tabla 5.1 – La quinta piedra fundacional 104
Tabla 5.2 – La estructura de los pactos antiguos 111
Tabla 5.3 – Tres tipos de pacto 116
Tabla 6.1 – El primer pétalo del “TULIP” 122
Tabla 6.2 – Agustín y la habilidad humana 128
Tabla 7.1 – El segundo pétalo del “TULIP” 144
Tabla 7.2 – La predestinación 165
Tabla 8.1 – El tercer pétalo del “TULIP” 168
Tabla 8.2 – La voluntad de Dios 173
Tabla 9.1 – El cuarto pétalo del “TULIP” 184
Tabla 10.1 – El quinto pétalo del “TULIP” 204

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Qué es la Teología Reformada 1

 

¿Qué es la Teología Reformada?

Qué es la teología reformada

¿Qué es la Teología Reformada?
R.C. Sproul

Has escuchado acerca de la teología reformada, pero no estás seguro de lo que es. Algunos comentarios han sido positivos, otros negativos. Parece ser importante y te gustaría saber más. Y quieres una explicación completa, no algo simplista..

¿Qué Es la Teología Reformada? No es un libro académico, sino una introducción accesible a las creencias que han sido inmensamente impactantes en la iglesia cristiana a través de toda su historia. En este libro revelador, R. C. Sproul te mostrará los fundamentos de la doctrina reformada y te explicará cómo las creencias reformadas están centradas en Dios, basadas en Su palabra y comprometidas con la fe en Jesucristo. Te mostrará claramente la realidad de la inmensa gracia de Dios.

“Sproul no solo tiene un entendimiento increíblemente amplio sobre la teología reformada, sino que también tiene la habilidad para explicar teología compleja de una manera tanto interesante como entendible… Este es un gran libro de R. C. Sproul en su mejor punto: defendiendo la pureza del evangelio”. – Tim Chales, pastor, autor y reseñador de libros para World Magazine

240 pp. Rústica
Ref. 1949 – 13,99 €

Honra a tu Padre y a tu Madre 2

Blog143B

III. Las razones por las cuales los hijos deben honrar a sus padres son:

(1) Es un mandato serio de Dios. “Honra a tu padre”: así como la Palabra de Dios es la regla, su voluntad debe ser la razón de nuestra obediencia.

(2) Merecen la honra por el gran amor y afecto que sienten por sus hijos. La evidencia de ese amor es en su cuidado al igual que el costo. Su cuidado en criar y educar a sus hijos es una señal de que sus corazones están llenos de amor por ellos. Muchas veces los padres cuidan mejor a sus hijos a que lo que se cuidan ellos mismos. Los cuidan cuando son tiernos, no suceda que sean como frutales en un muro que son podados cuando apenas florecen. Al ir creciendo los hijos, aumenta el cuidado de los padres. Temen que sus hijos se caigan cuando son chicos y que tengan cosas peores que caídas cuando son más grandes. Su amor se evidencia en su costo (2 Cor. 12:14). Ahorran y gastan para sus hijos. No son como los avestruces que son crueles con sus hijos (Job 39:16). Los padres a veces se empobrecen ellos mismos para enriquecer a sus hijos. Los hijos nunca pueden igualar el amor de un padre, porque los padres son instrumentos de vida para los hijos, y los hijos no pueden ser eso para sus padres.

(3) Agrada al Señor (Col. 3:20). Tal como produce gozo en los padres, es un gozo para el Señor. ¡Hijos! ¿No es vuestro deber agradar a Dios? Al honrar y obedecer a sus padres, agradan a Dios tal como lo hacen cuando se arrepienten y creen en él. Para demostrar cuánto le agrada a Dios, quien los recompensa cumpliendo la promesa: “para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Jacob no dejaba ir al ángel hasta que lo bendijera, y Dios no dejó este mandamiento hasta que lo bendijo. Pablo lo llama “el primer mandamiento con promesa” (Ef. 6:2)… Una larga vida es mencionada como una bendición. “Y veas a los hijos de tus hijos” (Sal. 128:6). Fue un gran favor de Dios a Moisés el que, aunque tenía ciento veinte años, no necesitaba anteojos: “Sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor” (Deut. 34:7). Dios amenazó a Elí con la maldición de que nadie en su familia llegaría a la ancianidad (1 Sam. 2:31). Desde el diluvio, la vida es mucho más breve: para algunos, la matriz es su tumba. Otros cambian su cuna por su sepultura. Otros mueren en la flor de la vida. La muerte se lleva todos los días a unos u otros. Ahora, aunque la muerte nos acecha continuamente, Dios nos sacia de larga vida, diciendo (como en el Sal. 91:16): “Lo saciaré de larga vida”, algo que hemos de apreciar como una bendición. Es una bendición cuando Dios nos da mucho tiempo para arrepentirnos, mucho tiempo para servirle y largo tiempo para disfrutar a nuestros seres queridos.

IV. ¿Para quiénes es esta bendición de larga vida sino para los hijos obedientes? “Honra a tu padre para que tus días se alarguen”. Nada acorta la vida más pronto que la desobediencia a los padres. Absalón fue un hijo desobediente que quiso quitarle la vida y la corona a su padre. No vivió ni la mitad de lo que hubiera sido normal. El asno que montaba, cansado de tanta carga, lo dejó colgando de una rama de árbol entre el cielo y la tierra, como si no mereciera caminar sobre una ni entrar el otro. La obediencia a los padres va desenrollando la vida. La obediencia a los padres no sólo alarga la vida, sino que la hace más dulce. Vivir una larga vida y no poseer nada de bienes es una miseria, pero la obediencia a los padres asegura la herencia de tierras para el hijo. “¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío” (Gén. 27:38). Dios tiene más que una bendición para el hijo obediente. No sólo gozará de larga vida, sino de una tierra que da fruto: y no sólo tendrá tierras, sino que ellas le serán dadas con amor: “la tierra que Jehová tu Dios te da”. Disfrutaras de tierras no sólo por el favor de Dios, sino por su amor. Todos estos son argumentos poderosos para hacer que los hijos honren y obedezcan a sus padres.

Tomado de The Ten Commandments.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): Predicador puritano protestante no conformista y
autor; se desconocen el lugar exacto y la fecha de su nacimiento.

Honra a tu Padre y a tu Madre

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I. Los hijos deben honrar a sus padres teniéndoles un aprecio respetuoso.
Tienen que demostrarles un respeto cortés y profundo. Por eso, cuando el apóstol habla de los padres terrenales, habla también de reverenciarlos (Heb. 12:9). Esta reverencia ha de ser expresada:

(1) Interiormente, con un temor combinado con amor. “Cada uno temerá a su madre y a su padre” (Lev. 19:3). En el mandamiento, el padre es mencionado primero; aquí, la madre es mencionada primero, en parte para honrar a la madre, porque en razón de las debilidades inherentes a su sexo, es propensa a ser desdeñada por sus hijos. Y en parte porque la madre soporta más por sus hijos.

(2) Externamente tanto con palabras como con acciones. Reverenciar a los padres con palabras se refiere a cuando se habla directamente con ellos o cuando se habla de ellos a otros. “Pide, madre mía”, dijo el rey Salomón a Betsabé, su madre (1 Rey. 2:20).Cuando hablan de sus padres, los hijos deben hablar honorablemente. Tienen que hablar bien de ellos, si eso merecen. “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada” (Prov. 31:28). Y en caso de que, por debilidad, un padre o una madre cometa una indiscreción, el hijo debe hacer todo lo posible por disculparlo con sabiduría para cubrir la desnudez de sus padres.

(3) Teniendo una conducta sumisa… José, aunque era un gran príncipe y su padre había empobrecido, se inclinó ante él y se comportó con una humildad como si su padre hubiera sido un príncipe y él mismo fuera un pobre hombre (Gén. 46:29). El rey Salomón, cuando su madre se acercó a él, “se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella” (1 Rey. 2:19)… ¡Ay, cuántos hijos distan de rendir esta reverencia a sus padres! En cambio, los desprecian. Se comportan con tanto orgullo e indiferencia hacia ellos que son una vergüenza para el evangelio, y causan que sus padres ya ancianos vayan al sepulcro con dolor. “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre” (Deut. 27:16). Si todos los que deshonran a sus padres son malditos, ¡cuántos hijos en nuestra época se encuentran bajo esa maldición! Si los que son irrespetuosos con sus padres viven hasta tener hijos, sus propios hijos serán una espina en su carne, y Dios les recordará sus pecados en el día de su castigo.

II. Los hijos deben honrar a los padres siendo cuidadosamente obedientes.
“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo” (Col. 3:20). El Señor Jesús fue un ejemplo en esto para los hijos. Se sujetó a sus padres (Luc. 2:51). Él, a quien se le sujetaban los ángeles, se sujetaba a sus padres. Esta obediencia a los padres se demuestra de tres maneras:

(1) Siguiendo sus consejos. “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Prov. 1:8). Los padres ocupan, por así decir, el lugar de Dios. Para que te puedan enseñar el temor del Señor, tienes que atender sus palabras como si fueran oráculos y no ser como una víbora sorda, tapándote los oídos. Los hijos de Elí no siguieron los consejos de su padre y fueron llamados “impíos” (1 Sam. 2:12, 25). Y así como los hijos deben seguir los consejos de sus padres en cuestiones espirituales, deben también hacerlo en asuntos que se relacionan con esta vida, como la elección de una carrera y de contraer matrimonio. Jacob no se iba a casar, aunque ya tenía cuarenta años, sin la aprobación de sus padres (Gén. 28:1-2)… Si los padres de familia [evangélicos] aconsejaran a un hijo a formar pareja con un inconverso o católico romano, creo que este caso es obvio, y muchos de los letrados opinan que en este caso el hijo puede negarse y no está obligado a hacer lo que el padre pide. Los hijos deben “casarse en el Señor”, por lo tanto, no con personas inconversas, porque eso no es casarse en el Señor (1 Cor. 7:39).

(2) Cumpliendo sus órdenes. El hijo debe ser el eco de los padres: cuando el padre habla, el hijo debe ser su eco obedeciendo. El padre de los recabitas les prohibió beber vino. Le obedecieron y fueron felicitados por ello (Jer. 35:14). Los hijos deben obedecer a sus padres en todo (Col. 3:20). En las cosas en que no coinciden, por más que les cueste, tienen que obedecer a sus padres. Esaú obedeció a su padre cuando le ordenó que le trajera carne de venado porque probablemente le gustaba cazar. Pero se negó a obedecerle en una cuestión más importante: la elección de una esposa. Pero aunque los hijos tienen que obedecer a sus padres “en todo”, no obstante, “es dentro de la limitación de cosas justas y honestas”. “Obedeced en el Señor”, es decir, siempre que las órdenes de los padres coincidan con las órdenes de Dios (Ef. 6:1). Si ordenan algo que es contrario a Dios, pierden su derecho a ser obedecidos. En dichos casos, tienen que desobedecer.

(3) Satisfaciendo sus necesidades. José se ocupó de suplir las necesidades de su padre en su vejez (Gén 47:12). Se trata meramente de pagar una deuda justa. Los padres crían a sus hijos cuando son chicos, y los hijos deben ocuparse de sus padres en su ancianidad… Los hijos, o monstruos debiera llamarlos, son ellos mismos una vergüenza cuando se avergüenzan de sus padres cuando envejecen y decaen, y les dan una piedra cuando piden pan. Cuando las casas se ven cerradas, decimos que allí está la plaga, cuando el corazón de los hijos se cierra contra sus padres, tienen la plaga. Nuestro bendito Salvador cuidó mucho a su madre. En la cruz, encargó a su discípulo Juan que la llevara a su casa con él como si fuera su madre y se ocupara de que no le faltara nada
(Juan 19:26-27).

Tomado de The Ten Commandments.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): Predicador puritano protestante no conformista y
autor; se desconocen el lugar exacto y la fecha de su nacimiento.

La Oración del Señor

Reseña 39

Imagínese lo que debió haber sido tener el privilegio de seguir a Jesús día tras día, escuchando su enseñanza y viéndolo realizar sus milagros. Podemos imaginar muchas cosas que quienes tuvieron ese privilegio pudieron haberle pedido que les enseñase. Quizás los discípulos pudieron haberle pedido: “Jesús, enséñanos a convertir el agua en vino”. Pudieron haber pedido: ‘Enséñanos a caminar sobre el agua”. O pudieron haber dicho: “Enséñanos a levantar a la gente de entre los muertos”. En una ocasión los discípulos vinieron y le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1b). Resulta fascinante que esta fuera la pregunta candente que le formularon a Jesús. Ellos vieron el vínculo entre la extraordinaria vida de oración de Jesús y su poder, su enseñanza, su carácter, toda su persona. Vieron la intimidad que Jesús tenía con el Padre e hicieron la conexión entre su oración y su poder. Esta petición resultó en esa magnífica oración de Jesús que conocemos como “El Padre Nuestro”, “La Oración Modelo” o “La Oración del Señor”. Una herramienta poderosísima que Jesús pone a nuestra disposición para que la usemos una y otra vez. Una oración que se convierte en parte de la fibra de nuestro pensamiento. Empieza a hacerse parte de nuestra alma para que nos apoyemos en ella cuando no sepamos cómo deberíamos orar. Siempre podemos orar la Oración del Señor.

R. C. Sproul fue fundador de Ligonier Ministries, pastor fundador de Saint Andrevy’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College, y editor ejecutivo de la revista Tabletolk. Su programa radial, Renewing Your Mind, todavía se transmite diariamente en cientos de estaciones radiales alrededor del mundo y también se puede escuchar en línea. Fue autor de más de cien libros, incluyendo Sorprendido por el sufrimiento, Si Dios existe, ¿por qué hay tantos ateos? y Todos somos teólogos, publicados por Editorial Mundo Hispano. Fue reconocido en todo el mundo por su defensa elocuente de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga en su Palabra con firmeza y convicción.

“R. C. Sproul tiene un asombroso don para explicar verdades difíciles de manera concisa, memorable y fácil de entender. Es el maestro ideal para un estudio de la Oración del Señor porque esa oración es una lección profunda que Jesús dio a sus discípulos con una asombrosa economía de palabras acerca de un tema dificil. Usted será grandemente bendecido y edificado por este libro.” —Doctor John MacArthur Pastor-maestro Grace Community Church Sun Valley, California

“Este es un libro muy especial acerca de la oración. No lo dejará abrumado por el fracaso ni lo empujará a “darle a la oración una oportunidad más”, como lo hacen muchos libros y sermones acerca de la oración. En cambio, lo tomará delicadamente de la mano, como lo hizo Jesús cuando enseñó a los discípulos la oración en la que se basan estas páginas. Lo llevará a sentir el privilegio de la oración, a estimular nuevos deseos para orar, e incluso dejarlo con una sensación de los deleites de la oración. Estas páginas tienen una atmósfera de luz y están impregnadas de una sensación de frescura y gozo. Verdaderamente feliz es el teólogo que puede estimular la oración. Y nosotros estamos felices de que R. C. Sproul sea ese teólogo. La Oración del Señor es, sencillamente, un placer espiritual.” —Doctor Sinclair B. Ferguson Profesor Ligonier Ministries

“Me encanta escuchar a R. C. Sproul enseñando, y este libro suena exactamente como él: presenta verdades penetrantes ilustradas sorprendentemente. Sus citas apropiadas y su sabiduría pastoral hacen que sea tan fácil de leer como encantador de escuchar (y los capítulos cortos ayudan!). Sproul explica claramente las Escrituras con declaraciones que son simples y precisas. Él sabe lo suficiente como para decir cosas importantes de manera clara y concisa: verdades acerca del reino, la paternidad de Dios, la historia y, por supuesto, la oración. Incluso hay una sección útil de preguntas y respuestas al final. Este librito ahora ocupa su lugar junto con los clásicos sobre la oración.” —Doctor Mark Dever Pastor principal Iglesia Bautista Capitol Hill Washington, D. C.

“Históricamente, el discipulado evangélico en la iglesia ha usado mucho el Credo de los Apóstoles, la ley de Dios y el Padre Nues-tro. Ahora, a través de esta maravillosa y perspicaz exposición de la Oración del Señor, R. C. ha provisto a los cristianos que hacen discípulos y a las iglesias de un instrumento excelente y útil para dirigir y satisfacer los deseos del corazón de cada creyente que clame: “Señor, enséñanos a orar».” Doctor Harry L. Reeder III Pastor principal Iglesia Presbiteriana BriaNTood Birmingham, Alabama

CONTENIDO

  • Uno – Cómo no orar 9
  • Dos – Padre nuestro que estás en los cielos 25
  • Tres – Santificado sea tu nombre 35
  • Cuatro – Venga tu reino 45
  • Cinco – Sea hecha tu voluntad 57
  • Seis – El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy 67
  • Siete – Perdónanos nuestras deudas 77 
  • Ocho – No nos metas en tentación 91
  • Nueve – Tuyo es el reino 101
  • Diez – Preguntas y respuestas 109
  • Apéndice: Si Dios es soberano, ¿por qué orar? 115

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La oración del Señor 1

Una oración para los lectores, especialmente para hijos e hijas 2

Blog142B

Considera también: Si estuvieras por hacer un viaje, te prepararías para hacerlo. ¿No es verdad que lo harías si fueras a viajar unas cien o doscientas millas? Si estuvieras a esta distancia de tu hogar, ¿no pensarías en éste con frecuencia? Si aparecieran obstáculos en el camino que amenazaran impedir que jamás regresaras, ¿no usarías todos tus medios y tus fuerzas para eliminarlos? ¿Eres realmente sólo un extraño y viajero sobre la tierra? ¿Vas hacia delante en un corto lapso de tiempo a un mundo eterno, donde encontrarás una morada sin fin del más profundo sufrimiento o el más perfecto gozo? ¿Se juntan muchas cosas para impedirte alcanzar el reino de los cielos? ¿Es éste tu caso? Sí, lo es. ¿Irás hacia delante, sin importante a dónde vas? ¿Sin importarte lo que te espera al entrar en aquel mundo oculto: ese mundo oculto, desconocido y sin fin de gozo inefable o de sufrimiento imposible de imaginar?… Es imposible ser demasiado serio contigo. Si alguna vez alcanzas a conocer el valor de la verdadera piedad, estarás convencido de que así es. Si viéramos a miles durmiendo al borde de un precipicio y a otros cayendo y muriendo continuamente, ¿no sentiríamos una pasión por despertar a los que todavía no han caído?

¡Ay, mi joven amigo, si has sido indiferente al evangelio de Cristo, el peligro es infinitamente peor, un peligro eterno te amenaza! ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Te ruego que despiertes! ¡Despierta antes de que sea demasiado tarde! ¡Antes de que la eternidad selle tu condenación!… ¡Despierta! Te ruego que comiences a pensar en esa sola cosa que tanto necesitas, ¡el alimento no es ni la mitad de necesario para el pobre desgraciado que se muere de hambre, ni lo es la ayuda para aquel que se hunde en el mar o para el que se está quemando en las llamas!

Quizá todo lo que te digo para conseguir tu atención lo digo en vano. ¿Será así? ¿Despreciarás a tu Dios asegurándote tu propia destrucción? ¿Serás un enemigo más cruel de ti mismo que los diablos mismos pudieran ser? ¡Ay! Si así es, ¿en qué condición estarás pronto? Pero tengo mejores esperanzas para ti, y te hago un pedido: Mira a Dios… conmigo, elevando la siguiente oración. Luego pide que tenga de ti misericordia:

UNA ORACIÓN PIDIENDO LA BENDICIÓN DIVINA SOBRE ESTE ARTÍCULO: Dios eternamente bendito y santo, tu sonrisa es vida, tu ceño fruncido es muerte. Tú tienes acceso a cada corazón y conoces todos los pensamientos de toda criatura en tu amplio dominio. Desde tu trono eterno dígnate a mirar y enseñar a una de tus criaturas más indignas a implorar humildemente tu misericordia. Sin tu amor, somos pobres en medio de la abundancia y desdichados en medio del gozo del mundo. Tu amor es placer aunque estemos en medio de sufrimientos y es riqueza en medio de la pobreza mundana. El que te conoce y te ama, aunque muerto de pobreza y hambre, es infinitamente más rico y feliz que el rey que gobierna el más amplio de los imperios, pero no te conoce. Tú eres nuestra única felicidad; no obstante, no hemos buscado en ti el bien. Tú eres nuestra única dicha; no obstante, te hemos pedido que te alejes. Tú tienes el primer y más razonable derecho a nuestro corazón; no obstante, por naturaleza, los corazones están cerrados contra ti. Pero si tú has bendecido al que da voz a esta oración porque te conoce, bendice también a los que la leen o la dicen con el mismo conocimiento del cielo.

Dios grande, sólo tú sabes lo que es el hombre: un desdichado y miserable, una criatura rebelde y esclava del pecado, un heredero merecedor de ira y condenación. Tu compasión ha abierto para él el camino de vida, ¡pero cuán pocos son los que lo encuentran! Y, ¡ah!, ninguna mano sino la tuya puede guiar al pecador en esa senda llena de paz. Duro es el corazón que tu bondad no derrite: ninguna piedra es tan dura. Frío es el corazón que tu bondad no calienta: ningún hielo es tan frío. No obstante, ¡ay!, Dios grande, así es todo corazón humano por naturaleza… ¡Pero tú tienes poder para ablandar la roca, derretir el hielo y cambiar el corazón! ¿Y acaso no es eso lo que deseas? Creador misericordioso… tú has dicho: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isa. 45:22). Miles ahora en gloria han experimentado tu poder salvador. Los instrumentos más débiles pueden en tu mano realizar las obras más poderosas. Una piedrita y una honda pueden arrasar con el enemigo más orgulloso. Ahora, entonces, Dios compasivo, demuestra tu poder para salvar. Concede que los que lean este artículo cedan a tu persuasión y consideren seriamente lo que más los beneficia. Por medio de instrumentos débiles, tú has despertado muchos corazones indiferentes. Aun si éste es el más débil de los débiles instrumentos, magnifica tu poder y misericordia haciendo que llegue a un alma (¡Oh, que sean muchas!) con un llamado solemne y avivador. Permite que algunos de sus lectores aprendan el fin para el cual la vida les fue dada. ¡Oh, no dejes que duerman el sueño del pecado y la muerte para ser despertados por el juicio y la destrucción!

Dios benigno, enséñales que la vida no es dada para perderla por negligencia y pecado. Por el poder del evangelio, somete tú al corazón de Una oración para los lectores,especialmente para hijos e hijas  piedra y rompe la piedra de hielo. Con una voz eficaz como la que despertará a los muertos, llama a los muertos en pecado a levantarse y vivir. Llama al joven pecador que lea estas palabras a huir de la ira que vendrá. Dios misericordioso, por tu Espíritu Conquistador haz que este escrito, que en sí es una débil caña, sea poderoso para llevar al arrepentimiento, la oración y la conversión, a algún joven que se haya descarriado de las sendas de la paz. ¡Oh tú que te compadeces del hombre desdichado, enseña a los jóvenes lectores… a tener compasión de sí mismos! No dejes que por su pecado y su necedad hagan aun de la inmortalidad una maldición. No dejes que desprecien tus llamados misericordiosos, ni que pisoteen tu amor hasta la muerte. No dejes que el infierno se regocije y el cielo llore por ellos, sino que deja que los ángeles que moran en tu presencia y los santos que rodean tu trono se gocen por
algún penitente despertado por este débil instrumento: por algún joven que acepta el evangelio de tu Hijo, encontrando en él todo bien.

¡Dios grande, concede este pedido! ¡Haz que los sufrimientos del Salvador lo impulsen! ¡Haz que la intercesión del Salvador lo obtenga! ¡Haz que las influencias del Espíritu lleven a cabo lo que aquí anhelamos!… ¡Confiérale tu Espíritu a este ruego, oh Dios de amor! ¡Confiere esas influencias de bendición, oh tú, Salvador de la humanidad, que has recibido dones para los hombres! ¡Confiérelos, oh Padre y Señor de todo, y trae a algún joven pecador a los pies de tu Hijo crucificado! Aunque sea sólo uno, haz que éste acuda a él para vida… Ahora, oh Dios de gracia, oye esta súplica y enseña al joven sincero de corazón que preste toda su atención a lo que sigue. Concede esto, Dios grande, en nombre del que murió en el Calvario aquí en la tierra, que vive, reina y ruega por el hombre en los cielos, y cuyo reino, poder y gloria son para siempre jamás. AMÉN.

Tomado de Persuasives to Early Piety.
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J. G. Pike (1784-1854): pastor bautista, nacido en Edmonton, Alberta, Canadá.