Las bodas del cordero 2

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EL NOVIO ES PRESENTADO COMO UN CORDERO: “Han llegado las bodas del Cordero”. Así tiene que ser porque, ante todo, nuestro Salvador fue el Cordero en el pacto eterno cuando todo este plan fue programado, organizado y establecido por voluntad y decreto de la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8), y el pacto fue con él, que sería las Arras, el Sustituto y el Sacrificio tomando el lugar de los hombres culpables. Así, y de ningún otro modo, fue desde la eternidad.

Luego, fue como el Cordero que nos amó y demostró su amor.

Amados míos, él no se limitó a hablarnos de amor cuando descendió del cielo a la tierra y habitó entre nosotros como “un hombre humilde delante de sus enemigos”, sino que lo demostró con actos de verdadero amor. La prueba suprema de su amor es que fue llevado al matadero como se lleva a un cordero. Cuando derramó su sangre como un sacrificio, podríamos haber dicho apropiadamente: “¡Mirad cómo los amaba!”. Si queremos demostrar el amor de Jesús, no mencionamos la transfiguración sino la crucifixión. Hablamos del Getsemaní y el Gólgota. Allí, sin dejar lugar a ninguna duda, el Hijo amado demostró su amor por nosotros. Dice el escritor bíblico: “Él me amó, y se entregó por mí”, expresando que su entrega por mí es la prueba clara de que me ama. Dice también: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). La prueba de su amor por la iglesia fue que se entregó a sí mismo por ella. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros” (1 Juan 4:10). Vemos pues que, como un Cordero, demostró su amor, y como un Cordero se desposó con nosotros.

Demos un paso más. El amor matrimonial tiene que ser de ambas partes, y es como el Cordero que le amamos inicialmente. Cuando yo todavía no amaba a Cristo, ¿cómo podía haber apreciado sus heridas y su sangre sin amor? “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su vida perfecta era una condenación para la mía, aunque no podía menos que admirarla; en cambio, lo que me atrajo a amarle fue lo que hizo como mi sustituto cuando cargó con mis pecados en su propio cuerpo en el madero. ¿No ha sido así con ustedes, amados míos? He oído hablar mucho de conversiones como consecuencia de la admiración del carácter de Cristo, pero nunca he conocido una personalmente, en cambio, siempre me he encontrado con conversiones como resultado de sentir una gran necesidad de salvación y una conciencia culpable, cosas que no pueden ser satisfechas nunca, excepto por su agonía y por su muerte, gracias a las cuales el pecado es justificado y perdonado, y la maldad es subyugada.  Esta es la maravillosa doctrina que nos gana el corazón. Cristo nos ama como el Cordero, y nosotros lo amamos a él como el Cordero.

Además, el matrimonio es la unión más perfecta. Es indudable que es como el Cordero que Jesús está tan íntimamente unido a su pueblo. Nuestro Señor se acercó entrañablemente a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en carne y hueso como lo somos nosotros. Se acercó mucho a nosotros cuando, por esa causa, dejó a su Padre y se convirtió en una sola carne con su iglesia. Él no podía estar en pecado como lo estamos nosotros por naturaleza, en cambio tomó sobre sí nuestros pecados de ellos y los quitó, como está escrito: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6. Cuando “fue contado entre los pecadores”, y cuando la espada vengadora lo hirió por sustituirnos, se acercó más aún a nosotros y de una manera que nunca podía haber hecho en la perfección de su encarnación. No puedo concebir una unión más cercana que la de Cristo con las almas redimidas por su sangre. Al contemplar su muerte, no puedo menos que exclamar: “¡Ciertamente tú me eres un esposo de sangre, oh Jesús! Estás unido a mí por algo más íntimo que por el hecho de que eres de mi misma naturaleza, pues tu naturaleza cargó con mi pecado y sufrió el castigo de la ira en mi lugar. Ahora eres uno conmigo en todas las cosas por una unión como la que te vincula con el Padre”. De este modo, se forma una maravillosa unión por el hecho de que nuestro Señor asume el carácter del Cordero…

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

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¿Quién es el Espíritu Santo 2?

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3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 1

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LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

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“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

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Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

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EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Elevar el nivel de la predicación 1

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“¡Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista”.

                                                                                                         Notas de una conferencia memorable del Dr. Lloyd-Jones

INTRODUCCIÓN

EI Dr. Lloyd-Jones predicó por última vez como pastor de la iglesia Westminster Chapel el viernes 1 de marzo de 1968. La enfermedad (de la cual se recuperó después de ser intervenido quirúrgicamente) le condujo posteriormente a su retiro de aquella obligación pastoral. Pero entre las labores que continuó haciendo después de eso estuvo el ser presidente de la Asociación de Pastores de Westminster, y, al reanudar el ministerio público, uno de sus primeros compromisos fue con la Asociación, en la reunión del 9 de octubre de 1968 en Westminster Chapel. Al igual que con varios sermones de Martyn Lloyd-Jones, no se hizo ninguna grabación de esta conferencia, ni en cinta magnetofónica ni en taquigrafía, y lo que sigue son únicamente mis notas de oyente tomadas de prisa. Aun en esta forma fragmentaria creo que son dignas de ser preservadas.

La reunión estaba repleta de gente; el amor y el agradecimiento hacia el orador eran los sentimientos principales, y sus elevadoras palabras tuvieron que ser recordadas por mucho tiempo por quienes allí estuvieron. El encabezamiento es mío y no se dio ningún título del contenido de antemano.

El Dr. Lloyd-Jones empezó disculpándose por la interrupción de su presencia en la Asociación, aunque “había estado fuera de mi control“. Quiso decir una sola cosa sobre su operación. Antes de ella había gozado de una salud notable, y había encontrado difícil visualizar cómo sería cuando enfermara. “Creo que ahora conozco ‘la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento’ como algo muy real. Algo que no se puede decir con palabras me fue dado en un modo que nunca olvidaré mientras viva. En cuanto al lado negativo, tengo que confesar que me preguntaba después por qué no sentí como Pablo un ‘deseo de partir y estar con Cristo’. No era que estuviera anhelando vivir, pero mirándolo retrospectivamente faltaba algo allí. Yo sabía que me iba a poner bien. Me digo que debería haber conocido algo de ese otro aspecto al enfrentarme a la muerte: un sentimiento de expectación. Considero la ausencia de eso como una deficiencia. Nuestra relación con nuestro Señor debería hacer que fuera diferente. Deberíamos no estar esperando que las cosas ocurrieran, que la muerte viniera; deberíamos estar preparándonos“. Aquí endosó las palabras de un pastor que estaba muriendo de tuberculosis que instaba a quienes estaban a su alrededor a amar a Dios con todas sus fuerzas, porque cuando la enfermedad llega, la fuerza se va. “Nos volvemos demasiado débiles para leer, incluso las Escrituras. Debemos usar nuestra fuerza, y acumular reservas para el día de comparecer“.

Nuestro peligro está en ser víctimas de nuestra rutina, ser llevados por el ímpetu del trabajo. Necesitamos que nos recuerden las palabras de Edmund Burke. En medio de una campaña electoral parlamentaria en Bristol, Burke estaba a punto de levantarse para hablar cuando le comunicaron que su oponente en las elecciones había muerto repenti-namente: ‘iQué fantasmas somos, y qué fantasmas perseguimos“‘.

Otra cosa me ha inquietado estos últimos meses. El punto en el que mi ministerio pastoral fue interrumpido tenía un mensaje para mí. Estaba predicando sobre Romanos 14: 17: ‘Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo’. Yo había tratado de ‘justicia, y paz’ (esta última el 1 de marzo), y allí se me hizo parar. No se me permitió tratar del ‘gozo en el Espíritu Santo’. Tengo la sensación de que con ‘justicia y paz’ yo tenía una pasajera experiencia de ello, pero la tercera cosa es la más profunda de todas. ¿Por qué no se me permitió tratar de ‘el gozo en el Espíritu Santo’? Porque yo conocía algo, pero no lo suficiente sobre ello. Como si Dios dijera: ‘Quiero que hables sobre esto con mayor autoridad“.

“Estoy convencido de que esta es la cosa más importante de todas y me conduce a lo que quiero exponer ante vosotros. Durante seis meses, hasta septiembre, no prediqué nada. He sido oyente y ha sido una experiencia de lo más valiosa. (Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista. La mayoría de los que asisten son mujeres, por encima de la edad de cuarenta, y tengo la sensación de que asisten por obligación; algunas quizá tienen la oportunidad de ser importantes en sus pequeñas esferas. No hay nada que haga que un extraño sienta que se está perdiendo algo. ¡Por el contrario, encuentra que esto supone un terrible peso! Y el pastor al sentir esto piensa que debe ser breve; de esta manera la gente se reúne para separarse. Estoy hablando sobre las iglesias en general pero en este aspecto hay muy poca diferencia en las iglesias evangélicas.”

“Es una gran cosa ser oyente. Uno quiere algo para su alma, quiere ayuda. Yo no quiero un gran sermón. Quiero sentir la presencia de Dios, que estoy adorándole y considerando algo grande y glorioso. Si obtengo esto, no me importa lo pobre que sea el sermón.”

“Os sugiero que nuestro mayor peligro es del profesionalismo. No nos paramos con la suficiente frecuencia a preguntarnos a nosotros mismos qué estamos haciendo realmente. El peligro consiste en únicamente enfrentarnos a un texto, y tratarlo como un fin en sí mismo, con un extraño desapego. Lejos de Londres, y en una iglesia anglicana, oímos predicar a un párroco sobre las palabras de Jeremías, 20:9 “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude”. El predicador se había tomado grandes molestias preparando el sermón; estaba bien coordinado, tenía forma; lo único que no había era fuego. Era una ducha fría. Imposible que nadie pudiera salir de aquel culto enardecido! El predicador no pudo haberse preguntado: ‘¿Qué es este fuego, y qué es para mí?’. En lugar de hacerse tal pregunta, había preparado un sermón, y la cosa vital estaba ausente.

“Podéis pensar que estaba escuchando como crítico; no lo estaba. En otra localidad oí un sermón sobre Gálatas 3:1 ‘¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?’. Se nos habló mucho sobre ‘fascinar’, y el sermón versó sobre cosas que podrían desviarnos y nos desvían; pero yo estaba consternado de que el predicador no viera la cosa principal en el texto: que estos gálatas se habían desviado de esta gloriosa cosa, Cristo Jesús quien había sido anunciando ante ellos. ¡Esto es sobre lo que debemos hablar!

“Podemos perder de vista el bosque por causa de los árboles y perder la gloria del evangelio. Nuestra tarea es despedir a la gente con la cosa más gloriosa del universo. Esto es apicable a la gente que viene regularmente. No hay esperanza de atraer a los de fuera mientras los de dentro estén como están. Los de fuera ya están deprimidos, y, si no, pronto lo estarán.

Continuara …

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Cómo encontrar pareja matrimonial 1

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EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La muerte de la predicación bíblica 2

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El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 7

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2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. B

Veamos ahora los ataques repetidos constantemente contra el carácter de Calvino, los cuales también se remontaban al menos hasta los dos libelos de Baudoin. Esta tradición historiográfica mentirosa ha sido retransmitida por una verdadera tribu de panfletarios calumniadores, cortesanos de la Roma papal. Tomemos, todavía aquí, la Défense de Calvin como nuestro guía. El cardenal de Richelieu, tras Papyrius y Baudoin, decía de Calvino que “El ardor de su espíritu y de su bilis lo hacían colérico”. Drelincourt retorna, por su propia cuenta, el reproche ya antiguo del célebre cardenal:

“Sin la menor duda, como lo he señalado en otro lugar, Calvino era de un temperamento bilioso, y de sí mismo montaba en cólera, sin que sus vigilias, sus ayunos sus continuos trabajos, sus violentas enfermedades, lo hacían todavía más colérico y triste. He aquí pa-labra a palabra lo que M. de Beza dice al describir la vida de este servidor de Dios: Además de su inclinación natural a la cólera, el espíritu maravillosamente dispuesto, la indiscreción de muchos, la multitud y la variedad infinita de asuntos para la Iglesia de Dios, y al final de su vida, las enfermedades grandes y las ordinarias, le habían hecho triste y difícil. Pero en ningún modo se agradó en este defecto, sino que al contrario, nadie lo ha apercibido mejor que él, ni lo ha hallado tan grande que él”. 

Drelincourt continúa:

“Es bueno oír lo que él mismo ha dicho. Antes de responder a Baudoin, él advierte a sus lectores que “no hay mayor ladrón que este hombre”. Lo compara al “arrendajo” o a la “lechuza” y dice que “nadie le puede sobrepasar en el arte e industria de robar. Mi confianza de buena fe hacia él —sigue diciendo— ha sido tan grande que todo lo que había de papeles en mi biblioteca, él los ha ojeado libremente en mi ausencia. Que él haya arrebatado lo que ha creído que le podría servir, no hay que buscar prueba más clara que su propio escrito, por el cual él se da a conocer tal cual es. Ciertamente se descubre así su fidelidad y su respeto de la hospitalidad. Pero veamos la cosa en sí misma. Si él hubiera descubierto en mí cualquier vicio, él tendría la capacidad de reproducirlo, como habiéndolo sacado de mis propias entrañas; pero no ha hallado nada más atroz de lo que yo haya confesado a Bucero, que yo soy por naturaleza colérico, y que combato sin cesar contra este defecto; pero que hasta ahora no he avanzado tanto como lo que querría. Las demás cosas que él añade a esto, él las ha fabricado. Pero acerca de esta acusación, ¿qué quiere decir? Si no es que, según él, solo son dignos de alabanza aquellos que no solo se agradan de sus vicios y se los perdonan; sino que son tan descarados de rechazar el sentimiento del cual se reconocen culpables. Pero nosotros hemos aprendido otra cosa en la Escuela de Nuestro Señor Jesucristo.”

Y Drelincourt comenta:

“No es que esta confesión franca e ingenua de Calvino deba marchitar su memoria, sino que la corona de una alabanza inmortal. Porque no hay nada más raro que ver a un hombre confesar sus defectos; y, sobre todo, intentar corregirlos, y emplear todas sus fuerzas. Pero, por lo demás, yo bien querría saber los males que han venido de la cólera de Calvino y los funestos efectos que ella ha producido. A veces él ha respondido a sus adversarios con cierto calor y vehemencia, como le ocurrió acerca de Baudoin, cuyas obras le hicieron gran daño, porque él había sido su doméstico, y que él había violado las leyes más sagradas de la hospitalidad. Pero muchas veces ha imitado a su Salvador que cuando se le ultrajaba no lo devolvía; cuando se le amenazaba, se remitía a aquel que juzga justamente (1 Pedro 2:21-23)”.

Dejaremos aquí la última palabra a Calvino:

“Bien que su audacia y malicia fueran desde largo tiempo conocidas de todos, sin embargo yo no habría jamás pensado que él se entregaría a tal locura de injuriarme con tanta maldad. Pero como el desespero incita a tales gentes a la rabia, es su mala conciencia lo que le ha precipitado a lanzarse por una impetuositad ciega más bien contra sí mismo que contra mí. Yo no puedo negar que el arrebato de este hombre no me haya conmovido, visto que no puede ser que tal indignidad no conmueva a las personas cordiales e ingenuas. Pero yo he despreciado fácilmente sus obras como si no me afectaran. Este dicho de Sócrates es muy célebre: “Si un asno me hubiera dado un puntapié, ¿lo tendría que presentar ante el juez?”. A pesar de que yo esté bien alejado de la grandeza de espíritu de la cual Sócrates ha destacado, no obstante me he endurecido por el continuado uso del ladrido de tales perros. Y he aprendido en una mejor escuela que Dios expone a sus siervos a tales oprobios para probar su paciencia. No me glorificaré de la grandeza de las revelaciones, como si me acercara a la de S. Pablo. Sin embargo, reconozco que esto tengo en común con el gran Apóstol: que no sea que me exalte a mí mismo, Dios me ha enviado un aguijón de Satanás, y que abofeteándome aprenda humildad.”

Las injurias y calumnias contra Calvino que acabamos de examinar, se muestran de una extrema moderación en comparación con el ácido sulfúrico verdaderamente diabólico que salió del espíritu y la pluma del médico Jéróme-Hermés Bolsee, antiguo colega del moderador de la Compañía de los Pastores. El 16 de octubre de 1561, Bolsee tomó la palabra en una Congregación de los pastores para oponerse públicamente a la doctrina de la elección divina que era enseñada por Calvino. He aquí cómo Mützenberg describe la escena:

“Jéróme Bolsec se levantó para expresar su desacuerdo. Acababa de comenzar su discurso cuando entró Calvino. El reformador lo escuchó, y después, cuando hubo acabado, refutó punto tras punto, citando abundantemente a S. Agustín, a quien su contradictor había citado como que no profesaba la doble predestinación”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 3

Blog110C

Acerca de la preocupación del marido y de la esposa por ganar a su cónyuge cuando este no es creyente:

A fin de que el alma sea influenciada para bien, hay que tener muy en cuenta el estado presente del cónyuge en cuestión. Si uno es creyente y el otro no,
el creyente debe usar todos los medios que pueda haber para lograr que el otro también crea. Si ambos son creyentes, su cuidado mutuo debe ser edificarse uno al otro en su fe.

En primer lugar, es el sentir principal de la exhortación de San Pedro a la esposa creyente en cuanto a su conducta a fin de atraer a su esposo a una fe auténtica… Ahora bien, si este deber es de la esposa, con más razón lo es del esposo, quien es designado como la cabeza y un salvador de su esposa. Con este fin, San Pablo aconseja a los esposos y a las esposas casados con no creyentes que vivan con ellos…

Los medios de conversión son la mejor razón para amar: Le place al Señor dar esta bendición al esfuerzo del esposo o de la esposa por ser el medio de conversión de su pareja; el que se convierte amará entrañablemente al otro y bendecirá a Dios con todo su corazón… porque han podido entrelazarse tan fuertemente…

ACERCA DE LA EDIFICACIÓN MUTUA DE ESPOSOS Y ESPOSAS: El segundo deber relacionado con la salvación del alma es que ambos cónyuges creyentes se esfuercen mutuamente por edificarse el uno al otro. El cristiano les debe esto a los demás, cuanto más el hombre y la esposa… La edificación espiritual mutua es el mejor uso que pueden y deben hacer de las coyunturas y ligamentos que los une. En virtud de esto, el cuerpo (concretamente el cuerpo místico de Cristo) crece con el crecimiento que da Dios (Col. 2:19). Ahora bien, el vínculo matrimonial, siendo el más firme de todos los demás y por el cual estamos íntimamente entrelazados, ¿en virtud de qué otro vínculo habríamos de edificarnos el uno al otro, sino en virtud del vínculo matrimonial?…

El hombre y su esposa deben prevenir el pecado de su pareja:  Hasta donde les sea posible es el deber mutuo de esposos y esposas prevenir el pecado el uno del otro, esto se hace evidente por lo que dice el Apóstol: para prevenir que se engañen uno al otro “para que no [los] tiente Satanás” (1 Cor. 7:5). De estas palabras podemos arribar a esta doctrina general: Los cónyuges tienen que tener cuidado de protegerse el uno al otro de las tentaciones de Satanás, es decir del pecado, que es a lo que llevan todas sus tentaciones…

Indicaciones para prevenir el pecado: Para un mejor cumplimiento de este deber, el esposo y la esposa tienen que estar atentos y observar en qué pecado han caído, ya sea el uno o el otro, o qué ocasiones se presentan que puede conducirlos a pecar… Si ambos se irritan y enseguida se enojan, y uno nota esto primero en el otro, el que todavía está calmo debiera más bien sosegarse y con humildad y paciencia mantenerse tranquilo, no sea que al explotar ambos al mismo tiempo, toda la familia sufra…

Al esposo y la esposa les corresponde corregirse mutuamente los pecados: Ya sea que el esposo o la esposa ha pecado, el deber mutuo es que el que es inocente corrija al otro. Como si uno de ellos estuviera herido, el otro debe ocuparse de curar la herida. Esto es lo que hizo Abigail, esposa de Nabal, cuando se enteró de la furia de David contra Nabal por el desaire recibido de este. Se apresuró a llevarle alimento, y se humilló ante él (1 Sam. 25:23). Esto conmovió tanto a David que se tranquilizó. Sí, y Abigail se tomó el tiempo para hacerle ver a su marido su falta y el peligro en que esto lo había puesto. Más directamente y con más éxito corrigió Jacob la superstición o idolatría de su esposa Raquel, como puede verse comparando Génesis 31:19 con 35:2, 4. Un hermano no debe dejar que su hermano permanezca en pecado: cuánto menos puede la pareja dejar que esto suceda entre ellos.

Es un corolario del odio ser indiferente al pecado ajeno: No debes aborrecer a tu hermano (dice la Ley) y ser indiferente a su pecado (Lev.19:17). Hacerlo es muestra y fruto del odio. Si un esposo viera a su esposa o una esposa viera a su esposo en medio del fuego o en el agua, a punto de ser quemado o de ahogarse, y no hace todo lo que puede para rescatarlo, ¿no pensaríamos con razón que lo aborrece? El pecado es como fuego y agua, que quema o ahoga a los hombres para su perdición. Este deber puede cumplirse con sugerencias humildes, expresiones concisas, mansas llamadas de atención y con la ayuda de un pastor bueno o algún amigo discreto y fiel…

Cómo impulsar el crecimiento en la gracia: Este deber puede cumplirse de estas maneras:

1. Notando y mostrando aprobación por el comienzo y aun el paso más  pequeño de adelanto en la gracia.

2. Conversando frecuentemente acerca de las cosas que les conciernen: haciéndose preguntas el uno al otro sobre el tema y contestándolas.

3. Poniendo esto en práctica y siendo ejemplos mutuos: siendo el uno para el otro un ejemplo constante de devoción.

4. Realizando juntos ejercicios religiosos, tales como orar, cantar salmos, leer la Palabra y otros.

5. Ejecutando ejercicios santos y religiosos en la familia: Aunque este deber corresponde especialmente al marido, a la esposa le  corresponde recordárselo en caso de que se olvide y motivarlo a hacerlos, si le faltan ganas… En este tipo de persuasión, nadie puede prevalecer con un hombre mejor que su esposa.

6. Motivándose el uno al otro a concurrir a la casa de Dios para escuchar la Palabra, participar de las ordenanzas de Cristo y a conciencia ser parte de todo el culto público a Dios.

De Of Domestical Duties
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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres; poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 5

Blog109E

B) LA HUMANIDAD DE JUAN CALVINO A LA LUZ DE LA DELACIÓN, LA CALUMNIA Y LA PERSECUCIÓN.

Una visión tan poderosa y completa de la fe bíblica en un Dios justo, tan soberanamente Señor de todas las cosas, tan clemente y lleno y bondad y de misericordia hacia sus criaturas, no podía más que suscitar la rabia del Diablo y el odio irreductible de los hombres impíos. Calvino conoció durante su vida la persecución que suscitan tales odios. Pero ella se volvió todavía más feroz tras su muerte. Es a la luz de estos ataques de Sa-tanás y de sus servidores como aparece de manera aún más viva la humanidad —en el sentido de las primeras definiciones de Robert que hemos citado en nuestra in-troducción— de Calvino: (1) su carácter humano, (2) su clemencia incansable y (2) la manifestación en él de una naturaleza humana plenamente realizada, a la imagen de Jesucristo, renovada por la gracia de Dios en él.

A fin de aclarar mejor esta luz tan humana que emanaba de nuestro reformador y para contrastarla con las tinieblas más que inhumanas de sus innumerables detractores y adversarios, me basaré en los escritos de sus más eminentes defensores: Charles Drelin-court, pastor de la Iglesia de Charenton, cerca de París durante buena parte del siglo XVII; Richard Stauffer, pastor suizo y profesor de Historia de la Reforma en París; y Gabriel Mützen-berg, hombre de letras ginebrino, intrépido defensor evangélico de Calvino y de la Reforma ante sus detractores evangélicos, protestantes, ateos y católicos romanos. Nos inspiraremos amplia-mente en estos tres autores, principalmente en Charles Drelincourt.

1. Calvino calumniado entre los protestantes

El eminente biógrafo de Calvino e historiador Émile Doumergue evoca la forma en que, por 1893, intentaba desprenderse de la interpretación convencional, entonces unánimemente recibida en el mundo francófono, del gran reformador. Describe así en su Iconographie calvinienne, los sentimientos de moda contra los que tenía que luchar para intentar restablecer la verdadera figura de Juan calvino:

“En esta época, yo comenzaba a sacudir el yugo de la leyenda, a mantener a un Calvino totalmente distinto que el Calvino convencional, casi el único conocido, un Calvino que no nació a la edad de casi sesenta años, agotado por el trabajo y la enfermedad, caricatura en lo moral y en los físico, por los escritores y los pintores de un talento o de una buena fe bastante sospechosos.”

¿Cómo es esta tradición de escritores y pintores encarnizados desde muchos siglos en calumniar al reformador de Ginebra? Tiene un doble aspecto:

Primeramente, católica romana; después protestante liberal, atea, democrática y humanista. Para comenzar, examinaremos brevemente el ataque protestante contra el gran reformador de Ginebra, después, principalmente con ayuda de la obra del pastor Drelincourt, observaremos más en detalle el ataque romano contra Calvino. Richard Stauffer hace una buena presentación de la hostilidad de los ámbitos protestantes liberales del siglo XIX hacia Calvino. Presentado por estos autores pretendidamente reformados, Calvino es irreconocible. Lo trágico es que esta caricatura se ha convertido en la imagen típica del reformador, tal y como se ha recibido en los ámbitos francófonos, y esto no solo por los protestantes en general, sino simplemente por todo hombre cultivado. Alfred Franklin, en la “Introducción” que escribió para su edición de la Vida de Calvino de Teodoro de Be-za, nos presenta el modelo de este género de desinformación histórica:

“Este gran fantasma negro, de figura glacial que, sombrío, seco, apresurado, a la caza de una idea excesiva, que surca rápidamente el mundo y le deja una marca tan profunda, atrae irresistiblemente las miradas, sin inspirarle simpatía; la gente se resiste a su ascen-diente, puesto que no puede satisfacer la razón y no le dice nada al corazón.”

 
Franklin dio así el tono del desprecio protestante por Calvino, desprecio liberal, demócrata y humanista, en definitiva, el de la Ilustración de inspiración gnóstica y masónica. Es frente a esta cultura del desprecio que se alzaron esas figuras a las que nosotros somos tan deudores: los J.H. Merle d’Aubigné, los Louis Gausse, Émile Doumergue, Auguste Lecerf, Jean-Daniel Benorit, Jean Cadier, Pierre Marcel y Pierre Courthial, valientes y lúcidos cristianos calvinistas, el combate de los cuales, nos parece, continuamos hoy aquí. Nombremos, por el deber de la memoria, algunos de los des-tructores protestantes de nuestra herencia reformada:

—Oskar Pfister, pastor y psicólogo de Zurich dibujó en 1947 el retrato de un Calvino sádico, perseguidor de las brujas ginebrinas, verdadero psicópata.

—Jean Schorer (1885-1973), pastor en la Catedral de San Pedro en Ginebra, en una obra llena de “citas mutiladas y falsificadas” (Stauffer, op.cit., p. 17) dibujó el retrato de un Calvino dictador, a imagen de los Hitler o Stalin de su época.”

—El novelista judío austríaco Stefan Zweig, por incitación del pastor Schorer, dibujó el retrato de Castellón, adversario humanista y pacifista de Calvino obra que, según Roland de Pury es, en su injusticia para con el reformador, “una de las mentiras más profundas y perniciosas que hayan sido proferidas en literatura histórica”.

—Henry Babel, pastor en San Pedro, ha también evocado la vida y obra de Calvino. En la conclusión de su obra Calvino le pour et le contre evoca el retorno de Calvino a Ginebra e imagina al Reformador emplearse a redefinir el contenido de la fe reformada según el modelo de una religión mejor adaptada al progreso técnico y al pluralismo ideológico de moda en la Ginebra de mediados del siglo XX. Todavía aquí la ideologia liberal y humanista del sucesor de Calvino le impide percibir el objeto mismo de su estudio.

—Por último, incluso el cine se ha ocupado de la figura de Juan Calvino. El poeta ginebrino Georges Haldas y el cineasta Claude Goretta se han asociado para evocar, en detrimento del Reformador (¡y del Evangelio!) la Pasión y muerte de Michel Servet. Este, que con todas sus fuerzas negó la divinidad de Jesucristo y la Trinidad misma, y pagó con su vida tal blasfemia, ¡es identificado con la Persona misma del Salvador! La obra de Haldas está, también ella, llena de errores y de los peores anacronismos: Calvino sería el Stalin de la Reforma. Además, Haldas afirma haber visto, en su infancia, y con sus propios ojos, el edificio en el que Servet fue encerrado, edificio desgraciadamente reconstruido en 1841-1842. Pero lo peor es el humanismo sentimental perfectamente unilateral en el que se baña toda esta obra. De esta manera el antitrinitario es un mártir, pero los cinco jóvenes estudiantes de teología de la Academia de Lausanne martirizados en Lyon en el mismo año no le merecen a Haldas la menor simpatía humana. ¡Como parcialidad malintencionada no se podría hacer mejor!

Pero dejemos ahí las divagaciones de una cierta historiografia protestante para volvernos hacia una guerra de propaganda mucho más devastadora.

Continuará …

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La humanidad de Juan Calvino IV

Blog109D

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 2.
Ocurre evidentemente lo mismo acerca de todos los aspectos de la realidad sobre los cuales Calvino hace brillar la claridad de la Palabra de Dios, el estallido de la luz que Jesucristo, por su Espíritu, hace brillar sobre todas las obras divinas. Es así como, siguiendo al apóstol Pablo, busca traer cautivos a la obediencia de Jesucristo todos los pensamientos extraviados de los hombres (II Corintios 10:5). Su estilo mismo suscitó toda una tradición de poetas y prosistas reformados, que van desde Teodoro de Beza a Agrippa d’Aubigné, desde Guillaume Salluste du Bartas en el fin del siglo XVI, a Jean Ogier de Gombauld y los Drelicourt (tanto el padre Charles que el hijo Laurent), desde Pierre du Moulin hasta Jacques Saurin y Bénédict Pictet, hasta el alba de la vaporosa Ilustración del siglo XVIII.

Por todas partes, estos escritores calvinistas volvían a este modelo de belleza que es el estilo de la Biblia, estilo del cual las formas tan diversas que usan los autores del Libro sagrado están puestas siempre al servicio de la verdad divina.

Vemos cómo el crítico protestante del siglo XIX, A. Sayous, caracterizaba el estilo de Juan Calvino:

El estilo de Calvino es del mismo temple que su pensamiento: preciso, enérgico, que prescinde de las gracias superfluas y de las inutilidades del lenguaje, es el reflejo exacto de la perfecta claridad de su inteligencia. Predicador, o escritor, la expresión justa y fuertemente recortada le llegaba sin esfuerzo, acuñada de un golpe, por así decirlo, por el peso del pensamiento; y sus sermones improvisados, sus escritos dictados al vuelo o escritos al correr de la pluma, están todos igualmente marcados por este mismo cuño de precisión y vigor […J. Para alcanzar tal claridad y vigor de expresión, sin cesar ni un mo-mento de ser natural, es necesario instinto o estudio, poseer esta inteligencia de un idioma del que uno se convierte en maestro.

Más recientemente, el eminente crítico literario protestante Albert-Marie Schmidt escribía acerca del estilo de Calvino:

Por una especie de prodigio, del cual no se llega a dar una explicación satisfactoria, Calvino enuncia sus sólidos pensamientos en una especie de lenguaje eterno que, preservado de los daños del tiempo, no pierde en ninguna circunstancia su actualidad. Mientras que el arte y la intención de Rabelais, su contemporáneo, se nos han vuelto igualmente oscuros, nosotros entendemos sus intenciones más ocultas, desciframos con agudeza las alusiones más secretas que implica su escritura, por cuanto ella, animada por un impecable espíritu de geometría intuitiva, pone discreción a no emplear, en su sentido más simple, más directo, más claro, más puro, que palabras comunes y claras.

Schmidt muestra qué propósito anima a tal estilo, límpido y enérgico, apasionadamente inteligible y concreto:

Los textos de Calvino, que no deparan y ocultan jamás la jerga oscura de los eruditos que no se dirigen más que a algunos doctos erizados orgullosos de su saber, sino al conjunto de los predestinados a creen a fin de preparar en ellos, por la resolución de las principales dificultades de la Escritura y la justa organización de sus máximas la irrupción familiar del Espíritu Santo.

Lo que acabamos de ver en el ámbito de la estética de Juan Calvino lo podríamos demostrar sobradamente en lo que se refiere a su pensamiento político, su filosofía,” por el ámbito económico y social,” por el de la caridad eclesial y privada, por el de la cura de almas y, finalmente, en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, pero puesto que el tiempo es un dueño exigente, continuemos sin más hacia nuestro segundo apartado.

Dejemos la última palabra de esta primera parte de Las humanidades de Juan Calvino, a dos grandes conocedores franceses del pensamiento de Calvino, Jean-Daniel Benoit y Jean Cadier. Este último escribe:

Esta soberanía de Dios [que enseña Calvino] sobre todos los momentos de la vida está evidentemente opuesta a la secularización que es la marca de nuestra época. Toda nuestra existencia ha sido poco a poco separada de sus raíces profundas en Dios. La  religión  aparece como un asunto privado, sin relación con la vida pública. Pero precisamente esta secularización debe obligar al cristiano de nuestro tiempo a reafirmar la gloria de Dios en un mundo que lo desconoce. El pensamiento de Calvino ciertamente fue marcado en el siglo XVI por un contexto de oposición y de persecución. Es una doctrina para los prisioneros, los torturados, los testigos que serán degollados. Pero ella también es totalmente necesaria en la situación dramática del siglo XX, donde también existen prisiones, torturas y ejecuciones para aquellos que confiesan a Cristo en algunos países, y donde también existe una voluntad de poner a Dios fuera de la vida. Pero Dios no quiere ceder su gloria a nadie.

Después Cadier evoca la piedad, a la vez Trinitaria y centrada en la unión personal del creyente con el Señor Jesucristo, por el Espíritu Santo:

Esta unión con Cristo es la obra del Espíritu Santo. Y esta obra del Espíritu Santo tiene otro nombre: se llama la fe. Calvino da esta definición admirable de la fe: “La fe abraza Jesucristo” (Institución III,ii,8). Pocos teólogos han tenido una concepción más viva, más mística en el sentido religioso de esta palabra, que esta. La vida religiosa es, pues, “la comunicación alta y mística que tenemos con Jesucristo”.

Por tanto, vemos que el geocentrismo de Calvino en modo alguno le conduce a una piedad que se alejaría de la relación con Cristo. ¿Pero de dónde viene entonces esta dureza en la lucha que hemos descrito anteriormente y que ha dado ocasión a los numerosos detractores de Calvino de componer esta figura legendaria de un ambicioso, que no retrocede ante nada para llegar a sus propósitos de dominación?

Si no se tiene la certeza de ser conducido por Dios, la fuerza inquebrantable da, a aquellos que están fuera de esta acción, la impresión de ambición. La tenacidad de un hombre conducido por Dios es para los incrédulos una voluntad orgullosa de alcanzar sus fines […]. Pero Calvino contempla el triunfo de la causa de Dios. Es necesario que Dios gane. Es por ello por lo que su obra tiene este carácter dramático y a veces violento.

Sin embargo, los siglos han pasado. El mensaje calvinista se ha extendido en el mundo. Contra todas las pretensiones humanas ha alzado la exigencia señorial de Dios. Los hugonotes de Cévennes, los gueux de Holanda [Literalmente, “miserables, mendigos”. Nombre dado a los reformados holandeses que se alzaron contra Felipe II, N. T.], los puritanos de Nueva Inglaterra, los confesantes de la Alemania de Hitler han mostrado que cuando la gloria de Dios se encuentra amenazada, los hombres pueden resistir a la opresión. La lucha continúa. Calvino permanecerá en esta lucha como un guía indispensable y su voz de mando permanece: ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Jean-Daniel Benoit plantea a su vez la siguiente cuestión en la conclusión de su bello libro sobre Juan Calvino:

¿Cuál es, pues, el espíritu del calvinismo, la característica dominante de esta piedad que hizo a los hugonotes, los puritanos, los mártires?.
Y responde:

El espíritu del calvinismo se encuentra en el gran principio teocéntrico: Dios en el centro, Dios ante todo, por encima de todo y de todos.

En efecto, el calvinismo es, principalmente la afirmación apasionada de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios. “Servir a la gloria de Dios”, es el fin supremo de la vida humana, la razón de ser de toda existencia, por alta o humilde que sea, es el principio motor del calvinismo, la fuente de la energía desbordante y de la actividad de la que los calvinistas siempre han hecho gala a lo largo de la Historia.

Tenemos ahí, en esta actitud teocéntrica, el principio de una renovación necesaria de nuestro pensamiento y de nuestra piedad.

En efecto, poco a poco estamos habituados a poner al hombre en el centro del universo, y a proclamar los derechos del hombre independientemente de los derechos de Dios. En el centro, el hombre, su angustia, su miseria, sus necesidades, sus aspiraciones. Y Dios parece no entrar en escena más que para responder a estas necesidades del hombre, para aportarnos el perdón y la paz, para calmar nuestras angustias, permitirnos avanzar con confianza a través de las brumas que nos ocultan el porvenir, y calmar nuestros terrores frente al misterio y el pavor de la muerte. Dios, ¡cómo sabemos utilizarlo para nuestros propios intereses! Nos imaginamos de buena gana que no tiene otra razón de ser que la de hacer por el hombre lo que la nodriza por el niño, y que su papel es únicamente velar por él, nutrirlo, consolarlo, guiarlo quitando de sus pasos las piedras del camino. ¡En verdad, a veces parece que Dios haya sido hecho para el hombre, y no el hombre para Dios!

Y Benoit añade:

Estas desviaciones egoístas y sentimentales se remontan lejos en el pasado. El racionalismo, con su “Dios de las buenas personas”, y un cierto pietismo, con su Cristo delicado y afeminado, no son totalmente ajenos de ello.

Ante tal desnaturalización de la fe cristiana Benoit recuerda las cimas espirituales a las que Dios nos llama:

Frente a tales desvíos, ¡cuánto se impone un retorno al espíritu del calvinismo, a esta afirmación fundamental de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios!

Y continúa diciendo:

Hemos hablado demasiado de nuestras necesidades, de nuestras aspiraciones, de las nostalgias de nuestros corazones; nos falta tomar conciencia de los derechos de Dios; no de nuestros derechos sobre Dios —derecho a la salvación, derecho a la felicidad, derecho a la consolación, derecho a la felicidad eterna, ¡como si tuviéramos derechos a la gracia y a la misericordia divinas!—, sino de los derechos de Dios sobre nosotros, nuestras vidas, derechos de Dios a nuestro servicio, a nuestra obediencia, a nuestra consagración; actitud austera y viril que nos inclina ante la majestad divina, que quebranta nuestro egoísmo y nuestro orgullo, y nos pone, ante Dios, en nuestro verdadero lugar.

Y Benoit nos muestra que únicamente es cuando ponemos a Dios en su justo lugar, el único lugar que por derecho es el suyo, que nuestras vidas serán saciadas y satisfechas todas nuestras necesidades más legítimas y profundas. Y termina citando una carta de Calvino recordando, incluso a un rey, esta prioridad suprema:

Escuchad a Calvino, escribiendo al rey de Navarra y recordándole que hay una cosa más digna y más preciosa que su salvación:

“Nos perdonará usted, Sir, la necesidad que nos constriñe a hablar de esta manera, ya que nos preocupa vuestra salvación, en verdad algo más digno y precioso: es la gloria de Dios y el avance del reino de Jesucristo, en el que consiste la salvación vuestra y de todo el mundo”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO

Blog110

EL primer deber principal y absolutamente indispensable entre el hombre y su esposa es la unidad matrimonial, por la que ambos se consideran una sola carne y  consecuentemente preservan su unión inviolable. Ese es el deber que el Apóstol les recomienda con estas palabras: “Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer” (1 Cor. 7:10-11). Está hablando de la separación de la pareja, quebrantando e invalidando así el lazo matrimonial. Quiere que la unión se conserve firme e inviolable, y que los dos que fueron hecho uno, sigan siéndolo para que no vuelvan a ser dos. Esta unidad matrimonial es tan necesaria que no puede ser infringida ni disuelta aunque uno sea cristiano y el otro pagano. Dice el Apóstol: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Cor. 7:12-13)…

ACERCA DE LA PAZ ENTRE EL HOMBRE Y SU ESPOSA: Entre otros medios para mantener un afecto cariñoso interior entre esposos, algunos de los principales son: la paz, armonía y el acuerdo exterior. De hecho, el Apóstol les exhorta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), porque la paz es el lazo que amarra el uno al otro y hace que sean uno, aun uno en espíritu. Cuando sucede lo opuesto la discordia exterior desune el espíritu de los hombres. La Biblia nos estimula a seguir la paz con todos. Entonces, ¿con cuánta más razón deben los maridos tener paz con sus esposas y las esposas con sus maridos? Son más cercanos que hermanos y hermanas. ¡Entonces, cuánto más bueno y cuánto más delicioso es el habitar el esposo y la esposa juntos en armonía (Sal. 133:1)! Habitar juntos es algo que tienen que hacer, pero sin paz no hay un habitar juntos. Es mejor vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa (Prov. 21:9; 19; 25:24). Es mucho mejor que las personas que no se llevan bien permanezcan alejadas. No debe ser así con el hombre y su esposa, sino que más bien tienen que vivir en paz. La paz entre ellos es reconfortante, habiendo sido expuestos a las discordias de otros. Se ha dicho que en este sentido, la esposa es un remanso de paz para el hombre: ¿cuánto más el hombre lo es para su esposa?…

Para mantener la paz:
1. Eviten ofender: Hasta donde sea posible, eviten las ofensas. El esposo debe cuidarse de no ofender a su esposa, y lo mismo la esposa.
Las ofensas causan discordia.

2. No se ofendan: Cuando una parte ofende a la otra, la otra no debe darse por aludida. Así conservarán la paz. La reacción a las ofensas es lo que da inicio a las rencillas.

3. Procuren la reconciliación: Si ambos se enojan al mismo tiempo, el fuego se hará más grande. Por esta razón, sean rápidos en apagarlo. La ira no debe compartir la cama con los esposos, ni deben ellos dejar de compartir la cama por ella. Para que el fuego se apague más pronto, ambos tienen que esforzarse por reconciliarse. La gloria es del que da el primer paso, porque de hecho es bienaventurado por ser conciliador. No aceptar la conciliación cuando se ofrece es peor que ser pagano; cuando surge la ira, el deber del cristiano es procurar calmar los ánimos: una gracia que viene de lo Alto.

4. No permita que se formen partidos: No lleven sus desavenencias a sus hijos ni a sus sirvientes ni ningún otro familiar con el fin de que tomen partido con uno y se pongan en contra del otro. El hecho de que el hombre hable con cualquiera en su casa en contra de su esposa o que la esposa lo haga en contra de su esposo es, por lo general, causa de problemas entre ambos.

5. No hagan comparaciones: Deben evitar criticar constantemente a su pareja comparándola con otras personas o con sus esposos o esposas anteriores (en caso de haberlos tenido). Las comparaciones de este tipo son muy dañinas. Suscitan muchos malos sentimientos y causan grandes discordias.

6. No sean celosos: Sobre todo, hay que cuidarse de los celos imprudentes e injustos, que son la desgracia del matrimonio y la causa mayor de disgustos entre el hombre y su esposa. Las personas celosas son rápidas para empezar riñas y buscar ocasiones para sembrar la semilla de la discordia. Toman cada palabra, cada mirada, acción y moción de la peor manera posible y, en consecuencia, se ofenden sin razón. Una vez que se encienden los celos, son como un fuego llameante fuera de control. Es imposible sosegar al que los tiene.

7. Deléitense el uno al otro: En todas las cosas buenas, tienen que esforzarse por deleitarse el uno al otro sacrificando su propia voluntad y evitando causarle un disgusto al otro. San Pablo hace notar que es el deber de ambos hacerlo y describe el cariño mutuo que los esposos se tienen como un desvivirse por alegrarse mutuamente.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino III

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A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 1.

Deberíamos ahora considerar brevemente un cierto número de ámbitos donde tales preocupaciones a favor de las “humanidades cristianas” se manifiestan en la obra de Juan Calvino. Pero, por el límite de nuestro espacio, nos centraremos únicamente en su amor a la belleza.

Léon Wencelius, en su bella tesis dedicada a La estética de Calvino, se expresa así:

Antes de conocer la armonía de Calvino y la belleza de su estilo, tenemos que saber lo que él mismo pensaba acerca de la belleza, y cuál fue su actitud ante las artes de su época […]. En la exposición sistemática de su doctrina, tenía que dar una explicación de la belleza del universo […]. Escribió en medio de un mundo que se planteaba el problema de la belleza pagana. Estuvo obligado a responder a las acusación de múltiples adversarios, que ya reprochaban al culto reformado su falta de pompa y de esplendor externo. De nuevo, una actitud en el terreno estético se imponía. Guiados por estas reflexiones, hemos leído toda la obra de Calvino […]. A medida que realizábamos este escrutinio del pensamiento de Calvino, hemos advertido que todos los pasajes que descubríamos que hablaban acerca de la belleza y de las artes obedecían a una armonía común. Su orden no era distinto del orden que preside en el pensamiento de Calvino en su conjunto, y hemos visto que para exponer en toda claridad el problema estético, le bastó mostrar el brillo de la belleza a través de las partes de su teología.

Wencelius concluye estas apreciaciones introductivas con estas magníficas palabras:

Cualquiera que sea el problema que se estudie en el reformador, siempre se tiene que considerar a partir de lo que es el centro de su pensamiento, que es Dios, y su brillo en el universo. Esta es la realidad suprema del calvinismo. Pero las criaturas están obligadas a tener en cuenta otra realidad, desgraciadamente presente en la raza humana: el pecado. Todo problema, ya sea moral, social, político, estético, no puede, en el calvinismo, ser considerado más que a partir del brillo de Dios en un universo deformado por el pecado. Existen como tres momentos en el dinamismo del calvinismo: Dios brillando en su gloria y, por su Verbo, Creador del mundo que es conservado por su Espíritu, después el drama cósmico causado por la criatura que se separada del Creador; después la fulguración redentora de Dios que envía a su Hijo en medio de sus criaturas, a fin de salvarlas, redención que es culminada con la santificación del Espíritu Santo. Toda la Creación, ya sea en el equilibrio de sus formas, o en el impulso de su energía, obedece a este dinamismo y está englobada en este drama. Las criaturas humanas, ya sean en su contemplación, en su pensamiento, en sus actos, son parte integrante de este gigantesco plan de Dios, y examinar uno de sus elementos no es posible más que en relación con el plan divino. De esta manera siempre tenemos el mismo ritmo en el examen de toda cuestión que interese al calvinismo: exposición de la cuestión tal y como se presentaría si el pecado no existiera; la cuestión considerada frente a la deformación que el pecado le ha hecho sufrir; los medios que Dios pone a nuestra disposición a fin de triunfar sobre las dificultades suscitadas por el maligno.

Emile Doumerge confirma ampliamente lo que escribe Wencelius, en este caso en lo que respecta la música:

Entre las artes, Calvino otorga un lugar especial a la música. Lejos de perseguirla, como pretende la leyenda, él ha protegido y defendido al gran compositor de las melodías del Salterio, Louis Bourgeois. Lejos de condenar, como lo pretende la leyenda, el canto a cuatro voces continuamente se ha servido de comparaciones musicales, en las que ha hablado de la melodía y la armonía. En su prefacio del Salterio, ha hecho tal elogio de la música (he aquí una sola frase que se halla idéntica en dos lugares de sus obras: “Todos experimentamos qué gran poder tiene la música para conmover los sentidos de los hombres” (Comentarios I Corintios XIV,7)que su enemigo y detractor íntimo, aquel que lo trata de antiartístico y de antihumano, estuvo obligado a confesar: “Nadie ha hablado de la música como Calvino, excepto Lutero”.

Sin duda —y ello hace cuestionar cada vez más la leyenda—la música “sirve más bien a la voluptuosidad y delicias que a la necesidad”; sin embargo no hay que tenerla por “superflua”. Solo es reprensible “la voluptuosidad que no va unida al temor de Dios”. Con esta restricción, Calvino aprueba altamente todas las cosas que “son aptas para recrear al hombre y darle voluptuosidad”.

“Nuestro Señor, añade, quiere alegrarnos en todos los sentidos”. Y él se goza y alegra. Él goza del orden de las cosas: “Un orden decoroso sirve de mucho, no solo para dar gracia y belleza a todos los actos, sino también para acostumbrar nuestros espíritus a la honestidad” (Comentarios: I Corintios XI: 2).

Y Doumergue concluye estos comentarios sobre la belleza en Calvino citando de él este magnífico texto:

¿Pensamos que nuestro Señor haya dado tal belleza a las flores, que salta a la vista, y que no sea lícito ser tocado por algún placer al verla? ¿Pensamos que Él le ha dado tal suavidad de olor que no haya querido que el hombre se deleitara al aspirarla? Dejemos pues ahí esta filosofía inhumana (el estoicismo), que nos priva malignamente del fruto lícito de la bendición divina, e incluso no le da lugar, sino que habiendo despojado al hombre de todo sentimiento, lo hará parecido a un trozo de madera.

 

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

Blog106C

III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

Blog106

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

Deberes mutuos en el matrimonio 2

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3. EL DESEO MUTUO DE ESTAR EN LA COMPAÑÍA EL UNO DEL OTRO ES UN DEBER COMÚN DEL ESPOSO Y DE LA ESPOSA:

Están unidos para ser compañeros, para vivir juntos, para caminar juntos, para hablar juntos. La Biblia manda al esposo que viva con la esposa sabiamente (1 Ped. 3:7). “Esto”, dice el Sr. Jay, “significa residir, lo opuesto a ausentarse o tener carta blanca para irse a dónde quiera. Es absurdo que se casen los que no piensan vivir juntos, los que ya están casados no deben ausentarse de casa cuando no es necesario. Hay circunstancias de diversos tipos que sin duda hacen que las salidas ocasionales sean inevitables, pero vuelva el hombre a su casa en cuanto terminó su diligencia. Que salga siempre con las palabras de Salomón en su mente. ‘Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.’ (Prov. 27:8). ¿Puede el hombre, no estando en su casa, cumplir los deberes que le corresponden cuando está allí? ¿Puede disciplinar a sus hijos? ¿Puede mantener el culto a Dios con su familia? Sé que es la responsabilidad de la esposa dirigir el culto familiar en la ausencia de su esposo; y no debe tomarlo como una cruz, sino como un privilegio temporal. No obstante, pocas son las que tienen esta actitud, y por eso uno de los santuarios de Dios durante semanas y meses enteros se mantiene cerrado. Lamento tener que decir que hay maridos que parecen preferir la compañía de cualquiera que no sea su esposa. Se nota en cómo usan sus horas libres. ¡Qué pocas son dedicadas a la esposa! Las noches antes de ir a dormir son las horas más hogareñas del día. A estas, la esposa tiene un derecho particular, ya está libre de sus numerosas obligaciones para poder disfrutar de la lectura y la conversación. Es triste cuando el esposo prefiere pasar estas horas fuera de casa. Implica algo malo y predice algo peor”.

Para asegurar en lo posible la compañía de su esposo en su propia casa, sea la esposa cuidadosa de su casa (Tit. 2:5) y haga todo lo que pueda para ser todo lo atractiva que el buen humor, la pulcritud, la alegría y la conversación amena permitan. Procure ella hacer de su hogar en lugar apacible donde le encante a él reposar en las delicias hogareñas…

Unidos, entonces, para ser compañeros, estén el hombre y su esposa juntos todo el tiempo posible. Algo anda mal en la vida familiar cuando necesitan bailes, fiestas, teatro y jugar a las cartas para aliviarles del tedio de las actividades hogareñas. Doy gracias a Dios que no tengo que valerme de los centros de recreación para estar contento, ni tengo que huir de la comodidad de mi propia sala y de la compañía de mi esposa, ni del conocimiento y la recreación que brinda una biblioteca bien organizada o de una caminata nocturna por el campo cuando hemos terminado las tareas del día. A mi modo
de ver, los placeres del hogar y de la compañía de seres queridos, cuando el hogar y esa compañía son todo lo que uno pudiera desear, son tal que uno no necesita cambios, sino que va pasando de un rato agradable a otro. Suspiro y anhelo, quizá en vano, por un tiempo cuando la sociedad sea tan elevada y tan pura, cuando el amor al conocimiento sea tan intenso y las costumbres tan sencillas, cuando la religión y la moralidad sean tan generalizadas que el hogar de los hombres sea la base y el círculo de sus placeres; cuando en la compañía de una esposa afectuosa e inteligente y de hijos bien educados, cada uno encuentre su máximo bienestar terrenal y cuando, para ser feliz, ya no sea necesario salir de su propia casa para ir a la sala de baile, a un concierto o al teatro, ni preferir irse de una mesa con abundante comida, a un banquete público para satisfacer su apetito. Entonces ya no tendríamos que comprobar que las diversiones públicas son inapropiadas porque serían innecesarias…

4. OTRO DEBER ES LA PACIENCIA MUTUA:

Esto se lo debemos a todos, incluyendo al extraño o al enemigo. Con más razón a nuestro amigo más íntimo. Porque el amor que “es sufrido, [que] es benigno; el amor [que] no tiene envidia, el amor [que] no es jactancioso, [que] no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. [Que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:4-7). Es un amor indispensable y tiene que tener su lugar en cada relación de la vida. En dondequiera que haya pecado o imperfecciones, hay lugar para la paciencia del amor. En esta tierra no existe la perfección. Es cierto que los amantes a menudo creen que la han encontrado, pero un criterio más sobrio de esposo y esposa generalmente corrige este error. Las primeras impresiones de este tipo por lo general pasan con el primer amor. Hemos de contraer matrimonio recordando que estamos por unirnos a una criatura caída… El afecto no prohíbe sino que en realidad demanda que mutuamente nos señalemos las faltas. Pero esto debe hacerse con toda la mansedumbre de la sabiduría, junto con la ternura del amor, no sea que solo aumentemos el mal que tratamos de corregir o lo sustituyamos por uno peor…

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

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Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 4

Blog101D

Ahora, destaquemos para beneficio de los lectores jóvenes algunas de las características por las cuales se puede identificar una pareja consagrada e idónea.

Primero, la reputación: un hombre bueno por lo general tiene un buen nombre (Prov. 22:1). Nadie puede acusarlo de pecados patentes.

Segundo, el semblante: nuestro aspecto revela nuestro carácter, y es por eso que las Escrituras hablan de “miradas orgullosas” y “miradas lascivas”, “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa. 3:9).

Tercero, lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26).

Cuarto, la ropa: la mujer modesta se conoce por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar o llamativa, el corazón es vanidoso. Quinto, la gente con quien anda: Dios los cría y ellos se juntan: se puede conocer a una persona por las personas con quien se asocia.

Quizá no vendría mal una advertencia. No importa con cuánto cuidado y oración uno elige su pareja, su matrimonio nunca será perfecto. No que Dios no la haya hecho perfecto, sino que, desde entonces el hombre ha caído, y la caída ha estropeado todo. Puede ser que la manzana siga siendo dulce, pero tiene un gusano adentro. La rosa no ha perdido su fragancia, pero tiene espinas. Queramos o no, en todas partes leemos de la ruina que causa el pecado. Entonces no soñemos de esa persona perfecta que una imaginación enferma inventa y que los novelistas describen. Aun los hombres y mujeres más consagrados tienen sus fallas, y aunque son fáciles de sobrellevar cuando existe un amor auténtico, de igual manera hay que sobrellevarlas.

Agreguemos algunos comentarios breves sobre la vida familiar de la pareja casada. Obtendrás luz y ayuda aquí si tienes en cuenta que el matrimonio es usado como un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. Esto, pues, incluye tres cosas.

Primero, la actitud y las acciones del esposo y la esposa tienen que ser reguladas por el amor. Ese es el vínculo que consolida la relación entre el Señor Jesús y su esposa; un amor santo, un amor sacrificado, un amor perdurable que nunca puede dejar de ser. No hay nada como el amor para hacer que todo marche bien en la vida diaria del hogar. El esposo tiene con su pareja la misma relación que el Redentor con el redimido, y de allí la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25), con un amor fuerte y constante, buscando siempre el bien para ella, atendiendo sus necesidades, protegiéndola y manteniéndola, aceptando sus debilidades, “dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7).

Segundo, el liderazgo del esposo. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23). A menos que esta posición dada por Dios se observe, habrá confusión. El hogar tiene que tener un líder, y Dios ha encargado su dirección al esposo, haciéndolo responsable del orden en su administración. Se perderá mucho si el hombre cede el gobierno a su esposa. Pero esto no significa que la Biblia le da permiso para ser un tirano doméstico, tratando a su esposa como una sirvienta: su dominio debe ser llevado a cabo con amor hacia la que es su consorte. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas” (1 Ped. 3:7). Busquen su compañía cuando haya acabado la labor del día…

Tercero, la sujeción de la esposa. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Hay una sola excepción en la aplicación de esta regla: cuando el esposo manda lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios manda. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5). ¡Ay, qué poca evidencia de este “adorno” espiritual hay en la actualidad! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6). La sujeción voluntaria y amorosa hacia el marido por respeto a la autoridad de Dios es lo que caracteriza a las hijas de Sara. Donde la esposa se niega a someterse a su esposo, es seguro que los hijos desobedecerán a sus padres ––quien siembra vientos, recoge tempestades…

De “Marriage – 13:4) en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de
Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La
soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y
muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más
adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 4

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Evangelización en Ginebra

Calvino no limitó la predicación a su propia congregación. También la usó como una herramienta para extender la Reforma por toda la ciudad de Ginebra. Los domingos, las Ordenanzas de Ginebra demandaban sermones en cada una de las tres iglesias al amanecer y a las 9 de la mañana. A mediodía, los niños iban a clase de catecismo. A las 3 de la tarde se volvían a predicar sermones en cada iglesia.

Los sermones de entre semana eran programados a diferentes horas en las tres iglesias los lunes, miércoles y viernes. Para la época en que Calvino murió, se predicaba un sermón en cada iglesia todos los días de la semana.

Aun esto no era suficiente. Calvino quería reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada iglesia debía ofrecer:

1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Be-za, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.

2. Disciplina. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores pata mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la iglesia y sus líderes.

3. Caridad. Los diáconos de cada iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomu-nión para ejercer la disciplina de la iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino sobre Ginebra fue casi completo.

Calvino quería algo más que reformar Ginebra, sin embargo. Quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo para el reinado de Cristo por todo el mundo. De hecho, la reputación e influencia de la comunidad ginebrina se extendió a la vecina Francia; después, a Escocia, Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, y regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La iglesia ginebrina se convirtió en un modelo para todo el movimiento reformado.

La Academia de Ginebra también asumió un papel de crucial importancia, puesto que pronto se convirtió en algo más que un lugar para aprender teología. En John Calvin: Director of Missions, Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre de marfil teológica que vivía para y por sí misma, olvidada de su responsabilidad en el Evangelio, para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y peligros que les esperaban, para llevar la luz del Evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres.”

Influido por la Academia, Juan Knox llevó la doctrina evangélica de vuelta a su Escocia natal. Los ingleses fueron preparados para conducir la causa en Inglaterra; los italianos tuvieron lo que necesitaban para enseñar en Italia; y los franceses (que formaban la gran mayoría de refugiados) extendieron el calvinismo a Francia. Inspirada por la visión verdaderamente ecuménica de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo desde el que la evangelización se extendió por todo el mundo. Según el Registro de la Compañía de Pastores, ochenta y ocho hombres fueron enviados entre 1555 y 1562 desde Ginebra a diferentes lugares del mundo. Estas cifras, lamentablemente, están incompletas. En 1561, que parece haber sido el año cumbre de la actividad misionera, solo está registrado el envío de doce hombres, mientras que otras fuentes indican que casi doce veces este número —no menos de 142— salieron en sus respectivas misiones.

Esto es un logro asombroso para una obra que comenzó con una pequeña iglesia que luchaba en una diminuta ciudad-repúbli-ca. Sin embargo, el propio Calvino reconoció el valor estratégico de la obra. Escribió a Bullinger: “Cuando considero cuán importante es este rincón [de Ginebra] para la propagación del Reino de Cristo, tengo buena razón para preocuparme por que se vigile con diligencia”.

En un sermón sobre 1 Timoteo 3:14, Calvino predicó: “Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le ado-ren en verdad”.

Continuará …

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¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre 2?

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Ahora todo su cuerpo sufría un horrible tormento. Mientras tanto, sus enemigos  permanecían a su alrededor, señalándolo con desprecio, burlándose de él y de sus oraciones y deleitándose de su sufrimiento.

Él dijo: “Tengo sed” (Juan. 19:28), y le dieron vinagre. Al poco tiempo dijo: “Consumado es” (Juan. 19:30). Había soportado el máximo sufrimiento y dado evidencia plena de la justicia divina. Recién entonces entregó su espíritu. En tiempos pasados, hombres santos han comentado con amor los sufrimientos de nuestro Señor, y yo no vacilo en hacer lo mismo, confiando que los pecadores tiemblen y vean la salvación en la dolorosa “llaga” del Redentor. No es fácil describir el sufrimiento físico de nuestro Señor. Reconozco que he fallado en mi intento. En cuanto al sufrimiento del alma de Cristo, ¿quién de nosotros lo puede imaginar, o mucho menos expresar? Al principio dijimos que sudó gotas de sangre. Eran su corazón derramando a la superficie su vida a través de la terrible tristeza que dominaba su espíritu. Dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mat. 26:38). La traición de Judas y la deserción de los doce discípulos entristecieron a nuestro Señor, pero el peso de nuestro pecado fue la verdadera presión sobre su corazón. Murió por nuestro pecado. Ningún lenguaje podrá jamás explicar la agonía de su pasión. ¡Qué poco podemos entonces concebir el sufrimiento de su pasión!

Cuando estaba clavado en la cruz, soportó lo que ningún mártir ha sufrido. Ante la muerte, los mártires han sido tan sustentados por Dios que han podido regocijarse aun en medio del dolor. Pero el Padre permitió que nuestro Redentor sufriera tanto, que exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). Ese fue el clamor más amargo de todos, la muestra más viva de su inmenso dolor. Pero era necesario que padeciera este dolor, porque Dios no soporta el pecado y en ese momento, a él “por nosotros lo hizo pecado” (2 Cor. 5:21). El alma del gran Sustituto sufrió el horror de la agonía en lugar de dejar que nosotros sufriéramos el horror del infierno al cual estábamos destinados los pecadores si él no hubiese tomado sobre sí nuestros pecados y la maldición que nos correspondía. Escrito está: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gál. 3:13). Pero, ¿quién sabe lo que significa esa maldición?
El remedio para nuestro pecado se encuentra en el sufrimiento sustituto de nuestro Señor Jesucristo y en sus heridas. Nuestro Señor sufrió esta “llaga” por nosotros. Nos preguntamos: “¿Hay algo que debamos hacer, para quitar la culpa del pecado?” La respuesta: “No hay nada que debamos hacer. Por las heridas de Jesús, somos sanos. Él llevó todas las heridas y no nos dejó ninguna”.

¿Pero, debemos creer en él? Si, debemos creerle. Si decimos que cierto bálsamo cura, no negamos que necesitamos una venda para aplicarla a la herida. La fe es la venda que une nuestra reconciliación en Cristo con la herida de nuestro pecado. La venda no cura; el bálsamo es lo que cura. Así que la fe no sana; la expiación de Cristo es lo que nos cura. “Pero debemos arrepentirnos”, dice otro. Ciertamente debemos, porque el arrepentimiento es la primera señal de que hemos sido sanados. Pero son las heridas de Jesús las que nos sanan, y no nuestro arrepentimiento. Cuando aplicamos sus heridas a nuestro orazón, producen arrepentimiento. Aborrecemos el pecado porque causó el sufrimiento de Jesús. Cuando sabiamente confiamos que Jesús ha sufrido por nosotros, descubrimos que Dios nunca nos castigará por el pecado por cual Cristo murió. Su justicia no permitirá que la deuda sea pagada primero por el Garante y luego por el deudor. La justicia no puede permitir doble pago. Si nuestro sufriente Garante ha cargado con la culpa, entonces nosotros no podemos llevarla. Al aceptar que Cristo sufrió por nosotros, aceptamos una cancelación completa de nuestra culpa. Hemos sido condenados en Cristo, por tanto ya no hay condenación en nosotros. Esta es la base de la seguridad que tiene el pecador que cree en Jesús. Vivimos porque Jesús murió en nuestro lugar. Somos aceptados en la presencia de Dios, porque Jesús es aceptado. Quienes aceptan este acto sustitutivo de Jesús son libres de culpa. Nadie puede acusarnos. Somos libres.

Oh amigo, ¿quieres aceptar que Jesús ocupó tu lugar? Si lo aceptas eres libre. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Porque, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5).

Tomado de Around the Wicket Gate.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre?

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Para ayudar al que busca encontrar una fe verdadera en Jesús, hay que recordarle la obra del Señor Jesús en relación con la condición del pecador.

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”  (Rom. 5:6).
  • “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”                     (1 Ped. 2:24).
  • “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6).
  • “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
    injustos, para llevarnos a Dios” (1 Ped. 3:18).

Mantengamos la mirada en una declaración de las Escrituras, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5). En este pasaje, Dios trata al pecado como una enfermedad, y nos señala el remedio que él ha provisto. Reflexionemos un momento en la llaga de nuestro Señor Jesucristo. El Señor quiso restaurarnos, y envió a su Hijo Unigénito —“verdadero Dios de Dios verdadero”—, al mundo a fin de que compartiera nuestra naturaleza para poder redimirnos. Vivió como un hombre entre los hombres. A su debido tiempo, después de 30 o más años de obediencia, llegó su momento de servir a la humanidad, colocándose en nuestro lugar y llevando “el castigo de nuestra paz” (Isa. 53:5). Fue al Getsemaní y allí, al probar la copa amarga, sudó gotas de sangre. Fue presentado ante Pilato y Herodes, y allí experimentó el dolor y escarnio que nos tocaba a nosotros. Por último lo llevaron a la cruz y allí lo clavaron para morir, morir en nuestro lugar.

La palabra llaga se usa para señalar el sufrimiento de su cuerpo y su alma. Se sacrificó por nosotros. Todo lo humano en él sufrió. Su cuerpo, al igual que su mente, sufrió de una manera que imposible de describir. Al comienzo de su pasión, cuando sufrió intensamente el sufrimiento que era nuestro, estaba en agonía, y de su cuerpo brotaron copiosas gotas de sangre que cayeron al suelo. Es muy raro que un hombre sude gotas de sangre. Se sabe que ha ocurrido una o dos veces, y en todas las instancias ha precedido inmediatamente a la muerte de la persona. Pero nuestro Salvador vivió, vivió después de una agonía que ninguno de nosotros hubiera sobrevivido. Antes de poder recuperarse de este sufrimiento, lo llevaron ante el sumo sacerdote. Lo capturaron y lo llevaron de noche. Luego lo trajeron ante Pilato y Herodes. Lo azotaron, y sus soldados le escupieron en la cara, lo abofetearon y lo colocaron en la cabeza una corona de espinas.

La flagelación es uno de los métodos de tortura más horribles que se puede aplicar malevamente. En el pasado, ha sido una vergüenza del ejército británico el que un instrumento de tortura llamado “la zarpa de gato” fuera usado para castigar a un soldado, ya que era una tortura brutal. Pero para los romanos, la crueldad era tan natural que hacían que su castigo habitual fuera mucho más que brutal. Se dice que el látigo romano era hecho de cuero de bueyes al que se le ataban nudos, y en estos nudos se colocaban astillas de hueso. Cada vez que el látigo caía sobre el cuerpo desnudo causaba un dolor intenso. “Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos” (Sal. 129:3).

Nuestro Salvador soportó el terrible dolor del látigo romano, y ni fue el final de su sufrimiento, sino el preámbulo de su crucifixión. A esto, le añadieron las burlas y el ultraje. No se privaron de infligirle ningún sufrimiento. En medio de su desfallecimiento, sangrando y en ayunas, le hicieron llevar su cruz, y luego obligaron a otro a ayudarlo para que él no muriera en el camino. Lo desnudaron, lo tiraron al piso y lo clavaron al madero. Le atravesaron las manos y los pies, levantaron el madero con él clavado en él y de un golpe lo enterraron en la tierra, de modo que se dislocaron todos sus huesos, como dice el lamento del salmista: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se
descoyuntaron” (Sal. 22:14a).

Permaneció colgado en la cruz bajo el sol ardiente hasta que perdió las fuerzas, y dijo: “Mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte” (Sal. 22:14b-15). Allí permaneció colgado, un espectáculo ante Dios y los hombres. El peso de su cuerpo era sostenido por sus pies, hasta que los clavos desgarraron sus delicados nervios. Entonces la carga dolorosa pasó a sus manos y las desgarró, siendo estas una parte tan sensible de su cuerpo. ¡Las heridas en sus manos lo paralizaron de dolor! ¡Qué horrible habrá sido el tormento causado por los clavos que desgarraron el delicado tejido de sus manos y sus pies!

Continuará …

Tomado de Around the Wicket Gate.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

Amenazas a la piedad del joven 2

Blog98B

IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 7

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Calvino y la “teocracia” ginebrina

Ginebra bajo Calvino ha sido definida como teocracia, clerocracia también como bibliocracia. En esta concepción “teocrática” muchos son los estudiosos del Reformador que han llegado a la conclusión de que los fundamentos del gobierno eclesial, político y social desarrollados e implantados por Calvino en Ginebra fueron de carácter más vetotestamentario que neotestamentario. Estas afirmaciones no pueden tomarse a la ligera y, una vez más, merecen un juicio equilibrado a la luz de la enseñanza bíblica.

Las Escrituras describen la historia de la redención como un proceso de progresión creciente, que se inicia con la promesa de salvación dada a Adán y Eva, y que en el curso del tiempo, a través de la ley y los profetas, se amplía y enriquece en sus contenidos, hasta que en la “plenitud de los tiempos”, con la venida del Mesías, adquieren pleno cumplimiento. El Nuevo Testamento marca la pleroma de las crecientes y renovadas promesas de salvación del Antiguo Testamento. Evidentemente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, pero la luz de revelación soteriológica no es la misma en los dos Testamentos: de menos luz se pasa a más luz, hasta que en el Verbo encarnado la luz de la antigua dispensación se hace plena LUZ. “Dios es luz”, y los que han visto y ven al Hijo de Dios ven la luz del Padre. Y esto es así con todos los contenidos de la Escritura: encierran un mensaje revelacional que va constantemente a más en conformidad con los planes soberanos del Dios de la salvación y de la historia. Po-siblemente Calvino tuvo una idea demasiado horizontal del tiempo bíblico y situó los contenidos de ambos Testamentos a un mismo nivel de actualidad revelacional y de contenido. Esto podría explicar algunas de sus apelaciones al Antiguo Testamento como base argumentativa de sus concepciones más o menos teocráticas. ¿Pasaron estas apelaciones por el filtro de la pleroma del Nuevo Testamento?

Calvino rechazó la idea anabaptista de que toda la estructura eclesial concernía únicamente al ámbito de los creyentes, e hizo suya la distinción zuingliana de una Iglesia invisible en el seno de una Iglesia visible —la ecclesiola en ecclesia de Lutero—. En su aspecto visible la Iglesia es la comunidad de los que profesan la verdadera fe —con sus hijos—, predica fielmente la Palabra de Dios, administra correctamente los sacramentos y ejerce la disciplina sobre sus miembros. En su aspecto invisible la Iglesia es el cuerpo de los elegidos, la comunidad de los creyentes de todos los tiempos: la Iglesia católica, la Iglesia universal. Esta universalidad tiene también una manifestación visible. [Ni Calvino, ni los los reformados posteriores, han logrado clarificar suficientemente y convincentemente la idea de universalidad en la Iglesia visible]. Cristo es la cabeza de la Iglesia y la fuente de toda su autoridad. Cristo, a través de aquellos que han sido llamados a los diferentes ministerios eclesiales, ejerce su autoridad en la Iglesia. La elección de pastores, ancianos y diáconos por parte de la congregación “viene a ser la confirmación externa de la autoridad y llamamiento interno que estos han recibido de Cristo, el Señor de la Iglesia” —afirma Calvino—. El poder de la iglesia local reside en el cuerpo gobernante de la congregación local. La autoridad de la Iglesia es espiritual y concierne únicamente a los creyentes. A los presbíteros incumbe la implantación del buen orden y la disciplina en la Iglesia. Calvino hacía de la disciplina una de las señales de la verdadera Iglesia, y a través de ella confiaba instaurar el más alto grado de santidad y pureza moral en su seno.

En la aplicación de estos principios eclesiológicos, Calvino no fue consecuente. Y ello se debió, en parte, a que nunca pudo desprenderse de todo un lastre de prejuicios religiosos medievales, y que él pretendió de algún modo justificar recurriendo a cuestiona-bles paralelos con la teocracia vetotestamentaria. En contra de sus propias afirmaciones, Calvino fue incapaz de delimitar con precisión las diferencias de competencia entre lo estatal y lo eclesial. En la práctica, su idea de “iglesia visible” terminaría englobando en su seno a la esfera civil, e identificaría el ámbito eclesial con los límites geográficos de un territorio. Y es por esta identificación territorial por lo que en la Ginebra calvinista no había lugar para los disidentes religiosos: si pasado un tiempo razonable los extranjeros venidos a la ciudad no llegaban a identificarse con su credo doctrinal, obligatoriamente debían abandonar el cantón. Por otro lado, ¿era justo someter a los no creyentes de la Iglesia visible al régimen normativo y disciplinario de la autoridad eclesial?
Para Calvino, tanto la Iglesia como el Estado habían de supeditarse y regirse por la Palabra de Dios. Obviamente esto otorgaba a los pastores y teólogos un rango de autoridad superior al de los poderes civiles. Como intérpretes de la Revelación bíblica, los ministros del Evangelio podían determinar las pautas a seguir en todas las cuestiones de ámbito religioso, social y político. Y en tanto que Calvino era el gran expositor de las Escrituras, a todos los niveles sus consejos y dictámenes pesaban y eran tenidos en cuenta. Esto explica también el hecho de que el Reformador nunca pretendiera cargo político alguno, ni se diera prisa en obtener la ciudadanía ginebrina: en última instancia todo los resortes importantes de poder estaban en sus manos; e incluso en asuntos de índole muy secunda-ria, su juicio y opinión eran tenidos muy en cuenta. Al primer den-tista que se personó en Ginebra con ánimo de ejercer su profesión, no se le concedió la debida licencia hasta después de haber probado satisfactoriamente sus habilidades en la boca de Calvino.

En el ámbito de la disciplina eclesiástica, Calvino creía ver un ejemplo claro de interdependencia entre lo civil y lo eclesial. Esta creencia se basaba, una vez más, en la suposición de que todos los ciudadanos eran a la vez miembros de la Iglesia visible y, en con-secuencia, estaban sujetos también a su disciplina. Por otro lado, y en tanto que la autoridad del gobierno civil regía en el ámbito de las dos tablas de la Ley mosaica, entre sus obligaciones primaba la de “mantener el culto a Dios, preservar la verdadera doctrina y defender la constitución de la Iglesia”. Bajo este régimen autoritario, la vida de los habitantes de Ginebra transcurría dentro de unas reglas de estricta disciplina civil, moral y religiosa. La pena de muerte era preceptiva en casos de herejía, brujería y adulterio. Se castigaba con penas diversas las diversiones mundanas, la blasfemia, la lectura de libros “inmorales”, etc. Durante la semana, las actividades seculares se realizaban en estricta alternancia con las religiosas: estudio de las Escrituras, canto de los Salmos etc. La inasistencia a los servicios religiosos era sanciona-da, y con la finalidad de descubrir a los infractores inasistentes, se autorizaba a “oficiales espías” la entrada en las casas de los ciudadanos.

El juicio y muerte de Miguel Servet se enmarca en este contexto general de intolerancia que se vivía en Ginebra. En la condena y quema de herejes, la mente de muchos protestantes del siglo XVI permaneció ciegamente anclada en el catolicismo. De entre todas las formas de persecución, la más censurable y condenable es la religiosa, pues se practica en nombre de Dios y se opone radicalmente al espíritu del cristianismo y a las normas más esenciales de Humanidad. Y en esto las iglesias de la Reforma mostraron una tortuosa senda de actuación. Lutero —que en Worms revindicó los derechos inalienables de la conciencia, y en sus primeros escritos se nos muestra como campeón de la tolerancia— más tarde sucumbiría también a las viejas prácticas intransigentes del catolicismo.

La condena de Servet constituye la página negra de la biografía de Calvino. Calvino fue gran-de, sumamente grande en sus virtudes y talentos, pero en su talante religioso fue duro y radicalmente intolerante. Conoció personalmente a Servet en 1534, en París, y pronto se percató de que por su agudeza mental y radicalidad de ideas, el aragonés iba a ser un formidable enemigo de la teología reformada: como realmente así fue. Siete años antes de la muerte de Servet, en una carta a G. Farel, Calvino declaraba que de venir el aragonés a Ginebra haría uso de toda su autoridad para que no saliera de allí vivo ( […] Nam si venerit, modo valeat mea auctorita.s, vivum exire nunquam patiar). Para Calvino la persona y los escritos de Servet encarnaban la herejía en su grado más abyecto, y no cejó en su celo persecutorio del aragonés hasta verle en la hoguera ginebrina. (No se olvide, por otro lado, que Servet llegó a Ginebra huyendo de la condena a la hoguera que le había impuesto la Iglesia católica). Al reprobar y condenar a Calvino por la muerte de Servet, de hecho condenamos a toda una época. Los líderes religiosos de aquel tiempo —tanto católicos como protestantes— fueron radicalmente intolerantes con la herejía. Incluso para el suave y gentil Melanchton, la muerte de Servet constituyó “un piadoso y memorable ejemplo para toda la Humanidad”. A juicio de Beza la libertad religiosa era “un dogma diabólico”. Después de la muerte de Servet, y con el propósito de contra-rrestar las duras críticas recibidas por parte de unos pocos teólogos y humanistas del tiempo, Calvino escribió la Declaratio orthodoxae fidei de Sacra Trinitate. A nuestro jui-cio, esta réplica carece de la solidez argumentativa y base bíblica de todas sus otras producciones. Es uno de los escritos “argumentativos” más débiles que fluyeron de su pluma.
En mayor o menor grado, los líderes de la Reforma traicionaron los principios neotestamentarios de libertad religiosa y libertad de conciencia; y de perseguidos pasa-ron a perseguidores. En contra de esta negación de libertades, los protestantes españoles —también calvinistas— fueron unos adelantados de la Reforma. Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, y Cipriano de Valera, condenaron siempre la intolerancia religiosa y la imposición de la pena capital a los herejes. Cuando Servet fue condenado y quemado en la hoguera, Casiodoro de Reina —el traductor de la Biblia al castellano (1569)— mos-tró total repulsa con la sentencia. Según el testimonio histórico, siempre que caminaba cerca del lugar en que fue quemado Servet, “las lágrimas fluían de sus ojos”. Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y otros reformadores españoles que llegaron a Ginebra —huidos de la Inquisición española—, residieron durante muy poco tiempo en la ciudad de Calvino. No puede alegarse como justificante de la intolerancia protestante la repetida “excusa” de que en este tema Calvino, y los demás reforma-dores, fueron “hijos de su tiempo”. Más correcto sería decir que sucumbieron al tiempo; y sucumbieron con el agravante de haber pecado contra la luz del Nuevo Testamento que ellos mismos habían vislumbrado. Evidentemente, no todos los logros de la Reforma fueron in-mediatos y de fácil consecución. Fueron los calvinistas de segunda generación quienes, haciendo causa común con los bautistas y demás stepchildren de la Reforma, lograron desarrollar en las naciones protestantes los gérmenes democráticos de libertad y tolerancia implícitos en el calvinismo.

 

Continuará …

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Amenazas a la piedad del Joven 1

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Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 6

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2] . Elección incondicional. Según este segundo punto doctrinal, de entre la humanidad caída, desde antes de la fundación del mundo Dios escogió a un número de pecadores para salvación y dejó a otros en su estado de pecado y condenación. Esta elección des-cansa en el propósito soberano de Dios y en el “puro afecto de su voluntad”. Dios es el Alfarero divino que del barro de su creación dispone de los vasos de honra y deshonra según el beneplácito de su soberana voluntad, y por encima de los criterios humanos de pequeña lógica y justicia. En palabras de Jesús: “Si, Padre, porque así te agradó” (Mr. 11.26). Insiste Calvino en que la elección pone de manifiesto el carácter totalmente gratuito y totalmente inmerecido de la salvación, y descarta, en consecuencia, cualquier pretensión de meritoriedad por parte del hombre. El misterio de la elección involucra a las tres personas de la Trinidad: Dios Padre elige y entrega al Hijo para la salvación de los elegidos; a estos redime Dios Hijo al aplicarles Dios el Espíritu Santo los méritos del Salvador. Es por la obra del Espíritu Santo por la que el pecador es renovado y regenerado espiritualmente y capacitado para oír y aceptar, la invitación del Evangelio. Tanto la justificación como la santificación tienen su origen en la libre gracia de Dios y tienen en Cristo su raíz. Ambas se encuentra en la misma persona: los que son justificados son también santificados. Por la justificación la justicia de Cristo es imputada al pecador. Por la santificación el creyente es renovado a la imagen de Cristo. La justificación es un acto, mientras que la santificación es un proceso. Por la justificación se nos declara justos y por la santificación se nos hace justos. En modo alguno la elección es un decreto aislado del Dios soberano: es siempre una elección en Cristo. Algunos de los pasajes bíblicos sobre el tema a los que alude Calvino, son los siguientes: Ex. 33.19; Dt. 7.6-7; Sal.115.3; Is. 14.24, 27; 46.9-11; Mt. 22.14; 24.24; 22.31;jn. 15.16; Hch. 13.48; Ro. 8.28-30, 33.9, 10-24; 11.4-6, 33-36: I Co. 1.27-29; 3.12; Ef. 1.4-3; 1 Es. 5.9; 2 Ts. 2.13-14; 2 Ti. 1.9; Tit. 1.1; 1 P. 1.1, 2; 2.8-9.

3]. Redención particular. En contra de la posición católica, luterana y arminiana de que Cristo con su obra mesiánica abrió la posibilidad de redención a toda la raza humana —aunque esto no implique necesariamente la salvación de todos los hombres—, la posi-ción de Calvino y de sus seguidores reformados, es de que los beneficios de la redención se limitan exclusivamente al número de los elegidos. El alcance del sacrificio expiatorio de Cristo no rebasa el ámbito de la elección. En defensa de este punto doctrinal, Calvino apela, entre otros, a los siguientes pasajes bíblicos: Mi. 1.21; l.c. 19.10; Jn, 10.11; Hch. 20.28; Ro. 5.10; 8.32-35; 2 Co. 5.21; Gá. 1.4; Ef. 1.7; 5,23-27. (Pasajes como los de in. 1.29; 1 Jri. 2.2; 4,14; 1 Ti. 2.2: Tit. 2.11; y He. 2.9, según Cal-vino han de interpretarse en el sentido de que los elegidos, en cuanto a su nacionalidad, linaje, lengua, raza y posición, proceden de lodo el mundo).

4]. Grada irresistible, o llamamiento eficaz de salvación. Calvino alude con mucha frecuencia a este cuarto punto doctrinal. En tanto que el Espíritu Santo aplica a los elegidos los beneficios de la obra redentora de Cristo, el llamamiento sabático del Evangelio es necesariamente eficaz. La regeneración, o nuevo nacimiento obrado por el Espíritu Santo en el elegido, capacita a este para el arrepentimiento, para su conversión a Dios, y para creer y aceptar voluntariamente a Cristo con fe verdadera. Acepta Calvino la realidad de una voluntad libre (libertan arbitriurn) en el sentido de que el hombre decide voluntariamente y por impulso propio; pero niega, por otro lado, que el hombre sin la intervención del Espíritu Santo tenga facultad para elegir lo que es espiritualmente bueno y en conformidad con la voluntad de Dios (Ro. 6.17; 7.14, 23). Según la enseñanza del Reformador, el hombre tiene arbitrium spontaneurn, pero por depravación de su naturaleza, y sin compulsión exterior, su voluntad está tan dada al pecado que siempre decide por el mal. De ahí, pues, que la espontaneidad y la esclavitud puedan coexistir simultáneamente. La voluntad es espontanea, pero no libera, no es coacta, sin embargo es serva. Es, pues, importante, insiste Calvino, distinguir siempre entre capacidad natural e incapacidad .moral Para refrendar bíblicarnente estas consideraciones en torno a la gracia irresistible. Calvino cita los siguientes pasajes: (a) la salvación como obra del Dios Trino: Ro. 8.14; 1 Co. 2.10-14; 6.11; 12.31; 2 Co. 3.6, 17-18: 1 I. 1.2. (b) La salvación no se supedita a una pretendida cooperación humana, sino que la resurrección espiritual que supone el nuevo nacimiento se debe al obrar de Dios en el hombre; ja. 1.12-13; 3.3-8; Tit, 3.5; 1 P. 1,3, 23; 1 Jn. 5.4. (c) El arrepentimiento y la fe vienen como resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo: Hch. 5.31; 11.18; 13.48; 16.14; 18.27; Ef. 2.8-9: Fil. 1.29. (d) La salvación como resultado del llamamiento divino: Ro. 1.6-7: 8.30; 9.16, 23-23; 1 Co. 1.1, 2, 9, 23, 31; 3.6-7; Gá. 1.15, 16; Ef. 4.4; 2 Ti. 1.9; He. 9.15; 1 P. 1.15; 2.9; 5.10; 2 P. 1.31: Jud. 1; Ap. 17.14.

5]. Perseverancia y seguridad del creyente. Los elegidos, además de participar de una plena salvación en Cristo, son también guardados en la fe por el poder de Dios. Podrán caer en la tentación y en las asechanzas del maligno, pero se levantarán espiritualmente y, por la gracia de Dios, perseverarán hasta el fin y eternamente. Para fundamentar esta doctrina de la seguridad del creyente y su perseverancia en el camino de la salvación, Calvino recurre a los siguientes pasajes bíblicos: Is. 43.1-31; 54.10; Jer. 32.40; Mt. 18.12-14; Jn. 3.16, 36; 5.24; 6.35-40; 10.27-30; 17.11, 15; Ro. 5.5-10; 8.1, 29-30, 35-39; 1 Co. 1.7, 9; 10.13; Ef. 1.5, 13, 14; 1 Ts. 5.23, 24; He. 9.12, 15; 10.14; 12.28; 1 P. 1.3, 5; Jud. 1.24, 25.

En oposición a los cinco puntos del calvinismo, el teólogo holandés Jacobo Arminio (t 1609), defendió las siguientes tesis: (a) una elección basada en la presciencia divina de los que en el curso del tiempo creerían en el Evangelio, (b) una redención universal, (c) una depravación parcial, (d) una gracia salvífica resistible, (e) y la posibilidad de una caída final de la gracia. Las tesis de Arminio introducían un elemento sinergista, o de cooperación humana, en el esquema de la sola gracia de la Reforma. Las enseñanzas de Arminio —de aquí el término arminianismo— serían poco después ampliadas y desarrolladas por Simón Episcopius, J. Oldenbarnevelt y Hugo Grotius. El Sínodo de Dort (1618-1619), con representantes calvinistas holandeses y de otros países, condenó las tesis arminianas. Evidentemente, la teología arminiana muestra afinidades con la católica en temas diversos de antropología y soteriología. Los católicos defienden la cooperación del hombre en la salvación con sus obras y con su libre elección. Los arminianos, por su parte, otorgan al pecador la libre capacidad de aceptar o rechazar la oferta de salvación evangélica. En uno y otro caso, tanto católicos como protestantes arminianos no aceptan la incapacidad total del hombre caído en el tema de la voluntad: el pecador, a pesar de su condición lapsaria, puede aceptar o rechazar la oferta salvífica (de ahí que en la predicación arminiana se apele a “los buenos sentimientos del peca-dor” para aceptar a Cristo).

Lejos de acarrear inactividad de testimonio, o inactividad evangélica, la doctrina de la predestinación ha infundido siempre celo misionero en sus creyentes. Las grandes sociedades y comités misioneros protestantes, así como los misioneros más célebres, han sido de persuasión calvinista. Entre estos cabe recordar los nombres de William Carey, Robert Morrison, Henry Martin, Alexander Duff, Adoniram Hudson, Robert Mofat, David Brainerd y David Livingstone .

Continuará …

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La ira del padre piadoso

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Primero, expresado negativamente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Ef. 6:4) lo cual se hace:

1. Con palabras: dándoles órdenes injustas e irrazonables, regañándoles a menudo, en público y con dureza; con expresiones inoportunas y apasionadas, y con un lenguaje humillante y abusivo; como el de Saúl a Jonatán (1 Sam. 20:30).

2. Con hechos: mostrando más cariño por uno que por otro, como en el caso de Jacob por José, lo cual indignó tanto a sus hermanos que los llevó a odiarlo al punto de no poder hablar pacíficamente con él (Gén. 37:4); negándoles comida sana y en suficiente cantidad (Mat. 7:9-10; 1 Tim. 5:8); no permitiéndoles jugar, siendo que los juegos infantiles son algo que deben tener (Zac. 8:5); y cuando llegan a la edad de casarse, desposarlos con alguien que no quieren, impidiéndoles sin ninguna razón el noviazgo con alguien que prefieren; despilfarrando en una mala vida el dinero que debiera ser para mantener en el presente a sus hijos y ahorrar para el futuro de ellos, y especialmente cualquier conducta cruel e inhumana como la de Saúl hacia Jonatán cuando atentó contra su vida (1 Sam. 20:33-34). Tales provocaciones han de ser evitadas a todo costo, ya que le quitan toda eficacia a las órdenes, los consejos y las correcciones, y les hace perder el afecto de sus hijos. La razón que da el apóstol para evitar todo esto, es “para que no se desalienten” (Col. 3:21). Pueden sufrir tanto dolor que pierden totalmente el ánimo, se sienten acobardados, desanimados y abatidos. Cuando pierden la esperanza de complacer a sus padres y de compartir su amor pierden toda motivación para cumplir sus deberes y superarse. Los padres de familia indudablemente tienen el derecho
de reprender a sus hijos cuando actúan mal: fue culpa de Elí que sus hijos fueran como eran porque era demasiado indulgente con ellos y sus reprensiones demasiado débiles cuando debió haberles impedido cometer sus vilezas. Debió haber mostrado su desagrado con firmeza, exigido que se cumplieran sus órdenes y debió amenazarlos, castigándolos si seguían con su obstinación y desobediencia (1 Sam. 2:23-24; 3:13). Y pueden los papás usar la vara de corrección, lo cual deben hacer temprano, mientras hay esperanza, pero siempre con moderación y amor, y deben tomarse el trabajo de darles pruebas de que los aman, y que es por el amor a ellos y para su bien, que los castigan. Se menciona a los “padres” en particular porque tienen la tendencia a ser más severos mientras que las mamás son más indulgentes.

Tomado de A Body of Divinity
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John Gill (1697-1771): Teólogo bautista, nacido en Kettering, Inglaterra.

Mis hermanos, les exhorto que sean como Cristo en todo momento, imítenlo en público. La mayoría vivimos como si fuéramos un medio de publicidad; muchos somos llamados a trabajar en presencia de otros todos los días. Somos observados, nuestras palabras son captadas, nuestras vidas son examinadas a fondo. El mundo con ojos de águila, con ojos que buscan argumentos para discutir, observa todo lo que hacemos, y los críticos cortantes nos atacan. Vivamos la vida de Cristo en público. Seamos cuidadosos de mostrar a nuestro Señor y no a nosotros mismos, a fin de poder decir: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Ustedes que son miembros de la iglesia, lleven esto también a la iglesia. Sean como Cristo en la iglesia. Cuantos hay como Diótrefes, quien buscaba ser el más prominente (3 Juan 9). Cuántos hay que están tratando de parecer más de lo que son y tener poder sobre sus hermanos cristianos, en lugar de recordar que la regla fundamental de todas nuestras iglesias es que todos los hermanos son iguales y que deben ser recibidos como tales. Manifiesten, pues, el espíritu de Cristo en sus iglesias y donde quiera que estén. Que sus hermanos en la iglesia digan de ustedes: “Ha estado con Jesús”… Pero por sobre todas las cosas sean ustedes cuidadosos en practicar su religión en sus hogares. Un hogar religioso es la mejor prueba de verdadera piedad. No mi capilla, sino mi hogar; no mi pastor, sino mi familia quien mejor me puede juzgar. Es el sirviente, el hijo, la esposa, el amigo los que pueden discernir mejor mi verdadero carácter. Un hombre bueno mejora su hogar. Rowland Hill dijo en cierta ocasión que él no creería que un hombre fuera un verdadero cristiano si su esposa, sus hijos, sus sirvientes y aun su perro y su gato, no fueran mejores por ello… Si su hogar no es mejor por ser ustedes cristianos, si los hombres no pueden decir: “Esta casa es mejor que otras”, no se engañen, no tienen ustedes nada de la gracia de Dios… Practiquen su piedad en familia. Que todos digan que ustedes tienen una religión práctica. Que sea conocida y practicada en la casa, al igual que en el mundo. Cuiden su carácter allí; porque realmente somos como allí nos comportamos. —Charles Spurgeon

Dios otorga más bondades a un hombre piadoso que a todos los impíos en el mundo. Júntese toda la manutención, todos los males de los que han sido liberados,todas sus riquezas, todas las comodidades que la providencia les ha dispensado: esas cosas no son más que nimiedades que Dios otorga a hombres impíos. Pero hay bendiciones únicas que otorga a los justos. Dios tiene reservadas cosas preciosas para sus favoritos en comparación con las cuales los tesoros del mundo no son más que polvo y escoria. En cuanto a los santos, Cristo murió por ellos, todos han sido perdonados, han sido librados de un infierno de sufrimiento eterno, se les ha dado derecho a la vida eterna, la propia imagen de Dios les ha sido conferida, han sido bien recibidos y disfrutar disfrutarán del amor imperecedero de Dios. —Jonathan Edwards

Conversión de los miembros de la familia 3

Blog96C

8. Procuren por todos los medios que todos participen de las ordenanzas públicas, porque allí Dios está presente de un modo más especial. Hace que el lugar de sus pies sea glorioso. Aunque el mandato de Dios era que solo los varones fueran a las fiestas solemnes en Silo, Elcana llevaba a toda su familia al sacrificio anual (1 Sam. 1:21). Quería que su esposa, hijos y siervo estuvieran “en la casa de Jehová” para “contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4). También Cornelio, cuando Pedro llegó a Cesarea para predicar por mandato de Dios, llamó a todos sus familiares y conocidos para escuchar el sermón (Hech. 10:24)… Recuerden examinarlos para ver si prestaron atención, como lo hizo Jesús cuando predicó su famoso sermón junto al mar. Les preguntó a sus discípulos: “¿Habéis entendido todas estas cosas?” (Mat. 13:51). Cuando ya estaban solos les explicó más en detalle las cosas que había enseñado (Mar. 4:34).

9. Si lo antedicho no da resultado, sino que los que están a su cargo siguen pecando, tendrán que recurrir a la corrección paternal. Ahora bien, las reprensiones tienen que depender de la edad, el temperamento, carácter y las diversas cualidades y tipos de ofensas de cada uno. Otorgue su perdón por faltas leves en cuanto muestran arrepentimiento y pesar. Tienen que considerar si las faltas de ellos proceden de su imprudencia y debilidad, en qué circunstancias y como resultado de qué provocaciones o tentaciones. Observen si parecen estar realmente arrepentidos y verdaderamente humillados… En estos y otros casos similares, deben los padres tener mucho cuidado y prudencia. El castigo merecido es una parte de la justicia familiar, y hay que tener cuidado de que por eximirlos de castigo, ellos y sus amigos se endurezcan en sus pecados y se pongan obstinados y rebeldes en contra de los mandamientos de Dios. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Prov. 13:24; 23:14). Esta es una orden y un mandato de Dios. “Tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos” (Heb. 12:9). Algunos progenitores y maestros se conducen más como bestias embravecidas que como seres humanos: disfrutan de corregir tiránicamente. Pueden dejar que sus hijos digan groserías, mentiras y que roben, y cometan cualquier otro pecado sin corregirlos para nada. Pero si no hacen lo que ellos quieren que hagan, caen sobre ellos y los despedazan como bestias salvajes. ¡Sepan que en el Día del Juicio, estos  rendirán cuenta de sus acciones viles! ¡Ay, mejor déjenles ver que están  indignados por lo hecho contra Dios y no contra ustedes! Tienen que sentir mucha compasión por sus almas y un amor santo mezclado con su ira contra el pecado… Tengan cuidado, sean imparciales y reúnase con ambas partes cuando hay quejas mutuas. Pero si están convencidos de que ninguna otra cosa fuera de la corrección daría resultado, sigan el mandato de Dios: “corrige a tu hijo, y te dará descanso” (Prov. 29:17)… pero eviten toda corrección violenta y apasionada. El que ataca cuando arde su pasión se arriesga demasiado a sobrepasar los límites de la moderación… tengan cuidado, no sea que por demasiados castigos físicos su hijo termine sintiéndose envilecido ante sus propios ojos (Deut. 25:3).

10. Si los medios ya mencionados son eficaces por bendición divina, entonces elogien a sus hijos y anímelos, pero no demasiado. Al igual que los magistrados, los padres a veces tienen que elogiar a los que hacen el bien (Rom. 13:3). Nuestro Señor a veces se acerca y dice: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21). Entonces, cuando los resultados son prometedores y los que están a su cargo demuestran ser responsables, tienen ustedes que alentarlos demostrando su aprobación… Pero no demasiado, porque los barquitos no pueden aguantar grandes velámenes. Muchas veces el exceso de elogios genera orgullo y arrogancia, y a veces altanería y exceso de confianza.

11. ¿Comienzan ellos a mejorar y prosperar en su obediencia y empiezan a aceptar con buena actitud sus preceptos? Entonces, conquístenlos todavía más con recompensas según sus diversas capacidades y su posición. Dios se complace en atraernos a los caminos de santidad con la promesa de una recompensa: “es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). A medida que van creciendo, deles recompensas que son las apropiadas para su edad. En algunos casos, han probado ser muy motivadoras, al menos en lo que se refiere a la obra externa de la religión en los pequeños… Recuerde que cuando el hijo pródigo de la parábola volvió a su hogar para vivir una vida nueva, el padre hizo matar el becerro gordo, le hizo poner el mejor vestido, poner un anillo en su mano y calzado en sus pies (Luc. 15:22).

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph,
Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

Conversión de los miembros de la familia 2

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5. Presérvenlos de una sociedad impía. David no solo aborrecía el pecado en general, sino que detestaba especialmente tenerlo en su casa.

“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos” (Sal. 101:7), para que el ejemplo impío y la tiniebla espiritual de personas malas en su medio no se pegara y corrompiera a los moradores. La imitación es natural en los niños: imitan a sus familiares y amigos. Porque, según el proverbio: “El que vive con un cojo aprenderá a cojear” (Prov. 22:24-25). Los niños en especial corren el peligro de infectarse por las compañías lascivas y corruptas. Muchos chicos de padres consagrados se han corrompido por andar siempre con los hijos malos de vecinos impíos.

6. Hagan que las reprensiones prudentes y en el momento preciso sean administradas según la naturaleza y calidad de las fensas. Empiecen suavemente. Usen toda la persuasión posible para atraerlos a los caminos de Dios. Cuéntenles de las recompensas de gloria, la dulce comunidad en el cielo; esfuércense por poner en sus corazones la verdad de que Dios puede llenar sus almas con un gozo imposible de encontrar en el mundo. “A algunos que dudan, convencedlos” (Jud. 22).

Pero si esto no da resultado, comiencen a incluir expresiones más graves de la ira divina contra el pecado. Así como hay un nexo entre las virtudes, lo hay también entre las pasiones. El amor y la ira no son enteramente “sentimientos incompatibles”. No, el amor puede ser el principio y fundamento de la ira, que lanza sus flechas reprochadoras contra el blanco del pecado… Pueden decirle a su hijo con algo de severidad, que si sigue en su camino pecaminoso, Dios se indignará, y ustedes también. Luego háganle saber que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). Esta es la manera de aplicar el “Airaos, pero no pequéis” como manda el apóstol (Ef. 3:26). No permitan que sus pasiones, como torrentes incontrolables, se desborden de los límites establecidos por las Escrituras y la razón. Hay una indignación seria y sobria que produce respeto y conduce a una reforma. Pero la que incluye un estrépito horrible y gritos desaforados fluye del pecho de los necios. Sería en vano que quisieran ustedes ganar a otros cuando ustedes mismos son abusivos y descontrolados. ¿Cómo puede alguien en tal estado razonar con otro en su mismo estado? El que es esclavo de su irascibilidad no puede ofrecer reprensiones nobles.

El niño jamás podrá convencerse de que tal indignación proviene del amor cuando lo obligan a aguantar los abusos diarios de un temperamento encolerizado, cuando por parentesco está siempre expuesto a un temperamento dominado por la ira que se tiene que desquitar con alguien… Entonces, administren con prudencia sus reprensiones. Recubran esas píldoras amargas con la esperanza de volver a ganarse su favor en cuanto se corrige. Consideren igualmente la posición y el lugar de sus distintos familiares. A la esposa no hay que reprenderle delante de los hijos y los sirvientes, para no menoscabar su autoridad. El desprecio mostrado hacia la esposa terminará siendo contraproducente para el marido. También, las pequeñas ofensas de los hijos y sirvientes, si no fueron
cometidas en público, deben ser reprendidas en privado. Pero, sobre todo, tengan cuidado de no reprenderlos más por las ofensas contra usted que por las ofensas contra Dios. Si tienen motivos para indignarse, no empeoren las cosas sino que procuren calmarse antes de tomar alguna medida.

No den demasiada importancia a las debilidades. Si todavía no son pecaminosas, repréndanlos con la expresión de su rostro y no con agresiones amargas. Reserven sus reprensiones públicas y ásperas para las ofensas abiertas y escandalosas, para transgresiones reiteradas que demuestran mucha indiferencia, o desprecio y desdeño.

7. Mantengan una práctica constante y vigorosa de los deberes santos en el seno familiar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, dijo Josué (Jos. 24:15). Moisés mandó a los israelitas que repitieran una y otra vez en familia y en privado con sus hijos las leyes y los preceptos que Dios les había dado (Deut. 6:7). Las enseñanzas y exhortaciones de los siervos de Dios en público deben ser constantemente repetidas en casa a los pequeños. Samuel hizo una fiesta en su propia casa después del sacrificio (1 Sam. 9:12, 22). Job y otros realizaban sacrificios con sus propias familias. El cordero pascual debía ser comido en cada casa en particular (Éxo. 12:3, 4). Dios dice que derramará su “enojo sobre los pueblos que no te conocen” (Jer. 10:25). Mantener estos deberes familiares hace de cada hogar un santuario, un Betel, una casa de Dios. Aquí quiero recomendar que los cristianos no sean demasiado tediosos en su cumplimiento de los deberes de adoración privada. Cuídense de no hacer que los caminos de Dios sean una carga y una cosa desagradable. Si a veces Dios les toca el corazón de un modo especial, no rechacen ni repriman la inspiración divina, pero en general esfuércense por ser concisos y breves. Muchas veces el espíritu está dispuesto cuando la carne es débil (Mat. 26:41). Y a uno le es fácil no distraerse durante un tiempo breve, pero la plática larga da ocasión para distraerse mucho. “Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Ecl. 5:2). Igualmente es bueno variar los deberes religiosos: a veces canten y a veces lean, a veces repitan, a veces catequicen, a veces exhorten. Pero hagan dos cosas a menudo: ofrezcan el sacrificio de las oraciones y hagan que los hijos lean cada día alguna porción de las Sagradas Escrituras.

 

Continuara …

 

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 2

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En 1536 llegó a Ginebra camino a Estrasburgo. Sin embargo no pudo continuar su viaje debido a que su compatriota Guillaume Farel lo convenció para que se quedara en la ciudad y colaborara con él en las tareas de reforma evangélica allí emprendidas. Por aquel tiempo el movimiento reformado en Suiza, iniciado por Zuinglio en Zurich, había ya arraigado en importantes cantones helvéticos, y contaba con destacados líderes evangélicos: Capito y Ecolampaio en Basilea, Haller en Berna, Vadiano en St. Gall, Viret en Lausana, Farel en Ginebra y Bullinger en Zurich. Si bien al principio Ginebra acogió favorablemente el ministerio de Calvino, las rígidas medidas disciplinarias impuestas por el joven reformador determinaron el rechazo de la población y la consiguiente expulsión de la ciudad. La estancia en Ginebra había durado menos de dos años. Aceptando la invitación de Martín Bucero, Farel y Calvino se instalaron en Estrasburgo. En esta ciudad Calvino pastoreó una pequeña congregación de refugiados franceses e inició un ambicioso esquema de reformas religiosas en conformidad con su visión bíblica de lo que había de ser una verdadera iglesia cristiana. En buena medida estas medidas encontrarían más tarde debido cumplimiento en Ginebra, donde a instancias y súplicas de las autoridades de la ciudad Calvino regresó de nuevo en 1541. Catorce años de “pacificación espiritual”, escribe Beza, fueron los que necesitó Calvino para implantar su plan de reformas religiosas, sociales y políticas . Al término de las mismas, según el testimonio del escocés John Knox, Ginebra se convirtió “en la más perfecta escuela de Cristo que jamás haya existido desde tiempos apostólicos”.

Calvino, ya desde el inicio de su ministerio, tuvo conciencia de su propia excepcionalidad en cuanto a dones espirituales y capacidades intelectuales; pero también tuvo conciencia de la extraordinaria tarea reformadora a él encomendada por llamamiento de Dios. Ante estas dos realidades, Calvino asumió una inquebrantable doble determinación: la de que se le conociera por sus reformas y escritos, y se le desconociera por lo que era en la esfera de lo personal. Sus escritos eran importantes por centrarse en la gloria y grandeza de Dios; mientras que por lo personal y propio él no era más que un insignificante “gusano de Jacob”. Muy celoso fue siempre Calvino de su “escondimiento personal”, al extremo de proyectarlo más allá de su muerte, pues dio estrictas instrucciones a sus amigos para que, llegado el día, se ocultara el lugar exacto donde habían de ser enterrados sus restos mortales. Al igual que Moisés, en modo alguno quería que su tumba fuera profanada por la idolatría. Ante la realidad de esta ocultación personal, motu proprio, poco es lo que sabemos de la biografía del Reformador, y para conocer algo hemos de hacernos eco de la información que sobré él nos ha llegado de los que le conocieron (particularmente de T. Beza). Por lo que podemos colegir de la información biográfica disponible, Calvino fue un hombre de férrea voluntad y determinación, y de profundos sentimientos —a los que siempre controló y sujetó bajo una estricta disciplina—. Por su carácter y actuación personal a la hora de asumir responsabilidades y obligaciones, se nos muestra siempre como un ejemplo modélico de creyente, que al igual que su admirado apóstol Pablo, ante cualquier situación, anímica o de índole exterior, podía afirmar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¿Ha sido por este dominio de sí mismo y de control de sus sentimientos que se le ha juzgado de frío y distante? Los que así piensan deberían leer un buen número de sus más de cuatro mil cartas en las que el Reformador muestra una desbordante riqueza de sentimientos y afectos personales.

Dicho esto, con toda su riqueza personal y de carácter, Calvino no despierta el atractivo humano de Lutero. El reformador alemán, con todos sus defectos y virtudes, se nos aparece como un hombre más “como nosotros”. Con su “reina Catalina”, a la que amaba “tanto o más que a la Epístola a los Gálatas”, fundó un hogar cristiano, ejemplo de virtudes familiares y modelo de hospitalidad bíblica para propios y extraños. Del calor humano de sus Charlas de sobremesa, participan todavía hoy los que a través de la lectura de sus páginas se sientan en torno a la gran mesa preparada por la “reina Catalina”. Gracias a Lutero, el hogar del ministro de Dios pasa a desempeñar un papel decisivo en la esfera religiosa, social y cultural de los países protestantes. Pero en el hogar de Calvino no hemos podido entrar. ¿Qué era para Calvino, por ejemplo, el enamoramiento y la relación afectiva en el matrimonio? Nos asaltan muchos interrogantes sobre este particular al recordar cómo entró el Reformador en la orden de los casados. Al insistir sus amigos en que no “era bueno que el hombre estuviera solo”, y que por su salud débil y enfermiza había de casarse, Calvino accedió a entrar en el estado matrimonial bajo la condición de que fueran sus amigos los que le encontraran “la esposa ideal”. Y así fue: en 1540 contrajo matrimonio con Idelette de Bure, viuda y madre de dos hijos. De este matrimonio nació un hijo que murió en la infancia. Idelette moriría nueve años más tarde. Calvino permaneció viudo el resto de su vida.

Continuara…

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Maridos amen a sus esposas 4

Blog93

Acerca de descuidar la edificación de la esposa: Lo contrario es la práctica de los que ejerciendo sus profesiones en lugares donde la Palabra abunda, prefieren por placer, satisfacción, comodidad y economía, mudar a sus familias a lugares remotos donde escasea la predicación o ni la hay. Dejan allí a sus esposas a cargo de la familia, sin tener en cuenta su necesidad de la Palabra, porque ellos mismos se van a Londres u otros lugares parecidos en razón de sus profesiones, y allí disfrutan de la Palabra. Muchos, abogados y otros ciudadanos son culpables de descuidar a sus esposas en este sentido.

También lo son aquellos que abandonan todo ejercicio religioso en sus casas,
convirtiéndolas en guaridas del diablo en lugar de iglesias de Dios. Si por falta de medios, públicos o privados, la esposa vive y muere ignorante, irreverente, infiel e impenitente lo cual significa condenación eterna, sin duda su sangre le será demandada a él porque el esposo es guardia de su esposa (Eze. 3:18).
Acerca del cuidado del marido en mantener a su esposa durante toda la vida: la manutención cariñosa del marido por su esposa debe ser mientras ella viva, sí, también en el caso que ella lo sobreviva. No que pueda él hacer algo después de muerto, sino que antes de su muerte ha tomado las medidas para su futuro sustento, de modo que después
ella pueda mantenerse independientemente y vivir en el mismo nivel que antes. [Él debiera por lo menos] dejarle no solo lo que tenía con ella, pero algo más también como testimonio de su amor y preocupación por ella. Los maridos tienen el ejemplo de Cristo para imitar, porque cuando este partió de este mundo dejando a su iglesia aquí en la tierra, dejó su Espíritu, que le proporcionó a ella dones tan o más abundantes (Ef. 4:8), como si Cristo estuviera todavía con ella. En el caso de muchos que mantienen a sus esposas mientras viven con ellas, a su muerte demuestran que realmente no la amaban. Todo había sido para aparentar.
Acerca de lo gratuito del amor de los maridos: La causa del amor de Cristo fue su amor, como dice Moisés, demostró su amor porque los amaba (Deut. 7:7-8). El amor surgió solo y absolutamente de él mismo y era gratuito en todo sentido: no había nada en la iglesia, antes de que Cristo la amara, para motivarlo a amarla, por lo que no había
nada que él pudiera esperar después, más que lo que él mismo daría.
Ciertamente se deleita en esa justicia que tiene como si vistiera un manto glorioso y con gracias celestiales como si estuviera adornada con piedras preciosas. No obstante, esa justicia y esas gracias son de él y otorgadas gratuitamente por él. Se presenta a sí mismo una iglesia gloriosa (Ef. 5:27).
En imitación de esto, los maridos deben amar a sus esposas, aun cuando no hubiere en ellas nada que los mueva a amarlas, fuera del hecho de que son sus esposas. Sí [deben amarlas] aunque no puedan esperar nada de ellas en el futuro. El verdadero amor respeta al objeto que ama, y considera el bien que le puede hacer, en lugar de esperar el
bien que pueden recibir del objeto de su amor. Porque el amor no busca lo suyo (1 Cor. 13:5)… El amor de Cristo debiera impulsar aún más a los esposos para hacer todo lo que esté en su poder a fin de amarlas sin reservas. Entonces será cierto que viven con sus esposas sabiamente (1 Ped. 3:7), y su amor se parecerá al de Cristo: será gratuito.
Acerca de que los maridos amen a sus esposas más que a sí mismos: No se puede expresar la magnitud del amor de Cristo, porque sobrepasa toda medida. Se dio a sí mismo por su iglesia (Ef. 5:25), fue ese Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas (Juan 10:11). “Nadie tiene mayor amor que este” (Juan 15:13). ¿Qué no hará por su esposa por quien dio su vida?
Acerca de la falta de consideración de los maridos: Lo contrario es su falta de consideración que prefieren cualquier trivialidad propia antes que el bien de sus esposas: sus ganancias, sus placeres, su progreso, sin ningún sentimiento por sus esposas. Si se requiere de ellos algún esfuerzo extraordinario en favor de sus esposas, entonces se notará el poco amor que le tienen.
Acerca de la constancia del amor de los maridos: La duración del amor de Cristo es sin fecha: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Su amor era constante [no por arranques, amando ahora, luego odiando] y sin fin (Os. 2:19) [nunca arrepintiéndose de él, nunca cambiando de idea]. Ninguna
provocación ni ninguna transgresión pueden hacerle olvidar de amar o dejar de hacer aquel bien que tenía la intención de hacer para su iglesia. Note que le dijo aun cuando ella se rebeló contra él: “Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí dice Jehová!” (Jer. 3:1) y también “Mi misericordia no se apartará” (2 Sam. 7:15)…
Porque su amor no depende del desierto de su iglesia sino de lo inmutable de propia voluntad. Así como esto demuestra que el amor de Cristo es un amor auténtico, demuestra también que es provechoso y beneficioso para la iglesia, la cual a pesar de sus muchas faltas, por ese amor es glorificada.

Continuará …

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

La vida de Juan Calvino 2

Blog91B

En Mayo de ese año fue a Noyon para presentar la dimisión de los beneficios que recibía de la Iglesia católica romana. Calvino había recibido beneficios de la iglesia desde los 12 años de edad, pero poco antes de cumplir 25 años lo dejó todo. En aquel tiempo fue encarcelado dos veces brevemente.

Hacia el fin de ese año se encontró en Poitiers, reuniéndose con unos protestantes en una caverna y celebrando con ellos la Santa Cena. En aquel tiempo el rey de Francia, Francisco I, quemó a treinta y dos “herejes” en cuatro lugares públicos en la ciudad de París y declaró que haría lo mismo con sus propios hijos si fueran infectados con las herejías de los que no creían en la misa como celebrada por los católicos. Viendo la situación Calvino y el canónigo salieron de Francia y fueron a Basilea en Suiza.

Allí Calvino estudió más He-breo y terminó la Institución, la cual se publicó (en latín) en 1536 con 6 capítulos. Fue dedicada al rey de Francia, Francisco I. Tenía un propósito doble: quería que el Rey leyera y considerara lo que escribió, y a la vez quiso ayudar a los creyentes verdaderos a entender y confesar su fe.

Después de escribir la Institución hizo un viaje a Italia. En abril de 1536 comenzó a viajar de Italia hacia Estrasburgo en Alemania. Debido a una guerra, en la providencia de Dios Calvino fue obligado a desviarse por Suiza.

Ginebra era una ciudad en Suiza en la cual la Reforma protestante prevaleció por medio de hombres como Guillermo Farel. En mayo de 1536, “el pueblo reunido en Concilio general, adoptó oficial-mente la Reforma” (Irwin, p. 29). Calvino llegó de paso como dos meses después en julio de 1536, cuando Ginebra estaba comenzando el proceso de seguir la Reforma en serio. El fogoso predicador y reformador Guillermo Farel se enteró de la presencia de Calvino, ya conocido por muchos, y fue a saludarle e invitarle a permanecer con ellos y ayudar en la Reforma. Calvino mismo nos cuenta de lo que pasó:
“Cuando [Farel] comprendió que yo había puesto mi corazón en estudios privados y dándose cuenta de que no conseguía nada con sus súplicas, procedió a proferir una imprecación en el sentido de que Dios condenaría mi reclusión y mi aislamiento si yo no aportaba mi ayuda cuando la necesidad era tan urgente. Me sentí tan aterrado que desistí del viaje que había emprendido; pero, consciente de mi apocamiento y mi timidez, no me até a ninguna promesa para cual-quier particular cometido”. (De la introducción a los Salmos, citado en Calvino, profeta, p. 74).
Así comenzó su asociación con Farel y su compromiso con Ginebra.
Ginebra, Estrasburgo y Ginebra hasta la muerte (1536-1564)

En Ginebra Calvino buscó la verdadera reforma de la iglesia. A la vez las autoridades civiles iban promulgando leyes contra la in-moralidad y eso causó oposición a Calvino hasta en el Concejo, por-que los malvados le echaron la culpa por no poder vivir como quisieran. En 1538 el Concejo de la ciudad tomó dos decisiones:
1. Que no se rehusara a nadie la Cena del Señor. Así quisieron acabar con la disciplina en la iglesia, cosa que Calvino veía como una marca de la verdadera Iglesia.

2. Que el modo de celebrar la Cena del Señor fuera el adoptado en Berna, Suiza (con pan no leudado y vino). Con esa decisión el Concejo se apoderó de la autoridad en la Iglesia, y para Calvino y los otros pastores eso no era aceptable.

Calvino y sus colegas rehusaron someterse a esas directrices. El Consejo les prohibió predicar. Él y Farel predicaron, pero no celebraron la Cena. El Consejo se reunió el día siguiente, 23 de abril de 1538, y los condenó, dando a Calvino y a Farel tres días para salir de la ciudad. Salieron inmediatamente.

Desterrado de Ginebra, a Cal-vino lo buscó Martín Bucero de Estrasburgo en Alemania. Había una pequeña colonia de franceses protestantes que Calvino pastoreó además de enseñarles Teología. Comenzó los estudios bíblicos que luego resultaron en los valiosos comentarios que todavía están disponibles.

En Estrasburgo le hicieron ciudadano y le trataron relativamente bien, aunque vivió con pocos re-cursos. Allí halló una esposa idónea, Idelette de Bure, excelente mujer, la viuda de un hombre creyente. Ellos habían sido desterrados de Bélgica por su fe protestan-te. Se casaron en 1540 pero su vi-da matrimonial duró menos de nueve años. La amó profunda-mente y la honró en cartas escritas a otros. El único hijo que les nació vivo duró poco tiempo.

En Estrasburgo hizo una edición de la Institución en francés; el comentario sobre Romanos, un tratado sobre la Cena del Señor, y otras cosas, incluyendo la Carta al Cardenal Sadoleto. Ese hombre qui-so atraer la gente de Ginebra a la Iglesia católica romana nueva-mente, y Calvino, por amor al Señor y al Evangelio y a la gente de Ginebra, escribió a Sadoleto una carta pública, famosa por la suavidad y manera atractiva con la que trató de ganar al cardenal mismo a la fe.

No fue la voluntad de Dios que Calvino se quedara en Estrasburgo. En Ginebra, sus enemigos habían caídos en problemas graves y los líderes se dieron cuenta de cuánto necesitaban a Calvino.

Debido al maltrato que había recibido en Ginebra, Calvino no quiso volver; sin embargo, los de Ginebra lograron convencer aun a Bucero (que no quiso perder a Calvino de Estrasburgo) que era la voluntad de Dios que Calvino volviera a Ginebra. Negando a sí mismo y sometido al Señor, volvió a Ginebra en septiembre de 1541.

En Ginebra, Calvino tenía sus luchas y enemigos todavía, y tiempos de peligro, pero poco a poco iba logrando las reformas que anhelaba en la Iglesia.

Uno de los males que Calvino enfrentó fue la interferencia de las autoridades civiles en asuntos de la iglesia. Había personas que querían obligar a Calvino y a los otros pastores a no disciplinar a los malhechores y a darles la Cena del Señor. En ese punto Calvino fue intransigente y declaró en un sermón que escogería más bien ir a la muerte que permitir a un pro-fano tomar la Cena.

Aunque Calvino no creía que el Estado pudiera mandar a las iglesias cómo llevar la adoración y el ministerio, sí pensaba que el Estado o los magistrados tenían la potestad de juzgar y matar a los herejes; por lo menos a algunos herejes, condenados y excomulga-dos por la iglesia. El caso más famoso que involucró a Calvino fue el de Miguel Servet.

Servet era un médico español que por años había propugnado una doctrina antitrinitaria (sabelianismo o modalismo). Publicó un libro provocativo que promovía sus convicciones sobre el asunto. Servet había sido condenado por los católicos y estos lo iban a matar pero, logró escapar. Fue a Ginebra sabiendo que no sería bienvenido. Allí fue arrestado, acusado, condenado y quemado. Calvino tuvo una parte en el pro-ceso, como fiscal en la acusación. El estaba de acuerdo en que Servet merecía la muerte, pero Calvino no quiso que lo quemaran y sugirió que lo decapitaran. Los jueces hicieron caso omiso de su su-gerencia y Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553. Muchos han usado el caso de Servet para condenar a Calvino. Sin embargo, debemos reconocer que en aquel tiempo esas eran fueron comunes y corrientes. Con la luz y entendimiento que tenemos ahora, no creemos que fuera bien hecho; sin embargo, debemos reconocer la realidad de que Calvino en ese asunto fue un hombre de su tiempo. Servet hubiera sido matado en casi cualquier sitio del mundo europeo en aquel tiempo, porque fue un hombre desafiante y arrogante que había condenado a las iglesias que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad.

En 1555, después de muchos años de lucha, Calvino logró que el gobierno de Ginebra reconociera la autoridad de la Iglesia en asuntos que pertenecen a la Iglesia.

Calvino trabajó incansable-mente toda su vida. Quizás su duro trabajo causó que tuviera quebrantos de salud, muchos dolores de cabeza y malestares del estómago, pero a pesar de su mala salud, no se detenía.

A la larga no pudo más. El 25 de abril de 1564 hizo su testamento. El día siguiente se reunió con los cuatro síndicos de la ciudad y los senadores para dirigirles unas palabras finales. Otro día reunió a los pastores para darles una palabra final. El 27 de mayo de 1564, después de ese último tiempo de lucidez que muchos experimentan antes de morir, Calvino tranquilamente dio su último suspiro. Según su petición, fue sepultado como cualquier otro creyente de esa ciudad: sin pompa, en el cementerio común y sin señal alguna. Nadie puede indicar el lugar.

Sus enemigos lo acusaron de enriquecerse pero cuando murió era obvio que no había acumula-do bienes terrenales. Para poder dar a sus sobrinos una herencia, vendieron sus libros y pertenencias, porque no tenía mucho más que eso.

En su vida Calvino enseñaba y predicaba varias veces durante la semana. Escribió el equivalente de unos 60 tomos de libros, incluyen-do muchísimas cartas (como 4000 se han preservado) porque tenía contacto con perseguidos y otros en muchos lugares.

Era un hombre de humildad, fe y valor; diligente en su trabajo y fiel pastor. Sobre todo, sus amigos y feligreses reconocieron que era un hombre temeroso de Dios, dedicado a Él y la causa del evangelio.

 

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En inglés Calvin and Augustine, por B. B. Warfield, especialmente el primer capítulo “John Cal-vin: The Man and His Work”.

The Life of John Calvin, pequeño libro, fuente primaria, escrito por Teodoro Beza, un contemporáneo de Calvino, amigo íntimo por 16 años,

En español: Juan Calvino: su vida y su obra, por C.H. Irwin.

Juan Calvino: profeta contemporáneo, compilado por Jacob T. Hoogstra

Calvino, Antología, presentación y se-lección Dr. M Gutiérrez Marín

Así fue Calvino, por Thea B. Van Halse-ma.
Otras referencias útiles en español:

http://es,wikipedia.org/wiki/Juan_Calvino

http://biografas.blogspot.com/2007/05/juan -calvino.html.

http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_76 1570916/Juan_Calvino.html.

 

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com  | http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

Maridos amen a sus esposas 3

Blog92

.-Acerca de la severidad excesiva de los maridos para con sus esposas: Lo contrario es el rigor y la severidad de muchos maridos, que ejercen al máximo su autoridad, y no ceden nada a sus esposas como si fueran inferiores. Estos son:

1. Los que nunca están conformes ni satisfechos con lo que la esposa haga, sino que son siempre más y más exigentes.
2. Los que no les importa lo detestable y oneroso que resultan para sus esposa: detestables por traer a casa huéspedes que saben que no pueden atender, onerosos por traer visitas con demasiada e inoportuna frecuencia o imponiéndoles responsabilidades fuera de lugar y por sobre los asuntos de la casa. Imponer tales cosas con demasiada
frecuencia no puede más que hartarlas, y hacerlo irrazonablemente no puede menos que alterarlas y ofenderlas en gran manera [como en el caso de que la esposa esté débil por causa de alguna enfermedad, que esté embarazada o recién haya dado a luz, por estar amamantando u otras cosas similares que le impiden dar las atenciones que de otra
manera daría].
3. Sujetan a sus esposas como si fueran niñas o sirvientas, impidiéndoles hacer nada sin su conocimiento y sin su expreso consentimiento.

.-Acerca de los maridos que ingratamente desalientan a sus esposas: Lo contrario es la actitud desagradecida, quizá por envidia de los maridos que no se fijan en las muchas buenas cosas que hacen sus esposas todos los días sin recibir aprobación ni elogio ni recompensa, sino que  están prontos para criticar la menor falta o descuido en ellas. Hacen esto en términos generales como si ellas nunca hicieran nada bien, por lo que ellas tienen derecho a decir: “Hago muchas cosas bien, pero él lo ignora; pero si hago una cosa mal, no cesa de criticarme”.
.-Acerca de la manera como el marido instruye a su esposa: En cuanto a la instrucción, el apóstol agrega humildad. Instruid [dice él] con humildad a “a los que se oponen” (1 Tim. 2:25). Si los pastores deben instruir a su pueblo con humildad, cuanto más los maridos a sus esposas: en caso de encontrar oposición, no debe hacer a un lado la humildad, no debe hacerse a un lado en ningún caso. Observe el marido estas reglas que demuestran humildad:
1. Tome en cuenta la capacidad de su esposa y programe sus instrucciones en consecuencia. Si tiene poca capacidad, enseñe precepto por precepto, línea por línea, un poquito aquí un poquito allá. Un poquito a la vez [día tras día] llegará a ser mucho, y conforme ambos conocen lo enseñado, el amor de la persona que enseña aumentará.
2. Instrúyala en privado, solo usted y ella, para que no se ande pregonando su ignorancia. Las acciones privadas entre el hombre y su esposa son muestras de cariño y confianza.
3. En la familia, instruya a los hijos y sirvientes cuando ella está presente, pues así podrá ella aprender también. No hay manera más humilde y gentil de instruir, que instruir a terceros.
4. Junto con los preceptos añada comentarios dulces y expresivos como testimonios de su gran amor. Lo opuesto es instruir duramente, cuando los maridos pretenden hacerles entrar violentamente en la cabeza a sus esposas cosas que ellas no pueden comprender. Y aun sabiendo que ellas no pueden comprender, se enojan con ellas, y el enojo los lleva a decir groserías y a proclamar su ignorancia delante de los hijos, sirvientes y extraños. Esta dureza es tan contraproducente y exaspera tanto el espíritu de la mujer, que mejor es que el marido deje a un lado este deber si lo pretende cumplir de esta manera.

Acerca de que el marido debe proveer maneras para que la esposa sea edificada espiritualmente: Se deben proveer los medios para la edificación espiritual del alma de ella, tanto en privado como en público. En privado se refiere a los oficios santos y religiosos en el hogar, tales como leer la Palabra, orar, instruir y cosas por el estilo,
que son el alimento espiritual cotidiano del alma como lo es alimento cotidiano para nuestros cuerpos. El hombre, como cabeza de la familia, tiene el deber de proveer estos para el bien de toda su casa; y como marido, en especial para el bien de su esposa: porque para su esposa, al igual que para toda la familia, él es rey, sacerdote y profeta.
Por lo tanto, él solo, para el bien de su esposa, debe realizar estas cosas o conseguir que otro las haga. Cornelio mismo realizaba estos oficios (Hech. 10:2, 30). Micaía empleó a un levita [aunque su idolatría era mala, el hecho de que quisiera a un levita en su casa era
encomiable] (Jue. 17:10). El esposo de la sunamita proveyó un cuarto para el profeta y lo hizo especialmente por su esposa, porque fue ella quien se lo pidió (2 Rey. 4:11).
Medios públicos se refieren a las ordenanzas santas de Dios realizadas por el siervo de Dios. El cuidado del marido por su esposa en este respecto es ver que alguien más haga las cosas imprescindibles de la casa de modo que ella pueda participar de ellas. La Biblia
destaca que Elcana había provisto todo de tal manera que sus esposas podían ir con él todos los años a la casa de Dios (1 Sam. 1:7; 2:19): lo mismo dice de José, el esposo de la virgen María (Luc. 2:41). En aquella época había un lugar público que era la casa de Dios a dónde debían concurrir todos los años [sin importar la distancia desde su casa]. Los lugares donde vivían Elcana y José eran lejos de la casa de Dios, no obstante, ellos dispusieron todo de modo que no solo ellos, sino que sus esposas también fueran a los cultos públicos para adorar a Dios. En la actualidad hay muchas casas de Dios, lugares donde se adora a Dios en público, pero por la corrupción de nuestros tiempos, el ministerio de la Palabra [el medio principal para edificación espiritual] no prevalece en todas partes. Por lo tanto, tal debe ser el cuidado del marido por su esposa en este respecto, que la elección de su vivienda tiene que depender de que sea donde pueda tener el beneficio de la Palabra predicada, o si no, proveerle los medios para llegar semanalmente al lugar de predicación.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

 

Maridos amen a sus esposas 1

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Así como la esposa tiene que saber sus obligaciones, el esposo tiene que saber las suyas porque debe ser un guía y un buen ejemplo para su esposa. Debe vivir con ella sabiamente (1 Ped. 3:7). Más elevado es su lugar, más sabiduría debe tener para andar
digno de él. Descuidar sus obligaciones es sumamente deshonroso para Dios porque, en virtud de su posición, él es la imagen y gloria de Dios (1 Cor. 11:7).
Ese poder y esa autoridad que tiene puede ser perjudicial, no solo para su esposa, sino para toda la familia, pues puede abusar de ellos por su maldad. En su hogar no hay un poder superior que frene su furia, mientras que la esposa, aunque nunca tan malvada, puede por el poder de su esposo, ser sojuzgada y refrenada de sus maldades. Acerca de ese amor que los maridos les deben a sus esposas. Esta cabeza de todo el resto ––el Amor— se estipula y menciona en este y muchos otros lugares de las Escrituras, siendo evidente que todas las demás obligaciones se desprenden de él. Sin tener en cuenta los otros lugares donde se insiste en este deber, el Amor aquí se menciona expresamente cuatro veces. Además, se indica usando muchos otros términos y frases (Ef. 5:25, 28, 33).
Todas las ramas que crecen de esta raíz de amor, en lo que respecta a los deberes de los maridos, pueden categorizarse bajo dos encabezamientos: 1) un mantenimiento sabio de su autoridad y, 2) un manejo correcto de ella.
Estas dos ramas del amor del marido se hacen evidentes por la posición de autoridad en que Dios lo ha colocado. Porque lo mejor que cualquiera puede hacer y los mejores frutos del amor que cualquiera puede demostrar serán en su propia posición y en virtud
de ella. Entonces, si un marido renuncia a su autoridad, se priva de hacer ese bien y de mostrar esos frutos del amor que de otra manera mostraría. Si abusa de su autoridad, es como si desviara el filo y la punta de su espada erróneamente y, en lugar de sostenerla sobre su esposa para protegerla, se la clava en el corazón para su destrucción,
manifestando así más odio que amor. Ahora bien, para tratar estos dos temas más seria y particularmente:
1. En cuanto a que el marido mantenga sabiamente su autoridad: El precepto apostólico lo implica: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7), es decir, hacerlo lo mejor posible manteniendo el honor de la posición que Dios le ha otorgado, no como un tonto y necio que no entiende nada. El honor y la autoridad de Dios y de su Hijo Jesucristo son mantenidos por el honor y la autoridad del marido, así como la autoridad del rey es mantenida por el concilio de sus ministros y por otros magistrados bajo su mando, sí, la autoridad del marido en la familia es mantenida por la autoridad de su esposa: “El varón… es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1 Cor. 11:7).
De este modo se promueve en gran manera el bienestar de la esposa, tal como el bienestar del cuerpo es ayudado debido a que la cabeza permanece en su lugar. Si se pusiera la cabeza debajo de cualquier parte del cuerpo, el cuerpo y todas sus partes no harían más que ser dañados por ello. De la misma manera, la esposa y toda la familia serían dañadas por la pérdida de autoridad del marido.
Pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de que un marido mantenga su autoridad?
Respuesta: La directiva del apóstol a Timoteo de mantener su autoridad, ha de aplicarse en primer lugar para este propósito al marido: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12)…

Así es que la mejor manera como los maridos pueden mantener su autoridad es siendo un ejemplo de amor, seriedad, piedad, honestidad, etc. Los frutos de estas y otras gracias similares, demostradas por ellos delante de sus esposas y sus familias, no pueden dejar de producir un respeto reverente y consciente hacia él y en consecuencia podrán discernir con mayor claridad la imagen de Dios brillando en sus rostros. Acerca de la pérdida de autoridad de los maridos: Producen el efecto contrario si por sus groserías, descontroles, borracheras, lascivias, irresponsabilidad, despilfarros y otros comportamientos similares generan desprecio perdiendo así su autoridad. Aunque la esposa no debe aprovechar esto para despreciar a su marido, él bien merece ser
despreciado. Contrario también a las directivas bíblicas es la conducta severa,
áspera y cruel del marido quien pretende mantener su autoridad con violencia y tiranía. Esta conducta bien puede causar temor, pero un temor contraproducente ya que genera más odio que amor, más desprecio interior que respeto exterior.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

Señales y características del hombre piadoso 5ª Parte

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El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.

1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto  debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea
familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte?

Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

2. Por medio de meditación frecuente: “Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97). El alma piadosa medita sobre la veracidad y santidad de la Palabra. No solo tiene pensamientos pasajeros, sino que empapa su mente de las Escrituras: al meditar bebe de esta dulce flor y fija la verdad santa en su mente.

3. Por medio de deleitarse en ella. Es su recreación. “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16). Nunca nadie ha disfrutado tanto de una comida que le encanta, como disfruta el profeta de la Palabra. Efectivamente, ¿cómo podría un santo escoger otra cosa que deleitarse
grandemente en la Palabra cuando contiene todo lo que es y será siempre de más valor para él? ¿Acaso no se deleita un hijo al leer el testamento de su padre en que le deja todos sus bienes?

4. Por medio de guardarla. “En mi corazón he guardado tus dichos” (Sal 119:11), tal como uno guarda un tesoro para que nadie lo robe. La Palabra es una joya, el corazón es el joyero donde se debe guardar bajo llave. Muchos guardan la Palabra en su memoria, pero no en su corazón. ¿Y para qué guardaría David la Palabra en su corazón? “Para
no pecar contra ti”. Así como uno llevaría consigo un antídoto cuando va a un lugar infectado, el hombre piadoso lleva la Palabra en su corazón para prevenirse de la infección del pecado. ¿Por qué tantos se han envenenado del error, otros de vicios morales, solo por no haber escondido la Palabra como un antídoto santo en su corazón?

5. Por medio de preferirla por sobre todas las cosas como lo más preciado:
a. por sobre el alimento: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12).

b. por sobre las riquezas: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata”   (Sal. 119:72).

c. por sobre toda honra mundana. Es famosa la anécdota del rey Eduardo VI de
Inglaterra, quien, cuando en el día de su coronación le presentaron  Diocleciano (245-313) – emperador romano que persiguió a los cristianos.

6. Por medio de conformarse a ella. La Palabra es el reloj por el cual uno pone la hora de su vida, la balanza sobre la cual pesa sus acciones. El hombre piadoso vive la Palabra en su diario andar. El hombre piadoso ama la Palabra predicada que en realidad es un
comentario de la Palabra escrita. Las Escrituras son el oleo y bálsamo, la predicación de la Palabra es verterlos. Las Escrituras son las especies preciosas, la predicación de la Palabra es el molido de estas especies que producen una fragancia y un placer maravillosos… La predicación de la Palabra es llamada “poder de Dios para salvación”
(Rom. 1:16). Dice la Biblia que así es como Cristo nos habla desde el cielo (Heb. 12:25). El hombre piadoso ama la Palabra predicada en parte por el bien que ha derivado de ella: ha sentido el rocío caer con este maná, y en parte por ser la institución de Dios: el Señor ha designado esta ordenanza para salvarlo.

El hombre piadoso es un hombre que ora. Esto aparece en el texto: “Por esto orará a ti todo santo” (Sal. 32:6). En cuanto la gracia es derramada en el interior, la oración es derramada en el exterior: “Mas yo oraba” (Sal. 109:4). En el hebreo es: “Pero yo oración”. La oración y yo somos uno. La oración es el camino del alma hacia el cielo. Dios
desciende hasta nosotros por medio de su Espíritu, y nosotros subimos a él por medio de la oración. El hombre piadoso no puede vivir sin oración. El hombre no puede vivir sin respirar, tampoco puede el alma si no exhala hacia Dios sus anhelos. En cuanto nace el
infante de gracia, llora; en cuanto Pablo se convirtió: “Porque he aquí, él ora” (Hech. 9:11). Habiendo sido un fariseo, sin duda habría orado antes, pero lo había hecho superficial o livianamente, pero cuando la obra de gracia se había llevado a cabo en su alma, entonces realmente oraba. El hombre piadoso permanece todos los días en el monte de oración, comienza su día con oración, antes de abrir su negocio, le
descubre su corazón a Dios. Antes solíamos quemar perfumes dulces en nuestros hogares; la casa del hombre piadoso es una casa perfumada: extiende el perfume con el incienso de la oración. No comienza ninguna actividad sin buscar a Dios. El hombre piadoso consulta a Dios en todo.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”  en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de    A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

 

Señales y características del hombre piadoso 4ª Parte

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El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).

El hombre piadoso ama la Palabra escrita.

Crisóstomo compara las Escrituras a un jardín con canteros y flores. El hombre piadoso se deleita en caminar en este jardín y encontrar allí dulce descanso; ama cada rama y cada parcela de la Palabra.
1. Ama la parte consejera de la Palabra, dado que es una guía y una regla para la vida. Contiene credenda et facienda, que significa “cosas para 2 Juan Crisóstomo (347-407) – teólogo y expositor de la iglesia griega primitiva cuyo nombre, Crisóstomo, es un apelativo que significa “Boca de oro”.
2. El hombre piadoso ama la parte intimidante de la Palabra. Las Escrituras, como el Jardín del Edén, porque tiene el árbol de la vida, tiene también una espada flameante en sus portales. Esta es la amenaza de la Palabra: lanza fuego en el rostro de todo el que sigue obstinadamente en sus maldades: “Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados” (Sal 68:21). La Palabra no tolera la maldad. No deja que el hombre se quede entre el pecado y Dios: la verdadera madre no dejó que el niño fuera dividido en dos (1 Rey. 2:26), y Dios no deja que el corazón se divida.
3. El hombre piadoso ama las amenazas de la Palabra. Sabe que hay amor en cada amenaza; Dios no quiere que ninguno de nosotros se pierda, por lo tanto nos amenaza misericordiosamente, para que, con temor, nos apartemos del pecado. Las amenazas de Dios son como balizas en el mar que indican que hay rocas debajo del agua que son una amenaza de muerte para los que se acerquen. Las amenazas son un freno para que nos detengamos y no sigamos galopando derecho al infierno; hay misericordia en cada amenaza.
4. El hombre piadoso ama cada parte consoladora de la Palabra: las promesas. Se alimenta constantemente de ellas, como Sansón iba por su camino alimentándose de la miel del panal. Las promesas son puro alimento y dulzura, son nuestro aliento cuando desfallecemos, son los cauces del agua de vida. “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Sal. 94:24). Las promesas eran el arpa de David para espantar los pensamientos tristes; eran los pechos que le daban leche de consolación divina.

El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.
1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte? Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

 

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Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI

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“Sola Gratia y Sola Scriptura: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?”

Introducción

¿Qué es la verdad?” Esa fue la pregunta que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, le hizo a Jesucristo mientras lo juzgaba (Juan 18:38). Sin embargo, parece que  a Pilato no le interesaba la respuesta, sino más bien su pregunta fue un reflejo de su incredulidad. Al parecer, para él la verdad era lo que a uno le enseñaban a creer o lo que uno mismo elegía creer.

Para los cristianos la verdad puede ser hallada y el lugar está en la Biblia. Por este motivo, la Biblia, ha sido declarada como la base de la fe y la conducta. ¿Cuáles son las razones que explican tan alto lugar?

 

Respuesta 1: La misma recomendación escritural

  • El Apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:16-17:Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (RV 1960).
  • El autor de la Epístola a los Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).
  • El mismo Jesús. Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (RV 1960).

 

Respuesta 2: El legado de la Reforma Protestante

Qué duda cabe, un hito fundamental en la construcción y asimilación de esta convicción fue el proceso histórico conocido como Reforma protestante, esto ha quedado expresado en una de las cinco solas, a saber  el princopio de “Sola Scritpura

Esto debido a que a finales de la Edad Media, la Biblia sólo estaba disponible en latín, un lenguaje que la gente común de Europa ya no hablaba. Por eso, los reformadores se propusieron acercarles las Escrituras al traducirla a idiomas que sí podían entender.

Además estaba el problema de la predicación, pues los curas párrocos fueron incapaces de realizar una predicación cualificada y los Obispos, quienes tenían más conocimiento y capacidades tenían la obligación de predicar sólo diez veces al año.

 

¿Qué había pasado en el Siglo XV? Preparando el terreno

El siglo XV estuvo caracterizado entre otros aspectos de relieve por un sentimiento de creciente crisis en el seno de la Iglesia católica.

Durante aquellas agitadas décadas:

  • La corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia
  • Se produjo el denominado cisma de Occidente, esto implicó que existieran simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre sí y que se presentaban como el único pontífice legítimo
  • Fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca (que terminó aniquilando Bizancio en 1453)
  • Considerando este panorama, se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

De esta manera, si algo parecía indiscutible a finales del siglo XV era que la Iglesia necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Posición que era defendida por personajes que iban desde Lorenzo Valla a Erasmo, Tomás Moro y Luis Vives, Cisneros e Isabel la católica[1].

 

El Siglo XVI: un Siglo de cambios profundos

En este periodo, tuvieron lugar varios procesos muy importantes y paralelos:

  • El «descubrimiento» y conquista de América.
  • Desarrollo del Humanismo y Renacimiento.
  • La Reforma Protestante.

El Descubrimiento y la Conquista de América son bien conocidos, y se podría comentar mucho al respecto. Sin embargo, lo relevante es que durante un periodo de escasamente cien años las naciones europeas se derramaron por el resto del mundo, y especialmente por América.

Para la mente del habitante del Siglo XXI resulta difícil calibrar el impacto de este proceso, pero para hacernos una idea esto fue tan impactante y desafiante como la llegada del primer equipo a la luna en 1969 o como lo sería si en un plazo cercano se lograra llegar y colonizar Marte o incluso otro planeta más lejano. Pues esto implica un tremendo avance tecnológico, grandes cambios en los equilibrios de poder de los países involucrados en ello y por supuesto los desafíos propios de incorporar a la administración, comercio y cultura nuevos territorios.

Ahora bien, regresando al Siglo XVI, la conquista del Nuevo Mundo implicó que se multiplicó enormemente el número de los que se llamaban cristianos, aunque claro, esta incorporación fue a la fuerza en la mayoría de los casos y por supuesto no incluyó la fe de los Reformados.

Por otra parte, el movimiento intelectual conocido como Humanismo provocaba que se revisaran las bases del conocimiento acumulado hasta la fecha rescatando los escritos de la Antigüedad Clásica y por cierto cuestionando también los cimientos cristianos de la civilización.

A estos grandes procesos se suma la Reforma Protestante. La fecha que normalmente se señala como el comienzo de la Reforma es 1517, cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis. Aunque, ya habían movimientos reformadores desde mucho antes, lo cierto es que fue con Lutero y sus seguidores que el movimiento cobró un ímpetu incontenible[2]. Señala el historiador Jean Delumeau: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[3].

Ahora bien, regresemos a nuestra pregunta inicial: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?” Para ello realizaremos dos recorridos, el primero será a través de la relación de los llamados “Precursores de la Reforma” con las Escrituras[4] y en segundo lugar, del mismo Martín Lutero.

Los Precursores de la Reforma y las Escrituras

  • Los Valdenses: En el siglo XII, los Valdenses tradujeron el Nuevo Testamento del latín a sus dialectos regionales franceses. Según la tradición, tal era su compromiso con la Escritura, que las diferentes familias Valdenses memorizaban grandes porciones de la Biblia, de manera que si las autoridades católicas romanas les encontrasen y confiscasen sus copias impresas, serían capaces de volver a reproducir toda la Biblia de memoria.
  • John Wycliffe: En el siglo XIV, John Wycliffe y sus asociados en Oxford, Inglaterra tradujeron la Biblia del latín al inglés. Los seguidores de Wycliffe, conocidos como los Lolardos, iban de pueblo en pueblo predicando el evangelio y enseñando la Palabra en inglés.
  • Jan Hus: En el siglo XV, Jan Hus se convirtió en el predicador más popular de Praga al predicar en la lengua del pueblo y no en latin. Sin embargo, debido a que Hus insistió en que sólo Cristo es la cabeza de la iglesia y no el papa, el concilio católico de Constanza le condenó como hereje. Murió en como mártir en la hoguera en 1415.

 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

La Reforma Protestante y la lectura 3

Blog83

A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura. A continuación, analicemos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

En 1512 Lutero, hasta entonces monje agustino,  se doctoró en teología y por aquella época ya contaba con un conocimiento nada despreciable de la Biblia. Al iniciar sus tareas como expositor de las Escrituras, Lutero se encontró una vasta bibliografía exegética, enraizada en la literatura patrística. Ello ocurrió entre los años 1513 y 1515, época en que redactó las primeras notas sobre los Salmos. La primera dificultad con que tuvo que enfrentarse el Reformador fue el método empleado para analizar los textos bíblicos. El método que se usaba en aquel entonces trataba de extraer del texto cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico y analógico[1]. Fue el contacto con el texto sagrado el que empezó a proporcionarle una vía de salida a las angustias de los últimos años lo que derivó en la publicación el 31 de octubre de 1517 de las llamadas 95 Tesis. Al comienzo de la Reforma siguieron años de incertidumbre. Por un tiempo, tras la Dieta de Worms (1521), Lutero estuvo exiliado en Wartburgo.

Aunque Lutero tomó parte en las visitaciones y actividades semejantes, su principal actividad consistía no tanto en la organización externa sino en la predicación, la exégesis, el consejo espiritual y la preparación de tratados sobre las verdades de la salvación.  Como predicador trabajó en la iglesia de la ciudad con su amigo Bugenhagen, visitando también a los enfermos y realizando otras tareas de cuidado pastoral privado. Durante los años que seguirían a su regreso de Wartburgo:

  • 1522-24: Predicó sermones exegéticos sobre 1 y 2 de Pedro y Judas
  • 1523-27: Predicó sobre Génesis y Éxodo además de predicar sobre perícopas.
  • En 1524-25: Clases sobre Deuteronomio
  • En 1524-26: Clases sobre los Profetas menores, Eclesiastés e Isaías.
  • En 1526: Publicó su exégesis de Jonás y Habacuc
  • 1527: Exégesis de Zacarías.
  • En 1527: Se terminaron sus apostillas, la segunda parte no editadas por él mismo.
  • 1529: Publicación de El Pequeño y el Gran catecismo
  • 1531-35: Clases sobre Gálatas (la principal presentación de su doctrina de la salvación)
  • 1536-45: Clases sobre Génesis
  • 1532: Base de Hauspostille: Los sermones que predicó a sus hijos y casa, impedido de hacerlo en público por su mala salud
  • 1534: Se terminó la traducción de la Biblia, aunque hizo correcciones hasta 1545[2].

A propósito de esta traducción, claramente es una de las realizaciones maestras de Lutero. Incluso en la actualidad, en muchos países protestantes aquella es la que figura en las biblias políglotas que se encuentran en las habitaciones de los hoteles[3].

Se calcula que entre 1517 y 1525 se vendieron más de dos mil ediciones de los escritos del Reformador redactados entre esas dos fechas. Y entonces Lutero no se hallaba más que en el principio de su carrera, puesto que falleció́ en 1546. No es exagerado afirmar que fue el hombre del siglo XVI más impreso en su tiempo. El éxito de Lutero prosiguió después de su muerte. Ya en 1906 se enumeraban dos mil libros sobre su persona, sin contar los artículos y los ensayos[4]. Sin lugar a dudas, el estudio, la difusión y explicación de las Escrituras (a través de aproximadamente cincuenta y cinco obras[5]) fueron parte fundamental de la obra de Lutero.

Analicemos el legado de Juan Calvino, un profesor, pastor, comentarista, maestro y prolífico autor (con al menos cincuenta y nueve obras[6]). Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia, La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[7], de hecho, un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[8].

Claramente Martín Lutero y Juan Calvino continuaron y sobrepasaron con creces a sus antecesores en el proceso de Reforma a través de su intensa labor, lo que no cesó con ellos sino que fue una constante en el movimiento. A propósito de aquello, los autores del libro “La Reforma Ayer y Hoy” nos aportan una llamativa descripción del proceso en España: “La extensión que alcanza la Reforma en España, antes de desatarse las grandes persecuciones contra la misma en la segunda mitad de siglo XVI, resulta prodigioso. Los abundantes Autos de Fe, así como el gran número de exiliados, lo pondrán de manifiesto. Escribiendo en 1602, Cipriano de Valera nos dice que: “En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los Autos. No hay ciudad y, a manera de decir no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido ni aún tenga alguno o algunos que Dios, por su infinita misericordia, haya alumbrado con la luz del evangelio. Común refrán es el día de hoy en España cuando hablan de algún hombre docto decir: es tan docto que está en peligro de ser luterano[9].

Así entonces podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Protestante implicó también un profundo cambio en los hábitos de lectura pues la intención de sus protagonistas fue dar acceso a las Escrituras y sus verdades a la mayor cantidad de personas posible, aquello a través de la traducción del texto sagrado y la publicación de material de apoyo.

Entonces, ¿qué nos queda para los lectores del Siglo XXI?:

  • Problema de soporte: superado, pues en la actualidad podemos leer en diferentes tipos de ediciones y plataformas (aunque mi favorito siempre será el papel)
  • Problema de acceso: bastante superable (en la actualidad los servicios de envío y mensajería pueden ayudar a que los libros estén en nuestras manos, tablets o dispositivos en períodos relativamente razonables de tiempo)
  • Problema de cantidad de libros: superado (Según Google, en 2010 existían en el mundo ciento treinta millones de libros diferentes[10]; una asombrosa cantidad de 129.864.880 libros, de todas las lenguas, de todas las materias, de todas las culturas, de todos los tiempos y según la UNESCO se publican 2.2 millones de libros cada año[11]); el desafío entonces es el criterio para elegir una buena obra para leer.
  • Problema de selección: superado gracias a amigos lectores y distribuidores de limpia conciencia y buena voluntad (como por ejemplo los amigos de Solo Sana Doctrina).

Antes de finalizar, un par de datos interesantes para los amantes de la lectura: en la misma época de la invención de la imprenta y desarrollo de la Reforma Protestante comenzó también la difusión a escala masiva del café (el té ya era bastante más conocido) y también comenzó a llegar desde América el chocolate. Esta combinación de café y chocolate, es muy buena compañía para las jornadas de estudio y lectura. En conclusión, sin lugar a dudas, estamos en una época muy privilegiada. Entonces, organicemos el tiempo y ¿vamos a leer un buen libro?

 

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[1] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[2] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[5] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

[6] Puede revisar el listado en “John Calvin Books List”, https://www.ranker.com/list/john-calvin-books-and-stories-and-written-works/reference

[7] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[8] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[9] José Moreno Berrocal, Bernard Coster, José de Segovia “La Reforma Ayer y Hoy”, Básicos Andamio, Barcelona, España, 2012, Págs. 30-31. Disponible en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=515&controller=product

[10] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” en: https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuantos-libros-existen-mundo/20160628180330062423.html

[11] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” https://hipertextual.com/2017/04/cuantos-libros-existen-mundo

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

La naturaleza del hombre íntegro

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1. El de corazón íntegro es de un solo sentir, no tiene divisiones. Para el hipócrita hay muchos dioses y muchos señores, y tiene que dar parte de su corazón a cada uno. Pero para el íntegro, hay un solo Dios el Padre y un Señor Jesucristo, y con un solo corazón servirá a ambos. El hipócrita da su corazón a la criatura, y a cada criatura tiene que darle parte de su corazón, y dividir su corazón lo destruye (Os. 10:2). Las ganancias humanas llaman a su puerta, y tiene que darles una parte de su corazón. Se presentan los placeres carnales, y a ellos también tiene que darles parte de su corazón. Aparecen deseos pecaminosos, y les tiene que dar parte de su corazón. Son pocos los objetos necesarios, pero incontables las vanidades innecesarias. El hombre íntegro ha escogido a Dios y eso le es suficiente.

Un solo Cristo es suficiente para un solo corazón; de allí que el rey David oraba en el Salmo 86:11: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Es decir: “Déjame tener un solo corazón y mente, y que sea tuyo”. Hay miles de haces y rayos de luz, pero todos se unen y centran en el sol. Lo mismo sucede con el hombre íntegro, aunque tiene mil
pensamientos, todos (por su buena voluntad) se unen en Dios. El hombre tiene muchos fines subordinados ––procurar su sustento, cuidar su crédito, mantener a sus hijos—pero no tiene más que un fin: ser de Dios. Por lo tanto, tiene firmeza en sus determinaciones, esa concentración en sus deberes santos, esa constancia en sus acciones y esa serenidad en su corazón que los hipócritas miserables no pueden logar.

2. El corazón íntegro es recto y sin corrupción. “Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado” (Sal. 119:80). Cuando hay más sinceridad, hay menos vergüenza. La integridad es la gran autora de la confianza. Cada helada sacude al cuerpo enfermo, y cada prueba sacude al alma inicua. El íntegro quizá no siempre tenga
un color tan atractivo como el hipócrita, pero su color es natural: es suyo; no está pintado; su estado es firme. La hermosura del hipócrita es prestada; el fuego de la prueba la derretirá.

El íntegro tiene sus enfermedades; pero su naturaleza nueva las remedia, porque en su interior es recto. La lepra domina al hipócrita, pero la esconde. “Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (Sal. 36:2). Procura
esconderse de Dios, esconderse más de los hombres, y más aún de sí mismo. Con gusto podría seguir así para siempre creyendo que “su iniquidad no será hallada y aborrecida”. En cambio el hombre íntegro  siempre está examinándose y probándose: “¿Soy recto? ¿Estoy en lo correcto? ¿Estoy cumpliendo bien mis deberes? ¿Son mis debilidades según mi integridad?”

El santo íntegro es como una manzana que tiene manchitas en la cáscara, pero el hipócrita es como la manzana con el centro podrido. El cristiano sincero tiene aquí y allá manchitas de pasión, otras de mundanalidad y alguna de soberbia. Pero si lo cortamos y analizamos, lo encontramos recto de corazón. El hipócrita es como una manzana que es lisa y hermosa por fuera, pero podrida por dentro. Sus palabras son correctas, cumple sus deberes con devoción y su vida es intachable; pero véanlo por dentro: su corazón es una pocilga de pecado, la guarida de Satanás.

Richard Steele 1

3. El corazón íntegro es puro, sin contaminación. No es absolutamente puro, porque esa feliz condición es reservada para el cielo; pero lo es en comparación con la contaminación y la vil mezcla que es el hipócrita. Aunque su mano no puede hacer todo lo que Dios manda, su corazón es sincero en todo lo que hace. Su alma se empeña en lograr una pureza perfecta, de manera que de eso deriva su nombre.

“Bienaventurados los limpios de corazón” (Mat. 5:8). A veces falla con sus palabras, con sus pensamientos y acciones también. Pero al poner su corazón al descubierto, se ve un amor, un anhelo, un plan y un esfuerzo para llegar a tener una limpieza real y absoluta. No es legalmente limpio, o sea, libre de todo pecado; pero es limpio según el evangelio, o sea, libre del dominio de todo pecado, especialmente de la hipocresía, la cual es totalmente contraria al pacto de Gracia. En este sentido, el hombre íntegro es el puritano de las Escrituras, y por lo tanto está más lejos de la hipocresía que cualquier otro. Está realmente contento que Dios es el que escudriña los corazones, porque entonces sabe que encontrará su nombre y naturaleza en su propio pueblo escogido.

No obstante, aun el más íntegro de los hombres en el mundo tiene en él algo de hipocresía. “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Prov. 20:9). Detecta, resiste y aborrece esta hipocresía de modo que no se le puede llamar hipócrita en este mundo, ni condenarlo como tal. Sus propósitos son generalmente puros para la gloria de Dios; el estado de su corazón y de sus pensamientos
son generalmente mejor que su exterior; más se lo estudia, mejor es. Es limpio de deshonestidad en sus relaciones, más limpio aún de toda apariencia de iniquidad ante su familia, más limpio aún en su intimidad, y sobre todo, limpio en su corazón. Aunque hay allí pecado, hay también aversión hacia él, de modo que no se mezcla con él.

El hipócrita escoge el pecado, en cambio, si del íntegro dependiera, no tendría ningún pecado. El viajero puede encontrarse con lodo en su camino, pero hace todo lo que puede por quitárselo. Los cerdos lo disfrutan y no pueden estar sin él. Sucede lo mismo con el hombre íntegro y el hipócrita. Aun el santo más íntegro sobre la tierra a veces se ensucia de pecado, pero no lo programó en la mañana, ni se acuesta con él en la noche. En cambio el hipócrita lo programa y se deleita en él; nunca está tan contento como cuando está pecando. En una palabra, el hipócrita puede evitar el pecado, pero nadie aparte del hombre íntegro, aborrece el pecado.

Versiculo 195

4. El íntegro es perfecto y recto sin reservas. “Observa al hombre perfecto, y mira al íntegro” (Sal. 37:37, traducido de la versión King James para esta obra). Ver al uno es ver al otro. Su corazón está enteramente sujeto a la voluntad y los caminos de Dios. El hipócrita siempre busca algunas excepciones y pone las cosas en tela de juicio.

“Tal pecado no puedo abandonar, tal gracia no puedo amar, tal deber no cumpliré.” Y muestra su hipocresía agregando: “Hasta aquí cederé, pero no más, hasta aquí llegaré. Es consecuente con mis fines carnales, pero todo el mundo no me persuadirá a ir más allá” A veces, el razonamiento del hipócrita lo llevará más allá de su voluntad, su conciencia más allá de sus afectos; no es de un solo sentir, su corazón está dividido, así que fluctúa constantemente.

El íntegro tiene solo una felicidad, y esta es disfrutar de Dios; tiene solo una regla, y esta es su santa voluntad; tiene una sola obra, y esta es complacer a su Hacedor. Por lo tanto, es de un solo sentir y resuelto en sus decisiones, en sus anhelos, en sus caminos y su planes. Aunque puede haber alguna tardanza en el cumplimiento de su misión principal, no titubea ni vacila entre dos objetos, porque está enteramente decidido, de modo que de él puede decirse que es “perfecto e íntegro, sin falta alguna”.

Hay en todo hipócrita algún tipo de baluarte que nunca ha sido entregado a la soberanía y el imperio de la voluntad de Dios. Alguna lascivia se fortifica en la voluntad; en cambio, donde entra la integridad esta lleva cada pensamiento cautivo a la obediencia de Dios. Dice: “Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre” (Isa. 26:13). Aquí está el íntegro.

5. El corazón íntegro es cándido y no tiene malicia. “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Sal. 32:2). He aquí ciertamente un mensaje bendito. ¡Ay! Tenemos grandes y muchas iniquidades; ¿no es mejor para nosotros ser como si nunca hubiéramos pecado? Por cierto que una falta de culpa es tan buena para nosotros como si nunca hubiera sucedido una falta; que los pecados remitidos son como si nunca se hubieran cometido; que en el libro de deudas pendientes estas estuvieran tachadas como si nunca hubiera existido la deuda. Pero, ¿quién es ese hombre bendito? Aquel “en cuyo espíritu no hay engaño”, es decir no hay engaño fundamental.

Él es el hombre que sin engaño ha pactado con Dios. No tiene ningún engaño que lo lleve a ceder a alguna forma de iniquidad. No hace tretas con Dios ni con los hombres ni con su propia conciencia. No esconde sus ídolos cuando Dios está revisando su tienda (Jos. 7:21). En cambio, como sigue diciendo el Salmo 32:5, reconoce, aborrece y deja su pecado. Cuando el hombre íntegro confiesa su pecado, le duele el corazón y está profundamente perturbado por él; no finge para disimularlo. Aquel que le finge a Dios, le fingirá a cualquier hombre en el mundo. Vean la gran diferencia entre Saúl y David. Saúl es acusado de una falta en 1 Samuel 15:14. Él la niega, y vuelve a ser acusado en el versículo 17. Sigue restándole importancia al asunto y busca hojas de higuera para tapar todo. Pero David, de corazón honesto, es distinto: se le acusa, y cede; una pequeña punción abre una vena de sufrimiento en su corazón. Lo cuenta todo, lo vuelca en un salmo que concluye diciendo “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo” (Sal. 51:6). El hombre sincero dice: “En cuanto a mí, con el íntegro me mostraré íntegro”.

Tomado de The Character of the Upright Man. Soli Deo Gloria

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y autor puritano; nacido en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

Dios cumplirá su palabra

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“Dios no es hombre, para que mienta” (Núm. 23:19).

ASI NO hay peor cosa que manifieste con más fuerza la depravación de nuestra naturaleza que esa propensión a mentir que percibimos en los niños en cuanto empiezan a hablar. Cuando los hombres ya han desarrollado su razonamiento, con demasiada frecuencia se desvían de la verdad, a veces por olvido, a veces por un cambio de sentimiento o de manera de pensar y a veces por su incapacidad de cumplir su palabra. Por lo tanto, es característico del hombre mentir: y todos somos tan sensibles a esto, que en cuestiones muy importantes exigimos de los hombres un juramento que confirme su palabra, y hacemos con ellos acuerdos por escrito, que somos cuidadosos en que sean correctamente avalados. Ahora bien, tenemos la tendencia de “pensar que Dios es alguien como nosotros”, y que podemos convencerlo de que “cambie la palabra que ha salido de su boca”. Resulta evidente que Balac tenía este concepto de él y procuró con muchos y repetidos sacrificios desviarlo de su propósito. Pero Balaam fue inspirado a declarar la vanidad de semejante esperanza, y de confirmar por medio de una
comparación muy humillante la inmutabilidad de Jehová.

Para demostrar el significado completo de sus palabras, observamos que:

I. Algunos piensan que Dios miente. Dios nos ha dicho en fuertes y repetidas declaraciones que “tenemos que nacer de nuevo”: pero esto no lo creen para nada:

1. Los profanos
Se convencen a sí mismos que la severidad en la religión que implica el nuevo nacimiento no es necesario; y que irán al cielo a su manera.
2. Los farisaicos
Consideran la regeneración como un sueño de devotos débiles; y se quedan satisfechos con “la forma externa de piedad” sin experimentar “el poder de ella”.
3. Los eruditos hipócritas de la religión
Estos, habiendo cambiado su credo junto con su conducta exterior, se creen cristianos, a pesar de que su fe no “vence al mundo”, ni “obra por amor”, ni “purifica sus corazones”.
No cabe duda de que todas estas personas creen que Dios puede mentir: porque si realmente creyeran que “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”antes de poder entrar en el reino de Dios, se preocuparían por saber si tal cambio ha ocurrido en ellos; no estarían tranquilos hasta tener una evidencia bíblica de que realmente son “nuevas criaturas en Cristo Jesús”. Pero como esto no es de ninguna manera el caso de ellos; es evidente que “no creen el registro de Dios” y, en consecuencia, por más dura que parezca la expresión, “hacen de Dios un mentiroso”. Mientras que algunos no vacilan en tener estos deshonrosos pensamientos acerca de Dios,

II. Otros temen que pueda mentir. Esto es común entre las personas:

1. Bajo convicción de pecado
Cuando los hombres están profundamente convencidos de pecado, les resulta muy difícil descansar simplemente en las promesas del evangelio. Dios promete no echar fuera a nadie que acuda a él por medio de Cristo Jesús; de lavarles los pecados más negros y de
colmarlos de todas las bendiciones de la salvación gratuitamente “sin dinero y sin precio”. Ahora bien, esto parece demasiado bueno como para ser verdad: no pueden concebir cómo Dios pueda “justificar al impío” y, por lo tanto, se esfuerzan por llegar a ser píos primero, a fin de ser justificados: y si no pueden acercarse primero con algún pago en sus manos, se quedan atrás, y caen en temores desalentadores.
2. Bajo tentación o deserción
Dios ha declarado que “no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. Pero cuando se enfrentan con la tentación, es probable que digan, como David; “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl” (1 Sam. 27:1). No ven modo de escapar y, por lo tanto, temen que la próxima ola los vencerá totalmente.
Si Dios en estas ocasiones esconde su rostro, concluyen que “no hay esperanza”, piensan que “su misericordia ha desaparecido para siempre, su bondad ha terminado para siempre”, pero en realidad Dios con tanta frecuencia y tan expresamente ha declarado que “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).
Ahora bien, esta personas, a diferencia de los impíos, no piensan a conciencia que Dios puede mentir; pero tienen temores nacidos de la duda de que acaso sí mienta: y que así piensan es obvio porque, de lo contrario, creerían lo que Dios dice: “confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios” (Isa. 50:10).
Así es generalmente la veracidad de Aquél que es la verdad misma, que no puede ser cuestionada ni negada:

III. Dios no miente ni puede mentir. Es inexpresablemente humillante que los pastores se vean forzados a vindicar la veracidad de Dios. Pero en vista de que él mismo ha
considerado apropiado hacerlo en los oráculos sagrados, y como la falta de fe de los hombres es tan profunda, es necesario que procedemos a demostrar que:

1. Dios no miente
Primero, escuchemos los testimonios de los que lo pusieron a prueba. ¿Ha habido alguien con más oportunidad de probar su fidelidad que Moisés, Josué y Samuel? Todos ellos dan testimonio de la manera más solemne de que nunca fueron engañados en nada, ni de que jamás lo serían (Deut. 32:4; Jos. 23:14; 1 Sam. 15:29).
Segundo, prestemos atención a las propias afirmaciones y apelaciones de Dios (Isa. 5:4; 49:19). ¿Acaso se aventuraría a hablar con tanta fuerza para defenderse a sí mismo si sus criaturas pudieran confirmar sus acusaciones en su contra? Amenazó castigar a los
ángeles si desobedecían; pronunció una maldición sobre Adán si comía del árbol prohibido; amenazó destruir todo el mundo con un diluvio; y de destruir a Sodoma y Gomorra con fuego y azufre y de dispersar sobre la faz de la tierra a los que una vez fueron su pueblo escogido. Considere ahora si no cumplió con alguna de estas
amenazas. También prometió que enviaría a su único y amado Hijo a morir por los pecados; y de hacerlo grande entre los gentiles mientras que su propia nación lo rechazaba casi universalmente. ¿Acaso ha sido olvidada cualquiera de estas promesas? O, si tales promesas y amenazas han sido cumplidas, ¿hay alguna razón para dudar de
alguna otra parte que todavía tiene que cumplirse? ¿Acaso no son sus acciones del pasado pruebas y votos de lo que realizará en el futuro? (2 Ped. 2:4-9; Judas 7).
2. No puede mentir
La verdad es tan esencial a la naturaleza divina como lo son la bondad, la sabiduría, el poder o cualquier otro atributo; así que puede tan fácilmente dejar de ser bueno, o sabio o poderoso, como puede dejar que “ni una jota ni un tilde perezca de la ley”. Si pudiera
despojarse por un momento de la verdad, dejaría de merecer toda la confianza o el afecto. Si uno dice de alguien: “Es grande, y sabio, y generoso, pero no se puede depender de su palabra”, ¿no sería considerado en general como una persona despreciable? ¿Cómo
entonces, sería degradado Jehová si se le pudiera imputar semejante debilidad?
Parece que San Pablo fue particularmente cuidadoso en prevenirnos contra tener la duda aun más pequeña acerca de la veracidad divina; porque abunda en expresiones que declaran su perfección. Dice: “Dios… no puede mentir” (Tito 1:2) y también “no
se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13) y luego en términos más contundentes: “Es imposible que Dios mienta” (He. 6:18). Ni se piense que esto le quitaría poder a Dios: porque poder mentir sería una debilidad en lugar de una perfección: y así como es una
vergüenza que el hombre esté propenso a violar su palabra, es honroso para Dios el hecho de que no mienta ni pueda mentir.

IV. Aplicación

1. ¡Cuán vanas son las expectativas de los inconversos!
Los hombres, cualquiera sea su estado, se convencen a sí mismos de que serán felices cuando mueran. ¡Pero qué ilusa es esa esperanza que se basa en la expectativa de que Dios resultará ser mentiroso! ¿Quiénes somos nosotros (por así decir) para que Dios deje de ser Dios a causa de nosotros? ¿Y qué seguridad podríamos tener si nos admitiera al cielo en oposición directa a su propia palabra? ¿Acaso no podría volver a cambiar su palabra y arrojarnos al infierno al final? Ciertamente el cielo no sería cielo si estuviéramos en una condición tan precaria. Dejemos a un lado tales esperanzas ilusas. Aprendamos a temblar ante la palabra Dios; y procuremos conseguir ese cambio
total tanto del corazón como de la vida, a los cuales están anexadas las promesas de salvación.
2. ¡Cuán infundados son los temores de los convertidos!
Existe un temor o celo santo que es de alta estima para todos, por más eminentes y maduros que sean. Pero hay un temor atormentador y servil que brota de la falta de fe, que retrasa grandemente nuestro progreso en la vida divina. Nos preguntamos: ¿Este temor surge de una aprehensión de nuestra propia falta de fe o de la de Dios? Si lo
que dudamos es la fidelidad de Dios, sepamos que son “sin arrepentimiento las mercedes y la vocación de Dios” (Rom. 11:29) y que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Pero si desconfiamos de nuestra propia
fidelidad, reflexionemos de quién depende nuestra fidelidad: si dependemos totalmente de nosotros mismos, ¿quién entre nosotros será salvo? Gracias sean dadas a Dios, pues el que ha sido el autor de nuestra fe, se ha comprometido a consumarla; (He. 12:2) y ha
prometido no sólo que no se alejará de nosotros, sino que pondrá su temor en nuestros corazones a fin de que no nos alejemos de él (Jer. 32:39, 40). Entonces afirmemos que “Dios es verdadero” (Juan 3:33).

Consagrémonos a él en quien hemos creído, y tengamos por seguro de que si permanecemos sobre el fundamento de su palabra, estamos inquebrantablemente seguros (2 Tim. 2:19).

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Charles Simeon (1759-1836): predicador y escritor evangélico anglicano que tuvo una influencia duradera sobre el pensamiento evangélico británico; la experiencia angustiosa de su conversión le impresionó para siempre con el poder de la Cruz. Predicó teniendo tres propósitos: “humillar al pecador, exaltar al Salvador, promover la santidad”. Nació en Reading, Inglaterra.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 2

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6. Sentirse satisfechos con la verdad de la fidelidad de Dios es de gran importancia para los creyentes. En parte porque la fidelidad de nosotros a Dios recibe mucho aliento de la fidelidad de él para con nosotros. Los que no confían en Dios no pueden serle fieles por
mucho tiempo: (He. 3:12) “Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”; y (Stg. 1:8) “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”; uno que no se aferra firmemente a Dios y siempre vacila, estando dividido entre esperanzas y temores con respecto a si es aceptado por Dios. El cristiano indeciso está dividido entre Dios y algún otro camino ilícito “por si acaso”, dividido entre los caminos de Dios y los propios, y no puede depender silenciosamente de sus promesas, sino que es llevado de un lado para otro, no se pone enteramente en las manos de Dios, sino que se apoya en su propia seguridad carnal. Y en parte porque Dios es invisible, él trata con nosotros por medio de representantes, por medio de mensajeros quienes nos traen la palabra. No vemos a Dios en persona: (He. 13:7) “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta”, su manera de vivir, su perseverancia hasta la muerte en esta fe y esperanza, y en parte porque las promesas son futuras, y las principales se cumplirán en otro mundo. Ahora nada nos sostendrá sino la fidelidad de Dios: (Prov. 11:18) “El impío hace obra falsa: mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme”. Los hombres se creen felices en su pecado, pero al final son engañados; pero nadie que confía en el Dios vivo y verdadero puede ser engañado. En parte porque muchas de las promesas contradicen la lógica; como cuando el alma está llena de angustia por la culpa del pecado: (1 Juan 1:9) “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. Y el poder del pecado: (1 Tes. 5:24) “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. Sostenidos en grandes aflicciones; (1 Cor. 10:13) “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. A fin de que podamos resistir en el juicio: (1 Cor. 1:9) “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. He aquí la gran seguridad y el puntal del cristiano. La fidelidad de Dios, de la cual testifican cristianos de ahora y de todas las épocas, confesando que han descubierto por su experiencia que la palabra de Dios es cierta, nos han transmitido la religión por medio de su consentimiento constante; y nos la han dejado sellada por la fidelidad de Dios; y por lo tanto debemos perseverar en nuestro deber para con Dios.

II. Manifestado por un emblema
Hemos de considerarlo, porque es una ayuda para frecuente meditación, y porque siempre lo tenemos delante de los ojos; y no tienen excusa los que no ven a Dios en esto; cada vez que pisamos el suelo podemos recordar la estabilidad de las promesas de Dios.

 

Y es también una confirmación de fe, en esta forma:
1. La estabilidad de la tierra es el efecto de la palabra de Dios, éste es el verdadero pilar sobre el que permanece la tierra; porque sustenta “todas las cosas con la palabra de su potencia”, (He. 1:3; Sal.33:9): “Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió”. Ahora bien, su palabra poderosa nos ayuda a depender de su palabra de promesa.
Dios, quien hace lo que le place, nunca falla en lo que promete. Vemos claramente que cualquier cosa que permanece por la voluntad y palabra de Dios, no puede ser desbaratada. ¿Cómo fue? ¿Cómo fue que este mundo llegó a ser? Es la obra y el producto de ese Dios cuya palabra y promesa tenemos en las Escrituras. Ciertamente el poder de
este Dios no puede fallar, a él le es tan fácil hacer como decir.

Thomas Manton 5

2. Pareciera que el globo con su tierra y agua no tiene en qué apoyarse y descansar; (Job 26:7) “Extiende el alquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada”. Ahora bien, que este cuerpo vasto y voluminoso se esté apoyando sobre el aire inestable como si estuviera
sobre un fundamento firme es algo que maravilla. En el libro de Job, capítulo 38:6 aparece esta pregunta: “¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” Pero firme está, aunque está suspendido como una pelota en el aire. El globo de la tierra está rodeado de regiones de aire y las esferas celestiales, y no tiene ningún
soporte para sostener un cuerpo tan pesado colgando en medio de una expansión tan inmensa; no obstante, Dios la ha colocado y establecido con tanta firmeza como si descansara sobre una base y un fundamento sólido; tan extraño es el lugar en que está que, siendo un cuerpo pesado, uno pensaría que caería en cualquier momento; pero
que, cuando nos lo imaginamos, debe, contrariamente a la naturaleza de tal cuerpo, caer para arriba, y por ende, no puede caer a su ruina pues cae al cielo. Ahora bien, así como su palabra sostiene tal peso, también todo el peso de la iglesia, y nuestra propia carga se apoyan en la promesa de Dios; él puede, por el poder de su palabra, hacer las cosas más grandiosas no por medios visibles; (Luc. 7:7) “Mas di la palabra, y mi siervo será sano”. Por lo tanto, su pueblo puede confiar en su providencia; él puede sostenerlos en cualquier aflicción, cuando aparentemente no hay ninguna ayuda y ningún alivio.

3. La firmeza y estabilidad ofrecen motivos de reflexión. La tierra permanece en la misma órbita y condición en que Dios la dejó, en tanto siga el presente orden natural: (Sal. 104:5) “Él fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida”. La verdad de Dios es tan inamovible como la tierra; (Sal. 117:2) “La verdad de Jehová es para
siempre”. Ciertamente, si el fundamento de la tierra permanece seguro, el fundamento de nuestra salvación en Jesucristo es mucho más seguro: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas”. (Mat. 5:18). Si la ley dada por Moisés es tan segura, mucho más lo son las promesas de salvación en Cristo: (2 Cor. 1:20) “Porque todas las promesas de Dios son en el Sí, y en el Amén”.

Versiculo 188

4. La estabilidad en medio de cambios: (Ecl. 1:4) “Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece”. Cuando el hombre muere, la tierra queda como habitación para otros, y permanece donde está cuando los habitantes van de un lado para otro, y ya no la pueden disfrutar. Todas las cosas en el mundo están sujetas a muchas revoluciones, pero la verdad de Dios es una y siempre es la misma. Las vicisitudes en el mundo no derogan su fidelidad a las promesas; él cambia todas las cosas, y él mismo no cambia. Aunque aparezcan cosas nuevas en el mundo, contamos con una regla segura para regirnos, y promesas seguras en las cuales apoyarnos. Y, por lo tanto, en cualquier condición, debemos ser siempre fieles hacia Dios, y no hay duda de que él será siempre fiel para con nosotros.

5. En el hecho de sostener el cuerpo del planeta, se pueden ver todos esos atributos que son puntal firme para el corazón del creyente, como ser: sabiduría, poder y bondad. Sabiduría: (Prov. 3:19) “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con
inteligencia”. Contémplelo, es la obra de un ser sabio. Lo mismo sucede con el poder: Esta gran estructura es sostenida por su poder supremo. Su bondad se nota en que hizo que la tierra fuera firme y seca, a fin de ser adecuada como hábitat de los hombres; este es un milagro permanente de bondad. Lutero dice que somos mantenidos, como lo fueron los israelitas, en el medio del Mar Rojo. El salmista nos dice; (Sal. 24:2) “Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos”. Esa parte del planeta en que vivimos sería súbitamente cubierta por las aguas si no fuera por la bondad de Dios, porque éste, el orden de la naturaleza ya se vio en el principio de la creación, (Gén. 1:7), que próximas al aire estaban las aguas que cubrían toda la superficie de la tierra. Pero Dios hizo cavidades en la tierra para recibir en ellas las aguas, y orillas tales que detienen y doman el vasto océano a fin de que no avance (Gén 1:9); y ahora por su providencia el agua está debajo de la tierra, y la tierra permanece tan firme sobre ese cuerpo inestable como si estuviera sobre un fundamento sólido; lo cual, siendo una obra sabía tan bien dispuesta,
es un efecto de la bondad de Dios para la preservación de la humanidad. Y aunque, en un tiempo, por los pecados del mundo, mandó que estas aguas se salieran de sus límites e inundaran la tierra, Dios ha prometido firmemente que eso nunca volvería a suceder; por lo cual su verdad es también verificada y aplicada al pacto de la gracia; (Isa. 54:9) “Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré”. El
pacto de gracia es un pacto tan seguro como él que hizo después del diluvio; por lo cual no podemos considerar a esta tierra más que como un emblema de aquellos atributos que confirman nuestra fe en confiar en Dios hasta que sus promesas se nos cumplan.

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III. Aplicación
Estemos, entonces más firmemente persuadidos de la fidelidad de Dios a fin de poder depender de que preservará tanto a la iglesia como a nosotros, en el camino que debemos seguir, hasta que disfrutemos de nuestra recompensa final.

1. Para preservación del reino de Cristo, la fidelidad de Dios se manifiesta principalmente en el gobierno de su iglesia o del reino espiritual, y éste es un reino que no puede ser conmovido aunque todo lo demás sea sacudido: (He. 12:28) “Así que, tomando el reino inmóvil”. Cristo no puede ser una cabeza sin miembros, ni rey sin
súbditos. Y la palabra nos dice: (Mat. 16:18) “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Suceden muchos desórdenes, pero dependamos de la fidelidad de Dios. El mundo estaba bien dirigido antes de que nosotros hiciéramos nuestra entrada, y otras
generaciones han tenido la experiencia de la fidelidad de Dios, aunque nos quejamos de que no vemos señales para nosotros ni ninguna muestra para bien.

2. Para la preservación de nuestros cuerpos en el reino celestial. Tenemos muchos desalientos adentro y afuera, pero mientras perseveremos en nuestro deber, Dios no nos fallará; su palabra es tan segura como la tierra: (2 Tes. 3:3) “Mas fiel es el Señor, que os
confirmará y guardará del mal”. Dios ha prometido no sólo darnos nuestra recompensa final, sino también asegurar y defender a su pueblo en el camino, a fin de que no sean vencidos por las maldades que encuentran en su peregrinaje.

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Thomas Manton (1620-1677): predicador puritano inconformista. Graduado de Oxford, predicó hasta que se lo prohibió el Acto de Uniformidad de1622. Desde 1662 hasta 1670 predicaba en su propia casa, pero finalmente fue arrestado y encarcelado por seis meses. Después fue el predicador de los comerciantes de Londres en Pinners’ Hall. James Ussher lo llamó “uno de los mejores predicadores en Inglaterra”. Fue nombrado como uno de los tres empleados administrativos en la Asamblea de Westminster. Nació en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.

El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios I

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EL GLORIOSO atributo de la fidelidad divina se abre como una tercera cámara de seguridad para el pueblo de Dios en tiempos de sufrimientos y peligros. Habiendo visto el refugio del santo en el poder y la sabiduría de  Dios, pasamos a la tercera cámara segura para refugio de los santos:

La fidelidad de Dios.
En este atributo está nuestra seguridad y nuestro descanso en medio de las confusiones del mundo y los desencantos cotidianos que nos desconciertan por doquier, en medio de la vanidad y la falsedad de la criatura. En cuanto a las criaturas, aun las mejores entre ellas no son más que vanidad, sí, vanidad de vanidades, la vanidad más vana ( Ecl. 1:2).

“Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive” (Sal. 39:5). Sí, aquellos de quienes más esperamos nos causan los mayores problemas (Mic. 7:5). Las relaciones más cercanas forman la retaguardia de los sufrimientos (Job. 6:15). “Mis hermanos han mentido cual arroyo.” Especialmente, sus engaños aparecen más cuando más necesitamos de su ayuda (Sal. 142:4). Qué misericordia  grande es, entonces, tener un refugio en la fidelidad de Dios como la  tenía David: “Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida”. Y de la misma manera la iglesia (Mic. 7:7). “Yo empero a Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: el Dios mío me oirá.”

Puede llegar el momento cuando usted no sepa en qué confiar en este mundo. Por lo tanto, permítame abrirle a usted esta cámara de descanso en la fidelidad de Dios para tal momento, y lo haré bajo dos consideraciones.

I. Es absoluta en cuanto a su propia naturaleza.

II. Es relativa en cuanto a las promesas y providencias de Dios.

I. Es absoluta, así es la fidelidad de Dios en su sinceridad, firmeza y constancia en llevar a cabo su palabra dada a su pueblo en todo  momento y en todos los casos. Así lo describe Moisés a Israel, (Deut. 7:9) “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel.” Y Josué apela a la experiencia de ellos para vindicarla, (Jos. 23:14) “Reconoced, pues, con todo vuestro  corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de
todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.” Y también se reafirma plenamente, (Jer. 31:35-37) y se admira  grandemente aun en el día más tenebroso (Lam. 3:23). Grande es tu
fidelidad. Y es bueno para nosotros que su fidelidad es grande, porque grande es el peso que se apoya en ella, aun nuestras esperanzas para ambos mundos, para este mundo y para el venidero (Tito 1:2). “Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no
puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos. ”

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A. Ahora bien, Dios es fiel y eso puede verse en las siguientes evidencias.

1. Por el cumplimiento exacto de sus promesas que datan de más tiempo. Efectivamente (Hechos 7:6), pasaron cuatrocientos treinta años antes de que la promesa de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto se cumpliera; no obstante, (Hechos 7:17) cuando
llegó el tiempo de cumplir la promesa, Dios fue absolutamente puntual. Setenta años en Babilonia, y cumplido ese lapso, regresaron (2 Crón. 36:21). Los hombres pueden olvidar, pero Dios no (Isa. 49:15, 16).

2. Abriendo el camino para sus promesas a través de las más grandes dificultades y aparentes imposibilidades. Tal fue en el caso de Abraham cuando era anciano (Gén. 18:13, 14). “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. ” Y del mismo modo en el caso de los israelitas: “¿Vivirán estos huesos?” (Eze. 37:3). Las dificultades son para los hombres, no para Dios, (Gén. 18:14). “¿Quién eres tú, oh gran monte?” (Zac. 4:7). “Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, también será dificultoso delante
de mis ojos?” (Zac. 8:6).

3. Cumpliendo las promesas a su pueblo cuando habían perdido  sus esperanzas y expectativas. Así fue, (Eze. 37:11) “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.” También (Isa. 49:14) “Más Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí ” Puede haber mucho descreimiento en los hombres buenos, su fe puede tambalear mucho, no obstante, Dios es fiel; los hombres pueden cuestionar sus promesas, no obstante, Dios no puede negarse a sí mismo (2 Tim. 2:13).

4. Apelando Dios a su pueblo, y refiriéndoles la cuestión para que ellos mismos la juzgaran (Mic. 6:3, 4, 5). “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te El refugio del hombre justo —La fidelidad de Dios 23
hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las  justicias de Jehová.” “Si he faltado en alguna forma a mi promesa,
muéstrenmelo. No me cortejaron Balac y Balaam, e intentaron de todas formas ganar mi favor presentándome multitudes de sacrificios? Aun así no los abandoné”. De la misma manera (Jer. 2:31), “¡Oh generación! Ved vosotros la palabra de Jehová: ¿He sido yo
a Israel soledad, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos a ti?” También:

Versiculo 17

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” (Sal. 146:5, 6). 

5. La fidelidad de Dios es comprobada abundantemente por los constantes testimonios presentados en todas las edades por los que la probaron, todos han testificado de Dios y confirmado su fidelidad sin mancha para bien de las generaciones venideras. Así lo hizo Josué (cap. 23:14) “todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una,” y también Daniel, (cap. 9:4) “Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman,” con los cuales coincide el testimonio de David (Sal. 146:5, 6):

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” Es así que su pueblo ha sido testigo, a lo largo de todas las generaciones, de la fidelidad de Dios a sus promesas; lo cual no deja lugar a dudas u
objeciones.

B. Y si preguntamos las razones por las que Dios es, y siempre tendrá que ser, fiel en llevar a cabo sus promesas, descubriremos que se edifican sobre pilares estables y firmes: 1. La santidad de su naturaleza; 2. La omnisuficiencia de su poder; 3. El honor de su nombre; 4. La inmutabilidad de su naturaleza.

1. La fidelidad de Dios se edifica sobre la santidad perfecta de su naturaleza en razón de que es imposible que Dios mienta, (Tito 1:2; He. 6:11). La falsedad del hombre surge de la corrupción de la naturaleza humana, pero “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no ejecutará? ” (Núm. 23:19). Si no hay defecto en su ser, no puede haberlo en sus obras; si su naturaleza es santidad pura, todos sus caminos tienen que ser perfectamente fieles.

2. Se edifica sobre la omni suficiencia de su poder; sea lo que sea que ha prometido a su
pueblo, tiene la capacidad de llevarlo a cabo; los hombres a veces falsifican sus promesas
porque no tienen la habilidad de llevarlas a cabo; pero Dios nunca promete lo que no
cumple; si determina obrar, nadie se lo puede impedir (Isa. 43:13). Puede hacer cualquier
cosa que le place hacer (Sal. 135:6). La santidad de su naturaleza lo compromete, y lo
ilimitado de su poder lo capacita para ser fiel.

3. La gloria y honra de su nombre nos da seguridad en cuanto a su fidelidad, en que cumplirá las promesas, y todo el bien que las promesas contienen, aun en el más mínimo detalle; porque dondequiera uno encuentra una promesa de Dios, también encuentra
el nombre y la honra de Dios presentados como una garantía de que será llevada a cabo; y por eso su nombre siempre ha sido presentado a él por su pueblo como un poderoso argumento para que obre a favor de ellos. (Jos. 7:9): “¿Qué harás tú a tu gran nombre?” Señor, tu honor vale mil veces más que nuestras vidas, no importa qué llegue a ser de
nosotros; pero, oh Señor, es infinitamente más importante que la gloria de tu nombre sea asegurado, y que tu fidelidad permanezca pura y sin mancha en este mundo. También (Éxo. 32:11, 12):

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“Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encuentra tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.” Sería triste que las manos de los egipcios cayeran sobre su pueblo, pero mucho peor que las lenguas de los egipcios cayeran sobre su nombre.

4. La inmutabilidad de su naturaleza nos de la más completa seguridad de su fidelidad a las promesas. (Mal. 3:6): “Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” La inmutabilidad de Dios es la indemnización de su pueblo, y la mejor seguridad en medio de los peligros; para Dios no hay ni un sí ni un no, tampoco debe haberlos con nuestra fe. Lo que da firmeza a las promesas debe dar también firmeza a nuestras expectativas de que se cumplirán. Hasta aquí, brevemente, la consideración de la fidelidad de Dios, considerada absoluta por su naturaleza y sus razones.

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth,
Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of
Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el
corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y
transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo
su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un
corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

 

 

La Fidelidad de Dios en afligir a su pueblo

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“Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75).

ESTE ES el reconocimiento del cristiano –completamente satisfecho con la dispensación de Dios. Esta es su confianza, tan vigorizante para su propia alma; tan alentadora para la
iglesia. Los tratos del Señor son llamados sus juicios, no en el sentido de tener maldiciones judiciales, sino como actos de su justicia al castigar el pecado. “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4:17).
Quizá también como la administración de sus sabios juicios en su medida y aplicación. “Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, porque no me aniquiles” (Jer. 10:24). Pero aquí hay no sólo la confesión del juicio general del Señor, sino de su fidelidad especial a él mismo. Y esto sabía, no por los dictados de la carne (que
hubieran dado un veredicto contrario), sino por el testimonio de la palabra, y el testimonio de su propia experiencia. “El es la roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto” (Deut. 32:4).

“Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios” (Sal. 119:137). “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Sal. 145:17). No puede ser dudado –y mucho menos negado. El cristiano vuelve a decir: ‘Yo sé, oh Señor, que tus reglas para
proceder coinciden con tu justicia y sabiduría perfectas; también me doy igualmente por satisfecho de que las aflicciones que me has enviado de cuando en cuando, son sólo para cumplir tus promesas fieles y de tu gracia para hacerme eternamente feliz en ti.’ ¡Fruto
bendito de la aflicción! cuando podemos de esta manera ver que “el fin del Señor es muy misericordioso y piadoso” y que sus “pensamientos que tiene de vosotros, son pensamientos de paz, y no de mal ” (Santiago 5:11; Jeremías 29:11). “La paciencia y la fe de los santos nos enseñan esta difícil pero muy consoladora lección para descifrar las líneas misteriosas de la providencia y fidelidad de Dios.

Versiculo 20

El hijo de Dios bajo el más severo castigo de Dios tiene que reconocer su justicia. La recompensa que tenemos por gracia es siempre mayor: Nuestro “castigo es siempre menor que lo que nuestras iniquidades merecen” (Esdras 9:13. Com. con Job 11:6).
“¿Por qué murmura el hombre viviente?” (Lamentaciones 3:39). ¡Por cierto que se encuentra en dificultades! Pero no en el infierno. Si se queja, que no sea más que de sí mismo, y sus propias decisiones desacertadas. Yo sé, Señor, que tus juicios son justos, ¿y quién puede dudar su sabiduría? ¿Quién culparía de crueldad al médico que corta
para quitar la carne orgullosa que estaba llevando al hombre a la muerte? ¿Quién no admitiría el justo juicio de su obra cortante? De la misma manera, cuando la obra dolorosa del Señor nos separa de nuestro pecado, nos aparta del mundo y nos acerca más a él, ¿qué nos queda, más que reconocer agradecidamente su justicia y verdad? La
falta de fe es reprendida; y nosotros, si hemos desconfiado “que Dios se ha olvidado de ser misericordioso”, tenemos que confesar: “Esta es nuestra enfermedad” (Salmo 77:7-10).

Esta seguridad de la perfecta justicia, de la sabiduría y del íntimo conocimiento del Señor de nuestros respectivos casos, nos lleva ceder a su voluntad en obediente silencio. Fue de esta manera como Aarón, sufriendo su calamidad doméstica más aflictiva: “calló” (Lev. 10:1-3). Job, bajo una dispensación similar pudo decir: “Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21. Com. 2:10). El lenguaje de Elí en la misma prueba fue: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (1 Sam. 3:18). David acalló su espíritu impaciente:

“Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste .” Y cuando Semei lo maldijo, dijo: “Dejadle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho” (Sal. 39:9; 2 Sam. 16:11, 12). La sunamita, en humilde resignación nacida de su fe, dijo “Paz ” (2 Reyes 4:26). Ezequías besó la vara mientras lo golpeaba en el polvo: “La palabra de Jehová que has hablado, es buena” (Isa. 39:8). Así de uniforme es el lenguaje del pueblo de Dios bajo su disciplina. Sé, oh Señor, que tus juicios son justos.

Pero la confesión de que algo es justo puede ser una mera convicción natural. “Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impío ” (Éxo. 9:27) (compare Jueces 1:7; 2 Crón. 12:6). La fe va más allá, y habla de fidelidad. David no sólo reconoce el derecho de Dios de tratarlo como creía conveniente, y aun su sabiduría en su trato con él como realmente lo había hecho, mas su fidelidad en afligirlo —no su fidelidad aunque afligido —sino en afligirlo; no como si coincidiera con su amor, sino como el fruto de su amor. No La fidelidad de Dios en afligir a su pueblo basta justificar a Dios. ¡Qué abundancia de razones hay para alabarle!
No basta con abstenerse de murmurar. ¡Qué emocionante es la exposición de la fidelidad y el amor de Dios! Sí, las pruebas que nos tocan no son más que el fiel ejercicio de sus compromisos eternos. Y a esta causa podemos siempre rastrear (y es nuestro privilegio creerlo, donde no podemos rastrearlo visiblemente) la razón de mucho de lo que es doloroso para la carne. “Que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien” (Deut. 8:16).

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Sencillamente notemos sus efectos llenos de gracia en nuestra restauración-instrucción (Sal. 119:71), sanidad de nuestros retrocesos (Os. 2:6, 7, 14) y la continua purga de los pecados (Isa. 27:9; Zac. 13:9; Juan 15:2); para luego poder decir: ‘¿No se exhibe gloriosamente la gloria de Dios?’ Los filisteos no podían comprender la adivinanza de
Sansón, cómo: “del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura” (Jue. 14:14). Así de poco puede el mundo comprender lo provechoso de las pruebas del cristiano; cómo su Señor de gracia endulza para él las aguas amargas de Mara (vea Éxo. 15:23-25), y hace de la cruz no tanto el castigo como el remedio del pecado. No tiene, entonces, ninguna inclinación, ni tiene ningún interés en que los designios del Señor cambien, por más repugnantes que fueran para la carne. Él admite sin vacilación que los designios misericordiosos del Señor no podían haberse cumplido de ninguna otra manera; porque por medio de las pruebas muchas dulces muestras de amor son concedidas, las cuales, bajo circunstancias de prosperidad externa, no hubieran sido recibidas con el mismo agradecimiento y beneplácito.

A ustedes que viven tranquilos en los lujos de lo que este pobre mundo puede ofrecer, ¡qué poco les envidia el cristiano su porción! ¡Cuán ciertamente en un día futuro ustedes serán enseñados por la experiencia a envidiar la de él! Las riquezas del mundo se van
empobreciendo diariamente, y sus placeres van perdiendo su sabor; ¡y cómo serán, y qué apariencia tendrán en el momento de pasar a la eternidad! En cambio, la aflicción es la muestra especial del amor de nuestro Padre (He. 12:6; Apoc. 3:19), la conformidad a la imagen de Jesús y la preparación para su servicio y reino. Es la única bendición que da el Señor, sin exigir que se la pidamos. La recibimos, por lo tanto, tal como prometió, no como amenazó mandarla; y cuando los “frutos apacibles de justicia”, que producen según los tiempos y los caminos de Dios, brotan en nuestros corazones, humilde y
agradecidamente reconocemos la justicia de sus juicios y la fidelidad de sus correcciones.
“Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados” (He. 12:11).
“Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque él amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado” (Rom. 5:3-5).

 

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Charles Bridges (1794-1869): uno de los líderes del Partido Evangélico de la Iglesia Anglicana a mediados del siglo XIX. Fue párroco de Old Newton, Suffolk, desde 1823 hasta 1849, y luego de Weymouth y Hinton Martell en Dorset.
Aunque The Christian Ministry (El ministerio cristiano) es su obra literaria más conocida, sus exposiciones se tienen en gran estima, las cuales incluyen Eclesiastés y el Salmo 119 al igual que Proverbios.

Isaac Wats 3

Grandes, fieles, las promesas que el Señor Jesús ha dado, Grandes, fieles, en ellas para siempre confiaré. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 5

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7. Relaciones Matrimoniales

Es bien conocido el hecho de que ambos contrajeron nupcias, a esto debemos agregar que se casaron a edades más o menos avanzadas para los estándares de su época, en pleno desarrollo de su ministerios y que para ambos fue un motivo de gratitud a Dios por la gran ayuda y apoyo que encontraron en sus esposas.

Se cuenta que Lutero tardó muchos años en decidirse a contraer matrimonio, y no porque le fuese difícil encontrar una mujer a su gusto, sino quizás porque el fraile o el espíritu monacal seguía viviendo dentro de él aun después de haber abandonado la Iglesia y quemado públicamente todas las leyes canónicas. En mayo o a principios de junio de 1525 se conoció en el círculo íntimo de Lutero su intención de casarse con Catalina. Cuando le faltaban cinco meses para cumplir los cuarenta y dos años, optó por el casamiento. Para evitar cualquier objeción por parte de sus amigos, actuó rápidamente: en la mañana del martes 13 de junio de 1525 se casó legalmente con Catalina, a quien afectuosamente llamaba “Katy”. En las “Charlas de Sobremesa” comenta el mismo Lutero sobre el proceso:

Hablaba el doctor Martín de su compromiso matrimonial y decía: Si hace trece años me hubiera decidido a casarme, habría tomado por esposa a Ave Schónfeldin, que ahora lo es del doctor Basilio, médico en Prusia. No estaba en aquel entonces enamorado de mi Kethe, porque me daba la sensación de ser orgullosa y engreída. Plugo a Dios que me apiadase de ella, y gracias a él, la cosa ha salido bien, porque tengo una mujer piadosa y fiel, en la que puede descansar el corazón del marido, como dice Salomón[1]

Una señal de la alegría que su matrimonio le brindaba se dió cuando en 1526 Lucas Cranach hizo el retrato de Catalina de Bora, su marido Martín lo colgó en la pared del comedor, donde continuamente lo contemplaba lo cual confirmó con las siguientes declaraciones:

Me ha tocado un felicísimo matrimonio por la gracia de Dios. Tengo una mujer fiel, según las palabras de Salomón: Confidit in eam cor viri sui. Ella no me traiciona. ¡Ah, Señor Dios mío! El matrimonio no es una cosa puramente material y física, sino que es un don de Dios, una vida dulcísima; más aún, castísima por encima de todo celibato. Pero, cuando cae mal, es un infierno”

En el caso de Calvino podemos notar varias coincidencias. El 19 de mayo de 1539, Calvino escribiendo a Farel comenta lo siguiente sobre su visión respecto a las relaciones amorosas:

No me considero uno de esos locos enamoradizos que lo olvidan todo cuando ven una cara bonita… la única hermosura que me llama la atención es una mujer que sea amable, casta, sencilla, buena ama de casa, paciente y que se ocupe exclusivamente a atender a su marido[3]

En 1539, a sus 30 años, y luego de rechazar a varias candidatas Juan Calvino contrajo matrimonio con Idelette de Bure, una viuda que tenía un hijo y una hija de su matrimonio anterior con un anabaptista en Estrasburgo. Sobre su matrimonio uno de sus discípulos,  Teodoro Beza nos cuenta lo siguiente:

Todavía no ha nacido el hombre que pudiera atreverse a inculparlo de aquello que se habló [acusaciones de inmoralidad]… Él vivió nueve años en intachable matrimonio. Luego del fallecimiento de su esposa vivió 16 años en viudez hasta su muerte… ¿Quién podría ser un enemigo más firme de toda forma de adulterio que él? Es cierto que en este respecto el Señor lo puso a prueba duramente, a saber, en las personas que estuvieron cerca suyo[4]

 8. Tragedias Familiares

Así como la alegría de la amistad y la calidez de la vida familiar visitó a los reformadores también lo hicieron las tragedias en sus núcleos familiares, como lo pudimos adelantar a partir de la cita anterior. Estas tragedias tuvieron un profundo impacto en las vidas de ambos.

 Los Lutero tuvieron tres hijos y tres hijas, su crianza no estuvo exenta de preocupaciones debido a las varias plagas que amenazaron su salud y lamentablemente dos de sus hijas fallecieron a temprana edad:

  • Johannes[5] Vivió 49 años y durante su infancia sufrió los efectos de la peste según lo que su mismo padre relata: “Mi Hánschen[6] hace ya ocho días que está enfermo con un mal incierto, que yo sospecho que es el que nos azota, aunque crean y digan que es debido a la dentición. No ha fallecido nadie en los dos últimos días después que murió la mujer del capellán. Quiera Cristo que la peste esté ya acabándose[7]
  • Elizabeth[8]. Su temprana muerte a los ocho meses de edad afectó mucho a su padre: “Ha fallecido mi hija Isabelita. Ha dejado mi corazón enfermo, como el de una mujer, que hasta tal punto me ha herido el dolor. Nunca hubiera sospechado antes cómo ablandan los hijos el corazón de los padres. Ruega a Dios por mí y quédate con él[9].
  • Magdalena[10]: La tragedia vuelve a la casa de los Lutero pues a los 13 años la segunda hija muerte en los brazos de su padre, este episodio fue muy duro para sus padres. Escribe Lutero:

Me imagino que habrá llegado a tus oídos la noticia de que mi queridísima Magdalena ha renacido para el reino eterno de Cristo. Es cierto que tanto yo como mi mujer deberíamos estar agradecidos y contentos por este feliz tránsito y por el fin bienaventurado que la ha puesto a salvo del poder de la carne, del mundo, del turco y del diablo; pero es tan grande la fuerza de la ternura, que no podemos librarnos de los sollozos, de los gemidos y de una sensación como de muerte. Están tan fijos aún en lo hondo del corazón el semblante, las palabras, los gestos de esta hija tan respetuosa y obediente, mientras vivía y agonizaba, que ni siquiera el pensar en la muerte de Cristo (en cuya comparación nada significan las demás) puede borrar esta impresión[11].

  • Luego nacieron: Martín[12]; Paul[13] y Margaretha[14], de los cuales sólo Paul vivió una vida más longeva de 60 años, sus hermanos fallecieron relativamente jóvenes.

En la casa de los Calvino, la conformación familiar desde un inicio fue diferente pues Idelette de Bure, la esposa de Calvino, tenía un hijo de su primer matrimonio (cuyo nombre se desconoce) y una hija llamada Judith. Calvino se preocupó de la hija como su verdadero padre, el hijo mayor de Idelette se había quedado en Alemania, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Calvino logró llevarlo a Ginebra.

El único hijo en común de la pareja, Jacques, sólo vivió unos pocos días. Desde su nacimiento y muerte en agosto en 1542, la salud de Idelette se vio afectada y no pudo volver a recuperarse por completo de los problemas de salud que le acarreó el alumbramiento. Calvino aceptó la muerte de su hijo como expresión de la voluntad de Dios: “El Señor me dio un hijo, pero pronto se lo llevó. Se reconoce esto entre mis desgracias, que no tenga hijos. Tengo miríadas de hijos a lo largo del mundo cristiano[15]”.

Pero Idelette sufrió una serie de enfermedades y murió siete en el año 1549 de una “enfermedad del sueño”[16]. Este hecho está documentado brevemente en correspondencia que Calvino mantuvo con Pierre Viret y Jean Sturm en aquel año[17]. Luego del fallecimiento de su querida esposa, Calvino se volcó de lleno en el trabajo para olvidar el dolor de esta pérdida. Él mismo señaló que:

Perdí la mejor compañera de vida, una persona que de haber llegado a tal punto no sólo me habría acompañado gustosamente en el exilio y la pobreza, sino hasta la muerte. Mientras vivía fue una fiel ayudante en mi ministerio, jamás me importunó con sus problemas, nunca temió o se preocupó de sí misma

A pesar de su profundo dolor, reflexionando sobre los sufrimientos Calvino comenta:

El apóstol declara que Dios tiene destinado este fin a Sus hijos: que sean conformados con Cristo. De este hecho surge una singular consolación que consiste en que, soportando toda suerte de desdichas y desventuras a las que nosotros llamamos adversidad y mal, participamos en la cruz de Cristo… Cuanto más nos sintamos afligidos por la miseria, más es confirmada nuestra aproximación con Cristo[19].

[1] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 6

[2] Ricardo García-villoslada “Martin Lutero el fraile Hambriento de Dios” Biblioteca Autores Cristianos, Pág. 175

[3] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[4] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[5] Nacimiento: el 7 de junio de 1526; Fallecimiento: 1575

[6] Hánschen, el hijo mayor de Lutero (ver carta 33).

[7] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[8] Nacida el 10 de diciembre de 1527, murió prematuramente el 3 de agosto de 1528.

[9] Cartas de Lutero, Wittenberg, 5 agosto 1528.Pág. 48

[10] Magdalena Luther, nacida en 4 mayo 1529 y muerta el 20 septiembre del 1542.

[11] Cartas de Lutero, Al preclarísimo señor Justus Jonas, Sábado después de Mateo, 1542, Pág. 65

[12] Martín hijo, nacido el 9 de noviembre de 1531, estudió Teología pero nunca tuvo un llamado pastoral regular antes de su muerte en 1565.

[13] Paul, nacido el 28 de enero de 1533, fue médico, padre de seis hijos y murió el 8 de marzo de 1593 [60 años], continuando la línea masculina de la familia de Lutero mediante Juan Ernesto, que se extinguiría en 1759.

[14] Margaretha, nacida el 17 de diciembre de 1534, casada con el noble prusiano George von Kunheim, pero falleció en 1570 a la edad de 36 años; es el único linaje de Lutero que se mantiene hasta la actualidad.

[15] Chapman, William. “Idelette de Calvino”.  (1884). En: http://www.contra-mundum.org/castellano/chapman/Idelette.pdf

[16] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[17] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[18] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 9 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[19] Juan Calvino, “Institución de la Religión Cristiana”, Tomo III, viii, 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 2

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.- Como ya lo hemos repetido en varias ocasiones con Martín Lutero comienza el proceso de Reforma. Ahora bien, este comienzo no fue fácil, sabido es que él tuvo que comparecer dos veces antes las llamadas Dietas (Worms 1521 y Spira 1529).

En este punto definir los conceptos es fundamental, cuando decimos “Dieta” evidentemente no nos referimos a la acepción contemporánea relacionada con la alimentación, la definición para este proceso quiere decir que se convocó a una asamblea de todas las autoridades del imperio. Nótese, todas las autoridades del Imperio, es decir el Sacro Imperio Romano.

A la cabeza de ese imperio se encontraba Carlos V, también conocido como Carlos I de España. Él reinó junto con su madre (esta última de forma solamente nominal) en todos los reinos y territorios hispánicos con el nombre de Carlos I desde 1516 a hasta 1556, reuniendo así por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla (el Reino de Navarra inclusive) y Aragón por su ascendencia heredó el patrimonio los territorios austriacos, Castilla, Navarra, las Indias, Nápoles, Sicilia y Aragón. Su hijo Felipe hereda aquellos territorios y anexiona otros, de allí que declaró “En mi imperio nunca se pone el sol” ¡Porque era cierto![1]

Entonces, poniendo el asunto en perspectiva Lutero debió comparecer ante la persona más poderosa del mundo de aquel entonces, y en esa comparecencia no se amedrentó, expuso sus argumentos y lamentablemente, no logró convencer al Emperador de su postura en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la Iglesia católica. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la Iglesia católica contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.

La experiencia de Calvino es bastante diferente: Calvino empezó a exponer sus ideas en París, pero como Francia era católica tuvo que huir del Reino y refugiarse en el extranjero. Ya empezaba a ser conocido entre los protestantes europeos como un hombre firme y enérgico, un gran teólogo y un buen organizador que sabía dirigir a los hombres, y por esta razón fue llamado por los protestantes de Ginebra, allí tuvo diferencias con las autoridades locales hasta que lograron llegar a un equilibrio. Vemos que en la trayectoria del reformador francés hubo desacuerdos con la autoridad política aunque no fue con la tremenda intensidad que le tocó a Lutero.

Blog54

Similitudes.

Como señalábamos al principio, se puede caer en la tentación de disociar el proceso de Reforma de sus grandes impulsores como así también acentuar sus diferencias, bastante evidentes, por sobre sus puntos de encuentro los cuales pasamos a comentar a continuación.

1) Estudiantes y conocedores del Derecho.

Lutero procedía de una familia de campesinos y, por tanto, en sus orígenes perteneció al pueblo llano. Sus padres estaban de tránsito en Eisleben cuando nació, su casa natal fue pasto de las llamas en 1689. Hans Lutero, su padre, se trasladó a la región minera de Mansfeld, donde trabajó en una mina de cobre. Con el tiempo prosperó, dirigió su propio negocio y la familia pudo librarse de las penurias económicas.

Sus primeros estudios los hizo en las escuelas de Magdeburgo y Eisenach. Luego se incorporaria a la Universidad de Erfurt, donde obtuvo una licenciatura en artes (1502) y en Filosofía en 1505. Cuando era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfurt, pero un incidente cambió su vida de forma drástica. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por una tormenta eléctrica. Un rayo cayó cerca de él y, aterrorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplió su promesa e ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Cumpliendo con su promesa entró al convento de los Agustinos en Erfurt en el 17 de julio 1505 contra la voluntad de su padre. Este convento era conocido por ser muy estricto. Siguiendo las reglas del orden Lutero trataba de tener una conducta impecable. Conocidas son sus luchas por alcanzar la santidad y paz con Dios. Hasta que en el contexto de sus cátedras en Wittemberg, estudió los textos bíblicos más profundo y hizo lecturas, especialmente sobre los Salmos, la carta a los Romanos y la carta a los Gálatas que le condujeron al redescubrimiento de la justificación por la fe y gracia divina, lo cual le llevó a pronunciarse sobre la controversial venta de indulgencias a través de sus la publicación de sus 95 Tesis, que serían el inicio de la Reforma Protestante.

Lutero se preocupó por definir el comportamiento del cristiano en su vida temporal, tocando temas como la familia, el trabajo, la economía, las ciencias, las artes o la política. En general, creía que la fe del cristiano debía hacerse explícita en las obras de la vida civil, y que el cristiano debía realizar su trabajo para servir al prójimo y glorificar a Dios. Se dice que a Lutero no le interesaba especialmente el mundo de la política, pero tuvo que reflexionar sobre él con motivo de los disturbios que agitaron Alemania entre 1523 y 1525, y cuando los príncipes protestantes se enfrentaron al emperador[2], aunque no fueron los únicos escritos del reformador en esa materia y de hecho, su pensamiento político sigue siendo estudiado por expertos hasta el presente[3].

Calvino, cuyo nombre francés era Jean Cauvin o Calvin, nació en Noyon, localidad de la Picardía, en el norte de Francia, el 10 de julio de 1509. Hijo del secretario del obispado de su ciudad natal, se formó para el sacerdocio en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigue, reputados centros donde estudiaron otros personajes contemporáneos importantes como Erasmo de Rotterdam[4].

Como su padre quería que Calvino se dedicase al Derecho en lugar de a la Teología, ingresó también en las universidades de Orléans y Bourgues, donde tuvo como maestros a importantes pensadores de la época. En 1532, Calvino evidenció sus sólidos conocimientos de latín e historia con su edición del tratado de Séneca De clementia (Sobre la clemencia).  Su asociación con Cop, que acababa de ser elegido rector de la Universidad de París, obligó a ambos a huir cuando Cop anunció su apoyo en 1535 a Martin Lutero. En 1536 publicó la primera edición de su Christianae Religionis Institutio (Institución de la Religión Cristiana), y en ese mismo año visita Ginebra donde desarrollará una extensa y fundamental labor, la cual incluyó también el desarrollo de la teoría política de Calvino (que incluye una distinción entre iglesia y estado, controles y balances en el poder, y la sumisión ciudadana al estado, y la responsabilidad del estado frente a Dios)[5].

2) Legado y Referencias a Augustín de Hipona.

Ciertamente ambos teólogos son deudores de la obra de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.). En el caso de Lutero el vínculo es más que evidente pues él militó en la orden religiosa que seguía su legado y en las Charlas de sobremesa aparece esta declaración: “No conozco a ninguno de nuestros doctores (salvo, quizá, a Brenz y Justo Menio) que pueda compararse en ingenio con Agustín)[7].

[1] En su reinado nunca se ponía el sol, porque cuando se ocultaba por el oeste ya había vuelto a salir por el este. Como el Imperio Español estaba extendido en ambos Hemisferios: Este y Oeste, el movimiento de la Tierra alrededor del Sol provocaba ese fenómeno. Los dominios de Felipe II, al momento de heredarlos de su padre Carlos V, eran: tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas, a saber: Europa: Toda la Península Ibérica, Italia: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milanesado, Países Bajos: Holanda y Bélgica, Franco Condado. áfrica: Orán, Bujía, Túnez, Melilla, Islas Canarias. Insulindia: las islas Filipinas. Oceanía: varios archipiélagos de la Micronesia. América: Desde México hasta el Paraguay y el Plata.
[2] Antonio Carrasco Rodríguez, “La Reforma Lutero y Calvino” en http://blogs.ua.es/ideaspoliticas/la-reforma-lutero-y-calvino/
[3] Para profundizar más: Javier Simiele  “Lutero y la política” Enfoques vol.22 no.1 Libertador San Martín otoño 2010 en http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-27212010000100006; Marco A. Huesbe Llanos “La Propuesta Política de Matín Lutero a través de su doctrina de los dos reinos” Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000, en http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-54552000002200016.
[4] “Biografía de Juan Calvino” en https://redhistoria.com/biografia-de-juan-calvino/
[5] G. Jose Gatis, “La Teoria Politica de Juan Calvino”, http://thirdmill.org/files/spanish/94976~3_9_01_1-28-27_PM~sCalvinsPolitics.html
[6] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 17
[7] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 20

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Perdón para el más grande pecador

Blog52

Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmo 25:11).

Doctrina: Si de verdad nos acercamos a Dios pidiendo misericordia, lo inmenso de nuestro pecado no será un impedimento para que nos perdone…

Esto es lo que necesitamos a fin de poder acercarnos a Dios pidiendo misericordia:
Necesitamos ver nuestra desdicha a fin de ser sensibles a nuestra necesidad de misericordia. Los que no tienen conciencia de su desdicha no pueden acudir a Dios en busca de misericordia, porque es justamente la noción de la misericordia divina lo que constituye la bondad y gracia de Dios hacia el desdichado. Sin la desdicha en la ecuación, no se puede ejercer misericordia. Es una contradicción querer misericordia sin sentir
desdicha, o comprensión sin tener una calamidad. Por lo tanto, los hombres no pueden considerarse objetos adecuados de misericordia, a menos que tengan primero conciencia de que son desdichados. Así que, a menos que éste sea el caso, es imposible que acudan a Dios en busca de misericordia.

Jonathan Edwards 2

Tienen que ser sensibles al hecho de que son hijos de ira, que la Ley está en su contra y que están expuestos a su maldición: que la ira de Dios mora en ellos y que él está disgustado con ellos cada día que están bajo la culpa del pecado. Tienen que ser sensibles al hecho de que es cosa terrible ser el objeto de la ira de Dios, que es cosa terrible tenerlo como enemigo, y tienen que saber que no pueden sobrevivir su ira. Tienen que ser sensibles a que la culpa del pecado los convierte en criaturas desdichadas, sean cuales sean los placeres temporales que tienen; que no pueden ser más que criaturas desdichadas, arruinadas, en tanto Dios está disgustado con ellos; que no tienen fuerza y deben perecer, y esto, eternamente, a menos que Dios los ayude. Tienen que ver que su caso es totalmente desesperante, que no hay nada que nadie puede hacer por ellos; que están al borde del foso de la desdicha eterna; y que tendrán que caer en él, si Dios no tiene misericordia de ellos…

1. La misericordia de Dios es suficiente para perdonar los pecados más grandes, así como lo es para perdonar los más pequeños, porque su misericordia es infinita. Lo que es infinito es tan superior a lo que es grande como lo es a lo que es pequeño. Entonces, siendo Dios infinitamente grande es superior a los reyes, así como lo es a los mendigos. Es superior al ángel principal, así como lo es al gusano más inferior. Una medida de lo infinito no depende de la distancia entre lo infinito y lo que no lo es. Por lo tanto, siendo la misericordia de Dios infinita, es tan suficiente para perdonar todo pecado, así como lo es para perdonar uno solo…

Jonathan Edwards 3

2. Lo que Cristo pagó por el pecado es suficiente para quitar la culpabilidad más grande, así como lo es para quitar la más pequeña. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:39). Todos los pecados de
quienes verdaderamente se acercan a Dios para pedir misericordia, sean los que sean, han sido saldados si Dios, quien lo dice, no miente. Y si la pena de todos ha sido saldada, es fácil creer que Dios está listo para perdonarla. De modo que Cristo, habiendo satisfecho plenamente el castigo de todos los pecados, y habiendo hecho un pago que es apto para todos, no desmerece la gloria de los atributos divinos perdonar los pecados
más grandes de aquellos que de una manera correcta acuden a él pidiendo perdón. Dios puede ahora perdonar a los pecadores más grandes sin menoscabar el honor de su santidad. La santidad de Dios no lo deja pasar por alto el pecado, sino que lo lleva a dar testimonios claros de su aborrecimiento por él. Porque Cristo satisfizo el castigo por el pecado, Dios puede ahora amar al pecador y no tener en cuenta para nada su pecado, no importa lo grande que haya sido. El hecho que descargó su ira en su propio Hijo amado cuando éste tomó sobre sí la culpa del pecado es testimonio suficiente de cuánto aborrece Dios al pecado. No hay nada mejor que esto para mostrar el odio que Dios siente por el pecado…

Dios puede, por medio de Cristo, perdonar al más grande pecador sin menoscabar el honor de su majestad. El honor de la majestad divina ciertamente requiere ser satisfecho, pero los sufrimientos de Cristo reparan plenamente el agravio. Aunque la ofensa sea muy grande, si una persona tan honorable como Cristo asume la función de Mediador del que cometió la ofensa y sufre tanto por él, repara plenamente el agravio hecho a la Majestad del cielo y de la tierra. Los sufrimientos de Cristo satisfacen
plenamente su justicia. La justicia de Dios, como Soberano y Juez de la tierra, requiere que el pecado sea castigado. El Juez supremo tiene que juzgar al mundo de acuerdo con la ley de la justicia…

La Ley no es un impedimento para el perdón del pecado más grande, siempre y cuando el hombre realmente acuda a Dios pidiendo misericordia, porque Cristo, por medio de sus sufrimientos, ha cumplido la Ley, él cargó con la condena del pecado, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en su madero)” (Gál. 3:13).

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3. Cristo no se negará a salvar a los más grandes pecadores, quienes de la manera correcta acuden a Dios pidiendo misericordia, porque esa es su obra. Es su deber ser el Salvador de los pecadores, pues es la obra por la que vino al mundo y, por lo tanto, no se opondrá a hacerlo. No vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13). El pecado es justamente el mal que vino al mundo a remediar: por lo tanto,
no tendrá objeciones contra nadie porque sea muy pecador. Más pecador es, más necesita a Cristo. La pecaminosidad del hombre fue la razón por la que Cristo vino al mundo… El médico no se niega a sanar a alguien que acude a él porque tiene gran necesidad de su ayuda….

4. En esto consiste la gloria de la gracia por la redención de Cristo: en que es suficiente para perdonar a los más grandes pecadores. Todo el plan del camino de salvación es hacia este fin: glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar este atributo; y por lo tanto es así que concibió el recurso de salvar al pecador a través de Cristo. La grandeza de la gracia divina se muestra claramente en esto: que Dios por medio de Cristo salva a los más grandes ofensores. Más grande la
culpa de cualquier pecador, más gloriosa y maravillosa es la gracia manifestada en su perdón: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20)… El Redentor es glorificado, en el sentido que da prueba de ser suficiente para redimir a los que son excesivamente pecadores, en el sentido que su sangre prueba ser suficiente para limpiar
la culpa más grande, en que puede salvar al máximo y en que redime hasta de la desdicha más grande.

Es el honor de Cristo salvar a los más grandes pecadores cuando acuden a él, así como es un honor para el médico poder curar las enfermedades o heridas más desesperantes. Por lo tanto, no cabe duda de que Cristo estará dispuesto a salvar a los más grandes pecadores si acuden a él, porque no vacilará en glorificarse a sí mismo y de elogiar el valor y la virtud de su propia sangre. Siendo que se dio a sí mismo para redimir a
los pecadores, no le faltará disposición para mostrar que es capaz de redimir al máximo… Si tú no aceptas la suficiencia de Cristo para perdonarte, sin ninguna rectitud y justicia propia que te recomiende, nunca llegarás al punto de ser aceptado por él. La manera de ser aceptado es acudir—no por ningún aliento que te da el saber que has podido mejorar, o que eres más digno, y no tan indigno sino—por el mero aliento
de lo digno que es Cristo y lo misericordioso que es Dios.

De “Great Guilt No Obstacle to the Pardon of the Returning Sinner” (Una gran
culpa no es obstáculo al perdón del pecador que vuelve) en The Works of Jonathan
Edwards.

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Jonathan Edwards: (1703-1758) Predicador congregacionalista norteamericano usado
poderosamente por Dios durante el Gran Avivamiento. Nacido en East Windsor,
Colonia de Connecticut.

Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

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Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

 

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Catalina de Borbón (1559 – 1604)

Catalina de Borbón (París, 7 de febrero de 1559, Nancy, 13 de febrero de 1604), fue hija de la reina Juana de Navarra y Antonio de Borbón y nieta de Margarita de Navarra (Angulema, hermana del rey Francisco I de Francia). Su madre como y abuela fueron ejemplares en cultura y amor por su fe reformada.

Fue educada, junto con su hermano (el futuro rey de Francia), en un cristianismo consecuente; su madre había hecho profesión pública de fe calvinista la navidad de 1560. Durante 13 años fue preparada a través de la enseñanza en las artes y cultura, pero especialmente en el temor de Dios por los brazos protectores de su madre, y todo ello en medio de dificultades sin número (guerras de religión, persecuciones, traiciones, deserción religiosa y moral de su padre, etc.). El cristianismo que la madre de los hermanos trató de inculcar se resumía en dos conceptos: “Firmeza”, y “Hasta la muerte”. Catalina mantuvo su fe firme.

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su hermano el príncipe Enrique, pues su fe tenía una fuerte competencia ante la influencia de los valores de la educación y práctica política católica. De tal manera que ante la posibilidad de acceder al trono y siguiendo la máxima de “París bien vale una misa” que le propuso uno de sus consejeros[1], de esta manera aplicó la llamada razón de estado (es decir, la justificación, basada en la conveniencia política, que un gobierno o individuo aduce para actuar de una manera determinada) y renunció a la fe protestante a través de varios episodios de abjuraciones hasta el ritual final para ser coronado rey de Francia en 1594.

Cuando su hermano le propuso, bajo amenazas de negarle su protección, también la conveniencia de su conversión a la iglesia papal, Catalina le contestó: “Si me desamparáis, Dios nunca lo hará: esa es mi confianza. Prefiero ser la más miserable en la tierra, que dejarle por los hombres.” Siempre mostró gran respeto a su hermano, como hermano y como rey, pero sin negar el fundamento donde se encontraba para ella la fuente de toda autoridad y respeto: la fidelidad a la Escritura.

Un episodio trágico en la vida de Catalina fue cuando abjuró de su fe protestante en el contexto de la de su propio hermano en la masacre de la noche de San Bartolomé. En ese momento tenía 13 años (acababa de perder a su madre y estaba en un ambiente infernal en París), y así formalmente permaneció varios años. Pero luego se reafirmó en su calvinismo hasta su muerte. Cuando tuvo que vivir la renuncia de su hermano a la fe de su madre para ser coronado rey de Francia, ella se mantuvo fiel, y así lo refirió expresamente a Teodoro de Beza (del que solicitaba se orase por ella en tan difícil situación)

En 1577, a la edad de 18 años fue nombrada regente de sus territorios por su hermano allí  se dedicó en cuerpo y alma a la preservación de la obra religiosa y política que había iniciado su madre. No fue fácil, pues algunos sectores nunca admitieron de buen grado las reformas religiosas y políticas instauradas por Juana de Albret. Debió defender los derechos de esos territorios, especialmente del Bearne y del reino de Navarra, en el proceso de coronación de su hermano (Enrique III de Navarra y IV de Francia), que al final quedan excluidos de la anexión a Francia, conservando su autonomía y leyes propias.

Catalina fue la reconocida (aunque muy borrada de la memoria histórica) defensora de los derechos de los hugonotes en la corte, donde ganó para ellos batallas muy importantes, aunque sin el ruido de las armas en el campo abierto. Sin duda, es el pilar necesario para comprender incluso el edicto posterior de tolerancia de Nantes. Y a pesar de que solo fue regente de unos pequeños y problemáticos territorios, es toda una mujer de estado, pero sin seguir los patrones de la época. En este sentido es el contrapeso de la acción de su hermano. Catalina se puede considerar la propulsora de una política “laica”.

Como cristiana fiel era consciente de sus deberes y responsabilidades. Renunció por ello a sentimientos y gustos; no pudo casarse con quien amaba. Su hermano “la casó” en 1599 como pieza de un tratado político. Ella aceptó, pero con una sola condición: conservar la fe de su casa. Catalina escribió: “Oh Dios, tú has prometido, por tu bondad divina, ayudar a los afligidos que acuden a ti. Mi corazón está lleno de aflicción. Padre, consuélame, hazme sentir el efecto de tu favor divino. …. Mi pecado aborrezco. Perdóname, Señor, mira tu promesa y no mi error, en tu bondad espero, no en mi inocencia. …. Cuando hay que ir a escuchar tu palabra, mis pies se entumecen y van a paso lento, pero si hay que ir a las diversiones mundanas, en lugar de caminar, parece que vuelo. …. Pero recíbeme, Señor, de mirada dulce y propicia, pues reconozco mis pecados ante ti. Mira a tu amado Hijo, sacrificado por mí, quien tomando mis pecados, me reviste de su justicia[2]

[1] Enrique pudo ser rey protestante de Francia debido a sus victorias militares con el bando hugonote, pero la intervención final de Felipe II ordenando la colaboración de los tercios fue decisiva para que se produjera una situación de equilibrio, de la que finalmente no se percibió otra salida que la de su abjuración. La iglesia papal entendió su conversión como disimulo de razón de estado y lo consideró, en la práctica, enemigo..
[2] Emilio Monjo Bellido “Catalina de Borbón” Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/11846/Catalina_de_Borbon Traducción en formato libre] (R. Ritter: Lettres et poésies de Catherine de Bourbon (1570-1605). Paris, Champion, 1927)

 

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Isabel I (1553 – 1603)

En inglés, Elizabeth I, a menudo referida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte. Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor.

Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.

El reinado de la reina Isabel I de Inglaterra fue uno de los más largos y determinantes de la historia de su país. Llegó al poder después de ver cómo su madre era decapitada por orden de su propio padre y vivir unos años recluida y alejada del orden sucesorio. Pero el destino quiso que Isabel subiera al trono en 1558 y reinara sobre Inglaterra e Irlanda hasta su muerte, en 1603[1]. La reina estrechó lazos con Francia, se enfrentó a su rival María de Escocia y plantó cara al imperio de Felipe II. Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, que luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad.

El principal objetivo de Isabel I al sentarse en el trono fue poner orden en la cuestión religiosa que venía sacudiendo el país desde tiempos de Enrique VIII. Su estrategia en este sentido consistió en el restablecimiento del anglicanismo como religión oficial.

A pesar de haber sido coronada según el rito romano, Isabel pronto evidenció su voluntad de continuar la política eclesiástica de su padre. En ello se dejó guiar por consideraciones puramente políticas: la reina deseaba ejercer la autoridad eclesiástica suprema, lo que al mismo tiempo la oponía a católicos y calvinistas. Actuando con gran prudencia, promulgó en 1559 el Acta de Supremacía que puso nuevamente en vigor las leyes religiosas de Enrique VIII y Eduardo VI, abolidas en tiempos de María Tudor. Una parte integral de la conciencia histórica protestante fue el martirio de los protestantes ingleses con la hija de Enrique VIII y hermanastra de Isabel, «María la sangrienta». El libro de los mórtires de Foxe (1563), que detallaba del modo más cruento este martirio, fue enormemente popular durante el periodo victoriano[2].

El edicto de 1559, aunque reforzaba el protestantismo y declaraba la celebración de la misa ilegal, era excepcionalmente tolerante con la población católica. Los católicos quedaron en principio exentos de la asistencia obligatoria a la iglesia parroquial a cambio del pago de una moderada contribución, y la celebración privada de su culto no fue perseguida excepto en los casos en que se sospechara traición a la monarquía.

El Acta de Uniformidad, votada ese mismo año por el Parlamento, restableció el Libro de la Plegaria Común de Eduardo VI eliminando las fórmulas que pudieran resultar más ofensivas para los católicos. Los obispos católicos nombrados durante el reinado de María I protestaron e Isabel respondió deponiéndolos a todos, quedando así renovada por completo la alta jerarquía eclesiástica del reino. Sin embargo, Isabel se cuidó de no verse superada por el fanatismo protestante. En 1563, cuando el Parlamento adoptó la profesión de fe de los Treinta y Nueve Artículos que rechazaba la transubstanciación y sólo admitía dos sacramentos, la reina decretó al mismo tiempo el mantenimiento de la jerarquía y la liturgia católicas.

Isabel tuvo que hacer frente a una doble oposición: la de los católicos, que se consideraron desligados de su deber de lealtad tras la excomunión de 1570 y que pusieron sus esperanzas en la católica reina de Escocia, María Estuardo, y la de los calvinistas presbiterianos, que rechazaban la jerarquía episcopal y cualquier vestigio de catolicismo dentro de la Iglesia reformada. Isabel recrudeció las medidas represivas contra la disidencia religiosa. La celebración de la misa católica fue prohibida por completo, así como los sínodos presbiterianos de los calvinistas, que ya por entonces comenzaban a conocerse como puritanos. En 1595 se hizo obligatoria, bajo pena de prisión, la asistencia al culto anglicano. Sin embargo, hubo muchas menos ejecuciones por motivos religiosos durante los veintiocho años del reinado isabelino que durante los cinco en que María Tudor se sentó en el trono. La obra religiosa de Isabel fue duradera: dio al anglicanismo su carácter definitivo y emprendió el camino hacia la convivencia de las distintas sectas religiosas[3].

Su reinado sentó las bases de un largo tiempo de hegemonía inglesa sobre los mares y amplios territorios de ultramar. También fueron años de gran esplendor en el mundo del arte y de la literatura, con Marlowe y Shakespeare como adalides de las letras inglesas. Solamente su extraña aversión al matrimonio y su empeño por ser recordada como la reina virgen exaltando su relación con su pueblo por encima de un solo hombre, hicieron de ella un personaje un tanto excéntrico y misterioso.

[1] María Tudor se convertía en María I el 1 de octubre de 1553. Durante su reinado, Inglaterra volvió al catolicismo y se vivieron tiempos convulsos en los que la nueva reina se ganó el triste apodo de María la Sanguinaria. Su matrimonio con su primo, Felipe II, tampoco fue del agrado de los ingleses quienes intentaron colocar a Isabel en el trono. La princesa terminó recluida en la Torre de Londres pero su hermana no consiguió que fuera alejada de la sucesión ni tampoco su conversión al catolicismo.
[2] http://www.victorianweb.org/espanol/religion/protestantheritage.html
[3] Isabel I Tudor, http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=isabel-i-tudor-reina-de-inglaterra

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)