¿Cómo podemos desarrollar un pensamiento serio y reflexivo?

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En primer lugar, debemos clamar a Dios cada día y pedirle que nos ayude a desarrollar esa disposición de mente y de corazón. Muchas cosas se alían contra nosotros para que no seamos reflexivos, comenzando por la indisposición natural de nuestra carne que se opone violentamente a todo lo espiritual.

Dice Pablo en Romanos 8:7 que “los designios (o pensamientos) de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Se trata de una enemistad irreconciliable. Los pensamientos que emanan de nuestra carne son enemistad contra Dios y se oponen violentamente a todo lo bueno y espiritual.

Pensar en aquellas cosas en las que un creyente debe pensar requiere de un esfuerzo por nuestra parte, de una lucha. Observa la foto de “El pensador”, de Rodin, y te darás cuenta de que no se encuentra en una posición relajada. Todos sus músculos están en tensión. ¿Sabes por qué? Porque está pensando, no sabemos exactamente en qué, pero podemos suponer que se trata de algo serio; y pensar seriamente requiere esfuerzo. (Cuánto más cuando se está pensando en cosas santas y espirituales! Encontraremos indisposición en nuestra carne para pensar en estas cosas; debemos saber que tendremos que luchar con nuestros pensamientos.

Pero ese no es el único obstáculo que debemos vencer. También tenemos que luchar contra el espíritu de nuestra época. Vivimos en un tiempo en el que, paradójicamente, se tiene mucha información a mano, pero, al mismo tiempo, se atenta seriamente contra el proceso de pensamiento del hombre. Nunca antes había tenido el ser humano tantas    cosas en las que refugiarse para no pensar y, sobre todo, cosas tan accesibles: televisión, videos, revistas insulsas y todo lo que ofrece Internet. No es tarea fácil abstraerse de esas cosas para ocupar nuestro tiempo en algo útil y productivo. Es más sencillo desconectar la mente frente a una pantalla de TV, o divagar por Facebook, que tomar un buen libro y alimentar el alma. Debemos clamar incesantemente a nuestro Dios para que nos libre de ese terrible espíritu de la época, de esa ligereza que tristemente caracteriza a nuestra generación.

En segundo lugar, debemos esforzarnos por llenar nuestra mente de todo aquello que nos permita ser cada vez más reflexivos, más serios y más profundos en nuestro proceso de pensamiento. Hay varias cosas que debemos hacer en ese sentido.

Lo primero de todo, esfuérzate por leer diaria, ordenada y sistemáticamente la Palabra de Dios. Dice Pablo en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar abundantemente en nosotros. ¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

Continuará …

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.

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Deberes Familiares 1

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EL DEBER DEL PADRE HACIA LA FAMILIA EN GENERAL.
El que es cabeza de una familia tiene, bajo esa relación, una obra que realizar para Dios: Gobernar correctamente a su propia familia. Y su obra es doble.
Primero, tocante a su estado espiritual. Segundo, tocante a su estado exterior.

Primero, tocante al estado espiritual de su familia, ha de ser muy diligente y sobrio, haciendo lo máximo para aumentar la fe donde ya la hay y para iniciarla donde no la hay. Por esta razón, basándose en su Palabra, debe con diligencia y frecuencia, compartir con los de su casa las cosas de Dios que sean apropiadas para cada caso. Y nadie cuestione esta práctica de gobernar de acuerdo con la Palabra de Dios porque si la enseñanza en sí, es de buen nombre y honesta, se encuentra dentro de la esfera y los límites de la naturaleza misma y debe hacerse; con más razón, muchas otras enseñanzas de una naturaleza más elevada. Además, el apóstol nos exhorta: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). Poner en práctica este piadoso ejercicio en nuestra familia es digno de elogio y es muy apropiado para todos los cristianos. Ésta es una de las cosas que Dios encomendó tanto a su siervo Abraham y que tanto afectó su corazón. Conozco a Abraham, dice Dios, “conozco” (Gen. 18:19 – VRV 1909) que es, de verás, un buen hombre “porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová,…” (Gén. 18:19). Esto fue algo que también el buen Josué determinó que sería su práctica durante todo el tiempo que viviera sobre esta tierra: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15).

Además, también encontramos en el Nuevo Testamento, que los que no cumplían este deber eran considerados de un rango inferior; sí, tan inferiores que no eran dignos de ser elegidos para ningún oficio en la iglesia de Dios. El [obispo o] pastor tiene que ser alguien que gobierna bien su propia casa, que tiene a sus hijos sujetos con toda seriedad porque el hombre que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la iglesia de Dios? “Pero es necesario que el obispo sea… marido de una sola mujer,… que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Tim. 3:2, 4). Note que el apóstol parece determinar al menos esto: Que el hombre que gobierna bien su familia tiene una de las cualidades que debe tener el pastor o diácono en la casa de Dios porque el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo puede cuidar la iglesia de Dios?

Considerar esto, nos aclara la obra de la cabeza de una familia, tocante al gobierno de su casa.

1. El pastor debe ser firme e incorrupto en su doctrina y, por cierto, que también debe serlo la cabeza de una familia (Tito 1:9; Ef. 6:5).

2. El pastor debe ser apto para enseñar, redargüir y exhortar; y así debe ser también la cabeza de una familia (1 Tim. 3:2; Deut. 6:7).

3. El pastor mismo tiene que ser ejemplo de fe y santidad; y así debe ser también la cabeza de una familia (1 Tim. 3:2-4; 4:12). “Entenderé,…” dice David, “el camino de la perfección… En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Sal. 101:2).

4. El pastor tiene la función de reunir a la iglesia y, cuando la haya reunido, orar juntos y predicar. Esto es recomendable también para la cabeza de la familia cristiana.

Objeción: Pero mi familia es impía y rebelde tocante a todo lo que es bueno. ¿Qué debo hacer?

Respuesta:

1. Aunque esto sea así, igualmente, debe usted gobernarlos ¡y no ellos a usted! Dios lo ha puesto sobre ellos y usted debe usar la autoridad que Dios le ha dado, tanto para reprender sus vilezas, como para mostrarles que la maldad de su rebelión es contra el Señor. Elí lo hizo, pero no lo suficiente; igualmente David (1 Sam. 2:24, 25; 1 Crón. 28:9). También, debe contarles qué triste era su propio estado cuando se encontraba en la condición de ellos, así que esfuércese en recobrarlos de la trampa del diablo (Mar. 5:19).

2. También debe esforzarse para que asistan a los cultos de adoración a Dios, por si acaso Dios convierta sus almas. Jacob le dijo a su familia y a todos los que lo rodeaban “Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia,…” (Gén. 35:3). Ana llevó a Samuel a Silo, a fin de que morara con Dios para siempre (1 Sam. 1:22). El alma tocada por el Espíritu se esforzará por llevar a Jesucristo, no sólo a su familia, sino a toda la ciudad (Juan 4:28-30).

3. Si son obstinados y no quieren acompañarlo, entonces traiga hombres piadosos y de convicciones firmes a su casa, para que allí prediquen la Palabra de Dios cuando usted haya, como Cornelio, reunido a su familia y amigos (Hechos 10).

Usted sabe que el carcelero, Lidia, Crispo, Gayo, Estéfanas y otros fueron salvos, no sólo ellos mismos, sino que también los de su familia por la palabra predicada y algunos de ellos por la palabra predicada en sus casas (Hech. 16:14-34; 18:7, 8; 1 Cor. 1:16). Y ésta puede haber sido una razón, entre muchas, por la cual los apóstoles, en su época, enseñaban, no sólo en público, sino también de casa en casa. Posiblemente, creo yo, para ganar a los miembros de la familia que todavía eran inconversos y vivían en sus pecados (Hech. 10:24; 20:20, 21). Algunos de ustedes saben qué común era invitar a Cristo a sus casas, especialmente si tenían algún enfermo que no quería o no podía acudir a él (Luc. 7:2, 3; 8:41). Si es así con los que tienen enfermos físicos en su familia, entonces cuanto más lo es donde hay almas que necesitan a Cristo, ¡necesitan ser salvas de la muerte y la condenación eterna!

4. No descuide usted mismo los deberes familiares entre ellos; como es leer la Palabra y orar. Si tiene algún familiar que es salvo, esté contento. Si está solo, no obstante, sepa que tiene en ese momento, tanto la libertad de acercarse a Dios por medio de Cristo, como la capacidad de contar con el apoyo de la iglesia universal, uniéndose a usted en oración a favor de todos los que habrán de ser salvos.

5. No permita en su casa libros impíos, profanos o herejes, ni conversaciones del mismo tenor. “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33). Me refiero a libros profanos o herejes que tienden a provocar una vida liviana o los que son contrarios a las enseñanzas fundamentales del evangelio. Sé que se debe permitir que los
cristianos tengan su libertad con respecto a cosas que no atañen a la fe, pero esas cosas que atacan la fe o la santidad, deben ser abandonadas por todos los cristianos, especialmente por los pastores de las iglesias y las cabezas de familias. Tal como sucedió con Jacob cuando ordenó a su familia y a todos los que estaban con él que se libraran de los dioses extraños entre ellos y que se cambiaran sus vestidos (Gén. 35:2). Dejaron un buen ejemplo o dos aquellos que, según el relato de Hechos, tomaron sus libros mundanos y los quemaron delante de todos los hombres, aunque valían cincuenta mil piezas de plata (Hech. 19:18, 19). El descuido de este cuarto asunto ha ocasionado la ruina de muchas familias, tanto entre los hijos como los sirvientes. El que vanos charlatanes y sus obras engañosas desvíen a familias enteras, es más fácil de lo que muchos suponen (Tito 1:10, 11).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 3

Blog121C

La historia, espejo de la misericordia divina

Siguiendo el ejemplo de Cristo, podemos asumir sin miedo nuestro propio pasado. Con todas sus grandezas y todas sus flaquezas. Así, podemos asumir la historia de nuestras iglesias; el pasado de la Iglesia militante, imperfecta, llena de arrugas y pecados. Un pasado que, sin embargo, no la hace menos Iglesia de Cristo, con tal que confiese su insuficiencia y sus pecados a Dios, y acepte tan solo su gracia como única suficiencia. Una iglesia deja de ser iglesia únicamente cuando pretende gobernarse a si misma en lugar de dejarse gobernar por Cristo, cuando como la iglesia en Laodicea se resiste a toda reforma de parte de Dios (Ap. 3:14 22).

El pueblo de Dios deja de ser pueblo de Dios cuando, rechazando la oportunidad que le ofrece el cisma querido por el Señor (1 R. 11:20 33), desprecia como Jeroboam (1 R. 12:26 33; 13:33,34) tal oportunidad y cae en la infidelidad y la idolatría. Solo puede ser restaurado mediante el arrepentimiento que lleva a una nueva reforma, como ilustra la experiencia del rey Josías (2 R. 23 y 24).

Al asumir nuestro pasado histórico comprobamos la misericordia divina, que no tiene limites; la gracia de Cristo que perdona y transforma.

Es así como podemos asumir la historia de la Iglesia, sin preocupaciones de hagiógrafos, sin que esta historia nos hinche ni nos aplaste. Pero orgullosos de ella, y reconocidos al Señor por ella, por cuanto es el relato de la gracia y la misericordia divinas en favor de una raza caída y perdida.

Podemos asumir la historia de la Iglesia como Cristo la asume. No con la hipocresía, o ceguera, del que cree que los suyos siempre tuvieron razón, sino con la buena conciencia del que sabe que Cristo le ha perdonado a él como perdonó a sus antepasados en la fe. Podemos asumirla con el amor de quien conoce el arrepentimiento tanto en él como en los que le precedieron en la fe. Se trata de un asumir forjado en la humildad, no en el orgullo. Este es el asumir del cristiano, no del fariseo. Es la actitud del que sabe que sus padres en la fe fueron perdonados total y perfectamente por Jesucristo. Y que supieron morir para anunciar al mundo que la única y auténtica manera de vivir es la que brota del poder y de la gracia de Dios y se sustenta en el perdón divino.

No es cuestión ni de criticar ni de ensalzar descomedidamente a los siervos de Dios, ni al pueblo de Dios, del pasado. Jesucristo ha muerto por ellos. Esto basta. Murió por los criticados y por los ensalzados. Todos ellos nos fueron dados, sencilla y simplemente, como antepasados en la comunión del cuerpo de Cristo. Cuando consideramos este pasado, no podemos por menos que exclamar: “Esto viene de Dios”. Porque nuestros padres en la fe vinieron de Dios. Eran pecadores como nosotros, pero al igual que nosotros fueron justificados por el Señor, el cual asimismo justificó sus esfuerzos y trabajos para reformar la Iglesia cuando esta se hallaba decadente y deformada.

Dios quiso la Reforma

Tenemos derecho a pensar que Dios podía desear un cisma. La Biblia así lo enseña. No ignoro que esta afirmación, en nuestro tiempo de ecumenismo y de sincretismo, sonará como nota extraña, inoportuna y escandalosa.

No obstante, hemos de precisar que si Dios ama la unidad de su pueblo, no la ama por ella misma como si se tratara de un valor absoluto superior a la verdad. Ciertamente, Dios quiere la unidad de los suyos en tanto que la misma sea el fruto de la verdad y del amor, en tanto que esta unidad testifique de la comunión fraternal de los hijos de Dios. La oración de Cristo por la unidad de los suyos (Jn. 17) no expresa el deseo de una amalgama abstracta como si tal unidad fuera el sumo bien. Lo que desea Dios es que sus hijos se amen como el Padre y el Hijo se aman en la sacra intimidad de la Trinidad.

Pero cuando no todos los que se autoproclaman hijos de Dios lo son realmente, cuando en el seno de la Cristiandad nominal hay peleas y el amor brilla por su ausencia, cuando en medio de la Iglesia visible (no de la invisible, porque ésta se halla a salvo de tales contingencias) se levantan quienes desean acallar a quienes precisamente se alzan para proclamar la proclamar la verdad y la libertad, sin las cuales el amor no es más que una palabra sin sentido. Cuando se producen tales circunstancias no es de extrañar que, entonces, Dios en su soberana providencia decida llevar a cabo una división en el que se dice su pueblo. Y ello justamente para que la verdad de la Palabra de Dios sea salvaguardada, para que las iglesias sean incitadas a buscar una mayor fidelidad y una mejor disposición a dejarse reformar por la Palabra santa.

Dios se hallaba en el origen de la Reforma. Esto significa no solamente que Dios quiso una reforma sino que, además, quiso las iglesias que de ella nacieron.

Supone un gran error creer que en el plan de Dios solo hay lugar para una sola y única Iglesia visible.

Tenemos un pasado que viene de Dios. Pero no olvidemos que tenemos también un presente que viene de él. ¿Sabremos vivir el presente de la misma manera que apreciamos y amamos la obra de Dios en el pasado, es decir, como don de Dios?

La enseñanza del Nuevo Testamento

¿Es acaso diferente la enseñanza del N.T. que hemos aprendido de los ejemplos del A.T.?

Recordemos. La Iglesia, en Pentecostés, surge de una división en el pueblo judío por lo que respecta a la figura de Jesucristo.

Ni por un instante se les ocurrió a los apóstoles someterse al Sanedrín y negar a Cristo para preservar la unidad de Israel.

Israel rechazó a los apóstoles, de la misma manera que Roma rechazó la Reforma del siglo XVI.

La unidad es importante, pero la verdad lo es muchísimo más. La unidad es auténtica solamente cuando es unidad en la verdad (Jn. 17). Porque el evangelio es la garantía de la Iglesia, no la Iglesia la garantía del evangelio.

El cisma, en ocasiones, puede ser inevitable para que la fidelidad al Señor y a su Palabra se pongan de manifiesto. También es verdad que, a veces, el cisma puede ser voluntad de la carne (Gá. 5:13 15 y ss.; 6:1 10), en cuyo caso es pecado grave tratar de disfrazarlo como si se tratara de una verdadera reforma.

Toda la Biblia enseña que el cisma está justificado solamente cuando se trata de renovar, reformar y avivar una iglesia infiel (cf. Ro.12:2 y ss.).

 

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 5

Blog120E

El deber especial de la esposa: Respetar (B)

Cómo cumplir estos deberes
1. Manténganse puros antes del matrimonio. Esto les ayudará más adelante a cumplir los deberes matrimoniales. Cada uno debe “tener su propia esposa en santidad y honor” (1 Tes. 4:4). El fornicario antes de casarse, sigue con su pecado dentro del matrimonio. Cuídense de la primera aparición de la lascivia y huyan de ella como de un veneno. Mantengan su corazón lleno de las cosas de Dios y su cuerpo ocupado en el  cumplimiento de sus obligaciones. Los más grandes incendios comienzan con una chispa. El placer momentáneo que precede al tormento eterno, es pura necedad. Si han pecado ustedes de esta manera, limpien su corazón y sus manos con la sangre de Cristo por medio de la confesión a Dios, con ayuno y oración, pidiéndole perdón y fortaleza contra tentaciones futuras. Gusten de las delicias más espléndidas del favor y las promesas de Dios, el perdón del pecado y la seguridad de vida e inmortalidad. Una vez que hayan bebido de la fuente pura, nunca volverán a preferir las aguas del arroyuelo turbio.

2. Elijan con cuidado a su cónyuge. Ahora que saben lo difícil que es el matrimonio piadoso, deben orar que el Señor les guíe a dar ese paso. No amen primero y consideren después. Primero consideren y después amen. El alma del otro sea su principal preocupación, no su apariencia o dinero. ¿Por qué cargar con una cruz perpetua por una ganancia o un placer pasajero? Cásense sólo con un cristiano, cuanto más piadoso, mejor. Consideren también su personalidad. Hablen honestamente el uno con el otro sobre sus propias faltas y problemas antes de contraer matrimonio. Si alguien les vendiera un animal enfermo pretendiendo que era sano, se sentirían defraudados. ¡Cuánto peor es cuando alguien pretende ser mejor de lo que realmente es para asegurar su matrimonio al que dicen amar!

3. Estudien los deberes matrimoniales bíblicos antes de tenerlos. Ser un cónyuge piadoso es un reto tan grande que tienen que prepararse bien con anterioridad. ¡Con razón tantos matrimonios fracasan! Sucede con demasiada frecuencia que el esposo no sabe cómo gobernar, la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, engreídos e infelices. Por lo tanto, los padres deben enseñar a sus hijos acerca de los deberes del matrimonio. En caso contrario, las familias que deberían ser el semillero de la iglesia, se convierten en caldo de cultivo del desorden y la inmoralidad. Lean no sólo las Escrituras, sino también libros buenos sobre el tema. [El lector moderno tiene muchas opciones en este aspecto].

4. Resuelvan obedecer a Dios sin reservas. Hasta no haber nacido de nuevo y haber sido santificados en su corazón, no pueden agradar a Dios ni ser una bendición total para su cónyuge. El marido que realmente teme a Dios, no puede guardarle rencor a su esposa. Una Biblia colocada entre ustedes eliminará muchas diferencias, confortará en medio de dificultades y les guiará en muchas circunstancias confusas. Recuerden que la razón de los mandatos de Dios es la más elevada, de manera que la obediencia es la mayor dulzura. Guarden la Regla de Oro en su matrimonio. Ser justos y rectos fuera de casa, no excusa la maldad en casa. Cuando ambos se enfocan en sus propios deberes, serán bendecidos.

5. Obtengan y mantengan un afecto auténtico para con su cónyuge. No den lugar a los celos. No escuchen a los murmuradores ni a los chismosos. Con frecuencia, los celos se desarrollan donde faltaba un afecto sincero desde el principio.

6. Oren pidiendo gracias espirituales.
A. Sabiduría. La falta de sabiduría causa muchos problemas en el matrimonio. Necesitamos mucha sabiduría para gobernar como maridos y para someternos como esposas.

B. Humildad. Esto impide que el marido se convierta en un tirano y que la esposa no se sujete de buena voluntad a su marido. “La soberbia concebirá contienda” (Prov. 13:10). El orgulloso no puede llevarse bien, ni siquiera con un ángel; el humilde se lleva bien con cualquiera. La humildad también promueve contentamiento. El marido y la esposa humildes dirán:

“Mi cónyuge es demasiado bueno para un pecador como yo. No me merezco una pareja tan maravillosa. Esa fue una dura reprensión, pero no fue nada en comparación con el infierno, que es lo que me merezco”. La compañía de las personas realmente humildes es agradable.

C. Rectitud. Se necesita un corazón recto para guardar estos mandamientos de Dios. El corazón escogerá el camino más seguro, aunque sea el más difícil. Sufrirá el peor agravio, más bien que causar el más pequeño. Se guardará contra los inicios del pecado que, en el matrimonio, producen las peores dificultades. El esposo y la esposa rectos, se esforzarán por cumplir cada uno su propio deber y serán los más estrictos con sus propios fracasos.

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church (Iglesia Bautista Calvario), una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 2

Blog121B

No nos hagamos ídolos

Existe otro peligro extremo, opuesto. Este peligro consiste en vivir solamente de recuerdos, vueltos los ojos al pasado morbósamente. Es el pecado de los que piensan que porque los reformadores tuvieron razón ayer, nosotros la tenemos siempre hoy. Son los que desearían justificar la Reforma hasta en sus últimos y más pequeños detalles. Los que hacen depender su verdad de la verdad de ayer… Ciertamente, los reformadores no pretendieron nunca ser canonizados, ni por las iglesias ni por las conciencias de sus admiradores. Desde luego, es lícito y loable deshacer todos los “entuertos” mal intencionados que la apologética antiprotestante ha ido acumulando. Gracias a Dios, la Iglesia católica misma está produciendo en Alemania una escuela de historiadores, a la cabeza de los cuales se halla José Lortz, que trata de enjuiciar a los reformadores y a su obra de una manera objetiva. Véase, sobre todo, la obra del autor citado Historia de la Reforma en Alemania. Con todo, los cristianos bíblicos no tenemos la preocupación romana de la hagiografia, la preocupación de buscar, sea como sea, aureolas para co-locar alrededor de las figuras históricas admiradas. No debemos preocuparnos demasiado por justificar con nuestros razonamientos a los promotores de la Reforma, porque en el fondo “Esto [la Reforma] viene de Dios, ha sido él quien la ha querido. Y esta es su máxima justificación histórica. Y, lo que es más importante, su justificación ante Dios. Su única justificación eternamente válida”.

Así, por encima de los que critican y los que justifican, de los que odian el movimiento reformador del siglo XVI y los que lo aman, de los que lo rechazan y los que lo abrazan, está la voluntad de Dios: “Esto lo he hecho yo”, porque como confiesan los autores católicos bien documentados, los reformadores no querían innovar sino reformar: “Lutero no quiso fundar una nueva Iglesia, sino reformar la antigua” (Hanz Kung, El Concilio y la unión de los cristianos, Herder, p. 137). Allá la Iglesia romana con su responsabilidad ante Dios por haber rechazado en el siglo XVI, y continuar rechazándolo persisténtemente hasta hoy, el impulso del Espíritu Santo en su obra de reforma. Pero no juzguemos. Como tampoco pretendamos justificar con argumentos carnales el movimiento reformador. Es Dios quien lo justifica y esto basta. No hay por qué hacer ninguna idolatría, pues existe un camino más excelente.

“Así ha dicho Yahveh: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada aso a su casa porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la Palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la Palabra de Yaveh” (1 Reyes 12:24).

El ejemplo de Cristo

Cristo era el Verbo de Dios, el Hijo eterno del Padre. Pero también era el Hijo del Hombre, el hijo de María. Y su humanidad le dio unos antepasados a los cuales como hombre, y como judío, se halla vinculado. ¿Cómo aceptó Cristo este pasado?

Hay un texto muy curioso, y muy importante, en los Evangelios: la genealogía de Jesús, según el Evangelio de Mateo. !Qué pasado el de los antepasados de Cristo según la carne! Si bien es verdad que hallamos a hombres y mujeres que fueron célebres por su fe y por sus actos, también encontramos a otros de los cuales la Escritura guarda silencio ab-soluto, o casi absoluto (tal vez porque no había nada que decir de ellos), hay, sin embargo, otros personajes cuya historia podría hacer la competencia a ciertas revistas y películas escandalosas, si los periodistas modernos se tomasen la molestia de leer la Biblia. Recordemos la vida de Judá y Tomar, de Rahab, y de David y Betsabé.

Y Cristo, según la carne, es el descendiente de tales hombres y tales mujeres. iNo seamos fariseos! ¿No vino, acaso, a buscar y salvar lo que se había perdido? ¿Y no era condición esencial y básica para ello el identificarse con la humanidad pecadora (aunque siendo él sin pecado)? ¿Y no empezó esta identificación con la encarnación, por la cual el Verbo divino se introdujo en la historia y en la raza pecadoras del género humano?

La genealogía de Jesús es la genealogía del hombre corriente. Jesús no tiene la preocupación falsa y farisaica de la hagiografia. Dios quiere santos, desde luego. Pero para esto vino Cristo al mundo. Para redimir con su sangre a los pecadores, de manera que puedan ser hechos luego (por la gracia divina y la fe) santos. Dios sabe bien que por naturaleza no hay santos (Romanos 3), pues todos somos pecadores, y si desea santos tiene que hacerlos y recrearlos en Cristo. Así, pues, Cristo tampoco trató de justificar su genealogía, aunque sabía que esta había sido dispuesta por el Padre. Y esto bastaba.

Tampoco el evangelista Mateo se preocupa en podar el árbol genealógico de su Salvador de todas aquellas ramas que produjeron frutos dudosos, ni mucho menos cae en la tentación de cortar los injertos extraños (Rut, por ejemplo) que llevaron, sin embargo, mejor fruto. Mateo, como Jesús, acepta a los seres humanos tal como son.

Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y asume, por consiguiente, la historia de todos sus antepasados en la carne, los grandes y los menos grandes. Todos pecadores. Los asume porque perdona, porque con su sangre ha venido a vivir y a morir por ellos, justificándolos mediante su perfecta obediencia a la ley de Dios y redimiéndoles con su muerte expiatoria en el Calvario. Vino a asumir la existencia humana para reconciliarla con Dios.

Cristo asume la historia de sus antepasados. De la simiente de David según la carne, reza la Escritura. Y, por tanto, de la simiente de Adán, también. Por esta simiente se encarnó, para salvarla por pura gracia. Tenía, pues, que asumirla. Pero no como si Jesús llamase blanco a lo negro o como si encontrara excusas para todo, al modo como solemos hacerlo nosotros. No, en absoluto. Jesucristo ha venido para comunicar su vida justa y justificante a Abraham y a Isaac, pero también a Jacob, a Judá y a Tomar a David y a Betsabé, y a todos nosotros los creyentes.

Continuará …

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 4

Blog120D

El deber especial de la esposa: Respetar (A)

Esta es la cualidad especial de ella. Si tiene toda hermosura y todo conocimiento, pero no respeta a su marido, no es una buena esposa. La creación lo sugiere. Fue creada después del hombre (1 Tim. 2:13), tomada del hombre (1 Cor. 11:8) y para el hombre (1 Cor. 11:9). Este orden no es del hombre, sino de Dios. Aun después de la Caída, la orden divina sigue
en pie: “Él se enseñoreará de ti” (Gén. 3:16). El Nuevo Testamento confirma todo esto (Col. 3:18; 1 Ped. 3:1-6). Aun cuando ella sea la cosa más dulce y su marido el más malo, ella sigue teniendo el deber de respetarlo. Primero, tiene que fijar en su corazón que su posición es inferior a la de él y, entonces, podrá cumplir con facilidad y alegría todo lo que el respeto implica. No es correcto colocar la costilla sobre la cabeza, ni aun a su mismo nivel.

1. Descripción del respeto de la esposa piadosa.
A. Lo tiene en alta estima. “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Ester 1:20). Reflexione en la excelencia de su persona y valórela como debe. Y si él no es un hombre realizado, entonces debe ella considerar la excelencia de su lugar como “imagen y gloria de Dios” (1 Cor. 11:7). Lo estimó usted cuando lo eligió como marido y debe seguir haciéndolo. Recuerde la falta de respeto de Mical para con David y el consecuente castigo de Dios (2 Sam. 6:16, 23). Su familia y sus vecinos la respetarán como ella respeta a su marido. Así que, al honrarlo a él, se honra a ella misma.

B. Lo ama de verdad. Este respeto está compuesto de amor, que es también el deber de la esposa (Tito 2:4). Sara, Rebeca y Raquel dejaron completamente a sus padres, amigos y patria por amor a sus maridos. Una joven llamada Clara Cerventa estaba casada con Valdaura, cuyo cuerpo estaba tan lleno de enfermedades que nadie más se atrevía a tocarlo, pero ella curaba sus llagas con todo cuidado y vendió sus propias ropas y joyas para mantenerlo. Por último, él murió y cuando llegaron los que venían a consolarla, les dijo que, si pudiera, lo compraría de vuelta, aun si significara perder a sus cinco hijos. No hay manera mejor de generar el amor de su esposo que respetándolo.

C. Lo complace con diligencia. La palabra “respete” en Efesios 5:33 es, literalmente, “tema”. Ella debe mantener “casta conversación, que es en temor” (1 Ped. 3:2 – VRV 1909) porque el uno sin el otro, es inadecuado. Este temor no es servil, sino un sincero deseo de complacerle y negarse a ofenderlo. “Haré todo lo posible para complacerlo, aunque no temo su mano, sino su ceño fruncido. Preferiría desagradar al mundo entero antes que a mi marido”.

2. El patrón para el respeto de la esposa piadosa.
A. El respeto de la iglesia por Cristo. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;…” (Ef. 5:22). “…como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (5:24). Su sumisión ha de ser como la sumisión ideal de la iglesia a Cristo.

1) En todo. En lo grande y en lo pequeño, en lo que le es agradable y lo que le es desagradable a ella. Sólo cuando él requiere lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios requiere, ha de negarle ella, su sumisión. Ella puede razonar con él en cuestiones que le son inconvenientes a ella, pero si no lo convence y no se trata de un pecado, ella debe someterse a él. 

2) Libre, con buena disposición y alegre. El servicio que el cristiano rinde al Señor es con buena voluntad (Ef. 6:7). Así que la esposa debe someterse a su marido como si hubiera una sola voluntad en el corazón de ambos. Lea y Raquel seguían a Jacob como su sombra (Gén. 31:14-17). La reverencia de Sara era sincera, pues llamaba “señor” a su marido (Gén. 18:12) y esto es un ejemplo para las esposas cristianas (1 Ped. 3:6). Por lo tanto, una obediencia a regañadientes es inaceptable y, por lo general, brota del orgullo y engreimiento que ella no ha mortificado. Aun si él es severo, es mejor que ella cumpla su deber y deje que Dios sea quien juzgue.

B. El respeto del cuerpo por la cabeza. “Porque el marido es cabeza de la mujer,…” (Ef. 5:23). Todos los miembros del cuerpo saben que la cabeza es útil para el bien de ellos. La mano aceptará una herida para proteger la cabeza. Sea lo que fuere que la cabeza decide hacer, el cuerpo se levanta y la sigue todo el tiempo que puede. Este es el modo como la esposa debe honrar a su marido, segundo sólo a Dios. Es ridículo pensar que la cabeza
puede ir en una dirección y la costilla por otra, que un soldado mande a su general o que la luna pretenda ser superior al sol. Esto se altera, únicamente, si el marido es insano. “El hombre tiene autoridad en su casa, a menos que sea verbum anomalum; es decir, un necio” (Lutero). 

3. La demostración de respeto de la esposa piadosa.
A. De palabra.
“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si ella realmente lo respeta, se notará en lo que dice. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26; vea 15:4).

1) Habla respetuosamente de él, en su ausencia. Ninguna esposa es demasiado grande ni buena como para no imitar el ejemplo piadoso de Sara y darle un título de respeto como “señor” (1 Ped. 3:6). La mujer malvada se refiere a su marido como “el hombre” (Prov. 7:19, literalmente en hebreo). ¡Oh, que esto fuera lo peor que las esposas llamaran a sus maridos a sus espaldas!

2) Le habla respetuosamente en su presencia. Cuídese de:
a. Interrumpirlo cuando habla o decir diez palabras por una de las de él. El silencio, más que el hablar, muestra la sabiduría de la mujer. La mujer sabia usa las palabras con moderación.

b. Usar palabras o un tono irrespetuoso. Procure ser un “espíritu agradable y paciente” (1 Ped. 3:4). No tema que esto empeorará a su marido, más bien confíe en la sabiduría de Dios (1 Ped. 3:1; Prov. 25:15). Recuerde que Dios le escucha y le juzgará por cada palabra ociosa (Mat.12:36). Idealmente, tanto el esposo como la esposa, deben ser lentos para apasionarse, no obstante esto, donde uno debe ceder, lo más razonable es que sea la esposa. Ninguna mujer recibe honra por haber tenido la última palabra. Algunas mujeres argumentan que su lengua es su única arma, pero el sabio sabe que a su lengua la enciende el infierno (Stg. 3:6). Note cómo Raquel le habló impulsivamente a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gén. 30:1) y en cuanto tuvo dos, ¡murió! (Gén. 35:18). Por otro lado, Abigail se comportó con prudencia y recibió honra. Si el respeto no prevalece con él, el enojo tampoco. Por eso es que el marido y la esposa deberían acordar que nunca se levantarán la voz uno al otro.

B. De hecho.
1) Ella obedece sus instrucciones y sus restricciones. Sara obedeció a Abraham y ella es un ejemplo digno (1 Ped. 3:6). Él le dijo: “Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes” (Gén. 18:6) y ella lo hizo inmediatamente. La esposa está obligada a obedecer a su marido con sinceridad en todo lo que no sea contrario a la voluntad revelada de Dios y, aun en este caso, debe negarse respetuosamente. Por ejemplo, ella no puede dar su consentimiento a omitir la lectura bíblica o la oración o a no santificar el Día del Señor, aunque él lo mande enérgicamente. El hogar es el lugar apropiado para ella; ella es su hermosura; allí es donde se desenvuelve y es su seguridad. Sólo una necesidad urgente debe impulsarla a salir. Los pies de la prostituta no moraban en su casa (Prov. 7:11). La esposa debe vivir donde su marido lo juzga mejor. Las esposas deben “amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa [en griego, oikouros, que significa cuidar la casa, trabajar en el hogar, quedándose en casa y atendiendo los asuntos de la familia, Concordancia de Strong], buenas, sujetas a sus maridos” (Tito 2:4, 5).

2) Ella le pide su consejo y escucha sus reconvenciones. Rebeca no mandó a Jacob a su hermano Laban sin consultarle a Isaac (Gén. 27:46). Sara no echó a la sierva Agar sin consultarle a Abraham (Gén. 21:10). La mujer sunamita no iba a recibir al profeta en su casa sin decirle a su marido (2 Rey. 4:10). Su tarea más difícil es escuchar la reconvención con cariño y gratitud, especialmente, si tiene un espíritu orgulloso y contencioso. Pero ella debe recordar que tiene sus faltas y que nadie las ve mejor que su marido. Así que contestarle con dureza por sus reconvenciones muestra una gran ingratitud. Si ella realmente lo respeta, esta será una píldora mucho más fácil de tragar.

3) Ella mantiene una actitud respetuosa y alegre en todo momento. No debe ceder a la irritabilidad o la depresión cuando él está contento, ni estar eufórica cuando él está triste. Debe hacer todo lo posible para que él se complazca en ella. Exprese ella contentamiento con lo que tiene y con su posición, y un temperamento dulce a fin de que él disfrute de estar en casa con ella. Estudie ella cómo le gustan a él sus comidas, sus ropas, su casa y obre conforme a lo que le agrada porque, aun debido a estas pequeñeces, surgen muchas agrias discusiones. Nunca debe permitir que su exceso de confianza con él, genere desdén. El amor de él no debe hacerle olvidar sus deberes, sino aumentar sus esfuerzos. Su cariño no debe disminuir su respeto por él. Es mejor obedecer a un hombre sabio que a uno necio. La mayoría de los maridos se reformarán si sus esposas los respetan adecuadamente. De la misma manera, la sabiduría y el afecto de él se ganan el respeto de la esposa, en la mayoría de los casos.

Algunos harán caso omiso a estos consejos con la excusa de que nadie puede ponerlos por obra, pero esto es una burla a Dios. Él castigará a los tales. Si su venganza no le llega en esta vida, como sucede con frecuencia con los rebeldes, entonces le llegará en la próxima. El cristiano auténtico se caracteriza por un sometimiento fundamental al consejo bíblico; sin estos, somos meros hipócritas.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 1

blog121

¿Cabe el cisma en los propósitos de Dios?
¿Puede Dios desear la división del que se dice su pueblo?

¿Conoces la historia del cisma entre el Reino del Norte (Israel), y el Reino del Sur (Judá)? Abre tu Biblia en el capítulo 11 del Primer Libro de Reyes y aprenderás que después de la muerte de Salomón, Roboam (su sucesor) en lugar de aligerar el yugo que pesaba sobre el pueblo de Dios, lo agravó todavía más. Entonces, Jeroboam, un hombre del norte, levanta en rebeldía a las tribus del norte. Y consuma la división.

Esto ocurría 931 años antes de Jesucristo.

Desde entonces, ante nosotros se plantea una pregunta grave: ¿Permitirá Dios el que su antiguo pueblo sea dividido? Esta pregunta es de un interés angustioso sobre todo si la hacemos a la luz de los acontecimientos que siguieron al cisma. El cisma no fue un éxito completo ni para unos ni para otros, aunque la bendición de Dios se volcó evidentemente sobre el Reino del Sur. El Reino del Norte, Israel, se convirtió en el baluarte de la idolatría. El Reino del Sur sobrevivió en ciertas épocas y bajo ciertos reyes, pero finalmente también sucumbió. El pecado, inherente a la naturaleza humana, hizo su obra en ambos reinos, aunque la fidelidad a Dios se manifestó particularmente en ciertos hombres y períodos de la historia del Reino del Sur.

Tanto para el Norte como para el Sur, la historia termina trágicamente. Lee los libros de Crónicas y Reyes y verás en qué terminó la idolatría y la apostasía de Judá e Israel.

Y nosotros hacemos la pregunta: ¿Quería Dios el cisma?

La respuesta es clara y terminante. Dios mismo nos dice: “Esto lo he hecho yo” (I Reyes 12:24).

Y si todavía esto no fuera suficiente para convencernos, la Biblia misma nos invita a volver al capítulo 11, el anterior, en donde veríamos que, ya en vida de Salomón, Dios había enviado otro profeta, Ahías silonita (I Reyes 11:29 y ss), para predecir el cisma y escoger, anticipadamente, a Jeroboam como rey de las tribus del norte.

Nuestra posición ante el cisma del siglo XVI.
Está, pues, bien claro. Ha sido Dios mismo el que ha querido, preparado y realizado, el cisma en su pueblo. Y ha previsto incluso a aquellos que se opondrían al mismo. Esto nos permitirá poder hablar fraternalmente a todos cuantos hacen del problema de la unidad visible de la Iglesia de Cristo la más angustiosa de las cuestiones religiosas. La preocupación por la unidad del pueblo de Dios es una preocupación santa, siempre que se albergue dentro de una perspectiva equilibrada en la que la verdad sea más importante que la unidad misma. El peligro de desorbitar el problema de la unidad conduce a un falso ecumenismo (tan extendido, desgraciadamente, en nuestros días) que tiende a contagiar a muchas iglesias y personas.

La Biblia enseña otras perspectivas muy diferentes de las que tiene cierto ecumenismo moderno para enjuiciar el problema del cisma y la unidad.

Ciertamente, aunque nada nuevo hay debajo del sol, por otro lado la historia no se repite nunca exactamente igual. No se trata de aplicar, como si fuera una calcomanía, la situación del antiguo Israel a las circunstancias de la Iglesia. Pero sería menospreciar la enseñanza de la Palabra de Dios si no supiésemos ver en el A.T. la norma y el ejemplo para el pueblo de Dios de todas las edades, pues como escribió Pablo, las viejas cosas fueron dichas para nuestra admonición.

Resulta claro que el Primer Libro de Reyes muestra cómo Dios puede querer el cisma y puede efectuarlo por sí mismo. Además, la Biblia enseña que la coyuntura a que es llevado el “cismático”, considerada para algunos como la más grande de las tragedias, puede inspirarse en una necesidad de obediencia y fidelidad a Dios y su Palabra.

Desde luego, no queremos decir con ello que todos los “cismas” han sido queridos por Dios, ni mucho menos. Del mismo modo que no todos los anhelos ecuménicos son según la voluntad de Dios. Tan solo queremos subrayar el hecho de que hay “cismas” y “cismas”. Y por consiguiente, los hay que son deseados y efectuados por Dios.

Enjuiciando la Reforma del siglo XVI, la cual produjo un cisma en la Iglesia visible, hay quien le reprocha el no haber podido alcanzar a toda la comunidad nominal de la cristiandad. Por consiguiente, piensan que puestos a elegir entre reformar a una parte solamente de la Iglesia (a expensas de su unidad visible) o guardar esta unidad (a expensas de dejar a la Iglesia sin reformar), era mejor optar por lo segundo. En otras palabras: estas personas consideran la Unidad visible como algo mucho más importante que la fidelidad a la verdad de la Palabra revelada. Pero este concepto entra en pugna con la enseñanza bíblica.

Decir que la Reforma del siglo XVI fue un fracaso porque no logró reformar a toda la cristiandad equivale a decir que Dios también fracasó al provocar el cisma entre Israel y Judá, cisma que tan solo consiguió mantener un destello de fe en el Reino del Sur, y aún no siempre.

Todo aquel que juzga el pasado desde una posición de cómoda crítica se expone a que el pasado lo juzgue a él. Todos estos, católicos o no católicos, que en aras de un mal entendido ecumenismo dicen, o piensan, más o menos: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de la Reforma, ubiésemos sido menos dogmáticos, menos intransigentes, me-nos rigurosos, en suma: ¡menos reformados”. Todos los que piensan así, explícita o implícitamente, ¿qué papel hubieran desempeñado en el siglo XVI? Por más que nos esforcemos, no podemos asignarles otro que el de espectadores, insensibles o sensibles (pero de sensibilidad sentimentaloide e ineficaz), de los autos de fe y serviles aduladores de hombres y doctrinas en los cuales ya no creían sinceramente.  En suma, su papel hubiera sido bien triste y cobarde … Y, por tanto, si actitud hoy, pretendiendo juzgar a la Reforma, olvidando su contexto histórico, y hablando de lo que o no entienden o no aman, en la Biblia se llama fariseísmo.

Ante la Reforma, y ante los reformadores, no podemos decir otra casa que: “Esto viene de Dios”. ¡Ni más ni menos.

Continuará …

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 3

blog120c

 

El deber especial del esposo: Amar

El amor es el fundamento de todos los demás deberes para con ella. Todo fluye de esto. Sin amor, cada cumplimiento de un deber para con ella parece difícil. La ternura, el honor y la amabilidad son meros rayos del sol del amor.

1. Las dimensiones del marido piadoso. El amor de un esposo por su esposa es particular a esta relación. Es distinto del amor paternal y de la lascivia animal.

A. La razón de él. Usted está casado con ella y Dios ordena a los esposos que amen a sus esposas. Solamente esto durará para siempre, ya que ella puede perder sus encantos de muchas maneras.

B. La extensión de él. Usted debe amar tanto su cuerpo como su alma. Por lo tanto, debe escoger una esposa que le es atractiva por su físico y por su personalidad y espiritualidad. De otra manera, no le hace justicia a ella.

C. El grado de él. Por sobre el amor hacia todos los demás, incluyendo a sus padres e hijos y, ciertamente, sobre cualquier persona fuera de la familia. “En su amor recréate siempre” (Prov. 5:19).

D. La duración de él. “Siempre” (Prov. 5:19, recién citado), no sólo en público, sino también en privado, no por una semana o un mes o un año, sino hasta la muerte. Su amor debe aumentar diariamente, incluyendo en la vejez. Tuvo usted su hermosura y su fuerza, así que ¿por qué no sus arrugas y enfermedades? La hermosura interior aumenta a medida que la hermosura exterior disminuye. Existen muchas razones bíblicas por las cuales el amor del marido debe ser perpetuo.

2. El patrón para el amor del marido piadoso.

A. El amor de Jesucristo por su iglesia. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25); “…sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (5:29). Aunque no podemos lograr ser iguales a Cristo, esta cualidad de nuestro amor debe ser como la de él. Entonces, ¿cómo ama Jesucristo a su iglesia?

1) Auténticamente, sin hipocresía. Su amor fue tan real e intenso que murió por la iglesia.

2) Libremente, incondicional antes y sin expectativas después. Se dio a sí mismo para limpiar su iglesia, lo cual implica que antes ella no era ninguna belleza. El esposo, por su propio amor, debe generar amor en ella. El amor verdadero se trata más de mejorar el objeto del amor, que de enriquecer el tema.

3) Santamente, sin impureza. Cristo amó a la iglesia “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (5:26). Esto enseña al marido a obrar diligentemente para promover la santificación de su esposa.

4) Grandemente, sin comparación. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Esto es lo que Cristo hizo por su iglesia (Ef. 5:25).

5) Constantemente, sin cambiar. “A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…” (Ef. 5:27). Muchas veces ella ha hecho a un lado a Cristo, no obstante, él sigue amándola. Los esposos deben copiar su ejemplo. Ninguna mala conducta de parte de ella, justifica que la deje de amar.

6) Activamente, sin descuidarla. “…La sustenta y la cuida,…” (Ef. 5:29). Debe hacer lo máximo para llenar las necesidades de ella, ya sea de sustento, de su amistad constante o de su cuidado cuando está enferma.

B. El amor del esposo por él mismo. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (5:28). “…Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo;…” (5:33). Si bien este modo de amar es menor que el amor de Cristo por su iglesia, es más fácil de entender.

1) Tiernamente. Tratamos nuestras propias heridas y angustias con más ternura que nadie. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne,…” (5:29). Las esposas son como vasos de cristal, que se rompen fácilmente si no se las trata con ternura. Las mujeres son más propensas a los temores y las pasiones y los sufrimientos.

2) Alegremente. Nadie está tan listo para ayudarlo a uno como lo está uno mismo. Los mejores amigos a veces fallan, pero usted se ayuda a sí mismo. Así que esté listo para ayudar a su esposa. Si una nube se cierne entre ustedes, disípela con su amor. Usted no seguirá enojado consigo mismo por mucho tiempo. Ne deben necesitar un mediador.

3. La demostración del amor del marido piadoso.

A. De palabra.                                                  1) Le enseña. “…Vivid con ellas sabiamente,…” (1 Ped. 3:7). Ellas deben preguntar “en casa a sus maridos” si desean aprender algo y no hablar en la congregación (1 Cor. 14:35). ¡Ay del esposo a quien le falta la voluntad o la habilidad de enseñar a su esposa! En cualquiera de los dos casos, debe adquirirla. De no ser así, ¡ella probablemente lo maldiga para siempre en el infierno!

2) La reprende. “…el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8), de manera que pase por alto muchas de sus faltas. La espada pierde su filo por el uso constante, lo mismo sucede con la reprensión. No obstante, el amor verdadero, a veces, requiere la reprensión, pero debe hacerse con la mayor sabiduría y ternura imaginable, no delante de extraños, raramente ante la familia, principalmente por pecados, rara vez por otra cosa. Elogie primero y explique después. La reprensión debe ser corta, como una  palmada rápida y leve (es claro que esto es puramente una comparación; el marido jamás debe pegar a su esposa). Si la poción está demasiado caliente, hace más daño que bien. Siga el ejemplo de Job cuando dijo simplemente: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (Job 2:10). La reprensión leve es la que más  posiblemente le impulse a ella a arrepentirse sinceramente (Prov. 25:15).

3) La alienta. Elógiela cuando hace algo bueno. Esto es importante porque le ayudará a ver la sinceridad de su amor cuando tiene que reprenderla y hará que las reprensiones sean más convincentes.

4) La conforta. Especialmente cuando está sufriendo emocional o físicamente. Por los tiernos razonamientos de Elcana con Ana, ella volvió a comer (1 Sam. 1:8, 9). Las palabras gentiles de un esposo, son como medicina para su esposa. No la subestime.

B. De hecho.
1) Le provee el sustento. Es principalmente deber del esposo proveer sustento para su esposa (Éxo. 21:10). Ella debe ayudar hasta donde puede. El “honor” que debe darle el marido a su esposa como el vaso más frágil, bien puede referirse a su mantenimiento (1 Ped. 3:7; Mat. 15:6; 1 Tim. 5:3). Debe proporcionarle sustento, no sólo en vida de él, sino también para cuando él haya partido, como lo hizo Cristo en relación con su iglesia. Si puede, debe darle un monto para que maneje a su gusto, a fin de que ella pueda hacer caridad y animar a los siervos e hijos en el cumplimiento de sus obligaciones.

2) Le demuestra gran ternura. Esto se expresa especialmente en protegerla de peligros, tentaciones, daños, reproches, desprecios y su comprensión en los momentos de dificultades.

3) Le es un buen ejemplo. Por lo general, las esposas siguen a sus maridos al infierno o al cielo. El ejemplo de él es de más influencia de lo que él cree. Salomón lo llama “al compañero (guía) de su juventud (de ella)” (Prov. 2:17). Por lo tanto, establezca pautas de piedad, seriedad, caridad, sabiduría y bondad. Ella aprenderá a orar al escuchar sus oraciones. Su vida será una regla o una ley para la de ella.

4) Le concede pedidos razonables. Recuerde que David le otorgó a Betsabé el pedido que le hizo de que su hijo ocupara el trono (1 Rey. 1:15- 31), Isaac le otorgó a Rebeca su pedido de una esposa piadosa para Jacob (Gén. 27:46; 28:1) y Jesucristo otorga pedidos razonables a su iglesia. El esposo debe estar anticipando los pedidos de ella y otorgárselos antes de  que los pida. Él debe buscar su consejo, como lo hicieron Elcana y
Abraham (1 Sam. 1:23; Gén. 21:12) y ceder cuando ella tiene razón.

5) Confía en ella en cuestiones domésticas. “El corazón de su marido está en ella confiado” (Prov. 31:11), especialmente si tiene el criterio suficiente que necesita tener para manejar los asuntos del hogar. El esposo tiene cosas más importantes que hacer que mandar a los sirvientes de la casa. Ella quizá le consulte ocasionalmente a él, a fin de que si las cosas no salen bien, ella no tenga la culpa. Pero, por lo general, él debe moverse en una esfera fuera de la casa y ella en la de ella, dentro del hogar. Él debe traer la miel y ella debe trabajarla en el panal.

6) Ejerce autoridad para con ella. El omnisciente Dios invistió al primer esposo con esa autoridad (Gén. 2:23) y no se la quitó en su caída (Gén. 3:16). La luz de la naturaleza y del evangelio lo requieren (Ester 1:22; 1 Cor. 11:3). Sólo las mujeres orgullosas e ignorantes lo cuestionan. Pero el esposo debe usarla:

a. Sabiamente. Puede mantener su autoridad únicamente por medio de una conducta realmente espiritual, seria y varonil. Le será difícil a ella reverenciarlo, si él no reverencia a Dios. Si él es superficial o afeminado, la perderá.

b. Gentilmente. Recuerde que aunque su posición es superior, sus almas son iguales. Ella es su compañera, por lo tanto, no puede ejercer dominio sobre ella como un rey lo hace con sus vasallos, sino como la cabeza lo hace con su cuerpo. Eva no fue formada de la cabeza ni del pie de Adán, sino de su costado, cerca de su corazón. Su actitud debe ser amistosa, sus palabras dulces, sus órdenes escasas y respetuosas y sus reprensiones gentiles (Col. 3:16). No piense que el modo de mantener a una esposa bajo su autoridad
es por intimidarla. Si la mansedumbre de la sabiduría no prevalece con ella, entonces ha fracasado usted en este mundo y ella en el mundo venidero.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 4

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Las palabras de Pablo: “Dios […] pagará a cada uno conforme a sus obras” (Ro. 2:5,6) y “porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo […) de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:10,12), claramente enfocan la responsabilidad individual a la que se da prioridad en el Nuevo Testamento. Estos pasajes deben ser vistos como la unificada enseñanza de las Escrituras, empezando por Moisés (Dt. 24:16), continuando con los profetas (Jer. 31:29,30; Ez. 18:1-4,14-16,18-20; Dn. 9:4, 5,7-9), y culminando con las enseñanzas de Jesús (Jn. 8:11; 9:1-3).

Moisés había tratado de corregir el paganismo de sus días, pero para el tiempo de los profetas el pueblo había vuelto a sus caminos paganos. Los profetas también trataron de corregirlo, pero para el tiempo de Jesús el pueblo había vuelto a caer en el pensamiento pagano.

La iglesia tiene hoy el testimonio de Moisés, de los profetas, de Jesús, y de los apóstoles, juntamente con el Nuevo Testamento, la plenitud del Espíritu y sus dones, incluido el de discernimiento. No obstante, un gran porcentaje de la iglesia cristiana está cayendo en el evangelio metafísico y pagano de la nueva era.

La iglesia en el siglo XXI debe afirmar la suficiencia del sacrificio de Cristo tan inequívocamente como lo hizo al principio. Pablo declaró, sin temor a contradicción: “A vosotros, estando muertos en pecado y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente [la referencia es a los espectáculos romanos en que los emperadores y generales que ganaban una guerra marchaban por las calles de Roma con el botín y los prisioneros conquistados para mostrar, tanto al ciudadano como al enemigo, el poder del Imperio], triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:13-15). Ver también: Gálatas 3:13; 1 Corintios 6:9-10; Romanos 3:23-24.

¿Qué podemos aprender del roce con esta herejía?

1. Las Escrituras son la única lámpara a nuestros pies y luz a nuestro sendero en que podemos confiar.

2. Las palabras del hombre solo pueden llevarnos de vuelta a la esclavitud: por ejemplo, el temor. Tenemos que obtener todo el consejo de Dios en las Escrituras, en vez de seguir la última decadencia teológica.

3. El hombre caído siempre busca soluciones rápidas. Casi ninguno de los problemas encarados por las ceremonias de maldición generacional puede ser echado fuera o atado. Los problemas de conducta tienen que ser tratados en nuestro andar de discipulado. Necesitamos diariamente tomar nuestra cruz, considerarnos muertos al pecado y vivos a Dios en Cristo, traer a sujeción nuestro cuerpo, llevar cautivo cada pensamiento a la obediencia de Cristo, y renovar nuestra mente por la Palabra de Dios. Un exorcismo “a la volada” de nuestras imperfecciones de carácter nos dejará decepcionados porque despertaremos el próximo día para descubrir que todavía tenemos esas imperfecciones. Jesús no nos ha llamado a una versión de método fácil del cristianismo. Él nos ha llamado al discipulado, a diariamente seguir al Maestro, sometiéndonos a su señorío, aprendiendo de él, para llegar a ser más como él.

1. Sirve para recordarnos el poder y la suficiencia de la sangre de Cristo.

2. Porque la maldición generacional nos ha llevado a retornar a la Biblia para reevaluar su mensaje, de nuevo se nos recuerda que nuestras obras tienen consecuencias, y que nuestra vida tiene un poderoso impacto en nuestros hijos, para bien o para mal. Por la manera en que viven algunos creyentes, es como dice el profeta Oseas: “Porque sembraron vientos, y segarán torbellinos” (Os. 8:7). Mucha gente en nuestras iglesias necesita de un verdadero arrepentimiento bíblico, una transformación, y el poder del Espíritu para que vivamos en forma ejemplar conforme al llamado de Dios. Las palabras de Pablo claramente muestran que cualquier deuda de pecado que hayamos acumulado fue efectivamente cancelada gracias a la muerte vicaria o sustitutiva de Jesús. Además, Pablo afirma que los poderes y principados que nos tenían esclavizados en el pecado no solo fueron vencidos y desarmados, sino también totalmente humillados. La muerte de Cristo ofrece tanto el perdón de pecados como la liberación de la opresión, y la posesión demoníaca a quienes se apropian de este sacrificio. Conclusión: Las Escrituras nos enseñan que el sacrificio de Cristo es suficiente y completo para el perdón de nuestros pecados, que no estamos atados a los pecados de nuestros padres, cada quién es responsable de su propia vida y obras delante de Dios de forma individual. No necesitamos ceremonias ni ritos de exorcismo para ser libres. “Así que, sí el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36).

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

Los deberes de esposos y esposas 2

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Deberes que corresponden a ambos por igual

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24) y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de (tu) padre” (Sal. 45:10). Él tiene que “vivir con” su esposa (1 Ped. 3:7) y ella que “no se separe de su marido”, aunque éste sea inconverso (1 Cor. 7:10). Los otros deberes del matrimonio  requieren vivir juntos, teniendo relaciones sexuales regularmente, las cuales cada uno le debe al otro (1 Cor. 7:3-5). El A.T. prohíbe que los esposos vayan a la guerra durante su primer año de matrimonio (Deut. 24:5). Esto muestra la importancia de vivir juntos.

2. Amándose el uno al otro. Éste es un deber tanto del esposo (Col. 3:19) como de la esposa (Tito 2:4). El amor es la gran razón y el consuelo del matrimonio. Este amor no es meramente romance, sino afecto y cuidado auténtico y constante y “entrañablemente de corazón puro” (1 Ped. 1:22) el uno por el otro. El amor matrimonial no puede basarse en belleza o riqueza, pues éstas son pasajeras y ni siquiera en la piedad, pues ésta puede menguar. Tiene que basarse en el mandato de Dios que nunca cambia. El voto matrimonial es “para bien o para mal” y los casados deben considerar a sus cónyuges como lo mejor en este mundo para ellos. El amor matrimonial tiene que ser duradero, perdurando aun después de que la muerte haya roto el vínculo (Prov. 31:12). Este amor de corazón puro produce, como consecuencia, el contentamiento y consuelo. Guarda contra el adulterio y los celos. Previene o reduce los problemas familiares. Sin él,el matrimonio es como un hueso dislocado. Duele hasta que vuelve a encajarse en su lugar.

3. Siendo fieles el uno al otro. Cada varón debe tener (sexualmente) su propia esposa y cada esposa, su propio marido (1 Cor. 7:2) y sólo los suyos propios. Imiten al primer Adán, quien tuvo sólo una esposa y al segundo Adán, quien tiene una sola iglesia. El pacto matrimonial los enlaza a ustedes a sus propios cónyuges: Los más queridos, dulces y mejores del mundo. La infidelidad más pequeña, aun en el corazón, puede llevar a un adulterio en toda la extensión de la palabra. Sin arrepentimiento, el adulterio destruye la felicidad terrenal, al igual que la expectativa razonable del cielo. Casi disuelve el matrimonio y, en el A.T., era un crimen sancionado con la pena de muerte (Deut. 22:22). Cuídense para evitar las tentaciones de este pecado. El hombre que no se satisface con una mujer, nunca se satisfará con muchas porque este pecado no tiene límites. La fidelidad también incluye guardar el uno, los secretos del otro. Estos no deben revelarse, a menos que exista una obligación mayor. Contar los secretos del cónyuge es malo cuando sucede por accidente, peor cuando es el resultado de un enojo y peor todavía cuando es motivado por el odio.

4. Ayudándose el uno al otro. La esposa ha de ser “ayuda idónea” para su esposo (Gén. 2:18), lo cual implica que ambos deben ayudarse mutuamente. Deben compartir estas cosas:

A. Su trabajo. Si ella trabaja en casa y él trabaja fuera, el trabajo de ambos será más fácil. Para motivación, preste él atención a todo el libro de Proverbios y ella, especialmente, al último capítulo.

B. Sus cruces. Aunque los recién casados esperan que el matrimonio sea sólo placer, las dificultades de seguro llegarán (1 Cor. 7:28). Quizás tengan que enfrentar la pérdida de bienes mundanales, daño a sus hijos, aflicciones causadas por amigos, tanto como por enemigos. Cada cónyuge tiene que ser un amigo para el otro, venga lo que venga.

C. Su consagración a Cristo. Vivan como herederos “juntamente de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). La meta más alta del matrimonio es promover la felicidad eterna mutua. En esto, la cooperación es muy importante. Los conocimientos de él, deben ayudar a vencer la ignorancia de ella y el fervor de ella, el desaliento de él. Cuando el esposo está en casa, debe instruir y orar con su familia y santificar el Día de reposo pero, en su ausencia, ella debe atender estas cuestiones.

5. Siendo pacientes el uno con el otro. Este deber es hacia todos, pero especialmente, hacia nuestro cónyuge (Ef. 4:31, 32). ¡En el matrimonio hay muchas tentaciones para impacientarse! Perder los estribos causa guerras civiles en casa y nade bueno viene de ello. Ambos necesitan un espíritu humilde y quieto. Aprendan a estar en paz consigo mismos para mantener la paz. Retírense hasta que la tormenta haya pasado. Ustedes no
son dos ángeles casados, sino dos hijos pecadores de Adán. Disimulen las faltas menores y tengan cuidado al confrontar las mayores. Reconozcan mutuamente sus propios pecados y confiésenlos todos a Dios. Cedan el uno al otro en lugar de ceder al diablo (Ef. 4:27).

6. Salvando el uno al otro. 1 Corintios 7:16 insinúa que nuestro gran deber es promover la salvación de nuestro cónyuge. ¿De qué sirve disfrutar del matrimonio ahora y luego irse al infierno juntos? Si uno deja que su cónyuge vaya a condenación ¿dónde está su amor? Ambos deben inquirir sobre el estado espiritual del otro y usar los medios debidos para mejorarlo. Crisóstomo dijo: “Vayan los dos a la iglesia y luego dialoguen juntos sobre el sermón”. Si los dos ya son cristianos, entonces han de hacer lo que pueden para ayudarse mutuamente a llegar a ser santos más perfectos. Hablen con frecuencia de Dios y de cosas espirituales. Sean compañeros peregrinos a la Ciudad Celestial.

7. Manteniendo relaciones sexuales matrimoniales con regularidad, pero  moderadas. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb.13:4. La relación sexual en el matrimonio ha sido diseñada para remediar los afectos impuros, no excitarlos. No pueden ustedes realizar con su cónyuge cada necedad sexual que se les ocurra, por el mero hecho de estar casados. Ser dueños de un vino, no les da permiso para emborracharse. Sean moderados y sensatos. Por ejemplo, pueden abstenerse por un tiempo para dedicarse a la oración (1 Cor. 7:5). Aun en las relaciones matrimoniales tenemos que demostrar reverencia a Dios y respeto mutuo. El amor auténtico no se comporta groseramente.

8. Cuidando el uno los intereses del otro, en todas las cosas. Ayúdense a mantener una buena salud y estén enfermos juntos, por lo menos en espíritu. El uno no debe ser rico, mientras el otro sufre necesidad. Promueva cada uno, la buena reputación de su cónyuge. El esposo, naturalmente y con razón, se interesa por las cosas que son del mundo, cómo puede agradar a su esposa y la esposa hace lo mismo (1 Cor. 7:33, 34). Esto da honor a su fe, consuelo a sus vidas y una bendición en todo lo que tienen. Deben ser amigos íntimos, riendo y llorando juntos, siendo la muerte, lo único que separa sus intereses.

9. Orando el uno por el otro. Pedro advierte qué hacer para que “vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7), lo que sugiere es que deben orar el uno por el otro y juntos. “Oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril” (Gén. 25:21). Tenemos que orar por todos, pero, especialmente, por nuestro cónyuge. El amor más puro se expresa en la oración sincera y la oración preserva el amor. Procuren tener momentos de oración juntos. El Sr. Bolton oraba todos los días dos veces en privado, dos veces con su esposa y dos veces con su familia. La oración eleva al matrimonio cristiano por encima de los matrimonios paganos y de la cohabitación de los animales.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 3

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Herejías en la enseñanza de la maldición generacional

¿Qué daño hace tomar livianamente las Escrituras y decir algunas oraciones extras? He aquí una lista incompleta de los efectos perjudiciales de la maldición generacional.

1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (cf. 2 Ti. 3:15-17; 2 P. 1:3-8).

2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.

3. Tergiversa el evangelio de Cristo (cf.Gá.1:6-9)

4. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal. La popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales se centra en la corriente de la psicología moderna, se rehúsa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la Iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general consiste en pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y nos advierten que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho: “El Diablo me hizo hacerlo“.

1. Nos acerca un paso más al paganismo de la nueva era del que fuimos llamados.

2. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras.

Las Escrituras nos enseñan que cada persona es responsable de sus propios pecados y que ninguno pagará por los pecados de sus padres

Jeremías, contemporáneo de Ezequiel, habló a los judíos en Jerusalén: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jer. 31:29,30).

Estos pasajes son claros. En efecto, este es el principio de que las Escrituras se interpretan a sí mismas: los pasajes difíciles deben ser interpretados a la luz de pasajes más claros, como estos de Ezequiel y Jeremías.

Es importante notar que no todos los judíos en esos tiempos trataban de culpar a los demás. Aun-que tuvo las mismas pruebas del cautiverio en Babilonia, el profeta Daniel mostró una actitud opuesta a sus contemporáneos en Judá y Babilonia. En vez de culpar por su destino a sus antecesores, como hacía el público oyente de Jeremías y Ezequiel, él aceptó su propia responsabilidad personal y la de sus contemporáneos por el juicio que había caído sobre ellos. Escribió: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas […]. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Dn. 9:4, 5,7-9).

En la oración de Daniel, no se menciona que la razón del exilio sea por los pecados de los padres. Esto es aun más asombroso si recordamos que Daniel era consciente de que, por generaciones, Dios había enviado profetas para advertir a Israel de ese juicio si no se arrepentían.

En el tiempo de Jesús, los judíos habían olvidado otra vez las correcciones del paganismo expresadas por Moisés y los profetas. Jesús encaró los mismos asuntos. En Juan 9:1-3 leemos: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Aunque los discípulos tenían el antiguo punto de vista pagano de que la culpa y el pecado podrían ser heredados, Jesús enfatizó la gloria y la gracia de Dios.

Jesús también afirmó: “Vete, y no peques más” (Jn. 8:11). Las palabras de Jesús sugieren que el perdón de Dios basta para alcanzar un grado tal de transformación espiritual que produzca un cambio de vida. Jesús creía que la mujer a quien acababa de perdonar era libre de escoger si permanecería en el pecado o se apartaría de él. No se hace ninguna referencia a la necesidad de una oración adicional, una ceremonia, o una fórmula de renunciación para complementar la oferta de la gracia y el perdón de Dios.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Los deberes de esposos y esposas 1

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El matrimonio es el fundamento de toda la sociedad. Por lo tanto, este tema es muy importante. Explicar a ustedes los deberes conyugales es mucho más fácil que convencerlos a cumplirlos en la práctica. Ajusten su voluntad a las Escrituras, no viceversa. Hagan suyo Efesios 5:33.

1. La conexión. 

“Empero” es una transición de la realidad de la relación de Cristo con la iglesia. Significa que a pesar de ser un ideal inalcanzable, deben tratar de alcanzarlo o que, por ser un noble ejemplo, deben imitarlo en su relación con su cónyuge.

2. La directiva.

A. La obligación universal de ella. “Cada uno… de vosotros”, no importa lo bueno que sean ustedes o lo malo que sean sus cónyuges. Todos los maridos tienen derecho al respeto de sus esposas, sean ellos sabios o necios, inteligentes o lentos, habilidosos o torpes. Todas las esposas tienen derecho al amor de sus esposos, sean hermosas o feas, ricas o pobres, sumisas o rebeldes.

B. La aplicación particular de ella. “De por sí”, cada uno, cada esposo y esposa debe aplicar esto a su propio caso en particular.

3. Resumen de los deberes.

A. El deber de cada esposo. Amar a su esposa. Éste no es el único deber, pero incluye a todos los demás. Debe amarla como a sí mismo. Esto es cómo (la Regla de Oro) y por qué ha de amarla (porque ambos son en realidad uno, amarla dará como resultado bendiciones para él).

B. El deber de cada esposa. Temer (griego) o reverenciar (RV 1909) o respetar (RV 1960) a su marido, por su persona y por su posición. Esto incluye necesariamente amor porque si ella lo ama, tratará de agradarle y evitar ofenderlo.

Doctrina: Cada esposo debe amar a su esposa como a sí mismo y cada esposa debe respetar a su esposo.

Recuerden que éste es el consejo de su Creador, articulado claramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y, tanto por Pablo, el apóstol a los gentiles (Ef. 5:23ss; Col. 3:18ss) como por Pedro, el apóstol a los judíos (1 Ped. 3:1ss). Estos dos deberes (marido-amor, esposa-respeto) no son exhaustivos, pero se mencionan particularmente, ya sea porque son las fallas más comunes de cada uno o porque incluyen a todos los demás deberes. Otra explicación es que respeto, es lo que los maridos más necesitan y amor, lo que las esposas más necesitan de sus cónyuges (Doug Wilson). Dios los aconseja, no sólo a fin de que tengamos vida eterna, sino para que seamos confortados aquí y ahora. El matrimonio piadoso es un pedacito de cielo sobre la tierra. Repasar estos deberes tiene que humillarnos por nuestros fracasos pasados y retarnos a mejorar en el futuro.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 2

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Concepto erróneo de maldición:

En la Biblia vemos que solo Dios tiene el derecho y el poder de invocar una maldición (Dt. 28:15-68), aunque en ciertas ocasiones concede a los humanos el poder pronunciarla, pero siempre con su aval (Gn. 27:29). Si bien cualquiera puede proferir una maldición con sus labios, de ahí a que se cumplan hay un largo trecho. Proverbios 26:2 establece que una maldición dañina dirigida hacia una víctima inocente es totalmente inefectiva. El único que maldice de verdad, vale la pena repetirlo, es Dios. La maldición de Dios, aunque el término suene feo por la fuerza de la costumbre, es una revelación de su justicia que afirma su derecho a exigir completa obediencia de los humanos. El único que realmente se reserva el derecho y poder de maldecir es Dios. Pero una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto pagano-mágico de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea arar ocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre él y el pecado.

No hay evidencias bíblicas ni históricas respecto a la maldición generacional

La frase maldición generacional o cualquier otra similar nunca aparecen en las Escrituras, no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Esto en sí no es suficiente para desechar la enseñanza como no bíblica. La palabra Trinidad no aparece en las Escrituras, pero refleja precisamente la enseñanza bíblica respecto de Dios. No obstante, el hecho de que la frase maldición generacional no se encuentre en las Escrituras debería alertar a los creyentes con criterio sobre la necesidad de ser cuidadosos en este asunto. Debe haber pruebas convincentes cuando se estudia todo el consejo de Dios.

El concepto de maldición generacional no se halla en las Escrituras. Cuando se lee Éxodo 20:5 y 34:6,7, etc., en su contexto del antiguo Cercano Oriente, y se interpreta adecuadamente, se elimina por completo la posibilidad de que estos textos apoyen la enseñanza de maldición generacional.

Las pruebas de diagnostico, los rituales, y las oraciones recomendadas por aquellos que enseñan la maldición generacional no se encuentran en las Escrituras. No hay tales pasos en la Biblia, nuestra única regla para asuntos de fe y práctica. Si las maldiciones generacionales fueran una realidad, Dios habría dado las debidas instrucciones en las Escrituras respecto a cómo tratar con este problema.

Tampoco hay evidencias en la historia de la iglesia cristiana sobre el tema; ni los apóstoles ni los padres de la iglesia, ni los líderes de la reforma lo mencionan. Los escritos sobre estos ternas aparecieron en los años ochenta en los libros de Peter Wagner, Derek Prince, Rebecca Brown y otros maestros contemporáneos. ¿Cómo es posible que ni los principales líderes de la iglesia mencionaran, duran-te más de 1500 años, en la Biblia tan importante tema para el crecimiento y éxito de los cristianos? La guerra espiritual y la doctrina de la prosperidad van tomadas de la mano. Además, otras fuentes de ganancias para ellos aparte de la publicación de una lista interminable de libros en el tema son las conferencias o seminarios para romper maldiciones hereditarias, cuyo costo no baja de entre los cien y doscientos dólares por cabeza en los EE. UU.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Culto familiar 2

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Un antiguo escritor bien dijo: “Una familia sin oración es como una casa sin techo, abierta y expuesta a todas las tormentas del cielo”. Todas nuestras comodidades domésticas y las misericordias temporales que tenemos proceden del amor y la bondad del Señor, y lo mejor que podemos hacer para corresponderle es reconocer con agradecimiento, juntos, su bondad para con nosotros como familia. Las excusas para no cumplir este sagrado deber son inútiles y carecen de valor. ¿De qué nos valdrá decir, cuando rindamos cuentas ante Dios por la mayordomía de nuestra familia, que no
teníamos tiempo ya que trabajábamos sin parar desde la mañana hasta la noche? Cuanto más urgentes son nuestros deberes temporales, más grande es nuestra necesidad de buscar socorro espiritual. Tampoco sirve que el cristiano alegue que no es competente para realizar semejante tarea: Los dones y talentos se desarrollan con el uso y no con descuidarlos.

El culto familiar debe realizarse reverente, sincera y sencillamente. Es entonces que los pequeños recibirán sus primeras impresiones y formarán sus primeros conceptos del Señor Dios. Debe tenerse sumo cuidado a fin de no darles una idea falsa de la Persona Divina. Con este fin, debe mantenerse un equilibrio entre comunicar su trascendencia y su inmanencia, su santidad y su misericordia, su poder y su ternura, su justicia y su gracia. La adoración debe empezar con unas pocas palabras de oración invocando la presencia y bendición de Dios. Debe seguirle un corto pasaje de su Palabra, con breves comentarios sobre el mismo. Pueden cantarse dos o tres estrofas de un salmo y luego concluir con una oración en que se encomienda a la familia a las manos de Dios. Aunque no podamos orar con elocuencia, hemos de hacerlo de todo corazón. Las oraciones que prevalecen son generalmente breves. Cuídese de no cansar a los pequeñitos.

Los beneficios y las bendiciones del culto familiar son incalculables. Primero, el culto familiar evita muchos pecados. Maravilla el alma, comunica un sentido de la majestad y autoridad de Dios, presenta verdades solemnes a la mente, brinda beneficios de Dios sobre el hogar. La devoción personal en el hogar es un medio muy influyente, bajo Dios, para comunicar devoción a los pequeños. Los niños son mayormente criaturas que imitan, a quienes les encanta copiar lo que ven en los demás. “El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos, para que lo sepa la generación venidera, los hijos que nacerán, y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos. A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos” (Sal. 78:5-7). ¿Cuánto de la terrible condición moral y espiritual de las masas en la actualidad puede adjudicarse al descuido de este deber por parte de los padres de familia? ¿Cómo pueden los que descuidan la adoración a Dios en su familia pretender hallar paz y bienestar en el seno de su hogar? La oración cotidiana en el hogar es un medio bendito de gracia para disipar esas pasiones dolorosas a las cuales está sujeta nuestra naturaleza común. Por último, la oración familiar nos premia con la presencia y la bendición del Señor. Contamos con una promesa de su presencia que se aplica muy apropiadamente a este deber:

Vea Mateo 18:19, 20. Muchos han descubierto en el culto familiar aquella ayuda y comunión con Dios que anhelaban y que no habían logrado en la oración privada.
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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

El mito de las maldiciones generacionales Parte 1

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La enseñanza principal de esta herejía está enfocada en que las cosas malas que nos suceden son consecuencias de los pecados de nuestros antepasados: enfermedades he-reditarias (diabetes, obesidad, hipertensión arterial, cáncer, etc.), intentos de suicidio, divorcios, infelicidad, miseria, ruina, desviaciones sexuales, idolatría, etc. Según esta teoría las cosas adversas que nos suceden se deben a maldiciones que nos llegaron por pertenecer a un grupo familiar, cuyo árbol genealógico fue infectado por la iniquidad. Los que enseñan acerca de la maldición generacional dicen que los delitos de una persona fueron genéticamente trasferidos a todos sus descendientes. La gente no solo hereda la naturaleza pecaminosa de sus antecesores (la tendencia que todos tenemos de rebelamos contra Dios), sino que también adquieren la maldad acumulada de sus antecesores. Como resultado, Dios los culpa no solo por sus propios pecados, sino también por los pecados de sus antecesores. Además, Satanás tiene derecho a seguir manteniendo un reclamo legal contra los creyentes que no han tratado de una forma eficaz con sus maldiciones generacionales, resultando en fracaso, violencia, impotencia, profanidad, obesidad, pobreza, vergüenza, enfermedad, aflicción, temor, y aun muerte física.

Los proponentes de la maldición generacional luego dirigen su enseñanza a su próximo paso lógico. Ellos concluyen que la sangre de Cristo fue derramada por los pecados de cada persona, pero que deben dar un paso adicional para quitar la trasgresión que hayan heredado de sus antecesores. Se requiere este paso adicional para que una perso-na sea liberada de las ataduras que la mantienen cautiva al pecado de sus antepasados. Este procedimiento involucra una elaborada ceremonia que consiste en investigar y enumerar los pecados de sus antecesores hasta la cuarta generación, confesando los pecados por ellos, recitando oraciones y declaraciones recomendadas, rompiendo personalmente esas supuestas maldiciones.

Concepto erróneo de iniquidad

Casi todos los maestros de la maldición generacional basan su enseñanza en alguna combinación de Éxodo 20:5,6; 34:6,7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9,10. Cada uno de estos textos contiene las palabras: “visitar la maldad (o iniquidad) de los padres sobre los hijos […] hasta la tercera y cuarta generación”.

La palabra clave de esta falsa enseñanza se encuentra en la palabra “iniquidad”. Según ellos, este término es una referencia a pecados graves que atan a las personas aun después de convertirse. Estas iniquidades son identificadas como ataduras heredadas de los antepasados. La palabra hebrea avón traducida como “iniquidad”, no es equivalente a “pecado”. Según El Diccionario hebreo Talmúdico de Strong: *5753 y *5771: “iniquidad” significa: malos hábitos” sinónimo de “mala conducta”.

Lo que hemos que tener claro es que el término en hebreo que se utilizó en Éxodo 20:5 para referirse a la maldad es el mismo que se usó en 34:7 para hacer referencia a la iniquidad. Dicha iniquidad mencionada en estos textos se refiere a problemas de conducta que se aprende y no es algo genético que se hereda. Evidentemente la conducta externa de los padres tiene influencia sobre los hijos: el ejemplo bueno o malo de los padres afecta a los hijos, pero está muy lejos de decir que sean pecados heredados. Lo que sí es transferible desde el punto de vista genético son las enfermedades, como demuestra la ciencia. Como médico le aseguro que una sesión de exorcismo por maldición generacional no lo va a librar de la herencia de la diabetes, por ejemplo, si usted no lleva un estilo de vida sano. Entonces las palabras iniquidad y maldad mencionadas en estos textos bíblicos se refieren a la influencia parenteral sobre sus hijos y no a la maldición generacional.

Concepto erróneo de maldición:

Otro concepto errado es el concepto de maldición que estos predicadores manejan. Está relacionado con los poderes mágicos de la superstición paga-na, equivalente a un hechizo o un encantamiento que, llevado al ridículo, es similar al embrujamiento que convirtió al hermoso príncipe en un sapo. Este tipo de mito no existe. La gente involucrada en la brujería, la santería o el vudú maneja estos conceptos mientras clava agujas en un muñeco, suena la maraca al enfermo o baila alrededor del “cliente” sacudiendo la pobre gallina.

La palabra “maldición” tampoco aparece por ninguna parte en estos textos bíblicos. Ellos quisieran verla en lugar de “maldad”, pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Éxodo 20:25 es ówon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad,), mientras que maldición es árar.

Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras están ausentes del pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje donde se recalca la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto cancela automáticamente cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Culto familiar 1

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Existen algunas ordenanzas exteriores y medios de gracia exteriores claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero en la práctica tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio y es así cómo se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para hacer evidente si los cristianos descuidan un deber claramente implícito por el hecho de no poder cumplirlo. Así, se descubre más del verdadero estado de nuestra mente y se hace manifiesto si tenemos o no, un amor ardiente por Dios y por servirle. Esto se aplica tanto a la adoración pública como a la familiar. No obstante, no es difícil dar pruebas de la obligación de ser devotos en el hogar.

Considere primero el ejemplo de Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios. Fue por su devoción a Dios en su hogar que recibió la bendición de: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Gén. 18:19). El patriarca es elogiado aquí por instruir a sus hijos y siervos en el más importante de los deberes, “el Camino del Señor”; la verdad acerca de su gloriosa persona, su derecho indiscutible sobre nosotros, lo que requiere de nosotros. Note bien las palabras “que mandará”, es decir que usaría la autoridad que Dios le había dado como padre y cabeza de su hogar para hacer cumplir en él, los deberes relacionados con la devoción a Dios. Abraham también oraba a la vez que enseñaba a su familia: Dondequiera que levantaba su tienda, edificaba “allí un altar a Jehová” (Gén. 12:7; 13:4). Ahora bien, mis lectores, preguntémonos: ¿Somos “linaje de Abraham” (Gál. 3:29) si no em>“hacéis las obras de Abraham” (Juan 8:39) y descuidamos el serio deber del culto familiar? El ejemplo de otros hombres santos es similar al de Abraham. Considere la devoción que refleja la determinación de Josué quien declaró a Israel: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). No dejó que la posición exaltada que ocupaba ni las obligaciones públicas que lo presionaban, lo distrajeran de procurar el bienestar de su familia. También, cuando David llevó el arca de Dios a Jerusalén con gozo y gratitud, después de cumplir sus obligaciones públicas, “volvió para bendecir su casa” (2 Sam. 6:20). Además de estos importantes ejemplos, podemos citar los casos de Job (1:5) y Daniel (6:10). Limitándonos a sólo uno en el Nuevo Testamento pensamos en la historia de Timoteo, quien se crió en un hogar piadoso. Pablo le hizo recordar la “fe no fingida” que había en él y agregó: “…la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice,…”. ¡Con razón pudo decir enseguida: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras” (2 Tim. 3:15)!

Por otra parte, podemos observar las terribles amenazas pronunciadas contra los que descuidan este deber. Nos preguntamos cuántos de nuestros lectores han reflexionado seriamente sobre estas palabras impresionantes: “¡Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu Nombre!” (Jer. 10:25). Qué tremendamente serio es saber que las familias que no oran son consideradas aquí iguales a los paganos que no conocen al Señor. ¿Esto nos sorprende? Pues, hay muchas familias paganas que se juntan para adorar a sus dioses falsos. ¿Y no es esto causa de vergüenza para los cristianos profesos? Observe también que Jeremías 10:25 registra imprecaciones terribles sobre ambas clases por igual: “Derrama tu enojo sobre…”. Con cuánta claridad nos hablan estas palabras. No basta que oremos como individuos privadamente en nuestra cámara; se requiere que también honremos a Dios. Dos veces cada día como mínimo, –de mañana y de noche— toda la familia debe reunirse para arrodillarse ante el Señor —padres e hijos, amo y siervo— para confesar sus pecados, para agradecer las misericordias de Dios, para buscar su ayuda y su bendición. No debemos dejar que nada interfiera con este deber: Todos los demás quehaceres domésticos deben supeditarse a él. La cabeza del hogar es el que debe dirigir el momento devocional, pero si está ausente o gravemente enfermo, o es inconverso, entonces la esposa tomará su lugar. Bajo ningún concepto ha de omitirse el culto familiar. Si queremos disfrutar de las bendiciones de Dios sobre nuestra familia, entonces reúnanse sus integrantes diariamente para alabar y orar al Señor. “Honraré a los que me honren” es su promesa.

Continuará …

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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures  y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Las bendiciones espirituales y el evangelio de la prosperidad

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Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar”

En Efesios 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales“. Esta es una declaración que debe ser resaltada en esta época tan materialista en que nos ha tocado vivir. Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar.

Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos —dicen algunos— debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio […] de la prosperidad —ha dicho Warren Wiersbe— trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.

Pero lo cierto es que nuestro bendito Salvador no murió en una cruz para darnos riqueza, salud y una vida cómoda y placentera en esta vida terrenal, sino para hacernos santos y luego llevarnos a su presencia para participar de su gloria. Los cristianos vivimos en este mundo, y por lo tanto, disfrutamos de los bienes terrenales que Dios derrama sobre todos los hombres. Pero no debemos olvidar que son bienes temporales.

“Nada hemos traído a este mundo —dice Pablo en 1 Timoteo 6:7— y sin duda nada podremos sacar”. Cuando concluya nuestro tiempo aquí dejaremos atrás todas esas cosas. Eso es lo que el hombre incrédulo parece ignorar. Vive para las cosas de este mundo como si eso fuera todo, y de ese modo desprecia las verdaderas riquezas.

Pero los creyentes somos distintos. Aunque vivimos en este mundo, y disfrutamos de las mismas cosas lícitas que los demás, vivimos con la conciencia de ser ciudadanos del Cielo, y que como tales gozamos de enormes privilegios que no todos los hombres poseen. Y es acerca de esos privilegios que Pablo está hablando en este pasaje de Efesios 1.

Por el momento vivimos en este mundo, pero realmente pertenecemos a otro lugar. Y aunque nos es lícito disfrutar de las bendiciones temporales que Dios derrama sobre todos los hombres, en ningún momento debemos olvidar que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (1P 2:11).

“Nuestra ciudadanía está en los cielos”, dice Pablo en Filipenses 3:20, y nos da derecho a grandes privilegios. Hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. No con algunas, sino con todas. Somos ciudadanos del Cielo con todos los derechos que esa ciudadanía encierra. No hay ciudadanos de segunda clase aquí.
Nos relacionamos con Dios como nuestro Padre, podemos entrar cuantas veces queramos al trono de la gracia, tenemos el poder de Dios obrando a nuestro favor, sabemos que él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al Cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él.

Por eso no importa si tenemos poco o mucho de los bienes de este mundo; si somos creyentes genuinos, nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo.
Sugel Michelén
Todo Pensamiento Cautivo

Las bodas del cordero 3

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El matrimonio es la unión más perfecta.

Si yo, en mi estado actual, pudiera escoger entre ver a mi Señor en su gloria o en su cruz, optaría por lo último. Por supuesto preferiría estar allá con él y ver su gloria, pero mientras vivo aquí rodeado de pecado y de aflicción, una visión de sus sufrimientos tendría más efecto sobre mí. “Oh cabeza sagrada una vez herida”, ¡cuánto anhelo contemplarte! Nunca me siento tan cerca de mi Señor como cuando reflexiono en su cruz maravillosa y lo veo derramando su sangre por mí… me parece estar en sus brazos, y como Juan, me reclino en su pecho al vislumbrar su pasión. Por lo tanto, no me sorprende que por acercarse más a nosotros como el Cordero, y por acercarnos nosotros a él y contemplarlo como tal, se agrade él en llamar a su más excelsa unión eterna con su iglesia: “las bodas del Cordero”.

Y, queridos hermanos, cuando pensamos en esto: estar desposados con él, ser uno con él, no tener ningún pensamiento, ningún propósito, ningún deseo, ninguna gloria sino la que mora en Aquel quien, habiendo muerto ahora vive, es esto ciertamente el cielo, el lugar del cual el Cordero es la luz. Contemplar y adorar eternamente a Aquel que se ofreció sin mancha a Dios como nuestro sacrificio y propiciación será un festín sin fin de amor agradecido. Nunca nos cansaremos de este tema. Si vemos al Señor que viene de Edom, con vestiduras teñidas de Bozra, del lagar donde había hollado a sus enemigos, nos sentimos sobrecogidos y pasmados por el terror de esta terrible manifestación de su justicia, pero cuando lo vemos vestido con la ropa sumergida en su propia sangre y la de nadie más, cantaremos eternamente a gran voz: “Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios; a ti sea la gloria por los siglos de los siglos”. Podríamos seguir cantando por toda la eternidad: “Digno es el Cordero que fue inmolado”. El tema tiene un interés inagotable e incluye todo: justicia, misericordia, poder, paciencia, amor,  aprobación, gracia y justicia. Sumamente glorioso es nuestro Señor cuando lo contemplamos como un Cordero. Esto hará que el cielo sea siete veces cielo para nosotros al pensar que, además, estaremos unidos a él como el Cordero con lazos eternos. [En ese momento una voz del público exclamó: “¡Alabado sea el Señor!”] Sí, amigos míos, ¡alabemos al Señor! “Alabad a nuestro Dios” es el mandato que se oyó venir del Trono. “Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

Concluiré repitiendo esta pregunta: ¿Confías en el Cordero? Te advierto que si la religión en que crees no incluye nada de la sangre de Cristo, de nada vale. Te advierto también que a menos que ames al Cordero no podrás desposarte con el Cordero. Él jamás se desposará con quienes no sienten nada de amor por él. Tienes que aceptar a Jesús como un sacrificio, de lo contrario, no lo aceptas para nada. Es inútil decir: “Seguiré el ejemplo de Cristo”. No harías nada que se le parezca. Es en vano decir: “Él será mi maestro”. Él no te reconocerá como su discípulo a menos que lo reconozcas como un sacrificio. Es preciso que lo recibas como el Cordero o lo dejes completamente. Si desprecias la sangre de Cristo, desprecias toda su persona. Cristo no es nada para ti si no fuera por su expiación. Todos los que esperan ser salvos por las obras de la ley, o por cualquier otra cosa que no sea su sangre y su justicia, no son cristianos, no tienen parte alguna con él aquí, ni tendrán parte con él en el más allá, cuando tome para sí a su propia iglesia redimida para ser su esposa por los siglos de los siglos. Dios te bendiga, en el nombre de Cristo. Amén.

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20-25 millones de palabras equivalen a la novena edición de la Enciclopedia Británica y constituye la serie de libros más numerosa de un mismo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 3?

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“Si la principal pregunta planteada en el artículo anterior era: ¿Quién es el Espíritu Santo?, la que se plantea en este artículo es: ¿Cuál es la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios?”

La respuesta a la pregunta

Fue el Espíritu Santo quien inspiró a los autores humanos de los libros de la Biblia.

Este papel se le atribuye al Espíritu Santo muchas veces en la Biblia, pero nunca —o casi nunca— al Padre o al Hijo.

Esta inspiración no fue mecánica (como si de una especie de dictado se tratase), sino orgánica; no anuló en absoluto la humanidad, la personalidad, la participación activa, el estilo propio, etc., de cada autor humano.

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

2 Samuel 23:1 y 2

“Estas son las palabras postreras de David.

Dijo David hijo de lsaí,

Dijo aquel varón que fue levantado en alto,

El ungido del Dios de Jacob,

El dulce cantor de Israel:

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,

Y su palabra ha estado en mi lengua”.

Al llegar al final de su vida, David demuestra ser consciente de haber sido inspirado por el Espíritu de Jehová y usado por él como instrumento de revelación. Esto no contesta todas nuestras preguntas sobre hasta qué punto, por ejemplo, David fue consciente de escribir profecías mesiánicas, o sobre cuánto entendía de esas profecías; pero no deja ningún lugar a dudas en cuanto al hecho en sí de la conciencia que tenía David de no haber sido más que el instrumento humano de un acto de revelación divino.

Parece razonable deducir que los demás salmistas y autores inspirados, en mayor o menor grado, también fueron conscientes de la misma acción del Espíritu del Señor sobre ellos.

Mateo 22:41-44

“Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?”.

En este pasaje el Señor Jesucristo, en medio de sus controversias con los líderes religiosos, pasa de la defensa al ataque, y para demostrar que el Mesías, además de ser un descendiente de David, es “el Señor” —es divino— cita del Salmo 110, donde, según el Señor, David, “en el Espíritu“, llama Señor al Mesías.

Aparte del argumento a favor de la filiación divina (y, por lo tanto, la naturaleza divina) del Mesías, lo que más nos interesa en el contexto de la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios es el hecho de que el Señor, no conforme con citar la Escritura sin más, recuerda a los fariseos que lo que David había escrito sobre el Mesías, lo había escrito “en el Espíritu“, o sea, por el Espíritu, inspirado por el Espíritu de Dios.

Juan 14:25 y 26

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Sin duda esta promesa del Señor Jesucristo a sus discípulos no se puede limitar, ni mucho menos, solamente a la composición de aquellos escritos apostólicos que, tarde o temprano, llegarían a formar parte del canon de las Escrituras, y eso por varias razones:

1. Se trata de una promesa general de la ayuda del Espíritu Santo a los apóstoles una vez que el Señor Jesucristo ya no estuviera físicamente con ellos;

2. A partir de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, pasarían años antes de que hubiera escritos apostólicos; en los primeros años de la nueva Iglesia cristiana el ministerio del Espíritu Santo estaría relacionado con el ministerio verbal, y no escrito, de los apóstoles;

3. La promesa del Señor iba dirigida a los once apóstoles que estaban presentes en ese momento; sin embargo solo una pequeña minoría de ellos escribiría obras que se incluirían en el canon de la Palabra de Dios. Pero, dicho lo dicho, no sería necesario ni acertado pretender negar el hecho de que, en el caso de aquellos apóstoles que sí escribiesen documentos canónicos, quien de manera especial les ayudaría a hacerlo sería el Consolador, el Espíritu Santo.

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 2

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EL NOVIO ES PRESENTADO COMO UN CORDERO: “Han llegado las bodas del Cordero”. Así tiene que ser porque, ante todo, nuestro Salvador fue el Cordero en el pacto eterno cuando todo este plan fue programado, organizado y establecido por voluntad y decreto de la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8), y el pacto fue con él, que sería las Arras, el Sustituto y el Sacrificio tomando el lugar de los hombres culpables. Así, y de ningún otro modo, fue desde la eternidad.

Luego, fue como el Cordero que nos amó y demostró su amor.

Amados míos, él no se limitó a hablarnos de amor cuando descendió del cielo a la tierra y habitó entre nosotros como “un hombre humilde delante de sus enemigos”, sino que lo demostró con actos de verdadero amor. La prueba suprema de su amor es que fue llevado al matadero como se lleva a un cordero. Cuando derramó su sangre como un sacrificio, podríamos haber dicho apropiadamente: “¡Mirad cómo los amaba!”. Si queremos demostrar el amor de Jesús, no mencionamos la transfiguración sino la crucifixión. Hablamos del Getsemaní y el Gólgota. Allí, sin dejar lugar a ninguna duda, el Hijo amado demostró su amor por nosotros. Dice el escritor bíblico: “Él me amó, y se entregó por mí”, expresando que su entrega por mí es la prueba clara de que me ama. Dice también: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). La prueba de su amor por la iglesia fue que se entregó a sí mismo por ella. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros” (1 Juan 4:10). Vemos pues que, como un Cordero, demostró su amor, y como un Cordero se desposó con nosotros.

Demos un paso más. El amor matrimonial tiene que ser de ambas partes, y es como el Cordero que le amamos inicialmente. Cuando yo todavía no amaba a Cristo, ¿cómo podía haber apreciado sus heridas y su sangre sin amor? “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su vida perfecta era una condenación para la mía, aunque no podía menos que admirarla; en cambio, lo que me atrajo a amarle fue lo que hizo como mi sustituto cuando cargó con mis pecados en su propio cuerpo en el madero. ¿No ha sido así con ustedes, amados míos? He oído hablar mucho de conversiones como consecuencia de la admiración del carácter de Cristo, pero nunca he conocido una personalmente, en cambio, siempre me he encontrado con conversiones como resultado de sentir una gran necesidad de salvación y una conciencia culpable, cosas que no pueden ser satisfechas nunca, excepto por su agonía y por su muerte, gracias a las cuales el pecado es justificado y perdonado, y la maldad es subyugada.  Esta es la maravillosa doctrina que nos gana el corazón. Cristo nos ama como el Cordero, y nosotros lo amamos a él como el Cordero.

Además, el matrimonio es la unión más perfecta. Es indudable que es como el Cordero que Jesús está tan íntimamente unido a su pueblo. Nuestro Señor se acercó entrañablemente a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en carne y hueso como lo somos nosotros. Se acercó mucho a nosotros cuando, por esa causa, dejó a su Padre y se convirtió en una sola carne con su iglesia. Él no podía estar en pecado como lo estamos nosotros por naturaleza, en cambio tomó sobre sí nuestros pecados de ellos y los quitó, como está escrito: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6. Cuando “fue contado entre los pecadores”, y cuando la espada vengadora lo hirió por sustituirnos, se acercó más aún a nosotros y de una manera que nunca podía haber hecho en la perfección de su encarnación. No puedo concebir una unión más cercana que la de Cristo con las almas redimidas por su sangre. Al contemplar su muerte, no puedo menos que exclamar: “¡Ciertamente tú me eres un esposo de sangre, oh Jesús! Estás unido a mí por algo más íntimo que por el hecho de que eres de mi misma naturaleza, pues tu naturaleza cargó con mi pecado y sufrió el castigo de la ira en mi lugar. Ahora eres uno conmigo en todas las cosas por una unión como la que te vincula con el Padre”. De este modo, se forma una maravillosa unión por el hecho de que nuestro Señor asume el carácter del Cordero…

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 2?

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3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 1

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LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

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“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

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Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

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EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Elevar el nivel de la predicación 1

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“¡Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista”.

                                                                                                         Notas de una conferencia memorable del Dr. Lloyd-Jones

INTRODUCCIÓN

EI Dr. Lloyd-Jones predicó por última vez como pastor de la iglesia Westminster Chapel el viernes 1 de marzo de 1968. La enfermedad (de la cual se recuperó después de ser intervenido quirúrgicamente) le condujo posteriormente a su retiro de aquella obligación pastoral. Pero entre las labores que continuó haciendo después de eso estuvo el ser presidente de la Asociación de Pastores de Westminster, y, al reanudar el ministerio público, uno de sus primeros compromisos fue con la Asociación, en la reunión del 9 de octubre de 1968 en Westminster Chapel. Al igual que con varios sermones de Martyn Lloyd-Jones, no se hizo ninguna grabación de esta conferencia, ni en cinta magnetofónica ni en taquigrafía, y lo que sigue son únicamente mis notas de oyente tomadas de prisa. Aun en esta forma fragmentaria creo que son dignas de ser preservadas.

La reunión estaba repleta de gente; el amor y el agradecimiento hacia el orador eran los sentimientos principales, y sus elevadoras palabras tuvieron que ser recordadas por mucho tiempo por quienes allí estuvieron. El encabezamiento es mío y no se dio ningún título del contenido de antemano.

El Dr. Lloyd-Jones empezó disculpándose por la interrupción de su presencia en la Asociación, aunque “había estado fuera de mi control“. Quiso decir una sola cosa sobre su operación. Antes de ella había gozado de una salud notable, y había encontrado difícil visualizar cómo sería cuando enfermara. “Creo que ahora conozco ‘la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento’ como algo muy real. Algo que no se puede decir con palabras me fue dado en un modo que nunca olvidaré mientras viva. En cuanto al lado negativo, tengo que confesar que me preguntaba después por qué no sentí como Pablo un ‘deseo de partir y estar con Cristo’. No era que estuviera anhelando vivir, pero mirándolo retrospectivamente faltaba algo allí. Yo sabía que me iba a poner bien. Me digo que debería haber conocido algo de ese otro aspecto al enfrentarme a la muerte: un sentimiento de expectación. Considero la ausencia de eso como una deficiencia. Nuestra relación con nuestro Señor debería hacer que fuera diferente. Deberíamos no estar esperando que las cosas ocurrieran, que la muerte viniera; deberíamos estar preparándonos“. Aquí endosó las palabras de un pastor que estaba muriendo de tuberculosis que instaba a quienes estaban a su alrededor a amar a Dios con todas sus fuerzas, porque cuando la enfermedad llega, la fuerza se va. “Nos volvemos demasiado débiles para leer, incluso las Escrituras. Debemos usar nuestra fuerza, y acumular reservas para el día de comparecer“.

Nuestro peligro está en ser víctimas de nuestra rutina, ser llevados por el ímpetu del trabajo. Necesitamos que nos recuerden las palabras de Edmund Burke. En medio de una campaña electoral parlamentaria en Bristol, Burke estaba a punto de levantarse para hablar cuando le comunicaron que su oponente en las elecciones había muerto repenti-namente: ‘iQué fantasmas somos, y qué fantasmas perseguimos“‘.

Otra cosa me ha inquietado estos últimos meses. El punto en el que mi ministerio pastoral fue interrumpido tenía un mensaje para mí. Estaba predicando sobre Romanos 14: 17: ‘Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo’. Yo había tratado de ‘justicia, y paz’ (esta última el 1 de marzo), y allí se me hizo parar. No se me permitió tratar del ‘gozo en el Espíritu Santo’. Tengo la sensación de que con ‘justicia y paz’ yo tenía una pasajera experiencia de ello, pero la tercera cosa es la más profunda de todas. ¿Por qué no se me permitió tratar de ‘el gozo en el Espíritu Santo’? Porque yo conocía algo, pero no lo suficiente sobre ello. Como si Dios dijera: ‘Quiero que hables sobre esto con mayor autoridad“.

“Estoy convencido de que esta es la cosa más importante de todas y me conduce a lo que quiero exponer ante vosotros. Durante seis meses, hasta septiembre, no prediqué nada. He sido oyente y ha sido una experiencia de lo más valiosa. (Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista. La mayoría de los que asisten son mujeres, por encima de la edad de cuarenta, y tengo la sensación de que asisten por obligación; algunas quizá tienen la oportunidad de ser importantes en sus pequeñas esferas. No hay nada que haga que un extraño sienta que se está perdiendo algo. ¡Por el contrario, encuentra que esto supone un terrible peso! Y el pastor al sentir esto piensa que debe ser breve; de esta manera la gente se reúne para separarse. Estoy hablando sobre las iglesias en general pero en este aspecto hay muy poca diferencia en las iglesias evangélicas.”

“Es una gran cosa ser oyente. Uno quiere algo para su alma, quiere ayuda. Yo no quiero un gran sermón. Quiero sentir la presencia de Dios, que estoy adorándole y considerando algo grande y glorioso. Si obtengo esto, no me importa lo pobre que sea el sermón.”

“Os sugiero que nuestro mayor peligro es del profesionalismo. No nos paramos con la suficiente frecuencia a preguntarnos a nosotros mismos qué estamos haciendo realmente. El peligro consiste en únicamente enfrentarnos a un texto, y tratarlo como un fin en sí mismo, con un extraño desapego. Lejos de Londres, y en una iglesia anglicana, oímos predicar a un párroco sobre las palabras de Jeremías, 20:9 “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude”. El predicador se había tomado grandes molestias preparando el sermón; estaba bien coordinado, tenía forma; lo único que no había era fuego. Era una ducha fría. Imposible que nadie pudiera salir de aquel culto enardecido! El predicador no pudo haberse preguntado: ‘¿Qué es este fuego, y qué es para mí?’. En lugar de hacerse tal pregunta, había preparado un sermón, y la cosa vital estaba ausente.

“Podéis pensar que estaba escuchando como crítico; no lo estaba. En otra localidad oí un sermón sobre Gálatas 3:1 ‘¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?’. Se nos habló mucho sobre ‘fascinar’, y el sermón versó sobre cosas que podrían desviarnos y nos desvían; pero yo estaba consternado de que el predicador no viera la cosa principal en el texto: que estos gálatas se habían desviado de esta gloriosa cosa, Cristo Jesús quien había sido anunciando ante ellos. ¡Esto es sobre lo que debemos hablar!

“Podemos perder de vista el bosque por causa de los árboles y perder la gloria del evangelio. Nuestra tarea es despedir a la gente con la cosa más gloriosa del universo. Esto es apicable a la gente que viene regularmente. No hay esperanza de atraer a los de fuera mientras los de dentro estén como están. Los de fuera ya están deprimidos, y, si no, pronto lo estarán.

Continuara …

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Cómo encontrar pareja matrimonial 1

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EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La muerte de la predicación bíblica 2

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El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 7

Blog109G

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. B

Veamos ahora los ataques repetidos constantemente contra el carácter de Calvino, los cuales también se remontaban al menos hasta los dos libelos de Baudoin. Esta tradición historiográfica mentirosa ha sido retransmitida por una verdadera tribu de panfletarios calumniadores, cortesanos de la Roma papal. Tomemos, todavía aquí, la Défense de Calvin como nuestro guía. El cardenal de Richelieu, tras Papyrius y Baudoin, decía de Calvino que “El ardor de su espíritu y de su bilis lo hacían colérico”. Drelincourt retorna, por su propia cuenta, el reproche ya antiguo del célebre cardenal:

“Sin la menor duda, como lo he señalado en otro lugar, Calvino era de un temperamento bilioso, y de sí mismo montaba en cólera, sin que sus vigilias, sus ayunos sus continuos trabajos, sus violentas enfermedades, lo hacían todavía más colérico y triste. He aquí pa-labra a palabra lo que M. de Beza dice al describir la vida de este servidor de Dios: Además de su inclinación natural a la cólera, el espíritu maravillosamente dispuesto, la indiscreción de muchos, la multitud y la variedad infinita de asuntos para la Iglesia de Dios, y al final de su vida, las enfermedades grandes y las ordinarias, le habían hecho triste y difícil. Pero en ningún modo se agradó en este defecto, sino que al contrario, nadie lo ha apercibido mejor que él, ni lo ha hallado tan grande que él”. 

Drelincourt continúa:

“Es bueno oír lo que él mismo ha dicho. Antes de responder a Baudoin, él advierte a sus lectores que “no hay mayor ladrón que este hombre”. Lo compara al “arrendajo” o a la “lechuza” y dice que “nadie le puede sobrepasar en el arte e industria de robar. Mi confianza de buena fe hacia él —sigue diciendo— ha sido tan grande que todo lo que había de papeles en mi biblioteca, él los ha ojeado libremente en mi ausencia. Que él haya arrebatado lo que ha creído que le podría servir, no hay que buscar prueba más clara que su propio escrito, por el cual él se da a conocer tal cual es. Ciertamente se descubre así su fidelidad y su respeto de la hospitalidad. Pero veamos la cosa en sí misma. Si él hubiera descubierto en mí cualquier vicio, él tendría la capacidad de reproducirlo, como habiéndolo sacado de mis propias entrañas; pero no ha hallado nada más atroz de lo que yo haya confesado a Bucero, que yo soy por naturaleza colérico, y que combato sin cesar contra este defecto; pero que hasta ahora no he avanzado tanto como lo que querría. Las demás cosas que él añade a esto, él las ha fabricado. Pero acerca de esta acusación, ¿qué quiere decir? Si no es que, según él, solo son dignos de alabanza aquellos que no solo se agradan de sus vicios y se los perdonan; sino que son tan descarados de rechazar el sentimiento del cual se reconocen culpables. Pero nosotros hemos aprendido otra cosa en la Escuela de Nuestro Señor Jesucristo.”

Y Drelincourt comenta:

“No es que esta confesión franca e ingenua de Calvino deba marchitar su memoria, sino que la corona de una alabanza inmortal. Porque no hay nada más raro que ver a un hombre confesar sus defectos; y, sobre todo, intentar corregirlos, y emplear todas sus fuerzas. Pero, por lo demás, yo bien querría saber los males que han venido de la cólera de Calvino y los funestos efectos que ella ha producido. A veces él ha respondido a sus adversarios con cierto calor y vehemencia, como le ocurrió acerca de Baudoin, cuyas obras le hicieron gran daño, porque él había sido su doméstico, y que él había violado las leyes más sagradas de la hospitalidad. Pero muchas veces ha imitado a su Salvador que cuando se le ultrajaba no lo devolvía; cuando se le amenazaba, se remitía a aquel que juzga justamente (1 Pedro 2:21-23)”.

Dejaremos aquí la última palabra a Calvino:

“Bien que su audacia y malicia fueran desde largo tiempo conocidas de todos, sin embargo yo no habría jamás pensado que él se entregaría a tal locura de injuriarme con tanta maldad. Pero como el desespero incita a tales gentes a la rabia, es su mala conciencia lo que le ha precipitado a lanzarse por una impetuositad ciega más bien contra sí mismo que contra mí. Yo no puedo negar que el arrebato de este hombre no me haya conmovido, visto que no puede ser que tal indignidad no conmueva a las personas cordiales e ingenuas. Pero yo he despreciado fácilmente sus obras como si no me afectaran. Este dicho de Sócrates es muy célebre: “Si un asno me hubiera dado un puntapié, ¿lo tendría que presentar ante el juez?”. A pesar de que yo esté bien alejado de la grandeza de espíritu de la cual Sócrates ha destacado, no obstante me he endurecido por el continuado uso del ladrido de tales perros. Y he aprendido en una mejor escuela que Dios expone a sus siervos a tales oprobios para probar su paciencia. No me glorificaré de la grandeza de las revelaciones, como si me acercara a la de S. Pablo. Sin embargo, reconozco que esto tengo en común con el gran Apóstol: que no sea que me exalte a mí mismo, Dios me ha enviado un aguijón de Satanás, y que abofeteándome aprenda humildad.”

Las injurias y calumnias contra Calvino que acabamos de examinar, se muestran de una extrema moderación en comparación con el ácido sulfúrico verdaderamente diabólico que salió del espíritu y la pluma del médico Jéróme-Hermés Bolsee, antiguo colega del moderador de la Compañía de los Pastores. El 16 de octubre de 1561, Bolsee tomó la palabra en una Congregación de los pastores para oponerse públicamente a la doctrina de la elección divina que era enseñada por Calvino. He aquí cómo Mützenberg describe la escena:

“Jéróme Bolsec se levantó para expresar su desacuerdo. Acababa de comenzar su discurso cuando entró Calvino. El reformador lo escuchó, y después, cuando hubo acabado, refutó punto tras punto, citando abundantemente a S. Agustín, a quien su contradictor había citado como que no profesaba la doble predestinación”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 3

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Acerca de la preocupación del marido y de la esposa por ganar a su cónyuge cuando este no es creyente:

A fin de que el alma sea influenciada para bien, hay que tener muy en cuenta el estado presente del cónyuge en cuestión. Si uno es creyente y el otro no,
el creyente debe usar todos los medios que pueda haber para lograr que el otro también crea. Si ambos son creyentes, su cuidado mutuo debe ser edificarse uno al otro en su fe.

En primer lugar, es el sentir principal de la exhortación de San Pedro a la esposa creyente en cuanto a su conducta a fin de atraer a su esposo a una fe auténtica… Ahora bien, si este deber es de la esposa, con más razón lo es del esposo, quien es designado como la cabeza y un salvador de su esposa. Con este fin, San Pablo aconseja a los esposos y a las esposas casados con no creyentes que vivan con ellos…

Los medios de conversión son la mejor razón para amar: Le place al Señor dar esta bendición al esfuerzo del esposo o de la esposa por ser el medio de conversión de su pareja; el que se convierte amará entrañablemente al otro y bendecirá a Dios con todo su corazón… porque han podido entrelazarse tan fuertemente…

ACERCA DE LA EDIFICACIÓN MUTUA DE ESPOSOS Y ESPOSAS: El segundo deber relacionado con la salvación del alma es que ambos cónyuges creyentes se esfuercen mutuamente por edificarse el uno al otro. El cristiano les debe esto a los demás, cuanto más el hombre y la esposa… La edificación espiritual mutua es el mejor uso que pueden y deben hacer de las coyunturas y ligamentos que los une. En virtud de esto, el cuerpo (concretamente el cuerpo místico de Cristo) crece con el crecimiento que da Dios (Col. 2:19). Ahora bien, el vínculo matrimonial, siendo el más firme de todos los demás y por el cual estamos íntimamente entrelazados, ¿en virtud de qué otro vínculo habríamos de edificarnos el uno al otro, sino en virtud del vínculo matrimonial?…

El hombre y su esposa deben prevenir el pecado de su pareja:  Hasta donde les sea posible es el deber mutuo de esposos y esposas prevenir el pecado el uno del otro, esto se hace evidente por lo que dice el Apóstol: para prevenir que se engañen uno al otro “para que no [los] tiente Satanás” (1 Cor. 7:5). De estas palabras podemos arribar a esta doctrina general: Los cónyuges tienen que tener cuidado de protegerse el uno al otro de las tentaciones de Satanás, es decir del pecado, que es a lo que llevan todas sus tentaciones…

Indicaciones para prevenir el pecado: Para un mejor cumplimiento de este deber, el esposo y la esposa tienen que estar atentos y observar en qué pecado han caído, ya sea el uno o el otro, o qué ocasiones se presentan que puede conducirlos a pecar… Si ambos se irritan y enseguida se enojan, y uno nota esto primero en el otro, el que todavía está calmo debiera más bien sosegarse y con humildad y paciencia mantenerse tranquilo, no sea que al explotar ambos al mismo tiempo, toda la familia sufra…

Al esposo y la esposa les corresponde corregirse mutuamente los pecados: Ya sea que el esposo o la esposa ha pecado, el deber mutuo es que el que es inocente corrija al otro. Como si uno de ellos estuviera herido, el otro debe ocuparse de curar la herida. Esto es lo que hizo Abigail, esposa de Nabal, cuando se enteró de la furia de David contra Nabal por el desaire recibido de este. Se apresuró a llevarle alimento, y se humilló ante él (1 Sam. 25:23). Esto conmovió tanto a David que se tranquilizó. Sí, y Abigail se tomó el tiempo para hacerle ver a su marido su falta y el peligro en que esto lo había puesto. Más directamente y con más éxito corrigió Jacob la superstición o idolatría de su esposa Raquel, como puede verse comparando Génesis 31:19 con 35:2, 4. Un hermano no debe dejar que su hermano permanezca en pecado: cuánto menos puede la pareja dejar que esto suceda entre ellos.

Es un corolario del odio ser indiferente al pecado ajeno: No debes aborrecer a tu hermano (dice la Ley) y ser indiferente a su pecado (Lev.19:17). Hacerlo es muestra y fruto del odio. Si un esposo viera a su esposa o una esposa viera a su esposo en medio del fuego o en el agua, a punto de ser quemado o de ahogarse, y no hace todo lo que puede para rescatarlo, ¿no pensaríamos con razón que lo aborrece? El pecado es como fuego y agua, que quema o ahoga a los hombres para su perdición. Este deber puede cumplirse con sugerencias humildes, expresiones concisas, mansas llamadas de atención y con la ayuda de un pastor bueno o algún amigo discreto y fiel…

Cómo impulsar el crecimiento en la gracia: Este deber puede cumplirse de estas maneras:

1. Notando y mostrando aprobación por el comienzo y aun el paso más  pequeño de adelanto en la gracia.

2. Conversando frecuentemente acerca de las cosas que les conciernen: haciéndose preguntas el uno al otro sobre el tema y contestándolas.

3. Poniendo esto en práctica y siendo ejemplos mutuos: siendo el uno para el otro un ejemplo constante de devoción.

4. Realizando juntos ejercicios religiosos, tales como orar, cantar salmos, leer la Palabra y otros.

5. Ejecutando ejercicios santos y religiosos en la familia: Aunque este deber corresponde especialmente al marido, a la esposa le  corresponde recordárselo en caso de que se olvide y motivarlo a hacerlos, si le faltan ganas… En este tipo de persuasión, nadie puede prevalecer con un hombre mejor que su esposa.

6. Motivándose el uno al otro a concurrir a la casa de Dios para escuchar la Palabra, participar de las ordenanzas de Cristo y a conciencia ser parte de todo el culto público a Dios.

De Of Domestical Duties
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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres; poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 5

Blog109E

B) LA HUMANIDAD DE JUAN CALVINO A LA LUZ DE LA DELACIÓN, LA CALUMNIA Y LA PERSECUCIÓN.

Una visión tan poderosa y completa de la fe bíblica en un Dios justo, tan soberanamente Señor de todas las cosas, tan clemente y lleno y bondad y de misericordia hacia sus criaturas, no podía más que suscitar la rabia del Diablo y el odio irreductible de los hombres impíos. Calvino conoció durante su vida la persecución que suscitan tales odios. Pero ella se volvió todavía más feroz tras su muerte. Es a la luz de estos ataques de Sa-tanás y de sus servidores como aparece de manera aún más viva la humanidad —en el sentido de las primeras definiciones de Robert que hemos citado en nuestra in-troducción— de Calvino: (1) su carácter humano, (2) su clemencia incansable y (2) la manifestación en él de una naturaleza humana plenamente realizada, a la imagen de Jesucristo, renovada por la gracia de Dios en él.

A fin de aclarar mejor esta luz tan humana que emanaba de nuestro reformador y para contrastarla con las tinieblas más que inhumanas de sus innumerables detractores y adversarios, me basaré en los escritos de sus más eminentes defensores: Charles Drelin-court, pastor de la Iglesia de Charenton, cerca de París durante buena parte del siglo XVII; Richard Stauffer, pastor suizo y profesor de Historia de la Reforma en París; y Gabriel Mützen-berg, hombre de letras ginebrino, intrépido defensor evangélico de Calvino y de la Reforma ante sus detractores evangélicos, protestantes, ateos y católicos romanos. Nos inspiraremos amplia-mente en estos tres autores, principalmente en Charles Drelincourt.

1. Calvino calumniado entre los protestantes

El eminente biógrafo de Calvino e historiador Émile Doumergue evoca la forma en que, por 1893, intentaba desprenderse de la interpretación convencional, entonces unánimemente recibida en el mundo francófono, del gran reformador. Describe así en su Iconographie calvinienne, los sentimientos de moda contra los que tenía que luchar para intentar restablecer la verdadera figura de Juan calvino:

“En esta época, yo comenzaba a sacudir el yugo de la leyenda, a mantener a un Calvino totalmente distinto que el Calvino convencional, casi el único conocido, un Calvino que no nació a la edad de casi sesenta años, agotado por el trabajo y la enfermedad, caricatura en lo moral y en los físico, por los escritores y los pintores de un talento o de una buena fe bastante sospechosos.”

¿Cómo es esta tradición de escritores y pintores encarnizados desde muchos siglos en calumniar al reformador de Ginebra? Tiene un doble aspecto:

Primeramente, católica romana; después protestante liberal, atea, democrática y humanista. Para comenzar, examinaremos brevemente el ataque protestante contra el gran reformador de Ginebra, después, principalmente con ayuda de la obra del pastor Drelincourt, observaremos más en detalle el ataque romano contra Calvino. Richard Stauffer hace una buena presentación de la hostilidad de los ámbitos protestantes liberales del siglo XIX hacia Calvino. Presentado por estos autores pretendidamente reformados, Calvino es irreconocible. Lo trágico es que esta caricatura se ha convertido en la imagen típica del reformador, tal y como se ha recibido en los ámbitos francófonos, y esto no solo por los protestantes en general, sino simplemente por todo hombre cultivado. Alfred Franklin, en la “Introducción” que escribió para su edición de la Vida de Calvino de Teodoro de Be-za, nos presenta el modelo de este género de desinformación histórica:

“Este gran fantasma negro, de figura glacial que, sombrío, seco, apresurado, a la caza de una idea excesiva, que surca rápidamente el mundo y le deja una marca tan profunda, atrae irresistiblemente las miradas, sin inspirarle simpatía; la gente se resiste a su ascen-diente, puesto que no puede satisfacer la razón y no le dice nada al corazón.”

 
Franklin dio así el tono del desprecio protestante por Calvino, desprecio liberal, demócrata y humanista, en definitiva, el de la Ilustración de inspiración gnóstica y masónica. Es frente a esta cultura del desprecio que se alzaron esas figuras a las que nosotros somos tan deudores: los J.H. Merle d’Aubigné, los Louis Gausse, Émile Doumergue, Auguste Lecerf, Jean-Daniel Benorit, Jean Cadier, Pierre Marcel y Pierre Courthial, valientes y lúcidos cristianos calvinistas, el combate de los cuales, nos parece, continuamos hoy aquí. Nombremos, por el deber de la memoria, algunos de los des-tructores protestantes de nuestra herencia reformada:

—Oskar Pfister, pastor y psicólogo de Zurich dibujó en 1947 el retrato de un Calvino sádico, perseguidor de las brujas ginebrinas, verdadero psicópata.

—Jean Schorer (1885-1973), pastor en la Catedral de San Pedro en Ginebra, en una obra llena de “citas mutiladas y falsificadas” (Stauffer, op.cit., p. 17) dibujó el retrato de un Calvino dictador, a imagen de los Hitler o Stalin de su época.”

—El novelista judío austríaco Stefan Zweig, por incitación del pastor Schorer, dibujó el retrato de Castellón, adversario humanista y pacifista de Calvino obra que, según Roland de Pury es, en su injusticia para con el reformador, “una de las mentiras más profundas y perniciosas que hayan sido proferidas en literatura histórica”.

—Henry Babel, pastor en San Pedro, ha también evocado la vida y obra de Calvino. En la conclusión de su obra Calvino le pour et le contre evoca el retorno de Calvino a Ginebra e imagina al Reformador emplearse a redefinir el contenido de la fe reformada según el modelo de una religión mejor adaptada al progreso técnico y al pluralismo ideológico de moda en la Ginebra de mediados del siglo XX. Todavía aquí la ideologia liberal y humanista del sucesor de Calvino le impide percibir el objeto mismo de su estudio.

—Por último, incluso el cine se ha ocupado de la figura de Juan Calvino. El poeta ginebrino Georges Haldas y el cineasta Claude Goretta se han asociado para evocar, en detrimento del Reformador (¡y del Evangelio!) la Pasión y muerte de Michel Servet. Este, que con todas sus fuerzas negó la divinidad de Jesucristo y la Trinidad misma, y pagó con su vida tal blasfemia, ¡es identificado con la Persona misma del Salvador! La obra de Haldas está, también ella, llena de errores y de los peores anacronismos: Calvino sería el Stalin de la Reforma. Además, Haldas afirma haber visto, en su infancia, y con sus propios ojos, el edificio en el que Servet fue encerrado, edificio desgraciadamente reconstruido en 1841-1842. Pero lo peor es el humanismo sentimental perfectamente unilateral en el que se baña toda esta obra. De esta manera el antitrinitario es un mártir, pero los cinco jóvenes estudiantes de teología de la Academia de Lausanne martirizados en Lyon en el mismo año no le merecen a Haldas la menor simpatía humana. ¡Como parcialidad malintencionada no se podría hacer mejor!

Pero dejemos ahí las divagaciones de una cierta historiografia protestante para volvernos hacia una guerra de propaganda mucho más devastadora.

Continuará …

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La humanidad de Juan Calvino IV

Blog109D

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 2.
Ocurre evidentemente lo mismo acerca de todos los aspectos de la realidad sobre los cuales Calvino hace brillar la claridad de la Palabra de Dios, el estallido de la luz que Jesucristo, por su Espíritu, hace brillar sobre todas las obras divinas. Es así como, siguiendo al apóstol Pablo, busca traer cautivos a la obediencia de Jesucristo todos los pensamientos extraviados de los hombres (II Corintios 10:5). Su estilo mismo suscitó toda una tradición de poetas y prosistas reformados, que van desde Teodoro de Beza a Agrippa d’Aubigné, desde Guillaume Salluste du Bartas en el fin del siglo XVI, a Jean Ogier de Gombauld y los Drelicourt (tanto el padre Charles que el hijo Laurent), desde Pierre du Moulin hasta Jacques Saurin y Bénédict Pictet, hasta el alba de la vaporosa Ilustración del siglo XVIII.

Por todas partes, estos escritores calvinistas volvían a este modelo de belleza que es el estilo de la Biblia, estilo del cual las formas tan diversas que usan los autores del Libro sagrado están puestas siempre al servicio de la verdad divina.

Vemos cómo el crítico protestante del siglo XIX, A. Sayous, caracterizaba el estilo de Juan Calvino:

El estilo de Calvino es del mismo temple que su pensamiento: preciso, enérgico, que prescinde de las gracias superfluas y de las inutilidades del lenguaje, es el reflejo exacto de la perfecta claridad de su inteligencia. Predicador, o escritor, la expresión justa y fuertemente recortada le llegaba sin esfuerzo, acuñada de un golpe, por así decirlo, por el peso del pensamiento; y sus sermones improvisados, sus escritos dictados al vuelo o escritos al correr de la pluma, están todos igualmente marcados por este mismo cuño de precisión y vigor […J. Para alcanzar tal claridad y vigor de expresión, sin cesar ni un mo-mento de ser natural, es necesario instinto o estudio, poseer esta inteligencia de un idioma del que uno se convierte en maestro.

Más recientemente, el eminente crítico literario protestante Albert-Marie Schmidt escribía acerca del estilo de Calvino:

Por una especie de prodigio, del cual no se llega a dar una explicación satisfactoria, Calvino enuncia sus sólidos pensamientos en una especie de lenguaje eterno que, preservado de los daños del tiempo, no pierde en ninguna circunstancia su actualidad. Mientras que el arte y la intención de Rabelais, su contemporáneo, se nos han vuelto igualmente oscuros, nosotros entendemos sus intenciones más ocultas, desciframos con agudeza las alusiones más secretas que implica su escritura, por cuanto ella, animada por un impecable espíritu de geometría intuitiva, pone discreción a no emplear, en su sentido más simple, más directo, más claro, más puro, que palabras comunes y claras.

Schmidt muestra qué propósito anima a tal estilo, límpido y enérgico, apasionadamente inteligible y concreto:

Los textos de Calvino, que no deparan y ocultan jamás la jerga oscura de los eruditos que no se dirigen más que a algunos doctos erizados orgullosos de su saber, sino al conjunto de los predestinados a creen a fin de preparar en ellos, por la resolución de las principales dificultades de la Escritura y la justa organización de sus máximas la irrupción familiar del Espíritu Santo.

Lo que acabamos de ver en el ámbito de la estética de Juan Calvino lo podríamos demostrar sobradamente en lo que se refiere a su pensamiento político, su filosofía,” por el ámbito económico y social,” por el de la caridad eclesial y privada, por el de la cura de almas y, finalmente, en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, pero puesto que el tiempo es un dueño exigente, continuemos sin más hacia nuestro segundo apartado.

Dejemos la última palabra de esta primera parte de Las humanidades de Juan Calvino, a dos grandes conocedores franceses del pensamiento de Calvino, Jean-Daniel Benoit y Jean Cadier. Este último escribe:

Esta soberanía de Dios [que enseña Calvino] sobre todos los momentos de la vida está evidentemente opuesta a la secularización que es la marca de nuestra época. Toda nuestra existencia ha sido poco a poco separada de sus raíces profundas en Dios. La  religión  aparece como un asunto privado, sin relación con la vida pública. Pero precisamente esta secularización debe obligar al cristiano de nuestro tiempo a reafirmar la gloria de Dios en un mundo que lo desconoce. El pensamiento de Calvino ciertamente fue marcado en el siglo XVI por un contexto de oposición y de persecución. Es una doctrina para los prisioneros, los torturados, los testigos que serán degollados. Pero ella también es totalmente necesaria en la situación dramática del siglo XX, donde también existen prisiones, torturas y ejecuciones para aquellos que confiesan a Cristo en algunos países, y donde también existe una voluntad de poner a Dios fuera de la vida. Pero Dios no quiere ceder su gloria a nadie.

Después Cadier evoca la piedad, a la vez Trinitaria y centrada en la unión personal del creyente con el Señor Jesucristo, por el Espíritu Santo:

Esta unión con Cristo es la obra del Espíritu Santo. Y esta obra del Espíritu Santo tiene otro nombre: se llama la fe. Calvino da esta definición admirable de la fe: “La fe abraza Jesucristo” (Institución III,ii,8). Pocos teólogos han tenido una concepción más viva, más mística en el sentido religioso de esta palabra, que esta. La vida religiosa es, pues, “la comunicación alta y mística que tenemos con Jesucristo”.

Por tanto, vemos que el geocentrismo de Calvino en modo alguno le conduce a una piedad que se alejaría de la relación con Cristo. ¿Pero de dónde viene entonces esta dureza en la lucha que hemos descrito anteriormente y que ha dado ocasión a los numerosos detractores de Calvino de componer esta figura legendaria de un ambicioso, que no retrocede ante nada para llegar a sus propósitos de dominación?

Si no se tiene la certeza de ser conducido por Dios, la fuerza inquebrantable da, a aquellos que están fuera de esta acción, la impresión de ambición. La tenacidad de un hombre conducido por Dios es para los incrédulos una voluntad orgullosa de alcanzar sus fines […]. Pero Calvino contempla el triunfo de la causa de Dios. Es necesario que Dios gane. Es por ello por lo que su obra tiene este carácter dramático y a veces violento.

Sin embargo, los siglos han pasado. El mensaje calvinista se ha extendido en el mundo. Contra todas las pretensiones humanas ha alzado la exigencia señorial de Dios. Los hugonotes de Cévennes, los gueux de Holanda [Literalmente, “miserables, mendigos”. Nombre dado a los reformados holandeses que se alzaron contra Felipe II, N. T.], los puritanos de Nueva Inglaterra, los confesantes de la Alemania de Hitler han mostrado que cuando la gloria de Dios se encuentra amenazada, los hombres pueden resistir a la opresión. La lucha continúa. Calvino permanecerá en esta lucha como un guía indispensable y su voz de mando permanece: ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Jean-Daniel Benoit plantea a su vez la siguiente cuestión en la conclusión de su bello libro sobre Juan Calvino:

¿Cuál es, pues, el espíritu del calvinismo, la característica dominante de esta piedad que hizo a los hugonotes, los puritanos, los mártires?.
Y responde:

El espíritu del calvinismo se encuentra en el gran principio teocéntrico: Dios en el centro, Dios ante todo, por encima de todo y de todos.

En efecto, el calvinismo es, principalmente la afirmación apasionada de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios. “Servir a la gloria de Dios”, es el fin supremo de la vida humana, la razón de ser de toda existencia, por alta o humilde que sea, es el principio motor del calvinismo, la fuente de la energía desbordante y de la actividad de la que los calvinistas siempre han hecho gala a lo largo de la Historia.

Tenemos ahí, en esta actitud teocéntrica, el principio de una renovación necesaria de nuestro pensamiento y de nuestra piedad.

En efecto, poco a poco estamos habituados a poner al hombre en el centro del universo, y a proclamar los derechos del hombre independientemente de los derechos de Dios. En el centro, el hombre, su angustia, su miseria, sus necesidades, sus aspiraciones. Y Dios parece no entrar en escena más que para responder a estas necesidades del hombre, para aportarnos el perdón y la paz, para calmar nuestras angustias, permitirnos avanzar con confianza a través de las brumas que nos ocultan el porvenir, y calmar nuestros terrores frente al misterio y el pavor de la muerte. Dios, ¡cómo sabemos utilizarlo para nuestros propios intereses! Nos imaginamos de buena gana que no tiene otra razón de ser que la de hacer por el hombre lo que la nodriza por el niño, y que su papel es únicamente velar por él, nutrirlo, consolarlo, guiarlo quitando de sus pasos las piedras del camino. ¡En verdad, a veces parece que Dios haya sido hecho para el hombre, y no el hombre para Dios!

Y Benoit añade:

Estas desviaciones egoístas y sentimentales se remontan lejos en el pasado. El racionalismo, con su “Dios de las buenas personas”, y un cierto pietismo, con su Cristo delicado y afeminado, no son totalmente ajenos de ello.

Ante tal desnaturalización de la fe cristiana Benoit recuerda las cimas espirituales a las que Dios nos llama:

Frente a tales desvíos, ¡cuánto se impone un retorno al espíritu del calvinismo, a esta afirmación fundamental de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios!

Y continúa diciendo:

Hemos hablado demasiado de nuestras necesidades, de nuestras aspiraciones, de las nostalgias de nuestros corazones; nos falta tomar conciencia de los derechos de Dios; no de nuestros derechos sobre Dios —derecho a la salvación, derecho a la felicidad, derecho a la consolación, derecho a la felicidad eterna, ¡como si tuviéramos derechos a la gracia y a la misericordia divinas!—, sino de los derechos de Dios sobre nosotros, nuestras vidas, derechos de Dios a nuestro servicio, a nuestra obediencia, a nuestra consagración; actitud austera y viril que nos inclina ante la majestad divina, que quebranta nuestro egoísmo y nuestro orgullo, y nos pone, ante Dios, en nuestro verdadero lugar.

Y Benoit nos muestra que únicamente es cuando ponemos a Dios en su justo lugar, el único lugar que por derecho es el suyo, que nuestras vidas serán saciadas y satisfechas todas nuestras necesidades más legítimas y profundas. Y termina citando una carta de Calvino recordando, incluso a un rey, esta prioridad suprema:

Escuchad a Calvino, escribiendo al rey de Navarra y recordándole que hay una cosa más digna y más preciosa que su salvación:

“Nos perdonará usted, Sir, la necesidad que nos constriñe a hablar de esta manera, ya que nos preocupa vuestra salvación, en verdad algo más digno y precioso: es la gloria de Dios y el avance del reino de Jesucristo, en el que consiste la salvación vuestra y de todo el mundo”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO

Blog110

EL primer deber principal y absolutamente indispensable entre el hombre y su esposa es la unidad matrimonial, por la que ambos se consideran una sola carne y  consecuentemente preservan su unión inviolable. Ese es el deber que el Apóstol les recomienda con estas palabras: “Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer” (1 Cor. 7:10-11). Está hablando de la separación de la pareja, quebrantando e invalidando así el lazo matrimonial. Quiere que la unión se conserve firme e inviolable, y que los dos que fueron hecho uno, sigan siéndolo para que no vuelvan a ser dos. Esta unidad matrimonial es tan necesaria que no puede ser infringida ni disuelta aunque uno sea cristiano y el otro pagano. Dice el Apóstol: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Cor. 7:12-13)…

ACERCA DE LA PAZ ENTRE EL HOMBRE Y SU ESPOSA: Entre otros medios para mantener un afecto cariñoso interior entre esposos, algunos de los principales son: la paz, armonía y el acuerdo exterior. De hecho, el Apóstol les exhorta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), porque la paz es el lazo que amarra el uno al otro y hace que sean uno, aun uno en espíritu. Cuando sucede lo opuesto la discordia exterior desune el espíritu de los hombres. La Biblia nos estimula a seguir la paz con todos. Entonces, ¿con cuánta más razón deben los maridos tener paz con sus esposas y las esposas con sus maridos? Son más cercanos que hermanos y hermanas. ¡Entonces, cuánto más bueno y cuánto más delicioso es el habitar el esposo y la esposa juntos en armonía (Sal. 133:1)! Habitar juntos es algo que tienen que hacer, pero sin paz no hay un habitar juntos. Es mejor vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa (Prov. 21:9; 19; 25:24). Es mucho mejor que las personas que no se llevan bien permanezcan alejadas. No debe ser así con el hombre y su esposa, sino que más bien tienen que vivir en paz. La paz entre ellos es reconfortante, habiendo sido expuestos a las discordias de otros. Se ha dicho que en este sentido, la esposa es un remanso de paz para el hombre: ¿cuánto más el hombre lo es para su esposa?…

Para mantener la paz:
1. Eviten ofender: Hasta donde sea posible, eviten las ofensas. El esposo debe cuidarse de no ofender a su esposa, y lo mismo la esposa.
Las ofensas causan discordia.

2. No se ofendan: Cuando una parte ofende a la otra, la otra no debe darse por aludida. Así conservarán la paz. La reacción a las ofensas es lo que da inicio a las rencillas.

3. Procuren la reconciliación: Si ambos se enojan al mismo tiempo, el fuego se hará más grande. Por esta razón, sean rápidos en apagarlo. La ira no debe compartir la cama con los esposos, ni deben ellos dejar de compartir la cama por ella. Para que el fuego se apague más pronto, ambos tienen que esforzarse por reconciliarse. La gloria es del que da el primer paso, porque de hecho es bienaventurado por ser conciliador. No aceptar la conciliación cuando se ofrece es peor que ser pagano; cuando surge la ira, el deber del cristiano es procurar calmar los ánimos: una gracia que viene de lo Alto.

4. No permita que se formen partidos: No lleven sus desavenencias a sus hijos ni a sus sirvientes ni ningún otro familiar con el fin de que tomen partido con uno y se pongan en contra del otro. El hecho de que el hombre hable con cualquiera en su casa en contra de su esposa o que la esposa lo haga en contra de su esposo es, por lo general, causa de problemas entre ambos.

5. No hagan comparaciones: Deben evitar criticar constantemente a su pareja comparándola con otras personas o con sus esposos o esposas anteriores (en caso de haberlos tenido). Las comparaciones de este tipo son muy dañinas. Suscitan muchos malos sentimientos y causan grandes discordias.

6. No sean celosos: Sobre todo, hay que cuidarse de los celos imprudentes e injustos, que son la desgracia del matrimonio y la causa mayor de disgustos entre el hombre y su esposa. Las personas celosas son rápidas para empezar riñas y buscar ocasiones para sembrar la semilla de la discordia. Toman cada palabra, cada mirada, acción y moción de la peor manera posible y, en consecuencia, se ofenden sin razón. Una vez que se encienden los celos, son como un fuego llameante fuera de control. Es imposible sosegar al que los tiene.

7. Deléitense el uno al otro: En todas las cosas buenas, tienen que esforzarse por deleitarse el uno al otro sacrificando su propia voluntad y evitando causarle un disgusto al otro. San Pablo hace notar que es el deber de ambos hacerlo y describe el cariño mutuo que los esposos se tienen como un desvivirse por alegrarse mutuamente.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino III

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A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 1.

Deberíamos ahora considerar brevemente un cierto número de ámbitos donde tales preocupaciones a favor de las “humanidades cristianas” se manifiestan en la obra de Juan Calvino. Pero, por el límite de nuestro espacio, nos centraremos únicamente en su amor a la belleza.

Léon Wencelius, en su bella tesis dedicada a La estética de Calvino, se expresa así:

Antes de conocer la armonía de Calvino y la belleza de su estilo, tenemos que saber lo que él mismo pensaba acerca de la belleza, y cuál fue su actitud ante las artes de su época […]. En la exposición sistemática de su doctrina, tenía que dar una explicación de la belleza del universo […]. Escribió en medio de un mundo que se planteaba el problema de la belleza pagana. Estuvo obligado a responder a las acusación de múltiples adversarios, que ya reprochaban al culto reformado su falta de pompa y de esplendor externo. De nuevo, una actitud en el terreno estético se imponía. Guiados por estas reflexiones, hemos leído toda la obra de Calvino […]. A medida que realizábamos este escrutinio del pensamiento de Calvino, hemos advertido que todos los pasajes que descubríamos que hablaban acerca de la belleza y de las artes obedecían a una armonía común. Su orden no era distinto del orden que preside en el pensamiento de Calvino en su conjunto, y hemos visto que para exponer en toda claridad el problema estético, le bastó mostrar el brillo de la belleza a través de las partes de su teología.

Wencelius concluye estas apreciaciones introductivas con estas magníficas palabras:

Cualquiera que sea el problema que se estudie en el reformador, siempre se tiene que considerar a partir de lo que es el centro de su pensamiento, que es Dios, y su brillo en el universo. Esta es la realidad suprema del calvinismo. Pero las criaturas están obligadas a tener en cuenta otra realidad, desgraciadamente presente en la raza humana: el pecado. Todo problema, ya sea moral, social, político, estético, no puede, en el calvinismo, ser considerado más que a partir del brillo de Dios en un universo deformado por el pecado. Existen como tres momentos en el dinamismo del calvinismo: Dios brillando en su gloria y, por su Verbo, Creador del mundo que es conservado por su Espíritu, después el drama cósmico causado por la criatura que se separada del Creador; después la fulguración redentora de Dios que envía a su Hijo en medio de sus criaturas, a fin de salvarlas, redención que es culminada con la santificación del Espíritu Santo. Toda la Creación, ya sea en el equilibrio de sus formas, o en el impulso de su energía, obedece a este dinamismo y está englobada en este drama. Las criaturas humanas, ya sean en su contemplación, en su pensamiento, en sus actos, son parte integrante de este gigantesco plan de Dios, y examinar uno de sus elementos no es posible más que en relación con el plan divino. De esta manera siempre tenemos el mismo ritmo en el examen de toda cuestión que interese al calvinismo: exposición de la cuestión tal y como se presentaría si el pecado no existiera; la cuestión considerada frente a la deformación que el pecado le ha hecho sufrir; los medios que Dios pone a nuestra disposición a fin de triunfar sobre las dificultades suscitadas por el maligno.

Emile Doumerge confirma ampliamente lo que escribe Wencelius, en este caso en lo que respecta la música:

Entre las artes, Calvino otorga un lugar especial a la música. Lejos de perseguirla, como pretende la leyenda, él ha protegido y defendido al gran compositor de las melodías del Salterio, Louis Bourgeois. Lejos de condenar, como lo pretende la leyenda, el canto a cuatro voces continuamente se ha servido de comparaciones musicales, en las que ha hablado de la melodía y la armonía. En su prefacio del Salterio, ha hecho tal elogio de la música (he aquí una sola frase que se halla idéntica en dos lugares de sus obras: “Todos experimentamos qué gran poder tiene la música para conmover los sentidos de los hombres” (Comentarios I Corintios XIV,7)que su enemigo y detractor íntimo, aquel que lo trata de antiartístico y de antihumano, estuvo obligado a confesar: “Nadie ha hablado de la música como Calvino, excepto Lutero”.

Sin duda —y ello hace cuestionar cada vez más la leyenda—la música “sirve más bien a la voluptuosidad y delicias que a la necesidad”; sin embargo no hay que tenerla por “superflua”. Solo es reprensible “la voluptuosidad que no va unida al temor de Dios”. Con esta restricción, Calvino aprueba altamente todas las cosas que “son aptas para recrear al hombre y darle voluptuosidad”.

“Nuestro Señor, añade, quiere alegrarnos en todos los sentidos”. Y él se goza y alegra. Él goza del orden de las cosas: “Un orden decoroso sirve de mucho, no solo para dar gracia y belleza a todos los actos, sino también para acostumbrar nuestros espíritus a la honestidad” (Comentarios: I Corintios XI: 2).

Y Doumergue concluye estos comentarios sobre la belleza en Calvino citando de él este magnífico texto:

¿Pensamos que nuestro Señor haya dado tal belleza a las flores, que salta a la vista, y que no sea lícito ser tocado por algún placer al verla? ¿Pensamos que Él le ha dado tal suavidad de olor que no haya querido que el hombre se deleitara al aspirarla? Dejemos pues ahí esta filosofía inhumana (el estoicismo), que nos priva malignamente del fruto lícito de la bendición divina, e incluso no le da lugar, sino que habiendo despojado al hombre de todo sentimiento, lo hará parecido a un trozo de madera.

 

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

Blog106C

III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

Blog106

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

Deberes mutuos en el matrimonio 2

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3. EL DESEO MUTUO DE ESTAR EN LA COMPAÑÍA EL UNO DEL OTRO ES UN DEBER COMÚN DEL ESPOSO Y DE LA ESPOSA:

Están unidos para ser compañeros, para vivir juntos, para caminar juntos, para hablar juntos. La Biblia manda al esposo que viva con la esposa sabiamente (1 Ped. 3:7). “Esto”, dice el Sr. Jay, “significa residir, lo opuesto a ausentarse o tener carta blanca para irse a dónde quiera. Es absurdo que se casen los que no piensan vivir juntos, los que ya están casados no deben ausentarse de casa cuando no es necesario. Hay circunstancias de diversos tipos que sin duda hacen que las salidas ocasionales sean inevitables, pero vuelva el hombre a su casa en cuanto terminó su diligencia. Que salga siempre con las palabras de Salomón en su mente. ‘Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.’ (Prov. 27:8). ¿Puede el hombre, no estando en su casa, cumplir los deberes que le corresponden cuando está allí? ¿Puede disciplinar a sus hijos? ¿Puede mantener el culto a Dios con su familia? Sé que es la responsabilidad de la esposa dirigir el culto familiar en la ausencia de su esposo; y no debe tomarlo como una cruz, sino como un privilegio temporal. No obstante, pocas son las que tienen esta actitud, y por eso uno de los santuarios de Dios durante semanas y meses enteros se mantiene cerrado. Lamento tener que decir que hay maridos que parecen preferir la compañía de cualquiera que no sea su esposa. Se nota en cómo usan sus horas libres. ¡Qué pocas son dedicadas a la esposa! Las noches antes de ir a dormir son las horas más hogareñas del día. A estas, la esposa tiene un derecho particular, ya está libre de sus numerosas obligaciones para poder disfrutar de la lectura y la conversación. Es triste cuando el esposo prefiere pasar estas horas fuera de casa. Implica algo malo y predice algo peor”.

Para asegurar en lo posible la compañía de su esposo en su propia casa, sea la esposa cuidadosa de su casa (Tit. 2:5) y haga todo lo que pueda para ser todo lo atractiva que el buen humor, la pulcritud, la alegría y la conversación amena permitan. Procure ella hacer de su hogar en lugar apacible donde le encante a él reposar en las delicias hogareñas…

Unidos, entonces, para ser compañeros, estén el hombre y su esposa juntos todo el tiempo posible. Algo anda mal en la vida familiar cuando necesitan bailes, fiestas, teatro y jugar a las cartas para aliviarles del tedio de las actividades hogareñas. Doy gracias a Dios que no tengo que valerme de los centros de recreación para estar contento, ni tengo que huir de la comodidad de mi propia sala y de la compañía de mi esposa, ni del conocimiento y la recreación que brinda una biblioteca bien organizada o de una caminata nocturna por el campo cuando hemos terminado las tareas del día. A mi modo
de ver, los placeres del hogar y de la compañía de seres queridos, cuando el hogar y esa compañía son todo lo que uno pudiera desear, son tal que uno no necesita cambios, sino que va pasando de un rato agradable a otro. Suspiro y anhelo, quizá en vano, por un tiempo cuando la sociedad sea tan elevada y tan pura, cuando el amor al conocimiento sea tan intenso y las costumbres tan sencillas, cuando la religión y la moralidad sean tan generalizadas que el hogar de los hombres sea la base y el círculo de sus placeres; cuando en la compañía de una esposa afectuosa e inteligente y de hijos bien educados, cada uno encuentre su máximo bienestar terrenal y cuando, para ser feliz, ya no sea necesario salir de su propia casa para ir a la sala de baile, a un concierto o al teatro, ni preferir irse de una mesa con abundante comida, a un banquete público para satisfacer su apetito. Entonces ya no tendríamos que comprobar que las diversiones públicas son inapropiadas porque serían innecesarias…

4. OTRO DEBER ES LA PACIENCIA MUTUA:

Esto se lo debemos a todos, incluyendo al extraño o al enemigo. Con más razón a nuestro amigo más íntimo. Porque el amor que “es sufrido, [que] es benigno; el amor [que] no tiene envidia, el amor [que] no es jactancioso, [que] no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. [Que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:4-7). Es un amor indispensable y tiene que tener su lugar en cada relación de la vida. En dondequiera que haya pecado o imperfecciones, hay lugar para la paciencia del amor. En esta tierra no existe la perfección. Es cierto que los amantes a menudo creen que la han encontrado, pero un criterio más sobrio de esposo y esposa generalmente corrige este error. Las primeras impresiones de este tipo por lo general pasan con el primer amor. Hemos de contraer matrimonio recordando que estamos por unirnos a una criatura caída… El afecto no prohíbe sino que en realidad demanda que mutuamente nos señalemos las faltas. Pero esto debe hacerse con toda la mansedumbre de la sabiduría, junto con la ternura del amor, no sea que solo aumentemos el mal que tratamos de corregir o lo sustituyamos por uno peor…

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

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Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 4

Blog101D

Ahora, destaquemos para beneficio de los lectores jóvenes algunas de las características por las cuales se puede identificar una pareja consagrada e idónea.

Primero, la reputación: un hombre bueno por lo general tiene un buen nombre (Prov. 22:1). Nadie puede acusarlo de pecados patentes.

Segundo, el semblante: nuestro aspecto revela nuestro carácter, y es por eso que las Escrituras hablan de “miradas orgullosas” y “miradas lascivas”, “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa. 3:9).

Tercero, lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26).

Cuarto, la ropa: la mujer modesta se conoce por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar o llamativa, el corazón es vanidoso. Quinto, la gente con quien anda: Dios los cría y ellos se juntan: se puede conocer a una persona por las personas con quien se asocia.

Quizá no vendría mal una advertencia. No importa con cuánto cuidado y oración uno elige su pareja, su matrimonio nunca será perfecto. No que Dios no la haya hecho perfecto, sino que, desde entonces el hombre ha caído, y la caída ha estropeado todo. Puede ser que la manzana siga siendo dulce, pero tiene un gusano adentro. La rosa no ha perdido su fragancia, pero tiene espinas. Queramos o no, en todas partes leemos de la ruina que causa el pecado. Entonces no soñemos de esa persona perfecta que una imaginación enferma inventa y que los novelistas describen. Aun los hombres y mujeres más consagrados tienen sus fallas, y aunque son fáciles de sobrellevar cuando existe un amor auténtico, de igual manera hay que sobrellevarlas.

Agreguemos algunos comentarios breves sobre la vida familiar de la pareja casada. Obtendrás luz y ayuda aquí si tienes en cuenta que el matrimonio es usado como un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. Esto, pues, incluye tres cosas.

Primero, la actitud y las acciones del esposo y la esposa tienen que ser reguladas por el amor. Ese es el vínculo que consolida la relación entre el Señor Jesús y su esposa; un amor santo, un amor sacrificado, un amor perdurable que nunca puede dejar de ser. No hay nada como el amor para hacer que todo marche bien en la vida diaria del hogar. El esposo tiene con su pareja la misma relación que el Redentor con el redimido, y de allí la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25), con un amor fuerte y constante, buscando siempre el bien para ella, atendiendo sus necesidades, protegiéndola y manteniéndola, aceptando sus debilidades, “dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7).

Segundo, el liderazgo del esposo. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23). A menos que esta posición dada por Dios se observe, habrá confusión. El hogar tiene que tener un líder, y Dios ha encargado su dirección al esposo, haciéndolo responsable del orden en su administración. Se perderá mucho si el hombre cede el gobierno a su esposa. Pero esto no significa que la Biblia le da permiso para ser un tirano doméstico, tratando a su esposa como una sirvienta: su dominio debe ser llevado a cabo con amor hacia la que es su consorte. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas” (1 Ped. 3:7). Busquen su compañía cuando haya acabado la labor del día…

Tercero, la sujeción de la esposa. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Hay una sola excepción en la aplicación de esta regla: cuando el esposo manda lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios manda. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5). ¡Ay, qué poca evidencia de este “adorno” espiritual hay en la actualidad! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6). La sujeción voluntaria y amorosa hacia el marido por respeto a la autoridad de Dios es lo que caracteriza a las hijas de Sara. Donde la esposa se niega a someterse a su esposo, es seguro que los hijos desobedecerán a sus padres ––quien siembra vientos, recoge tempestades…

De “Marriage – 13:4) en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de
Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La
soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y
muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más
adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 4

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Evangelización en Ginebra

Calvino no limitó la predicación a su propia congregación. También la usó como una herramienta para extender la Reforma por toda la ciudad de Ginebra. Los domingos, las Ordenanzas de Ginebra demandaban sermones en cada una de las tres iglesias al amanecer y a las 9 de la mañana. A mediodía, los niños iban a clase de catecismo. A las 3 de la tarde se volvían a predicar sermones en cada iglesia.

Los sermones de entre semana eran programados a diferentes horas en las tres iglesias los lunes, miércoles y viernes. Para la época en que Calvino murió, se predicaba un sermón en cada iglesia todos los días de la semana.

Aun esto no era suficiente. Calvino quería reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada iglesia debía ofrecer:

1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Be-za, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.

2. Disciplina. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores pata mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la iglesia y sus líderes.

3. Caridad. Los diáconos de cada iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomu-nión para ejercer la disciplina de la iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino sobre Ginebra fue casi completo.

Calvino quería algo más que reformar Ginebra, sin embargo. Quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo para el reinado de Cristo por todo el mundo. De hecho, la reputación e influencia de la comunidad ginebrina se extendió a la vecina Francia; después, a Escocia, Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, y regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La iglesia ginebrina se convirtió en un modelo para todo el movimiento reformado.

La Academia de Ginebra también asumió un papel de crucial importancia, puesto que pronto se convirtió en algo más que un lugar para aprender teología. En John Calvin: Director of Missions, Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre de marfil teológica que vivía para y por sí misma, olvidada de su responsabilidad en el Evangelio, para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y peligros que les esperaban, para llevar la luz del Evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres.”

Influido por la Academia, Juan Knox llevó la doctrina evangélica de vuelta a su Escocia natal. Los ingleses fueron preparados para conducir la causa en Inglaterra; los italianos tuvieron lo que necesitaban para enseñar en Italia; y los franceses (que formaban la gran mayoría de refugiados) extendieron el calvinismo a Francia. Inspirada por la visión verdaderamente ecuménica de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo desde el que la evangelización se extendió por todo el mundo. Según el Registro de la Compañía de Pastores, ochenta y ocho hombres fueron enviados entre 1555 y 1562 desde Ginebra a diferentes lugares del mundo. Estas cifras, lamentablemente, están incompletas. En 1561, que parece haber sido el año cumbre de la actividad misionera, solo está registrado el envío de doce hombres, mientras que otras fuentes indican que casi doce veces este número —no menos de 142— salieron en sus respectivas misiones.

Esto es un logro asombroso para una obra que comenzó con una pequeña iglesia que luchaba en una diminuta ciudad-repúbli-ca. Sin embargo, el propio Calvino reconoció el valor estratégico de la obra. Escribió a Bullinger: “Cuando considero cuán importante es este rincón [de Ginebra] para la propagación del Reino de Cristo, tengo buena razón para preocuparme por que se vigile con diligencia”.

En un sermón sobre 1 Timoteo 3:14, Calvino predicó: “Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le ado-ren en verdad”.

Continuará …

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¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre 2?

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Ahora todo su cuerpo sufría un horrible tormento. Mientras tanto, sus enemigos  permanecían a su alrededor, señalándolo con desprecio, burlándose de él y de sus oraciones y deleitándose de su sufrimiento.

Él dijo: “Tengo sed” (Juan. 19:28), y le dieron vinagre. Al poco tiempo dijo: “Consumado es” (Juan. 19:30). Había soportado el máximo sufrimiento y dado evidencia plena de la justicia divina. Recién entonces entregó su espíritu. En tiempos pasados, hombres santos han comentado con amor los sufrimientos de nuestro Señor, y yo no vacilo en hacer lo mismo, confiando que los pecadores tiemblen y vean la salvación en la dolorosa “llaga” del Redentor. No es fácil describir el sufrimiento físico de nuestro Señor. Reconozco que he fallado en mi intento. En cuanto al sufrimiento del alma de Cristo, ¿quién de nosotros lo puede imaginar, o mucho menos expresar? Al principio dijimos que sudó gotas de sangre. Eran su corazón derramando a la superficie su vida a través de la terrible tristeza que dominaba su espíritu. Dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mat. 26:38). La traición de Judas y la deserción de los doce discípulos entristecieron a nuestro Señor, pero el peso de nuestro pecado fue la verdadera presión sobre su corazón. Murió por nuestro pecado. Ningún lenguaje podrá jamás explicar la agonía de su pasión. ¡Qué poco podemos entonces concebir el sufrimiento de su pasión!

Cuando estaba clavado en la cruz, soportó lo que ningún mártir ha sufrido. Ante la muerte, los mártires han sido tan sustentados por Dios que han podido regocijarse aun en medio del dolor. Pero el Padre permitió que nuestro Redentor sufriera tanto, que exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). Ese fue el clamor más amargo de todos, la muestra más viva de su inmenso dolor. Pero era necesario que padeciera este dolor, porque Dios no soporta el pecado y en ese momento, a él “por nosotros lo hizo pecado” (2 Cor. 5:21). El alma del gran Sustituto sufrió el horror de la agonía en lugar de dejar que nosotros sufriéramos el horror del infierno al cual estábamos destinados los pecadores si él no hubiese tomado sobre sí nuestros pecados y la maldición que nos correspondía. Escrito está: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gál. 3:13). Pero, ¿quién sabe lo que significa esa maldición?
El remedio para nuestro pecado se encuentra en el sufrimiento sustituto de nuestro Señor Jesucristo y en sus heridas. Nuestro Señor sufrió esta “llaga” por nosotros. Nos preguntamos: “¿Hay algo que debamos hacer, para quitar la culpa del pecado?” La respuesta: “No hay nada que debamos hacer. Por las heridas de Jesús, somos sanos. Él llevó todas las heridas y no nos dejó ninguna”.

¿Pero, debemos creer en él? Si, debemos creerle. Si decimos que cierto bálsamo cura, no negamos que necesitamos una venda para aplicarla a la herida. La fe es la venda que une nuestra reconciliación en Cristo con la herida de nuestro pecado. La venda no cura; el bálsamo es lo que cura. Así que la fe no sana; la expiación de Cristo es lo que nos cura. “Pero debemos arrepentirnos”, dice otro. Ciertamente debemos, porque el arrepentimiento es la primera señal de que hemos sido sanados. Pero son las heridas de Jesús las que nos sanan, y no nuestro arrepentimiento. Cuando aplicamos sus heridas a nuestro orazón, producen arrepentimiento. Aborrecemos el pecado porque causó el sufrimiento de Jesús. Cuando sabiamente confiamos que Jesús ha sufrido por nosotros, descubrimos que Dios nunca nos castigará por el pecado por cual Cristo murió. Su justicia no permitirá que la deuda sea pagada primero por el Garante y luego por el deudor. La justicia no puede permitir doble pago. Si nuestro sufriente Garante ha cargado con la culpa, entonces nosotros no podemos llevarla. Al aceptar que Cristo sufrió por nosotros, aceptamos una cancelación completa de nuestra culpa. Hemos sido condenados en Cristo, por tanto ya no hay condenación en nosotros. Esta es la base de la seguridad que tiene el pecador que cree en Jesús. Vivimos porque Jesús murió en nuestro lugar. Somos aceptados en la presencia de Dios, porque Jesús es aceptado. Quienes aceptan este acto sustitutivo de Jesús son libres de culpa. Nadie puede acusarnos. Somos libres.

Oh amigo, ¿quieres aceptar que Jesús ocupó tu lugar? Si lo aceptas eres libre. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Porque, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5).

Tomado de Around the Wicket Gate.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre?

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Para ayudar al que busca encontrar una fe verdadera en Jesús, hay que recordarle la obra del Señor Jesús en relación con la condición del pecador.

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”  (Rom. 5:6).
  • “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”                     (1 Ped. 2:24).
  • “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6).
  • “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
    injustos, para llevarnos a Dios” (1 Ped. 3:18).

Mantengamos la mirada en una declaración de las Escrituras, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5). En este pasaje, Dios trata al pecado como una enfermedad, y nos señala el remedio que él ha provisto. Reflexionemos un momento en la llaga de nuestro Señor Jesucristo. El Señor quiso restaurarnos, y envió a su Hijo Unigénito —“verdadero Dios de Dios verdadero”—, al mundo a fin de que compartiera nuestra naturaleza para poder redimirnos. Vivió como un hombre entre los hombres. A su debido tiempo, después de 30 o más años de obediencia, llegó su momento de servir a la humanidad, colocándose en nuestro lugar y llevando “el castigo de nuestra paz” (Isa. 53:5). Fue al Getsemaní y allí, al probar la copa amarga, sudó gotas de sangre. Fue presentado ante Pilato y Herodes, y allí experimentó el dolor y escarnio que nos tocaba a nosotros. Por último lo llevaron a la cruz y allí lo clavaron para morir, morir en nuestro lugar.

La palabra llaga se usa para señalar el sufrimiento de su cuerpo y su alma. Se sacrificó por nosotros. Todo lo humano en él sufrió. Su cuerpo, al igual que su mente, sufrió de una manera que imposible de describir. Al comienzo de su pasión, cuando sufrió intensamente el sufrimiento que era nuestro, estaba en agonía, y de su cuerpo brotaron copiosas gotas de sangre que cayeron al suelo. Es muy raro que un hombre sude gotas de sangre. Se sabe que ha ocurrido una o dos veces, y en todas las instancias ha precedido inmediatamente a la muerte de la persona. Pero nuestro Salvador vivió, vivió después de una agonía que ninguno de nosotros hubiera sobrevivido. Antes de poder recuperarse de este sufrimiento, lo llevaron ante el sumo sacerdote. Lo capturaron y lo llevaron de noche. Luego lo trajeron ante Pilato y Herodes. Lo azotaron, y sus soldados le escupieron en la cara, lo abofetearon y lo colocaron en la cabeza una corona de espinas.

La flagelación es uno de los métodos de tortura más horribles que se puede aplicar malevamente. En el pasado, ha sido una vergüenza del ejército británico el que un instrumento de tortura llamado “la zarpa de gato” fuera usado para castigar a un soldado, ya que era una tortura brutal. Pero para los romanos, la crueldad era tan natural que hacían que su castigo habitual fuera mucho más que brutal. Se dice que el látigo romano era hecho de cuero de bueyes al que se le ataban nudos, y en estos nudos se colocaban astillas de hueso. Cada vez que el látigo caía sobre el cuerpo desnudo causaba un dolor intenso. “Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos” (Sal. 129:3).

Nuestro Salvador soportó el terrible dolor del látigo romano, y ni fue el final de su sufrimiento, sino el preámbulo de su crucifixión. A esto, le añadieron las burlas y el ultraje. No se privaron de infligirle ningún sufrimiento. En medio de su desfallecimiento, sangrando y en ayunas, le hicieron llevar su cruz, y luego obligaron a otro a ayudarlo para que él no muriera en el camino. Lo desnudaron, lo tiraron al piso y lo clavaron al madero. Le atravesaron las manos y los pies, levantaron el madero con él clavado en él y de un golpe lo enterraron en la tierra, de modo que se dislocaron todos sus huesos, como dice el lamento del salmista: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se
descoyuntaron” (Sal. 22:14a).

Permaneció colgado en la cruz bajo el sol ardiente hasta que perdió las fuerzas, y dijo: “Mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte” (Sal. 22:14b-15). Allí permaneció colgado, un espectáculo ante Dios y los hombres. El peso de su cuerpo era sostenido por sus pies, hasta que los clavos desgarraron sus delicados nervios. Entonces la carga dolorosa pasó a sus manos y las desgarró, siendo estas una parte tan sensible de su cuerpo. ¡Las heridas en sus manos lo paralizaron de dolor! ¡Qué horrible habrá sido el tormento causado por los clavos que desgarraron el delicado tejido de sus manos y sus pies!

Continuará …

Tomado de Around the Wicket Gate.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

Amenazas a la piedad del joven 2

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IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 7

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Calvino y la “teocracia” ginebrina

Ginebra bajo Calvino ha sido definida como teocracia, clerocracia también como bibliocracia. En esta concepción “teocrática” muchos son los estudiosos del Reformador que han llegado a la conclusión de que los fundamentos del gobierno eclesial, político y social desarrollados e implantados por Calvino en Ginebra fueron de carácter más vetotestamentario que neotestamentario. Estas afirmaciones no pueden tomarse a la ligera y, una vez más, merecen un juicio equilibrado a la luz de la enseñanza bíblica.

Las Escrituras describen la historia de la redención como un proceso de progresión creciente, que se inicia con la promesa de salvación dada a Adán y Eva, y que en el curso del tiempo, a través de la ley y los profetas, se amplía y enriquece en sus contenidos, hasta que en la “plenitud de los tiempos”, con la venida del Mesías, adquieren pleno cumplimiento. El Nuevo Testamento marca la pleroma de las crecientes y renovadas promesas de salvación del Antiguo Testamento. Evidentemente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, pero la luz de revelación soteriológica no es la misma en los dos Testamentos: de menos luz se pasa a más luz, hasta que en el Verbo encarnado la luz de la antigua dispensación se hace plena LUZ. “Dios es luz”, y los que han visto y ven al Hijo de Dios ven la luz del Padre. Y esto es así con todos los contenidos de la Escritura: encierran un mensaje revelacional que va constantemente a más en conformidad con los planes soberanos del Dios de la salvación y de la historia. Po-siblemente Calvino tuvo una idea demasiado horizontal del tiempo bíblico y situó los contenidos de ambos Testamentos a un mismo nivel de actualidad revelacional y de contenido. Esto podría explicar algunas de sus apelaciones al Antiguo Testamento como base argumentativa de sus concepciones más o menos teocráticas. ¿Pasaron estas apelaciones por el filtro de la pleroma del Nuevo Testamento?

Calvino rechazó la idea anabaptista de que toda la estructura eclesial concernía únicamente al ámbito de los creyentes, e hizo suya la distinción zuingliana de una Iglesia invisible en el seno de una Iglesia visible —la ecclesiola en ecclesia de Lutero—. En su aspecto visible la Iglesia es la comunidad de los que profesan la verdadera fe —con sus hijos—, predica fielmente la Palabra de Dios, administra correctamente los sacramentos y ejerce la disciplina sobre sus miembros. En su aspecto invisible la Iglesia es el cuerpo de los elegidos, la comunidad de los creyentes de todos los tiempos: la Iglesia católica, la Iglesia universal. Esta universalidad tiene también una manifestación visible. [Ni Calvino, ni los los reformados posteriores, han logrado clarificar suficientemente y convincentemente la idea de universalidad en la Iglesia visible]. Cristo es la cabeza de la Iglesia y la fuente de toda su autoridad. Cristo, a través de aquellos que han sido llamados a los diferentes ministerios eclesiales, ejerce su autoridad en la Iglesia. La elección de pastores, ancianos y diáconos por parte de la congregación “viene a ser la confirmación externa de la autoridad y llamamiento interno que estos han recibido de Cristo, el Señor de la Iglesia” —afirma Calvino—. El poder de la iglesia local reside en el cuerpo gobernante de la congregación local. La autoridad de la Iglesia es espiritual y concierne únicamente a los creyentes. A los presbíteros incumbe la implantación del buen orden y la disciplina en la Iglesia. Calvino hacía de la disciplina una de las señales de la verdadera Iglesia, y a través de ella confiaba instaurar el más alto grado de santidad y pureza moral en su seno.

En la aplicación de estos principios eclesiológicos, Calvino no fue consecuente. Y ello se debió, en parte, a que nunca pudo desprenderse de todo un lastre de prejuicios religiosos medievales, y que él pretendió de algún modo justificar recurriendo a cuestiona-bles paralelos con la teocracia vetotestamentaria. En contra de sus propias afirmaciones, Calvino fue incapaz de delimitar con precisión las diferencias de competencia entre lo estatal y lo eclesial. En la práctica, su idea de “iglesia visible” terminaría englobando en su seno a la esfera civil, e identificaría el ámbito eclesial con los límites geográficos de un territorio. Y es por esta identificación territorial por lo que en la Ginebra calvinista no había lugar para los disidentes religiosos: si pasado un tiempo razonable los extranjeros venidos a la ciudad no llegaban a identificarse con su credo doctrinal, obligatoriamente debían abandonar el cantón. Por otro lado, ¿era justo someter a los no creyentes de la Iglesia visible al régimen normativo y disciplinario de la autoridad eclesial?
Para Calvino, tanto la Iglesia como el Estado habían de supeditarse y regirse por la Palabra de Dios. Obviamente esto otorgaba a los pastores y teólogos un rango de autoridad superior al de los poderes civiles. Como intérpretes de la Revelación bíblica, los ministros del Evangelio podían determinar las pautas a seguir en todas las cuestiones de ámbito religioso, social y político. Y en tanto que Calvino era el gran expositor de las Escrituras, a todos los niveles sus consejos y dictámenes pesaban y eran tenidos en cuenta. Esto explica también el hecho de que el Reformador nunca pretendiera cargo político alguno, ni se diera prisa en obtener la ciudadanía ginebrina: en última instancia todo los resortes importantes de poder estaban en sus manos; e incluso en asuntos de índole muy secunda-ria, su juicio y opinión eran tenidos muy en cuenta. Al primer den-tista que se personó en Ginebra con ánimo de ejercer su profesión, no se le concedió la debida licencia hasta después de haber probado satisfactoriamente sus habilidades en la boca de Calvino.

En el ámbito de la disciplina eclesiástica, Calvino creía ver un ejemplo claro de interdependencia entre lo civil y lo eclesial. Esta creencia se basaba, una vez más, en la suposición de que todos los ciudadanos eran a la vez miembros de la Iglesia visible y, en con-secuencia, estaban sujetos también a su disciplina. Por otro lado, y en tanto que la autoridad del gobierno civil regía en el ámbito de las dos tablas de la Ley mosaica, entre sus obligaciones primaba la de “mantener el culto a Dios, preservar la verdadera doctrina y defender la constitución de la Iglesia”. Bajo este régimen autoritario, la vida de los habitantes de Ginebra transcurría dentro de unas reglas de estricta disciplina civil, moral y religiosa. La pena de muerte era preceptiva en casos de herejía, brujería y adulterio. Se castigaba con penas diversas las diversiones mundanas, la blasfemia, la lectura de libros “inmorales”, etc. Durante la semana, las actividades seculares se realizaban en estricta alternancia con las religiosas: estudio de las Escrituras, canto de los Salmos etc. La inasistencia a los servicios religiosos era sanciona-da, y con la finalidad de descubrir a los infractores inasistentes, se autorizaba a “oficiales espías” la entrada en las casas de los ciudadanos.

El juicio y muerte de Miguel Servet se enmarca en este contexto general de intolerancia que se vivía en Ginebra. En la condena y quema de herejes, la mente de muchos protestantes del siglo XVI permaneció ciegamente anclada en el catolicismo. De entre todas las formas de persecución, la más censurable y condenable es la religiosa, pues se practica en nombre de Dios y se opone radicalmente al espíritu del cristianismo y a las normas más esenciales de Humanidad. Y en esto las iglesias de la Reforma mostraron una tortuosa senda de actuación. Lutero —que en Worms revindicó los derechos inalienables de la conciencia, y en sus primeros escritos se nos muestra como campeón de la tolerancia— más tarde sucumbiría también a las viejas prácticas intransigentes del catolicismo.

La condena de Servet constituye la página negra de la biografía de Calvino. Calvino fue gran-de, sumamente grande en sus virtudes y talentos, pero en su talante religioso fue duro y radicalmente intolerante. Conoció personalmente a Servet en 1534, en París, y pronto se percató de que por su agudeza mental y radicalidad de ideas, el aragonés iba a ser un formidable enemigo de la teología reformada: como realmente así fue. Siete años antes de la muerte de Servet, en una carta a G. Farel, Calvino declaraba que de venir el aragonés a Ginebra haría uso de toda su autoridad para que no saliera de allí vivo ( […] Nam si venerit, modo valeat mea auctorita.s, vivum exire nunquam patiar). Para Calvino la persona y los escritos de Servet encarnaban la herejía en su grado más abyecto, y no cejó en su celo persecutorio del aragonés hasta verle en la hoguera ginebrina. (No se olvide, por otro lado, que Servet llegó a Ginebra huyendo de la condena a la hoguera que le había impuesto la Iglesia católica). Al reprobar y condenar a Calvino por la muerte de Servet, de hecho condenamos a toda una época. Los líderes religiosos de aquel tiempo —tanto católicos como protestantes— fueron radicalmente intolerantes con la herejía. Incluso para el suave y gentil Melanchton, la muerte de Servet constituyó “un piadoso y memorable ejemplo para toda la Humanidad”. A juicio de Beza la libertad religiosa era “un dogma diabólico”. Después de la muerte de Servet, y con el propósito de contra-rrestar las duras críticas recibidas por parte de unos pocos teólogos y humanistas del tiempo, Calvino escribió la Declaratio orthodoxae fidei de Sacra Trinitate. A nuestro jui-cio, esta réplica carece de la solidez argumentativa y base bíblica de todas sus otras producciones. Es uno de los escritos “argumentativos” más débiles que fluyeron de su pluma.
En mayor o menor grado, los líderes de la Reforma traicionaron los principios neotestamentarios de libertad religiosa y libertad de conciencia; y de perseguidos pasa-ron a perseguidores. En contra de esta negación de libertades, los protestantes españoles —también calvinistas— fueron unos adelantados de la Reforma. Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, y Cipriano de Valera, condenaron siempre la intolerancia religiosa y la imposición de la pena capital a los herejes. Cuando Servet fue condenado y quemado en la hoguera, Casiodoro de Reina —el traductor de la Biblia al castellano (1569)— mos-tró total repulsa con la sentencia. Según el testimonio histórico, siempre que caminaba cerca del lugar en que fue quemado Servet, “las lágrimas fluían de sus ojos”. Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y otros reformadores españoles que llegaron a Ginebra —huidos de la Inquisición española—, residieron durante muy poco tiempo en la ciudad de Calvino. No puede alegarse como justificante de la intolerancia protestante la repetida “excusa” de que en este tema Calvino, y los demás reforma-dores, fueron “hijos de su tiempo”. Más correcto sería decir que sucumbieron al tiempo; y sucumbieron con el agravante de haber pecado contra la luz del Nuevo Testamento que ellos mismos habían vislumbrado. Evidentemente, no todos los logros de la Reforma fueron in-mediatos y de fácil consecución. Fueron los calvinistas de segunda generación quienes, haciendo causa común con los bautistas y demás stepchildren de la Reforma, lograron desarrollar en las naciones protestantes los gérmenes democráticos de libertad y tolerancia implícitos en el calvinismo.

 

Continuará …

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Amenazas a la piedad del Joven 1

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Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 6

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2] . Elección incondicional. Según este segundo punto doctrinal, de entre la humanidad caída, desde antes de la fundación del mundo Dios escogió a un número de pecadores para salvación y dejó a otros en su estado de pecado y condenación. Esta elección des-cansa en el propósito soberano de Dios y en el “puro afecto de su voluntad”. Dios es el Alfarero divino que del barro de su creación dispone de los vasos de honra y deshonra según el beneplácito de su soberana voluntad, y por encima de los criterios humanos de pequeña lógica y justicia. En palabras de Jesús: “Si, Padre, porque así te agradó” (Mr. 11.26). Insiste Calvino en que la elección pone de manifiesto el carácter totalmente gratuito y totalmente inmerecido de la salvación, y descarta, en consecuencia, cualquier pretensión de meritoriedad por parte del hombre. El misterio de la elección involucra a las tres personas de la Trinidad: Dios Padre elige y entrega al Hijo para la salvación de los elegidos; a estos redime Dios Hijo al aplicarles Dios el Espíritu Santo los méritos del Salvador. Es por la obra del Espíritu Santo por la que el pecador es renovado y regenerado espiritualmente y capacitado para oír y aceptar, la invitación del Evangelio. Tanto la justificación como la santificación tienen su origen en la libre gracia de Dios y tienen en Cristo su raíz. Ambas se encuentra en la misma persona: los que son justificados son también santificados. Por la justificación la justicia de Cristo es imputada al pecador. Por la santificación el creyente es renovado a la imagen de Cristo. La justificación es un acto, mientras que la santificación es un proceso. Por la justificación se nos declara justos y por la santificación se nos hace justos. En modo alguno la elección es un decreto aislado del Dios soberano: es siempre una elección en Cristo. Algunos de los pasajes bíblicos sobre el tema a los que alude Calvino, son los siguientes: Ex. 33.19; Dt. 7.6-7; Sal.115.3; Is. 14.24, 27; 46.9-11; Mt. 22.14; 24.24; 22.31;jn. 15.16; Hch. 13.48; Ro. 8.28-30, 33.9, 10-24; 11.4-6, 33-36: I Co. 1.27-29; 3.12; Ef. 1.4-3; 1 Es. 5.9; 2 Ts. 2.13-14; 2 Ti. 1.9; Tit. 1.1; 1 P. 1.1, 2; 2.8-9.

3]. Redención particular. En contra de la posición católica, luterana y arminiana de que Cristo con su obra mesiánica abrió la posibilidad de redención a toda la raza humana —aunque esto no implique necesariamente la salvación de todos los hombres—, la posi-ción de Calvino y de sus seguidores reformados, es de que los beneficios de la redención se limitan exclusivamente al número de los elegidos. El alcance del sacrificio expiatorio de Cristo no rebasa el ámbito de la elección. En defensa de este punto doctrinal, Calvino apela, entre otros, a los siguientes pasajes bíblicos: Mi. 1.21; l.c. 19.10; Jn, 10.11; Hch. 20.28; Ro. 5.10; 8.32-35; 2 Co. 5.21; Gá. 1.4; Ef. 1.7; 5,23-27. (Pasajes como los de in. 1.29; 1 Jri. 2.2; 4,14; 1 Ti. 2.2: Tit. 2.11; y He. 2.9, según Cal-vino han de interpretarse en el sentido de que los elegidos, en cuanto a su nacionalidad, linaje, lengua, raza y posición, proceden de lodo el mundo).

4]. Grada irresistible, o llamamiento eficaz de salvación. Calvino alude con mucha frecuencia a este cuarto punto doctrinal. En tanto que el Espíritu Santo aplica a los elegidos los beneficios de la obra redentora de Cristo, el llamamiento sabático del Evangelio es necesariamente eficaz. La regeneración, o nuevo nacimiento obrado por el Espíritu Santo en el elegido, capacita a este para el arrepentimiento, para su conversión a Dios, y para creer y aceptar voluntariamente a Cristo con fe verdadera. Acepta Calvino la realidad de una voluntad libre (libertan arbitriurn) en el sentido de que el hombre decide voluntariamente y por impulso propio; pero niega, por otro lado, que el hombre sin la intervención del Espíritu Santo tenga facultad para elegir lo que es espiritualmente bueno y en conformidad con la voluntad de Dios (Ro. 6.17; 7.14, 23). Según la enseñanza del Reformador, el hombre tiene arbitrium spontaneurn, pero por depravación de su naturaleza, y sin compulsión exterior, su voluntad está tan dada al pecado que siempre decide por el mal. De ahí, pues, que la espontaneidad y la esclavitud puedan coexistir simultáneamente. La voluntad es espontanea, pero no libera, no es coacta, sin embargo es serva. Es, pues, importante, insiste Calvino, distinguir siempre entre capacidad natural e incapacidad .moral Para refrendar bíblicarnente estas consideraciones en torno a la gracia irresistible. Calvino cita los siguientes pasajes: (a) la salvación como obra del Dios Trino: Ro. 8.14; 1 Co. 2.10-14; 6.11; 12.31; 2 Co. 3.6, 17-18: 1 I. 1.2. (b) La salvación no se supedita a una pretendida cooperación humana, sino que la resurrección espiritual que supone el nuevo nacimiento se debe al obrar de Dios en el hombre; ja. 1.12-13; 3.3-8; Tit, 3.5; 1 P. 1,3, 23; 1 Jn. 5.4. (c) El arrepentimiento y la fe vienen como resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo: Hch. 5.31; 11.18; 13.48; 16.14; 18.27; Ef. 2.8-9: Fil. 1.29. (d) La salvación como resultado del llamamiento divino: Ro. 1.6-7: 8.30; 9.16, 23-23; 1 Co. 1.1, 2, 9, 23, 31; 3.6-7; Gá. 1.15, 16; Ef. 4.4; 2 Ti. 1.9; He. 9.15; 1 P. 1.15; 2.9; 5.10; 2 P. 1.31: Jud. 1; Ap. 17.14.

5]. Perseverancia y seguridad del creyente. Los elegidos, además de participar de una plena salvación en Cristo, son también guardados en la fe por el poder de Dios. Podrán caer en la tentación y en las asechanzas del maligno, pero se levantarán espiritualmente y, por la gracia de Dios, perseverarán hasta el fin y eternamente. Para fundamentar esta doctrina de la seguridad del creyente y su perseverancia en el camino de la salvación, Calvino recurre a los siguientes pasajes bíblicos: Is. 43.1-31; 54.10; Jer. 32.40; Mt. 18.12-14; Jn. 3.16, 36; 5.24; 6.35-40; 10.27-30; 17.11, 15; Ro. 5.5-10; 8.1, 29-30, 35-39; 1 Co. 1.7, 9; 10.13; Ef. 1.5, 13, 14; 1 Ts. 5.23, 24; He. 9.12, 15; 10.14; 12.28; 1 P. 1.3, 5; Jud. 1.24, 25.

En oposición a los cinco puntos del calvinismo, el teólogo holandés Jacobo Arminio (t 1609), defendió las siguientes tesis: (a) una elección basada en la presciencia divina de los que en el curso del tiempo creerían en el Evangelio, (b) una redención universal, (c) una depravación parcial, (d) una gracia salvífica resistible, (e) y la posibilidad de una caída final de la gracia. Las tesis de Arminio introducían un elemento sinergista, o de cooperación humana, en el esquema de la sola gracia de la Reforma. Las enseñanzas de Arminio —de aquí el término arminianismo— serían poco después ampliadas y desarrolladas por Simón Episcopius, J. Oldenbarnevelt y Hugo Grotius. El Sínodo de Dort (1618-1619), con representantes calvinistas holandeses y de otros países, condenó las tesis arminianas. Evidentemente, la teología arminiana muestra afinidades con la católica en temas diversos de antropología y soteriología. Los católicos defienden la cooperación del hombre en la salvación con sus obras y con su libre elección. Los arminianos, por su parte, otorgan al pecador la libre capacidad de aceptar o rechazar la oferta de salvación evangélica. En uno y otro caso, tanto católicos como protestantes arminianos no aceptan la incapacidad total del hombre caído en el tema de la voluntad: el pecador, a pesar de su condición lapsaria, puede aceptar o rechazar la oferta salvífica (de ahí que en la predicación arminiana se apele a “los buenos sentimientos del peca-dor” para aceptar a Cristo).

Lejos de acarrear inactividad de testimonio, o inactividad evangélica, la doctrina de la predestinación ha infundido siempre celo misionero en sus creyentes. Las grandes sociedades y comités misioneros protestantes, así como los misioneros más célebres, han sido de persuasión calvinista. Entre estos cabe recordar los nombres de William Carey, Robert Morrison, Henry Martin, Alexander Duff, Adoniram Hudson, Robert Mofat, David Brainerd y David Livingstone .

Continuará …

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La ira del padre piadoso

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Primero, expresado negativamente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Ef. 6:4) lo cual se hace:

1. Con palabras: dándoles órdenes injustas e irrazonables, regañándoles a menudo, en público y con dureza; con expresiones inoportunas y apasionadas, y con un lenguaje humillante y abusivo; como el de Saúl a Jonatán (1 Sam. 20:30).

2. Con hechos: mostrando más cariño por uno que por otro, como en el caso de Jacob por José, lo cual indignó tanto a sus hermanos que los llevó a odiarlo al punto de no poder hablar pacíficamente con él (Gén. 37:4); negándoles comida sana y en suficiente cantidad (Mat. 7:9-10; 1 Tim. 5:8); no permitiéndoles jugar, siendo que los juegos infantiles son algo que deben tener (Zac. 8:5); y cuando llegan a la edad de casarse, desposarlos con alguien que no quieren, impidiéndoles sin ninguna razón el noviazgo con alguien que prefieren; despilfarrando en una mala vida el dinero que debiera ser para mantener en el presente a sus hijos y ahorrar para el futuro de ellos, y especialmente cualquier conducta cruel e inhumana como la de Saúl hacia Jonatán cuando atentó contra su vida (1 Sam. 20:33-34). Tales provocaciones han de ser evitadas a todo costo, ya que le quitan toda eficacia a las órdenes, los consejos y las correcciones, y les hace perder el afecto de sus hijos. La razón que da el apóstol para evitar todo esto, es “para que no se desalienten” (Col. 3:21). Pueden sufrir tanto dolor que pierden totalmente el ánimo, se sienten acobardados, desanimados y abatidos. Cuando pierden la esperanza de complacer a sus padres y de compartir su amor pierden toda motivación para cumplir sus deberes y superarse. Los padres de familia indudablemente tienen el derecho
de reprender a sus hijos cuando actúan mal: fue culpa de Elí que sus hijos fueran como eran porque era demasiado indulgente con ellos y sus reprensiones demasiado débiles cuando debió haberles impedido cometer sus vilezas. Debió haber mostrado su desagrado con firmeza, exigido que se cumplieran sus órdenes y debió amenazarlos, castigándolos si seguían con su obstinación y desobediencia (1 Sam. 2:23-24; 3:13). Y pueden los papás usar la vara de corrección, lo cual deben hacer temprano, mientras hay esperanza, pero siempre con moderación y amor, y deben tomarse el trabajo de darles pruebas de que los aman, y que es por el amor a ellos y para su bien, que los castigan. Se menciona a los “padres” en particular porque tienen la tendencia a ser más severos mientras que las mamás son más indulgentes.

Tomado de A Body of Divinity
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John Gill (1697-1771): Teólogo bautista, nacido en Kettering, Inglaterra.

Mis hermanos, les exhorto que sean como Cristo en todo momento, imítenlo en público. La mayoría vivimos como si fuéramos un medio de publicidad; muchos somos llamados a trabajar en presencia de otros todos los días. Somos observados, nuestras palabras son captadas, nuestras vidas son examinadas a fondo. El mundo con ojos de águila, con ojos que buscan argumentos para discutir, observa todo lo que hacemos, y los críticos cortantes nos atacan. Vivamos la vida de Cristo en público. Seamos cuidadosos de mostrar a nuestro Señor y no a nosotros mismos, a fin de poder decir: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Ustedes que son miembros de la iglesia, lleven esto también a la iglesia. Sean como Cristo en la iglesia. Cuantos hay como Diótrefes, quien buscaba ser el más prominente (3 Juan 9). Cuántos hay que están tratando de parecer más de lo que son y tener poder sobre sus hermanos cristianos, en lugar de recordar que la regla fundamental de todas nuestras iglesias es que todos los hermanos son iguales y que deben ser recibidos como tales. Manifiesten, pues, el espíritu de Cristo en sus iglesias y donde quiera que estén. Que sus hermanos en la iglesia digan de ustedes: “Ha estado con Jesús”… Pero por sobre todas las cosas sean ustedes cuidadosos en practicar su religión en sus hogares. Un hogar religioso es la mejor prueba de verdadera piedad. No mi capilla, sino mi hogar; no mi pastor, sino mi familia quien mejor me puede juzgar. Es el sirviente, el hijo, la esposa, el amigo los que pueden discernir mejor mi verdadero carácter. Un hombre bueno mejora su hogar. Rowland Hill dijo en cierta ocasión que él no creería que un hombre fuera un verdadero cristiano si su esposa, sus hijos, sus sirvientes y aun su perro y su gato, no fueran mejores por ello… Si su hogar no es mejor por ser ustedes cristianos, si los hombres no pueden decir: “Esta casa es mejor que otras”, no se engañen, no tienen ustedes nada de la gracia de Dios… Practiquen su piedad en familia. Que todos digan que ustedes tienen una religión práctica. Que sea conocida y practicada en la casa, al igual que en el mundo. Cuiden su carácter allí; porque realmente somos como allí nos comportamos. —Charles Spurgeon

Dios otorga más bondades a un hombre piadoso que a todos los impíos en el mundo. Júntese toda la manutención, todos los males de los que han sido liberados,todas sus riquezas, todas las comodidades que la providencia les ha dispensado: esas cosas no son más que nimiedades que Dios otorga a hombres impíos. Pero hay bendiciones únicas que otorga a los justos. Dios tiene reservadas cosas preciosas para sus favoritos en comparación con las cuales los tesoros del mundo no son más que polvo y escoria. En cuanto a los santos, Cristo murió por ellos, todos han sido perdonados, han sido librados de un infierno de sufrimiento eterno, se les ha dado derecho a la vida eterna, la propia imagen de Dios les ha sido conferida, han sido bien recibidos y disfrutar disfrutarán del amor imperecedero de Dios. —Jonathan Edwards

Conversión de los miembros de la familia 3

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8. Procuren por todos los medios que todos participen de las ordenanzas públicas, porque allí Dios está presente de un modo más especial. Hace que el lugar de sus pies sea glorioso. Aunque el mandato de Dios era que solo los varones fueran a las fiestas solemnes en Silo, Elcana llevaba a toda su familia al sacrificio anual (1 Sam. 1:21). Quería que su esposa, hijos y siervo estuvieran “en la casa de Jehová” para “contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4). También Cornelio, cuando Pedro llegó a Cesarea para predicar por mandato de Dios, llamó a todos sus familiares y conocidos para escuchar el sermón (Hech. 10:24)… Recuerden examinarlos para ver si prestaron atención, como lo hizo Jesús cuando predicó su famoso sermón junto al mar. Les preguntó a sus discípulos: “¿Habéis entendido todas estas cosas?” (Mat. 13:51). Cuando ya estaban solos les explicó más en detalle las cosas que había enseñado (Mar. 4:34).

9. Si lo antedicho no da resultado, sino que los que están a su cargo siguen pecando, tendrán que recurrir a la corrección paternal. Ahora bien, las reprensiones tienen que depender de la edad, el temperamento, carácter y las diversas cualidades y tipos de ofensas de cada uno. Otorgue su perdón por faltas leves en cuanto muestran arrepentimiento y pesar. Tienen que considerar si las faltas de ellos proceden de su imprudencia y debilidad, en qué circunstancias y como resultado de qué provocaciones o tentaciones. Observen si parecen estar realmente arrepentidos y verdaderamente humillados… En estos y otros casos similares, deben los padres tener mucho cuidado y prudencia. El castigo merecido es una parte de la justicia familiar, y hay que tener cuidado de que por eximirlos de castigo, ellos y sus amigos se endurezcan en sus pecados y se pongan obstinados y rebeldes en contra de los mandamientos de Dios. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Prov. 13:24; 23:14). Esta es una orden y un mandato de Dios. “Tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos” (Heb. 12:9). Algunos progenitores y maestros se conducen más como bestias embravecidas que como seres humanos: disfrutan de corregir tiránicamente. Pueden dejar que sus hijos digan groserías, mentiras y que roben, y cometan cualquier otro pecado sin corregirlos para nada. Pero si no hacen lo que ellos quieren que hagan, caen sobre ellos y los despedazan como bestias salvajes. ¡Sepan que en el Día del Juicio, estos  rendirán cuenta de sus acciones viles! ¡Ay, mejor déjenles ver que están  indignados por lo hecho contra Dios y no contra ustedes! Tienen que sentir mucha compasión por sus almas y un amor santo mezclado con su ira contra el pecado… Tengan cuidado, sean imparciales y reúnase con ambas partes cuando hay quejas mutuas. Pero si están convencidos de que ninguna otra cosa fuera de la corrección daría resultado, sigan el mandato de Dios: “corrige a tu hijo, y te dará descanso” (Prov. 29:17)… pero eviten toda corrección violenta y apasionada. El que ataca cuando arde su pasión se arriesga demasiado a sobrepasar los límites de la moderación… tengan cuidado, no sea que por demasiados castigos físicos su hijo termine sintiéndose envilecido ante sus propios ojos (Deut. 25:3).

10. Si los medios ya mencionados son eficaces por bendición divina, entonces elogien a sus hijos y anímelos, pero no demasiado. Al igual que los magistrados, los padres a veces tienen que elogiar a los que hacen el bien (Rom. 13:3). Nuestro Señor a veces se acerca y dice: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21). Entonces, cuando los resultados son prometedores y los que están a su cargo demuestran ser responsables, tienen ustedes que alentarlos demostrando su aprobación… Pero no demasiado, porque los barquitos no pueden aguantar grandes velámenes. Muchas veces el exceso de elogios genera orgullo y arrogancia, y a veces altanería y exceso de confianza.

11. ¿Comienzan ellos a mejorar y prosperar en su obediencia y empiezan a aceptar con buena actitud sus preceptos? Entonces, conquístenlos todavía más con recompensas según sus diversas capacidades y su posición. Dios se complace en atraernos a los caminos de santidad con la promesa de una recompensa: “es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). A medida que van creciendo, deles recompensas que son las apropiadas para su edad. En algunos casos, han probado ser muy motivadoras, al menos en lo que se refiere a la obra externa de la religión en los pequeños… Recuerde que cuando el hijo pródigo de la parábola volvió a su hogar para vivir una vida nueva, el padre hizo matar el becerro gordo, le hizo poner el mejor vestido, poner un anillo en su mano y calzado en sus pies (Luc. 15:22).

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph,
Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.