Iglesia Radical

En este libro, hay dos principios clave fundamentales que deberían dar forma a la manera en que ‘hacemos iglesia’: el evangelio y la comunidad. Los cristianos estamos llamados a una fidelidad doble, fidelidad primeramente al núcleo esencial del evangelio, y fidelidad también al contexto particular de la comunidad en que se vive lo que se cree. Sea que pensemos en la evangelización, en un compromiso social, en el cuidado pastoral, en la apologética, en el discipulado o en la enseñanza y formación, el contenido esencial tendrá siempre como referencia el evangelio cristiano, siendo su contexto el de una comunidad cristiana comprometida. Nuestra identidad como creyentes queda necesariamente configurada por el evangelio y por la comunidad. Centralidad en el contenido y mensaje del evangelio que tiene una doble vertiente. En primer lugar, supone un estar centrados en palabras, porque así es como se comunica. El evangelio es una buena noticia y es un mensaje muy concreto y particular. En segundo lugar, conlleva plantearse una misión especial por ser el evangelio palabra para proclamación —el evangelio es buena noticia y también un mensaje para ser proclamado y difundido. Todo ello se traduce en el fondo en ¡tres principios fundamentales! Una adecuada puesta en práctica ha de caracterizarse por (1) estar centrada en la palabra contenida en el Evangelio, (2) una fidelidad a su contenido por ser palabra misionera y (3) estar centrada en la comunidad.

Centrada en el Evangelio:

a. centrada en la palabra.

b. centrada en la misión.

2. Centrada en la comunidad.

Tal vez el lector piense que es decir algo obvio. Y, de hecho, eso es precisamente lo que esperamos que ocurra. Pero, antes de seguir adelante, nos gustaría dejar bien claros un par de puntos más a modo de introducción.

En su práctica, los creyentes evangélicos conservadores ponían un debido énfasis en el Evangelio o en la Palabra. Otros, en cambio, y de forma más o menos simultánea, como los que pertenecen a la denominada iglesia emergente, resaltan la importancia de la comunidad. La iglesia emergente es un movimiento de contornos no muy bien definidos, constituido por personas que se plantean nuevas formas de hacer iglesia. Cada uno de estos grupos recela del enfoque contrario, considerándolo débil y no muy adecuado en los puntos en que, respectivamente, creen ser más fuertes que la parte contraria. A los creyentes de talante conservador les preocupa que la iglesia emergente se toma a la ligera lo relacionado con una verdad y el que estén excesivamente influidos por el posmodernismo. La iglesia emergente, a su vez, acusa a las iglesias tradicionales de estar demasiado institucionalizadas, excesivamente centradas en la programación y con un trato duro y poco considerado entre sus miembros.

Llegados a este punto (Dicen los autores), permítasenos, como autores, mostrar nuestra enseña personal al respecto. De entrada, coincidimos con los conservadores en que la iglesia emergente no se toma en serio la existencia de una verdad básica de referencia. Aun así, no creemos que la solución esté en sospechar de su valor comunitario. De hecho, estamos convencidos de que la iglesia emergente puede errar en la faceta comunitaria por no prestar la necesaria atención al factor de la verdad esencial. Si la comunidad cristiana deja de gobernarse por la verdad, tal como debería ser en todos sus posibles apartados, puede caer muy fácilmente en lo caprichoso o indulgente. Existe el peligro real de que la comunidad se reduzca al plano limitado de mi persona y de aquellos con los que me reúno para hablar sencillamente de Dios —una especie de iglesia al estilo de la generación de Friends, esto es, de treintañeros de clase media. No es que esto sea cierto en todas las congregaciones que se autodenominan iglesia emergente, pero el peligro sigue estando ahí. Únicamente la verdad del Evangelio traspasa las barreras de edad, raza y clase social.

Con frecuencia, nos encontramos con personas que reaccionan en contra de la experiencia tenida en iglesias conservadoras de corte muy institucional, con programas en extremo rígidos y con una falta de autenticidad. En esos casos, la iglesia emergente parece ser la única opción viable. Pero también tenemos contacto con personas dentro del movimiento de la iglesia emergente que tienen un deseo de ‘hacer iglesia’ en una forma distinta, pero que, aun así, no quieren aceptar sin más las nociones posmodernas o postevangélicas de la noción de verdad. En ese sentido, creemos que existe una alternativa. Tenemos que volver a entusiasmarnos con la verdad y con la misión evangelizadora, y debemos asimismo mostrar entusiasmo en nuestras relaciones personales y en la comunidad de la fe.

La fiel aplicación de estos principios tiene el potencial necesario para poner en marcha cambios fundamentales y de largo alcance respecto a nuestro modo de vivir esa realidad que es la iglesia local. La teología que realmente cuenta no es aquella que decimos creer, sino la que realmente practicamos y hacemos nuestra. John Stott expresó unas muy acertadas palabras al respecto:

‘Las estructuras estáticas, inflexibles y centradas en ellas mismas no merecen otro calificativo que el de ‘estructuras heréticas’, y ello por encerrar en sí una doctrina herética de la iglesia’. Si, en nuestra vivencia particular, la vida de iglesia se ha convertido en ‘una estructura que se tiene a sí misma como fin, no siendo un medio para transmitir salvación al mundo, será, sin duda alguna, una estructura herética.

Como puntos distintivos de una iglesia centrada en el Evangelio y en la comunidad, cabe señalar:

Ver la iglesia como una seña de identidad y no como una carga de responsabilidad que solucionar junto con otros compromisos; disfrutar con las cosas cotidianas de la existencia como contexto en el que la palabra de Dios se proclama de forma espontánea y natural; no sobrecargar a la iglesia con actividades propias para poder dedicar más tiempo a personas no creyentes; poner en marcha nuevas congregaciones, en lugar de engrosar las ya existentes; preparar charlas bíblicas con otras personas, en vez de limitarnos a estudiar la Biblia por nuestra cuenta y a solas; hacer verdaderamente nuestra una conciencia de misión pastoral que abarque la totalidad de nuestra existencia y no empeñarnos en solucionarlo todo con ministerios específicos; cambiar el énfasis de enseñanza de la Biblia a aprendizaje de la Biblia, y a una puesta en acción; pasar más tiempo con los marginados de la sociedad; aprender a ‘discipularnos’ entre nosotros en el trato diario; ser congregaciones con compromiso, aun con sus fallos, antes que ser iglesias de apariencias.

El título que hemos escogido para este libro, Iglesia radical, apunta a una Iglesia que no es tan sólo un local al que asistir o visitar. La iglesia tiene que ser una identidad hecha nuestra en Cristo. Identidad que da forma y fondo a la totalidad de nuestras vidas, y ello de tal forma que vida y misión se fundan en una ‘iglesia total’. ¿Es nuestra experiencia la de un ‘evangelio y algo más’, y que requiere por tanto un ‘extra’ —en nuestro caso, una comunidad cristiana—, o, por el contrario, es algo que pone trabas al poder de salvación del Evangelio? La respuesta, evidentemente, variará según transmitamos el contenido y mensaje de ese evangelio, dependiendo todo ello en gran medida de si vemos el Evangelio tan sólo como la historia de Dios salvando a las personas de forma individual, o si es Dios dando forma y fondo a una nueva humanidad en Cristo. La primera parte del libro está dedicada al ‘Evangelio y comunidad como principios’, indicándose varias de las razones que han de llevarnos a hacer del evangelio y de la vida de comunidad lo esencial y principal en la práctica cristiana como vivencia y como misión. En la segunda parte, ‘Evangelio y comunidad en la práctica’, se aplica ese doble enfoque a diversas áreas de funcionamiento dentro de la vida de iglesia. Los miembros de la iglesia más dados a la actividad puede que tengan la tentación de saltarse la primera parte para concentrarse directamente en la segunda, pero lo cierto es que las aplicaciones prácticas de la segunda parte están ligadas al contenido y convicciones de la primera. Nuestra intención es ir más allá de una mera recopilación de ‘buenas ideas’ para la vida de iglesia. Es por eso por lo que analizamos detalladamente las implicaciones de lo que proclamamos y creemos respecto al Evangelio y su mensaje.

ÍNDICE

Introducción

Parte 1: El Evangelio y la comunidad como principios fundamentales.

1 ¿Por qué el Evangelio?

2 ¿Por qué la comunidad?

Parte 2: El Evangelio y la comunidad en la práctica.

3 La evangelización

4 El compromiso social

5 Creación de nuevas iglesias

6 La misión mundial

7 Discipulado y formación

8 El cuidado pastoral

9 La espiritualidad

10 La teología

11 La apologética

12 Niños y jóvenes

13 El éxito

Conclusión: Pasión por Dios

Andamio Editorial 254 pp. Junio 2014

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/iglesia/882-iglesia-radical-evangelio-y-comunidad.html

Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Iglesias 24/7

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Después del libro, Iglesia Radical, Tim Chester y Steve Timmis vuelven a sorprendernos con un gran libro, Iglesias 24/7, que es un desarrollo de ideas que ya estaban en su libro anterior. A través de una lectura contemporánea de 1ª de Pedro nos descubrirán el funcionamiento práctico de la Iglesia en tanto que comunidad que existe para la misión.

Algunas ideas que me han resultado inspiradoras de Iglesias 24/7 han sido las siguientes:
La Iglesia es una comunidad que se mueve mejor desde los márgenes de una cultura que ocupando el centro de ella. Hemos pasado de la era en la que la moral cristiana formaba parte del pensamiento mayoritario a que se cuente como una de las minorías sociológicas. En lugar de lamentar nuestra posición en la sociedad debemos más bien abrazarla y utilizarla para producir los resultados para los que la Iglesia existe. Por lo menos en Europa, la Iglesia vive ese regreso a los márgenes. No se trata de si la Iglesia tiene los programas adecuados para atraer gente a los edificios, una gran parte de los europeos no tiene la intención de darle una oportunidad a la Iglesia. No se trata de mejorar el producto, se trata de alcanzar a los que están fuera de nuestro alcance. Hay iglesias creciendo en Europa, pero la mayoría de ese crecimiento viene por trasvase de otras iglesias o por emigración. Hay pocas conversiones de personas fuera de estos círculos. Nuestra forma de ser Iglesia sigue comportándose como si la cristiandad aún existiera, no podemos llegar a calcular lo lejanos que están de una Iglesia Evangélica. Si ser un ateo es 0 y ser creyente es 10, nosotros hablamos a la gente como si estuvieran entre el 7 y el 9, pero necesitamos más evangelización en el 1 y el 2. Debemos pasar de los eventos atrayentes a las comunidades atrayentes. Debe de ser la vida de la comunidad lo que atraiga a la gente y no la reunión de la comunidad.

La Iglesia es una comunidad que funciona todos los días. En lugar de una Iglesia de acontecimientos, en los que hay un calendario de actividades, la mayor parte de las cuales es el culto dominical, la Iglesia es una comunidad que tiene vida real todos los días. Ama el lugar en el que está, pero está dispuesta a contrastar con aquellas formas de vida que no reflejan el reino al que pertenece. Es una comunidad alternativa, de gente que no tiene miedo a ser diferente. Esta comunidad diferenciada no es solo la estrategia de Dios para que los cristianos resistan en los márgenes, es también la clave para la obra misionera. Somos la prueba visible de que el evangelio funciona. Dios no ha querido una estrategia de famosos y poderosos que hablen en su nombre, sino de una comunidad de personas que se aman. La estrategia de Dios es crear una comunidad que muestra el evangelio e invitar a otros a formar parte de esta comunidad. Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos. No hay otro sitio como la Iglesia en donde experimentar el perdón, la gracia, el amor, etc. La Iglesia se convierte en la hermenéutica que demuestra el evangelio.

La Iglesia es una comunidad que convierte los lugares habituales en su forma de misión. Antes de la cristiandad había pocos misioneros, pero la Iglesia en su conjunto era una comunidad misional. La verdadera comunidad misional tiene pocas actividades. Las actividades tienen el problema de necesitar mucha energía y de apartar a la gente de sus lugares habituales. Ser comunidad no implica añadir actividades a una vida ajetreada, sino que convierte en oportunidades de misión todo aquello que es la actividad diaria: comer con personas no cristianas, caminar en lugar de ir en coche a todas partes, ir a comprar a las mismas tiendas de forma habitual, hablar con los compañeros de trabajo, dar algunas horas de voluntariado para fines sociales que no sean de la propia iglesia, participar en las fiestas de la sociedad, etc.

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«Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos.

Para muchos, hoy la Iglesia es como un mal sueño: no pueden recordarlo
completamente, pero les ha dejado con una sensación incómoda de la que quieren
librarse. Cuando tratamos de abrir una nueva iglesia, la gente de alrededor no tiene ningún interés en lo que está ocurriendo. Sin embargo, cuando un grupo de personas comparte sus vidas como pueblo de Dios, poniendo en el centro de la vida comunitaria el evangelio de Jesucristo y se involucra para bendecir a la ciudad, ante esto las defensas no están tan altas. Somos llamados a crear comunidades del evangelio.

En resumen, este es un libro muy práctico para la autoevaluación, tanto individual como conjunta. Nos desafía en nuestro entendimiento de la Iglesia construida bajo un patrón individualista. La Iglesia tal como la conocemos en el siglo XXI ha perdido una parte importante del elemento de comunidad que Dios quiso darle. Lo que ocurre es que ni siquiera nos damos cuenta. El individualismo y el consumismo vienen de serie en nuestras mentes y si no los desafiamos, acabamos generando Iglesias individualistas y consumistas.

Una reseña de Jaume Llenas para Andamio Editorial. (13/09/2018)

ÍNDICE

Introducción
La vida en los márgenes (1 Pedro 1:1–12)
Comunidad todos los días (1 Pedro 1:13–2:8)
Cuidado pastoral todos los días (1 Pedro 1:22–2:3)
Misión todos los días (1 Pedro 2:9–3:16)
Evangelización todos los días (1 Pedro 3:15–16)
La esperanza en los márgenes (1 Pedro 3:8–5:14)
Conclusión: los próximos pasos

Queremos compartirte una porción del libro:

«No podemos aspirar a ser como el mundo»

«Una estrategia de evangelismo basada en actividades, característica del pensamiento de la cristiandad, intenta constantemente crear experiencias similares a las que encontramos en el mundo.

Queremos que nuestra música, nuestra oratoria y nuestro estilo sean tales que atraigan a la gente a nuestros encuentros.

Sin embargo, perseguir la relevancia como un fin en sí mismo es un error, como también lo es resaltar lo parecidos que somos al mundo que nos rodea. Para empezar, nuestro “producto” siempre va a ser inferior al que ofrecen Hollywood, Facebook y Nintendo.

Los británicos pasan veinte horas a la semana viendo la televisión; los estadounidenses, veintiocho horas. Nos entretienen películas de millones de dólares. Participamos en sofisticados juegos de acción y de ordenador.

“Somos ingenuos si creemos que la iglesia puede competir con estos estímulos mediante tres canciones, una predicación de treinta minutos o representación teatral y un grupo de alabanza”. Es sencillo: no podemos competir cuando se trata de entretenimiento.

En el mejor de los casos, esto nos distrae de la necesidad de crear comunidades características que comuniquen un evangelio característico, un evangelio que a menudo rechina en la cultura predominante.

En el peor de los casos, el medio se convierte en el mensaje y el desafío del evangelio se disuelve en el entretenimiento, o lo diluimos para hacerlo más aceptable.

Ya hemos visto que en un contexto poscristiano no podemos apoyarnos en eventos de la iglesia, da igual lo atractivos que sean, porque la mayoría de la gente no vendrá.

Ahora tenemos otro motivo para no centrarnos en actividades “relevantes”. Nuestra innovación de misión no consiste en eventos que son como la cultura, sino en una vida y un mensaje que no son como la cultura.  

Estos intentos por parecernos al mundo hacen que surja un interrogante: si la iglesia es como el mundo, ¿para qué necesitamos la iglesia? Cuanto más parecidos somos al mundo, menos nos queda para ofrecer.

Es cierto, debemos evitar ofensas innecesarias y experiencias desmoralizadoras, pero lo que atraerá a la gente a la iglesia siempre será lo que es diferente en nosotros.

Por lo tanto, debemos aspirar a ser diferentes. Pero esto no significa ser diferentes sin necesidad. No hay duda de que causaremos rechazo en la gente si somos culturalmente raros, anticuados o incomprensibles.

Sin embargo, solo atraeremos a las personas a través de las particularidades del evangelio. Solo nos volvemos relevantes para nuestro mundo cuando nos centramos en el evangelio. Os Guinness afirma:

«En nuestras poco críticas aspiraciones de relevancia, en realidad hemos cortejado la irrelevancia. En nuestra incansable búsqueda de relevancia sin un compromiso igual de incansable con nuestra fidelidad, no solo nos hemos vuelto infieles, sino también irrelevantes.

En nuestros determinados esfuerzos por redefinirnos con métodos que son más persuasivos para el mundo moderno que fieles a Cristo, no solo hemos perdido nuestra identidad, sino también nuestra autoridad y nuestra relevancia.

Iglesias 24 7 C

Incluso en el caso de que pudiéramos producir unas actividades geniales, al hacerlo crearíamos una generación de consumidores cristianos que esperan que la iglesia los entretenga.

Solo crearíamos una mentalidad consumista en la gente que asiste a la iglesia. Muy pronto tendríamos una generación de cristianos que van de iglesia en iglesia en busca de experiencias.

Algunas iglesias atraerían, mediante buenas enseñanzas, a aquellos que quieren una experiencia intelectual; otras, a través de una alabanza buena y profesional, atraerían a los cristianos que quieren una experiencia emocional.  

Pero las iglesias locales donde “cada miembro está unido a todos los demás” (Romanos 12:5) no tendrían mucho sentido.

La gente nos pregunta a menudo cómo son nuestras reuniones en The Crowded House. Hemos decidido negarnos a responder esa pregunta en la medida de lo posible, porque pierde de vista el sentido de lo que intentamos hacer.

Nosotros no proponemos una fórmula para hacer reuniones mejores. De hecho, nuestros encuentros son bastante normales. La enseñanza y la música están bien, pero no tienen nada de especial. Si nos hicieras una visita, probablemente te sentirías decepcionado.

El centro de nuestra visión no es una forma nueva de realizar actividades, sino la creación de comunidades del evangelio basadas en la Palabra, en las que las personas comparten su vida entre ellas y con los no creyentes, procurando bendecir sus barrios, llevando el evangelio unos a otros y compartiendo las buenas nuevas con los no creyentes.

El contexto para esta comunidad y esta misión centradas en el evangelio no son los eventos, sino la vida común y cotidiana.

Creamos programas cuando los cristianos no hacen lo que deberían estar haciendo en la vida diaria. Como no nos pastoreamos unos a otros en el día a día, creamos grupos de responsabilidad. Como no compartimos el evangelio en nuestra vida diaria, creamos cultos para invitar a gente.

Como no nos unimos a grupos sociales para dar testimonio de Jesús, creamos nuestros propios grupos sociales dentro de la iglesia. No nos malinterpretes, por favor. No estamos en contra de las reuniones, ni de los eventos, ni de los programas.

De hecho, el encuentro regular de la iglesia en torno a la Palabra de Dios es vital para la salud de todo lo demás, pues aquí es donde el pueblo de Dios se prepara para las obras de servicio. Pero las obras de servicio, en sí mismas, tienen lugar en el contexto del día a día.»

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/iglesia/739-iglesias-247.html

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