Una oportunidad única de testificar al mundo

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El Apóstol nos recuerda que en las épocas de apostasía, en las épocas de gran impiedad e irreligiosidad, cuando los fundamentos mismos tiemblan, una de las manifestaciones más destacadas de desorden es ser “desobedientes a los padres” (2 Tim. 3:2)… ¿Cuándo aprenderán las autoridades civiles de que existe una conexión indisoluble entre la impiedad y la falta de moralidad y de conducta decente?… La tragedia es que las autoridades civiles—sea cual fuere el partido político que esté en el poder—parecen estar todas gobernadas por la sicología moderna en lugar de las Escrituras. Todos están convencidos que pueden solucionar directamente y solos la falta de justicia y de rectitud. Pero eso es imposible.

La falta de justicia y rectitud es siempre el resultado de la impiedad, y la única esperanza de volver a tener alguna medida de justicia y rectitud en la vida es tener un avivamiento de la piedad. Eso es precisamente lo que les está diciendo el Apóstol a los efesios y nos está diciendo a nosotros (Ef. 6:1-4). Los mejores y más morales periodos en la historia de este país, y de cualquier otro país, siempre han sido esos periodos después de poderosos avivamientos religiosos. Este problema de anarquismo y falta de disciplina, el problema de niños y jóvenes, no existía hace cincuenta años como existe ahora. ¿Por qué? Porque todavía operaba la gran tradición del Avivamiento Evangélico del Siglo XVIII. Pero como ya ha desaparecido, estos terribles problemas morales y sociales están volviendo, como nos enseña el Apóstol, y como siempre han vuelto a lo largo de los siglos.

Por lo tanto, las condiciones presentes demandan que observemos la declaración del Apóstol. Yo creo que los padres e hijos cristianos y las familias cristianas tienen una oportunidad única de testificar al mundo en la actualidad siendo simplemente distintos. Podemos ser verdaderos evangelistas al mostrar esta disciplina, esta ley y este orden, esta relación auténtica entre padres e hijos. Podríamos ser los medios, bajo la mano de Dios, de llevar a muchos al conocimiento de la Verdad. Por lo tanto, creamos que así es.

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 al 6:9.

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David Martyn Lloyd-Jones (20 de diciembre de 1899 – 1 de marzo de 1981) fue un médico, pastor protestante y predicador galés que influyó en la época de reformación del movimiento evangélico británico en el siglo XX.

Durante casi 30 años, fue ministro de la Capilla de Westminster en Londres. Lloyd-Jones se opuso firmemente al cristianismo liberal que se había extendido en gran parte de muchas denominaciones cristianas, y lo consideraba aberrante. No estaba de acuerdo con el enfoque de la iglesia amplia y animó a los cristianos evangélicos (sobre todo anglicanos) a abandonar sus denominaciones existentes, pues creía que la verdadera comunión cristiana sólo es posible entre aquellos que comparten convicciones comunes acerca de la naturaleza de la fe.

“Los padres deben pulir la naturaleza ruda de sus hijos con buenos modales.”
—Thomas Boston (1676-1732)

“Vivimos en una época que se caracteriza por su irreverencia, y, en consecuencia, el espíritu de anarquía, que no tolera ninguna clase de restricciones y que anhela librarse de todo lo que interfiere con la libertad de hacer lo que se le da la gana, envuelve velozmente a la tierra como una gigantesca marejada. Los de la nueva generación son los ofensores más flagrantes; y en la decadencia y desaparición de la autoridad paternal, tenemos el precursor seguro de la abolición de la autoridad cívica. Por lo tanto, en vista de la creciente falta de respeto por las leyes humanas y el no querer dar honra al que honra merece, no nos asombremos de que el reconocimiento de la majestad, la autoridad y la soberanía del Todopoderoso vaya desapareciendo cada vez más, y que las masas tengan cada vez menos paciencia con los que insisten en dar ese reconocimiento.”—A. W. Pink (1886-1952)

Un informe del cielo

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El evangelio es un informe del cielo para ser creído y en el cual confiar para salvación.

 

Primero, consideraremos el evangelio como un informe en general. Y,

1. Está el tema del informe en sí o lo que se reporta, es decir, algún designio, acción o evento, cierto o falso. El tema del informe del evangelio es un designio del amor de Dios para salvación de los pecadores de la humanidad (2 Tim. 1:9-10). Tal fue el informe del evangelio que fue dado al principio del mundo (Gén. 3:15). Es el informe de un acto de gracia y bondad de Dios a favor de los pecadores, por medio del cual les ha dado a su Hijo como Salvador (Juan 3:16; Isa. 9:6) y vida eterna en él (1 Juan 5:11). Es el informe del evento de la muerte de Cristo por los pecadores y de un Cristo crucificado listo para desposarse con pecadores (Mat. 22:4), lo cual es un tema de primordial importancia.

2. Está el lugar de donde procede originalmente el informe. Y el lugar aquí es el cielo, el corazón del Padre. Por lo tanto, el evangelio es llamado cosas “celestiales” (Juan 3:12), revelado por el corazón del Padre. El lugar originario de un informe es el lugar donde se lleva a cabo la transacción, y hay cierta distancia entre éste y el lugar donde se reporta.

Por lo tanto:
(1) El evangelio es un informe que procede del cielo, donde se originó el designio de amor, se hizo el regalo del Hijo y de donde vino él a morir por los pecadores, y donde ahora está él listo para tener comunión con ellos. El evangelio puede ir de un lugar en la tierra a otro, como lo hizo desde Jerusalén a otros lugares del mundo (Isa. 2:3; Luc. 24:47). Pero originalmente procedió del cielo (Luc. 2:13-14).

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(2) El evangelio es las buenas nuevas de un país distante, y, como tal, debiera ser tan aceptable como el agua fría lo es al sediento (Prov. 25:25). Cuanto más lejos está el país de donde procede el informe, menos parece interesarnos; y es así, con poco interés, que el hombre carnal trata el informe del evangelio. Ciertamente procede de lejos. Pero así de lejos como está su origen, pasaremos en él o en el infierno nuestra eternidad, y por lo tanto, es de vital importancia para nosotros.
3. El tema de un informe es algo que no ven aquellos a quienes se les presenta el informe. Y así es el tema del informe de evangelio. Es tan invisible a la vista del hombre como lo es Dios (Juan 1:18), un Salvador no visto (1 Ped. 1:8) y cosas que no se ven (2 Cor. 4:18) que el evangelio nos predica. Por lo tanto, el evangelio es un objeto de fe, no algo que se acepta por vista (Heb. 11:1). Lo recibimos por el oír no por verlo (Isa.55:3). No es algo que vemos de primera mano, sino que lo recibimos por el testimonio de otro, es decir, Dios. Y por lo tanto, el mundo carnal al que le gustan los objetos que ve (Sal. 4:6), es lento para creer el evangelio.
4. Hay un reportero o muchos. Y en este caso, el informe es de muchos. Pero (1) El reportero de primera mano es el testigo ocular, es decir, Jesucristo. Cristo mismo fue el que dio a conocer el informe del evangelio (Heb. 2:3). ¿Y quién otro hubiera podido hacerlo (Juan 1:18)? Él vio lo que reportó, y nos da su testimonio de que es verdad porque lo vio (Juan 3:11). De allí que él nos es presentado como el testigo fiel y verdadero (Apoc. 3:14), quien desde la eternidad fue participante de todo el designio que nos es
revelado en el evangelio. (2) Los profetas, apóstoles y ministros del evangelio. Ellos son reporteros de segunda mano. Los primeros lo recibieron directamente de Cristo, los que
los sucedieron, de aquellos primeros…
5. En último lugar está la manifestación del tema por medio del informe a las partes a quienes se les da el informe. De esta manera la gracia de Dios a favor de los pobres pecadores se manifiesta a ellos por medio del evangelio (2 Tim. 1:9-10). Ya no es un secreto que se guarda de ellos, sino que se les permite tener el conocimiento del designio, la acción y los eventos que tienen que ver con su salvación. Se abre el evangelio y se
revela el secreto de la gracia de Dios a los pecadores por medio de comunicarlo, de comunicar todo el plan de salvación que desde la eternidad se hallaba escondido en el corazón de Dios (Juan 1:18)…

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Consideraremos el informe del evangelio y el confiar en él como una unidad.
1. El evangelio es el informe desde el cielo para pobres pecadores sobre la salvación del pecado (Mat. 1:21) y de la ira de Dios (Juan 3:16). La salvación se compró por gran precio, pero es dada gratuitamente al pecador como promesa, de modo que puede hacerse poseedor de ella gratuitamente (Isa. 55:1). Habiendo presentado este informe al pecador,
por fe confía en que es un informe fidedigno, cree que Dios lo ha dado, cree que es bueno y le confía a él su propia salvación. Entonces el alma abraza con todo su ser al Salvador y a la salvación que anuncia ese informe, tal como el hombre que se ahoga se toma de una soga que se le extiende para rescatarlo del agua.
2. El evangelio es el informe de un Cristo crucificado dado a los pecadores como el medio del cielo para salvación de ellos. Es proclamado por la autoridad del cielo que Cristo murió y que con su muerte compró la vida y salvación para los hijos perdidos de Adán, y que ellos y cada uno de ellos, puede tener completo y libre acceso a él (Mat. 22:4). La fe que confía que este informe es bueno y cierto, lleva al alma a la conclusión: “El Salvador es mío”, y se apoya en él por todo lo que su muerte compró, para vida y salvación de él en particular (1 Cor. 2:2).
3. El evangelio es el informe de una justificación por la cual nosotros los culpables podemos comparecer delante de un Dios santo. “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito:
Mas el justo por la fe vivirá” (Rom. 1:17). Y por fe, uno cree que tal justificación existe, que es suficiente para cubrirlo, y que le es ofrecida para confiar en ella para justicia. Y entonces el creyente confía en ella como su justificación ante los ojos de Dios, descartando todas las demás y aferrándose exclusivamente a ella (Gál. 2:16).

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4. El evangelio es el informe de un perdón bajo el gran sello del cielo, en Cristo, para todos los que lo aceptan. “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:38-39). Este perdón es proclamado abiertamente por la autoridad del cielo, completa y libremente, sin excepción alguna en la raza perdida de Adán, a quien le viene el informe. El alma por fe cree que esto es cierto y lo aplica a sí misma diciendo: “¡Este perdón es para mí! Es bueno y adecuado para mi caso. Por lo tanto me atengo a esta palabra de gracia para recibir mi perdón y la acepto, porque es la Palabra de Dios, quien no puede mentir”.
5. El evangelio es el informe de un Médico que cura infaliblemente todas las enfermedades del alma (Mat. 9:12-13; Heb. 7:26), lo hace gratuitamente (Ose. 14:4) y no rechaza a ningún paciente (Juan 6:37). El alma lo cree, lo aplica a su propio caso, y dice: “Entonces confiaré en él para que me quite el corazón de piedra, para que me cure del mal de desviarme, de la fiebre de la corrupción rugiente, del problema constante de la lascivia que predomina y la lepra universal de la corrupción de mi naturaleza”.
6. El evangelio es el informe de un banquete para almas hambrientas (Isa. 25:6), al cual todos estamos invitados y del cual Cristo mismo es el Creador y la Sustancia (Isa. 55:2). El alma, cansada de las cascarillas de cosas creadas y creyendo este informe, comienza a alimentarse de Cristo— su carne que ciertamente es alimento y su sangre que ciertamente es una bebida—creyendo y aplicando a sí misma todo lo que Cristo fue, hizo y sufrió, de modo que el alma cosechará el beneficio, el cual es alimentarse por fe en el Salvador que fue muerto.
7. El evangelio es el informe de un tesoro (2 Cor. 4:7). En él están las preciadas promesas—en ellas, Cristo amado con su mérito—como el oro mencionado: “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico” (Apoc. 3:18). Este campo en que está escondido puede ser tuyo (Mat. 13:44); el evangelio te ofrece el pacto como ese campo. La fe cree el informe, y el alma se aferra al pacto y confía totalmente en el tesoro allí escondido para el pago de todas sus deudas, para el mantenimiento durante su vida y a través de la muerte, y para la adquisición de felicidad eterna.
8. El evangelio es el informe de una victoria sobre el pecado, Satanás, la muerte y el mundo obtenida por Jesucristo, y ello para beneficio de todos los que acuden al glorioso Conquistador (Sal. 98:1). La fe cree este informe, y el alma confía en él para obtener su victoria sobre todos estos enemigos frustrados (1 Juan 5:4). Basta solo decir,
9. Por último, el evangelio es el informe de una paz comprada por la sangre de Cristo para pobres pecadores (Ef. 2:14)…La fe lo cree, y, confiando en ella, el alma se presenta ante Dios como ante un Padre reconciliado en Cristo, trayendo sus súplicas para depositar ante el trono, creyendo que la comunicación se ha establecido entre el cielo y ellos…

APLICACIÓN: Esto muestra que el evangelio es el medio divinamente escogido para salvación de los pecadores. Por lo tanto, es llamado “el evangelio de vuestra salvación” (Ef. 1:13), y “se ha manifestado para salvación” (Tito 2:11). La luz de la naturaleza no es el medio externo o instrumento de salvación, porque no presenta ningún informe de Cristo
(Hech. 4:12). Tampoco lo es la Ley, la cual es el ministerio de muerte y condenación (2 Cor. 3:7-9), sino solo el evangelio. Porque es únicamente en el evangelio que se revela una justificación para los impíos (Rom 1:16- 17), y por el evangelio el Espíritu es dado a pecadores muertos (Gál. 3:2). Despreciar el evangelio, entonces, es despreciar al único medio de salvación… Por lo tanto sepa, amigo, que su vida depende de él, y que no hay otra salvación fuera de aceptar por fe el informe del evangelio.

De “The Unsuccessfulness of the Gospel…” The Complete Works of Thomas Boston.

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Thomas Boston (1676-1732): Pastor y erudito presbiteriano; autor de Human Nature in
its Fourfold State (La naturaleza humana en su estado cuadriplicado) (1720) y otros
muchos tratados y sermones. Nació en Duns, Berwickshire, Escocia.