EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 1

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El gran deber de toda esposa es respetar a su propio esposo. Tiene también muchas otras obligaciones que son mutuas, pero ella se caracteriza por esto. Esta es su calificación principal como esposa. No importa cuanta sabiduría, erudición y gracia tenga ella, si no respeta a su esposo, no puede ser una buena esposa.

Veamos su creación: Fue hecha después del hombre, él tiene algo de honor por haber sido creado primero. “Porque Adán fue formado primero, después Eva” (1 Tim. 2:13). Fue hecha del hombre, él fue la roca en que fue formada. “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón” (1 Cor. 11:8). Vemos aquí que no fue el hombre quien estableció este orden, sino Dios mismo. Volvamos a recordar la Caída donde escuchamos que Dios dice: “Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gén. 3:16). En el Nuevo Testamento, el hecho que Cristo fue “hecho de mujer” pareciera alterar esta ley inviolable: “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio” (Col. 3:18). “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 Ped. 3:1), “considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (v. 2). “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (v. 5). Volvamos al versículo inicial. Aunque sea ella muy importante, muy buena y su esposo muy malo y muy perverso su deber indispensable es respetar a su esposo… no coincide con la naturaleza ni con la decencia ponerla a la cabeza, ni más abajo ni más arriba de la costilla. Y cuando ella acepte esto, entonces cumplirá muy contenta y fácilmente su deber. Un Dios sabio así lo ha ordenado, y por lo tanto es lo mejor.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA DE ESTE RESPETO.
Es un respeto auténtico, cordial y conyugal, que es característico de una mujer buena. Y yo creo que incluye lo siguiente:

1. La esposa debe honrar y estimar a su esposo: “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Es. 1:20). Para este fin, debe contemplar todas las excelencias de su persona, sea del cuerpo o la mente, darles el valor que merecen y no considerar que todo en su esposo es negativo…A aun si su esposo es ignorante,igualmente ella debe valorar la excelencia de su posición, siendo que el Espíritu Santo lo ha descrito como “imagen y gloria de Dios” (1 Cor. 11:7). Sea como sea que él se ve a sí mismo o como sea que lo vean los demás, para su esposa es una persona sin igual. Si lo estimó cuando lo escogió, debe seguir estimándolo… La esposa debe tener en cuenta que su honor y respeto entre sus familiares y vecinos se levanta o cae según su relación con su esposo, de modo que al honrarlo a él se honra a sí misma.

2. Este respeto es generado por el amor: Aunque el versículo enfatiza más el amor del esposo, es también deber de la mujer: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tit. 2:4). Es así que Sara, Rebeca y Raquel dejaron a sus padres,amigos y a su país por puro amor hacia sus esposos… Y de hecho no hay mejor modo de aumentar el amor del esposo que el respeto de la esposa, lo cual hará que esto sea dulce y fácil.

3. El temor es el tercer ingrediente del respeto hacia el esposo que le corresponde a la esposa… el requisito es que tenga una “conducta casta y respetuosa” (1 Ped. 3:2). El uno no es suficiente sin el otro. Esto… es sencillamente un anhelo cauteloso de complacerle y
prestarle atención, no sea que lo ofenda…

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

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El teólogo de la Reforma Juan Calvino 4

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4. TEÓLOGO DE LA ALIANZA

El conjunto de la enseñanza de Calvino puede muy bien ser presentado bajo el título de la Teología de la Alianza, la cual es, sin ningún género de duda, uno de los distintivos más importantes de la teología reformada. El concepto bíblico de Alianza o Pacto entre Dios y los hombres sirve en ella para integrar y organizar las distintas doctrinas cristianas, además de proporcionar una visión de conjunto de la Biblia, como un útil hermenéutico que articule, en especial, la relación entre la Ley y el Evangelio, Antiguo y Nuevo Testamentos. La Teología de la Alianza sería fruto de la orientación esencialmen-te teocéntrica de la teología reformada, así como del carácter eminentemente bíblico de la Reforma. Esto último se pone claramente de manifiesto al considerar que la Teología de la Alianza no es una elaboración de teología especulativa ni aun, en primera instancia, una construcción sistemática, sino que sería el resultado de una vasta y compleja integración de datos exegéticos y sobre todo de lo que hoy llamamos teología bíblica.

Aunque en tiempos recientes la Teología de la Alianza ha conocido intentos (podemos decir que todos fracasados) de reformulación,” en su periodo clásico (la de la Reforma en un sentido amplio, desde Lutero hasta la Asamblea de Westminster, aproximadamente) la Teología de la Alianza estaba estructurada por tres pactos que tendrían como resultado la salvación de los hombres: el pactum salutis o Pacto de Redención, el Pacto de las Obras, y el Pacto de Gracia. La precisión con la que opera la Teología clásica a la hora de integrar estos tres pactos o alianzas se evidencia, sobre todo, en la diferenciación entre el Pacto de Redención y el de Gracia, o entre el estado natural de Adam y el Pacto de Obras, además de nociones como la continuidad de la Ley tras el Pacto de Obras, de manera que la Alianza de Sinaí, aun siendo en esencia el mismo Pacto de Gracia que el Evangelio, sea presentada en parte como una Alianza legal, en contraste con el Nuevo Pacto o Evangelio.

Cabe decir que durante el pasado siglo XX hemos asistido al ataque en el mundo académico a la Teología de la Alianza por parte principalmente de la escolástica barthiana. Llevado al terreno eclesial, este ataque ha contribuido poderosamente el abandono definitivo de la Teología clásica de la Alianza por parte de las Iglesias re-formadas y presbiterianas más importantes, y su vacío ha sido sustituido por una teología con los acentos más característicos y distintivos de la teología barthiana, de la cual la Confesión de 1967 de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA) es el exponente más elocuente. En el terreno académico, la escolástica barthiana ha procedido a intentar minar la Teología de la Alianza, codificada por la segunda generación de la ortodoxia reformada, fundamentalmente negándole cualquier nexo de unión con el Reformador Calvino. Ciertamente, concebir a Calvino como enfrentado con la ortodoxia reformada en distintos aspectos de la Teología de la Alianza se ha convertido en un poderoso cliché del que no es fácil desprenderse.

No obstante, se puede decir que, a estas alturas, la crítica barthiana ha sido ampliamente rebatida por toda una generación de académicos reformados contemporáneos altamente erudita, de los que destacaríamos a Richard A. Muller y Peter A. Lillback. Gracias a su estudio cuidadoso ad fontes de las obras de los Reformadores, la relación de Calvino con la Teología de la Alianza ha sido suficientemente clarificada. Con Lillback, sostenemos que Calvino desarrolló toda una Teología de la Alianza, que era en esencia la misma que la ortodoxia reformada codificaría, aunque todavía fuera incompleta en el Reformador y estuviera todavía, podríamos decir, en estado embrionario.

Cierto, como afirman los escolásticos barthianos, el Pacto de las Obras no fue enseñado de manera formal por Calvino, pero sí que lo fueron todos los elementos que conforman esta doctrina: Adam como representante de la Humanidad ante Dios, relación legal en-tre Dios y Adam, situación probatoria en Edén, el hecho de que Adam hubiera recibido la vida por la obediencia, la comprensión del árbol de la vida como un sacramento, el paralelo Adam-Cristo como cabezas federales, la distinción entre Ley y Evangelio. Por consiguiente; la Alianza de Obras fue, en esencia, enseñada por Calvino, y lo que es completamente inexacto es querer hacer enseñar al Reformador de Ginebra que el estado original del hombre es uno de solo gracia, de lo cual se desprendería que todas las relaciones de Dios con el hombre, incluido por lo tanto ahora el estado natural de los hombres sin Cristo, sería asimismo uno exclusivamente de gracia. De lo cual, fácilmente se llegaría el universalismo soteriológico, que es a lo que la teología de Barth tiende inevitablemente.

De la misma manera, tampoco el Pacto de la Redención fue expresado en estos mismos términos por Calvino. Pero basta comprender la relación de Cristo con la predestinación en el pensamiento del Reformador, como fuente de la elección y en su mediación eterna de los elegidos, para concluir que la dicha formulación de la ortodoxia posterior, conocida como Pacto de Redención, es la expresión de la determinación intratrinitaria, desde antes de la fundación del mundo, de la salvación de los pecadores.

La relación de la Teología de la Alianza con las afirmaciones fundamentales de la Reforma se puede poner claramente de manifiesto. Tras la Caída de Edén, el Antiguo Testamento es, en esencia, la misma alianza de gracia que la del Nuevo Testamento; de hecho, le debemos a Calvino la formulación clásica de la única alianza de gracia en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento como “una esencia aunque diversa en administra-ciones”.” Pero al mismo tiempo Calvino mantiene la distinción entre Ley y Evangelio, la cual se corresponde a la de Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Si bien la Antigua Alianza es evangélica, es enteramente tipológica y en ella el elemento legal se hallaría sobredimensionado por el don del la Ley en Sinaí que hace recordar las estipulaciones del Pacto de las Obras. Por tanto, la plenitud de la revelación de la gracia corresponde a la Nueva Alianza en Jesucristo.

La plenitud evangélica del Nuevo Pacto en Cristo, por otra parte, conlleva una salvación por gracia en la que Dios es el único autor (monergismo divino), puesto que de otra manera, si ella ha de depender de algún concurso del hombre, aunque sea en parte (si-nergismo), entonces la salvación estaría situada en un terreno de remuneración legal, como en el Pacto de las Obras. Es de esta manera como la justificación por la sola gracia y la sola fe no son doctrinas aisladas ni fuera de lugar, sino que se hallan al interior del mismo conjunto de enseñanza bíblica del Pacto.

Todas estas cuestiones se pueden contemplar, asimismo, desde el ángulo de la incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza. La incondicionalidad en el Pacto, del que depende la salvación por la sola gracia y la sola fe, se correspondería al carácter monergista y absoluto de la salvación divina, que se evidencia en el Nuevo Pacto. La condicionalidad, al elemento legal, que se pone palmariamente de evidencia en el Pacto de las Obras, pero que asimismo se encuentra integrado de manera subordinada en el Nuevo Pacto. Aunque los principios de incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza nos resulten en principio conflictivos, hemos de mantener ambos al mismo tiempo en nuestra enseñanza de la misma, y ello, a poder ser, sin caer en planteamientos paradóji-cos, propios más bien del principio “et…et” del catolicismo romano, o incluso de la teología dialéctica barthiana. La condicionalidad, propia de la temporalidad, ha de ser el medio por el cual la incondicionalidad, cuyo origen es el pactum salutis eterno, se realiza en el tiempo.

Calvino entiende perfectamente las implicaciones del carácter incondicional y condicional de la Alianza. En su comentario del Salmo 132:12 lo podemos apreciar de manera clara cuando dice:

Pero primero hemos de considerar que este pacto, en la medida que Dios había prometido enviar un redentor; de cuya mano se tendría que buscar la salvación, era totalmente un don gratuito, puesto que brotó de la adopción originaria, la cual también fue un don gratuito. Y ciertamente la perfidia de aquella impía nación [e. d., los judíos] no impidió a Dios mostrar abiertamente que Él no cuenta con méritos para enviar a Cristo […. Ahora pues vemos que el dicho pacto no fue condicional, pero porque establecía con él otras cosas que eran accesorias, se le añadió esta condición “Si obedecen mis mandamientos los bendeciré”.

Podemos decir que el genio de Calvino se manifiesta definitivamente a la hora de sintetizar las distintas doctrinas de manera completa. Las doctrinas de la gracia, en el orden temporal, que conllevan la completa depravación humana, serian el cumpli-miento de la libre elección divina, en el orden eterno. Esta última había sido, en efecto, enseñada de manera explícita en la Iglesia, por lo menos, desde los tiempos de Agustín de Hipona. Pero al Padre de la Iglesia le falló completar de manera coherente el conjunto de la enseñanza, y de esta manera, enseñó también que la elección debía ser completada con el don de la perseverancia. La elección de gracia, por tanto, se trasladaba de la elección de individuos para la salvación, a la elección de individuos para la gracia, transmitida por la Iglesia, fundamentalmente a través de los sacramentos. De esta manera, dentro del espacio sagrado de la Iglesia, y por los deméritos de las personas, la salvación se podría perder.

Esta fue, precisamente, la evolución de los temas característicos de la teología agustiniana durante la Edad Media, que daría como resultado el discurso sacramentalista con el que la Reforma luchó y que es el propio de la Iglesia católica romana hasta nuestros días. La implicación eclesiológica de ello es inevitable: desde el punto de vista sacramentalista, la Iglesia es el transmisor infalible de la gracia divina. La incondicionalidad divina en la Alianza se traslada de los individuos a la comunidad de la Iglesia. Ella, por tanto, no puede conocer caída, apostasía. Luego, ella tampoco puede necesitar Reforma. Sin embargo, la Reforma reconoce una cierta incondicionalidad al pueblo de Dios, pero es ella, en última instancia, la que pertenece a las personas de los elegidos, y que le es aplicada al pueblo según uno de los conceptos clave en la teología de Calvino, por acomodación divina.
CONCLUSIÓN: UN REFORMADOR PARA LA MODERNIDAD

En definitiva, toda la obra teológica de Calvino es la que fija en la Escritura y presenta de manera del todo coherente la obra de Dios que fue la Reforma protestante del siglo XVI. Las afirmaciones teológicas de Calvino no suponen para los hijos espirituales suyos una regla de fe, pero tampoco podemos desentendernos de ella.

Primero, por evitar el individualismo teológico (y su acompañante obligado, el eclesial), que ciertamente es un mal a evitar. Calvino y el resto de los Reformadores desempeñan el papel de Padres de la Iglesia para nosotros. El consenso unánime de los Padres para nosotros no es una regla de fe, pero sería muestra de gran arrogancia por nuestra parte que no lo tomemos cuidadosamente en cuenta, recordando además que en la medida que su enseñanza sea la de la Palabra de Dios, también es una autoridad secundaria para nosotros. La voz del mayor de los Reformadores, Calvino, tampoco puede ser desechada sin más.

Segundo, porque si la enseñanza de Calvino es un todo coherente con la enseñanza de la Escritura y con el mensaje de la Reforma, entonces el dejarla, y al mismo tiempo querer seguir siendo protestante, reformado o evangélico, supone una incoherencia intelectual y espiritual que a la larga no puede sino conducirnos de regreso a Roma. A nivel personal e individual, cada uno es capaz de vivir a lo largo de su vida con sus propias contradicciones, pero ello es mucho más difícil a una escala mucho mayor, si hablamos de un país, de la Iglesia en un país o, más aún, de la Iglesia dispersa por distintos países lo largo de las épocas. La demonización obrada por Roma a Calvino no es en modo alguno casual: es que la enseñanza de Calvino es la que verdaderamente le resulta peligrosa. La enseñanza corriente evangélica, por el contrario, no lo es.

Y en cuanto a la demonización obrada por los liberales, al estilo de las blasfemias de Jefferson, tampoco tiene nada de extraordinario. La civilización moderna en Occidente precisamente está basada sobre un concepto de la libertad del individuo que tiene sus ra-íces en un concepto filosófico de una libertad humana indeterminada y no necesaria, que choca contra la soberanía divina enseñada por la Escritura, la Reforma y, en particular, Calvino.

Con lo que, para concluir, ante el grado de degeneración teológica, eclesial, social y política reinante en Occidente, mejor recordar las palabras del Reformador:
Igualmente el pacto que ha hecho el señor en Francia, Italia, Alemania, España e Inglaterra. Pues, aunque casi todo haya sido destruido por la tiranía del Anticristo, con todo quiso, para que así permaneciera inviolable su pacto, que quedara el bautismo como testimonio de la misma, el cual retiene su virtud, a pesar de la impiedad de los hombres, porque fue consagrado y ordenado por su boca.
Del cual, sin duda, el Reformador desprendería para hoy el ineludible deber de Reforma bíblica.

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

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III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 3

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3. TEÓLOGO DE LA IGLESIA

Este proceder teológico de Calvino, que, repetimos, era el propio de la Reforma en su conjunto, tiene unas consecuencias de una transcendencia verdaderamente capital. Por lo pronto, determina que es únicamente la Escritura la regla de la fe para los cristianos (lo que hoy conocemos por el principio de Sola Scriptura), lo cual implica que las Escrituras han de ser claras en sí mismas, sin que medien para ello las interpretaciones de la Iglesia (esto es, la doctrina de la perspicuidad y la claridad de las Escriptura). Se implica y se desprende de ahí todo un valor para la Tradición de la Iglesia, ya sea tanto de las obras particulares de los teólogos como de las resoluciones de los Concilios: bajo el principio de la Sola Scriptura, si alguna autoridad tienen para nosotros hoy, esta no la poseen de suyo propio, sino que se deriva de las Escrituras, y en la medida que están expresan-do la verdad enseñada por ellas.

Este principio fundamental de la Reforma ha sido y es objeto de ataques por parte de la Iglesia católica romana, que lo presenta como la causa primaria del subjetivismo e individualismo teológico y eclesial protestante. Por el contrario, nosotros sostenemos que si alguna acusación de subjetivismo e individualismo puede hacerse al protestantismo, no puede en modo alguno ser dirigida contra la Reforma como tal, sino más bien a su rechazo, principalmente, en el bando del liberalismo protestante. La aversión liberal a concebir el cristianismo como un sistema unificado de creencias y con un código moral concreto, contenidos en las Escrituras y confesados por la Iglesia a lo largo de los siglos, en definitiva, su rechazo del cristianismo como una religión, es la expresión máxima de este subjetivismo e individualismo teológico. Si este no tiende, en el bando liberal, a la atomización eclesial es porque tampoco la necesita: todas las opiniones tienen cabida, con tal de que se hagan dentro de la Iglesia institucional y sin romper la premisa básica, que es el relativismo común a todas ellas.

Lejos de ello, la Reforma, bajo el principio de la Sola Scriptura, no hizo, so pretexto de individualismo o subjetivismo, ni abstracción ni tabula rasa de todo lo precedente, así como tampoco le falta nada de, en palabras de hoy, conciencia eclesial. Baste decir este simple ejemplo: en la Institución, al Padre de la Iglesia Agustín de Hipona se le cita más de doscientas veces, y si a esto sumamos el resto de citas de Padres y teólogos, la cifra resulta verdaderamente abrumadora.’ Es de esta manera como Calvino no tenía dudas para poder hacer la siguiente afirmación al Cardenal Sadoleto:

Sabes muy bien que estamos más de acuerdo con la antigüedad que vosotros; y además no pedimos otra cosa sino que esta antigua faz de la Iglesia pueda por fin ser restaurada y renovada por entero.

Este uso continuo por Calvino de la patrística se debe, sin duda, a sus convicciones profundas en el terreno de la eclesiología.

Primero, que el período patrístico suponía la verdadera Edad de Oro de la Iglesia, al cual la Reforma del siglo XVI quería hacer volver a la Iglesia, tras el intervalo de la dominación y tiranía del papado. Ciertamente, Calvino no conocía nada de la noción tan corriente de que la conversión de los emperadores romanos y la cristianización de las naciones fue la gran apostasía de la Iglesia, a resultas de la cual la verdadera Iglesia de Jesucristo hubiera estado como escondida, anónima, bajo el manto de la Historia a lo largo de los siglos. Repetimos, esta concepción, que es más bien la del anabaptismo, y por la cual han nacido sectas de origen protestante como los Testigos de Jehová o los mor-mones, no es la propia de Calvino.

Segundo, que la Iglesia poseía el carácter de catolicidad, basado no en ninguna condición propia cumplida por los creyentes, sino solo en Jesucristo y las promesas absolutas de Dios en relación con Él. Esta cita, de su tratado Manera de reformar la Iglesia, lo pone bien de relieve:

Ciertamente nosotros no negamos que la Iglesia de Dios haya siempre existido en el mundo; puesto que escuchamos lo que Dios promete acerca de la perpetuidad de la si-miente de Cristo. En este sentido, tampoco negamos que ha habido una sucesión ininterrumpida de la Iglesia desde el principio del evangelio hasta nuestros días; pero lo que no concedemos es que esto esté tan fijado a las señales externas: que hasta ahora siempre ha estado, y por consiguiente siempre estará, en posesión de los obispos.

Por ello mismo, Calvino y la Reforma en su conjunto siguieron aceptando la validez del bautismo concedido por la Iglesia que permaneció bajo Roma, y le siguieron reconociendo el carácter de Iglesia, aunque caída en el error.” La sucesión apostólica en la Iglesia, según Calvino, no reside en las personas de los obispos, sino que no es otra cosa que “la perpetuidad de la doctrina”.” De esta manera, aunque limitado por la Palabra de Dios, se reconoce a la Tradición una cierta autoridad, puesto que la perpetuidad en doctrina conlleva que toda novedad doctrinal es, según Calvino, por definición falsa.” La Tradición, en Calvino y en la Reforma, no es completiva como en el catolicismo romano (es decir, no completa la revelación escrituraria), sino que es limitativa: la verdad de la Palabra de Dios ha de encontrarse en los límites de la verdadera tradición eclesial a lo largo de los siglos.

Esta conciencia eclesial, que es justo lo contrario de subjetivismo e individualismo teológico, fue sin duda lo que guió la obra de Calvino en el sentido de la búsqueda de la unidad cristiana. Lo cual fue indudablemente cierto con respecto a los distintos bandos en los que empezaba ya en su tiempo a dividirse la Reforma. El ejemplo por excelencia fue su enseñanza acerca de la Santa Cena, por la cual buscó la reconciliación entre las posiciones encontradas de los seguidores de Lutero y Zwinglio, y fue aceptada tanto por los últimos como, según parece, también por el reformador Lutero. Pero fue la misma actitud que mostró incluso con la Iglesia sometida a Roma. Sin llegar a sacrificar ningún elemento de la verdad central de la Reforma, Calvino fue capaz de aproximar máximo posiciones en cuanto a la doctrina de la justificación por la fe, por medio de su fórmula “no somos justificados sin obras, y no obstante, no somos justificados por las obras”,  hablando así de la necesidad de las obras para salvación: aunque no como siendo la causa misma. Esta afirmación se basa en la inseparabilidad de la justificación y la santificación en la participación de Cristo del creyente, puesto que en la justificación se recibe a un Cristo “entero” es decir, no para la justificación. Cabe señalar, de este modo, el acuerdo que el 27 de Abril de 1541 se alcanzó entre reformados (Calvino, Bucero y Melanchton) y representantes católicos romanos (el Cardenal Contarini y Eck) acerca de la justificación por la fe. Este acuerdo sería posteriormente rechazado tanto por Roma como por Wittenberg.

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 2

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II. CONSIDEREMOS EL AMOR DEL ESPOSO HACIA SU ESPOSA TAL COMO VA APARECIENDO EN LAS ESCRITURAS, Y PARTICULARMENTE EN EL CONTEXTO Y PALABRAS QUE ESTOY UTILIZANDO:

1. El esposo debe amar a su esposa, como nuestro Salvador Jesucristo ama a su iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25). El esposo “la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:29). Estos versículos nos hablan de la calidad del amor aunque no podamos ser iguales a Cristo en esto… Su amor se presenta aquí como:

(1) Desbordante, sin disimulo: El “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Su amor era verdadero, porque murió por ella. El esposo siga este ejemplo. No amar solamente de labios para afuera, sino con hechos y en verdad, como si el nombre de ella se encontrara escrito en su corazón…

(2) Libre, sin [esperar ser recompensado]: Porque él se dio a sí mismo para santificar a su iglesia (v. 26), esto implica que ella estaba en una condición deplorable cuando él inició sus primeros contactos. No era bella. Lo amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El esposo ama primero y con su amor forja el amor de su esposa, porque el amor, con amor se aviva. Si ella parece ser débil, por las características mismas de su género – en sabiduría, fortaleza y valentía, o muestra no tener amor o ser negligente en sus deberes aún así él esposo la amará, porque el amor no busca lo suyo propio (1 Cor. 13:5). El verdadero amor procura mejorar al ser amado, pero no para provecho del que ama. Amar a la esposa esperando solo algún provecho propio no es digno del esposo ni dista de seguir el ejemplo de Cristo.

(3) Santo, sin impurezas: Porque él “amó a la iglesia… para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (vv. 25-26)… El esposo no puede contar con un mejor ejemplo: tiene aquí la enseñanza de que debe esforzarse para continuar la santificación y salvación de su esposa.

(4) Grande, sin comparación: Porque, “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13), y así lo hizo nuestro Salvador. Él se entregó por su iglesia (v. 25)… El esposo imitará a su Señor y Maestro manteniendo un gran respeto por su esposa porque ella es miembro “de su cuerpo, de su carne y de sus huesos…”

(5) Es un amor activo y fructífero: Porque él a su iglesia “la sustenta y la cuida” (v. 26). Su humilde iglesia siempre está necesitada: él suple sus necesidades; está en problemas: él la protege; está a punto de desfallecer: él la levanta. Así debe ser el amor del esposo. No debe escatimar recursos ni sacrificios para hacerle bien a su esposa… el esposo tiene que amar a su esposa como Cristo ama a su iglesia.

2. El esposo tiene que amar a su esposa como se ama a sí mismo: Así lo dice mi Biblia. El Apóstol dice: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (v. 28) y, como si esto no fuera suficiente, continúa diciendo: “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…” Él no sabe con cuánto amor Cristo ama a su iglesia, pero sí sabe con cuanto amor se ama a sí mismo. Se ama a si mismo:

(1) Tiernamente: Ninguno puede tocar o manejar las heridas y penas de un hombre tan tiernamente como él mismo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” por desagradable que sea, sino que la sustenta y la cuida (v. 29). Así debe ser el amor del esposo hacia su esposa: lleno de ternura. Porque ella es como lente de cristal, que se
quiebra si no se trata con ternura…

(2) Con alegría: Nadie está más listo para ayudar a alguien que él mismo. Sus mejores amigos a veces fallan y se cansan; pero todos se ayudan a sí mismos. Por más difícil o peligroso que sea hacerlo, lo hace si es para propio beneficio. Así ha de ser la disposición del esposo para asistir, confortar y ayudar alegremente a su esposa. Si una nube se interpone entre ellos, el amor de él la disolverá rápidamente; porque nadie está enojado consigo mismo por mucho tiempo… sus oídos estarán abiertos, sus manos, su corazón listos para consolar, ayudar y agradar a su esposa, así como está listo para ayudarse a sí mismo.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 2

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2. LA PREEMINENCIA DE LA ESCRITURA

Para comprender mejor lo que significó en su momento la obra del Reformador Calvino (así como la de Lutero) conviene situarla en el contexto de la tradición teológica de su momento. Durante la Edad Media se desarrollaron dos grandes tradiciones teológicas en Europa. La primera fue la monástica, llevada a cabo en comunidades cistercienses y benedictinas, de carácter más bien espiritual, por medio de la composición y transmisión de himnos, oraciones, liturgias o sermones, cuyo máximo representante fue Bernardo de Claraval (1090-1153). La segunda tradición fue la escolástica o escolasticismo, de la cual la Universidad de París fue el modelo para toda Europa. El objetivo de esta última era la de preparar intelectualmente a las elites de la Iglesia, siguiendo una metodología emi-nentemente racional, con una fuerte influencia de la filosofía. En la teología escolástica, los dos libros de texto básicos eran la Glossa Ordinaria, de Walafrid Strabo (808-848), y las Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160). La Glossa era un comentario de todos los libros de la Biblia, en la traducción latina de la Vulgata, por medio de una recolección de citas de los Padres y algunos teólogos del periodo carolingio. Ella representaba lo que podíamos llamar la exegesis normativa durante la Edad Media. Por su parte, en sus cuatro libros, las Sentencias de Lombardo trataban de las “distinciones” (pues así eran llamadas) hechas al contenido de la Escritura, es decir, de las doctrinas cristianas.

Por lo tanto, la teología escolástica procedía claramente en dos disciplinas distintas: la exegética y la doctrinal. La característica principal de la exegesis medieval era el uso exclusivo del texto latino de la Biblia, el cual era siempre abordado a partir de los comentarios de los Padres. En cuanto a la disciplina doctrinal, su método procedía principalmente a través de la diferenciación, o distinción, entre las diversas cuestiones, y el análisis de las mismas a partir de diferentes preguntas. De esta manera, la actividad teológica en las diferentes universidades europeas se centraba en comentar tanto las Glosas como las Sentencias, y subsiguientemente a debatir los comentarios sobre las mismas hechos por los miembros de otras universidades. Por lo general, el debate discurría siempre dentro de los márgenes de la corrección del mundo universitario. El objetivo fundamental era el mantenimiento del consenso intelectual (y por ende, eclesial), del cual las distintas opiniones no representaban sino variaciones.

Este estado de cosas se iba a ver profundamente transformado por el espíritu humanista del Renacimiento, el cual iba a despertar el interés por los estudios de los autores antiguos en sus fuentes originales. La aplicación de ello al cristianismo fue la renovación de los estudios de la Biblia, pero no en la traducción de la Vulgata y de las autoridades cristianas, sino en los idiomas originales hebreo y griego. Aunque manteniendo en común el principio de remontar ad fontes los estudios de los documentos de la Antigüedad (en este caso de la Biblia), la Reforma difería en esencia con el Renacimiento por su orientación absolutamente teocéntrica y su visión fundamentalmente pesimista del hombre, amén de que su materia se circunscribía estrictamente a la revelación escrita de Dios y al conjunto de las doctrinas cristianas. De esta manera, la Reforma pre-sentó su propia entidad tanto frente a la escolástica medieval, por un lado, como, por otro, al humanismo renacentista.

Por supuesto, Calvino tenía un buen conocimiento de la teología escolástica. Incluso en ocasiones llegó a emplear algunos de sus conceptos como útiles o herramientas teológicas, especialmente en el terreno doctrinal. Por ejemplo, a veces encuentra útiles algunas de sus distinciones, llegando a aceptar la distinción entre “necesidad de consecuente” y la “necesidad de consecuencia” en relación con la reprobación, la cual, dicho sea de paso, Lutero rechazó. El concepto escolástico más importante que usó Calvino fue, sin duda, el empleo del esquema de la múltiple causalidad de Aristóteles en relación con las causas de la salvación y, aún más importante, de la reprobación. No obstante, a diferencia de Tomás de Aquino, Calvino no elabora a partir de ella ningún discurso metafísico.

Aparte de estos usos puntuales, el ministerio de enseñanza de la Escritura que desarrolló Calvino discurre al margen de los parámetros de la escolástica. Calvino no comentó nunca las Glosas ni las Sentencias. En exegesis, Calvino comenta el texto directamente del griego y del hebreo, y ello en un estilo que acuñaría como propio. Según sus propias palabras, el principal cometido como comentador era la de resaltar el pensamiento del autor bíblico, y el método más adecuado el exponer breve y claramente el sentido literal de la Escritura.’ Sin lugar a dudas, Calvino fue “el Comentarista” de la Reforma protestante y debe ser señalado como uno de los padres del método gramático-histórico de interpretación de la Biblia: el cual no debe confundirse con su perversión, el “histórico-crítico”, propio de la teología liberal.

En lo que a la doctrina se refiere, en sus obras Calvino cita profusamente tanto a los Padres como a los mejores teólogos posteriores. Pero no se los cita para fundar a partir de sus afirmaciones el discurso teológico, sino en el transcurso en el discurso mismo. Las distintas doctrinas son derivadas, así, de su fuente primaria que es la Escritura, quien a su vez es la que juzga, confirmando o rechazando, las opiniones vertidas por los distintos teólogos. Ejemplo por excelencia de este proceder teológico, que basa la enseñanza doctrinal directamente de la Escritura, es su obra magna, la Institución de la religión cristiana, la cual, pese a ser en esencia una obra doctrinal, también podría ser percibida, gracias a este carácter y método, como una teología bíblica de las distintas doctrinas cristianas.

En la manera de hacer teología de Calvino, que fue la propia de la Reforma, el texto bíblico sale del marco primario de la interpretación exegética, para adquirir una dimensión mayor. Al hablar con autoridad entre las distintas voces de los teólogos y de las afirmaciones de la Iglesia a lo largo de la Historia, se pone claramente de manifiesto la, podríamos decir, “pertinencia dogmática” de los textos bíblicos. En esta forma de ha-cer teología, el discurso teológico no es un sistema cerrado en el que el texto bíblico es considerado tan solo como un objeto de estudio bajo un férreo protocolo intelectual, sino como un sistema abierto en el que el texto bíblico, además de ser cuidadosamente estudiado, interviene como actor, poseyendo la libertad y la supremacía para hablar de manera autoritativa.

En definitiva, todo lo expuesto evidencia la preocupación fundamental que fue la de la Reforma en su conjunto: es la Sagrada Escritura la que ha de proporcionar la verdad a la Iglesia para su fe y su vida. Esto es lo que conllevó su ruptura con la escolástica, al con-siderar a esta última como una forma diletante y contemporizadora de hacer teología para la Iglesia. Aunque no fueran dichas por él, Calvino participa plenamente del espíritu de las palabras que Lutero dirigió a Erasmo, que fueron con las que concluyó su obra fundamental De servo arbitrio, que muy bien expresan el espíritu fundamental de la Reforma:
“Y no es difícil suponer que, puesto que eres un hombre, tú hayas podido no comprender correctamente, ni observar con suficiente cuidado las Escrituras o las palabras de los Padres bajo cuya dirección crees haber alcanzado el objetivo. De esto nos damos suficientemente cuenta, cuando escribes que no escribes nada por aserción, sino que “haciendo comparaciones”. No escribe así el que ve el fondo del asunto y quien lo comprende correctamente. En cuanto a mí, con este libro, YO NO HE “HECHO COMPARACIONES” SINO QUE HE SOSTENIDO Y SOSTENGO POR ASERCIÓN; y no quiero dejar el juicio a nadie, sino que me esfuerzo por persuadir para que asientan.”

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

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“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El Teólogo de la Reforma Juan Calvino

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INTRODUCCIÓN: UNA REHABILITACIÓN PARA LA MODERNIDAD

“No podré nunca unirme a Calvino para invocar su Dios. De hecho, él fue un ateo, lo cual yo nunca podré ser; o más bien su religión fue el demonismo. Si alguien adoró a un Dios falso, fue él. El Ser descrito en los cinco puntos, no es el Dios a quien usted y yo reconocemos y adoramos, el Creador y benevolente Gobernador del mundo; sino un demonio y un espíritu maligno. Sería más perdonable no creer en absoluto en Dios, que blasfemarlo con los atroces atributos de Calvino.”

Estas palabras fueron pronunciadas, en 1823, por el que fuera el tercer Presidente de los Estados Unidos, y el principal redactor de la Declaración de Independencia americana, el unitario (antitrinitario), deísta y filósofo liberal Thomas Jefferson.

Calvino entró, pues, en la época de la Modernidad, de la mano de algunos de sus mayores artífices, ocupando literalmente el papel de diablo. De hecho, durante siglos el Reformador había sido largamente demonizado por sus tradicionales adversarios católicos romanos y, en el bando protestante, por los arminianos. A ellos se sumaban entonces también los detractores provenientes de lo que ahora conocemos como liberalismo, tanto filosófico como teológico.

Desde que estas palabras de Jefferson fueron pronunciadas, en estos últimos y escasos doscientos años, hemos venido asistiendo a una lenta y en buena medida sorprendente recuperación de la figura del reformador Juan Calvino. Bien paradójicamente, saliendo poco a poco de su ancestral demonización, Calvino goza ahora incluso de cierta reputación, siendo aun señalado como uno de los precursores de la liberal civilización de la Modernidad, de la que la formación de los Estados Unidos de América sería uno de sus mayores hitos. Convertido en abuelo lejano de este país de talla mayúscula, hoy por hoy resulta bastante menos impropio reclamarse de Calvino en público que doscientos años atrás.

Esta recuperación de Calvino se ha extendido, también, hasta el ámbito teológico. Ello ha sido sobre todo fruto de las tareas de eminentes plumas neoliberales, de origen europeo pero que tuvieron durante el siglo XX una enorme repercusión en el protestantismo americano, como Philip Schaff o, sobre todo, Karl Barth. De hecho, hoy en día todavía es predominante la visión de un Calvino como teólogo barthiano por adelantado, enfrentado no solo a la escolástica medieval sino aun a la escolástica u ortodoxia re-formada posterior a él, manteniendo así, en esencia, el mismo espíritu libre de toda “atadura” dogmática que hoy día disfrutaríamos. Recuperación, pues, fruto, en buena medida, del quehacer de la escolástica neoliberal (que no, como es frecuentemente llamada, “neoortodoxa”) básicamente barthiana, escolástica que ha dominado en el gran mundo académico internacional durante la segunda mitad del pasado siglo XX.

A todo esto, y como dato hartamente significativo, esta lenta y progresiva rehabilitación de Calvino en todos los frentes para la Modernidad, ha ido a la par, durante esta misma Modernidad, de una devastadora pérdida de casi todo vestigio de ortodoxia doctrinal en las grandes iglesias reformadas y presbiterianas de Europa y Estados Unidos. Ello ha conllevado una no menos catastrófica mengua de la base social de dichas iglesias y la desaparición de toda relevancia religiosa y moral de dichas iglesias en el tiempo en que vivimos. Ciertamente, un hecho que bien invita a la reflexión.

En este río revuelto de visiones contradictorias, pues, cabe preguntarse acerca de la verdadera importancia y significado de la teología de Juan Calvino. ¿Qué representó la enseñanza del reformador de Ginebra en su día y qué representa esta para nosotros hoy? ¿Se trata simplemente de una escuela de pensamiento más dentro del protestantismo, este una más de las distintas versiones del cristianismo, el cual sería una más de las manifestaciones del espíritu religioso de la Humanidad? ¿Estamos abocados, en nuestros días de multiculturalismo triunfante, a considerar y presentar así la enseñanza de Calvino?

La tesis de este artículo es que la enseñanza de Juan Calvino representa, en su espíritu y en su letra, la mejor y más alta expresión de lo que fue la Reforma del siglo XVI. Profundizada por la siguiente generación de teólogos de la Reforma (conocida como la esco-lástica o la ortodoxia reformada), transmitida y codificada en las confesiones de fe de las Iglesias reformadas, el mantenimiento de la enseñanza del Reformador Calvino ha sido y representa hoy la preservación y proclamación, íntegramente y sin compromisos, del mensaje de la Reforma.

1. LA PERSONA Y LA OBRA DE CALVINO

No es exagerado afirmar que desde el tiempo de la Reforma hasta nuestros días, la figura de Calvino descuella como la del mayor teólogo que ha tenido la Iglesia cristiana, lo cual es indudablemente cierto al menos en el bando de la Reforma. Don valiosísimo de Cristo a su Iglesia, podemos incluso decir que desde entonces Calvino aparece como el prototipo de teólogo, tanto en lo que este ha de ser en cualidades, como en lo que ha de realizar en cuanto a obra.

En esta primera dimensión, Calvino reunía en sí mismo todas las cualidades que hacen al teólogo, aquellas que son necesarias para el estudio, exposición y proclamación de la Palabra de Dios a toda una generación. Comenzando por su maestría en su propio idio-ma, el francés, y también en la lengua de cultura de su tiempo, el latín; siguiendo por su vasto conocimiento de la cultura clásica o, por su formación en leyes, del ordenamiento jurídico medieval; su asombrosa erudición en la literatura patrística; su excelencia en las lenguas bíblicas, especialmente en el griego, aunque también mostrara un notable dominio del hebreo; su genio a la hora de sistematizar las doctrinas cristianas de una manera excepcional en su época; su expresión escrita elegante y precisa, pero tremenda-mente elocuente; su sólida predicación bíblica, que buscaba continuamente su aplicación en la vida de los oyentes y su culminación en la persona de Cristo, presentada siempre a sus oyentes, cosa destacable, en la manera de la predicación ex tempore más viva y comunicativa; estas cualidades, pues, presentes todas ellas en un grado excepcional en la misma persona, explica por qué la voz de Calvino transformó su propia generación y ha atravesado los siglos hasta hoy día. Si a ello sumamos una vida completamente entregada para la causa de la Reforma, habiendo sufrido en propias carnes el destierro o la pobreza, innumerables oposiciones y enemistades fuera y dentro de las filas de la Reforma, el acoso incesante de la enfermedad y la pérdida temprana de los suyos, además de su propia muerte en olor de santidad, entonces la figura de Calvino adquiere ante la Historia dimensiones verdaderamente colosales.

Asimismo, la obra teológica de Calvino es asombrosa por diversas razones. Primero, por su enorme fecundidad. La obra completa del Reformador comenzó a ser publicada en 1860 y se tardó cuarenta años en acabarla, y el resultado fue una colección de, nada menos, cincuenta y nueve voluminosos tomos. Uno no puede dejar de asombrarse, además, al considerar el contenido de esta su obra. Los volúmenes de sus obras completas están compuestos como sigue: las distintas ediciones de la Institución de la religión cristiana (volúmenes 1-4) , tratados teológicos (5-10) , epístolas (11-20), y comentarios y sermones (23-55). Si nos fijamos, pues, la producción teológica de Calvino se corresponde exactamente con el periplo de su ministerio de la Palabra al frente de la Iglesia de Ginebra. En su mayor parte, sus comentarios fueron el fruto de sus clases magistrales durante la semana, recogidos diligentemente por secretarios, de igual mane-ra que lo fueron sus predicaciones. Por otro lado, sus tratados teológicos, así como su sorprendente actividad epistolar, se corresponden siempre a las necesidades pastorales del momento, que van desde encuentros entre las iglesias de la Reforma, hasta las inter-minables polémicas y disputas a las que tuvo que hacer frente. Con todo lo vasta que ella es, puesto que cubrió prácticamente la totalidad de la Escritura y de la doctrina cristiana, su producción teológica termina aquí y no va más allá.

Por tanto, lo asombroso de la obra de Calvino es, al mismo tiempo que su fecundidad, podemos decir, también su humildad. Su obra teológica tiene un propósito y conoce unos límites. Es decir, con Calvino, la teología deja de ser un ejercicio académico la mayoría de las veces especulativo y sobre todo sin ninguna relación con la vida real de la Iglesia, que fue en lo que derivó en el período escolástico medieval, para volver a situarse en el área de acción del púlpito. Al volver a estar unida intrínsecamente al ministerio de la Palabra, la teología con Calvino es devuelta a la Escritura y ambas a la Iglesia, que es la depositaria de la Revelación de Dios y la responsable de vivirla. Y es de esta manera como se puede establecer un paralelo entre Calvino y los mayo-res Padres de la Iglesia antigua, a la que Calvino tanto admiraba.

En efecto, se puede perfectamente decir que la obra de Calvino recupera el carácter de la patrística, en el que la teología era una dimensión más del ministerio de la Palabra en la Iglesia, es decir, del ministerio pastoral. Por supuesto, que este carácter de su obra va ligado con una concepción de lo que la Iglesia es y lo que ella no debe dejar de ser nun-ca. En concreto, a la concepción medieval de la Iglesia como “madre de los creyentes” (la cual el Reformador acepta) Calvino añade el calificativo de “escuela”: “Mi intención es tratar aquí de la Iglesia visible, y por eso aprendamos ya de solo su título de madre qué provechoso y necesario nos es conocerla […]. Porque nuestra debilidad no sufre que se-amos despedidos de la escuela hasta que hayamos pasado toda nuestra vi-da como discípulos”. El profesor David C. Steinmetz explica en qué se traduce esta concepción de Calvino de la “Iglesia madre y maestra”:

“El ideal calvinista era situar a un glosador erudito en cada púlpito. La iglesia local vino a ser menos un espacio sagrado para la celebración de los misterios religiosos que una sala de asambleas para la educación teológica del pueblo laico. Los historiadores no deben sorprenderse de que el pastor en las iglesias reformadas a menudo fuera conocido como un anciano docente. La enseñanza se convirtió en la función central del ministro de la iglesia local en una iglesia que era tanto madre como escuela.”

Continuará …

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Deberes mutuos en el matrimonio 3

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5. ES DEBER DE ESPOSOS Y ESPOSAS AYUDARSE MUTUAMENTE:

Esto se aplica a los cuidados de la vida… El esposo nunca debe emprender algo  importante sin comunicárselo a su esposa, quien, por su parte, en lugar de sustraerse de las responsabilidades como consejera dejándolo a él solo con sus dificultades e incertidumbres, tiene que animarlo a comunicarle libremente todas sus ansiedades. Porque si ella no puede aconsejar, puede confortar. Si no puede quitarle las  preocupaciones, puede ayudarle a aguantarlas. Si no puede dirigir el curso de sus negocios, puede cambiar el curso de sus sentimientos. Si no puede valerse de ninguna fuente de sabiduría terrenal, puede presentar el asunto al Padre y Fuente de Luz. Muchos hombres, pensando en resguardar, por delicadeza, a sus esposas, no le cuentan sus dificultades, que no hace más que prepararlos para sufrir la carga de tiempos peores cuando estos llegan.

Y así como la esposa debiera estar dispuesta a ayudar a su esposo en cuestiones relacionadas con sus negocios, él debiera estar dispuesto a compartir con ella la carga de las ansiedades y las fatigas domésticas. Algunos se pasan de la raya y degradan totalmente a la cabeza femenina de la familia tratándola como si no pudiera confiar en su honestidad o habilidad para administrar el manejo del hogar.

Se guardan el dinero y lo comparten como si estuvieran dándoles su sangre, resintiendo cada centavo y exigiendo un rendimiento de cuentas tan rígido como si se tratara de un sirviente cuya honestidad sospecha. Se hacen cargo de todo, se meten e interfieren en todo. Esto es para despojarla a ella de su autoridad, quitarle el lugar que le corresponde para insultarla y rebajarla delante de sus hijos y los demás. Otros, por el contrario, se van al otro extremo y no ayudan en nada. Me ha dolido ver la esclavitud de algunas esposas devotas, trabajadoras y maltratadas. Después de trabajar todo el día sin parar para su joven y numerosa familia, han tenido que pasar las últimas horas del día solitarias, mientras sus esposos, en lugar de llegar a casa para alegrarse con su compañía o para darles aunque fuera media hora de respiro, andan en alguna fiesta o escuchando algún sermón. Y después, estas desafortunadas mujeres han tenido que despertar y quedarse en vela toda la noche para cuidar a un hijo que está enfermo o inquieto, mientras que el hombre al que aceptaron como compañero en las buenas y las malas duerme a su lado, negándose a sacrificar aunque sea una hora de descanso, para darles un poco de reposo a sus esposas agotadas. Hasta las criaturas irracionales avergüenzan a hombres como estos. Porque es bien sabido que el pájaro macho se turna para quedarse en el nido durante el periodo de incubación a fin de darle tiempo a la hembra a renovar sus fuerzas comiendo y descansando, y la acompaña en su búsqueda de alimento y alimenta a los pichones cuando pían.

Ningún hombre debiera pensar en casarse si no está preparado para compartir, hasta donde puede, la carga de las tareas domésticas con su esposa. 

Tienen que ayudarse mutuamente en todo lo que atañe a su vida espiritual. Esto lo implica claramente el Apóstol cuando dice:

“Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:17). Sean ambos inconversos o lo sea uno de ellos, debieran hacer cariñosos esfuerzos por procurar la salvación. ¡Qué triste es que disfruten juntos los beneficios del matrimonio y luego vayan juntos a la perdición eterna; ser consoladores mutuos sobre la tierra y luego atormentadores mutuos en el infierno; ser compañeros felices en el tiempo y compañeros de tormentos en la eternidad! Y donde ambas partes son creyentes auténticos, debe existir una demostración de una constante solicitud, atención y preocupación recíproca de su bienestar eterno… ¿Conversan juntos, como debieran, sobre los grandes temas de la redención en Cristo y la salvación eterna? ¿Prestan atención al estado de ánimo, los obstáculos, problemas y bajones en la devoción de su pareja a fin de poder aplicar remedios adecuados? ¿Se exhortan el uno al otro diariamente, no sea que se endurezcan por lo engañoso del pecado? ¿Ponen en práctica su fidelidad sin tratar de encontrar faltas y elogian sin adular? ¿Se alientan el uno al otro a participar de los medios públicos de gracia más edificantes y recomiendan la lectura de libros que encuentran  beneficiosos para sí mismos? ¿Son mutuamente transparentes acerca de lo que piensan sobre el tema de su religión personal y sus inquietudes, sus alegrías, sus temores, sus tristezas? ¡Ay, ay! ¿Quién no tiene que avergonzarse de sus descuidos en estos aspectos? Aún así, tal negligencia es tanto criminal como lo es usual. ¡Huimos de la ira que vendrá y no obstante no hacemos todo lo que podemos para ayudarnos el uno al otro en la huida! ¡Contender lado a lado por la corona de gloria, el honor, la inmortalidad y vida eterna y no obstante no hacer todo lo que podemos para asegurar el éxito mutuo! ¿Es esto amor? ¿Es esta la ternura del cariño conyugal?

Esta ayuda mutua ha de incluir también todas las costumbres relacionadas con el orden, la disciplina y devoción domésticos. Al esposo le corresponde ser el profeta, sacerdote y rey de la familia para guiar sus pensamientos, dirigir sus meditaciones y controlar sus temperamentos. Pero en todo lo que se relaciona a estos aspectos importantes, la esposa tiene que ser de un solo sentir con él. En estas cuestiones tienen que trabajar juntos, ninguno de los dos dejando que el otro sea el único que se esfuerza, y mucho menos oponerse o boicotear lo que se está tratando de lograr… No existe una escena más hermosa sobre la tierra que la de una pareja devota usando su influencia mutua y las horas juntos para alentarse el uno al otro a realizar actos de misericordia y benevolencia religiosa. Ni siquiera Adán y Eva, llenos de inocencia, presentaban ante los ojos de los ángeles un espectáculo más interesante que este mientras trabajaban en el Paraíso levantando las enredaderas o cuidando de las rosas de ese jardín santo.

6. REQUIERE SOLIDARIDAD MUTUA:

Una enfermedad puede requerir solidaridad, y las mujeres por naturaleza parecen tener la inclinación a enfermarse. “¡Oh mujer!… ¡Un ángel ministrador eres tú!”…Si pudiéramos arreglarnos sin ella y ser felices cuando gozamos de buena salud, ¿qué somos sin la presencia y la ayuda tierna de ella cuando estamos enfermos? ¿Podemos, como puede la mujer, acomodar la almohada sobre la cual el hombre enfermo apoya su cabeza? No. No podemos administrar las medicinas y los alimentos como puede ella. Hay una suavidad en su toque, una delicadeza en sus pasos, una habilidad en las cosas que arregla, una compasión en su mirada, que quisiéramos tener…

Tampoco es esta solidaridad un deber exclusivo de la esposa, sino que lo es de igual grado del esposo. Es cierto que este no puede brindarle a ella las mismas ayudas que ella a él. Pero sí puede hacer mucho, y lo que puede hacer, debe hacerlo… Maridos: Les insto a hacer uso de toda la habilidad y ternura del amor, para bien de sus esposas si se encuentran débiles y enfermas. Estén junto a su lecho, hablen con ellas, oren con ellas, esperen con ellas. En todas sus aflicciones, súfranlas ustedes también. Nunca desestimen sus quejas. Y, por todo lo sagrado en el afecto conyugal, les imploro que nunca, por sus expresiones de descontento o irritación, en estos momentos cuando son inusualmente sensibles, aumente su temor de que la enfermedad que les ha destruido la salud destruya también su cariño. ¡Ay! Evítenles el dolor de pensar que son una carga para ustedes. La crueldad del hombre que en estas circunstancias se muestra  indiferente y despectivo no tiene nombre… Un hombre así comete acciones asesinas sin recibir castigo, y en algunos casos, sin recibir ningún reproche, pero no siempre sin remordimiento.

Pero la solidaridad debiera ser puesta en práctica por el hombre y su esposa, no solo en casos de enfermedad, sino en todas sus aflicciones, sean o no personales. Han de compartir todas sus tristezas: como dos hilos unidos, la cuerda del dolor nunca debe sonar en el corazón de uno sin causar una vibración correspondiente en el corazón del otro. O como la superficie de un lago reflejando el cielo, tiene que ser imposible que uno esté tranquilo y feliz, mientras que el otro está agitado e infeliz. El corazón debiera responder al corazón y el rostro al rostro.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 7

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El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

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Deberes mutuos en el matrimonio 2

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3. EL DESEO MUTUO DE ESTAR EN LA COMPAÑÍA EL UNO DEL OTRO ES UN DEBER COMÚN DEL ESPOSO Y DE LA ESPOSA:

Están unidos para ser compañeros, para vivir juntos, para caminar juntos, para hablar juntos. La Biblia manda al esposo que viva con la esposa sabiamente (1 Ped. 3:7). “Esto”, dice el Sr. Jay, “significa residir, lo opuesto a ausentarse o tener carta blanca para irse a dónde quiera. Es absurdo que se casen los que no piensan vivir juntos, los que ya están casados no deben ausentarse de casa cuando no es necesario. Hay circunstancias de diversos tipos que sin duda hacen que las salidas ocasionales sean inevitables, pero vuelva el hombre a su casa en cuanto terminó su diligencia. Que salga siempre con las palabras de Salomón en su mente. ‘Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.’ (Prov. 27:8). ¿Puede el hombre, no estando en su casa, cumplir los deberes que le corresponden cuando está allí? ¿Puede disciplinar a sus hijos? ¿Puede mantener el culto a Dios con su familia? Sé que es la responsabilidad de la esposa dirigir el culto familiar en la ausencia de su esposo; y no debe tomarlo como una cruz, sino como un privilegio temporal. No obstante, pocas son las que tienen esta actitud, y por eso uno de los santuarios de Dios durante semanas y meses enteros se mantiene cerrado. Lamento tener que decir que hay maridos que parecen preferir la compañía de cualquiera que no sea su esposa. Se nota en cómo usan sus horas libres. ¡Qué pocas son dedicadas a la esposa! Las noches antes de ir a dormir son las horas más hogareñas del día. A estas, la esposa tiene un derecho particular, ya está libre de sus numerosas obligaciones para poder disfrutar de la lectura y la conversación. Es triste cuando el esposo prefiere pasar estas horas fuera de casa. Implica algo malo y predice algo peor”.

Para asegurar en lo posible la compañía de su esposo en su propia casa, sea la esposa cuidadosa de su casa (Tit. 2:5) y haga todo lo que pueda para ser todo lo atractiva que el buen humor, la pulcritud, la alegría y la conversación amena permitan. Procure ella hacer de su hogar en lugar apacible donde le encante a él reposar en las delicias hogareñas…

Unidos, entonces, para ser compañeros, estén el hombre y su esposa juntos todo el tiempo posible. Algo anda mal en la vida familiar cuando necesitan bailes, fiestas, teatro y jugar a las cartas para aliviarles del tedio de las actividades hogareñas. Doy gracias a Dios que no tengo que valerme de los centros de recreación para estar contento, ni tengo que huir de la comodidad de mi propia sala y de la compañía de mi esposa, ni del conocimiento y la recreación que brinda una biblioteca bien organizada o de una caminata nocturna por el campo cuando hemos terminado las tareas del día. A mi modo
de ver, los placeres del hogar y de la compañía de seres queridos, cuando el hogar y esa compañía son todo lo que uno pudiera desear, son tal que uno no necesita cambios, sino que va pasando de un rato agradable a otro. Suspiro y anhelo, quizá en vano, por un tiempo cuando la sociedad sea tan elevada y tan pura, cuando el amor al conocimiento sea tan intenso y las costumbres tan sencillas, cuando la religión y la moralidad sean tan generalizadas que el hogar de los hombres sea la base y el círculo de sus placeres; cuando en la compañía de una esposa afectuosa e inteligente y de hijos bien educados, cada uno encuentre su máximo bienestar terrenal y cuando, para ser feliz, ya no sea necesario salir de su propia casa para ir a la sala de baile, a un concierto o al teatro, ni preferir irse de una mesa con abundante comida, a un banquete público para satisfacer su apetito. Entonces ya no tendríamos que comprobar que las diversiones públicas son inapropiadas porque serían innecesarias…

4. OTRO DEBER ES LA PACIENCIA MUTUA:

Esto se lo debemos a todos, incluyendo al extraño o al enemigo. Con más razón a nuestro amigo más íntimo. Porque el amor que “es sufrido, [que] es benigno; el amor [que] no tiene envidia, el amor [que] no es jactancioso, [que] no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. [Que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:4-7). Es un amor indispensable y tiene que tener su lugar en cada relación de la vida. En dondequiera que haya pecado o imperfecciones, hay lugar para la paciencia del amor. En esta tierra no existe la perfección. Es cierto que los amantes a menudo creen que la han encontrado, pero un criterio más sobrio de esposo y esposa generalmente corrige este error. Las primeras impresiones de este tipo por lo general pasan con el primer amor. Hemos de contraer matrimonio recordando que estamos por unirnos a una criatura caída… El afecto no prohíbe sino que en realidad demanda que mutuamente nos señalemos las faltas. Pero esto debe hacerse con toda la mansedumbre de la sabiduría, junto con la ternura del amor, no sea que solo aumentemos el mal que tratamos de corregir o lo sustituyamos por uno peor…

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

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Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 4

Blog101D

Ahora, destaquemos para beneficio de los lectores jóvenes algunas de las características por las cuales se puede identificar una pareja consagrada e idónea.

Primero, la reputación: un hombre bueno por lo general tiene un buen nombre (Prov. 22:1). Nadie puede acusarlo de pecados patentes.

Segundo, el semblante: nuestro aspecto revela nuestro carácter, y es por eso que las Escrituras hablan de “miradas orgullosas” y “miradas lascivas”, “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa. 3:9).

Tercero, lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26).

Cuarto, la ropa: la mujer modesta se conoce por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar o llamativa, el corazón es vanidoso. Quinto, la gente con quien anda: Dios los cría y ellos se juntan: se puede conocer a una persona por las personas con quien se asocia.

Quizá no vendría mal una advertencia. No importa con cuánto cuidado y oración uno elige su pareja, su matrimonio nunca será perfecto. No que Dios no la haya hecho perfecto, sino que, desde entonces el hombre ha caído, y la caída ha estropeado todo. Puede ser que la manzana siga siendo dulce, pero tiene un gusano adentro. La rosa no ha perdido su fragancia, pero tiene espinas. Queramos o no, en todas partes leemos de la ruina que causa el pecado. Entonces no soñemos de esa persona perfecta que una imaginación enferma inventa y que los novelistas describen. Aun los hombres y mujeres más consagrados tienen sus fallas, y aunque son fáciles de sobrellevar cuando existe un amor auténtico, de igual manera hay que sobrellevarlas.

Agreguemos algunos comentarios breves sobre la vida familiar de la pareja casada. Obtendrás luz y ayuda aquí si tienes en cuenta que el matrimonio es usado como un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. Esto, pues, incluye tres cosas.

Primero, la actitud y las acciones del esposo y la esposa tienen que ser reguladas por el amor. Ese es el vínculo que consolida la relación entre el Señor Jesús y su esposa; un amor santo, un amor sacrificado, un amor perdurable que nunca puede dejar de ser. No hay nada como el amor para hacer que todo marche bien en la vida diaria del hogar. El esposo tiene con su pareja la misma relación que el Redentor con el redimido, y de allí la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25), con un amor fuerte y constante, buscando siempre el bien para ella, atendiendo sus necesidades, protegiéndola y manteniéndola, aceptando sus debilidades, “dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7).

Segundo, el liderazgo del esposo. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23). A menos que esta posición dada por Dios se observe, habrá confusión. El hogar tiene que tener un líder, y Dios ha encargado su dirección al esposo, haciéndolo responsable del orden en su administración. Se perderá mucho si el hombre cede el gobierno a su esposa. Pero esto no significa que la Biblia le da permiso para ser un tirano doméstico, tratando a su esposa como una sirvienta: su dominio debe ser llevado a cabo con amor hacia la que es su consorte. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas” (1 Ped. 3:7). Busquen su compañía cuando haya acabado la labor del día…

Tercero, la sujeción de la esposa. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Hay una sola excepción en la aplicación de esta regla: cuando el esposo manda lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios manda. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5). ¡Ay, qué poca evidencia de este “adorno” espiritual hay en la actualidad! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6). La sujeción voluntaria y amorosa hacia el marido por respeto a la autoridad de Dios es lo que caracteriza a las hijas de Sara. Donde la esposa se niega a someterse a su esposo, es seguro que los hijos desobedecerán a sus padres ––quien siembra vientos, recoge tempestades…

De “Marriage – 13:4) en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de
Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La
soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y
muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más
adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 4

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Evangelización en Ginebra

Calvino no limitó la predicación a su propia congregación. También la usó como una herramienta para extender la Reforma por toda la ciudad de Ginebra. Los domingos, las Ordenanzas de Ginebra demandaban sermones en cada una de las tres iglesias al amanecer y a las 9 de la mañana. A mediodía, los niños iban a clase de catecismo. A las 3 de la tarde se volvían a predicar sermones en cada iglesia.

Los sermones de entre semana eran programados a diferentes horas en las tres iglesias los lunes, miércoles y viernes. Para la época en que Calvino murió, se predicaba un sermón en cada iglesia todos los días de la semana.

Aun esto no era suficiente. Calvino quería reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada iglesia debía ofrecer:

1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Be-za, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.

2. Disciplina. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores pata mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la iglesia y sus líderes.

3. Caridad. Los diáconos de cada iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomu-nión para ejercer la disciplina de la iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino sobre Ginebra fue casi completo.

Calvino quería algo más que reformar Ginebra, sin embargo. Quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo para el reinado de Cristo por todo el mundo. De hecho, la reputación e influencia de la comunidad ginebrina se extendió a la vecina Francia; después, a Escocia, Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, y regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La iglesia ginebrina se convirtió en un modelo para todo el movimiento reformado.

La Academia de Ginebra también asumió un papel de crucial importancia, puesto que pronto se convirtió en algo más que un lugar para aprender teología. En John Calvin: Director of Missions, Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre de marfil teológica que vivía para y por sí misma, olvidada de su responsabilidad en el Evangelio, para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y peligros que les esperaban, para llevar la luz del Evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres.”

Influido por la Academia, Juan Knox llevó la doctrina evangélica de vuelta a su Escocia natal. Los ingleses fueron preparados para conducir la causa en Inglaterra; los italianos tuvieron lo que necesitaban para enseñar en Italia; y los franceses (que formaban la gran mayoría de refugiados) extendieron el calvinismo a Francia. Inspirada por la visión verdaderamente ecuménica de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo desde el que la evangelización se extendió por todo el mundo. Según el Registro de la Compañía de Pastores, ochenta y ocho hombres fueron enviados entre 1555 y 1562 desde Ginebra a diferentes lugares del mundo. Estas cifras, lamentablemente, están incompletas. En 1561, que parece haber sido el año cumbre de la actividad misionera, solo está registrado el envío de doce hombres, mientras que otras fuentes indican que casi doce veces este número —no menos de 142— salieron en sus respectivas misiones.

Esto es un logro asombroso para una obra que comenzó con una pequeña iglesia que luchaba en una diminuta ciudad-repúbli-ca. Sin embargo, el propio Calvino reconoció el valor estratégico de la obra. Escribió a Bullinger: “Cuando considero cuán importante es este rincón [de Ginebra] para la propagación del Reino de Cristo, tengo buena razón para preocuparme por que se vigile con diligencia”.

En un sermón sobre 1 Timoteo 3:14, Calvino predicó: “Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le ado-ren en verdad”.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 3

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CONSIDEREMOS AHORA LA ELECCIÓN DE NUESTRA PAREJA.

Primero,  la persona seleccionada para ser nuestra pareja de por vida no puede ser unpariente cercano que la ley divina prohíbe (Lev. 18:6-17).

Segundo, el matrimonio debe ser entre cristianos. Desde el principio, Dios ordenó que “un pueblo que vive apartado, que no se cuente entre las naciones” (Núm. 23:9, NVI).La ley para Israel en relacióncon los cananeos era: “Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo” (Deut. 7:3 y ver Jos. 23:12). Con cuánta más razón entonces, requiere Dios la separación entre los que son su pueblo por un vínculo espiritual y celestial y los que solo tiene una relación carnal y terrenal con él. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14)…

Hay solo dos familias en este mundo: los hijos de Dios y los hijos del diablo (1 Juan 3:10). Entonces, ¡si una hija de Dios se casa con un hijo del maligno, ella pasa a ser la nuera de Satanás! ¡Si un hijo de Dios se casa con una hija de Satanás, se convierte en el yerno del diablo! Con este paso tan infame, se forma una afinidad entre uno que pertenece el Altísimo y uno que pertenece a su archienemigo. “¡Lenguaje extraño!” Sí, pero no demasiado fuerte. ¡Ay la deshonra que tal unión le hace a Cristo! ¡Ay la cosecha amarga de tal siembra! En cada caso, es el pobre creyente el que sufre… Como sufriría un atleta que se amarra a una roca pesada y después espera ganar una carrera, así sufriría el que quiere progresar espiritualmente después de casarse con alguien del mundo.

Para el lector cristiano que contempla la perspectiva de comprometerse para casarse, la primera pregunta para hacer ante la presencia del Señor tiene que ser: ¿Será esta unión con un inconverso? Porque si tiene usted realmente conciencia de la diferencia inmensa que Dios, en su gracia, ha establecido en su corazón y su alma y aquellos que ––aunque atractivos físicamente–– permanecen en sus pecados, no tendrá ninguna dificultad en rechazar cualquier sugerencia y propuesta de hacer causa común con ellos. Es usted “la justicia de Dios” en Cristo mientras que los no creyentes son “inicuos”. Usted es “luz en el Señor” mientras que ellos son tinieblas. Usted ha sido trasladado al reino del Hijo amado de Dios, mientras que todos los inconversos se encuentran bajo el poder de Belial. Usted es el hijo de paz, mientras que todos los inconversos son “hijos de ira”. Por lo tanto: “Apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré” (2 Cor. 6:17).

El peligro de formar una alianza así aparece antes del matrimonio o aun antes del compromiso matrimonial, cosa que ningún creyente verdadero consideraría seriamente a menos que hubiera perdido la dulzura de la comunión con el Señor. Tiene que haber un apartarse de Cristo antes de poder disfrutar de la compañía de los que están enemistados con Dios, y cuyos intereses se limitan a este mundo. El hijo de Dios que está guardando su corazón con diligencia (Prov. 4:23) no disfrutará, no puede disfrutar de una amistad cercana con el no regenerado. Ay, con cuánta frecuencia es el buscar o aceptar una amistad cercana con no creyentes el primer paso que lleva a apartarse de Cristo. El sendero que el cristiano está llamado a tomar es realmente uno angosto, pero si intenta ampliarlo o dejarlo por un camino más ancho, lo hará violando la Palabra de Dios y para su propio e irreparable perjuicio.

Tercero,casarse… con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39) va mucho más allá que prohibir casarse con un no creyente. Aun entre los hijos de Dios hay muchos que no serían compatibles. Una cara linda es atractiva, pero oh cuán vano es basar en algo tan insignificante aquello que es tan serio. Los bienes materiales y la posición social tienen su valor, pero qué vil y degradante es dejar que controlen una decisión tan seria. ¡Oh, cuánto cuidado y oración necesitamos para regular nuestros sentimientos! ¿Quién entiende cabalmente el temperamento que coincidirá con el mío, que podrá soportar pacientemente mis faltas, corregir mis tendencias y ser realmente una ayuda en mi anhelo de vivir para Cristo en este mundo? ¡Cuántos hacen una magnífica impresión al principio, pero terminan siendo un desastre! ¿Quién sino Dios mi Padre puede protegerme de las muchas maldades que acosan al desprevenido?

“La mujer virtuosa es corona de su marido” (Prov. 12:4). Una esposa consagrada y competente es lo más valioso de todas las bendiciones temporales de Dios; ella es el favor especial de su gracia. “La esposa inteligente es un don del Señor” (Prov. 19:14, NVI) y el Señor requiere que busquemos definitiva y diligentemente una así (ver Gén. 24:12). No basta que tengamos la aprobación de amigos de confianza y de nuestros padres, por más valioso y necesario que esto sea (generalmente) para nuestra felicidad, porque por más
interesados que estén por nuestro bienestar, su sabiduría no es suficiente. Aquel que estableció la ordenanza tiene que ser nuestra prioridad si esperamos contar con su bendición sobre nuestro matrimonio. Ahora bien, la oración nunca puede tomar el lugar del cumplimiento de nuestras responsabilidades; el Señor requiere que seamos cuidadosos y discretos y que nunca actuemos apurados y sin reflexionar…

El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Prov. 18:22). “Halla” implica una búsqueda. A fin de guiarnos en esto, el Espíritu Santo nos ha dado dos reglas o calificaciones. Primero, consagración, porque nuestra pareja tiene que ser como la esposa de Cristo, pura y santa. Segundo, adecuada, una “ayuda idónea para él” (Gén. 2:18), que muestra que una esposa no puede ser una “ayuda” a menos que sea “idónea”, y para ello tiene que tener mucho en común con su pareja. Si el esposo es un obrero, sería una locura que escogiera una mujer perezosa; si es un hombre erudito, una mujer sin conocimientos sería muy inadecuada. La Biblia llama “yugo” al matrimonio, y los dos no pueden tirar parejo si todo el peso cae sobre uno solo, como el caso de que alguien débil y enfermizo fuera la pareja escogida.

Continuara …

De “Marriage – 13:4” en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 3

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Evangelización en la congregación

Con demasiada frecuencia, hoy día pensamos en la evangelización solo como la obra regeneradora del Espíritu y la consecuente recepción de Cristo del pecador por la fe. En esto, rechazamos el acento que pone Calvino en la conversión como un proceso continuo que afecta a toda la persona.

Para Calvino, la evangelización implicaba una continua llamada autoritativa al creyente a ejercitar la fe y el arrepentimiento en el Cristo crucificado y resucitado. Esta convocatoria es un compromiso de por vida. La evangelización significa presentar a Cristo para que la gente, por el poder del Espíritu, venga a Dios en Cristo. Pero también significa presentar a Cristo para que el creyente sirva a Cristo como Señor en la comunión de su Iglesia y en el mundo. La evangelización demanda edificar a los creyentes en la fe más santa, según los cinco principios de la Reforma: sola Escritura, sola gracia, sola fe, solo Cristo, sola gloria de Dios.

Calvino fue un notable practicante de este tipo de evangelización dentro de su propia congregación. Su evangelización comenzó con la predicación. William Bouwsma escribe: “Predicó regular y frecuentemente sobre: el Antiguo Testamento los días entre semana a las seis de la mañana (a las siete en invierno), cada dos semanas; el Nuevo Testamento los domingos por la mañana; y los Salmos los domingos por la tarde. Durante su vida predicó, con este programa, unos 4000 sermones tras su regreso a Ginebra: más de 170 sermones al año”. La predicación era tan importante para Calvino que, cuando estaba repasando los logros de su vida en su lecho de muerte, mencionó sus sermones antes que sus escritos.

La intención de Calvino al predicar era tanto evangelizar como edificar. Predicaba sobre un promedio de cuatro o cinco versículos del Antiguo Testamento y dos o tres versículos del Nuevo Testamento. Consideraba una pequeña porción del texto cada vez, primero explicando el texto y, después, aplicándolo a las vidas de su congregación. Los sermones de Calvino jamás fueron breves en la aplicación; antes bien, la aplicación era a menudo más larga que la exposición en sus sermones. Los predicadores deben ser como padres, escribió, “partiendo el pan en pedacitos para dar de comer a sus hijos”.

También era sucinto. El sucesor de Calvino, Teodoro de Beza, dijo de la predicación del Reformador: “Cada palabra pesaba una libra”. Calvino frecuentemente instruía a su congregación sobre cómo escuchar un sermón. Les decía qué buscar en la predicación, con qué espíritu debían escuchar y cómo debían escuchar. Su objetivo era ayudar a la gente a participar del sermón tanto como pudieran, de modo que este alimentara sus almas. Venir a un sermón, dijo Calvino, debería incluir “deseo de obedecer a Dios completamente y sin reserva”.” “No hemos venido a la predicación simplemente a oír lo que no sabemos”, añadió Calvino, “sino a ser incitados a hacer nuestro deber”.

Calvino también se dirigió a las personas no salvas a través de su predicación, inculcándoles la necesidad de fe en Cristo y lo que esto significaba. Calvino dejó claro que no creía que todos los de su grey fueran salvos. Aunque caritativo para con los miembros de la iglesia que llevaban una vida externa recomendable, también se refirió más de treinta veces en sus comentarios y nueve veces en su Institución (solo contando las referencias entre 3.21 y 3.24) al pequeño número de aquellos que recibían la Palabra predicada con fe salvífica. “De cien personas que oyen el mismo sermón, veinte lo aceptarán con pronta fe, y las demás no harán caso de él; se reirán de él, lo rechazarán y condenarán”, dice Calvino. Escribe: “Pues, aunque todos sin excepción a quienes se predica la Palabra de Dios son enseñados, apenas hay uno entre diez que llegue a gustarla; mejor dicho, apenas hay uno entre cien que se beneficie al punto de ser capacitado a proceder por vía recta hasta el final”.

Para Calvino, las tareas más importantes de evangelización eran edificar a los hijos de Dios en la fe más santa, y convencer a los incrédulos de la abominación del pecado y dirigirlos a Jesucristo como el único Redentor.

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 2

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Así como Dios el Padre honró la institución del matrimonio, también lo hizo Dios el Hijo.

Primero: por haber “nacido de mujer”(Gál. 4:4). Segundo: por sus milagros, porque su primera señal sobrenatural fue en la boda en Caná de Galilea (Juan 2:8), donde transformó el agua en vino, sugiriendo que si Cristo está presente en la boda de usted (es decir, si se “casa en el Señor”) su vida será gozosa o bendecida.

Tercero: por sus parábolas, porque comparó el reino de Dios con un matrimonio (Mat. 22:2) y la santidad con un “vestido de boda” (Mat. 22:11). Lo mismo hizo en sus enseñanzas. Cuando los fariseos trataron de tenderle una trampa con el tema del divorcio, dio su aprobación oficial al orden original, agregando “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mat. 19:4-6).
La institución del matrimonio también ha sido honrada por el Espíritu Santo: Porque la usó como un ejemplo de la unión que existe entre Cristo y la iglesia: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.

Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef. 5:31-32). La Biblia compara repetidamente la relación entre el Redentor y el redimido con la que existe entre un hombre y una mujer casados: Cristo es el “Esposo” (Isa. 54:5), la iglesia es la “esposa” (Apoc. 21:9). “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo” (Jer. 3:14). Así que cada persona de la bendita Trinidad ha puesto su sello de aprobación sobre el estado matrimonial.

No hay duda de que en el matrimonio verdadero, cada parte ayuda de igual manera a la otra, y en vista de lo que he señalado anteriormente, cualquiera que se atreve a creer o enseñar otra doctrina o filosofía lo hace en contra del Altísimo. No es que esto establezca la regla absoluta de que todos los hombres y todas las mujeres están obligados a contraer matrimonio: puede haber buenas y sabias razones para vivir solos y motivos adecuados para quedarse solteros física y moralmente, doméstica y socialmente. No obstante, la soltería debe ser considerada… la excepción en lugar de lo ideal. Cualquier enseñanza que lleve a los hombres y a las mujeres a pensar en el matrimonio como una esclavitud y el sacrificio de toda independencia o que considera que ser esposa y ser madre es algo desagradable que interfiere con el destino más importante de la mujer, cualquier sentimiento público que sugiere el celibato como algo más deseable y honroso o que sustituye cualquier otra cosa por el matrimonio y el hogar, no solo contradice la ordenanza de Dios sino que abre la puerta a crímenes indescriptibles y amenaza el fundamento mismo de la sociedad.

ES LÓGICO PENSAR QUE EL ESTABLECIMIENTO DEL MATRIMONIO TIENE QUE TENER SUS RAZONES.

Las Escrituras dan tres:
Primero, procrear hijos: Este es el propósito obvio y normal. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén 1:27), no ambos hombres o ambos mujeres, sino una hombre y una mujer. Para que esto fuera claro y no diera pie a equivocaciones, Dios dijo: “Fructificad y multiplicaos” (1:28). Por esta razón, a esta unión se la llama “matrimonio” lo cual significa maternidad, porque es el resultado de que vírgenes lleguen a ser madres. Por lo tanto, es preferible contraer matrimonio en la juventud, antes de haber pasado la flor de la vida: dos veces leemos en las Escrituras acerca de “la mujer de tu juventud” (Prov. 5:18; Mal. 2:15). Hemos destacado que tener los hijos es una finalidad “normal” del matrimonio; no obstante, hay momentos especiales que causan una “angustia” aguda como la que indica 1 Corintios 7:29.

Segundo, el matrimonio fue concebido como una prevención contra la inmoralidad: “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Cor 7:2). Si alguno fuera exento, se supone que serían los reyes a fin de evitar que no tuvieran un sucesor al trono por la infertilidad de su esposa; no obstante, al rey se le prohíbe tener más de una esposa (Deut. 17:17), demostrando que el hecho de poner en peligro la monarquía no es suficiente razón para justificar el pecado del
adulterio. Por esta razón, a la prostituta se la llama “mujer extraña” (Prov. 2:16), mostrando que debiera ser una extraña para nosotros; y a los niños nacidos fuera del matrimonio, se los llama “bastardos” los cuales bajo la Ley eran excluidos de la congregación del Señor (Deut. 23:2).

El tercer propósito del matrimonio es evitar la soledad: Esto es lo que quiere decir “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18), como si el Señor estuviera diciendo: “Esta vida sería tediosa e infeliz si al hombre no se le diera una compañera”. “¡Ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Ecl. 4:10). Alguien ha dicho: “Como una tortuga que ha perdido su pareja, como una pierna cuando amputaron la otra, como un ala cuando la otra ha sido cortada, así hubiera sido el hombre si Dios no le hubiera dado una mujer”. Por lo tanto, Dios unió al hombre y a la mujer para compañía y bienestar mutuo, de modo que los cuidados y temores de esta vida fueran mitigados por el optimismo y la ayuda de su pareja.

Continuara …

De “Marriage – 13:4” en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 2

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Según Calvino, esta unión de soberanía divina y responsabilidad humana en la evangelización ofrece las siguientes lecciones:

1. Como evangelizadores reformados, debemos orar cada día por la extensión del Reino de Cristo. Como dice Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo“. Puesto que place a Dios usar nuestras oraciones para cumplir sus propósitos, debemos orar por la conversión de los paganos. Escribe Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo, las multiplique y aumente en número, las enriquezca con sus dones, y establezca en ellas buen orden“. Mediante la oración diaria de que venga el Reino de Dios, “nos confesamos siervos e hijos de Dios profundamente comprometidos con su reputación“.

2. No nos debemos desalentar por la falta de un éxito visible en el esfuerzo evangelizador, sino seguir orando. “Nuestro Señor ejercita la fe de sus hijos no cumpliendo enseguida las cosas que les ha prometido. Y esto debiera aplicarse especialmente al Reino de nuestro Señor Jesucristo“, escribe Calvino, “Si Dios deja pasar un día o un año [sin dar fruto], no es para que nos rindamos sino que, entretanto, debemos orar y no dudar de que de cierto oyen nuestra voz“. Debemos seguir orando, creyendo que “Cristo manifiestamente ejercitará el poder que le es dado para nuestra salvación y para la de todo el mundo“.

3. Debemos trabajar con diligencia para la extensión del Reino de Cristo, sabiendo que nuestro trabajo no será en vano. Nuestra salvación nos obliga a trabajar por la salvación de los demás. Dice Calvino: “Somos llamados por el Señor con esta condición: que, después, todos nos esforcemos por llevar a los demás la Verdad, restaurar a los errantes al camino derecho, tender una mano ayudadora a los caídos, ganar a los que están afuera”. Además, no es suficiente con que todos estén ocupados con otras formas de servir a Dios. “Nuestro celo debe extenderse aún más allá para traer a otros hombres“. Debemos hacer todo aquello de que seamos capaces para llevar a Dios a todos los hombres sobre la tierra. Hay muchas razones por las que debemos evangelizar. Calvino nos ofrece las siguientes:

Dios nos manda a hacerlo. “Deberíamos recordar que el evangelio es predicado no solo por el mandato de Cristo, sino también por su instancia y guía”.

Dios nos guía por el ejemplo. Al igual que el Dios de gracia que buscó nuestro favor, debemos tener ” las manos tendidas como Él, hacía los que están fuera” de nosotros.

Queremos glorificar a Dios los verdaderos cristianos anhelan extender la verdad de Dios por todas partes para que “Dios sea glorificado”.

Queremos complacer a Dios como escribe Calvino, “es un sacrificio grato a Dios contribuir a la difusión del evangelio”. A cinco estudiantes que fueron sentenciados a muerte por predicar en Francia, Calvino escribió: “Viendo que [Dios] emplea vuestra vida en una causa tan digna como es el testimonio del evangelio, no dudéis que le debe de ser preciosa”.

Tenemos un deber parta con Dios. “Es muy justo que trabajemos […] para contribuir para el progreso del evangelio”, dice Calvino, “es nuestro deber proclamar la bondad de Dios a toda nación”.

Tenemos un deber para con nuestro prójimo pecador. Nuestra compasión para con los pecadores debería intensificarse por el conocimiento de que “no es posible que nadie invoque sinceramente a Dios, excepto aquellos de quienes su clemencia y bondad es conocida por la predicación del evangelio”. En consecuencia, todo encuentro con otros seres humanos debería motivarnos a llevarlos al conocimiento de Dios.

Le estamos agradecidos a Dios. Aquellos que están en deuda con la misericordia de Dios están obligados a convertirse, al igual que el Salmista, en “pregonero de la gracia de Dios” a todos los hombres.” Si la salvación es posible para mí, gran pecador, también es posible para otros. Debo a Dios esforzarme por la salvación de los demás. Si no lo hago, soy una contradicción. Como dice Calvino: “Nada podría ser más incoherente respecto a la naturaleza de la fe que aquella pasividad que lleva a un hombre a despreocuparse de sus hermanos y guardar la luz del conocimiento […] en su propio seno“. Debemos, por gratitud, llevar el Evangelio a otros que están en apuros, o parecer a Dios ingratos de nuestra salvación. Calvino nunca asumió que la tarea misionera fuese completada por los Apóstoles. En su lugar, enseñó que todo cristiano debe testificar, de palabra y hecho, de la gracia de Dios a todo aquel con quien se encuentre. La afirmación de Calvino del sacerdocio de todos los creyentes implica la participación de la Iglesia en el ministerio profético, sacerdotal y real de Cristo. Comisiona a los creyentes que confiesen el nombre de Cristo a otros (tarea profética), oren por su salvación (tarea sacerdotal) y los hagan discípulos (tarea real). Esta es la base para una poderosa actividad evangelizadora por parte de toda la Iglesia viviente, “hasta los confines del mundo“.

Calvino creía que debemos hacer pleno uso de las oportunidades que Dios da para evangelizar. “Cuando se presenta una oportunidad para la edificación, deberíamos darnos cuenta de que una puerta nos ha sido abierta por la mano de Dios para que introduzcamos a Cristo en ese lugar, y no deberíamos negarnos a aceptar la generosa invitación que Dios, de este modo, nos da“, escribe.

Por otro lado, cuando las oportunidades son restringidas y las puertas de la evangelización están cerradas a nuestro testimonio, no deberíamos persistir en intentar hacer lo que no puede hacerse. Antes bien, deberíamos orar y buscar otras oportunida-des. “La puerta está cerrada cuando no hay esperanza de éxito. [Entonces], tenemos que tomar un camino diferente en lugar de agotarnos con vanos esfuerzos por atravesarla“, escribe Calvino.

Las dificultades para testificar no son una excusa para dejar de intentarlo, sin embargo. A aquellos que sufrían severas restricciones y persecuciones en Francia, Calvino escribió: “Esfuércense todos por atraer y ganar para Jesucristo a los que puedan“. “Todo hombre debe cumplir con su deber sin rendirse ante ningún impedimento. Al final, nuestro esfuerzo y nuestras obras no fracasarán; obtendrán el éxito que aún no aparece“.

Examinemos la práctica evangelizadora de Calvino en su propia congregación, en su ciudad de Ginebra, en Europa (particularmente en Francia) y en esfuerzos misioneros allende los mares (particularmente en Brasil).

Continuará …

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LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO

 

Blog101

ASÍ como Dios ha entretejido los huesos, los tendones, los nervios y el resto del cuerpo para darle fuerza, ha ordenado la unión del hombre y la mujer en matrimonio para fortalecer sus vidas, porque “mejores son dos que uno” (Ecl. 4:9). Por lo tanto, cuando Dios hizo a la mujer para el hombre, dijo: “Le haré ayuda idónea para él” (Gén. 2:18), demostrando que el hombre se beneficia por tener una esposa. Que esto no sea siempre así en la realidad puede atribuirse a que no se obedecen los preceptos divinos. Como este es un tema de vital importancia, creemos oportuno presentar un bosquejo general de las enseñanzas bíblicas sobre el tema, especialmente para beneficio de los jóvenes lectores, aunque esperamos poder incluir cosas que también sean provechosas para los mayores.

Quizá sea una afirmación trillada, pero no de menos importancia por haber sido dicha tantas veces, que con la excepción de la conversión personal, el matrimonio es el evento más trascendental de todos los eventos terrenales en la vida del hombre y la mujer. Forma un vínculo de unión que los une hasta la muerte. El vínculo es tan íntimo que les endulza o amarga la existencia el uno al otro. Incluye circunstancias y consecuencias que tienen un alcance eterno. Qué esencial es, entonces, que tengamos la bendición del cielo sobre un compromiso de tanto valor, y para este fin, qué absolutamente necesario es que lo sometamos a Dios y a su Palabra. Mucho, mucho mejor es permanecer solteros hasta el fin de nuestros días que contraer matrimonio sin la bendición divina. Los anales de la historia y la observación dan fe de la verdad de esta afirmación.

Aun aquellos que no ven más allá que la felicidad temporal humana y el bienestar de la sociedad reconocen la gran importancia de nuestras relaciones domésticas que nos brinda la naturaleza y que aun nuestros deseos y debilidades cimentan. No podemos formar un concepto de virtud o felicidad social ni de la sociedad humana misma que no tenga a la familia como su fundamento. No importa lo excelente que sean la constitución y las leyes de un país, ni lo abundante de sus recursos y su prosperidad, no existe una base segura para un orden social o de virtud pública al igual que privada hasta no contar con la regulación sabia de sus familias. Después de todo, una nación no es más que la suma total de sus familias y a menos que haya buenos maridos y esposas, padres y madres, hijos e hijas, no puede haber buenos ciudadanos. Por lo tanto, la decadencia actual de la vida de hogar y la disciplina familiar amenazan la estabilidad de la nación más que pudiera hacerlo cualquier hostilidad de otro país.

En efecto, el concepto bíblico de los distintos deberes de los integrantes de una familia cristiana destaca los efectos de esta decadencia de una manera muy alarmante, ya que deshonran a Dios, son desastrosos para la condición espiritual de las iglesias y están levantando obstáculos muy serios para el avance del evangelio. No hay palabras para expresar lo triste que es ver que los que profesan ser cristianos son mayormente los responsables de la caída de las normas maritales, del no darle importancia a las relaciones domésticas y de la rápida desaparición de disciplina familiar.

Entonces, como el matrimonio es la base del hogar o sea la familia, es imprescindible que llame a mis lectores a considerar seriamente y con espíritu de oración lo que Dios ha revelado acerca de este tema de vital importancia. Aunque no podemos esperar detener la terrible enfermedad que está carcomiendo el alma misma de nuestra nación, si Dios tiene a bien que este artículo sea de bendición aunque sea a algunos, nuestra labor no habrá sido en vano. Empezaré destacando la excelencia del matrimonio: “honroso sea… el matrimonio”, dice nuestro texto, y lo es, ante todo, porque Dios mismo le ha otorgado honra. Todas las demás ordenanzas e instituciones (excepto el día de reposo) fueron dadas por Dios por medio de hombres o ángeles (Hech. 7:35), en cambio el matrimonio fue ordenado inmediatamente por el Señor mismo; ningún hombre ni ángel trajo la primera esposa a su esposo (Gén. 2:19). Por lo tanto, el matrimonio recibió más honra divina que las demás instituciones divinas porque fue solemnizado directamente por Dios mismo. Lo repito: esta fue la primera ordenanza que instituyó Dios, sí, lo primero que hizo después de crear al hombre y a la mujer, y lo hizo cuando todavía no habían caído. Además, el lugar donde se llevó a cabo el matrimonio demuestra lo honroso de la institución, mientras que todas las otras instituciones (excepto el día de reposo) se formaron fuera del paraíso. ¡El matrimonio fue solemnizado en el Edén mismo lo cual indica lo felices que son los que se casan en el Señor!

El acto creativo máximo de Dios fue crear a la mujer. Al final de cada día de la creación, la Biblia declara formalmente que Dios vio que lo que había hecho era bueno (Gén. 1:31). Pero cuando fue creado Adan, las Escrituras dicen que Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo (Gén. 2:18). En cuanto al hombre, faltaba completar la obra creativa; así como todos los animales y aun las plantas tenían pareja, a Adán le faltaba una ayuda adecuada, su complemento y compañera. Recién cuando Dios hubo satisfecho esta necesidad vio que la obra creadora del último día también era buena.

“Esta es la primera gran lección bíblica sobre la vida familiar y debemos aprenderla bien… La institución divina del matrimonio enseña que el estado ideal del hombre tanto como el de la mujer no es la separación sino la unión, que cada uno ha sido diseñado y es adecuado para el otro. El ideal de Dios es una unión así, basada en un amor puro y santo que dura toda la vida, sin ninguna rivalidad ni otra pareja, e incapaz de separarse o ser infiel porque es una unión en el Señor, una unión santa del alma y el espíritu con mutuo amor y afecto”.

Continuara …

 

De “Marriage – 13:4” en An Exposition of Hebrews
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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 1

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Muchos eruditos estarían en desacuerdo con el título de este escrito. Algunos dirían que el catolicismo romano mantuvo encendida la antorcha del cristianismo mediante la poderosa fuerza del papado, los monasterios y el monarca, mientras que Calvino y los reformadores intentaron extinguirla. Pero otros afirmarían que Juan Calvino, el padre de la doctrina y la teología reformadas y presbiterianas, fue enormemente responsable de reencender la antorcha de la evangelización bíblica durante la Reforma.

Algunos también dan crédito de Calvino como padre teológico del movimiento misionero reformado. Las opiniones de la actitud de Calvino hacia la evangelización y las misiones han variado desde la defensa ferviente hasta la moderada, en el lado positivo, y desde la indiferencia hasta la oposición activa, en el lado negativo.

Una opinión negativa de la evangelización de Calvino es normalmente el resultado de: No estudiar los escritos de Calvino antes de sacar conclusiones. No entender la opinión de Calvino sobre la evangelización dentro de su contexto histórico, y/o Nociones doctrinales preconcebidas sobre Calvino y su teología.

Algunos críticos ingenuamente afirman que la doctrina de Calvino sobre la elección prácticamente niega la evangelización.

Para valorar la opinión de Calvino sobre la evangelización correctamente, debemos entender lo que el propio Calvino tenía que decir sobre la materia. En segundo lugar, debemos mirar el plano completo de la evangelización de Calvino, tanto en su enseñanza como en su práctica. Podemos encontrar decenas de referencias a la evangelización en la Institución, comentarios, sermones y cartas de Calvino. Después, podemos mirar la obra evangelizadora de Calvino (1) en su propia grey, (2) en su ciudad de Ginebra, (3) en otras partes de Europa y (4) en oportunidades misioneras allende los mares. Como veremos, Calvino era más evangelizador de lo que comúnmente se reconoce.

Calvino: maestro de la evangelización.

¿Cómo fue la enseñanza evangelizadora de Calvino? ¿De qué manera su instrucción obligó a los creyentes a buscar la conversión de toda la gente dentro de la Iglesia así como en el mundo, fuera de ella?

Junto con otros reformadores, Calvino enseñó la evangelización, de forma general, proclamando el Evangelio con fervor y reformando la Iglesia de acuerdo con los re-quisitos bíblicos. Más particularmente, Calvino enseñó la evangelización centrándose en la universalidad del Reino de Cristo y la responsabilidad de los cristianos de ayudar a extender tal Reino.

La universalidad del Reino de Cristo es un tema recurrente en la enseñanza de Calvino. Calvino dice que las tres personas de la Trinidad están involucradas en la extensión del Reino. El Padre mostrará “lo que es la verdadera religión no solo en un rincón […], sino que enviará su voz hasta los confines de la tierra”. Jesús vino a “extender su gracia por todo el mundo“. Y el Espíritu Santo descendió para “alcanzar todos los confines y extremos del mundo“. En resumen, una descendencia in-numerable “que se extenderá por toda la tierra” nacerá a Cristo. Y el triunfo del Reino de Cristo se hará manifiesto por todo lugar entre las naciones.

¿Cómo extenderá el Dios trino su Reino por todo el mundo? La respuesta de Calvino comprende tanto la soberanía de Dios como nuestra responsabilidad. Dice que la obra de evangelización es obra de Dios, no nuestra, pero Dios nos usará como sus instrumentos. Citando la parábola del sembrador, Calvino explica que Cristo siembra la simiente de vida en todo lugar (Mt. 13:24-30), juntando a su Iglesia no por medios humanos sino por poder celestial. El Evangelio “no cae de las nubes como la lluvia“, sin embargo; sino que es “traído por las manos de los hombres adonde Dios lo ha enviado“. Jesús nos enseña que Dios “usa nuestra obra y nos convoca a ser sus instrumentos para cultivar su campo“. El poder para salvar descansa en Dios, pero Él revela su salvación por medio de la pre-dicación de su Evangelio. La evangelización de Dios causa nuestra evangelización. Nosotros somos sus colaboradores y Él nos permite participar del honor de constituir a su Hijo en gobernador de todo el mundo.

Calvino enseñó que el  método ordinario de “reunir una Iglesia” es mediante la voz externa de los hombres; “pues, aunque Dios podría traer a sí a toda persona mediante una influencia secreta, emplea, sin embargo, la acción de los hombres para despertar en ellos la inquietud por la salvación de los demás. Llega a decir: “Nada retarda tanto el avance del Reino de Cristo como la escasez de ministros. Sin embargo, ningún esfuerzo humano tiene la última palabra. Es el Señor, dice Calvino, quien “hace resonar la voz del Evangelio no solo en un lugar, sino a lo largo y ancho de todo el mundo. El Evangelio no es predicado al azar a todas las naciones, sino por el decreto de Dios.”

Continuará …

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¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre 2?

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Ahora todo su cuerpo sufría un horrible tormento. Mientras tanto, sus enemigos  permanecían a su alrededor, señalándolo con desprecio, burlándose de él y de sus oraciones y deleitándose de su sufrimiento.

Él dijo: “Tengo sed” (Juan. 19:28), y le dieron vinagre. Al poco tiempo dijo: “Consumado es” (Juan. 19:30). Había soportado el máximo sufrimiento y dado evidencia plena de la justicia divina. Recién entonces entregó su espíritu. En tiempos pasados, hombres santos han comentado con amor los sufrimientos de nuestro Señor, y yo no vacilo en hacer lo mismo, confiando que los pecadores tiemblen y vean la salvación en la dolorosa “llaga” del Redentor. No es fácil describir el sufrimiento físico de nuestro Señor. Reconozco que he fallado en mi intento. En cuanto al sufrimiento del alma de Cristo, ¿quién de nosotros lo puede imaginar, o mucho menos expresar? Al principio dijimos que sudó gotas de sangre. Eran su corazón derramando a la superficie su vida a través de la terrible tristeza que dominaba su espíritu. Dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mat. 26:38). La traición de Judas y la deserción de los doce discípulos entristecieron a nuestro Señor, pero el peso de nuestro pecado fue la verdadera presión sobre su corazón. Murió por nuestro pecado. Ningún lenguaje podrá jamás explicar la agonía de su pasión. ¡Qué poco podemos entonces concebir el sufrimiento de su pasión!

Cuando estaba clavado en la cruz, soportó lo que ningún mártir ha sufrido. Ante la muerte, los mártires han sido tan sustentados por Dios que han podido regocijarse aun en medio del dolor. Pero el Padre permitió que nuestro Redentor sufriera tanto, que exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). Ese fue el clamor más amargo de todos, la muestra más viva de su inmenso dolor. Pero era necesario que padeciera este dolor, porque Dios no soporta el pecado y en ese momento, a él “por nosotros lo hizo pecado” (2 Cor. 5:21). El alma del gran Sustituto sufrió el horror de la agonía en lugar de dejar que nosotros sufriéramos el horror del infierno al cual estábamos destinados los pecadores si él no hubiese tomado sobre sí nuestros pecados y la maldición que nos correspondía. Escrito está: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gál. 3:13). Pero, ¿quién sabe lo que significa esa maldición?
El remedio para nuestro pecado se encuentra en el sufrimiento sustituto de nuestro Señor Jesucristo y en sus heridas. Nuestro Señor sufrió esta “llaga” por nosotros. Nos preguntamos: “¿Hay algo que debamos hacer, para quitar la culpa del pecado?” La respuesta: “No hay nada que debamos hacer. Por las heridas de Jesús, somos sanos. Él llevó todas las heridas y no nos dejó ninguna”.

¿Pero, debemos creer en él? Si, debemos creerle. Si decimos que cierto bálsamo cura, no negamos que necesitamos una venda para aplicarla a la herida. La fe es la venda que une nuestra reconciliación en Cristo con la herida de nuestro pecado. La venda no cura; el bálsamo es lo que cura. Así que la fe no sana; la expiación de Cristo es lo que nos cura. “Pero debemos arrepentirnos”, dice otro. Ciertamente debemos, porque el arrepentimiento es la primera señal de que hemos sido sanados. Pero son las heridas de Jesús las que nos sanan, y no nuestro arrepentimiento. Cuando aplicamos sus heridas a nuestro orazón, producen arrepentimiento. Aborrecemos el pecado porque causó el sufrimiento de Jesús. Cuando sabiamente confiamos que Jesús ha sufrido por nosotros, descubrimos que Dios nunca nos castigará por el pecado por cual Cristo murió. Su justicia no permitirá que la deuda sea pagada primero por el Garante y luego por el deudor. La justicia no puede permitir doble pago. Si nuestro sufriente Garante ha cargado con la culpa, entonces nosotros no podemos llevarla. Al aceptar que Cristo sufrió por nosotros, aceptamos una cancelación completa de nuestra culpa. Hemos sido condenados en Cristo, por tanto ya no hay condenación en nosotros. Esta es la base de la seguridad que tiene el pecador que cree en Jesús. Vivimos porque Jesús murió en nuestro lugar. Somos aceptados en la presencia de Dios, porque Jesús es aceptado. Quienes aceptan este acto sustitutivo de Jesús son libres de culpa. Nadie puede acusarnos. Somos libres.

Oh amigo, ¿quieres aceptar que Jesús ocupó tu lugar? Si lo aceptas eres libre. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Porque, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5).

Tomado de Around the Wicket Gate.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

El pastor Juan Calvino

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Muchas son las perspectivas desde las que puede estudiarse la persona de Juan Calvino. Seguramente la de pastor es la que muestra mejor la propia identidad del personaje, pues es cierto que algunos motivos pueden iluminar la figura para conocerla (el doble conocimiento: del hombre y de Dios; la predestinación; el orden social, etc.), pero será en su labor como pastor —mejor dicho: su vida como pastor, pues ambas realidades son una y la misma en el caso de Calvino—donde mejor puede verse el trazo histórico para componer su retrato y así “conocer” su persona. (Incluso la mirada más “política” está impregnada de su impronta pastoral.)

Reconocida la dificultad de conocerle por lo que de sí propio explique’, será su trabajo lo que nos proporcione el mejor medio de acercarnos a su persona. Comprender cómo veía el ministerio pastoral, es ver el molde donde encajarlo: nunca se asumió fuera de tal molde. Con esto ya tenemos un primer dato relevante: para Calvino el ministerio pastoral es universal. Universal en extensión, es decir, corresponde a la Iglesia que Cristo compró con su sangre (aunque sirva en una congregación local), y es universal en inclu-sión: el pastor lo es en todo tiempo y en toda circunstancia.’ Para conocer a Calvino como pastor es necesario entender cómo entendía el tiempo escatológico de su ministerio. Si se distorsiona esta perspectiva nos equivocamos necesariamente en el objeto de nuestro estudio. Vamos a colocar su cosmovisión del tiempo al lado de la sostenida por Lutero, y de ese modo ubicamos a Calvino en su adecuado contexto y también podemos notar la percepción de Lutero sobre el tiempo escatológico (asunto este imprescindible para entender al reformador alemán). Lutero se contempló a sí mismo en el conflicto final de la Historia. El, además, sería una parte clave en el desarrollo de esa confrontación final entre Dios y el Diablo. El Anticristo tenía a su siervo: el papado, y Cristo tenía al suyo: Lutero. Más que pastor, el reformador alemán sería un guerrro, un S. Jorge contra el dragón. De ese modo se comprende mejor su discurso, sus escritos y su actuación (bastante complejos y, a veces, contradictorios). En la perspectiva de Lutero, el tiempo ya se acaba. Calvino, sin embargo, aunque consciente de la lucha entre los reinos opuestos y no menos conocedor del peligro del papado que Lutero, tiene todo el tiempo por delante. El reformador alemán no entiende que exista ya más lienzo donde seguir pintando, Cal-vino asume que tiene más lienzo en su perspectiva delante de la Historia que vive. No es el cataclismo final, es el tiempo de edificar y construir. Lutero vive en el cataclismo de confrontación final, Calvino en el de la construcción del Reino de Dios, día a día en todas las esferas de la sociedad. Dios sigue pintando su historia, y Calvino entiende que ha sido llamado a su servicio. Lutero también entiende que ha sido llamado al servicio de Dios, pero para la batalla final. No es de extrañar que se mostrara incluso con procesos de depresión típicos del que encuentra el futuro sin el sentido pretendido. Que siguiera existiendo lienzo para plasmar más historia supone para un reformador una frustración, para el otro es el campo de la expresión de la gloria de Dios (no en el combate final, sino en la edificación de su casa). Ese es el contexto de Calvino como pastor.

Es así lógico que entienda el pastorado como servicio. Servicio a Dios, bajo su autoridad, en lo que es su propiedad —¡a qué precio adquirida!— y que él mismo cuida por la mano de sus siervos. Por eso rechazará siempre la pretensión del ministerio como algo de título jerárquico. No es título sino servicio. De ahí también que pueda usar con libertad el nombre “obispo” cuando se refiere a u modo de trabajar en compañía con los demás servidores. (En este lugar tenía dispuestas para el lector abundantes citas de esta mate-ria tomadas de la Institución de la religión cristiana, creo que una acción práctica en la comprensión del ministerio pastoral de Calvino, que además nos ahorra espacio, es que cada uno acceda al texto de la Institución y lo lea. Es fácil de conseguir y lectura obligada en la edificación cristiana).

El ministerio pastoral como servicio lo considera nuestro autor como esencial en la vida de la Iglesia. Su comunión, unidad y edificación están relacionadas con la correcta ejecución de este ministerio. Claro que no es una dependencia del poder humano, pero es con la humanidad de ese ministerio con lo que Cristo mantiene y edifica a su Iglesia. No es, pues, un simple ministerio “beneficioso”, sino esencial. No tiene en mente el cuidado “paternal” que todos nos debemos unos a otros como miembros del mismo cuer-po, sino un servicio particular y distinto con una vocación singular. El servicio pastoral puede ejercerse en contextos variados, pero su naturaleza es la misma. Habrá pastores dedicados a una iglesia local ya existente y con madurez, otro cuidará una congregación recién constituida. Puede uno encontrarse en una localidad extensa colaborando con varios otros pastores, tal vez se tenga que ver solitario en una zona aislada. En cualquier situación, sin embargo, la tarea es permanente: “La construcción de una iglesia no es tarea tan fácil que pueda realizarse completa de una sola vez”. Solo los insensatos ambiciosos piensan que con su labor han concluido felizmente el edificio. El pastor siempre reconoce su carencia y recurre a la colaboración de otros (como hacía el propio apóstol Pablo). Edifica en lo que ya otros trabajaron antes, con los colaboradores del presente, y sabiendo que otros en el futuro continuarán en el mismo trabajo. La solidaridad (en el pleno sentido del término) no es optativa, sino esencial en la naturaleza del ministerio pastoral.

En el caso de Calvino, tuvo que ejercer su ministerio pastoral en la doble función de edificar las almas (personas, mejor dicho, en su ser integral), y de edificar la casa o redil. Nunca lo uno sin lo otro. Esa doble función les cae en la providencia divina a unos más que a otros, aunque todos los pastores deben tenerla como esfera de su servicio. ¡De cuántas maneras expresará Calvino su llamamiento a reconstruir la Iglesia “ahora derribada y deforme entre las ruinas del papado”! Cuando las autoridades de Ginebra lo reclamaron para regresar de su estancia en Estrasburgo, es claro que pensaban en él más como un organizador religioso social que como un pastor de “almas”.

Las autoridades políticas querían para sus planes un adecuado “orden religioso”.” (De los aciertos y errores en esa labor, todavía hoy tenemos una inmensa fuente de advertencias y ejemplos en el trabajo pastoral de nuestro autor). La labor de Calvino en Ginebra pone de manifiesto su consideración del ministerio pastoral como un servicio de actuación integral. De ahí su cuidado por el correcto orden de vida, aunque él nunca fue un “formalista”. Orden, sí; formalismos, cuanto menos mejor. Eso vale también para la adoración: expresión más intensa de la vida cristiana.” Ese orden de vida cristiana, esa verdadera adoración espiritual, implicaba muchos aspectos, pero de modo especial el cuidado de los pobres y necesitados; sin ello no hay adoración que llegue a la presencia de Dios. En esa tarea vemos siempre a Calvino en primera fila. No solo con los inmediatos que encontraba en Ginebra, sino con los que conocía de otros territorios. No en vano Ginebra era el cobijo de tantos exiliados (según en qué momento de su ministerio en la ciudad: unos trece mil habitantes y más de tres mil refugiados). En carta a los diáconos de la iglesia se congratula del “buen orden en su ausencia” —en una reunión en Worms—, no tanto por ellos cuanto por la propia congregación, para cuya atención de los pobres “estaba siempre atento para encontrar un método adecuado”.

“No pueden terminarse estos apuntes sobre Calvino como pastor sin resaltar el instrumento que consideraba imprescindible para la ejecución del servicio: la Escritura, toda la Escritura. El pastor tiene que predicar la Palabra y exhortar a cada uno con ella. Ahí está su autoridad. Si alguien la pretende fuera de la Palabra será un tirano. Cristo reina en su pueblo con su Palabra. No hace falta decir que Calvino como pastor en el uso de la Escritura era un maestro.

¿Cómo restaurar la verdadera piedad del hombre?

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Para ayudar al que busca encontrar una fe verdadera en Jesús, hay que recordarle la obra del Señor Jesús en relación con la condición del pecador.

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”  (Rom. 5:6).
  • “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”                     (1 Ped. 2:24).
  • “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6).
  • “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
    injustos, para llevarnos a Dios” (1 Ped. 3:18).

Mantengamos la mirada en una declaración de las Escrituras, “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:5). En este pasaje, Dios trata al pecado como una enfermedad, y nos señala el remedio que él ha provisto. Reflexionemos un momento en la llaga de nuestro Señor Jesucristo. El Señor quiso restaurarnos, y envió a su Hijo Unigénito —“verdadero Dios de Dios verdadero”—, al mundo a fin de que compartiera nuestra naturaleza para poder redimirnos. Vivió como un hombre entre los hombres. A su debido tiempo, después de 30 o más años de obediencia, llegó su momento de servir a la humanidad, colocándose en nuestro lugar y llevando “el castigo de nuestra paz” (Isa. 53:5). Fue al Getsemaní y allí, al probar la copa amarga, sudó gotas de sangre. Fue presentado ante Pilato y Herodes, y allí experimentó el dolor y escarnio que nos tocaba a nosotros. Por último lo llevaron a la cruz y allí lo clavaron para morir, morir en nuestro lugar.

La palabra llaga se usa para señalar el sufrimiento de su cuerpo y su alma. Se sacrificó por nosotros. Todo lo humano en él sufrió. Su cuerpo, al igual que su mente, sufrió de una manera que imposible de describir. Al comienzo de su pasión, cuando sufrió intensamente el sufrimiento que era nuestro, estaba en agonía, y de su cuerpo brotaron copiosas gotas de sangre que cayeron al suelo. Es muy raro que un hombre sude gotas de sangre. Se sabe que ha ocurrido una o dos veces, y en todas las instancias ha precedido inmediatamente a la muerte de la persona. Pero nuestro Salvador vivió, vivió después de una agonía que ninguno de nosotros hubiera sobrevivido. Antes de poder recuperarse de este sufrimiento, lo llevaron ante el sumo sacerdote. Lo capturaron y lo llevaron de noche. Luego lo trajeron ante Pilato y Herodes. Lo azotaron, y sus soldados le escupieron en la cara, lo abofetearon y lo colocaron en la cabeza una corona de espinas.

La flagelación es uno de los métodos de tortura más horribles que se puede aplicar malevamente. En el pasado, ha sido una vergüenza del ejército británico el que un instrumento de tortura llamado “la zarpa de gato” fuera usado para castigar a un soldado, ya que era una tortura brutal. Pero para los romanos, la crueldad era tan natural que hacían que su castigo habitual fuera mucho más que brutal. Se dice que el látigo romano era hecho de cuero de bueyes al que se le ataban nudos, y en estos nudos se colocaban astillas de hueso. Cada vez que el látigo caía sobre el cuerpo desnudo causaba un dolor intenso. “Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos” (Sal. 129:3).

Nuestro Salvador soportó el terrible dolor del látigo romano, y ni fue el final de su sufrimiento, sino el preámbulo de su crucifixión. A esto, le añadieron las burlas y el ultraje. No se privaron de infligirle ningún sufrimiento. En medio de su desfallecimiento, sangrando y en ayunas, le hicieron llevar su cruz, y luego obligaron a otro a ayudarlo para que él no muriera en el camino. Lo desnudaron, lo tiraron al piso y lo clavaron al madero. Le atravesaron las manos y los pies, levantaron el madero con él clavado en él y de un golpe lo enterraron en la tierra, de modo que se dislocaron todos sus huesos, como dice el lamento del salmista: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se
descoyuntaron” (Sal. 22:14a).

Permaneció colgado en la cruz bajo el sol ardiente hasta que perdió las fuerzas, y dijo: “Mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte” (Sal. 22:14b-15). Allí permaneció colgado, un espectáculo ante Dios y los hombres. El peso de su cuerpo era sostenido por sus pies, hasta que los clavos desgarraron sus delicados nervios. Entonces la carga dolorosa pasó a sus manos y las desgarró, siendo estas una parte tan sensible de su cuerpo. ¡Las heridas en sus manos lo paralizaron de dolor! ¡Qué horrible habrá sido el tormento causado por los clavos que desgarraron el delicado tejido de sus manos y sus pies!

Continuará …

Tomado de Around the Wicket Gate.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista inglés, el predicador más leído de la historia (aparte de los escritores bíblicos); nacido en Kelvedon, Essex.

El legado espiritual de Juan Calvino 8

Blog94H

Calvino y las fuentes de riqueza sociales y económicas

La actividad de Calvino no se circunscribió únicamente al campo religioso y educativo, sino que se manifestó también en la ideación y promoción de importantes proyectos sociales y económicos. Siempre tuvo el Reformador una clara conciencia de las implicaciones prácticas del cristianismo. Bajo su iniciativa se crearon en Ginebra innovadoras fuentes de trabajo y se emprendieron modernas medidas de racionalización de la industria y el comercio que, unidas a unas eficientes disposiciones de ahorro e interés bancario, pronto harían de esta ciudad una de las más prósperas de Europa. A él se debió la reglamentación de todo un conjunto de normas para el servicio de recogida de basura y de ordenación de los cuerpos de policía y de bomberos. También por iniciativa de Calvino se implantaron estrictas normas de seguridad en la construcción de edificios y viviendas. La introducción de la industria de la seda en Ginebra —fuente de gran prosperidad económica y laboral para la ciudad—, se debió también al genio intuitivo del Reformador. Fue también a instancias de Calvino que el Consejo de Ginebra, por primera vez en Europa, aprobara y pusiera en práctica normas sociales de ayuda a los parados y a los refugiados.

Por todas estas iniciativas sociales y laborales, a Calvino le pertenece el honor de haber puesto punto final a la inhibidora banausía de tradición milenaria en Europa. A la luz de la Revelación —afirmaba el Reformador— todas las actividades y tareas del hombre son dignas, honorables e incluso medios para la gloria del Creador. El cristiano no puede desentenderse de la banausía, de lo de “aquí abajo”. Todas las actividades laborales —sean cuales sean— caen bajo el mandato cultural dado por Dios en Génesis, y el hombre debe efectuarlas movido por un profundo sentimiento de vocación. Esta incorporación del trabajo a la esfera religiosa fue una de las grandes aportaciones que hizo Calvino en el orden económico y social. Para el Reformador el ámbito de la soberanía de Dios englobaba también la esfera laboral y la del trabajo bien hecho.

EXTENSIÓN Y PROPAGACIÓN DEL CALVINISMO

Francia

Los grandes líderes del calvinismo, empezando por el propio Calvino, fueron franceses, pero la mayoría de estos no ejercieron su labor evangélica en suelo patrio. Aun así, bajo el ministerio de consagrados pastores y maestros, el movimiento reformado en Francia pronto adquirió importancia numérica e influencia social y política relevante. Ante este rápido crecimiento la represión católica no se hizo esperar, y los hugonotes —como así se conocía a los calvinistas franceses— sufrieron dura persecución. En la tristemente cé-lebre “Noche de San Bartolomé” (1572.), miles de hugonotes perdieron la vida. En el campo cultural, y al amparo de las libertades otorgadas por el Edicto de Nantes (1598), se fundaron las universidades calvinistas de Nimes, Montpelier, Saumur, Montauban y Sedan, que destacaron por la excelencia de sus planes educativos. A la muerte de Enrique IV, las persecuciones y represiones de instigación católica causaron una huida masiva de hugonotes a otros países europeos, e incluso al continente americano. Con la revocación del Edicto de Nantes (1686), por decisión de Luis XIV, los hugonotes que permanecieron en el país vivieron durante un tiempo bajo una dura situación de marginación. Aun así, la población minoritaria calvinista continuó siendo influyente en la cultura, la economía y la política del país. Figura destacada del calvinismo francés contemporáneo es la de Auguste o Reglas de Doctrina de Dordre Lecerf, vigoroso defensor del calvinismo histórico y agudo crítico de la tesis de M. Weber y E. Troeltsch sobre el origen calvinista del capitalismo moderno.

Holanda

Holanda ha sido siempre uno de los bastiones más sólidos y de mas arraigada tradición calvinista. Sus habitantes pronto acusaron una fuerte influencia luterana, que unida a la masiva afluencia de refugiados hugonotes y al destacado ministerio de capacitados líderes evangélicos —formados en su mayoría en el Colegio de Ginebra hicieron posible la rápida calvinización del país. La lista de grandes teólogos reformados que ha pro-ducido la nación holandesa es realmente notable, tanto por su número como por la relevancia de sus escritos. De uno de sus teólogos contemporáneos procede una importante aportación teológica al tema de la depravación total del ser humano por la Caída. Nos referimos a Abraham Kuyper (t 1920). Además de primer ministro de Holanda y fundador de la Universidad Libre de Amsterdam (1880), Kuyper ha sido uno de los teólogos más importantes de los últimos tiempos. Según Kuyper, los efectos de la depravación humana por el pecado no alcanzan total desarrollo y consumación gracias a la intervención del Espíritu Santo, que con su “gracia común” sobre toda la Humanidad, no solo detiene la total perversidad espiritual del hombre, sino que hace posible el que este pueda actualizar logros morales y avanzar culturalmente en todos los campos del saber. De hecho, con su concepto de gracia común, Kuyper amplió y desarrolló una idea teológica intuida ya por Calvino. Al referirse a las huellas que aún persisten de la imagen de Dios en los logros del hombre, el Reformador escribe:

“[…] Cuando al leer a los escritores paganos vemos en ellos esta admirable luz de la verdad que resplandece en sus escritos, ello nos debe servir como testimonio de que el entendimiento humano, por más que haya caído y degenerado de su integridad y perfección, sin embargo no deja de estar aún adornado y enriquecido con excelentes dones de Dios. Si reconocemos al Espíritu de Dios por única fuente y Manantial de la verdad, no desecharemos ni menospreciaremos la verdad donde quiera que la halláremos […]. Si, pues, Dios ha querido que los infieles nos sirviesen para entender la física, la dialéctica, las matemáticas y otras ciencias, sirvámonos de ellos en esto, temiendo que nuestra negligencia sea castigada si despreciamos los dones de Dios doquiera nos fueren ofrecidos (Institución de la religión nimiana) Felire, Rijssvijk 1986, I, 185, 186).”

La Universidad Libre de Ámsterdam se ha distinguido siempre por la gran erudición de su profesorado. Alumnos de muchos países —particularmente de Estados Unidos— han cursado estudios superiores y de doctorado en este prestigioso centro. Kuyper, junta-mente con H. Bavinck, D.H. Vollenhoven, H. Dooyeweerd, G.C. Berkouwer y otros pensadores y teólogos holandeses contemporáneos, han buscado presentar y aplicar la visión calvinista de la realidad a la problemática del hombre de hoy, para de este modo ofrecer las respuestas —siempre actuales— de las Escrituras a las disyuntivas e interrogantes de una sociedad desorientada y sin rumbo.

Inglaterra y Escocia

En Inglaterra. la teología calvinista ejerció un papel decisivo en el puritanismo, en las iglesias presbiterianas, en algunos sectores del anglicanismo y en las influyentes congregaciones bautistas del país. Todos estos grupos evangélicos, en mayor o menor grado, padecieron la incomprensión y la intolerancia de la Iglesia estatal anglicana. Los puritanos, además de excelentes predicadores y expositores de las Escrituras, fueron grandes teólogos. Puritanos de renombre fueron John Owen, Thomas Goodwin, Thomas Manton, John Flavel y Stephen Charnock. En el siglo. XVII, la labor conjunta de presbiterianos escoceses y puritanos ingleses produjo uno de los documentos teológicos más importante del calvinismo anglosajón: la Confesión de fe de Westminster (1643-1649), base doctrinal de las iglesias presbiterianas y fuente directa de inspiración de las confesiones calvinistas independientes, tanto congregacionalistas como bautistas. Los teólogos escoceses Henderson, Rutherford y Gullispie tuvieron una parte decisiva en la preparación de sus artículos. Es precisamente en esta confesión donde de un modo claro se proclaman los derechos inalienables de la conciencia (“Solo Dios es Señor de la conciencia”).

El Reino Unido ha dado grandes comentaristas de las Escrituras. En el listado de más de 1400 comentarios de la Biblia que detalla y valora C.H. Spurgeon en su Commenting & Comentaries (1876), la casi totalidad de sus autores han sido calvinistas. Además de George Whitefield, otro de las grandes oradores ingleses fue Charles H. Spurgeon (1834- 1892), el gran predicador bautista calvinista de la Inglaterra victoriana. De él realmente se puede decir que “muerto todavía habla” a través de sus numerosos sermones y escritos en constante reedición. En nuestro tiempo, la antorcha de la sana doctrina y el ministerio de la sacra elocuencia han tenido en el Dr. D. Martyn Lloyd-Jones a uno de sus más dignos representantes. Desde el púlpito de la Westminster Chapel londinense, y a través de sus escritos teológicos y comentarios de la Escritura, el Dr. Lloyd-Jones ha dado testimonio fiel del viejo calvinismo bíblico. En las últimas décadas la editorial del Reino Unido The Banner of Truth Trust ha llevado a término una encomiable y meritoria labor de reedición de las obras del tesoro calvinista de los Old Writers ingleses: incluyendo todos los escritos del bautista John Bunyan.

La instauración del calvinismo en Escocia se debió principalmente a la incansable labor reformista de John Knox, y a su continuador Andrew Melville. La kirk escocesa posiblemente ha sido el bastión más importante e influyente del calvinismo mundial. Ce-losa a lo sumo del señorío de Cristo en la esfera eclesial, la Iglesia presbiteriana escocesa se mostró siempre fiel seguidora de las enseñanzas doctrinales de Calvino.

Al igual que Holanda, Escocia ha sido tierra de grandes teólogos, entre los que destacan los nombres de Thomas Crawford. John Craig, William Cunningham, James Bannerman, Thomas Boston, y Thomas Chalmers. De este trasfondo teológico calvinista surgió la “Escuela del sentido común”, Iiderada por Thomas Reid. Posiblemente la escuela escocesa del Common Sense ha sido la expresión más sólida y lograda de un genuino pensamiento filosófico protestante. Los hermanos Haldane, James y Robert, fueron influyentes líderes de la Iglesia bautista escocesa. Robert Haldane fue autor de un importante comentario a la Epístola a los romanos y bajo su ministerio en el sur de Francia, y en la misma ciudad de Ginebra, tuvo lugar un gran avivamiento evangélico de retorno al calvinismo. Entre las muchas conversiones que tuvieron lugar bajo la predicación y enseñanza de Haldane cabe mencionar los nombres de César Malan, prolífico teólogo, predicador y autor de grandes y célebres himnos, y J.H. Merle d’Aubigné, importante historiador de la Reforma.

El calvinismo en otras tierras

Los primeros calvinistas que llegaron al Nuevo Mundo procedieron de Francia y Holanda. A estos se unieron, poco después, grupos numerosos de puritanos ingleses que se establecieron primordialmente en los estados de Nueva Inglaterra. Los emigrantes holandeses se instalaron mayoritariamente en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Michigan. En la tercera década del siglo XVIII, y como resultado de la predicación del pastor reformado holandés Frelinghuysen y del ministro presbiteriano G. Tennent, se inició el famoso movimiento “avivacionista” conocido como The Great Awakening, y en el que tuvieron una parte muy activa el gran predicador George Whiteficld y el no menos famoso predicador y teólogo Jonatlum Edwards. Los calvinistas americanos ejercieron un papel decisivo en la separación de la Iglesia y el Estado y en el logro de otras libertades democráticas. Entre los firmantes de la Declaración de Independencia estaba el pastor calvinista John Witherspoon. Las más importantes y prestigiosas universidades estadounidenses se fundaron por iniciativa de ministros y líderes educativos calvinistas: Harvard (1636), Yale (1701), Princeton (1769), Auburn (1819), Western (1827) , McCormick (1830), etc. La lista de calvinistas americanos que han destacado en el campo de la teología es muy numerosa. Además del ya citado Jonathan Edwards, cabe destacar los nombres de C. Hodge, RJ. Breckinridge, J. H. Thornwell, H. B. Smith, Shedd, B.B. War-field, G. Machen, C. Van Til, etc. Los tres tomos de la Teología sistemática de Charles Hodge —durante más de cincuenta años profesor de Princeton— ha sido el texto base de teología utilizado por varias generaciones de estudiantes calvinistas en seminarios reformados.

También en el Ulster, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, la impronta del calvinismo ha sido notable. Durante un tiempo también en Alemania, en la zona de Heidelberg, el calvinismo echó raíces. y desde allí se extendió a regiones de la checa Bohemia y también a Polonia. El Catecismo de Heidelberg (1563), obra de Zacarías Ursinus y Gaspar Oliviano, por su piedad y estilo sumamente personal, es una de las joyas más preciadas de la catequesis calvinista. En Ginebra, Londres y otras ciudades europeas se fundaron congregaciones de habla hispana e italiana. El italiano Pedro Mártir Vermigli (t 1567) fue teólogo de renombre, pastoreó congregaciones en Zurich y en otras ciudades suizas, y tomó una parte muy activa en la introducción del calvinismo en Inglaterra. Según testimonio de T. Beza, el español Juan Pérez organizó en Ginebra una congregación de creyentes hispanohablantes. Como ya se ha indicado, Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, Constantino Ponce la Fuente, Cipriano de Valera y otros reformados españoles del siglo XVI, fueron también calvinistas.

Fin …

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Amenazas a la piedad del joven 2

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IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 7

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Calvino y la “teocracia” ginebrina

Ginebra bajo Calvino ha sido definida como teocracia, clerocracia también como bibliocracia. En esta concepción “teocrática” muchos son los estudiosos del Reformador que han llegado a la conclusión de que los fundamentos del gobierno eclesial, político y social desarrollados e implantados por Calvino en Ginebra fueron de carácter más vetotestamentario que neotestamentario. Estas afirmaciones no pueden tomarse a la ligera y, una vez más, merecen un juicio equilibrado a la luz de la enseñanza bíblica.

Las Escrituras describen la historia de la redención como un proceso de progresión creciente, que se inicia con la promesa de salvación dada a Adán y Eva, y que en el curso del tiempo, a través de la ley y los profetas, se amplía y enriquece en sus contenidos, hasta que en la “plenitud de los tiempos”, con la venida del Mesías, adquieren pleno cumplimiento. El Nuevo Testamento marca la pleroma de las crecientes y renovadas promesas de salvación del Antiguo Testamento. Evidentemente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, pero la luz de revelación soteriológica no es la misma en los dos Testamentos: de menos luz se pasa a más luz, hasta que en el Verbo encarnado la luz de la antigua dispensación se hace plena LUZ. “Dios es luz”, y los que han visto y ven al Hijo de Dios ven la luz del Padre. Y esto es así con todos los contenidos de la Escritura: encierran un mensaje revelacional que va constantemente a más en conformidad con los planes soberanos del Dios de la salvación y de la historia. Po-siblemente Calvino tuvo una idea demasiado horizontal del tiempo bíblico y situó los contenidos de ambos Testamentos a un mismo nivel de actualidad revelacional y de contenido. Esto podría explicar algunas de sus apelaciones al Antiguo Testamento como base argumentativa de sus concepciones más o menos teocráticas. ¿Pasaron estas apelaciones por el filtro de la pleroma del Nuevo Testamento?

Calvino rechazó la idea anabaptista de que toda la estructura eclesial concernía únicamente al ámbito de los creyentes, e hizo suya la distinción zuingliana de una Iglesia invisible en el seno de una Iglesia visible —la ecclesiola en ecclesia de Lutero—. En su aspecto visible la Iglesia es la comunidad de los que profesan la verdadera fe —con sus hijos—, predica fielmente la Palabra de Dios, administra correctamente los sacramentos y ejerce la disciplina sobre sus miembros. En su aspecto invisible la Iglesia es el cuerpo de los elegidos, la comunidad de los creyentes de todos los tiempos: la Iglesia católica, la Iglesia universal. Esta universalidad tiene también una manifestación visible. [Ni Calvino, ni los los reformados posteriores, han logrado clarificar suficientemente y convincentemente la idea de universalidad en la Iglesia visible]. Cristo es la cabeza de la Iglesia y la fuente de toda su autoridad. Cristo, a través de aquellos que han sido llamados a los diferentes ministerios eclesiales, ejerce su autoridad en la Iglesia. La elección de pastores, ancianos y diáconos por parte de la congregación “viene a ser la confirmación externa de la autoridad y llamamiento interno que estos han recibido de Cristo, el Señor de la Iglesia” —afirma Calvino—. El poder de la iglesia local reside en el cuerpo gobernante de la congregación local. La autoridad de la Iglesia es espiritual y concierne únicamente a los creyentes. A los presbíteros incumbe la implantación del buen orden y la disciplina en la Iglesia. Calvino hacía de la disciplina una de las señales de la verdadera Iglesia, y a través de ella confiaba instaurar el más alto grado de santidad y pureza moral en su seno.

En la aplicación de estos principios eclesiológicos, Calvino no fue consecuente. Y ello se debió, en parte, a que nunca pudo desprenderse de todo un lastre de prejuicios religiosos medievales, y que él pretendió de algún modo justificar recurriendo a cuestiona-bles paralelos con la teocracia vetotestamentaria. En contra de sus propias afirmaciones, Calvino fue incapaz de delimitar con precisión las diferencias de competencia entre lo estatal y lo eclesial. En la práctica, su idea de “iglesia visible” terminaría englobando en su seno a la esfera civil, e identificaría el ámbito eclesial con los límites geográficos de un territorio. Y es por esta identificación territorial por lo que en la Ginebra calvinista no había lugar para los disidentes religiosos: si pasado un tiempo razonable los extranjeros venidos a la ciudad no llegaban a identificarse con su credo doctrinal, obligatoriamente debían abandonar el cantón. Por otro lado, ¿era justo someter a los no creyentes de la Iglesia visible al régimen normativo y disciplinario de la autoridad eclesial?
Para Calvino, tanto la Iglesia como el Estado habían de supeditarse y regirse por la Palabra de Dios. Obviamente esto otorgaba a los pastores y teólogos un rango de autoridad superior al de los poderes civiles. Como intérpretes de la Revelación bíblica, los ministros del Evangelio podían determinar las pautas a seguir en todas las cuestiones de ámbito religioso, social y político. Y en tanto que Calvino era el gran expositor de las Escrituras, a todos los niveles sus consejos y dictámenes pesaban y eran tenidos en cuenta. Esto explica también el hecho de que el Reformador nunca pretendiera cargo político alguno, ni se diera prisa en obtener la ciudadanía ginebrina: en última instancia todo los resortes importantes de poder estaban en sus manos; e incluso en asuntos de índole muy secunda-ria, su juicio y opinión eran tenidos muy en cuenta. Al primer den-tista que se personó en Ginebra con ánimo de ejercer su profesión, no se le concedió la debida licencia hasta después de haber probado satisfactoriamente sus habilidades en la boca de Calvino.

En el ámbito de la disciplina eclesiástica, Calvino creía ver un ejemplo claro de interdependencia entre lo civil y lo eclesial. Esta creencia se basaba, una vez más, en la suposición de que todos los ciudadanos eran a la vez miembros de la Iglesia visible y, en con-secuencia, estaban sujetos también a su disciplina. Por otro lado, y en tanto que la autoridad del gobierno civil regía en el ámbito de las dos tablas de la Ley mosaica, entre sus obligaciones primaba la de “mantener el culto a Dios, preservar la verdadera doctrina y defender la constitución de la Iglesia”. Bajo este régimen autoritario, la vida de los habitantes de Ginebra transcurría dentro de unas reglas de estricta disciplina civil, moral y religiosa. La pena de muerte era preceptiva en casos de herejía, brujería y adulterio. Se castigaba con penas diversas las diversiones mundanas, la blasfemia, la lectura de libros “inmorales”, etc. Durante la semana, las actividades seculares se realizaban en estricta alternancia con las religiosas: estudio de las Escrituras, canto de los Salmos etc. La inasistencia a los servicios religiosos era sanciona-da, y con la finalidad de descubrir a los infractores inasistentes, se autorizaba a “oficiales espías” la entrada en las casas de los ciudadanos.

El juicio y muerte de Miguel Servet se enmarca en este contexto general de intolerancia que se vivía en Ginebra. En la condena y quema de herejes, la mente de muchos protestantes del siglo XVI permaneció ciegamente anclada en el catolicismo. De entre todas las formas de persecución, la más censurable y condenable es la religiosa, pues se practica en nombre de Dios y se opone radicalmente al espíritu del cristianismo y a las normas más esenciales de Humanidad. Y en esto las iglesias de la Reforma mostraron una tortuosa senda de actuación. Lutero —que en Worms revindicó los derechos inalienables de la conciencia, y en sus primeros escritos se nos muestra como campeón de la tolerancia— más tarde sucumbiría también a las viejas prácticas intransigentes del catolicismo.

La condena de Servet constituye la página negra de la biografía de Calvino. Calvino fue gran-de, sumamente grande en sus virtudes y talentos, pero en su talante religioso fue duro y radicalmente intolerante. Conoció personalmente a Servet en 1534, en París, y pronto se percató de que por su agudeza mental y radicalidad de ideas, el aragonés iba a ser un formidable enemigo de la teología reformada: como realmente así fue. Siete años antes de la muerte de Servet, en una carta a G. Farel, Calvino declaraba que de venir el aragonés a Ginebra haría uso de toda su autoridad para que no saliera de allí vivo ( […] Nam si venerit, modo valeat mea auctorita.s, vivum exire nunquam patiar). Para Calvino la persona y los escritos de Servet encarnaban la herejía en su grado más abyecto, y no cejó en su celo persecutorio del aragonés hasta verle en la hoguera ginebrina. (No se olvide, por otro lado, que Servet llegó a Ginebra huyendo de la condena a la hoguera que le había impuesto la Iglesia católica). Al reprobar y condenar a Calvino por la muerte de Servet, de hecho condenamos a toda una época. Los líderes religiosos de aquel tiempo —tanto católicos como protestantes— fueron radicalmente intolerantes con la herejía. Incluso para el suave y gentil Melanchton, la muerte de Servet constituyó “un piadoso y memorable ejemplo para toda la Humanidad”. A juicio de Beza la libertad religiosa era “un dogma diabólico”. Después de la muerte de Servet, y con el propósito de contra-rrestar las duras críticas recibidas por parte de unos pocos teólogos y humanistas del tiempo, Calvino escribió la Declaratio orthodoxae fidei de Sacra Trinitate. A nuestro jui-cio, esta réplica carece de la solidez argumentativa y base bíblica de todas sus otras producciones. Es uno de los escritos “argumentativos” más débiles que fluyeron de su pluma.
En mayor o menor grado, los líderes de la Reforma traicionaron los principios neotestamentarios de libertad religiosa y libertad de conciencia; y de perseguidos pasa-ron a perseguidores. En contra de esta negación de libertades, los protestantes españoles —también calvinistas— fueron unos adelantados de la Reforma. Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, y Cipriano de Valera, condenaron siempre la intolerancia religiosa y la imposición de la pena capital a los herejes. Cuando Servet fue condenado y quemado en la hoguera, Casiodoro de Reina —el traductor de la Biblia al castellano (1569)— mos-tró total repulsa con la sentencia. Según el testimonio histórico, siempre que caminaba cerca del lugar en que fue quemado Servet, “las lágrimas fluían de sus ojos”. Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y otros reformadores españoles que llegaron a Ginebra —huidos de la Inquisición española—, residieron durante muy poco tiempo en la ciudad de Calvino. No puede alegarse como justificante de la intolerancia protestante la repetida “excusa” de que en este tema Calvino, y los demás reforma-dores, fueron “hijos de su tiempo”. Más correcto sería decir que sucumbieron al tiempo; y sucumbieron con el agravante de haber pecado contra la luz del Nuevo Testamento que ellos mismos habían vislumbrado. Evidentemente, no todos los logros de la Reforma fueron in-mediatos y de fácil consecución. Fueron los calvinistas de segunda generación quienes, haciendo causa común con los bautistas y demás stepchildren de la Reforma, lograron desarrollar en las naciones protestantes los gérmenes democráticos de libertad y tolerancia implícitos en el calvinismo.

 

Continuará …

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Amenazas a la piedad del Joven 1

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Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 6

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2] . Elección incondicional. Según este segundo punto doctrinal, de entre la humanidad caída, desde antes de la fundación del mundo Dios escogió a un número de pecadores para salvación y dejó a otros en su estado de pecado y condenación. Esta elección des-cansa en el propósito soberano de Dios y en el “puro afecto de su voluntad”. Dios es el Alfarero divino que del barro de su creación dispone de los vasos de honra y deshonra según el beneplácito de su soberana voluntad, y por encima de los criterios humanos de pequeña lógica y justicia. En palabras de Jesús: “Si, Padre, porque así te agradó” (Mr. 11.26). Insiste Calvino en que la elección pone de manifiesto el carácter totalmente gratuito y totalmente inmerecido de la salvación, y descarta, en consecuencia, cualquier pretensión de meritoriedad por parte del hombre. El misterio de la elección involucra a las tres personas de la Trinidad: Dios Padre elige y entrega al Hijo para la salvación de los elegidos; a estos redime Dios Hijo al aplicarles Dios el Espíritu Santo los méritos del Salvador. Es por la obra del Espíritu Santo por la que el pecador es renovado y regenerado espiritualmente y capacitado para oír y aceptar, la invitación del Evangelio. Tanto la justificación como la santificación tienen su origen en la libre gracia de Dios y tienen en Cristo su raíz. Ambas se encuentra en la misma persona: los que son justificados son también santificados. Por la justificación la justicia de Cristo es imputada al pecador. Por la santificación el creyente es renovado a la imagen de Cristo. La justificación es un acto, mientras que la santificación es un proceso. Por la justificación se nos declara justos y por la santificación se nos hace justos. En modo alguno la elección es un decreto aislado del Dios soberano: es siempre una elección en Cristo. Algunos de los pasajes bíblicos sobre el tema a los que alude Calvino, son los siguientes: Ex. 33.19; Dt. 7.6-7; Sal.115.3; Is. 14.24, 27; 46.9-11; Mt. 22.14; 24.24; 22.31;jn. 15.16; Hch. 13.48; Ro. 8.28-30, 33.9, 10-24; 11.4-6, 33-36: I Co. 1.27-29; 3.12; Ef. 1.4-3; 1 Es. 5.9; 2 Ts. 2.13-14; 2 Ti. 1.9; Tit. 1.1; 1 P. 1.1, 2; 2.8-9.

3]. Redención particular. En contra de la posición católica, luterana y arminiana de que Cristo con su obra mesiánica abrió la posibilidad de redención a toda la raza humana —aunque esto no implique necesariamente la salvación de todos los hombres—, la posi-ción de Calvino y de sus seguidores reformados, es de que los beneficios de la redención se limitan exclusivamente al número de los elegidos. El alcance del sacrificio expiatorio de Cristo no rebasa el ámbito de la elección. En defensa de este punto doctrinal, Calvino apela, entre otros, a los siguientes pasajes bíblicos: Mi. 1.21; l.c. 19.10; Jn, 10.11; Hch. 20.28; Ro. 5.10; 8.32-35; 2 Co. 5.21; Gá. 1.4; Ef. 1.7; 5,23-27. (Pasajes como los de in. 1.29; 1 Jri. 2.2; 4,14; 1 Ti. 2.2: Tit. 2.11; y He. 2.9, según Cal-vino han de interpretarse en el sentido de que los elegidos, en cuanto a su nacionalidad, linaje, lengua, raza y posición, proceden de lodo el mundo).

4]. Grada irresistible, o llamamiento eficaz de salvación. Calvino alude con mucha frecuencia a este cuarto punto doctrinal. En tanto que el Espíritu Santo aplica a los elegidos los beneficios de la obra redentora de Cristo, el llamamiento sabático del Evangelio es necesariamente eficaz. La regeneración, o nuevo nacimiento obrado por el Espíritu Santo en el elegido, capacita a este para el arrepentimiento, para su conversión a Dios, y para creer y aceptar voluntariamente a Cristo con fe verdadera. Acepta Calvino la realidad de una voluntad libre (libertan arbitriurn) en el sentido de que el hombre decide voluntariamente y por impulso propio; pero niega, por otro lado, que el hombre sin la intervención del Espíritu Santo tenga facultad para elegir lo que es espiritualmente bueno y en conformidad con la voluntad de Dios (Ro. 6.17; 7.14, 23). Según la enseñanza del Reformador, el hombre tiene arbitrium spontaneurn, pero por depravación de su naturaleza, y sin compulsión exterior, su voluntad está tan dada al pecado que siempre decide por el mal. De ahí, pues, que la espontaneidad y la esclavitud puedan coexistir simultáneamente. La voluntad es espontanea, pero no libera, no es coacta, sin embargo es serva. Es, pues, importante, insiste Calvino, distinguir siempre entre capacidad natural e incapacidad .moral Para refrendar bíblicarnente estas consideraciones en torno a la gracia irresistible. Calvino cita los siguientes pasajes: (a) la salvación como obra del Dios Trino: Ro. 8.14; 1 Co. 2.10-14; 6.11; 12.31; 2 Co. 3.6, 17-18: 1 I. 1.2. (b) La salvación no se supedita a una pretendida cooperación humana, sino que la resurrección espiritual que supone el nuevo nacimiento se debe al obrar de Dios en el hombre; ja. 1.12-13; 3.3-8; Tit, 3.5; 1 P. 1,3, 23; 1 Jn. 5.4. (c) El arrepentimiento y la fe vienen como resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo: Hch. 5.31; 11.18; 13.48; 16.14; 18.27; Ef. 2.8-9: Fil. 1.29. (d) La salvación como resultado del llamamiento divino: Ro. 1.6-7: 8.30; 9.16, 23-23; 1 Co. 1.1, 2, 9, 23, 31; 3.6-7; Gá. 1.15, 16; Ef. 4.4; 2 Ti. 1.9; He. 9.15; 1 P. 1.15; 2.9; 5.10; 2 P. 1.31: Jud. 1; Ap. 17.14.

5]. Perseverancia y seguridad del creyente. Los elegidos, además de participar de una plena salvación en Cristo, son también guardados en la fe por el poder de Dios. Podrán caer en la tentación y en las asechanzas del maligno, pero se levantarán espiritualmente y, por la gracia de Dios, perseverarán hasta el fin y eternamente. Para fundamentar esta doctrina de la seguridad del creyente y su perseverancia en el camino de la salvación, Calvino recurre a los siguientes pasajes bíblicos: Is. 43.1-31; 54.10; Jer. 32.40; Mt. 18.12-14; Jn. 3.16, 36; 5.24; 6.35-40; 10.27-30; 17.11, 15; Ro. 5.5-10; 8.1, 29-30, 35-39; 1 Co. 1.7, 9; 10.13; Ef. 1.5, 13, 14; 1 Ts. 5.23, 24; He. 9.12, 15; 10.14; 12.28; 1 P. 1.3, 5; Jud. 1.24, 25.

En oposición a los cinco puntos del calvinismo, el teólogo holandés Jacobo Arminio (t 1609), defendió las siguientes tesis: (a) una elección basada en la presciencia divina de los que en el curso del tiempo creerían en el Evangelio, (b) una redención universal, (c) una depravación parcial, (d) una gracia salvífica resistible, (e) y la posibilidad de una caída final de la gracia. Las tesis de Arminio introducían un elemento sinergista, o de cooperación humana, en el esquema de la sola gracia de la Reforma. Las enseñanzas de Arminio —de aquí el término arminianismo— serían poco después ampliadas y desarrolladas por Simón Episcopius, J. Oldenbarnevelt y Hugo Grotius. El Sínodo de Dort (1618-1619), con representantes calvinistas holandeses y de otros países, condenó las tesis arminianas. Evidentemente, la teología arminiana muestra afinidades con la católica en temas diversos de antropología y soteriología. Los católicos defienden la cooperación del hombre en la salvación con sus obras y con su libre elección. Los arminianos, por su parte, otorgan al pecador la libre capacidad de aceptar o rechazar la oferta de salvación evangélica. En uno y otro caso, tanto católicos como protestantes arminianos no aceptan la incapacidad total del hombre caído en el tema de la voluntad: el pecador, a pesar de su condición lapsaria, puede aceptar o rechazar la oferta salvífica (de ahí que en la predicación arminiana se apele a “los buenos sentimientos del peca-dor” para aceptar a Cristo).

Lejos de acarrear inactividad de testimonio, o inactividad evangélica, la doctrina de la predestinación ha infundido siempre celo misionero en sus creyentes. Las grandes sociedades y comités misioneros protestantes, así como los misioneros más célebres, han sido de persuasión calvinista. Entre estos cabe recordar los nombres de William Carey, Robert Morrison, Henry Martin, Alexander Duff, Adoniram Hudson, Robert Mofat, David Brainerd y David Livingstone .

Continuará …

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La ira del padre piadoso

Blog97
Primero, expresado negativamente: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos” (Ef. 6:4) lo cual se hace:

1. Con palabras: dándoles órdenes injustas e irrazonables, regañándoles a menudo, en público y con dureza; con expresiones inoportunas y apasionadas, y con un lenguaje humillante y abusivo; como el de Saúl a Jonatán (1 Sam. 20:30).

2. Con hechos: mostrando más cariño por uno que por otro, como en el caso de Jacob por José, lo cual indignó tanto a sus hermanos que los llevó a odiarlo al punto de no poder hablar pacíficamente con él (Gén. 37:4); negándoles comida sana y en suficiente cantidad (Mat. 7:9-10; 1 Tim. 5:8); no permitiéndoles jugar, siendo que los juegos infantiles son algo que deben tener (Zac. 8:5); y cuando llegan a la edad de casarse, desposarlos con alguien que no quieren, impidiéndoles sin ninguna razón el noviazgo con alguien que prefieren; despilfarrando en una mala vida el dinero que debiera ser para mantener en el presente a sus hijos y ahorrar para el futuro de ellos, y especialmente cualquier conducta cruel e inhumana como la de Saúl hacia Jonatán cuando atentó contra su vida (1 Sam. 20:33-34). Tales provocaciones han de ser evitadas a todo costo, ya que le quitan toda eficacia a las órdenes, los consejos y las correcciones, y les hace perder el afecto de sus hijos. La razón que da el apóstol para evitar todo esto, es “para que no se desalienten” (Col. 3:21). Pueden sufrir tanto dolor que pierden totalmente el ánimo, se sienten acobardados, desanimados y abatidos. Cuando pierden la esperanza de complacer a sus padres y de compartir su amor pierden toda motivación para cumplir sus deberes y superarse. Los padres de familia indudablemente tienen el derecho
de reprender a sus hijos cuando actúan mal: fue culpa de Elí que sus hijos fueran como eran porque era demasiado indulgente con ellos y sus reprensiones demasiado débiles cuando debió haberles impedido cometer sus vilezas. Debió haber mostrado su desagrado con firmeza, exigido que se cumplieran sus órdenes y debió amenazarlos, castigándolos si seguían con su obstinación y desobediencia (1 Sam. 2:23-24; 3:13). Y pueden los papás usar la vara de corrección, lo cual deben hacer temprano, mientras hay esperanza, pero siempre con moderación y amor, y deben tomarse el trabajo de darles pruebas de que los aman, y que es por el amor a ellos y para su bien, que los castigan. Se menciona a los “padres” en particular porque tienen la tendencia a ser más severos mientras que las mamás son más indulgentes.

Tomado de A Body of Divinity
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John Gill (1697-1771): Teólogo bautista, nacido en Kettering, Inglaterra.

Mis hermanos, les exhorto que sean como Cristo en todo momento, imítenlo en público. La mayoría vivimos como si fuéramos un medio de publicidad; muchos somos llamados a trabajar en presencia de otros todos los días. Somos observados, nuestras palabras son captadas, nuestras vidas son examinadas a fondo. El mundo con ojos de águila, con ojos que buscan argumentos para discutir, observa todo lo que hacemos, y los críticos cortantes nos atacan. Vivamos la vida de Cristo en público. Seamos cuidadosos de mostrar a nuestro Señor y no a nosotros mismos, a fin de poder decir: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Ustedes que son miembros de la iglesia, lleven esto también a la iglesia. Sean como Cristo en la iglesia. Cuantos hay como Diótrefes, quien buscaba ser el más prominente (3 Juan 9). Cuántos hay que están tratando de parecer más de lo que son y tener poder sobre sus hermanos cristianos, en lugar de recordar que la regla fundamental de todas nuestras iglesias es que todos los hermanos son iguales y que deben ser recibidos como tales. Manifiesten, pues, el espíritu de Cristo en sus iglesias y donde quiera que estén. Que sus hermanos en la iglesia digan de ustedes: “Ha estado con Jesús”… Pero por sobre todas las cosas sean ustedes cuidadosos en practicar su religión en sus hogares. Un hogar religioso es la mejor prueba de verdadera piedad. No mi capilla, sino mi hogar; no mi pastor, sino mi familia quien mejor me puede juzgar. Es el sirviente, el hijo, la esposa, el amigo los que pueden discernir mejor mi verdadero carácter. Un hombre bueno mejora su hogar. Rowland Hill dijo en cierta ocasión que él no creería que un hombre fuera un verdadero cristiano si su esposa, sus hijos, sus sirvientes y aun su perro y su gato, no fueran mejores por ello… Si su hogar no es mejor por ser ustedes cristianos, si los hombres no pueden decir: “Esta casa es mejor que otras”, no se engañen, no tienen ustedes nada de la gracia de Dios… Practiquen su piedad en familia. Que todos digan que ustedes tienen una religión práctica. Que sea conocida y practicada en la casa, al igual que en el mundo. Cuiden su carácter allí; porque realmente somos como allí nos comportamos. —Charles Spurgeon

Dios otorga más bondades a un hombre piadoso que a todos los impíos en el mundo. Júntese toda la manutención, todos los males de los que han sido liberados,todas sus riquezas, todas las comodidades que la providencia les ha dispensado: esas cosas no son más que nimiedades que Dios otorga a hombres impíos. Pero hay bendiciones únicas que otorga a los justos. Dios tiene reservadas cosas preciosas para sus favoritos en comparación con las cuales los tesoros del mundo no son más que polvo y escoria. En cuanto a los santos, Cristo murió por ellos, todos han sido perdonados, han sido librados de un infierno de sufrimiento eterno, se les ha dado derecho a la vida eterna, la propia imagen de Dios les ha sido conferida, han sido bien recibidos y disfrutar disfrutarán del amor imperecedero de Dios. —Jonathan Edwards

El legado espiritual de Juan Calvino 5

Blog94E

Los principios básicos de la teología calvinista

La teología de Calvino está firmemente anclada en las escrituras en el principio de autoridad divina que emana de la misma.  La polémica religiosa del siglo XVI planteó una decisiva y radical cuestión de autoridad. durante siglos de tensiones y confrontaciones entre la Iglesia y el poder civil, la jerarquía católica llegó a convertirse en una poderosa estructura de poder. En el plano religioso la Iglesia actuaba como depositaria infalible de la verdad del cristianismo y ejercía en lo doctrinal una autoridad absoluta. A través de su sistema sacramental se convertía en agencia exclusiva de mediación espiritual. En todas las facetas de la vida, los preceptos de la Iglesia eran ineludibles e incontestables. En la esfera del pensamiento imponía la escolástica —sobre todo el tomismo— como sistema verdadero de interpretación de la realidad. Con el advenimiento de la Reforma se hunde toda esta estructura de poder y autoridad: Roma pierde su poder hegemónico y ve cuestionado los cimientos de su autoridad. En nombre de una autoridad superior —la de las Escrituras—, la Reforma se enfrenta a Roma con valor y firmeza en su es-fuerzo de retorno a la fe apostólica. Toda la obra de Calvino constituye una constante apelación a la autoridad de la Biblia. Calvino escribe con autoridad: con la autoridad que emana del texto sagrado de las Escrituras. Una objeción que con frecuencia tanto católicos como protestantes arminianos esgrimen en contra del calvinismo tiene que ver con la doctrina de la predestinación. Se acusa al calvinismo de presentar a un Dios inmisericorde y cruel en sus designios de salvación: a algunos hombres, por decreto de elección soberana, otorga salvación, y a otros, por decretum horribile, condena a reprobación eterna. En este, como en otros temas también cuestionados, se hace imperativo el estudio sosegado y directo de los textos de Calvino a la luz de la ver-dad revelada. Los que rechazan la soberanía de Dios en todo lo con-cerniente a la predestinación, decía y repetía el predicador Spurgeon, deberían mutilar previamente sus Biblias y eliminar muchos de sus pasajes. Posiblemente sea la doctrina de la elección la peor entendida y más caricaturizada de la teología bíblica. Aconsejable sería, por consiguiente, leer y estudiar a Calvino con el fin de “enderezar entuertos teológicos” y clarificar ideas sobre la doctrina. Con frecuencia se habla también de la predestinación como si fuera la doctrina central y distintiva del calvinismo. Los que así piensan ignoran que sobre esta doctrina lo que dice Calvino no difiere de lo expuesto por san Agustín en el siglo IV, y Zuinglio, Lutero y demás reformadores en el siglo XVI. Dicho esto debe afirmarse que el decreto de elección y predestinación no es el principio formal en torno al cual gira y se estructura el sistema teológico calvinista. En el calvinismo la predestinación (y todas las demás doctrinas) se subordina a un principio revelacional superior: el del teísmo bíblico. De no captarse el significado del teísmo bíblico, no se llegará a entenderá nunca la verdadera esencia del calvinismo. El calvinismo es un sistema radicalmente teocéntrico. El principio fundamental del calvinismo es inseparable de una experiencia de profunda aprehensión de Dios en su majestad y gloria. En palabras de B.B. Warfield:

“El calvinista es el hombre que ha visto a Dios, y ante la visión divina se apodera de él un pro-fundo sentimiento de indignidad como criatura, y mucho más como pecador. Pero al mismo tiempo el calvinista se ve embargado por un desbordante sentimiento de asombro adorante al darse cuenta de que este Dios es también el Dios que recibe a los pecadores. Aquel, pues, que en completa entrega y sin reserva al-una cree en Dios y le acepta como Dios en la totalidad de su corazón, mente y voluntad —en la esfera completa de sus actividades intelectuales, morales y espirituales, y a través de todas sus relaciones individuales, sociales y religiosas—es, por necesidad, un calvinista.” [“Calvinism”, The New SchaffHerzog Encyclopedia of Religious Knowledge, Baker, Grand Rapids 1958, ad. loc.].

El principio fundamental del calvinismo está enraizado en un teísmo omniabarcador. En palabras del propio Calvino: “en la totalidad de nuestra vida tenemos negocio con Dios (negotium cum Deo)”. Es sobre la base del teísmo bíblico donde el Reformador desarrolla el tema de la predestinación y levanta todo el edificio de su teología. La soteriología calvinista se la resume tradicionalmente en cinco puntos doctrinales: depravación total del hombre, elección incondicional, redención particular, gracia irresistible y perseverancia del creyente en la salvación.

1]. Depravación total del hombre. Aquí el adjetivo total, más que intensivo, es incluyente: todas las facultades del hombre se han visto afectadas por el pecado. Delante de Dios el hombre es incapaz de lograr ningún bien espiritual o de valor soteriológico. En lo social, moral e intelectual el hombre puede conseguir grandes y loables metas. Sin embargo, en tanto que estos logros no están motivadas por un genuino amor y obediencia a Dios, no son aceptables ni meritorios. La voluntad del hombre caído no es libre: es esclava del pecado. Las conclusiones de Calvino sobre este punto se derivan de la exégesis de pasajes bíblicos tales como los de: Gn. 6.5; Job 15. 14-16; Sal. 51.5; Ec. 7.20; 9.31; Is. 64.6; Jer. 17.9; Mr. 7.21-23; Jn. 3.5-7; 8.7-8; 6.44, 1 Co. 65; Ro. 3.9-12; 2.14; Ef. 2.1-3; 6.20; 4.17-19,24; Col. 3.10; Tit. 1.5; 3.3. Sobre la imagen de Dios en el hombre, Calvino distingue entre la imagen natural, que tiene que ver con la espiritualidad, racionalidad, moralidad e inmortalidad de su ser, y la imagen moral, que tiene que ver con el conocimiento verdadero, la justicia y la santidad. La primera imagen se vio afectada por la caída; mientras que la segunda se perdió por el pecado y es restaurada por Cristo.

Continuará …

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Conversión de los miembros de la familia 3

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8. Procuren por todos los medios que todos participen de las ordenanzas públicas, porque allí Dios está presente de un modo más especial. Hace que el lugar de sus pies sea glorioso. Aunque el mandato de Dios era que solo los varones fueran a las fiestas solemnes en Silo, Elcana llevaba a toda su familia al sacrificio anual (1 Sam. 1:21). Quería que su esposa, hijos y siervo estuvieran “en la casa de Jehová” para “contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Sal. 27:4). También Cornelio, cuando Pedro llegó a Cesarea para predicar por mandato de Dios, llamó a todos sus familiares y conocidos para escuchar el sermón (Hech. 10:24)… Recuerden examinarlos para ver si prestaron atención, como lo hizo Jesús cuando predicó su famoso sermón junto al mar. Les preguntó a sus discípulos: “¿Habéis entendido todas estas cosas?” (Mat. 13:51). Cuando ya estaban solos les explicó más en detalle las cosas que había enseñado (Mar. 4:34).

9. Si lo antedicho no da resultado, sino que los que están a su cargo siguen pecando, tendrán que recurrir a la corrección paternal. Ahora bien, las reprensiones tienen que depender de la edad, el temperamento, carácter y las diversas cualidades y tipos de ofensas de cada uno. Otorgue su perdón por faltas leves en cuanto muestran arrepentimiento y pesar. Tienen que considerar si las faltas de ellos proceden de su imprudencia y debilidad, en qué circunstancias y como resultado de qué provocaciones o tentaciones. Observen si parecen estar realmente arrepentidos y verdaderamente humillados… En estos y otros casos similares, deben los padres tener mucho cuidado y prudencia. El castigo merecido es una parte de la justicia familiar, y hay que tener cuidado de que por eximirlos de castigo, ellos y sus amigos se endurezcan en sus pecados y se pongan obstinados y rebeldes en contra de los mandamientos de Dios. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Prov. 13:24; 23:14). Esta es una orden y un mandato de Dios. “Tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos” (Heb. 12:9). Algunos progenitores y maestros se conducen más como bestias embravecidas que como seres humanos: disfrutan de corregir tiránicamente. Pueden dejar que sus hijos digan groserías, mentiras y que roben, y cometan cualquier otro pecado sin corregirlos para nada. Pero si no hacen lo que ellos quieren que hagan, caen sobre ellos y los despedazan como bestias salvajes. ¡Sepan que en el Día del Juicio, estos  rendirán cuenta de sus acciones viles! ¡Ay, mejor déjenles ver que están  indignados por lo hecho contra Dios y no contra ustedes! Tienen que sentir mucha compasión por sus almas y un amor santo mezclado con su ira contra el pecado… Tengan cuidado, sean imparciales y reúnase con ambas partes cuando hay quejas mutuas. Pero si están convencidos de que ninguna otra cosa fuera de la corrección daría resultado, sigan el mandato de Dios: “corrige a tu hijo, y te dará descanso” (Prov. 29:17)… pero eviten toda corrección violenta y apasionada. El que ataca cuando arde su pasión se arriesga demasiado a sobrepasar los límites de la moderación… tengan cuidado, no sea que por demasiados castigos físicos su hijo termine sintiéndose envilecido ante sus propios ojos (Deut. 25:3).

10. Si los medios ya mencionados son eficaces por bendición divina, entonces elogien a sus hijos y anímelos, pero no demasiado. Al igual que los magistrados, los padres a veces tienen que elogiar a los que hacen el bien (Rom. 13:3). Nuestro Señor a veces se acerca y dice: “Bien, buen siervo y fiel” (Mat. 25:21). Entonces, cuando los resultados son prometedores y los que están a su cargo demuestran ser responsables, tienen ustedes que alentarlos demostrando su aprobación… Pero no demasiado, porque los barquitos no pueden aguantar grandes velámenes. Muchas veces el exceso de elogios genera orgullo y arrogancia, y a veces altanería y exceso de confianza.

11. ¿Comienzan ellos a mejorar y prosperar en su obediencia y empiezan a aceptar con buena actitud sus preceptos? Entonces, conquístenlos todavía más con recompensas según sus diversas capacidades y su posición. Dios se complace en atraernos a los caminos de santidad con la promesa de una recompensa: “es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). A medida que van creciendo, deles recompensas que son las apropiadas para su edad. En algunos casos, han probado ser muy motivadoras, al menos en lo que se refiere a la obra externa de la religión en los pequeños… Recuerde que cuando el hijo pródigo de la parábola volvió a su hogar para vivir una vida nueva, el padre hizo matar el becerro gordo, le hizo poner el mejor vestido, poner un anillo en su mano y calzado en sus pies (Luc. 15:22).

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph,
Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 4

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Calvino y sus escritos

La producción teológica de Calvino es amplia y variada: escritos doctrinales, exegéticos, catequéticos, litúrgicos y epistolares. Sin duda alguna, la Institución de la religión cristiana es su obra doctrinal más importante. La primera edición, en latín, apareció en Basilea en 1536. La versión francesa, obra del propio Calvino, mucho más extensa, apareció en Ginebra en 1541. Fue traducida al castellano por Cipriano de Valera en 1597. La Institución es la expresión más completa de la teología de Calvino. Han transcurrido cerca de cinco siglos desde su aparición, pero por las excelencias bíblicas de su contenido continua siendo la obra maestra de la teología protestante.

Los comentarios bíblicos de Calvino son también obras clásicas de la Reforma. Sus comentarios cubren todos los libros del Antiguo Testamento —con excepción de los “salomónicos” y algunos de los históricos—. Del Nuevo Testamento —salvo 1 y 2 de Juan y el Apocalipsis— escribió comentarios a todos los demás libros. Por su importancia, y trascendencia posterior sobre otros estudios bíblicos, cabe destacar su comentario a los Salmos y el de la Epístola a los Romanos. Calvino es el gran exegeta de la Reforma. Emancipó la exégesis bíblica del apriorismo dogmático del catolicismo y de las interpretaciones alegóricas tradicionales, que en vez de hacer hablar el texto por sí mismo lo acallaban con añadidos totalmente ajenos al mismo. Gran conocedor del he-breo y el griego, se esforzó siempre por encontrar el sentido filológico correcto del original. Su amplio y profundo conocimiento de la Escritura explica y avala la solidez bíblica de sus escritos teológicos. En el campo de la apologética, sus tratados en defensa de las doctrinas de la Reforma son numerosos y de gran fuerza y agudeza argumentativa. Entre estos, cabe mencionar la Respuesta al Cardenal Sadoleto, Antídoto contra el Concilio de Trento y el Tratado contra las reliquias.

En la esfera de lo pastoral y litúrgico Calvino escribió tratados modélicos de catequesis. Su Catecismo de Ginebra de 1541, por ejemplo, inspiró a otros tan importantes como los Short y Larger catecismos de Craig, de 1581 — primer catecismo de la Iglesia escocesa; los catecismos de Westminster  —The Larger y The Shorter, ambos de 1648—; y el Catecismo de Heidelberg de 1563. Pero no solo los catecismos, también las grandes confesiones reformadas vienen marcadas por la impronta teológica de Calvino: la Confesión Helvética (1562) —en la que Bullinger tuvo una intervención muy directa y que fue aceptada como confesión de las iglesias reformadas de Suiza—; la Confesión Belga. preparada por Guy de Brés, y que a partir de 1566 llegaría a ser la base doctrinal de la Iglesia Reformada de Holanda—; la Confesión de fe de Westminster (1643-1649) -credo de doctrina de los presbiterianos y base de las confesiones bautistas; como la Second London Confesion of Faith (1689) y la Philadelphia confession of Faith (1742)—.

Ya desde sus días de pastoreo de la pequeña congregación de Estrasburgo mostró Calvino un especial interés por la introducción de la salmodia en el culto de adoración y alabanza. A él se deben varias versiones métrica de los Salmos que, sumadas a las excelentes versificaciones del poeta ( Clément Marot, integrarían y daría forma final al Salterio calvinista. El canto de los salmos ha dado una marcada nota de reverente solemnidad al culto de adoración reformado.

En el campo de la enseñanza Calvino fue un avanzado de su tiempo. Sus planes educativos fueron de sólida integración cultural. Además de escuelas para niños Calvino fundó la famosa academia de Ginebra, dirigida desde sus origenes por Teodoro Beza, en la que se formaron los lideres del calvinismo europeo y semtaria el modelo de la institución educativa de estudios superiores en todos los países protestantes. tanto Europeos como norteamericanos. Para Calvino la incultura era tierra de cultivo de la ignorancia religiosa, de la superstición y del atraso social y humano.

Continuará …

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Conversión de los miembros de la familia 2

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5. Presérvenlos de una sociedad impía. David no solo aborrecía el pecado en general, sino que detestaba especialmente tenerlo en su casa.

“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos” (Sal. 101:7), para que el ejemplo impío y la tiniebla espiritual de personas malas en su medio no se pegara y corrompiera a los moradores. La imitación es natural en los niños: imitan a sus familiares y amigos. Porque, según el proverbio: “El que vive con un cojo aprenderá a cojear” (Prov. 22:24-25). Los niños en especial corren el peligro de infectarse por las compañías lascivas y corruptas. Muchos chicos de padres consagrados se han corrompido por andar siempre con los hijos malos de vecinos impíos.

6. Hagan que las reprensiones prudentes y en el momento preciso sean administradas según la naturaleza y calidad de las fensas. Empiecen suavemente. Usen toda la persuasión posible para atraerlos a los caminos de Dios. Cuéntenles de las recompensas de gloria, la dulce comunidad en el cielo; esfuércense por poner en sus corazones la verdad de que Dios puede llenar sus almas con un gozo imposible de encontrar en el mundo. “A algunos que dudan, convencedlos” (Jud. 22).

Pero si esto no da resultado, comiencen a incluir expresiones más graves de la ira divina contra el pecado. Así como hay un nexo entre las virtudes, lo hay también entre las pasiones. El amor y la ira no son enteramente “sentimientos incompatibles”. No, el amor puede ser el principio y fundamento de la ira, que lanza sus flechas reprochadoras contra el blanco del pecado… Pueden decirle a su hijo con algo de severidad, que si sigue en su camino pecaminoso, Dios se indignará, y ustedes también. Luego háganle saber que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). Esta es la manera de aplicar el “Airaos, pero no pequéis” como manda el apóstol (Ef. 3:26). No permitan que sus pasiones, como torrentes incontrolables, se desborden de los límites establecidos por las Escrituras y la razón. Hay una indignación seria y sobria que produce respeto y conduce a una reforma. Pero la que incluye un estrépito horrible y gritos desaforados fluye del pecho de los necios. Sería en vano que quisieran ustedes ganar a otros cuando ustedes mismos son abusivos y descontrolados. ¿Cómo puede alguien en tal estado razonar con otro en su mismo estado? El que es esclavo de su irascibilidad no puede ofrecer reprensiones nobles.

El niño jamás podrá convencerse de que tal indignación proviene del amor cuando lo obligan a aguantar los abusos diarios de un temperamento encolerizado, cuando por parentesco está siempre expuesto a un temperamento dominado por la ira que se tiene que desquitar con alguien… Entonces, administren con prudencia sus reprensiones. Recubran esas píldoras amargas con la esperanza de volver a ganarse su favor en cuanto se corrige. Consideren igualmente la posición y el lugar de sus distintos familiares. A la esposa no hay que reprenderle delante de los hijos y los sirvientes, para no menoscabar su autoridad. El desprecio mostrado hacia la esposa terminará siendo contraproducente para el marido. También, las pequeñas ofensas de los hijos y sirvientes, si no fueron
cometidas en público, deben ser reprendidas en privado. Pero, sobre todo, tengan cuidado de no reprenderlos más por las ofensas contra usted que por las ofensas contra Dios. Si tienen motivos para indignarse, no empeoren las cosas sino que procuren calmarse antes de tomar alguna medida.

No den demasiada importancia a las debilidades. Si todavía no son pecaminosas, repréndanlos con la expresión de su rostro y no con agresiones amargas. Reserven sus reprensiones públicas y ásperas para las ofensas abiertas y escandalosas, para transgresiones reiteradas que demuestran mucha indiferencia, o desprecio y desdeño.

7. Mantengan una práctica constante y vigorosa de los deberes santos en el seno familiar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, dijo Josué (Jos. 24:15). Moisés mandó a los israelitas que repitieran una y otra vez en familia y en privado con sus hijos las leyes y los preceptos que Dios les había dado (Deut. 6:7). Las enseñanzas y exhortaciones de los siervos de Dios en público deben ser constantemente repetidas en casa a los pequeños. Samuel hizo una fiesta en su propia casa después del sacrificio (1 Sam. 9:12, 22). Job y otros realizaban sacrificios con sus propias familias. El cordero pascual debía ser comido en cada casa en particular (Éxo. 12:3, 4). Dios dice que derramará su “enojo sobre los pueblos que no te conocen” (Jer. 10:25). Mantener estos deberes familiares hace de cada hogar un santuario, un Betel, una casa de Dios. Aquí quiero recomendar que los cristianos no sean demasiado tediosos en su cumplimiento de los deberes de adoración privada. Cuídense de no hacer que los caminos de Dios sean una carga y una cosa desagradable. Si a veces Dios les toca el corazón de un modo especial, no rechacen ni repriman la inspiración divina, pero en general esfuércense por ser concisos y breves. Muchas veces el espíritu está dispuesto cuando la carne es débil (Mat. 26:41). Y a uno le es fácil no distraerse durante un tiempo breve, pero la plática larga da ocasión para distraerse mucho. “Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Ecl. 5:2). Igualmente es bueno variar los deberes religiosos: a veces canten y a veces lean, a veces repitan, a veces catequicen, a veces exhorten. Pero hagan dos cosas a menudo: ofrezcan el sacrificio de las oraciones y hagan que los hijos lean cada día alguna porción de las Sagradas Escrituras.

 

Continuara …

 

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Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 3

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¿Artísticamente, fue el Reformador un hombre falto de sensibilidad estética?

En contra de la opinión de muchos de sus críticos, creemos que Calvino fue un hombre dotado de un fino y profundo sentido de lo bello y lo sublime. Con el fin de empequeñecer la talla artística del francés se le ha juzgado comparativamente con Lutero y se le ha considerado pobre en lo estético. Bien sabido es que Lutero mostró siempre una predilección especial por la pintura y la música. Fue amigo de Durero, de Lucas Cranach —el pintor de la Reforma— y de otros pintores famosos del tiempo. Después de la Biblia, la música era para Lutero el don más grande concedido por Dios al hombre. Proficiente en el laúd y notable en el canto, sus contribuciones en el canto coral y en la himnología llegarían a ser decisivas para el desarrollo de la música de la Reforma. J.S. Bach representa la plenitud de una nueva música religiosa de la que Lutero fue su precursor. La talla artística de Calvino, sin embargo, se manifestó de una manera menos ostentosa y por cauces estéticos distintos. Compartió también con Lutero y Zuinglio afición por la música. Consideraba el canto congregacional de los Salmos como “un medio excelente para enfervorizar el corazón y llenarlo de ardor para la oración”. Sin embargo, fue en el campo de la expresión literaria donde se hacen más patentes sus dones artísticos. Calvino fue un verdadero artista de la prosa: su Institución de la religión cristiana, por su elegancia y belleza de estilo, es una joya literaria de la lengua francesa. En nuestra opinión, la categoría estética que más distingue a Calvino es la de lo sublime. Nadie ha sabido plasmar con mayor elegancia de estilo y sobrecogedora fuerza expresiva el tema de la grandeza y majestad de Dios como Calvino. Calvino es el artista de lo sublime religioso.

Nunca gozó Calvino de una buena salud. Agotado por el trabajo, y vencido su cuerpo por dolorosas enfermedades, el 27 de mayo de 1564 moría en Ginebra. Difícil ha sido siempre valorar la figura del Reformador. En la historia de la Iglesia, escribe Philip Shaff, no hay hombre tan amado y odiado, admirado y aborrecido, ensalzado y culpado, bendecido y condenado como el de Juan Calvino. Su persona no despierta la simpatía de Lutero ni el atractivo de Zuinglio. “Sin embargo, cuanto más se le conoce, más se le aprecia y se le admira”. [History of the Christian Church, Eerdmans, Grand Rapids 1953, vol. VIII, 834 ss.] trás de su temple de acero, voluntad férrea, disciplina estoica, talante intolerante y carácter iracundo, descubrimos a un personaje de la mejor fibra humana. En su lecho de muerte, en una carta a Bucero, confiesa cuán difícil le había sido ‘domar la bestia salvaje de Su ira’. Las riquezas y los honores no tuvieron para él encanto alguno; su vida transcurrió siempre en el marco de una pobreza evangélica y en los cauces de una moralidad estricta e irreprochable. Su única ambición fue la de servir a Dios: ante sus ojos solo Dios era grande, y sin Dios el hombre no era más que vanidad y polvo. El omnipresente y omniabarcador SOLI DEO GLORIA del teocentrismo bíblico que inspiró y motivo la vida y pensamiento teológico de Calvino, es también el principio que fundamenta y condiciona. los grandes catecismos, confesiones y tratados teológicos calvinistas. En el primer artículo de su Catecismo de la Iglesia de Ginebra, de 1541, formula en estas breves palabras el principio teocéntrico que ha de regir en todo la vida del hombre:

P— ¿Cuál es el fin último de la vida humana?

R. — Conocer a Dios.

P. — ¿Por qué es esto así?

R. — Porque Dios nos creó y nos puso en este mundo para ser glorificado en nosotros. Justo es, pues, que nuestra vida, que de Él procede, se consagre a su gloria.

 

El teólogo holandés Herman Bavinck formula en estos términos el teocentrismo evangélico del calvinismo:

“En conformidad con la enseñanza paulina, ‘nosotros tenemos la mente de Cristo’ (1 Co. 2.6). Esta es la mente que descubre a Dios en el trono de su señorío universal en las esferas de la creación y de la gracia, y hace exclamar al creyente, en palabras del Apóstol: ‘Porque de El, y por Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos’ (Ro. 11.36).” [ Our reasonable faith, Eerdmans, Grand Rapids, 1956, p. 134].

Mucho podemos decir sobre Calvino como teólogo y comentarista de la Biblia; pero hay algo en sus escritos que destaca, y hace vibrar el alma del lector con un sentimiento de abrumadora presencia de lo divino en todas sus páginas. Calvino nos impacta profundamente con su desbordante sentimiento de la majestad infinita de Dios. Al acercarnos a Calvino, nos maravilla lo que nos dice, pero también cómo lo dice. Calvino nos habla con la autoridad que infunde la experiencia de un profundo sentimiento de la majestad de Dios. “La verdadera piedad —escribe en los inicios de su Breve instrucción— no consiste en el temor, sino en un puro y auténtico celo que ama a Dios como un verdadero Padre y le reverencia como verdadero Señor, abraza su justicia y tiene más horror de ofenderle que de morir […] . Como la majestad de Dios sobrepasa en sí la capacidad del entendimiento humano, e incluso es incomprensible para este, tenemos que adorar su grandeza más bien que examinarla para no vernos completamente abrumados con tan grande claridad”. La aprehensión de la infinita grandeza de Dios, en el grado en que esto sea posible para el hombre, constituye el fundamento de la verdadera adoración y del genuino culto de alabanza de la piedad cristiana.

 

Continuara…

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Conversión de los miembros de la familia 1

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PREGUNTA: “¿Qué podemos hacer, qué medidas podemos tomar, qué método nos recomienda para cumplir este deber tan importante, y ser útiles en la conversión y salvación de nuestros familiares que se encuentran en un estado natural?
Daré indicaciones bajo varios encabezamientos. Algunas, aunque son obligaciones comunes y obvias, pueden cumplirse mejor de lo que se están cumpliendo, por lo que no las pasaré por alto ya que son muy provechosas y no menos prácticas que otras. Muchos hombres bajo el evangelio perecen por no llevar a cabo los deberes que saben que les
corresponden. Por lo tanto les ruego, oh cristianos, que cada indicación sea debidamente evaluada y conscientemente mejorada a fin de lograr el éxito con la ayuda divina.

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1. Preserven y respeten el honor y la preeminencia de la posición en que Dios los ha puesto con toda sabiduría y cuidado. El profeta se queja de los tiempos cuando “el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble” (Isa. 3:5). La diferencia de edad requiere una diferencia en la conducta… Los adultos tienen que demostrar gran
respeto hacia los jóvenes si quieren que los jóvenes demuestren gran respeto hacia ellos. Dicho esto, no deben ustedes mostrarse orgullosos, altaneros ni presuntuosos. Sus rostros, aunque serios, no deben ser adustos. Así como no siempre tienen que estar sonriendo, tampoco deben estar con el ceño fruncido. Una severidad rígida en palabras así como en acciones producen en los hijos una disposición servil y de desaliento.
2. Sea la instrucción familiar frecuente, de envergadura y clara. Por naturaleza, todos somos desiertos áridos y rocosos: la instrucción es la cultura y el mejoramiento del alma. Los naturalistas han observado que las abejas “llevan gravilla en las patas” para fijar sus cuerpecitos cuando rugen los vientos tormentosos. Ese mismo fin cumple la instrucción en la mente indecisa y fluctuante de la juventud. La quilla de su poco criterio se hundiría sin el contrapeso de la disciplina… Pero en todos sus momentos de instrucción, cuídense de no ser tediosos por hablar interminablemente. Compensen la brevedad de esas ocasiones aumentando su frecuencia. La Palabra manda hablar de los preceptos
de Dios “cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes” (Deut. 6:7; 11:19), un poco ahora y un poco después. Los largos discursos son una carga para la poca memoria que tienen, y una imprudencia tal bien puede resultar en que terminen teniendo una aversión por el maná espiritual, siendo que todavía están en su estado natural. A una planta joven se la puede matar con demasiado fertilizante y podrirla con demasiada agua. Los ojos que recién se despiertan no aguantan el resplandor, entonces:

“mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isa. 28:10). Deben guiar a los pequeños como lo hizo Jacob, mansamente hacia Canaán (Gén. 33:13).”

Capten su tierna atención con pláticas acerca de la grandeza infinita y la bondad eterna de Dios, acerca de las glorias del cielo, de los tormentos del infierno. Las cosas que afectan los sentidos tienen que ser espiritualizadas para ellos, gánense su buena disposición con astucia santa. Usen alegorías lo más que puedan. Si están juntos en un jardín, hagan una aplicación espiritual de las hermosas flores. Si están a la orilla de un río, hablen del agua de vida y los ríos de placer que hay a la diestra de Dios. Si en un maizal, hablen de la cualidad nutritiva del pan de vida. Si ven pájaros que vuelan en el aire, o los oyen cantar en la floresta, enséñenles acerca de la providencia omnisapiente de Dios que les da su alimento a su tiempo. Si alzan su mirada al sol, la luna y las
estrellas díganles que son destellos de la antesala del cielo. ¡Oh, entonces qué gloria hay interiormente! Si ven un arcoíris adornando alguna nube acuosa, hablen del pacto de Dios. Estos y muchos más pueden ser como eslabones de oro que van poniendo realidades divinas en sus memorias: “Por medio de los profetas usé parábolas”, dice Dios
(Ose. 12:10). Además, procuren que los pequeños lean y aprendan de memoria algunas porciones de los libros históricos de las Sagradas Escrituras. Pero, sobre todo, la mejor manera de instruir, especialmente a los más chicos, es por medio de catecismos  explícitos, pueden ser citados directamente del texto bíblico y expresados en breves frases según su capacidad, en un estilo directo pero fiel a la Palabra, de modo que queden en la memoria.

Versiculo 219

3. Agreguen requisitos a sus instrucciones. Ínstelos en el nombre de Dios a que escuchen y obedezcan las reglas y costumbres de su hogar. Tenemos un ejemplo en Salomón, quien nos dice que era “hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y
vivirás” (Prov. 4:3-4)… En cuanto a esto, Abraham fue designado por Dios mismo como un modelo para toda posteridad. “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Gén. 18:19), por lo que le
complacía a Dios revelarle secretos.
4. Permanezca atento para percibir las primeras manifestaciones de pecado en su conducta. Deténganlas cuando recién empiezan y son todavía débiles. “De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra”, dice David (Sal. 101:8). Hay que empezar este trabajo desde el principio y refrenar cada palabra mala y desagradable desde la primera vez que la oyen. Manténganse en guardia para detectar las primeras señales de
corrupción en ellos. Se puede cortar fácilmente un brote tierno, pero si se deja crecer hasta ser una rama, es mucho más difícil hacerlo.

Continuara …

 

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Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

Versiculo 218

El legado espiritual de Juan Calvino 2

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En 1536 llegó a Ginebra camino a Estrasburgo. Sin embargo no pudo continuar su viaje debido a que su compatriota Guillaume Farel lo convenció para que se quedara en la ciudad y colaborara con él en las tareas de reforma evangélica allí emprendidas. Por aquel tiempo el movimiento reformado en Suiza, iniciado por Zuinglio en Zurich, había ya arraigado en importantes cantones helvéticos, y contaba con destacados líderes evangélicos: Capito y Ecolampaio en Basilea, Haller en Berna, Vadiano en St. Gall, Viret en Lausana, Farel en Ginebra y Bullinger en Zurich. Si bien al principio Ginebra acogió favorablemente el ministerio de Calvino, las rígidas medidas disciplinarias impuestas por el joven reformador determinaron el rechazo de la población y la consiguiente expulsión de la ciudad. La estancia en Ginebra había durado menos de dos años. Aceptando la invitación de Martín Bucero, Farel y Calvino se instalaron en Estrasburgo. En esta ciudad Calvino pastoreó una pequeña congregación de refugiados franceses e inició un ambicioso esquema de reformas religiosas en conformidad con su visión bíblica de lo que había de ser una verdadera iglesia cristiana. En buena medida estas medidas encontrarían más tarde debido cumplimiento en Ginebra, donde a instancias y súplicas de las autoridades de la ciudad Calvino regresó de nuevo en 1541. Catorce años de “pacificación espiritual”, escribe Beza, fueron los que necesitó Calvino para implantar su plan de reformas religiosas, sociales y políticas . Al término de las mismas, según el testimonio del escocés John Knox, Ginebra se convirtió “en la más perfecta escuela de Cristo que jamás haya existido desde tiempos apostólicos”.

Calvino, ya desde el inicio de su ministerio, tuvo conciencia de su propia excepcionalidad en cuanto a dones espirituales y capacidades intelectuales; pero también tuvo conciencia de la extraordinaria tarea reformadora a él encomendada por llamamiento de Dios. Ante estas dos realidades, Calvino asumió una inquebrantable doble determinación: la de que se le conociera por sus reformas y escritos, y se le desconociera por lo que era en la esfera de lo personal. Sus escritos eran importantes por centrarse en la gloria y grandeza de Dios; mientras que por lo personal y propio él no era más que un insignificante “gusano de Jacob”. Muy celoso fue siempre Calvino de su “escondimiento personal”, al extremo de proyectarlo más allá de su muerte, pues dio estrictas instrucciones a sus amigos para que, llegado el día, se ocultara el lugar exacto donde habían de ser enterrados sus restos mortales. Al igual que Moisés, en modo alguno quería que su tumba fuera profanada por la idolatría. Ante la realidad de esta ocultación personal, motu proprio, poco es lo que sabemos de la biografía del Reformador, y para conocer algo hemos de hacernos eco de la información que sobré él nos ha llegado de los que le conocieron (particularmente de T. Beza). Por lo que podemos colegir de la información biográfica disponible, Calvino fue un hombre de férrea voluntad y determinación, y de profundos sentimientos —a los que siempre controló y sujetó bajo una estricta disciplina—. Por su carácter y actuación personal a la hora de asumir responsabilidades y obligaciones, se nos muestra siempre como un ejemplo modélico de creyente, que al igual que su admirado apóstol Pablo, ante cualquier situación, anímica o de índole exterior, podía afirmar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¿Ha sido por este dominio de sí mismo y de control de sus sentimientos que se le ha juzgado de frío y distante? Los que así piensan deberían leer un buen número de sus más de cuatro mil cartas en las que el Reformador muestra una desbordante riqueza de sentimientos y afectos personales.

Dicho esto, con toda su riqueza personal y de carácter, Calvino no despierta el atractivo humano de Lutero. El reformador alemán, con todos sus defectos y virtudes, se nos aparece como un hombre más “como nosotros”. Con su “reina Catalina”, a la que amaba “tanto o más que a la Epístola a los Gálatas”, fundó un hogar cristiano, ejemplo de virtudes familiares y modelo de hospitalidad bíblica para propios y extraños. Del calor humano de sus Charlas de sobremesa, participan todavía hoy los que a través de la lectura de sus páginas se sientan en torno a la gran mesa preparada por la “reina Catalina”. Gracias a Lutero, el hogar del ministro de Dios pasa a desempeñar un papel decisivo en la esfera religiosa, social y cultural de los países protestantes. Pero en el hogar de Calvino no hemos podido entrar. ¿Qué era para Calvino, por ejemplo, el enamoramiento y la relación afectiva en el matrimonio? Nos asaltan muchos interrogantes sobre este particular al recordar cómo entró el Reformador en la orden de los casados. Al insistir sus amigos en que no “era bueno que el hombre estuviera solo”, y que por su salud débil y enfermiza había de casarse, Calvino accedió a entrar en el estado matrimonial bajo la condición de que fueran sus amigos los que le encontraran “la esposa ideal”. Y así fue: en 1540 contrajo matrimonio con Idelette de Bure, viuda y madre de dos hijos. De este matrimonio nació un hijo que murió en la infancia. Idelette moriría nueve años más tarde. Calvino permaneció viudo el resto de su vida.

Continuara…

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El legado espiritual de Juan Calvino 1

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Calvino ha sido, y continúa siendo, el gran teólogo del protestantismo, fraguador del pensamiento evangélico más sólido y coherente que ha dado el cristianismo.

Juan Calvino nació en Noyon, en la región francesa de la Picardía, el 10 de julio de 1509, y murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564. Se cumplen, pues, quinientos años de su nacimiento. La efemérides es importante, pues importante ha sido para la historia y la Iglesia cristiana, la persona y obra de este gran reformador protestante. A pesar de los cinco siglos que nos separan de su nacimiento, la actualidad de su impronta histórica y religiosa continúa aún vigente en nuestro tiempo. Y en tanto que la aportación teológica de Calvino está firmemente enraizada en los contenidos de la revelación bíblica, su memoria y obra ofrecen sólida garantía de perdurabilidad en el tiempo. Cierto es, por otro lado, que una distancia temporal de cinco siglos puede favorecer una valoración más serena y equilibrada de la persona y obra del Reformador y permitir coronar conclusiones mejor funda-mentadas sobre el fenómeno religioso calvinista. Y esto es lo que nos proponemos hacer en nuestras reflexiones de quinto centenario. A menos que así lo requieran algunas de las cuestiones que nos proponemos abordar, dejaremos de lado aquello datos y secuencias biográficas sobre el Reformador que son de fácil acceso gracias a los muchos libros que se han escrito sobre el teólogo francés.

El calvinismo representa la madurez teológica de la Reforma protestante del siglo XVI, y el intento más logrado de construir una dogmática cristiana sobre la única base de la Biblia_ Más que el iniciador de la teología calvinista propiamente dicha, Calvino fue el genio sistematizador de todo un conjunto de doctrinas bíblicas que, a lo largo de la historia del cristianismo han proclamado, en mayor o menor grado, y de forma más o menos intermitente, la gracia soberana de Dios en la salvación del pecador y la gloria del Sumo Hacedor en todos los ámbitos de la Creación. Los principios fundamentales del movimiento reformado, presentes ya en el luteranismo y en el zuinglismo, bajo el genio teológico de Calvino adquirieron su pleno desarrollo y se plasmaron en un coherente y sistemático cuerpo de doctrina, único en la historia del cristianismo, tanto por la amplitud de su contenido, como por la profundidad bíblica que lo impregna. No es de extrañar, pues, que está sin par concepción teológica se la conozca bajo el nombre de calvinismo, en directa e inseparable relación con su autor. El concepto de vocación, de llamamiento, que ha de caracterizar la vida y actividad del hombre re-dimido por Cristo, constituye otra de las grandes aportaciones de su pensamiento. En esto Calvino fue el alfarero del hombre reformado. Con su reiterado acento en la doctrina bíblica del sacerdocio universal de los creyentes, Calvino inculcó en los hijos de la Reforma un profundo sentido de responsabilidad ante Dios y ante los hombres hasta entonces desconocido. El hombre reformado es el prototipo más actualizado del hombre responsable. De su responsabilidad ante Dios dimana su responsabilidad con la sociedad y consigo mismo. El hombre reformado es un hombre de vocación, de entrega y compromiso en todas sus acciones y relaciones con el mundo de sus semejantes y el mundo de su trabajo y de sus actividades cotidianas. El cambio doctrinal que supuso el retorno a la Biblia, implicó también un radical cambio de actitud hacia el trabajo y hacia las obligaciones del individuo en el orden creado. No solo, pues, en la esfera religiosa la impronta calvinista ha sido importante: lo ha sido también en el desarrollo político, social y cultural de Occidente.

Calvino: el hombre

En el prólogo de su Comentario a los Salmos, en una de las pocas referencias autobiográficas que nos hace de sí mismo, Calvino habla de una “súbita conversión”. Según observa Teodoro Beza en su reseña biográfica del Reformador, esta súbita experiencia de conversión de hecho marcaría el momento cumbre de un largo proceso espiritual que se iniciaría en sus años de estudiante en París, bajo el impacto de las ideas evangélicas luteranas predicadas con mucho ardor en la capital francesa por discípulos y seguidores del Reformador alemán.

Continuara…

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Maridos amen a sus esposas 4

Blog93

Acerca de descuidar la edificación de la esposa: Lo contrario es la práctica de los que ejerciendo sus profesiones en lugares donde la Palabra abunda, prefieren por placer, satisfacción, comodidad y economía, mudar a sus familias a lugares remotos donde escasea la predicación o ni la hay. Dejan allí a sus esposas a cargo de la familia, sin tener en cuenta su necesidad de la Palabra, porque ellos mismos se van a Londres u otros lugares parecidos en razón de sus profesiones, y allí disfrutan de la Palabra. Muchos, abogados y otros ciudadanos son culpables de descuidar a sus esposas en este sentido.

También lo son aquellos que abandonan todo ejercicio religioso en sus casas,
convirtiéndolas en guaridas del diablo en lugar de iglesias de Dios. Si por falta de medios, públicos o privados, la esposa vive y muere ignorante, irreverente, infiel e impenitente lo cual significa condenación eterna, sin duda su sangre le será demandada a él porque el esposo es guardia de su esposa (Eze. 3:18).
Acerca del cuidado del marido en mantener a su esposa durante toda la vida: la manutención cariñosa del marido por su esposa debe ser mientras ella viva, sí, también en el caso que ella lo sobreviva. No que pueda él hacer algo después de muerto, sino que antes de su muerte ha tomado las medidas para su futuro sustento, de modo que después
ella pueda mantenerse independientemente y vivir en el mismo nivel que antes. [Él debiera por lo menos] dejarle no solo lo que tenía con ella, pero algo más también como testimonio de su amor y preocupación por ella. Los maridos tienen el ejemplo de Cristo para imitar, porque cuando este partió de este mundo dejando a su iglesia aquí en la tierra, dejó su Espíritu, que le proporcionó a ella dones tan o más abundantes (Ef. 4:8), como si Cristo estuviera todavía con ella. En el caso de muchos que mantienen a sus esposas mientras viven con ellas, a su muerte demuestran que realmente no la amaban. Todo había sido para aparentar.
Acerca de lo gratuito del amor de los maridos: La causa del amor de Cristo fue su amor, como dice Moisés, demostró su amor porque los amaba (Deut. 7:7-8). El amor surgió solo y absolutamente de él mismo y era gratuito en todo sentido: no había nada en la iglesia, antes de que Cristo la amara, para motivarlo a amarla, por lo que no había
nada que él pudiera esperar después, más que lo que él mismo daría.
Ciertamente se deleita en esa justicia que tiene como si vistiera un manto glorioso y con gracias celestiales como si estuviera adornada con piedras preciosas. No obstante, esa justicia y esas gracias son de él y otorgadas gratuitamente por él. Se presenta a sí mismo una iglesia gloriosa (Ef. 5:27).
En imitación de esto, los maridos deben amar a sus esposas, aun cuando no hubiere en ellas nada que los mueva a amarlas, fuera del hecho de que son sus esposas. Sí [deben amarlas] aunque no puedan esperar nada de ellas en el futuro. El verdadero amor respeta al objeto que ama, y considera el bien que le puede hacer, en lugar de esperar el
bien que pueden recibir del objeto de su amor. Porque el amor no busca lo suyo (1 Cor. 13:5)… El amor de Cristo debiera impulsar aún más a los esposos para hacer todo lo que esté en su poder a fin de amarlas sin reservas. Entonces será cierto que viven con sus esposas sabiamente (1 Ped. 3:7), y su amor se parecerá al de Cristo: será gratuito.
Acerca de que los maridos amen a sus esposas más que a sí mismos: No se puede expresar la magnitud del amor de Cristo, porque sobrepasa toda medida. Se dio a sí mismo por su iglesia (Ef. 5:25), fue ese Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas (Juan 10:11). “Nadie tiene mayor amor que este” (Juan 15:13). ¿Qué no hará por su esposa por quien dio su vida?
Acerca de la falta de consideración de los maridos: Lo contrario es su falta de consideración que prefieren cualquier trivialidad propia antes que el bien de sus esposas: sus ganancias, sus placeres, su progreso, sin ningún sentimiento por sus esposas. Si se requiere de ellos algún esfuerzo extraordinario en favor de sus esposas, entonces se notará el poco amor que le tienen.
Acerca de la constancia del amor de los maridos: La duración del amor de Cristo es sin fecha: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Su amor era constante [no por arranques, amando ahora, luego odiando] y sin fin (Os. 2:19) [nunca arrepintiéndose de él, nunca cambiando de idea]. Ninguna
provocación ni ninguna transgresión pueden hacerle olvidar de amar o dejar de hacer aquel bien que tenía la intención de hacer para su iglesia. Note que le dijo aun cuando ella se rebeló contra él: “Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí dice Jehová!” (Jer. 3:1) y también “Mi misericordia no se apartará” (2 Sam. 7:15)…
Porque su amor no depende del desierto de su iglesia sino de lo inmutable de propia voluntad. Así como esto demuestra que el amor de Cristo es un amor auténtico, demuestra también que es provechoso y beneficioso para la iglesia, la cual a pesar de sus muchas faltas, por ese amor es glorificada.

Continuará …

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

La vida de Juan Calvino 2

Blog91B

En Mayo de ese año fue a Noyon para presentar la dimisión de los beneficios que recibía de la Iglesia católica romana. Calvino había recibido beneficios de la iglesia desde los 12 años de edad, pero poco antes de cumplir 25 años lo dejó todo. En aquel tiempo fue encarcelado dos veces brevemente.

Hacia el fin de ese año se encontró en Poitiers, reuniéndose con unos protestantes en una caverna y celebrando con ellos la Santa Cena. En aquel tiempo el rey de Francia, Francisco I, quemó a treinta y dos “herejes” en cuatro lugares públicos en la ciudad de París y declaró que haría lo mismo con sus propios hijos si fueran infectados con las herejías de los que no creían en la misa como celebrada por los católicos. Viendo la situación Calvino y el canónigo salieron de Francia y fueron a Basilea en Suiza.

Allí Calvino estudió más He-breo y terminó la Institución, la cual se publicó (en latín) en 1536 con 6 capítulos. Fue dedicada al rey de Francia, Francisco I. Tenía un propósito doble: quería que el Rey leyera y considerara lo que escribió, y a la vez quiso ayudar a los creyentes verdaderos a entender y confesar su fe.

Después de escribir la Institución hizo un viaje a Italia. En abril de 1536 comenzó a viajar de Italia hacia Estrasburgo en Alemania. Debido a una guerra, en la providencia de Dios Calvino fue obligado a desviarse por Suiza.

Ginebra era una ciudad en Suiza en la cual la Reforma protestante prevaleció por medio de hombres como Guillermo Farel. En mayo de 1536, “el pueblo reunido en Concilio general, adoptó oficial-mente la Reforma” (Irwin, p. 29). Calvino llegó de paso como dos meses después en julio de 1536, cuando Ginebra estaba comenzando el proceso de seguir la Reforma en serio. El fogoso predicador y reformador Guillermo Farel se enteró de la presencia de Calvino, ya conocido por muchos, y fue a saludarle e invitarle a permanecer con ellos y ayudar en la Reforma. Calvino mismo nos cuenta de lo que pasó:
“Cuando [Farel] comprendió que yo había puesto mi corazón en estudios privados y dándose cuenta de que no conseguía nada con sus súplicas, procedió a proferir una imprecación en el sentido de que Dios condenaría mi reclusión y mi aislamiento si yo no aportaba mi ayuda cuando la necesidad era tan urgente. Me sentí tan aterrado que desistí del viaje que había emprendido; pero, consciente de mi apocamiento y mi timidez, no me até a ninguna promesa para cual-quier particular cometido”. (De la introducción a los Salmos, citado en Calvino, profeta, p. 74).
Así comenzó su asociación con Farel y su compromiso con Ginebra.
Ginebra, Estrasburgo y Ginebra hasta la muerte (1536-1564)

En Ginebra Calvino buscó la verdadera reforma de la iglesia. A la vez las autoridades civiles iban promulgando leyes contra la in-moralidad y eso causó oposición a Calvino hasta en el Concejo, por-que los malvados le echaron la culpa por no poder vivir como quisieran. En 1538 el Concejo de la ciudad tomó dos decisiones:
1. Que no se rehusara a nadie la Cena del Señor. Así quisieron acabar con la disciplina en la iglesia, cosa que Calvino veía como una marca de la verdadera Iglesia.

2. Que el modo de celebrar la Cena del Señor fuera el adoptado en Berna, Suiza (con pan no leudado y vino). Con esa decisión el Concejo se apoderó de la autoridad en la Iglesia, y para Calvino y los otros pastores eso no era aceptable.

Calvino y sus colegas rehusaron someterse a esas directrices. El Consejo les prohibió predicar. Él y Farel predicaron, pero no celebraron la Cena. El Consejo se reunió el día siguiente, 23 de abril de 1538, y los condenó, dando a Calvino y a Farel tres días para salir de la ciudad. Salieron inmediatamente.

Desterrado de Ginebra, a Cal-vino lo buscó Martín Bucero de Estrasburgo en Alemania. Había una pequeña colonia de franceses protestantes que Calvino pastoreó además de enseñarles Teología. Comenzó los estudios bíblicos que luego resultaron en los valiosos comentarios que todavía están disponibles.

En Estrasburgo le hicieron ciudadano y le trataron relativamente bien, aunque vivió con pocos re-cursos. Allí halló una esposa idónea, Idelette de Bure, excelente mujer, la viuda de un hombre creyente. Ellos habían sido desterrados de Bélgica por su fe protestan-te. Se casaron en 1540 pero su vi-da matrimonial duró menos de nueve años. La amó profunda-mente y la honró en cartas escritas a otros. El único hijo que les nació vivo duró poco tiempo.

En Estrasburgo hizo una edición de la Institución en francés; el comentario sobre Romanos, un tratado sobre la Cena del Señor, y otras cosas, incluyendo la Carta al Cardenal Sadoleto. Ese hombre qui-so atraer la gente de Ginebra a la Iglesia católica romana nueva-mente, y Calvino, por amor al Señor y al Evangelio y a la gente de Ginebra, escribió a Sadoleto una carta pública, famosa por la suavidad y manera atractiva con la que trató de ganar al cardenal mismo a la fe.

No fue la voluntad de Dios que Calvino se quedara en Estrasburgo. En Ginebra, sus enemigos habían caídos en problemas graves y los líderes se dieron cuenta de cuánto necesitaban a Calvino.

Debido al maltrato que había recibido en Ginebra, Calvino no quiso volver; sin embargo, los de Ginebra lograron convencer aun a Bucero (que no quiso perder a Calvino de Estrasburgo) que era la voluntad de Dios que Calvino volviera a Ginebra. Negando a sí mismo y sometido al Señor, volvió a Ginebra en septiembre de 1541.

En Ginebra, Calvino tenía sus luchas y enemigos todavía, y tiempos de peligro, pero poco a poco iba logrando las reformas que anhelaba en la Iglesia.

Uno de los males que Calvino enfrentó fue la interferencia de las autoridades civiles en asuntos de la iglesia. Había personas que querían obligar a Calvino y a los otros pastores a no disciplinar a los malhechores y a darles la Cena del Señor. En ese punto Calvino fue intransigente y declaró en un sermón que escogería más bien ir a la muerte que permitir a un pro-fano tomar la Cena.

Aunque Calvino no creía que el Estado pudiera mandar a las iglesias cómo llevar la adoración y el ministerio, sí pensaba que el Estado o los magistrados tenían la potestad de juzgar y matar a los herejes; por lo menos a algunos herejes, condenados y excomulga-dos por la iglesia. El caso más famoso que involucró a Calvino fue el de Miguel Servet.

Servet era un médico español que por años había propugnado una doctrina antitrinitaria (sabelianismo o modalismo). Publicó un libro provocativo que promovía sus convicciones sobre el asunto. Servet había sido condenado por los católicos y estos lo iban a matar pero, logró escapar. Fue a Ginebra sabiendo que no sería bienvenido. Allí fue arrestado, acusado, condenado y quemado. Calvino tuvo una parte en el pro-ceso, como fiscal en la acusación. El estaba de acuerdo en que Servet merecía la muerte, pero Calvino no quiso que lo quemaran y sugirió que lo decapitaran. Los jueces hicieron caso omiso de su su-gerencia y Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553. Muchos han usado el caso de Servet para condenar a Calvino. Sin embargo, debemos reconocer que en aquel tiempo esas eran fueron comunes y corrientes. Con la luz y entendimiento que tenemos ahora, no creemos que fuera bien hecho; sin embargo, debemos reconocer la realidad de que Calvino en ese asunto fue un hombre de su tiempo. Servet hubiera sido matado en casi cualquier sitio del mundo europeo en aquel tiempo, porque fue un hombre desafiante y arrogante que había condenado a las iglesias que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad.

En 1555, después de muchos años de lucha, Calvino logró que el gobierno de Ginebra reconociera la autoridad de la Iglesia en asuntos que pertenecen a la Iglesia.

Calvino trabajó incansable-mente toda su vida. Quizás su duro trabajo causó que tuviera quebrantos de salud, muchos dolores de cabeza y malestares del estómago, pero a pesar de su mala salud, no se detenía.

A la larga no pudo más. El 25 de abril de 1564 hizo su testamento. El día siguiente se reunió con los cuatro síndicos de la ciudad y los senadores para dirigirles unas palabras finales. Otro día reunió a los pastores para darles una palabra final. El 27 de mayo de 1564, después de ese último tiempo de lucidez que muchos experimentan antes de morir, Calvino tranquilamente dio su último suspiro. Según su petición, fue sepultado como cualquier otro creyente de esa ciudad: sin pompa, en el cementerio común y sin señal alguna. Nadie puede indicar el lugar.

Sus enemigos lo acusaron de enriquecerse pero cuando murió era obvio que no había acumula-do bienes terrenales. Para poder dar a sus sobrinos una herencia, vendieron sus libros y pertenencias, porque no tenía mucho más que eso.

En su vida Calvino enseñaba y predicaba varias veces durante la semana. Escribió el equivalente de unos 60 tomos de libros, incluyen-do muchísimas cartas (como 4000 se han preservado) porque tenía contacto con perseguidos y otros en muchos lugares.

Era un hombre de humildad, fe y valor; diligente en su trabajo y fiel pastor. Sobre todo, sus amigos y feligreses reconocieron que era un hombre temeroso de Dios, dedicado a Él y la causa del evangelio.

 

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En inglés Calvin and Augustine, por B. B. Warfield, especialmente el primer capítulo “John Cal-vin: The Man and His Work”.

The Life of John Calvin, pequeño libro, fuente primaria, escrito por Teodoro Beza, un contemporáneo de Calvino, amigo íntimo por 16 años,

En español: Juan Calvino: su vida y su obra, por C.H. Irwin.

Juan Calvino: profeta contemporáneo, compilado por Jacob T. Hoogstra

Calvino, Antología, presentación y se-lección Dr. M Gutiérrez Marín

Así fue Calvino, por Thea B. Van Halse-ma.
Otras referencias útiles en español:

http://es,wikipedia.org/wiki/Juan_Calvino

http://biografas.blogspot.com/2007/05/juan -calvino.html.

http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_76 1570916/Juan_Calvino.html.

 

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Maridos amen a sus esposas 3

Blog92

.-Acerca de la severidad excesiva de los maridos para con sus esposas: Lo contrario es el rigor y la severidad de muchos maridos, que ejercen al máximo su autoridad, y no ceden nada a sus esposas como si fueran inferiores. Estos son:

1. Los que nunca están conformes ni satisfechos con lo que la esposa haga, sino que son siempre más y más exigentes.
2. Los que no les importa lo detestable y oneroso que resultan para sus esposa: detestables por traer a casa huéspedes que saben que no pueden atender, onerosos por traer visitas con demasiada e inoportuna frecuencia o imponiéndoles responsabilidades fuera de lugar y por sobre los asuntos de la casa. Imponer tales cosas con demasiada
frecuencia no puede más que hartarlas, y hacerlo irrazonablemente no puede menos que alterarlas y ofenderlas en gran manera [como en el caso de que la esposa esté débil por causa de alguna enfermedad, que esté embarazada o recién haya dado a luz, por estar amamantando u otras cosas similares que le impiden dar las atenciones que de otra
manera daría].
3. Sujetan a sus esposas como si fueran niñas o sirvientas, impidiéndoles hacer nada sin su conocimiento y sin su expreso consentimiento.

.-Acerca de los maridos que ingratamente desalientan a sus esposas: Lo contrario es la actitud desagradecida, quizá por envidia de los maridos que no se fijan en las muchas buenas cosas que hacen sus esposas todos los días sin recibir aprobación ni elogio ni recompensa, sino que  están prontos para criticar la menor falta o descuido en ellas. Hacen esto en términos generales como si ellas nunca hicieran nada bien, por lo que ellas tienen derecho a decir: “Hago muchas cosas bien, pero él lo ignora; pero si hago una cosa mal, no cesa de criticarme”.
.-Acerca de la manera como el marido instruye a su esposa: En cuanto a la instrucción, el apóstol agrega humildad. Instruid [dice él] con humildad a “a los que se oponen” (1 Tim. 2:25). Si los pastores deben instruir a su pueblo con humildad, cuanto más los maridos a sus esposas: en caso de encontrar oposición, no debe hacer a un lado la humildad, no debe hacerse a un lado en ningún caso. Observe el marido estas reglas que demuestran humildad:
1. Tome en cuenta la capacidad de su esposa y programe sus instrucciones en consecuencia. Si tiene poca capacidad, enseñe precepto por precepto, línea por línea, un poquito aquí un poquito allá. Un poquito a la vez [día tras día] llegará a ser mucho, y conforme ambos conocen lo enseñado, el amor de la persona que enseña aumentará.
2. Instrúyala en privado, solo usted y ella, para que no se ande pregonando su ignorancia. Las acciones privadas entre el hombre y su esposa son muestras de cariño y confianza.
3. En la familia, instruya a los hijos y sirvientes cuando ella está presente, pues así podrá ella aprender también. No hay manera más humilde y gentil de instruir, que instruir a terceros.
4. Junto con los preceptos añada comentarios dulces y expresivos como testimonios de su gran amor. Lo opuesto es instruir duramente, cuando los maridos pretenden hacerles entrar violentamente en la cabeza a sus esposas cosas que ellas no pueden comprender. Y aun sabiendo que ellas no pueden comprender, se enojan con ellas, y el enojo los lleva a decir groserías y a proclamar su ignorancia delante de los hijos, sirvientes y extraños. Esta dureza es tan contraproducente y exaspera tanto el espíritu de la mujer, que mejor es que el marido deje a un lado este deber si lo pretende cumplir de esta manera.

Acerca de que el marido debe proveer maneras para que la esposa sea edificada espiritualmente: Se deben proveer los medios para la edificación espiritual del alma de ella, tanto en privado como en público. En privado se refiere a los oficios santos y religiosos en el hogar, tales como leer la Palabra, orar, instruir y cosas por el estilo,
que son el alimento espiritual cotidiano del alma como lo es alimento cotidiano para nuestros cuerpos. El hombre, como cabeza de la familia, tiene el deber de proveer estos para el bien de toda su casa; y como marido, en especial para el bien de su esposa: porque para su esposa, al igual que para toda la familia, él es rey, sacerdote y profeta.
Por lo tanto, él solo, para el bien de su esposa, debe realizar estas cosas o conseguir que otro las haga. Cornelio mismo realizaba estos oficios (Hech. 10:2, 30). Micaía empleó a un levita [aunque su idolatría era mala, el hecho de que quisiera a un levita en su casa era
encomiable] (Jue. 17:10). El esposo de la sunamita proveyó un cuarto para el profeta y lo hizo especialmente por su esposa, porque fue ella quien se lo pidió (2 Rey. 4:11).
Medios públicos se refieren a las ordenanzas santas de Dios realizadas por el siervo de Dios. El cuidado del marido por su esposa en este respecto es ver que alguien más haga las cosas imprescindibles de la casa de modo que ella pueda participar de ellas. La Biblia
destaca que Elcana había provisto todo de tal manera que sus esposas podían ir con él todos los años a la casa de Dios (1 Sam. 1:7; 2:19): lo mismo dice de José, el esposo de la virgen María (Luc. 2:41). En aquella época había un lugar público que era la casa de Dios a dónde debían concurrir todos los años [sin importar la distancia desde su casa]. Los lugares donde vivían Elcana y José eran lejos de la casa de Dios, no obstante, ellos dispusieron todo de modo que no solo ellos, sino que sus esposas también fueran a los cultos públicos para adorar a Dios. En la actualidad hay muchas casas de Dios, lugares donde se adora a Dios en público, pero por la corrupción de nuestros tiempos, el ministerio de la Palabra [el medio principal para edificación espiritual] no prevalece en todas partes. Por lo tanto, tal debe ser el cuidado del marido por su esposa en este respecto, que la elección de su vivienda tiene que depender de que sea donde pueda tener el beneficio de la Palabra predicada, o si no, proveerle los medios para llegar semanalmente al lugar de predicación.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

 

La vida de Juan Calvino 1

Blog91

Juventud y vida hasta Ginebra (1509 — 1536)

Juan Calvino nació el 10 de julio de 1509, en Noyon en Picardía (noreste de Francia), un centro religioso importante. Carlomagno fue coronado allí en 768. Hoy día atrae a turistas y aún tiene un museo de Juan Calvino en el lugar donde estaba la casa en la cual nació.

El nombre de su padre era Gerard Cauvin (o Caulvin: en latín, Calvinus; en español, Calvino) Era un abogado que trabajaba con el Gobierno, pero especial-mente con la Iglesia católica ro-mana. La madre de Jean Cauvin (Juan Calvino), Jeanne le Franc, tenía la reputación de ser bella y piadosa, de la manera como los católicos consideran la piedad. Parece que tenía algo de sinceridad y sobriedad como católica. Juan tenía un hermano mayor y otro menor. Su madre murió cuando era niño. Su padre se casó de nuevo y procreó dos hijas.

La familia tenía buenas relaciones con personas de importancia social. Debido a esas ventajas de su padre Juan recibió una bue-na educación. Estudiaba en la casa de la familia Montmor, una de las familias más distinguidas del con-dado. Desde sus primeros años Juan “demostró tener una memoria retentiva y una inteligencia despierta”

Aunque el padre de Juan pagó por su mantenimiento parece que la familia Montmor prácticamente adoptó a Calvino. El primer libro de Calvino, un comentario sobre una obra de Séneca, fue dedicado a la abadesa Hangest de esa familia. Han observado que por este contacto con la nobleza, “Dios lo es-taba preparando así para desempeñar dignamente su papel en la sociedad de los grandes, de los príncipes y reyes” (Emile Doumergue, citado por Ir-win, p10).

A los 14 años de edad (1523), Calvino fue a París con esa familia Montmor para terminar sus estudios. En el Colegio de la Marche, uno de sus profesores fue Maturinus Corderius (Cordier), un hombre de gran reputación como maestro y de “espíritu profundamente evangélico”

Además de tener un espíritu evangélico, Cordier trabajó para purificar el idioma francés, cosa que también debió de haber tenido mucha influencia en Calvino. Luego Cordier se mudó a Ginebra para enseñar en la academia. Cal-vino dedicó el comentario sobre 1 Tesalonicenses a ese maestro y amigo.

Calvino se trasladó al Colegio Montagu, donde Erasmo había estudiado. Progresó mucho en sus estudios allí. Al terminar, en 1527, a los 18 años de edad, se le ofreció a Calvino fue la parroquia de Saint Martin de Martheville.

Originalmente el padre de Calvino quería que trabajara con la Iglesia (católica romana) y le ayudó a obtener becas y ayuda de la Iglesia, pero después cambió e instó a su hijo que no aceptara la posición sino que estudiara Derecho. Calvino siguió el consejo de su padre, probablemente porque ya tenía dudas sobre la Iglesia y sabía de la pugna entre los protes-tantes y los católicos.

Calvino fue a Orleáns para estudiar leyes. Estuvo allí durante 1528 y hasta mayo de 1529, poco antes de cumplir 20 años de edad. Calvino llegó a ser maestro suplente de los profesores regulares y quisieron hacerle doctor en Derecho sin hacerle pasar por los pasos regulares.

Después de sus estudios en Orleáns, Calvino continuó sus estudios en la Academia de Bourges en la cual había un profesor, abogado famoso de Italia. En ese lugar Calvino conoció a Melchior Wolmar, suizo, luterano, un hombre a quien, años después, dedicó su comentario sobre el Evangelio de Juan. Con la ayuda de ese hombre Calvino aprendió griego. Luego Teodoro Beza llegó a estudiar griego bajo aquel hombre Wolmar. Beza sucedió a Calvino en Ginebra en varios de los deberes y fue reconocido como gran erudito en griego.

En 1531 el padre de Calvino murió. Se quitó la presión de estudiar Derecho. Calvino volvió a París para estudiar Literatura. Allí en el Colegio de Fortet estudió Griego y Hebreo.

El año siguiente (1532), Calvino publicó un comentario sobre la obra de Séneca De clementia. Parece que Calvino, de esa manera indirecta, quiso enviar un mensaje al rey y a otros que estaban per-siguiendo a los “herejes” para que practicaran la clemencia. Pero fue un mensaje indirecto y no cristiano. Sin embargo, esa obra demostró que Calvino pudiera haber seguido una carrera como profesor en Humanidades.

Pero algo pasó que cambió el rumbo de su vida. Juan Calvino fue convertido al Señor. Estaba hospedado en la casa de Etienne de la Forge, un hombre “dedicado a las doctrinas de la Reforma y en cuya casa protestante los fugitivos de la persecución fueron acogidos con cor-dial hospitalidad” (Calvino, profeta, p. 77).

[…] Calvino estaba en contacto diario con el devoto y bíblico celo de la residencia en donde se encontraba a la sazón. De una fe tan vital no pudo mantenerse a distancia mucho tiempo. Todas sus futuras publicaciones fluyeron de la pluma, no del Calvino humanista, sino de Calvino el Reformador y apasionado campeón de la verdad evangélica. Esa verdad en favor de la cual estaban preparados hombres y mujeres a sufrir la pérdida de todas las cosas, incluso la propia vida (Calvino, profeta, 77-78).

Además, Calvino tenía un primo, Pierre Robert, también conocido como Olivétan, evangélico, hombre que luego fue misionero a los valdenses y tradujo el Antiguo Testamento al francés para que ellos tuvieran la Biblia. Según Beza, por ese pariente Calvino conoció mejor la fe de los reforma-dores y dejó de asistir los servicios de la Iglesia católica debido a su aborrecimiento de la superstición.

Después de la publicación de su primer libro en 1532, y antes de 1535, pensamos que Calvino se convirtió.

Esto se deduce de sus propios escritos en ese año, es decir, los Prefacios (publicados en 1535) al Antiguo y Nuevo Testamento en la traducción francesa de la Biblia que, con la ayuda de Calvino, había preparado su primo Roberto Olivé-tan, y su tratado titulado Psychopannychia ” “La sola Escritura (sola Scriptura), ese funda-mental principio de la Reforma, ya había sido captado y apropiado por Calvino (Calvino, profeta, 78)

Fue fiel a ese principio hasta la muerte.

En un pasaje autobiográfico en el prefacio a su comentario sobre los Salmos, Calvino explica cómo siendo joven era «obstinadamente adicto a las supersticiones del papismo», pero que por una súbita conversión Dios conquistó su mente a una dócil condición. «Habiendo así adquirido un gusto por la verdadera piedad -dice-, me sentí inflama-do con un intenso deseo de hacer progresos en ella, aunque sin abandonar mis otros estudios, que continué con no menos ardor. No había pasado un año antes de que todos los que tenían el de-seo de una doctrina más pura vinieran continuamente a mí, aun siendo un novicio y un novato en la materia, para aprende?: Siendo reservado por naturaleza y amante de la paz y del retiro, comencé entonces a buscar algún apartamiento; pero, a pesar de ello, todos mis retiros se convirtieron en clases pú-blicas. Aunque mi único propósito era vivir apartado y desconocido, Dios me condujo a una tal situación que no me dejó estar en calma en ningún lugar hasta que, contrariamente a mi natu-ral disposición, surgí a la luz pública» (Calvino, Profeta, p. 74).

El primer día de noviembre de 1533, un amigo de Calvino, Nicolás Cop, rector de la Universi-dad de París dio un discurso, que algunos creen que Calvino escribió. Ese discurso fue tan evangélico que Cop fue citado a comparecer delante de las autoridades, y buscaron a Calvino también. Los dos huyeron.

La Inquisición había comenzado en el año 1525 v la vida de Calvino estaba en peligro. Duran-te parte del año 1534, estaba en Angulema en la casa del canónigo Louis de Tillet, bajo la protección de la reina Margarita, hermana del rey, pero que favorecía el Evangelio. Allí, con una buena biblioteca disponible, Calvino comenzó el libro (en latín) Institución de la religión cristiana.

Continuará………….

 

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Maridos amen a sus esposas 2

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2. En cuanto al manejo correcto de autoridad por parte del marido, principalmente en relación con su esposa: Así como la autoridad debe ser correctamente sostenida, tiene que ser bien manejada. Para esto, dos cosas son necesarias: 1) que el esposo respete tiernamente a su esposa y 2) que la cuide y se ocupe de su mantenimiento.
El lugar de ella es efectivamente de sujeción, pero lo más cerca posible a la igualdad. Su lugar es uno de igualdad en muchos sentidos en que esposo y esposa son fraternales y compañeros. De esto se desprende que el hombre debe considerar a su esposa compañera de yugo y colaboradora (1 Pedro 3:7). En este punto corresponde honrar
a la esposa, ya que la razón para crear una esposa (Gén. 2:18) fue, según fue traducida a nuestro idioma: ser una “ayuda idónea” para él, literalmente “como frente a él”, es decir, como él mismo, uno en quien se puede ver reflejado.
Así como la esposa reconoce que el papel de su esposo es la base de todo los deberes de ella, la de él es reconocer el compañerismo entre él y su esposa que hará que se conduzca con mucha más amabilidad, confianza, cariño y todos los demás tratos hacia ella que corresponden a un buen esposo.
Acerca de la opinión errada de los maridos hacia sus esposas: Es contrario a los preceptos bíblicos lo que muchos piensan: que aparte de los lazos familiares, no hay ninguna diferencia entre una esposa y una sirvienta, de modo que las esposas son tenidas como sirvientas de sus maridos, porque ellos requieren sujeción, temor y obediencia. Por eso muchas veces sucede que las esposas son tratadas apenas un poco
mejor que las sirvientas. Esto es soberbia, una conducta desmedidamente pagana y una arrogancia tonta. ¿Acaso al crearla del costado del hombre tomó Dios a la mujer y la puso bajo los pies de Adán? ¿O la puso a su lado, por encima de todos los hijos, siervos y
demás familiares, para atesorarla? Porque nadie puede estar más cerca que una esposa, y nadie debe ser más querida que ella. Acerca del afecto absoluto de los maridos hacia sus esposas: El afecto del esposo por su esposa será según su opinión de ella. Por lo tanto debe deleitarse totalmente en su esposa, o sea deleitarse solamente en ella. En este sentido la esposa del profeta es llamada “el deleite [placer] de tus ojos” (Eze. 24:16), en quien él más se deleitaba. Un deleite así sintió Isaac por su esposa que le quitó la gran tristeza que sentía por la partida de su madre. La Biblia dice que la amó y que esto lo consoló después de la muerte de su madre (Gén. 24:67).
El sabio expresó con elegancia este tipo de afecto, diciendo:
“Alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela” (Prov. 5:18, 19). Nótese aquí las metáforas al igual que la hipérbole usadas para describir el deleite de un esposo en su esposa. En las metáforas, note tanto las criaturas que dice se parecen a la esposa y los atributos que les da. Las criaturas son dos: una cierva y una gacela, que son las hembras del venado y el corso respectivamente. Aquí cabe mencionar que de todas las bestias, el venado y el corso son los más apasionados con sus hembras.
Estas comparaciones aplicadas a la esposa muestran cómo el marido debiera disfrutar de su esposa… Tanto que le haga olvidar las fallas de su esposa; esas fallas que otros pueden notar o aborrecer, él no ve, ni por ellas se deleita menos en ella. Por ejemplo, si un hombre tiene una esposa, no muy linda ni atractiva, con alguna deformación en el cuerpo, alguna imperfección en su hablar, en su vista, en sus gestos o en cualquier parte de su cuerpo, pero tanto la ama que se deleita en ella como si fuera la mujer más hermosa y en todo sentido la mujer más perfecta del mundo. Además, tanto la estima, con tanto ardor la ama, con tanta ternura la trata al punto que los demás piensan que es un tonto. El afecto de un marido por su esposa no puede ser demasiado grande, siempre y cuando sea sincero, sobrio y decente.
Acerca de la paciencia de los esposos por exigir todo lo que corresponde: tanto la reverencia de la esposa como su obediencia deben ser correspondidas por la cortesía del esposo. Como testimonio, el marido tiene que estar listo para aceptar todo aquello en que su esposa está dispuesta a obedecerle. Tiene que ser moderado y no exigirle demasiado. En este caso, debe decidirse a tener una buena disposición hacia ella; es preferible que la obediencia de ella sea por su propia voluntad con una conciencia limpia ante Dios, porque Dios la ha puesto en una posición de sujeción, y por amor matrimonial que por
la fuerza porque su marido se lo ordena.

Maridos… tienen que considerar lo que es legal, necesario, conveniente, oportuno y apropiado para que sus esposas hagan, sí, lo que están dispuestas a hacer y no negarse.

Por ejemplo:

1. Aunque la esposa debiera ir con su esposo y quedarse donde él diga, él no debiera [a menos que por alguna razón fuera de su control se vea obligado a ello] llevarla de un lado para otro, y sacarla del lugar que a ella le gusta. Jacob consultó con sus esposas y se aseguró de que estuvieran de acuerdo antes de llevárselas de la casa de su padre (Gén.
31:4).
2. Aunque ella debiera atender de buen talante a las visitas que él trae a la casa, él no debiera ser desconsiderado ni insistente con ella en estos casos. La mayor parte de la responsabilidad y el trabajo para atender a las visitas cae sobre la esposa, por lo tanto el marido debiera ser considerado con ella.
Si él ve que ella es responsable y sabia, muy capacitada para administrar y ordenar las cosas de la casa, pero que prefiere no hacer nada sin el consentimiento de él, él debe dar su consentimiento sin reparos, y satisfacer el deseo de ella, como Elcana, y como el esposo de esa excelente mujer que Salomón describe (Prov. 31:10-31).
Para administrar los asuntos de la casa es necesario un consentimiento mutuo, pero es un deber específico de las esposas (1 Tim. 5:14). Porque los asuntos de la casa están a su cargo es lógico que se la llame ama de casa. En vista de esto, los maridos deben dejar a su
cargo la administración de la casa y no ponerle impedimentos por querer intervenir y dar su aprobación a cada cosa. En general, es responsabilidad de la esposa:

1. El arreglo y decoración de la casa (Prov. 31:21, 22),

2. Administrar las provisiones cotidianas para la familia (Prov. 31:15),

3. Supervisar al personal de servicio (Gén. 16:6),

4. Ocuparse de la formación de los hijos mientras todavía son chicos (1 Tim. 5:10, Tito 2:4).
Entonces, en general, todo esto debe dejarse a discreción de ella (2 Rey. 4:19) con solo dos advertencias: 1. Que ella tenga discreción, inteligencia y sabiduría, y no sea ignorante, necia, simple, gastadora, etc.; 2. Que él supervise todo en general, y que haga uso de su
autoridad en caso de tener que prevenir que su esposa o sus hijos, sirvientes u otros hagan algo ilegal o impropio.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

Maridos amen a sus esposas 1

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Así como la esposa tiene que saber sus obligaciones, el esposo tiene que saber las suyas porque debe ser un guía y un buen ejemplo para su esposa. Debe vivir con ella sabiamente (1 Ped. 3:7). Más elevado es su lugar, más sabiduría debe tener para andar
digno de él. Descuidar sus obligaciones es sumamente deshonroso para Dios porque, en virtud de su posición, él es la imagen y gloria de Dios (1 Cor. 11:7).
Ese poder y esa autoridad que tiene puede ser perjudicial, no solo para su esposa, sino para toda la familia, pues puede abusar de ellos por su maldad. En su hogar no hay un poder superior que frene su furia, mientras que la esposa, aunque nunca tan malvada, puede por el poder de su esposo, ser sojuzgada y refrenada de sus maldades. Acerca de ese amor que los maridos les deben a sus esposas. Esta cabeza de todo el resto ––el Amor— se estipula y menciona en este y muchos otros lugares de las Escrituras, siendo evidente que todas las demás obligaciones se desprenden de él. Sin tener en cuenta los otros lugares donde se insiste en este deber, el Amor aquí se menciona expresamente cuatro veces. Además, se indica usando muchos otros términos y frases (Ef. 5:25, 28, 33).
Todas las ramas que crecen de esta raíz de amor, en lo que respecta a los deberes de los maridos, pueden categorizarse bajo dos encabezamientos: 1) un mantenimiento sabio de su autoridad y, 2) un manejo correcto de ella.
Estas dos ramas del amor del marido se hacen evidentes por la posición de autoridad en que Dios lo ha colocado. Porque lo mejor que cualquiera puede hacer y los mejores frutos del amor que cualquiera puede demostrar serán en su propia posición y en virtud
de ella. Entonces, si un marido renuncia a su autoridad, se priva de hacer ese bien y de mostrar esos frutos del amor que de otra manera mostraría. Si abusa de su autoridad, es como si desviara el filo y la punta de su espada erróneamente y, en lugar de sostenerla sobre su esposa para protegerla, se la clava en el corazón para su destrucción,
manifestando así más odio que amor. Ahora bien, para tratar estos dos temas más seria y particularmente:
1. En cuanto a que el marido mantenga sabiamente su autoridad: El precepto apostólico lo implica: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7), es decir, hacerlo lo mejor posible manteniendo el honor de la posición que Dios le ha otorgado, no como un tonto y necio que no entiende nada. El honor y la autoridad de Dios y de su Hijo Jesucristo son mantenidos por el honor y la autoridad del marido, así como la autoridad del rey es mantenida por el concilio de sus ministros y por otros magistrados bajo su mando, sí, la autoridad del marido en la familia es mantenida por la autoridad de su esposa: “El varón… es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1 Cor. 11:7).
De este modo se promueve en gran manera el bienestar de la esposa, tal como el bienestar del cuerpo es ayudado debido a que la cabeza permanece en su lugar. Si se pusiera la cabeza debajo de cualquier parte del cuerpo, el cuerpo y todas sus partes no harían más que ser dañados por ello. De la misma manera, la esposa y toda la familia serían dañadas por la pérdida de autoridad del marido.
Pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de que un marido mantenga su autoridad?
Respuesta: La directiva del apóstol a Timoteo de mantener su autoridad, ha de aplicarse en primer lugar para este propósito al marido: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12)…

Así es que la mejor manera como los maridos pueden mantener su autoridad es siendo un ejemplo de amor, seriedad, piedad, honestidad, etc. Los frutos de estas y otras gracias similares, demostradas por ellos delante de sus esposas y sus familias, no pueden dejar de producir un respeto reverente y consciente hacia él y en consecuencia podrán discernir con mayor claridad la imagen de Dios brillando en sus rostros. Acerca de la pérdida de autoridad de los maridos: Producen el efecto contrario si por sus groserías, descontroles, borracheras, lascivias, irresponsabilidad, despilfarros y otros comportamientos similares generan desprecio perdiendo así su autoridad. Aunque la esposa no debe aprovechar esto para despreciar a su marido, él bien merece ser
despreciado. Contrario también a las directivas bíblicas es la conducta severa,
áspera y cruel del marido quien pretende mantener su autoridad con violencia y tiranía. Esta conducta bien puede causar temor, pero un temor contraproducente ya que genera más odio que amor, más desprecio interior que respeto exterior.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

Señales y características del hombre piadoso 5ª Parte

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El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.

1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto  debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea
familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte?

Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

2. Por medio de meditación frecuente: “Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97). El alma piadosa medita sobre la veracidad y santidad de la Palabra. No solo tiene pensamientos pasajeros, sino que empapa su mente de las Escrituras: al meditar bebe de esta dulce flor y fija la verdad santa en su mente.

3. Por medio de deleitarse en ella. Es su recreación. “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16). Nunca nadie ha disfrutado tanto de una comida que le encanta, como disfruta el profeta de la Palabra. Efectivamente, ¿cómo podría un santo escoger otra cosa que deleitarse
grandemente en la Palabra cuando contiene todo lo que es y será siempre de más valor para él? ¿Acaso no se deleita un hijo al leer el testamento de su padre en que le deja todos sus bienes?

4. Por medio de guardarla. “En mi corazón he guardado tus dichos” (Sal 119:11), tal como uno guarda un tesoro para que nadie lo robe. La Palabra es una joya, el corazón es el joyero donde se debe guardar bajo llave. Muchos guardan la Palabra en su memoria, pero no en su corazón. ¿Y para qué guardaría David la Palabra en su corazón? “Para
no pecar contra ti”. Así como uno llevaría consigo un antídoto cuando va a un lugar infectado, el hombre piadoso lleva la Palabra en su corazón para prevenirse de la infección del pecado. ¿Por qué tantos se han envenenado del error, otros de vicios morales, solo por no haber escondido la Palabra como un antídoto santo en su corazón?

5. Por medio de preferirla por sobre todas las cosas como lo más preciado:
a. por sobre el alimento: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12).

b. por sobre las riquezas: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata”   (Sal. 119:72).

c. por sobre toda honra mundana. Es famosa la anécdota del rey Eduardo VI de
Inglaterra, quien, cuando en el día de su coronación le presentaron  Diocleciano (245-313) – emperador romano que persiguió a los cristianos.

6. Por medio de conformarse a ella. La Palabra es el reloj por el cual uno pone la hora de su vida, la balanza sobre la cual pesa sus acciones. El hombre piadoso vive la Palabra en su diario andar. El hombre piadoso ama la Palabra predicada que en realidad es un
comentario de la Palabra escrita. Las Escrituras son el oleo y bálsamo, la predicación de la Palabra es verterlos. Las Escrituras son las especies preciosas, la predicación de la Palabra es el molido de estas especies que producen una fragancia y un placer maravillosos… La predicación de la Palabra es llamada “poder de Dios para salvación”
(Rom. 1:16). Dice la Biblia que así es como Cristo nos habla desde el cielo (Heb. 12:25). El hombre piadoso ama la Palabra predicada en parte por el bien que ha derivado de ella: ha sentido el rocío caer con este maná, y en parte por ser la institución de Dios: el Señor ha designado esta ordenanza para salvarlo.

El hombre piadoso es un hombre que ora. Esto aparece en el texto: “Por esto orará a ti todo santo” (Sal. 32:6). En cuanto la gracia es derramada en el interior, la oración es derramada en el exterior: “Mas yo oraba” (Sal. 109:4). En el hebreo es: “Pero yo oración”. La oración y yo somos uno. La oración es el camino del alma hacia el cielo. Dios
desciende hasta nosotros por medio de su Espíritu, y nosotros subimos a él por medio de la oración. El hombre piadoso no puede vivir sin oración. El hombre no puede vivir sin respirar, tampoco puede el alma si no exhala hacia Dios sus anhelos. En cuanto nace el
infante de gracia, llora; en cuanto Pablo se convirtió: “Porque he aquí, él ora” (Hech. 9:11). Habiendo sido un fariseo, sin duda habría orado antes, pero lo había hecho superficial o livianamente, pero cuando la obra de gracia se había llevado a cabo en su alma, entonces realmente oraba. El hombre piadoso permanece todos los días en el monte de oración, comienza su día con oración, antes de abrir su negocio, le
descubre su corazón a Dios. Antes solíamos quemar perfumes dulces en nuestros hogares; la casa del hombre piadoso es una casa perfumada: extiende el perfume con el incienso de la oración. No comienza ninguna actividad sin buscar a Dios. El hombre piadoso consulta a Dios en todo.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”  en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de    A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

 

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI 3ª Parte

Blog87

Analicemos el legado de Juan Calvino, un profesor, pastor, comentarista, maestro y prolífico autor (con al menos cincuenta y nueve obras[7]). Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia, La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[8], de hecho, un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[9].

Claramente Martín Lutero y Juan Calvino continuaron y sobrepasaron con creces a sus antecesores en el proceso de Reforma a través de su intensa labor, lo que no cesó con ellos sino que fue una constante en el movimiento. A propósito de aquello, los autores del libro “La Reforma Ayer y Hoy” nos aportan una llamativa descripción del proceso en España: “La extensión que alcanza la Reforma en España, antes de desatarse las grandes persecuciones contra la misma en la segunda mitad de siglo XVI, resulta prodigioso. Los abundantes Autos de Fe, así como el gran número de exiliados, lo pondrán de manifiesto. Escribiendo en 1602, Cipriano de Valera nos dice que: “En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los Autos. No hay ciudad y, a manera de decir no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido ni aún tenga alguno o algunos que Dios, por su infinita misericordia, haya alumbrado con la luz del evangelio. Común refrán es el día de hoy en España cuando hablan de algún hombre docto decir: es tan docto que está en peligro de ser luterano[10].

Así entonces podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Protestante implicó también un profundo cambio en los hábitos de lectura pues la intención de sus protagonistas fue dar acceso a las Escrituras y sus verdades a la mayor cantidad de personas posible, aquello a través de la traducción del texto sagrado y la publicación de material de apoyo.

Entonces, ¿qué nos queda para los lectores del Siglo XXI?:

  • Problema de soporte: superado, pues en la actualidad podemos leer en diferentes tipos de ediciones y plataformas (aunque mi favorito siempre será el papel)
  • Problema de acceso: bastante superable (en la actualidad los servicios de envío y mensajería pueden ayudar a que los libfoz estén en nuestras manos, tablets o dispositivos en períodos relativamente razonables de tiempo)
  • Problema de cantidad de libros: superado (Según Google, en 2010 existían en el mundo ciento treinta millones de libros diferentes[11]; una asombrosa cantidad de 129.864.880 libros, de todas las lenguas, de todas las materias, de todas las culturas, de todos los tiempos y según la UNESCO se publican 2.2 millones de libros cada año[12]); el desafío entonces es el criterio para elegir una buena obra para leer.
  • Problema de selección: superado gracias a amigos lectores y distribuidores de limpia conciencia y buena voluntad (como por ejemplo los amigos de Solo Sana Doctrina).

Antes de finalizar, un par de datos interesantes para los amantes de la lectura: en la misma época de la invención de la imprenta y desarrollo de la Reforma Protestante comenzó también la difusión a escala masiva del café (el té ya era bastante más conocido) y también comenzó a llegar desde América el chocolate. Esta combinación de café y chocolate, es muy buena compañía para las jornadas de estudio y lectura. En conclusión, sin lugar a dudas, estamos en una época muy privilegiada. Entonces, organicemos el tiempo y ¿vamos a leer un buen libro?

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

 

[1]Juan Hus, el reformista checo”, en http://www.radio.cz/es/rubrica/especiales/juan-hus-el-reformista-checo

[2] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[3] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[5] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[6] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

[7] Puede revisar el listado en “John Calvin Books List”, https://www.ranker.com/list/john-calvin-books-and-stories-and-written-works/reference

[8] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[9] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[10] José Moreno Berrocal, Bernard Coster, José de Segovia “La Reforma Ayer y Hoy”, Básicos Andamio, Barcelona, España, 2012, Págs. 30-31. Disponible en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=515&controller=product

[11] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” en: https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuantos-libros-existen-mundo/20160628180330062423.html

[12] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” https://hipertextual.com/2017/04/cuantos-libros-existen-mundo

Señales y características del hombre piadoso 4ª Parte

Blog86

El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).

El hombre piadoso ama la Palabra escrita.

Crisóstomo compara las Escrituras a un jardín con canteros y flores. El hombre piadoso se deleita en caminar en este jardín y encontrar allí dulce descanso; ama cada rama y cada parcela de la Palabra.
1. Ama la parte consejera de la Palabra, dado que es una guía y una regla para la vida. Contiene credenda et facienda, que significa “cosas para 2 Juan Crisóstomo (347-407) – teólogo y expositor de la iglesia griega primitiva cuyo nombre, Crisóstomo, es un apelativo que significa “Boca de oro”.
2. El hombre piadoso ama la parte intimidante de la Palabra. Las Escrituras, como el Jardín del Edén, porque tiene el árbol de la vida, tiene también una espada flameante en sus portales. Esta es la amenaza de la Palabra: lanza fuego en el rostro de todo el que sigue obstinadamente en sus maldades: “Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados” (Sal 68:21). La Palabra no tolera la maldad. No deja que el hombre se quede entre el pecado y Dios: la verdadera madre no dejó que el niño fuera dividido en dos (1 Rey. 2:26), y Dios no deja que el corazón se divida.
3. El hombre piadoso ama las amenazas de la Palabra. Sabe que hay amor en cada amenaza; Dios no quiere que ninguno de nosotros se pierda, por lo tanto nos amenaza misericordiosamente, para que, con temor, nos apartemos del pecado. Las amenazas de Dios son como balizas en el mar que indican que hay rocas debajo del agua que son una amenaza de muerte para los que se acerquen. Las amenazas son un freno para que nos detengamos y no sigamos galopando derecho al infierno; hay misericordia en cada amenaza.
4. El hombre piadoso ama cada parte consoladora de la Palabra: las promesas. Se alimenta constantemente de ellas, como Sansón iba por su camino alimentándose de la miel del panal. Las promesas son puro alimento y dulzura, son nuestro aliento cuando desfallecemos, son los cauces del agua de vida. “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Sal. 94:24). Las promesas eran el arpa de David para espantar los pensamientos tristes; eran los pechos que le daban leche de consolación divina.

El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.
1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte? Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

 

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Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

Señales y características del hombre piadoso 3

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Pregunta: ¿En qué encuentra el piadoso su santidad?

Respuesta:

1. En aborrecer la vestidura manchada por la carne (Jud.23). El piadoso se afirma contra la maldad, tanto en sus propósitos como en sus prácticas. Teme a lo que puede parecer pecado (1 Tes. 5:22). La apariencia del mal puede influenciar al creyente débil; si no
profana su propia conciencia, puede ofender la conciencia de su prójimo; y pecar contra él es pecar contra Cristo (1 Cor. 8:12). El hombre piadoso no aprovecha ir hasta donde puede, no sea que vaya más allá de lo que debe.
2. El piadoso descubre su santidad al ser defensor de la santidad: “Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré” (Sal. 119:46). Cuando en el mundo se calumnia la piedad, el piadoso se pone de pie para defenderla. Le quita el polvo de
reproche al rostro de la religión. La santidad defiende al piadoso, y el piadoso defiende la santidad. Lo defiende del peligro, y él la defiende de modo que no la avergüencen.
El hombre piadoso es muy exacto e inquisitivo en cuanto a la adoración a Dios. La palabra griega traducida piadoso significa “un adorador correcto de Dios”. El hombre piadoso reverencia las instituciones divinas y prefiere la pureza en la adoración en lugar del esplendor de los ritos… El Señor quiso que Moisés construyera el tabernáculo según el diseño dado en el monte (Éxo. 25:9). Si Moisés hubiera dejado de incluir algo o hubiera agregado algo hubiera sido una provocación. El Señor siempre ha dado testimonios de su
desagrado por todos los que han corrompido el culto a él: Nadab y Abiú “ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lev. 10:1, 2). Todo aquello que no es ordenado por Dios para el culto a él, lo considera como un fuego extraño. No nos sorprenda que le indigne tanto, como si Dios no tuviera suficiente sabiduría para determinar la manera como se le ha de servir, los hombres pretenden determinarlo, y como si las reglas para la adoración fueran defectuosas, intentan corregirlas y agregarles vez tras vez sus propias invenciones… El hombre piadoso no se atreve a variar el diseño que Dios le ha mostrado en las Escrituras. Esta puede ser una de las razones por las cuales David es llamado un hombre según el corazón de Dios: mantuvo la pureza de la adoración a Dios y en cuestiones sacras no agregó nada de su propia invención.
El hombre piadoso es el que compite para ganar a Cristo como su premio. A manera de ilustración, mostraré que Cristo es precioso en sí: “He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa” (1 Ped. 2:6). Cristo es comparado con cosas muy preciosas. Cristo es precioso en su Persona. Él es la representación de la gloria de su Padre (Heb. 1:3). Cristo es precioso en sus oficios, que son varios rayos del Sol de
Justicia (Mal. 4:2).

1. El oficio profético de Cristo es precioso: Él es el gran oráculo del cielo: Es más precioso que todos los profetas que lo precedieron. Enseña no solo al oído a escuchar, sino también al corazón para que atesore sus palabras. El que tiene la llave de David en su mano abrió el corazón de Lidia (Hech. 16:14).

2. El oficio sacerdotal de Cristo es precioso: Esta es la base sólida de nuestro consuelo: “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo” (Heb. 9:26). En virtud de este sacrificio, el alma puede presentarse ante Dios con confianza y decir: “Señor, dame el cielo; Cristo me lo compró; colgó en la cruz para que yo pudiera sentarme en el trono”. La sangre de Cristo y el incienso son las dos bisagras sobre las cuales gira nuestra salvación.

3. El oficio legal de Cristo es precioso “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apoc. 19:16). En lo que a majestad se refiere, Cristo tiene preeminencia sobre todos los demás reyes. Tiene el trono más elevado, la corona de más precio, los dominios más extensos y el reinado más duradero: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Heb. 1:8)… Cristo establece su cetro donde
ningún otro rey lo hace. Gobierna la voluntad y los afectos; su poder obliga la conciencia de los hombres. Si somos competidores para obtener a Cristo como premio, entonces
lo preferimos por encima de todo lo demás. Valoramos a Cristo más que la honra y las riquezas; lo que más anhelamos en nuestro corazón es la perla de gran precio (Mat. 13:46). El que quiere a Cristo como su premio, valora las cosechas de Cristo más que las vendimias del mundo. Considera las peores cosas de Cristo mejor que las mejores cosas del mundo: “Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Heb. 11:26). ¿Sucede así con nosotros? Algunos dicen que valoran mucho a Cristo, pero prefieren sus tierras y propiedades antes que a él. El joven rico en el Evangelio prefirió sus bolsas de oro antes que a Cristo (Mar. 10:17-22); Judas valoró las treinta piezas de plata más que a él (Mat. 26:15). Es de temer que cuando llega el tiempo de pruebas, muchos prefieren renunciar a su bautismo y descartar la ropa de siervo de Cristo antes que arriesgar por él la pérdida de sus posesiones terrenales.
Si preferimos a Cristo por encima de todas las cosas, no podemos vivir sin él. No podemos arreglarnos sin las cosas que valoramos: uno puede vivir sin música, pero no sin alimento. Un hijo de Dios puede carecer de salud y amigos, pero no puede carecer de Cristo. En la ausencia de Cristo, dice como Job: “Ando ennegrecido, y no por el sol” (Job 30:28). Tengo las más brillantes de las comodidades terrenales, pero quiero el Sol de Justicia. “Dame hijos, o si no, me muero” dijo Raquel (Gén 30:1). Lo mismo dice el alma: “¡Señor, dame a Cristo o muero; una gota del agua de vida para apagar mi sed!”… ¿Acaso
prefieren a Cristo los que pueden andar tranquilos sin él? Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, no nos duele tener que pasar por lo que sea para obtenerlo. Aquel que valora el oro se tomará el trabajo de cavar en la mina para encontrarlo: “Está mi alma apegada a ti (Dios)” (Sal 63:8).

Plutarco reporta que los galos, pueblo antiguo de Francia, una vez que probaron el vino dulce de las uvas italianas, preguntaron de dónde provenía y no descansaron hasta dar con ellas. Todo el que considera precioso a Cristo no descansa hasta obtenerlo. “Hallé
luego al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé” (Cantares 3:1-2, 4). Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, renunciaremos por él a nuestras concupiscencias más queridas. Pablo dice de los gálatas, que tanto lo estimaban, que estaban dispuestos a arrancarse sus propios ojos y dárselos a él (Gál. 4:15). El que estima a Cristo se sacará esas concupiscencias, como lo haría con su ojo derecho (Mat. 5:29). El hombre sabio rechaza lo que es veneno prefiriendo un refresco sano; el que valora grandemente a Cristo se despojará de su orgullo, sus ganancias injustas, sus pasiones pecaminosas. Pondrá sus pies sobre el cuello de sus pecados (Jos. 10:24). Piénselo: ¿Cómo pueden valorar a Cristo por sobre todas las cosas aquellos que no dejan sus vanidades por él? ¡Cuánto se burlan y desprecian al Señor Jesús los que prefieren las concupiscencias antes que a Cristo quien los salva! Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, estaremos dispuestos a ayudar a otros a tener parte con él. Anhelamos compartir con nuestro  amigo aquello que consideramos excelente. Si un hombre ha encontrado un manantial de agua, llamará a otros para que beban y satisfagan su sed. ¿Recomendamos a Cristo a otros? ¿Los tomamos de la mano y los conducimos a Cristo? Qué pocos hay que valoran a
Cristo, porque no tienen interés en que otros lo conozcan. Adquieren tierras y riquezas para su posteridad, pero no se ocupan de dejarles la Perla de Gran Precio como su legado…

Oh entonces, tengamos pensamientos afectuosos de Cristo; hagamos que sea él nuestro
principal tesoro y placer. Esta es la razón por la cual millones mueren: porque no valoran a Cristo por sobre todas las cosas. Cristo es la Puerta por la cual los hombres entran al cielo (Juan 10:9). Si no saben de esta Puerta, o si son tan soberbios que se niegan a inclinarse para pasar por ella, ¿cómo, entonces, han de ser salvos?
El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).
Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI

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“Sola Gratia y Sola Scriptura: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?”

Introducción

¿Qué es la verdad?” Esa fue la pregunta que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, le hizo a Jesucristo mientras lo juzgaba (Juan 18:38). Sin embargo, parece que  a Pilato no le interesaba la respuesta, sino más bien su pregunta fue un reflejo de su incredulidad. Al parecer, para él la verdad era lo que a uno le enseñaban a creer o lo que uno mismo elegía creer.

Para los cristianos la verdad puede ser hallada y el lugar está en la Biblia. Por este motivo, la Biblia, ha sido declarada como la base de la fe y la conducta. ¿Cuáles son las razones que explican tan alto lugar?

 

Respuesta 1: La misma recomendación escritural

  • El Apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:16-17:Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (RV 1960).
  • El autor de la Epístola a los Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).
  • El mismo Jesús. Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (RV 1960).

 

Respuesta 2: El legado de la Reforma Protestante

Qué duda cabe, un hito fundamental en la construcción y asimilación de esta convicción fue el proceso histórico conocido como Reforma protestante, esto ha quedado expresado en una de las cinco solas, a saber  el princopio de “Sola Scritpura

Esto debido a que a finales de la Edad Media, la Biblia sólo estaba disponible en latín, un lenguaje que la gente común de Europa ya no hablaba. Por eso, los reformadores se propusieron acercarles las Escrituras al traducirla a idiomas que sí podían entender.

Además estaba el problema de la predicación, pues los curas párrocos fueron incapaces de realizar una predicación cualificada y los Obispos, quienes tenían más conocimiento y capacidades tenían la obligación de predicar sólo diez veces al año.

 

¿Qué había pasado en el Siglo XV? Preparando el terreno

El siglo XV estuvo caracterizado entre otros aspectos de relieve por un sentimiento de creciente crisis en el seno de la Iglesia católica.

Durante aquellas agitadas décadas:

  • La corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia
  • Se produjo el denominado cisma de Occidente, esto implicó que existieran simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre sí y que se presentaban como el único pontífice legítimo
  • Fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca (que terminó aniquilando Bizancio en 1453)
  • Considerando este panorama, se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

De esta manera, si algo parecía indiscutible a finales del siglo XV era que la Iglesia necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Posición que era defendida por personajes que iban desde Lorenzo Valla a Erasmo, Tomás Moro y Luis Vives, Cisneros e Isabel la católica[1].

 

El Siglo XVI: un Siglo de cambios profundos

En este periodo, tuvieron lugar varios procesos muy importantes y paralelos:

  • El «descubrimiento» y conquista de América.
  • Desarrollo del Humanismo y Renacimiento.
  • La Reforma Protestante.

El Descubrimiento y la Conquista de América son bien conocidos, y se podría comentar mucho al respecto. Sin embargo, lo relevante es que durante un periodo de escasamente cien años las naciones europeas se derramaron por el resto del mundo, y especialmente por América.

Para la mente del habitante del Siglo XXI resulta difícil calibrar el impacto de este proceso, pero para hacernos una idea esto fue tan impactante y desafiante como la llegada del primer equipo a la luna en 1969 o como lo sería si en un plazo cercano se lograra llegar y colonizar Marte o incluso otro planeta más lejano. Pues esto implica un tremendo avance tecnológico, grandes cambios en los equilibrios de poder de los países involucrados en ello y por supuesto los desafíos propios de incorporar a la administración, comercio y cultura nuevos territorios.

Ahora bien, regresando al Siglo XVI, la conquista del Nuevo Mundo implicó que se multiplicó enormemente el número de los que se llamaban cristianos, aunque claro, esta incorporación fue a la fuerza en la mayoría de los casos y por supuesto no incluyó la fe de los Reformados.

Por otra parte, el movimiento intelectual conocido como Humanismo provocaba que se revisaran las bases del conocimiento acumulado hasta la fecha rescatando los escritos de la Antigüedad Clásica y por cierto cuestionando también los cimientos cristianos de la civilización.

A estos grandes procesos se suma la Reforma Protestante. La fecha que normalmente se señala como el comienzo de la Reforma es 1517, cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis. Aunque, ya habían movimientos reformadores desde mucho antes, lo cierto es que fue con Lutero y sus seguidores que el movimiento cobró un ímpetu incontenible[2]. Señala el historiador Jean Delumeau: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[3].

Ahora bien, regresemos a nuestra pregunta inicial: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?” Para ello realizaremos dos recorridos, el primero será a través de la relación de los llamados “Precursores de la Reforma” con las Escrituras[4] y en segundo lugar, del mismo Martín Lutero.

Los Precursores de la Reforma y las Escrituras

  • Los Valdenses: En el siglo XII, los Valdenses tradujeron el Nuevo Testamento del latín a sus dialectos regionales franceses. Según la tradición, tal era su compromiso con la Escritura, que las diferentes familias Valdenses memorizaban grandes porciones de la Biblia, de manera que si las autoridades católicas romanas les encontrasen y confiscasen sus copias impresas, serían capaces de volver a reproducir toda la Biblia de memoria.
  • John Wycliffe: En el siglo XIV, John Wycliffe y sus asociados en Oxford, Inglaterra tradujeron la Biblia del latín al inglés. Los seguidores de Wycliffe, conocidos como los Lolardos, iban de pueblo en pueblo predicando el evangelio y enseñando la Palabra en inglés.
  • Jan Hus: En el siglo XV, Jan Hus se convirtió en el predicador más popular de Praga al predicar en la lengua del pueblo y no en latin. Sin embargo, debido a que Hus insistió en que sólo Cristo es la cabeza de la iglesia y no el papa, el concilio católico de Constanza le condenó como hereje. Murió en como mártir en la hoguera en 1415.

 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s