Conversión de los miembros de la familia 2

Blog96B

5. Presérvenlos de una sociedad impía. David no solo aborrecía el pecado en general, sino que detestaba especialmente tenerlo en su casa.

“No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos” (Sal. 101:7), para que el ejemplo impío y la tiniebla espiritual de personas malas en su medio no se pegara y corrompiera a los moradores. La imitación es natural en los niños: imitan a sus familiares y amigos. Porque, según el proverbio: “El que vive con un cojo aprenderá a cojear” (Prov. 22:24-25). Los niños en especial corren el peligro de infectarse por las compañías lascivas y corruptas. Muchos chicos de padres consagrados se han corrompido por andar siempre con los hijos malos de vecinos impíos.

6. Hagan que las reprensiones prudentes y en el momento preciso sean administradas según la naturaleza y calidad de las fensas. Empiecen suavemente. Usen toda la persuasión posible para atraerlos a los caminos de Dios. Cuéntenles de las recompensas de gloria, la dulce comunidad en el cielo; esfuércense por poner en sus corazones la verdad de que Dios puede llenar sus almas con un gozo imposible de encontrar en el mundo. “A algunos que dudan, convencedlos” (Jud. 22).

Pero si esto no da resultado, comiencen a incluir expresiones más graves de la ira divina contra el pecado. Así como hay un nexo entre las virtudes, lo hay también entre las pasiones. El amor y la ira no son enteramente “sentimientos incompatibles”. No, el amor puede ser el principio y fundamento de la ira, que lanza sus flechas reprochadoras contra el blanco del pecado… Pueden decirle a su hijo con algo de severidad, que si sigue en su camino pecaminoso, Dios se indignará, y ustedes también. Luego háganle saber que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb. 10:31). Esta es la manera de aplicar el “Airaos, pero no pequéis” como manda el apóstol (Ef. 3:26). No permitan que sus pasiones, como torrentes incontrolables, se desborden de los límites establecidos por las Escrituras y la razón. Hay una indignación seria y sobria que produce respeto y conduce a una reforma. Pero la que incluye un estrépito horrible y gritos desaforados fluye del pecho de los necios. Sería en vano que quisieran ustedes ganar a otros cuando ustedes mismos son abusivos y descontrolados. ¿Cómo puede alguien en tal estado razonar con otro en su mismo estado? El que es esclavo de su irascibilidad no puede ofrecer reprensiones nobles.

El niño jamás podrá convencerse de que tal indignación proviene del amor cuando lo obligan a aguantar los abusos diarios de un temperamento encolerizado, cuando por parentesco está siempre expuesto a un temperamento dominado por la ira que se tiene que desquitar con alguien… Entonces, administren con prudencia sus reprensiones. Recubran esas píldoras amargas con la esperanza de volver a ganarse su favor en cuanto se corrige. Consideren igualmente la posición y el lugar de sus distintos familiares. A la esposa no hay que reprenderle delante de los hijos y los sirvientes, para no menoscabar su autoridad. El desprecio mostrado hacia la esposa terminará siendo contraproducente para el marido. También, las pequeñas ofensas de los hijos y sirvientes, si no fueron
cometidas en público, deben ser reprendidas en privado. Pero, sobre todo, tengan cuidado de no reprenderlos más por las ofensas contra usted que por las ofensas contra Dios. Si tienen motivos para indignarse, no empeoren las cosas sino que procuren calmarse antes de tomar alguna medida.

No den demasiada importancia a las debilidades. Si todavía no son pecaminosas, repréndanlos con la expresión de su rostro y no con agresiones amargas. Reserven sus reprensiones públicas y ásperas para las ofensas abiertas y escandalosas, para transgresiones reiteradas que demuestran mucha indiferencia, o desprecio y desdeño.

7. Mantengan una práctica constante y vigorosa de los deberes santos en el seno familiar. “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, dijo Josué (Jos. 24:15). Moisés mandó a los israelitas que repitieran una y otra vez en familia y en privado con sus hijos las leyes y los preceptos que Dios les había dado (Deut. 6:7). Las enseñanzas y exhortaciones de los siervos de Dios en público deben ser constantemente repetidas en casa a los pequeños. Samuel hizo una fiesta en su propia casa después del sacrificio (1 Sam. 9:12, 22). Job y otros realizaban sacrificios con sus propias familias. El cordero pascual debía ser comido en cada casa en particular (Éxo. 12:3, 4). Dios dice que derramará su “enojo sobre los pueblos que no te conocen” (Jer. 10:25). Mantener estos deberes familiares hace de cada hogar un santuario, un Betel, una casa de Dios. Aquí quiero recomendar que los cristianos no sean demasiado tediosos en su cumplimiento de los deberes de adoración privada. Cuídense de no hacer que los caminos de Dios sean una carga y una cosa desagradable. Si a veces Dios les toca el corazón de un modo especial, no rechacen ni repriman la inspiración divina, pero en general esfuércense por ser concisos y breves. Muchas veces el espíritu está dispuesto cuando la carne es débil (Mat. 26:41). Y a uno le es fácil no distraerse durante un tiempo breve, pero la plática larga da ocasión para distraerse mucho. “Porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Ecl. 5:2). Igualmente es bueno variar los deberes religiosos: a veces canten y a veces lean, a veces repitan, a veces catequicen, a veces exhorten. Pero hagan dos cosas a menudo: ofrezcan el sacrificio de las oraciones y hagan que los hijos lean cada día alguna porción de las Sagradas Escrituras.

 

Continuara …

 

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

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El legado espiritual de Juan Calvino 3

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¿Artísticamente, fue el Reformador un hombre falto de sensibilidad estética?

En contra de la opinión de muchos de sus críticos, creemos que Calvino fue un hombre dotado de un fino y profundo sentido de lo bello y lo sublime. Con el fin de empequeñecer la talla artística del francés se le ha juzgado comparativamente con Lutero y se le ha considerado pobre en lo estético. Bien sabido es que Lutero mostró siempre una predilección especial por la pintura y la música. Fue amigo de Durero, de Lucas Cranach —el pintor de la Reforma— y de otros pintores famosos del tiempo. Después de la Biblia, la música era para Lutero el don más grande concedido por Dios al hombre. Proficiente en el laúd y notable en el canto, sus contribuciones en el canto coral y en la himnología llegarían a ser decisivas para el desarrollo de la música de la Reforma. J.S. Bach representa la plenitud de una nueva música religiosa de la que Lutero fue su precursor. La talla artística de Calvino, sin embargo, se manifestó de una manera menos ostentosa y por cauces estéticos distintos. Compartió también con Lutero y Zuinglio afición por la música. Consideraba el canto congregacional de los Salmos como “un medio excelente para enfervorizar el corazón y llenarlo de ardor para la oración”. Sin embargo, fue en el campo de la expresión literaria donde se hacen más patentes sus dones artísticos. Calvino fue un verdadero artista de la prosa: su Institución de la religión cristiana, por su elegancia y belleza de estilo, es una joya literaria de la lengua francesa. En nuestra opinión, la categoría estética que más distingue a Calvino es la de lo sublime. Nadie ha sabido plasmar con mayor elegancia de estilo y sobrecogedora fuerza expresiva el tema de la grandeza y majestad de Dios como Calvino. Calvino es el artista de lo sublime religioso.

Nunca gozó Calvino de una buena salud. Agotado por el trabajo, y vencido su cuerpo por dolorosas enfermedades, el 27 de mayo de 1564 moría en Ginebra. Difícil ha sido siempre valorar la figura del Reformador. En la historia de la Iglesia, escribe Philip Shaff, no hay hombre tan amado y odiado, admirado y aborrecido, ensalzado y culpado, bendecido y condenado como el de Juan Calvino. Su persona no despierta la simpatía de Lutero ni el atractivo de Zuinglio. “Sin embargo, cuanto más se le conoce, más se le aprecia y se le admira”. [History of the Christian Church, Eerdmans, Grand Rapids 1953, vol. VIII, 834 ss.] trás de su temple de acero, voluntad férrea, disciplina estoica, talante intolerante y carácter iracundo, descubrimos a un personaje de la mejor fibra humana. En su lecho de muerte, en una carta a Bucero, confiesa cuán difícil le había sido ‘domar la bestia salvaje de Su ira’. Las riquezas y los honores no tuvieron para él encanto alguno; su vida transcurrió siempre en el marco de una pobreza evangélica y en los cauces de una moralidad estricta e irreprochable. Su única ambición fue la de servir a Dios: ante sus ojos solo Dios era grande, y sin Dios el hombre no era más que vanidad y polvo. El omnipresente y omniabarcador SOLI DEO GLORIA del teocentrismo bíblico que inspiró y motivo la vida y pensamiento teológico de Calvino, es también el principio que fundamenta y condiciona. los grandes catecismos, confesiones y tratados teológicos calvinistas. En el primer artículo de su Catecismo de la Iglesia de Ginebra, de 1541, formula en estas breves palabras el principio teocéntrico que ha de regir en todo la vida del hombre:

P— ¿Cuál es el fin último de la vida humana?

R. — Conocer a Dios.

P. — ¿Por qué es esto así?

R. — Porque Dios nos creó y nos puso en este mundo para ser glorificado en nosotros. Justo es, pues, que nuestra vida, que de Él procede, se consagre a su gloria.

 

El teólogo holandés Herman Bavinck formula en estos términos el teocentrismo evangélico del calvinismo:

“En conformidad con la enseñanza paulina, ‘nosotros tenemos la mente de Cristo’ (1 Co. 2.6). Esta es la mente que descubre a Dios en el trono de su señorío universal en las esferas de la creación y de la gracia, y hace exclamar al creyente, en palabras del Apóstol: ‘Porque de El, y por Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos’ (Ro. 11.36).” [ Our reasonable faith, Eerdmans, Grand Rapids, 1956, p. 134].

Mucho podemos decir sobre Calvino como teólogo y comentarista de la Biblia; pero hay algo en sus escritos que destaca, y hace vibrar el alma del lector con un sentimiento de abrumadora presencia de lo divino en todas sus páginas. Calvino nos impacta profundamente con su desbordante sentimiento de la majestad infinita de Dios. Al acercarnos a Calvino, nos maravilla lo que nos dice, pero también cómo lo dice. Calvino nos habla con la autoridad que infunde la experiencia de un profundo sentimiento de la majestad de Dios. “La verdadera piedad —escribe en los inicios de su Breve instrucción— no consiste en el temor, sino en un puro y auténtico celo que ama a Dios como un verdadero Padre y le reverencia como verdadero Señor, abraza su justicia y tiene más horror de ofenderle que de morir […] . Como la majestad de Dios sobrepasa en sí la capacidad del entendimiento humano, e incluso es incomprensible para este, tenemos que adorar su grandeza más bien que examinarla para no vernos completamente abrumados con tan grande claridad”. La aprehensión de la infinita grandeza de Dios, en el grado en que esto sea posible para el hombre, constituye el fundamento de la verdadera adoración y del genuino culto de alabanza de la piedad cristiana.

 

Continuara…

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Conversión de los miembros de la familia 1

Blog96A

PREGUNTA: “¿Qué podemos hacer, qué medidas podemos tomar, qué método nos recomienda para cumplir este deber tan importante, y ser útiles en la conversión y salvación de nuestros familiares que se encuentran en un estado natural?
Daré indicaciones bajo varios encabezamientos. Algunas, aunque son obligaciones comunes y obvias, pueden cumplirse mejor de lo que se están cumpliendo, por lo que no las pasaré por alto ya que son muy provechosas y no menos prácticas que otras. Muchos hombres bajo el evangelio perecen por no llevar a cabo los deberes que saben que les
corresponden. Por lo tanto les ruego, oh cristianos, que cada indicación sea debidamente evaluada y conscientemente mejorada a fin de lograr el éxito con la ayuda divina.

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1. Preserven y respeten el honor y la preeminencia de la posición en que Dios los ha puesto con toda sabiduría y cuidado. El profeta se queja de los tiempos cuando “el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble” (Isa. 3:5). La diferencia de edad requiere una diferencia en la conducta… Los adultos tienen que demostrar gran
respeto hacia los jóvenes si quieren que los jóvenes demuestren gran respeto hacia ellos. Dicho esto, no deben ustedes mostrarse orgullosos, altaneros ni presuntuosos. Sus rostros, aunque serios, no deben ser adustos. Así como no siempre tienen que estar sonriendo, tampoco deben estar con el ceño fruncido. Una severidad rígida en palabras así como en acciones producen en los hijos una disposición servil y de desaliento.
2. Sea la instrucción familiar frecuente, de envergadura y clara. Por naturaleza, todos somos desiertos áridos y rocosos: la instrucción es la cultura y el mejoramiento del alma. Los naturalistas han observado que las abejas “llevan gravilla en las patas” para fijar sus cuerpecitos cuando rugen los vientos tormentosos. Ese mismo fin cumple la instrucción en la mente indecisa y fluctuante de la juventud. La quilla de su poco criterio se hundiría sin el contrapeso de la disciplina… Pero en todos sus momentos de instrucción, cuídense de no ser tediosos por hablar interminablemente. Compensen la brevedad de esas ocasiones aumentando su frecuencia. La Palabra manda hablar de los preceptos
de Dios “cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes” (Deut. 6:7; 11:19), un poco ahora y un poco después. Los largos discursos son una carga para la poca memoria que tienen, y una imprudencia tal bien puede resultar en que terminen teniendo una aversión por el maná espiritual, siendo que todavía están en su estado natural. A una planta joven se la puede matar con demasiado fertilizante y podrirla con demasiada agua. Los ojos que recién se despiertan no aguantan el resplandor, entonces:

“mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isa. 28:10). Deben guiar a los pequeños como lo hizo Jacob, mansamente hacia Canaán (Gén. 33:13).”

Capten su tierna atención con pláticas acerca de la grandeza infinita y la bondad eterna de Dios, acerca de las glorias del cielo, de los tormentos del infierno. Las cosas que afectan los sentidos tienen que ser espiritualizadas para ellos, gánense su buena disposición con astucia santa. Usen alegorías lo más que puedan. Si están juntos en un jardín, hagan una aplicación espiritual de las hermosas flores. Si están a la orilla de un río, hablen del agua de vida y los ríos de placer que hay a la diestra de Dios. Si en un maizal, hablen de la cualidad nutritiva del pan de vida. Si ven pájaros que vuelan en el aire, o los oyen cantar en la floresta, enséñenles acerca de la providencia omnisapiente de Dios que les da su alimento a su tiempo. Si alzan su mirada al sol, la luna y las
estrellas díganles que son destellos de la antesala del cielo. ¡Oh, entonces qué gloria hay interiormente! Si ven un arcoíris adornando alguna nube acuosa, hablen del pacto de Dios. Estos y muchos más pueden ser como eslabones de oro que van poniendo realidades divinas en sus memorias: “Por medio de los profetas usé parábolas”, dice Dios
(Ose. 12:10). Además, procuren que los pequeños lean y aprendan de memoria algunas porciones de los libros históricos de las Sagradas Escrituras. Pero, sobre todo, la mejor manera de instruir, especialmente a los más chicos, es por medio de catecismos  explícitos, pueden ser citados directamente del texto bíblico y expresados en breves frases según su capacidad, en un estilo directo pero fiel a la Palabra, de modo que queden en la memoria.

Versiculo 219

3. Agreguen requisitos a sus instrucciones. Ínstelos en el nombre de Dios a que escuchen y obedezcan las reglas y costumbres de su hogar. Tenemos un ejemplo en Salomón, quien nos dice que era “hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y
vivirás” (Prov. 4:3-4)… En cuanto a esto, Abraham fue designado por Dios mismo como un modelo para toda posteridad. “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Gén. 18:19), por lo que le
complacía a Dios revelarle secretos.
4. Permanezca atento para percibir las primeras manifestaciones de pecado en su conducta. Deténganlas cuando recién empiezan y son todavía débiles. “De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra”, dice David (Sal. 101:8). Hay que empezar este trabajo desde el principio y refrenar cada palabra mala y desagradable desde la primera vez que la oyen. Manténganse en guardia para detectar las primeras señales de
corrupción en ellos. Se puede cortar fácilmente un brote tierno, pero si se deja crecer hasta ser una rama, es mucho más difícil hacerlo.

Continuara …

 

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Tomado de Puritan Sermons 1659-1689

Samuel Lee (1627-1691): Pastor puritano congregacional en St. Botolph, Bishopsgate; nacido en Londres, Inglaterra.

Versiculo 218

El legado espiritual de Juan Calvino 2

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En 1536 llegó a Ginebra camino a Estrasburgo. Sin embargo no pudo continuar su viaje debido a que su compatriota Guillaume Farel lo convenció para que se quedara en la ciudad y colaborara con él en las tareas de reforma evangélica allí emprendidas. Por aquel tiempo el movimiento reformado en Suiza, iniciado por Zuinglio en Zurich, había ya arraigado en importantes cantones helvéticos, y contaba con destacados líderes evangélicos: Capito y Ecolampaio en Basilea, Haller en Berna, Vadiano en St. Gall, Viret en Lausana, Farel en Ginebra y Bullinger en Zurich. Si bien al principio Ginebra acogió favorablemente el ministerio de Calvino, las rígidas medidas disciplinarias impuestas por el joven reformador determinaron el rechazo de la población y la consiguiente expulsión de la ciudad. La estancia en Ginebra había durado menos de dos años. Aceptando la invitación de Martín Bucero, Farel y Calvino se instalaron en Estrasburgo. En esta ciudad Calvino pastoreó una pequeña congregación de refugiados franceses e inició un ambicioso esquema de reformas religiosas en conformidad con su visión bíblica de lo que había de ser una verdadera iglesia cristiana. En buena medida estas medidas encontrarían más tarde debido cumplimiento en Ginebra, donde a instancias y súplicas de las autoridades de la ciudad Calvino regresó de nuevo en 1541. Catorce años de “pacificación espiritual”, escribe Beza, fueron los que necesitó Calvino para implantar su plan de reformas religiosas, sociales y políticas . Al término de las mismas, según el testimonio del escocés John Knox, Ginebra se convirtió “en la más perfecta escuela de Cristo que jamás haya existido desde tiempos apostólicos”.

Calvino, ya desde el inicio de su ministerio, tuvo conciencia de su propia excepcionalidad en cuanto a dones espirituales y capacidades intelectuales; pero también tuvo conciencia de la extraordinaria tarea reformadora a él encomendada por llamamiento de Dios. Ante estas dos realidades, Calvino asumió una inquebrantable doble determinación: la de que se le conociera por sus reformas y escritos, y se le desconociera por lo que era en la esfera de lo personal. Sus escritos eran importantes por centrarse en la gloria y grandeza de Dios; mientras que por lo personal y propio él no era más que un insignificante “gusano de Jacob”. Muy celoso fue siempre Calvino de su “escondimiento personal”, al extremo de proyectarlo más allá de su muerte, pues dio estrictas instrucciones a sus amigos para que, llegado el día, se ocultara el lugar exacto donde habían de ser enterrados sus restos mortales. Al igual que Moisés, en modo alguno quería que su tumba fuera profanada por la idolatría. Ante la realidad de esta ocultación personal, motu proprio, poco es lo que sabemos de la biografía del Reformador, y para conocer algo hemos de hacernos eco de la información que sobré él nos ha llegado de los que le conocieron (particularmente de T. Beza). Por lo que podemos colegir de la información biográfica disponible, Calvino fue un hombre de férrea voluntad y determinación, y de profundos sentimientos —a los que siempre controló y sujetó bajo una estricta disciplina—. Por su carácter y actuación personal a la hora de asumir responsabilidades y obligaciones, se nos muestra siempre como un ejemplo modélico de creyente, que al igual que su admirado apóstol Pablo, ante cualquier situación, anímica o de índole exterior, podía afirmar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¿Ha sido por este dominio de sí mismo y de control de sus sentimientos que se le ha juzgado de frío y distante? Los que así piensan deberían leer un buen número de sus más de cuatro mil cartas en las que el Reformador muestra una desbordante riqueza de sentimientos y afectos personales.

Dicho esto, con toda su riqueza personal y de carácter, Calvino no despierta el atractivo humano de Lutero. El reformador alemán, con todos sus defectos y virtudes, se nos aparece como un hombre más “como nosotros”. Con su “reina Catalina”, a la que amaba “tanto o más que a la Epístola a los Gálatas”, fundó un hogar cristiano, ejemplo de virtudes familiares y modelo de hospitalidad bíblica para propios y extraños. Del calor humano de sus Charlas de sobremesa, participan todavía hoy los que a través de la lectura de sus páginas se sientan en torno a la gran mesa preparada por la “reina Catalina”. Gracias a Lutero, el hogar del ministro de Dios pasa a desempeñar un papel decisivo en la esfera religiosa, social y cultural de los países protestantes. Pero en el hogar de Calvino no hemos podido entrar. ¿Qué era para Calvino, por ejemplo, el enamoramiento y la relación afectiva en el matrimonio? Nos asaltan muchos interrogantes sobre este particular al recordar cómo entró el Reformador en la orden de los casados. Al insistir sus amigos en que no “era bueno que el hombre estuviera solo”, y que por su salud débil y enfermiza había de casarse, Calvino accedió a entrar en el estado matrimonial bajo la condición de que fueran sus amigos los que le encontraran “la esposa ideal”. Y así fue: en 1540 contrajo matrimonio con Idelette de Bure, viuda y madre de dos hijos. De este matrimonio nació un hijo que murió en la infancia. Idelette moriría nueve años más tarde. Calvino permaneció viudo el resto de su vida.

Continuara…

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El legado espiritual de Juan Calvino 1

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Calvino ha sido, y continúa siendo, el gran teólogo del protestantismo, fraguador del pensamiento evangélico más sólido y coherente que ha dado el cristianismo.

Juan Calvino nació en Noyon, en la región francesa de la Picardía, el 10 de julio de 1509, y murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564. Se cumplen, pues, quinientos años de su nacimiento. La efemérides es importante, pues importante ha sido para la historia y la Iglesia cristiana, la persona y obra de este gran reformador protestante. A pesar de los cinco siglos que nos separan de su nacimiento, la actualidad de su impronta histórica y religiosa continúa aún vigente en nuestro tiempo. Y en tanto que la aportación teológica de Calvino está firmemente enraizada en los contenidos de la revelación bíblica, su memoria y obra ofrecen sólida garantía de perdurabilidad en el tiempo. Cierto es, por otro lado, que una distancia temporal de cinco siglos puede favorecer una valoración más serena y equilibrada de la persona y obra del Reformador y permitir coronar conclusiones mejor funda-mentadas sobre el fenómeno religioso calvinista. Y esto es lo que nos proponemos hacer en nuestras reflexiones de quinto centenario. A menos que así lo requieran algunas de las cuestiones que nos proponemos abordar, dejaremos de lado aquello datos y secuencias biográficas sobre el Reformador que son de fácil acceso gracias a los muchos libros que se han escrito sobre el teólogo francés.

El calvinismo representa la madurez teológica de la Reforma protestante del siglo XVI, y el intento más logrado de construir una dogmática cristiana sobre la única base de la Biblia_ Más que el iniciador de la teología calvinista propiamente dicha, Calvino fue el genio sistematizador de todo un conjunto de doctrinas bíblicas que, a lo largo de la historia del cristianismo han proclamado, en mayor o menor grado, y de forma más o menos intermitente, la gracia soberana de Dios en la salvación del pecador y la gloria del Sumo Hacedor en todos los ámbitos de la Creación. Los principios fundamentales del movimiento reformado, presentes ya en el luteranismo y en el zuinglismo, bajo el genio teológico de Calvino adquirieron su pleno desarrollo y se plasmaron en un coherente y sistemático cuerpo de doctrina, único en la historia del cristianismo, tanto por la amplitud de su contenido, como por la profundidad bíblica que lo impregna. No es de extrañar, pues, que está sin par concepción teológica se la conozca bajo el nombre de calvinismo, en directa e inseparable relación con su autor. El concepto de vocación, de llamamiento, que ha de caracterizar la vida y actividad del hombre re-dimido por Cristo, constituye otra de las grandes aportaciones de su pensamiento. En esto Calvino fue el alfarero del hombre reformado. Con su reiterado acento en la doctrina bíblica del sacerdocio universal de los creyentes, Calvino inculcó en los hijos de la Reforma un profundo sentido de responsabilidad ante Dios y ante los hombres hasta entonces desconocido. El hombre reformado es el prototipo más actualizado del hombre responsable. De su responsabilidad ante Dios dimana su responsabilidad con la sociedad y consigo mismo. El hombre reformado es un hombre de vocación, de entrega y compromiso en todas sus acciones y relaciones con el mundo de sus semejantes y el mundo de su trabajo y de sus actividades cotidianas. El cambio doctrinal que supuso el retorno a la Biblia, implicó también un radical cambio de actitud hacia el trabajo y hacia las obligaciones del individuo en el orden creado. No solo, pues, en la esfera religiosa la impronta calvinista ha sido importante: lo ha sido también en el desarrollo político, social y cultural de Occidente.

Calvino: el hombre

En el prólogo de su Comentario a los Salmos, en una de las pocas referencias autobiográficas que nos hace de sí mismo, Calvino habla de una “súbita conversión”. Según observa Teodoro Beza en su reseña biográfica del Reformador, esta súbita experiencia de conversión de hecho marcaría el momento cumbre de un largo proceso espiritual que se iniciaría en sus años de estudiante en París, bajo el impacto de las ideas evangélicas luteranas predicadas con mucho ardor en la capital francesa por discípulos y seguidores del Reformador alemán.

Continuara…

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Maridos amen a sus esposas 4

Blog93

Acerca de descuidar la edificación de la esposa: Lo contrario es la práctica de los que ejerciendo sus profesiones en lugares donde la Palabra abunda, prefieren por placer, satisfacción, comodidad y economía, mudar a sus familias a lugares remotos donde escasea la predicación o ni la hay. Dejan allí a sus esposas a cargo de la familia, sin tener en cuenta su necesidad de la Palabra, porque ellos mismos se van a Londres u otros lugares parecidos en razón de sus profesiones, y allí disfrutan de la Palabra. Muchos, abogados y otros ciudadanos son culpables de descuidar a sus esposas en este sentido.

También lo son aquellos que abandonan todo ejercicio religioso en sus casas,
convirtiéndolas en guaridas del diablo en lugar de iglesias de Dios. Si por falta de medios, públicos o privados, la esposa vive y muere ignorante, irreverente, infiel e impenitente lo cual significa condenación eterna, sin duda su sangre le será demandada a él porque el esposo es guardia de su esposa (Eze. 3:18).
Acerca del cuidado del marido en mantener a su esposa durante toda la vida: la manutención cariñosa del marido por su esposa debe ser mientras ella viva, sí, también en el caso que ella lo sobreviva. No que pueda él hacer algo después de muerto, sino que antes de su muerte ha tomado las medidas para su futuro sustento, de modo que después
ella pueda mantenerse independientemente y vivir en el mismo nivel que antes. [Él debiera por lo menos] dejarle no solo lo que tenía con ella, pero algo más también como testimonio de su amor y preocupación por ella. Los maridos tienen el ejemplo de Cristo para imitar, porque cuando este partió de este mundo dejando a su iglesia aquí en la tierra, dejó su Espíritu, que le proporcionó a ella dones tan o más abundantes (Ef. 4:8), como si Cristo estuviera todavía con ella. En el caso de muchos que mantienen a sus esposas mientras viven con ellas, a su muerte demuestran que realmente no la amaban. Todo había sido para aparentar.
Acerca de lo gratuito del amor de los maridos: La causa del amor de Cristo fue su amor, como dice Moisés, demostró su amor porque los amaba (Deut. 7:7-8). El amor surgió solo y absolutamente de él mismo y era gratuito en todo sentido: no había nada en la iglesia, antes de que Cristo la amara, para motivarlo a amarla, por lo que no había
nada que él pudiera esperar después, más que lo que él mismo daría.
Ciertamente se deleita en esa justicia que tiene como si vistiera un manto glorioso y con gracias celestiales como si estuviera adornada con piedras preciosas. No obstante, esa justicia y esas gracias son de él y otorgadas gratuitamente por él. Se presenta a sí mismo una iglesia gloriosa (Ef. 5:27).
En imitación de esto, los maridos deben amar a sus esposas, aun cuando no hubiere en ellas nada que los mueva a amarlas, fuera del hecho de que son sus esposas. Sí [deben amarlas] aunque no puedan esperar nada de ellas en el futuro. El verdadero amor respeta al objeto que ama, y considera el bien que le puede hacer, en lugar de esperar el
bien que pueden recibir del objeto de su amor. Porque el amor no busca lo suyo (1 Cor. 13:5)… El amor de Cristo debiera impulsar aún más a los esposos para hacer todo lo que esté en su poder a fin de amarlas sin reservas. Entonces será cierto que viven con sus esposas sabiamente (1 Ped. 3:7), y su amor se parecerá al de Cristo: será gratuito.
Acerca de que los maridos amen a sus esposas más que a sí mismos: No se puede expresar la magnitud del amor de Cristo, porque sobrepasa toda medida. Se dio a sí mismo por su iglesia (Ef. 5:25), fue ese Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas (Juan 10:11). “Nadie tiene mayor amor que este” (Juan 15:13). ¿Qué no hará por su esposa por quien dio su vida?
Acerca de la falta de consideración de los maridos: Lo contrario es su falta de consideración que prefieren cualquier trivialidad propia antes que el bien de sus esposas: sus ganancias, sus placeres, su progreso, sin ningún sentimiento por sus esposas. Si se requiere de ellos algún esfuerzo extraordinario en favor de sus esposas, entonces se notará el poco amor que le tienen.
Acerca de la constancia del amor de los maridos: La duración del amor de Cristo es sin fecha: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Su amor era constante [no por arranques, amando ahora, luego odiando] y sin fin (Os. 2:19) [nunca arrepintiéndose de él, nunca cambiando de idea]. Ninguna
provocación ni ninguna transgresión pueden hacerle olvidar de amar o dejar de hacer aquel bien que tenía la intención de hacer para su iglesia. Note que le dijo aun cuando ella se rebeló contra él: “Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí dice Jehová!” (Jer. 3:1) y también “Mi misericordia no se apartará” (2 Sam. 7:15)…
Porque su amor no depende del desierto de su iglesia sino de lo inmutable de propia voluntad. Así como esto demuestra que el amor de Cristo es un amor auténtico, demuestra también que es provechoso y beneficioso para la iglesia, la cual a pesar de sus muchas faltas, por ese amor es glorificada.

Continuará …

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

La vida de Juan Calvino 2

Blog91B

En Mayo de ese año fue a Noyon para presentar la dimisión de los beneficios que recibía de la Iglesia católica romana. Calvino había recibido beneficios de la iglesia desde los 12 años de edad, pero poco antes de cumplir 25 años lo dejó todo. En aquel tiempo fue encarcelado dos veces brevemente.

Hacia el fin de ese año se encontró en Poitiers, reuniéndose con unos protestantes en una caverna y celebrando con ellos la Santa Cena. En aquel tiempo el rey de Francia, Francisco I, quemó a treinta y dos “herejes” en cuatro lugares públicos en la ciudad de París y declaró que haría lo mismo con sus propios hijos si fueran infectados con las herejías de los que no creían en la misa como celebrada por los católicos. Viendo la situación Calvino y el canónigo salieron de Francia y fueron a Basilea en Suiza.

Allí Calvino estudió más He-breo y terminó la Institución, la cual se publicó (en latín) en 1536 con 6 capítulos. Fue dedicada al rey de Francia, Francisco I. Tenía un propósito doble: quería que el Rey leyera y considerara lo que escribió, y a la vez quiso ayudar a los creyentes verdaderos a entender y confesar su fe.

Después de escribir la Institución hizo un viaje a Italia. En abril de 1536 comenzó a viajar de Italia hacia Estrasburgo en Alemania. Debido a una guerra, en la providencia de Dios Calvino fue obligado a desviarse por Suiza.

Ginebra era una ciudad en Suiza en la cual la Reforma protestante prevaleció por medio de hombres como Guillermo Farel. En mayo de 1536, “el pueblo reunido en Concilio general, adoptó oficial-mente la Reforma” (Irwin, p. 29). Calvino llegó de paso como dos meses después en julio de 1536, cuando Ginebra estaba comenzando el proceso de seguir la Reforma en serio. El fogoso predicador y reformador Guillermo Farel se enteró de la presencia de Calvino, ya conocido por muchos, y fue a saludarle e invitarle a permanecer con ellos y ayudar en la Reforma. Calvino mismo nos cuenta de lo que pasó:
“Cuando [Farel] comprendió que yo había puesto mi corazón en estudios privados y dándose cuenta de que no conseguía nada con sus súplicas, procedió a proferir una imprecación en el sentido de que Dios condenaría mi reclusión y mi aislamiento si yo no aportaba mi ayuda cuando la necesidad era tan urgente. Me sentí tan aterrado que desistí del viaje que había emprendido; pero, consciente de mi apocamiento y mi timidez, no me até a ninguna promesa para cual-quier particular cometido”. (De la introducción a los Salmos, citado en Calvino, profeta, p. 74).
Así comenzó su asociación con Farel y su compromiso con Ginebra.
Ginebra, Estrasburgo y Ginebra hasta la muerte (1536-1564)

En Ginebra Calvino buscó la verdadera reforma de la iglesia. A la vez las autoridades civiles iban promulgando leyes contra la in-moralidad y eso causó oposición a Calvino hasta en el Concejo, por-que los malvados le echaron la culpa por no poder vivir como quisieran. En 1538 el Concejo de la ciudad tomó dos decisiones:
1. Que no se rehusara a nadie la Cena del Señor. Así quisieron acabar con la disciplina en la iglesia, cosa que Calvino veía como una marca de la verdadera Iglesia.

2. Que el modo de celebrar la Cena del Señor fuera el adoptado en Berna, Suiza (con pan no leudado y vino). Con esa decisión el Concejo se apoderó de la autoridad en la Iglesia, y para Calvino y los otros pastores eso no era aceptable.

Calvino y sus colegas rehusaron someterse a esas directrices. El Consejo les prohibió predicar. Él y Farel predicaron, pero no celebraron la Cena. El Consejo se reunió el día siguiente, 23 de abril de 1538, y los condenó, dando a Calvino y a Farel tres días para salir de la ciudad. Salieron inmediatamente.

Desterrado de Ginebra, a Cal-vino lo buscó Martín Bucero de Estrasburgo en Alemania. Había una pequeña colonia de franceses protestantes que Calvino pastoreó además de enseñarles Teología. Comenzó los estudios bíblicos que luego resultaron en los valiosos comentarios que todavía están disponibles.

En Estrasburgo le hicieron ciudadano y le trataron relativamente bien, aunque vivió con pocos re-cursos. Allí halló una esposa idónea, Idelette de Bure, excelente mujer, la viuda de un hombre creyente. Ellos habían sido desterrados de Bélgica por su fe protestan-te. Se casaron en 1540 pero su vi-da matrimonial duró menos de nueve años. La amó profunda-mente y la honró en cartas escritas a otros. El único hijo que les nació vivo duró poco tiempo.

En Estrasburgo hizo una edición de la Institución en francés; el comentario sobre Romanos, un tratado sobre la Cena del Señor, y otras cosas, incluyendo la Carta al Cardenal Sadoleto. Ese hombre qui-so atraer la gente de Ginebra a la Iglesia católica romana nueva-mente, y Calvino, por amor al Señor y al Evangelio y a la gente de Ginebra, escribió a Sadoleto una carta pública, famosa por la suavidad y manera atractiva con la que trató de ganar al cardenal mismo a la fe.

No fue la voluntad de Dios que Calvino se quedara en Estrasburgo. En Ginebra, sus enemigos habían caídos en problemas graves y los líderes se dieron cuenta de cuánto necesitaban a Calvino.

Debido al maltrato que había recibido en Ginebra, Calvino no quiso volver; sin embargo, los de Ginebra lograron convencer aun a Bucero (que no quiso perder a Calvino de Estrasburgo) que era la voluntad de Dios que Calvino volviera a Ginebra. Negando a sí mismo y sometido al Señor, volvió a Ginebra en septiembre de 1541.

En Ginebra, Calvino tenía sus luchas y enemigos todavía, y tiempos de peligro, pero poco a poco iba logrando las reformas que anhelaba en la Iglesia.

Uno de los males que Calvino enfrentó fue la interferencia de las autoridades civiles en asuntos de la iglesia. Había personas que querían obligar a Calvino y a los otros pastores a no disciplinar a los malhechores y a darles la Cena del Señor. En ese punto Calvino fue intransigente y declaró en un sermón que escogería más bien ir a la muerte que permitir a un pro-fano tomar la Cena.

Aunque Calvino no creía que el Estado pudiera mandar a las iglesias cómo llevar la adoración y el ministerio, sí pensaba que el Estado o los magistrados tenían la potestad de juzgar y matar a los herejes; por lo menos a algunos herejes, condenados y excomulga-dos por la iglesia. El caso más famoso que involucró a Calvino fue el de Miguel Servet.

Servet era un médico español que por años había propugnado una doctrina antitrinitaria (sabelianismo o modalismo). Publicó un libro provocativo que promovía sus convicciones sobre el asunto. Servet había sido condenado por los católicos y estos lo iban a matar pero, logró escapar. Fue a Ginebra sabiendo que no sería bienvenido. Allí fue arrestado, acusado, condenado y quemado. Calvino tuvo una parte en el pro-ceso, como fiscal en la acusación. El estaba de acuerdo en que Servet merecía la muerte, pero Calvino no quiso que lo quemaran y sugirió que lo decapitaran. Los jueces hicieron caso omiso de su su-gerencia y Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553. Muchos han usado el caso de Servet para condenar a Calvino. Sin embargo, debemos reconocer que en aquel tiempo esas eran fueron comunes y corrientes. Con la luz y entendimiento que tenemos ahora, no creemos que fuera bien hecho; sin embargo, debemos reconocer la realidad de que Calvino en ese asunto fue un hombre de su tiempo. Servet hubiera sido matado en casi cualquier sitio del mundo europeo en aquel tiempo, porque fue un hombre desafiante y arrogante que había condenado a las iglesias que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad.

En 1555, después de muchos años de lucha, Calvino logró que el gobierno de Ginebra reconociera la autoridad de la Iglesia en asuntos que pertenecen a la Iglesia.

Calvino trabajó incansable-mente toda su vida. Quizás su duro trabajo causó que tuviera quebrantos de salud, muchos dolores de cabeza y malestares del estómago, pero a pesar de su mala salud, no se detenía.

A la larga no pudo más. El 25 de abril de 1564 hizo su testamento. El día siguiente se reunió con los cuatro síndicos de la ciudad y los senadores para dirigirles unas palabras finales. Otro día reunió a los pastores para darles una palabra final. El 27 de mayo de 1564, después de ese último tiempo de lucidez que muchos experimentan antes de morir, Calvino tranquilamente dio su último suspiro. Según su petición, fue sepultado como cualquier otro creyente de esa ciudad: sin pompa, en el cementerio común y sin señal alguna. Nadie puede indicar el lugar.

Sus enemigos lo acusaron de enriquecerse pero cuando murió era obvio que no había acumula-do bienes terrenales. Para poder dar a sus sobrinos una herencia, vendieron sus libros y pertenencias, porque no tenía mucho más que eso.

En su vida Calvino enseñaba y predicaba varias veces durante la semana. Escribió el equivalente de unos 60 tomos de libros, incluyen-do muchísimas cartas (como 4000 se han preservado) porque tenía contacto con perseguidos y otros en muchos lugares.

Era un hombre de humildad, fe y valor; diligente en su trabajo y fiel pastor. Sobre todo, sus amigos y feligreses reconocieron que era un hombre temeroso de Dios, dedicado a Él y la causa del evangelio.

 

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En inglés Calvin and Augustine, por B. B. Warfield, especialmente el primer capítulo “John Cal-vin: The Man and His Work”.

The Life of John Calvin, pequeño libro, fuente primaria, escrito por Teodoro Beza, un contemporáneo de Calvino, amigo íntimo por 16 años,

En español: Juan Calvino: su vida y su obra, por C.H. Irwin.

Juan Calvino: profeta contemporáneo, compilado por Jacob T. Hoogstra

Calvino, Antología, presentación y se-lección Dr. M Gutiérrez Marín

Así fue Calvino, por Thea B. Van Halse-ma.
Otras referencias útiles en español:

http://es,wikipedia.org/wiki/Juan_Calvino

http://biografas.blogspot.com/2007/05/juan -calvino.html.

http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_76 1570916/Juan_Calvino.html.

 

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Maridos amen a sus esposas 3

Blog92

.-Acerca de la severidad excesiva de los maridos para con sus esposas: Lo contrario es el rigor y la severidad de muchos maridos, que ejercen al máximo su autoridad, y no ceden nada a sus esposas como si fueran inferiores. Estos son:

1. Los que nunca están conformes ni satisfechos con lo que la esposa haga, sino que son siempre más y más exigentes.
2. Los que no les importa lo detestable y oneroso que resultan para sus esposa: detestables por traer a casa huéspedes que saben que no pueden atender, onerosos por traer visitas con demasiada e inoportuna frecuencia o imponiéndoles responsabilidades fuera de lugar y por sobre los asuntos de la casa. Imponer tales cosas con demasiada
frecuencia no puede más que hartarlas, y hacerlo irrazonablemente no puede menos que alterarlas y ofenderlas en gran manera [como en el caso de que la esposa esté débil por causa de alguna enfermedad, que esté embarazada o recién haya dado a luz, por estar amamantando u otras cosas similares que le impiden dar las atenciones que de otra
manera daría].
3. Sujetan a sus esposas como si fueran niñas o sirvientas, impidiéndoles hacer nada sin su conocimiento y sin su expreso consentimiento.

.-Acerca de los maridos que ingratamente desalientan a sus esposas: Lo contrario es la actitud desagradecida, quizá por envidia de los maridos que no se fijan en las muchas buenas cosas que hacen sus esposas todos los días sin recibir aprobación ni elogio ni recompensa, sino que  están prontos para criticar la menor falta o descuido en ellas. Hacen esto en términos generales como si ellas nunca hicieran nada bien, por lo que ellas tienen derecho a decir: “Hago muchas cosas bien, pero él lo ignora; pero si hago una cosa mal, no cesa de criticarme”.
.-Acerca de la manera como el marido instruye a su esposa: En cuanto a la instrucción, el apóstol agrega humildad. Instruid [dice él] con humildad a “a los que se oponen” (1 Tim. 2:25). Si los pastores deben instruir a su pueblo con humildad, cuanto más los maridos a sus esposas: en caso de encontrar oposición, no debe hacer a un lado la humildad, no debe hacerse a un lado en ningún caso. Observe el marido estas reglas que demuestran humildad:
1. Tome en cuenta la capacidad de su esposa y programe sus instrucciones en consecuencia. Si tiene poca capacidad, enseñe precepto por precepto, línea por línea, un poquito aquí un poquito allá. Un poquito a la vez [día tras día] llegará a ser mucho, y conforme ambos conocen lo enseñado, el amor de la persona que enseña aumentará.
2. Instrúyala en privado, solo usted y ella, para que no se ande pregonando su ignorancia. Las acciones privadas entre el hombre y su esposa son muestras de cariño y confianza.
3. En la familia, instruya a los hijos y sirvientes cuando ella está presente, pues así podrá ella aprender también. No hay manera más humilde y gentil de instruir, que instruir a terceros.
4. Junto con los preceptos añada comentarios dulces y expresivos como testimonios de su gran amor. Lo opuesto es instruir duramente, cuando los maridos pretenden hacerles entrar violentamente en la cabeza a sus esposas cosas que ellas no pueden comprender. Y aun sabiendo que ellas no pueden comprender, se enojan con ellas, y el enojo los lleva a decir groserías y a proclamar su ignorancia delante de los hijos, sirvientes y extraños. Esta dureza es tan contraproducente y exaspera tanto el espíritu de la mujer, que mejor es que el marido deje a un lado este deber si lo pretende cumplir de esta manera.

Acerca de que el marido debe proveer maneras para que la esposa sea edificada espiritualmente: Se deben proveer los medios para la edificación espiritual del alma de ella, tanto en privado como en público. En privado se refiere a los oficios santos y religiosos en el hogar, tales como leer la Palabra, orar, instruir y cosas por el estilo,
que son el alimento espiritual cotidiano del alma como lo es alimento cotidiano para nuestros cuerpos. El hombre, como cabeza de la familia, tiene el deber de proveer estos para el bien de toda su casa; y como marido, en especial para el bien de su esposa: porque para su esposa, al igual que para toda la familia, él es rey, sacerdote y profeta.
Por lo tanto, él solo, para el bien de su esposa, debe realizar estas cosas o conseguir que otro las haga. Cornelio mismo realizaba estos oficios (Hech. 10:2, 30). Micaía empleó a un levita [aunque su idolatría era mala, el hecho de que quisiera a un levita en su casa era
encomiable] (Jue. 17:10). El esposo de la sunamita proveyó un cuarto para el profeta y lo hizo especialmente por su esposa, porque fue ella quien se lo pidió (2 Rey. 4:11).
Medios públicos se refieren a las ordenanzas santas de Dios realizadas por el siervo de Dios. El cuidado del marido por su esposa en este respecto es ver que alguien más haga las cosas imprescindibles de la casa de modo que ella pueda participar de ellas. La Biblia
destaca que Elcana había provisto todo de tal manera que sus esposas podían ir con él todos los años a la casa de Dios (1 Sam. 1:7; 2:19): lo mismo dice de José, el esposo de la virgen María (Luc. 2:41). En aquella época había un lugar público que era la casa de Dios a dónde debían concurrir todos los años [sin importar la distancia desde su casa]. Los lugares donde vivían Elcana y José eran lejos de la casa de Dios, no obstante, ellos dispusieron todo de modo que no solo ellos, sino que sus esposas también fueran a los cultos públicos para adorar a Dios. En la actualidad hay muchas casas de Dios, lugares donde se adora a Dios en público, pero por la corrupción de nuestros tiempos, el ministerio de la Palabra [el medio principal para edificación espiritual] no prevalece en todas partes. Por lo tanto, tal debe ser el cuidado del marido por su esposa en este respecto, que la elección de su vivienda tiene que depender de que sea donde pueda tener el beneficio de la Palabra predicada, o si no, proveerle los medios para llegar semanalmente al lugar de predicación.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

 

La vida de Juan Calvino 1

Blog91

Juventud y vida hasta Ginebra (1509 — 1536)

Juan Calvino nació el 10 de julio de 1509, en Noyon en Picardía (noreste de Francia), un centro religioso importante. Carlomagno fue coronado allí en 768. Hoy día atrae a turistas y aún tiene un museo de Juan Calvino en el lugar donde estaba la casa en la cual nació.

El nombre de su padre era Gerard Cauvin (o Caulvin: en latín, Calvinus; en español, Calvino) Era un abogado que trabajaba con el Gobierno, pero especial-mente con la Iglesia católica ro-mana. La madre de Jean Cauvin (Juan Calvino), Jeanne le Franc, tenía la reputación de ser bella y piadosa, de la manera como los católicos consideran la piedad. Parece que tenía algo de sinceridad y sobriedad como católica. Juan tenía un hermano mayor y otro menor. Su madre murió cuando era niño. Su padre se casó de nuevo y procreó dos hijas.

La familia tenía buenas relaciones con personas de importancia social. Debido a esas ventajas de su padre Juan recibió una bue-na educación. Estudiaba en la casa de la familia Montmor, una de las familias más distinguidas del con-dado. Desde sus primeros años Juan “demostró tener una memoria retentiva y una inteligencia despierta”

Aunque el padre de Juan pagó por su mantenimiento parece que la familia Montmor prácticamente adoptó a Calvino. El primer libro de Calvino, un comentario sobre una obra de Séneca, fue dedicado a la abadesa Hangest de esa familia. Han observado que por este contacto con la nobleza, “Dios lo es-taba preparando así para desempeñar dignamente su papel en la sociedad de los grandes, de los príncipes y reyes” (Emile Doumergue, citado por Ir-win, p10).

A los 14 años de edad (1523), Calvino fue a París con esa familia Montmor para terminar sus estudios. En el Colegio de la Marche, uno de sus profesores fue Maturinus Corderius (Cordier), un hombre de gran reputación como maestro y de “espíritu profundamente evangélico”

Además de tener un espíritu evangélico, Cordier trabajó para purificar el idioma francés, cosa que también debió de haber tenido mucha influencia en Calvino. Luego Cordier se mudó a Ginebra para enseñar en la academia. Cal-vino dedicó el comentario sobre 1 Tesalonicenses a ese maestro y amigo.

Calvino se trasladó al Colegio Montagu, donde Erasmo había estudiado. Progresó mucho en sus estudios allí. Al terminar, en 1527, a los 18 años de edad, se le ofreció a Calvino fue la parroquia de Saint Martin de Martheville.

Originalmente el padre de Calvino quería que trabajara con la Iglesia (católica romana) y le ayudó a obtener becas y ayuda de la Iglesia, pero después cambió e instó a su hijo que no aceptara la posición sino que estudiara Derecho. Calvino siguió el consejo de su padre, probablemente porque ya tenía dudas sobre la Iglesia y sabía de la pugna entre los protes-tantes y los católicos.

Calvino fue a Orleáns para estudiar leyes. Estuvo allí durante 1528 y hasta mayo de 1529, poco antes de cumplir 20 años de edad. Calvino llegó a ser maestro suplente de los profesores regulares y quisieron hacerle doctor en Derecho sin hacerle pasar por los pasos regulares.

Después de sus estudios en Orleáns, Calvino continuó sus estudios en la Academia de Bourges en la cual había un profesor, abogado famoso de Italia. En ese lugar Calvino conoció a Melchior Wolmar, suizo, luterano, un hombre a quien, años después, dedicó su comentario sobre el Evangelio de Juan. Con la ayuda de ese hombre Calvino aprendió griego. Luego Teodoro Beza llegó a estudiar griego bajo aquel hombre Wolmar. Beza sucedió a Calvino en Ginebra en varios de los deberes y fue reconocido como gran erudito en griego.

En 1531 el padre de Calvino murió. Se quitó la presión de estudiar Derecho. Calvino volvió a París para estudiar Literatura. Allí en el Colegio de Fortet estudió Griego y Hebreo.

El año siguiente (1532), Calvino publicó un comentario sobre la obra de Séneca De clementia. Parece que Calvino, de esa manera indirecta, quiso enviar un mensaje al rey y a otros que estaban per-siguiendo a los “herejes” para que practicaran la clemencia. Pero fue un mensaje indirecto y no cristiano. Sin embargo, esa obra demostró que Calvino pudiera haber seguido una carrera como profesor en Humanidades.

Pero algo pasó que cambió el rumbo de su vida. Juan Calvino fue convertido al Señor. Estaba hospedado en la casa de Etienne de la Forge, un hombre “dedicado a las doctrinas de la Reforma y en cuya casa protestante los fugitivos de la persecución fueron acogidos con cor-dial hospitalidad” (Calvino, profeta, p. 77).

[…] Calvino estaba en contacto diario con el devoto y bíblico celo de la residencia en donde se encontraba a la sazón. De una fe tan vital no pudo mantenerse a distancia mucho tiempo. Todas sus futuras publicaciones fluyeron de la pluma, no del Calvino humanista, sino de Calvino el Reformador y apasionado campeón de la verdad evangélica. Esa verdad en favor de la cual estaban preparados hombres y mujeres a sufrir la pérdida de todas las cosas, incluso la propia vida (Calvino, profeta, 77-78).

Además, Calvino tenía un primo, Pierre Robert, también conocido como Olivétan, evangélico, hombre que luego fue misionero a los valdenses y tradujo el Antiguo Testamento al francés para que ellos tuvieran la Biblia. Según Beza, por ese pariente Calvino conoció mejor la fe de los reforma-dores y dejó de asistir los servicios de la Iglesia católica debido a su aborrecimiento de la superstición.

Después de la publicación de su primer libro en 1532, y antes de 1535, pensamos que Calvino se convirtió.

Esto se deduce de sus propios escritos en ese año, es decir, los Prefacios (publicados en 1535) al Antiguo y Nuevo Testamento en la traducción francesa de la Biblia que, con la ayuda de Calvino, había preparado su primo Roberto Olivé-tan, y su tratado titulado Psychopannychia ” “La sola Escritura (sola Scriptura), ese funda-mental principio de la Reforma, ya había sido captado y apropiado por Calvino (Calvino, profeta, 78)

Fue fiel a ese principio hasta la muerte.

En un pasaje autobiográfico en el prefacio a su comentario sobre los Salmos, Calvino explica cómo siendo joven era «obstinadamente adicto a las supersticiones del papismo», pero que por una súbita conversión Dios conquistó su mente a una dócil condición. «Habiendo así adquirido un gusto por la verdadera piedad -dice-, me sentí inflama-do con un intenso deseo de hacer progresos en ella, aunque sin abandonar mis otros estudios, que continué con no menos ardor. No había pasado un año antes de que todos los que tenían el de-seo de una doctrina más pura vinieran continuamente a mí, aun siendo un novicio y un novato en la materia, para aprende?: Siendo reservado por naturaleza y amante de la paz y del retiro, comencé entonces a buscar algún apartamiento; pero, a pesar de ello, todos mis retiros se convirtieron en clases pú-blicas. Aunque mi único propósito era vivir apartado y desconocido, Dios me condujo a una tal situación que no me dejó estar en calma en ningún lugar hasta que, contrariamente a mi natu-ral disposición, surgí a la luz pública» (Calvino, Profeta, p. 74).

El primer día de noviembre de 1533, un amigo de Calvino, Nicolás Cop, rector de la Universi-dad de París dio un discurso, que algunos creen que Calvino escribió. Ese discurso fue tan evangélico que Cop fue citado a comparecer delante de las autoridades, y buscaron a Calvino también. Los dos huyeron.

La Inquisición había comenzado en el año 1525 v la vida de Calvino estaba en peligro. Duran-te parte del año 1534, estaba en Angulema en la casa del canónigo Louis de Tillet, bajo la protección de la reina Margarita, hermana del rey, pero que favorecía el Evangelio. Allí, con una buena biblioteca disponible, Calvino comenzó el libro (en latín) Institución de la religión cristiana.

Continuará………….

 

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Maridos amen a sus esposas 2

Blog90

2. En cuanto al manejo correcto de autoridad por parte del marido, principalmente en relación con su esposa: Así como la autoridad debe ser correctamente sostenida, tiene que ser bien manejada. Para esto, dos cosas son necesarias: 1) que el esposo respete tiernamente a su esposa y 2) que la cuide y se ocupe de su mantenimiento.
El lugar de ella es efectivamente de sujeción, pero lo más cerca posible a la igualdad. Su lugar es uno de igualdad en muchos sentidos en que esposo y esposa son fraternales y compañeros. De esto se desprende que el hombre debe considerar a su esposa compañera de yugo y colaboradora (1 Pedro 3:7). En este punto corresponde honrar
a la esposa, ya que la razón para crear una esposa (Gén. 2:18) fue, según fue traducida a nuestro idioma: ser una “ayuda idónea” para él, literalmente “como frente a él”, es decir, como él mismo, uno en quien se puede ver reflejado.
Así como la esposa reconoce que el papel de su esposo es la base de todo los deberes de ella, la de él es reconocer el compañerismo entre él y su esposa que hará que se conduzca con mucha más amabilidad, confianza, cariño y todos los demás tratos hacia ella que corresponden a un buen esposo.
Acerca de la opinión errada de los maridos hacia sus esposas: Es contrario a los preceptos bíblicos lo que muchos piensan: que aparte de los lazos familiares, no hay ninguna diferencia entre una esposa y una sirvienta, de modo que las esposas son tenidas como sirvientas de sus maridos, porque ellos requieren sujeción, temor y obediencia. Por eso muchas veces sucede que las esposas son tratadas apenas un poco
mejor que las sirvientas. Esto es soberbia, una conducta desmedidamente pagana y una arrogancia tonta. ¿Acaso al crearla del costado del hombre tomó Dios a la mujer y la puso bajo los pies de Adán? ¿O la puso a su lado, por encima de todos los hijos, siervos y
demás familiares, para atesorarla? Porque nadie puede estar más cerca que una esposa, y nadie debe ser más querida que ella. Acerca del afecto absoluto de los maridos hacia sus esposas: El afecto del esposo por su esposa será según su opinión de ella. Por lo tanto debe deleitarse totalmente en su esposa, o sea deleitarse solamente en ella. En este sentido la esposa del profeta es llamada “el deleite [placer] de tus ojos” (Eze. 24:16), en quien él más se deleitaba. Un deleite así sintió Isaac por su esposa que le quitó la gran tristeza que sentía por la partida de su madre. La Biblia dice que la amó y que esto lo consoló después de la muerte de su madre (Gén. 24:67).
El sabio expresó con elegancia este tipo de afecto, diciendo:
“Alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela” (Prov. 5:18, 19). Nótese aquí las metáforas al igual que la hipérbole usadas para describir el deleite de un esposo en su esposa. En las metáforas, note tanto las criaturas que dice se parecen a la esposa y los atributos que les da. Las criaturas son dos: una cierva y una gacela, que son las hembras del venado y el corso respectivamente. Aquí cabe mencionar que de todas las bestias, el venado y el corso son los más apasionados con sus hembras.
Estas comparaciones aplicadas a la esposa muestran cómo el marido debiera disfrutar de su esposa… Tanto que le haga olvidar las fallas de su esposa; esas fallas que otros pueden notar o aborrecer, él no ve, ni por ellas se deleita menos en ella. Por ejemplo, si un hombre tiene una esposa, no muy linda ni atractiva, con alguna deformación en el cuerpo, alguna imperfección en su hablar, en su vista, en sus gestos o en cualquier parte de su cuerpo, pero tanto la ama que se deleita en ella como si fuera la mujer más hermosa y en todo sentido la mujer más perfecta del mundo. Además, tanto la estima, con tanto ardor la ama, con tanta ternura la trata al punto que los demás piensan que es un tonto. El afecto de un marido por su esposa no puede ser demasiado grande, siempre y cuando sea sincero, sobrio y decente.
Acerca de la paciencia de los esposos por exigir todo lo que corresponde: tanto la reverencia de la esposa como su obediencia deben ser correspondidas por la cortesía del esposo. Como testimonio, el marido tiene que estar listo para aceptar todo aquello en que su esposa está dispuesta a obedecerle. Tiene que ser moderado y no exigirle demasiado. En este caso, debe decidirse a tener una buena disposición hacia ella; es preferible que la obediencia de ella sea por su propia voluntad con una conciencia limpia ante Dios, porque Dios la ha puesto en una posición de sujeción, y por amor matrimonial que por
la fuerza porque su marido se lo ordena.

Maridos… tienen que considerar lo que es legal, necesario, conveniente, oportuno y apropiado para que sus esposas hagan, sí, lo que están dispuestas a hacer y no negarse.

Por ejemplo:

1. Aunque la esposa debiera ir con su esposo y quedarse donde él diga, él no debiera [a menos que por alguna razón fuera de su control se vea obligado a ello] llevarla de un lado para otro, y sacarla del lugar que a ella le gusta. Jacob consultó con sus esposas y se aseguró de que estuvieran de acuerdo antes de llevárselas de la casa de su padre (Gén.
31:4).
2. Aunque ella debiera atender de buen talante a las visitas que él trae a la casa, él no debiera ser desconsiderado ni insistente con ella en estos casos. La mayor parte de la responsabilidad y el trabajo para atender a las visitas cae sobre la esposa, por lo tanto el marido debiera ser considerado con ella.
Si él ve que ella es responsable y sabia, muy capacitada para administrar y ordenar las cosas de la casa, pero que prefiere no hacer nada sin el consentimiento de él, él debe dar su consentimiento sin reparos, y satisfacer el deseo de ella, como Elcana, y como el esposo de esa excelente mujer que Salomón describe (Prov. 31:10-31).
Para administrar los asuntos de la casa es necesario un consentimiento mutuo, pero es un deber específico de las esposas (1 Tim. 5:14). Porque los asuntos de la casa están a su cargo es lógico que se la llame ama de casa. En vista de esto, los maridos deben dejar a su
cargo la administración de la casa y no ponerle impedimentos por querer intervenir y dar su aprobación a cada cosa. En general, es responsabilidad de la esposa:

1. El arreglo y decoración de la casa (Prov. 31:21, 22),

2. Administrar las provisiones cotidianas para la familia (Prov. 31:15),

3. Supervisar al personal de servicio (Gén. 16:6),

4. Ocuparse de la formación de los hijos mientras todavía son chicos (1 Tim. 5:10, Tito 2:4).
Entonces, en general, todo esto debe dejarse a discreción de ella (2 Rey. 4:19) con solo dos advertencias: 1. Que ella tenga discreción, inteligencia y sabiduría, y no sea ignorante, necia, simple, gastadora, etc.; 2. Que él supervise todo en general, y que haga uso de su
autoridad en caso de tener que prevenir que su esposa o sus hijos, sirvientes u otros hagan algo ilegal o impropio.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

Maridos amen a sus esposas 1

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Así como la esposa tiene que saber sus obligaciones, el esposo tiene que saber las suyas porque debe ser un guía y un buen ejemplo para su esposa. Debe vivir con ella sabiamente (1 Ped. 3:7). Más elevado es su lugar, más sabiduría debe tener para andar
digno de él. Descuidar sus obligaciones es sumamente deshonroso para Dios porque, en virtud de su posición, él es la imagen y gloria de Dios (1 Cor. 11:7).
Ese poder y esa autoridad que tiene puede ser perjudicial, no solo para su esposa, sino para toda la familia, pues puede abusar de ellos por su maldad. En su hogar no hay un poder superior que frene su furia, mientras que la esposa, aunque nunca tan malvada, puede por el poder de su esposo, ser sojuzgada y refrenada de sus maldades. Acerca de ese amor que los maridos les deben a sus esposas. Esta cabeza de todo el resto ––el Amor— se estipula y menciona en este y muchos otros lugares de las Escrituras, siendo evidente que todas las demás obligaciones se desprenden de él. Sin tener en cuenta los otros lugares donde se insiste en este deber, el Amor aquí se menciona expresamente cuatro veces. Además, se indica usando muchos otros términos y frases (Ef. 5:25, 28, 33).
Todas las ramas que crecen de esta raíz de amor, en lo que respecta a los deberes de los maridos, pueden categorizarse bajo dos encabezamientos: 1) un mantenimiento sabio de su autoridad y, 2) un manejo correcto de ella.
Estas dos ramas del amor del marido se hacen evidentes por la posición de autoridad en que Dios lo ha colocado. Porque lo mejor que cualquiera puede hacer y los mejores frutos del amor que cualquiera puede demostrar serán en su propia posición y en virtud
de ella. Entonces, si un marido renuncia a su autoridad, se priva de hacer ese bien y de mostrar esos frutos del amor que de otra manera mostraría. Si abusa de su autoridad, es como si desviara el filo y la punta de su espada erróneamente y, en lugar de sostenerla sobre su esposa para protegerla, se la clava en el corazón para su destrucción,
manifestando así más odio que amor. Ahora bien, para tratar estos dos temas más seria y particularmente:
1. En cuanto a que el marido mantenga sabiamente su autoridad: El precepto apostólico lo implica: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7), es decir, hacerlo lo mejor posible manteniendo el honor de la posición que Dios le ha otorgado, no como un tonto y necio que no entiende nada. El honor y la autoridad de Dios y de su Hijo Jesucristo son mantenidos por el honor y la autoridad del marido, así como la autoridad del rey es mantenida por el concilio de sus ministros y por otros magistrados bajo su mando, sí, la autoridad del marido en la familia es mantenida por la autoridad de su esposa: “El varón… es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1 Cor. 11:7).
De este modo se promueve en gran manera el bienestar de la esposa, tal como el bienestar del cuerpo es ayudado debido a que la cabeza permanece en su lugar. Si se pusiera la cabeza debajo de cualquier parte del cuerpo, el cuerpo y todas sus partes no harían más que ser dañados por ello. De la misma manera, la esposa y toda la familia serían dañadas por la pérdida de autoridad del marido.
Pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de que un marido mantenga su autoridad?
Respuesta: La directiva del apóstol a Timoteo de mantener su autoridad, ha de aplicarse en primer lugar para este propósito al marido: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12)…

Así es que la mejor manera como los maridos pueden mantener su autoridad es siendo un ejemplo de amor, seriedad, piedad, honestidad, etc. Los frutos de estas y otras gracias similares, demostradas por ellos delante de sus esposas y sus familias, no pueden dejar de producir un respeto reverente y consciente hacia él y en consecuencia podrán discernir con mayor claridad la imagen de Dios brillando en sus rostros. Acerca de la pérdida de autoridad de los maridos: Producen el efecto contrario si por sus groserías, descontroles, borracheras, lascivias, irresponsabilidad, despilfarros y otros comportamientos similares generan desprecio perdiendo así su autoridad. Aunque la esposa no debe aprovechar esto para despreciar a su marido, él bien merece ser
despreciado. Contrario también a las directivas bíblicas es la conducta severa,
áspera y cruel del marido quien pretende mantener su autoridad con violencia y tiranía. Esta conducta bien puede causar temor, pero un temor contraproducente ya que genera más odio que amor, más desprecio interior que respeto exterior.

 

Tomado de Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): Durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres, considerado como el centro de predicación más importante de aquella época. Muchos creen que se convirtieron miles bajo la predicación expositiva y penetrante de Gouge. Poderoso en las Escrituras y la oración, predicó durante 30 años sobre la epístola a los Hebreos, cuya sustancia se volcó en un comentario famoso; nacido en Stratford-Bow, Middlesex County, Inglaterra.

 

Señales y características del hombre piadoso 5ª Parte

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El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.

1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto  debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea
familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte?

Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

2. Por medio de meditación frecuente: “Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97). El alma piadosa medita sobre la veracidad y santidad de la Palabra. No solo tiene pensamientos pasajeros, sino que empapa su mente de las Escrituras: al meditar bebe de esta dulce flor y fija la verdad santa en su mente.

3. Por medio de deleitarse en ella. Es su recreación. “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16). Nunca nadie ha disfrutado tanto de una comida que le encanta, como disfruta el profeta de la Palabra. Efectivamente, ¿cómo podría un santo escoger otra cosa que deleitarse
grandemente en la Palabra cuando contiene todo lo que es y será siempre de más valor para él? ¿Acaso no se deleita un hijo al leer el testamento de su padre en que le deja todos sus bienes?

4. Por medio de guardarla. “En mi corazón he guardado tus dichos” (Sal 119:11), tal como uno guarda un tesoro para que nadie lo robe. La Palabra es una joya, el corazón es el joyero donde se debe guardar bajo llave. Muchos guardan la Palabra en su memoria, pero no en su corazón. ¿Y para qué guardaría David la Palabra en su corazón? “Para
no pecar contra ti”. Así como uno llevaría consigo un antídoto cuando va a un lugar infectado, el hombre piadoso lleva la Palabra en su corazón para prevenirse de la infección del pecado. ¿Por qué tantos se han envenenado del error, otros de vicios morales, solo por no haber escondido la Palabra como un antídoto santo en su corazón?

5. Por medio de preferirla por sobre todas las cosas como lo más preciado:
a. por sobre el alimento: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12).

b. por sobre las riquezas: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata”   (Sal. 119:72).

c. por sobre toda honra mundana. Es famosa la anécdota del rey Eduardo VI de
Inglaterra, quien, cuando en el día de su coronación le presentaron  Diocleciano (245-313) – emperador romano que persiguió a los cristianos.

6. Por medio de conformarse a ella. La Palabra es el reloj por el cual uno pone la hora de su vida, la balanza sobre la cual pesa sus acciones. El hombre piadoso vive la Palabra en su diario andar. El hombre piadoso ama la Palabra predicada que en realidad es un
comentario de la Palabra escrita. Las Escrituras son el oleo y bálsamo, la predicación de la Palabra es verterlos. Las Escrituras son las especies preciosas, la predicación de la Palabra es el molido de estas especies que producen una fragancia y un placer maravillosos… La predicación de la Palabra es llamada “poder de Dios para salvación”
(Rom. 1:16). Dice la Biblia que así es como Cristo nos habla desde el cielo (Heb. 12:25). El hombre piadoso ama la Palabra predicada en parte por el bien que ha derivado de ella: ha sentido el rocío caer con este maná, y en parte por ser la institución de Dios: el Señor ha designado esta ordenanza para salvarlo.

El hombre piadoso es un hombre que ora. Esto aparece en el texto: “Por esto orará a ti todo santo” (Sal. 32:6). En cuanto la gracia es derramada en el interior, la oración es derramada en el exterior: “Mas yo oraba” (Sal. 109:4). En el hebreo es: “Pero yo oración”. La oración y yo somos uno. La oración es el camino del alma hacia el cielo. Dios
desciende hasta nosotros por medio de su Espíritu, y nosotros subimos a él por medio de la oración. El hombre piadoso no puede vivir sin oración. El hombre no puede vivir sin respirar, tampoco puede el alma si no exhala hacia Dios sus anhelos. En cuanto nace el
infante de gracia, llora; en cuanto Pablo se convirtió: “Porque he aquí, él ora” (Hech. 9:11). Habiendo sido un fariseo, sin duda habría orado antes, pero lo había hecho superficial o livianamente, pero cuando la obra de gracia se había llevado a cabo en su alma, entonces realmente oraba. El hombre piadoso permanece todos los días en el monte de oración, comienza su día con oración, antes de abrir su negocio, le
descubre su corazón a Dios. Antes solíamos quemar perfumes dulces en nuestros hogares; la casa del hombre piadoso es una casa perfumada: extiende el perfume con el incienso de la oración. No comienza ninguna actividad sin buscar a Dios. El hombre piadoso consulta a Dios en todo.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”  en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de    A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

 

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI 3ª Parte

Blog87

Analicemos el legado de Juan Calvino, un profesor, pastor, comentarista, maestro y prolífico autor (con al menos cincuenta y nueve obras[7]). Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia, La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[8], de hecho, un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[9].

Claramente Martín Lutero y Juan Calvino continuaron y sobrepasaron con creces a sus antecesores en el proceso de Reforma a través de su intensa labor, lo que no cesó con ellos sino que fue una constante en el movimiento. A propósito de aquello, los autores del libro “La Reforma Ayer y Hoy” nos aportan una llamativa descripción del proceso en España: “La extensión que alcanza la Reforma en España, antes de desatarse las grandes persecuciones contra la misma en la segunda mitad de siglo XVI, resulta prodigioso. Los abundantes Autos de Fe, así como el gran número de exiliados, lo pondrán de manifiesto. Escribiendo en 1602, Cipriano de Valera nos dice que: “En nuestra España muy muchos doctos, muy muchos nobles y gente de lustre e ilustres han salido por esta causa en los Autos. No hay ciudad y, a manera de decir no hay villa ni lugar, no hay casa noble en España, que no haya tenido ni aún tenga alguno o algunos que Dios, por su infinita misericordia, haya alumbrado con la luz del evangelio. Común refrán es el día de hoy en España cuando hablan de algún hombre docto decir: es tan docto que está en peligro de ser luterano[10].

Así entonces podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Protestante implicó también un profundo cambio en los hábitos de lectura pues la intención de sus protagonistas fue dar acceso a las Escrituras y sus verdades a la mayor cantidad de personas posible, aquello a través de la traducción del texto sagrado y la publicación de material de apoyo.

Entonces, ¿qué nos queda para los lectores del Siglo XXI?:

  • Problema de soporte: superado, pues en la actualidad podemos leer en diferentes tipos de ediciones y plataformas (aunque mi favorito siempre será el papel)
  • Problema de acceso: bastante superable (en la actualidad los servicios de envío y mensajería pueden ayudar a que los libfoz estén en nuestras manos, tablets o dispositivos en períodos relativamente razonables de tiempo)
  • Problema de cantidad de libros: superado (Según Google, en 2010 existían en el mundo ciento treinta millones de libros diferentes[11]; una asombrosa cantidad de 129.864.880 libros, de todas las lenguas, de todas las materias, de todas las culturas, de todos los tiempos y según la UNESCO se publican 2.2 millones de libros cada año[12]); el desafío entonces es el criterio para elegir una buena obra para leer.
  • Problema de selección: superado gracias a amigos lectores y distribuidores de limpia conciencia y buena voluntad (como por ejemplo los amigos de Solo Sana Doctrina).

Antes de finalizar, un par de datos interesantes para los amantes de la lectura: en la misma época de la invención de la imprenta y desarrollo de la Reforma Protestante comenzó también la difusión a escala masiva del café (el té ya era bastante más conocido) y también comenzó a llegar desde América el chocolate. Esta combinación de café y chocolate, es muy buena compañía para las jornadas de estudio y lectura. En conclusión, sin lugar a dudas, estamos en una época muy privilegiada. Entonces, organicemos el tiempo y ¿vamos a leer un buen libro?

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

 

[1]Juan Hus, el reformista checo”, en http://www.radio.cz/es/rubrica/especiales/juan-hus-el-reformista-checo

[2] Primero, el sentido literal, considerado el de menor importancia. A éste se sobreponía el sentido alegórico: una vez establecido el sentido literal, se lo dejaba a un lado y se intentaba descubrir el «sentido oculto» referente a la iglesia y su doctrina. Un tercer sentido, el tropológico, apuntaba a la conducta del creyente. Y además estaba el sentido anagógico, relacionado con los fenómenos escatológicos en: http://www.iglesiareformada.com/Lutero_Galatas.html

[3] Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo, Biografía de Martín Lutero, en: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero

[4] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 6

[5] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[6] Un listado de sus títulos puede ser consultado en: https://www.museeprotestant.org/en/notice/martin-luther-his-written-works/  . También, una muy buena selección de textos fundamentales puede ser adquirida en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=41&controller=product&search_query=lutero&results=9

[7] Puede revisar el listado en “John Calvin Books List”, https://www.ranker.com/list/john-calvin-books-and-stories-and-written-works/reference

[8] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[9] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[10] José Moreno Berrocal, Bernard Coster, José de Segovia “La Reforma Ayer y Hoy”, Básicos Andamio, Barcelona, España, 2012, Págs. 30-31. Disponible en: http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=515&controller=product

[11] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” en: https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuantos-libros-existen-mundo/20160628180330062423.html

[12] Artículo: “¿Cuántos libros existen en el mundo?” https://hipertextual.com/2017/04/cuantos-libros-existen-mundo

Señales y características del hombre piadoso 4ª Parte

Blog86

El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).

El hombre piadoso ama la Palabra escrita.

Crisóstomo compara las Escrituras a un jardín con canteros y flores. El hombre piadoso se deleita en caminar en este jardín y encontrar allí dulce descanso; ama cada rama y cada parcela de la Palabra.
1. Ama la parte consejera de la Palabra, dado que es una guía y una regla para la vida. Contiene credenda et facienda, que significa “cosas para 2 Juan Crisóstomo (347-407) – teólogo y expositor de la iglesia griega primitiva cuyo nombre, Crisóstomo, es un apelativo que significa “Boca de oro”.
2. El hombre piadoso ama la parte intimidante de la Palabra. Las Escrituras, como el Jardín del Edén, porque tiene el árbol de la vida, tiene también una espada flameante en sus portales. Esta es la amenaza de la Palabra: lanza fuego en el rostro de todo el que sigue obstinadamente en sus maldades: “Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados” (Sal 68:21). La Palabra no tolera la maldad. No deja que el hombre se quede entre el pecado y Dios: la verdadera madre no dejó que el niño fuera dividido en dos (1 Rey. 2:26), y Dios no deja que el corazón se divida.
3. El hombre piadoso ama las amenazas de la Palabra. Sabe que hay amor en cada amenaza; Dios no quiere que ninguno de nosotros se pierda, por lo tanto nos amenaza misericordiosamente, para que, con temor, nos apartemos del pecado. Las amenazas de Dios son como balizas en el mar que indican que hay rocas debajo del agua que son una amenaza de muerte para los que se acerquen. Las amenazas son un freno para que nos detengamos y no sigamos galopando derecho al infierno; hay misericordia en cada amenaza.
4. El hombre piadoso ama cada parte consoladora de la Palabra: las promesas. Se alimenta constantemente de ellas, como Sansón iba por su camino alimentándose de la miel del panal. Las promesas son puro alimento y dulzura, son nuestro aliento cuando desfallecemos, son los cauces del agua de vida. “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Sal. 94:24). Las promesas eran el arpa de David para espantar los pensamientos tristes; eran los pechos que le daban leche de consolación divina.

El hombre piadoso demuestra su amor por la Palabra escrita.
1. Por medio de leerla con diligencia: los nobles bereanos escudriñaban diariamente las Escrituras (Hech. 17:11). Apolo era poderoso en las Escrituras. La Palabra es nuestra Carta Magna, debemos leerla diariamente. La Palabra muestra qué es la verdad y qué es el error. Es el campo donde está escondida la Perla de Gran Precio: ¡cuánto debiéramos escarbar para encontrar esta Perla! El corazón del hombre piadoso es la biblioteca para guardar la Palabra de Dios; mora en abundancia en él (Col. 3:16). La Palabra tiene una tarea doble: enseñarnos y juzgarnos. Los que se niegan a ser enseñados por la Palabra serán juzgados por la Palabra. ¡Oh, que la Palabra nos sea familiar! ¿Qué si este fuera un tiempo como el de Diocleciano que ordenó por proclamación que la Biblia fuera quemada, o como los días de la Reina Mary de Inglaterra, cuando poseer una Biblia en inglés era pena de muerte? Conversando diligentemente con las Escrituras, podemos llevar una Biblia en la mente.

 

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Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

Señales y características del hombre piadoso 3

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Pregunta: ¿En qué encuentra el piadoso su santidad?

Respuesta:

1. En aborrecer la vestidura manchada por la carne (Jud.23). El piadoso se afirma contra la maldad, tanto en sus propósitos como en sus prácticas. Teme a lo que puede parecer pecado (1 Tes. 5:22). La apariencia del mal puede influenciar al creyente débil; si no
profana su propia conciencia, puede ofender la conciencia de su prójimo; y pecar contra él es pecar contra Cristo (1 Cor. 8:12). El hombre piadoso no aprovecha ir hasta donde puede, no sea que vaya más allá de lo que debe.
2. El piadoso descubre su santidad al ser defensor de la santidad: “Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré” (Sal. 119:46). Cuando en el mundo se calumnia la piedad, el piadoso se pone de pie para defenderla. Le quita el polvo de
reproche al rostro de la religión. La santidad defiende al piadoso, y el piadoso defiende la santidad. Lo defiende del peligro, y él la defiende de modo que no la avergüencen.
El hombre piadoso es muy exacto e inquisitivo en cuanto a la adoración a Dios. La palabra griega traducida piadoso significa “un adorador correcto de Dios”. El hombre piadoso reverencia las instituciones divinas y prefiere la pureza en la adoración en lugar del esplendor de los ritos… El Señor quiso que Moisés construyera el tabernáculo según el diseño dado en el monte (Éxo. 25:9). Si Moisés hubiera dejado de incluir algo o hubiera agregado algo hubiera sido una provocación. El Señor siempre ha dado testimonios de su
desagrado por todos los que han corrompido el culto a él: Nadab y Abiú “ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Lev. 10:1, 2). Todo aquello que no es ordenado por Dios para el culto a él, lo considera como un fuego extraño. No nos sorprenda que le indigne tanto, como si Dios no tuviera suficiente sabiduría para determinar la manera como se le ha de servir, los hombres pretenden determinarlo, y como si las reglas para la adoración fueran defectuosas, intentan corregirlas y agregarles vez tras vez sus propias invenciones… El hombre piadoso no se atreve a variar el diseño que Dios le ha mostrado en las Escrituras. Esta puede ser una de las razones por las cuales David es llamado un hombre según el corazón de Dios: mantuvo la pureza de la adoración a Dios y en cuestiones sacras no agregó nada de su propia invención.
El hombre piadoso es el que compite para ganar a Cristo como su premio. A manera de ilustración, mostraré que Cristo es precioso en sí: “He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa” (1 Ped. 2:6). Cristo es comparado con cosas muy preciosas. Cristo es precioso en su Persona. Él es la representación de la gloria de su Padre (Heb. 1:3). Cristo es precioso en sus oficios, que son varios rayos del Sol de
Justicia (Mal. 4:2).

1. El oficio profético de Cristo es precioso: Él es el gran oráculo del cielo: Es más precioso que todos los profetas que lo precedieron. Enseña no solo al oído a escuchar, sino también al corazón para que atesore sus palabras. El que tiene la llave de David en su mano abrió el corazón de Lidia (Hech. 16:14).

2. El oficio sacerdotal de Cristo es precioso: Esta es la base sólida de nuestro consuelo: “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo” (Heb. 9:26). En virtud de este sacrificio, el alma puede presentarse ante Dios con confianza y decir: “Señor, dame el cielo; Cristo me lo compró; colgó en la cruz para que yo pudiera sentarme en el trono”. La sangre de Cristo y el incienso son las dos bisagras sobre las cuales gira nuestra salvación.

3. El oficio legal de Cristo es precioso “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apoc. 19:16). En lo que a majestad se refiere, Cristo tiene preeminencia sobre todos los demás reyes. Tiene el trono más elevado, la corona de más precio, los dominios más extensos y el reinado más duradero: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Heb. 1:8)… Cristo establece su cetro donde
ningún otro rey lo hace. Gobierna la voluntad y los afectos; su poder obliga la conciencia de los hombres. Si somos competidores para obtener a Cristo como premio, entonces
lo preferimos por encima de todo lo demás. Valoramos a Cristo más que la honra y las riquezas; lo que más anhelamos en nuestro corazón es la perla de gran precio (Mat. 13:46). El que quiere a Cristo como su premio, valora las cosechas de Cristo más que las vendimias del mundo. Considera las peores cosas de Cristo mejor que las mejores cosas del mundo: “Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Heb. 11:26). ¿Sucede así con nosotros? Algunos dicen que valoran mucho a Cristo, pero prefieren sus tierras y propiedades antes que a él. El joven rico en el Evangelio prefirió sus bolsas de oro antes que a Cristo (Mar. 10:17-22); Judas valoró las treinta piezas de plata más que a él (Mat. 26:15). Es de temer que cuando llega el tiempo de pruebas, muchos prefieren renunciar a su bautismo y descartar la ropa de siervo de Cristo antes que arriesgar por él la pérdida de sus posesiones terrenales.
Si preferimos a Cristo por encima de todas las cosas, no podemos vivir sin él. No podemos arreglarnos sin las cosas que valoramos: uno puede vivir sin música, pero no sin alimento. Un hijo de Dios puede carecer de salud y amigos, pero no puede carecer de Cristo. En la ausencia de Cristo, dice como Job: “Ando ennegrecido, y no por el sol” (Job 30:28). Tengo las más brillantes de las comodidades terrenales, pero quiero el Sol de Justicia. “Dame hijos, o si no, me muero” dijo Raquel (Gén 30:1). Lo mismo dice el alma: “¡Señor, dame a Cristo o muero; una gota del agua de vida para apagar mi sed!”… ¿Acaso
prefieren a Cristo los que pueden andar tranquilos sin él? Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, no nos duele tener que pasar por lo que sea para obtenerlo. Aquel que valora el oro se tomará el trabajo de cavar en la mina para encontrarlo: “Está mi alma apegada a ti (Dios)” (Sal 63:8).

Plutarco reporta que los galos, pueblo antiguo de Francia, una vez que probaron el vino dulce de las uvas italianas, preguntaron de dónde provenía y no descansaron hasta dar con ellas. Todo el que considera precioso a Cristo no descansa hasta obtenerlo. “Hallé
luego al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé” (Cantares 3:1-2, 4). Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, renunciaremos por él a nuestras concupiscencias más queridas. Pablo dice de los gálatas, que tanto lo estimaban, que estaban dispuestos a arrancarse sus propios ojos y dárselos a él (Gál. 4:15). El que estima a Cristo se sacará esas concupiscencias, como lo haría con su ojo derecho (Mat. 5:29). El hombre sabio rechaza lo que es veneno prefiriendo un refresco sano; el que valora grandemente a Cristo se despojará de su orgullo, sus ganancias injustas, sus pasiones pecaminosas. Pondrá sus pies sobre el cuello de sus pecados (Jos. 10:24). Piénselo: ¿Cómo pueden valorar a Cristo por sobre todas las cosas aquellos que no dejan sus vanidades por él? ¡Cuánto se burlan y desprecian al Señor Jesús los que prefieren las concupiscencias antes que a Cristo quien los salva! Si valoramos a Cristo por sobre todas las cosas, estaremos dispuestos a ayudar a otros a tener parte con él. Anhelamos compartir con nuestro  amigo aquello que consideramos excelente. Si un hombre ha encontrado un manantial de agua, llamará a otros para que beban y satisfagan su sed. ¿Recomendamos a Cristo a otros? ¿Los tomamos de la mano y los conducimos a Cristo? Qué pocos hay que valoran a
Cristo, porque no tienen interés en que otros lo conozcan. Adquieren tierras y riquezas para su posteridad, pero no se ocupan de dejarles la Perla de Gran Precio como su legado…

Oh entonces, tengamos pensamientos afectuosos de Cristo; hagamos que sea él nuestro
principal tesoro y placer. Esta es la razón por la cual millones mueren: porque no valoran a Cristo por sobre todas las cosas. Cristo es la Puerta por la cual los hombres entran al cielo (Juan 10:9). Si no saben de esta Puerta, o si son tan soberbios que se niegan a inclinarse para pasar por ella, ¿cómo, entonces, han de ser salvos?
El hombre piadoso es amante de la Palabra: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley” (Sal. 119:97).
Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil”. en The Sermons of Thomas Watson.
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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros.

La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI

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“Sola Gratia y Sola Scriptura: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?”

Introducción

¿Qué es la verdad?” Esa fue la pregunta que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, le hizo a Jesucristo mientras lo juzgaba (Juan 18:38). Sin embargo, parece que  a Pilato no le interesaba la respuesta, sino más bien su pregunta fue un reflejo de su incredulidad. Al parecer, para él la verdad era lo que a uno le enseñaban a creer o lo que uno mismo elegía creer.

Para los cristianos la verdad puede ser hallada y el lugar está en la Biblia. Por este motivo, la Biblia, ha sido declarada como la base de la fe y la conducta. ¿Cuáles son las razones que explican tan alto lugar?

 

Respuesta 1: La misma recomendación escritural

  • El Apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:16-17:Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (RV 1960).
  • El autor de la Epístola a los Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).
  • El mismo Jesús. Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (RV 1960).

 

Respuesta 2: El legado de la Reforma Protestante

Qué duda cabe, un hito fundamental en la construcción y asimilación de esta convicción fue el proceso histórico conocido como Reforma protestante, esto ha quedado expresado en una de las cinco solas, a saber  el princopio de “Sola Scritpura

Esto debido a que a finales de la Edad Media, la Biblia sólo estaba disponible en latín, un lenguaje que la gente común de Europa ya no hablaba. Por eso, los reformadores se propusieron acercarles las Escrituras al traducirla a idiomas que sí podían entender.

Además estaba el problema de la predicación, pues los curas párrocos fueron incapaces de realizar una predicación cualificada y los Obispos, quienes tenían más conocimiento y capacidades tenían la obligación de predicar sólo diez veces al año.

 

¿Qué había pasado en el Siglo XV? Preparando el terreno

El siglo XV estuvo caracterizado entre otros aspectos de relieve por un sentimiento de creciente crisis en el seno de la Iglesia católica.

Durante aquellas agitadas décadas:

  • La corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia
  • Se produjo el denominado cisma de Occidente, esto implicó que existieran simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre sí y que se presentaban como el único pontífice legítimo
  • Fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca (que terminó aniquilando Bizancio en 1453)
  • Considerando este panorama, se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

De esta manera, si algo parecía indiscutible a finales del siglo XV era que la Iglesia necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Posición que era defendida por personajes que iban desde Lorenzo Valla a Erasmo, Tomás Moro y Luis Vives, Cisneros e Isabel la católica[1].

 

El Siglo XVI: un Siglo de cambios profundos

En este periodo, tuvieron lugar varios procesos muy importantes y paralelos:

  • El «descubrimiento» y conquista de América.
  • Desarrollo del Humanismo y Renacimiento.
  • La Reforma Protestante.

El Descubrimiento y la Conquista de América son bien conocidos, y se podría comentar mucho al respecto. Sin embargo, lo relevante es que durante un periodo de escasamente cien años las naciones europeas se derramaron por el resto del mundo, y especialmente por América.

Para la mente del habitante del Siglo XXI resulta difícil calibrar el impacto de este proceso, pero para hacernos una idea esto fue tan impactante y desafiante como la llegada del primer equipo a la luna en 1969 o como lo sería si en un plazo cercano se lograra llegar y colonizar Marte o incluso otro planeta más lejano. Pues esto implica un tremendo avance tecnológico, grandes cambios en los equilibrios de poder de los países involucrados en ello y por supuesto los desafíos propios de incorporar a la administración, comercio y cultura nuevos territorios.

Ahora bien, regresando al Siglo XVI, la conquista del Nuevo Mundo implicó que se multiplicó enormemente el número de los que se llamaban cristianos, aunque claro, esta incorporación fue a la fuerza en la mayoría de los casos y por supuesto no incluyó la fe de los Reformados.

Por otra parte, el movimiento intelectual conocido como Humanismo provocaba que se revisaran las bases del conocimiento acumulado hasta la fecha rescatando los escritos de la Antigüedad Clásica y por cierto cuestionando también los cimientos cristianos de la civilización.

A estos grandes procesos se suma la Reforma Protestante. La fecha que normalmente se señala como el comienzo de la Reforma es 1517, cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis. Aunque, ya habían movimientos reformadores desde mucho antes, lo cierto es que fue con Lutero y sus seguidores que el movimiento cobró un ímpetu incontenible[2]. Señala el historiador Jean Delumeau: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[3].

Ahora bien, regresemos a nuestra pregunta inicial: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?” Para ello realizaremos dos recorridos, el primero será a través de la relación de los llamados “Precursores de la Reforma” con las Escrituras[4] y en segundo lugar, del mismo Martín Lutero.

Los Precursores de la Reforma y las Escrituras

  • Los Valdenses: En el siglo XII, los Valdenses tradujeron el Nuevo Testamento del latín a sus dialectos regionales franceses. Según la tradición, tal era su compromiso con la Escritura, que las diferentes familias Valdenses memorizaban grandes porciones de la Biblia, de manera que si las autoridades católicas romanas les encontrasen y confiscasen sus copias impresas, serían capaces de volver a reproducir toda la Biblia de memoria.
  • John Wycliffe: En el siglo XIV, John Wycliffe y sus asociados en Oxford, Inglaterra tradujeron la Biblia del latín al inglés. Los seguidores de Wycliffe, conocidos como los Lolardos, iban de pueblo en pueblo predicando el evangelio y enseñando la Palabra en inglés.
  • Jan Hus: En el siglo XV, Jan Hus se convirtió en el predicador más popular de Praga al predicar en la lengua del pueblo y no en latin. Sin embargo, debido a que Hus insistió en que sólo Cristo es la cabeza de la iglesia y no el papa, el concilio católico de Constanza le condenó como hereje. Murió en como mártir en la hoguera en 1415.

 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

Señales y características del hombre piadoso 2

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Aunque Pablo conocía a Cristo, más lo quería conocer: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección” (Fil. 3:10).

Pregunta: ¿Cómo podemos obtener este conocimiento salvador?

Respuesta: No por el poder de la naturaleza. Algunos hablan del alcance que puede tener la razón desarrollada para bien. Ay, la plomada de la razón es demasiado corta para ver las cosas profundas de Dios. Lo mismo pasa con el poder de razonamiento del hombre, que no basta para alcanzar el conocimiento salvador de Dios. La luz de la naturaleza no nos puede ayudar a ver a Cristo, como tampoco puede la luz de una vela ayudarnos a entender. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…, y no las puede entender” (1 Cor. 2:14). ¿Qué haremos, entonces, a fin de
conocer a Dios para salvación? Mi respuesta es: “Imploremos la ayuda del Espíritu de Dios”. Pablo nunca se había considerado ciego hasta que lo cegó la luz del cielo (Hech. 9:3). Dios tiene que ungirnos los ojos para que podamos ver. ¿Por qué les iba a pedir Cristo a los de la iglesia en Laodicea que acudieran a él para que los ungiera con colirio
si ya lo podían ver? (Apoc. 3:18). Oh, elevemos nuestro ruego al Espíritu de revelación (Ef. 1:17). El conocimiento salvador no es por especulación, sino por inspiración (Job 32:8). La inspiración del Todopoderoso da comprensión.

Quizá tengamos nociones teológicas excelentes, pero es el Espíritu Santo quien tiene que darnos la capacidad de conocerlas espiritualmente; el hombre puede notar las figuras en un reloj, pero no puede decir qué hora es a menos que la luz lo ilumine. Podemos leer muchas verdades en la Biblia, pero no las podemos conocer para salvación hasta que el Espíritu de Dios nos ilumina. “El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Cor. 2:10). Las Escrituras nos revelan a Cristo, pero el Espíritu nos revela a Cristo en nosotros (Gál. 1:16). El Espíritu da a conocer lo que nada en el mundo puede,  concretamente, la certidumbre del amor de Dios.

El hombre piadoso es un hombre que actúa por fe. Así como el oro es el más precioso entre los metales, la fe lo es entre las gracias. La fe nos corta del olivo silvestre que es la naturaleza y nos injerta en Cristo. La fe es la arteria vital del alma: “Mas el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4). El que no tiene fe, aunque respira, no tiene vida. La fe es la vivificante de las gracias; ninguna gracia se mueve hasta que la fe la agita. La fe es al alma lo que la respiración y los latidos del corazón son al cuerpo: impulsa al resto del organismo. La fe impulsa al arrepentimiento. Cuando creo en el amor que Dios tiene por mí, el hecho de pecar contra un Dios tan bueno me hace derramar lágrimas. La fe es la madre de la esperanza: primero, creemos la promesa, luego la esperamos. La fe es el aceite que alimenta la lámpara de la esperanza. La fe y esperanza son siamesas; si se quita una y otra languidece. Si se corta el nervio de la fe, la esperanza queda lisiada.

La fe es el fundamento de la paciencia, el que cree que Dios es su Dios y que todo obra para su bien, se entrega con paciencia a la voluntad de Dios. Por lo tanto, la fe es un principio vivo, y la vida del santo no es otra cosa que una vida de fe. Su oración es la respiración de la fe (Sgt. 5:15). Su obediencia es el resultado de la fe (Rom. 16:26).
El hombre piadoso vive por fe en Cristo, como el rayo de sol vive en el sol: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20) El cristiano, por el poder de la fe, ve más allá de la lógica, anda más allá de la luna (2 Cor. 4:18). Por fe finalmente se tranquiliza su corazón (Sal. 12:7). Se pone a sí mismo y a todos sus asuntos en las manos de Dios, como en
la guerra los hombres entran a su baluarte y allí se ponen a salvo junto con sus tesoros. Igualmente, el nombre del Señor es torre fuerte (Prov. 18:10). Y el creyente confía plenamente en este baluarte: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:12). Dios confió su evangelio a
Pablo, y Pablo confió a Dios su alma. La fe es un remedio universal para todos los problemas. Es el áncora que se echa al mar de la misericordia de Dios y previene que uno se hunda en la desesperación.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

Señales y características del hombre piadoso 1

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“Por esto orará a ti todo santo [piadoso]” Salmo 32:6.

¿Cómo es el hombre piadoso? Para dar una respuesta completa, describiré varias señales y características específicas del hombre piadoso.

La primera señal fundamental del hombre piadoso se muestra en que es un hombre con conocimiento sabio: “los prudentes se coronarán de sabiduría” (Prov. 14:18). Los santos son llamados vírgenes “prudentes” en Mateo 25:4. El hombre natural puede tener algún
conocimiento superficial de Dios, pero no sabe nada como debiera saberlo (1 Cor. 8:2). No conoce a Dios para salvación; puede conocerlo con la razón, pero no discierne las cosas de Dios de un modo espiritual. El agua no puede ir más arriba de su manantial, el vapor no puede elevarse más allá del sol que lo genera. El hombre natural no puede actuar por encima de su esfera. No puede discernir con certidumbre lo sagrado, así como el ciego no puede discernir los colores. 1. No ve la maldad de su corazón: por más que un rostro sea negro o deforme, bajo un velo no se puede ver. El corazón del pecador es tan negro, que nada excepto el infierno le puede dar su forma, no obstante, el velo de la ignorancia lo esconde. 2. No ve las hermosuras de un Salvador: Cristo es una perla, pero una perla escondida.

El conocimiento del hombre piadoso es vivificante. “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (Sal. 119:93). El conocimiento en la cabeza del hombre natural es como una antorcha en la mano de un muerto, el conocimiento verdadero aviva. El hombre piadoso es como Juan el Bautista: “Antorcha que ardía y alumbraba” (Juan 5:35). No solo brilla por iluminación, sino que también arde de afecto. El conocimiento de la esposa la hizo estar “enferma de amor” (Cant. 2:5), o “Estoy herida de amor. Soy como el ciervo que ha sido herido con un dardo; mi alma
yace sangrando y nada me puede curar, sino una visión de Él a quien mi alma ama”.
El conocimiento del hombre piadoso es aplicable. “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). Un medicamento da resultado cuando se aplica; este conocimiento aplicativo es gozoso. Cristo es llamado Fiador (Heb. 7:22). Cuando me estoy ahogando en deudas, ¡qué gozo es saber que Cristo es mi Fiador! Cristo es llamado Abogado (1 Juan 2:1). La palabra griega traducida abogado significa “consolador”.

Versiculo 198

Cuando tengo un caso difícil, ¡qué consuelo es saber que Cristo es mi Abogado, quien jamás ha perdido un caso en una litigación!

Pregunta: ¿Cómo puedo saber si estoy aplicando correctamente lo que sé acerca de Cristo? El hipócrita puede creer que sí lo está haciendo cuando en realidad no es así.
Respuesta: Todo aquel que aplica el evangelio de Cristo, acepta a Jesús y Señor como uno (Fil. 3:8). Cristo Jesús, es mi Señor: Muchos aceptan a Cristo como Jesús, pero lo rechazan como Señor. ¿El Príncipe y el Salvador son uno para usted? (Hech. 5:31). ¿Acepta ser gobernado por las leyes de Cristo al igual que ser salvo por su sangre? Cristo “desde su trono servirá como sacerdote” (Zac. 6:13, Nueva Traducción Viviente). Nunca será un sacerdote que intercede a menos que el corazón de usted sea el trono donde él alza su cetro. Aplicamos bien el evangelio de Cristo cuando lo tomamos como esposo y nos entregamos a él como Señor.

El conocimiento del hombre piadoso es transformador. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2 Cor. 3:18). Así como el pintor mira un rostro y dibuja uno similar, al mirar a Cristo en el espejo del evangelio somos transformados a similitud de él. Podemos mirar otros objetos que son gloriosos, pero no por mirarlos nos hacen gloriosos; un rostro deforme puede mirar a uno hermoso pero no por eso se convierte él mismo en uno hermoso. El herido puede mirar al doctor y no por eso curarse. En cambio esta es la excelencia del conocimiento divino: nos brinda tal visión de Cristo que nos hace participar de su naturaleza. Como sucedió con Moisés, cuando su rostro resplandeció cuando vio la espalda de Dios porque algunos de los rayos de la luz de su gloria lo alcanzaron.

El conocimiento del hombre piadoso es creciente. “Creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10). El conocimiento verdadero es como la luz del amanecer que va en aumento hasta su cenit. Tan dulce es el conocimiento espiritual, que más sabe el creyente, más ansía saber. La Palabra llama a esto enriquecerse en toda ciencia
[conocimiento] (1 Cor. 1:5). Más riquezas tiene uno, más quiere tener.

Thomas Watson 8

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

La Reforma Protestante y la lectura 2

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Continuemos revisando la relación entre los pre reformadores (del Siglo XV) y reformadores (del Siglo XVI) con la lectura y el compromiso con la difusión de libros.

Juan Huss fue sucesor del inglés John Wycliff (Hussenitz, Reino de Bohemia, c. 1370 – Constanza, Sacro Imperio Romano Germánico, 6 de julio de 1415), sus actividades dejaron una huella imborrable en la historia civil y religiosa del Reino Checo: se desempeñó como teólogo y filósofo, rector de la Universidad Carolina de Praga. Como reformador y predicador se le considera uno de los precursores de la Reforma Protestante, sus seguidores son conocidos como husitas. Un hecho muy importante fue su nombramiento como predicador de la capilla Belén, esta capilla había sido construida por dos laicos, con el expreso deseo de que en ella se predicase la Palabra de Dios al pueblo en lengua común. Cuando estuvo lista, se designó a Huss para predicar en ella. Poco después ocurrió un hecho que sería decisivo para el resto de su vida: llegaron a sus manos unos libros de Juan Wiclef, en un principio, los libros le desconcertaron, pero luego los apreció hasta convertirse en su admirador. La combinación de estos hechos produjo una profunda transformación que derivó en una intensa labor de predicación y publicación lo que provocó su destierro, persecución, encarcelación y finalmente su ejecución luego del Concilio de Constanza. Sin embargo, aquellas complejas circunstancias no impidieron que siguiera trabajando en predicar y escribir, de hecho se cuenta que se ganó la simpatía de hasta de sus mismos carceleros, quienes le pidieron instrucción y consejo. A petición de ellos escribió algunos tratados, como: “Los diez mandamientos”, “La oración dominical”, “El matrimonio”, “Los tres enemigos del hombre” y “Del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, por eso en las portadas de los tratados puso los nombres de los carceleros a cuya petición los había escrito, Además de su obra espiritual, también se recuerdan los méritos que Juan Hus tuvo en el campo de la linguística y la gramática checas. Fue él quien hizo cambios importantes en la ortografía checa, que acompañan a los checos hasta el presente[1].

Gerónimo Savonarolla o Jerónimo de Ferrara (Ferrara, Italia, 21 de septiembre de 1452 – Florencia, 23 de mayo de 1498), fue un religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de las vanidades donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos, como los de Giovanni Boccaccio. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia católica, contra la búsqueda de la gloria y contra la sodomía, sospechando que estaba en toda la sociedad de Florencia, donde él vivió. Se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia católica, pero no estableció ninguna base doctrinal, a diferencia del propio Lutero, precursor del cisma protestante. A pesar de sus excesos destacó como escritor y expositor, presentando diferentes aspectos: poeta, artista, profeta, apologista, entre otros.

William Tyndale, (Slymbridge, 1495 – Bruselas, 6 de octubre de 1536) era un estudiante inglés destacado en griego y latín, que llegó a ser una figura clave en el movimiento de la reforma protestante durante los años posteriores a su implantación. Estudió las Universidades de Oxford y Cambridge, se enfurecía por las barreras entre la Biblia y la gente y su anhelo era alimentar no solo la mente sino también el alma del pueblo. Así es que trabajó desde el hebreo, arameo y griego para crear una Biblia en inglés vernáculo, tan legible y apropiada como para una persona inglesa pudiera leerla y basarse en ella para su vida diaria. Luego de muchas tribulaciones y esfuerzo logró terminar su tarea siendo reconocido hasta la actualidad por haber traducido la Biblia del griego y hebreo, además de imprimirla en inglés

A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura.

La semana próxima y como punto final analizaremos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

La naturaleza del hombre íntegro

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1. El de corazón íntegro es de un solo sentir, no tiene divisiones. Para el hipócrita hay muchos dioses y muchos señores, y tiene que dar parte de su corazón a cada uno. Pero para el íntegro, hay un solo Dios el Padre y un Señor Jesucristo, y con un solo corazón servirá a ambos. El hipócrita da su corazón a la criatura, y a cada criatura tiene que darle parte de su corazón, y dividir su corazón lo destruye (Os. 10:2). Las ganancias humanas llaman a su puerta, y tiene que darles una parte de su corazón. Se presentan los placeres carnales, y a ellos también tiene que darles parte de su corazón. Aparecen deseos pecaminosos, y les tiene que dar parte de su corazón. Son pocos los objetos necesarios, pero incontables las vanidades innecesarias. El hombre íntegro ha escogido a Dios y eso le es suficiente.

Un solo Cristo es suficiente para un solo corazón; de allí que el rey David oraba en el Salmo 86:11: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Es decir: “Déjame tener un solo corazón y mente, y que sea tuyo”. Hay miles de haces y rayos de luz, pero todos se unen y centran en el sol. Lo mismo sucede con el hombre íntegro, aunque tiene mil
pensamientos, todos (por su buena voluntad) se unen en Dios. El hombre tiene muchos fines subordinados ––procurar su sustento, cuidar su crédito, mantener a sus hijos—pero no tiene más que un fin: ser de Dios. Por lo tanto, tiene firmeza en sus determinaciones, esa concentración en sus deberes santos, esa constancia en sus acciones y esa serenidad en su corazón que los hipócritas miserables no pueden logar.

2. El corazón íntegro es recto y sin corrupción. “Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado” (Sal. 119:80). Cuando hay más sinceridad, hay menos vergüenza. La integridad es la gran autora de la confianza. Cada helada sacude al cuerpo enfermo, y cada prueba sacude al alma inicua. El íntegro quizá no siempre tenga
un color tan atractivo como el hipócrita, pero su color es natural: es suyo; no está pintado; su estado es firme. La hermosura del hipócrita es prestada; el fuego de la prueba la derretirá.

El íntegro tiene sus enfermedades; pero su naturaleza nueva las remedia, porque en su interior es recto. La lepra domina al hipócrita, pero la esconde. “Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida” (Sal. 36:2). Procura
esconderse de Dios, esconderse más de los hombres, y más aún de sí mismo. Con gusto podría seguir así para siempre creyendo que “su iniquidad no será hallada y aborrecida”. En cambio el hombre íntegro  siempre está examinándose y probándose: “¿Soy recto? ¿Estoy en lo correcto? ¿Estoy cumpliendo bien mis deberes? ¿Son mis debilidades según mi integridad?”

El santo íntegro es como una manzana que tiene manchitas en la cáscara, pero el hipócrita es como la manzana con el centro podrido. El cristiano sincero tiene aquí y allá manchitas de pasión, otras de mundanalidad y alguna de soberbia. Pero si lo cortamos y analizamos, lo encontramos recto de corazón. El hipócrita es como una manzana que es lisa y hermosa por fuera, pero podrida por dentro. Sus palabras son correctas, cumple sus deberes con devoción y su vida es intachable; pero véanlo por dentro: su corazón es una pocilga de pecado, la guarida de Satanás.

Richard Steele 1

3. El corazón íntegro es puro, sin contaminación. No es absolutamente puro, porque esa feliz condición es reservada para el cielo; pero lo es en comparación con la contaminación y la vil mezcla que es el hipócrita. Aunque su mano no puede hacer todo lo que Dios manda, su corazón es sincero en todo lo que hace. Su alma se empeña en lograr una pureza perfecta, de manera que de eso deriva su nombre.

“Bienaventurados los limpios de corazón” (Mat. 5:8). A veces falla con sus palabras, con sus pensamientos y acciones también. Pero al poner su corazón al descubierto, se ve un amor, un anhelo, un plan y un esfuerzo para llegar a tener una limpieza real y absoluta. No es legalmente limpio, o sea, libre de todo pecado; pero es limpio según el evangelio, o sea, libre del dominio de todo pecado, especialmente de la hipocresía, la cual es totalmente contraria al pacto de Gracia. En este sentido, el hombre íntegro es el puritano de las Escrituras, y por lo tanto está más lejos de la hipocresía que cualquier otro. Está realmente contento que Dios es el que escudriña los corazones, porque entonces sabe que encontrará su nombre y naturaleza en su propio pueblo escogido.

No obstante, aun el más íntegro de los hombres en el mundo tiene en él algo de hipocresía. “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Prov. 20:9). Detecta, resiste y aborrece esta hipocresía de modo que no se le puede llamar hipócrita en este mundo, ni condenarlo como tal. Sus propósitos son generalmente puros para la gloria de Dios; el estado de su corazón y de sus pensamientos
son generalmente mejor que su exterior; más se lo estudia, mejor es. Es limpio de deshonestidad en sus relaciones, más limpio aún de toda apariencia de iniquidad ante su familia, más limpio aún en su intimidad, y sobre todo, limpio en su corazón. Aunque hay allí pecado, hay también aversión hacia él, de modo que no se mezcla con él.

El hipócrita escoge el pecado, en cambio, si del íntegro dependiera, no tendría ningún pecado. El viajero puede encontrarse con lodo en su camino, pero hace todo lo que puede por quitárselo. Los cerdos lo disfrutan y no pueden estar sin él. Sucede lo mismo con el hombre íntegro y el hipócrita. Aun el santo más íntegro sobre la tierra a veces se ensucia de pecado, pero no lo programó en la mañana, ni se acuesta con él en la noche. En cambio el hipócrita lo programa y se deleita en él; nunca está tan contento como cuando está pecando. En una palabra, el hipócrita puede evitar el pecado, pero nadie aparte del hombre íntegro, aborrece el pecado.

Versiculo 195

4. El íntegro es perfecto y recto sin reservas. “Observa al hombre perfecto, y mira al íntegro” (Sal. 37:37, traducido de la versión King James para esta obra). Ver al uno es ver al otro. Su corazón está enteramente sujeto a la voluntad y los caminos de Dios. El hipócrita siempre busca algunas excepciones y pone las cosas en tela de juicio.

“Tal pecado no puedo abandonar, tal gracia no puedo amar, tal deber no cumpliré.” Y muestra su hipocresía agregando: “Hasta aquí cederé, pero no más, hasta aquí llegaré. Es consecuente con mis fines carnales, pero todo el mundo no me persuadirá a ir más allá” A veces, el razonamiento del hipócrita lo llevará más allá de su voluntad, su conciencia más allá de sus afectos; no es de un solo sentir, su corazón está dividido, así que fluctúa constantemente.

El íntegro tiene solo una felicidad, y esta es disfrutar de Dios; tiene solo una regla, y esta es su santa voluntad; tiene una sola obra, y esta es complacer a su Hacedor. Por lo tanto, es de un solo sentir y resuelto en sus decisiones, en sus anhelos, en sus caminos y su planes. Aunque puede haber alguna tardanza en el cumplimiento de su misión principal, no titubea ni vacila entre dos objetos, porque está enteramente decidido, de modo que de él puede decirse que es “perfecto e íntegro, sin falta alguna”.

Hay en todo hipócrita algún tipo de baluarte que nunca ha sido entregado a la soberanía y el imperio de la voluntad de Dios. Alguna lascivia se fortifica en la voluntad; en cambio, donde entra la integridad esta lleva cada pensamiento cautivo a la obediencia de Dios. Dice: “Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre” (Isa. 26:13). Aquí está el íntegro.

5. El corazón íntegro es cándido y no tiene malicia. “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Sal. 32:2). He aquí ciertamente un mensaje bendito. ¡Ay! Tenemos grandes y muchas iniquidades; ¿no es mejor para nosotros ser como si nunca hubiéramos pecado? Por cierto que una falta de culpa es tan buena para nosotros como si nunca hubiera sucedido una falta; que los pecados remitidos son como si nunca se hubieran cometido; que en el libro de deudas pendientes estas estuvieran tachadas como si nunca hubiera existido la deuda. Pero, ¿quién es ese hombre bendito? Aquel “en cuyo espíritu no hay engaño”, es decir no hay engaño fundamental.

Él es el hombre que sin engaño ha pactado con Dios. No tiene ningún engaño que lo lleve a ceder a alguna forma de iniquidad. No hace tretas con Dios ni con los hombres ni con su propia conciencia. No esconde sus ídolos cuando Dios está revisando su tienda (Jos. 7:21). En cambio, como sigue diciendo el Salmo 32:5, reconoce, aborrece y deja su pecado. Cuando el hombre íntegro confiesa su pecado, le duele el corazón y está profundamente perturbado por él; no finge para disimularlo. Aquel que le finge a Dios, le fingirá a cualquier hombre en el mundo. Vean la gran diferencia entre Saúl y David. Saúl es acusado de una falta en 1 Samuel 15:14. Él la niega, y vuelve a ser acusado en el versículo 17. Sigue restándole importancia al asunto y busca hojas de higuera para tapar todo. Pero David, de corazón honesto, es distinto: se le acusa, y cede; una pequeña punción abre una vena de sufrimiento en su corazón. Lo cuenta todo, lo vuelca en un salmo que concluye diciendo “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo” (Sal. 51:6). El hombre sincero dice: “En cuanto a mí, con el íntegro me mostraré íntegro”.

Tomado de The Character of the Upright Man. Soli Deo Gloria

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y autor puritano; nacido en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

Descripción de la verdadera piedad

Blog78

Siendo la Verdadera Piedad muy extraña para la mayoría de los hombres y por ende conocida por pocos, en primer lugar y antes de entrar de lleno en el tema, trataré de describirla. Muchos erran grandemente al entenderla como Moralidad; otros la confunden con Piedad Falsa; y otros, ya sea por ignorancia o malicia, la pregonan
desvergonzadamente llamándola Singularidad, Terquedad, Orgullo o Rebelión. Estos últimos declaran que esta no merece existir por ser una perturbadora sediciosa de la paz y el orden dondequiera que aparece.

Sí, una compañera tan contenciosa y querellosa que es la causa de todas esas desdichadas diferencias, divisiones, problemas y desgracias que abundan en el mundo. Por lo tanto, he llegado a la conclusión que no hay nada más necesario que quitar esa máscara que sus enemigos implacables le han puesto y exonerarla de todas las calumnias y los reproches de los hijos de Belial. Cuando entonces aparece en su propia inocencia original e inmaculada, nadie necesita tenerle miedo, ni negarse a aceptarla o estar avergonzado de hacerla suya y de convertirla en la compañera de su corazón.

Sepamos, entonces, en primer lugar, que la piedad consiste del conocimiento correcto de las verdades divinas o los principios fundamentales del evangelio, los cuales todos los hombres deben conocer y dominar. “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la  piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Tim. 3:16). Vemos por este texto que las grandes verdades de la religión cristiana son llamadas piedad.

Ahora bien, si alguno quiere saber más en detalle qué son esos principios de la verdad divina o los fundamentos de la fe cristiana, los cuales son lo esencial de la Verdadera Piedad, respondo:

1. Que hay un Dios eterno, infinito, santísimo, omnisapiente, absolutamente justo, bueno y lleno de gracia, o la Deidad gloriosa que existe en tres Personas ––el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— y estos son uno, a saber, uno en su esencia.

2. Que este Dios, por su gran amor y bondad, nos ha dado una regla de fe y práctica segura e infalible que son las Santas Escrituras. Por ellas, podemos conocer, no solo que hay un Dios y Creador, sino también la manera como fue creado el mundo, con los designios o la razón por la cual hizo todas las cosas. También nos es dado saber cómo entró el pecado en el mundo y cuál es la justicia que Dios requiere para nuestra justificación (o la liberación de la culpabilidad del pecado), a saber, por un Redentor: su propio Hijo, a quien mandó al mundo. No existe ninguna otra regla o camino para saber estas cosas a fin de que los hombres sean salvos aparte de la revelación o los registros de las Sagradas Escrituras, siendo el misterio de la salvación muy por encima del razonamiento humano y por lo tanto, imposible conocer por medio de la iluminación natural en los hombres.

3. Que nuestro Redentor, el Señor Jesucristo, quien es la Garantía del Nuevo Pacto y el único Mediador entre Dios y los hombres, es realmente Dios (de la esencia del Padre) y realmente hombre (de la sustancia de la virgen María), teniendo estas dos naturalezas en una Persona, y que la redención, paz y reconciliación son únicamente por medio de este Señor Jesucristo.

4. Que la justificación y el perdón del pecado son exclusivamente por esa satisfacción plena que Cristo hizo de la justicia de Dios y se logran solo por fe a través del Espíritu Santo.

5. Que todos los hombres que son o pueden ser salvos tienen que ser renovados, regenerados y santificados por el Espíritu Santo.

6. Que en el Día Final habrá una resurrección de los cuerpos de todos los hombres.

7. Que habrá un juicio eterno, a saber, todos comparecerán ante el tribunal de Jesucristo en el gran Día y darán cuenta de todas las cosas hechas en el cuerpo, y que habrá un estado futuro de gloria y felicidad eterna para todos los creyentes verdaderos, y de tormento y sufrimiento eterno para todos los no creyentes y pecadores, quienes viven y mueren en sus pecados. Ahora bien, en el verdadero conocimiento y creencia de estos principios (que son el fundamento de la verdadera religión o de la fe cristiana) radica la Verdadera Piedad en lo que respecta a su parte esencial.

En segundo lugar, Piedad en lo más profundo es una conformidad santa con estos principios sagrados y divinos, que el hombre natural no comprende. La Verdadera Piedad consiste de la luz de las verdades y la vida de gracia sobrenaturales, Dios manifestándose a la luz de esos gloriosos principios y obrando la vida de gracia sobrenatural en el alma por medio del Espíritu Santo. Consiste del conocimiento salvador y personal de Dios y Jesucristo y de habérsele quitado las cualidades
pecaminosas del alma y habérsele infundido hábitos celestiales en su lugar o en una conformidad e inclinación hacia el corazón de Dios, aferrándose a todas las verdades que nos han sido dadas a conocer y encontrando las poderosas influencias del evangelio y del Espíritu de Cristo sobre nosotros, de manera que nuestras almas son a imagen y
parecido de su muerte y resurrección. Esto es Verdadera Piedad. No es meramente atenerse a los principios naturales de moralidad ni a un conocimiento dogmático o teórico de los evangelios sagrados y sus preceptos; sino una conformidad fiel a los principios del evangelio, cumpliendo nuestros deberes con la mejor predisposición hacia Dios al igual que hacia los hombres, para que nuestra conciencia se mantenga libre de ofensas hacia ambos (Hech. 24:16).

Consiste en abandonar el pecado y aborrecerlo como la peor maldad y aferrarse a Dios de corazón, valorándolo a él por sobre todas las cosas, estando dispuestos a sujetarnos al principio del amor divino, a todas sus leyes y mandatos. La piedad lleva al hombre a decir con el salmista: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?” (Sal. 73:25). San Agustín dice: “Aquel que no ama a Cristo por sobre todas las cosas, no lo ama en absoluto”. El que tiene Verdadera Piedad es celoso de la obra de la religión al igual que de la paga de la religión. Hay algunos que sirven a Dios para poder servirse de Dios. En cambio, el cristiano auténtico anhela gracia, no solo que Dios lo glorifique en el cielo, sino también poder él glorificar a Dios en la tierra. Exclama: “Señor, dame un corazón bueno en lugar de muchos bienes”. Aunque ama muchas cosas además de amar a Dios, no ama esas cosas más de lo que ama a Dios. Este hombre teme al pecado más que a los sufrimientos, y por lo tanto prefiere sufrir que pecar.

En tercer lugar, para poder tener un conocimiento completo y perfecto de ella, quizá no esté de más describir su forma (2 Tim. 1:13; 3:5) junto con las vestimentas que usa continuamente. Las partes externas de la Verdadera Piedad son muy hermosas. No sorprende que lo sean, ya que fueron diseñadas por la sabiduría del único y sabio Dios, nuestro Salvador, cuyas manos son totalmente gloriosas. Pero esto, la formación de la Piedad, siendo uno de los más elevados y más admirables actos de su sabiduría eterna, por supuesto excede toda gloria y belleza. Su forma y hermosura externa son tales que no necesitan artificios humanos para adornarla o para demostrar o destacar la beldad de su semblante; porque no hay nada defectuoso en lo que respecta a su forma evangélica y apostólica, debido a que surgió de las manos de su gran Creador. Como de pies a cabeza no hay nada superfluo, igualmente sus líneas y figura, venas, nervios y tendones:
todos están en un orden tan exacto y admirable, que nada se le puede agregar a su belleza. Por lo tanto, cualquiera que agrega o altera cualquier cosa relacionada con la forma de la verdadera Piedad, la mancha y profana en lugar de embellecerla. Además, Dios ha prohibido estrictamente que se haga esto. “No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Prov. 30:6), adjudicando a Dios algo que no es suyo. ¿Acaso no llaman los papistas adoración a Dios a esas ceremonias supersticiosas y vanas usadas en su iglesia? ¿Y qué es esto más que mentirle? Además, tratar de cambiar
o alterar algo a la forma de la Piedad es cuestionar a Dios, como si Dios no supiera cuál es la mejor manera de adorarle y tuviera que recurrir al hombre para obtener su ayuda, sabiduría e ingenio, agregando muchas cosas que este considera decentes y necesarias. ¿Acaso no es cuestionar el cuidado y la fidelidad de Dios, suponer que no tendría cuidado él de incluir en su bendita Palabra las cosas que son imprescindibles para la Piedad, sin tener que depender del cuidado y sabiduría del hombre débil para que agregue lo que él omite?

Todos, entonces, pueden percibir que la Verdadera Piedad nunca cambia su semblante. Su aspecto no ha cambiado ni en lo más mínimo del que tenía en la antigüedad. No, ciertamente nada le resulta más insólito que esas vestimentas pomposas, esas vestiduras,
supersticiones, imágenes, cruces, sales, óleo, agua bendita y otras ceremonias que para muchos son necesarias para su existencia. Por lo Descripción de la verdadera piedad tanto, hay que tener cuidado de no confundir la forma falsa de la Piedad con la verdadera. Solo falta destacar una cosa más, a saber, tenemos que estar seguros de recibir el poder de la Piedad junto con su forma, pues su forma sin su vida interior y su poder de nada sirve: es como el cuerpo sin el alma, la mazorca sin el grano o el alhajero sin las joyas. Tampoco debe nadie descuidar su forma, porque recordemos lo que el Apóstol dice de “forma de doctrina” (Rom. 6:17) y de “la forma de las sanas palabras” (2 Tim. 1:13); porque así como hemos de aferrarnos a la fe auténtica, hemos también de profesarla.

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Benjamin Keach (1640-1704): Predicador y autor bautista particular inglés y defensor ardiente de los principios bautistas, aún contra Richard Baxter. A menudo en prisión y en peligro por predicar el evangelio, fue el primero en incluir el canto de himnos en el culto de las congregaciones inglesas. Nació en Stokeham, Buckinghamshire, Inglaterra.

El Príncipe de Paz

Blog77

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Una gran bendición que Cristo en su testamento ha legado a sus verdaderos seguidores es su paz.

Aquí hay dos cosas que yo observaría particularmente

Que Cristo ha legado a los creyentes verdadera paz, y que la paz que les ha dado es su paz. Nuestro Señor Jesucristo ha legado verdadera paz y consuelo a sus seguidores. Cristo es llamado Príncipe de paz (Isaías 9:6). Y cuando nació en este mundo, los ángeles en esa feliz y maravillosa ocasión cantaron, Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra. Porque de esa paz que Él procurará y legará a los hijos de los hombres es especialmente el beneficio del que habla el texto. Este Cristo ha provisto para sus seguidores, y ha puesto fundamentos para poder disfrutar de ello, en esto Él ha procurado para ellos las otras dos cosas: Paz con Dios y paz los unos con los otros. Él ha provisto para ellos paz y reconciliación con Dios y su favor y amistad, en esto se satisfizo por sus pecados y estableció fundamentos para la perfecta eliminación de la culpa del pecado, y el perdón de todas sus transgresiones, alcanzó para a ellos una perfecta y gloriosa justicia aceptable ante Dios y suficiente para recomendarles para la aceptación completa de Dios, para la adopción como hijos y para los eternos frutos de su paternal favor.


Jonathan Edwards (5 de octubre de 1703-22 de marzo de 1758) fue un teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativoamericanos durante la época colonial. Es conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos protestantes en la historia de los Estados Unidos. Su obra tiene un alcance muy amplio, pero suele ser a menudo asociada con su defensa de la teología calvinista y el patrimonio puritano.

Dios cumplirá su palabra

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“Dios no es hombre, para que mienta” (Núm. 23:19).

ASI NO hay peor cosa que manifieste con más fuerza la depravación de nuestra naturaleza que esa propensión a mentir que percibimos en los niños en cuanto empiezan a hablar. Cuando los hombres ya han desarrollado su razonamiento, con demasiada frecuencia se desvían de la verdad, a veces por olvido, a veces por un cambio de sentimiento o de manera de pensar y a veces por su incapacidad de cumplir su palabra. Por lo tanto, es característico del hombre mentir: y todos somos tan sensibles a esto, que en cuestiones muy importantes exigimos de los hombres un juramento que confirme su palabra, y hacemos con ellos acuerdos por escrito, que somos cuidadosos en que sean correctamente avalados. Ahora bien, tenemos la tendencia de “pensar que Dios es alguien como nosotros”, y que podemos convencerlo de que “cambie la palabra que ha salido de su boca”. Resulta evidente que Balac tenía este concepto de él y procuró con muchos y repetidos sacrificios desviarlo de su propósito. Pero Balaam fue inspirado a declarar la vanidad de semejante esperanza, y de confirmar por medio de una
comparación muy humillante la inmutabilidad de Jehová.

Para demostrar el significado completo de sus palabras, observamos que:

I. Algunos piensan que Dios miente. Dios nos ha dicho en fuertes y repetidas declaraciones que “tenemos que nacer de nuevo”: pero esto no lo creen para nada:

1. Los profanos
Se convencen a sí mismos que la severidad en la religión que implica el nuevo nacimiento no es necesario; y que irán al cielo a su manera.
2. Los farisaicos
Consideran la regeneración como un sueño de devotos débiles; y se quedan satisfechos con “la forma externa de piedad” sin experimentar “el poder de ella”.
3. Los eruditos hipócritas de la religión
Estos, habiendo cambiado su credo junto con su conducta exterior, se creen cristianos, a pesar de que su fe no “vence al mundo”, ni “obra por amor”, ni “purifica sus corazones”.
No cabe duda de que todas estas personas creen que Dios puede mentir: porque si realmente creyeran que “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”antes de poder entrar en el reino de Dios, se preocuparían por saber si tal cambio ha ocurrido en ellos; no estarían tranquilos hasta tener una evidencia bíblica de que realmente son “nuevas criaturas en Cristo Jesús”. Pero como esto no es de ninguna manera el caso de ellos; es evidente que “no creen el registro de Dios” y, en consecuencia, por más dura que parezca la expresión, “hacen de Dios un mentiroso”. Mientras que algunos no vacilan en tener estos deshonrosos pensamientos acerca de Dios,

II. Otros temen que pueda mentir. Esto es común entre las personas:

1. Bajo convicción de pecado
Cuando los hombres están profundamente convencidos de pecado, les resulta muy difícil descansar simplemente en las promesas del evangelio. Dios promete no echar fuera a nadie que acuda a él por medio de Cristo Jesús; de lavarles los pecados más negros y de
colmarlos de todas las bendiciones de la salvación gratuitamente “sin dinero y sin precio”. Ahora bien, esto parece demasiado bueno como para ser verdad: no pueden concebir cómo Dios pueda “justificar al impío” y, por lo tanto, se esfuerzan por llegar a ser píos primero, a fin de ser justificados: y si no pueden acercarse primero con algún pago en sus manos, se quedan atrás, y caen en temores desalentadores.
2. Bajo tentación o deserción
Dios ha declarado que “no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. Pero cuando se enfrentan con la tentación, es probable que digan, como David; “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl” (1 Sam. 27:1). No ven modo de escapar y, por lo tanto, temen que la próxima ola los vencerá totalmente.
Si Dios en estas ocasiones esconde su rostro, concluyen que “no hay esperanza”, piensan que “su misericordia ha desaparecido para siempre, su bondad ha terminado para siempre”, pero en realidad Dios con tanta frecuencia y tan expresamente ha declarado que “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5).
Ahora bien, esta personas, a diferencia de los impíos, no piensan a conciencia que Dios puede mentir; pero tienen temores nacidos de la duda de que acaso sí mienta: y que así piensan es obvio porque, de lo contrario, creerían lo que Dios dice: “confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios” (Isa. 50:10).
Así es generalmente la veracidad de Aquél que es la verdad misma, que no puede ser cuestionada ni negada:

III. Dios no miente ni puede mentir. Es inexpresablemente humillante que los pastores se vean forzados a vindicar la veracidad de Dios. Pero en vista de que él mismo ha
considerado apropiado hacerlo en los oráculos sagrados, y como la falta de fe de los hombres es tan profunda, es necesario que procedemos a demostrar que:

1. Dios no miente
Primero, escuchemos los testimonios de los que lo pusieron a prueba. ¿Ha habido alguien con más oportunidad de probar su fidelidad que Moisés, Josué y Samuel? Todos ellos dan testimonio de la manera más solemne de que nunca fueron engañados en nada, ni de que jamás lo serían (Deut. 32:4; Jos. 23:14; 1 Sam. 15:29).
Segundo, prestemos atención a las propias afirmaciones y apelaciones de Dios (Isa. 5:4; 49:19). ¿Acaso se aventuraría a hablar con tanta fuerza para defenderse a sí mismo si sus criaturas pudieran confirmar sus acusaciones en su contra? Amenazó castigar a los
ángeles si desobedecían; pronunció una maldición sobre Adán si comía del árbol prohibido; amenazó destruir todo el mundo con un diluvio; y de destruir a Sodoma y Gomorra con fuego y azufre y de dispersar sobre la faz de la tierra a los que una vez fueron su pueblo escogido. Considere ahora si no cumplió con alguna de estas
amenazas. También prometió que enviaría a su único y amado Hijo a morir por los pecados; y de hacerlo grande entre los gentiles mientras que su propia nación lo rechazaba casi universalmente. ¿Acaso ha sido olvidada cualquiera de estas promesas? O, si tales promesas y amenazas han sido cumplidas, ¿hay alguna razón para dudar de
alguna otra parte que todavía tiene que cumplirse? ¿Acaso no son sus acciones del pasado pruebas y votos de lo que realizará en el futuro? (2 Ped. 2:4-9; Judas 7).
2. No puede mentir
La verdad es tan esencial a la naturaleza divina como lo son la bondad, la sabiduría, el poder o cualquier otro atributo; así que puede tan fácilmente dejar de ser bueno, o sabio o poderoso, como puede dejar que “ni una jota ni un tilde perezca de la ley”. Si pudiera
despojarse por un momento de la verdad, dejaría de merecer toda la confianza o el afecto. Si uno dice de alguien: “Es grande, y sabio, y generoso, pero no se puede depender de su palabra”, ¿no sería considerado en general como una persona despreciable? ¿Cómo
entonces, sería degradado Jehová si se le pudiera imputar semejante debilidad?
Parece que San Pablo fue particularmente cuidadoso en prevenirnos contra tener la duda aun más pequeña acerca de la veracidad divina; porque abunda en expresiones que declaran su perfección. Dice: “Dios… no puede mentir” (Tito 1:2) y también “no
se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13) y luego en términos más contundentes: “Es imposible que Dios mienta” (He. 6:18). Ni se piense que esto le quitaría poder a Dios: porque poder mentir sería una debilidad en lugar de una perfección: y así como es una
vergüenza que el hombre esté propenso a violar su palabra, es honroso para Dios el hecho de que no mienta ni pueda mentir.

IV. Aplicación

1. ¡Cuán vanas son las expectativas de los inconversos!
Los hombres, cualquiera sea su estado, se convencen a sí mismos de que serán felices cuando mueran. ¡Pero qué ilusa es esa esperanza que se basa en la expectativa de que Dios resultará ser mentiroso! ¿Quiénes somos nosotros (por así decir) para que Dios deje de ser Dios a causa de nosotros? ¿Y qué seguridad podríamos tener si nos admitiera al cielo en oposición directa a su propia palabra? ¿Acaso no podría volver a cambiar su palabra y arrojarnos al infierno al final? Ciertamente el cielo no sería cielo si estuviéramos en una condición tan precaria. Dejemos a un lado tales esperanzas ilusas. Aprendamos a temblar ante la palabra Dios; y procuremos conseguir ese cambio
total tanto del corazón como de la vida, a los cuales están anexadas las promesas de salvación.
2. ¡Cuán infundados son los temores de los convertidos!
Existe un temor o celo santo que es de alta estima para todos, por más eminentes y maduros que sean. Pero hay un temor atormentador y servil que brota de la falta de fe, que retrasa grandemente nuestro progreso en la vida divina. Nos preguntamos: ¿Este temor surge de una aprehensión de nuestra propia falta de fe o de la de Dios? Si lo
que dudamos es la fidelidad de Dios, sepamos que son “sin arrepentimiento las mercedes y la vocación de Dios” (Rom. 11:29) y que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Pero si desconfiamos de nuestra propia
fidelidad, reflexionemos de quién depende nuestra fidelidad: si dependemos totalmente de nosotros mismos, ¿quién entre nosotros será salvo? Gracias sean dadas a Dios, pues el que ha sido el autor de nuestra fe, se ha comprometido a consumarla; (He. 12:2) y ha
prometido no sólo que no se alejará de nosotros, sino que pondrá su temor en nuestros corazones a fin de que no nos alejemos de él (Jer. 32:39, 40). Entonces afirmemos que “Dios es verdadero” (Juan 3:33).

Consagrémonos a él en quien hemos creído, y tengamos por seguro de que si permanecemos sobre el fundamento de su palabra, estamos inquebrantablemente seguros (2 Tim. 2:19).

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Charles Simeon (1759-1836): predicador y escritor evangélico anglicano que tuvo una influencia duradera sobre el pensamiento evangélico británico; la experiencia angustiosa de su conversión le impresionó para siempre con el poder de la Cruz. Predicó teniendo tres propósitos: “humillar al pecador, exaltar al Salvador, promover la santidad”. Nació en Reading, Inglaterra.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 2

 Blog75

6. Sentirse satisfechos con la verdad de la fidelidad de Dios es de gran importancia para los creyentes. En parte porque la fidelidad de nosotros a Dios recibe mucho aliento de la fidelidad de él para con nosotros. Los que no confían en Dios no pueden serle fieles por
mucho tiempo: (He. 3:12) “Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”; y (Stg. 1:8) “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”; uno que no se aferra firmemente a Dios y siempre vacila, estando dividido entre esperanzas y temores con respecto a si es aceptado por Dios. El cristiano indeciso está dividido entre Dios y algún otro camino ilícito “por si acaso”, dividido entre los caminos de Dios y los propios, y no puede depender silenciosamente de sus promesas, sino que es llevado de un lado para otro, no se pone enteramente en las manos de Dios, sino que se apoya en su propia seguridad carnal. Y en parte porque Dios es invisible, él trata con nosotros por medio de representantes, por medio de mensajeros quienes nos traen la palabra. No vemos a Dios en persona: (He. 13:7) “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta”, su manera de vivir, su perseverancia hasta la muerte en esta fe y esperanza, y en parte porque las promesas son futuras, y las principales se cumplirán en otro mundo. Ahora nada nos sostendrá sino la fidelidad de Dios: (Prov. 11:18) “El impío hace obra falsa: mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme”. Los hombres se creen felices en su pecado, pero al final son engañados; pero nadie que confía en el Dios vivo y verdadero puede ser engañado. En parte porque muchas de las promesas contradicen la lógica; como cuando el alma está llena de angustia por la culpa del pecado: (1 Juan 1:9) “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. Y el poder del pecado: (1 Tes. 5:24) “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. Sostenidos en grandes aflicciones; (1 Cor. 10:13) “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. A fin de que podamos resistir en el juicio: (1 Cor. 1:9) “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. He aquí la gran seguridad y el puntal del cristiano. La fidelidad de Dios, de la cual testifican cristianos de ahora y de todas las épocas, confesando que han descubierto por su experiencia que la palabra de Dios es cierta, nos han transmitido la religión por medio de su consentimiento constante; y nos la han dejado sellada por la fidelidad de Dios; y por lo tanto debemos perseverar en nuestro deber para con Dios.

II. Manifestado por un emblema
Hemos de considerarlo, porque es una ayuda para frecuente meditación, y porque siempre lo tenemos delante de los ojos; y no tienen excusa los que no ven a Dios en esto; cada vez que pisamos el suelo podemos recordar la estabilidad de las promesas de Dios.

 

Y es también una confirmación de fe, en esta forma:
1. La estabilidad de la tierra es el efecto de la palabra de Dios, éste es el verdadero pilar sobre el que permanece la tierra; porque sustenta “todas las cosas con la palabra de su potencia”, (He. 1:3; Sal.33:9): “Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió”. Ahora bien, su palabra poderosa nos ayuda a depender de su palabra de promesa.
Dios, quien hace lo que le place, nunca falla en lo que promete. Vemos claramente que cualquier cosa que permanece por la voluntad y palabra de Dios, no puede ser desbaratada. ¿Cómo fue? ¿Cómo fue que este mundo llegó a ser? Es la obra y el producto de ese Dios cuya palabra y promesa tenemos en las Escrituras. Ciertamente el poder de
este Dios no puede fallar, a él le es tan fácil hacer como decir.

Thomas Manton 5

2. Pareciera que el globo con su tierra y agua no tiene en qué apoyarse y descansar; (Job 26:7) “Extiende el alquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada”. Ahora bien, que este cuerpo vasto y voluminoso se esté apoyando sobre el aire inestable como si estuviera
sobre un fundamento firme es algo que maravilla. En el libro de Job, capítulo 38:6 aparece esta pregunta: “¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” Pero firme está, aunque está suspendido como una pelota en el aire. El globo de la tierra está rodeado de regiones de aire y las esferas celestiales, y no tiene ningún
soporte para sostener un cuerpo tan pesado colgando en medio de una expansión tan inmensa; no obstante, Dios la ha colocado y establecido con tanta firmeza como si descansara sobre una base y un fundamento sólido; tan extraño es el lugar en que está que, siendo un cuerpo pesado, uno pensaría que caería en cualquier momento; pero
que, cuando nos lo imaginamos, debe, contrariamente a la naturaleza de tal cuerpo, caer para arriba, y por ende, no puede caer a su ruina pues cae al cielo. Ahora bien, así como su palabra sostiene tal peso, también todo el peso de la iglesia, y nuestra propia carga se apoyan en la promesa de Dios; él puede, por el poder de su palabra, hacer las cosas más grandiosas no por medios visibles; (Luc. 7:7) “Mas di la palabra, y mi siervo será sano”. Por lo tanto, su pueblo puede confiar en su providencia; él puede sostenerlos en cualquier aflicción, cuando aparentemente no hay ninguna ayuda y ningún alivio.

3. La firmeza y estabilidad ofrecen motivos de reflexión. La tierra permanece en la misma órbita y condición en que Dios la dejó, en tanto siga el presente orden natural: (Sal. 104:5) “Él fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida”. La verdad de Dios es tan inamovible como la tierra; (Sal. 117:2) “La verdad de Jehová es para
siempre”. Ciertamente, si el fundamento de la tierra permanece seguro, el fundamento de nuestra salvación en Jesucristo es mucho más seguro: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas”. (Mat. 5:18). Si la ley dada por Moisés es tan segura, mucho más lo son las promesas de salvación en Cristo: (2 Cor. 1:20) “Porque todas las promesas de Dios son en el Sí, y en el Amén”.

Versiculo 188

4. La estabilidad en medio de cambios: (Ecl. 1:4) “Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece”. Cuando el hombre muere, la tierra queda como habitación para otros, y permanece donde está cuando los habitantes van de un lado para otro, y ya no la pueden disfrutar. Todas las cosas en el mundo están sujetas a muchas revoluciones, pero la verdad de Dios es una y siempre es la misma. Las vicisitudes en el mundo no derogan su fidelidad a las promesas; él cambia todas las cosas, y él mismo no cambia. Aunque aparezcan cosas nuevas en el mundo, contamos con una regla segura para regirnos, y promesas seguras en las cuales apoyarnos. Y, por lo tanto, en cualquier condición, debemos ser siempre fieles hacia Dios, y no hay duda de que él será siempre fiel para con nosotros.

5. En el hecho de sostener el cuerpo del planeta, se pueden ver todos esos atributos que son puntal firme para el corazón del creyente, como ser: sabiduría, poder y bondad. Sabiduría: (Prov. 3:19) “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con
inteligencia”. Contémplelo, es la obra de un ser sabio. Lo mismo sucede con el poder: Esta gran estructura es sostenida por su poder supremo. Su bondad se nota en que hizo que la tierra fuera firme y seca, a fin de ser adecuada como hábitat de los hombres; este es un milagro permanente de bondad. Lutero dice que somos mantenidos, como lo fueron los israelitas, en el medio del Mar Rojo. El salmista nos dice; (Sal. 24:2) “Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos”. Esa parte del planeta en que vivimos sería súbitamente cubierta por las aguas si no fuera por la bondad de Dios, porque éste, el orden de la naturaleza ya se vio en el principio de la creación, (Gén. 1:7), que próximas al aire estaban las aguas que cubrían toda la superficie de la tierra. Pero Dios hizo cavidades en la tierra para recibir en ellas las aguas, y orillas tales que detienen y doman el vasto océano a fin de que no avance (Gén 1:9); y ahora por su providencia el agua está debajo de la tierra, y la tierra permanece tan firme sobre ese cuerpo inestable como si estuviera sobre un fundamento sólido; lo cual, siendo una obra sabía tan bien dispuesta,
es un efecto de la bondad de Dios para la preservación de la humanidad. Y aunque, en un tiempo, por los pecados del mundo, mandó que estas aguas se salieran de sus límites e inundaran la tierra, Dios ha prometido firmemente que eso nunca volvería a suceder; por lo cual su verdad es también verificada y aplicada al pacto de la gracia; (Isa. 54:9) “Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré”. El
pacto de gracia es un pacto tan seguro como él que hizo después del diluvio; por lo cual no podemos considerar a esta tierra más que como un emblema de aquellos atributos que confirman nuestra fe en confiar en Dios hasta que sus promesas se nos cumplan.

Thomas Manton 6

III. Aplicación
Estemos, entonces más firmemente persuadidos de la fidelidad de Dios a fin de poder depender de que preservará tanto a la iglesia como a nosotros, en el camino que debemos seguir, hasta que disfrutemos de nuestra recompensa final.

1. Para preservación del reino de Cristo, la fidelidad de Dios se manifiesta principalmente en el gobierno de su iglesia o del reino espiritual, y éste es un reino que no puede ser conmovido aunque todo lo demás sea sacudido: (He. 12:28) “Así que, tomando el reino inmóvil”. Cristo no puede ser una cabeza sin miembros, ni rey sin
súbditos. Y la palabra nos dice: (Mat. 16:18) “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Suceden muchos desórdenes, pero dependamos de la fidelidad de Dios. El mundo estaba bien dirigido antes de que nosotros hiciéramos nuestra entrada, y otras
generaciones han tenido la experiencia de la fidelidad de Dios, aunque nos quejamos de que no vemos señales para nosotros ni ninguna muestra para bien.

2. Para la preservación de nuestros cuerpos en el reino celestial. Tenemos muchos desalientos adentro y afuera, pero mientras perseveremos en nuestro deber, Dios no nos fallará; su palabra es tan segura como la tierra: (2 Tes. 3:3) “Mas fiel es el Señor, que os
confirmará y guardará del mal”. Dios ha prometido no sólo darnos nuestra recompensa final, sino también asegurar y defender a su pueblo en el camino, a fin de que no sean vencidos por las maldades que encuentran en su peregrinaje.

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Thomas Manton (1620-1677): predicador puritano inconformista. Graduado de Oxford, predicó hasta que se lo prohibió el Acto de Uniformidad de1622. Desde 1662 hasta 1670 predicaba en su propia casa, pero finalmente fue arrestado y encarcelado por seis meses. Después fue el predicador de los comerciantes de Londres en Pinners’ Hall. James Ussher lo llamó “uno de los mejores predicadores en Inglaterra”. Fue nombrado como uno de los tres empleados administrativos en la Asamblea de Westminster. Nació en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 1

Blog74

Por generación y generación es tu verdad; tú afirmaste la tierra, y persevera

(Salmo 119:90).

ESTAS PALABRAS contienen una verdad que es:

(1.) Confirmada por la experiencia; (2.) Representada por un emblema apropiado y vivo “Tú afirmaste la tierra, y persevera”. Antes había dicho: “Permanece tu palabra en los cielos”. Ahora habla de ella manifestada en la tierra. Allí la constancia de las promesas de Dios es atestiguada por la duración y estabilidad de la moción de los cuerpos celestiales, ahora por la firmeza y lo inamovible de la tierra. La palabra poderosa y la providencia de Dios abarcan todo el mundo, esta parte más baja sobre la tierra al igual que la parte más alta de los cielos.

La doctrina: Que en todas las edades Dios siempre se ha manifestado como un Dios verdadero y fiel a todas sus promesas. Aquí, esto es confirmado por experiencia y manifestado por un emblema.

I. Confirmado por la experiencia
1. La fidelidad de Dios se relaciona con una promesa por la cual se ha comprometido con su pueblo: (He. 11:11) “Porque creyó ser fiel el que lo había prometido”. Es su merced hacer promesas, pero es su fidelidad y verdad las que las cumplen. Su verdad es  empeñada con cada criatura hasta su cumplimiento. “Otorgarás a Jacob la verdad, y
a Abraham la misericordia, que tú juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos” (Mic. 7:20).

2. Su verdad depende de su naturaleza inmutable, pero nos es confirmada por la experiencia. “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta” (He. 6:17, 18). Si podemos discernir que una promesa procede de Dios, no podemos tener más razón para dudarla que para dudar de la naturaleza y la persona de Dios. Sí, la experiencia lo
confirma: (Sal. 18:30) “Es acendrada la palabra de Jehová”. Somos guiados por cosas sensatas, y lo que ha sido hecho nos asegura lo que será hecho, o lo que podemos esperar de Dios.

3. Dios siempre ha sido cuidadoso de su verdad a fin de que la promesa tenga respuesta, y que podamos saber que el Dios que ha sido fiel y se ha mantenido en contacto con el mundo hasta ahora, nos asegura de que ciertamente no fallará. Los paganos atribuían una doble perfección a sus dioses. Así que el Dios verdadero es conocido por su misericordia y su fidelidad; nunca falla en cumplir su parte del pacto: (Sal. 138:2) “Alabaré tu nombre por tu misericordia y tu verdad; porque has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas”. Así como nos ha hecho promesas admirables y
grandes de dar a su Hijo, y con él todas las cosas, así también las cumplirá hasta lo sumo. El tema de su palabra es misericordia y bondad, y las pone en práctica verdadera y fielmente; así como ha hecho grandes y excelentes promesas, así también las cumple con la mayor puntualidad. Esto a fin de que al cumplir su palabra, Dios sea puesto sobre todo lo que se nombra, o cree, o comprende o habla. He aquí su gran gloria y excelencia.

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4. La experiencia de todas las generaciones confirma la fidelidad de Dios a sus promesas; porque el texto dice, “Por generación y generación es tu verdad.” En el Hebreo es, “de generación a generación”. Este punto puede ser ampliado considerando dos cosas:
Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra. Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas a los fieles de todas las épocas.

Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra, cuando la cuestión así lo requería; como, por ejemplo, la liberación de Israel de Egipto: (Gén. 15:13, 14) “Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será
peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.” Compare ahora Éxo. 12:41: “Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.” Se agregaron treinta años, debido a que sus padres moraron en Canaán; pero Dios se mantuvo en contacto hasta el último instante. Así fue también con la promesa del Mesías y el llamado a los gentiles que Dios cumplió a su tiempo enviando un Salvador al mundo; (Gál. 4:4) “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo.

Cuando el cetro le había sido quitado a Judá (Gén. 49:10), cuando la corona la tenía Herodes, un tributario y extranjero durante la monarquía romana, a su debido tiempo, Cristo lo destruyó totalmente (Dan. 2:35). Nabucodonosor tuvo una visión de una imagen hecha de cuatro metales distintos: la cabeza de oro, los brazos y pechos de plata, el vientre y sus muslos de bronce y los pies parte hierro y parte barro cocido. Mientras contemplaba la imagen y la revisaba de pies a cabeza, vio que una piedra era cortada de la montaña, sin intervención de manos, y que ésta hirió a la imagen, no en la cabeza,
el pecho o el vientre, sino en los pies de hierro y barro, lo cual desmenuzó la imagen, y la piedra se convirtió en una gran montaña que llenó toda la tierra. Daniel interpretó la visión diciendo que representaba cuatro reinos gentiles que su sucederían unos a otros
teniendo un extenso dominio. El primero de los babilonios, que era el de esa época; luego el de medos y persas; el tercero de los griegos; el cuarto de los romanos que conquistó a todos los demás apoderándose de las riquezas y la gloria de los anteriores; durante este último reinado es que la piedra fue cortada de la montaña, e hirió los pies de hierro. Esta piedra era el reino del Dios de los cielos, el cual estableció Cristo. Pero para no hacerla larga con misterios y lindos debates, el apóstol nos dice (Rom. 15:8-10): “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo.” La realidad, en todos
estos casos, habla por sí misma de manera que en todo lo que aún está por venir, debemos depender de la veracidad de Dios; como en el caso del llamado a los judíos, la destrucción del anticristo, una manifestación más amplia de los dones sobre la iglesia, junto con una ampliación de su límites; siguiendo el ejemplo de los patriarcas que
conforme a la fe murieron”: (He. 11:13) “sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas.

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Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas en los fieles de todas las épocas; existe sólo un mismo camino a la vida eterna , y las dispensaciones de Dios a cada generación siguen siendo las mismas; así que en cada generación las promesas de Dios todavía se cumplen como si hubieran sido dirigidas a esa época únicamente.
La fidelidad de Dios ha sido puesta a prueba de muchas maneras en muchas épocas, pero cada edad brinda ejemplos de la verdad de sus promesas. Desde el principio del mundo hasta el final, Dios está constantemente cumpliendo su palabra en su gobierno providencial, el cual es doble –externo o interno.

[1.] Externo, en la liberación de su pueblo, las respuestas a las oraciones y las múltiples bendiciones concedidas a los creyentes y su simiente (Sal. 22:4, 5): “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; esperaron en ti, y no se avergonzaron.” Los creyentes en épocas pasadas confiaban en Dios, y confiaban constantemente en medio de sus dificultades clamando a él, y nunca buscaron en vano a Dios lo cual debe confirmarnos que debemos esperar en Dios y depender de su misericordia y fidelidad; porque los que ponen toda su fe en Dios, y buscan su ayuda con sus oraciones constantes e inoportunas, nunca serán avergonzados.

[2.] Interno, en la conversión a Dios, el consuelo de su Espíritu, en el arraigamiento del alma en las esperanzas del evangelio, en lo que concierne al perdón de pecados y la vida eterna. Ciertamente Dios, quien ha bendecido su palabra a través de muchas generaciones, convirtiendo y reconfortando a muchas almas, nos muestra que podemos depender del pacto de perdón y vida eterna. ¡Cuántos han encontrado consuelo en la promesa! Ahora bien, así como el apóstol habla de Abraham: “y no solamente por él fue escrito… sino también por nosotros;” (Rom. 4:23, 24), así también estos consuelos no fueron dispensados para ellos únicamente, sino también para nuestro beneficio a fin de que seamos reconfortados por Dios; teniendo el mismo Dios, el mismo Redentor, el mismo pacto y las mismas promesas, y el mismo Espíritu que lo aplica todo a nosotros. Si ellos confiaban en Dios y eran confortados, ¿por qué no nosotros? Su fidelidad es para todas las generaciones; él es igual con los creyentes, como ellos son iguales con él: (Rom. 3:22) “Porque no hay diferencia”.

Versiculo 183

5. La experiencia de la fidelidad de Dios en épocas pasadas es provechosa para los que vienen después y triunfan, pues les asegura la fidelidad de Dios; porque las obras maravillosas y misericordiosas de Dios nunca fueron para beneficiar meramente a la época en que fueron hechas, sino también para beneficio de aquellos que tuvieran
noticias de ellas por cualquier medio digno de confianza. Es una burla y un desprecio vil de esas obras maravillosas que Dios ha realizado para que sean recordadas, que los que viven en épocas posteriores las olviden o no las observen o mejoren, sí, es contrario a
las Escrituras: (Sal 145:4) “Generación a generación narrará tus obras, y anunciarán tus valentías”; (Joel 1:3), “De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación”; (Jos. 4:6-8) “Para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del pacto de Jehová”. Por lo tanto (Sal. 78:3-7): “Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos; a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos”. De todo lo cual observo:

[1.] Que debemos contarles a las generaciones venideras lo que hemos descubierto acerca de Dios en nuestro tiempo, y más especialmente, los padres deben contarles a sus hijos; están obligados a transmitir este conocimiento a sus hijos, y ellos a ampliarlo, ya sea por palabra o por obra. Por palabra, recordando los pasajes que muestran sus actos providenciales, y publicando sus misericordias para la posteridad: (Sal. 89:1) “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca”. O por obras, haciendo que se apropien de una religión pura, confirmada a nosotros por tantos actos providenciales y demostraciones de la bondad y verdad de Dios.

[2.] Que esta información sobre las obras misericordiosas de Dios, y ser partícipes de su pacto, son medios especiales para edificación. ¿Por qué otra razón habría Dios de imponerlas, sino para que las generaciones siguientes se beneficiaran de ellas? Ciertamente es una ventaja para ellas oír cómo Dios se ha adueñado de nosotros por
medio de ordenanzas y actos providenciales.

[3.] Y observo más particularmente que esta tradición es una gran razón y ayuda para la fe; porque fue dicho: (Sal. 78:7) “A fin de que pongan en Dios su confianza”.

Fin de la primera parte de “La Fidelidad de Dios (de generación en generación)” un  texto de Thomas Manton (1620-1677).

 

El Verbo se hizo Carne

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“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” 1 Timoteo 3:16

El misterio es grande, no porque sea enigmático sino porque es asombroso. El misterio es la verdad extraordinaria que Dios fue manifestado en carne. Significa, por ejemplo, que el Eterno nació en un mundo donde hay tiempo, y vivió en una esfera de calendarios y relojes.

Aquel que es Omnipresente y capaz de estar en todos los lugares al mismo tiempo, se confinó a Sí mismo a un sólo lugar: Belén, Nazaret, Capernaúm o Jerusalén. Es maravilloso pensar que el Dios Grande, que llena el cielo y la tierra se comprimiera en un cuerpo humano.

Cuando los hombres lo miraban podían decir con precisión: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”. El misterio nos recuerda que el Creador visitó este insignificante planeta llamado Tierra. Siendo tan sólo una partícula de polvo cósmico, en comparación con el resto del universo, no obstante, pasó por alto el resto para llegar aquí. ¡Del palacio del cielo a un establo, a un pesebre!

El Omnipresente se convirtió en un indefenso Bebé. No es exagerado decir que Aquel a quien María sostenía en sus brazos también sostenía a María, porque Él es Sustentador así como el Hacedor.

El Omnisciente es la fuente de toda sabiduría y conocimiento y a pesar de esto, leemos acerca de Él que, siendo Niño, crecía en sabiduría y conocimiento. Es casi increible pensar que el Dueño de todo llegaba como alguien inoportuno a sus propias posesiones. No hubo lugar para Él en el mesón. El mundo no le conoció, los Suyos no le recibieron. El Amo llegó al mundo como un Siervo. El Señor de la vida vino al mundo a morir. El Santo se internó en una jungla de pecado. Aquel que es infinitamente alto llegó a ser intimamente cercano. El Objeto de la delicia del Padre y de la adoración angélica se encontró hambriento, sediento y cansado, junto al pozo de Jacob, durmió en una barca en Galilea y vagó “como un extranjero sin hogar en el mundo que Sus manos habían hecho”.

Vino del lujo a la pobreza, sin tener siquiera un lugar donde reclinar Su cabeza. Trabajó como carpintero. Jamás durmió en un colchón. Nunca tuvo agua corriente caliente y fría u otras comodidades que nosotros damos por sentado.

¡Y todo fue por ti y por mí! ¡Oh ven, adorémosle! En todo lugar y momento sin olvidar estos pensamientos en los próximos 365 días.

¡A Él, sea toda la Gloria, ahora y siempre!

Amén….

* Extraído del libro De día en día.

William MacDonald (7 de enero de 1917 – 25 de diciembre de 2007) fue presidente del Emmaus Bible College ,  profesor, teólogo de Plymouth Brethren y autor prolífico de más de 84 libros publicados.

El escondite de los santos en el día malo

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“Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Creador, haciendo bien.” (1 Pedro 4:19)

TRATARÉ AHORA ESE atributo de Dios que debe movernos a confiar en él, a saber que es un Creador fiel. Ahora bien, Dios es fiel: 1. En su naturaleza. Él es YO SOY, siempre él mismo, inmutable e invariable. 2. En su palabra. Se expresa tal como es. La palabra que procede de Dios es una expresión de la fidelidad de su naturaleza. 3. En sus obras. “Bueno eres tú, y bienhechor” como dice el salmista, (Sal. 119:68).

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Siendo Dios mismo fiel , también lo es todo lo que procede de él. Cualquier relación que asume Dios, es fiel a ella. Como es Creador, preserva y mantiene su propia obra. Como es
Padre, es fiel en cumplir plenamente ese deber para bien de sus hijos. Como es nuestro Amigo, también cumple todos los deberes de esa relación. ¿Y por qué otra razón se rebaja tan bajo para asumir estas relaciones sino para mostrar que ciertamente cumplirá con ellas totalmente? ¿Por qué es que los hombres son fieles a sus relaciones mutuas, que el padre es fiel a su hijo? ¿Acaso no viene de Dios, el Padre soberano? Que un amigo sea fiel a su amigo, ¿no es cosa de Dios, el gran Amigo?

Todos sus caminos son misericordia y verdad. No sólo son misericordiosos y buenos y generosos, sino que son misericordia y verdad mismas. Si él se muestra como un Padre, es un padre verdadero, un amigo verdadero, un creador y protector verdadero. Como ha dicho alguien: ‘¿Causaré que otros teman, y sea yo mismo un tirano?’ Toda otra fidelidad no es más que un vislumbre de lo que es Dios. ¿No ha de ser absolutamente fiel aquel que hace que otras cosas sean fieles?

Ahora bien, esta fidelidad de Dios es aquí una razón para esta obra de consagrarnos a él; y podemos confiar en él cuya palabra ha sido probada siete veces en el fuego (Sal. 12:6). No hay escoria en ella. Cada palabra de Dios es una palabra segura; su verdad es un escudo y un ceñidor; haremos bien en confiar en ella. Por lo tanto, cuando lee usted una promesa en particular en el Nuevo Testamento, dice “Palabra fiel…” (1 Tim. 1:15); es decir, ésta es una declaración en la que podemos confiar; es la declaración de un Creador fiel.  entonces, teniendo en cuenta que Dios es fiel en todo sentido a sus promesas y en sus actos, aprovechémosnos de una manera especial.

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Atesoremos todas las promesas que podemos relacionadas con el perdón de los pecados, de protección y preservación; de que nunca nos abandonará, sino que será nuestro Dios hasta la muerte, etc., y luego estemos seguros de que será fiel en cumplirlas. Cuando nos
sentimos atemorizados por su majestad y su justicia y otros atributos, pensemos en su misericordia y su verdad. Se ha vestido de fidelidad, como dice el salmista. En medio de la infidelidad de los hombres en quienes usted confía, dependa de esto: que Dios sigue siendo el mismo y nunca lo engañará.

Cuando un hombre nos da su palabra, tomamos en cuenta cómo es él, porque las palabras de los hombres son como ellos son. ¿Qué no puede hacer la palabra de un rey? Si un hombre es poderoso y grande, responde por su palabra. Ésta es la razón por la cual hemos de dar tanta importancia a la palabra de Dios, porque es la palabra de Jehová, un poderoso Creador, que da vida a todas las cosas, y no puede menos que ser Señor y Dueño de su palabra. No sabemos el significado de Dios de ninguna otra manera más que por medio de su palabra. Hasta que no lleguemos al conocimiento por vista en el cielo,
hemos de contentarnos con el conocimiento por la revelación en la palabra.

Y en cada promesa, identifique la que mejor se adapta a su condición actual. Si se encuentra en grandes dificultades, piense en el poder supremo de Dios. Señor, tú me formaste de la nada, y puedes librarme de este estado. He aquí, vuelo hacia ti para obtener sustento. Si se encuentra perplejo por falta de dirección, y no sabe qué hacer,
enfoque el atributo de la sabiduría de Dios, y anhele que le enseñe la senda que debe tomar. Si ha sufrido una injusticia, vuele a su justicia, y diga: Oh Dios, de quien es la venganza, escucha y ayuda a tu siervo. Si ha sido sorprendido por la desconfianza y vacilación, entonces acuda a su verdad y fidelidad. Siempre encontrará en Dios algo para
sostener su alma aun en la condición más extrema en que pueda caer; porque si no  hubiera en Dios una plenitud para suplir cada urgente necesidad en que nos  encontramos, no merecería ser adorado, no merecería que confiáramos en él. Puesto en balanza, el hombre es más liviano que la vanidad. Todo hombre es mentiroso, o sea que es falso. Nosotros podemos ser así, siendo humanos, pero Dios es esencialmente veraz.

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No puede engañar y a la vez ser Dios. Por lo tanto, cuando esté decepcionado de alguien, acuda a Dios y sus promesas, y edifique sobre esto: que el Señor no dejará que le falte nada que pueda hacerle a usted bien. Entre los hombres hay pactos rotos: entre nación y nación, y entre hombre y hombre. Casi no se puede confiar en nadie; pero para todas
las circunstancias confusas hay un consuelo. La persona religiosa puede echarse audázmente en los brazos del Todopoderoso, y acudir a él en cualquier dificultad, como el Creador fiel que no lo abandonará. Oh, avergoncémonos de deshonrar al que está listo para empeñar en nosotros su fidelidad y verdad. Si confesamos nuestros pecados,
Dios “es fiel… para que nos perdone” (1 Juan 1:9). No nos dejará ser tentados “más de lo que podéis llevar” (1 Cor. 10:13). Cuando nos llenamos de dudas y temores pensando si cumplirá o no sus promesas, deshonramos su Majestad. ¿Acaso no creemos que Dios
permanece verdadero y fiel? Sin lugar a dudas que así es y no podemos deshonrarlo más que si desconfiamos de él, especialmente en lo relativo a sus promesas evangélicas. Si no descansamos seguros en él, lo hacemos mentiroso, y le robamos aquello en lo cual él más se gloría, su misericordia y fidelidad.

Considere la bajeza de la naturaleza del hombre. Dios ha hecho fieles a todas las cosas que lo son, y podemos confiar en ellas; pero siempre andamos cuestionando la verdad de su promesa. Con razón podemos hacer nuestra la queja de Salvian en su época. Dijo: ‘¿Quién, sino Dios, ha hecho que pudiéramos confiar que la tierra diera su fruto? De hecho, podemos confiar en la tierra al sembrar nuestra semilla. ¿Quién, sino sólo Dios, hace fiel al hombre, que es por naturaleza la criatura más engañosa y vana? No obstante, confiamos en un hombre vano, usurero, y esperamos grandes cosas de su mano, antes que del Dios todo suficiente que no cambia. ¿Quién, sino Dios, hace que los mares y los vientos sean fieles, que no nos hagan daño? No obstante, antes confiamos en el viento y el tiempo que en Dios, al ver a muchos marineros en un barco pequeño, echar sus bienes en un océano inmenso para ser llevados de un lado a otro, en lugar de confiárselos a Dios.’

Sí, dejen a Satanás, por sus medios malévolos, llevar al hombre a los razonamientos que le convienen, porque el diablo no conversa inmediatamente con el mundo, sino con sus instrumentos, y el hombre confiará antes en él que en Dios. Nuestros corazones están
propensos a desconfiar del Todopoderoso, de poner su verdad en tela de juicio y de confiar en las mentiras de sus propios corazones y de otros hombres, antes que confiar en él. Lamentemos, pues, nuestra infidelidad, que teniendo tal Creador omnipotente y fiel en quien apoyarnos, no podemos hacer que nuestros corazones confíen en él.

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Hay dos columnas principales en la fe del cristiano: El poder de Dios y la bondad de Dios.
Estas dos, como Aarón y Hur, sostienen los brazos de nuestras oraciones. Por más desesperante que sea nuestra condición, Dios sigue siendo un Creador. Nunca son tan grandes nuestros pecados y debilidades, que no tenga él el poder para sanarlos. Oh, cómo debe esto alegrar nuestras almas, y reanimar nuestros espíritus caídos en todas nuestras luchas y conflictos con el pecado y Satanás, de tal manera que no cedamos a la más mínima tentación, teniendo un Dios todopoderoso al cual acudir para sustentarnos.

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Richard Sibbes (1577-1635): reconocido predicador de la Palabra de Dios inglés a
principios del movimiento puritano; educado en Cambridge.

 

Todas sus promesas me ayudarán a vencer las tentaciones de Satán. Puedo yo confiar en que mi Salvador con su dulce voz me guiará. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

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El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios II

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II. Seguidamente consideremos la fidelidad de Dios, tal como se relaciona con las muchas grandes y ricas promesas hechas a su pueblo para su seguridad en sus intereses temporales, y intereses espirituales.

Encontramos que la fidelidad de Dios fue prometida para la seguridad de su pueblo, en pro de sus intereses espirituales y eternos contra todos los peligros y temores que los amenazan, muy especialmente en estas tres formas.

1. Les es dada como la más grande y mejor seguridad del perdón de sus pecados (1 Juan 1:9): “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.” Nuestro peligro más grande se deriva del pecado; la culpabilidad es una fuente de lágrimas, el alma perdonada puede encarar otros problemas de frente: tal como la culpa genera temor, el perdón produce valentía, y la fidelidad de Dios en el pacto es, por decirlo así, esa oficina de perdón de donde obtenemos nuestra liquidación y absolución. (Isa. 43:25): “Yo, yo soy el que borro tus
rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.” Las promesas de remisión se hacen en nombre de Cristo, y cuando se hacen, tienen que ser cumplidas para honrar su fidelidad.

2. Es dada para la perseverancia de los santos, y su permanencia en los caminos de Dios en los tiempos más peligrosos y difíciles; éste fue el aliento que les dio. (1 Cor. 1:8, 9): “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” ¡Ah, Señor! podrían haber dicho los corintios, los poderes de este mundo están en contra de nosotros, tenemos por delante sufrimiento y muerte, y dentro nuestro un corazón traicionero y miedoso. Ah, pero aún así no teman, Cristo
confirmará a quien se oponga a ustedes; aunque el mundo y sus propios corazones sean engañosos, consuélense con esto, su Dios es fiel.

3. La fidelidad de Dios es dada como promesa para la seguridad de su pueblo y aliento contra todos los sufrimientos y aflicciones en este mundo. (2 Tes. 3:2, 3): “Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todo la fe. Mas fiel es el Señor,
que os confirmará y guardará del mal.” El ora pidiendo que sean librados de los hombres absurdos, traicioneros e impíos quienes los aplastarían y traicionarían causando su ruina; pero propone lo siguiente como su alivio: que cuando la traición de los hombres los meta en dificultades, la fidelidad de Dios los sostendrá en esas dificultades y los librará de ellas; tendrán el apoyo de Dios en medio de los sufrimientos más profundos generados por los hombres (1 Ped. 4:19).

Dios garantiza su fidelidad para la indemnización y seguridad de su pueblo, en medio de males temporales y externos a los que están sujetos en este mundo; y esto, ya sea para preservarlos de las dificultades (Sal. 91:1-4) o para abrirles una puerta oportuna para
librarlos de las dificultades (1 Cor. 10:13). En ambos casos, o en cada uno, el corazón del cristiano puede permanecer tranquilo en este mundo lleno de dificultades porque, ¿qué necesidad hay de que esas dificultades nos asusten, ya que nunca nos tocarán o, si lo hacen, nunca nos dañarán y, mucho menos, arruinarán?

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III. Habiendo considerado brevemente la fidelidad de Dios en sus promesas, será espléndido volver a considerarla tal como actúa o se manifiesta en sus providencias sobre su pueblo. Créanlo, cristianos, la fidelidad de Dios está incluida en todas sus obras providenciales, siempre que sale para obrar en el mundo, “Será… la fidelidad ceñidor de sus riñones” (Isa. 11:5). Es una alusión a los obreros quienes, saliendo a trabajar de mañana, se ciñen sus lomos o se fajan; ahora bien, no hay obra realizada en este mundo en que su fidelidad no sea como la faja que ciñe su cintura. La consideración de esto debe ocasionar que el creyente más desalentado, ciña los lomos de su mente, es decir, aliente y fortalezca su corazón caído y desanimado. Contemplar aquellas obras de Dios realizadas fielmente y con el fin de lograr sus propósitos eternos y cumplir sus promesas misericordiosas, debería alegrarnos en lugar de atemorizarnos. El que David considerara que la propia fidelidad de Dios era la que lo había afligido, le quitó el aguijón de su aflicción (Sal. 119:89, 90). Pero más particularmente, contemplemos con beneplácito la fidelidad de Dios en cumplir siete tipos de promesas a su pueblo, en los días de aflicción y sufrimiento: 1. Las promesas de preservación; 2. Las promesas de apoyo; 3. Las promesas de orientación; 4. Las promesas de providencia; 5. Las promesas de liberación; 6. Las promesas de ordenar y dirigir los acontecimientos para beneficio de ellos.

1. Hay promesas en la palabra para que sea usted preservado de la ruina, y lo que lee en estas promesas comprueba diariamente que las mismas se cumplen en sus propias experiencias. Tiene usted la promesa en el Salmo 57:3: “El enviará desde los cielos, y me salvará de la infamia del que me apura.” Piénselo, ¿no ha descubierto que es así? Cuando el infierno ha enviado sus tentaciones para deshonrarlo, el mundo sus persecuciones para destruirlo, su propio corazón sus temores incrédulos para desviarlo y hundirlo, ¿acaso no ha enviado su Dios su misericordia y su verdad para salvarle? ¿Acaso no ha sido su verdad su escudo y protector (Sal. 91:4). ¿Acaso no puede usted decir con la iglesia, que es por su misericordia que no es consumido, que sus misericordias son nuevas cada mañana y que grande es su fidelidad (Lam. 3:23)? (Nota de los editores: ¡Digo Amén! ¡Alabado sea el Señor!)

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2. Así como ha visto el cumplimiento de las promesas para su preservación, puede también verlo en cuanto a todas las promesas en su palabra acerca de sostenerlo en sus dificultades. Esta es una dulce promesa (Sal. 91:15): “Con el estaré yo en la angustia: lo libraré”.

Tiene usted también una promesa muy sustentadora en Isaías 41:10: “No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” ¡Oh! ¡con cuánta brillantez se ha manifestado la fidelidad de Dios al cumplir su palabra en este sentido! Usted es su
testigo de que se hubiera hundido en las profundas aguas de las dificultades si él no hubiera cumplido su palabra. Así lo dice David (Sal. 73:26: “Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” ¿Acaso no ha visto que es con usted como dice 2 Cor. 12:10: “Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso”? El poder de Dios se ha perfeccionado en su debilidad, por él pudo superar sus dificultades: hasta ahora él lo ha ayudado.

3. Así como ha visto el cumplimiento de las promesas para su preservación y sostenimiento, ha podido verlo en la orientación que le ha brindado en sus caminos. Así dice la promesa (Sal. 32:8): “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar. Sobre ti fijaré mis ojos.” Es cierto que “el hombre no es señor de su camino” (Jer.
10:23). ¡Oh, con cuánta fidelidad lo ha guiado su Dios, y lo ha apoyado en todas las circunstancias difíciles de su vida! ¿Acaso no se cumple fielmente hasta el más mínimo detalle aquella promesa (He. 13:5): “No te desampararé, ni te dejaré”? De seguro que puede ponerle usted su sello a lo que afirma Juan 17:17: “Tu palabra es verdad”; si hubiera sido dejado que se las arreglara solo según su propio consejo, ciertamente hubiera perecido, como dice el Salmo 81:12: “Dejélos por tanto a la dureza de su corazón: caminaron en sus consejos. ”

4. Así como hay promesas en la palabra para su preservación, sostenimiento y orientación, así también, en cuarto lugar, hay promesas acerca de su providencia, como en el Salmo 34:9: El Señor ha prometido que los que le temen no tendrán falta de nada. Cuando son llevados a los extremos, él proveerá (Isa. 41:17): “Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay; secóse de sed su lengua; yo Jehová los
oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.” ¿Acaso esto no se lleva a cabo fielmente? “Dio mantenimiento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto” (Sal. 111:5). En todas las contingencias de su vida lo ha encontrado fiel hasta este día; usted es
su testigo de que sus providencias nunca le fallaron, su cuidado se renueva para usted cada mañana; ¡cuán grande es su fidelidad!

5. También encuentra usted en la palabra algunas promesas estimulantes en cuanto a sus liberaciones. Cuenta usted con la dulce promesa en el Salmo 91:14: “Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré” y también en el Salmo 50:15: “E invócame en el día de la angustia: te libraré”. Usted lo ha hecho, y él le ha dado una salida.
Nuestras vidas son monumentos de misericordia; hemos vivido entre leones, pero hemos sido preservados (Sal. 57:4). La zarza ardiente era un emblema de la iglesia preservada milagrosamente.

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6. Hay promesas en el mundo para ordenar y dirigir los acontecimientos de la providencia para beneficiarlo grandemente a usted; tal es la promesa (Rom. 8:28): “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien”. No tema, cristiano, no importa el estado en que ahora se encuentra; mientras sea arrojado de aquí para allá en las ondas inestables de este mundo, encontrará, ciertamente, cuando
llegue al cielo, que todas las dificultades de su vida eran guiadas firmemente por esta promesa como un barco en el mar es dirigido a su puerto por el compás o la estrella polar.

IV. Aplicación
Qué queda ahora más que volver a insistirle; 1. Que entre en esta cámara de fidelidad divina; 2. Que cierre la puerta detrás suyo; 3. Y que entonces viva confortablemente allí durante los días malos.

1. Entre en esta cámara de la fidelidad de Dios por medio de la fe, y escóndase allí.
Todo hombre es una mentira, pero Dios es verdad, eterna e inmutablemente fiel. ¡Oh! deposite su fe en esto, descanse en esto.

Ahora bien, hay dos grandes argumentos de peso para instarlo a entrar en esta cámara de fidelidad divina. El primero se basa en la naturaleza de Dios, “que no puede mentir”
(Tito 1:2). “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Recuerde sobre qué base eterna y firme se basa la fidelidad de Dios. Estas son cosas inmutables (He. 6:18). Sobre esto se basó Abraham (Rom. 4:21): “Plenamente convencido de que todo lo
que había prometido, era también poderoso para hacerlo”. Tuvo por fiel al que prometió. ¿Qué esperaría o exigiría usted de la persona en que va a confiar?

Espere una promesa clara; y ¡atención! cuenta usted con mil a través de la Biblia, adecuadas para todos las circunstancias de su alma y cuerpo. Por lo tanto, puede rogarle a Dios, como lo hiciera David (Sal. 119:49): “Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”. Así también rogó Jacob (Gén. 32:12): “Y tú has dicho: Yo te haré bien”. Estos son los votos y las obligaciones de Dios.

Espere el poder suficiente como para cumplir lo que promete. En Dios, esto es un fundamento justo de fe, (Isa. 26:4): “Confiad en Jehová perpetuamente: porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos”. Por la fortaleza de él podemos esperar en él: las criaturas no pueden, pero Dios sí puede hacer lo que determina hacer. Espere una bondad y misericordia infinitas de parte del Señor que lo predisponen a ayudarle y salvarle. Así es aquí (Sal. 130:7): “Espere Israel a Jehová; porque en Jehová hay misericordia y abundante redención con él”. Y Moisés rogó (Éxo. 33:18): “Ruégote que me
muestres tu gloria”. El pedido era de poder ver la gloria de Dios: La respuesta fue: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro”, lo cual nos indica que aunque los atributos de Dios son gloriosos, aquello en lo que más se gloría es su bondad. Espere que ninguna de sus promesas serán jamás borradas o manchadas en ningún momento por su infidelidad; y así lo afirma aquí (Josué 23:14). No ha fallado una sola cosa; todo se ha cumplido, las edades han sellado esta conclusión. Tu palabra es verdad, tu palabra es verdad.

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El segundo se basa en el aliento que brindan todas las experiencias pasadas, tanto de los demás como las suyas propias, como un argumento para instarlo a entrar en esta cámara de seguridad, la fidelidad de Dios. Cuenta usted con las experiencias de los demás. Los santos han considerado las experiencias de otros que vivieron mil años antes que ellos, como argumentos excelentes para aumentar su fe. Así fue según Oseas 12:4. Tenía poder sobre el ángel, y prevaleció; lo encontró en Betel, y allí nos habló. Recuerde que había un José en la cárcel con nosotros, un Jeremías en el calabozo, un Daniel en el foso, un Pedro
en cadenas y un Ezequías al borde de la muerte; y todos ellos encontraron la ayuda de Dios que los protegió con la mayor fidelidad, salvándolos de todas sus dificultades. A esto se aplica el Salmo 22:4, 5: “En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron.”

Sus propias experiencias pueden ser de aliento para su fe: Así fue con David (1 Sam 17:37): “Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este Filisteo”. También en el caso de Pablo sus experiencias eran una aliento para su fe; dijo en 2 Cor 1:10: “El cual nos libró y libra de
tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará”. Entre en la fidelidad de Dios por fe.

2. Que cierre la puerta detrás suyo. Le ruego que cierre la puerta detrás suyo, dejando fuera todas las dudas incrédulas, los celos y las desconfianzas en la fidelidad de
Dios; el mejor de los hombres puede encontrarse con tentaciones de esta naturaleza; como el bueno de Asaph, quien aunque era un santo eminente dijo: (Sal. 77:7, 8): “¿Desechará el Señor par siempre, y no volverá más a amar? ¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿Hase acabado la palabra suya para generación y generación?” Estos celos pueden entrar solapadamente en la mente de los hombres, especialmente cuando Dios demora la respuesta a nuestra oración que esperábamos contestara inmediatamente; nos apura recibir una respuesta rápida, olvidando que nuestras épocas de oración son nuestros tiempos de siembra; y cuando hemos sembrado la preciosa
semilla, tenemos que esperar el tiempo de la cosecha, como lo hace el granjero. Aun un precioso Hemán puede tener un ataque de incredulidad y depresión cuando las respuestas de Dios están en suspenso (Sal. 88:9, 10, 11).

Será difícil cerrarle la puerta a la incredulidad cuando todos nuestros sentidos y razonamientos parecen obrar en contra de la promesa; se requerirá la fe de un Abraham en un momento así para glorificar a Dios, creyendo con esperanza a pesar de que todo indique lo contrario (Rom 4:18). Si espera usted disfrutar del dulce reposo y descanso de un cristiano en tiempos malos, tiene que resolver, sea lo que sea que sus ojos vean o sus sentidos reporten, aferrarse a esto como la conclusión más segura; Dios es fiel y su palabra es segura, y que aunque haya: “Nube y oscuridad alrededor de él: justicia y juicio
son el asiento de su trono” (Sal. 97:2).

3. Que entonces viva confortablemente allí durante los días malos. ¡Oh! ¡que de una vez aprendiera usted a depender firmemente en la fidelidad de Dios, y a obtener de ella su alivio y sostén diario, en los momentos cuando está oprimido y es atacado!

1. Por problemas espirituales. Cuando camina en la oscuridad y no tiene luz, entonces debe vivir por actos de fe y completa dependencia del más fiel (Isa. 50:10).

2. Por dificultades temporales; así lo hizo el pueblo de Dios en la antigüedad (He. 11:17, 18, 19). Vivieron por fe en este atributo, cuando faltaban todos los conforts y provisiones.
Pero especialmente, ¡quiero advertirle y prevenirle contra cinco enemigos principales de su descanso en la fidelidad de Dios!

1. Los cuidados que distraen, que dividen la mente y carcomen la paz y el confort del corazón y, peor de todo, reflejan deshonra a Dios quien ha prometido su fidelidad y verdad para nuestra seguridad; contra estos, le ruego, tranque la puerta con estos dos pasajes, (Fil. 4:6): “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias” y (1 Ped. 5:7): “Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros”.

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2. Tranque la puerta contra la depresión impía, otro enemigo del dulce descanso de su alma en esta cámara cómoda y silenciosa de fidelidad divina: descubrirá que lo ataca lentamente un estado de ánimo indebido e incómodo, a menos que crea y lo razone, como lo hizo David (Sal. 42:11): “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar”.

3. Tranque la puerta de su corazón contra las políticas carnales y los vaivenes pecaminosos, que batallan contra su propia fe en la fidelidad de Dios tanto como cualquier otro enemigo. Ésta fue la falta del buen David en el día de la dificultad (1 Sam. 27:1): “Y dijo David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: nada por tanto me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos”. ¡Ay, pobre David! ¿No tiene nada mejor que esto? Hubo un tiempo cuando podía pensar en una salida mejor, cuando podía decir que cuando tuviera temor confiaría en Dios. ¡Cómo se ha olvidado en esta situación! ¿Le fallaría ahora el antiguo refugio en Dios? ¿Pueden los
filisteos apresarlo mejor que las promesas? ¿Volará de su mejor amigo hacia sus peores enemigos? Pero no nos extrañemos de David, quien tuvo la misma reacción nuestra, casi inevitable en casos similares.

4. Cierre la puerta contra el descontento y las murmuraciones, contra las disposiciones de la providencia, sea lo que sea que siente o teme le insto a no ser un estoico apático ni insensible a los males de la época, que descarta el ejercicio de la paciencia. Si todos los mártires hubieran tenido parálisis antes de llegar a la hoguera, su fe y paciencia no hubieran triunfado tan gloriosamente como lo hicieron; cuídese de quejarse contra los caminos y la voluntad de Dios, lo cual obra como ninguna otra cosa contra su fe y la paz y quietud de su corazón.

5. Para concluir, cierre la puerta contra todas las sospechas y desconfianzas en cuanto a la firmeza y estabilidad de las promesas cuando todo su mundo se sacude y tiembla bajo sus pies; cuídese de preguntas peligrosas como ésta (Sal. 77:8): “¿Hase acabado la palabra
suya?” Estas son las cosas que socavan el fundamento de tanto su fe como de su tranquilidad.

En una palabra, poner su alma en esta cámara de descanso, y cerrar la puerta detrás suyo es todo lo que tiene que hacer para descansar en Dios y disfrutar el placer de una alma entregada en las manos de un Creador fiel, oponiéndose con la fidelidad de Dios a todo el capricho e incredulidad que encuentra diariamente en los hombres, (Mic. 7:6, 7), sí, al decaimiento y desvanecimiento de su propia fortaleza y habilidad naturales (Sal. 73:26): “Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth, Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios I

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EL GLORIOSO atributo de la fidelidad divina se abre como una tercera cámara de seguridad para el pueblo de Dios en tiempos de sufrimientos y peligros. Habiendo visto el refugio del santo en el poder y la sabiduría de  Dios, pasamos a la tercera cámara segura para refugio de los santos:

La fidelidad de Dios.
En este atributo está nuestra seguridad y nuestro descanso en medio de las confusiones del mundo y los desencantos cotidianos que nos desconciertan por doquier, en medio de la vanidad y la falsedad de la criatura. En cuanto a las criaturas, aun las mejores entre ellas no son más que vanidad, sí, vanidad de vanidades, la vanidad más vana ( Ecl. 1:2).

“Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive” (Sal. 39:5). Sí, aquellos de quienes más esperamos nos causan los mayores problemas (Mic. 7:5). Las relaciones más cercanas forman la retaguardia de los sufrimientos (Job. 6:15). “Mis hermanos han mentido cual arroyo.” Especialmente, sus engaños aparecen más cuando más necesitamos de su ayuda (Sal. 142:4). Qué misericordia  grande es, entonces, tener un refugio en la fidelidad de Dios como la  tenía David: “Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida”. Y de la misma manera la iglesia (Mic. 7:7). “Yo empero a Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: el Dios mío me oirá.”

Puede llegar el momento cuando usted no sepa en qué confiar en este mundo. Por lo tanto, permítame abrirle a usted esta cámara de descanso en la fidelidad de Dios para tal momento, y lo haré bajo dos consideraciones.

I. Es absoluta en cuanto a su propia naturaleza.

II. Es relativa en cuanto a las promesas y providencias de Dios.

I. Es absoluta, así es la fidelidad de Dios en su sinceridad, firmeza y constancia en llevar a cabo su palabra dada a su pueblo en todo  momento y en todos los casos. Así lo describe Moisés a Israel, (Deut. 7:9) “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel.” Y Josué apela a la experiencia de ellos para vindicarla, (Jos. 23:14) “Reconoced, pues, con todo vuestro  corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de
todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.” Y también se reafirma plenamente, (Jer. 31:35-37) y se admira  grandemente aun en el día más tenebroso (Lam. 3:23). Grande es tu
fidelidad. Y es bueno para nosotros que su fidelidad es grande, porque grande es el peso que se apoya en ella, aun nuestras esperanzas para ambos mundos, para este mundo y para el venidero (Tito 1:2). “Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no
puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos. ”

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A. Ahora bien, Dios es fiel y eso puede verse en las siguientes evidencias.

1. Por el cumplimiento exacto de sus promesas que datan de más tiempo. Efectivamente (Hechos 7:6), pasaron cuatrocientos treinta años antes de que la promesa de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto se cumpliera; no obstante, (Hechos 7:17) cuando
llegó el tiempo de cumplir la promesa, Dios fue absolutamente puntual. Setenta años en Babilonia, y cumplido ese lapso, regresaron (2 Crón. 36:21). Los hombres pueden olvidar, pero Dios no (Isa. 49:15, 16).

2. Abriendo el camino para sus promesas a través de las más grandes dificultades y aparentes imposibilidades. Tal fue en el caso de Abraham cuando era anciano (Gén. 18:13, 14). “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. ” Y del mismo modo en el caso de los israelitas: “¿Vivirán estos huesos?” (Eze. 37:3). Las dificultades son para los hombres, no para Dios, (Gén. 18:14). “¿Quién eres tú, oh gran monte?” (Zac. 4:7). “Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, también será dificultoso delante
de mis ojos?” (Zac. 8:6).

3. Cumpliendo las promesas a su pueblo cuando habían perdido  sus esperanzas y expectativas. Así fue, (Eze. 37:11) “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.” También (Isa. 49:14) “Más Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí ” Puede haber mucho descreimiento en los hombres buenos, su fe puede tambalear mucho, no obstante, Dios es fiel; los hombres pueden cuestionar sus promesas, no obstante, Dios no puede negarse a sí mismo (2 Tim. 2:13).

4. Apelando Dios a su pueblo, y refiriéndoles la cuestión para que ellos mismos la juzgaran (Mic. 6:3, 4, 5). “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te El refugio del hombre justo —La fidelidad de Dios 23
hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las  justicias de Jehová.” “Si he faltado en alguna forma a mi promesa,
muéstrenmelo. No me cortejaron Balac y Balaam, e intentaron de todas formas ganar mi favor presentándome multitudes de sacrificios? Aun así no los abandoné”. De la misma manera (Jer. 2:31), “¡Oh generación! Ved vosotros la palabra de Jehová: ¿He sido yo
a Israel soledad, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos a ti?” También:

Versiculo 17

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” (Sal. 146:5, 6). 

5. La fidelidad de Dios es comprobada abundantemente por los constantes testimonios presentados en todas las edades por los que la probaron, todos han testificado de Dios y confirmado su fidelidad sin mancha para bien de las generaciones venideras. Así lo hizo Josué (cap. 23:14) “todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una,” y también Daniel, (cap. 9:4) “Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman,” con los cuales coincide el testimonio de David (Sal. 146:5, 6):

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” Es así que su pueblo ha sido testigo, a lo largo de todas las generaciones, de la fidelidad de Dios a sus promesas; lo cual no deja lugar a dudas u
objeciones.

B. Y si preguntamos las razones por las que Dios es, y siempre tendrá que ser, fiel en llevar a cabo sus promesas, descubriremos que se edifican sobre pilares estables y firmes: 1. La santidad de su naturaleza; 2. La omnisuficiencia de su poder; 3. El honor de su nombre; 4. La inmutabilidad de su naturaleza.

1. La fidelidad de Dios se edifica sobre la santidad perfecta de su naturaleza en razón de que es imposible que Dios mienta, (Tito 1:2; He. 6:11). La falsedad del hombre surge de la corrupción de la naturaleza humana, pero “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no ejecutará? ” (Núm. 23:19). Si no hay defecto en su ser, no puede haberlo en sus obras; si su naturaleza es santidad pura, todos sus caminos tienen que ser perfectamente fieles.

2. Se edifica sobre la omni suficiencia de su poder; sea lo que sea que ha prometido a su
pueblo, tiene la capacidad de llevarlo a cabo; los hombres a veces falsifican sus promesas
porque no tienen la habilidad de llevarlas a cabo; pero Dios nunca promete lo que no
cumple; si determina obrar, nadie se lo puede impedir (Isa. 43:13). Puede hacer cualquier
cosa que le place hacer (Sal. 135:6). La santidad de su naturaleza lo compromete, y lo
ilimitado de su poder lo capacita para ser fiel.

3. La gloria y honra de su nombre nos da seguridad en cuanto a su fidelidad, en que cumplirá las promesas, y todo el bien que las promesas contienen, aun en el más mínimo detalle; porque dondequiera uno encuentra una promesa de Dios, también encuentra
el nombre y la honra de Dios presentados como una garantía de que será llevada a cabo; y por eso su nombre siempre ha sido presentado a él por su pueblo como un poderoso argumento para que obre a favor de ellos. (Jos. 7:9): “¿Qué harás tú a tu gran nombre?” Señor, tu honor vale mil veces más que nuestras vidas, no importa qué llegue a ser de
nosotros; pero, oh Señor, es infinitamente más importante que la gloria de tu nombre sea asegurado, y que tu fidelidad permanezca pura y sin mancha en este mundo. También (Éxo. 32:11, 12):

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“Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encuentra tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.” Sería triste que las manos de los egipcios cayeran sobre su pueblo, pero mucho peor que las lenguas de los egipcios cayeran sobre su nombre.

4. La inmutabilidad de su naturaleza nos de la más completa seguridad de su fidelidad a las promesas. (Mal. 3:6): “Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” La inmutabilidad de Dios es la indemnización de su pueblo, y la mejor seguridad en medio de los peligros; para Dios no hay ni un sí ni un no, tampoco debe haberlos con nuestra fe. Lo que da firmeza a las promesas debe dar también firmeza a nuestras expectativas de que se cumplirán. Hasta aquí, brevemente, la consideración de la fidelidad de Dios, considerada absoluta por su naturaleza y sus razones.

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth,
Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of
Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el
corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y
transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo
su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un
corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

 

 

Sesión de oración y ayuno

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Pasé el día en ayuno y oración privada, desde la mañana hasta la noche. Temprano por la mañana tuve algo de ayuda en la oración. Después leí la historia de Elías el profeta: 1 de Reyes, capítulos 17, 18 y 19, y también 2 de Reyes, capítulos 2 y 4. Mi alma entonces, exclamó con Eliseo: ¿Dónde está el Dios de Elías? ¡Oh, anhelaba tener más fe! Mi alma suspiraba por Dios, y le imploré que una porción doble des espíritu que fue dado a Elías pudiera descansar sobre mí.

Y lo que constituyó un refrigerio y corroboración divina para mi alma fue ver que Dios era el mismo de los días de Elías. Me sentí capacitado para luchar con Dios en oración en una forma sentida, ferviente, humilde, intensa e insistente, más de lo que he podido en los últimos meses. Nada me parecía demasiado difícil para que Dios no pudiera hacerlo; nada demasiado grande para mí que yo no pudiera hacerlo por Él.

Había perdido durante muchos meses toda esperanza de ser un instrumento para hacer algún servicio especial para Dios en el mundo; me parecía totalmente imposible que alguien tan vil pudiera ser empleado en esto por Dios. Pero en aquel momento Dios tuvo a bien reavivar esta esperanza. Mi alma fue ardiente en la oración fue capacitada para luchar ardientemente por mi mismo, por los amigos cristianos, por la Iglesia de Dios. Y sentí más deseos de ver el poder de Dios en la conversión de almas de lo que había sentido desde hacía ya mucho tiempo. ¡Bendito sea Dios por esta sesión de ayuno y oración! Que su bondad permanezca siempre conmigo y atraiga mi alma hacia Él!.

“Escrito el 5 de Noviembre de 1745 en el diario de David Brainerd, uno de los primeros misioneros entre los pueblos nativos de Norteamérica.”

 

La Fidelidad de Dios en afligir a su pueblo

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“Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75).

ESTE ES el reconocimiento del cristiano –completamente satisfecho con la dispensación de Dios. Esta es su confianza, tan vigorizante para su propia alma; tan alentadora para la
iglesia. Los tratos del Señor son llamados sus juicios, no en el sentido de tener maldiciones judiciales, sino como actos de su justicia al castigar el pecado. “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4:17).
Quizá también como la administración de sus sabios juicios en su medida y aplicación. “Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, porque no me aniquiles” (Jer. 10:24). Pero aquí hay no sólo la confesión del juicio general del Señor, sino de su fidelidad especial a él mismo. Y esto sabía, no por los dictados de la carne (que
hubieran dado un veredicto contrario), sino por el testimonio de la palabra, y el testimonio de su propia experiencia. “El es la roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto” (Deut. 32:4).

“Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios” (Sal. 119:137). “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Sal. 145:17). No puede ser dudado –y mucho menos negado. El cristiano vuelve a decir: ‘Yo sé, oh Señor, que tus reglas para
proceder coinciden con tu justicia y sabiduría perfectas; también me doy igualmente por satisfecho de que las aflicciones que me has enviado de cuando en cuando, son sólo para cumplir tus promesas fieles y de tu gracia para hacerme eternamente feliz en ti.’ ¡Fruto
bendito de la aflicción! cuando podemos de esta manera ver que “el fin del Señor es muy misericordioso y piadoso” y que sus “pensamientos que tiene de vosotros, son pensamientos de paz, y no de mal ” (Santiago 5:11; Jeremías 29:11). “La paciencia y la fe de los santos nos enseñan esta difícil pero muy consoladora lección para descifrar las líneas misteriosas de la providencia y fidelidad de Dios.

Versiculo 20

El hijo de Dios bajo el más severo castigo de Dios tiene que reconocer su justicia. La recompensa que tenemos por gracia es siempre mayor: Nuestro “castigo es siempre menor que lo que nuestras iniquidades merecen” (Esdras 9:13. Com. con Job 11:6).
“¿Por qué murmura el hombre viviente?” (Lamentaciones 3:39). ¡Por cierto que se encuentra en dificultades! Pero no en el infierno. Si se queja, que no sea más que de sí mismo, y sus propias decisiones desacertadas. Yo sé, Señor, que tus juicios son justos, ¿y quién puede dudar su sabiduría? ¿Quién culparía de crueldad al médico que corta
para quitar la carne orgullosa que estaba llevando al hombre a la muerte? ¿Quién no admitiría el justo juicio de su obra cortante? De la misma manera, cuando la obra dolorosa del Señor nos separa de nuestro pecado, nos aparta del mundo y nos acerca más a él, ¿qué nos queda, más que reconocer agradecidamente su justicia y verdad? La
falta de fe es reprendida; y nosotros, si hemos desconfiado “que Dios se ha olvidado de ser misericordioso”, tenemos que confesar: “Esta es nuestra enfermedad” (Salmo 77:7-10).

Esta seguridad de la perfecta justicia, de la sabiduría y del íntimo conocimiento del Señor de nuestros respectivos casos, nos lleva ceder a su voluntad en obediente silencio. Fue de esta manera como Aarón, sufriendo su calamidad doméstica más aflictiva: “calló” (Lev. 10:1-3). Job, bajo una dispensación similar pudo decir: “Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21. Com. 2:10). El lenguaje de Elí en la misma prueba fue: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (1 Sam. 3:18). David acalló su espíritu impaciente:

“Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste .” Y cuando Semei lo maldijo, dijo: “Dejadle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho” (Sal. 39:9; 2 Sam. 16:11, 12). La sunamita, en humilde resignación nacida de su fe, dijo “Paz ” (2 Reyes 4:26). Ezequías besó la vara mientras lo golpeaba en el polvo: “La palabra de Jehová que has hablado, es buena” (Isa. 39:8). Así de uniforme es el lenguaje del pueblo de Dios bajo su disciplina. Sé, oh Señor, que tus juicios son justos.

Pero la confesión de que algo es justo puede ser una mera convicción natural. “Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impío ” (Éxo. 9:27) (compare Jueces 1:7; 2 Crón. 12:6). La fe va más allá, y habla de fidelidad. David no sólo reconoce el derecho de Dios de tratarlo como creía conveniente, y aun su sabiduría en su trato con él como realmente lo había hecho, mas su fidelidad en afligirlo —no su fidelidad aunque afligido —sino en afligirlo; no como si coincidiera con su amor, sino como el fruto de su amor. No La fidelidad de Dios en afligir a su pueblo basta justificar a Dios. ¡Qué abundancia de razones hay para alabarle!
No basta con abstenerse de murmurar. ¡Qué emocionante es la exposición de la fidelidad y el amor de Dios! Sí, las pruebas que nos tocan no son más que el fiel ejercicio de sus compromisos eternos. Y a esta causa podemos siempre rastrear (y es nuestro privilegio creerlo, donde no podemos rastrearlo visiblemente) la razón de mucho de lo que es doloroso para la carne. “Que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien” (Deut. 8:16).

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Sencillamente notemos sus efectos llenos de gracia en nuestra restauración-instrucción (Sal. 119:71), sanidad de nuestros retrocesos (Os. 2:6, 7, 14) y la continua purga de los pecados (Isa. 27:9; Zac. 13:9; Juan 15:2); para luego poder decir: ‘¿No se exhibe gloriosamente la gloria de Dios?’ Los filisteos no podían comprender la adivinanza de
Sansón, cómo: “del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura” (Jue. 14:14). Así de poco puede el mundo comprender lo provechoso de las pruebas del cristiano; cómo su Señor de gracia endulza para él las aguas amargas de Mara (vea Éxo. 15:23-25), y hace de la cruz no tanto el castigo como el remedio del pecado. No tiene, entonces, ninguna inclinación, ni tiene ningún interés en que los designios del Señor cambien, por más repugnantes que fueran para la carne. Él admite sin vacilación que los designios misericordiosos del Señor no podían haberse cumplido de ninguna otra manera; porque por medio de las pruebas muchas dulces muestras de amor son concedidas, las cuales, bajo circunstancias de prosperidad externa, no hubieran sido recibidas con el mismo agradecimiento y beneplácito.

A ustedes que viven tranquilos en los lujos de lo que este pobre mundo puede ofrecer, ¡qué poco les envidia el cristiano su porción! ¡Cuán ciertamente en un día futuro ustedes serán enseñados por la experiencia a envidiar la de él! Las riquezas del mundo se van
empobreciendo diariamente, y sus placeres van perdiendo su sabor; ¡y cómo serán, y qué apariencia tendrán en el momento de pasar a la eternidad! En cambio, la aflicción es la muestra especial del amor de nuestro Padre (He. 12:6; Apoc. 3:19), la conformidad a la imagen de Jesús y la preparación para su servicio y reino. Es la única bendición que da el Señor, sin exigir que se la pidamos. La recibimos, por lo tanto, tal como prometió, no como amenazó mandarla; y cuando los “frutos apacibles de justicia”, que producen según los tiempos y los caminos de Dios, brotan en nuestros corazones, humilde y
agradecidamente reconocemos la justicia de sus juicios y la fidelidad de sus correcciones.
“Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados” (He. 12:11).
“Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque él amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado” (Rom. 5:3-5).

 

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Charles Bridges (1794-1869): uno de los líderes del Partido Evangélico de la Iglesia Anglicana a mediados del siglo XIX. Fue párroco de Old Newton, Suffolk, desde 1823 hasta 1849, y luego de Weymouth y Hinton Martell en Dorset.
Aunque The Christian Ministry (El ministerio cristiano) es su obra literaria más conocida, sus exposiciones se tienen en gran estima, las cuales incluyen Eclesiastés y el Salmo 119 al igual que Proverbios.

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Grandes, fieles, las promesas que el Señor Jesús ha dado, Grandes, fieles, en ellas para siempre confiaré. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

Dios es Fiel porque es Inmutable

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“Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Mal. 3:6)

ASÍ COMO la inmutabilidad de Dios exige muchos deberes, también brinda mucho dulce consuelo a su pobre iglesia y pueblo. A decir verdad, no hay otra fuente y tesoro de
consuelo como éste. “La inmutabilidad de Dios (dijo alguien) es la mejor bebida para refrescar el alma desfalleciente.” El gran refresco que Dios envió a Israel en su sufrimiento fue éste: “YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14), o “Soy un Dios que no cambia”; y por cierto que esto les bastó. Pero más particularmente hay varias conclusiones
reconfortantes que brotan de la inmutabilidad de Dios, conclusiones que contienen fuerte consolación:

1. Porque Dios no cambia, su gloria vivirá y a su tiempo brillará conspicuamente delante de todos. Note esto en estas palabras: “Yo Jehová, este es mi nombre” (Isaías 42:8); es decir: “Yo soy el que era, y  es y será.” Él es el Dios que no cambia, y entonces, ¿qué? Pues: “A otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” En otras palabras: “Mi gloria no morirá sino que vivirá, mi gloria no siempre estará velada y eclipsada, sino que brillará por doquier con un brillo y esplendor perfectos.” Una de las grandes cargas del pueblo de Dios es el sufrimiento de su nombre y gloria. “Los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí”, dijo David en el Salmo 69:9. La gloria de Dios está velada.

Su nombre es blasfemado. Su adoración es interrumpida. Su providencia es negada, todos sus atributos están oscurecidos y su honor, en todo sentido, ha sido arrojado en el polvo, lo cual ocasiona  que las almas santas vivan en dolor día tras día. Pero, mis amados,  esto es lo que reconforta al alma: Dios es inmutable y, por lo tanto, su gloria volverá a vivir y a brillar por doquier. El velo será quitado a su  tiempo, y aparecerá su gloria; sí, será tan eminentemente manifestado y exhibido como antes fue velado y eclipsado.

Usted sabe cómo Dios habla acerca de la gloria de su nombre en respuesta a la oración de Cristo: “Padre, glorifica tu nombre” (Juan 12:28). ¿Qué respuesta le da el Padre? “Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.” Es decir, “Hasta aquí he cuidado mi gloria, y la
seguiré cuidando.” Oh mis amados, la gloria de Dios le ha sido muy querida a él, y hasta ahora la ha mantenido en el mundo, y él es inmutable y, por lo tanto, su gloria le es tan querida como siempre lo fue. Puede vindicarla y mantenerla absolutamente como siempre lo ha hecho. Tengan por seguro que sabe cómo hacerla brillar por doquier tanto más gloriosa y conspícuamente después. No dejaría que estuviera tan velada y eclipsada siempre como a veces lo hace. Si, permítanme decir que él siempre está activo —tanto por su interés en la felicidad de su pueblo como en el cuidado de su propia gloria.

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2. Porque Dios no cambia, su iglesia será preservada y librada —preservada bajo sus sufrimientos y aflicciones y, a su tiempo, librada de todos ellos; ¡y qué dulce es eso! La pobre iglesia de Dios muchas veces cae en dificultades profundas y serias, tanto que parece que se hunde y la vencen. Muchas veces es “pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo” (Isaías 54:11). Tal es ciertamente su condición en la actualidad; y así como el buen anciano Eli “su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios” (1 Samuel
4:13), un tipo de la iglesia, es posible que ahora algunos tiemblen por  la iglesia de Dios, temiendo cómo le irá; y ciertamente no es uno de los hijos de Sión el que no se preocupa por las aflicciones de Sión.

Pero, he aquí, mis amados, que en todos estos temores y temblores del corazón, existe una fuerte consolación. Dios es inmutable y, siendo inmutable, es seguro que apoyará y librará a su iglesia, y que lo hará de la mejor manera y en el momento más apropiado.
Dios nunca le ha fallado a su iglesia en sus aflicciones. Sí, es admirable considerar como en el pasado la ha llevado adelante en medio de sus dificultades; cuán dulcemente la ha sostenido y cómo, en el tiempo propicio, la ha librado. Cuando estaban en Egipto bajo el yugo de la esclavitud; cuando estaban en el desierto; cuando estaban en el mar Rojo, cuando estaban en Babilonia, en la época de Hamán y en la de Herodes; cuando el cuello de toda la iglesia de Dios se encontraba en la guillotina, por así decir, y también a través de todas las épocas de tiranía y persecución anticristiana hasta este día, oh,  ¡cuán admirablemente ha obrado Dios a su favor sosteniéndola y liberándola! Y, ciertamente, lo que él ha hecho, él puede hacer y hará por ella nuevamente según se requiera. Dios es inmutable.

Versiculo 25

He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír” (Isaías 59:1).

Porque Dios no cambia, él es tierno y cuidadoso con su iglesia y  pueblo como siempre lo fue. Porque no cambia, es, en todo sentido, el mismo para su pueblo ahora como lo era en el pasado; el mismo en su amor por ellos, su celo por ellos, su compasión por ellos y su interés en ellos. Permanece en la misma relación de pacto con ellos como siempre. Él es su Rey, su Cabeza, su Esposo, su Amigo, su Padre, su Pastor, ahora como lo fue hasta el presente. Tiene la capacidad de ayudarles en todo sentido y, en consecuencia, los sostendrá y, a su tiempo, los librará; y la fe ve y descansa segura en esto. “Despiértate,
despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No ere tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que secó la mar, las aguas del grande abismo; el que al profundo de la mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?” (Isaías 51:9, 10). Y nuevamente: “Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos: el cual nos libró y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará” (2 Corintios 1:9, 10).

Porque la fe aboga en base a lo que Dios ha hecho pasando a lo que hará por su pobre iglesia y pueblo, y ¿qué otro motivo puede tener para hacerlo sino su inmutabilidad? Cuídese Sión, o sea la iglesia y el pueblo de Dios, de aquello que dijeron en la antigüedad: “Mas Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí” (Isaías 49:14). Pero Dios cambiaría si así fuera. Es cierto, Dios puede permitir que su iglesia sufra mucha aflicción, como sucede ahora, pero no es más que para ensalzar aún más su propia gloria al sostenerla y librarla.

3. Porque Dios no cambia, sus enemigos serán destruidos; todos morirán y perecerán. Me refiero a sus enemigos incorregibles, implacables que no se inclinan ante el cetro de su reino. Dios puede permitir que sus enemigos y los enemigos de su pueblo actúen y prosperen, y a veces lo hace, y por mucho tiempo los abandona en sus pecados y oposiciones contra él y su pueblo, sí, aun “hincha sus vientres de su tesoro” (como dice el Salmo 17:14). Los deja disfrutar en gran medida algunos de los mejores conforts y placeres externos, y luego en su plenitud, lo cual muchas veces resulta ser una carga y
tentación para el pueblo pobre, afligido, tanto que están prestos a caer en el pecado y ser vencidos por la situación en que se encuentran.

Así sucedía con el salmista en el Salmo 73, y así sucede tantas veces con nosotros; pero recuerden que Dios es inmutable y, siendo inmutable, aunque puede permitir que sus enemigos y los enemigos de su pueblo actúen y prosperen por un tiempo, no será para siempre.

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No, serán destruidos, y su destrucción será grande. Les ruego que observen en ese mismo salmo, cómo terminan las cosas: “Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados! ¡Cuán en un punto! Acabáronse, fenecieron con turbaciones” (Salmo 73:18, 19). Observen, por favor, que al igual como su prosperidad lo ofendía antes y era objeto de su envidia, ahora se admira ante su ruina y destrucción. “Vi yo al impío sumamente ensalzado, y que se extendía como un laurel verde.

Empero pasose, y he aquí no parece; y busquelo, y no fue hallado… Mas los transgresores fueron todos a una destruidos; la postrimería de los impíos fue talada” (Salmo 37:35-38) Dios dice, con respecto a sus enemigos y los enemigos de su pueblo: “Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pie vacilará; porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura. Porque Jehová juzgará a su pueblo” (Deuteronomio 32:35, 36). Como ven, aunque Dios permite que sus enemigos y los enemigos de su pueblo
prosperen por un tiempo, al final serán destruidos, y tan seguro como que Dios es inmutable, seguro es que serán destruidos.

Les ruego que comparen el texto al principio de este escrito con el versículo que lo precede: “Y llegarme he a vosotros a juicio (dice Dios), y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros; y contra los que juran mentira, y los que detienen el salario del jornalero, de la viuda, y del huérfano, y los que hacen agravio al extranjero, no
teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:5).

“Destruiré súbita y terriblemente a todos mis enemigos, a todos los que pequen contra mí.” Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que así sea? Lo dice en las próximas palabras, porque “yo Jehová, no me mudo”. Es como si hubiera dicho: “Tan seguro como que soy Dios e inmutable, seguro es que serán destruidos.”

Oh señores, aunque Dios permite que sus enemigos y los enemigos de su pueblo prosperen por un tiempo, siempre los destruye al final, y así lo sigue haciendo, porque él no cambia. Dios es el mismo ahora como lo fue siempre, el mismo en santidad, celo, justicia y poder. Es tan santo ahora como lo fue siempre, y odia el pecado tanto como lo odió siempre. Es tan justo ahora como siempre lo fue, y tan preparado y dispuesto a vengarse como siempre. Es tan celoso ahora, tan celoso en cuanto a su nombre, al culto que se le rinde, al evangelio y al pueblo, como siempre lo fue; así que poco tolerará a los que a se oponen a ellos y los maltratan. Es tan sabio y poderoso ahora como lo fue
siempre, y tiene capacidad para vencer a sus enemigos. Es un gran versículo el que dice: “El es sabio de corazón, y poderoso en fortaleza; ¿Quién se endureció contra él, y quedó en paz?” (Job 9:4). Nadie jamás lo hizo y nadie jamás lo hará. No, sino que “Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la cabelluda mollera del que camina en sus pecados” (Salmo 68:11). Oh, que todos los enemigos de Dios y de su pueblo, y todos los rebeldes e impenitentes, tomaran esto en serio.

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4. Porque Dios no cambia, los propósitos y las promesas de su gracia hacia su iglesia y su pueblo ciertamente se cumplirán. El corazón de Dios, mis amados, ha estado repleto de consejos y propósitos de amor hacia su pueblo desde la eternidad, y él también les ha hecho muchas promesas benditas, “preciosas y grandísimas promesas” (2 Pedro 1:4),
porque están llenos de cosas sumamente grandes y preciosas. La grandeza y lo precioso no siempre van juntos; muchas cosas son grandes, pero no son preciosas; y muchas cosas son preciosas, pero no son grandes. Pero en las promesas de Dios a su iglesia y su pueblo, la grandeza y lo precioso se unen.

Ahora bien, sean cuales fueren los propósitos que Dios tenía en su corazón, y sean cuales fueren las promesas que hizo en este mundo a su pueblo, todas se cumplirán porque él es un Dios inmutable. Es el mismo ahora que el que era cuando adoptó esos propósitos e hizo esas promesas, y por lo tanto indudablemente las llevará a cabo a su tiempo. Y así nos lo dice: “Porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay a mí semejante; que anuncio lo por venir desde el principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere. Yo hablé, y lo haré venir:
helo pensado, y también lo haré” (Isaías 46:9-11).

Tome nota que primero afirma su deidad y su inmutabilidad, y luego les dice que todo lo que él quiere permanecerá y se llevará a cabo. Como, ante todo, Dios es inmutable, nada puede variar o cambiar de idea. “Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo. El pues acabará lo que ha determinado para mí” (Job 23:13, 14). Aun al más sabio y más resuelto entre los hombres se le puede presionar y hacer cambiar de idea en cuanto a lo que proponía hacer; pero no así a Dios. FOTO

Segundo, nadie puede impedirle cumplir sus propósitos y promesas. “Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre: si yo hiciere, ¿quién lo estorbará?” (Isaías 43:13). Pobre alma, sea quien sea, que pertenece al pueblo del Señor, recuerde los
consejos y propósitos eternos de su amor hacia usted, y serán para usted una fuente grande y profunda de dulzura infinita. En ellos verá montones de amor y tesoros de la gracia; y luego fije su vista en las promesas de su pacto, que le serán inexpresablemente dulces y perfectamente adecuadas para su condición, para todas sus necesidades, y luego sepa con seguridad que todo, tanto de lo uno como de lo otro, se cumplirá para usted a su tiempo. Es cierto que sus consejos a veces nos parecen que han sido frustrados, y que sus
promesas han sido quizá diferidas o demoradas por un tiempo, tanto que quizá nuestros corazones apurados e incrédulos llegan a la conclusión de que nunca se cumplirán, diciendo con el salmista; “¿Hase acabado la palabra suya para generación y generación?”
(Salmo 77:8). Pero, alma, espere un poco, y todas se cumplirán hasta el último detalle.
¿Ha prometido Dios perdonarle, limpiarle, darle un corazón nuevo y un espíritu nuevo y escribir la ley de él en su corazón? ¿Ha prometido salvarle y tomarlo al final en sus propios brazos? Entonces sepa que todo se cumplirá. ¡Oh, cuán dulce es esto! Oh, aferrarse a una promesa y verla cumplirse, como bien podemos por la inmutabilidad de Dios. Allí veremos que todo es seguro, como si todo ya se hubiera cumplido. ¡Oh, qué gran consuelo brinda esto! ¡Qué dulzura inexpresable dará esto al alma!

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5. Porque Dios no cambia, los santos son inalterablemente felices, y tienen un refugio bendito al cual huir bajo todos esos cambios y emergencias que les pueden suceder en cualquier momento. Les ruego, mis amados, que noten que Dios es el Dios de los santos y su porción. Y la felicidad de ellos está en él. Porque Dios es inmutable, ellos tienen una felicidad inmutable; son un pueblo feliz y lo serán sin cambios. “El consejo de Jehová permanece para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”; y después ¿qué? “Bienaventurada la gente de que Jehová es su Dios; el pueblo a quien escogió por heredad para sí” (Salmo 33:11, 12).

Los santos (como alguien bien ha observado) son, en todo respecto, un pueblo bienaventurado. Son bienaventurados porque sus pecados son perdonados:

“Bienaventurado aquel cuya iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados” (Salmo 32:1). Son bienaventurados con respecto a la disposición de sus almas:
“Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los mansos… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mateo 5:3, 5, 6). Son bienaventurados en su obediencia y su andar con Dios: “Bienaventurados los perfectos de camino” (Salmo 119:1).

Son bienaventurados en sus esperanzas y expectativas:

“Bienaventurados todos los que le esperan [a Dios]” (Isaías 30:18). Así son en todo sentido y en todos los respectos, un pueblo bienaventurado; pero en esto radica la perfección y la gloria máxima de su bienaventuranza, lo cual incluye todo lo demás, a saber, que el
Dios inmutable es su Dios y su porción. “Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová” (Salmo 144:15). Oh, esto les insta a ser infinita e inmutablemente felices y, en consecuencia, deben vivir apoyados en él cuando sufren todos sus problemas y dificultades.

Oh lector, ¿existe algo en esto que no le sea de apoyo y consuelo? ¿Cambian sus amigos y sus conforts? Pero Dios, su mejor amigo y confort, no cambia, y eso basta. ¿Cambia el tiempo y las estaciones y para peor, del sol a las tormentas? Bueno, alma, pero su Dios no
cambia, y eso basta para endulzar todo. Usted mismo, ¿acaso no cambia? Los cambios y los conflictos lo acosan y, lo que es peor, su espíritu cambia, y no permanece con Dios ni una hora. Bueno, aún así, Dios no cambia, y eso basta. ¿Acaso no vuelven a surgir
tentaciones y viejas corrupciones? ¿Se reaviva y recurre en usted el sentido de culpa? Aunque así sea, su Dios es inmutable, y entonces puede aliviarlo y consolarlo ahora como lo hizo antes, y de hecho lo hará; y eso basta.

Sí, ¿cambian las dispensaciones de Dios para con usted? Antes sonreía, ahora frunce el ceño. Antes lo levantó, ahora lo echa abajo.

La luz de su rostro brillaba esplendorosamente sobre usted, ahora está velada y nublada. Sin embargo, Dios mismo no cambia: su corazón, su consejo, su pacto y su amor siguen siendo los mismos de antes hacia usted, aunque su dispensación haya cambiado. Oh, esta
sola frase: “Dios es mío, y es inmutable”, contiene una infinita dulzura, y me insta a ser infinita e inmutablemente feliz. Oh, usted que es parte del pueblo de Dios, procure ver y regocijarse en esta felicidad suya. A fin de que pueda hacer esto mejor, agregaré sólo dos breves palabras, y daré fin a todo el discurso.

Versiculo 24

Primero, considere que como su Dios es inmutable, usted está inmutablemente interesado en él. Este Dios inmutable es inmutablemente su Dios. No obstante, aunque Dios es inmutable, alguna pobre alma puede decir: “¿De qué me sirve? Me temo que mi interés en él cambiará y fallará; pronto acabará.”

No, alma, el Dios inmutable siendo de veras suyo, es suyo para siempre. Así dijo la iglesia: “Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre” (Salmo 48:14). Oh, alma, usted, por medio de la gracia infinita, gratuita y rica, tiene una parte y una
relación de pacto con el Dios inmutable, y esta parte y relación es firme, duradera, y una parte y relación inmutable. Nada que puedan hacer los hombres, los demonios o las lujurias puede romperlas o resquebrajarlas.

Agregaré aquí solo uno o dos dichos de Agustín. “El bien mayor, que es Dios, no es otorgado a quienes no están dispuestos a tenerlo, ni es quitado de los que no están dispuestos a separarse de él.” Y en otra parte dice: “Ningún hombre te pierde o puede perderte, oh Dios, a menos que esté dispuesto a perderte y a andar sin ti. Y el que
voluntariamente se aleja de ti, ¿a dónde va? ¿A dónde huye, sino sólo de tu sonrisa a tu ceño fruncido; de ti, un Padre reconciliado a ti, un juez airado?” Oh, alma, mientras esté usted dispuesto a tener a Dios como suyo, es suyo; sí, es más, su parte en él no depende de su disposición de tenerlo, sino en el amor y pacto inmutable de él; y tanto su amor
como su pacto tendrían que cambiar antes de que su parte en él pudiera disminuir y cambiar.

Segundo, considere, así como su Dios es inmutable, así usted después de un tiempo disfrutará de él y estará con él inmutablemente; su visión y satisfacción de él serán inmutables.

“Nuestra felicidad (dijo Agustín) empieza aquí con la elección, pero se perfecciona en el más allá con plena satisfacción.” Usted, que ha elegido al Dios inmutable, después de unos días disfrutará del Dios que eligió; su felicidad es grande por haberlo escogido, ¡pero cuánto más grande será su disfrutar de él! “Hasme guiado según to consejo, y
después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nade deseo en la tierra” (Salmo 73:24, 25). “Te he escogido, y vuelvo a escogerte como mi Dios y mi porción. Te disfruto algo ahora, y te disfrutaré más en el cielo. Antes de que pase mucho
tiempo seré llevado para disfrutar de ti en tu gloria, plena, inmediatamente y para siempre, porque tú eres mío, y te he escogido solemnemente a ti.”

¡Oh santos! El Dios inmutable es de ustedes, y algo de comunión tienen con él aquí en los caminos de su gracia, que es dulce y feliz, pero después que hayan disfrutado de los caminos de su gracia por un tiempo aquí, serán llevados a disfrutar inmutablemente de él en su gloria en los cielos, lo cual será infinitamente más dulce y feliz. El disfrutar suyo de él aquí es limitado y remoto, al igual que variable e inconstante; pero su disfrutar de él en lo Alto será pleno, estrecho y sin cambios. Aquí tienen, de cuando en cuando, una visita de gracia de parte de él. Él los visita en medio de esta obra y aquella ordenanza, en esta merced o en aquella aflicción; pero, oh, ¡qué breves son muchas veces esas visitas suyas! ¡Ay! Se va nuevamente en un momento. Pero después de un tiempo disfrutarán de él en su gloria, y no tendrán sólo una breve visita de cuando en cuando, sino su presencia constante para siempre. “Y allí estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:17).
¡Oh, almas bienaventuradas! Allí Dios les será un placer inmutable, brillará inmuta- blemente sobre ustedes, inmutablemente se comunicará con ustedes en su gracia y gloria. ¡Oh qué dulzura y qué bendición será esto!

Bueno, en conclusión. Santos, el Dios inmutable es inmutablemente de ustedes, a pesar de que sus visiones de él son aún oscuras, y su comunicación con él escasa, esperen un poco y el día llegará cuando todas sus sombras desaparecerán. Cambiarán ustedes
las aguas en reflujo por la marea alta, sus primeros rayos y amaneceres por el sol del mediodía, sus comienzos imperfectos por una consumación de la comunicación plena y perfecta con él. Aunque haya ahora un velo sobre el rostro de Dios de modo que no puedan verlo, esperen un poco y el velo será quitado, y contemplarán su rostro, su gloria para siempre; de tal modo que serán transformados plenamente en su imagen, y serán consolados y satisfechos eternamente en él, de acuerdo con su promesa.

Concluiré todo con esto: “Yo en justicia veré tu rostro: Seré saciado cuando despertare a tu semejanza” (Salmo 17:15). Amén. (Nota del editor: Yo también quiero decir amén: ¡Amén! ¡Alabanzas al Señor!)

Tomado de su libro: “A Beam of Divine Glory” 
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Edward Pearce (1633-1702): puritano, fue echado de la parroquia de St Margaret, Westminster, cuando se adoptó el Acto de Uniformidad (que forzó a muchos evangélicos a renunciar a sus pastorados más bien que adoptar las doctrinas y prácticas erróneas de la Iglesia Anglicana). Era conocido como “un predicador muy afectuoso y servicial”. Su obra más conocida, Beams of Divine Glory (Rayos de gloria divina), exalta a Cristo y brinda gran esperanza al cristiano.

Isaac Wats 1

Todas las promesas del Señor serán, gozo y fuerza en nuestra vida terrenal; Ellas en la dura lid nos sostendrán, y triunfar podremos sobre el mal. La fidelidad de Dios!   – Isaac Watts (1674–1748)

La Fidelidad de Dios

 Blog66

LA INFIDELIDAD es uno de los pecados más preponderantes en esta época impía en que vivimos. En el mundo de los negocios, dar la palabra de uno, con muy raras excepciones, ya no es algo en que se puede confiar. En el mundo social, la infidelidad matrimonial abunda por todas partes, los vínculos sagrados del matrimonio se rompen con la misma facilidad que se descarta una vieja prenda de vestir. En el terreno eclesiástico, miles que han prometido solemnemente predicar la verdad no tienen ningún escrúpulo en atacarla y negarla. Ni puede el lector o el escritor declararse completamente inmune a este terrible pecado: ¡De cuántas maneras hemos sido infieles a Cristo y a la luz y los privilegios que Dios nos confió! Qué refrescante, entonces, que bendición indescriptible es levantar nuestra vista de esta escena de ruina, y contemplar a Aquél que es fiel, fiel en todas las cosas, fiel en todas las épocas.

“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel” (Deut. 7:9). Esta cualidad es esencial a su ser, sin ella él no puede ser Dios. Que Dios fuera infiel sería un acto contrario a su naturaleza, lo cual sería imposible: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13). La fidelidad es una de las perfecciones gloriosas de su ser. Él está cubierto de ella; “Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu verdad está en torno de ti” (Sal. 89:8). De la misma manera, cuando Dios se encarnó fue dicho: “Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor
de sus riñones” (Isa. 11:5).  Qué palabra es la de Salmo 36:5: “Jehová, hasta los cielos es tu
misericordia; tu verdad hasta las nubes.” Mucho más allá de toda la comprensión finita se encuentra la fidelidad inmutable de Dios. Todo lo que se refiere a Dios es grande, vasto, incomparable. Él nunca olvida, nunca falla, nunca tambalea, nunca es infiel a su palabra. El  Señor se ha ceñido exactamente a cada declaración de promesa o profecía, cumplirá cada pacto o amenaza porque “Dios no es hombre,  para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Por lo tanto, el creyente exclama: “Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lam. 3:22, 23).

Versiculo 31

En las Escrituras abundan las ilustraciones de la fidelidad de Dios.  Hace más de cuatro mil años dijo: “Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano e invierno,  y día y noche, no cesarán” (Gén. 8:22). Cada año que llega brinda un nuevo testimonio del cumplimiento de esta promesa por parte de Dios. En Génesis 15 encontramos que Jehová le declaró a Abraham: “Tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá á los de allí,… Y en la cuarta generación volverán acá” (vv. 13-16). Los siglos pasaron sin pausa. Los descendientes de Abraham se quejaban en medio de los hornos de ladrillos de Egipto. ¿Había olvidado Dios su promesa? Por cierto que no. Lea Éxodo 12:41: “Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos  de Jehová de la tierra de Egipto.” Por medio de Isaías el Señor declaró: “He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su  nombre Emmanuel” (7:14). Nuevamente pasaron siglos, pero “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer” (Gál. 4:4).

Dios es verdad. Su Palabra de promesa es segura. Dios es fiel en todas sus relaciones con su pueblo. Se puede confiar plenamente en él. Hasta ahora, nadie ha confiado en él en vano. Encontramos esta valiosa verdad expresada casi en todas partes en las Escrituras,
porque su pueblo necesita saber que la fidelidad es una parte esencial  del carácter divino. Esta es la base de nuestra confianza en él. Pero una cosa es aceptar la fidelidad de Dios como una verdad divina, y muy otra actuar de acuerdo con ella. Dios nos ha dado muchas “preciosas y grandísimas promesas”, pero, ¿realmente esperamos que las cumpla? ¿Estamos realmente esperando que haga por nosotros todo lo que ha dicho? ¿Nos apoyamos en la seguridad implícita de estas palabras: “Fiel es el que prometió” (Heb. 10:23)?

Hay temporadas en la vida de todos cuando no es fácil, ni siquiera para los cristianos, creer que Dios es fiel. Nuestra fe es puesta muy a prueba, nuestros ojos están llenos de lágrimas, y ya no podemos distinguir la obra de su amor. Nuestros oídos están distraídos con los ruidos del mundo, acosados por los susurros ateísticos de Satanás, y ya no podemos escuchar los dulces acentos de su quieta y apacible voz. Planes anhelados se han desmoronado, amigos en quienes confiábamos nos han fallado, alguno que profesaba ser hermano o hermana en Cristo nos ha traicionado. Estamos estupefactos.
Quisimos ser fieles a Dios, y ahora una nube tenebrosa lo esconde de nuestra vista. Nos resulta difícil, sí, hasta imposible por razones La fidelidad de Dios, carnales, armonizar su providencia severa con sus promesas llenas de su gracia. Ah, alma que flaquea, compañero peregrino que ha sido probado duramente, busque la gracia para atender lo que dice Isaías 50:10: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de
su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios ” Cuando se sienta tentado a dudar de la fidelidad de Dios, clame:
“Retírate, Satanás.” Aunque no pueda armonizar los tratos misteriosos de Dios con las declaraciones de su amor, espere en él hasta recibir más luz. En el momento propicio se lo hará ver con claridad. “Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás
después” (Juan 13:7). Lo que luego vendrá demostrará que Dios no ha abandonado ni engañado a su hijo. “Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios de juicio:
bienaventurados todos los que le esperan” (Isa. 30:18). “No juzgues al Señor con la debilidad de los sentidos”.  En cambio, confía en que te hará objeto de su gracia,
Detrás de una providencia que frunce el ceño  Se esconde un rostro que sonríe.

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Santos que teméis, armaos de nueva valentía, Los nubarrones que tanto os aterrorizan,
Están repletos de misericordias, e irrumpirán Derramando bendiciones sobre vuestras cabezas.”  “Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles” (Sal. 119:138). Dios no sólo nos ha dicho lo mejor, no ha reprimido lo peor. Ha descrito fielmente la ruina que la Caída ha producido. Ha diagnosticado fielmente el terrible estado que el pecado ha  producido. Ha dado a conocer fielmente su inveterado odio por el mal, y que debe castigarlo. Nos ha advertido fielmente de que él es “fuego consumidor” (Heb. 12:29). Su Palabra no sólo abunda en ilustraciones de su fidelidad en cumplir sus promesas, sino que también registra numerosos ejemplos de su fidelidad en cumplir sus amenazas. Cada etapa de la historia de Israel es un ejemplo de esta realidad solemne. Así fue que individuos como Faraón, Korah, Achan y muchos otros son prueba de ello. Y lo mismo sucederá con usted, mi lector: a menos que haya huido o huya hacia Cristo en busca de
refugio, el Lago de Fuego que arde eternamente será su porción cierta y segura. Dios es fiel. Dios es fiel en preservar a su pueblo. “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo…” (1 Cor. 1:9). En el versículo anterior aparece la promesa de que Dios confirmará a su pueblo hasta el fin. La confianza del Apóstol en la seguridad absoluta del creyente  se basaba no en la fuerza de sus resoluciones o en su habilidad de
perseverar, sino en la veracidad de Aquél que no puede mentir. Dado que Dios ha prometido a su Hijo un pueblo determinado como su herencia, librarlos del pecado y la condenación, y hacerlos partícipes de la vida eterna en gloria, ciertamente no dejará que ninguno de ellos perezca.

Dios es fiel en disciplinar a su pueblo. Es fiel en lo que retiene, tanto como en lo que da. Es fiel en enviar dolor tanto como en dar gozo. La fidelidad de Dios es una verdad que hemos de confesar no sólo cuando vivimos tranquilos sino también cuando estamos
sufriendo bajo la más aguda reprensión. Tampoco debe ser esta confesión meramente de nuestros labios, sino también de nuestros corazones. Cuando Dios nos golpea con la vara del castigo, su fidelidad es la mano que la sostiene. Reconocer esto significa que nos
humillamos ante él, admitimos que merecemos plenamente su corrección y, en lugar de murmurar, se la agradecemos. Dios nunca aflige sin tener una razón. “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros” (1 Cor. 11:30), dice Pablo, ilustrando este
principio. Cuando su vara cae sobre nosotros, digamos con Daniel: “Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro” (9:7). “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75). El sufrimiento y la aflicción no sólo coinciden con el amor de Dios prometido en el pacto eterno, sino que son partes del mismo. Dios no sólo es fiel en impedir aflicciones, sino fiel en enviarlas. “Entonces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, y ni falsearé mi verdad” (Sal. 89:32, 33). Disciplinar no sólo va de acuerdo con el amor y bondad de Dios, sino que es su efecto y expresión. Tranquilizaría mucho la mente del pueblo de Dios si recordaran que su amor de pacto lo obliga a ejercer sobre ellos una corrección apropiada. Las aflicciones nos son necesarias: “En su angustia madrugarán a mí” (Oseas 5:15).

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Dios es fiel en glorificar a su pueblo. “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará” (1 Tes. 5:24). La referencia inmediata aquí es al hecho de que los santos serán “guardados… sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Dios no trata con nosotros en base a nuestros méritos (porque no tenemos ninguno), sino para que
su nombre sea glorificado. Dios es constante a sí mismo y a su propio La fidelidad de Dios propósito de gracia: “A los que llamó… a éstos también glorificó” (Rom. 8:30). Dios brinda una completa demostración de la constancia de su bondad eterna hacia sus elegidos llamándolos eficazmente de las tinieblas a su luz maravillosa, y esto debe darles la plena seguridad de la certidumbre de su continuidad. “El fundamento de Dios está firme” (2 Tim. 2:19). Pablo descansaba sobre la fidelidad de Dios cuando dijo: “Porque yo sé a quién he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito ara aquel día” (2 Tim. 1:12).

Apropiarnos de esta bendita verdad nos guardará de las preocupaciones. Estar llenos de cuidados, ver nuestra situación con oscura aprensión, anticipar el mañana con triste ansiedad, es una mal reflejo de la fidelidad de Dios. El que ha cuidado a su hijo a través de los años no lo abandonará en su vejez. El que ha escuchado sus oraciones en el pasado no se negará a suplir su necesidad en la emergencia del presente. Descanse en Job 5:19: “En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal”

Apropiarnos de esta bendita verdad detendrá nuestras murmuraciones. El Señor sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y uno de los efectos de descansar en esta verdad será silenciar nuestra quejas petulantes. Honramos grandemente a Dios
cuando, pasando por pruebas y disciplinas, tenemos buenos pensamientos de él, vindicamos su sabiduría y justicia, y reconocemos su amor justamente en sus reprimendas.

Apropiarnos de esta bendita verdad engendrará una confianza en Dios que va aumentando. “Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Criador, haciendo bien” (1 Ped. 4:19). Cuando confiadamente nos ponemos nosotros mismos y ponemos todos nuestros asuntos en las manos de Dios, plenamente convencidos de su amor y fidelidad, nos sentiremos satisfechos con sus providencias y comprenderemos que “Él hace bien todas las cosas.”

 

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A. W. Pink (1886-1952): pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

La confianza en Dios

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El creyente activo, mientras más es abatido por Dios, ya sea por las reprensiones de la providencia o los reproches de sus enemigos, tomará una postura más firme y se unirá más estrechamente con Él.

El hijo de Dios se sobresalta ante la sola idea de perder la esperanza de tener ayuda en Dios. Véase que es Dios para su pueblo, lo que será, lo que hallamos en Él, lo que David encontró en Él.

  1. Seguridad: un escudo para mí; lo cual denota la ventaja de esa protección.
  2. Honra: a quienes Dios reconoce como suyos, tienen verdadera honra sobre ellos.
  3. Gozo y liberación: Si el pueblo de Dios levanta su cabeza con gozo en el peor de los momentos, sabiendo que todo les ayudará a bien, reconocerán a Dios como Quien les da motivo y corazón para regocijarse.

Los cuidados y la tristeza nos hacen bien, cuando nos llevan a orar fervorosamente a Dios. David siempre halló que Dios estaba dispuesto a responder sus oraciones. Nada puede poner una separación entre las comunicaciones de la Gracia de Dios a nosotros, y la obra de su Gracia en nosotros, entre su favor y nuestra fe. Siempre había estado a salvo bajo la protección divina. Esto se aplica a las misericordias comunes de cada noche, por las cuales damos gracias. Muchos se acuestan y no pueden dormir por dolor del cuerpo, por angustia mental o por la alarma continua del terror nocturno. Pero aquí más bien parece que se refiere a la calma del espíritu de David en medio del peligro.

El Señor lo puso en paz por su Gracia y por las consolaciones de su Espíritu. Gran misericordia es que nuestra mente persevere en Dios cuando estamos con problemas. -Contemplad al Hijo de David que se calma para su reposo sobre la cruz, es el lecho de dolores, encomendando su Espíritu a las manos del Padre con plena confianza de la gozosa resurrección. Contempla esto, o Cristiano: deja que la fe te enseñe a dormir y a morir; mientras te asegura que así como dormir es una muerte corta, la muerte es sólo un dormir prolongado; el mismo Dios te cuida en tu lecho y en tu tumba. – La fe de David llegó a ser triunfante.

Él empezó el Salmo con quejas de la fuerza y malicia de sus enemigos, pero concluye regocijándose en el poder y la Gracia de su Dios y, ahora, ve más con Él que contra Él. La salvación pertenece a Jehová; Él tiene poder para salvar aunque el peligro sea inmenso. Todos los que tienen al Señor como su Dios, están seguros de la salvación; porque el que es el Dios de ellos es el Dios de la salvación.

 

Matthew Henry (18 de octubre de 1662 – 22 de junio de 1714) fue un ministro y autor inconformista, nacido en Gales pero que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 8

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14. Confianza en la Providencia

Considerando los tremendos esfuerzos de ambos hombres podríamos llegar a creer que fueron personas voluntariosas y extremadamente autosuficientes, sin embargo se nos revela un aspecto en común totalmente distinto: la confianza irrestricta que ambos pusieron en la soberanía y divina providencia.

Lutero, siguiendo su muy particular estilo lo resumió de la siguiente manera:

 “Y mientras yo dormía o bebía la cerveza de Wittenberg junto a mis amigos Philip y Amsdorf, la Palabra debilitaba al papado de forma tan grandiosa que ningún príncipe o emperador consiguió causarles tantas derrotas. Yo nada hice: la Palabra lo hizo todo

En tanto, Calvino señaló que:

Entonces debemos concluir, que mientras este turbulento estado del mundo nos depriva de juicio, Dios, por la pura luz de su propia justicia y sabiduría, regula estas conmociones en el orden exacto y las dirige hacia el fin adecuado[2]”.

15. Confianza Absoluta en las Escrituras

Lutero insistió sobre la idea de que “El Evangelio no es un libro de leyes ni de preceptos que exigen actos de nosotros. Es un libro de promesas divinas, en el que Dios nos promete, nos presenta y nos da en Jesucristo todo cuanto Él posee y todas sus bienaventuranzas”[3]. En este mismo sentido resume esto con las siguientes palabras:

Hice una alianza con Dios: que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir

Por otra parte, generalmente se ha considerado a Calvino, más como un intelectual que un maestro o predicador de la Biblia, sin embargo la Institución, en su primera edición iba destinada a los laicos. Fue escrita pensando en un medio particular. La última edición, en cambio, era más un manual de teología para pastores. Pero, igual que en la primera, la última versión pretendía transformar vidas y no tenía principalmente un propósito académico o de información intelectual[4]. Como dice Warfield acerca de la obra literaria de Calvino: “no la cabeza, sino el corazón le hizo un gran teólogo, y no a la cabeza, sino al corazón, se dirige primariamente su teología”.

Algunos acusan a Calvino de ser alguien que impone un sistema predeterminado sobre el texto bíblico que le lleva a extraer conclusiones equivocadas del texto. Alejándose de las interpretaciones alegóricas tan comunes en la Edad Media, Calvino se ciñó al sentido del autor, algunos incluso dicen que Calvino fue el creador del método exegético que hoy día se conoce como “histórico – gramatical”. También, se debe apreciar lo mucho que cita la Biblia en la Institución: 2.474 citas del Antiguo Testamento y 4.330 citas del Nuevo Testamento[5].

Luego de este largo recorrido podemos concluir que sin lugar a dudas Martín Lutero y Juan Calvino desde sus diferencias y coincidencias no fueron los únicos protagonistas del proceso de Reforma Protestante, pero sí se han destacado entre el gran número por su valentía, esfuerzos y tremendas proyecciones para este proceso tan relevante. Aprendamos de sus virtudes, evitemos sus errores y sigamos su ejemplo.

[1] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I, XVIII, 1.

[2] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I.XVII.6-11.

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 8

[4]  Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

[5] Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 7

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11. Exposición Incansable de las Escrituras

A pesar de las diversas dificultades, penurias de índole ministerial y personal ninguno de ellos dejó de desempeñar la función que consideraban como fundamental en su existencia. Entre febrero y marzo de 1522 el vendaval de anarquía religiosa, la exaltación profética y la iconoclastia sembraron de escombros y desconciertos la pequeña ciudad de Wittenberg, brindando a Lutero y a Melanchton la oportunidad de introducir sin objeciones un orden religioso enteramente nuevo.

De hecho es el momento en que tienen el coraje de declarar abolidos todos los ritos religiosos católicos. Quedaba en pie como motor de la vida comunitaria la predicación[1].  Aunque Martín Lutero se esforzó por mantener las formas litúrgicas de su época, la prédica fue adquiriendo, sin embargo, cada vez mayor

importancia hasta convertirse en el punto céntrico del servicio religioso[2]. Lutero lo resume de la siguiente manera “Por eso, he sido lanzado a la enseñanza y la predicación agarrado por los pelos. Si hubiera sabido lo que ahora sé, ni diez caballos hubieran podido arrastrarme[3].

Así también, la Escritura era central para el entendimiento de Calvino. Podríamos llegar a pensar equivocadamente en la Institución de la Religión Cristiana como un trabajo escolástico de teología sistemática, pero él dijo que tenía como propósito “Preparar e instruir candidatos en sagrada teología para la lectura de la Palabra divina, para que ellos puedan ser capaces de tener fácil acceso a ella y avanzar en ella sin tropezar[4].

 12. Producción Literaria

Este punto es bastante significativo luego de haber recorrido los aspectos públicos y privados de los dos reformadores que hemos analizado, pues si hay algo que podemos dejar claro es que ambos tuvieron vidas muy agitadas. Sin embargo, aún así Lutero escribió al menos 55 obras.

¿Y qué de Calvino? Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia. A propósito de su manera de trabajar, Teodoro Beza relata que en 1563, un año antes de su muerte:

Las enfermedades de Calvino se habían agravado mucho y eran tantas que resultaba imposible casi creer que tan fuerte y noble mente pudiese seguir cobijándose en un cuerpo tan frágil, tan agotado por el trabajo y quebrantado por los sufrimientos. Pero ni aun así pudo ser convencido de que se cuidase. Por el contrario, si en alguna ocasión se abstuvo de sus deberes públicos (y nunca lo hizo sin una gran reluctancia), permanecía en su casa respondiendo las numerosas consultas que se le hacían o fatigaba a sus secretarios de tanto dictarles, sin desmayar un momento

La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[6].  Un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[7].

13. Trabajo Constante

Enlazado con lo anteriormente expuesto queda claro que para Lutero y Calvino el trabajo siempre fue constante. ¿Lo confirman ambos reformadores o es nuestra idea?

Señala Lutero:

Soy un hombre muy ocupado; tengo que desempeñar cuatro trabajos, cada uno de los cuales necesitaría para su cumplimiento la dedicación exclusiva de una persona: tengo que predicar en público cuatro veces por semana, dictar dos veces lecciones, oír las causas, escribir cartas y, además, escribir libros para el pú­blico. No obstante, Dios me ha provisto bien al darme una mujer excelente que cuida de todos los asuntos familiares, para que yo no me tenga que ocupar además de este menester[8]

Calvino no fue un autor cuyas actividades literarias tuvieran lugar en la sosegada soledad de un claustro o academia, con su diario descanso para una meditación ininterrumpida. Por el contrario, su voluminosa producción escrita fluyó de su pluma, o fue dictada, en medio de (casi valdría la pena decir a despecho de) una casi aplastante presión de multitud de otras exigencias sobre su tiempo y su energía; para no mencionar la serie de enfermedades que tan frecuentemente asaltaron su frágil estructura física.

Para concluir este punto recogemos la respuesta de un experto ante la interrogante: “¿Era Calvino trabajólico?”

No cabe duda alguna que sí lo era, Calvino no sólo publicó numerosos escritos y mantuvo una amplia correspondencia, en sus últimos 15 años de vida predicó 2300 sermones, lo que da como resultado aproximadamente tres sermones por semana. Con regularidad también se quedaba trabajando en las noches y a veces sólo dormía cuatro horas. En 1553 Calvino se quejó en una oportunidad que hacía un mes que no salía de las puertas de la ciudad, ni siquiera para recuperar fuerzas. Sus numerosas enfermedades también debieron atribuirse a la sobrecarga de trabajo[9]

[1] José García Oro “Historia de la Iglesia. Tomo III: Edad Moderna” Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2005, Pág. 71

[2] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 45 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[3] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 5

[4] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”: “Juan Calvino al Lector” 1559. Filadelfia,: The Westminster Press, 1960, Pág. 4.

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[8] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 8

[9] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 6

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9. Enfermedades

Sin embargo, los quebrantos a causa de enfermedades no les fueron ajenas a los mismos padres de familia, pues ellos mismos fueron afectados intensamente por ellas. En la correspondencia de Lutero, podemos encontrar diversas  ocasiones en las cuales registra los quebrantos de su salud:

En 1521, una grave crisis de salud:

En 1527 escribe muy preocupado por la peste: “De manera que si atiendes a las sospechas, ando por aquí en mi casa rodeado de peste; pero si atiendes a la realidad, estamos fuertes y con buena salud, aunque en peligro. Deseo que nos encomiendes a tus oraciones[2]

Reitera su descripción de episodios de enfermedad ahora en 1530:

Pero el «hombre viejo» exterior se iba corrompiendo y se hacía incapaz de seguir y secundar el ímpetu del «hombre nuevo» interior. La cabeza comenzó a llenarse de zumbidos o, mejor, de truenos, y de no haber abandonado todo al instante, hubiera caído en un síncope del que a duras penas he logrado escapar estos dos días últimos[3].

Y dieciséis años después, es decir en 1546, , vuelve a describir los quebrantos de su salud:

En lo personal, esto fue una novedad para mí, pues siempre imaginé a un Lutero vigoroso y pleno de salud y energía. Quizás a los retratos vivaces y su tremendo trabajo además de la comparación con Calvino de quien bien sabidas son sus múltiples enfermedades. De hecho, escribiendo a Farel en febrero de 1550, Calvino se queja de la pérdida de una gran cantidad de tiempo que habría podido emplear en diversos trabajos y que ha perdido en sus enfermedades, una tos fatigante y asmática, catarro crónico, la tortura de la jaqueca y la gastritis[5].

Se presume que Calvino ya desatendía su salud en la juventud a causa del excesivo estudio, lo que posteriormente tampoco cambió.
El inmenso esfuerzo de Calvino por la Reforma tuvo sus consecuencias: padecía de migrañas, cólicos renales y de gota en sus últimos años de vida, además tenía trastornos digestivos y las hemorroides le causaban grandes molestias. Por recomendaciones médicas, Calvino trató de mantener a raya sus enfermedades mediante el reposo en cama, el ayuno y caminatas. Con ayuda de la equitación también logró expulsar en varias oportunidades los atormentadores cálculos renales[6].

Es por ello que describiéndose a sí mismo lo hace de la siguiente manera:

Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la iglesia de Ginebra, debilitado por las enfermedades … muchas gracias a Dios que no sólo ha mostrado misericordia para mí, su pobre criatura … y sufrió conmigo en todos los pecados y debilidades, pero lo que es más que eso, me ha hecho partícipe de su gracia para servirle a través de mi trabajo…

A pesar de sus múltiples enfermedades no podríamos decir que era un hipocondríaco. Nunca se condujo como un inválido, sino que constantemente trabajó sin descanso; sin regatear esfuerzo y sin cuidarse en absoluto de su delicada salud. Su íntimo amigo Theodoro Beza nos dice cómo, incluso cuando en 1558 una grave enfermedad le impidió predicar y dar conferencias, privándole además de otros deberes cívicos y pastorales, empleó días enteros y noches dictando o escribiendo cartas:

No tenía otra expresión más frecuentemente en sus labios —dice Beza—que “La vida se haría imposible si tuviese que pasarla en la indolencia”. Cuando sus amigos le rogaron que se ahorrase, mientras estaba enfermo, la fatiga de dictar o escribir, Calvino respondía: “¿Es que queréis que el Señor me encuentre perezoso?

Sin embargo, las enfermedades no fueron exclusivas de ambos reformadores, escribiendo a Felipe Melanchton, Lutero le consuela con las siguientes palabras:

Gracia y paz en el Señor. Aquí se quedaron esas cartas, Felipe mío, por falta de con quién enviártelas, hasta que te las lleve este señor Jorge. Siento lo del cólico que te está consumiendo, y ruego a Cristo cuanto me es posible para que te cure y te conserve[8]

10. Tendencia al Desánimo / Preocupación

Hasta aquí el panorama en la vida familiar y personal resulta bastante desolador, a lo cual no podemos dejar de sumar la férrea oposición a sus respectivos ministerios de allí que no nos sorprenda el hecho de para ambos el desánimo y la preocupación fuese una tendencia que afectara sus vidas con relativa frecuencia. En relación a esto, el caso de Lutero es más evidente a través debido a que sus registros más personales como las Cartas y Charlas de Sobremesa son explícitas al respecto:

Ruega por mí, que soy un miserable y abyecto gusano, al que el espíritu de la tristeza está vejando a su gusto según la buena voluntad del padre de la misericordia, en cuya gloria redunde hasta mi miseria. Mi única gloria consiste en haber transmitido sólo la palabra de Dios, sin haberla adulterado con anhelo alguno de gloria u opulencia. Espero que quien comenzó la obra la perfeccione, ya que ni busco ni anhelo más que al Dios propicio, tal como él mismo exige que se le acepte aún por sus enemigos y por quienes le desprecian

“Gracia y paz en Cristo. No dejes de orar por mí ni de agonizar conmigo, mi Jonas, para que Cristo no me abandone ni permita que sea el tormento de los impíos, sino de los hijos; para que no desfallezca del todo mi fe, porque mi tentación a veces se mitiga, pero otras retorna con más fuerza”

Por eso, quien se viere aquejado por el espíritu de tristeza, que se defienda contra él pensando que no está solo. Porque Dios ha creado la comunidad de la iglesia, y esta hermandad ruega para que sus miembros se sostengan unos a otros, como dice la Escritura: «¡Ay de aquel que está solo, porque si llegare a caer, no habrá quien le ayude» [Ecl 4, 10]. Tampoco le resulta grata a Dios la tristeza del corazón, aunque la permita en el mundo; ni desea que me atormente por su causa, puesto que dice: «No quiero la muerte del pecador, etc.», «alégrense vuestros corazones». No quiere servidores que no confíen en é] de buena gana. Pues bien, a pesar de que soy consciente de esto, cien veces al día me veo sacudido por pensamientos contrarios. No obstante, resisto al diablo […] (WA 122)”[12].

Dada su naturaleza introvertida los vaivenes del ánimo no son tan fácilmente ubicables, sin embargo de acuerdo a los estudiosos de él, se conoce que a Calvino a menudo se le asomaban las lágrimas, existen varias ocasiones: una de ellas cuando se enteró de las graves persecuciones a los Valdenses o cuando debió decidirse si permanecía en Estrasburgo o retornaba a Ginebra. También, las preocupaciones por su esposa Idelette y sus amigos lo inquietaban, por ejemplo cuando durante una estadía en Ratisbona se enteró de la aparición de la peste en Estrasburgo, ciudad en que vivía su mujer, y cuando supo que algunos conocidos ya habían muerto a causa de esta epidemia[13].

[1] Cartas de Lutero, día siguiente a la natividad de María, 1521, Pág. 23

[2] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[3] Cartas de Lutero, Carta a Felipe Melanchton, 12 mayo, 1530. Pág. 56

[4] Cartas de Lutero, Carta a Catalina Lutherina, Vigilia de la Purificación, 1546. Pág. 71

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”; Pág. 7-8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Última voluntad de Calvino (25 de abril 1564), Cartas de Juan Calvino, Pág. 29

[8] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 43

[9] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 44

[10] Cartas de Lutero, después de la navidad de Cristo, 1527.Pág. 47

[11] Martín Lutero, “Charlas de Sobremesa”, Pág. 3

[12] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 3

[13] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

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7. Relaciones Matrimoniales

Es bien conocido el hecho de que ambos contrajeron nupcias, a esto debemos agregar que se casaron a edades más o menos avanzadas para los estándares de su época, en pleno desarrollo de su ministerios y que para ambos fue un motivo de gratitud a Dios por la gran ayuda y apoyo que encontraron en sus esposas.

Se cuenta que Lutero tardó muchos años en decidirse a contraer matrimonio, y no porque le fuese difícil encontrar una mujer a su gusto, sino quizás porque el fraile o el espíritu monacal seguía viviendo dentro de él aun después de haber abandonado la Iglesia y quemado públicamente todas las leyes canónicas. En mayo o a principios de junio de 1525 se conoció en el círculo íntimo de Lutero su intención de casarse con Catalina. Cuando le faltaban cinco meses para cumplir los cuarenta y dos años, optó por el casamiento. Para evitar cualquier objeción por parte de sus amigos, actuó rápidamente: en la mañana del martes 13 de junio de 1525 se casó legalmente con Catalina, a quien afectuosamente llamaba “Katy”. En las “Charlas de Sobremesa” comenta el mismo Lutero sobre el proceso:

Hablaba el doctor Martín de su compromiso matrimonial y decía: Si hace trece años me hubiera decidido a casarme, habría tomado por esposa a Ave Schónfeldin, que ahora lo es del doctor Basilio, médico en Prusia. No estaba en aquel entonces enamorado de mi Kethe, porque me daba la sensación de ser orgullosa y engreída. Plugo a Dios que me apiadase de ella, y gracias a él, la cosa ha salido bien, porque tengo una mujer piadosa y fiel, en la que puede descansar el corazón del marido, como dice Salomón[1]

Una señal de la alegría que su matrimonio le brindaba se dió cuando en 1526 Lucas Cranach hizo el retrato de Catalina de Bora, su marido Martín lo colgó en la pared del comedor, donde continuamente lo contemplaba lo cual confirmó con las siguientes declaraciones:

Me ha tocado un felicísimo matrimonio por la gracia de Dios. Tengo una mujer fiel, según las palabras de Salomón: Confidit in eam cor viri sui. Ella no me traiciona. ¡Ah, Señor Dios mío! El matrimonio no es una cosa puramente material y física, sino que es un don de Dios, una vida dulcísima; más aún, castísima por encima de todo celibato. Pero, cuando cae mal, es un infierno”

En el caso de Calvino podemos notar varias coincidencias. El 19 de mayo de 1539, Calvino escribiendo a Farel comenta lo siguiente sobre su visión respecto a las relaciones amorosas:

No me considero uno de esos locos enamoradizos que lo olvidan todo cuando ven una cara bonita… la única hermosura que me llama la atención es una mujer que sea amable, casta, sencilla, buena ama de casa, paciente y que se ocupe exclusivamente a atender a su marido[3]

En 1539, a sus 30 años, y luego de rechazar a varias candidatas Juan Calvino contrajo matrimonio con Idelette de Bure, una viuda que tenía un hijo y una hija de su matrimonio anterior con un anabaptista en Estrasburgo. Sobre su matrimonio uno de sus discípulos,  Teodoro Beza nos cuenta lo siguiente:

Todavía no ha nacido el hombre que pudiera atreverse a inculparlo de aquello que se habló [acusaciones de inmoralidad]… Él vivió nueve años en intachable matrimonio. Luego del fallecimiento de su esposa vivió 16 años en viudez hasta su muerte… ¿Quién podría ser un enemigo más firme de toda forma de adulterio que él? Es cierto que en este respecto el Señor lo puso a prueba duramente, a saber, en las personas que estuvieron cerca suyo[4]

 8. Tragedias Familiares

Así como la alegría de la amistad y la calidez de la vida familiar visitó a los reformadores también lo hicieron las tragedias en sus núcleos familiares, como lo pudimos adelantar a partir de la cita anterior. Estas tragedias tuvieron un profundo impacto en las vidas de ambos.

 Los Lutero tuvieron tres hijos y tres hijas, su crianza no estuvo exenta de preocupaciones debido a las varias plagas que amenazaron su salud y lamentablemente dos de sus hijas fallecieron a temprana edad:

  • Johannes[5] Vivió 49 años y durante su infancia sufrió los efectos de la peste según lo que su mismo padre relata: “Mi Hánschen[6] hace ya ocho días que está enfermo con un mal incierto, que yo sospecho que es el que nos azota, aunque crean y digan que es debido a la dentición. No ha fallecido nadie en los dos últimos días después que murió la mujer del capellán. Quiera Cristo que la peste esté ya acabándose[7]
  • Elizabeth[8]. Su temprana muerte a los ocho meses de edad afectó mucho a su padre: “Ha fallecido mi hija Isabelita. Ha dejado mi corazón enfermo, como el de una mujer, que hasta tal punto me ha herido el dolor. Nunca hubiera sospechado antes cómo ablandan los hijos el corazón de los padres. Ruega a Dios por mí y quédate con él[9].
  • Magdalena[10]: La tragedia vuelve a la casa de los Lutero pues a los 13 años la segunda hija muerte en los brazos de su padre, este episodio fue muy duro para sus padres. Escribe Lutero:

Me imagino que habrá llegado a tus oídos la noticia de que mi queridísima Magdalena ha renacido para el reino eterno de Cristo. Es cierto que tanto yo como mi mujer deberíamos estar agradecidos y contentos por este feliz tránsito y por el fin bienaventurado que la ha puesto a salvo del poder de la carne, del mundo, del turco y del diablo; pero es tan grande la fuerza de la ternura, que no podemos librarnos de los sollozos, de los gemidos y de una sensación como de muerte. Están tan fijos aún en lo hondo del corazón el semblante, las palabras, los gestos de esta hija tan respetuosa y obediente, mientras vivía y agonizaba, que ni siquiera el pensar en la muerte de Cristo (en cuya comparación nada significan las demás) puede borrar esta impresión[11].

  • Luego nacieron: Martín[12]; Paul[13] y Margaretha[14], de los cuales sólo Paul vivió una vida más longeva de 60 años, sus hermanos fallecieron relativamente jóvenes.

En la casa de los Calvino, la conformación familiar desde un inicio fue diferente pues Idelette de Bure, la esposa de Calvino, tenía un hijo de su primer matrimonio (cuyo nombre se desconoce) y una hija llamada Judith. Calvino se preocupó de la hija como su verdadero padre, el hijo mayor de Idelette se había quedado en Alemania, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Calvino logró llevarlo a Ginebra.

El único hijo en común de la pareja, Jacques, sólo vivió unos pocos días. Desde su nacimiento y muerte en agosto en 1542, la salud de Idelette se vio afectada y no pudo volver a recuperarse por completo de los problemas de salud que le acarreó el alumbramiento. Calvino aceptó la muerte de su hijo como expresión de la voluntad de Dios: “El Señor me dio un hijo, pero pronto se lo llevó. Se reconoce esto entre mis desgracias, que no tenga hijos. Tengo miríadas de hijos a lo largo del mundo cristiano[15]”.

Pero Idelette sufrió una serie de enfermedades y murió siete en el año 1549 de una “enfermedad del sueño”[16]. Este hecho está documentado brevemente en correspondencia que Calvino mantuvo con Pierre Viret y Jean Sturm en aquel año[17]. Luego del fallecimiento de su querida esposa, Calvino se volcó de lleno en el trabajo para olvidar el dolor de esta pérdida. Él mismo señaló que:

Perdí la mejor compañera de vida, una persona que de haber llegado a tal punto no sólo me habría acompañado gustosamente en el exilio y la pobreza, sino hasta la muerte. Mientras vivía fue una fiel ayudante en mi ministerio, jamás me importunó con sus problemas, nunca temió o se preocupó de sí misma

A pesar de su profundo dolor, reflexionando sobre los sufrimientos Calvino comenta:

El apóstol declara que Dios tiene destinado este fin a Sus hijos: que sean conformados con Cristo. De este hecho surge una singular consolación que consiste en que, soportando toda suerte de desdichas y desventuras a las que nosotros llamamos adversidad y mal, participamos en la cruz de Cristo… Cuanto más nos sintamos afligidos por la miseria, más es confirmada nuestra aproximación con Cristo[19].

[1] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 6

[2] Ricardo García-villoslada “Martin Lutero el fraile Hambriento de Dios” Biblioteca Autores Cristianos, Pág. 175

[3] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[4] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[5] Nacimiento: el 7 de junio de 1526; Fallecimiento: 1575

[6] Hánschen, el hijo mayor de Lutero (ver carta 33).

[7] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[8] Nacida el 10 de diciembre de 1527, murió prematuramente el 3 de agosto de 1528.

[9] Cartas de Lutero, Wittenberg, 5 agosto 1528.Pág. 48

[10] Magdalena Luther, nacida en 4 mayo 1529 y muerta el 20 septiembre del 1542.

[11] Cartas de Lutero, Al preclarísimo señor Justus Jonas, Sábado después de Mateo, 1542, Pág. 65

[12] Martín hijo, nacido el 9 de noviembre de 1531, estudió Teología pero nunca tuvo un llamado pastoral regular antes de su muerte en 1565.

[13] Paul, nacido el 28 de enero de 1533, fue médico, padre de seis hijos y murió el 8 de marzo de 1593 [60 años], continuando la línea masculina de la familia de Lutero mediante Juan Ernesto, que se extinguiría en 1759.

[14] Margaretha, nacida el 17 de diciembre de 1534, casada con el noble prusiano George von Kunheim, pero falleció en 1570 a la edad de 36 años; es el único linaje de Lutero que se mantiene hasta la actualidad.

[15] Chapman, William. “Idelette de Calvino”.  (1884). En: http://www.contra-mundum.org/castellano/chapman/Idelette.pdf

[16] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[17] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[18] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 9 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[19] Juan Calvino, “Institución de la Religión Cristiana”, Tomo III, viii, 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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5. Amistades Complementarias

Además de su círculo amplio de amistades ambos fueron protagonistas de amistades muy profundas y significativas. Un autor aplicó el concepto de simbiosis para la relación entre Lutero y Mellanchton[1], y en este sentido la definición aporta mucho pues la simbiosis es una:  “Asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital”. Esta definición refleja de manera excelente los casos los amigos anteriormente mencionados como así también para Calvino y Farel.

  • Caso Martín Lutero / Felipe Melanchton: Sobre esta se ha dicho que: “La simbiótica unión entre Lutero y Melanchton y, por lo tanto, entre el nuevo movimiento de la Reforma y el Humanismo, iba a poner de manifiesto la importancia de ambos. Lutero se benefició sobre todo del conocimiento de Melanchton de las lenguas antiguas y bíblicas — sus traducciones del Nuevo Testamento (1522) y del Antiguo (1534), grandes acontecimientos en la historia de la lengua alemana, probablemente no habrían sido posibles sin la ayuda de Melanchton, al menos no en la forma en que las conocemos ahora — mientras que Melanchton logró, con la ayuda de Lutero, penetrar en las más recónditas profundidades teológicas y poner sus recién adquiridos conocimientos al servicio del movimiento de la Reforma[2].

En tanto, Lutero mismo se refiere a su amistad a través de las siguientes palabras: “Soy rudo, vocinglero, tormentoso y completamente belicoso… Mi tarea es quitar los troncos y piedras, cortar la maleza y las zarzas, y limpiar los bosques salvajes, y el maestro Felipe viene después suave y gentilmente, sembrando y regando con gozo, según los dones que Dios abundantemente le ha dado

  • Caso Juan Calvino / Guillermo Farel: Repitiendo el patrón anterior, y evidentemente gracias a la acción de la Providencia, tenemos otra notable asociación la cual tiene su dramático inicio durante el inicialmente breve paso de Calvino por Ginebra. El cual se verá alterado por la siguiente escena: “Sentado en una silla, se encontraba el otro hombre, mas joven, delgado y pálido, con ojos penetrantes que sobresalían de su rostro barbudo; movía la cabeza y levantaba las manos para interrumpir. Cuando encontró un hueco en el torrente de palabras del otro, el joven protestó diciendo que no podía hacerlo. “No es para mi -dijo- soy tímido y vergonzoso. Odio el meterme en problemas. Por otra parte caigo enfermo muy a menudo. Mi lugar está en los estudios. Soy hombre de libros y escritos. ¿Cómo puedo atarme a una iglesia, si quiero servirlas a todas? No puede pedir esto de mi. En el nombre del Señor tenga piedad de mi y déjenle servir a Dios de otra forma. La candela encima de la mesa se consumía lentamente. Ambos personajes seguían discutiendo. Finalmente el mas anciano, señalando con el dedo al cielo rugió con voz de trueno: Te digo, en nombre del Dios todopoderoso, que si solamente te ocupas de tus estudios, y no nos ayudas a llevar a cabo la obra de Dios. El te maldecirá, porque estarás buscando tu propia gloria y no la de Cristo[4]

Luego de tan tremenda reconvención Calvino se queda por varios años en Ginebra en donde cuenta con el apoyo de Farel, tanto así que para resumir de manera gráfica, a Calvino junto con sus dos amigos y compañeros reformadores Farel y Viret se les llamaba en Ginebra medio en broma y medio sarcásticamente “trípode” (le trepied), en comparación a un taburete que con sus tres patas se mantiene estable, pero que se vuelca al quebrarse una de ellas[5].

6. Preocupación por la Música:

Como podemos notar, ambos reformadores no se abstraían de asuntos de la vida cotidiana como la amistad, en este mismo sentido hemos encontrado un área que debido a la diferencia en las personalidades de ambos hubiera parecido poco probable, sin embargo ambos valoraron el aporte de la música en sus vidas y congregaciones.

La relación de Lutero con la música fue más intensa, se dice que fue un apasionado admirador de la música. Se dice que de niño poseía una bella voz y se ganaba la vida como “kurrende-singer”, es decir, cantaba en las calles frente a las casas de los ricos burgueses quienes recompensaban estos servicios. Más tarde, ayudado financieramente por la viuda Cotta de Eisenach, amplió sus conocimientos musicales con el estudio de teoría y el aprendizaje de la flauta y el laúd[6].

Se puede inferir que era un buen conocedor de la música, gustaba de ella y conocía el arte de la composición. Además ejecutaba el laúd, admiraba el canto gregoriano y apreciaba los motetes católicos de famosos compositores. Por otro lado, conocía diversas melodías populares, muchas de las cuales se convirtieron en cánticos de contenido religioso[7].

En una carta de 1530, declara:

“…Sólo después de la teología, la música produce lo que la teología, al margen de ella, es única en producir: a saber, un alma tranquila y alegre, y es evidentemente por esta razón que el Diablo, causante de tristes preocupaciones, de turbaciones o inquietudes, huye al oír la música como huye ante la voz de la teología. De ahí que los profetas no usaran otro arte que la música para expresar su teología. Ni la geometría, ni la aritmética, ni la astronomía, sino la música. De esta forma, teología y música se encuentran íntimamente unidas y con ello nos anuncian la Verdad por salmos y cánticos[8]

En tanto, en Francia Calvino o destierra del todo la música como lo hizo Zwinglio; aunque también modfica radicalmente las formas del servicio religioso de su época. Reemplaza el latín por la lengua nacional, conserva de la Misa solamente el Kyrie y el Gloria (Misa Brevis), no es muy tolerante con cantos corales ni música figural, aleja el órgano y permite solamente el canto en su forma más sencilla, a una voz. Fue así como nació el salterio hugonote, obra de Clément Marot y Thedor Beza[9]. En 1539 editó en Estrasburgo una colección, que después se difundió en Ginebra. Comprendía como la versión española actual, sólo diecinueve Salmos, el canto de Simeón, los Diez Mandamientos y el Símbolo o Credo Apostólico, todos ellos en verso[10].

Hasta aquí hemos examinado los aspectos coincidentes del perfil público de los reformadores. A lo largo de los siguientes cuatro puntos examinaremos la esfera más privada de ambos donde nos encontraremos con similitudes gozosas y trágicas de las cuales podemos sacar valiosas lecciones de vida.

 

[1] Del gr. συμβίωσις symbíōsis ‘vida en común’, de συν- syn- ‘sin-1‘ y βίωσις bíōsis ‘modo de vivir’.

[2] Horst F. Rupp “Philipp Melanchton (1497-1560)” Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXVI, n° 3, septiembre 1996, Pág. 4 en: http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/melanchs.pdf

[3] Citado por H. H. Lentz, “Reformation Crossroads: A Comparison the Theology Luther and Melanchthon” Minneapolis, 1958, Pág. 2

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág.91

[5] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 5 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[6] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 43 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/1659

[7] Jerónimo Granados “Martín Lutero y la Música” Cuadernos de Teología, Vol XXVI, 2007, Pág. 131

[8] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 9

[9] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 42 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[10] José de Segovia “Calvino y la Música de los Salmos” Boletín del Jubileo de Juan Calvino 2009

Núm. 10-11 | México, D.F.-Barcelona, España | septiembre-octubre de 2009 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/Materialpool/Boletin10-11JubileoJuanCalvino.pdf

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Un evangelio por el que vale la pena morir

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“Para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24).

Pablo dice que, en comparación con su gran objetivo de predicar el evangelio, no estimaba su vida como algo a qué aferrarse; no obstante, estamos seguros de que Pablo consideraba valiosa su vida.

Amaba la vida, igual que los demás, y asimismo sabía que su propia vida era de gran valor para las iglesias y para la causa de Cristo. En otro lugar dijo: “Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros” (Fil. 1:24). No estaba cansado de la vida, ni era alguien que apreciaba tan poco su vida que podía desperdiciarla como si fuera una broma. Valoraba la vida, pues estimaba el tiempo, que es aquello de lo que está hecha la
vida, y rendía cuentas de cada día y hora, “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:16). Aun así, les dijo seriamente a los ancianos de la iglesia en Éfeso que no consideraba que su vida fuera de tanto valor en comparación con el testificar el evangelio de la gracia de Dios. Según el versículo que acabamos de citar, el Apóstol consideraba la vida como una carrera que tenía que ser corrida. Ahora bien, cuanto más rápido se corre una carrera, mejor; ciertamente, la distancia no es el objetivo que se debe tener en cuenta. El único pensamiento que domina al corredor es cómo puede alcanzar la  meta lo más rápido posible. No le importa el suelo debajo de sus pies, no le importa el curso de la carrera excepto en lo que se refiere a la manera como tiene que correr para llegar al final deseado. Así fue la vida para Pablo. Todas las energías de su espíritu estaban consagradas a la búsqueda de un objetivo: que en todas partes pudiera testificar del evangelio de la gracia de Dios, y que valoraba la vida que vivía aquí en la tierra únicamente como un medio a ese fin. También consideraba el evangelio y su ministerio de testificar de él como un depósito sagrado que le había sido encargado por el Señor mismo. Se veía a sí mismo como alguien a quien se le había confiado el evangelio (1 Tes. 2:4), y resolvió ser fiel aunque le costara la vida… En su mente, veía al Salvador tomar en sus manos, que habían sido atravesadas por los clavos, la caja inapreciable que contiene la joya celestial de la gracia de Dios, y diciéndole: “Te he redimido con mi sangre, te he llamado por tu nombre, y ahora pongo en tus manos este objeto de valor inapreciable y te encargo que lo cuides y lo guardes aun con tu propia sangre. Te envío para que vayas a todas partes en mi lugar, y hagas conocer a todos los pueblos debajo del cielo el
evangelio de la gracia de Dios”. Todos los creyentes tienen un encargo similar. Ninguno de nosotros ha sido llamado al apostolado, y quizá no hayamos sido llamados a predicar en público la Palabra de Dios, pero todos hemos sido encomendados a ser valientes en pro de la verdad sobre esta tierra y a contender dedicadamente por la fe que otrora fuera entregada a los santos. ¡Oh, hagamos esto en el espíritu del Apóstol de los
gentiles! Como creyentes todos somos llamados a alguna forma de ministerio. Esto debe hacer de nuestra vida una carrera y causar que nos consideremos guardianes del evangelio, de igual forma como el que lleva el estandarte de un regimiento se considera comprometido a sacrificar todo por su preservación…

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¿Cuál era este evangelio por el cual Pablo estaba dispuesto a morir? No todo lo que se denomina “evangelio” produce tal entusiasmo… tenemos evangelios en la actualidad por el cual no moriría ni recomendaría que ninguno de ustedes viviera por él, ya que son evangelios que desaparecerán en pocos años. Nunca vale la pena morir por una doctrina
que por sí misma morirá. He vivido lo suficiente como para ver surgir, florecer y decaer a media docena de nuevos evangelios. Hace mucho tiempo me dijeron que mi antigua doctrina calvinista era anticuada y que ya había sido desmentida. Después, escuché decir que la enseñanza evangélica en cualquiera de sus formas era cosa del pasado, para ser
suplantada por el “pensamiento avanzado”…

Pero antes había en el mundo un evangelio que consistía de verdades que los cristianos nunca cuestionaban. Antes había en la iglesia un evangelio que los creyentes abrazaban cerca de sus corazones como si fuera la vida de su alma. Antes había en el mundo un evangelio que generaba entusiasmo y requería sacrificio. Decenas de miles se juntaban
para escuchar este evangelio aunque significaba poner en peligro sus vidas. Los hombres lo han proclamado a los tiranos, han sufrido la pérdida de todo lo que poseían e ido a la cárcel y a la muerte por él, cantando salmos todo el tiempo. ¿Queda algo todavía de tal evangelio? ¿O hemos llegado a un punto ilusorio, donde las almas permanecen hambrientas porque viven de suposiciones y se tornan incapaces de sentir confianza o ardor? ¿Son ahora los discípulos de Jesús alimentados con “pensamientos” banales y cosas imaginarias, que llevan a los hombres a ser obstinados y arrogantes? ¡No! En cambio, volvamos a la carne sustancial de la revelación infalible y clamemos al Espíritu Santo que nos alimente de su propia Palabra inspirada.

¿Cuál es este evangelio que Pablo valoraba más que a su propia vida? Él lo llamó “el evangelio de la gracia de Dios”. Lo que tuvo más fuerte impacto sobre el Apóstol con respecto al evangelio fue que era un mensaje de gracia y solo de gracia. Entre la música de las buenas nuevas, se destacaba una nota sobre todas las demás y ésta cautivó al Apóstol. Esa nota era gracia, la gracia de Dios. Él consideraba esa nota como una
característica de toda la melodía: el evangelio era “el evangelio de la gracia de Dios”. En estos días, se escucha con poca frecuencia la palabra gracia: se nos habla de deberes morales, de adaptaciones a la ciencia y del progreso humano; pero, ¿quién nos cuenta de “la gracia de Dios” excepto unos pocos anticuados que pronto ya no estarán? Siendo yo uno de esos anticuados… trataré de explicar esta palabra gracia, para que se gocen los
que conocen su alegre sonido, y los que la detestan se arrepientan.

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Gracia es la esencia del evangelio. ¡La gracia es la única esperanza para este mundo caído! ¡La gracia es el único consuelo de los santos que esperan la gloria con anticipación!  Es posible que Pablo tuviera una idea más clara de la gracia que aun Pedro, Santiago o Juan, y por ende habla mucho más de ella en el Nuevo Testamento. Los otros escritores
apostólicos sobrepasaban a Pablo en algunos aspectos, pero Pablo con respecto a su profundidad y claridad en lo que concierne a la doctrina de la gracia, ocupaba el primer y más importante lugar. Necesitamos otra vez a Pablo, o al menos el evangelismo paulino y su firmeza. Daría por tierra muy pronto con los nuevos evangelios y diría de los que los siguen: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la
gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gál. 1:6-7).

Trataré de explicar brevemente cómo el evangelio es las buenas nuevas de gracia: El evangelio es el anuncio de que Dios está preparado para enfrentarse con el hombre culpable sobre la base de su favor gratuito y por pura misericordia. No habría buenas nuevas en decir que Dios es justo; porque, en primer lugar, esa no es una novedad. Ya sabemos que Dios es justo; la conciencia natural le enseña esto al hombre. Que Dios
castigará el pecado y recompensará la rectitud y justicia no es tampoco nada nuevo. Si fuera una noticia, no sería una buena noticia; porque todos hemos pecado, y sobre la base de su justicia tenemos que perecer. Pero es noticia, y noticia de la mejor clase, que el Juez de todos está preparado para perdonar las transgresiones y justificar al impío. Para el pecador es una buena nueva el que el Señor borrará el pecado, lo cubrirá de justicia, y lo recibirá como suyo, y que no es por nada que el pecador haya hecho,
sino por su gracia soberana. Todos, sin excepción, somos culpables, y todos merecemos ser condenados por nuestros pecados; no obstante, Dios está listo para librarnos de la maldición de su Ley y, como un acto de pura misericordia, darnos cuanta bendición le corresponde al hombre justificado. Este es el mensaje por el cual vale la pena morir: ¡que por el pacto de gracia, Dios puede ser justo, y aun así ser el Justificador de aquel que cree en Jesús; que puede ser el Juez justo del hombre, y aun así los hombres que creen pueden ser justificados gratuitamente por su gracia a través de la redención que es en Cristo Jesús! Que Dios es misericordioso y lleno de gracia y está listo para bendecir al más indigno es una noticia maravillosa, la cual merece que el hombre tenga cien vidas para contarla.

Mi corazón salta de gozo cuando lo anuncio en este auditorio y cuando le digo al penitente, al desanimado y al desesperado, que aunque sus pecados merecen el infierno, la gracia les puede dar el cielo y hacerlos aptos para él, y que es un acto soberano de amor, totalmente independiente del carácter de ellos o de lo que merecen. Porque el Señor ha dicho: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom. 9:15), hay esperanza para el más desesperanzado. Dado que “no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Rom. 9:16), hay una puerta abierta de esperanza para aquellos que de otra manera perderían toda esperanza… ¡Ah, Pablo, puedo comprender tu entusiasmo sagrado ante una revelación como la gracia ofrecida sin merecerla! Puedo comprender
tu disposición de dar tu vida a fin de contar a tus hermanos pecadores que la gracia reina a través de la justicia para obtener la vida eterna.

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Pero el evangelio nos dice mucho más que esto, principalmente, que a fin de tratar con el hombre sobre la base de su favor inmerecido, Dios el Padre ha quitado el gran obstáculo que había en el camino de la misericordia. Dios es justo, ésta es una verdad innegable, la conciencia del hombre sabe que lo es, y la conciencia del hombre nunca estará tranquila
a menos que pueda ver que la justicia de Dios es vindicada. Por lo tanto, a fin de que Dios pueda actuar con justicia y por pura misericordia hacia los hombres, dio a su Hijo unigénito, a fin de que por medio de su muerte, la Ley fuera cumplida, y pudieran mantenerse los principios eternos de su gobierno. Jesús fue nombrado para tomar el lugar del hombre, para cargar con los pecados del hombre y sufrir el castigo por la culpabilidad del hombre. ¡Con qué claridad declara esto Isaías en su capítulo cincuenta y
tres! El hombre es ahora salvo sin sombra de dudas, porque el mandamiento no ha sido dejado a un lado, ni se ha revocado la pena. Todo lo que hubiera exigido la ley más dura ha sido cumplido y sufrido, y aún así las manos de la gracia se han desatado para repartir el perdón a quien le plazca. El deudor queda en libertad, porque la deuda ha sido pagada. Vean al Salvador moribundo, y escuchen decir al profeta: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5). También aquí, todo es por gracia. Hermanos, fue la gracia por parte de Dios decidir, concebir y aceptar una expiación, y especialmente brindar esa expiación a su propio costo.
¡He aquí la maravilla! ¡Aquel quien fue ofendido proporciona la reconciliación! Tenía un solo Hijo, y a fin de evitar cualquier obstáculo para hacer frente a los hombres sobre la base de la gracia pura, tomó a ese Hijo de su regazo, y le permitió asumir nuestra débil naturaleza, y estando en esa naturaleza, le permitió morir, el justo por los injustos para
acercarnos a Dios… “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Éste, pues, es el evangelio de la gracia de Dios: que Dios puede, sin ser injusto, tratar al hombre con absoluta misericordia, totalmente aparte de sus pecados o sus méritos, porque sus pecados le fueron cargados a Jesucristo, su Hijo amado, quien pagó totalmente el castigo, satisfaciendo así la justicia divina, de modo que Dios es glorioso en santidad y no obstante rico en misericordia. Ah, Pablo querido, aquí sí hay algo que merece ser predicado.

A fin de cumplir los designios de la gracia, además fue necesario que el mensaje del evangelio se anunciara lleno de promesa, aliento y bendición. En verdad, ese es el mensaje que nos ha sido entregado, porque ese evangelio que predicamos hoy está lleno de gracia hasta rebosar. Nos habla sabiamente: Pecador, tal como eres, vuélvete al Señor y él te recibirá, por su gracia y amor, sin costo alguno. Dios ha dicho: “Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Heb. 8:12). Por lo que Cristo hizo, y no por ninguna agonía, lágrima o sufrimiento de tu parte, te quitará tus pecados y los echará tan lejos como el este está del oeste (Sal. 103:12). Dijo: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa. 1:18). Puedes venir a Jesús tal como eres, y él te otorgará el perdón completo en cuanto creas en él. El Señor dice hoy: “No mires en tu interior, como si buscaras allí algún mérito, en cambio, mírame a mí, y sé salvo. Te bendeciré no por ningún mérito tuyo, sino por la expiación de Cristo a Jesús”. Dice: “No mires en tu interior, como si buscaras allí fuerza para una vida futura: Yo soy tu fuerza al igual que tu salvación; porque cuando estabas sin fuerzas, en el momento preciso, Cristo murió por el impío”… El mensaje del evangelio es de gracia porque va dirigido a aquel cuyo único clamor es su necesidad. Los sanos no necesitan del médico, pero los enfermos sí. Cristo no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento. Ven, pues, tú que estás moralmente enfermo; tú que sufres la lepra del pecado; ven y sé bienvenido, porque para ti es el evangelio gratuito proclamado por autoridad divina.

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Indudablemente un mensaje como éste vale la pena el trabajo de extenderlo, y es tan bendecido, tan divino, que bien vale la pena derramar nuestra sangre para proclamarlo.
Además, hermanos, a fin de que la bendición de este evangelio sea accesible a los hombres, la gracia de Dios ha adoptado un método apropiado a nuestra condición. “¿Cómo puedo ser perdonado?”, pregunta uno. “¡Dime la verdad de inmediato!” “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hech. 16:31). Dios no nos pide buenas obras, ni buenos sentimientos, sino que estemos dispuestos a aceptar lo que nos da
tan gratuitamente. Salva en el momento que creemos. Esto es la fe: creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que podemos entregarnos confiadamente a él: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Si crees, serás salvo. La salvación “es por fe, para que sea por gracia, a fin de
que la promesa sea firme para toda su descendencia” (Rom. 4:16). ¿Dices: “Pero la fe misma parece estar fuera de mi alcance”? El evangelio de la gracia de Dios nos dice que aun la fe es un don de Dios y que él la da a los hombres por medio de su Espíritu Santo.

Porque separado de ese espíritu, el hombre está muerto en sus transgresiones y pecados. ¡Oh, qué gracia es ésta! ¡La fe que se ordena es también conferida! “Pero”, dirán algunos, “si yo creyera en Cristo y mis pecados del pasado fueran perdonados, aun así tendría miedo de volver a pecar, porque me faltan las fuerzas para asegurar lo que haría en el futuro”. ¡Escucha! El evangelio de la gracia de Dios es éste: que él te mantendrá a salvo hasta el final, él mantendrá encendido dentro de ti el fuego que él mismo enciende; porque dice “doy vida eterna a mis ovejas”. Y dice también “el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14). Las ovejas de Cristo nunca perecerán, ni tampoco serán arrebatadas de las manos de Cristo. ¿Oyes esto, tú que eres culpable, tú que no tienes ningún derecho a la gracia de Dios? Su gracia es
para ti, hasta para ti. Y si estás dispuesto a recibirla, eres este día un hombre salvo, y salvo para siempre sin sombra de duda. Vuelvo a repetirlo: éste es un evangelio que vale la pena predicar, que puedo comprender por qué Pablo dijo: “ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”…  ¿Estás dispuesto a aceptar el camino y el método de la gracia? Te pondré a prueba. Algunos piensan que aman algo y sin embargo no es así, pues se han equivocado. ¿Comprendes que no tienes derecho a reclamar nada de Dios? Él dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom. 9:15). Cuando se trata estrictamente de la gracia, nadie puede acercarse exigiendo sus derechos.

De hecho, no existe un reclamo. Si es por gracia, no se debe nada, y si es una deuda, no es por gracia. Si Dios desea salvar a un hombre, y deja a otro morir en sus propios pecados caprichosos, el primero no puede atreverse a disputar con Dios. Si lo hace, la respuesta es: “¿Acaso no puedo hacer lo que me plazca con los míos?” ¡Oh, pero ahora parece como
si te arrepintieras de ello! ¿Sabes? Tu orgullo se rebela contra la soberanía de la gracia. Permíteme hacerte otra vez la invitación. Aunque no tienes ningún derecho, existe otra verdad que te favorece; porque además, no hay ningún impedimento para obtener misericordia. Si no se necesita ningún tipo de bondad para ser recomendado ante Dios, ya que todo lo que él hace es estrictamente por misericordia, entonces tampoco hay nada tan malo que te pueda negar ese favor. Por más culpable que seas, Dios puede mostrarte misericordia. En otros casos ha llamado al más grande de los pecadores: ¿por qué no también en tu caso? Sea como fuere, ningún pecado, por más grave que sea, ninguna continuación en el pecado,  ninguna extensión del pecado, puede ser razón por la cual no te confiera su gracia; porque si es pura gracia y nada más que la gracia lo que ha de
transformar al transgresor más manchado de pecado, éste puede ser salvo.

En este caso, hay lugar para que la gracia manifieste su grandeza. He oído a los hombres hacer excusas basadas en la doctrina de la elección, y han dicho: “¿Qué si yo no soy escogido?” Me parece más sabio decir: “¿Qué si soy escogido?” Sí, soy escogido si creo en Jesús, porque nunca ha existido todavía un alma que ha aceptado la expiación de Cristo que no haya sido escogida por Dios desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4). Este es el evangelio de la gracia de Dios y sé que conmueve el corazón de muchos de ustedes. Me conmueve el alma pensar que la gracia de mi Señor es desde toda la eternidad, una gracia que es constante en su elección y será constante a ella cuando todas estas cosas visibles desaparezcan como chispas que vuelan de la chimenea. Mi corazón se alegra tener que predicar acerca de la gracia ofrecida libremente y del amor… ¡Hay algo en un evangelio de gracia que vale la pena predicar, que vale la pena escuchar, por el cual vale la pena vivir y por el cual vale la pena morir!

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Mi amigo, si el evangelio no ha hecho nada por ti, calla o no hables en su contra. Pero si el evangelio ha hecho por ti lo que hace por algunos de nosotros: si ha cambiado tu vida, si te ha levantado del estiércol y hecho sentar en un trono, si es hoy tu comida y tu bebida, si para tu vida es el propio centro del sol, entonces sé testigo constante de ello. Si el evangelio ha llegado a ser para ti lo que es para mí, la luz de lo más profundo de mi
corazón, el centro de mi ser, entonces, cuéntalo, cuéntalo dondequiera que vayas, y haz saber a los hombres que aun si lo rechazan, para ti es el poder para salvación y que será lo mismo para cada aquel que cree. Se me acaba el tiempo, pero debo demorarlos un minuto más para recordarles las razones por las cuales, mis hermanos, debemos vivir para dar a conocer el evangelio de la gracia de Dios:

Primero, porque, después de todo es el único evangelio en el mundo. Estos evangelios que brotan como hongos por una hora, que vienen y van como un periódico diario, que tienen su día y luego se descartan, no tienen derecho a la consagración del hombre… Pero para escuchar el evangelio de la gracia de Dios vale la pena caminar muchas leguas, y su fuera explicado claramente en todas nuestras iglesias y capillas les aseguro que veríamos menos bancos vacíos: la gente vendría y lo escucharía, porque siempre lo ha hecho. Es el evangelio sin gracia que hace morir de hambre a las manadas hasta que por fin se apartan… El hombre quiere algo que le alegre el corazón en medio de su labor y le dé esperanza bajo convicción de pecado. Así como el sediento necesita agua, necesita el
hombre el evangelio de la gracia de Dios. Y no hay dos evangelios en el mundo así como no hay dos soles en el cielo que alumbran la tierra. Hay una sola atmósfera para que respiremos y un solo evangelio por el cual vivir…

Hazlo, también, porque es para la gloria de Dios. ¿No te das cuenta cómo el evangelio glorifica a Dios? Rebaja al pecador, hace que el hombre no sea nadie, en cambio, Dios es todo en todo. Coloca a Dios en un trono y arrastra al hombre en el polvo; y luego dulcemente lo guía a adorar y reverenciar al Dios de toda gracia, quien pasa por alto la transgresión, la iniquidad y el pecado.  Por lo tanto, propágalo. Hazlo porque así glorificarás a Cristo. ¡Oh, si Cristo subiera a esta plataforma esta mañana, con cuánta alegría lo recibiríamos! ¡Con cuánta devoción lo adoraríamos! Si solo viéramos esa
sien, esa preciada sien majestuosa, ¿no nos inclinaríamos para adorarlo? Y si nos hablara y dijera: “Amados míos, les he encargado a ustedes el evangelio. ¡Sean fieles a él tal como lo recibieron! No se dejen llevar por las nociones e invenciones de los hombres, sino que manténganse fieles a la verdad que han recibido; y vayan y hablen de mi Palabra, porque tengo otras ovejas que todavía no son de mi redil, y tienen que ser rescatadas. ¡Y
ustedes tienen hermanos que todavía son pródigos, y tienen que volver a casa!” Digo que si él los mirara a cada uno en la cara y les dijera eso, el alma de cada uno respondería: “¡Señor, viviré para ti! ¡Haré que te conozcan! Moriré por ti, si es necesario, para anunciar el evangelio de Jesucristo.”

De un sermón predicado el Día del Señor por la mañana, el 12 de agosto, 1883, en Exeter Hall.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista influyente en Inglaterra. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20 – 25 millones de palabras en sus sermones son equivalentes a 27 tomos de la novena edición de la Enciclopedia Británica. La serie constituye la mayor colección de libros por un solo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Inglaterra.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 3

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3) Desencuentros y oposición con Intelectuales (Lutero / Erasmo; Calvino / Servet)

Como señalamos anteriormente ambos vivieron en épocas, y países, diferentes sin embargo una importante semejanza entre ambos fue la confrontación con los poderes políticos y sobre todo espirituales de la época, a saber la en ese tiempo muy contaminada Iglesia Católica. Sin embargo, aquel no fue el único frente pues se abrió otro flanco en sus batallas: la oposición y posteriores desencuentros con intelectuales.

El caso Lutero/ Erasmo: En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publicó un Nuevo Testamento en un principio parecía haber cierta consonancia entre ambos sin embargo tras una serie de intercambios epistolares después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor provocando una amarga separación con Lutero, al respectó comentó: “Prescindiré, por fin, de la Apología de Erasmo, pero me afecta vehementemente el duelo que ha desencadenado entre estos dos príncipes de las letras . Erasmo está muy por encima de todos y es el que mejor habla, pero también es el más amargo a pesar de sus esfuerzos por conservar la amistad[1] Podemos complementar “Mas ahora ¿qué puedo hacer? Las cosas han llegado a su punto álgido por ambas partes. Si me fuere posible, optaría por hacer de medianero para que cesasen ellos de atacarte con tanta animosidad y permitieran que tu vejez durmiera pacíficamente en el Señor[2].

El caso Calvino/Servet: Sin duda alguna este es el caso más conocido de desencuentro entre un reformador y su oponente el cual ha generado gran controversia hasta el día de hoy. Necesitaríamos una instancia especial para abordar los detalles del dramático desarrollo y conclusión de él, sin embargo de este caso mostraremos el final de la tempestuosa relación entre Servet, el inquieto librepensador y Calvino el teólogo, pastor y asesor político de Ginebra que tuvo su punto más álgido y dramático durante el juicio a Miguel de Servet, se cuenta del comportamiento de este último que “No escatimó epítetos burlones contra Calvino, como si este fuera el acusado. Le llamó criminal, asesino, perverso, mentiroso, mono ridículo ... ¿Te crees capaz de ensordecer los oídos de los jueces con tus ladridos de perro?[4]

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4) Importancia de los Amigos

Para ambos el apoyo y ayuda de sus amigos en los diversos momentos de sus vidas claramente fue fundamental, comenta Lutero: “Te lo diré con franqueza: he pasado apuros mayores que los que tú nunca tendrás ni a nadie se los deseo -ni siquiera a los que nos atacan con crueldad, aunque sean malignos e impíos-. Pues bien, siempre he superado estas angustias gracias a las palabras de algún hermano como Pomerano, tú mismo, Jonas u otros

En tanto, a pesar de la imagen distante que pueden transmitir sus retratos, Calvino era un amigo solicitado que se ganaba la simpatía de otros. Entabló varias amistades por largos años, entre ellas con importantes personalidades del siglo XVI como por ej. Farel, Viret, Bucer, Melanchthon, Bullinger y Beza, también poseía muchos amigos entre los refugiados franceses en Ginebra. Era muy exigente con sus amigos, pues no sólo esperaba el aliento amistoso y el apoyo activo, sino también una voz crítica con la que él mismo acompañaba la vida y trabajo de sus amistades.

Un ejemplo clave de esto es cuando Farel a los 69 años se enamoró de una muchacha de 18 años de edad, a causa de esto Calvino no escatimó en críticas a su colega por haber legalizado demasiado tarde el amorío secreto y dar lugar a que se expandieran los rumores. Este suceso naturalmente provocó un quiebre en la amistad, resultando un largo distanciamiento entre Calvino y Farel. A pesar de ello, Calvino lo seguía considerando como amigo, lo que Farel le agradeció en una visita reconciliadora en 1564 cuando Calvino se encontraba en su lecho de muerte[6].

[1] Carta a Spalatino. 18 enero 1518, Cartas de Lutero

[2] Cartas de Lutero, 1524, Pág. 35

[3] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág. 239

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, 230-231/ Pedro Puigvert “Calvino-Servet: Una relación tempestuosa” En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino” , Andamio, 2010, Pág, 139

[5] Cartas de Lutero, A Melanchton, Día último de junio, 1530.Pág. 63

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 2

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.- Como ya lo hemos repetido en varias ocasiones con Martín Lutero comienza el proceso de Reforma. Ahora bien, este comienzo no fue fácil, sabido es que él tuvo que comparecer dos veces antes las llamadas Dietas (Worms 1521 y Spira 1529).

En este punto definir los conceptos es fundamental, cuando decimos “Dieta” evidentemente no nos referimos a la acepción contemporánea relacionada con la alimentación, la definición para este proceso quiere decir que se convocó a una asamblea de todas las autoridades del imperio. Nótese, todas las autoridades del Imperio, es decir el Sacro Imperio Romano.

A la cabeza de ese imperio se encontraba Carlos V, también conocido como Carlos I de España. Él reinó junto con su madre (esta última de forma solamente nominal) en todos los reinos y territorios hispánicos con el nombre de Carlos I desde 1516 a hasta 1556, reuniendo así por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla (el Reino de Navarra inclusive) y Aragón por su ascendencia heredó el patrimonio los territorios austriacos, Castilla, Navarra, las Indias, Nápoles, Sicilia y Aragón. Su hijo Felipe hereda aquellos territorios y anexiona otros, de allí que declaró “En mi imperio nunca se pone el sol” ¡Porque era cierto![1]

Entonces, poniendo el asunto en perspectiva Lutero debió comparecer ante la persona más poderosa del mundo de aquel entonces, y en esa comparecencia no se amedrentó, expuso sus argumentos y lamentablemente, no logró convencer al Emperador de su postura en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la Iglesia católica. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la Iglesia católica contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.

La experiencia de Calvino es bastante diferente: Calvino empezó a exponer sus ideas en París, pero como Francia era católica tuvo que huir del Reino y refugiarse en el extranjero. Ya empezaba a ser conocido entre los protestantes europeos como un hombre firme y enérgico, un gran teólogo y un buen organizador que sabía dirigir a los hombres, y por esta razón fue llamado por los protestantes de Ginebra, allí tuvo diferencias con las autoridades locales hasta que lograron llegar a un equilibrio. Vemos que en la trayectoria del reformador francés hubo desacuerdos con la autoridad política aunque no fue con la tremenda intensidad que le tocó a Lutero.

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Similitudes.

Como señalábamos al principio, se puede caer en la tentación de disociar el proceso de Reforma de sus grandes impulsores como así también acentuar sus diferencias, bastante evidentes, por sobre sus puntos de encuentro los cuales pasamos a comentar a continuación.

1) Estudiantes y conocedores del Derecho.

Lutero procedía de una familia de campesinos y, por tanto, en sus orígenes perteneció al pueblo llano. Sus padres estaban de tránsito en Eisleben cuando nació, su casa natal fue pasto de las llamas en 1689. Hans Lutero, su padre, se trasladó a la región minera de Mansfeld, donde trabajó en una mina de cobre. Con el tiempo prosperó, dirigió su propio negocio y la familia pudo librarse de las penurias económicas.

Sus primeros estudios los hizo en las escuelas de Magdeburgo y Eisenach. Luego se incorporaria a la Universidad de Erfurt, donde obtuvo una licenciatura en artes (1502) y en Filosofía en 1505. Cuando era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfurt, pero un incidente cambió su vida de forma drástica. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por una tormenta eléctrica. Un rayo cayó cerca de él y, aterrorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplió su promesa e ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Cumpliendo con su promesa entró al convento de los Agustinos en Erfurt en el 17 de julio 1505 contra la voluntad de su padre. Este convento era conocido por ser muy estricto. Siguiendo las reglas del orden Lutero trataba de tener una conducta impecable. Conocidas son sus luchas por alcanzar la santidad y paz con Dios. Hasta que en el contexto de sus cátedras en Wittemberg, estudió los textos bíblicos más profundo y hizo lecturas, especialmente sobre los Salmos, la carta a los Romanos y la carta a los Gálatas que le condujeron al redescubrimiento de la justificación por la fe y gracia divina, lo cual le llevó a pronunciarse sobre la controversial venta de indulgencias a través de sus la publicación de sus 95 Tesis, que serían el inicio de la Reforma Protestante.

Lutero se preocupó por definir el comportamiento del cristiano en su vida temporal, tocando temas como la familia, el trabajo, la economía, las ciencias, las artes o la política. En general, creía que la fe del cristiano debía hacerse explícita en las obras de la vida civil, y que el cristiano debía realizar su trabajo para servir al prójimo y glorificar a Dios. Se dice que a Lutero no le interesaba especialmente el mundo de la política, pero tuvo que reflexionar sobre él con motivo de los disturbios que agitaron Alemania entre 1523 y 1525, y cuando los príncipes protestantes se enfrentaron al emperador[2], aunque no fueron los únicos escritos del reformador en esa materia y de hecho, su pensamiento político sigue siendo estudiado por expertos hasta el presente[3].

Calvino, cuyo nombre francés era Jean Cauvin o Calvin, nació en Noyon, localidad de la Picardía, en el norte de Francia, el 10 de julio de 1509. Hijo del secretario del obispado de su ciudad natal, se formó para el sacerdocio en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigue, reputados centros donde estudiaron otros personajes contemporáneos importantes como Erasmo de Rotterdam[4].

Como su padre quería que Calvino se dedicase al Derecho en lugar de a la Teología, ingresó también en las universidades de Orléans y Bourgues, donde tuvo como maestros a importantes pensadores de la época. En 1532, Calvino evidenció sus sólidos conocimientos de latín e historia con su edición del tratado de Séneca De clementia (Sobre la clemencia).  Su asociación con Cop, que acababa de ser elegido rector de la Universidad de París, obligó a ambos a huir cuando Cop anunció su apoyo en 1535 a Martin Lutero. En 1536 publicó la primera edición de su Christianae Religionis Institutio (Institución de la Religión Cristiana), y en ese mismo año visita Ginebra donde desarrollará una extensa y fundamental labor, la cual incluyó también el desarrollo de la teoría política de Calvino (que incluye una distinción entre iglesia y estado, controles y balances en el poder, y la sumisión ciudadana al estado, y la responsabilidad del estado frente a Dios)[5].

2) Legado y Referencias a Augustín de Hipona.

Ciertamente ambos teólogos son deudores de la obra de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.). En el caso de Lutero el vínculo es más que evidente pues él militó en la orden religiosa que seguía su legado y en las Charlas de sobremesa aparece esta declaración: “No conozco a ninguno de nuestros doctores (salvo, quizá, a Brenz y Justo Menio) que pueda compararse en ingenio con Agustín)[7].

[1] En su reinado nunca se ponía el sol, porque cuando se ocultaba por el oeste ya había vuelto a salir por el este. Como el Imperio Español estaba extendido en ambos Hemisferios: Este y Oeste, el movimiento de la Tierra alrededor del Sol provocaba ese fenómeno. Los dominios de Felipe II, al momento de heredarlos de su padre Carlos V, eran: tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas, a saber: Europa: Toda la Península Ibérica, Italia: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milanesado, Países Bajos: Holanda y Bélgica, Franco Condado. áfrica: Orán, Bujía, Túnez, Melilla, Islas Canarias. Insulindia: las islas Filipinas. Oceanía: varios archipiélagos de la Micronesia. América: Desde México hasta el Paraguay y el Plata.
[2] Antonio Carrasco Rodríguez, “La Reforma Lutero y Calvino” en http://blogs.ua.es/ideaspoliticas/la-reforma-lutero-y-calvino/
[3] Para profundizar más: Javier Simiele  “Lutero y la política” Enfoques vol.22 no.1 Libertador San Martín otoño 2010 en http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-27212010000100006; Marco A. Huesbe Llanos “La Propuesta Política de Matín Lutero a través de su doctrina de los dos reinos” Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000, en http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-54552000002200016.
[4] “Biografía de Juan Calvino” en https://redhistoria.com/biografia-de-juan-calvino/
[5] G. Jose Gatis, “La Teoria Politica de Juan Calvino”, http://thirdmill.org/files/spanish/94976~3_9_01_1-28-27_PM~sCalvinsPolitics.html
[6] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 17
[7] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 20

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Perdón para el más grande pecador

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Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmo 25:11).

Doctrina: Si de verdad nos acercamos a Dios pidiendo misericordia, lo inmenso de nuestro pecado no será un impedimento para que nos perdone…

Esto es lo que necesitamos a fin de poder acercarnos a Dios pidiendo misericordia:
Necesitamos ver nuestra desdicha a fin de ser sensibles a nuestra necesidad de misericordia. Los que no tienen conciencia de su desdicha no pueden acudir a Dios en busca de misericordia, porque es justamente la noción de la misericordia divina lo que constituye la bondad y gracia de Dios hacia el desdichado. Sin la desdicha en la ecuación, no se puede ejercer misericordia. Es una contradicción querer misericordia sin sentir
desdicha, o comprensión sin tener una calamidad. Por lo tanto, los hombres no pueden considerarse objetos adecuados de misericordia, a menos que tengan primero conciencia de que son desdichados. Así que, a menos que éste sea el caso, es imposible que acudan a Dios en busca de misericordia.

Jonathan Edwards 2

Tienen que ser sensibles al hecho de que son hijos de ira, que la Ley está en su contra y que están expuestos a su maldición: que la ira de Dios mora en ellos y que él está disgustado con ellos cada día que están bajo la culpa del pecado. Tienen que ser sensibles al hecho de que es cosa terrible ser el objeto de la ira de Dios, que es cosa terrible tenerlo como enemigo, y tienen que saber que no pueden sobrevivir su ira. Tienen que ser sensibles a que la culpa del pecado los convierte en criaturas desdichadas, sean cuales sean los placeres temporales que tienen; que no pueden ser más que criaturas desdichadas, arruinadas, en tanto Dios está disgustado con ellos; que no tienen fuerza y deben perecer, y esto, eternamente, a menos que Dios los ayude. Tienen que ver que su caso es totalmente desesperante, que no hay nada que nadie puede hacer por ellos; que están al borde del foso de la desdicha eterna; y que tendrán que caer en él, si Dios no tiene misericordia de ellos…

1. La misericordia de Dios es suficiente para perdonar los pecados más grandes, así como lo es para perdonar los más pequeños, porque su misericordia es infinita. Lo que es infinito es tan superior a lo que es grande como lo es a lo que es pequeño. Entonces, siendo Dios infinitamente grande es superior a los reyes, así como lo es a los mendigos. Es superior al ángel principal, así como lo es al gusano más inferior. Una medida de lo infinito no depende de la distancia entre lo infinito y lo que no lo es. Por lo tanto, siendo la misericordia de Dios infinita, es tan suficiente para perdonar todo pecado, así como lo es para perdonar uno solo…

Jonathan Edwards 3

2. Lo que Cristo pagó por el pecado es suficiente para quitar la culpabilidad más grande, así como lo es para quitar la más pequeña. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:39). Todos los pecados de
quienes verdaderamente se acercan a Dios para pedir misericordia, sean los que sean, han sido saldados si Dios, quien lo dice, no miente. Y si la pena de todos ha sido saldada, es fácil creer que Dios está listo para perdonarla. De modo que Cristo, habiendo satisfecho plenamente el castigo de todos los pecados, y habiendo hecho un pago que es apto para todos, no desmerece la gloria de los atributos divinos perdonar los pecados
más grandes de aquellos que de una manera correcta acuden a él pidiendo perdón. Dios puede ahora perdonar a los pecadores más grandes sin menoscabar el honor de su santidad. La santidad de Dios no lo deja pasar por alto el pecado, sino que lo lleva a dar testimonios claros de su aborrecimiento por él. Porque Cristo satisfizo el castigo por el pecado, Dios puede ahora amar al pecador y no tener en cuenta para nada su pecado, no importa lo grande que haya sido. El hecho que descargó su ira en su propio Hijo amado cuando éste tomó sobre sí la culpa del pecado es testimonio suficiente de cuánto aborrece Dios al pecado. No hay nada mejor que esto para mostrar el odio que Dios siente por el pecado…

Dios puede, por medio de Cristo, perdonar al más grande pecador sin menoscabar el honor de su majestad. El honor de la majestad divina ciertamente requiere ser satisfecho, pero los sufrimientos de Cristo reparan plenamente el agravio. Aunque la ofensa sea muy grande, si una persona tan honorable como Cristo asume la función de Mediador del que cometió la ofensa y sufre tanto por él, repara plenamente el agravio hecho a la Majestad del cielo y de la tierra. Los sufrimientos de Cristo satisfacen
plenamente su justicia. La justicia de Dios, como Soberano y Juez de la tierra, requiere que el pecado sea castigado. El Juez supremo tiene que juzgar al mundo de acuerdo con la ley de la justicia…

La Ley no es un impedimento para el perdón del pecado más grande, siempre y cuando el hombre realmente acuda a Dios pidiendo misericordia, porque Cristo, por medio de sus sufrimientos, ha cumplido la Ley, él cargó con la condena del pecado, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en su madero)” (Gál. 3:13).

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3. Cristo no se negará a salvar a los más grandes pecadores, quienes de la manera correcta acuden a Dios pidiendo misericordia, porque esa es su obra. Es su deber ser el Salvador de los pecadores, pues es la obra por la que vino al mundo y, por lo tanto, no se opondrá a hacerlo. No vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13). El pecado es justamente el mal que vino al mundo a remediar: por lo tanto,
no tendrá objeciones contra nadie porque sea muy pecador. Más pecador es, más necesita a Cristo. La pecaminosidad del hombre fue la razón por la que Cristo vino al mundo… El médico no se niega a sanar a alguien que acude a él porque tiene gran necesidad de su ayuda….

4. En esto consiste la gloria de la gracia por la redención de Cristo: en que es suficiente para perdonar a los más grandes pecadores. Todo el plan del camino de salvación es hacia este fin: glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar este atributo; y por lo tanto es así que concibió el recurso de salvar al pecador a través de Cristo. La grandeza de la gracia divina se muestra claramente en esto: que Dios por medio de Cristo salva a los más grandes ofensores. Más grande la
culpa de cualquier pecador, más gloriosa y maravillosa es la gracia manifestada en su perdón: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20)… El Redentor es glorificado, en el sentido que da prueba de ser suficiente para redimir a los que son excesivamente pecadores, en el sentido que su sangre prueba ser suficiente para limpiar
la culpa más grande, en que puede salvar al máximo y en que redime hasta de la desdicha más grande.

Es el honor de Cristo salvar a los más grandes pecadores cuando acuden a él, así como es un honor para el médico poder curar las enfermedades o heridas más desesperantes. Por lo tanto, no cabe duda de que Cristo estará dispuesto a salvar a los más grandes pecadores si acuden a él, porque no vacilará en glorificarse a sí mismo y de elogiar el valor y la virtud de su propia sangre. Siendo que se dio a sí mismo para redimir a
los pecadores, no le faltará disposición para mostrar que es capaz de redimir al máximo… Si tú no aceptas la suficiencia de Cristo para perdonarte, sin ninguna rectitud y justicia propia que te recomiende, nunca llegarás al punto de ser aceptado por él. La manera de ser aceptado es acudir—no por ningún aliento que te da el saber que has podido mejorar, o que eres más digno, y no tan indigno sino—por el mero aliento
de lo digno que es Cristo y lo misericordioso que es Dios.

De “Great Guilt No Obstacle to the Pardon of the Returning Sinner” (Una gran
culpa no es obstáculo al perdón del pecador que vuelve) en The Works of Jonathan
Edwards.

_______________________
Jonathan Edwards: (1703-1758) Predicador congregacionalista norteamericano usado
poderosamente por Dios durante el Gran Avivamiento. Nacido en East Windsor,
Colonia de Connecticut.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 1

Blog51

Diferentes, complementarios ¿y similares?

En unas semanas celebraremos el aniversario 500 de la Reforma Protestante. En estas fechas los evangélicos nos acordamos de cómo en ese entonces un desconocido monje agustino revolucionó la faz de Europa cuando clavó sus 95 tesis a la puerta de una iglesia, aunque algunos dicen que este hecho no fue así esta acusación resulta irrelevante y de acuerdo a investigaciones sin fundamento[1].

Aquélla iglesia donde sucedió este hecho aún está en Wittenberg (Alemania) y el monje, como todos sabemos, fue el mundialmente reconocido Martín Lutero. Gracias a las hazañas de Lutero, nació la Reforma protestante (aunque el apodo protestante no sería usado hasta doce años después). Señala un autor: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[2].

Su pasión por las Escrituras engendró a una serie de teólogos pro-Reforma tales como Matthias Flacius, Urbanus Rhegius, Johannes Brenz y Martín Chemnitz –“el segundo Martín”- dentro del campo luterano. ¿Y cómo no hacer mención del brazo derecho de Lutero: su amado amigo Felipe Melanchthon? Es como si los dos hubiesen sido diseñados para ministrar juntos.

Comentó Lutero en una ocasión, “Yo soy duro, ruidoso y escandaloso. Nací para pelear contra monstruos y diablos. Tengo que quitar tocones y piedras, echar fuera cardos y espinas, y limpiar bosques silvestres; pero luego viene el Señor Felipe de una forma tan suave y dulce, sembrando agua con gozo según los dones que Dios ha derramado abundantemente sobre él”. También preparó el camino para un campo más reformado dentro del protestantismo con gigantes de la talla de Martín Bucer, Ulrico Zuinglio, Enrique Bullinger y Theodore Beza.

No obstante, mucho más importante que cualquiera de los antes mencionados teólogos es otro pensador reformado cuya fama iguala – algunos podrían decir que supera- aquélla de Lutero. Nacido en Francia en el 1509, pasó la mayor parte de su vida ministerial en Ginebra (Suiza) desarrollando lo que el reformador escocés John Knox llamaría, “Ni temo ni me avergüenzo al afirmar que es la más perfecta escuela de Cristo que había existido en la tierra desde los días de los apóstoles. En otros lugares, confieso que predican a Cristo correctamente; pero en muy pocos sitios he visto las costumbres y la religión tan sinceramente reformadas, no he visto jamás en parte alguna[3].

Para que Knox dijera esto –un hombre, por cierto, no conocido por sus halagos- Ginebra tenía que haber sido algo especial. Entonces, ¿de quién estamos hablando? ¡De Juan Calvino, claro está! Así que los dos campeones de la fe protestante son Martín Lutero y Juan Calvino. ¿Cómo diferenciar entre ellos? Eso lo responderemos en la primera parte.

Sin embargo, también proponemos una continuación: las semejanzas que podemos encontrar entre estos dos hombres. Consideramos que este es un ejercicio más que necesario por tres razones:

  • Con el correr de estos casi quinientos años el trabajo de los dos por el movimiento reformador se ha ido separando de tal manera que pareciera que no trabajaron en un proyecto común.
  • En segundo lugar, resulta muy llamativo el hecho de que a pesar de que pareciera que son personajes muy diferentes es posible encontrar varias semejanzas en sus personalidades y circunstancias.
  • Finalmente, y dado la cantidad de tiempo que ha pasado (¡casi quinientos años!) una mirada cercana desde la cotidianeidad, o “humana”, a la personalidad y circunstancias de ambos reformadores nos ayudarán a apreciar de una manera distinta la intensa actividad en la que ambos se involucraron animándonos con su ejemplo y por supuesto mostrándonos también cómo la divina Providencia guio las vidas de ambos.

Diferencias entre Lutero y Calvino.

Comenzaremos esta primera sección citando el aporte del escritor y conferencista Will Graham[4], quien compiló diez diferencias, más una que agregamos en nuestra investigación con aportes a partir de la investigación bibliográfica.

  1. Dos Generaciones: Primero Lutero luego Calvino.
  2. Enfoques Diferentes: Un profeta y un intelectual.
  3. Dos Personalidades Distintas: Extrovertido e introvertido.
  4. Dos Ocupaciones: El pastor y el profesor.
  5. Aspecto físico.
  6. Énfasis Teológicos: ¿Justificación o la gloria de Dios?
  7. Asuntos Políticos en Discusión: Relación Iglesia y estado
  8. Controversias Sacramentales 1: La cena del Señor
  9. Controversias Sacramentales 2: El bautismo
  10. Énfasis: La ley y el evangelio
  11. Visitas a Tribunales

Durante las próximas semanas hablaremos de Lutero, de Calvino, de la Reforma. Acompáñanos.

[1]Leyendas en torno a Lutero: la fijación de las tesis” En: http://www.luther.de/es/legenden/tanschl.html

[“Esta escena aparece en muchísimas ilustraciones y fue considerada, hasta muy entrado el siglo XX, como una realidad histórica. Es una imagen que, como pocas otras, se ha convertido en un símbolo de la Reforma. De ahí el tremendo remezón cuando el teólogo católico e investigador de Lutero, Erwin Iserloh, publicó un estudio según el cual la fijación de las tesis sería parte de la leyenda. Sin embargo, los hechos que aduce no dejan de convencer. Por una parte, la primera alusión escrita a este suceso proviene de Felipe (Philipp) Melanchthon, que no puede haber sido testigo presencial, ya que recién en 1518 fue llamado a la universidad de Wittenberg. Además, esta relación es publicada después de la muerte del Lutero; de modo que no conocemos ningún comentario del reformador mismo, en cuanto a su martilleo de 1517. Por lo tanto, hemos de limitarnos a lo que sabemos con seguridad: que Lutero escribió cartas a sus superiores, fechadas a 31/10/1517, en las cuales denunciaba la práctica de la venta de indulgencias e instaba a terminar con esta lacra. Adjuntó a sus misivas 95 tesis para que sirvieran de base a una disputa sobre el tema. A pesar de que la mayoría de los investigadores considera probado que en aquel día Lutero no utilizó otra herramienta que la pluma, la imagen de él clavando las tesis es una de las más populares en relación a Lutero, la reforma y la ciudad de Lutero, Wittenberg”].

[2] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[3] En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 11

[4] Will Graham, 24 de octubre de 2015, http://protestantedigital.com/magacin/37684/10_diferencias_entre_Lutero_y_Calvino

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”)

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

EL EVANGELIO Y EL JUICIO

Blog50

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó”   (Hechos 17:30-31).

Ahora bien, según la revelación del evangelio, este Juicio será dirigido por el Hombre Cristo Jesús. Dios juzgará al mundo; pero será por medio de su Hijo, a quien ha ordenado y nombrado para ser el que lleva a cabo la obra de aquel tremendo día final. El que se
sentará en el trono es “el Hijo del hombre”. Será así entronizado, supongo, en parte porque está involucrado en la obra de mediación, sobre la cual el Señor ha puesto todas las cosas “bajo sus pies” (Heb. 2:8). Se encuentra a la diestra de Dios, “y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Ped. 3:22). A Dios le place poner al mundo, no bajo el gobierno directo de una deidad personal, sino bajo el gobierno del Mediador, a fin de que nos trate con misericordia. Ese Mediador es Profeta, Sacerdote y Rey, y su realeza estaría despojada de su gloria si el Rey no tuviera el poder sobre la vida y la muerte, y el poder de formar un tribunal y de juzgar a sus súbditos. Jesucristo, por lo tanto, siendo el Rey y Soberano mediador, a quien le fue dado todo poder en el cielo y en la tierra, hará uso de su gran poder al final y juzgará a todas las naciones.

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Esta posición es también dada a nuestro Señor como un honor por parte del Padre, por medio de la cual borra todo vestigio de vergüenza y deshonor por la que pasó cuando estuvo entre los hijos de los hombres. Los reyes de la tierra se alzaron para juzgarlo, pero comparecerán delante de él para ser juzgados. Los gobernantes se juntaron para decidir condenarlo, pero los gobernantes comparecerán ante su tribunal para ellos
mismos ser condenados. Estará allí Poncio Pilato y estarán allí los sacerdotes principales, y César y todos los césares, zares, emperadores, reyes y príncipes quienes le rendirán homenaje con toda humildad, presentándose ante su tribunal como prisioneros para ser juzgados por él. No tendrán memoria de su caña cascada porque destruirá a sus enemigos con una vara de hierro (Mat. 12:20; Apoc. 19:15). No tendrá marcas de la
corona de espinas, porque en su sien lucirá muchas diademas. Los hombres ya no podrán pensar en él como “hombre de dolores” con su semblante estropeado por el dolor y la vergüenza, porque sus ojos serán como llamas de fuego y su rostro como el sol brillando en toda su plenitud.

¡Oh Cruz, toda la vergüenza que te rodeó será borrada para siempre entre los hijos de los hombres porque este hombre se sentará en el trono del Juicio! El Padre tuvo a bien darle este honor, y él bien se lo merece. C.H Spurgeon8.jpg

Jesucristo, siendo Dios, tiene la gloria que tenía con el Padre antes de que existiera el mundo; pero como Dios-hombre, tiene una gloria que su Padre le ha dado como recompensa de esa obra de vida y muerte por la que ha redimido a su pueblo. “Dad a Jehová la gloria y el poder” (Sal. 96:7) es la atribución de todos sus santos, y Dios el Padre eterno ha hecho esto por su Hijo, de quien ha jurado que “se doble toda rodilla” ante él y
“toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:10-11). “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas1:14-15)…

Es como Hijo del Hombre al igual que Hijo de Dios que nuestro Señor juzgará al mundo en aquel gran día final. Estemos, pues, seguros de su imparcialidad. Él es Dios, pero también hombre, por lo que tiene una intensa compenetración tanto con el Rey como con sus súbditos, habiendo manifestado su gracia aun a los rebeldes y estando también lleno de un amor intenso por el Padre y su Ley. Si pudiéramos escoger un juez, ¿qué ser suponemos podría ser más imparcial o tan imparcial como el Señor, quien “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6-7)? ¡Oh Juez bendito, sé tu entronizado ya por la voluntad de toda la creación!

C.H Spurgeon9

El veredicto [del Hijo del Hombre] será final e irreversible. Una vez que Jesús se haya pronunciado, no habrá ninguna apelación, no un segundo juicio por algún error en el primero, ninguna revocación de su decisión. Él mismo lo ha dicho: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat. 25:46). No habrá ninguna demora en la ejecución ni evasión de la condenación. No habrá endurecimiento del corazón para
soportarlo y nada que sobreviva a la condenación. Durará en todo su terror el veredicto final del Juez de toda la tierra, pronunciado por el Cristo de amor. No sé ni cómo hablar de un tema así, por lo que tengo que dejarlo ante mis lectores tal como lo he presentado. Quiera el Espíritu Santo grabarlo en sus mentes.

De un sermón predicado el Día del Señor por la mañana, 25 de mayo de 1879, en
el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
_______________________

Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista influyente en Inglaterra. La
colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20-25
millones de palabras en sus sermones son equivalentes a 27 tomos de la novena edición
de la Enciclopedia Británica. La serie constituye la mayor colección de libros por un
solo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Inglaterra.

Las Mujeres de la Reforma: Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

Blog49

 

Mujeres Latinas: el caso de Chile

Blog48

Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

En el año 1850 David Trumbull viaja a los EE.UU. y contrae matrimonio con quien sería su esposa por 39 años. Trumbull, será ministro en Valparaíso durante cuarenta años.

Los Fitch al igual que los Trumbull tenían ancestros británicos y puritanos, que figuraban dentro de una larga lista de antepasados: ministros, militares magistrados y docentes. El Reverendo Eleazar T. Fitch, tío de Jane y profesor de homilética (oratoria sagrada), en Yale cuidó de ella al quedar huérfana, siendo esta institución donde conoce a David Trumbull.

En nuestra investigación realizada a partir de las publicaciones de su esposo pudimos notar aspectos personales de la vida de Trumbull: La publicación reportó las defunciones de sus hijos. Las circunstancias de la muerte del hijo mayor de los Trumbull (David Trumbull Fitch), fueron bastante trágicas pues la causa del deceso fue por ahogamiento en el 3 de julio en New London, Conneticut[1], luego de haber terminado la carrera de medicina y teniendo como meta regresar a Chile. También la prometedora jovencita Mary Trumbull (nacida el 2 de diciembre de 1859) murió repentinamente en Valparaíso, Chile, en mayo de 1882, a causa de un infarto mientras cabalgaba con el señor A. M. Merwin, un colega de su padre.

A pesar de las adversidades familiares, y la férrea oposición del catolicismo local en el ámbito público, colaboró apoyando el ministerio de su esposo haciéndose cargo de la Sociedad Bíblica de Valparaíso y de la dirección de una de las primeras escuelas femeninas de Valparaíso (inspiración del Liceo 1 de Niñas de Valparaíso).

Algunas conclusiones

Realizar esta investigación no fue una tarea fácil, pero sí tremendamente enriquecedora. A pesar de las corrientes de la historiografía y cultura fue posible encontrar las huellas de mujeres piadosas dispuestas a servir a Dios y a sus hermanos y compañeros. De algunas, probablemente nunca podamos saber sus nombres, ocupaciones o nacionalidad pero a través de su servicio prepararon el camino y sostuvieron a quienes desempeñaron las labores más públicas.

Otras fueron conocidas por ser las compañeras o esposas de los reformadores, notable fue su servicio especialmente destacable en tiempos en los cuales las labores más sencillas son poco valoradas, pero vaya qué complicado es cuando faltan y qué difícil hubiese sido para esos varones el haber lidiado con sus labores sin el apoyo de sus compañeras. Finalmente, otras mujeres cargaron con el peso de llevar la autoridad y sus convicciones en medio del constante examen y oposición de sus cortes.

En medio de la diversidad biográfica de las mujeres de la reforma resuena en mi mente la frase: “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21), pues quizás desde este lado de la eternidad el aporte de algunas de ellas pudo parecer muy pequeño o muy grande pero cada una de acuerdo al lugar y tiempo que les fue permitido vivir fue fiel en la fe y las labores que desempeñaron.

[1] Stephen Trumbull. The Record, Volumen 7, N° 92, September 7th, 1878, Pág. 10; véase Dr. Stephen Trumbull, The Record, Volumen 15, N° 222, May 26th 1886, Pág. 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

 

 

 

Oración y Fe

Blog47

La fe cubre las necesidades temporales y espirituales; disipa la ansiedad y los cuidados sobre lo que comeremos, beberemos o con qué nos vestiremos. La fe vive en el presente y mira cada día como suficiente dentro de su propio afán, disipando todos los temores del mañana; lleva descanso a la mente y perfecta paz al corazón:

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Is. 26:3).

Y aquel que vive en el presente saca lo mejor de la vida, pues sus planes y su “horario” siempre coinciden con los de Dios.

Las verdaderas oraciones surgen de las pruebas y necesidades presentes: el pan para hoy es suficiente para la necesidad presente, y constituye la garantía más sobresaliente de que también habrá pan para mañana; la victoria de hoy día, es la seguridad de que mañana habrá victoria … Por ello, nuestras oraciones han de estar enfocadas sobre el presente. Debemos confiar en Dios cada día, y dejar el mañana enteramente en sus manos.

El presente es nuestro y la oración es la tarea y el deber para cada día; pero el futuro pertenece sólo a Dios.  De lo dicho concluimos, pues, que así como cada día requiere su pan, del mismo modo requiere su oración. Ninguna oración, por más larga que haya sido hoy, suplirá a la de mañana. Por otra parte, ninguna oración dedicada al mañana es de valor para el día de hoy. El maná de hoy es lo que realmente necesitamos; mañana Dios se encargará de que nuestras necesidades estén suplidas. Ésta es la fe que Dios desea inspirar. De manera que dejemos el mañana, con sus cuidados, necesidades y problemas, en las manos de Dios: “Baste a cada día su propio mal” (Mt. 6:34)

 

 

Extraido de “La necesidad de la oración”

 

Edward McKendree Bounds (15 de agosto de 1835 – 24 de agosto de 1913) conocido como EM Bounds , fue un autor estadounidense y abogado. Él es conocido por escribir 11 libros, nueve de los cuales se centraron en el tema de la oración . Sólo dos de los libros de Bounds fueron publicados antes de su muerte. Después de su muerte, el Rev. Claudius (Claude) Lysias Chilton, Jr., nieto de William Parish Chilton y admirador de Bounds, trabajó en la preservación y preparación de la colección de Bounds de manuscritos para su publicación. Hacia 1921, más trabajo editorial estaba siendo hecho por el Rev. Homer W. Hodge.

Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

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Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

 

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Catalina de Borbón (1559 – 1604)

Catalina de Borbón (París, 7 de febrero de 1559, Nancy, 13 de febrero de 1604), fue hija de la reina Juana de Navarra y Antonio de Borbón y nieta de Margarita de Navarra (Angulema, hermana del rey Francisco I de Francia). Su madre como y abuela fueron ejemplares en cultura y amor por su fe reformada.

Fue educada, junto con su hermano (el futuro rey de Francia), en un cristianismo consecuente; su madre había hecho profesión pública de fe calvinista la navidad de 1560. Durante 13 años fue preparada a través de la enseñanza en las artes y cultura, pero especialmente en el temor de Dios por los brazos protectores de su madre, y todo ello en medio de dificultades sin número (guerras de religión, persecuciones, traiciones, deserción religiosa y moral de su padre, etc.). El cristianismo que la madre de los hermanos trató de inculcar se resumía en dos conceptos: “Firmeza”, y “Hasta la muerte”. Catalina mantuvo su fe firme.

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su hermano el príncipe Enrique, pues su fe tenía una fuerte competencia ante la influencia de los valores de la educación y práctica política católica. De tal manera que ante la posibilidad de acceder al trono y siguiendo la máxima de “París bien vale una misa” que le propuso uno de sus consejeros[1], de esta manera aplicó la llamada razón de estado (es decir, la justificación, basada en la conveniencia política, que un gobierno o individuo aduce para actuar de una manera determinada) y renunció a la fe protestante a través de varios episodios de abjuraciones hasta el ritual final para ser coronado rey de Francia en 1594.

Cuando su hermano le propuso, bajo amenazas de negarle su protección, también la conveniencia de su conversión a la iglesia papal, Catalina le contestó: “Si me desamparáis, Dios nunca lo hará: esa es mi confianza. Prefiero ser la más miserable en la tierra, que dejarle por los hombres.” Siempre mostró gran respeto a su hermano, como hermano y como rey, pero sin negar el fundamento donde se encontraba para ella la fuente de toda autoridad y respeto: la fidelidad a la Escritura.

Un episodio trágico en la vida de Catalina fue cuando abjuró de su fe protestante en el contexto de la de su propio hermano en la masacre de la noche de San Bartolomé. En ese momento tenía 13 años (acababa de perder a su madre y estaba en un ambiente infernal en París), y así formalmente permaneció varios años. Pero luego se reafirmó en su calvinismo hasta su muerte. Cuando tuvo que vivir la renuncia de su hermano a la fe de su madre para ser coronado rey de Francia, ella se mantuvo fiel, y así lo refirió expresamente a Teodoro de Beza (del que solicitaba se orase por ella en tan difícil situación)

En 1577, a la edad de 18 años fue nombrada regente de sus territorios por su hermano allí  se dedicó en cuerpo y alma a la preservación de la obra religiosa y política que había iniciado su madre. No fue fácil, pues algunos sectores nunca admitieron de buen grado las reformas religiosas y políticas instauradas por Juana de Albret. Debió defender los derechos de esos territorios, especialmente del Bearne y del reino de Navarra, en el proceso de coronación de su hermano (Enrique III de Navarra y IV de Francia), que al final quedan excluidos de la anexión a Francia, conservando su autonomía y leyes propias.

Catalina fue la reconocida (aunque muy borrada de la memoria histórica) defensora de los derechos de los hugonotes en la corte, donde ganó para ellos batallas muy importantes, aunque sin el ruido de las armas en el campo abierto. Sin duda, es el pilar necesario para comprender incluso el edicto posterior de tolerancia de Nantes. Y a pesar de que solo fue regente de unos pequeños y problemáticos territorios, es toda una mujer de estado, pero sin seguir los patrones de la época. En este sentido es el contrapeso de la acción de su hermano. Catalina se puede considerar la propulsora de una política “laica”.

Como cristiana fiel era consciente de sus deberes y responsabilidades. Renunció por ello a sentimientos y gustos; no pudo casarse con quien amaba. Su hermano “la casó” en 1599 como pieza de un tratado político. Ella aceptó, pero con una sola condición: conservar la fe de su casa. Catalina escribió: “Oh Dios, tú has prometido, por tu bondad divina, ayudar a los afligidos que acuden a ti. Mi corazón está lleno de aflicción. Padre, consuélame, hazme sentir el efecto de tu favor divino. …. Mi pecado aborrezco. Perdóname, Señor, mira tu promesa y no mi error, en tu bondad espero, no en mi inocencia. …. Cuando hay que ir a escuchar tu palabra, mis pies se entumecen y van a paso lento, pero si hay que ir a las diversiones mundanas, en lugar de caminar, parece que vuelo. …. Pero recíbeme, Señor, de mirada dulce y propicia, pues reconozco mis pecados ante ti. Mira a tu amado Hijo, sacrificado por mí, quien tomando mis pecados, me reviste de su justicia[2]

[1] Enrique pudo ser rey protestante de Francia debido a sus victorias militares con el bando hugonote, pero la intervención final de Felipe II ordenando la colaboración de los tercios fue decisiva para que se produjera una situación de equilibrio, de la que finalmente no se percibió otra salida que la de su abjuración. La iglesia papal entendió su conversión como disimulo de razón de estado y lo consideró, en la práctica, enemigo..
[2] Emilio Monjo Bellido “Catalina de Borbón” Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/11846/Catalina_de_Borbon Traducción en formato libre] (R. Ritter: Lettres et poésies de Catherine de Bourbon (1570-1605). Paris, Champion, 1927)

 

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Isabel I (1553 – 1603)

En inglés, Elizabeth I, a menudo referida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte. Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor.

Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.

El reinado de la reina Isabel I de Inglaterra fue uno de los más largos y determinantes de la historia de su país. Llegó al poder después de ver cómo su madre era decapitada por orden de su propio padre y vivir unos años recluida y alejada del orden sucesorio. Pero el destino quiso que Isabel subiera al trono en 1558 y reinara sobre Inglaterra e Irlanda hasta su muerte, en 1603[1]. La reina estrechó lazos con Francia, se enfrentó a su rival María de Escocia y plantó cara al imperio de Felipe II. Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, que luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad.

El principal objetivo de Isabel I al sentarse en el trono fue poner orden en la cuestión religiosa que venía sacudiendo el país desde tiempos de Enrique VIII. Su estrategia en este sentido consistió en el restablecimiento del anglicanismo como religión oficial.

A pesar de haber sido coronada según el rito romano, Isabel pronto evidenció su voluntad de continuar la política eclesiástica de su padre. En ello se dejó guiar por consideraciones puramente políticas: la reina deseaba ejercer la autoridad eclesiástica suprema, lo que al mismo tiempo la oponía a católicos y calvinistas. Actuando con gran prudencia, promulgó en 1559 el Acta de Supremacía que puso nuevamente en vigor las leyes religiosas de Enrique VIII y Eduardo VI, abolidas en tiempos de María Tudor. Una parte integral de la conciencia histórica protestante fue el martirio de los protestantes ingleses con la hija de Enrique VIII y hermanastra de Isabel, «María la sangrienta». El libro de los mórtires de Foxe (1563), que detallaba del modo más cruento este martirio, fue enormemente popular durante el periodo victoriano[2].

El edicto de 1559, aunque reforzaba el protestantismo y declaraba la celebración de la misa ilegal, era excepcionalmente tolerante con la población católica. Los católicos quedaron en principio exentos de la asistencia obligatoria a la iglesia parroquial a cambio del pago de una moderada contribución, y la celebración privada de su culto no fue perseguida excepto en los casos en que se sospechara traición a la monarquía.

El Acta de Uniformidad, votada ese mismo año por el Parlamento, restableció el Libro de la Plegaria Común de Eduardo VI eliminando las fórmulas que pudieran resultar más ofensivas para los católicos. Los obispos católicos nombrados durante el reinado de María I protestaron e Isabel respondió deponiéndolos a todos, quedando así renovada por completo la alta jerarquía eclesiástica del reino. Sin embargo, Isabel se cuidó de no verse superada por el fanatismo protestante. En 1563, cuando el Parlamento adoptó la profesión de fe de los Treinta y Nueve Artículos que rechazaba la transubstanciación y sólo admitía dos sacramentos, la reina decretó al mismo tiempo el mantenimiento de la jerarquía y la liturgia católicas.

Isabel tuvo que hacer frente a una doble oposición: la de los católicos, que se consideraron desligados de su deber de lealtad tras la excomunión de 1570 y que pusieron sus esperanzas en la católica reina de Escocia, María Estuardo, y la de los calvinistas presbiterianos, que rechazaban la jerarquía episcopal y cualquier vestigio de catolicismo dentro de la Iglesia reformada. Isabel recrudeció las medidas represivas contra la disidencia religiosa. La celebración de la misa católica fue prohibida por completo, así como los sínodos presbiterianos de los calvinistas, que ya por entonces comenzaban a conocerse como puritanos. En 1595 se hizo obligatoria, bajo pena de prisión, la asistencia al culto anglicano. Sin embargo, hubo muchas menos ejecuciones por motivos religiosos durante los veintiocho años del reinado isabelino que durante los cinco en que María Tudor se sentó en el trono. La obra religiosa de Isabel fue duradera: dio al anglicanismo su carácter definitivo y emprendió el camino hacia la convivencia de las distintas sectas religiosas[3].

Su reinado sentó las bases de un largo tiempo de hegemonía inglesa sobre los mares y amplios territorios de ultramar. También fueron años de gran esplendor en el mundo del arte y de la literatura, con Marlowe y Shakespeare como adalides de las letras inglesas. Solamente su extraña aversión al matrimonio y su empeño por ser recordada como la reina virgen exaltando su relación con su pueblo por encima de un solo hombre, hicieron de ella un personaje un tanto excéntrico y misterioso.

[1] María Tudor se convertía en María I el 1 de octubre de 1553. Durante su reinado, Inglaterra volvió al catolicismo y se vivieron tiempos convulsos en los que la nueva reina se ganó el triste apodo de María la Sanguinaria. Su matrimonio con su primo, Felipe II, tampoco fue del agrado de los ingleses quienes intentaron colocar a Isabel en el trono. La princesa terminó recluida en la Torre de Londres pero su hermana no consiguió que fuera alejada de la sucesión ni tampoco su conversión al catolicismo.
[2] http://www.victorianweb.org/espanol/religion/protestantheritage.html
[3] Isabel I Tudor, http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=isabel-i-tudor-reina-de-inglaterra

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

¿Por qué se requiere fe?

 

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¿Por qué se requiere fe para recibir las bendiciones de Cristo?

Por razones: 1. Con respecto a Dios; 2. Con respecto a Cristo; 3. Con respecto a la criatura; 4. Con respecto a nuestras consolaciones.
1. Con respecto a Dios:

Para que nuestro corazón posea una percepción completa de su gracia, quien en el Nuevo Pacto10 aparece no como un Dios vengador y condenatorio, sino como un Dios perdonador. El Apóstol lo explica así: “Es por fe, para que sea por gracia” (Rom. 4:16). La Ley produjo pavor hacia Dios, por ser dicha ley el instrumento que revelaba el pecado y el castigo que se merecía: “Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (4:15), tampoco habrá ningún sentido de victoria. Pero el evangelio trajo la gracia. La Ley declaró las faltas, pero el evangelio mostró el camino de nuestra recuperación. Y por lo tanto, la fe coincide más con la gracia, ya que hace que Dios, para nosotros, sea más cariñoso y bueno, y amado por nosotros al descubrir su bondad y su gracia. La salvación del hombre por medio de Cristo, es decir, por su encarnación, vida, sufrimientos, muerte, resurrección y ascensión, tiende a llenar nuestro corazón de gracias abundantes. Lo mismo tiende a suceder con su pacto misericordioso, sus promesas generosas y todas las bendiciones que nos son dadas: su Espíritu, perdón y comunión con Dios en gloria, todo para llenar nuestro corazón con un sentimiento del amor  de Dios. Y todo esto es necesario. Porque una conciencia culpable no se soluciona con facilidad, ni le es fácil buscar cualquier clase de felicidad proveniente de Aquel a quien tanto hemos ofendido. Adán, cuando ya era pecador, se escondía de Dios (Gén. 3:10); y el pecado todavía hace que vacilemos en acercarnos a él. La culpabilidad es desconfiada, y si no contamos con alguien que nos lleve de la mano y nos acerque a Dios, no podemos aguantar su presencia. Para esto sirve la fe: para que los pecadores, siendo poseídos de la bondad y gracia de Dios, puedan recuperarse y volver a él por un medio adecuado. En el Nuevo Pacto, el arrepentimiento se relaciona más claramente con Dios, y la fe, con Cristo:

Versiculo 149

“Arrepentimiento para con Dios; y… fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21).

El arrepentimiento se relaciona más con Dios porque de Dios caímos y a Dios hemos de volver. Caímos de él cuando le retiramos nuestra alianza y buscamos en otra parte nuestra felicidad; a él volvemos como nuestra felicidad legítima y correcta. Pero la fe tiene que ver con el Mediador,11 el que es el único remedio para nuestro sufrimiento y el medio para obtener nuestra felicidad eterna. Él abrió el camino a Dios por sus méritos y satisfacción por el pecado, y realmente nos pone en este camino por su gracia renovadora y reconciliadora, a fin de que tengamos la capacidad de agradar a Dios y
disfrutarlo. Y esa es la razón por la cual insistimos tanto en la fe en Cristo como nuestro derecho y prerrogativa a la santidad del Nuevo Pacto. Tiene una habilidad y capacidad de recuperarnos del pecado para acercarnos a Dios porque se trata especialmente del Mediador por medio de quien acudimos a él.
2. Con respecto a Cristo:
[1] Porque la dispensación total de la gracia de Cristo no puede ser percibida por nada que no sea la fe. En parte porque el camino de nuestra recuperación es tan sobrenatural, extraño y maravilloso que ¿cómo podemos convencernos de él a menos que creamos el testimonio de Dios? Que el hijo del carpintero sea el Hijo del Gran Arquitecto y Constructor que diseñó el cielo y la tierra; que obtuviéramos vida por medio de la
muerte de otro; que Dios se hiciera hombre y el Juez un copartícipe; y que el que no conoció pecado fuera condenado como un criminal; que un crucificado obtuviera la salvación del mundo entero y fuera Señor de la vida y de la muerte y tuviera tal poder sobre toda carne como para dar vida eterna al que él quiere, ¡la razón no entiende todo esto! Solo la fe puede darle significado… La razón considera solo las cosas que ve y
siente; la razón ve los efectos y sus causas… pero la fe es creer las cosas que Dios ha revelado porque él las reveló. Ciertamente, esto es lo único que puede mantenernos a la expectativa de la gracia y misericordia de Dios para vida eterna. Mientras actuamos tan opuestamente a las inclinaciones del corazón carnal y tengamos tantas tentaciones contrarias, ¿qué nos puede mantener firmes más que una fe fuerte y viva?

Thomas Manton 2
[2] Hasta que creamos en Cristo, no podremos tener consuelo ni disfrutar de todo lo que él nos ofrece. ¿Cómo podemos aprender de él el camino de salvación? Cuando creamos que él es el Profeta enviado por Dios para enseñar al mundo el camino hacia la verdadera felicidad. “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5). ¿Cómo podemos obedecerle? Solo cuando creamos en él como nuestro Señor,
quien tiene poder sobre toda carne y ante cuyo juicio caeremos o saldremos victoriosos. “[Dios] ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hech. 17:30-31). Y, ¿cómo podemos depender del mérito de su obediencia y sacrificio, ser confortados por sus promesas y su pacto dados por su gracia, acercarnos ante Dios con confianza y esperanza de misericordia en su nombre, y estar seguros de que él nos justificará, santificará y salvará? Solo cuando creamos que es un Sacerdote que una vez hizo una expiación e intercede continuamente por nosotros (Heb. 9:25). En los días de su encarnación, cuando alguien se acercaba para obtener un beneficio de él, lo ponía a
prueba diciendo: “¿Creéis que puedo hacer esto?” (Mat. 9:28). “Jesús le dijo: ‘Si puedes creer, al que cree todo le es posible’” (Mar. 9:23). “¿Crees esto?” le preguntó a Marta (Juan 11:26). Esto demuestra que no se podía recibir ningún beneficio hasta haber creído.

Thomas Manton 3
3. Con respecto a la santidad y obediencia que Dios esperaba de la criatura:      

Cristo vino para restaurarnos ante Dios, lo cual hace como el Salvador al igual que el Dador de la Ley a su iglesia. Y hasta que creamos en él, estas dos cualidades y funciones no tienen efecto.
[1] Como Salvador, vino para quitar la maldición de la Ley y darnos capacidad de servir y agradar a Dios por medio de darnos su Espíritu para renovar nuestra naturaleza y sanar nuestra alma: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y
por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24). Jamás podremos comprender nuestro deber ni ser capaces de cumplirlo, a menos que creamos que él es un Salvador tal.
[2] Como Dador de la Ley, nos motiva por su autoridad a vivir obedientes a Dios. El reino del Mediador está claramente subordinado al reino de Dios. Porque no vino para anular nuestra responsabilidad, sino para establecerla. Vino para devolver la moneda perdida a su dueño, la oveja perdida a su pastor, al hijo perdido a su padre. Así como la gracia de
Cristo no descarta la misericordia de Dios, la autoridad de Cristo… no nos libra de la autoridad de Dios. Ahora bien, ¿quién se somete a una autoridad que no le convence que lo sea o en la cual no cree? Pero en cuanto creemos, nos doblegamos enteramente ante él de corazón y de hecho.
4. Con respecto a nuestro consuelo:

Las Escrituras con frecuencia representan la fe como una gracia que calma. El consuelo, la quietud y la paz del alma dependen mucho de la fe en Cristo: un Salvador totalmente
suficiente, que quita nuestros temores y hace que en nuestros peores sufrimientos le confiemos nuestra felicidad a Cristo y deleitemos el alma con una paz constante y un gozo eterno. Aunque este mundo sea trastornado y se desvaneciera, aunque estemos en pobreza y enfermedad, o gocemos de salud o riquezas, aunque tengamos mala o buena reputación; aunque tengamos persecución o prosperidad, qué poco nos afectará, si
sabemos en quién hemos creído (2 Tim. 1:12). El cielo está donde siempre estuvo, y Cristo está a la diestra de Dios. Qué poco, entonces, deben todas estas cosas afectar la paz y la tranquilidad del alma que vivirá con Dios para siempre (Sal. 112:7). Pero el pecado es nuestro problema más grande. Si el pecado es su problema, le respondo: “¿Es por la debilidad de la carne o su iniquidad?” Si es por debilidad “ninguna condenación hay para los que están en Cristo” (Rom. 8:1). Si es por iniquidad, apártate de tu pecado y arrepiéntete; y entonces puede haber para ti consuelo, porque Cristo vino para salvarnos de nuestros pecados.
APLICACIÓN 1: Refutar las presunciones de los hombres en cuanto a su buena condición para la eternidad, por las cuales muchos engañan, para condenación, a sus propias almas.
1. Algunos, cuando oyen que todo aquel que cree será salvo, tienen una noción carnal de Cristo. Creen que si estuviera vivo aquí en la tierra, se apropiarían de él, lo recibirían en sus casas y serían más amistosos con él de lo que lo fueron los judíos. Pero es más que conocer a Cristo “en la carne” (2 Cor. 5:16). No es cuestión de recibirlo en nuestra casa, sino en nuestro corazón. Además, no conocemos nuestros propios corazones o lo
que hubiéramos hecho si hubiéramos vivido en aquel entonces. Una persona de una apariencia tan despreciable como era la de Cristo y tan franco en sus reprensiones de los pecados de la época, no nos hubiera caído bien como no les cayó a ellos. Los judíos dijeron: “Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas” (Mat. 23:30). El recuerdo de Coré, Datán y
Abiram era tan detestable para los judíos carnales como lo son Judas y Poncio Pilato para los cristianos; pero no eran ellos mejores hombres, ni tampoco lo somos nosotros.
2. Reverencian mucho su nombre y su recuerdo de él, profesan ser cristianos, y aborrecen a turcos e infieles. No, esto tampoco da resultado. Muchos valoran el nombre de Cristo pero descuidan su responsabilidad. Honrar al médico sin tomar sus remedios nunca sanó a nadie. Han aprendido a hablar bien de Cristo imitando a otros, pero no creen en él sinceramente para salvación, para curar y sanar sus almas ni dejar que él
haga allí su obra de mediador…
3. Están dispuestos a ser perdonados por Cristo y a obtener vida eterna, pero esto es lo menos que se requiere de ellos. No lo dejan realizar toda su obra con el fin de que los santifique y los prepare para vivir para Dios, de apartarlos de sus lascivias más queridas y obvias, y de hacerlos obedientes al evangelio; o se dan por satisfechos cuando aceptan el perdón de Cristo, sin aprovechar estos beneficios o sus medios santos. Pero “puesto que tenemos tales promesas” y un Redentor tan bendito, tenemos que “limpiarnos” (2 Cor. 7:1). La obra es nuestra, pero la gracia procede de él. De allí que Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.
4. Algunos, por su arrogancia, creen que serán salvos y que Cristo los perdonará. Esto, que ellos llaman su fe, puede ser la falta de fe más grande del mundo. Los hombres que viviendo en sus pecados creen estar en buen camino, están creyendo exactamente lo contrario a lo que Dios ha dicho en su Palabra “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los
afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios” (1 Cor. 6:9-10). No es la fuerza de nuestro engreimiento, sino el fundamento seguro de nuestra esperanza, lo que nos sostendrá…
APLICACIÓN 2: ¿Creemos en el Hijo de Dios? Ésta será la gran cuestión para decidir nuestro destino eterno.
1. Si crees, Cristo te será precioso: “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso” (1 Ped. 2:7). Cristo no puede ser aceptado donde no es valorado. Y cuando otras cosas compiten con él, Dios no será pródigo con su gracia.
2. Donde hay fe, el corazón será purificado: “Purificando por la fe sus corazones” (Hech. 15:9).
3. Si tú realmente crees en Cristo, tu corazón se apartará del mundo:
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).
4. Si tú tienes una fe auténtica, obra por amor: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6).
Por estas cosas se determinará el caso. Entonces, el consuelo y la dulzura de esta verdad invaden nuestro corazón: que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 
De Sermón XVI, “Sermons upon John III.16”  The Complete Works of Thomas Manton,  Tomo 2.
Thomas Manton (1620-1677): prolífico predicador puritano no conformista cuyas
obras comprenden veintidós tomos. Nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra.

Las Mujeres de la Reforma: Idelete de Bure (1509 – 1549). Margarita de Navarra (1492 – 1549).

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Mujeres Poderosas, unas más piadosas que otras

 

 

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Margarita de Navarra (1492 – 1549)

Margarita de Navarra, de Angulema o de Orléans (11 de abril de 1492-21 de diciembre de 1549), como también se le conoce. Margarita fue una poeta humanista reconocida, además de ser una persona de convicciones firmes, con todo y que se vio exigida por las costumbres de las cortes y fue capaz de superar la banalidad de su clase social

Ella quien dio cobijo a Calvino cuando huyó de la persecución en Francia. Se le dio el título de “primera ministra de los pobres”, a pesar de que era la reina de Navarra. Fue también una escritora creativa. En una época tan inmoral, cuando la corte francesa se deleitaba con la lectura de los cuentos del Decamerón, de Boccaccio, ella escribió el Heptamerón, en el que denunció a los clérigos inmorales, por lo que se arriesgó a ser asesinada su objetivo con la obra que escribió fue introducir la moralidad, el modelo bíblico para un público que no leía la Biblia. Al final de cada cuento puso un comentario y un versículo de la Biblia.

Sin duda, fue también una reformadora que luchó por la causa protestante. Ya que fue la primera mujer en desempeñar un papel activo en los esfuerzos del Círculo Evangélico de Meaux y en promover el estudio y la publicación en francés de las Escrituras traducidas del arameo, hebreo y griego, en busca del camino a la salvación personal mediante la biblia.

Por su creencia de que la salvación eterna podía ser recibida gracias a la sinceridad de la fe individual y del arrepentimiento sincero por los pecados más que de oraciones rutinarias, peregrinaciones, buenas obras o ritos religiosos fue rechazada por la Facultad de Teología de la Universidad de París y por los miembros de la corte que condenaron su proselitismo considerándolo peligroso para la estabilidad de la corona, sin embargo eso no fue obstáculo para tratar de crear en su reino un ambiente propicio para el movimiento protestante.

Sus acciones incluyeron dar refugio a reformadores perseguidos, solicitando y consiguiendo de su hermano Francisco I, Rey de Francia, el perdón y la cancelación de muchos procesos incluyendo del propio Calvino, más tarde en gratitud por este perdón Calvino dedicaría la Institución de la Religión Cristiana al Rey y siguó manteniendo frecuente correspondencia con Margarita. En su reino de Navarra, la cena se distribuía en sus dos partes, los sacerdotes podían casarse y llevaban ropa de calle, además de que el idioma para el culto no era el latín, sino el de la gente.

Cuando murió, el tributo más importante que se le ofreció fueron las lágrimas derramadas por su pueblo alrededor de su tumba.

 

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Idelete de Bure (1509 – 1549)

 “Ten siempre presente lo que busco hallar en ella; porque no soy yo uno de esos enamorados locos que abrazan incluso los vicios de sus amadas cuando pierden el juicio por la hermosa figura de una mujer. La única belleza que me satisface es esta: que ella sea casta, atenta, ni demasiado bonita ni fastidiosa, económica, paciente y cuidadosa de mi salud”.

Estos eran los requisitos que Juan Calvino buscaba en una esposa. Había permanecido soltero hasta la edad de 31 años, pero sus colegas reformadores William Farel y Martin Bucer le animaban a considerar la posibilidad del matrimonio por causa de su salud, de una casa en orden y de liberarse de esas preocupaciones para servir mejor a la iglesia. Incluso llegaron a ofrecerse para echarle una mano en el asunto, pero después de dos intentos fallidos, la cosa quedó en manos de la providencia.

En 1538 Calvino marchó al exilio desde Ginebra y fijó su residencia en la ciudad de Estrasburgo, en Alemania. Durante este período pastoreaba una congregación de refugiados franceses entre los cuales estaban John Stordeur, de la ciudad de Liege, y su esposa Idelette de Bure.

Idelette de Bure, fue su nombre de soltera, nació en Geldern, fue la única esposa de Juan Calvino. Idelette vivió bajo la sombra de la persecución tanto en casa como en el extranjero. El primer esposo de Idelette fue Jean Storder, pastor anabaptista de Lüttich con el que tuvo un hijo y una hija. El matrimonio Storder estaba fascinado con los sermones de Calvino y concordaba con sus doctrinas religiosas. Calvino se hizo amigo de la pareja y a menudo los visitaba en su casa en Estrasbugo. La peste asoló la ciudad llevándose la vida de Stordeur y dejando a su esposa viuda con dos niños. Aunque no se sabe nada de su noviazgo, Juan Calvino e Idelette se casaron en agosto de 1540.

En la correspondencia de Calvino encontramos muy poca información sobre los ocho años y medio que duró su matrimonio, y muy poco se sabe también de la misma Idelette, pero debió ser una mujer notable y una gran ayuda para el reformador de Ginebra. Su marido la llamaba “una mujer de raras cualidades” y “la fiel ayudante de mi ministerio”. Teodoro de Beza también la describe como una “dama sobria y honorable”.

Su vida no fue fácil. Vivir en el siglo XVI ya era bastante difícil si lo comparamos con nuestros niveles de vida actuales, con epidemias continuas, falta de cuidado médico y turbulencias civiles y políticas. A todo esto se añadió aún más tristeza. Su primer hijo, Jacques, nació prematuramente en 1542 y murió poco después. Pero incluso en aquella desgracia, la soberanía de Dios fue un ancla para sus almas. “El Señor ciertamente nos ha infligido una amarga herida con la muerte de nuestro hijo. Pero Él es Padre y sabe lo que es necesario para sus hijos”. Dos años después, Idelette dio a luz a una hija que moriría de fiebres, y más tarde a un tercer hijo que también murió en la infancia, de lo cual ella nunca se recuperó.

Calvino no se separó de la cama de su esposa hasta que murió a la edad de 40 años en marzo de 1549, probablemente de tuberculosis. Pierre Viret describe la condición de su amigo como “un corazón tan roto y lacerado” que a la vez buscaba la fuerza para que la pena no lo venciera y poder seguir cumpliendo con sus deberes. Calvino nunca volvió a casarse.

Respecto al impacto duradero que Idelette supuso en la vida y el ministerio de su marido, dejaremos que sea el propio Calvino el que hable por sí mismo: “Sabes bien qué tierna, o más bien blanda, es mi mente. Si no se me hubiera concedido un poderoso autocontrol, no podría haber resistido tanto tiempo. Y ciertamente, la mía no es una clase de dolor corriente. He sido privado de la mejor compañía de mi vida, de una que, si hubiera estado así dispuesto, habría compartido con gusto no sólo mi pobreza sino también mi muerte. Durante su vida, ella fue la fiel ayudante de mi ministerio. Nunca experimenté por su parte la más mínima pega. Nunca me creó ningún problema, y procuraba no preocuparme durante todo el curso de su enfermedad, y estaba más ansiosa por sus hijos que por ella misma. Como yo me temía que estas preocupaciones mías podrían molestarla, tres días antes de su muerte le mencioné que no dejaría de cumplir con mi deber hacia sus hijos. A lo que ella, yendo directamente al grano, respondió: “Ya los he encomendado a Dios”. Cuando le dije que no me impidiese cuidar de ellos, ella contestó: “Ya sé que no dejarás de cuidar lo que sabes que te ha sido encomendado por Dios”. Su bondad era tan grande que parecía haber abandonado ya el mundo.

Sobre la hora sexta del día, en la que entregó su alma al Señor, nuestro hermano Bourgouin (un anciano de la iglesia de Ginebra) le dirigió algunas piadosas palabras, y mientras lo hacía, ella habló en voz alta, para que todos vieran que su corazón se estaba levantando por encima de este mundo. Porque estas fueron sus palabras: “¡Oh resurrección gloriosa! ¡Oh, Dios de Abraham y de todos nuestros padres, en Ti tan confiado los fieles durante tantos siglos pasados, y ninguno de ellos confió en Ti en vano! ¡Yo también esperaré!”

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

 

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)