Hablemos de “El papado”

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Este libro es el segundo de la serie “Hablemos de …”, que juntamente al primero “Hablemos de … El Espíritu Santo”, proponen responder de una forma coloquial y cercana diferentes temas sobre nuestra fe en un formato condensado, pero sin prescindir por ello de toda su rigurosidad y contundencia.

La revista Time nombró «persona del año» al papa Francisco en el año 2013. La razón principal de su nominación fue su «rechazo de los lujos». La personalidad modesta del papa y su estilo le hacen una de las figuras más populares en la cultura de celebridades contemporánea. Francisco se ve como un papa que considera que el dogma es menos importante que la actitud personal, la misericordia más relevante que la verdad y la generosidad de espíritu más adecuada que la afirmación de creencias tradicionales. A pesar de todo esto, su figura descansa sobre la tradición de una de las instituciones más antiguas del mundo, que ha generado «dogmas» vinculantes y un código moral muy tradicional, moldeando así la civilización occidental, y liderando el grupo religioso más numeroso del mundo: la Iglesia católica romana.

Existen diferentes maneras de ver el papado, más allá de los lugares comunes y las caricaturas que presentan los medios de comunicación. Este libro intentará responder las siguientes preguntas introductorias: ¿Quienes son los papas y como define la Iglesia católica romana su papel? ¿Cómo una posición de liderazgo en la iglesia cristiana pudo llegar a tener una expresión tan «imperial»? ¿Por qué fue Roma tan importante en ese proceso? ¿Qué papel jugó la historia en el desarrollo del papado? ¿Cómo vieron ese papel los reformadores protestantes del siglo XVI y de épocas posteriores? ¿Qué sabemos sobre los papas de hoy en día? ¿Cuál es el significado ecuménico del papado y cuáles son sus perspectivas en cuanto al mundo global? Estas y otras preguntas formarán el trasfondo de nuestra investigación bíblica, histórica y teológica del papado.

Esta obra es parte del constante intento del autor de entender el corazón teológico de la visión católica romana. Él enseña Teología Histórica en IFED (Istituto di Formazione Evangelica e Documentazione en Padua, Italia) donde regularmente enseña cursos sobre teología patrística, católica romana y contemporánea. Escribió su tesis doctoral acerca de las interpretaciones evangélicas del Concilio Vaticano II, el evento más importante para la Iglesia católica romana en el siglo XX. Estudiar las encíclicas y los documentos de los papas fue, y todavía es, parte de su trabajo profesional. Ocasionalmente escribe informes sobre el catolicismo romano (Vatican Files, los archivos del Vaticano), donde estudia eventos y tendencias que surgen del Vaticano. En sus estudios sobre el catolicismo romano trató de analizar todos sus escritos como parte de un «todo» teológico.

Este breve  libro es indispensable para quien busque comprender mejor la institución papal, desde sus orígenes hasta los papas actuales. Leonardo De Chirico nos presenta la figura del papado tal y como la propia Iglesia católica define su papel, para después analizarlo desde un punto de vista bíblico, teológico e histórico. El autor no olvida plantear otras cuestiones como el peso del papado en los movimientos ecuménicos o sus perspectivas de futuro para completar su introducción a este tema clave.

Acerca del autor: Leonardo De Chirico es reconocido internacionalmente por su estudio del catolicismo romano. Es pastor en la iglesia Breccia de Roma, vicepresidente de la Alianza Evangélica Italiana, director adjunto y profesor en el Istituto di Forma-zione Evangelica e Documentazione y editor de la revista de dicho centro, Studi di Teología.
Índice

  1. ¡Tenemos papa! / ¡Habemus papam! – El oficio papal: sus títulos y símbolos.
  2. Tú eres Pedro / Tu es Petrus – ¿La base bíblica del papado?
  3. Cabeza de la Iglesia / Caput Ecclesiae – El desarrollo histórico del papado hasta el Renacimiento.
  4. ¿Es el papa el anticristo? – Evaluaciones protestantes del papado.
  5. ¿Soberano absoluto o padre acogedor? El papado desde la Contrarreforma hasta el movimiento ecuménico.
  6. Retratos de los papas modernosJuan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco.
  7. Para que sean uno / Las perspectivas de futuro del papado.
  8. Bibliografía.

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La implicación del cristiano en la sociedad 2

Expresamos también nuestro arrepentimiento tanto por nuestra negligencia como por haber concebido a veces una evangelización y preocupación social como dos cosas que se excluyen la una a la otra”.

El Doctor Williamson (profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Lousiana), citado con aprobación por José Grau dice: “La evangelización personal no es suficiente […] tiene que haber un más amplio mensaje que tome en consideración los intereses financieros, políticos y sociales del ser humano hecho de came y hueso, a quien tenemos que evangelizar”.

Nuestra implicación en la sociedad no se debe malinterpretar. No se supone que vayamos a traer una especie de teocracia a la sociedad, como pretende la llamada Teonomía. No, no podemos esperar que la sociedad vaya a seguir las leyes de Dios. En 1 Corintios 2:14 dice: “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para el son necedad, y no las puede entender porque se disciernen espiritualmente”. No deberíamos intentar transformar el mundo hasta el punto de no aceptar nuestras responsabilidades. ¿Deberían nuestras ciudades convertirse en la Ginebra de Calvino? No creo que las autoridades civiles deban dar reglas morales para la sociedad. Su responsabilidad es hacer leyes que respeten el orden natural establecido por el Creador y castigar el crimen. Pero uno de los peores malentendidos con respecto a nuestra implicación en la sociedad es pensar que podemos cambiar su condición moral o la del hombre. Yo rechazo por completo este punto de vista.

Solo el evangelio de Jesucristo puede producir tal transformación por el nuevo nacimiento. Pero, como hemos visto, predicar el evangelio no es lo único que podemos hacer como cristianos.
Nuestra implicacion en la sociedad no debe malentenderse como en los casos de malos ejem- plos que ha dado algunas veces la Iglesia. En la Alemania nazi, grandes secciones de la Iglesia guardaron un silencio culpable ante las atrocidades que estaban sucediendo. Solo un obispo católico (Cle ments von Galen) habló contra la eutanasia y, poco después, Hitler la detuvo, pero no antes de que setenta mil personas hubiesen sido asesinadas de esa forma. Se calcula que hoy, en Holanda, el 76% de los casos de eutanasia se efectuan sin pedir permiso a los pacientes o a sus familiares.

Esto demuestra como estas leyes (malas como son) representan solo la punta del iceberg: la realidad es mucho peor. Y esto está llegando a Españaa y a otros países. Las grandes organizaciones evangélicas en España han desempeñado un papel de muy bajo perfil en temas éticos en fechas muy recientes. A cierto Iíder evangélico se le preguntó hace años si las iglesias evangélicas tenían una postura sobre la homosexualidad y respondió: “iNol”. Los evangélicos, sin embargo, deberíamos tener una postura sobre temas morales y darla a conocer ampliamente.

II. ¿Por qué debería el cristiano implicarse en la sociedad?
El cristiano se deberia implicar en la sociedad, porque la ley moral se propuso para todo el mundo y no solo para el pueblo de Dios. “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los [dictados] de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para si mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Ro. 2:14-15). Nadie está mas allá del alcance de la ley de Dios, pero esta no debe ser usada solo para convencer de pecado y de juicio, sino también para mostrar a las personas como deberían vivir.
“Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Mr. 6:18). Y esta clase de cosas se pueden decir a individuos, gobiernos y naciones.

¿Tiene Dios algo que decir a los inconversos aparte de que deben arrepentirse? Caín no era cre- yente pero Dios le dijo: “¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tu debes dominarlo” (Gn. 4:6-7). ¿Por qué los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas y no solo a Israel? Algunos cristianos evangélicos creen en la apologética aristotélica, así que pretenden poder razonar con el hombre natural y persuadirle para que crea ciertas cosas. ¿Pero cuál es la utilidad de esta creencia, si se limitan ellos mis mos a predicar solo el evangelio?

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque solo la Iglesia sabe la maldad que existe de- trás de las altas esferas. Los no creyentes ignoran que el pecado es una fuerza moral. El cristiano es consciente de las fuerzas espirituales del mal que controlan la sociedad: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Las demás personas no lo saben y, por tanto, no pueden resistir la marea. Ellos tratan los síntomas pero no la causa.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque el pueblo, en general, no está advertido de la existencia de una agenda secreta en la sociedad para quitar de en medio a Dios y colocar al Estado en el lugar de Dios, controlar el pensamiento del pueblo y así todos tendrán los mismos principios. El Estado usurpará el lugar de Dios y te dirá lo que es correcto o incorrecto por medio de sus “Diez Manda mientos”:
1.Podrás tener tantos dioses como gustes excepto el Dios cristiano.

2. Harás un ídolo de cualquier cosa: riqueza, sexo, fama o cualquier otro objeto bajo el sol.

3.Ridiculizarás a Cristo, al cristianismo y a tantas otras religiones como gustes. Solo se cuidadoso con el Islam para que tus días puedan ser prolongados…

Continuará…

Hablemos de… “El Espíritu Santo”

Reseña 24

Para Javier, ¡Que el Señor te fortalezca por su Espíritu! Andrés.

Tuve el privilegio de estar en la presentación de este libro, durante unas conferencias en Valdepeñas, en 2016. En el mismo conocimos en persona mi esposa y yo a Andrés Birch, digo en persona, porque durante años habíamos venido escuchando sus predicaciones, estudios, artículos. De hecho su voz era escuchada en el salón de mi casa durante largo tiempo en un estudio bíblico con otros hermanos un día a la semana. Junto a Luis Cano, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Ciudad Real y otros pocos, se convirtieron en fieles referentes  de la palabra viva, inerrante y viva de Dios en sus homilías.

Este es el primero de una serie de libros de los que hasta este momento se han publicado dos, en el que encontramos de forma condensada, una brillante y muy cercana exposición sobre “El Espíritu Santo”.

Al profundizar en este libro, le damos el testigo al escritor del prólogo, el pastor José de Segovia.

Podemos haber tenido malas o buenas experiencias con nuestros padres o hijos, pero cuando mencionamos a un padre o un hijo, pensamos en una persona, no en una cosa. Hablar de espíritus suena algo fantasmal, ¡incluso da miedo! Nada personal, desde luego. Ahí está el problema. Vemos al Espíritu como algo, pero el Espíritu no es una cosa, sino una persona.

Si creemos que detrás del universo hay una realidad personal, tenemos que entender que el Espíritu Creador que renueva este mundo no es otro que una persona. Solo él puede suplir nuestra necesidad de amor, valor, significado y propósito. Las acciones que la Biblia atribuye al Espíritu Santo son personales, hasta en los pronombres. Su invisibilidad, poder y soberanía, incontrolable e impredecible, no es impersonal. Él tiene que ver personalmente con nosotros.

Al ser divino, el Espíritu nos revela a Dios y su salvación. Es «el Señor» (2 Co. 3:17), Yahvé en el Antiguo Testamento. El Espíritu da vida (v. 6), como solo Dios puede hacerlo. Nos reveló estas cosas «por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Co. 2:10-11).

Si el médico te da la peor noticia, le puedes decir que vas a buscar una segunda opinión, pero ¿qué dirías si en ese momento sale de la habitación y vuelve con una máscara, para decirte exactamente lo mismo? Así, cuando Jesús prometió a sus discípulos «otro
Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad» (Jn. 14:16-17), no sería otro si fuera Jesús de otra forma. El Espíritu es distinto del Padre y del Hijo, pero igualmente divino.

El Espíritu que dio vida al universo, lo recrea dando nueva vida al levantar a Jesús de los muertos (Ro. 8:11). Como Dios sopló vida al primer hombre, así Jesús nos da nueva vida, diciendo: «recibid el Espíritu Santo» (Jn. 10:22).

El Espíritu Creador nos libera por medio de Cristo Jesús. Es él quien nos hace creer. Ya que nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo (1 Co. 12:3). No es que Dios no nos deje. Es que no somos capaces.

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Andrés Birch nos muestra en este libro nuestra de-pendencia del Espíritu Santo en el sentido trinitario del cristianismo clásico. El Espíritu hace que crea en el Hijo, quien me permite acercarme a Dios como Padre, ya que solo por la obra del Hijo y el Espíritu podemos llegar a él. De ello nos da testimonio el autor, por su propia experiencia. El Espíritu Santo le cambió. Le hizo un hijo de Dios y le da testimonio de ello (Gá. 4:4-7).

En pocas personas he visto tantas evidencias del fruto del Espíritu como en el escritor de estas páginas. No solo le ha dado entendimiento, sino el amor, el gozo, la paz, la paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio que solo Dios puede darnos (Gá. 5:22-23). Andrés es la persona que yo hubiera querido ser de mayor, pero a la edad que ya tengo y dado el desastre que soy, me temo que ya no lo seré nunca…

Su amor por la Palabra es impresionante; la claridad con la que enseña es meridiana; y el sentimiento con el que habla de estas cosas es conmovedor. Disfrutarás de estas páginas, que te pueden enseñar mucho para tu vida cristiana, pero desde luego te llevarán a dar gracias a Dios por el mayor don que puede darnos, el Espíritu Santo. Y si no lo tienes, ¡ruega al Señor por él! Es el mejor regalo que puede darte.

_________________________
José de Segovia
Andrés (Andrew) Birch nació en Inglaterra, estudió Filología Clásica en la Universidad de Nottingham y Teología en la Universidad Queens de Belfast. Tras un curso de preparación en la Escuela bíblica de European Missionary Fellowship, llegó a España con su esposa, Viviana (Vivienne), en 1983. Andrés y Viviana tienen tres hijos (casados) y seis nietos. Actualmente, es pastor de la Iglesia Bautista Reformada en Palma de Mallorca. También es miembro del Comité del ministerio nacional Taller de Predicación  colabora con el ministerio 9Marks, es uno de los promotores del curso de formación de líderes C222 y es miembro del Consejo pastoral de Coalición por el Evangelio. Ha contribuido como conferenciante y articulista en distintos ministerios, y ha publicado varios libros, entre ellos Ante la Cruz. Andrés es un amante de la lectura y la música, y también le gusta el deporte.

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La implicación del cristiano en la sociedad 1

“Vosotros soís la sal de la tierra, pero si la sal se ha vuelto insípida ¿con qué se hará salada [otra vez]? Ya para nada sirve sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros, sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una Iámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5:13-16).

Me gustaría sugerir que hay un más amplio, quizá más profundo, significado de estas palabras en Mateo 5:1 3-1 6 que el que nosotros les damos. Este significado tiene que ver con la implicación del cristiano en la sociedad en una forma que va más allá de la predicación del evangelio y dar buen testimonio. Y esta es un área donde desafortunadamente no todos los cristianos estamos de acuerdo.

I.- ¿Cuál debería ser la implicación del cristiano en la sociedad?
En otras palabras, ¿qué significa para el cristiano ser sal y luz en este sentido más amplio?
Nuestra implicacion en la sociedad se deberia entender en lo que se refiere a ser sal. Su principal significado, según Hendriksen, es preservar los alimentos de la corrupcion. Vivimos en una sociedad corrompida y que se está corrompiendo cada dia más y más.

¿Cómo podemos preservar nuestra sociedad de mas corrupción? ¿Solo predicando en nuestras pequeñas congregaciones? ¿Sólo viviendo una vida delante de una docena de personas a las que conocemos individualmente? Indudablemente debemos predicar el evangelio y vivir una vida santa, ¿pero a cuántas personas alcanzamos de esa manera? En España hay un cristiano por cada mil personas. ¿Qué grado de influencia tenemos sobre la sociedad española y cómo podemos preservarla de la corrupción? Algunos esperan que llegue el avivamiento, ¿pero qué hacemos mientras tanto?

Nuestra implicación en la sociedad debería entenderse en lo referente a ser luz del mundo. ¿Cuántas personas en nuestra sociedad pueden ver la luz cristiana o son conscientes que tal luz existe? ¿Se podría describir como una ciudad situada sobre un monte? Nuestra sociedad necesita luz en los temas morales. Debería conocer el camino de Dios y su juicio. Los cristianos deberíamos ser conscientes de la situación de la sociedad (Juan el Bautista era consciente de la situacion de Herodes). Pero para hacerlo, deberíamos hablar alto y claro en la forma más amplia posible.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a tratar directamente diversos asuntos morales. Esto es lo que encontramos en la Biblia. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas. Juan el Bautista denunció a los fariseos y a Herodes. Nuestro Señor Jesucristo dejó en evidencia la hipocresía de los fariseos.

Tomemos, por ejemplo el tema de la esclavitud ahora que celebramos el bicentenario de su abolición. El despertar evangélico fue un hecho espiritual muy poderoso tanto en Gran Bretaña  como en América. Sin embargo no abolió la esclavitud. John Newton estuvo involucrado en ella  (comerciaba con esclavos) y salió de ella. Pero su ministerio no detuvo la esclavitud, sino que fueron Wilberforce y otros que lo hicieron. No solo predicaron el evangelio y vivieron una vida piadosa sino que la denunciaro en el Parlamento, y se logró su abolición. La esclavitud no es un problema en la sociedad occidental (al menos no en la misma forma que en el pasado). Pero tenemos problemas morales que son aún peores que la esclavitud: aborto, eutanasia, experimentos con embriones humanos, matrimonios homosexuales, educación sexual pervertida en los colegios, libros, películas  y obras teatrales blasfemas sobre Cristo, etc. Existen los denominados pecados contra naturaleza y degradantes que deberían ser expresamente denunciados. “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes, porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra naturaleza.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender sobre la base del derecho que tenemos a esperar que el hombre natural escuche a su conciencia, que es la voz de Dios y la de su ley en el hombre. Esto nada tiene que ver con imposiciones religiosas o morales en una sociedad secular. El papel del cristiano en la sociedad no es imponer valores cristianos en ella, sino presentar estos valores a la conciencia del hombre. Nosotros no deberíamos perseguir imponer la moralidad o resistir a la inmoralidad.

Sabemos que el problema con la sociedad no son “los pecados” sino “el pecado”. Pero tampoco deberíamos generalizar tanto sobre el concepto de pecado que al final las personas no entiendan de qué estamos hablando. Amós dijo en su día a las naciones vecinas cuáles eran sus pecados. “Así dice el Señor: Por tres transgresiones de los hijos de Amón, y por cuatro, no revocaré su (castigo), porque abrieron los vientres de las (mujeres) encintas  de Galaad para ensanchar sus límites” (Am. 1:13). Él no buscaba producir un cambio en ellos sino declarar la justicia de Dios y también anunciar el juicio divino.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a buscar el bienestar  material de nuestra sociedad. “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). No solo de pan, pero también de pan. (Spurgeon dijo: “Si das un folleto a un mendigo. dáselo envolviendo un bocadillo”). “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado. Y rogad al Señor por ella, porque en su bienestar tendréis bienestar”. (Jeremías 29:7).

Algunos cristianos dan la impresión de que lo único que les importa en este mundo es la salvación de las almas. A veces tratamos con las personas como si se tratase de potenciales conversos y nada más.  Nuestra implicación en la sociedad se debería entender incluso en lo referente a derribar el statu quo. Por ejemplo, ¿tenía Oliver Cromwell derecho a cambiar la situación política por la fuerza? ¿Solo predicó el evangelio al rey? (¡Creo que lo decapitó!). Nuestra implicación en la sociedad se debería entender como otros cristianos la han concebido. El pacto de Lausana (Suiza, 16-25 de Julio de 1974) que se acordó durante el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial, dice entre otras cosas Afirmamos que Dios es a la vez el Creador y juez de todos los hombres. Por tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia, la reconciliación entre toda la sociedad humana y por la liberación de los hombres de toda clase de opresión.

El hombre fue hecho a imagen de Dios; por eso todas las personas tienen una dignidad esencial y por esa razón tienen que ser respetados y servidos, no explotados.

Continuará …

 

El significado del matrimonio

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Debe ser intimidante escribir un libro acerca del matrimonio. Los estantes de las librerías crujen debido al peso de los títulos que aseguran tener la clave para un matrimonio feliz o bíblico o centrado en el evangelio. Para sobresalir en un área tan poblada, es necesario que un libro ofrezca algo diferente, algo único, algo que lo distinga del resto. Tim y Kathy Keller salen a la palestra con su nuevo libro El significado del matrimonio, que se distingue por su profunda centralidad en el evangelio. Esto lleva a que los autores inviten al lector a profundizar en el evangelio de Jesucristo y también los obliga a mostrar cómo éste abarca cada parte del matrimonio. 

Aunque, en primera instancia, El significado del matrimonio fue escrito por Tim Keller, su esposa Kathy contribuye en diversas formas, particularmente, al escribir uno de los capítulos y al ser la esposa de Tim por casi cuatro décadas. Tim explica que el libro tiene tres raíces profundas: la primera de ellas es su matrimonio con Kathy; la segunda, es su ministerio pastoral, particularmente en Nueva York en una iglesia compuesta en su mayoría por solteros; y la tercera, y más fundamental, es la enseñanza bíblica sobre el matrimonio tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. “Hace ya casi cuatro décadas, Kathy y yo estudiamos lo que la Biblia dice respecto al sexo, el género y el matrimonio. En los quince años siguientes, lo fuimos experimentando y aplicando en nuestro propio matrimonio. Y en estos últimos veintidós años, hemos puesto en práctica, además, todo lo aprendido de las Escrituras y de nuestra experiencia personal para guiar, animar, aconsejar y enseñar a jóvenes del entorno urbano en todo lo concerniente al sexo y al matrimonio”. Ellos hablan desde la poderosa combinación del conocimiento de las Escrituras y la experiencia de la vida real.

Este libro se compone de ocho capítulos que tienen una fluidez lógica desde el fundamento bíblico para el matrimonio hasta las relaciones sexuales dentro de éste. En el capítulo 1, se enseñan los fundamentos para el matrimonio, mostrando cómo éste es idea de Dios y fue hecho para reflejar su amor salvífico por nosotros en Jesucristo. En el capítulo 2, se muestra cómo la obra del Espíritu Santo es fundamental para luchar contra el enemigo principal del matrimonio: el egocentrismo pecaminoso. En el capítulo 3, se toca el tema del amor, viendo cómo el sentimiento se relaciona (o no) con las acciones de amor. El capítulo 4 “La misión del matrimonio” apunta al propósito del matrimonio y entrega una larga discusión sobre las amistades espirituales, mientras que el capítulo 5 “Amar a la persona desconocida” nos enseña tres capacidades que cada esposo y esposa debe buscar.

El capítulo 6, escrito por Kathy, celebra las diferencias entre sexos, observando el complicado tema del rol de género y complementariedad. La soltería y la sabiduría al buscar el matrimonio son temas del capítulo 7; por último, en el capítulo final se reflexiona sobre las relaciones sexuales, mostrando por qué la Biblia dice que el sexo es para el matrimonio y cómo esta relación puede darse dentro de ese contexto.

EVANGELIO, EVANGELIO Y MÁS EVANGELIO

Desde el principio dije que la característica sobresaliente de este libro —también, su mayor fortaleza— es su profunda dependencia en el evangelio. El matrimonio simplemente no puede entenderse o practicarse sin estar arraigado al evangelio. “Si en los planes de Dios, el evangelio hubiera sido únicamente para la salvación en Jesús, el matrimonio exclusivamente ‘funcionaría’ en la medida en que nos aproximara al amor que entrega de Dios en Cristo”. Por esa razón, el libro no va a ninguna parte hasta que Keller expone Efesios 5, donde se nos dice que el matrimonio es un “misterio profundo” que refleja la relación de Cristo con la iglesia. Junto a nuestra relación con Dios, no hay ninguna otra relación más importante que el matrimonio, “esa es la razón de que, igual que conocer a Dios, el llegar a conocer y amar a nuestra pareja sea una tarea difícil pero sumamente gratificante y plena. Como lo más doloroso, y lo más extraordinario: así es como la Biblia presenta el matrimonio. Y es posible que no haya habido otro momento histórico en nuestra cultura y en nuestra sociedad en el que sea más significativo alzar la voz a favor suyo desde esa perspectiva y singular”.

Esta centralidad en el evangelio continúa capítulo tras capítulo, siendo la base de las discusiones de amistad, soltería, sexo y roles complementarios.

Un componente del libro que merece especial atención es su utilidad para los solteros. La iglesia de Keller está compuesta predominantemente por solteros y cualquier cosa que él enseñe tiene que aplicarse a ellos. Esto lo llevó a dedicar gran parte de este libro a la soltería y a la búsqueda del matrimonio. La enseñanza que Keller entrega es animante y útil para aquellos que han elegido una vida de soltería y para los que están buscando un esposo o esposa.

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CONCLUSIÓN

Este es un libro potente. El significado del matrimonio eleva el matrimonio haciéndolo algo hermoso, santo y agradable. Junto con el matrimonio, viene la amistad, la compañía, el sexo y todo lo demás que Dios ha puesto para la relación matrimonial. Este libro celebra el matrimonio y lo hace dentro del contexto más grande de todos: el evangelio de Jesucristo.

Una reseña original del pastor reformado Tim Challies (nacido en 1976).

Un libro de Editorial Andamio, 324 páginas, Febrero de 2014

 

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Reforma protestante y medicina

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Reforma protestante y medicina

Unión Médica Evangélica

La Reforma protestante, de la que ya se ha celebrado el V Centenario, supuso una nueva forma de entender el mundo y las relaciones sociales, fundamentada en un retorno a la Biblia. Esta transformación afectó a todas las áreas de la actividad humana, desde la música a la política, desde la economía a la ciencia, y sus consecuencias perduran hasta hoy; el Mundo Occidental no se puede comprender sin el Protestantismo.

La Reforma cambió profundamente la forma de entender al ser humano y su intocable dignidad. Cambió igualmente la forma de acercarse al mundo creado y liberó a la ciencia de su dependencia de las restricciones teológicas; en estas áreas supuso una dignificación de toda persona y una democratización del acceso al conocimiento. Todo ello transformó profundamente la investigación y la práctica médicas; desde entonces, buena parte de los avances médicos se han producido en países de cultura protestante.

El libro que tiene en sus manos recoge el trabajo de miembros de la Unión Médica Evangélica, que nos comprometimos en nuestro encuentro de 2017 a descubrir entre todos la huella de la Reforma en la Medicina, y a compartirla con los demás. En ese proceso cooperativo fuimos comprobando la sorprendente escasez de estudios sobre el tema y nos fuimos entusiasmando con la profunda impronta que nuestros antepasados médicos protestantes dejaron en Europa y América, con su excelencia y la humanitaria entrega evangélica de su trabajo. Como consecuencia fue surgiendo un reto para nosotros mismos: formarnos mejor para ofrecer a la sociedad actual la misma excelencia en nuestro progreso en el conocimiento médico y en la atención a nuestros pacientes.

165 pp. Rústica

Ref. 1829 – 12,00€

Reforma Protestante y Medicina

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“Si estamos orgullosos de nuestros antecedentes protestantes, deberíamos hacer algo por estar hoy a su altura y defender su legado, no solo con palabras dirigidas hacia el pasado, sino también con hechos que miren hacia el futuro”. Pablo de Felipe.

El 31 de octubre de 1517 el monje católico Martín Lutero perteneciente a la Orden de San Agustín y natural de Alemania, dio inicio a un gran movimiento de reforma al interior de la Iglesia Católica. Es el comienzo de lo que se conoce como la Reforma Protestante.

El año 2017 se presentó como un gran abanico de posibilidades, para entre comillas “celebrar, conmemorar y recordar“, en diferentes actos, mediante conferencias, predicaciones, y con la publicación de diferentes obras.

Este mismo año la Unión Médica Evangélica celebró su XXVII Encuentro, bajo el título “Celebrando la Reforma”. La elección del tema era pertinente por completo,  Stuart Park habló con su habitual profundidad de una de las 5 Solas de la Reforma “Sola Scriptura”. ¿Cómo no se hablaría en tal conferencia de lo que represento ser “La Medicina y la Reforma”?. Un tema más difícil de lo que sería razonable encontrar bibliografía adecuada. Por esta misma razón, el último día de esta conferencia se planteó  hacer un trabajo en equipo en el que cada uno abordase un aspecto de la cuestión. Este libro es el resultado de ese interesante trabajo compartido. Fue la oportunidad de aprender y nutrirse mucho unos de otros y se abrieron nuevas vías de estudio para descubrir más sobre la incidencia de la Reforma en la Medicina; además, este libro supuso un reto a asumir el compromiso de progresar en el camino que nuestros antepasados abrieron.

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La Reforma protestante, supuso una nueva forma de entender el mundo y las relaciones sociales, fundamentada en un retorno a la Biblia. Esta transformación afectó a todas las áreas de la actividad humana, desde la música a la política, desde la economía a la ciencia, y sus consecuencias perduran hasta hoy; el Mundo Occidental no se puede comprender sin el Protestantismo.

La Reforma cambió profundamente la forma de entender al ser humano y su intocable dignidad. Cambió igualmente la forma de acercarse al mundo creado y liberó a la ciencia de su dependencia de las restricciones teológicas; en estas áreas supuso una dignificación de toda persona y una democratización del acceso al conocimiento. Todo ello transformó profundamente la investigación y la práctica médicas; desde entonces, buena parte de los avances médicos se han producido en países de cultura protestante.

El libro que tiene en sus manos recoge el trabajo de miembros de la Unión Médica Evangélica, que se comprometieron a descubrir entre todos la huella de la Reforma en la Medicina, y a compartirla con los demás. En ese proceso cooperativo se fue comprobando la sorprendente escasez de estudios sobre el tema y los autores se fueron entusiasmando con la profunda impronta que los doctores en medicina protestantes del pasado dejaron en Europa y América, con su excelencia y la humanitaria entrega evangélica de su trabajo. Como consecuencia fue surgiendo un reto para formarse mejor, para ofrecer a la sociedad actual la misma excelencia del progreso en el conocimiento médico y en la atención a los pacientes.

Editorial Andamio, 164 páginas, Diciembre de 2018

 

ÍNDICE

1. Cosmovisión protestante y Medicina, Xesús Manuel Suárez García
2. El ejercicio de la Medicina en la Reforma Protestante, Ferran Campillo i López y Raúl García Pérez
3. Desarrollo científico y Protestantismo. El método científico. Francis Bacon, Pablo González Álvarez y Marisa Muñoz-Caballero Cayuela
4. Desarrollo científico en el mundo protestante después del siglo XVI. Influencia en el ámbito de la Medicina , Pablo González Álvarez y Marisa Muñoz-Caballero Cayuela
5. Protestantismo y Medicina después del siglo XVI. Atención sanitaria en el mundo protestante. Inicios de la Medicina Preventiva y de la Epidemiología. Medicina y Filantropía, Miguel Menéndez Orenga
6. Florence Nightingale. Algunas notas biográficas, Sagrario Gálvez Gallardo
7. Medicina y movimiento misionero, Teresa Ruiz Desachy
8. Reforma, Medicina y Progreso social. La Cruz Roja, Mercedes Gasanz Saboya
9. Reforma y Medicina en la actualidad, Raquel Barrantes Gallego

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Deléitate en Dios

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¡Deleitémonos en el Dios al que adoramos!

Cuesta bastante pensar en A. W. Tozer sin que nos venga a la mente los atributos de Dios. Uno de sus libros, que se ha convertido en un clásico devocional, se titula El conocimiento del Dios santo. Este fue el último libro que escribió y representa la culminación de años de estudio, oración y predicación. Personalmente, leo este libro una vez al año.

En cierta ocasión, durante un sermón que pronunció en Chicago, el Dr. Tozer hizo a su congregación una petición bastante personal. Era algo que no solía hacer, pero fue interesante escuchar cómo hacía un llamado tan personal.

<< Quiero que oren por mí. Deseo que pidan a Dios que me ayude y me permita vivir lo suficiente para escribir un libro sobre sus atributos, desde un punto de vista devocional. Lo tengo en mente y quiero hacerlo, pero estoy muy ocupado con todas las otras cosas que tengo entre manos. Oren por mí para que el Señor cumpla su propósito en mi vida. Quisiera hacer esto y exponer a esta generación un concepto elevado del gran Dios Todopoderoso en sus tres Personas. Cuando muera, no me gustaría que el mundo dijera: “¿Verdad que Tozer era listo, elocuente e ingenioso?”. No, me gustaría que dijera: “Te alabamos, Dios. Reconocemos que eres el Señor. Glorifiquemos al Padre eterno; que todos los ángeles clamen diciendo:

“¡Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos! ¡El cielo y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria!”. Esto es lo que deseo hacer. Quiero dejar a mis espaldas el aroma de Dios, de modo que la Trinidad reciba todo el mérito. >>

Creo que esta oración ha sido respondida más allá de las humildes expectativas de Tozer. El conocimiento del Dios santo ha sido de bendición para muchas personas desde el momento de su publicación.

La gran pasión del corazón y el ministerio de Tozer era Dios. Quería estimular a las personas y, en consecuencia, muchos le malinterpretaron. Por supuesto, él sabía que no conseguiría que todos subieran a bordo, pero buscaba a ese remanente que sintiera tal pasión por Dios que continuase con el ministerio que Dios le había confiado a él. No predicaba o escribía para todo el mundo, sino, concretamente, para quienes tenían un corazón para Dios.

En este libro, que se basa en sermones que predicó el Dr. Tozer en muy diversos lugares, apreciamos cuál era la carga de su corazón. La mayoría de sermones asociados con este libro se predicó después de la publicación de El conocimiento del Dios santo. A pesar de que escribió el libro, fue incapaz de agotar el tema. Dedicó los últimos años de su vida a predicar acerca de Dios. A veces lo invitaban a una serie de conferencias bíblicas para que predicase sobre un tema concreto, y con frecuencia aceptaba sus directrices, pero su pasión era predicar a Dios.

Lo interesante de este estudio es el hecho de que, según dice el Dr. Tozer, lo que pensamos de Dios afecta a todos los aspectos de nuestras vidas. A menudo decía que es posible adivinar el futuro de una persona si entendemos su percepción de Dios. Esa era la clave. Desde el punto de vista de Tozer, lo más importante era lo que pensaba de Dios una persona.

Creo que esto se le aplicaba a él mismo. Para entender realmente su trabajo y su mente su trabajo y su ministerio, es necesario comprender su percepción de Dios. A Tozer no le interesaban las tendencias pasadas que se infiltraban en la iglesia de su época. Sin embargo, le preocupaban tales cosas porque, como veremos en este libro, desde su punto de vista esas tendencias producían un efecto negativo sobre la iglesia, y eran las culpables de algunas de las carencias que veía en ella.

No todo el mundo apreciaba al Dr. Tozer o su enseñanza, y él  lo entendía. En este libro hallamos una referencia a una carta que escribió un profesor de un seminario, quien con bastante firmeza discrepaba del Dr. Tozer sobre la doctrina del Espíritu Santo. Él raras veces respondía a las críticas. No sé si es que simplemente no tenía tiempo para ello, o si le faltaba la voluntad. Pero algunos se mostraban muy críticos con él, sencillamente porque no comprendían su percepción de Dios.

Incluso en sus tiempos, Tozer se quejaba de la mediocridad de la iglesia cristiana, se quejaba de que la adoración había caído a un nivel muy bajo, despreciable. Me pregunto qué diría hoy día. Tozer creía firmemente que nuestra adoración de Dios debía ser digna de Él. Para conseguir esto, debemos saber quién es Dios en realidad.

A Tozer no le interesa la metodología, la tecnología ni nada por el estilo. No le interesaba saber cuánto sabías acerca de Dios. Por supuesto, eso era el punto de salida. Lo que le interesaba era el propio Dios, su naturaleza y su carácter, y cómo se nos ha revelado por medio de su Palabra.

El problema con el panorama eclesial tal como lo percibía Tozer en su época, era el mismo al que nos  enfrentamos hoy simplemente podemos decir que ha empeorado. Desde aquellos tiempos no ha cambiado gran cosa, excepto que la iglesia cristiana se ha ido deslizando cada vez más con el paso de las generaciones.

Tozer no escribía ni predicaba a los mediocres. A quienes les bastaba con seguir haciendo todo igual no les interesaba leer nada de lo que él tenía que decir. La esencia de Tozer, así como su predicación y sus escritos, fue una pasión por Dios que invadía toda su vida. No importaba nada más. Creía que debemos regocijarnos en Dios todos los días, pero nunca aposentarnos y conformarnos con el punto en el que estamos espiritualmente. Su lema cotidiano era “Avanzar hacia la perfección”.

Este no es un libro que puedas leer y dejarlo luego en una estantería. Creo que lo que Tozer pretende expresar es, simplemente, que tu pasión por Dios determinará tu estilo de vida. No puedes decir que crees en Dios y luego manifestar conductas que entren en conflicto con el carácter y la naturaleza santa de Dios. Ambas cosas son incompatibles. Si en ti hay algo que no sea santo, en realidad es que no hay nada santo en tu vida. El cristianismo no es una religión en la que respetas determinadas normas, reglamentos y rituales; el cristianismo es una pasión por Dios que solo se puede satisfacer cuando acudimos a Jesucristo.

En lo más profundo del alma humana está esa imagen de Dios que solo puede satisfacer la eternidad. Cuando intentamos llenar ese espacio con cosas temporales, nunca quedamos satisfechos. El hombre más rico del país nunca está satisfecho con sus riquezas. La persona más famosa del mundo no está satisfecha con su popularidad. Todas ellas saben que la riqueza y la popularidad de nuestras vidas naturales pueden desaparecer con la misma rapidez con que llegaron. Algunos de los hombres más acaudalados se suicidan porque sus vidas están vacías y carecen de sentido. El hombre fue creado para ser lleno de eternidad. Y esa eternidad empieza con Jesucristo, el Hijo eterno, que entra en nuestras vidas.

Al final de cada capítulo hay un himno que tiene relación con el tema del mismo. Si sabes algo del Dr. Tozer, sabrás que tenía un apetito y un aprecio insaciable por los himnos  de la iglesia. Sus comentarios sobre la himnología son esclarecedores y debemos enfatizarlos en nuestra época. Quizá nos enfrentemos a una generación que le ha dado la espalda por completo a los himnos tradicionales de la iglesia. Esos himnos los escribieron hombres y mujeres que sentían tanta pasión por Dios que muchos de ellos perdieron la vida a causa de ella. Los himnos nacieron de su experiencia personal con Dios que en muchos casos los desbordaba.

Hoy disponemos de canciones breves y llamativas, músicas que nos hacen sentir bien. Esto sería deplorable para el Dr. Tozer. Los himnos de la iglesia no van destinados a hacernos sentir bien, sino a elevarnos por encima de nuestros sentimientos y llegar a lo que se conoce como el mysterium tremendum, la presencia inefable de Dios, un lugar con el que pocos cristianos modernos están familiarizados.

Meditar en los himnos hará que nuestro corazón aprenda a apreciar a Dios. El Dr. Tozer advertía que no podemos pasar rápidamente por un himno y sacar provecho de él. Pasa tiempo con un himno y deja que penetre en tu alma.

El propósito de este libro no es descubrir qué pensaba de Dios el Dr. Tozer. Si ese fuera el caso, a él le habría inquietado mucho. No, el propósito de este libro es encender en tu corazón una pasión por Dios que te lleve a seguirle con todas tus fuerzas, que incluso conmocione a los que están satisfechos con la pasión que sienten por Dios ahora.

Si alguien lee este libro y le impacta profundamente, de modo que quiera buscar a Dios con una pasión que no puede ser satisfecha fuera de Él, esta obra habrá cumplido su propósito.

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Reseña Deleitate en Dios 1

Iglesias 24/7

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Después del libro, Iglesia Radical, Tim Chester y Steve Timmis vuelven a sorprendernos con un gran libro, Iglesias 24/7, que es un desarrollo de ideas que ya estaban en su libro anterior. A través de una lectura contemporánea de 1ª de Pedro nos descubrirán el funcionamiento práctico de la Iglesia en tanto que comunidad que existe para la misión.

Algunas ideas que me han resultado inspiradoras de Iglesias 24/7 han sido las siguientes:
La Iglesia es una comunidad que se mueve mejor desde los márgenes de una cultura que ocupando el centro de ella. Hemos pasado de la era en la que la moral cristiana formaba parte del pensamiento mayoritario a que se cuente como una de las minorías sociológicas. En lugar de lamentar nuestra posición en la sociedad debemos más bien abrazarla y utilizarla para producir los resultados para los que la Iglesia existe. Por lo menos en Europa, la Iglesia vive ese regreso a los márgenes. No se trata de si la Iglesia tiene los programas adecuados para atraer gente a los edificios, una gran parte de los europeos no tiene la intención de darle una oportunidad a la Iglesia. No se trata de mejorar el producto, se trata de alcanzar a los que están fuera de nuestro alcance. Hay iglesias creciendo en Europa, pero la mayoría de ese crecimiento viene por trasvase de otras iglesias o por emigración. Hay pocas conversiones de personas fuera de estos círculos. Nuestra forma de ser Iglesia sigue comportándose como si la cristiandad aún existiera, no podemos llegar a calcular lo lejanos que están de una Iglesia Evangélica. Si ser un ateo es 0 y ser creyente es 10, nosotros hablamos a la gente como si estuvieran entre el 7 y el 9, pero necesitamos más evangelización en el 1 y el 2. Debemos pasar de los eventos atrayentes a las comunidades atrayentes. Debe de ser la vida de la comunidad lo que atraiga a la gente y no la reunión de la comunidad.

La Iglesia es una comunidad que funciona todos los días. En lugar de una Iglesia de acontecimientos, en los que hay un calendario de actividades, la mayor parte de las cuales es el culto dominical, la Iglesia es una comunidad que tiene vida real todos los días. Ama el lugar en el que está, pero está dispuesta a contrastar con aquellas formas de vida que no reflejan el reino al que pertenece. Es una comunidad alternativa, de gente que no tiene miedo a ser diferente. Esta comunidad diferenciada no es solo la estrategia de Dios para que los cristianos resistan en los márgenes, es también la clave para la obra misionera. Somos la prueba visible de que el evangelio funciona. Dios no ha querido una estrategia de famosos y poderosos que hablen en su nombre, sino de una comunidad de personas que se aman. La estrategia de Dios es crear una comunidad que muestra el evangelio e invitar a otros a formar parte de esta comunidad. Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos. No hay otro sitio como la Iglesia en donde experimentar el perdón, la gracia, el amor, etc. La Iglesia se convierte en la hermenéutica que demuestra el evangelio.

La Iglesia es una comunidad que convierte los lugares habituales en su forma de misión. Antes de la cristiandad había pocos misioneros, pero la Iglesia en su conjunto era una comunidad misional. La verdadera comunidad misional tiene pocas actividades. Las actividades tienen el problema de necesitar mucha energía y de apartar a la gente de sus lugares habituales. Ser comunidad no implica añadir actividades a una vida ajetreada, sino que convierte en oportunidades de misión todo aquello que es la actividad diaria: comer con personas no cristianas, caminar en lugar de ir en coche a todas partes, ir a comprar a las mismas tiendas de forma habitual, hablar con los compañeros de trabajo, dar algunas horas de voluntariado para fines sociales que no sean de la propia iglesia, participar en las fiestas de la sociedad, etc.

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“Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos.

Para muchos, hoy la Iglesia es como un mal sueño: no pueden recordarlo
completamente, pero les ha dejado con una sensación incómoda de la que quieren
librarse. Cuando tratamos de abrir una nueva iglesia, la gente de alrededor no tiene ningún interés en lo que está ocurriendo. Sin embargo, cuando un grupo de personas comparte sus vidas como pueblo de Dios, poniendo en el centro de la vida comunitaria el evangelio de Jesucristo y se involucra para bendecir a la ciudad, ante esto las defensas no están tan altas. Somos llamados a crear comunidades del evangelio.

En resumen, este es un libro muy práctico para la autoevaluación, tanto individual como conjunta. Nos desafía en nuestro entendimiento de la Iglesia construida bajo un patrón individualista. La Iglesia tal como la conocemos en el siglo XXI ha perdido una parte importante del elemento de comunidad que Dios quiso darle. Lo que ocurre es que ni siquiera nos damos cuenta. El individualismo y el consumismo vienen de serie en nuestras mentes y si no los desafiamos, acabamos generando Iglesias individualistas y consumistas.

Una reseña de Jaume Llenas para Andamio Editorial. (13/09/2018)

ÍNDICE

Introducción
La vida en los márgenes (1 Pedro 1:1–12)
Comunidad todos los días (1 Pedro 1:13–2:8)
Cuidado pastoral todos los días (1 Pedro 1:22–2:3)
Misión todos los días (1 Pedro 2:9–3:16)
Evangelización todos los días (1 Pedro 3:15–16)
La esperanza en los márgenes (1 Pedro 3:8–5:14)
Conclusión: los próximos pasos

Queremos compartirte una porción del libro:

“No podemos aspirar a ser como el mundo”

“Una estrategia de evangelismo basada en actividades, característica del pensamiento de la cristiandad, intenta constantemente crear experiencias similares a las que encontramos en el mundo.

Queremos que nuestra música, nuestra oratoria y nuestro estilo sean tales que atraigan a la gente a nuestros encuentros.

Sin embargo, perseguir la relevancia como un fin en sí mismo es un error, como también lo es resaltar lo parecidos que somos al mundo que nos rodea. Para empezar, nuestro “producto” siempre va a ser inferior al que ofrecen Hollywood, Facebook y Nintendo.

Los británicos pasan veinte horas a la semana viendo la televisión; los estadounidenses, veintiocho horas. Nos entretienen películas de millones de dólares. Participamos en sofisticados juegos de acción y de ordenador.

“Somos ingenuos si creemos que la iglesia puede competir con estos estímulos mediante tres canciones, una predicación de treinta minutos o representación teatral y un grupo de alabanza”. Es sencillo: no podemos competir cuando se trata de entretenimiento.

En el mejor de los casos, esto nos distrae de la necesidad de crear comunidades características que comuniquen un evangelio característico, un evangelio que a menudo rechina en la cultura predominante.

En el peor de los casos, el medio se convierte en el mensaje y el desafío del evangelio se disuelve en el entretenimiento, o lo diluimos para hacerlo más aceptable.

Ya hemos visto que en un contexto poscristiano no podemos apoyarnos en eventos de la iglesia, da igual lo atractivos que sean, porque la mayoría de la gente no vendrá.

Ahora tenemos otro motivo para no centrarnos en actividades “relevantes”. Nuestra innovación de misión no consiste en eventos que son como la cultura, sino en una vida y un mensaje que no son como la cultura.  

Estos intentos por parecernos al mundo hacen que surja un interrogante: si la iglesia es como el mundo, ¿para qué necesitamos la iglesia? Cuanto más parecidos somos al mundo, menos nos queda para ofrecer.

Es cierto, debemos evitar ofensas innecesarias y experiencias desmoralizadoras, pero lo que atraerá a la gente a la iglesia siempre será lo que es diferente en nosotros.

Por lo tanto, debemos aspirar a ser diferentes. Pero esto no significa ser diferentes sin necesidad. No hay duda de que causaremos rechazo en la gente si somos culturalmente raros, anticuados o incomprensibles.

Sin embargo, solo atraeremos a las personas a través de las particularidades del evangelio. Solo nos volvemos relevantes para nuestro mundo cuando nos centramos en el evangelio. Os Guinness afirma:

“En nuestras poco críticas aspiraciones de relevancia, en realidad hemos cortejado la irrelevancia. En nuestra incansable búsqueda de relevancia sin un compromiso igual de incansable con nuestra fidelidad, no solo nos hemos vuelto infieles, sino también irrelevantes.

En nuestros determinados esfuerzos por redefinirnos con métodos que son más persuasivos para el mundo moderno que fieles a Cristo, no solo hemos perdido nuestra identidad, sino también nuestra autoridad y nuestra relevancia.

Iglesias 24 7 C

Incluso en el caso de que pudiéramos producir unas actividades geniales, al hacerlo crearíamos una generación de consumidores cristianos que esperan que la iglesia los entretenga.

Solo crearíamos una mentalidad consumista en la gente que asiste a la iglesia. Muy pronto tendríamos una generación de cristianos que van de iglesia en iglesia en busca de experiencias.

Algunas iglesias atraerían, mediante buenas enseñanzas, a aquellos que quieren una experiencia intelectual; otras, a través de una alabanza buena y profesional, atraerían a los cristianos que quieren una experiencia emocional.  

Pero las iglesias locales donde “cada miembro está unido a todos los demás” (Romanos 12:5) no tendrían mucho sentido.

La gente nos pregunta a menudo cómo son nuestras reuniones en The Crowded House. Hemos decidido negarnos a responder esa pregunta en la medida de lo posible, porque pierde de vista el sentido de lo que intentamos hacer.

Nosotros no proponemos una fórmula para hacer reuniones mejores. De hecho, nuestros encuentros son bastante normales. La enseñanza y la música están bien, pero no tienen nada de especial. Si nos hicieras una visita, probablemente te sentirías decepcionado.

El centro de nuestra visión no es una forma nueva de realizar actividades, sino la creación de comunidades del evangelio basadas en la Palabra, en las que las personas comparten su vida entre ellas y con los no creyentes, procurando bendecir sus barrios, llevando el evangelio unos a otros y compartiendo las buenas nuevas con los no creyentes.

El contexto para esta comunidad y esta misión centradas en el evangelio no son los eventos, sino la vida común y cotidiana.

Creamos programas cuando los cristianos no hacen lo que deberían estar haciendo en la vida diaria. Como no nos pastoreamos unos a otros en el día a día, creamos grupos de responsabilidad. Como no compartimos el evangelio en nuestra vida diaria, creamos cultos para invitar a gente.

Como no nos unimos a grupos sociales para dar testimonio de Jesús, creamos nuestros propios grupos sociales dentro de la iglesia. No nos malinterpretes, por favor. No estamos en contra de las reuniones, ni de los eventos, ni de los programas.

De hecho, el encuentro regular de la iglesia en torno a la Palabra de Dios es vital para la salud de todo lo demás, pues aquí es donde el pueblo de Dios se prepara para las obras de servicio. Pero las obras de servicio, en sí mismas, tienen lugar en el contexto del día a día.”

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Creación o evolución ¿Debemos elegir?

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«Este es sin duda el estudio mejor documentado, más claro y sensato que uno pueda encontrar hoy sobre la pregunta que le da título». Rvdo. Dr. J. I. Packer Teólogo y profesor del Regent College, Vancouver (Canadá).

Salta a la vista que no estamos ante un libro ‘ligero’. Nos aguardan casi 500 páginas llenas de información y análisis.

Creación/Evolución

Difuminado progresivamente en muchos ambientes protestantes durante el siglo XIX, el debate volvió con fuerza, en otros en el siglo XX (hasta la actualidad), mientras que desaparecía en el catolicismo durante ese mismo siglo. Podríamos preguntarnos por qué este tema resulta tan polémico. La lectura de este libro muestra que no se trata solamente de la pregunta por la estabilidad de las especies de seres vivos, que es el asunto que ocupa a los biólogos que trabajan sobre la evolución. Cuando se empieza a profundizar, las cuestiones surgen una tras otra. ¿Qué pasa con los relatos bíblicos sobre los orígenes? ¿Qué pasa con la doctrina de la creación? ¿Cómo afecta la evolución a nuestras ideas sobre el pecado, la muerte y la salvación en Cristo? A la vista de todas esas preguntas no es sorprendente que el debate sobre este tema sea tan persistente y tan acalorado. Están en juego cuestiones importantes que afectan no a tal o cual aspecto secundario de la fe cristiana, sino a temas muy importantes y que implican cambios profundos en la forma de enfocar esa fe.

Hay pocos temas que generen tanto debate entre los cristianos evangélicos como el de la creación. Este es un libro escrito de forma razonada, con calma y muy bien documentado. Ha sido escrito por una persona que ama apasionadamente tanto la ciencia como la Biblia. «Espero», dice Denis Alexander, «que su lectura te anime a creer, como hago yo, que el ‘Libro de la Palabra de Dios’ y el ‘Libro de las Obras de Dios’ pueden mantenerse firmemente unidos en armonía». Esta es la traducción de la segunda (y por ahora última) edición del libro original en inglés. En ella se actualizan los datos científicos y se profundiza en sus implicaciones teológicas. «En este libro brillante y fácil de leer, el científico creyente Denis Alexander defiende de manera convincente y con cordialidad que un cristiano comprometido con su fe no tiene por qué temer la evolución, sino que puede aceptarla como la fascinante manera en la que Dios lleva a cabo su creación. Este es un libro de obligada lectura para todos lo que están interesados en el futuro de la fe».

Tal vez uno de los capítulos más prácticos del libro (y que casi podría leerse independientemente) es el capítulo 6: «Objeciones a la evolución». En él desfilan tanto críticas científicas como teológicas, siete en total, algunas muy comunes tanto entre los cristianos como en la sociedad en general. Pero tal vez el mayor énfasis está en los aspectos teológicos. Para empezar, Alexander dedica dos capítulos al concepto de ‘creación’ (capítulos 1 y 2). Y tras el recorrido científico de los capítulos 3 al 6, se plantea el impacto de estas ideas en el capítulo 7: «¿Y qué hay del Génesis?». En efecto, mi experiencia también indica que cuando una audiencia de creyentes no científicos se enfrenta a toda esta información, el primer impulso no es tanto de rechazo, sino de inquietud en esa línea. Alexander ofrece aquí una nueva forma de leer los textos bíblicos, especialmente los primeros capítulos de la creación, no a la luz de la ciencia evolutiva, sino mediante una comprensión más profunda de la Biblia a la luz tanto de los primeros autores cristianos como del mayor conocimiento del contexto cultural del Antiguo Testamento que nos ha proporcionado la arqueología y la historia contemporáneas.’ En conexión con ese capítulo se encuentra el siguiente, capítulo 8, en el que trata a fondo y denuncia el problema de la ideologización de la evolución que se ha mencionado más arriba. El capítulo también nos recuerda la olvidada historia de los cristianos que, ya en el siglo XIX, rechazaron la oposición entre creación y evolución. En esa línea, este capítulo avanza el término ‘creacionismo evolutivo’ (también denomi-nado en otros lugares como ‘creación evolutiva’) recientemente acuñado por diversos autores evangélicos que apoyan un entendimiento entre evolución y creación.’ Y si para muchos cristianos la pregunta es: ¿y qué hay del Génesis?, para muchos otros el problema es más específico: ¿quiénes eran Adán y Eva? Sobre ese tema se centra buena parte de este libro.

Alexander bucea tanto en el estudio bíblico de esos personajes como en una puesta al día sobre los últimos conocimientos de paleontología, antropología y genética humana (capítulos 9 y 10).

El libro prosigue con un nuevo cambio de temática para tratar el movimiento crítico con la evolución de finales del siglo XX denominado como ‘diseño inteligente’. El capítulo 14 es muy útil para entender tanto la historia inicial del movimiento como sus ideas básicas: el concepto de `complejidad irreductible’ o el ejemplo bandera del flagelo bacteriano. Denis Alexander somete al diseño inteligente a una severa crítica tanto desde un punto de vista biológico, y más específicamente bioquímico (que es su especialidad científica), como desde el punto de vista de la filosofía y la teología (en el capítulo 15). Este penúltimo capítulo trata temas tan interesantes e importantes como los conceptos de ‘diseño’, ‘diseñador’ y ‘naturalismo’ que se utilizan mucho por parte del diseño inteligente, pero cuya interpretación Denis Alexander discute con vigor. Y, como comentábamos más arriba, el libro se cierra con el capítulo 16 sobre el misterioso origen de la vida. El capítulo es una buena puesta al día sobre la situación actual de estas investigaciones, que incluye interesantes explicaciones sobre sus antecedentes históricos durante el siglo XX.

El epílogo final resume la propuesta del autor:
La fe personal, salvadora a través de Cristo, en el Dios que hizo todas las cosas y que sigue sosteniéndolas por su poderosa Palabra, es del todo compatible con la teoría darwiniana de la evolución que, por cierto, supone el paradigma en el que se desarrolla toda la investigación biológica actual. No hay nada intrínsecamente materialista, antirreligioso o religioso en la evolución; todas esas categorías se le han impuesto a la teoría desde fuera.

«Estamos ante un libro que debería ser un hito en el contexto evangélico de habla hispana en relación al debate de las últimas décadas sobre ‘los orígenes’. Denis Alexander toma en serio tanto la ciencia como la Biblia para plantear una propuesta que permita aceptar ambas sin conflicto. Independientemente de nuestra postura, es un libro que merece ser tenido en cuenta». Dr. Pablo de Felipe Profesor de Ciencia y Fe en la Facultad de Teología SEUT, Madrid (España)

«Finalmente una exposición clara y cuidadosamente meditada sobre cómo la evolución biológica encaja en la comprensión bíblica de Dios y la creación, escrita por una persona que está al día en biología y que conoce el material bíblico pertinente. Será de mucha ayuda para aquellos que quieran aclarar sus ideas en este campo». Rvdo. Dr. Ernest C. Lucas Ex-subdirector y tutor en Estudios Bíblicos (jubilado), Bristol Baptist College (Reino Unido)

ÍNDICE

  1. ¿Qué queremos decir con creación?
  2. La doctrina bíblica de la creación
  3. ¿A qué nos referimos con evolución? Datación, ADN y genes
  4. ¿A qué nos referimos con evolución? Selección natural, éxito reproductivo y cooperación
  5. ¿A qué nos referimos con evolución? Especiación, fósiles y la cuestión de la información
  6. Objeciones a la evolución
  7. ¿Y qué hay del Génesis?
  8. Creacionismo evolutivo
  9. ¿Quiénes eran Adán y Eva? El trasfondo
  10. ¿Quiénes eran Adán y Eva? El Génesis y la ciencia en conversación
  11. La evolución y la interpretación bíblica de la muerte
  12. La evolución y la caída
  13. La evolución, el mal natural y la cuestión de la teodicea
  14. El diseño inteligente y el orden de la creación
  15. La evolución: ¿inteligente y diseñada?
  16. El origen de la vida

* Un libro de Andamio Editorial Octubre 2018

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Creación o evolución ¿Debemos elegir?

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Creación o evolución ¿Debemos elegir?

Denis R. Alexander

Hay pocos temas que generen tanto debate entre los cristianos evangélicos como el de la creación. Este es un libro escrito de forma razonada, con calma y muy bien documentado. Ha sido escrito por una persona que ama apasionadamente tanto la ciencia como la Biblia. «Espero», dice Denis Alexander, «que su lectura te anime a creer, como hago yo, que el ‘Libro de la Palabra de Dios’ y el ‘Libro de las Obras de Dios’ pueden mantenerse firmemente unidos en armonía».

Esta es la traducción de la segunda (y por ahora última) edición del libro original en inglés. En ella se actualizan los datos científicos y se profundiza en sus implicaciones teológicas.

«En este libro brillante y fácil de leer, el científico creyente Denis Alexander defiende de manera convincente y con cordialidad que un cristiano comprometido con su fe no tiene por qué temer la evolución, sino que puede aceptarla como la fascinante manera en la que Dios lleva a cabo su creación. Este es un libro de obligada lectura para todos lo que están interesados en el futuro de la fe».

Dr. Francis S. Collins
Director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), Bethesda, Maryland (EE.UU.)

500 pp. Rústica

Ref. 1828 – 20,00€

Por amor a Dios I

Por Amor a Dios 1

Por amor a Dios

Donald A. Carson

Como su volumen complementario, Por amor a Dios Volumen II, este devocional contiene un plan diario sistemático de lectura para los trescientos sesenta y cinco días del año, basado en el programa de lectura de la Biblia de McCheyne que le llevará por el Nuevo Testamento y los Salmos dos veces en el transcurso del año, y una vez por el resto del Antiguo Testamento.

En un esfuerzo por ayudar a conservar el pensamiento y el estilo de vida bíblico, D. A. Carson ha añadido comentarios que fomentan la meditación y la reflexión sobre los pasajes para cada día. Además, de la forma más exclusiva, ofrece una perspectiva que sitúa cada texto en el marco más amplio de la historia y del plan eterno de Dios con el objeto de profundizar su manera de comprender su soberanía, así como la unidad y el poder de su Palabra.

“En un mundo que considera la verdad absoluta, lo correcto y lo incorrecto, y la salvación como cuestiones sujetas a una interpretación individual, las firmes proclamaciones y las milagrosas historias bíblicas parecen obsoletas para los tiempos modernos. Pero no es la Palabra de Dios la que ha cambiado. En realidad, su relevancia y su poder de transformar vidas están intactos. Lo que sí ha sufrido una alteración es el número de personas que la consultan”. 

405 pp. Rústica

Ref. 1784 – 18,00€