La Cruz. El Camino de Salvación según Dios

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” Gálatas 6:14

Pueden caber pocas dudas de que el Dr. Martyn Lloyd-Jones ha sido el predicador más importante que haya alumbrado el mundo anglófono en el siglo XX. Los que tuvimos el privilegio de escucharle no olvidaremos con facilidad la reverencia experimentada cuando la gloria del Evangelio se apoderaba de su alma y Dios hablaba con tal poder a través de él. Sin embargo, no era un hombre que se quedara en el intelecto, ni tampoco eran unos dones humanos o una capacidad intelectual lo que más huella dejaba. Más bien era el poder de la Verdad, la grandeza de Dios, la pobreza del hombre y la gloriosa pertinencia y autoridad de la Santa Escritura los que marcaban de forma indeleble a sus oyentes.

La publicación de sus sermones, pues, debe ser motivo de inmensa gratitud para toda la Iglesia cristiana. Esta serie en particular se predicó en Westminster Chapel, Londres, en otoño de 1963, inspirada por las palabras del Apóstol en Gálatas 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Es un magnífico ejemplo de la exhaustiva exposición que hacía el doctor de un texto como este, pero también es una brillante muestra de su predicación de Cristo crucificado.

Cuando observas la Cruz de Cristo, ¿qué ves? ¿La derrota de un hombre crucificado que sufre injusta y vergonzosamente?

No —dice el Dr. Lloyd-Jones—. Considerar la Cruz un fracaso es perder de vista el propósito y la gloria de ese acontecimiento decisivo que se produjo en el monte Calvario. Porque en Jesucristo, y especialmente en su muerte. Dios estaba cumpliendo una promesa hecha en el amanecer de la Historia humana. Estaba posibilitando que mujeres y hombres imperfectos tuvieran una relación personal con su Creador perfecto.

En el presente libro, el Dr. Lloyd-Jones muestra clara y detalladamente la veracidad de esta impresionante afirmación y analiza sus enormes implicaciones para todo el mundo en la actualidad.

La predicación del Dr. Martyn Lloyd-Jones era una extraordinaria combinación de apasionada elocuencia y de razonamiento lógico, de una profundidad que era motivo de reflexión para el más maduro de sus oyentes y de una sencillez que permitía que hasta los niños pudieran entenderle. Todas estas características quedan ejemplificadas en esta serie de sermones. Difícilmente podrían ser más necesarios en la actualidad, en parte por el declive de una predicación bíblica poderosa en el mundo anglófono y en parte por la cuestión que tratan. Necesitamos que se nos recuerde urgentemente esta verdad esencial del Evangelio cristiano, estudiarla y proclamarla y, por encima de todo, gloriarnos en ella. En otro contexto, el Dr. Lloyd-Jones dijo en cierta ocasión: “Las ideas superficiales con respecto a la obra de Cristo conducen a vidas cristianas superficiales”. Que Dios utilice grandemente la lectura de estas páginas para alentar en nosotros un renovado gloriarnos en la Cruz, un renovado deseo de predicación bíblica y un renovado amor a Cristo.

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Verdadera Felicidad

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. (Salmo 1:1-2)

Una exposición del Salmo 1. La gente busca la felicidad por todas partes sin encontrar más que decepciones. Esto se debe a que la buscan como un fin en sí misma mientras que, según el Dr. Lloyd-Jones, únicamente puede hallarse en el conocimiento de Dios.

En esta exposición del Salmo 1, predicada originariamente en forma de cuatro sermones de Año Nuevo a comienzos de 1963, el Dr. Lloyd-Jones muestra la profunda diferencia que existe entre la verdadera felicidad y los falsos sustitutos que la gente intenta poner en su lugar. El Dr. Lloyd-Jones ministró en Westminster Chapel, Londres, durante treinta años hasta su jubilación en 1965. Murió el 1 de marzo de 1981.

Este primer salmo es de gran interés y los expertos están de acuerdo en que es verdaderamente significativo. Sin lugar a dudas, es una especie de introducción general a todo el libro de los Salmos. Este es un libro que enseña una filosofía concreta, una forma de ver la vida. También la encontramos en Proverbios y en los otros libros de sabiduría (Job, Eclesiastés); asimismo, la encontramos en las partes más didácticas de la Biblia, las teológicas. Pero aquí la tenemos, bajo esta forma poética en concreto, expresada como una experiencia por la que ha pasado el autor, el salmista; cómo ha entendido la enseñanza de Dios con respecto a eso y cómo Dios, en esa misma experiencia, lo ha guiado a una comprensión más profunda de sus caminos con respecto a los hombres. Este salmo es, pues, una introducción y, por tanto, tal como podríamos esperar, en él encontramos la enseñanza y la filosofía básicas de todo el libro.

UN MENSAJE

Pero al mismo tiempo, pues, y por la razón que acabo de exponer, es una introducción y un resumen muy bueno del mensaje de toda la Biblia. Porque la Biblia contiene un solo mensaje: lo expresa de diversas formas, pero se trata de un solo mensaje. Encontramos bastante geografía y geología, y bastante historia; se nos habla mucho de reyes, príncipes, guerras, luchas, nacimientos, bodas, muertes; infinitos detalles, pero un solo tema: los hombres y las mujeres en su relación con Dios y lo que Dios ha hecho por nosotros y nuestra salvación.

Hallamos esto, pues, en cada lugar y pasaje de la Biblia; y puesto que es el gran tema del Libro de los Salmos en general, también lo encontramos concentrado en este Salmo 1. Podemos decir, pues, que aquí tenemos la quintaesencia de la enseñanza de la Biblia con respecto a los hombres y las mujeres y a sus vidas en este mundo y en el tiempo. Por eso pido que prestes atención. Somos criaturas del tiempo y por eso cada año que pasar es significativo para nosotros. Dividimos el tiempo de esa forma: no tiene nada de malo si lo utilizamos correctamente. Cualquier cosa que nos haga detenernos y reflexionar y meditar, cual-quier cosa que nos haga considerar estas cuestiones y nuestra relación con el Dios todopoderoso, es positiva.

«Pero —dirá alguno—, ¿por qué nos cuentas estas cosas? ¿No te has quedado un poco anticuado? ¿No es esto una especie de anacronismo con respecto a este mundo moderno? ¿No nos puedes ofrecer algo más actual? ¿No puedes ofrecernos algo moderno? ¿No puedes ofrecernos una enseñanza nueva? Estamos en un nuevo mundo, en una época científica. ¿No puedes analizar la vida tal como es hoy día y ofrecernos tus conclusiones, así como lo que otros piensan y defienden? ¿Por qué no intentas aventurar lo que sucederá en el futuro? ¿Por qué no nos dices ~que debiéramos hacer, aquello por lo que deberíamos movilizarnos y que tendríamos que intentar que hicieran nuestros gobernantes? ¿Por qué no intentas planificar un nuevo orden mundial o una forma mejor de vivir? ¿Por qué no haces algo así, por qué retroceder a ese viejo Libro tuyo? ¿Por qué no haces algo nuevo?».

Esa, en mi opinión, es una pregunta justa. No pongo objeciones a ella. Y su respuesta se ofrece en un libro de la Biblia llamado Eclesiastés: «Nada hay nuevo debajo del sol» (Eclesiastés 1:9). ¡Nada en absoluto, nada nuevo! Si alguien pudiera demostrarme que la situación en que nos encontramos en la actualidad es verdaderamente distinta, pensaría que la argumentación precisa de un nuevo enfoque; pero creo que podré demostrar que no hay nada diferente en absoluto.

La situación de los hombres y las mujeres en el mundo sigue siendo la de siempre. Podemos advertir lo que la gente buscaba en los tiempos del salmista. La felicidad. «Feliz es el hombre —¡ahí lo tenemos!—, feliz es el hombre que no anduvo en consejo de malos»: Bienaventurado, feliz. Estaban buscando la felicidad, y este hombre lo sabía; él mismo la había estado buscando.

Hoy día, pues, la necesidad fundamental de las personas sigue siendo la felicidad. No somos las primeras personas que han deseado ser felices: el género humano siempre ‘ha estado en busca de ello. Toda la vida, la Historia y la civilización no es sino esta gran búsqueda de la felicidad. Nadie quiere ser desgraciado; nadie quiere ser infeliz; todo el mundo busca el gozo, la felicidad y el regocijo. La situación, pues, es exactamente la misma, no hay nada nuevo.

«¡Ay —dirás—, pero mira el mundo»! Pero el mundo siempre ha sido como es: un lugar de guerra y envidia; un lugar de celos, malicia, pesar y decepción. Siempre ha sido así. Puede adoptar diversas formas, pero eso no supone diferencia alguna en sí. Hubo un tiempo en que el cañón era tan terrible como lo es la bomba para nosotros.

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¿Qué es el arrepentimiento?

El arrepentimiento pertenece exclusivamente a la religión de pecadores. No tiene cabida en las actividades de criaturas no caídas. Aquel que nunca ha cometido un acto pecaminoso, ni ha tenido una naturaleza pecaminosa, no necesita perdón, ni conversión, ni arrepentimiento. Los ángeles santos nunca se arrepienten. No tienen nada de qué arrepentirse. Esto resulta tan claro que no hay razón para discutir el tema. En cambio, los pecadores necesitan todas estas bendiciones. Para ellos, son indispensables. La maldad del corazón humano lo hace necesario.

Bajo todas las dispensaciones, desde que nuestros primeros padres fueran despedidos del Jardín del Edén, Dios ha insistido en el arrepentimiento. Entre los patriarcas, Job dijo: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:6). Bajo la Ley, David escribió los salmos 32 y 51. Juan el Bautista clamó: “Arrepentíos, porque el reino
de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2). La descripción que Cristo hizo de sí mismo fue que había venido para llamar a “a pecadores, al arrepentimiento” (Mat. 9:13). Justo antes de su ascensión, Cristo mandó “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Luc. 24:47). Y los Apóstoles enseñaron la misma doctrina, “testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21). Por lo tanto, cualquier sistema religioso entre los hombres que no incluya el arrepentimiento de hecho es falso. Dice Matthew Henry: “Si el corazón del hombre hubiera seguido recto y limpio, las consolaciones divinas quizá hubieran sido recibidas sin la previa operación dolorosa; pero siendo pecador, tiene que primero sufrir antes de recibir consolación, tiene que luchar antes de poder descansar. La herida tiene que ser investigada, de otro modo no puede ser curada. La doctrina del arrepentimiento es la doctrina correcta del evangelio. No solo el austero Bautista, que era considerado un hombre triste y mórbido, sino también el dulce y amante Jesús, cuyos labios destilaban miel, predicaba el arrepentimiento…” Esta doctrina no dejará de ser mientras exista el mundo.

Aunque el arrepentimiento es un acto obvio y muchas veces dictaminado, no puede realizarse verdadera y aceptablemente sino por la gracia de Dios. Es un don del cielo. Pablo aconseja a Timoteo que instruya en humildad a los que se oponen, “Por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Tim. 2:25). Cristo es exaltado como Príncipe y Salvador “para dar arrepentimiento” (Hch. 5:31). Por lo tanto, cuando los paganos se incorporaban a la iglesia, esta glorificaba a Dios, diciendo: “¡¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios
arrepentimiento para vida!!” (Hch. 11:18). Todo esto coincide con el tenor de las promesas del Antiguo Testamento. Allí, Dios dice que realizará esta obra por nosotros y en nosotros. Escuche sus palabras llenas de gracia: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Eze. 36:26-27)… El verdadero arrepentimiento es una misericordia especial de Dios. Él la da. No procede de ningún otro. Es imposible que la pobre naturaleza que ha caído tan bajo se recupere por sus propias fuerzas como para que realmente se arrepienta. El corazón está aferrado a sus propios caminos y justifica sus propios caminos pecadores con una tenacidad incurable hasta que la gracia divina ejecuta el cambio. Ninguna motivación hacia el bien es lo suficientemente poderosa como para vencer la depravación del corazón natural del hombre. Si hemos de obtener su gracia, tiene que ser por medio del gran amor de Dios hacia los hombres que perecen.

No obstante, el arrepentimiento es sumamente razonable… Cuando somos llamados a cumplir responsabilidades que somos renuentes a cumplir, nos convencemos fácilmente que lo que se nos exige es irrazonable. Por lo tanto es siempre provechoso para nosotros tener un mandato de Dios que compele nuestra conciencia. Es realmente
benevolente que Dios nos hable con tanta autoridad sobre este asunto. Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30). La base del mandato radica en que todos los hombres en todas partes son pecadores. Nuestro bendito Salvador no tenía pecado, y por supuesto, no podía arrepentirse. Salvo esa sola excepción, desde la Caída no ha habido ni una persona justa que no necesitara el arrepentimiento. Y no hay nadie más digno de lástima que el pobre iluso que no ve nada en su corazón y su vida por lo que debe arrepentirse.

Continuará …

De Vital Godliness: A Treatise on Experimental and Practical Piety.


William S. Plumer (1802-1880): Pastor presbiteriano norteamericano; autor de numerosos libros centrados en Cristo; nació en Greensburg, Pennsylvania, EE.UU.

Hogar bajo Su Gracia

Karla de Fernández es Coordinadora de Iniciativas para Mujeres en Soldados de Jesucristo y directora del podcast Mujer en Su Palabra. En el libro Hogar bajo su gracia, Fernández nos muestra cómo cada detalle de tu hogar puede ser un reflejo de nuestra morada celestial. La autora nos muestra el corazón que Dios quiere formar en nosotras, haciéndonos semejantes a Cristo al servir desde nuestros hogares. 

A través de diez capítulos aprendemos cómo en cada aspecto de la vida del hogar Dios dirige a sus hijos e hijas a la realidad eterna, y también cómo el rol de la mujer —diseñado por Dios para su gloria— se ve afectado de manera negativa por la sociedad actual.

Hogar bajo su gracia

Como muchos libros dirigidos a mujeres, la autora destina su escritura a esposas y madres. Aun así, si eres joven o adulta soltera y no tienes hijos, te invito a que consideres lo que Karla nos enseña en Hogar bajo su gracia; desde el inicio del libro, ella señala la importancia de aprender a reflejar a Cristo en el hogar desde antes del matrimonio. Puede que seas la hermana mayor en tu familia, o la única mujer… sea como sea, puedes considerar cada enseñanza desde tu propia realidad.

Retrato de la mujer virtuosa

En los dos primeros capítulos del libro, Karla nos dirige en el análisis de Proverbios 31, pasaje donde se describe a una mujer que “nos reta a buscar ser una esposa ejemplar, leal, íntegra, confiable y servicial” (loc. 562). Cada detalle que se extrae del capítulo nos muestra que los talentos que el Señor nos ha dado pueden ayudar a edificar sabiamente nuestro hogar, considerando que cada decisión a tomar dentro de él debe ser guiada por Dios para el bienestar y el futuro de nuestra familia.

La autora señala que muchas veces sentiremos que no podremos más con las muchas cosas que debemos hacer a diario, por lo que nos muestra la importancia de “estar fortalecidas en nuestro Padre porque las pruebas y luchas vendrán, y si no estamos bien cimentadas, firmes y fortalecidas en Él, vamos a sucumbir” (loc. 897). El resto del libro sigue presentando más lecciones valiosas para toda mujer.

Con respecto a los hijos, la autora recalca la importancia de reflejar a Cristo en nuestro rol como madres, para tener la oportunidad de aplicar el evangelio en todo cuanto vivimos día a día, formando a nuestros hijos desde temprana edad para la gloria de Dios. Fernández también nos enseña sobre la importancia de aprovechar al máximo el tiempo junto a los hijos que Dios nos ha permitido tener. Es importante conocerlos, ayudarles, y estar para ellos siempre que lo necesiten. Sobre todo, Karla nos llama a preocuparnos por su salud espiritual; sabemos que la salvación es del Señor, pero llevarlos ante Él es nuestra responsabilidad como padres.

Por otro lado, respecto a la vida de pareja, la autora nos muestra cómo muchas veces consideramos que el matrimonio es únicamente para nuestro deleite, cuando fue creado por Dios para ser un reflejo constante de Cristo y su Iglesia, y se trata principalmente acerca de Él. Frente a esta realidad, Fernández nos dirige a considerar primeramente que el matrimonio, al estar compuesto por dos almas pecadoras, estará lleno de imperfecciones y dificultades, pero que en medio de esto Dios puede trabajar para moldearlo de acuerdo a Sus propósitos divinos y reflejar Su gracia. Asimismo —y a diferencia de lo que la cultura actual nos señala— la autora alude a la importancia de ser la ayuda idónea de nuestro esposo y no competir con él respecto al liderazgo en el hogar. Dios nos hizo diferentes al hombre y esto tiene un propósito divino; esta verdad no disminuye nuestro valor como personas.

​Cada familia tiene una historia distinta y se compone de diferentes maneras. Muchos hogares cristianos cuentan con un cónyuge que no es salvo, y otros más ni siquiera cuentan con la presencia de un padre. En cada realidad, es la voluntad de Dios la que reina; Él es quien da las fuerzas para continuar día a día y nos guía para tomar las decisiones correctas.

Conclusiones

Como muchos libros dirigidos a mujeres, la autora destina su escritura a esposas y madres. Aun así, si eres joven o adulta soltera y no tienes hijos, te invito a que consideres lo que Karla nos enseña en Hogar bajo su gracia; desde el inicio del libro, ella señala la importancia de aprender a reflejar a Cristo en el hogar desde antes del matrimonio. Puede que seas la hermana mayor en tu familia, o la única mujer… sea como sea, puedes considerar cada enseñanza desde tu propia realidad.

“Saturemos nuestro hogar con la presencia de Jesucristo. Que todo cuanto se hable en casa esté impregnado de Él, que cada decisión que tomemos esté de acuerdo con Sus principios bíblicos” (loc. 2699).

Hogar bajo su gracia es un libro perfecto para realizar estudios individuales o en grupo, con mujeres casadas o solteras de cualquier edad que quieran aprender cada vez más sobre cómo reflejar el amor divino a través de sus hogares.

Editorial B&H ESPAÑOL. 264 pp. Rústica

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¿Qué estabas esperando?

La dura realidad del matrimonio es que no todo es tan bonito como nos gustaría. Muchas veces le echamos la culpa a nuestra pareja o a nuestras circunstancias. Muy pocas veces tomamos en serio la naturaleza de nuestro propio pecado. ¿Qué Estabas Esperando? te retará a verte en el espejo de la Palabra de Dios y verte a ti mismo con claridad. Quizás eres tú. Quizás te amas más de lo que amas a tu pareja. Quizás amas tu pequeño reino en lugar del gran Reino de Dios. Cuando llegas a alcanzar ese nivel de honestidad, estás al borde de entrar a tiempos verdaderamente buenos en tu matrimonio. Comienza a trabajar en un matrimonio de unidad, comprensión y amor.

Noel y yo escuchamos la mayor parte de este libro mientras íbamos en el automóvil. Palabras sabias. Experiencia auténtica. Aplicación provocativa. Este libro cambió un largo viaje en automóvil en un fructífero seminario de matrimonio para dos. —John Piper, Desiring God Ministries.

La razón por la que el libro ¿Qué Estabas Esperando? es tan poderoso no es porque Paul Tripp sea un experto en matrimonio con tips y trucos para resolver tus problemas, es porque su enseñanza está empapada en el Evangelio y en la Palabra de Dios. Este libro honesto te ayudará a verte a ti y a tu pareja bajo una nueva luz mientras de muestra quién es Jesús y como conectar Su Gracia redentora a las realidades diarias de tu matrimonio. Personas solteras o parejas comprometidas se beneficiarán de este libro también. —Joshua Harris, pastor, Covenant Life Church, Gaithersburg, Maryland.

Lo que he llegado a esperar de Paul Tripp es consejo consistentemente profundo, transparente, sabio, práctico y motivado por el evangelio. En lugar de ensuciar el agua con estrategias egocéntricas diseñadas para satisfacer nuestras necesidades, Paul, tal como un experto cirujano del alma, diagnostica correctamente nuestros problemas y provee la cura&mdash fe humilde en Jesucristo. No me decepcioné. Tú tampoco te decepcionarás. —Elyse Fitzpatrick, consejera, autora, Give Them Grace.

Contenido

  • PREFACIO
  • ¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?
  • UNA RAZÓN PARA CONTINUAR
  • ¿EL REINO DE QUIÉN?
  • DIA A DIA
  • COMPROMISO I: Nos entregaremos a un estilo de vida de confesión y perdón.
  • SIENDO HONESTOS: LA CONFESIÓN
  • CANCELANDO DEUDAS
  • COMPROMISO 2: Haremos del crecimiento y el cambio nuestra agenda diaria.
  • ARRANCANDO LA MALEZA
  • PLANTANDO SEMILLAS
  • COMPROMISO 3: Trabajaremos unidos para formar un vínculo robusto de confianza.
  • ARRIESGANDO EL CUELLO
  • UNA PERSONA CONFIABLE
  • COMPROMISO 4: Nos comprometeremos a cultivar una relación de amor.
  • TODO LO QUE NECESITAMOS ES EL AMOR
  • PREPARADOS, DISPUESTOS Y ESPERANDO
  • COMPROMISO 5: Negociaremos nuestras diferencias con aprecio y gracia.
  • MARAVILLOSA GRACIA
  • ANTES DE QUE OSCUREZCA 215

*Faro de Gracia Editorial 220

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Amándonos a nosotros mismos

Cuando el fariseo le pregunta: “¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?” Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mat 22:37). Y luego agrega: “Y el segundo es semejante a éste, Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat 22:39). Nota la frase al final del versículo 39: ”como a ti mismo”. ¿Por qué Jesús agrega estas cuatro palabras? Es porque instintivamente buscamos hacernos el bien; nadie nos obliga a cuidar de nosotros mismos. El amor propio es natural, normal, se da por sentado. Así como el amor propio es un hecho, Jesús dice que debemos amar a nuestro prójimo. Sin embargo, a causa de mi pecado, no quiero hacer el trabajo difícil de amarlo. No obstante, si yo amo a Cristo, debo amar a mi prójimo tanto como me amo a mí mismo, como si mi prójimo fuese yo mismo.

En un mundo donde la gente es egoísta y se preocupa muy poco por los demás, cualquier conversación que trate del amor propio puede hacer sentir incómodo a un cristiano. ¿Acaso la Biblia no me llama a negarme a mí mismo y a poner a los demás primero? Sí, lo hace. ¿Acaso la Biblia no dice que el propósito de la vida es glorificar a Dios? Sí, lo dice. Pero estas verdades no pueden descartar la intención de Jesús en Mateo 22:39: Ya que siempre buscas tu propio bien, busca el bien de tu prójimo con la misma intensidad.

Jesús presupone que nos amamos a nosotros mismos, y no condena todas las formas de hacerlo, por lo tanto debe haber una manera bíblica de pensar en el amor propio. Es entendible que el cristiano se sienta incómodo al hablar del amor a sí mismo; nuestro mundo está repleto de personas que son fundamentalmente egoístas. Pero hay una manera correcta (bíblica) y una manera incorrecta (anti-bíblica) de amarnos a nosotros mismos.

Cuando confiamos en Jesús, no perdemos la perspectiva, sino más bien obtenemos la perspectiva propia que debemos tener.

La manera incorrecta

Un amor propio que exalta mis necesidades, mis deseos y mis esperanzas por encima de Dios u otros está mal. Es como un tirano manipulando a los demás para conseguir lo que él quiere. Por ejemplo, Jennifer está soltera y desesperadamente quiere un esposo. Ella cambia la manera de vestirse y comienza a coquetear para llamar la atención de los hombres. Cuando es crudamente honesta, su deseo de casarse le resta valor a la vida que Dios le ha dado. Otro ejemplo, Pedro está frustrado porque su esposa se entrega por completo a los hijos y lo tiene a él descuidado. A él le importa más su necesidad de sexo y atención que el obedecer a Dios y amar a su esposa.

Un amor propio que pone a Dios en segundo plano en relación a mis necesidades y mis deseos es común pero inaceptable para los cristianos. Toda versión del amor propio que me pone en el centro de mi universo (ignorando a Dios) me lleva a enfocarme demasiado en mí mismo. Jennifer está más preocupada por su deseo de obtener la felicidad que por confiar en Dios. Pedro quiere sexo y atención por encima de todo lo demás y manipula a su esposa para obtenerlo.

Un amor propio que me cega a mis errores y minimiza mi pecado es peligroso. Solo cuando Dios abre mis ojos a mi pecado es que llego a comprenderme adecuadamente. Un concepto adecuado de nosotros mismos nos hace ver que somos completamente depravados, en todos los aspectos: nuestras mentes, corazones y cuerpos.

Un amor propio cuyo objetivo es hacerme sentir mejor acerca de mí mismo no está bien. El movimiento de la autoestima nos susurra al oído: “¡Eres asombroso, por lo tanto siéntete bien contigo mismo!”, o: “¡No te sientas mal, lo estás haciendo genial!” Como creyentes, nuestra confianza no está arraigada en nosotros mismos, nuestras habilidades, o nuestro autodiscurso motivacional, sino en el Dios que en Su misericordia nos salva a través de Su Hijo.

La manera correcta

Un correcto amor propio exalta a Dios y nos pone en segundo plano (Ex 20:1-6; Sal 40:8; Mat 6:9-10,33). Dios ajusta nuestras prioridades de tal manera que no podemos hacernos “rey del universo”. Una vida de rey es peligrosa porque la auto-exaltación y el egocentrismo suelen seguirle los pasos. Solo el Dios Todopoderoso tiene derecho de sentarse en el trono. Cuando nos sometemos a Su reinado, Él nos coloca en nuestro lugar, y nuestro amor propio no se sale de control. La intensidad de la búsqueda de un esposo por parte de Jennifer se disminuye a medida que ella va creciendo en su fe, confiando en que el amor de Dios es mejor para ella que cualquier otra cosa. La vida de soltera ya no es intolerable. Una vida centrada en el evangelio le da ojos para ver más allá de su propio interés.

Un correcto amor propio nos facilita el negarnos a nosotros mismos (Mat 16:24). Negarnos a nosotros mismos no es odiarnos a nosotros mismos. Más bien es poner nuestras necesidades a un lado para reorganizar nuestras vidas conforme a los valores del reino, usando la fuerza que Dios nos da. Pedro se siente olvidado por su esposa, pero su fe le ayuda a confiar en que teniendo conversaciones honestas con ella y una actitud humilde como la de Cristo, y poniéndola a ella por encima de sus propias necesidades, honrará a Dios y ayudará a la recuperación de su matrimonio.

Un correcto amor propio incluye el cuidarnos física, espiritual y relacionalmente (I Cor 6:19-20). Negarse a uno mismo no es un pretexto para descuidarnos. Hay un tipo de autocuidado que es normal y saludable para los cristianos. Ejercitarse no se trata simplemente de mantenerse en forma, pero aún más importante que eso, es ser un buen mayordomo del cuerpo que Dios nos ha dado. Pasar tiempo regularmente en la Palabra y recibiendo una prédica semanal en una iglesia nos mantiene espiritualmente en forma. Cuando regularmente empapamos nuestros corazones con la Palabra, vamos creciendo en una esperanza centrada en Cristo. Y porque Dios nos ha hecho dependientes los unos de los otros, aislarnos no es una opción. Dios nos hizo para hallar satisfacción y crecimiento en el crisol de relaciones que exaltan Su nombre. La salud física, espiritual y relacional nos da la fuerza para demostrarle amor a otros.

Un correcto amor propio reconoce nuestras limitaciones y nuestra necesidad de volvernos a Jesús (2 Cor 5). El orgullo nos hace pensar que podemos sobrevivir solos. Peor aún, nos engaña de tal modo que intentamos autorescatarnos (“¿Quién necesita a Jesús? Yo me puedo encargar de esto”.) El orgullo nos hace pensar más de nosotros mismos y de nuestras destrezas de lo que deberíamos pensar. El apóstol Pablo le rogó a los Corintios para que “ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor 5:15). Esta misma advertencia aplica para nosotros. Cuando nuestros sentimientos están orientados alrededor de Cristo y no de nosotros mismos, todo cambia. Los mandamientos de Cristo ya no nos pesan y son un gozo cumplirlos. Cuando confiamos en Jesús, no perdemos la perspectiva, sino más bien obtenemos la perspectiva propia que debemos tener. Cuando amamos a Jesús, nos amamos mejor a nosotros mismos . Cuando solo nos amamos a nosotros mismos e ignoramos a Jesús, hacemos de nuestras vidas un desastre.

Amando al prójimo como a ti mismo

Hay un amor propio tan preocupado y centrado en sí mismo que no nos ayuda a tener un buen punto de comparación con lo que dice Mateo 22:39. Este es un amor que nos exalta, minimiza nuestro pecado y nos hace altaneros. No puede ser la clase de amor propio que Jesús tenía en mente.

Un amor que honra a Jesús, que se niega a sí mismo y que es sensible al pecado es radicalmente diferente. No se ocupa tanto de sí mismo que ignora a los demás. Nos enfoca en el evangelio y no exclusivamente en nosotros mismos. Logra ver los valores de Dios y los atesora. Encuentra descanso en Cristo. Evita los autorescates diarios y se vuelve a Jesús por ayuda.

Jesús nos dice que debemos atender las necesidades de nuestro prójimo como lo hacemos con nosotros mismos. Como es normal amarnos a nosotros mismos, pero no es normal hacerlo correctamente (porque todos somos pecadores), démosle gracias a Dios que Jesús nos da la sabiduría y la fuerza de amarnos a nosotros mismos bíblicamente y de amar a nuestro prójimo con sabiduría.

El Dr. Deepak Reju es pastor de consejería bíblica y de ministerio familiar en Capitol Hill Baptist Church en Washington, D.C.

Conociendo al Dios Vivo 1

Mediante el uso de este libro se le anima al estudiante a estudiar la doctrina bíblica y a descubrir su lugar exaltado en la vida cristiana. El verdadero cristiano no puede soportar ni aun sobrevivir un divorcio de las emociones y el intelecto, ni entre la devoción a Dios y la doctrina de Dios. Según las Escrituras, ni nuestras emociones ni nuestras experiencias nos dan los cimientos adecuados para la vida cristiana. Solamente las verdades de la Escritura, entendidas por la mente y comunicadas mediante la doctrina, pueden proporcionar aquellos cimientos sólidos sobre los cuales podemos establecer nuestras creencias y nuestro comportamiento y también determinar la validez de nuestras emociones y experiencias. La mente no es enemigo del corazón, y la doctrina no es obstáculo a la devoción. Ambos son indispensables y deberían ser inseparables. Las Escrituras nos mandan que amemos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mateo 22:37), y que adoremos a Dios en espíritu y en verdad (Juan 4:24).

El estudio de la doctrina es una disciplina intelectual y devocional. Es una búsqueda apasionada de Dios que debería llevar al estudiante a una transformación, obediencia y sincera adoración personal mayor. Por esto, el estudiante debe tener cuidado de no cometer el gran error de buscar solamente el conocimiento impersonal en vez de buscar la persona de Dios. La devoción mecánica ni afanes meramente intelectuales son provechosos porque en los dos casos se pierde a Dios.

LA VERSIÓN REINA-VALERA 1960
Aunque hay varias buenas traducciones de la Biblia al castellano, este estudio se tradujo para usarse con la versión Reina-Valera 1960. Uno no está obligado a utilizar esta versión pero hay muchas ocasiones cuando el estudiante notará una diferencia menor si utiliza una traducción distinta (especialmente si usa una traducción menos exacta o no literal). Escogimos esta traducción de las Escrituras por los siguientes motivos: (1) la precisión relativa de la traducción respecto a su fidelidad a los idiomas originales; y (2) su difusión y familiaridad en el mundo hispanoparlante.

La meta principal de este estudio es que el estudiante tenga un encuentro con Dios mediante Su Palabra. Fundado sobre la convicción de que las Escrituras son la inspirada e infalible Palabra de Dios, este estudio se diseñó de tal manera que es literalmente imposible que el estudiante avance sin tener una Biblia abierta ante él o ella. Nuestra meta es obedecer la exhortación del Apóstol Pablo en II Timoteo 2:15:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Cada lección trata una doctrina específica de los atributos de Dios. El estudiante terminará cada lección contestando las preguntas según la Escrituras proporcionadas. Se le anima al estudiante a meditar sobre cada texto y escribir sus pensamientos. El beneficio que uno cosecha de este estudio dependerá de la inversión del estudiante. Si el estudiante contesta las preguntas copiando el texto sin pensar y sin buscar una comprensión de su significado, será poco provechoso.

El estudiante encontrará que esto es principalmente un estudio bíblico y no tiene mucho en cuanto a ilustraciones bonitas, historias entretenidas ni aun comentarios teológicos. Fue nuestro deseo proporcionar una obra que solamente señalara el camino a las Escrituras y que dejara que las Escrituras hablaran por sí mismas.

Este libro lo puede usar un individuo, una célula o una clase de escuela dominical. Es muy recomendable que el estudiante termine cada capítulo solo o sola antes de reunirse para discusión y preguntas con el grupo o el líder de discipulado.

TABLA DE CONTENIDOS

UN SOLO DIOS

DIOS ES ESPÍRITU

DIOS ES GRANDE Y PERFECTO

DIOS ES ETERNO, AUTO-EXISTENTE, E INMUTABLE

DIOS ES OMNIPOTENTE, OMNIPRESENTE, Y OMNISCIENTE

DIOS ES SANTO

DIOS ES JUSTO

DIOS ES VERDADERO Y VERAZ

DIOS ES FIEL

DIOS ES AMOR

DIOS ES CREADOR Y SUSTENTADOR

DIOS ES SEÑOR SOBRE TODO

DIOS ES LEGISLADOR Y JUEZ

LOS NOMBRES DE DIOS

“La guía de estudio de Paul Washer sobre la doctrina de Dios, El Único Dios Verdadero, es la mejor obra introductoria que conozco. Expone grandes verdades de una manera clara y equilibrada. No se citan autoridades humanas pero es evidente que el autor conoce la literatura del Cristianismo histórico y por consiguiente evita las trampas en las cuales otros podrían caer. El jóven cristiano dificilmente podría dedicarse a algo más fructífero que el estudio cuidadoso de éstas páginas.” I AN MURRAY COFUNDADOR Y DIRECTOR EDITORIAL DEI. BANNER OF TRUTH TRUST


“El Único Dios Verdadero le guiará por un ejercicio provechoso en la teología bíblica y sistemática. Aprenderá qué dice la Biblia acerca del carácter y los atributos del Dios que verdaderamente no es como ningún otro. Esta es una obra maravillosa y oro que ayude a muchos a crecer en el conocimiento de Dios. Léalo y sea bendecido. Léalo y adore a su Dios.” -DANIEL L. AKIN PRESIDENTE DEL SOUTHEASTERN BAPTIST THEOLOGICAl. SEMINARY


“Cuando mi hijo joven se puso lentes por primera vez, se quedó estupefacto por el mundo maravilloso que podía ver. Les quería hablar a todos de lo que había pasado. Esta mirada guiada hacia lo que Dios ha revelado de Sí mismo, será así para muchos cristianos cortos de vista. El estudio de la autobiografía de Dios no solamente tratará nuestra miopía, sino que también nos soltará la lengua. Como oftalmólogo hábil, a menudo utilizaré y recomendaré El Único Dios Verdadero.” -JIM ELLIFF CHRISTIAN COMMUNICATORS WORLDWIDE WWW.CCWTODAY.ORG


“En El Único Dios Verdadero, Paul Washer ha proporcionado un estudio teológico sólido, bíblico y substancial para aquellos que hemos estado anhelado más. Cualquier persona a quién le interese reforzar su entendimiento de la Doctrina de Dios encontrará este estudio inmensamente valioso. Además, puesto que El Único Dios Verdadero es de naturaleza expositora, también puede servir como herramienta de enseñanza para dar cimientos sólidos a nuevos creyentes o para ayudar en la evangelización de los incrédulos.” -VODDIE BAUCHUM, PASTOR, AUTOR DE PATRIMONIO ESPIRITUAL

HeartCry 333 pp. Rústica. 2021 Legado Bautista Confesional

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El Sermón del Monte

El Sermón del Monte tiene una seducción singular. Parece presentar la esencia de la enseñanza de Jesús. Hace que la bondad nos resulte atractiva. Avergüenza nuestra forma mediocre de hacer las cosas. Engendra sueños de un mundo mejor. John Donne lo expresó así en un sermón que predicó en 1629, haciendo uso de una pequeña hipérbole perdonable:

“Todos los artículos de nuestra religión, todos los cánones de nuestra iglesia, todas las admoniciones de nuestros príncipes, todas las homilías de nuestros padres, el cuerpo total de la divinidad, se encuentran en estos tres capítulos, en este único Sermón del Monte”.

Debo confesar que yo mismo caí bajo su encanto, o más bien bajo el encanto de aquel que lo predicó. He estado examinándolo constantemente por lo menos durante los últimos siete años. En consecuencia, mi mente ha estado luchando con los problemas que el Sermón plantea y mi corazón ha ardido por la nobleza de sus ideales. Durante este período procuré compartir mis pensamientos y mi emoción con estudiantes de la Universidad de Cambridge, con otros grupos de estudiantes en los Estados Unidos y Canadá, con la congregación de All Souls, Langham Place y con aquellos miles de peregrinos que vinieron de todas partes del mundo a la Convención de Keswick en 1972. Por supuesto, se han escrito cientos de comentarios sobre el Sermón del Monte. He podido estudiar alrededor de veinticinco de ellos, y mi deuda con los comentaristas no pasará desapercibida al lector. En realidad, mi texto se encuentra salpicado de citas, porque creo que debemos dar a la tradición mayor valor del que a menudo le hemos dado, y sentarnos con más humildad a los pies de los maestros. Mi propósito al hacer esta exposición ha sido, como siempre, escuchar con cuidadosa atención el texto. Sobre todo, quise dejar que hable, o mejor dejar que Cristo hable, y hable al mundo contemporáneo.

De modo que procuré enfrentar con integridad los dilemas que el Sermón hace surgir en los cristianos modernos. Porque Jesús no nos entregó un tratado académico calculado para estimular nuestro intelecto. Creo que su intención al pronunciar el Sermón del Monte fue que éste se obedeciera. Si la iglesia aceptara en forma realista las normas y valores de Jesús tal como aquí se exponen, y viviera por ellos, sería la sociedad alternativa que Jesús siempre se propuso que fuera, y ofrecería al mundo una auténtica contracultura cristiana.

Es sin lugar a dudas uno de los sermones más poderosos de la Biblia.

El Sermón del Monte tiene una seducción singular. Parece presentar la esencia de la enseñanza de Jesús. Hace que la bondad nos resulte atractiva. Desafía nuestra forma mediocre de hacer las cosas. Engendra sueños de un mundo mejor.

Si la iglesia aceptara en forma realista las normas y valores de Jesús tal como aquí se exponen, y viviera por ellos, sería la sociedad alternativa que Jesús siempre se propuso que fuera, y ofrecería al mundo una auténtica contracultura cristiana.

John Stott procura enfrentar con integridad los dilemas que el Sermón del Monte hace surgir en los cristianos modernos y nos invita a ser atrapados por este potente cambio de nuestra manera de concebir la vida.

El Sermón del Monte, como otros escritos de John Stott, se caracteriza por el propósito de exponer el texto bíblico con fidelidad y aplicarlo a la vida contemporánea. Tenemos la certeza de que Dios aún habla hoy a través de lo que ya ha hablado.

Este libro forma parte de la serie de exposiciones publicadas en inglés por InterVarsity Press bajo el título The Bible Speaks Today (La Biblia habla hoy). Igual que todas las exposiciones de aquella serie, El Sermón del Monte se caracteriza por el ideal de exponer el texto bíblico con fidelidad y relacionarlo con la vida contemporánea. El comentario toma como base el texto bíblico de la Nueva Versión Internacional, e incluye la referencia a otras versiones de la Biblia. El propósito del autor es hacer comprensible el mensaje bíblico, a fin de aplicarlo a la realidad contemporánea tanto personal como de la comunidad. Tenemos la certeza de que Dios aún habla hoy a través de lo que ya ha hablado. Nada es más necesario para la vida, el crecimiento y la salud de las iglesias o de los cristianos, que escuchar y prestar aten-ción a lo que el Espíritu les dice a través de su antigua, pero siempre apropiada Palabra. Los editores

Presentación

Prefacio del autor

Abreviaturas

Introducción: ¿En qué consiste este sermón?

El carácter del cristiano: las bienaventuranzas

La influencia del cristiano: sal y luz

La justicia del cristiano: Cristo, el cristiano y la ley

La justicia del cristiano: evitar el enojo y la codicia

La justicia del cristiano: fidelidad en el matrimonio y honestidad en el lenguaje

La justicia del cristiano: no represalia sino amor activo

La religión del cristiano: no hipócrita sino real

La oración del cristiano: no mecánica sino reflexiva

La ambición del cristiano: no la seguridad material sino el reino de Dios

Las relaciones del cristiano: con sus hermanos y con su Padre

Las relaciones del cristiano: con los falsos profetas

La entrega del cristiano: la elección radical

Conclusión: ¿Quién es este predicador?

Bibliografía

Notas

Ediciones Certeza | Andamio Editorial 240 pp. Rústica.- 2007

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Nuevas Misericordias cada Mañana

Todas las mañanas “tuiteo” tres pensamientos sobre el evangelio. Es decir, publico tres breves pensamientos sobre la fe cristiana en la red social llamada Twitter. Mi meta es confrontar y consolar a la gente con las verdades transformadoras del evangelio de Jesucristo.

Mi deseo es que la gente vea que la gracia del evangelio no busca cambiar los aspectos religiosos de nuestras vidas; más bien busca cambiar todas las cosas que nos definen y nos motivan. Mi intención es que las personas vean el evangelio como una ventana a través de la cual podemos ver todo en la vida.

Por la gracia de Dios, estos tuits han sido bien recibidos, e incontables personas me han animado a usar esos pensamientos como la base de un libro de devocionales, con 365 meditaciones sobre las verdades del evangelio expresadas en esos tuits. El libro que sostienes en tus manos es mi respuesta a esas solicitudes. Cada lectura diaria comienza con uno de mis tuits sobre el evangelio, un tanto editados, seguidos por una breve meditación.

Sentarse a escribir 365 devocionales es una tarea abrumadora. Mi disposición a hacer esto no tenía su raíz en mi orgullo o en mi habilidad como autor, sino en mi confianza en la anchura y profundidad del evangelio de Jesús. Al comenzar a escribir, me entusiasmaba hacer algo de espeleología espiritual: me adentraba en las cavernosas profundidades de la fe que tanto amo. Hice esto, no tanto como un experto, sino como un peregrino, un explorador. Me senté a escribir, no pensando que ya dominaba el evangelio, sino que había evidencia en mi vida de que necesitaba ser dominado por el mismo mensaje de gracia que sostiene todo mi ministerio.

Ahora, debo ser honesto: No escribí este libro solo para ti. ¡No! También lo escribí para mí. No hay ninguna realidad, principio, observación, verdad, mandamiento, ánimo, exhortación o reprimenda en este devocional que yo no necesite en mi vida. Yo soy como tú; la familiaridad con el evangelio causa que no atesore a Cristo como debería. Al
familiarizarme más y más con los temas de la gracia, soy más propenso a no asombrarme con ellos como en un principio. Cuando las realidades maravillosas del evangelio dejan de llamar tu atención o de capturar tu devoción, ten por seguro que otras cosas de tu vida lo han hecho. Cuando dejas de celebrar la gracia, comienzas a olvidar lo mucho que la necesitas; y cuando olvidas cuánto necesitas la gracia, dejas de buscar el rescate y la fuerza que solo la gracia te puede dar. Esto quiere decir que comienzas a verte a ti mismo como más justo, más fuerte y más sabio de lo que realmente eres y, al hacer esto, ten por seguro que te diriges al peligro.

Entonces, este devocional tiene el propósito de hacerte recordar. Es un llamado a recordar el horrendo desastre del pecado. Es un llamado a recordar a Jesús, quien tomó tu lugar. Es un llamado a recordar el regalo de Su justicia. Es un llamado a recordar el poder transformador de la gracia que tú y yo nunca podríamos merecer. Es un llamado a recordar el destino garantizado para todos los hijos de Dios que han sido comprados por la sangre de Su Hijo. Es un llamado a recordar Su soberanía y Su gloria. Es un llamado a recordar que estamos peleando una guerra espiritual; aun para esto necesitamos de Su gracia.

El título de este devocional no es solo una referencia a la forma como la Biblia habla sobre la gracia de Dios (Lamentaciones 3:22-23); también es una alusión al famoso himno que, en mi opinión, deberíamos entonar todos los días.


“¡Oh, Tu fidelidad! ¡Oh, Tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí;
Nada me falta, pues todo provees,
¡Grande, Señor, es Tu fidelidad!”.


Una de las realidades más asombrosas de la vida cristiana es que, en un mundo donde todo está en algún estado de descomposición, las misericordias de Dios nunca decaen. Nunca se agotan. Nunca son inapropiadas. Nunca se consumen. Nunca se debilitan. Nunca se cansan. Nunca dejan de saciar la necesidad. Nunca decepcionan. Nunca,
nunca fallan, porque son nuevas cada mañana. Las misericordias de nuestro Señor son hechas a la medida de los retos, las decepciones, los sufrimientos, las tentaciones y las luchas internas y externas contra el pecado. En ocasiones son:


Misericordias que inspiran reverencia
Misericordias que corrigen
Misericordias que fortalecen
Misericordias que dan esperanza
Misericordias que exponen el corazón
Misericordias que liberan
Misericordias que transforman
Misericordias que perdonan
Misericordias que revelan la gloria de Dios
Misericordias que iluminan con la verdad
Misericordias que dan valentía.


Las misericordias de Dios no vienen en un solo color; vienen en todos los colores posibles del arcoíris de Su gracia. Las misericordias de Dios no son el sonido de un solo instrumento; son una sinfonía de la orquesta de Su gracia. La misericordia de Dios es general; todos Sus hijos disfrutan de ella. La misericordia de Dios es específica; cada hijo
recibe la misericordia que ha sido diseñada para Su necesidad particular en un determinado momento. La misericordia de Dios es predecible; es una fuente que nunca para de fluir. La misericordia de Dios es impredecible; viene a nosotros de formas sorpresivas. La misericordia de Dios es una teología radical, pero es más que una teología: Es vida para
todo aquel que cree. La misericordia de Dios es el mayor consuelo, pero también es un llamado a una nueva forma de vida. La misericordia de Dios en verdad cambia todo para siempre en la vida de quien la recibe.


Así que, lee y recuerda las misericordias nuevas de Dios y celebra tu identidad como recipiente de la misericordia que es más vasta que nuestra habilidad de comprenderla y que la descripción de las palabras de este autor.


ENERO 1
Entender esto es esencial: La vida cristiana, la iglesia y nuestra fe no tratan sobre nosotros; tratan sobre Él —de Su plan, Su reino, Su gloria Admítelo, no te gusta ser débil. No es divertido ser el último que eligen para jugar en un equipo. Es vergonzoso que te hagan preguntas para las cuales no tienes respuestas. Es frustrante no poder descifrar las instrucciones para armar el mueble que acabas de comprar. Es humillante fracasar en una tarea, dejar caer la pelota o hacer una promesa y no ser capaz de cumplirla. No nos gusta perdernos u olvidar un número telefónico.

Odiamos esos momentos en los que nos sentimos incapaces. No nos gusta ser confundidos o no conocer ciertas cosas. Codiciamos los músculos y los cerebros de otras personas. Todos odiamos sentir temor y deseamos tener más valor. En comparación con los héroes de la fe, parecemos insignificantes. Al lado de los logros de los demás, nos preguntamos si hemos realizado algo de valor. No nos gusta enfrentar la realidad de que todos somos débiles de una u otra forma. Esa es la condición universal de la humanidad. En un mundo solitario en el que debes encontrar tu propio camino y construir tu propia vida, es lógico temer ser débil. En un mundo en el que solo tienes tu mente, tu desempeño y tus logros, la debilidad es algo de lo que nos arrepentimos. En un mundo en el que no tienes a quién acudir por fortaleza y donde pocos te aceptan cuando la tienes, la debilidad es algo que debe evitarse. En realidad, lo que necesitas evitar es tu ilusión de fortaleza. Esas afirmaciones de fortaleza independiente son mucho más
peligrosas.

¿Estás confundido? La verdad es que todos somos débiles. Somos débiles en sabiduría, en fortaleza y en justicia. El pecado ha debilitado nuestras manos y corazones. Nos ha dejado cojos en muchos sentidos. Pero la gracia de Dios hace que la debilidad sea algo que ya no debemos temer. El Dios de gracia que te llama a vivir para Él te bendice con
toda la fuerza que necesitas para realizar lo que Él te ha llamado a hacer. La mejor forma de obtener esta fuerza es admitiendo cuán poca fuerza tienes. La gracia me libera de la pena tan inmensa que produce no poder confiar en mí mismo, porque ella me conecta con Aquel que es digno de mi confianza y que me capacita con lo todo lo que necesito.

“Estos confían en sus carros de guerra, aquellos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios. Ellos son vencidos y caen, pero nosotros nos erguimos y de pie permanecemos” (Salmo 20:7-8).

Para profundizar y ser alentado: Salmo 27


FEBRERO 1
No temas tu debilidad. Dios te dará toda la fuerza que necesitas. Teme aquellos momentos en los que piensas que eres fuerte por ti mismo. Todos lo hacemos, probablemente todos los días. No tenemos idea de cómo lo estamos haciendo, pero, aun así, tiene un impacto sobre la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y también sobre cómo respondemos a otros. Es una de las razones por las que hay tantas discordias en la casa de Dios. ¿Qué es esto que causa tanto daño y que todos tendemos a hacer? El olvido. Todos olvidamos. Tristemente, en nuestras agendas tan apretadas y egocéntricas, es fácil olvidar lo mucho que hemos sido bendecidos por la misericordia de Dios. El hecho de que Dios nos ha bendecido con Su favor cuando lo que merecíamos era Su ira se escapa de nuestra memoria como una canción cuya letra ya olvidamos. La realidad de que cada mañana recibimos nuevas misericordias no es lo primero que viene a nuestra mente al alistarnos para empezar el día. Cuando recostamos nuestra fatigada cabeza sobre la almohada al final del día, se nos olvidan las tantas misericordias que Dios derramó sobre nuestras pequeñas vidas. No solemos tomar tiempo para sentarnos y meditar en lo que nuestras vidas serían si la misericordia del Redentor no hubiera sido escrita en nuestras historias personales. Es triste, pero todos olvidamos la misericordia de Dios con demasiada frecuencia.

Olvidar la misericordia de Dios es peligroso; afecta la forma en que piensas sobre ti mismo y sobre otros. Cuando recuerdas la misericordia, también recuerdas que no hiciste nada para merecer tal cosa. Cuando recuerdas la misericordia, eres agradecido, humilde y sensible. Cuando recuerdas la misericordia, la queja se convierte en gratitud
y el deseo egoísta en adoración. Pero cuando olvidas la misericordia, te dices a ti mismo que todo lo que tienes es por mérito propio. Cuando olvidas la misericordia, te acreditas aquello que solo la misericordia puede producir. Cuando olvidas la misericordia, te catalogas como justo y merecedor, y vives una vida engreída y demandante.

Cuando olvidas la misericordia y piensas que mereces todo, encontrarás que es muy fácil no ser misericordioso con los demás. Tu orgullo causará que pienses que mereces lo que tienes y que los demás también se lo tienen merecido. Tu corazón orgulloso no es sensible, así que no es conmovido por el arrepentimiento de otros. Olvidas que tú también estás en necesidad, que ninguno es justo ante Dios. La humildad es el suelo sobre el cual crece la semilla de la misericordia. La gratitud por la misericordia recibida es lo que motiva la misericordia extendida. Pablo dice: “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en
Cristo” (Efesios 4:32).

Para profundizar y ser alentado: Lucas 6:27-36; Mateo 18:21-35


MARZO 1
La misericordia significa estar tan agradecido por el perdón recibido que es imposible evitar esparcir esa misma misericordia a otros. Todos hemos sido diseñados para tener esperanza. Todos proyectamos nuestras vidas hacia el futuro, imaginando cómo quisiéramos que fueran las cosas. Todos cargamos en el bolso con nuestros sueños y esperanzas. Todos rendimos nuestros corazones a alguna clase de expectativa. Todos deseamos en silencio que las cosas fueran de diferente forma. Todos tenemos puesta la esperanza en algo y todos esperamos algo. Así que, mucho de cómo vemos la vida y cómo la vivimos está conectado con las cosas que deseamos y dónde ponemos el fundamento de nuestra esperanza.

La esperanza siempre tiene tres elementos: una evaluación, un objeto, y una expectativa. Primero, la esperanza ve a su alrededor y evalúa esa cosa o persona que podría ser mejor de lo que es; a esa cosa o persona le falta algo. Si las cosas estuvieran tan bien como deberían estar, no habría necesidad de tener esperanza. Segundo, la esperanza siempre tiene un objeto. El objeto es el lugar donde inviertes tu esperanza. Le pides al objeto de tu esperanza que arregle lo que está roto o que te entregue lo que deseas o necesitas.

Tercero, la esperanza tiene expectativas. Es lo que le pides al objeto de tu esperanza que te dé, lo que esperas que el objeto de tu esperanza te entregue. Ahora, en realidad solo hay dos lugares dónde buscar esperanza en la vida. Puedes buscar esperanza a nivel horizontal en experiencias, posesiones físicas, lugares o amistades. Existen dos problemas con esto. Primero, todas estas cosas están dañadas en alguna manera. Son parte del problema y, por tanto, son incapaces de entregarte lo que buscas. Así mismo, estas cosas no fueron diseñadas para ser la fuente de nuestra esperanza, sino para ser señales que apunten al lugar donde tu esperanza puede ser encontrada. Pablo lo dice todo en Romanos 5:5, cuando establece que la esperanza en Dios jamás nos avergonzará. Nunca nos fallará. Pablo nos dice dónde podemos encontrar la esperanza. Solo se encuentra a nivel vertical. Tu esperanza solo está segura cuando Dios es tu objeto. Solo Él es capaz de darte la vida que tu corazón busca. Solo Él puede darte el descanso que tu alma necesita. Solo Él puede llenar el vacío interior que cada ser humano quiere llenar. Es solo cuando la gracia te ata a Él que encontrarás propósito en la vida. En sus breves palabras, Pablo nos confronta con este pensamiento —si tu esperanza te decepciona, ¡es porque es la esperanza equivocada! ¿Dónde has puesto tu esperanza hoy?

Para profundizar y ser alentado: Job 1

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Un libro de Poiema .-384 pp. Rústica – 29 noviembre 2016

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La falsa enseñanza adentro y afuera 3

El peligro de afuera

Existen fuerzas culturales que ejercen presión sobre el mensaje y la misión de la iglesia, provocando que se desvíe del camino. Cuando la iglesia comienza a acomodar su mensaje a las normas culturales imperantes, inevitablemente su mensaje se convierte en una falsa enseñanza que aleja a los fieles del evangelio de Jesús.

Para muchas iglesias evangélicas aquí en los Estados Unidos, una forma de falsa enseñanza sería esa especie de evangelio engañoso de “Dios y patria». Tal vez hayas visto esas placas de carros y camisetas que unen la bandera cristiana y la bandera estadounidense, como si estas dos banderas se reforzaran mutuamente y nunca compitieran entre sí. O quizás te has encontrado con iglesias que ven a los Estados Unidos como una «nación redentora», que tiene un papel importante en la profecía o la historia de la redención.

Las presiones de nuestra cultura política conservadora de bautizar a los Estados Unidos como una «nación cristiana», sin ninguna calificación o requisito, en realidad representan una forma de falsa enseñanza. El reino de Dios no se identifica con ningún orden político o estado-nación, sino que es juez sobre todos ellos. Después de todo, el gobierno y el reinado de Dios son la roca que aplasta a las naciones y llena el mundo (Dan 2:44-45). Los reinos de este mundo se convertirán en los reinos de nuestro Dios y de Su Cristo (Ap 11:15). No hacer distinción entre el reino de Dios y nuestro país es una forma de falsa enseñanza.

Otro género de falsa enseñanza que está «allá afuera» es una forma de enseñanza tipo “familiares y amigos”: uno que le da preferencia a una raza o color de piel sobre otras razas o etnias. Algunos evangélicos reformados han argumentado que la ley de Dios requiere la separación de las razas y una lealtad primaria a la herencia étnica propia. Si bien tal enseñanza se basa en motivos bíblicos muy inestables, esto no le impide a muchos que con el motivo de tener familias sólidas aceptan una forma de falsa enseñanza que se opone al mensaje general de la Biblia: que la cruz de Jesús derrumba el muro divisorio entre las razas para hacer una nueva humanidad en Él (Efe 2:14-16).

Estas dos primeras formas de falsa enseñanza en nuestra cultura tienen una orientación más «derechista». Pero, por supuesto, hay tensiones peligrosas desde el otro lado que buscan cambiar la enseñanza de la iglesia. A medida que nuestra cultura promueve la legitimidad de los matrimonios homosexuales, el cambio de sexo y otros estilos de vida y creencias alternativos, aumenta la presión sobre las iglesias evangélicas para que acomoden el mensaje bíblico. Algunos evangélicos profesantes argumentan que Jesús nunca habló de la homosexualidad, por lo que es un tema abierto para los cristianos; otros aceptan la afirmación o creencia errónea de que el apóstol Pablo no tenía en mente matrimonios homosexuales «monógamos» cuando escribió Romanos 1. Algunas iglesias, por otro lado, no abrazan tales puntos de vista, pero nunca hablan de ellos tampoco. Sin embargo, al permanecer en silencio sobre temas relacionados con la homosexualidad o el cambio de sexo, estas iglesias dejan la puerta abierta para que sus feligreses tracen su propio camino, fuera de la sabiduría bíblica disponible sobre estos temas.

Hay mucho que los pastores y maestros evangélicos pueden y deben decir acerca de la belleza y excelencia del amor sexual dentro de los límites del matrimonio bíblico.

Ese es especialmente el caso con respecto a otras premisas culturales relacionadas con la sexualidad. Fue impactante para mí cuando un maestro de Biblia en una escuela cristiana me dijo en una ocasión que tal vez el 60 por ciento de sus estudiantes de secundaria creía que la convivencia antes del matrimonio es una forma aceptable de resolver la «compatibilidad». Por supuesto, sus iglesias no les enseñaban eso explícitamente, pero no les estaban enseñando nada sobre sexualidad más allá de un simple (y básicamente negativo) mensaje de abstinencia. Hay mucho más que los pastores y maestros evangélicos pueden y deben decir acerca de la belleza y excelencia del amor sexual dentro de los límites del matrimonio bíblico, pero a menudo nuestros jóvenes son dejados a la deriva, navegando las aguas de esta sociedad con las premisas básicas de la cultura.

Al final, sin embargo, el peligro más importante que nos presenta nuestra cultura es su constante ritmo de autonomía. Como occidentales, suponemos que somos individuos autosuficientes y autodeterminantes, y que podemos crear nuestras propias identidades y nuestro propio futuro. Como resultado, asumimos que nadie realmente tiene el derecho de decirnos cómo usar nuestros cuerpos o incluso pedirnos cuentas. Y así, en áreas de la sexualidad, definimos nuestras propias prácticas sexuales o de género; en áreas de concepción, racionalizamos el aborto; en las áreas de matrimonio, justificamos el divorcio fácil, el adulterio, el matrimonio abierto o el poliamor.

Pero esta autonomía también se desarrolla de otras maneras. Debido a que nosotros mismos determinamos lo que somos y nuestro destino, no hay un Dios que pueda o que en verdad pudiera enviar personas al infierno. De hecho, de todos modos no existe una verdadera religión; todas las religiones son simplemente medios privados por los cuales podemos funcionar en este mundo. Hacer proselitismo (predicar el evangelio y el peligro del infierno) no solo es de mala educación, sino que es una mala política ya que contradice la autonomía fundamental que cada uno de nosotros tiene para elegir nuestros propios caminos. Desde el jardín del Edén, seguimos la promesa del enemigo: «Serás como Dios», y hacemos la pregunta del enemigo: «¿En verdad ha dicho Dios eso?»

Si bien las formas de autonomía de nuestra cultura pueden no encontrar su camino directamente en una iglesia evangélica local, eso no significa que estemos libres de las tentaciones de la autonomía. Cuando las personas se rehúsan a unirse a una iglesia local que cree en la Biblia porque quieren permanecer independientes, esa es una forma de autonomía peligrosa, una que está alineada con las premisas fundamentales de nuestra cultura. Cuando otros huyen de sus iglesias en lugar de someterse al gobierno y la disciplina de la iglesia, eso también es obra de la autonomía. Cuando pastores o ancianos mantienen una reunión secuestrada con «su visión» para la iglesia en lugar de someterse a los demás hermanos, ese es un ejemplo de la peligrosa autonomía de nuestra cultura en acción.

Cuando fallamos en reconocer y señalar estos peligros culturales, o cuando nos acomodamos o conformamos, nuestra cultura—cualquiera que sea su forma—termina corrompiendo el mensaje de la iglesia y llevándonos a la falsa enseñanza. Como pastores y ancianos, tenemos que ser conscientes de la manera en que nuestra enseñanza y predicación pueden llegar a ser culturalmente prisioneras de derecha o de izquierda, porque almas preciosas están en juego.

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

La falsa enseñanza adentro y afuera 2

El peligro de adentro

Ciertamente, dentro de la iglesia evangélica hay una variedad de errores que requieren corrección y reprensión ministerial. La mayoría de estos tienen algo que ver con el trabajo del evangelio en la vida del creyente; la falsa enseñanza en esta área inevitablemente plantea preguntas sobre la esencia misma del evangelio.

Quizás la falsa enseñanza que más comúnmente se disfraza del evangelio es el moralismo. Típicamente en las iglesias evangélicas el evangelio básico es predicado y enseñado: los pecadores que confían solo en Jesús tienen sus pecados perdonados y se les promete el cielo. Sin embargo, a partir de ahí, muchas de estas mismas iglesias enseñan a sus feligreses que una vez son salvos les corresponde a ellos «caminar bien y mejorarse». La vida cristiana es de esfuerzo, y Dios bendice a quienes se ayudan a sí mismos, trabajan duro, no se meten en problemas, dicen la verdad y «viven una vida buena «. Inconscientemente, tal vez, las personas comienzan a creer que este es el evangelio, una transacción casi económica en la que le damos a Dios nuestra obediencia y Él nos da bendición: suficiente comida y refugio, buenos matrimonios y niños bien educados, buen trabajo y vacaciones ocasionales.

Claro está que este no es el evangelio en lo absoluto, es moralismo. Y sin embargo, como el sociólogo Christian Smith nos mostró hace varios años en su libro Soul Searching: The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers (Un examen de conciencia: La vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidenses), esta es la fe básica de la mayoría de los adolescentes evangélicos y, por extensión, la de sus padres y sus iglesias. Dios está relativamente distante de nuestras vidas, excepto en tiempos de tristeza o dolor cuando se acerca para sanarnos; lo que Él realmente quiere de nosotros es que seamos buenos y amables con los demás, y Él les da la bendición del cielo a las personas buenas cuando mueren.

En el peor de los casos, este tipo de moralismo puede deslizarse hacia una versión ligera del evangelio de la prosperidad. Aquí las bendiciones no son meramente alimentos suficientes o refugio, matrimonios y niños relativamente buenos; más bien, nuestra obediencia es el camino hacia un fantástico éxito material . Aquellos que viven bien son los que conducen los Cadillac Escalades con un «Bendecido» escrito en letras brillantes en la ventana trasera; supuestamente, la bendición de conducir el Cadillac fue el resultado de que Dios honró nuestra obediencia. Los que agradan a Dios son esos que pueden pagar la educación privada de sus hijos o los campamentos de verano más caros. Aquellos que son cristianos obedientes son los que viven en las grandes comunidades privadas. Este tipo de compensación o “quid pro quo” es el corazón mismo del moralismo, que es el meollo del pensamiento en el evangelio de la prosperidad.

Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

Otro tipo de falsa enseñanza es el legalismo. El legalismo y el moralismo están relacionados entre sí, pero mientras el moralismo afirma su intercambio con Dios en términos generales —moralidad por bendición— el legalismo tiene un entendimiento muy específico, aunque no bíblico, del tipo de obediencia que Dios demanda y bendice. En Gálatas, el legalismo tomó el aspecto de prácticas judías particulares requeridas para ser parte del pueblo de Dios: circuncisión, leyes dietéticas y días festivos. En nuestros días, el legalismo puede lucir como maneras muy específicas y extra escriturales de honrar el Día del Señor; puede lucir como prácticas o reglas especiales para el noviazgo; o puede lucir como una manera de rechazar o relacionarse con la cultura popular que hace de una preferencia personal o familiar un mandato bíblico. En el fondo, sin embargo, el legalismo es un tipo de moralismo que hace ver como el evangelio enseñara que ultimadamente nos ganamos el favor de Dios por lo que hacemos.

Lo que hace que el moralismo y el legalismo sean tan difíciles de manejar para nosotros es que el evangelio sí prescribe prácticas espirituales particulares. El evangelio dice que si en verdad estamos en Jesús daremos fruto visibles. Jesús dijo: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14:15), y: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor «(Jn 15:10).

La diferencia, sin embargo, entre la obediencia al evangelio y un tipo de pensamiento moralista o legalista es la siguiente: obedecemos en respuesta al amor de Dios que se nos muestra en Jesucristo. No obedecemos para obtener ganancias de Dios, ya sean Sus bendiciones o Su amor. De hecho, ninguno de nosotros puede obedecer a Dios en el estándar requerido para Su bendición; nuestras obras son aceptables para Él solo porque Él las recibe en y por medio de Jesús. Y nuestra obediencia no ocurre independientemente de la influencia y el poder del Espíritu Santo, quien trabaja en nosotros para querer y hacer Su voluntad.

Hay otro tipo de falsa enseñanza que es lo opuesto al moralismo y el legalismo. Algunos pueden ver todo esto y decir: «Todo este énfasis sobre la obediencia realmente distorsiona el evangelio. Dios no exige nada de nosotros, sino el confiar en Su Hijo. Mientras creamos en Jesús, Él nos recibe tal como somos con Su «amor unilateral». Como resultado, estos cristianos restan importancia a la obediencia hasta tal punto que se vuelven antinomianos.

Estrictamente hablando, los antinomianos están «en contra de la ley», negándole cualquier lugar legítimo a la ley de Dios como guía para la vida cristiana. La mayoría de los evangélicos no son tan tontos como para negar específicamente el lugar que ocupa la obediencia a la ley de Dios; no pueden negar las enseñanzas explícitas de Jesús, Pablo, Santiago y Juan sobre la obediencia cristiana. El antinomianismo contemporáneo tiende a ser un poco más sutil: denigrando el papel de los imperativos en la predicación, restando énfasis a la necesidad de cualquier esfuerzo en la vida cristiana, ofreciendo condiciones fáciles para la restauración en casos de pecados graves y restándole importancia a la disciplina en la iglesia.

De nuevo, lo que hace que el antinomianismo sea difícil es que está muy cerca de la verdad. Nuestra justificación se basa no en algo que hacemos, sino en la obra de Cristo que recibimos solo por la fe. Como ya lo dijimos, nuestro esfuerzo viene como resultado de la influencia y el empoderamiento del Espíritu. Y el perdón es gratuito para el arrepentido, ya que venimos una y otra vez al Padre arrepentidos de nuestro pecado y nuestra transgresión. La diferencia entre el antinomianismo y el evangelio, sin embargo, es una de énfasis. Somos justificados libremente en Cristo, pero eso nos lleva a actuar: debemos trabajar y luchar contra nuestro pecado. El arrepentimiento requiere que nos alejemos del pecado y nos sometamos a la disciplina de la iglesia.

Estos peligros están todos dentro de la iglesia evangélica. Tal vez los reconozcas y los hayas escuchado, o tal vez incluso los hayas creído. Y sin embargo, el moralismo, el legalismo y el antinomianismo son todas formas de falsa enseñanza. Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

La vida en Cristo es fructifera

Nació el 20 de diciembre en Cardiff (Gales, Reino Unido). La familia se mudó a Llangeitho (Cardiganshire), escena del predicador de avivamientos Daniel Rowland (1711-90), que dio origen al movimiento calvinista metodista de Gales. La mayor parte de su vida la pasó en Inglaterra. En Londres estudió la la carrera de medicina, consiguiendo un brillante doctorado (1921).

En 1935 comenzó su relación con la Inter Varsity Fellowship (IVF). A partir de 1939, como presidente de la IVF jugó un papel importante en la creación de la Fraternidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES). Contribuyó también en la creación de la Biblioteca Evangélica de Londres, donde se reune la mejor colección de literatura puritana del mundo; el London Bible College, cuyo primer director fue E.F. Kevan (v.); el Movimiento Evangélico de Gales, que continúa la tradición del antiguo calvinismo metodista de Roland y Whitefield (1714-70); y el Seminario Teológico de Londres, y El Estandarte de la Verdad, editorial dedicada por completo a rescatar la literatura puritana y reformada, puesta en olvido por entonces, a cuyo cargo estaba I.H. Murray (v.).

Aunque nunca tuvo una formación teológica de academia o seminario, ha sido uno de los grandes pensadores y teólogos del siglo XX. Fue un gran lector de literatura reformada, puritana y moderna, con especial interés por la historia y la biografía. Agudo y penetrante como un bisturí contribuyó al renacimiento del calvinismo evangélico en todo el mundo. “No sólo conocía a los puritanos mejor que nadie, así como los clásicos del avivamiento del siglo XVIII, sino que además estaba muy documentado en la historia secular, la poesía, la política y la filosofía” (C. Catherwood).

Enseño a los estudiantes cristianos a pensar y hacer uso riguroso de la mente. Oliver Barclay dice que les enseñó a valorar y amar la doctrina, haciéndola materia poderosa y viva. Profundizó en las interioridades del alma como un maestro de la espiritualidad, su obra sobre la depresión espiritual ha pasado a la lista de los clásicos.

En 1968 dejó su ministerio de predicación, debido a una grave enfermedad. Desde entonces comenzó un ministerio literario consistente en la edición de sus sermones expositivos, en especial Romanos y Efesios. Siempre buscó restaurar la verdadera naturaleza de la predicación cristiana, consistente en exposición de la Escritura, y dependiente de la iluminación del Espíritu, sobre lo cual pronunció unas importantes conferencias en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia (EE.UU.). Supo ver que la incredulidad humana es más una cuestión moral que intelectual, por cuanto la salvación, como el pecado, afecta a la persona entera. Defensor del calvinismo ortodoxo respecto a la salvación o doctrinas de la gracia, fue a la vez un gran evangelista y entusiasta de los avivamientos, que por todos los medios trató de esclarecer y promocionar.

Predicador extraordinario y directo fue descrito por E. Brunner como “el más grande del cristianismo de hoy”. Otros le han calificado de profeta del siglo XX, en su vigoroso llamamiento al testimonio evangélico unido.

Evangélicos en la nueva era de la comunicación

La importancia del mensaje evangélico en los medios de comunicación en el momento actual, las redes sociales, las noticias falsas, el contexto hostil de internet y sus diversas plataformas de comunicación social, informativos, entrevistas, nos hace preguntarnos: ¿Qué papel juega en estos sistemas de comunicación la palabra del Evangelio?, ¿Se deja y se debe dejar de lado en los medios de comunicación la palabra sobre la cual se ha cimentado la civilización de los modernos comunicadores?, ¿Qué incidencia tiene en estos medios el mensaje que más ha transformado el mundo, sin necesidad de los mismos, a través de los dos mil años de su historia?, ¿Está vigente en el momento actual el mensaje del Evangelio, o es algo del pasado?

Es innegable la importancia, actualidad permanente, significado y trascendencia que ha tenido y continuará teniendo para la Humanidad el mensaje sublime del Evangelio. La incidencia y la influencia del mensaje evangélico en la cultura y en la civilización, cada día son son menores, escasos, así como sus efectos conformadores, renovadores o transformadores en las conciencias, y en la moralidad de las personas demostrando así que el espíritu y la letra del Evangelio no está llegando.

Los autores de este libro, periodistas evangélicos, nos acercan a diferentes temas de la nueva era de la comunicación. En cada uno de los capítulos, cada autor trata un tema desde una doble perspectiva: como periodista experto y como cristiano. Los temas más destacados de los que hablan son: Las redes y las noticias falsas; la gestión de situaciones de crisis; el «plan de comunicación de Jesús»; la entrevista periodística; la comunicación en un contexto europeo hostil a la religión; y los estereotipos de los medios de comunicación.

Publicado por la Editorial Andamio, en su colección Básicos, los títulos de esta serie quieren promover la reflexión, la renovación desde perspectivas cristianas, y la construcción personal.

En este libro descubriremos cómo defender la verdad en un mundo de noticias falsas, de qué forma el ejemplo de Jesús nos enseña a trazar estrategias de comunicación y a relacionarnos con nuestros interlocutores, de qué manera comunicar temas difíciles ante una sociedad que nos observa con lupa o cómo, en esta Europa poscristiana, los evangélicos estamos participando en la conversación.

ÍNDICE

Capítulo 1. Daniel Hofkamp, Redes, noticias falsas y la respuesta de los cristianos

Capítulo 2. Pedro Tarquis, Cómo abordar informativamente temas difíciles

Capítulo 3. Pedro Tarquis y Jonatán Soriano, El diálogo de Dios. Palabra y Verbo, Kairós y Cronos

Capítulo 4. Jonatán Soriano, La entrevista periodística y la responsabilidad relacional

Capítulo 5. Joel Forster y Belén Díaz, Europa: comunicar en un contexto hostil

Capítulo 6. Pedro Tarquis, Cómo responder a estereotipos en medios de comunicación

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El fin de los Tiempos

Este es un libro sobre profecía cristiana, técnicamente llamada escatología, una palabra que significa la doctrina o el estudio de las últimas cosas. Es, por lo tanto, un libro sobre lo que muchos llaman profecía bíblica. No es un libro teórico. Es un libro escrito a raíz de varias convicciones profundas: que la escatología es profundamente importante, que el sistema escatológico de la Biblia es básicamente simple y que las perspectivas populares de la profecía en nuestros días son profundamente no bíblicas.

La mayoría de nosotros somos intimidados en cuanto a las cosas futuras y profecías de las Escrituras. Las otras cuestiones de la verdad bíblica parecen más sencillas para entender, y equivocadamente creemos que la doctrina sobre la segunda venida de Jesús es la de menos importancia. El pastor Sam Waldron reta esta creencia, demostrando que la escatología está integrada vitalmente con el sistema completo de la Biblia. Este libro clarifica las cuestiones que frecuentemente se confunden en cuanto a la venida del Hijo de Dios y la manifestación de la redención completa de nuestro bendito Redentor y Reconciliador. 

“La escatología popular que se enseña ampliamente en las iglesias evangélicas en nuestros días realmente tiene comparativamente muy poco que ver con el evangelio de Cristo. En la iglesia evangélica en la que yo me crié se enseñaba la profecía con frecuencia. Una de las cosas que recuerdo intensamente que se enseñaba era que la edad de la iglesia en la que vivimos era un gran paréntesis en la profecía bíblica, un período de misterio imprevisto por la profecía bíblica. Acabaría con el rapto de la iglesia por la venida secreta de Cristo en el aire antes del período de la tribulación. Puesto que esta venida era inminente, es decir, que puede ocurrir en cualquier momento, no estaría precedida por ningún acontecimiento profético. Sólo con este rapto secreto se pondría en marcha de nuevo el reloj profético. Con el rapto secreto de la iglesia los acontecimientos importantes de la profecía bíblica comenzarían a desplegarse. Estos incluían la aparición del Anticristo y su imperio mundial, la reedificación del templo en Jerusalén, una tribulación de siete años, una aparición gloriosa de Cristo, y un reinado de mil años de Cristo en la tierra todo ello teniendo que ver con el otro pueblo de Dios, terrenal, la nación judía, no con Su pueblo celestial, la iglesia. Recuerdo haberme sentido decepcionado por vivir en un período tan vacío o desprovisto con respecto a la profecía bíblica.”

Ahora bien, yo no era el único enseñado en ese sistema. Por aquel entonces dominaba las iglesias evangélicas. A pesar de muchas críticas, aún mantiene su popularidad. Desde novelas best sellers a películas repletas de afectos especiales asombrosos, aún domina la imaginación cristiana en nuestros días.  Tal sistema de profecía realmente tiene muy poco que ver con el evangelio de Cristo. No nos sorprende que la reacción del público cristiano sea de fascinación o de irritación. Si la iglesia es un paréntesis misterioso en la historia del mundo, y si el reloj profético sólo comienza a marchar de nuevo con el rapto de la iglesia sin peligro a la dicha del cielo, y si la profecía bíblica es realmente acerca del plan de Dios para los judíos, entonces la reacción de los cristianos sólo puede ser de fascinación por lo especulativo, por un lado, o de irritación por lo práctico, por el otro.  

Este libro provee una presentación simple, pero sistemática de la escatología cristiana. Mostrará que este sistema popular es erróneo y sin base bíblica en todas sus características distintivas. Esto sorprenderá a muchos lectores que pensarán que es una afirmación increíble. ¡Pero recuerda al niño que exclamó que el precioso conjunto nuevo del emperador realmente no lo era! Si tienes paciencia y un oído bíblico, tal vez adoptes la misma opinión sobre la ropa del emperador.

Nuestra esperanza con este libro es que provea a los cristianos un conjunto de vestidos escatológicos. Este conjunto de vestidos proféticos no es una enseñanza que vaya más allá del evangelio ni está apegado a él de manera artificial. El evangelio cristiano tiene todo que ver con la escatología, y la escatología tiene todo que ver con el evangelio cristiano.

Jesús habla del objetivo de la escatología como “la regeneración” (Mat. 19:28). Pedro la llama “la restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21). Pablo habla de ella como “la creación… libertada de la esclavitud de corrupción” (Rom. 8:21). La escatología tiene que ver con el llevar a la creación y a la humanidad a su destino original propuesto por Dios. La escatología tiene que ver con la derrota de los propósitos destructivos de Satanás y con la victoria de los propósitos redentores de Dios. La escatología, por tanto, tiene todo que ver con el evangelio que proclama el propósito de Dios de “por medio de él (de Cristo) reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20). La profecía bíblica, pues, no tiene que ver con ninguna otra cosa que no sea el evangelio de Cristo. Tiene todo que ver con la cruz de Cristo, con la iglesia de Cristo, y con la venida de Cristo.  Eso sería algo, ¿verdad? ¡Una escatología simple, bíblica! ¡Supón que el emperador realmente no tiene vestiduras! ¡Supón que la profecía realmente es acerca de Cristo, Su cruz, y Su iglesia!

Contenido  

Parte I ¿QUÉ EDAD TIENE TU ESCATOLOGÍA?  

Capítulo 1 Se necesita… Una escatología del Evangelio  

Capítulo 2 Pero, ¿cómo puede todo el mundo estar tan equivocado?  

Parte II ¡LA ESCATOLOGÍA HECHA SIMPLE  

Capítulo 3 Un Asunto De Interpretación  

Capítulo 4 El Propio Sistema de la Biblia

Capítulo 5 El Propio Sistema de la Biblia – El Esquema Básico  

Capítulo 6 El Propio Sistema de la Biblia – El Esquema Optimizado  

Capítulo 7 La Línea Divisoria – El Juicio General  

Capítulo 8 La Venida del Reino Presentada  

Capítulo 9 La Venida del Reino en las Parábolas de Cristo del Reino  

Capítulo 10 La Venida del Reino en la Prosa de Pablo  

Capítulo 11 La Venida del Reino en la Visión de Juan  

Capítulo 12 La venida del Reino en la Visión de Juan  

Capítulo 13 La venida del Reino en la Visión de Juan  

Parte III ¡LA SIGUIENTE  PREGUNTA, POR FAVOR!  

Capítulo 14 ¿Qué Tiene que Decir la Biblia Acerca del Cielo?  

Capítulo 15 El Seol,  el Hades y el Infierno  

Capítulo 16 Las Esperanzas  de la Iglesia durante el Siglo del  Evangelio – ¿Tribulación?  

Capítulo 17 ¿Son Israel y la Iglesia Distintos Pueblos de Dios

Capítulo 18 ¿Son Israel y la Iglesia lo Mismo?  

Capítulo 19 ¿Ha Venido ya Cristo?  

Capítulo 20 ¿Se Puede Calcular la Fecha de la Venida de Cristo?  

Capítulo 21 ¿Vendrá Cristo Antes de la Tribulación Final?  

Capítulo 22 Argumentados a Favor del Pretribulacionismo Contestados  

Capítulo 23 ¿Qué Enseña la Biblia Acerca de la Resurrección?  

Capítulo 24 El Castigo Eterno  

Capítulo 25 ¿El Cielo en la Tierra?  

* Publicaciones Faro de Gracia 2008. -280 pp. Rústica

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Sabios con el Planeta

¿Por qué deberíamos cambiar la manera en que vivimos? ¿Por qué deberíamos cuidar del planeta? ¿Existen razones mejores que el mero interés propio?

Existen cientos de libros, campañas y páginas webs que te pueden ayudar con consejos prácticos acerca de cómo vivir. La diferencia con el enfoque de “Vivir reduciendo 24:1” es que esta iniciativa no tiene que ver solo con la manera de actuar. Actuar de manera diferente viene emparedado entre creer de manera diferente y pertenecer de manera diferente. Los tres son esenciales.

Creer de manera diferente, el tema de este libro, significa examinar el “¿porqué?” con mucha más atención. ¿Por qué deberíamos cambiar la manera en que vivimos? ¿Por qué deberíamos cuidar del planeta? ¿Existen razones mejores que el mero interés propio? Mientras el cambio de vida no provenga de una relación con Dios, existe el peligro de que se convierta rápidamente en un nuevo tipo de religión legalista. No deberíamos querer vivir reduciendo nuestro impacto por deber, miedo, o culpa, sino por amor: amor a nuestro prójimo, amor por el resto de las criaturas, amor a las futuras generaciones, y en lo más profundo, amor a Dios. Sin esto, nos puede ocurrir que reduzcamos nuestra huella de carbono para acabar descubriendo que nos hemos convertido en unos miserables fariseos que piensan que son mejores que sus vecinos. Existe un peligro real de transformarse de un tipo de hipócrita en otro. Del cristiano cuya vida no está a la altura a la hora de reflejar que de verdad cree que este mundo pertenece a Dios, a ese otro tipo de hipócrita, condenado igualmente por Jesús: el que se cree mejor que los que le rodean. “Más ecologista que tú” en lugar de “más santo que tú”. Jesús se guardó su lenguaje más duro para algunos de los personajes más éticos y moralmente correctos de su tiempo, los fariseos, porque pensaban que eran superiores a los demás.

La manera más segura de evitar convertirse en un “eco-fariseo” es mantener una relación sencilla, humilde e ingenua de confianza en y dependencia de Jesús.Pertenecer de manera diferente también tiene una importancia extrema. Es prácticamente imposible cambiar radicalmente el modo en que vives si estás aislado. Necesitas un grupo, aunque sea pequeño, de otra gente que esté haciendo el mismo viaje. En parte, porque todos necesitamos alguien que nos anime y ante quien rendir cuentas. En parte, porque vivir reduciendo es compartir, darse cuenta de que no todos necesitamos un cortacésped o una freidora, sino que podemos compartir e intercambiar. En parte, porque la moda de las familias unipersonales es muy dañina para el medioambiente (ya ni hablemos de lo dañina que es socialmente). La manera más sencilla de reducir tu huella de carbono es compartir un hogar, compartiendo así la calefacción, la cocina, el transporte, la electricidad y los bienes de consumo con unos cuantos más.

Pertenecer de manera diferente importa también a un nivel más profundo. En un mundo fragmentado, desenraizado y que se desintegra, necesitamos gente que se comprometa unos con otros y con las necesidades locales, generando así una transformación que comienza localmente, pero que tiene como resultado la visión contagiosa y atractiva de vivir de manera distinta.

¿Te puedes imaginar el día en que las iglesias locales se conviertan en puntos de luz en una época en la que la oscuridad medioambiental no para de crecer? Este es mi sueño: vidas que sean un ejemplo tanto de cómo vivir vidas sostenibles, como de vivir reduciendo y gozándose en el mundo de Dios. Más relaciones en armonía unos con otros, con Dios y con la creación, podrían ser el elemento clave para transformar nuestra cultura de cabo a rabo. La gente está cada vez más desilusionada con la recompensa vacía del consumismo y el escapismo.

Millones de personas buscan una manera de vivir más auténtica que conecte con la naturaleza y les haga entender la crisis medioambiental; una manera de vivir que use los beneficios de la tecnología sabia y prudentemente, que entienda y acepte la búsqueda de una realidad espiritual, aprecie a la gente aún en su quebranto y ofrezca la oportunidad de relaciones que sanen y transformen.

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El evangelismo y la Soberanía de Dios

Reseña 48

Todo creyente debe atender al llamado de nuestro Señor Jesucristo registrado en las páginas del evangelio de Mateo capítulo 28 versículo 19: “Por tanto, id, y hacer discípulos a todas las naciones…”

El llamado esta hecho, debemos por tanto obedecer e ir a las naciones a evangelizar. ¿Qué nos impide atender a un elemento tan esencial en la vida del cristiano? Dentro de la amplia gama de respuestas que se pueden dar a esta pregunta, el autor del libro reseñado, J.I. Packer, se detiene a analizar la doctrina de la soberanía de Dios versus a la responsabilidad del hombre.

Producto de un desbalance al enfrentar esta antinomia, como nos expone Packer en el capítulo 2, en ciertos sectores religiosos se ha descuidado el evangelismo al mal interpretar que si Dios es soberano no es necesario el evangelismo activo por cuanto Dios sabe quiénes han de ser salvos.

Packer hace un análisis muy lúcido de los errores en los métodos que las iglesias han estado aplicando al evangelismo, en el capítulo 4 nos escribe:

“Habíamos formulado la evangelización de tal manera que la buena organización más la técnica distintiva equivalían a resultados inmensos. Habíamos creído que la poción mágica se hacía con una reunión especial, un coro, un solista y un predicador especial, de renombre quizás. Estábamos seguros de que la fórmula y la poción mágica darían vida a cualquier iglesia, pueblo o misión que estaba muerta. Muchos de nosotros todavía creemos esto… Pero en nuestros corazones estamos desilusionados, desanimados y aprensivos”

De esta forma se desarrolla el libro, como una obra de razonamiento bíblico y teológico que pretende esclarecer la relación entre tres realidades: La soberanía de Dios, la responsabilidad del hombre y el deber evangelístico del cristiano. Este último es el tema; la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre se tratan solo en conexión del evangelismo. Packer dice que su objetivo es, pues, abolir la sospecha de que la fe en la soberanía de Dios limita nuestro reconocimiento y nuestra respuesta a la responsabilidad evangelística, pretende mostrar que solo este tipo de fe puede fortalecer a los cristianos para ganar terreno en la obra evangelística.

Si Dios está en control de todo, ¿quiere decir que el cristiano puede confiar en Dios sin esforzarse en evangelizar? O ¿el evangelismo activo del hombre implica que Dios no es soberano en la salvación del hombre?

El Dr. Packer, profesor de Teología Sistemática e Histórica en Regent College, demuestra en este libro que las dos actitudes son falsas. Su estudio cuidadoso, incisivo y penetrante de la biblia nos enseña que el entendimiento correcto de la soberanía de Dios no es un impedimento para la evangelización sino un ánimo y apoyo poderoso para ello.

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El Evangelismo y la Soberanía de Dios 1

La garantía y las advertencias del Evangelio

El evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dado a la iglesia y al cristiano. No es un mensaje entre muchos otros, sino el mensaje sobre todos. Es el poder de Dios para salvación a los pecadores y la revelación más grande de la multiforme sabiduría de Dios para los hombres y los ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, esforzándose por proclamarlo claramente e incluso imprecando a aquellos que pervirtieran su veracidad.

Cada generación de cristianos es administradora del mensaje del evangelio, y, a través del poder del Espíritu Santo, Dios la llama a guardar este tesoro que Ie ha sido confiado. Si queremos ser fieles administradores debemos concentrarnos en el estudio del evangelio, hacer todo lo posible por entender sus verdades, y comprometernos a guardar su contenido. Al hacerlo así, aseguramos la salvación tanto para nosotros como para aquellos que nos escuchan.

Esta administración, mueve a escribir estos libros a Paul Washer.

No debería sorprendernos que los malos entendidos sobre el mensaje del evangelio y la naturaleza de la conversión verdadera generen un gran problema con respecto a la seguridad genuina de la salvación. Un evangelio falso de “creencia facilista” ha llevado a muchos a tener una actitud despreocupada, mientras que un entendimiento pobre de la salvación ha empujado a conciencias débiles al borde de la desesperación espiritual. En La Garantía y las Advertencias del Evangelio, Paul Washer resalta la esperanza del evangelio y a la vez nos advierte sobre los peligros de hacer vana nuestra profesión de fe; usa la Escritura para explicarnos de manera clara y profunda cuál es la base para establecer y mantener la seguridad de nuestra salvación.

“Pocas cosas son más importantes que la pregunta sobre la seguridad de nuestra salvación. El peligro de una falsa seguridad es obvio, y la Escritura nos advierte que dentro de la iglesia hay un gran número de personas cuya seguridad de salvación no es genuina Lo triste de aquellos que se preocupan innecesariamente es que sus frutos y su obediencia se verán limitados por su temor y su incredulidad. Tal y como yo quiero que mis hijos tengan la seguridad de que son míos, Dios quiere que Sus hijos sepan que son Suyos. Washer ha provisto un fabuloso y pro-fundo recurso para los que deseen ahondar en la pregunta: ‘¿Soy realmente salvo?’ y deseen enseñar la respuesta a otros. Este libro está repleto de análisis bíblico y de consejo pastoral. Es un libro obligatorio en la biblioteca de cualquiera que en realidad se preocupe por las almas”. — J. D. Greear, presidente de la Convención Bautista del Sur

“Paul Washer nos ha dado una herramienta que será tremendamente útil a la hora de confirmar la seguridad de que de que somos salvos del pecado por la gracia de Dios, La Palabra de Dios es corno un espejo que nos invita a autoexaminarnos. La primera epístola del apóstol Juan nos ayuda particularmente en esta tarea. Usando el contenido de esta carta de manera magistral. VVasher explica doce marcas de la gracia salvadora en el alma. Al mismo tiempo, este libro no nos anima a descansar en nuestra experiencia pasada, sino que nos impulsa a crecer espiritualmente en la dependencia del Espíritu de Cristo. Esta es una dulce ayuda para los hijos de Dios que luchan por disfrutar la seguridad de la aceptación y el perdón de su Padre. Pero también es una sobria advertencia para los que se engañan a si mismos. Quiera Dios usar este libro para Su gloria. para el consuelo de Su pueblo y para la conversión de los pecadores”. — Joel R. Beeke editor general de la Biblia de Estudio Herencia Reformada

PAUL WASHER sirvió como misionero y pastor en Perú durante 10 años y fundó la sociedad misionera HeartCry. Es conocido por muchos gracias a sus predicaciones publicadas en Internet, particularmente por su “Mensaje impactante a los jóvenes” que ha sido visto más de dos millones de veces. Actualmente sirve en la sociedad misionera HeartCry enseñando y predicando el evangelio. Paul y su esposa Charo tienen tres hijos: lan; Evan y Rowan.

*Poiema Editorial 227 pp. -2017

Prefacio de la serie: recuperando el evangelio.

PARTE UNO: LA SEGURIDAD BÍBLICA

1. Una falsa seguridad

2. Un autoexarnen

3. Virviendo en la revelación de Dios

4. Confesando el pecado

5. Obedeciendo los mandamientos de Dios

6. Imitando a Cristo

7. Amando a los cristianos

8. Rediazando al mundo

9. Permaneciendo en la iglesia

10. Confesando a Cristo

11. Purificándose a sí mismo

12. Practicando la justicia

13. Venciendo al mundo

14. Creyendo en Jesús

PARTE DOS: ADVERTENCIAS DEL EVANGELIO, PARA LOS QUE HACEN UNA CONFESIÓN VACÍA

15. La reducción del evangelio

16. La puerta estrecha

17. El camino angosto

18. La evidencia externa de una realidad interna

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Jonathan Edwards. La pasión por la Gloria de Dios

El libro trata sobre una de las grandes figuras de la historia evangélica, el predicador del avivamiento de Nueva Inglaterra, Jonathan Edwards, que conmovió América el siglo XVIII.

El autor/pastor manchego se acerca a la figura de este gran pensador, trazando su biografía, que es francamente apasionante. Describe su formación, ministerio y matrimonio, hasta el avivamiento de los años treinta. Considera este gran despertar del movimiento misionero, hasta su despedida de Northampton, su obra literaria en Stockbridge y sus últimos días en Princeton. Todo este relato está ampliamente ilustrado con grabados de la época. El motivo del autor es comunicar la importancia de la pasión por la gloria de Dios, que vemos en Edwards. Este fue el aspecto que resaltó el escritor, teólogo y periodista José de Segovia, en su presentación de la obra. Llamó la atención a la importancia de reflexionar qué es un avivamiento. ¿Cuál es la naturaleza de la verdadera espiritualidad? En este movimiento encuentra José de Segovia las señales de una piedad genuina, obra del Espíritu Santo. La orientación misionera de Edwards nos muestra el carácter evangelistico del verdadero calvinismo, frente a todo hiper-calvinismo. El avivamiento de Nueva Inglaterra es también el inicio de un movimiento de “conciertos de oración”, que parten de una teología optimista. Moreno nos cuenta la historia de Brainerd, en su esfuerzo por llevar el Evangelio a los indios, apoyado por Edwards. El libro concluye con una traducción del autor de un importante sermón de Edwards, hasta ahora inédito en castellano. Trata de la luz divina y sobrenatural, impartida directamente al alma por el Espíritu de Dios, según Mateo 16:17.

1. La vida de Jonathan Edwards.

2. Jonathan Edwards y el avivamiento.

3. Jonathan Edwards y las misiones.

90 pp. Rústica .- Andamio Editorial 2008

José Moreno Berrocal casado y con dos hijas, estudió Teología en el Colegio Bíblico de la Gracia (España) y en la School of Biblical and Theological Studies of the European Mission Fellowship (EMF) en Welwyn (Inglaterra). Es pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Alcázar de San Juan y Presidente del Consejo Evangélico de Castilla La Mancha (España) CECLAM. Es también traductor, conferenciante y escritor. Entre sus obras tenemos su reciente ensayo La Influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social  y junto con Ángel Romera Valero, Juan Calderón Espadero: primer cervantista manchego y primer periodista protestante español. También 50 años de la muerte de C.S. Lewis: el legado de las Crónicas de NarniaWilliam Wilberforce: la lucha por la abolición de la esclavitud y Jonathan Edwards: pasión por la gloria de Dios.

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El aguijón en la carne

“Hemos perdido la salud, pero no el gozo… Nos pueden quitar la vida, pero no la esperanza”. Mujer cuyo esposo está luchando contra un cáncer desde hace varios años.

Este libro constituye una lectura interesante y bien argumentada. En él encontramos una mezcla equilibrada de contenido bíblico, sólidamente fundamentado en las Escrituras, y de ejemplos prácticos y relevantes. Viene a ser una importantísima contribución a la literatura cristiana sobre el tema del sufrimiento, sobre todo porque contempla también la perspectiva psicológica. Ofrecerá un gran consuelo a aquellos cuyas vidas están marcadas por persistentes aguijones en la carne. Nos proporciona una dieta rica en contenido bíblico, sabio consejo pastoral y una orientación pertinente, todo ello nacido de la experiencia personal y de un profundo estudio de las Escrituras.

El autor reflexiona sobre sus profundas experiencias como psiquiatra, como lider cristiano y también como alguien que ha sufrido mucho, destilando lo mejor de ellas para escribir este magnífico libro. El aguijón en la carne se compone de una combinación única de experiencia clinica profesional, junto con el sufrimiento personal y una robusta reflexión teológica. Nos revela el extraordinario poder explicativo y la coherencia de la cosmovisión bíblica, ofreciéndole al lector, a la vez, el poder transformador del evangelio de la gracia.

¿Que es un aguijón? Pablo Martínez conoce la respuesta por experiencia propia: “Casi toda mi vida he luchado contra un duro aguijón. Una enfermedad en la vista, glaucoma juvenil, me ha abofeteado” desde que tenía dieciocho años. He sufrido catorce operaciones en los ojos. Otros han experimentado pérdidas traumáticas, demasiado terribles para expresar en palabras. A lo largo del libro, el autor recoge las experiencias de muchas de estas personas. Pablo Martínez define el aguijón como una situación de sufrimiento crónico en la que encontramos cinco rasgos distintivos:

Es dolorosa • Es limitativa • Es humillante • Es prolongada • Implica lucha

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo comparte sobre su aguijón (2ª Corintios 12:7-10). Dios decidió no quitárselo aunque Pablo se lo rogó encarecidamente. En la cruz, Cristo experimentó el sufrimiento humano en su máxima expresión, tanto física como moral. Nadie ha sufrido más que Él. La identificación de Dios con la tragedia del ser humano queda perfectamente plasmada en el nombre Emmanuel, Dios con nosotros. De forma humilde pero sabia, Pablo Martínez nos conduce más allá de los porqués del sufrimiento, para acercarnos a la puerta de la esperanza, allí donde uno encuentra fuerzas renovadas.

El propósito de este libro es proporcionar fuerzas y esperanza respondiendo a preguntas muy prácticas. Al esbozar estas preguntas ahora, también anticipamos algunas de las ideas clave:

• ¿Cuál fue el secreto que permitió al apóstol Pablo transformar una pesada carga en un estímulo para su vida? Descu-briremos cómo el aguijón le recordaba constantemente no tanto sus limitaciones —su insuficiencia— sino la plena suficiencia de Cristo.

• ¿En qué consiste una aceptación auténtica? ¿Cómo podemos lograr una perspectiva bíblica y madura de esta «arma secreta» que nos capacita para ver el aguijón con ojos distintos y pensar en él de forma positiva? «Aceptar» significa alcanzar la convicción serena de que Dios puede usar mi vida no sólo a pesar de mi aguijón, sino a través de él.

• ¿De qué formas prácticas nos ayuda la gracia a superar el aguijón? La gracia moldea nuestras reacciones naturales como el enojo, la ansiedad, la baja autoestima y la depresión. Pero, por encima de todo, la gracia es el conjunto de recursos sobrenaturales que nos equipa con el poder de Dios para luchar con valentía y paciencia ante el aguijón.

• ¿Podemos hacer algo por recuperar la ilusión de vivir y evitar la amargura? ¿Qué es la felicidad para un cristiano? La gracia cambia no sólo nuestra actitud hacia el aguijón, sino hacia toda nuestra vida que pasa a tener un nuevo sentido y una nueva escala de prioridades. Sin duda, hay vida después del aguijón.

Si estás buscando salir del desánimo o incluso de la desesperación asociada a una aflicción en tu propia vida, este breve pero profundo libro te abrirá una puerta hacia un nuevo camino de esperanza y de ayuda práctica.

Índice

Reconocimientos

Prólogo del Profesor Andrew Sims

Introducción del autor

CAPÍTULO 1 El aguijón de Pablo y el nuestro Identificando al enemigo

CAPÍTULO 2 El aguijón duele En lucha con Dios y con uno mismo

CAPÍTULO 3 La aceptación Arma clave para derrotar al enemigo

CAPÍTULO 4 “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” La gracia de Dios y la fuerza de la debilidad

CAPÍTULO 5 Ángeles en mi camino El amor que cura

CAPÍTULO 6 Recuperando la ilusión de vivir Valores nuevos para una vida diferente

Apéndice I: testimonios personales

Apéndice II: tipos de aguijón

*Andamio Editorial 257 pp. Rústica. -2008

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La Cruz y el ministerio cristiano

Reseña 45

Don Carson es el profesor de investigación del Nuevo Testamento de Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois, y cofundador (junto a Tim Keller) de The Gospel Coalition.

“Principios para un liderazgo dinámico y cristocéntrico”

La cruz de Jesucristo es un ejemplo único para toda clase de servicio cristiano. Este libro presenta una visión exhaustiva de lo que la muerte de Cristo supone en la predicación y en el pastorado del pueblo de Dios. El autor encuentra en 1ª Corintios los principios para un liderazgo dinámico y cristocéntrico.

La Cruz y el ministerio cristiano expone el poder que proviene de la locura de predicar a Cristo crucificado; explica cómo únicamente el Espíritu Santo puede revelarnos la profunda sabiduría de Dios en la cruz; demuestra que aquellos cuya perspectiva está centrada en la cruz no se verán envueltos en enmarañadas discusiones; muestra cómo el hecho de centrarse en la cruz capacita a los líderes a que sean siervos y señala, además, cómo la cruz moldea a los cristianos “mundanos”.

Cuando leemos los primeros capítulos de 1 Corintios, es fácil preguntarnos: ¿es que los creyentes corintios necesitan tener una visión más completa de lo que implica el liderazgo cristiano? Muy bien, dice Pablo, este es el cuadro: “Hasta ahora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (1 Co. 4:11-13).

No es necesario analizar con detalle estas chocantes líneas, pero comentarlas un poco acentuará su impacto. Las frases “hasta esta hora” y “hasta ahora” son, probablemente, la forma que tiene Pablo de atraer la atención hacia la situación escatológica. Pablo y sus colegas apóstoles siguen padeciendo, hasta este momento, aunque ya se haya inaugurado el reino escatológico por medio del triunfo de Cristo. Los corintios, en otras palabras, están montando su teología olvidando la evidencia que tienen delante. La falta de ministerio itinerante (“tenemos hambre”, ”estamos desnudos”, ”somos abofeteados”), la auténtica sustancia de la vida apostólica, culmina en el “no tenemos morada fija”, precisamente porque su “morada” no está atada a este mundo.

A primera vista, lo que parece estar fuera de esta lista es el “nos fatigamos trabajando con nuestras manos”. De hecho, como los maestros en el mundo helenístico consideraban estar por encima del trabajo manual, mientras que Pablo con frecuencia ganaba para él y su equipo (y a veces insistía en hacerlo) gracias a su habilidad como fabricante de tiendas, era fácil que los corintios lo rechazaran como a un ejemplar inferior de la raza de los maestros. Pero lo que ellos desprecian, él lo presenta como ejemplar. Y por lo que respecta al modo en que responde a las puyas y ataques de un mundo escéptico, Pablo ofrece su testimonio como modelo: “nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos” (1 Co. 4:12-13). Así refleja, en su práctica, la enseñanza (Lc. 6:28) y el ejemplo (Lc. 23:34) del mismo señor Jesús.

Resumiendo: Pablo dice que, él y sus compañeros de apostolado, han “venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (4:13), los parias, los rechazados, la basura de todos… todo lo despreciable en una sociedad llena de personas guapas y exitosas.

Si Pablo insiste en que él es un modelo para otros, diciéndoles que le imiten, es porque él mismo sigue el ejemplo de Cristo. 

De repente, ya no podemos ignorar el modelo de liderazgo de Pablo, no el modelo que él era para otros, sino el modelo que eligió para seguir él mismo. Porque se nos vuelve a recordar, una y otra vez, la cruz. El profeta escribió sobre el siervo sufriente: “Le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Is. 53:2-3). Pablo testifica a los filipenses su deseo de experimentar no solo el poder de la resurrección de Cristo, sino también la comunión que supone participar en sus sufrimientos (Fil. 3: 10). Ciertamente, en otro pasaje les escribe a los cristianos en Roma y les dice que son “también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro. 8:17). Si Pablo insiste en que él es un modelo para otros, diciéndoles que le imiten (1 Co. 4:16), es porque él mismo sigue el ejemplo de Cristo (1 Co. 11:1).

Pablo no es tan ingenuo que piense que todos los cristianos deberían, en teoría, sufrir en el mismo grado. De hecho, en un pasaje testifica de su voluntad de participar en un grado desproporcionado de sufrimientos, para que otros no lo hagan. Pero lo que está en juego para Pablo es algo fundamental, una forma de mirar las cosas. Podemos resumirlo en tres puntos.

La Cruz y el ministerio cristiano

1. Seguimos a un Mesías crucificado. Todas las promesas escatológicas que conciernen al nuevo cielo y la nueva tierra, todas las bendiciones del perdón de pecados y el bendito Espíritu de Dios, no niegan el hecho de que las buenas nuevas que exponemos se centran en la locura de Cristo crucificado. Y este mensaje no puede comunicarse adecuadamente desde la elevada posición de un triunfalista condescendiente. Llevaremos nuestra cruz hasta el fin de los tiempos; es decir, moriremos a nuestro propio interés cada día, y seguiremos a Jesús. Cuanto menos conozca una sociedad esta actitud, más insensatos pareceremos y más sufrimientos soportaremos. Que así sea: no hay otra forma de seguir a Jesús.

2. Los líderes de la Iglesia padecen más. No son como los generales en el ejército, que se quedan tras las líneas. Son las tropas de asalto, la gente de vanguardia, que nos guía tanto con su ejemplo como con su palabra. Alabar una forma de liderazgo que desprecia el sufrimiento es, por tanto, negar la fe.

Necesitamos una pasión renovada no solo por centrar nuestra predicación en el evangelio del Mesías crucificado, sino también nuestras vidas y las de nuestros líderes. 

3. En cierta medida, todos los cristianos son llamados a esta visión de la vida y el discipulado. Pablo está a punto de decir: “Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (4:16-17 LBLA, énfasis añadido).

Debemos reconocer honradamente que esta afirmación resulta extraña a muchas de nuestras experiencias en el mundo occidental. Hasta hace bastante poco, aun los inconversos en occidente se adherían a los valores judeocristianos. No obstante, esta actitud está decayendo rápidamente, y a medida que lo hace habrá más y más oposición a cualquier forma de cristianismo que intente seguir siendo fiel a la Biblia.

Pero una parte del motivo por el cual la afirmación de Pablo nos resulta extraña a tantos de nosotros, es que, inconscientemente, nos hemos vuelto más como los cristianos corintios que como cristianos paulinos (¡es decir, bíblicos!). Muchos de nosotros somos acomodados, estamos a gusto, con pocos incentivos para vivir en la vibrante anticipación del regreso de Cristo. A menudo nuestro deseo por la aprobación del mundo aventaja a nuestro deseo del “¡Bien hecho!” de Jesús, en aquel último día. El lugar adecuado para empezar a cambiar esta profunda traición del evangelio es la cruz… en arrepentimiento, contricción, y una pasión renovada no solo por centrar nuestra predicación en el evangelio del Mesías crucificado, sino también nuestras vidas y las de nuestros líderes.

ÍNDICE

  1. La cruz y la predicación (1ª Corintios 1:18-2:5)
  2. La cruz y el Espíritu Santo (1ª Corintios 2:6-16)
  3. La cruz y las divisiones (1ª Corintios 3)
  4. La cruz y el liderazgo cristiano (1ª Corintios 4)
  5. La cruz y el cristiano transcultural (1ª Corintios 9:19-27)

*Editorial Andamio 2ª edición Marzo 2011. – 154 pp.

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La cruz y el ministerio cristiano 1

El llamado del Evangelio y la conversión verdadera

El Evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dados a la iglesia y al cristiano individual. No es un mensaje entre muchos, sino el mensaje por encima de todos ellos. Es el poder de Dios para la salvación y la mayor revelación de la multiforme sabiduría de Dios a los hombres y ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, se esforzó con toda su fuerza para proclamarlo claramente, e incluso pronunció una maldición sobre todos los que quieren pervertir su verdad.

Cada generación de cristianos es un mayordomo del mensaje del evangelio, y por el poder del Espíritu Santo, Dios nos llama a cuidar este tesoro que ha sido confiado a nosotros. Si vamos a ser fieles mayordomos , debemos estar absortos en el estudio del Evangelio , haciendo grandes esfuerzos por comprender sus verdades , y nos compro-metemos a proteger su contenido. Al hacerlo, nos aseguraremos de la salvación tanto para nosotros como para los que oyen nosotros.

Esta mayordomía impulso a Paul Washer a escribir esta trilogía. Dice el autor “Como Jeremías, si yo no hablo este mensaje, pero si digo: No le recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo. Como el apóstol Pablo exclamó: ¡Ay de mí si no predicara el evangelio!”.

Uno de los mayores crímenes cometidos por la presente generación cristiana es su abandono del evangelio, y es a partir de esta negligencia que todas las otras enfermedades brotan. El mundo perdido no es está tan endurecido del Evangelio, como lo es ignorante del evangelio, porque muchos de los que anuncian el evangelio también son ignorantes de sus verdades más básicas. Los temas esenciales que conforman el núcleo del evangelio la justicia de Dios, la depravación radical del hombre, la expiación por la sangre, la naturaleza de la verdadera conversión, y la base bíblica de la seguridad – están ausentes de muchos púlpitos. Las iglesias reducen el mensaje del evangelio a algunas afirmaciones de credo, enseñan que la conversión es una mera decisión humana, y pronuncian seguridad de la salvación a través de cualquier persona que reza la oración del pecador. El resultado de este reduccionismo del Evangelio ha sido de largo alcance:

En primer lugar, se endurece aún más los corazones de los inconversos. Pocos de los “convertidos” de hoy en día cada vez se abren camino en la comunión de la iglesia, y los que lo hacen a menudo se apartan o tienen vidas marcadas por carnalidad habitual. Incontables millones caminan nuestras calles y se sientan en las bancas sin cambios por el verdadero evangelio de Jesucristo, y sin embargo, están convencidos de su salvación, porque una vez en su vida levantaron una mano en una campaña evangelística o repitieron una oración. Esta falsa sensación de seguridad crea una gran barrera que aísla a menudo este tipo de individuos de haber escuchado el verdadero Evangelio.

En segundo lugar, tal evangelio deforma la iglesia a partir de un cuerpo espiritual de creyentes regenerados en una reunión de hombres carnales que profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan. Con la predicación del verdadero evangelio, los hombres llegan a la iglesia sin el evangelio de entretenimiento, actividades especiales, o la promesa de beneficios más allá de las que ofrece el evangelio. Los que vienen lo hacen porque desean Cristo y tienen hambre de la verdad bíblica, la adoración sincera, y oportunidades de servicio. Cuando la Iglesia proclama un evangelio menor, se llena con hombres carnales que comparten poco interés en las cosas de Dios, y el mantenimiento de tales hombres es una pesada carga para el iglesia. La iglesia entonces atenúa las exigencias radicales del Evangelio a una moral práctica, y la verdadera devoción a Cristo da paso a las actividades destinadas a satisfacer las necesidades sentidas de sus miembros. La iglesia se convierte en impulsada por la actividad en lugar de centrada en Cristo, y se filtra con cuidado, o empaqueta la verdad a fin de no ofender a la mayoría carnal. La iglesia deja a un lado las grandes verdades de la Escritura y el cristianismo ortodoxo, y el pragmatismo (es decir, cual sea lo que mantenga en marcha y creciendo a la iglesia) se convierte en la regla del día.

En tercer lugar, tal evangelio reduce el evangelismo y las misiones a poco más que un esfuerzo humanista impulsado por estrategias de marketing inteligentes basadas en un cuidadoso estudio de las últimas tendencias en la cultura. Después de años de ser testigo de la impotencia de un evangelio que no es bíblico, muchos evangélicos parecen convencidos de que el evangelio no va a funcionar y que el hombre se ha convertido de alguna manera en un ser demasiado complejo para ser salvado y transformado por un mensaje tan simple y escandaloso. Ahora hay un mayor énfasis en la comprensión de nuestra cultura caída y sus caprichos que en la comprensión y proclamación del único mensaje que tiene el poder para salvarlo. Como resultado, el evangelio está siendo constantemente reenvasado para encajar lo que la cultura contemporánea considere más pertinente. Hemos olvidado que el verdadero evangelio es siempre relevante para todas las culturas porque es la Palabra eterna de Dios a todos los hombres.

En cuarto lugar, tal evangelio trae oprobio al nombre de Dios. A través de la proclamación de un evangelio disminuido, el carnal y no convertido entra en la comunión de la iglesia, y por el abandono casi total de la disciplina de la iglesia bíblica, se les permite quedarse sin corrección o reprensión. Esto ensucia la pureza y la reputación de la iglesia y blasfema el nombre de Dios entre los incrédulos. Al final, Dios no es glorificado, la iglesia no está edificada, el miembro de la iglesia no convertidos no se salva , y la iglesia tiene poca o ningún testimonio al mundo no creyente .

No nos favorece como ministros o laicos estar de pie tan cerca y no hacer nada cuando vemos “el glorioso evangelio del Dios bendito” sustituido por un evangelio de menor gloria. Como administradores de esta confianza, tenemos la obligación de recuperar al único verdadero evangelio y proclamarlo con valentía y claridad a todos.

Haríamos bien en prestar atención a las palabras de Charles Haddon Spurgeon:

“En estos días, me siento obligado a repasar las verdades elementales del evangelio en varias ocasiones. En tiempos de paz, podemos sentirnos libres para hacer excursiones en aspectos interesantes de verdad que se encuentran muy lejos, pero ahora hay que quedarse en casa y cuidar los corazones y hogares de la iglesia por la defensa de los principios básicos de la fe En esta época, se han levantado hombres en sí de la iglesia que hablan perversidades. Hay muchos que nos molestan con sus filosofías y nuevas interpretaciones, por lo que niegan las doctrinas que profesan enseñar, y socavan la fe que se han comprometido a mantener. Es así que algunos de nosotros, que sabemos lo que creemos, y no tienen significados secretos de nuestras palabras, debería simplemente poner nuestro pie en el suelo y mantener nuestra posición , asidos de la palabra de vida y claramente declarando las verdades fundamentales del Evangelio de Jesucristo”.

Aunque la serie Recuperando el Evangelio no representa una presentación enteramente sistemática del evangelio,si hace frente a la mayor parte de los elementos esenciales, especialmente aquellos que son los más descuidados en el cristianismo contemporáneo. Tengo la esperanza de que estas palabras podrían ser una guía para ayudar a redescubrir el Evangelio en toda su belleza, escándalo y poder salvador. Es mi oración que tal redescubrimiento pueda transformar su vida, fortalecer su proclamación, y traer mayor gloria de Dios.

“Ser cristiano no solo consiste en “tomar una decisión por Jesús” o “pasar página”; es un milagro de la gracia, en el cual un pecador es trasladado de muerte a vida por el poder de Dios. En El Llamado del Evangelio & la Conversión Verdadera, de manera clara y brillante, Paul Washer nos ayuda a entender la verdad; abre las Escrituras y explica cómo el poder del evangelio debe impactar nuestras vidas como cristianos. Este es un libro muy necesario, desafiante y pastoral”. – Greg Gilbert, pastor de Third Avenue Baptist Church y autor de ¿Qué es el evangelio?​ 

“Por la gracia soberana de Dios, el ministerio de Paul Washer ha sido particularmente bendecido para instruir a esta generación acerca del llamado del evangelio y la conversión verdadera. Recomiendo enormemente este simple pero profundo estudio sobre estos temas esenciales”. – Sam Waldron, decano académico de MCTS y autor de El Fin de los Tiempos

“Si Cristo va a ser algo en tu vida, debe ser toda tu vida. Ese es el mensaje del evangelio que tanto necesitamos recordar y reconocer en América Latina. No hay “medios-cristianos”, ya que Cristo vino por un pueblo celoso de buenas obras, que da buen fruto, siempre unido a Él. Este libro es un regalo para ayudarnos como Iglesia de Cristo a no desviarnos de esta antigua senda hermosa y llena de gracia, y Paul Washer ha sido probado como un hombre fiel al llamado de Jesús. Léelo si quieres ser retado en tu caminar con Jesús, y vive sus verdades si quieres glorificar a Dios en tu diario vivir”. – Jairo Namnún, director ejecutivo de Coalición por el Evangelio

INDICE

Prefacio: Recuperando el Evangelio
PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN APOSTOLICA
Un Evangelio Para Conocerse y Dar a Conocer
Un Evangelio Para Ser Recibido
El Evangelio en el Cual Somos Salvos
Un Evangelio de Primera Importancia
Un Evangelio Transmitido y Entregado

SEGUNDA PARTE: EL PODER DE DIOS PARA LA SALVACIÓN
El Evangelio
Un Evangelio Escandaloso
Un Evangelio Poderoso
Un Evangelio Para Todo Aquel Que Cree

TERCERA PARTE: LA ACRÓPOLIS DE LA FE CRISTIANA
Dar Importancia al Pecado
La Exaltación de Dios
Pecadores Todos y Cada Uno
Pecadores Destituidos
Pecadores Hasta la Médula
Indignación Justa
Guerra Santa
Un Regalo Más Costoso
El Dilema Divino
Un Redentor Calificado
La Cruz de Jesucristo
La Vindicación de Dios
La Resurrección de Jesucristo
El Fundamento de Fe en la Resurrección
La Ascensión de Cristo Como el Sumo Sacerdote de Su Pueblo
La Ascensión de Cristo Como el Señor de Todo
La Ascensión de Cristo Como el Juez de Todos

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El Poder y el mensaje del Evangelio

El poder y el mensaje del evangelio” de Paul Washer es uno de los título de la serie Recuperando el Evangelio, la cual aborda temas esenciales que han sido incomprendidos, diluidos, e ignorados en muchos púlpitos evangélicos. Mientras lo leía, reflexionaba acerca de cómo luciría la sociedad de hoy si la Iglesia prestara atención a los más pequeños detalles del mensaje más importante de todos los tiempos.

El evangelio es el único mensaje que ha transformado el mundo y dado vida eterna a los hombres.

Una de las características más cautivantes de Washer es su interés por la proclamación y la defensa del mensaje del evangelio, unido a su amor por los perdidos. Esto podemos verlo reflejado en cada una de las páginas de esta obra. El evangelio es el único mensaje que ha transformado el mundo y dado vida eterna a los hombres. Este libro nos invita a reflexionar en la responsabilidad que los creyentes tenemos de tomar con seriedad cada detalle de este mensaje.

“Cuando en muchos púlpitos se está diluyendo, distorsionando y sustituyendo el evangelio, Paul Washer ha sido ampliamente usado por Dios en el mundo de habla hispana para proclamarlo de forma clara y poderosa. Oro para que sus mensajes tengan un alcance aún mayor a través de la página escrita. ¡Lee con cuidado el contenido de este libro, absórbelo, aplícalo a tu propia vida, y luego ve y proclama fielmente este mensaje que hace temblar las puertas del infierno y produce fiesta en los cielos cuando un pecador se arrepiente”. – Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesús en Santo Domingo, República Dominicana

La locura del evangelio

En este libro, el autor nos deja saber que la “locura del evangelio” es el mensaje fundamental de toda la Escritura. Declara que “intentar eliminar el escándalo del mensaje es anular la cruz de Cristo y su poder salvífico” (p. 52). Washer nos muestra el minucioso cuidado que el apóstol Pablo tuvo con este mensaje en su vida, ministerio, y predicación (1 Cor. 1:18).

El evangelio contiene la revelación de la justicia de Dios, la depravación total del hombre, el perdón de pecados a través de la muerte sustitutiva de Cristo, y la verdadera conversión. Sin embargo, muchos han sustituido este glorioso mensaje por un falso evangelio menos escandaloso, lleno de pragmatismo, revelaciones personales infundadas, humanismo, relativismo, y apoyado en intereses personales de hombres corruptos.

El poder y el mensaje del evangelio” nos lleva a conocer esta realidad a través de tres partes: una introducción apostólica, el poder de Dios para salvación, y la acrópolis de la fe cristiana. Posee un lenguaje sencillo y práctico, presenta citas bíblicas para profundizar en cada tema desarrollado, y es útil para todo aquel que “siempre quiera estar creciendo en el evangelio y en su conocimiento del mismo. [El evangelio] no es la introducción al cristianismo, sino que es cristianismo de la A a la Z” (p. 30).

Oro porque Dios use cada palabra de este libro para desafiarnos a conocer, defender, y proclamar este glorioso mensaje con fidelidad. ¡Tienes que leerlo!

“Estoy profundamente agradecido por la claridad de El Poder & el Mensaje del Evangelio escrito por Paul Washer. Los cristianos de hoy en día parecen tener la falsa impresión de que el evangelio se centra en nosotros como si fuera un plan maravilloso para nuestras vidas, como si fuera una manera de encontrar paz, gozo o realización personal, o como si fuera la manera de alcanzar el cielo. Esas bendiciones (y muchas más) hacen parte de los beneficios de creer en el evangelio, pero no son el punto central ni el objetivo principal del mensaje. El evangelio trata de Dios y de Su gloria eterna […] Paul Washer toca el tema majestuosamente en este poderoso estudio bíblico”. – John MacArthur, pastor-maestro de la Grace Community Church y fundador de Gracia a Vosotros.

Poiema Editorial. – 288 pp. Rústica

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La vida de José

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob?

La vida de José es, sin duda, retadora. Desde un punto de vista humano, padeció muchas penurias: su madre murió a los pocos años de su nacimiento; sufrió el desprecio de sus hermanos por ser el favorìto de su padre; fue vendido como esclavo y deportado a Egipto cuando era joven; estuvo acusado falsamente y encarcelado, etc. Si atendemos a la explicación que ofrece nuestra sociedad, tendría que haberse convertido en un hombre amargado y lleno de rencor porque “el mundo le ha hecho así”, como diría la canción.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La vida de José, desgranada en este libro, nos muestra formidablemente cómo atraviesa las distintas pruebas creyendo de corazón que Dios las está permitiendo y se halla a su lado en todo momento. Dios tiene todo bajo control y, en su bondad, permite que José vea el fruto de sus lágrimas: la salvación de su pueblo.

Detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús.

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob? Esta es la cuestión. Y es muy relevante, pues nos atañe a todos. Si no hacemos algo por impedirlo, la vida nos va endureciendo poco a poco. Por lo tanto, necesitamos aprender a vivir como lo hizo José, dependiendo de Dios y confiando en su carácter y promesas, para ser cada vez más como Cristo: personas gozosas, sensibles a la necesidad y agradecidas en todo y por todo.

ÍNDICE

Prefacio
1. ¿La historia de José? Génesis 37 a 50
2. Una familia disfuncional (25:19-37:2)
3. La envidia de los diez hermanos (37:2b-11)
4. José, víctima de la envidia de sus hermanos (37:12-28)
5. Jacob, devastado (37:29-36)
6. Judá y Tamar (38:1-30)
7. José en casa de Potifar (39:1-6a)
8. José y la mujer de Potifar (39:6b-18)
9. José, en la cárcel (39:19-23)
10. Los sueños del copero y del panadero (40:1-23)
11. José comparece ante el Faraón (41:1-32)
12. José, exaltado (41:33-57)
13. El primer viaje de los hermanos a Egipto (42:1-20)
14. Los hermanos vuelven a Jacob (42:21-38)
15. Preparativos para el regreso a Egipto (43:1-15)
16. La segunda estancia en Egipto (43:16-34)
17. Benjamín y la copa del Faraón (44:1-34)
18. José se revela a los hermanos (45:1-15)
19. El retorno a Jacob (45:16-28)
20. Jacob, en Egipto (46:1-30)
21. Jacob, ante el Faraón (46:31-47:12)
22. Hambruna y esclavitud (47:13-26)
23. El juramento de José ante Jacob (47:27-31)
24. Jacob adopta a Manasés y Efraín (48:1-12)
25. Jacob bendice a Efraín y Manasés (48:13-22)
26. El testamento profético de Jacob: (1) Los cuatro hermanos mayores (49:1-12)
27. (2) Los hijos de Lea y de las concubinas (49:13-21)
28. (3) Los hijos de Raquel (49:22-28)
29. La muerte de Jacob (49:29-50:3)
30. El entierro de Jacob (50:4-14)
31. José y sus hermanos (50:15-21)
32. La última voluntad de José (50:22-26)
33. José, el testimonio bíblico

396 pp. Editorial Andamio 2020

SOBRE EL AUTOR
David F. Burt cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Oxford. En 1967 se instaló en Madrid, donde colaboró en el inicio de los Grupos Bíblicos Universitarios de España (GBU). En 1978 se trasladó a Barcelona, donde durante trece años ejerció como pastor de una iglesia evangélica. Actualmente se dedica
a un ministerio de enseñanza y predicación, así como a sus tareas de escritor. Entre sus obras figuran comentarios del Nuevo Testamento como Tito, Filemón, Efesios y Hebreos. Dentro de la serie de comentarios del Antiguo Testamento ha escrito Jonás, Rut, Esdras y Ester.

Te ofrecemos un fragmento de “La vida de José”, de David F. Burt.

Difícilmente podemos afirmar que hemos hecho justicia a la historia de José si hacemos caso omiso de lo que otros textos de la Biblia dicen acerca de él. Por tanto, vamos a concluir nuestra meditación sobre su vida examinando tres textos que dan una exposición resumida de la vida de José.

Salmo 105:16-22. José, ejemplo de la providencia divina

En este repaso histórico, naturalmente José tiene un protagonismo importante. Pero la historia se escribe desde la perspectiva divina, no humana. Por eso, es Dios quien envía a José a Egipto, no sus hermanos, y lo hace a fin de solucionar la hambruna, que en realidad iba a tener lugar años después de la llegada de José al país, pero que ocupa el principio de este resumen (105:16). De hecho, este es el enfoque que José mismo iba a adquirir en cuanto a su vida en Egipto. Cuando se encontró nuevamente con sus hermanos, no les dijo: “Vosotros me vendisteis como esclavo y me enviasteis a Egipto, pero después vino una hambruna y yo estaba en condiciones de ayudar al faraón para solventar la falta de comida”, sino que trazó la providencia divina detrás de las acciones humanas (45:7-8 y 50:20). Sí. Los seres humanos actúan responsable y culpablemente, y tendrán que ser juzgados por sus acciones. Pero el creyente sabe (como José llegó a saberlo) que, más allá de las acciones humanas, Dios está obrando todas cosas para bien de los que le aman (Romanos 8:28). (…)

Así, según el salmo, con José se establece un patrón de aflicción inicial y vindicación final que se ha repetido una y otra vez en la historia del pueblo de Dios, e iba a encontrar su expresión máxima en la humillación y exaltación del Señor Jesucristo. Por supuesto, es un patrón que sigue vigente en nuestra generación y debe caracterizar la experiencia de todos los seguidores de Jesús (2 Timoteo 2:11-12).

Hechos 7:9-15. José, ejemplo de la vida vivida con Dios y tipo de Jesucristo

En la sección de su discurso dedicado a José, Esteban sigue de cerca la narración de Génesis: la traición de los diez hermanos a causa de su envidia; la venta de José como esclavo y su descenso a Egipto; los aflicciones que él sufrió allí; su posterior exaltación por mano del faraón; la llegada de los años de hambruna; la salvación de los egipcios y cananeos por medio de la previsión y buena administración de José; y los tres viajes de los hijos de Jacob a Egipto, culminando en el establecimiento de toda la familia en Gosén. (…)

Lo extraordinario de estas situaciones, sin embargo, es que, detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús. Dios “libró a José de todas sus aflicciones”, y a Jesucristo Dios lo resucitó de entre los muertos. A pesar de la maldad responsable de los seres humanos, Dios obra todas las cosas para bien y para salvación. Las tribulaciones de José lo llevaron a ser el salvador de muchos pueblos, y también de aquellos miembros de su propia familia que habían intentado destruirlo; de manera parecida, los terribles sufrimientos de Jesucristo fueron el medio por el cual Dios proporcionó salvación a sus enemigos, no solamente entre los judíos, sino entre los habitantes de todas las naciones que creen en él.

Igualmente, la exaltación de José a manos del faraón anticipa la exaltación de Jesús por el Padre (Filipenses 2:9-10). José fue “designado gobernador sobre Egipto y sobre toda la casa de Faraón”; Jesús ha recibido señorío, gloria y un reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran. Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será jamás destruido (Daniel 7:14).

Hebreos 11:22. José, ejemplo de fe

En su gran capítulo dedicado a los héroes de la fe, el autor de Hebreos no podía dejar de incluir a José. Él ocupa su lugar de honor entre los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) y Moisés. Sin embargo, el texto dedicado a José sorprende por lo breve, por lo que no dice. El autor podría habernos hablado de la fe de José manifestada en su interpretación de sueños; en su confianza en la providencia de Dios en medio de la tribulación; en su perseverancia en la fe de sus padres a pesar de encontrarse solo y abandonado; en su testimonio fiel ante la corte de Egipto… Pero salta por encima de todo ello y concentra nuestra atención en los últimos momentos de la vida de José.

La esencia de la fe consiste siempre en la apropiación personal de las promesas de Dios y la vivencia a la luz de ellas. Es “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). José vivió toda la vida bajo la convicción de que Dios cumpliría fielmente lo que había prometido a los patriarcas. No puso su corazón en la sabiduría de Egipto, ni en su cultura, ni en sus dioses, sino en el pacto y las promesas de Yahweh. Y la prueba de ello es que, al final de su vida, pudiendo haber sucumbido a la “tentación egipcia” y haber aspirado a tener un entierro lujoso en su país adoptivo, renunció a ello, ordenando el traslado de sus restos mortales a la Tierra Prometida. No solamente eso, sino que también mandó que sus huesos no fueran trasladados allí hasta el momento del éxodo. (…)

Por supuesto, el autor de Hebreos no nos cuenta este momento de la vida de José únicamente para hacer un repaso histórico, sino con la intención de fomentar en nosotros la misma fe que vemos en él. La fe de José se manifestó en la completa coherencia de su vida con respecto a las promesas de Dios. Vivió y murió de una manera consecuente con ellas. (…)

Estos tres textos, por tanto, subrayan para nosotros el significado y la importancia de la vida de José. Debemos considerar su ejemplo como motivo de consuelo y de buen ánimo, porque es la ilustración poderosa de alguien que vivió bajo la providencia de Dios. (…) Sin embargo, su vida no es solamente motivo de consuelo y esperanza, sino también de reto y desafío.

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365 días con George Whitefield

Algunos datos sobre George Whitefield son casi increíbles. ¿En verdad predicó a audiencias atentas de hasta ochenta mil personas al aire libre en una época sin micrófonos? ¿Es cierto que su cuerpo resistió predicar hasta sesenta horas semanales por varios meses a lo largo de su ministerio?

La realidad es que Whitefield fue un hombre usado por Dios de manera única en la historia. El teólogo John Wesley, líder del movimiento metodista, expresó en el funeral de este evangelista:

“¿Hemos leído u oído hablar de alguna persona desde los apóstoles, que haya testificado el evangelio de la gracia de Dios a través de un espacio tan ampliamente extendido, a través de una parte tan grande del mundo habitable? ¿Hemos leído o escuchado de cualquier persona que haya llamado a tantos miles, tantas miríadas de pecadores al arrepentimiento?… ¿Hemos leído o escuchado a cualquiera que haya sido un instrumento bendito en Su mano para traer tantos pecadores de tinieblas a luz, y del poder de Satanás a Dios [como Whitefield]?”.

Predicadores como Martyn Lloyd-Jones, Charles Spurgeon, y J. C. Ryle, —entre otros muy usados por el Señor— han dicho palabras similares sobre Whitefield. Diversos historiadores están de acuerdo con ellas.

¿Quién era este evangelista, qué lo movía, y qué podemos aprender de él?

Renacido para predicar a Cristo

George Whitefield nació el 16 de diciembre de 1714 en Gloucester, Inglaterra. Fue el hijo menor de su familia. Cuando era joven estuvo involucrado en pleitos, mentiras, y robos. El teatro fue su mayor interés en aquel entonces. Tenía un talento indiscutible para la actuación y la oratoria, que luego emplearía en su predicación. El actor David Garrick diría años más tarde: “Daría 100 guineas si tan solo pudiera decir ‘¡Oh!’ como el señor Whitefield”.

A los 18 años, Whitefield entró en Pembroke College, en la Universidad de Oxford, trabajando como conserje. Atendía a estudiantes más adinerados para así poder costear sus estudios. Allí conoció a los hermanos Charles y John Wesley, y se unió a un grupo de estudiantes llamado El Club Santo de Oxford. La meta de los integrantes del grupo era vivir en correcta moralidad religiosa a través de extensos ayunos, oraciones, lectura de la Biblia, etc. Sin embargo, ninguno de sus miembros era un creyente genuino en aquella época.

Whitefield esforzó tanto su cuerpo ayunando y soportando dolores mientras buscaba ser aceptado por Dios, que esto le ocasionó una profunda debilidad física por el resto de su vida. En medio de su esfuerzo agonizante, leyó un libro que le dio su amigo Charles Wesley, “La vida de Dios en el alma del hombre”. Este clásico de la literatura cristiana, escrito por Henry Scougal, habla sobre los primeros versos del capítulo ocho de Romanos. El Señor usó ese libro para que Whitefield entendiera la necesidad del nuevo nacimiento. A los 21 años, George escribió:

“¡Dios me mostró que debo nacer de nuevo o estar condenado! Aprendí que un hombre puede ir a la iglesia, decir oraciones, recibir los sacramentos, y aún así no ser un cristiano… ¡Señor, si no soy un cristiano… muéstrame lo que es el cristianismo, para que yo no sea condenado al final!”.

Whitefield se vio en una intensa lucha dentro de sí al ser confrontado con su incapacidad de salvarse a sí mismo y el significado del evangelio. La tormenta duró hasta el día en que escribió en su diario, estando aún en Oxford,

“Dios se complació en quitar la pesada carga, para permitirme aferrarme a su querido Hijo por una fe viva, y al darme el Espíritu de adopción, para sellarme, hasta el día de la redención eterna. ¡Oh! Con qué alegría, gozo inefable, hasta el gozo lleno y grande de gloria, mi alma se llenó cuando el peso del pecado se apagó, y una sensación permanente del amor de Dios entró en mi alma desconsolada. Seguramente fue un día para ser tenido en eterno recuerdo”.

Desde entonces, Whitefield tuvo el deseo de profundizar en la Palabra y predicarla. La doctrina del nuevo nacimiento fue clave en toda su predicación. Su testimonio nos recuerda que no podemos nacer de nuevo y salvarnos por nuestros esfuerzos. Dependemos por completo de la gracia de Dios.

Predicación sin descanso

Los hermanos Wesley, aún inconversos, partieron de Oxford a la colonia americana de Georgia y dejaron a Whitefield como líder del Club Santo. Allí George predicó el evangelio y organizó reuniones de estudio bíblico. Los miembros de este grupo de estudiantes llegaron a ser etiquetados como Metodistas, debido a su estricta disciplina de profundizar en la Palabra.

Luego de su graduación, George fue ordenado como diácono y poco después como pastor. Empezó a predicar el evangelio en distintas iglesias y cada vez más personas se acercaban a donde él estuviese para escucharlo. En una época donde la predicación del evangelio había estado oscurecida en incontables púlpitos, Whitefield fue como un relámpago dondequiera que fuera.

Impulsado por su amigo Howell Harris, Whitefield comenzó a predicar al aire libre a multitudes. Esta fue una de las decisiones más importantes en la vida del predicador, en vista de que algunas iglesias cerraron sus puertas a él. Tal acción del evangelista fue controversial y vista por muchas personas como fanatismo. Su predicación fue confrontante, exponiendo el evangelio, señalando que muchos ministros en la iglesia de sus días no habían nacido de nuevo en realidad, y causando extremo fervor sobre su audiencia de miles y miles.

Cuando llegó a Norteamérica en 1738 a petición de los Wesley, ellos habían regresado a Europa. Allí asumieron el liderazgo del nuevo movimiento conocido como Metodismo. Whitefield aprovechó su viaje a América para predicar a Cristo. Muchedumbres le seguían a todas partes, pueblos enteros fueron trastornados por su predicación. Ese fue el primero de siete viajes que realizó a Norteamérica, entre 1738 y 1770.

Así Whitefield fue instrumento de avivamiento tanto en Europa como al otro lado del Atlántico. “El mundo entero es ahora mi parroquia”, dijo en 1739 y otra vez 30 años después, cerca de su muerte. “A donde sea que mi Maestro me llame, estoy listo para ir y predicar el evangelio eterno”.

Durante su ministerio soportó fuerte adversidad por parte de muchas personas. Incluso por algún tiempo fue vilipendiado por John Wesley, quien se opuso con denuedo al calvinismo enseñado por Whitefield. Más adelante, ambos volvieron a llegar a términos amistosos, aunque tomando caminos separados. A pesar de su popularidad, George fue perseguido en varios lugares a los que iba a predicar. “Somos inmortales hasta que nuestro trabajo en la tierra esté hecho”, dijo, reconociendo la soberanía de Dios luego de sobrevivir a uno de varios intentos de asesinato. Este hombre era imparable en su ambición de anunciar a Cristo.

Se estima que Whitefield predicó a tal vez 10 millones de oyentes durante su ministerio. La historia testifica del poder en sus sermones y el avivamiento polémico que se desató en su predicación, con multitudes llorando a gritos al ser encaradas con los sufrimientos de Cristo y la gracia de Dios, y siendo transformadas por la Palabra. William Cowper, poeta y escritor de himnos, llegó a decir que en Whitefield “los tiempos apostólicos parecen haber regresado a nosotros”.

Whitefield fue conocido por predicar desde el corazón, con una convicción incontenible. Lloraba a menudo por los pecadores en sus sermones y usaba toda su capacidad oratoria en la exposición de la Palabra. Su pasión era conducir a la gente a mirar a Cristo y aferrarse a Él.

Aunque plantó tres iglesias y fundó un orfanato, la proclamación de la Palabra como evangelista itinerante fue el centro de su ministerio; fue lo que consumió su vida en una época en la que no era fácil viajar largas distancias. Su titánico ritmo de predicación tuvo terribles efectos sobre su cuerpo, acortando sus días.

El 29 de septiembre de 1770, cuando George se preparaba para predicar al aire libre en el pueblo de Exeter, en los Estados Unidos, alguien le dijo: “Señor, usted está más apto para ir a la cama que para predicar”. “Eso es verdad”, respondió Whitefield. Entonces oró: “Señor Jesús, estoy cansado en tu obra, pero no de tu obra. Si no he terminado mi curso todavía, déjame ir una vez más y hablar por ti en los campos, sellar tu verdad, y venir a casa y morir”.

Cuando Whitefield subió al púlpito luego de esa oración, se hizo un silencio en la multitud mientras él se encontraba muy débil para hablar. “Esperaré por la asistencia de gracia del Señor”, dijo luego de varios minutos. Y entonces predicó sobre 2 Corintios 13:5, tal vez su sermón más célebre. A la mañana siguiente, Whitefield partió a la presencia del Salvador que lo llamó a predicar su Palabra.

Las doctrinas de la gracia nos impulsan a evangelizar

Así como Whitefield nos confronta a buscar vivir en más integridad, también nos reta a evangelizar más si hemos creído las doctrinas de la gracia. Estas enseñanzas permeaban su predicación, con la convicción de que eran bíblicas y preciosas.

“Yo abrazo el esquema calvinista, no por Calvino, sino porque Jesucristo me lo ha enseñado”, expresó. A su amigo, James Harvey, le escribió en una carta: “Déjame aconsejarte, querido señor Harvey, dejando todo prejuicio a un lado, que leas y ores sobre las epístolas de Pablo a los Romanos y Gálatas, y entonces déjale decirme qué piensa de esta doctrina”. También afirmó:

“Las doctrinas de nuestra elección y justificación gratuita en Cristo Jesús se imprimen cada día más y más en mi corazón. Ellas llenan mi alma con un fuego santo y me brindan una gran confianza en Dios mi Salvador. Espero que el fuego se contagie entre cada uno de nosotros… Nada más que la doctrina de la Reforma puede hacer esto”.

Las doctrinas de la gracia llenaban de gozo a Whitefield. Él no las veía como simple información para el entretenimiento intelectual, sino como combustible para su ambición de alcanzar a los perdidos para Cristo y adorar al Señor. En una carta sobre predicación a su amigo a Howell Harris, dijo:

“Coloca en sus mentes la libertad y la eternidad del amor elector de Dios, y anímalos a apoderarse de la perfecta justicia de Jesucristo por la fe. Habla con ellos, oh habla con ellos hasta la medianoche, de las riquezas de Su gracia . Diles, oh diles, lo que Él ha hecho por sus almas, y cuán fervientemente Él está ahora intercediendo por ellos en el cielo … ¡Presiona sobre ellos para [llamarlos a] creer inmediatamente! Dispersa oraciones con tus exhortaciones, y por tanto llama al fuego del cielo, incluso el fuego del Espíritu Santo [para que descienda]… Habla en todo momento, mi querido hermano, como si fuera el último. Llora, si es posible, cada argumento y, por así decirlo, obliga a gritar: ‘¡Mira cómo nos ama [Dios]!’”.

La soberanía de Dios en la salvación debe conducirnos a decir con Pablo, “todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna” (2 Tim 2:10). Whitefield entendió eso. Su ejemplo es relevante para quienes estamos en el despertar a las doctrinas de la gracia que vemos hoy en la iglesia de habla hispana.

Los calvinistas deberíamos ser los más fervientes evangelistas, caracterizados por humildad y amor. Si nuestro Dios es el mismo que rescató a George Whitefield, y creemos las mismas verdades que él, ¿cómo podemos justificar a menudo tanto orgullo en nosotros, y tan poca pasión para compartir el evangelio con otras personas? Esta pregunta retumba en mi mente cuando veo a este hombre.

Whitefield fue un personaje único en la historia que Dios está escribiendo en y con la Iglesia, pero la Biblia sí nos dice a cada creyente que somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Por tanto, cobremos ánimo al mirar el ejemplo de este gran evangelista. Busquemos anunciar más el evangelio en medio de las diversas vocaciones que el Señor nos ha dado.

Te ofrecemos los 7 primeros días del mes de Enero:

1 ENERO

El hombre natural

«Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden». Romanos 8:7

Caminar con Dios significa que su bendito Espíritu quita el poder de la enemistad que prevalece en el corazón de una persona. Quizá a algunos les resulte difícil escuchar tal cosa, pero nuestra experiencia diaria demuestra, tal como las Escrituras afirman en tantos pasajes, que la mente carnal, la mente del hombre natural inconverso, y aun la mente del regenerado, en la medida en que cualquier parte suya siga sin renovar, es enemistad, no solo un enemigo, sino «enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden». Ciertamente, uno puede sorprenderse ante el hecho de que una criatura, especialmente una criatura maravillosa como el ser humano, creada a imagen y semejanza de su Creador, pudiera tener algún tipo de enemistad, y mucho menos una enemistad continuada, contra el mismísimo Dios en quien vive, se mueve y tiene su ser. Pero, por desgracia, así es. Nuestros primeros padres la contrajeron cuando cayeron de Dios al comer del fruto prohibido […] y esta misma enemistad gobierna y prevalece en todo hombre engendrado naturalmente del linaje de Adán […]. Quien no es capaz de aprehender esto sigue viviendo en la ignorancia, en términos de salvación, de las Sagradas Escrituras y el poder de Dios. Y todos los que lo sepan, reconocerán de buen grado que, para que una persona pueda caminar con Dios, es preciso destruir el poder de esta enemistad que prevalece en el corazón, puesto que quienes albergan una enemistad y una hostilidad recíproca no caminan juntos ni mantienen relación entre sí […]. Queda destruida en toda alma verdaderamente nacida de Dios y se va debilitando gradualmente a medida que el creyente crece en gracia y el Espíritu de Dios adquiere un dominio cada vez mayor sobre el corazón.

2 ENERO

Orad por nosotros

«Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros». 2 Tesalonicenses 3:1

Debemos orar por aquellos a los que el Espíritu Santo ha encomendado nuestro cuidado. Esto es lo que S. Pablo ruega una y otra vez a las iglesias a las que escribe […]. Sin duda, si el gran S. Pablo, ese vaso escogido, ese predilecto del Cielo, necesitaba las más importunas oraciones de sus conversos cristianos, mucho más habrán de necesitar los ministros comunes del evangelio la intercesión de sus respectivos rebaños […]. Son muchos los que a menudo se privan de un gran bien por su falta de oración por sus ministros, un bien que habrían disfrutado si hubiesen orado por ellos como debieran. Eso por no hablar de la extendida queja por la falta de pastores fieles y diligentes. Pero, ¿cómo habrán de merecer buenos pastores quienes no oran fervientemente a Dios por ellos? Si no oramos al Señor por la cosecha, ¿acaso podremos esperar que envíe a segadores para recolectarla? ¡Qué ingrato es, además, no orar por nuestros ministros! Porque, ¿habrán de velar y obrar en la Palabra y la doctrina por nosotros y por nuestra salvación y no habremos de orar nosotros por ellos a cambio? […] A esto debemos añadirle que orar por nuestros ministros será una prueba tangible de nuestra creencia en que, si bien Pablo planta y Apolos riega, es únicamente Dios quien da el crecimiento. Y también comprobaremos que es el mejor medio que podemos emplear para la mejora de nuestro propio bienestar; porque Dios, en respuesta a nuestras oraciones, quizá les imparta una doble medida de su Espíritu Santo, lo que a su vez les permitirá multiplicar la medida del conocimiento de las cosas espirituales que pueden ofrecernos y usar más eficazmente la palabra de verdad.

3 ENERO

Salmo 46

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». Salmo 46:1

Había una tradición entre los antiguos judíos de que el maná que caía del cielo, a pesar de ser como una pequeña semilla de cilantro, satisfacía todos los paladares, y era como leche para los niños y alimento sólido para los adultos. Con independencia de que esta suposición sea verídica o no, es una observación que mantiene una gran validez con respecto a las afirmaciones de David; si tenemos ojos para ver y oídos para oír, si Dios se ha complacido en retirar el velo de nuestros corazones, tendremos la feliz experiencia de que el libro de Salmos, sin que importen nuestras circunstancias, nos sirva de arsenal espiritual, del que extraer armas espirituales en la batalla más encarnizada, especialmente aquellos que atraviesan tribulaciones, cuando la mano del Señor parece oponerse a ellos. Cuando la incredulidad les impulsa a exclamar: «¡Tengo todo en mi contra!». Si tenemos la presencia de ánimo de acudir al libro de Salmos, podremos encontrar algo que se ajuste a nuestra situación, una palabra de estímulo en la lucha contra nuestro enemigo espiritual. Esto es especialmente aplicable al Salmo 46 […]. No se sabe en qué momento o por qué motivo lo escribió David. Es probable que estuviera atravesando alguna difícil aflicción que lo llevara a expresarse con semejante elocuencia; o que fuera cuando la aflicción hubo pasado, cuando su corazón rebosaba de gratitud y de amor, y esa profunda conciencia de ello le diera a su pluma la precisión de un escribiente muy ligero. Era uno de los salmos favoritos de Lutero. Y cuandoquiera que Philip Melanchthon o cualquier otro de sus amigos le traía noticias tristes, solía decir: «Vamos, cantemos el Salmo 46» y, tras haberlo cantado, su corazón estaba en paz.

4 ENERO

Agradecimiento debido

«El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios». Salmo 50:23

Cuando Dios puso al primer hombre en el paraíso, es indudable que este rebosaba de tal conciencia de las riquezas del amor divino que dedicaba continuamente su aliento vital, que el Todopoderoso le acababa de infundir, a bendecir y exaltar a ese infinitamente generoso y misericordioso Dios en quien vivía, se movía y tenía su ser. Y la mejor idea que podemos formarnos de la jerarquía angélica de lo alto, así como de los espíritus de los justos que acaban de ser perfeccionados, es que rodean continuamente el trono de Dios y claman incesantemente, noche y día: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza» (Apocalipsis 5:12). Aquello que era la perfección del hombre en el comienzo de los tiempos, y que será su dedicación cuando la muerte haya quedado derrotada y el tiempo ya no exista, es indiscutiblemente parte de nuestra perfección, y debiera ser nuestra práctica habitual en este mundo. No dudo que esos benditos espíritus, enviados a ministrar a quienes serán herederos de la salvación, se admiran con frecuencia al acampar a nuestro alrededor y ver nuestros corazones tan escasamente henchidos, y nuestros labios tan infrecuentemente abiertos, para manifestar el bondadoso amor del Señor o cantar sus alabanzas.

5 ENERO

Nuestra primogenitura

«Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él». Efesios 1:17

Dios es amor. Si nuestras propias voluntades o el mundo pudieran hacernos felices, jamás habría enviado a Jesucristo, su Hijo amado, para que muriese y resucitase, y de tal forma liberarnos del dominio de ellos. Pero, debido a que solo pueden atormentarnos y son incapaces de satisfacernos, Dios nos pide que renunciemos a ellos. Si alguien hubiese persuadido al profano Esaú de que no perdiera tan glorioso privilegio, tan solo por satisfacer la inclinación corrupta del momento, cuando le vio a punto de vender su primogenitura por un pequeño plato de lentejas, ¿no cabría pensar que tal persona habría sido amiga de Esaú? Y esa es la situación entre Dios y nosotros. Por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo, somos recién nacidos con una herencia celestial junto con todos los santificados; sin embargo, nuestras voluntades corruptas nos tientan a vender tal gloriosa primogenitura a cambio de las vanidades del mundo, que, tal como sucedía con las lentejas de Esaú, pueden satisfacernos durante un tiempo, pero pronto se agotarán. Dios lo sabe; nos pide que renunciemos a ellas un tiempo, en lugar de perder el glorioso privilegio de esa primogenitura a cambio de un breve disfrute, ya que, si conocemos el poder de la resurrección de Jesucristo, estamos acreditados a la primera. ¡Qué profundas son las riquezas y la excelencia del cristianismo! Bien podía estimar el gran S. Pablo todas las cosas como pérdida y basura por la excelencia de su conocimiento. ¡Bien podemos desear conocer tan ardientemente a Jesús y el poder de su resurrección! Porque aun en este lado de la eternidad nos eleva por encima del mundo y nos hace sentarnos en los lugares celestiales en Jesucristo.

6 ENERO

Los muertos resucitarán

«En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 2 Corintios 4:4

Existen más incrédulos en el seno de la iglesia que fuera de ella. Permítaseme repetirlo, puedes pensar en ello cuando yo esté arremetiendo contra el bramido de las olas4, hay más incrédulos en el seno de la iglesia que fuera de ella. No todo el que hace profesión de fe la posee, no todos poseen lo que se ha prometido, no todos participan de la promesa, ni los que hablan de Dios y lo bendicen tienen al Salvador prometido. Puede que yo lo tenga entre los labios y en la lengua, sin tener lo que se ha prometido o la bendita promesa en el corazón. Una persona moral e intachable en lo que a la ley respecta, una persona que se considera justa debido a que no sabe en qué se basa para ello, una persona que no tiene otra religión más que ir a un lugar de adoración, se valora a sí misma por pertenecer a la iglesia oficial o ser un independiente […]. Sin embargo, por mucho que se consideren a salvo, esas personas no tardarán en ir a un lugar, lo crean o no. Pronto se les convocará ante un tribunal, ante la voz de un arcángel que resuene diciendo: «Levantaos, muertos, y venid a juicio». Los muertos se levantarán y se presentarán ante el Hijo de Dios como Juez de toda la humanidad. Estos, al igual que los infieles, querrán que se les exima de ello, y tal como estos en tiempos dijeron: «Desearía que se me dispensara de presentarme ante Cristo», también querrán evitar presentarse ante él y sufrir su condena. Pero todos habrán de ir al mismo sitio y, dado que no conocen a Dios ni la vida divina, deberán oír y sufrir esta terrible sentencia: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» (Mateo 25:41).

7 ENERO

Un cambio profundo

«El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía». Apocalipsis 22:11

Nuestro Señor lanzó terribles endechas contra los fariseos. Así también los ministros deben enfrentarse a todos los que no se sometan a la justicia de Jesucristo y advertirlos diciendo «ay de vosotros». Casi diría que este fue el último golpe que Jesús asestó a Pablo al convertirlo al cristianismo real; puesto que, tras haberlo golpeado como perseguidor de la religión verdadera, le hizo entrar en razón manifestando su persona y su papel de Salvador. «Yo soy Jesús», dijo nuestro Señor. De ahí que el apóstol escriba: «Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:8). No solo le oímos hablar como un blasfemo, sino también como un fariseo; y de nada nos servirá hablar de estar convertidos hasta que se nos haga entrar en razón y acudamos al Señor Jesucristo como pobres pecadores perdidos para ser lavados en su sangre y vestidos con su gloriosa justicia imputada. La consecuencia de esta imputación o aplicación de la justicia de nuestro Señor será una conversión del pecado a la santidad […]. Quienes están verdaderamente convertidos a Jesús y justificados por medio de la fe en el Hijo de Dios se ocuparán de dar muestras de su conversión, no solo por tener la gracia implantada en sus corazones, sino con esa gracia propagándose por todas las facultades del alma y obrando un cambio universal en todo el hombre.

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Iglesia Radical

En este libro, hay dos principios clave fundamentales que deberían dar forma a la manera en que ‘hacemos iglesia’: el evangelio y la comunidad. Los cristianos estamos llamados a una fidelidad doble, fidelidad primeramente al núcleo esencial del evangelio, y fidelidad también al contexto particular de la comunidad en que se vive lo que se cree. Sea que pensemos en la evangelización, en un compromiso social, en el cuidado pastoral, en la apologética, en el discipulado o en la enseñanza y formación, el contenido esencial tendrá siempre como referencia el evangelio cristiano, siendo su contexto el de una comunidad cristiana comprometida. Nuestra identidad como creyentes queda necesariamente configurada por el evangelio y por la comunidad. Centralidad en el contenido y mensaje del evangelio que tiene una doble vertiente. En primer lugar, supone un estar centrados en palabras, porque así es como se comunica. El evangelio es una buena noticia y es un mensaje muy concreto y particular. En segundo lugar, conlleva plantearse una misión especial por ser el evangelio palabra para proclamación —el evangelio es buena noticia y también un mensaje para ser proclamado y difundido. Todo ello se traduce en el fondo en ¡tres principios fundamentales! Una adecuada puesta en práctica ha de caracterizarse por (1) estar centrada en la palabra contenida en el Evangelio, (2) una fidelidad a su contenido por ser palabra misionera y (3) estar centrada en la comunidad.

Centrada en el Evangelio:

a. centrada en la palabra.

b. centrada en la misión.

2. Centrada en la comunidad.

Tal vez el lector piense que es decir algo obvio. Y, de hecho, eso es precisamente lo que esperamos que ocurra. Pero, antes de seguir adelante, nos gustaría dejar bien claros un par de puntos más a modo de introducción.

En su práctica, los creyentes evangélicos conservadores ponían un debido énfasis en el Evangelio o en la Palabra. Otros, en cambio, y de forma más o menos simultánea, como los que pertenecen a la denominada iglesia emergente, resaltan la importancia de la comunidad. La iglesia emergente es un movimiento de contornos no muy bien definidos, constituido por personas que se plantean nuevas formas de hacer iglesia. Cada uno de estos grupos recela del enfoque contrario, considerándolo débil y no muy adecuado en los puntos en que, respectivamente, creen ser más fuertes que la parte contraria. A los creyentes de talante conservador les preocupa que la iglesia emergente se toma a la ligera lo relacionado con una verdad y el que estén excesivamente influidos por el posmodernismo. La iglesia emergente, a su vez, acusa a las iglesias tradicionales de estar demasiado institucionalizadas, excesivamente centradas en la programación y con un trato duro y poco considerado entre sus miembros.

Llegados a este punto (Dicen los autores), permítasenos, como autores, mostrar nuestra enseña personal al respecto. De entrada, coincidimos con los conservadores en que la iglesia emergente no se toma en serio la existencia de una verdad básica de referencia. Aun así, no creemos que la solución esté en sospechar de su valor comunitario. De hecho, estamos convencidos de que la iglesia emergente puede errar en la faceta comunitaria por no prestar la necesaria atención al factor de la verdad esencial. Si la comunidad cristiana deja de gobernarse por la verdad, tal como debería ser en todos sus posibles apartados, puede caer muy fácilmente en lo caprichoso o indulgente. Existe el peligro real de que la comunidad se reduzca al plano limitado de mi persona y de aquellos con los que me reúno para hablar sencillamente de Dios —una especie de iglesia al estilo de la generación de Friends, esto es, de treintañeros de clase media. No es que esto sea cierto en todas las congregaciones que se autodenominan iglesia emergente, pero el peligro sigue estando ahí. Únicamente la verdad del Evangelio traspasa las barreras de edad, raza y clase social.

Con frecuencia, nos encontramos con personas que reaccionan en contra de la experiencia tenida en iglesias conservadoras de corte muy institucional, con programas en extremo rígidos y con una falta de autenticidad. En esos casos, la iglesia emergente parece ser la única opción viable. Pero también tenemos contacto con personas dentro del movimiento de la iglesia emergente que tienen un deseo de ‘hacer iglesia’ en una forma distinta, pero que, aun así, no quieren aceptar sin más las nociones posmodernas o postevangélicas de la noción de verdad. En ese sentido, creemos que existe una alternativa. Tenemos que volver a entusiasmarnos con la verdad y con la misión evangelizadora, y debemos asimismo mostrar entusiasmo en nuestras relaciones personales y en la comunidad de la fe.

La fiel aplicación de estos principios tiene el potencial necesario para poner en marcha cambios fundamentales y de largo alcance respecto a nuestro modo de vivir esa realidad que es la iglesia local. La teología que realmente cuenta no es aquella que decimos creer, sino la que realmente practicamos y hacemos nuestra. John Stott expresó unas muy acertadas palabras al respecto:

‘Las estructuras estáticas, inflexibles y centradas en ellas mismas no merecen otro calificativo que el de ‘estructuras heréticas’, y ello por encerrar en sí una doctrina herética de la iglesia’. Si, en nuestra vivencia particular, la vida de iglesia se ha convertido en ‘una estructura que se tiene a sí misma como fin, no siendo un medio para transmitir salvación al mundo, será, sin duda alguna, una estructura herética.

Como puntos distintivos de una iglesia centrada en el Evangelio y en la comunidad, cabe señalar:

Ver la iglesia como una seña de identidad y no como una carga de responsabilidad que solucionar junto con otros compromisos; disfrutar con las cosas cotidianas de la existencia como contexto en el que la palabra de Dios se proclama de forma espontánea y natural; no sobrecargar a la iglesia con actividades propias para poder dedicar más tiempo a personas no creyentes; poner en marcha nuevas congregaciones, en lugar de engrosar las ya existentes; preparar charlas bíblicas con otras personas, en vez de limitarnos a estudiar la Biblia por nuestra cuenta y a solas; hacer verdaderamente nuestra una conciencia de misión pastoral que abarque la totalidad de nuestra existencia y no empeñarnos en solucionarlo todo con ministerios específicos; cambiar el énfasis de enseñanza de la Biblia a aprendizaje de la Biblia, y a una puesta en acción; pasar más tiempo con los marginados de la sociedad; aprender a ‘discipularnos’ entre nosotros en el trato diario; ser congregaciones con compromiso, aun con sus fallos, antes que ser iglesias de apariencias.

El título que hemos escogido para este libro, Iglesia radical, apunta a una Iglesia que no es tan sólo un local al que asistir o visitar. La iglesia tiene que ser una identidad hecha nuestra en Cristo. Identidad que da forma y fondo a la totalidad de nuestras vidas, y ello de tal forma que vida y misión se fundan en una ‘iglesia total’. ¿Es nuestra experiencia la de un ‘evangelio y algo más’, y que requiere por tanto un ‘extra’ —en nuestro caso, una comunidad cristiana—, o, por el contrario, es algo que pone trabas al poder de salvación del Evangelio? La respuesta, evidentemente, variará según transmitamos el contenido y mensaje de ese evangelio, dependiendo todo ello en gran medida de si vemos el Evangelio tan sólo como la historia de Dios salvando a las personas de forma individual, o si es Dios dando forma y fondo a una nueva humanidad en Cristo. La primera parte del libro está dedicada al ‘Evangelio y comunidad como principios’, indicándose varias de las razones que han de llevarnos a hacer del evangelio y de la vida de comunidad lo esencial y principal en la práctica cristiana como vivencia y como misión. En la segunda parte, ‘Evangelio y comunidad en la práctica’, se aplica ese doble enfoque a diversas áreas de funcionamiento dentro de la vida de iglesia. Los miembros de la iglesia más dados a la actividad puede que tengan la tentación de saltarse la primera parte para concentrarse directamente en la segunda, pero lo cierto es que las aplicaciones prácticas de la segunda parte están ligadas al contenido y convicciones de la primera. Nuestra intención es ir más allá de una mera recopilación de ‘buenas ideas’ para la vida de iglesia. Es por eso por lo que analizamos detalladamente las implicaciones de lo que proclamamos y creemos respecto al Evangelio y su mensaje.

ÍNDICE

Introducción

Parte 1: El Evangelio y la comunidad como principios fundamentales.

1 ¿Por qué el Evangelio?

2 ¿Por qué la comunidad?

Parte 2: El Evangelio y la comunidad en la práctica.

3 La evangelización

4 El compromiso social

5 Creación de nuevas iglesias

6 La misión mundial

7 Discipulado y formación

8 El cuidado pastoral

9 La espiritualidad

10 La teología

11 La apologética

12 Niños y jóvenes

13 El éxito

Conclusión: Pasión por Dios

Andamio Editorial 254 pp. Junio 2014

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La Predicación Cristocéntrica

¿Cómo puedo predicar y enseñar mejor? Esta es una de las preguntas que domina los artículos y libros cristianos en la actualidad. Y con razón. Muchos han pensado que predicar es fácil: elegir un texto —el que sea— y simplemente hacer comentarios sobre él.

La predicación es un arma fundamental para el crecimiento espiritual en las iglesias. A través de esta forma de enseñanza comprendemos quién es Dios, qué ha hecho por nosotros, y cómo debe ser nuestra respuesta. ¿Qué pasa entonces si se reduce el tiempo de la predicación, o si el predicador usa muchas ilustraciones e incluso chistes para mantener despierta una congregación que muestra poco interés?

En el Nuevo Testamento, Pablo insiste en la importancia de dar a conocer la enseñanza de Dios. Romanos 10:14 dice: “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”. 2 Timoteo 4:1-2 expone: “Te encargo solemnemente:  Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción”. Ambos textos animan a los maestros a predicar con fidelidad, sin importar las circunstancias.

Sea cual sea la realidad de la congregación y su interés por la Biblia, quienes se encargan del ministerio de la Palabra deben prepararse correctamente para mejorar su enseñanza a través de la predicación. En el libro La predicación Cristocéntrica, el Dr. Bryan Chapell propone una metodología y un enfoque centrados en la Escritura para responder a esta necesidad.

El libro se compone de 11 capítulos y 13 apéndices. Todo el contenido de este recurso es altamente recomendado y de mucha edificación.

Los primeros nueve capítulos componen todo el fundamento teórico a tener en cuenta al desarrollar un sermón. Dentro de estos, los cuatro primeros capítulos tratan acerca del sermón, qué es, y qué debe contener. Chapell distingue tres partes del sermón centrado en el evangelio: ethospathos, y logos. Es decir, el predicador (ethos) —cómo vive, su credibilidad, y compasión—, la convicción profunda de lo que se está predicando (pathos), y la Palabra (logos). Adicionalmente, apunta la necesidad de que el sermón tenga unidadpropósitoenfoque determinado en la condición de caída (ECC), y aplicación.

Los siguientes cinco capítulos hacen mayor énfasis en los elementos que componen la estructura del sermón. Chapell desarrolla el material de manera fácil de comprender y sencilla de llevar a la práctica. Aun siendo similar en contenido a otros libros que tratan sobre la predicación, la forma en que el autor explica la necesidad de cada elemento y la manera en que nos lleva a desarrollar cada uno de forma práctica, hacen de La predicación Cristocéntrica un recurso destacable.

Finalmente, los capítulos 10 y 11 —capítulos clave en este libro— hacen énfasis en el enfoque Cristocéntrico y redentor de cualquier sermón. Puede parecer secundario, pero Chapell nos muestra que todo lo visto anteriormente debe llevarnos a que el mensaje esté realmente centrado en Jesús. Cristo es el fin de nuestra enseñanza; quienes nos escuchan deben encontrar gozo al confiar en Dios y saber que su vida tiene sentido a través de la obra de Cristo por medio del Espíritu Santo. La vida cristiana no es un conjunto de acciones morales para “agradar” a Dios, sino la respuesta de una fe viva y apasionada en la obra de Cristo y el carácter de Dios.

A través de este libro, Chapell demuestra su experiencia tanto en lo académico como en lo pastoral. La predicación Cristocéntrica es una obra que conjuga ambas facetas de este gran escritor. Este libro es altamente recomendable para todo aquel que enseña dentro de la iglesia, desde los pastores y predicadores, mujeres que enseñan a otras mujeres, maestros de niños, y también para los estudiantes de institutos bíblicos.

La predicación Cristocéntrica me impactó profundamente. De todos los libros sobre predicación que he tenido la oportunidad de leer, este es el más completo. Encontré refrescante la manera en que Chapell me confrontó sobre algunos elementos de mi predicación que eran pobres o no contaban con un objetivo claro. Este recurso no es para leerse una sola vez, sino también para consultar cada vez que se prepara un sermón. La predicación Cristocéntrica es una obra de arte que debería estar en la biblioteca de todo predicador.

POIEMA PUBLICACIONES. 560 PP.

Iñigo García de Cortázar, junto con su esposa Ana Cristina, es misionero actualmente en Cali, Colombia.

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Construir Puentes

¿Qué es la apologética cristiana? En su sentido básico, es la apología de la fe cristiana, la exposición y la defensa de su afirmación de ser la verdad y de tener relevancia en el gran mercado de las ideas. A medida que en nuestros tiempos la evangelización adquiere cada vez más importancia dentro de la comunidad cristiana, se vuelve progresivamente más relevante la necesidad de justificar responsable y seriamente los temas esenciales de la fe cristiana. La apologética tiene como meta dotar a la evangelización de integridad y de profundidad intelectuales, garantizando que la fe permanezca arraigada en la mente tanto como en el corazón. La fe cristiana no consiste solamente en sentimientos o emociones, sino en creencias. Creer a Jesucristo no supone tan solo amarle, adorarle y poner la confianza en él; conlleva creer determinados aspectos concluyentes sobre su persona, creencias que aseguran firmemente y justifican ese amor, esa adoración y esa confianza. La creencia en Dios está unida indisolublemente a las creencias sobre Dios. La meta principal de la apologética cristiana es generar un clima intelectual e imaginativo propicio para el nacimiento y el crecimiento de la fe, la fe en toda su plenitud y su riqueza.

Este libro aspira a reformular la apologética cristiana. No pretende descartar ni desacreditar los enfoques tradicionales sobre la apologética; lo que desea es complementarlos. Su meta es exponer diversas maneras de concebir y desarrollar la labor apologética, maneras que complementen los enfoques más tradicionales. Este libro no tiene un tono especialmente académico, aunque descansa sobre unos fundamentos que lo son rigurosamente. No defiende ninguna teoría única de la apologética, ni una sola manera de ver las cosas ni las obras de un determinado apologista destacado. Más bien, intenta que los recursos sustanciales de la tradición apologética cristiana incidan sobre las personas y las situaciones de mayor relevancia dentro de la sociedad moderna.

Sobre todo, este libro pretende estimular a sus lectores a explorar y a desarrollar modos de defender el evangelio que se adapten a sus propias necesidades y oportunidades especiales. Aunque reconoce los puntos fuertes de la ciencia apologética centrada en los problemas universales, propugna el arte de un enfoque basado en las personas. La apologética responsable se fundamenta tanto en el conocimiento del evangelio como en el de su público. Las personas tienen diversas razones para no ser cristianas; ofrecen puntos de contacto distintos para el evangelio. Una apologética que sea insensible a la individualidad humana y a la diversidad de situaciones en las que se encuentran las personas llegará a un callejón sin salida… y además rápidamente.

Este libro tuvo su origen en una serie de conferencias pronunciadas en la Universidad de Oxford, y se desarrolló durante giras de conferencias en los Estados Unidos y en Australia. Se espera que este libro contribuya a equipar y a animar al pueblo de Dios en los años venideros. Tienen por delante una gran labor y necesitan todos Ios recursos a los que puedan acceder.

Entonces, ¿cómo cumplir esa misión? ¿Cómo lograr que la ciencia y el arte de la apologética estén conectados? Empecemos echando unos sólidos cimientos teológicos sobre los que poder edificar…

“¡Por fin! Un libro brillante sobre la apologética crilta a (esa materia olvidada) de una de las mentes teológicas más lúcidas de nuestros tiempos”. — Michael Green

“Ameno, actualizado y con un alcance impresionante”. — Gordon R. Lewis

“Riqueza de erudición… con utilidad práctica”. — Evangelical Quarterly

“No reserves este libro para los especialistas. Es para tí — John Allan

El autor Alister McGrath es profesor de Teología histórica en la Universidad de Oxford y director de Wycliffe Hall. Ha escrito numerosos libros influyentes, incluyendo Teología práctica y La autoestima y la cruz (con Joanna McGrath).

ÍNDICE

PRIMERA PARTE: Abrir camino para la fe
1. El punto de contacto: Los fundamentos teológicos de la apologética eficaz
2. Los puntos de contacto: Su identidad y su potencial
3. El paso de fe: De la aceptación al compromiso

SEGUNDA PARTE: Superar las barreras para la fe
4. ¿Qué impide que una persona se haga cristiana? Identificar las barreras para la fe
5. Las barreras intelectuales para la fe
6. El choque entre cosmovisiones: Los rivales modernos del cristianismo
Conclusión

* 436 pp. Editorial Andamio .- 2020

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365 días con J.C.Ryle

El primer advenimiento del Mesías debía ser un advenimiento de humillación. Esa humillación comenzaría desde el momento de su concepción y nacimiento.

A través de una cuidadosa recopilación de lecturas diarias, extraídas de las Meditaciones sobre los Evangelios de J.C. Ryle, Robert Sheehan nos ofrece un encuentro diario con las verdades de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas comentadas con profundidad y claridad. Sus palabras de reto y ánimo, llenas de amor al Señor Jesucristo y de sabiduría práctica, las convierten en una estupenda herramienta de reflexión y meditación para el tiempo devocional individual o familiar. 

Este libro incluye una reflexión y lectura de J.C. Ryle para cada día del año, que junto al versículo diario, la lectura adicional recomendada y la meditación, convierten esta obra en una herramienta idonea para tener un momento devocional diario. Junto a 365 días con Juan Calvino y 365 días con George Whitefield forman una serie de libros devocionales para al menos 3 años con lo mejor de estos 3 autores.

Te presentamos a continuación los 5 primeros días del mes de Enero para que tengas un acercamiento a estas obras sobre el terreno.

1 ENERO Lucas 1:5-7 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Hebreos 12:4-13

Señalemos en este pasaje, por un lado, el buen testimonio que ofrecen los personajes de Zacarías y Elisabet. Se nos dice: «eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor». Importa poco si interpretamos esta justicia como aquella que se imputa a todos los creyentes para su justificación o como aquella que el Espíritu Santo obra interiormente en los creyentes para su santificación. Estas dos clasesde justicia nunca están desvinculadas. No hay justificados que no sean santificados; y no hay santificados que no sean justificados. Nos basta con saber que Zacarías y Elisabet recibieron gracia cuando la gracia era algo muy raro, y que guardaban todas las gravosas ordenanzas de las leyes ceremoniales con reverente rigurosidad cuando pocos israelitas se preocupaban de ellas excepto de manera nominal y formal.

Respecto a nosotros, destaca en este pasaje el ejemplo que esta santa pareja enseña a los cristianos. Esforcémonos por servir a Dios fielmente y por vivir plenamente conforme a la luz recibida como hicieron ellos.

Cabe destacar, por otro lado, la gran prueba por la que Dios quiso que pasaran Zacarías y Elisabet; se nos dice: «no tenían hijo» (v. 7). Difícilmente puede comprender un cristiano moderno todo lo que implicaban estas palabras. Para un judío de la Antigüedad representaba una aflicción muy grande. Carecer de hijos era una de las pruebas más amargas (cf. 1 S 1:10).

La gracia de Dios no evita a nadie los problemas. A pesar de que este santo sacerdote y su esposa eran «justos», tenían un pesar en sus vidas. Recordemos esto si servimos a Cristo y no consideremos las pruebas como algo extraño. Más bien creamos que la sabiduría perfecta de Dios actúa según lo que más nos conviene, y que, cuando Dios nos disciplina, es para «que participemos de su santidad» (He 12:10). Si las aflicciones nos conducen más cerca de Cristo y de la Biblia y nos llevan a orar más, son verdaderas bendiciones. Puede que no pensemos eso ahora, pero pensaremos así cuando nos despertemos en el otro mundo.

MEDITACIÓN: Dios hace que todas las circunstancias obren para nuestro bien si le amamos (Ro 8:28). Él sabe lo que pasaría si nuestras circunstancias fueran diferentes (Sal 81:13-15; Mt 11:21-23). ¿Acaso no podemos confiar en que su sabiduría haya orquestado las circunstancias que más nos convienen para cada situación?

2 ENERO Lucas 1:8-12 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 111

Dios anunció el futuro nacimiento de Juan el Bautista. Se nos dice que a Zacarías se le apareció un ángel del Señor. El ministerio de los ángeles es sin duda una cuestión profunda. En ningún lugar de la Biblia encontramos tan frecuente mención de ellos como en el período del ministerio terrenal de nuestro Señor. Y en ningún momento leemos de tantas apariciones de ángeles como en el de la encarnación y entrada en el mundo de nuestro Señor. El significado de esta circunstancia es bastante claro. Su propósito era enseñar a la Iglesia que el Mesías no era un ángel, sino el Señor de los ángeles, así como el de los hombres. Los ángeles anunciaron su llegada. Los ángeles proclamaron su nacimiento. Los ángeles se regocijaron por su aparición. Y, al hacerlo así, dejaron claro que aquel que venía a morir por los pecadores no era uno de ellos, sino alguien que estaba por encima de ellos: el Rey de reyes y Señor de señores.

De todas las cosas acerca de los ángeles, hay algo que nunca debemos olvidar: tienen un profundo interés en la obra de Cristo y en la salvación que Cristo ha provisto. Cantaron excelsas alabanzas cuando el Hijo de Dios descendió para hacer la paz entre Dios y el hombre por medio de su propia sangre. Se regocijan cuando los pecadores se arrepienten y nacen hijos de nuestro Padre celestial. Se deleitan en ministrar a aquellos que serán los herederos de la salvación. Esforcémonos por ser como ellos mientras estamos en la tierra, tengamos su mentalidad y compartamos sus alegrías. Señalemos en este pasaje, por último, el efecto que produjo en la mente de Zacarías la aparición de un ángel. Esta experiencia de este hombre justo concuerda exactamente con la de otros santos bajo circunstancias parecidas. Como él, cuando tuvieron visiones de cosas que pertenecían al otro mundo temblaron y tuvieron temor.

¿Cómo explicamos este temor? Para esta pregunta solo hay una respuesta. Surge de nuestro sentimiento interno de debilidad, culpa y corrupción. La visión de un habitante del Cielo nos recuerda a la fuerza nuestra propia imperfección y nuestra inadecuación natural para estar delante de Dios. Si los ángeles son tan grandes y terribles, ¿cómo será el Señor de los ángeles?

Bendigamos a Dios porque tenemos un poderoso mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Creyendo en él, podemos acercarnos a Dios con confianza y mirar hacia adelante al día del juicio sin temor. Sin embargo, temblemos al pensar en el terror de los impíos en el día final.

MEDITACIÓN: Nuestro mundo moderno es un testimonio de la sabiduría y el conocimiento de hombres que han desechado el temor de Dios (Ro 3:18). Pero donde no hay temor de Dios, no hay ni verdadera sabiduría ni conocimiento (Sal 111:10; Pr 1:7).

3 ENERO Lucas 1:13-17 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 40:1-10

El que la respuesta a las oraciones se retrase no necesariamente indica que estas sean rechazadas. Zacarías, sin duda, habría orado a menudo pidiendo la bendición de tener hijos y, al parecer, había orado en vano. En esta avanzada etapa de su vida, probablemente habría cesado de mencionar esta cuestión delante de Dios y habría abandonado toda esperanza de ser padre. Pero las primeras palabras del ángel muestran claramente que las oraciones pasadas de Zacarías no habían sido olvidadas (v. 13).

Haremos bien en recordar este hecho cuando nos arrodillemos a orar. Debemos evitar concluir precipitadamente que nuestras súplicas son inútiles, y especialmente cuando se trata de la oración intercesora a favor de otros. No nos corresponde prescribir el tiempo o la forma en que han de ser respondidas nuestras peticiones.

El versículo 14 nos enseña que ningún hijo produce tanto gozo como los que reciben la gracia de Dios. Es mil veces mejor para ellos que la belleza, las riquezas, los honores, el rango o los contactos importantes. Sin gracia, no sabemos lo que pueden llegar a hacer. Es posible que hagan descender nuestras canas con pesar a la tumba.

Los hijos nunca son demasiado jóvenes para recibir la gracia de Dios (v. 15). No hay mayor error que pensar que los niños, por razón de su tierna edad, son incapaces de experimentar la operación del Espíritu Santo. Tengamos cuidado de no limitar el poder y la compasión de Dios. Con él nada es imposible.

La medida de la grandeza que predomina entre los hombres es tremendamente falsa y engañosa. Los príncipes y potentados, los conquistadores y los que dirigen ejércitos, los gobernantes y filósofos, artistas y autores, son la clase de hombres a quienes el mundo considera «grandes». Esa grandeza no es la que reconocen los ángeles de Dios. Ellos consideran grandes a aquellos que hacen grandes cosas para Dios. A los que hacen poco para Dios, los tienen en poco.

MEDITACIÓN: ¿Estamos buscando la alabanza y aprecio de Dios o la de los hombres? (Jn 5:44; Ro 2:29; 1 Co 4:2-5).

4 ENERO Lucas 1:18-25 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Hebreos 3:7-13

En este pasaje vemos el sorprendente ejemplo del poder de la incredulidad en un hombre bueno. A pesar de ser justo y santo, a Zacarías, el anuncio del ángel le parece increíble (v. 18).

Un judío docto como Zacarías no debería haber planteado semejante pregunta. Sin duda estaba bien versado en las Escrituras del Antiguo Testamento. Debería haber recordado los maravillosos nacimientos de Isaac, Sansón y Samuel en tiempos pasados. Debería haber recordado que lo que Dios ha hecho una vez puede volver a hacerlo y que para él no hay nada imposible. Pero se olvidó de todo eso. No pensó más que en los argumentos del razonamiento humano y el sentido humano. Y suele ocurrir en cuestiones religiosas que, cuando comienza la razón, se acaba la fe.

Cuán pecaminoso es el pecado de la incredulidad a los ojos de Dios (v. 20). Las dudas y preguntas de Zacarías le acarrearon un duro castigo. Fue un castigo acorde con la ofensa: la lengua que no estaba dispuesta a hablar el lenguaje de la alabanza confiada se quedó muda. Durante nueve largos meses, por lo menos, Zacarías estuvo condenado al silencio, lo cual le supuso un recordatorio diario de que, por su incredulidad, había ofendido a Dios.

Pocos pecados parecen tan especialmente provocadores para Dios como el pecado de incredulidad. Dudar de que Dios pueda hacer algo cuando promete hacerlo es negar en la práctica que es el Todopoderoso. Dudar de que Dios vaya a hacer algo cuando ha prometido claramente que lo hará es pensar que Dios miente.

Vigilemos y oremos diariamente contra este pecado destructor del alma. Las concesiones en cuanto al mismo roban a los creyentes su paz interior, debilitan sus manos en el día de la batalla, traen nubarrones sobre sus esperanzas. La incredulidad es la verdadera causa de miles de enfermedades espirituales. En todo lo que respecta al perdón de nuestros pecados y a la aprobación de nuestras almas, a las obligaciones y a las pruebas de nuestra vida cotidiana, establezcamos la máxima religiosa de confiar en la Palabra de Dios incondicionalmente y guardémonos de la incredulidad.

MEDITACIÓN: ¿Obtienes poco provecho de la Palabra de Dios, leída o predicada, porque recibes muy poco de ella con fe? (He 4:2).

5 ENERO Lucas 1:26-33 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Mateo 12:46-50

En estos versículos tenemos el anuncio del acontecimiento más maravilloso que ha ocurrido en este mundo: la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

El primer advenimiento del Mesías debía ser un advenimiento de humillación. Esa humillación comenzaría desde el momento de su concepción y nacimiento. Guardémonos de despreciar la pobreza en otros o en nosotros mismos. El nivel de vida que Jesús escogió voluntariamente debería ser considerado siempre con santa reverencia. Debemos resistirnos a la común tendencia de nuestros días a inclinarnos ante los ricos y a convertir el dinero en un ídolo, y no debemos fomentarla. El ejemplo de nuestro Señor es suficiente respuesta para un millar de máximas serviles bastante corrientes entre los hombres acerca de la riqueza (2 Co 8:9).

Notemos, en segundo lugar, cuán gran privilegio tuvo la virgen María. El lenguaje que utiliza el ángel Gabriel con ella es extraordinario. Es bien sabido el hecho de que la Iglesia católica romana honra a la virgen María de manera poco inferior a como honra a su bendito Hijo. La Iglesia católica romana declara acerca de ella que fue «concebida sin pecado». Es objeto de adoración por parte de los católicos romanos y se ora a ella como mediadora entre Dios y los hombres, considerándola tan poderosa como Cristo mismo. Respecto a esto debemos recordar que no existe la más ligera justificación para ello en la Escritura. Pero, al tiempo que decimos esto, debemos admitir con imparcialidad que ninguna mujer fue nunca tan honrada como la madre de nuestro Señor. Por medio del parto de una mujer, la vida y la inmortalidad salieron a la luz cuando Cristo nació.

Los cristianos no deben olvidar una cosa en relación con este asunto. Existe una relación con Cristo que se halla alcance de todos nosotros; una relación mucho más cercana que la de la carne y la sangre; una relación que pertenece a todos aquellos que se arrepienten y creen (Mr 3:35; Lc 11:28).

¡Cuán gloriosa descripción acerca de nuestro Señor Jesucristo! (vv. 32-33). Acerca de su grandeza ya sabemos algo: ha provisto una poderosa salvación. Ha demostrado ser un Profeta mayor que Moisés. Es el gran Sumo Sacerdote y será mayor aun cuando se convierta en Rey.

MEDITACIÓN: Los verdaderos hermanos de nuestro Señor poseen un parecido familiar (Ro 8:29).

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La Cruz de Cristo

¿Por qué dedicarnos a reflexionar sobre la muerte de Jesucristo en el Monte Calvario en las afueras de Jerusalén? ¿No es una pérdida de tiempo dar tanta importancia a un acontecimiento lejano en el tiempo, del que, fuera de la Biblia, tenemos muy pocos datos, y que pasó desapercibido para la inmensa mayoría de los contemporáneos de Jesús de Nazaret?

Entre muchas razones, podemos destacar tres. Primero, porque la cruz de Cristo se halla en el centro del evangelio cristiano que tenemos la misión de proclamar. John Stott afirmó en su magnum opus sobre la cruz que “la cruz ocupa el centro mismo de la fe evangélica […], ocupa el lugar central en la fe bíblica e histórica”. Este fue el mensaje que los seguidores de Jesús comenzaron a propagar con enorme celo desde pocos días después de su muerte y resurrección, y que siguen proclamando hoy en día en todo el mundo. Para una humanidad atrapada por la maldad, perdida en la oscuridad y que es incapaz de resolver los problemas acuciantes del egoísmo, el odio, la violencia y la crueldad que marcan al ser humano de manera innegable, no existen mejores noticias que las que aporta el evangelio de Cristo. Solo el mensaje de perdón, transformación y salvación que Dios nos ofrece, en base al sacrificio de Cristo en la cruz, presenta la solución que el mundo necesita de manera desesperada. Sin la predicación del evangelio, no hay esperanza para el mundo. Sin la cruz de Cristo, no hay evangelio que predicar.

En segundo lugar, la cruz de Cristo es lo que mejor nos ilumina a nosotros y a nuestra situación existencial. Es a través de la cruz cómo podemos llegar a comprender el peligro de gravedad incalculable que nos amenaza a los seres humanos caídos, colocados bajo el juicio de Dios, el justo Juez de toda la tierra, él que “tiene poder para arrojar al infierno”. La maldad anida en el corazón humano, como enseñó Jesucristo,’ y como demuestra de manera indiscutible la historia de la humanidad. Siglos y milenios de esfuerzo humano han sido incapaces de resolver este problema fundamental y universal. La cruz nos enseña que no hay escapatoria para los que somos pecadores ante Dios, que no sea la muerte de su Hijo en el Calvario, donde tomó el lugar que nos correspondía a nosotros. Pablo el apóstol habló acerca de “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen, porque no hay distinción; por cuanto todos pecaron, y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe”. Solo la cruz de Cristo ofrece un camino de liberación de nuestra esclavitud al mal. Solo el poder del evangelio es capaz de transformar a pecadores en santos.

Podemos aducir una tercera razón: la cruz ilumina también a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. La cruz nos proporciona la evidencia más contundente acerca del amor inagotable de Dios hacia sus criaturas rebeldes y empedernidas en la maldad. “En esto conocemos el amor, en que él [Cristo] puso su vida por nosotros”. A pesar del hecho de que nosotros habíamos dado la espalda a Dios, despreciando su invitación a experimentar la reconciliación y la paz, él tomó la iniciativa, por medio de su Hijo Jesucristo, para buscar nuestra redención de la situación de esclavitud al maligno, al pecado y a la muerte en que estábamos atrapados. Lo hizo al impulso de su compasión y amor, aun cuando el precio de nuestro rescate fue tan alto.

El apóstol Pablo comprendió perfectamente la centralidad de la cruz de Cristo en el mensaje del evangelio. En su primera carta a los cristianos en Corinto, afirma de forma contundente: “En verdad, los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios Y sabiduría de Dios”. Seguía insistiendo: “pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado”. Casi al final de la misma carta, señaló los elementos esenciales del evangelio que predicaba: “Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. En el corazón de su fe y de su predicación se encontraba la cruz de Cristo.

A lo largo del tiempo, y de forma más destacada en los últimos siglos, ha habido una tendencia a reducir el significado de la muerte de Cristo a un ejemplo de cómo enfocar el sufrimiento injusto. Es cierto que el apóstol Pedro señala este aspecto de la cruz: “Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas”. Pero el argumento de Pedro no se reduce a esta faceta ejemplar, sino que insiste en que “[Cristo] mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados”. Más tarde en la misma carta vuelve a enfatizar este aspecto expiatorio y sustitutorio del sacrificio de Jesús: “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”. Al citar las palabras de otro apóstol, Pablo, a su discípulo Timoteo, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”, Andrew Birch afirma: “En el centro mismo de este mensaje está la cruz. Jesús de Nazaret murió crucificado. Pero su cruz es mucho más que solo el lugar y la manera de su muerte; es también el lugar y la manera de nuestra salvación”.

Si desplazamos la predicación de la cruz de su lugar central en el mensaje cristiano, seremos culpables de pervertir el evangelio de Cristo. Esto es lo que ocurría en las iglesias de Galacia, hecho que impulsó el asombro y la denuncia vehemente del apóstol Pablo, a la vez que un resumen enfático de las verdades centrales del evangelio.” Si reconocemos que el mensaje de la cruz es el fundamento irremplazable de la fe cristiano, es de vital importancia que reflexionemos constantemente sobre él, que lo proclamemos con plena convicción y que lo vivamos en todas sus implicaciones insoslayables. “Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo”.

TIMOTEO GLASSCOCK
Estudió derecho en Inglaterra antes de llegar a Madrid como misionero en 1972. Tuvo el privilegio de tener como mentores en sus primeros años en España a personas como Ernesto Trenchard, Pablo Wickham y Juan Solé. Se casó con Elena Gil y en 1982 se trasladaron a Galicia, donde formaron parte del equipo pastoral de la Iglesia de Marín durante veintitrés años. Después de once años colaborando con una iglesia de Salamanca, volvieron a Marín, donde residen en la actualidad. Timoteo tiene un ministerio itinerante de enseñanza bíblica entre las iglesias evangélicas en España y colabora con Proyecto Éfeso, IBSTE y la Escuela Evangélica de Teología. Tienen tres hijos y seis nietos.

ÍNDICE

Capítulo 1. Anticipar la Cruz: la pasión profetizada

Capítulo 2. Contemplar la Cruz: la pasión narrada. Los Evangelios

Capítulo 3. Meditar en la Cruz: la pasión analizada. La primera carta de Pedro

Capítulo 4. Gloriarse en la Cruz: la pasión aplicada. La carta a los Gálatas

112 pp. Andamio Editorial – 2020

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El Enrejado y la Vid

¿Cuál es la meta de la iglesia? ¿Llenar los asientos cada domingo? ¿Aumentar su presupuesto? ¿Crear un montón de programas populares?

En “El Enrejado y La Vid”, Colin Marshall y Tony Payne sugieren algo más sencillo y sumamente más importante: hacer y desarrollar discípulos. El enfoque de la iglesia debe ser el hacer discípulos, alcanzando a los perdidos para madurarlos en Cristo para la gloria de Dios.

La metáfora principal del libro describe la relación de la Iglesia (la vid) y su infraestructura, comités, programas, y actividades (el enrejado). El argumento de los autores es que el enrejado debe apoyar el crecimiento de la vid, no dominarlo. Sin embargo, muchas iglesias se enfocan en los programas, la administración, las actividades y viajes, y no en el crecimiento de las personas en el evangelio.

¿Cómo es que crecen los discípulos?

“La tarea fundamental de todo ministerio cristiano es la de predicar el evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo, cuidando que la gente se convierta, cambie y alcance una mayor madurez en ese evangelio. Este trabajo es como plantar, regar, fertilizar y cuidar una planta”. (p. 14)

Cuando una iglesia se enfoca demasiado en las actividades del enrejado, el hacer de discípulos se deja a un lado. La iglesia necesita un enfoque que tome en serio la meta de hacer discípulos. Además, es necesario que los pastores y las congregaciones entiendan que el hacer discípulos es la responsabilidad de cada creyente, no sólo de los pastores.

“Nuestro argumento es que las estructuras no hacen crecer el ministerio, así como los enrejados no hacen crecer las vides, y que la mayoría de las iglesias necesitan hacer un cambio deliberado: dejar de erigir y mantener estructuras, y dedicarse a formar personas que sean discípulos de Cristo hacedores de discípulos de Cristo. Eso puede requerir de algunos cambios de mentalidad radicales que pueden ser dolorosos”. (p. 23)

Cambios de mentalidad radicales

Los autores presentan a lo menos once cambios de mentalidad en el capítulo que se llama “Todos los cristianos deben ser viñadores”. Los nuevos enfoques incluyen:

  1. Enfocarnos en las personas, en vez de llevar a cabo programas.
  2. Preparar a las personas, en vez de llevar a cabo eventos.
  3. Desarrollar a las personas, en vez de usarlas.
  4. Capacitar a nuevos trabajadores, en vez de llenar vacantes.
  5. Ayudar a las personas a avanzar, en vez de solucionar problemas.
  6. Desarrollar liderazgo de equipo, en vez de aferrarse a los pastores ordenados.
  7. Forjar sociedades pastorales, en vez de concentrarse en la estructura política de la iglesia.
  8. Establecer sistemas locales de capacitación, en vez de depender de otras instituciones dedicadas a ella.
  9. Apuntar a una expansión a largo plazo, en vez de concentrarnos en las presiones inmediatas.
  10. Ocuparse del ministerio, en vez de en la administración.
  11. Buscar el crecimiento del evangelio, en vez del crecimiento de la iglesia.

Obviamente, leer este libro no es suficiente para llevar todo esto cabo. Tampoco es suficiente predicar dos o tres sermones, o enseñar una clase nueva acerca del discipulado. Cultivar una iglesia llena de discípulos que hacen discípulos requiere intencionalidad, fidelidad y paciencia en cada parte de la iglesia.

Los autores sugieren cuatro etapas en el proceso de crecimiento individual en el evangelio: acercamiento, seguimiento, crecimiento, y discipulado (o capacitación). Esto quiere decir que cada persona en nuestras iglesias requiere que alguien le acerque el evangelio, le hable más sobre el evangelio, le ayude a crecer en el evangelio, y le capacite a servir en alguna forma.

La intencionalidad requiere un plan para capacitar a creyentes y a líderes dentro de la iglesia a cómo ser discípulos que hacen discípulos. Los últimos capítulos del libro hablan de manera práctica sobre cómo buscar y capacitar obreros (capítulos 9 y 10), los beneficios del aprendizaje en el ministerio (capítulo 11), y cómo empezar a crear una cultura de discipulado (capítulo 12).

Un llamado a volver a las Escrituras

El Enrejado y La Vid” ha creado muchas conversaciones importantes sobre el discipulado y el ministerio. No es que Payne y Marshall hayan inventado un sistema radical para discipular; lo que hacen es un llamado para volver a las Escrituras para ver cómo la iglesia debe pensar en su identidad y papel de hacer discípulos.

Este llamado es importante, porque es muy fácil que perdamos el enfoque central. Es más sencillo medir el ministerio por el número de asistentes y por los programas que se ofrecen. Es más difícil medir el crecimiento espiritual en una iglesia; por eso tendemos a ser pragmáticos en vez de esperar a que el Espíritu de Dios use la Palabra de Dios para hacer la obra de Dios, usando las palabras de David Jackman.

No exagero al decir que este libro es para cada pastor y plantador de iglesias que quiere desarrollar una cultura del discipulado dentro de su congregación. Si has sido bendecido por los libros de 9Marks, “El Enrejado y La Vid” te encantará.

El contenido de este libro tiene el potencial de transformar tu iglesia para que sea más bíblica y llena del evangelio. Cómpralo. Léelo. Toma notas. Ora por tu iglesia y por ti. Y, sobre todo, cumple tu llamado a hacer discípulos.

Kevin Halloran trabaja con Leadership Resources International en el equipo de América Latina entrenando pastores cómo predicar la palabra de Dios con el corazón de Dios. También sirve en el ministerio hispano de The Orchard – Arlington Heights en los suburbios de Chicago, IL. Puedes encontrarlo en su blog personal donde escribe semanalmente sobre temas evangelio-céntricos y seguirlo en Facebook y Twitter.

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El Cristiano con toda La Amardura de Dios

El libro de William Gurnall, El cristiano con toda la armadura de Dios, es sin duda excepcional por varias razones.

En primer lugar este autor puritano editó el material en tres tomos entre 1655 y 1662, dedicando el primero a los habitantes de Lavenham, donde fue rector de la iglesia en ese lugar, en Sufflok, ciudad entonces de unos 1800 habitantes, de los cuales la mitad eran feligreses suyos. Es decir, estamos ante una rareza porque fue profeta en su propia tierra. De hecho, las evidencias indican que vivió y murió a 50 km de su lugar de nacimiento, y salvo el pastorado y su vida familiar tras casarse con Sarah Mott, con la que tuvo diez hijos en sus 35 años de matrimonio sabemos pocas cosas de este escritor, de no ser por esta gran obra literaria que en vida del autor acumuló seis ediciones. Por otro lado, es uno de esos personajes que a pesar de tener mala salud, centró todos sus esfuerzos en servir a Dios en la iglesia local, dejando a un lado otros compromisos cuando empezaron a conocerle por la relevancia de sus predicaciones, llegando incluso a rechazar una invitación para predicar ante la Cámara de los Comunes en Londres. Gurnall vivió como puritano una vida celosa guardando las enseñanzas de la Palabra de Dios, y abrazando las doctrinas de la Reforma que seguían convulsionando Europa.

Las recomendaciones a la obra de Gurnall durante décadas llegan de hombres como John Newton, quien después de la Biblia tenía este libro como favorito, J. C. Ryle, o Charles Haddon Spurgeon, quien decía que “tiendo a pensar que habrá sugerido más sermones que ningún otro volumen no inspirado. A menudo he recurrido al mismo cuando mi propio fuego ardía bajo, y pocas veces he dejado de encontrar algún carbón encendido en el hogar de Gurnall”. Por todo esto, esta versión abreviada de la obra original, es una buena manera de buscar textos en tiempos próximos a la Reforma de autores con grandes convicciones morales y fuego del Espíritu.

No sé si este libro sirvió como inspiración a C.S. Lewis, cuando escribió Cartas del diablo a su sobrino, donde un diablo experimentado enseñaba las malas artes como tentador y acusador a un joven aprendiz en un tono irónico, pero también Gurnall con mucha sabiduría consigue discernir el comportamiento humano, y en esa línea destila una comprensión poco común de la forma en la que Satanás intenta derribar al cristiano de múltiples formas.

La guerra espiritual tratada con equilibrio y de la que deberían aprender algunos de los supuestos nuevos teólogos neuróticos actuales, fue seguida en momentos históricos complejos e ilumina nuestra experiencia cristiana hoy.

Esta edición recoge de forma resumida los tres libros originales de Gurnall en un solo volumen con un lenguaje actual bien revisado, algo que no es fácil encontrar cuando tratamos obras algo lejanas en el tiempo y es por este motivo que hay que felicitar a la Editorial Peregrino y el Estandarte de la Verdad. Es un libro que a pesar de su extensión se lee con relativa facilidad, y donde destaca el lenguaje para ser soldados en base al texto de Efesios sobre la armadura del cristiano que con ese tono de alerta recorre la Biblia, para mostrar la forma en la cual debemos velar ante las asechanzas de Satanás y sus huestes.

La primera sección que corresponde al primer tomo: Es una llamada al valor y servicio siendo fuertes en el Señor explicando el motivo por el que el cristiano debe armarse, mientras razona cómo es nuestro enemigo y la naturaleza de esta batalla espiritual. No es el momento de dormirse, vivimos para luchar siempre al igual que Satanás está a nuestro alrededor habitualmente buscando a quien devorar (1 P. 5:8). En palabras del autor: “Todo soldado está llamado a una vida de servicio activo, igual que el creyente. La misma naturaleza de ese llamamiento excluye una vida ociosa. Si pensabas ser soldado de verano, considera con cuidado tu comisión” (pág. 46). “En el presente debes vestir el traje de reglamento día y noche. Has de andar, trabajar y dormir con él puesto… Y si ese tentador descarado vigiló tan de cerca a Cristo, ¿no te parece que también te acechará a ti, esperando tarde o temprano sorprenderte con las virtudes dormidas” (pág. 86-87).

La segunda sección que contiene el resumen del segundo tomo:Describe la armadura del cristiano enfatizando la necesidad de un corazón sincero, es necesaria integridad cuyas deficiencias cubre el amor de Dios. En esta parte nos adentramos en la importancia de la santidad, cuestión que caracterizó muchos de los mensajes de los autores puritanos que aspiraban a vivir conforme a la voluntad de Dios en todo. Aquí también se muestra la importancia del evangelio, un mensaje tan grande como bueno, en palabras de Gurnall: “El evangelio trae promesas que anuncian el bien que Dios tiene reservado para los pecadores, mientras que las amenazas son la lengua nativa de la ley. La ley no puede hablar más que juicio para los pecadores; pero el evangelio de la gracia de Cristo les sonríe y alisa las arrugas de la frente de la ley” (pág. 478).

La tercera sección, vinculada al tercer tomo: Continúa desarrollando más elementos de la armadura, exhortándonos porque como se menciona en la segunda sección: “Vivimos en una época crucial. El que esté tan preocupado por proteger su nombre que no tolere sufrir por Cristo ni soportar el barro lanzado por las malas lenguas contra él, tendrá que buscar su propio camino al Cielo… Los reproches externos se pueden soportar y llevar triunfalmente como una corona, si no tienes que luchar con una conciencia que te reproche desde dentro” (pág. 380).

Sólo podemos decir, que este libro es una joya literaria evangélica y que la edición que presentamos tiene todo nuestro respeto por su calidad. Puede solicitarse por Internet siguiendo este enlace: 

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Tratado de Teología

Reseña 49

El Tratado de Teología de Thomas Watson es una de las obras más valiosas de entre los incomparables escritos de los puritanos; y aquellos que mejor la conocen más la aprecian. Watson fue uno de los más concisos, animados, ilustrativos y sugestivos de aquellos eminentes teólogos que hicieron de la era puritana el periodo más excelente de la literatura evangélica. A través de todas sus obras podemos ver una feliz unidad entre la sana doctrina, el examen de conciencia y la sabiduría práctica, y este libro sobresale del resto en utilidad para es estudiante y el ministro.

“Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe” (Colosenses 1:23)

Este libro basado en el Catecismo Menor de la Asamblea de Westminster, donde se recogen y exponen, en forma de preguntas y respuestas, los principios más importantes del cristianismo, diseminados por toda la Escritura. Este catecismo no tiene igual por la «escueta exactitud de las definiciones» y por el «desarrollo lógico» de los fundamentos.

Thomas Watson trata de las principales verdades doctrinales y prácticas de la fe cristiana. Watson transmite su riguroso conocimiento doctrinal y práctico de la verdad en un estilo tan original, conciso, expresivo, mordaz, animado, rico e ilustrativo que se le considera por ello el más leíble de los puritanos.

Es para Watson una necesidad que los cristianos esten bien instruidos en el campo tanto doctrinal como teológico. Es por esto mismo que expone varias ideas en su exposición en este Tratado de Teología:

1 ) ES DEBER DE LOS CRISTIANOS ESTAR FIRMES EN LAS DOCTRINAS DE LA FE.

  • a) La gran finalidad de la Palabra predicada es llevarnos a la estabilidad en la religión.
  • b) Estar firme en la religión es tanto el signo de excelencia como la honra del cristianismo.
  • c) Los que no están firmes en las doctrinas de la fe jamás sufrirán por ella.
  • d) No estar firme en las doctrinas de la fe es una provocación a Dios.
  • e) Si no estás firme en la religión, jamás creceras.
  • f) Tenemos una gran necesidad de estar firmes, por tantas cosas como hay que nos perturban.

2) LA SEGUNDA PROPOSICIÓN ES QUE LA MANERA COMO LOS CRISTIANOS PUEDEN ESTAR FIRMES ES ESTANDO BIEN FUNDADOS.

  • a) De que deberíamos estar fundados en el conocimientos de los principios esenciales.
  • b) Este fundamento es la mejor forma de estar firmes: “Fundados y firmes”.

Tratado de Teología 1

ÍNDICE

Breve nota biográfica acerca de Thomas Watson 7

Un discurso preliminar a la enseñanza de la doctrina 19

I. Introducción 1. El fin principal del hombre 28

2. Las Escrituras 61

II. Dios y su creación 1. El ser de Dios 82

2. El conocimiento de Dios 109

3. La eternidad de Dios 118

4. La inmutabilidad de Dios 127

5. La sabiduría de Dios 136

6. El poder de Dios 147

7. La santidad de Dios 156

8. La justicia de Dios 165

9. La misericordia de Dios 174

10. La verdad de Dios 184

11. La unidad de Dios 192

12. La Trinidad 201

13. La creación 208

14. La providencia de Dios 218

III. La Caída

1. El pacto de las obras 233

2. El pecado 240

3. El pecado de Adán 249

4. El pecado original 257

5. La desgracia del hombre por la Caída 269

IV. El pacto de gracia y su Mediador

1. El pacto de gracia 280

2. Cristo, Mediador del pacto 292

3. El oficio profético de Cristo 300

4. El oficio sacerdotal de Cristo 310

5. El oficio regio de Cristo 335

6. La humillación de Cristo en su encarnación 344

7. La exaltación de Cristo 363

8. Cristo, el Redentor 372

V. La aplicación de la redención

1. La fe 382

2. El llamamiento eficaz 391

3. La justificación 401

4. La adopción 410

5. La santificación 425

6. La seguridad 442

7. La paz 460

8. El gozo 470

9. El crecimiento en la gracia 481

10. La perseverancia 491

VI. La muerte y el día final

1. La muerte de los justos 511

2. El privilegio del creyente al morir 520

3. La resurrección 538

BREVE NOTA BIOGRÁFICA DE THOMAS WATSON

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Tratado de Teología 2

El conocimiento del Dios Santo

Reseña 47

Oseas 4:6 nos enseña que “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. Esto no solo aplica a la falta de conocimiento de Su ley sino también a la falta de conocimiento de la persona de Dios. Dios nos dio Su Palabra para que le conociésemos, y es la principal forma de así hacerlo. Pero Él también dio sabiduría para que algunos hombres pudieran escribir sobre ese tema. Con más de un millón de copias vendidas solo en los Estados Unidos, El conocimiento del Dios Santo es considerado uno de los clásicos de la literatura cristiana, probando que J.I. Packer es uno de estos hombres dotados por Dios.

Cada capítulo de esta obra describe un atributo de Dios, lo que nos permite quedarnos meditando en las diversas características de nuestro Dios.

Su inmutabilidad. Todos sabemos que Dios no cambia, pero ¿qué significa eso para la vida del cristiano? Packer nos explica:

Jamás se vuelve menos veraz, menos misericordioso, menos justo, menos bueno de lo que una vez fue. El carácter de Dios es hoy, y lo será siempre, exactamente lo que fue en los tiempos bíblicos (100).

No solo su carácter no cambia: Su verdad no cambia, Sus propósitos no cambian, Su amor no cambia, Su fidelidad no cambia. Toda Su persona es eternamente inmutable, lo que nos lleva a confiar plenamente en Él.

Su verdad. Su Palabra es verdad. Dios se ha comunicado con nosotros a través de toda la historia, y el instrumento principal es mediante Su Palabra:

Dios, nuestro Hacedor, nos conoce antes que digamos nada; pero nosotros no podemos conocerlo Él a menos que se nos dé a conocer. Aquí, por lo tanto, tenemos una nueva razón de por qué Dios nos habla: no solo para movernos a hacer lo que Él quiere, sino para hacer posible que lo conozcamos a fin de que podamos amarlo (142).

Su amor. Es el atributo más conversado y  más mal entendido, tanto por los no creyentes como por los creyentes. Decimos con frecuencia que Dios es amor, pero olvidamos que Su amor, al igual que sus demás atributos, es santo. Tenemos que entender qué es realmente el amor de Dios de una manera bíblica:

El amor de Dios, como se refleja en la Biblia, jamás lo conduce a cometer acciones necias, impulsivas o inmorales, como ocurre con el amor humano…El amor de Dios es severo, porque es expresión de santidad en el que ama y procura la santidad de aquel que es amado (194;158).

Su ira. Packer llama la atención a que una de las cosas más notables sobre la Biblia es el vigor con que ambos Testamentos destacan la realidad y el terror de la ira de Dios. Una mirada a la concordancia nos revelará que en las Escrituras hay más referencias al enojo, al furor y la ira de Dios, que a su amor y su benevolencia (192).

Por esto Dios envió a Su Hijo, para librarnos de Su ira:

Entre nosotros los pecadores y las tormentosas nubes de la ira divina está ubicada la cruz del Señor Jesucristo (201).

¿Conoces tú a tu Dios?

¿Quieres saber qué tanto conoces a Dios? Revisa tu contentamiento, ya que la medida de nuestro contentamiento es uno de los elementos mediante el cual podemos juzgar si realmente conocemos a Dios (40). Dicho de otra manera: mientras menos gozo tengo, menos conozco a mi Dios.

Una vez que comprendemos que el propósito principal para el cual estamos aquí es el de conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida encuentran solución por sí solos (43).

Lo que hace de El conocimiento del Dios santo un libro tan especial es la increíble capacidad que tiene de apuntar más allá de sí mismo; de levantar nuestros ojos de sus letras a nuestro Creador. Así, con el favor de Dios, podemos hacer nuestras las hermosas palabras de Jeremías:

No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza;  mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor”, Jeremías 9:23-24.

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El Conocimiento del Dios Santo 2

Alegría Indestructible

 

Reseña 43

¿Cómo podemos estar seguros de Jesús?

A mediados del siglo pasado el escritor británico C.S. Lewis lo expresó de manera increíblemente acertada:

“Un hombre que fuera simplemente un hombre y que dijera las cosas que Jesús decía no sería un gran maestro de moral. O sería un lunático —como el que dice que es un huevo pasado por agua— o sería el diablo del infierno. Podemos encerrarlo por loco, podemos escupirle y matarlo por demonio, o podemos caer rendidos a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero dejémonos de tonterías condescendientes de que era un gran maestro humano. Él no nos dejó abierta esa posibilidad,. no era ésa su intención.”

En otras palabras, a Jesús no se le puede domesticar, aunque la gente lo intente constantemente. Este hombre parece tener algo para todo el mundo, así que cada uno elige aquello que le sirva para demostrar que está de su parte. En todos los lugares de la tierra tener a Jesús de tu parte se considera como algo bueno; pero no al Jesús original, sin adaptar ni domesticar, sino a la versión revisada de Jesús que encaja dentro de nuestra religión, de nuestra plataforma política o de nuestro estilo de vida.

Es curioso que, de entre las personas que no siguen a Jesús como su Señor y Dios, casi ninguna quiera decir nada malo sobre él. Lo mismo ocurre con las cruces: son bonitas para lucir como joyas, pero nadie quiere morir en una. Las únicas cruces que quiere la gente son las domesticadas. Por tanto, tiene sentido que resulte peligroso creer en un hombre que calculó toda su vida para morir en una cruz.

¿Podemos conocerlo como él era —y es— de verdad? ¿Cómo podemos llegar a conocer a una persona que vivió en la tierra hace dos mil años, uno que afirmó haber resucitado de entre los muertos con vida indestructible y que, por consiguiente, vive hoy? Algunos dicen que no se puede. El Jesús verdadero está enterrado en la historia, dicen, y no podemos tener acceso a él. Otros no son tan escépticos. Creen que el relato bíblico de la vida de Jesús es fiable, y que sus primeros intérpretes, como el apóstol Pablo, son más dignos de confianza que los críticos de hoy en día.

Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que el retrato bíblico de Jesús es verdadero? La gente sigue dos caminos en busca de tierra firme bajo los pies de la fe. Uno es el camino de la concienzuda investigación histórica para probar la autenticidad del relato histórico. Yo seguí ese camino durante mis años de formación en el seminario, en mis estudios de postgrado y en el tiempo en que daba clases en la universidad. A pesar de
los desafíos que experimentó mi fe durante esos años, la convicción de que existían buenas razones para creer en los documentos del Nuevo Testamento relativos a Jesús nunca se debilitó. En la actualidad disponemos de una gran cantidad de libros muy interesantes —tanto eruditos como populares— que dan apoyo a esta convicción.

Pero yo ya no soy profesor universitario; soy pastor. Todavía le doy valor al camino de la investigación histórica académica. De hecho, me apoyo en ella con frecuencia. Sin embargo, me doy cuenta de que la gran mayoría de las personas del mundo nunca tendrá ni el tiempo ni las herramientas necesarios para rastrear todas las pruebas de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento. Si Jesús es el Hijo de Dios, si murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos, y si Dios tenía la intención de que la gente, dos mil años después, tuviera una fe bien fundada, entonces tiene que haber otro camino, aparte de la rigurosa investigación histórica académica, que nos lleve a conocer al verdadero Jesús.

Hay otro camino. Es el que se va a seguir en este libro. Empieza con la convicción de que la verdad divina puede autentificarse a sí misma. De hecho, resultaría bastante extraño que Dios se revelara a sí mismo en su hijo Jesucristo e inspirara el relato de esa revelación en la Biblia, pero que luego no proporcionara una manera para que la gente corriente conozca dicha revelación. En términos sencillos, el camino común para un conocimiento seguro del verdadero Jesús es éste: Jesús, tal y como se revela en la Biblia, tiene una gloria —una excelencia, una belleza espiritual— que por sí misma evidencia que es verdadera. Es como ver el sol y saber que es luz, y no oscuridad, o como probar la miel y saber que es dulce, y no amarga. No existe una larga cadena de razonamientos desde las premisas hasta las conclusiones, sino una percepción directa de que esta persona es verdadera y de que su gloria es la gloria de Dios.

El apóstol Pablo describió este camino hacia el conocimiento de Jesús en 2 Corintios 4:4-6:  … el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo .

Pablo nos dice que Dios ilumina nuestros corazones (como en la obra de la creación) para que percibamos el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Se está refiriendo a personas que jamás han visto al Jesús histórico. ¿Cómo pueden conocerle y estar seguros de él? Lo que “ven” es la descripción verbal de Jesús en el evangelio, es decir, en la predicación apostólica de Cristo. Esta descripción, dice Pablo, acompañada por el resplandor de Dios en nuestros corazones, se nos manifiesta como lo que es de verdad: la gloria de Dios en Jesucristo, o la gloria de Cristo la imagen de Dios.

Alegría Indestructible 3

Vemos que hay dos cosas que hacen que este camino sea posible. Una es la realidad de la gloria de Jesucristo resplandeciendo a través de su descripción en la Biblia. La otra es la obra de Dios para que los ojos de nuestro cegado corazón se abran y puedan ver su gloria. No es que Dios nos “diga” que la Biblia es verdadera, sino que nos capacita para ver lo que se encuen-tra en ella. Hay una gran diferencia. Si Dios nos susurrara al oído que el Jesús de la Biblia es verdadero, entonces ese susurro tendría la autoridad final, y de él dependería todo lo demás. Pero ése no es el camino que yo veo en la Biblia, ni el camino que yo sigo. Por el contrario, Jesús mismo, y su descripción en la Biblia, de inspiración divina, tienen la autoridad final.

La consecuencia práctica de este camino es que no te pido que ores para recibir un susurro especial de parte de Dios que te ayude a decidir si Jesús es real. Lo que te pido es que mires al Jesús de la Biblia. Míralo. No cierres los ojos esperando una palabra de confirmación. Mantén los ojos abiertos y llénalos de la descripción completa de Jesús que te ofrece la Biblia. Si llegas a confiar en Jesucristo como Señor y Dios, será porque ves en él una gloria y una excelencia divinas que son sencillamente lo que son: la verdad.

Este camino se denomina a veces “el testimonio del Espíritu Santo”. Los catecismos antiguos lo expresan de la siguiente manera: El Espíritu de Dios, dando testimonio por y con las Escrituras en el corazón del hombre, es por sí solo totalmente capaz de con-vencerlo de que son la Palabra misma de Dios. Es importante notar que el Espíritu convence por y con las Escrituras. No rodea las Escrituras y las sustituye por revelaciones privadas acerca de las Escrituras. Quita la ceguera de la hostilidad y la rebelión, y así abre los ojos de nuestro corazón para ver el brillo autoevidente de la belleza divina de Cristo.

Por lo tanto, lo que se intenta hacer en este libro es poner de manifiesto el retrato bíblico de Jesús. No he intentado argumentar a su favor desde un punto de vista histórico; eso ya lo han hecho otros autores mejor de lo que podría hacerlo yo, y me gozo con sus trabajos. He tratado de ser fiel a lo que la Biblia dice realmente sobre Jesús. Aunque mi manera de escribir, comparada con la Escritura misma, deje mucho que desear, espero que leer estos trece capítulos sea como ver un diamante a través de trece facetas diferentes. La Biblia misma es la única descripción autorizada del diamante de Jesucristo, así que espero que después de leer este libro, el lector acuda a la Biblia. Por eso he saturado estos breves capítulos con citas de las Escrituras.

Espero que este libro sea útil tanto para los creyentes como para los no creyentes. Le pido a Dios que lo use para despertar a los no creyentes y que puedan ver la grandeza y la gloria de Jesucristo, que se autentifican a sí mismas. Y es mi oración que les sirva a los creyentes para que puedan ver la excelencia de Cristo de forma aún más dulce.

Así, el subtítulo del libro se haría realidad: Ver y saborear a Jesucristo. Cuando vemos a Jesús como él es de verdad, lo saboreamos. O lo que es lo mismo, nos deleitamos en él porque es verdadero y hermoso, y nos llena por completo. Ése es mi objetivo, porque hay dos cosas que se dan cuando se experimenta a Cristo de esta manera: él recibe el honor, y el gozo nos hace libres a nosotros para poder andar el angosto camino del amor. Cuanto más nos satisfacemos en Cristo, más se glorifica él en nosotros. Y cuando nos satisfacemos en él, somos crucificados para el mundo. Así, viendo y saboreando a Cristo se multiplicarán los espejos de su presencia en el mundo. Como dijo el apóstol Pablo: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18). Al contemplar, se llega a ser. Ver a Cristo salva y santifica.

Alegría Indestructible 1

Ya que todo esto, como dice Pablo, viene del Espíritu, he incluido una oración al final de cada capítulo. La acción del Espíritu en nuestra vida es fundamental. Y Jesús dijo: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:13). Me uno en oración a vosotros, lectores sinceros, para pedir medidas más grandes y más llenas de la acción del Espíritu en nuestras vidas. Al mirar a Jesús, que Él nos conceda ver y saborear la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Te invito a que te unas a mí en esta búsqueda seria del gozo eterno, bien fundado y que produce amor. Todo está en juego. En la vida no hay nada más importante que ver a Jesús como él es de verdad y saborear lo que vemos por encima de cualquier otra cosa.

 

Índice

Agradecimientos 7

Prefacio: ¿Cómo podemos estar seguros de Jesús? 9

1 Ver y saborear la gloria de Dios: El fin último de Jesucristo 17

2 Jesús es la gloria de Dios: La deidad de Jesucristo 25

3 El León y el Cordero: La excelencia de Jesucristo 33

4 El gozo indestructible: La alegría de Jesucristo 39

5 Las olas y los vientos todavía conocen su voz: El poder de Jesucristo 47

6 He aquí más que Salomón en este lugar: La sabiduría de Jesucristo 55

7 La gloriosa pobreza de una mala reputación: La profanación de Jesucristo 63

8 El sufrimiento incomparable: La angustia de Jesucristo 71

9 La gloria de rescatar a los pecadores en vez de eliminar a Satanás: El sacrificio salvador de Jesucristo 79

10 La riqueza encarnada de la compasión de Dios: Las misericordias de Jesucristo 87

11 El lado duro: La severidad de Jesucristo 97

12 Vida invencible: La resurrección de Jesucristo 107

13 La aparición de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador: La Segunda Venida de Jesucristo 115

Conclusión: La reconciliación con Dios a través de Jesucristo 121

* Editorial Andamio 2005. – 121 pp. Rústica

 

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Alegría Indestructible 2

 

¿Qué es la Teología Reformada?

Qué es la teología reformada

¿Qué es la Teología Reformada?
R.C. Sproul

Has escuchado acerca de la teología reformada, pero no estás seguro de lo que es. Algunos comentarios han sido positivos, otros negativos. Parece ser importante y te gustaría saber más. Y quieres una explicación completa, no algo simplista..

¿Qué Es la Teología Reformada? No es un libro académico, sino una introducción accesible a las creencias que han sido inmensamente impactantes en la iglesia cristiana a través de toda su historia. En este libro revelador, R. C. Sproul te mostrará los fundamentos de la doctrina reformada y te explicará cómo las creencias reformadas están centradas en Dios, basadas en Su palabra y comprometidas con la fe en Jesucristo. Te mostrará claramente la realidad de la inmensa gracia de Dios.

“Sproul no solo tiene un entendimiento increíblemente amplio sobre la teología reformada, sino que también tiene la habilidad para explicar teología compleja de una manera tanto interesante como entendible… Este es un gran libro de R. C. Sproul en su mejor punto: defendiendo la pureza del evangelio”. – Tim Chales, pastor, autor y reseñador de libros para World Magazine

240 pp. Rústica
Ref. 1949 – 13,99 €

Cómo Jesús transforma los Diez Mandamientos

Reseña 36

Edmund P. Clowney (1917 – 2005) fue Profesor Emérito de Teología Práctica en Westminster Theological Seminary de Filadelfia, puesto que ocupó por espacio de más de tres décadas, siendo durante dieciséis años presidente del seminario. Autor de varios libros, destaca de forma muy particular el renombrado The Unfolding Mystery: Discovering Christ in the Old Testament.

“No penséis que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento”.

Estas palabras de Jesús resultan extrañas, incluso incompatibles con el evangelio de la gracia, a muchos cristianos que se sienten condicionados a recalcar nuestra libertad de la ley. Si Jesús no anuló la ley, entonces ¿qué opinión deberíamos tener hoy en día acerca de los Diez Mandamientos?

Clowney explica cómo Jesús refuerza la ley y expande su alcance a cualquier situación de la vida. Sin embargo, va más allá y encuentra a Cristo en la ley y muestra cómo la cumple para su pueblo. De este modo, los creyentes aprenderán no solo del carácter de Dios revelado en la ley, sino también del evangelio centrado en Cristo.

Este libro, dividido en once capítulos, con preguntas para la reflexión y aplicación, es un recurso perfecto para el estudio en grupo y el crecimiento individual.

Este libro pertenece a la categoría TEOLOGÍA BÍBLICA.

Cómo Jesús 2

Sobre este libro nos cuenta el mismo autor:

“Cada verano en el suroeste de Filadelfia, donde me crié en una casa adosada antes de los días en los que había aire acondicionas asistí al programa infantil de verano en la iglesia Westminster Prebyterian Church. Allí, cuando tenía diez años, me esforcé por memorizar el Catecismo Menor de Westminster para que me diesen la Biblia de Estudio Scofield, ¡que tenía la cubierta de cuero de verdad! La utilicé durante años y aprendí mucho a través de las notas. Pero al leer y estudiar esa Biblia, encontré una nota confusa sobre el Padre Nuestro. Decía que no debía orar el Padre Nuestro porque no era para la era de la iglesia. Si la utilizaba, estaría orando sobre “la base de la ley”. Esta oración se dio únicamente para el reinado de Cristo en el milenio, cuando los cristianos se hallen de nuevo bajo la ley. Solo entonces podrá ser posible que nuestros pecados sean perdonados sobre la base de que nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Este consejo no me pareció correcto. Después de todo, acababa de memorizar todas las preguntas del Catecismo Menor sobre la ley de Dios y el Padre Nuestro. El catecismo daba por sentado que yo aún tenía que tomarme en serio los mandamientos de Dios. Pregunta 42: “¿Cuál es el resumen de los Diez Mandamientos?”. Respuesta: “El resumen de los Diez Mandamientos es: Amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a nosotros mismos”. El catecismo también recomendaba conocer el Padre Nuestro. En relación a perdonar a los demás, el catecismo me había enseñado: “rogamos que Dios, por causa de Cristo, nos perdone gratuitamente todos nuestros pecados; y somos estimulados a pedir esto, porque por su gracia, somos capacitados para perdonar a otros con sinceridad de corazón”) Me quedé dándole vueltas a la pregunta: ¿Qué lugar ocupan los Diez Mandamientos hoy en día en la vida cristiana?

La Biblia Scofield y su influencia

Hasta la publicación de la Biblia de Estudio Scofield, las formulaciones doctrinales, con ayuda de los textos que las justifican, habían dado forma a la mayoría de Biblias de estudio. Sin embargo, la Biblia Scofield, prestaba atención a la historia bíblica y las épocas o períodos en la revelación de Dios. Debido a que tenía diez años, no entendía las diferencias entre el Dr. Scofield y los hombres que redactaron el catecismo al que tanto esfuerzo había dedicado a memorizar. La Biblia Scofield enseñaba el dispensacionalismo, daba énfasis a las diferencias entre los períodos de la historia bíblica. De hecho, la idea de los períodos o eras tenía que ver con los estándares de Westminster,  ya que los miembros de la asamblea de Westminster recalcaron los períodos de la historia de salvación, incluso usaron la palabra “dispensación”. La Confesión de Westminster distingue entre el pacto de las obras, hecho con Adán en el huerto del Edén, y el pacto de la gracia “según el cual Dios ofrece libremente a los pecadores vida y salvación por Cristo…”.

La gracia de Dios fluye a través del Antiguo y del Nuevo Testamento como una corriente constante e inagotable. No obstante, Dios estableció el pacto de la gracia de manera diferente en el tiempo de la ley y en el tiempo del evangelio. La Confesión incluye un capítulo sobre los pactos de Dios donde dice: “No hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones”. La Confesión reconoce que Dios establece el camino de salvación en momentos concretos y usa la palabra “dispensación” en el sentido de “establecimiento”.

Respecto a esta cuestión, J. Nelson Darby, un eruditchl de las Asambleas de Hermanos en Inglaterra, fue aún más lejos que la asamblea de Westminster. Enseñó que las dispensaciones diferían en sustancia y que, por tanto, los distintos períodos de tiempo ofrecían diversos medios de salvación. Según la perspectiva de Darby, el pacto mosaico era uno de obras: si cumplías la ley bajo esta dispensación, obtendrías la salvación. El pacto con Abraham, por el contrario, era un pacto de promesa. Esta es la perspectiva más radical de las diferentes “eras” que descubrí al leer la Biblia Scofield. De acuerdo con este enfoque, los autores del Antiguo Testamento no podían vislumbrar la “era de la iglesia”. Su tiempo de profecía terminó al comenzar la era de la iglesia. Cuando los judíos rechazaron a Jesús, empezó un paréntesis en la historia de la profecía. El pacto de la ley se suspendió y solo volverá cuando Jesús retorne en el milenio, momento en el cual la salvación se obtendrá de nuevo por las obras: por la obediencia a Cristo, que reinará en el trono de David.

Esta lectura de las Escrituras se ha denominado la perspectiva “dispensacional”. Este punto de vista enfatiza las diferencias entre cada era. Aunque muchos la han rechazado (ya que presenta algunos peligros, como veremos), fue útil para muchos cristianos ya que les dio la valiosa sensación de que Biblia presenta una cosmovisión. Para leer la Biblia de forma correcta, uno ha de entender su estructura global. A medida que maduré en mi propia fe, llegué a comprender que no todo el mundo veía la estructura de la Biblia de la manera en la que la Biblia Scofield la presentaba. Muchos argumentaron con contundencia que la gracia siempre debe ser el origen de nuestra salvación. Con el paso del tiempo, un gran número de maestros dispensacionalistas empezaron a cambiar su opinión respecto a la de Darby en lo que se refiere a este punto crucial.

Cómo Jesús 1

Diálogo reformado-dispensacional

Hoy en día este tema parece que ha pasado de moda. Muchos cristianos no conocen lo que significa la palabra “dispensacional” o la importancia que aún tiene en nuestro modo de ver el mundo. Sin embargo, ha ejercido una gran influencia en la opinión que tienen los cristianos de la ley en concreto, pero también, de otros aspectos de la vida cristiana. Hubo una época en la que los dispensacionalistas y los cristianos reformados no tenían mucho tiempo para ocuparse los unos de los otros. No obstante, en los últimos años, han encontrado más puntos de coincidencia.

Un gran número de dispensacionalistas se ha dado cuenta de que la gracia siempre debe ser parte de la salvación y ya no enseñan que la salvación era por obras en el Antiguo Testamento. Esta comprensión ha abierto un diálogo con los seminarios reformados, que siempre se han opuesto con fuerza al dispensacionalismo en este punto. Otro factor que favorece el diálogo es la creciente apreciación de la teología bíblica en los seminarios reformados. Los pensadores reformados se han dado cuenta de que la Biblia no es como un diccionario. La Biblia incluye historias y todas estas historias están unidas en una, la historia global. De este modo, cuando los dispensacionalistas afirman que la gracia de Dios es el origen de la salvación en ambos Testamentos y cuando los pensadores reformados enseñan acerca de la historia de salvación, ambos grupos se unen para apreciar las riquezas desplegadas en la revelación de Dios en las Escrituras.

La “teología bíblica” es el término que ahora usamos en el sentido especial de la teología que no solo es bíblica, sino que se extrae de la historia de la revelación en la Biblia. La Confesión de fe de Westminster y los Catecismos Mayor y Menor siguieron el método temático que comenzaba con la pregunta: “¿Cuál la finalidad principal de la existencia del hombre? La finalidad principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre”. La enseñanza de la Biblia se resume de forma temática de la siguiente manera: “Las Escrituras principalmente enseñan lo que el hombre debe creer respecto a Dios y los deberes que Dios exige al hombre”.

En cambio, la teología bíblica resume la enseñanza de la Biblia siguiendo la historia de la revelación de Dios en los períodos o épocas de la obra de Dios en la creación y en la redención. La a lo que teología bíblica sigue la historia de la Biblia en lugar de los temas únicame que se encuentran en la Biblia. Como disciplina de estudio, la también teología bíblica llegó a Estados Unidos desde Europa, en concreto no solo c desde Alemania y los Países Bajos. En el Seminario de Princeton, significad Geerhardus Vos (1862-1949) enseñó esta disciplina a los alumnos que después la expusieron en el Seminario de Princeton y en el Por eje, de Westminster.

Cómo Jesús 3

La historia interminable

Desde el libro de Génesis en adelante, la Biblia sigue la historia de la simiente de la promesa: el hijo de la mujer que ha de venir para por fin aplastar la cabeza de la Serpiente. Para poder descubrir la historia de la redención en la historia bíblica debemos reconocer los periodos o épocas de esa historia. El dispensacionalismo reconoció de manera correcta que existían diferencias entre esos periodos. Sin embargo, falló al permitir que las diferencias rompiesen la continuidad de la historia del pacto.

He mencionado las diferencias entre la Biblia Scofield y el Catecismo de Westminster, pero mi pregunta original aún se mantiene. ¿Qué papel desempeña la ley en la historia de la redención? Si la ley de Moisés no ofrece la salvación por las obras, ¿cómo prepara el camino para la venida de Cristo? ¿Por qué Dios demandó obediencia a la ley, si la ley nunca podría acercarnos a él?

Jesús señaló que la ley revelada por Dios en el Antiguo Testamento era en sí misma una especie de profecía, una parte de la historia del pacto. Esa historia, que incluye a la ley, apuntaba a lo que iba a venir. En ese sentido, Jesús cumplió la ley no únicamente al obedecerla de forma perfecta por nosotros, sino también al transformar nuestra compresión de la ley. Cristo no solo obedeció la ley, sino que también mostró su verdadero significado y profundidad.

Por ejemplo, piensa en el Gran Mandamiento: ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” (Mt. 22:37). Jesús transformó tanto este mandamiento como el segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:39). La interpretación de Jesús de esta ley y cómo la aplica a su propia vida es radical. Redefine todo desde el término de prójimo hasta el significado de amar a Dios. El amor de Jesús por el Padre era tan grande que estaba dispuesto a ser maldito por el Padre con el fin de llevar a cabo el plan de salvación para aquellos que el Padré le había dado. El amor de Jesús por su prójimo era tan grande que dio su vida por esos “prójimos” (que le odiaban). Una noción tan profunda y radical de la ley muestra el verdadero requisito de este mandamiento: tomar la cruz y seguirle. Del mismo modo que Jesús transforma el mayor de todos los mandamientos, nos muestra un nuevo nivel de interpretación de toda la ley de Dios. Sin Jesús, no tenemos una verdadera comprensión de la ley.

Jesús transfigura la ley en el monte de la transfiguración

Cuando la gloria de Jesús cegó a Pedro, Jacobo y Juan en el Monte de la Transfiguración, también vieron a Moisés y a Elías hablando con Jesús. Pero ni Moisés (el gran dador de la ley) ni Elías (el profeta más poderoso) dieron ninguna explicación a los discípulos de Jesús. La voz del Padre desde la nube dijo: “Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!” (Marcos 9:7). Jesús no vino a complementar ni a explicar la ley, ni a vivir tan solo por ella. Vino a cumplir la ley en su sentido más profundo. Tenemos que escuchar a Jesús si queremos escuchar la voluntad del Padre. Jesús cumple y transforma toda la ley y todos los profetas. De hecho, ¡él es la nueva ley de Dios!

ÍNDICE

Introducción
1. El Señor del pacto cumple la ley: Jesús y los Diez Mandamientos
2. El primer mandamiento: Un Dios y Salvador
3. El segundo mandamiento: Adoramos la imagen perfecta del Dios invisible
4. El tercer mandamiento: Reverenciar el nombre de Dios
5. El cuarto mandamiento: Descansar en el Señor
6. El quinto mandamiento: La familia de Dios
7. El sexto mandamiento: El Señor de la vida
8. El séptimo mandamiento: La pureza en Cristo
9. El octavo mandamiento: El Señor de la herencia
10. El noveno mandamiento: El Señor, la Verdad
11. El décimo mandamiento: Buscar al Rey y a su reino
12. Conclusión

* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 232 pp.

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Cómo Jesús 2

 

Formación Bíblica de los hijos en el hogar 2

J.C. Ryle

“El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que le dio a luz”. —Proverbios 17:25

Aprenda a decirles “No” a sus hijos. Demuéstreles que puede negarse a aceptar todo lo que usted considera que no es bueno para ellos. Demuéstreles que está listo para castigar la desobediencia, y que cuando habla de castigo, no está sólo listo para amenazar sino también para actuar.

Quiera el Señor enseñarles a todos ustedes qué valioso es Cristo y qué obra poderosa y completa ha realizado en pro de nuestra salvación. Estoy seguro de que entonces usarán todos los medios para traer a sus hijos a Jesús para que vivan por medio de él. Quiera el Señor enseñarles todo lo que necesitan para que el Espíritu Santo renueve, santifique y vivifique sus almas. Estoy seguro de que entonces instarán a sus hijos a que oren sin cesar por tener a Jesús, hasta que ha entrado en sus corazones con poder y los ha convertido en nuevas criaturas. Quiera el Señor conceder esto, y si así sucede, tengo esperanza de que realmente instruirán bien a sus hijos—que los instruirán bien para esta vida y los instruirán bien para la vida venidera, los instruirán bien para la tierra y los instruirán bien para el cielo; los instruirán para Dios, para Cristo y para la eternidad.—J. C. Ryle (1816-1900)

 

Asombrados por Dios

Reseña 37

CAMBIA TU MUNDO POR COMPLETO

JOHN PIPER, por más de 30 años, ha pastoreado en las duras realidades del centro de Mineápolis, predicando a sus oyentes en medio de las altas y bajas de la vida, un domingo a la vez. Al tratar de cautivar a una generación de gozo en una serie final de sermones, Piper vuelve a diez verdades fundamentales que desea hacer resonar en los oídos de sus oyentes. Estas diez verdades hacen temblar al mundo, cada una de ellas en su propia forma. Primero, cambiaron el mundo de Piper. Luego, el de su iglesia. Y continuarán cambiando el inundo mientras el evangelio avance en su anchura y profundidad. Estas doctrinas sorprendentes, como escribe Piper, son «salvajemente indomables, explosivamente incontenibles y eléctricamente creadoras del futuro».

¿Asocias las palabras asombro y compasión con la palabra doctrina? Yo sí. Y no solo esas palabras, sino también alegría, vida y esperanza. Doctrina significa «enseñanza». En algunas ocasiones, se utiliza para referirse a grupos de enseñanza que pertenecen a un grupo religioso, pero cada vez que la palabra doctrina aparece en la Biblia, se traduce de la palabra ordinaria para enseñanza.  Entonces, cuando Jesús observó que la multitud era «como ovejas sin pastor», Marcos nos declara que tuvo compasión de ellos «comenzó a enseñarles muchas cosas» (Mar. 6:34). La compasión de Jesús produjo enseñanza: doctrina. Esto es lo que Jesús hizo más que cualquier otra cosa: El enseñó. «Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando» (Mat. 9:35). Generalmente, la respuesta era asombro. «Al oír esto, la gente quedó admirada de su enseñanza» (Mat. 22:33). El asombro era provocado por la enseñanza, la doctrina, de Jesús. Es sorprendente la forma en que el apóstol Juan hace una conexión entre la doctrina y nuestra relación con Dios.

Él dice:

«Todo el que se descarría y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza sí tiene al Padre y al Hijo» (2 Jn. 1:9). Si atesoramos las verdaderas enseñanzas de Jesús, tenemos a Dios. Esto es asombroso. No en vano, Jesús nos dice que su enseñanza es para nuestra «alegría» (Jn. 15:11) y nuestra «vida» (Jn. 6:68). Y el apóstol Pablo dijo que toda la doctrina de la Biblia es para nuestra «esperanza»
(Rom. 15:4).

Así que, al acercarme al final de mis 33 años como pastor en la Iglesia Bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota, consideré que sería bueno mirar hacia atrás y analizar las doctrinas: las asombrosas, compasivas, vivificantes, alegres y esperanzadoras enseñanzas que mantienen todo unido. Eso es lo que hice en mis últimos sermones en la iglesia. Pienso en ellos como un legado de mensajes. ¿Cuáles eran las principales verdades que deseaba dejar grabadas en la memoria y en la mente de mi gente? Terminé con diez verdades que dieron un giro a mi mundo y al de nuestra iglesia, y continuarán asombrando al mundo entero mientras el evangelio progresa por el poder de Dios. En este libro, quiero guiarte a través de esas diez verdades, así como lo hice con esos sermones finales en Bethlehem. Ciertamente, este libro es un resumen de las principales cosas que traté de impartir durante esos 33 años.

Sin embargo, sería un error leer este libro con nostalgia. Estos mensajes están orientados hacia el futuro. Son para vivir la vida hoy y mañana. En el capítulo 1, explico que el objetivo no era aterrizY el avión después de un vuelo de 33 años en Bethlehem, sino hacer despegar una nueva etapa en la vida de mi gente y en la mía. Estas doctrinas son, como leerás pronto, «indomables, incontenibles y creadoras del futuro». Cada día inicias el resto de tu vida. No tienes obligación con tu pasado. No, si te vuelves a Jesús y crees en sus enseñanzas. No, si estás asombrado por Dios. En cambio, conocerás la verdad, la
doctrina, y la verdad te hará libre (Juan 8:32).

John Piper
Minneapolis, Minnesota
marzo de 2018

Únete a un autor, pastor y conferencista cristiano veterano, mientras él te cautiva con estas diez verdades que te sorprenderán, te llenarán de compasión, te darán vida, despertarán tu gozo y sostendrán tu esperanza, así como lo han hecho para él.

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Asombrados por Dios 2

Cómo Jesús transforma los Diez Mandamientos

Cómo Jesús transforma los diez mandamientos

¿Cómo Jesús transforma los diez mandamientos?
Edmund P. Clowney y Rebecca Clowney Jones

“No penséis que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento”.

Estas palabras de Jesús resultan extrañas, incluso incompatibles con el evangelio de la gracia, a muchos cristianos que se sienten condicionados a recalcar nuestra libertad de la ley. Si Jesús no anuló la ley, entonces ¿qué opinión deberíamos tener hoy en día acerca de los Diez Mandamientos?

Clowney explica cómo Jesús refuerza la ley y expande su alcance a cualquier situación de la vida. Sin embargo, va más allá y encuentra a Cristo en la ley y muestra cómo la cumple para su pueblo. De este modo, los creyentes aprenderán no solo del carácter de Dios revelado en la ley, sino también del evangelio centrado en Cristo.

Este libro, dividido en once capítulos, con preguntas para la reflexión y aplicación, es un recurso perfecto para el estudio en grupo y el crecimiento individual.

ÍNDICE

Introducción
1. El Señor del pacto cumple la ley: Jesús y los Diez Mandamientos
2. El primer mandamiento: Un Dios y Salvador
3. El segundo mandamiento: Adoramos la imagen perfecta del Dios invisible
4. El tercer mandamiento: Reverenciar el nombre de Dios
5. El cuarto mandamiento: Descansar en el Señor
6. El quinto mandamiento: La familia de Dios
7. El sexto mandamiento: El Señor de la vida
8. El séptimo mandamiento: La pureza en Cristo
9. El octavo mandamiento: El Señor de la herencia
10. El noveno mandamiento: El Señor, la Verdad
11. El décimo mandamiento: Buscar al Rey y a su reino
12. Conclusión

232 pp. Rústica
Ref. 1882 – 17,00 €

Lo que los ángeles anhelan leer

Reseña 34

La última frase de 1 Pedro 1:12 ilustra profundamente que la experiencia que tenemos cada vez que abrimos las Escrituras es nada menos que un privilegio celestial, un privilegio que los ángeles no tienen ipero anhelarían disfrutar!

Mark Meynell, con gran maestría, inserta el Nuevo Testamento en la vida. Este libro, que guía al lector por la predicación de Hechos de los Apóstoles, las epístolas y Apocalipsis, además de recurrir a toda una batería de ejemplos trabajados, sermones de muestra y ejercicios personales, ofrece ideas y paradigmas que podrán ayudar incluso a los predicadores más avezados.

El libro que nos ocupa representa ser el tercer volumen de la colección “Taller de Predicación”, colección que hasta la fecha lo componen cuatro obras:

Por supuesto, ni Jesús ni Pablo hicieron lo que este libro pretende hacer para sus lectores. Nunca predicaron del Nuevo Testamento. Nunca lo leyeron tampoco (aunque podamos pensar que Pablo releyó sus cartas dictadas antes de enviarlas, y a veces quizá quisiéramos que, en ciertos lugares, las hubiera editado más a fondo). Aunque parece un pensamiento inusual, creo que vale la pena considerarlo por un momento.
Cuando leemos, predicarnos y enseñamos desde el Antiguo Testamento, estamos manejando lo que Jestiif y Pablo (y todos los apóstoles) sabían con gran profundidad. Tenemos la garantía de que esas Escrituras hablan con autoridad, fueron inspiradas por Dios, escritas para nuestro aprendizaje, provechosas para la instrucción, corrección y enseñanza en justicia, etcétera. Seguimos las claves hermenéuticas de Jesús tras su resurrección en Lucas 24, o por lo menos el patrón de estas, en toda la lev, los profetas y los salmos. Ponemos lo mejor de nosotros para desentrañar la exegesis de Pablo y nos encanta la manera en la que él percibe toda la historia de Dios e Israel en el Antiguo Testamento recapitulada y cumplida en Cristo y que ahora está siendo ampliada a todas las naciones, hacia donde siempre se había dirigido. Dado la significativa proporción de la exposición del Antiguo Testamento en el Nuevo, uno creería que tenemos toda la motivación y buenos modelos de predicación para nosotros mismos. Pero el hecho de que muchos predicadores no saben cómo o encuentran difícil predicar desde el Antiguo
Testamento, justifica necesariamente la edición de este libro, como la del mío, (www.solosanadoctrina.com/tienda/ministerio/722-como-predicar-desde-el-antiguo-testamento.html) Cómo Predicar desde el Antiguo Testamento.
Sin embargo, a pesar de que no vemos a Jesús o a Pablo predicar desde lo que ahora llamamos Nuevo Testamento, ciertamente vemos en ellos algunos modelos maravillosos de comunicación para diversas audiencias. Como este libro hace hermosamente claro, Jesús era un magnífico predicador, profesor, narrador- un comunicador con enorme habilidad y poder. Y Lucas se aseguró de que podamos ver y oír algunos ejemplos clásicos de Pablo predicando, ya sea exponiendo las Escrituras a los judíos, o predicando el mensaje y la verdad de las Escrituras, sin necesariamente citarlas, a los gentiles.
Pero no solo nos proporcionan modelos. Aunque no predicaron del Nuevo Testamento (porque no pudieron), tanto Jesús como Pablo mandaron a sus discípulos a predicar y enseñar lo que eventualmente se convirtió en el Nuevo Testamento. La comisión de Jesús especifica que la tarea de hacer discípulos incluye ‘enseñándoles a obedecer todo lo que yo os he encomendado.’ Y el legado de todo lo que Jesús hizo, enseñó y mandó, se nos ha confiado en los cuatro Evangelios. La pura obediencia misional debe llevarnos a predicar los Evangelios.
Y Pablo instruye a Timoteo a tomar todo lo que de él había aprendido (lo que incluiría el contenido de lo que ahora tenemos en sus cartas) y confiárselo a aquellos que fielmente lo compartirían con otros- por lo tanto, la tarea de predicar las epístolas es, al menos en principio, mandada por Pablo mismo. De manera que, por su ejemplo e instrucción, Jesús y Pablo nos llaman a hacer lo que ellos nunca hicieron- predicar y enseñar esa colección de escritos inspirados que ahora tenemos el privilegio de denominar Nuevo Testamento.
¿Pero por qué deberíamos hacerlo? Quizá la respuesta más concisa a esto, apropiada para un libro de la serie de Recursos de Predicación Langham sea recordar la lógica Langham’ que es un legado del fundador de Langharn Partnership, John Stott. Tenemos tres convicciones bíblicas y una conclusión ineludible, el diría:
Primero Dios quiere que su iglesia madure- no solamente que crezca. Eso quiere decir Dios quiere que su iglesia crezca en madurez en Cristo.
Segundo la iglesia crece a través de la palabra de Dios. Cuando a la iglesia se le alimenta con la palabra, esta crecerá en profundidad y madurez. Cuando no es así, fácilmente caerá en el error o morirá.
Tercero la Palabra de Dios llega a su pueblo principahnente por medio de la predicación. Aunque puede que haya otras maneras en las que los cristianos puedan estudiar la palabra por sí mismos, para muchos creyentes la única forma en la que se alimentan de la Palabra de Dios es cuando alguien más abre la palabra y la predica.
Si estas tres cosas son ciertas, John Stott diría, entonces la pregunta lógica seria: ¿Qué podemos hacer para mejorar el nivel de la predicación bíblica?

Este libro de Mark Meynell jugará sin duda un papel muy significativo para elevar el nivel de la predicación del Nuevo Testamento.

Lo que los angeles anhelan leer 1
Índice
Prólogo 13
Prefacio 17
1. Comprensión del panorama general de la Biblia 21
Sección 1. Predicar sobre los Evangelios y Hechos 53
2. Los desafíos al predicar los Evangelios 55
3. La naturaleza de los Evangelios 63
4. Siguiendo “las pistas” de los Evangelios 69
5. Cuatro rutas desde Jesús hasta nosotros 109
6. Hechos: Trazar el segundo viaje de Lucas 147
Sección 2. Predicar sobre las parábolas 173
7. Predicar las historias de Jesús 177
Sección 3. Predicar sobre las epístolas 217
8. Entender las situaciones particulares de las cartas 221
9. Estudiar los detalles de las cartas 239
Sección 4. Predicar sobre el Apocalipsis 261
10. Acercamiento al libro de Apocalipsis 265
11. El acercamiento a la escritura apocalíptica 279
12. La aplicación del libro de Apocalipsis 299
Conclusión 323
Apéndice 1. Las parábolas de Jesús 327
Apéndice 2. La planificación de series de predicación 331
Apéndice 3. El Milenio 337
Apéndice 4. Citas en el Nuevo Testamento del Antiguo Testamento 341
* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 341 pp.

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Lo que los angeles anhelan leer

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento

Reseña 35

«Todos sufrimos, o sufriremos». O como D.A. Carson lo describe, «todos vamos a sufrir, solo necesitamos vivir lo suficiente».

Timothy Keller, intenta escribir este libro para aquellos que están sufriendo o van a sufrir y usa la imagen del horno de fuego en el libro de Daniel para guiarnos a enfrentar el problema del sufrimiento de una manera conceptual a una más práctica. Cada sección del libro se enfoca en una perspectiva a través de la cual debemos abordar el sufrimiento.

Primero, la visión filosófica, «Conociendo el horno». Aquí, en su típico estilo apologético, Keller busca responder a las inquietudes de aquellos que cuestionan a Dios o a la cosmovisión cristiana. Por supuesto, hace un excelente trabajo describiendo el trasfondo de cada enfoque y argumenta cómo la visión cristiana es la que mejor hace sentido y ofrece la mejor alternativa para enfrentar el sufrimiento. No les voy a mentir, la primera parte es la más difícil de digerir, pero al mismo tiempo trae muchos momentos en los que uno se pregunta: ¿por qué no pensé en esto antes? Excelentemente documentado histórica y académicamente, esta sección nos ayuda a entender mejor las diversas respuestas que hay al sufrimiento y cómo acercar a otros a la visión cristiana.

En la segunda parte, «Enfrentando el horno», el autor navega mucho más cerca de las costas de la teología bíblica. El lenguaje es mucho más sencillo y fundamenta sus argumentos con pasajes bíblicos clave. Una y otra vez se apoya en autores evangélicos (en gran parte reformados) para consolidar sus puntos. Esta sección es lejos la más valiosa para aquellos creyentes que quieran fortalecer sus convicciones y mantener la vista puesta en Jesús, el Dios soberano, el Dios que sufre, y que abre las puertas de la eternidad para dar sentido a nuestro sufrimiento. Además, nos ayuda a mantener una postura bíblica y no subjetiva de manera que entendamos el sufrimiento dentro de los propósitos de Dios y su gloria. Keller escribe: «Jesús no sufrió para que nosotros nunca sufriéramos, sino que para que cuando suframos seamos como Él. Su sufrimiento condujo a la gloria» (199). Aprendemos a poner el sufrimiento en el lugar que le corresponde y así no caer en la culpa o el fatalismo.

Por último, «Caminando con Dios en el horno», responde «cómo, en la práctica, enfrentar y superar el sufrimiento que nos ha sobrevenido» (249). Definitivamente, esta sección es la más pastoral y habla más a los que están actualmente sufriendo que a los que van a sufrir. Lo maravilloso es ver cómo Dios usa las cosas más sencillas para caminar con nosotros en el sufrimiento como el llanto, la gratitud, y la esperanza. Pero, no deja de ser honesto y demuestra que como pastor, e incluso en forma personal (Tim fue operado de cáncer a la tiroides, 350), ha aprendido a caminar con Dios en el horno. En un estilo mayoritariamente devocional, Keller sigue sosteniendo sus posturas por medio de la Escritura y citas de autores tremendamente inspiradoras. Aunque esta tercera parte es la más práctica, cada capítulo termina con una «Historia de vida» o testimonio. Todas son valiosas y no están ahí para rellenar, sino que cada una muestra cómo la perspectiva cristiana ofrece un mejor apoyo para aquellos que han sufrido.

Ya sea que actualmente estés sufriendo o no, este libro es para ti. Pero, no recomiendo la primera sección para aquellos que están sufriendo, te animo a ir a la tercera sección. Al dar un paso atrás y ver el libro completo, aprecio y agradezco cada enfoque; el filosófico, el teológico, y el pastoral, pero creo que por lo mismo es un libro al que hay que volver en diferentes etapas o momentos de nuestro sufrimiento. Recuerdo haber escuchado a C.J. Mahaney hablar de cómo debemos prepararnos y a nuestras iglesias para el sufrimiento antes de que este llegue. Caminar con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, es un recurso indispensable para intentar prepararnos para ese momento y ayudarnos a caminar con Dios cuando más lo necesitemos.

ÍNDICE

Introducción. El estruendo del pánico debajo de todo

PRIMERA PARTE: COMPRENDER EL HORNO
01 >Las culturas del sufrimiento
02 >La victoria del cristianismo
03 >El desafío a lo secular
04 >El problema del mal

SEGUNDA PARTE: ENFRENTAR EL HORNO
05 > El desafío a la fe
06 >La soberanía de Dios
07 >El sufrimiento de Dios
08 >La razón del sufrimiento
09 >Aprender a caminar
10 >Las variedades del sufrimiento

TERCERA PARTE: CAMINAR CON DIOS EN EL HORNO
11 >Caminar
12 >Llorar
13 >Confiar
14 >Orar
15 >Pensar, agradecer, amar
16 >Esperar

* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 552 pp.

 

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Caminar con Dios en el dolor y el sufrimiento 2

 

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento

Keller Caminar con Dios a través de el dolor y el sufrimiento.jpg

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento
Timothy Keller

En este esperado libro, Timothy Keller, cuyo estilo se dirige tanto a los lectores religiosos como a los seculares, explora una de las preguntas más difíciles de la vida: ¿por qué hay tanto dolor y sufrimiento en el mundo? ¿Y cómo lo manejamos de manera que no nos destruya, sino que en realidad pueda hacernos más fuertes y sabios?

Muchos libros intentan explicar el mal y el sufrimiento intelectualmente, mientras que otros ofrecen meras historias inspiradoras. En este libro, Keller intenta unificar las preguntas y experiencias complejas relacionadas con el sufrimiento. Explora el problema filosófico del sufrimiento, después la rica enseñanza bíblica sobre el tema y, finalmente, la experiencia real de tratar con el sufrimiento en términos más prácticos. Servirá como recurso indispensable para todos los que quieran prepararse, o preparar a otros, para afrontar la perspectiva inevitable del dolor y el sufrimiento.

ÍNDICE

Introducción. El estruendo del pánico debajo de todo

PRIMERA PARTE: COMPRENDER EL HORNO
01 >Las culturas del sufrimiento
02 >La victoria del cristianismo
03 >El desafío a lo secular
04 >El problema del mal

SEGUNDA PARTE: ENFRENTAR EL HORNO
05 >El desafío a la fe
06 >La soberanía de Dios
07 >El sufrimiento de Dios
08 >La razón del sufrimiento
09 >Aprender a caminar
10 >Las variedades del sufrimiento

TERCERA PARTE: CAMINAR CON DIOS EN EL HORNO
11 >Caminar
12 >Llorar
13 >Confiar
14 >Orar
15 >Pensar, agradecer, amar
16 >Esperar

552 pp. Rústica
Ref. 1883 – 20,00 €

Dioses que fallan

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Existen muchas y buenas razones para leer un libro de Timothy Keller. De entrada, sus escritos recogen sus atinadas reflexiones sobre la realidad política, económica y cultural de nuestra sociedad Occidental. Esto, de por sí, los hace muy interesantes. Pero, sobre todo, el pastor de Nueva York tiene una rara habilidad para mostrar la relevancia de la Biblia para ese mismo mundo actual, y, en particular, la pertinencia del mensaje del evangelioJosé Moreno Berrocal

Dioses que fallan, que tiene como subtítulo las promesas vacías del dinero, el sexo y el poder, y la única esperanza verdadera, trata de un tema tan impopular en estos días como es el del pecado. Keller lo enfoca desde uno de las conceptos bíblicos que, con mayor amplitud, se refieren a la transgresión de la Ley de la Dios, el de la idolatría. Esto no significa que no haya otras perspectivas en las Escrituras para identificar lo que llamamos pecado, pero es la idolatría la que demuestra que el pecado es, esencialmente, oposición y sustitución de Dios. Es fascinante notar cómo Keller, siguiendo a Martín Lutero, cree que no solo el segundo mandamiento prohíbe la idolatría. El primero también lo hace. Como lo expresaba ya nuestro gran reformador y traductor de la Biblia, Cipriano de Valera: “En el primer mandamiento se prohíbe la idolatría interna y mental, y en el segundo, la externa y visible”. Asimismo, la noción de idolatría es un excelente punto de contacto con nuestra cultura, tan familiarizada con la idea de la adicción. Keller, acertadamente, conecta la adicción con la de la idolatría.

Entonces, “¿Qué es un ídolo?” se pregunta Keller y responde así: “es algo que es más importante para usted que Dios, cualquier cosa que cautive su corazón y su imaginación más que Dios, cualquier cosa que espere que le proporcione lo que solamente Dios puede darle”, (19). La idolatría hunde sus raíces en la Caída de la Humanidad en Adán, por lo que está presente en la vida de cada ser humano, nos demos cuenta o no. Como ya cantaba Bob Dylan a finales de los años 70 del siglo pasado: “You gonna have to serve somebody / tienes que servir a alguien”. Todos servimos a algo o a alguien, nos dice Dylan. Y, además, esos ídolos son muchos más de los que nos imaginamos. Como también enseñaba Juan Calvino: “nuestro corazón es una fábrica de ídolos”. Así, Keller menciona muchos tipos de ídolos, analizando el concepto desde muchos y sorprendentes puntos de vista, incluso trayendo una lista de “categorías idolátricas” (195-196).

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Para entender bien la idea bíblica de la idolatría es igualmente importante subrayar que ella toma cosas que en sí mismo no son malas, pero que, si se convierten en absolutos, se transforman en ídolos. En las palabras de Thomas C. Oden: “… uno tiene un dios cuando adora un valor último, al que considera algo sin lo cual no se puede vivir feliz” (184, nota 9). Las consecuencias de la idolatría son letales. Los ídolos ciegan a sus seguidores y, finalmente, los esclavizan. El pastor de Manhattan advierte: “Los ídolos no solo distorsionan nuestros pensamientos, sino también nuestros sentimientos”,(152). La idolatría nos coloca bajo el justo juicio de Dios.

El pastor Keller no solo trata de investigar los variados rostros que las Escrituras nos presentan de la idolatría. También se ocupa de la única solución: el evangelio de Jesucristo y este crucificado. Cada capítulo, aparte de un riguroso análisis de la realidad social de nuestro mundo occidental actual y de los ídolos que ha levantado, se centra en algún pasaje bíblico que incida en el tema en cuestión. Así desfilan ante nuestros ojos personajes del Antiguo Testamento como Abraham, Jacob, Zaqueo, Naamán, Nabucodonosor y Jonás. Todos ellos aparecen con el propósito de dirigirnos a Cristo y su salvación. Esto no puede sorprendernos puesto que Keller es discípulo, aventajado, del famoso profesor de Westminster Theological Seminary en Philadelphia, Pennsylvania, Edmund P. Clowney, conocido por enfatizar la importancia de encontrar a Cristo en todas las Escrituras. Por ello, el propósito de Keller siempre es que: “…las verdades del evangelio… conformen todo lo que sentimos y hacemos” (179). Keller presenta el evangelio de la salvación por la obra de la Persona de Jesús en la cruz reiteradamente, de manera inusual a veces, pero siempre exhibiendo la suficiencia de la obra de Cristo. Así, por ejemplo, cuando nos cuenta la historia de Jacob en Peniel, relatada en Génesis 32: 24-31, Keller se pregunta: “¿cómo es que Jacob pudo acercarse tanto a Dios y no morir?”. Su respuesta es esta: “Fue porque Jesús se hizo débil y murió en la cruz para pagar el castigo por nuestro pecado”, (168, 169). Este enfoque cristocéntrico es un aspecto primordial en los libros de Keller y es lo que hace, en mi opinión, que sus libros sean tan oportunos.

Pero no es solo que Keller se refiera a la obra de Cristo, además, muestra magistralmente nuestra necesidad de ese evangelio, al explorar las motivaciones más oscuras que habitan en lo más profundo de nuestros corazones. “La idolatría” dice también Keller, “no consiste solamente en no obedecer a Dios: es poner todo el corazón en algo aparte de Dios”, (176). La solución que trae el evangelio, según el pastor de Manhattan, puede ser perfectamente resumida por una de las frases más impactantes del teólogo escocés Thomas Chalmers: el poder expulsivo de un nuevo afecto. La idolatría es tan poderosa que solo Cristo mismo puede derrotarla. El poder para sustituir a lo que nos esclaviza reside exclusivamente en la cruz del Señor Jesús.

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Keller es bíblico y realista, y por ello sabe que ser como Cristo, es la labor de toda una vida y que solo en la eternidad seremos perfectos. Por ello, en el último capítulo de su libro, nos llama a concebir la vida cristiana como un camino de identificación y sustitución de los ídolos de nuestro corazón por una nueva y creciente relación con Cristo. Esta tiene como norte la adoración de Dios, que es el emblema que identifica al pueblo de Dios. Esa vida en Cristo usa como medios de gracia, entre otros, lo que se conoce como las disciplinas espirituales: “como la adoración privada, la adoración colectiva y la meditación” (179).

Estamos, pues, ante otra gran obra de Timothy Keller. Dioses que fallan es un libro que nos examina y que nos revela el gran valor del evangelio de Dios. Solo Cristo puede salvarnos del pecado y de las manos de los falsos dioses que siempre acabarán fallando. Solo Jesús trae la única esperanza verdadera.

 

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“TODO LO QUE SIEMPRE HAS QUERIDO Lo peor que puede pasar La mayoría de personas se pasa la vida intentando hacer realidad los deseos más profundos de su corazón. ¿Acaso la vida no consiste en esto, en “la búsqueda de la felicidad”? Nunca dejamos de buscar maneras de adquirir las cosas que necesitamos y estamos dispuestos a sacrificar mucho para conseguirlas. Nunca imaginamos que obtener los anhelos más profundos de nuestro corazón pueda ser lo peor que nos puede pasar en esta vida. En cierta ocasión, mi esposa y yo conocimos a una mujer soltera, Anna, que quería desesperadamente tener hijos. Al final, se casó y, contrariamente a las expectativas de sus médicos dada la edad de la madre, pudo dar a luz dos niños sanos. Pero sus sueños no se hicieron realidad. Su impulso abrumador de dar a sus hijos una vida perfecta impidió que pudiera disfrutar de ellos. Su sobreprotección, sus temores y sus ansiedades, así como su necesidad de controlar hasta el último detalle de la vida de sus hijos, hizo que su familia padeciera las consecuencias. El hijo mayor de Anna tenía un rendimiento muy bajo en la escuela y evidenciaba síntomas de graves problemas emocionales. El hijo menor estaba dominado por la ira. Es muy probable que el impulso que siente Anna de ofrecer a sus hijos una vida maravillosa sea en realidad lo que acabe arruinándosela. Es posible que obtener el deseo de su corazón haya sido lo peor que le haya pasado en esta vida. A finales de la década de 1980, Cynthia Heimel escribió: “En el mismo instante en que una persona se convierte en una celebridad, se transforma en un monstruo”; y después dio los nombres de tres famosísimas estrellas de Hollywood a las que había conocido antes de que se hicieran famosas. En aquella época, eran “seres humanos realmente agradables… pero ahora se han vuelto semidioses y su ira es implacable”. Luego añadió que, bajo la presión de la fama y de la celebridad, todas las lacras y las miserias del carácter de una persona duplican su virulencia. Puede que sienta curiosidad por saber quiénes fueron esas estrellas de los años 80, pero no hace falta que lo sepa. Justo ahora mismo existen muchos “nombres en negrita” que siguen la misma pauta en su vida, como vemos en las primeras planas de los diarios. Los nombres cambian, pero el patrón es el mismo. La inevitabilidad de la idolatría ¿Cómo es posible que tan a menudo obtener los deseos de nuestro corazón sea catastrófico? En el libro de Romanos, el apóstol Pablo escribió que una de las peores cosas que Dios puede hacerle a una persona es entregarla a los deseos de su corazón (Ro. 1:24). ¿Por qué el máximo castigo imaginable consiste en permitir que alguien alcance el sueño que más ansía? Se debe a que nuestros corazones convierten en ídolos esos deseos. En este mismo capítulo, Pablo resumió? la historia de la raza humana en una sola frase: “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Ro. 1:25). Todo ser humano debe vivir por algo. Siempre tiene que haber algo que capture nuestra imaginación, la lealtad más fundamental de nuestros corazones y nuestras esperanzas. Pero, como nos dice la Biblia, sin la intervención del Espíritu Santo, ese objeto nunca será el propio Dios. Si esperamos que alguna cosa creada nos dé el sentido, la esperanza y la felicidad que solo puede darnos Dios, al final no conseguirá hacerlo y nos romperá el corazón. Aquella mujer, Anna, que estaba arruinando las vidas de su familia, no es que “amara demasiado a sus hijos”, sino que más bien amaba a Dios demasiado poco en relación a ellos. Como resultado, sus hijos-dioses se vieron aplastados por el peso de las expectativas de su madre. Dos filósofos judíos que conocían a fondo las Escrituras llegaron a esta conclusión: “El principio central… de la Biblia es el rechazo de la idolatría”. La Biblia, por lo tanto, está repleta de una historia tras otra que habla de las innumerables formas y los efectos devastadores de la adoración a los ídolos. Todos dios falso que pueda elegir un corazón (sea el amor, el dinero, el éxito o el poder) tiene un relato bíblico poderoso que explica cómo ese tipo concreto de idolatría afecta a nuestras vidas. Uno de los personajes centrales de la Biblia es Abraham. Como la mayoría de los hombres de la antigüedad, deseaba un hijo que pudiera llevar su nombre. Sin embargo, en el caso de Abraham aquel deseo se había convertido en el más profundo de su corazón. Por último, más allá de toda esperanza, Dios le dio un hijo. Ahora disponía de todo lo que deseaba. Entonces, Dios le pidió que renunciara a él (…). Tu camino al monte Piense en las muchas decepciones y problemas que nos acosan. Écheles un vistazo más de cerca y se dará cuenta de que los más poderosos de ellos tienen que ver con nuestros propios “Isaacs”. En nuestras vidas, siempre hay cosas en las que invertimos para obtener cierto grado de alegría y de plenitud que solo puede darnos Dios. Los momentos más dolorosos de nuestras vidas son aquellos en los que nuestros Isaacs, nuestros ídolos, corren peligro o alguien nos los quita. Cuando sucede esto, podemos reaccionar de dos maneras. Podemos decantarnos por la amargura y el desespero. Nos creeremos con derecho a revolcarnos en esos sentimientos, diciendo: “¡Llevo toda la vida trabajando para llegar a este punto de mi carrera, y ahora ha desaparecido todo!”; o “¡Me he pasado la vida trabajando como un esclavo para ofrecerle una buena vida a esa mujer, y así me lo paga!”. Podemos sentirnos con libertad para mentir, engañar, vengarnos o renunciar a nuestros principios para aliviar nuestra angustia. O podemos limitarnos a vivir en la melancolía permanente. La otra manera de reaccionar es la de Abraham: dar un paseo monte arriba. Podría decir: “Veo que me llamas a vivir mi vida sin algo de lo que yo pensaba que no podría prescindir. Pero, si te tengo, poseo la única riqueza, salud, amor, honor y seguridad que realmente necesito y que nunca perderé”. Como muchos han aprendido y más tarde enseñado, hasta que lo único que usted tenga sea Jesús, no se dará cuenta de que Él es todo lo que necesita. Muchos de estos dioses falsos, por no decir la mayoría, pueden quedarse en nuestras vidas una vez los hayamos “degradado” a un puesto inferior a Dios. Entonces, no nos dominarán ni asediarán con ansiedad, orgullo, ira y agobio. A pesar de todo, no debemos cometer el error de pensar que esto significa que lo único que debemos hacer es estar dispuestos a separarnos de nuestros ídolos, en lugar de abandonarlos por completo. Si Abraham hubiera subido a la montaña pensando “Lo único que tengo que hacer es poner a Isaac sobre el altar, pero sin sacrificarlo de verdad”, ¡no habría superado la prueba! Para que un elemento presente en nuestras vidas sea seguro, tiene que haber dejado de ser un ídolo. Esto solo puede suceder cuando estamos realmente dispuestos a vivir sin ello, cuando decimos desde el corazón: “Como tengo a Dios, puedo vivir sin ti”. A veces, parece que Dios nos mata cuando, en realidad, nos esta? salvando. En este caso, estaba transformando a Abraham en un gran hombre, pero aparentemente daba la sensación de que Dios era cruel. Seguir a Dios en semejantes circunstancias parece ser un tipo de “fe ciega”, pero en realidad es una fe vigorosa y agradecida. La Biblia está llena de relatos sobre personajes como José, Moisés y David, que hablan de momentos en los que Dios pareció abandonarles, aunque más adelante se reveló que lo que hizo fue destruir los ídolos perniciosos de sus vidas, algo que solamente se podía hacer si ellos pasaban por aquella experiencia difícil. Igual que Abraham, Jesús luchó intensamente con el llamado de Dios. En el huerto de Getsemaní, preguntó al Padre si no había ninguna otra alternativa, pero al final subió obediente al Calvario y a la cruz. No podemos saber todos los motivos por los que nuestro Padre permite que nos pasen cosas malas, pero, como hizo Jesús, podemos confiar en Él en esos momentos difíciles. Cuando le contemplemos y nos regocijemos en lo que hizo por nosotros, tendremos la alegría y la esperanza necesarias (además de vernos libres de los dioses falsos) para seguir el llamado de Dios cuando las circunstancias parecen tan oscuras como difíciles.”

* Editorial Andamio 1ª edición Enero 2015Nº páginas: 208 pp.

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El Evangelio para los Musulmanes

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«No crean que cuando oramos a Dios… y ellos oran a Alá…» Nos encontrábamos en una conferencia misionera enfocada en la evangelización mundial. La encuesta se relacionaba con los medios de comunicación cristianos, pero aquella mirada arrogante asumía que cualquier persona razonable estaría de acuerdo con la evaluación generosa que él estaba a punto de hacer. —¿No creen que le estamos hablando al mismo Dios? —concluyó. —Y… la verdad que no —dije—. En realidad, creo que pensar así es peligroso.¿Peligroso? —respondió, mirándome fijamente—. ¿Por qué?Bueno —dije—, por supuesto que hay algunas similitudes entre ambas creencias, especialmente si hablamos de ciertas acciones morales. Sin embargo, cuando nos referimos a los temas más importantes (por ejemplo, cómo conocer a Dios) confundir al dios del islam con el Dios de la Biblia hace que el evangelio (punto crucial de nuestra salvación eterna) se torne confuso.

SUPONGA QUE HOY TIENE LA OPORTUNIDAD DE COMPARTIR EL EVANGELIO CON UN MUSULMÁN ¿SE SENTIRLA PREPARADO’?

Desearía sentirse preparado y emocionado. En vez de eso, se siente con el pecho tenso mientras que un pánico ligero empieza a surgir.

¿Qué pasaría si digo algo equivocado?

¿Y si me preguntan y no se cómo responder?

¿Qué pasaría si la situación se torna insoportablemente extraña?

Todos nos hemos hecho estas preguntas, pero la confianza no llega por casualidad: viene de la preparación. En El evangelio para los musulmanes, Thabiti Anyabwile, un exmusulmán que encontró a Jesús, le equipará para evangelizar con confianza, enseñándole:

• A maravillarse ante el evangelio y a confiar en el Espíritu Santo;

• Qué preguntas esperar y cómo responderlas;

• Cómo permanecer firme y mostrar gracia cuando es importante.

Es este un libro esencial en este plano de evangelización por cuatro razones:

En primer lugar, Thabiti es una persona compasiva. Aunque nunca lo vi amilanarse ante la verdad, tampoco es descortés. Su modo de hablar está lleno de gracia y verdad, y eso se destaca en este libro.

En segundo lugar, Thabiti es audaz. Lo he visto hablar de Jesús en una multitudinaria conferencia de musulmanes, de los cuales la gran mayoría era amigable, algunos estaban muy enojados y todos estaban en desacuerdo. Y, aun así, honró a Dios y no a los hombres diciendo toda la verdad acerca de la cruz. Después de todo, él sabe qué es lo que está en juego. Él mismo cruzó la línea del islamismo al cristianismo. Y lo he visto poner su fe al límite entre sus amigos musulmanes una y otra vez.

Tercero, en un mundo abarrotado de métodos y técnicas, él detalla claramente que el método más importante para estar equipados para transmitir nuestra fe a amigos y vecinos musulmanes es conocer el evangelio del derecho y del revés. Nos llama a confiar en que el evangelio es verdaderamente «el poder de Dios para la salvación». Si usted conoce el evangelio tiene la herramienta más importante que existe para transmitir su fe a un musulmán.

Finalmente, Thabiti convoca a todos los cristianos a que perfeccionen su fe. La doctrina islámica ortodoxa es siniestramente similar a la nuestra al punto de que puede falsificar el cristianismo. Los musulmanes creen que Jesús era simplemente un profeta, no Dios; y que nuestras buenas obras nos dan la entrada al cielo. Creen que la Biblia está corrompida y que, por lo tanto, contiene algunas palabras de Dios pero no es la Palabra de Dios. Creen que la expiación substitutiva es un escándalo y que Dios nunca permitiría que su Hijo sufriera el horror del sacrificio y el derramamiento de su sangre en la cruz. Además dicen que, de todas maneras, no somos tan pecadores.

¿Acaso estas doctrinas ortodoxas del islam no suenan como los malentendidos nominales y populares del cristianismo de Occidental? Durante varios he escuchado que Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo; que Jesús era solo un gran maestro que enseñaba moral; que la Biblia está llena de errores. Hoy en día hasta a expiación penal sustitutiva de la cruz está bajo ataque y se la presenta como un abuso infantil cósmico. Por lo tanto, no debe sorprendernos que mi amigo de los medios de comunicación de aquella conferencia misionera estuviera confundido acerca de a quién oramos.

Thabiti nos convoca a que agudicemos nuestro pensamiento acerca de los fundamentos básicos de la fe cristiana a fin de que sepamos de qué estamos hablando.

____________________________________________

THABITI ANYABWILE es un esposo que brinda atención permanente a su amorosa esposa y es padre de tres hijos adorables. Actualmente, sirve como pastor de la iglesia Anacostia River en Washington, D. C. Previamente, sirvió como pastor principal en la Primera Iglesia Bautista en Gran Caimán, Islas Caimán, y como pastor asistente en la iglesia bautista Capitol Hill. Thabiti cuenta con grados de licenciatura y maestría en psicología de la universidad North Carolina State. n es el autor de los libros Reviving of the Black Church, The Decline of African American Theology, The Faithful Preacher y Miembro Saludable de la Iglesia, ¿Qué Significa?.

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La razón de Dios

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Desde Solo Sana Doctrina damos el testigo a José Moreno Berrocal, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Alcázar de San Juan y Presidente del Consejo Evangélico de Castilla La Mancha (España) CECLAM, cuyo escrito sobre el presente libro, protagonista en nuestras reseñas, “La razón de Dios” de Tim Keller, representa una oportunidad de hacernos una clara y concisa visión de esta obra. 

A uno de mis más queridos profesores en el Seminario donde estudié en Inglaterra, Daniel Webber, le gustaba decir que, hoy, más que nunca, es necesario hacer apologética. Y esto es lo que justamente lleva a cabo Timothy Keller en La razón de Dios, defender la fe cristiana histórica. Vivimos, en pleno siglo XXI, en una época de creciente escepticismo. Pero, al mismo tiempo, se han levantado, ya en el siglo anterior, numerosos defensores de la fe cristiana histórica.

Nombres como C.S. Lewis, Francis  Schaeffer, R.C. Sproul, Ravi Zacharias, Alister MacGrath, Vishal Mangalwadi o José Grau entre otros, por mencionar algunos de mis favoritos. Yo colocaría a Tim Keller en esta lista también, como uno de los pensadores evangélicos más incisivos de nuestros días. Todavía recuerdo vívidamente el impacto que me causó leer este libro cuando apareció en inglés en 2008.Aquella primera lectura me proporcionó un fuerte estímulo para proseguir con denuedo en esta imprescindible labor apologética. Tuve la oportunidad de leerlo nada más salir de la imprenta. De hecho, tengo la primera edición en tapa dura que me regaló mi buen amigo Steve Phillips, pastor de una iglesia en Vilassar de Mar, en Barcelona. Creo, por tanto, que es un gran acierto que esta obra se haya traducido al español.

El libro comienza con una inteligente Introducción en la que Keller, de entrada, traza un breve bosquejo autobiográfico, acompañado por el testimonio de otros neoyorquinos y esto, para analizar la situación actual de la fe y el escepticismo “desde Manhattan”, pp 17. Desde esta plataforma, el pastor de Nueva York desafía a creyentes y escépticos por igual, a reconocer sus dudas y a examinar lo que hay debajo de las mismas. Keller nos dice que su libro puede ser de utilidad para creyentes y escépticos. Es más, Keller lanza un reto personal a cada uno. En sus propias palabras, que puedas “avanzar en tu compresión del origen y naturaleza de tus dudas”, pp 30.

El libro está dividido en dos partes, El Salto de la Duda y Las Razones de la Fe. Entre las mismas coloca Keller un Intermedio, que es, en un sentido, un resumen de la primera parte, concluyendo la obra con un fascinante Epílogo. En la primera parte, El Salto de la Duda, Timothy Keller contesta a siete objeciones a la fe cristiana que aparecen constantemente en nuestros días. Estas son: No puede haber una sola religión verdadera. ¿Cómo puede un Dios bueno permitir el sufrimiento? El Cristianismo es una camisa de fuerza. La iglesia es la responsable de tanta injusticia. ¿Cómo puede un Dios bueno condenar a tantas personas al infierno? La ciencia ha demostrado que el Cristianismo está en un error y, finalmente, la Biblia no puede tomarse al pie de la letra. La manera en la que Keller aborda estas serias objeciones es, en mi opinión, uno de los grandes aciertos de este libro. A Keller le gusta desentrañar las suposiciones que la gente tiene a la hora de opinar y, poniéndolas de manifiesto, contestar a las mismas.

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El pastor Keller es un maestro en desvelar nuestras premisas ocultas o, incluso, desconocidas por nosotros mismos, pero que están detrás de nuestra manera de pensar y actuar. Él pone de manifiesto las razones, o falta de ellas, por las que creemos o no creemos. Keller sigue un método de argumentación que va desde pensadores clásicos como Agustín de Hipona, pasando por su querido C.S. Lewis, hasta llegar a la apologética de Alvin Plantinga. Por otro lado, me gusta mucho la manera en la que Keller trata a sus oponentes. Bien se le puede aplicar el conocido adagio latino suaviter in modo fortiter in re, es decir, amable en las formas, pero formidable en la argumentación. Creo que esta actitud es la que nos inculca el Apóstol Pedro a la hora de dar testimonio: “… santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3.15). Keller es siempre respetuoso, ¿se puede acaso dar testimonio sin serlo, me pregunto?

Al mismo tiempo, Keller siempre toma el punto de vista más fuerte de su oponente para refutar. No hace, como se suele decir, un hombre de paja de aquellos que disienten de su pensamiento. Esto, en sí mismo, le da una gran robustez a sus argumentos, pues enfrenta las objeciones en su punto más fuerte. Así, por ejemplo, en cuanto a la afirmación de que no puede haber una sola religión verdadera, Keller contesta, básicamente, que aquel que hace una afirmación tan categórica como esa, asume que su premisa ¡sí es absoluta y no puede cuestionarse! Sin darse cuenta se está colocando a sí mismo en una posición superior y que considera que es inabordable. Pero, ¿por qué su afirmación acerca de las religiones debería ser considerada infalible? De hecho, Keller deja entrever que esa misma afirmación ¡tiene también naturaleza religiosa!

En la segunda parte, bajo el título de Las Razones de Dios, el pastor de Nueva York detalla una serie de evidencias positivas a favor de depositar nuestra confianza en el Dios que nos presenta la Biblia, el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Son otros siete capítulos: Los indicios de Dios. El conocimiento de Dios. El problema del pecado. La religión y el Evangelio. La (verdadera) historia de la cruz. La realidad de la resurrección y finalmente, La danza de Dios. Las razones para creer, admite el mismo Keller, puede que no sean más que indicios de la divinidad. Ahora bien, todas ellas juntas tienen un formidable efecto apologético. Me gustan los sistemas apologéticos que favorecen esta idea del testimonio acumulativo acerca de la fe. En este sentido es aquí donde podemos apreciar también su confesada deuda con la apologética integral de C.S. Lewis.

En esta segunda parte se exponen más detalladamente las doctrinas cristianas más, aparentemente, conocidas, centrándose en los aspectos esenciales de las mismas, lo que llamamos el evangelio. Keller nos ayuda a distinguir nítidamente entre el mensaje de las religiones y el de la cruz. De hecho, Keller es muy cuidadoso aquí. Le preocupa, no solo el escepticismo sino también la religiosidad que, aunque se disfrace incluso con un ropaje cristiano, no hace sino oscurecer, cuando no negar, el mensaje del Evangelio de una salvación por gracia y solo por la cruz de Cristo. Este acento de Keller es extraordinariamente relevante, pues, como enseña repetidamente el Nuevo Testamento, el gran peligro de la iglesia es siempre el de sustituir el evangelio por la religión. Particularmente notable es la reflexión sobre la necesidad de la cruz del capítulo titulado La (verdadera) historia de la cruz.

El libro concluye con un excelente Epílogo. Este es una invitación a considerar seriamente a Cristo y su Evangelio, resumiendo admirablemente los temas centrales de su exposición con vistas a que los lectores puedan alcanzar una conclusión. Un compromiso que requiere arrepentimiento y fe, y una comunidad o iglesia donde vivirla. Solo Dios puede salvarnos es la nota distintiva de esta parte final del libro.

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Finalmente, en los Agradecimientos, Timothy Keller reconoce, con gratitud, su dependencia de C.S. Lewis y de Jonathan Edwards. ¡Creo que hay pocos autores tan lúcidos como estos dos, algunos no nos cansamos de releerlos constantemente! La influencia de Edwards reside en el hecho de que su impronta, en palabras del mismo Keller, conforma el fondo “de lo que podría considerarse mi teología”, pp 358. Es decir, no lo cita directamente, como si hace frecuentemente con los escritos de C.S. Lewis, pero el pensamiento del pastor de Northampton está presente en toda su obra. Donde sí aparece explícitamente es en el capítulo titulado La Danza de Dios. Unos de los capítulos más originales, pues basa su apologética en la doctrina de la Trinidad. Creo que el pensamiento de Richard F. Lovelace por medio de su extraordinario volumen Dynamics of Spiritual Life ha dejado también su huella en Keller.

Además de estos pensadores, Keller se hace eco de otros muchos más, como reflejan sus copiosas Notas. Maneja una gran cantidad de pensadores y de fuentes que informan, enriquecen y fortalecen su argumentación. En este sentido, me recuerda a algunos de los libros de John R.W. Stott, que también refuerza sus posiciones con múltiples referencias.

Considero que La razón de Dios es el buque insignia de la flota de obras de Tim Keller. El pastor de Nueva York posee una gran capacidad para hablar con amenidad e interés al público de nuestra creciente aldea global. Estamos ante uno de esos libros que ¡uno no puede dejar sin leer y sin recomendar o regalar a otros!

 

Hablemos de “El papado”

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Este libro es el segundo de la serie “Hablemos de …”, que juntamente al primero “Hablemos de … El Espíritu Santo”, proponen responder de una forma coloquial y cercana diferentes temas sobre nuestra fe en un formato condensado, pero sin prescindir por ello de toda su rigurosidad y contundencia.

La revista Time nombró «persona del año» al papa Francisco en el año 2013. La razón principal de su nominación fue su «rechazo de los lujos». La personalidad modesta del papa y su estilo le hacen una de las figuras más populares en la cultura de celebridades contemporánea. Francisco se ve como un papa que considera que el dogma es menos importante que la actitud personal, la misericordia más relevante que la verdad y la generosidad de espíritu más adecuada que la afirmación de creencias tradicionales. A pesar de todo esto, su figura descansa sobre la tradición de una de las instituciones más antiguas del mundo, que ha generado «dogmas» vinculantes y un código moral muy tradicional, moldeando así la civilización occidental, y liderando el grupo religioso más numeroso del mundo: la Iglesia católica romana.

Existen diferentes maneras de ver el papado, más allá de los lugares comunes y las caricaturas que presentan los medios de comunicación. Este libro intentará responder las siguientes preguntas introductorias: ¿Quienes son los papas y como define la Iglesia católica romana su papel? ¿Cómo una posición de liderazgo en la iglesia cristiana pudo llegar a tener una expresión tan «imperial»? ¿Por qué fue Roma tan importante en ese proceso? ¿Qué papel jugó la historia en el desarrollo del papado? ¿Cómo vieron ese papel los reformadores protestantes del siglo XVI y de épocas posteriores? ¿Qué sabemos sobre los papas de hoy en día? ¿Cuál es el significado ecuménico del papado y cuáles son sus perspectivas en cuanto al mundo global? Estas y otras preguntas formarán el trasfondo de nuestra investigación bíblica, histórica y teológica del papado.

Esta obra es parte del constante intento del autor de entender el corazón teológico de la visión católica romana. Él enseña Teología Histórica en IFED (Istituto di Formazione Evangelica e Documentazione en Padua, Italia) donde regularmente enseña cursos sobre teología patrística, católica romana y contemporánea. Escribió su tesis doctoral acerca de las interpretaciones evangélicas del Concilio Vaticano II, el evento más importante para la Iglesia católica romana en el siglo XX. Estudiar las encíclicas y los documentos de los papas fue, y todavía es, parte de su trabajo profesional. Ocasionalmente escribe informes sobre el catolicismo romano (Vatican Files, los archivos del Vaticano), donde estudia eventos y tendencias que surgen del Vaticano. En sus estudios sobre el catolicismo romano trató de analizar todos sus escritos como parte de un «todo» teológico.

Este breve  libro es indispensable para quien busque comprender mejor la institución papal, desde sus orígenes hasta los papas actuales. Leonardo De Chirico nos presenta la figura del papado tal y como la propia Iglesia católica define su papel, para después analizarlo desde un punto de vista bíblico, teológico e histórico. El autor no olvida plantear otras cuestiones como el peso del papado en los movimientos ecuménicos o sus perspectivas de futuro para completar su introducción a este tema clave.

Acerca del autor: Leonardo De Chirico es reconocido internacionalmente por su estudio del catolicismo romano. Es pastor en la iglesia Breccia de Roma, vicepresidente de la Alianza Evangélica Italiana, director adjunto y profesor en el Istituto di Forma-zione Evangelica e Documentazione y editor de la revista de dicho centro, Studi di Teología.
Índice

  1. ¡Tenemos papa! / ¡Habemus papam! – El oficio papal: sus títulos y símbolos.
  2. Tú eres Pedro / Tu es Petrus – ¿La base bíblica del papado?
  3. Cabeza de la Iglesia / Caput Ecclesiae – El desarrollo histórico del papado hasta el Renacimiento.
  4. ¿Es el papa el anticristo? – Evaluaciones protestantes del papado.
  5. ¿Soberano absoluto o padre acogedor? El papado desde la Contrarreforma hasta el movimiento ecuménico.
  6. Retratos de los papas modernosJuan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco.
  7. Para que sean uno / Las perspectivas de futuro del papado.
  8. Bibliografía.

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La implicación del cristiano en la sociedad 2

Expresamos también nuestro arrepentimiento tanto por nuestra negligencia como por haber concebido a veces una evangelización y preocupación social como dos cosas que se excluyen la una a la otra”.

El Doctor Williamson (profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Lousiana), citado con aprobación por José Grau dice: “La evangelización personal no es suficiente […] tiene que haber un más amplio mensaje que tome en consideración los intereses financieros, políticos y sociales del ser humano hecho de came y hueso, a quien tenemos que evangelizar”.

Nuestra implicación en la sociedad no se debe malinterpretar. No se supone que vayamos a traer una especie de teocracia a la sociedad, como pretende la llamada Teonomía. No, no podemos esperar que la sociedad vaya a seguir las leyes de Dios. En 1 Corintios 2:14 dice: “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para el son necedad, y no las puede entender porque se disciernen espiritualmente”. No deberíamos intentar transformar el mundo hasta el punto de no aceptar nuestras responsabilidades. ¿Deberían nuestras ciudades convertirse en la Ginebra de Calvino? No creo que las autoridades civiles deban dar reglas morales para la sociedad. Su responsabilidad es hacer leyes que respeten el orden natural establecido por el Creador y castigar el crimen. Pero uno de los peores malentendidos con respecto a nuestra implicación en la sociedad es pensar que podemos cambiar su condición moral o la del hombre. Yo rechazo por completo este punto de vista.

Solo el evangelio de Jesucristo puede producir tal transformación por el nuevo nacimiento. Pero, como hemos visto, predicar el evangelio no es lo único que podemos hacer como cristianos.
Nuestra implicacion en la sociedad no debe malentenderse como en los casos de malos ejem- plos que ha dado algunas veces la Iglesia. En la Alemania nazi, grandes secciones de la Iglesia guardaron un silencio culpable ante las atrocidades que estaban sucediendo. Solo un obispo católico (Cle ments von Galen) habló contra la eutanasia y, poco después, Hitler la detuvo, pero no antes de que setenta mil personas hubiesen sido asesinadas de esa forma. Se calcula que hoy, en Holanda, el 76% de los casos de eutanasia se efectuan sin pedir permiso a los pacientes o a sus familiares.

Esto demuestra como estas leyes (malas como son) representan solo la punta del iceberg: la realidad es mucho peor. Y esto está llegando a Españaa y a otros países. Las grandes organizaciones evangélicas en España han desempeñado un papel de muy bajo perfil en temas éticos en fechas muy recientes. A cierto Iíder evangélico se le preguntó hace años si las iglesias evangélicas tenían una postura sobre la homosexualidad y respondió: “iNol”. Los evangélicos, sin embargo, deberíamos tener una postura sobre temas morales y darla a conocer ampliamente.

II. ¿Por qué debería el cristiano implicarse en la sociedad?
El cristiano se deberia implicar en la sociedad, porque la ley moral se propuso para todo el mundo y no solo para el pueblo de Dios. “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los [dictados] de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para si mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Ro. 2:14-15). Nadie está mas allá del alcance de la ley de Dios, pero esta no debe ser usada solo para convencer de pecado y de juicio, sino también para mostrar a las personas como deberían vivir.
“Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Mr. 6:18). Y esta clase de cosas se pueden decir a individuos, gobiernos y naciones.

¿Tiene Dios algo que decir a los inconversos aparte de que deben arrepentirse? Caín no era cre- yente pero Dios le dijo: “¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tu debes dominarlo” (Gn. 4:6-7). ¿Por qué los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas y no solo a Israel? Algunos cristianos evangélicos creen en la apologética aristotélica, así que pretenden poder razonar con el hombre natural y persuadirle para que crea ciertas cosas. ¿Pero cuál es la utilidad de esta creencia, si se limitan ellos mis mos a predicar solo el evangelio?

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque solo la Iglesia sabe la maldad que existe de- trás de las altas esferas. Los no creyentes ignoran que el pecado es una fuerza moral. El cristiano es consciente de las fuerzas espirituales del mal que controlan la sociedad: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Las demás personas no lo saben y, por tanto, no pueden resistir la marea. Ellos tratan los síntomas pero no la causa.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque el pueblo, en general, no está advertido de la existencia de una agenda secreta en la sociedad para quitar de en medio a Dios y colocar al Estado en el lugar de Dios, controlar el pensamiento del pueblo y así todos tendrán los mismos principios. El Estado usurpará el lugar de Dios y te dirá lo que es correcto o incorrecto por medio de sus “Diez Manda mientos”:
1.Podrás tener tantos dioses como gustes excepto el Dios cristiano.

2. Harás un ídolo de cualquier cosa: riqueza, sexo, fama o cualquier otro objeto bajo el sol.

3.Ridiculizarás a Cristo, al cristianismo y a tantas otras religiones como gustes. Solo se cuidadoso con el Islam para que tus días puedan ser prolongados…

Continuará…

Hablemos de… “El Espíritu Santo”

Reseña 24

Para Javier, ¡Que el Señor te fortalezca por su Espíritu! Andrés.

Tuve el privilegio de estar en la presentación de este libro, durante unas conferencias en Valdepeñas, en 2016. En el mismo conocimos en persona mi esposa y yo a Andrés Birch, digo en persona, porque durante años habíamos venido escuchando sus predicaciones, estudios, artículos. De hecho su voz era escuchada en el salón de mi casa durante largo tiempo en un estudio bíblico con otros hermanos un día a la semana. Junto a Luis Cano, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Ciudad Real y otros pocos, se convirtieron en fieles referentes  de la palabra viva, inerrante y viva de Dios en sus homilías.

Este es el primero de una serie de libros de los que hasta este momento se han publicado dos, en el que encontramos de forma condensada, una brillante y muy cercana exposición sobre “El Espíritu Santo”.

Al profundizar en este libro, le damos el testigo al escritor del prólogo, el pastor José de Segovia.

Podemos haber tenido malas o buenas experiencias con nuestros padres o hijos, pero cuando mencionamos a un padre o un hijo, pensamos en una persona, no en una cosa. Hablar de espíritus suena algo fantasmal, ¡incluso da miedo! Nada personal, desde luego. Ahí está el problema. Vemos al Espíritu como algo, pero el Espíritu no es una cosa, sino una persona.

Si creemos que detrás del universo hay una realidad personal, tenemos que entender que el Espíritu Creador que renueva este mundo no es otro que una persona. Solo él puede suplir nuestra necesidad de amor, valor, significado y propósito. Las acciones que la Biblia atribuye al Espíritu Santo son personales, hasta en los pronombres. Su invisibilidad, poder y soberanía, incontrolable e impredecible, no es impersonal. Él tiene que ver personalmente con nosotros.

Al ser divino, el Espíritu nos revela a Dios y su salvación. Es «el Señor» (2 Co. 3:17), Yahvé en el Antiguo Testamento. El Espíritu da vida (v. 6), como solo Dios puede hacerlo. Nos reveló estas cosas «por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Co. 2:10-11).

Si el médico te da la peor noticia, le puedes decir que vas a buscar una segunda opinión, pero ¿qué dirías si en ese momento sale de la habitación y vuelve con una máscara, para decirte exactamente lo mismo? Así, cuando Jesús prometió a sus discípulos «otro
Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad» (Jn. 14:16-17), no sería otro si fuera Jesús de otra forma. El Espíritu es distinto del Padre y del Hijo, pero igualmente divino.

El Espíritu que dio vida al universo, lo recrea dando nueva vida al levantar a Jesús de los muertos (Ro. 8:11). Como Dios sopló vida al primer hombre, así Jesús nos da nueva vida, diciendo: «recibid el Espíritu Santo» (Jn. 10:22).

El Espíritu Creador nos libera por medio de Cristo Jesús. Es él quien nos hace creer. Ya que nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo (1 Co. 12:3). No es que Dios no nos deje. Es que no somos capaces.

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Andrés Birch nos muestra en este libro nuestra de-pendencia del Espíritu Santo en el sentido trinitario del cristianismo clásico. El Espíritu hace que crea en el Hijo, quien me permite acercarme a Dios como Padre, ya que solo por la obra del Hijo y el Espíritu podemos llegar a él. De ello nos da testimonio el autor, por su propia experiencia. El Espíritu Santo le cambió. Le hizo un hijo de Dios y le da testimonio de ello (Gá. 4:4-7).

En pocas personas he visto tantas evidencias del fruto del Espíritu como en el escritor de estas páginas. No solo le ha dado entendimiento, sino el amor, el gozo, la paz, la paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio que solo Dios puede darnos (Gá. 5:22-23). Andrés es la persona que yo hubiera querido ser de mayor, pero a la edad que ya tengo y dado el desastre que soy, me temo que ya no lo seré nunca…

Su amor por la Palabra es impresionante; la claridad con la que enseña es meridiana; y el sentimiento con el que habla de estas cosas es conmovedor. Disfrutarás de estas páginas, que te pueden enseñar mucho para tu vida cristiana, pero desde luego te llevarán a dar gracias a Dios por el mayor don que puede darnos, el Espíritu Santo. Y si no lo tienes, ¡ruega al Señor por él! Es el mejor regalo que puede darte.

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José de Segovia
Andrés (Andrew) Birch nació en Inglaterra, estudió Filología Clásica en la Universidad de Nottingham y Teología en la Universidad Queens de Belfast. Tras un curso de preparación en la Escuela bíblica de European Missionary Fellowship, llegó a España con su esposa, Viviana (Vivienne), en 1983. Andrés y Viviana tienen tres hijos (casados) y seis nietos. Actualmente, es pastor de la Iglesia Bautista Reformada en Palma de Mallorca. También es miembro del Comité del ministerio nacional Taller de Predicación  colabora con el ministerio 9Marks, es uno de los promotores del curso de formación de líderes C222 y es miembro del Consejo pastoral de Coalición por el Evangelio. Ha contribuido como conferenciante y articulista en distintos ministerios, y ha publicado varios libros, entre ellos Ante la Cruz. Andrés es un amante de la lectura y la música, y también le gusta el deporte.

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La implicación del cristiano en la sociedad 1

“Vosotros soís la sal de la tierra, pero si la sal se ha vuelto insípida ¿con qué se hará salada [otra vez]? Ya para nada sirve sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros, sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una Iámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5:13-16).

Me gustaría sugerir que hay un más amplio, quizá más profundo, significado de estas palabras en Mateo 5:1 3-1 6 que el que nosotros les damos. Este significado tiene que ver con la implicación del cristiano en la sociedad en una forma que va más allá de la predicación del evangelio y dar buen testimonio. Y esta es un área donde desafortunadamente no todos los cristianos estamos de acuerdo.

I.- ¿Cuál debería ser la implicación del cristiano en la sociedad?
En otras palabras, ¿qué significa para el cristiano ser sal y luz en este sentido más amplio?
Nuestra implicacion en la sociedad se deberia entender en lo que se refiere a ser sal. Su principal significado, según Hendriksen, es preservar los alimentos de la corrupcion. Vivimos en una sociedad corrompida y que se está corrompiendo cada dia más y más.

¿Cómo podemos preservar nuestra sociedad de mas corrupción? ¿Solo predicando en nuestras pequeñas congregaciones? ¿Sólo viviendo una vida delante de una docena de personas a las que conocemos individualmente? Indudablemente debemos predicar el evangelio y vivir una vida santa, ¿pero a cuántas personas alcanzamos de esa manera? En España hay un cristiano por cada mil personas. ¿Qué grado de influencia tenemos sobre la sociedad española y cómo podemos preservarla de la corrupción? Algunos esperan que llegue el avivamiento, ¿pero qué hacemos mientras tanto?

Nuestra implicación en la sociedad debería entenderse en lo referente a ser luz del mundo. ¿Cuántas personas en nuestra sociedad pueden ver la luz cristiana o son conscientes que tal luz existe? ¿Se podría describir como una ciudad situada sobre un monte? Nuestra sociedad necesita luz en los temas morales. Debería conocer el camino de Dios y su juicio. Los cristianos deberíamos ser conscientes de la situación de la sociedad (Juan el Bautista era consciente de la situacion de Herodes). Pero para hacerlo, deberíamos hablar alto y claro en la forma más amplia posible.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a tratar directamente diversos asuntos morales. Esto es lo que encontramos en la Biblia. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas. Juan el Bautista denunció a los fariseos y a Herodes. Nuestro Señor Jesucristo dejó en evidencia la hipocresía de los fariseos.

Tomemos, por ejemplo el tema de la esclavitud ahora que celebramos el bicentenario de su abolición. El despertar evangélico fue un hecho espiritual muy poderoso tanto en Gran Bretaña  como en América. Sin embargo no abolió la esclavitud. John Newton estuvo involucrado en ella  (comerciaba con esclavos) y salió de ella. Pero su ministerio no detuvo la esclavitud, sino que fueron Wilberforce y otros que lo hicieron. No solo predicaron el evangelio y vivieron una vida piadosa sino que la denunciaro en el Parlamento, y se logró su abolición. La esclavitud no es un problema en la sociedad occidental (al menos no en la misma forma que en el pasado). Pero tenemos problemas morales que son aún peores que la esclavitud: aborto, eutanasia, experimentos con embriones humanos, matrimonios homosexuales, educación sexual pervertida en los colegios, libros, películas  y obras teatrales blasfemas sobre Cristo, etc. Existen los denominados pecados contra naturaleza y degradantes que deberían ser expresamente denunciados. “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes, porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra naturaleza.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender sobre la base del derecho que tenemos a esperar que el hombre natural escuche a su conciencia, que es la voz de Dios y la de su ley en el hombre. Esto nada tiene que ver con imposiciones religiosas o morales en una sociedad secular. El papel del cristiano en la sociedad no es imponer valores cristianos en ella, sino presentar estos valores a la conciencia del hombre. Nosotros no deberíamos perseguir imponer la moralidad o resistir a la inmoralidad.

Sabemos que el problema con la sociedad no son “los pecados” sino “el pecado”. Pero tampoco deberíamos generalizar tanto sobre el concepto de pecado que al final las personas no entiendan de qué estamos hablando. Amós dijo en su día a las naciones vecinas cuáles eran sus pecados. “Así dice el Señor: Por tres transgresiones de los hijos de Amón, y por cuatro, no revocaré su (castigo), porque abrieron los vientres de las (mujeres) encintas  de Galaad para ensanchar sus límites” (Am. 1:13). Él no buscaba producir un cambio en ellos sino declarar la justicia de Dios y también anunciar el juicio divino.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a buscar el bienestar  material de nuestra sociedad. “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). No solo de pan, pero también de pan. (Spurgeon dijo: “Si das un folleto a un mendigo. dáselo envolviendo un bocadillo”). “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado. Y rogad al Señor por ella, porque en su bienestar tendréis bienestar”. (Jeremías 29:7).

Algunos cristianos dan la impresión de que lo único que les importa en este mundo es la salvación de las almas. A veces tratamos con las personas como si se tratase de potenciales conversos y nada más.  Nuestra implicación en la sociedad se debería entender incluso en lo referente a derribar el statu quo. Por ejemplo, ¿tenía Oliver Cromwell derecho a cambiar la situación política por la fuerza? ¿Solo predicó el evangelio al rey? (¡Creo que lo decapitó!). Nuestra implicación en la sociedad se debería entender como otros cristianos la han concebido. El pacto de Lausana (Suiza, 16-25 de Julio de 1974) que se acordó durante el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial, dice entre otras cosas Afirmamos que Dios es a la vez el Creador y juez de todos los hombres. Por tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia, la reconciliación entre toda la sociedad humana y por la liberación de los hombres de toda clase de opresión.

El hombre fue hecho a imagen de Dios; por eso todas las personas tienen una dignidad esencial y por esa razón tienen que ser respetados y servidos, no explotados.

Continuará …