El llamado del Evangelio y la conversión verdadera

El Evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dados a la iglesia y al cristiano individual. No es un mensaje entre muchos, sino el mensaje por encima de todos ellos. Es el poder de Dios para la salvación y la mayor revelación de la multiforme sabiduría de Dios a los hombres y ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, se esforzó con toda su fuerza para proclamarlo claramente, e incluso pronunció una maldición sobre todos los que quieren pervertir su verdad.

Cada generación de cristianos es un mayordomo del mensaje del evangelio, y por el poder del Espíritu Santo, Dios nos llama a cuidar este tesoro que ha sido confiado a nosotros. Si vamos a ser fieles mayordomos , debemos estar absortos en el estudio del Evangelio , haciendo grandes esfuerzos por comprender sus verdades , y nos compro-metemos a proteger su contenido. Al hacerlo, nos aseguraremos de la salvación tanto para nosotros como para los que oyen nosotros.

Esta mayordomía impulso a Paul Washer a escribir esta trilogía. Dice el autor “Como Jeremías, si yo no hablo este mensaje, pero si digo: No le recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo. Como el apóstol Pablo exclamó: ¡Ay de mí si no predicara el evangelio!”.

Uno de los mayores crímenes cometidos por la presente generación cristiana es su abandono del evangelio, y es a partir de esta negligencia que todas las otras enfermedades brotan. El mundo perdido no es está tan endurecido del Evangelio, como lo es ignorante del evangelio, porque muchos de los que anuncian el evangelio también son ignorantes de sus verdades más básicas. Los temas esenciales que conforman el núcleo del evangelio la justicia de Dios, la depravación radical del hombre, la expiación por la sangre, la naturaleza de la verdadera conversión, y la base bíblica de la seguridad – están ausentes de muchos púlpitos. Las iglesias reducen el mensaje del evangelio a algunas afirmaciones de credo, enseñan que la conversión es una mera decisión humana, y pronuncian seguridad de la salvación a través de cualquier persona que reza la oración del pecador. El resultado de este reduccionismo del Evangelio ha sido de largo alcance:

En primer lugar, se endurece aún más los corazones de los inconversos. Pocos de los “convertidos” de hoy en día cada vez se abren camino en la comunión de la iglesia, y los que lo hacen a menudo se apartan o tienen vidas marcadas por carnalidad habitual. Incontables millones caminan nuestras calles y se sientan en las bancas sin cambios por el verdadero evangelio de Jesucristo, y sin embargo, están convencidos de su salvación, porque una vez en su vida levantaron una mano en una campaña evangelística o repitieron una oración. Esta falsa sensación de seguridad crea una gran barrera que aísla a menudo este tipo de individuos de haber escuchado el verdadero Evangelio.

En segundo lugar, tal evangelio deforma la iglesia a partir de un cuerpo espiritual de creyentes regenerados en una reunión de hombres carnales que profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan. Con la predicación del verdadero evangelio, los hombres llegan a la iglesia sin el evangelio de entretenimiento, actividades especiales, o la promesa de beneficios más allá de las que ofrece el evangelio. Los que vienen lo hacen porque desean Cristo y tienen hambre de la verdad bíblica, la adoración sincera, y oportunidades de servicio. Cuando la Iglesia proclama un evangelio menor, se llena con hombres carnales que comparten poco interés en las cosas de Dios, y el mantenimiento de tales hombres es una pesada carga para el iglesia. La iglesia entonces atenúa las exigencias radicales del Evangelio a una moral práctica, y la verdadera devoción a Cristo da paso a las actividades destinadas a satisfacer las necesidades sentidas de sus miembros. La iglesia se convierte en impulsada por la actividad en lugar de centrada en Cristo, y se filtra con cuidado, o empaqueta la verdad a fin de no ofender a la mayoría carnal. La iglesia deja a un lado las grandes verdades de la Escritura y el cristianismo ortodoxo, y el pragmatismo (es decir, cual sea lo que mantenga en marcha y creciendo a la iglesia) se convierte en la regla del día.

En tercer lugar, tal evangelio reduce el evangelismo y las misiones a poco más que un esfuerzo humanista impulsado por estrategias de marketing inteligentes basadas en un cuidadoso estudio de las últimas tendencias en la cultura. Después de años de ser testigo de la impotencia de un evangelio que no es bíblico, muchos evangélicos parecen convencidos de que el evangelio no va a funcionar y que el hombre se ha convertido de alguna manera en un ser demasiado complejo para ser salvado y transformado por un mensaje tan simple y escandaloso. Ahora hay un mayor énfasis en la comprensión de nuestra cultura caída y sus caprichos que en la comprensión y proclamación del único mensaje que tiene el poder para salvarlo. Como resultado, el evangelio está siendo constantemente reenvasado para encajar lo que la cultura contemporánea considere más pertinente. Hemos olvidado que el verdadero evangelio es siempre relevante para todas las culturas porque es la Palabra eterna de Dios a todos los hombres.

En cuarto lugar, tal evangelio trae oprobio al nombre de Dios. A través de la proclamación de un evangelio disminuido, el carnal y no convertido entra en la comunión de la iglesia, y por el abandono casi total de la disciplina de la iglesia bíblica, se les permite quedarse sin corrección o reprensión. Esto ensucia la pureza y la reputación de la iglesia y blasfema el nombre de Dios entre los incrédulos. Al final, Dios no es glorificado, la iglesia no está edificada, el miembro de la iglesia no convertidos no se salva , y la iglesia tiene poca o ningún testimonio al mundo no creyente .

No nos favorece como ministros o laicos estar de pie tan cerca y no hacer nada cuando vemos “el glorioso evangelio del Dios bendito” sustituido por un evangelio de menor gloria. Como administradores de esta confianza, tenemos la obligación de recuperar al único verdadero evangelio y proclamarlo con valentía y claridad a todos.

Haríamos bien en prestar atención a las palabras de Charles Haddon Spurgeon:

“En estos días, me siento obligado a repasar las verdades elementales del evangelio en varias ocasiones. En tiempos de paz, podemos sentirnos libres para hacer excursiones en aspectos interesantes de verdad que se encuentran muy lejos, pero ahora hay que quedarse en casa y cuidar los corazones y hogares de la iglesia por la defensa de los principios básicos de la fe En esta época, se han levantado hombres en sí de la iglesia que hablan perversidades. Hay muchos que nos molestan con sus filosofías y nuevas interpretaciones, por lo que niegan las doctrinas que profesan enseñar, y socavan la fe que se han comprometido a mantener. Es así que algunos de nosotros, que sabemos lo que creemos, y no tienen significados secretos de nuestras palabras, debería simplemente poner nuestro pie en el suelo y mantener nuestra posición , asidos de la palabra de vida y claramente declarando las verdades fundamentales del Evangelio de Jesucristo”.

Aunque la serie Recuperando el Evangelio no representa una presentación enteramente sistemática del evangelio,si hace frente a la mayor parte de los elementos esenciales, especialmente aquellos que son los más descuidados en el cristianismo contemporáneo. Tengo la esperanza de que estas palabras podrían ser una guía para ayudar a redescubrir el Evangelio en toda su belleza, escándalo y poder salvador. Es mi oración que tal redescubrimiento pueda transformar su vida, fortalecer su proclamación, y traer mayor gloria de Dios.

“Ser cristiano no solo consiste en “tomar una decisión por Jesús” o “pasar página”; es un milagro de la gracia, en el cual un pecador es trasladado de muerte a vida por el poder de Dios. En El Llamado del Evangelio & la Conversión Verdadera, de manera clara y brillante, Paul Washer nos ayuda a entender la verdad; abre las Escrituras y explica cómo el poder del evangelio debe impactar nuestras vidas como cristianos. Este es un libro muy necesario, desafiante y pastoral”. – Greg Gilbert, pastor de Third Avenue Baptist Church y autor de ¿Qué es el evangelio?​ 

“Por la gracia soberana de Dios, el ministerio de Paul Washer ha sido particularmente bendecido para instruir a esta generación acerca del llamado del evangelio y la conversión verdadera. Recomiendo enormemente este simple pero profundo estudio sobre estos temas esenciales”. – Sam Waldron, decano académico de MCTS y autor de El Fin de los Tiempos

“Si Cristo va a ser algo en tu vida, debe ser toda tu vida. Ese es el mensaje del evangelio que tanto necesitamos recordar y reconocer en América Latina. No hay “medios-cristianos”, ya que Cristo vino por un pueblo celoso de buenas obras, que da buen fruto, siempre unido a Él. Este libro es un regalo para ayudarnos como Iglesia de Cristo a no desviarnos de esta antigua senda hermosa y llena de gracia, y Paul Washer ha sido probado como un hombre fiel al llamado de Jesús. Léelo si quieres ser retado en tu caminar con Jesús, y vive sus verdades si quieres glorificar a Dios en tu diario vivir”. – Jairo Namnún, director ejecutivo de Coalición por el Evangelio

INDICE

Prefacio: Recuperando el Evangelio
PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN APOSTOLICA
Un Evangelio Para Conocerse y Dar a Conocer
Un Evangelio Para Ser Recibido
El Evangelio en el Cual Somos Salvos
Un Evangelio de Primera Importancia
Un Evangelio Transmitido y Entregado

SEGUNDA PARTE: EL PODER DE DIOS PARA LA SALVACIÓN
El Evangelio
Un Evangelio Escandaloso
Un Evangelio Poderoso
Un Evangelio Para Todo Aquel Que Cree

TERCERA PARTE: LA ACRÓPOLIS DE LA FE CRISTIANA
Dar Importancia al Pecado
La Exaltación de Dios
Pecadores Todos y Cada Uno
Pecadores Destituidos
Pecadores Hasta la Médula
Indignación Justa
Guerra Santa
Un Regalo Más Costoso
El Dilema Divino
Un Redentor Calificado
La Cruz de Jesucristo
La Vindicación de Dios
La Resurrección de Jesucristo
El Fundamento de Fe en la Resurrección
La Ascensión de Cristo Como el Sumo Sacerdote de Su Pueblo
La Ascensión de Cristo Como el Señor de Todo
La Ascensión de Cristo Como el Juez de Todos

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El Poder y el mensaje del Evangelio

El poder y el mensaje del evangelio” de Paul Washer es uno de los título de la serie Recuperando el Evangelio, la cual aborda temas esenciales que han sido incomprendidos, diluidos, e ignorados en muchos púlpitos evangélicos. Mientras lo leía, reflexionaba acerca de cómo luciría la sociedad de hoy si la Iglesia prestara atención a los más pequeños detalles del mensaje más importante de todos los tiempos.

El evangelio es el único mensaje que ha transformado el mundo y dado vida eterna a los hombres.

Una de las características más cautivantes de Washer es su interés por la proclamación y la defensa del mensaje del evangelio, unido a su amor por los perdidos. Esto podemos verlo reflejado en cada una de las páginas de esta obra. El evangelio es el único mensaje que ha transformado el mundo y dado vida eterna a los hombres. Este libro nos invita a reflexionar en la responsabilidad que los creyentes tenemos de tomar con seriedad cada detalle de este mensaje.

“Cuando en muchos púlpitos se está diluyendo, distorsionando y sustituyendo el evangelio, Paul Washer ha sido ampliamente usado por Dios en el mundo de habla hispana para proclamarlo de forma clara y poderosa. Oro para que sus mensajes tengan un alcance aún mayor a través de la página escrita. ¡Lee con cuidado el contenido de este libro, absórbelo, aplícalo a tu propia vida, y luego ve y proclama fielmente este mensaje que hace temblar las puertas del infierno y produce fiesta en los cielos cuando un pecador se arrepiente”. – Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesús en Santo Domingo, República Dominicana

La locura del evangelio

En este libro, el autor nos deja saber que la “locura del evangelio” es el mensaje fundamental de toda la Escritura. Declara que “intentar eliminar el escándalo del mensaje es anular la cruz de Cristo y su poder salvífico” (p. 52). Washer nos muestra el minucioso cuidado que el apóstol Pablo tuvo con este mensaje en su vida, ministerio, y predicación (1 Cor. 1:18).

El evangelio contiene la revelación de la justicia de Dios, la depravación total del hombre, el perdón de pecados a través de la muerte sustitutiva de Cristo, y la verdadera conversión. Sin embargo, muchos han sustituido este glorioso mensaje por un falso evangelio menos escandaloso, lleno de pragmatismo, revelaciones personales infundadas, humanismo, relativismo, y apoyado en intereses personales de hombres corruptos.

El poder y el mensaje del evangelio” nos lleva a conocer esta realidad a través de tres partes: una introducción apostólica, el poder de Dios para salvación, y la acrópolis de la fe cristiana. Posee un lenguaje sencillo y práctico, presenta citas bíblicas para profundizar en cada tema desarrollado, y es útil para todo aquel que “siempre quiera estar creciendo en el evangelio y en su conocimiento del mismo. [El evangelio] no es la introducción al cristianismo, sino que es cristianismo de la A a la Z” (p. 30).

Oro porque Dios use cada palabra de este libro para desafiarnos a conocer, defender, y proclamar este glorioso mensaje con fidelidad. ¡Tienes que leerlo!

“Estoy profundamente agradecido por la claridad de El Poder & el Mensaje del Evangelio escrito por Paul Washer. Los cristianos de hoy en día parecen tener la falsa impresión de que el evangelio se centra en nosotros como si fuera un plan maravilloso para nuestras vidas, como si fuera una manera de encontrar paz, gozo o realización personal, o como si fuera la manera de alcanzar el cielo. Esas bendiciones (y muchas más) hacen parte de los beneficios de creer en el evangelio, pero no son el punto central ni el objetivo principal del mensaje. El evangelio trata de Dios y de Su gloria eterna […] Paul Washer toca el tema majestuosamente en este poderoso estudio bíblico”. – John MacArthur, pastor-maestro de la Grace Community Church y fundador de Gracia a Vosotros.

Poiema Editorial. – 288 pp. Rústica

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La vida de José

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob?

La vida de José es, sin duda, retadora. Desde un punto de vista humano, padeció muchas penurias: su madre murió a los pocos años de su nacimiento; sufrió el desprecio de sus hermanos por ser el favorìto de su padre; fue vendido como esclavo y deportado a Egipto cuando era joven; estuvo acusado falsamente y encarcelado, etc. Si atendemos a la explicación que ofrece nuestra sociedad, tendría que haberse convertido en un hombre amargado y lleno de rencor porque “el mundo le ha hecho así”, como diría la canción.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La vida de José, desgranada en este libro, nos muestra formidablemente cómo atraviesa las distintas pruebas creyendo de corazón que Dios las está permitiendo y se halla a su lado en todo momento. Dios tiene todo bajo control y, en su bondad, permite que José vea el fruto de sus lágrimas: la salvación de su pueblo.

Detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús.

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob? Esta es la cuestión. Y es muy relevante, pues nos atañe a todos. Si no hacemos algo por impedirlo, la vida nos va endureciendo poco a poco. Por lo tanto, necesitamos aprender a vivir como lo hizo José, dependiendo de Dios y confiando en su carácter y promesas, para ser cada vez más como Cristo: personas gozosas, sensibles a la necesidad y agradecidas en todo y por todo.

ÍNDICE

Prefacio
1. ¿La historia de José? Génesis 37 a 50
2. Una familia disfuncional (25:19-37:2)
3. La envidia de los diez hermanos (37:2b-11)
4. José, víctima de la envidia de sus hermanos (37:12-28)
5. Jacob, devastado (37:29-36)
6. Judá y Tamar (38:1-30)
7. José en casa de Potifar (39:1-6a)
8. José y la mujer de Potifar (39:6b-18)
9. José, en la cárcel (39:19-23)
10. Los sueños del copero y del panadero (40:1-23)
11. José comparece ante el Faraón (41:1-32)
12. José, exaltado (41:33-57)
13. El primer viaje de los hermanos a Egipto (42:1-20)
14. Los hermanos vuelven a Jacob (42:21-38)
15. Preparativos para el regreso a Egipto (43:1-15)
16. La segunda estancia en Egipto (43:16-34)
17. Benjamín y la copa del Faraón (44:1-34)
18. José se revela a los hermanos (45:1-15)
19. El retorno a Jacob (45:16-28)
20. Jacob, en Egipto (46:1-30)
21. Jacob, ante el Faraón (46:31-47:12)
22. Hambruna y esclavitud (47:13-26)
23. El juramento de José ante Jacob (47:27-31)
24. Jacob adopta a Manasés y Efraín (48:1-12)
25. Jacob bendice a Efraín y Manasés (48:13-22)
26. El testamento profético de Jacob: (1) Los cuatro hermanos mayores (49:1-12)
27. (2) Los hijos de Lea y de las concubinas (49:13-21)
28. (3) Los hijos de Raquel (49:22-28)
29. La muerte de Jacob (49:29-50:3)
30. El entierro de Jacob (50:4-14)
31. José y sus hermanos (50:15-21)
32. La última voluntad de José (50:22-26)
33. José, el testimonio bíblico

396 pp. Editorial Andamio 2020

SOBRE EL AUTOR
David F. Burt cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Oxford. En 1967 se instaló en Madrid, donde colaboró en el inicio de los Grupos Bíblicos Universitarios de España (GBU). En 1978 se trasladó a Barcelona, donde durante trece años ejerció como pastor de una iglesia evangélica. Actualmente se dedica
a un ministerio de enseñanza y predicación, así como a sus tareas de escritor. Entre sus obras figuran comentarios del Nuevo Testamento como Tito, Filemón, Efesios y Hebreos. Dentro de la serie de comentarios del Antiguo Testamento ha escrito Jonás, Rut, Esdras y Ester.

Te ofrecemos un fragmento de “La vida de José”, de David F. Burt.

Difícilmente podemos afirmar que hemos hecho justicia a la historia de José si hacemos caso omiso de lo que otros textos de la Biblia dicen acerca de él. Por tanto, vamos a concluir nuestra meditación sobre su vida examinando tres textos que dan una exposición resumida de la vida de José.

Salmo 105:16-22. José, ejemplo de la providencia divina

En este repaso histórico, naturalmente José tiene un protagonismo importante. Pero la historia se escribe desde la perspectiva divina, no humana. Por eso, es Dios quien envía a José a Egipto, no sus hermanos, y lo hace a fin de solucionar la hambruna, que en realidad iba a tener lugar años después de la llegada de José al país, pero que ocupa el principio de este resumen (105:16). De hecho, este es el enfoque que José mismo iba a adquirir en cuanto a su vida en Egipto. Cuando se encontró nuevamente con sus hermanos, no les dijo: “Vosotros me vendisteis como esclavo y me enviasteis a Egipto, pero después vino una hambruna y yo estaba en condiciones de ayudar al faraón para solventar la falta de comida”, sino que trazó la providencia divina detrás de las acciones humanas (45:7-8 y 50:20). Sí. Los seres humanos actúan responsable y culpablemente, y tendrán que ser juzgados por sus acciones. Pero el creyente sabe (como José llegó a saberlo) que, más allá de las acciones humanas, Dios está obrando todas cosas para bien de los que le aman (Romanos 8:28). (…)

Así, según el salmo, con José se establece un patrón de aflicción inicial y vindicación final que se ha repetido una y otra vez en la historia del pueblo de Dios, e iba a encontrar su expresión máxima en la humillación y exaltación del Señor Jesucristo. Por supuesto, es un patrón que sigue vigente en nuestra generación y debe caracterizar la experiencia de todos los seguidores de Jesús (2 Timoteo 2:11-12).

Hechos 7:9-15. José, ejemplo de la vida vivida con Dios y tipo de Jesucristo

En la sección de su discurso dedicado a José, Esteban sigue de cerca la narración de Génesis: la traición de los diez hermanos a causa de su envidia; la venta de José como esclavo y su descenso a Egipto; los aflicciones que él sufrió allí; su posterior exaltación por mano del faraón; la llegada de los años de hambruna; la salvación de los egipcios y cananeos por medio de la previsión y buena administración de José; y los tres viajes de los hijos de Jacob a Egipto, culminando en el establecimiento de toda la familia en Gosén. (…)

Lo extraordinario de estas situaciones, sin embargo, es que, detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús. Dios “libró a José de todas sus aflicciones”, y a Jesucristo Dios lo resucitó de entre los muertos. A pesar de la maldad responsable de los seres humanos, Dios obra todas las cosas para bien y para salvación. Las tribulaciones de José lo llevaron a ser el salvador de muchos pueblos, y también de aquellos miembros de su propia familia que habían intentado destruirlo; de manera parecida, los terribles sufrimientos de Jesucristo fueron el medio por el cual Dios proporcionó salvación a sus enemigos, no solamente entre los judíos, sino entre los habitantes de todas las naciones que creen en él.

Igualmente, la exaltación de José a manos del faraón anticipa la exaltación de Jesús por el Padre (Filipenses 2:9-10). José fue “designado gobernador sobre Egipto y sobre toda la casa de Faraón”; Jesús ha recibido señorío, gloria y un reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran. Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será jamás destruido (Daniel 7:14).

Hebreos 11:22. José, ejemplo de fe

En su gran capítulo dedicado a los héroes de la fe, el autor de Hebreos no podía dejar de incluir a José. Él ocupa su lugar de honor entre los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) y Moisés. Sin embargo, el texto dedicado a José sorprende por lo breve, por lo que no dice. El autor podría habernos hablado de la fe de José manifestada en su interpretación de sueños; en su confianza en la providencia de Dios en medio de la tribulación; en su perseverancia en la fe de sus padres a pesar de encontrarse solo y abandonado; en su testimonio fiel ante la corte de Egipto… Pero salta por encima de todo ello y concentra nuestra atención en los últimos momentos de la vida de José.

La esencia de la fe consiste siempre en la apropiación personal de las promesas de Dios y la vivencia a la luz de ellas. Es “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). José vivió toda la vida bajo la convicción de que Dios cumpliría fielmente lo que había prometido a los patriarcas. No puso su corazón en la sabiduría de Egipto, ni en su cultura, ni en sus dioses, sino en el pacto y las promesas de Yahweh. Y la prueba de ello es que, al final de su vida, pudiendo haber sucumbido a la “tentación egipcia” y haber aspirado a tener un entierro lujoso en su país adoptivo, renunció a ello, ordenando el traslado de sus restos mortales a la Tierra Prometida. No solamente eso, sino que también mandó que sus huesos no fueran trasladados allí hasta el momento del éxodo. (…)

Por supuesto, el autor de Hebreos no nos cuenta este momento de la vida de José únicamente para hacer un repaso histórico, sino con la intención de fomentar en nosotros la misma fe que vemos en él. La fe de José se manifestó en la completa coherencia de su vida con respecto a las promesas de Dios. Vivió y murió de una manera consecuente con ellas. (…)

Estos tres textos, por tanto, subrayan para nosotros el significado y la importancia de la vida de José. Debemos considerar su ejemplo como motivo de consuelo y de buen ánimo, porque es la ilustración poderosa de alguien que vivió bajo la providencia de Dios. (…) Sin embargo, su vida no es solamente motivo de consuelo y esperanza, sino también de reto y desafío.

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365 días con George Whitefield

Algunos datos sobre George Whitefield son casi increíbles. ¿En verdad predicó a audiencias atentas de hasta ochenta mil personas al aire libre en una época sin micrófonos? ¿Es cierto que su cuerpo resistió predicar hasta sesenta horas semanales por varios meses a lo largo de su ministerio?

La realidad es que Whitefield fue un hombre usado por Dios de manera única en la historia. El teólogo John Wesley, líder del movimiento metodista, expresó en el funeral de este evangelista:

“¿Hemos leído u oído hablar de alguna persona desde los apóstoles, que haya testificado el evangelio de la gracia de Dios a través de un espacio tan ampliamente extendido, a través de una parte tan grande del mundo habitable? ¿Hemos leído o escuchado de cualquier persona que haya llamado a tantos miles, tantas miríadas de pecadores al arrepentimiento?… ¿Hemos leído o escuchado a cualquiera que haya sido un instrumento bendito en Su mano para traer tantos pecadores de tinieblas a luz, y del poder de Satanás a Dios [como Whitefield]?”.

Predicadores como Martyn Lloyd-Jones, Charles Spurgeon, y J. C. Ryle, —entre otros muy usados por el Señor— han dicho palabras similares sobre Whitefield. Diversos historiadores están de acuerdo con ellas.

¿Quién era este evangelista, qué lo movía, y qué podemos aprender de él?

Renacido para predicar a Cristo

George Whitefield nació el 16 de diciembre de 1714 en Gloucester, Inglaterra. Fue el hijo menor de su familia. Cuando era joven estuvo involucrado en pleitos, mentiras, y robos. El teatro fue su mayor interés en aquel entonces. Tenía un talento indiscutible para la actuación y la oratoria, que luego emplearía en su predicación. El actor David Garrick diría años más tarde: “Daría 100 guineas si tan solo pudiera decir ‘¡Oh!’ como el señor Whitefield”.

A los 18 años, Whitefield entró en Pembroke College, en la Universidad de Oxford, trabajando como conserje. Atendía a estudiantes más adinerados para así poder costear sus estudios. Allí conoció a los hermanos Charles y John Wesley, y se unió a un grupo de estudiantes llamado El Club Santo de Oxford. La meta de los integrantes del grupo era vivir en correcta moralidad religiosa a través de extensos ayunos, oraciones, lectura de la Biblia, etc. Sin embargo, ninguno de sus miembros era un creyente genuino en aquella época.

Whitefield esforzó tanto su cuerpo ayunando y soportando dolores mientras buscaba ser aceptado por Dios, que esto le ocasionó una profunda debilidad física por el resto de su vida. En medio de su esfuerzo agonizante, leyó un libro que le dio su amigo Charles Wesley, “La vida de Dios en el alma del hombre”. Este clásico de la literatura cristiana, escrito por Henry Scougal, habla sobre los primeros versos del capítulo ocho de Romanos. El Señor usó ese libro para que Whitefield entendiera la necesidad del nuevo nacimiento. A los 21 años, George escribió:

“¡Dios me mostró que debo nacer de nuevo o estar condenado! Aprendí que un hombre puede ir a la iglesia, decir oraciones, recibir los sacramentos, y aún así no ser un cristiano… ¡Señor, si no soy un cristiano… muéstrame lo que es el cristianismo, para que yo no sea condenado al final!”.

Whitefield se vio en una intensa lucha dentro de sí al ser confrontado con su incapacidad de salvarse a sí mismo y el significado del evangelio. La tormenta duró hasta el día en que escribió en su diario, estando aún en Oxford,

“Dios se complació en quitar la pesada carga, para permitirme aferrarme a su querido Hijo por una fe viva, y al darme el Espíritu de adopción, para sellarme, hasta el día de la redención eterna. ¡Oh! Con qué alegría, gozo inefable, hasta el gozo lleno y grande de gloria, mi alma se llenó cuando el peso del pecado se apagó, y una sensación permanente del amor de Dios entró en mi alma desconsolada. Seguramente fue un día para ser tenido en eterno recuerdo”.

Desde entonces, Whitefield tuvo el deseo de profundizar en la Palabra y predicarla. La doctrina del nuevo nacimiento fue clave en toda su predicación. Su testimonio nos recuerda que no podemos nacer de nuevo y salvarnos por nuestros esfuerzos. Dependemos por completo de la gracia de Dios.

Predicación sin descanso

Los hermanos Wesley, aún inconversos, partieron de Oxford a la colonia americana de Georgia y dejaron a Whitefield como líder del Club Santo. Allí George predicó el evangelio y organizó reuniones de estudio bíblico. Los miembros de este grupo de estudiantes llegaron a ser etiquetados como Metodistas, debido a su estricta disciplina de profundizar en la Palabra.

Luego de su graduación, George fue ordenado como diácono y poco después como pastor. Empezó a predicar el evangelio en distintas iglesias y cada vez más personas se acercaban a donde él estuviese para escucharlo. En una época donde la predicación del evangelio había estado oscurecida en incontables púlpitos, Whitefield fue como un relámpago dondequiera que fuera.

Impulsado por su amigo Howell Harris, Whitefield comenzó a predicar al aire libre a multitudes. Esta fue una de las decisiones más importantes en la vida del predicador, en vista de que algunas iglesias cerraron sus puertas a él. Tal acción del evangelista fue controversial y vista por muchas personas como fanatismo. Su predicación fue confrontante, exponiendo el evangelio, señalando que muchos ministros en la iglesia de sus días no habían nacido de nuevo en realidad, y causando extremo fervor sobre su audiencia de miles y miles.

Cuando llegó a Norteamérica en 1738 a petición de los Wesley, ellos habían regresado a Europa. Allí asumieron el liderazgo del nuevo movimiento conocido como Metodismo. Whitefield aprovechó su viaje a América para predicar a Cristo. Muchedumbres le seguían a todas partes, pueblos enteros fueron trastornados por su predicación. Ese fue el primero de siete viajes que realizó a Norteamérica, entre 1738 y 1770.

Así Whitefield fue instrumento de avivamiento tanto en Europa como al otro lado del Atlántico. “El mundo entero es ahora mi parroquia”, dijo en 1739 y otra vez 30 años después, cerca de su muerte. “A donde sea que mi Maestro me llame, estoy listo para ir y predicar el evangelio eterno”.

Durante su ministerio soportó fuerte adversidad por parte de muchas personas. Incluso por algún tiempo fue vilipendiado por John Wesley, quien se opuso con denuedo al calvinismo enseñado por Whitefield. Más adelante, ambos volvieron a llegar a términos amistosos, aunque tomando caminos separados. A pesar de su popularidad, George fue perseguido en varios lugares a los que iba a predicar. “Somos inmortales hasta que nuestro trabajo en la tierra esté hecho”, dijo, reconociendo la soberanía de Dios luego de sobrevivir a uno de varios intentos de asesinato. Este hombre era imparable en su ambición de anunciar a Cristo.

Se estima que Whitefield predicó a tal vez 10 millones de oyentes durante su ministerio. La historia testifica del poder en sus sermones y el avivamiento polémico que se desató en su predicación, con multitudes llorando a gritos al ser encaradas con los sufrimientos de Cristo y la gracia de Dios, y siendo transformadas por la Palabra. William Cowper, poeta y escritor de himnos, llegó a decir que en Whitefield “los tiempos apostólicos parecen haber regresado a nosotros”.

Whitefield fue conocido por predicar desde el corazón, con una convicción incontenible. Lloraba a menudo por los pecadores en sus sermones y usaba toda su capacidad oratoria en la exposición de la Palabra. Su pasión era conducir a la gente a mirar a Cristo y aferrarse a Él.

Aunque plantó tres iglesias y fundó un orfanato, la proclamación de la Palabra como evangelista itinerante fue el centro de su ministerio; fue lo que consumió su vida en una época en la que no era fácil viajar largas distancias. Su titánico ritmo de predicación tuvo terribles efectos sobre su cuerpo, acortando sus días.

El 29 de septiembre de 1770, cuando George se preparaba para predicar al aire libre en el pueblo de Exeter, en los Estados Unidos, alguien le dijo: “Señor, usted está más apto para ir a la cama que para predicar”. “Eso es verdad”, respondió Whitefield. Entonces oró: “Señor Jesús, estoy cansado en tu obra, pero no de tu obra. Si no he terminado mi curso todavía, déjame ir una vez más y hablar por ti en los campos, sellar tu verdad, y venir a casa y morir”.

Cuando Whitefield subió al púlpito luego de esa oración, se hizo un silencio en la multitud mientras él se encontraba muy débil para hablar. “Esperaré por la asistencia de gracia del Señor”, dijo luego de varios minutos. Y entonces predicó sobre 2 Corintios 13:5, tal vez su sermón más célebre. A la mañana siguiente, Whitefield partió a la presencia del Salvador que lo llamó a predicar su Palabra.

Las doctrinas de la gracia nos impulsan a evangelizar

Así como Whitefield nos confronta a buscar vivir en más integridad, también nos reta a evangelizar más si hemos creído las doctrinas de la gracia. Estas enseñanzas permeaban su predicación, con la convicción de que eran bíblicas y preciosas.

“Yo abrazo el esquema calvinista, no por Calvino, sino porque Jesucristo me lo ha enseñado”, expresó. A su amigo, James Harvey, le escribió en una carta: “Déjame aconsejarte, querido señor Harvey, dejando todo prejuicio a un lado, que leas y ores sobre las epístolas de Pablo a los Romanos y Gálatas, y entonces déjale decirme qué piensa de esta doctrina”. También afirmó:

“Las doctrinas de nuestra elección y justificación gratuita en Cristo Jesús se imprimen cada día más y más en mi corazón. Ellas llenan mi alma con un fuego santo y me brindan una gran confianza en Dios mi Salvador. Espero que el fuego se contagie entre cada uno de nosotros… Nada más que la doctrina de la Reforma puede hacer esto”.

Las doctrinas de la gracia llenaban de gozo a Whitefield. Él no las veía como simple información para el entretenimiento intelectual, sino como combustible para su ambición de alcanzar a los perdidos para Cristo y adorar al Señor. En una carta sobre predicación a su amigo a Howell Harris, dijo:

“Coloca en sus mentes la libertad y la eternidad del amor elector de Dios, y anímalos a apoderarse de la perfecta justicia de Jesucristo por la fe. Habla con ellos, oh habla con ellos hasta la medianoche, de las riquezas de Su gracia . Diles, oh diles, lo que Él ha hecho por sus almas, y cuán fervientemente Él está ahora intercediendo por ellos en el cielo … ¡Presiona sobre ellos para [llamarlos a] creer inmediatamente! Dispersa oraciones con tus exhortaciones, y por tanto llama al fuego del cielo, incluso el fuego del Espíritu Santo [para que descienda]… Habla en todo momento, mi querido hermano, como si fuera el último. Llora, si es posible, cada argumento y, por así decirlo, obliga a gritar: ‘¡Mira cómo nos ama [Dios]!’”.

La soberanía de Dios en la salvación debe conducirnos a decir con Pablo, “todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna” (2 Tim 2:10). Whitefield entendió eso. Su ejemplo es relevante para quienes estamos en el despertar a las doctrinas de la gracia que vemos hoy en la iglesia de habla hispana.

Los calvinistas deberíamos ser los más fervientes evangelistas, caracterizados por humildad y amor. Si nuestro Dios es el mismo que rescató a George Whitefield, y creemos las mismas verdades que él, ¿cómo podemos justificar a menudo tanto orgullo en nosotros, y tan poca pasión para compartir el evangelio con otras personas? Esta pregunta retumba en mi mente cuando veo a este hombre.

Whitefield fue un personaje único en la historia que Dios está escribiendo en y con la Iglesia, pero la Biblia sí nos dice a cada creyente que somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Por tanto, cobremos ánimo al mirar el ejemplo de este gran evangelista. Busquemos anunciar más el evangelio en medio de las diversas vocaciones que el Señor nos ha dado.

Te ofrecemos los 7 primeros días del mes de Enero:

1 ENERO

El hombre natural

«Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden». Romanos 8:7

Caminar con Dios significa que su bendito Espíritu quita el poder de la enemistad que prevalece en el corazón de una persona. Quizá a algunos les resulte difícil escuchar tal cosa, pero nuestra experiencia diaria demuestra, tal como las Escrituras afirman en tantos pasajes, que la mente carnal, la mente del hombre natural inconverso, y aun la mente del regenerado, en la medida en que cualquier parte suya siga sin renovar, es enemistad, no solo un enemigo, sino «enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden». Ciertamente, uno puede sorprenderse ante el hecho de que una criatura, especialmente una criatura maravillosa como el ser humano, creada a imagen y semejanza de su Creador, pudiera tener algún tipo de enemistad, y mucho menos una enemistad continuada, contra el mismísimo Dios en quien vive, se mueve y tiene su ser. Pero, por desgracia, así es. Nuestros primeros padres la contrajeron cuando cayeron de Dios al comer del fruto prohibido […] y esta misma enemistad gobierna y prevalece en todo hombre engendrado naturalmente del linaje de Adán […]. Quien no es capaz de aprehender esto sigue viviendo en la ignorancia, en términos de salvación, de las Sagradas Escrituras y el poder de Dios. Y todos los que lo sepan, reconocerán de buen grado que, para que una persona pueda caminar con Dios, es preciso destruir el poder de esta enemistad que prevalece en el corazón, puesto que quienes albergan una enemistad y una hostilidad recíproca no caminan juntos ni mantienen relación entre sí […]. Queda destruida en toda alma verdaderamente nacida de Dios y se va debilitando gradualmente a medida que el creyente crece en gracia y el Espíritu de Dios adquiere un dominio cada vez mayor sobre el corazón.

2 ENERO

Orad por nosotros

«Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros». 2 Tesalonicenses 3:1

Debemos orar por aquellos a los que el Espíritu Santo ha encomendado nuestro cuidado. Esto es lo que S. Pablo ruega una y otra vez a las iglesias a las que escribe […]. Sin duda, si el gran S. Pablo, ese vaso escogido, ese predilecto del Cielo, necesitaba las más importunas oraciones de sus conversos cristianos, mucho más habrán de necesitar los ministros comunes del evangelio la intercesión de sus respectivos rebaños […]. Son muchos los que a menudo se privan de un gran bien por su falta de oración por sus ministros, un bien que habrían disfrutado si hubiesen orado por ellos como debieran. Eso por no hablar de la extendida queja por la falta de pastores fieles y diligentes. Pero, ¿cómo habrán de merecer buenos pastores quienes no oran fervientemente a Dios por ellos? Si no oramos al Señor por la cosecha, ¿acaso podremos esperar que envíe a segadores para recolectarla? ¡Qué ingrato es, además, no orar por nuestros ministros! Porque, ¿habrán de velar y obrar en la Palabra y la doctrina por nosotros y por nuestra salvación y no habremos de orar nosotros por ellos a cambio? […] A esto debemos añadirle que orar por nuestros ministros será una prueba tangible de nuestra creencia en que, si bien Pablo planta y Apolos riega, es únicamente Dios quien da el crecimiento. Y también comprobaremos que es el mejor medio que podemos emplear para la mejora de nuestro propio bienestar; porque Dios, en respuesta a nuestras oraciones, quizá les imparta una doble medida de su Espíritu Santo, lo que a su vez les permitirá multiplicar la medida del conocimiento de las cosas espirituales que pueden ofrecernos y usar más eficazmente la palabra de verdad.

3 ENERO

Salmo 46

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». Salmo 46:1

Había una tradición entre los antiguos judíos de que el maná que caía del cielo, a pesar de ser como una pequeña semilla de cilantro, satisfacía todos los paladares, y era como leche para los niños y alimento sólido para los adultos. Con independencia de que esta suposición sea verídica o no, es una observación que mantiene una gran validez con respecto a las afirmaciones de David; si tenemos ojos para ver y oídos para oír, si Dios se ha complacido en retirar el velo de nuestros corazones, tendremos la feliz experiencia de que el libro de Salmos, sin que importen nuestras circunstancias, nos sirva de arsenal espiritual, del que extraer armas espirituales en la batalla más encarnizada, especialmente aquellos que atraviesan tribulaciones, cuando la mano del Señor parece oponerse a ellos. Cuando la incredulidad les impulsa a exclamar: «¡Tengo todo en mi contra!». Si tenemos la presencia de ánimo de acudir al libro de Salmos, podremos encontrar algo que se ajuste a nuestra situación, una palabra de estímulo en la lucha contra nuestro enemigo espiritual. Esto es especialmente aplicable al Salmo 46 […]. No se sabe en qué momento o por qué motivo lo escribió David. Es probable que estuviera atravesando alguna difícil aflicción que lo llevara a expresarse con semejante elocuencia; o que fuera cuando la aflicción hubo pasado, cuando su corazón rebosaba de gratitud y de amor, y esa profunda conciencia de ello le diera a su pluma la precisión de un escribiente muy ligero. Era uno de los salmos favoritos de Lutero. Y cuandoquiera que Philip Melanchthon o cualquier otro de sus amigos le traía noticias tristes, solía decir: «Vamos, cantemos el Salmo 46» y, tras haberlo cantado, su corazón estaba en paz.

4 ENERO

Agradecimiento debido

«El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios». Salmo 50:23

Cuando Dios puso al primer hombre en el paraíso, es indudable que este rebosaba de tal conciencia de las riquezas del amor divino que dedicaba continuamente su aliento vital, que el Todopoderoso le acababa de infundir, a bendecir y exaltar a ese infinitamente generoso y misericordioso Dios en quien vivía, se movía y tenía su ser. Y la mejor idea que podemos formarnos de la jerarquía angélica de lo alto, así como de los espíritus de los justos que acaban de ser perfeccionados, es que rodean continuamente el trono de Dios y claman incesantemente, noche y día: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza» (Apocalipsis 5:12). Aquello que era la perfección del hombre en el comienzo de los tiempos, y que será su dedicación cuando la muerte haya quedado derrotada y el tiempo ya no exista, es indiscutiblemente parte de nuestra perfección, y debiera ser nuestra práctica habitual en este mundo. No dudo que esos benditos espíritus, enviados a ministrar a quienes serán herederos de la salvación, se admiran con frecuencia al acampar a nuestro alrededor y ver nuestros corazones tan escasamente henchidos, y nuestros labios tan infrecuentemente abiertos, para manifestar el bondadoso amor del Señor o cantar sus alabanzas.

5 ENERO

Nuestra primogenitura

«Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él». Efesios 1:17

Dios es amor. Si nuestras propias voluntades o el mundo pudieran hacernos felices, jamás habría enviado a Jesucristo, su Hijo amado, para que muriese y resucitase, y de tal forma liberarnos del dominio de ellos. Pero, debido a que solo pueden atormentarnos y son incapaces de satisfacernos, Dios nos pide que renunciemos a ellos. Si alguien hubiese persuadido al profano Esaú de que no perdiera tan glorioso privilegio, tan solo por satisfacer la inclinación corrupta del momento, cuando le vio a punto de vender su primogenitura por un pequeño plato de lentejas, ¿no cabría pensar que tal persona habría sido amiga de Esaú? Y esa es la situación entre Dios y nosotros. Por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo, somos recién nacidos con una herencia celestial junto con todos los santificados; sin embargo, nuestras voluntades corruptas nos tientan a vender tal gloriosa primogenitura a cambio de las vanidades del mundo, que, tal como sucedía con las lentejas de Esaú, pueden satisfacernos durante un tiempo, pero pronto se agotarán. Dios lo sabe; nos pide que renunciemos a ellas un tiempo, en lugar de perder el glorioso privilegio de esa primogenitura a cambio de un breve disfrute, ya que, si conocemos el poder de la resurrección de Jesucristo, estamos acreditados a la primera. ¡Qué profundas son las riquezas y la excelencia del cristianismo! Bien podía estimar el gran S. Pablo todas las cosas como pérdida y basura por la excelencia de su conocimiento. ¡Bien podemos desear conocer tan ardientemente a Jesús y el poder de su resurrección! Porque aun en este lado de la eternidad nos eleva por encima del mundo y nos hace sentarnos en los lugares celestiales en Jesucristo.

6 ENERO

Los muertos resucitarán

«En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 2 Corintios 4:4

Existen más incrédulos en el seno de la iglesia que fuera de ella. Permítaseme repetirlo, puedes pensar en ello cuando yo esté arremetiendo contra el bramido de las olas4, hay más incrédulos en el seno de la iglesia que fuera de ella. No todo el que hace profesión de fe la posee, no todos poseen lo que se ha prometido, no todos participan de la promesa, ni los que hablan de Dios y lo bendicen tienen al Salvador prometido. Puede que yo lo tenga entre los labios y en la lengua, sin tener lo que se ha prometido o la bendita promesa en el corazón. Una persona moral e intachable en lo que a la ley respecta, una persona que se considera justa debido a que no sabe en qué se basa para ello, una persona que no tiene otra religión más que ir a un lugar de adoración, se valora a sí misma por pertenecer a la iglesia oficial o ser un independiente […]. Sin embargo, por mucho que se consideren a salvo, esas personas no tardarán en ir a un lugar, lo crean o no. Pronto se les convocará ante un tribunal, ante la voz de un arcángel que resuene diciendo: «Levantaos, muertos, y venid a juicio». Los muertos se levantarán y se presentarán ante el Hijo de Dios como Juez de toda la humanidad. Estos, al igual que los infieles, querrán que se les exima de ello, y tal como estos en tiempos dijeron: «Desearía que se me dispensara de presentarme ante Cristo», también querrán evitar presentarse ante él y sufrir su condena. Pero todos habrán de ir al mismo sitio y, dado que no conocen a Dios ni la vida divina, deberán oír y sufrir esta terrible sentencia: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» (Mateo 25:41).

7 ENERO

Un cambio profundo

«El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía». Apocalipsis 22:11

Nuestro Señor lanzó terribles endechas contra los fariseos. Así también los ministros deben enfrentarse a todos los que no se sometan a la justicia de Jesucristo y advertirlos diciendo «ay de vosotros». Casi diría que este fue el último golpe que Jesús asestó a Pablo al convertirlo al cristianismo real; puesto que, tras haberlo golpeado como perseguidor de la religión verdadera, le hizo entrar en razón manifestando su persona y su papel de Salvador. «Yo soy Jesús», dijo nuestro Señor. De ahí que el apóstol escriba: «Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:8). No solo le oímos hablar como un blasfemo, sino también como un fariseo; y de nada nos servirá hablar de estar convertidos hasta que se nos haga entrar en razón y acudamos al Señor Jesucristo como pobres pecadores perdidos para ser lavados en su sangre y vestidos con su gloriosa justicia imputada. La consecuencia de esta imputación o aplicación de la justicia de nuestro Señor será una conversión del pecado a la santidad […]. Quienes están verdaderamente convertidos a Jesús y justificados por medio de la fe en el Hijo de Dios se ocuparán de dar muestras de su conversión, no solo por tener la gracia implantada en sus corazones, sino con esa gracia propagándose por todas las facultades del alma y obrando un cambio universal en todo el hombre.

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Iglesia Radical

En este libro, hay dos principios clave fundamentales que deberían dar forma a la manera en que ‘hacemos iglesia’: el evangelio y la comunidad. Los cristianos estamos llamados a una fidelidad doble, fidelidad primeramente al núcleo esencial del evangelio, y fidelidad también al contexto particular de la comunidad en que se vive lo que se cree. Sea que pensemos en la evangelización, en un compromiso social, en el cuidado pastoral, en la apologética, en el discipulado o en la enseñanza y formación, el contenido esencial tendrá siempre como referencia el evangelio cristiano, siendo su contexto el de una comunidad cristiana comprometida. Nuestra identidad como creyentes queda necesariamente configurada por el evangelio y por la comunidad. Centralidad en el contenido y mensaje del evangelio que tiene una doble vertiente. En primer lugar, supone un estar centrados en palabras, porque así es como se comunica. El evangelio es una buena noticia y es un mensaje muy concreto y particular. En segundo lugar, conlleva plantearse una misión especial por ser el evangelio palabra para proclamación —el evangelio es buena noticia y también un mensaje para ser proclamado y difundido. Todo ello se traduce en el fondo en ¡tres principios fundamentales! Una adecuada puesta en práctica ha de caracterizarse por (1) estar centrada en la palabra contenida en el Evangelio, (2) una fidelidad a su contenido por ser palabra misionera y (3) estar centrada en la comunidad.

Centrada en el Evangelio:

a. centrada en la palabra.

b. centrada en la misión.

2. Centrada en la comunidad.

Tal vez el lector piense que es decir algo obvio. Y, de hecho, eso es precisamente lo que esperamos que ocurra. Pero, antes de seguir adelante, nos gustaría dejar bien claros un par de puntos más a modo de introducción.

En su práctica, los creyentes evangélicos conservadores ponían un debido énfasis en el Evangelio o en la Palabra. Otros, en cambio, y de forma más o menos simultánea, como los que pertenecen a la denominada iglesia emergente, resaltan la importancia de la comunidad. La iglesia emergente es un movimiento de contornos no muy bien definidos, constituido por personas que se plantean nuevas formas de hacer iglesia. Cada uno de estos grupos recela del enfoque contrario, considerándolo débil y no muy adecuado en los puntos en que, respectivamente, creen ser más fuertes que la parte contraria. A los creyentes de talante conservador les preocupa que la iglesia emergente se toma a la ligera lo relacionado con una verdad y el que estén excesivamente influidos por el posmodernismo. La iglesia emergente, a su vez, acusa a las iglesias tradicionales de estar demasiado institucionalizadas, excesivamente centradas en la programación y con un trato duro y poco considerado entre sus miembros.

Llegados a este punto (Dicen los autores), permítasenos, como autores, mostrar nuestra enseña personal al respecto. De entrada, coincidimos con los conservadores en que la iglesia emergente no se toma en serio la existencia de una verdad básica de referencia. Aun así, no creemos que la solución esté en sospechar de su valor comunitario. De hecho, estamos convencidos de que la iglesia emergente puede errar en la faceta comunitaria por no prestar la necesaria atención al factor de la verdad esencial. Si la comunidad cristiana deja de gobernarse por la verdad, tal como debería ser en todos sus posibles apartados, puede caer muy fácilmente en lo caprichoso o indulgente. Existe el peligro real de que la comunidad se reduzca al plano limitado de mi persona y de aquellos con los que me reúno para hablar sencillamente de Dios —una especie de iglesia al estilo de la generación de Friends, esto es, de treintañeros de clase media. No es que esto sea cierto en todas las congregaciones que se autodenominan iglesia emergente, pero el peligro sigue estando ahí. Únicamente la verdad del Evangelio traspasa las barreras de edad, raza y clase social.

Con frecuencia, nos encontramos con personas que reaccionan en contra de la experiencia tenida en iglesias conservadoras de corte muy institucional, con programas en extremo rígidos y con una falta de autenticidad. En esos casos, la iglesia emergente parece ser la única opción viable. Pero también tenemos contacto con personas dentro del movimiento de la iglesia emergente que tienen un deseo de ‘hacer iglesia’ en una forma distinta, pero que, aun así, no quieren aceptar sin más las nociones posmodernas o postevangélicas de la noción de verdad. En ese sentido, creemos que existe una alternativa. Tenemos que volver a entusiasmarnos con la verdad y con la misión evangelizadora, y debemos asimismo mostrar entusiasmo en nuestras relaciones personales y en la comunidad de la fe.

La fiel aplicación de estos principios tiene el potencial necesario para poner en marcha cambios fundamentales y de largo alcance respecto a nuestro modo de vivir esa realidad que es la iglesia local. La teología que realmente cuenta no es aquella que decimos creer, sino la que realmente practicamos y hacemos nuestra. John Stott expresó unas muy acertadas palabras al respecto:

‘Las estructuras estáticas, inflexibles y centradas en ellas mismas no merecen otro calificativo que el de ‘estructuras heréticas’, y ello por encerrar en sí una doctrina herética de la iglesia’. Si, en nuestra vivencia particular, la vida de iglesia se ha convertido en ‘una estructura que se tiene a sí misma como fin, no siendo un medio para transmitir salvación al mundo, será, sin duda alguna, una estructura herética.

Como puntos distintivos de una iglesia centrada en el Evangelio y en la comunidad, cabe señalar:

Ver la iglesia como una seña de identidad y no como una carga de responsabilidad que solucionar junto con otros compromisos; disfrutar con las cosas cotidianas de la existencia como contexto en el que la palabra de Dios se proclama de forma espontánea y natural; no sobrecargar a la iglesia con actividades propias para poder dedicar más tiempo a personas no creyentes; poner en marcha nuevas congregaciones, en lugar de engrosar las ya existentes; preparar charlas bíblicas con otras personas, en vez de limitarnos a estudiar la Biblia por nuestra cuenta y a solas; hacer verdaderamente nuestra una conciencia de misión pastoral que abarque la totalidad de nuestra existencia y no empeñarnos en solucionarlo todo con ministerios específicos; cambiar el énfasis de enseñanza de la Biblia a aprendizaje de la Biblia, y a una puesta en acción; pasar más tiempo con los marginados de la sociedad; aprender a ‘discipularnos’ entre nosotros en el trato diario; ser congregaciones con compromiso, aun con sus fallos, antes que ser iglesias de apariencias.

El título que hemos escogido para este libro, Iglesia radical, apunta a una Iglesia que no es tan sólo un local al que asistir o visitar. La iglesia tiene que ser una identidad hecha nuestra en Cristo. Identidad que da forma y fondo a la totalidad de nuestras vidas, y ello de tal forma que vida y misión se fundan en una ‘iglesia total’. ¿Es nuestra experiencia la de un ‘evangelio y algo más’, y que requiere por tanto un ‘extra’ —en nuestro caso, una comunidad cristiana—, o, por el contrario, es algo que pone trabas al poder de salvación del Evangelio? La respuesta, evidentemente, variará según transmitamos el contenido y mensaje de ese evangelio, dependiendo todo ello en gran medida de si vemos el Evangelio tan sólo como la historia de Dios salvando a las personas de forma individual, o si es Dios dando forma y fondo a una nueva humanidad en Cristo. La primera parte del libro está dedicada al ‘Evangelio y comunidad como principios’, indicándose varias de las razones que han de llevarnos a hacer del evangelio y de la vida de comunidad lo esencial y principal en la práctica cristiana como vivencia y como misión. En la segunda parte, ‘Evangelio y comunidad en la práctica’, se aplica ese doble enfoque a diversas áreas de funcionamiento dentro de la vida de iglesia. Los miembros de la iglesia más dados a la actividad puede que tengan la tentación de saltarse la primera parte para concentrarse directamente en la segunda, pero lo cierto es que las aplicaciones prácticas de la segunda parte están ligadas al contenido y convicciones de la primera. Nuestra intención es ir más allá de una mera recopilación de ‘buenas ideas’ para la vida de iglesia. Es por eso por lo que analizamos detalladamente las implicaciones de lo que proclamamos y creemos respecto al Evangelio y su mensaje.

ÍNDICE

Introducción

Parte 1: El Evangelio y la comunidad como principios fundamentales.

1 ¿Por qué el Evangelio?

2 ¿Por qué la comunidad?

Parte 2: El Evangelio y la comunidad en la práctica.

3 La evangelización

4 El compromiso social

5 Creación de nuevas iglesias

6 La misión mundial

7 Discipulado y formación

8 El cuidado pastoral

9 La espiritualidad

10 La teología

11 La apologética

12 Niños y jóvenes

13 El éxito

Conclusión: Pasión por Dios

Andamio Editorial 254 pp. Junio 2014

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La Predicación Cristocéntrica

¿Cómo puedo predicar y enseñar mejor? Esta es una de las preguntas que domina los artículos y libros cristianos en la actualidad. Y con razón. Muchos han pensado que predicar es fácil: elegir un texto —el que sea— y simplemente hacer comentarios sobre él.

La predicación es un arma fundamental para el crecimiento espiritual en las iglesias. A través de esta forma de enseñanza comprendemos quién es Dios, qué ha hecho por nosotros, y cómo debe ser nuestra respuesta. ¿Qué pasa entonces si se reduce el tiempo de la predicación, o si el predicador usa muchas ilustraciones e incluso chistes para mantener despierta una congregación que muestra poco interés?

En el Nuevo Testamento, Pablo insiste en la importancia de dar a conocer la enseñanza de Dios. Romanos 10:14 dice: “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”. 2 Timoteo 4:1-2 expone: “Te encargo solemnemente:  Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción”. Ambos textos animan a los maestros a predicar con fidelidad, sin importar las circunstancias.

Sea cual sea la realidad de la congregación y su interés por la Biblia, quienes se encargan del ministerio de la Palabra deben prepararse correctamente para mejorar su enseñanza a través de la predicación. En el libro La predicación Cristocéntrica, el Dr. Bryan Chapell propone una metodología y un enfoque centrados en la Escritura para responder a esta necesidad.

El libro se compone de 11 capítulos y 13 apéndices. Todo el contenido de este recurso es altamente recomendado y de mucha edificación.

Los primeros nueve capítulos componen todo el fundamento teórico a tener en cuenta al desarrollar un sermón. Dentro de estos, los cuatro primeros capítulos tratan acerca del sermón, qué es, y qué debe contener. Chapell distingue tres partes del sermón centrado en el evangelio: ethospathos, y logos. Es decir, el predicador (ethos) —cómo vive, su credibilidad, y compasión—, la convicción profunda de lo que se está predicando (pathos), y la Palabra (logos). Adicionalmente, apunta la necesidad de que el sermón tenga unidadpropósitoenfoque determinado en la condición de caída (ECC), y aplicación.

Los siguientes cinco capítulos hacen mayor énfasis en los elementos que componen la estructura del sermón. Chapell desarrolla el material de manera fácil de comprender y sencilla de llevar a la práctica. Aun siendo similar en contenido a otros libros que tratan sobre la predicación, la forma en que el autor explica la necesidad de cada elemento y la manera en que nos lleva a desarrollar cada uno de forma práctica, hacen de La predicación Cristocéntrica un recurso destacable.

Finalmente, los capítulos 10 y 11 —capítulos clave en este libro— hacen énfasis en el enfoque Cristocéntrico y redentor de cualquier sermón. Puede parecer secundario, pero Chapell nos muestra que todo lo visto anteriormente debe llevarnos a que el mensaje esté realmente centrado en Jesús. Cristo es el fin de nuestra enseñanza; quienes nos escuchan deben encontrar gozo al confiar en Dios y saber que su vida tiene sentido a través de la obra de Cristo por medio del Espíritu Santo. La vida cristiana no es un conjunto de acciones morales para “agradar” a Dios, sino la respuesta de una fe viva y apasionada en la obra de Cristo y el carácter de Dios.

A través de este libro, Chapell demuestra su experiencia tanto en lo académico como en lo pastoral. La predicación Cristocéntrica es una obra que conjuga ambas facetas de este gran escritor. Este libro es altamente recomendable para todo aquel que enseña dentro de la iglesia, desde los pastores y predicadores, mujeres que enseñan a otras mujeres, maestros de niños, y también para los estudiantes de institutos bíblicos.

La predicación Cristocéntrica me impactó profundamente. De todos los libros sobre predicación que he tenido la oportunidad de leer, este es el más completo. Encontré refrescante la manera en que Chapell me confrontó sobre algunos elementos de mi predicación que eran pobres o no contaban con un objetivo claro. Este recurso no es para leerse una sola vez, sino también para consultar cada vez que se prepara un sermón. La predicación Cristocéntrica es una obra de arte que debería estar en la biblioteca de todo predicador.

POIEMA PUBLICACIONES. 560 PP.

Iñigo García de Cortázar, junto con su esposa Ana Cristina, es misionero actualmente en Cali, Colombia.

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Construir Puentes

¿Qué es la apologética cristiana? En su sentido básico, es la apología de la fe cristiana, la exposición y la defensa de su afirmación de ser la verdad y de tener relevancia en el gran mercado de las ideas. A medida que en nuestros tiempos la evangelización adquiere cada vez más importancia dentro de la comunidad cristiana, se vuelve progresivamente más relevante la necesidad de justificar responsable y seriamente los temas esenciales de la fe cristiana. La apologética tiene como meta dotar a la evangelización de integridad y de profundidad intelectuales, garantizando que la fe permanezca arraigada en la mente tanto como en el corazón. La fe cristiana no consiste solamente en sentimientos o emociones, sino en creencias. Creer a Jesucristo no supone tan solo amarle, adorarle y poner la confianza en él; conlleva creer determinados aspectos concluyentes sobre su persona, creencias que aseguran firmemente y justifican ese amor, esa adoración y esa confianza. La creencia en Dios está unida indisolublemente a las creencias sobre Dios. La meta principal de la apologética cristiana es generar un clima intelectual e imaginativo propicio para el nacimiento y el crecimiento de la fe, la fe en toda su plenitud y su riqueza.

Este libro aspira a reformular la apologética cristiana. No pretende descartar ni desacreditar los enfoques tradicionales sobre la apologética; lo que desea es complementarlos. Su meta es exponer diversas maneras de concebir y desarrollar la labor apologética, maneras que complementen los enfoques más tradicionales. Este libro no tiene un tono especialmente académico, aunque descansa sobre unos fundamentos que lo son rigurosamente. No defiende ninguna teoría única de la apologética, ni una sola manera de ver las cosas ni las obras de un determinado apologista destacado. Más bien, intenta que los recursos sustanciales de la tradición apologética cristiana incidan sobre las personas y las situaciones de mayor relevancia dentro de la sociedad moderna.

Sobre todo, este libro pretende estimular a sus lectores a explorar y a desarrollar modos de defender el evangelio que se adapten a sus propias necesidades y oportunidades especiales. Aunque reconoce los puntos fuertes de la ciencia apologética centrada en los problemas universales, propugna el arte de un enfoque basado en las personas. La apologética responsable se fundamenta tanto en el conocimiento del evangelio como en el de su público. Las personas tienen diversas razones para no ser cristianas; ofrecen puntos de contacto distintos para el evangelio. Una apologética que sea insensible a la individualidad humana y a la diversidad de situaciones en las que se encuentran las personas llegará a un callejón sin salida… y además rápidamente.

Este libro tuvo su origen en una serie de conferencias pronunciadas en la Universidad de Oxford, y se desarrolló durante giras de conferencias en los Estados Unidos y en Australia. Se espera que este libro contribuya a equipar y a animar al pueblo de Dios en los años venideros. Tienen por delante una gran labor y necesitan todos Ios recursos a los que puedan acceder.

Entonces, ¿cómo cumplir esa misión? ¿Cómo lograr que la ciencia y el arte de la apologética estén conectados? Empecemos echando unos sólidos cimientos teológicos sobre los que poder edificar…

“¡Por fin! Un libro brillante sobre la apologética crilta a (esa materia olvidada) de una de las mentes teológicas más lúcidas de nuestros tiempos”. — Michael Green

“Ameno, actualizado y con un alcance impresionante”. — Gordon R. Lewis

“Riqueza de erudición… con utilidad práctica”. — Evangelical Quarterly

“No reserves este libro para los especialistas. Es para tí — John Allan

El autor Alister McGrath es profesor de Teología histórica en la Universidad de Oxford y director de Wycliffe Hall. Ha escrito numerosos libros influyentes, incluyendo Teología práctica y La autoestima y la cruz (con Joanna McGrath).

ÍNDICE

PRIMERA PARTE: Abrir camino para la fe
1. El punto de contacto: Los fundamentos teológicos de la apologética eficaz
2. Los puntos de contacto: Su identidad y su potencial
3. El paso de fe: De la aceptación al compromiso

SEGUNDA PARTE: Superar las barreras para la fe
4. ¿Qué impide que una persona se haga cristiana? Identificar las barreras para la fe
5. Las barreras intelectuales para la fe
6. El choque entre cosmovisiones: Los rivales modernos del cristianismo
Conclusión

* 436 pp. Editorial Andamio .- 2020

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365 días con J.C.Ryle

El primer advenimiento del Mesías debía ser un advenimiento de humillación. Esa humillación comenzaría desde el momento de su concepción y nacimiento.

A través de una cuidadosa recopilación de lecturas diarias, extraídas de las Meditaciones sobre los Evangelios de J.C. Ryle, Robert Sheehan nos ofrece un encuentro diario con las verdades de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas comentadas con profundidad y claridad. Sus palabras de reto y ánimo, llenas de amor al Señor Jesucristo y de sabiduría práctica, las convierten en una estupenda herramienta de reflexión y meditación para el tiempo devocional individual o familiar. 

Este libro incluye una reflexión y lectura de J.C. Ryle para cada día del año, que junto al versículo diario, la lectura adicional recomendada y la meditación, convierten esta obra en una herramienta idonea para tener un momento devocional diario. Junto a 365 días con Juan Calvino y 365 días con George Whitefield forman una serie de libros devocionales para al menos 3 años con lo mejor de estos 3 autores.

Te presentamos a continuación los 5 primeros días del mes de Enero para que tengas un acercamiento a estas obras sobre el terreno.

1 ENERO Lucas 1:5-7 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Hebreos 12:4-13

Señalemos en este pasaje, por un lado, el buen testimonio que ofrecen los personajes de Zacarías y Elisabet. Se nos dice: «eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor». Importa poco si interpretamos esta justicia como aquella que se imputa a todos los creyentes para su justificación o como aquella que el Espíritu Santo obra interiormente en los creyentes para su santificación. Estas dos clasesde justicia nunca están desvinculadas. No hay justificados que no sean santificados; y no hay santificados que no sean justificados. Nos basta con saber que Zacarías y Elisabet recibieron gracia cuando la gracia era algo muy raro, y que guardaban todas las gravosas ordenanzas de las leyes ceremoniales con reverente rigurosidad cuando pocos israelitas se preocupaban de ellas excepto de manera nominal y formal.

Respecto a nosotros, destaca en este pasaje el ejemplo que esta santa pareja enseña a los cristianos. Esforcémonos por servir a Dios fielmente y por vivir plenamente conforme a la luz recibida como hicieron ellos.

Cabe destacar, por otro lado, la gran prueba por la que Dios quiso que pasaran Zacarías y Elisabet; se nos dice: «no tenían hijo» (v. 7). Difícilmente puede comprender un cristiano moderno todo lo que implicaban estas palabras. Para un judío de la Antigüedad representaba una aflicción muy grande. Carecer de hijos era una de las pruebas más amargas (cf. 1 S 1:10).

La gracia de Dios no evita a nadie los problemas. A pesar de que este santo sacerdote y su esposa eran «justos», tenían un pesar en sus vidas. Recordemos esto si servimos a Cristo y no consideremos las pruebas como algo extraño. Más bien creamos que la sabiduría perfecta de Dios actúa según lo que más nos conviene, y que, cuando Dios nos disciplina, es para «que participemos de su santidad» (He 12:10). Si las aflicciones nos conducen más cerca de Cristo y de la Biblia y nos llevan a orar más, son verdaderas bendiciones. Puede que no pensemos eso ahora, pero pensaremos así cuando nos despertemos en el otro mundo.

MEDITACIÓN: Dios hace que todas las circunstancias obren para nuestro bien si le amamos (Ro 8:28). Él sabe lo que pasaría si nuestras circunstancias fueran diferentes (Sal 81:13-15; Mt 11:21-23). ¿Acaso no podemos confiar en que su sabiduría haya orquestado las circunstancias que más nos convienen para cada situación?

2 ENERO Lucas 1:8-12 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 111

Dios anunció el futuro nacimiento de Juan el Bautista. Se nos dice que a Zacarías se le apareció un ángel del Señor. El ministerio de los ángeles es sin duda una cuestión profunda. En ningún lugar de la Biblia encontramos tan frecuente mención de ellos como en el período del ministerio terrenal de nuestro Señor. Y en ningún momento leemos de tantas apariciones de ángeles como en el de la encarnación y entrada en el mundo de nuestro Señor. El significado de esta circunstancia es bastante claro. Su propósito era enseñar a la Iglesia que el Mesías no era un ángel, sino el Señor de los ángeles, así como el de los hombres. Los ángeles anunciaron su llegada. Los ángeles proclamaron su nacimiento. Los ángeles se regocijaron por su aparición. Y, al hacerlo así, dejaron claro que aquel que venía a morir por los pecadores no era uno de ellos, sino alguien que estaba por encima de ellos: el Rey de reyes y Señor de señores.

De todas las cosas acerca de los ángeles, hay algo que nunca debemos olvidar: tienen un profundo interés en la obra de Cristo y en la salvación que Cristo ha provisto. Cantaron excelsas alabanzas cuando el Hijo de Dios descendió para hacer la paz entre Dios y el hombre por medio de su propia sangre. Se regocijan cuando los pecadores se arrepienten y nacen hijos de nuestro Padre celestial. Se deleitan en ministrar a aquellos que serán los herederos de la salvación. Esforcémonos por ser como ellos mientras estamos en la tierra, tengamos su mentalidad y compartamos sus alegrías. Señalemos en este pasaje, por último, el efecto que produjo en la mente de Zacarías la aparición de un ángel. Esta experiencia de este hombre justo concuerda exactamente con la de otros santos bajo circunstancias parecidas. Como él, cuando tuvieron visiones de cosas que pertenecían al otro mundo temblaron y tuvieron temor.

¿Cómo explicamos este temor? Para esta pregunta solo hay una respuesta. Surge de nuestro sentimiento interno de debilidad, culpa y corrupción. La visión de un habitante del Cielo nos recuerda a la fuerza nuestra propia imperfección y nuestra inadecuación natural para estar delante de Dios. Si los ángeles son tan grandes y terribles, ¿cómo será el Señor de los ángeles?

Bendigamos a Dios porque tenemos un poderoso mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Creyendo en él, podemos acercarnos a Dios con confianza y mirar hacia adelante al día del juicio sin temor. Sin embargo, temblemos al pensar en el terror de los impíos en el día final.

MEDITACIÓN: Nuestro mundo moderno es un testimonio de la sabiduría y el conocimiento de hombres que han desechado el temor de Dios (Ro 3:18). Pero donde no hay temor de Dios, no hay ni verdadera sabiduría ni conocimiento (Sal 111:10; Pr 1:7).

3 ENERO Lucas 1:13-17 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 40:1-10

El que la respuesta a las oraciones se retrase no necesariamente indica que estas sean rechazadas. Zacarías, sin duda, habría orado a menudo pidiendo la bendición de tener hijos y, al parecer, había orado en vano. En esta avanzada etapa de su vida, probablemente habría cesado de mencionar esta cuestión delante de Dios y habría abandonado toda esperanza de ser padre. Pero las primeras palabras del ángel muestran claramente que las oraciones pasadas de Zacarías no habían sido olvidadas (v. 13).

Haremos bien en recordar este hecho cuando nos arrodillemos a orar. Debemos evitar concluir precipitadamente que nuestras súplicas son inútiles, y especialmente cuando se trata de la oración intercesora a favor de otros. No nos corresponde prescribir el tiempo o la forma en que han de ser respondidas nuestras peticiones.

El versículo 14 nos enseña que ningún hijo produce tanto gozo como los que reciben la gracia de Dios. Es mil veces mejor para ellos que la belleza, las riquezas, los honores, el rango o los contactos importantes. Sin gracia, no sabemos lo que pueden llegar a hacer. Es posible que hagan descender nuestras canas con pesar a la tumba.

Los hijos nunca son demasiado jóvenes para recibir la gracia de Dios (v. 15). No hay mayor error que pensar que los niños, por razón de su tierna edad, son incapaces de experimentar la operación del Espíritu Santo. Tengamos cuidado de no limitar el poder y la compasión de Dios. Con él nada es imposible.

La medida de la grandeza que predomina entre los hombres es tremendamente falsa y engañosa. Los príncipes y potentados, los conquistadores y los que dirigen ejércitos, los gobernantes y filósofos, artistas y autores, son la clase de hombres a quienes el mundo considera «grandes». Esa grandeza no es la que reconocen los ángeles de Dios. Ellos consideran grandes a aquellos que hacen grandes cosas para Dios. A los que hacen poco para Dios, los tienen en poco.

MEDITACIÓN: ¿Estamos buscando la alabanza y aprecio de Dios o la de los hombres? (Jn 5:44; Ro 2:29; 1 Co 4:2-5).

4 ENERO Lucas 1:18-25 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Hebreos 3:7-13

En este pasaje vemos el sorprendente ejemplo del poder de la incredulidad en un hombre bueno. A pesar de ser justo y santo, a Zacarías, el anuncio del ángel le parece increíble (v. 18).

Un judío docto como Zacarías no debería haber planteado semejante pregunta. Sin duda estaba bien versado en las Escrituras del Antiguo Testamento. Debería haber recordado los maravillosos nacimientos de Isaac, Sansón y Samuel en tiempos pasados. Debería haber recordado que lo que Dios ha hecho una vez puede volver a hacerlo y que para él no hay nada imposible. Pero se olvidó de todo eso. No pensó más que en los argumentos del razonamiento humano y el sentido humano. Y suele ocurrir en cuestiones religiosas que, cuando comienza la razón, se acaba la fe.

Cuán pecaminoso es el pecado de la incredulidad a los ojos de Dios (v. 20). Las dudas y preguntas de Zacarías le acarrearon un duro castigo. Fue un castigo acorde con la ofensa: la lengua que no estaba dispuesta a hablar el lenguaje de la alabanza confiada se quedó muda. Durante nueve largos meses, por lo menos, Zacarías estuvo condenado al silencio, lo cual le supuso un recordatorio diario de que, por su incredulidad, había ofendido a Dios.

Pocos pecados parecen tan especialmente provocadores para Dios como el pecado de incredulidad. Dudar de que Dios pueda hacer algo cuando promete hacerlo es negar en la práctica que es el Todopoderoso. Dudar de que Dios vaya a hacer algo cuando ha prometido claramente que lo hará es pensar que Dios miente.

Vigilemos y oremos diariamente contra este pecado destructor del alma. Las concesiones en cuanto al mismo roban a los creyentes su paz interior, debilitan sus manos en el día de la batalla, traen nubarrones sobre sus esperanzas. La incredulidad es la verdadera causa de miles de enfermedades espirituales. En todo lo que respecta al perdón de nuestros pecados y a la aprobación de nuestras almas, a las obligaciones y a las pruebas de nuestra vida cotidiana, establezcamos la máxima religiosa de confiar en la Palabra de Dios incondicionalmente y guardémonos de la incredulidad.

MEDITACIÓN: ¿Obtienes poco provecho de la Palabra de Dios, leída o predicada, porque recibes muy poco de ella con fe? (He 4:2).

5 ENERO Lucas 1:26-33 LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Mateo 12:46-50

En estos versículos tenemos el anuncio del acontecimiento más maravilloso que ha ocurrido en este mundo: la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

El primer advenimiento del Mesías debía ser un advenimiento de humillación. Esa humillación comenzaría desde el momento de su concepción y nacimiento. Guardémonos de despreciar la pobreza en otros o en nosotros mismos. El nivel de vida que Jesús escogió voluntariamente debería ser considerado siempre con santa reverencia. Debemos resistirnos a la común tendencia de nuestros días a inclinarnos ante los ricos y a convertir el dinero en un ídolo, y no debemos fomentarla. El ejemplo de nuestro Señor es suficiente respuesta para un millar de máximas serviles bastante corrientes entre los hombres acerca de la riqueza (2 Co 8:9).

Notemos, en segundo lugar, cuán gran privilegio tuvo la virgen María. El lenguaje que utiliza el ángel Gabriel con ella es extraordinario. Es bien sabido el hecho de que la Iglesia católica romana honra a la virgen María de manera poco inferior a como honra a su bendito Hijo. La Iglesia católica romana declara acerca de ella que fue «concebida sin pecado». Es objeto de adoración por parte de los católicos romanos y se ora a ella como mediadora entre Dios y los hombres, considerándola tan poderosa como Cristo mismo. Respecto a esto debemos recordar que no existe la más ligera justificación para ello en la Escritura. Pero, al tiempo que decimos esto, debemos admitir con imparcialidad que ninguna mujer fue nunca tan honrada como la madre de nuestro Señor. Por medio del parto de una mujer, la vida y la inmortalidad salieron a la luz cuando Cristo nació.

Los cristianos no deben olvidar una cosa en relación con este asunto. Existe una relación con Cristo que se halla alcance de todos nosotros; una relación mucho más cercana que la de la carne y la sangre; una relación que pertenece a todos aquellos que se arrepienten y creen (Mr 3:35; Lc 11:28).

¡Cuán gloriosa descripción acerca de nuestro Señor Jesucristo! (vv. 32-33). Acerca de su grandeza ya sabemos algo: ha provisto una poderosa salvación. Ha demostrado ser un Profeta mayor que Moisés. Es el gran Sumo Sacerdote y será mayor aun cuando se convierta en Rey.

MEDITACIÓN: Los verdaderos hermanos de nuestro Señor poseen un parecido familiar (Ro 8:29).

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La Cruz de Cristo

¿Por qué dedicarnos a reflexionar sobre la muerte de Jesucristo en el Monte Calvario en las afueras de Jerusalén? ¿No es una pérdida de tiempo dar tanta importancia a un acontecimiento lejano en el tiempo, del que, fuera de la Biblia, tenemos muy pocos datos, y que pasó desapercibido para la inmensa mayoría de los contemporáneos de Jesús de Nazaret?

Entre muchas razones, podemos destacar tres. Primero, porque la cruz de Cristo se halla en el centro del evangelio cristiano que tenemos la misión de proclamar. John Stott afirmó en su magnum opus sobre la cruz que “la cruz ocupa el centro mismo de la fe evangélica […], ocupa el lugar central en la fe bíblica e histórica”. Este fue el mensaje que los seguidores de Jesús comenzaron a propagar con enorme celo desde pocos días después de su muerte y resurrección, y que siguen proclamando hoy en día en todo el mundo. Para una humanidad atrapada por la maldad, perdida en la oscuridad y que es incapaz de resolver los problemas acuciantes del egoísmo, el odio, la violencia y la crueldad que marcan al ser humano de manera innegable, no existen mejores noticias que las que aporta el evangelio de Cristo. Solo el mensaje de perdón, transformación y salvación que Dios nos ofrece, en base al sacrificio de Cristo en la cruz, presenta la solución que el mundo necesita de manera desesperada. Sin la predicación del evangelio, no hay esperanza para el mundo. Sin la cruz de Cristo, no hay evangelio que predicar.

En segundo lugar, la cruz de Cristo es lo que mejor nos ilumina a nosotros y a nuestra situación existencial. Es a través de la cruz cómo podemos llegar a comprender el peligro de gravedad incalculable que nos amenaza a los seres humanos caídos, colocados bajo el juicio de Dios, el justo Juez de toda la tierra, él que “tiene poder para arrojar al infierno”. La maldad anida en el corazón humano, como enseñó Jesucristo,’ y como demuestra de manera indiscutible la historia de la humanidad. Siglos y milenios de esfuerzo humano han sido incapaces de resolver este problema fundamental y universal. La cruz nos enseña que no hay escapatoria para los que somos pecadores ante Dios, que no sea la muerte de su Hijo en el Calvario, donde tomó el lugar que nos correspondía a nosotros. Pablo el apóstol habló acerca de “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen, porque no hay distinción; por cuanto todos pecaron, y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe”. Solo la cruz de Cristo ofrece un camino de liberación de nuestra esclavitud al mal. Solo el poder del evangelio es capaz de transformar a pecadores en santos.

Podemos aducir una tercera razón: la cruz ilumina también a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo. “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. La cruz nos proporciona la evidencia más contundente acerca del amor inagotable de Dios hacia sus criaturas rebeldes y empedernidas en la maldad. “En esto conocemos el amor, en que él [Cristo] puso su vida por nosotros”. A pesar del hecho de que nosotros habíamos dado la espalda a Dios, despreciando su invitación a experimentar la reconciliación y la paz, él tomó la iniciativa, por medio de su Hijo Jesucristo, para buscar nuestra redención de la situación de esclavitud al maligno, al pecado y a la muerte en que estábamos atrapados. Lo hizo al impulso de su compasión y amor, aun cuando el precio de nuestro rescate fue tan alto.

El apóstol Pablo comprendió perfectamente la centralidad de la cruz de Cristo en el mensaje del evangelio. En su primera carta a los cristianos en Corinto, afirma de forma contundente: “En verdad, los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios Y sabiduría de Dios”. Seguía insistiendo: “pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y este crucificado”. Casi al final de la misma carta, señaló los elementos esenciales del evangelio que predicaba: “Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. En el corazón de su fe y de su predicación se encontraba la cruz de Cristo.

A lo largo del tiempo, y de forma más destacada en los últimos siglos, ha habido una tendencia a reducir el significado de la muerte de Cristo a un ejemplo de cómo enfocar el sufrimiento injusto. Es cierto que el apóstol Pedro señala este aspecto de la cruz: “Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas”. Pero el argumento de Pedro no se reduce a esta faceta ejemplar, sino que insiste en que “[Cristo] mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados”. Más tarde en la misma carta vuelve a enfatizar este aspecto expiatorio y sustitutorio del sacrificio de Jesús: “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”. Al citar las palabras de otro apóstol, Pablo, a su discípulo Timoteo, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”, Andrew Birch afirma: “En el centro mismo de este mensaje está la cruz. Jesús de Nazaret murió crucificado. Pero su cruz es mucho más que solo el lugar y la manera de su muerte; es también el lugar y la manera de nuestra salvación”.

Si desplazamos la predicación de la cruz de su lugar central en el mensaje cristiano, seremos culpables de pervertir el evangelio de Cristo. Esto es lo que ocurría en las iglesias de Galacia, hecho que impulsó el asombro y la denuncia vehemente del apóstol Pablo, a la vez que un resumen enfático de las verdades centrales del evangelio.” Si reconocemos que el mensaje de la cruz es el fundamento irremplazable de la fe cristiano, es de vital importancia que reflexionemos constantemente sobre él, que lo proclamemos con plena convicción y que lo vivamos en todas sus implicaciones insoslayables. “Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo”.

TIMOTEO GLASSCOCK
Estudió derecho en Inglaterra antes de llegar a Madrid como misionero en 1972. Tuvo el privilegio de tener como mentores en sus primeros años en España a personas como Ernesto Trenchard, Pablo Wickham y Juan Solé. Se casó con Elena Gil y en 1982 se trasladaron a Galicia, donde formaron parte del equipo pastoral de la Iglesia de Marín durante veintitrés años. Después de once años colaborando con una iglesia de Salamanca, volvieron a Marín, donde residen en la actualidad. Timoteo tiene un ministerio itinerante de enseñanza bíblica entre las iglesias evangélicas en España y colabora con Proyecto Éfeso, IBSTE y la Escuela Evangélica de Teología. Tienen tres hijos y seis nietos.

ÍNDICE

Capítulo 1. Anticipar la Cruz: la pasión profetizada

Capítulo 2. Contemplar la Cruz: la pasión narrada. Los Evangelios

Capítulo 3. Meditar en la Cruz: la pasión analizada. La primera carta de Pedro

Capítulo 4. Gloriarse en la Cruz: la pasión aplicada. La carta a los Gálatas

112 pp. Andamio Editorial – 2020

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El Enrejado y la Vid

¿Cuál es la meta de la iglesia? ¿Llenar los asientos cada domingo? ¿Aumentar su presupuesto? ¿Crear un montón de programas populares?

En “El Enrejado y La Vid”, Colin Marshall y Tony Payne sugieren algo más sencillo y sumamente más importante: hacer y desarrollar discípulos. El enfoque de la iglesia debe ser el hacer discípulos, alcanzando a los perdidos para madurarlos en Cristo para la gloria de Dios.

La metáfora principal del libro describe la relación de la Iglesia (la vid) y su infraestructura, comités, programas, y actividades (el enrejado). El argumento de los autores es que el enrejado debe apoyar el crecimiento de la vid, no dominarlo. Sin embargo, muchas iglesias se enfocan en los programas, la administración, las actividades y viajes, y no en el crecimiento de las personas en el evangelio.

¿Cómo es que crecen los discípulos?

“La tarea fundamental de todo ministerio cristiano es la de predicar el evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo, cuidando que la gente se convierta, cambie y alcance una mayor madurez en ese evangelio. Este trabajo es como plantar, regar, fertilizar y cuidar una planta”. (p. 14)

Cuando una iglesia se enfoca demasiado en las actividades del enrejado, el hacer de discípulos se deja a un lado. La iglesia necesita un enfoque que tome en serio la meta de hacer discípulos. Además, es necesario que los pastores y las congregaciones entiendan que el hacer discípulos es la responsabilidad de cada creyente, no sólo de los pastores.

“Nuestro argumento es que las estructuras no hacen crecer el ministerio, así como los enrejados no hacen crecer las vides, y que la mayoría de las iglesias necesitan hacer un cambio deliberado: dejar de erigir y mantener estructuras, y dedicarse a formar personas que sean discípulos de Cristo hacedores de discípulos de Cristo. Eso puede requerir de algunos cambios de mentalidad radicales que pueden ser dolorosos”. (p. 23)

Cambios de mentalidad radicales

Los autores presentan a lo menos once cambios de mentalidad en el capítulo que se llama “Todos los cristianos deben ser viñadores”. Los nuevos enfoques incluyen:

  1. Enfocarnos en las personas, en vez de llevar a cabo programas.
  2. Preparar a las personas, en vez de llevar a cabo eventos.
  3. Desarrollar a las personas, en vez de usarlas.
  4. Capacitar a nuevos trabajadores, en vez de llenar vacantes.
  5. Ayudar a las personas a avanzar, en vez de solucionar problemas.
  6. Desarrollar liderazgo de equipo, en vez de aferrarse a los pastores ordenados.
  7. Forjar sociedades pastorales, en vez de concentrarse en la estructura política de la iglesia.
  8. Establecer sistemas locales de capacitación, en vez de depender de otras instituciones dedicadas a ella.
  9. Apuntar a una expansión a largo plazo, en vez de concentrarnos en las presiones inmediatas.
  10. Ocuparse del ministerio, en vez de en la administración.
  11. Buscar el crecimiento del evangelio, en vez del crecimiento de la iglesia.

Obviamente, leer este libro no es suficiente para llevar todo esto cabo. Tampoco es suficiente predicar dos o tres sermones, o enseñar una clase nueva acerca del discipulado. Cultivar una iglesia llena de discípulos que hacen discípulos requiere intencionalidad, fidelidad y paciencia en cada parte de la iglesia.

Los autores sugieren cuatro etapas en el proceso de crecimiento individual en el evangelio: acercamiento, seguimiento, crecimiento, y discipulado (o capacitación). Esto quiere decir que cada persona en nuestras iglesias requiere que alguien le acerque el evangelio, le hable más sobre el evangelio, le ayude a crecer en el evangelio, y le capacite a servir en alguna forma.

La intencionalidad requiere un plan para capacitar a creyentes y a líderes dentro de la iglesia a cómo ser discípulos que hacen discípulos. Los últimos capítulos del libro hablan de manera práctica sobre cómo buscar y capacitar obreros (capítulos 9 y 10), los beneficios del aprendizaje en el ministerio (capítulo 11), y cómo empezar a crear una cultura de discipulado (capítulo 12).

Un llamado a volver a las Escrituras

El Enrejado y La Vid” ha creado muchas conversaciones importantes sobre el discipulado y el ministerio. No es que Payne y Marshall hayan inventado un sistema radical para discipular; lo que hacen es un llamado para volver a las Escrituras para ver cómo la iglesia debe pensar en su identidad y papel de hacer discípulos.

Este llamado es importante, porque es muy fácil que perdamos el enfoque central. Es más sencillo medir el ministerio por el número de asistentes y por los programas que se ofrecen. Es más difícil medir el crecimiento espiritual en una iglesia; por eso tendemos a ser pragmáticos en vez de esperar a que el Espíritu de Dios use la Palabra de Dios para hacer la obra de Dios, usando las palabras de David Jackman.

No exagero al decir que este libro es para cada pastor y plantador de iglesias que quiere desarrollar una cultura del discipulado dentro de su congregación. Si has sido bendecido por los libros de 9Marks, “El Enrejado y La Vid” te encantará.

El contenido de este libro tiene el potencial de transformar tu iglesia para que sea más bíblica y llena del evangelio. Cómpralo. Léelo. Toma notas. Ora por tu iglesia y por ti. Y, sobre todo, cumple tu llamado a hacer discípulos.

Kevin Halloran trabaja con Leadership Resources International en el equipo de América Latina entrenando pastores cómo predicar la palabra de Dios con el corazón de Dios. También sirve en el ministerio hispano de The Orchard – Arlington Heights en los suburbios de Chicago, IL. Puedes encontrarlo en su blog personal donde escribe semanalmente sobre temas evangelio-céntricos y seguirlo en Facebook y Twitter.

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El Cristiano con toda La Amardura de Dios

El libro de William Gurnall, El cristiano con toda la armadura de Dios, es sin duda excepcional por varias razones.

En primer lugar este autor puritano editó el material en tres tomos entre 1655 y 1662, dedicando el primero a los habitantes de Lavenham, donde fue rector de la iglesia en ese lugar, en Sufflok, ciudad entonces de unos 1800 habitantes, de los cuales la mitad eran feligreses suyos. Es decir, estamos ante una rareza porque fue profeta en su propia tierra. De hecho, las evidencias indican que vivió y murió a 50 km de su lugar de nacimiento, y salvo el pastorado y su vida familiar tras casarse con Sarah Mott, con la que tuvo diez hijos en sus 35 años de matrimonio sabemos pocas cosas de este escritor, de no ser por esta gran obra literaria que en vida del autor acumuló seis ediciones. Por otro lado, es uno de esos personajes que a pesar de tener mala salud, centró todos sus esfuerzos en servir a Dios en la iglesia local, dejando a un lado otros compromisos cuando empezaron a conocerle por la relevancia de sus predicaciones, llegando incluso a rechazar una invitación para predicar ante la Cámara de los Comunes en Londres. Gurnall vivió como puritano una vida celosa guardando las enseñanzas de la Palabra de Dios, y abrazando las doctrinas de la Reforma que seguían convulsionando Europa.

Las recomendaciones a la obra de Gurnall durante décadas llegan de hombres como John Newton, quien después de la Biblia tenía este libro como favorito, J. C. Ryle, o Charles Haddon Spurgeon, quien decía que “tiendo a pensar que habrá sugerido más sermones que ningún otro volumen no inspirado. A menudo he recurrido al mismo cuando mi propio fuego ardía bajo, y pocas veces he dejado de encontrar algún carbón encendido en el hogar de Gurnall”. Por todo esto, esta versión abreviada de la obra original, es una buena manera de buscar textos en tiempos próximos a la Reforma de autores con grandes convicciones morales y fuego del Espíritu.

No sé si este libro sirvió como inspiración a C.S. Lewis, cuando escribió Cartas del diablo a su sobrino, donde un diablo experimentado enseñaba las malas artes como tentador y acusador a un joven aprendiz en un tono irónico, pero también Gurnall con mucha sabiduría consigue discernir el comportamiento humano, y en esa línea destila una comprensión poco común de la forma en la que Satanás intenta derribar al cristiano de múltiples formas.

La guerra espiritual tratada con equilibrio y de la que deberían aprender algunos de los supuestos nuevos teólogos neuróticos actuales, fue seguida en momentos históricos complejos e ilumina nuestra experiencia cristiana hoy.

Esta edición recoge de forma resumida los tres libros originales de Gurnall en un solo volumen con un lenguaje actual bien revisado, algo que no es fácil encontrar cuando tratamos obras algo lejanas en el tiempo y es por este motivo que hay que felicitar a la Editorial Peregrino y el Estandarte de la Verdad. Es un libro que a pesar de su extensión se lee con relativa facilidad, y donde destaca el lenguaje para ser soldados en base al texto de Efesios sobre la armadura del cristiano que con ese tono de alerta recorre la Biblia, para mostrar la forma en la cual debemos velar ante las asechanzas de Satanás y sus huestes.

La primera sección que corresponde al primer tomo: Es una llamada al valor y servicio siendo fuertes en el Señor explicando el motivo por el que el cristiano debe armarse, mientras razona cómo es nuestro enemigo y la naturaleza de esta batalla espiritual. No es el momento de dormirse, vivimos para luchar siempre al igual que Satanás está a nuestro alrededor habitualmente buscando a quien devorar (1 P. 5:8). En palabras del autor: “Todo soldado está llamado a una vida de servicio activo, igual que el creyente. La misma naturaleza de ese llamamiento excluye una vida ociosa. Si pensabas ser soldado de verano, considera con cuidado tu comisión” (pág. 46). “En el presente debes vestir el traje de reglamento día y noche. Has de andar, trabajar y dormir con él puesto… Y si ese tentador descarado vigiló tan de cerca a Cristo, ¿no te parece que también te acechará a ti, esperando tarde o temprano sorprenderte con las virtudes dormidas” (pág. 86-87).

La segunda sección que contiene el resumen del segundo tomo:Describe la armadura del cristiano enfatizando la necesidad de un corazón sincero, es necesaria integridad cuyas deficiencias cubre el amor de Dios. En esta parte nos adentramos en la importancia de la santidad, cuestión que caracterizó muchos de los mensajes de los autores puritanos que aspiraban a vivir conforme a la voluntad de Dios en todo. Aquí también se muestra la importancia del evangelio, un mensaje tan grande como bueno, en palabras de Gurnall: “El evangelio trae promesas que anuncian el bien que Dios tiene reservado para los pecadores, mientras que las amenazas son la lengua nativa de la ley. La ley no puede hablar más que juicio para los pecadores; pero el evangelio de la gracia de Cristo les sonríe y alisa las arrugas de la frente de la ley” (pág. 478).

La tercera sección, vinculada al tercer tomo: Continúa desarrollando más elementos de la armadura, exhortándonos porque como se menciona en la segunda sección: “Vivimos en una época crucial. El que esté tan preocupado por proteger su nombre que no tolere sufrir por Cristo ni soportar el barro lanzado por las malas lenguas contra él, tendrá que buscar su propio camino al Cielo… Los reproches externos se pueden soportar y llevar triunfalmente como una corona, si no tienes que luchar con una conciencia que te reproche desde dentro” (pág. 380).

Sólo podemos decir, que este libro es una joya literaria evangélica y que la edición que presentamos tiene todo nuestro respeto por su calidad. Puede solicitarse por Internet siguiendo este enlace: 

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Tratado de Teología

Reseña 49

El Tratado de Teología de Thomas Watson es una de las obras más valiosas de entre los incomparables escritos de los puritanos; y aquellos que mejor la conocen más la aprecian. Watson fue uno de los más concisos, animados, ilustrativos y sugestivos de aquellos eminentes teólogos que hicieron de la era puritana el periodo más excelente de la literatura evangélica. A través de todas sus obras podemos ver una feliz unidad entre la sana doctrina, el examen de conciencia y la sabiduría práctica, y este libro sobresale del resto en utilidad para es estudiante y el ministro.

“Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe” (Colosenses 1:23)

Este libro basado en el Catecismo Menor de la Asamblea de Westminster, donde se recogen y exponen, en forma de preguntas y respuestas, los principios más importantes del cristianismo, diseminados por toda la Escritura. Este catecismo no tiene igual por la «escueta exactitud de las definiciones» y por el «desarrollo lógico» de los fundamentos.

Thomas Watson trata de las principales verdades doctrinales y prácticas de la fe cristiana. Watson transmite su riguroso conocimiento doctrinal y práctico de la verdad en un estilo tan original, conciso, expresivo, mordaz, animado, rico e ilustrativo que se le considera por ello el más leíble de los puritanos.

Es para Watson una necesidad que los cristianos esten bien instruidos en el campo tanto doctrinal como teológico. Es por esto mismo que expone varias ideas en su exposición en este Tratado de Teología:

1 ) ES DEBER DE LOS CRISTIANOS ESTAR FIRMES EN LAS DOCTRINAS DE LA FE.

  • a) La gran finalidad de la Palabra predicada es llevarnos a la estabilidad en la religión.
  • b) Estar firme en la religión es tanto el signo de excelencia como la honra del cristianismo.
  • c) Los que no están firmes en las doctrinas de la fe jamás sufrirán por ella.
  • d) No estar firme en las doctrinas de la fe es una provocación a Dios.
  • e) Si no estás firme en la religión, jamás creceras.
  • f) Tenemos una gran necesidad de estar firmes, por tantas cosas como hay que nos perturban.

2) LA SEGUNDA PROPOSICIÓN ES QUE LA MANERA COMO LOS CRISTIANOS PUEDEN ESTAR FIRMES ES ESTANDO BIEN FUNDADOS.

  • a) De que deberíamos estar fundados en el conocimientos de los principios esenciales.
  • b) Este fundamento es la mejor forma de estar firmes: “Fundados y firmes”.

Tratado de Teología 1

ÍNDICE

Breve nota biográfica acerca de Thomas Watson 7

Un discurso preliminar a la enseñanza de la doctrina 19

I. Introducción 1. El fin principal del hombre 28

2. Las Escrituras 61

II. Dios y su creación 1. El ser de Dios 82

2. El conocimiento de Dios 109

3. La eternidad de Dios 118

4. La inmutabilidad de Dios 127

5. La sabiduría de Dios 136

6. El poder de Dios 147

7. La santidad de Dios 156

8. La justicia de Dios 165

9. La misericordia de Dios 174

10. La verdad de Dios 184

11. La unidad de Dios 192

12. La Trinidad 201

13. La creación 208

14. La providencia de Dios 218

III. La Caída

1. El pacto de las obras 233

2. El pecado 240

3. El pecado de Adán 249

4. El pecado original 257

5. La desgracia del hombre por la Caída 269

IV. El pacto de gracia y su Mediador

1. El pacto de gracia 280

2. Cristo, Mediador del pacto 292

3. El oficio profético de Cristo 300

4. El oficio sacerdotal de Cristo 310

5. El oficio regio de Cristo 335

6. La humillación de Cristo en su encarnación 344

7. La exaltación de Cristo 363

8. Cristo, el Redentor 372

V. La aplicación de la redención

1. La fe 382

2. El llamamiento eficaz 391

3. La justificación 401

4. La adopción 410

5. La santificación 425

6. La seguridad 442

7. La paz 460

8. El gozo 470

9. El crecimiento en la gracia 481

10. La perseverancia 491

VI. La muerte y el día final

1. La muerte de los justos 511

2. El privilegio del creyente al morir 520

3. La resurrección 538

BREVE NOTA BIOGRÁFICA DE THOMAS WATSON

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Tratado de Teología 2

El conocimiento del Dios Santo

Reseña 47

Oseas 4:6 nos enseña que “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento”. Esto no solo aplica a la falta de conocimiento de Su ley sino también a la falta de conocimiento de la persona de Dios. Dios nos dio Su Palabra para que le conociésemos, y es la principal forma de así hacerlo. Pero Él también dio sabiduría para que algunos hombres pudieran escribir sobre ese tema. Con más de un millón de copias vendidas solo en los Estados Unidos, El conocimiento del Dios Santo es considerado uno de los clásicos de la literatura cristiana, probando que J.I. Packer es uno de estos hombres dotados por Dios.

Cada capítulo de esta obra describe un atributo de Dios, lo que nos permite quedarnos meditando en las diversas características de nuestro Dios.

Su inmutabilidad. Todos sabemos que Dios no cambia, pero ¿qué significa eso para la vida del cristiano? Packer nos explica:

Jamás se vuelve menos veraz, menos misericordioso, menos justo, menos bueno de lo que una vez fue. El carácter de Dios es hoy, y lo será siempre, exactamente lo que fue en los tiempos bíblicos (100).

No solo su carácter no cambia: Su verdad no cambia, Sus propósitos no cambian, Su amor no cambia, Su fidelidad no cambia. Toda Su persona es eternamente inmutable, lo que nos lleva a confiar plenamente en Él.

Su verdad. Su Palabra es verdad. Dios se ha comunicado con nosotros a través de toda la historia, y el instrumento principal es mediante Su Palabra:

Dios, nuestro Hacedor, nos conoce antes que digamos nada; pero nosotros no podemos conocerlo Él a menos que se nos dé a conocer. Aquí, por lo tanto, tenemos una nueva razón de por qué Dios nos habla: no solo para movernos a hacer lo que Él quiere, sino para hacer posible que lo conozcamos a fin de que podamos amarlo (142).

Su amor. Es el atributo más conversado y  más mal entendido, tanto por los no creyentes como por los creyentes. Decimos con frecuencia que Dios es amor, pero olvidamos que Su amor, al igual que sus demás atributos, es santo. Tenemos que entender qué es realmente el amor de Dios de una manera bíblica:

El amor de Dios, como se refleja en la Biblia, jamás lo conduce a cometer acciones necias, impulsivas o inmorales, como ocurre con el amor humano…El amor de Dios es severo, porque es expresión de santidad en el que ama y procura la santidad de aquel que es amado (194;158).

Su ira. Packer llama la atención a que una de las cosas más notables sobre la Biblia es el vigor con que ambos Testamentos destacan la realidad y el terror de la ira de Dios. Una mirada a la concordancia nos revelará que en las Escrituras hay más referencias al enojo, al furor y la ira de Dios, que a su amor y su benevolencia (192).

Por esto Dios envió a Su Hijo, para librarnos de Su ira:

Entre nosotros los pecadores y las tormentosas nubes de la ira divina está ubicada la cruz del Señor Jesucristo (201).

¿Conoces tú a tu Dios?

¿Quieres saber qué tanto conoces a Dios? Revisa tu contentamiento, ya que la medida de nuestro contentamiento es uno de los elementos mediante el cual podemos juzgar si realmente conocemos a Dios (40). Dicho de otra manera: mientras menos gozo tengo, menos conozco a mi Dios.

Una vez que comprendemos que el propósito principal para el cual estamos aquí es el de conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida encuentran solución por sí solos (43).

Lo que hace de El conocimiento del Dios santo un libro tan especial es la increíble capacidad que tiene de apuntar más allá de sí mismo; de levantar nuestros ojos de sus letras a nuestro Creador. Así, con el favor de Dios, podemos hacer nuestras las hermosas palabras de Jeremías:

No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza;  mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor”, Jeremías 9:23-24.

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El Conocimiento del Dios Santo 2

Alegría Indestructible

 

Reseña 43

¿Cómo podemos estar seguros de Jesús?

A mediados del siglo pasado el escritor británico C.S. Lewis lo expresó de manera increíblemente acertada:

“Un hombre que fuera simplemente un hombre y que dijera las cosas que Jesús decía no sería un gran maestro de moral. O sería un lunático —como el que dice que es un huevo pasado por agua— o sería el diablo del infierno. Podemos encerrarlo por loco, podemos escupirle y matarlo por demonio, o podemos caer rendidos a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero dejémonos de tonterías condescendientes de que era un gran maestro humano. Él no nos dejó abierta esa posibilidad,. no era ésa su intención.”

En otras palabras, a Jesús no se le puede domesticar, aunque la gente lo intente constantemente. Este hombre parece tener algo para todo el mundo, así que cada uno elige aquello que le sirva para demostrar que está de su parte. En todos los lugares de la tierra tener a Jesús de tu parte se considera como algo bueno; pero no al Jesús original, sin adaptar ni domesticar, sino a la versión revisada de Jesús que encaja dentro de nuestra religión, de nuestra plataforma política o de nuestro estilo de vida.

Es curioso que, de entre las personas que no siguen a Jesús como su Señor y Dios, casi ninguna quiera decir nada malo sobre él. Lo mismo ocurre con las cruces: son bonitas para lucir como joyas, pero nadie quiere morir en una. Las únicas cruces que quiere la gente son las domesticadas. Por tanto, tiene sentido que resulte peligroso creer en un hombre que calculó toda su vida para morir en una cruz.

¿Podemos conocerlo como él era —y es— de verdad? ¿Cómo podemos llegar a conocer a una persona que vivió en la tierra hace dos mil años, uno que afirmó haber resucitado de entre los muertos con vida indestructible y que, por consiguiente, vive hoy? Algunos dicen que no se puede. El Jesús verdadero está enterrado en la historia, dicen, y no podemos tener acceso a él. Otros no son tan escépticos. Creen que el relato bíblico de la vida de Jesús es fiable, y que sus primeros intérpretes, como el apóstol Pablo, son más dignos de confianza que los críticos de hoy en día.

Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que el retrato bíblico de Jesús es verdadero? La gente sigue dos caminos en busca de tierra firme bajo los pies de la fe. Uno es el camino de la concienzuda investigación histórica para probar la autenticidad del relato histórico. Yo seguí ese camino durante mis años de formación en el seminario, en mis estudios de postgrado y en el tiempo en que daba clases en la universidad. A pesar de
los desafíos que experimentó mi fe durante esos años, la convicción de que existían buenas razones para creer en los documentos del Nuevo Testamento relativos a Jesús nunca se debilitó. En la actualidad disponemos de una gran cantidad de libros muy interesantes —tanto eruditos como populares— que dan apoyo a esta convicción.

Pero yo ya no soy profesor universitario; soy pastor. Todavía le doy valor al camino de la investigación histórica académica. De hecho, me apoyo en ella con frecuencia. Sin embargo, me doy cuenta de que la gran mayoría de las personas del mundo nunca tendrá ni el tiempo ni las herramientas necesarios para rastrear todas las pruebas de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento. Si Jesús es el Hijo de Dios, si murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos, y si Dios tenía la intención de que la gente, dos mil años después, tuviera una fe bien fundada, entonces tiene que haber otro camino, aparte de la rigurosa investigación histórica académica, que nos lleve a conocer al verdadero Jesús.

Hay otro camino. Es el que se va a seguir en este libro. Empieza con la convicción de que la verdad divina puede autentificarse a sí misma. De hecho, resultaría bastante extraño que Dios se revelara a sí mismo en su hijo Jesucristo e inspirara el relato de esa revelación en la Biblia, pero que luego no proporcionara una manera para que la gente corriente conozca dicha revelación. En términos sencillos, el camino común para un conocimiento seguro del verdadero Jesús es éste: Jesús, tal y como se revela en la Biblia, tiene una gloria —una excelencia, una belleza espiritual— que por sí misma evidencia que es verdadera. Es como ver el sol y saber que es luz, y no oscuridad, o como probar la miel y saber que es dulce, y no amarga. No existe una larga cadena de razonamientos desde las premisas hasta las conclusiones, sino una percepción directa de que esta persona es verdadera y de que su gloria es la gloria de Dios.

El apóstol Pablo describió este camino hacia el conocimiento de Jesús en 2 Corintios 4:4-6:  … el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo .

Pablo nos dice que Dios ilumina nuestros corazones (como en la obra de la creación) para que percibamos el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Se está refiriendo a personas que jamás han visto al Jesús histórico. ¿Cómo pueden conocerle y estar seguros de él? Lo que “ven” es la descripción verbal de Jesús en el evangelio, es decir, en la predicación apostólica de Cristo. Esta descripción, dice Pablo, acompañada por el resplandor de Dios en nuestros corazones, se nos manifiesta como lo que es de verdad: la gloria de Dios en Jesucristo, o la gloria de Cristo la imagen de Dios.

Alegría Indestructible 3

Vemos que hay dos cosas que hacen que este camino sea posible. Una es la realidad de la gloria de Jesucristo resplandeciendo a través de su descripción en la Biblia. La otra es la obra de Dios para que los ojos de nuestro cegado corazón se abran y puedan ver su gloria. No es que Dios nos “diga” que la Biblia es verdadera, sino que nos capacita para ver lo que se encuen-tra en ella. Hay una gran diferencia. Si Dios nos susurrara al oído que el Jesús de la Biblia es verdadero, entonces ese susurro tendría la autoridad final, y de él dependería todo lo demás. Pero ése no es el camino que yo veo en la Biblia, ni el camino que yo sigo. Por el contrario, Jesús mismo, y su descripción en la Biblia, de inspiración divina, tienen la autoridad final.

La consecuencia práctica de este camino es que no te pido que ores para recibir un susurro especial de parte de Dios que te ayude a decidir si Jesús es real. Lo que te pido es que mires al Jesús de la Biblia. Míralo. No cierres los ojos esperando una palabra de confirmación. Mantén los ojos abiertos y llénalos de la descripción completa de Jesús que te ofrece la Biblia. Si llegas a confiar en Jesucristo como Señor y Dios, será porque ves en él una gloria y una excelencia divinas que son sencillamente lo que son: la verdad.

Este camino se denomina a veces “el testimonio del Espíritu Santo”. Los catecismos antiguos lo expresan de la siguiente manera: El Espíritu de Dios, dando testimonio por y con las Escrituras en el corazón del hombre, es por sí solo totalmente capaz de con-vencerlo de que son la Palabra misma de Dios. Es importante notar que el Espíritu convence por y con las Escrituras. No rodea las Escrituras y las sustituye por revelaciones privadas acerca de las Escrituras. Quita la ceguera de la hostilidad y la rebelión, y así abre los ojos de nuestro corazón para ver el brillo autoevidente de la belleza divina de Cristo.

Por lo tanto, lo que se intenta hacer en este libro es poner de manifiesto el retrato bíblico de Jesús. No he intentado argumentar a su favor desde un punto de vista histórico; eso ya lo han hecho otros autores mejor de lo que podría hacerlo yo, y me gozo con sus trabajos. He tratado de ser fiel a lo que la Biblia dice realmente sobre Jesús. Aunque mi manera de escribir, comparada con la Escritura misma, deje mucho que desear, espero que leer estos trece capítulos sea como ver un diamante a través de trece facetas diferentes. La Biblia misma es la única descripción autorizada del diamante de Jesucristo, así que espero que después de leer este libro, el lector acuda a la Biblia. Por eso he saturado estos breves capítulos con citas de las Escrituras.

Espero que este libro sea útil tanto para los creyentes como para los no creyentes. Le pido a Dios que lo use para despertar a los no creyentes y que puedan ver la grandeza y la gloria de Jesucristo, que se autentifican a sí mismas. Y es mi oración que les sirva a los creyentes para que puedan ver la excelencia de Cristo de forma aún más dulce.

Así, el subtítulo del libro se haría realidad: Ver y saborear a Jesucristo. Cuando vemos a Jesús como él es de verdad, lo saboreamos. O lo que es lo mismo, nos deleitamos en él porque es verdadero y hermoso, y nos llena por completo. Ése es mi objetivo, porque hay dos cosas que se dan cuando se experimenta a Cristo de esta manera: él recibe el honor, y el gozo nos hace libres a nosotros para poder andar el angosto camino del amor. Cuanto más nos satisfacemos en Cristo, más se glorifica él en nosotros. Y cuando nos satisfacemos en él, somos crucificados para el mundo. Así, viendo y saboreando a Cristo se multiplicarán los espejos de su presencia en el mundo. Como dijo el apóstol Pablo: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18). Al contemplar, se llega a ser. Ver a Cristo salva y santifica.

Alegría Indestructible 1

Ya que todo esto, como dice Pablo, viene del Espíritu, he incluido una oración al final de cada capítulo. La acción del Espíritu en nuestra vida es fundamental. Y Jesús dijo: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:13). Me uno en oración a vosotros, lectores sinceros, para pedir medidas más grandes y más llenas de la acción del Espíritu en nuestras vidas. Al mirar a Jesús, que Él nos conceda ver y saborear la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Te invito a que te unas a mí en esta búsqueda seria del gozo eterno, bien fundado y que produce amor. Todo está en juego. En la vida no hay nada más importante que ver a Jesús como él es de verdad y saborear lo que vemos por encima de cualquier otra cosa.

 

Índice

Agradecimientos 7

Prefacio: ¿Cómo podemos estar seguros de Jesús? 9

1 Ver y saborear la gloria de Dios: El fin último de Jesucristo 17

2 Jesús es la gloria de Dios: La deidad de Jesucristo 25

3 El León y el Cordero: La excelencia de Jesucristo 33

4 El gozo indestructible: La alegría de Jesucristo 39

5 Las olas y los vientos todavía conocen su voz: El poder de Jesucristo 47

6 He aquí más que Salomón en este lugar: La sabiduría de Jesucristo 55

7 La gloriosa pobreza de una mala reputación: La profanación de Jesucristo 63

8 El sufrimiento incomparable: La angustia de Jesucristo 71

9 La gloria de rescatar a los pecadores en vez de eliminar a Satanás: El sacrificio salvador de Jesucristo 79

10 La riqueza encarnada de la compasión de Dios: Las misericordias de Jesucristo 87

11 El lado duro: La severidad de Jesucristo 97

12 Vida invencible: La resurrección de Jesucristo 107

13 La aparición de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador: La Segunda Venida de Jesucristo 115

Conclusión: La reconciliación con Dios a través de Jesucristo 121

* Editorial Andamio 2005. – 121 pp. Rústica

 

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Alegría Indestructible 2

 

¿Qué es la Teología Reformada?

Qué es la teología reformada

¿Qué es la Teología Reformada?
R.C. Sproul

Has escuchado acerca de la teología reformada, pero no estás seguro de lo que es. Algunos comentarios han sido positivos, otros negativos. Parece ser importante y te gustaría saber más. Y quieres una explicación completa, no algo simplista..

¿Qué Es la Teología Reformada? No es un libro académico, sino una introducción accesible a las creencias que han sido inmensamente impactantes en la iglesia cristiana a través de toda su historia. En este libro revelador, R. C. Sproul te mostrará los fundamentos de la doctrina reformada y te explicará cómo las creencias reformadas están centradas en Dios, basadas en Su palabra y comprometidas con la fe en Jesucristo. Te mostrará claramente la realidad de la inmensa gracia de Dios.

“Sproul no solo tiene un entendimiento increíblemente amplio sobre la teología reformada, sino que también tiene la habilidad para explicar teología compleja de una manera tanto interesante como entendible… Este es un gran libro de R. C. Sproul en su mejor punto: defendiendo la pureza del evangelio”. – Tim Chales, pastor, autor y reseñador de libros para World Magazine

240 pp. Rústica
Ref. 1949 – 13,99 €

Cómo Jesús transforma los Diez Mandamientos

Reseña 36

Edmund P. Clowney (1917 – 2005) fue Profesor Emérito de Teología Práctica en Westminster Theological Seminary de Filadelfia, puesto que ocupó por espacio de más de tres décadas, siendo durante dieciséis años presidente del seminario. Autor de varios libros, destaca de forma muy particular el renombrado The Unfolding Mystery: Discovering Christ in the Old Testament.

“No penséis que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento”.

Estas palabras de Jesús resultan extrañas, incluso incompatibles con el evangelio de la gracia, a muchos cristianos que se sienten condicionados a recalcar nuestra libertad de la ley. Si Jesús no anuló la ley, entonces ¿qué opinión deberíamos tener hoy en día acerca de los Diez Mandamientos?

Clowney explica cómo Jesús refuerza la ley y expande su alcance a cualquier situación de la vida. Sin embargo, va más allá y encuentra a Cristo en la ley y muestra cómo la cumple para su pueblo. De este modo, los creyentes aprenderán no solo del carácter de Dios revelado en la ley, sino también del evangelio centrado en Cristo.

Este libro, dividido en once capítulos, con preguntas para la reflexión y aplicación, es un recurso perfecto para el estudio en grupo y el crecimiento individual.

Este libro pertenece a la categoría TEOLOGÍA BÍBLICA.

Cómo Jesús 2

Sobre este libro nos cuenta el mismo autor:

“Cada verano en el suroeste de Filadelfia, donde me crié en una casa adosada antes de los días en los que había aire acondicionas asistí al programa infantil de verano en la iglesia Westminster Prebyterian Church. Allí, cuando tenía diez años, me esforcé por memorizar el Catecismo Menor de Westminster para que me diesen la Biblia de Estudio Scofield, ¡que tenía la cubierta de cuero de verdad! La utilicé durante años y aprendí mucho a través de las notas. Pero al leer y estudiar esa Biblia, encontré una nota confusa sobre el Padre Nuestro. Decía que no debía orar el Padre Nuestro porque no era para la era de la iglesia. Si la utilizaba, estaría orando sobre “la base de la ley”. Esta oración se dio únicamente para el reinado de Cristo en el milenio, cuando los cristianos se hallen de nuevo bajo la ley. Solo entonces podrá ser posible que nuestros pecados sean perdonados sobre la base de que nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Este consejo no me pareció correcto. Después de todo, acababa de memorizar todas las preguntas del Catecismo Menor sobre la ley de Dios y el Padre Nuestro. El catecismo daba por sentado que yo aún tenía que tomarme en serio los mandamientos de Dios. Pregunta 42: “¿Cuál es el resumen de los Diez Mandamientos?”. Respuesta: “El resumen de los Diez Mandamientos es: Amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a nosotros mismos”. El catecismo también recomendaba conocer el Padre Nuestro. En relación a perdonar a los demás, el catecismo me había enseñado: “rogamos que Dios, por causa de Cristo, nos perdone gratuitamente todos nuestros pecados; y somos estimulados a pedir esto, porque por su gracia, somos capacitados para perdonar a otros con sinceridad de corazón”) Me quedé dándole vueltas a la pregunta: ¿Qué lugar ocupan los Diez Mandamientos hoy en día en la vida cristiana?

La Biblia Scofield y su influencia

Hasta la publicación de la Biblia de Estudio Scofield, las formulaciones doctrinales, con ayuda de los textos que las justifican, habían dado forma a la mayoría de Biblias de estudio. Sin embargo, la Biblia Scofield, prestaba atención a la historia bíblica y las épocas o períodos en la revelación de Dios. Debido a que tenía diez años, no entendía las diferencias entre el Dr. Scofield y los hombres que redactaron el catecismo al que tanto esfuerzo había dedicado a memorizar. La Biblia Scofield enseñaba el dispensacionalismo, daba énfasis a las diferencias entre los períodos de la historia bíblica. De hecho, la idea de los períodos o eras tenía que ver con los estándares de Westminster,  ya que los miembros de la asamblea de Westminster recalcaron los períodos de la historia de salvación, incluso usaron la palabra “dispensación”. La Confesión de Westminster distingue entre el pacto de las obras, hecho con Adán en el huerto del Edén, y el pacto de la gracia “según el cual Dios ofrece libremente a los pecadores vida y salvación por Cristo…”.

La gracia de Dios fluye a través del Antiguo y del Nuevo Testamento como una corriente constante e inagotable. No obstante, Dios estableció el pacto de la gracia de manera diferente en el tiempo de la ley y en el tiempo del evangelio. La Confesión incluye un capítulo sobre los pactos de Dios donde dice: “No hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones”. La Confesión reconoce que Dios establece el camino de salvación en momentos concretos y usa la palabra “dispensación” en el sentido de “establecimiento”.

Respecto a esta cuestión, J. Nelson Darby, un eruditchl de las Asambleas de Hermanos en Inglaterra, fue aún más lejos que la asamblea de Westminster. Enseñó que las dispensaciones diferían en sustancia y que, por tanto, los distintos períodos de tiempo ofrecían diversos medios de salvación. Según la perspectiva de Darby, el pacto mosaico era uno de obras: si cumplías la ley bajo esta dispensación, obtendrías la salvación. El pacto con Abraham, por el contrario, era un pacto de promesa. Esta es la perspectiva más radical de las diferentes “eras” que descubrí al leer la Biblia Scofield. De acuerdo con este enfoque, los autores del Antiguo Testamento no podían vislumbrar la “era de la iglesia”. Su tiempo de profecía terminó al comenzar la era de la iglesia. Cuando los judíos rechazaron a Jesús, empezó un paréntesis en la historia de la profecía. El pacto de la ley se suspendió y solo volverá cuando Jesús retorne en el milenio, momento en el cual la salvación se obtendrá de nuevo por las obras: por la obediencia a Cristo, que reinará en el trono de David.

Esta lectura de las Escrituras se ha denominado la perspectiva “dispensacional”. Este punto de vista enfatiza las diferencias entre cada era. Aunque muchos la han rechazado (ya que presenta algunos peligros, como veremos), fue útil para muchos cristianos ya que les dio la valiosa sensación de que Biblia presenta una cosmovisión. Para leer la Biblia de forma correcta, uno ha de entender su estructura global. A medida que maduré en mi propia fe, llegué a comprender que no todo el mundo veía la estructura de la Biblia de la manera en la que la Biblia Scofield la presentaba. Muchos argumentaron con contundencia que la gracia siempre debe ser el origen de nuestra salvación. Con el paso del tiempo, un gran número de maestros dispensacionalistas empezaron a cambiar su opinión respecto a la de Darby en lo que se refiere a este punto crucial.

Cómo Jesús 1

Diálogo reformado-dispensacional

Hoy en día este tema parece que ha pasado de moda. Muchos cristianos no conocen lo que significa la palabra “dispensacional” o la importancia que aún tiene en nuestro modo de ver el mundo. Sin embargo, ha ejercido una gran influencia en la opinión que tienen los cristianos de la ley en concreto, pero también, de otros aspectos de la vida cristiana. Hubo una época en la que los dispensacionalistas y los cristianos reformados no tenían mucho tiempo para ocuparse los unos de los otros. No obstante, en los últimos años, han encontrado más puntos de coincidencia.

Un gran número de dispensacionalistas se ha dado cuenta de que la gracia siempre debe ser parte de la salvación y ya no enseñan que la salvación era por obras en el Antiguo Testamento. Esta comprensión ha abierto un diálogo con los seminarios reformados, que siempre se han opuesto con fuerza al dispensacionalismo en este punto. Otro factor que favorece el diálogo es la creciente apreciación de la teología bíblica en los seminarios reformados. Los pensadores reformados se han dado cuenta de que la Biblia no es como un diccionario. La Biblia incluye historias y todas estas historias están unidas en una, la historia global. De este modo, cuando los dispensacionalistas afirman que la gracia de Dios es el origen de la salvación en ambos Testamentos y cuando los pensadores reformados enseñan acerca de la historia de salvación, ambos grupos se unen para apreciar las riquezas desplegadas en la revelación de Dios en las Escrituras.

La “teología bíblica” es el término que ahora usamos en el sentido especial de la teología que no solo es bíblica, sino que se extrae de la historia de la revelación en la Biblia. La Confesión de fe de Westminster y los Catecismos Mayor y Menor siguieron el método temático que comenzaba con la pregunta: “¿Cuál la finalidad principal de la existencia del hombre? La finalidad principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre”. La enseñanza de la Biblia se resume de forma temática de la siguiente manera: “Las Escrituras principalmente enseñan lo que el hombre debe creer respecto a Dios y los deberes que Dios exige al hombre”.

En cambio, la teología bíblica resume la enseñanza de la Biblia siguiendo la historia de la revelación de Dios en los períodos o épocas de la obra de Dios en la creación y en la redención. La a lo que teología bíblica sigue la historia de la Biblia en lugar de los temas únicame que se encuentran en la Biblia. Como disciplina de estudio, la también teología bíblica llegó a Estados Unidos desde Europa, en concreto no solo c desde Alemania y los Países Bajos. En el Seminario de Princeton, significad Geerhardus Vos (1862-1949) enseñó esta disciplina a los alumnos que después la expusieron en el Seminario de Princeton y en el Por eje, de Westminster.

Cómo Jesús 3

La historia interminable

Desde el libro de Génesis en adelante, la Biblia sigue la historia de la simiente de la promesa: el hijo de la mujer que ha de venir para por fin aplastar la cabeza de la Serpiente. Para poder descubrir la historia de la redención en la historia bíblica debemos reconocer los periodos o épocas de esa historia. El dispensacionalismo reconoció de manera correcta que existían diferencias entre esos periodos. Sin embargo, falló al permitir que las diferencias rompiesen la continuidad de la historia del pacto.

He mencionado las diferencias entre la Biblia Scofield y el Catecismo de Westminster, pero mi pregunta original aún se mantiene. ¿Qué papel desempeña la ley en la historia de la redención? Si la ley de Moisés no ofrece la salvación por las obras, ¿cómo prepara el camino para la venida de Cristo? ¿Por qué Dios demandó obediencia a la ley, si la ley nunca podría acercarnos a él?

Jesús señaló que la ley revelada por Dios en el Antiguo Testamento era en sí misma una especie de profecía, una parte de la historia del pacto. Esa historia, que incluye a la ley, apuntaba a lo que iba a venir. En ese sentido, Jesús cumplió la ley no únicamente al obedecerla de forma perfecta por nosotros, sino también al transformar nuestra compresión de la ley. Cristo no solo obedeció la ley, sino que también mostró su verdadero significado y profundidad.

Por ejemplo, piensa en el Gran Mandamiento: ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” (Mt. 22:37). Jesús transformó tanto este mandamiento como el segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:39). La interpretación de Jesús de esta ley y cómo la aplica a su propia vida es radical. Redefine todo desde el término de prójimo hasta el significado de amar a Dios. El amor de Jesús por el Padre era tan grande que estaba dispuesto a ser maldito por el Padre con el fin de llevar a cabo el plan de salvación para aquellos que el Padré le había dado. El amor de Jesús por su prójimo era tan grande que dio su vida por esos “prójimos” (que le odiaban). Una noción tan profunda y radical de la ley muestra el verdadero requisito de este mandamiento: tomar la cruz y seguirle. Del mismo modo que Jesús transforma el mayor de todos los mandamientos, nos muestra un nuevo nivel de interpretación de toda la ley de Dios. Sin Jesús, no tenemos una verdadera comprensión de la ley.

Jesús transfigura la ley en el monte de la transfiguración

Cuando la gloria de Jesús cegó a Pedro, Jacobo y Juan en el Monte de la Transfiguración, también vieron a Moisés y a Elías hablando con Jesús. Pero ni Moisés (el gran dador de la ley) ni Elías (el profeta más poderoso) dieron ninguna explicación a los discípulos de Jesús. La voz del Padre desde la nube dijo: “Este es mi Hijo amado. ¡Escuchadle!” (Marcos 9:7). Jesús no vino a complementar ni a explicar la ley, ni a vivir tan solo por ella. Vino a cumplir la ley en su sentido más profundo. Tenemos que escuchar a Jesús si queremos escuchar la voluntad del Padre. Jesús cumple y transforma toda la ley y todos los profetas. De hecho, ¡él es la nueva ley de Dios!

ÍNDICE

Introducción
1. El Señor del pacto cumple la ley: Jesús y los Diez Mandamientos
2. El primer mandamiento: Un Dios y Salvador
3. El segundo mandamiento: Adoramos la imagen perfecta del Dios invisible
4. El tercer mandamiento: Reverenciar el nombre de Dios
5. El cuarto mandamiento: Descansar en el Señor
6. El quinto mandamiento: La familia de Dios
7. El sexto mandamiento: El Señor de la vida
8. El séptimo mandamiento: La pureza en Cristo
9. El octavo mandamiento: El Señor de la herencia
10. El noveno mandamiento: El Señor, la Verdad
11. El décimo mandamiento: Buscar al Rey y a su reino
12. Conclusión

* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 232 pp.

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Cómo Jesús 2

 

Formación Bíblica de los hijos en el hogar 2

J.C. Ryle

“El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que le dio a luz”. —Proverbios 17:25

Aprenda a decirles “No” a sus hijos. Demuéstreles que puede negarse a aceptar todo lo que usted considera que no es bueno para ellos. Demuéstreles que está listo para castigar la desobediencia, y que cuando habla de castigo, no está sólo listo para amenazar sino también para actuar.

Quiera el Señor enseñarles a todos ustedes qué valioso es Cristo y qué obra poderosa y completa ha realizado en pro de nuestra salvación. Estoy seguro de que entonces usarán todos los medios para traer a sus hijos a Jesús para que vivan por medio de él. Quiera el Señor enseñarles todo lo que necesitan para que el Espíritu Santo renueve, santifique y vivifique sus almas. Estoy seguro de que entonces instarán a sus hijos a que oren sin cesar por tener a Jesús, hasta que ha entrado en sus corazones con poder y los ha convertido en nuevas criaturas. Quiera el Señor conceder esto, y si así sucede, tengo esperanza de que realmente instruirán bien a sus hijos—que los instruirán bien para esta vida y los instruirán bien para la vida venidera, los instruirán bien para la tierra y los instruirán bien para el cielo; los instruirán para Dios, para Cristo y para la eternidad.—J. C. Ryle (1816-1900)

 

Asombrados por Dios

Reseña 37

CAMBIA TU MUNDO POR COMPLETO

JOHN PIPER, por más de 30 años, ha pastoreado en las duras realidades del centro de Mineápolis, predicando a sus oyentes en medio de las altas y bajas de la vida, un domingo a la vez. Al tratar de cautivar a una generación de gozo en una serie final de sermones, Piper vuelve a diez verdades fundamentales que desea hacer resonar en los oídos de sus oyentes. Estas diez verdades hacen temblar al mundo, cada una de ellas en su propia forma. Primero, cambiaron el mundo de Piper. Luego, el de su iglesia. Y continuarán cambiando el inundo mientras el evangelio avance en su anchura y profundidad. Estas doctrinas sorprendentes, como escribe Piper, son «salvajemente indomables, explosivamente incontenibles y eléctricamente creadoras del futuro».

¿Asocias las palabras asombro y compasión con la palabra doctrina? Yo sí. Y no solo esas palabras, sino también alegría, vida y esperanza. Doctrina significa «enseñanza». En algunas ocasiones, se utiliza para referirse a grupos de enseñanza que pertenecen a un grupo religioso, pero cada vez que la palabra doctrina aparece en la Biblia, se traduce de la palabra ordinaria para enseñanza.  Entonces, cuando Jesús observó que la multitud era «como ovejas sin pastor», Marcos nos declara que tuvo compasión de ellos «comenzó a enseñarles muchas cosas» (Mar. 6:34). La compasión de Jesús produjo enseñanza: doctrina. Esto es lo que Jesús hizo más que cualquier otra cosa: El enseñó. «Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando» (Mat. 9:35). Generalmente, la respuesta era asombro. «Al oír esto, la gente quedó admirada de su enseñanza» (Mat. 22:33). El asombro era provocado por la enseñanza, la doctrina, de Jesús. Es sorprendente la forma en que el apóstol Juan hace una conexión entre la doctrina y nuestra relación con Dios.

Él dice:

«Todo el que se descarría y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza sí tiene al Padre y al Hijo» (2 Jn. 1:9). Si atesoramos las verdaderas enseñanzas de Jesús, tenemos a Dios. Esto es asombroso. No en vano, Jesús nos dice que su enseñanza es para nuestra «alegría» (Jn. 15:11) y nuestra «vida» (Jn. 6:68). Y el apóstol Pablo dijo que toda la doctrina de la Biblia es para nuestra «esperanza»
(Rom. 15:4).

Así que, al acercarme al final de mis 33 años como pastor en la Iglesia Bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota, consideré que sería bueno mirar hacia atrás y analizar las doctrinas: las asombrosas, compasivas, vivificantes, alegres y esperanzadoras enseñanzas que mantienen todo unido. Eso es lo que hice en mis últimos sermones en la iglesia. Pienso en ellos como un legado de mensajes. ¿Cuáles eran las principales verdades que deseaba dejar grabadas en la memoria y en la mente de mi gente? Terminé con diez verdades que dieron un giro a mi mundo y al de nuestra iglesia, y continuarán asombrando al mundo entero mientras el evangelio progresa por el poder de Dios. En este libro, quiero guiarte a través de esas diez verdades, así como lo hice con esos sermones finales en Bethlehem. Ciertamente, este libro es un resumen de las principales cosas que traté de impartir durante esos 33 años.

Sin embargo, sería un error leer este libro con nostalgia. Estos mensajes están orientados hacia el futuro. Son para vivir la vida hoy y mañana. En el capítulo 1, explico que el objetivo no era aterrizY el avión después de un vuelo de 33 años en Bethlehem, sino hacer despegar una nueva etapa en la vida de mi gente y en la mía. Estas doctrinas son, como leerás pronto, «indomables, incontenibles y creadoras del futuro». Cada día inicias el resto de tu vida. No tienes obligación con tu pasado. No, si te vuelves a Jesús y crees en sus enseñanzas. No, si estás asombrado por Dios. En cambio, conocerás la verdad, la
doctrina, y la verdad te hará libre (Juan 8:32).

John Piper
Minneapolis, Minnesota
marzo de 2018

Únete a un autor, pastor y conferencista cristiano veterano, mientras él te cautiva con estas diez verdades que te sorprenderán, te llenarán de compasión, te darán vida, despertarán tu gozo y sostendrán tu esperanza, así como lo han hecho para él.

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Asombrados por Dios 2

Cómo Jesús transforma los Diez Mandamientos

Cómo Jesús transforma los diez mandamientos

¿Cómo Jesús transforma los diez mandamientos?
Edmund P. Clowney y Rebecca Clowney Jones

“No penséis que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento”.

Estas palabras de Jesús resultan extrañas, incluso incompatibles con el evangelio de la gracia, a muchos cristianos que se sienten condicionados a recalcar nuestra libertad de la ley. Si Jesús no anuló la ley, entonces ¿qué opinión deberíamos tener hoy en día acerca de los Diez Mandamientos?

Clowney explica cómo Jesús refuerza la ley y expande su alcance a cualquier situación de la vida. Sin embargo, va más allá y encuentra a Cristo en la ley y muestra cómo la cumple para su pueblo. De este modo, los creyentes aprenderán no solo del carácter de Dios revelado en la ley, sino también del evangelio centrado en Cristo.

Este libro, dividido en once capítulos, con preguntas para la reflexión y aplicación, es un recurso perfecto para el estudio en grupo y el crecimiento individual.

ÍNDICE

Introducción
1. El Señor del pacto cumple la ley: Jesús y los Diez Mandamientos
2. El primer mandamiento: Un Dios y Salvador
3. El segundo mandamiento: Adoramos la imagen perfecta del Dios invisible
4. El tercer mandamiento: Reverenciar el nombre de Dios
5. El cuarto mandamiento: Descansar en el Señor
6. El quinto mandamiento: La familia de Dios
7. El sexto mandamiento: El Señor de la vida
8. El séptimo mandamiento: La pureza en Cristo
9. El octavo mandamiento: El Señor de la herencia
10. El noveno mandamiento: El Señor, la Verdad
11. El décimo mandamiento: Buscar al Rey y a su reino
12. Conclusión

232 pp. Rústica
Ref. 1882 – 17,00 €

Lo que los ángeles anhelan leer

Reseña 34

La última frase de 1 Pedro 1:12 ilustra profundamente que la experiencia que tenemos cada vez que abrimos las Escrituras es nada menos que un privilegio celestial, un privilegio que los ángeles no tienen ipero anhelarían disfrutar!

Mark Meynell, con gran maestría, inserta el Nuevo Testamento en la vida. Este libro, que guía al lector por la predicación de Hechos de los Apóstoles, las epístolas y Apocalipsis, además de recurrir a toda una batería de ejemplos trabajados, sermones de muestra y ejercicios personales, ofrece ideas y paradigmas que podrán ayudar incluso a los predicadores más avezados.

El libro que nos ocupa representa ser el tercer volumen de la colección “Taller de Predicación”, colección que hasta la fecha lo componen cuatro obras:

Por supuesto, ni Jesús ni Pablo hicieron lo que este libro pretende hacer para sus lectores. Nunca predicaron del Nuevo Testamento. Nunca lo leyeron tampoco (aunque podamos pensar que Pablo releyó sus cartas dictadas antes de enviarlas, y a veces quizá quisiéramos que, en ciertos lugares, las hubiera editado más a fondo). Aunque parece un pensamiento inusual, creo que vale la pena considerarlo por un momento.
Cuando leemos, predicarnos y enseñamos desde el Antiguo Testamento, estamos manejando lo que Jestiif y Pablo (y todos los apóstoles) sabían con gran profundidad. Tenemos la garantía de que esas Escrituras hablan con autoridad, fueron inspiradas por Dios, escritas para nuestro aprendizaje, provechosas para la instrucción, corrección y enseñanza en justicia, etcétera. Seguimos las claves hermenéuticas de Jesús tras su resurrección en Lucas 24, o por lo menos el patrón de estas, en toda la lev, los profetas y los salmos. Ponemos lo mejor de nosotros para desentrañar la exegesis de Pablo y nos encanta la manera en la que él percibe toda la historia de Dios e Israel en el Antiguo Testamento recapitulada y cumplida en Cristo y que ahora está siendo ampliada a todas las naciones, hacia donde siempre se había dirigido. Dado la significativa proporción de la exposición del Antiguo Testamento en el Nuevo, uno creería que tenemos toda la motivación y buenos modelos de predicación para nosotros mismos. Pero el hecho de que muchos predicadores no saben cómo o encuentran difícil predicar desde el Antiguo
Testamento, justifica necesariamente la edición de este libro, como la del mío, (www.solosanadoctrina.com/tienda/ministerio/722-como-predicar-desde-el-antiguo-testamento.html) Cómo Predicar desde el Antiguo Testamento.
Sin embargo, a pesar de que no vemos a Jesús o a Pablo predicar desde lo que ahora llamamos Nuevo Testamento, ciertamente vemos en ellos algunos modelos maravillosos de comunicación para diversas audiencias. Como este libro hace hermosamente claro, Jesús era un magnífico predicador, profesor, narrador- un comunicador con enorme habilidad y poder. Y Lucas se aseguró de que podamos ver y oír algunos ejemplos clásicos de Pablo predicando, ya sea exponiendo las Escrituras a los judíos, o predicando el mensaje y la verdad de las Escrituras, sin necesariamente citarlas, a los gentiles.
Pero no solo nos proporcionan modelos. Aunque no predicaron del Nuevo Testamento (porque no pudieron), tanto Jesús como Pablo mandaron a sus discípulos a predicar y enseñar lo que eventualmente se convirtió en el Nuevo Testamento. La comisión de Jesús especifica que la tarea de hacer discípulos incluye ‘enseñándoles a obedecer todo lo que yo os he encomendado.’ Y el legado de todo lo que Jesús hizo, enseñó y mandó, se nos ha confiado en los cuatro Evangelios. La pura obediencia misional debe llevarnos a predicar los Evangelios.
Y Pablo instruye a Timoteo a tomar todo lo que de él había aprendido (lo que incluiría el contenido de lo que ahora tenemos en sus cartas) y confiárselo a aquellos que fielmente lo compartirían con otros- por lo tanto, la tarea de predicar las epístolas es, al menos en principio, mandada por Pablo mismo. De manera que, por su ejemplo e instrucción, Jesús y Pablo nos llaman a hacer lo que ellos nunca hicieron- predicar y enseñar esa colección de escritos inspirados que ahora tenemos el privilegio de denominar Nuevo Testamento.
¿Pero por qué deberíamos hacerlo? Quizá la respuesta más concisa a esto, apropiada para un libro de la serie de Recursos de Predicación Langham sea recordar la lógica Langham’ que es un legado del fundador de Langharn Partnership, John Stott. Tenemos tres convicciones bíblicas y una conclusión ineludible, el diría:
Primero Dios quiere que su iglesia madure- no solamente que crezca. Eso quiere decir Dios quiere que su iglesia crezca en madurez en Cristo.
Segundo la iglesia crece a través de la palabra de Dios. Cuando a la iglesia se le alimenta con la palabra, esta crecerá en profundidad y madurez. Cuando no es así, fácilmente caerá en el error o morirá.
Tercero la Palabra de Dios llega a su pueblo principahnente por medio de la predicación. Aunque puede que haya otras maneras en las que los cristianos puedan estudiar la palabra por sí mismos, para muchos creyentes la única forma en la que se alimentan de la Palabra de Dios es cuando alguien más abre la palabra y la predica.
Si estas tres cosas son ciertas, John Stott diría, entonces la pregunta lógica seria: ¿Qué podemos hacer para mejorar el nivel de la predicación bíblica?

Este libro de Mark Meynell jugará sin duda un papel muy significativo para elevar el nivel de la predicación del Nuevo Testamento.

Lo que los angeles anhelan leer 1
Índice
Prólogo 13
Prefacio 17
1. Comprensión del panorama general de la Biblia 21
Sección 1. Predicar sobre los Evangelios y Hechos 53
2. Los desafíos al predicar los Evangelios 55
3. La naturaleza de los Evangelios 63
4. Siguiendo “las pistas” de los Evangelios 69
5. Cuatro rutas desde Jesús hasta nosotros 109
6. Hechos: Trazar el segundo viaje de Lucas 147
Sección 2. Predicar sobre las parábolas 173
7. Predicar las historias de Jesús 177
Sección 3. Predicar sobre las epístolas 217
8. Entender las situaciones particulares de las cartas 221
9. Estudiar los detalles de las cartas 239
Sección 4. Predicar sobre el Apocalipsis 261
10. Acercamiento al libro de Apocalipsis 265
11. El acercamiento a la escritura apocalíptica 279
12. La aplicación del libro de Apocalipsis 299
Conclusión 323
Apéndice 1. Las parábolas de Jesús 327
Apéndice 2. La planificación de series de predicación 331
Apéndice 3. El Milenio 337
Apéndice 4. Citas en el Nuevo Testamento del Antiguo Testamento 341
* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 341 pp.

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Lo que los angeles anhelan leer

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento

Reseña 35

«Todos sufrimos, o sufriremos». O como D.A. Carson lo describe, «todos vamos a sufrir, solo necesitamos vivir lo suficiente».

Timothy Keller, intenta escribir este libro para aquellos que están sufriendo o van a sufrir y usa la imagen del horno de fuego en el libro de Daniel para guiarnos a enfrentar el problema del sufrimiento de una manera conceptual a una más práctica. Cada sección del libro se enfoca en una perspectiva a través de la cual debemos abordar el sufrimiento.

Primero, la visión filosófica, «Conociendo el horno». Aquí, en su típico estilo apologético, Keller busca responder a las inquietudes de aquellos que cuestionan a Dios o a la cosmovisión cristiana. Por supuesto, hace un excelente trabajo describiendo el trasfondo de cada enfoque y argumenta cómo la visión cristiana es la que mejor hace sentido y ofrece la mejor alternativa para enfrentar el sufrimiento. No les voy a mentir, la primera parte es la más difícil de digerir, pero al mismo tiempo trae muchos momentos en los que uno se pregunta: ¿por qué no pensé en esto antes? Excelentemente documentado histórica y académicamente, esta sección nos ayuda a entender mejor las diversas respuestas que hay al sufrimiento y cómo acercar a otros a la visión cristiana.

En la segunda parte, «Enfrentando el horno», el autor navega mucho más cerca de las costas de la teología bíblica. El lenguaje es mucho más sencillo y fundamenta sus argumentos con pasajes bíblicos clave. Una y otra vez se apoya en autores evangélicos (en gran parte reformados) para consolidar sus puntos. Esta sección es lejos la más valiosa para aquellos creyentes que quieran fortalecer sus convicciones y mantener la vista puesta en Jesús, el Dios soberano, el Dios que sufre, y que abre las puertas de la eternidad para dar sentido a nuestro sufrimiento. Además, nos ayuda a mantener una postura bíblica y no subjetiva de manera que entendamos el sufrimiento dentro de los propósitos de Dios y su gloria. Keller escribe: «Jesús no sufrió para que nosotros nunca sufriéramos, sino que para que cuando suframos seamos como Él. Su sufrimiento condujo a la gloria» (199). Aprendemos a poner el sufrimiento en el lugar que le corresponde y así no caer en la culpa o el fatalismo.

Por último, «Caminando con Dios en el horno», responde «cómo, en la práctica, enfrentar y superar el sufrimiento que nos ha sobrevenido» (249). Definitivamente, esta sección es la más pastoral y habla más a los que están actualmente sufriendo que a los que van a sufrir. Lo maravilloso es ver cómo Dios usa las cosas más sencillas para caminar con nosotros en el sufrimiento como el llanto, la gratitud, y la esperanza. Pero, no deja de ser honesto y demuestra que como pastor, e incluso en forma personal (Tim fue operado de cáncer a la tiroides, 350), ha aprendido a caminar con Dios en el horno. En un estilo mayoritariamente devocional, Keller sigue sosteniendo sus posturas por medio de la Escritura y citas de autores tremendamente inspiradoras. Aunque esta tercera parte es la más práctica, cada capítulo termina con una «Historia de vida» o testimonio. Todas son valiosas y no están ahí para rellenar, sino que cada una muestra cómo la perspectiva cristiana ofrece un mejor apoyo para aquellos que han sufrido.

Ya sea que actualmente estés sufriendo o no, este libro es para ti. Pero, no recomiendo la primera sección para aquellos que están sufriendo, te animo a ir a la tercera sección. Al dar un paso atrás y ver el libro completo, aprecio y agradezco cada enfoque; el filosófico, el teológico, y el pastoral, pero creo que por lo mismo es un libro al que hay que volver en diferentes etapas o momentos de nuestro sufrimiento. Recuerdo haber escuchado a C.J. Mahaney hablar de cómo debemos prepararnos y a nuestras iglesias para el sufrimiento antes de que este llegue. Caminar con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, es un recurso indispensable para intentar prepararnos para ese momento y ayudarnos a caminar con Dios cuando más lo necesitemos.

ÍNDICE

Introducción. El estruendo del pánico debajo de todo

PRIMERA PARTE: COMPRENDER EL HORNO
01 >Las culturas del sufrimiento
02 >La victoria del cristianismo
03 >El desafío a lo secular
04 >El problema del mal

SEGUNDA PARTE: ENFRENTAR EL HORNO
05 > El desafío a la fe
06 >La soberanía de Dios
07 >El sufrimiento de Dios
08 >La razón del sufrimiento
09 >Aprender a caminar
10 >Las variedades del sufrimiento

TERCERA PARTE: CAMINAR CON DIOS EN EL HORNO
11 >Caminar
12 >Llorar
13 >Confiar
14 >Orar
15 >Pensar, agradecer, amar
16 >Esperar

* Editorial Andamio 2019Nº páginas: 552 pp.

 

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Caminar con Dios en el dolor y el sufrimiento 2

 

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento

Keller Caminar con Dios a través de el dolor y el sufrimiento.jpg

Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento
Timothy Keller

En este esperado libro, Timothy Keller, cuyo estilo se dirige tanto a los lectores religiosos como a los seculares, explora una de las preguntas más difíciles de la vida: ¿por qué hay tanto dolor y sufrimiento en el mundo? ¿Y cómo lo manejamos de manera que no nos destruya, sino que en realidad pueda hacernos más fuertes y sabios?

Muchos libros intentan explicar el mal y el sufrimiento intelectualmente, mientras que otros ofrecen meras historias inspiradoras. En este libro, Keller intenta unificar las preguntas y experiencias complejas relacionadas con el sufrimiento. Explora el problema filosófico del sufrimiento, después la rica enseñanza bíblica sobre el tema y, finalmente, la experiencia real de tratar con el sufrimiento en términos más prácticos. Servirá como recurso indispensable para todos los que quieran prepararse, o preparar a otros, para afrontar la perspectiva inevitable del dolor y el sufrimiento.

ÍNDICE

Introducción. El estruendo del pánico debajo de todo

PRIMERA PARTE: COMPRENDER EL HORNO
01 >Las culturas del sufrimiento
02 >La victoria del cristianismo
03 >El desafío a lo secular
04 >El problema del mal

SEGUNDA PARTE: ENFRENTAR EL HORNO
05 >El desafío a la fe
06 >La soberanía de Dios
07 >El sufrimiento de Dios
08 >La razón del sufrimiento
09 >Aprender a caminar
10 >Las variedades del sufrimiento

TERCERA PARTE: CAMINAR CON DIOS EN EL HORNO
11 >Caminar
12 >Llorar
13 >Confiar
14 >Orar
15 >Pensar, agradecer, amar
16 >Esperar

552 pp. Rústica
Ref. 1883 – 20,00 €

Dioses que fallan

Dioses que fallan 1.jpg

Existen muchas y buenas razones para leer un libro de Timothy Keller. De entrada, sus escritos recogen sus atinadas reflexiones sobre la realidad política, económica y cultural de nuestra sociedad Occidental. Esto, de por sí, los hace muy interesantes. Pero, sobre todo, el pastor de Nueva York tiene una rara habilidad para mostrar la relevancia de la Biblia para ese mismo mundo actual, y, en particular, la pertinencia del mensaje del evangelioJosé Moreno Berrocal

Dioses que fallan, que tiene como subtítulo las promesas vacías del dinero, el sexo y el poder, y la única esperanza verdadera, trata de un tema tan impopular en estos días como es el del pecado. Keller lo enfoca desde uno de las conceptos bíblicos que, con mayor amplitud, se refieren a la transgresión de la Ley de la Dios, el de la idolatría. Esto no significa que no haya otras perspectivas en las Escrituras para identificar lo que llamamos pecado, pero es la idolatría la que demuestra que el pecado es, esencialmente, oposición y sustitución de Dios. Es fascinante notar cómo Keller, siguiendo a Martín Lutero, cree que no solo el segundo mandamiento prohíbe la idolatría. El primero también lo hace. Como lo expresaba ya nuestro gran reformador y traductor de la Biblia, Cipriano de Valera: “En el primer mandamiento se prohíbe la idolatría interna y mental, y en el segundo, la externa y visible”. Asimismo, la noción de idolatría es un excelente punto de contacto con nuestra cultura, tan familiarizada con la idea de la adicción. Keller, acertadamente, conecta la adicción con la de la idolatría.

Entonces, “¿Qué es un ídolo?” se pregunta Keller y responde así: “es algo que es más importante para usted que Dios, cualquier cosa que cautive su corazón y su imaginación más que Dios, cualquier cosa que espere que le proporcione lo que solamente Dios puede darle”, (19). La idolatría hunde sus raíces en la Caída de la Humanidad en Adán, por lo que está presente en la vida de cada ser humano, nos demos cuenta o no. Como ya cantaba Bob Dylan a finales de los años 70 del siglo pasado: “You gonna have to serve somebody / tienes que servir a alguien”. Todos servimos a algo o a alguien, nos dice Dylan. Y, además, esos ídolos son muchos más de los que nos imaginamos. Como también enseñaba Juan Calvino: “nuestro corazón es una fábrica de ídolos”. Así, Keller menciona muchos tipos de ídolos, analizando el concepto desde muchos y sorprendentes puntos de vista, incluso trayendo una lista de “categorías idolátricas” (195-196).

Dioses que fallan 2.jpg

Para entender bien la idea bíblica de la idolatría es igualmente importante subrayar que ella toma cosas que en sí mismo no son malas, pero que, si se convierten en absolutos, se transforman en ídolos. En las palabras de Thomas C. Oden: “… uno tiene un dios cuando adora un valor último, al que considera algo sin lo cual no se puede vivir feliz” (184, nota 9). Las consecuencias de la idolatría son letales. Los ídolos ciegan a sus seguidores y, finalmente, los esclavizan. El pastor de Manhattan advierte: “Los ídolos no solo distorsionan nuestros pensamientos, sino también nuestros sentimientos”,(152). La idolatría nos coloca bajo el justo juicio de Dios.

El pastor Keller no solo trata de investigar los variados rostros que las Escrituras nos presentan de la idolatría. También se ocupa de la única solución: el evangelio de Jesucristo y este crucificado. Cada capítulo, aparte de un riguroso análisis de la realidad social de nuestro mundo occidental actual y de los ídolos que ha levantado, se centra en algún pasaje bíblico que incida en el tema en cuestión. Así desfilan ante nuestros ojos personajes del Antiguo Testamento como Abraham, Jacob, Zaqueo, Naamán, Nabucodonosor y Jonás. Todos ellos aparecen con el propósito de dirigirnos a Cristo y su salvación. Esto no puede sorprendernos puesto que Keller es discípulo, aventajado, del famoso profesor de Westminster Theological Seminary en Philadelphia, Pennsylvania, Edmund P. Clowney, conocido por enfatizar la importancia de encontrar a Cristo en todas las Escrituras. Por ello, el propósito de Keller siempre es que: “…las verdades del evangelio… conformen todo lo que sentimos y hacemos” (179). Keller presenta el evangelio de la salvación por la obra de la Persona de Jesús en la cruz reiteradamente, de manera inusual a veces, pero siempre exhibiendo la suficiencia de la obra de Cristo. Así, por ejemplo, cuando nos cuenta la historia de Jacob en Peniel, relatada en Génesis 32: 24-31, Keller se pregunta: “¿cómo es que Jacob pudo acercarse tanto a Dios y no morir?”. Su respuesta es esta: “Fue porque Jesús se hizo débil y murió en la cruz para pagar el castigo por nuestro pecado”, (168, 169). Este enfoque cristocéntrico es un aspecto primordial en los libros de Keller y es lo que hace, en mi opinión, que sus libros sean tan oportunos.

Pero no es solo que Keller se refiera a la obra de Cristo, además, muestra magistralmente nuestra necesidad de ese evangelio, al explorar las motivaciones más oscuras que habitan en lo más profundo de nuestros corazones. “La idolatría” dice también Keller, “no consiste solamente en no obedecer a Dios: es poner todo el corazón en algo aparte de Dios”, (176). La solución que trae el evangelio, según el pastor de Manhattan, puede ser perfectamente resumida por una de las frases más impactantes del teólogo escocés Thomas Chalmers: el poder expulsivo de un nuevo afecto. La idolatría es tan poderosa que solo Cristo mismo puede derrotarla. El poder para sustituir a lo que nos esclaviza reside exclusivamente en la cruz del Señor Jesús.

Dioses que fallan 3.jpg

Keller es bíblico y realista, y por ello sabe que ser como Cristo, es la labor de toda una vida y que solo en la eternidad seremos perfectos. Por ello, en el último capítulo de su libro, nos llama a concebir la vida cristiana como un camino de identificación y sustitución de los ídolos de nuestro corazón por una nueva y creciente relación con Cristo. Esta tiene como norte la adoración de Dios, que es el emblema que identifica al pueblo de Dios. Esa vida en Cristo usa como medios de gracia, entre otros, lo que se conoce como las disciplinas espirituales: “como la adoración privada, la adoración colectiva y la meditación” (179).

Estamos, pues, ante otra gran obra de Timothy Keller. Dioses que fallan es un libro que nos examina y que nos revela el gran valor del evangelio de Dios. Solo Cristo puede salvarnos del pecado y de las manos de los falsos dioses que siempre acabarán fallando. Solo Jesús trae la única esperanza verdadera.

 

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“TODO LO QUE SIEMPRE HAS QUERIDO Lo peor que puede pasar La mayoría de personas se pasa la vida intentando hacer realidad los deseos más profundos de su corazón. ¿Acaso la vida no consiste en esto, en “la búsqueda de la felicidad”? Nunca dejamos de buscar maneras de adquirir las cosas que necesitamos y estamos dispuestos a sacrificar mucho para conseguirlas. Nunca imaginamos que obtener los anhelos más profundos de nuestro corazón pueda ser lo peor que nos puede pasar en esta vida. En cierta ocasión, mi esposa y yo conocimos a una mujer soltera, Anna, que quería desesperadamente tener hijos. Al final, se casó y, contrariamente a las expectativas de sus médicos dada la edad de la madre, pudo dar a luz dos niños sanos. Pero sus sueños no se hicieron realidad. Su impulso abrumador de dar a sus hijos una vida perfecta impidió que pudiera disfrutar de ellos. Su sobreprotección, sus temores y sus ansiedades, así como su necesidad de controlar hasta el último detalle de la vida de sus hijos, hizo que su familia padeciera las consecuencias. El hijo mayor de Anna tenía un rendimiento muy bajo en la escuela y evidenciaba síntomas de graves problemas emocionales. El hijo menor estaba dominado por la ira. Es muy probable que el impulso que siente Anna de ofrecer a sus hijos una vida maravillosa sea en realidad lo que acabe arruinándosela. Es posible que obtener el deseo de su corazón haya sido lo peor que le haya pasado en esta vida. A finales de la década de 1980, Cynthia Heimel escribió: “En el mismo instante en que una persona se convierte en una celebridad, se transforma en un monstruo”; y después dio los nombres de tres famosísimas estrellas de Hollywood a las que había conocido antes de que se hicieran famosas. En aquella época, eran “seres humanos realmente agradables… pero ahora se han vuelto semidioses y su ira es implacable”. Luego añadió que, bajo la presión de la fama y de la celebridad, todas las lacras y las miserias del carácter de una persona duplican su virulencia. Puede que sienta curiosidad por saber quiénes fueron esas estrellas de los años 80, pero no hace falta que lo sepa. Justo ahora mismo existen muchos “nombres en negrita” que siguen la misma pauta en su vida, como vemos en las primeras planas de los diarios. Los nombres cambian, pero el patrón es el mismo. La inevitabilidad de la idolatría ¿Cómo es posible que tan a menudo obtener los deseos de nuestro corazón sea catastrófico? En el libro de Romanos, el apóstol Pablo escribió que una de las peores cosas que Dios puede hacerle a una persona es entregarla a los deseos de su corazón (Ro. 1:24). ¿Por qué el máximo castigo imaginable consiste en permitir que alguien alcance el sueño que más ansía? Se debe a que nuestros corazones convierten en ídolos esos deseos. En este mismo capítulo, Pablo resumió? la historia de la raza humana en una sola frase: “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Ro. 1:25). Todo ser humano debe vivir por algo. Siempre tiene que haber algo que capture nuestra imaginación, la lealtad más fundamental de nuestros corazones y nuestras esperanzas. Pero, como nos dice la Biblia, sin la intervención del Espíritu Santo, ese objeto nunca será el propio Dios. Si esperamos que alguna cosa creada nos dé el sentido, la esperanza y la felicidad que solo puede darnos Dios, al final no conseguirá hacerlo y nos romperá el corazón. Aquella mujer, Anna, que estaba arruinando las vidas de su familia, no es que “amara demasiado a sus hijos”, sino que más bien amaba a Dios demasiado poco en relación a ellos. Como resultado, sus hijos-dioses se vieron aplastados por el peso de las expectativas de su madre. Dos filósofos judíos que conocían a fondo las Escrituras llegaron a esta conclusión: “El principio central… de la Biblia es el rechazo de la idolatría”. La Biblia, por lo tanto, está repleta de una historia tras otra que habla de las innumerables formas y los efectos devastadores de la adoración a los ídolos. Todos dios falso que pueda elegir un corazón (sea el amor, el dinero, el éxito o el poder) tiene un relato bíblico poderoso que explica cómo ese tipo concreto de idolatría afecta a nuestras vidas. Uno de los personajes centrales de la Biblia es Abraham. Como la mayoría de los hombres de la antigüedad, deseaba un hijo que pudiera llevar su nombre. Sin embargo, en el caso de Abraham aquel deseo se había convertido en el más profundo de su corazón. Por último, más allá de toda esperanza, Dios le dio un hijo. Ahora disponía de todo lo que deseaba. Entonces, Dios le pidió que renunciara a él (…). Tu camino al monte Piense en las muchas decepciones y problemas que nos acosan. Écheles un vistazo más de cerca y se dará cuenta de que los más poderosos de ellos tienen que ver con nuestros propios “Isaacs”. En nuestras vidas, siempre hay cosas en las que invertimos para obtener cierto grado de alegría y de plenitud que solo puede darnos Dios. Los momentos más dolorosos de nuestras vidas son aquellos en los que nuestros Isaacs, nuestros ídolos, corren peligro o alguien nos los quita. Cuando sucede esto, podemos reaccionar de dos maneras. Podemos decantarnos por la amargura y el desespero. Nos creeremos con derecho a revolcarnos en esos sentimientos, diciendo: “¡Llevo toda la vida trabajando para llegar a este punto de mi carrera, y ahora ha desaparecido todo!”; o “¡Me he pasado la vida trabajando como un esclavo para ofrecerle una buena vida a esa mujer, y así me lo paga!”. Podemos sentirnos con libertad para mentir, engañar, vengarnos o renunciar a nuestros principios para aliviar nuestra angustia. O podemos limitarnos a vivir en la melancolía permanente. La otra manera de reaccionar es la de Abraham: dar un paseo monte arriba. Podría decir: “Veo que me llamas a vivir mi vida sin algo de lo que yo pensaba que no podría prescindir. Pero, si te tengo, poseo la única riqueza, salud, amor, honor y seguridad que realmente necesito y que nunca perderé”. Como muchos han aprendido y más tarde enseñado, hasta que lo único que usted tenga sea Jesús, no se dará cuenta de que Él es todo lo que necesita. Muchos de estos dioses falsos, por no decir la mayoría, pueden quedarse en nuestras vidas una vez los hayamos “degradado” a un puesto inferior a Dios. Entonces, no nos dominarán ni asediarán con ansiedad, orgullo, ira y agobio. A pesar de todo, no debemos cometer el error de pensar que esto significa que lo único que debemos hacer es estar dispuestos a separarnos de nuestros ídolos, en lugar de abandonarlos por completo. Si Abraham hubiera subido a la montaña pensando “Lo único que tengo que hacer es poner a Isaac sobre el altar, pero sin sacrificarlo de verdad”, ¡no habría superado la prueba! Para que un elemento presente en nuestras vidas sea seguro, tiene que haber dejado de ser un ídolo. Esto solo puede suceder cuando estamos realmente dispuestos a vivir sin ello, cuando decimos desde el corazón: “Como tengo a Dios, puedo vivir sin ti”. A veces, parece que Dios nos mata cuando, en realidad, nos esta? salvando. En este caso, estaba transformando a Abraham en un gran hombre, pero aparentemente daba la sensación de que Dios era cruel. Seguir a Dios en semejantes circunstancias parece ser un tipo de “fe ciega”, pero en realidad es una fe vigorosa y agradecida. La Biblia está llena de relatos sobre personajes como José, Moisés y David, que hablan de momentos en los que Dios pareció abandonarles, aunque más adelante se reveló que lo que hizo fue destruir los ídolos perniciosos de sus vidas, algo que solamente se podía hacer si ellos pasaban por aquella experiencia difícil. Igual que Abraham, Jesús luchó intensamente con el llamado de Dios. En el huerto de Getsemaní, preguntó al Padre si no había ninguna otra alternativa, pero al final subió obediente al Calvario y a la cruz. No podemos saber todos los motivos por los que nuestro Padre permite que nos pasen cosas malas, pero, como hizo Jesús, podemos confiar en Él en esos momentos difíciles. Cuando le contemplemos y nos regocijemos en lo que hizo por nosotros, tendremos la alegría y la esperanza necesarias (además de vernos libres de los dioses falsos) para seguir el llamado de Dios cuando las circunstancias parecen tan oscuras como difíciles.”

* Editorial Andamio 1ª edición Enero 2015Nº páginas: 208 pp.

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El Evangelio para los Musulmanes

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«No crean que cuando oramos a Dios… y ellos oran a Alá…» Nos encontrábamos en una conferencia misionera enfocada en la evangelización mundial. La encuesta se relacionaba con los medios de comunicación cristianos, pero aquella mirada arrogante asumía que cualquier persona razonable estaría de acuerdo con la evaluación generosa que él estaba a punto de hacer. —¿No creen que le estamos hablando al mismo Dios? —concluyó. —Y… la verdad que no —dije—. En realidad, creo que pensar así es peligroso.¿Peligroso? —respondió, mirándome fijamente—. ¿Por qué?Bueno —dije—, por supuesto que hay algunas similitudes entre ambas creencias, especialmente si hablamos de ciertas acciones morales. Sin embargo, cuando nos referimos a los temas más importantes (por ejemplo, cómo conocer a Dios) confundir al dios del islam con el Dios de la Biblia hace que el evangelio (punto crucial de nuestra salvación eterna) se torne confuso.

SUPONGA QUE HOY TIENE LA OPORTUNIDAD DE COMPARTIR EL EVANGELIO CON UN MUSULMÁN ¿SE SENTIRLA PREPARADO’?

Desearía sentirse preparado y emocionado. En vez de eso, se siente con el pecho tenso mientras que un pánico ligero empieza a surgir.

¿Qué pasaría si digo algo equivocado?

¿Y si me preguntan y no se cómo responder?

¿Qué pasaría si la situación se torna insoportablemente extraña?

Todos nos hemos hecho estas preguntas, pero la confianza no llega por casualidad: viene de la preparación. En El evangelio para los musulmanes, Thabiti Anyabwile, un exmusulmán que encontró a Jesús, le equipará para evangelizar con confianza, enseñándole:

• A maravillarse ante el evangelio y a confiar en el Espíritu Santo;

• Qué preguntas esperar y cómo responderlas;

• Cómo permanecer firme y mostrar gracia cuando es importante.

Es este un libro esencial en este plano de evangelización por cuatro razones:

En primer lugar, Thabiti es una persona compasiva. Aunque nunca lo vi amilanarse ante la verdad, tampoco es descortés. Su modo de hablar está lleno de gracia y verdad, y eso se destaca en este libro.

En segundo lugar, Thabiti es audaz. Lo he visto hablar de Jesús en una multitudinaria conferencia de musulmanes, de los cuales la gran mayoría era amigable, algunos estaban muy enojados y todos estaban en desacuerdo. Y, aun así, honró a Dios y no a los hombres diciendo toda la verdad acerca de la cruz. Después de todo, él sabe qué es lo que está en juego. Él mismo cruzó la línea del islamismo al cristianismo. Y lo he visto poner su fe al límite entre sus amigos musulmanes una y otra vez.

Tercero, en un mundo abarrotado de métodos y técnicas, él detalla claramente que el método más importante para estar equipados para transmitir nuestra fe a amigos y vecinos musulmanes es conocer el evangelio del derecho y del revés. Nos llama a confiar en que el evangelio es verdaderamente «el poder de Dios para la salvación». Si usted conoce el evangelio tiene la herramienta más importante que existe para transmitir su fe a un musulmán.

Finalmente, Thabiti convoca a todos los cristianos a que perfeccionen su fe. La doctrina islámica ortodoxa es siniestramente similar a la nuestra al punto de que puede falsificar el cristianismo. Los musulmanes creen que Jesús era simplemente un profeta, no Dios; y que nuestras buenas obras nos dan la entrada al cielo. Creen que la Biblia está corrompida y que, por lo tanto, contiene algunas palabras de Dios pero no es la Palabra de Dios. Creen que la expiación substitutiva es un escándalo y que Dios nunca permitiría que su Hijo sufriera el horror del sacrificio y el derramamiento de su sangre en la cruz. Además dicen que, de todas maneras, no somos tan pecadores.

¿Acaso estas doctrinas ortodoxas del islam no suenan como los malentendidos nominales y populares del cristianismo de Occidental? Durante varios he escuchado que Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo; que Jesús era solo un gran maestro que enseñaba moral; que la Biblia está llena de errores. Hoy en día hasta a expiación penal sustitutiva de la cruz está bajo ataque y se la presenta como un abuso infantil cósmico. Por lo tanto, no debe sorprendernos que mi amigo de los medios de comunicación de aquella conferencia misionera estuviera confundido acerca de a quién oramos.

Thabiti nos convoca a que agudicemos nuestro pensamiento acerca de los fundamentos básicos de la fe cristiana a fin de que sepamos de qué estamos hablando.

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THABITI ANYABWILE es un esposo que brinda atención permanente a su amorosa esposa y es padre de tres hijos adorables. Actualmente, sirve como pastor de la iglesia Anacostia River en Washington, D. C. Previamente, sirvió como pastor principal en la Primera Iglesia Bautista en Gran Caimán, Islas Caimán, y como pastor asistente en la iglesia bautista Capitol Hill. Thabiti cuenta con grados de licenciatura y maestría en psicología de la universidad North Carolina State. n es el autor de los libros Reviving of the Black Church, The Decline of African American Theology, The Faithful Preacher y Miembro Saludable de la Iglesia, ¿Qué Significa?.

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La razón de Dios

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Desde Solo Sana Doctrina damos el testigo a José Moreno Berrocal, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Alcázar de San Juan y Presidente del Consejo Evangélico de Castilla La Mancha (España) CECLAM, cuyo escrito sobre el presente libro, protagonista en nuestras reseñas, “La razón de Dios” de Tim Keller, representa una oportunidad de hacernos una clara y concisa visión de esta obra. 

A uno de mis más queridos profesores en el Seminario donde estudié en Inglaterra, Daniel Webber, le gustaba decir que, hoy, más que nunca, es necesario hacer apologética. Y esto es lo que justamente lleva a cabo Timothy Keller en La razón de Dios, defender la fe cristiana histórica. Vivimos, en pleno siglo XXI, en una época de creciente escepticismo. Pero, al mismo tiempo, se han levantado, ya en el siglo anterior, numerosos defensores de la fe cristiana histórica.

Nombres como C.S. Lewis, Francis  Schaeffer, R.C. Sproul, Ravi Zacharias, Alister MacGrath, Vishal Mangalwadi o José Grau entre otros, por mencionar algunos de mis favoritos. Yo colocaría a Tim Keller en esta lista también, como uno de los pensadores evangélicos más incisivos de nuestros días. Todavía recuerdo vívidamente el impacto que me causó leer este libro cuando apareció en inglés en 2008.Aquella primera lectura me proporcionó un fuerte estímulo para proseguir con denuedo en esta imprescindible labor apologética. Tuve la oportunidad de leerlo nada más salir de la imprenta. De hecho, tengo la primera edición en tapa dura que me regaló mi buen amigo Steve Phillips, pastor de una iglesia en Vilassar de Mar, en Barcelona. Creo, por tanto, que es un gran acierto que esta obra se haya traducido al español.

El libro comienza con una inteligente Introducción en la que Keller, de entrada, traza un breve bosquejo autobiográfico, acompañado por el testimonio de otros neoyorquinos y esto, para analizar la situación actual de la fe y el escepticismo “desde Manhattan”, pp 17. Desde esta plataforma, el pastor de Nueva York desafía a creyentes y escépticos por igual, a reconocer sus dudas y a examinar lo que hay debajo de las mismas. Keller nos dice que su libro puede ser de utilidad para creyentes y escépticos. Es más, Keller lanza un reto personal a cada uno. En sus propias palabras, que puedas “avanzar en tu compresión del origen y naturaleza de tus dudas”, pp 30.

El libro está dividido en dos partes, El Salto de la Duda y Las Razones de la Fe. Entre las mismas coloca Keller un Intermedio, que es, en un sentido, un resumen de la primera parte, concluyendo la obra con un fascinante Epílogo. En la primera parte, El Salto de la Duda, Timothy Keller contesta a siete objeciones a la fe cristiana que aparecen constantemente en nuestros días. Estas son: No puede haber una sola religión verdadera. ¿Cómo puede un Dios bueno permitir el sufrimiento? El Cristianismo es una camisa de fuerza. La iglesia es la responsable de tanta injusticia. ¿Cómo puede un Dios bueno condenar a tantas personas al infierno? La ciencia ha demostrado que el Cristianismo está en un error y, finalmente, la Biblia no puede tomarse al pie de la letra. La manera en la que Keller aborda estas serias objeciones es, en mi opinión, uno de los grandes aciertos de este libro. A Keller le gusta desentrañar las suposiciones que la gente tiene a la hora de opinar y, poniéndolas de manifiesto, contestar a las mismas.

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El pastor Keller es un maestro en desvelar nuestras premisas ocultas o, incluso, desconocidas por nosotros mismos, pero que están detrás de nuestra manera de pensar y actuar. Él pone de manifiesto las razones, o falta de ellas, por las que creemos o no creemos. Keller sigue un método de argumentación que va desde pensadores clásicos como Agustín de Hipona, pasando por su querido C.S. Lewis, hasta llegar a la apologética de Alvin Plantinga. Por otro lado, me gusta mucho la manera en la que Keller trata a sus oponentes. Bien se le puede aplicar el conocido adagio latino suaviter in modo fortiter in re, es decir, amable en las formas, pero formidable en la argumentación. Creo que esta actitud es la que nos inculca el Apóstol Pedro a la hora de dar testimonio: “… santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3.15). Keller es siempre respetuoso, ¿se puede acaso dar testimonio sin serlo, me pregunto?

Al mismo tiempo, Keller siempre toma el punto de vista más fuerte de su oponente para refutar. No hace, como se suele decir, un hombre de paja de aquellos que disienten de su pensamiento. Esto, en sí mismo, le da una gran robustez a sus argumentos, pues enfrenta las objeciones en su punto más fuerte. Así, por ejemplo, en cuanto a la afirmación de que no puede haber una sola religión verdadera, Keller contesta, básicamente, que aquel que hace una afirmación tan categórica como esa, asume que su premisa ¡sí es absoluta y no puede cuestionarse! Sin darse cuenta se está colocando a sí mismo en una posición superior y que considera que es inabordable. Pero, ¿por qué su afirmación acerca de las religiones debería ser considerada infalible? De hecho, Keller deja entrever que esa misma afirmación ¡tiene también naturaleza religiosa!

En la segunda parte, bajo el título de Las Razones de Dios, el pastor de Nueva York detalla una serie de evidencias positivas a favor de depositar nuestra confianza en el Dios que nos presenta la Biblia, el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Son otros siete capítulos: Los indicios de Dios. El conocimiento de Dios. El problema del pecado. La religión y el Evangelio. La (verdadera) historia de la cruz. La realidad de la resurrección y finalmente, La danza de Dios. Las razones para creer, admite el mismo Keller, puede que no sean más que indicios de la divinidad. Ahora bien, todas ellas juntas tienen un formidable efecto apologético. Me gustan los sistemas apologéticos que favorecen esta idea del testimonio acumulativo acerca de la fe. En este sentido es aquí donde podemos apreciar también su confesada deuda con la apologética integral de C.S. Lewis.

En esta segunda parte se exponen más detalladamente las doctrinas cristianas más, aparentemente, conocidas, centrándose en los aspectos esenciales de las mismas, lo que llamamos el evangelio. Keller nos ayuda a distinguir nítidamente entre el mensaje de las religiones y el de la cruz. De hecho, Keller es muy cuidadoso aquí. Le preocupa, no solo el escepticismo sino también la religiosidad que, aunque se disfrace incluso con un ropaje cristiano, no hace sino oscurecer, cuando no negar, el mensaje del Evangelio de una salvación por gracia y solo por la cruz de Cristo. Este acento de Keller es extraordinariamente relevante, pues, como enseña repetidamente el Nuevo Testamento, el gran peligro de la iglesia es siempre el de sustituir el evangelio por la religión. Particularmente notable es la reflexión sobre la necesidad de la cruz del capítulo titulado La (verdadera) historia de la cruz.

El libro concluye con un excelente Epílogo. Este es una invitación a considerar seriamente a Cristo y su Evangelio, resumiendo admirablemente los temas centrales de su exposición con vistas a que los lectores puedan alcanzar una conclusión. Un compromiso que requiere arrepentimiento y fe, y una comunidad o iglesia donde vivirla. Solo Dios puede salvarnos es la nota distintiva de esta parte final del libro.

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Finalmente, en los Agradecimientos, Timothy Keller reconoce, con gratitud, su dependencia de C.S. Lewis y de Jonathan Edwards. ¡Creo que hay pocos autores tan lúcidos como estos dos, algunos no nos cansamos de releerlos constantemente! La influencia de Edwards reside en el hecho de que su impronta, en palabras del mismo Keller, conforma el fondo “de lo que podría considerarse mi teología”, pp 358. Es decir, no lo cita directamente, como si hace frecuentemente con los escritos de C.S. Lewis, pero el pensamiento del pastor de Northampton está presente en toda su obra. Donde sí aparece explícitamente es en el capítulo titulado La Danza de Dios. Unos de los capítulos más originales, pues basa su apologética en la doctrina de la Trinidad. Creo que el pensamiento de Richard F. Lovelace por medio de su extraordinario volumen Dynamics of Spiritual Life ha dejado también su huella en Keller.

Además de estos pensadores, Keller se hace eco de otros muchos más, como reflejan sus copiosas Notas. Maneja una gran cantidad de pensadores y de fuentes que informan, enriquecen y fortalecen su argumentación. En este sentido, me recuerda a algunos de los libros de John R.W. Stott, que también refuerza sus posiciones con múltiples referencias.

Considero que La razón de Dios es el buque insignia de la flota de obras de Tim Keller. El pastor de Nueva York posee una gran capacidad para hablar con amenidad e interés al público de nuestra creciente aldea global. Estamos ante uno de esos libros que ¡uno no puede dejar sin leer y sin recomendar o regalar a otros!

 

Hablemos de “El papado”

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Este libro es el segundo de la serie “Hablemos de …”, que juntamente al primero “Hablemos de … El Espíritu Santo”, proponen responder de una forma coloquial y cercana diferentes temas sobre nuestra fe en un formato condensado, pero sin prescindir por ello de toda su rigurosidad y contundencia.

La revista Time nombró «persona del año» al papa Francisco en el año 2013. La razón principal de su nominación fue su «rechazo de los lujos». La personalidad modesta del papa y su estilo le hacen una de las figuras más populares en la cultura de celebridades contemporánea. Francisco se ve como un papa que considera que el dogma es menos importante que la actitud personal, la misericordia más relevante que la verdad y la generosidad de espíritu más adecuada que la afirmación de creencias tradicionales. A pesar de todo esto, su figura descansa sobre la tradición de una de las instituciones más antiguas del mundo, que ha generado «dogmas» vinculantes y un código moral muy tradicional, moldeando así la civilización occidental, y liderando el grupo religioso más numeroso del mundo: la Iglesia católica romana.

Existen diferentes maneras de ver el papado, más allá de los lugares comunes y las caricaturas que presentan los medios de comunicación. Este libro intentará responder las siguientes preguntas introductorias: ¿Quienes son los papas y como define la Iglesia católica romana su papel? ¿Cómo una posición de liderazgo en la iglesia cristiana pudo llegar a tener una expresión tan «imperial»? ¿Por qué fue Roma tan importante en ese proceso? ¿Qué papel jugó la historia en el desarrollo del papado? ¿Cómo vieron ese papel los reformadores protestantes del siglo XVI y de épocas posteriores? ¿Qué sabemos sobre los papas de hoy en día? ¿Cuál es el significado ecuménico del papado y cuáles son sus perspectivas en cuanto al mundo global? Estas y otras preguntas formarán el trasfondo de nuestra investigación bíblica, histórica y teológica del papado.

Esta obra es parte del constante intento del autor de entender el corazón teológico de la visión católica romana. Él enseña Teología Histórica en IFED (Istituto di Formazione Evangelica e Documentazione en Padua, Italia) donde regularmente enseña cursos sobre teología patrística, católica romana y contemporánea. Escribió su tesis doctoral acerca de las interpretaciones evangélicas del Concilio Vaticano II, el evento más importante para la Iglesia católica romana en el siglo XX. Estudiar las encíclicas y los documentos de los papas fue, y todavía es, parte de su trabajo profesional. Ocasionalmente escribe informes sobre el catolicismo romano (Vatican Files, los archivos del Vaticano), donde estudia eventos y tendencias que surgen del Vaticano. En sus estudios sobre el catolicismo romano trató de analizar todos sus escritos como parte de un «todo» teológico.

Este breve  libro es indispensable para quien busque comprender mejor la institución papal, desde sus orígenes hasta los papas actuales. Leonardo De Chirico nos presenta la figura del papado tal y como la propia Iglesia católica define su papel, para después analizarlo desde un punto de vista bíblico, teológico e histórico. El autor no olvida plantear otras cuestiones como el peso del papado en los movimientos ecuménicos o sus perspectivas de futuro para completar su introducción a este tema clave.

Acerca del autor: Leonardo De Chirico es reconocido internacionalmente por su estudio del catolicismo romano. Es pastor en la iglesia Breccia de Roma, vicepresidente de la Alianza Evangélica Italiana, director adjunto y profesor en el Istituto di Forma-zione Evangelica e Documentazione y editor de la revista de dicho centro, Studi di Teología.
Índice

  1. ¡Tenemos papa! / ¡Habemus papam! – El oficio papal: sus títulos y símbolos.
  2. Tú eres Pedro / Tu es Petrus – ¿La base bíblica del papado?
  3. Cabeza de la Iglesia / Caput Ecclesiae – El desarrollo histórico del papado hasta el Renacimiento.
  4. ¿Es el papa el anticristo? – Evaluaciones protestantes del papado.
  5. ¿Soberano absoluto o padre acogedor? El papado desde la Contrarreforma hasta el movimiento ecuménico.
  6. Retratos de los papas modernosJuan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco.
  7. Para que sean uno / Las perspectivas de futuro del papado.
  8. Bibliografía.

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La implicación del cristiano en la sociedad 2

Expresamos también nuestro arrepentimiento tanto por nuestra negligencia como por haber concebido a veces una evangelización y preocupación social como dos cosas que se excluyen la una a la otra”.

El Doctor Williamson (profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Lousiana), citado con aprobación por José Grau dice: “La evangelización personal no es suficiente […] tiene que haber un más amplio mensaje que tome en consideración los intereses financieros, políticos y sociales del ser humano hecho de came y hueso, a quien tenemos que evangelizar”.

Nuestra implicación en la sociedad no se debe malinterpretar. No se supone que vayamos a traer una especie de teocracia a la sociedad, como pretende la llamada Teonomía. No, no podemos esperar que la sociedad vaya a seguir las leyes de Dios. En 1 Corintios 2:14 dice: “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para el son necedad, y no las puede entender porque se disciernen espiritualmente”. No deberíamos intentar transformar el mundo hasta el punto de no aceptar nuestras responsabilidades. ¿Deberían nuestras ciudades convertirse en la Ginebra de Calvino? No creo que las autoridades civiles deban dar reglas morales para la sociedad. Su responsabilidad es hacer leyes que respeten el orden natural establecido por el Creador y castigar el crimen. Pero uno de los peores malentendidos con respecto a nuestra implicación en la sociedad es pensar que podemos cambiar su condición moral o la del hombre. Yo rechazo por completo este punto de vista.

Solo el evangelio de Jesucristo puede producir tal transformación por el nuevo nacimiento. Pero, como hemos visto, predicar el evangelio no es lo único que podemos hacer como cristianos.
Nuestra implicacion en la sociedad no debe malentenderse como en los casos de malos ejem- plos que ha dado algunas veces la Iglesia. En la Alemania nazi, grandes secciones de la Iglesia guardaron un silencio culpable ante las atrocidades que estaban sucediendo. Solo un obispo católico (Cle ments von Galen) habló contra la eutanasia y, poco después, Hitler la detuvo, pero no antes de que setenta mil personas hubiesen sido asesinadas de esa forma. Se calcula que hoy, en Holanda, el 76% de los casos de eutanasia se efectuan sin pedir permiso a los pacientes o a sus familiares.

Esto demuestra como estas leyes (malas como son) representan solo la punta del iceberg: la realidad es mucho peor. Y esto está llegando a Españaa y a otros países. Las grandes organizaciones evangélicas en España han desempeñado un papel de muy bajo perfil en temas éticos en fechas muy recientes. A cierto Iíder evangélico se le preguntó hace años si las iglesias evangélicas tenían una postura sobre la homosexualidad y respondió: “iNol”. Los evangélicos, sin embargo, deberíamos tener una postura sobre temas morales y darla a conocer ampliamente.

II. ¿Por qué debería el cristiano implicarse en la sociedad?
El cristiano se deberia implicar en la sociedad, porque la ley moral se propuso para todo el mundo y no solo para el pueblo de Dios. “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los [dictados] de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para si mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Ro. 2:14-15). Nadie está mas allá del alcance de la ley de Dios, pero esta no debe ser usada solo para convencer de pecado y de juicio, sino también para mostrar a las personas como deberían vivir.
“Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Mr. 6:18). Y esta clase de cosas se pueden decir a individuos, gobiernos y naciones.

¿Tiene Dios algo que decir a los inconversos aparte de que deben arrepentirse? Caín no era cre- yente pero Dios le dijo: “¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tu debes dominarlo” (Gn. 4:6-7). ¿Por qué los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas y no solo a Israel? Algunos cristianos evangélicos creen en la apologética aristotélica, así que pretenden poder razonar con el hombre natural y persuadirle para que crea ciertas cosas. ¿Pero cuál es la utilidad de esta creencia, si se limitan ellos mis mos a predicar solo el evangelio?

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque solo la Iglesia sabe la maldad que existe de- trás de las altas esferas. Los no creyentes ignoran que el pecado es una fuerza moral. El cristiano es consciente de las fuerzas espirituales del mal que controlan la sociedad: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Las demás personas no lo saben y, por tanto, no pueden resistir la marea. Ellos tratan los síntomas pero no la causa.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque el pueblo, en general, no está advertido de la existencia de una agenda secreta en la sociedad para quitar de en medio a Dios y colocar al Estado en el lugar de Dios, controlar el pensamiento del pueblo y así todos tendrán los mismos principios. El Estado usurpará el lugar de Dios y te dirá lo que es correcto o incorrecto por medio de sus “Diez Manda mientos”:
1.Podrás tener tantos dioses como gustes excepto el Dios cristiano.

2. Harás un ídolo de cualquier cosa: riqueza, sexo, fama o cualquier otro objeto bajo el sol.

3.Ridiculizarás a Cristo, al cristianismo y a tantas otras religiones como gustes. Solo se cuidadoso con el Islam para que tus días puedan ser prolongados…

Continuará…

Hablemos de… “El Espíritu Santo”

Reseña 24

Para Javier, ¡Que el Señor te fortalezca por su Espíritu! Andrés.

Tuve el privilegio de estar en la presentación de este libro, durante unas conferencias en Valdepeñas, en 2016. En el mismo conocimos en persona mi esposa y yo a Andrés Birch, digo en persona, porque durante años habíamos venido escuchando sus predicaciones, estudios, artículos. De hecho su voz era escuchada en el salón de mi casa durante largo tiempo en un estudio bíblico con otros hermanos un día a la semana. Junto a Luis Cano, pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Ciudad Real y otros pocos, se convirtieron en fieles referentes  de la palabra viva, inerrante y viva de Dios en sus homilías.

Este es el primero de una serie de libros de los que hasta este momento se han publicado dos, en el que encontramos de forma condensada, una brillante y muy cercana exposición sobre “El Espíritu Santo”.

Al profundizar en este libro, le damos el testigo al escritor del prólogo, el pastor José de Segovia.

Podemos haber tenido malas o buenas experiencias con nuestros padres o hijos, pero cuando mencionamos a un padre o un hijo, pensamos en una persona, no en una cosa. Hablar de espíritus suena algo fantasmal, ¡incluso da miedo! Nada personal, desde luego. Ahí está el problema. Vemos al Espíritu como algo, pero el Espíritu no es una cosa, sino una persona.

Si creemos que detrás del universo hay una realidad personal, tenemos que entender que el Espíritu Creador que renueva este mundo no es otro que una persona. Solo él puede suplir nuestra necesidad de amor, valor, significado y propósito. Las acciones que la Biblia atribuye al Espíritu Santo son personales, hasta en los pronombres. Su invisibilidad, poder y soberanía, incontrolable e impredecible, no es impersonal. Él tiene que ver personalmente con nosotros.

Al ser divino, el Espíritu nos revela a Dios y su salvación. Es «el Señor» (2 Co. 3:17), Yahvé en el Antiguo Testamento. El Espíritu da vida (v. 6), como solo Dios puede hacerlo. Nos reveló estas cosas «por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Co. 2:10-11).

Si el médico te da la peor noticia, le puedes decir que vas a buscar una segunda opinión, pero ¿qué dirías si en ese momento sale de la habitación y vuelve con una máscara, para decirte exactamente lo mismo? Así, cuando Jesús prometió a sus discípulos «otro
Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad» (Jn. 14:16-17), no sería otro si fuera Jesús de otra forma. El Espíritu es distinto del Padre y del Hijo, pero igualmente divino.

El Espíritu que dio vida al universo, lo recrea dando nueva vida al levantar a Jesús de los muertos (Ro. 8:11). Como Dios sopló vida al primer hombre, así Jesús nos da nueva vida, diciendo: «recibid el Espíritu Santo» (Jn. 10:22).

El Espíritu Creador nos libera por medio de Cristo Jesús. Es él quien nos hace creer. Ya que nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo (1 Co. 12:3). No es que Dios no nos deje. Es que no somos capaces.

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Andrés Birch nos muestra en este libro nuestra de-pendencia del Espíritu Santo en el sentido trinitario del cristianismo clásico. El Espíritu hace que crea en el Hijo, quien me permite acercarme a Dios como Padre, ya que solo por la obra del Hijo y el Espíritu podemos llegar a él. De ello nos da testimonio el autor, por su propia experiencia. El Espíritu Santo le cambió. Le hizo un hijo de Dios y le da testimonio de ello (Gá. 4:4-7).

En pocas personas he visto tantas evidencias del fruto del Espíritu como en el escritor de estas páginas. No solo le ha dado entendimiento, sino el amor, el gozo, la paz, la paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio que solo Dios puede darnos (Gá. 5:22-23). Andrés es la persona que yo hubiera querido ser de mayor, pero a la edad que ya tengo y dado el desastre que soy, me temo que ya no lo seré nunca…

Su amor por la Palabra es impresionante; la claridad con la que enseña es meridiana; y el sentimiento con el que habla de estas cosas es conmovedor. Disfrutarás de estas páginas, que te pueden enseñar mucho para tu vida cristiana, pero desde luego te llevarán a dar gracias a Dios por el mayor don que puede darnos, el Espíritu Santo. Y si no lo tienes, ¡ruega al Señor por él! Es el mejor regalo que puede darte.

_________________________
José de Segovia
Andrés (Andrew) Birch nació en Inglaterra, estudió Filología Clásica en la Universidad de Nottingham y Teología en la Universidad Queens de Belfast. Tras un curso de preparación en la Escuela bíblica de European Missionary Fellowship, llegó a España con su esposa, Viviana (Vivienne), en 1983. Andrés y Viviana tienen tres hijos (casados) y seis nietos. Actualmente, es pastor de la Iglesia Bautista Reformada en Palma de Mallorca. También es miembro del Comité del ministerio nacional Taller de Predicación  colabora con el ministerio 9Marks, es uno de los promotores del curso de formación de líderes C222 y es miembro del Consejo pastoral de Coalición por el Evangelio. Ha contribuido como conferenciante y articulista en distintos ministerios, y ha publicado varios libros, entre ellos Ante la Cruz. Andrés es un amante de la lectura y la música, y también le gusta el deporte.

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La implicación del cristiano en la sociedad 1

“Vosotros soís la sal de la tierra, pero si la sal se ha vuelto insípida ¿con qué se hará salada [otra vez]? Ya para nada sirve sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros, sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una Iámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5:13-16).

Me gustaría sugerir que hay un más amplio, quizá más profundo, significado de estas palabras en Mateo 5:1 3-1 6 que el que nosotros les damos. Este significado tiene que ver con la implicación del cristiano en la sociedad en una forma que va más allá de la predicación del evangelio y dar buen testimonio. Y esta es un área donde desafortunadamente no todos los cristianos estamos de acuerdo.

I.- ¿Cuál debería ser la implicación del cristiano en la sociedad?
En otras palabras, ¿qué significa para el cristiano ser sal y luz en este sentido más amplio?
Nuestra implicacion en la sociedad se deberia entender en lo que se refiere a ser sal. Su principal significado, según Hendriksen, es preservar los alimentos de la corrupcion. Vivimos en una sociedad corrompida y que se está corrompiendo cada dia más y más.

¿Cómo podemos preservar nuestra sociedad de mas corrupción? ¿Solo predicando en nuestras pequeñas congregaciones? ¿Sólo viviendo una vida delante de una docena de personas a las que conocemos individualmente? Indudablemente debemos predicar el evangelio y vivir una vida santa, ¿pero a cuántas personas alcanzamos de esa manera? En España hay un cristiano por cada mil personas. ¿Qué grado de influencia tenemos sobre la sociedad española y cómo podemos preservarla de la corrupción? Algunos esperan que llegue el avivamiento, ¿pero qué hacemos mientras tanto?

Nuestra implicación en la sociedad debería entenderse en lo referente a ser luz del mundo. ¿Cuántas personas en nuestra sociedad pueden ver la luz cristiana o son conscientes que tal luz existe? ¿Se podría describir como una ciudad situada sobre un monte? Nuestra sociedad necesita luz en los temas morales. Debería conocer el camino de Dios y su juicio. Los cristianos deberíamos ser conscientes de la situación de la sociedad (Juan el Bautista era consciente de la situacion de Herodes). Pero para hacerlo, deberíamos hablar alto y claro en la forma más amplia posible.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a tratar directamente diversos asuntos morales. Esto es lo que encontramos en la Biblia. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas. Juan el Bautista denunció a los fariseos y a Herodes. Nuestro Señor Jesucristo dejó en evidencia la hipocresía de los fariseos.

Tomemos, por ejemplo el tema de la esclavitud ahora que celebramos el bicentenario de su abolición. El despertar evangélico fue un hecho espiritual muy poderoso tanto en Gran Bretaña  como en América. Sin embargo no abolió la esclavitud. John Newton estuvo involucrado en ella  (comerciaba con esclavos) y salió de ella. Pero su ministerio no detuvo la esclavitud, sino que fueron Wilberforce y otros que lo hicieron. No solo predicaron el evangelio y vivieron una vida piadosa sino que la denunciaro en el Parlamento, y se logró su abolición. La esclavitud no es un problema en la sociedad occidental (al menos no en la misma forma que en el pasado). Pero tenemos problemas morales que son aún peores que la esclavitud: aborto, eutanasia, experimentos con embriones humanos, matrimonios homosexuales, educación sexual pervertida en los colegios, libros, películas  y obras teatrales blasfemas sobre Cristo, etc. Existen los denominados pecados contra naturaleza y degradantes que deberían ser expresamente denunciados. “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes, porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra naturaleza.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender sobre la base del derecho que tenemos a esperar que el hombre natural escuche a su conciencia, que es la voz de Dios y la de su ley en el hombre. Esto nada tiene que ver con imposiciones religiosas o morales en una sociedad secular. El papel del cristiano en la sociedad no es imponer valores cristianos en ella, sino presentar estos valores a la conciencia del hombre. Nosotros no deberíamos perseguir imponer la moralidad o resistir a la inmoralidad.

Sabemos que el problema con la sociedad no son “los pecados” sino “el pecado”. Pero tampoco deberíamos generalizar tanto sobre el concepto de pecado que al final las personas no entiendan de qué estamos hablando. Amós dijo en su día a las naciones vecinas cuáles eran sus pecados. “Así dice el Señor: Por tres transgresiones de los hijos de Amón, y por cuatro, no revocaré su (castigo), porque abrieron los vientres de las (mujeres) encintas  de Galaad para ensanchar sus límites” (Am. 1:13). Él no buscaba producir un cambio en ellos sino declarar la justicia de Dios y también anunciar el juicio divino.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a buscar el bienestar  material de nuestra sociedad. “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). No solo de pan, pero también de pan. (Spurgeon dijo: “Si das un folleto a un mendigo. dáselo envolviendo un bocadillo”). “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado. Y rogad al Señor por ella, porque en su bienestar tendréis bienestar”. (Jeremías 29:7).

Algunos cristianos dan la impresión de que lo único que les importa en este mundo es la salvación de las almas. A veces tratamos con las personas como si se tratase de potenciales conversos y nada más.  Nuestra implicación en la sociedad se debería entender incluso en lo referente a derribar el statu quo. Por ejemplo, ¿tenía Oliver Cromwell derecho a cambiar la situación política por la fuerza? ¿Solo predicó el evangelio al rey? (¡Creo que lo decapitó!). Nuestra implicación en la sociedad se debería entender como otros cristianos la han concebido. El pacto de Lausana (Suiza, 16-25 de Julio de 1974) que se acordó durante el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial, dice entre otras cosas Afirmamos que Dios es a la vez el Creador y juez de todos los hombres. Por tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia, la reconciliación entre toda la sociedad humana y por la liberación de los hombres de toda clase de opresión.

El hombre fue hecho a imagen de Dios; por eso todas las personas tienen una dignidad esencial y por esa razón tienen que ser respetados y servidos, no explotados.

Continuará …

 

El significado del matrimonio

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Debe ser intimidante escribir un libro acerca del matrimonio. Los estantes de las librerías crujen debido al peso de los títulos que aseguran tener la clave para un matrimonio feliz o bíblico o centrado en el evangelio. Para sobresalir en un área tan poblada, es necesario que un libro ofrezca algo diferente, algo único, algo que lo distinga del resto. Tim y Kathy Keller salen a la palestra con su nuevo libro El significado del matrimonio, que se distingue por su profunda centralidad en el evangelio. Esto lleva a que los autores inviten al lector a profundizar en el evangelio de Jesucristo y también los obliga a mostrar cómo éste abarca cada parte del matrimonio. 

Aunque, en primera instancia, El significado del matrimonio fue escrito por Tim Keller, su esposa Kathy contribuye en diversas formas, particularmente, al escribir uno de los capítulos y al ser la esposa de Tim por casi cuatro décadas. Tim explica que el libro tiene tres raíces profundas: la primera de ellas es su matrimonio con Kathy; la segunda, es su ministerio pastoral, particularmente en Nueva York en una iglesia compuesta en su mayoría por solteros; y la tercera, y más fundamental, es la enseñanza bíblica sobre el matrimonio tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. “Hace ya casi cuatro décadas, Kathy y yo estudiamos lo que la Biblia dice respecto al sexo, el género y el matrimonio. En los quince años siguientes, lo fuimos experimentando y aplicando en nuestro propio matrimonio. Y en estos últimos veintidós años, hemos puesto en práctica, además, todo lo aprendido de las Escrituras y de nuestra experiencia personal para guiar, animar, aconsejar y enseñar a jóvenes del entorno urbano en todo lo concerniente al sexo y al matrimonio”. Ellos hablan desde la poderosa combinación del conocimiento de las Escrituras y la experiencia de la vida real.

Este libro se compone de ocho capítulos que tienen una fluidez lógica desde el fundamento bíblico para el matrimonio hasta las relaciones sexuales dentro de éste. En el capítulo 1, se enseñan los fundamentos para el matrimonio, mostrando cómo éste es idea de Dios y fue hecho para reflejar su amor salvífico por nosotros en Jesucristo. En el capítulo 2, se muestra cómo la obra del Espíritu Santo es fundamental para luchar contra el enemigo principal del matrimonio: el egocentrismo pecaminoso. En el capítulo 3, se toca el tema del amor, viendo cómo el sentimiento se relaciona (o no) con las acciones de amor. El capítulo 4 “La misión del matrimonio” apunta al propósito del matrimonio y entrega una larga discusión sobre las amistades espirituales, mientras que el capítulo 5 “Amar a la persona desconocida” nos enseña tres capacidades que cada esposo y esposa debe buscar.

El capítulo 6, escrito por Kathy, celebra las diferencias entre sexos, observando el complicado tema del rol de género y complementariedad. La soltería y la sabiduría al buscar el matrimonio son temas del capítulo 7; por último, en el capítulo final se reflexiona sobre las relaciones sexuales, mostrando por qué la Biblia dice que el sexo es para el matrimonio y cómo esta relación puede darse dentro de ese contexto.

EVANGELIO, EVANGELIO Y MÁS EVANGELIO

Desde el principio dije que la característica sobresaliente de este libro —también, su mayor fortaleza— es su profunda dependencia en el evangelio. El matrimonio simplemente no puede entenderse o practicarse sin estar arraigado al evangelio. “Si en los planes de Dios, el evangelio hubiera sido únicamente para la salvación en Jesús, el matrimonio exclusivamente ‘funcionaría’ en la medida en que nos aproximara al amor que entrega de Dios en Cristo”. Por esa razón, el libro no va a ninguna parte hasta que Keller expone Efesios 5, donde se nos dice que el matrimonio es un “misterio profundo” que refleja la relación de Cristo con la iglesia. Junto a nuestra relación con Dios, no hay ninguna otra relación más importante que el matrimonio, “esa es la razón de que, igual que conocer a Dios, el llegar a conocer y amar a nuestra pareja sea una tarea difícil pero sumamente gratificante y plena. Como lo más doloroso, y lo más extraordinario: así es como la Biblia presenta el matrimonio. Y es posible que no haya habido otro momento histórico en nuestra cultura y en nuestra sociedad en el que sea más significativo alzar la voz a favor suyo desde esa perspectiva y singular”.

Esta centralidad en el evangelio continúa capítulo tras capítulo, siendo la base de las discusiones de amistad, soltería, sexo y roles complementarios.

Un componente del libro que merece especial atención es su utilidad para los solteros. La iglesia de Keller está compuesta predominantemente por solteros y cualquier cosa que él enseñe tiene que aplicarse a ellos. Esto lo llevó a dedicar gran parte de este libro a la soltería y a la búsqueda del matrimonio. La enseñanza que Keller entrega es animante y útil para aquellos que han elegido una vida de soltería y para los que están buscando un esposo o esposa.

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CONCLUSIÓN

Este es un libro potente. El significado del matrimonio eleva el matrimonio haciéndolo algo hermoso, santo y agradable. Junto con el matrimonio, viene la amistad, la compañía, el sexo y todo lo demás que Dios ha puesto para la relación matrimonial. Este libro celebra el matrimonio y lo hace dentro del contexto más grande de todos: el evangelio de Jesucristo.

Una reseña original del pastor reformado Tim Challies (nacido en 1976).

Un libro de Editorial Andamio, 324 páginas, Febrero de 2014

 

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Reforma protestante y medicina

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Reforma protestante y medicina

Unión Médica Evangélica

La Reforma protestante, de la que ya se ha celebrado el V Centenario, supuso una nueva forma de entender el mundo y las relaciones sociales, fundamentada en un retorno a la Biblia. Esta transformación afectó a todas las áreas de la actividad humana, desde la música a la política, desde la economía a la ciencia, y sus consecuencias perduran hasta hoy; el Mundo Occidental no se puede comprender sin el Protestantismo.

La Reforma cambió profundamente la forma de entender al ser humano y su intocable dignidad. Cambió igualmente la forma de acercarse al mundo creado y liberó a la ciencia de su dependencia de las restricciones teológicas; en estas áreas supuso una dignificación de toda persona y una democratización del acceso al conocimiento. Todo ello transformó profundamente la investigación y la práctica médicas; desde entonces, buena parte de los avances médicos se han producido en países de cultura protestante.

El libro que tiene en sus manos recoge el trabajo de miembros de la Unión Médica Evangélica, que nos comprometimos en nuestro encuentro de 2017 a descubrir entre todos la huella de la Reforma en la Medicina, y a compartirla con los demás. En ese proceso cooperativo fuimos comprobando la sorprendente escasez de estudios sobre el tema y nos fuimos entusiasmando con la profunda impronta que nuestros antepasados médicos protestantes dejaron en Europa y América, con su excelencia y la humanitaria entrega evangélica de su trabajo. Como consecuencia fue surgiendo un reto para nosotros mismos: formarnos mejor para ofrecer a la sociedad actual la misma excelencia en nuestro progreso en el conocimiento médico y en la atención a nuestros pacientes.

165 pp. Rústica

Ref. 1829 – 12,00€

Reforma Protestante y Medicina

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“Si estamos orgullosos de nuestros antecedentes protestantes, deberíamos hacer algo por estar hoy a su altura y defender su legado, no solo con palabras dirigidas hacia el pasado, sino también con hechos que miren hacia el futuro”. Pablo de Felipe.

El 31 de octubre de 1517 el monje católico Martín Lutero perteneciente a la Orden de San Agustín y natural de Alemania, dio inicio a un gran movimiento de reforma al interior de la Iglesia Católica. Es el comienzo de lo que se conoce como la Reforma Protestante.

El año 2017 se presentó como un gran abanico de posibilidades, para entre comillas “celebrar, conmemorar y recordar“, en diferentes actos, mediante conferencias, predicaciones, y con la publicación de diferentes obras.

Este mismo año la Unión Médica Evangélica celebró su XXVII Encuentro, bajo el título “Celebrando la Reforma”. La elección del tema era pertinente por completo,  Stuart Park habló con su habitual profundidad de una de las 5 Solas de la Reforma “Sola Scriptura”. ¿Cómo no se hablaría en tal conferencia de lo que represento ser “La Medicina y la Reforma”?. Un tema más difícil de lo que sería razonable encontrar bibliografía adecuada. Por esta misma razón, el último día de esta conferencia se planteó  hacer un trabajo en equipo en el que cada uno abordase un aspecto de la cuestión. Este libro es el resultado de ese interesante trabajo compartido. Fue la oportunidad de aprender y nutrirse mucho unos de otros y se abrieron nuevas vías de estudio para descubrir más sobre la incidencia de la Reforma en la Medicina; además, este libro supuso un reto a asumir el compromiso de progresar en el camino que nuestros antepasados abrieron.

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La Reforma protestante, supuso una nueva forma de entender el mundo y las relaciones sociales, fundamentada en un retorno a la Biblia. Esta transformación afectó a todas las áreas de la actividad humana, desde la música a la política, desde la economía a la ciencia, y sus consecuencias perduran hasta hoy; el Mundo Occidental no se puede comprender sin el Protestantismo.

La Reforma cambió profundamente la forma de entender al ser humano y su intocable dignidad. Cambió igualmente la forma de acercarse al mundo creado y liberó a la ciencia de su dependencia de las restricciones teológicas; en estas áreas supuso una dignificación de toda persona y una democratización del acceso al conocimiento. Todo ello transformó profundamente la investigación y la práctica médicas; desde entonces, buena parte de los avances médicos se han producido en países de cultura protestante.

El libro que tiene en sus manos recoge el trabajo de miembros de la Unión Médica Evangélica, que se comprometieron a descubrir entre todos la huella de la Reforma en la Medicina, y a compartirla con los demás. En ese proceso cooperativo se fue comprobando la sorprendente escasez de estudios sobre el tema y los autores se fueron entusiasmando con la profunda impronta que los doctores en medicina protestantes del pasado dejaron en Europa y América, con su excelencia y la humanitaria entrega evangélica de su trabajo. Como consecuencia fue surgiendo un reto para formarse mejor, para ofrecer a la sociedad actual la misma excelencia del progreso en el conocimiento médico y en la atención a los pacientes.

Editorial Andamio, 164 páginas, Diciembre de 2018

 

ÍNDICE

1. Cosmovisión protestante y Medicina, Xesús Manuel Suárez García
2. El ejercicio de la Medicina en la Reforma Protestante, Ferran Campillo i López y Raúl García Pérez
3. Desarrollo científico y Protestantismo. El método científico. Francis Bacon, Pablo González Álvarez y Marisa Muñoz-Caballero Cayuela
4. Desarrollo científico en el mundo protestante después del siglo XVI. Influencia en el ámbito de la Medicina , Pablo González Álvarez y Marisa Muñoz-Caballero Cayuela
5. Protestantismo y Medicina después del siglo XVI. Atención sanitaria en el mundo protestante. Inicios de la Medicina Preventiva y de la Epidemiología. Medicina y Filantropía, Miguel Menéndez Orenga
6. Florence Nightingale. Algunas notas biográficas, Sagrario Gálvez Gallardo
7. Medicina y movimiento misionero, Teresa Ruiz Desachy
8. Reforma, Medicina y Progreso social. La Cruz Roja, Mercedes Gasanz Saboya
9. Reforma y Medicina en la actualidad, Raquel Barrantes Gallego

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Deléitate en Dios

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¡Deleitémonos en el Dios al que adoramos!

Cuesta bastante pensar en A. W. Tozer sin que nos venga a la mente los atributos de Dios. Uno de sus libros, que se ha convertido en un clásico devocional, se titula El conocimiento del Dios santo. Este fue el último libro que escribió y representa la culminación de años de estudio, oración y predicación. Personalmente, leo este libro una vez al año.

En cierta ocasión, durante un sermón que pronunció en Chicago, el Dr. Tozer hizo a su congregación una petición bastante personal. Era algo que no solía hacer, pero fue interesante escuchar cómo hacía un llamado tan personal.

<< Quiero que oren por mí. Deseo que pidan a Dios que me ayude y me permita vivir lo suficiente para escribir un libro sobre sus atributos, desde un punto de vista devocional. Lo tengo en mente y quiero hacerlo, pero estoy muy ocupado con todas las otras cosas que tengo entre manos. Oren por mí para que el Señor cumpla su propósito en mi vida. Quisiera hacer esto y exponer a esta generación un concepto elevado del gran Dios Todopoderoso en sus tres Personas. Cuando muera, no me gustaría que el mundo dijera: “¿Verdad que Tozer era listo, elocuente e ingenioso?”. No, me gustaría que dijera: “Te alabamos, Dios. Reconocemos que eres el Señor. Glorifiquemos al Padre eterno; que todos los ángeles clamen diciendo:

“¡Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos! ¡El cielo y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria!”. Esto es lo que deseo hacer. Quiero dejar a mis espaldas el aroma de Dios, de modo que la Trinidad reciba todo el mérito. >>

Creo que esta oración ha sido respondida más allá de las humildes expectativas de Tozer. El conocimiento del Dios santo ha sido de bendición para muchas personas desde el momento de su publicación.

La gran pasión del corazón y el ministerio de Tozer era Dios. Quería estimular a las personas y, en consecuencia, muchos le malinterpretaron. Por supuesto, él sabía que no conseguiría que todos subieran a bordo, pero buscaba a ese remanente que sintiera tal pasión por Dios que continuase con el ministerio que Dios le había confiado a él. No predicaba o escribía para todo el mundo, sino, concretamente, para quienes tenían un corazón para Dios.

En este libro, que se basa en sermones que predicó el Dr. Tozer en muy diversos lugares, apreciamos cuál era la carga de su corazón. La mayoría de sermones asociados con este libro se predicó después de la publicación de El conocimiento del Dios santo. A pesar de que escribió el libro, fue incapaz de agotar el tema. Dedicó los últimos años de su vida a predicar acerca de Dios. A veces lo invitaban a una serie de conferencias bíblicas para que predicase sobre un tema concreto, y con frecuencia aceptaba sus directrices, pero su pasión era predicar a Dios.

Lo interesante de este estudio es el hecho de que, según dice el Dr. Tozer, lo que pensamos de Dios afecta a todos los aspectos de nuestras vidas. A menudo decía que es posible adivinar el futuro de una persona si entendemos su percepción de Dios. Esa era la clave. Desde el punto de vista de Tozer, lo más importante era lo que pensaba de Dios una persona.

Creo que esto se le aplicaba a él mismo. Para entender realmente su trabajo y su mente su trabajo y su ministerio, es necesario comprender su percepción de Dios. A Tozer no le interesaban las tendencias pasadas que se infiltraban en la iglesia de su época. Sin embargo, le preocupaban tales cosas porque, como veremos en este libro, desde su punto de vista esas tendencias producían un efecto negativo sobre la iglesia, y eran las culpables de algunas de las carencias que veía en ella.

No todo el mundo apreciaba al Dr. Tozer o su enseñanza, y él  lo entendía. En este libro hallamos una referencia a una carta que escribió un profesor de un seminario, quien con bastante firmeza discrepaba del Dr. Tozer sobre la doctrina del Espíritu Santo. Él raras veces respondía a las críticas. No sé si es que simplemente no tenía tiempo para ello, o si le faltaba la voluntad. Pero algunos se mostraban muy críticos con él, sencillamente porque no comprendían su percepción de Dios.

Incluso en sus tiempos, Tozer se quejaba de la mediocridad de la iglesia cristiana, se quejaba de que la adoración había caído a un nivel muy bajo, despreciable. Me pregunto qué diría hoy día. Tozer creía firmemente que nuestra adoración de Dios debía ser digna de Él. Para conseguir esto, debemos saber quién es Dios en realidad.

A Tozer no le interesa la metodología, la tecnología ni nada por el estilo. No le interesaba saber cuánto sabías acerca de Dios. Por supuesto, eso era el punto de salida. Lo que le interesaba era el propio Dios, su naturaleza y su carácter, y cómo se nos ha revelado por medio de su Palabra.

El problema con el panorama eclesial tal como lo percibía Tozer en su época, era el mismo al que nos  enfrentamos hoy simplemente podemos decir que ha empeorado. Desde aquellos tiempos no ha cambiado gran cosa, excepto que la iglesia cristiana se ha ido deslizando cada vez más con el paso de las generaciones.

Tozer no escribía ni predicaba a los mediocres. A quienes les bastaba con seguir haciendo todo igual no les interesaba leer nada de lo que él tenía que decir. La esencia de Tozer, así como su predicación y sus escritos, fue una pasión por Dios que invadía toda su vida. No importaba nada más. Creía que debemos regocijarnos en Dios todos los días, pero nunca aposentarnos y conformarnos con el punto en el que estamos espiritualmente. Su lema cotidiano era “Avanzar hacia la perfección”.

Este no es un libro que puedas leer y dejarlo luego en una estantería. Creo que lo que Tozer pretende expresar es, simplemente, que tu pasión por Dios determinará tu estilo de vida. No puedes decir que crees en Dios y luego manifestar conductas que entren en conflicto con el carácter y la naturaleza santa de Dios. Ambas cosas son incompatibles. Si en ti hay algo que no sea santo, en realidad es que no hay nada santo en tu vida. El cristianismo no es una religión en la que respetas determinadas normas, reglamentos y rituales; el cristianismo es una pasión por Dios que solo se puede satisfacer cuando acudimos a Jesucristo.

En lo más profundo del alma humana está esa imagen de Dios que solo puede satisfacer la eternidad. Cuando intentamos llenar ese espacio con cosas temporales, nunca quedamos satisfechos. El hombre más rico del país nunca está satisfecho con sus riquezas. La persona más famosa del mundo no está satisfecha con su popularidad. Todas ellas saben que la riqueza y la popularidad de nuestras vidas naturales pueden desaparecer con la misma rapidez con que llegaron. Algunos de los hombres más acaudalados se suicidan porque sus vidas están vacías y carecen de sentido. El hombre fue creado para ser lleno de eternidad. Y esa eternidad empieza con Jesucristo, el Hijo eterno, que entra en nuestras vidas.

Al final de cada capítulo hay un himno que tiene relación con el tema del mismo. Si sabes algo del Dr. Tozer, sabrás que tenía un apetito y un aprecio insaciable por los himnos  de la iglesia. Sus comentarios sobre la himnología son esclarecedores y debemos enfatizarlos en nuestra época. Quizá nos enfrentemos a una generación que le ha dado la espalda por completo a los himnos tradicionales de la iglesia. Esos himnos los escribieron hombres y mujeres que sentían tanta pasión por Dios que muchos de ellos perdieron la vida a causa de ella. Los himnos nacieron de su experiencia personal con Dios que en muchos casos los desbordaba.

Hoy disponemos de canciones breves y llamativas, músicas que nos hacen sentir bien. Esto sería deplorable para el Dr. Tozer. Los himnos de la iglesia no van destinados a hacernos sentir bien, sino a elevarnos por encima de nuestros sentimientos y llegar a lo que se conoce como el mysterium tremendum, la presencia inefable de Dios, un lugar con el que pocos cristianos modernos están familiarizados.

Meditar en los himnos hará que nuestro corazón aprenda a apreciar a Dios. El Dr. Tozer advertía que no podemos pasar rápidamente por un himno y sacar provecho de él. Pasa tiempo con un himno y deja que penetre en tu alma.

El propósito de este libro no es descubrir qué pensaba de Dios el Dr. Tozer. Si ese fuera el caso, a él le habría inquietado mucho. No, el propósito de este libro es encender en tu corazón una pasión por Dios que te lleve a seguirle con todas tus fuerzas, que incluso conmocione a los que están satisfechos con la pasión que sienten por Dios ahora.

Si alguien lee este libro y le impacta profundamente, de modo que quiera buscar a Dios con una pasión que no puede ser satisfecha fuera de Él, esta obra habrá cumplido su propósito.

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Reseña Deleitate en Dios 1

Iglesias 24/7

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Después del libro, Iglesia Radical, Tim Chester y Steve Timmis vuelven a sorprendernos con un gran libro, Iglesias 24/7, que es un desarrollo de ideas que ya estaban en su libro anterior. A través de una lectura contemporánea de 1ª de Pedro nos descubrirán el funcionamiento práctico de la Iglesia en tanto que comunidad que existe para la misión.

Algunas ideas que me han resultado inspiradoras de Iglesias 24/7 han sido las siguientes:
La Iglesia es una comunidad que se mueve mejor desde los márgenes de una cultura que ocupando el centro de ella. Hemos pasado de la era en la que la moral cristiana formaba parte del pensamiento mayoritario a que se cuente como una de las minorías sociológicas. En lugar de lamentar nuestra posición en la sociedad debemos más bien abrazarla y utilizarla para producir los resultados para los que la Iglesia existe. Por lo menos en Europa, la Iglesia vive ese regreso a los márgenes. No se trata de si la Iglesia tiene los programas adecuados para atraer gente a los edificios, una gran parte de los europeos no tiene la intención de darle una oportunidad a la Iglesia. No se trata de mejorar el producto, se trata de alcanzar a los que están fuera de nuestro alcance. Hay iglesias creciendo en Europa, pero la mayoría de ese crecimiento viene por trasvase de otras iglesias o por emigración. Hay pocas conversiones de personas fuera de estos círculos. Nuestra forma de ser Iglesia sigue comportándose como si la cristiandad aún existiera, no podemos llegar a calcular lo lejanos que están de una Iglesia Evangélica. Si ser un ateo es 0 y ser creyente es 10, nosotros hablamos a la gente como si estuvieran entre el 7 y el 9, pero necesitamos más evangelización en el 1 y el 2. Debemos pasar de los eventos atrayentes a las comunidades atrayentes. Debe de ser la vida de la comunidad lo que atraiga a la gente y no la reunión de la comunidad.

La Iglesia es una comunidad que funciona todos los días. En lugar de una Iglesia de acontecimientos, en los que hay un calendario de actividades, la mayor parte de las cuales es el culto dominical, la Iglesia es una comunidad que tiene vida real todos los días. Ama el lugar en el que está, pero está dispuesta a contrastar con aquellas formas de vida que no reflejan el reino al que pertenece. Es una comunidad alternativa, de gente que no tiene miedo a ser diferente. Esta comunidad diferenciada no es solo la estrategia de Dios para que los cristianos resistan en los márgenes, es también la clave para la obra misionera. Somos la prueba visible de que el evangelio funciona. Dios no ha querido una estrategia de famosos y poderosos que hablen en su nombre, sino de una comunidad de personas que se aman. La estrategia de Dios es crear una comunidad que muestra el evangelio e invitar a otros a formar parte de esta comunidad. Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos. No hay otro sitio como la Iglesia en donde experimentar el perdón, la gracia, el amor, etc. La Iglesia se convierte en la hermenéutica que demuestra el evangelio.

La Iglesia es una comunidad que convierte los lugares habituales en su forma de misión. Antes de la cristiandad había pocos misioneros, pero la Iglesia en su conjunto era una comunidad misional. La verdadera comunidad misional tiene pocas actividades. Las actividades tienen el problema de necesitar mucha energía y de apartar a la gente de sus lugares habituales. Ser comunidad no implica añadir actividades a una vida ajetreada, sino que convierte en oportunidades de misión todo aquello que es la actividad diaria: comer con personas no cristianas, caminar en lugar de ir en coche a todas partes, ir a comprar a las mismas tiendas de forma habitual, hablar con los compañeros de trabajo, dar algunas horas de voluntariado para fines sociales que no sean de la propia iglesia, participar en las fiestas de la sociedad, etc.

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“Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos.

Para muchos, hoy la Iglesia es como un mal sueño: no pueden recordarlo
completamente, pero les ha dejado con una sensación incómoda de la que quieren
librarse. Cuando tratamos de abrir una nueva iglesia, la gente de alrededor no tiene ningún interés en lo que está ocurriendo. Sin embargo, cuando un grupo de personas comparte sus vidas como pueblo de Dios, poniendo en el centro de la vida comunitaria el evangelio de Jesucristo y se involucra para bendecir a la ciudad, ante esto las defensas no están tan altas. Somos llamados a crear comunidades del evangelio.

En resumen, este es un libro muy práctico para la autoevaluación, tanto individual como conjunta. Nos desafía en nuestro entendimiento de la Iglesia construida bajo un patrón individualista. La Iglesia tal como la conocemos en el siglo XXI ha perdido una parte importante del elemento de comunidad que Dios quiso darle. Lo que ocurre es que ni siquiera nos damos cuenta. El individualismo y el consumismo vienen de serie en nuestras mentes y si no los desafiamos, acabamos generando Iglesias individualistas y consumistas.

Una reseña de Jaume Llenas para Andamio Editorial. (13/09/2018)

ÍNDICE

Introducción
La vida en los márgenes (1 Pedro 1:1–12)
Comunidad todos los días (1 Pedro 1:13–2:8)
Cuidado pastoral todos los días (1 Pedro 1:22–2:3)
Misión todos los días (1 Pedro 2:9–3:16)
Evangelización todos los días (1 Pedro 3:15–16)
La esperanza en los márgenes (1 Pedro 3:8–5:14)
Conclusión: los próximos pasos

Queremos compartirte una porción del libro:

“No podemos aspirar a ser como el mundo”

“Una estrategia de evangelismo basada en actividades, característica del pensamiento de la cristiandad, intenta constantemente crear experiencias similares a las que encontramos en el mundo.

Queremos que nuestra música, nuestra oratoria y nuestro estilo sean tales que atraigan a la gente a nuestros encuentros.

Sin embargo, perseguir la relevancia como un fin en sí mismo es un error, como también lo es resaltar lo parecidos que somos al mundo que nos rodea. Para empezar, nuestro “producto” siempre va a ser inferior al que ofrecen Hollywood, Facebook y Nintendo.

Los británicos pasan veinte horas a la semana viendo la televisión; los estadounidenses, veintiocho horas. Nos entretienen películas de millones de dólares. Participamos en sofisticados juegos de acción y de ordenador.

“Somos ingenuos si creemos que la iglesia puede competir con estos estímulos mediante tres canciones, una predicación de treinta minutos o representación teatral y un grupo de alabanza”. Es sencillo: no podemos competir cuando se trata de entretenimiento.

En el mejor de los casos, esto nos distrae de la necesidad de crear comunidades características que comuniquen un evangelio característico, un evangelio que a menudo rechina en la cultura predominante.

En el peor de los casos, el medio se convierte en el mensaje y el desafío del evangelio se disuelve en el entretenimiento, o lo diluimos para hacerlo más aceptable.

Ya hemos visto que en un contexto poscristiano no podemos apoyarnos en eventos de la iglesia, da igual lo atractivos que sean, porque la mayoría de la gente no vendrá.

Ahora tenemos otro motivo para no centrarnos en actividades “relevantes”. Nuestra innovación de misión no consiste en eventos que son como la cultura, sino en una vida y un mensaje que no son como la cultura.  

Estos intentos por parecernos al mundo hacen que surja un interrogante: si la iglesia es como el mundo, ¿para qué necesitamos la iglesia? Cuanto más parecidos somos al mundo, menos nos queda para ofrecer.

Es cierto, debemos evitar ofensas innecesarias y experiencias desmoralizadoras, pero lo que atraerá a la gente a la iglesia siempre será lo que es diferente en nosotros.

Por lo tanto, debemos aspirar a ser diferentes. Pero esto no significa ser diferentes sin necesidad. No hay duda de que causaremos rechazo en la gente si somos culturalmente raros, anticuados o incomprensibles.

Sin embargo, solo atraeremos a las personas a través de las particularidades del evangelio. Solo nos volvemos relevantes para nuestro mundo cuando nos centramos en el evangelio. Os Guinness afirma:

“En nuestras poco críticas aspiraciones de relevancia, en realidad hemos cortejado la irrelevancia. En nuestra incansable búsqueda de relevancia sin un compromiso igual de incansable con nuestra fidelidad, no solo nos hemos vuelto infieles, sino también irrelevantes.

En nuestros determinados esfuerzos por redefinirnos con métodos que son más persuasivos para el mundo moderno que fieles a Cristo, no solo hemos perdido nuestra identidad, sino también nuestra autoridad y nuestra relevancia.

Iglesias 24 7 C

Incluso en el caso de que pudiéramos producir unas actividades geniales, al hacerlo crearíamos una generación de consumidores cristianos que esperan que la iglesia los entretenga.

Solo crearíamos una mentalidad consumista en la gente que asiste a la iglesia. Muy pronto tendríamos una generación de cristianos que van de iglesia en iglesia en busca de experiencias.

Algunas iglesias atraerían, mediante buenas enseñanzas, a aquellos que quieren una experiencia intelectual; otras, a través de una alabanza buena y profesional, atraerían a los cristianos que quieren una experiencia emocional.  

Pero las iglesias locales donde “cada miembro está unido a todos los demás” (Romanos 12:5) no tendrían mucho sentido.

La gente nos pregunta a menudo cómo son nuestras reuniones en The Crowded House. Hemos decidido negarnos a responder esa pregunta en la medida de lo posible, porque pierde de vista el sentido de lo que intentamos hacer.

Nosotros no proponemos una fórmula para hacer reuniones mejores. De hecho, nuestros encuentros son bastante normales. La enseñanza y la música están bien, pero no tienen nada de especial. Si nos hicieras una visita, probablemente te sentirías decepcionado.

El centro de nuestra visión no es una forma nueva de realizar actividades, sino la creación de comunidades del evangelio basadas en la Palabra, en las que las personas comparten su vida entre ellas y con los no creyentes, procurando bendecir sus barrios, llevando el evangelio unos a otros y compartiendo las buenas nuevas con los no creyentes.

El contexto para esta comunidad y esta misión centradas en el evangelio no son los eventos, sino la vida común y cotidiana.

Creamos programas cuando los cristianos no hacen lo que deberían estar haciendo en la vida diaria. Como no nos pastoreamos unos a otros en el día a día, creamos grupos de responsabilidad. Como no compartimos el evangelio en nuestra vida diaria, creamos cultos para invitar a gente.

Como no nos unimos a grupos sociales para dar testimonio de Jesús, creamos nuestros propios grupos sociales dentro de la iglesia. No nos malinterpretes, por favor. No estamos en contra de las reuniones, ni de los eventos, ni de los programas.

De hecho, el encuentro regular de la iglesia en torno a la Palabra de Dios es vital para la salud de todo lo demás, pues aquí es donde el pueblo de Dios se prepara para las obras de servicio. Pero las obras de servicio, en sí mismas, tienen lugar en el contexto del día a día.”

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/iglesia/739-iglesias-247.html

Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

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Creación o evolución ¿Debemos elegir?

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«Este es sin duda el estudio mejor documentado, más claro y sensato que uno pueda encontrar hoy sobre la pregunta que le da título». Rvdo. Dr. J. I. Packer Teólogo y profesor del Regent College, Vancouver (Canadá).

Salta a la vista que no estamos ante un libro ‘ligero’. Nos aguardan casi 500 páginas llenas de información y análisis.

Creación/Evolución

Difuminado progresivamente en muchos ambientes protestantes durante el siglo XIX, el debate volvió con fuerza, en otros en el siglo XX (hasta la actualidad), mientras que desaparecía en el catolicismo durante ese mismo siglo. Podríamos preguntarnos por qué este tema resulta tan polémico. La lectura de este libro muestra que no se trata solamente de la pregunta por la estabilidad de las especies de seres vivos, que es el asunto que ocupa a los biólogos que trabajan sobre la evolución. Cuando se empieza a profundizar, las cuestiones surgen una tras otra. ¿Qué pasa con los relatos bíblicos sobre los orígenes? ¿Qué pasa con la doctrina de la creación? ¿Cómo afecta la evolución a nuestras ideas sobre el pecado, la muerte y la salvación en Cristo? A la vista de todas esas preguntas no es sorprendente que el debate sobre este tema sea tan persistente y tan acalorado. Están en juego cuestiones importantes que afectan no a tal o cual aspecto secundario de la fe cristiana, sino a temas muy importantes y que implican cambios profundos en la forma de enfocar esa fe.

Hay pocos temas que generen tanto debate entre los cristianos evangélicos como el de la creación. Este es un libro escrito de forma razonada, con calma y muy bien documentado. Ha sido escrito por una persona que ama apasionadamente tanto la ciencia como la Biblia. «Espero», dice Denis Alexander, «que su lectura te anime a creer, como hago yo, que el ‘Libro de la Palabra de Dios’ y el ‘Libro de las Obras de Dios’ pueden mantenerse firmemente unidos en armonía». Esta es la traducción de la segunda (y por ahora última) edición del libro original en inglés. En ella se actualizan los datos científicos y se profundiza en sus implicaciones teológicas. «En este libro brillante y fácil de leer, el científico creyente Denis Alexander defiende de manera convincente y con cordialidad que un cristiano comprometido con su fe no tiene por qué temer la evolución, sino que puede aceptarla como la fascinante manera en la que Dios lleva a cabo su creación. Este es un libro de obligada lectura para todos lo que están interesados en el futuro de la fe».

Tal vez uno de los capítulos más prácticos del libro (y que casi podría leerse independientemente) es el capítulo 6: «Objeciones a la evolución». En él desfilan tanto críticas científicas como teológicas, siete en total, algunas muy comunes tanto entre los cristianos como en la sociedad en general. Pero tal vez el mayor énfasis está en los aspectos teológicos. Para empezar, Alexander dedica dos capítulos al concepto de ‘creación’ (capítulos 1 y 2). Y tras el recorrido científico de los capítulos 3 al 6, se plantea el impacto de estas ideas en el capítulo 7: «¿Y qué hay del Génesis?». En efecto, mi experiencia también indica que cuando una audiencia de creyentes no científicos se enfrenta a toda esta información, el primer impulso no es tanto de rechazo, sino de inquietud en esa línea. Alexander ofrece aquí una nueva forma de leer los textos bíblicos, especialmente los primeros capítulos de la creación, no a la luz de la ciencia evolutiva, sino mediante una comprensión más profunda de la Biblia a la luz tanto de los primeros autores cristianos como del mayor conocimiento del contexto cultural del Antiguo Testamento que nos ha proporcionado la arqueología y la historia contemporáneas.’ En conexión con ese capítulo se encuentra el siguiente, capítulo 8, en el que trata a fondo y denuncia el problema de la ideologización de la evolución que se ha mencionado más arriba. El capítulo también nos recuerda la olvidada historia de los cristianos que, ya en el siglo XIX, rechazaron la oposición entre creación y evolución. En esa línea, este capítulo avanza el término ‘creacionismo evolutivo’ (también denomi-nado en otros lugares como ‘creación evolutiva’) recientemente acuñado por diversos autores evangélicos que apoyan un entendimiento entre evolución y creación.’ Y si para muchos cristianos la pregunta es: ¿y qué hay del Génesis?, para muchos otros el problema es más específico: ¿quiénes eran Adán y Eva? Sobre ese tema se centra buena parte de este libro.

Alexander bucea tanto en el estudio bíblico de esos personajes como en una puesta al día sobre los últimos conocimientos de paleontología, antropología y genética humana (capítulos 9 y 10).

El libro prosigue con un nuevo cambio de temática para tratar el movimiento crítico con la evolución de finales del siglo XX denominado como ‘diseño inteligente’. El capítulo 14 es muy útil para entender tanto la historia inicial del movimiento como sus ideas básicas: el concepto de `complejidad irreductible’ o el ejemplo bandera del flagelo bacteriano. Denis Alexander somete al diseño inteligente a una severa crítica tanto desde un punto de vista biológico, y más específicamente bioquímico (que es su especialidad científica), como desde el punto de vista de la filosofía y la teología (en el capítulo 15). Este penúltimo capítulo trata temas tan interesantes e importantes como los conceptos de ‘diseño’, ‘diseñador’ y ‘naturalismo’ que se utilizan mucho por parte del diseño inteligente, pero cuya interpretación Denis Alexander discute con vigor. Y, como comentábamos más arriba, el libro se cierra con el capítulo 16 sobre el misterioso origen de la vida. El capítulo es una buena puesta al día sobre la situación actual de estas investigaciones, que incluye interesantes explicaciones sobre sus antecedentes históricos durante el siglo XX.

El epílogo final resume la propuesta del autor:
La fe personal, salvadora a través de Cristo, en el Dios que hizo todas las cosas y que sigue sosteniéndolas por su poderosa Palabra, es del todo compatible con la teoría darwiniana de la evolución que, por cierto, supone el paradigma en el que se desarrolla toda la investigación biológica actual. No hay nada intrínsecamente materialista, antirreligioso o religioso en la evolución; todas esas categorías se le han impuesto a la teoría desde fuera.

«Estamos ante un libro que debería ser un hito en el contexto evangélico de habla hispana en relación al debate de las últimas décadas sobre ‘los orígenes’. Denis Alexander toma en serio tanto la ciencia como la Biblia para plantear una propuesta que permita aceptar ambas sin conflicto. Independientemente de nuestra postura, es un libro que merece ser tenido en cuenta». Dr. Pablo de Felipe Profesor de Ciencia y Fe en la Facultad de Teología SEUT, Madrid (España)

«Finalmente una exposición clara y cuidadosamente meditada sobre cómo la evolución biológica encaja en la comprensión bíblica de Dios y la creación, escrita por una persona que está al día en biología y que conoce el material bíblico pertinente. Será de mucha ayuda para aquellos que quieran aclarar sus ideas en este campo». Rvdo. Dr. Ernest C. Lucas Ex-subdirector y tutor en Estudios Bíblicos (jubilado), Bristol Baptist College (Reino Unido)

ÍNDICE

  1. ¿Qué queremos decir con creación?
  2. La doctrina bíblica de la creación
  3. ¿A qué nos referimos con evolución? Datación, ADN y genes
  4. ¿A qué nos referimos con evolución? Selección natural, éxito reproductivo y cooperación
  5. ¿A qué nos referimos con evolución? Especiación, fósiles y la cuestión de la información
  6. Objeciones a la evolución
  7. ¿Y qué hay del Génesis?
  8. Creacionismo evolutivo
  9. ¿Quiénes eran Adán y Eva? El trasfondo
  10. ¿Quiénes eran Adán y Eva? El Génesis y la ciencia en conversación
  11. La evolución y la interpretación bíblica de la muerte
  12. La evolución y la caída
  13. La evolución, el mal natural y la cuestión de la teodicea
  14. El diseño inteligente y el orden de la creación
  15. La evolución: ¿inteligente y diseñada?
  16. El origen de la vida

* Un libro de Andamio Editorial Octubre 2018

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Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

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Creación o evolución ¿Debemos elegir?

creación o evolución

Creación o evolución ¿Debemos elegir?

Denis R. Alexander

Hay pocos temas que generen tanto debate entre los cristianos evangélicos como el de la creación. Este es un libro escrito de forma razonada, con calma y muy bien documentado. Ha sido escrito por una persona que ama apasionadamente tanto la ciencia como la Biblia. «Espero», dice Denis Alexander, «que su lectura te anime a creer, como hago yo, que el ‘Libro de la Palabra de Dios’ y el ‘Libro de las Obras de Dios’ pueden mantenerse firmemente unidos en armonía».

Esta es la traducción de la segunda (y por ahora última) edición del libro original en inglés. En ella se actualizan los datos científicos y se profundiza en sus implicaciones teológicas.

«En este libro brillante y fácil de leer, el científico creyente Denis Alexander defiende de manera convincente y con cordialidad que un cristiano comprometido con su fe no tiene por qué temer la evolución, sino que puede aceptarla como la fascinante manera en la que Dios lleva a cabo su creación. Este es un libro de obligada lectura para todos lo que están interesados en el futuro de la fe».

Dr. Francis S. Collins
Director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), Bethesda, Maryland (EE.UU.)

500 pp. Rústica

Ref. 1828 – 20,00€

Por amor a Dios I

Por Amor a Dios 1

Por amor a Dios

Donald A. Carson

Como su volumen complementario, Por amor a Dios Volumen II, este devocional contiene un plan diario sistemático de lectura para los trescientos sesenta y cinco días del año, basado en el programa de lectura de la Biblia de McCheyne que le llevará por el Nuevo Testamento y los Salmos dos veces en el transcurso del año, y una vez por el resto del Antiguo Testamento.

En un esfuerzo por ayudar a conservar el pensamiento y el estilo de vida bíblico, D. A. Carson ha añadido comentarios que fomentan la meditación y la reflexión sobre los pasajes para cada día. Además, de la forma más exclusiva, ofrece una perspectiva que sitúa cada texto en el marco más amplio de la historia y del plan eterno de Dios con el objeto de profundizar su manera de comprender su soberanía, así como la unidad y el poder de su Palabra.

“En un mundo que considera la verdad absoluta, lo correcto y lo incorrecto, y la salvación como cuestiones sujetas a una interpretación individual, las firmes proclamaciones y las milagrosas historias bíblicas parecen obsoletas para los tiempos modernos. Pero no es la Palabra de Dios la que ha cambiado. En realidad, su relevancia y su poder de transformar vidas están intactos. Lo que sí ha sufrido una alteración es el número de personas que la consultan”. 

405 pp. Rústica

Ref. 1784 – 18,00€