La Fidelidad de Dios

 Blog66

LA INFIDELIDAD es uno de los pecados más preponderantes en esta época impía en que vivimos. En el mundo de los negocios, dar la palabra de uno, con muy raras excepciones, ya no es algo en que se puede confiar. En el mundo social, la infidelidad matrimonial abunda por todas partes, los vínculos sagrados del matrimonio se rompen con la misma facilidad que se descarta una vieja prenda de vestir. En el terreno eclesiástico, miles que han prometido solemnemente predicar la verdad no tienen ningún escrúpulo en atacarla y negarla. Ni puede el lector o el escritor declararse completamente inmune a este terrible pecado: ¡De cuántas maneras hemos sido infieles a Cristo y a la luz y los privilegios que Dios nos confió! Qué refrescante, entonces, que bendición indescriptible es levantar nuestra vista de esta escena de ruina, y contemplar a Aquél que es fiel, fiel en todas las cosas, fiel en todas las épocas.

“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel” (Deut. 7:9). Esta cualidad es esencial a su ser, sin ella él no puede ser Dios. Que Dios fuera infiel sería un acto contrario a su naturaleza, lo cual sería imposible: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13). La fidelidad es una de las perfecciones gloriosas de su ser. Él está cubierto de ella; “Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu verdad está en torno de ti” (Sal. 89:8). De la misma manera, cuando Dios se encarnó fue dicho: “Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor
de sus riñones” (Isa. 11:5).  Qué palabra es la de Salmo 36:5: “Jehová, hasta los cielos es tu
misericordia; tu verdad hasta las nubes.” Mucho más allá de toda la comprensión finita se encuentra la fidelidad inmutable de Dios. Todo lo que se refiere a Dios es grande, vasto, incomparable. Él nunca olvida, nunca falla, nunca tambalea, nunca es infiel a su palabra. El  Señor se ha ceñido exactamente a cada declaración de promesa o profecía, cumplirá cada pacto o amenaza porque “Dios no es hombre,  para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Por lo tanto, el creyente exclama: “Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lam. 3:22, 23).

Versiculo 31

En las Escrituras abundan las ilustraciones de la fidelidad de Dios.  Hace más de cuatro mil años dijo: “Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano e invierno,  y día y noche, no cesarán” (Gén. 8:22). Cada año que llega brinda un nuevo testimonio del cumplimiento de esta promesa por parte de Dios. En Génesis 15 encontramos que Jehová le declaró a Abraham: “Tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá á los de allí,… Y en la cuarta generación volverán acá” (vv. 13-16). Los siglos pasaron sin pausa. Los descendientes de Abraham se quejaban en medio de los hornos de ladrillos de Egipto. ¿Había olvidado Dios su promesa? Por cierto que no. Lea Éxodo 12:41: “Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos  de Jehová de la tierra de Egipto.” Por medio de Isaías el Señor declaró: “He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su  nombre Emmanuel” (7:14). Nuevamente pasaron siglos, pero “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer” (Gál. 4:4).

Dios es verdad. Su Palabra de promesa es segura. Dios es fiel en todas sus relaciones con su pueblo. Se puede confiar plenamente en él. Hasta ahora, nadie ha confiado en él en vano. Encontramos esta valiosa verdad expresada casi en todas partes en las Escrituras,
porque su pueblo necesita saber que la fidelidad es una parte esencial  del carácter divino. Esta es la base de nuestra confianza en él. Pero una cosa es aceptar la fidelidad de Dios como una verdad divina, y muy otra actuar de acuerdo con ella. Dios nos ha dado muchas “preciosas y grandísimas promesas”, pero, ¿realmente esperamos que las cumpla? ¿Estamos realmente esperando que haga por nosotros todo lo que ha dicho? ¿Nos apoyamos en la seguridad implícita de estas palabras: “Fiel es el que prometió” (Heb. 10:23)?

Hay temporadas en la vida de todos cuando no es fácil, ni siquiera para los cristianos, creer que Dios es fiel. Nuestra fe es puesta muy a prueba, nuestros ojos están llenos de lágrimas, y ya no podemos distinguir la obra de su amor. Nuestros oídos están distraídos con los ruidos del mundo, acosados por los susurros ateísticos de Satanás, y ya no podemos escuchar los dulces acentos de su quieta y apacible voz. Planes anhelados se han desmoronado, amigos en quienes confiábamos nos han fallado, alguno que profesaba ser hermano o hermana en Cristo nos ha traicionado. Estamos estupefactos.
Quisimos ser fieles a Dios, y ahora una nube tenebrosa lo esconde de nuestra vista. Nos resulta difícil, sí, hasta imposible por razones La fidelidad de Dios, carnales, armonizar su providencia severa con sus promesas llenas de su gracia. Ah, alma que flaquea, compañero peregrino que ha sido probado duramente, busque la gracia para atender lo que dice Isaías 50:10: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de
su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios ” Cuando se sienta tentado a dudar de la fidelidad de Dios, clame:
“Retírate, Satanás.” Aunque no pueda armonizar los tratos misteriosos de Dios con las declaraciones de su amor, espere en él hasta recibir más luz. En el momento propicio se lo hará ver con claridad. “Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás
después” (Juan 13:7). Lo que luego vendrá demostrará que Dios no ha abandonado ni engañado a su hijo. “Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios de juicio:
bienaventurados todos los que le esperan” (Isa. 30:18). “No juzgues al Señor con la debilidad de los sentidos”.  En cambio, confía en que te hará objeto de su gracia,
Detrás de una providencia que frunce el ceño  Se esconde un rostro que sonríe.

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Santos que teméis, armaos de nueva valentía, Los nubarrones que tanto os aterrorizan,
Están repletos de misericordias, e irrumpirán Derramando bendiciones sobre vuestras cabezas.”  “Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles” (Sal. 119:138). Dios no sólo nos ha dicho lo mejor, no ha reprimido lo peor. Ha descrito fielmente la ruina que la Caída ha producido. Ha diagnosticado fielmente el terrible estado que el pecado ha  producido. Ha dado a conocer fielmente su inveterado odio por el mal, y que debe castigarlo. Nos ha advertido fielmente de que él es “fuego consumidor” (Heb. 12:29). Su Palabra no sólo abunda en ilustraciones de su fidelidad en cumplir sus promesas, sino que también registra numerosos ejemplos de su fidelidad en cumplir sus amenazas. Cada etapa de la historia de Israel es un ejemplo de esta realidad solemne. Así fue que individuos como Faraón, Korah, Achan y muchos otros son prueba de ello. Y lo mismo sucederá con usted, mi lector: a menos que haya huido o huya hacia Cristo en busca de
refugio, el Lago de Fuego que arde eternamente será su porción cierta y segura. Dios es fiel. Dios es fiel en preservar a su pueblo. “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo…” (1 Cor. 1:9). En el versículo anterior aparece la promesa de que Dios confirmará a su pueblo hasta el fin. La confianza del Apóstol en la seguridad absoluta del creyente  se basaba no en la fuerza de sus resoluciones o en su habilidad de
perseverar, sino en la veracidad de Aquél que no puede mentir. Dado que Dios ha prometido a su Hijo un pueblo determinado como su herencia, librarlos del pecado y la condenación, y hacerlos partícipes de la vida eterna en gloria, ciertamente no dejará que ninguno de ellos perezca.

Dios es fiel en disciplinar a su pueblo. Es fiel en lo que retiene, tanto como en lo que da. Es fiel en enviar dolor tanto como en dar gozo. La fidelidad de Dios es una verdad que hemos de confesar no sólo cuando vivimos tranquilos sino también cuando estamos
sufriendo bajo la más aguda reprensión. Tampoco debe ser esta confesión meramente de nuestros labios, sino también de nuestros corazones. Cuando Dios nos golpea con la vara del castigo, su fidelidad es la mano que la sostiene. Reconocer esto significa que nos
humillamos ante él, admitimos que merecemos plenamente su corrección y, en lugar de murmurar, se la agradecemos. Dios nunca aflige sin tener una razón. “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros” (1 Cor. 11:30), dice Pablo, ilustrando este
principio. Cuando su vara cae sobre nosotros, digamos con Daniel: “Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro” (9:7). “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75). El sufrimiento y la aflicción no sólo coinciden con el amor de Dios prometido en el pacto eterno, sino que son partes del mismo. Dios no sólo es fiel en impedir aflicciones, sino fiel en enviarlas. “Entonces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, y ni falsearé mi verdad” (Sal. 89:32, 33). Disciplinar no sólo va de acuerdo con el amor y bondad de Dios, sino que es su efecto y expresión. Tranquilizaría mucho la mente del pueblo de Dios si recordaran que su amor de pacto lo obliga a ejercer sobre ellos una corrección apropiada. Las aflicciones nos son necesarias: “En su angustia madrugarán a mí” (Oseas 5:15).

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Dios es fiel en glorificar a su pueblo. “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará” (1 Tes. 5:24). La referencia inmediata aquí es al hecho de que los santos serán “guardados… sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Dios no trata con nosotros en base a nuestros méritos (porque no tenemos ninguno), sino para que
su nombre sea glorificado. Dios es constante a sí mismo y a su propio La fidelidad de Dios propósito de gracia: “A los que llamó… a éstos también glorificó” (Rom. 8:30). Dios brinda una completa demostración de la constancia de su bondad eterna hacia sus elegidos llamándolos eficazmente de las tinieblas a su luz maravillosa, y esto debe darles la plena seguridad de la certidumbre de su continuidad. “El fundamento de Dios está firme” (2 Tim. 2:19). Pablo descansaba sobre la fidelidad de Dios cuando dijo: “Porque yo sé a quién he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito ara aquel día” (2 Tim. 1:12).

Apropiarnos de esta bendita verdad nos guardará de las preocupaciones. Estar llenos de cuidados, ver nuestra situación con oscura aprensión, anticipar el mañana con triste ansiedad, es una mal reflejo de la fidelidad de Dios. El que ha cuidado a su hijo a través de los años no lo abandonará en su vejez. El que ha escuchado sus oraciones en el pasado no se negará a suplir su necesidad en la emergencia del presente. Descanse en Job 5:19: “En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal”

Apropiarnos de esta bendita verdad detendrá nuestras murmuraciones. El Señor sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y uno de los efectos de descansar en esta verdad será silenciar nuestra quejas petulantes. Honramos grandemente a Dios
cuando, pasando por pruebas y disciplinas, tenemos buenos pensamientos de él, vindicamos su sabiduría y justicia, y reconocemos su amor justamente en sus reprimendas.

Apropiarnos de esta bendita verdad engendrará una confianza en Dios que va aumentando. “Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Criador, haciendo bien” (1 Ped. 4:19). Cuando confiadamente nos ponemos nosotros mismos y ponemos todos nuestros asuntos en las manos de Dios, plenamente convencidos de su amor y fidelidad, nos sentiremos satisfechos con sus providencias y comprenderemos que “Él hace bien todas las cosas.”

 

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A. W. Pink (1886-1952): pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

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La confianza en Dios

Blog65

El creyente activo, mientras más es abatido por Dios, ya sea por las reprensiones de la providencia o los reproches de sus enemigos, tomará una postura más firme y se unirá más estrechamente con Él.

El hijo de Dios se sobresalta ante la sola idea de perder la esperanza de tener ayuda en Dios. Véase que es Dios para su pueblo, lo que será, lo que hallamos en Él, lo que David encontró en Él.

  1. Seguridad: un escudo para mí; lo cual denota la ventaja de esa protección.
  2. Honra: a quienes Dios reconoce como suyos, tienen verdadera honra sobre ellos.
  3. Gozo y liberación: Si el pueblo de Dios levanta su cabeza con gozo en el peor de los momentos, sabiendo que todo les ayudará a bien, reconocerán a Dios como Quien les da motivo y corazón para regocijarse.

Los cuidados y la tristeza nos hacen bien, cuando nos llevan a orar fervorosamente a Dios. David siempre halló que Dios estaba dispuesto a responder sus oraciones. Nada puede poner una separación entre las comunicaciones de la Gracia de Dios a nosotros, y la obra de su Gracia en nosotros, entre su favor y nuestra fe. Siempre había estado a salvo bajo la protección divina. Esto se aplica a las misericordias comunes de cada noche, por las cuales damos gracias. Muchos se acuestan y no pueden dormir por dolor del cuerpo, por angustia mental o por la alarma continua del terror nocturno. Pero aquí más bien parece que se refiere a la calma del espíritu de David en medio del peligro.

El Señor lo puso en paz por su Gracia y por las consolaciones de su Espíritu. Gran misericordia es que nuestra mente persevere en Dios cuando estamos con problemas. -Contemplad al Hijo de David que se calma para su reposo sobre la cruz, es el lecho de dolores, encomendando su Espíritu a las manos del Padre con plena confianza de la gozosa resurrección. Contempla esto, o Cristiano: deja que la fe te enseñe a dormir y a morir; mientras te asegura que así como dormir es una muerte corta, la muerte es sólo un dormir prolongado; el mismo Dios te cuida en tu lecho y en tu tumba. – La fe de David llegó a ser triunfante.

Él empezó el Salmo con quejas de la fuerza y malicia de sus enemigos, pero concluye regocijándose en el poder y la Gracia de su Dios y, ahora, ve más con Él que contra Él. La salvación pertenece a Jehová; Él tiene poder para salvar aunque el peligro sea inmenso. Todos los que tienen al Señor como su Dios, están seguros de la salvación; porque el que es el Dios de ellos es el Dios de la salvación.

 

Matthew Henry (18 de octubre de 1662 – 22 de junio de 1714) fue un ministro y autor inconformista, nacido en Gales pero que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra.

Toda buena obra

Reseña 1

¿Cuál es tu papel como cristiano en tu vida laboral? ¿Lo has pensado alguna vez?. “Toda buena obra” escrito por Timothy Keller y Katherine Leary Alsdorf  aborda este fundamental aspecto de la vida cristiana.

Este libro nos ayuda a recordar la posición como cristianos en nuestro trabajo. En cualquier faceta de nuestra vida debemos de brillar y que el mundo pueda ver el reflejo de lo que decimos creer, en todo lugar, en todo momento, algo tan natural y esencial como el respirar, ¿cómo no en nuestro puesto de trabajo?, en la relación con nuestros compañeros, jefes, clientes.

Debemos de ser profesionales en cualquier trabajo, y que nuestra fe se vea reflejada en todo lo que hacemos, con excelencia y gratitud. Vivir el evangelio, es desarrollar el fundamento del mismo, compartiéndolo con todo aquel que nos rodea.

Índice del libro. “Toda buena obra”

Primera parte: El Plan de Dios para el Trabajo
01 > El diseño del trabajo
02 > La dignidad del trabajo
03 > El trabajo como cultivo
04 > El trabajo como servicio

Segunda parte: Nuestros Problemas con el Trabajo
05 > El trabajo se vuelve infructuoso
06 > El trabajo deja de tener sentido
07 > El trabajo se vuelve egoísta
08 > El trabajo revela nuestros ídolos

Tercera parte: El Evangelio y el Trabajo
09 > Una nueva historia para el trabajo
10 > Una nueva concepción del trabajo
11 > Una nueva brújula para el trabajo
12 > Un nuevo poder para el trabajo

A continuación te ofrecemos una porción del mismo:

Una audiencia diferente
En Efesios 6 Pablo expone un principio simple pero profundo que ennoblece el trabajo
(para los que tienen el peligro de verlo como una pesadez) y a la vez desmitifica el
trabajo (para los que tienen el peligro de convertirlo en su identidad). Dice que todo el
trabajo debería hacerse “como si sirvieras al Señor”.
La clave de la enseñanza de Pablo aquí es tanto psicológica como espiritual. Le dice tanto
a empleados como a empleadores que cambien su audiencia. ¿Quién está observando
tu trabajo? ¿Para quién estás trabajando? ¿Qué opinión importa más al final?
Para empleados. Primero, se dice que los trabajadores sean diligentes en su trabajo
(“con integridad de corazón”, v. 5). No deben hacer solo el trabajo mínimo necesario
para evitar el castigo; no solo deben trabajar duro cuando sus supervisores los observan;
no deben trabajar mecánicamente ni distraídos. Más bien, los cristianos deben
comprometerse totalmente con el trabajo como personas completas, dando sus
mentes, corazones y cuerpos para hacer el mejor trabajo posible con la tarea que tienen
entre manos. ¿Por qué?
Los trabajadores cristianos pueden pensar y trabajar de este modo porque tienen una
nueva motivación para el trabajo. Trabajan “como quien sirve al Señor” (v. 5). Así que
debido a que tienen una recompensa inimaginable en Cristo (v. 8), su trabajo no tiene
que estar demasiado condicionado por la cantidad de recompensa que obtienen de sus
amos.
Los cristianos han sido liberados para disfrutar del trabajo. Si comenzamos a trabajar
como si sirviéramos al Señor, seremos libres tanto del exceso como de la escasez de
trabajo. Ni la perspectiva del dinero ni de la alabanza, ni de la falta de ella, será lo que
nos controle. El trabajo será en primer lugar un modo de complacer a Dios haciendo su
obra en el mundo, en honor a su nombre.
Segundo, los cristianos deben trabajar con “integridad de corazón”, que literalmente
significa sinceridad de corazón, un término que connota tanto resolución como
honradez. Significa que nuestro trabajo debe ser ético, no deshonesto ni engañoso en
ningún aspecto. Tercero, debemos trabajar no “solo cuando os estén mirando, como los
que quieren ganarse el favor humano”. Esto significa que no debemos trabajar duro solo
cuando se nos observa; ni que hagamos solo lo necesario para salir del paso. Finalmente,
el término “de buena gana” en el versículo 7 significa que los cristianos deben trabajar
con alegría y energía.
Para empleadores. Aquí Pablo dice a los amos que ellos también son esclavos… esclavos
de Cristo (v. 9). Esto es algo muy extraordinario y radical en una cultural rígidamente
jerárquica. Está diciendo: “¡Comportaos con vuestros sirvientes como si vosotros
también fueseis esclavos!”. Es fácil pasar por alto esta pequeña frase, “haced con ellos
lo mismo”. ¿En qué sentido? En el que los esclavos debían tratar a sus amos: ¡con el
mayor respeto por sus necesidades! 
La razón de Pablo para esta actitud radical no solo es que sean iguales que los esclavos
ante el Señor, sino también que el Señor (para quien todos son igualmente
responsables) e imparcial. No hay favoritismos con él. Dios no trata a nadie de manera
diferente con base en la raza, la clase o la educación.
Todos trabajamos para una audiencia, seamos conscientes de ello o no. Algunos se
esfuerzan por complacer a los padres, otros para impresionar a los compañeros, otros
para convencer a los superiores, mientras que muchos hacen lo que hacen
estrictamente para vivir según sus propios estándares. Todas estas audiencias son
inadecuadas. Trabajar solo para ellas conducirá a un exceso o a una carencia de trabajo:
a veces una mezcla de ambas, basándonos en quién mira. Pero los cristianos miramos a
una Audiencia de Uno, nuestro amoroso Padre celestial y eso nos da responsabilidad
como alegría en el trabajo.

Fragmento adaptado de “Toda buena obra. Conectando tu trabajo con la obra de Dios”.
Timothy Keller y Katherine Leary Alsdorf, Publicaciones Andamio, 2017

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 8

Blog64

14. Confianza en la Providencia

Considerando los tremendos esfuerzos de ambos hombres podríamos llegar a creer que fueron personas voluntariosas y extremadamente autosuficientes, sin embargo se nos revela un aspecto en común totalmente distinto: la confianza irrestricta que ambos pusieron en la soberanía y divina providencia.

Lutero, siguiendo su muy particular estilo lo resumió de la siguiente manera:

 “Y mientras yo dormía o bebía la cerveza de Wittenberg junto a mis amigos Philip y Amsdorf, la Palabra debilitaba al papado de forma tan grandiosa que ningún príncipe o emperador consiguió causarles tantas derrotas. Yo nada hice: la Palabra lo hizo todo

En tanto, Calvino señaló que:

Entonces debemos concluir, que mientras este turbulento estado del mundo nos depriva de juicio, Dios, por la pura luz de su propia justicia y sabiduría, regula estas conmociones en el orden exacto y las dirige hacia el fin adecuado[2]”.

15. Confianza Absoluta en las Escrituras

Lutero insistió sobre la idea de que “El Evangelio no es un libro de leyes ni de preceptos que exigen actos de nosotros. Es un libro de promesas divinas, en el que Dios nos promete, nos presenta y nos da en Jesucristo todo cuanto Él posee y todas sus bienaventuranzas”[3]. En este mismo sentido resume esto con las siguientes palabras:

Hice una alianza con Dios: que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir

Por otra parte, generalmente se ha considerado a Calvino, más como un intelectual que un maestro o predicador de la Biblia, sin embargo la Institución, en su primera edición iba destinada a los laicos. Fue escrita pensando en un medio particular. La última edición, en cambio, era más un manual de teología para pastores. Pero, igual que en la primera, la última versión pretendía transformar vidas y no tenía principalmente un propósito académico o de información intelectual[4]. Como dice Warfield acerca de la obra literaria de Calvino: “no la cabeza, sino el corazón le hizo un gran teólogo, y no a la cabeza, sino al corazón, se dirige primariamente su teología”.

Algunos acusan a Calvino de ser alguien que impone un sistema predeterminado sobre el texto bíblico que le lleva a extraer conclusiones equivocadas del texto. Alejándose de las interpretaciones alegóricas tan comunes en la Edad Media, Calvino se ciñó al sentido del autor, algunos incluso dicen que Calvino fue el creador del método exegético que hoy día se conoce como “histórico – gramatical”. También, se debe apreciar lo mucho que cita la Biblia en la Institución: 2.474 citas del Antiguo Testamento y 4.330 citas del Nuevo Testamento[5].

Luego de este largo recorrido podemos concluir que sin lugar a dudas Martín Lutero y Juan Calvino desde sus diferencias y coincidencias no fueron los únicos protagonistas del proceso de Reforma Protestante, pero sí se han destacado entre el gran número por su valentía, esfuerzos y tremendas proyecciones para este proceso tan relevante. Aprendamos de sus virtudes, evitemos sus errores y sigamos su ejemplo.

[1] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I, XVIII, 1.

[2] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I.XVII.6-11.

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 8

[4]  Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

[5] Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 7

Blog63

11. Exposición Incansable de las Escrituras

A pesar de las diversas dificultades, penurias de índole ministerial y personal ninguno de ellos dejó de desempeñar la función que consideraban como fundamental en su existencia. Entre febrero y marzo de 1522 el vendaval de anarquía religiosa, la exaltación profética y la iconoclastia sembraron de escombros y desconciertos la pequeña ciudad de Wittenberg, brindando a Lutero y a Melanchton la oportunidad de introducir sin objeciones un orden religioso enteramente nuevo.

De hecho es el momento en que tienen el coraje de declarar abolidos todos los ritos religiosos católicos. Quedaba en pie como motor de la vida comunitaria la predicación[1].  Aunque Martín Lutero se esforzó por mantener las formas litúrgicas de su época, la prédica fue adquiriendo, sin embargo, cada vez mayor

importancia hasta convertirse en el punto céntrico del servicio religioso[2]. Lutero lo resume de la siguiente manera “Por eso, he sido lanzado a la enseñanza y la predicación agarrado por los pelos. Si hubiera sabido lo que ahora sé, ni diez caballos hubieran podido arrastrarme[3].

Así también, la Escritura era central para el entendimiento de Calvino. Podríamos llegar a pensar equivocadamente en la Institución de la Religión Cristiana como un trabajo escolástico de teología sistemática, pero él dijo que tenía como propósito “Preparar e instruir candidatos en sagrada teología para la lectura de la Palabra divina, para que ellos puedan ser capaces de tener fácil acceso a ella y avanzar en ella sin tropezar[4].

 12. Producción Literaria

Este punto es bastante significativo luego de haber recorrido los aspectos públicos y privados de los dos reformadores que hemos analizado, pues si hay algo que podemos dejar claro es que ambos tuvieron vidas muy agitadas. Sin embargo, aún así Lutero escribió al menos 55 obras.

¿Y qué de Calvino? Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia. A propósito de su manera de trabajar, Teodoro Beza relata que en 1563, un año antes de su muerte:

Las enfermedades de Calvino se habían agravado mucho y eran tantas que resultaba imposible casi creer que tan fuerte y noble mente pudiese seguir cobijándose en un cuerpo tan frágil, tan agotado por el trabajo y quebrantado por los sufrimientos. Pero ni aun así pudo ser convencido de que se cuidase. Por el contrario, si en alguna ocasión se abstuvo de sus deberes públicos (y nunca lo hizo sin una gran reluctancia), permanecía en su casa respondiendo las numerosas consultas que se le hacían o fatigaba a sus secretarios de tanto dictarles, sin desmayar un momento

La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[6].  Un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[7].

13. Trabajo Constante

Enlazado con lo anteriormente expuesto queda claro que para Lutero y Calvino el trabajo siempre fue constante. ¿Lo confirman ambos reformadores o es nuestra idea?

Señala Lutero:

Soy un hombre muy ocupado; tengo que desempeñar cuatro trabajos, cada uno de los cuales necesitaría para su cumplimiento la dedicación exclusiva de una persona: tengo que predicar en público cuatro veces por semana, dictar dos veces lecciones, oír las causas, escribir cartas y, además, escribir libros para el pú­blico. No obstante, Dios me ha provisto bien al darme una mujer excelente que cuida de todos los asuntos familiares, para que yo no me tenga que ocupar además de este menester[8]

Calvino no fue un autor cuyas actividades literarias tuvieran lugar en la sosegada soledad de un claustro o academia, con su diario descanso para una meditación ininterrumpida. Por el contrario, su voluminosa producción escrita fluyó de su pluma, o fue dictada, en medio de (casi valdría la pena decir a despecho de) una casi aplastante presión de multitud de otras exigencias sobre su tiempo y su energía; para no mencionar la serie de enfermedades que tan frecuentemente asaltaron su frágil estructura física.

Para concluir este punto recogemos la respuesta de un experto ante la interrogante: “¿Era Calvino trabajólico?”

No cabe duda alguna que sí lo era, Calvino no sólo publicó numerosos escritos y mantuvo una amplia correspondencia, en sus últimos 15 años de vida predicó 2300 sermones, lo que da como resultado aproximadamente tres sermones por semana. Con regularidad también se quedaba trabajando en las noches y a veces sólo dormía cuatro horas. En 1553 Calvino se quejó en una oportunidad que hacía un mes que no salía de las puertas de la ciudad, ni siquiera para recuperar fuerzas. Sus numerosas enfermedades también debieron atribuirse a la sobrecarga de trabajo[9]

[1] José García Oro “Historia de la Iglesia. Tomo III: Edad Moderna” Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2005, Pág. 71

[2] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 45 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[3] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 5

[4] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”: “Juan Calvino al Lector” 1559. Filadelfia,: The Westminster Press, 1960, Pág. 4.

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[8] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 8

[9] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 6

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9. Enfermedades

Sin embargo, los quebrantos a causa de enfermedades no les fueron ajenas a los mismos padres de familia, pues ellos mismos fueron afectados intensamente por ellas. En la correspondencia de Lutero, podemos encontrar diversas  ocasiones en las cuales registra los quebrantos de su salud:

En 1521, una grave crisis de salud:

En 1527 escribe muy preocupado por la peste: “De manera que si atiendes a las sospechas, ando por aquí en mi casa rodeado de peste; pero si atiendes a la realidad, estamos fuertes y con buena salud, aunque en peligro. Deseo que nos encomiendes a tus oraciones[2]

Reitera su descripción de episodios de enfermedad ahora en 1530:

Pero el «hombre viejo» exterior se iba corrompiendo y se hacía incapaz de seguir y secundar el ímpetu del «hombre nuevo» interior. La cabeza comenzó a llenarse de zumbidos o, mejor, de truenos, y de no haber abandonado todo al instante, hubiera caído en un síncope del que a duras penas he logrado escapar estos dos días últimos[3].

Y dieciséis años después, es decir en 1546, , vuelve a describir los quebrantos de su salud:

En lo personal, esto fue una novedad para mí, pues siempre imaginé a un Lutero vigoroso y pleno de salud y energía. Quizás a los retratos vivaces y su tremendo trabajo además de la comparación con Calvino de quien bien sabidas son sus múltiples enfermedades. De hecho, escribiendo a Farel en febrero de 1550, Calvino se queja de la pérdida de una gran cantidad de tiempo que habría podido emplear en diversos trabajos y que ha perdido en sus enfermedades, una tos fatigante y asmática, catarro crónico, la tortura de la jaqueca y la gastritis[5].

Se presume que Calvino ya desatendía su salud en la juventud a causa del excesivo estudio, lo que posteriormente tampoco cambió.
El inmenso esfuerzo de Calvino por la Reforma tuvo sus consecuencias: padecía de migrañas, cólicos renales y de gota en sus últimos años de vida, además tenía trastornos digestivos y las hemorroides le causaban grandes molestias. Por recomendaciones médicas, Calvino trató de mantener a raya sus enfermedades mediante el reposo en cama, el ayuno y caminatas. Con ayuda de la equitación también logró expulsar en varias oportunidades los atormentadores cálculos renales[6].

Es por ello que describiéndose a sí mismo lo hace de la siguiente manera:

Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la iglesia de Ginebra, debilitado por las enfermedades … muchas gracias a Dios que no sólo ha mostrado misericordia para mí, su pobre criatura … y sufrió conmigo en todos los pecados y debilidades, pero lo que es más que eso, me ha hecho partícipe de su gracia para servirle a través de mi trabajo…

A pesar de sus múltiples enfermedades no podríamos decir que era un hipocondríaco. Nunca se condujo como un inválido, sino que constantemente trabajó sin descanso; sin regatear esfuerzo y sin cuidarse en absoluto de su delicada salud. Su íntimo amigo Theodoro Beza nos dice cómo, incluso cuando en 1558 una grave enfermedad le impidió predicar y dar conferencias, privándole además de otros deberes cívicos y pastorales, empleó días enteros y noches dictando o escribiendo cartas:

No tenía otra expresión más frecuentemente en sus labios —dice Beza—que “La vida se haría imposible si tuviese que pasarla en la indolencia”. Cuando sus amigos le rogaron que se ahorrase, mientras estaba enfermo, la fatiga de dictar o escribir, Calvino respondía: “¿Es que queréis que el Señor me encuentre perezoso?

Sin embargo, las enfermedades no fueron exclusivas de ambos reformadores, escribiendo a Felipe Melanchton, Lutero le consuela con las siguientes palabras:

Gracia y paz en el Señor. Aquí se quedaron esas cartas, Felipe mío, por falta de con quién enviártelas, hasta que te las lleve este señor Jorge. Siento lo del cólico que te está consumiendo, y ruego a Cristo cuanto me es posible para que te cure y te conserve[8]

10. Tendencia al Desánimo / Preocupación

Hasta aquí el panorama en la vida familiar y personal resulta bastante desolador, a lo cual no podemos dejar de sumar la férrea oposición a sus respectivos ministerios de allí que no nos sorprenda el hecho de para ambos el desánimo y la preocupación fuese una tendencia que afectara sus vidas con relativa frecuencia. En relación a esto, el caso de Lutero es más evidente a través debido a que sus registros más personales como las Cartas y Charlas de Sobremesa son explícitas al respecto:

Ruega por mí, que soy un miserable y abyecto gusano, al que el espíritu de la tristeza está vejando a su gusto según la buena voluntad del padre de la misericordia, en cuya gloria redunde hasta mi miseria. Mi única gloria consiste en haber transmitido sólo la palabra de Dios, sin haberla adulterado con anhelo alguno de gloria u opulencia. Espero que quien comenzó la obra la perfeccione, ya que ni busco ni anhelo más que al Dios propicio, tal como él mismo exige que se le acepte aún por sus enemigos y por quienes le desprecian

“Gracia y paz en Cristo. No dejes de orar por mí ni de agonizar conmigo, mi Jonas, para que Cristo no me abandone ni permita que sea el tormento de los impíos, sino de los hijos; para que no desfallezca del todo mi fe, porque mi tentación a veces se mitiga, pero otras retorna con más fuerza”

Por eso, quien se viere aquejado por el espíritu de tristeza, que se defienda contra él pensando que no está solo. Porque Dios ha creado la comunidad de la iglesia, y esta hermandad ruega para que sus miembros se sostengan unos a otros, como dice la Escritura: «¡Ay de aquel que está solo, porque si llegare a caer, no habrá quien le ayude» [Ecl 4, 10]. Tampoco le resulta grata a Dios la tristeza del corazón, aunque la permita en el mundo; ni desea que me atormente por su causa, puesto que dice: «No quiero la muerte del pecador, etc.», «alégrense vuestros corazones». No quiere servidores que no confíen en é] de buena gana. Pues bien, a pesar de que soy consciente de esto, cien veces al día me veo sacudido por pensamientos contrarios. No obstante, resisto al diablo […] (WA 122)”[12].

Dada su naturaleza introvertida los vaivenes del ánimo no son tan fácilmente ubicables, sin embargo de acuerdo a los estudiosos de él, se conoce que a Calvino a menudo se le asomaban las lágrimas, existen varias ocasiones: una de ellas cuando se enteró de las graves persecuciones a los Valdenses o cuando debió decidirse si permanecía en Estrasburgo o retornaba a Ginebra. También, las preocupaciones por su esposa Idelette y sus amigos lo inquietaban, por ejemplo cuando durante una estadía en Ratisbona se enteró de la aparición de la peste en Estrasburgo, ciudad en que vivía su mujer, y cuando supo que algunos conocidos ya habían muerto a causa de esta epidemia[13].

[1] Cartas de Lutero, día siguiente a la natividad de María, 1521, Pág. 23

[2] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[3] Cartas de Lutero, Carta a Felipe Melanchton, 12 mayo, 1530. Pág. 56

[4] Cartas de Lutero, Carta a Catalina Lutherina, Vigilia de la Purificación, 1546. Pág. 71

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”; Pág. 7-8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Última voluntad de Calvino (25 de abril 1564), Cartas de Juan Calvino, Pág. 29

[8] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 43

[9] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 44

[10] Cartas de Lutero, después de la navidad de Cristo, 1527.Pág. 47

[11] Martín Lutero, “Charlas de Sobremesa”, Pág. 3

[12] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 3

[13] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 5

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7. Relaciones Matrimoniales

Es bien conocido el hecho de que ambos contrajeron nupcias, a esto debemos agregar que se casaron a edades más o menos avanzadas para los estándares de su época, en pleno desarrollo de su ministerios y que para ambos fue un motivo de gratitud a Dios por la gran ayuda y apoyo que encontraron en sus esposas.

Se cuenta que Lutero tardó muchos años en decidirse a contraer matrimonio, y no porque le fuese difícil encontrar una mujer a su gusto, sino quizás porque el fraile o el espíritu monacal seguía viviendo dentro de él aun después de haber abandonado la Iglesia y quemado públicamente todas las leyes canónicas. En mayo o a principios de junio de 1525 se conoció en el círculo íntimo de Lutero su intención de casarse con Catalina. Cuando le faltaban cinco meses para cumplir los cuarenta y dos años, optó por el casamiento. Para evitar cualquier objeción por parte de sus amigos, actuó rápidamente: en la mañana del martes 13 de junio de 1525 se casó legalmente con Catalina, a quien afectuosamente llamaba “Katy”. En las “Charlas de Sobremesa” comenta el mismo Lutero sobre el proceso:

Hablaba el doctor Martín de su compromiso matrimonial y decía: Si hace trece años me hubiera decidido a casarme, habría tomado por esposa a Ave Schónfeldin, que ahora lo es del doctor Basilio, médico en Prusia. No estaba en aquel entonces enamorado de mi Kethe, porque me daba la sensación de ser orgullosa y engreída. Plugo a Dios que me apiadase de ella, y gracias a él, la cosa ha salido bien, porque tengo una mujer piadosa y fiel, en la que puede descansar el corazón del marido, como dice Salomón[1]

Una señal de la alegría que su matrimonio le brindaba se dió cuando en 1526 Lucas Cranach hizo el retrato de Catalina de Bora, su marido Martín lo colgó en la pared del comedor, donde continuamente lo contemplaba lo cual confirmó con las siguientes declaraciones:

Me ha tocado un felicísimo matrimonio por la gracia de Dios. Tengo una mujer fiel, según las palabras de Salomón: Confidit in eam cor viri sui. Ella no me traiciona. ¡Ah, Señor Dios mío! El matrimonio no es una cosa puramente material y física, sino que es un don de Dios, una vida dulcísima; más aún, castísima por encima de todo celibato. Pero, cuando cae mal, es un infierno”

En el caso de Calvino podemos notar varias coincidencias. El 19 de mayo de 1539, Calvino escribiendo a Farel comenta lo siguiente sobre su visión respecto a las relaciones amorosas:

No me considero uno de esos locos enamoradizos que lo olvidan todo cuando ven una cara bonita… la única hermosura que me llama la atención es una mujer que sea amable, casta, sencilla, buena ama de casa, paciente y que se ocupe exclusivamente a atender a su marido[3]

En 1539, a sus 30 años, y luego de rechazar a varias candidatas Juan Calvino contrajo matrimonio con Idelette de Bure, una viuda que tenía un hijo y una hija de su matrimonio anterior con un anabaptista en Estrasburgo. Sobre su matrimonio uno de sus discípulos,  Teodoro Beza nos cuenta lo siguiente:

Todavía no ha nacido el hombre que pudiera atreverse a inculparlo de aquello que se habló [acusaciones de inmoralidad]… Él vivió nueve años en intachable matrimonio. Luego del fallecimiento de su esposa vivió 16 años en viudez hasta su muerte… ¿Quién podría ser un enemigo más firme de toda forma de adulterio que él? Es cierto que en este respecto el Señor lo puso a prueba duramente, a saber, en las personas que estuvieron cerca suyo[4]

 8. Tragedias Familiares

Así como la alegría de la amistad y la calidez de la vida familiar visitó a los reformadores también lo hicieron las tragedias en sus núcleos familiares, como lo pudimos adelantar a partir de la cita anterior. Estas tragedias tuvieron un profundo impacto en las vidas de ambos.

 Los Lutero tuvieron tres hijos y tres hijas, su crianza no estuvo exenta de preocupaciones debido a las varias plagas que amenazaron su salud y lamentablemente dos de sus hijas fallecieron a temprana edad:

  • Johannes[5] Vivió 49 años y durante su infancia sufrió los efectos de la peste según lo que su mismo padre relata: “Mi Hánschen[6] hace ya ocho días que está enfermo con un mal incierto, que yo sospecho que es el que nos azota, aunque crean y digan que es debido a la dentición. No ha fallecido nadie en los dos últimos días después que murió la mujer del capellán. Quiera Cristo que la peste esté ya acabándose[7]
  • Elizabeth[8]. Su temprana muerte a los ocho meses de edad afectó mucho a su padre: “Ha fallecido mi hija Isabelita. Ha dejado mi corazón enfermo, como el de una mujer, que hasta tal punto me ha herido el dolor. Nunca hubiera sospechado antes cómo ablandan los hijos el corazón de los padres. Ruega a Dios por mí y quédate con él[9].
  • Magdalena[10]: La tragedia vuelve a la casa de los Lutero pues a los 13 años la segunda hija muerte en los brazos de su padre, este episodio fue muy duro para sus padres. Escribe Lutero:

Me imagino que habrá llegado a tus oídos la noticia de que mi queridísima Magdalena ha renacido para el reino eterno de Cristo. Es cierto que tanto yo como mi mujer deberíamos estar agradecidos y contentos por este feliz tránsito y por el fin bienaventurado que la ha puesto a salvo del poder de la carne, del mundo, del turco y del diablo; pero es tan grande la fuerza de la ternura, que no podemos librarnos de los sollozos, de los gemidos y de una sensación como de muerte. Están tan fijos aún en lo hondo del corazón el semblante, las palabras, los gestos de esta hija tan respetuosa y obediente, mientras vivía y agonizaba, que ni siquiera el pensar en la muerte de Cristo (en cuya comparación nada significan las demás) puede borrar esta impresión[11].

  • Luego nacieron: Martín[12]; Paul[13] y Margaretha[14], de los cuales sólo Paul vivió una vida más longeva de 60 años, sus hermanos fallecieron relativamente jóvenes.

En la casa de los Calvino, la conformación familiar desde un inicio fue diferente pues Idelette de Bure, la esposa de Calvino, tenía un hijo de su primer matrimonio (cuyo nombre se desconoce) y una hija llamada Judith. Calvino se preocupó de la hija como su verdadero padre, el hijo mayor de Idelette se había quedado en Alemania, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Calvino logró llevarlo a Ginebra.

El único hijo en común de la pareja, Jacques, sólo vivió unos pocos días. Desde su nacimiento y muerte en agosto en 1542, la salud de Idelette se vio afectada y no pudo volver a recuperarse por completo de los problemas de salud que le acarreó el alumbramiento. Calvino aceptó la muerte de su hijo como expresión de la voluntad de Dios: “El Señor me dio un hijo, pero pronto se lo llevó. Se reconoce esto entre mis desgracias, que no tenga hijos. Tengo miríadas de hijos a lo largo del mundo cristiano[15]”.

Pero Idelette sufrió una serie de enfermedades y murió siete en el año 1549 de una “enfermedad del sueño”[16]. Este hecho está documentado brevemente en correspondencia que Calvino mantuvo con Pierre Viret y Jean Sturm en aquel año[17]. Luego del fallecimiento de su querida esposa, Calvino se volcó de lleno en el trabajo para olvidar el dolor de esta pérdida. Él mismo señaló que:

Perdí la mejor compañera de vida, una persona que de haber llegado a tal punto no sólo me habría acompañado gustosamente en el exilio y la pobreza, sino hasta la muerte. Mientras vivía fue una fiel ayudante en mi ministerio, jamás me importunó con sus problemas, nunca temió o se preocupó de sí misma

A pesar de su profundo dolor, reflexionando sobre los sufrimientos Calvino comenta:

El apóstol declara que Dios tiene destinado este fin a Sus hijos: que sean conformados con Cristo. De este hecho surge una singular consolación que consiste en que, soportando toda suerte de desdichas y desventuras a las que nosotros llamamos adversidad y mal, participamos en la cruz de Cristo… Cuanto más nos sintamos afligidos por la miseria, más es confirmada nuestra aproximación con Cristo[19].

[1] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 6

[2] Ricardo García-villoslada “Martin Lutero el fraile Hambriento de Dios” Biblioteca Autores Cristianos, Pág. 175

[3] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[4] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[5] Nacimiento: el 7 de junio de 1526; Fallecimiento: 1575

[6] Hánschen, el hijo mayor de Lutero (ver carta 33).

[7] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[8] Nacida el 10 de diciembre de 1527, murió prematuramente el 3 de agosto de 1528.

[9] Cartas de Lutero, Wittenberg, 5 agosto 1528.Pág. 48

[10] Magdalena Luther, nacida en 4 mayo 1529 y muerta el 20 septiembre del 1542.

[11] Cartas de Lutero, Al preclarísimo señor Justus Jonas, Sábado después de Mateo, 1542, Pág. 65

[12] Martín hijo, nacido el 9 de noviembre de 1531, estudió Teología pero nunca tuvo un llamado pastoral regular antes de su muerte en 1565.

[13] Paul, nacido el 28 de enero de 1533, fue médico, padre de seis hijos y murió el 8 de marzo de 1593 [60 años], continuando la línea masculina de la familia de Lutero mediante Juan Ernesto, que se extinguiría en 1759.

[14] Margaretha, nacida el 17 de diciembre de 1534, casada con el noble prusiano George von Kunheim, pero falleció en 1570 a la edad de 36 años; es el único linaje de Lutero que se mantiene hasta la actualidad.

[15] Chapman, William. “Idelette de Calvino”.  (1884). En: http://www.contra-mundum.org/castellano/chapman/Idelette.pdf

[16] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[17] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[18] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 9 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[19] Juan Calvino, “Institución de la Religión Cristiana”, Tomo III, viii, 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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Un evangelio por el que vale la pena morir

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“Para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24).

Pablo dice que, en comparación con su gran objetivo de predicar el evangelio, no estimaba su vida como algo a qué aferrarse; no obstante, estamos seguros de que Pablo consideraba valiosa su vida.

Amaba la vida, igual que los demás, y asimismo sabía que su propia vida era de gran valor para las iglesias y para la causa de Cristo. En otro lugar dijo: “Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros” (Fil. 1:24). No estaba cansado de la vida, ni era alguien que apreciaba tan poco su vida que podía desperdiciarla como si fuera una broma. Valoraba la vida, pues estimaba el tiempo, que es aquello de lo que está hecha la
vida, y rendía cuentas de cada día y hora, “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:16). Aun así, les dijo seriamente a los ancianos de la iglesia en Éfeso que no consideraba que su vida fuera de tanto valor en comparación con el testificar el evangelio de la gracia de Dios. Según el versículo que acabamos de citar, el Apóstol consideraba la vida como una carrera que tenía que ser corrida. Ahora bien, cuanto más rápido se corre una carrera, mejor; ciertamente, la distancia no es el objetivo que se debe tener en cuenta. El único pensamiento que domina al corredor es cómo puede alcanzar la  meta lo más rápido posible. No le importa el suelo debajo de sus pies, no le importa el curso de la carrera excepto en lo que se refiere a la manera como tiene que correr para llegar al final deseado. Así fue la vida para Pablo. Todas las energías de su espíritu estaban consagradas a la búsqueda de un objetivo: que en todas partes pudiera testificar del evangelio de la gracia de Dios, y que valoraba la vida que vivía aquí en la tierra únicamente como un medio a ese fin. También consideraba el evangelio y su ministerio de testificar de él como un depósito sagrado que le había sido encargado por el Señor mismo. Se veía a sí mismo como alguien a quien se le había confiado el evangelio (1 Tes. 2:4), y resolvió ser fiel aunque le costara la vida… En su mente, veía al Salvador tomar en sus manos, que habían sido atravesadas por los clavos, la caja inapreciable que contiene la joya celestial de la gracia de Dios, y diciéndole: “Te he redimido con mi sangre, te he llamado por tu nombre, y ahora pongo en tus manos este objeto de valor inapreciable y te encargo que lo cuides y lo guardes aun con tu propia sangre. Te envío para que vayas a todas partes en mi lugar, y hagas conocer a todos los pueblos debajo del cielo el
evangelio de la gracia de Dios”. Todos los creyentes tienen un encargo similar. Ninguno de nosotros ha sido llamado al apostolado, y quizá no hayamos sido llamados a predicar en público la Palabra de Dios, pero todos hemos sido encomendados a ser valientes en pro de la verdad sobre esta tierra y a contender dedicadamente por la fe que otrora fuera entregada a los santos. ¡Oh, hagamos esto en el espíritu del Apóstol de los
gentiles! Como creyentes todos somos llamados a alguna forma de ministerio. Esto debe hacer de nuestra vida una carrera y causar que nos consideremos guardianes del evangelio, de igual forma como el que lleva el estandarte de un regimiento se considera comprometido a sacrificar todo por su preservación…

C.H Spurgeon10

¿Cuál era este evangelio por el cual Pablo estaba dispuesto a morir? No todo lo que se denomina “evangelio” produce tal entusiasmo… tenemos evangelios en la actualidad por el cual no moriría ni recomendaría que ninguno de ustedes viviera por él, ya que son evangelios que desaparecerán en pocos años. Nunca vale la pena morir por una doctrina
que por sí misma morirá. He vivido lo suficiente como para ver surgir, florecer y decaer a media docena de nuevos evangelios. Hace mucho tiempo me dijeron que mi antigua doctrina calvinista era anticuada y que ya había sido desmentida. Después, escuché decir que la enseñanza evangélica en cualquiera de sus formas era cosa del pasado, para ser
suplantada por el “pensamiento avanzado”…

Pero antes había en el mundo un evangelio que consistía de verdades que los cristianos nunca cuestionaban. Antes había en la iglesia un evangelio que los creyentes abrazaban cerca de sus corazones como si fuera la vida de su alma. Antes había en el mundo un evangelio que generaba entusiasmo y requería sacrificio. Decenas de miles se juntaban
para escuchar este evangelio aunque significaba poner en peligro sus vidas. Los hombres lo han proclamado a los tiranos, han sufrido la pérdida de todo lo que poseían e ido a la cárcel y a la muerte por él, cantando salmos todo el tiempo. ¿Queda algo todavía de tal evangelio? ¿O hemos llegado a un punto ilusorio, donde las almas permanecen hambrientas porque viven de suposiciones y se tornan incapaces de sentir confianza o ardor? ¿Son ahora los discípulos de Jesús alimentados con “pensamientos” banales y cosas imaginarias, que llevan a los hombres a ser obstinados y arrogantes? ¡No! En cambio, volvamos a la carne sustancial de la revelación infalible y clamemos al Espíritu Santo que nos alimente de su propia Palabra inspirada.

¿Cuál es este evangelio que Pablo valoraba más que a su propia vida? Él lo llamó “el evangelio de la gracia de Dios”. Lo que tuvo más fuerte impacto sobre el Apóstol con respecto al evangelio fue que era un mensaje de gracia y solo de gracia. Entre la música de las buenas nuevas, se destacaba una nota sobre todas las demás y ésta cautivó al Apóstol. Esa nota era gracia, la gracia de Dios. Él consideraba esa nota como una
característica de toda la melodía: el evangelio era “el evangelio de la gracia de Dios”. En estos días, se escucha con poca frecuencia la palabra gracia: se nos habla de deberes morales, de adaptaciones a la ciencia y del progreso humano; pero, ¿quién nos cuenta de “la gracia de Dios” excepto unos pocos anticuados que pronto ya no estarán? Siendo yo uno de esos anticuados… trataré de explicar esta palabra gracia, para que se gocen los
que conocen su alegre sonido, y los que la detestan se arrepientan.

C.H Spurgeon11
Gracia es la esencia del evangelio. ¡La gracia es la única esperanza para este mundo caído! ¡La gracia es el único consuelo de los santos que esperan la gloria con anticipación!  Es posible que Pablo tuviera una idea más clara de la gracia que aun Pedro, Santiago o Juan, y por ende habla mucho más de ella en el Nuevo Testamento. Los otros escritores
apostólicos sobrepasaban a Pablo en algunos aspectos, pero Pablo con respecto a su profundidad y claridad en lo que concierne a la doctrina de la gracia, ocupaba el primer y más importante lugar. Necesitamos otra vez a Pablo, o al menos el evangelismo paulino y su firmeza. Daría por tierra muy pronto con los nuevos evangelios y diría de los que los siguen: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la
gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gál. 1:6-7).

Trataré de explicar brevemente cómo el evangelio es las buenas nuevas de gracia: El evangelio es el anuncio de que Dios está preparado para enfrentarse con el hombre culpable sobre la base de su favor gratuito y por pura misericordia. No habría buenas nuevas en decir que Dios es justo; porque, en primer lugar, esa no es una novedad. Ya sabemos que Dios es justo; la conciencia natural le enseña esto al hombre. Que Dios
castigará el pecado y recompensará la rectitud y justicia no es tampoco nada nuevo. Si fuera una noticia, no sería una buena noticia; porque todos hemos pecado, y sobre la base de su justicia tenemos que perecer. Pero es noticia, y noticia de la mejor clase, que el Juez de todos está preparado para perdonar las transgresiones y justificar al impío. Para el pecador es una buena nueva el que el Señor borrará el pecado, lo cubrirá de justicia, y lo recibirá como suyo, y que no es por nada que el pecador haya hecho,
sino por su gracia soberana. Todos, sin excepción, somos culpables, y todos merecemos ser condenados por nuestros pecados; no obstante, Dios está listo para librarnos de la maldición de su Ley y, como un acto de pura misericordia, darnos cuanta bendición le corresponde al hombre justificado. Este es el mensaje por el cual vale la pena morir: ¡que por el pacto de gracia, Dios puede ser justo, y aun así ser el Justificador de aquel que cree en Jesús; que puede ser el Juez justo del hombre, y aun así los hombres que creen pueden ser justificados gratuitamente por su gracia a través de la redención que es en Cristo Jesús! Que Dios es misericordioso y lleno de gracia y está listo para bendecir al más indigno es una noticia maravillosa, la cual merece que el hombre tenga cien vidas para contarla.

Mi corazón salta de gozo cuando lo anuncio en este auditorio y cuando le digo al penitente, al desanimado y al desesperado, que aunque sus pecados merecen el infierno, la gracia les puede dar el cielo y hacerlos aptos para él, y que es un acto soberano de amor, totalmente independiente del carácter de ellos o de lo que merecen. Porque el Señor ha dicho: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom. 9:15), hay esperanza para el más desesperanzado. Dado que “no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Rom. 9:16), hay una puerta abierta de esperanza para aquellos que de otra manera perderían toda esperanza… ¡Ah, Pablo, puedo comprender tu entusiasmo sagrado ante una revelación como la gracia ofrecida sin merecerla! Puedo comprender
tu disposición de dar tu vida a fin de contar a tus hermanos pecadores que la gracia reina a través de la justicia para obtener la vida eterna.

C.H Spurgeon12
Pero el evangelio nos dice mucho más que esto, principalmente, que a fin de tratar con el hombre sobre la base de su favor inmerecido, Dios el Padre ha quitado el gran obstáculo que había en el camino de la misericordia. Dios es justo, ésta es una verdad innegable, la conciencia del hombre sabe que lo es, y la conciencia del hombre nunca estará tranquila
a menos que pueda ver que la justicia de Dios es vindicada. Por lo tanto, a fin de que Dios pueda actuar con justicia y por pura misericordia hacia los hombres, dio a su Hijo unigénito, a fin de que por medio de su muerte, la Ley fuera cumplida, y pudieran mantenerse los principios eternos de su gobierno. Jesús fue nombrado para tomar el lugar del hombre, para cargar con los pecados del hombre y sufrir el castigo por la culpabilidad del hombre. ¡Con qué claridad declara esto Isaías en su capítulo cincuenta y
tres! El hombre es ahora salvo sin sombra de dudas, porque el mandamiento no ha sido dejado a un lado, ni se ha revocado la pena. Todo lo que hubiera exigido la ley más dura ha sido cumplido y sufrido, y aún así las manos de la gracia se han desatado para repartir el perdón a quien le plazca. El deudor queda en libertad, porque la deuda ha sido pagada. Vean al Salvador moribundo, y escuchen decir al profeta: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5). También aquí, todo es por gracia. Hermanos, fue la gracia por parte de Dios decidir, concebir y aceptar una expiación, y especialmente brindar esa expiación a su propio costo.
¡He aquí la maravilla! ¡Aquel quien fue ofendido proporciona la reconciliación! Tenía un solo Hijo, y a fin de evitar cualquier obstáculo para hacer frente a los hombres sobre la base de la gracia pura, tomó a ese Hijo de su regazo, y le permitió asumir nuestra débil naturaleza, y estando en esa naturaleza, le permitió morir, el justo por los injustos para
acercarnos a Dios… “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Éste, pues, es el evangelio de la gracia de Dios: que Dios puede, sin ser injusto, tratar al hombre con absoluta misericordia, totalmente aparte de sus pecados o sus méritos, porque sus pecados le fueron cargados a Jesucristo, su Hijo amado, quien pagó totalmente el castigo, satisfaciendo así la justicia divina, de modo que Dios es glorioso en santidad y no obstante rico en misericordia. Ah, Pablo querido, aquí sí hay algo que merece ser predicado.

A fin de cumplir los designios de la gracia, además fue necesario que el mensaje del evangelio se anunciara lleno de promesa, aliento y bendición. En verdad, ese es el mensaje que nos ha sido entregado, porque ese evangelio que predicamos hoy está lleno de gracia hasta rebosar. Nos habla sabiamente: Pecador, tal como eres, vuélvete al Señor y él te recibirá, por su gracia y amor, sin costo alguno. Dios ha dicho: “Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Heb. 8:12). Por lo que Cristo hizo, y no por ninguna agonía, lágrima o sufrimiento de tu parte, te quitará tus pecados y los echará tan lejos como el este está del oeste (Sal. 103:12). Dijo: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa. 1:18). Puedes venir a Jesús tal como eres, y él te otorgará el perdón completo en cuanto creas en él. El Señor dice hoy: “No mires en tu interior, como si buscaras allí algún mérito, en cambio, mírame a mí, y sé salvo. Te bendeciré no por ningún mérito tuyo, sino por la expiación de Cristo a Jesús”. Dice: “No mires en tu interior, como si buscaras allí fuerza para una vida futura: Yo soy tu fuerza al igual que tu salvación; porque cuando estabas sin fuerzas, en el momento preciso, Cristo murió por el impío”… El mensaje del evangelio es de gracia porque va dirigido a aquel cuyo único clamor es su necesidad. Los sanos no necesitan del médico, pero los enfermos sí. Cristo no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento. Ven, pues, tú que estás moralmente enfermo; tú que sufres la lepra del pecado; ven y sé bienvenido, porque para ti es el evangelio gratuito proclamado por autoridad divina.

C.H Spurgeon13

Indudablemente un mensaje como éste vale la pena el trabajo de extenderlo, y es tan bendecido, tan divino, que bien vale la pena derramar nuestra sangre para proclamarlo.
Además, hermanos, a fin de que la bendición de este evangelio sea accesible a los hombres, la gracia de Dios ha adoptado un método apropiado a nuestra condición. “¿Cómo puedo ser perdonado?”, pregunta uno. “¡Dime la verdad de inmediato!” “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hech. 16:31). Dios no nos pide buenas obras, ni buenos sentimientos, sino que estemos dispuestos a aceptar lo que nos da
tan gratuitamente. Salva en el momento que creemos. Esto es la fe: creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que podemos entregarnos confiadamente a él: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Si crees, serás salvo. La salvación “es por fe, para que sea por gracia, a fin de
que la promesa sea firme para toda su descendencia” (Rom. 4:16). ¿Dices: “Pero la fe misma parece estar fuera de mi alcance”? El evangelio de la gracia de Dios nos dice que aun la fe es un don de Dios y que él la da a los hombres por medio de su Espíritu Santo.

Porque separado de ese espíritu, el hombre está muerto en sus transgresiones y pecados. ¡Oh, qué gracia es ésta! ¡La fe que se ordena es también conferida! “Pero”, dirán algunos, “si yo creyera en Cristo y mis pecados del pasado fueran perdonados, aun así tendría miedo de volver a pecar, porque me faltan las fuerzas para asegurar lo que haría en el futuro”. ¡Escucha! El evangelio de la gracia de Dios es éste: que él te mantendrá a salvo hasta el final, él mantendrá encendido dentro de ti el fuego que él mismo enciende; porque dice “doy vida eterna a mis ovejas”. Y dice también “el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14). Las ovejas de Cristo nunca perecerán, ni tampoco serán arrebatadas de las manos de Cristo. ¿Oyes esto, tú que eres culpable, tú que no tienes ningún derecho a la gracia de Dios? Su gracia es
para ti, hasta para ti. Y si estás dispuesto a recibirla, eres este día un hombre salvo, y salvo para siempre sin sombra de duda. Vuelvo a repetirlo: éste es un evangelio que vale la pena predicar, que puedo comprender por qué Pablo dijo: “ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”…  ¿Estás dispuesto a aceptar el camino y el método de la gracia? Te pondré a prueba. Algunos piensan que aman algo y sin embargo no es así, pues se han equivocado. ¿Comprendes que no tienes derecho a reclamar nada de Dios? Él dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom. 9:15). Cuando se trata estrictamente de la gracia, nadie puede acercarse exigiendo sus derechos.

De hecho, no existe un reclamo. Si es por gracia, no se debe nada, y si es una deuda, no es por gracia. Si Dios desea salvar a un hombre, y deja a otro morir en sus propios pecados caprichosos, el primero no puede atreverse a disputar con Dios. Si lo hace, la respuesta es: “¿Acaso no puedo hacer lo que me plazca con los míos?” ¡Oh, pero ahora parece como
si te arrepintieras de ello! ¿Sabes? Tu orgullo se rebela contra la soberanía de la gracia. Permíteme hacerte otra vez la invitación. Aunque no tienes ningún derecho, existe otra verdad que te favorece; porque además, no hay ningún impedimento para obtener misericordia. Si no se necesita ningún tipo de bondad para ser recomendado ante Dios, ya que todo lo que él hace es estrictamente por misericordia, entonces tampoco hay nada tan malo que te pueda negar ese favor. Por más culpable que seas, Dios puede mostrarte misericordia. En otros casos ha llamado al más grande de los pecadores: ¿por qué no también en tu caso? Sea como fuere, ningún pecado, por más grave que sea, ninguna continuación en el pecado,  ninguna extensión del pecado, puede ser razón por la cual no te confiera su gracia; porque si es pura gracia y nada más que la gracia lo que ha de
transformar al transgresor más manchado de pecado, éste puede ser salvo.

En este caso, hay lugar para que la gracia manifieste su grandeza. He oído a los hombres hacer excusas basadas en la doctrina de la elección, y han dicho: “¿Qué si yo no soy escogido?” Me parece más sabio decir: “¿Qué si soy escogido?” Sí, soy escogido si creo en Jesús, porque nunca ha existido todavía un alma que ha aceptado la expiación de Cristo que no haya sido escogida por Dios desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4). Este es el evangelio de la gracia de Dios y sé que conmueve el corazón de muchos de ustedes. Me conmueve el alma pensar que la gracia de mi Señor es desde toda la eternidad, una gracia que es constante en su elección y será constante a ella cuando todas estas cosas visibles desaparezcan como chispas que vuelan de la chimenea. Mi corazón se alegra tener que predicar acerca de la gracia ofrecida libremente y del amor… ¡Hay algo en un evangelio de gracia que vale la pena predicar, que vale la pena escuchar, por el cual vale la pena vivir y por el cual vale la pena morir!

C.H Spurgeon14
Mi amigo, si el evangelio no ha hecho nada por ti, calla o no hables en su contra. Pero si el evangelio ha hecho por ti lo que hace por algunos de nosotros: si ha cambiado tu vida, si te ha levantado del estiércol y hecho sentar en un trono, si es hoy tu comida y tu bebida, si para tu vida es el propio centro del sol, entonces sé testigo constante de ello. Si el evangelio ha llegado a ser para ti lo que es para mí, la luz de lo más profundo de mi
corazón, el centro de mi ser, entonces, cuéntalo, cuéntalo dondequiera que vayas, y haz saber a los hombres que aun si lo rechazan, para ti es el poder para salvación y que será lo mismo para cada aquel que cree. Se me acaba el tiempo, pero debo demorarlos un minuto más para recordarles las razones por las cuales, mis hermanos, debemos vivir para dar a conocer el evangelio de la gracia de Dios:

Primero, porque, después de todo es el único evangelio en el mundo. Estos evangelios que brotan como hongos por una hora, que vienen y van como un periódico diario, que tienen su día y luego se descartan, no tienen derecho a la consagración del hombre… Pero para escuchar el evangelio de la gracia de Dios vale la pena caminar muchas leguas, y su fuera explicado claramente en todas nuestras iglesias y capillas les aseguro que veríamos menos bancos vacíos: la gente vendría y lo escucharía, porque siempre lo ha hecho. Es el evangelio sin gracia que hace morir de hambre a las manadas hasta que por fin se apartan… El hombre quiere algo que le alegre el corazón en medio de su labor y le dé esperanza bajo convicción de pecado. Así como el sediento necesita agua, necesita el
hombre el evangelio de la gracia de Dios. Y no hay dos evangelios en el mundo así como no hay dos soles en el cielo que alumbran la tierra. Hay una sola atmósfera para que respiremos y un solo evangelio por el cual vivir…

Hazlo, también, porque es para la gloria de Dios. ¿No te das cuenta cómo el evangelio glorifica a Dios? Rebaja al pecador, hace que el hombre no sea nadie, en cambio, Dios es todo en todo. Coloca a Dios en un trono y arrastra al hombre en el polvo; y luego dulcemente lo guía a adorar y reverenciar al Dios de toda gracia, quien pasa por alto la transgresión, la iniquidad y el pecado.  Por lo tanto, propágalo. Hazlo porque así glorificarás a Cristo. ¡Oh, si Cristo subiera a esta plataforma esta mañana, con cuánta alegría lo recibiríamos! ¡Con cuánta devoción lo adoraríamos! Si solo viéramos esa
sien, esa preciada sien majestuosa, ¿no nos inclinaríamos para adorarlo? Y si nos hablara y dijera: “Amados míos, les he encargado a ustedes el evangelio. ¡Sean fieles a él tal como lo recibieron! No se dejen llevar por las nociones e invenciones de los hombres, sino que manténganse fieles a la verdad que han recibido; y vayan y hablen de mi Palabra, porque tengo otras ovejas que todavía no son de mi redil, y tienen que ser rescatadas. ¡Y
ustedes tienen hermanos que todavía son pródigos, y tienen que volver a casa!” Digo que si él los mirara a cada uno en la cara y les dijera eso, el alma de cada uno respondería: “¡Señor, viviré para ti! ¡Haré que te conozcan! Moriré por ti, si es necesario, para anunciar el evangelio de Jesucristo.”

De un sermón predicado el Día del Señor por la mañana, el 12 de agosto, 1883, en Exeter Hall.

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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Pastor bautista influyente en Inglaterra. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20 – 25 millones de palabras en sus sermones son equivalentes a 27 tomos de la novena edición de la Enciclopedia Británica. La serie constituye la mayor colección de libros por un solo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Inglaterra.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 3

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3) Desencuentros y oposición con Intelectuales (Lutero / Erasmo; Calvino / Servet)

Como señalamos anteriormente ambos vivieron en épocas, y países, diferentes sin embargo una importante semejanza entre ambos fue la confrontación con los poderes políticos y sobre todo espirituales de la época, a saber la en ese tiempo muy contaminada Iglesia Católica. Sin embargo, aquel no fue el único frente pues se abrió otro flanco en sus batallas: la oposición y posteriores desencuentros con intelectuales.

El caso Lutero/ Erasmo: En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publicó un Nuevo Testamento en un principio parecía haber cierta consonancia entre ambos sin embargo tras una serie de intercambios epistolares después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor provocando una amarga separación con Lutero, al respectó comentó: “Prescindiré, por fin, de la Apología de Erasmo, pero me afecta vehementemente el duelo que ha desencadenado entre estos dos príncipes de las letras . Erasmo está muy por encima de todos y es el que mejor habla, pero también es el más amargo a pesar de sus esfuerzos por conservar la amistad[1] Podemos complementar “Mas ahora ¿qué puedo hacer? Las cosas han llegado a su punto álgido por ambas partes. Si me fuere posible, optaría por hacer de medianero para que cesasen ellos de atacarte con tanta animosidad y permitieran que tu vejez durmiera pacíficamente en el Señor[2].

El caso Calvino/Servet: Sin duda alguna este es el caso más conocido de desencuentro entre un reformador y su oponente el cual ha generado gran controversia hasta el día de hoy. Necesitaríamos una instancia especial para abordar los detalles del dramático desarrollo y conclusión de él, sin embargo de este caso mostraremos el final de la tempestuosa relación entre Servet, el inquieto librepensador y Calvino el teólogo, pastor y asesor político de Ginebra que tuvo su punto más álgido y dramático durante el juicio a Miguel de Servet, se cuenta del comportamiento de este último que “No escatimó epítetos burlones contra Calvino, como si este fuera el acusado. Le llamó criminal, asesino, perverso, mentiroso, mono ridículo ... ¿Te crees capaz de ensordecer los oídos de los jueces con tus ladridos de perro?[4]

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4) Importancia de los Amigos

Para ambos el apoyo y ayuda de sus amigos en los diversos momentos de sus vidas claramente fue fundamental, comenta Lutero: “Te lo diré con franqueza: he pasado apuros mayores que los que tú nunca tendrás ni a nadie se los deseo -ni siquiera a los que nos atacan con crueldad, aunque sean malignos e impíos-. Pues bien, siempre he superado estas angustias gracias a las palabras de algún hermano como Pomerano, tú mismo, Jonas u otros

En tanto, a pesar de la imagen distante que pueden transmitir sus retratos, Calvino era un amigo solicitado que se ganaba la simpatía de otros. Entabló varias amistades por largos años, entre ellas con importantes personalidades del siglo XVI como por ej. Farel, Viret, Bucer, Melanchthon, Bullinger y Beza, también poseía muchos amigos entre los refugiados franceses en Ginebra. Era muy exigente con sus amigos, pues no sólo esperaba el aliento amistoso y el apoyo activo, sino también una voz crítica con la que él mismo acompañaba la vida y trabajo de sus amistades.

Un ejemplo clave de esto es cuando Farel a los 69 años se enamoró de una muchacha de 18 años de edad, a causa de esto Calvino no escatimó en críticas a su colega por haber legalizado demasiado tarde el amorío secreto y dar lugar a que se expandieran los rumores. Este suceso naturalmente provocó un quiebre en la amistad, resultando un largo distanciamiento entre Calvino y Farel. A pesar de ello, Calvino lo seguía considerando como amigo, lo que Farel le agradeció en una visita reconciliadora en 1564 cuando Calvino se encontraba en su lecho de muerte[6].

[1] Carta a Spalatino. 18 enero 1518, Cartas de Lutero

[2] Cartas de Lutero, 1524, Pág. 35

[3] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág. 239

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, 230-231/ Pedro Puigvert “Calvino-Servet: Una relación tempestuosa” En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino” , Andamio, 2010, Pág, 139

[5] Cartas de Lutero, A Melanchton, Día último de junio, 1530.Pág. 63

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 2

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.- Como ya lo hemos repetido en varias ocasiones con Martín Lutero comienza el proceso de Reforma. Ahora bien, este comienzo no fue fácil, sabido es que él tuvo que comparecer dos veces antes las llamadas Dietas (Worms 1521 y Spira 1529).

En este punto definir los conceptos es fundamental, cuando decimos “Dieta” evidentemente no nos referimos a la acepción contemporánea relacionada con la alimentación, la definición para este proceso quiere decir que se convocó a una asamblea de todas las autoridades del imperio. Nótese, todas las autoridades del Imperio, es decir el Sacro Imperio Romano.

A la cabeza de ese imperio se encontraba Carlos V, también conocido como Carlos I de España. Él reinó junto con su madre (esta última de forma solamente nominal) en todos los reinos y territorios hispánicos con el nombre de Carlos I desde 1516 a hasta 1556, reuniendo así por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla (el Reino de Navarra inclusive) y Aragón por su ascendencia heredó el patrimonio los territorios austriacos, Castilla, Navarra, las Indias, Nápoles, Sicilia y Aragón. Su hijo Felipe hereda aquellos territorios y anexiona otros, de allí que declaró “En mi imperio nunca se pone el sol” ¡Porque era cierto![1]

Entonces, poniendo el asunto en perspectiva Lutero debió comparecer ante la persona más poderosa del mundo de aquel entonces, y en esa comparecencia no se amedrentó, expuso sus argumentos y lamentablemente, no logró convencer al Emperador de su postura en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la Iglesia católica. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la Iglesia católica contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.

La experiencia de Calvino es bastante diferente: Calvino empezó a exponer sus ideas en París, pero como Francia era católica tuvo que huir del Reino y refugiarse en el extranjero. Ya empezaba a ser conocido entre los protestantes europeos como un hombre firme y enérgico, un gran teólogo y un buen organizador que sabía dirigir a los hombres, y por esta razón fue llamado por los protestantes de Ginebra, allí tuvo diferencias con las autoridades locales hasta que lograron llegar a un equilibrio. Vemos que en la trayectoria del reformador francés hubo desacuerdos con la autoridad política aunque no fue con la tremenda intensidad que le tocó a Lutero.

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Similitudes.

Como señalábamos al principio, se puede caer en la tentación de disociar el proceso de Reforma de sus grandes impulsores como así también acentuar sus diferencias, bastante evidentes, por sobre sus puntos de encuentro los cuales pasamos a comentar a continuación.

1) Estudiantes y conocedores del Derecho.

Lutero procedía de una familia de campesinos y, por tanto, en sus orígenes perteneció al pueblo llano. Sus padres estaban de tránsito en Eisleben cuando nació, su casa natal fue pasto de las llamas en 1689. Hans Lutero, su padre, se trasladó a la región minera de Mansfeld, donde trabajó en una mina de cobre. Con el tiempo prosperó, dirigió su propio negocio y la familia pudo librarse de las penurias económicas.

Sus primeros estudios los hizo en las escuelas de Magdeburgo y Eisenach. Luego se incorporaria a la Universidad de Erfurt, donde obtuvo una licenciatura en artes (1502) y en Filosofía en 1505. Cuando era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfurt, pero un incidente cambió su vida de forma drástica. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por una tormenta eléctrica. Un rayo cayó cerca de él y, aterrorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplió su promesa e ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Cumpliendo con su promesa entró al convento de los Agustinos en Erfurt en el 17 de julio 1505 contra la voluntad de su padre. Este convento era conocido por ser muy estricto. Siguiendo las reglas del orden Lutero trataba de tener una conducta impecable. Conocidas son sus luchas por alcanzar la santidad y paz con Dios. Hasta que en el contexto de sus cátedras en Wittemberg, estudió los textos bíblicos más profundo y hizo lecturas, especialmente sobre los Salmos, la carta a los Romanos y la carta a los Gálatas que le condujeron al redescubrimiento de la justificación por la fe y gracia divina, lo cual le llevó a pronunciarse sobre la controversial venta de indulgencias a través de sus la publicación de sus 95 Tesis, que serían el inicio de la Reforma Protestante.

Lutero se preocupó por definir el comportamiento del cristiano en su vida temporal, tocando temas como la familia, el trabajo, la economía, las ciencias, las artes o la política. En general, creía que la fe del cristiano debía hacerse explícita en las obras de la vida civil, y que el cristiano debía realizar su trabajo para servir al prójimo y glorificar a Dios. Se dice que a Lutero no le interesaba especialmente el mundo de la política, pero tuvo que reflexionar sobre él con motivo de los disturbios que agitaron Alemania entre 1523 y 1525, y cuando los príncipes protestantes se enfrentaron al emperador[2], aunque no fueron los únicos escritos del reformador en esa materia y de hecho, su pensamiento político sigue siendo estudiado por expertos hasta el presente[3].

Calvino, cuyo nombre francés era Jean Cauvin o Calvin, nació en Noyon, localidad de la Picardía, en el norte de Francia, el 10 de julio de 1509. Hijo del secretario del obispado de su ciudad natal, se formó para el sacerdocio en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigue, reputados centros donde estudiaron otros personajes contemporáneos importantes como Erasmo de Rotterdam[4].

Como su padre quería que Calvino se dedicase al Derecho en lugar de a la Teología, ingresó también en las universidades de Orléans y Bourgues, donde tuvo como maestros a importantes pensadores de la época. En 1532, Calvino evidenció sus sólidos conocimientos de latín e historia con su edición del tratado de Séneca De clementia (Sobre la clemencia).  Su asociación con Cop, que acababa de ser elegido rector de la Universidad de París, obligó a ambos a huir cuando Cop anunció su apoyo en 1535 a Martin Lutero. En 1536 publicó la primera edición de su Christianae Religionis Institutio (Institución de la Religión Cristiana), y en ese mismo año visita Ginebra donde desarrollará una extensa y fundamental labor, la cual incluyó también el desarrollo de la teoría política de Calvino (que incluye una distinción entre iglesia y estado, controles y balances en el poder, y la sumisión ciudadana al estado, y la responsabilidad del estado frente a Dios)[5].

2) Legado y Referencias a Augustín de Hipona.

Ciertamente ambos teólogos son deudores de la obra de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.). En el caso de Lutero el vínculo es más que evidente pues él militó en la orden religiosa que seguía su legado y en las Charlas de sobremesa aparece esta declaración: “No conozco a ninguno de nuestros doctores (salvo, quizá, a Brenz y Justo Menio) que pueda compararse en ingenio con Agustín)[7].

[1] En su reinado nunca se ponía el sol, porque cuando se ocultaba por el oeste ya había vuelto a salir por el este. Como el Imperio Español estaba extendido en ambos Hemisferios: Este y Oeste, el movimiento de la Tierra alrededor del Sol provocaba ese fenómeno. Los dominios de Felipe II, al momento de heredarlos de su padre Carlos V, eran: tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas, a saber: Europa: Toda la Península Ibérica, Italia: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milanesado, Países Bajos: Holanda y Bélgica, Franco Condado. áfrica: Orán, Bujía, Túnez, Melilla, Islas Canarias. Insulindia: las islas Filipinas. Oceanía: varios archipiélagos de la Micronesia. América: Desde México hasta el Paraguay y el Plata.
[2] Antonio Carrasco Rodríguez, “La Reforma Lutero y Calvino” en http://blogs.ua.es/ideaspoliticas/la-reforma-lutero-y-calvino/
[3] Para profundizar más: Javier Simiele  “Lutero y la política” Enfoques vol.22 no.1 Libertador San Martín otoño 2010 en http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-27212010000100006; Marco A. Huesbe Llanos “La Propuesta Política de Matín Lutero a través de su doctrina de los dos reinos” Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000, en http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-54552000002200016.
[4] “Biografía de Juan Calvino” en https://redhistoria.com/biografia-de-juan-calvino/
[5] G. Jose Gatis, “La Teoria Politica de Juan Calvino”, http://thirdmill.org/files/spanish/94976~3_9_01_1-28-27_PM~sCalvinsPolitics.html
[6] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 17
[7] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 20

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Perdón para el más grande pecador

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Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmo 25:11).

Doctrina: Si de verdad nos acercamos a Dios pidiendo misericordia, lo inmenso de nuestro pecado no será un impedimento para que nos perdone…

Esto es lo que necesitamos a fin de poder acercarnos a Dios pidiendo misericordia:
Necesitamos ver nuestra desdicha a fin de ser sensibles a nuestra necesidad de misericordia. Los que no tienen conciencia de su desdicha no pueden acudir a Dios en busca de misericordia, porque es justamente la noción de la misericordia divina lo que constituye la bondad y gracia de Dios hacia el desdichado. Sin la desdicha en la ecuación, no se puede ejercer misericordia. Es una contradicción querer misericordia sin sentir
desdicha, o comprensión sin tener una calamidad. Por lo tanto, los hombres no pueden considerarse objetos adecuados de misericordia, a menos que tengan primero conciencia de que son desdichados. Así que, a menos que éste sea el caso, es imposible que acudan a Dios en busca de misericordia.

Jonathan Edwards 2

Tienen que ser sensibles al hecho de que son hijos de ira, que la Ley está en su contra y que están expuestos a su maldición: que la ira de Dios mora en ellos y que él está disgustado con ellos cada día que están bajo la culpa del pecado. Tienen que ser sensibles al hecho de que es cosa terrible ser el objeto de la ira de Dios, que es cosa terrible tenerlo como enemigo, y tienen que saber que no pueden sobrevivir su ira. Tienen que ser sensibles a que la culpa del pecado los convierte en criaturas desdichadas, sean cuales sean los placeres temporales que tienen; que no pueden ser más que criaturas desdichadas, arruinadas, en tanto Dios está disgustado con ellos; que no tienen fuerza y deben perecer, y esto, eternamente, a menos que Dios los ayude. Tienen que ver que su caso es totalmente desesperante, que no hay nada que nadie puede hacer por ellos; que están al borde del foso de la desdicha eterna; y que tendrán que caer en él, si Dios no tiene misericordia de ellos…

1. La misericordia de Dios es suficiente para perdonar los pecados más grandes, así como lo es para perdonar los más pequeños, porque su misericordia es infinita. Lo que es infinito es tan superior a lo que es grande como lo es a lo que es pequeño. Entonces, siendo Dios infinitamente grande es superior a los reyes, así como lo es a los mendigos. Es superior al ángel principal, así como lo es al gusano más inferior. Una medida de lo infinito no depende de la distancia entre lo infinito y lo que no lo es. Por lo tanto, siendo la misericordia de Dios infinita, es tan suficiente para perdonar todo pecado, así como lo es para perdonar uno solo…

Jonathan Edwards 3

2. Lo que Cristo pagó por el pecado es suficiente para quitar la culpabilidad más grande, así como lo es para quitar la más pequeña. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:39). Todos los pecados de
quienes verdaderamente se acercan a Dios para pedir misericordia, sean los que sean, han sido saldados si Dios, quien lo dice, no miente. Y si la pena de todos ha sido saldada, es fácil creer que Dios está listo para perdonarla. De modo que Cristo, habiendo satisfecho plenamente el castigo de todos los pecados, y habiendo hecho un pago que es apto para todos, no desmerece la gloria de los atributos divinos perdonar los pecados
más grandes de aquellos que de una manera correcta acuden a él pidiendo perdón. Dios puede ahora perdonar a los pecadores más grandes sin menoscabar el honor de su santidad. La santidad de Dios no lo deja pasar por alto el pecado, sino que lo lleva a dar testimonios claros de su aborrecimiento por él. Porque Cristo satisfizo el castigo por el pecado, Dios puede ahora amar al pecador y no tener en cuenta para nada su pecado, no importa lo grande que haya sido. El hecho que descargó su ira en su propio Hijo amado cuando éste tomó sobre sí la culpa del pecado es testimonio suficiente de cuánto aborrece Dios al pecado. No hay nada mejor que esto para mostrar el odio que Dios siente por el pecado…

Dios puede, por medio de Cristo, perdonar al más grande pecador sin menoscabar el honor de su majestad. El honor de la majestad divina ciertamente requiere ser satisfecho, pero los sufrimientos de Cristo reparan plenamente el agravio. Aunque la ofensa sea muy grande, si una persona tan honorable como Cristo asume la función de Mediador del que cometió la ofensa y sufre tanto por él, repara plenamente el agravio hecho a la Majestad del cielo y de la tierra. Los sufrimientos de Cristo satisfacen
plenamente su justicia. La justicia de Dios, como Soberano y Juez de la tierra, requiere que el pecado sea castigado. El Juez supremo tiene que juzgar al mundo de acuerdo con la ley de la justicia…

La Ley no es un impedimento para el perdón del pecado más grande, siempre y cuando el hombre realmente acuda a Dios pidiendo misericordia, porque Cristo, por medio de sus sufrimientos, ha cumplido la Ley, él cargó con la condena del pecado, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en su madero)” (Gál. 3:13).

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3. Cristo no se negará a salvar a los más grandes pecadores, quienes de la manera correcta acuden a Dios pidiendo misericordia, porque esa es su obra. Es su deber ser el Salvador de los pecadores, pues es la obra por la que vino al mundo y, por lo tanto, no se opondrá a hacerlo. No vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13). El pecado es justamente el mal que vino al mundo a remediar: por lo tanto,
no tendrá objeciones contra nadie porque sea muy pecador. Más pecador es, más necesita a Cristo. La pecaminosidad del hombre fue la razón por la que Cristo vino al mundo… El médico no se niega a sanar a alguien que acude a él porque tiene gran necesidad de su ayuda….

4. En esto consiste la gloria de la gracia por la redención de Cristo: en que es suficiente para perdonar a los más grandes pecadores. Todo el plan del camino de salvación es hacia este fin: glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar este atributo; y por lo tanto es así que concibió el recurso de salvar al pecador a través de Cristo. La grandeza de la gracia divina se muestra claramente en esto: que Dios por medio de Cristo salva a los más grandes ofensores. Más grande la
culpa de cualquier pecador, más gloriosa y maravillosa es la gracia manifestada en su perdón: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20)… El Redentor es glorificado, en el sentido que da prueba de ser suficiente para redimir a los que son excesivamente pecadores, en el sentido que su sangre prueba ser suficiente para limpiar
la culpa más grande, en que puede salvar al máximo y en que redime hasta de la desdicha más grande.

Es el honor de Cristo salvar a los más grandes pecadores cuando acuden a él, así como es un honor para el médico poder curar las enfermedades o heridas más desesperantes. Por lo tanto, no cabe duda de que Cristo estará dispuesto a salvar a los más grandes pecadores si acuden a él, porque no vacilará en glorificarse a sí mismo y de elogiar el valor y la virtud de su propia sangre. Siendo que se dio a sí mismo para redimir a
los pecadores, no le faltará disposición para mostrar que es capaz de redimir al máximo… Si tú no aceptas la suficiencia de Cristo para perdonarte, sin ninguna rectitud y justicia propia que te recomiende, nunca llegarás al punto de ser aceptado por él. La manera de ser aceptado es acudir—no por ningún aliento que te da el saber que has podido mejorar, o que eres más digno, y no tan indigno sino—por el mero aliento
de lo digno que es Cristo y lo misericordioso que es Dios.

De “Great Guilt No Obstacle to the Pardon of the Returning Sinner” (Una gran
culpa no es obstáculo al perdón del pecador que vuelve) en The Works of Jonathan
Edwards.

_______________________
Jonathan Edwards: (1703-1758) Predicador congregacionalista norteamericano usado
poderosamente por Dios durante el Gran Avivamiento. Nacido en East Windsor,
Colonia de Connecticut.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 1

Blog51

Diferentes, complementarios ¿y similares?

En unas semanas celebraremos el aniversario 500 de la Reforma Protestante. En estas fechas los evangélicos nos acordamos de cómo en ese entonces un desconocido monje agustino revolucionó la faz de Europa cuando clavó sus 95 tesis a la puerta de una iglesia, aunque algunos dicen que este hecho no fue así esta acusación resulta irrelevante y de acuerdo a investigaciones sin fundamento[1].

Aquélla iglesia donde sucedió este hecho aún está en Wittenberg (Alemania) y el monje, como todos sabemos, fue el mundialmente reconocido Martín Lutero. Gracias a las hazañas de Lutero, nació la Reforma protestante (aunque el apodo protestante no sería usado hasta doce años después). Señala un autor: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[2].

Su pasión por las Escrituras engendró a una serie de teólogos pro-Reforma tales como Matthias Flacius, Urbanus Rhegius, Johannes Brenz y Martín Chemnitz –“el segundo Martín”- dentro del campo luterano. ¿Y cómo no hacer mención del brazo derecho de Lutero: su amado amigo Felipe Melanchthon? Es como si los dos hubiesen sido diseñados para ministrar juntos.

Comentó Lutero en una ocasión, “Yo soy duro, ruidoso y escandaloso. Nací para pelear contra monstruos y diablos. Tengo que quitar tocones y piedras, echar fuera cardos y espinas, y limpiar bosques silvestres; pero luego viene el Señor Felipe de una forma tan suave y dulce, sembrando agua con gozo según los dones que Dios ha derramado abundantemente sobre él”. También preparó el camino para un campo más reformado dentro del protestantismo con gigantes de la talla de Martín Bucer, Ulrico Zuinglio, Enrique Bullinger y Theodore Beza.

No obstante, mucho más importante que cualquiera de los antes mencionados teólogos es otro pensador reformado cuya fama iguala – algunos podrían decir que supera- aquélla de Lutero. Nacido en Francia en el 1509, pasó la mayor parte de su vida ministerial en Ginebra (Suiza) desarrollando lo que el reformador escocés John Knox llamaría, “Ni temo ni me avergüenzo al afirmar que es la más perfecta escuela de Cristo que había existido en la tierra desde los días de los apóstoles. En otros lugares, confieso que predican a Cristo correctamente; pero en muy pocos sitios he visto las costumbres y la religión tan sinceramente reformadas, no he visto jamás en parte alguna[3].

Para que Knox dijera esto –un hombre, por cierto, no conocido por sus halagos- Ginebra tenía que haber sido algo especial. Entonces, ¿de quién estamos hablando? ¡De Juan Calvino, claro está! Así que los dos campeones de la fe protestante son Martín Lutero y Juan Calvino. ¿Cómo diferenciar entre ellos? Eso lo responderemos en la primera parte.

Sin embargo, también proponemos una continuación: las semejanzas que podemos encontrar entre estos dos hombres. Consideramos que este es un ejercicio más que necesario por tres razones:

  • Con el correr de estos casi quinientos años el trabajo de los dos por el movimiento reformador se ha ido separando de tal manera que pareciera que no trabajaron en un proyecto común.
  • En segundo lugar, resulta muy llamativo el hecho de que a pesar de que pareciera que son personajes muy diferentes es posible encontrar varias semejanzas en sus personalidades y circunstancias.
  • Finalmente, y dado la cantidad de tiempo que ha pasado (¡casi quinientos años!) una mirada cercana desde la cotidianeidad, o “humana”, a la personalidad y circunstancias de ambos reformadores nos ayudarán a apreciar de una manera distinta la intensa actividad en la que ambos se involucraron animándonos con su ejemplo y por supuesto mostrándonos también cómo la divina Providencia guio las vidas de ambos.

Diferencias entre Lutero y Calvino.

Comenzaremos esta primera sección citando el aporte del escritor y conferencista Will Graham[4], quien compiló diez diferencias, más una que agregamos en nuestra investigación con aportes a partir de la investigación bibliográfica.

  1. Dos Generaciones: Primero Lutero luego Calvino.
  2. Enfoques Diferentes: Un profeta y un intelectual.
  3. Dos Personalidades Distintas: Extrovertido e introvertido.
  4. Dos Ocupaciones: El pastor y el profesor.
  5. Aspecto físico.
  6. Énfasis Teológicos: ¿Justificación o la gloria de Dios?
  7. Asuntos Políticos en Discusión: Relación Iglesia y estado
  8. Controversias Sacramentales 1: La cena del Señor
  9. Controversias Sacramentales 2: El bautismo
  10. Énfasis: La ley y el evangelio
  11. Visitas a Tribunales

Durante las próximas semanas hablaremos de Lutero, de Calvino, de la Reforma. Acompáñanos.

[1]Leyendas en torno a Lutero: la fijación de las tesis” En: http://www.luther.de/es/legenden/tanschl.html

[“Esta escena aparece en muchísimas ilustraciones y fue considerada, hasta muy entrado el siglo XX, como una realidad histórica. Es una imagen que, como pocas otras, se ha convertido en un símbolo de la Reforma. De ahí el tremendo remezón cuando el teólogo católico e investigador de Lutero, Erwin Iserloh, publicó un estudio según el cual la fijación de las tesis sería parte de la leyenda. Sin embargo, los hechos que aduce no dejan de convencer. Por una parte, la primera alusión escrita a este suceso proviene de Felipe (Philipp) Melanchthon, que no puede haber sido testigo presencial, ya que recién en 1518 fue llamado a la universidad de Wittenberg. Además, esta relación es publicada después de la muerte del Lutero; de modo que no conocemos ningún comentario del reformador mismo, en cuanto a su martilleo de 1517. Por lo tanto, hemos de limitarnos a lo que sabemos con seguridad: que Lutero escribió cartas a sus superiores, fechadas a 31/10/1517, en las cuales denunciaba la práctica de la venta de indulgencias e instaba a terminar con esta lacra. Adjuntó a sus misivas 95 tesis para que sirvieran de base a una disputa sobre el tema. A pesar de que la mayoría de los investigadores considera probado que en aquel día Lutero no utilizó otra herramienta que la pluma, la imagen de él clavando las tesis es una de las más populares en relación a Lutero, la reforma y la ciudad de Lutero, Wittenberg”].

[2] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[3] En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 11

[4] Will Graham, 24 de octubre de 2015, http://protestantedigital.com/magacin/37684/10_diferencias_entre_Lutero_y_Calvino

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”)

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Las Mujeres de la Reforma: Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

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Mujeres Latinas: el caso de Chile

Blog48

Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

En el año 1850 David Trumbull viaja a los EE.UU. y contrae matrimonio con quien sería su esposa por 39 años. Trumbull, será ministro en Valparaíso durante cuarenta años.

Los Fitch al igual que los Trumbull tenían ancestros británicos y puritanos, que figuraban dentro de una larga lista de antepasados: ministros, militares magistrados y docentes. El Reverendo Eleazar T. Fitch, tío de Jane y profesor de homilética (oratoria sagrada), en Yale cuidó de ella al quedar huérfana, siendo esta institución donde conoce a David Trumbull.

En nuestra investigación realizada a partir de las publicaciones de su esposo pudimos notar aspectos personales de la vida de Trumbull: La publicación reportó las defunciones de sus hijos. Las circunstancias de la muerte del hijo mayor de los Trumbull (David Trumbull Fitch), fueron bastante trágicas pues la causa del deceso fue por ahogamiento en el 3 de julio en New London, Conneticut[1], luego de haber terminado la carrera de medicina y teniendo como meta regresar a Chile. También la prometedora jovencita Mary Trumbull (nacida el 2 de diciembre de 1859) murió repentinamente en Valparaíso, Chile, en mayo de 1882, a causa de un infarto mientras cabalgaba con el señor A. M. Merwin, un colega de su padre.

A pesar de las adversidades familiares, y la férrea oposición del catolicismo local en el ámbito público, colaboró apoyando el ministerio de su esposo haciéndose cargo de la Sociedad Bíblica de Valparaíso y de la dirección de una de las primeras escuelas femeninas de Valparaíso (inspiración del Liceo 1 de Niñas de Valparaíso).

Algunas conclusiones

Realizar esta investigación no fue una tarea fácil, pero sí tremendamente enriquecedora. A pesar de las corrientes de la historiografía y cultura fue posible encontrar las huellas de mujeres piadosas dispuestas a servir a Dios y a sus hermanos y compañeros. De algunas, probablemente nunca podamos saber sus nombres, ocupaciones o nacionalidad pero a través de su servicio prepararon el camino y sostuvieron a quienes desempeñaron las labores más públicas.

Otras fueron conocidas por ser las compañeras o esposas de los reformadores, notable fue su servicio especialmente destacable en tiempos en los cuales las labores más sencillas son poco valoradas, pero vaya qué complicado es cuando faltan y qué difícil hubiese sido para esos varones el haber lidiado con sus labores sin el apoyo de sus compañeras. Finalmente, otras mujeres cargaron con el peso de llevar la autoridad y sus convicciones en medio del constante examen y oposición de sus cortes.

En medio de la diversidad biográfica de las mujeres de la reforma resuena en mi mente la frase: “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21), pues quizás desde este lado de la eternidad el aporte de algunas de ellas pudo parecer muy pequeño o muy grande pero cada una de acuerdo al lugar y tiempo que les fue permitido vivir fue fiel en la fe y las labores que desempeñaron.

[1] Stephen Trumbull. The Record, Volumen 7, N° 92, September 7th, 1878, Pág. 10; véase Dr. Stephen Trumbull, The Record, Volumen 15, N° 222, May 26th 1886, Pág. 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

 

 

 

Oración y Fe

Blog47

La fe cubre las necesidades temporales y espirituales; disipa la ansiedad y los cuidados sobre lo que comeremos, beberemos o con qué nos vestiremos. La fe vive en el presente y mira cada día como suficiente dentro de su propio afán, disipando todos los temores del mañana; lleva descanso a la mente y perfecta paz al corazón:

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Is. 26:3).

Y aquel que vive en el presente saca lo mejor de la vida, pues sus planes y su “horario” siempre coinciden con los de Dios.

Las verdaderas oraciones surgen de las pruebas y necesidades presentes: el pan para hoy es suficiente para la necesidad presente, y constituye la garantía más sobresaliente de que también habrá pan para mañana; la victoria de hoy día, es la seguridad de que mañana habrá victoria … Por ello, nuestras oraciones han de estar enfocadas sobre el presente. Debemos confiar en Dios cada día, y dejar el mañana enteramente en sus manos.

El presente es nuestro y la oración es la tarea y el deber para cada día; pero el futuro pertenece sólo a Dios.  De lo dicho concluimos, pues, que así como cada día requiere su pan, del mismo modo requiere su oración. Ninguna oración, por más larga que haya sido hoy, suplirá a la de mañana. Por otra parte, ninguna oración dedicada al mañana es de valor para el día de hoy. El maná de hoy es lo que realmente necesitamos; mañana Dios se encargará de que nuestras necesidades estén suplidas. Ésta es la fe que Dios desea inspirar. De manera que dejemos el mañana, con sus cuidados, necesidades y problemas, en las manos de Dios: “Baste a cada día su propio mal” (Mt. 6:34)

 

 

Extraido de “La necesidad de la oración”

 

Edward McKendree Bounds (15 de agosto de 1835 – 24 de agosto de 1913) conocido como EM Bounds , fue un autor estadounidense y abogado. Él es conocido por escribir 11 libros, nueve de los cuales se centraron en el tema de la oración . Sólo dos de los libros de Bounds fueron publicados antes de su muerte. Después de su muerte, el Rev. Claudius (Claude) Lysias Chilton, Jr., nieto de William Parish Chilton y admirador de Bounds, trabajó en la preservación y preparación de la colección de Bounds de manuscritos para su publicación. Hacia 1921, más trabajo editorial estaba siendo hecho por el Rev. Homer W. Hodge.

Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

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Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

 

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Catalina de Borbón (1559 – 1604)

Catalina de Borbón (París, 7 de febrero de 1559, Nancy, 13 de febrero de 1604), fue hija de la reina Juana de Navarra y Antonio de Borbón y nieta de Margarita de Navarra (Angulema, hermana del rey Francisco I de Francia). Su madre como y abuela fueron ejemplares en cultura y amor por su fe reformada.

Fue educada, junto con su hermano (el futuro rey de Francia), en un cristianismo consecuente; su madre había hecho profesión pública de fe calvinista la navidad de 1560. Durante 13 años fue preparada a través de la enseñanza en las artes y cultura, pero especialmente en el temor de Dios por los brazos protectores de su madre, y todo ello en medio de dificultades sin número (guerras de religión, persecuciones, traiciones, deserción religiosa y moral de su padre, etc.). El cristianismo que la madre de los hermanos trató de inculcar se resumía en dos conceptos: “Firmeza”, y “Hasta la muerte”. Catalina mantuvo su fe firme.

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su hermano el príncipe Enrique, pues su fe tenía una fuerte competencia ante la influencia de los valores de la educación y práctica política católica. De tal manera que ante la posibilidad de acceder al trono y siguiendo la máxima de “París bien vale una misa” que le propuso uno de sus consejeros[1], de esta manera aplicó la llamada razón de estado (es decir, la justificación, basada en la conveniencia política, que un gobierno o individuo aduce para actuar de una manera determinada) y renunció a la fe protestante a través de varios episodios de abjuraciones hasta el ritual final para ser coronado rey de Francia en 1594.

Cuando su hermano le propuso, bajo amenazas de negarle su protección, también la conveniencia de su conversión a la iglesia papal, Catalina le contestó: “Si me desamparáis, Dios nunca lo hará: esa es mi confianza. Prefiero ser la más miserable en la tierra, que dejarle por los hombres.” Siempre mostró gran respeto a su hermano, como hermano y como rey, pero sin negar el fundamento donde se encontraba para ella la fuente de toda autoridad y respeto: la fidelidad a la Escritura.

Un episodio trágico en la vida de Catalina fue cuando abjuró de su fe protestante en el contexto de la de su propio hermano en la masacre de la noche de San Bartolomé. En ese momento tenía 13 años (acababa de perder a su madre y estaba en un ambiente infernal en París), y así formalmente permaneció varios años. Pero luego se reafirmó en su calvinismo hasta su muerte. Cuando tuvo que vivir la renuncia de su hermano a la fe de su madre para ser coronado rey de Francia, ella se mantuvo fiel, y así lo refirió expresamente a Teodoro de Beza (del que solicitaba se orase por ella en tan difícil situación)

En 1577, a la edad de 18 años fue nombrada regente de sus territorios por su hermano allí  se dedicó en cuerpo y alma a la preservación de la obra religiosa y política que había iniciado su madre. No fue fácil, pues algunos sectores nunca admitieron de buen grado las reformas religiosas y políticas instauradas por Juana de Albret. Debió defender los derechos de esos territorios, especialmente del Bearne y del reino de Navarra, en el proceso de coronación de su hermano (Enrique III de Navarra y IV de Francia), que al final quedan excluidos de la anexión a Francia, conservando su autonomía y leyes propias.

Catalina fue la reconocida (aunque muy borrada de la memoria histórica) defensora de los derechos de los hugonotes en la corte, donde ganó para ellos batallas muy importantes, aunque sin el ruido de las armas en el campo abierto. Sin duda, es el pilar necesario para comprender incluso el edicto posterior de tolerancia de Nantes. Y a pesar de que solo fue regente de unos pequeños y problemáticos territorios, es toda una mujer de estado, pero sin seguir los patrones de la época. En este sentido es el contrapeso de la acción de su hermano. Catalina se puede considerar la propulsora de una política “laica”.

Como cristiana fiel era consciente de sus deberes y responsabilidades. Renunció por ello a sentimientos y gustos; no pudo casarse con quien amaba. Su hermano “la casó” en 1599 como pieza de un tratado político. Ella aceptó, pero con una sola condición: conservar la fe de su casa. Catalina escribió: “Oh Dios, tú has prometido, por tu bondad divina, ayudar a los afligidos que acuden a ti. Mi corazón está lleno de aflicción. Padre, consuélame, hazme sentir el efecto de tu favor divino. …. Mi pecado aborrezco. Perdóname, Señor, mira tu promesa y no mi error, en tu bondad espero, no en mi inocencia. …. Cuando hay que ir a escuchar tu palabra, mis pies se entumecen y van a paso lento, pero si hay que ir a las diversiones mundanas, en lugar de caminar, parece que vuelo. …. Pero recíbeme, Señor, de mirada dulce y propicia, pues reconozco mis pecados ante ti. Mira a tu amado Hijo, sacrificado por mí, quien tomando mis pecados, me reviste de su justicia[2]

[1] Enrique pudo ser rey protestante de Francia debido a sus victorias militares con el bando hugonote, pero la intervención final de Felipe II ordenando la colaboración de los tercios fue decisiva para que se produjera una situación de equilibrio, de la que finalmente no se percibió otra salida que la de su abjuración. La iglesia papal entendió su conversión como disimulo de razón de estado y lo consideró, en la práctica, enemigo..
[2] Emilio Monjo Bellido “Catalina de Borbón” Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/11846/Catalina_de_Borbon Traducción en formato libre] (R. Ritter: Lettres et poésies de Catherine de Bourbon (1570-1605). Paris, Champion, 1927)

 

Blog46

Isabel I (1553 – 1603)

En inglés, Elizabeth I, a menudo referida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte. Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor.

Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.

El reinado de la reina Isabel I de Inglaterra fue uno de los más largos y determinantes de la historia de su país. Llegó al poder después de ver cómo su madre era decapitada por orden de su propio padre y vivir unos años recluida y alejada del orden sucesorio. Pero el destino quiso que Isabel subiera al trono en 1558 y reinara sobre Inglaterra e Irlanda hasta su muerte, en 1603[1]. La reina estrechó lazos con Francia, se enfrentó a su rival María de Escocia y plantó cara al imperio de Felipe II. Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, que luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad.

El principal objetivo de Isabel I al sentarse en el trono fue poner orden en la cuestión religiosa que venía sacudiendo el país desde tiempos de Enrique VIII. Su estrategia en este sentido consistió en el restablecimiento del anglicanismo como religión oficial.

A pesar de haber sido coronada según el rito romano, Isabel pronto evidenció su voluntad de continuar la política eclesiástica de su padre. En ello se dejó guiar por consideraciones puramente políticas: la reina deseaba ejercer la autoridad eclesiástica suprema, lo que al mismo tiempo la oponía a católicos y calvinistas. Actuando con gran prudencia, promulgó en 1559 el Acta de Supremacía que puso nuevamente en vigor las leyes religiosas de Enrique VIII y Eduardo VI, abolidas en tiempos de María Tudor. Una parte integral de la conciencia histórica protestante fue el martirio de los protestantes ingleses con la hija de Enrique VIII y hermanastra de Isabel, «María la sangrienta». El libro de los mórtires de Foxe (1563), que detallaba del modo más cruento este martirio, fue enormemente popular durante el periodo victoriano[2].

El edicto de 1559, aunque reforzaba el protestantismo y declaraba la celebración de la misa ilegal, era excepcionalmente tolerante con la población católica. Los católicos quedaron en principio exentos de la asistencia obligatoria a la iglesia parroquial a cambio del pago de una moderada contribución, y la celebración privada de su culto no fue perseguida excepto en los casos en que se sospechara traición a la monarquía.

El Acta de Uniformidad, votada ese mismo año por el Parlamento, restableció el Libro de la Plegaria Común de Eduardo VI eliminando las fórmulas que pudieran resultar más ofensivas para los católicos. Los obispos católicos nombrados durante el reinado de María I protestaron e Isabel respondió deponiéndolos a todos, quedando así renovada por completo la alta jerarquía eclesiástica del reino. Sin embargo, Isabel se cuidó de no verse superada por el fanatismo protestante. En 1563, cuando el Parlamento adoptó la profesión de fe de los Treinta y Nueve Artículos que rechazaba la transubstanciación y sólo admitía dos sacramentos, la reina decretó al mismo tiempo el mantenimiento de la jerarquía y la liturgia católicas.

Isabel tuvo que hacer frente a una doble oposición: la de los católicos, que se consideraron desligados de su deber de lealtad tras la excomunión de 1570 y que pusieron sus esperanzas en la católica reina de Escocia, María Estuardo, y la de los calvinistas presbiterianos, que rechazaban la jerarquía episcopal y cualquier vestigio de catolicismo dentro de la Iglesia reformada. Isabel recrudeció las medidas represivas contra la disidencia religiosa. La celebración de la misa católica fue prohibida por completo, así como los sínodos presbiterianos de los calvinistas, que ya por entonces comenzaban a conocerse como puritanos. En 1595 se hizo obligatoria, bajo pena de prisión, la asistencia al culto anglicano. Sin embargo, hubo muchas menos ejecuciones por motivos religiosos durante los veintiocho años del reinado isabelino que durante los cinco en que María Tudor se sentó en el trono. La obra religiosa de Isabel fue duradera: dio al anglicanismo su carácter definitivo y emprendió el camino hacia la convivencia de las distintas sectas religiosas[3].

Su reinado sentó las bases de un largo tiempo de hegemonía inglesa sobre los mares y amplios territorios de ultramar. También fueron años de gran esplendor en el mundo del arte y de la literatura, con Marlowe y Shakespeare como adalides de las letras inglesas. Solamente su extraña aversión al matrimonio y su empeño por ser recordada como la reina virgen exaltando su relación con su pueblo por encima de un solo hombre, hicieron de ella un personaje un tanto excéntrico y misterioso.

[1] María Tudor se convertía en María I el 1 de octubre de 1553. Durante su reinado, Inglaterra volvió al catolicismo y se vivieron tiempos convulsos en los que la nueva reina se ganó el triste apodo de María la Sanguinaria. Su matrimonio con su primo, Felipe II, tampoco fue del agrado de los ingleses quienes intentaron colocar a Isabel en el trono. La princesa terminó recluida en la Torre de Londres pero su hermana no consiguió que fuera alejada de la sucesión ni tampoco su conversión al catolicismo.
[2] http://www.victorianweb.org/espanol/religion/protestantheritage.html
[3] Isabel I Tudor, http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=isabel-i-tudor-reina-de-inglaterra

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

¿Por qué se requiere fe?

 

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¿Por qué se requiere fe para recibir las bendiciones de Cristo?

Por razones: 1. Con respecto a Dios; 2. Con respecto a Cristo; 3. Con respecto a la criatura; 4. Con respecto a nuestras consolaciones.
1. Con respecto a Dios:

Para que nuestro corazón posea una percepción completa de su gracia, quien en el Nuevo Pacto10 aparece no como un Dios vengador y condenatorio, sino como un Dios perdonador. El Apóstol lo explica así: “Es por fe, para que sea por gracia” (Rom. 4:16). La Ley produjo pavor hacia Dios, por ser dicha ley el instrumento que revelaba el pecado y el castigo que se merecía: “Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (4:15), tampoco habrá ningún sentido de victoria. Pero el evangelio trajo la gracia. La Ley declaró las faltas, pero el evangelio mostró el camino de nuestra recuperación. Y por lo tanto, la fe coincide más con la gracia, ya que hace que Dios, para nosotros, sea más cariñoso y bueno, y amado por nosotros al descubrir su bondad y su gracia. La salvación del hombre por medio de Cristo, es decir, por su encarnación, vida, sufrimientos, muerte, resurrección y ascensión, tiende a llenar nuestro corazón de gracias abundantes. Lo mismo tiende a suceder con su pacto misericordioso, sus promesas generosas y todas las bendiciones que nos son dadas: su Espíritu, perdón y comunión con Dios en gloria, todo para llenar nuestro corazón con un sentimiento del amor  de Dios. Y todo esto es necesario. Porque una conciencia culpable no se soluciona con facilidad, ni le es fácil buscar cualquier clase de felicidad proveniente de Aquel a quien tanto hemos ofendido. Adán, cuando ya era pecador, se escondía de Dios (Gén. 3:10); y el pecado todavía hace que vacilemos en acercarnos a él. La culpabilidad es desconfiada, y si no contamos con alguien que nos lleve de la mano y nos acerque a Dios, no podemos aguantar su presencia. Para esto sirve la fe: para que los pecadores, siendo poseídos de la bondad y gracia de Dios, puedan recuperarse y volver a él por un medio adecuado. En el Nuevo Pacto, el arrepentimiento se relaciona más claramente con Dios, y la fe, con Cristo:

Versiculo 149

“Arrepentimiento para con Dios; y… fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21).

El arrepentimiento se relaciona más con Dios porque de Dios caímos y a Dios hemos de volver. Caímos de él cuando le retiramos nuestra alianza y buscamos en otra parte nuestra felicidad; a él volvemos como nuestra felicidad legítima y correcta. Pero la fe tiene que ver con el Mediador,11 el que es el único remedio para nuestro sufrimiento y el medio para obtener nuestra felicidad eterna. Él abrió el camino a Dios por sus méritos y satisfacción por el pecado, y realmente nos pone en este camino por su gracia renovadora y reconciliadora, a fin de que tengamos la capacidad de agradar a Dios y
disfrutarlo. Y esa es la razón por la cual insistimos tanto en la fe en Cristo como nuestro derecho y prerrogativa a la santidad del Nuevo Pacto. Tiene una habilidad y capacidad de recuperarnos del pecado para acercarnos a Dios porque se trata especialmente del Mediador por medio de quien acudimos a él.
2. Con respecto a Cristo:
[1] Porque la dispensación total de la gracia de Cristo no puede ser percibida por nada que no sea la fe. En parte porque el camino de nuestra recuperación es tan sobrenatural, extraño y maravilloso que ¿cómo podemos convencernos de él a menos que creamos el testimonio de Dios? Que el hijo del carpintero sea el Hijo del Gran Arquitecto y Constructor que diseñó el cielo y la tierra; que obtuviéramos vida por medio de la
muerte de otro; que Dios se hiciera hombre y el Juez un copartícipe; y que el que no conoció pecado fuera condenado como un criminal; que un crucificado obtuviera la salvación del mundo entero y fuera Señor de la vida y de la muerte y tuviera tal poder sobre toda carne como para dar vida eterna al que él quiere, ¡la razón no entiende todo esto! Solo la fe puede darle significado… La razón considera solo las cosas que ve y
siente; la razón ve los efectos y sus causas… pero la fe es creer las cosas que Dios ha revelado porque él las reveló. Ciertamente, esto es lo único que puede mantenernos a la expectativa de la gracia y misericordia de Dios para vida eterna. Mientras actuamos tan opuestamente a las inclinaciones del corazón carnal y tengamos tantas tentaciones contrarias, ¿qué nos puede mantener firmes más que una fe fuerte y viva?

Thomas Manton 2
[2] Hasta que creamos en Cristo, no podremos tener consuelo ni disfrutar de todo lo que él nos ofrece. ¿Cómo podemos aprender de él el camino de salvación? Cuando creamos que él es el Profeta enviado por Dios para enseñar al mundo el camino hacia la verdadera felicidad. “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5). ¿Cómo podemos obedecerle? Solo cuando creamos en él como nuestro Señor,
quien tiene poder sobre toda carne y ante cuyo juicio caeremos o saldremos victoriosos. “[Dios] ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hech. 17:30-31). Y, ¿cómo podemos depender del mérito de su obediencia y sacrificio, ser confortados por sus promesas y su pacto dados por su gracia, acercarnos ante Dios con confianza y esperanza de misericordia en su nombre, y estar seguros de que él nos justificará, santificará y salvará? Solo cuando creamos que es un Sacerdote que una vez hizo una expiación e intercede continuamente por nosotros (Heb. 9:25). En los días de su encarnación, cuando alguien se acercaba para obtener un beneficio de él, lo ponía a
prueba diciendo: “¿Creéis que puedo hacer esto?” (Mat. 9:28). “Jesús le dijo: ‘Si puedes creer, al que cree todo le es posible’” (Mar. 9:23). “¿Crees esto?” le preguntó a Marta (Juan 11:26). Esto demuestra que no se podía recibir ningún beneficio hasta haber creído.

Thomas Manton 3
3. Con respecto a la santidad y obediencia que Dios esperaba de la criatura:      

Cristo vino para restaurarnos ante Dios, lo cual hace como el Salvador al igual que el Dador de la Ley a su iglesia. Y hasta que creamos en él, estas dos cualidades y funciones no tienen efecto.
[1] Como Salvador, vino para quitar la maldición de la Ley y darnos capacidad de servir y agradar a Dios por medio de darnos su Espíritu para renovar nuestra naturaleza y sanar nuestra alma: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y
por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24). Jamás podremos comprender nuestro deber ni ser capaces de cumplirlo, a menos que creamos que él es un Salvador tal.
[2] Como Dador de la Ley, nos motiva por su autoridad a vivir obedientes a Dios. El reino del Mediador está claramente subordinado al reino de Dios. Porque no vino para anular nuestra responsabilidad, sino para establecerla. Vino para devolver la moneda perdida a su dueño, la oveja perdida a su pastor, al hijo perdido a su padre. Así como la gracia de
Cristo no descarta la misericordia de Dios, la autoridad de Cristo… no nos libra de la autoridad de Dios. Ahora bien, ¿quién se somete a una autoridad que no le convence que lo sea o en la cual no cree? Pero en cuanto creemos, nos doblegamos enteramente ante él de corazón y de hecho.
4. Con respecto a nuestro consuelo:

Las Escrituras con frecuencia representan la fe como una gracia que calma. El consuelo, la quietud y la paz del alma dependen mucho de la fe en Cristo: un Salvador totalmente
suficiente, que quita nuestros temores y hace que en nuestros peores sufrimientos le confiemos nuestra felicidad a Cristo y deleitemos el alma con una paz constante y un gozo eterno. Aunque este mundo sea trastornado y se desvaneciera, aunque estemos en pobreza y enfermedad, o gocemos de salud o riquezas, aunque tengamos mala o buena reputación; aunque tengamos persecución o prosperidad, qué poco nos afectará, si
sabemos en quién hemos creído (2 Tim. 1:12). El cielo está donde siempre estuvo, y Cristo está a la diestra de Dios. Qué poco, entonces, deben todas estas cosas afectar la paz y la tranquilidad del alma que vivirá con Dios para siempre (Sal. 112:7). Pero el pecado es nuestro problema más grande. Si el pecado es su problema, le respondo: “¿Es por la debilidad de la carne o su iniquidad?” Si es por debilidad “ninguna condenación hay para los que están en Cristo” (Rom. 8:1). Si es por iniquidad, apártate de tu pecado y arrepiéntete; y entonces puede haber para ti consuelo, porque Cristo vino para salvarnos de nuestros pecados.
APLICACIÓN 1: Refutar las presunciones de los hombres en cuanto a su buena condición para la eternidad, por las cuales muchos engañan, para condenación, a sus propias almas.
1. Algunos, cuando oyen que todo aquel que cree será salvo, tienen una noción carnal de Cristo. Creen que si estuviera vivo aquí en la tierra, se apropiarían de él, lo recibirían en sus casas y serían más amistosos con él de lo que lo fueron los judíos. Pero es más que conocer a Cristo “en la carne” (2 Cor. 5:16). No es cuestión de recibirlo en nuestra casa, sino en nuestro corazón. Además, no conocemos nuestros propios corazones o lo
que hubiéramos hecho si hubiéramos vivido en aquel entonces. Una persona de una apariencia tan despreciable como era la de Cristo y tan franco en sus reprensiones de los pecados de la época, no nos hubiera caído bien como no les cayó a ellos. Los judíos dijeron: “Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas” (Mat. 23:30). El recuerdo de Coré, Datán y
Abiram era tan detestable para los judíos carnales como lo son Judas y Poncio Pilato para los cristianos; pero no eran ellos mejores hombres, ni tampoco lo somos nosotros.
2. Reverencian mucho su nombre y su recuerdo de él, profesan ser cristianos, y aborrecen a turcos e infieles. No, esto tampoco da resultado. Muchos valoran el nombre de Cristo pero descuidan su responsabilidad. Honrar al médico sin tomar sus remedios nunca sanó a nadie. Han aprendido a hablar bien de Cristo imitando a otros, pero no creen en él sinceramente para salvación, para curar y sanar sus almas ni dejar que él
haga allí su obra de mediador…
3. Están dispuestos a ser perdonados por Cristo y a obtener vida eterna, pero esto es lo menos que se requiere de ellos. No lo dejan realizar toda su obra con el fin de que los santifique y los prepare para vivir para Dios, de apartarlos de sus lascivias más queridas y obvias, y de hacerlos obedientes al evangelio; o se dan por satisfechos cuando aceptan el perdón de Cristo, sin aprovechar estos beneficios o sus medios santos. Pero “puesto que tenemos tales promesas” y un Redentor tan bendito, tenemos que “limpiarnos” (2 Cor. 7:1). La obra es nuestra, pero la gracia procede de él. De allí que Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.
4. Algunos, por su arrogancia, creen que serán salvos y que Cristo los perdonará. Esto, que ellos llaman su fe, puede ser la falta de fe más grande del mundo. Los hombres que viviendo en sus pecados creen estar en buen camino, están creyendo exactamente lo contrario a lo que Dios ha dicho en su Palabra “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los
afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios” (1 Cor. 6:9-10). No es la fuerza de nuestro engreimiento, sino el fundamento seguro de nuestra esperanza, lo que nos sostendrá…
APLICACIÓN 2: ¿Creemos en el Hijo de Dios? Ésta será la gran cuestión para decidir nuestro destino eterno.
1. Si crees, Cristo te será precioso: “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso” (1 Ped. 2:7). Cristo no puede ser aceptado donde no es valorado. Y cuando otras cosas compiten con él, Dios no será pródigo con su gracia.
2. Donde hay fe, el corazón será purificado: “Purificando por la fe sus corazones” (Hech. 15:9).
3. Si tú realmente crees en Cristo, tu corazón se apartará del mundo:
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).
4. Si tú tienes una fe auténtica, obra por amor: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6).
Por estas cosas se determinará el caso. Entonces, el consuelo y la dulzura de esta verdad invaden nuestro corazón: que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 
De Sermón XVI, “Sermons upon John III.16”  The Complete Works of Thomas Manton,  Tomo 2.
Thomas Manton (1620-1677): prolífico predicador puritano no conformista cuyas
obras comprenden veintidós tomos. Nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra.

El llamado al arrepentimiento

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“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).

El arrepentimiento es una de las piedras fundamentales del cristianismo. En el Nuevo Testamento encontramos por lo menos sesenta referencias al arrepentimiento. ¿Cuál fue la primera doctrina que predicó nuestro Señor Jesucristo? El Evangelio nos cuenta que dijo: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mar. 1:15). ¿Qué proclamaron los apóstoles la primera vez que el Señor los envió en una misión? “Predicaban que los hombres se arrepintiesen” (Mar. 6:12). ¿Cuál fue la comisión que Jesús dio a sus discípulos cuando dejó este mundo? “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de
pecados en todas las naciones” (Luc. 24:47). ¿Cuál fue la apelación con la que Pedro concluyó sus primeros discursos? “Arrepentíos, y bautícese cada uno”. “Arrepentíos y convertios” (Hech. 2:38; 3:19). ¿Cuál fue el resumen de la doctrina que Pablo dio a los ancianos de Éfeso cuando se despedía de ellos? Les dijo que les había enseñado públicamente, y casa por casa, “testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21). ¿Cuál fue la descripción que Pablo dio de su propio ministerio cuando presentó
su defensa ante Festo y Agripa? Les dijo que les había mostrado a los hombres que “se arrepintiesen… haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hech. 26:20). ¿Cuál fue la explicación dada por los creyentes en Jerusalén acerca de la conversión de los gentiles? Cuando la oyeron dijeron: “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios
arrepentimiento para vida!” (Hech. 11:18)… Seguramente todos coincidimos en que estas son cuestiones serias. Demuestran la importancia de la pregunta que estoy haciendo. Un error acerca del arrepentimiento es un error muy peligroso. Una equivocación en cuanto al arrepentimiento es una equivocación que yace en las raíces mismas de nuestra religión. Entonces, ¿qué es el arrepentimiento? ¿Qué podemos decir de cualquiera que se arrepiente? El arrepentimiento es un cambio absoluto del corazón del hombre natural con respecto al tema del pecado. Todos nacemos en pecado. Amamos el pecado por naturaleza. Empezamos a pecar en cuanto podemos actuar y pensar, así como el pájaro comienza a volar por naturaleza y el pez a nadar. Nunca existió un niño al que había que
educarlo a fin de que aprendiera acerca del engaño, la sensualidad, la pasión, el egocentrismo, la glotonería, el orgullo y la insensatez. Estas cosas no se aprenden de las malas compañías o gradualmente mediante un curso de tediosa instrucción. Surgen solos, aun si los niños y las niñas se crían solos. Las semillas en ellos son evidentemente el producto natural del corazón. La tendencia natural de todos los niños hacia todas estas
cosas es prueba indubitable de la corrupción y la caída del hombre. Ahora, cuando este corazón nuestro es cambiado por el Espíritu Santo, cuando el amor natural por el pecado ha sido echado fuera, entonces sucede ese cambio que la Palabra de Dios llama “arrepentimiento”. Se dice que el hombre, en quien ocurrió este cambio, se “arrepintió”.

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Puede ser llamado, en una palabra, un hombre “penitente”…

(1) El verdadero arrepentimiento comienza con un entendimiento del pecado. Los ojos del penitente son abiertos. Ve con consternación y confusión lo largo y ancho de la Ley santa de Dios, y lo extensas, lo enormemente extensas que son sus propias transgresiones. Descubre, para su sorpresa, que al creerse “un hombre bueno” y un hombre “de buen corazón” se ha estado engañando tremendamente. Descubre que es, en
realidad, perverso, culpable, corrupto y malo ante los ojos de Dios. Su orgullo se desploma. Sus opiniones elevadas de sí mismo se desvanecen. Ve que no es nada más ni nada menos que un gran pecador. Éste es el primer paso hacia el verdadero arrepentimiento.

(2) El verdadero arrepentimiento continúa con un sentimiento de tristeza por el pecado. El corazón del hombre penitente se llena de profundo remordimiento por sus transgresiones del pasado. Se le destroza el corazón al pensar que ha vivido tan alocada y ruinmente. Se lamenta por el tiempo perdido, por los talentos desaprovechados, por haber deshonrado a Dios, por su propia alma herida. El recuerdo de estas cosas
le duele. La carga de estas cosas a veces es casi intolerable. Cuando un hombre sufre, tiene el segundo paso del verdadero arrepentimiento.

(3) El verdadero arrepentimiento procede, luego, a producir en el hombre una confesión de pecado. Se suelta la lengua del penitente. Siente que tiene que hablar con Dios contra quien ha pecado. Algo dentro de él le dice que tiene que clamar a Dior, orar a Dios y hablar con Dios acerca del estado de su alma. Tiene que abrir su corazón y reconocer sus
iniquidades ante el Trono de Gracia. Son una carga pesada dentro de él, y ya no puede guardar silencio. No puede reservarse nada. No puede esconder nada. Va delante de Dios, sin pedir nada para él mismo y dispuesto ha decir: “He pecado contra el cielo y contra ti… mi iniquidad es grande… ¡Dios, se propicio a mí, pecador!” Cuando el hombre se presenta de esta manera ante Dios con su confesión, está en el tercer paso del verdadero arrepentimiento.

(4) Además, el verdadero arrepentimiento se demuestra ante el mundo por un apartarse totalmente del pecado. La vida del hombre penitente se ha alterado. Su conducta diaria ha cambiando completamente. Un nuevo Rey reina en su corazón. Se despoja del viejo hombre (Ef. 4:22). Lo que Dios ordena, ahora anhela y realiza; y lo que Dios prohíbe, ahora anhela evitar (Luc. 8:15; Sal. 25:11; Luc. 18:13). Se esfuerza por evitar el pecado
por todos los medios, luchar contra el pecado, hacerle guerra al pecado, lograr la victoria sobre el pecado. Deja de hacer lo malo. Aprende a hacer lo bueno. Repentinamente se despoja de sus malas costumbres y malas compañías. Se esfuerza, aunque sea débilmente, por vivir una vida nueva. Cuando el hombre hace esto, está en el cuarto paso del verdadero arrepentimiento.

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(5) Por último, el verdadero arrepentimiento se demuestra por producir en el corazón un hábito bien establecido de odio profundo contra todo pecado. La mente del penitente se convierte en una mente habitualmente santa. Aborrece lo malo y se aferra a lo que es bueno (Rom. 12:9). Se deleita en la Ley de Dios (Sal. 1:2). Con frecuencia no puede cumplir sus propios anhelos. Encuentra en sí mismo un principio de maldad que guerrea contra el Espíritu de Dios (Gál. 5:17). Encuentra también que está frío cuando debiera estar caliente, que retrocede cuando quiere avanzar, indiferente cuando quiere ser entusiasta en su servicio a Dios. Es profundamente consciente de sus propias debilidades. Se lamenta porque siente que la corrupción mora en él. Sin embargo, a pesar de todo eso, la inclinación general de su corazón es hacia Dios y contra el
mal. Puede decir con David: “Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí todo camino de mentira” (Sal. 119:128). Cuando el hombre puede decir esto, cumple el quinto paso o el paso culminante al verdadero arrepentimiento.
El verdadero arrepentimiento, como el que acabo de describir, nunca está solo en el corazón del hombre. Siempre tiene un compañero, un compañero bendito. Está siempre acompañado de una fe viva en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Dondequiera que hay fe, hay arrepentimiento; donde quiera que hay arrepentimiento, siempre hay fe. Yo no soy el que decido cuál viene primero, si el arrepentimiento viene antes de la fe o la fe antes del arrepentimiento. Pero me atrevo a decir que ambas gracias nunca están separadas la una de la otra…

Cuídate de no equivocarte en cuanto a la naturaleza del verdadero arrepentimiento. El diablo bien sabe el valor de esa gracia preciosa, tanto que no la disfraza con imitaciones falsas. Donde quiera que haya una moneda buena siempre hay dinero malo. Donde quiera que haya una gracia valiosa, el diablo pone en circulación falsificaciones y parodias de esa gracia y trata de que el alma del hombre las acepte. Asegúrate de no
ser engañado. Sí, ten cuidado de no ser engañado.

(1) Asegúrate de que tu arrepentimiento sea asunto de tu corazón. No es el gesto adusto, el rostro santurrón ni de imponerte a ti mismo una serie de penitencias o de mortificar tu cuerpo, no es esto en sí lo que constituye el verdadero arrepentimiento hacia Dios. La verdadera gracia es mucho más profunda que una mera cuestión del rostro, la ropa, los días santos y los formulismos. Acab se ponía el saco de duelo cuando le convenía, pero Acab nunca se arrepintió.

(2) Asegúrate de que tu arrepentimiento sea un arrepentimiento que te lleve a Dios… Félix temblaba cuando escuchaba predicar al Apóstol Pablo. Pero… ese no es el verdadero arrepentimiento. Cerciórate de que tu arrepentimiento te lleve a Dios y te haga acudir a él como tu mejor Amigo.

(3) Asegúrate de que tu arrepentimiento sea un arrepentimiento que incluye una renuncia total al pecado. La gente sentimental puede derramar lágrimas cuando los domingos escucha sermones llenos de emoción, y no obstante, vuelven al baile, al teatro y a la ópera durante la semana… los sentimientos en la religión son más que inservibles, a menos que estén acompañados por la práctica. Una mera emoción sentimental, sin abandonar totalmente el pecado, no es el arrepentimiento que Dios aprueba.

(4) Asegúrate, sobre todo, de que tu arrepentimiento esté bien arraigado en la fe en el Señor Jesucristo. Cerciórate de que tus convicciones sean convicciones, que nunca descansan, excepto al pie de la Cruz donde murió Jesucristo. Judas Iscariote podía decir: “He pecado” (Mat. 27:4), pero Judas nunca se volvió a Jesús. Judas nunca puso su fe en
Jesús, y por lo tanto, Judas murió en sus pecados. Dame esa convicción de pecado que te obliga a correr a Cristo y lamentarte porque tus pecados han herido al Señor quien te compró. Dame esa contrición del alma bajo la cual sientes mucho amor hacia Cristo y se duele al pensar en los desprecios que la ha hecho al Salvador tan lleno de gracia. Yendo al Sinaí, escuchando acerca de los Diez Mandamientos, contemplando el infierno,
pensando en los terrores de la condenación, todo esto puede atemorizar a contrición – tristeza o remordimiento por haber hecho algo malo. Las personas, y tiene su lugar. Pero ningún arrepentimiento dura si el hombre no pone su vista en el Calvario más que en el Sinaí, y ve en un Jesús sangrando la motivación más fuerte para la contrición. Tal
arrepentimiento baja del cielo. Tal arrepentimiento está plantado en el corazón del hombre por Dios el Espíritu Santo.

De Old Paths (Sendas antiguas) (http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=392&controller=product&search_query=Sendas+antiguas&results=22

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J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana; respetado autor de Holiness (http://www.solosanadoctrina.com/tienda/index.php?id_product=183&controller=product&search_query=La+Santidad&results=19)
Knots Untied, Old Paths (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas).

Una comprensión correcta del Pecado

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“El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

La verdad lisa y llana es que una comprensión correcta del pecado es la raíz de todo cristianismo salvador. Sin ella, las doctrinas como justificación, conversión, santificación son “palabras y nombres” que no tienen nada de significado para la mente. Lo primero, entonces, que Dios realiza cuando hace de alguien una nueva criatura en Cristo es darle luz a su corazón para mostrarle que es un pecador culpable… Creo que una de las mayores carencias de la iglesia contemporánea ha sido, y es, una enseñanza más clara y más completa acerca del pecado.

1. Comenzaré el tema ofreciendo algunas definiciones del pecado.
Todos, por supuesto, estamos familiarizados con los términos “pecado” y “pecadores”. Hablamos con frecuencia del “pecado” que hay en el mundo y de los hombres que cometen “pecados”. Pero, ¿qué queremos decir con estos términos y frases? ¿Lo sabemos realmente? Me temo que existe mucha confusión e incertidumbre en cuanto a ellos. Trataré, lo más brevemente posible, dar una respuesta.
“Pecado”, hablando en general es… “la imperfección y corrupción de la naturaleza de todo hombre que ha sido engendrado naturalmente de los descendientes de Adán; por lo cual el hombre dista de tener la justicia y rectitud original, y está, por su propia naturaleza, predispuesto al mal, de manera que la carne lucha siempre contra el espíritu; y, por lo tanto, cada persona nacida en el mundo merece la ira y condenación de Dios”.
Pecado es esa enfermedad moral extensa que afecta a toda la raza humana de toda posición, clase, nombre, nación, pueblo y lengua, una enfermedad sin la cual solo uno nació de mujer. ¿Necesito decir que ese Uno es Cristo Jesús el Señor?
Es más, afirmo que “un pecado”, hablando más particularmente, consiste en hacer, decir, pensar o imaginar cualquier cosa que no se conforma perfectamente a la mente y Ley de Dios. “Pecado”, en suma, como dicen las Escrituras, es “infracción de la ley” (1 Juan 3:4). El más leve desvío externo o interno del paralelismo matemático absoluto con la voluntad y el carácter revelado de Dios es un pecado, e inmediatamente nos hace culpables ante Dios.
Por supuesto que no tengo que decirle a nadie que lea su Biblia con atención que uno puede quebrantar la Ley de Dios en su corazón y pensamiento sin que necesariamente haya un acto exterior y visible de maldad. Nuestro Señor lo hizo muy claro e inequívoco en el Sermón del Monte (Mat. 5:21-28)… Tampoco tengo que decirle a un estudiante serio
del Nuevo Testamento que existen pecados de omisión al igual que de comisión, y que pecamos, como nuestro Libro de Oración acertadamente nos recuerda, al “no hacer las cosas que deberíamos hacer”, tanto como “hacer las cosas que no deberíamos hacer”… Creo que en estos tiempos es necesario recordar a mis lectores que uno puede cometer pecado y aun así ignorar que lo ha cometido, creyéndose inocente cuando es culpable…
Nuestro Señor enseña expresamente que “el que sin conocer la voluntad de Señor no la hizo”, no fue excusado por su ignorancia sino que fue “azotado” o castigado (Luc. 12:48). Nos conviene recordar que cuando hacemos que nuestro lamentosamente imperfecto conocimiento y conciencia sea la medida con la cual medimos nuestra pecaminosidad,
andamos en un terreno muy peligroso…

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2. En cuanto al origen y la raíz de esta extensa enfermedad moral llamada “pecado”, me temo que los puntos de vista de muchos que profesan ser cristianos lamentablemente son defectuosos y carecen de fundamento en este sentido. No puedo pasar esto por alto. Entonces, sepamos y fijémoslo en nuestra mente que la pecaminosidad del hombre
no comienza de afuera, sino de adentro. No es resultado de una mala formación en los primeros años. No se contagia de las malas compañías y los malos ejemplos, como les gusta decir a algunos cristianos débiles. ¡No! Es una enfermedad de familia, que todos heredamos de Adán y Eva, nuestros primeros padres, y con la cual nacemos. Creados “a la imagen de Dios”, inocentes y rectos al principio, nuestros padres cayeron de la rectitud y justicia original, y pasaron a ser pecadores y corruptos. Y desde ese día hasta ahora, todos los hombres y mujeres nacen caídos, a la imagen de Adán y Eva, y heredan un corazón y naturaleza con una predisposición al mal. “El pecado entró al mundo por un hombre”. “Lo que es nacido de la carne, carne es”. “Éramos por naturaleza hijos de ira”. “Los designios de la carne son enemistad contra Dios”. “Porque de dentro, del corazón…
salen los malos pensamientos, los adulterios” y cosas similares (Rom. 5:12; Juan 3:6; Ef. 2:3; Rom. 8:7; Mar. 7:21).
El más hermoso de los infantes nacido este año y que es el rayito de sol de la familia, no es un “angelito” o “chiquito inocente”, como su madre lo llama cariñosamente, sino un chiquito “pecador”. ¡Qué triste! Ese infante, sea niño o niña, sonriendo y gorgojeando en su cuna, ¡esta pequeña criatura tiene en su corazón las semillas de todo tipo de maldad! No tenemos más que observarlo con cuidado mientras va creciendo en estatura y su mente se va desarrollando a fin de detectar pronto su incesante tendencia a hacer lo malo, y un retroceso en hacer lo que es bueno. Veremos en él los brotes y gérmenes del engaño, mal humor, egoísmo, egocentrismo, terquedad, avaricia, envidia, celos, pasión, los cuales, si se aceptan y se dejan sin atender, crecerán con dolorosa rapidez. ¿Quién le enseñó al niño estas cosas? ¿Dónde las aprendió? ¡Solo la Biblia puede contestar estas preguntas!…
3. En cuanto a la extensión de esta extensa enfermedad moral llamada “pecado”, cuidémonos de no equivocarnos. El único fundamento seguro es el que nos presenta las Escrituras. “Todo designio de los pensamientos de su corazón” es por naturaleza “malo” y eso “continuamente” (Gén. 6:5).
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jer. 17:9). El pecado es una enfermedad que invade y se extiende por cada parte de nuestra fibra moral y cada facultad de nuestra mente. El entendimiento, los afectos, el poder de razonar y la voluntad están todos infectados de un modo u otro. Aun la conciencia está tan ciega que no se puede depender de ella como un guía seguro, y puede llevar a los hombres al mal
haciéndolo parecer bien, a menos que sean iluminados por el Espíritu Santo. En suma “desde la planta del pie hasta la cabeza no hay… cosa sana” en nosotros (Isa. 1:6). La enfermedad puede disimularse bajo un velo fino de cortesía, buena educación, buenos modales y decoro exterior, pero duerme en las profundidades del ser… en lo espiritual está totalmente “muerto” y no tiene nada de conocimiento natural, ni amor, ni temor de Dios. Lo mejor del ser humano está entrelazado y entremezclado con corrupción de tal modo que el contraste no hace más que destacar más claramente la verdad y la amplitud de la Caída. Que una misma criatura sea en algunas cosas tan altruista y en otras tan interesada, tan grande en unas y tan poca cosa en otras, a veces tan noble y otras veces tan innoble; tan magnífico en su concepción y ejecución de cosas materiales y sin
embargo tan bajo y vil en lo que concierne a sus afectos… todo es una gran enigma para los que desprecian la “Palabra escrita de Dios” y se burlan de nosotros considerándonos idólatras de la Biblia. Pero es un nudo que podemos desatar con la Biblia en nuestras manos…

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Además de esto, recordemos que cada parte del mundo testifica del hecho que el pecado es la enfermedad universal de toda la humanidad. Hagamos un sondeo en todo el mundo de este a oeste, de polo a polo; investiguemos cada nación de cada clima en todos los puntos cardinales de la tierra; investiguemos cada rango y clase en nuestro propio país,
desde el más elevado al más inferior, y bajo toda circunstancia y condición, el resultado será siempre el mismo… En todas partes el corazón humano es por naturaleza “engañoso más que todas las cosas, y perverso” (Jer. 17:9). Por mi parte, no conozco una prueba más fuerte de la inspiración de Génesis y el relato de Moisés del origen del hombre, que el poder, la extensión y la universalidad del pecado…

4. En cuanto a la culpabilidad, vileza y lo ofensivo del pecado ante los ojos de Dios, mis palabras serán pocas… No creo que, por la naturaleza de las cosas, el hombre pueda percibir para nada la pecaminosidad extrema del pecado ante los ojos de ese Ser santo y perfecto con quien tenemos que contender. Por un lado, Dios es aquel Ser eterno que “notó necedad en sus ángeles” y a cuyos ojos “ni aun los cielos son limpios”. Él es aquel que lee los pensamientos y las motivaciones al igual que las acciones, y requiere “la verdad en lo íntimo” (Job 4:18; 15:15; Sal. 51:6). Nosotros, por otra parte, pobres criaturas ciegas, hoy aquí y mañana no, nacidos en pecado, rodeados de pecadores, viviendo en un ambiente constante de debilidad, enfermedad e imperfección, no podemos formar más que los conceptos totalmente inadecuados de lo aborrecible que es la impiedad. No tenemos un perfil por medio del cual comprenderla ni una medida para calcularla… Pero de igual manera fijemos firmemente en nuestra mente que el pecado es lo “abominable” que Dios “aborrece”, que Dios es “muy limpio de ojos para ver el mal, ni puede ver el agravio”, que la transgresión aun más pequeña a la Ley de Dios nos “hace culpable de
todas”, que “el alma que pecare, esa morirá”, que “la paga del pecado es muerte” que Dios “juzgará… los secretos de los hombres”, que hay un gusano que nunca muere y un fuego que nunca se apaga, que “los malos serán trasladados al Seol” e “irán éstos al castigo eterno”, y que “no entrará [en el cielo] ninguna cosa inmunda” (Jer. 44:4; Hab. 1:13; Stg. 2:10; Eze. 18:4; Rom. 6:23; 2:16; Mar. 9:44; Sal. 9:17; Mat. 25:46; Apoc. 21:27). ¡Éstas son, ciertamente, palabras tremendas, cuando tenemos en cuenta que están escritas en el libro de un Dios sumamente misericordioso!

Ninguna prueba de la plenitud del pecado es, al final de cuentas, tan abrumadora e irrebatible como la Cruz y la pasión de nuestro Señor Jesucristo, y toda la doctrina de su sustitución y expiación. Muy negra ha de ser esa culpa por la que nada que no sea la sangre del Hijo de Dios, puede ofrecer satisfacción. Pesado ha de ser el peso del pecado humano que hizo gemir a Jesús y sudar gotas de sangre en la agonía del Getsemaní
y clamar en el gólgota: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). Estoy convencido de que nada nos asombrará tanto, al despertar en el Día de resurrección, como la vista que tendremos del pecado y ver retrospectivamente nuestras propias faltas y defectos. Jamás hasta la hora cuando Cristo venga por segunda vez
comprenderemos plenamente la “pecaminosidad del pecado”.

5. Queda solo un punto por considerar acerca del tema del pecado… lo engañoso que es. Es un punto de suma importancia, y me atrevo a decir que no recibe la atención que merece. Se ve lo engañoso que es en: 1) la predisposición increíble de los hombres de considerar al pecado menos pecaminoso y peligroso de lo que es a los ojos de Dios, y en lo pronto que pretenden atenuarlo, excusarlo y minimizar su culpabilidad. “¡Es
insignificante! ¡Dios es misericordioso! Dios no es tan extremista como para tener en cuenta los errores que cometo! ¡Tenemos buenas intenciones! ¡Uno no puede ser tan puntilloso! ¿Qué tiene de malo? ¡Hacemos lo que hace todo el mundo!” ¿A quién no le resulta familiar este tipo de justificaciones? Las vemos en el montón de palabras y frases
suaves que los hombres han acuñado a fin de darles una designación a las cosas que Dios llama totalmente impías y ruinosas para el alma. ¿Qué significan expresiones como “mujer fácil”, “divertido”, “loco”, “inestable”, “desconsiderado” y “tuvo un desliz”. Demuestra que los hombres tratan de engañarse de que el pecado no es tan pecaminoso como Dios dice que lo es, y que ellos no son tan malos como realmente son. Lo podemos ver en la tendencia aún de los creyentes que consienten a sus hijos aprobando sus conductas cuestionables, y que son ciegos al resultado inevitable de amar el dinero, jugar con la tentación y sancionar normas bajas para la religión familiar. Me temo que no percibimos suficientemente la sutileza extrema de la enfermedad de nuestra alma.
Tendemos a olvidar que la tentación de pecar raramente se nos presenta en su verdadera forma, diciendo: “Soy tu enemigo mortal y quiero tu ruina eterna en el infierno”. ¡Ah no!

Y ahora… Sentémonos ante el cuadro del pecado que nos muestra la Biblia y consideremos qué criaturas culpables, viles y corruptas somos todos a los ojos de Dios. ¡Cuánta necesidad tenemos todos de un cambio total de corazón llamado regeneración, nuevo nacimiento o conversión!… Les pido a mis lectores que observen lo profundamente agradecidos que deberíamos estar por el glorioso evangelio de la gracia de Dios. Existe un remedio para la necesidad del hombre, tan amplia y grande y profunda como la enfermedad de éste. No tenemos que tener miedo de mirar el pecado y estudiar su naturaleza, origen, poder, amplitud y vileza, siempre y cuando a la vez miremos el medicamento todopoderoso provisto para nosotros en la salvación que es en Jesucristo.

De Holiness (Part One): Its Nature, Hindrances, Difficulties, and Roots.
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J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana; respetado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos sobre los Evangelios) y muchos otros. Nacido
en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

CRISTO EL INTERCESOR

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La oración intercesora es el segundo elemento del oficio sacerdotal [de Cristo], de quien leemos “que también intercede por nosotros” (Rom. 8:34); está “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25) “… para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Heb. 9:24); “abogado tenemos para con el Padre” (1 Juan 2:1).

En cuanto a su intercesión tenemos que considerar su necesidad, naturaleza y eficacia.

PRIMERO CONSIDERAREMOS LA NECESIDAD DE SU INTERCESIÓN. La intercesión es una tarea que corresponde al oficio de Cristo como Sumo Sacerdote: “Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Heb. 8:1).
Como Sumo Sacerdote, está en el cielo; como Sumo Sacerdote está sentado a la diestra de Dios. La tarea de que se ocupa como Sumo Sacerdotes es presentarse ante su Padre en nombre de sus escogidos, intercediendo por ellos. Así es que el oficio de Cristo como Sumo Sacerdote es interceder. Los asuntos por los cuales intercede son: (1) Todo lo que los escogidos necesitan en esta vida a fin de capacitarlos para ir rumbo al cielo —concretamente, el Espíritu Santo que los ilumina, consuela y santifica. Vemos esto en Juan 14:16-17: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre: el Espíritu de verdad”. (2) Intercede para que puedan poseer perfectamente la salvación después de esta vida. “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24). Hebreos 7:25 lo confirma: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Para que los hombres fueran salvos, no era suficiente que por su sufrimiento, muerte y santidad ameritaran salvación; sino que era necesario también que por medio de su intercesión aplicara él la salvación y los hiciera de hecho partícipes de ella. Representativo de esto en el Antiguo Testamento es el Sumo Sacerdote, quien habiendo
terminado la ofrenda de sacrificio, tenía que entrar en el Lugar Santísimo con sangre a fin de rociarla sobre el propiciatorio y quemar incienso. El Señor Jesús, siendo el antetipo, de igual manera tenía que entrar con su propia sangre (Lev. 16; Heb. 9:12). Este requisito previo era tan necesario que sin él no podía ser un sumo sacerdote. “Así que,
si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote” (Heb. 8:4). Si no hubiera sido sacerdote, no habría salvación para los escogidos, porque tienen que venir a Dios y ser salvos por medio de un sacerdote. Por esta razón, sacrificio y oración van juntos. “Cristo es el que murió… el que también intercede por nosotros” (Rom. 8:34). “Abogado tenemos
para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1-2). Esta necesidad también es evidente por las siguientes razones:

Versiculo 106

Primero, le place a Dios que sea reconocido continuamente que fue despreciado por los hombres, que su justicia no permite que el hombre se acerque a él ni él al hombre, excepto por medio de un Garante o Garantía que está continuamente demostrando su expiación. Por lo tanto, está “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).

Segundo, dado que la majestad de Dios ha sido despreciada, no podía tolerar que pudiera acercarse al hombre o aun a la Garantía, sino más bien que la Garantía debiera acercarse a él, y que, por así decirlo, lo haría trayéndole y entregándole el rescate.

Tercero, en cuanto al hombre al igual que el pago del Garante, es también la voluntad de Dios que su gracia al salvar al pecador sea exhibida y siempre reconocida, “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24). Por lo tanto, aunque el sacrificio de Cristo es perfecto y que su expiación es eternamente eficaz, tiene que ser aplicado por medio de una intercesión “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios…acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:14, 16)…

Cuarto, fue también necesario en referencia al Señor Jesús mismo. Él era el Garante y no podía ser eximido de su función en tanto sus escogidos no hubieran sido salvos. A fin de preparar un lugar para los escogidos y de llevarlos a la salvación, tenía que necesariamente haber una intercesión (compárese con Juan 17:24; Heb. 7:25). Por lo tanto el Señor Jesús tiene que continuar con su intercesión hasta que todos sus
escogidos sean reunidos en el cielo.

Quinto, la voluntad del [Padre] es también que el Señor Jesús sea reconocido como todavía involucrado [para beneficio de los escogidos], a fin de que, por él, acudan al trono, y que al hacerlo, encuentren que Cristo es un Garante que lleva sus oraciones ante el Padre (Apoc. 8:3- 4)…Es necesario que el Garante presente continuamente la expiación
ante el trono. Pablo puntualizó esto en Romanos 5:10: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. ¿Y por qué somos salvos por su vida? Porque está “viviendo siempre para interceder por ellos [nosotros]” (Heb. 7:25).

Versiculo 107

EL SEGUNDO FACTOR QUE DEBE SER CONSIDERADO EN RELACIÓN CON LA INTERCESIÓN ES EL MODO COMO SON SUS ORACIONES POR SUS ESCOGIDOS.

Primero, así como Cristo ejecutó el primer elemento de su oficio de Sumo Sacerdote como Garante, o sea, el sacrificio de su cuerpo, también administra el segundo elemento de su oficio, o sea, intercesión, como Garante. No se limita a comparecer ante el trono como un amigo que habla bien en defensa de su pueblo sino que, como Garante, se presenta para hacerse responsable de lograr cabalmente la salvación de los suyos. Esto se hace evidente en Hebreos 7:22-25. En el versículo 22, el apóstol lo llama expresamente “fiador” [garante]. Habla también de él en los versículos subsiguientes: “Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” y sigue “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:24-25). Además, dado que cumplió el primer aspecto de su oficio sacerdotal como Dios y hombre, la eficacia de su sacrificio que se deriva de su oficio sacerdotal como Dios y hombre, la eficacia de su sacrificio siendo derivada de su naturaleza divina —de la persona divina— Cristo tiene que ser considerado tanto Dios y como hombre en relación con el segundo elemento de su
ministerio sacerdotal. El que la eficacia de su intercesión se deriva también de su Persona, esto es, su naturaleza divina, es avalada por el apóstol en Hebreos 4:14: “[Tenemos] un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios”. Grande es él, pues, siendo el Hijo de Dios, es igual al Padre. Ese es el punto crítico, y es lo que brinda consuelo y valentía…

Segundo, no pensemos que Cristo cae allí de rodillas y ora con fuertes clamores y lágrimas (Heb. 5:7). No, eso fue lo que hizo antes, durante su humillación. No obstante, su intercesión consiste de su aparición con su sangre en el santuario ante el rostro de su Padre: “Que habla mejor que la de Abel” (Heb. 12:24). Consiste de la demostración de la eficacia de su sufrimiento y su muerte.

Tercero, consiste de su voluntad eficaz por la que, en base al pacto, demanda el cumplimiento de todas las promesas para sus escogidos tanto en esta vida (Juan 17:15-17) con en la vida venidera. “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24). El Padre le da licencia para hacer tales
demandas, al decir: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”. Esto es lo que el Padre le promete. “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isa. 53:10). Esto es lo que demanda el Hijo.

Cuarto, su intercesión consiste en abogar y defender a sus escogidos contra todas las acusaciones en su contra. Por eso, el apóstol Juan lo llama Abogado (1 Juan 2:1) y lo confirma el apóstol que dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también
resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Rom. 8:33-34). Dado que puede demostrar que ha pagado completamente por cada pecado y ha cumplido la Ley en su lugar poniéndose bajo la Ley y siendo obediente a ella, llega a la conclusión que no hay condenación para sus escogidos, sino que tienen
derecho a una felicidad eterna.

Quinto, consiste de presentar las oraciones de sus hijos que han ofrecido en su nombre a través del Espíritu de gracia y suplicación. Dado que han sido ofrecidas en su nombre, sus méritos tienen tanta eficacia que sus oraciones son escuchadas…

EL TERCER FACTOR QUE DEBE SER CONSIDERADO CON RELACIÓN A LA INTERECESIÓN ES SU EFICACIA.

Esto es evidente por tres razones: Primero está la justicia de la causa. Aquí no entran en juego el favoritismo, ni el pasar por alto, ni meramente hace Cristo un pedido. En cambio, el asunto por el cual ruega Cristo como Abogado es totalmente justo y está avalado por una documentación superlativa. Cristo aparece en nombre de sus escogidos con el rescate que él mismo pagó, tan perfecto que no le falta ni un centavo: “… habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo”(Heb. 1:3); “Por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Heb. 9:12).

Versiculo 108

Cumplió la Ley tan perfectamente en nombre de los escogidos que son ellos “justicia de Dios en él”. La justicia de la Ley se cumple en nosotros (Rom. 8:4). Esto le demostró a su Padre, y por lo tanto esto es lo único que puede ser seguido para verdadera justificación y el otorgamiento del derecho de poseer felicidad eterna.

Segundo, la eficacia de su intercesión se hace evidente en su relación entre Dios y los escogidos, como lo es entre un padre y sus hijos. El Señor Jesús ora por aquellos a quienes ha amado el Padre con amor eterno, los ha aceptado como sus hijos, los ha designado para ser objetos de su gracia y bondad, y los ama tiernamente. Por esto, el
Padre anhela que alguien le hable en nombre de ellos. Entonces, ¿cómo podría ser que este Abogado fuera rechazado?

Tercero, esta eficacia se hace evidente también en la persona misma que es el Abogado. Él es el gran Sumo Sacerdote (compárese con Heb. 4:14; 10:21). Es grande en su persona, siendo de la misma naturaleza que su Padre, y grande es la amistad entre él y su Padre. “Porque el Padre ama al Hijo” (Juan 5:20). Con total aceptación, sometimiento y placer se ha convertido en Abogado. Por juramento, se ha consagrado a su oficio sacerdotal y ha obedecido a su Padre en todas las cosas, aun hasta la muerte en la cruz. El Padre mismo dice de él: “Pídeme, y te daré” (Sal. 2:8). ¿Cómo puede un Intercesor tal ser rechazado?

Ahora consideremos todas estas cosas juntas. Como semejante Sumo Sacerdote —el propio Hijo de Dios quien siendo una de las partes en el pacto de redención se ha sometido voluntaria y obedientemente a todo— representa la causa más justa, lo cual puede confirmar por medio de su pasión y muerte y probar con su obediencia a la Ley. Con todo esto, defiende la causa de sus escogidos, haciéndolo ante un Padre benevolente y generoso en nombre de sus hijos y herederos amados.

Por estas razones, su intercesión es eficaz en su máximo grado. Es por esto que es totalmente cierto que prevalecerá y que bendecirá a sus hijos. Sí, si Cristo, mientras estaba sobre la tierra, siempre era escuchado (Job 11:41-42), mucho más él, estando ahora en el cielo recibirá todo lo que pide.

Tomado de The Christian’s Reasonable Service 
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Wilhelmus à Brakel (1635-1711): Teólogo holandés representando la Segunda Reforma Holandesa; nació en Leeuwarden, Holanda.

 

Huir del Pecado

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“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”        Génesis 4:7 

Dios pronunciará una terrible sentencia contra Caín si se endurece en su maldad y se entrega a su delito. La advertencia es clara: Dios no solo desestima la queja injusta de Caín, sino que también le muestra que no hay mayor adversario para él que el pecado que él mismo desea. Dios, con estas concisas palabras, deja al impío sin escapatoria. Es como si le dijera: «Tu obstinación no te rendirá beneficio alguno, puesto que, aun cuando no quieras tener relación conmigo, tu pecado no te dará tregua, sino que te hostigará, te perseguirá, te apremiará y no te dejará salida». Caín está airado, pero no le sirve de nada. Es culpable de su propia condena interior aunque nadie le acuse. La expresión el pecado está a la puerta hace referencia al juicio interior de la conciencia que convence al ser humano de su pecado y le asedia por todos lados. Quizá el impío imagine que Dios dormita en el Cielo. Puede que intente ahuyentar el miedo al juicio. Sin embargo, el pecado arrastrará a estos fugitivos renuentes de vuelta al tribunal del que desean huir. La expresión de Moisés es especialmente contundente. El pecado está a la puerta, lo cual da a entender que el pecador no sufre el tormento inmediato del temor al juicio. En lugar de eso, rodeándose de todos los deleites posibles para engañarse a sí mismo, parece caminar libremente por el campo abierto y los prados. Sin embargo, al llegar a la puerta, se topa con el pecado, que hace guardia constantemente. Luego la conciencia, que anteriormente estaba libre, también queda arrestada, por lo que el retraso le cuesta un doble castigo.

Cuando pecamos y Dios nos convence de ese pecado, intentamos huir del juicio de muchas formas. Sin embargo, ¿por qué es imposible escapar de los efectos del pecado? ¿Qué clase de castigo podemos aguardar cuando por fin dejemos de correr?

 

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Eclesiastés 8:1-14

 

Extraído del libro “365 días con Juan Calvino” (Editorial Peregrino 2016)

Perdón para el más Grande Pecador

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“Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande” (Salmo 25:11)

Doctrina: Si de verdad nos acercamos a Dios pidiendo misericordia, lo inmenso de nuestro pecado no será un impedimento para que nos perdone… Esto es lo que necesitamos a fin de poder acercarnos a Dios pidiendo misericordia:

Necesitamos ver nuestra desdicha a fin de ser sensibles a nuestra necesidad de misericordia. Los que no tienen conciencia de su desdicha no pueden acudir a Dios en busca de misericordia, porque es justamente la noción de la misericordia divina lo que constituye la bondad y gracia de Dios hacia el desdichado. Sin la desdicha en la ecuación, no se puede ejercer misericordia. Es una contradicción querer misericordia sin sentir desdicha, o comprensión sin tener una calamidad. Por lo tanto, los hombres no pueden considerarse objetos adecuados de misericordia, a menos que tengan primero conciencia de que son desdichados. Así que, a menos que éste sea el caso, es imposible que acudan a Dios en busca de misericordia.

Tienen que ser sensibles al hecho de que son hijos de ira, que la Ley está en su contra y que están expuestos a su maldición: que la ira de Dios mira en ellos y que él está disgustado con ellos cada día que están bajo la culpa del pecado. Tienen que ser sensibles al hecho de que es cosa terrible ser el objeto de la ira de Dios,  que es cosa terrible tenerlo como enemigo, y tienen que saber que no pueden sobrevivir su ira. Tienen que ser sensibles a que la culpa del pecado los convierte en criaturas desdichadas, arruinadas, en tanto Dios está disgustado con ellos; que no tienen fuerza y deben perecer, y esto, eternamente, a menos que Dios los ayude. Tienen que ver que su caso es totalmente desesperante, que no hay nada que nadie puede hacer por ellos; que están al borde del foso de la desdicha eterna; y que tendrán que caer en él, si Dios no tiene misericordia de ellos…

  1. La misericordia de Dios es suficiente para perdonar los pecados más grandes, así como lo es para perdonar los más pequeños, porque su misericordia es infinita. Lo que es infinito es tan superior a lo que es grande como lo es a lo que es pequeño. Entonces, siendo Dios infinitamente grande es superior a los reyes, así como lo es a los mendigos. Es superior al ángel principal, así como lo es al gusano más inferior. Una medida de lo infinito no depende de la distancia entre lo infinito y lo que no lo es. Por lo tanto, siendo la misericordia de Dios infinita, es tan suficiente para perdonar todo pecado, así como lo es para perdonar uno solo…
  2. Lo que Cristo pagó por el pecado es suficiente para quitar la culpabilidad más grande, así como lo es para quitar la más pequeña. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:39) Todos los pecados de quienes verdaderamente se acercan a Dios para pedir misericordia, sean los que sean, han sido saldados si Dios, quien lo dice, no miente. Y si la pena de todos ha sido saldada, es fácil creer que Dios está listo para perdonarla. De modo que Cristo, habiendo satisfecho plenamente el castigo de todos los pecados, y habiendo hecho un pago que es apto para todos, no desmerece la gloria de los atributos divinos perdonar los pecados más grandes de aquellos que de una manera correcta acuden a él pidiendo perdón. Dios puede ahora perdonar a los pecadores más grandes sin menoscabar el honor de su santidad. La Santidad de Dios no lo deja pasar por alto el pecado, sino que lo lleva a dar testimonios claros de su aborrecimiento por él. Porque Cristo satisfizo el castigo por el pecado, Dios puede ahora amar al pecador y no tener en cuenta para nada su pecado, no importa lo grande que haya sido. El hecho que descargó su ira en su propio Hijo amado cuando éste tomó sobre si la culpa del pecado es testimonio suficiente de cuánto aborrece Dios al pecado. No hay nada mejor que esto para mostrar el odio que Dios siente por el pecado… Dios puede, por medio de Cristo, perdonar al más grande pecador sin menoscabar el honor de su majestad. El honor de la majestad divina ciertamente requiere ser satisfecho, pero los sufrimientos de Cristo reparan plenamente el agravio. Aunque la ofensa sea muy grande, si una persona tan honorable como Cristo asume la función de Mediador del que cometió la ofensa y sufre tanto por él, repara plenamente el agravio hecho a la Majestad del cielo y de la tierra. Los sufrimientos de Cristo satisfacen plenamente su justicia. La justicia de Dios, como Soberano y Juez de la tierra, requiere que el pecado sea castigado. El Juez supremo tiene que juzgar al mundo de acuerdo con la ley de la justicia… La Ley no es un impedimento para el perdón del pecado más grande, siempre y cuando el hombre realmente acuda a Dios pidiendo misericordia, porque Cristo, por medio de sus sufrimientos, ha cumplido la Ley, él cargó con la condena del pecado, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en su madero)” (Gal 3:13).
  3. Cristo no se negará a salvar a los más grandes pecadores, quienes de la manera correcta acuden a Dios pidiendo misericordia, porque es es su obra. Es su deber ser el Salvador de los pecadores, pues es la obra por la que vino al mundo y, por lo tanto, no se opondrá a hacerlo. No vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13). El pecado es justamente el mal que vino al mundo a remediar: por lo tanto, no tendrá objeciones contra nadie porque sea muy pecador. Más pecador es, más necesita a Cristo. La Pecaminosidad del hombre fue la razón por la que Cristo vino al mundo… El médico no se niega a sanar a alguien que acude a él porque tiene gran necesidad de su ayuda…
  4. En esto consiste la gloria de la gracia por la redención de Cristo: en que es suficiente para perdonar a los más grandes pecadores. Todo el plan del camino de salvación es hacia este fin: glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar este atributo; y por lo tanto es así que concibió el recurso de salvar al pecador a través de Cristo. La grandeza de la gracia divina se muestra claramente en esto: que Dios por medio de Cristo salva a los más grandes ofensores. Más grande la culpa de cualquier pecador, más gloriosa y maravillosa es la gracia manifestada en su perdón: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:10)… El Redentor es glorificado, en el sentido que da prueba de ser suficiente para redimir a los que son excesivamente pecadores, en el sentido que su sangre prueba ser suficiente para limpiar la culpa más grande, es que puede salvar al máximo y en que redime hasta de la desdicha más grande. Es el honor de Cristo salvar a los más grandes pecadores cuando acuden a él, así como es un honor para el médico poder curar las enfermedades o heridas más desesperantes. Por lo tanto, no cabe duda de que Cristo estará dispuesto a salvar a los más grandes pecadores si acuden a él, porque no vacilará en glorificarse a sí mismo para redimir a los pecadores, no le faltará disposición para mostrar que es capaz de redimir al máximo… Si tú no aceptas la suficiencia de Cristo para perdonarte, sin ninguna rectitud y justicia propia que te recomiende, nunca llegarás al punto de ser aceptado por él. La manera de ser aceptado es acudir-no por ningún aliento que te da el saber que has podido mejorar, o que eres más digno, y no tan indigno sino-por el mero aliento de lo digno que es Cristo y lo misericordioso que es Dios.
De “Great Guilt No Obstacle to the Pardon of the Returning Sinner” en The Works of Jonathan Edwards, Tomo 2.

Jonathan Edwards: (1703-1758) Predicador congregacionalista norteamericano usado poderosamente por Dios durante el Gran Avivamiento. Nacido en East Windsor, Colonia de Connecticut.

John MacArthur

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El Pastor John MacArthur es ampliamente conocido por su enfoque detallado y transparente de enseñanza bíblica. Él es un pastor de quinta generación, un escritor y conferencista conocido, y ha servido como pastor-maestro desde 1969 en Grace Community Church en Sun Valley, California, E.U.A.

El ministerio de púlpito del Pastor MacArthur se ha extendido a nivel mundial mediante su ministerio de radio y publicaciones, Grace to You, contando con oficinas en Australia, Canadá, Europa, India, Nueva Zelanda, Singapur y Sudáfrica. Además de producir programas radiales que se transmiten diariamente para casi 2,000 estaciones de radio por todo el mundo en inglés y en español, Grace to You distribuye libros, software y audio en CDs y formato MP3 con la enseñanza del Pastor MacArthur. En sus cincuenta años de ministerio, Grace to You ha distribuido más de trece millones de CDs y cintas de audio.

 

La Lluvia: Una Gran Obra de Dios

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Si le dijéramos a alguien: “Mi Dios hace cosas grandes e inescrutables; realiza incontrolables maravillas”, y respondieran: “¿De veras? ¿Cómo qué?” ¿Diría usted: “Como la lluvia”?.

Cuando leí hace poco estos versículos de Job, al principio me sentí como cuando leí una mala poesía que decía algo así; “Déjame sufrir, déjame morir, para ganarme tu mano; dejame aun escalar una montaña o caminar a través de la llanura? ¿Como si caminar a través de una llanura fuera más sacrificio que morir? Esto me sonó como una broma.

Pero Job no bromeaba. Dios, “el cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillosas que no tienen cuento; que da la lluvia sobre la haz de la tierra.” Para Job, la lluvia realmente es una de las grandes, inescrutables maravillas que Dios realiza. Así que cuando leí esto hace unas semanas, resolví no considerarlo como la letra de una canción popular carente de sentido. Decidí tener una conversación conmigo mismo (lo cual llamamos meditación).

¿Es la lluvia una grande e inescrutable maravilla hecha por Dios? Imaginese ser un granjero en el Cercano Oriente, lejos de lagos o arroyuelos. Unos pocos pozos suministran agua para la familia y los animales. Pero si los cultivos han de crecer y la familia ha de tener su alimento mes tras mes, tiene que venir agua de otra fuente para los campos. Pero, ¿de dónde?

Bueno, del cielo. ¿Del cielo? ¿El agua caerá simplemente del cielo azul? Bueno, no exactamente. El agua tiene que ser llevada unas cuantas millas en el cielo desde el Mar Mediterraneo, y luego derramada sobre los campos desde el cielo. ¿Llevada?¿Cuánto pesa?. Bueno, si cae una pulgada de lluvia en una milla cuadrada de campo durante la noche, eso sumaría 27.878.400 pies cuadrados de agua, lo cual suma 206.300.160 galones,  osea 1.650.501.280 libras de agua.

Eso es pesado. ¿cómo sube al cielo y se queda allí arriba si es tan pesada? pues sube allí por evaporación. ¿de veras? esa es una linda palabra. ¿qué significa? quiere decir que el agua deja de ser agua por un tiempo a fin de poder subir y mantenerse arriba. Comprendo. Entonces, ¿cómo vuelve a bajar? pues, sucede la condensación. ¿eso qué es? el agua comienza a volver a convertirse en agua por medio de juntar pequeñas partículas de polvo de un ancho entre 0,00001 y 0001 centímetros.

¿Y qué de la sal? ¿sal? sí, el mar mediterráneo tiene agua salada. Eso mataría los cultivos. ¿Y qué de la sal? pues, la sal ha sido quitada. Oh. ¿así que el cielo levanta mil millones de libras de agua del mar, le quita la sal, lleva el agua (o lo que sea, cuando ya no es agua) por trescientas millas y luego la arroja? (ahora nuevamente como agua) sobre la granja?

Bueno, no la arroja. Si arrojara un mil millones de libras de agua sobre la granja, aplastaría el trigo. Así que el cielo deja caer los mil millones de libras de agua en gotitas. Y tienen que ser lo suficientemente grandes como para caer una distancia de mas o menos una milla sin evaporarse, y lo suficientemente pequeñas como para no aplastar los tallos de trigo.

¿Cómo es que todas estas partículas de agua que pesan mil millones de libras se hacen lo suficientemente pesadas como para caer (si es que cabe la pregunta)? Pues, se debe a la fusión. ¿Qué es eso? significa que las partículas de agua empiezan a chocar entre sí y a unirse y a hacerse más grandes, y cuando son lo suficientemente grandes, caen. ¿Simplemente así? bueno, no exactamente, porque rebotarían al chocar en lugar de unirse si no hubiera presente un campo eléctrico. ¿Qué? no se preocupe. Créame que es como le digo.

Me parece que, en cambio, simplemente creeré lo que dijo Job. Todavía no entiendo porque las gotas llegan al suelo, porque si empezarán a caer en cuanto son más pesadas que el aire, serían demasiado pequeñas y se evaporarían antes de llegar a la tierra. Pero si esperan para caer, ¿qué las sostiene en el aire hasta que son lo suficientemente grandes como para no evaporarse? sí, estoy seguro que hay una palabra que también describe este detalle. Pero estoy satisfecho ahora que, sea cual fuere esa palabra, esta es una cosa grande e inescrutable que Dios ha hecho. Creo que debería estar agradecido mucho más agradecido de lo que estoy.

 

 

Tomada del libro “A Godward Life” (Una Vida centrada en Dios) 

Tomo 2, página 28  Multnomah Publisher Inc.

 

 

Comentario Matthew Henry Oseas

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Oseas

Matthew Henry

Por ser el primero entre los mejores en cuanto a utilidad, estamos obligados a mencionar a aquel cuyo nombre es ya una palabra cotidiana: MATTHEW HENRY. Es sumamente piadoso y conciso, sólido y sensato, sugerente y sobrio, sucinto y de confianza. Encontraréis que resplandece con metáforas, es rico en analogías, rebosa de ilustraciones y abunda en reflexiones. Se deleita en las aposiciones y las aliteraciones, pero su estilo es, por lo general, sencillo, evocador y lleno de contenido. Ve el sentido del texto directamente y ofrece el resultado de un minucioso conocimiento crítico de los originales a la altura de los mejores críticos de su época. Es profundamente espiritual, celestial y beneficioso, encuentra el contenido de cada texto y de todos ellos extrae lecciones enormemente prácticas y acertadas. El suyo es un tipo de comentario que debe colocarse donde lo vi en la antigua casa de reunión en Chester: encadenado en el vestíbulo para que cualquier persona pudiera leerlo. Es el comentario del hombre de a pie, el viejo compañero del cristiano, adecuado para cualquiera, instructivo para todos.

Todo pastor debería leer a Matthew Henry de forma completa y cuidadosa al menos una vez. Recomiendo que lo hagas en los doce meses posteriores a terminar el seminario. Comienza por el principio, y proponte atravesar la tierra desde Dan hasta Beerseba. Adquirirás una enorme provisión para tus sermones si lo lees con un cuaderno a mano; los pensamientos revolotearán a tu alrededor como golondrinas que trinan alrededor de un tejado a la llegada del otoño. Si expones públicamente el capítulo que has estado leyendo, tu congregación se asombrará por la novedad de tus observaciones y la profundidad de tus pensamientos, y entonces podrás decirles qué gran tesoro es Henry.

C.H. Spurgeon

Editorial Peregrino presenta esta nueva y fiel traducción, en varios tomos, con el deseo de que una nueva generación de pastores y creyentes descubra al «príncipe de los comentaristas» que es Matthew Henry.

 

283 pp. Rústica (Editorial Peregrino, 2016)

Ref. 001253 – 12,00 €

La Clave del Éxito Ministerial de C.H. Spurgeon

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La Clave del Éxito Ministerial de C.H. Spurgeon

Bob Penhearow

 

Tomando a Charles Haddon Spurgeon como modelo, este libro analiza cómo la espiritualidad personal de un pastor está ligada a su éxito y fidelidad en el ministerio. Debido a que el legado puritano y calvinista recibido por Spurgeon sirvió en gran manera para modelar su vida y ministerio, este libro analiza en detalle los escritos de tres predicadores y escritores que influyeron en él de manera esencial: John Bunyan, John Gill y Andrew Fuller.

A pesar de las reticencias que muchos podamos tener con respecto a la palabra «éxito», el autor la define cuidadosamente, no en los términos en que el mundo la entiende, sino en términos espirituales de fidelidad a Dios y de llevar fruto para él. En ese sentido, La clave del éxito ministeral de C. H. Spurgeon transmite a las personas dedicadas al ministerio el reto de buscar más cercanía y comunión con el Señor antes de esperar ser usados por él y bendecidos en su labor.

La fidelidad y el caminar íntimo de Spurgeon con Dios apoyaron su predicación, enseñanza y escritos, que siguen siendo de bendición casi dos siglos después, al tiempo que le impulsaron a establecer una gran cantidad de organizaciones y sociedades para mitigar la pobreza, ayudar a gente con adicciones y proveer casa para los huérfanos.

 

Acerca del autor

Bob Penhearow nació en Londres, Inglaterra. Conoció al Señor a la edad de veinticinco años. Su iglesia reconoció la mano de Dios sobre él y lo apartó para el ministerio. Bob fue ordenado en 1986, después de haber estudiado un máster en Teología en el Seminario Bautista de Toronto. Desde entonces ha completado el doctorado en Ministerio pastoral en el Seminario Faith, en Tacoma (1996), y el doctorado en Ministerio pastoral en el Seminario Teológico Knox, en Florida (2003). Es el fundador de Carey Outreach Ministries —un ministerio internacional de capacitación de líderes espirituales—, de la Escuela de Teología William Carey, del Centro de Estudios Spurgeon y del ministerio internacional Glory Grace, que ayuda a huérfanos, viudas y personas enfermas a través de la ayuda humanitaria y de la proclamación del evangelio. Junto a su esposa, Dorothy, tiene cuatro hijos, y actualmente sirve como pastor de la iglesia Grace Community Church en Ontario, Canadá

 187 pp. Rústica (Editorial Peregrino, 2016)

Ref. 001250 – 12,00 €

Lámpara a mis pies II: Juan – Romanos

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Lámpara a mis pies II: Juan – Romanos

Den Admirant Pieter J.

 

Este comentario bíblico es el segundo de una serie que abarcará todo el Nuevo Testamento. A través de su lenguaje, contenido, y estructura sencillos, anhela estar al alcance de cualquier miembro de la iglesia. Sin embargo, también pretende ayudar a maestros, pastores y predicadores dedicados a la preparación de estudios bíblicos o sermones.

El comentario se divide en pequeñas secciones en las que se analiza e interpreta el texto bíblico y, tras cada sección, se destacan las ideas más importantes a modo de resumen. El enfoque es tanto exegético como de aplicación: al análisis de cada capítulo le sigue un apartado donde el autor propone pautas para aplicar lo aprendido en la vida del creyente y en el contexto de nuestra sociedad actual. Así, sobre la base de la explicación del texto y de las propuestas de aplicación, cada lector puede volver a reflexionar acerca del texto bíblico según sus situaciones particulares.

Este comentario nace en el contexto de un trabajo misionero que realicé junto a mi familia en Chile hace algunos años; allí serví como pastor en la Iglesia Presbiteriana Nacional de Chile. Después de un tiempo en este país me di cuenta de que los líderes, entre los que se encontraban muchos laicos, tenían que predicar todos los domingos y hacer estudios bíblicos para la escuela dominical sin mucho tiempo ni preparación y, a veces, sin contar con las herramientas básicas para abordar el texto de una manera más responsable“. Rev. Pieter J. Den Admirant.

344 pp. Rústica (Peregrino, 2016) 

Ref. 001249 – 13,00 €

David Platt (Together for the Gospel 2016)

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David Platt

David Platt es un pastor Estadounidense, actualmente es el pastor principal en “The Church at Brook Hills” en Birmingham, Alabama, y también es autor del Bestseller del New York Times “Radical: Volvamos A las Raíces de la Fe”, posteriormente Platt publicó una secuela, “Radical Together: Unleashing the People of God for the Purpose of God” en abril de 2011.

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

John F. MacArthur (Together for the Gospel 2016)

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John MacArthur

19 de junio de 1939 (edad 77), Los Ángeles, California, Estados Unidos.

Pastor y escritor estadounidense es el pastor -Teacher de Grace Community Church en Los Ángeles, California desde febrero 9, 1969 y actualmente es el presidente de la universidad de la Maestría en Newhall, California y el Seminario de la Maestría en Los Ángeles, California.

Teológicamente, MacArthur se considera un calvinista , y un fuerte defensor de la predicación expositiva . Ha sido reconocido por la revista Christianity Today como uno de los predicadores más influyentes de su tiempo.

MacArthur autor o editor de más de 150 libros como la Biblia de Estudio MacArthur del que ha vendido más de 1 millón de copias y recibió un premio de oro medallón. Otros libros vendidos incluyen su Comentario MacArthur del Nuevo Testamento (más de 1 millón de copias), Doce hombres ordinarios, (más de 500.000 copias), Algunos de ellos a la venta en Televenta EP.

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

Sugel Michelén (PxE)

Pasión por el evangelio (PxE) es un movimiento evangélico interdenominacional que nace del anhelo de un grupo de pastores de España comprometidos con lo principal: el evangelio de Jesucristo.

El evangelio es la buena noticia, ¡la asombrosa noticia!, acerca de Jesús, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, y sobre cómo nosotros, los pecadores, podemos ser salvados por él y cumplir nuestro fin principal: glorificar a Dios y gozar de él para siempre.

Cristo y su obra en la Cruz siempre han estado en el centro de la proclamación evangélica. Sin embargo, el evangelio ha sido tergiversado, malentendido e incluso marginado, dentro y fuera de las iglesias. Por ello, PxE busca promover un entendimiento bíblico del evangelio, recuperar una visión cristocéntrica, y entusiasmar a la iglesia con la misión de transmitir fielmente la buena noticia a este mundo perdido.

Con este fin, PxE celebrará su primera conferencia nacional, del 28 al 29 de octubre, en el Auditorio Betel de Madrid y contará con el pastor Sugel Michelén (República Dominicana) como expositor principal, junto con la participación de panelistas como Andrés Birch, David Barceló, José de Segovia, Will Graham y David Rivero, entre otros.

La conferencia está principalmente enfocada a líderes de la iglesia (presentes y futuros) en un sentido amplio. Pastores, ancianos, predicadores, misioneros, plantadores, estudiantes de seminario y creyentes en general (hombres y mujeres), de toda España, compartirán dos días intensos de compañerismo y enseñanza en torno a la Palabra de Dios.

Las inscripciones permanecerán abiertas hasta el 30 de septiembre.

Tenemos una pasión: el evangelio. ¡Únete!

Thabiti Anyabwile (Together for the Gospel 2016)

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Thabiti Anyabwile

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

Thabiti Anyabwile es uno de los pastores de ARC. Se ha desempeñado como anciano y pastor de iglesias en Carolina del Norte, DC y las Islas Caimán. Al cabo de unos años como un musulmán practicante, Thabiti fue convertido bajo la predicación del Evangelio en el área de Washington DC. Él y su esposa, Kristie, tienen tres hijos. Thabiti es el autor de varios libros, incluyendo la vida de Dios en el alma de la Iglesia, el Evangelio para los musulmanes; ¿Qué es un miembro de iglesia saludable?; El Predicador Fiel.

Kevin DeYoung (Together for the Gospel 2016)

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Kevin DeYoung

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

Kevin DeYoung ha sido el pastor principal de la Iglesia Reformada Universidad desde agosto de 2004. Sus tres principales responsabilidades incluyen la predicación, liderazgo y administración.

Kevin nació fuera de Chicago en South Holland, Illinois y de tercer grado en adelante, se crió en Jenison, Michigan. Asistió Hope College y el Seminario Teológico Gordon-Conwell. Antes de servir al URC, Kevin era el pastor asociado en la Primera Iglesia Reformada en Orange City, Iowa. Kevin y su encantadora esposa, Trisha, tienen seis hijos: Ian, Jacob, Elizabeth, Pablo, María y Benjamín.

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, ya nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.” (2 Corintios 4: 5)

 

Matt Chandler (Together for the Gospel 2016)

 

Matt Chandler
Matt Chandler

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

Matt Chandler (nacido el 20 de junio de 1974) es el pastor principal de enseñanza en The Village Church, una iglesia Bautista del Sur en Flower Mound, Texas, y presidente de Acts 29 Network. Desde octubre de 2012, Chandler ha estado entre los cinco primeros podcasts en iTunes. Sul primer libro, en coautoría con Jared Wilson, «El evangelio explícito», fue lanzado en 2012. En él se explica lo que es el evangelio y cuan incomprendido ha sido.

Ligon Duncan (Together for the Gospel 2016)

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Ligon Duncan

Cita extraida de la Conferencia Together for the Gospel 2016

Duncan es originario de Greenville, Carolina del Sur . Su padre era anciano en Iglesia Presbiteriana. Duncan se graduó de Greenville Senior High School en 1979 y en la Universidad de Furman en 1983 (BA, Historia). Continuó sus estudios en el Seminario Teológico Pacto con un MDiv en 1986 y una maestría en teología histórica en 1987. Cursó estudios de doctorado en teología en la Universidad de Edimburgo , New college en 1995.

Sirvió en la Covenant Presbyterian Church, St. Louis, (1984-1987). Él tenía tenía permiso para predicar en 1985 por el Presbiterio del Calvario (PCA) en Carolina del Sur, y fue ordenado en 1990.

En el verano de 1990, Duncan se unió a la facultad del Seminario Teológico Reformado (RTS), Jackson, Mississippi, como el Presidente John R. Richardson de Teología Sistemática. Al mismo tiempo se desempeñó como pastor asistente del Trinity Presbyterian Church, Jackson, Mississippi (1990-1995), y pastor interino en la Primera Iglesia Presbiteriana, Yazoo City, Mississippi (1993).

A partir del 1 enero de 2014, Duncan renunció a su cargo como Ministro Sr. en la Primera Iglesia Presbiteriana, Jackson, MS, y asumió el papel de rector Seminario Teológico Reformado.

Libros Recomendados desde C222

Desde el Curso C222 Javier Pérez nos recomienda estos textos.

KIT LIBROS RECOMENDADOS
El fundamento apostólico  |  Los Tres son Uno | Responsables ante el Dios soberano

 

El fundamento apostólico
José Grau

¿Cómo podemos estar seguros de tener los libros correctos en el Nuevo Testamento? ¿Por qué hay solamente veintisiete? ¿Cuándo, cómo y por qué se reconocieron esos libros como inspirados, y no más ni menos? Estas son preguntas que todos nos hemos hecho en alguna ocasión y que José Grau responde magistralmente a la luz de las aportaciones de importantes maestros del pensamiento evangélico, a los que el autor manifiesta su deuda de gratitud.

Acerca de esta obra dice su autor: “Creemos no exagerar al decir que el presente estudio es de una apremiante necesidad en nuestra época cuando, en justificada oposición y reacción a toda suerte de totalitarismos ideológicos y de otra laya, se ha llegado casi al punto de poner en duda la legitimidad de toda autoridad, olvidando lo que dijo P. T. Forsyth: “Solo una cosa es mas grande que la libertad, la autoridad legítima, sobre todo en materia religiosa”.

El 5 de junio de 2010, tuvo lugar un emotivo acto de reconocimiento de José Grau como Doctor Honoris Causa por la Facultad de Teología de Aix-en-Provence (Francia). La publicación de este libro es, en parte, la particular aportación de Editorial Peregrino a dicho reconocimiento.

Los Tres son Uno
Stuart Olyott

¿Tienes problemas para entender lo que la Biblia enseña acerca de la Trinidad, o has tratado de responder a aquellos que no creen que Jesucristo es Dios y que niegan que el único Dios es tres, y que hay tres que son Dios? ¿Es posible que tengan razón? ¿Cómo podemos responderles?

En esta obra Stuart Olyott muestra que lo que llamamos “la doctrina de la Trinidad” se enseña claramente en la Biblia, y que es el fundamento para una verdadera comprensión del Evangelio. El libro está escrito en un lenguaje directo, fácil de entender para cualquier lector. Si bien demuestra el error de las sectas modernas, su principal propósito es conducirnos a una mejor comprensión de lo que Dios ha revelado de Sí Mismo.

Responsables ante el Dios soberano
Robert Sheehan

Este libro tiene dos méritos indudables, por un lado, está escrito con un estilo sencillo y claro. La sencillez y la claridad son las características más importantes del estilo de Robert Sheehan y este libro no es ninguna excepción. Estas dos cualidades –la sencillez y la claridad– son siempre importantes a la hora de tratar cualquier tema bíblico. Pero son aún, si cabe, más importantes al tratar un tema tan difícil como el de la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre. Además el autor consigue que su sencillez no esté reñida, como tantas veces ocurre, con la profundidad de su enseñanza.

El otro mérito indudable de este libro radica, precisamente, en su contenido. No se expone la doctrina de la soberanía de Dios o la doctrina de la responsabilidad del hombre sino que se exponen ambas a la vez, la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre. Tratar ambas enseñanzas a la vez tiene la virtud inestimable de evitar, en lo posible, el desequilibrio al abordar estas enseñanzas bíblicas, en el que se puede caer, y se cae frecuentemente, de recalcar la soberanía de Dios hasta el punto de negar la responsabilidad humana o de recalcar tanto la responsabilidad del hombre que relegamos la soberanía de Dios.

Oferta Recomendada

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Después de las Tinieblas; La Luz

John Stephen Piper Nacido el 11 de enero de 1946, Tennessee, Estados Unidos es un predicador, evangelista, autor, escritor Calvinista y sirvió como pastor en la iglesia Bautista de Bethlehem en Minneapolis, Minnesota durante 33 años.

Post Tenebras lux es una frase latina traducida como la luz después de la oscuridad. Aparece como post tenebras spero lucem ( “Después de oscuridad, espero que para la luz”) en la Vulgata versión de Job17:12.

Post Tenebras Lux en el sello del cantón de Ginebra .
La frase llegó a ser adoptado como el lema calvinista, que posteriormente fue adoptado como lema de toda la reforma protestante . Es utilizado por Juan Calvino. Como muestra de su papel en el movimiento calvinista, el lema está grabado en el Muro de los Reformadores , en Ginebra.

Comentario Matthew Henry Joel, Amos y Abdías

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Joel, Amos y Abdías

Matthew Henry

Por ser el primero entre los mejores en cuanto a utilidad, estamos obligados a mencionar a aquel cuyo nombre es ya una palabra cotidiana: MATTHEW HENRY. Es sumamente piadoso y conciso, sólido y sensato, sugerente y sobrio, sucinto y de confianza. Encontraréis que resplandece con metáforas, es rico en analogías, rebosa de ilustraciones y abunda en reflexiones. Se deleita en las aposiciones y las aliteraciones, pero su estilo es, por lo general, sencillo, evocador y lleno de contenido. Ve el sentido del texto directamente y ofrece el resultado de un minucioso conocimiento crítico de los originales a la altura de los mejores críticos de su época. Es profundamente espiritual, celestial y beneficioso, encuentra el contenido de cada texto y de todos ellos extrae lecciones enormemente prácticas y acertadas. El suyo es un tipo de comentario que debe colocarse donde lo vi en la antigua casa de reunión en Chester: encadenado en el vestíbulo para que cualquier persona pudiera leerlo. Es el comentario del hombre de a pie, el viejo compañero del cristiano, adecuado para cualquiera, instructivo para todos.

Todo pastor debería leer a Matthew Henry de forma completa y cuidadosa al menos una vez. Recomiendo que lo hagas en los doce meses posteriores a terminar el seminario. Comienza por el principio, y proponte atravesar la tierra desde Dan hasta Beerseba. Adquirirás una enorme provisión para tus sermones si lo lees con un cuaderno a mano; los pensamientos revolotearán a tu alrededor como golondrinas que trinan alrededor de un tejado a la llegada del otoño. Si expones públicamente el capítulo que has estado leyendo, tu congregación se asombrará por la novedad de tus observaciones y la profundidad de tus pensamientos, y entonces podrás decirles qué gran tesoro es Henry.

C.H. Spurgeon

Editorial Peregrino presenta esta nueva y fiel traducción, en varios tomos, con el deseo de que una nueva generación de pastores y creyentes descubra al «príncipe de los comentaristas» que es Matthew Henry.

 

251 pp. Rústica (Peregrino, 2016)

Ref. 001258 – 11,00 €

 

Memoria de Cenizas La Herejía Protestante en la Sevilla del Quinientos

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Memoria de Cenizas
La Herejía Protestante en la Sevilla del Quinientos
Eva Díaz Pérez

La historia aún guarda episodios poco conocidos como la trágica crónica de los erasmistas españoles, pero si hay un tema ignorado quizás de forma deliberada es el de la Andalucía de la Reforma , territorio novelesco casi virgen. Memoria de cenizas relata los sucesos ocurridos a mediados del siglo XVI en Sevilla cuando se descubre la existencia de un foco erasmista formado por nobles, doctos eclesiásticos y la comunidad de clérigos del Monasterio de San Isidoro del Campo, situado a las afueras de la ciudad, junto a las ruinas de Itálica. Tres terribles autos de fe crearon el terror en la ciudad mercenaria y opulenta, sagrada y sacrílega, dominada por tres procesiones: la de la plata de las Indias, la de la exuberancia de los ídolos del Corpus de la Contrarreforma y la de las comitivas de herejes al quemadero. A pesar de las persecuciones del Santo Oficio, varios monjes lograron huir a la Europa reformada, entre ellos los clérigos que luego traducirán la famosa Biblia del Oso, primera versión completa al castellano de los libros sagrados y obra condenada por la Inquisición. También entre los luteranos, anglicanos y calvinistas estos personajes olvidados por la historia oficial fueron perseguidos pos su humanismo heterodoxo, por pensar y atreverse a leer lo prohibido, por seguir el espíritu de su tiempo: el Renacimiento clásico en la época de las intolerancias religiosas.

312 pp. Rústica (2ª edición revisada)

Ref. 00 – 18,00 €