Eduque a los niños para Cristo 2

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2. Cualidades intelectuales. Es error de algunos pensar que cualidades mediocres bastan para “la obra de Cristo”. ¿Han de contentarse los cristianos con éstas en los negocios del reino del Redentor, cuando los hombres del mundo no las aceptan en sus negocios? Tenga cuidado en pervertir su dependencia de la ayuda divina, confiando que la calidez de su corazón compense su falta de conocimiento. El mandato: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu mente” se aplica tanto a la obra del Señor como al amor a él. Su hijo necesita una mente bien equilibrada y cultivada, tanto como necesita un corazón piadoso. No permita que sus anhelos por hacer el bien, se vean frustrados debido a su negligencia en ofrecerle una educación intelectual. No estamos diciendo que envíe a todos sus hijos a la universidad y a todas sus hijas a academias para señoritas, sino que los prepare para hacer frente a las mentalidades bajo el dominio del pecado en cualquier parte; provistos de cualidades intelectuales nada despreciables.

3. Cualidades relacionadas con la constitución física. Los intereses de la religión han sufrido ya bastante por el quebrantamiento físico y la muerte prematura de jóvenes que prometían mucho. No dedique un hijo débil, enfermizo al ministerio porque no es lo suficientemente robusto como para tener un empleo o profesión secular. Nadie necesita una salud de hierro más que los pastores y misioneros. “Si ofrecen los cojos y enfermos en sacrificio, ¿no es esto perverso?”. Usted tiene una hija a quien la Providencia puede llamar a los sacrificios de la vida misionera. No la críe dándole todos los caprichos, ni la deje caer en hábitos y modas que dañan la salud, ni que llegue a ser una mujer “sensible y delicada, que por su delicadeza y sensibilidad no se aventura a poner su pie en el suelo”, que queda librada a una sensibilidad morbosa o a un temperamento nervioso lleno de altibajos. ¿Se contentaría con dar semejante ofrenda al Rey de Sión? ¿Sería una bondad para con ella, quien puede ser llamada a sufrir mucho y a quien le faltará la capacidad de resistencia, al igual que de acción que puede ser adquirida por medio de una buena educación física? No; dedique “a Cristo y la iglesia” sus “jóvenes que son fuertes” y sus hijas preparadas para ser compañeras de los tales en las obras y los sufrimientos en nombre de Cristo.

Hasta aquí las cualidades. Hablaremos ahora más particularmente de los DEBERES DE LOS PADRES en educar a sus hijos e hijas para la obra de Cristo.

1. Ore mucho, con respecto a la gran obra que tiene entre manos. “¿Quién es suficiente para estas cosas?”, se pregunta usted. Pero Dios dice: “Bástate mi gracia”. Manténgase cerca del trono de gracia con el peso de este importante asunto sobre su espíritu. La mitad de su trabajo ha de hacerlo en su cámara de oración. Si falla allí, fallará en todo lo que hace fuera de ella. Tiene que contar con sabiduría de lo Alto para poder formar siervos para el Altísimo. Esté en comunión con Dios respecto al caso particular de cada uno de sus hijos. Al hacerlo, obtendrá perspectivas de su deber que nunca podría haber obtenido por medio de la sabiduría humana y sentirá motivos que en ninguna otra parte se apreciarían debidamente. Sin duda, en el día final se revelarán las transacciones de padres de familia cristianos con Dios, con respecto a sus hijos, que explicarán gozosamente el secreto de su devoción y de lo útiles que fueron. Se sabrá entonces más de lo que se puede saber ahora, especialmente en cuanto a las oraciones de las madres. La madre de Mill realizaba algunos ejercicios peculiares en su cámara de oración, respecto a él, lo cual ayuda a entender su vida tan útil. Uno de nuestros periódicos religiosos consigna el dato interesante de que “de ciento veinte alumnos en unos de nuestros seminarios teológicos, cien eran el fruto de las oraciones de una madre y fueron guiados al Salvador por los consejos de una madre”. Vea lo que puede lograr la oración. “Sea constante en la oración”.

2. Cultive una tierna sensibilidad hacia su responsabilidad como padre. Dios lo hace responsable por el carácter de sus hijos con relación a su fidelidad en usar los dones que le ha dado. Usted ha de rendir cuentas” en el día del juicio por lo que hace o no hace, para formar correctamente el carácter de sus hijos. Puede educarlos de tal manera que, por la gracia santificadora de Dios, sean los instrumentos para salvación de cientos, sí, de miles, o que por descuidarlos, cientos, miles se pierdan y la sangre de ellos esté en sus manos. No puede usted deslindarse de esta responsabilidad. Debe actuar bajo ella y encontrarse con ella “en el juicio”. Recuerde esto con un temor piadoso, a la vez que “exhórtese en el nombre del Señor”. Si es fiel en su cámara de oración y en hacer lo que allí reconoce como su deber, encontrará la gracia para sostenerlo. Y el pensamiento será delicioso al igual que solemne: “Se me permite enseñar a estos inmortales a glorificar a Dios por medio de la salvación de las almas”.

3. Tenga usted mismo un espíritu devoto. Su alma debe estar sana y debe prosperar; debe arder con amor a Cristo y su reino, y todas sus enseñanzas tienen que ser avaladas por un ejemplo piadoso, si es que a de guiar a sus hijos a vivir devotamente. Alguien le preguntó al padre de numerosos hijos, la mayoría de ellos consagrados al Señor: ¿Qué medios ha usado con sus hijos?

He procurado vivir de tal manera, que les mostrara que mi propio gran propósito es ir al cielo y llevármelos conmigo.

Continuará …

Edward William Hooker (1794–1875) nació en Goshen, Connecticut. Él era un descendiente de Thomas Hooker. Fue educado en el Middlebury College y en el Seminario Teológico Andover. Fue pastor en la Iglesia de la Congregación Green’s Farm, Connecticut, 1821-1829; Primera Iglesia Congregacional en Bennington, Vermont, 1832-1844; Fideicomisario de Middlebury College, 1834-1844; Profesor de retórica e historia eclesiástica en el Seminario Teológico de East Windsor, 1844-1848; Ministrado en South Windsor, Connecticut, 1849-1856; y Fair Haven, Vermont 1856-1862.

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La necesidad de reformar la iglesia según Juan Calvino 6

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Por último, Calvino pasa revista a los defectos del gobierno eclesiástico. Afirma resueltamente que el “oficio pastoral mismo, tal como Cristo lo instituyó, por mucho tiempo desapareció”. Lo que constituye el ministerio pastoral es la enseñanza y predicación de la Palabra de Dios. Pues difícilmente uno entre cien obispos —dice Calvino— subía al púlpito para enseñar, habiendo degenerado los obispos en príncipes seculares. Su vida estaba llena de lujos, entretenimientos, bailes, cazas, eran dados a la avaricia, a la rapiña y a los desenfrenos sexuales, que se extendía a toda la orden ministerial gracias a la desgraciada imposición del celibato forzoso del clero. Los ministros, en vez de haber sido elegidos de acuerdo con las normas de la Escritura y de los concilios antiguos, habían sido comprados por dinero.

Al leer todo esto, alguien podría decir hoy: Calvino exagera diciendo todo esto. Bien, pues si todo esto no fuera cierto, y no fuera evidente para todos, sería una muy pobre defensa la de Calvino ante el emperador, ¿verdad?

Pero hay una cosa más que Calvino dice acerca del gobierno eclesiástico que nos sorprenderá tratándose de la Iglesia de aquella época, porque nos resultará, a nosotros los evangélicos, extrañamente actual. Cito: “Sin embargo, ahora los que quieren ser tenidos por gobernantes de la Iglesia se arrogan a sí mismos una libertad para hablar cualquier cosa que les agrade, e insisten que tan pronto como ellos han hablado deben ser obedecidos sin ninguna consideración. Se afirmará que esto es una calumnia, y que el único derecho que ellos asumen es ratificar por su propia autoridad lo que el Espíritu Santo ha revelado”.

Es decir, los gobernantes se arrogaban el ser “oráculos del Espíritu Santo” en afirmaciones fuera del terreno de la revelación de la Escritura. De esta manera, concluye Calvino, “no habrá límites a su autoridad”.

c) La Reforma de los males

La Reforma protestante, por tanto, se presentaba como el remedio a tales males. Y Calvino encabeza su listado de reformas hablando de la Confesión de Fe que los protestantes esgrimían. Imaginémonos por un momento la situación en la que Calvino intentaba no solo abogar por la Reforma ante el emperador, sino que incluso él la abrazara y que él adelantara su causa. Bien, pues el emperador perfectamente podría decir: “¿De qué habláis? ¿Y quiénes sois vosotros?”.

Vemos, por tanto, la importancia para la Reforma de la Confesión de Fe, así como del mantenimiento del principio del ministerio pastoral en la Iglesia. Ambas cosas son las que identifican y sitúan la Reforma ante todos. La Confesión de Fe es la expresión pública de la doctrina predicada en la Iglesia. Igualmente ocurre con el ministerio pastoral. La Reforma fue llevada a cabo por pastores de iglesias. Por tanto, todo esto no era algo oculto o reservado, todos lo podían examinar debidamente.

Los males eran los que hemos citado, y en los territorios protestantes habían sido remediados de una manera clara y evidente. Todos lo podían ver, todos lo podían comprobar. ¿No es mucho mejor—pregunto yo, no Calvino— este tipo de Reforma que el tipo de negociaciones entre bastidores, tendentes al cambio progresivo, al acuerdo y el compromiso no solo entre distintas facciones, sino más aún entre la verdad y el error, entre la autoridad de Dios y la usurpación de su autoridad por los hombres, entre la virtud cristiana y el pecado y la perversión?

d) La urgencia de la Reforma

En definitiva, el tratado de Calvino hace un tratamiento exhaustivo de todas estas razones o motivos de Reforma, de las cuales ahora en esta conferencia solo podemos hacer brevemente mención. En todo caso, lo visto hasta ahora basta para confirmar lo que hemos dicho al inicio, es decir, que la Reforma no se hizo para una hipotética emancipación del creyente individual frente a la férrea y dogmática Iglesia. La Reforma se hizo, precisamente, para reformar la Iglesia. Parece una banalidad recordarlo, pero no lo es. Lo otro, el discurso contemporáneo, es precisamente el de la no-Reforma.

¿Por qué los Reformadores, pues, tomaron para sí la responsabilidad de emprender la Reforma? Sin ella, su vida habría sido sin duda más tranquila, podrían haber vivido más años y con más salud, habrían optado a los lugares más prestigiosos de su tiempo, y de esta manera, de haber pasado a la historia, lo habrían hecho como hombres más simpáticos y tolerantes. ¿Qué es lo que les movió a un combate semejante que marcaría definitivamente sus vidas?

Pues simplemente, el celo por la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Sin este celo por el Señor —dice Calvino— se es peor que los paganos, pues ellos lo tienen por sus divinidades falsas. Pero peor aún: sigue diciendo Calvino que los perros ladrarán si ven a su amo ser atacado, ¿y hemos de callar nosotros si vemos el sagrado nombre de Dios deshonrado?”

Es indudable que Calvino tenía este celo por el Señor y lo expresaba de manera memorable. Cito sus palabras: “Hay algo de engañoso en el nombre de moderación y la tolerancia es una cualidad que tiene una apariencia justa y parece digna de elogio; pero la regla que debemos observar en todo lo que está en juego es esta: nunca soportar con paciencia que el nombre sagrado de Dios sea atacado con blasfemias impías; que su verdad eterna sea suprimida por las mentiras del diablo; que Cristo sea insultado, sus misterios sacrosantos contaminados, las infelices almas cruelmente destruidas, y la Iglesia se retuerza en agonía bajo los efectos de una herida mortal. Esto sería no mansedumbre, sino una indiferencia sobre cosas a las cuales todas las demás deberían posponerse”.

Continuará …

Eduque a los niños para Cristo 1

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A Iglesia del Señor Jesucristo fue instituida en este mundo pecador para procurar su conversión. Hace mil ochocientos años recibió el mandato: “Predicad el evangelio a toda criatura”. Debe su tiempo, talentos y recursos a su Señor, para cumplir su propósito. No obstante, “todo el mundo está puesto en maldad”. Pocos, comparativamente hablando, han oído “el nombre de Jesús”; “que hay un Espíritu Santo” o que existe un Dios que gobierna en la tierra.

En esta condición moral que afecta a este mundo, los amigos de Cristo han de considerar seriamente las preguntas: “¿No tenemos algo más que hacer? ¿No hay algún gran deber que hemos pasado por alto; algún pacto que hemos hecho con nuestro Señor, que no hemos cumplido?”. Encontramos la respuesta si observamos a los hijos de padres cristianos, quienes han profesado dedicar todo a Dios pero que, mayormente, han descuidado educar a sus hijos con el propósito expreso de servir a Cristo en la extensión de su reino. Dijo cierta madre cristiana, cuyo corazón está profundamente interesado en este tema: “Me temo que muchos de nosotros pensamos que nuestro deber parental se limita a labores en pro de la salvación de nuestros hijos; que hemos orado por ellos sólo que sean salvos; los hemos instruido sólo para que sean salvos”. Pero si ardiera en nuestro corazón, como una flama inextinguible, el anhelo ferviente por la gloria de nuestro Redentor y por la salvación de las almas, las oraciones más sinceras desde su nacimiento serían que, no sólo ellos mismos sean salvos, sino que fueran instrumentos usados para salvar a otros.

En lo que respecta al servicio de Cristo, parece ser que consiste en llegar a ser creyente, profesar la religión, cuidar el alma de uno mismo, mantener una buena reputación en la iglesia, querer lo mejor para la causa de Cristo, ofrendar cuanto sea conveniente para su extensión y, al final, dejar piadosamente este mundo y ser feliz en el cielo. De este modo, “pasa una generación y viene otra” para vivir y morir de la misma manera. Y realmente la tierra “permanece para siempre” y la masa de su población sigue en ruinas, si los cristianos siguen viviendo así.

Existe pues, la necesidad de apelar a los PADRES DE FAMILIA CRISTIANOS, en vista de la actual condición del mundo. Usted da sus oraciones y una porción de su dinero. Pero, como dijera la creyente ya citada: “¿Qué padre cariñoso no ama a sus hijos más que a su dinero? ¿Y por qué no han de darse a Cristo estos tesoros vivientes?”. Este “procurar lo nuestro, no las cosas que son de Cristo” debe terminar, si es que alguna vez el mundo se convertirá. Debemos poner manos a la obra y enseñar a nuestros hijos a conducirse con fidelidad, de acuerdo con ese versículo: “por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, más para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Entiéndanos. No decimos que dedique sus hijos a la causa de la obra misionera exclusivamente o a alguna obra de beneficencia. Debe dejar su designación al “Señor de la mies”. Él les asignará sus posiciones, sean públicas o privadas; o esferas de extensa o limitada influencia, según “le parezca bien”. Su deber es realizar todo lo que incluye el requerimiento “instruye a tus hijos en la ley de Jehová” con la seguridad de que llegará el momento cuando la voz del Señor diga, con respecto a cada uno “el Señor tiene necesidad de él” y será guiado hacia esa posición en la que al Señor le placerá bendecirlo. Y si es retirada y humilde o pública y eminente, esté seguro de esto: Encontrará suficiente trabajo asignado a él y suficientes obligaciones designadas a él, como para mantenerlo de rodillas, buscando gracia para fortalecerlo y para pedir el empleo intenso y diligente de todos sus poderes mientras viva.

Por lo tanto, padres de familia cristianos, una pregunta interesante es: “¿Qué CUALIDADES prepararán mejor a nuestros hijos para ser siervos eficaces de Cristo?”. Hay muchas relacionadas con el CORAZÓN, la MENTE y la CONSTITUCIÓN FÍSICA.

Ante todo, piedad. Deben amar fervientemente a Cristo y su reino; consagrarse de corazón a su obra y estar listos para negarse a sí mismos y sacrificarse en la obra a la cual él puede llamarlos. Debe ser una piedad sobresaliente, “pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”.

Dijo una mujer, actualmente esposa de un misionero americano: “Hacer y recibir visitas, intercambiar saludos cordiales, ocuparse de la ropa, cultivar un jardín, leer libros buenos y entretenidos y, aun, asistir a reuniones religiosas para complacerme a mí misma, nada de esto me satisface. Quiero estar donde cada detalle se relacione, constantemente y sin reservas, con la eternidad. En el campo misionero espero encontrar pruebas y obstáculos nuevos e inesperados; aun así, escojo estar allí y, en lugar de pensar que es difícil sacrificar mi hogar y mi patria, siento que debo volar como un pájaro hacia aquella montaña”.

Una piedad tal que brilla y anhela vivir, trabajar y sufrir para Cristo es la primera y gran cualidad para inculcar en su hijo. Es necesario actuar eficazmente para Cristo en cualquier parte, en casa o afuera; en una esfera elevada o en una humilde. El Señor Jesús no tiene trabajo adaptado a los cristianos que viven en “un pobre estado moribundo” con el cual tantos se conforman. Es todo trabajo para aquellos que son “firmes en la gracia que es en Cristo Jesús” y están dispuestos y decididos a ser “fieles hasta la muerte”.

Continuará …

Edward William Hooker (1794–1875) nació en Goshen, Connecticut. Él era un descendiente de Thomas Hooker. Fue educado en el Middlebury College y en el Seminario Teológico Andover. Fue pastor en la Iglesia de la Congregación Green’s Farm, Connecticut, 1821-1829; Primera Iglesia Congregacional en Bennington, Vermont, 1832-1844; Fideicomisario de Middlebury College, 1834-1844; Profesor de retórica e historia eclesiástica en el Seminario Teológico de East Windsor, 1844-1848; Ministrado en South Windsor, Connecticut, 1849-1856; y Fair Haven, Vermont 1856-1862.

La necesidad de reformar la iglesia según Juan Calvino 5

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b) Los males de la Iglesia 

Comienza, así, Calvino exponiendo los males de la Iglesia primeramente en el área de la adoración. Es muy interesante, dicho sea de paso, notar el orden, pues él sitúa la adoración a Dios por delante de los males en la materia de la doctrina de la salvación. Vemos que, para Calvino y la Reforma en general, la verdadera adoración a Dios era un asunto de la mayor importancia, puesto que se trata de dar al Señor el honor y la honra debida a su nombre.

Y, en este sentido, Calvino comienza exponiendo la regla por la cual se distingue la adoración verdadera a Dios de la adoración falsa. Esta regla consiste en no adoptar “ningún artificio o invención que nos parezca apropiada, sino atender a los mandatos de aquel que solo tiene derecho en prescribir“. La verdadera adoración, por tanto, es la que Dios establece en las Sagradas Escrituras. Esto significa que los creyentes no tenemos la libertad para adorar a Dios según nuestras propias ideas ni siquiera de introducir aquellas cosas que incluso Dios no prohíbe en su Palabra. Significa, por tanto, que debemos adorar a Dios según lo que él nos ordena en las Escrituras. La Palabra de Dios es —debe ser— nuestra regla de adoración.

Por supuesto, esto excluye todas las innovaciones que los hombres han añadido a la adoración. Y Calvino enumera un buen número de ellas: la oración a los santos y a la virgen María, el uso de las imágenes, la introducción de un sinfín de ceremonias tomadas parcialmente del paganismo o el convertir la doctrina del arrepentimiento en toda una serie de ejercicios externos del cuerpo.

Pero Calvino continúa hablando de las doctrinas de la salvación, y cómo ellas habían llegado a ser también extremadamente adulteradas. Aborda así la disminución del pecado original al exaltar el libre albedrío del hombre. O también habla de la gran disputa sobre la justificación no acerca de si los cristianos debemos hacer buenas obras —que eso está fuera de toda discusión—, sino sobre si estas buenas obras cuentan en algo para que seamos justificados, o bien si lo somos exclusivamente gracias a la obra de Cristo a nuestro favor. O también Calvino habla de cómo se había perdido el sentido de la seguridad de la fe en el creyente, lo que le hacía estar en un estado de permanente incertidumbre en cuanto a la obra de la gracia de Dios en él. Todas estas cosas no son cuestiones menores. Los errores en estas áreas, y de tal magnitud, eran, según Calvino, una “herida mortal” para la Iglesia, por ellos “la Iglesia había sido traída al borde de la destrucción”.

Calvino también hace una mención especial acerca de los sacramentos. De entrada, rechaza que los sacramentos en la Iglesia fueran siete, puesto que, a excepción del Bautismo y de la Santa Cena, el resto han sido introducidos no por autoridad divina sino por autoridad humana. Además, también rechaza la concepción de su eficacia que sujeta tan-to la gracia de Dios a ellos que hace que Cristo estuviese presente en ellos: la concepción conocida como el ex opere operato.

Calvino desarrolla especialmente la Santa Cena. De manera bien significativa, afirma que se había convertido en una escena “melodramática”, en la que el sacerdote se excomulga del pueblo, separándose del resto de la asamblea, negando la copa al pueblo y hablando en una lengua que le resultaba desconocida, a saber, el latín. No solo eso, sino que se le había conferido el valor de un sacrificio expiatorio por los pecados no solo de los vivos, sino también de los muertos. O también de haber inventado la superstición de guardar el pan en un tabernáculo para ser adorado.

Continuará …

La sangre del rociamiento y los niños 4

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II. Y ahora dedicaré un momento a recordarles LA INSTITUCIÓN QUE SE RELACIONABA CON EL RECORDATORIO DE LA PASCUA.

“Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? Vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová”.

Tenemos que despertar la curiosidad de nuestros hijos. ¡Oh, que pudiéramos conseguir que formularan preguntas acerca de las cosas de Dios! Algunos preguntan a muy temprana edad, otros parecen enfermos de la misma indiferencia que los mayores. Tenemos que encarar ambas posturas. Es bueno explicar a los niños la ordenanza de la Cena del Señor porque muestra simbólicamente la muerte de Cristo. Lamento que los niños no ven esta ordenanza más a menudo. El bautismo y la Cena del Señor deberían colocarse a la vista de la nueva generación, a fin de que pudieran preguntarnos: “¿Qué rito es este vuestro?”. Ahora bien, la Cena del Señor es un sermón evangelístico perenne y enfoca, principalmente, el sacrificio por el pecado. Uno puede eliminar del púlpito la doctrina de la expiación, pero siempre vivirá en la iglesia a través de la Cena del Señor.

No se puede explicar el pan partido y la copa llena del jugo del fruto de la vid, sin hacer referencia a la muerte expiatoria de nuestro Señor. No se puede explicar “la comunión del cuerpo de Cristo” sin incluir, de una forma u otra, la muerte de Jesús en nuestro lugar. Deje pues que sus pequeños vean la Cena del Señor y explíqueles claramente lo que representa. Y si no, en la Cena del Señor –porque esa no es la cuestión en sí, sino sólo la sombra del hecho glorioso— hable mucho y frecuentemente en la presencia de ellos acerca de los sufrimientos y la muerte de nuestro Redentor. Déjelos pensar en Getsemaní, en Gabata y en el Gólgota, y déjelos aprender a cantar canciones de Aquel que dio su vida por nosotros. Cuénteles quién fue el que sufrió y por qué. Sí, aunque no me gustan algunas de las expresiones del himno, yo haría que los niños cantaran:

“Hay un cerro verde en la lejanía
sin el muro de la ciudad”.

Y les haría aprender líneas como éstas:

“Sabía Jesús lo impío que habíamos sido
y que Dios el pecado debe castigar;
La sangre del rociamiento y los niños
así que por misericordia dijo
que el castigo nuestro él habría de cargar”.

Y cuando el mejor de los temas haya captado su atención, estemos preparados para explicar el gran pacto por medio del cual, aun siendo Dios justo, los pecadores reciben justificación. Los niños pueden comprender bien la doctrina del sacrificio expiatorio; su intención fue que fuera el evangelio para los más jóvenes. El evangelio de la sustitución es una cosa simple, aunque es un misterio. No debemos descansar hasta que nuestros pequeños conozcan y confíen en el sacrificio consumado. Este es un conocimiento esencial y la clave a todas las demás enseñanzas espirituales. Conozcan la cruz nuestros hijos queridos y habrán comenzado bien. Entre todo lo que aprenden, aprendan a adquirir conocimiento sobre esto y habrán puesto bien el fundamento.

Esto requiere que usted le enseñe al niño su necesidad de un Salvador. No debe descuidar esta tarea necesaria. No alabe al niño con palabrerías engañosas diciéndole que su naturaleza es buena y que necesita desarrollarla. Dígale que debe nacer de nuevo. No lo aliente con la noción de su propia inocencia, sino muéstrele su pecado. Mencione los pecados infantiles por los cuales tiene una inclinación y ore que el Espíritu Santo obre una convicción en su corazón y su conciencia. Trate a los niños de la misma manera como trata a los adultos. Sea preciso y honesto con ellos. La religión superficial no es buena ni para el joven ni para el adulto. Estos niños y estas niñas necesitan el perdón por medio de la sangre preciosa, tanto como la necesita cualquiera de nosotros. No vacile en explicarle al niño las consecuencias; de otra manera no deseará el remedio. Cuéntele también el castigo del pecado y adviértale de su terror. Sea tierno, pero sea veraz. No esconda la verdad del joven pecador, no importa lo terrible que sea. Ahora que ha llegado a la edad en que es responsable de sus decisiones, si no cree en Cristo, le irá mal en aquel gran día. Háblele del Día del Juicio y recuérdele que tendrá que rendir cuentas por las cosas realizadas corporalmente. Trabaje para despertar la conciencia y ore que Dios el Espíritu Santo obre por intermedio suyo hasta que el corazón se ablande y la mente perciba la necesidad de la gran salvación.

Los niños necesitan aprender la doctrina de la cruz a fin de encontrar una salvación inmediata… ¡Cuántas veces he tenido el gozo de ver a niños y niñas pasar adelante para confesar su fe en Cristo! Y quiero decir nuevamente que los mejores convertidos, los convertidos más sinceros, los convertidos más inteligentes que jamás hemos tenido han sido los pequeños y, en lugar de carecer de conocimiento de la Palabra de Dios y de las doctrinas de gracia, por lo general, hemos descubierto que conocen bien las verdades cardinales de Cristo. Muchos de estos queridos niños han contado con la capacidad de hablar acerca de las cosas de Dios con gran gozo en el corazón y con la fuerza que da la comprensión… No se contenten con sembrar principios en sus mentes que posiblemente puedan desarrollar en años venideros; más bien trabajen para lograr una conversión inmediata. Esperen frutos en sus hijos mientras son niños. Oren por ellos a fin de que no se vayan al mundo y caigan en los males del pecado para luego volver con huesos rotos al Buen Pastor; sino que puedan, por la abundante gracia de Dios, evitar las sendas del destructor y criarse en el redil de Cristo, primero como corderos de su manada y luego como ovejas de su mano.

De una cosa estoy seguro y ésta es que si enseñamos a los niños la doctrina de la expiación en los términos más explícitos, nos estaremos haciendo un favor. A veces tengo la esperanza de que Dios avive su iglesia y la restaure a su fe de antaño por medio de su obra de gracia entre los niños. Si pudiéramos atraer a nuestras iglesia una gran cantidad de jóvenes, ¡cómo aceleraría la sangre perezosa de los letárgicos y soñolientos! Los niños cristianos tienden a mantener viva la casa. ¡Oh, que tuviéramos más de ellos! Si el Señor nos enseñara a enseñar a los niños nos estaríamos enseñando a nosotros mismos. No hay mejor manera de aprender que enseñando, y no sabe usted alguna cosa hasta poder enseñarla a otro. No sabe totalmente ninguna verdad hasta que no se la haya presentado a un niño de manera que la pueda ver. Cuando procura que un niño pequeño comprenda la doctrina de la expiación, usted mismo obtiene conceptos más claros y, por lo tanto, le recomiendo este ejercicio santo.

¡Qué bendición sería si nuestros hijos estuvieran firmemente cimentados en la doctrina de la redención por medio de Cristo! Si reciben advertencias contra los evangelios falsos de esta edad maligna y se les enseña a confiar en la roca eterna de la obra consumada por Cristo, podemos esperar contar con una próxima generación que mantendrá la fe y que será mejor que sus padres… Algunos les hablan a los niños diciéndoles que deben ser buenos, es decir, ¡les predican la ley a los niños aunque predicarían el evangelio a los adultos! ¿Es honesto esto? ¿Es sabio? Los niños necesitan el evangelio, todo el evangelio, el evangelio no adulterado; deben tenerlo y, si son enseñados por el Espíritu de Dios, tienen la capacidad de recibirlo como las personas de edad madura. Enseñe a los pequeños que Jesús murió, el justo por los injustos, para acercarnos a Dios… Ánimo, mis hermanos y hermanas; el Dios que ha salvado a tantos de su niños salvará a muchos más de ellos y sentiremos gran gozo…al ver a cientos que acuden a Cristo. ¡Concédelo, Dios, en nombre de Cristo! Amén.

 

Tomado del sermón “La sangre del rociamiento y los niños”.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés; nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

La necesidad de reformar la iglesia según Juan Calvino 4

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2. La necesidad de la Reforma

a) La cuestión fundamental

Hecha esta aclaración inicial, pasamos ahora a tratar el contenido del tratado de “La necesidad de la Reforma de la Iglesia”, de Juan Calvino. Como nos podemos imaginar, escribir un tratado de defensa de la Reforma evangélica dirigido al emperador no es un asunto baladí. Si alguna posibilidad de éxito podía tener este tratado, residía —además, por supuesto, de que Dios bendijera esta lectura— en el hecho de que Calvino no se expresara de una manera confusa o vaga, sino con una total claridad de ideas. De esta manera, la idea principal de este tratado nos la encontramos en su introducción misma. En ella, Calvino quiere responder a los que acusaban a los reformadores de haber iniciado algo que no tenían el derecho de hacer. Escuchando las siguientes palabras de Calvino comprenderemos este punto perfectamente: “Primero, entonces, la pregunta no es si la Iglesia trabaja con enfermedades graves y numerosas (esto es admitido aun por cualquier juez moderado), sino si las enfermedades son de un tipo que ya no admite más demora, y en cuanto a que, por consiguiente, no es útil ni apropiado aguardar resultados de remedios lentos. Se nos acusa de innovaciones precipitadas e impías, por habernos aventurado a proponer por lo menos algún cambio en el estado anterior de la Iglesia […]. Oigo que hay personas que, aun en este caso, no vacilan en condenarnos; su opinión es que ciertamente teníamos razón en desear cambios, pero no en procurarlos”.

Hasta aquí las palabras de Calvino. Podemos parafrasearlas nosotros diciendo que Calvino está presentando el gran dilema: cambios lentos o Reforma ya. Todo el mundo — dice Calvino— estaría de acuerdo en afirmar que la Iglesia estaba mal y que tenía que cambiar. Pero —dirían— hay que buscar la transición, la evolución. No ser radical, sino buscar más bien la moderación.

Esta es, todavía hoy, la gran queja contra la Reforma protestante desde el punto de vista romanista; ellos dicen: “Reforma sí, y ya se tuvo Reforma ordenada en el Concilio de Trento. Pero nunca puede haber una Reforma que atente contra la constitución de la Iglesia o su esencia misma”. ¿Y qué es, según ellos, la constitución y el ser de la Iglesia? ¿Qué es lo que hace que la Iglesia sea tal? Pues, en última instancia, el gobierno jerárquico, en cuya cúspide está el papa de Roma. Una Reforma sin su visto bueno es para ellos inaceptable, y aquí está, en el fondo, la clave del asunto.

Nosotros, como protestantes, no damos en principio validez alguna a estas pretensiones absolutistas del papado de Roma. No tienen base en la Escritura y tampoco se sostienen por la historia. Pero puestas estas acusaciones en el contexto de su época, son de una gravedad extraordinaria: según ellas, no tenían que haber buscado la Reforma abrupta, sino la gradual, guiada por el papa. De ser cierta esta acusación, los reformadores tendrían que ser vistos, ayer y hoy, como unos exaltados radicales y su obra, por tanto, debería ser desechada como cismática. Bien, ¿cuál fue la respuesta de Calvino? Pues, sencillamente, pedir que tales personas que hacen estas acusaciones “suspendan su juicio —dice—hasta que yo haya mostrado de los hechos que en nada nos hemos precipitado —no hemos procurado nada temerariamente, nada ajeno a nuestro deber— de hecho, nada hemos emprendido hasta vernos obligados por la más suprema necesidad”.

La más suprema necesidad. El tratado quiere demostrar precisamente esto. Para hacerlo, expondrá tres puntos principales, que serán los tres capítulos del libro: primero, mostrando la necesidad real que existía de Reforma. Segundo, exponiendo los remedios que la Reforma dio a tales males. En tercer y último lugar, Calvino dará respuesta a la pregunta fundamental de por qué no se podía esperar, sino que se había procedido a una Reforma inmediata.

Continuará …

 

La sangre del rociamiento y los niños 3

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Además, la sangre rociada no sólo era muy sobresaliente, sino que era muy preciada por el pueblo mismo debido al hecho de que confiaban en ella de la manera más implícita. Después de que los postes de la puerta habían sido marcados, las familias entraron a sus casas, cerraron la puerta y no la volvieron a abrir hasta la mañana. Adentro, se ocuparon de asar el cordero, preparar las hierbas amargas, ceñir sus lomos, aprontarse para la marcha, etc. Pero hicieron todo esto sin temor al peligro, aunque sabían que el
destructor andaba suelto. El mandato de Dios fue: “Ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana”. ¿Qué estaría sucediendo en la calle? No debían salir a ver. La medianoche había llegado. ¿Acaso no lo oyeron? ¡Escuchen ese grito terrible! ¡Otra vez un chillido desgarrador! ¿Qué es? La madre ansiosa pregunta: “¿Qué será?” “Y había un gran clamor en Egipto”. Los israelitas no debían hacer caso a ese clamor ni quebrantar la orden divina que los encerró por un momentito, hasta que hubiera pasado la tormenta. Quizá las personas que dudaron durante esa noche terrible habrán dicho: “Está sucediendo algo terrible. ¡Escuchen esos gritos! Escuchen el pisoteo de la gente en las calles, en su apresurado ir y venir! Quizá esto sea una conspiración para matarnos en la oscuridad de la noche”. “Ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana” fue suficiente para todos los que realmente creían. Estaban a salvo y lo sabían y, entonces, como los polluelos bajo las alas de la gallina, descansaron a salvo de todo mal. Amados, hagamos lo mismo. Honremos la sangre preciosa de Cristo, no sólo hablando valientemente de ella a los demás, sino confiando tranquila y felizmente en ella. Descansemos totalmente seguros. ¿Cree usted que Jesús murió por usted? Entonces, esté en paz.

Notemos a continuación, que el derramamiento de sangre pascual debía mantenerse como un recordatorio eterno. “Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre”. Mientras Israel siguiera siendo un pueblo, debían observar la pascua; mientras hay un cristiano sobre la tierra, la muerte sacrificial del Señor Jesús debe ser recordada. Ni el correr de los años ni el progreso de su pensamiento podía quitarle a Israel el recuerdo del sacrificio pascual. Era verdaderamente una noche para recordar aquella en que el Señor librara a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Fue una liberación tan maravillosa, incluyendo las plagas que la precedieron y el milagro en el Mar Rojo que la siguió, que ningún evento puede excederlo en interés y gloria. Amados, debemos declarar y dar testimonio de la muerte de nuestro Señor Jesucristo hasta que él venga. Nunca se podrá descubrir una verdad que le dé sombra a su muerte sacrificial. Ocurra lo que ocurra, aunque venga en las nubes del cielo, nuestro canto será eternamente: “Al que nos amó y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre”. En medio del esplendor de su reinado sin fin será “el Cordero que está en medio del trono”. Cristo como el sacrificio por el pecado será siempre el tema de nuestros aleluyas: “Fuiste herido”. En cuanto a nosotros, escuchamos que el Señor nos dice: “Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre” y así lo haremos. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” es nuestro orgullo y gloria. Dejemos que otros vayan por donde quieran, nosotros permaneceremos en quien cargó con nuestros pecados en su propio cuerpo en la cruz.

Noten ahora, queridos amigos, que cuando el pueblo entró en la tierra donde no había entrado jamás ningún egipcio, siguieron recordando la pascua. “Y será, cuando habréis entrado en la tierra que Jehová os dará, como tiene hablado, que guardaréis este rito”. En la tierra que fluía leche y miel se seguiría recordando la sangre rociada. Nuestro Señor Jesús, no es sólo para el primer día en que nos arrepentimos, sino para todos los días de nuestra vida. Lo recordamos tanto en medio de nuestros más grandes gozos espirituales como en nuestras más profundas tristezas. El cordero pascual es para Canaán, tanto como para Egipto y el sacrificio por el pecado es para nuestra seguridad total, tanto como para nuestra temblorosa esperanza. Usted y yo nunca lograremos un estado de gracia tal que podamos prescindir de la sangre que limpia el pecado.

Además, hermanos, quiero que noten bien que este rociamiento de la sangre debía ser un recuerdo que saturaba todo. Reflexione en este pensamiento: Los hijos de Israel no podían salir ni entrar a sus casas sin el recuerdo de la sangre rociada. Estaba sobre sus cabezas; debían pasar por debajo de ella. Estaba a la derecha y a la izquierda; estaban rodeados de ella. Casi podían decir también: “¿Adónde nos esconderemos de tu presencia?”. Ya sea que miraran sus propias puertas o las de sus vecinos, allí estaban las tres rayas. Y esto no era todo; cuando dos israelitas se casaban y se ponía el fundamento de la familia, había otro recordatorio. El joven esposo y su esposa tenían el gozo de contemplar a su primogénito y, entonces, recordaban lo que el Señor había dicho: “Santifícame todo primogénito”. Como Israelita, le explicaba esto a su hijo y decía: “Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijo”. El inicio de cada familia que conformaba la nación israelita era, de esta manera, un recordatorio especial del rociamiento de la sangre.

Hermanos, debemos ver todo en este mundo a la luz de la redención y, entonces, veremos correctamente. Es un cambio maravilloso, ya sea que usted considere la providencia desde el punto de vista de los méritos humanos o desde el pie de la cruz. Todas las cosas se ven como realmente son cuando se miran a través del cristal, el cristal carmesí del sacrificio expiatorio. Use este telescopio de la cruz y verá lejos y claramente; mire a los pecadores a través de la cruz; mire a los santos a través de la cruz; mire el pecado a través de la cruz; mire las alegrías y las tristezas a través de la cruz; mire el cielo y el infierno a través de la cruz. Vea qué sobresaliente debía ser la sangre de la pascua y luego aprenda de todo esto a dar importancia al sacrificio de Jesús, sí, a darle la máxima importancia porque Cristo es todo.

Amados, ahora ven cómo se hizo todo lo posible por colocar la sangre del cordero pascual en una posición de primera prioridad para el pueblo a quien el Señor sacó de Egipto. Ustedes y yo debemos hacer todo lo que se nos ocurra para dar a conocer y mantener siempre ante la vista de los hombres la doctrina preciosa del sacrificio expiatorio de Cristo. Él fue hecho pecado por nosotros aunque no conoció pecado, a fin de que fuéramos hechos la justicia de Dios en él.

Tomado del sermón “La sangre del rociamiento y los niños”.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés; nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

La sangre del rociamiento y los niños 2

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En segundo lugar, así como esto era una marca nacional era también la señal salvadora. Aquella noche, el Ángel de la Muerte extendió estruendosamente sus alas y voló descendiendo sobre las calles de Egipto para herir a los poderosos y a los humildes, a los príncipes primogénitos y a los primogénitos de las bestias, de modo que en cada casa y en cada establo alguno moría. Donde veía la marca de la sangre, no entraba para herir; pero en los demás lugares, la venganza del Señor cayó sobre los rebeldes. Las palabras son extraordinarias: “Pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir”. ¿Qué frena la espada? Ninguna otra cosa que la mancha de sangre en la puerta. No obstante, deseo hacerles notar de manera muy especial, las palabras en el versículo 23: “Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta”. ¡Qué expresión  instructiva! “Como verá la sangre”. Es algo muy reconfortante para usted y para mi contemplar la expiación porque, de esta manera, obtenemos paz y descansamos; pero después de todo, la gran razón de nuestra salvación es que el Señor mismo mira la expiación y, por su justicia, se siente muy complacido. En el versículo 13 escuchamos decir al Señor mismo: “Y veré la sangre y pasaré de vosotros”.

La base de nuestra salvación no es el que nosotros veamos la sangre rociada, sino que Dios la vea. La aceptación de Cristo por parte de Dios es la garantía segura de la salvación de aquellos que aceptan su sacrificio. Amado, cuando su mirada de fe es opaca, cuando de sus ojos fluyen copiosas lágrimas, cuando la oscuridad del sufrimiento empaña su vista, entonces Jehová ve la sangre de su Hijo y lo libra a usted. En la densa oscuridad, cuando no puede ver nada, el Señor Dios nunca deja de ver en Jesús lo que mucho le complace y aquello con lo cual la ley se cumple. Él no dejará que el destructor se le acerque y le dañe porque él ve en Cristo aquello que vindica su justicia y establece la regla de la ley. La sangre es la marca salvadora.

Oh mi oyente, culpable y autocondenado, si acude ahora y confía en Jesucristo, sus pecados, que son muchos, serán perdonados y amará usted tanto a cambio, que todas las inclinaciones y los prejuicios de su mente se transformarán de pecado a una obediencia llena de gracia.

Note a continuación, que la marca de la sangre se colocó de la manera más sobresaliente posible. Los israelitas, aunque comieron el cordero pascual en la quietud de sus propias familias, el sacrificio no era ningún secreto. No pusieron la marca indicadora en la pared de una habitación interior, ni en algún lugar donde la podían cubrir con cuadros a fin de que nadie los viera; sino que golpearon la parte superior de la entrada y los dos postes a los costados de la puerta, a fin de que todo el que pasaba frente a la casa podía ver que estaba marcada de un modo peculiar y marcada con sangre. El pueblo del Señor no se avergonzó de poner en esta forma la sangre en el frente de cada vivienda y los que son salvos por el gran sacrificio, no deben tratar la doctrina de substitución como una creencia que se guarda en un rincón para tener en secreto, que no confiesa en público. No debemos avergonzarnos de hablar en ninguna parte de la muerte de Jesús en nuestro lugar como nuestra redención. Está pasada de moda y es anticuada, dicen nuestros críticos; pero no nos avergonzamos de anunciarla a los cuatro vientos y de confesar nuestra confianza en ella. El que se avergüenza de Cristo en esta generación, Cristo se avergonzará cuando venga en la gloria de su Padre acompañado de todos sus santos ángeles. Cunde una teología en el mundo que admite la muerte de Cristo en algún lugar indefinido de su sistema, pero ese lugar es una posición muy inferior: Yo reclamo para la expiación, el frente y el centro, el Cordero debe estar en medio del trono.

El gran sacrificio es el lugar de reunión para la semilla escogida; nos reunimos ante la cruz, al igual como cada familia israelita se reunió alrededor de la mesa donde se había colocado el cordero y dentro de la casa marcada con sangre. En lugar de considerar el sacrificio vicario como algo muy lejano, lo consideramos como el centro de la iglesia. No, aún más, es de tal manera el centro vital, totalmente esencial, que quitarlo es arrancar el corazón de la iglesia. La congregación que ha rechazado el sacrificio de Cristo no es una iglesia, sino una asamblea de inconversos. Acerca de la iglesia puedo decir ciertamente: “La sangre es su vida”. Al igual que de la doctrina de justificación por fe, de la doctrina de un sacrificio vicario, dependerá el éxito o el fracaso a cada iglesia: La expiación por el sacrificio sustituto de Cristo significa vida espiritual y rechazarla es lo opuesto. Por lo tanto, nunca debemos avergonzarnos de esta verdad tan importante, sino hacerla lo más sobresaliente posible. “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; más a los que se salvan,… es poder de Dios”.

Tomado del sermón “La sangre del rociamiento y los niños”.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés; nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

La necesidad de reformar la iglesia según Juan Calvino 2

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En cuanto a si estaríamos dispuestos a repetir la Reforma hoy, la respuesta es, evidentemente, no, en la medida que damos por bueno no solo nuestra división en denominaciones, sino incluso el protestantismo liberal del Consejo Mundial de las iglesias, así como a la Iglesia de obediencia romana, posicionándonos con ellos en documentos oficiales.

Sin embargo, quiero llamar la atención sobre el hecho de que, en todas estas respuestas, lo que prevalece es nuestro discurso actual de hoy. Es decir, tenemos nuestro discurso propio y actual acerca de lo que representó la Reforma, un discurso que nos va bien y que nos conviene, pero que no se construye citando y apoyándose en lo que los actores de la Reforma de hace casi cinco siglos dijeron e hicieron. Aquí hay una cuestión funda-mental a tratar, pues, y es que —en vez de tomar nuestras ideas actuales como criterio de verdad o en vez de hacer nuestras proyecciones mentales hacia el pasado— tenemos que intentar recuperar el sentido original de la Reforma, a partir de lo que sus actores, los Reformadores, dijeron y enseñaron. Se tiene que volver a las fuentes originales de la Reforma. Esta es una de las mayores urgencias hoy día.

Y es este el propósito de este mismo escrito, al menos en la medida de sus posibilidades, a saber: presentar las razones por las que los Reformadores en su día acometieron la tremenda tarea de llevar a cabo la Reforma de la Iglesia. Para ello nos centraremos principalmente en el Reformador Juan Calvino, por ser un reformador “de segunda generación”, que poseía por tanto una cierta perspectiva temporal con respecto al movimiento iniciado por Lutero. De manera particular, me centraré en un tratado que él escribió directamente al emperador Carlos V (o el rey Carlos I de España), titulado La necesidad de reformar la Iglesia’.

Calvino lo escribió con motivo de la Dieta de Espira del año 1544, prácticamente en vísperas del inicio del Concilio de Trento (1545-1563). En esta Dieta, Carlos V buscaba el apoyo de todos los territorios alemanes en su guerra contra Francia, incluidos por tanto los territorios protestantes. La ocasión política se presentaba propicia entonces, para que estos territorios protestantes pudieran recibir algunas concesiones de parte del Emperador, quien había permanecido fiel a Roma. En este tratado, pues, Calvino hace una defensa en toda regla del movimiento de la Reforma. Pero no solo eso: al final del tratado, incluso instará al emperador a que él mismo la proteja y la adelante en todos sus territorios. ¿Nos imaginamos lo que suponía hacer este llamamiento al hombre más poderoso de aquel tiempo, el emperador Carlos V?

1. La verdadera naturaleza de la Reforma
Pero antes de entrar a considerar sumariamente el contenido del tratado, debemos dejar a un lado, de manera axiomática para nuestra conferencia, la comprensión subjetivista habitual que se tiene acerca de la Reforma, es decir, la de Lutero como encarnación de la conciencia individual del creyente frente al dogmatismo férreo de la Iglesia institucional. Debemos dejarlo de lado porque es, sencillamente, falso. Lutero no inició la Reforma para liberarse del yugo dogmático de la Iglesia. Por supuesto que Lutero se enfrentó a una cierta tradición dentro de la Iglesia católica, desarrollada en el último periodo de la Edad Media, es decir, la teología escolástica. También es cierto que él hablaba mucho en primera persona y que fue un personaje con un gran carisma personal. No hubiera sido posible emprender ninguna Reforma sin este carisma, está claro. Pero la preocupación principal de Lutero no era tanto su persona como el mensaje de la salvación, la procla-mación del evangelio por parte de la Iglesia. Se trataba de un mensaje objetivo de la Palabra de Dios que debía ser recibido por la gente como tal. Prueba evidente de ello es cómo Lutero finalizó su tratado de polémica con Erasmo de Róterdam, El siervo albedrío, recriminando a este su falta de afirmaciones claras, de aserciones como dice Lutero, al hablar la enseñanza de la Palabra. Lutero le dice: “Y no es difícil suponer que, puesto que eres un hombre, tú hayas podido no comprender correctamente ni observar con suficiente cuidado las Escrituras o las palabras de los Padres, bajo cuya dirección crees haber alcanzado el objetivo. De esto nos damos suficientemente cuenta cuando escribes que no escribes nada por aserción, sino “haciendo comparaciones”. No escribe así el que ve el fondo del asunto y quien lo comprende correctamente. En cuanto a mí, con este libro, yo no he “hecho comparaciones”, sino que he sostenido y sostengo por aserción; y no quiero dejar el juicio a nadie, sino que me esfuerzo por persuadir para que asientan”.

Continuará …

La sangre del rociamiento y los niños

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“Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró”. –Éxodo 12:21-27

EL cordero pascual era un prototipo especial de nuestro Señor Jesucristo. No deducimos esto por el hecho general de que todos los sacrificios en la antigüedad eran una sombra de la sustancia única y verdadera; sino que el Nuevo Testamento nos asegura que “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7). Así como el cordero pascual no debía tener mancha, tampoco la tenía nuestro Señor y la muerte y quemado al fuego de aquel cordero, tipifica su muerte y sufrimiento. Aun con respecto al tiempo, nuestro Señor fue el cumplimiento del prototipo porque su crucifixión sucedió en la pascua. Así como el sello deja su impresión, el sacrificio de nuestro Señor coincide con todos los elementos de la ceremonia pascual. Lo vemos “separado” de entre los hombres y llevado como un cordero al matadero; vemos su sangre derramada y rociada; lo vemos ardiendo en el fuego de la angustia; por fe nos alimentamos de él y damos sabor al banquete con las hierbas amargas de la penitencia. Vemos a Jesús y la salvación donde el ojo carnal sólo ve un cordero sacrificado y a un pueblo salvado de la muerte.

El Espíritu de Dios en la ceremonia pascual enfatiza de manera especial el rociar la sangre. Aquello a lo que los hombres tanto se oponen, él diligentemente presenta como la cabeza y el frente de la revelación. La sangre del cordero escogido se recogía en un tazón y no se derramaba en el suelo desperdiciándola porque la sangre de Cristo es preciosísima. En este tazón con sangre se mojaba un manojo de hisopo. Los ramilletes de ese pequeño arbusto retenían las gotas carmesí de modo que pudieran ser rociadas con facilidad. Luego el padre de familia iba afuera y golpeaba el dintel y los dos postes a los costados de la puerta con el hisopo y, de esta manera, la casa quedaba marcada con rayas carmesí. No se ponía sangre en el umbral. ¡Ay del hombre que pisotea la sangre de Cristo y la trata como una cosa impura! ¡Ay! Me temo que muchos lo están haciendo en esta hora, no sólo los que andan en el mundo, sino también los que profesan a Cristo y se llaman cristianos a sí mismos.

Procuraré presentar dos cosas. Primero, la importancia que se adjudica a la sangre rociada y, segundo, la institución relacionada con ella, principalmente, que los niños deben recibir instrucción con respecto al significado del sacrificio, a fin de que ellos, a su vez, lo enseñen a sus hijos y mantengan vivo el recuerdo de la gran liberación que obró el Señor.

I. Primero, LA IMPORTANCIA QUE SE ADJUDICA A LA SANGRE ROCIADA resulta muy claro aquí. Se nota un esfuerzo especial para que el sacrificio sea visto, sí, para obligar a toda la gente a verlo.

Observo, primero, que se convirtió en la marca nacional y la siguió siendo. Si hubiera usted recorrido las calles de Menfis o Ramesés la noche de Pascua, hubiera podido identificar quiénes eran los israelitas y quiénes los egipcios por una marca sobresaliente. No hubiera tenido que esconderse debajo de la ventana a fin de escuchar lo que se hablaba en la casa, ni esperar a que alguien saliera a la calle para poder observar su vestimenta. Esta señal sola, sería indicación suficiente –el israelita tenía la marca de  sangre en su puerta, el egipcio no. Téngalo por seguro, éste sigue siendo el gran punto de diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del maligno. Existen, en realidad, dos denominaciones sobre esta tierra –la iglesia y el mundo; aquellos que son justificados en Cristo Jesús y aquellos que están condenados en sus pecados. Esto será la señal que nunca falla del “verdadero israelita”; él ha acudido a la sangre rociada, que manifiesta
cosas mejores que las de Abel. El que cree en el Hijo de Dios, como el único sacrificio aceptado por el pecado, tiene salvación, y el que no cree en él morirá en sus pecados. El verdadero Israel confía en el sacrificio ofrecido una vez por el pecado; es su descanso, su consuelo, su esperanza. En cuanto a los que no confían en el sacrificio expiatorio, han rechazado el consejo de Dios en su contra, declarando de esta manera su verdadero carácter y condición. Jesús dijo: “No creéis, porque no sois de mis ovejas, como les he dicho” y la falta de fe en el derramamiento de sangre, sin el cual no hay remisión de pecado, es la marca de condenación de aquel que es un extraño para la congregación de Israel. No lo dudemos: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios” (2 Juan 9). Aquel que no acepta la propiciación que Dios ha establecido, tiene que cargar con su propia iniquidad. No obstante, nada más justo, nada más terrible puede sucederle a tal hombre que el hecho de que su iniquidad no sea purgada eternamente por ningún sacrificio ni ninguna ofrenda. Si rechaza a su Hijo, no importa cuál sea su supuesta justicia, ni cómo piensa encomendarse a Dios, él lo rechazará a usted. Si acude ante Dios sin la sangre expiatoria y no está incluido en la herencia del pacto, entonces no se cuenta entre el pueblo de Dios. El sacrificio es la marca nacional del Israel espiritual y el que no la tiene es un extraño; no tendrá herencia entre los santificados, ni verá al Señor en gloria.

Tomado del sermón “La sangre del rociamiento y los niños”.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés; nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

La necesidad de reformar la iglesia según Juan Calvino

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“¿Por qué nosotros, creyentes del siglo XXI, somos hoy protestantes evangélicos y no cualquier otra cosa? La respuesta que fácilmente se puede dar es: Porque en el siglo XVI hubo la Reforma protestante y nosotros, de una manera u otra, más clara o más difusamente, todavía somos herederos de ese movimiento que en su día transformó la Iglesia”

La necesidad de reformar la Iglesia según Juan Calvino.

Introducción.

Hace poco tiempo celebramos los 500 años del inicio a la Reforma protestante, es decir, la publicación de las noventa y cinco tesis de Lutero. Según se aproximaba la fecha, pudimos asistir a unos espectaculares fuegos artificiales ecuménicos, entre representantes de las iglesias romanista y protestante, incluso algunos destacados lideres evangélicos realizo algún que otro acercamiento o reconocimiento mutuo sin precedentes.

Y cuando hablo de estos más que previsibles, actos de confraternización ecuménica, no me estoy refiriendo solamente a las iglesias del llamado protestantismo histórico (las grandes iglesias protestantes nacionales nacidas de la Reforma y que, a lo largo del tiempo, han caído presas del liberalismo y del pluralismo teológico), sino también del  protestantismo evangélico que es mayoritario en España como en los países de Sudamérica, un protestantismo evangélico que, de la mano de la Alianza Evangélica Mundial, se ha metido en el diálogo ecuménico con la Iglesia Papal. Fruto de este diálogo han visto la luz dos documentos oficiales que sitúan áreas vitales de la vida de la Iglesia como el testimonio y la proclamación del evangelio, en perfecta sintonía con Roma; a saber: el primer documento, “Iglesia, evangelización y los vínculos de la koinonía” (2002) “Testimonio cristiano en un mundo religioso” (2011).

Sí, hemos de tener claro que el mundo evangélico hoy es pluralista de cara al interior (véase su división en denominaciones) y ecumenista de cara al exterior. Con lo cual, la primera pregunta que surge de ello, al menos para mí y creo que también para todo el que piense honestamente al respecto, es: ¿Cómo podemos seguir pidiendo a los demás que lleguen a tener la misma fe que nosotros, cuando hemos justificado precisamente que los demás no la tengan? Está claro que, desde este punto de vista, la evangelización y la misión se convierten al final en superfluas e innecesarias.

Pero hay muchas otras preguntas que se pueden seguir haciendo en este sentido. Hay una pregunta que llevo haciendo desde hace años en conferencias y artículos, y es la siguiente: ¿Por qué nosotros, creyentes del siglo XXI, somos hoy protestantes evangélicos y no cualquier otra cosa? La respuesta que fácilmente se puede dar es: Porque en el siglo XVI hubo la Reforma protestante y nosotros, de una manera u otra, más clara o más difusamente, todavía somos herederos de ese movimiento que en su día transformó la Iglesia.

Bien, pues entonces, teniendo en cuenta todos estos recientes posicionamientos ecumenistas del mundo evangélico, la gran pregunta es si la Reforma del siglo XVI fue un hecho que nosotros hoy podríamos no solo justificar, sino incluso también estaríamos dispuestos a repetir.

¿Justificamos hoy la Reforma protestante? Se puede decir que sí. Sin ir más lejos, normalmente, se sigue celebrando en esta fecha el Día de la Reforma. Pero, en líneas generales, esto no se hace tanto desde el punto de vista del mensaje de la salvación, de la doctrina de la Iglesia, de la adoración a Dios, como desde un punto de vista subjetivista del individuo. Es decir, la Reforma protestante se ve muchas veces, por no decir la mayoría, como la reivindicación de la conciencia individual del creyente, simbolizada por Lutero, ante los dogmatismos de la Iglesia institucional de su tiempo. Tal vez también en el sentido de la libertad de conciencia y de religión. En este sentido, que es el discurso tradicional del liberalismo protestante y que los evangélicos hemos asumido como propio, sí que estamos dispuestos a justificar la Reforma protestante, y lo hacemos. No me invento nada. Todo esto se puede comprobar en las interpretaciones de la Reforma que se hacen aquí y allá en los medios de comunicación evangélicos actuales.

Continuará …

 

Deberes Familiares 7

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DEBERES DE LOS HIJOS HACIA LOS PADRES.
Los hijos tienen un deber hacia sus padres que bajo la ley de Dios y la naturaleza deben cumplir a conciencia. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo”. Y también “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor” (Ef. 6:1; Col. 3:20).

Estas son las cosas en las que los hijos deben dar a sus padres la honra que merecen.

Primero, deben siempre considerarlos a ellos mejores que a sí mismos. Observo un espíritu vil en algunos hijos, que miran con desprecio a sus padres y sus pensamientos con respecto a ellos son despectivos y desdeñosos. Esto es peor que comportarse como un pagano; los que actúan de esta manera, tienen el corazón de un perro o una bestia que muerde a los que lo produjeron y a la que les dio vida.

Objeción: Pero mi padre es ahora pobre y yo soy rico, y sería disminuirme o, por lo menos, un obstáculo para mí, mostrarle el respeto que le mostraría si las cosas fueran distintas.

Respuesta: Le digo que argumenta usted como un ateo o una bestia y su posición en esto, es totalmente opuesta a la del Hijo de Dios (Mar. 7:9-13). Un talento y un poco de la gloria de una mariposa, ¿tienen que convertirlo en un ser que no ayuda y no honra a su padre y a su madre? “El hijo sabio alegra al padre, mas el hombre necio menosprecia a su madre” (Prov. 15:20) Aunque sus padres se encuentren en la posición más baja y usted en la más alta, él sigue siendo su padre y ella su madre y usted debe tenerlos en alta  estima: “El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila” (Prov. 30:17)

Segundo, debe demostrar que honra a sus padres con su disposición de ayudarles en lo que necesiten. “Pero si alguna… tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres;…”, dice Pablo, “porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios” (1 Tim. 5:4). José observó esta regla con respecto a su pobre padre, aunque él mismo estaba casi a la altura del rey de Egipto (Gén. 47:12; 41:39-44).

Además, note que deben “recompensar a sus padres”. Hay tres cosas por las cuales, mientras viva, estará en deuda con sus padres.

1. Por estar en este mundo. De ellos, directamente bajo Dios, recibió usted vida.

2. Por su cuidado para preservarlo cuando usted no podía hacer nada por sí mismo, no podía cuidarse ni encargarse de sí mismo.

3. Por los esfuerzos que hicieron para criarlo. Hasta que no tenga usted hijos propios, no podrá comprender los esfuerzos, desvelos, temores, tristezas y aflicciones que han sufrido para criarlo y, cuando lo comprenda, será difícil sentir que ya los ha recompensado por todo lo que hicieron por usted. ¿Cuántas veces han saciado su hambre y arropado su desnudez? ¿Qué esfuerzos han hecho a fin de que tuviera usted los medios para vivir y triunfar aun cuando ya hayan muerto? Es posible que se hayan privado de alimento y vestido y que se hayan empobrecido para que usted pudiera
vivir como un hombre. Es su deber, como hombre, considerar estas cosas y hacer su parte para recompensarlos. Las Escrituras así lo afirman, la razón así lo afirma y sólo los perros y las bestias pueden negarlo. Es deber de los padres cuidar a sus hijos y el deber de los hijos, recompensar a sus padres.

Tercero, por lo tanto, con una conducta humilde y filial demuestre que usted, hasta este día, recuerda con todo su corazón el amor de sus padres.

Todo esto, sobre la obediencia a los padres, en general.

También, si sus padres son piadosos y usted es impío, como lo es si no ha pasado por la segunda obra o el nacimiento de Dios, debe considerar que con más razón debe respetar y honrarlos, no sólo como padres en la carne, sino como padres piadosos; su padre y madre han sido designados por Dios como sus maestros e instructores en el camino de justicia. Por lo tanto, como dijera Salomón: “Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre: Átalos siempre en tu corazón, enlázalos a tu cuello” (Prov. 6:20, 21).

Ahora, le insto que considere esto:

1. Que ésta ha sido siempre la práctica de los que son y han sido hijos obedientes. Sí, de Cristo mismo para con José y María, aun cuando él mismo era Dios bendito para siempre (Luc. 2:51).

2. Con el fin de dejarlo estupefacto, pues tiene usted también los juicios severos de Dios sobre los que han sido desobedientes. Como, 1) Ismael, por haberse burlado de un hecho bueno de su padre y su madre, se vio privado tanto de la herencia de su padre como del reino de los cielos y, eso, con la aprobación de Dios (Gén. 21:9-14; Gál. 4:30). 2) Ophni y Phinees, por rechazar el buen consejo de su padre, provocaron la ira del gran Dios y lo convirtieron en su enemigo: “Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (1 Sam. 2:23-25). 3) Absalón fue linchado, por decirlo así, por Dios mismo, porque se había rebelado contra su padre (2 Sam. 18:9-15).

Además, ¡qué poco sabe usted del dolor que significa para sus padres pensar que puede estar condenado! ¿Cuantos suspiros, oraciones y lágrimas habrán brotado en su corazón por esta razón? ¿Cuánto gimió Abraham por Ismael? Le dijo a Dios: “Ojalá Ismael viva delante de ti” (Gén. 17:18). ¿Cuánto sufrieron Isaac y Rebeca por el mal comportamiento de Esaú? (Gén. 26:34, 35). ¿Y con cuánta amargura lloró David a su hijo que había muerto en su maldad? (2 Sam. 18:32, 33).

Por último, ¿es posible imaginar otra cosa que el hecho de que estos suspiros, oraciones, etc. de sus piadosos padres, sólo aumentarán sus tormentos en el infierno si muere en sus pecados?

Por otro lado, si sus padres y usted son piadosos, ¿no es esto una felicidad? ¿Cuánto debe regocijarse porque la misma fe mora tanto en sus padres como en usted? Su conversión, posiblemente, sea el fruto de los gemidos y oraciones de sus padres a favor de su alma y no pueden menos que regocijarse; regocíjese con ellos. Así sucedió en el caso de un hijo mencionado en la parábola: “porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Luc. 15:24). Sea el hecho de que sus padres viven bajo la gracia, al igual que usted, motivo para proponerse más decididamente a honrarlos, reverenciarlos y obedecerles.

Ahora está en mejores condiciones para considerar los desvelos y el cuidado que sus padres le han brindado, tanto a su cuerpo como a su alma. Por lo tanto, esfuércese por recompensarlos. Usted tiene la fortaleza para responder en cierta medida al mandamiento, por lo tanto, no lo descuide. Es doble pecado el que un hijo creyente no recuerde el mandamiento, sí, el primer mandamiento con promesa (Ef. 6:1, 2). Cuídese de no decirles a sus padres ni una palabra brusca, ni de comportarse indebidamente con ellos.

Nuevamente, si usted es piadoso y sus padres son impíos, como tristemente sucede con frecuencia, entonces:

1. Ansíe su salvación, ¡los que se van al infierno son sus padres!

2. Lo mismo que dije antes a la esposa, tocante a su esposo inconverso, le digo ahora a usted: Cuídese de un lengua que habla ociosidades hábleles con sabiduría, mansedumbre y humildad; atiéndalos fielmente sin quejarse y reciba, con la modestia de un niño, sus reproches, sus quejas y hablar impío. Esté atento a fin de percibir las oportunidades para hacerles ver su condición. ¡Oh! ¡Qué felicidad sería si Dios usara a un hijo para traer a su padre a la fe! Entonces el padre ciertamente podría decir:

Con el fruto de mi cuerpo, Dios ha convertido mi alma. El Señor, si es su voluntad, convierta a nuestros pobres padres, a fin de que, junto con nosotros, sean hijos de Dios.

Tomado del folleto “Christian Behavior” [Conducta cristiana].

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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 4

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Últimas cartas a su esposa

25 DE Julio DE 1944. 

Mi querida amada (esta carta fue escrita antes de su encarcelamiento):

Sabes qué acontecimientos están barriendo Alemania y puedes suponer su significado. En vista de mi posición, es fácilmente posible que la ola me arrastre a mí también y me lleve a su peor remolino. Por tanto, quiero decirte una palabra de despedida ahora, aunque solo por este tiempo sobre la tierra, y de ferviente agradecimiento. Primero, tú y los pequeños debéis saber que yo no he tenido parte alguna ni culpa en lo que ha sucedido, sin importar lo que se pueda decir después. Todo lo demás no tiene ninguna importancia en comparación con esto. Sin embargo, este tiempo treméndamente grave me ha traído una enorme ganancia. He vuelto por completo a los brazos abiertos de nuestro Señor y Salvador, a quien había olvidado a menudo con la presión de los acontecimientos. Paso casi todo mi tiempo libre en oración, una oración en la que pido fuerza para mí mismo al afrontar todo lo que ha de venir, y bendición y ayuda para ti, mi queridísima esposa, y para los niños. Y así, siento tan claramente el don de la fortaleza, que me ha venido, que puedo embarcarme en todo con la seguridad gozosa de que no puede terminar en ningún otro sitio, sino ¡unto al corazón de Dios, en eterna paz. Por tanto, de hecho, todo lo que ha ocurrido antes parece bastante sin importancia y no te debe importar en modo alguno. En cada momento, mi ojo interior verá detrás de cualquier cosa solo los brazos abiertos de mi Señor y Salvador. Mi firme consuelo y apoyo son los dichos: “A aquel que viene a mí, no le echo fuera,” y, “Aunque tus pecados sean como escarlata, serán como blanca nieve,” y después muchas otras expresiones impregnadas del amor de Dios como la más profunda razón para su actitud hacia nosotros.

Me agarro a ellas y cobro fuerza, y también especialmente la certeza de que mis fervientes súplicas por ti no serán en vano, pues mis pensamientos y oraciones te pertenecen a ti antes que a cualquier otra cosa, y abarcan con el mayor amor tu vida entera para el futuro. Mi muy queridísima esposa, en todo dolor debes percibir constantemente que no te estás enfrentando a la vida sola: él está contigo en cada momento, e incluso puede que tenga en mente mis súplicas a tu favor cuando te ayude, así como tus oraciones y las de mamá suavizaron el camino para mí. Después, además, está la firme seguridad de que algún día, ¡untos ante su trono, le daremos gracias y alabanzas por todas las misericordias in-merecidas, de las cuales la mayor de todas ha sido unirnos una vez, el mayor como mínimo de los dones terrenales.

Debes saber con absoluta certeza que mi corazón entero te pertenece solo a ti, en virtud de los lazos que se pueden otorgar solo una vez en la vida, porque se extienden más allá de esta hasta la eternidad. Y después de la gratitud que expreso al Señor, mi más ferviente, inacabable gratitud va para ti, querido corazón, y será tuya hasta mi último latido. Gracias por el inexpresable amor que has extendido sobre mí como un manto de oro.

Y, ahora, nuestros dos amados hijos a quienes, por la voluntad de Dios, debo dejar privados de mí, pero sabiendo que están cobijados en su amor y tu cuidado. Diles que las fervientes oraciones finales de su padre y su gran amor les acompañan a través de la vida, y diles que te den todo su amor a ti, y siempre, cuando piensen en mí, hagan algo especialmente agradable para ti como un saludo de mi parte. Lo que ellos sean y hagan en el futuro no tiene importancia. Es cómo lo hagan (esto es, si lo hacen bajo la dirección de Dios) lo que cuenta. Su padre ha fallado a menudo con respecto a esto, pero la mano del Señor nunca lo dejó ir; solo se necesita buscarlo con fervor.

Expresa asimismo mi agradecimiento a todos los que amo: a mamá, a mis hermanos y hermanas, a tus padres. Todos ellos, pero especialmente mi ama-da mamá, me han dado mucho, mucho más amor del que han recibido, y de ese modo han traído mucho más resplandor a mi vida, que ha sido más plena y feliz de lo que ellos se hayan dado cuenta. A ellos también les dedico el deseo: “¡Un día, arriba en la luz!”.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

 

Deberes Familiares 6

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DEBERES DE LOS PADRES HACIA LOS HIJOS.
Si usted es padre de familia, un padre o una madre, entonces debe considerar su llamado como tal. Sus hijos tienen almas y tienen que nacer de Dios al igual que usted o, de otra manera, perecerán. Y sepa también que, a menos de que sea usted muy sobrio en su conducta hacia ellos y en la presencia de ellos, pueden perecer por culpa de usted, lo cual debe impulsarle a instruirlos y también a corregirlos.

Primero, instruirlos como dice la Escritura y “criadlos en disciplina y amonestación del Señor” y hacer esto diligentemente “estando en tu casa,… y al acostarte, y cuando te levantes” (Ef. 6:4; Deut. 6:7).

A fin de hacer esto con propósito:

1. Hágalo usando términos y palabras fáciles de entender; evite expresiones elevadas porque estas ahogarían a sus hijos. De esta manera habló Dios a sus hijos (Ose. 12:10) y Pablo a los suyos (1 Cor. 3:2).

2. Tenga cuidado de no llenarles la cabeza de caprichos y nociones que de nada aprovechan porque esto les enseña a ser descarados y orgullosos, en lugar de sobrios y humildes. Por lo tanto, explíqueles el estado natural del hombre; converse con ellos acerca del pecado, la muerte y el infierno; de un Salvador crucificado y la promesa de vida a través de la fe: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6).

3. Tiene que ser muy suave y paciente siempre que les enseña para que “no se desalienten” (Col. 3:21). Y,

4. Procure convencerlos por medio de una conversación responsable, que lo que usted les enseña no son fábulas, sino realidades; sí, y realidades tan superiores a las que disfrutamos aquí que, aun si todas las cosas fueran mil veces mejor de lo que son, no podrían compararse con la gloria y el valor de estas cosas.

Isaac era tan santo ante sus hijos, que cuando Jacob recordaba a Dios, recordaba que era el “temor de Isaac su padre” (Gén. 31:53).

¡Ah! Cuando los hijos pueden pensar en sus padres y bendecir a Dios por su enseñanza y el bien que de ellos recibieron, esto no sólo es provechoso para los hijos, sino también honorable y reconfortante para los padres: “Mucho se alegrará el padre del justo: y el que engendró sabio se gozará con él” (Prov. 23:24, 25).

Segundo, el deber de corregir.

1. Con sus palabras serenas, procure apartarlos del mal. Ese es el modo como Dios trata a sus hijos (Jer. 25:4, 5).

2. Cuando los reprenda, sean sus palabras sobrias, escasas y pertinentes, con el agregado de algunos versículos bíblicos pertinentes. Por ejemplo, si mienten, pasajes como Apocalipsis 21:8, 27. Si se niegan a escuchar la palabra, pasajes como 2 Crónicas 25:14-16.

3. Vigílelos, que no se junten con compañeros groseros e impíos; muéstreles con sobriedad un constante desagrado por su mal comportamiento; rogándoles tal como en la antigüedad Dios rogara a sus hijos: “No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco” (Jer. 44:4).

4. Mezcle todo esto con tanto amor, compasión y compunción de espíritu, de modo que, de ser posible, sepan que a usted no le desagradan ellos mismos como personas, sino que le desagradan sus pecados. Así se conduce Dios (Sal. 99:8).

5. Procure con frecuencia hacer que tomen conciencia del día de su muerte y del juicio que vendrá. Así también se conduce Dios con sus hijos (Deut. 32:29).

6. Si tiene que hacer uso de la vara, hágalo cuando esté calmado y muéstreles juiciosamente:

1) su falta;

2) cuánto le duele tener que tratarlos de este modo;

3) y que lo que hace, lo hace en obediencia a Dios y por amor a sus almas;

4) Y dígales que si otro medio mejor hubiera sido suficiente, nada de esta severidad hubiera ocurrido. Esto, lo sé por  experiencia, será la manera de afligir sus corazones, tanto como sus cuerpos y, debido a que es la manera como Dios corrige a los suyos, es muy probable que logre su fin.

7. Finalice todo esto con una oración a Dios a favor de ellos y deje la cuestión en sus manos. “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; más la vara de la corrección la alejará de él” (Prov. 22:15).

Por último, tenga en cuenta estas advertencias:

1. Cuídese de que las faltas por las cuales disciplina a sus hijos, no las hayan aprendido de usted. Muchos niños aprenden de sus padres la maldad por las cuales los castigan corporalmente y disciplinan.

2. Cuídese de ponerles buena cara cuando cometen faltas pequeñas porque dicha conducta hacia ellos será un aliento para que cometan otras más grandes.

3. Cuídese de usar palabras desagradables e impropias cuando los castiga, como insultos, groserías y cosas similares, esto es satánico.

4. Cuídese de acostumbrarlos a regaños y amenazas mezclados con liviandad y risas; esto endurece. No hable mucho, ni con frecuencia, sino sólo lo que es apropiado para ellos con toda sobriedad.

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 3

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Continuación …

Carta de despedida a su madre

BERLÍN, 11 DE OCTUBRE DE 1944. AL ATARDECER.

Desde luego que yo he traído incesantemente a mis seres queridos ante Dios en mis oraciones. He reconocido su actuación en varios hechos de gracia, incluso ahora, en dones grandes y pequeños, y él me ha llenado de la confianza de que “quien cree en él no será avergonzado”. Sin embargo, en mis oraciones nunca le he pedido que les conceda una vida larga sobre la tierra, sino solo que les de fuerza, que los preserve del horror, la tristeza, y la falta de caridad, y, claro está, que les dé una bendita muerte. Esta ahora no significa nada para mí, aunque habría sido un gran gozo ir a casa con mi esposa y mis hijitos, a quienes ya no puedo cuidar ni proteger. Pero cuando me vienen tales pensamientos terrenales, el Señor me recuerda que según las probabilidades humanas, en cualquier caso, no hubiera estado junto a ellos en época de tensión y que, por encima de todo, él es una protección mucho mejor.

¡Qué bueno es saber que tengo unos hermanos y hermanas tan queridos que ciertamente estarán al lado de mi familia, como una roca, en cualquier forma que puedan! Pero ellos mismos están experimentando grandes dificultades ahora mismo. Me parece que, en primer lugar, nuestros queridos lapienenses (una propiedad familiar en Prusia) deben estar ahora en zona de guerra. El estar fuera de comunicación con todos vosotros ha sido a menudo duro para mí; al mismo tiempo, me he dado más cuenta de la suprema cercanía de nuestra unión ante el trono de Dios y, por encima de todo, la insignificancia de la duración de nuestra vida terrenal. Mi regocijo ha ido siempre en aumento al anticipar la feliz inmunidad a la separación que nos espera. ¡Qué indescriptiblemente glorioso será, y qué feliz sería si únicamente supiera que los que me son muy queridos, y todos vosotros, estáis incluso ahora en la paz de Dios, lejos de todo sufrimiento!

A todos vosotros, que probablemente estéis ahora en Rónkendorf, os envío saludos con todo mi corazón, encomendándoos a la mano de Dios y a su bendición. Que él os conduzca, en su gracia, por caminos suaves hasta su reino, como me está conduciendo a mí, como al ladrón, y puedo decir: “Hoy estaré en el paraíso”. Sé que nunca abandonarás a mi querida esposa, y que tendrás en mente sobre todo su infinitamente tierno corazón, que tiene tan gran necesidad de amor y, de la misma manera, os ama a todos tanto. Por esto, y por todo el inmenso amor de casi cuarenta y dos años, os doy las gracias a todos, y especialmente a ti, mi indescriptiblemente querida madre, desde el fondo de mi corazón.

Ningún niño ha recibido nunca un amor más rico ni más profundo de su madre que tu Alexís.

Con infinita gratitud he pensado hoy en la espléndida infancia que tu amor, por encima de todo lo demás, me dio en Mitau y Wilkajen. Todo está en una dorada gloria, contigo en el centro.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

Deberes Familiares 4

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EL DEBER DE LAS ESPOSAS.
Pasando del padre de familia como cabeza, diré una palabra o dos a los que están bajo su cuidado.

Y, primero, a la esposa: Por ley, la esposa está sujeta a su marido mientras viva el marido (Rom. 7:2). Por lo tanto, ella también tiene su obra y lugar en la familia, al igual que los demás.

Ahora bien, hay que considerar las siguientes cosas con respecto a la conducta de una esposa hacia su marido, las cuales ella debe cumplir conscientemente.

Primero, que lo considere a él como su cabeza y señor. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Y Sara llamó señor a Abraham (1 Pedro 3:6).

Segundo, en consecuencia, ella debe estar sujeta a él, como corresponde en el Señor. El apóstol dice: “Vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 Ped. 3:1; Col. 3:18; Ef. 5:22).Ya se los he dicho, que si el esposo se conduce con su esposa como corresponde, será el cumplimiento de tal ordenanza de Dios a ella que, además de su relación de esposo, le predicará a ella la conducta de Cristo hacia su iglesia. Y ahora digo también que la esposa, si ella anda con su esposo como corresponde, estará predicando la obediencia de la iglesia a su marido. “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:24). Ahora bien, para llevar a cabo esta obra, primero tiene usted que evitar los siguientes males.

1. El mal de un espíritu errante y chismoso, es malo en la iglesia y es malo también en una esposa, que es la figura de la iglesia. A Cristo le encanta que su esposa esté en casa; es decir, que esté con él en la fe y práctica de sus cosas, no andando por allí, metiéndose con las cosas de Satanás; de la misma manera, las esposas no deben andar fuera de su casa chismoseando. Usted sabe que Proverbios 7:11 dice: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa”. Las esposas deben estar atendiendo los negocios de sus propios maridos en casa; como dice el apóstol, deben “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos”. ¿Y por qué? Para que de otra manera “la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:5).

2. Cuídese de una lengua ociosa, charlatana o contenciosa. Es también odioso que sirvientas o esposas sean como loros que no controlan su lengua. La esposa debe saber, como lo he dicho antes, que su esposo es su señor y que está sobre ella, como Cristo está sobre la iglesia. ¿Le parece que es impropio que la iglesia parlotee contra su esposo? ¿No debe guardar silencio ante él y poner por obra sus leyes en lugar de sus propias ideas? ¿Por qué, según el apóstol, debe conducirse así con su esposo? “La mujer aprenda,…”, dice Pablo, “en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Tim. 2:11, 12). Es impropio ver a una mujer, aunque no sea más que una sola vez en toda su vida, tratar de sobrepasar a su marido. Ella debe en todo estar sujeta a él y hacer todo lo que hace como si hubiera obtenido la aprobación, la licencia y la autoridad de él. Y ciertamente, en esto radica su gloria, permanecer bajo él, tal como la iglesia permanece bajo Cristo:

Entonces, abrirá “su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua”
(Prov. 31:26).

3. No use ropa inmodesta ni camine de un modo seductor; hacerlo es malo, tanto fuera como dentro de casa. Afuera, no sólo será un mal ejemplo, sino que también provocará la tentación de la concupiscencia y la lascivia y en casa, es ofensivo para el marido piadoso y contagioso para los hijos impíos, etc. Por lo tanto, como dice el apóstol, la ropa de las mujeres sea modesta, como conviene a mujeres que profesan piedad con buenas obras, “no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos” (1 Tim. 2:9, 10). Y tal como vuelve a decir: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Pedro 3:3-5).

Pero no piense que por la sujeción que he mencionado, opino que las mujeres deben ser esclavas de sus maridos. Las mujeres son socios de sus maridos, su carne y sus huesos, y no hay hombre que odie su propia carne o que la resienta (Ef. 5:29). Por lo tanto, todos los hombres amen “también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Ef. 5:33). La esposa es cabeza después de su marido y debe mandar en su ausencia; sí,en su presencia debe guiar la casa, criar sus hijos, siempre y cuando lo haga de manera que no dé al adversario ocasión de reproche (1 Tim. 5:10, 13). “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Prov. 31:10); “La mujer agraciada tendrá honra,..” (Prov. 11:16) y “la mujer virtuosa es corona de su marido;…” (Prov.12:4).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne

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“Todos sabemos, en mayor o menor grado, las inimaginables atrocidades que los hombres y mujeres fueron culpables de cometer en nombre del Nacional Socialismo. Y, sin embargo, hasta en medio de esta terrible oscuridad, la luz de la gracia de Dios brillaba en las vidas de al menos un pequeño número del pueblo alemán”,

Mathew Henry, al comentar sobre la excusa que Abraham puso por su pecado cuando hizo que Sara pasara por su hermana en lugar de identificarla como su esposa, mientras viajaban por la tierra de Gerar, dice: “Abraham alegó la mala opinión que tenía de aquel lugar (‘Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar [Gn. 20:11]’) […] Hay muchos lugares y personas que tienen más temor de Dios de lo que nosotros pensamos”.

Alexis, Barón von Roenne, nació en una familia prusiana de nobles el 12 de febrero de 1902. Fue criado por una madre que amaba al Salvador y que oraba diligente y fervientemente por la salvación de su hijo. Alexis, como muchos otros hijos de Prusia, se alistó para hacer carrera en el ejército, llegando a ser oficial y ascendiendo al rango de coronel. Aunque era un patriota oficial del ejército alemán, Alexis von Roenne nunca fue nazi; de hecho, desde su posición de poder en el país, consideraba el Nacional Socialismo como un desastre para su amada tierra natal. Mientras varios de sus íntimos amigos hicieron un complot para asesinar a Hitler en lo que llegó a ser el golpe de estado del 20 de julio de 1944 (“Operación Valkyria”), motivos de conciencia impidieron a Alexis tomar parte. Sin embargo, no se salvó de ser detenido con muchos otros sospechosos de conspirar contra el Führer. Fue condenado a muerte sobre la base de su íntima amistad con los líderes de la resistencia, y el 12 de octubre de 1944 encontró la muerte a manos del verdugo en Berlin-Plbtzensee.

Lo que sigue son tres cartas: una escrita a su madre la víspera de su ejecución y las otras dos dirigidas a su esposa, Úrsula, madre de sus dos pequeños hijos. La primera carta a su esposa fue escrita el 25 de julio, justo cinco días después del fallido complot y antes de su encarcelamiento y, la segunda, la misma mañana de su muerte. Las tres revelan los pensamientos de un hombre que sabe que va a morir pronto; sin embargo, al confiar en el Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su mente está tranquila y su corazón en paz. Sus allegados han tomado nota de este “asombroso fenómeno” y lo han atribuido a su verdadero origen: el Señor mismo.

El testimonio de Alexis, Barón von Roenne es una maravillosa evidencia de la verdad y de la fiabilidad de la Palabra de Dios. Al leer estas cartas vinieron a mi mente dos versículos de los Salmos: “Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos” (Sal. 112:4); “Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz” (Sal. 37:37).

Carta de despedida a su madre

Berlín, 11 de octubre de 1944. Al atardecer.

Mi única amada mamá: hoy, por una razón especial, me vino la idea de escribirte una vez más, aunque en mis anteriores cartas de despedida hubiera incluido una carta corta para ti. Yo sé que, a pesar de tu gran anhelo y gozo ante la perspectiva de ir con el Salvador, el temor mortal ante el pensamiento del proceso físico mismo de la muerte te atormenta. Y debido a eso he deseado muchísimo decirte que nuestro Señor puede borrar completamente también esto si le pedimos que lo haga.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

Deberes Familiares 3

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¿Tiene usted una esposa? Debe considerar cómo se comporta en esa relación y, para hacerlo correctamente, tiene que considerar la condición de su esposa, si realmente cree o no. Primero, si cree, entonces:

1. Tiene usted el compromiso de bendecir a Dios por ella porque su estima sobrepasa a la de piedras preciosas y ella es la bendición de Dios para usted y es para su gloria (Prov. 12:4; 31:10; 1 Cor. 11:7). “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada” (Prov. 31:30).

2. Debe amarla por dos razones: 1) Es su propia carne y hueso: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” (Ef. 5:29). 2) Es, junto con usted, heredera de la gracia de vida (1 Pedro 3:7). Esto, digo, debe motivarlo a amarla con amor cristiano; amarla, creyendo que ambos son los muy amados de Dios y del Señor Jesucristo y que estarán juntos cuando
disfruten de la vida eterna con él.

3. Debe conducirse usted hacia ella y delante de ella, como lo hace Cristo hacia su iglesia y delante de ella; como dice el apóstol: Los hombres deben amar a sus esposas “así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Cuando los esposos se comportan como deben, entonces no serán sólo esposos, sino el cumplimiento de una ordenanza de Dios para la esposa, que le predica a ella la conducta de Cristo hacia su
esposa. Una dulce fragancia envuelve las relaciones de los esposos y esposas que creen (Ef. 4:32); la esposa, digo significando la iglesia, y el esposo su cabeza y salvador, “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23) y él es el Salvador del cuerpo.

Éste es uno de los propósitos principales por el cual Dios instituyó el matrimonio, que Cristo y su iglesia, figuradamente, estén dondequiera que haya una pareja que cree por gracia. Por lo tanto, el esposo que se comporta indiscretamente hacia su esposa, no sólo se comporta contrariamente a la regla, sino que provoca que su esposa pierda el
beneficio de tal ordenanza, frustra el misterio de su relación.

Por lo tanto digo: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:28, 29). Cristo dio su vida por su iglesia, cubre sus debilidades, le transmite su sabiduría, la protege y la ayuda en sus asuntos en este mundo; y lo mismo debe hacer el esposo por su esposa. Salomón y la hija de Faraón dominaban el arte de hacer esto, como pueden comprobarlo en el Cantar de los Cantares. Por lo tanto, cargue con las debilidades de ella, ayúdela en sus enfermedades, hónrela como al vaso más débil y tenga en cuenta la fragilidad de su cuerpo (1 Pedro 3:7).

En resumen, sea tal esposo para su esposa creyente que ella pueda decir que Dios, no sólo le ha dado marido, sino un esposo que demuestra todos  los días la conducta de Cristo hacia su iglesia.

Segundo, si su esposa es inconversa o carnal, también tiene un deber que cumplir, que está obligado a cumplir por dos razones: 1. Porque corre el peligro continuo de la condenación eterna. 2. Porque es su esposa la que está en esta condición impía.

¡Oh! ¡Qué poco sentido del valor de las almas hay en el corazón de algunos maridos, que manifiestan una conducta poco cristiana hacia sus esposas y delante de ellas! Ahora bien, si quiere tener las cualidades de una conducta apropiada:

1. Piense seriamente en el estado desgraciado de ella, a fin de que su corazón anhele la salvación de su alma.

2. Cuídese de que debido a una conducta incorrecta suya, no tenga ella ocasión de justificar sus propias impiedades. Y aquí necesita ser doblemente diligente porque ella reposa en su seno y, por lo tanto, puede percibir aun la falta más pequeña en usted.

3. Si ella se comporta indebida o incontrolablemente, como bien puede ser porque vive sin Cristo y sin su gracia, entonces esfuércese por vencer la maldad de ella con su propia bondad, los infortunios de ella con su propia paciencia y mansedumbre. Es una vergüenza para usted, que vive bajo otros principios, comportarse como ella.

4. Aproveche las oportunidades para convencerla. Observe su estado de ánimo y cuando parece bien predispuesta, háblele a su corazón.

5. Cuando hable, hágalo con propósito. No es necesario decir muchas palabras, sólo las pertinentes. Job en pocas palabras responde a su esposa y la desvía de sus palabras necias: “Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10).

6. Haga todo sin amargura y sin la menor apariencia de enojo: “Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Tim. 2:25, 26). “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido?” (1 Cor. 7:16).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

 

¿Cómo podemos desarrollar un pensamiento serio y reflexivo 2?

Blog123B

¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

No solo debes esforzarte por desarrollar un buen hábito de lectura bíblica; el cristiano está llamado a desarrollar un buen hábito de lectura en general. Nutre tu mente y tu corazón con todas esas obras, escritas por hombres de Dios del pasado y del presente, que te ayudarán a comprender mejor las Escrituras y te ayudarán también a lidiar mejor con las dificultades de tu propio corazón.

Procura también rodearte de amistades que sean un estímulo para ti con sus conversaciones. No olvides que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Es imposible llegar a ser una persona reflexiva si nos exponemos a menudo a conversaciones insulsas y vanas.

En tercer lugar, ocupémonos de ayudar a nuestros hijos a que desarrollen ese hábito de pensamiento piadoso desde pequeños. Conversa con ellos de temas bíblicos apropiados para su edad, ayúdales a cultivar el hábito de la lectura desde la infancia. Protégelos de todo aquello que pueda contribuir a volverles vanos o vagos para pensar; como el uso excesivo de la TV, por ejemplo. (Cuántas veces hemos oído la queja de creyentes que nos dicen que sus padres no los ayudaron a forjar un buen hábito de lectura! ¿Repetiremos nosotros ahora ese mismo error con nuestros hijos? Es nuestra responsabilidad levantar una generación que no solo cultive su mente y su intelecto, sino que sepa también ponerlos al servicio de Dios y de los hombres.

¿Sabes por qué muchas personas terminarán perdidas en el Infierno? Por ser irreflexivas. Escucha lo que un siervo de Dios del siglo pasado dijo al respecto: “La falta de reflexión es una razón simple de por qué miles de almas se pierden para siempre. Los hombres no consideran, no miran hacia el futuro, no observan a su alrededor, no meditan en el fin de su camino actual ni en las infalibles consecuencias de su andar presente. Y al fin despiertan para ver que están condenados por falta de reflexión” (J.C. Ryle).

El enemigo de nuestras almas no quiere que nos detengamos a pensar. Él hará todo lo posible para que el hombre no considere seriamente que la vida tiene un fin y que, algún día, todos nos presentaremos delante del tribunal de Dios para dar cuenta. Él no quiere que los hombres mediten en el verdadero estado de su corazón delante de Dios, ¿sabes por qué? Porque, como alguien ha dicho, “él sabe que un corazón no convertido es como los libros de un comerciante deshonesto, que no resistirán una inspección minuciosa”.

El problema es que llegará el día en que esos libros serán verificados, y entonces no habrá escapatoria. Cultivemos un pensamiento serio y profundo y, dentro de nuestras posibilidades, ayudemos a otros a hacer lo mismo, sobre todo a nuestros hijos. Espero de todo corazón que el Señor despierte a algunos por medio de estas palabras; si somos creyentes no solo debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, sino también con toda nuestra mente.

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.

Deberes Familiares 2

Blog122B

Ya hemos considerado el estado espiritual de su familia. Ahora veamos su estado exterior.

Segundo, tocante al estado exterior de su familia, usted debe considerar estas tres cosas.

1. Que es su obligación asegurarse de que cuenten con el sustento necesario. “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Tim. 5:8). Observe que cuando la Palabra dice que debe tener cuidado de los suyos, no le da licencia para descuidarlos, ni permite que el mundo entre en su corazón, ni en su cuenta de banco, ni que se preocupe de los años o días venideros, sino que provea el sustento, a fin de que tengan comida y ropa y si cualquiera de ustedes o usted mismo no se contentan con eso, se salen de los límites del gobierno de Dios (1 Tim. 6:8; Mat. 6:34). De esto se trata trabajar, a fin de contar con los medios para “ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad” (Tito 3:14). Y nunca objete, que a menos que logre tener más, no estará satisfecho, porque eso es falta de fe. La Palabra dice que Dios da de comer a los cuervos, cuida a los gorriones y viste a la hierba. ¿Qué más puede desear el corazón que ser alimentado, vestido y cuidado? (Luc. 12:6-28-31).

2. Por lo tanto, aunque usted mantenga a su familia, haga que todo su trabajo sea con moderación: “Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres” (Fil. 4:5 – VRV 1909). Cuídese de ocuparse tan intensamente de las cosas de este mundo, que llegue al punto de obstaculizar el cumplimiento de sus deberes y los de su familia hacia Dios, los cuales, por gracia, tiene que cumplir; como es orar en privado, leer las Escrituras y reunirse con otros creyentes. Es indigno que los hombres, junto con sus familias, vayan detrás de este mundo al punto de apartar su corazón de la adoración a Dios.

Cristianos, “el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen;… y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Cor. 7:29-31). Muchos cristianos viven y actúan en este mundo como si la religión fuera algo secundario y como si este mundo fuera lo único que realmente necesita, cuando en realidad, todas las cosas de este mundo son transitorias y la religión es lo único verdaderamente necesario (Luc. 10:40-42).

3. Si quiere ser la cabeza de una familia digna de usted, debe ocuparse de que haya armonía cristiana entre los que dependen de usted, como sucede en la familia donde gobierna alguien que teme a Dios.

1) Debe usted asegurarse de que sus hijos y sirvientes estén sujetos a la Palabra de Dios porque aunque le corresponde sólo a Dios gobernar el corazón, él espera que usted gobierne al hombre exterior porque si no lo hace, puede en poco tiempo cortar su descendencia [aun todos los varones] (1 Sam. 3:11-14). Ocúpese, entonces, de que sean sobrios en todas las cosas, en sus vestidos, su lenguaje, que no sean glotones ni borrachos; ni deje que sus hijos maltraten sin razón a sus sirvientes ni que se traten neciamente los unos a los otros.

2) Aprenda a distinguir entre cualquier ofensa que su familia le haya hecho a usted y la que le haya hecho a Dios y, aunque debe ser muy celoso del Señor y no tolerar nada que sea una transgresión abierta contra él; debe aquí mostrar su discernimiento y pasar por alto y olvidar las ofensas personales: “El amor cubrirá multitud de pecados”. No sea como los que se enfurecen, cuyas miradas parecen las de un loco cuando alguien los ofende; pero que se ríen o hacen caso omiso y no reprenden, cuando alguien deshonra a Dios.

Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Tim. 3:4). Salomón, a veces era tan grandioso en este sentido, que dejaba atónitos a los que lo visitaban (2 Crón. 9:3, 4). Pero pasemos de lo general a lo particular.

¿Tiene usted una esposa? Debe considerar cómo se comporta en esa relación y, para hacerlo correctamente, tiene que considerar la condición de su esposa, si realmente cree o no.

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

¿Cómo podemos desarrollar un pensamiento serio y reflexivo?

Blog123

En primer lugar, debemos clamar a Dios cada día y pedirle que nos ayude a desarrollar esa disposición de mente y de corazón. Muchas cosas se alían contra nosotros para que no seamos reflexivos, comenzando por la indisposición natural de nuestra carne que se opone violentamente a todo lo espiritual.

Dice Pablo en Romanos 8:7 que “los designios (o pensamientos) de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Se trata de una enemistad irreconciliable. Los pensamientos que emanan de nuestra carne son enemistad contra Dios y se oponen violentamente a todo lo bueno y espiritual.

Pensar en aquellas cosas en las que un creyente debe pensar requiere de un esfuerzo por nuestra parte, de una lucha. Observa la foto de “El pensador”, de Rodin, y te darás cuenta de que no se encuentra en una posición relajada. Todos sus músculos están en tensión. ¿Sabes por qué? Porque está pensando, no sabemos exactamente en qué, pero podemos suponer que se trata de algo serio; y pensar seriamente requiere esfuerzo. (Cuánto más cuando se está pensando en cosas santas y espirituales! Encontraremos indisposición en nuestra carne para pensar en estas cosas; debemos saber que tendremos que luchar con nuestros pensamientos.

Pero ese no es el único obstáculo que debemos vencer. También tenemos que luchar contra el espíritu de nuestra época. Vivimos en un tiempo en el que, paradójicamente, se tiene mucha información a mano, pero, al mismo tiempo, se atenta seriamente contra el proceso de pensamiento del hombre. Nunca antes había tenido el ser humano tantas    cosas en las que refugiarse para no pensar y, sobre todo, cosas tan accesibles: televisión, videos, revistas insulsas y todo lo que ofrece Internet. No es tarea fácil abstraerse de esas cosas para ocupar nuestro tiempo en algo útil y productivo. Es más sencillo desconectar la mente frente a una pantalla de TV, o divagar por Facebook, que tomar un buen libro y alimentar el alma. Debemos clamar incesantemente a nuestro Dios para que nos libre de ese terrible espíritu de la época, de esa ligereza que tristemente caracteriza a nuestra generación.

En segundo lugar, debemos esforzarnos por llenar nuestra mente de todo aquello que nos permita ser cada vez más reflexivos, más serios y más profundos en nuestro proceso de pensamiento. Hay varias cosas que debemos hacer en ese sentido.

Lo primero de todo, esfuérzate por leer diaria, ordenada y sistemáticamente la Palabra de Dios. Dice Pablo en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar abundantemente en nosotros. ¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

Continuará …

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.

El cisma y los designios de Dios 3

Blog121C

La historia, espejo de la misericordia divina

Siguiendo el ejemplo de Cristo, podemos asumir sin miedo nuestro propio pasado. Con todas sus grandezas y todas sus flaquezas. Así, podemos asumir la historia de nuestras iglesias; el pasado de la Iglesia militante, imperfecta, llena de arrugas y pecados. Un pasado que, sin embargo, no la hace menos Iglesia de Cristo, con tal que confiese su insuficiencia y sus pecados a Dios, y acepte tan solo su gracia como única suficiencia. Una iglesia deja de ser iglesia únicamente cuando pretende gobernarse a si misma en lugar de dejarse gobernar por Cristo, cuando como la iglesia en Laodicea se resiste a toda reforma de parte de Dios (Ap. 3:14 22).

El pueblo de Dios deja de ser pueblo de Dios cuando, rechazando la oportunidad que le ofrece el cisma querido por el Señor (1 R. 11:20 33), desprecia como Jeroboam (1 R. 12:26 33; 13:33,34) tal oportunidad y cae en la infidelidad y la idolatría. Solo puede ser restaurado mediante el arrepentimiento que lleva a una nueva reforma, como ilustra la experiencia del rey Josías (2 R. 23 y 24).

Al asumir nuestro pasado histórico comprobamos la misericordia divina, que no tiene limites; la gracia de Cristo que perdona y transforma.

Es así como podemos asumir la historia de la Iglesia, sin preocupaciones de hagiógrafos, sin que esta historia nos hinche ni nos aplaste. Pero orgullosos de ella, y reconocidos al Señor por ella, por cuanto es el relato de la gracia y la misericordia divinas en favor de una raza caída y perdida.

Podemos asumir la historia de la Iglesia como Cristo la asume. No con la hipocresía, o ceguera, del que cree que los suyos siempre tuvieron razón, sino con la buena conciencia del que sabe que Cristo le ha perdonado a él como perdonó a sus antepasados en la fe. Podemos asumirla con el amor de quien conoce el arrepentimiento tanto en él como en los que le precedieron en la fe. Se trata de un asumir forjado en la humildad, no en el orgullo. Este es el asumir del cristiano, no del fariseo. Es la actitud del que sabe que sus padres en la fe fueron perdonados total y perfectamente por Jesucristo. Y que supieron morir para anunciar al mundo que la única y auténtica manera de vivir es la que brota del poder y de la gracia de Dios y se sustenta en el perdón divino.

No es cuestión ni de criticar ni de ensalzar descomedidamente a los siervos de Dios, ni al pueblo de Dios, del pasado. Jesucristo ha muerto por ellos. Esto basta. Murió por los criticados y por los ensalzados. Todos ellos nos fueron dados, sencilla y simplemente, como antepasados en la comunión del cuerpo de Cristo. Cuando consideramos este pasado, no podemos por menos que exclamar: “Esto viene de Dios”. Porque nuestros padres en la fe vinieron de Dios. Eran pecadores como nosotros, pero al igual que nosotros fueron justificados por el Señor, el cual asimismo justificó sus esfuerzos y trabajos para reformar la Iglesia cuando esta se hallaba decadente y deformada.

Dios quiso la Reforma

Tenemos derecho a pensar que Dios podía desear un cisma. La Biblia así lo enseña. No ignoro que esta afirmación, en nuestro tiempo de ecumenismo y de sincretismo, sonará como nota extraña, inoportuna y escandalosa.

No obstante, hemos de precisar que si Dios ama la unidad de su pueblo, no la ama por ella misma como si se tratara de un valor absoluto superior a la verdad. Ciertamente, Dios quiere la unidad de los suyos en tanto que la misma sea el fruto de la verdad y del amor, en tanto que esta unidad testifique de la comunión fraternal de los hijos de Dios. La oración de Cristo por la unidad de los suyos (Jn. 17) no expresa el deseo de una amalgama abstracta como si tal unidad fuera el sumo bien. Lo que desea Dios es que sus hijos se amen como el Padre y el Hijo se aman en la sacra intimidad de la Trinidad.

Pero cuando no todos los que se autoproclaman hijos de Dios lo son realmente, cuando en el seno de la Cristiandad nominal hay peleas y el amor brilla por su ausencia, cuando en medio de la Iglesia visible (no de la invisible, porque ésta se halla a salvo de tales contingencias) se levantan quienes desean acallar a quienes precisamente se alzan para proclamar la proclamar la verdad y la libertad, sin las cuales el amor no es más que una palabra sin sentido. Cuando se producen tales circunstancias no es de extrañar que, entonces, Dios en su soberana providencia decida llevar a cabo una división en el que se dice su pueblo. Y ello justamente para que la verdad de la Palabra de Dios sea salvaguardada, para que las iglesias sean incitadas a buscar una mayor fidelidad y una mejor disposición a dejarse reformar por la Palabra santa.

Dios se hallaba en el origen de la Reforma. Esto significa no solamente que Dios quiso una reforma sino que, además, quiso las iglesias que de ella nacieron.

Supone un gran error creer que en el plan de Dios solo hay lugar para una sola y única Iglesia visible.

Tenemos un pasado que viene de Dios. Pero no olvidemos que tenemos también un presente que viene de él. ¿Sabremos vivir el presente de la misma manera que apreciamos y amamos la obra de Dios en el pasado, es decir, como don de Dios?

La enseñanza del Nuevo Testamento

¿Es acaso diferente la enseñanza del N.T. que hemos aprendido de los ejemplos del A.T.?

Recordemos. La Iglesia, en Pentecostés, surge de una división en el pueblo judío por lo que respecta a la figura de Jesucristo.

Ni por un instante se les ocurrió a los apóstoles someterse al Sanedrín y negar a Cristo para preservar la unidad de Israel.

Israel rechazó a los apóstoles, de la misma manera que Roma rechazó la Reforma del siglo XVI.

La unidad es importante, pero la verdad lo es muchísimo más. La unidad es auténtica solamente cuando es unidad en la verdad (Jn. 17). Porque el evangelio es la garantía de la Iglesia, no la Iglesia la garantía del evangelio.

El cisma, en ocasiones, puede ser inevitable para que la fidelidad al Señor y a su Palabra se pongan de manifiesto. También es verdad que, a veces, el cisma puede ser voluntad de la carne (Gá. 5:13 15 y ss.; 6:1 10), en cuyo caso es pecado grave tratar de disfrazarlo como si se tratara de una verdadera reforma.

Toda la Biblia enseña que el cisma está justificado solamente cuando se trata de renovar, reformar y avivar una iglesia infiel (cf. Ro.12:2 y ss.).

 

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 5

Blog120E

El deber especial de la esposa: Respetar (B)

Cómo cumplir estos deberes
1. Manténganse puros antes del matrimonio. Esto les ayudará más adelante a cumplir los deberes matrimoniales. Cada uno debe “tener su propia esposa en santidad y honor” (1 Tes. 4:4). El fornicario antes de casarse, sigue con su pecado dentro del matrimonio. Cuídense de la primera aparición de la lascivia y huyan de ella como de un veneno. Mantengan su corazón lleno de las cosas de Dios y su cuerpo ocupado en el  cumplimiento de sus obligaciones. Los más grandes incendios comienzan con una chispa. El placer momentáneo que precede al tormento eterno, es pura necedad. Si han pecado ustedes de esta manera, limpien su corazón y sus manos con la sangre de Cristo por medio de la confesión a Dios, con ayuno y oración, pidiéndole perdón y fortaleza contra tentaciones futuras. Gusten de las delicias más espléndidas del favor y las promesas de Dios, el perdón del pecado y la seguridad de vida e inmortalidad. Una vez que hayan bebido de la fuente pura, nunca volverán a preferir las aguas del arroyuelo turbio.

2. Elijan con cuidado a su cónyuge. Ahora que saben lo difícil que es el matrimonio piadoso, deben orar que el Señor les guíe a dar ese paso. No amen primero y consideren después. Primero consideren y después amen. El alma del otro sea su principal preocupación, no su apariencia o dinero. ¿Por qué cargar con una cruz perpetua por una ganancia o un placer pasajero? Cásense sólo con un cristiano, cuanto más piadoso, mejor. Consideren también su personalidad. Hablen honestamente el uno con el otro sobre sus propias faltas y problemas antes de contraer matrimonio. Si alguien les vendiera un animal enfermo pretendiendo que era sano, se sentirían defraudados. ¡Cuánto peor es cuando alguien pretende ser mejor de lo que realmente es para asegurar su matrimonio al que dicen amar!

3. Estudien los deberes matrimoniales bíblicos antes de tenerlos. Ser un cónyuge piadoso es un reto tan grande que tienen que prepararse bien con anterioridad. ¡Con razón tantos matrimonios fracasan! Sucede con demasiada frecuencia que el esposo no sabe cómo gobernar, la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, engreídos e infelices. Por lo tanto, los padres deben enseñar a sus hijos acerca de los deberes del matrimonio. En caso contrario, las familias que deberían ser el semillero de la iglesia, se convierten en caldo de cultivo del desorden y la inmoralidad. Lean no sólo las Escrituras, sino también libros buenos sobre el tema. [El lector moderno tiene muchas opciones en este aspecto].

4. Resuelvan obedecer a Dios sin reservas. Hasta no haber nacido de nuevo y haber sido santificados en su corazón, no pueden agradar a Dios ni ser una bendición total para su cónyuge. El marido que realmente teme a Dios, no puede guardarle rencor a su esposa. Una Biblia colocada entre ustedes eliminará muchas diferencias, confortará en medio de dificultades y les guiará en muchas circunstancias confusas. Recuerden que la razón de los mandatos de Dios es la más elevada, de manera que la obediencia es la mayor dulzura. Guarden la Regla de Oro en su matrimonio. Ser justos y rectos fuera de casa, no excusa la maldad en casa. Cuando ambos se enfocan en sus propios deberes, serán bendecidos.

5. Obtengan y mantengan un afecto auténtico para con su cónyuge. No den lugar a los celos. No escuchen a los murmuradores ni a los chismosos. Con frecuencia, los celos se desarrollan donde faltaba un afecto sincero desde el principio.

6. Oren pidiendo gracias espirituales.
A. Sabiduría. La falta de sabiduría causa muchos problemas en el matrimonio. Necesitamos mucha sabiduría para gobernar como maridos y para someternos como esposas.

B. Humildad. Esto impide que el marido se convierta en un tirano y que la esposa no se sujete de buena voluntad a su marido. “La soberbia concebirá contienda” (Prov. 13:10). El orgulloso no puede llevarse bien, ni siquiera con un ángel; el humilde se lleva bien con cualquiera. La humildad también promueve contentamiento. El marido y la esposa humildes dirán:

“Mi cónyuge es demasiado bueno para un pecador como yo. No me merezco una pareja tan maravillosa. Esa fue una dura reprensión, pero no fue nada en comparación con el infierno, que es lo que me merezco”. La compañía de las personas realmente humildes es agradable.

C. Rectitud. Se necesita un corazón recto para guardar estos mandamientos de Dios. El corazón escogerá el camino más seguro, aunque sea el más difícil. Sufrirá el peor agravio, más bien que causar el más pequeño. Se guardará contra los inicios del pecado que, en el matrimonio, producen las peores dificultades. El esposo y la esposa rectos, se esforzarán por cumplir cada uno su propio deber y serán los más estrictos con sus propios fracasos.

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church (Iglesia Bautista Calvario), una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 2

Blog121B

No nos hagamos ídolos

Existe otro peligro extremo, opuesto. Este peligro consiste en vivir solamente de recuerdos, vueltos los ojos al pasado morbósamente. Es el pecado de los que piensan que porque los reformadores tuvieron razón ayer, nosotros la tenemos siempre hoy. Son los que desearían justificar la Reforma hasta en sus últimos y más pequeños detalles. Los que hacen depender su verdad de la verdad de ayer… Ciertamente, los reformadores no pretendieron nunca ser canonizados, ni por las iglesias ni por las conciencias de sus admiradores. Desde luego, es lícito y loable deshacer todos los “entuertos” mal intencionados que la apologética antiprotestante ha ido acumulando. Gracias a Dios, la Iglesia católica misma está produciendo en Alemania una escuela de historiadores, a la cabeza de los cuales se halla José Lortz, que trata de enjuiciar a los reformadores y a su obra de una manera objetiva. Véase, sobre todo, la obra del autor citado Historia de la Reforma en Alemania. Con todo, los cristianos bíblicos no tenemos la preocupación romana de la hagiografia, la preocupación de buscar, sea como sea, aureolas para co-locar alrededor de las figuras históricas admiradas. No debemos preocuparnos demasiado por justificar con nuestros razonamientos a los promotores de la Reforma, porque en el fondo “Esto [la Reforma] viene de Dios, ha sido él quien la ha querido. Y esta es su máxima justificación histórica. Y, lo que es más importante, su justificación ante Dios. Su única justificación eternamente válida”.

Así, por encima de los que critican y los que justifican, de los que odian el movimiento reformador del siglo XVI y los que lo aman, de los que lo rechazan y los que lo abrazan, está la voluntad de Dios: “Esto lo he hecho yo”, porque como confiesan los autores católicos bien documentados, los reformadores no querían innovar sino reformar: “Lutero no quiso fundar una nueva Iglesia, sino reformar la antigua” (Hanz Kung, El Concilio y la unión de los cristianos, Herder, p. 137). Allá la Iglesia romana con su responsabilidad ante Dios por haber rechazado en el siglo XVI, y continuar rechazándolo persisténtemente hasta hoy, el impulso del Espíritu Santo en su obra de reforma. Pero no juzguemos. Como tampoco pretendamos justificar con argumentos carnales el movimiento reformador. Es Dios quien lo justifica y esto basta. No hay por qué hacer ninguna idolatría, pues existe un camino más excelente.

“Así ha dicho Yahveh: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada aso a su casa porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la Palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la Palabra de Yaveh” (1 Reyes 12:24).

El ejemplo de Cristo

Cristo era el Verbo de Dios, el Hijo eterno del Padre. Pero también era el Hijo del Hombre, el hijo de María. Y su humanidad le dio unos antepasados a los cuales como hombre, y como judío, se halla vinculado. ¿Cómo aceptó Cristo este pasado?

Hay un texto muy curioso, y muy importante, en los Evangelios: la genealogía de Jesús, según el Evangelio de Mateo. !Qué pasado el de los antepasados de Cristo según la carne! Si bien es verdad que hallamos a hombres y mujeres que fueron célebres por su fe y por sus actos, también encontramos a otros de los cuales la Escritura guarda silencio ab-soluto, o casi absoluto (tal vez porque no había nada que decir de ellos), hay, sin embargo, otros personajes cuya historia podría hacer la competencia a ciertas revistas y películas escandalosas, si los periodistas modernos se tomasen la molestia de leer la Biblia. Recordemos la vida de Judá y Tomar, de Rahab, y de David y Betsabé.

Y Cristo, según la carne, es el descendiente de tales hombres y tales mujeres. iNo seamos fariseos! ¿No vino, acaso, a buscar y salvar lo que se había perdido? ¿Y no era condición esencial y básica para ello el identificarse con la humanidad pecadora (aunque siendo él sin pecado)? ¿Y no empezó esta identificación con la encarnación, por la cual el Verbo divino se introdujo en la historia y en la raza pecadoras del género humano?

La genealogía de Jesús es la genealogía del hombre corriente. Jesús no tiene la preocupación falsa y farisaica de la hagiografia. Dios quiere santos, desde luego. Pero para esto vino Cristo al mundo. Para redimir con su sangre a los pecadores, de manera que puedan ser hechos luego (por la gracia divina y la fe) santos. Dios sabe bien que por naturaleza no hay santos (Romanos 3), pues todos somos pecadores, y si desea santos tiene que hacerlos y recrearlos en Cristo. Así, pues, Cristo tampoco trató de justificar su genealogía, aunque sabía que esta había sido dispuesta por el Padre. Y esto bastaba.

Tampoco el evangelista Mateo se preocupa en podar el árbol genealógico de su Salvador de todas aquellas ramas que produjeron frutos dudosos, ni mucho menos cae en la tentación de cortar los injertos extraños (Rut, por ejemplo) que llevaron, sin embargo, mejor fruto. Mateo, como Jesús, acepta a los seres humanos tal como son.

Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y asume, por consiguiente, la historia de todos sus antepasados en la carne, los grandes y los menos grandes. Todos pecadores. Los asume porque perdona, porque con su sangre ha venido a vivir y a morir por ellos, justificándolos mediante su perfecta obediencia a la ley de Dios y redimiéndoles con su muerte expiatoria en el Calvario. Vino a asumir la existencia humana para reconciliarla con Dios.

Cristo asume la historia de sus antepasados. De la simiente de David según la carne, reza la Escritura. Y, por tanto, de la simiente de Adán, también. Por esta simiente se encarnó, para salvarla por pura gracia. Tenía, pues, que asumirla. Pero no como si Jesús llamase blanco a lo negro o como si encontrara excusas para todo, al modo como solemos hacerlo nosotros. No, en absoluto. Jesucristo ha venido para comunicar su vida justa y justificante a Abraham y a Isaac, pero también a Jacob, a Judá y a Tomar a David y a Betsabé, y a todos nosotros los creyentes.

Continuará …

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 4

Blog120D

El deber especial de la esposa: Respetar (A)

Esta es la cualidad especial de ella. Si tiene toda hermosura y todo conocimiento, pero no respeta a su marido, no es una buena esposa. La creación lo sugiere. Fue creada después del hombre (1 Tim. 2:13), tomada del hombre (1 Cor. 11:8) y para el hombre (1 Cor. 11:9). Este orden no es del hombre, sino de Dios. Aun después de la Caída, la orden divina sigue
en pie: “Él se enseñoreará de ti” (Gén. 3:16). El Nuevo Testamento confirma todo esto (Col. 3:18; 1 Ped. 3:1-6). Aun cuando ella sea la cosa más dulce y su marido el más malo, ella sigue teniendo el deber de respetarlo. Primero, tiene que fijar en su corazón que su posición es inferior a la de él y, entonces, podrá cumplir con facilidad y alegría todo lo que el respeto implica. No es correcto colocar la costilla sobre la cabeza, ni aun a su mismo nivel.

1. Descripción del respeto de la esposa piadosa.
A. Lo tiene en alta estima. “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Ester 1:20). Reflexione en la excelencia de su persona y valórela como debe. Y si él no es un hombre realizado, entonces debe ella considerar la excelencia de su lugar como “imagen y gloria de Dios” (1 Cor. 11:7). Lo estimó usted cuando lo eligió como marido y debe seguir haciéndolo. Recuerde la falta de respeto de Mical para con David y el consecuente castigo de Dios (2 Sam. 6:16, 23). Su familia y sus vecinos la respetarán como ella respeta a su marido. Así que, al honrarlo a él, se honra a ella misma.

B. Lo ama de verdad. Este respeto está compuesto de amor, que es también el deber de la esposa (Tito 2:4). Sara, Rebeca y Raquel dejaron completamente a sus padres, amigos y patria por amor a sus maridos. Una joven llamada Clara Cerventa estaba casada con Valdaura, cuyo cuerpo estaba tan lleno de enfermedades que nadie más se atrevía a tocarlo, pero ella curaba sus llagas con todo cuidado y vendió sus propias ropas y joyas para mantenerlo. Por último, él murió y cuando llegaron los que venían a consolarla, les dijo que, si pudiera, lo compraría de vuelta, aun si significara perder a sus cinco hijos. No hay manera mejor de generar el amor de su esposo que respetándolo.

C. Lo complace con diligencia. La palabra “respete” en Efesios 5:33 es, literalmente, “tema”. Ella debe mantener “casta conversación, que es en temor” (1 Ped. 3:2 – VRV 1909) porque el uno sin el otro, es inadecuado. Este temor no es servil, sino un sincero deseo de complacerle y negarse a ofenderlo. “Haré todo lo posible para complacerlo, aunque no temo su mano, sino su ceño fruncido. Preferiría desagradar al mundo entero antes que a mi marido”.

2. El patrón para el respeto de la esposa piadosa.
A. El respeto de la iglesia por Cristo. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;…” (Ef. 5:22). “…como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (5:24). Su sumisión ha de ser como la sumisión ideal de la iglesia a Cristo.

1) En todo. En lo grande y en lo pequeño, en lo que le es agradable y lo que le es desagradable a ella. Sólo cuando él requiere lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios requiere, ha de negarle ella, su sumisión. Ella puede razonar con él en cuestiones que le son inconvenientes a ella, pero si no lo convence y no se trata de un pecado, ella debe someterse a él. 

2) Libre, con buena disposición y alegre. El servicio que el cristiano rinde al Señor es con buena voluntad (Ef. 6:7). Así que la esposa debe someterse a su marido como si hubiera una sola voluntad en el corazón de ambos. Lea y Raquel seguían a Jacob como su sombra (Gén. 31:14-17). La reverencia de Sara era sincera, pues llamaba “señor” a su marido (Gén. 18:12) y esto es un ejemplo para las esposas cristianas (1 Ped. 3:6). Por lo tanto, una obediencia a regañadientes es inaceptable y, por lo general, brota del orgullo y engreimiento que ella no ha mortificado. Aun si él es severo, es mejor que ella cumpla su deber y deje que Dios sea quien juzgue.

B. El respeto del cuerpo por la cabeza. “Porque el marido es cabeza de la mujer,…” (Ef. 5:23). Todos los miembros del cuerpo saben que la cabeza es útil para el bien de ellos. La mano aceptará una herida para proteger la cabeza. Sea lo que fuere que la cabeza decide hacer, el cuerpo se levanta y la sigue todo el tiempo que puede. Este es el modo como la esposa debe honrar a su marido, segundo sólo a Dios. Es ridículo pensar que la cabeza
puede ir en una dirección y la costilla por otra, que un soldado mande a su general o que la luna pretenda ser superior al sol. Esto se altera, únicamente, si el marido es insano. “El hombre tiene autoridad en su casa, a menos que sea verbum anomalum; es decir, un necio” (Lutero). 

3. La demostración de respeto de la esposa piadosa.
A. De palabra.
“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si ella realmente lo respeta, se notará en lo que dice. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26; vea 15:4).

1) Habla respetuosamente de él, en su ausencia. Ninguna esposa es demasiado grande ni buena como para no imitar el ejemplo piadoso de Sara y darle un título de respeto como “señor” (1 Ped. 3:6). La mujer malvada se refiere a su marido como “el hombre” (Prov. 7:19, literalmente en hebreo). ¡Oh, que esto fuera lo peor que las esposas llamaran a sus maridos a sus espaldas!

2) Le habla respetuosamente en su presencia. Cuídese de:
a. Interrumpirlo cuando habla o decir diez palabras por una de las de él. El silencio, más que el hablar, muestra la sabiduría de la mujer. La mujer sabia usa las palabras con moderación.

b. Usar palabras o un tono irrespetuoso. Procure ser un “espíritu agradable y paciente” (1 Ped. 3:4). No tema que esto empeorará a su marido, más bien confíe en la sabiduría de Dios (1 Ped. 3:1; Prov. 25:15). Recuerde que Dios le escucha y le juzgará por cada palabra ociosa (Mat.12:36). Idealmente, tanto el esposo como la esposa, deben ser lentos para apasionarse, no obstante esto, donde uno debe ceder, lo más razonable es que sea la esposa. Ninguna mujer recibe honra por haber tenido la última palabra. Algunas mujeres argumentan que su lengua es su única arma, pero el sabio sabe que a su lengua la enciende el infierno (Stg. 3:6). Note cómo Raquel le habló impulsivamente a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gén. 30:1) y en cuanto tuvo dos, ¡murió! (Gén. 35:18). Por otro lado, Abigail se comportó con prudencia y recibió honra. Si el respeto no prevalece con él, el enojo tampoco. Por eso es que el marido y la esposa deberían acordar que nunca se levantarán la voz uno al otro.

B. De hecho.
1) Ella obedece sus instrucciones y sus restricciones. Sara obedeció a Abraham y ella es un ejemplo digno (1 Ped. 3:6). Él le dijo: “Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes” (Gén. 18:6) y ella lo hizo inmediatamente. La esposa está obligada a obedecer a su marido con sinceridad en todo lo que no sea contrario a la voluntad revelada de Dios y, aun en este caso, debe negarse respetuosamente. Por ejemplo, ella no puede dar su consentimiento a omitir la lectura bíblica o la oración o a no santificar el Día del Señor, aunque él lo mande enérgicamente. El hogar es el lugar apropiado para ella; ella es su hermosura; allí es donde se desenvuelve y es su seguridad. Sólo una necesidad urgente debe impulsarla a salir. Los pies de la prostituta no moraban en su casa (Prov. 7:11). La esposa debe vivir donde su marido lo juzga mejor. Las esposas deben “amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa [en griego, oikouros, que significa cuidar la casa, trabajar en el hogar, quedándose en casa y atendiendo los asuntos de la familia, Concordancia de Strong], buenas, sujetas a sus maridos” (Tito 2:4, 5).

2) Ella le pide su consejo y escucha sus reconvenciones. Rebeca no mandó a Jacob a su hermano Laban sin consultarle a Isaac (Gén. 27:46). Sara no echó a la sierva Agar sin consultarle a Abraham (Gén. 21:10). La mujer sunamita no iba a recibir al profeta en su casa sin decirle a su marido (2 Rey. 4:10). Su tarea más difícil es escuchar la reconvención con cariño y gratitud, especialmente, si tiene un espíritu orgulloso y contencioso. Pero ella debe recordar que tiene sus faltas y que nadie las ve mejor que su marido. Así que contestarle con dureza por sus reconvenciones muestra una gran ingratitud. Si ella realmente lo respeta, esta será una píldora mucho más fácil de tragar.

3) Ella mantiene una actitud respetuosa y alegre en todo momento. No debe ceder a la irritabilidad o la depresión cuando él está contento, ni estar eufórica cuando él está triste. Debe hacer todo lo posible para que él se complazca en ella. Exprese ella contentamiento con lo que tiene y con su posición, y un temperamento dulce a fin de que él disfrute de estar en casa con ella. Estudie ella cómo le gustan a él sus comidas, sus ropas, su casa y obre conforme a lo que le agrada porque, aun debido a estas pequeñeces, surgen muchas agrias discusiones. Nunca debe permitir que su exceso de confianza con él, genere desdén. El amor de él no debe hacerle olvidar sus deberes, sino aumentar sus esfuerzos. Su cariño no debe disminuir su respeto por él. Es mejor obedecer a un hombre sabio que a uno necio. La mayoría de los maridos se reformarán si sus esposas los respetan adecuadamente. De la misma manera, la sabiduría y el afecto de él se ganan el respeto de la esposa, en la mayoría de los casos.

Algunos harán caso omiso a estos consejos con la excusa de que nadie puede ponerlos por obra, pero esto es una burla a Dios. Él castigará a los tales. Si su venganza no le llega en esta vida, como sucede con frecuencia con los rebeldes, entonces le llegará en la próxima. El cristiano auténtico se caracteriza por un sometimiento fundamental al consejo bíblico; sin estos, somos meros hipócritas.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 1

blog121

¿Cabe el cisma en los propósitos de Dios?
¿Puede Dios desear la división del que se dice su pueblo?

¿Conoces la historia del cisma entre el Reino del Norte (Israel), y el Reino del Sur (Judá)? Abre tu Biblia en el capítulo 11 del Primer Libro de Reyes y aprenderás que después de la muerte de Salomón, Roboam (su sucesor) en lugar de aligerar el yugo que pesaba sobre el pueblo de Dios, lo agravó todavía más. Entonces, Jeroboam, un hombre del norte, levanta en rebeldía a las tribus del norte. Y consuma la división.

Esto ocurría 931 años antes de Jesucristo.

Desde entonces, ante nosotros se plantea una pregunta grave: ¿Permitirá Dios el que su antiguo pueblo sea dividido? Esta pregunta es de un interés angustioso sobre todo si la hacemos a la luz de los acontecimientos que siguieron al cisma. El cisma no fue un éxito completo ni para unos ni para otros, aunque la bendición de Dios se volcó evidentemente sobre el Reino del Sur. El Reino del Norte, Israel, se convirtió en el baluarte de la idolatría. El Reino del Sur sobrevivió en ciertas épocas y bajo ciertos reyes, pero finalmente también sucumbió. El pecado, inherente a la naturaleza humana, hizo su obra en ambos reinos, aunque la fidelidad a Dios se manifestó particularmente en ciertos hombres y períodos de la historia del Reino del Sur.

Tanto para el Norte como para el Sur, la historia termina trágicamente. Lee los libros de Crónicas y Reyes y verás en qué terminó la idolatría y la apostasía de Judá e Israel.

Y nosotros hacemos la pregunta: ¿Quería Dios el cisma?

La respuesta es clara y terminante. Dios mismo nos dice: “Esto lo he hecho yo” (I Reyes 12:24).

Y si todavía esto no fuera suficiente para convencernos, la Biblia misma nos invita a volver al capítulo 11, el anterior, en donde veríamos que, ya en vida de Salomón, Dios había enviado otro profeta, Ahías silonita (I Reyes 11:29 y ss), para predecir el cisma y escoger, anticipadamente, a Jeroboam como rey de las tribus del norte.

Nuestra posición ante el cisma del siglo XVI.
Está, pues, bien claro. Ha sido Dios mismo el que ha querido, preparado y realizado, el cisma en su pueblo. Y ha previsto incluso a aquellos que se opondrían al mismo. Esto nos permitirá poder hablar fraternalmente a todos cuantos hacen del problema de la unidad visible de la Iglesia de Cristo la más angustiosa de las cuestiones religiosas. La preocupación por la unidad del pueblo de Dios es una preocupación santa, siempre que se albergue dentro de una perspectiva equilibrada en la que la verdad sea más importante que la unidad misma. El peligro de desorbitar el problema de la unidad conduce a un falso ecumenismo (tan extendido, desgraciadamente, en nuestros días) que tiende a contagiar a muchas iglesias y personas.

La Biblia enseña otras perspectivas muy diferentes de las que tiene cierto ecumenismo moderno para enjuiciar el problema del cisma y la unidad.

Ciertamente, aunque nada nuevo hay debajo del sol, por otro lado la historia no se repite nunca exactamente igual. No se trata de aplicar, como si fuera una calcomanía, la situación del antiguo Israel a las circunstancias de la Iglesia. Pero sería menospreciar la enseñanza de la Palabra de Dios si no supiésemos ver en el A.T. la norma y el ejemplo para el pueblo de Dios de todas las edades, pues como escribió Pablo, las viejas cosas fueron dichas para nuestra admonición.

Resulta claro que el Primer Libro de Reyes muestra cómo Dios puede querer el cisma y puede efectuarlo por sí mismo. Además, la Biblia enseña que la coyuntura a que es llevado el “cismático”, considerada para algunos como la más grande de las tragedias, puede inspirarse en una necesidad de obediencia y fidelidad a Dios y su Palabra.

Desde luego, no queremos decir con ello que todos los “cismas” han sido queridos por Dios, ni mucho menos. Del mismo modo que no todos los anhelos ecuménicos son según la voluntad de Dios. Tan solo queremos subrayar el hecho de que hay “cismas” y “cismas”. Y por consiguiente, los hay que son deseados y efectuados por Dios.

Enjuiciando la Reforma del siglo XVI, la cual produjo un cisma en la Iglesia visible, hay quien le reprocha el no haber podido alcanzar a toda la comunidad nominal de la cristiandad. Por consiguiente, piensan que puestos a elegir entre reformar a una parte solamente de la Iglesia (a expensas de su unidad visible) o guardar esta unidad (a expensas de dejar a la Iglesia sin reformar), era mejor optar por lo segundo. En otras palabras: estas personas consideran la Unidad visible como algo mucho más importante que la fidelidad a la verdad de la Palabra revelada. Pero este concepto entra en pugna con la enseñanza bíblica.

Decir que la Reforma del siglo XVI fue un fracaso porque no logró reformar a toda la cristiandad equivale a decir que Dios también fracasó al provocar el cisma entre Israel y Judá, cisma que tan solo consiguió mantener un destello de fe en el Reino del Sur, y aún no siempre.

Todo aquel que juzga el pasado desde una posición de cómoda crítica se expone a que el pasado lo juzgue a él. Todos estos, católicos o no católicos, que en aras de un mal entendido ecumenismo dicen, o piensan, más o menos: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de la Reforma, ubiésemos sido menos dogmáticos, menos intransigentes, me-nos rigurosos, en suma: ¡menos reformados”. Todos los que piensan así, explícita o implícitamente, ¿qué papel hubieran desempeñado en el siglo XVI? Por más que nos esforcemos, no podemos asignarles otro que el de espectadores, insensibles o sensibles (pero de sensibilidad sentimentaloide e ineficaz), de los autos de fe y serviles aduladores de hombres y doctrinas en los cuales ya no creían sinceramente.  En suma, su papel hubiera sido bien triste y cobarde … Y, por tanto, si actitud hoy, pretendiendo juzgar a la Reforma, olvidando su contexto histórico, y hablando de lo que o no entienden o no aman, en la Biblia se llama fariseísmo.

Ante la Reforma, y ante los reformadores, no podemos decir otra casa que: “Esto viene de Dios”. ¡Ni más ni menos.

Continuará …

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 3

blog120c

 

El deber especial del esposo: Amar

El amor es el fundamento de todos los demás deberes para con ella. Todo fluye de esto. Sin amor, cada cumplimiento de un deber para con ella parece difícil. La ternura, el honor y la amabilidad son meros rayos del sol del amor.

1. Las dimensiones del marido piadoso. El amor de un esposo por su esposa es particular a esta relación. Es distinto del amor paternal y de la lascivia animal.

A. La razón de él. Usted está casado con ella y Dios ordena a los esposos que amen a sus esposas. Solamente esto durará para siempre, ya que ella puede perder sus encantos de muchas maneras.

B. La extensión de él. Usted debe amar tanto su cuerpo como su alma. Por lo tanto, debe escoger una esposa que le es atractiva por su físico y por su personalidad y espiritualidad. De otra manera, no le hace justicia a ella.

C. El grado de él. Por sobre el amor hacia todos los demás, incluyendo a sus padres e hijos y, ciertamente, sobre cualquier persona fuera de la familia. “En su amor recréate siempre” (Prov. 5:19).

D. La duración de él. “Siempre” (Prov. 5:19, recién citado), no sólo en público, sino también en privado, no por una semana o un mes o un año, sino hasta la muerte. Su amor debe aumentar diariamente, incluyendo en la vejez. Tuvo usted su hermosura y su fuerza, así que ¿por qué no sus arrugas y enfermedades? La hermosura interior aumenta a medida que la hermosura exterior disminuye. Existen muchas razones bíblicas por las cuales el amor del marido debe ser perpetuo.

2. El patrón para el amor del marido piadoso.

A. El amor de Jesucristo por su iglesia. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25); “…sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (5:29). Aunque no podemos lograr ser iguales a Cristo, esta cualidad de nuestro amor debe ser como la de él. Entonces, ¿cómo ama Jesucristo a su iglesia?

1) Auténticamente, sin hipocresía. Su amor fue tan real e intenso que murió por la iglesia.

2) Libremente, incondicional antes y sin expectativas después. Se dio a sí mismo para limpiar su iglesia, lo cual implica que antes ella no era ninguna belleza. El esposo, por su propio amor, debe generar amor en ella. El amor verdadero se trata más de mejorar el objeto del amor, que de enriquecer el tema.

3) Santamente, sin impureza. Cristo amó a la iglesia “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (5:26). Esto enseña al marido a obrar diligentemente para promover la santificación de su esposa.

4) Grandemente, sin comparación. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Esto es lo que Cristo hizo por su iglesia (Ef. 5:25).

5) Constantemente, sin cambiar. “A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…” (Ef. 5:27). Muchas veces ella ha hecho a un lado a Cristo, no obstante, él sigue amándola. Los esposos deben copiar su ejemplo. Ninguna mala conducta de parte de ella, justifica que la deje de amar.

6) Activamente, sin descuidarla. “…La sustenta y la cuida,…” (Ef. 5:29). Debe hacer lo máximo para llenar las necesidades de ella, ya sea de sustento, de su amistad constante o de su cuidado cuando está enferma.

B. El amor del esposo por él mismo. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (5:28). “…Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo;…” (5:33). Si bien este modo de amar es menor que el amor de Cristo por su iglesia, es más fácil de entender.

1) Tiernamente. Tratamos nuestras propias heridas y angustias con más ternura que nadie. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne,…” (5:29). Las esposas son como vasos de cristal, que se rompen fácilmente si no se las trata con ternura. Las mujeres son más propensas a los temores y las pasiones y los sufrimientos.

2) Alegremente. Nadie está tan listo para ayudarlo a uno como lo está uno mismo. Los mejores amigos a veces fallan, pero usted se ayuda a sí mismo. Así que esté listo para ayudar a su esposa. Si una nube se cierne entre ustedes, disípela con su amor. Usted no seguirá enojado consigo mismo por mucho tiempo. Ne deben necesitar un mediador.

3. La demostración del amor del marido piadoso.

A. De palabra.                                                  1) Le enseña. “…Vivid con ellas sabiamente,…” (1 Ped. 3:7). Ellas deben preguntar “en casa a sus maridos” si desean aprender algo y no hablar en la congregación (1 Cor. 14:35). ¡Ay del esposo a quien le falta la voluntad o la habilidad de enseñar a su esposa! En cualquiera de los dos casos, debe adquirirla. De no ser así, ¡ella probablemente lo maldiga para siempre en el infierno!

2) La reprende. “…el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8), de manera que pase por alto muchas de sus faltas. La espada pierde su filo por el uso constante, lo mismo sucede con la reprensión. No obstante, el amor verdadero, a veces, requiere la reprensión, pero debe hacerse con la mayor sabiduría y ternura imaginable, no delante de extraños, raramente ante la familia, principalmente por pecados, rara vez por otra cosa. Elogie primero y explique después. La reprensión debe ser corta, como una  palmada rápida y leve (es claro que esto es puramente una comparación; el marido jamás debe pegar a su esposa). Si la poción está demasiado caliente, hace más daño que bien. Siga el ejemplo de Job cuando dijo simplemente: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (Job 2:10). La reprensión leve es la que más  posiblemente le impulse a ella a arrepentirse sinceramente (Prov. 25:15).

3) La alienta. Elógiela cuando hace algo bueno. Esto es importante porque le ayudará a ver la sinceridad de su amor cuando tiene que reprenderla y hará que las reprensiones sean más convincentes.

4) La conforta. Especialmente cuando está sufriendo emocional o físicamente. Por los tiernos razonamientos de Elcana con Ana, ella volvió a comer (1 Sam. 1:8, 9). Las palabras gentiles de un esposo, son como medicina para su esposa. No la subestime.

B. De hecho.
1) Le provee el sustento. Es principalmente deber del esposo proveer sustento para su esposa (Éxo. 21:10). Ella debe ayudar hasta donde puede. El “honor” que debe darle el marido a su esposa como el vaso más frágil, bien puede referirse a su mantenimiento (1 Ped. 3:7; Mat. 15:6; 1 Tim. 5:3). Debe proporcionarle sustento, no sólo en vida de él, sino también para cuando él haya partido, como lo hizo Cristo en relación con su iglesia. Si puede, debe darle un monto para que maneje a su gusto, a fin de que ella pueda hacer caridad y animar a los siervos e hijos en el cumplimiento de sus obligaciones.

2) Le demuestra gran ternura. Esto se expresa especialmente en protegerla de peligros, tentaciones, daños, reproches, desprecios y su comprensión en los momentos de dificultades.

3) Le es un buen ejemplo. Por lo general, las esposas siguen a sus maridos al infierno o al cielo. El ejemplo de él es de más influencia de lo que él cree. Salomón lo llama “al compañero (guía) de su juventud (de ella)” (Prov. 2:17). Por lo tanto, establezca pautas de piedad, seriedad, caridad, sabiduría y bondad. Ella aprenderá a orar al escuchar sus oraciones. Su vida será una regla o una ley para la de ella.

4) Le concede pedidos razonables. Recuerde que David le otorgó a Betsabé el pedido que le hizo de que su hijo ocupara el trono (1 Rey. 1:15- 31), Isaac le otorgó a Rebeca su pedido de una esposa piadosa para Jacob (Gén. 27:46; 28:1) y Jesucristo otorga pedidos razonables a su iglesia. El esposo debe estar anticipando los pedidos de ella y otorgárselos antes de  que los pida. Él debe buscar su consejo, como lo hicieron Elcana y
Abraham (1 Sam. 1:23; Gén. 21:12) y ceder cuando ella tiene razón.

5) Confía en ella en cuestiones domésticas. “El corazón de su marido está en ella confiado” (Prov. 31:11), especialmente si tiene el criterio suficiente que necesita tener para manejar los asuntos del hogar. El esposo tiene cosas más importantes que hacer que mandar a los sirvientes de la casa. Ella quizá le consulte ocasionalmente a él, a fin de que si las cosas no salen bien, ella no tenga la culpa. Pero, por lo general, él debe moverse en una esfera fuera de la casa y ella en la de ella, dentro del hogar. Él debe traer la miel y ella debe trabajarla en el panal.

6) Ejerce autoridad para con ella. El omnisciente Dios invistió al primer esposo con esa autoridad (Gén. 2:23) y no se la quitó en su caída (Gén. 3:16). La luz de la naturaleza y del evangelio lo requieren (Ester 1:22; 1 Cor. 11:3). Sólo las mujeres orgullosas e ignorantes lo cuestionan. Pero el esposo debe usarla:

a. Sabiamente. Puede mantener su autoridad únicamente por medio de una conducta realmente espiritual, seria y varonil. Le será difícil a ella reverenciarlo, si él no reverencia a Dios. Si él es superficial o afeminado, la perderá.

b. Gentilmente. Recuerde que aunque su posición es superior, sus almas son iguales. Ella es su compañera, por lo tanto, no puede ejercer dominio sobre ella como un rey lo hace con sus vasallos, sino como la cabeza lo hace con su cuerpo. Eva no fue formada de la cabeza ni del pie de Adán, sino de su costado, cerca de su corazón. Su actitud debe ser amistosa, sus palabras dulces, sus órdenes escasas y respetuosas y sus reprensiones gentiles (Col. 3:16). No piense que el modo de mantener a una esposa bajo su autoridad
es por intimidarla. Si la mansedumbre de la sabiduría no prevalece con ella, entonces ha fracasado usted en este mundo y ella en el mundo venidero.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 4

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Las palabras de Pablo: “Dios […] pagará a cada uno conforme a sus obras” (Ro. 2:5,6) y “porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo […) de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:10,12), claramente enfocan la responsabilidad individual a la que se da prioridad en el Nuevo Testamento. Estos pasajes deben ser vistos como la unificada enseñanza de las Escrituras, empezando por Moisés (Dt. 24:16), continuando con los profetas (Jer. 31:29,30; Ez. 18:1-4,14-16,18-20; Dn. 9:4, 5,7-9), y culminando con las enseñanzas de Jesús (Jn. 8:11; 9:1-3).

Moisés había tratado de corregir el paganismo de sus días, pero para el tiempo de los profetas el pueblo había vuelto a sus caminos paganos. Los profetas también trataron de corregirlo, pero para el tiempo de Jesús el pueblo había vuelto a caer en el pensamiento pagano.

La iglesia tiene hoy el testimonio de Moisés, de los profetas, de Jesús, y de los apóstoles, juntamente con el Nuevo Testamento, la plenitud del Espíritu y sus dones, incluido el de discernimiento. No obstante, un gran porcentaje de la iglesia cristiana está cayendo en el evangelio metafísico y pagano de la nueva era.

La iglesia en el siglo XXI debe afirmar la suficiencia del sacrificio de Cristo tan inequívocamente como lo hizo al principio. Pablo declaró, sin temor a contradicción: “A vosotros, estando muertos en pecado y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente [la referencia es a los espectáculos romanos en que los emperadores y generales que ganaban una guerra marchaban por las calles de Roma con el botín y los prisioneros conquistados para mostrar, tanto al ciudadano como al enemigo, el poder del Imperio], triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:13-15). Ver también: Gálatas 3:13; 1 Corintios 6:9-10; Romanos 3:23-24.

¿Qué podemos aprender del roce con esta herejía?

1. Las Escrituras son la única lámpara a nuestros pies y luz a nuestro sendero en que podemos confiar.

2. Las palabras del hombre solo pueden llevarnos de vuelta a la esclavitud: por ejemplo, el temor. Tenemos que obtener todo el consejo de Dios en las Escrituras, en vez de seguir la última decadencia teológica.

3. El hombre caído siempre busca soluciones rápidas. Casi ninguno de los problemas encarados por las ceremonias de maldición generacional puede ser echado fuera o atado. Los problemas de conducta tienen que ser tratados en nuestro andar de discipulado. Necesitamos diariamente tomar nuestra cruz, considerarnos muertos al pecado y vivos a Dios en Cristo, traer a sujeción nuestro cuerpo, llevar cautivo cada pensamiento a la obediencia de Cristo, y renovar nuestra mente por la Palabra de Dios. Un exorcismo “a la volada” de nuestras imperfecciones de carácter nos dejará decepcionados porque despertaremos el próximo día para descubrir que todavía tenemos esas imperfecciones. Jesús no nos ha llamado a una versión de método fácil del cristianismo. Él nos ha llamado al discipulado, a diariamente seguir al Maestro, sometiéndonos a su señorío, aprendiendo de él, para llegar a ser más como él.

1. Sirve para recordarnos el poder y la suficiencia de la sangre de Cristo.

2. Porque la maldición generacional nos ha llevado a retornar a la Biblia para reevaluar su mensaje, de nuevo se nos recuerda que nuestras obras tienen consecuencias, y que nuestra vida tiene un poderoso impacto en nuestros hijos, para bien o para mal. Por la manera en que viven algunos creyentes, es como dice el profeta Oseas: “Porque sembraron vientos, y segarán torbellinos” (Os. 8:7). Mucha gente en nuestras iglesias necesita de un verdadero arrepentimiento bíblico, una transformación, y el poder del Espíritu para que vivamos en forma ejemplar conforme al llamado de Dios. Las palabras de Pablo claramente muestran que cualquier deuda de pecado que hayamos acumulado fue efectivamente cancelada gracias a la muerte vicaria o sustitutiva de Jesús. Además, Pablo afirma que los poderes y principados que nos tenían esclavizados en el pecado no solo fueron vencidos y desarmados, sino también totalmente humillados. La muerte de Cristo ofrece tanto el perdón de pecados como la liberación de la opresión, y la posesión demoníaca a quienes se apropian de este sacrificio. Conclusión: Las Escrituras nos enseñan que el sacrificio de Cristo es suficiente y completo para el perdón de nuestros pecados, que no estamos atados a los pecados de nuestros padres, cada quién es responsable de su propia vida y obras delante de Dios de forma individual. No necesitamos ceremonias ni ritos de exorcismo para ser libres. “Así que, sí el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36).

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

Los deberes de esposos y esposas 2

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Deberes que corresponden a ambos por igual

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24) y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de (tu) padre” (Sal. 45:10). Él tiene que “vivir con” su esposa (1 Ped. 3:7) y ella que “no se separe de su marido”, aunque éste sea inconverso (1 Cor. 7:10). Los otros deberes del matrimonio  requieren vivir juntos, teniendo relaciones sexuales regularmente, las cuales cada uno le debe al otro (1 Cor. 7:3-5). El A.T. prohíbe que los esposos vayan a la guerra durante su primer año de matrimonio (Deut. 24:5). Esto muestra la importancia de vivir juntos.

2. Amándose el uno al otro. Éste es un deber tanto del esposo (Col. 3:19) como de la esposa (Tito 2:4). El amor es la gran razón y el consuelo del matrimonio. Este amor no es meramente romance, sino afecto y cuidado auténtico y constante y “entrañablemente de corazón puro” (1 Ped. 1:22) el uno por el otro. El amor matrimonial no puede basarse en belleza o riqueza, pues éstas son pasajeras y ni siquiera en la piedad, pues ésta puede menguar. Tiene que basarse en el mandato de Dios que nunca cambia. El voto matrimonial es “para bien o para mal” y los casados deben considerar a sus cónyuges como lo mejor en este mundo para ellos. El amor matrimonial tiene que ser duradero, perdurando aun después de que la muerte haya roto el vínculo (Prov. 31:12). Este amor de corazón puro produce, como consecuencia, el contentamiento y consuelo. Guarda contra el adulterio y los celos. Previene o reduce los problemas familiares. Sin él,el matrimonio es como un hueso dislocado. Duele hasta que vuelve a encajarse en su lugar.

3. Siendo fieles el uno al otro. Cada varón debe tener (sexualmente) su propia esposa y cada esposa, su propio marido (1 Cor. 7:2) y sólo los suyos propios. Imiten al primer Adán, quien tuvo sólo una esposa y al segundo Adán, quien tiene una sola iglesia. El pacto matrimonial los enlaza a ustedes a sus propios cónyuges: Los más queridos, dulces y mejores del mundo. La infidelidad más pequeña, aun en el corazón, puede llevar a un adulterio en toda la extensión de la palabra. Sin arrepentimiento, el adulterio destruye la felicidad terrenal, al igual que la expectativa razonable del cielo. Casi disuelve el matrimonio y, en el A.T., era un crimen sancionado con la pena de muerte (Deut. 22:22). Cuídense para evitar las tentaciones de este pecado. El hombre que no se satisface con una mujer, nunca se satisfará con muchas porque este pecado no tiene límites. La fidelidad también incluye guardar el uno, los secretos del otro. Estos no deben revelarse, a menos que exista una obligación mayor. Contar los secretos del cónyuge es malo cuando sucede por accidente, peor cuando es el resultado de un enojo y peor todavía cuando es motivado por el odio.

4. Ayudándose el uno al otro. La esposa ha de ser “ayuda idónea” para su esposo (Gén. 2:18), lo cual implica que ambos deben ayudarse mutuamente. Deben compartir estas cosas:

A. Su trabajo. Si ella trabaja en casa y él trabaja fuera, el trabajo de ambos será más fácil. Para motivación, preste él atención a todo el libro de Proverbios y ella, especialmente, al último capítulo.

B. Sus cruces. Aunque los recién casados esperan que el matrimonio sea sólo placer, las dificultades de seguro llegarán (1 Cor. 7:28). Quizás tengan que enfrentar la pérdida de bienes mundanales, daño a sus hijos, aflicciones causadas por amigos, tanto como por enemigos. Cada cónyuge tiene que ser un amigo para el otro, venga lo que venga.

C. Su consagración a Cristo. Vivan como herederos “juntamente de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). La meta más alta del matrimonio es promover la felicidad eterna mutua. En esto, la cooperación es muy importante. Los conocimientos de él, deben ayudar a vencer la ignorancia de ella y el fervor de ella, el desaliento de él. Cuando el esposo está en casa, debe instruir y orar con su familia y santificar el Día de reposo pero, en su ausencia, ella debe atender estas cuestiones.

5. Siendo pacientes el uno con el otro. Este deber es hacia todos, pero especialmente, hacia nuestro cónyuge (Ef. 4:31, 32). ¡En el matrimonio hay muchas tentaciones para impacientarse! Perder los estribos causa guerras civiles en casa y nade bueno viene de ello. Ambos necesitan un espíritu humilde y quieto. Aprendan a estar en paz consigo mismos para mantener la paz. Retírense hasta que la tormenta haya pasado. Ustedes no
son dos ángeles casados, sino dos hijos pecadores de Adán. Disimulen las faltas menores y tengan cuidado al confrontar las mayores. Reconozcan mutuamente sus propios pecados y confiésenlos todos a Dios. Cedan el uno al otro en lugar de ceder al diablo (Ef. 4:27).

6. Salvando el uno al otro. 1 Corintios 7:16 insinúa que nuestro gran deber es promover la salvación de nuestro cónyuge. ¿De qué sirve disfrutar del matrimonio ahora y luego irse al infierno juntos? Si uno deja que su cónyuge vaya a condenación ¿dónde está su amor? Ambos deben inquirir sobre el estado espiritual del otro y usar los medios debidos para mejorarlo. Crisóstomo dijo: “Vayan los dos a la iglesia y luego dialoguen juntos sobre el sermón”. Si los dos ya son cristianos, entonces han de hacer lo que pueden para ayudarse mutuamente a llegar a ser santos más perfectos. Hablen con frecuencia de Dios y de cosas espirituales. Sean compañeros peregrinos a la Ciudad Celestial.

7. Manteniendo relaciones sexuales matrimoniales con regularidad, pero  moderadas. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb.13:4. La relación sexual en el matrimonio ha sido diseñada para remediar los afectos impuros, no excitarlos. No pueden ustedes realizar con su cónyuge cada necedad sexual que se les ocurra, por el mero hecho de estar casados. Ser dueños de un vino, no les da permiso para emborracharse. Sean moderados y sensatos. Por ejemplo, pueden abstenerse por un tiempo para dedicarse a la oración (1 Cor. 7:5). Aun en las relaciones matrimoniales tenemos que demostrar reverencia a Dios y respeto mutuo. El amor auténtico no se comporta groseramente.

8. Cuidando el uno los intereses del otro, en todas las cosas. Ayúdense a mantener una buena salud y estén enfermos juntos, por lo menos en espíritu. El uno no debe ser rico, mientras el otro sufre necesidad. Promueva cada uno, la buena reputación de su cónyuge. El esposo, naturalmente y con razón, se interesa por las cosas que son del mundo, cómo puede agradar a su esposa y la esposa hace lo mismo (1 Cor. 7:33, 34). Esto da honor a su fe, consuelo a sus vidas y una bendición en todo lo que tienen. Deben ser amigos íntimos, riendo y llorando juntos, siendo la muerte, lo único que separa sus intereses.

9. Orando el uno por el otro. Pedro advierte qué hacer para que “vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7), lo que sugiere es que deben orar el uno por el otro y juntos. “Oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril” (Gén. 25:21). Tenemos que orar por todos, pero, especialmente, por nuestro cónyuge. El amor más puro se expresa en la oración sincera y la oración preserva el amor. Procuren tener momentos de oración juntos. El Sr. Bolton oraba todos los días dos veces en privado, dos veces con su esposa y dos veces con su familia. La oración eleva al matrimonio cristiano por encima de los matrimonios paganos y de la cohabitación de los animales.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 3

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Herejías en la enseñanza de la maldición generacional

¿Qué daño hace tomar livianamente las Escrituras y decir algunas oraciones extras? He aquí una lista incompleta de los efectos perjudiciales de la maldición generacional.

1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (cf. 2 Ti. 3:15-17; 2 P. 1:3-8).

2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.

3. Tergiversa el evangelio de Cristo (cf.Gá.1:6-9)

4. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal. La popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales se centra en la corriente de la psicología moderna, se rehúsa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la Iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general consiste en pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y nos advierten que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho: “El Diablo me hizo hacerlo“.

1. Nos acerca un paso más al paganismo de la nueva era del que fuimos llamados.

2. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras.

Las Escrituras nos enseñan que cada persona es responsable de sus propios pecados y que ninguno pagará por los pecados de sus padres

Jeremías, contemporáneo de Ezequiel, habló a los judíos en Jerusalén: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jer. 31:29,30).

Estos pasajes son claros. En efecto, este es el principio de que las Escrituras se interpretan a sí mismas: los pasajes difíciles deben ser interpretados a la luz de pasajes más claros, como estos de Ezequiel y Jeremías.

Es importante notar que no todos los judíos en esos tiempos trataban de culpar a los demás. Aun-que tuvo las mismas pruebas del cautiverio en Babilonia, el profeta Daniel mostró una actitud opuesta a sus contemporáneos en Judá y Babilonia. En vez de culpar por su destino a sus antecesores, como hacía el público oyente de Jeremías y Ezequiel, él aceptó su propia responsabilidad personal y la de sus contemporáneos por el juicio que había caído sobre ellos. Escribió: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas […]. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Dn. 9:4, 5,7-9).

En la oración de Daniel, no se menciona que la razón del exilio sea por los pecados de los padres. Esto es aun más asombroso si recordamos que Daniel era consciente de que, por generaciones, Dios había enviado profetas para advertir a Israel de ese juicio si no se arrepentían.

En el tiempo de Jesús, los judíos habían olvidado otra vez las correcciones del paganismo expresadas por Moisés y los profetas. Jesús encaró los mismos asuntos. En Juan 9:1-3 leemos: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Aunque los discípulos tenían el antiguo punto de vista pagano de que la culpa y el pecado podrían ser heredados, Jesús enfatizó la gloria y la gracia de Dios.

Jesús también afirmó: “Vete, y no peques más” (Jn. 8:11). Las palabras de Jesús sugieren que el perdón de Dios basta para alcanzar un grado tal de transformación espiritual que produzca un cambio de vida. Jesús creía que la mujer a quien acababa de perdonar era libre de escoger si permanecería en el pecado o se apartaría de él. No se hace ninguna referencia a la necesidad de una oración adicional, una ceremonia, o una fórmula de renunciación para complementar la oferta de la gracia y el perdón de Dios.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Los deberes de esposos y esposas 1

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El matrimonio es el fundamento de toda la sociedad. Por lo tanto, este tema es muy importante. Explicar a ustedes los deberes conyugales es mucho más fácil que convencerlos a cumplirlos en la práctica. Ajusten su voluntad a las Escrituras, no viceversa. Hagan suyo Efesios 5:33.

1. La conexión. 

“Empero” es una transición de la realidad de la relación de Cristo con la iglesia. Significa que a pesar de ser un ideal inalcanzable, deben tratar de alcanzarlo o que, por ser un noble ejemplo, deben imitarlo en su relación con su cónyuge.

2. La directiva.

A. La obligación universal de ella. “Cada uno… de vosotros”, no importa lo bueno que sean ustedes o lo malo que sean sus cónyuges. Todos los maridos tienen derecho al respeto de sus esposas, sean ellos sabios o necios, inteligentes o lentos, habilidosos o torpes. Todas las esposas tienen derecho al amor de sus esposos, sean hermosas o feas, ricas o pobres, sumisas o rebeldes.

B. La aplicación particular de ella. “De por sí”, cada uno, cada esposo y esposa debe aplicar esto a su propio caso en particular.

3. Resumen de los deberes.

A. El deber de cada esposo. Amar a su esposa. Éste no es el único deber, pero incluye a todos los demás. Debe amarla como a sí mismo. Esto es cómo (la Regla de Oro) y por qué ha de amarla (porque ambos son en realidad uno, amarla dará como resultado bendiciones para él).

B. El deber de cada esposa. Temer (griego) o reverenciar (RV 1909) o respetar (RV 1960) a su marido, por su persona y por su posición. Esto incluye necesariamente amor porque si ella lo ama, tratará de agradarle y evitar ofenderlo.

Doctrina: Cada esposo debe amar a su esposa como a sí mismo y cada esposa debe respetar a su esposo.

Recuerden que éste es el consejo de su Creador, articulado claramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y, tanto por Pablo, el apóstol a los gentiles (Ef. 5:23ss; Col. 3:18ss) como por Pedro, el apóstol a los judíos (1 Ped. 3:1ss). Estos dos deberes (marido-amor, esposa-respeto) no son exhaustivos, pero se mencionan particularmente, ya sea porque son las fallas más comunes de cada uno o porque incluyen a todos los demás deberes. Otra explicación es que respeto, es lo que los maridos más necesitan y amor, lo que las esposas más necesitan de sus cónyuges (Doug Wilson). Dios los aconseja, no sólo a fin de que tengamos vida eterna, sino para que seamos confortados aquí y ahora. El matrimonio piadoso es un pedacito de cielo sobre la tierra. Repasar estos deberes tiene que humillarnos por nuestros fracasos pasados y retarnos a mejorar en el futuro.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 2

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Concepto erróneo de maldición:

En la Biblia vemos que solo Dios tiene el derecho y el poder de invocar una maldición (Dt. 28:15-68), aunque en ciertas ocasiones concede a los humanos el poder pronunciarla, pero siempre con su aval (Gn. 27:29). Si bien cualquiera puede proferir una maldición con sus labios, de ahí a que se cumplan hay un largo trecho. Proverbios 26:2 establece que una maldición dañina dirigida hacia una víctima inocente es totalmente inefectiva. El único que maldice de verdad, vale la pena repetirlo, es Dios. La maldición de Dios, aunque el término suene feo por la fuerza de la costumbre, es una revelación de su justicia que afirma su derecho a exigir completa obediencia de los humanos. El único que realmente se reserva el derecho y poder de maldecir es Dios. Pero una maldición de parte de Dios es totalmente diferente al concepto pagano-mágico de la palabra. El primer uso de la palabra hebrea arar ocurre en Génesis 3:17 (maldita será la tierra). Es un pronunciamiento de juicio sobre aquellos que quebrantaron un pacto. Maldición, en el contexto bíblico, es una expresión de la justicia de Dios que se aplica sobre alguien o algo como consecuencia de una decisión personal e intencional de desobediencia contra Dios, y que el hombre toma haciendo uso de su libre albedrío. Dios, entonces, pone distancia entre él y el pecado.

No hay evidencias bíblicas ni históricas respecto a la maldición generacional

La frase maldición generacional o cualquier otra similar nunca aparecen en las Escrituras, no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Esto en sí no es suficiente para desechar la enseñanza como no bíblica. La palabra Trinidad no aparece en las Escrituras, pero refleja precisamente la enseñanza bíblica respecto de Dios. No obstante, el hecho de que la frase maldición generacional no se encuentre en las Escrituras debería alertar a los creyentes con criterio sobre la necesidad de ser cuidadosos en este asunto. Debe haber pruebas convincentes cuando se estudia todo el consejo de Dios.

El concepto de maldición generacional no se halla en las Escrituras. Cuando se lee Éxodo 20:5 y 34:6,7, etc., en su contexto del antiguo Cercano Oriente, y se interpreta adecuadamente, se elimina por completo la posibilidad de que estos textos apoyen la enseñanza de maldición generacional.

Las pruebas de diagnostico, los rituales, y las oraciones recomendadas por aquellos que enseñan la maldición generacional no se encuentran en las Escrituras. No hay tales pasos en la Biblia, nuestra única regla para asuntos de fe y práctica. Si las maldiciones generacionales fueran una realidad, Dios habría dado las debidas instrucciones en las Escrituras respecto a cómo tratar con este problema.

Tampoco hay evidencias en la historia de la iglesia cristiana sobre el tema; ni los apóstoles ni los padres de la iglesia, ni los líderes de la reforma lo mencionan. Los escritos sobre estos ternas aparecieron en los años ochenta en los libros de Peter Wagner, Derek Prince, Rebecca Brown y otros maestros contemporáneos. ¿Cómo es posible que ni los principales líderes de la iglesia mencionaran, duran-te más de 1500 años, en la Biblia tan importante tema para el crecimiento y éxito de los cristianos? La guerra espiritual y la doctrina de la prosperidad van tomadas de la mano. Además, otras fuentes de ganancias para ellos aparte de la publicación de una lista interminable de libros en el tema son las conferencias o seminarios para romper maldiciones hereditarias, cuyo costo no baja de entre los cien y doscientos dólares por cabeza en los EE. UU.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Culto familiar 2

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Un antiguo escritor bien dijo: “Una familia sin oración es como una casa sin techo, abierta y expuesta a todas las tormentas del cielo”. Todas nuestras comodidades domésticas y las misericordias temporales que tenemos proceden del amor y la bondad del Señor, y lo mejor que podemos hacer para corresponderle es reconocer con agradecimiento, juntos, su bondad para con nosotros como familia. Las excusas para no cumplir este sagrado deber son inútiles y carecen de valor. ¿De qué nos valdrá decir, cuando rindamos cuentas ante Dios por la mayordomía de nuestra familia, que no
teníamos tiempo ya que trabajábamos sin parar desde la mañana hasta la noche? Cuanto más urgentes son nuestros deberes temporales, más grande es nuestra necesidad de buscar socorro espiritual. Tampoco sirve que el cristiano alegue que no es competente para realizar semejante tarea: Los dones y talentos se desarrollan con el uso y no con descuidarlos.

El culto familiar debe realizarse reverente, sincera y sencillamente. Es entonces que los pequeños recibirán sus primeras impresiones y formarán sus primeros conceptos del Señor Dios. Debe tenerse sumo cuidado a fin de no darles una idea falsa de la Persona Divina. Con este fin, debe mantenerse un equilibrio entre comunicar su trascendencia y su inmanencia, su santidad y su misericordia, su poder y su ternura, su justicia y su gracia. La adoración debe empezar con unas pocas palabras de oración invocando la presencia y bendición de Dios. Debe seguirle un corto pasaje de su Palabra, con breves comentarios sobre el mismo. Pueden cantarse dos o tres estrofas de un salmo y luego concluir con una oración en que se encomienda a la familia a las manos de Dios. Aunque no podamos orar con elocuencia, hemos de hacerlo de todo corazón. Las oraciones que prevalecen son generalmente breves. Cuídese de no cansar a los pequeñitos.

Los beneficios y las bendiciones del culto familiar son incalculables. Primero, el culto familiar evita muchos pecados. Maravilla el alma, comunica un sentido de la majestad y autoridad de Dios, presenta verdades solemnes a la mente, brinda beneficios de Dios sobre el hogar. La devoción personal en el hogar es un medio muy influyente, bajo Dios, para comunicar devoción a los pequeños. Los niños son mayormente criaturas que imitan, a quienes les encanta copiar lo que ven en los demás. “El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos, para que lo sepa la generación venidera, los hijos que nacerán, y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos. A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos” (Sal. 78:5-7). ¿Cuánto de la terrible condición moral y espiritual de las masas en la actualidad puede adjudicarse al descuido de este deber por parte de los padres de familia? ¿Cómo pueden los que descuidan la adoración a Dios en su familia pretender hallar paz y bienestar en el seno de su hogar? La oración cotidiana en el hogar es un medio bendito de gracia para disipar esas pasiones dolorosas a las cuales está sujeta nuestra naturaleza común. Por último, la oración familiar nos premia con la presencia y la bendición del Señor. Contamos con una promesa de su presencia que se aplica muy apropiadamente a este deber:

Vea Mateo 18:19, 20. Muchos han descubierto en el culto familiar aquella ayuda y comunión con Dios que anhelaban y que no habían logrado en la oración privada.
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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

El mito de las maldiciones generacionales Parte 1

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La enseñanza principal de esta herejía está enfocada en que las cosas malas que nos suceden son consecuencias de los pecados de nuestros antepasados: enfermedades he-reditarias (diabetes, obesidad, hipertensión arterial, cáncer, etc.), intentos de suicidio, divorcios, infelicidad, miseria, ruina, desviaciones sexuales, idolatría, etc. Según esta teoría las cosas adversas que nos suceden se deben a maldiciones que nos llegaron por pertenecer a un grupo familiar, cuyo árbol genealógico fue infectado por la iniquidad. Los que enseñan acerca de la maldición generacional dicen que los delitos de una persona fueron genéticamente trasferidos a todos sus descendientes. La gente no solo hereda la naturaleza pecaminosa de sus antecesores (la tendencia que todos tenemos de rebelamos contra Dios), sino que también adquieren la maldad acumulada de sus antecesores. Como resultado, Dios los culpa no solo por sus propios pecados, sino también por los pecados de sus antecesores. Además, Satanás tiene derecho a seguir manteniendo un reclamo legal contra los creyentes que no han tratado de una forma eficaz con sus maldiciones generacionales, resultando en fracaso, violencia, impotencia, profanidad, obesidad, pobreza, vergüenza, enfermedad, aflicción, temor, y aun muerte física.

Los proponentes de la maldición generacional luego dirigen su enseñanza a su próximo paso lógico. Ellos concluyen que la sangre de Cristo fue derramada por los pecados de cada persona, pero que deben dar un paso adicional para quitar la trasgresión que hayan heredado de sus antecesores. Se requiere este paso adicional para que una perso-na sea liberada de las ataduras que la mantienen cautiva al pecado de sus antepasados. Este procedimiento involucra una elaborada ceremonia que consiste en investigar y enumerar los pecados de sus antecesores hasta la cuarta generación, confesando los pecados por ellos, recitando oraciones y declaraciones recomendadas, rompiendo personalmente esas supuestas maldiciones.

Concepto erróneo de iniquidad

Casi todos los maestros de la maldición generacional basan su enseñanza en alguna combinación de Éxodo 20:5,6; 34:6,7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9,10. Cada uno de estos textos contiene las palabras: “visitar la maldad (o iniquidad) de los padres sobre los hijos […] hasta la tercera y cuarta generación”.

La palabra clave de esta falsa enseñanza se encuentra en la palabra “iniquidad”. Según ellos, este término es una referencia a pecados graves que atan a las personas aun después de convertirse. Estas iniquidades son identificadas como ataduras heredadas de los antepasados. La palabra hebrea avón traducida como “iniquidad”, no es equivalente a “pecado”. Según El Diccionario hebreo Talmúdico de Strong: *5753 y *5771: “iniquidad” significa: malos hábitos” sinónimo de “mala conducta”.

Lo que hemos que tener claro es que el término en hebreo que se utilizó en Éxodo 20:5 para referirse a la maldad es el mismo que se usó en 34:7 para hacer referencia a la iniquidad. Dicha iniquidad mencionada en estos textos se refiere a problemas de conducta que se aprende y no es algo genético que se hereda. Evidentemente la conducta externa de los padres tiene influencia sobre los hijos: el ejemplo bueno o malo de los padres afecta a los hijos, pero está muy lejos de decir que sean pecados heredados. Lo que sí es transferible desde el punto de vista genético son las enfermedades, como demuestra la ciencia. Como médico le aseguro que una sesión de exorcismo por maldición generacional no lo va a librar de la herencia de la diabetes, por ejemplo, si usted no lleva un estilo de vida sano. Entonces las palabras iniquidad y maldad mencionadas en estos textos bíblicos se refieren a la influencia parenteral sobre sus hijos y no a la maldición generacional.

Concepto erróneo de maldición:

Otro concepto errado es el concepto de maldición que estos predicadores manejan. Está relacionado con los poderes mágicos de la superstición paga-na, equivalente a un hechizo o un encantamiento que, llevado al ridículo, es similar al embrujamiento que convirtió al hermoso príncipe en un sapo. Este tipo de mito no existe. La gente involucrada en la brujería, la santería o el vudú maneja estos conceptos mientras clava agujas en un muñeco, suena la maraca al enfermo o baila alrededor del “cliente” sacudiendo la pobre gallina.

La palabra “maldición” tampoco aparece por ninguna parte en estos textos bíblicos. Ellos quisieran verla en lugar de “maldad”, pero ni el lenguaje ni el contexto les permite forzar el concepto dentro del pasaje. La palabra de Éxodo 20:25 es ówon (generalmente traducida al español como iniquidad, maldad,), mientras que maldición es árar.

Como vemos, tanto el castigo como la maldición sobre las generaciones venideras están ausentes del pasaje. Otro error de los maestros de la maldición hereditaria es ignorar totalmente el resto del pasaje donde se recalca la misericordia de Dios sobre los que le aman y guardan sus mandamientos. Esto cancela automáticamente cualquier pretensión de que un cristiano esté marcado por una maldición ancestral y deba ser liberado de ella.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Culto familiar 1

Blog118

Existen algunas ordenanzas exteriores y medios de gracia exteriores claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero en la práctica tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio y es así cómo se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para hacer evidente si los cristianos descuidan un deber claramente implícito por el hecho de no poder cumplirlo. Así, se descubre más del verdadero estado de nuestra mente y se hace manifiesto si tenemos o no, un amor ardiente por Dios y por servirle. Esto se aplica tanto a la adoración pública como a la familiar. No obstante, no es difícil dar pruebas de la obligación de ser devotos en el hogar.

Considere primero el ejemplo de Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios. Fue por su devoción a Dios en su hogar que recibió la bendición de: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Gén. 18:19). El patriarca es elogiado aquí por instruir a sus hijos y siervos en el más importante de los deberes, “el Camino del Señor”; la verdad acerca de su gloriosa persona, su derecho indiscutible sobre nosotros, lo que requiere de nosotros. Note bien las palabras “que mandará”, es decir que usaría la autoridad que Dios le había dado como padre y cabeza de su hogar para hacer cumplir en él, los deberes relacionados con la devoción a Dios. Abraham también oraba a la vez que enseñaba a su familia: Dondequiera que levantaba su tienda, edificaba “allí un altar a Jehová” (Gén. 12:7; 13:4). Ahora bien, mis lectores, preguntémonos: ¿Somos “linaje de Abraham” (Gál. 3:29) si no em>“hacéis las obras de Abraham” (Juan 8:39) y descuidamos el serio deber del culto familiar? El ejemplo de otros hombres santos es similar al de Abraham. Considere la devoción que refleja la determinación de Josué quien declaró a Israel: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). No dejó que la posición exaltada que ocupaba ni las obligaciones públicas que lo presionaban, lo distrajeran de procurar el bienestar de su familia. También, cuando David llevó el arca de Dios a Jerusalén con gozo y gratitud, después de cumplir sus obligaciones públicas, “volvió para bendecir su casa” (2 Sam. 6:20). Además de estos importantes ejemplos, podemos citar los casos de Job (1:5) y Daniel (6:10). Limitándonos a sólo uno en el Nuevo Testamento pensamos en la historia de Timoteo, quien se crió en un hogar piadoso. Pablo le hizo recordar la “fe no fingida” que había en él y agregó: “…la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice,…”. ¡Con razón pudo decir enseguida: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras” (2 Tim. 3:15)!

Por otra parte, podemos observar las terribles amenazas pronunciadas contra los que descuidan este deber. Nos preguntamos cuántos de nuestros lectores han reflexionado seriamente sobre estas palabras impresionantes: “¡Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu Nombre!” (Jer. 10:25). Qué tremendamente serio es saber que las familias que no oran son consideradas aquí iguales a los paganos que no conocen al Señor. ¿Esto nos sorprende? Pues, hay muchas familias paganas que se juntan para adorar a sus dioses falsos. ¿Y no es esto causa de vergüenza para los cristianos profesos? Observe también que Jeremías 10:25 registra imprecaciones terribles sobre ambas clases por igual: “Derrama tu enojo sobre…”. Con cuánta claridad nos hablan estas palabras. No basta que oremos como individuos privadamente en nuestra cámara; se requiere que también honremos a Dios. Dos veces cada día como mínimo, –de mañana y de noche— toda la familia debe reunirse para arrodillarse ante el Señor —padres e hijos, amo y siervo— para confesar sus pecados, para agradecer las misericordias de Dios, para buscar su ayuda y su bendición. No debemos dejar que nada interfiera con este deber: Todos los demás quehaceres domésticos deben supeditarse a él. La cabeza del hogar es el que debe dirigir el momento devocional, pero si está ausente o gravemente enfermo, o es inconverso, entonces la esposa tomará su lugar. Bajo ningún concepto ha de omitirse el culto familiar. Si queremos disfrutar de las bendiciones de Dios sobre nuestra familia, entonces reúnanse sus integrantes diariamente para alabar y orar al Señor. “Honraré a los que me honren” es su promesa.

Continuará …

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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures  y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Las bendiciones espirituales y el evangelio de la prosperidad

Blog117

Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar”

En Efesios 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales“. Esta es una declaración que debe ser resaltada en esta época tan materialista en que nos ha tocado vivir. Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar.

Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos —dicen algunos— debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio […] de la prosperidad —ha dicho Warren Wiersbe— trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.

Pero lo cierto es que nuestro bendito Salvador no murió en una cruz para darnos riqueza, salud y una vida cómoda y placentera en esta vida terrenal, sino para hacernos santos y luego llevarnos a su presencia para participar de su gloria. Los cristianos vivimos en este mundo, y por lo tanto, disfrutamos de los bienes terrenales que Dios derrama sobre todos los hombres. Pero no debemos olvidar que son bienes temporales.

“Nada hemos traído a este mundo —dice Pablo en 1 Timoteo 6:7— y sin duda nada podremos sacar”. Cuando concluya nuestro tiempo aquí dejaremos atrás todas esas cosas. Eso es lo que el hombre incrédulo parece ignorar. Vive para las cosas de este mundo como si eso fuera todo, y de ese modo desprecia las verdaderas riquezas.

Pero los creyentes somos distintos. Aunque vivimos en este mundo, y disfrutamos de las mismas cosas lícitas que los demás, vivimos con la conciencia de ser ciudadanos del Cielo, y que como tales gozamos de enormes privilegios que no todos los hombres poseen. Y es acerca de esos privilegios que Pablo está hablando en este pasaje de Efesios 1.

Por el momento vivimos en este mundo, pero realmente pertenecemos a otro lugar. Y aunque nos es lícito disfrutar de las bendiciones temporales que Dios derrama sobre todos los hombres, en ningún momento debemos olvidar que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (1P 2:11).

“Nuestra ciudadanía está en los cielos”, dice Pablo en Filipenses 3:20, y nos da derecho a grandes privilegios. Hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. No con algunas, sino con todas. Somos ciudadanos del Cielo con todos los derechos que esa ciudadanía encierra. No hay ciudadanos de segunda clase aquí.
Nos relacionamos con Dios como nuestro Padre, podemos entrar cuantas veces queramos al trono de la gracia, tenemos el poder de Dios obrando a nuestro favor, sabemos que él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al Cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él.

Por eso no importa si tenemos poco o mucho de los bienes de este mundo; si somos creyentes genuinos, nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo.
Sugel Michelén
Todo Pensamiento Cautivo

¿Quién es el Espíritu Santo 4?

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La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

Juan 16:7, 12-15

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré… Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Este texto es muy parecido al anterior; también contiene una promesa que, sin duda, incluye la inspiración por parte del Espíritu Santo de aquellos de los apóstoles que serían autores de documentos canónicos.

Hechos 1:15-16, 20

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús… Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella”. Aquí el apóstol Pedro dice claramente que lo que había escrito David en el Salmo 69:25 en realidad era lo que el Espíritu Santo había dicho “por boca de David.” Nuevamente vemos el importantísimo papel del Espíritu Santo en la inspiración de un autor humano de parte de la Palabra de Dios.

1 Corintios 2:6-13

Sin citar todo este pasaje, baste que se diga que al hablar el apóstol Pablo de las cosas que Dios había revelado, afirma lo siguiente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (vv. 10, 11 b). Una vez más, en la transmisión de aquello que Dios quiso revelar al hombre, el principal agente inspirador fue el Espíritu Santo.

2 Timoteo 3:15-17

“Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden haber sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es cierto que este texto no menciona —de forma explícita— a la persona del Espíritu Santo. Sin embargo, sí usa la palabra griega theópneustos, “Dios espirado”, cuya segunda parte parece estar estrechamente relacionada con el Espíritu Santo. Esto sería de esperar a la luz del resto de la evidencia del papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores de los documentos canónicos.

Hebreos 3:7-11

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto…”.En este caso es el autor de Hebreos quien atribuye palabras del Salmo 95 (un salmo técnicamente anónimo) al Espíritu Santo: “Como dice el Espíritu Santo…”. Para el autor de Hebreos, el Espíritu Santo era tan autor del Salmo 95 como quienquiera que fuese su autor humano.

1 Pedro 1:10-11

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”.
Este interesantísimo texto enseña, por implicación clara, tres cosas sobre la estrecha relación entre el Espíritu Santo y los profetas del Señor: 1. El Espíritu Santo estaba en los profetas; 2. El Espíritu Santo apuntaba hacia una persona y un tiempo determinados; 3. El Espíritu Santo “anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” Otra vez, vemos el decisivo papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores humanos de la Palabra de Dios.

2 Pedro 1:20-21

“Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Pese a la palabra “interpretación” aquí, que podría despistar, y que, de hecho, lo ha hecho en más de una ocasión, el tema de este texto en su contexto no es tanto la interpretación de las Escrituras como su origen; ese origen no fue humano, sino divino —sí, “hablaron”— y escribieron “santos hombres de Dios”, pero “siendo [estos] inspirados por el Espíritu Santo”, llevados por él como un velero por el viento.

Conclusiones

Este es otro aspecto del multiforme ministerio del Espíritu Santo del que se habla poco. ¿Cuándo fue la última vez que oíste una predicación o un estudio bíblico sobre el vital papel del Espíritu Santo en la inspiración tanto de los autores humanos de la Palabra de Dios como de las palabras escritas por ellos?

Según la Biblia:

1. La inspiración de los libros que componen la Biblia se atribuye no tanto al Padre, ni al Hijo, sino de manera especial al Espíritu Santo;

2. Todo lo que escribieron los autores humanos de los libros de la Biblia, también lo inspiró el Espíritu Santo;

3. Todo lo que dice la Biblia, lo dice también el Espíritu Santo;

4. De esa inspiración del Espíritu Santo los libros de la Biblia recibieron su carácter infalible;

5. Pero nada de todo esto en absoluto cuestiona, niega o anula la humanidad de los libros de la Biblia.

 

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 3

Blog115C

El matrimonio es la unión más perfecta.

Si yo, en mi estado actual, pudiera escoger entre ver a mi Señor en su gloria o en su cruz, optaría por lo último. Por supuesto preferiría estar allá con él y ver su gloria, pero mientras vivo aquí rodeado de pecado y de aflicción, una visión de sus sufrimientos tendría más efecto sobre mí. “Oh cabeza sagrada una vez herida”, ¡cuánto anhelo contemplarte! Nunca me siento tan cerca de mi Señor como cuando reflexiono en su cruz maravillosa y lo veo derramando su sangre por mí… me parece estar en sus brazos, y como Juan, me reclino en su pecho al vislumbrar su pasión. Por lo tanto, no me sorprende que por acercarse más a nosotros como el Cordero, y por acercarnos nosotros a él y contemplarlo como tal, se agrade él en llamar a su más excelsa unión eterna con su iglesia: “las bodas del Cordero”.

Y, queridos hermanos, cuando pensamos en esto: estar desposados con él, ser uno con él, no tener ningún pensamiento, ningún propósito, ningún deseo, ninguna gloria sino la que mora en Aquel quien, habiendo muerto ahora vive, es esto ciertamente el cielo, el lugar del cual el Cordero es la luz. Contemplar y adorar eternamente a Aquel que se ofreció sin mancha a Dios como nuestro sacrificio y propiciación será un festín sin fin de amor agradecido. Nunca nos cansaremos de este tema. Si vemos al Señor que viene de Edom, con vestiduras teñidas de Bozra, del lagar donde había hollado a sus enemigos, nos sentimos sobrecogidos y pasmados por el terror de esta terrible manifestación de su justicia, pero cuando lo vemos vestido con la ropa sumergida en su propia sangre y la de nadie más, cantaremos eternamente a gran voz: “Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios; a ti sea la gloria por los siglos de los siglos”. Podríamos seguir cantando por toda la eternidad: “Digno es el Cordero que fue inmolado”. El tema tiene un interés inagotable e incluye todo: justicia, misericordia, poder, paciencia, amor,  aprobación, gracia y justicia. Sumamente glorioso es nuestro Señor cuando lo contemplamos como un Cordero. Esto hará que el cielo sea siete veces cielo para nosotros al pensar que, además, estaremos unidos a él como el Cordero con lazos eternos. [En ese momento una voz del público exclamó: “¡Alabado sea el Señor!”] Sí, amigos míos, ¡alabemos al Señor! “Alabad a nuestro Dios” es el mandato que se oyó venir del Trono. “Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

Concluiré repitiendo esta pregunta: ¿Confías en el Cordero? Te advierto que si la religión en que crees no incluye nada de la sangre de Cristo, de nada vale. Te advierto también que a menos que ames al Cordero no podrás desposarte con el Cordero. Él jamás se desposará con quienes no sienten nada de amor por él. Tienes que aceptar a Jesús como un sacrificio, de lo contrario, no lo aceptas para nada. Es inútil decir: “Seguiré el ejemplo de Cristo”. No harías nada que se le parezca. Es en vano decir: “Él será mi maestro”. Él no te reconocerá como su discípulo a menos que lo reconozcas como un sacrificio. Es preciso que lo recibas como el Cordero o lo dejes completamente. Si desprecias la sangre de Cristo, desprecias toda su persona. Cristo no es nada para ti si no fuera por su expiación. Todos los que esperan ser salvos por las obras de la ley, o por cualquier otra cosa que no sea su sangre y su justicia, no son cristianos, no tienen parte alguna con él aquí, ni tendrán parte con él en el más allá, cuando tome para sí a su propia iglesia redimida para ser su esposa por los siglos de los siglos. Dios te bendiga, en el nombre de Cristo. Amén.

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20-25 millones de palabras equivalen a la novena edición de la Enciclopedia Británica y constituye la serie de libros más numerosa de un mismo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 3?

Blog116C

“Si la principal pregunta planteada en el artículo anterior era: ¿Quién es el Espíritu Santo?, la que se plantea en este artículo es: ¿Cuál es la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios?”

La respuesta a la pregunta

Fue el Espíritu Santo quien inspiró a los autores humanos de los libros de la Biblia.

Este papel se le atribuye al Espíritu Santo muchas veces en la Biblia, pero nunca —o casi nunca— al Padre o al Hijo.

Esta inspiración no fue mecánica (como si de una especie de dictado se tratase), sino orgánica; no anuló en absoluto la humanidad, la personalidad, la participación activa, el estilo propio, etc., de cada autor humano.

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

2 Samuel 23:1 y 2

“Estas son las palabras postreras de David.

Dijo David hijo de lsaí,

Dijo aquel varón que fue levantado en alto,

El ungido del Dios de Jacob,

El dulce cantor de Israel:

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,

Y su palabra ha estado en mi lengua”.

Al llegar al final de su vida, David demuestra ser consciente de haber sido inspirado por el Espíritu de Jehová y usado por él como instrumento de revelación. Esto no contesta todas nuestras preguntas sobre hasta qué punto, por ejemplo, David fue consciente de escribir profecías mesiánicas, o sobre cuánto entendía de esas profecías; pero no deja ningún lugar a dudas en cuanto al hecho en sí de la conciencia que tenía David de no haber sido más que el instrumento humano de un acto de revelación divino.

Parece razonable deducir que los demás salmistas y autores inspirados, en mayor o menor grado, también fueron conscientes de la misma acción del Espíritu del Señor sobre ellos.

Mateo 22:41-44

“Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?”.

En este pasaje el Señor Jesucristo, en medio de sus controversias con los líderes religiosos, pasa de la defensa al ataque, y para demostrar que el Mesías, además de ser un descendiente de David, es “el Señor” —es divino— cita del Salmo 110, donde, según el Señor, David, “en el Espíritu“, llama Señor al Mesías.

Aparte del argumento a favor de la filiación divina (y, por lo tanto, la naturaleza divina) del Mesías, lo que más nos interesa en el contexto de la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios es el hecho de que el Señor, no conforme con citar la Escritura sin más, recuerda a los fariseos que lo que David había escrito sobre el Mesías, lo había escrito “en el Espíritu“, o sea, por el Espíritu, inspirado por el Espíritu de Dios.

Juan 14:25 y 26

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Sin duda esta promesa del Señor Jesucristo a sus discípulos no se puede limitar, ni mucho menos, solamente a la composición de aquellos escritos apostólicos que, tarde o temprano, llegarían a formar parte del canon de las Escrituras, y eso por varias razones:

1. Se trata de una promesa general de la ayuda del Espíritu Santo a los apóstoles una vez que el Señor Jesucristo ya no estuviera físicamente con ellos;

2. A partir de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, pasarían años antes de que hubiera escritos apostólicos; en los primeros años de la nueva Iglesia cristiana el ministerio del Espíritu Santo estaría relacionado con el ministerio verbal, y no escrito, de los apóstoles;

3. La promesa del Señor iba dirigida a los once apóstoles que estaban presentes en ese momento; sin embargo solo una pequeña minoría de ellos escribiría obras que se incluirían en el canon de la Palabra de Dios. Pero, dicho lo dicho, no sería necesario ni acertado pretender negar el hecho de que, en el caso de aquellos apóstoles que sí escribiesen documentos canónicos, quien de manera especial les ayudaría a hacerlo sería el Consolador, el Espíritu Santo.

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 2

Blog115B

EL NOVIO ES PRESENTADO COMO UN CORDERO: “Han llegado las bodas del Cordero”. Así tiene que ser porque, ante todo, nuestro Salvador fue el Cordero en el pacto eterno cuando todo este plan fue programado, organizado y establecido por voluntad y decreto de la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8), y el pacto fue con él, que sería las Arras, el Sustituto y el Sacrificio tomando el lugar de los hombres culpables. Así, y de ningún otro modo, fue desde la eternidad.

Luego, fue como el Cordero que nos amó y demostró su amor.

Amados míos, él no se limitó a hablarnos de amor cuando descendió del cielo a la tierra y habitó entre nosotros como “un hombre humilde delante de sus enemigos”, sino que lo demostró con actos de verdadero amor. La prueba suprema de su amor es que fue llevado al matadero como se lleva a un cordero. Cuando derramó su sangre como un sacrificio, podríamos haber dicho apropiadamente: “¡Mirad cómo los amaba!”. Si queremos demostrar el amor de Jesús, no mencionamos la transfiguración sino la crucifixión. Hablamos del Getsemaní y el Gólgota. Allí, sin dejar lugar a ninguna duda, el Hijo amado demostró su amor por nosotros. Dice el escritor bíblico: “Él me amó, y se entregó por mí”, expresando que su entrega por mí es la prueba clara de que me ama. Dice también: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). La prueba de su amor por la iglesia fue que se entregó a sí mismo por ella. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros” (1 Juan 4:10). Vemos pues que, como un Cordero, demostró su amor, y como un Cordero se desposó con nosotros.

Demos un paso más. El amor matrimonial tiene que ser de ambas partes, y es como el Cordero que le amamos inicialmente. Cuando yo todavía no amaba a Cristo, ¿cómo podía haber apreciado sus heridas y su sangre sin amor? “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su vida perfecta era una condenación para la mía, aunque no podía menos que admirarla; en cambio, lo que me atrajo a amarle fue lo que hizo como mi sustituto cuando cargó con mis pecados en su propio cuerpo en el madero. ¿No ha sido así con ustedes, amados míos? He oído hablar mucho de conversiones como consecuencia de la admiración del carácter de Cristo, pero nunca he conocido una personalmente, en cambio, siempre me he encontrado con conversiones como resultado de sentir una gran necesidad de salvación y una conciencia culpable, cosas que no pueden ser satisfechas nunca, excepto por su agonía y por su muerte, gracias a las cuales el pecado es justificado y perdonado, y la maldad es subyugada.  Esta es la maravillosa doctrina que nos gana el corazón. Cristo nos ama como el Cordero, y nosotros lo amamos a él como el Cordero.

Además, el matrimonio es la unión más perfecta. Es indudable que es como el Cordero que Jesús está tan íntimamente unido a su pueblo. Nuestro Señor se acercó entrañablemente a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en carne y hueso como lo somos nosotros. Se acercó mucho a nosotros cuando, por esa causa, dejó a su Padre y se convirtió en una sola carne con su iglesia. Él no podía estar en pecado como lo estamos nosotros por naturaleza, en cambio tomó sobre sí nuestros pecados de ellos y los quitó, como está escrito: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6. Cuando “fue contado entre los pecadores”, y cuando la espada vengadora lo hirió por sustituirnos, se acercó más aún a nosotros y de una manera que nunca podía haber hecho en la perfección de su encarnación. No puedo concebir una unión más cercana que la de Cristo con las almas redimidas por su sangre. Al contemplar su muerte, no puedo menos que exclamar: “¡Ciertamente tú me eres un esposo de sangre, oh Jesús! Estás unido a mí por algo más íntimo que por el hecho de que eres de mi misma naturaleza, pues tu naturaleza cargó con mi pecado y sufrió el castigo de la ira en mi lugar. Ahora eres uno conmigo en todas las cosas por una unión como la que te vincula con el Padre”. De este modo, se forma una maravillosa unión por el hecho de que nuestro Señor asume el carácter del Cordero…

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 2?

Blog116B

3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

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“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

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Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

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EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Cómo encontrar pareja matrimonial 2

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EL MATRIMONIO DEBE, EN TODOS LOS CASOS, BASARSE EN EL AMOR MUTUO.

Si no hay amor antes del matrimonio, no se puede esperar que lo haya después. Los enamorados, que se supone deben estarlo todos los que esperan con anticipación esta unión, si no tienen amor, no pueden esperar ser felices. En este caso, la frialdad de la indiferencia muy posiblemente se convierta pronto en antipatía. Tiene que haber un sentimiento personal de querer estar unidos. Si hubiera algo, aun exteriormente, que produce disgusto, la voz de la naturaleza misma hasta prohíbe anunciar el compromiso matrimonial. No digo que la belleza física o la elegancia sea necesaria. A menudo ha existido un fuerte amor sin estas. No me corresponde determinar que es absolutamente imposible amar a alguien que tenga una deformidad. Pero ciertamente no nos debemos unir con alguien así a menos que podamos amarlo o por lo menos estar tan enamorados de sus cualidades mentales, que su físico deja de tener importancia ante la hermosura de su mente, corazón y manera de ser. En suma, lo que argumento es que proceder a casarse a pesar de una antipatía y revulsión es irracional, vil y pecaminoso.

El amor debe incluir la mente tanto como el cuerpo. Porque estar enamorado con alguien sencillamente por su belleza es enamorarse de una muñeca, o una estatua o una foto. Tal enamoramiento es concupiscencia o una quimera, pero no un afecto racional. Si amamos el físico, pero no amamos la mente, el corazón y la manera de ser de la persona, nuestros sentimientos se basan en la parte inferior de ella, y por lo tanto, algo que para el año próximo puede cambiar totalmente. Nada se desvanece con más rapidez que la belleza. Es como el pimpollo delicado de una fruta atractiva que, si no tiene buen sabor, es arrojado con disgusto por la misma mano que lo arrancó. Dice un proverbio que los encantos de la mente aumentan al ir conociendo mejor a alguien, mientras que los encantos exteriores van menguando. Mientras lo primero nos lleva a aceptar un aspecto poco agraciado, lo segundo incita, por contraste, una aversión por lo insulso, la ignorancia y falta de corazón que ha resultado su unión, que es como una flor sin aroma que crece en el desierto. En lugar de jugarnos nuestra felicidad juntando estas malezas florecientes y poniéndolas en nuestro regazo, preguntémonos cómo se verán dentro de algunos años o cómo adornarán y bendecirán nuestro hogar. Preguntémonos: ¿Acompañará a este semblante una comprensión que le haga apto/a para ser mi compañero/a e instructor/a de mis hijos? ¿Tendrá la paciencia para tolerar mis debilidades, amablemente consultar mis gustos y con afecto procurar mi confort? ¿Me complacerá su manera de ser en privado al igual que en público? ¿Harán sus costumbres que mi hogar sea placentero para mí y mis amigos? Tenemos que analizar estas cuestiones y controlar nuestra pasión para poder razonar pragmáticamente y formarnos un criterio inteligente.

Este pues, es el amor sobre el cual ha de basarse el matrimonio: amor por la persona integral, amor por la mente, el corazón y su manera de ser al igual que por su aspecto exterior, amor acompañado de respeto. Solo este cariño es el que puede sobrevivir la fascinación de lo Pensamientos sobre cómo encontrar pareja matrimonial novedoso, los estragos de las enfermedades y del tiempo. Solo este puede mantener la ternura y exquisitez del estado conyugal de por vida, como fue la intención de aquel que instituyó la unión matrimonial: que fuera de ayuda y confort mutuo.

¿Qué palabras hay, que sean suficientemente fuertes y expresen la indignación con que rechazamos esos compromisos, tan indignos y no obstante tan comunes, por los que el matrimonio se convierte en una especulación monetaria, un negocio, una cuestión meramente de dinero?… Los jóvenes mismos deben tener muchísimo cuidado de no dejar que las persuasiones de otros, ni un impulso de su propia  concupiscencia, ninguna ansiedad por ser independientes, ninguna ambición de esplendor secular, los lleve a una relación que no sea por puro y virtuoso amor. ¿De qué valen una casa grande, muebles hermosos y adornos costosos si no hay amor conyugal? “¿Es por estas chucherías, estos juguetes?”, exclama al despertar el corazón atribulado demasiado tarde en medio de alguna triste escena de infelicidad doméstica. “¿Es para esto que me he vendido y he vendido mi felicidad, mi honor?”

¡Ah, hay en el afecto puro y mutuo una dulzura, un encanto y un poder para complacer, aunque sea en la más humilde de las viviendas, mantenido en medio de la pobreza teniendo que lidiar con muchas dificultades! Comparado con esto, la elegancia y brillantez de un palacio oriental no son más que una de las enramadas del Huerto de Edén …

EL MATRIMONIO DEBE CONTRAERSE CON LA MAYOR PRUDENCIA…

Los matrimonios imprudentes, como ya hemos considerado, tienen malas y muy extensas consecuencias y también pasan esas consecuencias a la posteridad. Contamos con la comprensión para controlar nuestras pasiones e ilusiones falsas. Aquel que, en un asunto de tanta consecuencia como lo es elegir un compañero de por vida, deja a un lado lo primero y escucha solo la voz de lo segundo, ha renunciado al carácter de un ser racional para dejarse gobernar totalmente por los apetitos carnales. La prudencia previene mucha de la infelicidad humana cuando permitimos que nos guíe.

En este sentido, la prudencia no deja que nadie se case hasta tener un medio de vida seguro. Me resulta obvio que la presente generación de jóvenes no se distingue por su discreción en este aspecto. Muchos tienen mucho apuro por contraer matrimonio y ser cabeza de familia antes de tener con qué mantenerla. En cuanto llegan a la mayoría de edad, si tienen trabajo o no, antes de haberse asegurado que su trabajo sea un éxito, buscan esposa y hacen una elección apurada y quizá insensata. Los hijos comienzan a llegar antes de tener los medios adecuados para mantenerlos… Los jóvenes tienen que razonar y contemplar el futuro. Si no lo hacen, y en cambio se precipitan a tener que enfrentar los gastos del hogar antes de tener los  recursos para hacerlo, a pesar del canto de la sirena que son sus ilusiones, presten atención a la voz de advertencia o prepárense para comer las hierbas amargas de inútiles lamentos…

“Se ha dicho que nadie yerra en este sentido tanto como los pastores. ¡Cómo puede ser! Es difícil imaginar que aquellos cuyo deber es inculcar prudencia sean ellos mismos conocidos por su indiscreción… El pastor quien debe recomendar prolijidad en todos los aspectos de la vida, ¡cómo se va a casar con una mujer sucia y desprolija! El pastor quien debe demostrar un espíritu humilde y tranquilo preciado ante los ojos de Dios, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que regaña y critica constantemente! El pastor quien debe tener la misma relación con toda su congregación por igual, a quien le debe su amor y su servicio, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que se apega a unas pocas amigas, escucha sus secretos y divulga los propios, y se limita a relaciones dentro de un grupito seleccionado y exclusivo de sus preferidos, lo cual haría que su pastorado fuera insoportable o motivo de despido!

A mis hermanos en el ministerio recomiendo, y lo recomiendo con tanta seriedad que no tengo palabras suficientemente enfáticas para expresarla, que tengan gran cautela en este asunto tan delicado e importante. En su caso, los efectos de un matrimonio imprudente se sienten en la iglesia del Dios viviente…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 1

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“¡Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista”.

                                                                                                         Notas de una conferencia memorable del Dr. Lloyd-Jones

INTRODUCCIÓN

EI Dr. Lloyd-Jones predicó por última vez como pastor de la iglesia Westminster Chapel el viernes 1 de marzo de 1968. La enfermedad (de la cual se recuperó después de ser intervenido quirúrgicamente) le condujo posteriormente a su retiro de aquella obligación pastoral. Pero entre las labores que continuó haciendo después de eso estuvo el ser presidente de la Asociación de Pastores de Westminster, y, al reanudar el ministerio público, uno de sus primeros compromisos fue con la Asociación, en la reunión del 9 de octubre de 1968 en Westminster Chapel. Al igual que con varios sermones de Martyn Lloyd-Jones, no se hizo ninguna grabación de esta conferencia, ni en cinta magnetofónica ni en taquigrafía, y lo que sigue son únicamente mis notas de oyente tomadas de prisa. Aun en esta forma fragmentaria creo que son dignas de ser preservadas.

La reunión estaba repleta de gente; el amor y el agradecimiento hacia el orador eran los sentimientos principales, y sus elevadoras palabras tuvieron que ser recordadas por mucho tiempo por quienes allí estuvieron. El encabezamiento es mío y no se dio ningún título del contenido de antemano.

El Dr. Lloyd-Jones empezó disculpándose por la interrupción de su presencia en la Asociación, aunque “había estado fuera de mi control“. Quiso decir una sola cosa sobre su operación. Antes de ella había gozado de una salud notable, y había encontrado difícil visualizar cómo sería cuando enfermara. “Creo que ahora conozco ‘la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento’ como algo muy real. Algo que no se puede decir con palabras me fue dado en un modo que nunca olvidaré mientras viva. En cuanto al lado negativo, tengo que confesar que me preguntaba después por qué no sentí como Pablo un ‘deseo de partir y estar con Cristo’. No era que estuviera anhelando vivir, pero mirándolo retrospectivamente faltaba algo allí. Yo sabía que me iba a poner bien. Me digo que debería haber conocido algo de ese otro aspecto al enfrentarme a la muerte: un sentimiento de expectación. Considero la ausencia de eso como una deficiencia. Nuestra relación con nuestro Señor debería hacer que fuera diferente. Deberíamos no estar esperando que las cosas ocurrieran, que la muerte viniera; deberíamos estar preparándonos“. Aquí endosó las palabras de un pastor que estaba muriendo de tuberculosis que instaba a quienes estaban a su alrededor a amar a Dios con todas sus fuerzas, porque cuando la enfermedad llega, la fuerza se va. “Nos volvemos demasiado débiles para leer, incluso las Escrituras. Debemos usar nuestra fuerza, y acumular reservas para el día de comparecer“.

Nuestro peligro está en ser víctimas de nuestra rutina, ser llevados por el ímpetu del trabajo. Necesitamos que nos recuerden las palabras de Edmund Burke. En medio de una campaña electoral parlamentaria en Bristol, Burke estaba a punto de levantarse para hablar cuando le comunicaron que su oponente en las elecciones había muerto repenti-namente: ‘iQué fantasmas somos, y qué fantasmas perseguimos“‘.

Otra cosa me ha inquietado estos últimos meses. El punto en el que mi ministerio pastoral fue interrumpido tenía un mensaje para mí. Estaba predicando sobre Romanos 14: 17: ‘Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo’. Yo había tratado de ‘justicia, y paz’ (esta última el 1 de marzo), y allí se me hizo parar. No se me permitió tratar del ‘gozo en el Espíritu Santo’. Tengo la sensación de que con ‘justicia y paz’ yo tenía una pasajera experiencia de ello, pero la tercera cosa es la más profunda de todas. ¿Por qué no se me permitió tratar de ‘el gozo en el Espíritu Santo’? Porque yo conocía algo, pero no lo suficiente sobre ello. Como si Dios dijera: ‘Quiero que hables sobre esto con mayor autoridad“.

“Estoy convencido de que esta es la cosa más importante de todas y me conduce a lo que quiero exponer ante vosotros. Durante seis meses, hasta septiembre, no prediqué nada. He sido oyente y ha sido una experiencia de lo más valiosa. (Como oyente, durante cuatro de esos meses, mi impresión general es que para la gente fuera de nuestras iglesias, la mayoría de nuestros cultos son terriblemente deprimentes! Me asombro de que la gente todavía asista. La mayoría de los que asisten son mujeres, por encima de la edad de cuarenta, y tengo la sensación de que asisten por obligación; algunas quizá tienen la oportunidad de ser importantes en sus pequeñas esferas. No hay nada que haga que un extraño sienta que se está perdiendo algo. ¡Por el contrario, encuentra que esto supone un terrible peso! Y el pastor al sentir esto piensa que debe ser breve; de esta manera la gente se reúne para separarse. Estoy hablando sobre las iglesias en general pero en este aspecto hay muy poca diferencia en las iglesias evangélicas.”

“Es una gran cosa ser oyente. Uno quiere algo para su alma, quiere ayuda. Yo no quiero un gran sermón. Quiero sentir la presencia de Dios, que estoy adorándole y considerando algo grande y glorioso. Si obtengo esto, no me importa lo pobre que sea el sermón.”

“Os sugiero que nuestro mayor peligro es del profesionalismo. No nos paramos con la suficiente frecuencia a preguntarnos a nosotros mismos qué estamos haciendo realmente. El peligro consiste en únicamente enfrentarnos a un texto, y tratarlo como un fin en sí mismo, con un extraño desapego. Lejos de Londres, y en una iglesia anglicana, oímos predicar a un párroco sobre las palabras de Jeremías, 20:9 “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude”. El predicador se había tomado grandes molestias preparando el sermón; estaba bien coordinado, tenía forma; lo único que no había era fuego. Era una ducha fría. Imposible que nadie pudiera salir de aquel culto enardecido! El predicador no pudo haberse preguntado: ‘¿Qué es este fuego, y qué es para mí?’. En lugar de hacerse tal pregunta, había preparado un sermón, y la cosa vital estaba ausente.

“Podéis pensar que estaba escuchando como crítico; no lo estaba. En otra localidad oí un sermón sobre Gálatas 3:1 ‘¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?’. Se nos habló mucho sobre ‘fascinar’, y el sermón versó sobre cosas que podrían desviarnos y nos desvían; pero yo estaba consternado de que el predicador no viera la cosa principal en el texto: que estos gálatas se habían desviado de esta gloriosa cosa, Cristo Jesús quien había sido anunciando ante ellos. ¡Esto es sobre lo que debemos hablar!

“Podemos perder de vista el bosque por causa de los árboles y perder la gloria del evangelio. Nuestra tarea es despedir a la gente con la cosa más gloriosa del universo. Esto es apicable a la gente que viene regularmente. No hay esperanza de atraer a los de fuera mientras los de dentro estén como están. Los de fuera ya están deprimidos, y, si no, pronto lo estarán.

Continuara …

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

La humanidad de Juan Calvino 8

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Al final de la sesión, Bolsee fue conducido, según las leyes de aquellos tiempos, a la prisión, lo cual no le impidió recibir visita de sus amigos. El 22 de diciembre de 1551 fue, como extranjero, condenado al destierro. Desde ese día, su odio por Calvino no conoció límites, pero fue tan solo en 1577, trece años después de la muerte del Reformador, cuando conoció su satisfacción con la publicación del primero de sus dos violentos panfletos, uno dirigido a un hombre muerto desde hacía mucho tiempo, y el otro destinado, en 1582, a un hombre todavía bien vivo, Teodoro de Beza. El título de las calumnias vengativas imaginadas de todas las maneras acerca de Calvino era Historia de la vida, costumbres, actos, doctrina y muerte de Jean Calvino, otrora ministro en Ginebra. Bolsee, tras haber cambiado de chaqueta confesional muchas veces, definitivamente había caído en los brazos del papado romano, del cual se hizo como el portavoz, el instrumento delator y calumniador de elite. Una multitud de autores católicos romanos —entre los cuales el cardenal Richelieu, que Drelincourt intenta refutar—han bebido de este estercolero de inmundicias para calumniar —cuanto más, mejor— la fe evangélica de los reformadores. Richard Stauffer, historiador de la Reforma, reputado por el equilibrio, la seguridad y ponderación de sus escritos, describe sin embargo este “vil panfleto” de la siguiente manera:

“Calvino era tratado de ambicioso, de pretencioso, de arrogante, de cruel, de maligno, de vindicativo y, sobre todo, de ignorante. Mucho más: era presentado como un hombre avaro y codicioso, como un impostor con apariencia de resucitar a los muertos, como un amante de banquetes; todavía peor: como un aventurero y un sodomita, que por sus prácticas infames habría sido condenado en su Noyon natal, a ser marcado por hierro incandescente. Para concluir este cuadro, Bolsec hacía del Reformador un reprobado de Dios, quien, tras haber sido castigado con una “irrupción de piojos y parásitos por todo su cuerpo”, tras haber sido roído de gusanos en castigo por sus vicios, habría muerto mascullando, jurando y blasfemando, víctima de la más profunda desesperación.”

Mützenberg no se queda corto:

“Esta historia singular […] proporciona un ejemplo típico del uso sin límites de la calumnia al servicio de la religión. De este antro nauseabundo en que se ha convertido la imaginación de Bolsee sale un torrente de excremento. Calvino, cuya historia auténtica conoce la simplicidad, la sobriedad, el desinterés, la pureza, la rectitud e incluso la pobreza, virtudes que a menudo se le reprochan, es aquí acusado de todos los vicios contrarios […]. El autor hace de él incluso —¿quién le ha creído?— un ignorante. Sin embargo, lo conocía bien, lo había oído y habido sido brillantemente refutado por él en el terreno que él mismo había elegido, el del pensamiento de S. Agustín. Algunos émulos jesuitas de Bolsee llegarán a decir incluso que Calvino a penas había hecho Gramática.”

Para concluir nuestras palabras, nos centraremos algo en lo que Bolsee mismo nos dice de la muerte de Calvino, contrastando sus fabulaciones con la realidad de los hechos auténticos. Puesto que Bolsee, contra todos los testimonios bien conocidos de su época —entre los cuales, en particular, L’histoire de la vie et mort de Maitre Jean Calvin, de Teodoro de Beza— que relatan en detalle las circunstancias de la muerte tan edificante de Juan Calvino, busca acosar de calumnias al Reformador hasta su lecho de muerte. He aquí cómo esta última infamia de Bolsee es descrita por Drelincourt:

“Habiendo intentado oscurecer de humos de los pozos del abismo la bella e inocente vida de este hombre de Dios, lo representa en el lecho de la muerte como un hombre desesperado, que jura y que blasfema, que invoca los diablos, que reniega de la fe, que detesta la obra de la Reforma de la Iglesia, y que maldice el día que puso su mano en la pluma.”

He aquí la versión de la muerte de Calvino que la venenosa pluma de Bolsee expandió por todo el mundo católico romano. ¿Qué fue de su muerte, en realidad? Drelincourt nos lo dirá:

“En medio de sus más violentos dolores, alzando sus ojos al Cielo, decía a menudo estas palabras: “Señor, ¿hasta cuándo?”. Era la frase que había tomado hacía tiempo por divisa. Trabajó sin cesar en sus obras, y estuvo dictando hasta ocho horas antes de su muerte. Y cuando se le quería apartar de este trabajo, su réplica habitual era:

“Que él hacía como si nada. Y se le dejara que Dios lo hallara siempre velando y trabajando en su obra, como él pudiera, hasta el último suspiro”. Tenía el espíritu tan libre y presente que, poco antes de su muerte, habiendo sabido que G. Petrel, ministro de Neuchátel, su buen amigo y antiguo colega, lo quería venir a visitar, a pesar de su avanzada edad, que era de más de 80 años, le escribió en latín la siguiente carta:

“Bien a vos, mi muy buen y querido amigo. Y puesto que le place a Dios que permanezcáis cerca de mí, acordándoos de nuestra unión, de la cual el fruto nos espera en el Cielo, tan provechosa ella, ha sido a la Iglesia de Dios. No quiero que os fatiguéis por mi. Apenas respiro, y espero de un momento a otro que el aliento me falte. Ya es demasiado que viva y que muera en Cristo, que es ganancia para los suyos en la vida y en la muerte. Os recomiendo a Dios, con los hermanos”.

“En Ginebra este segundo mes de 1564. Juan Calvino”

Y Drelincourt continúa su cela to del final de Calvino:

“De Beza dice que de ahí en adelante su enfermedad hasta su muerte, el 27 de mayo de 1564, no fue más que una oración continua. Y que a pesar de sus crueles dolores, tenía a menudo en la boca estas palabras del Salmo 39: Me he callado, Señor, porque eres Tú quien lo ha hecho. Que otra vez decía estas palabras del rey Exequias, que están en el capítulo 38 de Isaías: “Gimo como la paloma”. Y que alzándose hacia Dios por un anhelo de celo, clamaba: “Señor, Tú me quebrantas, pero me basta que sea tu mano”.

En definitiva, De Beza, tras haber hecho la oración cerca de él por última vez, apenas había salido cuando le vinieron a avisar que [Calvino] había caído de debilidad. Al instante vino corriendo, pero supo que Dios lo había quitado del mundo, que había muerto lo más dulcemente que se podría desear, sin ningún movimiento convulsivo. E incluso que no pare-cía más muerto que cuando estaba todavía vivo.

Drelincourt continúa:

Toda la ciudad de Ginebra fue testigo de la vida santa e inocente de Calvino. Y como ya lo he dicho, ella lo vio morir la muerte de los Justos. Ella lo oyó enseñar en su lecho de muerte, como si hubiera sido su Auditorio de Teología, o su pálpito de Pastor. Los Señores no podían ignorar las santas disposiciones de este hombre de Dios. Porque algunas semanas antes de dejar este mundo se hizo llevar hasta su Consejo, y les agradeció muy humildemente todas las gracias y favores que había recibido de la Señoría. E incluso pocos días antes de su muerte, quiso todavía que lo llevaran para darles el último adiós. Pero se lo impidieron y vinieron ellos mismos a visitarlo en su casa; y hallaron que se iba a Dios con una maravillosa paz de espíritu, y que en medio de sus dolores estaba totalmente lleno de un santo gozo y de una gloriosa esperanza. Le agradecieron efectivamente de todos los servicios buenos y agradables que había hecho al Estado y a la Iglesia y se retiraron grandemente consolados y satisfechos. La Iglesia de Ginebra tampoco podía ignorar cuál había sido la cristiana manera de vivir y el fin ejemplar de su fiel pastor. Porque los principales cabezas de familia le rindieron los últimos respetos con mucha cordialidad y testimonios de honor y de respeto.

Él fue cuidadosamente visitado por todos los Señores Pastores, todos los cuales oraban por él. E incluso pocos días antes de su muerte, él quiso tener la alegría de que todos cenaran en su casa. Y a pesar de que estaba grandemente débil, se hizo llevar al borde de la mesa, donde permaneció algún tiempo, y les dio discursos dignos de su piedad y de su celo. Y les dijo que no esperaba más que verlos en el Reino de los cielos. Y cuando la debilidad le obligó a retirarse a su habitación, profirió estas palabras dignas de recordar, y que mos-traban la presencia de su espíritu: “Una pared entre los dos no impedirá que esté unido en espíritu con vosotros”.

Los pastores continuaron visitándolo cuidadosamente unos tras otros. Y no lo abandonaron hasta que rindió apaciblemente su alma a Dios. En fin, no hubo persona en Ginebra que al ver un final tan bendito y cristiano, no dijera de corazón: “Que yo muera la muerte de los justos, y que mi fin último sea parecido al de ellos”. 

He aquí el testimonio que el célebre historiador católico romano, contemporáneo del Reformador, el Presidente de Thou, hizo a Calvino cuando murió:

Poco antes del 13 de las calendas de junio (el 27 de mayo), Juan Calvino, nativo de Noyon en Vendamois, personaje de un espíritu vivo y ardiente y dotado de una admirable elocuencia, y que también era entre los protestantes un teólogo muy renombrado, habiendo sido durante el espacio de siete largos años, afligido de diversas enfermedades y diferentes tormentos, y que no por ello era menos asiduo en su ministerio, ni impedido de escribir continuamente, en fin, por la dificultad de respirar, murió en Ginebra, donde había enseñado durante veintitrés años, habiendo casi cumplido el quincuagésimo sexto año de su vida.

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Cómo encontrar pareja matrimonial 1

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EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La muerte de la predicación bíblica 2

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El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 7

Blog109G

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. B

Veamos ahora los ataques repetidos constantemente contra el carácter de Calvino, los cuales también se remontaban al menos hasta los dos libelos de Baudoin. Esta tradición historiográfica mentirosa ha sido retransmitida por una verdadera tribu de panfletarios calumniadores, cortesanos de la Roma papal. Tomemos, todavía aquí, la Défense de Calvin como nuestro guía. El cardenal de Richelieu, tras Papyrius y Baudoin, decía de Calvino que “El ardor de su espíritu y de su bilis lo hacían colérico”. Drelincourt retorna, por su propia cuenta, el reproche ya antiguo del célebre cardenal:

“Sin la menor duda, como lo he señalado en otro lugar, Calvino era de un temperamento bilioso, y de sí mismo montaba en cólera, sin que sus vigilias, sus ayunos sus continuos trabajos, sus violentas enfermedades, lo hacían todavía más colérico y triste. He aquí pa-labra a palabra lo que M. de Beza dice al describir la vida de este servidor de Dios: Además de su inclinación natural a la cólera, el espíritu maravillosamente dispuesto, la indiscreción de muchos, la multitud y la variedad infinita de asuntos para la Iglesia de Dios, y al final de su vida, las enfermedades grandes y las ordinarias, le habían hecho triste y difícil. Pero en ningún modo se agradó en este defecto, sino que al contrario, nadie lo ha apercibido mejor que él, ni lo ha hallado tan grande que él”. 

Drelincourt continúa:

“Es bueno oír lo que él mismo ha dicho. Antes de responder a Baudoin, él advierte a sus lectores que “no hay mayor ladrón que este hombre”. Lo compara al “arrendajo” o a la “lechuza” y dice que “nadie le puede sobrepasar en el arte e industria de robar. Mi confianza de buena fe hacia él —sigue diciendo— ha sido tan grande que todo lo que había de papeles en mi biblioteca, él los ha ojeado libremente en mi ausencia. Que él haya arrebatado lo que ha creído que le podría servir, no hay que buscar prueba más clara que su propio escrito, por el cual él se da a conocer tal cual es. Ciertamente se descubre así su fidelidad y su respeto de la hospitalidad. Pero veamos la cosa en sí misma. Si él hubiera descubierto en mí cualquier vicio, él tendría la capacidad de reproducirlo, como habiéndolo sacado de mis propias entrañas; pero no ha hallado nada más atroz de lo que yo haya confesado a Bucero, que yo soy por naturaleza colérico, y que combato sin cesar contra este defecto; pero que hasta ahora no he avanzado tanto como lo que querría. Las demás cosas que él añade a esto, él las ha fabricado. Pero acerca de esta acusación, ¿qué quiere decir? Si no es que, según él, solo son dignos de alabanza aquellos que no solo se agradan de sus vicios y se los perdonan; sino que son tan descarados de rechazar el sentimiento del cual se reconocen culpables. Pero nosotros hemos aprendido otra cosa en la Escuela de Nuestro Señor Jesucristo.”

Y Drelincourt comenta:

“No es que esta confesión franca e ingenua de Calvino deba marchitar su memoria, sino que la corona de una alabanza inmortal. Porque no hay nada más raro que ver a un hombre confesar sus defectos; y, sobre todo, intentar corregirlos, y emplear todas sus fuerzas. Pero, por lo demás, yo bien querría saber los males que han venido de la cólera de Calvino y los funestos efectos que ella ha producido. A veces él ha respondido a sus adversarios con cierto calor y vehemencia, como le ocurrió acerca de Baudoin, cuyas obras le hicieron gran daño, porque él había sido su doméstico, y que él había violado las leyes más sagradas de la hospitalidad. Pero muchas veces ha imitado a su Salvador que cuando se le ultrajaba no lo devolvía; cuando se le amenazaba, se remitía a aquel que juzga justamente (1 Pedro 2:21-23)”.

Dejaremos aquí la última palabra a Calvino:

“Bien que su audacia y malicia fueran desde largo tiempo conocidas de todos, sin embargo yo no habría jamás pensado que él se entregaría a tal locura de injuriarme con tanta maldad. Pero como el desespero incita a tales gentes a la rabia, es su mala conciencia lo que le ha precipitado a lanzarse por una impetuositad ciega más bien contra sí mismo que contra mí. Yo no puedo negar que el arrebato de este hombre no me haya conmovido, visto que no puede ser que tal indignidad no conmueva a las personas cordiales e ingenuas. Pero yo he despreciado fácilmente sus obras como si no me afectaran. Este dicho de Sócrates es muy célebre: “Si un asno me hubiera dado un puntapié, ¿lo tendría que presentar ante el juez?”. A pesar de que yo esté bien alejado de la grandeza de espíritu de la cual Sócrates ha destacado, no obstante me he endurecido por el continuado uso del ladrido de tales perros. Y he aprendido en una mejor escuela que Dios expone a sus siervos a tales oprobios para probar su paciencia. No me glorificaré de la grandeza de las revelaciones, como si me acercara a la de S. Pablo. Sin embargo, reconozco que esto tengo en común con el gran Apóstol: que no sea que me exalte a mí mismo, Dios me ha enviado un aguijón de Satanás, y que abofeteándome aprenda humildad.”

Las injurias y calumnias contra Calvino que acabamos de examinar, se muestran de una extrema moderación en comparación con el ácido sulfúrico verdaderamente diabólico que salió del espíritu y la pluma del médico Jéróme-Hermés Bolsee, antiguo colega del moderador de la Compañía de los Pastores. El 16 de octubre de 1561, Bolsee tomó la palabra en una Congregación de los pastores para oponerse públicamente a la doctrina de la elección divina que era enseñada por Calvino. He aquí cómo Mützenberg describe la escena:

“Jéróme Bolsec se levantó para expresar su desacuerdo. Acababa de comenzar su discurso cuando entró Calvino. El reformador lo escuchó, y después, cuando hubo acabado, refutó punto tras punto, citando abundantemente a S. Agustín, a quien su contradictor había citado como que no profesaba la doble predestinación”.

Continuará …

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