Institución de la Religión Cristiana

Reseña 8

En Marzo de 2018 se cumpliran 482 años de la publicación de la Institución de la Religión Cristiana, la primera y más famosa obra teológica del reformador francés Juan Calvino.

Impresa en Basilea, apareció después de su estudio sobre De Clemetia, de Séneca (1532). Hacía poco tiempo que Calvino se había convertido al protestantismo. Luego de un conflicto en La Sorbona y de la proscripción del grupo protestante, abandonó París (1534) y se estableció en Basilea, un centro protestante donde vivió bajo el seudónimo de Martinus Lucanius. Allí se consagró al estudio de la teología, concentrándose en la Biblia, así como a la revisión de los Padres Apostólicos y de teólogos contemporáneos como Lutero y Bucero.

La mayor parte de su conocimiento sobre teología católica la adquirió de dos textos medievales: las sentencias de Pedro Lombardo y los decretos de Gracián. El resultado de semejante estudio fue precisamente la Institución de la Religión Cristiana, que en su forma inicial era un catecismo ampliado, en latín, organizado a la manera tradicional las doctrinas esenciales del protestantismo naciente. Contenía también un material suplementario contra los sacramentos que veía como falsos, y algunas ideas sobre la organización de la iglesia.

Esta obra pronto le ganó prestigio como vocero autorizado del protestantismo. Fue la obra de su vida, pues la revisó, tradujo y amplió sustancialmente en ediciones subsecuentes. La edición latina definitiva apareció en 1559, la francesa en 1560, y la primera en castellano, traducida por Cipriano de Valera, en 1597. De 85 mil palabras pasó a 450 mil. La Institución llegó a ser un manual sistemático y completo de la teología dogmática, el más influyente, de hecho, producido durante la Reforma.

Lucien Febvre escribió acerca de esta obra:

“Equívoco, confusión, desamparo. Fue entonces cuando se alzó un hombre. Y apareció un libro. El hombre: Juan Calvino. El libro: la Institución Cristiana […]. ¿Qué aportaba? Una doctrina clara, lógica, coherente, perfectamente ordenada por un maestro al cual, de vez en cuando, resulta tentador aplicar las palabras destinadas a Ario: “una lucidez autoritaria”… Desde luego, y ello no supone disminuir su valor. Lo esencial, sin embargo, es otra cosa —si es verdad que la gran obra histórica de Calvino no fue componer libros, pronunciar sermones, formular y defender dogmas. Fue “educar hombres”. Calvino ha creado, ha formado, ha moldeado un tipo humano que puede o no gustar, con el que pueden o no sentirse afinidades: tal y como es, constituye uno de los fermentos de nuestro mundo, y no sólo de nuestra Francia.”

La Institución es un trabajo destinado a influir en el rey de Francia para que tratase con benevolencia y comprensión a aquellos profesaban la fe protestante. Es asimismo una declaración de las doctrinas evangélicas y bíblicas a las cuales el autor se hallaba ya definitivamente adherido. A la edad de 27 años Calvino es ya un reformador maduro y un excelente exegeta de las Escrituras. En su epístola dirigido al rey de Francia, Francisco I, explica cómo su intención original ha sido la de suministrar una especie de manual elemental de instrucción para sus compatriotas cuya mayoría esta sufriendo hambre y sed de Cristo y tan poco conocimiento tienen de él. Es sorprendente el arrojo y la intrepidez con que Calvino se dirige a su soberano.

El propósito de Calvino de edificar e instruir mediante este libro a aquellos que se acercaban a la luz de la fe Reforma, no sólo fue alcanzado, sino sobrepasado. El libro, más bien pequeño, que comprendía sólo 6 capítulos sobre la ley, el Credo, la Oración del Señor, los sacramentos, los cinco falsos sacramentos y la libertad cristiana, el poder eclesiástico y la administración pública fue vendido rápidamente. La segunda edición apareció en 1539. Había crecido de tamaño hasta casi tres veces la edición original, con un total de 17 capítulos.

El desarrollo del pensamiento de Calvino se refleja en el hecho de que los dos primeros capítulos están dedicados al conocimiento de Dios y el conocimiento del hombre. El conocimiento de la criatura está ligada al conocimiento de su creador, y este conocimiento es fundamentalmente para todos los demás conocimientos. De acuerdo con esto, forma una magnífica introducción para una gran obra de teología cristiana. En la edición de 1539 encontramos la famosa sentencia inicial, que fue impresa en todas la ediciones subsiguientes: “Casi la totalidad de la suma de nuestra sabiduría que debe ser considerada como verdadera y sólida sabiduría consiste en dos partes: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos”. En la Epístola al Lector Calvino declara que su objeto fue preparar y entrenar candidatos en sagrada teología por la lectura de la divina palabra, de tal forma que pudiesen tener una fácil introducción a la misma y proseguir luego en ella con paso inalterable.

La versión francesa (1541) muestra sus progresos literarios, al grado de ser capaz de eludir los artificios. Su prosa trata, sobre todo, de ser vehículo de la verdad. La dignidad, la sinceridad y completa sencillez de propósito son los contrastes del hombre y sus criterios.

La obra, en su versión final, está dividida por Calvino en cuatro libros separados, que a su vez están subdivididos en un total de 80 capítulos. El primer libro se titula “Del conocimiento de Dios creador”, el segundo, “Del conocimiento de Dios redentor, en Cristo, que fue manifestado primero a los padres bajo la ley y a nosotros, después, en el Evangelio”; El tercero, “El medio de obtener la gracia de Cristo: qué beneficios fluyen de ella para nosotros y qué efectos siguen”; y el cuarto, “De los medios externos o auxilios por los cuales Dios nos invita ala unión con Cristo y nos mantiene en ella”. En otras palabras, queda cubierta la totalidad del campo teológico y bíblico. Procede después con lo relativo al pecado, la caída, la servidumbre de la voluntad, la exposición de la ley moral, la comparación del Antiguo y el Nuevo Testamento y la persona y la obra de Cristo como mediador y redentor. Sigue luego con una consideración de la obra del Espíritu Santo en la regeneración, la vida del hombre cristiano, la justificación por la fe, la reconciliación, las promesas de la ley y el Evangelio, la libertad cristiana, la oración, la elección eterna y al escatología (las últimas cosas). Finalmente trata la doctrina de la Iglesia y su ministerio, su autoridad, su disciplina, los sacramentos y el poder del estado. Estamos, pues ante un monumento teológico cuya validez se ha mantenido con el paso del tiempo.

Después de la publicación de la Institución en 1536, Calvino salió de Basilea y fue a Ferrara, Italia, donde la duquesa Renata hija de Luis XII de Francia, toleraba a los protestantes, quizá él, como humanista que era, tenía muchos deseos de conocer Italia. Poco tiempo después salió rumbo a Estrasburgo, pero la guerra entre Carlos V y Francisco I le obligó a desviarse y pasar por Ginebra. El resto de la historia es muy conocido.

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 3

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3) Desencuentros y oposición con Intelectuales (Lutero / Erasmo; Calvino / Servet)

Como señalamos anteriormente ambos vivieron en épocas, y países, diferentes sin embargo una importante semejanza entre ambos fue la confrontación con los poderes políticos y sobre todo espirituales de la época, a saber la en ese tiempo muy contaminada Iglesia Católica. Sin embargo, aquel no fue el único frente pues se abrió otro flanco en sus batallas: la oposición y posteriores desencuentros con intelectuales.

El caso Lutero/ Erasmo: En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publicó un Nuevo Testamento en un principio parecía haber cierta consonancia entre ambos sin embargo tras una serie de intercambios epistolares después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor provocando una amarga separación con Lutero, al respectó comentó: “Prescindiré, por fin, de la Apología de Erasmo, pero me afecta vehementemente el duelo que ha desencadenado entre estos dos príncipes de las letras . Erasmo está muy por encima de todos y es el que mejor habla, pero también es el más amargo a pesar de sus esfuerzos por conservar la amistad[1] Podemos complementar “Mas ahora ¿qué puedo hacer? Las cosas han llegado a su punto álgido por ambas partes. Si me fuere posible, optaría por hacer de medianero para que cesasen ellos de atacarte con tanta animosidad y permitieran que tu vejez durmiera pacíficamente en el Señor[2].

El caso Calvino/Servet: Sin duda alguna este es el caso más conocido de desencuentro entre un reformador y su oponente el cual ha generado gran controversia hasta el día de hoy. Necesitaríamos una instancia especial para abordar los detalles del dramático desarrollo y conclusión de él, sin embargo de este caso mostraremos el final de la tempestuosa relación entre Servet, el inquieto librepensador y Calvino el teólogo, pastor y asesor político de Ginebra que tuvo su punto más álgido y dramático durante el juicio a Miguel de Servet, se cuenta del comportamiento de este último que “No escatimó epítetos burlones contra Calvino, como si este fuera el acusado. Le llamó criminal, asesino, perverso, mentiroso, mono ridículo ... ¿Te crees capaz de ensordecer los oídos de los jueces con tus ladridos de perro?[4]

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4) Importancia de los Amigos

Para ambos el apoyo y ayuda de sus amigos en los diversos momentos de sus vidas claramente fue fundamental, comenta Lutero: “Te lo diré con franqueza: he pasado apuros mayores que los que tú nunca tendrás ni a nadie se los deseo -ni siquiera a los que nos atacan con crueldad, aunque sean malignos e impíos-. Pues bien, siempre he superado estas angustias gracias a las palabras de algún hermano como Pomerano, tú mismo, Jonas u otros

En tanto, a pesar de la imagen distante que pueden transmitir sus retratos, Calvino era un amigo solicitado que se ganaba la simpatía de otros. Entabló varias amistades por largos años, entre ellas con importantes personalidades del siglo XVI como por ej. Farel, Viret, Bucer, Melanchthon, Bullinger y Beza, también poseía muchos amigos entre los refugiados franceses en Ginebra. Era muy exigente con sus amigos, pues no sólo esperaba el aliento amistoso y el apoyo activo, sino también una voz crítica con la que él mismo acompañaba la vida y trabajo de sus amistades.

Un ejemplo clave de esto es cuando Farel a los 69 años se enamoró de una muchacha de 18 años de edad, a causa de esto Calvino no escatimó en críticas a su colega por haber legalizado demasiado tarde el amorío secreto y dar lugar a que se expandieran los rumores. Este suceso naturalmente provocó un quiebre en la amistad, resultando un largo distanciamiento entre Calvino y Farel. A pesar de ello, Calvino lo seguía considerando como amigo, lo que Farel le agradeció en una visita reconciliadora en 1564 cuando Calvino se encontraba en su lecho de muerte[6].

[1] Carta a Spalatino. 18 enero 1518, Cartas de Lutero

[2] Cartas de Lutero, 1524, Pág. 35

[3] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág. 239

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, 230-231/ Pedro Puigvert “Calvino-Servet: Una relación tempestuosa” En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino” , Andamio, 2010, Pág, 139

[5] Cartas de Lutero, A Melanchton, Día último de junio, 1530.Pág. 63

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 2

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.- Como ya lo hemos repetido en varias ocasiones con Martín Lutero comienza el proceso de Reforma. Ahora bien, este comienzo no fue fácil, sabido es que él tuvo que comparecer dos veces antes las llamadas Dietas (Worms 1521 y Spira 1529).

En este punto definir los conceptos es fundamental, cuando decimos “Dieta” evidentemente no nos referimos a la acepción contemporánea relacionada con la alimentación, la definición para este proceso quiere decir que se convocó a una asamblea de todas las autoridades del imperio. Nótese, todas las autoridades del Imperio, es decir el Sacro Imperio Romano.

A la cabeza de ese imperio se encontraba Carlos V, también conocido como Carlos I de España. Él reinó junto con su madre (esta última de forma solamente nominal) en todos los reinos y territorios hispánicos con el nombre de Carlos I desde 1516 a hasta 1556, reuniendo así por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla (el Reino de Navarra inclusive) y Aragón por su ascendencia heredó el patrimonio los territorios austriacos, Castilla, Navarra, las Indias, Nápoles, Sicilia y Aragón. Su hijo Felipe hereda aquellos territorios y anexiona otros, de allí que declaró “En mi imperio nunca se pone el sol” ¡Porque era cierto![1]

Entonces, poniendo el asunto en perspectiva Lutero debió comparecer ante la persona más poderosa del mundo de aquel entonces, y en esa comparecencia no se amedrentó, expuso sus argumentos y lamentablemente, no logró convencer al Emperador de su postura en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la Iglesia católica. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la Iglesia católica contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.

La experiencia de Calvino es bastante diferente: Calvino empezó a exponer sus ideas en París, pero como Francia era católica tuvo que huir del Reino y refugiarse en el extranjero. Ya empezaba a ser conocido entre los protestantes europeos como un hombre firme y enérgico, un gran teólogo y un buen organizador que sabía dirigir a los hombres, y por esta razón fue llamado por los protestantes de Ginebra, allí tuvo diferencias con las autoridades locales hasta que lograron llegar a un equilibrio. Vemos que en la trayectoria del reformador francés hubo desacuerdos con la autoridad política aunque no fue con la tremenda intensidad que le tocó a Lutero.

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Similitudes.

Como señalábamos al principio, se puede caer en la tentación de disociar el proceso de Reforma de sus grandes impulsores como así también acentuar sus diferencias, bastante evidentes, por sobre sus puntos de encuentro los cuales pasamos a comentar a continuación.

1) Estudiantes y conocedores del Derecho.

Lutero procedía de una familia de campesinos y, por tanto, en sus orígenes perteneció al pueblo llano. Sus padres estaban de tránsito en Eisleben cuando nació, su casa natal fue pasto de las llamas en 1689. Hans Lutero, su padre, se trasladó a la región minera de Mansfeld, donde trabajó en una mina de cobre. Con el tiempo prosperó, dirigió su propio negocio y la familia pudo librarse de las penurias económicas.

Sus primeros estudios los hizo en las escuelas de Magdeburgo y Eisenach. Luego se incorporaria a la Universidad de Erfurt, donde obtuvo una licenciatura en artes (1502) y en Filosofía en 1505. Cuando era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfurt, pero un incidente cambió su vida de forma drástica. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por una tormenta eléctrica. Un rayo cayó cerca de él y, aterrorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplió su promesa e ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Cumpliendo con su promesa entró al convento de los Agustinos en Erfurt en el 17 de julio 1505 contra la voluntad de su padre. Este convento era conocido por ser muy estricto. Siguiendo las reglas del orden Lutero trataba de tener una conducta impecable. Conocidas son sus luchas por alcanzar la santidad y paz con Dios. Hasta que en el contexto de sus cátedras en Wittemberg, estudió los textos bíblicos más profundo y hizo lecturas, especialmente sobre los Salmos, la carta a los Romanos y la carta a los Gálatas que le condujeron al redescubrimiento de la justificación por la fe y gracia divina, lo cual le llevó a pronunciarse sobre la controversial venta de indulgencias a través de sus la publicación de sus 95 Tesis, que serían el inicio de la Reforma Protestante.

Lutero se preocupó por definir el comportamiento del cristiano en su vida temporal, tocando temas como la familia, el trabajo, la economía, las ciencias, las artes o la política. En general, creía que la fe del cristiano debía hacerse explícita en las obras de la vida civil, y que el cristiano debía realizar su trabajo para servir al prójimo y glorificar a Dios. Se dice que a Lutero no le interesaba especialmente el mundo de la política, pero tuvo que reflexionar sobre él con motivo de los disturbios que agitaron Alemania entre 1523 y 1525, y cuando los príncipes protestantes se enfrentaron al emperador[2], aunque no fueron los únicos escritos del reformador en esa materia y de hecho, su pensamiento político sigue siendo estudiado por expertos hasta el presente[3].

Calvino, cuyo nombre francés era Jean Cauvin o Calvin, nació en Noyon, localidad de la Picardía, en el norte de Francia, el 10 de julio de 1509. Hijo del secretario del obispado de su ciudad natal, se formó para el sacerdocio en el Collège de la Marche y en el Collège de Montaigue, reputados centros donde estudiaron otros personajes contemporáneos importantes como Erasmo de Rotterdam[4].

Como su padre quería que Calvino se dedicase al Derecho en lugar de a la Teología, ingresó también en las universidades de Orléans y Bourgues, donde tuvo como maestros a importantes pensadores de la época. En 1532, Calvino evidenció sus sólidos conocimientos de latín e historia con su edición del tratado de Séneca De clementia (Sobre la clemencia).  Su asociación con Cop, que acababa de ser elegido rector de la Universidad de París, obligó a ambos a huir cuando Cop anunció su apoyo en 1535 a Martin Lutero. En 1536 publicó la primera edición de su Christianae Religionis Institutio (Institución de la Religión Cristiana), y en ese mismo año visita Ginebra donde desarrollará una extensa y fundamental labor, la cual incluyó también el desarrollo de la teoría política de Calvino (que incluye una distinción entre iglesia y estado, controles y balances en el poder, y la sumisión ciudadana al estado, y la responsabilidad del estado frente a Dios)[5].

2) Legado y Referencias a Augustín de Hipona.

Ciertamente ambos teólogos son deudores de la obra de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.). En el caso de Lutero el vínculo es más que evidente pues él militó en la orden religiosa que seguía su legado y en las Charlas de sobremesa aparece esta declaración: “No conozco a ninguno de nuestros doctores (salvo, quizá, a Brenz y Justo Menio) que pueda compararse en ingenio con Agustín)[7].

[1] En su reinado nunca se ponía el sol, porque cuando se ocultaba por el oeste ya había vuelto a salir por el este. Como el Imperio Español estaba extendido en ambos Hemisferios: Este y Oeste, el movimiento de la Tierra alrededor del Sol provocaba ese fenómeno. Los dominios de Felipe II, al momento de heredarlos de su padre Carlos V, eran: tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas, a saber: Europa: Toda la Península Ibérica, Italia: Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milanesado, Países Bajos: Holanda y Bélgica, Franco Condado. áfrica: Orán, Bujía, Túnez, Melilla, Islas Canarias. Insulindia: las islas Filipinas. Oceanía: varios archipiélagos de la Micronesia. América: Desde México hasta el Paraguay y el Plata.
[2] Antonio Carrasco Rodríguez, “La Reforma Lutero y Calvino” en http://blogs.ua.es/ideaspoliticas/la-reforma-lutero-y-calvino/
[3] Para profundizar más: Javier Simiele  “Lutero y la política” Enfoques vol.22 no.1 Libertador San Martín otoño 2010 en http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-27212010000100006; Marco A. Huesbe Llanos “La Propuesta Política de Matín Lutero a través de su doctrina de los dos reinos” Rev. estud. hist.-juríd.  n.22 Valparaíso  2000, en http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-54552000002200016.
[4] “Biografía de Juan Calvino” en https://redhistoria.com/biografia-de-juan-calvino/
[5] G. Jose Gatis, “La Teoria Politica de Juan Calvino”, http://thirdmill.org/files/spanish/94976~3_9_01_1-28-27_PM~sCalvinsPolitics.html
[6] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 17
[7] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 20

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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Las mujeres de la reforma

Blog34

Reformadas, reformando hogares y reinos.

Este 2017 es un año muy especial, estamos a las puertas de celebrar el Quinto Centenario del comienzo de la Reforma Protestante.

Se conoce como Reforma al movimiento desarrollado en la iglesia occidental a partir del siglo XVI que planteó transformaciones doctrinales e institucionales de enorme trascendencia para el cristianismo, los cuales llevaron a la separación de algunas iglesias, conocidas a partir de entonces con el nombre de protestantes.

Cuando leemos y aprendemos sobre dicho proceso los nombres de los referentes son, en su gran mayoría, masculinos: Martín Lutero, Juan Calvino, Felipe Melanchton, Ulrich Swinglio, Guillermo Farel, John Knox, Gaspar de Colligny y así suma y sigue.

Sin embargo, una autora afirmó: “Nuestro pueblo no sólo tiene padres, también tiene madres. La historia protestante también tiene nombre mujer ”

Esto nos lleva a plantearnos muchas dudas: ¿Qué ha pasado con la memoria de las mujeres en el movimiento de la Reforma protestante del siglo XVI? ¿Participaron las mujeres en el movimiento de la Reforma? ¿Existen remembranzas escritas acerca de ellas? ¿Por qué no han llegado hasta nosotras el día de hoy? ¿Qué fue lo que pasó?
Ante esto podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que las mujeres protestantes tenemos historia, hubo mujeres que contribuyeron a la Reforma Protestante, el objetivo de esta serie es recuperar parte de ésta. En el siglo XVI el protagonismo de la mujer aunque fue escaso, también fue significativo, existieron mujeres que se impusieron por encima de las costumbres de su tiempo y desempeñaron un papel muy importante en la escena política o religiosa de su tiempo. A favor de la Reforma se proclaman jóvenes y adultas mayores, burguesas y campesinas.

¿A qué se debe esta ausencia del registro de las mujeres en el desarrollo de la Reforma Protestante?

En primer lugar a un asunto propio del desarrollo de la disciplina histórica, esto debido a que cuando comenzó el registro los temas más relevantes tenían relación con hechos bélicos, líderes y en general con los procesos que afectaban la conformación de las grandes unidades territoriales (Reinos e Imperios principalmente). Con la llegada del siglo XIX y la sistematización de la Historia como disciplina científica, aquella costumbre continuó. Entonces, aquellos primeros textos seguían la llamada corriente positivista, estos libros son los más abundantes y hablan muy poco sobre las mujeres y su participación en los grandes procesos (como también la Reforma Protestante), en este mismo sentido ocurre con otros actores sociales y temas (tales como jóvenes, niños, minorías, entre otros). En consecuencia, el contexto de la Reforma algunos mencionan a las mujeres cuando están asociadas a hombres destacados.

En segundo lugar, a mediados del siglo XX surgieron nuevas formas de ver y escribir la historia considerando los temas “olvidados”, entre ellos el aporte de las mujeres a través de los tiempos. Sin embargo, existe el problema del acceso a la información por los límites de las fuentes de información debido a la época en la que fueron registrados los hechos y personajes lo cual no es un obstáculo insalvable.

Por eso, a pesar de no haber estado considerados en la historiografía tradicional, un considerable número de mujeres estuvieron implicadas en la Reforma Protestante y podemos seguir sus rastros en diferentes ámbitos, a diferentes niveles y en varios países como Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y España. Algunas de ellas tenían cierta actividad política: reinas como Margarita de Navarra, Juana de Albret quienes patrocinaron, influyeron en su corte y hombres cercanos a ellas, promulgaron leyes o escribieron para promover la Reforma. Así también, no sólo las de familias nobles participaron en este movimiento de cambio eclesiástico, mujeres anónimas y de estamentos más humildes lucharon a favor de su fe.

Las Predecesoras: Las Beguinas

Las beguinas fueron importante movimiento religioso. Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían reducido una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura.

Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, integrados por mujeres de todas los estamentos sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania. Gracias a las labores que hacían para la comunidad: eran enfermeras, atendían desvalidos y maestras para niñas sin recursos e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencias y así también, mujeres ricas se instalaban en las beguinarias (las casas donde desarrollaban las labores y algunas vivían en comunidad). La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música

Las beguinas eran intensamente religiosas. Querían servir a Dios, dentro y fuera de sus comunidades en el servicio a los demás por eso daban alimentos y enseñaron la Palabra de Dios en los idiomas locales.

Esto fue considerado un sacrilegio porque el lenguaje permitido para el mensaje sagrado era solamente el latín. Y, por escribir y predicar en el idioma de la gente la beguina itinerante Margarita Porette fue acusada por la Inquisición y llevada a la hoguera. Ella escribió la obra “Espejo de las almas simples y aniquiladas por amor a Dios”, que describe la trayectoria de un alma hasta la aniquilación total.

Estas eran ideas contrarias a la predicación de la Iglesia e incluso contrarias a nuestra propia comprensión y a la posterior predicación de la Reforma sobre la salvación por la fe y no por obras. Para Porette, había que hacer un esfuerzo, un camino a seguir para que la persona alcanzase la salvación. Su libro fue quemado, y a ella se le prohibió difundir su mensaje, pero no obedeció y fue quemada por no retractarse de sus creencias. Serenamente llegó hasta la hoguera y muchos lloraron al verla en sus últimos momentos.

La condena de Margarita Porette tuvo como consecuencia el aumento de opositores al movimiento y el desarrollo desde el Siglo XIV al XVII de iniciativas para desalentar su crecimiento. El 14 de abril de 2013, murió en Kortrijk (Bélgica) la hermana Marcella Pattyn, a los 92 años, siendo la última representante de este movimiento religioso.
Gracias a a este movimiento comenzado en el Siglo XII las mujeres como se incluyeron como actores sociales y religiosos. Al comenzar la Reforma, un significativo número de mujeres estuvieron involucradas, en diferentes grados y circunstancias, en la Reforma en países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido.

Nos encontramos con muchas mujeres, como:
Catalina de Bora (1499-1550), quien fue la esposa de Martín Lutero;
Idelete de Bure (1509 – 1549), quien fue la esposa de Juan Calvino;
Argula de Grumbach ( 1492-1563);
Catalina Zell (de Schütz) (1497-1562);
Elisabeth Cruciger (1500-1535) que también participaba en las discusiones teológicas de Lutero y Melanchton;
Elisabeth Ron Brandenburgo (1485-1545);
Olimpia de Morato (1526-1555) que a los 13 años ya sabía griego y latín y leía a Cicerón;
Giulia Gonzaga (1513-1556);
Elisabeth de Brunswick (1510-1558);
Margarita de Navarra (1555-1572);
Juana de Albret (1528-1572);
Renata Ferrara (1510-175);
Giulia Gonzaga (1512-1566);
Catherina Cibo (1501-1557);
Vittoria Colona (14901547);
Isabella Bresegna (1510-1567), española pero exiliada en Nápoles huyendo de la Inquisición)

Nuestra invitación en las próximas semanas en Solo Sana Doctrina, es a analizar los casos más significativos a través de algunas categorías, sin embargo la invitación a profundizar queda más que extendida.

 

[1] Joanna Ortega. «La Reforma Protestante: ¿Qué pasó con las mujeres?» 2 de julio de 2008.

[2] Amparo Lerín Cruz. «Las mujeres en la Reforma Protestante del siglo XVI».  Diario los Andes. 13 de octubre de 2013, año 21, nº 935, p. 18. 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

 

 

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

 

Quinientos años después

500-anos-despues-el-cristianismo-historico-lo-que-es-y-lo-que-implica

Quinientos años después

Luis Cano, Andrés Birch, José Grau, Demetrio Cánovas, José Moreno Berrocal y José de Segovia

“Para mí es un privilegio y un honor animar al lector a hacer de este libro el comienzo de una investigación de aquellas doctrinas que hacían nuestra fe, la fe de los reformadores, la fe del apóstol Pablo, grande en sus momentos. En el año 500 de la Reforma tenía que salir una nueva edición de este libro que sin lugar a duda figura entre mis libros favoritos en lengua castellana”.

José Hutter

“En el fondo de la cuestión se halla el asunto de nuestra identidad protestante o evangélica […]. Esto es, precisamente, lo que se propone este libro: rescatar las enseñanzas características del protestantismo y proyectarlas a nuestras iglesias y a la sociedad entera sin afán inmovilista, sino genuinamente renovador.

[…] No obstante su acento en las doctrinas básicas de la Reforma -pues no puede ser de otro modo, a menos que renunciemos a nuestras raíces-, [este libro] se abre ampliamente a la vida de piedad auténtica y adoración genuina, a la ética cristiana y al mundo que nos rodea con los grandes aspectos de la realidad que nos toca vivir, y todo ello construido sobre unos sólidos fundamentos bíblicos alejados del emocionalismo en boga”

Pedro Puigvert

168 pp. Rústica

Ref. 1514 – 14 €