Todos somos teólogos

Reseña 20

“La reflexión sobre cada doctrina o enseñanza de la Biblia y su organización en nuestro propio pensamiento es tarea de cada creyente en Cristo: esto es hacer teología.” 

Los cristianos muchas veces permanecen con un conocimiento básico de las Escrituras, no porque sea su deseo conformarse con lo fundamental del cristianismo, sino porque encuentran en los libros de teología un lenguaje muy difícil de entender. Muchos pastores y creyentes anhelan profundizar en la Palabra y ser más precisos en la doctrina, pero cuando empiezan a leer un libro de teología sistemática por Herman Bavinck, Louis Berkhof o incluso de Wayne Grudem, sus deseos por aprender se ven mitigados.

El título del libro es una invitación seria al lector para que ejerza su capacidad como teólogo. A veces pensamos en la teología como un ejercicio frío de alguien encerrado en una oficina y con una montaña de volúmenes a su alrededor. No dudamos que esa reflexión tenga su valor, ¡y seguramente han sido muchas las horas que nuestro autor ha dedicado a esa tarea de escritorio!

Por eso es importante que juntemos las diferentes enseñanzas de la Biblia en una manera sistemática y que lo hagamos usando métodos de interpretación probados por el tiempo. De esa forma, llegaremos a formular una teología que es consistente y está fundada en la verdad.

En el libro “Todos Somos Teólogos”, R.C. Sproul, nos presenta una introducción a la teología sistemática. En este libro podemos ver  la teología como la ciencia más elevada, pero sin que se le quite su parte de poesía; a pesar de que se desarrollan temas complejos, el libro muestra una redacción agradable y un lenguaje accesible.

Todos somos teólogos, pero no todos tenemos la teología verdadera  

Quizá te puedas estar preguntando: “¿Para qué leer un libro de teología sistemática? Da igual si su lenguaje es sencillo, yo no quiero ser un teólogo, yo solo quiero ser cristiano y amar a Jesús”. Permíteme corregir un poco tu forma de pensar. Así como no es necesario usar la expresión “cristiano regenerado” —puesto que para ser cristiano uno debe ser regenerado—, decir que uno es cristiano pero no un teólogo es algo contradictorio, debido a que todo cristiano es un teólogo. Así que no se trata de si queremos ser teólogos o no, ¡todos lo somos! No solo los cristianos, toda persona en el mundo lo es, porque todos tienen una idea acerca de cómo es Dios. Por lo tanto, la cuestión principal no se trata de decidir si vamos a ser teólogos o no, sino de si vamos a tener una teología verdadera o una falsa.

La teología sistemática se vuelve necesaria en la vida del creyente, porque sólo la Biblia tiene autoridad para definir qué debemos creer. Y no solo que creer respecto a quien es Él, sino sobre toda la realidad. Dios en su Palabra volvió a imprimir las verdades que ya había escrito en su creación, para que su revelación especial nos ayudara en nuestra comprensión de su revelación natural. Entonces, al ser la Escritura nuestra regla de fe, la teología sistemática tiene como objetivo recolectar lo que la Biblia entera enseña respecto algún tema en específico, como la oración, la Iglesia o la salvación.

Entendiendo la revelación de Dios

La teología sistemática no trata de forzar lo que la Biblia enseña para encerrarla en diferentes categorías. Más bien, su objetivo es entender todo lo que Dios nos ha revelado acerca de diversos temas, pero siempre tomando en cuenta el contexto de cada versículo en el que se habla. La sistematización es para darle un orden y comprender cada doctrina de manera aislada, para luego verla a la luz de toda la revelación bíblica. Una de las diferencias que podremos encontrar en los libros de teología sistemática, es que cada autor resume las enseñanzas de diferentes maneras. Algunos serán más breves que otros al presentar una doctrina, algunos podrán incluir el desarrollo histórico de una enseñanza y verla desde una perspectiva filosófica o desde la visión de otras denominaciones. En el caso de R. C. Sproul, él nos presenta cada tema con brevedad, y lo hace por medio de pequeños subtítulos que no superan las cuatro páginas (esto hace que el libro pueda usarse como devocional o leerlo en pequeños fragmentos de tiempo libre).

A pesar de que una de las características de la Biblia es la claridad de sus enseñanzas (Sal. 19:7, 119:130), la teología sistemática nos ayuda a comprender con mayor facilidad todo lo que Dios nos ha revelado en su Palabra. Esto no debe llevar al cristiano a estudiar solo por estudiar, sino conducirlo a conocer a Dios (Jr. 9:23-24), cumplir con su mandato (Mt. 28:19-20), crecer en fe y carácter (2 Tim 3:16) y hacerlo todo en dependencia de Dios (Sal. 119:18).

El autor demuestra su habilidad para hacer que los temas complejos sean entendibles. Nos conduce a un vistazo de las verdades básicas de la fe cristiana, recordándonos quién es Dios y qué ha hecho por su pueblo en este mundo y en el venidero.

El deseo de R.C. Sproul al escribir “Todos Somos Teólogos” es enamorarnos con el majestuoso contenido de la Escritura, para hacer que la Iglesia del Señor atesore Su Palabra por encima de cualquier otro libro.

El doctor Sproul lo guiará por las diferentes áreas de la teología: antropología y creación, cristología, pneumatología, soteriología, eclesiología y escatología.

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¿Qué es el evangelio?

Blog27

No hay mayor mensaje que el evangelio. Pero a pesar de su importancia, muy a menudo es distorsionado masivamente o simplificado de más. La gente piensa que está predicando el evangelio cuando te dice: “Puedes tener un propósito en la vida”, o “puedes encontrar significado en tu vida”, o “puedes tener una relación personal con Jesús”. Todo eso es verdad y es importante, pero no llega al corazón de lo que es el evangelio.

Al evangelio se le llama “buenas nuevas” ya que habla sobre el problema más serio que tú y yo tenemos como seres humanos, y ese problema es simplemente esto: Dios es santo y Él es justo, y yo no lo soy. Y al final de mi vida estaré delante de un Dios justo y santo, y seré juzgado. Y seré juzgado ya sea en base a mi propia justicia, la falta de ella, o en base a la justicia de otro. Las buenas nuevas del evangelio son que Jesús vivió una vida de perfecta rectitud y perfecta obediencia a Dios, no a su propio favor, sino por su pueblo. Él ha hecho por mí lo que yo no podía hacer por mí mismo. Pero no solo vivió esa vida de perfecta obediencia, sino que se ofreció a sí mismo como un sacrificio perfecto para satisfacer la justicia de Dios.

El gran error en nuestros días es el siguiente: creer que Dios no se preocupa de proteger su propia integridad. Que es una deidad debilucha, que solo pasa su varita mágica de un lado a otro perdonando a todos. No. El que Dios te perdone es algo muy costoso. Le costó el sacrificio de su propio Hijo. Fue tan valioso el sacrificio que Dios lo pronunció valioso al levantarlo de los muertos. Así que Cristo murió por nosotros, y fue levantado para nuestra justificación. Por lo que el evangelio es algo objetivo. Es el mensaje de quién es y qué hizo Jesús. Y también tiene una dimensión subjetiva. ¿Cómo nos apropiamos subjetivamente de los beneficios de Jesús? ¿Cómo los consigo? La Biblia deja en claro que no somos justificados por nuestras obras, ni por nuestros esfuerzos, ni por nuestras acciones, sino por la fe —y solo mediante la fe. La única manera en que puedes recibir el beneficio de la vida y la muerte de Cristo es poniendo tu fe en Él y solo en Él. Si haces esto, eres declarado justo por Dios, adoptado en su familia, perdonado de todos tus pecados, y habrás comenzado tu peregrinación hacia la eternidad.

Robert Charles Sproul (nacido el 13 de febrero de 1939) es un teólogo calvinista estadounidense, autor y pastor.

http://www.ligonier.org

La Supremacía de Cristo

Blog11

Me pregunto si es adecuado tener un libro “favorito” en la Biblia. La idea rechina como las uñas sobre una pizarra. ¿Qué nos induciría a preferir una porción de la Palabra de Dios más que otra? Oír a Dios decir lo que sea es una delicia tal para el alma que cada palabra que salga de su boca debería excitar el alma en la misma medida. Quizás cuando alcancemos la gloria, nuestra delicia en Él y en su Palabra será tal que no entenderá de grados comparativos.

Mientras tanto, tenemos nuestras variadas inclinaciones. Cuando pienso en libros “favoritos” de la Biblia, siempre coloco la carta a los Hebreos muy cerca de la parte más alta. ¿Por qué? En primer lugar, este libro conecta, de una forma magistral, el Antiguo Testamento y el Nuevo. Lo que dice San Agustín es verdad: “El Nuevo está escondido en el Antiguo y éste se revela en el Nuevo”. El puente entre los dos es el libro de Hebreos.

Hebreos es un libro de comparaciones y contrastes. El Nuevo Pacto se ve contra el telón de fondo del Antiguo. El Nuevo se ve como algo mejor. “Mejor” es la palabra clave. El Nuevo Pacto es mejor porque es más global (incluye a los gentiles); tiene un mejor Mediador; un mejor Sumo Sacerdote; un mejor Rey y una mejor revelación de Dios.

Lo que tiene el Nuevo Pacto, que falta en el Antiguo, es el cumplimiento del Mesías prometido. En una palabra, tenemos a Jesús, el Verbo hecho carne.

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De hecho, mientras el autor de Hebreos (que, según creo, era Pablo, posiblemente a través de un escribiente) describe la persona y la obra de Jesús, el comparativo cambia rápidamente al superlativo. No basta con ver a Jesús como alguien simplemente “mejor” que lo que vino con anterioridad. Él es más que mejor: es el mejor.

A este respecto, Hebreos se centra en la supremacía de Cristo. Hablar de “supremacía” es hablar de lo que está “por encima” o “sobre” los demás. Alcanza el nivel de lo que es “súper”. En nuestro lenguaje se refiere a aquello (o aquél) que es lo más grande en poder, autoridad o rango. También se usa para describir aquello (o aquel) que tiene la mayor importancia, relevancia, carácter o logro: lo máximo.

En todas estas áreas de consideración, Jesús figura como lo máximo o lo supremo: supremo en poder, rango, gloria, autoridad, importancia, etc.

La alta cristología de Hebreos se levanta contra el trasfondo del Antiguo Testamento. Hebreos comienza con la certificación de que Cristo es la suprema revelación de Dios: “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder” (He. 1:1-3a).

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Aquí, la supremacía de Cristo es su preeminencia sobre los profetas del Antiguo Testamento. Aquellos profetas hablaron la Palabra de Dios, pero Cristo es la Palabra de Dios. No es un simple profeta dentro de una larga lista. Él es el Profeta por excelencia. Esta revelación suprema viene de él, Aquél que es más que un profeta, el propio Hijo de Dios. En este pasaje de apertura en el libro de los Hebreos hay suficiente cristología de peso para ocupar a los astutos teólogos durante toda su vida sin que puedan agotar su riqueza. Aquí se ve a Cristo como Creador del mundo y Aquel que lo defiende por su poder. Él es el Creador de todas las cosas y el Heredero de todas ellas. Es el resplandor mismo de la gloria de Dios. De nuevo, no basta con decir que es el reflejo supremo de la gloria divina. No; él es el resplandor de esa gloria. Es la expresión de la imagen de la persona de Dios, Aquel que lleva el imago dei de forma suprema.

A continuación, Hebreos establece el contraste entre la persona y la función de los ángeles y Jesús. Ningún ángel llega al nivel de unigénito Hijo de Dios. Los ángeles no deben ser adorados, pero a ellos sí se les ordena que adoren a Cristo. El Reino no se da a los ángeles; se le da a Cristo que es el único que se sienta a la derecha de Dios Padre, en la posición de autoridad cósmica. Cristo tiene la supremacía sobre los ángeles en todas las formas posibles y no debe ser confundido como uno de ellos.

Luego, el autor de Hebreos detalla la supremacía de Cristo sobre Moisés. Con toda seguridad, Moisés es la persona que más se exalta en el Antiguo Testamento por su papel como mediador de la Ley. Leemos: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. El cual fue fiel al que le designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque Él ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios. Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo […] pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros […]” (He. 3:1-6a).

Los contrastes aquí se encuentran entre el siervo de la casa, el constructor y el propietario de la misma. El constructor y propietario están por encima del siervo de la casa. Moisés pudo conducir al pueblo a la tierra prometida terrenal, pero no guiarlos a su reposo eterno.

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Después de esto, se ve a Cristo como Sumo Sacerdote supremo. Los sumos sacerdotes de la antigüedad no eran más que sombras de la realidad que había de venir. Los sacrificios de la antigüedad se ofrecían con regularidad; Cristo ofrece el verdadero sacrificio y lo hizo una vez y para siempre. Los antiguos sacerdotes ofrecían objetos distintos a ellos mismos. El Sumo Sacerdote Supremo se ofreció a sí mismo, sacrificio perfecto. Él es el sujeto y, a la vez, el objeto del supremo sacrificio de expiación.

Finalmente, el sacerdocio de Cristo difiere de aquél de la antigüedad en el que Cristo sirve tanto de Sumo Sacerdote como de Rey. En el Antiguo Pacto, el rey debía venir únicamente de la tribu de Judá. Los sacerdotes debían ser consagrados de la tribu de Leví (según Aarón). Pero Jesús no era levita. Era un sacerdocio diferente, según un orden distinto: el orden de Melquisedec. Este aparece de forma extraña ante Abraham en su condición de rey y sacerdote a quien éste rinde obediencia. Hebreos argumenta que Abraham es mayor que Leví, y Melquisedec es mayor que Abraham y por tanto mayor que Leví. La condición de sumo sacerdote y rey eternos se da a Cristo en cumplimiento del Salmo 110.

Estas referencias no son más que unas cuantas de las riquezas expuestas en Hebreos que declaran la supremacía de Cristo.

 

Robert Charles Sproul (nacido el 13 de febrero de 1939) es un teólogo calvinista estadounidense, autor y pastor. Él es el fundador y presidente de Ligonier Ministries.

http://www.ligonier.org/