Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 8

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14. Confianza en la Providencia

Considerando los tremendos esfuerzos de ambos hombres podríamos llegar a creer que fueron personas voluntariosas y extremadamente autosuficientes, sin embargo se nos revela un aspecto en común totalmente distinto: la confianza irrestricta que ambos pusieron en la soberanía y divina providencia.

Lutero, siguiendo su muy particular estilo lo resumió de la siguiente manera:

 “Y mientras yo dormía o bebía la cerveza de Wittenberg junto a mis amigos Philip y Amsdorf, la Palabra debilitaba al papado de forma tan grandiosa que ningún príncipe o emperador consiguió causarles tantas derrotas. Yo nada hice: la Palabra lo hizo todo

En tanto, Calvino señaló que:

Entonces debemos concluir, que mientras este turbulento estado del mundo nos depriva de juicio, Dios, por la pura luz de su propia justicia y sabiduría, regula estas conmociones en el orden exacto y las dirige hacia el fin adecuado[2]”.

15. Confianza Absoluta en las Escrituras

Lutero insistió sobre la idea de que “El Evangelio no es un libro de leyes ni de preceptos que exigen actos de nosotros. Es un libro de promesas divinas, en el que Dios nos promete, nos presenta y nos da en Jesucristo todo cuanto Él posee y todas sus bienaventuranzas”[3]. En este mismo sentido resume esto con las siguientes palabras:

Hice una alianza con Dios: que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir

Por otra parte, generalmente se ha considerado a Calvino, más como un intelectual que un maestro o predicador de la Biblia, sin embargo la Institución, en su primera edición iba destinada a los laicos. Fue escrita pensando en un medio particular. La última edición, en cambio, era más un manual de teología para pastores. Pero, igual que en la primera, la última versión pretendía transformar vidas y no tenía principalmente un propósito académico o de información intelectual[4]. Como dice Warfield acerca de la obra literaria de Calvino: “no la cabeza, sino el corazón le hizo un gran teólogo, y no a la cabeza, sino al corazón, se dirige primariamente su teología”.

Algunos acusan a Calvino de ser alguien que impone un sistema predeterminado sobre el texto bíblico que le lleva a extraer conclusiones equivocadas del texto. Alejándose de las interpretaciones alegóricas tan comunes en la Edad Media, Calvino se ciñó al sentido del autor, algunos incluso dicen que Calvino fue el creador del método exegético que hoy día se conoce como “histórico – gramatical”. También, se debe apreciar lo mucho que cita la Biblia en la Institución: 2.474 citas del Antiguo Testamento y 4.330 citas del Nuevo Testamento[5].

Luego de este largo recorrido podemos concluir que sin lugar a dudas Martín Lutero y Juan Calvino desde sus diferencias y coincidencias no fueron los únicos protagonistas del proceso de Reforma Protestante, pero sí se han destacado entre el gran número por su valentía, esfuerzos y tremendas proyecciones para este proceso tan relevante. Aprendamos de sus virtudes, evitemos sus errores y sigamos su ejemplo.

[1] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I, XVIII, 1.

[2] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”. Libro I.XVII.6-11.

[3] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 8

[4]  Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

[5] Matt Leighton “Juan Calvino: Una aproximación biográfica”, En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 43

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 7

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11. Exposición Incansable de las Escrituras

A pesar de las diversas dificultades, penurias de índole ministerial y personal ninguno de ellos dejó de desempeñar la función que consideraban como fundamental en su existencia. Entre febrero y marzo de 1522 el vendaval de anarquía religiosa, la exaltación profética y la iconoclastia sembraron de escombros y desconciertos la pequeña ciudad de Wittenberg, brindando a Lutero y a Melanchton la oportunidad de introducir sin objeciones un orden religioso enteramente nuevo.

De hecho es el momento en que tienen el coraje de declarar abolidos todos los ritos religiosos católicos. Quedaba en pie como motor de la vida comunitaria la predicación[1].  Aunque Martín Lutero se esforzó por mantener las formas litúrgicas de su época, la prédica fue adquiriendo, sin embargo, cada vez mayor

importancia hasta convertirse en el punto céntrico del servicio religioso[2]. Lutero lo resume de la siguiente manera “Por eso, he sido lanzado a la enseñanza y la predicación agarrado por los pelos. Si hubiera sabido lo que ahora sé, ni diez caballos hubieran podido arrastrarme[3].

Así también, la Escritura era central para el entendimiento de Calvino. Podríamos llegar a pensar equivocadamente en la Institución de la Religión Cristiana como un trabajo escolástico de teología sistemática, pero él dijo que tenía como propósito “Preparar e instruir candidatos en sagrada teología para la lectura de la Palabra divina, para que ellos puedan ser capaces de tener fácil acceso a ella y avanzar en ella sin tropezar[4].

 12. Producción Literaria

Este punto es bastante significativo luego de haber recorrido los aspectos públicos y privados de los dos reformadores que hemos analizado, pues si hay algo que podemos dejar claro es que ambos tuvieron vidas muy agitadas. Sin embargo, aún así Lutero escribió al menos 55 obras.

¿Y qué de Calvino? Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia. A propósito de su manera de trabajar, Teodoro Beza relata que en 1563, un año antes de su muerte:

Las enfermedades de Calvino se habían agravado mucho y eran tantas que resultaba imposible casi creer que tan fuerte y noble mente pudiese seguir cobijándose en un cuerpo tan frágil, tan agotado por el trabajo y quebrantado por los sufrimientos. Pero ni aun así pudo ser convencido de que se cuidase. Por el contrario, si en alguna ocasión se abstuvo de sus deberes públicos (y nunca lo hizo sin una gran reluctancia), permanecía en su casa respondiendo las numerosas consultas que se le hacían o fatigaba a sus secretarios de tanto dictarles, sin desmayar un momento

La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[6].  Un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[7].

13. Trabajo Constante

Enlazado con lo anteriormente expuesto queda claro que para Lutero y Calvino el trabajo siempre fue constante. ¿Lo confirman ambos reformadores o es nuestra idea?

Señala Lutero:

Soy un hombre muy ocupado; tengo que desempeñar cuatro trabajos, cada uno de los cuales necesitaría para su cumplimiento la dedicación exclusiva de una persona: tengo que predicar en público cuatro veces por semana, dictar dos veces lecciones, oír las causas, escribir cartas y, además, escribir libros para el pú­blico. No obstante, Dios me ha provisto bien al darme una mujer excelente que cuida de todos los asuntos familiares, para que yo no me tenga que ocupar además de este menester[8]

Calvino no fue un autor cuyas actividades literarias tuvieran lugar en la sosegada soledad de un claustro o academia, con su diario descanso para una meditación ininterrumpida. Por el contrario, su voluminosa producción escrita fluyó de su pluma, o fue dictada, en medio de (casi valdría la pena decir a despecho de) una casi aplastante presión de multitud de otras exigencias sobre su tiempo y su energía; para no mencionar la serie de enfermedades que tan frecuentemente asaltaron su frágil estructura física.

Para concluir este punto recogemos la respuesta de un experto ante la interrogante: “¿Era Calvino trabajólico?”

No cabe duda alguna que sí lo era, Calvino no sólo publicó numerosos escritos y mantuvo una amplia correspondencia, en sus últimos 15 años de vida predicó 2300 sermones, lo que da como resultado aproximadamente tres sermones por semana. Con regularidad también se quedaba trabajando en las noches y a veces sólo dormía cuatro horas. En 1553 Calvino se quejó en una oportunidad que hacía un mes que no salía de las puertas de la ciudad, ni siquiera para recuperar fuerzas. Sus numerosas enfermedades también debieron atribuirse a la sobrecarga de trabajo[9]

[1] José García Oro “Historia de la Iglesia. Tomo III: Edad Moderna” Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2005, Pág. 71

[2] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 45 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[3] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 5

[4] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”: “Juan Calvino al Lector” 1559. Filadelfia,: The Westminster Press, 1960, Pág. 4.

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[8] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 8

[9] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 6

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9. Enfermedades

Sin embargo, los quebrantos a causa de enfermedades no les fueron ajenas a los mismos padres de familia, pues ellos mismos fueron afectados intensamente por ellas. En la correspondencia de Lutero, podemos encontrar diversas  ocasiones en las cuales registra los quebrantos de su salud:

En 1521, una grave crisis de salud:

En 1527 escribe muy preocupado por la peste: “De manera que si atiendes a las sospechas, ando por aquí en mi casa rodeado de peste; pero si atiendes a la realidad, estamos fuertes y con buena salud, aunque en peligro. Deseo que nos encomiendes a tus oraciones[2]

Reitera su descripción de episodios de enfermedad ahora en 1530:

Pero el «hombre viejo» exterior se iba corrompiendo y se hacía incapaz de seguir y secundar el ímpetu del «hombre nuevo» interior. La cabeza comenzó a llenarse de zumbidos o, mejor, de truenos, y de no haber abandonado todo al instante, hubiera caído en un síncope del que a duras penas he logrado escapar estos dos días últimos[3].

Y dieciséis años después, es decir en 1546, , vuelve a describir los quebrantos de su salud:

En lo personal, esto fue una novedad para mí, pues siempre imaginé a un Lutero vigoroso y pleno de salud y energía. Quizás a los retratos vivaces y su tremendo trabajo además de la comparación con Calvino de quien bien sabidas son sus múltiples enfermedades. De hecho, escribiendo a Farel en febrero de 1550, Calvino se queja de la pérdida de una gran cantidad de tiempo que habría podido emplear en diversos trabajos y que ha perdido en sus enfermedades, una tos fatigante y asmática, catarro crónico, la tortura de la jaqueca y la gastritis[5].

Se presume que Calvino ya desatendía su salud en la juventud a causa del excesivo estudio, lo que posteriormente tampoco cambió.
El inmenso esfuerzo de Calvino por la Reforma tuvo sus consecuencias: padecía de migrañas, cólicos renales y de gota en sus últimos años de vida, además tenía trastornos digestivos y las hemorroides le causaban grandes molestias. Por recomendaciones médicas, Calvino trató de mantener a raya sus enfermedades mediante el reposo en cama, el ayuno y caminatas. Con ayuda de la equitación también logró expulsar en varias oportunidades los atormentadores cálculos renales[6].

Es por ello que describiéndose a sí mismo lo hace de la siguiente manera:

Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la iglesia de Ginebra, debilitado por las enfermedades … muchas gracias a Dios que no sólo ha mostrado misericordia para mí, su pobre criatura … y sufrió conmigo en todos los pecados y debilidades, pero lo que es más que eso, me ha hecho partícipe de su gracia para servirle a través de mi trabajo…

A pesar de sus múltiples enfermedades no podríamos decir que era un hipocondríaco. Nunca se condujo como un inválido, sino que constantemente trabajó sin descanso; sin regatear esfuerzo y sin cuidarse en absoluto de su delicada salud. Su íntimo amigo Theodoro Beza nos dice cómo, incluso cuando en 1558 una grave enfermedad le impidió predicar y dar conferencias, privándole además de otros deberes cívicos y pastorales, empleó días enteros y noches dictando o escribiendo cartas:

No tenía otra expresión más frecuentemente en sus labios —dice Beza—que “La vida se haría imposible si tuviese que pasarla en la indolencia”. Cuando sus amigos le rogaron que se ahorrase, mientras estaba enfermo, la fatiga de dictar o escribir, Calvino respondía: “¿Es que queréis que el Señor me encuentre perezoso?

Sin embargo, las enfermedades no fueron exclusivas de ambos reformadores, escribiendo a Felipe Melanchton, Lutero le consuela con las siguientes palabras:

Gracia y paz en el Señor. Aquí se quedaron esas cartas, Felipe mío, por falta de con quién enviártelas, hasta que te las lleve este señor Jorge. Siento lo del cólico que te está consumiendo, y ruego a Cristo cuanto me es posible para que te cure y te conserve[8]

10. Tendencia al Desánimo / Preocupación

Hasta aquí el panorama en la vida familiar y personal resulta bastante desolador, a lo cual no podemos dejar de sumar la férrea oposición a sus respectivos ministerios de allí que no nos sorprenda el hecho de para ambos el desánimo y la preocupación fuese una tendencia que afectara sus vidas con relativa frecuencia. En relación a esto, el caso de Lutero es más evidente a través debido a que sus registros más personales como las Cartas y Charlas de Sobremesa son explícitas al respecto:

Ruega por mí, que soy un miserable y abyecto gusano, al que el espíritu de la tristeza está vejando a su gusto según la buena voluntad del padre de la misericordia, en cuya gloria redunde hasta mi miseria. Mi única gloria consiste en haber transmitido sólo la palabra de Dios, sin haberla adulterado con anhelo alguno de gloria u opulencia. Espero que quien comenzó la obra la perfeccione, ya que ni busco ni anhelo más que al Dios propicio, tal como él mismo exige que se le acepte aún por sus enemigos y por quienes le desprecian

“Gracia y paz en Cristo. No dejes de orar por mí ni de agonizar conmigo, mi Jonas, para que Cristo no me abandone ni permita que sea el tormento de los impíos, sino de los hijos; para que no desfallezca del todo mi fe, porque mi tentación a veces se mitiga, pero otras retorna con más fuerza”

Por eso, quien se viere aquejado por el espíritu de tristeza, que se defienda contra él pensando que no está solo. Porque Dios ha creado la comunidad de la iglesia, y esta hermandad ruega para que sus miembros se sostengan unos a otros, como dice la Escritura: «¡Ay de aquel que está solo, porque si llegare a caer, no habrá quien le ayude» [Ecl 4, 10]. Tampoco le resulta grata a Dios la tristeza del corazón, aunque la permita en el mundo; ni desea que me atormente por su causa, puesto que dice: «No quiero la muerte del pecador, etc.», «alégrense vuestros corazones». No quiere servidores que no confíen en é] de buena gana. Pues bien, a pesar de que soy consciente de esto, cien veces al día me veo sacudido por pensamientos contrarios. No obstante, resisto al diablo […] (WA 122)”[12].

Dada su naturaleza introvertida los vaivenes del ánimo no son tan fácilmente ubicables, sin embargo de acuerdo a los estudiosos de él, se conoce que a Calvino a menudo se le asomaban las lágrimas, existen varias ocasiones: una de ellas cuando se enteró de las graves persecuciones a los Valdenses o cuando debió decidirse si permanecía en Estrasburgo o retornaba a Ginebra. También, las preocupaciones por su esposa Idelette y sus amigos lo inquietaban, por ejemplo cuando durante una estadía en Ratisbona se enteró de la aparición de la peste en Estrasburgo, ciudad en que vivía su mujer, y cuando supo que algunos conocidos ya habían muerto a causa de esta epidemia[13].

[1] Cartas de Lutero, día siguiente a la natividad de María, 1521, Pág. 23

[2] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[3] Cartas de Lutero, Carta a Felipe Melanchton, 12 mayo, 1530. Pág. 56

[4] Cartas de Lutero, Carta a Catalina Lutherina, Vigilia de la Purificación, 1546. Pág. 71

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”; Pág. 7-8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Última voluntad de Calvino (25 de abril 1564), Cartas de Juan Calvino, Pág. 29

[8] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 43

[9] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 44

[10] Cartas de Lutero, después de la navidad de Cristo, 1527.Pág. 47

[11] Martín Lutero, “Charlas de Sobremesa”, Pág. 3

[12] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 3

[13] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 4

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5. Amistades Complementarias

Además de su círculo amplio de amistades ambos fueron protagonistas de amistades muy profundas y significativas. Un autor aplicó el concepto de simbiosis para la relación entre Lutero y Mellanchton[1], y en este sentido la definición aporta mucho pues la simbiosis es una:  “Asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital”. Esta definición refleja de manera excelente los casos los amigos anteriormente mencionados como así también para Calvino y Farel.

  • Caso Martín Lutero / Felipe Melanchton: Sobre esta se ha dicho que: “La simbiótica unión entre Lutero y Melanchton y, por lo tanto, entre el nuevo movimiento de la Reforma y el Humanismo, iba a poner de manifiesto la importancia de ambos. Lutero se benefició sobre todo del conocimiento de Melanchton de las lenguas antiguas y bíblicas — sus traducciones del Nuevo Testamento (1522) y del Antiguo (1534), grandes acontecimientos en la historia de la lengua alemana, probablemente no habrían sido posibles sin la ayuda de Melanchton, al menos no en la forma en que las conocemos ahora — mientras que Melanchton logró, con la ayuda de Lutero, penetrar en las más recónditas profundidades teológicas y poner sus recién adquiridos conocimientos al servicio del movimiento de la Reforma[2].

En tanto, Lutero mismo se refiere a su amistad a través de las siguientes palabras: “Soy rudo, vocinglero, tormentoso y completamente belicoso… Mi tarea es quitar los troncos y piedras, cortar la maleza y las zarzas, y limpiar los bosques salvajes, y el maestro Felipe viene después suave y gentilmente, sembrando y regando con gozo, según los dones que Dios abundantemente le ha dado

  • Caso Juan Calvino / Guillermo Farel: Repitiendo el patrón anterior, y evidentemente gracias a la acción de la Providencia, tenemos otra notable asociación la cual tiene su dramático inicio durante el inicialmente breve paso de Calvino por Ginebra. El cual se verá alterado por la siguiente escena: “Sentado en una silla, se encontraba el otro hombre, mas joven, delgado y pálido, con ojos penetrantes que sobresalían de su rostro barbudo; movía la cabeza y levantaba las manos para interrumpir. Cuando encontró un hueco en el torrente de palabras del otro, el joven protestó diciendo que no podía hacerlo. “No es para mi -dijo- soy tímido y vergonzoso. Odio el meterme en problemas. Por otra parte caigo enfermo muy a menudo. Mi lugar está en los estudios. Soy hombre de libros y escritos. ¿Cómo puedo atarme a una iglesia, si quiero servirlas a todas? No puede pedir esto de mi. En el nombre del Señor tenga piedad de mi y déjenle servir a Dios de otra forma. La candela encima de la mesa se consumía lentamente. Ambos personajes seguían discutiendo. Finalmente el mas anciano, señalando con el dedo al cielo rugió con voz de trueno: Te digo, en nombre del Dios todopoderoso, que si solamente te ocupas de tus estudios, y no nos ayudas a llevar a cabo la obra de Dios. El te maldecirá, porque estarás buscando tu propia gloria y no la de Cristo[4]

Luego de tan tremenda reconvención Calvino se queda por varios años en Ginebra en donde cuenta con el apoyo de Farel, tanto así que para resumir de manera gráfica, a Calvino junto con sus dos amigos y compañeros reformadores Farel y Viret se les llamaba en Ginebra medio en broma y medio sarcásticamente “trípode” (le trepied), en comparación a un taburete que con sus tres patas se mantiene estable, pero que se vuelca al quebrarse una de ellas[5].

6. Preocupación por la Música:

Como podemos notar, ambos reformadores no se abstraían de asuntos de la vida cotidiana como la amistad, en este mismo sentido hemos encontrado un área que debido a la diferencia en las personalidades de ambos hubiera parecido poco probable, sin embargo ambos valoraron el aporte de la música en sus vidas y congregaciones.

La relación de Lutero con la música fue más intensa, se dice que fue un apasionado admirador de la música. Se dice que de niño poseía una bella voz y se ganaba la vida como “kurrende-singer”, es decir, cantaba en las calles frente a las casas de los ricos burgueses quienes recompensaban estos servicios. Más tarde, ayudado financieramente por la viuda Cotta de Eisenach, amplió sus conocimientos musicales con el estudio de teoría y el aprendizaje de la flauta y el laúd[6].

Se puede inferir que era un buen conocedor de la música, gustaba de ella y conocía el arte de la composición. Además ejecutaba el laúd, admiraba el canto gregoriano y apreciaba los motetes católicos de famosos compositores. Por otro lado, conocía diversas melodías populares, muchas de las cuales se convirtieron en cánticos de contenido religioso[7].

En una carta de 1530, declara:

“…Sólo después de la teología, la música produce lo que la teología, al margen de ella, es única en producir: a saber, un alma tranquila y alegre, y es evidentemente por esta razón que el Diablo, causante de tristes preocupaciones, de turbaciones o inquietudes, huye al oír la música como huye ante la voz de la teología. De ahí que los profetas no usaran otro arte que la música para expresar su teología. Ni la geometría, ni la aritmética, ni la astronomía, sino la música. De esta forma, teología y música se encuentran íntimamente unidas y con ello nos anuncian la Verdad por salmos y cánticos[8]

En tanto, en Francia Calvino o destierra del todo la música como lo hizo Zwinglio; aunque también modfica radicalmente las formas del servicio religioso de su época. Reemplaza el latín por la lengua nacional, conserva de la Misa solamente el Kyrie y el Gloria (Misa Brevis), no es muy tolerante con cantos corales ni música figural, aleja el órgano y permite solamente el canto en su forma más sencilla, a una voz. Fue así como nació el salterio hugonote, obra de Clément Marot y Thedor Beza[9]. En 1539 editó en Estrasburgo una colección, que después se difundió en Ginebra. Comprendía como la versión española actual, sólo diecinueve Salmos, el canto de Simeón, los Diez Mandamientos y el Símbolo o Credo Apostólico, todos ellos en verso[10].

Hasta aquí hemos examinado los aspectos coincidentes del perfil público de los reformadores. A lo largo de los siguientes cuatro puntos examinaremos la esfera más privada de ambos donde nos encontraremos con similitudes gozosas y trágicas de las cuales podemos sacar valiosas lecciones de vida.

 

[1] Del gr. συμβίωσις symbíōsis ‘vida en común’, de συν- syn- ‘sin-1‘ y βίωσις bíōsis ‘modo de vivir’.

[2] Horst F. Rupp “Philipp Melanchton (1497-1560)” Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXVI, n° 3, septiembre 1996, Pág. 4 en: http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/melanchs.pdf

[3] Citado por H. H. Lentz, “Reformation Crossroads: A Comparison the Theology Luther and Melanchthon” Minneapolis, 1958, Pág. 2

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág.91

[5] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 5 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[6] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 43 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/1659

[7] Jerónimo Granados “Martín Lutero y la Música” Cuadernos de Teología, Vol XXVI, 2007, Pág. 131

[8] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 9

[9] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 42 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[10] José de Segovia “Calvino y la Música de los Salmos” Boletín del Jubileo de Juan Calvino 2009

Núm. 10-11 | México, D.F.-Barcelona, España | septiembre-octubre de 2009 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/Materialpool/Boletin10-11JubileoJuanCalvino.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 3

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3) Desencuentros y oposición con Intelectuales (Lutero / Erasmo; Calvino / Servet)

Como señalamos anteriormente ambos vivieron en épocas, y países, diferentes sin embargo una importante semejanza entre ambos fue la confrontación con los poderes políticos y sobre todo espirituales de la época, a saber la en ese tiempo muy contaminada Iglesia Católica. Sin embargo, aquel no fue el único frente pues se abrió otro flanco en sus batallas: la oposición y posteriores desencuentros con intelectuales.

El caso Lutero/ Erasmo: En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publicó un Nuevo Testamento en un principio parecía haber cierta consonancia entre ambos sin embargo tras una serie de intercambios epistolares después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor provocando una amarga separación con Lutero, al respectó comentó: “Prescindiré, por fin, de la Apología de Erasmo, pero me afecta vehementemente el duelo que ha desencadenado entre estos dos príncipes de las letras . Erasmo está muy por encima de todos y es el que mejor habla, pero también es el más amargo a pesar de sus esfuerzos por conservar la amistad[1] Podemos complementar “Mas ahora ¿qué puedo hacer? Las cosas han llegado a su punto álgido por ambas partes. Si me fuere posible, optaría por hacer de medianero para que cesasen ellos de atacarte con tanta animosidad y permitieran que tu vejez durmiera pacíficamente en el Señor[2].

El caso Calvino/Servet: Sin duda alguna este es el caso más conocido de desencuentro entre un reformador y su oponente el cual ha generado gran controversia hasta el día de hoy. Necesitaríamos una instancia especial para abordar los detalles del dramático desarrollo y conclusión de él, sin embargo de este caso mostraremos el final de la tempestuosa relación entre Servet, el inquieto librepensador y Calvino el teólogo, pastor y asesor político de Ginebra que tuvo su punto más álgido y dramático durante el juicio a Miguel de Servet, se cuenta del comportamiento de este último que “No escatimó epítetos burlones contra Calvino, como si este fuera el acusado. Le llamó criminal, asesino, perverso, mentiroso, mono ridículo ... ¿Te crees capaz de ensordecer los oídos de los jueces con tus ladridos de perro?[4]

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4) Importancia de los Amigos

Para ambos el apoyo y ayuda de sus amigos en los diversos momentos de sus vidas claramente fue fundamental, comenta Lutero: “Te lo diré con franqueza: he pasado apuros mayores que los que tú nunca tendrás ni a nadie se los deseo -ni siquiera a los que nos atacan con crueldad, aunque sean malignos e impíos-. Pues bien, siempre he superado estas angustias gracias a las palabras de algún hermano como Pomerano, tú mismo, Jonas u otros

En tanto, a pesar de la imagen distante que pueden transmitir sus retratos, Calvino era un amigo solicitado que se ganaba la simpatía de otros. Entabló varias amistades por largos años, entre ellas con importantes personalidades del siglo XVI como por ej. Farel, Viret, Bucer, Melanchthon, Bullinger y Beza, también poseía muchos amigos entre los refugiados franceses en Ginebra. Era muy exigente con sus amigos, pues no sólo esperaba el aliento amistoso y el apoyo activo, sino también una voz crítica con la que él mismo acompañaba la vida y trabajo de sus amistades.

Un ejemplo clave de esto es cuando Farel a los 69 años se enamoró de una muchacha de 18 años de edad, a causa de esto Calvino no escatimó en críticas a su colega por haber legalizado demasiado tarde el amorío secreto y dar lugar a que se expandieran los rumores. Este suceso naturalmente provocó un quiebre en la amistad, resultando un largo distanciamiento entre Calvino y Farel. A pesar de ello, Calvino lo seguía considerando como amigo, lo que Farel le agradeció en una visita reconciliadora en 1564 cuando Calvino se encontraba en su lecho de muerte[6].

[1] Carta a Spalatino. 18 enero 1518, Cartas de Lutero

[2] Cartas de Lutero, 1524, Pág. 35

[3] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág. 239

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, 230-231/ Pedro Puigvert “Calvino-Servet: Una relación tempestuosa” En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino” , Andamio, 2010, Pág, 139

[5] Cartas de Lutero, A Melanchton, Día último de junio, 1530.Pág. 63

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.