7 razones por las que las familias deberían orar 3

RAZÓN Nº 5: Deberían orar a Dios en familia a diario porque todos están sujetos cada día a las tentaciones. Tan pronto como se levantan, el diablo estará luchando por sus primeros pensamientos. Y cuando se hayan levantado, los instará a hacerle a él el primer servicio y los ayudará todo el día para arrastrarlos a algún pecado odioso antes de la noche. ¿No es el diablo un enemigo sutil, vigilante, poderoso e incansable? ¿No necesitan todos ustedes juntarse por la mañana para que Satanás no pueda prevalecer contra ninguno de ustedes antes de la noche, hasta que vengan de nuevo juntos delante de Dios? ¡A cuántas tentaciones se enfrentarán en sus llamados y su compañía, que, sin Dios, no podrán resistir! ¡Y cómo caerían y deshonrarían a Dios, desacreditarían su profesión, contaminarían sus almas, perturbarían su paz y herirían sus conciencias! Orígenes lo denunciaba en su lamento. Y es que ese día [en el que] omitió la oración, pecó odiosamente: “Pero yo, ¡oh infeliz criatura! Me deslicé de mi cama al amanecer del día y no pude acabar mi acostumbrado devocional ni llevar a cabo mi habitual oración; [sino que] cedí y me envolví en las trampas del diablo”.

RAZÓN Nº 6: Deberían orar en familia a diario porque todos están sujetos a los riesgos, las casualidades y las aflicciones cotidianas y la oración puede prevenirlos, dar fuerza para soportarlos y prepararlos para ellos. ¿Saben ustedes qué aflicción podría caer sobre su familia en un momento del día o de la noche, ya sea por una enfermedad, la muerte o pérdidas externas en su propiedad? ¿Tal vez podría ser una persona que no paga una deuda y se marcha con mucho de tu dinero y otra persona se lleva otro tanto? ¿Están ustedes realmente tan alejados del mundo que esto no provocaría en ustedes una mala reacción que los haría pecar contra Dios? ¿O será que pueden soportarlo sin murmurar y sin descontento, que no necesitan orar para tener un corazón sereno, si estas cosas vienen sobre ustedes? ¿Si salen al extranjero o envían a un hijo o criado están seguros que ustedes o ellos regresarán con vida? Aunque salgan con vida, pueden ser traídos de vuelta muertos. ¿No tienen, pues, necesidad de orar a Dios por la mañana para que guarde sus salidas y entradas, y no deben bendecirle juntos por la noche si lo hiciera? ¿A cuántos males está el hombre expuesto, esté en su casa o fuera? Los pecados que se cometen diariamente, ¿no claman en voz alta que también merecen un castigo diario? ¿Y no deberían ustedes clamar tan alto en su oración diaria que Dios, en sus misericordias, los impida? ¿O si caen sobre ustedes, que los santifique para su bien o los quite? ¿O si permanecen, que los afirme bajo el peso de ellos? Sepan que en ningún lugar estarán a salvo sin la protección de Dios, de día o de noche. Si sus casas tuvieran cimientos de piedra y los muros estuvieran hechos de cobre o de diamante, y las puertas de hierro, con todo, no podrían seguir estando a salvo si Dios no los protege de todo peligro. Oren, entonces.

RAZÓN Nº 7: Deben orar a Dios en familia a diario o los paganos mismos se levantarán contra ustedes, los cristianos, y los condenarán. Los que nunca tuvieron los medios de gracia (como ustedes los han tenido) ni una Biblia para dirigirlos y enseñarles (como ustedes la han tenido), ni ministros enviados hasta ellos (como ustedes los han tenido en abundancia), avergüenzan a muchos de los que se llaman “cristianos” y que hasta hacen grandes profesiones. Cuando he leído lo que dicen algunos paganos que mostraban lo que acostumbraban hacer, y observado la práctica y la negligencia de muchos cristianos en sus familias, he estado a punto de concluir que los paganos eran mejores hombres. Como ustedes pueden saber a través de sus poetas, era su costumbre el sacrificar a sus dioses por la mañana y por la tarde, para poder tener el favor de ellos y tener éxito en sus propiedades.

¿No avergüenzan los paganos a muchos de ustedes? Decían: “Ahora hemos sacrificado, vayamos a la cama”. Ustedes dicen: “Ahora que hemos cenado, acostémonos” o “juguemos una partida o dos de naipes y vayámonos a la cama”. ¿Son ustedes hombres o cerdos con aspecto humano? El Sr. Perkins asemejó a tales hombres a los cerdos que viven sin oración en sus familias, “que están siempre alimentándose de bellotas
con avaricia, pero que nunca miran la mano que las hace caer ni al árbol del que han caído”.

Tomado de “How May the Duty of Family Prayer Be Best Managed for the Spiritual Benefit of Every One in the Family?”, Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate.

Thomas Doolittle (1632 –1707) fue un ministro, tutor y autor inglés inconformista.

La Palabra de Dios y la oración familiar 2

  1. Considera los grandes y profundos misterios contenidos en la Palabra de Dios que deben leer juntos. Verás que también aparecerá la necesidad de orar juntos. ¿No encierra, acaso, esa Palabra la doctrina concerniente a Dios, la forma en que se le debería conocer, amar, obedecer, adorar y deleitarse uno en Él? En cuanto a Cristo, Dios y hombre, es un misterio sobre el cual se maravillan los ángeles y que ningún hombre puede entender o expresar, y que ninguno puede explicar por completo. Con respecto a los oficios de Cristo, la Palabra declara que son los de Profeta, Sacerdote y Rey. El ejemplo y la vida de Cristo, sus milagros, las tentaciones que soportó, sus sufrimientos, su muerte, sus victorias, su resurrección, ascensión e intercesión y su venida para juzgar se plasman en la Palabra divina. ¿No se encuentran en las Escrituras la doctrina de la Trinidad, de la miseria del hombre por el pecado y su remedio en Cristo? ¿Y también el pacto de gracia, las condiciones de éste y los sellos del mismo? ¿Los muchos privilegios preciosos y gloriosos que tenemos por Cristo: La reconciliación con Dios, la justificación, la santificación y la adopción? ¿Las diversas gracias por obtener, los deberes que realizar y el estado eterno de los hombres en el cielo o en el infierno? ¿No están estas cosas y otras como ellas, en la Palabra de Dios que se debe leer a diario en tu hogar? ¿Y sigues sin ver la necesidad de orar antes y después de leer la Palabra de Dios? Sopésalo bien y lo comprenderás.

3. Considera cuánto le incumbe a toda la familia saber y entender estas cosas tan necesarias para la salvación. Si las ignoran, están perdidos. Si no conocen a Dios, ¿cómo podrán amarlo? Podemos amar a un Dios y a un Cristo invisibles (1 P. 1:8), pero nunca a un Dios desconocido. Si tu familia no conoce a Cristo, ¿cómo creerán en Él? Y, sin embargo, tienen que perecer y ser condenados de no hacerlo. Tendrán que perder para siempre a Dios y a Cristo, al cielo y sus almas, si no se arrepienten, creen y se convierten. Y dime, si la lectura de este Libro es la que los hará comprender la naturaleza de la verdadera gracia salvífica, ¿no será necesaria la oración? Sobre todo cuando muchos poseen la Biblia y la leen, pero no entienden las cosas que tienen que ver con su paz.

4. Considera, además, la ceguera de sus mentes y su incapacidad, sin las enseñanzas del Espíritu de Dios, para conocer y comprender estas cosas. ¿No es necesaria la oración?

5. Considera también, que el atraso de sus corazones a la hora de prestar atención a estas verdades importantes y necesarias de Dios, y su falta de disposición natural al aprendizaje demuestran que es necesario que Dios los capacite y les dé la voluntad de recibirlas.

6. Una vez más, considera que la oración es el medio especial para obtener conocimiento de Dios y su bendición sobre las enseñanzas y las instrucciones del cabeza de familia. David oró pidiéndole a Dios: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Sal. 119:18). En la Palabra de Dios hay “maravillas”. Que el hombre caído pueda ser salvo es algo maravilloso. Que un Dios santo se reconciliara con el hombre pecador es maravilloso. Que el Hijo de Dios adoptara la naturaleza del hombre, que Dios se manifestara en la carne y que el creyente fuera justificado por la justicia de otro son, todas ellas, cosas maravillosas.

Sin embargo, existe oscuridad en nuestra mente y un velo sobre nuestros ojos; además, las Escrituras forman un libro con broche, cerrado, de manera que no podemos entender estas cosas grandiosas y maravillosas de una forma salvífica, y depositar nuestro amor y nuestro deleite principalmente en ellas, a menos que el Espíritu de Dios aparte el velo, quite nuestra ignorancia e ilumine nuestra mente. Y esta sabiduría es algo que debemos buscar en Dios, mediante la oración ferviente. Ustedes, los que son cabezas de familias, ¿no querrían que sus hijos y criados conocieran estas cosas y que estas tuvieran un efecto sobre ellos? ¿No querrían, ustedes, que se grabaran en sus mentes y en sus corazones las grandes preocupaciones de su alma? ¿Los instruyen ustedes a este respecto? La pregunta es: ¿Pueden ustedes llegar a sus corazones? ¿Pueden ustedes despertar sus conciencias? ¿No pueden? Y aun así, ¿no te lleva esto a orar a Dios con ellos para que Él lo lleve a cabo? Mientras estén orando juntamente con ellos, Dios puede estar disponiendo en secreto y preparando poderosamente sus corazones para que reciban su Palabra y las instrucciones de ustedes a partir de estas.

Tomado de “How May the Duty of Family Prayer Be Best Managed for the Spiritual Benefit of Every One in the Family?”. Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate.

Thomas Doolittle (1632 –1707) fue un ministro, tutor y autor inglés inconformista.

La Palabra de Dios y la oración familiar 1

Los cabeza de familia deberían leer las Escrituras a sus familias e instruir a sus hijos y criados en los asuntos y las doctrinas de la salvación. Por tanto, deben orar en familia y con sus familias. Ningún hombre que no niegue las Escrituras, puede oponerse al incuestionable deber de leerlas en el hogar; [el deber que tienen] los gobernantes de la familia de enseñar e instruir a sus miembros de acuerdo con la Palabra de Dios. Entre una multitud de versículos expresos, analicemos estos: “Y sucederá que cuando vuestros hijos os pregunten: “¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas” (Éx. 12:26-27). Los padres cristianos tienen el mismo deber de explicar a sus hijos los sacramentos del Nuevo Testamento para instruirlos en la naturaleza, el uso y los fines del Bautismo y de la Santa Cena: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”, es decir, mañana y tarde (Dt. 6:6-7; 11:18-19). “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4). Y a Dios le agradó esto en Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová” (Gn. 18:19). Esto es, pues, innegable si se ha de creer en la Palabra que hemos recibido como reglamento y a la que debemos brindar obediencia. Incluso los paganos enseñaban la necesidad de instruir a la juventud a tiempo.

La razón de esta consecuencia, desde la lectura familiar hasta las instrucciones de orar en familias, es evidente ya que necesitamos rogar a Dios para que nos proporcione la iluminación de Su Espíritu, que abra los ojos de todos los miembros de la misma y que derrame su bendición sobre todos nuestros esfuerzos, sin la cual no hay salvación. Esto será más paten-te si consideramos y reunimos los siguientes argumentos:

  1. ¿De quién es la palabra que se ha de leer juntos en familia? Acaso no es la Palabra del Dios eterno, bendito y glorioso. ¿No requiere esto y, hasta exige, oración previa en mayor medida que si uno fuera a leer el libro de algún hombre mortal? La Palabra de Dios es el medio a través del cual Él habla con nosotros. Por medio de ella nos instruye y nos informa acerca de las preocupaciones más elevadas e importantes de nuestras almas. En ella debemos buscar los remedios para la cura de nuestras enfermedades espirituales. De ella debemos sacar las armas de defensa contra los enemigos espirituales que asaltan nuestras almas para ser dirigidos en las sendas de la vida. ¿Acaso no es necesario orar juntos, pues, para que Dios prepare todos los corazones de la familia para recibir y obedecer lo que se les lea, procedente de la mente de Dios? ¿Es tan formal y sensible toda la familia a la gloria, la santidad y la majestad de aquello que Dios les transmite en su Palabra que ya no haya necesidad de orar para que así sea? Y si ven la necesidad, ¿no debería ser lo primero que hagan? Después de leer las Escrituras y de escuchar las amenazas, los mandamientos y las promesas del glorioso Dios; cuando los pecados han quedado al descubierto y también la ira divina contra ellos; cuando se han impuesto los deberes y explicado los preciosos privilegios y las promesas de un Dios fiel, “promesas grandes y preciosas” para quienes se arrepienten, creen y acuden a Dios con todo su corazón, sin fingimientos, ¿no tienen ustedes la necesidad de caer juntos de rodillas, rogar, llorar e invocar a Dios pidiendo perdón por esos pecados de los que los ha convencido esta Palabra, de los que son culpables y por los que deben lamentarse delante del Señor? ¿[No tienen la necesidad de orar] para que cuando se descubra el deber, todos tengan un corazón dispuesto para obedecer y ponerlo en práctica, y juntos arrepentirse sin fingimientos y acudir a Dios, para que puedan aplicarse esas promesas y ser copartícipes de esos privilegios? Basándonos en todo esto, pues, existe una buena razón para que cuando lean juntos, también oren juntos.

Tomado de “How May the Duty of Family Prayer Be Best Managed for the Spiritual Benefit of Every One in the Family?”. Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate.

Thomas Doolittle (1632 –1707) fue un ministro, tutor y autor inglés inconformista.