Quinientos años después

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Quinientos años después

Luis Cano, Andrés Birch, José Grau, Demetrio Cánovas, José Moreno Berrocal y José de Segovia

“Para mí es un privilegio y un honor animar al lector a hacer de este libro el comienzo de una investigación de aquellas doctrinas que hacían nuestra fe, la fe de los reformadores, la fe del apóstol Pablo, grande en sus momentos. En el año 500 de la Reforma tenía que salir una nueva edición de este libro que sin lugar a duda figura entre mis libros favoritos en lengua castellana”.

José Hutter

“En el fondo de la cuestión se halla el asunto de nuestra identidad protestante o evangélica […]. Esto es, precisamente, lo que se propone este libro: rescatar las enseñanzas características del protestantismo y proyectarlas a nuestras iglesias y a la sociedad entera sin afán inmovilista, sino genuinamente renovador.

[…] No obstante su acento en las doctrinas básicas de la Reforma -pues no puede ser de otro modo, a menos que renunciemos a nuestras raíces-, [este libro] se abre ampliamente a la vida de piedad auténtica y adoración genuina, a la ética cristiana y al mundo que nos rodea con los grandes aspectos de la realidad que nos toca vivir, y todo ello construido sobre unos sólidos fundamentos bíblicos alejados del emocionalismo en boga”

Pedro Puigvert

168 pp. Rústica

Ref. 1514 – 14 €

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Dios conoce a los suyos

 

Iglesia Evangélica de Ciudad Real

Se sabe que ya por 1869 hubo algún intento de introducir el evangelio de Jesucristo en la capital de la provincia, aunque nada pudo permanecer.

Luego un siglo más tarde, durante unos pocos años hubo un pequeño grupo de cristianos que desapareció por el año 1973.

En esa misma época, una joven pareja, Francisco Farrugia y Esther Eguía, sintieron la llamada del Señor para venir a la Mancha. Tras prepararse en un colegio bíblico en Inglaterra, decidieron venir a Daimiel en 1974, a dónde también vino a colaborar la misionera inglesa Jean Pleasence (hoy día Jean Woods).

En 1976 se trasladaron a Ciudad Real, al no haber ningún testimonio bíblico.

En un principio se convirtieron algunos vecinos de donde vivían en la calle Calatrava. Se reunían en diferentes casas, pero ya en 1978, el Señor permitió que se pudiera abrir un pequeño local en la calle Las Cañas (en aquel entonces Marcos Redondo).

Ya para 1980 se reunían cerca de 20 personas, se hacían reuniones de jóvenes que el Señor bendijo, por lo que con la ayuda de hermanos ingleses se pudo comprar una casa en la calle Sta. Teresa, que ha ido transformándose y ampliándose hasta lo que es en la actualidad.

El Señor continuó bendiciendo la obra, y pudo enviar misioneros de su propia congregación a Inglaterra a prepararse, y luego, abrir obra en Cuenca. También otra joven, Manuela de la Torre, estaría más tarde en la obra del Señor casada con Trevor Thomas que fue pastor en Palma por unos años.

Se iniciaron campamentos y retiros que se convertiría en la actual “Asociación de campamentos Cristianos Castilla-La Mancha”, con más de 20 años de experiencia. También se colaboró en la fundación del “Colegio Bíblico de la Gracia” y de “Editorial Peregrino” que actualmente dirige Mateo Hill, que fue misionero-pastor en Santa Cruz de Mudela, y en la actualidad miembro de la Iglesia en Ciudad Real.

En 1988 vino como pastor Andrés Birch con su esposa Viviana, que consolidaron la obra hasta 2004, que recibieron el llamamiento de una iglesia en Palma de Mallorca que llevaba varios años sin pastor.

Por esa misma fecha vino como pastor Luis Cano con su esposa Pilar Herrera, que habían estado durante 20 años en Cuenca.

En la actualidad la iglesia la forman algo más de 100 miembros, con una presencia cada domingo de alrededor de 140 personas. Como iglesia siempre hemos puesto énfasis en la predicación de la Palabra de Dios cada domingo, el evangelismo (ir a donde ellos están y traerlos a Cristo), la solemnidad de los cultos a Dios con la libertad y adaptación necesaria pero siempre buscando agradar al Señor y no entretener a los hombres.

En la actualidad la iglesia sostiene económicamente a su pastor, así como colabora en el sostenimiento de misioneros, pero estamos muy agradecidos a “European Missionary Fellowship” que ha colaborado a lo largo de los años con esta iglesia.

 

 

Soli Deo Gloria

Soli Deo Gloria

Soli Deo Gloria

Aspectos y legado del pensamiento evangélico de José Grau

Luis Cano, Leonardo de Chirico, José Moreno Berrocal, Pedro Pérez, Pedro Puigvert y José de Segovia

«José Grau (1931-2014) fue y aún es una de las figuras más conocidas y representativas de la cultura evangélica. Ningún interesado en nuestra historia cristiana y espiritual podrá decir que sabe algo de ella si no conoce algo de su obra y su persona, con las que se tropezarán una y otra vez incluso los que no fueron capaces de identificarse con él o comprenderle.

Aquellos que sí hemos mamado de su obra y hemos crecido bajo su influencia tenemos la grata tarea de hablar de él, editar y reeditar sus libros, desarrollar su pensamiento, y sobre todo aplicarlo en nuestra mente para hacernos mejores personas y mejores cristianos.

Este libro nace de un pequeño e incompleto reconocimiento que se le hizo desde AMRE, asociación de la que formó parte, entre otros que se hicieron y que seguro se seguirán haciendo, pues la extensión de su influencia en diferentes instituciones y movimientos aún no se ha calculado». (Del prólogo de Luis Cano)

Con pinceladas de algunos de los distintos temas en los que se centra la obra de Grau —como el Reino, la evangelización, la cultura, el amor matrimonial o el fin de los tiempos—, diferentes autores esbozan algunos aspectos del pensamiento de Grau. Las reflexiones de Leonardo De Chirico acerca del catolicismo romano desde una perspectiva histórica en línea con las de Grau completan este homenaje a su legado.

188 pp. Rústica (Editorial Peregrino, 2016)

Ref. 001258 – 12,00 €

Solicita tu ejemplar escribiendo a SoloSanaDoctrina@ono.com

Razones para casarse

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He aquí unas notas para los jóvenes, y a veces no tan jóvenes, que desean dar el paso voluntario más importante de sus vidas, después de la conversión; pero también están destinadas a los padres que tienen que ayudar y guiar a sus hijos a tomar las decisiones correctas.

El matrimonio tiene su origen en el origen de todo (Génesis 2:24), es la voluntad de Dios, es la ruptura de un lazo familiar para iniciar otro, se pasa de ser dos a ser uno. Es la ilustración más completa del amor de Cristo por su pueblo (Efesios 5:22-33), es parte del mandato para administrar bien la obra de Dios (Génesis 1:28).

1.- Si tu principal deber como persona y como creyente es glorificar a Dios (1 Corintios 6:20), pregúntate entonces:

           A) ¿Cómo lo harás mejor, casado o soltero? y… 

           B) ¿Dónde se acomodan mejor tus dones?

Es fácil dejarse llevar por la presión social y pensar que lo importante es ser feliz y que buscar la felicidad por medio de ese matrimonio, con esa persona en la que has puesto tu corazón, es lo mejor que te puede ocurrir, pero no es así para el cristiano. Tu felicidad empieza, pasa y termina en Dios (Mateo 6:25:34) y todo lo que hagas para y por él repercutirá en tu felicidad: “Bienaventurado, feliz el que…” dice el Señor (Mateo 5:3ss.), pero no ha nada de matrimonio.

¿Tienes el don? (1 Corintios 7:7) ¿Qué te hará tener más cuidado de las cosas del Señor y de agradarle (1 Corintios 7:32)

Como creyente has recibido unos dones del Señor (1 Corintios 12:1ss; Efesios 4:7ss) para tu edificación como siervo del Señor y la edificación de la iglesia de la que eres miembro (Efesios 4:15-16). ¿Dónde se desarrollarán y cómo ejercerás mejor esos dones, casado o soltero? Tu matrimonio o soltería, ¿será un acicate o un obstáculo?

2.- ¿Compartís la misma fe?

No ya si es creyente, pues si no lo es no deberías ni aun plantearte la posibilidad del matrimonio, de una relación de por vida (1 Corintios 9:5; 2 Corintios 6:14), sino si enfatizáis las mismas doctrinas, si compartís los mismos objetivos, el mismo compromiso con la fe, la iglesia, etc. “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3).

¿Tienen el otro doctrinas radicales, fuertes, que chocan con las tuyas? Por ejemplo, el bautismo, la inspiración de las Escrituras, el lugar de la mujer en la iglesia… ¿Qué pasará con el bautismo de tus futuros hijos o de la aplicación y obediencia de principios bíblicos o de tu parte en la iglesia local? Los ejemplos se pueden multiplicar y por tanto, las tensiones y dificultades también.

Esas ideas, doctrinas o énfasis particulares, ¿facilitan o dificultan tu vida cristiana, tu servicio al Señor, tu desarrollo como persona? Sé honesto contigo mismo en tus respuestas y sé valiente al tomar la decisión que creas adecuada.

3.- ¿Estás lo suficientemente enamorado/a de  él/ ella?

La atracción mutua es un factor esencial. Cuando Pablo habla de quemarse (1 Corintios 7:9) se refiere o implica un deseo por la otra persona que es irrefrenable.

Pero cuidado que el enamoramiento cristiano no es una atracción física únicamente, una búsqueda del bien social o económico que el otro ofrezca o el intento de escapar o librarte de una situación emocional. La lista podría ser más larga.

Ni siquiera el enamoramiento es en primer lugar el deseo de satisfacer tu placer o necesidad de tu felicidad. Casarte por amor es el deseo de complacer al otro, es amor sacrificial (1 Corintios 13:4-8). Buscar la felicidad haciendo feliz a otro (1 Corintios 7:3-4; Efesios 5:25ss).

¿Por qué este amor es tan fácil de entender de una madre hacia su hijo y no entre dos adultos?

4.- ¿La persona en la que has puesto tu corazón te ayudará a desarrollarte como persona y como creyente?¿O, por el contrario, te implicará extra esfuerzo en corregirla o cambiarla?

Al ser el matrimonio una relación, un pacto de por vida (Mateo 19:6, leer del 3 al 12) no se puede dar el paso teniendo solo en vista un corto periodo de tiempo, sino años (formar hogar, criar hijos, jubilación, etc). El matrimonio no es un fin, es un medio para alcanzar grandes objetivos, para ti, para otros y para la gloria de Dios.

¿Será esa persona y serás tú ayuda idónea (Génesis 2:18) o una carga para el resto de tu vida?

5.- Analiza con cuidado las metas, propósitos para tu vida.

¿Queréis ambos tener hijos, cuándo, cuántos? ¿Quieres una vida tranquila, estable, o buscas riesgo y aventura?¿Deseas ser misionero, servir al Señor de manera muy directa y con la mayor implicación posible (la mies es mucha y los obreros pocos, y hay que orar por ellos [Mateo 9:37-38]) o te conformas con ser un miembro más de tu iglesia local comprometido, eso sí, con las demandas concretas de la semana?

6.- Compartir el mismo gusto o placer por la música, lectura, lugares, experiencias.

Seguramente estaréis de acuerdo en que hay que redimir (administrar y usar) bien el tiempo (Efesios 5:16; Colosenses 4:5), que es corto, tanto en el día, como el de un año o el de toda una vida (Génesis 47.9; Job 14:1), pero el problema es estar de acuerdo en cómo hacerlo. Para uno puede ser una pérdida leer tanto y para el otro, el hacer tanto deporte; visitar lugares históricos puede edificarte a tí, pero el otro cónyuge, conversar. El día ¿comienza a las 6 de la mañana y termina a las 10 de la noche o, a las 9 de la mañana hasta la 1 de la madrugada?

Todo lo que se deba hacer juntos hay que hacerlo sin excusas, y lo que se pueda hacer juntos también, si es que no hay una fuerte razón.

La familia de origen (el asunto de padres, suegros) es muy importante, sobre todo cuando uno está muy vinculado, es muy dependiente y el otro es todo lo contrario. ¿Estarás dispuesto a la influencia afectiva de tu suegra o financiera de tu suegro? Quizá te estás convirtiendo en parte de su familia o quieres que sea él/ella parte de la tuya. La Escritura demanda romper con un antes de formar otra (Génesis 2:24), ¿lo entendéis esto por igual?

7.- Dominio mutuo de las pasiones.

Hombres y mujeres son muy distintos tanto en la sexualidad como en la afectividad o emociones. Él tiene que respetarte cuando tú dices no, antes del matrimonio por su puesto, pero también en ciertas ocasiones después; pero ella tiene que buscar el momento para decir sí. A la inversa también es necesario, claro.

8.- Debes ser consciente de los defectos y limitaciones de tu futura pareja y de los tuyos.

Por supuesto, no hay tolerancia o permisibilidad al pecado, pero sabemos que  no hay nadie perfecto o sin pecado, que es lo mismo (Romanos 3:12).

La naturaleza pecaminosa y caída nos hace cometer errores, no alcanzar o pasarnos de lo que es razonable o adecuado.

Debes estar dispuesto a ser paciente y comprensivo con el otro y no tanto contigo mismo. No busques excusas para tus debilidades.

Hablad de los problemas, la comunicación es el esqueleto de toda relación sana.

Debéis estar también dispuestos a buscar y solucionar los conflictos, aunque duela.

9.- Independencia de otros sí, pero sin ruptura.

Ya antes hemos dicho que hay que dejar padre y madre para unirte en matrimonio, pero eso no está en contra de nuestras responsabilidades con ellos.

Esto mismo debe ser aplicable a la iglesia local, a los amigos, etc. Si él o ella te exige o espera más y más separación, aislamiento, es una señal muy peligrosa. Si te ama de verdad ese amor no correrá riesgo con otros; al contrario, se desarrollará y fortalecerá.

10.- ¿Qué opinan las personas de tu confianza de esa relación?

Debes saber que tu corazón es engañoso (Jeremías 17:9), es decir, que los sentimientos y señales que te manda pueden estar confusos, que te impidan ver de manera completa, y esa parcialidad mostrarte solo lo aparente y no lo real o interno (Proverbios 28:26).

Tu familia, amigos y hermanos en la fe te aprecian, quieren lo mejor para ti y al ver la situación desde fuera, con otra perspectiva, te pueden mostrar la realidad con más precisión. Escúchales, déjate aconsejar por ellos.

Haz caso de avisos constructivos, de las advertencias serias. Busca a personas con experiencia, mejor es llorar con sabios que reír con necios (Eclesiastes 7:5).

El matrimonio es una de las decisiones más importantes de tu vida, por lo tanto, ora, busca todo consejo necesario y piensa antes de dar el paso definitivo.

Luis Cano (Pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica de Ciudad Real)

Publicado en Revista Nueva Reforma (Editorial Peregrino)