La Cruz. El Camino de Salvación según Dios

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” Gálatas 6:14

Pueden caber pocas dudas de que el Dr. Martyn Lloyd-Jones ha sido el predicador más importante que haya alumbrado el mundo anglófono en el siglo XX. Los que tuvimos el privilegio de escucharle no olvidaremos con facilidad la reverencia experimentada cuando la gloria del Evangelio se apoderaba de su alma y Dios hablaba con tal poder a través de él. Sin embargo, no era un hombre que se quedara en el intelecto, ni tampoco eran unos dones humanos o una capacidad intelectual lo que más huella dejaba. Más bien era el poder de la Verdad, la grandeza de Dios, la pobreza del hombre y la gloriosa pertinencia y autoridad de la Santa Escritura los que marcaban de forma indeleble a sus oyentes.

La publicación de sus sermones, pues, debe ser motivo de inmensa gratitud para toda la Iglesia cristiana. Esta serie en particular se predicó en Westminster Chapel, Londres, en otoño de 1963, inspirada por las palabras del Apóstol en Gálatas 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Es un magnífico ejemplo de la exhaustiva exposición que hacía el doctor de un texto como este, pero también es una brillante muestra de su predicación de Cristo crucificado.

Cuando observas la Cruz de Cristo, ¿qué ves? ¿La derrota de un hombre crucificado que sufre injusta y vergonzosamente?

No —dice el Dr. Lloyd-Jones—. Considerar la Cruz un fracaso es perder de vista el propósito y la gloria de ese acontecimiento decisivo que se produjo en el monte Calvario. Porque en Jesucristo, y especialmente en su muerte. Dios estaba cumpliendo una promesa hecha en el amanecer de la Historia humana. Estaba posibilitando que mujeres y hombres imperfectos tuvieran una relación personal con su Creador perfecto.

En el presente libro, el Dr. Lloyd-Jones muestra clara y detalladamente la veracidad de esta impresionante afirmación y analiza sus enormes implicaciones para todo el mundo en la actualidad.

La predicación del Dr. Martyn Lloyd-Jones era una extraordinaria combinación de apasionada elocuencia y de razonamiento lógico, de una profundidad que era motivo de reflexión para el más maduro de sus oyentes y de una sencillez que permitía que hasta los niños pudieran entenderle. Todas estas características quedan ejemplificadas en esta serie de sermones. Difícilmente podrían ser más necesarios en la actualidad, en parte por el declive de una predicación bíblica poderosa en el mundo anglófono y en parte por la cuestión que tratan. Necesitamos que se nos recuerde urgentemente esta verdad esencial del Evangelio cristiano, estudiarla y proclamarla y, por encima de todo, gloriarnos en ella. En otro contexto, el Dr. Lloyd-Jones dijo en cierta ocasión: “Las ideas superficiales con respecto a la obra de Cristo conducen a vidas cristianas superficiales”. Que Dios utilice grandemente la lectura de estas páginas para alentar en nosotros un renovado gloriarnos en la Cruz, un renovado deseo de predicación bíblica y un renovado amor a Cristo.

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Nuevas Misericordias cada Mañana

Todas las mañanas “tuiteo” tres pensamientos sobre el evangelio. Es decir, publico tres breves pensamientos sobre la fe cristiana en la red social llamada Twitter. Mi meta es confrontar y consolar a la gente con las verdades transformadoras del evangelio de Jesucristo.

Mi deseo es que la gente vea que la gracia del evangelio no busca cambiar los aspectos religiosos de nuestras vidas; más bien busca cambiar todas las cosas que nos definen y nos motivan. Mi intención es que las personas vean el evangelio como una ventana a través de la cual podemos ver todo en la vida.

Por la gracia de Dios, estos tuits han sido bien recibidos, e incontables personas me han animado a usar esos pensamientos como la base de un libro de devocionales, con 365 meditaciones sobre las verdades del evangelio expresadas en esos tuits. El libro que sostienes en tus manos es mi respuesta a esas solicitudes. Cada lectura diaria comienza con uno de mis tuits sobre el evangelio, un tanto editados, seguidos por una breve meditación.

Sentarse a escribir 365 devocionales es una tarea abrumadora. Mi disposición a hacer esto no tenía su raíz en mi orgullo o en mi habilidad como autor, sino en mi confianza en la anchura y profundidad del evangelio de Jesús. Al comenzar a escribir, me entusiasmaba hacer algo de espeleología espiritual: me adentraba en las cavernosas profundidades de la fe que tanto amo. Hice esto, no tanto como un experto, sino como un peregrino, un explorador. Me senté a escribir, no pensando que ya dominaba el evangelio, sino que había evidencia en mi vida de que necesitaba ser dominado por el mismo mensaje de gracia que sostiene todo mi ministerio.

Ahora, debo ser honesto: No escribí este libro solo para ti. ¡No! También lo escribí para mí. No hay ninguna realidad, principio, observación, verdad, mandamiento, ánimo, exhortación o reprimenda en este devocional que yo no necesite en mi vida. Yo soy como tú; la familiaridad con el evangelio causa que no atesore a Cristo como debería. Al
familiarizarme más y más con los temas de la gracia, soy más propenso a no asombrarme con ellos como en un principio. Cuando las realidades maravillosas del evangelio dejan de llamar tu atención o de capturar tu devoción, ten por seguro que otras cosas de tu vida lo han hecho. Cuando dejas de celebrar la gracia, comienzas a olvidar lo mucho que la necesitas; y cuando olvidas cuánto necesitas la gracia, dejas de buscar el rescate y la fuerza que solo la gracia te puede dar. Esto quiere decir que comienzas a verte a ti mismo como más justo, más fuerte y más sabio de lo que realmente eres y, al hacer esto, ten por seguro que te diriges al peligro.

Entonces, este devocional tiene el propósito de hacerte recordar. Es un llamado a recordar el horrendo desastre del pecado. Es un llamado a recordar a Jesús, quien tomó tu lugar. Es un llamado a recordar el regalo de Su justicia. Es un llamado a recordar el poder transformador de la gracia que tú y yo nunca podríamos merecer. Es un llamado a recordar el destino garantizado para todos los hijos de Dios que han sido comprados por la sangre de Su Hijo. Es un llamado a recordar Su soberanía y Su gloria. Es un llamado a recordar que estamos peleando una guerra espiritual; aun para esto necesitamos de Su gracia.

El título de este devocional no es solo una referencia a la forma como la Biblia habla sobre la gracia de Dios (Lamentaciones 3:22-23); también es una alusión al famoso himno que, en mi opinión, deberíamos entonar todos los días.


“¡Oh, Tu fidelidad! ¡Oh, Tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí;
Nada me falta, pues todo provees,
¡Grande, Señor, es Tu fidelidad!”.


Una de las realidades más asombrosas de la vida cristiana es que, en un mundo donde todo está en algún estado de descomposición, las misericordias de Dios nunca decaen. Nunca se agotan. Nunca son inapropiadas. Nunca se consumen. Nunca se debilitan. Nunca se cansan. Nunca dejan de saciar la necesidad. Nunca decepcionan. Nunca,
nunca fallan, porque son nuevas cada mañana. Las misericordias de nuestro Señor son hechas a la medida de los retos, las decepciones, los sufrimientos, las tentaciones y las luchas internas y externas contra el pecado. En ocasiones son:


Misericordias que inspiran reverencia
Misericordias que corrigen
Misericordias que fortalecen
Misericordias que dan esperanza
Misericordias que exponen el corazón
Misericordias que liberan
Misericordias que transforman
Misericordias que perdonan
Misericordias que revelan la gloria de Dios
Misericordias que iluminan con la verdad
Misericordias que dan valentía.


Las misericordias de Dios no vienen en un solo color; vienen en todos los colores posibles del arcoíris de Su gracia. Las misericordias de Dios no son el sonido de un solo instrumento; son una sinfonía de la orquesta de Su gracia. La misericordia de Dios es general; todos Sus hijos disfrutan de ella. La misericordia de Dios es específica; cada hijo
recibe la misericordia que ha sido diseñada para Su necesidad particular en un determinado momento. La misericordia de Dios es predecible; es una fuente que nunca para de fluir. La misericordia de Dios es impredecible; viene a nosotros de formas sorpresivas. La misericordia de Dios es una teología radical, pero es más que una teología: Es vida para
todo aquel que cree. La misericordia de Dios es el mayor consuelo, pero también es un llamado a una nueva forma de vida. La misericordia de Dios en verdad cambia todo para siempre en la vida de quien la recibe.


Así que, lee y recuerda las misericordias nuevas de Dios y celebra tu identidad como recipiente de la misericordia que es más vasta que nuestra habilidad de comprenderla y que la descripción de las palabras de este autor.


ENERO 1
Entender esto es esencial: La vida cristiana, la iglesia y nuestra fe no tratan sobre nosotros; tratan sobre Él —de Su plan, Su reino, Su gloria Admítelo, no te gusta ser débil. No es divertido ser el último que eligen para jugar en un equipo. Es vergonzoso que te hagan preguntas para las cuales no tienes respuestas. Es frustrante no poder descifrar las instrucciones para armar el mueble que acabas de comprar. Es humillante fracasar en una tarea, dejar caer la pelota o hacer una promesa y no ser capaz de cumplirla. No nos gusta perdernos u olvidar un número telefónico.

Odiamos esos momentos en los que nos sentimos incapaces. No nos gusta ser confundidos o no conocer ciertas cosas. Codiciamos los músculos y los cerebros de otras personas. Todos odiamos sentir temor y deseamos tener más valor. En comparación con los héroes de la fe, parecemos insignificantes. Al lado de los logros de los demás, nos preguntamos si hemos realizado algo de valor. No nos gusta enfrentar la realidad de que todos somos débiles de una u otra forma. Esa es la condición universal de la humanidad. En un mundo solitario en el que debes encontrar tu propio camino y construir tu propia vida, es lógico temer ser débil. En un mundo en el que solo tienes tu mente, tu desempeño y tus logros, la debilidad es algo de lo que nos arrepentimos. En un mundo en el que no tienes a quién acudir por fortaleza y donde pocos te aceptan cuando la tienes, la debilidad es algo que debe evitarse. En realidad, lo que necesitas evitar es tu ilusión de fortaleza. Esas afirmaciones de fortaleza independiente son mucho más
peligrosas.

¿Estás confundido? La verdad es que todos somos débiles. Somos débiles en sabiduría, en fortaleza y en justicia. El pecado ha debilitado nuestras manos y corazones. Nos ha dejado cojos en muchos sentidos. Pero la gracia de Dios hace que la debilidad sea algo que ya no debemos temer. El Dios de gracia que te llama a vivir para Él te bendice con
toda la fuerza que necesitas para realizar lo que Él te ha llamado a hacer. La mejor forma de obtener esta fuerza es admitiendo cuán poca fuerza tienes. La gracia me libera de la pena tan inmensa que produce no poder confiar en mí mismo, porque ella me conecta con Aquel que es digno de mi confianza y que me capacita con lo todo lo que necesito.

“Estos confían en sus carros de guerra, aquellos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios. Ellos son vencidos y caen, pero nosotros nos erguimos y de pie permanecemos” (Salmo 20:7-8).

Para profundizar y ser alentado: Salmo 27


FEBRERO 1
No temas tu debilidad. Dios te dará toda la fuerza que necesitas. Teme aquellos momentos en los que piensas que eres fuerte por ti mismo. Todos lo hacemos, probablemente todos los días. No tenemos idea de cómo lo estamos haciendo, pero, aun así, tiene un impacto sobre la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y también sobre cómo respondemos a otros. Es una de las razones por las que hay tantas discordias en la casa de Dios. ¿Qué es esto que causa tanto daño y que todos tendemos a hacer? El olvido. Todos olvidamos. Tristemente, en nuestras agendas tan apretadas y egocéntricas, es fácil olvidar lo mucho que hemos sido bendecidos por la misericordia de Dios. El hecho de que Dios nos ha bendecido con Su favor cuando lo que merecíamos era Su ira se escapa de nuestra memoria como una canción cuya letra ya olvidamos. La realidad de que cada mañana recibimos nuevas misericordias no es lo primero que viene a nuestra mente al alistarnos para empezar el día. Cuando recostamos nuestra fatigada cabeza sobre la almohada al final del día, se nos olvidan las tantas misericordias que Dios derramó sobre nuestras pequeñas vidas. No solemos tomar tiempo para sentarnos y meditar en lo que nuestras vidas serían si la misericordia del Redentor no hubiera sido escrita en nuestras historias personales. Es triste, pero todos olvidamos la misericordia de Dios con demasiada frecuencia.

Olvidar la misericordia de Dios es peligroso; afecta la forma en que piensas sobre ti mismo y sobre otros. Cuando recuerdas la misericordia, también recuerdas que no hiciste nada para merecer tal cosa. Cuando recuerdas la misericordia, eres agradecido, humilde y sensible. Cuando recuerdas la misericordia, la queja se convierte en gratitud
y el deseo egoísta en adoración. Pero cuando olvidas la misericordia, te dices a ti mismo que todo lo que tienes es por mérito propio. Cuando olvidas la misericordia, te acreditas aquello que solo la misericordia puede producir. Cuando olvidas la misericordia, te catalogas como justo y merecedor, y vives una vida engreída y demandante.

Cuando olvidas la misericordia y piensas que mereces todo, encontrarás que es muy fácil no ser misericordioso con los demás. Tu orgullo causará que pienses que mereces lo que tienes y que los demás también se lo tienen merecido. Tu corazón orgulloso no es sensible, así que no es conmovido por el arrepentimiento de otros. Olvidas que tú también estás en necesidad, que ninguno es justo ante Dios. La humildad es el suelo sobre el cual crece la semilla de la misericordia. La gratitud por la misericordia recibida es lo que motiva la misericordia extendida. Pablo dice: “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en
Cristo” (Efesios 4:32).

Para profundizar y ser alentado: Lucas 6:27-36; Mateo 18:21-35


MARZO 1
La misericordia significa estar tan agradecido por el perdón recibido que es imposible evitar esparcir esa misma misericordia a otros. Todos hemos sido diseñados para tener esperanza. Todos proyectamos nuestras vidas hacia el futuro, imaginando cómo quisiéramos que fueran las cosas. Todos cargamos en el bolso con nuestros sueños y esperanzas. Todos rendimos nuestros corazones a alguna clase de expectativa. Todos deseamos en silencio que las cosas fueran de diferente forma. Todos tenemos puesta la esperanza en algo y todos esperamos algo. Así que, mucho de cómo vemos la vida y cómo la vivimos está conectado con las cosas que deseamos y dónde ponemos el fundamento de nuestra esperanza.

La esperanza siempre tiene tres elementos: una evaluación, un objeto, y una expectativa. Primero, la esperanza ve a su alrededor y evalúa esa cosa o persona que podría ser mejor de lo que es; a esa cosa o persona le falta algo. Si las cosas estuvieran tan bien como deberían estar, no habría necesidad de tener esperanza. Segundo, la esperanza siempre tiene un objeto. El objeto es el lugar donde inviertes tu esperanza. Le pides al objeto de tu esperanza que arregle lo que está roto o que te entregue lo que deseas o necesitas.

Tercero, la esperanza tiene expectativas. Es lo que le pides al objeto de tu esperanza que te dé, lo que esperas que el objeto de tu esperanza te entregue. Ahora, en realidad solo hay dos lugares dónde buscar esperanza en la vida. Puedes buscar esperanza a nivel horizontal en experiencias, posesiones físicas, lugares o amistades. Existen dos problemas con esto. Primero, todas estas cosas están dañadas en alguna manera. Son parte del problema y, por tanto, son incapaces de entregarte lo que buscas. Así mismo, estas cosas no fueron diseñadas para ser la fuente de nuestra esperanza, sino para ser señales que apunten al lugar donde tu esperanza puede ser encontrada. Pablo lo dice todo en Romanos 5:5, cuando establece que la esperanza en Dios jamás nos avergonzará. Nunca nos fallará. Pablo nos dice dónde podemos encontrar la esperanza. Solo se encuentra a nivel vertical. Tu esperanza solo está segura cuando Dios es tu objeto. Solo Él es capaz de darte la vida que tu corazón busca. Solo Él puede darte el descanso que tu alma necesita. Solo Él puede llenar el vacío interior que cada ser humano quiere llenar. Es solo cuando la gracia te ata a Él que encontrarás propósito en la vida. En sus breves palabras, Pablo nos confronta con este pensamiento —si tu esperanza te decepciona, ¡es porque es la esperanza equivocada! ¿Dónde has puesto tu esperanza hoy?

Para profundizar y ser alentado: Job 1

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Un libro de Poiema .-384 pp. Rústica – 29 noviembre 2016

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El fin de los Tiempos

Este es un libro sobre profecía cristiana, técnicamente llamada escatología, una palabra que significa la doctrina o el estudio de las últimas cosas. Es, por lo tanto, un libro sobre lo que muchos llaman profecía bíblica. No es un libro teórico. Es un libro escrito a raíz de varias convicciones profundas: que la escatología es profundamente importante, que el sistema escatológico de la Biblia es básicamente simple y que las perspectivas populares de la profecía en nuestros días son profundamente no bíblicas.

La mayoría de nosotros somos intimidados en cuanto a las cosas futuras y profecías de las Escrituras. Las otras cuestiones de la verdad bíblica parecen más sencillas para entender, y equivocadamente creemos que la doctrina sobre la segunda venida de Jesús es la de menos importancia. El pastor Sam Waldron reta esta creencia, demostrando que la escatología está integrada vitalmente con el sistema completo de la Biblia. Este libro clarifica las cuestiones que frecuentemente se confunden en cuanto a la venida del Hijo de Dios y la manifestación de la redención completa de nuestro bendito Redentor y Reconciliador. 

“La escatología popular que se enseña ampliamente en las iglesias evangélicas en nuestros días realmente tiene comparativamente muy poco que ver con el evangelio de Cristo. En la iglesia evangélica en la que yo me crié se enseñaba la profecía con frecuencia. Una de las cosas que recuerdo intensamente que se enseñaba era que la edad de la iglesia en la que vivimos era un gran paréntesis en la profecía bíblica, un período de misterio imprevisto por la profecía bíblica. Acabaría con el rapto de la iglesia por la venida secreta de Cristo en el aire antes del período de la tribulación. Puesto que esta venida era inminente, es decir, que puede ocurrir en cualquier momento, no estaría precedida por ningún acontecimiento profético. Sólo con este rapto secreto se pondría en marcha de nuevo el reloj profético. Con el rapto secreto de la iglesia los acontecimientos importantes de la profecía bíblica comenzarían a desplegarse. Estos incluían la aparición del Anticristo y su imperio mundial, la reedificación del templo en Jerusalén, una tribulación de siete años, una aparición gloriosa de Cristo, y un reinado de mil años de Cristo en la tierra todo ello teniendo que ver con el otro pueblo de Dios, terrenal, la nación judía, no con Su pueblo celestial, la iglesia. Recuerdo haberme sentido decepcionado por vivir en un período tan vacío o desprovisto con respecto a la profecía bíblica.”

Ahora bien, yo no era el único enseñado en ese sistema. Por aquel entonces dominaba las iglesias evangélicas. A pesar de muchas críticas, aún mantiene su popularidad. Desde novelas best sellers a películas repletas de afectos especiales asombrosos, aún domina la imaginación cristiana en nuestros días.  Tal sistema de profecía realmente tiene muy poco que ver con el evangelio de Cristo. No nos sorprende que la reacción del público cristiano sea de fascinación o de irritación. Si la iglesia es un paréntesis misterioso en la historia del mundo, y si el reloj profético sólo comienza a marchar de nuevo con el rapto de la iglesia sin peligro a la dicha del cielo, y si la profecía bíblica es realmente acerca del plan de Dios para los judíos, entonces la reacción de los cristianos sólo puede ser de fascinación por lo especulativo, por un lado, o de irritación por lo práctico, por el otro.  

Este libro provee una presentación simple, pero sistemática de la escatología cristiana. Mostrará que este sistema popular es erróneo y sin base bíblica en todas sus características distintivas. Esto sorprenderá a muchos lectores que pensarán que es una afirmación increíble. ¡Pero recuerda al niño que exclamó que el precioso conjunto nuevo del emperador realmente no lo era! Si tienes paciencia y un oído bíblico, tal vez adoptes la misma opinión sobre la ropa del emperador.

Nuestra esperanza con este libro es que provea a los cristianos un conjunto de vestidos escatológicos. Este conjunto de vestidos proféticos no es una enseñanza que vaya más allá del evangelio ni está apegado a él de manera artificial. El evangelio cristiano tiene todo que ver con la escatología, y la escatología tiene todo que ver con el evangelio cristiano.

Jesús habla del objetivo de la escatología como “la regeneración” (Mat. 19:28). Pedro la llama “la restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21). Pablo habla de ella como “la creación… libertada de la esclavitud de corrupción” (Rom. 8:21). La escatología tiene que ver con el llevar a la creación y a la humanidad a su destino original propuesto por Dios. La escatología tiene que ver con la derrota de los propósitos destructivos de Satanás y con la victoria de los propósitos redentores de Dios. La escatología, por tanto, tiene todo que ver con el evangelio que proclama el propósito de Dios de “por medio de él (de Cristo) reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20). La profecía bíblica, pues, no tiene que ver con ninguna otra cosa que no sea el evangelio de Cristo. Tiene todo que ver con la cruz de Cristo, con la iglesia de Cristo, y con la venida de Cristo.  Eso sería algo, ¿verdad? ¡Una escatología simple, bíblica! ¡Supón que el emperador realmente no tiene vestiduras! ¡Supón que la profecía realmente es acerca de Cristo, Su cruz, y Su iglesia!

Contenido  

Parte I ¿QUÉ EDAD TIENE TU ESCATOLOGÍA?  

Capítulo 1 Se necesita… Una escatología del Evangelio  

Capítulo 2 Pero, ¿cómo puede todo el mundo estar tan equivocado?  

Parte II ¡LA ESCATOLOGÍA HECHA SIMPLE  

Capítulo 3 Un Asunto De Interpretación  

Capítulo 4 El Propio Sistema de la Biblia

Capítulo 5 El Propio Sistema de la Biblia – El Esquema Básico  

Capítulo 6 El Propio Sistema de la Biblia – El Esquema Optimizado  

Capítulo 7 La Línea Divisoria – El Juicio General  

Capítulo 8 La Venida del Reino Presentada  

Capítulo 9 La Venida del Reino en las Parábolas de Cristo del Reino  

Capítulo 10 La Venida del Reino en la Prosa de Pablo  

Capítulo 11 La Venida del Reino en la Visión de Juan  

Capítulo 12 La venida del Reino en la Visión de Juan  

Capítulo 13 La venida del Reino en la Visión de Juan  

Parte III ¡LA SIGUIENTE  PREGUNTA, POR FAVOR!  

Capítulo 14 ¿Qué Tiene que Decir la Biblia Acerca del Cielo?  

Capítulo 15 El Seol,  el Hades y el Infierno  

Capítulo 16 Las Esperanzas  de la Iglesia durante el Siglo del  Evangelio – ¿Tribulación?  

Capítulo 17 ¿Son Israel y la Iglesia Distintos Pueblos de Dios

Capítulo 18 ¿Son Israel y la Iglesia lo Mismo?  

Capítulo 19 ¿Ha Venido ya Cristo?  

Capítulo 20 ¿Se Puede Calcular la Fecha de la Venida de Cristo?  

Capítulo 21 ¿Vendrá Cristo Antes de la Tribulación Final?  

Capítulo 22 Argumentados a Favor del Pretribulacionismo Contestados  

Capítulo 23 ¿Qué Enseña la Biblia Acerca de la Resurrección?  

Capítulo 24 El Castigo Eterno  

Capítulo 25 ¿El Cielo en la Tierra?  

* Publicaciones Faro de Gracia 2008. -280 pp. Rústica

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Sabios con el Planeta

¿Por qué deberíamos cambiar la manera en que vivimos? ¿Por qué deberíamos cuidar del planeta? ¿Existen razones mejores que el mero interés propio?

Existen cientos de libros, campañas y páginas webs que te pueden ayudar con consejos prácticos acerca de cómo vivir. La diferencia con el enfoque de “Vivir reduciendo 24:1” es que esta iniciativa no tiene que ver solo con la manera de actuar. Actuar de manera diferente viene emparedado entre creer de manera diferente y pertenecer de manera diferente. Los tres son esenciales.

Creer de manera diferente, el tema de este libro, significa examinar el “¿porqué?” con mucha más atención. ¿Por qué deberíamos cambiar la manera en que vivimos? ¿Por qué deberíamos cuidar del planeta? ¿Existen razones mejores que el mero interés propio? Mientras el cambio de vida no provenga de una relación con Dios, existe el peligro de que se convierta rápidamente en un nuevo tipo de religión legalista. No deberíamos querer vivir reduciendo nuestro impacto por deber, miedo, o culpa, sino por amor: amor a nuestro prójimo, amor por el resto de las criaturas, amor a las futuras generaciones, y en lo más profundo, amor a Dios. Sin esto, nos puede ocurrir que reduzcamos nuestra huella de carbono para acabar descubriendo que nos hemos convertido en unos miserables fariseos que piensan que son mejores que sus vecinos. Existe un peligro real de transformarse de un tipo de hipócrita en otro. Del cristiano cuya vida no está a la altura a la hora de reflejar que de verdad cree que este mundo pertenece a Dios, a ese otro tipo de hipócrita, condenado igualmente por Jesús: el que se cree mejor que los que le rodean. “Más ecologista que tú” en lugar de “más santo que tú”. Jesús se guardó su lenguaje más duro para algunos de los personajes más éticos y moralmente correctos de su tiempo, los fariseos, porque pensaban que eran superiores a los demás.

La manera más segura de evitar convertirse en un “eco-fariseo” es mantener una relación sencilla, humilde e ingenua de confianza en y dependencia de Jesús.Pertenecer de manera diferente también tiene una importancia extrema. Es prácticamente imposible cambiar radicalmente el modo en que vives si estás aislado. Necesitas un grupo, aunque sea pequeño, de otra gente que esté haciendo el mismo viaje. En parte, porque todos necesitamos alguien que nos anime y ante quien rendir cuentas. En parte, porque vivir reduciendo es compartir, darse cuenta de que no todos necesitamos un cortacésped o una freidora, sino que podemos compartir e intercambiar. En parte, porque la moda de las familias unipersonales es muy dañina para el medioambiente (ya ni hablemos de lo dañina que es socialmente). La manera más sencilla de reducir tu huella de carbono es compartir un hogar, compartiendo así la calefacción, la cocina, el transporte, la electricidad y los bienes de consumo con unos cuantos más.

Pertenecer de manera diferente importa también a un nivel más profundo. En un mundo fragmentado, desenraizado y que se desintegra, necesitamos gente que se comprometa unos con otros y con las necesidades locales, generando así una transformación que comienza localmente, pero que tiene como resultado la visión contagiosa y atractiva de vivir de manera distinta.

¿Te puedes imaginar el día en que las iglesias locales se conviertan en puntos de luz en una época en la que la oscuridad medioambiental no para de crecer? Este es mi sueño: vidas que sean un ejemplo tanto de cómo vivir vidas sostenibles, como de vivir reduciendo y gozándose en el mundo de Dios. Más relaciones en armonía unos con otros, con Dios y con la creación, podrían ser el elemento clave para transformar nuestra cultura de cabo a rabo. La gente está cada vez más desilusionada con la recompensa vacía del consumismo y el escapismo.

Millones de personas buscan una manera de vivir más auténtica que conecte con la naturaleza y les haga entender la crisis medioambiental; una manera de vivir que use los beneficios de la tecnología sabia y prudentemente, que entienda y acepte la búsqueda de una realidad espiritual, aprecie a la gente aún en su quebranto y ofrezca la oportunidad de relaciones que sanen y transformen.

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La garantía y las advertencias del Evangelio

El evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dado a la iglesia y al cristiano. No es un mensaje entre muchos otros, sino el mensaje sobre todos. Es el poder de Dios para salvación a los pecadores y la revelación más grande de la multiforme sabiduría de Dios para los hombres y los ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, esforzándose por proclamarlo claramente e incluso imprecando a aquellos que pervirtieran su veracidad.

Cada generación de cristianos es administradora del mensaje del evangelio, y, a través del poder del Espíritu Santo, Dios la llama a guardar este tesoro que Ie ha sido confiado. Si queremos ser fieles administradores debemos concentrarnos en el estudio del evangelio, hacer todo lo posible por entender sus verdades, y comprometernos a guardar su contenido. Al hacerlo así, aseguramos la salvación tanto para nosotros como para aquellos que nos escuchan.

Esta administración, mueve a escribir estos libros a Paul Washer.

No debería sorprendernos que los malos entendidos sobre el mensaje del evangelio y la naturaleza de la conversión verdadera generen un gran problema con respecto a la seguridad genuina de la salvación. Un evangelio falso de “creencia facilista” ha llevado a muchos a tener una actitud despreocupada, mientras que un entendimiento pobre de la salvación ha empujado a conciencias débiles al borde de la desesperación espiritual. En La Garantía y las Advertencias del Evangelio, Paul Washer resalta la esperanza del evangelio y a la vez nos advierte sobre los peligros de hacer vana nuestra profesión de fe; usa la Escritura para explicarnos de manera clara y profunda cuál es la base para establecer y mantener la seguridad de nuestra salvación.

“Pocas cosas son más importantes que la pregunta sobre la seguridad de nuestra salvación. El peligro de una falsa seguridad es obvio, y la Escritura nos advierte que dentro de la iglesia hay un gran número de personas cuya seguridad de salvación no es genuina Lo triste de aquellos que se preocupan innecesariamente es que sus frutos y su obediencia se verán limitados por su temor y su incredulidad. Tal y como yo quiero que mis hijos tengan la seguridad de que son míos, Dios quiere que Sus hijos sepan que son Suyos. Washer ha provisto un fabuloso y pro-fundo recurso para los que deseen ahondar en la pregunta: ‘¿Soy realmente salvo?’ y deseen enseñar la respuesta a otros. Este libro está repleto de análisis bíblico y de consejo pastoral. Es un libro obligatorio en la biblioteca de cualquiera que en realidad se preocupe por las almas”. — J. D. Greear, presidente de la Convención Bautista del Sur

“Paul Washer nos ha dado una herramienta que será tremendamente útil a la hora de confirmar la seguridad de que de que somos salvos del pecado por la gracia de Dios, La Palabra de Dios es corno un espejo que nos invita a autoexaminarnos. La primera epístola del apóstol Juan nos ayuda particularmente en esta tarea. Usando el contenido de esta carta de manera magistral. VVasher explica doce marcas de la gracia salvadora en el alma. Al mismo tiempo, este libro no nos anima a descansar en nuestra experiencia pasada, sino que nos impulsa a crecer espiritualmente en la dependencia del Espíritu de Cristo. Esta es una dulce ayuda para los hijos de Dios que luchan por disfrutar la seguridad de la aceptación y el perdón de su Padre. Pero también es una sobria advertencia para los que se engañan a si mismos. Quiera Dios usar este libro para Su gloria. para el consuelo de Su pueblo y para la conversión de los pecadores”. — Joel R. Beeke editor general de la Biblia de Estudio Herencia Reformada

PAUL WASHER sirvió como misionero y pastor en Perú durante 10 años y fundó la sociedad misionera HeartCry. Es conocido por muchos gracias a sus predicaciones publicadas en Internet, particularmente por su “Mensaje impactante a los jóvenes” que ha sido visto más de dos millones de veces. Actualmente sirve en la sociedad misionera HeartCry enseñando y predicando el evangelio. Paul y su esposa Charo tienen tres hijos: lan; Evan y Rowan.

*Poiema Editorial 227 pp. -2017

Prefacio de la serie: recuperando el evangelio.

PARTE UNO: LA SEGURIDAD BÍBLICA

1. Una falsa seguridad

2. Un autoexarnen

3. Virviendo en la revelación de Dios

4. Confesando el pecado

5. Obedeciendo los mandamientos de Dios

6. Imitando a Cristo

7. Amando a los cristianos

8. Rediazando al mundo

9. Permaneciendo en la iglesia

10. Confesando a Cristo

11. Purificándose a sí mismo

12. Practicando la justicia

13. Venciendo al mundo

14. Creyendo en Jesús

PARTE DOS: ADVERTENCIAS DEL EVANGELIO, PARA LOS QUE HACEN UNA CONFESIÓN VACÍA

15. La reducción del evangelio

16. La puerta estrecha

17. El camino angosto

18. La evidencia externa de una realidad interna

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