La vida de José

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob?

La vida de José es, sin duda, retadora. Desde un punto de vista humano, padeció muchas penurias: su madre murió a los pocos años de su nacimiento; sufrió el desprecio de sus hermanos por ser el favorìto de su padre; fue vendido como esclavo y deportado a Egipto cuando era joven; estuvo acusado falsamente y encarcelado, etc. Si atendemos a la explicación que ofrece nuestra sociedad, tendría que haberse convertido en un hombre amargado y lleno de rencor porque “el mundo le ha hecho así”, como diría la canción.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La vida de José, desgranada en este libro, nos muestra formidablemente cómo atraviesa las distintas pruebas creyendo de corazón que Dios las está permitiendo y se halla a su lado en todo momento. Dios tiene todo bajo control y, en su bondad, permite que José vea el fruto de sus lágrimas: la salvación de su pueblo.

Detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús.

¿Las dificultades de la vida están produciendo en mí el carácter de José o el de Jacob? Esta es la cuestión. Y es muy relevante, pues nos atañe a todos. Si no hacemos algo por impedirlo, la vida nos va endureciendo poco a poco. Por lo tanto, necesitamos aprender a vivir como lo hizo José, dependiendo de Dios y confiando en su carácter y promesas, para ser cada vez más como Cristo: personas gozosas, sensibles a la necesidad y agradecidas en todo y por todo.

ÍNDICE

Prefacio
1. ¿La historia de José? Génesis 37 a 50
2. Una familia disfuncional (25:19-37:2)
3. La envidia de los diez hermanos (37:2b-11)
4. José, víctima de la envidia de sus hermanos (37:12-28)
5. Jacob, devastado (37:29-36)
6. Judá y Tamar (38:1-30)
7. José en casa de Potifar (39:1-6a)
8. José y la mujer de Potifar (39:6b-18)
9. José, en la cárcel (39:19-23)
10. Los sueños del copero y del panadero (40:1-23)
11. José comparece ante el Faraón (41:1-32)
12. José, exaltado (41:33-57)
13. El primer viaje de los hermanos a Egipto (42:1-20)
14. Los hermanos vuelven a Jacob (42:21-38)
15. Preparativos para el regreso a Egipto (43:1-15)
16. La segunda estancia en Egipto (43:16-34)
17. Benjamín y la copa del Faraón (44:1-34)
18. José se revela a los hermanos (45:1-15)
19. El retorno a Jacob (45:16-28)
20. Jacob, en Egipto (46:1-30)
21. Jacob, ante el Faraón (46:31-47:12)
22. Hambruna y esclavitud (47:13-26)
23. El juramento de José ante Jacob (47:27-31)
24. Jacob adopta a Manasés y Efraín (48:1-12)
25. Jacob bendice a Efraín y Manasés (48:13-22)
26. El testamento profético de Jacob: (1) Los cuatro hermanos mayores (49:1-12)
27. (2) Los hijos de Lea y de las concubinas (49:13-21)
28. (3) Los hijos de Raquel (49:22-28)
29. La muerte de Jacob (49:29-50:3)
30. El entierro de Jacob (50:4-14)
31. José y sus hermanos (50:15-21)
32. La última voluntad de José (50:22-26)
33. José, el testimonio bíblico

396 pp. Editorial Andamio 2020

SOBRE EL AUTOR
David F. Burt cursó estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Oxford. En 1967 se instaló en Madrid, donde colaboró en el inicio de los Grupos Bíblicos Universitarios de España (GBU). En 1978 se trasladó a Barcelona, donde durante trece años ejerció como pastor de una iglesia evangélica. Actualmente se dedica
a un ministerio de enseñanza y predicación, así como a sus tareas de escritor. Entre sus obras figuran comentarios del Nuevo Testamento como Tito, Filemón, Efesios y Hebreos. Dentro de la serie de comentarios del Antiguo Testamento ha escrito Jonás, Rut, Esdras y Ester.

Te ofrecemos un fragmento de “La vida de José”, de David F. Burt.

Difícilmente podemos afirmar que hemos hecho justicia a la historia de José si hacemos caso omiso de lo que otros textos de la Biblia dicen acerca de él. Por tanto, vamos a concluir nuestra meditación sobre su vida examinando tres textos que dan una exposición resumida de la vida de José.

Salmo 105:16-22. José, ejemplo de la providencia divina

En este repaso histórico, naturalmente José tiene un protagonismo importante. Pero la historia se escribe desde la perspectiva divina, no humana. Por eso, es Dios quien envía a José a Egipto, no sus hermanos, y lo hace a fin de solucionar la hambruna, que en realidad iba a tener lugar años después de la llegada de José al país, pero que ocupa el principio de este resumen (105:16). De hecho, este es el enfoque que José mismo iba a adquirir en cuanto a su vida en Egipto. Cuando se encontró nuevamente con sus hermanos, no les dijo: “Vosotros me vendisteis como esclavo y me enviasteis a Egipto, pero después vino una hambruna y yo estaba en condiciones de ayudar al faraón para solventar la falta de comida”, sino que trazó la providencia divina detrás de las acciones humanas (45:7-8 y 50:20). Sí. Los seres humanos actúan responsable y culpablemente, y tendrán que ser juzgados por sus acciones. Pero el creyente sabe (como José llegó a saberlo) que, más allá de las acciones humanas, Dios está obrando todas cosas para bien de los que le aman (Romanos 8:28). (…)

Así, según el salmo, con José se establece un patrón de aflicción inicial y vindicación final que se ha repetido una y otra vez en la historia del pueblo de Dios, e iba a encontrar su expresión máxima en la humillación y exaltación del Señor Jesucristo. Por supuesto, es un patrón que sigue vigente en nuestra generación y debe caracterizar la experiencia de todos los seguidores de Jesús (2 Timoteo 2:11-12).

Hechos 7:9-15. José, ejemplo de la vida vivida con Dios y tipo de Jesucristo

En la sección de su discurso dedicado a José, Esteban sigue de cerca la narración de Génesis: la traición de los diez hermanos a causa de su envidia; la venta de José como esclavo y su descenso a Egipto; los aflicciones que él sufrió allí; su posterior exaltación por mano del faraón; la llegada de los años de hambruna; la salvación de los egipcios y cananeos por medio de la previsión y buena administración de José; y los tres viajes de los hijos de Jacob a Egipto, culminando en el establecimiento de toda la familia en Gosén. (…)

Lo extraordinario de estas situaciones, sin embargo, es que, detrás del escenario humano, se percibe claramente la presencia de Dios. Yahweh estaba con José, guiando todas las etapas y circunstancias de su vida, como el Padre lo estuvo también con Jesús. Dios “libró a José de todas sus aflicciones”, y a Jesucristo Dios lo resucitó de entre los muertos. A pesar de la maldad responsable de los seres humanos, Dios obra todas las cosas para bien y para salvación. Las tribulaciones de José lo llevaron a ser el salvador de muchos pueblos, y también de aquellos miembros de su propia familia que habían intentado destruirlo; de manera parecida, los terribles sufrimientos de Jesucristo fueron el medio por el cual Dios proporcionó salvación a sus enemigos, no solamente entre los judíos, sino entre los habitantes de todas las naciones que creen en él.

Igualmente, la exaltación de José a manos del faraón anticipa la exaltación de Jesús por el Padre (Filipenses 2:9-10). José fue “designado gobernador sobre Egipto y sobre toda la casa de Faraón”; Jesús ha recibido señorío, gloria y un reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran. Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será jamás destruido (Daniel 7:14).

Hebreos 11:22. José, ejemplo de fe

En su gran capítulo dedicado a los héroes de la fe, el autor de Hebreos no podía dejar de incluir a José. Él ocupa su lugar de honor entre los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) y Moisés. Sin embargo, el texto dedicado a José sorprende por lo breve, por lo que no dice. El autor podría habernos hablado de la fe de José manifestada en su interpretación de sueños; en su confianza en la providencia de Dios en medio de la tribulación; en su perseverancia en la fe de sus padres a pesar de encontrarse solo y abandonado; en su testimonio fiel ante la corte de Egipto… Pero salta por encima de todo ello y concentra nuestra atención en los últimos momentos de la vida de José.

La esencia de la fe consiste siempre en la apropiación personal de las promesas de Dios y la vivencia a la luz de ellas. Es “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). José vivió toda la vida bajo la convicción de que Dios cumpliría fielmente lo que había prometido a los patriarcas. No puso su corazón en la sabiduría de Egipto, ni en su cultura, ni en sus dioses, sino en el pacto y las promesas de Yahweh. Y la prueba de ello es que, al final de su vida, pudiendo haber sucumbido a la “tentación egipcia” y haber aspirado a tener un entierro lujoso en su país adoptivo, renunció a ello, ordenando el traslado de sus restos mortales a la Tierra Prometida. No solamente eso, sino que también mandó que sus huesos no fueran trasladados allí hasta el momento del éxodo. (…)

Por supuesto, el autor de Hebreos no nos cuenta este momento de la vida de José únicamente para hacer un repaso histórico, sino con la intención de fomentar en nosotros la misma fe que vemos en él. La fe de José se manifestó en la completa coherencia de su vida con respecto a las promesas de Dios. Vivió y murió de una manera consecuente con ellas. (…)

Estos tres textos, por tanto, subrayan para nosotros el significado y la importancia de la vida de José. Debemos considerar su ejemplo como motivo de consuelo y de buen ánimo, porque es la ilustración poderosa de alguien que vivió bajo la providencia de Dios. (…) Sin embargo, su vida no es solamente motivo de consuelo y esperanza, sino también de reto y desafío.

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