El evangelizador Juan Calvino 7

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El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

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El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

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El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

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El evangelizador Juan Calvino 4

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Evangelización en Ginebra

Calvino no limitó la predicación a su propia congregación. También la usó como una herramienta para extender la Reforma por toda la ciudad de Ginebra. Los domingos, las Ordenanzas de Ginebra demandaban sermones en cada una de las tres iglesias al amanecer y a las 9 de la mañana. A mediodía, los niños iban a clase de catecismo. A las 3 de la tarde se volvían a predicar sermones en cada iglesia.

Los sermones de entre semana eran programados a diferentes horas en las tres iglesias los lunes, miércoles y viernes. Para la época en que Calvino murió, se predicaba un sermón en cada iglesia todos los días de la semana.

Aun esto no era suficiente. Calvino quería reformar a los ginebrinos en todas las esferas de la vida. En sus ordenanzas eclesiásticas, demandaba tres funciones adicionales, además de la predicación, que cada iglesia debía ofrecer:

1. Enseñanza. Los doctores de teología debían explicar la Palabra de Dios, primero en las conferencias informales y, después, en el contexto más formal de la Academia de Ginebra, establecida en 1559. Para la época en que el sucesor de Calvino, Teodoro de Be-za, se retiró, la Academia de Ginebra había preparado a 1.600 hombres para el ministerio.

2. Disciplina. Los ancianos nombrados dentro de cada congregación eran, cuando Calvino vuelve a entrar en Ginebra, la asistencia de los pastores pata mantener la disciplina cristiana, vigilando la conducta de los miembros de la iglesia y sus líderes.

3. Caridad. Los diáconos de cada iglesia estaban para recibir contribuciones y distribuirlas a los pobres. Inicialmente, las reformas de Calvino se encontraron con extrema oposición local. La gente en particular objetó el uso eclesiástico de la excomu-nión para ejercer la disciplina de la iglesia. Tras meses de amarga controversia, los ciudadanos locales y los refugiados religiosos que apoyaron a Calvino ganaron control de la ciudad. Durante los últimos nueve años de su vida, el control de Calvino sobre Ginebra fue casi completo.

Calvino quería algo más que reformar Ginebra, sin embargo. Quería que la ciudad se convirtiera en una especie de modelo para el reinado de Cristo por todo el mundo. De hecho, la reputación e influencia de la comunidad ginebrina se extendió a la vecina Francia; después, a Escocia, Inglaterra, Holanda, algunas partes de Alemania occidental, y regiones de Polonia, Checoslovaquia y Hungría. La iglesia ginebrina se convirtió en un modelo para todo el movimiento reformado.

La Academia de Ginebra también asumió un papel de crucial importancia, puesto que pronto se convirtió en algo más que un lugar para aprender teología. En John Calvin: Director of Missions, Philip Hugues escribe:

“La Ginebra de Calvino era mucho más que un refugio o una escuela. No era una torre de marfil teológica que vivía para y por sí misma, olvidada de su responsabilidad en el Evangelio, para con las necesidades de los demás. Barcos humanos eran equipados y reparados en este puerto… para emprender un viaje por el circundante océano de las necesidades del mundo, enfrentándose con valentía a todas las tormentas y peligros que les esperaban, para llevar la luz del Evangelio de Cristo a quienes estaban en la ignorancia y tinieblas de las que ellos mismos habían salido originalmente. Eran enseñados en esta escuela para que ellos, a su vez, enseñaran a otros la verdad que los había hecho libres.”

Influido por la Academia, Juan Knox llevó la doctrina evangélica de vuelta a su Escocia natal. Los ingleses fueron preparados para conducir la causa en Inglaterra; los italianos tuvieron lo que necesitaban para enseñar en Italia; y los franceses (que formaban la gran mayoría de refugiados) extendieron el calvinismo a Francia. Inspirada por la visión verdaderamente ecuménica de Calvino, Ginebra se convirtió en un núcleo desde el que la evangelización se extendió por todo el mundo. Según el Registro de la Compañía de Pastores, ochenta y ocho hombres fueron enviados entre 1555 y 1562 desde Ginebra a diferentes lugares del mundo. Estas cifras, lamentablemente, están incompletas. En 1561, que parece haber sido el año cumbre de la actividad misionera, solo está registrado el envío de doce hombres, mientras que otras fuentes indican que casi doce veces este número —no menos de 142— salieron en sus respectivas misiones.

Esto es un logro asombroso para una obra que comenzó con una pequeña iglesia que luchaba en una diminuta ciudad-repúbli-ca. Sin embargo, el propio Calvino reconoció el valor estratégico de la obra. Escribió a Bullinger: “Cuando considero cuán importante es este rincón [de Ginebra] para la propagación del Reino de Cristo, tengo buena razón para preocuparme por que se vigile con diligencia”.

En un sermón sobre 1 Timoteo 3:14, Calvino predicó: “Atendamos a lo que Dios nos ha ordenado, porque a Él le place mostrar su gracia no solo a una ciudad o a un puñado de personas, sino que desea reinar sobre todo el mundo, para que todos le sirvan y le ado-ren en verdad”.

Continuará …

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El evangelizador Juan Calvino 3

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Evangelización en la congregación

Con demasiada frecuencia, hoy día pensamos en la evangelización solo como la obra regeneradora del Espíritu y la consecuente recepción de Cristo del pecador por la fe. En esto, rechazamos el acento que pone Calvino en la conversión como un proceso continuo que afecta a toda la persona.

Para Calvino, la evangelización implicaba una continua llamada autoritativa al creyente a ejercitar la fe y el arrepentimiento en el Cristo crucificado y resucitado. Esta convocatoria es un compromiso de por vida. La evangelización significa presentar a Cristo para que la gente, por el poder del Espíritu, venga a Dios en Cristo. Pero también significa presentar a Cristo para que el creyente sirva a Cristo como Señor en la comunión de su Iglesia y en el mundo. La evangelización demanda edificar a los creyentes en la fe más santa, según los cinco principios de la Reforma: sola Escritura, sola gracia, sola fe, solo Cristo, sola gloria de Dios.

Calvino fue un notable practicante de este tipo de evangelización dentro de su propia congregación. Su evangelización comenzó con la predicación. William Bouwsma escribe: “Predicó regular y frecuentemente sobre: el Antiguo Testamento los días entre semana a las seis de la mañana (a las siete en invierno), cada dos semanas; el Nuevo Testamento los domingos por la mañana; y los Salmos los domingos por la tarde. Durante su vida predicó, con este programa, unos 4000 sermones tras su regreso a Ginebra: más de 170 sermones al año”. La predicación era tan importante para Calvino que, cuando estaba repasando los logros de su vida en su lecho de muerte, mencionó sus sermones antes que sus escritos.

La intención de Calvino al predicar era tanto evangelizar como edificar. Predicaba sobre un promedio de cuatro o cinco versículos del Antiguo Testamento y dos o tres versículos del Nuevo Testamento. Consideraba una pequeña porción del texto cada vez, primero explicando el texto y, después, aplicándolo a las vidas de su congregación. Los sermones de Calvino jamás fueron breves en la aplicación; antes bien, la aplicación era a menudo más larga que la exposición en sus sermones. Los predicadores deben ser como padres, escribió, “partiendo el pan en pedacitos para dar de comer a sus hijos”.

También era sucinto. El sucesor de Calvino, Teodoro de Beza, dijo de la predicación del Reformador: “Cada palabra pesaba una libra”. Calvino frecuentemente instruía a su congregación sobre cómo escuchar un sermón. Les decía qué buscar en la predicación, con qué espíritu debían escuchar y cómo debían escuchar. Su objetivo era ayudar a la gente a participar del sermón tanto como pudieran, de modo que este alimentara sus almas. Venir a un sermón, dijo Calvino, debería incluir “deseo de obedecer a Dios completamente y sin reserva”.” “No hemos venido a la predicación simplemente a oír lo que no sabemos”, añadió Calvino, “sino a ser incitados a hacer nuestro deber”.

Calvino también se dirigió a las personas no salvas a través de su predicación, inculcándoles la necesidad de fe en Cristo y lo que esto significaba. Calvino dejó claro que no creía que todos los de su grey fueran salvos. Aunque caritativo para con los miembros de la iglesia que llevaban una vida externa recomendable, también se refirió más de treinta veces en sus comentarios y nueve veces en su Institución (solo contando las referencias entre 3.21 y 3.24) al pequeño número de aquellos que recibían la Palabra predicada con fe salvífica. “De cien personas que oyen el mismo sermón, veinte lo aceptarán con pronta fe, y las demás no harán caso de él; se reirán de él, lo rechazarán y condenarán”, dice Calvino. Escribe: “Pues, aunque todos sin excepción a quienes se predica la Palabra de Dios son enseñados, apenas hay uno entre diez que llegue a gustarla; mejor dicho, apenas hay uno entre cien que se beneficie al punto de ser capacitado a proceder por vía recta hasta el final”.

Para Calvino, las tareas más importantes de evangelización eran edificar a los hijos de Dios en la fe más santa, y convencer a los incrédulos de la abominación del pecado y dirigirlos a Jesucristo como el único Redentor.

Continuará …

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El evangelizador Juan Calvino 2

Blog102B

Según Calvino, esta unión de soberanía divina y responsabilidad humana en la evangelización ofrece las siguientes lecciones:

1. Como evangelizadores reformados, debemos orar cada día por la extensión del Reino de Cristo. Como dice Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo“. Puesto que place a Dios usar nuestras oraciones para cumplir sus propósitos, debemos orar por la conversión de los paganos. Escribe Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo, las multiplique y aumente en número, las enriquezca con sus dones, y establezca en ellas buen orden“. Mediante la oración diaria de que venga el Reino de Dios, “nos confesamos siervos e hijos de Dios profundamente comprometidos con su reputación“.

2. No nos debemos desalentar por la falta de un éxito visible en el esfuerzo evangelizador, sino seguir orando. “Nuestro Señor ejercita la fe de sus hijos no cumpliendo enseguida las cosas que les ha prometido. Y esto debiera aplicarse especialmente al Reino de nuestro Señor Jesucristo“, escribe Calvino, “Si Dios deja pasar un día o un año [sin dar fruto], no es para que nos rindamos sino que, entretanto, debemos orar y no dudar de que de cierto oyen nuestra voz“. Debemos seguir orando, creyendo que “Cristo manifiestamente ejercitará el poder que le es dado para nuestra salvación y para la de todo el mundo“.

3. Debemos trabajar con diligencia para la extensión del Reino de Cristo, sabiendo que nuestro trabajo no será en vano. Nuestra salvación nos obliga a trabajar por la salvación de los demás. Dice Calvino: “Somos llamados por el Señor con esta condición: que, después, todos nos esforcemos por llevar a los demás la Verdad, restaurar a los errantes al camino derecho, tender una mano ayudadora a los caídos, ganar a los que están afuera”. Además, no es suficiente con que todos estén ocupados con otras formas de servir a Dios. “Nuestro celo debe extenderse aún más allá para traer a otros hombres“. Debemos hacer todo aquello de que seamos capaces para llevar a Dios a todos los hombres sobre la tierra. Hay muchas razones por las que debemos evangelizar. Calvino nos ofrece las siguientes:

Dios nos manda a hacerlo. “Deberíamos recordar que el evangelio es predicado no solo por el mandato de Cristo, sino también por su instancia y guía”.

Dios nos guía por el ejemplo. Al igual que el Dios de gracia que buscó nuestro favor, debemos tener ” las manos tendidas como Él, hacía los que están fuera” de nosotros.

Queremos glorificar a Dios los verdaderos cristianos anhelan extender la verdad de Dios por todas partes para que “Dios sea glorificado”.

Queremos complacer a Dios como escribe Calvino, “es un sacrificio grato a Dios contribuir a la difusión del evangelio”. A cinco estudiantes que fueron sentenciados a muerte por predicar en Francia, Calvino escribió: “Viendo que [Dios] emplea vuestra vida en una causa tan digna como es el testimonio del evangelio, no dudéis que le debe de ser preciosa”.

Tenemos un deber parta con Dios. “Es muy justo que trabajemos […] para contribuir para el progreso del evangelio”, dice Calvino, “es nuestro deber proclamar la bondad de Dios a toda nación”.

Tenemos un deber para con nuestro prójimo pecador. Nuestra compasión para con los pecadores debería intensificarse por el conocimiento de que “no es posible que nadie invoque sinceramente a Dios, excepto aquellos de quienes su clemencia y bondad es conocida por la predicación del evangelio”. En consecuencia, todo encuentro con otros seres humanos debería motivarnos a llevarlos al conocimiento de Dios.

Le estamos agradecidos a Dios. Aquellos que están en deuda con la misericordia de Dios están obligados a convertirse, al igual que el Salmista, en “pregonero de la gracia de Dios” a todos los hombres.” Si la salvación es posible para mí, gran pecador, también es posible para otros. Debo a Dios esforzarme por la salvación de los demás. Si no lo hago, soy una contradicción. Como dice Calvino: “Nada podría ser más incoherente respecto a la naturaleza de la fe que aquella pasividad que lleva a un hombre a despreocuparse de sus hermanos y guardar la luz del conocimiento […] en su propio seno“. Debemos, por gratitud, llevar el Evangelio a otros que están en apuros, o parecer a Dios ingratos de nuestra salvación. Calvino nunca asumió que la tarea misionera fuese completada por los Apóstoles. En su lugar, enseñó que todo cristiano debe testificar, de palabra y hecho, de la gracia de Dios a todo aquel con quien se encuentre. La afirmación de Calvino del sacerdocio de todos los creyentes implica la participación de la Iglesia en el ministerio profético, sacerdotal y real de Cristo. Comisiona a los creyentes que confiesen el nombre de Cristo a otros (tarea profética), oren por su salvación (tarea sacerdotal) y los hagan discípulos (tarea real). Esta es la base para una poderosa actividad evangelizadora por parte de toda la Iglesia viviente, “hasta los confines del mundo“.

Calvino creía que debemos hacer pleno uso de las oportunidades que Dios da para evangelizar. “Cuando se presenta una oportunidad para la edificación, deberíamos darnos cuenta de que una puerta nos ha sido abierta por la mano de Dios para que introduzcamos a Cristo en ese lugar, y no deberíamos negarnos a aceptar la generosa invitación que Dios, de este modo, nos da“, escribe.

Por otro lado, cuando las oportunidades son restringidas y las puertas de la evangelización están cerradas a nuestro testimonio, no deberíamos persistir en intentar hacer lo que no puede hacerse. Antes bien, deberíamos orar y buscar otras oportunida-des. “La puerta está cerrada cuando no hay esperanza de éxito. [Entonces], tenemos que tomar un camino diferente en lugar de agotarnos con vanos esfuerzos por atravesarla“, escribe Calvino.

Las dificultades para testificar no son una excusa para dejar de intentarlo, sin embargo. A aquellos que sufrían severas restricciones y persecuciones en Francia, Calvino escribió: “Esfuércense todos por atraer y ganar para Jesucristo a los que puedan“. “Todo hombre debe cumplir con su deber sin rendirse ante ningún impedimento. Al final, nuestro esfuerzo y nuestras obras no fracasarán; obtendrán el éxito que aún no aparece“.

Examinemos la práctica evangelizadora de Calvino en su propia congregación, en su ciudad de Ginebra, en Europa (particularmente en Francia) y en esfuerzos misioneros allende los mares (particularmente en Brasil).

Continuará …

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El evangelizador Juan Calvino 1

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Muchos eruditos estarían en desacuerdo con el título de este escrito. Algunos dirían que el catolicismo romano mantuvo encendida la antorcha del cristianismo mediante la poderosa fuerza del papado, los monasterios y el monarca, mientras que Calvino y los reformadores intentaron extinguirla. Pero otros afirmarían que Juan Calvino, el padre de la doctrina y la teología reformadas y presbiterianas, fue enormemente responsable de reencender la antorcha de la evangelización bíblica durante la Reforma.

Algunos también dan crédito de Calvino como padre teológico del movimiento misionero reformado. Las opiniones de la actitud de Calvino hacia la evangelización y las misiones han variado desde la defensa ferviente hasta la moderada, en el lado positivo, y desde la indiferencia hasta la oposición activa, en el lado negativo.

Una opinión negativa de la evangelización de Calvino es normalmente el resultado de: No estudiar los escritos de Calvino antes de sacar conclusiones. No entender la opinión de Calvino sobre la evangelización dentro de su contexto histórico, y/o Nociones doctrinales preconcebidas sobre Calvino y su teología.

Algunos críticos ingenuamente afirman que la doctrina de Calvino sobre la elección prácticamente niega la evangelización.

Para valorar la opinión de Calvino sobre la evangelización correctamente, debemos entender lo que el propio Calvino tenía que decir sobre la materia. En segundo lugar, debemos mirar el plano completo de la evangelización de Calvino, tanto en su enseñanza como en su práctica. Podemos encontrar decenas de referencias a la evangelización en la Institución, comentarios, sermones y cartas de Calvino. Después, podemos mirar la obra evangelizadora de Calvino (1) en su propia grey, (2) en su ciudad de Ginebra, (3) en otras partes de Europa y (4) en oportunidades misioneras allende los mares. Como veremos, Calvino era más evangelizador de lo que comúnmente se reconoce.

Calvino: maestro de la evangelización.

¿Cómo fue la enseñanza evangelizadora de Calvino? ¿De qué manera su instrucción obligó a los creyentes a buscar la conversión de toda la gente dentro de la Iglesia así como en el mundo, fuera de ella?

Junto con otros reformadores, Calvino enseñó la evangelización, de forma general, proclamando el Evangelio con fervor y reformando la Iglesia de acuerdo con los re-quisitos bíblicos. Más particularmente, Calvino enseñó la evangelización centrándose en la universalidad del Reino de Cristo y la responsabilidad de los cristianos de ayudar a extender tal Reino.

La universalidad del Reino de Cristo es un tema recurrente en la enseñanza de Calvino. Calvino dice que las tres personas de la Trinidad están involucradas en la extensión del Reino. El Padre mostrará “lo que es la verdadera religión no solo en un rincón […], sino que enviará su voz hasta los confines de la tierra”. Jesús vino a “extender su gracia por todo el mundo“. Y el Espíritu Santo descendió para “alcanzar todos los confines y extremos del mundo“. En resumen, una descendencia in-numerable “que se extenderá por toda la tierra” nacerá a Cristo. Y el triunfo del Reino de Cristo se hará manifiesto por todo lugar entre las naciones.

¿Cómo extenderá el Dios trino su Reino por todo el mundo? La respuesta de Calvino comprende tanto la soberanía de Dios como nuestra responsabilidad. Dice que la obra de evangelización es obra de Dios, no nuestra, pero Dios nos usará como sus instrumentos. Citando la parábola del sembrador, Calvino explica que Cristo siembra la simiente de vida en todo lugar (Mt. 13:24-30), juntando a su Iglesia no por medios humanos sino por poder celestial. El Evangelio “no cae de las nubes como la lluvia“, sin embargo; sino que es “traído por las manos de los hombres adonde Dios lo ha enviado“. Jesús nos enseña que Dios “usa nuestra obra y nos convoca a ser sus instrumentos para cultivar su campo“. El poder para salvar descansa en Dios, pero Él revela su salvación por medio de la pre-dicación de su Evangelio. La evangelización de Dios causa nuestra evangelización. Nosotros somos sus colaboradores y Él nos permite participar del honor de constituir a su Hijo en gobernador de todo el mundo.

Calvino enseñó que el  método ordinario de “reunir una Iglesia” es mediante la voz externa de los hombres; “pues, aunque Dios podría traer a sí a toda persona mediante una influencia secreta, emplea, sin embargo, la acción de los hombres para despertar en ellos la inquietud por la salvación de los demás. Llega a decir: “Nada retarda tanto el avance del Reino de Cristo como la escasez de ministros. Sin embargo, ningún esfuerzo humano tiene la última palabra. Es el Señor, dice Calvino, quien “hace resonar la voz del Evangelio no solo en un lugar, sino a lo largo y ancho de todo el mundo. El Evangelio no es predicado al azar a todas las naciones, sino por el decreto de Dios.”

Continuará …

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