Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 4

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Últimas cartas a su esposa

25 DE Julio DE 1944. 

Mi querida amada (esta carta fue escrita antes de su encarcelamiento):

Sabes qué acontecimientos están barriendo Alemania y puedes suponer su significado. En vista de mi posición, es fácilmente posible que la ola me arrastre a mí también y me lleve a su peor remolino. Por tanto, quiero decirte una palabra de despedida ahora, aunque solo por este tiempo sobre la tierra, y de ferviente agradecimiento. Primero, tú y los pequeños debéis saber que yo no he tenido parte alguna ni culpa en lo que ha sucedido, sin importar lo que se pueda decir después. Todo lo demás no tiene ninguna importancia en comparación con esto. Sin embargo, este tiempo treméndamente grave me ha traído una enorme ganancia. He vuelto por completo a los brazos abiertos de nuestro Señor y Salvador, a quien había olvidado a menudo con la presión de los acontecimientos. Paso casi todo mi tiempo libre en oración, una oración en la que pido fuerza para mí mismo al afrontar todo lo que ha de venir, y bendición y ayuda para ti, mi queridísima esposa, y para los niños. Y así, siento tan claramente el don de la fortaleza, que me ha venido, que puedo embarcarme en todo con la seguridad gozosa de que no puede terminar en ningún otro sitio, sino ¡unto al corazón de Dios, en eterna paz. Por tanto, de hecho, todo lo que ha ocurrido antes parece bastante sin importancia y no te debe importar en modo alguno. En cada momento, mi ojo interior verá detrás de cualquier cosa solo los brazos abiertos de mi Señor y Salvador. Mi firme consuelo y apoyo son los dichos: “A aquel que viene a mí, no le echo fuera,” y, “Aunque tus pecados sean como escarlata, serán como blanca nieve,” y después muchas otras expresiones impregnadas del amor de Dios como la más profunda razón para su actitud hacia nosotros.

Me agarro a ellas y cobro fuerza, y también especialmente la certeza de que mis fervientes súplicas por ti no serán en vano, pues mis pensamientos y oraciones te pertenecen a ti antes que a cualquier otra cosa, y abarcan con el mayor amor tu vida entera para el futuro. Mi muy queridísima esposa, en todo dolor debes percibir constantemente que no te estás enfrentando a la vida sola: él está contigo en cada momento, e incluso puede que tenga en mente mis súplicas a tu favor cuando te ayude, así como tus oraciones y las de mamá suavizaron el camino para mí. Después, además, está la firme seguridad de que algún día, ¡untos ante su trono, le daremos gracias y alabanzas por todas las misericordias in-merecidas, de las cuales la mayor de todas ha sido unirnos una vez, el mayor como mínimo de los dones terrenales.

Debes saber con absoluta certeza que mi corazón entero te pertenece solo a ti, en virtud de los lazos que se pueden otorgar solo una vez en la vida, porque se extienden más allá de esta hasta la eternidad. Y después de la gratitud que expreso al Señor, mi más ferviente, inacabable gratitud va para ti, querido corazón, y será tuya hasta mi último latido. Gracias por el inexpresable amor que has extendido sobre mí como un manto de oro.

Y, ahora, nuestros dos amados hijos a quienes, por la voluntad de Dios, debo dejar privados de mí, pero sabiendo que están cobijados en su amor y tu cuidado. Diles que las fervientes oraciones finales de su padre y su gran amor les acompañan a través de la vida, y diles que te den todo su amor a ti, y siempre, cuando piensen en mí, hagan algo especialmente agradable para ti como un saludo de mi parte. Lo que ellos sean y hagan en el futuro no tiene importancia. Es cómo lo hagan (esto es, si lo hacen bajo la dirección de Dios) lo que cuenta. Su padre ha fallado a menudo con respecto a esto, pero la mano del Señor nunca lo dejó ir; solo se necesita buscarlo con fervor.

Expresa asimismo mi agradecimiento a todos los que amo: a mamá, a mis hermanos y hermanas, a tus padres. Todos ellos, pero especialmente mi ama-da mamá, me han dado mucho, mucho más amor del que han recibido, y de ese modo han traído mucho más resplandor a mi vida, que ha sido más plena y feliz de lo que ellos se hayan dado cuenta. A ellos también les dedico el deseo: “¡Un día, arriba en la luz!”.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

 

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Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 3

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Continuación …

Carta de despedida a su madre

BERLÍN, 11 DE OCTUBRE DE 1944. AL ATARDECER.

Desde luego que yo he traído incesantemente a mis seres queridos ante Dios en mis oraciones. He reconocido su actuación en varios hechos de gracia, incluso ahora, en dones grandes y pequeños, y él me ha llenado de la confianza de que “quien cree en él no será avergonzado”. Sin embargo, en mis oraciones nunca le he pedido que les conceda una vida larga sobre la tierra, sino solo que les de fuerza, que los preserve del horror, la tristeza, y la falta de caridad, y, claro está, que les dé una bendita muerte. Esta ahora no significa nada para mí, aunque habría sido un gran gozo ir a casa con mi esposa y mis hijitos, a quienes ya no puedo cuidar ni proteger. Pero cuando me vienen tales pensamientos terrenales, el Señor me recuerda que según las probabilidades humanas, en cualquier caso, no hubiera estado junto a ellos en época de tensión y que, por encima de todo, él es una protección mucho mejor.

¡Qué bueno es saber que tengo unos hermanos y hermanas tan queridos que ciertamente estarán al lado de mi familia, como una roca, en cualquier forma que puedan! Pero ellos mismos están experimentando grandes dificultades ahora mismo. Me parece que, en primer lugar, nuestros queridos lapienenses (una propiedad familiar en Prusia) deben estar ahora en zona de guerra. El estar fuera de comunicación con todos vosotros ha sido a menudo duro para mí; al mismo tiempo, me he dado más cuenta de la suprema cercanía de nuestra unión ante el trono de Dios y, por encima de todo, la insignificancia de la duración de nuestra vida terrenal. Mi regocijo ha ido siempre en aumento al anticipar la feliz inmunidad a la separación que nos espera. ¡Qué indescriptiblemente glorioso será, y qué feliz sería si únicamente supiera que los que me son muy queridos, y todos vosotros, estáis incluso ahora en la paz de Dios, lejos de todo sufrimiento!

A todos vosotros, que probablemente estéis ahora en Rónkendorf, os envío saludos con todo mi corazón, encomendándoos a la mano de Dios y a su bendición. Que él os conduzca, en su gracia, por caminos suaves hasta su reino, como me está conduciendo a mí, como al ladrón, y puedo decir: “Hoy estaré en el paraíso”. Sé que nunca abandonarás a mi querida esposa, y que tendrás en mente sobre todo su infinitamente tierno corazón, que tiene tan gran necesidad de amor y, de la misma manera, os ama a todos tanto. Por esto, y por todo el inmenso amor de casi cuarenta y dos años, os doy las gracias a todos, y especialmente a ti, mi indescriptiblemente querida madre, desde el fondo de mi corazón.

Ningún niño ha recibido nunca un amor más rico ni más profundo de su madre que tu Alexís.

Con infinita gratitud he pensado hoy en la espléndida infancia que tu amor, por encima de todo lo demás, me dio en Mitau y Wilkajen. Todo está en una dorada gloria, contigo en el centro.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).