Pensamientos de John LaidLaw

«Ahora, ¿cuál es el corazón en el lenguaje de las Escrituras? Corazón, en el lenguaje de la psicología bíblica, significa “el centro de la vida personal y moral”. En el uso bíblico, se incluye el intelectual, así como todos los demás movimientos del alma. Sin duda, sin embargo, aunque es considerado como el hogar de todo fenómeno interno —mental, emocional, moral—, denota más particularmente lo que constituye el carácter. Es lo que determina todo el ser moral: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Pr. 4:23). Claramente, por lo tanto, cuando se habla del corazón como la sede del pecado, esto indica la naturaleza radical de la corrupción humana. No consiste en palabras, actos, apariencias. Estos simplemente lo muestran, porque reina en su interior. Ha contaminado las raíces de la vida, las fuentes formativas del carácter. Así se explica su influencia sobre todos los poderes y facultades, su efecto cegador sobre la autoconciencia. El pecado, del cual Dios ha resucitado para redimirnos, está donde sólo Dios debe habitar, en la fuente de nuestro ser moral y espiritual. Mente y corazón, como estos términos se usan en la Biblia en general, nunca implican la distinción entre la naturaleza intelectual y la emocional que denotan en el lenguaje popular. La doctrina escritural de la corrupción, por lo tanto, de acuerdo con su propia simple psicología, es ésta: el corazón, es decir, la fuente del ser del hombre, es corrupto. Por lo tanto, todos sus actos o, como deberíamos decir, el alma entera en todos sus poderes y facultades, [están] pervertidos.» —John Laidlaw