Deberes mutuos en el matrimonio 2

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3. EL DESEO MUTUO DE ESTAR EN LA COMPAÑÍA EL UNO DEL OTRO ES UN DEBER COMÚN DEL ESPOSO Y DE LA ESPOSA:

Están unidos para ser compañeros, para vivir juntos, para caminar juntos, para hablar juntos. La Biblia manda al esposo que viva con la esposa sabiamente (1 Ped. 3:7). “Esto”, dice el Sr. Jay, “significa residir, lo opuesto a ausentarse o tener carta blanca para irse a dónde quiera. Es absurdo que se casen los que no piensan vivir juntos, los que ya están casados no deben ausentarse de casa cuando no es necesario. Hay circunstancias de diversos tipos que sin duda hacen que las salidas ocasionales sean inevitables, pero vuelva el hombre a su casa en cuanto terminó su diligencia. Que salga siempre con las palabras de Salomón en su mente. ‘Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.’ (Prov. 27:8). ¿Puede el hombre, no estando en su casa, cumplir los deberes que le corresponden cuando está allí? ¿Puede disciplinar a sus hijos? ¿Puede mantener el culto a Dios con su familia? Sé que es la responsabilidad de la esposa dirigir el culto familiar en la ausencia de su esposo; y no debe tomarlo como una cruz, sino como un privilegio temporal. No obstante, pocas son las que tienen esta actitud, y por eso uno de los santuarios de Dios durante semanas y meses enteros se mantiene cerrado. Lamento tener que decir que hay maridos que parecen preferir la compañía de cualquiera que no sea su esposa. Se nota en cómo usan sus horas libres. ¡Qué pocas son dedicadas a la esposa! Las noches antes de ir a dormir son las horas más hogareñas del día. A estas, la esposa tiene un derecho particular, ya está libre de sus numerosas obligaciones para poder disfrutar de la lectura y la conversación. Es triste cuando el esposo prefiere pasar estas horas fuera de casa. Implica algo malo y predice algo peor”.

Para asegurar en lo posible la compañía de su esposo en su propia casa, sea la esposa cuidadosa de su casa (Tit. 2:5) y haga todo lo que pueda para ser todo lo atractiva que el buen humor, la pulcritud, la alegría y la conversación amena permitan. Procure ella hacer de su hogar en lugar apacible donde le encante a él reposar en las delicias hogareñas…

Unidos, entonces, para ser compañeros, estén el hombre y su esposa juntos todo el tiempo posible. Algo anda mal en la vida familiar cuando necesitan bailes, fiestas, teatro y jugar a las cartas para aliviarles del tedio de las actividades hogareñas. Doy gracias a Dios que no tengo que valerme de los centros de recreación para estar contento, ni tengo que huir de la comodidad de mi propia sala y de la compañía de mi esposa, ni del conocimiento y la recreación que brinda una biblioteca bien organizada o de una caminata nocturna por el campo cuando hemos terminado las tareas del día. A mi modo
de ver, los placeres del hogar y de la compañía de seres queridos, cuando el hogar y esa compañía son todo lo que uno pudiera desear, son tal que uno no necesita cambios, sino que va pasando de un rato agradable a otro. Suspiro y anhelo, quizá en vano, por un tiempo cuando la sociedad sea tan elevada y tan pura, cuando el amor al conocimiento sea tan intenso y las costumbres tan sencillas, cuando la religión y la moralidad sean tan generalizadas que el hogar de los hombres sea la base y el círculo de sus placeres; cuando en la compañía de una esposa afectuosa e inteligente y de hijos bien educados, cada uno encuentre su máximo bienestar terrenal y cuando, para ser feliz, ya no sea necesario salir de su propia casa para ir a la sala de baile, a un concierto o al teatro, ni preferir irse de una mesa con abundante comida, a un banquete público para satisfacer su apetito. Entonces ya no tendríamos que comprobar que las diversiones públicas son inapropiadas porque serían innecesarias…

4. OTRO DEBER ES LA PACIENCIA MUTUA:

Esto se lo debemos a todos, incluyendo al extraño o al enemigo. Con más razón a nuestro amigo más íntimo. Porque el amor que “es sufrido, [que] es benigno; el amor [que] no tiene envidia, el amor [que] no es jactancioso, [que] no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. [Que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:4-7). Es un amor indispensable y tiene que tener su lugar en cada relación de la vida. En dondequiera que haya pecado o imperfecciones, hay lugar para la paciencia del amor. En esta tierra no existe la perfección. Es cierto que los amantes a menudo creen que la han encontrado, pero un criterio más sobrio de esposo y esposa generalmente corrige este error. Las primeras impresiones de este tipo por lo general pasan con el primer amor. Hemos de contraer matrimonio recordando que estamos por unirnos a una criatura caída… El afecto no prohíbe sino que en realidad demanda que mutuamente nos señalemos las faltas. Pero esto debe hacerse con toda la mansedumbre de la sabiduría, junto con la ternura del amor, no sea que solo aumentemos el mal que tratamos de corregir o lo sustituyamos por uno peor…

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

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Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Amenazas a la piedad del joven 2

Blog98B

IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

Amenazas a la piedad del Joven 1

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Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.