Una oración para los lectores, especialmente para hijos e hijas 2

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Considera también: Si estuvieras por hacer un viaje, te prepararías para hacerlo. ¿No es verdad que lo harías si fueras a viajar unas cien o doscientas millas? Si estuvieras a esta distancia de tu hogar, ¿no pensarías en éste con frecuencia? Si aparecieran obstáculos en el camino que amenazaran impedir que jamás regresaras, ¿no usarías todos tus medios y tus fuerzas para eliminarlos? ¿Eres realmente sólo un extraño y viajero sobre la tierra? ¿Vas hacia delante en un corto lapso de tiempo a un mundo eterno, donde encontrarás una morada sin fin del más profundo sufrimiento o el más perfecto gozo? ¿Se juntan muchas cosas para impedirte alcanzar el reino de los cielos? ¿Es éste tu caso? Sí, lo es. ¿Irás hacia delante, sin importante a dónde vas? ¿Sin importarte lo que te espera al entrar en aquel mundo oculto: ese mundo oculto, desconocido y sin fin de gozo inefable o de sufrimiento imposible de imaginar?… Es imposible ser demasiado serio contigo. Si alguna vez alcanzas a conocer el valor de la verdadera piedad, estarás convencido de que así es. Si viéramos a miles durmiendo al borde de un precipicio y a otros cayendo y muriendo continuamente, ¿no sentiríamos una pasión por despertar a los que todavía no han caído?

¡Ay, mi joven amigo, si has sido indiferente al evangelio de Cristo, el peligro es infinitamente peor, un peligro eterno te amenaza! ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Te ruego que despiertes! ¡Despierta antes de que sea demasiado tarde! ¡Antes de que la eternidad selle tu condenación!… ¡Despierta! Te ruego que comiences a pensar en esa sola cosa que tanto necesitas, ¡el alimento no es ni la mitad de necesario para el pobre desgraciado que se muere de hambre, ni lo es la ayuda para aquel que se hunde en el mar o para el que se está quemando en las llamas!

Quizá todo lo que te digo para conseguir tu atención lo digo en vano. ¿Será así? ¿Despreciarás a tu Dios asegurándote tu propia destrucción? ¿Serás un enemigo más cruel de ti mismo que los diablos mismos pudieran ser? ¡Ay! Si así es, ¿en qué condición estarás pronto? Pero tengo mejores esperanzas para ti, y te hago un pedido: Mira a Dios… conmigo, elevando la siguiente oración. Luego pide que tenga de ti misericordia:

UNA ORACIÓN PIDIENDO LA BENDICIÓN DIVINA SOBRE ESTE ARTÍCULO: Dios eternamente bendito y santo, tu sonrisa es vida, tu ceño fruncido es muerte. Tú tienes acceso a cada corazón y conoces todos los pensamientos de toda criatura en tu amplio dominio. Desde tu trono eterno dígnate a mirar y enseñar a una de tus criaturas más indignas a implorar humildemente tu misericordia. Sin tu amor, somos pobres en medio de la abundancia y desdichados en medio del gozo del mundo. Tu amor es placer aunque estemos en medio de sufrimientos y es riqueza en medio de la pobreza mundana. El que te conoce y te ama, aunque muerto de pobreza y hambre, es infinitamente más rico y feliz que el rey que gobierna el más amplio de los imperios, pero no te conoce. Tú eres nuestra única felicidad; no obstante, no hemos buscado en ti el bien. Tú eres nuestra única dicha; no obstante, te hemos pedido que te alejes. Tú tienes el primer y más razonable derecho a nuestro corazón; no obstante, por naturaleza, los corazones están cerrados contra ti. Pero si tú has bendecido al que da voz a esta oración porque te conoce, bendice también a los que la leen o la dicen con el mismo conocimiento del cielo.

Dios grande, sólo tú sabes lo que es el hombre: un desdichado y miserable, una criatura rebelde y esclava del pecado, un heredero merecedor de ira y condenación. Tu compasión ha abierto para él el camino de vida, ¡pero cuán pocos son los que lo encuentran! Y, ¡ah!, ninguna mano sino la tuya puede guiar al pecador en esa senda llena de paz. Duro es el corazón que tu bondad no derrite: ninguna piedra es tan dura. Frío es el corazón que tu bondad no calienta: ningún hielo es tan frío. No obstante, ¡ay!, Dios grande, así es todo corazón humano por naturaleza… ¡Pero tú tienes poder para ablandar la roca, derretir el hielo y cambiar el corazón! ¿Y acaso no es eso lo que deseas? Creador misericordioso… tú has dicho: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isa. 45:22). Miles ahora en gloria han experimentado tu poder salvador. Los instrumentos más débiles pueden en tu mano realizar las obras más poderosas. Una piedrita y una honda pueden arrasar con el enemigo más orgulloso. Ahora, entonces, Dios compasivo, demuestra tu poder para salvar. Concede que los que lean este artículo cedan a tu persuasión y consideren seriamente lo que más los beneficia. Por medio de instrumentos débiles, tú has despertado muchos corazones indiferentes. Aun si éste es el más débil de los débiles instrumentos, magnifica tu poder y misericordia haciendo que llegue a un alma (¡Oh, que sean muchas!) con un llamado solemne y avivador. Permite que algunos de sus lectores aprendan el fin para el cual la vida les fue dada. ¡Oh, no dejes que duerman el sueño del pecado y la muerte para ser despertados por el juicio y la destrucción!

Dios benigno, enséñales que la vida no es dada para perderla por negligencia y pecado. Por el poder del evangelio, somete tú al corazón de Una oración para los lectores,especialmente para hijos e hijas  piedra y rompe la piedra de hielo. Con una voz eficaz como la que despertará a los muertos, llama a los muertos en pecado a levantarse y vivir. Llama al joven pecador que lea estas palabras a huir de la ira que vendrá. Dios misericordioso, por tu Espíritu Conquistador haz que este escrito, que en sí es una débil caña, sea poderoso para llevar al arrepentimiento, la oración y la conversión, a algún joven que se haya descarriado de las sendas de la paz. ¡Oh tú que te compadeces del hombre desdichado, enseña a los jóvenes lectores… a tener compasión de sí mismos! No dejes que por su pecado y su necedad hagan aun de la inmortalidad una maldición. No dejes que desprecien tus llamados misericordiosos, ni que pisoteen tu amor hasta la muerte. No dejes que el infierno se regocije y el cielo llore por ellos, sino que deja que los ángeles que moran en tu presencia y los santos que rodean tu trono se gocen por
algún penitente despertado por este débil instrumento: por algún joven que acepta el evangelio de tu Hijo, encontrando en él todo bien.

¡Dios grande, concede este pedido! ¡Haz que los sufrimientos del Salvador lo impulsen! ¡Haz que la intercesión del Salvador lo obtenga! ¡Haz que las influencias del Espíritu lleven a cabo lo que aquí anhelamos!… ¡Confiérale tu Espíritu a este ruego, oh Dios de amor! ¡Confiere esas influencias de bendición, oh tú, Salvador de la humanidad, que has recibido dones para los hombres! ¡Confiérelos, oh Padre y Señor de todo, y trae a algún joven pecador a los pies de tu Hijo crucificado! Aunque sea sólo uno, haz que éste acuda a él para vida… Ahora, oh Dios de gracia, oye esta súplica y enseña al joven sincero de corazón que preste toda su atención a lo que sigue. Concede esto, Dios grande, en nombre del que murió en el Calvario aquí en la tierra, que vive, reina y ruega por el hombre en los cielos, y cuyo reino, poder y gloria son para siempre jamás. AMÉN.

Tomado de Persuasives to Early Piety.
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J. G. Pike (1784-1854): pastor bautista, nacido en Edmonton, Alberta, Canadá.

Una oración para los lectores, especialmente para hijos e hijas 1

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Mi querido joven: Si alguien se levantara de entre los muertos para hablarte, si pudiera venir del otro mundo para contarte lo que allí vio, ¡con cuánta atención escucharías sus palabras y cuánto te afectarían! No obstante, un mensajero de entre los muertos no te podría decir cosas más importantes que las que ahora te ruego escuches.

He venido para rogarte que creas en DIOS, que ahora sigas al REDENTOR divino, y que andes tempranamente en la agradable senda de la piedad. ¡Ah, que pudiera yo con todo el fervor de un moribundo rogarte que te ocupes de los únicos asuntos realmente importantes! Porque, ¡de qué poca consecuencia es para ti este pobre mundo transitorio cuando tienes un mundo eterno que atender! ¡No es una insignificancia que pido des tu atención a tu vida, tu todo, tu todo eterno, tu Dios, tu Salvador, tu cielo y a todas las cosas que merecen que reflexiones en ellas y las anheles! No dejes que un extraño esté más ansioso que tú de tu bienestar eterno. Si hasta ahora no has tomado esto en serio, hazlo ahora. Ya es hora que lo hagas. Ya has malgastado
bastantes años.

Piensa en las palabras de Sir Francis Walsingham2: “Aunque reímos, todas las cosas a nuestro alrededor son serias. Dios, él que nos preserva y nos tiene paciencia, es serio. Cristo, él que derramó su sangre por nosotros, es serio. El Espíritu Santo es serio, cuando lucha por nosotros. Toda la creación es seria en servir a Dios y en servirnos a nosotros. Todos en el más allá son serios. ¡Qué apropiado es que el ser humano sea serio! Entonces, ¿cómo podemos nosotros ser superficialmente alegres?”

¿Sonríes ante estas palabras graves y dices: “Este es el lenguaje del fanatismo eeligioso”?… La advertencia amistosa puede descuidarse y las verdades de la Biblia rechazarse, pero la muerte y la eternidad pronto obligan a los corazones aun más indiferentes a estar profundamente convencidos de que la religión es lo que necesitan. Sí, mi joven amigo, es lo que necesitas. Así lo dijo el Señor de la vida (Luc. 10:42), es lo que necesitamos tú, yo y todos. Los vivientes la descuidan, pero los muertos conocen su valor. Cada santo en el cielo siente el valor de la religión al ser partícipes de las bendiciones a las que lleva. Y cada alma en el infierno sabe su valor al carecer de ellas. Es sólo sobre la tierra que encontramos a los indiferentes: ¿Serás tú uno de ellos? ¡No lo permita Dios!

Lee, te ruego, este breve mensaje orando seriamente. Recuerda que lo que busco es tu bienestar. Anhelo que seas feliz aquí y, cuando tu tiempo se haya cumplido, que seas feliz para siempre. Anhelo persuadirte que busques un Refugio en los cielos y amigos que nunca fallan. Defiendo ante ti un caso que es más importante que cualquiera que jamás se haya presentado ante un juez. No es uno que concierne al tiempo solamente, sino que concierne a una larga eternidad. No es uno del que depende alguna riqueza o reputación, sino uno del cual dependen tus riquezas eternas o pobreza eterna, gloria eterna o vergüenza eterna, la sonrisa o el ceño fruncido de Dios, un cielo eterno o un infierno eterno. Es tu caso el que defiendo y no el mío: ¿Lo defenderé en vano ante ti? ¡Ay, mi Dios, no lo permitas!

Sé, mi joven amigo, que tenemos la tendencia de leer los llamados más serios como si fueran meras formalidades, de un poco más de consecuencia para nosotros que las trivialidades que publica el periódico, pero no leas de esta manera estas líneas. Créeme: te hablo muy en serio. Lee, te ruego, lo que sigue tomándolo como un serio mensaje… de Dios para ti.

Reflexiona en lo que significarán dentro de cien años los consejos que aquí te daré. Mucho antes de entonces, habrás dejado este mundo para siempre. Para entonces, tu cuerpo, ahora vigoroso y juvenil, se habrá convertido en polvo y tu nombre probablemente habrá sido olvidado sobre la tierra. No obstante, tu alma inmortal estará viviendo en otro mundo en un gozo o sufrimiento más consciente de lo que ahora es posible. En aquel entonces, mi querido joven, ¿qué pensarás de esta advertencia de amigo? ¡Qué feliz estarás si seguiste los consejos que contiene! No te creas que los habrás olvidado. Los llamados y las bendiciones olvidados aquí serán recordados allá, cuando cada pecado será traído a la memoria del pecador… pero tu día de gracia es ahora; después, otra generación será la que viva su día de gracia.

Piénsalo: mientras tú lees esto, miles se están regocijando en el cielo porque hicieron caso en años pasados a llamados tan importantes. Antes fueron tan indiferentes como quizá lo has sido tú, pero la gracia divina les dio disposición para escuchar la Palabra de vida. Hicieron caso a las advertencias dirigidas a ellos. Encontraron salvación. Han ido a su descanso. Ahora, con cuánto placer pueden recordar el sermón ferviente Una oración para los lectores,especialmente para hijos e hijas o el librito que bajo la mano de Dios, primero despertó su atención y primero impresionó sus corazones… Sí, creo que mientras tú lees… miles de almas desgraciadas en total oscuridad y desesperación están maldiciendo esa locura descabellada que los llevó a no escuchar las advertencias amistosas que alguna vez les dirigieron. ¡Ay, mi joven amigo, te ruego por los gozos de los santos en el cielo y por los horrores de los pecadores en el infierno que no trates con ligereza este afectuoso llamado!

Continuará …

Tomado de Persuasives to Early Piety.
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J. G. Pike (1784-1854): pastor bautista, nacido en Edmonton, Alberta, Canadá.