Antídoto contra el papado [9]

A los detalles concretos anteriores con respecto a la iglesia, aún añadiré uno más general que es, en realidad, el que los abarca todos, o la raíz de donde brotan: una raíz portadora de hiel y ajenjo, que concierne a la Iglesia católica.

El apóstol declara lo que pertenece a esta Iglesia católica, lo que constituye su comunión [cf. He. 12:22-24). Es la recapitulación de todas las cosas en el Cielo y la tierra en Cristo Jesús (cf. Ef. 1:10): su cuerpo; su cónyuge o novia; la esposa del Cordero; el templo glorioso donde Dios mora por su Espíritu; una sociedad mística y santa, comprada y purificada por la sangre de Cristo y unida a él por su Espíritu; o la habitación del mismo Espíritu en él y en aquellos que la componen. Por consiguiente, a ellos con él como el cuerpo con su cabeza se les llama místicamente Cristo (cf. 1 Co. 12:12).

Y hay dos partes de él, una de las cuales ya es perfecta en el Cielo en cuanto a sus espíritus.Y la otra aún continúa en el camino de la fe y la obediencia en este mundo. Ambas constituyen “una familia en el cielo y la tierra” (cf.Ef. 3:15), en conjunción con los santos ángeles, un cuerpo místico, una iglesia católica. Y, aunque hay una gran diferencia en su estado y condición presentes entre estas dos ramas de la misma familia, ambas han sido, sin embargo, igualmente compradas por Cristo y unidas a él como su cuerpo. Ambas tienen eficazmente el mismo principio de la vida de Dios en ellas. De una tercera parte de esta iglesia que no está ni en el Cielo ni en la tierra, que se halla en un estado temporal, participando un poco del Cielo y otro poco del Infierno y se llama purgatorio, la Escritura no sabe nada en absoluto. Tampoco es coherente con la analogía de la fe ni de las promesas de Dios a los que creen, como veremos inmediatamente. Esta iglesia, incluso en su parte que esta en este mundo, al estar adornada con todas las gracias del Espíritu Santo, es el más bello y glorioso efecto —junto con la formación y la producción de su Cabeza, en la encarnación del Hijo de Dios— a que la sabiduría, el poder y la gracia divinos se encaminarán aquí abajo. Pero estas cosas —la gloria de este estado— solo son visibles al ojo de la fe. En efecto: solo Cristo mismo las ve y las conoce de una manera perfecta. Nosotros las vemos obscuramente, a la luz de la fe y la revelación, y las experimentamos según participamos de las gracias y de los privilegios de que constan.

Pero aquella luz espiritual necesaria para el discernimiento de esta gloria se perdió entre aquellos de quienes hablamos. No podían ver realidad ni belleza en estas cosas, ni nada que pudiera serles de provecho. De acuerdo con su principio de la absoluta incertidumbre del estado y la condición espiritual de los hombres en este mundo, es evidente que no podían tener ninguna convicción satisfactoria de algún interés en esto. Pero se habían asido de la noción de una iglesia católica, que, con artífices misteriosos, remodelaron para su propio e increíble provecho secular. Se glorían de ella, apropiándosela para sí mismos y convirtiéndola en un pretexto para destruir a otros; lo que reside en ellos de forma temporal y también eterna. Con este fin han elaborado la imagen más deformada y detestable de ella que el mundo contempló jamás. La Iglesia católica que ellos poseen, y de la que se glorían, no tiene nada que ver con la de Cristo. Es una compañía o sociedad de hombres a quienes, para constituir toda esta sociedad, no se les requiere ninguna gracia cristiana verdadera ni unión espiritual con Cristo, la cabeza. Solo tienen que hacer una profesión externa de estas cosas, como expresamente sostienen: es una sociedad unida al papa de Roma, como su cuerpo, mediante una sujeción a él y a su gobiemo según las leyes y cánones por los cuales los guiará. Esta
es la razón y la causa formal que constituye la Iglesia católica que es. Esta concertada en sí misma por horrendos lazos y ligamentos con los fines de la ambición, el dominio mundano y la avaricia. Es una Iglesia católica manifiestamente perversa en la generalidad de sus gobernantes y de los que son gobernados; es cruel en su condición, opresora y esta tenida con la sangre de innumerables santos y mártires. Esta —digo— es la imagen de la santa Iglesia católica, la esposa de Cristo, que han levantado. Y ha sido como la imagen de Moloc que devoró y consumió a los hijos de la Iglesia cuyos gemidos, cuando su cruel madrastra no los compadeció y sus pretendidos padres espirituales los echaron en el fuego, subieron hasta los oídos de Yahveh de los ejércitos. Su sangre aún clama venganza sobre esta generación idólatra. Sin embargo, esta pretensión de la Iglesia católica está impresa en la mente de muchos, con tantos artificios sofisticados, mediante las artimañas de los hombres y la astucia, por los cuales están al acecho para engañar. Se ofrece con el cebo de muchas ventajas seculares y, a menudo,se les impone a los cristianos con tanta fuerza y crueldad, que nada puede guardarnos de su admisión, para la absoluta derrota de la religión, excepto el medio sobre el cual antes hemos insistido.

Aquí se necesita una luz espiritual, para discernir la belleza, la gloria interna y la espiritual de la verdadera Iglesia católica de Cristo. Cuando esté en su poder, todas las pinturas y ropajes de su deformada imagen caerán de ella, y su abominable suciedad tendrá que aparecer. Esto irá acompañado de una experiencia efectiva de la gloria y la excelencia de la gracia en las almas de los que creen. Procederá de Cristo, la única cabeza de esta iglesia por la cual son transformados “de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor”. El poder, la vida y la dulzura de esto darán satisfacción a sus almas, para verguenza del pretendido orden o dependencia del papa como cabeza. Por estos medios, la verdadera Iglesia católica —que es el cuerpo de Cristo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo—, que crece en todas las cosas en aquel que es la cabeza, desprecia esta imagen, y Dagón caerá al suelo cuando este Arca sea traída; ¡sí!, aunque sea en su propio templo.

3. En la siguiente apertura de esta cámara pintada de imágenes todavía veremos, si es
posible, mayores abominaciones. Como mínimo, la que sigue a continuación es escasamente inferior a cualquiera de las que fueron antes.

(Continuará)…
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John Owen (1625-1699) fue un líder eclesiástico, teólogo y administrador académico no conformista de la Universidad de Oxford. Puritano. Extraído de N. R

 

Antídoto contra el papado [8]

Añadiré un particular mas con referencia al estado de la iglesia, que se halla en su gobierno y disciplina.

Aquí, también ha habido un desacierto fatal como nunca antes se había visto en la religión cristiana. Habiéndose perdido la verdad en cuanto al sentido y la experiencia de su eficacia o poder, enseguida se levantó en su lugar una imagen sangrienta destructiva para las vidas y las almas de los hombres. También trataremos este tema brevemente. Todos reconocen ciertos principios de verdad con respecto a esto, como:

1. Que Cristo el Señor ha señalado un gobierno y disciplina en su iglesia para su bien y su protección. Ninguna sociedad puede subsistir sin el poder y el ejercicio de algún gobierno en sí misma, porque el gobierno no es otra cosa que el mantenimiento del orden, sin el cual no hay sino confusión. La iglesia es la sociedad más perfecta de la tierra, al estar unida y concertada por los mejores y más excelsos lazos de que es capaz nuestra naturaleza (cf. Ef. 4:16; Col. 2:1 9). Debe, por tanto, tener un gobierno y una disciplina en sí misma; teniendo en cuenta la sabiduría y la autoridad de aquel por quien fue instituida, debemos suponer que son los más perfectos.

2.Que esta disciplina es poderosa y efectiva para todos sus fines propios. Así debe estimarse, teniendo en cuenta la sabiduría de aquel que la seña. Y, desde luego, así es. Suponer que Cristo el Señor ordenase un gobierno y una disciplina en su iglesia que no alcanzasen sus fines en sí mismos, y por su sola administración, es proyectar la mayor deshonra sobre él. En efecto: si cualquier iglesia o sociedad de cristianos profesantes cae en este estado y condición, en el cual la disciplina señalada por Cristo no puede ser efectiva para sus fines propios, Cristo ha abandonado a esa iglesia o sociedad. Además, el Espíritu Santo afirma que el ministerio de la iglesia, en su administración, es “poderoso en Dios” para todos sus fines (cf. 2 Co. 10:4,5).

3.Los fines de esta disciplina son el orden, la paz, la pureza, y la santidad de la iglesia, con una representación del amor, el cuidado, y la atención de Cristo sobre ella, y un testimonio de su juicio futuro. La imaginación de otros fines cualesquiera ha sido su ruina.

Y, hasta aquí, todos los que se confiesan cristianos están de acuerdo, al menos de palabra. Ninguno se atreve a negar ninguno de estos principios. No, puesto que ello no aseguraría el abuso de ellos, que es el interés de muchos.

4.Pero a todos ellos debemos añadir también, y esto con la misma evidencia irresistible de verdad, que el poder y la eficacia de esta disciplina, que tiene de la institución de Cristo, son solamente espiritual, y tienen todos sus efectos en las almas y conciencias de aquellos que profesan sujeción a él, con respecto a los fines antes mencionados. Así lo describe, expresamente, el apóstol: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:4, 5). Estos son los fines de la predicación del evangelio, así como también de la disciplina de la iglesia. Son las maneras y los medios de su eficacia: ella es espiritualmente poderosa en Dios para todos estos fines, y no tiene ningún otro. Pero, inmediatamente, veremos la total inversión de este orden en una imagen que se ha puesto en su lugar.

5.Al menos, los cristianos primitivos, experimentaron el poder y la eficacia de esta disciplina espiritual para su fin propio. Durante trescientos años, la iglesia no tuvo otra manera o medio para mantener su orden, su paz, su pureza, y su santidad, excepto la eficacia espiritual de esta disciplina en las almas y las conciencias de los cristianos profesantes. No fracasó en esto ni las iglesias conservaron mejor la paz y la pureza que cuando tuvieron esta única disciplina para su preservación, sin la menor contribución de la asistencia del poder secular ni nada que pudiera operar en los asuntos externos de la humanidad. No podemos dar otra razón de por qué no debería seguir teniendo la misma utilidad y eficacia en todas las iglesias”, sino tan solo la pérdida de todas aquellas gracias internas necesarias para hacer efectiva la institución del evangelio.

Por tanto, todo sentido y experiencia de esto —del poder y la eficacia espiritual de esta dísciplina— se perdieron por completo entre la mayoría de los que se llamaban cristianos. Ni los que habían asumido la pretensión de su administración ni aquellos hacia quienes se administraba, podían encontrar nada en ella que afectara a las conciencias de los hombres, con respecto a sus propios fines. Les parecía algo del todo inútil en la iglesia, por lo que ninguna clase de persona se interesaría. ¿Qué harán ahora? ¿Qué curso tomarán? ¿Renunciarán a todos aquellos principios de verdad que hemos expuestos con respecto a ella, y la excluirán a ella y hasta su nombre de la iglesia? Probablemente esto habría sido su fin, de no haber hallado una manera de arrebatarle su pretensión, para su indecible provecho. Por tanto, idearon y fabricaron una horrenda imagen del gobierno y la disciplina santos y espirituales del evangelio. Era una imagen coherente en fuerza y tiranía externas sobre las personas, las libertades y las vidas de los hombres, ejercitadas con armas poderosas por medio del diablo, para arrojar a los hombres a las prisiones y destruirlos. De este modo, habiéndose perdido aquello que fue señalado para la paz y la edificación de la iglesia, se constituyó una maquinaria, bajo su nombre y pretensión, para su ruina y destrucción. Y así sigue siendo hasta el dia de hoy.

En los corazones de los hombres nunca había entrado la disposición de establecer una disciplina en la Iglesia de Cristo con leyes, tribunales, multas, sanciones, encarcelamientos, y hogueras, excepto que hubiesen perdido por completo, y causado que otros implicados también lo hicieran, toda experiencia del poder y la eficacia de la disciplina de Cristo hacia las almas y las conciencias de los hombres. Pero aquí la dejaron a un lado, como una herramienta inútil que podía prestar algún servicio en las manos de los apóstoles y las iglesias primitivas, mientras quedara vida y sentido espiritual entre los cristianos. Pero, en cuanto a ellos y lo que ellos se proponían, no era de ninguna utilidad en absoluto. Sería muy largo de explicar la deformidad de esta imagen en sus varias partes; su disimilitud universal con respecto a aquello cuyo nombre lleva y que pretende ser; las distintas fases en las que fue forjada, formada y erigida, y las ocasiones y ventajas tomadas para su exaltación. Y es que fue sutilmente entretejida con otras abominaciones, en el completo Misterio de la Iniquidad, hasta que llegó a ser la misma vida, o principio animador, del anticristianismo. Porque, comoquiera que los hombres puedan proyectar luz mediante el gobierno y la disciplina de Cristo en su iglesia, así como su poder y su eficacia espiritual hacia las almas y las conciencias de los hombres, el rechazo de ella y el levantamiento de una horrenda imagen de poder, dominio y fuerza mundana en su lugar, y bajo su nombre, fue lo que comenzó, continuó y sigue manteniendo la fatal apostasia de la Iglesia de Roma.

llustraré tan solo un detalle. Sobre el cambio de este gobierno de Cristo y, al mismo tiempo, la colocación de Mauzzim, o una imagen, o “dios de las fortalezas” [Dn. 6:38], en su lugar, se vieron obligados a cambiar todos los fines de aquella disciplina, y a hacer una imagen de ellos también. La razón es que este nuevo instrumento de fuerza externa no tenía ninguna utilidad con respecto a ellos, que son la paz, la pureza, el amor, y la edificación espiritual de la iglesia, como ya hemos dicho. La fuerza externa no es, en modo alguno, adecuada para alcanzar ninguno de estos fines. Por tanto, deben hacer una imagen de ellos también, o poner alguna forma muerta en su lugar. Y fue la sujeción universal al papa, según todas las reglas, órdenes y cánones que debían inventar. Uniformidad, aquí, y obediencia canónica, es todo el fin que permitirán a la disciplina de su iglesia. Y estas cosas concuerdan porque nada, excepto la fuerza externa, por medio de leyes y sanciones, sirve para alcanzar este fin. Así que se fabricó y se erigió una imagen de la santa disciplina de Cristo y de sus benditos fines, que consistía en estas dos partes: la fuerza externa y la sujeción fingida. Difícilmente se podría dar en el mundo el ejemplo de un hombre que se inclinara alguna vez ante esta imagen, o se sometiera a alguna censura eclesiástica, por respeto personal a ella. La fuerza y el temor lo gobiernan todo.

Esta es la disciplina para cuya ejecución se ha derramado la sangre de una innumerable compañía de santos mártires, la que actúa en todos los espíritus vitales del papado y por la cual este subsiste. Aún siendo la imagen del celo, o de la primera bestia levantada por el dragón, no se puede negar que se ha acomodado muy sabiamente al estado presente de los que, entre ellos, se llaman cristianos. Siendo tan ciegos como carnales, y habiendo perdido de ese modo todo sentido y experiencia del poder espiritual del gobierno de Cristo en sus conciencias, se han convertido en un rebaño que no es adecuado para ser gobernado o dirigido de ninguna otra manera. Por tanto, deben morar bajo su servidumbre, hasta que se aparte el velo de ceguera, y vuelvan a Dios por su Palabra y su Espíritu. Porque, “donde está el Espíritu del Señor”, allí y únicamente allí, “hay libertad”.

(Continuará)…
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John Owen (1625-1699) fue un líder eclesiástico, teólogo y administrador académico no conformista de la Universidad de Oxford. Puritano. Extraído de N. R

Antídoto contra el papado [7]

al negarlo estamos renunciando al evangelio en general, sino porque habían hallado una manera de tornarlo en su provecho. Harían, por tanto, una imagen de Cristo como cabeza de la iglesia, para poseer el lugar y ejercer todos sus poderes. Dicen: La iglesia es visible y debe tener una cabeza visible (como si la iglesia católica, como tal, fuese visible de una manera distinta de como lo es en su cabeza, es decir, por fe). Debe haber una cabeza y un centro de unión en el que todos los miembros de la iglesia puedan estar de acuerdo y unidos, a pesar de sus distintas capacidades y circunstancias; sin embargo, desconocían la forma en que esta debería ser Cristo mismo. Sin un gobernador supremo presente en la iglesia, para resolver todas las diferencias y decidir sobre todas las controversias, incluso las referentes a sí mismo —cosa que pretenden en vano— y afirman expresamente que nunca hubo una sociedad tan neciamente ordenada como la de la iglesia. Y, por esta razón, deciden la insuficiencia de Cristo para ser esta cabeza única de la iglesia. Necesitan otra para estos menesteres. Y esta fue su papa: una imagen de tal clase que es uno de los peores ídolos que jamás hubo en el mundo. A él le dan todos los títulos de Cristo que se relacionan con la iglesia, y le atribuyen todos los poderes de Cristo en y sobre esta, en cuanto a su gobiemo. Pero, aquí, cayeron en un error: cuando creyeron darle el poder de Cristo, le dieron el poder del dragón para usarlo contra Cristo y los suyos. Y cuando creyeron hacer una imagen de Cristo, hicieron una imagen de la primera bestia, impuesta por el dragón, que tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón, cuyo carácter y acción se describen detalladamente en Apocalipsis 13:11-1 7.

Este es el resumen de lo que ofreceré bajo este apartado: los que se llamaban a sí mismos “la iglesia”, perdieron toda luz espiritual que les ayudaba a discernir la belleza y la gloria del gobierno de Cristo sobre la iglesia como cabeza suya. Y aquí, sus mentes acabaron por no poder experimentar el poder y la eficacia de su Espíritu y Palabra para ordenar continuamente sus asuntos, mediante los medios, los usos y las maneras que el mismo señaló. No sabían como consentir estas cosas ni de que forma podían estas proteger a la iglesia. Por tanto, en este caso, “cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate. El carpintero animó al platero, y el que alisaba con el martillo al que batía con el yunque”. Se pusieron, según sus diversas capacidades, a forjar este ídolo que levantaron en el lugar y en el puesto de Cristo, estableciéndolo así en el templo de Dios, de modo que pudiera mostrarse desde allí como Dios. Este ídolo tampoco se expulsará jamás de la iglesia hasta que todos los cristianos en general lleguen a experimentar, de una forma espiritual, la autoridad de Cristo ejercida en el gobiemo de la iglesia por su Espíritu y palabra, con todos los fines de unidad, orden, paz y edificación. Hasta que esto no ocurra, seguirán pensando que un papa, o algo parecido a él, son necesarios para estos fines. Jamás hubo una imagen más horrenda y deformada de una cabeza tan bella y gloriosa: toda la astucia de Satanás, todo el ingenio de los hombres no podrían inventar algo más distinto de Cristo, como cabeza de la iglesia, que este papa. No puede haber ni se podría hacer peor figura ni representación de él.

Es alguien de quien no se puede pensar o decir nada que no sea grande, poco común, que no exceda el estado normal de la humanidad, por un lado u otro. Unos dicen que es “la cabeza y el marido de la iglesia”; “el vicario de Cristo sobre todo el mundo”; “el representante de Dios”; “un vice-dios”; “el sucesor de Pedro”; “la cabeza y centro de unidad” de toda la iglesia católica, dotado de plenitud de poder, y con otras innumerables atribuciones de la misma naturaleza. Por todo esto, es necesario que toda el alma este sujeta a él, so pena de condenación. Otros afirman que es el “anticristo”; “el hombre de pecado”; “el hijo de perdición”; “la bestia que subía de la tierra con dos cuernos semejantes a los de un cordero pero que hablaba como dragón”; “el falso profeta”; “el pastor idolatra”; “el siervo malo que golpea a sus consiervos”; “el adúltero de una iglesia engañosa o falsa”. Y no hay término medio entre estos; sin duda es lo uno o lo otro. El Señor Jesucristo, que ya ha determinado esta controversia en su palabra, no tardará en darle el desenlace final en su gloriosa persona y por el resplandor de su venida. Y este es un ídolo eminente en la Cámara pintada de imágenes de la Iglesia de Roma. Pero, por ahora, es evidente donde reside la protección de los creyentes para que no sean inducidos a inclinarse ante esta imagen y adorarla. Un debido sentido de la única autoridad de Cristo en y sobre su iglesia, y experimentar el poder de su palabra y de su Espíritu para todos los fines de su gobiemo y orden, será lo que los guarde en la verdad. Ninguna otra cosa lo hará. Si alguna vez bajan de este nivel en algún caso en particular, por muy pequeño que parezca, y llegan a admitir alguna cosa en la iglesia o en su adoración que no proceda directamente de su autoridad, estarán preparados para admitir otro guía y cabeza en todas las demás cosas también.

Existen muchas profecías y predicciones en cuanto a esto, con respecto a que así debía ser, y a tal efecto se nos dan diversas descripciones. Su relacion con Cristo, con el amor y la valoración de él hacia ella, requerían que fuera muy gloriosa. En efecto; su gran propósito hacia ella era hacerla de este modo [cf. Ef. v. 25-27). Por tanto, todos los que profesan la religion cristiana están de acuerdo en esto. Pero no recuerdan cuál es esta gloria y en que consiste; de dónde viene y en qué es gloriosa. En realidad la Escritura declara de forma muy clara que esta gloria es espiritual e interna; que consiste en su unión con Cristo y en su presencia en ella; en la comunicación de su Espíritu vivifícador; en vestirla de su justicia, su santificación; y en purificarla de la contaminación del pecado; así como en sus frutos de obediencia para alabanza de Dios. Añadan a esto la celebración del culto divino en ella, con su gobierno y orden, según el mandamiento de Cristo, y tendremos la sustancia de esta gloria. Los creyentes la disciernen de tal manera que se sienten satisfechos con su excelencia. Saben que todas las glorias del mundo no pueden, en modo alguno, compararse a ella, porque consiste y se origina en cosas que valoran y prefieren, infinitamente, sobre todo lo que este mundo pueda proporcionar. Ellas son un reflejo de la gloria de Dios, o de Cristo mismo, sobre la iglesia; ¡sí!, una comunicación de él a ella. Es algo que valoran en el conjunto y en cada miembro de ella. Ni la naturaleza ni el uso, ni el fin de la iglesia admitirán que su gloria pueda consistir en cosas de cualquier otra naturaleza. Sin embargo, la humanidad en general perdió aquella luz espiritual que era la única que les permitía discernir esta gloria. No podían ver forma ni belleza en la esposa de Cristo, solamente adornada con sus gracias. Hablar de un estado glorioso de los hombres, cuando son pobres y están destituídos, quizá vestidos de harapos, y son arrastrados a las prisiones o a las hogueras, como ha sido la suerte de la iglesia en la mayoría de las épocas, era a su juicio absurdo y necio. Por tanto, viendo que es cierto que la iglesia de Cristo es muy gloriosa e ilustre a la vista de Dios, los santos ángeles y los buenos hombres, debía hallarse una manera de hacerla así para que el mundo también la viera así. Por consiguiente, acordaron una imagen mentirosa de esta gloria, es decir, la dignidad, la promoción, la riqueza, el dominio, el poder, y el esplendor de todos los que tenían el gobierno de la iglesia. Y, aunque para todos sea evidente que estas cosas pertenecen a las glorias de este mundo, de las que la gloria de la iglesia no solo se distingue, sino que es lo opuesto a todo esto, no tendrán más remedio que contemplarla [¿a ellas?] como aquello que representa su gloria. Y es así, aunque no tenga una gracia salvífica en sí, como expresamente afirman. Cuando se alcanzan estas cosas, todas las predicciones de su gloria se cumplen. A esta imagen corrupta de la verdadera gloria espiritual de la iglesia —originada en la ignorancia y la carencia de una auténtica experiencia del valor, y la excelencia de las cosas internas, espirituales y celestiales— se le ha prestado atención, con perniciosas consecuencias en el mundo. Muchos se han encaprichado y enamorado de ella, para su propia perdición. Porque, como maestra de mentiras, solo es adecuada para desviar las mentes de los hombres de una comprensión y valoración de la verdadera gloria; sin dejan de tener interés en ella, deben perecer para siempre.

Considerad las regiones extranjeras como Italia o Francia, donde estos hombres pretenden que su iglesia está en su mayor gloria: ¿Cuál es esta si no la riqueza, y la pompa, y el poder de los hombres, en su mayor parte manifiestamente ambiciosos, sensuales y mundanos? ¿Es esta la gloria de la Iglesia de Cristo? ¿Pertenecen estas cosas a su reino? [No], sino que por el levantamiento de esta imagen, por el avance de esta noción, toda la gloria de la iglesia se ha perdido y despreciado. Sin embargo, por mucho que estas cosas fueran adecuadas para los propósitos de las mentes carnales de los hombres, y satisfactorias para todas sus concupiscencias —con esta pintura y el falso brillo sobre ella para que la Iglesia de Cristo sea gloriosa—, han sido el medio para llenar este mundo de oscuridad, sangre y con fusión. Porque esta es la gloria de la iglesia por la que se contiende con ira y violencia. Y no pocos están aún encandilados por estas imágenes, y no son partícipes del provecho que traen a sus principales adoradores, cuyo encaprichamiento es de lamentar.

El medio que nos protege contra la adoración de estas imágenes es, también, evidente en los principios sobre los que seguimos adelante. No se hará sin luz para discernir la gloria de las cosas espirituales e invisibles, que son las únicas en las que la iglesia es gloriosa. A la luz de la fe, aparecen como lo que son realmente en sí mismas, de la misma naturaleza que la gloria que está arriba. Y yo digo que la gloria presente de la iglesia es su iniciación en la gloria del Cielo y, en general, es de la misma naturaleza que ella. Aquí está en sus amaneceres e inicios; allí en su plenitud y perfección. Buscar algo que sea afin, o estrechamente ligado a la gloria del Cielo, o que guarde algún cercano parecido con ella, en las glorias externas de este mundo, es una imaginación vana. Cuando la mente está capacitada para discernir la belleza y la gloria verdadera de las cosas espirituales, y su alianza con lo que está arriba, se verá protegida contra el deseo de buscar la gloria de la iglesia en las cosas de este mundo y de colocar algún valor sobre ellas con este fin.

La abnegación, indispensablemente prescrita en el evangelio a todos los discípulos de Cristo, es también un requisito aquí. Su poder y su práctica son completamente incoherentes con el entendimiento de que el poder, la riqueza y el dominio secular contribuyen en algo a la gloria de la iglesia. Si la mente está así crucificada a una valoración y estimación de estas cosas, nunca las entenderá como parte de aquellas vestiduras de la iglesia que la hacen gloriosa. Sin embargo, cuando la innata oscuridad discapacita las mentes de los hombres para discernir la gloria de las cosas espirituales y, mediante su afecto carnal e inmortificado, se aferran y sienten la más alta estima por la grandeza mundana, no resulta extraño que supongan que la belleza y gloria de la iglesia consistan en esto.

John Owen (1625-1699) fue un líder eclesiástico, teólogo y administrador académico no conformista de la Universidad de Oxford. Puritano. Extraído de N. R

Iglesias 24/7

Reseña 25.jpg

Después del libro, Iglesia Radical, Tim Chester y Steve Timmis vuelven a sorprendernos con un gran libro, Iglesias 24/7, que es un desarrollo de ideas que ya estaban en su libro anterior. A través de una lectura contemporánea de 1ª de Pedro nos descubrirán el funcionamiento práctico de la Iglesia en tanto que comunidad que existe para la misión.

Algunas ideas que me han resultado inspiradoras de Iglesias 24/7 han sido las siguientes:
La Iglesia es una comunidad que se mueve mejor desde los márgenes de una cultura que ocupando el centro de ella. Hemos pasado de la era en la que la moral cristiana formaba parte del pensamiento mayoritario a que se cuente como una de las minorías sociológicas. En lugar de lamentar nuestra posición en la sociedad debemos más bien abrazarla y utilizarla para producir los resultados para los que la Iglesia existe. Por lo menos en Europa, la Iglesia vive ese regreso a los márgenes. No se trata de si la Iglesia tiene los programas adecuados para atraer gente a los edificios, una gran parte de los europeos no tiene la intención de darle una oportunidad a la Iglesia. No se trata de mejorar el producto, se trata de alcanzar a los que están fuera de nuestro alcance. Hay iglesias creciendo en Europa, pero la mayoría de ese crecimiento viene por trasvase de otras iglesias o por emigración. Hay pocas conversiones de personas fuera de estos círculos. Nuestra forma de ser Iglesia sigue comportándose como si la cristiandad aún existiera, no podemos llegar a calcular lo lejanos que están de una Iglesia Evangélica. Si ser un ateo es 0 y ser creyente es 10, nosotros hablamos a la gente como si estuvieran entre el 7 y el 9, pero necesitamos más evangelización en el 1 y el 2. Debemos pasar de los eventos atrayentes a las comunidades atrayentes. Debe de ser la vida de la comunidad lo que atraiga a la gente y no la reunión de la comunidad.

La Iglesia es una comunidad que funciona todos los días. En lugar de una Iglesia de acontecimientos, en los que hay un calendario de actividades, la mayor parte de las cuales es el culto dominical, la Iglesia es una comunidad que tiene vida real todos los días. Ama el lugar en el que está, pero está dispuesta a contrastar con aquellas formas de vida que no reflejan el reino al que pertenece. Es una comunidad alternativa, de gente que no tiene miedo a ser diferente. Esta comunidad diferenciada no es solo la estrategia de Dios para que los cristianos resistan en los márgenes, es también la clave para la obra misionera. Somos la prueba visible de que el evangelio funciona. Dios no ha querido una estrategia de famosos y poderosos que hablen en su nombre, sino de una comunidad de personas que se aman. La estrategia de Dios es crear una comunidad que muestra el evangelio e invitar a otros a formar parte de esta comunidad. Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos. No hay otro sitio como la Iglesia en donde experimentar el perdón, la gracia, el amor, etc. La Iglesia se convierte en la hermenéutica que demuestra el evangelio.

La Iglesia es una comunidad que convierte los lugares habituales en su forma de misión. Antes de la cristiandad había pocos misioneros, pero la Iglesia en su conjunto era una comunidad misional. La verdadera comunidad misional tiene pocas actividades. Las actividades tienen el problema de necesitar mucha energía y de apartar a la gente de sus lugares habituales. Ser comunidad no implica añadir actividades a una vida ajetreada, sino que convierte en oportunidades de misión todo aquello que es la actividad diaria: comer con personas no cristianas, caminar en lugar de ir en coche a todas partes, ir a comprar a las mismas tiendas de forma habitual, hablar con los compañeros de trabajo, dar algunas horas de voluntariado para fines sociales que no sean de la propia iglesia, participar en las fiestas de la sociedad, etc.

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“Si la Iglesia es un evento, la sociedad lo puede superar, si la Iglesia es una comunidad de amor, la sociedad no tiene nada que se le parezca ni de lejos.

Para muchos, hoy la Iglesia es como un mal sueño: no pueden recordarlo
completamente, pero les ha dejado con una sensación incómoda de la que quieren
librarse. Cuando tratamos de abrir una nueva iglesia, la gente de alrededor no tiene ningún interés en lo que está ocurriendo. Sin embargo, cuando un grupo de personas comparte sus vidas como pueblo de Dios, poniendo en el centro de la vida comunitaria el evangelio de Jesucristo y se involucra para bendecir a la ciudad, ante esto las defensas no están tan altas. Somos llamados a crear comunidades del evangelio.

En resumen, este es un libro muy práctico para la autoevaluación, tanto individual como conjunta. Nos desafía en nuestro entendimiento de la Iglesia construida bajo un patrón individualista. La Iglesia tal como la conocemos en el siglo XXI ha perdido una parte importante del elemento de comunidad que Dios quiso darle. Lo que ocurre es que ni siquiera nos damos cuenta. El individualismo y el consumismo vienen de serie en nuestras mentes y si no los desafiamos, acabamos generando Iglesias individualistas y consumistas.

Una reseña de Jaume Llenas para Andamio Editorial. (13/09/2018)

ÍNDICE

Introducción
La vida en los márgenes (1 Pedro 1:1–12)
Comunidad todos los días (1 Pedro 1:13–2:8)
Cuidado pastoral todos los días (1 Pedro 1:22–2:3)
Misión todos los días (1 Pedro 2:9–3:16)
Evangelización todos los días (1 Pedro 3:15–16)
La esperanza en los márgenes (1 Pedro 3:8–5:14)
Conclusión: los próximos pasos

Queremos compartirte una porción del libro:

“No podemos aspirar a ser como el mundo”

“Una estrategia de evangelismo basada en actividades, característica del pensamiento de la cristiandad, intenta constantemente crear experiencias similares a las que encontramos en el mundo.

Queremos que nuestra música, nuestra oratoria y nuestro estilo sean tales que atraigan a la gente a nuestros encuentros.

Sin embargo, perseguir la relevancia como un fin en sí mismo es un error, como también lo es resaltar lo parecidos que somos al mundo que nos rodea. Para empezar, nuestro “producto” siempre va a ser inferior al que ofrecen Hollywood, Facebook y Nintendo.

Los británicos pasan veinte horas a la semana viendo la televisión; los estadounidenses, veintiocho horas. Nos entretienen películas de millones de dólares. Participamos en sofisticados juegos de acción y de ordenador.

“Somos ingenuos si creemos que la iglesia puede competir con estos estímulos mediante tres canciones, una predicación de treinta minutos o representación teatral y un grupo de alabanza”. Es sencillo: no podemos competir cuando se trata de entretenimiento.

En el mejor de los casos, esto nos distrae de la necesidad de crear comunidades características que comuniquen un evangelio característico, un evangelio que a menudo rechina en la cultura predominante.

En el peor de los casos, el medio se convierte en el mensaje y el desafío del evangelio se disuelve en el entretenimiento, o lo diluimos para hacerlo más aceptable.

Ya hemos visto que en un contexto poscristiano no podemos apoyarnos en eventos de la iglesia, da igual lo atractivos que sean, porque la mayoría de la gente no vendrá.

Ahora tenemos otro motivo para no centrarnos en actividades “relevantes”. Nuestra innovación de misión no consiste en eventos que son como la cultura, sino en una vida y un mensaje que no son como la cultura.  

Estos intentos por parecernos al mundo hacen que surja un interrogante: si la iglesia es como el mundo, ¿para qué necesitamos la iglesia? Cuanto más parecidos somos al mundo, menos nos queda para ofrecer.

Es cierto, debemos evitar ofensas innecesarias y experiencias desmoralizadoras, pero lo que atraerá a la gente a la iglesia siempre será lo que es diferente en nosotros.

Por lo tanto, debemos aspirar a ser diferentes. Pero esto no significa ser diferentes sin necesidad. No hay duda de que causaremos rechazo en la gente si somos culturalmente raros, anticuados o incomprensibles.

Sin embargo, solo atraeremos a las personas a través de las particularidades del evangelio. Solo nos volvemos relevantes para nuestro mundo cuando nos centramos en el evangelio. Os Guinness afirma:

“En nuestras poco críticas aspiraciones de relevancia, en realidad hemos cortejado la irrelevancia. En nuestra incansable búsqueda de relevancia sin un compromiso igual de incansable con nuestra fidelidad, no solo nos hemos vuelto infieles, sino también irrelevantes.

En nuestros determinados esfuerzos por redefinirnos con métodos que son más persuasivos para el mundo moderno que fieles a Cristo, no solo hemos perdido nuestra identidad, sino también nuestra autoridad y nuestra relevancia.

Iglesias 24 7 C

Incluso en el caso de que pudiéramos producir unas actividades geniales, al hacerlo crearíamos una generación de consumidores cristianos que esperan que la iglesia los entretenga.

Solo crearíamos una mentalidad consumista en la gente que asiste a la iglesia. Muy pronto tendríamos una generación de cristianos que van de iglesia en iglesia en busca de experiencias.

Algunas iglesias atraerían, mediante buenas enseñanzas, a aquellos que quieren una experiencia intelectual; otras, a través de una alabanza buena y profesional, atraerían a los cristianos que quieren una experiencia emocional.  

Pero las iglesias locales donde “cada miembro está unido a todos los demás” (Romanos 12:5) no tendrían mucho sentido.

La gente nos pregunta a menudo cómo son nuestras reuniones en The Crowded House. Hemos decidido negarnos a responder esa pregunta en la medida de lo posible, porque pierde de vista el sentido de lo que intentamos hacer.

Nosotros no proponemos una fórmula para hacer reuniones mejores. De hecho, nuestros encuentros son bastante normales. La enseñanza y la música están bien, pero no tienen nada de especial. Si nos hicieras una visita, probablemente te sentirías decepcionado.

El centro de nuestra visión no es una forma nueva de realizar actividades, sino la creación de comunidades del evangelio basadas en la Palabra, en las que las personas comparten su vida entre ellas y con los no creyentes, procurando bendecir sus barrios, llevando el evangelio unos a otros y compartiendo las buenas nuevas con los no creyentes.

El contexto para esta comunidad y esta misión centradas en el evangelio no son los eventos, sino la vida común y cotidiana.

Creamos programas cuando los cristianos no hacen lo que deberían estar haciendo en la vida diaria. Como no nos pastoreamos unos a otros en el día a día, creamos grupos de responsabilidad. Como no compartimos el evangelio en nuestra vida diaria, creamos cultos para invitar a gente.

Como no nos unimos a grupos sociales para dar testimonio de Jesús, creamos nuestros propios grupos sociales dentro de la iglesia. No nos malinterpretes, por favor. No estamos en contra de las reuniones, ni de los eventos, ni de los programas.

De hecho, el encuentro regular de la iglesia en torno a la Palabra de Dios es vital para la salud de todo lo demás, pues aquí es donde el pueblo de Dios se prepara para las obras de servicio. Pero las obras de servicio, en sí mismas, tienen lugar en el contexto del día a día.”

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

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La iglesia y las últimas cosas

La Iglesia 4

Bien conocido por muchos, conocedores de la importancia y relevancia de todo el trabajo realizado por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, este libro es el último tomo de una serie de grandes e importantes obras en las que el magistral predicador expone la Biblia para mostrar la esencia de la fe cristiana.

Durante muchos años ante el presente volumen, las personas con las que nos hemos encontrado que se interesaban por esta obra en particular, tomaban el título de la misma comprendiendo que se trataría de un estudio de como afrontará la Iglesia los últimos tiempos, o lo que es lo mismo, un acercamiento escatológico a la doctrina de las últimas profecías que ocurrirán con referencia al fin del mundo en el plan de Dios, centrado en la Iglesia.

Mas bien confundidos siempre hemos aclarado que el presente libro, explora en una primera parte profunda y biblicamente la Iglesia y sus sacramentos, especialmente por una comprensión correcta del bautismo y la cena del Señor e igualmente, las marcas y el gobierno de la iglesia.

Ahora si, en una segunda parte afrontamos en esta misma obra la segunda venida de Cristo, el juicio final y la resurrección del cuerpo. Además de un detallado estudio de la enseñanza clave de la Biblia en Daniel 9 y el Apocalipsis, Lloyd-Jones también examina las distintas ideas al respecto y analiza cómo se lleva a cabo el plan de Dios para los Judios.

 

Integran este libro los siguientes capítulos:
1 La Iglesia
2 Las marcas y el gobierno de la Iglesia
3 Los sacramentos: señales y sellos
4 El bautismo
5 La Cena del Señor
6 La muerte y la inmortalidad
7 ¿La inmortalidad condicional o una segunda oportunidad?
8 La segunda venida: una introducción general
9 El tiempo de su venida: las señales
10 El plan de Dios para los judíos
11 El anticristo
12 La interpretación de Daniel 9:24-27
13 La conclusión de Daniel 9 y el rapto secreto
14 El libro del Apocalipsis: introducción
15 Los conceptos preterista y futurista
16 El concepto historicista espiritual
17 El sufrimiento y la seguridad de los redimidos
18 Las trompetas
19 El juicio final
20 El concepto premilenarista
21 El posmilenarismo y el concepto espiritual
22 La resurrección del cuerpo
23 El destino final

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Por una razón u otra, nuestros padres y abuelos creyeron que era suficiente formar movimientos y no pensaron en términos de la Iglesia, con el resultado de que el testimonio se ha diluido entre multitud de denominaciones y los cristianos solo se reúnen en movimientos en lugar de en iglesias. Desde esa perspectiva, pues, se trata de una cuestión sumamente importante. Si tenemos una profunda preocupación por el mensaje evangélico y su vital importancia en la actualidad, entonces estamos obligados a considerar la doctrina de la Iglesia. […] La primera cuestión que debemos tratar es esta: ¿cuál es la relación de la Iglesia con el Reino de Dios? En la Biblia encontramos enseñanza acerca del Reino y enseñanza acerca de la Iglesia. Entre los cristianos suele haber gran confusión con respecto a estas dos cuestiones. Esto se debe en gran medida a la manera como la Iglesia católica identifica a ambas. En la enseñanza católica romana, la Iglesia es el Reino de Dios, y los católicos son completamente coherentes en la forma en que lo desarrollan, reivindicando el derecho a gobernar y dominar hasta el último aspecto de la vida. Y podemos recordar cómo en el Medioevo la Iglesia gobernaba sobre señores, príncipes, países y potestades, sobre la base de que ella era el Reino de Dios, era superior. Y de alguna forma, ese concepto tendió a persistir. Debemos tener clara, pues, la relación entre la Iglesia y el Reino. ¿Qué es el Reino de Dios? Bien, su mejor definición es el gobierno de Dios. El Reino de Dios está presente dondequiera que reine Dios. Ese es el motivo por que nuestro Señor pudo decir que, debido a su actividad y obras, «el reino de Dios está entre vosotros » (Lucas 17:21). «Mas si —dijo— por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lucas 11:20). Si consideramos, pues, el Reino de Dios como el gobierno y el reinado de Dios, el Reino estaba aquí cuando nuestro Señor estuvo en persona. Está presente ahora dondequiera que al Señor Jesucristo se le acepte como Señor. Pero vendrá en toda su plenitud cuando todo el mundo tenga que aceptar su señorío. Podemos, pues, decir que el Reino ha venido, que el Reino está entre nosotros, y que el Reino está por venir. ¿Cuál es, entonces, la relación entre la Iglesia y el Reino? Sin duda esta: la Iglesia es una expresión del Reino pero no es equivalente a él. El Reino de Dios es más amplio que la Iglesia. En la Iglesia, dondequiera que la Iglesia sea verdaderamente la Iglesia, se acepta y se reconoce el señorío de Cristo y este mora allí. El Reino, pues, está ahí en ese punto. De manera que la Iglesia es parte del Reino, pero solo parte. El Reino de Dios es mucho más amplio que eso. Él gobierna fuera de la Iglesia, en lugares donde no se le reconoce, porque todas las cosas, incluyendo la historia, están en su mano. La Iglesia, pues, no es equivalente en extensión al Reino. Ahora bien, permítaseme mostrar algunos de los términos que se utilizan. La palabra griega que se traduce como «iglesia» es el término ekklesia, y ekklesia significa «aquellos que son llamados fuera». No necesariamente llamados fuera del mundo, sino fuera de la sociedad para alguna clase de función o propósito específicos; son «reunidos». Podemos traducir la palabra ekklesia por «asamblea». En las Escrituras ekklesia no está restringido a una asamblea espiritual. Si leemos el relato de Hechos 19 sobre la extraordinaria reunión que tuvo lugar en la ciudad de Éfeso, una reunión que casi se convirtió en revuelta, encontraremos que el escribano de la ciudad lo llama una asamblea, una ekklesia, con lo que quería decir un cierto número de personas que se habían reunido. De la misma manera, Esteban en su discurso de Hechos 7 hace referencia a Moisés estando en «la congregación en el desierto» (versículo 38). Los hijos de Israel, pues, eran una iglesia, una reunión, una asamblea del pueblo de Dios. Eran la ekklesia, la Iglesia en el Antiguo Testamento. Ese es el significado fundamental de la palabra «iglesia». Ahora bien, nuestra palabra «iglesia» y todos los términos y palabras afines, contienen un significado levemente distinto. Utilizamos la palabra aludiendo a nuestra pertenencia al Señor. La palabra inglesa «church» (iglesia) proviene de la palabra griega kurios, que significa «señor», tiene la misma derivación que las palabras káiser y césar. Es importante que recordemos eso, porque debemos unir estos dos significados: la Iglesia se constituye de aquellas personas que pertenecen al Señor, que están reunidas. Pero vayamos más allá. Consideremos ciertas afirmaciones que se hacen en la Escritura con respecto a la Iglesia, y estas son verdaderamente importantes. En la Biblia, la palabra ekklesia, cuando se aplica a los cristianos, en general se utiliza en referencia a una reunión local. Ahora bien, la distinción que estamos estableciendo es la diferencia entre la Iglesia considerada como un concepto general y la Iglesia considerada como un concepto local, particular. El término que se utiliza casi invariablemente en las Escrituras conlleva este significado local. Por ejemplo, en Romanos 16, cuando Pablo envía sus saludos a Aquila y Priscila, hace referencia a «la iglesia de su casa» (versículo 5). Una serie de cristianos se reunía en la casa de Aquila y Priscila y el apóstol Pablo no duda en llamar a esa reunión local una iglesia. No está pensando en término del ideal ecuménico moderno, según el cual la Iglesia es lo grande. Luego, además, Pablo dirige sus epístolas, por ejemplo, «a la iglesia de Dios que está en Corinto. Escribe la Epístola a los Gálatas a «las iglesias de Galacia» (Gálatas 1:2), no a «la Iglesia de Galacia». Pablo no está pensando en una unidad dividida en ramas locales, sino en las iglesias, un número de estas unidades, en Galacia. Ese es un punto sumamente importante y significativo. Ahora bien, si repasamos las Escrituras, hallaremos que esa es la manera apostólica habitual de manejar la cuestión. Pero debemos advertir que hay dos o tres ocasiones donde se emplea la palabra «iglesia» más que «iglesias» y una de ellas muy interesante. La encontramos en Hechos 9:31. Aquí hay una diferencia entre la versión de la Biblia de las Américas y la Reina-Valera. La Reina-Valera dice: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas». Pero en la Biblia de las Américas se puede leer en singular, «iglesia», e indudablemente es una traducción mejor. Sí, pero aun así, debemos recordar que la referencia es casi con toda certeza a los miembros de la iglesia en Jerusalén que se habían dispersado como resultado de la persecución. Lucas, pues, probablemente no se estaba refiriendo al concepto de «la Iglesia» como algo distinto de «las iglesias», sino que estaba pensando en la Iglesia diseminada por distintos lugares. En cualquier caso, este no es un punto vital. Por otro lado, en 1 Corintios 12:28 leemos: «Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas». Pablo no dice que Dios los pusiera «en las iglesias», sino «en la iglesia».”

 

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Otros dos volúmenes que forman parte de la trilogía:

  1. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/01/18/dios-el-padre-dios-el-hijo-2/
  2. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/04/15/dios-el-espiritu-santo/

El lema de la vida

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Andrew Murray

¡Tu salvación esperé , oh Jehová! (Génesis 49:18)

No es fácil decir exactamente en que sentido usó Jacob estas palabras en medio de sus profecías con respecto al futuro de sus hijos. Pero, sin duda indican que tanto él como sus hijos esperaban solamente en Dios. Era la salvación de Dios lo que esperaban; una salvación que Dios había prometido y que Dios solo podría obrar. Jacob sabía que tanto él como sus hijos estaban bajo el cuidado de Dios; Jehová el Dios eterno mostraría en ellos su poder.

Estas palabras señalan la maravillosa historia de la redención, que no ha concluido todavía, y el glorioso futuro en la eternidad a la cual conduce. Nos sugieren que no hay más salvación que la salvación de Dios, y que el esperar de Dios esta salvación, sea para nuestra experiencia personal, o para círculos más extensos, es nuestro primer deber y nuestra verdadera bienaventuranza. Pensemos en nosotros mismos y en la gloriosa salvación que Dios ha obrado por nosotros en Cristo, y que ahora quiere perfeccionar en nosotros por medio del Espíritu Santo.

Meditemos hasta que comprendamos que cada participación en su gran salvación, momento tras momento, debe ser la obra de Dios mismo. Dios no puede separarse de su gracia, bondad, fuerza como algo externo que nos entrega, como si se tratara de las gotas de lluvia que envía desde el cielo. No, Él solo puede dárnosla, y nosotros podemos disfrutar de ella obrándola directamente en nosotros y de modo incesante. Y la única razón por la cual no la realiza más efectiva y continuamente es porque no le dejamos. Se lo impedimos sea por nuestra indiferencia o por nuestro esfuerzo propio, de manera que Él no puede hacer lo que desea. Lo que nos pide, nuestra entrega, obediencia, deseo y confianza, todo ello está comprendido en esta palabra: Esperar en Él, esperar nuestra salvación de Él. Aquí se combina un sentimiento profundo de total invalidez nuestra para hacer lo que es bueno a los ojos de Dios, y nuestra perfecta confianza en que Dios lo hará con su divino poder.

Extraído de Esperando en Dios

 

 

¡Ayuda! ¿Cómo trato con el abuso? Jim Newheiser

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¡Ayuda! ¿Cómo trato con el abuso?

Jim Newheiser

El abuso es un problema creciente y los que han sufrido algún tipo de abuso necesitan ayuda.
Este mini-libro te capacita para ofrecer el amor de Dios a una víctima de abuso a través de la consejería bíblica. Te dará recomendaciones prácticas de cómo proteger a la víctima y de cómo tratar con su abusador. Todo esto es posible por la victoria de Cristo, quien sufrió el abuso por nosotros y se compadece de todos los heridos que buscan refugio en Él.
“Aunque a la víctima del abuso pueda parecerle que nadie se preocupa por ella y que Dios está lejos, se le puede asegurar que al Señor le interesa su sufrimiento y que el mal que se le ha hecho lo ofende […] El oprimido encuentra su esperanza cuando busca al Señor”.
– Jim Newheiser, consejero bíblico por más de veinte años

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Ref. 009012 – 4,00 €

¡Ayuda! Soy madre soltera Carol Trahan

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¡Ayuda! Soy madre soltera

Carol Trahan

“¿Por qué tenía que pasar esto?”, te preguntas. “Cómo voy a lidiar con todo? ¿Cómo voy a pagar las cuentas y criar a mis hijos sola?”.

Este mini-libro, escrito por una madre soltera que lucha con los mismos desafíos, te animará a confiar en el plan soberano de Dios, sabiendo que Su sabiduría y amor son perfectos y que te dará todo lo que necesitas para que puedas depender de Él.

“Sí, soy madre soltera […] Sí, duele profundamente. Pero Dios tiene un propósito glorioso. Nosotros no somos víctimas de la suerte, sino los vasos escogidos de Dios que tienen la intención de manifestar Su poder, misericordia, suficiencia, gracia y amor en un mundo que está perdido y que sufre”.
– Carol Trahan, consejera bíblica y conferencista internacional

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Ref. 009011 – 4,00 €

¡Ayuda! Mi ira está fuera de control Jim Newheiser

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 ¡Ayuda! Mi ira está fuera de control

Jim Newheiser

 
La ira se ve en todas partes, incluso entre cristianos.
Aunque las personas expresan su ira de diversas maneras, la ira es un reto para todos. Algunos se sienten impotentes ante su furia. Otros intentan justificarse. La pregunta que debemos responder es: ¿Cómo puede una persona enojada llegar a ser una persona apacible? La respuesta es que el evangelio transforma a las personas iracundas en personas de gracia.
“El cristiano tiene grandes recursos a través de los cuales puede no solo despojarse de la ira, sino vestirse de la gracia. De esta manera puede glorificar a Dios y ser una bendición para los demás, incluyendo a los que ha herido en el pasado con su ira pecaminosa”.
– Jim Newheiser, consejero bíblico por más de veinte años

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Ref. 009010 – 4,00 €

¡Ayuda! Quiero salir de la depresión Carol Trahan

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 ¡Ayuda! Quiero salir de la depresión

Carol Trahan

 

“La vida me parece tan injusta. ¿Por qué tiene que ser tan dura? ¿Por qué Dios no contesta mis oraciones?”.

A veces las circunstancias de nuestras vidas son tan abrumadoras que nos ahogamos en el desespero y la depresión. Nos decimos: ¿Habrá alguna salida? Este mini-libro usa ejemplos bíblicos para mostrar que aun en medio de gran sufrimiento y dificultad podemos confiar en los propósitos soberanos de Dios, responder en fe yexperimentar paz y alegría.

“Si te encuentras en las profundidades de la desesperación, ármate de valor; no estás solo. ¡Vayamos juntos a través de la Palabra de Dios!”.
– Carol Trahan, consejera bíblica y conferencista internacional

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Ref. 009009 – 4,00 €

¡Ayuda! Quiero cambiar Jim Newheiser

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 ¡Ayuda! Quiero cambiar

Jim Newheiser

Este pequeño mini-libro está cargado de grandes verdades que nos ayudan a entender que la única clave para el cambio duradero se encuentra en el evangelio y cómo a través de su poder en nosotros es posible una transformación de nuestros deseos y comportamientos. Corto, conciso y con una guía práctica de aplicación al final, este mini-libro es una herramienta que todos debemos leer.
“El evangelio es clave para el cambio. Estaremos motivados y equipados para vivir nuevas vidas para Su gloria cuando entendamos nuestra unión con Cristo, recordemos nuestra nueva identidad como siervos de Dios y comprendamos que Él es nuestro mayor deleite”.
– Jim Newheiser, consejero bíblico por más de veinte años

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Ref. 009008 – 4,00 €

El poder y el mensaje del evangelio Paul Washer

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El poder y el mensaje del evangelio

Paul Washer

Uno de los fracasos más grandes de esta generación de cristianos es haber descuidado la importancia del evangelio. Todos los males surgen de este descuido. Muy pocas iglesias predican sobre los temas esenciales del evangelio: la justicia de Dios, la depravación radical del ser humano y la expiación hecha con sangre.

En El Poder & el Mensaje del Evangelio, Paul Washer expone estos temas esenciales de las buenas noticias de Cristo y nos da una guía para recuperar el evangelio en todo su esplendor, escándalo y poder para salvar. ¡Que este redescubrimiento transforme tu vida, fortalezca tu proclamación y glorifique a Dios!

“Estoy profundamente agradecido por la claridad de El Poder & el Mensaje del Evangelio escrito por Paul Washer. Los cristianos de hoy en día parecen tener la falsa impresión de que el evangelio se centra en nosotros como si fuera un plan maravilloso para nuestras vidas, como si fuera una manera de encontrar paz, gozo o realización personal, o como si fuera la manera de alcanzar el cielo. Esas bendiciones (y muchas más) hacen parte de los beneficios de creer en el evangelio, pero no son el punto central ni el objetivo principal del mensaje. El evangelio trata de Dios y de Su gloria eterna […] Paul Washer toca el tema majestuosamente en este poderoso estudio bíblico”.
— John MacArthur, pastor-maestro de la Grace Community Church  y fundador de Gracia a Vosotros
“Cuando en muchos púlpitos se está diluyendo, distorsionando y sustituyendo el evangelio, Paul Washer ha sido ampliamente usado por Dios en el mundo de habla hispana para proclamarlo de forma clara y poderosa. Oro para que sus mensajes tengan un alcance aún mayor a través de la página escrita. ¡Lee con cuidado el contenido de este libro, absórbelo, aplícalo a tu propia vida, y luego ve y proclama fielmente este mensaje que hace temblar las puertas del infierno y produce fiesta en los cielos cuando un pecador se arrepiente”.
— Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesús en Santo Domingo, República Dominicana
 

288 pp. Rústica

 Ref. 009030 – 20,00 €