Antídoto contra el papado [10]

Un principio de la religión cristiana y una verdad reconocida es el siguiente: Es el deber de los discípulos de Cristo, sobre todo cuando están unidos en iglesias, propagar la fe del evangelio y dar a conocer su doctrina a todos cuantos tengan oportunidad.

En efecto; este es un fin principal para la constitución de las iglesias y de los ministros en ellas (cf. Mt. 5:13-1 6; 1 Ti. 3:15).

Esto fue algo que nuestro Señor Jesucristo encargó de manera especial a sus apóstoles
en el principio (cf. Mt. 28:19-20; Mr. 16:15-16). De este modo, se les encomendó la obra
de propagar la fe del evangelio y el conocimiento de Cristo en él en todo lugar y, al hacerlo, fueron justificados. Lo realizaron con tal eficacia y éxito que, en poco tiempo, fue como la luz del sol: “Por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras” (Ro. 10:18). Se dijo que se predicara el evangelio “en toda la creación que está debajo del cielo” (cf. Col. 1:23). El medio por el que propagaron la fe fue, por tanto, la predicación diligente y laboriosa de la doctrina del evangelio a toda persona, en todo lugar, con paciencia y magnanimidad en el padecimiento de toda clase de sufrimientos en su nombre, y una declaración de todas aquellas virtudes y gracias útiles y ejemplares para la humanidad. Es cierto: su ministerio y el ejercicio de éste cesaron hace mucho tiempo. Sin embargo, no puede negarse que la propia obra no deja de ser competencia, en forma de deber, de todas las iglesias, a todos los creyentes, mientras tengan llamamientos providenciales y oportunidades para ello. Esta es la principal manera por la que pueden glorificar a Dios y beneficiar a los hombres de su mayor posesión; a esto, sin duda, estan obligados.

La Iglesia de Roma retiene esta noción de verdad y se apropian de la misma obra únicamente para sí. A ellos, y solo a ellos, como suponen, pertenece el cuidar de la propagación de la fe del evangelio, con la conversión de los infieles y herejes. Condenan y abominan cualquier cosa que otros hagan con este propósito. ¿Qué piensan de la manera primitiva de hacerlo, mediante la predicación, los sentimientos y la santidad personal? ¿Asumirán el papa, sus cardenales y sus obispos esta obra o esta manera de hacerlo? Cristo no ha indicado otra. Los apóstoles y sus sucesores no conocían otra;
ninguna otra pertenece al evangelio ni tuvo éxito jamás. No; ellos detestan y abominan esta manera. ¿Qué ha de hacerse, entonces? ¿Se negará la verdad? ¿Se desechará completa y reconocidamente la obra? Tampoco esto les complacerá, porque no es adecuado para su honra. Por tanto, han erigido una funesta imagen de esto, para horrible oprobio de la religión cristiana. De hecho, han provisto una doble pintura para la imagen que han levantado. La primera es la constante consulta de algunas personas en Roma, que ellos llaman Congregatio de Propagandá Fide, un consejo para la propagación de la fe, bajo el efecto de cuyas consultas la cristiandad ha gemido durante mucho tiempo. Y la otra es el envío de misioneros, como los llaman, o una sobrecarga de frailes de sus numerosísimas hermandades, enviados a remotas naciones.

Pero la verdadera imagen en sí consta de estas tres partes: 1. La espada; 2. La inquisición; 3. Complots y conspiraciones.

Por medio de ellas se proponen propagar la fe y promover la religión cristiana. Y, si el propio Infierno puede inventar una imagen y representación de la verdad y obra sagrada más deformada, de las cuales esto sea una falsificación, es que estoy muy equivocado.

1.Así, por medio de la primera manera, han llevado la religión cristiana a las Indias,
especialmente a las regiones occidentales del mundo así llamado. Primero el papa, de la plenitud de su poder, da a los españoles todos aquellos países y sus habitantes, para que se conviertan al cristianismo. Pero Cristo no actuó así con sus apóstoles, aunque era Señor de todo, cuando los envió a enseñar y bautizar a todas las naciones. El no desposeyó a ninguna de ellas de sus derechos o disfrutes temporales ni dio a sus apóstoles un solo pie de heredad entre ellas. Pero, en base a esta concesión, los católicos españoles propagaron la fe y llevaron la religión cristiana entre ellos. Y lo hicieron matando y asesinando a muchos millones de personas inocentes, como algunos
de ellos mismos dicen, más de las que han vivido en Europa en cualquier época. Y esta salvaje crueldad ha hecho que se deteste el nombre de los cristianos entre todos los que quedaron de ellos con uso de razón, traídos por la fuerza, [tan sólo] unos pocos esclavos embrutecidos, para someterse a este nuevo tipo de idolatría. Y debemos pensar que se hizo en obediencia a aquel mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”. Esta es la imagen deformada de obediencia a sus santos mandatos que han levantado, y a la que aplican la voz que Pedro oyó con respecto a comer todo tipo de criatura: “Levanta, Pedro; mata, y come”. Así han actuado con aquellas pobres naciones a quienes han devorado. Pero la sangre, el asesinato y la guerra injusta (como lo es toda guerra para la propagación de la religión), con persecución, comenzó en Caín, a quien le llegó por medio del diablo, aquel “asesino desde el diablo”. Porque “era del maligno y mató a su hermano” (cf. 1 Jn. 3:12). Jesucristo, el hijo de Dios, fue manifestado para “deshacer las obras del diablo” (cf. 1 Jn. 3:8). Y él lo hace, en este mundo, por su palabra y doctrina, juzgando y condenándolas. Y lo hace en sus discípulos por su Espíritu, extirpándolas de sus mentes, corazones y caminos. De manera que no hay condición más ciertamente derivada de un espíritu malvado que la fuerza y la sangre en la religión, para su propagación.

2.La siguiente parte de esta imagen —la siguiente manera utilizada por ellos para la
propagación de la fe y la conversión de los que llaman herejes— es la Inquisición. Tanto se ha declarado y se conoce de ella que es innecesario hacer ahora un retrato suyo. Nos basta con decir que hace mucho tiempo que se abrió, como el antro de Caco, y se descubrió que era el mayor arsenal de crueldad, el más terrible caos de sangre y matanza que jamás hubo en el mundo. Esta es la maquinaria que ha suministrado a la ramera escarlata la sangre de los santos y la de los mártires de Jesús, hasta que se embriagó de ella. Es la segunda manera o medio por el que propagan la fe del evangelio y se esfuerzan, como dicen, por la conversión de las almas de los hombres. Esta es la segunda parte de aquella imagen que han levantado en el lugar del santo llamamiento de Jesucristo.

3. La tercera manera en que insisten con este propósito —la tercera parte de esta imagen— consiste en complots y artimañas para asesinar a príncipes, inmiscuir a naciones en
sangre, levantar sedición para su ruina, persuadir y seducir a toda clase de personas viciosas, indigentes, y ambiciosas para asociarse con ellos, con el fin de introducir la religión católica en los lugares que se proponen subyugar. Esta maquinaria para la propagación de la fe se ha puesto en marcha, con diversos éxitos, en muchas naciones de Europa, y sigue funcionando con el mismo propósito. A ella pertenecen todas las artes usadas para encantar las mentes de los príncipes y grandes hombres, todos los cebos que colocan ante otros, de todas las clases, para ponerlos al servicio de sus designios.

De estas partes —digo—, esta formada y compuesta aquella terrible imagen que levantan, abrazan, y adoran en el lugar de la santa manera para la propagación del evangelio señalada por Jesucristo. En su manera no pueden ver belleza alguna —no pueden esperar ningún éxito—, no pueden creer que el mundo se convierta jamás por ella, o sea traído en sujeción al Papa. Y, por tanto, se entregan a la suya propia. La fe, la oración, la predicación, el sufrimiento, todo en expectación de la presencia y asistencia de Cristo prometidas, no son caminos para la eficacia, éxito y provecho que puedan compararse a la espada, la inquisición y los designios bajo cuerda. ¡Y esto, también, es lo que llaman celo de la gloria de Dios y la honra de Cristo; ¡otra imagen deformada que han traído a la religión! Mientras aquella gracia consiste principalmente en anteponer la gloria de Dios y los deberes especiales por los que esta pueda promoverse, a uno mismo y a todo interés propio, este designio impio de destruir a toda la humanidad por medio de toda forma de sutileza y crueldad, para su provecho propio, se levanta en su lugar. Pero la consideración de la naturaleza y del espíritu, del uso y del fin del evangelio —del designio de Cristo en él y por él— es suficiente para preservar a las almas de los hombres que no están completamente encantados, en un aborrecimiento de esta imagen de su propagación. En esto es en lo que “el dios de este mundo”, con ayuda de su ceguera y concupiscencias, ha engañado a la humanidad y ha prevalecido sobre ella, con la pretensión de dar honra a Cristo, presentando ante el mundo la representación más vil de él que se pueda concebir. Si él ha señalado esta manera para la propagación del
evangelio, no se puede distinguir bien de Mahoma. Pero no hay nada mas contrario a él,
nada que su alma santa aborrezca más. Y, si los hombres no hubieran perdido todo sentido espiritual de la naturaleza y de los fines del evangelio, no se habrían entregado nunca a estas abominaciones. Cualquiera que suponga que la fe del evangelio puede propagarse con semejante crueldad y sangre —con arte y sutileza—, con complots, conspiraciones y artimañaas—de cualquier manera excepto por la locura de la predicación que, con tal fin, es poder y sabiduría de Dios—, esta declarando su propia ignorancia de ella y su desinterés por ella. Si los hombres no hubieran concebido y abrazado otra religión distinta de la que aquí se enseña, o no hubieran abusado de una pretensión de ella con fines y provechos propios, esta imaginación de su propagación nunca se habría producido en sus mentes, por ser tan diametralmente opuesta a toda la naturaleza y a todos los fines de ella.

(Continuará)…
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John Owen (1625-1699) fue un líder eclesiástico, teólogo y administrador académico no conformista de la Universidad de Oxford. Puritano. Extraído de N. R

 

¿Qué es el evangelio?

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No hay mayor mensaje que el evangelio. Pero a pesar de su importancia, muy a menudo es distorsionado masivamente o simplificado de más. La gente piensa que está predicando el evangelio cuando te dice: “Puedes tener un propósito en la vida”, o “puedes encontrar significado en tu vida”, o “puedes tener una relación personal con Jesús”. Todo eso es verdad y es importante, pero no llega al corazón de lo que es el evangelio.

Al evangelio se le llama “buenas nuevas” ya que habla sobre el problema más serio que tú y yo tenemos como seres humanos, y ese problema es simplemente esto: Dios es santo y Él es justo, y yo no lo soy. Y al final de mi vida estaré delante de un Dios justo y santo, y seré juzgado. Y seré juzgado ya sea en base a mi propia justicia, la falta de ella, o en base a la justicia de otro. Las buenas nuevas del evangelio son que Jesús vivió una vida de perfecta rectitud y perfecta obediencia a Dios, no a su propio favor, sino por su pueblo. Él ha hecho por mí lo que yo no podía hacer por mí mismo. Pero no solo vivió esa vida de perfecta obediencia, sino que se ofreció a sí mismo como un sacrificio perfecto para satisfacer la justicia de Dios.

El gran error en nuestros días es el siguiente: creer que Dios no se preocupa de proteger su propia integridad. Que es una deidad debilucha, que solo pasa su varita mágica de un lado a otro perdonando a todos. No. El que Dios te perdone es algo muy costoso. Le costó el sacrificio de su propio Hijo. Fue tan valioso el sacrificio que Dios lo pronunció valioso al levantarlo de los muertos. Así que Cristo murió por nosotros, y fue levantado para nuestra justificación. Por lo que el evangelio es algo objetivo. Es el mensaje de quién es y qué hizo Jesús. Y también tiene una dimensión subjetiva. ¿Cómo nos apropiamos subjetivamente de los beneficios de Jesús? ¿Cómo los consigo? La Biblia deja en claro que no somos justificados por nuestras obras, ni por nuestros esfuerzos, ni por nuestras acciones, sino por la fe —y solo mediante la fe. La única manera en que puedes recibir el beneficio de la vida y la muerte de Cristo es poniendo tu fe en Él y solo en Él. Si haces esto, eres declarado justo por Dios, adoptado en su familia, perdonado de todos tus pecados, y habrás comenzado tu peregrinación hacia la eternidad.

Robert Charles Sproul (nacido el 13 de febrero de 1939) es un teólogo calvinista estadounidense, autor y pastor.

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