La implicación del cristiano en la sociedad 3

4. Recordarás emplear el sábado y domingo solo para ti mismo y no desperdiciarás el tiempo asistiendo a alguna iglesia.

5.Serás feliz con tus dos madres, o tus dos padres si tienes tal privilegio, y aprenderás a ser como ellos. Pero si tienes una madre y un padre, no dudes en denunciarlos a la policía si quieren que hagas algo que no te gusta. (¡A los niños les encanta este mandamiento!).

6.No ejecutarás criminales ni matarás a enemigos en la guerra, ni usarás la fuerza para defender a gente inocente. Pero matarás a cualquier bebé no deseado, antes de que nazca, y a personas mayores si no tienen calidad de vida.

7.Tendrás tantas esposas como desees, a condición de que sea una después de otra. Para la poligamia tendrás que esperar hasta el 2038, cuando el Islam será la religión mayoritaria en Gran Bretaña y quizá en otros paises europeos.

8. No hurtarás abiertamente, pero hazlo en los negocios, en el pago de impuestos y de otras formas en que no te puedan pillar.

9.No mentirás excepto cuando sea necesario y nadie lo advierta.

10. Codiciarás todo tipo de cosas y entretenimientos, con toda clase de malos pensamientos, mientras no dañes a otras personas. Vive y deja vivir.

Si eres consciente de esta agenda secreta, tu deber es exponerla y denunciarla para que la gente sepa lo que está por venir.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque tiene la perspectiva del Reino de Dios. El Reino incluye a la Iglesia, pero abarca mucho más que la Iglesia. Nosotros no somos solo miembros de la Iglesia sino también ciudadanos del Reino de Dios. Nuestra ciudadanía está en los cielos, pero estamos también sobre la tierra. El mundo necesita la voz profética que solo el pueblo de Dios puede dar sobre los grandes problemas del mundo.

El cristiano debería implicarse en la sociedad, porque tiene derecho a demandar de los gobernantes el cumplimiento de sus responsabilidades, puesto que ellos son también designados por Dios. Tenemos el derecho a exigir a nuestros gobernantes que no excedan sus competencias: no se supone que estén para dar directrices morales a la nación. Los ciudadanos tendrían que tener el derecho a educar a sus hijos como quieran (dentro de unos límites, por supuesto). Debemos ver el peligro del totalitarismo. El Estado no debe usurpar el lugar de Dios. Ese fue el gran pecado de la Alemania nazi (mucho peor que la matanza de seis millones de judíos). Debemos ser celosos de la gloria de Dios.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque tiene los mismos derechos que otros ciudadanos. Pablo reclamó sus derechos como ciudadano romano. Sacó provecho de una ley que, en un sentido, era discriminatoria. ¿Es equivocado unir nuestras fuerzas con otros, para cambiar las leyes terrenales y asi conseguir ciertas ventajas? Las leyes actuales en diferentes países europeos están dificultando que los cristianos extiendan el evangelio. Por ejemplo, la ley sobre el “odio religioso” que el Parlamento británico ha estado intentando aprobar. ¿No tenemos que intentar cambiar tales leyes? ¿Es erróneo intentar cambiar las leyes de la tierra si van contra las de Dios? ¿Tenemos que esperar para ello que un porcentaje significativo de la población se convierta?

En el futuro, a los cristianos no se les permitirá hablar en contra de la homosexualidad, de otras religiones, etc. ¿Seremos felices convirtiéndonos solamente en mártires del nuevo totalitarismo? El Señor dijo a sus discípulos: “Pero cuando os persigan en una ciudad, huid a la otra” (Mt. 10:23).

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque el hecho de que la Iglesia esté separada del Estado no significa que el cristiano no pueda tratar de influir en él. El más claro ejemplo de esto son los EE.UU. de América, donde la Constitucion separa a la Iglesia del Estado, pero donde las leyes tienen una gran influencia cristiana. La situación en España es que el Gobierno ha conseguido que la mayoría de las iglesias, de toda índole, se unan para negociar con ellas diferentes asuntos. El resultado es que hay tal mezcla de ideas en estas iglesias que no pueden presentar un frente común de cara al Gobierno sobre las distintas cuestiones. Hitler intentó precisamente formar una Iglesia alemana que aceptara su régimen, pero no logró su propósito. (Es interesante que en España el Gobierno intente algo similar). De hecho, la Iglesia confesante, apoyada por Bonhoeffer, Neimoller y otros, se opuso a ese acuerdo y reaccionó contra el régimen. Las otras iglesias no hablaron claramente contra el régimen nazi y, por tanto, en un sentido colaboraron con él.

La Declaración Barmen en Alemania (1934), contra los llamados “cristianos alemanes”, es un ejemplo de lo que los cristianos pueden hacer para resistir las tendencias equivocadas en la nación y ejercer una buena influencia.

III. ¿En qué forma debería implicarse el cristiano en la sociedad?
La manera como el cristiano debería implicarse en la sociedad es individualmente, no como iglesia. Es el cristiano individual en principio quien se implica, no la iglesia como tal. Pero dónde trazar la línea divisoria es algunas veces muy difícil de determinar. No obstante, esto no debería ser un obstáculo.

La forma en que el cristiano debería implicarse en la sociedad es denunciando leyes y prácticas que son descaradamente contra la ley de Dios: leyes que permiten tales atrocidades como matar a millones de inocentes por medio del aborto, eutanasia, experimentos con embriones, leyes inmorales que dan paso a una educación ética equivocada (no es la función del Gobierno de turno decidir entre lo que es correcto o incorrecto); matrimonios homosexuales y la adopción de niños por ellos, de modo que tengan dos madres o dos padres; prácticas como blasfemias contra Cristo, etc. Los primeros cristianos hablaron claramente contra los pecados de la sociedad. Clamaron: “Vosotros le crucificasteis”, no solo: “El fue crucificado por nuestros pecados”. Nosotros podemos decir ahora: “Vosotros habéis matado a millones de personas. iArrepentíos!”.

Yo, personalmente, he sido criticado por publicar folletos contra el aborto y películas blasfemas. Se me ha dicho que lo que hay que hacer es precisamente predicar el evangelio, porque la sociedad no cambiará de otro modo. Pero la Biblia es clara sobre estos temas: “Abre tu boca por los mudos, por los derechos de los desdichados. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado” (Pr. 31:8-9). “Libra a los que son llevados a la muerte y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza” (Pr. 24:11). En el pasado, otros cristianos han denunciado malas leyes y prácticas y han cambiado la situación. Wilberforce apoyó la campaña por la completa abolición de la esclavitud. La Clapham Sect (compuesta por conser- vadores) movilizó a la opinión pública y presionó al Parlamento para abolir la esclavitud y legalizar el envio de misioneros a la India.

La forma en que el cristiano debería implicarse en la sociedad es anunciándole el juicio, tanto si escuchan como si no. Noé lo hizo durante cien años.

“Porque sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te sitiarán y te acosarán por todas partes. Y te derribarán a tierra y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación”(Lc. 19:43-44).

Finalmente, la manera como el cristiano debería implicarse en la sociedad no es solo denunciando el mal y anunciando juicio, sino también haciendo bien a toda clase de personas.

Estas son las implicaciones de la gracia común. Cristo hizo bien a las personas además de predicar el evangelio. Existe el peligro de producir “cristianos de arroz” (como los llaman en Gran Bretaña) y caer en un evangelio social. Pero no obstante, aun deberíamos actuar de esa forma. Grandes hombres y mujeres cristianos hicieron mucha obra social en el pasado, sin comprometer su responsabilidad con el evangelio: reforma de prisiones, orfanatos, hospitales, trabajo de niños, crueldad hacia los animales, la Cruz Roja, etc.

No hay duda que nuestra prioridad es predicar el evangelio. Nunca deberíamos perder esto de vista. El evangelio es la única y última esperanza para la grave situación del hombre y la sociedad. Pero no usemos el evangelio como tapadera para no hacer ninguna otra cosa. El evangelio implica que el mundo, todo, pertenece a Dios. Y así nosotros deberíamos traer la influencia de Dios a todas las esferas de este mundo.

 

 

La implicación del cristiano en la sociedad 2

Expresamos también nuestro arrepentimiento tanto por nuestra negligencia como por haber concebido a veces una evangelización y preocupación social como dos cosas que se excluyen la una a la otra”.

El Doctor Williamson (profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Lousiana), citado con aprobación por José Grau dice: “La evangelización personal no es suficiente […] tiene que haber un más amplio mensaje que tome en consideración los intereses financieros, políticos y sociales del ser humano hecho de came y hueso, a quien tenemos que evangelizar”.

Nuestra implicación en la sociedad no se debe malinterpretar. No se supone que vayamos a traer una especie de teocracia a la sociedad, como pretende la llamada Teonomía. No, no podemos esperar que la sociedad vaya a seguir las leyes de Dios. En 1 Corintios 2:14 dice: “Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para el son necedad, y no las puede entender porque se disciernen espiritualmente”. No deberíamos intentar transformar el mundo hasta el punto de no aceptar nuestras responsabilidades. ¿Deberían nuestras ciudades convertirse en la Ginebra de Calvino? No creo que las autoridades civiles deban dar reglas morales para la sociedad. Su responsabilidad es hacer leyes que respeten el orden natural establecido por el Creador y castigar el crimen. Pero uno de los peores malentendidos con respecto a nuestra implicación en la sociedad es pensar que podemos cambiar su condición moral o la del hombre. Yo rechazo por completo este punto de vista.

Solo el evangelio de Jesucristo puede producir tal transformación por el nuevo nacimiento. Pero, como hemos visto, predicar el evangelio no es lo único que podemos hacer como cristianos.
Nuestra implicacion en la sociedad no debe malentenderse como en los casos de malos ejem- plos que ha dado algunas veces la Iglesia. En la Alemania nazi, grandes secciones de la Iglesia guardaron un silencio culpable ante las atrocidades que estaban sucediendo. Solo un obispo católico (Cle ments von Galen) habló contra la eutanasia y, poco después, Hitler la detuvo, pero no antes de que setenta mil personas hubiesen sido asesinadas de esa forma. Se calcula que hoy, en Holanda, el 76% de los casos de eutanasia se efectuan sin pedir permiso a los pacientes o a sus familiares.

Esto demuestra como estas leyes (malas como son) representan solo la punta del iceberg: la realidad es mucho peor. Y esto está llegando a Españaa y a otros países. Las grandes organizaciones evangélicas en España han desempeñado un papel de muy bajo perfil en temas éticos en fechas muy recientes. A cierto Iíder evangélico se le preguntó hace años si las iglesias evangélicas tenían una postura sobre la homosexualidad y respondió: “iNol”. Los evangélicos, sin embargo, deberíamos tener una postura sobre temas morales y darla a conocer ampliamente.

II. ¿Por qué debería el cristiano implicarse en la sociedad?
El cristiano se deberia implicar en la sociedad, porque la ley moral se propuso para todo el mundo y no solo para el pueblo de Dios. “Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los [dictados] de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para si mismos, ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos” (Ro. 2:14-15). Nadie está mas allá del alcance de la ley de Dios, pero esta no debe ser usada solo para convencer de pecado y de juicio, sino también para mostrar a las personas como deberían vivir.
“Porque Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Mr. 6:18). Y esta clase de cosas se pueden decir a individuos, gobiernos y naciones.

¿Tiene Dios algo que decir a los inconversos aparte de que deben arrepentirse? Caín no era cre- yente pero Dios le dijo: “¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tu debes dominarlo” (Gn. 4:6-7). ¿Por qué los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas y no solo a Israel? Algunos cristianos evangélicos creen en la apologética aristotélica, así que pretenden poder razonar con el hombre natural y persuadirle para que crea ciertas cosas. ¿Pero cuál es la utilidad de esta creencia, si se limitan ellos mis mos a predicar solo el evangelio?

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque solo la Iglesia sabe la maldad que existe de- trás de las altas esferas. Los no creyentes ignoran que el pecado es una fuerza moral. El cristiano es consciente de las fuerzas espirituales del mal que controlan la sociedad: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Las demás personas no lo saben y, por tanto, no pueden resistir la marea. Ellos tratan los síntomas pero no la causa.

El cristiano debería implicarse en la sociedad porque el pueblo, en general, no está advertido de la existencia de una agenda secreta en la sociedad para quitar de en medio a Dios y colocar al Estado en el lugar de Dios, controlar el pensamiento del pueblo y así todos tendrán los mismos principios. El Estado usurpará el lugar de Dios y te dirá lo que es correcto o incorrecto por medio de sus “Diez Manda mientos”:
1.Podrás tener tantos dioses como gustes excepto el Dios cristiano.

2. Harás un ídolo de cualquier cosa: riqueza, sexo, fama o cualquier otro objeto bajo el sol.

3.Ridiculizarás a Cristo, al cristianismo y a tantas otras religiones como gustes. Solo se cuidadoso con el Islam para que tus días puedan ser prolongados…

Continuará…

La implicación del cristiano en la sociedad 1

“Vosotros soís la sal de la tierra, pero si la sal se ha vuelto insípida ¿con qué se hará salada [otra vez]? Ya para nada sirve sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros, sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una Iámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5:13-16).

Me gustaría sugerir que hay un más amplio, quizá más profundo, significado de estas palabras en Mateo 5:1 3-1 6 que el que nosotros les damos. Este significado tiene que ver con la implicación del cristiano en la sociedad en una forma que va más allá de la predicación del evangelio y dar buen testimonio. Y esta es un área donde desafortunadamente no todos los cristianos estamos de acuerdo.

I.- ¿Cuál debería ser la implicación del cristiano en la sociedad?
En otras palabras, ¿qué significa para el cristiano ser sal y luz en este sentido más amplio?
Nuestra implicacion en la sociedad se deberia entender en lo que se refiere a ser sal. Su principal significado, según Hendriksen, es preservar los alimentos de la corrupcion. Vivimos en una sociedad corrompida y que se está corrompiendo cada dia más y más.

¿Cómo podemos preservar nuestra sociedad de mas corrupción? ¿Solo predicando en nuestras pequeñas congregaciones? ¿Sólo viviendo una vida delante de una docena de personas a las que conocemos individualmente? Indudablemente debemos predicar el evangelio y vivir una vida santa, ¿pero a cuántas personas alcanzamos de esa manera? En España hay un cristiano por cada mil personas. ¿Qué grado de influencia tenemos sobre la sociedad española y cómo podemos preservarla de la corrupción? Algunos esperan que llegue el avivamiento, ¿pero qué hacemos mientras tanto?

Nuestra implicación en la sociedad debería entenderse en lo referente a ser luz del mundo. ¿Cuántas personas en nuestra sociedad pueden ver la luz cristiana o son conscientes que tal luz existe? ¿Se podría describir como una ciudad situada sobre un monte? Nuestra sociedad necesita luz en los temas morales. Debería conocer el camino de Dios y su juicio. Los cristianos deberíamos ser conscientes de la situación de la sociedad (Juan el Bautista era consciente de la situacion de Herodes). Pero para hacerlo, deberíamos hablar alto y claro en la forma más amplia posible.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a tratar directamente diversos asuntos morales. Esto es lo que encontramos en la Biblia. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban a las naciones paganas. Juan el Bautista denunció a los fariseos y a Herodes. Nuestro Señor Jesucristo dejó en evidencia la hipocresía de los fariseos.

Tomemos, por ejemplo el tema de la esclavitud ahora que celebramos el bicentenario de su abolición. El despertar evangélico fue un hecho espiritual muy poderoso tanto en Gran Bretaña  como en América. Sin embargo no abolió la esclavitud. John Newton estuvo involucrado en ella  (comerciaba con esclavos) y salió de ella. Pero su ministerio no detuvo la esclavitud, sino que fueron Wilberforce y otros que lo hicieron. No solo predicaron el evangelio y vivieron una vida piadosa sino que la denunciaro en el Parlamento, y se logró su abolición. La esclavitud no es un problema en la sociedad occidental (al menos no en la misma forma que en el pasado). Pero tenemos problemas morales que son aún peores que la esclavitud: aborto, eutanasia, experimentos con embriones humanos, matrimonios homosexuales, educación sexual pervertida en los colegios, libros, películas  y obras teatrales blasfemas sobre Cristo, etc. Existen los denominados pecados contra naturaleza y degradantes que deberían ser expresamente denunciados. “Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes, porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra naturaleza.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender sobre la base del derecho que tenemos a esperar que el hombre natural escuche a su conciencia, que es la voz de Dios y la de su ley en el hombre. Esto nada tiene que ver con imposiciones religiosas o morales en una sociedad secular. El papel del cristiano en la sociedad no es imponer valores cristianos en ella, sino presentar estos valores a la conciencia del hombre. Nosotros no deberíamos perseguir imponer la moralidad o resistir a la inmoralidad.

Sabemos que el problema con la sociedad no son “los pecados” sino “el pecado”. Pero tampoco deberíamos generalizar tanto sobre el concepto de pecado que al final las personas no entiendan de qué estamos hablando. Amós dijo en su día a las naciones vecinas cuáles eran sus pecados. “Así dice el Señor: Por tres transgresiones de los hijos de Amón, y por cuatro, no revocaré su (castigo), porque abrieron los vientres de las (mujeres) encintas  de Galaad para ensanchar sus límites” (Am. 1:13). Él no buscaba producir un cambio en ellos sino declarar la justicia de Dios y también anunciar el juicio divino.

Nuestra implicación en la sociedad se debería entender en lo que se refiere a buscar el bienestar  material de nuestra sociedad. “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). No solo de pan, pero también de pan. (Spurgeon dijo: “Si das un folleto a un mendigo. dáselo envolviendo un bocadillo”). “Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado. Y rogad al Señor por ella, porque en su bienestar tendréis bienestar”. (Jeremías 29:7).

Algunos cristianos dan la impresión de que lo único que les importa en este mundo es la salvación de las almas. A veces tratamos con las personas como si se tratase de potenciales conversos y nada más.  Nuestra implicación en la sociedad se debería entender incluso en lo referente a derribar el statu quo. Por ejemplo, ¿tenía Oliver Cromwell derecho a cambiar la situación política por la fuerza? ¿Solo predicó el evangelio al rey? (¡Creo que lo decapitó!). Nuestra implicación en la sociedad se debería entender como otros cristianos la han concebido. El pacto de Lausana (Suiza, 16-25 de Julio de 1974) que se acordó durante el Congreso Internacional sobre Evangelización Mundial, dice entre otras cosas Afirmamos que Dios es a la vez el Creador y juez de todos los hombres. Por tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia, la reconciliación entre toda la sociedad humana y por la liberación de los hombres de toda clase de opresión.

El hombre fue hecho a imagen de Dios; por eso todas las personas tienen una dignidad esencial y por esa razón tienen que ser respetados y servidos, no explotados.

Continuará …

 

El Ejemplo Cristiano

Blog21

El argumento más efectivo a favor del Cristianismo es todavía las buenas vidas de aquellos que lo profesan. Una compañía de Cristianos felices de vida pura en la comunidad es una prueba más poderosa que Cristo ha resucitado que cualquier tratado erudito pudiera ser. Y otra ventaja adicional es que, mientras que la persona promedio, común y corriente, no leería una obra teológica ni que se le pagara, nadie puede evadir el argumento práctico presentado por la presencia de mujeres y hombres santos.

Para los hijos e hijas de esta era tensa y altamente mecanizada una vida santa pareciera indiscutiblemente aburrida y aburridora y totalmente sin brillo, carente de interés, pero entre todos los juguetes imaginativos de fantasía que captan el interés del mundo, una vida santa se alza aparte como la única cosa destinada a perdurar.

*Las estrellas no hacen ruido*, dice el proverbio italiano, sin embargo han perdurado a través de todas las civilizaciones y en su modesto silencio han seguido brillantes por los siglos, predicando su sencilla doctrina de Dios y las cosas que perduran. Francisco de Asís compuso unos himnos sublimes y predicó unos sermones hermosos y amenos, pero no se le recuerda ni conoce por ninguno de éstos, sino que ha captado la imaginación moral de la humanidad. La pureza prístina de su vida es la que le ganó un lugar perdurable en los corazones de todos los que buscan a Dios.

El Cristiano que sea celoso de promover la causa de Cristo puede comenzar viviendo en el poder del Espíritu y así reproducir la vida de Cristo a la vista de los hombres. En profunda humildad y sin ostentación, él puede permitir que su luz brille. Tal vez el mundo pretenda no ver, pero lo verá y notará, sin embargo, y es probable que le moleste su conciencia de manera seria por lo que haya visto.

 

Extraído de “Orientando las velas”.

Aiden Wilson Tozer (21 de abril de 1897- 12 de mayo de 1963) fue un reconocido pastor cristiano estadounidense, predicador, escritor,  y conferenciante bíblico.