Niños: Busquen al buen pastor

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Niños queridos: Jesús es el Buen Pastor. Extendió sus brazos en la cruz, y su seno fue atravesado por una lanza. Esos brazos les pueden recoger, y ese seno está listo para recibirlos. Oro por ustedes todos los días pidiendo que Cristo los salve. Él me dijo a mí: “Apacienta mis corderos”, y todos los días le devuelvo a él sus palabras: “Señor, apacienta mis corderos”. Anhelo verles en el regazo de Jesucristo. Creo que Cristo ha recogido a algunos de ustedes. ¿Pero no habrá más para recoger? ¿No habrá más retoños verdes para quitar del fuego? ¿No habrá otros que deseen cobijarse bajo la vestidura blanca de Jesús? ¡Ay, vengan! Porque “aún hay lugar” (Luc. 14:22). Eleven sus corazones a Dios mientras les cuento algo más del Buen Pastor.

1. JESÚS TIENE UN REBAÑO: Todo pastor debe tener un rebaño, y Cristo también. Cierta vez vi un rebaño en un valle cerca de Jerusalén. El pastor iba al frente y llamaba a las ovejas, y ellas conocían su voz y le seguían. Dije: “¡Este es el modo como Jesús guía a sus ovejas!” ¡Ah, que sea yo una de ellas!

(1) El rebaño de Cristo es un rebaño pequeño. Escucha lo que dice Jesús: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Luc. 12:32). Ora pidiendo estar en el rebaño pequeño. Fíjate en el mundo: [billones] de hombres, mujeres y niños de distintos países, color, idioma, marchan hacia el tribunal. ¿Es éste el rebaño de Cristo? ¡Ay, no! Millones sin cuenta jamás han escuchado el dulce nombre de Jesús, y del resto, la mayoría no ve la hermosura de la Rosa de Sarón. El rebaño de Cristo es pequeño. Fíjate en esta ciudad. ¡Cuántos andan por las calles en un día de descanso! ¡Qué rebaño tan grande! ¿Es este el rebaño de Cristo? No. Me temo que la mayoría no son hermanos y hermanas de Cristo. No se parecen a él. No siguen al Cordero ahora y no lo seguirán en la eternidad. ¡Observa las escuelas dominicales! ¡Cuántos rostros infantiles y juveniles vemos allí! ¡Cuántos ojos radiantes de alegría! ¡Cuántas almas preciosas! ¿Es éste el rebaño de Cristo? No, no. La mayoría tiene un corazón duro y de piedra. La mayoría ama el placer más que a Dios. La mayoría ama el pecado y no le dan importancia a Cristo… quiero llorar cuando pienso cuántos vivirán una vida de pecado, morirán una muerte horrible y pasarán la eternidad en el infierno. Queridos niños: oren pidiendo ser como un lirio entre muchas espinas: ser los pocos corderos en medio de un mundo de lobos.

(2) Las ovejas de Cristo son ovejas marcadas. En la mayoría de los rebaños, las ovejas están marcadas a fin de que el pastor pueda identificarlas. La marca se hace con frecuencia con alquitrán en el lomo lanudo de la oveja. A veces es la primera letra del nombre del dueño. Se ponen las marcas para no perderlas cuando andan entre otras ovejas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. Cada una de sus ovejas tiene dos marcas:

Una marca está hecha con la sangre de Jesús. Cada oveja y cordero en el rebaño de Cristo una vez fue culpable y manchado de pecado, totalmente inmundo. Pero cada uno ha sido atraído por la sangre de Jesús y limpiado en ella. Son cono ovejas “que suben del lavadero” (Cant. 4:2). Todos pueden decir: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc. 1:5). ¿Tienes tú esta marca? Fíjate y mira si la tienes. Nunca podrás estar en el cielo a menos que la tengas. Cada uno allí ha lavado sus vestiduras y “las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).

Otra marca está hecha por el Espíritu Santo. Esta no es una marca que puedes ver desde afuera, como la marca en la lana blanca de las ovejas. Está muy, muy adentro en el interior, donde al hombre le es imposible ver. Es un nuevo corazón. “Os daré corazón nuevo” (Eze. 36:26). Este es el sello del Espíritu Santo que da a todos los que creen. Con poder infinito, extiende su mano invisible, y silenciosamente cambia el corazón de todos los que realmente son de Cristo. ¿Tienes tú un corazón nuevo? Nunca irás al cielo sin él. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom. 8:9). Queridos niños, oren pidiendo estas dos marcas de las ovejas de Jesús: perdón a través de su sangre y un nuevo corazón. Toma esto muy en serio y procura muy en serio obtener las dos ahora mismo. Pronto vendrá el Pastor Principal, y pondrá sus ovejas a su mano derecha, y las cabras a su izquierda. ¿Dónde estarás tú aquel día?

(3) Todas las ovejas de Cristo se mueven en rebaño. A las ovejas les encanta andar juntas. Una oveja nunca anda con un lobo o un perro, sino siempre con el rebaño. Especialmente cuando amenaza una tormenta, se mantienen cerca unas de las otras. Cuando los nubarrones oscurecen el cielo y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, los pastores dicen que entonces ven a las ovejas bajando desde los cerros y juntándose en algún valle resguardado. Les encanta mantenerse juntas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. No les gusta andar con el mundo, sino siempre unos con los otros. El cristiano ama al cristiano. Tienen la misma paz, el mismo Espíritu, el mismo Pastor, el mismo rebaño en los cerros de la inmortalidad. Especialmente en el día oscuro y nublado –como tarde o temprano uno lo será– las ovejas de Cristo se sienten impulsadas a estar juntas y llorar juntas. Les encanta orar juntas, cantar alabanzas y esconderse juntas en Cristo… Pequeños: “amémonos unos a otros” (1 Juan 4:7). Hazte compañero de los que temen a Dios. Huye de todos los demás. ¿Quién puede abrazar el fuego y no quemarse?…

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
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Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.