Amordazando a Dios

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¿Cómo predicar a Cristo en una generación pluralista como la nuestra? Carson  responde esta pregunta magistralmente en este libro. Excelente recurso para todo aquel que desee entender la generación en la que nos ha tocado vivir y ministrar. Sugel Michelén

Donald Arthur Carson nació el 21 de diciembre de 1946 y es un reconocido teólogo evangélico reformado que obtuvo su título de Doctorado en la Universidad de Cambridge.

Es Pastor Bautista y Profesor Asociado de Nuevo Testamento en la Trinity Evangelical Divinity School Deerfield, Illinois, EE. UU. Es editor de The Tyndale Consultations, para la World Evangelical Fellowship (Alianza Evangélica Mundial).

Carson consigue un enfoque tanto intelectual como pastoral, reconociendo correctamente que las macro filosofías del mundo tienden a ser asimiladas inconscientemente por la enseñanza popular de las iglesias dentro de una generación.

El libro «Amordazando a Dios» está dividido en 4 secciones:

Primera parte

Su punto de partida, como es debido, es definir lo que es el pluralismo, cómo se ve a diferentes niveles, y cuál es su impacto en nuestra sociedad contemporánea. Como maestro de la Palabra de Dios, advierte del desafío en el campo de la interpretación bíblica. Procede a hablar acertadamente en la primera sección, acerca del “laberinto hermenéutico” y cómo escaparse de ello, mientras debemos reconocer las perspectivas que la nueva hermenéutica abre.

Segunda parte

En la segunda sección, enfoca sobre el pluralismo religioso y se centra en la autoridad de la revelación bíblica. Es la parte más extensa del libro porque cualquier idea que intenta marginar o cuestionar el mensaje único del evangelio tiene que ocupar nuestra mayor atención. Donald A. Carson consigue llevar al día la línea desarrollada por la obra magistral de Carl F. Henry quien advirtió de estas tendencias hace treinta años.

El autor reconoce que la ofensa intelectual del evangelio procede del hecho de que si Dios ha hablado y reconocemos su única autoridad, entonces la misma claridad de la revelación separa lo que es la verdad de lo que no lo es. La exclusividad que siempre ha estado implícita en predicar el evangelio de un solo Dios y mediador, llega a ser un enfoque primordial en la batalla con el pensamiento de esta generación, por el dogma avasallador de la falsa tolerancia, en una sociedad que se considera plural hasta que el evangelio le confronta con las verdaderas alternativas.

Tercera parte

Carson no pretende legislar, en la tercera parte, sobre la forma de vida del cristiano en medio del pluralismo, pero sugiere pautas sabias para vivir entre el pleno convencimiento de la verdad del evangelio y un mundo que niega tal posibilidad. Y presenta una visión espiritual y realista de cómo debemos conducirnos sin caer en las trampas de las “respuestas fáciles” que se presentan.

Cuarta parte

La última sección mira hacia el campo evangélico para ver hasta qué punto muchos teólogos “evangélicos” se han acomodado a los vientos recios del pluralismo, no es “una caza de brujas”.Sabiamente, Carson concentra sus esfuerzos en ilustrar su tesis con referencia a los temas de polémica contemporánea – ¿cómo se debe relacionar el evangelio con la cultura de hoy?, ¿cuál es la naturaleza del infierno?-.

El conjunto de 740 páginas es un desafío bíblico a reconocer la única y exclusiva fuente de la verdad en Dios, discernir los elementos de la filosofía y la cultura que confirman o minan la enseñanza bíblica y, por nuestra fidelidad al evangelio transformador, dejar a Dios hablar a un mundo necesitado.

ÍNDICE

Prefacio

El desafío del pluralismo contemporáneo

Primera parte: Hermenéutica
Segunda parte: Pluralismo religioso
Tercera parte: Forma de vida del cristiano en medio de una cultura pluralista
Cuarta parte: El pluralismo dentro de nuestro campo

Apéndice: ¿Cuándo es espiritual la espiritualidad?

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Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Mi interés en el tema del pluralismo procede de una gran diversidad de experiencias. La primera de ellas es la siempre presente necesidad de comprender la propia cultura de uno. Esa necesidad aparece con mayor intensidad en aquellos que se trasladan de una cultura a otra: su movilidad los expone a una gran diversidad de puntos de vista, lo que les lleva a preguntarse de repente qué es lo que diferencia su propio mundo. Es una necesidad que aparece no con menor desafío entre quienes disfrutan leyendo biografías y otros estudios históricos: al ir formando nuestra opinión acerca de pasados movimientos y períodos, comenzamos a preguntarnos qué dirá la gente algún día acerca de nuestra propia cultura y período histórico. Por supuesto, el tiempo transcurrido se exagera considerablemente: no se caracteriza por algo así como el vacío que la gente le suele asignar. No obstante, el tiempo transcurrido es mucho más preciso que los pronósticos acerca del futuro (esos extravagantes horóscopos de las ciencias sociales dignas del mayor descrédito); también es más comprensible que la mayoría de valoraciones actuales. Puesto que vivimos en el presente, no obstante, el presente es lo que debemos tratar de comprender, por mucho que intentemos arrojar luz sobre el pasado de la cuestión. Y el tema común de la gran mayoría de comentaristas que intentan definir la cultura occidental de finales del siglo XX es el pluralismo. Por tanto, es inevitable que me haya sumergido dentro de la vasta literatura sobre esta cuestión y que me encuentre luchando con ella.

La segunda clase de experiencia que me ha empujado a pensar acerca de estas cuestiones procede de mi vocación como maestro cristiano. Durante años he enseñado cursos de hermenéutica. He observado que la hermenéutica va desde el arte y la ciencia de la interpretación bíblica hasta la «nueva hermenéutica» de la deconstrucción, con muchas paradas a lo largo del viaje y muchas carreteras comarcales interesantes. Todo el que ha reflexionado acerca de estas cosas ha tenido que reconocer muy pronto que muchas formas de pluralismo contemporáneo van ligadas a determinadas aproximaciones a la hermenéutica. Un maestro cristiano no puede pensar mucho acerca de lo primero sin leer más acerca de lo último. Como antídoto para las pretensiones arrogantes del conocimiento positivo de hace un siglo, la nueva hermenéutica es bastante moderada. Pero, cuando resulta que debería enseñarnos a ser humildes, se ha convertido en la mayor ideología imperial de nuestros días. Nos amenaza con un nuevo totalitarismo ideológico que resulta francamente alarmante en sus pretensiones y prescripciones. La tercera clase de experiencia que me ha impulsado a reflexionar sobre las características del pluralismo contemporáneo deriva de mi vocación como predicador cristiano. Por ejemplo, las campañas en la universidad deben encararse en la actualidad con aproximaciones y puntos de vista sustancialmente diferentes de aquellos a los que me enfrentaba cuando me gradué hace treinta años. Muchas de estas diferencias no son más que la obra que ha ido llevando a cabo una u otra forma de pluralismo, tanto en el mundo académico como en nuestra cultura. Escribo como cristiano. En mis momentos más sombríos, a veces me pregunto si la terrible cara de lo que denomino pluralismo filosófico es la amenaza más peligrosa para el evangelio desde la herejía gnóstica del siglo II, y por razones parecidas. Parte del peligro surge del hecho de que la nueva hermenéutica y sus muchas ramificaciones no son del todo erróneas: sería más fácil enfrentarse a una ideología que fuese total y profundamente corrupta. Pero otra parte del peligro deriva de la cruda realidad de que, hasta donde alcanzo a discernir, las nuevas hermenéuticas y sus descendientes son a menudo profundamente erróneas, y tan populares que resultan perniciosas. Desde un punto de vista más optimista, temo que la expresión de estas sospechas puede sonar muy severa y, en cualquier caso, la verdad es que me siento pobremente capacitado para hacer semejantes juicios. Además, el posmodernismo está demostrando tener mucho éxito en minar el extraordinario orgullo del modernismo, y a ningún cristiano cabal le entristece esto del todo. En cualquier caso, no se puede contradecir de manera razonable que los desafíos contemporáneos son extraordinariamente complejos y dolorosamente serios.

La complejidad del tema deja a un autor ante una difícil elección. Cabe optar por un libro popular que examine por encima un montón de material de manera superficial, o bien por un estudio profundo de una parte del tema. Yo he intentado hacer ambas cosas a la vez: gran parte de este libro pinta un cuadro a grandes trazos con brocha gorda; pero de vez en cuando me centro en aspectos particulares del desafío, excavando debajo de la superficie para hacer frente a algunas cuestiones que me parecen más urgentes, o quizás menos valoradas en la literatura. Si algo de lo que escribo en las páginas siguientes sirve para equipar a algunos cristianos para llegar a una inteligente, sensible culturalmente y apasionada fidelidad al evangelio de Jesucristo, o si anima a algunas personas que piensan y no son creyentes a examinar de nuevo los fundamentos y así llegar a darse cuenta de que Jesús es el Señor, estaré profundamente agradecido.

Quizás ayudo a algunos lectores reconociendo que los capítulos 2 y 3 son los más teóricos. Si resultan demasiado difíciles para empezar, hay posibilidad de saltarlos. Aunque contienen un fundamento para el resto del libro, los últimos capítulos se pueden leer y aprovechar sin los primeros.

Parte del material de estas páginas ha sido obtenido a partir de conferencias dadas en Cambridge, Inglaterra; en el Seminario Teológico de Erskine, en Carolina del Sur; en los Grupos Bíblicos de Graduados de Wisconsin y de Michigan; y en otros lugares. En particular, parte del material que aparece aquí vio la luz por primera vez en alguno de los tres ensayos siguientes: «Testimonio cristiano en una era pluralista», en God and Culture [Dios y la cultura], Festschrift for Carl F.H. Henry, ed. D. A. Carson y John Woodbridge (Gran Rapids: Eerdmans, 1993), 31-66; y dos ensayos publicados en Criswell Theological Journal: «El desafío del pluralismo para la predicación del evangelio» y «El desafío de la predicación del evangelio al pluralismo». El apéndice fue publicado por primera vez (en portugués) en forma sencilla en el Festschrift for Rusell Shedd, Chamado para servir, ed. Alan Pieratt (Sao Paulo: Ediciones Vida Nova, 1994), y (en inglés), en forma parecida, en el Journal of the Evangelical Theological Society 37 (1994), 381-394. Estoy muy agradecido a los editores por permitirme incorporar aquí ese material.

También quiero comentar algo acerca de la estructura del libro. El primer capítulo es una presentación del pluralismo en sus diversas formas, exponiendo muchos de los puntos que son explorados con detalle más adelante. Es inevitable que el capítulo 1 y los capítulos posteriores se solapen en algunos momentos, pero pensamos que merece la pena tener una visión general a pesar de que eso ocasione alguna que otra repetición.

El título de Amordazando a Dios fue utilizado por vez primera en un libro de Gavin Reid. Su título completo era: Amordazando a Dios: El fracaso de la Iglesia para comunicarse en la era de la televisión. (Londres: Hodder & Stoughton. 1969). Su subtítulo aclara lo que Reid quería decir en el título. El que yo utilice las mismas palabras se debe a dos razones, como podrán descubrir los lectores de este libro. También descubrirán que, a pesar de nuestros grandes esfuerzos por amordazar a Dios, él sigue allí, y no está callado (como solía decir Francis Schaeffer).”

* Editorial Andamio 2ª edición Enero 2016Nº páginas: 740 pp.

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¿Hasta cuándo Señor?

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Más vale que aclare ahora mismo sobre qué no habla este libro. No es una respuesta rápida a preguntas complicadas sobre el sufrimiento. Ni tampoco es (excepto de forma implícita) una defensa de la existencia de Dios. Ni siquiera es el tipo de libro que regalaría a muchas personas que están padeciendo un dolor inconsolable. Menos aún es una discusión académica de problemas filosóficos.

Así que, ¿de qué trata? Es, en primer lugar, un libro escrito por un cristiano para ayudar a otros cristianos a reflexionar sobre el sufrimiento y el mal. Eso quiere decir, por ejemplo, que no me dirijo primariamente a inconversos que piensan que el problema del sufrimiento y el mal es tan espinoso que pone en tela de juicio la mismísima existencia de Dios. Hay una serie de libros excelentes que tratan el tema desde esa perspectiva, pero éste no es uno de ellos. Si es usted un inconverso, le invito a seguir leyendo. De hecho, puede que descubra que el «mundo» en el que está entrando es tan atractivo que desee convertirse al cristianismo. Pero no es usted el tipo de lector que tengo en mente cuando escribo.

Principalmente, este es un libro de medicina preventiva. Uno de los motivos principales del dolor devastador y la confusión entre los cristianos es que tenemos expectativas equivocadas. No le concedemos al tema del mal y el sufrimiento la reflexión que merece hasta que nos vemos inmersos en una tragedia. Si en ese punto nuestras creencias —no demasiado meditadas pero profundamente enraizadas— se hallan en su mayor parte desfasadas respecto al Dios que se ha revelado en la Biblia y, de forma suprema, en Jesús, entonces el dolor producido por la tragedia personal puede verse multiplicado muchas veces, a medida que empezamos a cuestionamos los mismísimos fundamentos de nuestra fe.

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Tristemente, hay momentos en los que nuestra fe se ve sorprendida por la aflicción. Donald Carson quiere ayudar a los cristianos a crear estructuras y formas de pensamiento que sean tan fuertes que, cuando las preguntas más enrevesadas golpeen el alma, haya menos vacilación, más fe, más gozo y más esperanza. Este libro desarrolla una serie de temas, seleccionados por haber sido de ayuda para diferentes personas, como: el precio del pecado, la pobreza, la guerra, el infierno, la enfermedad, la muerte, la fe, el Dios sufriente, el misterio y el consuelo de la providencia.

Acerca de su libro es el propio autor el que nos presenta la mejor descripción posible:

Por supuesto, no todas las dudas y temores nacen de expectativas erróneas basadas en creencias cuestionables. En un nivel intelectual, puede que un cristiano sea tan ortodoxo como el apóstol Pablo, pero carezca hasta tal punto de la madurez propia del apóstol que, cuando se enfrente a la primera crisis, su «entrega» intelectual vuelva a caer en el crisol. No obstante, resulta difícil imaginar a cristianos agonizando sobre cuestiones básicas si su sufrimiento no se ha visto, como mínimo, exacerbado por falsas expectativas sobre cómo es Dios, qué hace, qué lugar tiene en este mundo el sufrimiento. Por ejemplo, el dolor puede hacer brotar la pregunta: «¿Por qué a mí?» Esta pronto deja paso a: «¿Por qué me estás castigando?» o «¿Por qué me pruebas?» Y éste es sólo un atisbo de pensamientos mucho más crudos, los manifestemos o no «Quizás no eres un Dios de amor. A lo mejor eres caprichoso. Quizás no seas justo, y mucho menos santo. Quizás ni siquiera existas». C. S. Lewis fue capaz de describir su conversión en el memorable título «Cautivado por la alegría»; la mayoría de los cristianos admitimos, tristemente, que hay momentos en los que nuestra fe se ve sorprendida por la aflicción.

Este libro, por tanto, va destinado a ayudar. No ofrece una guía completa al problema del sufrimiento; sólo desarrolla unos cuantos temas, elegidos un tanto arbitrariamente en base a lo que me ha sido de ayuda, a mí y a algunos de aquellos a los cuales ministro. Con franqueza: puede que este  libro, como ya he dejado entrever, no pueda ser de ayuda a aquellos cuyo desespero es tan devastador que no puedan forzarse a leer, pensar y orar. Pero me sentiré satis-fecho si contribuye a que algunos cristianos creen estructuras y formas de pensamiento que sean tan fuertes que, cuando las preguntas más enrevesadas golpeen su alma, haya menos vacilación y más fe, gozo y esperanza.

Como este libro va destinado al público en general, he evitado en gran parte las bibliografías y discusiones técnicas. Por lo general, los libros y artículos que menciono son los que también ato. A pesar de mis mejores esfuerzos, el capítulo 11 es un tanto difícil. Si le resulta demasiado amedrentador, puede saltárselo; pero si es capaz de asimilarlo, haga el esfuerzo, porque estoy convencido de que las verdades bíblicas en él perfiladas poseen un enorme potencial para estabilizar la fe del pueblo de Dios.

El dolor y el sufrimiento generan a menudo un tremendo sentimiento de soledad. Pensamos que estamos aislados de los demás, sentimos que nadie puede comprendernos de verdad. La verdad es que a menudo ayuda hablar de estas cosas con otros cristianos. Por ese motivo se incluye una serie de preguntas al final de cada capítulo. Idealmente, deberían usarse en un grupo de estudio. Reflexionar sobre semejantes cuestiones en un completo aislamiento no resultará tan terapéutico, ni mucho menos. Soli Deo gloria.

INDICE

Prefacio

PARTE 1. REFLEXIONANDO SOBRE EL SUFRIMIENTO Y EL MAL

1. Los primeros pasos

2. Pasos en falso

PARTE 2. LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS: Temas bíblicos para la gente que sufre

3. El precio del pecado

4. Los males sociales, la pobreza, la guerra, los desastres naturales

5. El pueblo de Dios que sufre

6. Maldiciones y guerras santas y el infierno

7. La enfermedad, la muerte y la aflicción que producen

8. Desde la perspectiva del Fin

9. Job: Misterio y Fe

10. El Dios Sufriente

PARTE 3. ATISBOS DEL ROMPECABEZAS COMPLETO: el mal y el sufrimiento en el mundo de un Dios bueno y soberano

11. El misterio de la providencia

12. El consuelo de la providencia: aprendiendo a confiar

13. Algunas reflexiones pastorales 

Un libro de Editorial Andamio, 283 páginas,  2012


 

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Por amor a Dios I

Por Amor a Dios 1

Por amor a Dios

Donald A. Carson

Como su volumen complementario, Por amor a Dios Volumen II, este devocional contiene un plan diario sistemático de lectura para los trescientos sesenta y cinco días del año, basado en el programa de lectura de la Biblia de McCheyne que le llevará por el Nuevo Testamento y los Salmos dos veces en el transcurso del año, y una vez por el resto del Antiguo Testamento.

En un esfuerzo por ayudar a conservar el pensamiento y el estilo de vida bíblico, D. A. Carson ha añadido comentarios que fomentan la meditación y la reflexión sobre los pasajes para cada día. Además, de la forma más exclusiva, ofrece una perspectiva que sitúa cada texto en el marco más amplio de la historia y del plan eterno de Dios con el objeto de profundizar su manera de comprender su soberanía, así como la unidad y el poder de su Palabra.

“En un mundo que considera la verdad absoluta, lo correcto y lo incorrecto, y la salvación como cuestiones sujetas a una interpretación individual, las firmes proclamaciones y las milagrosas historias bíblicas parecen obsoletas para los tiempos modernos. Pero no es la Palabra de Dios la que ha cambiado. En realidad, su relevancia y su poder de transformar vidas están intactos. Lo que sí ha sufrido una alteración es el número de personas que la consultan”. 

405 pp. Rústica

Ref. 1784 – 18,00€

 

Por amor a Dios

Por amor a Dios 3

Este libro, el primero de dos volúmenes, va dirigido a cristianos que quieren leer la Biblia y hacerlo de principio a fin. En el mejor de los casos, los cristianos deben estar llenos de Biblia y hacer suyas las palabras de Job: “No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca.” (Job 23:12).

Los hijos de Israel debían aprender esta comparación durante su estancia en el desierto. Sabemos que Dios hizo que pasaran hambre y los alimentó con el maná, para enseñarles que “Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habíais conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor” (cf. Dt. 8:3). El Señor Jesús citó estas palabras cuando afrontó la tentación (Mt. 4:4). Por tanto, no solo del libro de Apocalipsis se puede decir con propiedad: “Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.” (Ap. 1:3).

Las guías devocionales tienden a ofrecer breves lecturas personales de la Biblia, limitándose algunas veces a uno o dos versículos que van seguidos de varios párrafos de edificante exposición. Sin duda, proporcionan una ayuda personal para los creyentes con necesidades, temores y esperanzas personales. Sin embargo, no ofrecen la estructura de lo que la Biblia afirma —la “trama” o “argumento”—, el panorama completo que da sentido a todas sus pequeñas secciones. Cuando se les da un mal uso, estas guías devocionales pueden llegar a engendrar una opinión desatinada de que Dios existe para resolver mis problemas. Se fomentan interpretaciones sumamente equivocadas de algu-nas Escrituras, simplemente porque el puñado de pasajes que tratan no se halla dentro del contexto de dicho panorama que va perdiendo intensidad. Solo la lectura sistemática y repetida de toda la Biblia está a la altura de estos desafíos. Y eso es lo que este libro promueve.

La noche que fue entregado, Jesucristo oró por sus seguidores con estas palabras: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.” (Jn. 17:17). La Palabra de verdad es el medio por el cual Dios santifica a hombres y mujeres, apartándolos para formar su propio pueblo. Este desafío ha ido en aumento con el paso de los años, y eso debido a varios factores. Todos debemos hacer frente a los pecados corrientes de pereza o falta de disciplina, los de la carne y el orgullo de la vida. Sin embargo, existen otras presiones añadidas. El ritmo mismo de la vida nos permite innumerables excusas para sacrificar lo importante sobre el altar de lo urgente. El constante aporte sensorial, que llega por todas partes, es suavemente adictivo: nos acostumbramos al entretenimiento y la diversión, y resulta difícil encontrar el espacio y el silencio necesarios para una lectura seria y concienzuda de las Escrituras. El analfabetismo bíblico, en aumento en la cultura occidental, es un problema aún más serio: la Biblia es un libro cada vez más complejo, hasta para muchos cristianos.

En “Por amor a Dios” se proporciona un comentario para cada día, pero si se contenta con leer la exposición dejando de lado los pasajes bíblicos asignados, este libro no habrá conseguido en absoluto su objetivo. El esquema de lectura aquí presentado es una ligera modificación de uno anterior, desarrollado hace más de un siglo y medio por Robert Murray M’Cheyne, un pastor escocés. La introducción explica cómo funciona y por qué este libro no es más que un primer volumen (aunque recorra todo el calendario anual). “Desead con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, creceréis en vuestra salvación, ahora que habéis probado lo bueno que es el Señor.” (1 P 2:2-3; NVI).

A continuación te mostramos el primero de los días del año para que tengas un ejemplo básico de las riquezas que encontraras en este libro:

Día 1: Génesis 1 | Mateo 1 | Esdras 1 | Hechos 1

Estos capítulos describen nuevos comienzos, pero la primera lectura -Génesis 1- narra el origen de todo lo creado en el universo.

En principio este capítulo, y las líneas de pensamiento que desarrolla, establece que Dios es distinto del universo que crea y, por tanto, el panteísmo queda descartado; que la creación original era buena en su totalidad y, por consiguiente, el dualismo queda al margen; que, según se declara, los seres humanos, varón y hembra, son los únicos hechos a imagen de Dios desmintiendo así toda forma de reduccionismo que afirma que somos parte del reino animal y nada más; que Dios es un Dios que habla, refutando cualquier noción de un Dios impersonal; que él ha hecho todas las cosas de forma soberana, incluidas todas las personas, por lo que se niega todo concepto de deidades meramente tribales.

Algunos de estos y otros temas relacionados quedan perfectamente claros por los autores bíblicos posteriores cuando reflexionan sobre la doctrina de la creación y ofrecen un sinfín de conclusiones de valor incalculable. La gloria total del orden creado da testimonio de la de su Hacedor (Sal. 19). El universo existió por la voluntad de Dios, a quien se adora de manera incesante por ello  (Ap. 4:11). Que Dios haya creado todas las cosas habla de su trascendencia; es decir, que está por encima de este orden creado, del tiempo y el espacio, y, por tanto, no puede ser domesticado por ninguna cosa que esta contenga (Hch. 17:24-25). Él creó todas las cosas y sigue gobernando sobre su totalidad, mostrando así que el racismo y el tribalismo deben ser rechazados (Hch. 17:26). Además, si hemos sido hechos a su imagen resulta  absurdo pensar que podamos representarle de manera adecuada con cualquier imagen inventada por nosotros (Hch. 17:29). Estas y muchas otras nociones quedan aclaradas en Escrituras posteriores.

Una de las implicaciones más importantes en la doctrina de la creación es la siguiente; es el fundamento de toda responsabilidad humana. El tema es recurrente en la Biblia, a veces de manera explícita y otras por implicación. Solo por poner un ejemplo, el Evangelio de Juan comienza con la declaración de que todo lo que fue creado existió por mediación del “Verbo” de Dios que ese encarnó en Jesucristo (Jn. 1:2-3, 14). Sin embargo, esta observación establece el escenario para una acusación devastadora: cuando este Verbo vino al mundo, aunque el mundo fue creado por medio de el,  el mundo no le conoció (Jn. 1:10). Dios nos hizo para que fuésemos su “imagen” para su propia gloria. Lejos de ser una medida de madurez, imaginar que somos autónomos no es más que la mayor señal de nuestra rebelión, la bandera de nuestro rechazo de la verdad (Ro. 1).

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Por amor a Dios 2

 

Escándalo. La cruz y la resurrección de Jesús

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Donald Arthur Carson (nacido el 21 de diciembre de 1946) es un teólogo evangélico reformado nacido en Canadá y profesor del Nuevo Testamento .

Permítanme, antes de que muchos piensen en la lapidación, por la recomendación de este libro para su lectura, en estos días que se aproximan, “semana santa”, que les hablemos sobre esta obra del bien conocido por todos (o casi todos), Donald A. Carson.

Sirva de introducción lo anterior para pensar  que mientras unos celebran de una forma, los creyentes bien podríamos leer el libro que nos ocupa y estudiar profundamente el significado de la Cruz y la Resurrección de Jesús. 

Nada es más central en la Biblia que la muerte y la resurrección de Jesús. La Biblia entera gira alrededor de un fin de semana en Jerusalén hace unos dos mil años. Todo intento de entender la Biblia sin pensar sobre cómo integrar la crucifixión y resurrección de Jesús fracasará, no será más que un ejercicio de irrevelancia. Los mismos seguidores de Jesús no esperaban que le crucificaran y definitivamente no esperaban que resucitara. Sin embargo, después de ocurridos estos eventos, sus pensamientos y actitudes fueron transformados de tal manera que entendieron que era inevitable que Jesús muriera en una cruz y dejara una tumba vacía. Desde ese momento, sus vidas enteras cambiaron.

Este libro resume no meramente lo que sucedió, sino las implicaciones de estos sucesos. Es decir, la intención del autor es proveer una explicación introductoria de la cruz y la resurrección, estudiando los escritos de algunos de los testigos más antiguos de la muerte y resurrección de Jesús. Las palabras de estos testigos han sido preservadas en la Biblia; los capítulos de este libro son explicaciones de cinco secciones de la Biblia que se expresan sobre estas preguntas.

  1. Las ironías de la Cruz (Mt. 27:27-51a)
  2. El centro de toda la Biblia (Ro. 3:21-26)
  3. El extraño triunfo de un Cordero inmolado (Ap.12)
  4. Un milagro lleno de sorpresas (Jn, 11:1-53)
  5. Dudando de la resurrección de Jesús (Jn. 20:24-31)

¿Crees? ¿O te encuentras entre los millones de personas que en cuanto comienzan a ver de qué trata la cruz, descartan el relato completamente porque les parece un escándalo? ¿Un Dios que vive, muere y resucita? ¿Un Dios que nos mira con ira pero nos ama igualmente? ¿Una cruz en la cual Dios envía y a la vez recibe el castigo? ¡Un escándalo!

“NO HAY CRISTIANISMO SIN LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ Y SU RESURRECCIÓN DE ENTRE LOS MUERTOS.”

Mediante un contenido bíblico directo y sólido, y al mismo tiempo lúcido, revelador y perspicaz, Carson hace una exposición fascinante que nos ayuda a entender más claramente la pasión de la cruz y el triunfo de la resurrección.

 

Donald A. Carson. Publicaciones Andamio, 2011

 

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