Hijos que andan la verdad 2

Te digo que los hijos que andan en la verdad sirven a Dios con un corazón sincero. Estoy seguro de que sabes que es muy posible servir a Dios sirviéndole sólo exteriormente. Muchos así lo hacen. Ponen cara de santos y pretenden ser sinceros cuando en realidad no lo son. Dicen hermosas oraciones con sus labios pero no son sinceros en lo que dicen. Se sientan en sus lugares en la iglesia cada domingo y a la vez están pensando todo el tiempo en otras cosas: y tal servicio es un servicio externo y muy errado.

Lamento tener que decir que hay hijos malos que frecuentemente son culpables de este pecado. Dicen sus oraciones regularmente cuando sus padres les obligan, pero no si no los obligan. Parecen prestar atención en la iglesia cuando los observa el maestro, pero no en otros momentos.

Los hijos que andan en la verdad no son así. Tienen otro espíritu en ellos. Su deseo es ser honestos en todo lo que hacen con Dios y le adoran en espíritu y en verdad. Cuando oran, tratan de ser sinceros y todo lo que dicen lo dicen en serio. Cuando van a la iglesia, tratan de ser serios y concentrarse en lo que oyen. Y uno de sus principales lamentos es que no pueden servir a Dios más de lo que lo hacen.

Niño, jovencito: esta es la tercera señal de que uno anda en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Es tu corazón falso o sincero?

Te diré, en último lugar, que los hijos que andan en la verdad
realmente se esfuerzan por hacer las cosas que son correctas ante los
ojos de Dios.
Dios nos ha dicho con mucha claridad lo que él piensa es lo correcto. Nadie que lea la Biblia con un corazón honesto puede quivocarse. Pero es triste ver cómo pocos hombres y mujeres se interesan en complacer a Dios. Muchos desobedecen sus mandamientos continuamente y no parece que esto les importara. Algunos mienten, insultan, se pelean, engañan y roban. Otros dicen malas palabras, no observan el día de reposo, nunca oran a Dios y nunca leen su Biblia. Otros son malos con sus familiares o haraganes o glotones o malhumorados o egoístas. Todas estas cosas, opine lo que opine la gente, son malvadas y desagradan a un Dios Santo.

Los hijos que andan en la verdad siempre tratan de evitar las cosas malas.
No les gustan las cosas pecaminosas de ninguna clase, y no les gusta la
compañía de los que las hacen. Su gran anhelo es ser como Jesús: santo,
inocente y apartado de las prácticas pecaminosas. Se esfuerzan por ser
bondadosos, gentiles, dispuestos a hacer favores, obedientes, honestos,
veraces y buenos en todos sus caminos. Les entristece no ser más santos
de lo que son.

Niño, Jovencito: esta es la última señal de los que andan en la verdad que te daré. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Son tus acciones buenas o malas?

Has oído ahora las señales de andar en la verdad. He tratado de presentártelas claramente. Espero que las hayas entendido. Saber la
verdad acerca del pecado; amar al verdadero Salvador, Jesucristo; servir a Dios con un corazón sincero; hacer las cosas que son buenas y aceptables ante los ojos de Dios: estas son las cuatro. Te ruego que pienses en ellas, y pregúntate: “¿Qué estoy haciendo en este mismo momento? ¿Estoy andando en la verdad?”…

Confía en Cristo, y él se ocupará de todo lo que concierne a tu alma. Confía en él en todo momento. Confía en él sea cual fuere tu condición: en enfermedad y en salud, en tu juventud y cuando seas adulto, en la pobreza o en la riqueza, en la tristeza y en el gozo. Confía en él, y él será un Pastor que te cuidará, un Guía que te guiará, un Rey que te protegerá, un Amigo que te ayudará cuando lo necesites. Confía en él, y recuerda que él mismo dice: “No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5). Pondrá su Espíritu dentro de ti y te dará un corazón nuevo. Te dará poder para llegar a ser un verdadero hijo de Dios. Te dará gracia para controlar tu temperamento, para dejar de ser egoísta, para amar a los demás como a ti mismo. Hará más livianos tus problemas y más fácil tu trabajo. Te confortará en el momento de aflicción. Cristo puede hacer felices a los que confían en él… Querido niño o jovencito, Juan sabía muy bien estas cosas. Las había aprendido por experiencia. Vio que los hijos de esta señora serían felices en este mundo, ¡con razón se regocijó!

Tomado de Boys and Girls Playing.


J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana, venerado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) , y muchos otros; nacido en Mcclesfield, Cheshire County, Inglaterra.

Hijos que andan la verdad

¿Qué quiere decir aquí “andando”? No creas que significa andar con tus pies… En cambio, significa nuestro modo de comportarnos: nuestra manera de vivir y de seguir adelante. ¿Y puedo decirte por qué la Biblia llama a esto “andando”? Lo llama así porque la vida del hombre es justamente como una viaje. Desde el momento cuando nacimos al momento de nuestra muerte, estamos siempre andando y siguiendo adelante. La vida es un viaje desde la cuna hasta la tumba, y la manera de vivir de una persona es llamada con frecuencia su “andar”.

Pero, ¿qué significa “andar en la verdad”? Significa andar en los caminos del evangelio bíblico, y no en los caminos malos de este mundo impío. El mundo, lamento decirte, está lleno de nociones falsas y mentiras, y especialmente lleno de mentiras acerca del evangelio. Todas proceden del diablo, nuestro gran enemigo. El diablo engañó a Adán y Eva y causó que pecaran por decirles una mentira. Les dijo que no morirían si comían del fruto prohibido, y eso era mentira. El diablo está siempre ocupado en ese mismo trabajo ahora. Siempre está tratando de lograr que hombres, mujeres y niños tengan nociones falsas de Dios y del cristianismo. Los persuade a creer que lo malo es realmente bueno, y que lo que es realmente bueno es malo: que servir a Dios no es agradable, y que el pecado no les hará ningún daño. Y, lamento decir, muchísimas personas son engañadas por él y creen estas mentiras.

¡Pero los que andan en la verdad son muy distintos! No prestan atención a las nociones falsas que hay en el mundo acerca del cristianismo.
Siguen el camino correcto que Dios nos muestra en la Biblia. Sea lo que se que hacen los demás, su anhelo principal es complacer a Dios y ser sus verdaderos siervos. Ahora bien, éste era el carácter de los hijos del que habla el texto. Juan escribe a casa a su madre y dice: “He hallado a… tus hijos andando en la verdad”.

Queridos hijos, ¿quieren saber si están ustedes andando en la verdad? ¿Les gustaría saber las señales por lo que podemos saberlo? Escuchen cada uno de ustedes, mientras trato de presentarles estas señales en orden. Venga cada hijo e hija a escuchar lo que voy a decir.

Les digo, pues, que por un lado, los hijos que andan en la verdad saben la verdad acerca del pecado. ¿Qué es pecado? Desobedecer cualquier mandato de Dios es pecado. Hacer cualquier cosa que Dios dice que no debemos hacer es pecado. Dios es muy santo y muy puro, y cada pecado que es cometido le desagrada muchísimo. Pero, a pesar de esto, la mayoría de las personas en el mundo, ancianas al igual que jóvenes, casi ni piensan en el pecado. Algunos procuran pretender que no son grandes pecadores y que no desobedecen con frecuencia los mandamientos de Dios. Otros dicen que el pecado, al final de cuentas, no es tan terrible y que Dios no es tan detallista y estricto como dicen los pastores que lo es. Estos son dos grandes y peligrosos errores. Los hijos que andan en la verdad piensan muy distinto. No tienen semejante orgullo ni sentido de superioridad. Se sienten llenos de pecado, y esto los entristece y humilla. Creen que el pecado es la cosa abominable que Dios aborrece. Consideran el pecado como su gran
enemigo y como una plaga. ¡Lo aborrecen más que a cualquier otra cosa sobre la tierra! No hay nada de lo que se quieran librar tanto como librarse del pecado.Niñó, jovencito: esa es la primera señal de estar andando en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Aborreces tú el pecado?

Les digo también que los hijos que andan en la verdad aman al
verdadero Salvador de los pecadores y lo siguen.
Hay pocos hombres y mujeres que de alguna manera no sientan la necesidad de ser salvos.
Sienten que después de la muerte viene el juicio, y les gustaría salvarse
de aquel juicio terrible. Pero, ¡ay! pocos de ellos verán que la Biblia dice que hay un solo Salvador, y que éste es Jesucristo. Y pocos acuden a Jesucristo y le piden que los salve. En cambio, confían en sus propias oraciones, su propio arrepentimiento, su propia asistencia a la iglesia o algo por el estilo. Pero estas cosas, aunque tienen su lugar, no pueden salvar del infierno ni siquiera a un alma. Estos son caminos falsos de salvación. No pueden borrar el pecado. No son Cristo. Nada te puede salvar a ti o a mí sino Jesucristo quien murió en la cruz por los pecadores. Sólo los que confían exclusivamente en él reciben el perdón de sus pecados e irán al cielo. Sólo ellos encontrarán que tienen un Amigo Todopoderoso en el Día del Juicio. Esta es la manera verdadera de ser salvos. Los hijos que andan en la verdad han aprendido todo esto. Si les preguntas en qué confían, responderán: “Solamente en Cristo”. Recuerdan sus palabras llenas de su gracia: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Mar. 10:14). Tratan de seguir a Jesús como los corderos siguen al buen pastor. Y lo aman porque leen en la Biblia que él los amó y se dio a sí mismo por ellos. Niño, jovencito: aquí tienes la segunda señal de que uno anda en la verdad. Concéntrate en ella. Piensa en ella. ¿Amas a Cristo?

Continuará …

Tomado de Boys and Girls Playing.


J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana, venerado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) , y muchos otros; nacido en Mcclesfield, Cheshire County, Inglaterra.

Por qué necesitan nuestros hijos e hijas fe en Cristo 2

Ahora bien, sabes lo que Dios nos ha dicho en las Sagradas Escrituras acerca de su Hijo. Recuerdas lo que la Biblia dice acerca del nacimiento, la vida y la muerte de Jesús. Aunque moraba en el cielo y estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1)… se hizo hombre, creció como otros niños. “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Luc. 2:52). Cuando tenía treinta años, comenzó su ministerio. Predicó que todos tenían que arrepentirse y creer en él (Mar. 1:15), de otra manera nunca entrarían en el Reino de los Cielos. Realizó muchos milagros maravillosos que probaban que Dios estaba con él y que realizaba las obras de Dios. Su vida fue enteramente santa, libre de todo pecado. Su ejemplo fue perfectamente bueno… Su enseñanza fue sabia y buena. Aun sus enemigos decían: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7:46). Habló de todos los deberes que los seres humanos se deben unos a otros y a Dios… Por último dejó que hombres malos lo apresaran y crucificaran, a fin de que, por su muerte, pudiera hacer expiación por los pecados del mundo1 (1 Juan 2:2) y preparar el camino a fin de que todos los pecadores que se arrepienten y creen en él puedan ser salvos y felices en el cielo para siempre. Después de su muerte, resucitó, apareció vivo a sus discípulos, les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mar. 16:15). Luego ascendió al cielo en presencia de muchos de sus amigos, “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).

Este es un breve resumen de lo que la Biblia nos informa con respecto al Salvador. Ahora Dios requiere que creamos esto, y creer de tal manera que creerlo regirá nuestra conducta y nos convertirá en seguidores y discípulos de Jesucristo. No basta con que digas que no disputas o niegas
lo que Dios dice acerca de su Hijo. No basta con decir que crees en el relato bíblico acerca del Salvador. Si tu creencia no es del tipo que gobierna tus acciones, si no te lleva a hacer lo que el Salvador te indica, si no te hace su amigo y discípulo, no es verdadera fe en él.

Ahora bien, mi joven lector, si has leído atentamente y comprendido lo que has leído, ves que cuando tienes una fe verdadera en Cristo te pondrás totalmente en sus manos. Confiarás únicamente en él para ser salvo. Obedecerás sus órdenes y te esforzaras por ser como él… Esta es la fe de la cual Dios habla en la Biblia… Considera, mi joven amigo, por qué tú mismo necesitas fe. Es porque eres pecador. ¿Alguna vez has considerado esto en serio? Eres un pecador. Tienes, por naturaleza, un corazón malvado, has desobedecido a Dios, y has venido a condenación. La Biblia dice: “El que no cree, ya ha sido condenado” (Juan 3:18). La única manera de escapar de esta condenación es por la fe en Cristo. Él vino para salvar a pecadores. Dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Tú estás perdido. Te has apartado del deber y de Dios, y perecerás para siempre si no eres salvo por Jesucristo. Y esta es la razón por lo que necesitas fe en él.

Tomado de Repentance and Faith Explained to the Uniderstanding of the Young,.

Charles Walker (1791-1870): Pastor congregacional, consagrado a enseñar la
verdad de Dios a los jóvenes; nacido en Woodstock, Connecticut.

Niños: Busquen al buen pastor 3

Antes de venir al mundo, Jesús cuidaba a los corderos. Samuel era un niño muy pequeño, no más grande que el más pequeño de ustedes cuando
se convirtió. Vestía un efod de lino. Su madre le cosía una túnica pequeña
y se la llevaba cada año. Una noche, mientras dormía en el lugar santo,
cerca de donde guardan el Arca de Dios, oyó una voz que llamaba:
“¡Samuel!” Se levantó y corrió a Elí, que ya no veía bien, y le dijo: “Aquí
estoy, ¿para qué me llamaste?” Y Elí dijo: “Yo no te he llamado. Vuelve y
acuéstate”. Así lo hizo, pero por segunda vez oyó la voz que lo llamaba:
“¡Samuel!” Se levantó y fue a donde Elí, y dijo: “Aquí estoy, ¿para qué me
llamaste?” Pero Elí volvió a responder: “Yo no te llamé, mi hijo; vuelve a
acostarte”. Por tercera vez la voz santa llamó: “¡Samuel!” Se levantó y fue
a donde Elí diciendo lo mismo. Entonces Elí comprendió que el Señor
había llamado al muchacho. Por lo tanto, Elí dijo: “Ve y acuéstate; y si te
llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye”. Samuel se volvió a
acostar. Una cuarta vez –¡con cuánta frecuencia llama Cristo a los
niñitos!– la voz llamó: “¡Samuel, Samuel!” Entonces Samuel contestó:
“¡Habla, porque tu siervo oye!” De esta manera Jesús tomó en sus brazos
a este cordero y lo llevó en su regazo. Porque: “Samuel creció, y Jehová
estaba con él… porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo…” (1 Sam.
3:5-10; 19, 21).

Niñitos, a quienes ansío ver nacer y crecer en Cristo: oren pidiendo que
el Señor mismo se les revele. Algunos dicen que son ustedes demasiado
chicos para convertirse y ser salvos. Pero Samuel no era demasiado chico.
Cristo puede abrir los ojos de un niño con la misma facilidad que los de
un anciano. Sí, la infancia es la mejor etapa en la que ser salvo. No eres
demasiado joven para morir, no demasiado joven para ser juzgado y, por
lo tanto no demasiado joven para acudir a Cristo. No te contentes con oír
a tus maestros hablar acerca de Cristo. Ora para que se revele a ti. Dios
quiera que haya muchos pequeños “Samuel” entre ustedes.


Jesús sigue cuidando a los corderos. El Duque de Hamilton tenía dos
hijos. El mayor [se enfermó de tuberculosis] siendo apenas un muchacho,
lo cual lo llevó a la tumba. Dos pastores fueron a verlo donde yacía en la
mansión de la familia cerca de Glasgow. Después de una oración, el
muchacho tomó su Biblia de debajo de la almohada y leyó 2 Timoteo 4:7-
8: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia”. Agregó: “¡Esto,
señores, es mi gran consuelo!” Cuando se acercaba su muerte, llamó a su
hermano menor y le habló con gran cariño. Terminó con estas palabras
significativas: “Ahora bien, Douglas, en poco tiempo serás un duque, pero
yo seré un rey”…


¿Te gustaría poder partir así? Vé ahora a un lugar solitario: arrodíllate
y clama al Señor Jesús. No te pongas de pie hasta haberlo encontrado.
Ora pidiendo ser recogido en sus brazos y llevado en su regazo. Toma la
punta de su vestidura y di: “No debo dejarte–no me atrevo a dejarte– no
te dejaré ir hasta que me bendigas”.

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
_______________________
Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

Niños: Busquen al buen pastor 2

Blog147B

2. LO QUE JESÚS HACE POR SU REBAÑO:

(1) Murió por ellos. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Esta es la belleza principal en Cristo. Las heridas que estropearon la hermosura de su cuerpo lo hacen maravilloso a los ojos del pecador necesitado. Todos los que ahora y eternamente serán las ovejas de Cristo estuvieron una vez condenados a morir. Eran objeto de la ira de Dios. Estaban a punto de caer en el lago de fuego. Jesús les tuvo compasión, dejó el seno de su Padre, se vació a sí mismo, se convirtió en “gusano, y no hombre” (Sal. 22:6) y murió por los pecados de muchos. “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8). Esta es la gracia del Señor Jesús: todos en su rebaño pueden decir: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20).

(2) Los busca y los encuentra. Nunca buscaríamos a Cristo, si primero no nos buscara él a nosotros. Nunca encontraríamos a Cristo, si no nos encontrara él “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Cierta vez le pregunté a un pastor de ovejas: “¿Cómo encuentra a las ovejas perdidas en la nieve?” “Ah”, respondió, “vamos a los barrancos profundos donde van las ovejas en las tormentas. Las encontramos acurrucadas juntas debajo de la nieve”. “¿Y pueden salir cuando les quita la nieve?” “Oh, no. Si tuvieran que tomar un paso para salvarse, no podrían hacerlo. Así que sencillamente vamos donde están y las cargamos para sacarlas”. Ah, esta es precisamente la manera cómo Jesús salva a las ovejas perdidas. Nos encuentra en los fosos profundos del pecado, helados y muertos. Si tuviéramos que tomar un paso para salvar nuestra alma, no podríamos hacerlo. Pero él extiende su brazo y nos carga para sacarnos. Esto hace para cada oveja que salva. ¡Gloria, gloria, gloria sea a Jesús, el Pastor de nuestra alma!…

(3) Las alimenta. “El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9). Si Jesús te ha salvado, te alimentará. Alimentará tu cuerpo. “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Sal. 37:25)… Alimentará tu alma. El que alimenta a la florcita en la grieta del escarpado precipicio, donde ninguna mano del hombre la puede alcanzar, alimentará tu alma con gotas silenciosas de rocío celestial. Nunca olvidaré la historia de una niña en Belfast, Irlanda. Iba a una escuela dominical y se ganó una Biblia como premio por su buena conducta. Ésta llegó a ser realmente un tesoro para ella. Se alimentaba de su contenido. Sus padres eran malos. Con frecuencia ella les leía, pero se ponían cada vez peor. Esto le rompió el corazón a Eliza (que así se llamaba la niña). Quedó postrada y nunca volvió a levantarse. Quiso ver a su maestro. Cuando éste llegó, levantando la Biblia de ella, dijo: “No estás sin una compañera, mi querida niña”. “No”, respondió ella.

“Gozo la Santa Palabra al leer, cosas preciosas allí puedo ver.
Y sobre todo que el gran Redentor, es de los niños el tierno Pastor.
Con alegría yo cantaré al redentor, tierno Pastor,
Que en el Calvario por mí murió, sí, sí, por mí murió”

Apenas había terminado de recitar las líneas cuando echó para atrás la cabeza y falleció. Queridos niños, esta es la manera como Jesús alimenta a su rebaño. Es un Pastor tierno, constante y todopoderoso. Si pasas a ser parte de su rebaño, él te alimentará todo el trayecto hasta la gloria.

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
_______________________
Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

5 LIBROS QUE CHARLES SPURGEON USÓ PARA FORTALECER LA FE DE SU ESPOSA

C.H. Spurgeon

Cuando Charles Spurgeon quería ayudar a Susannah con su crecimiento espiritual, involucrarla en el estudio de su sermón o pasar tiempo con ella en busca de estímulo mutuo, miró libros. Quizás también utilizará buenos libros para bendecir a otros y para su propia edificación. ¿Qué libros / autores eligió Spurgeon?

1.- EL PROGRESO DEL PEREGRINO (JUAN BUNYAN)

Este libro guió a Charles desde su infancia y lo leyó 100 veces antes de morir. Por mucho que a Spurgeon le encantara el Progreso del peregrino, él insinuó que valoraba aún más la Guerra Santa de Bunyan. El Progreso del peregrino fue su primer regalo para Susie.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/clasicos/366-el-progreso-del-peregrino.html

2.- PIEDRAS LISAS TOMADAS DE ANTIGUOS ARROYOS (THOMAS BROOKS)

Aunque en 1855 los trabajos recopilados de Brooks aún no se habían publicado, varios de sus volúmenes estaban disponibles. Charles le pidió a Susie que revisara un volumen particular de Brooks y que extrajera algunas citas destacadas. El resultado fue un libro: Piedras lisas tomadas de antiguos arroyos.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/clasicos/32-remedios-preciosos.html

3.- LA POESÍA DE GEORGE HERBERT

La poesía de George Herbert. Spurgeon le pidió a Susie que le leyera poesía de Herbert para su propio beneficio. Sin embargo, a Susie le parecieron útiles esos momentos y los disfrutó mucho. http://www.luminarium.org/sevenlit/herbert/herbbib.htm

4.- ESCRITOS PURITANOS Y REFORMADOS

Varios escritores puritanos y otros reformados: Thomas Watson, Richard Baxter, Thomas Brooks y Juan Calvino fueron algunos de los favoritos de Spurgeon. El sábado por la noche, hacia el final de la preparación del sermón de Charles, le pidió a Susie que le leyera varios comentarios. Ella veía esos tiempos como un buen entrenamiento para la esposa de un pastor.

http://www.solosanadoctrina.com/tienda/40-clasicos

5. LOS SERMONES DE CHARLES SPURGEON

Los sermones de Charles Spurgeon. El primer regalo de bodas que Charles le dio a Susie fue el primer volumen de sus sermones. Spurgeon tiene una copia a fines de diciembre de 1855. Susie nunca se cansó de los libros que salieron de la mano de su amada.

REFLEXIÓN FINAL

Los libros fueron parte integral de la relación de Charles y Susannah desde el principio. Su primer regalo para ella fue El Progreso del Peregrino; su primer regalo para él fue un conjunto de comentarios de Calvino.

Después de la muerte de Charles, Susie dijo que sus 12.000 volúmenes eran su posesión más preciosa.

Charles y Susie leyeron libros, coleccionaron libros, regalaron libros, y ambos fueron autores prolíficos. Desde 1875 hasta su muerte en 1903, Susie regaló 200.000 libros a pastores pobres a través de su ministerio, ‘Mrs. Spurgeon’s Book Fund’.

¿Cómo puedes usar mejor los libros en tus relaciones con los demás?

– Ray Rhodes sirve como pastor fundador de Grace Community Church de Dawsonville, GA y como presidente de Nourished in the Word Ministries. Ha servido en cuatro congregaciones durante tres décadas de ministerio pastoral y durante quince años, ha dirigido Nutrido en la Palabra. Ray ha publicado varios libros y posee títulos teológicos del Seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans (M.Div.) Y del Seminario Teológico Bautista del Sur (D.Min.). Está casado con Lori y están bendecidos con seis hijas y cuatro nietos. Ray ha sido un entusiasta de Spurgeon durante mucho tiempo, y su tesis doctoral se centró en el matrimonio y la espiritualidad de Charles y Susannah Spurgeon

 

Niños: Busquen al buen pastor

Blog147

Niños queridos: Jesús es el Buen Pastor. Extendió sus brazos en la cruz, y su seno fue atravesado por una lanza. Esos brazos les pueden recoger, y ese seno está listo para recibirlos. Oro por ustedes todos los días pidiendo que Cristo los salve. Él me dijo a mí: “Apacienta mis corderos”, y todos los días le devuelvo a él sus palabras: “Señor, apacienta mis corderos”. Anhelo verles en el regazo de Jesucristo. Creo que Cristo ha recogido a algunos de ustedes. ¿Pero no habrá más para recoger? ¿No habrá más retoños verdes para quitar del fuego? ¿No habrá otros que deseen cobijarse bajo la vestidura blanca de Jesús? ¡Ay, vengan! Porque “aún hay lugar” (Luc. 14:22). Eleven sus corazones a Dios mientras les cuento algo más del Buen Pastor.

1. JESÚS TIENE UN REBAÑO: Todo pastor debe tener un rebaño, y Cristo también. Cierta vez vi un rebaño en un valle cerca de Jerusalén. El pastor iba al frente y llamaba a las ovejas, y ellas conocían su voz y le seguían. Dije: “¡Este es el modo como Jesús guía a sus ovejas!” ¡Ah, que sea yo una de ellas!

(1) El rebaño de Cristo es un rebaño pequeño. Escucha lo que dice Jesús: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Luc. 12:32). Ora pidiendo estar en el rebaño pequeño. Fíjate en el mundo: [billones] de hombres, mujeres y niños de distintos países, color, idioma, marchan hacia el tribunal. ¿Es éste el rebaño de Cristo? ¡Ay, no! Millones sin cuenta jamás han escuchado el dulce nombre de Jesús, y del resto, la mayoría no ve la hermosura de la Rosa de Sarón. El rebaño de Cristo es pequeño. Fíjate en esta ciudad. ¡Cuántos andan por las calles en un día de descanso! ¡Qué rebaño tan grande! ¿Es este el rebaño de Cristo? No. Me temo que la mayoría no son hermanos y hermanas de Cristo. No se parecen a él. No siguen al Cordero ahora y no lo seguirán en la eternidad. ¡Observa las escuelas dominicales! ¡Cuántos rostros infantiles y juveniles vemos allí! ¡Cuántos ojos radiantes de alegría! ¡Cuántas almas preciosas! ¿Es éste el rebaño de Cristo? No, no. La mayoría tiene un corazón duro y de piedra. La mayoría ama el placer más que a Dios. La mayoría ama el pecado y no le dan importancia a Cristo… quiero llorar cuando pienso cuántos vivirán una vida de pecado, morirán una muerte horrible y pasarán la eternidad en el infierno. Queridos niños: oren pidiendo ser como un lirio entre muchas espinas: ser los pocos corderos en medio de un mundo de lobos.

(2) Las ovejas de Cristo son ovejas marcadas. En la mayoría de los rebaños, las ovejas están marcadas a fin de que el pastor pueda identificarlas. La marca se hace con frecuencia con alquitrán en el lomo lanudo de la oveja. A veces es la primera letra del nombre del dueño. Se ponen las marcas para no perderlas cuando andan entre otras ovejas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. Cada una de sus ovejas tiene dos marcas:

Una marca está hecha con la sangre de Jesús. Cada oveja y cordero en el rebaño de Cristo una vez fue culpable y manchado de pecado, totalmente inmundo. Pero cada uno ha sido atraído por la sangre de Jesús y limpiado en ella. Son cono ovejas “que suben del lavadero” (Cant. 4:2). Todos pueden decir: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc. 1:5). ¿Tienes tú esta marca? Fíjate y mira si la tienes. Nunca podrás estar en el cielo a menos que la tengas. Cada uno allí ha lavado sus vestiduras y “las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).

Otra marca está hecha por el Espíritu Santo. Esta no es una marca que puedes ver desde afuera, como la marca en la lana blanca de las ovejas. Está muy, muy adentro en el interior, donde al hombre le es imposible ver. Es un nuevo corazón. “Os daré corazón nuevo” (Eze. 36:26). Este es el sello del Espíritu Santo que da a todos los que creen. Con poder infinito, extiende su mano invisible, y silenciosamente cambia el corazón de todos los que realmente son de Cristo. ¿Tienes tú un corazón nuevo? Nunca irás al cielo sin él. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom. 8:9). Queridos niños, oren pidiendo estas dos marcas de las ovejas de Jesús: perdón a través de su sangre y un nuevo corazón. Toma esto muy en serio y procura muy en serio obtener las dos ahora mismo. Pronto vendrá el Pastor Principal, y pondrá sus ovejas a su mano derecha, y las cabras a su izquierda. ¿Dónde estarás tú aquel día?

(3) Todas las ovejas de Cristo se mueven en rebaño. A las ovejas les encanta andar juntas. Una oveja nunca anda con un lobo o un perro, sino siempre con el rebaño. Especialmente cuando amenaza una tormenta, se mantienen cerca unas de las otras. Cuando los nubarrones oscurecen el cielo y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, los pastores dicen que entonces ven a las ovejas bajando desde los cerros y juntándose en algún valle resguardado. Les encanta mantenerse juntas. Lo mismo sucede con el rebaño de Jesús. No les gusta andar con el mundo, sino siempre unos con los otros. El cristiano ama al cristiano. Tienen la misma paz, el mismo Espíritu, el mismo Pastor, el mismo rebaño en los cerros de la inmortalidad. Especialmente en el día oscuro y nublado –como tarde o temprano uno lo será– las ovejas de Cristo se sienten impulsadas a estar juntas y llorar juntas. Les encanta orar juntas, cantar alabanzas y esconderse juntas en Cristo… Pequeños: “amémonos unos a otros” (1 Juan 4:7). Hazte compañero de los que temen a Dios. Huye de todos los demás. ¿Quién puede abrazar el fuego y no quemarse?…

Continuará …

Tomado de “To the Lambs of the Flock”  en Memoir and Remains of Robert Murray M’Cheyne.
_______________________
Robert Murray M’Cheyne (1813-1843): Pastor presbiteriano escocés de St. Peter’s
Church, Dundee, cuyo ministerio se caracterizó por una profunda santidad personal, oración y poderosa predicación evangélica; nacido en Edimburgo, Escocia.

Pecados de niños y jóvenes 4

Blog146D

Un amor desmedido por el placer sensual y las alegrías mundanas es otro pecado muy común de los jóvenes. La Palabra de Dios describe a los que viven entregados a los placeres como viviendo estando muertos (1 Tim. 5:6) y los cataloga con los malvados más abominables, los que son “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4). Aunque tales son las declaraciones del Señor, el placer es el objetivo de miles de jóvenes. Algunos lo buscan en las sendas grotescas y embrutecedoras de las borracheras, dando rienda suelta a sus bajas pasiones. Los juegos de azar, el baile, las carreras de caballo, las salas de fiestas, los parques de diversiones y las veladas son los escenarios de su mayor felicidad. Joven varón, ¿abrigas en tu corazón este amor por los placeres mundanos? Quizá no te hayas dado a excesos escandalosos y vergonzosos, pero, ¿has amado más los placeres mundanos que a Dios y el evangelio? De ser así, lamentablemente llevas la terrible marca de ser un hijo de destrucción: eres amante de los placeres más que de Dios. ¿Has estado presente en ambientes de diversiones pecaminosas y festividades culposas? ¿Has ansiado, como lo han ansiado otros, esos deleites sensuales que más se adaptan a tus gustos? Y, mientras has amado así a este mundo, ¿te has olvidado de lo que vendrá? ¿Acaso has estado más contento con alguna diversión barata o con un juguete titilante que con las bendiciones que hay en el evangelio? ¿Y has sido más entusiasta por un día de placer prometido que por asegurar una eternidad de sano gozo celestial?

No interpretes que quiero insinuar que el cristiano debe ser un esclavo de la melancolía. ¡Al contrario! Ninguno tiene mayor razón para estar alegre que el que asegura su entrada al cielo. Pero tremenda es la diferencia entre la alegría inocente y el gozo humilde del cristiano y los placeres vanos de un mundo necio. El que es verdaderamente cristiano tiene sus deleites, aunque sabe que no hay aquí lugar para una jovialidad superficial.

Deja que responda ahora tu conciencia, como estando en la presencia de Dios: ¿Has atesorado en tu corazón un amor por los placeres mundanos y sensuales? Aun si tu situación te ha impedido seguir libremente los deleites de la carne, ¿has abrigado dentro de ti un amor por ellos? Si así ha sido, aunque no hayas tenido la oportunidad de darte tus gustos mundanos en más de un mes o un año, sigues siendo a los ojos de Dios un amante de los placeres igual que si hubieras dedicado a ellos todo tu tiempo…

El Apóstol Pablo, cuando enumeró algunos de los pecados de la humanidad, concluye la terrible lista con el hecho de que también se complacen con los que las practican (Rom. 1:32). Esto, aunque uno de los peores, es uno de los más comunes y abunda mucho más entre la juventud que entre otros. Los jóvenes son con frecuencia los tentadores y destructores unos de otros. Los lascivos y profanos tientan a otros a serlo también. Los irreflexivos y [los adictos a la vida social] persuaden a otros a imitar su superficialidad y sus locuras. ¡Como si no fuera suficiente tener que rendir cuentas por sus propios pecados, muchos son partícipes de los pecados de otros! Y, como si esto no fuera bastante para arruinar sus propias almas, muchos caen en la culpa de ayudar a destruir con esto a sus compañeros y amigos.

¿Nunca has llevado a otros a pecar? Quizá algunos, que ahora están perdidos para siempre, se estén lamentando en total oscuridad y desesperación la hora fatal cuando te conocieron. ¿Ha aprendido de ti alguno a jugar con el evangelio? ¿A desperdiciar sus años dorados de gracia? ¿A rechazar a su Dios y elegir la perdición? Si no por palabras,quizá por algún ejemplo despreocupado e irreligioso, le has enseñado estas atroces lecciones.

He mencionado algunas iniquidades juveniles, pero no creas que estas son todas. ¡No! Cada pecado al que es propenso nuestra naturaleza caída ha aparecido no meramente en aquellos quienes, por sus años, maduraron cargando su culpabilidad, sino también en aquellos que apenas empezaban la jornada de la vida. Y sin enumerar los crímenes más oscuros de la multitud que vive en iniquidad, ¿dónde, mi joven amigo, está el corazón juvenil que nunca ha sentido aflorar las emociones de esas pasiones infernales: orgullo, envidia, malicia o venganza? ¿Dónde está la lengua juvenil que nunca ha dicho una palabra profana, libertina o al menos cruel o calumniadora? ¿Dónde
está el joven, que posee los formulismos de la piedad que nunca se ha burlado de Dios “con los sonidos lamentables de una lengua irreflexiva”? ¿Dónde está el oído juvenil que nunca se ha abierto para beber en el placer de las conversaciones del superficial y el necio? ¿Y dónde el ojo juvenil que nunca ha tenido una mirada orgullosa, airada,desvergonzada o insultante? ¿Eres tú tal persona? ¿Puedes apelar al que escudriña los corazones y basar tu esperanza eterna en el éxito de la apelación de que el amor –amor puro para con Dios y el hombre– siempre ha morado en tu corazón? ¿Que ninguna emoción de resentimiento, envidia o crueldad jamás ha morado allí? ¿Que una ley de benignidad constante siempre ha gobernado tu boca? ¿Que tus ojos han destilado sólo humildad, ternura y bondad? ¿Que tu oído nunca escuchó con placer acerca de la vergüenza de tu hermano? ¿Puedes hacer esta apelación?

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Pecados de niños y jóvenes 3

Blog146C

Otro pecado, no único a la juventud, pero muy común en ella, es perder el tiempo que es tan precioso. La Palabra de Dios nos recuerda que “el tiempo es corto” (1 Cor. 7:29) y nos ordena redimirlo (Ef. 5:16; Col. 4:5). El valor del tiempo sobrepasa nuestro entendimiento y nuestra capacidad de expresarlo… El tiempo nos es dado a fin de prepararnos para la eternidad. Pero, ¡ay, qué pecado es el modo en que se desperdician las horas! Muchos jóvenes actúan como si creyeran que tienen tanto tiempo por delante que se pueden dar el lujo de desperdiciarlo, cuando quizá su juventud desperdiciada es su todo: todo el tiempo que tendrán para prepararse para la eternidad, todo el que tendrán para “escapar del infierno, y volar al cielo”.

Una de las peores y más comunes maneras de desperdiciar el tiempo es invirtiéndolo en romances, obras de teatro y novelas. Las novelas son el veneno de esta era. Aun las mejores de ellas tienden a debilitar y arruinar la mente. Muchas de ellas promueven instintos bajos e innobles en la juventud y los inocentes. Pero, aun si estuvieran libres de todos los demás cargos de maldad, es muy serio y lamentable el hecho de que desperdicien ese tiempo del que hay que rendir cuentas ante el Dios del cielo. Deja que lo admiradores ilusorios defiendan la lectura de novelas, si es que se atreven a defenderla ante el Juez digno y eterno. Si lees novelas, piensa la próxima vez que tomas una novela en tus manos: “¿Cómo responderé ante un Juez tremendo por el tiempo ocupado en esto? Cuando me diga: ‘Te di tantos años en el mundo aquel para prepararte para la eternidad. ¿Conversaste devotamente con tu Dios? ¿Estudiaste su Palabra? ¿Te ocupaste de las obligaciones de la vida esforzándote por superarte aun en tus horas libres?’ Entonces, entonces tendré que responder: ‘Señor, ¡usé mi tiempo de otra manera! Las novelas y los romances ocuparon el tiempo libre de mis días, y, ¡ay, descuidé mi Biblia, mi Dios y mi alma!’” De este modo y muchos otros se desaprovecha esa bendición tan preciosa que es el tiempo. ¿No te hace acordar la conciencia las muchas horas libres? ¿Horas que, aunque sin pensar malgastas, pronto valdrían para ti más que montañas de oro o perlas?

El descuido intencionado del alma y la eternidad es otro pecado común de la juventud. Los jóvenes dan por sentado que vivirán una vida larga y entristecen al Espíritu Santo al demorar su atención a una cosa que es seguro que necesitan (Luc. 10:42). Confían en su juventud. Dios desaprueba de esta necedad y dice: “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” (Prov. 27:1). Pocos son los que prestan atención a esta advertencia. En cambio, se engañan pensando que vivirán muchos años y ven la enfermedad, muerte y el juicio como algo muy lejano. Por lo tanto, descuidan el alma y creen que no necesitan el evangelio o por lo menos que no les es útil. El santo Dios los llama en su Palabra. El Salvador crucificado les ruega que acudan a él: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan” (Prov. 8:17). Los ministros del evangelio los aconsejan. Otros oran por ellos y derraman lágrimas por ellos, no obstante, muchos persisten en seguir sus propios caminos. Sea lo que fuere que hagan, no recuerdan a su Creador en los días de su juventud (Ecl. 12:1). Mi joven amigo, ¿ha sido éste tu pecado y tu locura? Ay, si lo ha sido, ¡recuerda cuántas maneras existen de partir de este mundo! ¡Cuántas enfermedades para acortar tus días! Dios te da tiempo suficiente para asegurarte tu salvación, pero no te creas que te da tiempo de sobra.

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Pecados de niños y jóvenes 2

Blog146B

Uno de los tipos de orgullo más común y más dañino es el que llamo el orgullo del fariseísmo. Nuestro Señor, en la parábola del fariseo y el publicano, da una descripción impresionante de este pecado. El fariseo alardeaba de que no era como los demás, que él cumplía los deberes que los otros no cumplían. En este fundamento arenoso parece haberse levantado su esperanza de la eternidad. Nada que pudiera parecerse a la humildad entró en su corazón, sino que se acercó a Dios con el orgullo de su imaginada virtud. Éste es exactamente el espíritu de miles en la actualidad. Y donde los jóvenes han sido frenados de francas inmoralidades, ¡qué común es verlo entre ellos! Se dice, respecto a ellos: “¡No son como tantos jóvenes inmorales a su alrededor! No se han dado a profanaciones y mentiras, a las borracheras o la deshonestidad; en cambio, han sido amables y conscientes de sus deberes, tiernos y atentos, tienen un corazón bueno y son jóvenes buenos”. Quizá hayan vivido toda su vida sin importarles Dios ni sus almas, pero esto no lo tienen en cuenta. Otros los elogian, y están dispuestos a creer estos elogios. Se halagan a sí mismos con sus virtudes imaginarias y se creen muy buenas personas. Se sienten orgullosos de lo buenos que son y marchan adelante para luego descubrir que Dios ve en ellos diez mil crímenes y aborrece más que cualquier otra cosa el orgullo del fariseísmo en una criatura contaminada por iniquidades diarias.

Otro pecado común de la juventud es la desobediencia a los padres. “Honra a tu padre y a tu madre… para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Ef. 6:2-3). Este es el mandamiento divino. Hay, es cierto, una caso en que los padres no deben ser obedecidos: cuando sus instrucciones y deseos se oponen a los de Dios. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29), y amar al Redentor más que a los padres mismos. Por lo general, los padres son los amigos más tiernos, y los padres piadosos están entre los guías más seguros que los jóvenes y faltos de experiencia pueden tener para llevarlos a los pies de Dios. Tus intereses son los de ellos. Tu bienestar la felicidad de ellos. Pero, ¡ay! ¿ha sido su ternura correspondida como se merece? ¿Quiénes, mi joven amigo, merecen más tu obediencia y afecto que los que te dieron vida y te han cuidado en tu infancia indefensa? El padre, cuyos años han sido invertidos en satisfacer tus necesidades, la madre que te dio pecho y te cuidó todos tus primeros días: ¿Han recibido ellos de ti esta obediencia y este afecto?

Quizá me esté dirigiendo a alguien cuya desobediencia y crueldad han hecho sufrir a sus cariñosos y piadosos padres, llenándolos de tristeza en lugar de alegría. El anhelo de ellos ha sido verte andar en el camino de Dios. Para esto te han llevado a la casa del Señor. Para esto sus oraciones han subido a lo Alto en público y en privado. Para esto han sido sus primeras enseñanzas y sus admoniciones posteriores, te han advertido con respecto al fin principal de la vida, como el único asunto que debiera interesarte, más que ningún otro, y ocupar tu corazón por completo. Y ahora te ven negligente de Dios y el evangelio. Lloran en secreto porque el hijo que aman es aún un hijo de Satanás. ¡Ay! Joven o señorita, si este es tu caso, Dios te juzgará por abusar de los preciosos privilegios y descuidar la enseñanza de tus padres. Las oraciones, las lágrimas y las exhortaciones de tus padres serán terribles testigos contra ti. No creas que por ser afectuoso y amable con ellos atenuarás en algún grado los sufrimientos de padres realmente piadosos. No. Seguirán llorando ante el pensamiento de que el hijo afectuoso que tanto aman no es un hijo de Dios. Les dolerá profundamente considerar lo cercano que estás a una  destrucción sin fin y cuán pronto te tienen que decir adiós para siempre, cuando van a su descanso donde no tienen esperanza de verte.

¡Ay! Mi joven amigo, si desprecias al evangelio, tus padres piadosos partirán, diciendo con tristeza a la hora de su muerte: “Hijo amado nuestro, no te veremos más. Porque en nuestro Dios no has confiado como tu Dios, a nuestro Salvador no has buscado como tu Salvador. ¡El cielo al cual vamos es un descanso al cual no tienes derecho y en el cual, muriendo como estás, no puedes entrar! Sí, con amargura llorarán al pensar que a pesar de todo lo que es hermoso a la vista de ellos, no hay nada en ti que sea hermoso ante los ojos de Dios. Todo lo que valoran tanto en ti pronto será enterrado en las profundidades del infierno.

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Pecados de niños y jóvenes 1

Blog146

Mi joven amigo, te ruego que me des tu atención mientras te destaco algunos de los pecados que arruinan a multitudes. Entre estos males, un espíritu irreflexivo e inconsiderado es uno de los más comunes y más fatales entre los jóvenes. Aunque la impiedad manifiesta mata a sus miles, ésta lleva a decenas de miles a la perdición. Llegará el momento cuando tendrás que considerar tus caminos. Desde tu lecho de muerte o desde el mundo eterno, tendrás que repasar tu vida. Pero como amas tu alma, no demores hasta entonces la pregunta cuya respuesta determinará tu estado eterno:“¿Qué he hecho con mi vida?” Piensa en tus años pasados. Se han ido para siempre. ¿Pero que informe ha habido de ellos en el cielo? ¿Qué se escribió acerca de ellos en el libro de Dios? ¿Serán presentados en el juicio en tu contra? Es posible que no verás muchos crímenes flagrantes. ¿Pero no ves nada que la conciencia tiene que condenar? ¿Nada que te alarme, si fueras a presentarte en este instante ante el tribunal de tu Creador? Quizá respondas: “Es cierto, no puedo justificar todas las acciones de mis años juveniles. No obstante, lo peor que veo son los desatinos juveniles”.

Mi amigo, ¿acaso eso es lo que los llaman en el cielo? ¿No los considera tu Juez peor que eso? Siempre ha sido la costumbre de este mundo excusar el pecado y cerrar los ojos a lo aborrecible que son estas aberraciones. Pero, ten conciencia de lo que tomas tan a la ligera, tu Dios los aborrece porque son pecados: pecados, los más pequeños de los cuales, si no son perdonados, sumirán tu alma en una aflicción eterna. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia” (Rom. 1:18). Aborrece las iniquidades de la juventud al igual que la de los años maduros. Los pecados de la juventud fueron las cosas amargas que lamentó el santo Job: “¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud?” (Job. 13:26). Y fue lo que motivó la súplica devota de ser liberado: “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad,oh Jehová” (Sal. 25:7).

Vuelve a repasar tu vida. Comienza con tu niñez. En los primeros años, con frecuencia considerados como un estado de inocencia, comienzan a aparecer las corrupciones de la naturaleza caída. Los primeros años de vida están manchados de mentiras,  desobediencia, crueldad, vanidad y orgullo. ¿Puedes recordar alguna oportunidad en tus primeros años cuando fueron contaminados con un pecado real? ¿Puedes recordar alguna ocasión cuando dijiste una mentira? ¿O cuando abrigaste en tu corazón vanidad, orgullo u obstinación? ¿O cuando la crueldad hacia seres más débiles era tu deporte? No te retraigas del repaso: aunque doloroso, es útil. Es mucho mejor ver y aborrecer tus pecados juveniles en este mundo, cuando puedes encontrar misericordia, que cuando te los recuerden en el momento en que se acabó la misericordia.

Pero los años de tu niñez han pasado. Has avanzado una etapa más en tu camino hacia un mundo sin final. ¿Han disminuido tus pecados a medida que tus años han aumentado? ¿No es cierto que algunas tendencias pecaminosas maduraron y tienen mayor fuerza? ¿No es cierto que otras que no conocías en tus primeros años han comenzado a aparecer? ¿Y no es cierto que más conocimiento agrega una nueva
culpabilidad a todos tus pecados?

Entre las iniquidades prevalecientes de la juventud podemos mencionar el orgullo. Este es un pecado que tienen en común todas las edades, pero con frecuencia infecta particularmente a los jóvenes. Dios lo aborrece. “Al altivo mira de lejos” (Sal. 138:6). “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Stg. 4:6). “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón” (Prov. 16:5). Aborrece a “todo altivo de corazón” (Prov. 6:16-17). “Altivez de ojos, y orgullo de corazón… son pecado” (Prov. 21:4). Dios reprende a los orgullosos (Sal. 119:21). El orgullo es el padre de muchos otros males. Se presenta en miles de maneras; no obstante, a menos que sea sometido por el evangelio, lo encontramos en el palacio y en la choza. Lo vemos demostrado en el carácter del hijo pródigo (Luc. 15:19).

¿Acaso este pecado, que Dios tanto aborrece, no ha entrado sigilosamente en tu corazón? Quizá te ha hecho altanero, cuando debieras ser humilde; obstinado, cuando debieras ser complaciente; vengativo, cuando debieras ser perdonador. Te pareció que demostrabas fuerza de carácter cuando reaccionabas ante una injuria o un insulto, en lugar de aguantar pacientemente como lo hizo aquel a quien llamas tu Señor. Quizá te ha llenado de insatisfacción, cuando debieras haber sido totalmente sumiso. Te pareció injusto en el día de la aflicción de que tenías que sufrir tantas pruebas, y aun si no murmuraste contra Dios, ¿no sentiste el deseo de hacerlo?

El orgullo posiblemente te ha llevado a descuidar los consejos sabios: no escuchar a los que desean tu bien eterno. Vanidad de los adornos de vistes: ¿no es cierto que has pensado más en la ropa que vistes que en la salvación de tu alma inmortal? ¿No es cierto que te has preocupado más por el aspecto de una prenda de vestir o si lo que vistes está de moda, que de la vida o muerte eterna? Quizá has sido uno de esos que se pasa más tiempo mirándose al espejo que en buscar el favor de su Dios. ¡Ay! ¿Nunca te llevó el orgullo a esta auto idolatría? ¿Nunca, nunca te llenaste de vanidad porque creíste tener un rostro atractivo o un cuerpo hermoso o vigor varonil? ¡Ay! ¡Necia vanidad! ¿Nunca
sucedió que le decías a la corrupción: “A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana” (Job 17:14), por más necio que fuera hacerlo? “¿Dónde hay un rostro más desagradable que no fuera objeto de auto adoración al mirarse al espejo? ¿Dónde un cuerpo, aunque fuera deforme, que el espíritu caído que lo habita no lo convirtiera en una ídolo favorito?”

Continuará …

De Persuasives to Early Piety.

J. G. Pike (1784-1854)

Hijos, autoridad y sociedad 4

Blog145D

Pero creo que hay otra implicación aquí. Hay algo acerca de esta relación entre los hijos y los padres que es única en este sentido: señala aun otra relación más elevada. Después de todo, Dios es nuestro Padre. Ese es el vocablo que él mismo utiliza, ese es el vocablo que nuestro Señor usa en su oración modelo: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Por lo tanto, el padre terrenal es, por así decir, un recordatorio del otro Padre, el Padre celestial. En la relación de los hijos con los padres, tenemos un ejemplo de la relación de toda la humanidad originalmente con Dios. Somos todos “hijos” frente a Dios. Él es nuestro Padre: “Porque linaje suyo somos” (Hech. 17:28). Así que de un modo muy maravilloso la relación entre padre e hijo es una réplica y un retrato, una predicación de esta relación total que subsiste entre los que son cristianos y Dios mismo… Toda la relación de padre e hijo debe recordarnos siempre nuestra relación con Dios. En este sentido, esta relación particular es única… Esta relación nos recuerda que Dios mismo es el Padre y que nosotros somos los hijos. Hay algo muy sagrado en cuanto a la familia, en cuanto a esta relación entre padres e hijos. Dios, de hecho, nos lo ha dicho en los Diez Mandamientos. Cuando se dispuso a dar este mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” le agregó esta promesa.

¿Qué promesa? “Que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. No cabe duda que cuando la promesa fue dada originalmente a los hijos de Israel, significaba lo siguiente: “Si quieren seguir viviendo en esta tierra de promesa a la cual los estoy conduciendo, cumplan estos mandamientos y éste en particular. Si quieren tener bendiciones y felicidad en la Tierra Prometida, si quieren seguir viviendo bajo mi bendición, cumplan estos mandamientos, especialmente éste”. No cabe duda de que esta era la promesa original.

Pero ahora el Apóstol generaliza la promesa porque está tratando aquí con gentiles al igual que con judíos seguidores de Cristo. Entonces, dice en efecto: “Ahora bien, si quieren que todo ande bien con ustedes, y si quieren vivir una vida larga y plena sobre la tierra, honren a su padre y a su madre”. ¿Significa esto que si soy un hijo o una hija que honra a sus padres voy a vivir hasta la vejez? No, esto no es así. Pero la promesa sin duda significa esto: Si quieres vivir una vida bendecida, una vida plena bajo la bendición de Dios, obedece este mandamiento. Él puede elegir mantenerte largo tiempo sobre esta tierra como un ejemplo y una ilustración. Pero sea cual fuere la edad que tengas cuando partas de este mundo, sabrás que estás bajo la bendición y la mano buena de Dios…

Esto nos trae al tercer y último punto. Fíjate cómo lo expresa el Apóstol: “Hijos, obedeced a vuestros padres. Honra a tu padre y a tu madre”. La naturaleza lo dicta, pero no sólo la naturaleza: la Ley lo dicta. Pero tenemos que ir aún más allá: ¡la Gracia! Este es el orden: naturaleza, Ley, Gracia. “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor”. Es importante que agreguemos esa frase “en el Señor” a la palabra correcta. No significa: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor”. Es, más bien: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres”. Es decir, el Apóstol esta repitiendo justamente lo que dijo en el caso de esposos y esposas. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor”. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”. Cuando llegamos a sus palabras a los siervos dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo”. Eso es lo que significa “en el Señor”. O sea que esta es la razón suprema. Hemos de obedecer a nuestros padres y honrarles y respetarles porque es parte de nuestra obediencia a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En suma, esa es la razón por la cual debemos hacerlo… Hacerlo “como al Señor”. Obedece a tu padre y a tu madre “en el Señor”. Ese es el mejor y más excelente aliciente. Agrada al Señor, es prueba de lo que dijo, estamos avalando sus enseñanzas. Dijo que había venido al mundo para redimirnos, limpiarnos de nuestros pecados, darnos una nueva naturaleza y hacernos hombres y mujeres nuevos. “Bien, compruébalo, demuéstralo con tus acciones”. Hijo, demuéstralo por medio de obedecer a tus padres: ¡serás entonces distinto a todos los demás hijos! No seas como esos hijos arrogantes, agresivos, orgullosos, fanfarrones y mal hablados que te rodean! ¡Demuestra que eres distinto, demuestra que el Espíritu de Dios mora en ti, demuestra que perteneces a Cristo! Tienes una oportunidad maravillosa, y le serás motivo de gran gozo y gran placer.

Pero hagámoslo también por otra razón. “Hijos, obedeced a vuestros padres” también por esta razón: cuando Jesús estaba en este mundo, así lo hizo. Eso es lo que encontramos en Lucas 2:51: “¿Por qué me buscabáis? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. La frase se refiere al Señor Jesús a los doce años. Había subido a Jerusalén con María y José. Éstos habían emprendido el viaje de regreso y habían viajado un día antes de descubrir que el muchacho no estaba entre los que viajaban con ellos. Regresaron y lo encontraron en el templo, en medio de los doctores de la Ley, escuchando, y haciendo y contestando preguntas, y todos los que lo oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Y él dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Luc. 2:49). Tuvo esta experiencia a los doce años que le hizo entender cuál era su misión. Pero luego dice la Biblia que volvió con ellos a Nazaret: “Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos”. ¡El Hijo de Dios encarnado sometiéndose a María y José! Aunque tenía conciencia de que estaba en este mundo para atender los negocios de su Padre, se humilló a sí mismo y fue obediente a sus padres. Sigamos su ejemplo: comprendamos que lo estaba haciendo principalmente para agradar a su Padre en los cielos, a fin de poder cumplir su Ley en todo sentido y dejarnos un ejemplo para poder seguir en sus pasos.

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Hijos, autoridad y sociedad 3

Blog145C

Consideremos las razones por las cuales el Apóstol da esta orden. La primera es –y las estoy poniendo en este orden particular por una razón que verás más adelante—“porque esto es justo”. En otras palabras: está volviendo a todo el orden de la creación establecido desde el principio, empezando por el libro de Génesis… Nos dice que, en lo que se refiere a los hijos, el principio existe desde el principio. Siempre ha sido así, es una parte del orden de la naturaleza, es parte de las reglas básicas de la vida. Esto es algo que encontramos no sólo entre los seres humanos, sino también en los animales. En el mundo animal, la madre cuida a su hijo pequeño que acaba de nacer, vela por él, lo alimenta y lo protege… Este es el orden de la naturaleza. La cría en su debilidad e ignorancia, necesita la protección, dirección, ayuda e instrucción que le da su progenitor. Por eso, el Apóstol Pablo dice: “Obedeced a vuestros padres… porque esto es justo”. Los cristianos no están divorciados del orden natural encontrado en toda la creación.

Es lamentable que sea necesario decirles esto a los cristianos. ¿Cómo puede ser posible que la gente se desvíe de algo que es tan totalmente obvio y se aplica al orden y curso de la naturaleza? Aun la sabiduría del mundo lo reconoce. Hay personas a nuestro alrededor que no son cristianas, pero creen firmemente en la disciplina y el orden. ¿Por qué? Porque toda la vida y toda la naturaleza lo indica. Que un hijo se rebele contra sus padres y se niegue a escucharles y obedecerles es ridículo y necio… Es antinatural que los hijos no obedezcan a sus padres. Están violando algo que claramente es parte de la estructura misma sobre la que se edifica la naturaleza humana, se ve en todas partes, de principio a fin. La vida ha sido planeada sobre esta base. Si no lo fuera, por supuesto, la vida muy pronto sería caótica, y terminaría con el fin de su propia existencia.

¡“Esto es justo”! Hay algo en este aspecto de las enseñanzas del Nuevo Testamento que me parece muy maravilloso. Demuestra que no debemos dividir el Antiguo Testamento del Nuevo. No hay nada que demuestre más ignorancia que el que un cristiano diga: “Es claro que siendo ahora cristiano, el Antiguo Testamento no me interesa”. Esto es totalmente equivocado porque, como el Apóstol nos recuerda aquí, es Dios el que creó todo al principio y es Dios el que salva. Es un mismo Dios desde principio a fin. Dios creó a varón y hembra, a padres e hijos, en todos los seres vivientes que encontramos en la naturaleza. Lo hizo de esa manera, y la vida tiene que conducirse según estos
principios. Por lo tanto, el Apóstol comienza su exhortación diciendo prácticamente: “¡Esto es justo, esto es básico, esto es fundamental, esto es parte del orden de la naturaleza! ¡No se aparten de eso! Si lo hacen, están negando su cristianismo, y negando al Dios quien estableció la vida de esta manera y la hizo funcionar según estos principios. La obediencia es justa”.

Habiendo dicho esto el Apóstol procede a su segundo punto. No sólo es lo justo, dice, sino que es también “el primer mandamiento con promesa”. “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa”. Quiere significar que honrar a los padres no sólo es esencialmente justo, sino que es una de las cosas que Dios señaló en los Diez Mandamientos. Este es el Quinto Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxo. 20:12)…

¿Qué quiere decir el Apóstol con la expresión “el primer mandamiento con promesa”? Este es un punto difícil, y no podemos dar una respuesta absoluta. Es obvio que no significa que este es el primer mandamiento que tiene una promesa adjunta, porque hemos de notar que ninguno de los otros mandamientos tiene una promesa adjunta. Si fuera cierto decir que los mandamientos 6, 7, 8, 9 y 10 tienen promesas adjuntas, entonces podríamos decir: “Pablo dice que ciertamente este es el ‘primero’ de los mandamientos al que le incluye una promesa”. Pero ninguno de los otros tiene una promesa, así que ese no puede ser el significado.

Entonces, ¿qué significa? Puede significar que aquí en el quinto mandamiento comenzamos a tener enseñanzas con respecto a nuestras relaciones unos con los otros. Hasta ese momento han sido con respecto a nuestra relación con Dios, su nombre, su día, etc. Pero aquí empieza a hablar de nuestras relaciones unos con otros, por lo que puede ser el primero en ese sentido. Pero sobre todo, puede significar que es el primer mandamiento, no tanto en cuanto al orden sino al rango, y que Dios ansiaba grabar esto en la mente de los hijos de Israel por lo que agregó esta promesa a fin de hacerlo cumplir. Primero, por así decir, en rango y ¡primero en importancia! No que en última instancia alguno de éstos sea más importante que los demás, porque son todos importantes. No obstante, existe una importancia relativa.

Por lo tanto, lo interpreto así: esta es una de esas leyes que, cuando se descuidan, llevan al colapso de la sociedad. Nos guste o no, el colapso de la vida familiar tarde o temprano lleva al colapso en todas partes. Este es, sin lugar a dudas, el aspecto más peligroso de la sociedad en la actualidad. Una vez que la idea de la familia, la unidad familiar, la vida familiar se quebranta: pronto se desprovee de toda otra lealtad. Es lo más serio de todo. Y esa es quizá la razón por la cual Dios le agregó esta promesa.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Hijos, autoridad y sociedad 2

Blog145B

Pero existe una segunda razón por la que todos necesitamos esta enseñanza. Según las Escrituras, no sólo la necesitan los cristianos en la forma como he estado indicando, sino que los cristianos necesitan esta exhortación también porque el diablo aparece en este momento de una forma muy sutil y trata de desviarnos. En el capítulo quince del Evangelio de Mateo, nuestro Señor toca este tema con los religiosos de su época porque, de un modo sutil, estaban evadiendo uno de los claros mandatos de los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos les decían que honraran a sus padres, que los respetaran y cuidaran. Pero lo que estaba sucediendo era que algunos, que pretendían ser ultra religiosos, en lugar de hacer lo que el mandamiento ordenaba, decían en efecto: “Ah, he dedicado este dinero que tengo al Señor. Por lo tanto, no puedo cuidarlos a ustedes, mis padres”. El Señor lo dijo así: “Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre” (Mat. 15:5-6). Estaban diciendo: “Esto es corbán, esto es dedicado al Señor. Por supuesto que quisiera cuidarlos y ayudarlos, pero esto lo he dedicado al Señor”. De esta manera, estaban descuidando a sus padres y sus obligaciones hacia ellos…

Por lo tanto, a la luz de estas cosas, notemos cómo el Apóstol expresa el asunto. Comienza con los hijos, valiéndose del mismo principio que usó en el caso de la relación matrimonial. Es decir, comienza con los que deben obediencia, los que han de sujetarse a ella. Comenzó con las esposas y luego siguió con los maridos. Aquí comienza con los hijos y sigue con los padres. Lo hace porque está ilustrando este punto fundamental: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef. 5:21). La orden es: “Hijos, obedeced a vuestros padres”. Luego les recuerda el Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”.

De pasada, notamos el punto interesante de que aquí, nuevamente, tenemos algo que distingue al cristianismo del paganismo. Los paganos en estos asuntos no relacionaban a la madre con el padre, sino que hablaban únicamente del padre. La posición cristiana, que es la posición judía según fue dada por Dios a Moisés, coloca a la madre con el padre. El mandato es que los hijos tienen que obedecer a sus padres, y la palabra obedecer significa, no sólo escucharles, sino escucharles sabiendo que están bajo su autoridad… No sólo escuchar, sino reconocer su posición de subordinación, y proceder a ponerla en
práctica.

Pero es imprescindible que esto sea gobernado y controlado por la idea que lo acompaña: la de “honrar”. “Honra a tu padre y a tu madre”. Esto significa “respeto”, “reverencia”. Esta es una parte esencial del Mandamiento. Los hijos no deben obedecer mecánicamente o a regañadientes. Eso es malo. Eso es observar la letra y no el espíritu. Eso es lo que nuestro Señor condenaba tan fuertemente en los fariseos. No, tienen que observar el espíritu al igual que la letra de la Ley. Los hijos deben reverenciar y respetar a sus padres, tienen que comprender su posición para con ellos, y deben regocijarse en ella. Tienen que considerarla un gran privilegio, y por lo tanto, tienen que hacer lo máximo siempre para demostrar esta reverencia y este respeto en cada una de sus acciones.

La súplica del Apóstol da a entender que los hijos cristianos deben ser totalmente lo opuesto a los hijos descarriados que por lo general muestran irreverencia hacia sus padres y preguntan: “Y ellos, ¿quiénes son?” “¿Por qué tengo que escucharles?” Consideran a sus padres “pasados de moda” y hablan de ellos irrespetuosamente. Imponen su opinión y sus propios derechos y su “modernismo” en toda esta cuestión de conducta. Eso estaba sucediendo en la sociedad pagana de la cual provenían estos efesios, tal como está sucediendo en la sociedad pagana a nuestro alrededor en la actualidad. Leemos constantemente en los periódicos de cómo se está infiltrando este desorden, y cómo los hijos, según lo expresan: “están madurando tempranamente”. Por supuesto, tal cosa no existe. La fisiología no cambia. Lo que está cambiando es la mentalidad y actitud que llevan a la agresividad y un apartarse de ser gobernados por principios bíblicos y enseñanzas bíblicas. Uno escucha esto por todas partes: los hijos hablan irrespetuosamente a sus padres, los miran sin respeto insubordinándose abiertamente a todo lo que les dicen, e imponen su propia opinión y sus propios derechos. Es una de las manifestaciones más feas de la pecaminosidad y el desorden de esta época. Ahora bien, una y otra vez, el Apóstol se declara contra tal conducta, diciendo: “Hijos, obedeced a vuestros padres, honrad a vuestros padres y vuestras madres, tratadlos con respeto y reverencia, demostradles que sabéis vuestra posición y lo que significa”.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Hijos, autoridad y sociedad

Blog145

Vivimos en un mundo en que vemos un alarmante colapso en la disciplina. El desorden en este sentido reina por doquier. Hay un colapso en la disciplina en todas las siguientes unidades fundamentales de la vida: en el matrimonio y en las relaciones familiares. Cunde un espíritu de anarquía, y las cosas que antes prácticamente se daban por hecho no sólo se cuestionan sino que son ridiculizadas y desechadas. No hay duda de que estamos viviendo en una época en que hay un fermento de maldad obrando activamente en la sociedad en general. Podemos decir más, –y estoy diciendo sencillamente algo en que todos los observadores de la vida coinciden, sean cristianos o no– y afirmar que de muchas maneras estamos frente a un colapso y desintegración total de lo que llamamos “civilización” y sociedad. Y no hay ningún aspecto en que esto sea más evidente que en la relación entre padres e hijos.

Sé que mucho de lo que estamos viendo es probablemente una reacción de algo que, desafortunadamente, era demasiado común hacia el final de la era victoriana y en los primeros años del siglo XX. Hablaré más de esto más adelante, pero lo menciono ahora de pasada a fin de presentar este problema con claridad. No hay duda de que existe una reacción contra el tipo de padre victoriano severo, legalista y casi cruel. No estoy excusando la posición actual, pero es importante que la comprendamos, y que tratemos de investigar su origen. Pero sea cual fuere la causa, no hay duda que tiene su parte en este colapso total en materia de disciplina y en las normas de conducta.

La Biblia, en su enseñanza y en su historia, nos dice que esto es algo que siempre pasa en épocas irreligiosas, en épocas de impiedad. Por ejemplo, tenemos un excelente ejemplo en lo que el apóstol Pablo dice acerca del mundo en la epístola a los Romanos en la segunda mitad del primer capítulo, desde el versículo 18 hasta el final. Allí nos da una descripción horrorosa del estado del mundo en el momento cuando vino nuestro Señor. Era un estado de total descontrol. Y entre las diversas manifestaciones de ese descontrol que lista, incluye precisamente el asunto que estamos ahora considerando.

Primero, dice: “Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (1:28). Enseguida sigue la descripción: Están “atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia”. En esa lista horrible, Pablo incluye esta idea de ser desobedientes a los padres.

También en la Segunda Epístola a Timoteo, probablemente la última carta que escribiera, lo encontramos diciendo en el capítulo 3, versículo 1: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. Luego detalla las características de esos tiempos: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos,desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:2-4).

En ambos casos, el Apóstol nos recuerda que en los tiempos de apostasías, en los tiempos de total impiedad e irreligión, cuando los mismos fundamentos tiemblan, una de las manifestaciones más impresionantes de descontrol es la “desobediencia a los padres”. Así que no sorprende que llamara la atención a aquello aquí, al darnos ilustraciones de cómo la vida que está “llena del Espíritu” de Dios se manifiesta (Ef. 5:18). ¿Cuándo se darán por enterados todas las autoridades civiles de que hay una relación indisoluble entre la impiedad e inmoralidad y la decencia? Existe un orden en estas cuestiones. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”, dice el Apóstol en Romanos 1:18. Si tienes impiedad, serás siempre insubordinado. Pero la tragedia es que las autoridades civiles – sea cual fuere el partido político en el poder– parecen todas regirse por la psicología moderna en lugar de las Escrituras. Todas están convencidas de que pueden manejar la insubordinación directamente, aisladamente. Pero eso es imposible. La insubordinación es siempre el resultado de la impiedad. La única esperanza de recuperar alguna medida de la rectitud y justicia en la vida es tener un avivamiento de la piedad. Eso es precisamente lo que el Apóstol les está diciendo a los efesios y a nosotros…

Por lo tanto, las condiciones actuales demandan que consideremos la afirmación del Apóstol. Creo que los padres e hijos cristianos, las familias cristianas, tienen una oportunidad única de testificar al mundo en esta época sencillamente por ser diferentes. Podemos ser verdaderos evangelistas demostrando esta disciplina, este respeto al orden público, esta verdadera relación entre padres e hijos. Podemos, actuando bajo la mano de Dios, llevar a muchos al conocimiento de la verdad. Por lo tanto, sea ésta nuestra actitud.

Continuará …

Tomado de “Submissive Children”  en Life in the Spirit in Marriage, Home, & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el predicador expositivo más
grande del siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68, nacido en Gales.

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 3

Blog144C

Estar sujeto también requiere el cumplimiento que corresponde a las reglas establecidas para mantener el orden familiar. En las familias en que todo funciona bien, las cosas no se dejan al azar, sino que se regulan con reglas fijas. Hay un tiempo para cada cosa y cada cosa en su tiempo… Las comidas, oraciones, acostarse a la noche y levantarse a la mañana se realizan en el tiempo determinado para cada una. Es el deber obvio de cada miembro de la familia someterse a estas reglas. Los hijos y las hijas pueden estar ya mayores y pueden haber llegado a la adultez, esto no importa, tienen que someterse a las reglas de la casa, y su edad es una razón más para ser sumisos, ya que se supone que la madurez de su juicio los capacita para percibir con mayor claridad la razón de cada obligación moral. Quizá opinen que las reglas son demasiado estrictas, pero si el padre o la madre las estableció, tienen que sujetarse a ellas, en tanto sigan siendo integrantes de ese núcleo familiar, aunque sea hasta casi su vejez. Corresponde también al padre o a la madre decidir qué visitas entran en la casa: y es totalmente incorrecto que un hijo traiga o quiera traer a la casa una amistad a la cual él sabe que se opone uno de sus padres. Lo mismo se aplica a las diversiones: los padres determinan cuales serán, y ningún hijo que tiene los sentimientos correctos de un hijo querrá establecer diversiones que el gusto, y especialmente que la conciencia, de la madre o el padre prohíbe. Han ocurrido casos en que los jóvenes han invitado a tales amigos para tales diversiones en la ausencia de sus padres, aunque saben que esto es decididamente contrario a las reglas de la casa. No hay palabras para expresar lo abominable que es una acción de rebelión vil y malvada contra la autoridad paternal, y un desprecio tan carente de escrúpulos de lo que saben es la voluntad de los padres. Aun los libros que entran a la casa deben coincidir con las reglas domésticas. Si el padre o la madre prohíbe traer novelas, romances o cualquier otro libro, el hijo, en la mayoría de los casos, tiene que renunciar a sus propias predilecciones y acatar una autoridad a la cual no se puede oponer sin oponerse a los dictados de la naturaleza y la religión.

5. ES EL DEBER DE LOS HIJOS CONSULTAR CON SUS PADRES: Ellos son los guías de tu juventud, tus consejeros naturales, cuyos consejos y respuestas debes recibir con piadosa reverencia. Aun si con justa razón sospechas de la solidez o percepción que ha generado la determinación de ellos, es por tu relación con ellos que no debes emprender nada sin explicarles el asunto y obtener su opinión. Cuanto más dispuesto debes estar de hacer esto cuando tienes toda la razón de confiar en su criterio. Eres joven y sin experiencia: todavía no has andado por la senda de la vida, y siempre surgen contingencias que no tienes la experiencia para comprender… Ellos ya han andado por esa senda y conocen sus curvas, sus peligros y sus dificultades. Recurre, pues a tus padres en cada circunstancia: consulta con ellos en cuanto a tus amigos, libros y diversiones. Haz que el oído de tu padre o tu madre sea el receptor de todos tus cuidados. No tengas secretos que guardas de ellos. Consúltalos especialmente en los temas relacionados con tu vocación y matrimonio. En cuanto a lo primero, quizá necesites de su ayuda [económica], ¿y cómo puedes esperar esto si no sigues sus consejos en cuanto a la mejor manera de invertir su inversión en ti? En cuanto al matrimonio… las Escrituras nos brindan muchos ejemplos excelentes de la deferencia de los hijos a los padres en las épocas patriarcales. Isaac y Jacob parecen haber dejado la selección de sus esposas a sus padres. Rut, aunque nuera, estaba dispuesta a ser guiada enteramente por Noemí. Ismael le pidió a su madre su consejo. Sansón buscó el consentimiento de sus padres. La simplicidad de aquellas épocas ha desaparecido, y el avance de la sociedad ha traído aparejado más poder de elección por parte de los hijos. Pero éste no debe ser practicado independientemente del consejo paternal. Un anciano consagrado le dijo esto a sus hijos: “Mientras son ustedes jóvenes, escojan su vocación, cuando sean hombres, escojan a sus esposas, pero llévenme con ustedes. Es posible que los ancianos veamos más lejos que ustedes”… En todo esto, tienes que esforzarte de manera especial de que tu fe en Cristo sea consecuente y práctica, visible en toda tu conducta y más particularmente evidente en la manera amable, tierna y diligente en que cumples tus obligaciones para con ellos.

Hasta aquí el compendio de los deberes filiales. Hijos e hijas: léanlos, estúdienlos, anhelen sinceramente cumplirlos, y oran pidiendo al Dios Todopoderoso que la gracia de Cristo Jesús les ayude a llevar a cabo sus obligaciones.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 2

Blog144B

3. OTRO DEBER ES LA OBEDIENCIA. “Hijos, obedeced a vuestros padres”, dice el Apóstol en su epístola a los Colosenses. Éste es uno de los dictados más obvios de la naturaleza. Aun las criaturas irracionales son obedientes por instinto y siguen las señales de sus progenitores, sea bestia, ave o reptil. Quizá no haya deber más reconocido generalmente que este. Tu obediencia debe comenzar temprano: más joven eres, más necesitas un guía y autoridad. Debiera ser universal: “Hijos, obedeced a vuestros padres”, dijo el Apóstol, “en todo”.

La única excepción a esto es cuando sus órdenes son, de hecho y en espíritu, contrarios a los mandatos de Dios. En dicho caso, al igual que en todos los demás, hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. Pero aun en este caso, tu negativa a cumplir la directiva pecaminosa de un padre, debe ser expresada con humildad y respeto, para que sea manifiesto que tu motivación es pura y responsable, no por una mera resistencia rebelde a la autoridad de tus padres. La única excepción a tu obediencia debe ser regida por tu conciencia: si tu situación, inclinación y gusto entran en juego, deben ser puestos a un lado cuando éstos son contrarios a la autoridad paternal.

La obediencia debe ser puntual. En cuanto la orden es expresada, debe ser cumplida. Es una vergüenza para cualquier hijo el que un padre o madre necesite repetir una orden. Debes anticipar, si es posible, sus directivas y no esperar hasta que las tengan que decir. Una obediencia que se demora pierde toda su gloria.

Debe ser alegre. Una virtud practicada a regañadientes no es una virtud. Una obediencia bajo coacción y cumplida con mala disposición es una rebelión en principio: es un mal, vestido con una vestidura de santidad. Dios ama al dador alegre, y también el hombre. Un hijo que se retira de la presencia de uno de sus padres refunfuñando, malhumorado y mascullando su enojo es uno de los espectáculos más feos de la creación: ¿de qué valor es algo que un hijo hace con semejante actitud?

Debe ser negándote a ti mismo. Debes dejar a un lado tu propia voluntad, sacrificar tus propias predilecciones y realizar las acciones que son difíciles al igual que las fáciles. Cuando un soldado recibe una orden, aunque esté disfrutando de la comodidad de su casa, sin vacilar, parte inmediatamente a exponerse al peligro. Considera que no tiene otra opción. El hijo no tiene más margen para la gratificación del yo que la que tiene el soldado: tiene que obedecer. Tiene que ser uniforme. La obediencia filial por lo general tiene lugar sin muchos problemas cuando están presentes los padres, pero no siempre con la misma diligencia cuando están ausentes.

Joven, debes detestar la vileza y aborrecer la maldad de consultar los deseos y obedecer las directivas de tus padres únicamente cuando están presentes y ven tu conducta. Tal hipocresía es detestable. Actúa basándote en principios más nobles. Que sea suficiente para ti saber cuál es la voluntad de tus padres, para asegurar tu obediencia, aunque continentes y océanos te separen de ellos. Lleva esta directiva a todas partes: deja que la voz de la conciencia sea para ti la voz de tu padre o de tu madre, y saber que Dios te ve sea suficiente para asegurar tu obediencia inmediata. Qué sublimemente sencillo e impresionante fue la respuesta del hijo quien, siendo presionado por sus compañeros a tomar algo que sus padres ausentes le habían prohibido tocar, y que, cuando le dijeron que aquellos no estaban presentes para verlo, respondió: “Es muy cierto, pero Dios y mi conciencia sí están presentes”. Decídete a imitar este hermoso ejemplo… y obedece en todo a tus padres aún cuando estén ausentes.

4. SER DÓCIL A LA DISCIPLINA Y REGLAS DE LA FAMILIA NO SON MENOS TU DEBER QUE LA OBEDIENCIA A SUS DIRECTVAS. En cada familia, donde hay orden, hay un control de la autoridad que son los padres: hay subordinación, sistema, disciplina, recompensa y castigo. A todo esto, deben sujetarse todos los hijos. Estar sujeto requiere que si en alguna ocasión te has comportado de manera que se hace necesario el castigo paternal, debes aceptarlo con paciencia y no enfurecerte ni resistirte con pasión. Recuerda que Dios ha ordenado a tus padres que corrijan tus faltas, que han de estar motivados por amor al cumplir este deber con abnegación… Confiesa sinceramente tus faltas y sométete a cualquiera sea el castigo que la autoridad y sabiduría de ellos dicte. Uno de los espectáculos domésticos más hermosos, después del de un hijo uniformemente obediente, es el de uno desobediente quien entra en razón y reconoce sus faltas cuando se las señalan, y se somete con tranquilidad al castigo que corresponde. Es una prueba de una mente fuerte y de un corazón bien dispuesto decir: “Actué mal, y merezco ser castigado”.

En el caso de hijos mayores… es sumamente doloroso cuando un padre, además del dolor extremo que le causa reprochar a tales hijos, tiene que soportar la angustia producida por su total indiferencia, su sonrisa desdeñosa, sus murmuraciones malhumoradas o respuestas insolentes. Esta conducta es aún más culposa porque el que es culpable de ella ha llegado a una edad cuando se supone que ha madurado su comprensión lo suficiente como para percibir cuán profundos son los fundamentos de la autoridad paternal –en la naturaleza, la razón y revelación—y cuán necesario es que las riendas de la disciplina paternal no se aflojen. Por lo tanto, si has cometido un error que merece reprensión, no cometas otro por resentirla. Permanece quieto en tu interior, no dejes que tus pasiones se rebelen contra tu sano juicio, sino que reprime al instante el tumulto que comienza en tu alma.

La conducta de algunos hijos después de un reproche es una herida más profunda en el corazón de un padre o una madre que la anterior que mereció el reproche. Por otra parte, no sé de otra señal más grande de nobleza ni nada que tienda a elevar la opinión del joven por parte de uno de sus padres ni generar en ellos más ternura que el sometimiento humilde al reproche y una confesión sincera de su falta. Un amigo mío tenía un hijo (que hace tiempo ha fallecido), quien habiendo desagradado a sus padres delante de sus hermanos y hermanas, no sólo se sometió humildemente a la amonestación de su padre, sino que cuando la familia se reunió a la mesa para comer, se puso de pie delante de todos ellos. Después de haber confesado su falta y pedido el perdón de su padre, aconsejó a sus hermanos menores que tomaran su ejemplo como una advertencia y tuvieran cuidado de no hacer sufrir nunca a sus padres, a quienes les correspondía amar y respetar. No puede haber nada más hermoso ni más impresionante que esta acción tan noble. Con sus disculpas, aumentó el aprecio de sus padres y de su
familia a un nivel más alto aún del que gozaba antes de haber cometido la falta. El mal humor, la impertinencia y la resistencia obstinada son vilezas, cobardías y mezquindad en comparación con una acción como ésta, que combina una nobleza heroica y valiente con la más profunda humildad.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en
Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Los deberes de hijos e hijas hacia sus padres 1

Blog144

CONSIDERA con cuidado la relación que tienes con tus padres. Existe una conexión natural entre ustedes, por el hecho de que son ellos los propios instrumentos de tu existencia: una circunstancia que de por sí parece investirlos… de una autoridad casi absoluta sobre ti. Lo usual, la universalidad del vínculo, distrae de pensar en su intimidad, su ternura y su santidad. Eres, literalmente, parte de ellos y no puedes reflexionar en ningún momento en tu nacimiento sin que te impresione el peso maravilloso y solemne que llevas de tu obligación hacia tu padre y tu madre. Pero considera que no hay solamente una cuestión natural de tu deber hacia ellos, sino una conexión establecida entre ustedes. Jehová mismo ha intervenido y, uniendo el lenguaje de revelación con los dictados de la razón y la fuerza de autoridad a los impulsos de la naturaleza, te ha llamado a la piedad filial, no sólo como una cuestión de sentimientos, sino de principios. Estudia entonces la relación: piensa cuidadosa y seriamente en la conexión que existe entre ustedes. Pesa bien la importancia de las palabras padre y madre. Piensa cuánto contiene que tiene que ver contigo, cuántos oficios contiene en sí: protector, defensor, maestro, guía, benefactor, sostén de la familia. ¿Cuáles, entonces, tienen que ser las obligaciones del hijo? Lo siguiente es un breve resumen de los deberes filiales:

1. DEBES AMAR A TUS PADRES. El amor es la única actitud de la cual pueden surgir todos los demás deberes que te corresponden hacia ellos. Al decir amor, nos referimos al anhelo de cumplir los deseos de ellos. Por cierto que es lo que un padre y una madre merecen. La propia relación que tienes con respecto a ellos lo demanda. Si te falta esto, si no tienes en tu corazón una predisposición hacia ellos, tu actitud es extraña y culpable. Hasta que contraigas matrimonio, o estés por hacerlo, deben ellos, en la mayoría de los casos, ser los objetos supremos de tu cariño terrenal. No basta con que seas respetuoso y obediente y aún amable, sino que, donde no existan razones [bíblicas] para alejarte de ellos, tienes que quererlos. Es de importancia infinita que cuides tus sentimientos y no caigas en una antipatía, un distanciamiento o una indiferencia hacia ellos y que se apague tu cariño. No adoptes ningún prejuicio contra ellos ni permitas que algo en ellos te impresione desfavorablemente. El respeto y la obediencia, si no brotan del amor… son muy precarios.

Si los amas, te encantará estar en su compañía y te agradará estar en casa con ellos. A ellos les resulta doloroso ver que estás más contento en cualquier parte que en casa y que te gusta más cualquier otra compañía que la de ellos. Ninguna compañía debe ser tan valorada por ti como la de una madre o un padre bueno.

Si los amas, te esforzarás por complacerles en todo. Siempre ansiamos agradar a aquellos que queremos y evitamos todo lo que pudiera causarles un dolor. Si somos indiferentes en cuanto a agradar o desagradar a alguien es obviamente imposible que sintamos algún afecto por él. La esencia de la piedad hacia Dios es un anhelo profundo de agradarle, y la esencia de la piedad filial es un anhelo por agradar a tus padres. Joven, reflexiona en este pensamiento sencillo: el placer del hijo debiera ser complacer a sus padres. Esto es amor y la suma de todos tus deberes. Si adoptas esta regla, si la escribes en tu corazón y si la conviertes en la norma de tu conducta, dejaría a un lado mi pluma: porque ya estaría todo dicho. Ojalá pudiera hacerte entrar en razón y determinar esto: “Estoy comprometido por todos los lazos con Dios y el hombre, de la razón y revelación, del honor y la gratitud, hacer todo lo posible para hacer felices a mis padres, por hacer lo que sea que les produce placer y por evitar todo lo que les cause dolor; con la ayuda de Dios, desde este instante, averiguar y hacer todo lo que promueva su bienestar. Haré que mi voluntad consista en hacer la de ellos y que mi felicidad terrenal provenga de hacerlos felices a ellos. Sacrificaré mis propias predilecciones y me conformaré con lo que ellos decidan”. ¡Noble resolución, justa y apropiada! Adóptala, llévala a la práctica y nunca te arrepentirás. No disfrutes de ninguna felicidad terrenal que sea a expensas de ellos.

Si los amas, desearás que tengan una buena opinión de ti. Es natural que valoremos la estima de aquellos a quienes amamos: queremos que piensen bien de nosotros. Si no nos importa su opinión de nosotros es una señal segura de que ellos no nos importan. Los hijos deben anhelar y ansiar que sus padres tengan una opinión excelente de ellos. No hay prueba más decisiva de una mala disposición en un hijo o una hija que ser indiferente a lo que sus padres piensan de él o ella. En un caso así, no hay nada de amor, y el joven va camino a la rebelión y destrucción…

2. EL PRÓXIMO DEBER ES REVERENCIAR A TUS PADRES. “Honra a tu madre y a tu madre”, dice el mandamiento. Esta reverencia tiene que ver con tus sentimientos, tus palabras y tus acciones. Consiste, en parte, de tener conciencia de su posición de superioridad, o sea de autoridad, y un esfuerzo por conservar una actitud reverente hacia ellos como personas que Dios puso para estar por encima ti. Tiene que haber… un sometimiento del corazón a la autoridad de ellos que se expresa en un respeto sincero y profundo… Si no hay reverencia en el corazón, no puede esperarse en la conducta. En toda virtud, ya sea la más elevada que respeta a Dios o la clase secundaria que se relaciona con otros humanos como nosotros, tiene que ser de corazón: sin esto, dicha virtud no existe.

Tus palabras tienen que coincidir con los sentimientos reverentes de tu corazón. Cuando hablas con ellos, tu manera de hacerlo, tanto tus palabras como tu tono, deben ser modestos, sumisos y respetuosos, sin levantar la voz, sin enojo ni impertinencia ni tampoco descaro. Porque ellos no son tus iguales, son tus superiores. Si alguna vez no concuerdas con su opinión, debes expresar tus puntos de vista no con displicencia ni intransigencia como con alguien con quien disputas sino con la curiosidad humilde de un alumno. Si ellos te reprenden y quizá más fuerte de lo que te crees que mereces, tienes que taparte la boca con la mano y no ser respondón ni mostrar resentimiento. Tu reverencia por ellos tiene que ser tan grande que refrena tus palabras cuando estás en su compañía, por todo lo que ellos se merecen. Es extremadamente ofensivo escuchar a un joven irrespetuoso, grosero, hablador, que no se controla en la presencia de su madre o su padre y que no hace más que hablar de sí mismo. Los jóvenes deben ser siempre modestos y sosegados cuando está con otros, pero con mayor razón cuando sus padres están presentes. También debes tener cuidado de cómo hablas de ellos a otros. Nunca debes hablar de sus faltas… ni decir nada que puede llevar a otros a pensar mal de ellos o a ver que tú piensas mal de ellos. Si alguien ataca la reputación de ellos, con presteza y firmeza, aunque con humildad, has de defenderlos hasta donde la verdad te permita, y aún si la acusación es verdad, justifícalos hasta donde la veracidad te lo permita y protesta en contra de la crueldad de denigrar a tus padres en tu presencia.

La reverencia debe incluir toda tu conducta hacia tus padres. En toda tu conducta con ellos, dales el mayor honor. Condúcete de manera que otros noten que haces todo lo posible por respetarlos, y que ellos mismos lo vean cuando no hay nadie alrededor. Tu conducta debe ser siempre con compostura cuando están cerca, no la compostura del temor, sino de la estima…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): pastor y autor congregacionalista inglés, nacido en
Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Honra a tu Padre y a tu Madre 2

Blog143B

III. Las razones por las cuales los hijos deben honrar a sus padres son:

(1) Es un mandato serio de Dios. “Honra a tu padre”: así como la Palabra de Dios es la regla, su voluntad debe ser la razón de nuestra obediencia.

(2) Merecen la honra por el gran amor y afecto que sienten por sus hijos. La evidencia de ese amor es en su cuidado al igual que el costo. Su cuidado en criar y educar a sus hijos es una señal de que sus corazones están llenos de amor por ellos. Muchas veces los padres cuidan mejor a sus hijos a que lo que se cuidan ellos mismos. Los cuidan cuando son tiernos, no suceda que sean como frutales en un muro que son podados cuando apenas florecen. Al ir creciendo los hijos, aumenta el cuidado de los padres. Temen que sus hijos se caigan cuando son chicos y que tengan cosas peores que caídas cuando son más grandes. Su amor se evidencia en su costo (2 Cor. 12:14). Ahorran y gastan para sus hijos. No son como los avestruces que son crueles con sus hijos (Job 39:16). Los padres a veces se empobrecen ellos mismos para enriquecer a sus hijos. Los hijos nunca pueden igualar el amor de un padre, porque los padres son instrumentos de vida para los hijos, y los hijos no pueden ser eso para sus padres.

(3) Agrada al Señor (Col. 3:20). Tal como produce gozo en los padres, es un gozo para el Señor. ¡Hijos! ¿No es vuestro deber agradar a Dios? Al honrar y obedecer a sus padres, agradan a Dios tal como lo hacen cuando se arrepienten y creen en él. Para demostrar cuánto le agrada a Dios, quien los recompensa cumpliendo la promesa: “para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Jacob no dejaba ir al ángel hasta que lo bendijera, y Dios no dejó este mandamiento hasta que lo bendijo. Pablo lo llama “el primer mandamiento con promesa” (Ef. 6:2)… Una larga vida es mencionada como una bendición. “Y veas a los hijos de tus hijos” (Sal. 128:6). Fue un gran favor de Dios a Moisés el que, aunque tenía ciento veinte años, no necesitaba anteojos: “Sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor” (Deut. 34:7). Dios amenazó a Elí con la maldición de que nadie en su familia llegaría a la ancianidad (1 Sam. 2:31). Desde el diluvio, la vida es mucho más breve: para algunos, la matriz es su tumba. Otros cambian su cuna por su sepultura. Otros mueren en la flor de la vida. La muerte se lleva todos los días a unos u otros. Ahora, aunque la muerte nos acecha continuamente, Dios nos sacia de larga vida, diciendo (como en el Sal. 91:16): “Lo saciaré de larga vida”, algo que hemos de apreciar como una bendición. Es una bendición cuando Dios nos da mucho tiempo para arrepentirnos, mucho tiempo para servirle y largo tiempo para disfrutar a nuestros seres queridos.

IV. ¿Para quiénes es esta bendición de larga vida sino para los hijos obedientes? “Honra a tu padre para que tus días se alarguen”. Nada acorta la vida más pronto que la desobediencia a los padres. Absalón fue un hijo desobediente que quiso quitarle la vida y la corona a su padre. No vivió ni la mitad de lo que hubiera sido normal. El asno que montaba, cansado de tanta carga, lo dejó colgando de una rama de árbol entre el cielo y la tierra, como si no mereciera caminar sobre una ni entrar el otro. La obediencia a los padres va desenrollando la vida. La obediencia a los padres no sólo alarga la vida, sino que la hace más dulce. Vivir una larga vida y no poseer nada de bienes es una miseria, pero la obediencia a los padres asegura la herencia de tierras para el hijo. “¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío” (Gén. 27:38). Dios tiene más que una bendición para el hijo obediente. No sólo gozará de larga vida, sino de una tierra que da fruto: y no sólo tendrá tierras, sino que ellas le serán dadas con amor: “la tierra que Jehová tu Dios te da”. Disfrutaras de tierras no sólo por el favor de Dios, sino por su amor. Todos estos son argumentos poderosos para hacer que los hijos honren y obedezcan a sus padres.

Tomado de The Ten Commandments.

_______________________
Thomas Watson (c. 1620-1686): Predicador puritano protestante no conformista y
autor; se desconocen el lugar exacto y la fecha de su nacimiento.

Honra a tu Padre y a tu Madre

Blog143

I. Los hijos deben honrar a sus padres teniéndoles un aprecio respetuoso.
Tienen que demostrarles un respeto cortés y profundo. Por eso, cuando el apóstol habla de los padres terrenales, habla también de reverenciarlos (Heb. 12:9). Esta reverencia ha de ser expresada:

(1) Interiormente, con un temor combinado con amor. “Cada uno temerá a su madre y a su padre” (Lev. 19:3). En el mandamiento, el padre es mencionado primero; aquí, la madre es mencionada primero, en parte para honrar a la madre, porque en razón de las debilidades inherentes a su sexo, es propensa a ser desdeñada por sus hijos. Y en parte porque la madre soporta más por sus hijos.

(2) Externamente tanto con palabras como con acciones. Reverenciar a los padres con palabras se refiere a cuando se habla directamente con ellos o cuando se habla de ellos a otros. “Pide, madre mía”, dijo el rey Salomón a Betsabé, su madre (1 Rey. 2:20).Cuando hablan de sus padres, los hijos deben hablar honorablemente. Tienen que hablar bien de ellos, si eso merecen. “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada” (Prov. 31:28). Y en caso de que, por debilidad, un padre o una madre cometa una indiscreción, el hijo debe hacer todo lo posible por disculparlo con sabiduría para cubrir la desnudez de sus padres.

(3) Teniendo una conducta sumisa… José, aunque era un gran príncipe y su padre había empobrecido, se inclinó ante él y se comportó con una humildad como si su padre hubiera sido un príncipe y él mismo fuera un pobre hombre (Gén. 46:29). El rey Salomón, cuando su madre se acercó a él, “se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella” (1 Rey. 2:19)… ¡Ay, cuántos hijos distan de rendir esta reverencia a sus padres! En cambio, los desprecian. Se comportan con tanto orgullo e indiferencia hacia ellos que son una vergüenza para el evangelio, y causan que sus padres ya ancianos vayan al sepulcro con dolor. “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre” (Deut. 27:16). Si todos los que deshonran a sus padres son malditos, ¡cuántos hijos en nuestra época se encuentran bajo esa maldición! Si los que son irrespetuosos con sus padres viven hasta tener hijos, sus propios hijos serán una espina en su carne, y Dios les recordará sus pecados en el día de su castigo.

II. Los hijos deben honrar a los padres siendo cuidadosamente obedientes.
“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo” (Col. 3:20). El Señor Jesús fue un ejemplo en esto para los hijos. Se sujetó a sus padres (Luc. 2:51). Él, a quien se le sujetaban los ángeles, se sujetaba a sus padres. Esta obediencia a los padres se demuestra de tres maneras:

(1) Siguiendo sus consejos. “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Prov. 1:8). Los padres ocupan, por así decir, el lugar de Dios. Para que te puedan enseñar el temor del Señor, tienes que atender sus palabras como si fueran oráculos y no ser como una víbora sorda, tapándote los oídos. Los hijos de Elí no siguieron los consejos de su padre y fueron llamados “impíos” (1 Sam. 2:12, 25). Y así como los hijos deben seguir los consejos de sus padres en cuestiones espirituales, deben también hacerlo en asuntos que se relacionan con esta vida, como la elección de una carrera y de contraer matrimonio. Jacob no se iba a casar, aunque ya tenía cuarenta años, sin la aprobación de sus padres (Gén. 28:1-2)… Si los padres de familia [evangélicos] aconsejaran a un hijo a formar pareja con un inconverso o católico romano, creo que este caso es obvio, y muchos de los letrados opinan que en este caso el hijo puede negarse y no está obligado a hacer lo que el padre pide. Los hijos deben “casarse en el Señor”, por lo tanto, no con personas inconversas, porque eso no es casarse en el Señor (1 Cor. 7:39).

(2) Cumpliendo sus órdenes. El hijo debe ser el eco de los padres: cuando el padre habla, el hijo debe ser su eco obedeciendo. El padre de los recabitas les prohibió beber vino. Le obedecieron y fueron felicitados por ello (Jer. 35:14). Los hijos deben obedecer a sus padres en todo (Col. 3:20). En las cosas en que no coinciden, por más que les cueste, tienen que obedecer a sus padres. Esaú obedeció a su padre cuando le ordenó que le trajera carne de venado porque probablemente le gustaba cazar. Pero se negó a obedecerle en una cuestión más importante: la elección de una esposa. Pero aunque los hijos tienen que obedecer a sus padres “en todo”, no obstante, “es dentro de la limitación de cosas justas y honestas”. “Obedeced en el Señor”, es decir, siempre que las órdenes de los padres coincidan con las órdenes de Dios (Ef. 6:1). Si ordenan algo que es contrario a Dios, pierden su derecho a ser obedecidos. En dichos casos, tienen que desobedecer.

(3) Satisfaciendo sus necesidades. José se ocupó de suplir las necesidades de su padre en su vejez (Gén 47:12). Se trata meramente de pagar una deuda justa. Los padres crían a sus hijos cuando son chicos, y los hijos deben ocuparse de sus padres en su ancianidad… Los hijos, o monstruos debiera llamarlos, son ellos mismos una vergüenza cuando se avergüenzan de sus padres cuando envejecen y decaen, y les dan una piedra cuando piden pan. Cuando las casas se ven cerradas, decimos que allí está la plaga, cuando el corazón de los hijos se cierra contra sus padres, tienen la plaga. Nuestro bendito Salvador cuidó mucho a su madre. En la cruz, encargó a su discípulo Juan que la llevara a su casa con él como si fuera su madre y se ocupara de que no le faltara nada
(Juan 19:26-27).

Tomado de The Ten Commandments.

_______________________
Thomas Watson (c. 1620-1686): Predicador puritano protestante no conformista y
autor; se desconocen el lugar exacto y la fecha de su nacimiento.

Una oración para los lectores, especialmente para hijos e hijas 2

Blog142B

Considera también: Si estuvieras por hacer un viaje, te prepararías para hacerlo. ¿No es verdad que lo harías si fueras a viajar unas cien o doscientas millas? Si estuvieras a esta distancia de tu hogar, ¿no pensarías en éste con frecuencia? Si aparecieran obstáculos en el camino que amenazaran impedir que jamás regresaras, ¿no usarías todos tus medios y tus fuerzas para eliminarlos? ¿Eres realmente sólo un extraño y viajero sobre la tierra? ¿Vas hacia delante en un corto lapso de tiempo a un mundo eterno, donde encontrarás una morada sin fin del más profundo sufrimiento o el más perfecto gozo? ¿Se juntan muchas cosas para impedirte alcanzar el reino de los cielos? ¿Es éste tu caso? Sí, lo es. ¿Irás hacia delante, sin importante a dónde vas? ¿Sin importarte lo que te espera al entrar en aquel mundo oculto: ese mundo oculto, desconocido y sin fin de gozo inefable o de sufrimiento imposible de imaginar?… Es imposible ser demasiado serio contigo. Si alguna vez alcanzas a conocer el valor de la verdadera piedad, estarás convencido de que así es. Si viéramos a miles durmiendo al borde de un precipicio y a otros cayendo y muriendo continuamente, ¿no sentiríamos una pasión por despertar a los que todavía no han caído?

¡Ay, mi joven amigo, si has sido indiferente al evangelio de Cristo, el peligro es infinitamente peor, un peligro eterno te amenaza! ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Te ruego que despiertes! ¡Despierta antes de que sea demasiado tarde! ¡Antes de que la eternidad selle tu condenación!… ¡Despierta! Te ruego que comiences a pensar en esa sola cosa que tanto necesitas, ¡el alimento no es ni la mitad de necesario para el pobre desgraciado que se muere de hambre, ni lo es la ayuda para aquel que se hunde en el mar o para el que se está quemando en las llamas!

Quizá todo lo que te digo para conseguir tu atención lo digo en vano. ¿Será así? ¿Despreciarás a tu Dios asegurándote tu propia destrucción? ¿Serás un enemigo más cruel de ti mismo que los diablos mismos pudieran ser? ¡Ay! Si así es, ¿en qué condición estarás pronto? Pero tengo mejores esperanzas para ti, y te hago un pedido: Mira a Dios… conmigo, elevando la siguiente oración. Luego pide que tenga de ti misericordia:

UNA ORACIÓN PIDIENDO LA BENDICIÓN DIVINA SOBRE ESTE ARTÍCULO: Dios eternamente bendito y santo, tu sonrisa es vida, tu ceño fruncido es muerte. Tú tienes acceso a cada corazón y conoces todos los pensamientos de toda criatura en tu amplio dominio. Desde tu trono eterno dígnate a mirar y enseñar a una de tus criaturas más indignas a implorar humildemente tu misericordia. Sin tu amor, somos pobres en medio de la abundancia y desdichados en medio del gozo del mundo. Tu amor es placer aunque estemos en medio de sufrimientos y es riqueza en medio de la pobreza mundana. El que te conoce y te ama, aunque muerto de pobreza y hambre, es infinitamente más rico y feliz que el rey que gobierna el más amplio de los imperios, pero no te conoce. Tú eres nuestra única felicidad; no obstante, no hemos buscado en ti el bien. Tú eres nuestra única dicha; no obstante, te hemos pedido que te alejes. Tú tienes el primer y más razonable derecho a nuestro corazón; no obstante, por naturaleza, los corazones están cerrados contra ti. Pero si tú has bendecido al que da voz a esta oración porque te conoce, bendice también a los que la leen o la dicen con el mismo conocimiento del cielo.

Dios grande, sólo tú sabes lo que es el hombre: un desdichado y miserable, una criatura rebelde y esclava del pecado, un heredero merecedor de ira y condenación. Tu compasión ha abierto para él el camino de vida, ¡pero cuán pocos son los que lo encuentran! Y, ¡ah!, ninguna mano sino la tuya puede guiar al pecador en esa senda llena de paz. Duro es el corazón que tu bondad no derrite: ninguna piedra es tan dura. Frío es el corazón que tu bondad no calienta: ningún hielo es tan frío. No obstante, ¡ay!, Dios grande, así es todo corazón humano por naturaleza… ¡Pero tú tienes poder para ablandar la roca, derretir el hielo y cambiar el corazón! ¿Y acaso no es eso lo que deseas? Creador misericordioso… tú has dicho: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isa. 45:22). Miles ahora en gloria han experimentado tu poder salvador. Los instrumentos más débiles pueden en tu mano realizar las obras más poderosas. Una piedrita y una honda pueden arrasar con el enemigo más orgulloso. Ahora, entonces, Dios compasivo, demuestra tu poder para salvar. Concede que los que lean este artículo cedan a tu persuasión y consideren seriamente lo que más los beneficia. Por medio de instrumentos débiles, tú has despertado muchos corazones indiferentes. Aun si éste es el más débil de los débiles instrumentos, magnifica tu poder y misericordia haciendo que llegue a un alma (¡Oh, que sean muchas!) con un llamado solemne y avivador. Permite que algunos de sus lectores aprendan el fin para el cual la vida les fue dada. ¡Oh, no dejes que duerman el sueño del pecado y la muerte para ser despertados por el juicio y la destrucción!

Dios benigno, enséñales que la vida no es dada para perderla por negligencia y pecado. Por el poder del evangelio, somete tú al corazón de Una oración para los lectores,especialmente para hijos e hijas  piedra y rompe la piedra de hielo. Con una voz eficaz como la que despertará a los muertos, llama a los muertos en pecado a levantarse y vivir. Llama al joven pecador que lea estas palabras a huir de la ira que vendrá. Dios misericordioso, por tu Espíritu Conquistador haz que este escrito, que en sí es una débil caña, sea poderoso para llevar al arrepentimiento, la oración y la conversión, a algún joven que se haya descarriado de las sendas de la paz. ¡Oh tú que te compadeces del hombre desdichado, enseña a los jóvenes lectores… a tener compasión de sí mismos! No dejes que por su pecado y su necedad hagan aun de la inmortalidad una maldición. No dejes que desprecien tus llamados misericordiosos, ni que pisoteen tu amor hasta la muerte. No dejes que el infierno se regocije y el cielo llore por ellos, sino que deja que los ángeles que moran en tu presencia y los santos que rodean tu trono se gocen por
algún penitente despertado por este débil instrumento: por algún joven que acepta el evangelio de tu Hijo, encontrando en él todo bien.

¡Dios grande, concede este pedido! ¡Haz que los sufrimientos del Salvador lo impulsen! ¡Haz que la intercesión del Salvador lo obtenga! ¡Haz que las influencias del Espíritu lleven a cabo lo que aquí anhelamos!… ¡Confiérale tu Espíritu a este ruego, oh Dios de amor! ¡Confiere esas influencias de bendición, oh tú, Salvador de la humanidad, que has recibido dones para los hombres! ¡Confiérelos, oh Padre y Señor de todo, y trae a algún joven pecador a los pies de tu Hijo crucificado! Aunque sea sólo uno, haz que éste acuda a él para vida… Ahora, oh Dios de gracia, oye esta súplica y enseña al joven sincero de corazón que preste toda su atención a lo que sigue. Concede esto, Dios grande, en nombre del que murió en el Calvario aquí en la tierra, que vive, reina y ruega por el hombre en los cielos, y cuyo reino, poder y gloria son para siempre jamás. AMÉN.

Tomado de Persuasives to Early Piety.
_______________________
J. G. Pike (1784-1854): pastor bautista, nacido en Edmonton, Alberta, Canadá.

Una oración para los lectores, especialmente para hijos e hijas 1

Blog142A

Mi querido joven: Si alguien se levantara de entre los muertos para hablarte, si pudiera venir del otro mundo para contarte lo que allí vio, ¡con cuánta atención escucharías sus palabras y cuánto te afectarían! No obstante, un mensajero de entre los muertos no te podría decir cosas más importantes que las que ahora te ruego escuches.

He venido para rogarte que creas en DIOS, que ahora sigas al REDENTOR divino, y que andes tempranamente en la agradable senda de la piedad. ¡Ah, que pudiera yo con todo el fervor de un moribundo rogarte que te ocupes de los únicos asuntos realmente importantes! Porque, ¡de qué poca consecuencia es para ti este pobre mundo transitorio cuando tienes un mundo eterno que atender! ¡No es una insignificancia que pido des tu atención a tu vida, tu todo, tu todo eterno, tu Dios, tu Salvador, tu cielo y a todas las cosas que merecen que reflexiones en ellas y las anheles! No dejes que un extraño esté más ansioso que tú de tu bienestar eterno. Si hasta ahora no has tomado esto en serio, hazlo ahora. Ya es hora que lo hagas. Ya has malgastado
bastantes años.

Piensa en las palabras de Sir Francis Walsingham2: “Aunque reímos, todas las cosas a nuestro alrededor son serias. Dios, él que nos preserva y nos tiene paciencia, es serio. Cristo, él que derramó su sangre por nosotros, es serio. El Espíritu Santo es serio, cuando lucha por nosotros. Toda la creación es seria en servir a Dios y en servirnos a nosotros. Todos en el más allá son serios. ¡Qué apropiado es que el ser humano sea serio! Entonces, ¿cómo podemos nosotros ser superficialmente alegres?”

¿Sonríes ante estas palabras graves y dices: “Este es el lenguaje del fanatismo eeligioso”?… La advertencia amistosa puede descuidarse y las verdades de la Biblia rechazarse, pero la muerte y la eternidad pronto obligan a los corazones aun más indiferentes a estar profundamente convencidos de que la religión es lo que necesitan. Sí, mi joven amigo, es lo que necesitas. Así lo dijo el Señor de la vida (Luc. 10:42), es lo que necesitamos tú, yo y todos. Los vivientes la descuidan, pero los muertos conocen su valor. Cada santo en el cielo siente el valor de la religión al ser partícipes de las bendiciones a las que lleva. Y cada alma en el infierno sabe su valor al carecer de ellas. Es sólo sobre la tierra que encontramos a los indiferentes: ¿Serás tú uno de ellos? ¡No lo permita Dios!

Lee, te ruego, este breve mensaje orando seriamente. Recuerda que lo que busco es tu bienestar. Anhelo que seas feliz aquí y, cuando tu tiempo se haya cumplido, que seas feliz para siempre. Anhelo persuadirte que busques un Refugio en los cielos y amigos que nunca fallan. Defiendo ante ti un caso que es más importante que cualquiera que jamás se haya presentado ante un juez. No es uno que concierne al tiempo solamente, sino que concierne a una larga eternidad. No es uno del que depende alguna riqueza o reputación, sino uno del cual dependen tus riquezas eternas o pobreza eterna, gloria eterna o vergüenza eterna, la sonrisa o el ceño fruncido de Dios, un cielo eterno o un infierno eterno. Es tu caso el que defiendo y no el mío: ¿Lo defenderé en vano ante ti? ¡Ay, mi Dios, no lo permitas!

Sé, mi joven amigo, que tenemos la tendencia de leer los llamados más serios como si fueran meras formalidades, de un poco más de consecuencia para nosotros que las trivialidades que publica el periódico, pero no leas de esta manera estas líneas. Créeme: te hablo muy en serio. Lee, te ruego, lo que sigue tomándolo como un serio mensaje… de Dios para ti.

Reflexiona en lo que significarán dentro de cien años los consejos que aquí te daré. Mucho antes de entonces, habrás dejado este mundo para siempre. Para entonces, tu cuerpo, ahora vigoroso y juvenil, se habrá convertido en polvo y tu nombre probablemente habrá sido olvidado sobre la tierra. No obstante, tu alma inmortal estará viviendo en otro mundo en un gozo o sufrimiento más consciente de lo que ahora es posible. En aquel entonces, mi querido joven, ¿qué pensarás de esta advertencia de amigo? ¡Qué feliz estarás si seguiste los consejos que contiene! No te creas que los habrás olvidado. Los llamados y las bendiciones olvidados aquí serán recordados allá, cuando cada pecado será traído a la memoria del pecador… pero tu día de gracia es ahora; después, otra generación será la que viva su día de gracia.

Piénsalo: mientras tú lees esto, miles se están regocijando en el cielo porque hicieron caso en años pasados a llamados tan importantes. Antes fueron tan indiferentes como quizá lo has sido tú, pero la gracia divina les dio disposición para escuchar la Palabra de vida. Hicieron caso a las advertencias dirigidas a ellos. Encontraron salvación. Han ido a su descanso. Ahora, con cuánto placer pueden recordar el sermón ferviente Una oración para los lectores,especialmente para hijos e hijas o el librito que bajo la mano de Dios, primero despertó su atención y primero impresionó sus corazones… Sí, creo que mientras tú lees… miles de almas desgraciadas en total oscuridad y desesperación están maldiciendo esa locura descabellada que los llevó a no escuchar las advertencias amistosas que alguna vez les dirigieron. ¡Ay, mi joven amigo, te ruego por los gozos de los santos en el cielo y por los horrores de los pecadores en el infierno que no trates con ligereza este afectuoso llamado!

Continuará …

Tomado de Persuasives to Early Piety.
_______________________
J. G. Pike (1784-1854): pastor bautista, nacido en Edmonton, Alberta, Canadá.

Una oportunidad única de testificar al mundo

Blog140

El Apóstol nos recuerda que en las épocas de apostasía, en las épocas de gran impiedad e irreligiosidad, cuando los fundamentos mismos tiemblan, una de las manifestaciones más destacadas de desorden es ser “desobedientes a los padres” (2 Tim. 3:2)… ¿Cuándo aprenderán las autoridades civiles de que existe una conexión indisoluble entre la impiedad y la falta de moralidad y de conducta decente?… La tragedia es que las autoridades civiles—sea cual fuere el partido político que esté en el poder—parecen estar todas gobernadas por la sicología moderna en lugar de las Escrituras. Todos están convencidos que pueden solucionar directamente y solos la falta de justicia y de rectitud. Pero eso es imposible.

La falta de justicia y rectitud es siempre el resultado de la impiedad, y la única esperanza de volver a tener alguna medida de justicia y rectitud en la vida es tener un avivamiento de la piedad. Eso es precisamente lo que les está diciendo el Apóstol a los efesios y nos está diciendo a nosotros (Ef. 6:1-4). Los mejores y más morales periodos en la historia de este país, y de cualquier otro país, siempre han sido esos periodos después de poderosos avivamientos religiosos. Este problema de anarquismo y falta de disciplina, el problema de niños y jóvenes, no existía hace cincuenta años como existe ahora. ¿Por qué? Porque todavía operaba la gran tradición del Avivamiento Evangélico del Siglo XVIII. Pero como ya ha desaparecido, estos terribles problemas morales y sociales están volviendo, como nos enseña el Apóstol, y como siempre han vuelto a lo largo de los siglos.

Por lo tanto, las condiciones presentes demandan que observemos la declaración del Apóstol. Yo creo que los padres e hijos cristianos y las familias cristianas tienen una oportunidad única de testificar al mundo en la actualidad siendo simplemente distintos. Podemos ser verdaderos evangelistas al mostrar esta disciplina, esta ley y este orden, esta relación auténtica entre padres e hijos. Podríamos ser los medios, bajo la mano de Dios, de llevar a muchos al conocimiento de la Verdad. Por lo tanto, creamos que así es.

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 al 6:9.

______________________________________

David Martyn Lloyd-Jones (20 de diciembre de 1899 – 1 de marzo de 1981) fue un médico, pastor protestante y predicador galés que influyó en la época de reformación del movimiento evangélico británico en el siglo XX.

Durante casi 30 años, fue ministro de la Capilla de Westminster en Londres. Lloyd-Jones se opuso firmemente al cristianismo liberal que se había extendido en gran parte de muchas denominaciones cristianas, y lo consideraba aberrante. No estaba de acuerdo con el enfoque de la iglesia amplia y animó a los cristianos evangélicos (sobre todo anglicanos) a abandonar sus denominaciones existentes, pues creía que la verdadera comunión cristiana sólo es posible entre aquellos que comparten convicciones comunes acerca de la naturaleza de la fe.

“Los padres deben pulir la naturaleza ruda de sus hijos con buenos modales.”
—Thomas Boston (1676-1732)

“Vivimos en una época que se caracteriza por su irreverencia, y, en consecuencia, el espíritu de anarquía, que no tolera ninguna clase de restricciones y que anhela librarse de todo lo que interfiere con la libertad de hacer lo que se le da la gana, envuelve velozmente a la tierra como una gigantesca marejada. Los de la nueva generación son los ofensores más flagrantes; y en la decadencia y desaparición de la autoridad paternal, tenemos el precursor seguro de la abolición de la autoridad cívica. Por lo tanto, en vista de la creciente falta de respeto por las leyes humanas y el no querer dar honra al que honra merece, no nos asombremos de que el reconocimiento de la majestad, la autoridad y la soberanía del Todopoderoso vaya desapareciendo cada vez más, y que las masas tengan cada vez menos paciencia con los que insisten en dar ese reconocimiento.”—A. W. Pink (1886-1952)

Advertencias sobre la Oración

Blog141

Necesito hacer una advertencia. En nuestros días, muchas personas han vuelto a descubrir el poder de la oración. Esto es algo bueno; no hay nada más emocionante en la vida cristiana que orar específicamente, para expresar un deseo, para hacer una solicitud o una petición a Dios, y luego ver cómo Él responde esa solicitud de manera específica y clara. Es bueno recibir lo que pedimos, pero el beneficio añadido es la seguridad que adquirimos de que Dios escucha nuestras oraciones y las responde.

Sin embargo, algunos llevan esto a un extremo y saltan a la conclusión de que la oración es una especie de varita mágica, que si oramos con el sonido correcto, de la manera correcta, con las frases correctas, y en la postura correcta, Dios está obligado a responder. La idea parece ser que tenemos la capacidad para obligar al Dios Todopoderoso para que haga por nosotros lo que nosotros queremos que se haga, pero Dios no es un botones celestial que está disponible cada vez que presionamos el botón, a la espera de servirnos en cada una de nuestras solicitudes.

Es posible que respondas que la Biblia parece decir que Dios está dispuesto a darnos prácticamente cualquier cosa que pidamos. Podrías mencionar que Jesús dijo: “Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá” (Mat. 7 :7). Podrías recordar que Jesús dijo, “Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán” (Mat. 21:22). Podrías incluso mencionar que Él dijo: “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mat.18:19).

Versos en su contexto

Tenemos que ser muy cuidadosos en nuestro manejo de estos versos, teniendo cuidado de interpretarlos en su contexto. Piensa en ello: a cualquier número de personas le gustaría ver una cura para el cáncer. Estoy seguro de que podría encontrar al menos unas pocas personas que estarían de acuerdo conmigo en esto, así que si dos o tres de nosotros nos reunimos y acordamos que una cura para el cáncer sería bueno, y luego oramos sobre eso, ¿estaría Dios obligado a responder?

Jesús dijo claramente: “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo… les será hecho”, pero Él hizo esta declaración en el contexto de una gran cantidad de información acerca de la oración auténtica que Él ya había dado a sus discípulos. No podemos simplemente venir a un texto y escoger un verso sin examinar todas las cualificaciones que nuestro Señor dio en su enseñanza completa de la oración. Hacerlo así es arriesgarse a terminar con una visión mágica del asunto.

Criaturas del tiempo

Una de las razones por las que somos atraídos a la superstición y prácticas impías es que somos criaturas del tiempo. Como resultado de ello, estamos ansiosos. No sabemos lo que el mañana va a traer. Mi primera oración de niño fue: “Ahora me acuesto a dormir. Le pido al Señor que cuide mi alma. Si muero antes de despertar, pido al Señor que tome mi alma”. Esa última frase siempre me dio miedo, la parte de morir antes de despertar. No sabía si iba a morir antes de que me despertara. En realidad, no mucho ha cambiado desde entonces. No sé lo que esta tarde va a traer a mi vida. No sé lo que el mañana, la próxima semana, o el próximo año va a traer a mi vida, y tampoco tú. Vivimos siempre al borde de la eternidad, como criaturas finitas. Y eso trae ansiedad a nuestras almas.

¿No es interesante que uno de los negocios más lucrativos en los Estados Unidos de América en el siglo XXI, un tiempo de gran progreso en la educación, un tiempo de explosión del conocimiento, sigue siendo la práctica de la astrología? Lo he dicho muchas veces, que podría pedir a mis estudiantes del seminario a que nombren las doce tribus de Israel, y estaría muy feliz si pudieran nombrar ocho o nueve. Pero podría pedirles que nombren los doce signos del zodíaco, y prácticamente cada uno de ellos, dado el tiempo suficiente, podría nombrar todos los doce. No creo que ello signifique que estén más interesados en la astrología que en la historia bíblica, pero ello sugiere que la astrología es un fenómeno que está muy extendido en nuestra cultura. ¿Por qué? Porque queremos conocer el futuro.

Eso no es lo que significa vivir en la fe cristiana. Mi mañana y tus mañanas están en las manos de Dios. Hacemos nuestras peticiones ante Él y confiamos nuestros mañanas a su soberanía. Estoy encantado de que mi futuro no esté en las manos de las estrellas o los adivinos. Más bien, mi futuro está en las manos de la voluntad del Dios soberano.

Este extracto se toma del folleto, Preguntas Cruciales” de R.C. Sproul.

_______________________________________________

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Directivas ante el dolor de tener hijos impios II

Blog139B

DIRECTIVA 6: Esfuércese por fortalecer sus gracias bajo esta gran aflicción; porque necesita usted más conocimiento, sabiduría, fe, esperanza, amor, humildad y paciencia para capacitarlo y hacerlo apto para sobrellevar esta aflicción más que los que necesita para sobrellevar otras. Y tiene que ver y disfrutar más de Dios y Cristo a fin de mantener el ánimo bajo este sufrimiento más que la mayoría de los demás sufrimientos. Por el poder de Cristo será no sólo capaz de sobrellevar esta tribulación sino también de gloriarse en ella. Y más grande sea el problema, más grande será lo bueno que de él derive usted.

DIRECTIVA 7: Consuélese en que las cosas más grandes y mejores por las que usted más ha orado, confiado, esperado y principalmente amado y anhelado están a salvo y seguras. Dios es y será bendecido y glorioso para siempre, pase lo que le pase a su hijo. Todas sus perfecciones infinitas están obrando para su gloria. Cristo mismo es de Dios y cumple toda la obra de Mediador como su siervo y para su gloria. Todos los ángeles y santos benditos le honrarán, admirarán, amarán y alabarán para siempre.

Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo son suyos para siempre y será glorificado en toda la eternidad haciendo que usted sea bendito y glorioso. Tiene usted un hijo malo, pero un Dios bueno. Toda su obra acabará, sus pecados serán perdonados y aniquilados, sus gracias perfeccionadas y su cuerpo y alma glorificados ¿Y cree que un hijo impío podría empequeñecer todas sus consolaciones?

DIRECTIVA 8: Por último, considere que este dolor durará sólo por un tiempo. Confieso que no conozco ni podría encontrar aunque investigara, nada que pueda elevar al corazón por sobre este dolor fuera del conocimiento y el sentido del amor infinito de Dios en Cristo hacia el hombre y de la eternidad santa y gloriosa a la cual pronto lo llevará este amor. Decirle que esto es y ha sido el caso de otros padres píos, puede aplacar algo de su dolor. Pero ¿qué valor tiene decirle que otros están y han estado tan afligidos como usted o contarle que hijos tan malos como los suyos han sido santificados y salvados, más que darle algo de esperanza sin fundamento? No tiene más valor que el que lo tiene pensar que pueden ser salvos o pueden ser condenados, porque hay razón justificada para creer lo primero y tener esperanza en lo último. Pero para que el hombre tenga una muerte victoriosa, esté listo para vivir en ese mundo donde no hay nada de este dolor y saber que en el Día del Juicio… él mismo se sentará con Cristo para juzgarlos, y que amará y se gozará en la santidad y justicia del Juez de todo el mundo quien les dará aquella sentencia: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt. 25:41)—esto basta para superar todo dolor inmoderado por sus hijos impíos.

Tomado de Concerns for Their Unsaved Children

________________________
Edward Lawrence (1623-1695): Pastor inglés que no pertenecía a la Iglesia
Anglicana; educado en Magdalene College, Cambridge; fue echado de su púlpito
en 1662 por el Acto de Uniformidad; amado y respetado por otros puritanos como
Matthew Henry y Nathanael Vincent; nacido en Moston, Shropshire, Inglaterra.

Formación Bíblica de los hijos en el hogar 2

J.C. Ryle

“El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que le dio a luz”. —Proverbios 17:25

Aprenda a decirles “No” a sus hijos. Demuéstreles que puede negarse a aceptar todo lo que usted considera que no es bueno para ellos. Demuéstreles que está listo para castigar la desobediencia, y que cuando habla de castigo, no está sólo listo para amenazar sino también para actuar.

Quiera el Señor enseñarles a todos ustedes qué valioso es Cristo y qué obra poderosa y completa ha realizado en pro de nuestra salvación. Estoy seguro de que entonces usarán todos los medios para traer a sus hijos a Jesús para que vivan por medio de él. Quiera el Señor enseñarles todo lo que necesitan para que el Espíritu Santo renueve, santifique y vivifique sus almas. Estoy seguro de que entonces instarán a sus hijos a que oren sin cesar por tener a Jesús, hasta que ha entrado en sus corazones con poder y los ha convertido en nuevas criaturas. Quiera el Señor conceder esto, y si así sucede, tengo esperanza de que realmente instruirán bien a sus hijos—que los instruirán bien para esta vida y los instruirán bien para la vida venidera, los instruirán bien para la tierra y los instruirán bien para el cielo; los instruirán para Dios, para Cristo y para la eternidad.—J. C. Ryle (1816-1900)

 

Formación Bíblica de los Hijos en el Hogar

C.H. Spurgeon

“Criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Efesios 6:4b

El sauce crece con rapidez, y lo mismo sucede con los creyentes jóvenes. Si quiere ver hombres de nota en la iglesia de Dios, búsquelos entre los que se convirtieron en su juventud… nuestros Samuel y Timoteo surgen de los que conocen las Escrituras desde su juventud. ¡Oh Señor! Envíanos muchos así cuyo crecimiento y desarrollo nos sorprenda tanto como lo hace el crecimiento de los sauces junto a los ríos.

A menos que nos mantengamos en guardia cuidando a los niños, podría suceder que no quedaría nadie para llevar el estandarte del Señor cuando nuestro cuerpo vuelva al polvo. En cuestiones de doctrina, encontramos con frecuencia que congregaciones ortodoxas cambian a una heterodoxia en el curso de treinta o cuarenta años, y esto se debe con demasiada frecuencia a que no ha existido un adoctrinamiento bíblico de los niños que incluya las doctrinas esenciales del evangelio.—Charles Spurgeon

Directivas ante el dolor de tener hijos impíos I

Blog139

DIRECTIVA 1: Considere como un gran pecado desmayar ante este sufrimiento, es decir, sufrir tanto que no puede cumplir sus obligaciones o que deja de sentir gozo en su vida. Porque desmayar ante esta calamidad significa que ha basado demasiado de su felicidad en sus hijos. Sólo argumentaré con usted como Joab lo hizo con David cuando se lamentaba tan amargamente por su hijo Absalón en 2 Samuel 19:6: “Hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos”. Lo mismo le digo a usted que si su alma desmaya bajo la carga de un hijo desobediente declara usted que Dios y Cristo no le importan.

DIRECTIVA 2: Considere… que este es un dolor común entre los hijos más queridos de Dios. Usted piensa en esto como si fuera el primer padre piadoso que ha tenido un hijo impío, como si fuera raro lo que le ha sucedido. Confieso que donde una calamidad parece singular o extraordinaria, tiene más posibilidad de que el que sufre se sienta abrumado porque piensa que ha desagradado grandemente a Dios, de modo que dice con la iglesia: “Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor” (Lam. 1:12). Pero este dolor es común y coincide con la gracia salvadora y electiva de Dios hacia ellos, y es una prueba que por lo general le toca a los justos.

DIRECTIVA 3: Considere que le hubieran podido pasar desgracias peores que esta. Le voy a dar tres males peores que lo hubieran hecho sufrir más. Primero, podría haber sido usted mismo un infeliz malo e impío. Y que el gran Jehová lo hubiera maldecido y condenado para siempre lo hubiera hecho sufrir mucho más que sentirse atormentado por un tiempo por un hijo impío. Segundo, hubiera podido tener un cónyuge que fuera como podredumbre en sus huesos. Salomón parece decir que un cónyuge pendenciero es peor que un hijo impío. Proverbios 19:13: “Dolor es para su padre el hijo necio, y gotera continua las contiendas de la mujer”. Es como una gotera constante en la casa cuando llueve que pudre el edificio, destruye los alimentos y arruina tanto a la casa como a los que en ella viven…

DIRECTIVA 5: Deje que las Escrituras y la razón guíen su dolor, a fin de no provocar a Dios, envilecer su alma y herir su conciencia con quejas y lágrimas pecaminosas. Con este fin, observe dos reglas: Primero, laméntese más por los pecados de sus hijos con los que provocan y deshonran a Dios y se corrompen y se destruyen a sí mismos y destruyen a otros, que por cualquier vergüenza o pérdida de cosas materiales que le puedan suceder. De este modo, demostrará que el amor a Dios y al alma de sus hijos, y no el amor al mundo, tiene la mayor influencia sobre su dolor. Porque me temo que por lo general hay en padres buenos demasiada aflicción carnal y no suficiente aflicción espiritual cuando sufren esta gran calamidad. Segundo, no deje que su dolor enferme su cuerpo y afecte su salud. Dios no requiere que se lamente por los pecados de sus hijos más que por los propios, y tampoco jamás nos pide que por dolor destruyamos nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo. La verdad es que el dolor santo es la salud del alma y nunca perjudica al cuerpo. Porque la gracia siempre es una amiga y nunca una enemiga de la naturaleza. Por lo tanto, no se prive de ninguna oportunidad de honrar a Dios y servir a su iglesia. No cause el desconsuelo de su cónyuge ni que sus hijos queden huérfanos por culpa de un dolor que no agradará a Dios, no lo tranquilizará a usted ni les hará ningún bien a sus hijos malos y desgraciados.

Tomado de Concerns for Their Unsaved Children

________________________
Edward Lawrence (1623-1695): Pastor inglés que no pertenecía a la Iglesia
Anglicana; educado en Magdalene College, Cambridge; fue echado de su púlpito
en 1662 por el Acto de Uniformidad; amado y respetado por otros puritanos como
Matthew Henry y Nathanael Vincent; nacido en Moston, Shropshire, Inglaterra.

La calamidad de tener hijos impíos 2

Blog138B

DOLOR: Se ven profundamente afectados por la congoja y el dolor que sienten por la maldad de sus hijos. Las gracias de los padres causan que se lamenten por los pecados de sus hijos. Su conocimiento de la salvación hace sangrarles el corazón al ver a sus hijos burlarse y despreciar la gloria que ellos ven en Dios y en Cristo. Y aunque ellos, por fe, se alimentan en Cristo, les duele ver a sus hijos alimentarse de los placeres inmundos del pecado. Su amor a Dios los hace gemir porque sus hijos aman el pecado y las peores maldades, y aborrecen a Dios, el mejor bien.

La enormidad de esta aflicción se ve en estos ocho factores que la empeoran: Primero, empeora su dolor recordar cuánto placer y delicia les daban estos hijos cuando eran chicos. Los atormenta ahora ver sus dulces y alegres sonrisas convertidas en miradas burlonas y despreciativas hacia sus padres, y sus lindas e inocentes palabras convertidas en blasfemias y mentiras y otras podredumbres. Los atormenta pensar que éstos, que se lanzaban hacia ellos para recibir un abrazo, para besarlos y para hacer lo que ellos pidieran, ahora los rechazan.

Segundo, empeora su dolor verse tan miserablemente decepcionados en las esperanzas que tenían para estos hijos. “La esperanza que se demora es tormento del corazón”, dijo Salomón en Prov. 13:12, pero verse frustrados y desilusionados en su esperanza en algo de tanta importancia que hasta les destroza el corazón. Cuando estos padres recuerdan qué agradable les resultaba oír a estos hijos contestar preguntas de la Biblia y hablar bien de Dios y Cristo, no pueden sentirse más que afligidos al ver que estos mismos hijos quienes, como Ana, presentaron al Señor, se venden al diablo.

Tercero, empeora su dolor ver a sus hijos quienes los amaban como padres, en compañía de mentirosos, borrachos, mujeriegos y ladrones cuya compañía les resulta más agradable que la de sus padres.

Cuarto, empeora su dolor ver a los hijos de otros que andan en los caminos del Señor y decir: “¡Esos hijos hacen felices a sus padres y a su madre mientras que los hijos de nuestro cuerpo y consejos y oraciones y promesas y lágrimas viven como si su padre fuera amorreo y su madre hetea”! (Ez. 16:3)

Quinto, empeora el dolor de los padres cuando sólo tienen un hijo, y éste es necio y desobediente. Hay muchos ejemplos de esto. La Biblia, para describir el tipo de dolor más triste lo compara con el dolor de un hijo único. Jeremías 6:26: “Ponte luto, como por hijo único, llanto de amarguras”. Zacarías 12:10: “Llorarán como se llora por hijo unigénito”. Sé que estos versículos se refieren a padres que lloran la muerte de un hijo único, pero no es tan triste seguir a un hijo único a la tumba como es ver a un hijo único vivir para deshonrar a Dios y ser una maldición para su generación destruyendo continuamente su alma preciosa. Es muy amargo cuando uno vuelca en un hijo tanto amor, bondad, cuidado, costo, esfuerzos, oraciones y ayunos tal como hacen otros padres con muchos hijos. Y, a pesar de todo esto, el hijo único resulta ser este monstruo de maldad, como si los pecados de muchos hijos impíos se concentraran en él.

Sexto, es peor cuando los ministros santos de Dios son padres de necios, lo cual… sucede con frecuencia. Y es muy lamentable porque éstos tienen las llaves del reino de los cielos, no obstante lo cual tienen que entregar a sus propios hijos a la ira de Dios. Los tales conocen los terrores del Señor y los tormentos del infierno más que los demás, y les afecta más creer que ahora eso es lo que les espera a sus propios hijos.

Séptimo, es peor para los padres cuando los hijos, a quienes dedicaron para servir a Dios en el ministerio del evangelio, resultan ser impíos. Esto es motivo de grandes lamentaciones, porque los padres tienen la intención de que ocupen los lugares más importantes en la iglesia, les dan una educación con miras a ello, y después estos chicos se hacen como la sal sin sabor, que no sirve para nada sino para tirar y ser pisoteada por los hombres.

Octavo, es peor cuando los hijos son un dolor para sus padres en su vejez, y, por decirlo así, tiran tierra sobre sus canas, que es su corona de gloria. El mandato de Dios en Proverbios 23:22 es: “Cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies”. Salomón dice que los días de la vejez son días malos (Ecl. 12), su edad es en sí una enfermedad problemática e incurable. Los ancianos son como la langosta: aun lo más liviano es para ellos una carga. Por lo tanto, es más problemático para ellos ser atormentados por hijos malos cuando habiendo sido hombres fuertes (según piensan los teólogos) se encorvan, y sus hijos que deberían ser un apoyo para ellos, les destrozan el corazón y causan que bajen con dolor a su tumba.

Tomado de Parents’ Concerns for Their Unsaved Children.
________________________
Edward Lawrence (1623-1695): Pastor inglés que no pertenecía a la Iglesia Anglicana; educado en Magdalene College, Cambridge; fue echado de su púlpito en 1662 por el Acto de Uniformidad; amado y respetado por otros puritanos como Matthew Henry y Nathanael Vincent; nacido en Moston, Shropshire, Inglaterra.

La calamidad de tener hijos impíos 1

Blog138

“El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que le dio a luz”. —Proverbios 17:25

Es una gran calamidad para padres piadosos tener hijos malos e impíos. “El hijo necio [dice el texto de Proverbios] es pesadumbre de su padre, y amargura a la que le dio a luz”. Lo mismo expresa Proverbios 17:21: “El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra; y el padre del necio no se alegrará”. El hijo necio le quita toda la alegría. Y Proverbios 19:13 dice: “Dolor es para su padre el hijo necio”…

Lo grande de este dolor, o calamidad, se manifiesta en los sentimientos que produce en los padres y los afectan. Daré sólo tres: temor, ira y tristeza.
TEMOR: Este es un sentimiento perturbador, y los padres píos nunca dejan de tenerlo por sus hijos impíos. Temen que cada uno que llama a la puerta, que cada mensaje y cada amigo que llegan les traerán malas noticias de sus hijos desobedientes. Ampliaré esto dando tres grandes males que causan gran temor en estos padres.

Tienen miedo de que sus hijos estén cometiendo pecados grandes. Este era el temor de Job por sus hijos cuando éstos se juntaban para realizar fiestas (Job 1:5). Job decía: “Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones”. Aunque quizá rara vez están sus hijos fuera de su vista, los padres buenos tienen este temor. Saben que sus hijos están siempre expuestos a las tentaciones del diablo, las trampas del mundo y la atracción de las malas compañías, de modo que sus corazones corruptos están predispuestos a caer en todo esto, y que pueden provocar a Dios a entregarlos a sus propias concupiscencias. Y por lo tanto, sienten un temor constante de que sus hijos estén mintiendo, blasfemando, andando con malas mujeres, o emborrachándose, corrompiéndose, destruyéndose a sí mismos y destruyendo a otros.

Temen que sus hijos caigan víctima del juicio severo de Dios en esta vida. David, cuando su hijo Absalón encabezaba una gran rebelión contra su padre y tenía que ir a batalla contra los rebeldes, temía que su hijo pereciera en sus pecados. Los padres como estos saben que sus pobres hijos se han apartado del camino de Dios, y que son como pájaros que se escapan del nido (Prov. 27:8) exponiéndose a toda clase de peligros. Saben las amenazas de la Palabra en su contra y qué ejemplos terribles hay de la venganza de Dios sobre los hijos desobedientes. Y por esta razón, temen que sus pecados les lleven a una muerte prematura y vergonzosa.

Temen la condenación eterna para ellos. Son sensibles al hecho de que sus hijos son hijos de ira y viven en los pecados por los cuales la ira de Dios se manifiesta a los hijos de desobediencia. Y estos padres creen en lo que es el infierno. Porque así como la fe en las promesas es la sustancia de las cosas que esperamos, la fe cree que las amenazas son la sustancia de las cosas que temen. Por eso, no pueden menos que temblar al pensar en que sus queridos corderos, a quienes alimentaron y cuidaron con ternura, a cada momento corren en peligro de ser arrojados al lago de fuego preparado para el diablo y los suyos.

IRA: La ira es otra pasión que aflora en padres piadosos por la maldad de sus hijos. Y esto es problemático, porque al hombre no le faltan problemas cuando está airado. Y cuanto más se empecinan estos padres en que sus hijos sean piadosos, más los disgustan y exasperan los pecados de ellos. Sienten enojo cuando los ven que provocan a aquel Dios a quien ellos mismos tienen tanto cuidado en agradar, verlos destruir sus almas preciosas que ellos trabajan para salvar, y verlos despilfarrar con sus sucias lascivias esos bienes que han obtenido con su dedicación, trabajo y oraciones. No pueden menos que pensar en ellos con ira, hablar de ellos con ira y mirarlos con ira. Y así, sus hijos, que deberían ser motivo de gozo y placer, les son una cruz e irritación continua.

Tomado de Parents’ Concerns for Their Unsaved Children.
________________________
Edward Lawrence (1623-1695): Pastor inglés que no pertenecía a la Iglesia Anglicana; educado en Magdalene College, Cambridge; fue echado de su púlpito en 1662 por el Acto de Uniformidad; amado y respetado por otros puritanos como Matthew Henry y Nathanael Vincent; nacido en Moston, Shropshire, Inglaterra.

Obstáculos principales en la formación 3

Blog137C

CUARTO: La conducta inconstante de los padres mismos es frecuentemente un obstáculo poderoso para obtener el éxito en la educación cristiana… ¿Cómo, pues, tiene que ser la influencia del ejemplo de los padres? Ahora bien, como me estoy dirigiendo a padres de familia cristianos, doy por hecho que demuestran, en alguna medida, la realidad de la religión cristiana… Los hijos pueden captar algo de ésta en la conducta de sus padres. Pero cuando ésta incluye tantas pequeñas contradicciones, tal bruma de imperfecciones, qué poco aporta a que formen una buena opinión o que la estimen más. En algunos cristianos hay tanta mundanalidad, tanto conformarse a las necedades de moda, tanta irregularidad en la piedad doméstica, tantos arranques de ira que nada tienen de cristianos, tanto dolor inconsolable y quejas lastimeras bajo las pruebas de la vida, tantas frecuentes actitudes negativas hacia sus hermanos cristianos que sus hijos ven a la religión como algo sumamente desagradable. La consecuencia es que rebaja su opinión de la piedad o inspira en ellos puro disgusto.

Padre de familia, si quiere que sus enseñanzas y amonestaciones a su familia tengan éxito, hágalas respetar por el poder de un ejemplo santo. No basta que sea usted piadoso en general, sino que debe serlo totalmente; no sólo debe ser un verdadero discípulo, sino uno excelente; no sólo un creyente sincero, sino uno consecuente. Sus normas religiosas tienen que ser muy altas. Me atrevo a dar este consejo a algunos padres: Hablen menos acerca de religión a sus hijos o demuestren más de su influencia. Dejen a un lado la oración familiar o dejen a un lado los pecados familiares. Tengan cuidado de cómo actúan, porque todas sus acciones son vistas en el hogar. Nunca hablen de la religión cristiana si no es con reverencia. No se apuren en hablar de las faltas de sus hermanos cristianos. Cuando se presenta el tema, que sea en un espíritu caritativo hacia el ofensor y de un decidido aborrecimiento por la falta. Muchos padres han dañado irreparablemente la mente de sus hijos por su tendencia a averiguar, comentar y casi alegrarse de las inconstancias de otros que profesan ser cristianos. Nunca pongan reparos triviales ni traten de encontrar faltas en las actividades de su pastor. En cambio, elogien sus sermones a fin de que sus hijos quieran escucharlos con más atención. Guíe sus pensamientos hacia los mejores cristianos. Destáqueles la hermosura de una piedad ejemplar. En resumen, en vista de que su ejemplo puede ayudar o frustrar sus esfuerzos por lograr la conversión de sus hijos, considere el imperativo: “debéis andar en santa y piadosa manera de vivir” (2 Ped. 3:11).

QUINTO: Otro obstáculo para lograr el éxito en la educación religiosa se encuentra a veces en la conducta desenfrenada de alguien mayor en la familia, especialmente en el caso de un hijo libertino. En general los hijos mayores tienen una influencia considerable sobre los demás, y muchas veces establecen el tono moral entre ellos. Sus hermanos y hermanas menores los admiran. Traen amigos, libros, diversiones a la casa y con ello forman el carácter de los menores. Por lo tanto, es muy importante que los padres presten particular atención a sus hijos mayores. Si, por desgracia, los hábitos de éstos son decididamente contraproducentes para la formación cristiana de los otros, deben ser separados de la familia, si es factible hacerlo. Un hijo disoluto puede llevar a todos sus hermanos por mal camino. He visto algunos casos dolorosos de esto. El padre puede vacilar en echar de casa a un hijo libertino por temor de que empeore más. Pero ser bueno con él de esta manera es una crueldad hacia los demás. La maldad es contagiosa, especialmente cuando la persona con esta enfermedad es un hermano.

SEXTO: Las malas compañías fuera de casa neutralizan toda la influencia de la enseñanza cristiana del hogar. El padre creyente tiene que mantenerse siempre atento para vigilar las amistades que sus hijos tienden a tener. He dicho mucho a los jóvenes mismos sobre este tema en otra obra. Pero es un tema que también concierne a los padres. Un amigo mal escogido por sus hijos puede dar por tierra todo lo bueno que usted está haciendo en su casa. Es imposible que usted sea demasiado cuidadoso en esto. Desde la primera infancia de sus hijos, anímelos a verlo a usted como el seleccionador de sus compañías. Enséñeles la necesidad de que usted lo sea, y forme en ellos la costumbre de consultarlo en todo momento. Nunca aliente una amistad que difícilmente tenga una influencia positiva en el carácter cristiano de ellos. Nunca como ahora ha sido necesaria esta advertencia. Las instituciones cristianas de ahora acercan al evangelio a los niños y jóvenes que a ellas asisten… Pero aun en el mejor de los casos, es demasiado pretender que todos los amigos activos en la escuela dominical, grupo juvenil, etc., sean amigos adecuados para nuestros hijos y nuestras hijas.

SÉPTIMO: Las divisiones que surgen a veces en nuestras iglesias y que causan enemistad entre cristianos tienen una influencia muy negativa sobre la mente de los niños y jovencitos. Ven en ambas partes tanto que es contrario al espíritu y carácter distintivo del cristianismo y ello tiene un impacto tan profundo sobre sus opiniones y
sentimientos acerca de una de las partes, que su atención deja de centrarse en lo esencial de la religión cristiana, o brota un prejuicio contra ella. Considero esto como una de las consecuencias más dolorosas y malas de las controversias en la iglesia…

POR ÚLTIMO: El espíritu de independencia filial, sancionada por las costumbres, si no las opiniones de esta época, es el último obstáculo que mencionaré, sobre el tema de lograr buenos resultados en la educación cristiana. La tendencia, demasiado aparente en esta época, de aumentar los privilegios de los hijos por medio de reducir la prerrogativa de sus padres, no es para bien de unos ni de otros. La rebeldía contra una autoridad constituida correctamente nunca puede ser una bendición; todos los padres sabios, junto con todos los niños y jóvenes sabios, coinciden en que la autoridad paternal es una bendición. Algunos chicos precoces pueden sentirla opresiva, pero otros cuya madurez es más natural y lenta reconocerán que es una bendición. Los hijos que sienten que el yugo de los padres es una carga, raramente considerarán a Cristo como un beneficio.

Mis queridos amigos, pienso que éstos son los obstáculos principales para lograr el éxito en los esfuerzos que muchos hacen para lograr la formación cristiana de sus hijos. Considérenlos seriamente, y habiéndolo hecho, procuren evitarlos… A la vez, no descuiden ninguno de los otros medios que promueven el bienestar, reputación y utilidad de ellos en este mundo, concéntrense en emplear sus mejores energías para poner en práctica un plan bíblico y sensato de educación religiosa.

Tomado de The Christian Father’s Present to His Children.
________________________
John Angell James (1785-1859): Pastor congregacional inglés, autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Piedad femenina, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio serio) y muchos otros; nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Obstáculos principales en la formación 2

Blog137B

SEGUNDO: El descuido de la disciplina doméstica es otro obstáculo en el camino hacia una educación cristiana exitosa. Los padres son investidos por Dios con un grado de autoridad sobre sus hijos, que no pueden dejar de ejercer sin ser culpables de pisotear las instituciones del cielo. Cada familia es una comunidad, un gobierno que es estrictamente despótico, aunque no tirano. Cada padre es un soberano, pero no un opresor. Es el legislador, no meramente el consejero. Su voluntad debe ser ley, no sólo consejo. Debe ordenar, refrenar, castigar; los hijos tienen que obedecer. Él, en caso necesario, tiene que amenazar, reprender, disciplinar; y ellos tienen que someterse con reverencia. Él tiene que decidir qué libros leerán, qué amigos pueden tener, qué actividades pueden realizar y lo que harán con su tiempo libre. Si ve algo incorrecto, no debe responder con una protesta tímida, débil, ineficaz como la de Elí: “¿Por qué hacéis cosas semejantes?” (1 Sam. 2:23), sino con una firme, aunque cariñosa prohibición. Tiene que gobernar su propia casa y por medio de toda su conducta, hacer que sus hijos sientan que tiene derecho a exigirles su obediencia.

Dondequiera que existe la falta de disciplina, ésta va acompañada de confusión y anarquía doméstica. Si falta la disciplina todo anda mal. El jardinero puede sembrar las mejores semillas. Pero si no quita las malezas y poda el crecimiento excesivo no puede esperar que sus flores crezcan ni que su jardín florezca. De la misma manera, el padre puede presentar las mejores enseñanzas. Si no desarraiga el mal carácter, corrige los malos hábitos, reprime las corrupciones flagrantes, no puede esperar nada excelente. Puede ser un buen profeta y un buen sacerdote, pero si no es también un buen rey todo lo demás es en vano. Cuando un hombre rompe su cetro y deja que sus hijos lo usen como un juguete, puede renunciar a sus esperanzas de ser exitoso con la educación cristiana… La desgracia en muchas familias es que la disciplina es inconstante e  inestable, a veces realizada con tiranía y otras, tan descuidada que hasta parece que se ha suspendido la ley. En estos casos, los hijos a veces tiemblan como esclavos, y otras veces, se sublevan como rebeldes; a veces gimen bajo la mano de hierro, otras veces se amotinan en un estado de libertad sin ley. Este es un sistema maligno, y sus efectos son generalmente lo que se puede esperar de él.

En algunos casos, la disciplina comienza demasiado tarde. En otros, termina demasiado pronto. El oficio del padre como autoridad dura casi lo mismo que la relación paternal. El niño, en cuanto puede razonar, tiene que aprender que debe ser obediente a sus padres. Si llega a la edad escolar antes de estar sujeto al control cariñoso de la autoridad paternal, probablemente se resista al yugo, como lo resiste el toro que no ha sido domado. Por otro lado, mientras los hijos sigan bajo el techo paternal, tienen que estar sujetos a las reglas de una disciplina doméstica. Muchos padres se equivocan grandemente por abdicar el trono a favor de un hijo o hija porque está llegando a ser un hombre o una mujer. Es realmente lamentable ver a un chico o chica de quince… a quien le dejan sembrar las semillas de la rebeldía en el hogar y actuar en contra de la autoridad paternal de un padre demasiado conformista, que hasta pone las riendas del gobierno en las manos de sus hijos o cae en alguna otra conducta que muestra que se conforma porque considera que sus hijos son independientes. No tiene que haber ninguna lucha por el poder. Donde un hijo ha estado acostumbrado a obedecer, aun desde la primera infancia, el yugo de la obediencia será generalmente ligero y fácil de llevar. Si no, y un carácter rebelde comienza a notarse tempranamente, el padre sensato tiene que estar en guardia y no tolerar ninguna intrusión en sus prerrogativas como padre. A la misma vez, el creciente poder de su autoridad, tal como sucede con la presión creciente de la atmósfera, debe ser sentida sin ser vista. Esto la hará irresistible.

TERCERO: Por otro lado, una severidad indebida es tan perjudicial como una tolerancia ilimitada. La transigencia desatinada ha matado sus diez miles, la dureza innecesaria también ha destruido sus miles. Una autoridad que infalible nos ha dicho que las cuerdas del amor son los lazos que unen a los seres humanos. Hay un poder formativo en el amor. La mente humana fue hecha de manera que cede con gusto a la influencia del cariño. Es más fácil guiar a alguien a cumplir su deber que forzarlo a hacerlo… El amor parece un elemento tan esencial en el carácter paternal que hay algo repugnante no sólo en un padre cruel, en un padre hiriente o severo sino también en un padre de corazón frío. Estudie el carácter paternal como lo presenta ese exquisitamente conmovedor retrato moral que es la Parábola del Hijo Pródigo. No se puede esperar que la formación cristiana prospere cuando un padre gobierna enteramente por medio de una autoridad fría, estricta, mísera, meramente con órdenes, prohibiciones y amenazas, con el ceño fruncido sin suavizarlo con una sonrisa; cuando el amigo nunca está combinado con el legislador, ni la autoridad modificada con amor; cuando su conducta produce sólo un temor servil en el corazón de sus hijos en lugar de un afecto generoso; cuando le sirven por temor a los efectos de la desobediencia en lugar de un sentido de placer en la obediencia; cuando en el círculo familiar temen al padre porque parece estar siempre de mal humor más bien que considerarlo el ángel guardián de sus alegrías; cuando aún alguna acción accidental desata una tormenta o las faltas producen un huracán de pasiones en su pecho, cuando los ofensores se ven obligados a disimular o mentir con la esperanza de no ser objeto de las severas correcciones que enterarse de ellas siempre generan en sus padres; cuando se hacen interrupciones innecesarias a los inocentes momentos de diversión; cuando de hecho no pueden ver nada del padre pero todo del tirano. La formación cristiana no puede prosperar en un ambiente así de la misma manera como uno no puede esperar que una planta tierna de invernadero prospere en los rigores de una helada eterna.

Es inútil que un padre así pretenda enseñar bíblicamente. Enfría el alma de sus alumnos. Endurece sus corazones. Los prepara para que corran con premura a su ruina en cuanto se hayan librado del yugo de su esclavitud y puedan dar rienda suelta a su libertad que expresan con una gratificación descontrolada.

Por lo tanto, los padres deben combinar su conducta de legisladores con la de amigos, atemperar su autoridad con gentileza… Deben actuar de tal manera que los hijos lleguen a la convicción de que su ley es santa y sus mandatos santos, y justos, y buenos, y que ser gobernados de esta manera es ser bendecidos.

Tomado de The Christian Father’s Present to His Children.
________________________
John Angell James (1785-1859): Pastor congregacional inglés, autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Piedad femenina, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio serio) y muchos otros; nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Obstáculos principales en la formación 1

Blog137A

El hecho de que en muchos casos los métodos usados por padres de familias cristianas para lograr el bienestar espiritual de sus hijos no tienen éxito es una triste realidad comprobada por abundantes evidencias que se siguen acumulando. ¡No estoy hablando de aquellas familias donde no existe la piedad doméstica, ni la instrucción, ni un altar familiar2, donde tampoco se oyen las oraciones familiares, ni las amonestaciones de parte de los padres! ¡Esta negligencia cruel, maligna, mortal, de los intereses inmortales de los hijos sucede en familias que profesan ser cristianas! ¡Inconstancia monstruosa! ¡Sorprendente abandono de sus principios! Con razón los hijos se desvían. Esto es fácil de explicar. Algunos de los peores inmorales que conozco han venido de tales hogares. Sus prejuicios en contra de la religión y su antipatía por sus prácticas son mayores que los de los hijos de padres mundanos. Los que profesan ser religiosos y son inconstantes, hipócritas y negligentes, con frecuencia generan en sus hijos e hijas una aversión y desilusión contra la piedad imposible de cambiar, y parece producir en ellos una firme determinación de apartarse lo más lejos posible de su influencia.

Hablaré ahora del fracaso de una educación religiosa donde se ha llevado a cabo en alguna medida, de la cual abundan ejemplos… Vemos con frecuencia a niños que han sido objeto de muchas oraciones y muchas esperanzas y que, aun así olvidan las enseñanzas que han recibido, y siguen al mundo para hacer el mal. Lo que menos quiero hacer es agregar aflicciones a las aflicciones diciendo que esto se puede rastrear en todos los casos a la negligencia de los padres. No quiero echar, por decir así, sal y vinagre3 a las heridas sangrantes con que la impiedad de los hijos ha lacerado la mente de algún padre. No quiero causar que algún padre adolorido exclame: “El reproche me ha quebrantado el corazón, ya herido por la mala conducta de mi hijo”. Sé que en muchos de los casos no se les puede adjudicar culpa alguna a los padres. Es únicamente por la depravación del hijo, que nada fuera del poder del Espíritu Santo puede subyugar, que lo llevó a un resultado tan triste. En algunos casos, los mejores métodos de educación cristiana, cumplidos sensatamente y mantenidos con la mayor perseverancia, han fracasado totalmente. Dios es soberano, y tiene misericordia de los que él quiere (Rom. 9:15). No obstante, en la educación cristiana existe la tendencia de querer asegurar el resultado deseado. Por lo general, Dios sí bendice con su influencia salvadora a tales esfuerzos. “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6). Por regla general, esto se cumple, aunque hay muchas excepciones.

Presentaré ahora los obstáculos que considero los principales para lograr el éxito en la educación cristiana.

PRIMERO: Con frecuencia se realiza con negligencia y arbitrariamente, aun cuando no se omite totalmente. Es obvio que, si se quiere realizar, se debe hacer con seriedad, con un orden sistemático y con permanente regularidad. No debe realizarse de un
modo aburrido, desagradablemente pesado, sino como algo profundo y de placentero interés. El corazón del padre debe estar entera y obviamente dedicado a ella. Una parte de cada domingo debe dedicarse a la enseñanza de sus hijos bajo su cuidado. Su dedicación tiene que notarse en toda su conducta como padres. El padre puede dirigir los momentos devocionales del culto familiar. La madre debe acompañarle, enseñando a los hijos la doctrina, los himnos y las Escrituras. Pero si esto no va acompañado de serias amonestaciones, visible ansiedad y un vigoroso esfuerzo por motivar a sus hijos a pensar seriamente en la religión cristiana como un asunto de importancia infinita, poco puede esperarse. Un sistema de enseñanza cristiana frío, ceremonioso e inestable más bien generará un prejuicio contra la religión en lugar de una predisposición por ella.

Además, la educación cristiana debe ser consecuente. Tiene que incluir todo lo que pueda ayudar en la formación del carácter… Debe tener en cuenta las escuelas, las compañías, las diversiones, los libros juveniles. Porque si no hace más que enseñar palabras sanas para que las comprendan y las recuerden, y descuida el impacto sobre el corazón y la formación del carácter, poco puede esperarse de sus esfuerzos. No se puede esperar que un puñado de semillas, desparramadas de vez en cuando en la tierra sin orden o  perseverancia, pueda producir una buena cosecha. De la misma manera, no se puede esperar que una educación cristiana tibia, inestable, produzca una piedad auténtica. Si no es evidente que el padre toma esto en serio, no se puede esperar que lo haga el niño. Todo padre cristiano reconoce en teoría que la religión cristiana es lo
más importante en el mundo. Pero si en la práctica parece mil veces más ansioso de que su hijo sea un buen alumno en la escuela que un verdadero cristiano, y la madre tiene más interés en que su hija sepa bailar bien o tocar música que ser un hijo o una hija de Dios, pueden enseñar lo que quieran sobre la sana doctrina pero no esperen una piedad genuina como resultado. Esto puede esperarse únicamente donde se enseña e inculca como lo más indispensable.

Tomado de The Christian Father’s Present to His Children.
________________________
John Angell James (1785-1859): Pastor congregacional inglés, autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Piedad femenina, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio serio) y muchos otros; nacido en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Formación del carácter de los niños 3

Blog136C

Hay que enseñar a los niños a ser humildes. Esta es una gracia que el Señor nos invita particularmente a aprender de él y lo que con más frecuencia nos recomienda, sabiendo muy bien que sin ella un plan tan humillante como el que vino a presentar nunca hubiera sido recibido. Y en cuanto a la vida presente, es un adorno muy hermoso que se gana la estima y el afecto universal, de modo que antes de la honra viene la humildad (Prov. 15:33). En general, encontramos que el se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla a sí mismo será exaltado, tanto por Dios como por el hombre.

Por lo tanto, querer el bienestar, la honra y la felicidad de nuestros hijos debiera llevarnos a un esforzarnos tempranamente a frenar ese orgullo que fue el primer pecado y la ruina de nuestra naturaleza y que se extiende tan ampliamente y se hunde tan profundamente en todo lo que tiene su origen en la degeneración de Adán. Debemos enseñarles a expresar humildad y modestia en toda su manera de ser con todos.

Hay que enseñarles que traten a sus superiores con especial respeto y, en los momentos debidos, acostumbrase a guardar silencio y ser prudentes ante ellos. De este modo aprenderán en algún grado a gobernar su lengua, una rama de la sabiduría que, al ir avanzando la vida, será de gran importancia para la tranquilidad de otros y para su propio confort y reputación.

Tampoco debe permitirles ser insolentes con sus pares, sino enseñarles a ceder, a favorecer y a renunciar a sus derechos para mantener la paz. Para lograrlo, pienso que es de desear que por lo general se acostumbren a tratarse unos a otros con respeto y en conformidad con los modales de las personas bien educadas de su clase. Sé que estas cosas son en sí mismas meras insignificancias, pero son los guardias de la humanidad y la amistad, e impiden eficazmente muchos ataques groseros que puedan surgir por cualquier pequeñez con posibles consecuencias fatales…

En último lugar, hay que enseñar a los niños a negarse a sí mismos. Sin un grado de esta cualidad, no podemos seguir a Cristo ni esperar ser suyos como discípulos, ni podemos pasar tranquilos por el mundo. Pero, no obstante lo que pueda soñar el joven sin experiencia, muchas circunstancias desagradables y mortificantes ocurrirán en su vida que descontrolarán su mente continuamente si no puede negar sus apetitos, pasiones y su temperamento. Por lo tanto, hemos de esforzarnos por enseñar inmediatamente esta importante lección a nuestros hijos, y, si tenemos éxito en hacerlo, los dejaremos mucho más ricos y felices por ser dueños de sus propios espíritus, que si les dejáramos los bienes materiales más abundantes o el poder ilimitado que el poder sobre otros pudiera producir.

Cuando un ser racional se convierte en el esclavo del apetito, pierde la dignidad de su naturaleza humana al igual que la profesión de su fe cristiana. Es, por lo tanto, digno de notar que cuando el Apóstol menciona las tres ramas grandiosas de la religión práctica, pone la sobriedad primero, quizá sugiriendo que donde ésta se descuida lo demás no puede ser practicado. La gracia de Dios, es decir, el evangelio, nos enseña a vivir sobria, recta y piadosamente. Por lo tanto, hay que exhortar a los niños, al igual que a los jóvenes, a ser sobrios, y hay que enseñarles desde temprano a negarse a sí mismos.

Es un hecho que sus propios apetitos y gustos determinarán el tipo y la cantidad de sus alimentos, muchos de ellos destruirían rápidamente su salud y quizá su vida, dado que con frecuencia el antojo más grande es por las cosas que son más dañinas. Y parece muy acertada la observación de un hombre muy sabio (quien era él mismo un triste ejemplo de ello) que el cariño de las madres por sus hijos, por el que los dejan comer y beber lo que quieran, pone el fundamento de la mayoría de las calamidades en la vida humana que proceden de la mala condición de sus cuerpos. Más aún, agregaré que es parte de la sabiduría y del amor no sólo negar lo que sería dañino, sino también tener cuidado de no consentirlos con respecto a los alimentos ni la ropa. Las personas con sentido común no pueden menos que ver, si reflexionaran, que saber ser sencillos, y a veces, un poco sacrificados, ayuda a enfrentar muchas circunstancias en la vida que el lujo y los manjares harían casi imposible hacerlo.

El control de las pasiones es otra rama del negarse a sí mismo a la que deben habituarse temprano los niños, y especialmente porque en una edad cuando la razón es tan débil, las pasiones pueden aparecer con una fuerza y violencia única. Por lo tanto, hay que tener un cuidado prudencial para impedir sus excesos. Con ese propósito, es de suma importancia que nunca permita que hagan sus caprichos por su obstinación, sus gritos y clamores, permitirlo sería recompensarlos por una falta que merece una severa reprimenda. Es más, me atrevo a agregar que es muy inhumano disfrutar de incomodarlos con mortificaciones innecesarias, no obstante, cuando anhelan irrazonablemente alguna insignificancia, por esa misma razón, a veces, se les debe negar, a fin de enseñarles algo de moderación para el futuro. Y si, por dichos métodos, aprenden gradualmente a dominar su genio y antojos, aprenden un aspecto considerable de verdadera fuerza y sabiduría…

 

Tomado de The Godly Family.

_____________________________________________________________

Philip Doddridge DD (26 de junio de 1702 – 26 de octubre de 1751) fue un ministro, educador y compositor de himnos inglés no conformista.

Formación del carácter de los niños 2

Blog136B

Hay que educar a los niños de modo que sean diligentes. Esto sin duda debe ser nuestra preocupación si en algo estimamos el bienestar de sus cuerpos o de sus almas. En sea cual fuere la posición que terminen ocupando en la vida, habrá poca posibilidad de que sean de provecho, y reciban honra y ventajas si no tienen una dedicación firme y resuelta de la cual el más sabio de los príncipes y de los hombres ha dicho: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará, no estará delante de los de baja condición” (Prov. 22:29). Y es evidente que el cumplimiento diligente de nuestras obligaciones nos mantiene lejos de miles de tentaciones que la ociosidad parece atraer, llevando al hombre a innumerables vicios y necedades porque no tiene nada mejor que hacer.

Por lo tanto, el padre prudente y cristiano se ocupará de que sus hijos no vayan a caer temprano en un hábito tan pernicioso, ni encaren la vida como personas que no tienen más tarea que ocupar espacio y ser un obstáculo para quienes emplean mejor su tiempo. En lugar de dejar que vayan de un lado a otro (como muchos jóvenes hacen sin ningún propósito imaginable de ser útiles o como distracción) más bien les dará tempranamente tareas para emplear su tiempo, tareas tan moderadas y diversificadas que no los abrume ni fatigue su tierno espíritu, pero lo suficiente como para mantenerlos atentos y activos.
Esto no es tan difícil como algunos se pueden imaginar, porque los niños son criaturas activas, les gusta aprender cosas nuevas y mostrar lo que pueden hacer. Por eso, estoy convencido de que si se les impone total inactividad como castigo aunque sea por una hora, estarán tan cansados que estarán contentos de escapar de esto haciendo cualquier cosa que usted les dé para hacer…

Hay que enseñar a los niños que sean íntegros. Una sinceridad sencilla y piadosa no sólo es muy deseable, sino una parte esencial del carácter cristiano… Es muy triste observar qué pronto los artificios y engaños de una naturaleza corrupta comienzan a hacerse ver. En este sentido, somos transgresores desde antes de nacer, y nos desviamos diciendo mentiras, casi desde el momento que nacemos (Sal. 58:3). Por lo tanto, debemos ocuparnos con cuidado de formar la mente de los niños de modo que amen la verdad y la sinceridad, y se sientan mal al igual que culpables si mienten. Debemos obrar con cautela para no exponerlos a ninguna tentación de este tipo, ya sea por ser irrazonablemente severos ante faltas pequeñas o por decisiones precipitadas cuando preguntamos sobre cualquier cuestión que quieren disimular con una mentira. Cuando los encontramos culpables de una mentira consciente y deliberada, hemos de expresar nuestro horror por ella no sólo con una reprensión o corrección inmediata, sino por un comportamiento hacia ellos por algún tiempo después que les muestre cuánto nos ha afectado, entristecido y desagradado. Actuar con esta seriedad cuando aparecen las primeras faltas de esta clase, puede ser una manera de prevenir muchas más.

Agregaré, además, que no sólo debemos responder severamente a una mentira directa, sino igualmente, en un grado correcto, desalentar toda clase de evasivas y palabras de doble sentido, y esas pequeñas tretas y engaños que quieran atribuirse uno al otro o a los que son mayores que ellos. Hemos de inculcarles con frecuencia el excelente pasaje: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado” (Prov. 10:9). Demostrémosles cada día cuán fácil, cuán agradable, cuán honroso y ventajoso es mantener un carácter justo, abierto y honesto, y, por el contrario, qué necio es mostrar malicia y deshonestidad en cualquiera de sus formas, y cuán cierto es que cuando piensan y actúan maliciosa y deshonestamente, están tomando el camino más rápido para ser malignos e inútiles, infames y odiosos. Sobre todo, hemos de
recordarles que el Señor justo y recto ama la justicia y rectitud, y mira con agrado a los rectos, pero los labios mentirosos son para él tal abominación que declaró  expresamente: “Todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde de fuego y azufre” (Apoc. 21:8).

Tomado de The Godly Family.

_____________________________________________________________

Philip Doddridge DD (26 de junio de 1702 – 26 de octubre de 1751) fue un ministro, educador y compositor de himnos inglés no conformista.

Formación del carácter de los niños 1

Blog136.jpg

Hay que educar a los niños de modo que sean obedientes a sus padres. Este es un mandato que Dios ordenó desde el Monte Sinaí anexando al mismo la singular promesa de larga vida, una bendición que los jóvenes desean mucho (Éxo. 20:12). Es por eso que el Apóstol observa que es el primer mandamiento con promesa, o sea, un mandato muy excepcional por la forma como incluye la promesa. Y es por cierto una disposición sabia de la Providencia la que otorga a los padres tanta autoridad, especialmente durante sus primeros años, cuando mentalmente no pueden juzgar y actuar por sí mismos en cuestiones importantes. Por lo tanto hay que enseñar temprano y con un convencimiento bíblico de que Dios los ha puesto en manos de sus padres. En consecuencia, hay que enseñarles que la reverencia y obediencia a sus padres es parte de sus deberes hacia Dios y que la desobediencia es una rebelión contra él. Los padres no deben dejar que los niños actúen directamente y resueltamente en oposición a sus padres en cuestiones grandes y chicas, recordando: “El muchacho consentido avergonzará a su madre” (Prov. 29:15). Y con respecto a la sujeción al igual que el afecto: “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud” (Lam. 3:27).

Richard Baxter 9.jpg

Hay que educar a los niños de modo que sean considerados y buenos con todos. El gran Apóstol nos dice que “el cumplimiento de la ley es el amor” (Rom. 13:10), y que todas sus ramificaciones que se relacionan con nuestro prójimo se resumen en esa sola palabra: amor. Entonces, hemos de esforzarnos por enseñarles este amor. Descubriremos que en muchos casos será una ley en sí y los guiará bien en muchas acciones en particular, cuyo cumplimiento puede depender de principios de equidad que escapan a su comprensión infantil. No existe una instrucción relacionada con nuestro deber que se adapte mejor a la capacidad de los niños que la Regla de Oro (tan importante para los adultos): “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mat. 7:12). Debemos enseñarles esta regla, y por ella debemos examinar sus acciones. Desde su cuna hemos de inculcarles con frecuencia que gran parte de la religión consiste en hacer el bien, que la sabiduría de lo Alto está llena de misericordia y buenos frutos, y que todos los cristianos deben hacer el bien a todos los que tengan oportunidad de hacerlo.

Para que nuestros hijos reciban con buena disposición tales enseñanzas, hemos de esforzarnos usando todos los métodos prudenciales, por ablandar sus corazones predisponiéndolos hacia sentimientos de humanidad y ternura, y de cuidarse de todo que pueda ser una tendencia opuesta. En lo posible, hemos de prevenir que vean cualquier tipo de espectáculo cruel y sangriento, y desalentar con cuidado que traten mal a los animales. De ninguna manera hemos de permitirles que tomen en broma la muerte o el sufrimiento de animales domésticos, sino más bien enseñarles a tratarlos bien y a cuidarlos, sabiendo que no hacerlo es una señal despreciable de una disposición salvaje y maligna. “El justo cuida la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel” (Prov. 12:10).

C.H Spurgeon21.jpg

Debemos, igualmente, asegurarnos de enseñarles lo odioso y necio de un temperamento egoísta y animarles a estar dispuestos a hacerles a los demás lo que les gusta que les hagan a ellos mismos. Hemos de esforzarnos especialmente de fomentar en ellos sentimientos de compasión por los pobres. Hemos de mostrarles donde Dios ha dicho: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová”. El que muestra compasión hacia el pobre es como si lo hiciera para el Señor, y lo que le da le será devuelto. Y tenemos que mostrarles, con nuestra propia práctica que realmente creemos que estas promesas son ciertas e importantes. No sería impropio que alguna vez hagamos que nuestros hijos sean los mensajeros cuando enviamos alguna pequeña ayuda al indigente o al que sufre necesidad; y si descubren una disposición de dar algo de lo poco que ellos tienen que les permitimos llamar suyo, debemos animarlos con gozo y asegurarnos que nunca salgan perdedores por su caridad, sino que de un modo prudencial hemos de compensarlos con abundancia. Es difícil imaginar que los niños educados así vayan a ser más adelante perjudiciales u opresivos; en cambio serán los ornamentos de la religión y las bendiciones del mundo, y probablemente se cuenten entre los últimos que la Providencia deje sufrir necesidad.

Tomado de The Godly Family.

_____________________________________________________________

Philip Doddridge DD (26 de junio de 1702 – 26 de octubre de 1751) fue un ministro, educador y compositor de himnos inglés no conformista.

El arte de una disciplina equilibrada 3

Blog135C

Me estoy refiriendo no sólo a reacciones por haber perdido la paciencia, sino también a su conducta. El padre que no es consecuente en su conducta no puede realmente aplicar disciplina al hijo. El padre que hace una cosa hoy y lo opuesto mañana no puede aplicar una disciplina sana. Tiene que ser sistemáticamente constante, no sólo en las reacciones sino también en su conducta. Tiene que haber una modalidad constante en la vida del padre, porque el hijo está siempre mirando y observando. Pero si observa que la conducta de su padre es imprevisible y que él mismo hace lo que le prohíbe a su hijo que haga, tampoco puede esperar que éste se beneficie de la aplicación de tal disciplina…

Otro principio importante es que los padres nunca pueden ser irrazonables o no estar dispuestos a escuchar el punto de vista de su hijo. No hay nada que indigne más al que está recibiendo una disciplina que sentir que todo el procedimiento es totalmente
irrazonable. En otras palabras, es un padre realmente malo el que no toma en consideración ninguna circunstancia y que no está dispuesto a escuchar ninguna explicación. Algunos padres y madres, en un anhelo por aplicar disciplina corren el peligro de ser totalmente irrazonables, y de ser culpables de esto. El informe que recibieron acerca de su hijo puede estar equivocado, o puede haber circunstancias que desconocen, pero ni siquiera dejan que el niño les dé su punto de vista ni ninguna clase de explicación. Es cierto que el niño puede aprovecharse. Lo único que estoy diciendo es que nunca debemos ser irrazonables. Permita que el niño presente su explicación, y si no es una razón válida, puede castigarlo por eso también, al igual que por el hecho particular que constituye la ofensa. Pero negarse a escuchar, prohibir todo tipo de respuestas es inexcusable… Tal conducta es incorrecta, y provoca a ira a los hijos. Es seguro que los exasperará e irritará llevándolos a una actitud de rebeldía y de antagonismo…

Eso lleva inevitablemente a otro principio: La disciplina nunca debe ser demasiado severa. Éste, quizá, sea el peligro que enfrentan muchos buenos padres de familia en la actualidad al ver el desorden social todo alrededor, que con razón lamentan y condenan. El peligro es estar tan profundamente influenciado por la repugnancia que le produce que se van a este otro extremo y son demasiado severos. Lo contrario a no disciplinar para nada no es la crueldad, sino que es una disciplina equilibrada, es una disciplina controlada…

Permítame resumir mi argumento. La disciplina debe ser aplicada siempre con amor; y si no puede usted aplicarla con amor, no la intente. En ese caso, necesita mirarse usted mismo primero. El Apóstol ya nos ha dicho que digamos la verdad con amor en un sentido más general, pero lo mismo se aplica aquí. Hable la verdad, pero con amor. Sucede precisamente lo mismo con la disciplina: tiene que ser gobernada y controlada por el amor. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu”. ¿Qué es “el fruto del espíritu”? “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad… templanza” (Gál. 5:22). Si, como padres de familia, estamos “llenos del Espíritu” y producimos esos frutos, en lo que a nosotros concierne, la disciplina será un problema muy pequeño… Debe usted tener un concepto correcto de lo que significa la formación de sus hijos en el hogar y considerar al niño como una vida que Dios le ha dado. ¿Para qué? ¿Para guardárselo y para moldearlo conforme a como usted es, para imponerle la personalidad de usted? ¡De ninguna manera! Dios lo puso a su cuidado y se lo ha encargado para que su alma pueda llegar a conocerle y a conocer al Señor Jesucristo…

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9.

____________________________________________________

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)

El arte de una disciplina equilibrada 2

Blog135B.jpg

Llegamos ahora a la cuestión de la administración de la disciplina… La disciplina es esencial y tenemos que llevarla a cabo. Pero el Apóstol nos exhorta a ser muy cuidadosos en cómo la llevamos a la práctica porque podemos hacer más daño que bien si no la dispensamos de la manera correcta…

El Apóstol divide sus enseñanzas en dos secciones: la negativa y la positiva. Dice que este problema no se limita a los hijos: los padres de familia también deben tener cuidado. Negativamente, les dice: “No provoquéis a ira a vuestros hijos”. Positivamente, dice: “Criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Mientras recordemos ambos aspectos todo andará bien.

Comencemos con lo negativo: “No provoquéis a ira a vuestros hijos”. Estas palabras podrían traducirse: “No exasperen a sus hijos, no irriten a sus hijos, no provoquen a sus hijos a tener resentimiento”. Existe siempre un peligro muy real cuando disciplinamos. Y si somos culpables de generar estos sentimientos haremos más daño que bien… Como hemos visto, ambos extremos son totalmente malos. En otras palabras, tenemos que disciplinar de una manera que no irritemos a nuestros hijos o los provoquemos a tener un resentimiento pecaminoso. Se requiere de nosotros que seamos equilibrados.

¿Cómo lo logramos? ¿Cómo pueden los padres llevar a cabo una disciplina equilibrada? Una vez más tenemos que referirnos a Efesios, esta vez al capítulo 5, versículo 8. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” Esta es siempre la llave. Vimos cuando tratábamos ese versículo que la vida vivida en el Espíritu, la vida del que está lleno del Espíritu, se caracteriza siempre por dos factores principales: poder y control. Es un poder disciplinado. Recuerde cómo Pablo lo expresa cuando escribe a Timoteo. Dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino
de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7). No un poder descontrolado, sino un poder controlado por el amor y el dominio propio: ¡disciplina!. Esa es siempre la característica del hombre que está “lleno del Espíritu”…

¿Cómo, entonces, aplicamos disciplina? “No provoquéis a ira a vuestros hijos”. Este debe ser el primer principio que gobierna nuestras acciones. No podemos aplicar una disciplina verdadera a menos que podamos poner en práctica nosotros mismos dominio propio y auto disciplina… Las personas que están llenas del Espíritu siempre se caracterizan por su control. Cuando disciplina usted a un niño, primero tiene que controlarse a sí mismo. Si trata de disciplinar a su hijo cuando ya perdió la paciencia, ¿qué derecho tiene de decirle a su hijo que necesita disciplina cuando resulta obvio que usted mismo la necesita? Tener dominio propio, controlar el mal genio es un requisito esencial para controlar a otros… Así que el primer principio es que tenemos que empezar con nosotros mismos. Tenemos que estar seguros de que estamos controlados, no alterados… Tenemos que ejercitar esta disciplina personal, o sea el dominio propio que nos capacita para ver la situación objetivamente y manejarla de un modo equilibrado y controlado. ¡Qué importante es esto!…

El segundo principio se deriva, en cierto sentido, del primero. Si el padre o la madre va a aplicar esta disciplina correctamente, nunca puede hacerlo caprichosamente. No hay nada más irritante para el que está siendo disciplinado que sentir que la persona que la aplica es caprichosamente inestable y que no es digna de confianza porque no es consecuente. No hay cosa que enoje más a un niño que tener el tipo de padre que, un día, estando de buen humor es indulgente y deja que el chico haga casi cualquier cosa que quiere, pero que al día siguiente se enfurece por cualquier cosa que hace. Esto hace imposible la vida para el niño. Un progenitor así, vuelvo a repetirlo, no aplica una disciplina correcta y provechosa, y el niño termina en una posición imposible. Se siente provocado e irritado a ira y no tiene respeto por ese progenitor.

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9.

____________________________________________________

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)

El arte de una disciplina equilibrada

Blog135.jpg

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.—Efesios 6:4

Note que Pablo menciona a los padres únicamente. Acaba de citar las palabras de la Ley: “Honra a tu padre y a tu madre”. Pero ahora señala en particular a los papás porque su enseñanza ha sido, como hemos visto, que el padre es el que tiene la posición de autoridad. Eso es lo que encontramos siempre en el Antiguo Testamento, así es como Dios siempre ha enseñado a las personas a portarse bien, así que naturalmente dirige este mandato en particular a los padres. Pero el mandato no se limita a los padres, incluye también a las madres; y en una época como la actual, ¡hemos llegado a un estado en que el orden es a la inversa! Vivimos en una especie de sociedad matriarcal donde el padre y marido ha renunciado a su posición en el hogar de modo que deja casi todo a la madre. Por lo tanto, tenemos que comprender que lo que aquí dice de los padres se aplica igualmente a las madres. Se aplica al que está en la posición de disciplinar. En otras palabras, lo que la Biblia nos presenta aquí en este cuarto versículo, y está incluido en el versículo anterior, es todo el problema de la disciplina.

Tenemos que examinar este tema con cuidado, y es, por supuesto, uno muy extenso. No hay tema, repito, cuya importancia sea más urgente en este país y en todos los demás países, que el problema de la disciplina. Estamos viendo un desmoronamiento de la sociedad, y éste se relaciona principalmente con esta cuestión de disciplina. Lo vemos en el hogar, lo vemos en las escuelas, lo vemos en la industria, lo vemos en todas partes. El problema que enfrenta hoy la sociedad en todos sus aspectos es ultimadamente un problema de disciplina. ¡Responsabilidad, relaciones, cómo se vive la vida, cómo debe proceder la vida! El futuro entero de la civilización, creo yo, depende de esto…
Me aventuro a afirmar, a profetizar: Si el Occidente se desploma y es vencido, será por una sola razón: podredumbre interna… Si seguimos viviendo por los placeres, trabajando cada vez menos, exigiendo más y más dinero, más y más placeres y supuesta felicidad, abusando más y más de las lascivias de la carne, negándonos a aceptar nuestras responsabilidades, habrá sólo un resultado inevitable: un fracaso completo y lamentable. ¿Por qué pudieron los godos y los vándalos y otros pueblos bárbaros conquistar el antiguo Imperio Romano? ¿Por su superioridad militar? ¡Por supuesto que no! Los historiadores saben que hay una sola respuesta: la caída de Roma sucedió porque un espíritu de tolerancia invadió el mundo romano: los juegos, los placeres, los baños públicos. La podredumbre moral que había entrado en el corazón del Imperio Romano fue la causa de la “declinación y caída” de Roma. No fue un poder superior desde afuera, sino la podredumbre interna lo que significó la ruina para Roma. Y lo que es realmente alarmante en la actualidad es que estamos siendo testigos de una declinación similar en este país y en otros de Occidente. Esta desidia, esta falta de disciplina, todo el modo de pensar y ese espíritu es característico de un periodo de decadencia. La manía por los placeres, la manía por los deportes, la manía por las bebidas y las drogas han dominado a las masas. Este el problema principal: ¡La pura ausencia de disciplina y de orden y de integridad en el gobierno!

Estas cuestiones, según creo, son tratadas con mucha claridad en estas palabras del Apóstol. Procederé a presentarlas en más detalle para identificarlas y mostrar cómo las Escrituras nos iluminan con respecto a ellas. Pero antes de hacerlo, quiero mencionar algo que ayudará y estimulará todo el proceso de su propio pensamiento. Los periódicos lo hacen en nuestro lugar, los entrevistados en la radio y televisión lo hacen en nuestro lugar, y nos sentamos muy cómodos y escuchamos. Esa es una manifestación del desmoronamiento de la autodisciplina. ¡Tenemos que aprender a disciplinar nuestra mente! Por eso daré dos citas de la Biblia, una de un extremo y una del otro extremo de esta posición. El problema de la disciplina cae entremedio de ambas. En un extremo, el límite es: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece” (Prov. 13:24). El otro extremo es: “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos”. Todo el problema de la disciplina se  encuentra entre estos dos extremos, y ambos se encuentran en las Escrituras. Resuelva el problema basándose en las Escrituras, trate de saber los principios que gobiernan esta cuestión vital y urgente, que es en este momento, el peor problema que enfrentan todas las naciones de Occidente y probablemente otras. Todos nuestros problemas son el resultado de que practicamos un extremo o el otro. La Biblia nunca recomienda ninguno de los dos extremos. Lo que caracteriza las enseñanzas de la Biblia siempre y en todas partes, es su equilibrio perfecto, una postura justa que nunca falla, el modo  extraordinario en que la gracia y la ley armonizan divinamente…

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9.

____________________________________________________

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)

Cómo enseñar a los niños acerca de Dios 3

Blog134C.jpg

La Biblia dice expresamente que Jesús estaba muy disgustado y dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Luc. 18:16)—un momento tierno que quizá quedó registrado, por lo menos en parte, por esta razón: que los niños de épocas venideras lo conocieran y se vieran afectados por él.

Por medio de estas escenas de la vida de Jesús, hemos de guiarlos a conocer su muerte. Hemos de mostrarles con cuánta facilidad hubiera podido librarse de esa muerte—de lo cual dio clara evidencia de que hubiera podido aniquilar con una palabra a los que llegaron para apresarlo (Juan 18:6)—pero con cuánta paciencia se sometió a lasheridas más crueles: ser azotado y dejar que lo escupieran, ser coronado de espinas y cargar su cruz. Hemos de mostrarles cómo esta Persona divina inocente y santa fue llevada como un cordero el matadero; y, mientras los soldados clavaban con clavos, en lugar de cargarlos de maldiciones, oró por ellos diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). Y cuando sus pequeños corazones se hayan maravillado y derretido ante una historia tan extraña, hemos de contarles que sufrió, sangró y murió por nosotros, recordándoles con frecuencia cómo están ellos incluidos en esos sucesos.

Hemos de guiar sus pensamientos a fin de que vean la gloria de la resurrección y ascensión de Cristo, y contarles con cuánta bondad todavía recuerda a su pueblo en medio de su exaltación, defendiendo la causa de criaturas pecadoras, y utilizando su interés en el tribunal del cielo para procurar la vida y gloria para todos los que creen en él y lo aman.

Hemos luego de seguir instruyéndoles en los detalles de la obediencia por la cual la sinceridad de nuestra fe y nuestro amor recibirá aprobación. A la vez, tenemos que recordarles su propia debilidad y contarles cómo Dios nos ayuda enviando su Espíritu Santo a morar en nuestro corazón para hacernos aptos para toda palabra y obra buena. ¡Es una lección importante sin la cual nuestra instrucción será en vano y lo que ellos oigan será igualmente en vano!

Tomado de The Godly Family (La familia piadosa)
________________________
Philip Doddridge (1702-1751): pastor inglés no conformista, prolífico autor y
escritor de himnos; nacido en Londres, Inglaterra.

Cómo enseñar a los niños acerca de Dios 2

Blog134B.jpg

2. Hay que criar a los hijos en el camino de la fe en el Señor Jesucristo. Ustedes saben, mis amigos, y espero que muchos de ustedes lo sepan por la experiencia cotidiana de gozo en sus almas, que Cristo es “el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Es por él que podemos acercarnos a Dios confiadamente, que de otro modo es “un fuego
consumidor” (Heb. 12:29). Por lo tanto, es de suma importancia guiar a los niños lo más pronto posible hacia el conocimiento de Cristo, que es sin duda, una parte considerable de la “disciplina y amonestación” del Señor que el Apóstol recomienda y que quizá fue lo que intentó decir con esas palabras (Ef. 6:4).

Por lo tanto, tenemos que enseñarles lo antes posible que los primeros padres de la raza humana se rebelaron contra Dios y se sometieron a sí mismos y a sus descendientes a la ira y maldición divina (Gén. 1-3). Debe explicar las terribles consecuencias de esto, y esforzarse por convencerlos que ellos se hacen responsables de desagradar a Dios—¡cosa terrible!—por sus propias culpas. De este modo, por medio del conocimiento de la Ley, abrimos el camino el evangelio, a las nuevas gozosas de la liberación por medio de Cristo.

Al ir presentando esto, hemos de tener sumo cuidado de no llenarles la mente con una antipatía hacia una persona sagrada mientras tratamos de atraerlos hacia otra. El Padre no debe ser presentado como severo y casi implacable, convencido casi por fuerza, por la intercesión de su Hijo compasivo, a ser misericordioso y perdonador. Al contrario,  hemos de hablar de él como la fuente llena de bondad, que tuvo compasión de nosotros en nuestro sufrimiento impotente, cuyo brazo todopoderoso se extendió para salvarnos, cuyos consejos eternos de sabiduría y amor dieron forma a ese importante plan al cual debemos toda nuestra esperanza. Les he mostrado a ustedes que esta es la doctrina bíblica. Debemos enseñarla a nuestros niños a una edad temprana, y enseñar lo que era ese plan, en la medida que sean capaces de recibirlo y nosotros capaces de explicarlo. Debemos decirles repetidamente que Dios es tan santo, tan generoso que, en lugar de destruir con una mano o con la otra dejar sin castigo al pecado, hizo que su propio Hijo fuera un sacrificio por él, haciendo que él se humillara a fin de que nosotros pudiéramos ser exaltados, que muriera a fin de que nosotros pudiéramos vivir.

También hemos de presentarles—¡con santa admiración y gozo!— con cuánta disposición consintió el Señor Jesucristo procurar nuestra liberación de un modo tan caro. ¡Con cuánta alegría dijo: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb. 10:7, 9)! Para mostrar el valor de este asombroso amor, debemos esforzarnos, según nuestra débil capacidad, por enseñarles quién es este Redentor compasivo, presentarles algo de su gloria como Hijo eterno de Dios y el gran Señor de ángeles y hombres. Hemos de instruirles en su asombrosa condescendencia al dejar esta gloria para ser un niño pequeño, débil e indefenso, y luego un hombre afligido y de dolores. Hemos de guiarlos al conocimiento de esas circunstancias en la historia de Jesús que tengan el impacto más grande sobre su mente y para inculcarles desde pequeños, un sentido de gratitud y amor por él. Hemos de contarles cuán pobre se hizo a fin de enriquecernos a nosotros, con cuánta diligencia anduvo haciendo el bien, con cuánta disposición predicaba el evangelio a los más humildes. Debemos contarles especialmente lo bueno que era con los niñitos y cómo mostró su desagrado a sus discípulos cuando trataban de impedir que se acercaran a él. La Biblia dice expresamente que Jesús estaba muy disgustado y dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Luc. 18:16)—un momento tierno que quizá quedó registrado, por lo menos en parte, por esta razón: que los niños de épocas venideras lo conocieran y se vieran afectados por él.

Tomado de The Godly Family (La familia piadosa).
________________________
Philip Doddridge (1702-1751): pastor inglés no conformista, prolífico autor y escritor de himnos; nacido en Londres, Inglaterra.

Cómo enseñar a los niños acerca de Dios

Blog134A.jpg

PRIMERAMENTE tengo que reconocer que no hay esfuerzo humano, ni de pastores ni de padres de familia, que pueda ser eficaz para llevar un alma al conocimiento salvador de Dios en Cristo sin la colaboración de las influencias transformadoras del Espíritu Santo. No obstante, usted sabe muy bien, y espero que seriamente considere, que esto no debilita su obligación de usar con mucha diligencia los medios correctos. El gran Dios ha declarado las reglas de operación en el mundo de la gracia al igual que en la naturaleza. Aunque no se limita a ellas, sería arrogante de nuestra parte y destructivo esperar que se desvíe de ellas a favor de nosotros o de los nuestros.

Vivimos no sólo de pan, “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). Si el Señor ha determinado continuar la vida de usted o la vida de sus hijos, sin duda lo alimentará o sostendrá con sus milagros. No obstante, usted se cree obligado a cuidar con prudencia su pan cotidiano. Concluiría usted, y con razón, que si dejara de
alimentar a su infante, sería culpable de homicidio delante de Dios y del hombre; ni puede creer que puede dar la excusa que se lo encargó al cuidado divino milagroso mientras usted lo dejó desamparado sin suministrar nada de ayuda humana. Tal pretexto sólo agregaría impiedad1 a su crueldad y sólo serviría para empeorar el crimen que quiso excusar. Así de absurdo sería que nos engañáramos con la esperanza de que nuestros hijos fueran enseñados por Dios, y regenerados y santificados por las influencias de su gracia, si descuidamos el cuidado prudente y cristiano de su educación que quiero ahora describir y recomendar…

1. Los niños deben, sin lugar a dudas, ser criados en el camino de la piedad y devoción a Dios. Esto, como usted bien lo sabe, es la suma y el fundamento de todo lo que es realmente bueno. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Sal. 111:10). El salmista por lo tanto invita a los hijos a acercarse a él con la promesa de instruirlos en ella: “Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré” (Sal. 34:11). Y, algunas nociones correctas del Ser Supremo deben ser implantadas en la mente de los hijos antes de que pueda haber un fundamento razonable para enseñarles las doctrinas que se refieren particularmente a Cristo como el Mediador. “Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6).

La prueba de la existencia de Dios y algunos de los atributos de la naturaleza divina que más nos preocupan dependen de principios tan sencillos que aun las mentes más simples pueden comprenderlos. El niño aprenderá fácilmente que como cada casa es construida por algún hombre y que no puede haber una obra sin un autor, así también el
que construyó todas las cosas es Dios. Partiendo de la idea obvia de que Dios es el Hacedor de todo, podemos presentarlo con naturalidad como sumamente grande y sumamente bueno, a fin de que aprendan ya a reverenciarlo y amarlo.

Es de mucha importancia que los niños sean imbuidos de un  sentido de maravilla hacia Dios y una veneración humilde ante sus perfecciones y sus glorias. Por lo tanto, es necesario presentárselos como el gran Señor de todo. Y, cuando les mencionamos otros agentes invisibles, sean ángeles o demonios, debemos… siempre presentarlos como seres enteramente bajo el gobierno y control de Dios…

Tenemos que ser particularmente cautos cuando les enseñamos a estos infantes a pronunciar ese nombre grande y terrible: El Señor nuestro Dios; que no lo tomen en vano, sino que lo utilicen con la solemnidad que corresponde, recordando que nosotros y ellos no somos más que polvo y cenizas delante de él. Cuando oigo a los pequeños hablar del Dios grande, del Dios santo, del Dios glorioso, como sucede a veces, me causa placer. Lo considero como una prueba de la gran sabiduría y piedad de los que tienen a su cargo su educación.

Pero hemos de tener mucho cuidado de no limitar nuestras palabras a esos conceptos extraordinarios, no sea que el temor a Dios los domine tanto que sus excelencias los lleve a tener miedo de acercarse a él. Hemos de describirlo no sólo como el más grande, sino también el mejor de los seres. Debemos enseñarles a conocerlo por el nombre más
alentador de: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Éxo. 34:6-7). Debemos presentarlo como el padre universal,  bondadoso, indulgente, que ama a sus criaturas y por medios correctos les provee lo necesario para su felicidad. Y debemos presentar particularmente su bondad hacia ellos: con qué más que su ternura paternal protegió sus cunas, con qué más que compasión escuchó sus débiles llantos antes de que sus pensamientos infantiles
pudieran dar forma a una oración. Tenemos que decirles que viven cada momento dependiendo de Dios y que todo nuestro cariño por  ellos no es más que el que él pone en nuestro corazón y que nuestro poder para ayudarles no es más que el que él coloca en nuestras manos. Hemos también de recordarles solemnemente que en poco tiempo sus espíritus regresarán a este Dios. Así como ahora el Señor está siempre con ellos y sabe todo lo que hacen, dicen o piensan, traerá toda obra a juicio y los hará felices o infelices para siempre, según son, en general, encontrados obedientes o rebeldes. Debemos presentarles también las descripciones más vívidas y emocionantes que las Escrituras nos dan del cielo y el infierno, animándolos a que reflexionen en ellos.

Cuando echa tal cimiento creyendo en la existencia y providencia de Dios y en un estado futuro de recompensas al igual que de castigos, debe enseñarles a los niños los deberes que tienen hacia Dios. Debe enseñarles particularmente a orar a él y a alabarle. Lo mejor de todo sería que, con un profundo sentido de las perfecciones de Dios y las necesidades de ellos, pudieran volcar sus almas delante de él usando sus propias palabras, aunque sean débiles y entrecortadas. Pero tiene que reconocer que hasta que pueda esperarse esto de ellos, es muy apropiado enseñarles algunas formas de oración y acción de gracias, que consistan de pasajes sencillos y claros o de otras expresiones que les son familiares y que se ajustan mejor a sus circunstancias y su comprensión…

Tomado de The Godly Family (La familia piadosa).
________________________
Philip Doddridge (1702-1751): pastor inglés no conformista, prolífico autor y
escritor de himnos; nacido en Londres, Inglaterra.

Obligaciones principales de los padres 4

Padres, si aman a sus hijos, hagan todo lo que está en su poder para instruirlos de modo que hagan un hábito de la oración. Muéstreles cómo comenzar. Indíqueles qué decir. Anímelos a perseverar. Recuérdeles que lo hagan si la descuidan. Al menos, que no sea culpa suya el que nunca oren al Señor.

Éste, recuerde, es el primer paso espiritual que puede tomar el niño. Mucho antes de que pueda leer, puede enseñarle a arrodillarse junto a su madre y decir las palabras sencillas de oración y alabanza que ella le sugiere. Y como, en cualquier empresa, los primeros pasos son siempre los más importantes, también lo son en el modo como sus hijos oran sus oraciones—un punto que merece su máxima atención. Pocos son los que parecen saber cuánto depende de esto. Necesita usted que tener cuidado: no sea que se acostumbren a decirlas de un modo apurado, descuidado e irreverente. Tenga cuidado… de confiar demasiado en que sus hijos lo harán cuando les deja que lo hagan por sí mismos. No puedo elogiar a aquella madre que nunca cuida ella misma la parte más importante de la vida diaria de su hijo. Sin duda alguna, si existe un hábito que su propia mano y sus ojos deben ayudar a formar, es el hábito de la oración. Créame, si nunca escucha orar a sus hijos, usted es quien tiene la culpa.

La oración es, entre todos los hábitos, el que recordamos por más tiempo. Muchos que ya peinan canas podrían contarle cómo su mamá los hacía orar cuando eran niños. Quizá han olvidado otras cosas. La iglesia donde eran llevados al culto, el pastor que oían predicar, los compañeros que jugaban con ellos—todo esto probablemente se ha borrado de su memoria sin dejar una marca. Pero encontrará con frecuencia que es muy diferente cuando de sus primeras oraciones se trata. Con frecuencia le podrá decir dónde se arrodillaban, qué les enseñaba a decir, y aun describir el aspecto de su madre en esas ocasiones. Lo recordarán como si hubiera sido ayer. Lector, si usted ama a sus hijos, le insto a que no deje pasar el tiempo de siembra sin mejorar el hábito de orar, instrúyalos en el hábito de orar.

Tomado de Deberes de los padres.
________________________
J. C. Ryle (1816-1900): obispo de la Iglesia Anglicana; autor venerado de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) y muchos otros, nacido en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

Obligaciones principales de los padres 3

Blog132C

Ocúpese de que sus hijos lean la Biblia con reverencia. Instrúyales a considerarla no como la palabra de los hombres, sino lo que verdaderamente es: la Palabra de Dios, escrita por el Espíritu Santo mismo—toda verdad, toda beneficiosa y capaz de hacernos sabios para la salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús.

Ocúpese de que la lean regularmente. Instrúyales de modo que la consideren como el alimento diario del alma, como algo esencial a la salud cotidiana del alma. Sé bien que no puede hacer que esto sea otra cosa que una práctica, pero quién sabe la cantidad de pecados que una mera práctica puede indirectamente frenar.

Ocúpese de que la lean toda. No deje de hacerles conocer toda doctrina. No se suponga que las doctrinas principales del cristianismo son cosas que los niños no pueden comprender. Los niños comprenden mucho más acerca de la Biblia de lo que por lo general suponemos.

Hábleles del pecado —su culpa, sus consecuencias, su poder, su vileza. Descubrirá que pueden comprender algo de esto.

Hábleles del Señor Jesucristo y de su obra a favor de nuestra salvación— la expiación, la cruz, la sangre, el sacrificio, la intercesión. Descubrirá que hay algo en todo esto que no escapa a su entendimiento.

Hábleles de la obra del Espíritu Santo en el corazón del hombre, cómo lo cambia, renueva, santifica y purifica. Pronto comprobará que pueden, en cierta medida, seguir lo que le va enseñando. En suma, sospecho que no tenemos idea de cuánto puede un niñito entender acerca del alcance y la amplitud del glorioso evangelio. Capta mucho más de lo que suponemos acerca de estas cosas.

Llene su mente con las Escrituras. Permita que la Palabra more ricamente en sus hijos. Deles la Biblia, toda la Biblia, aun cuando sean chicos.

Entrénelos en el hábito de orar. La oración es el aliento mismo de vida de la verdadera religión. Es una de las primeras evidencias que el hombre ha nacido de nuevo. Dijo el Señor acerca de Saulo el día que le envió a Ananías, “He aquí, él ora” (Hech. 9:11). Había empezado a orar, y eso era prueba suficiente.

La oración era la marca que distinguía al pueblo del Señor el día que comenzó una separación entre ellos y el mundo. “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová” (Gén. 4:26).

La oración es ahora la característica de todos los verdaderos cristianos. Oran, porque le cuentan a Dios sus necesidades, sus sentimientos, sus anhelos, sus temores y lo que dicen es sincero. El cristiano nominal puede recitar oraciones, y oraciones buenas, pero nada más.

La oración es el momento decisivo en el alma del hombre. Nuestro ministerio es estéril y nuestra labor en vano mientras no caigamos de rodillas. Hasta entonces, no tenemos esperanza.

La oración es un gran secreto de la prosperidad espiritual. Cuando hay mucha comunión privada con Dios, el alma crece como el pasto después de la lluvia. Cuando hay poco, estará detenida, apenas podrá mantener su alma con vida. Muéstreme un cristiano que crece, un cristiano que marcha adelante, un cristiano fuerte, un cristiano triunfante, y estoy seguro de que es alguien que habla frecuentemente con su Señor. Le pide mucho, y tiene mucho. Le cuenta todo a Jesús, por lo que siempre sabe cómo actuar.

La oración es el motor más poderoso que Dios ha puesto en nuestras manos. Es la mejor arma para usar en cualquier dificultad y el remedio más seguro para todo problema. Es la llave que abre el tesoro de promesas y la mano que genera gracia y ayuda en el tiempo de la adversidad. Es la trompeta de plata que Dios nos ordena que hagamos sonar en todos nuestros momentos de necesidad, y es el clamor que ha prometido escuchar siempre, tal como una madre cariñosa responde a la voz de su hijo.

La oración es el modo más sencillo que el hombre puede usar para acudir a Dios. Está dentro del alcance de todos —de los enfermos, los ancianos, los débiles, los paralíticos, los ciegos, los pobres, los iletrados—todos pueden orar. De nada le sirve a usted excusarse porque no tiene memoria, porque no tiene educación, porque no tiene libros o porque no tiene erudición en este sentido. Mientras tenga usted una lengua para explicar el estado de su alma, puede y debe orar. Esas palabras: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Stg. 4:2) será la temible condenación para muchos en el Día del Juicio.

Tomado de Deberes de los padres.
________________________
J. C. Ryle (1816-1900): obispo de la Iglesia Anglicana; autor venerado de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) y muchos otros, nacido en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

Obligaciones principales de los padres 2

Blog132B.jpg

Instruya con el siguiente pensamiento continuamente en mente: que el alma de su hijo es lo primero que debe considerar. Preciosos, sin duda, son los pequeños a sus ojos, pero si los ama, piense con frecuencia en el alma de ellos. No debe sentir la responsabilidad de otros intereses tanto como la de los intereses eternos de ellos. Ninguna parte de ellos debiera ser tan querida por usted como esa parte que nunca morirá. El mundo con toda su gloria pasará, los montes se derretirán, los cielos se envolverán como un rollo, el sol dejará de brillar. Pero el espíritu que mora en esas pequeñas criaturas, a quienes tanto ama, sobrevivirá todo eso, y en los momentos felices al igual que los de sufrimiento (hablando como un hombre) dependerán de usted.

Este es el pensamiento que debe ser el principal en su mente en todo lo que hace por sus hijos. En cada paso que toma en relación con ellos, en cada plan y proyecto y arreglo que los afecta, no deje de considerar esa poderosa pregunta: “¿Cómo afectará su alma?”

El amor al alma es el alma de todo amor. Mimar, consentir y malcriar a su hijo, como si este mundo fuera lo único que tiene y esta vida la única oportunidad de ser feliz—hacer esto no es verdadero amor, sino crueldad. Es tratarlo como una bestia del campo que no tiene más que un mundo que tener en cuenta, y nada después de la muerte. Es esconder de él esa gran verdad que debe ser obligado a aprender desde su misma infancia: el fin principal de su vida es la salvación de su alma.

El cristiano verdadero no debe ser esclavo de las costumbres si quiere instruir a sus hijos para el cielo. No debe contentarse con hacer las cosas meramente porque son la costumbre del mundo; ni enseñarles e instruirles en cierta forma, meramente porque es la práctica; ni dejarles leer libros de contenido cuestionable, meramente porque todos los leen; ni dejarles formar hábitos con tendencias dudosas, meramente porque son los hábitos de la época. Debe instruir a sus hijos con su vista en el alma de ellos. No debe avergonzarse de saber que su instrucción es llamada singular y extraña. ¿Y qué si lo es?
El tiempo es breve—las costumbres de este mundo pasarán. El padre que ha instruido a sus hijos para el cielo en lugar de la tierra—para Dios, en lugar del hombre—es el que al final será llamado sabio.

Instruya a su hijo en el conocimiento de la Biblia. Lo admito, no puede obligar usted a sus hijos a amar la Biblia. Ninguno fuera del Espíritu Santo nos puede dar un corazón que disfrute de su Palabra. Pero puede usted familiarizar a sus hijos con la Biblia. Tenga por seguro que nunca puede ser que conozcan la Biblia demasiado pronto ni demasiado bien.

Un conocimiento profundo de la Biblia es el fundamento de toda opinión clara acerca de la religión cristiana. El que está bien fundamentado en ella, por lo general no será indeciso, llevado de aquí y para allá por cualquier doctrina nueva. Cualquier sistema de instrucción que no dé primera prioridad a las Escrituras es inseguro y precario.

Usted tiene que prestar atención a este punto ahora mismo, porque el diablo anda suelto y el error abunda. Hay entre nosotros algunos que la dan a la iglesia el honor que le corresponde a Jesucristo. Hay quienes hacen de los sacramentos sus salvadores y su pasaporte a la vida eterna. Y también hay los que honran un catecismo más que la Biblia y llenan la mente de sus hijos con patéticos libritos de cuentos en lugar de las Escrituras de la verdad. Pero si usted ama a sus hijos, permita que la Biblia sencillamente sea todo en la instrucción de sus almas, y haga que todos los demás libros sean secundarios.

No se preocupe tanto porque sean versados en el catecismo, sino que sean versados en las Escrituras. Créame, esta es la instrucción que Dios honra. El salmista dice del Señor: “Has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas” (Sal. 138:2). Pienso que el Señor da una bendición especial a todos los que engrandecen su palabra entre los hombres.

Tomado de Deberes de los padres.
________________________
J. C. Ryle (1816-1900): obispo de la Iglesia Anglicana; autor venerado de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) y muchos otros, nacido en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

Obligaciones principales de los padres

Blog132A.jpg

Me imagino que la mayoría de los cristianos que profesan su fe conocen el texto recién citado. Su sonido seguramente es familiar a sus oídos, como lo es una vieja tonada. Es probable que lo ha oído, lo ha leído, ha hablado de él y lo ha citado muchas veces. ¿Acaso no es así? Pero, aun con todo eso, ¡cuán poco se tiene en cuenta la sustancia de este texto! Pareciera que mayormente se desconoce la doctrina que contiene; pareciera que muy pocas veces se pone en práctica el compromiso que nos presenta. Lector, ¿no es cierto que digo la verdad?

No se puede decir que el tema es nuevo. El mundo es viejo, y contamos con la experiencia de casi seis mil años para ayudarnos. Vivimos en una época cuando hay una gran dedicación a la educación en todas las áreas. Oímos que por todas partes surgen nuevas escuelas. Nos cuentan de sistemas nuevos y libros nuevos de todo tipo para niños y jóvenes. Aun con todo esto, la gran mayoría de los niños no recibe instrucción sobre el camino que debe tomar, porque cuando llegan a su madurez, no caminan con Dios.

Ahora bien, ¿por qué están así las cosas? La pura verdad es que el mandato del Señor en nuestro texto no es tenido en cuenta. Por lo tanto, la promesa del Señor que el mismo contiene no se cumple.

Lector, esta situación debiera generar un profundo análisis del corazón. Reciba pues, una palabra de exhortación de un pastor acerca de la educación correcta de los niños. Créame, el tema es tal que debiera conmover a cada conciencia y hacer que cada uno se pregunte: “En esta cuestión, ¿estoy haciendo todo lo que puedo?”

Es un tema que concierne a casi todos. Pocos son los hogares a los cuales no se aplica. Padres de familia, niñeras, maestros, padrinos, madrinas, tíos, tías, hermanos, hermanas —todos están involucrados.

No todos los comentaristas, pastores y teólogos cristianos interpretan que esta es una promesa de que todos los hijos de creyentes serán salvos infaliblemente. Son pocos, creo yo, los que no influyan sobre algún padre en el manejo de su familia o afecte la educación de algún hijo por sus sugerencias o consejos. Sospecho que todos podemos hacer algo en este sentido, ya sea directa o indirectamente, y quiero mover a todos a recordarlo…

Primero, entonces, si va a instruir correctamente a sus hijos, instrúyalos en el camino que deben andar, y no en el camino que a ellos les gustaría andar. Recuerde que los niños nacen con una predisposición decidida hacia el mal. Por lo tanto, si los deja usted escoger por sí mismos, es seguro que escogerán mal.

La madre no puede saber lo que su tierno infante será cuando sea adulto—alto o bajo, débil o fuerte, sabio o necio. Puede o no ser uno de estos—todo es incierto. Pero una cosa puede la madre decir con certidumbre: tendrá un corazón corrupto. Es natural para nosotros hacer lo malo. Dice Salomón: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Prov. 22:15). “El muchacho consentido avergonzará a su madre” (Prov. 29:15). Nuestro corazón es como la tierra en que caminamos: dejada a su suerte, es seguro que producirá malezas.

Entonces, para tratar con sabiduría a su hijo, no debe dejar que se guíe según su propia voluntad. Piense por él, juzgue por él, actúe por él, tal como lo haría por alguien débil y ciego. Por favor no lo entregue a sus propios gustos e inclinaciones erradas. No son sus gustos y deseos lo que tiene que consultar. El niño no sabe todavía lo que es bueno para su mente y su alma del mismo modo como no sabe lo que es bueno para su cuerpo. Usted no lo deja decidir lo que va a comer, lo que va a tomar y la ropa que va a vestir. Sea consecuente, y trate su mente de la misma manera. Instrúyalo en el camino que es bíblico y bueno y no en el camino que se le ocurra.

Si no se decide usted en cuanto a este primer principio de instrucción cristiana, es inútil que siga leyendo. La obstinación es lo primero que aparece en la mente del niño. Resistirla debe ser el primer paso que usted dé.

Instruya a su hijo con toda su ternura, afecto y paciencia. No quiero decir que debe consentirlo, lo que sí quiero decir es que debe hacer que vea que usted lo ama. El amor debe ser el hilo de plata de toda su conducta. La bondad, dulzura, mansedumbre, tolerancia, paciencia, comprensión, una disposición de identificarse con los problemas del niño, la disposición de participar en las alegrías infantiles—estas son las cuerdas por las cuales el niño puede ser guiado con mayor facilidad—estas son las pistas que usted debe seguir para encontrar su camino hacia el corazón de él…

Ahora bien, la mente de los niños ha sido fundida en el mismo molde que la nuestra. La dureza y severidad de nuestro comportamiento los dejará fríos y los apartará de usted. Esto cierra el corazón de ellos, y se cansará usted de tratar de encontrar la puerta de su corazón. Pero hágales ver que usted siente cariño por ellos—que realmente quiere hacerlos felices y hacerles bien—que si los castiga, es para el propio beneficio de ellos, y que, como el pelícano, daría usted la sangre de su corazón para alimentar el alma de ellos. Deje que vean eso, digo yo, y pronto serán todo suyos. Pero tienen que ser atraídos con bondad si es que va a lograr que le presten atención… El cariño es un gran secreto de la instrucción exitosa. La ira y la dureza pueden dar miedo, pero no persuadirán al niño de que usted tiene razón. Si nota con frecuencia que usted pierde la paciencia, pronto dejará de respetarlo. Un padre que le habla a su hijo como lo hizo Saúl a Jonatán (1 Sam. 20:30) no puede pretender que conservará su influencia sobre la mente de ese hijo.

Esfuércese mucho por conservar el cariño de su hijo. Es peligroso hacer que le tema. Casi cualquier cosa es mejor que el silencio y la coacción entre su hijo y usted, y esto aparecerá con el temor. El temor da fin a la posibilidad de que su hijo sienta la confianza de poder hablar con usted. El temor lleva a la ocultación y el fingimiento—el temor siembra la semilla de mucha hipocresía y produce muchas mentiras. Hay mucha verdad en las palabras del Apóstol en Colosenses: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Col. 3:21). No desatienda este consejo.

Tomado de Deberes de los padres.
________________________
J. C. Ryle (1816-1900): obispo de la Iglesia Anglicana; autor venerado de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, nudos desatados, sendas antiguas, pensamientos expositivos de los Evangelios) y muchos otros, nacido en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

Disciplina y amonestación 2

Blog131B.jpg

Es muy interesante observar, en la larga historia de la iglesia cristiana, cómo este asunto en particular siempre reaparece y recibe gran prominencia en cada periodo de avivamiento y despertar espiritual. Los reformadores protestantes se preocuparon por la cuestión, y le dieron mucha importancia a la instrucción de los niños en cuestiones morales y espirituales. Los puritanos le dieron aún más importancia, y los líderes del avivamiento evangélico de hace doscientos años hicieron lo mismo. Se han escrito libros sobre este asunto y se han predicado muchos sermones sobre él.

Esto sucede, por supuesto, porque cuando alguien acepta a Cristo como su Salvador, afecta la totalidad de su vida. No es meramente algo individual y personal; afecta la relación matrimonial y, por lo tanto, hay muchos menos divorcios entre cristianos que entre no cristianos. También afecta la vida de la familia, afecta a los hijos, afecta el hogar, afecta cada aspecto de la vida humana. Una de las épocas más grandes en la historia de esta nación, y de otras naciones, siempre han sido los años inmediatamente después de un avivamiento cristiano, un avivamiento de la verdadera religión. El tono moral de toda la sociedad se ha elevado, aun los que no han aceptado a Cristo han recibido su influencia y han sido afectados por él.

En otras palabras, no hay esperanza de hacer frente a los problemas morales de la sociedad, excepto en términos del evangelio de Cristo. El bien nunca se establecerá aparte de la santidad; cuando las personas son consagradas, proceden a aplicar sus principios en todos los aspectos, y la rectitud y justicia se notan en la nación en general. Pero, desafortunadamente, tenemos que enfrentar el hecho de que por alguna razón este aspecto de la cuestión ha sido tristemente descuidado en este siglo… Por una razón u otra, la familia no tiene el mismo peso que antes. No es el centro ni la unidad que antes era. Toda la idea de la vida familiar ha declinado, y esto en parte es cierto también en los círculos cristianos. La importancia central de la familia que encontramos en la Biblia y en todos los grandes periodos a los cuales nos hemos referido parece haber desaparecido. Ya no se le da la atención y prominencia que otrora recibió. Todo esto hace que sea mucho más importante que descubramos los principios que deberían  gobernarnos en este sentido.

Primero y principal, criar a los hijos “en disciplina y amonestación del Señor” es algo que deben hacer los padres, y hacerlo en el hogar. Este es el énfasis a lo largo de la Biblia. No es algo a ser entregado a la escuela, por más buena que sea. Es la obligación de los padres su principal y más esencial obligación. Es responsabilidad de ellos, y no
deslindarse de ella pasándosela a otros. Enfatizo esto porque todos sabemos muy bien lo que ha estado sucediendo en los últimos años. Más y más, los padres están transfiriendo sus responsabilidades y obligaciones a las escuelas.

Considero que este asunto es muy serio. No hay influencia más importante en la vida de un niño que la influencia de su hogar. El hogar es la unidad fundamental de la sociedad, y los niños nacen en un hogar, en una familia. Allí está el círculo que es la influencia principal en sus vidas. No hay duda de eso. Es lo que toda la Biblia enseña. En todas las civilizaciones, las ideas concernientes al hogar son las que siempre comienzan a causar el deterioro de su sociedad que al final se desintegra…

En el Antiguo Testamento es muy claro que el padre es una especie de sacerdote en su hogar y su familia: representaba a Dios. Era responsable no sólo por la moralidad y el comportamiento sino también por la instrucción de sus hijos. Toda la Biblia enfatiza que ésta es la obligación y tarea principal de los padres. Sigue siendo así hasta estos días. Si somos cristianos, tenemos que ser conscientes de que este gran énfasis se basa en las unidades fundamentales ordenadas por Dios: matrimonio, familia y hogar. No podemos tratarlas livianamente…

¿Qué pueden hacer los padres de familia? Tienen que complementar la enseñanza de la iglesia, y tienen que aplicar la enseñanza de la iglesia. Se puede hacer muy poco con un sermón. Tiene que ser aplicado, explicado, ampliado y complementado. Es aquí donde los padres cumplen su parte. Y si esto siempre ha sido lo correcto e importante, ¡cuánto más lo es hoy! ¿Alguna vez ha pensado usted seriamente acerca de este asunto? Probablemente usted enfrenta una de las tareas más grande que jamás han tenido los padres, y por la siguiente razón. Considere la enseñanza que reciben ahora los niños en las escuelas. La teoría e hipótesis de la evolución orgánica les son enseñadas como un hecho. No se las presentan como una mera teoría que no ha sido comprobada, se les da la impresión de que es un hecho absoluto, y que todas las personas científicas y educadas la creen. Y los que no la aceptan son considerados raros. Tenemos que encarar esa situación. Les están enseñando a los niños cosas perversas en la escuela. Las oyen en la radio y las ven en la televisión. Todo el énfasis es anti Dios, anti Biblia, anti cristianismo verdadero, anti milagroso y anti sobrenatural. ¿Quién va a contrarrestar estas tendencias? Esa es, precisamente, la responsabilidad de los padres: “Criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Esto requiere gran esfuerzo por parte de los padres porque en la actualidad las fuerzas en contra nuestra son muy grandes. Los padres cristianos de la actualidad tienen esta muy difícil tarea de proteger a sus hijos contra las poderosas fuerzas adversas que tratan de indoctrinarlos. ¡Ese es, pues, el ambiente!

Para ser práctico, quisiera, en segundo lugar, mostrar cómo esto no debe ser realizado. Hay una manera de tratar de encarar esta situación que es desastrosa y hace mucho más daño que bien. ¿Cómo no debe realizarse?

Nunca deber hacerse de un modo mecánico y abstracto, casi automático, como si fuera una especie ejercicio militar. Recuerdo una experiencia que tuve sobre esto hace unos diez años. Me hospedé con unos amigos mientras predicaba en cierto lugar, y encontré a la esposa, la madre de la familia, muy afligida. Conversando con ella, descubrí la causa de su aflicción. Esa misma semana cierta dama había dado allí conferencias sobre el tema: “Cómo criar a todos los hijos de su familia como buenos cristianos”. ¡Habían sido maravillosas! La conferencista tenía cinco o seis hijos, y había organizado su hogar y su vida de modo que terminaba todo el trabajo de su casa para las nueve de la mañana, y luego se dedicaba a diversas actividades cristianas. Todos sus hijos eran excelentes cristianos, y todo parecía ser tan fácil, tan maravilloso. La madre con quien yo conversaba, que tenía dos hijos, se sentía muy afligida porque se sentía un total y absoluto fracaso. ¿Qué podía yo aconsejarle? Le dije esto: “Un momento, ¿qué edad tienen los hijos de esta señora?” Yo sabía la respuesta, y también la sabía mi amiga. Ninguno de ellos en ese momento tenía más de dieciséis años. Seguí diciendo: “Espere y veamos. Esta señora dice que todos son cristianos, y que lo único que se necesita es un plan para llevar a cabo disciplinadamente. Espere un poco, dentro de unos años la historia puede ser muy diferente”. Y, así fue. Es dudoso que más de uno de esos hijos sea cristiano. Varios de ellos son abiertamente anti cristianos y le han dado la espalda a todo. No se puede criar de esa manera a los hijos para que sean cristianos. No es un proceso mecánico, y de cualquier manera, lo que ella hacía era todo tan frío y clínico… El niño no es una máquina, así que no se puede realizar esta tarea mecánicamente.

Ni debe realizarse jamás la tarea de un modo completamente negativo o restrictivo. Si uno le da a sus hijos la impresión de que ser cristiano es ser infeliz y que el cristianismo consiste de prohibiciones y constantes reprensiones, los estará ahuyentando hacia los brazos del diablo y del mundo. Nunca sea enteramente negativo y represivo…

Mi último punto negativo es que nunca debemos forzar a un niño a tomar una decisión. ¡Cuántos problemas y desastres han surgido a causa de esto! “¿No es maravilloso?” dicen los padres, “mi fulanito, que es apenas un niño, ha decidido seguir a Cristo”. En el culto se le presionó. Pero eso nunca debe hacerse. Con ello se viola la personalidad del niño. Además, uno está demostrando una ignorancia profunda sobre el camino de salvación. Usted puede hacer que un pequeño decida cualquier cosa. Usted tiene el poder y la habilidad de hacerlo, pero es un error, es contrario al espíritu cristiano… No lo fuerce a tomar una decisión.

Entonces, ¿cuál es la manera correcta?… El punto importante es que tenemos que dar siempre la impresión de que Cristo es la Cabeza de la casa o el hogar. ¿Cómo podemos dar esa impresión? ¡Principalmente por nuestra conducta y ejemplo en general! Los padres deben estar viviendo de tal manera que los hijos siempre sientan que ellos mismos están bajo Cristo, que Cristo es su Cabeza. Este hecho debe ser evidente en su conducta y comportamiento. Sobre todo, debe haber un ambiente de amor… El fruto del Espíritu es el amor, y si el hogar está lleno de un ambiente de amor producido por el Espíritu, la mayoría de sus problemas se resuelven. Eso es lo que da resultado, no las presiones y los llamados directos, sino un ambiente de amor…

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9
________________________
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el mejor predicador
expositivo del Siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68; nacido en Gales.

Disciplina y amonestación 1

Blog131A.jpg

Si hemos de cumplir el mandato del Apóstol… tenemos que hacer una pausa y considerar lo que debemos hacer. Cuando llega un hijo, tenemos que decirnos: “Somos guardianes y custodios de esta alma”. ¡Qué responsabilidad tan tremenda! En el mundo de los negocios y el profesional, los hombres son muy conscientes de la gran responsabilidad que tienen con respecto a las decisiones que deben tomar. Pero, ¿son conscientes de la responsabilidad infinitamente mayor que tienen con respecto a sus propios hijos? ¿Les dedican la misma o más reflexión, atención y tiempo? ¿Sienten el peso de la responsabilidad tanto como lo sienten en estas otras áreas? El Apóstol nos urge a considerar esto como la ocupación más grande de la vida, el asunto más grande que jamás tendremos que encarar y realizar.

El Apóstol no se limita a: “Criadlos”, sino que dice: “en disciplina y amonestación del Señor”. Las dos palabras que usa están llenas de significado. La diferencia entre ellas es que la primera, disciplina, es más general que la segunda. Es la totalidad de disciplinar, criar, formar al hijo. Incluye, por lo tanto, una disciplina general. Y como todas las autoridades coinciden en señalar, su énfasis es en las acciones. La segunda palabra, amonestación, se refiere más bien a las palabras que se dicen. Disciplina es el término más general que incluye todo lo que hacemos por nuestros hijos. Incluye todo el proceso en general de cultivar la mente y el espíritu, la moralidad y la conducta moral, toda la personalidad del niño. Esa es nuestra tarea. Es dar atención al niño, cuidarlo y protegerlo…

La palabra amonestación tiene un significado muy similar, excepto que coloca más énfasis en el habla. Por lo tanto, esta cuestión incluye dos aspectos. Primero, tenemos que encarar la conducta en general, las cosas que tenemos que hacer por medio de nuestras acciones. Luego, sumado a esto, hay ciertas amonestaciones que debieran ser dirigidas al niño: palabras de exhortación, palabras de aliento, palabras de reprensión, palabras de culpa. El término usado por Pablo incluye todas éstas, o sea todo lo que les decimos a los niños con palabras cuando estamos definiendo una posición e indicando lo que es bueno y lo que es malo, alentando, exhortando, etc. Tal es el significado de la palabra amonestación.

Los hijos deben ser criados en “la disciplina y amonestación”—y luego viene la frase más importante de todas—“del Señor”. Aquí es donde los padres de familia cristianos, ocupados en sus obligaciones hacia sus hijos, se encuentran en una categoría totalmente diferente de todos los demás padres. En otras palabras, esta apelación a los padres cristianos no es simplemente para exhortarlos a criar a sus hijos para que tengan buena moralidad o buenos modales o una conducta loable en general. Eso, por supuesto está incluido. Todos deben hacer eso, los padres no cristianos deben hacerlo. Deben preocuparse porque tengan buenos modales, una buena conducta en general y que eviten el mal. Deben enseñar a sus hijos a ser honestos, responsables y toda esta variedad de virtudes. Eso no es más que una moralidad común, y, hasta aquí, el cristianismo no ha comenzado su influencia. Aun los escritores paganos interesados en que haya orden en la sociedad han exhortado siempre a sus prójimos a enseñar tales principios. La sociedad no puede continuar sin un modicum de disciplina y de leyes y orden en todos los niveles y en todas las edades. Pero el apóstol no se está refiriendo a esto únicamente. Dice que los hijos de los creyentes deben ser criados “en disciplina y amonestación del Señor”.

Es aquí donde entra en juego específicamente el pensamiento y la enseñanza cristiana. Que sus hijos tienen que ser criados en el conocimiento del Señor Jesucristo como Salvador y Señor, debe ser siempre una prioridad en la mente de los padres cristianos. Esa es la tarea singular a la cual sólo los padres cristianos son llamados. No es  únicamente su tarea suprema: su mayor anhelo y ambición para sus hijos debe ser que conozcan al Señor Jesucristo como su Salvador y como su Señor. ¿Es esa la mayor ambición para nuestros hijos? ¿Tiene prioridad el que “lleguen a conocer a aquel cuyo conocimiento es vida eterna”, que lo conozcan como su Salvador y que lo sigan como su Señor? ¡“En disciplina y amonestación del Señor”! Estas, pues, son las expresiones que usa el Apóstol.

… La Biblia misma pone mucho énfasis en la formación de los hijos. Observe, por ejemplo, las palabras en el sexto capítulo de Deuteronomio. Moisés ha llegado al final de su vida, y los hijos de Israel pronto entrarán a la Tierra Prometida. Les recuerda la Ley de Dios y les dice cómo tenían que vivir cuando entraran a la tierra que habían heredado. Y tuvo el cuidado de decirles, entre otras cosas, que tenían que enseñarles la Ley a sus hijos. No bastaba con que ellos mismos la conocieran y cumplieran, tenían que pasarle su conocimiento a sus hijos. Los hijos tienen que aprenderla y nunca olvidarla …

Continuará …

Tomado de Life in the Spirit in Marriage, Home & Work: An Exposition of Ephesians 5:18 to 6:9
________________________
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Posiblemente el mejor predicador
expositivo del Siglo XX; Westminster Chapel, Londres, 1938-68; nacido en Gales.

Cómo educar a los hijos para Dios 2

Blog129B.jpg

En tercer lugar, si educamos a nuestros hijos para Dios, tenemos  que hacer todo lo que hacemos por ellos basados en motivaciones correctas. Casi la única motivación que las Escrituras consideran correcta es hacerlo para la gloria de Dios y tener un anhelo devoto de promoverla; y no consideran que nada se hace realmente para Dios que no fluye de esta fuente. Sin esto, por más ejemplar que sea, no hacemos más que dar fruto para nosotros mismos y no somos más que una vid sin vida. Por lo tanto, tenemos que ser gobernados por esta motivación al educar a nuestros hijos si queremos educarlos para Dios y no para nosotros mismos. En todos nuestros cuidados, labores y sufrimientos por ellos, una consideración por la gloria divina debe ser el incentivo principal que nos mueve. Si actuamos meramente basados en nuestro afecto paternal y maternal, no actuamos basados en un principio más elevado que el de los animales irracionales a nuestro alrededor, muchos de los cuales parecen amar a sus hijos con no menos ardor ni estar menos listos para enfrentar peligros, esfuerzos y sufrimientos para promover su felicidad que nosotros para promover el bienestar de los nuestros. Pero si el afecto paternal puede ser santificado por la gracia de Dios y las obligaciones paternales
santificadas por un anhelo de promover su gloria, entonces nos elevamos por encima del mundo irracional para ocupar nuestro lugar correcto y poder educar a nuestros hijos para Dios. Aquí, mis amigos, podemos observar que la verdadera religión, cuando prevalece en el corazón, santifica todo. Hace que aun las acciones más comunes de la vida sean aceptables a Dios y les da una dignidad e importancia que en sí mismas no merecen… Por lo tanto, el cuidado y la educación de los hijos, por más insignificantes le parezcan a algunos, deben realizarse teniendo en cuenta la gloria divina. Cuando así se hace, se convierte en una parte importante de la verdadera religión.

En cuarto lugar, si hemos de educar a nuestros hijos para Dios, tenemos que educarlos para su servicio. Los tres puntos anteriores que hemos mencionado se refieren principalmente a nosotros mismos y nuestras motivaciones. Pero este punto tiene una relación más inmediata con nuestros hijos mismos. A fin de capacitarnos para instruir y preparar a nuestros hijos para el servicio de Dios, tenemos que estudiar diligentemente su Palabra para asegurarnos de lo que él requiere de ellos, tenemos que orar con frecuencia pidiendo la ayuda de su Espíritu para ellos al igual que para nosotros… Hemos de cuidarnos mucho de decir o hacer algo que pueda, ya sea directa o indirectamente, llevarlos a considerar la religión como algo de importancia secundaria. Por el contrario, hemos de trabajar constantemente para poner en sus mentes la convicción de que consideramos la religión como la gran ocupación de la vida, el favor de Dios como el único objetivo al cual apuntamos y el disfrutar de él de aquí en adelante como la única felicidad, mientras que, en comparación, todo lo demás es de poca consecuencia, no obstante lo importante que de otro modo sea.

Tomado de “Children to Be Educated for God” en The Complete Works of Edward Payson, Vol. III (Las obras completas de Edward Payson.
________________________
Edward Payson (1783-1827): Predicador norteamericano; pastor de la Congregational Church de Portland, ME; nacido en Rindge, NH, EE.UU.

Cómo educar a los hijos para Dios 1

Blog129A.jpg

“Lleva este niño y críamelo, y yo te lo pagaré”.—Éxodo 2:9

Estas palabras fueron dichas por la hija de Faraón a la madre de Moisés. Es muy probable que no sea necesario informarle de las circunstancias que las ocasionaron. Seguramente no es necesario decirle que al poco tiempo de nacer este futuro líder de Israel sus padres se vieron obligados, por la crueldad del rey egipcio, a esconderlo en una arquilla de juncos a la orilla del río Nilo. Estando allí, fue encontrado por la hija de Faraón. Su llanto infantil la movió a compasión con tanto poder que decidió no sólo rescatarlo de una tumba de agua, sino educarlo como si fuera de ella. Miriam, la hermana de Moisés, quien había observado todo sin ser vista, se acercó ahora como alguien que desconocía las circunstancias que habían ocasionado que el niño estuviera allí. Al escuchar la decisión de la princesa, Miriam ofreció conseguir una mujer hebrea para que cuidara al niño hasta tener edad suficiente como para aparecer en la corte de
su padre. Este ofrecimiento fue aceptado, por lo que Miriam fue inmediatamente y llamó a la madre a quien la princesa le encomendó el niño con las palabras de nuestro texto: “Lleva este niño y críamelo, y yo te lo pagaré”.

Con palabras similares, mis amigos, se dirige Dios a los padres de familia. A todos los que les da la bendición de tener hijos, dice en su Palabra y por medio de la voz de su providencia: “Lleva este niño y edúcalo para mí, y yo te lo pagaré”. Por lo tanto, usaremos este pasaje para mostrar lo que implica educar a los hijos para Dios.

Lo primero que implica educar a los hijos para Dios es tener conciencia y una convicción sincera, de que son propiedad de él, hijos de él más bien que nuestros. Nos encarga su cuidado por un tiempo, con el mero propósito de formarlos de la misma manera como ponemos a nuestros hijos bajo el cuidado de maestros humanos con el
mismo propósito. A pesar de lo cuidadoso que seamos para educar a los hijos, no podemos decir que los educamos para Dios a menos que creamos que son de él, porque si creemos que son exclusivamente nuestros los educaremos para nosotros mismos y no para él. Saber que son de él es sentir profundamente y estar persuadidos de que él tiene un derecho soberano de hacer con ellos lo que quiere y de quitárnoslos cuando él disponga. Que son de él y que posee él este derecho es evidente según innumerables pasajes de las Sagradas Escrituras. Éstas nos dicen que Dios es el que forma nuestro cuerpo y es el Padre de nuestro espíritu, que todos somos sus hijos, y que, en consecuencia, no somos nuestros, sino de él. También nos aseguran que tal como es de él el alma del padre y la madre, de él es el alma de los hijos. Dios reprendió y amenazó varias veces a los judíos porque sacrificaban los hijos de él en el fuego de Moloc (Eze. 16:20-21). A pesar de lo claro y explícito que son estos pasajes, son pocos los padres que parecen sentir su fuerza. Son pocos los que parecen sentir y actuar como si tuvieran conciencia de que ellos y los suyos son propiedad absoluta de Dios, que ellos son meramente padres temporarios de sus hijos, y que, en todo lo que hacen para ellos, debieran estar actuando para Dios. Pero resulta evidente que tienen que sentir esto antes de poder criar a sus hijos para él, porque ¿cómo pueden educar a sus hijos para un ser cuya existencia no conocen, cuyo derecho a ellos no reconocen y cuyo carácter no aman?

Una segunda implicación, muy relacionada con lo anterior de educar a los hijos para Dios, se trata de dedicarlos o entregarlos sincera y seriamente para ser de él eternamente. Ya hemos demostrado que son propiedad de él y no nuestra. Al decir, dedicarlos a él, queremos decir sencillamente que reconocemos explícitamente esta
verdad o que reconocemos que los consideramos enteramente de él y que los entregamos sin reservas a él para el tiempo y la eternidad… Si nos negamos a dárselos a Dios, ¿cómo podemos decir que los educamos para él?

Continuará …

Tomado de “Children to Be Educated for God” en The Complete Works of Edward Payson, Vol. III (Las obras completas de Edward Payson.
________________________
Edward Payson (1783-1827): Predicador norteamericano; pastor de la Congregational Church de Portland, ME; nacido en Rindge, NH, EE.UU.