La Biblia y los Reformadores del Siglo XVI

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“Sola Gratia y Sola Scriptura: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?”

Introducción

¿Qué es la verdad?” Esa fue la pregunta que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, le hizo a Jesucristo mientras lo juzgaba (Juan 18:38). Sin embargo, parece que  a Pilato no le interesaba la respuesta, sino más bien su pregunta fue un reflejo de su incredulidad. Al parecer, para él la verdad era lo que a uno le enseñaban a creer o lo que uno mismo elegía creer.

Para los cristianos la verdad puede ser hallada y el lugar está en la Biblia. Por este motivo, la Biblia, ha sido declarada como la base de la fe y la conducta. ¿Cuáles son las razones que explican tan alto lugar?

 

Respuesta 1: La misma recomendación escritural

  • El Apóstol Pablo en 2ª Timoteo 3:16-17:Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (RV 1960).
  • El autor de la Epístola a los Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).
  • El mismo Jesús. Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (RV 1960).

 

Respuesta 2: El legado de la Reforma Protestante

Qué duda cabe, un hito fundamental en la construcción y asimilación de esta convicción fue el proceso histórico conocido como Reforma protestante, esto ha quedado expresado en una de las cinco solas, a saber  el princopio de “Sola Scritpura

Esto debido a que a finales de la Edad Media, la Biblia sólo estaba disponible en latín, un lenguaje que la gente común de Europa ya no hablaba. Por eso, los reformadores se propusieron acercarles las Escrituras al traducirla a idiomas que sí podían entender.

Además estaba el problema de la predicación, pues los curas párrocos fueron incapaces de realizar una predicación cualificada y los Obispos, quienes tenían más conocimiento y capacidades tenían la obligación de predicar sólo diez veces al año.

 

¿Qué había pasado en el Siglo XV? Preparando el terreno

El siglo XV estuvo caracterizado entre otros aspectos de relieve por un sentimiento de creciente crisis en el seno de la Iglesia católica.

Durante aquellas agitadas décadas:

  • La corte papal se trasladó de Roma a Avignon para satisfacer los intereses de los reyes de Francia
  • Se produjo el denominado cisma de Occidente, esto implicó que existieran simultáneamente dos papas que se excomulgaban entre sí y que se presentaban como el único pontífice legítimo
  • Fracasaron los intentos por restaurar la unidad entre el papado y el patriarca de Constantinopla pese a la amenaza turca (que terminó aniquilando Bizancio en 1453)
  • Considerando este panorama, se multiplicaron las voces de aquellos que, como John Wycliffe o Jan Huss, deseaban una reforma en profundidad de la iglesia no sólo en el ámbito moral sino también en el teológico.

De esta manera, si algo parecía indiscutible a finales del siglo XV era que la Iglesia necesitaba una reforma, que ésta tenía que operarse en profundidad y que el momento de su inicio no podía verse retrasado indefinidamente. Posición que era defendida por personajes que iban desde Lorenzo Valla a Erasmo, Tomás Moro y Luis Vives, Cisneros e Isabel la católica[1].

 

El Siglo XVI: un Siglo de cambios profundos

En este periodo, tuvieron lugar varios procesos muy importantes y paralelos:

  • El «descubrimiento» y conquista de América.
  • Desarrollo del Humanismo y Renacimiento.
  • La Reforma Protestante.

El Descubrimiento y la Conquista de América son bien conocidos, y se podría comentar mucho al respecto. Sin embargo, lo relevante es que durante un periodo de escasamente cien años las naciones europeas se derramaron por el resto del mundo, y especialmente por América.

Para la mente del habitante del Siglo XXI resulta difícil calibrar el impacto de este proceso, pero para hacernos una idea esto fue tan impactante y desafiante como la llegada del primer equipo a la luna en 1969 o como lo sería si en un plazo cercano se lograra llegar y colonizar Marte o incluso otro planeta más lejano. Pues esto implica un tremendo avance tecnológico, grandes cambios en los equilibrios de poder de los países involucrados en ello y por supuesto los desafíos propios de incorporar a la administración, comercio y cultura nuevos territorios.

Ahora bien, regresando al Siglo XVI, la conquista del Nuevo Mundo implicó que se multiplicó enormemente el número de los que se llamaban cristianos, aunque claro, esta incorporación fue a la fuerza en la mayoría de los casos y por supuesto no incluyó la fe de los Reformados.

Por otra parte, el movimiento intelectual conocido como Humanismo provocaba que se revisaran las bases del conocimiento acumulado hasta la fecha rescatando los escritos de la Antigüedad Clásica y por cierto cuestionando también los cimientos cristianos de la civilización.

A estos grandes procesos se suma la Reforma Protestante. La fecha que normalmente se señala como el comienzo de la Reforma es 1517, cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis. Aunque, ya habían movimientos reformadores desde mucho antes, lo cierto es que fue con Lutero y sus seguidores que el movimiento cobró un ímpetu incontenible[2]. Señala el historiador Jean Delumeau: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[3].

Ahora bien, regresemos a nuestra pregunta inicial: ¿por qué el acceso a la Biblia fue tan importante para los Reformadores del Siglo XVI?” Para ello realizaremos dos recorridos, el primero será a través de la relación de los llamados “Precursores de la Reforma” con las Escrituras[4] y en segundo lugar, del mismo Martín Lutero.

Los Precursores de la Reforma y las Escrituras

  • Los Valdenses: En el siglo XII, los Valdenses tradujeron el Nuevo Testamento del latín a sus dialectos regionales franceses. Según la tradición, tal era su compromiso con la Escritura, que las diferentes familias Valdenses memorizaban grandes porciones de la Biblia, de manera que si las autoridades católicas romanas les encontrasen y confiscasen sus copias impresas, serían capaces de volver a reproducir toda la Biblia de memoria.
  • John Wycliffe: En el siglo XIV, John Wycliffe y sus asociados en Oxford, Inglaterra tradujeron la Biblia del latín al inglés. Los seguidores de Wycliffe, conocidos como los Lolardos, iban de pueblo en pueblo predicando el evangelio y enseñando la Palabra en inglés.
  • Jan Hus: En el siglo XV, Jan Hus se convirtió en el predicador más popular de Praga al predicar en la lengua del pueblo y no en latin. Sin embargo, debido a que Hus insistió en que sólo Cristo es la cabeza de la iglesia y no el papa, el concilio católico de Constanza le condenó como hereje. Murió en como mártir en la hoguera en 1415.

 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

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Señales y características del hombre piadoso 2

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Aunque Pablo conocía a Cristo, más lo quería conocer: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección” (Fil. 3:10).

Pregunta: ¿Cómo podemos obtener este conocimiento salvador?

Respuesta: No por el poder de la naturaleza. Algunos hablan del alcance que puede tener la razón desarrollada para bien. Ay, la plomada de la razón es demasiado corta para ver las cosas profundas de Dios. Lo mismo pasa con el poder de razonamiento del hombre, que no basta para alcanzar el conocimiento salvador de Dios. La luz de la naturaleza no nos puede ayudar a ver a Cristo, como tampoco puede la luz de una vela ayudarnos a entender. “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios…, y no las puede entender” (1 Cor. 2:14). ¿Qué haremos, entonces, a fin de
conocer a Dios para salvación? Mi respuesta es: “Imploremos la ayuda del Espíritu de Dios”. Pablo nunca se había considerado ciego hasta que lo cegó la luz del cielo (Hech. 9:3). Dios tiene que ungirnos los ojos para que podamos ver. ¿Por qué les iba a pedir Cristo a los de la iglesia en Laodicea que acudieran a él para que los ungiera con colirio
si ya lo podían ver? (Apoc. 3:18). Oh, elevemos nuestro ruego al Espíritu de revelación (Ef. 1:17). El conocimiento salvador no es por especulación, sino por inspiración (Job 32:8). La inspiración del Todopoderoso da comprensión.

Quizá tengamos nociones teológicas excelentes, pero es el Espíritu Santo quien tiene que darnos la capacidad de conocerlas espiritualmente; el hombre puede notar las figuras en un reloj, pero no puede decir qué hora es a menos que la luz lo ilumine. Podemos leer muchas verdades en la Biblia, pero no las podemos conocer para salvación hasta que el Espíritu de Dios nos ilumina. “El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Cor. 2:10). Las Escrituras nos revelan a Cristo, pero el Espíritu nos revela a Cristo en nosotros (Gál. 1:16). El Espíritu da a conocer lo que nada en el mundo puede,  concretamente, la certidumbre del amor de Dios.

El hombre piadoso es un hombre que actúa por fe. Así como el oro es el más precioso entre los metales, la fe lo es entre las gracias. La fe nos corta del olivo silvestre que es la naturaleza y nos injerta en Cristo. La fe es la arteria vital del alma: “Mas el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4). El que no tiene fe, aunque respira, no tiene vida. La fe es la vivificante de las gracias; ninguna gracia se mueve hasta que la fe la agita. La fe es al alma lo que la respiración y los latidos del corazón son al cuerpo: impulsa al resto del organismo. La fe impulsa al arrepentimiento. Cuando creo en el amor que Dios tiene por mí, el hecho de pecar contra un Dios tan bueno me hace derramar lágrimas. La fe es la madre de la esperanza: primero, creemos la promesa, luego la esperamos. La fe es el aceite que alimenta la lámpara de la esperanza. La fe y esperanza son siamesas; si se quita una y otra languidece. Si se corta el nervio de la fe, la esperanza queda lisiada.

La fe es el fundamento de la paciencia, el que cree que Dios es su Dios y que todo obra para su bien, se entrega con paciencia a la voluntad de Dios. Por lo tanto, la fe es un principio vivo, y la vida del santo no es otra cosa que una vida de fe. Su oración es la respiración de la fe (Sgt. 5:15). Su obediencia es el resultado de la fe (Rom. 16:26).
El hombre piadoso vive por fe en Cristo, como el rayo de sol vive en el sol: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20) El cristiano, por el poder de la fe, ve más allá de la lógica, anda más allá de la luna (2 Cor. 4:18). Por fe finalmente se tranquiliza su corazón (Sal. 12:7). Se pone a sí mismo y a todos sus asuntos en las manos de Dios, como en
la guerra los hombres entran a su baluarte y allí se ponen a salvo junto con sus tesoros. Igualmente, el nombre del Señor es torre fuerte (Prov. 18:10). Y el creyente confía plenamente en este baluarte: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:12). Dios confió su evangelio a
Pablo, y Pablo confió a Dios su alma. La fe es un remedio universal para todos los problemas. Es el áncora que se echa al mar de la misericordia de Dios y previene que uno se hunda en la desesperación.

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

Señales y características del hombre piadoso 1

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“Por esto orará a ti todo santo [piadoso]” Salmo 32:6.

¿Cómo es el hombre piadoso? Para dar una respuesta completa, describiré varias señales y características específicas del hombre piadoso.

La primera señal fundamental del hombre piadoso se muestra en que es un hombre con conocimiento sabio: “los prudentes se coronarán de sabiduría” (Prov. 14:18). Los santos son llamados vírgenes “prudentes” en Mateo 25:4. El hombre natural puede tener algún
conocimiento superficial de Dios, pero no sabe nada como debiera saberlo (1 Cor. 8:2). No conoce a Dios para salvación; puede conocerlo con la razón, pero no discierne las cosas de Dios de un modo espiritual. El agua no puede ir más arriba de su manantial, el vapor no puede elevarse más allá del sol que lo genera. El hombre natural no puede actuar por encima de su esfera. No puede discernir con certidumbre lo sagrado, así como el ciego no puede discernir los colores. 1. No ve la maldad de su corazón: por más que un rostro sea negro o deforme, bajo un velo no se puede ver. El corazón del pecador es tan negro, que nada excepto el infierno le puede dar su forma, no obstante, el velo de la ignorancia lo esconde. 2. No ve las hermosuras de un Salvador: Cristo es una perla, pero una perla escondida.

El conocimiento del hombre piadoso es vivificante. “Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado” (Sal. 119:93). El conocimiento en la cabeza del hombre natural es como una antorcha en la mano de un muerto, el conocimiento verdadero aviva. El hombre piadoso es como Juan el Bautista: “Antorcha que ardía y alumbraba” (Juan 5:35). No solo brilla por iluminación, sino que también arde de afecto. El conocimiento de la esposa la hizo estar “enferma de amor” (Cant. 2:5), o “Estoy herida de amor. Soy como el ciervo que ha sido herido con un dardo; mi alma
yace sangrando y nada me puede curar, sino una visión de Él a quien mi alma ama”.
El conocimiento del hombre piadoso es aplicable. “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25). Un medicamento da resultado cuando se aplica; este conocimiento aplicativo es gozoso. Cristo es llamado Fiador (Heb. 7:22). Cuando me estoy ahogando en deudas, ¡qué gozo es saber que Cristo es mi Fiador! Cristo es llamado Abogado (1 Juan 2:1). La palabra griega traducida abogado significa “consolador”.

Versiculo 198

Cuando tengo un caso difícil, ¡qué consuelo es saber que Cristo es mi Abogado, quien jamás ha perdido un caso en una litigación!

Pregunta: ¿Cómo puedo saber si estoy aplicando correctamente lo que sé acerca de Cristo? El hipócrita puede creer que sí lo está haciendo cuando en realidad no es así.
Respuesta: Todo aquel que aplica el evangelio de Cristo, acepta a Jesús y Señor como uno (Fil. 3:8). Cristo Jesús, es mi Señor: Muchos aceptan a Cristo como Jesús, pero lo rechazan como Señor. ¿El Príncipe y el Salvador son uno para usted? (Hech. 5:31). ¿Acepta ser gobernado por las leyes de Cristo al igual que ser salvo por su sangre? Cristo “desde su trono servirá como sacerdote” (Zac. 6:13, Nueva Traducción Viviente). Nunca será un sacerdote que intercede a menos que el corazón de usted sea el trono donde él alza su cetro. Aplicamos bien el evangelio de Cristo cuando lo tomamos como esposo y nos entregamos a él como Señor.

El conocimiento del hombre piadoso es transformador. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2 Cor. 3:18). Así como el pintor mira un rostro y dibuja uno similar, al mirar a Cristo en el espejo del evangelio somos transformados a similitud de él. Podemos mirar otros objetos que son gloriosos, pero no por mirarlos nos hacen gloriosos; un rostro deforme puede mirar a uno hermoso pero no por eso se convierte él mismo en uno hermoso. El herido puede mirar al doctor y no por eso curarse. En cambio esta es la excelencia del conocimiento divino: nos brinda tal visión de Cristo que nos hace participar de su naturaleza. Como sucedió con Moisés, cuando su rostro resplandeció cuando vio la espalda de Dios porque algunos de los rayos de la luz de su gloria lo alcanzaron.

El conocimiento del hombre piadoso es creciente. “Creciendo en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10). El conocimiento verdadero es como la luz del amanecer que va en aumento hasta su cenit. Tan dulce es el conocimiento espiritual, que más sabe el creyente, más ansía saber. La Palabra llama a esto enriquecerse en toda ciencia
[conocimiento] (1 Cor. 1:5). Más riquezas tiene uno, más quiere tener.

Thomas Watson 8

Tomado de “The Godly Man’s Picture Drawn with a Scripture-Pencil” en The Sermons of Thomas Watson.

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Thomas Watson (c. 1620-1686): predicador puritano no conformista; prolífico autor de A Body of Divinity, The Lord’s Prayer, The Ten Commandments, Heaven Taken by Storm y muchos otros; lugar y fecha de nacimiento desconocidos.

La Reforma Protestante y la lectura 2

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Continuemos revisando la relación entre los pre reformadores (del Siglo XV) y reformadores (del Siglo XVI) con la lectura y el compromiso con la difusión de libros.

Juan Huss fue sucesor del inglés John Wycliff (Hussenitz, Reino de Bohemia, c. 1370 – Constanza, Sacro Imperio Romano Germánico, 6 de julio de 1415), sus actividades dejaron una huella imborrable en la historia civil y religiosa del Reino Checo: se desempeñó como teólogo y filósofo, rector de la Universidad Carolina de Praga. Como reformador y predicador se le considera uno de los precursores de la Reforma Protestante, sus seguidores son conocidos como husitas. Un hecho muy importante fue su nombramiento como predicador de la capilla Belén, esta capilla había sido construida por dos laicos, con el expreso deseo de que en ella se predicase la Palabra de Dios al pueblo en lengua común. Cuando estuvo lista, se designó a Huss para predicar en ella. Poco después ocurrió un hecho que sería decisivo para el resto de su vida: llegaron a sus manos unos libros de Juan Wiclef, en un principio, los libros le desconcertaron, pero luego los apreció hasta convertirse en su admirador. La combinación de estos hechos produjo una profunda transformación que derivó en una intensa labor de predicación y publicación lo que provocó su destierro, persecución, encarcelación y finalmente su ejecución luego del Concilio de Constanza. Sin embargo, aquellas complejas circunstancias no impidieron que siguiera trabajando en predicar y escribir, de hecho se cuenta que se ganó la simpatía de hasta de sus mismos carceleros, quienes le pidieron instrucción y consejo. A petición de ellos escribió algunos tratados, como: “Los diez mandamientos”, “La oración dominical”, “El matrimonio”, “Los tres enemigos del hombre” y “Del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, por eso en las portadas de los tratados puso los nombres de los carceleros a cuya petición los había escrito, Además de su obra espiritual, también se recuerdan los méritos que Juan Hus tuvo en el campo de la linguística y la gramática checas. Fue él quien hizo cambios importantes en la ortografía checa, que acompañan a los checos hasta el presente[1].

Gerónimo Savonarolla o Jerónimo de Ferrara (Ferrara, Italia, 21 de septiembre de 1452 – Florencia, 23 de mayo de 1498), fue un religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de las vanidades donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, además de libros que consideraba licenciosos, como los de Giovanni Boccaccio. Predicó contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia católica, contra la búsqueda de la gloria y contra la sodomía, sospechando que estaba en toda la sociedad de Florencia, donde él vivió. Se le compara a Lutero en su denuncia de la corrupción de la Iglesia católica, pero no estableció ninguna base doctrinal, a diferencia del propio Lutero, precursor del cisma protestante. A pesar de sus excesos destacó como escritor y expositor, presentando diferentes aspectos: poeta, artista, profeta, apologista, entre otros.

William Tyndale, (Slymbridge, 1495 – Bruselas, 6 de octubre de 1536) era un estudiante inglés destacado en griego y latín, que llegó a ser una figura clave en el movimiento de la reforma protestante durante los años posteriores a su implantación. Estudió las Universidades de Oxford y Cambridge, se enfurecía por las barreras entre la Biblia y la gente y su anhelo era alimentar no solo la mente sino también el alma del pueblo. Así es que trabajó desde el hebreo, arameo y griego para crear una Biblia en inglés vernáculo, tan legible y apropiada como para una persona inglesa pudiera leerla y basarse en ella para su vida diaria. Luego de muchas tribulaciones y esfuerzo logró terminar su tarea siendo reconocido hasta la actualidad por haber traducido la Biblia del griego y hebreo, además de imprimirla en inglés

A través de este recorrido que nos llevó a través de diferentes tiempos y lugares notamos varias constantes: a saber, las intensas dificultades que atravesaron cada uno a causa de sus convicciones y el compromiso por la difusión de las verdades bíblicas a través de la predicación, publicación y divulgación de la Escritura.

La semana próxima y como punto final analizaremos la obra de Martín Lutero y Juan Calvino.

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s

El Príncipe de Paz

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“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Una gran bendición que Cristo en su testamento ha legado a sus verdaderos seguidores es su paz.

Aquí hay dos cosas que yo observaría particularmente

Que Cristo ha legado a los creyentes verdadera paz, y que la paz que les ha dado es su paz. Nuestro Señor Jesucristo ha legado verdadera paz y consuelo a sus seguidores. Cristo es llamado Príncipe de paz (Isaías 9:6). Y cuando nació en este mundo, los ángeles en esa feliz y maravillosa ocasión cantaron, Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra. Porque de esa paz que Él procurará y legará a los hijos de los hombres es especialmente el beneficio del que habla el texto. Este Cristo ha provisto para sus seguidores, y ha puesto fundamentos para poder disfrutar de ello, en esto Él ha procurado para ellos las otras dos cosas: Paz con Dios y paz los unos con los otros. Él ha provisto para ellos paz y reconciliación con Dios y su favor y amistad, en esto se satisfizo por sus pecados y estableció fundamentos para la perfecta eliminación de la culpa del pecado, y el perdón de todas sus transgresiones, alcanzó para a ellos una perfecta y gloriosa justicia aceptable ante Dios y suficiente para recomendarles para la aceptación completa de Dios, para la adopción como hijos y para los eternos frutos de su paternal favor.


Jonathan Edwards (5 de octubre de 1703-22 de marzo de 1758) fue un teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativoamericanos durante la época colonial. Es conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos protestantes en la historia de los Estados Unidos. Su obra tiene un alcance muy amplio, pero suele ser a menudo asociada con su defensa de la teología calvinista y el patrimonio puritano.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 2

 Blog75

6. Sentirse satisfechos con la verdad de la fidelidad de Dios es de gran importancia para los creyentes. En parte porque la fidelidad de nosotros a Dios recibe mucho aliento de la fidelidad de él para con nosotros. Los que no confían en Dios no pueden serle fieles por
mucho tiempo: (He. 3:12) “Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”; y (Stg. 1:8) “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”; uno que no se aferra firmemente a Dios y siempre vacila, estando dividido entre esperanzas y temores con respecto a si es aceptado por Dios. El cristiano indeciso está dividido entre Dios y algún otro camino ilícito “por si acaso”, dividido entre los caminos de Dios y los propios, y no puede depender silenciosamente de sus promesas, sino que es llevado de un lado para otro, no se pone enteramente en las manos de Dios, sino que se apoya en su propia seguridad carnal. Y en parte porque Dios es invisible, él trata con nosotros por medio de representantes, por medio de mensajeros quienes nos traen la palabra. No vemos a Dios en persona: (He. 13:7) “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta”, su manera de vivir, su perseverancia hasta la muerte en esta fe y esperanza, y en parte porque las promesas son futuras, y las principales se cumplirán en otro mundo. Ahora nada nos sostendrá sino la fidelidad de Dios: (Prov. 11:18) “El impío hace obra falsa: mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme”. Los hombres se creen felices en su pecado, pero al final son engañados; pero nadie que confía en el Dios vivo y verdadero puede ser engañado. En parte porque muchas de las promesas contradicen la lógica; como cuando el alma está llena de angustia por la culpa del pecado: (1 Juan 1:9) “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. Y el poder del pecado: (1 Tes. 5:24) “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. Sostenidos en grandes aflicciones; (1 Cor. 10:13) “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar”. A fin de que podamos resistir en el juicio: (1 Cor. 1:9) “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. He aquí la gran seguridad y el puntal del cristiano. La fidelidad de Dios, de la cual testifican cristianos de ahora y de todas las épocas, confesando que han descubierto por su experiencia que la palabra de Dios es cierta, nos han transmitido la religión por medio de su consentimiento constante; y nos la han dejado sellada por la fidelidad de Dios; y por lo tanto debemos perseverar en nuestro deber para con Dios.

II. Manifestado por un emblema
Hemos de considerarlo, porque es una ayuda para frecuente meditación, y porque siempre lo tenemos delante de los ojos; y no tienen excusa los que no ven a Dios en esto; cada vez que pisamos el suelo podemos recordar la estabilidad de las promesas de Dios.

 

Y es también una confirmación de fe, en esta forma:
1. La estabilidad de la tierra es el efecto de la palabra de Dios, éste es el verdadero pilar sobre el que permanece la tierra; porque sustenta “todas las cosas con la palabra de su potencia”, (He. 1:3; Sal.33:9): “Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió”. Ahora bien, su palabra poderosa nos ayuda a depender de su palabra de promesa.
Dios, quien hace lo que le place, nunca falla en lo que promete. Vemos claramente que cualquier cosa que permanece por la voluntad y palabra de Dios, no puede ser desbaratada. ¿Cómo fue? ¿Cómo fue que este mundo llegó a ser? Es la obra y el producto de ese Dios cuya palabra y promesa tenemos en las Escrituras. Ciertamente el poder de
este Dios no puede fallar, a él le es tan fácil hacer como decir.

Thomas Manton 5

2. Pareciera que el globo con su tierra y agua no tiene en qué apoyarse y descansar; (Job 26:7) “Extiende el alquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada”. Ahora bien, que este cuerpo vasto y voluminoso se esté apoyando sobre el aire inestable como si estuviera
sobre un fundamento firme es algo que maravilla. En el libro de Job, capítulo 38:6 aparece esta pregunta: “¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” Pero firme está, aunque está suspendido como una pelota en el aire. El globo de la tierra está rodeado de regiones de aire y las esferas celestiales, y no tiene ningún
soporte para sostener un cuerpo tan pesado colgando en medio de una expansión tan inmensa; no obstante, Dios la ha colocado y establecido con tanta firmeza como si descansara sobre una base y un fundamento sólido; tan extraño es el lugar en que está que, siendo un cuerpo pesado, uno pensaría que caería en cualquier momento; pero
que, cuando nos lo imaginamos, debe, contrariamente a la naturaleza de tal cuerpo, caer para arriba, y por ende, no puede caer a su ruina pues cae al cielo. Ahora bien, así como su palabra sostiene tal peso, también todo el peso de la iglesia, y nuestra propia carga se apoyan en la promesa de Dios; él puede, por el poder de su palabra, hacer las cosas más grandiosas no por medios visibles; (Luc. 7:7) “Mas di la palabra, y mi siervo será sano”. Por lo tanto, su pueblo puede confiar en su providencia; él puede sostenerlos en cualquier aflicción, cuando aparentemente no hay ninguna ayuda y ningún alivio.

3. La firmeza y estabilidad ofrecen motivos de reflexión. La tierra permanece en la misma órbita y condición en que Dios la dejó, en tanto siga el presente orden natural: (Sal. 104:5) “Él fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida”. La verdad de Dios es tan inamovible como la tierra; (Sal. 117:2) “La verdad de Jehová es para
siempre”. Ciertamente, si el fundamento de la tierra permanece seguro, el fundamento de nuestra salvación en Jesucristo es mucho más seguro: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas”. (Mat. 5:18). Si la ley dada por Moisés es tan segura, mucho más lo son las promesas de salvación en Cristo: (2 Cor. 1:20) “Porque todas las promesas de Dios son en el Sí, y en el Amén”.

Versiculo 188

4. La estabilidad en medio de cambios: (Ecl. 1:4) “Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece”. Cuando el hombre muere, la tierra queda como habitación para otros, y permanece donde está cuando los habitantes van de un lado para otro, y ya no la pueden disfrutar. Todas las cosas en el mundo están sujetas a muchas revoluciones, pero la verdad de Dios es una y siempre es la misma. Las vicisitudes en el mundo no derogan su fidelidad a las promesas; él cambia todas las cosas, y él mismo no cambia. Aunque aparezcan cosas nuevas en el mundo, contamos con una regla segura para regirnos, y promesas seguras en las cuales apoyarnos. Y, por lo tanto, en cualquier condición, debemos ser siempre fieles hacia Dios, y no hay duda de que él será siempre fiel para con nosotros.

5. En el hecho de sostener el cuerpo del planeta, se pueden ver todos esos atributos que son puntal firme para el corazón del creyente, como ser: sabiduría, poder y bondad. Sabiduría: (Prov. 3:19) “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con
inteligencia”. Contémplelo, es la obra de un ser sabio. Lo mismo sucede con el poder: Esta gran estructura es sostenida por su poder supremo. Su bondad se nota en que hizo que la tierra fuera firme y seca, a fin de ser adecuada como hábitat de los hombres; este es un milagro permanente de bondad. Lutero dice que somos mantenidos, como lo fueron los israelitas, en el medio del Mar Rojo. El salmista nos dice; (Sal. 24:2) “Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos”. Esa parte del planeta en que vivimos sería súbitamente cubierta por las aguas si no fuera por la bondad de Dios, porque éste, el orden de la naturaleza ya se vio en el principio de la creación, (Gén. 1:7), que próximas al aire estaban las aguas que cubrían toda la superficie de la tierra. Pero Dios hizo cavidades en la tierra para recibir en ellas las aguas, y orillas tales que detienen y doman el vasto océano a fin de que no avance (Gén 1:9); y ahora por su providencia el agua está debajo de la tierra, y la tierra permanece tan firme sobre ese cuerpo inestable como si estuviera sobre un fundamento sólido; lo cual, siendo una obra sabía tan bien dispuesta,
es un efecto de la bondad de Dios para la preservación de la humanidad. Y aunque, en un tiempo, por los pecados del mundo, mandó que estas aguas se salieran de sus límites e inundaran la tierra, Dios ha prometido firmemente que eso nunca volvería a suceder; por lo cual su verdad es también verificada y aplicada al pacto de la gracia; (Isa. 54:9) “Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré”. El
pacto de gracia es un pacto tan seguro como él que hizo después del diluvio; por lo cual no podemos considerar a esta tierra más que como un emblema de aquellos atributos que confirman nuestra fe en confiar en Dios hasta que sus promesas se nos cumplan.

Thomas Manton 6

III. Aplicación
Estemos, entonces más firmemente persuadidos de la fidelidad de Dios a fin de poder depender de que preservará tanto a la iglesia como a nosotros, en el camino que debemos seguir, hasta que disfrutemos de nuestra recompensa final.

1. Para preservación del reino de Cristo, la fidelidad de Dios se manifiesta principalmente en el gobierno de su iglesia o del reino espiritual, y éste es un reino que no puede ser conmovido aunque todo lo demás sea sacudido: (He. 12:28) “Así que, tomando el reino inmóvil”. Cristo no puede ser una cabeza sin miembros, ni rey sin
súbditos. Y la palabra nos dice: (Mat. 16:18) “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Suceden muchos desórdenes, pero dependamos de la fidelidad de Dios. El mundo estaba bien dirigido antes de que nosotros hiciéramos nuestra entrada, y otras
generaciones han tenido la experiencia de la fidelidad de Dios, aunque nos quejamos de que no vemos señales para nosotros ni ninguna muestra para bien.

2. Para la preservación de nuestros cuerpos en el reino celestial. Tenemos muchos desalientos adentro y afuera, pero mientras perseveremos en nuestro deber, Dios no nos fallará; su palabra es tan segura como la tierra: (2 Tes. 3:3) “Mas fiel es el Señor, que os
confirmará y guardará del mal”. Dios ha prometido no sólo darnos nuestra recompensa final, sino también asegurar y defender a su pueblo en el camino, a fin de que no sean vencidos por las maldades que encuentran en su peregrinaje.

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Thomas Manton (1620-1677): predicador puritano inconformista. Graduado de Oxford, predicó hasta que se lo prohibió el Acto de Uniformidad de1622. Desde 1662 hasta 1670 predicaba en su propia casa, pero finalmente fue arrestado y encarcelado por seis meses. Después fue el predicador de los comerciantes de Londres en Pinners’ Hall. James Ussher lo llamó “uno de los mejores predicadores en Inglaterra”. Fue nombrado como uno de los tres empleados administrativos en la Asamblea de Westminster. Nació en Lawrence-Lydiat, condado de Somerset, Inglaterra.

La Fidelidad de Dios (de generación en generación). Parte 1

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Por generación y generación es tu verdad; tú afirmaste la tierra, y persevera

(Salmo 119:90).

ESTAS PALABRAS contienen una verdad que es:

(1.) Confirmada por la experiencia; (2.) Representada por un emblema apropiado y vivo “Tú afirmaste la tierra, y persevera”. Antes había dicho: “Permanece tu palabra en los cielos”. Ahora habla de ella manifestada en la tierra. Allí la constancia de las promesas de Dios es atestiguada por la duración y estabilidad de la moción de los cuerpos celestiales, ahora por la firmeza y lo inamovible de la tierra. La palabra poderosa y la providencia de Dios abarcan todo el mundo, esta parte más baja sobre la tierra al igual que la parte más alta de los cielos.

La doctrina: Que en todas las edades Dios siempre se ha manifestado como un Dios verdadero y fiel a todas sus promesas. Aquí, esto es confirmado por experiencia y manifestado por un emblema.

I. Confirmado por la experiencia
1. La fidelidad de Dios se relaciona con una promesa por la cual se ha comprometido con su pueblo: (He. 11:11) “Porque creyó ser fiel el que lo había prometido”. Es su merced hacer promesas, pero es su fidelidad y verdad las que las cumplen. Su verdad es  empeñada con cada criatura hasta su cumplimiento. “Otorgarás a Jacob la verdad, y
a Abraham la misericordia, que tú juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos” (Mic. 7:20).

2. Su verdad depende de su naturaleza inmutable, pero nos es confirmada por la experiencia. “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta” (He. 6:17, 18). Si podemos discernir que una promesa procede de Dios, no podemos tener más razón para dudarla que para dudar de la naturaleza y la persona de Dios. Sí, la experiencia lo
confirma: (Sal. 18:30) “Es acendrada la palabra de Jehová”. Somos guiados por cosas sensatas, y lo que ha sido hecho nos asegura lo que será hecho, o lo que podemos esperar de Dios.

3. Dios siempre ha sido cuidadoso de su verdad a fin de que la promesa tenga respuesta, y que podamos saber que el Dios que ha sido fiel y se ha mantenido en contacto con el mundo hasta ahora, nos asegura de que ciertamente no fallará. Los paganos atribuían una doble perfección a sus dioses. Así que el Dios verdadero es conocido por su misericordia y su fidelidad; nunca falla en cumplir su parte del pacto: (Sal. 138:2) “Alabaré tu nombre por tu misericordia y tu verdad; porque has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas”. Así como nos ha hecho promesas admirables y
grandes de dar a su Hijo, y con él todas las cosas, así también las cumplirá hasta lo sumo. El tema de su palabra es misericordia y bondad, y las pone en práctica verdadera y fielmente; así como ha hecho grandes y excelentes promesas, así también las cumple con la mayor puntualidad. Esto a fin de que al cumplir su palabra, Dios sea puesto sobre todo lo que se nombra, o cree, o comprende o habla. He aquí su gran gloria y excelencia.

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4. La experiencia de todas las generaciones confirma la fidelidad de Dios a sus promesas; porque el texto dice, “Por generación y generación es tu verdad.” En el Hebreo es, “de generación a generación”. Este punto puede ser ampliado considerando dos cosas:
Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra. Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas a los fieles de todas las épocas.

Primero, que algunas promesas han sido recibidas por una generación y cumplidas en otra, cuando la cuestión así lo requería; como, por ejemplo, la liberación de Israel de Egipto: (Gén. 15:13, 14) “Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será
peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.” Compare ahora Éxo. 12:41: “Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.” Se agregaron treinta años, debido a que sus padres moraron en Canaán; pero Dios se mantuvo en contacto hasta el último instante. Así fue también con la promesa del Mesías y el llamado a los gentiles que Dios cumplió a su tiempo enviando un Salvador al mundo; (Gál. 4:4) “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo.

Cuando el cetro le había sido quitado a Judá (Gén. 49:10), cuando la corona la tenía Herodes, un tributario y extranjero durante la monarquía romana, a su debido tiempo, Cristo lo destruyó totalmente (Dan. 2:35). Nabucodonosor tuvo una visión de una imagen hecha de cuatro metales distintos: la cabeza de oro, los brazos y pechos de plata, el vientre y sus muslos de bronce y los pies parte hierro y parte barro cocido. Mientras contemplaba la imagen y la revisaba de pies a cabeza, vio que una piedra era cortada de la montaña, sin intervención de manos, y que ésta hirió a la imagen, no en la cabeza,
el pecho o el vientre, sino en los pies de hierro y barro, lo cual desmenuzó la imagen, y la piedra se convirtió en una gran montaña que llenó toda la tierra. Daniel interpretó la visión diciendo que representaba cuatro reinos gentiles que su sucederían unos a otros
teniendo un extenso dominio. El primero de los babilonios, que era el de esa época; luego el de medos y persas; el tercero de los griegos; el cuarto de los romanos que conquistó a todos los demás apoderándose de las riquezas y la gloria de los anteriores; durante este último reinado es que la piedra fue cortada de la montaña, e hirió los pies de hierro. Esta piedra era el reino del Dios de los cielos, el cual estableció Cristo. Pero para no hacerla larga con misterios y lindos debates, el apóstol nos dice (Rom. 15:8-10): “Digo, pues, que Cristo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo.” La realidad, en todos
estos casos, habla por sí misma de manera que en todo lo que aún está por venir, debemos depender de la veracidad de Dios; como en el caso del llamado a los judíos, la destrucción del anticristo, una manifestación más amplia de los dones sobre la iglesia, junto con una ampliación de su límites; siguiendo el ejemplo de los patriarcas que
conforme a la fe murieron”: (He. 11:13) “sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas.

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Segundo, que las mismas promesas comunes han sido cumplidas en los fieles de todas las épocas; existe sólo un mismo camino a la vida eterna , y las dispensaciones de Dios a cada generación siguen siendo las mismas; así que en cada generación las promesas de Dios todavía se cumplen como si hubieran sido dirigidas a esa época únicamente.
La fidelidad de Dios ha sido puesta a prueba de muchas maneras en muchas épocas, pero cada edad brinda ejemplos de la verdad de sus promesas. Desde el principio del mundo hasta el final, Dios está constantemente cumpliendo su palabra en su gobierno providencial, el cual es doble –externo o interno.

[1.] Externo, en la liberación de su pueblo, las respuestas a las oraciones y las múltiples bendiciones concedidas a los creyentes y su simiente (Sal. 22:4, 5): “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; esperaron en ti, y no se avergonzaron.” Los creyentes en épocas pasadas confiaban en Dios, y confiaban constantemente en medio de sus dificultades clamando a él, y nunca buscaron en vano a Dios lo cual debe confirmarnos que debemos esperar en Dios y depender de su misericordia y fidelidad; porque los que ponen toda su fe en Dios, y buscan su ayuda con sus oraciones constantes e inoportunas, nunca serán avergonzados.

[2.] Interno, en la conversión a Dios, el consuelo de su Espíritu, en el arraigamiento del alma en las esperanzas del evangelio, en lo que concierne al perdón de pecados y la vida eterna. Ciertamente Dios, quien ha bendecido su palabra a través de muchas generaciones, convirtiendo y reconfortando a muchas almas, nos muestra que podemos depender del pacto de perdón y vida eterna. ¡Cuántos han encontrado consuelo en la promesa! Ahora bien, así como el apóstol habla de Abraham: “y no solamente por él fue escrito… sino también por nosotros;” (Rom. 4:23, 24), así también estos consuelos no fueron dispensados para ellos únicamente, sino también para nuestro beneficio a fin de que seamos reconfortados por Dios; teniendo el mismo Dios, el mismo Redentor, el mismo pacto y las mismas promesas, y el mismo Espíritu que lo aplica todo a nosotros. Si ellos confiaban en Dios y eran confortados, ¿por qué no nosotros? Su fidelidad es para todas las generaciones; él es igual con los creyentes, como ellos son iguales con él: (Rom. 3:22) “Porque no hay diferencia”.

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5. La experiencia de la fidelidad de Dios en épocas pasadas es provechosa para los que vienen después y triunfan, pues les asegura la fidelidad de Dios; porque las obras maravillosas y misericordiosas de Dios nunca fueron para beneficiar meramente a la época en que fueron hechas, sino también para beneficio de aquellos que tuvieran
noticias de ellas por cualquier medio digno de confianza. Es una burla y un desprecio vil de esas obras maravillosas que Dios ha realizado para que sean recordadas, que los que viven en épocas posteriores las olviden o no las observen o mejoren, sí, es contrario a
las Escrituras: (Sal 145:4) “Generación a generación narrará tus obras, y anunciarán tus valentías”; (Joel 1:3), “De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación”; (Jos. 4:6-8) “Para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del pacto de Jehová”. Por lo tanto (Sal. 78:3-7): “Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos; a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos”. De todo lo cual observo:

[1.] Que debemos contarles a las generaciones venideras lo que hemos descubierto acerca de Dios en nuestro tiempo, y más especialmente, los padres deben contarles a sus hijos; están obligados a transmitir este conocimiento a sus hijos, y ellos a ampliarlo, ya sea por palabra o por obra. Por palabra, recordando los pasajes que muestran sus actos providenciales, y publicando sus misericordias para la posteridad: (Sal. 89:1) “Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca”. O por obras, haciendo que se apropien de una religión pura, confirmada a nosotros por tantos actos providenciales y demostraciones de la bondad y verdad de Dios.

[2.] Que esta información sobre las obras misericordiosas de Dios, y ser partícipes de su pacto, son medios especiales para edificación. ¿Por qué otra razón habría Dios de imponerlas, sino para que las generaciones siguientes se beneficiaran de ellas? Ciertamente es una ventaja para ellas oír cómo Dios se ha adueñado de nosotros por
medio de ordenanzas y actos providenciales.

[3.] Y observo más particularmente que esta tradición es una gran razón y ayuda para la fe; porque fue dicho: (Sal. 78:7) “A fin de que pongan en Dios su confianza”.

Fin de la primera parte de “La Fidelidad de Dios (de generación en generación)” un  texto de Thomas Manton (1620-1677).

 

El Verbo se hizo Carne

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“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” 1 Timoteo 3:16

El misterio es grande, no porque sea enigmático sino porque es asombroso. El misterio es la verdad extraordinaria que Dios fue manifestado en carne. Significa, por ejemplo, que el Eterno nació en un mundo donde hay tiempo, y vivió en una esfera de calendarios y relojes.

Aquel que es Omnipresente y capaz de estar en todos los lugares al mismo tiempo, se confinó a Sí mismo a un sólo lugar: Belén, Nazaret, Capernaúm o Jerusalén. Es maravilloso pensar que el Dios Grande, que llena el cielo y la tierra se comprimiera en un cuerpo humano.

Cuando los hombres lo miraban podían decir con precisión: “En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”. El misterio nos recuerda que el Creador visitó este insignificante planeta llamado Tierra. Siendo tan sólo una partícula de polvo cósmico, en comparación con el resto del universo, no obstante, pasó por alto el resto para llegar aquí. ¡Del palacio del cielo a un establo, a un pesebre!

El Omnipresente se convirtió en un indefenso Bebé. No es exagerado decir que Aquel a quien María sostenía en sus brazos también sostenía a María, porque Él es Sustentador así como el Hacedor.

El Omnisciente es la fuente de toda sabiduría y conocimiento y a pesar de esto, leemos acerca de Él que, siendo Niño, crecía en sabiduría y conocimiento. Es casi increible pensar que el Dueño de todo llegaba como alguien inoportuno a sus propias posesiones. No hubo lugar para Él en el mesón. El mundo no le conoció, los Suyos no le recibieron. El Amo llegó al mundo como un Siervo. El Señor de la vida vino al mundo a morir. El Santo se internó en una jungla de pecado. Aquel que es infinitamente alto llegó a ser intimamente cercano. El Objeto de la delicia del Padre y de la adoración angélica se encontró hambriento, sediento y cansado, junto al pozo de Jacob, durmió en una barca en Galilea y vagó “como un extranjero sin hogar en el mundo que Sus manos habían hecho”.

Vino del lujo a la pobreza, sin tener siquiera un lugar donde reclinar Su cabeza. Trabajó como carpintero. Jamás durmió en un colchón. Nunca tuvo agua corriente caliente y fría u otras comodidades que nosotros damos por sentado.

¡Y todo fue por ti y por mí! ¡Oh ven, adorémosle! En todo lugar y momento sin olvidar estos pensamientos en los próximos 365 días.

¡A Él, sea toda la Gloria, ahora y siempre!

Amén….

* Extraído del libro De día en día.

William MacDonald (7 de enero de 1917 – 25 de diciembre de 2007) fue presidente del Emmaus Bible College ,  profesor, teólogo de Plymouth Brethren y autor prolífico de más de 84 libros publicados.

El escondite de los santos en el día malo

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“Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como a fiel Creador, haciendo bien.” (1 Pedro 4:19)

TRATARÉ AHORA ESE atributo de Dios que debe movernos a confiar en él, a saber que es un Creador fiel. Ahora bien, Dios es fiel: 1. En su naturaleza. Él es YO SOY, siempre él mismo, inmutable e invariable. 2. En su palabra. Se expresa tal como es. La palabra que procede de Dios es una expresión de la fidelidad de su naturaleza. 3. En sus obras. “Bueno eres tú, y bienhechor” como dice el salmista, (Sal. 119:68).

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Siendo Dios mismo fiel , también lo es todo lo que procede de él. Cualquier relación que asume Dios, es fiel a ella. Como es Creador, preserva y mantiene su propia obra. Como es
Padre, es fiel en cumplir plenamente ese deber para bien de sus hijos. Como es nuestro Amigo, también cumple todos los deberes de esa relación. ¿Y por qué otra razón se rebaja tan bajo para asumir estas relaciones sino para mostrar que ciertamente cumplirá con ellas totalmente? ¿Por qué es que los hombres son fieles a sus relaciones mutuas, que el padre es fiel a su hijo? ¿Acaso no viene de Dios, el Padre soberano? Que un amigo sea fiel a su amigo, ¿no es cosa de Dios, el gran Amigo?

Todos sus caminos son misericordia y verdad. No sólo son misericordiosos y buenos y generosos, sino que son misericordia y verdad mismas. Si él se muestra como un Padre, es un padre verdadero, un amigo verdadero, un creador y protector verdadero. Como ha dicho alguien: ‘¿Causaré que otros teman, y sea yo mismo un tirano?’ Toda otra fidelidad no es más que un vislumbre de lo que es Dios. ¿No ha de ser absolutamente fiel aquel que hace que otras cosas sean fieles?

Ahora bien, esta fidelidad de Dios es aquí una razón para esta obra de consagrarnos a él; y podemos confiar en él cuya palabra ha sido probada siete veces en el fuego (Sal. 12:6). No hay escoria en ella. Cada palabra de Dios es una palabra segura; su verdad es un escudo y un ceñidor; haremos bien en confiar en ella. Por lo tanto, cuando lee usted una promesa en particular en el Nuevo Testamento, dice “Palabra fiel…” (1 Tim. 1:15); es decir, ésta es una declaración en la que podemos confiar; es la declaración de un Creador fiel.  entonces, teniendo en cuenta que Dios es fiel en todo sentido a sus promesas y en sus actos, aprovechémosnos de una manera especial.

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Atesoremos todas las promesas que podemos relacionadas con el perdón de los pecados, de protección y preservación; de que nunca nos abandonará, sino que será nuestro Dios hasta la muerte, etc., y luego estemos seguros de que será fiel en cumplirlas. Cuando nos
sentimos atemorizados por su majestad y su justicia y otros atributos, pensemos en su misericordia y su verdad. Se ha vestido de fidelidad, como dice el salmista. En medio de la infidelidad de los hombres en quienes usted confía, dependa de esto: que Dios sigue siendo el mismo y nunca lo engañará.

Cuando un hombre nos da su palabra, tomamos en cuenta cómo es él, porque las palabras de los hombres son como ellos son. ¿Qué no puede hacer la palabra de un rey? Si un hombre es poderoso y grande, responde por su palabra. Ésta es la razón por la cual hemos de dar tanta importancia a la palabra de Dios, porque es la palabra de Jehová, un poderoso Creador, que da vida a todas las cosas, y no puede menos que ser Señor y Dueño de su palabra. No sabemos el significado de Dios de ninguna otra manera más que por medio de su palabra. Hasta que no lleguemos al conocimiento por vista en el cielo,
hemos de contentarnos con el conocimiento por la revelación en la palabra.

Y en cada promesa, identifique la que mejor se adapta a su condición actual. Si se encuentra en grandes dificultades, piense en el poder supremo de Dios. Señor, tú me formaste de la nada, y puedes librarme de este estado. He aquí, vuelo hacia ti para obtener sustento. Si se encuentra perplejo por falta de dirección, y no sabe qué hacer,
enfoque el atributo de la sabiduría de Dios, y anhele que le enseñe la senda que debe tomar. Si ha sufrido una injusticia, vuele a su justicia, y diga: Oh Dios, de quien es la venganza, escucha y ayuda a tu siervo. Si ha sido sorprendido por la desconfianza y vacilación, entonces acuda a su verdad y fidelidad. Siempre encontrará en Dios algo para
sostener su alma aun en la condición más extrema en que pueda caer; porque si no  hubiera en Dios una plenitud para suplir cada urgente necesidad en que nos  encontramos, no merecería ser adorado, no merecería que confiáramos en él. Puesto en balanza, el hombre es más liviano que la vanidad. Todo hombre es mentiroso, o sea que es falso. Nosotros podemos ser así, siendo humanos, pero Dios es esencialmente veraz.

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No puede engañar y a la vez ser Dios. Por lo tanto, cuando esté decepcionado de alguien, acuda a Dios y sus promesas, y edifique sobre esto: que el Señor no dejará que le falte nada que pueda hacerle a usted bien. Entre los hombres hay pactos rotos: entre nación y nación, y entre hombre y hombre. Casi no se puede confiar en nadie; pero para todas
las circunstancias confusas hay un consuelo. La persona religiosa puede echarse audázmente en los brazos del Todopoderoso, y acudir a él en cualquier dificultad, como el Creador fiel que no lo abandonará. Oh, avergoncémonos de deshonrar al que está listo para empeñar en nosotros su fidelidad y verdad. Si confesamos nuestros pecados,
Dios “es fiel… para que nos perdone” (1 Juan 1:9). No nos dejará ser tentados “más de lo que podéis llevar” (1 Cor. 10:13). Cuando nos llenamos de dudas y temores pensando si cumplirá o no sus promesas, deshonramos su Majestad. ¿Acaso no creemos que Dios
permanece verdadero y fiel? Sin lugar a dudas que así es y no podemos deshonrarlo más que si desconfiamos de él, especialmente en lo relativo a sus promesas evangélicas. Si no descansamos seguros en él, lo hacemos mentiroso, y le robamos aquello en lo cual él más se gloría, su misericordia y fidelidad.

Considere la bajeza de la naturaleza del hombre. Dios ha hecho fieles a todas las cosas que lo son, y podemos confiar en ellas; pero siempre andamos cuestionando la verdad de su promesa. Con razón podemos hacer nuestra la queja de Salvian en su época. Dijo: ‘¿Quién, sino Dios, ha hecho que pudiéramos confiar que la tierra diera su fruto? De hecho, podemos confiar en la tierra al sembrar nuestra semilla. ¿Quién, sino sólo Dios, hace fiel al hombre, que es por naturaleza la criatura más engañosa y vana? No obstante, confiamos en un hombre vano, usurero, y esperamos grandes cosas de su mano, antes que del Dios todo suficiente que no cambia. ¿Quién, sino Dios, hace que los mares y los vientos sean fieles, que no nos hagan daño? No obstante, antes confiamos en el viento y el tiempo que en Dios, al ver a muchos marineros en un barco pequeño, echar sus bienes en un océano inmenso para ser llevados de un lado a otro, en lugar de confiárselos a Dios.’

Sí, dejen a Satanás, por sus medios malévolos, llevar al hombre a los razonamientos que le convienen, porque el diablo no conversa inmediatamente con el mundo, sino con sus instrumentos, y el hombre confiará antes en él que en Dios. Nuestros corazones están
propensos a desconfiar del Todopoderoso, de poner su verdad en tela de juicio y de confiar en las mentiras de sus propios corazones y de otros hombres, antes que confiar en él. Lamentemos, pues, nuestra infidelidad, que teniendo tal Creador omnipotente y fiel en quien apoyarnos, no podemos hacer que nuestros corazones confíen en él.

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Hay dos columnas principales en la fe del cristiano: El poder de Dios y la bondad de Dios.
Estas dos, como Aarón y Hur, sostienen los brazos de nuestras oraciones. Por más desesperante que sea nuestra condición, Dios sigue siendo un Creador. Nunca son tan grandes nuestros pecados y debilidades, que no tenga él el poder para sanarlos. Oh, cómo debe esto alegrar nuestras almas, y reanimar nuestros espíritus caídos en todas nuestras luchas y conflictos con el pecado y Satanás, de tal manera que no cedamos a la más mínima tentación, teniendo un Dios todopoderoso al cual acudir para sustentarnos.

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Richard Sibbes (1577-1635): reconocido predicador de la Palabra de Dios inglés a
principios del movimiento puritano; educado en Cambridge.

 

Todas sus promesas me ayudarán a vencer las tentaciones de Satán. Puedo yo confiar en que mi Salvador con su dulce voz me guiará. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

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El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios II

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II. Seguidamente consideremos la fidelidad de Dios, tal como se relaciona con las muchas grandes y ricas promesas hechas a su pueblo para su seguridad en sus intereses temporales, y intereses espirituales.

Encontramos que la fidelidad de Dios fue prometida para la seguridad de su pueblo, en pro de sus intereses espirituales y eternos contra todos los peligros y temores que los amenazan, muy especialmente en estas tres formas.

1. Les es dada como la más grande y mejor seguridad del perdón de sus pecados (1 Juan 1:9): “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.” Nuestro peligro más grande se deriva del pecado; la culpabilidad es una fuente de lágrimas, el alma perdonada puede encarar otros problemas de frente: tal como la culpa genera temor, el perdón produce valentía, y la fidelidad de Dios en el pacto es, por decirlo así, esa oficina de perdón de donde obtenemos nuestra liquidación y absolución. (Isa. 43:25): “Yo, yo soy el que borro tus
rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.” Las promesas de remisión se hacen en nombre de Cristo, y cuando se hacen, tienen que ser cumplidas para honrar su fidelidad.

2. Es dada para la perseverancia de los santos, y su permanencia en los caminos de Dios en los tiempos más peligrosos y difíciles; éste fue el aliento que les dio. (1 Cor. 1:8, 9): “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” ¡Ah, Señor! podrían haber dicho los corintios, los poderes de este mundo están en contra de nosotros, tenemos por delante sufrimiento y muerte, y dentro nuestro un corazón traicionero y miedoso. Ah, pero aún así no teman, Cristo
confirmará a quien se oponga a ustedes; aunque el mundo y sus propios corazones sean engañosos, consuélense con esto, su Dios es fiel.

3. La fidelidad de Dios es dada como promesa para la seguridad de su pueblo y aliento contra todos los sufrimientos y aflicciones en este mundo. (2 Tes. 3:2, 3): “Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todo la fe. Mas fiel es el Señor,
que os confirmará y guardará del mal.” El ora pidiendo que sean librados de los hombres absurdos, traicioneros e impíos quienes los aplastarían y traicionarían causando su ruina; pero propone lo siguiente como su alivio: que cuando la traición de los hombres los meta en dificultades, la fidelidad de Dios los sostendrá en esas dificultades y los librará de ellas; tendrán el apoyo de Dios en medio de los sufrimientos más profundos generados por los hombres (1 Ped. 4:19).

Dios garantiza su fidelidad para la indemnización y seguridad de su pueblo, en medio de males temporales y externos a los que están sujetos en este mundo; y esto, ya sea para preservarlos de las dificultades (Sal. 91:1-4) o para abrirles una puerta oportuna para
librarlos de las dificultades (1 Cor. 10:13). En ambos casos, o en cada uno, el corazón del cristiano puede permanecer tranquilo en este mundo lleno de dificultades porque, ¿qué necesidad hay de que esas dificultades nos asusten, ya que nunca nos tocarán o, si lo hacen, nunca nos dañarán y, mucho menos, arruinarán?

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III. Habiendo considerado brevemente la fidelidad de Dios en sus promesas, será espléndido volver a considerarla tal como actúa o se manifiesta en sus providencias sobre su pueblo. Créanlo, cristianos, la fidelidad de Dios está incluida en todas sus obras providenciales, siempre que sale para obrar en el mundo, “Será… la fidelidad ceñidor de sus riñones” (Isa. 11:5). Es una alusión a los obreros quienes, saliendo a trabajar de mañana, se ciñen sus lomos o se fajan; ahora bien, no hay obra realizada en este mundo en que su fidelidad no sea como la faja que ciñe su cintura. La consideración de esto debe ocasionar que el creyente más desalentado, ciña los lomos de su mente, es decir, aliente y fortalezca su corazón caído y desanimado. Contemplar aquellas obras de Dios realizadas fielmente y con el fin de lograr sus propósitos eternos y cumplir sus promesas misericordiosas, debería alegrarnos en lugar de atemorizarnos. El que David considerara que la propia fidelidad de Dios era la que lo había afligido, le quitó el aguijón de su aflicción (Sal. 119:89, 90). Pero más particularmente, contemplemos con beneplácito la fidelidad de Dios en cumplir siete tipos de promesas a su pueblo, en los días de aflicción y sufrimiento: 1. Las promesas de preservación; 2. Las promesas de apoyo; 3. Las promesas de orientación; 4. Las promesas de providencia; 5. Las promesas de liberación; 6. Las promesas de ordenar y dirigir los acontecimientos para beneficio de ellos.

1. Hay promesas en la palabra para que sea usted preservado de la ruina, y lo que lee en estas promesas comprueba diariamente que las mismas se cumplen en sus propias experiencias. Tiene usted la promesa en el Salmo 57:3: “El enviará desde los cielos, y me salvará de la infamia del que me apura.” Piénselo, ¿no ha descubierto que es así? Cuando el infierno ha enviado sus tentaciones para deshonrarlo, el mundo sus persecuciones para destruirlo, su propio corazón sus temores incrédulos para desviarlo y hundirlo, ¿acaso no ha enviado su Dios su misericordia y su verdad para salvarle? ¿Acaso no ha sido su verdad su escudo y protector (Sal. 91:4). ¿Acaso no puede usted decir con la iglesia, que es por su misericordia que no es consumido, que sus misericordias son nuevas cada mañana y que grande es su fidelidad (Lam. 3:23)? (Nota de los editores: ¡Digo Amén! ¡Alabado sea el Señor!)

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2. Así como ha visto el cumplimiento de las promesas para su preservación, puede también verlo en cuanto a todas las promesas en su palabra acerca de sostenerlo en sus dificultades. Esta es una dulce promesa (Sal. 91:15): “Con el estaré yo en la angustia: lo libraré”.

Tiene usted también una promesa muy sustentadora en Isaías 41:10: “No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” ¡Oh! ¡con cuánta brillantez se ha manifestado la fidelidad de Dios al cumplir su palabra en este sentido! Usted es su
testigo de que se hubiera hundido en las profundas aguas de las dificultades si él no hubiera cumplido su palabra. Así lo dice David (Sal. 73:26: “Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” ¿Acaso no ha visto que es con usted como dice 2 Cor. 12:10: “Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso”? El poder de Dios se ha perfeccionado en su debilidad, por él pudo superar sus dificultades: hasta ahora él lo ha ayudado.

3. Así como ha visto el cumplimiento de las promesas para su preservación y sostenimiento, ha podido verlo en la orientación que le ha brindado en sus caminos. Así dice la promesa (Sal. 32:8): “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar. Sobre ti fijaré mis ojos.” Es cierto que “el hombre no es señor de su camino” (Jer.
10:23). ¡Oh, con cuánta fidelidad lo ha guiado su Dios, y lo ha apoyado en todas las circunstancias difíciles de su vida! ¿Acaso no se cumple fielmente hasta el más mínimo detalle aquella promesa (He. 13:5): “No te desampararé, ni te dejaré”? De seguro que puede ponerle usted su sello a lo que afirma Juan 17:17: “Tu palabra es verdad”; si hubiera sido dejado que se las arreglara solo según su propio consejo, ciertamente hubiera perecido, como dice el Salmo 81:12: “Dejélos por tanto a la dureza de su corazón: caminaron en sus consejos. ”

4. Así como hay promesas en la palabra para su preservación, sostenimiento y orientación, así también, en cuarto lugar, hay promesas acerca de su providencia, como en el Salmo 34:9: El Señor ha prometido que los que le temen no tendrán falta de nada. Cuando son llevados a los extremos, él proveerá (Isa. 41:17): “Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, que no hay; secóse de sed su lengua; yo Jehová los
oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé.” ¿Acaso esto no se lleva a cabo fielmente? “Dio mantenimiento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto” (Sal. 111:5). En todas las contingencias de su vida lo ha encontrado fiel hasta este día; usted es
su testigo de que sus providencias nunca le fallaron, su cuidado se renueva para usted cada mañana; ¡cuán grande es su fidelidad!

5. También encuentra usted en la palabra algunas promesas estimulantes en cuanto a sus liberaciones. Cuenta usted con la dulce promesa en el Salmo 91:14: “Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré” y también en el Salmo 50:15: “E invócame en el día de la angustia: te libraré”. Usted lo ha hecho, y él le ha dado una salida.
Nuestras vidas son monumentos de misericordia; hemos vivido entre leones, pero hemos sido preservados (Sal. 57:4). La zarza ardiente era un emblema de la iglesia preservada milagrosamente.

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6. Hay promesas en el mundo para ordenar y dirigir los acontecimientos de la providencia para beneficiarlo grandemente a usted; tal es la promesa (Rom. 8:28): “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien”. No tema, cristiano, no importa el estado en que ahora se encuentra; mientras sea arrojado de aquí para allá en las ondas inestables de este mundo, encontrará, ciertamente, cuando
llegue al cielo, que todas las dificultades de su vida eran guiadas firmemente por esta promesa como un barco en el mar es dirigido a su puerto por el compás o la estrella polar.

IV. Aplicación
Qué queda ahora más que volver a insistirle; 1. Que entre en esta cámara de fidelidad divina; 2. Que cierre la puerta detrás suyo; 3. Y que entonces viva confortablemente allí durante los días malos.

1. Entre en esta cámara de la fidelidad de Dios por medio de la fe, y escóndase allí.
Todo hombre es una mentira, pero Dios es verdad, eterna e inmutablemente fiel. ¡Oh! deposite su fe en esto, descanse en esto.

Ahora bien, hay dos grandes argumentos de peso para instarlo a entrar en esta cámara de fidelidad divina. El primero se basa en la naturaleza de Dios, “que no puede mentir”
(Tito 1:2). “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Recuerde sobre qué base eterna y firme se basa la fidelidad de Dios. Estas son cosas inmutables (He. 6:18). Sobre esto se basó Abraham (Rom. 4:21): “Plenamente convencido de que todo lo
que había prometido, era también poderoso para hacerlo”. Tuvo por fiel al que prometió. ¿Qué esperaría o exigiría usted de la persona en que va a confiar?

Espere una promesa clara; y ¡atención! cuenta usted con mil a través de la Biblia, adecuadas para todos las circunstancias de su alma y cuerpo. Por lo tanto, puede rogarle a Dios, como lo hiciera David (Sal. 119:49): “Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”. Así también rogó Jacob (Gén. 32:12): “Y tú has dicho: Yo te haré bien”. Estos son los votos y las obligaciones de Dios.

Espere el poder suficiente como para cumplir lo que promete. En Dios, esto es un fundamento justo de fe, (Isa. 26:4): “Confiad en Jehová perpetuamente: porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos”. Por la fortaleza de él podemos esperar en él: las criaturas no pueden, pero Dios sí puede hacer lo que determina hacer. Espere una bondad y misericordia infinitas de parte del Señor que lo predisponen a ayudarle y salvarle. Así es aquí (Sal. 130:7): “Espere Israel a Jehová; porque en Jehová hay misericordia y abundante redención con él”. Y Moisés rogó (Éxo. 33:18): “Ruégote que me
muestres tu gloria”. El pedido era de poder ver la gloria de Dios: La respuesta fue: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro”, lo cual nos indica que aunque los atributos de Dios son gloriosos, aquello en lo que más se gloría es su bondad. Espere que ninguna de sus promesas serán jamás borradas o manchadas en ningún momento por su infidelidad; y así lo afirma aquí (Josué 23:14). No ha fallado una sola cosa; todo se ha cumplido, las edades han sellado esta conclusión. Tu palabra es verdad, tu palabra es verdad.

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El segundo se basa en el aliento que brindan todas las experiencias pasadas, tanto de los demás como las suyas propias, como un argumento para instarlo a entrar en esta cámara de seguridad, la fidelidad de Dios. Cuenta usted con las experiencias de los demás. Los santos han considerado las experiencias de otros que vivieron mil años antes que ellos, como argumentos excelentes para aumentar su fe. Así fue según Oseas 12:4. Tenía poder sobre el ángel, y prevaleció; lo encontró en Betel, y allí nos habló. Recuerde que había un José en la cárcel con nosotros, un Jeremías en el calabozo, un Daniel en el foso, un Pedro
en cadenas y un Ezequías al borde de la muerte; y todos ellos encontraron la ayuda de Dios que los protegió con la mayor fidelidad, salvándolos de todas sus dificultades. A esto se aplica el Salmo 22:4, 5: “En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron.”

Sus propias experiencias pueden ser de aliento para su fe: Así fue con David (1 Sam 17:37): “Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este Filisteo”. También en el caso de Pablo sus experiencias eran una aliento para su fe; dijo en 2 Cor 1:10: “El cual nos libró y libra de
tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará”. Entre en la fidelidad de Dios por fe.

2. Que cierre la puerta detrás suyo. Le ruego que cierre la puerta detrás suyo, dejando fuera todas las dudas incrédulas, los celos y las desconfianzas en la fidelidad de
Dios; el mejor de los hombres puede encontrarse con tentaciones de esta naturaleza; como el bueno de Asaph, quien aunque era un santo eminente dijo: (Sal. 77:7, 8): “¿Desechará el Señor par siempre, y no volverá más a amar? ¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿Hase acabado la palabra suya para generación y generación?” Estos celos pueden entrar solapadamente en la mente de los hombres, especialmente cuando Dios demora la respuesta a nuestra oración que esperábamos contestara inmediatamente; nos apura recibir una respuesta rápida, olvidando que nuestras épocas de oración son nuestros tiempos de siembra; y cuando hemos sembrado la preciosa
semilla, tenemos que esperar el tiempo de la cosecha, como lo hace el granjero. Aun un precioso Hemán puede tener un ataque de incredulidad y depresión cuando las respuestas de Dios están en suspenso (Sal. 88:9, 10, 11).

Será difícil cerrarle la puerta a la incredulidad cuando todos nuestros sentidos y razonamientos parecen obrar en contra de la promesa; se requerirá la fe de un Abraham en un momento así para glorificar a Dios, creyendo con esperanza a pesar de que todo indique lo contrario (Rom 4:18). Si espera usted disfrutar del dulce reposo y descanso de un cristiano en tiempos malos, tiene que resolver, sea lo que sea que sus ojos vean o sus sentidos reporten, aferrarse a esto como la conclusión más segura; Dios es fiel y su palabra es segura, y que aunque haya: “Nube y oscuridad alrededor de él: justicia y juicio
son el asiento de su trono” (Sal. 97:2).

3. Que entonces viva confortablemente allí durante los días malos. ¡Oh! ¡que de una vez aprendiera usted a depender firmemente en la fidelidad de Dios, y a obtener de ella su alivio y sostén diario, en los momentos cuando está oprimido y es atacado!

1. Por problemas espirituales. Cuando camina en la oscuridad y no tiene luz, entonces debe vivir por actos de fe y completa dependencia del más fiel (Isa. 50:10).

2. Por dificultades temporales; así lo hizo el pueblo de Dios en la antigüedad (He. 11:17, 18, 19). Vivieron por fe en este atributo, cuando faltaban todos los conforts y provisiones.
Pero especialmente, ¡quiero advertirle y prevenirle contra cinco enemigos principales de su descanso en la fidelidad de Dios!

1. Los cuidados que distraen, que dividen la mente y carcomen la paz y el confort del corazón y, peor de todo, reflejan deshonra a Dios quien ha prometido su fidelidad y verdad para nuestra seguridad; contra estos, le ruego, tranque la puerta con estos dos pasajes, (Fil. 4:6): “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias” y (1 Ped. 5:7): “Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros”.

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2. Tranque la puerta contra la depresión impía, otro enemigo del dulce descanso de su alma en esta cámara cómoda y silenciosa de fidelidad divina: descubrirá que lo ataca lentamente un estado de ánimo indebido e incómodo, a menos que crea y lo razone, como lo hizo David (Sal. 42:11): “¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar”.

3. Tranque la puerta de su corazón contra las políticas carnales y los vaivenes pecaminosos, que batallan contra su propia fe en la fidelidad de Dios tanto como cualquier otro enemigo. Ésta fue la falta del buen David en el día de la dificultad (1 Sam. 27:1): “Y dijo David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: nada por tanto me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos”. ¡Ay, pobre David! ¿No tiene nada mejor que esto? Hubo un tiempo cuando podía pensar en una salida mejor, cuando podía decir que cuando tuviera temor confiaría en Dios. ¡Cómo se ha olvidado en esta situación! ¿Le fallaría ahora el antiguo refugio en Dios? ¿Pueden los
filisteos apresarlo mejor que las promesas? ¿Volará de su mejor amigo hacia sus peores enemigos? Pero no nos extrañemos de David, quien tuvo la misma reacción nuestra, casi inevitable en casos similares.

4. Cierre la puerta contra el descontento y las murmuraciones, contra las disposiciones de la providencia, sea lo que sea que siente o teme le insto a no ser un estoico apático ni insensible a los males de la época, que descarta el ejercicio de la paciencia. Si todos los mártires hubieran tenido parálisis antes de llegar a la hoguera, su fe y paciencia no hubieran triunfado tan gloriosamente como lo hicieron; cuídese de quejarse contra los caminos y la voluntad de Dios, lo cual obra como ninguna otra cosa contra su fe y la paz y quietud de su corazón.

5. Para concluir, cierre la puerta contra todas las sospechas y desconfianzas en cuanto a la firmeza y estabilidad de las promesas cuando todo su mundo se sacude y tiembla bajo sus pies; cuídese de preguntas peligrosas como ésta (Sal. 77:8): “¿Hase acabado la palabra
suya?” Estas son las cosas que socavan el fundamento de tanto su fe como de su tranquilidad.

En una palabra, poner su alma en esta cámara de descanso, y cerrar la puerta detrás suyo es todo lo que tiene que hacer para descansar en Dios y disfrutar el placer de una alma entregada en las manos de un Creador fiel, oponiéndose con la fidelidad de Dios a todo el capricho e incredulidad que encuentra diariamente en los hombres, (Mic. 7:6, 7), sí, al decaimiento y desvanecimiento de su propia fortaleza y habilidad naturales (Sal. 73:26): “Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth, Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

El refugio del hombre justo – La Fidelidad de Dios I

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EL GLORIOSO atributo de la fidelidad divina se abre como una tercera cámara de seguridad para el pueblo de Dios en tiempos de sufrimientos y peligros. Habiendo visto el refugio del santo en el poder y la sabiduría de  Dios, pasamos a la tercera cámara segura para refugio de los santos:

La fidelidad de Dios.
En este atributo está nuestra seguridad y nuestro descanso en medio de las confusiones del mundo y los desencantos cotidianos que nos desconciertan por doquier, en medio de la vanidad y la falsedad de la criatura. En cuanto a las criaturas, aun las mejores entre ellas no son más que vanidad, sí, vanidad de vanidades, la vanidad más vana ( Ecl. 1:2).

“Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive” (Sal. 39:5). Sí, aquellos de quienes más esperamos nos causan los mayores problemas (Mic. 7:5). Las relaciones más cercanas forman la retaguardia de los sufrimientos (Job. 6:15). “Mis hermanos han mentido cual arroyo.” Especialmente, sus engaños aparecen más cuando más necesitamos de su ayuda (Sal. 142:4). Qué misericordia  grande es, entonces, tener un refugio en la fidelidad de Dios como la  tenía David: “Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida”. Y de la misma manera la iglesia (Mic. 7:7). “Yo empero a Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: el Dios mío me oirá.”

Puede llegar el momento cuando usted no sepa en qué confiar en este mundo. Por lo tanto, permítame abrirle a usted esta cámara de descanso en la fidelidad de Dios para tal momento, y lo haré bajo dos consideraciones.

I. Es absoluta en cuanto a su propia naturaleza.

II. Es relativa en cuanto a las promesas y providencias de Dios.

I. Es absoluta, así es la fidelidad de Dios en su sinceridad, firmeza y constancia en llevar a cabo su palabra dada a su pueblo en todo  momento y en todos los casos. Así lo describe Moisés a Israel, (Deut. 7:9) “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel.” Y Josué apela a la experiencia de ellos para vindicarla, (Jos. 23:14) “Reconoced, pues, con todo vuestro  corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de
todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.” Y también se reafirma plenamente, (Jer. 31:35-37) y se admira  grandemente aun en el día más tenebroso (Lam. 3:23). Grande es tu
fidelidad. Y es bueno para nosotros que su fidelidad es grande, porque grande es el peso que se apoya en ella, aun nuestras esperanzas para ambos mundos, para este mundo y para el venidero (Tito 1:2). “Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no
puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos. ”

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A. Ahora bien, Dios es fiel y eso puede verse en las siguientes evidencias.

1. Por el cumplimiento exacto de sus promesas que datan de más tiempo. Efectivamente (Hechos 7:6), pasaron cuatrocientos treinta años antes de que la promesa de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto se cumpliera; no obstante, (Hechos 7:17) cuando
llegó el tiempo de cumplir la promesa, Dios fue absolutamente puntual. Setenta años en Babilonia, y cumplido ese lapso, regresaron (2 Crón. 36:21). Los hombres pueden olvidar, pero Dios no (Isa. 49:15, 16).

2. Abriendo el camino para sus promesas a través de las más grandes dificultades y aparentes imposibilidades. Tal fue en el caso de Abraham cuando era anciano (Gén. 18:13, 14). “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. ” Y del mismo modo en el caso de los israelitas: “¿Vivirán estos huesos?” (Eze. 37:3). Las dificultades son para los hombres, no para Dios, (Gén. 18:14). “¿Quién eres tú, oh gran monte?” (Zac. 4:7). “Si esto parecerá dificultoso a los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, también será dificultoso delante
de mis ojos?” (Zac. 8:6).

3. Cumpliendo las promesas a su pueblo cuando habían perdido  sus esperanzas y expectativas. Así fue, (Eze. 37:11) “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.” También (Isa. 49:14) “Más Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí ” Puede haber mucho descreimiento en los hombres buenos, su fe puede tambalear mucho, no obstante, Dios es fiel; los hombres pueden cuestionar sus promesas, no obstante, Dios no puede negarse a sí mismo (2 Tim. 2:13).

4. Apelando Dios a su pueblo, y refiriéndoles la cuestión para que ellos mismos la juzgaran (Mic. 6:3, 4, 5). “Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te El refugio del hombre justo —La fidelidad de Dios 23
hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las  justicias de Jehová.” “Si he faltado en alguna forma a mi promesa,
muéstrenmelo. No me cortejaron Balac y Balaam, e intentaron de todas formas ganar mi favor presentándome multitudes de sacrificios? Aun así no los abandoné”. De la misma manera (Jer. 2:31), “¡Oh generación! Ved vosotros la palabra de Jehová: ¿He sido yo
a Israel soledad, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos a ti?” También:

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“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” (Sal. 146:5, 6). 

5. La fidelidad de Dios es comprobada abundantemente por los constantes testimonios presentados en todas las edades por los que la probaron, todos han testificado de Dios y confirmado su fidelidad sin mancha para bien de las generaciones venideras. Así lo hizo Josué (cap. 23:14) “todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una,” y también Daniel, (cap. 9:4) “Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman,” con los cuales coincide el testimonio de David (Sal. 146:5, 6):

“Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza es en Jehová su Dios: El cual hizo los cielos y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre.” Es así que su pueblo ha sido testigo, a lo largo de todas las generaciones, de la fidelidad de Dios a sus promesas; lo cual no deja lugar a dudas u
objeciones.

B. Y si preguntamos las razones por las que Dios es, y siempre tendrá que ser, fiel en llevar a cabo sus promesas, descubriremos que se edifican sobre pilares estables y firmes: 1. La santidad de su naturaleza; 2. La omnisuficiencia de su poder; 3. El honor de su nombre; 4. La inmutabilidad de su naturaleza.

1. La fidelidad de Dios se edifica sobre la santidad perfecta de su naturaleza en razón de que es imposible que Dios mienta, (Tito 1:2; He. 6:11). La falsedad del hombre surge de la corrupción de la naturaleza humana, pero “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no ejecutará? ” (Núm. 23:19). Si no hay defecto en su ser, no puede haberlo en sus obras; si su naturaleza es santidad pura, todos sus caminos tienen que ser perfectamente fieles.

2. Se edifica sobre la omni suficiencia de su poder; sea lo que sea que ha prometido a su
pueblo, tiene la capacidad de llevarlo a cabo; los hombres a veces falsifican sus promesas
porque no tienen la habilidad de llevarlas a cabo; pero Dios nunca promete lo que no
cumple; si determina obrar, nadie se lo puede impedir (Isa. 43:13). Puede hacer cualquier
cosa que le place hacer (Sal. 135:6). La santidad de su naturaleza lo compromete, y lo
ilimitado de su poder lo capacita para ser fiel.

3. La gloria y honra de su nombre nos da seguridad en cuanto a su fidelidad, en que cumplirá las promesas, y todo el bien que las promesas contienen, aun en el más mínimo detalle; porque dondequiera uno encuentra una promesa de Dios, también encuentra
el nombre y la honra de Dios presentados como una garantía de que será llevada a cabo; y por eso su nombre siempre ha sido presentado a él por su pueblo como un poderoso argumento para que obre a favor de ellos. (Jos. 7:9): “¿Qué harás tú a tu gran nombre?” Señor, tu honor vale mil veces más que nuestras vidas, no importa qué llegue a ser de
nosotros; pero, oh Señor, es infinitamente más importante que la gloria de tu nombre sea asegurado, y que tu fidelidad permanezca pura y sin mancha en este mundo. También (Éxo. 32:11, 12):

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“Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encuentra tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.” Sería triste que las manos de los egipcios cayeran sobre su pueblo, pero mucho peor que las lenguas de los egipcios cayeran sobre su nombre.

4. La inmutabilidad de su naturaleza nos de la más completa seguridad de su fidelidad a las promesas. (Mal. 3:6): “Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” La inmutabilidad de Dios es la indemnización de su pueblo, y la mejor seguridad en medio de los peligros; para Dios no hay ni un sí ni un no, tampoco debe haberlos con nuestra fe. Lo que da firmeza a las promesas debe dar también firmeza a nuestras expectativas de que se cumplirán. Hasta aquí, brevemente, la consideración de la fidelidad de Dios, considerada absoluta por su naturaleza y sus razones.

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Dartmouth,
Devonshire, Inglaterra. Autor prolífico de obras evangélicas como The Fountain of
Life Opened (La fuente de la vida abierta) y Keeping the Heart (Guardando el
corazón). Sus vívidas ilustraciones daban como resultado sermones memorables y
transformadores de vidas. Uno de sus oyentes dijo que “los que pueden estar bajo
su ministerio sin que éste los afecte tiene que tener una cabeza muy blanda o un
corazón muy duro, o ambos. Nació en Bromagrove, Worcestor.

 

 

Sesión de oración y ayuno

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Pasé el día en ayuno y oración privada, desde la mañana hasta la noche. Temprano por la mañana tuve algo de ayuda en la oración. Después leí la historia de Elías el profeta: 1 de Reyes, capítulos 17, 18 y 19, y también 2 de Reyes, capítulos 2 y 4. Mi alma entonces, exclamó con Eliseo: ¿Dónde está el Dios de Elías? ¡Oh, anhelaba tener más fe! Mi alma suspiraba por Dios, y le imploré que una porción doble des espíritu que fue dado a Elías pudiera descansar sobre mí.

Y lo que constituyó un refrigerio y corroboración divina para mi alma fue ver que Dios era el mismo de los días de Elías. Me sentí capacitado para luchar con Dios en oración en una forma sentida, ferviente, humilde, intensa e insistente, más de lo que he podido en los últimos meses. Nada me parecía demasiado difícil para que Dios no pudiera hacerlo; nada demasiado grande para mí que yo no pudiera hacerlo por Él.

Había perdido durante muchos meses toda esperanza de ser un instrumento para hacer algún servicio especial para Dios en el mundo; me parecía totalmente imposible que alguien tan vil pudiera ser empleado en esto por Dios. Pero en aquel momento Dios tuvo a bien reavivar esta esperanza. Mi alma fue ardiente en la oración fue capacitada para luchar ardientemente por mi mismo, por los amigos cristianos, por la Iglesia de Dios. Y sentí más deseos de ver el poder de Dios en la conversión de almas de lo que había sentido desde hacía ya mucho tiempo. ¡Bendito sea Dios por esta sesión de ayuno y oración! Que su bondad permanezca siempre conmigo y atraiga mi alma hacia Él!.

“Escrito el 5 de Noviembre de 1745 en el diario de David Brainerd, uno de los primeros misioneros entre los pueblos nativos de Norteamérica.”

 

La Fidelidad de Dios en afligir a su pueblo

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“Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75).

ESTE ES el reconocimiento del cristiano –completamente satisfecho con la dispensación de Dios. Esta es su confianza, tan vigorizante para su propia alma; tan alentadora para la
iglesia. Los tratos del Señor son llamados sus juicios, no en el sentido de tener maldiciones judiciales, sino como actos de su justicia al castigar el pecado. “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4:17).
Quizá también como la administración de sus sabios juicios en su medida y aplicación. “Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, porque no me aniquiles” (Jer. 10:24). Pero aquí hay no sólo la confesión del juicio general del Señor, sino de su fidelidad especial a él mismo. Y esto sabía, no por los dictados de la carne (que
hubieran dado un veredicto contrario), sino por el testimonio de la palabra, y el testimonio de su propia experiencia. “El es la roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto” (Deut. 32:4).

“Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios” (Sal. 119:137). “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Sal. 145:17). No puede ser dudado –y mucho menos negado. El cristiano vuelve a decir: ‘Yo sé, oh Señor, que tus reglas para
proceder coinciden con tu justicia y sabiduría perfectas; también me doy igualmente por satisfecho de que las aflicciones que me has enviado de cuando en cuando, son sólo para cumplir tus promesas fieles y de tu gracia para hacerme eternamente feliz en ti.’ ¡Fruto
bendito de la aflicción! cuando podemos de esta manera ver que “el fin del Señor es muy misericordioso y piadoso” y que sus “pensamientos que tiene de vosotros, son pensamientos de paz, y no de mal ” (Santiago 5:11; Jeremías 29:11). “La paciencia y la fe de los santos nos enseñan esta difícil pero muy consoladora lección para descifrar las líneas misteriosas de la providencia y fidelidad de Dios.

Versiculo 20

El hijo de Dios bajo el más severo castigo de Dios tiene que reconocer su justicia. La recompensa que tenemos por gracia es siempre mayor: Nuestro “castigo es siempre menor que lo que nuestras iniquidades merecen” (Esdras 9:13. Com. con Job 11:6).
“¿Por qué murmura el hombre viviente?” (Lamentaciones 3:39). ¡Por cierto que se encuentra en dificultades! Pero no en el infierno. Si se queja, que no sea más que de sí mismo, y sus propias decisiones desacertadas. Yo sé, Señor, que tus juicios son justos, ¿y quién puede dudar su sabiduría? ¿Quién culparía de crueldad al médico que corta
para quitar la carne orgullosa que estaba llevando al hombre a la muerte? ¿Quién no admitiría el justo juicio de su obra cortante? De la misma manera, cuando la obra dolorosa del Señor nos separa de nuestro pecado, nos aparta del mundo y nos acerca más a él, ¿qué nos queda, más que reconocer agradecidamente su justicia y verdad? La
falta de fe es reprendida; y nosotros, si hemos desconfiado “que Dios se ha olvidado de ser misericordioso”, tenemos que confesar: “Esta es nuestra enfermedad” (Salmo 77:7-10).

Esta seguridad de la perfecta justicia, de la sabiduría y del íntimo conocimiento del Señor de nuestros respectivos casos, nos lleva ceder a su voluntad en obediente silencio. Fue de esta manera como Aarón, sufriendo su calamidad doméstica más aflictiva: “calló” (Lev. 10:1-3). Job, bajo una dispensación similar pudo decir: “Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21. Com. 2:10). El lenguaje de Elí en la misma prueba fue: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (1 Sam. 3:18). David acalló su espíritu impaciente:

“Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste .” Y cuando Semei lo maldijo, dijo: “Dejadle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho” (Sal. 39:9; 2 Sam. 16:11, 12). La sunamita, en humilde resignación nacida de su fe, dijo “Paz ” (2 Reyes 4:26). Ezequías besó la vara mientras lo golpeaba en el polvo: “La palabra de Jehová que has hablado, es buena” (Isa. 39:8). Así de uniforme es el lenguaje del pueblo de Dios bajo su disciplina. Sé, oh Señor, que tus juicios son justos.

Pero la confesión de que algo es justo puede ser una mera convicción natural. “Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impío ” (Éxo. 9:27) (compare Jueces 1:7; 2 Crón. 12:6). La fe va más allá, y habla de fidelidad. David no sólo reconoce el derecho de Dios de tratarlo como creía conveniente, y aun su sabiduría en su trato con él como realmente lo había hecho, mas su fidelidad en afligirlo —no su fidelidad aunque afligido —sino en afligirlo; no como si coincidiera con su amor, sino como el fruto de su amor. No La fidelidad de Dios en afligir a su pueblo basta justificar a Dios. ¡Qué abundancia de razones hay para alabarle!
No basta con abstenerse de murmurar. ¡Qué emocionante es la exposición de la fidelidad y el amor de Dios! Sí, las pruebas que nos tocan no son más que el fiel ejercicio de sus compromisos eternos. Y a esta causa podemos siempre rastrear (y es nuestro privilegio creerlo, donde no podemos rastrearlo visiblemente) la razón de mucho de lo que es doloroso para la carne. “Que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien” (Deut. 8:16).

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Sencillamente notemos sus efectos llenos de gracia en nuestra restauración-instrucción (Sal. 119:71), sanidad de nuestros retrocesos (Os. 2:6, 7, 14) y la continua purga de los pecados (Isa. 27:9; Zac. 13:9; Juan 15:2); para luego poder decir: ‘¿No se exhibe gloriosamente la gloria de Dios?’ Los filisteos no podían comprender la adivinanza de
Sansón, cómo: “del comedor salió comida, y del fuerte salió dulzura” (Jue. 14:14). Así de poco puede el mundo comprender lo provechoso de las pruebas del cristiano; cómo su Señor de gracia endulza para él las aguas amargas de Mara (vea Éxo. 15:23-25), y hace de la cruz no tanto el castigo como el remedio del pecado. No tiene, entonces, ninguna inclinación, ni tiene ningún interés en que los designios del Señor cambien, por más repugnantes que fueran para la carne. Él admite sin vacilación que los designios misericordiosos del Señor no podían haberse cumplido de ninguna otra manera; porque por medio de las pruebas muchas dulces muestras de amor son concedidas, las cuales, bajo circunstancias de prosperidad externa, no hubieran sido recibidas con el mismo agradecimiento y beneplácito.

A ustedes que viven tranquilos en los lujos de lo que este pobre mundo puede ofrecer, ¡qué poco les envidia el cristiano su porción! ¡Cuán ciertamente en un día futuro ustedes serán enseñados por la experiencia a envidiar la de él! Las riquezas del mundo se van
empobreciendo diariamente, y sus placeres van perdiendo su sabor; ¡y cómo serán, y qué apariencia tendrán en el momento de pasar a la eternidad! En cambio, la aflicción es la muestra especial del amor de nuestro Padre (He. 12:6; Apoc. 3:19), la conformidad a la imagen de Jesús y la preparación para su servicio y reino. Es la única bendición que da el Señor, sin exigir que se la pidamos. La recibimos, por lo tanto, tal como prometió, no como amenazó mandarla; y cuando los “frutos apacibles de justicia”, que producen según los tiempos y los caminos de Dios, brotan en nuestros corazones, humilde y
agradecidamente reconocemos la justicia de sus juicios y la fidelidad de sus correcciones.
“Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados” (He. 12:11).
“Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque él amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado” (Rom. 5:3-5).

 

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Charles Bridges (1794-1869): uno de los líderes del Partido Evangélico de la Iglesia Anglicana a mediados del siglo XIX. Fue párroco de Old Newton, Suffolk, desde 1823 hasta 1849, y luego de Weymouth y Hinton Martell en Dorset.
Aunque The Christian Ministry (El ministerio cristiano) es su obra literaria más conocida, sus exposiciones se tienen en gran estima, las cuales incluyen Eclesiastés y el Salmo 119 al igual que Proverbios.

Isaac Wats 3

Grandes, fieles, las promesas que el Señor Jesús ha dado, Grandes, fieles, en ellas para siempre confiaré. La fidelidad de Dios!
–Isaac Watts (1674–1748)

La confianza en Dios

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El creyente activo, mientras más es abatido por Dios, ya sea por las reprensiones de la providencia o los reproches de sus enemigos, tomará una postura más firme y se unirá más estrechamente con Él.

El hijo de Dios se sobresalta ante la sola idea de perder la esperanza de tener ayuda en Dios. Véase que es Dios para su pueblo, lo que será, lo que hallamos en Él, lo que David encontró en Él.

  1. Seguridad: un escudo para mí; lo cual denota la ventaja de esa protección.
  2. Honra: a quienes Dios reconoce como suyos, tienen verdadera honra sobre ellos.
  3. Gozo y liberación: Si el pueblo de Dios levanta su cabeza con gozo en el peor de los momentos, sabiendo que todo les ayudará a bien, reconocerán a Dios como Quien les da motivo y corazón para regocijarse.

Los cuidados y la tristeza nos hacen bien, cuando nos llevan a orar fervorosamente a Dios. David siempre halló que Dios estaba dispuesto a responder sus oraciones. Nada puede poner una separación entre las comunicaciones de la Gracia de Dios a nosotros, y la obra de su Gracia en nosotros, entre su favor y nuestra fe. Siempre había estado a salvo bajo la protección divina. Esto se aplica a las misericordias comunes de cada noche, por las cuales damos gracias. Muchos se acuestan y no pueden dormir por dolor del cuerpo, por angustia mental o por la alarma continua del terror nocturno. Pero aquí más bien parece que se refiere a la calma del espíritu de David en medio del peligro.

El Señor lo puso en paz por su Gracia y por las consolaciones de su Espíritu. Gran misericordia es que nuestra mente persevere en Dios cuando estamos con problemas. -Contemplad al Hijo de David que se calma para su reposo sobre la cruz, es el lecho de dolores, encomendando su Espíritu a las manos del Padre con plena confianza de la gozosa resurrección. Contempla esto, o Cristiano: deja que la fe te enseñe a dormir y a morir; mientras te asegura que así como dormir es una muerte corta, la muerte es sólo un dormir prolongado; el mismo Dios te cuida en tu lecho y en tu tumba. – La fe de David llegó a ser triunfante.

Él empezó el Salmo con quejas de la fuerza y malicia de sus enemigos, pero concluye regocijándose en el poder y la Gracia de su Dios y, ahora, ve más con Él que contra Él. La salvación pertenece a Jehová; Él tiene poder para salvar aunque el peligro sea inmenso. Todos los que tienen al Señor como su Dios, están seguros de la salvación; porque el que es el Dios de ellos es el Dios de la salvación.

 

Matthew Henry (18 de octubre de 1662 – 22 de junio de 1714) fue un ministro y autor inconformista, nacido en Gales pero que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 7

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11. Exposición Incansable de las Escrituras

A pesar de las diversas dificultades, penurias de índole ministerial y personal ninguno de ellos dejó de desempeñar la función que consideraban como fundamental en su existencia. Entre febrero y marzo de 1522 el vendaval de anarquía religiosa, la exaltación profética y la iconoclastia sembraron de escombros y desconciertos la pequeña ciudad de Wittenberg, brindando a Lutero y a Melanchton la oportunidad de introducir sin objeciones un orden religioso enteramente nuevo.

De hecho es el momento en que tienen el coraje de declarar abolidos todos los ritos religiosos católicos. Quedaba en pie como motor de la vida comunitaria la predicación[1].  Aunque Martín Lutero se esforzó por mantener las formas litúrgicas de su época, la prédica fue adquiriendo, sin embargo, cada vez mayor

importancia hasta convertirse en el punto céntrico del servicio religioso[2]. Lutero lo resume de la siguiente manera “Por eso, he sido lanzado a la enseñanza y la predicación agarrado por los pelos. Si hubiera sabido lo que ahora sé, ni diez caballos hubieran podido arrastrarme[3].

Así también, la Escritura era central para el entendimiento de Calvino. Podríamos llegar a pensar equivocadamente en la Institución de la Religión Cristiana como un trabajo escolástico de teología sistemática, pero él dijo que tenía como propósito “Preparar e instruir candidatos en sagrada teología para la lectura de la Palabra divina, para que ellos puedan ser capaces de tener fácil acceso a ella y avanzar en ella sin tropezar[4].

 12. Producción Literaria

Este punto es bastante significativo luego de haber recorrido los aspectos públicos y privados de los dos reformadores que hemos analizado, pues si hay algo que podemos dejar claro es que ambos tuvieron vidas muy agitadas. Sin embargo, aún así Lutero escribió al menos 55 obras.

¿Y qué de Calvino? Su obra literaria más conocida es la Institución de la Religión Cristiana. Completó la primera versión cuando tenía 27 años, pero la fue revisando a lo largo de más de veinte años hasta publicar la versión definitiva en 1559. También están sus obras menos conocidas que son los Comentarios, que llegaron a ser de la mayoría de los libros de la Biblia. Pero también, tenemos  muchos otros escritos: un salterio, catecismos, liturgias y libros de ordenanzas para la iglesia. A propósito de su manera de trabajar, Teodoro Beza relata que en 1563, un año antes de su muerte:

Las enfermedades de Calvino se habían agravado mucho y eran tantas que resultaba imposible casi creer que tan fuerte y noble mente pudiese seguir cobijándose en un cuerpo tan frágil, tan agotado por el trabajo y quebrantado por los sufrimientos. Pero ni aun así pudo ser convencido de que se cuidase. Por el contrario, si en alguna ocasión se abstuvo de sus deberes públicos (y nunca lo hizo sin una gran reluctancia), permanecía en su casa respondiendo las numerosas consultas que se le hacían o fatigaba a sus secretarios de tanto dictarles, sin desmayar un momento

La correspondencia de Calvino se extendió por toda Europa, conservándose un número aproximado de 4300 cartas, de las cuales 1369 fueron escritas por Calvino[6].  Un secretario suyo Charles de Jonvilliers estuvo 20 años después de su muerte recogiendo sus cartas. Muchas son largas y muy teológicas (casi tratados), pero otras también nos dejan ver, más que en otros escritos, su lado humano[7].

13. Trabajo Constante

Enlazado con lo anteriormente expuesto queda claro que para Lutero y Calvino el trabajo siempre fue constante. ¿Lo confirman ambos reformadores o es nuestra idea?

Señala Lutero:

Soy un hombre muy ocupado; tengo que desempeñar cuatro trabajos, cada uno de los cuales necesitaría para su cumplimiento la dedicación exclusiva de una persona: tengo que predicar en público cuatro veces por semana, dictar dos veces lecciones, oír las causas, escribir cartas y, además, escribir libros para el pú­blico. No obstante, Dios me ha provisto bien al darme una mujer excelente que cuida de todos los asuntos familiares, para que yo no me tenga que ocupar además de este menester[8]

Calvino no fue un autor cuyas actividades literarias tuvieran lugar en la sosegada soledad de un claustro o academia, con su diario descanso para una meditación ininterrumpida. Por el contrario, su voluminosa producción escrita fluyó de su pluma, o fue dictada, en medio de (casi valdría la pena decir a despecho de) una casi aplastante presión de multitud de otras exigencias sobre su tiempo y su energía; para no mencionar la serie de enfermedades que tan frecuentemente asaltaron su frágil estructura física.

Para concluir este punto recogemos la respuesta de un experto ante la interrogante: “¿Era Calvino trabajólico?”

No cabe duda alguna que sí lo era, Calvino no sólo publicó numerosos escritos y mantuvo una amplia correspondencia, en sus últimos 15 años de vida predicó 2300 sermones, lo que da como resultado aproximadamente tres sermones por semana. Con regularidad también se quedaba trabajando en las noches y a veces sólo dormía cuatro horas. En 1553 Calvino se quejó en una oportunidad que hacía un mes que no salía de las puertas de la ciudad, ni siquiera para recuperar fuerzas. Sus numerosas enfermedades también debieron atribuirse a la sobrecarga de trabajo[9]

[1] José García Oro “Historia de la Iglesia. Tomo III: Edad Moderna” Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2005, Pág. 71

[2] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 45 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[3] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 5

[4] Juan Calvino “Institución de la Religión Cristiana”: “Juan Calvino al Lector” 1559. Filadelfia,: The Westminster Press, 1960, Pág. 4.

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Matt Leighton, “Juan Calvino una Aproximación Biográfica” en “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 45

[8] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 8

[9] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 6

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9. Enfermedades

Sin embargo, los quebrantos a causa de enfermedades no les fueron ajenas a los mismos padres de familia, pues ellos mismos fueron afectados intensamente por ellas. En la correspondencia de Lutero, podemos encontrar diversas  ocasiones en las cuales registra los quebrantos de su salud:

En 1521, una grave crisis de salud:

En 1527 escribe muy preocupado por la peste: “De manera que si atiendes a las sospechas, ando por aquí en mi casa rodeado de peste; pero si atiendes a la realidad, estamos fuertes y con buena salud, aunque en peligro. Deseo que nos encomiendes a tus oraciones[2]

Reitera su descripción de episodios de enfermedad ahora en 1530:

Pero el «hombre viejo» exterior se iba corrompiendo y se hacía incapaz de seguir y secundar el ímpetu del «hombre nuevo» interior. La cabeza comenzó a llenarse de zumbidos o, mejor, de truenos, y de no haber abandonado todo al instante, hubiera caído en un síncope del que a duras penas he logrado escapar estos dos días últimos[3].

Y dieciséis años después, es decir en 1546, , vuelve a describir los quebrantos de su salud:

En lo personal, esto fue una novedad para mí, pues siempre imaginé a un Lutero vigoroso y pleno de salud y energía. Quizás a los retratos vivaces y su tremendo trabajo además de la comparación con Calvino de quien bien sabidas son sus múltiples enfermedades. De hecho, escribiendo a Farel en febrero de 1550, Calvino se queja de la pérdida de una gran cantidad de tiempo que habría podido emplear en diversos trabajos y que ha perdido en sus enfermedades, una tos fatigante y asmática, catarro crónico, la tortura de la jaqueca y la gastritis[5].

Se presume que Calvino ya desatendía su salud en la juventud a causa del excesivo estudio, lo que posteriormente tampoco cambió.
El inmenso esfuerzo de Calvino por la Reforma tuvo sus consecuencias: padecía de migrañas, cólicos renales y de gota en sus últimos años de vida, además tenía trastornos digestivos y las hemorroides le causaban grandes molestias. Por recomendaciones médicas, Calvino trató de mantener a raya sus enfermedades mediante el reposo en cama, el ayuno y caminatas. Con ayuda de la equitación también logró expulsar en varias oportunidades los atormentadores cálculos renales[6].

Es por ello que describiéndose a sí mismo lo hace de la siguiente manera:

Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la iglesia de Ginebra, debilitado por las enfermedades … muchas gracias a Dios que no sólo ha mostrado misericordia para mí, su pobre criatura … y sufrió conmigo en todos los pecados y debilidades, pero lo que es más que eso, me ha hecho partícipe de su gracia para servirle a través de mi trabajo…

A pesar de sus múltiples enfermedades no podríamos decir que era un hipocondríaco. Nunca se condujo como un inválido, sino que constantemente trabajó sin descanso; sin regatear esfuerzo y sin cuidarse en absoluto de su delicada salud. Su íntimo amigo Theodoro Beza nos dice cómo, incluso cuando en 1558 una grave enfermedad le impidió predicar y dar conferencias, privándole además de otros deberes cívicos y pastorales, empleó días enteros y noches dictando o escribiendo cartas:

No tenía otra expresión más frecuentemente en sus labios —dice Beza—que “La vida se haría imposible si tuviese que pasarla en la indolencia”. Cuando sus amigos le rogaron que se ahorrase, mientras estaba enfermo, la fatiga de dictar o escribir, Calvino respondía: “¿Es que queréis que el Señor me encuentre perezoso?

Sin embargo, las enfermedades no fueron exclusivas de ambos reformadores, escribiendo a Felipe Melanchton, Lutero le consuela con las siguientes palabras:

Gracia y paz en el Señor. Aquí se quedaron esas cartas, Felipe mío, por falta de con quién enviártelas, hasta que te las lleve este señor Jorge. Siento lo del cólico que te está consumiendo, y ruego a Cristo cuanto me es posible para que te cure y te conserve[8]

10. Tendencia al Desánimo / Preocupación

Hasta aquí el panorama en la vida familiar y personal resulta bastante desolador, a lo cual no podemos dejar de sumar la férrea oposición a sus respectivos ministerios de allí que no nos sorprenda el hecho de para ambos el desánimo y la preocupación fuese una tendencia que afectara sus vidas con relativa frecuencia. En relación a esto, el caso de Lutero es más evidente a través debido a que sus registros más personales como las Cartas y Charlas de Sobremesa son explícitas al respecto:

Ruega por mí, que soy un miserable y abyecto gusano, al que el espíritu de la tristeza está vejando a su gusto según la buena voluntad del padre de la misericordia, en cuya gloria redunde hasta mi miseria. Mi única gloria consiste en haber transmitido sólo la palabra de Dios, sin haberla adulterado con anhelo alguno de gloria u opulencia. Espero que quien comenzó la obra la perfeccione, ya que ni busco ni anhelo más que al Dios propicio, tal como él mismo exige que se le acepte aún por sus enemigos y por quienes le desprecian

“Gracia y paz en Cristo. No dejes de orar por mí ni de agonizar conmigo, mi Jonas, para que Cristo no me abandone ni permita que sea el tormento de los impíos, sino de los hijos; para que no desfallezca del todo mi fe, porque mi tentación a veces se mitiga, pero otras retorna con más fuerza”

Por eso, quien se viere aquejado por el espíritu de tristeza, que se defienda contra él pensando que no está solo. Porque Dios ha creado la comunidad de la iglesia, y esta hermandad ruega para que sus miembros se sostengan unos a otros, como dice la Escritura: «¡Ay de aquel que está solo, porque si llegare a caer, no habrá quien le ayude» [Ecl 4, 10]. Tampoco le resulta grata a Dios la tristeza del corazón, aunque la permita en el mundo; ni desea que me atormente por su causa, puesto que dice: «No quiero la muerte del pecador, etc.», «alégrense vuestros corazones». No quiere servidores que no confíen en é] de buena gana. Pues bien, a pesar de que soy consciente de esto, cien veces al día me veo sacudido por pensamientos contrarios. No obstante, resisto al diablo […] (WA 122)”[12].

Dada su naturaleza introvertida los vaivenes del ánimo no son tan fácilmente ubicables, sin embargo de acuerdo a los estudiosos de él, se conoce que a Calvino a menudo se le asomaban las lágrimas, existen varias ocasiones: una de ellas cuando se enteró de las graves persecuciones a los Valdenses o cuando debió decidirse si permanecía en Estrasburgo o retornaba a Ginebra. También, las preocupaciones por su esposa Idelette y sus amigos lo inquietaban, por ejemplo cuando durante una estadía en Ratisbona se enteró de la aparición de la peste en Estrasburgo, ciudad en que vivía su mujer, y cuando supo que algunos conocidos ya habían muerto a causa de esta epidemia[13].

[1] Cartas de Lutero, día siguiente a la natividad de María, 1521, Pág. 23

[2] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[3] Cartas de Lutero, Carta a Felipe Melanchton, 12 mayo, 1530. Pág. 56

[4] Cartas de Lutero, Carta a Catalina Lutherina, Vigilia de la Purificación, 1546. Pág. 71

[5] Jacob T. Hoogstra “Juan Calvino Profeta Contemporáneo” Libros CLIE; 1973, Pág. 43

[6] A. Detmers “Calvino como persona”; Pág. 7-8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[7] Última voluntad de Calvino (25 de abril 1564), Cartas de Juan Calvino, Pág. 29

[8] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 43

[9] Cartas de Lutero, Domingo, víspera de san Simón y san Judas, 1527.Pág. 44

[10] Cartas de Lutero, después de la navidad de Cristo, 1527.Pág. 47

[11] Martín Lutero, “Charlas de Sobremesa”, Pág. 3

[12] Lutero, “Charlas de Sobremesa” Pág. 3

[13] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 5

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7. Relaciones Matrimoniales

Es bien conocido el hecho de que ambos contrajeron nupcias, a esto debemos agregar que se casaron a edades más o menos avanzadas para los estándares de su época, en pleno desarrollo de su ministerios y que para ambos fue un motivo de gratitud a Dios por la gran ayuda y apoyo que encontraron en sus esposas.

Se cuenta que Lutero tardó muchos años en decidirse a contraer matrimonio, y no porque le fuese difícil encontrar una mujer a su gusto, sino quizás porque el fraile o el espíritu monacal seguía viviendo dentro de él aun después de haber abandonado la Iglesia y quemado públicamente todas las leyes canónicas. En mayo o a principios de junio de 1525 se conoció en el círculo íntimo de Lutero su intención de casarse con Catalina. Cuando le faltaban cinco meses para cumplir los cuarenta y dos años, optó por el casamiento. Para evitar cualquier objeción por parte de sus amigos, actuó rápidamente: en la mañana del martes 13 de junio de 1525 se casó legalmente con Catalina, a quien afectuosamente llamaba “Katy”. En las “Charlas de Sobremesa” comenta el mismo Lutero sobre el proceso:

Hablaba el doctor Martín de su compromiso matrimonial y decía: Si hace trece años me hubiera decidido a casarme, habría tomado por esposa a Ave Schónfeldin, que ahora lo es del doctor Basilio, médico en Prusia. No estaba en aquel entonces enamorado de mi Kethe, porque me daba la sensación de ser orgullosa y engreída. Plugo a Dios que me apiadase de ella, y gracias a él, la cosa ha salido bien, porque tengo una mujer piadosa y fiel, en la que puede descansar el corazón del marido, como dice Salomón[1]

Una señal de la alegría que su matrimonio le brindaba se dió cuando en 1526 Lucas Cranach hizo el retrato de Catalina de Bora, su marido Martín lo colgó en la pared del comedor, donde continuamente lo contemplaba lo cual confirmó con las siguientes declaraciones:

Me ha tocado un felicísimo matrimonio por la gracia de Dios. Tengo una mujer fiel, según las palabras de Salomón: Confidit in eam cor viri sui. Ella no me traiciona. ¡Ah, Señor Dios mío! El matrimonio no es una cosa puramente material y física, sino que es un don de Dios, una vida dulcísima; más aún, castísima por encima de todo celibato. Pero, cuando cae mal, es un infierno”

En el caso de Calvino podemos notar varias coincidencias. El 19 de mayo de 1539, Calvino escribiendo a Farel comenta lo siguiente sobre su visión respecto a las relaciones amorosas:

No me considero uno de esos locos enamoradizos que lo olvidan todo cuando ven una cara bonita… la única hermosura que me llama la atención es una mujer que sea amable, casta, sencilla, buena ama de casa, paciente y que se ocupe exclusivamente a atender a su marido[3]

En 1539, a sus 30 años, y luego de rechazar a varias candidatas Juan Calvino contrajo matrimonio con Idelette de Bure, una viuda que tenía un hijo y una hija de su matrimonio anterior con un anabaptista en Estrasburgo. Sobre su matrimonio uno de sus discípulos,  Teodoro Beza nos cuenta lo siguiente:

Todavía no ha nacido el hombre que pudiera atreverse a inculparlo de aquello que se habló [acusaciones de inmoralidad]… Él vivió nueve años en intachable matrimonio. Luego del fallecimiento de su esposa vivió 16 años en viudez hasta su muerte… ¿Quién podría ser un enemigo más firme de toda forma de adulterio que él? Es cierto que en este respecto el Señor lo puso a prueba duramente, a saber, en las personas que estuvieron cerca suyo[4]

 8. Tragedias Familiares

Así como la alegría de la amistad y la calidez de la vida familiar visitó a los reformadores también lo hicieron las tragedias en sus núcleos familiares, como lo pudimos adelantar a partir de la cita anterior. Estas tragedias tuvieron un profundo impacto en las vidas de ambos.

 Los Lutero tuvieron tres hijos y tres hijas, su crianza no estuvo exenta de preocupaciones debido a las varias plagas que amenazaron su salud y lamentablemente dos de sus hijas fallecieron a temprana edad:

  • Johannes[5] Vivió 49 años y durante su infancia sufrió los efectos de la peste según lo que su mismo padre relata: “Mi Hánschen[6] hace ya ocho días que está enfermo con un mal incierto, que yo sospecho que es el que nos azota, aunque crean y digan que es debido a la dentición. No ha fallecido nadie en los dos últimos días después que murió la mujer del capellán. Quiera Cristo que la peste esté ya acabándose[7]
  • Elizabeth[8]. Su temprana muerte a los ocho meses de edad afectó mucho a su padre: “Ha fallecido mi hija Isabelita. Ha dejado mi corazón enfermo, como el de una mujer, que hasta tal punto me ha herido el dolor. Nunca hubiera sospechado antes cómo ablandan los hijos el corazón de los padres. Ruega a Dios por mí y quédate con él[9].
  • Magdalena[10]: La tragedia vuelve a la casa de los Lutero pues a los 13 años la segunda hija muerte en los brazos de su padre, este episodio fue muy duro para sus padres. Escribe Lutero:

Me imagino que habrá llegado a tus oídos la noticia de que mi queridísima Magdalena ha renacido para el reino eterno de Cristo. Es cierto que tanto yo como mi mujer deberíamos estar agradecidos y contentos por este feliz tránsito y por el fin bienaventurado que la ha puesto a salvo del poder de la carne, del mundo, del turco y del diablo; pero es tan grande la fuerza de la ternura, que no podemos librarnos de los sollozos, de los gemidos y de una sensación como de muerte. Están tan fijos aún en lo hondo del corazón el semblante, las palabras, los gestos de esta hija tan respetuosa y obediente, mientras vivía y agonizaba, que ni siquiera el pensar en la muerte de Cristo (en cuya comparación nada significan las demás) puede borrar esta impresión[11].

  • Luego nacieron: Martín[12]; Paul[13] y Margaretha[14], de los cuales sólo Paul vivió una vida más longeva de 60 años, sus hermanos fallecieron relativamente jóvenes.

En la casa de los Calvino, la conformación familiar desde un inicio fue diferente pues Idelette de Bure, la esposa de Calvino, tenía un hijo de su primer matrimonio (cuyo nombre se desconoce) y una hija llamada Judith. Calvino se preocupó de la hija como su verdadero padre, el hijo mayor de Idelette se había quedado en Alemania, sin embargo, gracias a los esfuerzos de Calvino logró llevarlo a Ginebra.

El único hijo en común de la pareja, Jacques, sólo vivió unos pocos días. Desde su nacimiento y muerte en agosto en 1542, la salud de Idelette se vio afectada y no pudo volver a recuperarse por completo de los problemas de salud que le acarreó el alumbramiento. Calvino aceptó la muerte de su hijo como expresión de la voluntad de Dios: “El Señor me dio un hijo, pero pronto se lo llevó. Se reconoce esto entre mis desgracias, que no tenga hijos. Tengo miríadas de hijos a lo largo del mundo cristiano[15]”.

Pero Idelette sufrió una serie de enfermedades y murió siete en el año 1549 de una “enfermedad del sueño”[16]. Este hecho está documentado brevemente en correspondencia que Calvino mantuvo con Pierre Viret y Jean Sturm en aquel año[17]. Luego del fallecimiento de su querida esposa, Calvino se volcó de lleno en el trabajo para olvidar el dolor de esta pérdida. Él mismo señaló que:

Perdí la mejor compañera de vida, una persona que de haber llegado a tal punto no sólo me habría acompañado gustosamente en el exilio y la pobreza, sino hasta la muerte. Mientras vivía fue una fiel ayudante en mi ministerio, jamás me importunó con sus problemas, nunca temió o se preocupó de sí misma

A pesar de su profundo dolor, reflexionando sobre los sufrimientos Calvino comenta:

El apóstol declara que Dios tiene destinado este fin a Sus hijos: que sean conformados con Cristo. De este hecho surge una singular consolación que consiste en que, soportando toda suerte de desdichas y desventuras a las que nosotros llamamos adversidad y mal, participamos en la cruz de Cristo… Cuanto más nos sintamos afligidos por la miseria, más es confirmada nuestra aproximación con Cristo[19].

[1] Martín Lutero “Charlas de Sobremesa” Pág. 6

[2] Ricardo García-villoslada “Martin Lutero el fraile Hambriento de Dios” Biblioteca Autores Cristianos, Pág. 175

[3] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 7 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[4] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[5] Nacimiento: el 7 de junio de 1526; Fallecimiento: 1575

[6] Hánschen, el hijo mayor de Lutero (ver carta 33).

[7] Cartas de Lutero, 1527, lunes después de todos los santos, Pág. 45

[8] Nacida el 10 de diciembre de 1527, murió prematuramente el 3 de agosto de 1528.

[9] Cartas de Lutero, Wittenberg, 5 agosto 1528.Pág. 48

[10] Magdalena Luther, nacida en 4 mayo 1529 y muerta el 20 septiembre del 1542.

[11] Cartas de Lutero, Al preclarísimo señor Justus Jonas, Sábado después de Mateo, 1542, Pág. 65

[12] Martín hijo, nacido el 9 de noviembre de 1531, estudió Teología pero nunca tuvo un llamado pastoral regular antes de su muerte en 1565.

[13] Paul, nacido el 28 de enero de 1533, fue médico, padre de seis hijos y murió el 8 de marzo de 1593 [60 años], continuando la línea masculina de la familia de Lutero mediante Juan Ernesto, que se extinguiría en 1759.

[14] Margaretha, nacida el 17 de diciembre de 1534, casada con el noble prusiano George von Kunheim, pero falleció en 1570 a la edad de 36 años; es el único linaje de Lutero que se mantiene hasta la actualidad.

[15] Chapman, William. “Idelette de Calvino”.  (1884). En: http://www.contra-mundum.org/castellano/chapman/Idelette.pdf

[16] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 8 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[17] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 2 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[18] Prof. Dra. Irena Backus “Las mujeres en torno a Calvino. Idelette de Bure y Marie Dentière” Ciclo de conferencias de la Facultad de Teología de la Universidad de Basilea 16 junio 2009, Pág. 9 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/theo/Backus_Frauen-um-Calvin_Sp.pdf

[19] Juan Calvino, “Institución de la Religión Cristiana”, Tomo III, viii, 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 4

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5. Amistades Complementarias

Además de su círculo amplio de amistades ambos fueron protagonistas de amistades muy profundas y significativas. Un autor aplicó el concepto de simbiosis para la relación entre Lutero y Mellanchton[1], y en este sentido la definición aporta mucho pues la simbiosis es una:  “Asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital”. Esta definición refleja de manera excelente los casos los amigos anteriormente mencionados como así también para Calvino y Farel.

  • Caso Martín Lutero / Felipe Melanchton: Sobre esta se ha dicho que: “La simbiótica unión entre Lutero y Melanchton y, por lo tanto, entre el nuevo movimiento de la Reforma y el Humanismo, iba a poner de manifiesto la importancia de ambos. Lutero se benefició sobre todo del conocimiento de Melanchton de las lenguas antiguas y bíblicas — sus traducciones del Nuevo Testamento (1522) y del Antiguo (1534), grandes acontecimientos en la historia de la lengua alemana, probablemente no habrían sido posibles sin la ayuda de Melanchton, al menos no en la forma en que las conocemos ahora — mientras que Melanchton logró, con la ayuda de Lutero, penetrar en las más recónditas profundidades teológicas y poner sus recién adquiridos conocimientos al servicio del movimiento de la Reforma[2].

En tanto, Lutero mismo se refiere a su amistad a través de las siguientes palabras: “Soy rudo, vocinglero, tormentoso y completamente belicoso… Mi tarea es quitar los troncos y piedras, cortar la maleza y las zarzas, y limpiar los bosques salvajes, y el maestro Felipe viene después suave y gentilmente, sembrando y regando con gozo, según los dones que Dios abundantemente le ha dado

  • Caso Juan Calvino / Guillermo Farel: Repitiendo el patrón anterior, y evidentemente gracias a la acción de la Providencia, tenemos otra notable asociación la cual tiene su dramático inicio durante el inicialmente breve paso de Calvino por Ginebra. El cual se verá alterado por la siguiente escena: “Sentado en una silla, se encontraba el otro hombre, mas joven, delgado y pálido, con ojos penetrantes que sobresalían de su rostro barbudo; movía la cabeza y levantaba las manos para interrumpir. Cuando encontró un hueco en el torrente de palabras del otro, el joven protestó diciendo que no podía hacerlo. “No es para mi -dijo- soy tímido y vergonzoso. Odio el meterme en problemas. Por otra parte caigo enfermo muy a menudo. Mi lugar está en los estudios. Soy hombre de libros y escritos. ¿Cómo puedo atarme a una iglesia, si quiero servirlas a todas? No puede pedir esto de mi. En el nombre del Señor tenga piedad de mi y déjenle servir a Dios de otra forma. La candela encima de la mesa se consumía lentamente. Ambos personajes seguían discutiendo. Finalmente el mas anciano, señalando con el dedo al cielo rugió con voz de trueno: Te digo, en nombre del Dios todopoderoso, que si solamente te ocupas de tus estudios, y no nos ayudas a llevar a cabo la obra de Dios. El te maldecirá, porque estarás buscando tu propia gloria y no la de Cristo[4]

Luego de tan tremenda reconvención Calvino se queda por varios años en Ginebra en donde cuenta con el apoyo de Farel, tanto así que para resumir de manera gráfica, a Calvino junto con sus dos amigos y compañeros reformadores Farel y Viret se les llamaba en Ginebra medio en broma y medio sarcásticamente “trípode” (le trepied), en comparación a un taburete que con sus tres patas se mantiene estable, pero que se vuelca al quebrarse una de ellas[5].

6. Preocupación por la Música:

Como podemos notar, ambos reformadores no se abstraían de asuntos de la vida cotidiana como la amistad, en este mismo sentido hemos encontrado un área que debido a la diferencia en las personalidades de ambos hubiera parecido poco probable, sin embargo ambos valoraron el aporte de la música en sus vidas y congregaciones.

La relación de Lutero con la música fue más intensa, se dice que fue un apasionado admirador de la música. Se dice que de niño poseía una bella voz y se ganaba la vida como “kurrende-singer”, es decir, cantaba en las calles frente a las casas de los ricos burgueses quienes recompensaban estos servicios. Más tarde, ayudado financieramente por la viuda Cotta de Eisenach, amplió sus conocimientos musicales con el estudio de teoría y el aprendizaje de la flauta y el laúd[6].

Se puede inferir que era un buen conocedor de la música, gustaba de ella y conocía el arte de la composición. Además ejecutaba el laúd, admiraba el canto gregoriano y apreciaba los motetes católicos de famosos compositores. Por otro lado, conocía diversas melodías populares, muchas de las cuales se convirtieron en cánticos de contenido religioso[7].

En una carta de 1530, declara:

“…Sólo después de la teología, la música produce lo que la teología, al margen de ella, es única en producir: a saber, un alma tranquila y alegre, y es evidentemente por esta razón que el Diablo, causante de tristes preocupaciones, de turbaciones o inquietudes, huye al oír la música como huye ante la voz de la teología. De ahí que los profetas no usaran otro arte que la música para expresar su teología. Ni la geometría, ni la aritmética, ni la astronomía, sino la música. De esta forma, teología y música se encuentran íntimamente unidas y con ello nos anuncian la Verdad por salmos y cánticos[8]

En tanto, en Francia Calvino o destierra del todo la música como lo hizo Zwinglio; aunque también modfica radicalmente las formas del servicio religioso de su época. Reemplaza el latín por la lengua nacional, conserva de la Misa solamente el Kyrie y el Gloria (Misa Brevis), no es muy tolerante con cantos corales ni música figural, aleja el órgano y permite solamente el canto en su forma más sencilla, a una voz. Fue así como nació el salterio hugonote, obra de Clément Marot y Thedor Beza[9]. En 1539 editó en Estrasburgo una colección, que después se difundió en Ginebra. Comprendía como la versión española actual, sólo diecinueve Salmos, el canto de Simeón, los Diez Mandamientos y el Símbolo o Credo Apostólico, todos ellos en verso[10].

Hasta aquí hemos examinado los aspectos coincidentes del perfil público de los reformadores. A lo largo de los siguientes cuatro puntos examinaremos la esfera más privada de ambos donde nos encontraremos con similitudes gozosas y trágicas de las cuales podemos sacar valiosas lecciones de vida.

 

[1] Del gr. συμβίωσις symbíōsis ‘vida en común’, de συν- syn- ‘sin-1‘ y βίωσις bíōsis ‘modo de vivir’.

[2] Horst F. Rupp “Philipp Melanchton (1497-1560)” Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXVI, n° 3, septiembre 1996, Pág. 4 en: http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/melanchs.pdf

[3] Citado por H. H. Lentz, “Reformation Crossroads: A Comparison the Theology Luther and Melanchthon” Minneapolis, 1958, Pág. 2

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág.91

[5] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 5 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

[6] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 43 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/1659

[7] Jerónimo Granados “Martín Lutero y la Música” Cuadernos de Teología, Vol XXVI, 2007, Pág. 131

[8] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A., Barcelona, 1988, Pág. 9

[9] María Cristina Prochell A. “El Protestantismo, su música y músicos” Revista Musical Chilena, Pág. 42 en: http://www.revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/viewFile/16080/16595

[10] José de Segovia “Calvino y la Música de los Salmos” Boletín del Jubileo de Juan Calvino 2009

Núm. 10-11 | México, D.F.-Barcelona, España | septiembre-octubre de 2009 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/Materialpool/Boletin10-11JubileoJuanCalvino.pdf

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 3

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3) Desencuentros y oposición con Intelectuales (Lutero / Erasmo; Calvino / Servet)

Como señalamos anteriormente ambos vivieron en épocas, y países, diferentes sin embargo una importante semejanza entre ambos fue la confrontación con los poderes políticos y sobre todo espirituales de la época, a saber la en ese tiempo muy contaminada Iglesia Católica. Sin embargo, aquel no fue el único frente pues se abrió otro flanco en sus batallas: la oposición y posteriores desencuentros con intelectuales.

El caso Lutero/ Erasmo: En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publicó un Nuevo Testamento en un principio parecía haber cierta consonancia entre ambos sin embargo tras una serie de intercambios epistolares después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor provocando una amarga separación con Lutero, al respectó comentó: “Prescindiré, por fin, de la Apología de Erasmo, pero me afecta vehementemente el duelo que ha desencadenado entre estos dos príncipes de las letras . Erasmo está muy por encima de todos y es el que mejor habla, pero también es el más amargo a pesar de sus esfuerzos por conservar la amistad[1] Podemos complementar “Mas ahora ¿qué puedo hacer? Las cosas han llegado a su punto álgido por ambas partes. Si me fuere posible, optaría por hacer de medianero para que cesasen ellos de atacarte con tanta animosidad y permitieran que tu vejez durmiera pacíficamente en el Señor[2].

El caso Calvino/Servet: Sin duda alguna este es el caso más conocido de desencuentro entre un reformador y su oponente el cual ha generado gran controversia hasta el día de hoy. Necesitaríamos una instancia especial para abordar los detalles del dramático desarrollo y conclusión de él, sin embargo de este caso mostraremos el final de la tempestuosa relación entre Servet, el inquieto librepensador y Calvino el teólogo, pastor y asesor político de Ginebra que tuvo su punto más álgido y dramático durante el juicio a Miguel de Servet, se cuenta del comportamiento de este último que “No escatimó epítetos burlones contra Calvino, como si este fuera el acusado. Le llamó criminal, asesino, perverso, mentiroso, mono ridículo ... ¿Te crees capaz de ensordecer los oídos de los jueces con tus ladridos de perro?[4]

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4) Importancia de los Amigos

Para ambos el apoyo y ayuda de sus amigos en los diversos momentos de sus vidas claramente fue fundamental, comenta Lutero: “Te lo diré con franqueza: he pasado apuros mayores que los que tú nunca tendrás ni a nadie se los deseo -ni siquiera a los que nos atacan con crueldad, aunque sean malignos e impíos-. Pues bien, siempre he superado estas angustias gracias a las palabras de algún hermano como Pomerano, tú mismo, Jonas u otros

En tanto, a pesar de la imagen distante que pueden transmitir sus retratos, Calvino era un amigo solicitado que se ganaba la simpatía de otros. Entabló varias amistades por largos años, entre ellas con importantes personalidades del siglo XVI como por ej. Farel, Viret, Bucer, Melanchthon, Bullinger y Beza, también poseía muchos amigos entre los refugiados franceses en Ginebra. Era muy exigente con sus amigos, pues no sólo esperaba el aliento amistoso y el apoyo activo, sino también una voz crítica con la que él mismo acompañaba la vida y trabajo de sus amistades.

Un ejemplo clave de esto es cuando Farel a los 69 años se enamoró de una muchacha de 18 años de edad, a causa de esto Calvino no escatimó en críticas a su colega por haber legalizado demasiado tarde el amorío secreto y dar lugar a que se expandieran los rumores. Este suceso naturalmente provocó un quiebre en la amistad, resultando un largo distanciamiento entre Calvino y Farel. A pesar de ello, Calvino lo seguía considerando como amigo, lo que Farel le agradeció en una visita reconciliadora en 1564 cuando Calvino se encontraba en su lecho de muerte[6].

[1] Carta a Spalatino. 18 enero 1518, Cartas de Lutero

[2] Cartas de Lutero, 1524, Pág. 35

[3] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, Pág. 239

[4] Van Hanselma, Tea. “Así fue Calvino”, Zondervan Publishing House, Gran Rapids, Michigan, 230-231/ Pedro Puigvert “Calvino-Servet: Una relación tempestuosa” En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino” , Andamio, 2010, Pág, 139

[5] Cartas de Lutero, A Melanchton, Día último de junio, 1530.Pág. 63

[6] A. Detmers “Calvino como persona”, Pág. 4 en: http://www.calvin09.org/media/pdf/bio/Detmers_Calvin-als-Mensch_SP.pdf

 

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Perdón para el más grande pecador

Blog52

Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande (Salmo 25:11).

Doctrina: Si de verdad nos acercamos a Dios pidiendo misericordia, lo inmenso de nuestro pecado no será un impedimento para que nos perdone…

Esto es lo que necesitamos a fin de poder acercarnos a Dios pidiendo misericordia:
Necesitamos ver nuestra desdicha a fin de ser sensibles a nuestra necesidad de misericordia. Los que no tienen conciencia de su desdicha no pueden acudir a Dios en busca de misericordia, porque es justamente la noción de la misericordia divina lo que constituye la bondad y gracia de Dios hacia el desdichado. Sin la desdicha en la ecuación, no se puede ejercer misericordia. Es una contradicción querer misericordia sin sentir
desdicha, o comprensión sin tener una calamidad. Por lo tanto, los hombres no pueden considerarse objetos adecuados de misericordia, a menos que tengan primero conciencia de que son desdichados. Así que, a menos que éste sea el caso, es imposible que acudan a Dios en busca de misericordia.

Jonathan Edwards 2

Tienen que ser sensibles al hecho de que son hijos de ira, que la Ley está en su contra y que están expuestos a su maldición: que la ira de Dios mora en ellos y que él está disgustado con ellos cada día que están bajo la culpa del pecado. Tienen que ser sensibles al hecho de que es cosa terrible ser el objeto de la ira de Dios, que es cosa terrible tenerlo como enemigo, y tienen que saber que no pueden sobrevivir su ira. Tienen que ser sensibles a que la culpa del pecado los convierte en criaturas desdichadas, sean cuales sean los placeres temporales que tienen; que no pueden ser más que criaturas desdichadas, arruinadas, en tanto Dios está disgustado con ellos; que no tienen fuerza y deben perecer, y esto, eternamente, a menos que Dios los ayude. Tienen que ver que su caso es totalmente desesperante, que no hay nada que nadie puede hacer por ellos; que están al borde del foso de la desdicha eterna; y que tendrán que caer en él, si Dios no tiene misericordia de ellos…

1. La misericordia de Dios es suficiente para perdonar los pecados más grandes, así como lo es para perdonar los más pequeños, porque su misericordia es infinita. Lo que es infinito es tan superior a lo que es grande como lo es a lo que es pequeño. Entonces, siendo Dios infinitamente grande es superior a los reyes, así como lo es a los mendigos. Es superior al ángel principal, así como lo es al gusano más inferior. Una medida de lo infinito no depende de la distancia entre lo infinito y lo que no lo es. Por lo tanto, siendo la misericordia de Dios infinita, es tan suficiente para perdonar todo pecado, así como lo es para perdonar uno solo…

Jonathan Edwards 3

2. Lo que Cristo pagó por el pecado es suficiente para quitar la culpabilidad más grande, así como lo es para quitar la más pequeña. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). “De todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:39). Todos los pecados de
quienes verdaderamente se acercan a Dios para pedir misericordia, sean los que sean, han sido saldados si Dios, quien lo dice, no miente. Y si la pena de todos ha sido saldada, es fácil creer que Dios está listo para perdonarla. De modo que Cristo, habiendo satisfecho plenamente el castigo de todos los pecados, y habiendo hecho un pago que es apto para todos, no desmerece la gloria de los atributos divinos perdonar los pecados
más grandes de aquellos que de una manera correcta acuden a él pidiendo perdón. Dios puede ahora perdonar a los pecadores más grandes sin menoscabar el honor de su santidad. La santidad de Dios no lo deja pasar por alto el pecado, sino que lo lleva a dar testimonios claros de su aborrecimiento por él. Porque Cristo satisfizo el castigo por el pecado, Dios puede ahora amar al pecador y no tener en cuenta para nada su pecado, no importa lo grande que haya sido. El hecho que descargó su ira en su propio Hijo amado cuando éste tomó sobre sí la culpa del pecado es testimonio suficiente de cuánto aborrece Dios al pecado. No hay nada mejor que esto para mostrar el odio que Dios siente por el pecado…

Dios puede, por medio de Cristo, perdonar al más grande pecador sin menoscabar el honor de su majestad. El honor de la majestad divina ciertamente requiere ser satisfecho, pero los sufrimientos de Cristo reparan plenamente el agravio. Aunque la ofensa sea muy grande, si una persona tan honorable como Cristo asume la función de Mediador del que cometió la ofensa y sufre tanto por él, repara plenamente el agravio hecho a la Majestad del cielo y de la tierra. Los sufrimientos de Cristo satisfacen
plenamente su justicia. La justicia de Dios, como Soberano y Juez de la tierra, requiere que el pecado sea castigado. El Juez supremo tiene que juzgar al mundo de acuerdo con la ley de la justicia…

La Ley no es un impedimento para el perdón del pecado más grande, siempre y cuando el hombre realmente acuda a Dios pidiendo misericordia, porque Cristo, por medio de sus sufrimientos, ha cumplido la Ley, él cargó con la condena del pecado, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en su madero)” (Gál. 3:13).

Versiculo 159.jpg

3. Cristo no se negará a salvar a los más grandes pecadores, quienes de la manera correcta acuden a Dios pidiendo misericordia, porque esa es su obra. Es su deber ser el Salvador de los pecadores, pues es la obra por la que vino al mundo y, por lo tanto, no se opondrá a hacerlo. No vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Mat. 9:13). El pecado es justamente el mal que vino al mundo a remediar: por lo tanto,
no tendrá objeciones contra nadie porque sea muy pecador. Más pecador es, más necesita a Cristo. La pecaminosidad del hombre fue la razón por la que Cristo vino al mundo… El médico no se niega a sanar a alguien que acude a él porque tiene gran necesidad de su ayuda….

4. En esto consiste la gloria de la gracia por la redención de Cristo: en que es suficiente para perdonar a los más grandes pecadores. Todo el plan del camino de salvación es hacia este fin: glorificar la gracia de Dios. Desde toda la eternidad fue la intención de Dios glorificar este atributo; y por lo tanto es así que concibió el recurso de salvar al pecador a través de Cristo. La grandeza de la gracia divina se muestra claramente en esto: que Dios por medio de Cristo salva a los más grandes ofensores. Más grande la
culpa de cualquier pecador, más gloriosa y maravillosa es la gracia manifestada en su perdón: “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20)… El Redentor es glorificado, en el sentido que da prueba de ser suficiente para redimir a los que son excesivamente pecadores, en el sentido que su sangre prueba ser suficiente para limpiar
la culpa más grande, en que puede salvar al máximo y en que redime hasta de la desdicha más grande.

Es el honor de Cristo salvar a los más grandes pecadores cuando acuden a él, así como es un honor para el médico poder curar las enfermedades o heridas más desesperantes. Por lo tanto, no cabe duda de que Cristo estará dispuesto a salvar a los más grandes pecadores si acuden a él, porque no vacilará en glorificarse a sí mismo y de elogiar el valor y la virtud de su propia sangre. Siendo que se dio a sí mismo para redimir a
los pecadores, no le faltará disposición para mostrar que es capaz de redimir al máximo… Si tú no aceptas la suficiencia de Cristo para perdonarte, sin ninguna rectitud y justicia propia que te recomiende, nunca llegarás al punto de ser aceptado por él. La manera de ser aceptado es acudir—no por ningún aliento que te da el saber que has podido mejorar, o que eres más digno, y no tan indigno sino—por el mero aliento
de lo digno que es Cristo y lo misericordioso que es Dios.

De “Great Guilt No Obstacle to the Pardon of the Returning Sinner” (Una gran
culpa no es obstáculo al perdón del pecador que vuelve) en The Works of Jonathan
Edwards.

_______________________
Jonathan Edwards: (1703-1758) Predicador congregacionalista norteamericano usado
poderosamente por Dios durante el Gran Avivamiento. Nacido en East Windsor,
Colonia de Connecticut.

Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” Parte 1

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Diferentes, complementarios ¿y similares?

En unas semanas celebraremos el aniversario 500 de la Reforma Protestante. En estas fechas los evangélicos nos acordamos de cómo en ese entonces un desconocido monje agustino revolucionó la faz de Europa cuando clavó sus 95 tesis a la puerta de una iglesia, aunque algunos dicen que este hecho no fue así esta acusación resulta irrelevante y de acuerdo a investigaciones sin fundamento[1].

Aquélla iglesia donde sucedió este hecho aún está en Wittenberg (Alemania) y el monje, como todos sabemos, fue el mundialmente reconocido Martín Lutero. Gracias a las hazañas de Lutero, nació la Reforma protestante (aunque el apodo protestante no sería usado hasta doce años después). Señala un autor: “Desde el punto de vista histórico, no cabe la menor duda de que la influencia de Lutero ha sido y continúa siendo enorme y que ha modificado el curso de la historia europea. En principio, es el Padre reconocido del protestantismo[2].

Su pasión por las Escrituras engendró a una serie de teólogos pro-Reforma tales como Matthias Flacius, Urbanus Rhegius, Johannes Brenz y Martín Chemnitz –“el segundo Martín”- dentro del campo luterano. ¿Y cómo no hacer mención del brazo derecho de Lutero: su amado amigo Felipe Melanchthon? Es como si los dos hubiesen sido diseñados para ministrar juntos.

Comentó Lutero en una ocasión, “Yo soy duro, ruidoso y escandaloso. Nací para pelear contra monstruos y diablos. Tengo que quitar tocones y piedras, echar fuera cardos y espinas, y limpiar bosques silvestres; pero luego viene el Señor Felipe de una forma tan suave y dulce, sembrando agua con gozo según los dones que Dios ha derramado abundantemente sobre él”. También preparó el camino para un campo más reformado dentro del protestantismo con gigantes de la talla de Martín Bucer, Ulrico Zuinglio, Enrique Bullinger y Theodore Beza.

No obstante, mucho más importante que cualquiera de los antes mencionados teólogos es otro pensador reformado cuya fama iguala – algunos podrían decir que supera- aquélla de Lutero. Nacido en Francia en el 1509, pasó la mayor parte de su vida ministerial en Ginebra (Suiza) desarrollando lo que el reformador escocés John Knox llamaría, “Ni temo ni me avergüenzo al afirmar que es la más perfecta escuela de Cristo que había existido en la tierra desde los días de los apóstoles. En otros lugares, confieso que predican a Cristo correctamente; pero en muy pocos sitios he visto las costumbres y la religión tan sinceramente reformadas, no he visto jamás en parte alguna[3].

Para que Knox dijera esto –un hombre, por cierto, no conocido por sus halagos- Ginebra tenía que haber sido algo especial. Entonces, ¿de quién estamos hablando? ¡De Juan Calvino, claro está! Así que los dos campeones de la fe protestante son Martín Lutero y Juan Calvino. ¿Cómo diferenciar entre ellos? Eso lo responderemos en la primera parte.

Sin embargo, también proponemos una continuación: las semejanzas que podemos encontrar entre estos dos hombres. Consideramos que este es un ejercicio más que necesario por tres razones:

  • Con el correr de estos casi quinientos años el trabajo de los dos por el movimiento reformador se ha ido separando de tal manera que pareciera que no trabajaron en un proyecto común.
  • En segundo lugar, resulta muy llamativo el hecho de que a pesar de que pareciera que son personajes muy diferentes es posible encontrar varias semejanzas en sus personalidades y circunstancias.
  • Finalmente, y dado la cantidad de tiempo que ha pasado (¡casi quinientos años!) una mirada cercana desde la cotidianeidad, o “humana”, a la personalidad y circunstancias de ambos reformadores nos ayudarán a apreciar de una manera distinta la intensa actividad en la que ambos se involucraron animándonos con su ejemplo y por supuesto mostrándonos también cómo la divina Providencia guio las vidas de ambos.

Diferencias entre Lutero y Calvino.

Comenzaremos esta primera sección citando el aporte del escritor y conferencista Will Graham[4], quien compiló diez diferencias, más una que agregamos en nuestra investigación con aportes a partir de la investigación bibliográfica.

  1. Dos Generaciones: Primero Lutero luego Calvino.
  2. Enfoques Diferentes: Un profeta y un intelectual.
  3. Dos Personalidades Distintas: Extrovertido e introvertido.
  4. Dos Ocupaciones: El pastor y el profesor.
  5. Aspecto físico.
  6. Énfasis Teológicos: ¿Justificación o la gloria de Dios?
  7. Asuntos Políticos en Discusión: Relación Iglesia y estado
  8. Controversias Sacramentales 1: La cena del Señor
  9. Controversias Sacramentales 2: El bautismo
  10. Énfasis: La ley y el evangelio
  11. Visitas a Tribunales

Durante las próximas semanas hablaremos de Lutero, de Calvino, de la Reforma. Acompáñanos.

[1]Leyendas en torno a Lutero: la fijación de las tesis” En: http://www.luther.de/es/legenden/tanschl.html

[“Esta escena aparece en muchísimas ilustraciones y fue considerada, hasta muy entrado el siglo XX, como una realidad histórica. Es una imagen que, como pocas otras, se ha convertido en un símbolo de la Reforma. De ahí el tremendo remezón cuando el teólogo católico e investigador de Lutero, Erwin Iserloh, publicó un estudio según el cual la fijación de las tesis sería parte de la leyenda. Sin embargo, los hechos que aduce no dejan de convencer. Por una parte, la primera alusión escrita a este suceso proviene de Felipe (Philipp) Melanchthon, que no puede haber sido testigo presencial, ya que recién en 1518 fue llamado a la universidad de Wittenberg. Además, esta relación es publicada después de la muerte del Lutero; de modo que no conocemos ningún comentario del reformador mismo, en cuanto a su martilleo de 1517. Por lo tanto, hemos de limitarnos a lo que sabemos con seguridad: que Lutero escribió cartas a sus superiores, fechadas a 31/10/1517, en las cuales denunciaba la práctica de la venta de indulgencias e instaba a terminar con esta lacra. Adjuntó a sus misivas 95 tesis para que sirvieran de base a una disputa sobre el tema. A pesar de que la mayoría de los investigadores considera probado que en aquel día Lutero no utilizó otra herramienta que la pluma, la imagen de él clavando las tesis es una de las más populares en relación a Lutero, la reforma y la ciudad de Lutero, Wittenberg”].

[2] Jean Delumeau, “El Caso Lutero”, Caralt Editores, S.A.,Barcelona, 1988, Pág. 5

[3] En: “Historia, influencia y legado de Juan Calvino”, Andamio, 2010, Pág. 11

[4] Will Graham, 24 de octubre de 2015, http://protestantedigital.com/magacin/37684/10_diferencias_entre_Lutero_y_Calvino

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Lutero y Calvino: “Dos Pilares fundamentales de la Reforma Protestante del Siglo XVI” ”)

Imagen y diseño, Pamela Peralta Uribe.

Las Mujeres de la Reforma: Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

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Mujeres Latinas: el caso de Chile

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Jane Fitch de Trumbull (estimado entre 1795 y 1855/ …)

En el año 1850 David Trumbull viaja a los EE.UU. y contrae matrimonio con quien sería su esposa por 39 años. Trumbull, será ministro en Valparaíso durante cuarenta años.

Los Fitch al igual que los Trumbull tenían ancestros británicos y puritanos, que figuraban dentro de una larga lista de antepasados: ministros, militares magistrados y docentes. El Reverendo Eleazar T. Fitch, tío de Jane y profesor de homilética (oratoria sagrada), en Yale cuidó de ella al quedar huérfana, siendo esta institución donde conoce a David Trumbull.

En nuestra investigación realizada a partir de las publicaciones de su esposo pudimos notar aspectos personales de la vida de Trumbull: La publicación reportó las defunciones de sus hijos. Las circunstancias de la muerte del hijo mayor de los Trumbull (David Trumbull Fitch), fueron bastante trágicas pues la causa del deceso fue por ahogamiento en el 3 de julio en New London, Conneticut[1], luego de haber terminado la carrera de medicina y teniendo como meta regresar a Chile. También la prometedora jovencita Mary Trumbull (nacida el 2 de diciembre de 1859) murió repentinamente en Valparaíso, Chile, en mayo de 1882, a causa de un infarto mientras cabalgaba con el señor A. M. Merwin, un colega de su padre.

A pesar de las adversidades familiares, y la férrea oposición del catolicismo local en el ámbito público, colaboró apoyando el ministerio de su esposo haciéndose cargo de la Sociedad Bíblica de Valparaíso y de la dirección de una de las primeras escuelas femeninas de Valparaíso (inspiración del Liceo 1 de Niñas de Valparaíso).

Algunas conclusiones

Realizar esta investigación no fue una tarea fácil, pero sí tremendamente enriquecedora. A pesar de las corrientes de la historiografía y cultura fue posible encontrar las huellas de mujeres piadosas dispuestas a servir a Dios y a sus hermanos y compañeros. De algunas, probablemente nunca podamos saber sus nombres, ocupaciones o nacionalidad pero a través de su servicio prepararon el camino y sostuvieron a quienes desempeñaron las labores más públicas.

Otras fueron conocidas por ser las compañeras o esposas de los reformadores, notable fue su servicio especialmente destacable en tiempos en los cuales las labores más sencillas son poco valoradas, pero vaya qué complicado es cuando faltan y qué difícil hubiese sido para esos varones el haber lidiado con sus labores sin el apoyo de sus compañeras. Finalmente, otras mujeres cargaron con el peso de llevar la autoridad y sus convicciones en medio del constante examen y oposición de sus cortes.

En medio de la diversidad biográfica de las mujeres de la reforma resuena en mi mente la frase: “Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21), pues quizás desde este lado de la eternidad el aporte de algunas de ellas pudo parecer muy pequeño o muy grande pero cada una de acuerdo al lugar y tiempo que les fue permitido vivir fue fiel en la fe y las labores que desempeñaron.

[1] Stephen Trumbull. The Record, Volumen 7, N° 92, September 7th, 1878, Pág. 10; véase Dr. Stephen Trumbull, The Record, Volumen 15, N° 222, May 26th 1886, Pág. 1

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

 

 

 

Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

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Las Mujeres de la Reforma: Catalina de Borbón (1559 – 1604). Isabel I (1553 – 1603).

 

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Catalina de Borbón (1559 – 1604)

Catalina de Borbón (París, 7 de febrero de 1559, Nancy, 13 de febrero de 1604), fue hija de la reina Juana de Navarra y Antonio de Borbón y nieta de Margarita de Navarra (Angulema, hermana del rey Francisco I de Francia). Su madre como y abuela fueron ejemplares en cultura y amor por su fe reformada.

Fue educada, junto con su hermano (el futuro rey de Francia), en un cristianismo consecuente; su madre había hecho profesión pública de fe calvinista la navidad de 1560. Durante 13 años fue preparada a través de la enseñanza en las artes y cultura, pero especialmente en el temor de Dios por los brazos protectores de su madre, y todo ello en medio de dificultades sin número (guerras de religión, persecuciones, traiciones, deserción religiosa y moral de su padre, etc.). El cristianismo que la madre de los hermanos trató de inculcar se resumía en dos conceptos: “Firmeza”, y “Hasta la muerte”. Catalina mantuvo su fe firme.

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su hermano el príncipe Enrique, pues su fe tenía una fuerte competencia ante la influencia de los valores de la educación y práctica política católica. De tal manera que ante la posibilidad de acceder al trono y siguiendo la máxima de “París bien vale una misa” que le propuso uno de sus consejeros[1], de esta manera aplicó la llamada razón de estado (es decir, la justificación, basada en la conveniencia política, que un gobierno o individuo aduce para actuar de una manera determinada) y renunció a la fe protestante a través de varios episodios de abjuraciones hasta el ritual final para ser coronado rey de Francia en 1594.

Cuando su hermano le propuso, bajo amenazas de negarle su protección, también la conveniencia de su conversión a la iglesia papal, Catalina le contestó: “Si me desamparáis, Dios nunca lo hará: esa es mi confianza. Prefiero ser la más miserable en la tierra, que dejarle por los hombres.” Siempre mostró gran respeto a su hermano, como hermano y como rey, pero sin negar el fundamento donde se encontraba para ella la fuente de toda autoridad y respeto: la fidelidad a la Escritura.

Un episodio trágico en la vida de Catalina fue cuando abjuró de su fe protestante en el contexto de la de su propio hermano en la masacre de la noche de San Bartolomé. En ese momento tenía 13 años (acababa de perder a su madre y estaba en un ambiente infernal en París), y así formalmente permaneció varios años. Pero luego se reafirmó en su calvinismo hasta su muerte. Cuando tuvo que vivir la renuncia de su hermano a la fe de su madre para ser coronado rey de Francia, ella se mantuvo fiel, y así lo refirió expresamente a Teodoro de Beza (del que solicitaba se orase por ella en tan difícil situación)

En 1577, a la edad de 18 años fue nombrada regente de sus territorios por su hermano allí  se dedicó en cuerpo y alma a la preservación de la obra religiosa y política que había iniciado su madre. No fue fácil, pues algunos sectores nunca admitieron de buen grado las reformas religiosas y políticas instauradas por Juana de Albret. Debió defender los derechos de esos territorios, especialmente del Bearne y del reino de Navarra, en el proceso de coronación de su hermano (Enrique III de Navarra y IV de Francia), que al final quedan excluidos de la anexión a Francia, conservando su autonomía y leyes propias.

Catalina fue la reconocida (aunque muy borrada de la memoria histórica) defensora de los derechos de los hugonotes en la corte, donde ganó para ellos batallas muy importantes, aunque sin el ruido de las armas en el campo abierto. Sin duda, es el pilar necesario para comprender incluso el edicto posterior de tolerancia de Nantes. Y a pesar de que solo fue regente de unos pequeños y problemáticos territorios, es toda una mujer de estado, pero sin seguir los patrones de la época. En este sentido es el contrapeso de la acción de su hermano. Catalina se puede considerar la propulsora de una política “laica”.

Como cristiana fiel era consciente de sus deberes y responsabilidades. Renunció por ello a sentimientos y gustos; no pudo casarse con quien amaba. Su hermano “la casó” en 1599 como pieza de un tratado político. Ella aceptó, pero con una sola condición: conservar la fe de su casa. Catalina escribió: “Oh Dios, tú has prometido, por tu bondad divina, ayudar a los afligidos que acuden a ti. Mi corazón está lleno de aflicción. Padre, consuélame, hazme sentir el efecto de tu favor divino. …. Mi pecado aborrezco. Perdóname, Señor, mira tu promesa y no mi error, en tu bondad espero, no en mi inocencia. …. Cuando hay que ir a escuchar tu palabra, mis pies se entumecen y van a paso lento, pero si hay que ir a las diversiones mundanas, en lugar de caminar, parece que vuelo. …. Pero recíbeme, Señor, de mirada dulce y propicia, pues reconozco mis pecados ante ti. Mira a tu amado Hijo, sacrificado por mí, quien tomando mis pecados, me reviste de su justicia[2]

[1] Enrique pudo ser rey protestante de Francia debido a sus victorias militares con el bando hugonote, pero la intervención final de Felipe II ordenando la colaboración de los tercios fue decisiva para que se produjera una situación de equilibrio, de la que finalmente no se percibió otra salida que la de su abjuración. La iglesia papal entendió su conversión como disimulo de razón de estado y lo consideró, en la práctica, enemigo..
[2] Emilio Monjo Bellido “Catalina de Borbón” Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/11846/Catalina_de_Borbon Traducción en formato libre] (R. Ritter: Lettres et poésies de Catherine de Bourbon (1570-1605). Paris, Champion, 1927)

 

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Isabel I (1553 – 1603)

En inglés, Elizabeth I, a menudo referida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte. Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor.

Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.

El reinado de la reina Isabel I de Inglaterra fue uno de los más largos y determinantes de la historia de su país. Llegó al poder después de ver cómo su madre era decapitada por orden de su propio padre y vivir unos años recluida y alejada del orden sucesorio. Pero el destino quiso que Isabel subiera al trono en 1558 y reinara sobre Inglaterra e Irlanda hasta su muerte, en 1603[1]. La reina estrechó lazos con Francia, se enfrentó a su rival María de Escocia y plantó cara al imperio de Felipe II. Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, que luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad.

El principal objetivo de Isabel I al sentarse en el trono fue poner orden en la cuestión religiosa que venía sacudiendo el país desde tiempos de Enrique VIII. Su estrategia en este sentido consistió en el restablecimiento del anglicanismo como religión oficial.

A pesar de haber sido coronada según el rito romano, Isabel pronto evidenció su voluntad de continuar la política eclesiástica de su padre. En ello se dejó guiar por consideraciones puramente políticas: la reina deseaba ejercer la autoridad eclesiástica suprema, lo que al mismo tiempo la oponía a católicos y calvinistas. Actuando con gran prudencia, promulgó en 1559 el Acta de Supremacía que puso nuevamente en vigor las leyes religiosas de Enrique VIII y Eduardo VI, abolidas en tiempos de María Tudor. Una parte integral de la conciencia histórica protestante fue el martirio de los protestantes ingleses con la hija de Enrique VIII y hermanastra de Isabel, «María la sangrienta». El libro de los mórtires de Foxe (1563), que detallaba del modo más cruento este martirio, fue enormemente popular durante el periodo victoriano[2].

El edicto de 1559, aunque reforzaba el protestantismo y declaraba la celebración de la misa ilegal, era excepcionalmente tolerante con la población católica. Los católicos quedaron en principio exentos de la asistencia obligatoria a la iglesia parroquial a cambio del pago de una moderada contribución, y la celebración privada de su culto no fue perseguida excepto en los casos en que se sospechara traición a la monarquía.

El Acta de Uniformidad, votada ese mismo año por el Parlamento, restableció el Libro de la Plegaria Común de Eduardo VI eliminando las fórmulas que pudieran resultar más ofensivas para los católicos. Los obispos católicos nombrados durante el reinado de María I protestaron e Isabel respondió deponiéndolos a todos, quedando así renovada por completo la alta jerarquía eclesiástica del reino. Sin embargo, Isabel se cuidó de no verse superada por el fanatismo protestante. En 1563, cuando el Parlamento adoptó la profesión de fe de los Treinta y Nueve Artículos que rechazaba la transubstanciación y sólo admitía dos sacramentos, la reina decretó al mismo tiempo el mantenimiento de la jerarquía y la liturgia católicas.

Isabel tuvo que hacer frente a una doble oposición: la de los católicos, que se consideraron desligados de su deber de lealtad tras la excomunión de 1570 y que pusieron sus esperanzas en la católica reina de Escocia, María Estuardo, y la de los calvinistas presbiterianos, que rechazaban la jerarquía episcopal y cualquier vestigio de catolicismo dentro de la Iglesia reformada. Isabel recrudeció las medidas represivas contra la disidencia religiosa. La celebración de la misa católica fue prohibida por completo, así como los sínodos presbiterianos de los calvinistas, que ya por entonces comenzaban a conocerse como puritanos. En 1595 se hizo obligatoria, bajo pena de prisión, la asistencia al culto anglicano. Sin embargo, hubo muchas menos ejecuciones por motivos religiosos durante los veintiocho años del reinado isabelino que durante los cinco en que María Tudor se sentó en el trono. La obra religiosa de Isabel fue duradera: dio al anglicanismo su carácter definitivo y emprendió el camino hacia la convivencia de las distintas sectas religiosas[3].

Su reinado sentó las bases de un largo tiempo de hegemonía inglesa sobre los mares y amplios territorios de ultramar. También fueron años de gran esplendor en el mundo del arte y de la literatura, con Marlowe y Shakespeare como adalides de las letras inglesas. Solamente su extraña aversión al matrimonio y su empeño por ser recordada como la reina virgen exaltando su relación con su pueblo por encima de un solo hombre, hicieron de ella un personaje un tanto excéntrico y misterioso.

[1] María Tudor se convertía en María I el 1 de octubre de 1553. Durante su reinado, Inglaterra volvió al catolicismo y se vivieron tiempos convulsos en los que la nueva reina se ganó el triste apodo de María la Sanguinaria. Su matrimonio con su primo, Felipe II, tampoco fue del agrado de los ingleses quienes intentaron colocar a Isabel en el trono. La princesa terminó recluida en la Torre de Londres pero su hermana no consiguió que fuera alejada de la sucesión ni tampoco su conversión al catolicismo.
[2] http://www.victorianweb.org/espanol/religion/protestantheritage.html
[3] Isabel I Tudor, http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=isabel-i-tudor-reina-de-inglaterra

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

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¿Por qué se requiere fe?

 

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¿Por qué se requiere fe para recibir las bendiciones de Cristo?

Por razones: 1. Con respecto a Dios; 2. Con respecto a Cristo; 3. Con respecto a la criatura; 4. Con respecto a nuestras consolaciones.
1. Con respecto a Dios:

Para que nuestro corazón posea una percepción completa de su gracia, quien en el Nuevo Pacto10 aparece no como un Dios vengador y condenatorio, sino como un Dios perdonador. El Apóstol lo explica así: “Es por fe, para que sea por gracia” (Rom. 4:16). La Ley produjo pavor hacia Dios, por ser dicha ley el instrumento que revelaba el pecado y el castigo que se merecía: “Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (4:15), tampoco habrá ningún sentido de victoria. Pero el evangelio trajo la gracia. La Ley declaró las faltas, pero el evangelio mostró el camino de nuestra recuperación. Y por lo tanto, la fe coincide más con la gracia, ya que hace que Dios, para nosotros, sea más cariñoso y bueno, y amado por nosotros al descubrir su bondad y su gracia. La salvación del hombre por medio de Cristo, es decir, por su encarnación, vida, sufrimientos, muerte, resurrección y ascensión, tiende a llenar nuestro corazón de gracias abundantes. Lo mismo tiende a suceder con su pacto misericordioso, sus promesas generosas y todas las bendiciones que nos son dadas: su Espíritu, perdón y comunión con Dios en gloria, todo para llenar nuestro corazón con un sentimiento del amor  de Dios. Y todo esto es necesario. Porque una conciencia culpable no se soluciona con facilidad, ni le es fácil buscar cualquier clase de felicidad proveniente de Aquel a quien tanto hemos ofendido. Adán, cuando ya era pecador, se escondía de Dios (Gén. 3:10); y el pecado todavía hace que vacilemos en acercarnos a él. La culpabilidad es desconfiada, y si no contamos con alguien que nos lleve de la mano y nos acerque a Dios, no podemos aguantar su presencia. Para esto sirve la fe: para que los pecadores, siendo poseídos de la bondad y gracia de Dios, puedan recuperarse y volver a él por un medio adecuado. En el Nuevo Pacto, el arrepentimiento se relaciona más claramente con Dios, y la fe, con Cristo:

Versiculo 149

“Arrepentimiento para con Dios; y… fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hech. 20:21).

El arrepentimiento se relaciona más con Dios porque de Dios caímos y a Dios hemos de volver. Caímos de él cuando le retiramos nuestra alianza y buscamos en otra parte nuestra felicidad; a él volvemos como nuestra felicidad legítima y correcta. Pero la fe tiene que ver con el Mediador,11 el que es el único remedio para nuestro sufrimiento y el medio para obtener nuestra felicidad eterna. Él abrió el camino a Dios por sus méritos y satisfacción por el pecado, y realmente nos pone en este camino por su gracia renovadora y reconciliadora, a fin de que tengamos la capacidad de agradar a Dios y
disfrutarlo. Y esa es la razón por la cual insistimos tanto en la fe en Cristo como nuestro derecho y prerrogativa a la santidad del Nuevo Pacto. Tiene una habilidad y capacidad de recuperarnos del pecado para acercarnos a Dios porque se trata especialmente del Mediador por medio de quien acudimos a él.
2. Con respecto a Cristo:
[1] Porque la dispensación total de la gracia de Cristo no puede ser percibida por nada que no sea la fe. En parte porque el camino de nuestra recuperación es tan sobrenatural, extraño y maravilloso que ¿cómo podemos convencernos de él a menos que creamos el testimonio de Dios? Que el hijo del carpintero sea el Hijo del Gran Arquitecto y Constructor que diseñó el cielo y la tierra; que obtuviéramos vida por medio de la
muerte de otro; que Dios se hiciera hombre y el Juez un copartícipe; y que el que no conoció pecado fuera condenado como un criminal; que un crucificado obtuviera la salvación del mundo entero y fuera Señor de la vida y de la muerte y tuviera tal poder sobre toda carne como para dar vida eterna al que él quiere, ¡la razón no entiende todo esto! Solo la fe puede darle significado… La razón considera solo las cosas que ve y
siente; la razón ve los efectos y sus causas… pero la fe es creer las cosas que Dios ha revelado porque él las reveló. Ciertamente, esto es lo único que puede mantenernos a la expectativa de la gracia y misericordia de Dios para vida eterna. Mientras actuamos tan opuestamente a las inclinaciones del corazón carnal y tengamos tantas tentaciones contrarias, ¿qué nos puede mantener firmes más que una fe fuerte y viva?

Thomas Manton 2
[2] Hasta que creamos en Cristo, no podremos tener consuelo ni disfrutar de todo lo que él nos ofrece. ¿Cómo podemos aprender de él el camino de salvación? Cuando creamos que él es el Profeta enviado por Dios para enseñar al mundo el camino hacia la verdadera felicidad. “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5). ¿Cómo podemos obedecerle? Solo cuando creamos en él como nuestro Señor,
quien tiene poder sobre toda carne y ante cuyo juicio caeremos o saldremos victoriosos. “[Dios] ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hech. 17:30-31). Y, ¿cómo podemos depender del mérito de su obediencia y sacrificio, ser confortados por sus promesas y su pacto dados por su gracia, acercarnos ante Dios con confianza y esperanza de misericordia en su nombre, y estar seguros de que él nos justificará, santificará y salvará? Solo cuando creamos que es un Sacerdote que una vez hizo una expiación e intercede continuamente por nosotros (Heb. 9:25). En los días de su encarnación, cuando alguien se acercaba para obtener un beneficio de él, lo ponía a
prueba diciendo: “¿Creéis que puedo hacer esto?” (Mat. 9:28). “Jesús le dijo: ‘Si puedes creer, al que cree todo le es posible’” (Mar. 9:23). “¿Crees esto?” le preguntó a Marta (Juan 11:26). Esto demuestra que no se podía recibir ningún beneficio hasta haber creído.

Thomas Manton 3
3. Con respecto a la santidad y obediencia que Dios esperaba de la criatura:      

Cristo vino para restaurarnos ante Dios, lo cual hace como el Salvador al igual que el Dador de la Ley a su iglesia. Y hasta que creamos en él, estas dos cualidades y funciones no tienen efecto.
[1] Como Salvador, vino para quitar la maldición de la Ley y darnos capacidad de servir y agradar a Dios por medio de darnos su Espíritu para renovar nuestra naturaleza y sanar nuestra alma: “El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y
por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24). Jamás podremos comprender nuestro deber ni ser capaces de cumplirlo, a menos que creamos que él es un Salvador tal.
[2] Como Dador de la Ley, nos motiva por su autoridad a vivir obedientes a Dios. El reino del Mediador está claramente subordinado al reino de Dios. Porque no vino para anular nuestra responsabilidad, sino para establecerla. Vino para devolver la moneda perdida a su dueño, la oveja perdida a su pastor, al hijo perdido a su padre. Así como la gracia de
Cristo no descarta la misericordia de Dios, la autoridad de Cristo… no nos libra de la autoridad de Dios. Ahora bien, ¿quién se somete a una autoridad que no le convence que lo sea o en la cual no cree? Pero en cuanto creemos, nos doblegamos enteramente ante él de corazón y de hecho.
4. Con respecto a nuestro consuelo:

Las Escrituras con frecuencia representan la fe como una gracia que calma. El consuelo, la quietud y la paz del alma dependen mucho de la fe en Cristo: un Salvador totalmente
suficiente, que quita nuestros temores y hace que en nuestros peores sufrimientos le confiemos nuestra felicidad a Cristo y deleitemos el alma con una paz constante y un gozo eterno. Aunque este mundo sea trastornado y se desvaneciera, aunque estemos en pobreza y enfermedad, o gocemos de salud o riquezas, aunque tengamos mala o buena reputación; aunque tengamos persecución o prosperidad, qué poco nos afectará, si
sabemos en quién hemos creído (2 Tim. 1:12). El cielo está donde siempre estuvo, y Cristo está a la diestra de Dios. Qué poco, entonces, deben todas estas cosas afectar la paz y la tranquilidad del alma que vivirá con Dios para siempre (Sal. 112:7). Pero el pecado es nuestro problema más grande. Si el pecado es su problema, le respondo: “¿Es por la debilidad de la carne o su iniquidad?” Si es por debilidad “ninguna condenación hay para los que están en Cristo” (Rom. 8:1). Si es por iniquidad, apártate de tu pecado y arrepiéntete; y entonces puede haber para ti consuelo, porque Cristo vino para salvarnos de nuestros pecados.
APLICACIÓN 1: Refutar las presunciones de los hombres en cuanto a su buena condición para la eternidad, por las cuales muchos engañan, para condenación, a sus propias almas.
1. Algunos, cuando oyen que todo aquel que cree será salvo, tienen una noción carnal de Cristo. Creen que si estuviera vivo aquí en la tierra, se apropiarían de él, lo recibirían en sus casas y serían más amistosos con él de lo que lo fueron los judíos. Pero es más que conocer a Cristo “en la carne” (2 Cor. 5:16). No es cuestión de recibirlo en nuestra casa, sino en nuestro corazón. Además, no conocemos nuestros propios corazones o lo
que hubiéramos hecho si hubiéramos vivido en aquel entonces. Una persona de una apariencia tan despreciable como era la de Cristo y tan franco en sus reprensiones de los pecados de la época, no nos hubiera caído bien como no les cayó a ellos. Los judíos dijeron: “Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas” (Mat. 23:30). El recuerdo de Coré, Datán y
Abiram era tan detestable para los judíos carnales como lo son Judas y Poncio Pilato para los cristianos; pero no eran ellos mejores hombres, ni tampoco lo somos nosotros.
2. Reverencian mucho su nombre y su recuerdo de él, profesan ser cristianos, y aborrecen a turcos e infieles. No, esto tampoco da resultado. Muchos valoran el nombre de Cristo pero descuidan su responsabilidad. Honrar al médico sin tomar sus remedios nunca sanó a nadie. Han aprendido a hablar bien de Cristo imitando a otros, pero no creen en él sinceramente para salvación, para curar y sanar sus almas ni dejar que él
haga allí su obra de mediador…
3. Están dispuestos a ser perdonados por Cristo y a obtener vida eterna, pero esto es lo menos que se requiere de ellos. No lo dejan realizar toda su obra con el fin de que los santifique y los prepare para vivir para Dios, de apartarlos de sus lascivias más queridas y obvias, y de hacerlos obedientes al evangelio; o se dan por satisfechos cuando aceptan el perdón de Cristo, sin aprovechar estos beneficios o sus medios santos. Pero “puesto que tenemos tales promesas” y un Redentor tan bendito, tenemos que “limpiarnos” (2 Cor. 7:1). La obra es nuestra, pero la gracia procede de él. De allí que Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.
4. Algunos, por su arrogancia, creen que serán salvos y que Cristo los perdonará. Esto, que ellos llaman su fe, puede ser la falta de fe más grande del mundo. Los hombres que viviendo en sus pecados creen estar en buen camino, están creyendo exactamente lo contrario a lo que Dios ha dicho en su Palabra “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los
afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios” (1 Cor. 6:9-10). No es la fuerza de nuestro engreimiento, sino el fundamento seguro de nuestra esperanza, lo que nos sostendrá…
APLICACIÓN 2: ¿Creemos en el Hijo de Dios? Ésta será la gran cuestión para decidir nuestro destino eterno.
1. Si crees, Cristo te será precioso: “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso” (1 Ped. 2:7). Cristo no puede ser aceptado donde no es valorado. Y cuando otras cosas compiten con él, Dios no será pródigo con su gracia.
2. Donde hay fe, el corazón será purificado: “Purificando por la fe sus corazones” (Hech. 15:9).
3. Si tú realmente crees en Cristo, tu corazón se apartará del mundo:
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).
4. Si tú tienes una fe auténtica, obra por amor: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6).
Por estas cosas se determinará el caso. Entonces, el consuelo y la dulzura de esta verdad invaden nuestro corazón: que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 
De Sermón XVI, “Sermons upon John III.16”  The Complete Works of Thomas Manton,  Tomo 2.
Thomas Manton (1620-1677): prolífico predicador puritano no conformista cuyas
obras comprenden veintidós tomos. Nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra.

Las Mujeres de la Reforma: Idelete de Bure (1509 – 1549). Margarita de Navarra (1492 – 1549).

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Mujeres Poderosas, unas más piadosas que otras

 

 

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Margarita de Navarra (1492 – 1549)

Margarita de Navarra, de Angulema o de Orléans (11 de abril de 1492-21 de diciembre de 1549), como también se le conoce. Margarita fue una poeta humanista reconocida, además de ser una persona de convicciones firmes, con todo y que se vio exigida por las costumbres de las cortes y fue capaz de superar la banalidad de su clase social

Ella quien dio cobijo a Calvino cuando huyó de la persecución en Francia. Se le dio el título de “primera ministra de los pobres”, a pesar de que era la reina de Navarra. Fue también una escritora creativa. En una época tan inmoral, cuando la corte francesa se deleitaba con la lectura de los cuentos del Decamerón, de Boccaccio, ella escribió el Heptamerón, en el que denunció a los clérigos inmorales, por lo que se arriesgó a ser asesinada su objetivo con la obra que escribió fue introducir la moralidad, el modelo bíblico para un público que no leía la Biblia. Al final de cada cuento puso un comentario y un versículo de la Biblia.

Sin duda, fue también una reformadora que luchó por la causa protestante. Ya que fue la primera mujer en desempeñar un papel activo en los esfuerzos del Círculo Evangélico de Meaux y en promover el estudio y la publicación en francés de las Escrituras traducidas del arameo, hebreo y griego, en busca del camino a la salvación personal mediante la biblia.

Por su creencia de que la salvación eterna podía ser recibida gracias a la sinceridad de la fe individual y del arrepentimiento sincero por los pecados más que de oraciones rutinarias, peregrinaciones, buenas obras o ritos religiosos fue rechazada por la Facultad de Teología de la Universidad de París y por los miembros de la corte que condenaron su proselitismo considerándolo peligroso para la estabilidad de la corona, sin embargo eso no fue obstáculo para tratar de crear en su reino un ambiente propicio para el movimiento protestante.

Sus acciones incluyeron dar refugio a reformadores perseguidos, solicitando y consiguiendo de su hermano Francisco I, Rey de Francia, el perdón y la cancelación de muchos procesos incluyendo del propio Calvino, más tarde en gratitud por este perdón Calvino dedicaría la Institución de la Religión Cristiana al Rey y siguó manteniendo frecuente correspondencia con Margarita. En su reino de Navarra, la cena se distribuía en sus dos partes, los sacerdotes podían casarse y llevaban ropa de calle, además de que el idioma para el culto no era el latín, sino el de la gente.

Cuando murió, el tributo más importante que se le ofreció fueron las lágrimas derramadas por su pueblo alrededor de su tumba.

 

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Idelete de Bure (1509 – 1549)

 “Ten siempre presente lo que busco hallar en ella; porque no soy yo uno de esos enamorados locos que abrazan incluso los vicios de sus amadas cuando pierden el juicio por la hermosa figura de una mujer. La única belleza que me satisface es esta: que ella sea casta, atenta, ni demasiado bonita ni fastidiosa, económica, paciente y cuidadosa de mi salud”.

Estos eran los requisitos que Juan Calvino buscaba en una esposa. Había permanecido soltero hasta la edad de 31 años, pero sus colegas reformadores William Farel y Martin Bucer le animaban a considerar la posibilidad del matrimonio por causa de su salud, de una casa en orden y de liberarse de esas preocupaciones para servir mejor a la iglesia. Incluso llegaron a ofrecerse para echarle una mano en el asunto, pero después de dos intentos fallidos, la cosa quedó en manos de la providencia.

En 1538 Calvino marchó al exilio desde Ginebra y fijó su residencia en la ciudad de Estrasburgo, en Alemania. Durante este período pastoreaba una congregación de refugiados franceses entre los cuales estaban John Stordeur, de la ciudad de Liege, y su esposa Idelette de Bure.

Idelette de Bure, fue su nombre de soltera, nació en Geldern, fue la única esposa de Juan Calvino. Idelette vivió bajo la sombra de la persecución tanto en casa como en el extranjero. El primer esposo de Idelette fue Jean Storder, pastor anabaptista de Lüttich con el que tuvo un hijo y una hija. El matrimonio Storder estaba fascinado con los sermones de Calvino y concordaba con sus doctrinas religiosas. Calvino se hizo amigo de la pareja y a menudo los visitaba en su casa en Estrasbugo. La peste asoló la ciudad llevándose la vida de Stordeur y dejando a su esposa viuda con dos niños. Aunque no se sabe nada de su noviazgo, Juan Calvino e Idelette se casaron en agosto de 1540.

En la correspondencia de Calvino encontramos muy poca información sobre los ocho años y medio que duró su matrimonio, y muy poco se sabe también de la misma Idelette, pero debió ser una mujer notable y una gran ayuda para el reformador de Ginebra. Su marido la llamaba “una mujer de raras cualidades” y “la fiel ayudante de mi ministerio”. Teodoro de Beza también la describe como una “dama sobria y honorable”.

Su vida no fue fácil. Vivir en el siglo XVI ya era bastante difícil si lo comparamos con nuestros niveles de vida actuales, con epidemias continuas, falta de cuidado médico y turbulencias civiles y políticas. A todo esto se añadió aún más tristeza. Su primer hijo, Jacques, nació prematuramente en 1542 y murió poco después. Pero incluso en aquella desgracia, la soberanía de Dios fue un ancla para sus almas. “El Señor ciertamente nos ha infligido una amarga herida con la muerte de nuestro hijo. Pero Él es Padre y sabe lo que es necesario para sus hijos”. Dos años después, Idelette dio a luz a una hija que moriría de fiebres, y más tarde a un tercer hijo que también murió en la infancia, de lo cual ella nunca se recuperó.

Calvino no se separó de la cama de su esposa hasta que murió a la edad de 40 años en marzo de 1549, probablemente de tuberculosis. Pierre Viret describe la condición de su amigo como “un corazón tan roto y lacerado” que a la vez buscaba la fuerza para que la pena no lo venciera y poder seguir cumpliendo con sus deberes. Calvino nunca volvió a casarse.

Respecto al impacto duradero que Idelette supuso en la vida y el ministerio de su marido, dejaremos que sea el propio Calvino el que hable por sí mismo: “Sabes bien qué tierna, o más bien blanda, es mi mente. Si no se me hubiera concedido un poderoso autocontrol, no podría haber resistido tanto tiempo. Y ciertamente, la mía no es una clase de dolor corriente. He sido privado de la mejor compañía de mi vida, de una que, si hubiera estado así dispuesto, habría compartido con gusto no sólo mi pobreza sino también mi muerte. Durante su vida, ella fue la fiel ayudante de mi ministerio. Nunca experimenté por su parte la más mínima pega. Nunca me creó ningún problema, y procuraba no preocuparme durante todo el curso de su enfermedad, y estaba más ansiosa por sus hijos que por ella misma. Como yo me temía que estas preocupaciones mías podrían molestarla, tres días antes de su muerte le mencioné que no dejaría de cumplir con mi deber hacia sus hijos. A lo que ella, yendo directamente al grano, respondió: “Ya los he encomendado a Dios”. Cuando le dije que no me impidiese cuidar de ellos, ella contestó: “Ya sé que no dejarás de cuidar lo que sabes que te ha sido encomendado por Dios”. Su bondad era tan grande que parecía haber abandonado ya el mundo.

Sobre la hora sexta del día, en la que entregó su alma al Señor, nuestro hermano Bourgouin (un anciano de la iglesia de Ginebra) le dirigió algunas piadosas palabras, y mientras lo hacía, ella habló en voz alta, para que todos vieran que su corazón se estaba levantando por encima de este mundo. Porque estas fueron sus palabras: “¡Oh resurrección gloriosa! ¡Oh, Dios de Abraham y de todos nuestros padres, en Ti tan confiado los fieles durante tantos siglos pasados, y ninguno de ellos confió en Ti en vano! ¡Yo también esperaré!”

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

 

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

Las mujeres de la reforma

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Reformadas, reformando hogares y reinos.

Este 2017 es un año muy especial, estamos a las puertas de celebrar el Quinto Centenario del comienzo de la Reforma Protestante.

Se conoce como Reforma al movimiento desarrollado en la iglesia occidental a partir del siglo XVI que planteó transformaciones doctrinales e institucionales de enorme trascendencia para el cristianismo, los cuales llevaron a la separación de algunas iglesias, conocidas a partir de entonces con el nombre de protestantes.

Cuando leemos y aprendemos sobre dicho proceso los nombres de los referentes son, en su gran mayoría, masculinos: Martín Lutero, Juan Calvino, Felipe Melanchton, Ulrich Swinglio, Guillermo Farel, John Knox, Gaspar de Colligny y así suma y sigue.

Sin embargo, una autora afirmó: “Nuestro pueblo no sólo tiene padres, también tiene madres. La historia protestante también tiene nombre mujer ”

Esto nos lleva a plantearnos muchas dudas: ¿Qué ha pasado con la memoria de las mujeres en el movimiento de la Reforma protestante del siglo XVI? ¿Participaron las mujeres en el movimiento de la Reforma? ¿Existen remembranzas escritas acerca de ellas? ¿Por qué no han llegado hasta nosotras el día de hoy? ¿Qué fue lo que pasó?
Ante esto podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que las mujeres protestantes tenemos historia, hubo mujeres que contribuyeron a la Reforma Protestante, el objetivo de esta serie es recuperar parte de ésta. En el siglo XVI el protagonismo de la mujer aunque fue escaso, también fue significativo, existieron mujeres que se impusieron por encima de las costumbres de su tiempo y desempeñaron un papel muy importante en la escena política o religiosa de su tiempo. A favor de la Reforma se proclaman jóvenes y adultas mayores, burguesas y campesinas.

¿A qué se debe esta ausencia del registro de las mujeres en el desarrollo de la Reforma Protestante?

En primer lugar a un asunto propio del desarrollo de la disciplina histórica, esto debido a que cuando comenzó el registro los temas más relevantes tenían relación con hechos bélicos, líderes y en general con los procesos que afectaban la conformación de las grandes unidades territoriales (Reinos e Imperios principalmente). Con la llegada del siglo XIX y la sistematización de la Historia como disciplina científica, aquella costumbre continuó. Entonces, aquellos primeros textos seguían la llamada corriente positivista, estos libros son los más abundantes y hablan muy poco sobre las mujeres y su participación en los grandes procesos (como también la Reforma Protestante), en este mismo sentido ocurre con otros actores sociales y temas (tales como jóvenes, niños, minorías, entre otros). En consecuencia, el contexto de la Reforma algunos mencionan a las mujeres cuando están asociadas a hombres destacados.

En segundo lugar, a mediados del siglo XX surgieron nuevas formas de ver y escribir la historia considerando los temas “olvidados”, entre ellos el aporte de las mujeres a través de los tiempos. Sin embargo, existe el problema del acceso a la información por los límites de las fuentes de información debido a la época en la que fueron registrados los hechos y personajes lo cual no es un obstáculo insalvable.

Por eso, a pesar de no haber estado considerados en la historiografía tradicional, un considerable número de mujeres estuvieron implicadas en la Reforma Protestante y podemos seguir sus rastros en diferentes ámbitos, a diferentes niveles y en varios países como Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y España. Algunas de ellas tenían cierta actividad política: reinas como Margarita de Navarra, Juana de Albret quienes patrocinaron, influyeron en su corte y hombres cercanos a ellas, promulgaron leyes o escribieron para promover la Reforma. Así también, no sólo las de familias nobles participaron en este movimiento de cambio eclesiástico, mujeres anónimas y de estamentos más humildes lucharon a favor de su fe.

Las Predecesoras: Las Beguinas

Las beguinas fueron importante movimiento religioso. Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían reducido una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura.

Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, integrados por mujeres de todas los estamentos sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania. Gracias a las labores que hacían para la comunidad: eran enfermeras, atendían desvalidos y maestras para niñas sin recursos e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencias y así también, mujeres ricas se instalaban en las beguinarias (las casas donde desarrollaban las labores y algunas vivían en comunidad). La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música

Las beguinas eran intensamente religiosas. Querían servir a Dios, dentro y fuera de sus comunidades en el servicio a los demás por eso daban alimentos y enseñaron la Palabra de Dios en los idiomas locales.

Esto fue considerado un sacrilegio porque el lenguaje permitido para el mensaje sagrado era solamente el latín. Y, por escribir y predicar en el idioma de la gente la beguina itinerante Margarita Porette fue acusada por la Inquisición y llevada a la hoguera. Ella escribió la obra “Espejo de las almas simples y aniquiladas por amor a Dios”, que describe la trayectoria de un alma hasta la aniquilación total.

Estas eran ideas contrarias a la predicación de la Iglesia e incluso contrarias a nuestra propia comprensión y a la posterior predicación de la Reforma sobre la salvación por la fe y no por obras. Para Porette, había que hacer un esfuerzo, un camino a seguir para que la persona alcanzase la salvación. Su libro fue quemado, y a ella se le prohibió difundir su mensaje, pero no obedeció y fue quemada por no retractarse de sus creencias. Serenamente llegó hasta la hoguera y muchos lloraron al verla en sus últimos momentos.

La condena de Margarita Porette tuvo como consecuencia el aumento de opositores al movimiento y el desarrollo desde el Siglo XIV al XVII de iniciativas para desalentar su crecimiento. El 14 de abril de 2013, murió en Kortrijk (Bélgica) la hermana Marcella Pattyn, a los 92 años, siendo la última representante de este movimiento religioso.
Gracias a a este movimiento comenzado en el Siglo XII las mujeres como se incluyeron como actores sociales y religiosos. Al comenzar la Reforma, un significativo número de mujeres estuvieron involucradas, en diferentes grados y circunstancias, en la Reforma en países como Alemania, Francia, Italia o Reino Unido.

Nos encontramos con muchas mujeres, como:
Catalina de Bora (1499-1550), quien fue la esposa de Martín Lutero;
Idelete de Bure (1509 – 1549), quien fue la esposa de Juan Calvino;
Argula de Grumbach ( 1492-1563);
Catalina Zell (de Schütz) (1497-1562);
Elisabeth Cruciger (1500-1535) que también participaba en las discusiones teológicas de Lutero y Melanchton;
Elisabeth Ron Brandenburgo (1485-1545);
Olimpia de Morato (1526-1555) que a los 13 años ya sabía griego y latín y leía a Cicerón;
Giulia Gonzaga (1513-1556);
Elisabeth de Brunswick (1510-1558);
Margarita de Navarra (1555-1572);
Juana de Albret (1528-1572);
Renata Ferrara (1510-175);
Giulia Gonzaga (1512-1566);
Catherina Cibo (1501-1557);
Vittoria Colona (14901547);
Isabella Bresegna (1510-1567), española pero exiliada en Nápoles huyendo de la Inquisición)

Nuestra invitación en las próximas semanas en Solo Sana Doctrina, es a analizar los casos más significativos a través de algunas categorías, sin embargo la invitación a profundizar queda más que extendida.

 

[1] Joanna Ortega. «La Reforma Protestante: ¿Qué pasó con las mujeres?» 2 de julio de 2008.

[2] Amparo Lerín Cruz. «Las mujeres en la Reforma Protestante del siglo XVI».  Diario los Andes. 13 de octubre de 2013, año 21, nº 935, p. 18. 

 

 

Ximena Prado Dagnino (Licenciada en Educación, Profesora de Historia, Magíster en Historia Económica y Social PUCV).

 

 

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com y la autora. Publicado con permiso para el presente y los siguiente Blog´s  (“Las mujeres de la reforma. Reformadas reformando hogares y reinos”)

 

El amor inefable de Dios

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“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Tenemos en estas palabras la suma y sustancia del evangelio.

Observamos en ellas:

1. La fuente y el origen de toda gracia y salvación que nos es brindada, el amor inefable de Dios a la humanidad: Porque de tal manera amó Dios al mundo. 2. Lo que Dios usó para recuperarnos de nuestra condición caída o el efecto y fruto que fluye de esta condición: Ha dado a su Hijo unigénito. 3. Su finalidad: Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna…

PRIMERO: EL ORIGEN Y COMIENZO DE TODO ES EL AMOR INFALIBLE DE DIOS: “De tal manera amó Dios al mundo”. Veamos aquí:

1. El objeto: el mundo, la acción: amó; 3. El grado: de tal manera amó… Observemos en estas palabras que el comienzo y la primera causa de nuestra salvación es puramente el amor de Dios. La ocasión externa era nuestra ruina, la causa motivadora interior era el amor de Dios.

1. El amor es el fundamento de todo. Podemos mencionar otras cosas como razones, pero no podemos dar el porqué de su amor. Dios mostró su sabiduría, poder, justicia y santidad en nuestra redención por medio de Cristo. Si preguntamos por qué dio tanta importancia a una criatura que  no tiene ningún valor, creada al principio del polvo de la tierra, para luego caer en la deshonra y no poder serle de ninguna utilidad, tenemos
aquí la respuesta: porque nos amó. Si continuamos y preguntamos: “Pero, ¿por qué nos amó? No tenemos otra respuesta más que: “Porque nos amó”; porque no podemos ir más allá del origen de las cosas. Y Moisés expresa la  misma razón: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó” (Deut. 7:7-8), es decir, en pocas palabras, Te amó porque te amó. Nuestro Señor Jesucristo dio la misma razón: “Sí, Padre, porque así te agradó” (Mat. 11:26). Todo procedió de su misericordia gratuita y no merecida; y más allá de esto es inútil que vayamos en busca del porqué de lo que hizo para nuestra salvación.

2. Lo más notable que es visible en el progreso y la perfección de nuestra salvación por Cristo es el amor. Y es apropiado que el principio, el centro y el final coincidan. Más aún, si el amor es tan evidente en todo el diseño y puesta en práctica de esta obra bendita, lo es mucho más en su origen y principio. La gran finalidad de Dios en nuestra redención es la expresión de su amor y misericordia hacia la humanidad, sí, no solo la expresión sino la demostración de su amor. Esto es lo que dice el Apóstol:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5:8). Se puede expresar que algo es real sin que necesariamente se muestre o presente como algo grande. El designio de Dios fue que no solo creyéramos la realidad, sino que también admiremos la grandeza de su amor. Ahora bien, de principio a fin el amor es tan evidente que no podemos pasarlo por alto. La luz no es más conspicua en el sol que el amor de Dios en nuestra redención por medio de Cristo.

Thomas Manton 1

3. Si hubiera otra causa, tendría que o ser los méritos de Cristo o algo de nuestra parte que fuera digno. (1) Los méritos de Cristo no fueron la primera causa del amor de Dios, sino la manifestación, fruto y el efecto del mismo. El texto nos dice que primero Dios amó al mundo y luego dio a su Hijo unigénito. Juan dice “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros” (1 Juan 3:16). Veamos: así como percibimos y encontramos causas por sus resultados, percibimos también el amor de Dios por la muerte de Cristo. Cristo es el medio principal por el cual Dios cumple los propósitos de su
gracia,  y por lo tanto es representado en las Escrituras como el Siervo de sus decretos.

(2) No hay nada digno en nosotros: Porque cuando su amor lo llevó a dar a Cristo por nosotros, tenía en su mira a toda la humanidad como una masa viviendo en la contaminación o en un estado de pecado y sufrimiento, y por eso nos proveyó un Redentor. Dios al principio hizo una ley perfecta, que prohibía todo pecado so pena de muerte. El hombre desobedeció esta ley, y la seguirá desobedeciendo día tras día cometiendo  toda clase de pecados. Ahora bien, cuando los hombres vivían y seguían en
pecado y hostilidad contra Dios, le plugo enviar a su Hijo para tomar nuestra naturaleza y morir por nuestras transgresiones. Por lo tanto, dar un Redentor fue la obra de su misericordia por gracia. El hombre no amaba a Dios, de hecho, era enemigo de Dios cuando Cristo vino para hacer la expiación: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). “A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado” (Col. 1:21). Estábamos inconscientes de nuestro sufrimiento, indiferentes a nuestro remedio, tan lejos de merecerlo, que ni lo deseábamos. En el principio estaba el amor de Dios, no el nuestro.

Versiculo 130

APLICACIÓN 1: Refutemos todo malentendido en cuanto a Dios. Es el gran designio de Satanás rebajar nuestra opinión de la bondad de Dios. Entonces asaltó primero a nuestros padres, sugiriéndoles que Dios (a pesar de toda su bondad al crearlos) envidiaba la felicidad y dicha del hombre. Y no se ha desviado de su propósito. Busca esconder la bondad de Dios y presentarlo como un Dios que se deleita en nuestra destrucción y condenación, en lugar de nuestra salvación, como si fuera inexorable y no
quisiera hacernos bien. ¿Y para qué? Para que nos mantengamos distanciados de Dios y lo consideremos aborrecible. O si no puede lograr tanto, nos tienta a tener pensamientos burdos, indignos y malos acerca de su bondad y misericordia. No podemos eludir la tentación más que por medio de reflexionar en su amor por el cual Dios dio a su Hijo para salvar al mundo. Esto demuestra que está más lleno de misericordia y bondad que el sol lo está de luz o el mar de agua. Un efecto tan inmenso demuestra la grandeza de la causa. ¿Por qué expresó su amor de una manera tan maravillosa y asombrosa sino para que tuviéramos pensamientos más elevados y grandes de su bondad y misericordia? Por otros efectos, vemos fácilmente la perfección de sus atributos: que su poder es omnipotente (Rom. 1:20), que su conocimiento es omnisciente (Heb. 4:12-13). Y por este efecto, nos es fácil concebir que su amor es infinito o que Dios es amor.

Versiculo 131

APLICACIÓN 2: Seamos vivificados de modo que admiremos el amor de Dios en Cristo. Hay tres características que expresan el regalo de Dios: (1) La buena voluntad del que da; (2) La grandeza del regalo; (3) La falta de mérito del que lo recibe. Las tres coinciden aquí.

(1) La buena voluntad del que da: Su propio amor y nada más movió a Dios a hacer esto. Fue la libre intervención de su propio corazón sin que nosotros lo pensáramos o puidiéramos. No se da ni puede darse otra razón. Nosotros no pedimos tal cosa, no se le ocurriría a nuestra mente y a nuestro corazón, ni en nuestra mente concebirlo ni en nuestro corazón desear tal remedio para recobrarnos del estado caído de la humanidad. No en nuestra mente, porque es un gran misterio: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad” (1 Tim. 3:16). No en nuestro corazón para pedir o desear, porque hubiera sido una solicitud extraña que pidiéramos que el Hijo eterno de Dios se hiciera carne, pecado y maldición por nosotros. En cambio, la gracia ha obrado “mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef. 3:20), más allá de lo que podemos imaginar y más allá de lo que podemos pedirle en oración.

(2) La grandeza del regalo: Grandes cosas penetran nuestra mente, querámoslo o no. El regalo de Jesucristo es tan inmenso que expresa a qué extremo llega el amor de Dios. No tiene un Cristo mejor, ni un Redentor más digno, ni otro Hijo para morir por nosotros, ni hubiera podido el Hijo de Dios sufrir peores humillaciones que las que sufrió por nosotros… Por eso sabemos ahora que Dios nos ama, tenemos aquí una muestra o señal que lo manifiesta.

(3) La falta de mérito del que lo recibe: Esto también es cierto. Somos totalmente indignos de que el Hijo de Dios se encarnara y muriera por nosotros. El Apóstol bien lo recalca: “Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:7-8). El Apóstol alude a la
distinción que era familiar entre los judíos: Tenían sus hombres buenos o ricos, sus hombres justos, celosos de la Ley y sus hombres malos, sujetos a condenación. Quizá daría uno su vida por alguien muy misericordioso, pero sería imposible encontrar alguien que fuera tan generoso y estuviera El amor inefable de Dios  dispuesto a dar su vida por un justo, o alguien totalmente inocente. Pero subrayemos que hay términos mitigantes: quizá y pudiera ser. Sería raro que alguien muriera por otro, por más bueno y justo que fuera. En cambio, la expresión de misericordia fue infinitamente superior a la que cualquier hombre ha demostrado, por más amistoso que hubiera sido. No había nada en el objeto que lo impulsara a hacerlo, porque no somos ni buenos ni justos, sino impíos. Sin tener en cuenta que no hay ningún mérito en nosotros, porque todos estamos en un estado de condenación, envió a su Hijo a morir por nosotros y librarnos de la muerte eterna, y hacernos partícipes de la vida eterna. Dios de tal manera amó al mundo
cuando habíamos pecado y nos habíamos arrojado conscientemente a un estado de condenación.

De Sermon XVI, “Sermons upon John III.16”  The Complete Works of Thomas Manton, D.D. 

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Thomas Manton (1620-1677): prolífico predicador puritano no conformista cuyas obras comprenden veintidós tomos. Nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra.

El Método de la Gracia

Blog25

Mis queridos amigos, debemos mantener un andar dócil, íntimo con el Señor Jesucristo.

Muchos de nosotros perdemos nuestra paz por nuestro andar indisciplinado; alguna cosa u otra se interpone entre Cristo y nosotros, y caemos en la oscuridad; una cosa u otra nos aparta de Dios y esto entristece al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nos deja librados a nuestros propios recursos. Permítanme, pues, exhortarles a ustedes que tienen paz con Dios, que se cuiden de no perder esta paz. Es cierto que una vez que están en Cristo, no pueden apartarse permanentemente de Dios: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Pero aunque no pueden apartarse permanentemente, si pueden apartarse desastrosamente, y pueden vivir el resto de sus días con huesos rotos.

Cuídense de retroceder en nombre de Jesucristo, no entristezcan al Espíritu Santo porque puede ser que nunca en su vida recobren su bienestar. Oh, cuídense de no andar rodando por este mundo de Dios después de haber acudido a Jesucristo. Mis queridos amigos, yo he pagado caro mi infidelidad.

Nuestros corazones son tan malditamente impíos, que si no nos cuidamos, si no nos mantenemos continuamente en guardia, nuestro impío corazón nos engañará y desviará. Será triste ser objeto del azote de un Padre que corrige; recuerde los azotes de Job, David y otros santos en las Escrituras. Por lo tanto, permítanme exhortarles a ustedes que tienen paz, que anden cerca de Jesucristo, se diferencian tan poco de los demás que casi ni se reconocen como verdaderos cristianos. Son cristianos que tienen miedo de hablar por Dios se dejan llevar por la corriente; hablan del mundo como si estuvieran en su elemento; esto no lo hacen cuando recién descubren el amor de Cristo; entonces pueden hablar sin parar de la luz del Señor que brilló en su corazón.

 

George Whitefield (16 de diciembre de 1714 – 30 de septiembre de 1770)

Para Glorificar a Dios debemos renunciar a toda gloria personal

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Así es sin duda. Jamás nos gloriamos como se debe en Él, sino cuando totalmente nos despojamos de nuestra gloria. Por el contrario, debemos tener por regla general, que todos los que se glorían de sí mismos se glorían contra Dios. Porque san Pablo dice que los hombres se sujetan finalmente a Dios cuando toda materia de gloria les es quitada (Rom. 3,19).

Por eso Isaías al anunciar que Israel tendrá todo su justicia en Dios, añade juntamente que tendrá también su alabanza (Is. 4 5, 2 5); como si dijera: éste es el fin por el que los elegidos son justificados por el Señor, para que en Él. Y en ninguna otra cosa, se gloríen. En cuanto al modo de ser nosotros alabados en Dios, lo había enseñado en el versículo; a saber, que juremos que nuestra justicia y nuestra fuerza están en Él. Consideremos que no se pide una simple confesión cualquiera, sino que esté confirmada con juramento; para que no pensemos que podemos cumplir con no sé qué fingida humildad. Y que nadie replique que no se gloría  cuando, dejando a un lado toda arrogancia, reconoce su propia justicia; porque tal estimación de sí mismo no puede tener lugar sin que engendre confianza, ni la confianza sin que produzca gloria y alabanza.

Recordemos, pues, que en toda la discusión acerca de la justicia debemos siempre poner ante nuestros ojos como fin, dejar el honor de la misma entero y perfecto para Dios; pues para demostrar su justicia, como dice el Apóstol, derramó su gracia sobre nosotros, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Rom.3, 2-6). Por eso en otro lugar, después de haber enseñado que el Señor nos adquirió la salvación para alabanza de la gloria de su gracia (Ef. 1:6), como repitiendo lo mismo dice: “Por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9). Y san Pedro, al advertimos de que somos llamados a la esperanza de la salvación para anunciar las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9), sin duda alguna quiere inducir a los fieles a que de tal manera canten las solas alabanzas de Dios, que pasen en silencio toda la arrogancia de la carne.

 

Extraído de Institución de la religión cristiana.

Juan Calvino (10 de Julio de 1509 – Ginebra, 27 de Mayo de 1564)

Cristo El Rey

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Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo     (2 Corintios 10:5).

Ahora llegamos al oficio real por medio del cual nuestro glorioso Mediador ejecuta y cumple el diseño establecido para nuestra redención. Si como nuestro Profeta no hubiera abierto el camino de la vida y salvación a los hijos de los hombres, nunca lo hubieran conocido. Si lo hubieran conocido bien, excepto como su Sacerdote y se hubiera ofrecido a sí mismo para darles salvación, no hubieran podido ser redimidos virtualmente por su sangre. Y de haber sido redimidos, si él no hubiera vivido en la capacidad de Rey para
aplicarles este sacrificio de su sangre, no hubieran tenido ningún beneficio verdadero y personal de su muerte. Porque lo que reveló como Profeta, lo compró como Sacerdote, y lo que así reveló y compró como Profeta y Sacerdote, lo aplica como Rey, primero sometiendo el alma de sus escogidos a su gobierno espiritual, luego gobernándolos
como sus súbditos y ordenando todas las cosas en el reino de Dios para bien de ellos…

DOCTRINA: Jesucristo ejerce su poder como Rey sobre el alma de todos aquellos a quienes el evangelio somete a su obediencia. Después de que los colosenses fueron liberados del poder de las tinieblas, fueron trasladados inmediatamente al reino de Cristo, el Hijo amado (Col. 1:13). El reino de Cristo, que es nuestro tema aquí, es el reino espiritual interior que la Biblia dice mora dentro de los santos. “El reino de Dios está entre vosotros” (Luc. 17:20-21). Cristo mora como un rey sobre su trono en el corazón, la conciencia y los sentimientos de su pueblo (Sal. 110:3). Y su reino consiste de “justicia,
paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17)…

Versiculo 110
PRIMERO, COMENCEMOS CON LA MANERA COMO CRISTO OBTIENE EL TRONO EN EL CORAZÓN DE LOS HOMBRES, Y ESO ES CONQUISTÁNDOLO. Aunque las almas de los escogidos sonsuyas porque le fueron dadas por derecho de redención, [y aunque] el Padre se las dio y Jesús murió por ellas, Satanás las poseyó primero. Y así sucede con Cristo, igual que como con Abraham con quien Dios hizo un pacto prometiéndole la tierra. De hecho eran los cananeos, los ferezeos y los hijos de Anac quienes poseían la tierra, y la posteridad de Abraham tendría que luchar por ella y conquistarla centímetro por centímetro antes de poder disfrutarla. El palacio es legado a Cristo por aquel que lo construyó, pero el hombre armado tiene posesión de él hasta que otro más fuerte que él llega y se lo quita (Luc. 11:20-22). Cristo tiene que luchar para llegar a poseer el alma, aunque tiene derecho a ella, por ser su posesión por lo caro que le costó. Y lo hace, porque cuando llega el momento de recobrarla, envía a sus ejércitos para poseerla, tal como dice el Salmo 110:3, “Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder”, frase que en hebreo también puede significar “en el día de tus ejércitos”, cuando el Señor Jesús envió a sus ejércitos de profetas, apóstoles, evangelistas, pastores, maestros, bajo la dirección de su Espíritu y armados con una espada de dos filos, la Palabra de Dios, cortante y poderosa (Heb. 4:12). Pero eso no es todo:
Él causa que ejércitos de convicciones y tribulaciones los ataquen y los cerquen por todas direcciones, de modo que no sepan qué hacer. Estas convicciones, como una lluvia de saetas, pegan en el centro mismo de sus conciencias. “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hech. 2:37). Las saetas de Cristo son punzantes en el corazón de sus enemigos, de modo que los hombres caen bajo su ataque (Sal. 45:5-6). Por medio de estas convicciones, arrasa con todas sus esperanzas vanas.

Ahora todos sus débiles ruegos y argumentos en su defensa, por la misericordia general de Dios, el ejemplo de otros, etc., no les sirven para nada. Estas convicciones les sacuden profundamente el corazón y desbaratan cada pensamiento que se levanta contra Dios. Ese día en que Cristo se sienta ante el alma y la llama por medio de mensajeros como estos, es un día de sufrimiento interior. ¡Sí, es un día de tribulación como nunca se ha visto! ¡Pero aun así, Satanás se ha arraigado tan profundamente en la mente y la voluntad que el alma resiste el llamado, hasta que se queda sin recursos y que sus torres de orgullo y muros de vana confianza son derrumbados por el evangelio!
Es entonces que el alma anhela a Cristo y lo busca. Claro, ahora acepta los términos, los términos que sean, con tal de salvar su vida. Ahora envía muchos mensajeros como estos a Cristo, quien ha llegado ahora a los portales mismos del alma: “¡Ten misericordia, Señor! ¡Si solo tuviera la seguridad de que me recibirás y perdonarás, me entregaría a
ti en este mismo instante!” Así, el alma queda “encerrada para aquella fe” [en Cristo] (Gál. 3:23) y reducida a la mayor estrechez y pérdida imaginables.

C.H Spurgeon7

Y ahora el Rey misericordioso, cuyos designios son conquistar el corazón, extiende su bandera de misericordia al alma, dándole la esperanza de que tendrá misericordia de ella y que será perdonada, a pesar de su rebelión contra él por tantos años, con solo que se entregue a Cristo. Ahora afloran en el corazón del hombre muchas perplejidades, vacilaciones, dudas, temores, titubeos, irresoluciones y argumentos a favor y en contra de la invitación. A veces no hay esperanza: “Cristo me matará, si me acerco a él”, y entonces tiembla. Pero, ¿quién ha existido que le sucediera esto? Otras almas se han entregado y encontrado misericordia en una medida que no hubieran imaginado. “Ay, pero yo he sido un terrible enemigo suyo”. Lo admito, pero tenemos la promesa del Rey: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”       (Isa. 55:7).

“Pero el tiempo de misericordia ha pasado; ¡he esperado demasiadotiempo! Pero si esto es así, ¿cómo es que Cristo no me ha descartado,no ha quemado mi alma en el fuego, el fuego del infierno?” Él sigueesperando para mostrar su gracia y compasión. Hay mil argumentoscomo este, hasta que, al fin, el alma se convence que si sigue rebelde,perecerá. Y sintiéndose algo animado por los mensajes de gracia enviados a su alma, tales como: “Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios” (Heb. 7:25); y,” al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37), y “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat. 11:28), por fin se decide acudir a Cristo y dice: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el rey de gloria” (Sal. 24:7). ¡Ahora la voluntad se da espontáneamente a Cristo! El baluarte se entrega y se rinde a Cristo. La voluntad cede a Cristo las llaves de todos los cuartos del alma. El corazón duro se parte en dos. Una pobre
alma recurre a la Palabra, llena de ignorancia, orgullo, amor por sí misma, con tal dureza que la deja sin esperanza y resoluciones firmes de seguir en su camino, y después de una hora de discurso, la marea baja… “¿Qué te aqueja, voluntad firme, que te entregas a Cristo, tú, corazón duro que te ablandas y entonces de ti corren las aguas?” Así, el alma es ganada para Cristo. Él anota sus términos y el alma voluntariamente los acepta. Viene a Cristo sometiéndose voluntariamente y con entusiasmo, no queriendo otra cosa que estar bajo su soberanía de ahora y para siempre.

SEGUNDO, CONSIDEREMOS CÓMO CRISTO GOBIERNA EL ALMA DE LOS QUE SE SOMETEN A ÉL. Ejerce su autoridad como Rey sobre ellos en cuatro aspectos:

1. Les impone una nueva ley y les manda que sean estrictos y puntuales en obedecerla. El alma había sido antes un instrumento de Belial y no podía tolerar ninguna restricción: se regía por sus concupiscencias. “Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos,
rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos” (Tito 3:3). Fuera lo que fuera que la carne quería y el apetito sensual ansiaba, tenía que tenerlo, costara lo que costara. Si la condenación era su precio, no había problema siempre que no tuviera que pagarlo ya. Pero ahora ya no podía estar sin la ley de Dios, sin la ley de Cristo. El alma acepta de buena voluntad los artículos de paz el día que pasa a ser objeto de misericordia: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí” (Mat. 11:29). Esta “ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8:2). Aquí hay rigurosidad pero no esclavitud; porque la ley no solo está escrita en la Biblia, el libro de los estatutos de Cristo, sino escrita por su Espíritu en el corazón de sus súbditos. Esto hace de la obediencia un placer, y fácil el negarse a uno mismo. El yugo de Cristo está recubierto de amor, de modo que nunca irrita el cuello de su pueblo…

2. Reprende y disciplina a las almas por las violaciones y transgresiones contra su ley. Ese es otro acto de la autoridad de Cristo:
“El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo (Heb. 12:6-7). Estas disciplinas de Cristo son aplicadas con la vara de providencia en sus cuerpos y consolaciones externas o en sus espíritus y consolaciones interiores. A veces sus reprensiones le duelen al hombre exterior: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Cor. 11:30). No tenían el respeto debido por su cuerpo [en la Cena del Señor] que [era apropiado para ellos], y hará que sus cuerpos sufran por ello. Y prefiere el Señor que su carne sufra, a que sus almas perezcan. A veces les ahorra los sufrimientos externos y se los produce al hombre interior, lo cual es una vara que causa mucho más dolor. Quita la paz y el gozo del espíritu de su pueblo. El hecho que esconda su rostro es una severa reprensión. Sin embargo, todo es para corregir, no para destruir. Y no es poco privilegio el que los súbditos de Cristo reciban una disciplina a tiempo y santificada para apartarlos de sus pecados. “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal. 23:3). A otros les deja seguir en la obstinación de sus propios corazones: Cristo no los disciplina para su bien, no los llama a cuenta por ninguna de sus transgresiones, sino que lidia con todas ellas en el infierno.

Versiculo 111
3. Otro acto de Cristo como Rey es el refrenar a sus siervos e impedirles que caigan en iniquidad y que tomen esos rumbos que sus propios corazones tienen una inclinación de tomar. Porque en ellos hay todavía un espíritu con inclinación de apartarse, pero el Señor en su ternura por ellos no deja que sus almas hagan iniquidad, y que cuando están a punto de pecar: Cuando “casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos” (Sal. 73:2). Es entonces que el Señor previene el pecar quitando providencialmente la ocasión o ayudándolos a resistir la tentación, en su gracia auxiliándoles el espíritu para protegerlos de la tentación que los acecha. Les da una salida para que puedan soportar (1 Cor. 10:13). Por esto su pueblo tiene frecuentes ocasiones de bendecir su nombre por su bondad cuando están expuesto a cualquier impiedad. Y esto, me parece ser el significado de Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”, o sea: “Puede que seas tentado por ellos, pero no cedas, no. Mi espíritu hará que la tentación desaparezca sin haberse manifestado del todo, de modo que muera antes de haberse desarrollado”.

4. Los protege y no deja que se aparten de él y caigan en un estado pecaminoso y de esclavitud a Satanás. Así es, Satanás no cesa en sus constantes intentos para hacer que vuelvan a obedecerle. Nunca deja de tentarlos para que regresen, y donde encuentra un creyente falso, prevalece; pero Cristo protege a los suyos para que no se aparten. “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:12).
Son “guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación” (1 Ped. 1:5). Guardados, como en un cuartel, de acuerdo con la importancia de esa palabra. ¡Ninguno es más solicitado, más seguro que el pueblo de Dios! Son “guardados en Jesucristo” (Jud. 1). No es la gracia de ellos lo que los mantiene a salvo, sino el cuidado y
continua vigilancia de Cristo… Este es su pacto con ellos: “Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jer. 32:40). Como Rey, los guarda. Como Rey, recompensa su obediencia y los anima a servirle sinceramente. Aunque todo lo que hacen para Cristo es por obligación, él ha unido su consolación con su deber: “Estas bendiciones tuve porque guardé tus mandamientos” (Salmo 119:56). Se comprometen a hacerlo en medio de cada deber: “El que se acerca a Dios… es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). ¡Oh a qué gran Señor sirven los santos!

Versiculo 112
6. Calma todas las dificultades y da paz cuando sus espíritus están alborotados. Le “paz de Dios” gobierna en sus corazones (Col. 3:15)… Cuando afloran las emociones tumultuosas, cuando la ira, el odio y el deseo de venganza comienzan a aparecer en el alma, esto soluciona todo. “Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo y a sus santos” (Salmo 85:8). Es el que dice al mar embravecido: “Cálmate” y le obedece, él es el único que puede dar paz al espíritu inquieto… Estos son los actos de Cristo como Rey. Los realiza con poder, dulzura y poderosamente en el alma de su pueblo.

(1) Con poder: Ya sea que nos refrena de pecar o nos impulsa a cumplir nuestros deberes, lo hace eficazmente en el alma: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Cor. 4:20). Y aquellos a quienes el Espíritu guía, marchan adelante ligados en el
espíritu para cumplir sus deberes (Hech. 20:22). También:

(2) No gobierna por compulsión, sino con gran dulzura. Su ley es una ley de amor escrita en sus corazones. La Iglesia es la esposa del Cordero (Apoc. 19:7). “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia” (Isa. 42:3). “Os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo”, dice el apóstol (2Cor. 10:1). Porque se complace en la obediencia voluntaria, no forzada. Gobierna a hijos, no a esclavos, de modo que su poder como Rey está mezclado con su amor paternal. Su yugo no está hecho de hierro, sino de oro.

(3) Gobierna de una manera racional, según el carácter de ellos. “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Os. 11:4), o sea de una manera adecuada para apelar a su razonamiento y obrar sobre [su capacidad intelectual]. Su reino eterno es administrado por su Espíritu, a quien le dio la misión de representarlo en nuestros
corazones.

John Flavel (c. 1630-1691)
Tomado de “The Fountains of Life” en The Works of John Flavel. Tomo 1

El Ejemplo Cristiano

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El argumento más efectivo a favor del Cristianismo es todavía las buenas vidas de aquellos que lo profesan. Una compañía de Cristianos felices de vida pura en la comunidad es una prueba más poderosa que Cristo ha resucitado que cualquier tratado erudito pudiera ser. Y otra ventaja adicional es que, mientras que la persona promedio, común y corriente, no leería una obra teológica ni que se le pagara, nadie puede evadir el argumento práctico presentado por la presencia de mujeres y hombres santos.

Para los hijos e hijas de esta era tensa y altamente mecanizada una vida santa pareciera indiscutiblemente aburrida y aburridora y totalmente sin brillo, carente de interés, pero entre todos los juguetes imaginativos de fantasía que captan el interés del mundo, una vida santa se alza aparte como la única cosa destinada a perdurar.

*Las estrellas no hacen ruido*, dice el proverbio italiano, sin embargo han perdurado a través de todas las civilizaciones y en su modesto silencio han seguido brillantes por los siglos, predicando su sencilla doctrina de Dios y las cosas que perduran. Francisco de Asís compuso unos himnos sublimes y predicó unos sermones hermosos y amenos, pero no se le recuerda ni conoce por ninguno de éstos, sino que ha captado la imaginación moral de la humanidad. La pureza prístina de su vida es la que le ganó un lugar perdurable en los corazones de todos los que buscan a Dios.

El Cristiano que sea celoso de promover la causa de Cristo puede comenzar viviendo en el poder del Espíritu y así reproducir la vida de Cristo a la vista de los hombres. En profunda humildad y sin ostentación, él puede permitir que su luz brille. Tal vez el mundo pretenda no ver, pero lo verá y notará, sin embargo, y es probable que le moleste su conciencia de manera seria por lo que haya visto.

 

Extraído de “Orientando las velas”.

Aiden Wilson Tozer (21 de abril de 1897- 12 de mayo de 1963) fue un reconocido pastor cristiano estadounidense, predicador, escritor,  y conferenciante bíblico.

 

CRISTO EL INTERCESOR

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La oración intercesora es el segundo elemento del oficio sacerdotal [de Cristo], de quien leemos “que también intercede por nosotros” (Rom. 8:34); está “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25) “… para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Heb. 9:24); “abogado tenemos para con el Padre” (1 Juan 2:1).

En cuanto a su intercesión tenemos que considerar su necesidad, naturaleza y eficacia.

PRIMERO CONSIDERAREMOS LA NECESIDAD DE SU INTERCESIÓN. La intercesión es una tarea que corresponde al oficio de Cristo como Sumo Sacerdote: “Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Heb. 8:1).
Como Sumo Sacerdote, está en el cielo; como Sumo Sacerdote está sentado a la diestra de Dios. La tarea de que se ocupa como Sumo Sacerdotes es presentarse ante su Padre en nombre de sus escogidos, intercediendo por ellos. Así es que el oficio de Cristo como Sumo Sacerdote es interceder. Los asuntos por los cuales intercede son: (1) Todo lo que los escogidos necesitan en esta vida a fin de capacitarlos para ir rumbo al cielo —concretamente, el Espíritu Santo que los ilumina, consuela y santifica. Vemos esto en Juan 14:16-17: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre: el Espíritu de verdad”. (2) Intercede para que puedan poseer perfectamente la salvación después de esta vida. “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24). Hebreos 7:25 lo confirma: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Para que los hombres fueran salvos, no era suficiente que por su sufrimiento, muerte y santidad ameritaran salvación; sino que era necesario también que por medio de su intercesión aplicara él la salvación y los hiciera de hecho partícipes de ella. Representativo de esto en el Antiguo Testamento es el Sumo Sacerdote, quien habiendo
terminado la ofrenda de sacrificio, tenía que entrar en el Lugar Santísimo con sangre a fin de rociarla sobre el propiciatorio y quemar incienso. El Señor Jesús, siendo el antetipo, de igual manera tenía que entrar con su propia sangre (Lev. 16; Heb. 9:12). Este requisito previo era tan necesario que sin él no podía ser un sumo sacerdote. “Así que,
si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote” (Heb. 8:4). Si no hubiera sido sacerdote, no habría salvación para los escogidos, porque tienen que venir a Dios y ser salvos por medio de un sacerdote. Por esta razón, sacrificio y oración van juntos. “Cristo es el que murió… el que también intercede por nosotros” (Rom. 8:34). “Abogado tenemos
para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1-2). Esta necesidad también es evidente por las siguientes razones:

Versiculo 106

Primero, le place a Dios que sea reconocido continuamente que fue despreciado por los hombres, que su justicia no permite que el hombre se acerque a él ni él al hombre, excepto por medio de un Garante o Garantía que está continuamente demostrando su expiación. Por lo tanto, está “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).

Segundo, dado que la majestad de Dios ha sido despreciada, no podía tolerar que pudiera acercarse al hombre o aun a la Garantía, sino más bien que la Garantía debiera acercarse a él, y que, por así decirlo, lo haría trayéndole y entregándole el rescate.

Tercero, en cuanto al hombre al igual que el pago del Garante, es también la voluntad de Dios que su gracia al salvar al pecador sea exhibida y siempre reconocida, “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24). Por lo tanto, aunque el sacrificio de Cristo es perfecto y que su expiación es eternamente eficaz, tiene que ser aplicado por medio de una intercesión “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios…acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:14, 16)…

Cuarto, fue también necesario en referencia al Señor Jesús mismo. Él era el Garante y no podía ser eximido de su función en tanto sus escogidos no hubieran sido salvos. A fin de preparar un lugar para los escogidos y de llevarlos a la salvación, tenía que necesariamente haber una intercesión (compárese con Juan 17:24; Heb. 7:25). Por lo tanto el Señor Jesús tiene que continuar con su intercesión hasta que todos sus
escogidos sean reunidos en el cielo.

Quinto, la voluntad del [Padre] es también que el Señor Jesús sea reconocido como todavía involucrado [para beneficio de los escogidos], a fin de que, por él, acudan al trono, y que al hacerlo, encuentren que Cristo es un Garante que lleva sus oraciones ante el Padre (Apoc. 8:3- 4)…Es necesario que el Garante presente continuamente la expiación
ante el trono. Pablo puntualizó esto en Romanos 5:10: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. ¿Y por qué somos salvos por su vida? Porque está “viviendo siempre para interceder por ellos [nosotros]” (Heb. 7:25).

Versiculo 107

EL SEGUNDO FACTOR QUE DEBE SER CONSIDERADO EN RELACIÓN CON LA INTERCESIÓN ES EL MODO COMO SON SUS ORACIONES POR SUS ESCOGIDOS.

Primero, así como Cristo ejecutó el primer elemento de su oficio de Sumo Sacerdote como Garante, o sea, el sacrificio de su cuerpo, también administra el segundo elemento de su oficio, o sea, intercesión, como Garante. No se limita a comparecer ante el trono como un amigo que habla bien en defensa de su pueblo sino que, como Garante, se presenta para hacerse responsable de lograr cabalmente la salvación de los suyos. Esto se hace evidente en Hebreos 7:22-25. En el versículo 22, el apóstol lo llama expresamente “fiador” [garante]. Habla también de él en los versículos subsiguientes: “Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” y sigue “viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:24-25). Además, dado que cumplió el primer aspecto de su oficio sacerdotal como Dios y hombre, la eficacia de su sacrificio que se deriva de su oficio sacerdotal como Dios y hombre, la eficacia de su sacrificio siendo derivada de su naturaleza divina —de la persona divina— Cristo tiene que ser considerado tanto Dios y como hombre en relación con el segundo elemento de su
ministerio sacerdotal. El que la eficacia de su intercesión se deriva también de su Persona, esto es, su naturaleza divina, es avalada por el apóstol en Hebreos 4:14: “[Tenemos] un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios”. Grande es él, pues, siendo el Hijo de Dios, es igual al Padre. Ese es el punto crítico, y es lo que brinda consuelo y valentía…

Segundo, no pensemos que Cristo cae allí de rodillas y ora con fuertes clamores y lágrimas (Heb. 5:7). No, eso fue lo que hizo antes, durante su humillación. No obstante, su intercesión consiste de su aparición con su sangre en el santuario ante el rostro de su Padre: “Que habla mejor que la de Abel” (Heb. 12:24). Consiste de la demostración de la eficacia de su sufrimiento y su muerte.

Tercero, consiste de su voluntad eficaz por la que, en base al pacto, demanda el cumplimiento de todas las promesas para sus escogidos tanto en esta vida (Juan 17:15-17) con en la vida venidera. “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24). El Padre le da licencia para hacer tales
demandas, al decir: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”. Esto es lo que el Padre le promete. “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada” (Isa. 53:10). Esto es lo que demanda el Hijo.

Cuarto, su intercesión consiste en abogar y defender a sus escogidos contra todas las acusaciones en su contra. Por eso, el apóstol Juan lo llama Abogado (1 Juan 2:1) y lo confirma el apóstol que dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también
resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Rom. 8:33-34). Dado que puede demostrar que ha pagado completamente por cada pecado y ha cumplido la Ley en su lugar poniéndose bajo la Ley y siendo obediente a ella, llega a la conclusión que no hay condenación para sus escogidos, sino que tienen
derecho a una felicidad eterna.

Quinto, consiste de presentar las oraciones de sus hijos que han ofrecido en su nombre a través del Espíritu de gracia y suplicación. Dado que han sido ofrecidas en su nombre, sus méritos tienen tanta eficacia que sus oraciones son escuchadas…

EL TERCER FACTOR QUE DEBE SER CONSIDERADO CON RELACIÓN A LA INTERECESIÓN ES SU EFICACIA.

Esto es evidente por tres razones: Primero está la justicia de la causa. Aquí no entran en juego el favoritismo, ni el pasar por alto, ni meramente hace Cristo un pedido. En cambio, el asunto por el cual ruega Cristo como Abogado es totalmente justo y está avalado por una documentación superlativa. Cristo aparece en nombre de sus escogidos con el rescate que él mismo pagó, tan perfecto que no le falta ni un centavo: “… habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo”(Heb. 1:3); “Por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Heb. 9:12).

Versiculo 108

Cumplió la Ley tan perfectamente en nombre de los escogidos que son ellos “justicia de Dios en él”. La justicia de la Ley se cumple en nosotros (Rom. 8:4). Esto le demostró a su Padre, y por lo tanto esto es lo único que puede ser seguido para verdadera justificación y el otorgamiento del derecho de poseer felicidad eterna.

Segundo, la eficacia de su intercesión se hace evidente en su relación entre Dios y los escogidos, como lo es entre un padre y sus hijos. El Señor Jesús ora por aquellos a quienes ha amado el Padre con amor eterno, los ha aceptado como sus hijos, los ha designado para ser objetos de su gracia y bondad, y los ama tiernamente. Por esto, el
Padre anhela que alguien le hable en nombre de ellos. Entonces, ¿cómo podría ser que este Abogado fuera rechazado?

Tercero, esta eficacia se hace evidente también en la persona misma que es el Abogado. Él es el gran Sumo Sacerdote (compárese con Heb. 4:14; 10:21). Es grande en su persona, siendo de la misma naturaleza que su Padre, y grande es la amistad entre él y su Padre. “Porque el Padre ama al Hijo” (Juan 5:20). Con total aceptación, sometimiento y placer se ha convertido en Abogado. Por juramento, se ha consagrado a su oficio sacerdotal y ha obedecido a su Padre en todas las cosas, aun hasta la muerte en la cruz. El Padre mismo dice de él: “Pídeme, y te daré” (Sal. 2:8). ¿Cómo puede un Intercesor tal ser rechazado?

Ahora consideremos todas estas cosas juntas. Como semejante Sumo Sacerdote —el propio Hijo de Dios quien siendo una de las partes en el pacto de redención se ha sometido voluntaria y obedientemente a todo— representa la causa más justa, lo cual puede confirmar por medio de su pasión y muerte y probar con su obediencia a la Ley. Con todo esto, defiende la causa de sus escogidos, haciéndolo ante un Padre benevolente y generoso en nombre de sus hijos y herederos amados.

Por estas razones, su intercesión es eficaz en su máximo grado. Es por esto que es totalmente cierto que prevalecerá y que bendecirá a sus hijos. Sí, si Cristo, mientras estaba sobre la tierra, siempre era escuchado (Job 11:41-42), mucho más él, estando ahora en el cielo recibirá todo lo que pide.

Tomado de The Christian’s Reasonable Service 
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Wilhelmus à Brakel (1635-1711): Teólogo holandés representando la Segunda Reforma Holandesa; nació en Leeuwarden, Holanda.

 

Huir del Pecado

Blog17

“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”        Génesis 4:7 

Dios pronunciará una terrible sentencia contra Caín si se endurece en su maldad y se entrega a su delito. La advertencia es clara: Dios no solo desestima la queja injusta de Caín, sino que también le muestra que no hay mayor adversario para él que el pecado que él mismo desea. Dios, con estas concisas palabras, deja al impío sin escapatoria. Es como si le dijera: «Tu obstinación no te rendirá beneficio alguno, puesto que, aun cuando no quieras tener relación conmigo, tu pecado no te dará tregua, sino que te hostigará, te perseguirá, te apremiará y no te dejará salida». Caín está airado, pero no le sirve de nada. Es culpable de su propia condena interior aunque nadie le acuse. La expresión el pecado está a la puerta hace referencia al juicio interior de la conciencia que convence al ser humano de su pecado y le asedia por todos lados. Quizá el impío imagine que Dios dormita en el Cielo. Puede que intente ahuyentar el miedo al juicio. Sin embargo, el pecado arrastrará a estos fugitivos renuentes de vuelta al tribunal del que desean huir. La expresión de Moisés es especialmente contundente. El pecado está a la puerta, lo cual da a entender que el pecador no sufre el tormento inmediato del temor al juicio. En lugar de eso, rodeándose de todos los deleites posibles para engañarse a sí mismo, parece caminar libremente por el campo abierto y los prados. Sin embargo, al llegar a la puerta, se topa con el pecado, que hace guardia constantemente. Luego la conciencia, que anteriormente estaba libre, también queda arrestada, por lo que el retraso le cuesta un doble castigo.

Cuando pecamos y Dios nos convence de ese pecado, intentamos huir del juicio de muchas formas. Sin embargo, ¿por qué es imposible escapar de los efectos del pecado? ¿Qué clase de castigo podemos aguardar cuando por fin dejemos de correr?

 

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Eclesiastés 8:1-14

 

Extraído del libro “365 días con Juan Calvino” (Editorial Peregrino 2016)

Encontrar la paz en el sufrimiento

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“Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Génesis 3:19

Quienes se someten mansamente a sus sufrimientos presentan una obediencia aceptable a Dios si cargar con esta cruz junto con una mayor conciencia del pecado les infunde humildad. Ciertamente, solo podemos presentar tal sacrificio ante Dios por medio de la fe. Sin embargo, los fieles también se esfuerzan en ganarse la vida con la ventaja de tener un estímulo para el arrepentimiento y adaptarse a la mortificación de la carne. A menudo, Dios sustrae parcialmente la maldición a sus hijos para que no se desmoronen bajo su pesada carga. Dice el Salmo 127:2: «Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño». Dado que las cosas contaminadas por Adán se restauran por medio de la gracia de Cristo, los piadosos sienten con mayor intensidad que Dios es bueno y disfrutan de la dulzura de su bondad paternal. Sin embargo, debido a que, aun en el mejor de los casos, la carne debe ser sojuzgada, no es raro que los piadosos se fatiguen con la dureza de su trabajo y pasen hambre. Es preferible, pues, que cuando se nos advierta de las desdichas de esta vida presente, derramemos lágrimas por nuestros pecados y busquemos consuelo en la gracia de Cristo, que no solo mitiga la amargura del dolor sino que la endulza.

Cuando nos sentimos abrumados por el trabajo, la enfermedad u otras dificultades, presentar esas cosas a Dios en oración nos sirve de ayuda. ¿Por qué es esto así? ¿Cómo nos enseña misericordiosamente Cristo nuestro Salvador a ser humildes además de disfrutar de la dulzura de su presencia?

 

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Filipenses 3

 

Extraído del libro “365 días con Juan Calvino” (Editorial Peregrino 2016)

CRISTO EL PROFETA

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Aunque hay muchos nombres y títulos dados a Cristo, todos se pueden reducir a los oficios de Profeta, Sacerdote y Rey. Estos son ejecutados por Cristo en el orden que los he enunciado:
Primero ejerció el oficio profético, desde su bautismo hasta el final de su vida terrenal. Al morir como Sacerdote, se ofreció como sacrificio a Dios por los pecados de su pueblo y ahora vive para siempre intercediendo por ellos. Al ascender al cielo, fue hecho y declarado Señor y Cristo. Sentado como un Rey en su trono desde entonces ha ejercido su oficio real. Lo hará aún más aparente en el más allá.
Comenzaré con su oficio profético…
PRIMERO: FUE PREDICHO QUE CRISTO APARECERÍA COMO UN PROFETA.

Por lo tanto, los judíos lo esperaban como tal. Es por eso que cuando vieron los milagros que hizo, dijeron: “Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo” (Juan 6:14), significando lo que Moisés había profetizado, habiéndole dicho el Señor: “Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú” (Deut. 18:15, 18). Esto no puede comprenderse como una sucesión de profetas, como afirman los judíos; porque aquí habla de una sola persona… no Josué, ni David ni Jeremías, sino solo Jesús de Nazaret, a quien se refieren [los escritos de Moisés y los profetas] (Hech. 3:22; 7:37)… Fue “levantado” por Dios como profeta. De estos tenían conciencia los judíos; y por lo tanto glorificaron a Dios considerándolo como una visitación suya bondadosa y llena de gracia (Luc. 7:16). Fue levantado “en medio de sus hermanos”, siendo el Hijo de Abraham,
Hijo de David, de la tribu de Judá, nacido en Belén; de hecho era israelita según la carne.
Era “como Moisés”, un profeta, como él y más grande que él. Así como la Ley vino por Moisés, la gracia y verdad vinieron por Cristo. Así como Moisés fue levantado y enviado a ser redentor de Israel, sacándolo de la esclavitud en Egipto, Cristo fue levantado y enviado a ser Salvador y Redentor de su pueblo de una esclavitud peor que la egipcia. Así como Moisés fue fiel en la casa de Dios, lo fue también Jesús: En Hebreos 3:2-6 encontramos una comparación entre ambos en la cual Cristo tiene la preferencia. Las palabras de Dios fueron “puestas en la boca” de Cristo. La doctrina que predicaba no era suya propia, sino de su Padre. No hablaba por sí mismo, sino lo que el Padre le decía, eso hablaba; y hablaba “todo” lo que recibía de este y lo que este le mandaba. Así es que Cristo fue fiel a Aquel que lo había ungido (Juan 7:16; 8:29; 12:49-50; 15:15; 17:6, 8). Por lo tanto, Cristo fue escuchado, tal como su Padre les indicó a sus apóstoles que lo hicieran: “Este es mi Hijo amado…a él oíd” (Mat. 17:5), refiriéndose claramente a la profecía ya enunciada.

Versiculo 88
Las cualidades de Cristo para este oficio profético también fueron predichas, estas se encuentran en los dones y las gracias del Espíritu, los cuales recibió sin medida: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos” (Isa. 61:1). Cristo predicó su primer sermón en
Nazaret tomando este pasaje de las Escrituras, y habiendo leído el texto, dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Luc. 4:16-21; ver Isa. 11:1-2).
También hay en el Antiguo Testamento varios nombres dados a Cristo que se refieren a su oficio profético: “Mensajero”, el mensajero del pacto, cuya tarea era explicar y declarar su significado. Igualmente como el apóstol de nuestra profesión: “elocuente mediador muy escogido, que anuncie al hombre su deber” (Job 33:23) —un intérprete de la mente y la voluntad de Dios a quien llevaba dentro y se las revelaba, siendo su misión predicar justicia y rectitud, aun la suya, en la gran congregación. Y lo hizo (Sal. 40:9)… Es llamado “Consejero”, no solo porque estaba ocupado en el consejo de la paz, sino también porque da orientación y consejos sobre el evangelio, tanto a santos como a
pecadores (Isa. 9:6; Apoc. 3:18). Es presentado como un “Maestro” de los caminos de Dios y de las verdades del evangelio, llamados Ley o doctrina (Isa. 2:2-3; 42:4; Joel 2:23)… Además, es llamado “Luz” para alumbrar a los gentiles al igual que a los judíos y para impartir un conocimiento claro de la verdad tal como está en él mismo (Isa. 9:2; 42:6). De la misma manera, [es llamado] “testigo a los pueblos” (Isa. 55:4, y para ser testigo de la verdad es que vino al mundo. ¡Y un testigo fiel es él (Juan 18:37; Apoc. 3:14)! Todo lo que le pertenecía y que señalaba al oficio profético de Cristo apareció y se cumplió en nuestro Jesús. Sí, el mismísimo lugar y los sectores más específicos de Judea, donde principalmente iba a ejercer su función de profeta fueron predichos (ver Isa. 9:1; cf Mat. 4:12-15).

John Gill 2
SEGUNDO, LA EVIDENCIA Y PRUEBA DE QUE CRISTO ERA ESE PROFETA QUE VENDRÍA SON LOS MILAGROS QUE FUERON REALIZADOS POR ÉL.

Cuando Cristo hizo el milagro de alimentar a cinco mil personas con cinco panes y dos pececillos, algunos de los judíos que vieron el milagro se convencieron y dijeron:
Cristo el profeta  “Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo”
(Juan 6:14). Y cuando resucitó al hijo de la viuda de Naín a quien llevaban para sepultar, dijeron: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (Luc. 7:16). Del mismo modo, por sus milagros, Nicodemo estaba convencido que había “venido de Dios como maestro” (Juan 3:2). Los judíos esperaban que cuando viniera el Mesías, haría muchos y grandes milagros. Tenían buena razón para ello: había sido predicho que así sería (Isa. 35:4-6). Por eso, cuando vieron qué clase de milagros y cuán numerosos eran los que hacía Cristo, algunos de los judíos creyeron que era el Cristo (Juan 7:31). Cuando Juan [el bautista] envió a dos de sus discípulos para que le preguntaran a Cristo si era “el que
había de venir” ––el profeta que había de venir— o si debían esperar a otro, les pide que vayan y le cuenten a Juan lo que habían visto y oído, refiriéndose a los milagros que había realizado. Los menciona específicamente y termina diciendo: “a los pobres es anunciado el evangelio” y con estas palabras finaliza su respuesta (Mat. 11:2-5).
Apelaba frecuentemente a sus milagros, no solo como pruebas de su deidad sino de que era el Mesías (Juan 5:36; 10:37-38). Estos milagros eran reales e indubitables: eran tales que superaban las leyes y el poder de la naturaleza, ¡lo cual una mera criatura nunca hubiera podido hacer!…Lo siguiente a considerar es:
TERCERO, LAS PARTES DEL OFICIO PROFÉTICO CUMPLIDO POR CRISTO, que son:
3.1 Primero, predecir eventos futuros: Por ser Dios omnisciente sabía todas las cosas del futuro… y las anunciaba, [como por ejemplo] un asna atada en cierto lugar a donde mandó a sus discípulos para que la soltaran. Les comunicó lo que los dueños les dirían sobre eso y lo que debían responder. [Predijo] a un hombre llevando una vasija de
agua, a quien sus discípulos debían seguir, lo cual los llevaría al dueño de una casa donde se prepararía la Pascua para él y para ellos (Mar. 11:2-6; 14:13, 16).
Pero más específica y especialmente, Cristo predijo sus sufrimientos y su muerte, cómo habría de morir crucificado (Mat. 16:21; 20:18-19; Juan 12:31-32), y la manera como habría de suceder su muerte ––por la traición de uno de sus discípulos a manos de sus enemigos. Sabía desde el principio quién lo entregaría y les declaró a sus discípulos en
general que sería uno de ellos; y se dirigió a Judas en particular pidiéndole que lo hiciera pronto. Y cuando llegaba el momento para que se cumpliese el ardid de Judas, Cristo le dijo a sus discípulos: “Se acerca el que me entrega”, y enseguida apareció Judas con una gran multitud y una banda de soldados para prenderlo a una señal de Judas  (Juan 6:64; 13:18, 21; Mat. 26:46-47). Cristo predijo la conducta de sus discípulos hacia él una vez preso: se escandalizarían de él lo abandonarían; y que Pedro, específicamente, lo negaría tres veces antes que cantara el gallo, todo lo cual sucedió exactamente como lo anunció (Mat. 26:31, 34, 56, 74-75).
También predijo su resurrección de los muertos el tercer día, lo cual hizo en un lenguaje más oscuro y figurativo, pero con una señal más clara y fácil, [al destacar] la señal del profeta Jonás. Y a pesar de todas las precauciones que tomaron los judíos quienes sabían que lo había predicho, así se cumplió. (Juan. 2:19; 12:39-40; Mat. 16:21; 27:63-66). Habló de cómo sus discípulos serían tratados después de su partida: que serían entregados a los concilios, y azotados en las sinagogas; y delante de gobernadores y reyes serían llevados por causa de él; serían ajusticiados y aquellos que los mataran pensarían que le habían hecho un favor a Dios. Todos esto sucedió y se cumplió en todos sus discípulos (Mat. 10:17-18; Juan 16:2). Predijo la destrucción de Jerusalén, las señales previas, sus sufrimientos y lo que luego seguiría (Mat. 24:1-51)… El libro de Apocalipsis es una profecía dada por Cristo a Juan, concerniente a todo los que sucedería a la iglesia y al mundo, en el primer caso, desde la resurrección de Cristo hasta su Segunda Venida. La mayor parte [de esto] se ha cumplido de un modo asombroso, y hay buena razón para
creer que el resto a su tiempo también se cumplirá.
3.2. Segundo, otra parte del oficio profético de Cristo es la de la predicación de la Palabra. En las Escrituras, esto a veces es llamado profecía (1 Cor. 14:3). Esto realizó Cristo al interpretar la Ley, dándole el verdadero sentido, destacando su espiritualidad y extensión, y vindicándola de los falsos comentarios de los fariseos (Mat. 5:1-48),
pero principalmente predicando el evangelio. Estaba altamente calificado para hacer esto. Lo hacía persistentemente, predicándolo en una ciudad y luego en otra, donde fuera que era enviado, y luego por toda Galilea y otras regiones (Luc. 4:43; Mat. 4:23). Lo hacía con una autoridad que los escribas y fariseos no tenían (Mat. 7:29), declarando
que lo que predicaba lo había recibido del Padre, quien le había dado a conocer su mente y voluntad sellando así las profecías. Por eso, no tenemos que hacer caso a ningunas supuestas profecías y revelaciones de hombre, que no coinciden con la Palabra de Dios (Juan 1:17; 15:15; Heb. 1:1-2; Dan. 9:24), y que Cristo enseñó libremente, con valentía y sin temor ni haciendo acepción de personas, tal como lo admitieron los
judíos mismos (Mat. 22:16). Hablaba con una sabiduría, prudencia y elocuencia, jamás vista hasta entonces (Juan 7:46) y con tal dignidad y Cristo el profeta  con palabras tan llenas de gracia ––la gracia destilaba de sus labios— que los que lo escuchaban no salían de su asombro (Sal. 45:2; Luc. 4:22). Esta parte de su oficio profético no se expresaba únicamente en el ministerio externo de la Palabra, sino también en la iluminación
poderosa e interior de la mente: en abrir el corazón, como sucedió con Lidia (Hech. 16:14) para que prestara atención a lo que se decía, y en abrirle el entendimiento para comprender las Escrituras, para recibir y hacer suyas las verdades divinas: la palabra viniendo no solo como palabra, sino con poder del Espíritu Santo y mucha seguridad.
CUARTO, EL TIEMPO CUANDO CRISTO CUMPLIÓ ESTE OFICIO:

Podemos considerar este oficio como cumplido “inmediatamente” o “mediatamente”.

4.1 Inmediatamente, por Cristo, solo por su persona misma. Esto fue aquí en la tierra en su estado de humillación. Porque vino de Dios como un Maestro, siendo enviado y ungido por él para predicar el evangelio, inició rápidamente este oficio después de su bautismo y siguió ejerciéndolo hasta su muerte, pero solo a las ovejas perdidas de
Israel a las cuales había sido enviado. Les dio a sus discípulos la comisión de predicar el evangelio a ellas solamente en ese tiempo porque era “siervo de la circuncisión”, o sea, un siervo de los judíos circuncidados y a ellos solamente (Rom. 15:8).

4.2 Mediatamente, por su Espíritu, por los profetas del Antiguo Testamento y por los apóstoles y siervos del Nuevo. En este sentido, ejerció el oficio de Profeta tanto antes como después de su estado de humillación.
4.2.1. Antes de su encarnación: De hecho, a veces sí se apareció personalmente en forma humana y predicó el evangelio a los hombres, como a nuestros primeros padres en el huerto del Edén, inmediatamente después de la Caída. Declaró que “la simiente de la
mujer”, dando por entender él mismo, “heriría [a la serpiente] en el calcañar”. Esta buena nueva, estrictamente hablando: fue “anunciada primeramente por el Señor” (Gén. 3:15; Heb. 2:3). Es así que, con el nombre de Ángel del Señor, y muy probablemente en forma humana, se apareció a Abraham y le predicó el evangelio, diciendo: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gén. 22:15-18; Gál. 3:8). Estuvo con miles de ángeles en el Monte Sinaí… Estuvo con Moisés en el desierto, le habló en el Sinaí y le dio las palabras divinas de vida (Sal. 68:17-18; Hech, 7:38)…Y así como los santos profetas 5 inmediatamente –directamente, sin nadie ni nada entre medio.
mediatamente – indirectamente, actuando a través de alguien o algo. Él mismo – algunos creen que la “semilla” incluía también a los escogidos de Dios.  desde el principio del mundo hablaron de Cristo, él, por su Espíritu, hablaba en ellos y testificaba de sus sufrimientos y de la gloria que luego vendría (1 Ped. 3:18-20; 1:11).

4.2.2. Cristo siguió ejerciendo su oficio profético después de haberse terminado su estado de humillación, y fue resucitado de entre los muertos y fue glorificado. Después de eso, se apareció a sus discípulos y les habló sobre lo que las Escrituras decían de él. Les abrió el entendimiento para que pudieran comprenderlas y les habló de las cosas concernientes al reino de Dios. Los instruyó [en esas cosas] y les renovó la comisión de que predicaran y bautizaran, y la amplió. Cristo les prometió estar con ellos y con sus sucesores hasta el fin del mundo.
Para entonces, no en su propia persona, sino después de su ascensión al cielo, Cristo en y a través de sus siervos, fue y les predicó paz a los que estaban cerca y a los que estaban lejos, tanto judíos como gentiles. Aquellos que los oyen, lo oyen a él. Aquellos que los desprecian, lo desprecian a él. Así continúa y continuará ejerciendo su oficio profético en y a través de sus siervos y a través de su Espíritu, cuidándolos a través de las edades hasta el final de los tiempos, hasta haber recogido a todos sus escogidos.
Tomado de A Complete Body of Doctrinal Divinity Deduced from the Scriptures
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John Gill (1697-1771): Pastor bautista, teólogo y erudito bíblico; nacido en
Kettering, Northamptonshire, Inglaterra.

 

John Flavel 2
Aquellos que enseñan a los hombres deben primeramente ser enseñados por
Cristo. Todos los profetas del Antiguo Testamento y todos los profetas, pastores y
maestros del Nuevo Testamento han recurrido a su antorcha para prender sus
velas… Lo que Pablo recibió del Señor, él entregó a la iglesia. Jesucristo es el
Pastor principal, y todos los pastores que son sus siervos, de él reciben sus dones y
sus comisiones. Estas cosas se dan a entender claramente en el oficio profético de
Cristo. —John Flavel

La Fe

 

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La fe es una cosa viva, laboriosa, activa, poderosa, de manera que es imposible que no produzca el bien sin cesar.

Tampoco interroga si hay que hacer obras buenas, sino que antes que se pregunte las hizo y está siempre en el hacer. Pero quien no hace tales obras es un hombre incrédulo, anda a tientas. Busca la fe y las buenas obras y no sabe lo que es fe o las buenas obras, y habla y charla mucho sobre ambas.

La fe es una viva e inconmovible seguridad en la gracia de Dios, tan cierta que un hombre moriría mil veces por ella. Y tal seguridad y conocimiento de la gracia divina hace al hombre alegre, valiente y contento frente a Dios y a todas las criaturas, que es lo que realiza el Espíritu Santo en la fe. Por eso se está dispuesto y contento sin ninguna imposición para hacer el bien y servir a cualquiera, para sufrir todo por amor y alabanza a Dios que le ha mostrado tal gracia.

Por consiguiente, es imposible separar la obra de la fe, tan imposible como es separar el arder y el resplandecer del fuego. Por ello debes tener tanto cuidado ante tus propios falsos pensamientos y ante inútiles charlatanes que quieren ser inteligentes para juzgar sobre las buenas obras y son los más torpes. Ruega a Dios para que produzca en ti la fe, de lo contrario quedarás eternamente privado de ella aunque inventes o hagas lo que quieras o puedas.

 

Martín Lutero

Extraído del Comentario a la Epístola de Romanos de Lutero

La Obra Santa

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Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Génesis 2:15

Ahora Moisés nos dice que la tierra se entregó al ser humano a condición de que la cultivara. Cabe deducir, pues, que el ser humano fue creado para que se dedicara al trabajo y no permaneciera ocioso. Ciertamente, el trabajo se concibió como algo placentero y grato, libre por entero de cansancio y malestar. Dado que Dios había dispuesto que el ser humano cultivara la tierra, también condenaba todo reposo indolente. Nada hay más contra natura que pasarse la vida comiendo, bebiendo y durmiendo sin trabajo que hacer. Afirma Moisés que a Adán se le entregó la custodia del huerto. Tal cosa muestra que poseemos todas las cosas que Dios nos ha entregado a condición de que nos contentemos con utilizarlas de forma frugal y moderada, y de que cuidemos lo restante. Que el dueño de un terreno disfrute de su cosecha anual sin permitir que la tierra resulte perjudicada por su negligencia. Que trabaje para dejarla en herencia a sus descendientes en el mismo estado que la recibió o mejor cuidada si cabe. Que se alimente de su fruto de tal forma que no la agote por el exceso de lujo ni la perjudique o destruya por negligencia. Y no solo eso, que cada uno de nosotros se considere un mayordomo de Dios en todo lo que posea para demostrar economía e inteligencia con todas las buenas cosas que Dios nos ha dado. Obrando así, no nos comportaremos de forma disoluta ni corromperemos por una utilización indebida aquello que Dios nos exige que protejamos.

Trabajar con ahínco es un don de Dios, no una maldición del pecado. Gocémonos, pues, en el trabajo bien hecho. El trabajo diligente y meticuloso glorifica a nuestro Creador al cumplir una parte importante de su voluntad para el género humano. ¿Trabajas «para Dios» o «para los hombres»?

 

Lectura recomendada Mateo 25:14-30 

Extraído del libro “365 días con Juan Calvino” (Editorial Peregrino 2016)