Los deberes de esposos y esposas 2

Blog120B.jpg

Deberes que corresponden a ambos por igual

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24) y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de (tu) padre” (Sal. 45:10). Él tiene que “vivir con” su esposa (1 Ped. 3:7) y ella que “no se separe de su marido”, aunque éste sea inconverso (1 Cor. 7:10). Los otros deberes del matrimonio  requieren vivir juntos, teniendo relaciones sexuales regularmente, las cuales cada uno le debe al otro (1 Cor. 7:3-5). El A.T. prohíbe que los esposos vayan a la guerra durante su primer año de matrimonio (Deut. 24:5). Esto muestra la importancia de vivir juntos.

2. Amándose el uno al otro. Éste es un deber tanto del esposo (Col. 3:19) como de la esposa (Tito 2:4). El amor es la gran razón y el consuelo del matrimonio. Este amor no es meramente romance, sino afecto y cuidado auténtico y constante y “entrañablemente de corazón puro” (1 Ped. 1:22) el uno por el otro. El amor matrimonial no puede basarse en belleza o riqueza, pues éstas son pasajeras y ni siquiera en la piedad, pues ésta puede menguar. Tiene que basarse en el mandato de Dios que nunca cambia. El voto matrimonial es “para bien o para mal” y los casados deben considerar a sus cónyuges como lo mejor en este mundo para ellos. El amor matrimonial tiene que ser duradero, perdurando aun después de que la muerte haya roto el vínculo (Prov. 31:12). Este amor de corazón puro produce, como consecuencia, el contentamiento y consuelo. Guarda contra el adulterio y los celos. Previene o reduce los problemas familiares. Sin él,el matrimonio es como un hueso dislocado. Duele hasta que vuelve a encajarse en su lugar.

3. Siendo fieles el uno al otro. Cada varón debe tener (sexualmente) su propia esposa y cada esposa, su propio marido (1 Cor. 7:2) y sólo los suyos propios. Imiten al primer Adán, quien tuvo sólo una esposa y al segundo Adán, quien tiene una sola iglesia. El pacto matrimonial los enlaza a ustedes a sus propios cónyuges: Los más queridos, dulces y mejores del mundo. La infidelidad más pequeña, aun en el corazón, puede llevar a un adulterio en toda la extensión de la palabra. Sin arrepentimiento, el adulterio destruye la felicidad terrenal, al igual que la expectativa razonable del cielo. Casi disuelve el matrimonio y, en el A.T., era un crimen sancionado con la pena de muerte (Deut. 22:22). Cuídense para evitar las tentaciones de este pecado. El hombre que no se satisface con una mujer, nunca se satisfará con muchas porque este pecado no tiene límites. La fidelidad también incluye guardar el uno, los secretos del otro. Estos no deben revelarse, a menos que exista una obligación mayor. Contar los secretos del cónyuge es malo cuando sucede por accidente, peor cuando es el resultado de un enojo y peor todavía cuando es motivado por el odio.

4. Ayudándose el uno al otro. La esposa ha de ser “ayuda idónea” para su esposo (Gén. 2:18), lo cual implica que ambos deben ayudarse mutuamente. Deben compartir estas cosas:

A. Su trabajo. Si ella trabaja en casa y él trabaja fuera, el trabajo de ambos será más fácil. Para motivación, preste él atención a todo el libro de Proverbios y ella, especialmente, al último capítulo.

B. Sus cruces. Aunque los recién casados esperan que el matrimonio sea sólo placer, las dificultades de seguro llegarán (1 Cor. 7:28). Quizás tengan que enfrentar la pérdida de bienes mundanales, daño a sus hijos, aflicciones causadas por amigos, tanto como por enemigos. Cada cónyuge tiene que ser un amigo para el otro, venga lo que venga.

C. Su consagración a Cristo. Vivan como herederos “juntamente de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). La meta más alta del matrimonio es promover la felicidad eterna mutua. En esto, la cooperación es muy importante. Los conocimientos de él, deben ayudar a vencer la ignorancia de ella y el fervor de ella, el desaliento de él. Cuando el esposo está en casa, debe instruir y orar con su familia y santificar el Día de reposo pero, en su ausencia, ella debe atender estas cuestiones.

5. Siendo pacientes el uno con el otro. Este deber es hacia todos, pero especialmente, hacia nuestro cónyuge (Ef. 4:31, 32). ¡En el matrimonio hay muchas tentaciones para impacientarse! Perder los estribos causa guerras civiles en casa y nade bueno viene de ello. Ambos necesitan un espíritu humilde y quieto. Aprendan a estar en paz consigo mismos para mantener la paz. Retírense hasta que la tormenta haya pasado. Ustedes no
son dos ángeles casados, sino dos hijos pecadores de Adán. Disimulen las faltas menores y tengan cuidado al confrontar las mayores. Reconozcan mutuamente sus propios pecados y confiésenlos todos a Dios. Cedan el uno al otro en lugar de ceder al diablo (Ef. 4:27).

6. Salvando el uno al otro. 1 Corintios 7:16 insinúa que nuestro gran deber es promover la salvación de nuestro cónyuge. ¿De qué sirve disfrutar del matrimonio ahora y luego irse al infierno juntos? Si uno deja que su cónyuge vaya a condenación ¿dónde está su amor? Ambos deben inquirir sobre el estado espiritual del otro y usar los medios debidos para mejorarlo. Crisóstomo dijo: “Vayan los dos a la iglesia y luego dialoguen juntos sobre el sermón”. Si los dos ya son cristianos, entonces han de hacer lo que pueden para ayudarse mutuamente a llegar a ser santos más perfectos. Hablen con frecuencia de Dios y de cosas espirituales. Sean compañeros peregrinos a la Ciudad Celestial.

7. Manteniendo relaciones sexuales matrimoniales con regularidad, pero  moderadas. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb.13:4. La relación sexual en el matrimonio ha sido diseñada para remediar los afectos impuros, no excitarlos. No pueden ustedes realizar con su cónyuge cada necedad sexual que se les ocurra, por el mero hecho de estar casados. Ser dueños de un vino, no les da permiso para emborracharse. Sean moderados y sensatos. Por ejemplo, pueden abstenerse por un tiempo para dedicarse a la oración (1 Cor. 7:5). Aun en las relaciones matrimoniales tenemos que demostrar reverencia a Dios y respeto mutuo. El amor auténtico no se comporta groseramente.

8. Cuidando el uno los intereses del otro, en todas las cosas. Ayúdense a mantener una buena salud y estén enfermos juntos, por lo menos en espíritu. El uno no debe ser rico, mientras el otro sufre necesidad. Promueva cada uno, la buena reputación de su cónyuge. El esposo, naturalmente y con razón, se interesa por las cosas que son del mundo, cómo puede agradar a su esposa y la esposa hace lo mismo (1 Cor. 7:33, 34). Esto da honor a su fe, consuelo a sus vidas y una bendición en todo lo que tienen. Deben ser amigos íntimos, riendo y llorando juntos, siendo la muerte, lo único que separa sus intereses.

9. Orando el uno por el otro. Pedro advierte qué hacer para que “vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7), lo que sugiere es que deben orar el uno por el otro y juntos. “Oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril” (Gén. 25:21). Tenemos que orar por todos, pero, especialmente, por nuestro cónyuge. El amor más puro se expresa en la oración sincera y la oración preserva el amor. Procuren tener momentos de oración juntos. El Sr. Bolton oraba todos los días dos veces en privado, dos veces con su esposa y dos veces con su familia. La oración eleva al matrimonio cristiano por encima de los matrimonios paganos y de la cohabitación de los animales.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

_______________________

Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

Anuncios

El mito de las maldiciones generacionales 3

Blog119C.jpg

Herejías en la enseñanza de la maldición generacional

¿Qué daño hace tomar livianamente las Escrituras y decir algunas oraciones extras? He aquí una lista incompleta de los efectos perjudiciales de la maldición generacional.

1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (cf. 2 Ti. 3:15-17; 2 P. 1:3-8).

2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.

3. Tergiversa el evangelio de Cristo (cf.Gá.1:6-9)

4. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal. La popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales se centra en la corriente de la psicología moderna, se rehúsa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la Iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general consiste en pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y nos advierten que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho: “El Diablo me hizo hacerlo“.

1. Nos acerca un paso más al paganismo de la nueva era del que fuimos llamados.

2. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras.

Las Escrituras nos enseñan que cada persona es responsable de sus propios pecados y que ninguno pagará por los pecados de sus padres

Jeremías, contemporáneo de Ezequiel, habló a los judíos en Jerusalén: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jer. 31:29,30).

Estos pasajes son claros. En efecto, este es el principio de que las Escrituras se interpretan a sí mismas: los pasajes difíciles deben ser interpretados a la luz de pasajes más claros, como estos de Ezequiel y Jeremías.

Es importante notar que no todos los judíos en esos tiempos trataban de culpar a los demás. Aun-que tuvo las mismas pruebas del cautiverio en Babilonia, el profeta Daniel mostró una actitud opuesta a sus contemporáneos en Judá y Babilonia. En vez de culpar por su destino a sus antecesores, como hacía el público oyente de Jeremías y Ezequiel, él aceptó su propia responsabilidad personal y la de sus contemporáneos por el juicio que había caído sobre ellos. Escribió: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas […]. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Dn. 9:4, 5,7-9).

En la oración de Daniel, no se menciona que la razón del exilio sea por los pecados de los padres. Esto es aun más asombroso si recordamos que Daniel era consciente de que, por generaciones, Dios había enviado profetas para advertir a Israel de ese juicio si no se arrepentían.

En el tiempo de Jesús, los judíos habían olvidado otra vez las correcciones del paganismo expresadas por Moisés y los profetas. Jesús encaró los mismos asuntos. En Juan 9:1-3 leemos: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Aunque los discípulos tenían el antiguo punto de vista pagano de que la culpa y el pecado podrían ser heredados, Jesús enfatizó la gloria y la gracia de Dios.

Jesús también afirmó: “Vete, y no peques más” (Jn. 8:11). Las palabras de Jesús sugieren que el perdón de Dios basta para alcanzar un grado tal de transformación espiritual que produzca un cambio de vida. Jesús creía que la mujer a quien acababa de perdonar era libre de escoger si permanecería en el pecado o se apartaría de él. No se hace ninguna referencia a la necesidad de una oración adicional, una ceremonia, o una fórmula de renunciación para complementar la oferta de la gracia y el perdón de Dios.

Continuará …

______________________

Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Los deberes de esposos y esposas 1

blog1120

El matrimonio es el fundamento de toda la sociedad. Por lo tanto, este tema es muy importante. Explicar a ustedes los deberes conyugales es mucho más fácil que convencerlos a cumplirlos en la práctica. Ajusten su voluntad a las Escrituras, no viceversa. Hagan suyo Efesios 5:33.

1. La conexión. 

“Empero” es una transición de la realidad de la relación de Cristo con la iglesia. Significa que a pesar de ser un ideal inalcanzable, deben tratar de alcanzarlo o que, por ser un noble ejemplo, deben imitarlo en su relación con su cónyuge.

2. La directiva.

A. La obligación universal de ella. “Cada uno… de vosotros”, no importa lo bueno que sean ustedes o lo malo que sean sus cónyuges. Todos los maridos tienen derecho al respeto de sus esposas, sean ellos sabios o necios, inteligentes o lentos, habilidosos o torpes. Todas las esposas tienen derecho al amor de sus esposos, sean hermosas o feas, ricas o pobres, sumisas o rebeldes.

B. La aplicación particular de ella. “De por sí”, cada uno, cada esposo y esposa debe aplicar esto a su propio caso en particular.

3. Resumen de los deberes.

A. El deber de cada esposo. Amar a su esposa. Éste no es el único deber, pero incluye a todos los demás. Debe amarla como a sí mismo. Esto es cómo (la Regla de Oro) y por qué ha de amarla (porque ambos son en realidad uno, amarla dará como resultado bendiciones para él).

B. El deber de cada esposa. Temer (griego) o reverenciar (RV 1909) o respetar (RV 1960) a su marido, por su persona y por su posición. Esto incluye necesariamente amor porque si ella lo ama, tratará de agradarle y evitar ofenderlo.

Doctrina: Cada esposo debe amar a su esposa como a sí mismo y cada esposa debe respetar a su esposo.

Recuerden que éste es el consejo de su Creador, articulado claramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y, tanto por Pablo, el apóstol a los gentiles (Ef. 5:23ss; Col. 3:18ss) como por Pedro, el apóstol a los judíos (1 Ped. 3:1ss). Estos dos deberes (marido-amor, esposa-respeto) no son exhaustivos, pero se mencionan particularmente, ya sea porque son las fallas más comunes de cada uno o porque incluyen a todos los demás deberes. Otra explicación es que respeto, es lo que los maridos más necesitan y amor, lo que las esposas más necesitan de sus cónyuges (Doug Wilson). Dios los aconseja, no sólo a fin de que tengamos vida eterna, sino para que seamos confortados aquí y ahora. El matrimonio piadoso es un pedacito de cielo sobre la tierra. Repasar estos deberes tiene que humillarnos por nuestros fracasos pasados y retarnos a mejorar en el futuro.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

_______________________

Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

Culto familiar 2

blog118b

Un antiguo escritor bien dijo: “Una familia sin oración es como una casa sin techo, abierta y expuesta a todas las tormentas del cielo”. Todas nuestras comodidades domésticas y las misericordias temporales que tenemos proceden del amor y la bondad del Señor, y lo mejor que podemos hacer para corresponderle es reconocer con agradecimiento, juntos, su bondad para con nosotros como familia. Las excusas para no cumplir este sagrado deber son inútiles y carecen de valor. ¿De qué nos valdrá decir, cuando rindamos cuentas ante Dios por la mayordomía de nuestra familia, que no
teníamos tiempo ya que trabajábamos sin parar desde la mañana hasta la noche? Cuanto más urgentes son nuestros deberes temporales, más grande es nuestra necesidad de buscar socorro espiritual. Tampoco sirve que el cristiano alegue que no es competente para realizar semejante tarea: Los dones y talentos se desarrollan con el uso y no con descuidarlos.

El culto familiar debe realizarse reverente, sincera y sencillamente. Es entonces que los pequeños recibirán sus primeras impresiones y formarán sus primeros conceptos del Señor Dios. Debe tenerse sumo cuidado a fin de no darles una idea falsa de la Persona Divina. Con este fin, debe mantenerse un equilibrio entre comunicar su trascendencia y su inmanencia, su santidad y su misericordia, su poder y su ternura, su justicia y su gracia. La adoración debe empezar con unas pocas palabras de oración invocando la presencia y bendición de Dios. Debe seguirle un corto pasaje de su Palabra, con breves comentarios sobre el mismo. Pueden cantarse dos o tres estrofas de un salmo y luego concluir con una oración en que se encomienda a la familia a las manos de Dios. Aunque no podamos orar con elocuencia, hemos de hacerlo de todo corazón. Las oraciones que prevalecen son generalmente breves. Cuídese de no cansar a los pequeñitos.

Los beneficios y las bendiciones del culto familiar son incalculables. Primero, el culto familiar evita muchos pecados. Maravilla el alma, comunica un sentido de la majestad y autoridad de Dios, presenta verdades solemnes a la mente, brinda beneficios de Dios sobre el hogar. La devoción personal en el hogar es un medio muy influyente, bajo Dios, para comunicar devoción a los pequeños. Los niños son mayormente criaturas que imitan, a quienes les encanta copiar lo que ven en los demás. “El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos, para que lo sepa la generación venidera, los hijos que nacerán, y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos. A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos” (Sal. 78:5-7). ¿Cuánto de la terrible condición moral y espiritual de las masas en la actualidad puede adjudicarse al descuido de este deber por parte de los padres de familia? ¿Cómo pueden los que descuidan la adoración a Dios en su familia pretender hallar paz y bienestar en el seno de su hogar? La oración cotidiana en el hogar es un medio bendito de gracia para disipar esas pasiones dolorosas a las cuales está sujeta nuestra naturaleza común. Por último, la oración familiar nos premia con la presencia y la bendición del Señor. Contamos con una promesa de su presencia que se aplica muy apropiadamente a este deber:

Vea Mateo 18:19, 20. Muchos han descubierto en el culto familiar aquella ayuda y comunión con Dios que anhelaban y que no habían logrado en la oración privada.
_______________________
A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Culto familiar 1

Blog118

Existen algunas ordenanzas exteriores y medios de gracia exteriores claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero en la práctica tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio y es así cómo se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para hacer evidente si los cristianos descuidan un deber claramente implícito por el hecho de no poder cumplirlo. Así, se descubre más del verdadero estado de nuestra mente y se hace manifiesto si tenemos o no, un amor ardiente por Dios y por servirle. Esto se aplica tanto a la adoración pública como a la familiar. No obstante, no es difícil dar pruebas de la obligación de ser devotos en el hogar.

Considere primero el ejemplo de Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios. Fue por su devoción a Dios en su hogar que recibió la bendición de: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Gén. 18:19). El patriarca es elogiado aquí por instruir a sus hijos y siervos en el más importante de los deberes, “el Camino del Señor”; la verdad acerca de su gloriosa persona, su derecho indiscutible sobre nosotros, lo que requiere de nosotros. Note bien las palabras “que mandará”, es decir que usaría la autoridad que Dios le había dado como padre y cabeza de su hogar para hacer cumplir en él, los deberes relacionados con la devoción a Dios. Abraham también oraba a la vez que enseñaba a su familia: Dondequiera que levantaba su tienda, edificaba “allí un altar a Jehová” (Gén. 12:7; 13:4). Ahora bien, mis lectores, preguntémonos: ¿Somos “linaje de Abraham” (Gál. 3:29) si no em>“hacéis las obras de Abraham” (Juan 8:39) y descuidamos el serio deber del culto familiar? El ejemplo de otros hombres santos es similar al de Abraham. Considere la devoción que refleja la determinación de Josué quien declaró a Israel: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). No dejó que la posición exaltada que ocupaba ni las obligaciones públicas que lo presionaban, lo distrajeran de procurar el bienestar de su familia. También, cuando David llevó el arca de Dios a Jerusalén con gozo y gratitud, después de cumplir sus obligaciones públicas, “volvió para bendecir su casa” (2 Sam. 6:20). Además de estos importantes ejemplos, podemos citar los casos de Job (1:5) y Daniel (6:10). Limitándonos a sólo uno en el Nuevo Testamento pensamos en la historia de Timoteo, quien se crió en un hogar piadoso. Pablo le hizo recordar la “fe no fingida” que había en él y agregó: “…la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice,…”. ¡Con razón pudo decir enseguida: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras” (2 Tim. 3:15)!

Por otra parte, podemos observar las terribles amenazas pronunciadas contra los que descuidan este deber. Nos preguntamos cuántos de nuestros lectores han reflexionado seriamente sobre estas palabras impresionantes: “¡Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu Nombre!” (Jer. 10:25). Qué tremendamente serio es saber que las familias que no oran son consideradas aquí iguales a los paganos que no conocen al Señor. ¿Esto nos sorprende? Pues, hay muchas familias paganas que se juntan para adorar a sus dioses falsos. ¿Y no es esto causa de vergüenza para los cristianos profesos? Observe también que Jeremías 10:25 registra imprecaciones terribles sobre ambas clases por igual: “Derrama tu enojo sobre…”. Con cuánta claridad nos hablan estas palabras. No basta que oremos como individuos privadamente en nuestra cámara; se requiere que también honremos a Dios. Dos veces cada día como mínimo, –de mañana y de noche— toda la familia debe reunirse para arrodillarse ante el Señor —padres e hijos, amo y siervo— para confesar sus pecados, para agradecer las misericordias de Dios, para buscar su ayuda y su bendición. No debemos dejar que nada interfiera con este deber: Todos los demás quehaceres domésticos deben supeditarse a él. La cabeza del hogar es el que debe dirigir el momento devocional, pero si está ausente o gravemente enfermo, o es inconverso, entonces la esposa tomará su lugar. Bajo ningún concepto ha de omitirse el culto familiar. Si queremos disfrutar de las bendiciones de Dios sobre nuestra familia, entonces reúnanse sus integrantes diariamente para alabar y orar al Señor. “Honraré a los que me honren” es su promesa.

Continuará …

_______________________
A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures  y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Las bendiciones espirituales y el evangelio de la prosperidad

Blog117

Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar”

En Efesios 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales“. Esta es una declaración que debe ser resaltada en esta época tan materialista en que nos ha tocado vivir. Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar.

Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos —dicen algunos— debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio […] de la prosperidad —ha dicho Warren Wiersbe— trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.

Pero lo cierto es que nuestro bendito Salvador no murió en una cruz para darnos riqueza, salud y una vida cómoda y placentera en esta vida terrenal, sino para hacernos santos y luego llevarnos a su presencia para participar de su gloria. Los cristianos vivimos en este mundo, y por lo tanto, disfrutamos de los bienes terrenales que Dios derrama sobre todos los hombres. Pero no debemos olvidar que son bienes temporales.

“Nada hemos traído a este mundo —dice Pablo en 1 Timoteo 6:7— y sin duda nada podremos sacar”. Cuando concluya nuestro tiempo aquí dejaremos atrás todas esas cosas. Eso es lo que el hombre incrédulo parece ignorar. Vive para las cosas de este mundo como si eso fuera todo, y de ese modo desprecia las verdaderas riquezas.

Pero los creyentes somos distintos. Aunque vivimos en este mundo, y disfrutamos de las mismas cosas lícitas que los demás, vivimos con la conciencia de ser ciudadanos del Cielo, y que como tales gozamos de enormes privilegios que no todos los hombres poseen. Y es acerca de esos privilegios que Pablo está hablando en este pasaje de Efesios 1.

Por el momento vivimos en este mundo, pero realmente pertenecemos a otro lugar. Y aunque nos es lícito disfrutar de las bendiciones temporales que Dios derrama sobre todos los hombres, en ningún momento debemos olvidar que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (1P 2:11).

“Nuestra ciudadanía está en los cielos”, dice Pablo en Filipenses 3:20, y nos da derecho a grandes privilegios. Hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. No con algunas, sino con todas. Somos ciudadanos del Cielo con todos los derechos que esa ciudadanía encierra. No hay ciudadanos de segunda clase aquí.
Nos relacionamos con Dios como nuestro Padre, podemos entrar cuantas veces queramos al trono de la gracia, tenemos el poder de Dios obrando a nuestro favor, sabemos que él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al Cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él.

Por eso no importa si tenemos poco o mucho de los bienes de este mundo; si somos creyentes genuinos, nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo.
Sugel Michelén
Todo Pensamiento Cautivo

¿Quién es el Espíritu Santo 4?

Blog116D

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

Juan 16:7, 12-15

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré… Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Este texto es muy parecido al anterior; también contiene una promesa que, sin duda, incluye la inspiración por parte del Espíritu Santo de aquellos de los apóstoles que serían autores de documentos canónicos.

Hechos 1:15-16, 20

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús… Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella”. Aquí el apóstol Pedro dice claramente que lo que había escrito David en el Salmo 69:25 en realidad era lo que el Espíritu Santo había dicho “por boca de David.” Nuevamente vemos el importantísimo papel del Espíritu Santo en la inspiración de un autor humano de parte de la Palabra de Dios.

1 Corintios 2:6-13

Sin citar todo este pasaje, baste que se diga que al hablar el apóstol Pablo de las cosas que Dios había revelado, afirma lo siguiente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (vv. 10, 11 b). Una vez más, en la transmisión de aquello que Dios quiso revelar al hombre, el principal agente inspirador fue el Espíritu Santo.

2 Timoteo 3:15-17

“Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden haber sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es cierto que este texto no menciona —de forma explícita— a la persona del Espíritu Santo. Sin embargo, sí usa la palabra griega theópneustos, “Dios espirado”, cuya segunda parte parece estar estrechamente relacionada con el Espíritu Santo. Esto sería de esperar a la luz del resto de la evidencia del papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores de los documentos canónicos.

Hebreos 3:7-11

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto…”.En este caso es el autor de Hebreos quien atribuye palabras del Salmo 95 (un salmo técnicamente anónimo) al Espíritu Santo: “Como dice el Espíritu Santo…”. Para el autor de Hebreos, el Espíritu Santo era tan autor del Salmo 95 como quienquiera que fuese su autor humano.

1 Pedro 1:10-11

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”.
Este interesantísimo texto enseña, por implicación clara, tres cosas sobre la estrecha relación entre el Espíritu Santo y los profetas del Señor: 1. El Espíritu Santo estaba en los profetas; 2. El Espíritu Santo apuntaba hacia una persona y un tiempo determinados; 3. El Espíritu Santo “anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” Otra vez, vemos el decisivo papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores humanos de la Palabra de Dios.

2 Pedro 1:20-21

“Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Pese a la palabra “interpretación” aquí, que podría despistar, y que, de hecho, lo ha hecho en más de una ocasión, el tema de este texto en su contexto no es tanto la interpretación de las Escrituras como su origen; ese origen no fue humano, sino divino —sí, “hablaron”— y escribieron “santos hombres de Dios”, pero “siendo [estos] inspirados por el Espíritu Santo”, llevados por él como un velero por el viento.

Conclusiones

Este es otro aspecto del multiforme ministerio del Espíritu Santo del que se habla poco. ¿Cuándo fue la última vez que oíste una predicación o un estudio bíblico sobre el vital papel del Espíritu Santo en la inspiración tanto de los autores humanos de la Palabra de Dios como de las palabras escritas por ellos?

Según la Biblia:

1. La inspiración de los libros que componen la Biblia se atribuye no tanto al Padre, ni al Hijo, sino de manera especial al Espíritu Santo;

2. Todo lo que escribieron los autores humanos de los libros de la Biblia, también lo inspiró el Espíritu Santo;

3. Todo lo que dice la Biblia, lo dice también el Espíritu Santo;

4. De esa inspiración del Espíritu Santo los libros de la Biblia recibieron su carácter infalible;

5. Pero nada de todo esto en absoluto cuestiona, niega o anula la humanidad de los libros de la Biblia.

 

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 3

Blog115C

El matrimonio es la unión más perfecta.

Si yo, en mi estado actual, pudiera escoger entre ver a mi Señor en su gloria o en su cruz, optaría por lo último. Por supuesto preferiría estar allá con él y ver su gloria, pero mientras vivo aquí rodeado de pecado y de aflicción, una visión de sus sufrimientos tendría más efecto sobre mí. “Oh cabeza sagrada una vez herida”, ¡cuánto anhelo contemplarte! Nunca me siento tan cerca de mi Señor como cuando reflexiono en su cruz maravillosa y lo veo derramando su sangre por mí… me parece estar en sus brazos, y como Juan, me reclino en su pecho al vislumbrar su pasión. Por lo tanto, no me sorprende que por acercarse más a nosotros como el Cordero, y por acercarnos nosotros a él y contemplarlo como tal, se agrade él en llamar a su más excelsa unión eterna con su iglesia: “las bodas del Cordero”.

Y, queridos hermanos, cuando pensamos en esto: estar desposados con él, ser uno con él, no tener ningún pensamiento, ningún propósito, ningún deseo, ninguna gloria sino la que mora en Aquel quien, habiendo muerto ahora vive, es esto ciertamente el cielo, el lugar del cual el Cordero es la luz. Contemplar y adorar eternamente a Aquel que se ofreció sin mancha a Dios como nuestro sacrificio y propiciación será un festín sin fin de amor agradecido. Nunca nos cansaremos de este tema. Si vemos al Señor que viene de Edom, con vestiduras teñidas de Bozra, del lagar donde había hollado a sus enemigos, nos sentimos sobrecogidos y pasmados por el terror de esta terrible manifestación de su justicia, pero cuando lo vemos vestido con la ropa sumergida en su propia sangre y la de nadie más, cantaremos eternamente a gran voz: “Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios; a ti sea la gloria por los siglos de los siglos”. Podríamos seguir cantando por toda la eternidad: “Digno es el Cordero que fue inmolado”. El tema tiene un interés inagotable e incluye todo: justicia, misericordia, poder, paciencia, amor,  aprobación, gracia y justicia. Sumamente glorioso es nuestro Señor cuando lo contemplamos como un Cordero. Esto hará que el cielo sea siete veces cielo para nosotros al pensar que, además, estaremos unidos a él como el Cordero con lazos eternos. [En ese momento una voz del público exclamó: “¡Alabado sea el Señor!”] Sí, amigos míos, ¡alabemos al Señor! “Alabad a nuestro Dios” es el mandato que se oyó venir del Trono. “Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

Concluiré repitiendo esta pregunta: ¿Confías en el Cordero? Te advierto que si la religión en que crees no incluye nada de la sangre de Cristo, de nada vale. Te advierto también que a menos que ames al Cordero no podrás desposarte con el Cordero. Él jamás se desposará con quienes no sienten nada de amor por él. Tienes que aceptar a Jesús como un sacrificio, de lo contrario, no lo aceptas para nada. Es inútil decir: “Seguiré el ejemplo de Cristo”. No harías nada que se le parezca. Es en vano decir: “Él será mi maestro”. Él no te reconocerá como su discípulo a menos que lo reconozcas como un sacrificio. Es preciso que lo recibas como el Cordero o lo dejes completamente. Si desprecias la sangre de Cristo, desprecias toda su persona. Cristo no es nada para ti si no fuera por su expiación. Todos los que esperan ser salvos por las obras de la ley, o por cualquier otra cosa que no sea su sangre y su justicia, no son cristianos, no tienen parte alguna con él aquí, ni tendrán parte con él en el más allá, cuando tome para sí a su propia iglesia redimida para ser su esposa por los siglos de los siglos. Dios te bendiga, en el nombre de Cristo. Amén.

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
_______________________
Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20-25 millones de palabras equivalen a la novena edición de la Enciclopedia Británica y constituye la serie de libros más numerosa de un mismo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 3?

Blog116C

“Si la principal pregunta planteada en el artículo anterior era: ¿Quién es el Espíritu Santo?, la que se plantea en este artículo es: ¿Cuál es la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios?”

La respuesta a la pregunta

Fue el Espíritu Santo quien inspiró a los autores humanos de los libros de la Biblia.

Este papel se le atribuye al Espíritu Santo muchas veces en la Biblia, pero nunca —o casi nunca— al Padre o al Hijo.

Esta inspiración no fue mecánica (como si de una especie de dictado se tratase), sino orgánica; no anuló en absoluto la humanidad, la personalidad, la participación activa, el estilo propio, etc., de cada autor humano.

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

2 Samuel 23:1 y 2

“Estas son las palabras postreras de David.

Dijo David hijo de lsaí,

Dijo aquel varón que fue levantado en alto,

El ungido del Dios de Jacob,

El dulce cantor de Israel:

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,

Y su palabra ha estado en mi lengua”.

Al llegar al final de su vida, David demuestra ser consciente de haber sido inspirado por el Espíritu de Jehová y usado por él como instrumento de revelación. Esto no contesta todas nuestras preguntas sobre hasta qué punto, por ejemplo, David fue consciente de escribir profecías mesiánicas, o sobre cuánto entendía de esas profecías; pero no deja ningún lugar a dudas en cuanto al hecho en sí de la conciencia que tenía David de no haber sido más que el instrumento humano de un acto de revelación divino.

Parece razonable deducir que los demás salmistas y autores inspirados, en mayor o menor grado, también fueron conscientes de la misma acción del Espíritu del Señor sobre ellos.

Mateo 22:41-44

“Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?”.

En este pasaje el Señor Jesucristo, en medio de sus controversias con los líderes religiosos, pasa de la defensa al ataque, y para demostrar que el Mesías, además de ser un descendiente de David, es “el Señor” —es divino— cita del Salmo 110, donde, según el Señor, David, “en el Espíritu“, llama Señor al Mesías.

Aparte del argumento a favor de la filiación divina (y, por lo tanto, la naturaleza divina) del Mesías, lo que más nos interesa en el contexto de la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios es el hecho de que el Señor, no conforme con citar la Escritura sin más, recuerda a los fariseos que lo que David había escrito sobre el Mesías, lo había escrito “en el Espíritu“, o sea, por el Espíritu, inspirado por el Espíritu de Dios.

Juan 14:25 y 26

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Sin duda esta promesa del Señor Jesucristo a sus discípulos no se puede limitar, ni mucho menos, solamente a la composición de aquellos escritos apostólicos que, tarde o temprano, llegarían a formar parte del canon de las Escrituras, y eso por varias razones:

1. Se trata de una promesa general de la ayuda del Espíritu Santo a los apóstoles una vez que el Señor Jesucristo ya no estuviera físicamente con ellos;

2. A partir de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, pasarían años antes de que hubiera escritos apostólicos; en los primeros años de la nueva Iglesia cristiana el ministerio del Espíritu Santo estaría relacionado con el ministerio verbal, y no escrito, de los apóstoles;

3. La promesa del Señor iba dirigida a los once apóstoles que estaban presentes en ese momento; sin embargo solo una pequeña minoría de ellos escribiría obras que se incluirían en el canon de la Palabra de Dios. Pero, dicho lo dicho, no sería necesario ni acertado pretender negar el hecho de que, en el caso de aquellos apóstoles que sí escribiesen documentos canónicos, quien de manera especial les ayudaría a hacerlo sería el Consolador, el Espíritu Santo.

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 2

Blog115B

EL NOVIO ES PRESENTADO COMO UN CORDERO: “Han llegado las bodas del Cordero”. Así tiene que ser porque, ante todo, nuestro Salvador fue el Cordero en el pacto eterno cuando todo este plan fue programado, organizado y establecido por voluntad y decreto de la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8), y el pacto fue con él, que sería las Arras, el Sustituto y el Sacrificio tomando el lugar de los hombres culpables. Así, y de ningún otro modo, fue desde la eternidad.

Luego, fue como el Cordero que nos amó y demostró su amor.

Amados míos, él no se limitó a hablarnos de amor cuando descendió del cielo a la tierra y habitó entre nosotros como “un hombre humilde delante de sus enemigos”, sino que lo demostró con actos de verdadero amor. La prueba suprema de su amor es que fue llevado al matadero como se lleva a un cordero. Cuando derramó su sangre como un sacrificio, podríamos haber dicho apropiadamente: “¡Mirad cómo los amaba!”. Si queremos demostrar el amor de Jesús, no mencionamos la transfiguración sino la crucifixión. Hablamos del Getsemaní y el Gólgota. Allí, sin dejar lugar a ninguna duda, el Hijo amado demostró su amor por nosotros. Dice el escritor bíblico: “Él me amó, y se entregó por mí”, expresando que su entrega por mí es la prueba clara de que me ama. Dice también: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). La prueba de su amor por la iglesia fue que se entregó a sí mismo por ella. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros” (1 Juan 4:10). Vemos pues que, como un Cordero, demostró su amor, y como un Cordero se desposó con nosotros.

Demos un paso más. El amor matrimonial tiene que ser de ambas partes, y es como el Cordero que le amamos inicialmente. Cuando yo todavía no amaba a Cristo, ¿cómo podía haber apreciado sus heridas y su sangre sin amor? “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su vida perfecta era una condenación para la mía, aunque no podía menos que admirarla; en cambio, lo que me atrajo a amarle fue lo que hizo como mi sustituto cuando cargó con mis pecados en su propio cuerpo en el madero. ¿No ha sido así con ustedes, amados míos? He oído hablar mucho de conversiones como consecuencia de la admiración del carácter de Cristo, pero nunca he conocido una personalmente, en cambio, siempre me he encontrado con conversiones como resultado de sentir una gran necesidad de salvación y una conciencia culpable, cosas que no pueden ser satisfechas nunca, excepto por su agonía y por su muerte, gracias a las cuales el pecado es justificado y perdonado, y la maldad es subyugada.  Esta es la maravillosa doctrina que nos gana el corazón. Cristo nos ama como el Cordero, y nosotros lo amamos a él como el Cordero.

Además, el matrimonio es la unión más perfecta. Es indudable que es como el Cordero que Jesús está tan íntimamente unido a su pueblo. Nuestro Señor se acercó entrañablemente a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en carne y hueso como lo somos nosotros. Se acercó mucho a nosotros cuando, por esa causa, dejó a su Padre y se convirtió en una sola carne con su iglesia. Él no podía estar en pecado como lo estamos nosotros por naturaleza, en cambio tomó sobre sí nuestros pecados de ellos y los quitó, como está escrito: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6. Cuando “fue contado entre los pecadores”, y cuando la espada vengadora lo hirió por sustituirnos, se acercó más aún a nosotros y de una manera que nunca podía haber hecho en la perfección de su encarnación. No puedo concebir una unión más cercana que la de Cristo con las almas redimidas por su sangre. Al contemplar su muerte, no puedo menos que exclamar: “¡Ciertamente tú me eres un esposo de sangre, oh Jesús! Estás unido a mí por algo más íntimo que por el hecho de que eres de mi misma naturaleza, pues tu naturaleza cargó con mi pecado y sufrió el castigo de la ira en mi lugar. Ahora eres uno conmigo en todas las cosas por una unión como la que te vincula con el Padre”. De este modo, se forma una maravillosa unión por el hecho de que nuestro Señor asume el carácter del Cordero…

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
_______________________
Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 2?

Blog116B

3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 1

Blog115

LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
_______________________
Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

Blog116.jpg

“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

___________________________

Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

Blog112C

EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

Blog114B.jpg

“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

_________________________

Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Cómo encontrar pareja matrimonial 2

Blog112B.jpg

EL MATRIMONIO DEBE, EN TODOS LOS CASOS, BASARSE EN EL AMOR MUTUO.

Si no hay amor antes del matrimonio, no se puede esperar que lo haya después. Los enamorados, que se supone deben estarlo todos los que esperan con anticipación esta unión, si no tienen amor, no pueden esperar ser felices. En este caso, la frialdad de la indiferencia muy posiblemente se convierta pronto en antipatía. Tiene que haber un sentimiento personal de querer estar unidos. Si hubiera algo, aun exteriormente, que produce disgusto, la voz de la naturaleza misma hasta prohíbe anunciar el compromiso matrimonial. No digo que la belleza física o la elegancia sea necesaria. A menudo ha existido un fuerte amor sin estas. No me corresponde determinar que es absolutamente imposible amar a alguien que tenga una deformidad. Pero ciertamente no nos debemos unir con alguien así a menos que podamos amarlo o por lo menos estar tan enamorados de sus cualidades mentales, que su físico deja de tener importancia ante la hermosura de su mente, corazón y manera de ser. En suma, lo que argumento es que proceder a casarse a pesar de una antipatía y revulsión es irracional, vil y pecaminoso.

El amor debe incluir la mente tanto como el cuerpo. Porque estar enamorado con alguien sencillamente por su belleza es enamorarse de una muñeca, o una estatua o una foto. Tal enamoramiento es concupiscencia o una quimera, pero no un afecto racional. Si amamos el físico, pero no amamos la mente, el corazón y la manera de ser de la persona, nuestros sentimientos se basan en la parte inferior de ella, y por lo tanto, algo que para el año próximo puede cambiar totalmente. Nada se desvanece con más rapidez que la belleza. Es como el pimpollo delicado de una fruta atractiva que, si no tiene buen sabor, es arrojado con disgusto por la misma mano que lo arrancó. Dice un proverbio que los encantos de la mente aumentan al ir conociendo mejor a alguien, mientras que los encantos exteriores van menguando. Mientras lo primero nos lleva a aceptar un aspecto poco agraciado, lo segundo incita, por contraste, una aversión por lo insulso, la ignorancia y falta de corazón que ha resultado su unión, que es como una flor sin aroma que crece en el desierto. En lugar de jugarnos nuestra felicidad juntando estas malezas florecientes y poniéndolas en nuestro regazo, preguntémonos cómo se verán dentro de algunos años o cómo adornarán y bendecirán nuestro hogar. Preguntémonos: ¿Acompañará a este semblante una comprensión que le haga apto/a para ser mi compañero/a e instructor/a de mis hijos? ¿Tendrá la paciencia para tolerar mis debilidades, amablemente consultar mis gustos y con afecto procurar mi confort? ¿Me complacerá su manera de ser en privado al igual que en público? ¿Harán sus costumbres que mi hogar sea placentero para mí y mis amigos? Tenemos que analizar estas cuestiones y controlar nuestra pasión para poder razonar pragmáticamente y formarnos un criterio inteligente.

Este pues, es el amor sobre el cual ha de basarse el matrimonio: amor por la persona integral, amor por la mente, el corazón y su manera de ser al igual que por su aspecto exterior, amor acompañado de respeto. Solo este cariño es el que puede sobrevivir la fascinación de lo Pensamientos sobre cómo encontrar pareja matrimonial novedoso, los estragos de las enfermedades y del tiempo. Solo este puede mantener la ternura y exquisitez del estado conyugal de por vida, como fue la intención de aquel que instituyó la unión matrimonial: que fuera de ayuda y confort mutuo.

¿Qué palabras hay, que sean suficientemente fuertes y expresen la indignación con que rechazamos esos compromisos, tan indignos y no obstante tan comunes, por los que el matrimonio se convierte en una especulación monetaria, un negocio, una cuestión meramente de dinero?… Los jóvenes mismos deben tener muchísimo cuidado de no dejar que las persuasiones de otros, ni un impulso de su propia  concupiscencia, ninguna ansiedad por ser independientes, ninguna ambición de esplendor secular, los lleve a una relación que no sea por puro y virtuoso amor. ¿De qué valen una casa grande, muebles hermosos y adornos costosos si no hay amor conyugal? “¿Es por estas chucherías, estos juguetes?”, exclama al despertar el corazón atribulado demasiado tarde en medio de alguna triste escena de infelicidad doméstica. “¿Es para esto que me he vendido y he vendido mi felicidad, mi honor?”

¡Ah, hay en el afecto puro y mutuo una dulzura, un encanto y un poder para complacer, aunque sea en la más humilde de las viviendas, mantenido en medio de la pobreza teniendo que lidiar con muchas dificultades! Comparado con esto, la elegancia y brillantez de un palacio oriental no son más que una de las enramadas del Huerto de Edén …

EL MATRIMONIO DEBE CONTRAERSE CON LA MAYOR PRUDENCIA…

Los matrimonios imprudentes, como ya hemos considerado, tienen malas y muy extensas consecuencias y también pasan esas consecuencias a la posteridad. Contamos con la comprensión para controlar nuestras pasiones e ilusiones falsas. Aquel que, en un asunto de tanta consecuencia como lo es elegir un compañero de por vida, deja a un lado lo primero y escucha solo la voz de lo segundo, ha renunciado al carácter de un ser racional para dejarse gobernar totalmente por los apetitos carnales. La prudencia previene mucha de la infelicidad humana cuando permitimos que nos guíe.

En este sentido, la prudencia no deja que nadie se case hasta tener un medio de vida seguro. Me resulta obvio que la presente generación de jóvenes no se distingue por su discreción en este aspecto. Muchos tienen mucho apuro por contraer matrimonio y ser cabeza de familia antes de tener con qué mantenerla. En cuanto llegan a la mayoría de edad, si tienen trabajo o no, antes de haberse asegurado que su trabajo sea un éxito, buscan esposa y hacen una elección apurada y quizá insensata. Los hijos comienzan a llegar antes de tener los medios adecuados para mantenerlos… Los jóvenes tienen que razonar y contemplar el futuro. Si no lo hacen, y en cambio se precipitan a tener que enfrentar los gastos del hogar antes de tener los  recursos para hacerlo, a pesar del canto de la sirena que son sus ilusiones, presten atención a la voz de advertencia o prepárense para comer las hierbas amargas de inútiles lamentos…

“Se ha dicho que nadie yerra en este sentido tanto como los pastores. ¡Cómo puede ser! Es difícil imaginar que aquellos cuyo deber es inculcar prudencia sean ellos mismos conocidos por su indiscreción… El pastor quien debe recomendar prolijidad en todos los aspectos de la vida, ¡cómo se va a casar con una mujer sucia y desprolija! El pastor quien debe demostrar un espíritu humilde y tranquilo preciado ante los ojos de Dios, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que regaña y critica constantemente! El pastor quien debe tener la misma relación con toda su congregación por igual, a quien le debe su amor y su servicio, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que se apega a unas pocas amigas, escucha sus secretos y divulga los propios, y se limita a relaciones dentro de un grupito seleccionado y exclusivo de sus preferidos, lo cual haría que su pastorado fuera insoportable o motivo de despido!

A mis hermanos en el ministerio recomiendo, y lo recomiendo con tanta seriedad que no tengo palabras suficientemente enfáticas para expresarla, que tengan gran cautela en este asunto tan delicado e importante. En su caso, los efectos de un matrimonio imprudente se sienten en la iglesia del Dios viviente…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 8

Blog109H

Al final de la sesión, Bolsee fue conducido, según las leyes de aquellos tiempos, a la prisión, lo cual no le impidió recibir visita de sus amigos. El 22 de diciembre de 1551 fue, como extranjero, condenado al destierro. Desde ese día, su odio por Calvino no conoció límites, pero fue tan solo en 1577, trece años después de la muerte del Reformador, cuando conoció su satisfacción con la publicación del primero de sus dos violentos panfletos, uno dirigido a un hombre muerto desde hacía mucho tiempo, y el otro destinado, en 1582, a un hombre todavía bien vivo, Teodoro de Beza. El título de las calumnias vengativas imaginadas de todas las maneras acerca de Calvino era Historia de la vida, costumbres, actos, doctrina y muerte de Jean Calvino, otrora ministro en Ginebra. Bolsee, tras haber cambiado de chaqueta confesional muchas veces, definitivamente había caído en los brazos del papado romano, del cual se hizo como el portavoz, el instrumento delator y calumniador de elite. Una multitud de autores católicos romanos —entre los cuales el cardenal Richelieu, que Drelincourt intenta refutar—han bebido de este estercolero de inmundicias para calumniar —cuanto más, mejor— la fe evangélica de los reformadores. Richard Stauffer, historiador de la Reforma, reputado por el equilibrio, la seguridad y ponderación de sus escritos, describe sin embargo este “vil panfleto” de la siguiente manera:

“Calvino era tratado de ambicioso, de pretencioso, de arrogante, de cruel, de maligno, de vindicativo y, sobre todo, de ignorante. Mucho más: era presentado como un hombre avaro y codicioso, como un impostor con apariencia de resucitar a los muertos, como un amante de banquetes; todavía peor: como un aventurero y un sodomita, que por sus prácticas infames habría sido condenado en su Noyon natal, a ser marcado por hierro incandescente. Para concluir este cuadro, Bolsec hacía del Reformador un reprobado de Dios, quien, tras haber sido castigado con una “irrupción de piojos y parásitos por todo su cuerpo”, tras haber sido roído de gusanos en castigo por sus vicios, habría muerto mascullando, jurando y blasfemando, víctima de la más profunda desesperación.”

Mützenberg no se queda corto:

“Esta historia singular […] proporciona un ejemplo típico del uso sin límites de la calumnia al servicio de la religión. De este antro nauseabundo en que se ha convertido la imaginación de Bolsee sale un torrente de excremento. Calvino, cuya historia auténtica conoce la simplicidad, la sobriedad, el desinterés, la pureza, la rectitud e incluso la pobreza, virtudes que a menudo se le reprochan, es aquí acusado de todos los vicios contrarios […]. El autor hace de él incluso —¿quién le ha creído?— un ignorante. Sin embargo, lo conocía bien, lo había oído y habido sido brillantemente refutado por él en el terreno que él mismo había elegido, el del pensamiento de S. Agustín. Algunos émulos jesuitas de Bolsee llegarán a decir incluso que Calvino a penas había hecho Gramática.”

Para concluir nuestras palabras, nos centraremos algo en lo que Bolsee mismo nos dice de la muerte de Calvino, contrastando sus fabulaciones con la realidad de los hechos auténticos. Puesto que Bolsee, contra todos los testimonios bien conocidos de su época —entre los cuales, en particular, L’histoire de la vie et mort de Maitre Jean Calvin, de Teodoro de Beza— que relatan en detalle las circunstancias de la muerte tan edificante de Juan Calvino, busca acosar de calumnias al Reformador hasta su lecho de muerte. He aquí cómo esta última infamia de Bolsee es descrita por Drelincourt:

“Habiendo intentado oscurecer de humos de los pozos del abismo la bella e inocente vida de este hombre de Dios, lo representa en el lecho de la muerte como un hombre desesperado, que jura y que blasfema, que invoca los diablos, que reniega de la fe, que detesta la obra de la Reforma de la Iglesia, y que maldice el día que puso su mano en la pluma.”

He aquí la versión de la muerte de Calvino que la venenosa pluma de Bolsee expandió por todo el mundo católico romano. ¿Qué fue de su muerte, en realidad? Drelincourt nos lo dirá:

“En medio de sus más violentos dolores, alzando sus ojos al Cielo, decía a menudo estas palabras: “Señor, ¿hasta cuándo?”. Era la frase que había tomado hacía tiempo por divisa. Trabajó sin cesar en sus obras, y estuvo dictando hasta ocho horas antes de su muerte. Y cuando se le quería apartar de este trabajo, su réplica habitual era:

“Que él hacía como si nada. Y se le dejara que Dios lo hallara siempre velando y trabajando en su obra, como él pudiera, hasta el último suspiro”. Tenía el espíritu tan libre y presente que, poco antes de su muerte, habiendo sabido que G. Petrel, ministro de Neuchátel, su buen amigo y antiguo colega, lo quería venir a visitar, a pesar de su avanzada edad, que era de más de 80 años, le escribió en latín la siguiente carta:

“Bien a vos, mi muy buen y querido amigo. Y puesto que le place a Dios que permanezcáis cerca de mí, acordándoos de nuestra unión, de la cual el fruto nos espera en el Cielo, tan provechosa ella, ha sido a la Iglesia de Dios. No quiero que os fatiguéis por mi. Apenas respiro, y espero de un momento a otro que el aliento me falte. Ya es demasiado que viva y que muera en Cristo, que es ganancia para los suyos en la vida y en la muerte. Os recomiendo a Dios, con los hermanos”.

“En Ginebra este segundo mes de 1564. Juan Calvino”

Y Drelincourt continúa su cela to del final de Calvino:

“De Beza dice que de ahí en adelante su enfermedad hasta su muerte, el 27 de mayo de 1564, no fue más que una oración continua. Y que a pesar de sus crueles dolores, tenía a menudo en la boca estas palabras del Salmo 39: Me he callado, Señor, porque eres Tú quien lo ha hecho. Que otra vez decía estas palabras del rey Exequias, que están en el capítulo 38 de Isaías: “Gimo como la paloma”. Y que alzándose hacia Dios por un anhelo de celo, clamaba: “Señor, Tú me quebrantas, pero me basta que sea tu mano”.

En definitiva, De Beza, tras haber hecho la oración cerca de él por última vez, apenas había salido cuando le vinieron a avisar que [Calvino] había caído de debilidad. Al instante vino corriendo, pero supo que Dios lo había quitado del mundo, que había muerto lo más dulcemente que se podría desear, sin ningún movimiento convulsivo. E incluso que no pare-cía más muerto que cuando estaba todavía vivo.

Drelincourt continúa:

Toda la ciudad de Ginebra fue testigo de la vida santa e inocente de Calvino. Y como ya lo he dicho, ella lo vio morir la muerte de los Justos. Ella lo oyó enseñar en su lecho de muerte, como si hubiera sido su Auditorio de Teología, o su pálpito de Pastor. Los Señores no podían ignorar las santas disposiciones de este hombre de Dios. Porque algunas semanas antes de dejar este mundo se hizo llevar hasta su Consejo, y les agradeció muy humildemente todas las gracias y favores que había recibido de la Señoría. E incluso pocos días antes de su muerte, quiso todavía que lo llevaran para darles el último adiós. Pero se lo impidieron y vinieron ellos mismos a visitarlo en su casa; y hallaron que se iba a Dios con una maravillosa paz de espíritu, y que en medio de sus dolores estaba totalmente lleno de un santo gozo y de una gloriosa esperanza. Le agradecieron efectivamente de todos los servicios buenos y agradables que había hecho al Estado y a la Iglesia y se retiraron grandemente consolados y satisfechos. La Iglesia de Ginebra tampoco podía ignorar cuál había sido la cristiana manera de vivir y el fin ejemplar de su fiel pastor. Porque los principales cabezas de familia le rindieron los últimos respetos con mucha cordialidad y testimonios de honor y de respeto.

Él fue cuidadosamente visitado por todos los Señores Pastores, todos los cuales oraban por él. E incluso pocos días antes de su muerte, él quiso tener la alegría de que todos cenaran en su casa. Y a pesar de que estaba grandemente débil, se hizo llevar al borde de la mesa, donde permaneció algún tiempo, y les dio discursos dignos de su piedad y de su celo. Y les dijo que no esperaba más que verlos en el Reino de los cielos. Y cuando la debilidad le obligó a retirarse a su habitación, profirió estas palabras dignas de recordar, y que mos-traban la presencia de su espíritu: “Una pared entre los dos no impedirá que esté unido en espíritu con vosotros”.

Los pastores continuaron visitándolo cuidadosamente unos tras otros. Y no lo abandonaron hasta que rindió apaciblemente su alma a Dios. En fin, no hubo persona en Ginebra que al ver un final tan bendito y cristiano, no dijera de corazón: “Que yo muera la muerte de los justos, y que mi fin último sea parecido al de ellos”. 

He aquí el testimonio que el célebre historiador católico romano, contemporáneo del Reformador, el Presidente de Thou, hizo a Calvino cuando murió:

Poco antes del 13 de las calendas de junio (el 27 de mayo), Juan Calvino, nativo de Noyon en Vendamois, personaje de un espíritu vivo y ardiente y dotado de una admirable elocuencia, y que también era entre los protestantes un teólogo muy renombrado, habiendo sido durante el espacio de siete largos años, afligido de diversas enfermedades y diferentes tormentos, y que no por ello era menos asiduo en su ministerio, ni impedido de escribir continuamente, en fin, por la dificultad de respirar, murió en Ginebra, donde había enseñado durante veintitrés años, habiendo casi cumplido el quincuagésimo sexto año de su vida.

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

Cómo encontrar pareja matrimonial 1

Blog112A.jpg

EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La muerte de la predicación bíblica 2

Blog113B

El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

__________________________

Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 6

Blog109F

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. A

En la época, desde el fin del siglo XVII, cuando se desarrollaban los principios de la propaganda humanista y liberal contra Calvino, la máquina de guerra romana contra el Reformador llevaba ya mucho tiempo bien engrasada. A finales del siglo XVII, Bossuet, aunque reconociendo en Calvino muchas cualidades, afirmaba al mismo tiempo que la obra del reformado estaba viciada por numerosas faltas.

“Calvino habría sido un ambicioso: habría sido arrebatado de orgullo […] un autócrata con arrebatos fáciles […] un espíritu moroso y amargo.”

En el siglo XIX, Balzac en su novela Mártir calvinista hace un retrato fantasioso de Calvino, describiéndolo como el revolucionario de Picardía, imagen que será vehiculada en los ambientes católicos conservadores. En el siglo XX, la palma de la  desinformación histórica católica romana debe atribuirse al padre André Favre-Dorsaz. Richard Stauffer caracteriza así este retrato que se pretende histórico:

“André Favre-Dorsaz ha escrito sobre el Reformador el libro más insidioso, el más nocivo que conocemos. Pone a Calvino en paralelo con Ignacio de Loyola y para mejor mostrar la superioridad espiritual del fundador de la Compañía de Jesús, habla del teólogo de Ginebra en un tono de ironía, de mofa, de burla y de desprecio que es todavía más penoso que los ataques groseros de Bolsec.” 

Gabriel Mützenberg no se muestra menos indignado:

“El autor fuerza la verdad en su sentido propio: siempre en el peor; ignora sistemática- mente los testimonios que podrían invalidar sus tesis; construye su retrato sobre indicios imperceptibles sobre comienzos de líneas indistintas que él prolonga según su imaginación .Afirma sin saber: Supone. Su mala intención le hace suponer. ¡Pero qué importa! La palabra está escrita y será recordada: “delación edificante”. El golpe es bajo, pérfido, pero consciente. El fin justifica los medios. A medida que se avanza en esta lectura, uno se siente tomado, enganchado por la marea de esta hipocresía.”

Pero vengamos a la fuente de esta desinformación histórica anticalvinista.

Calvino fue el blanco de los ataques romanos desde los inicios de su combate por la renovación de la fe verdaderamente evangélica en el mundo francófono. Sin embargo, no fue hasta 1562 cuando empezó a ser objeto de verdaderas calumnias de parte de uno de sus colaboradores próximos, un hombre que había sido a la vez su doméstico y su secretario, Francois Baudoin. Abandonó Ginebra bruscamente para volver a la Iglesia romana, partiendo con un buen número de documentos robados a Calvino. Utilizó este robo falsificando abusivamente estos documentos en dos libelos contra el Reformador.

Richard Stauffer caracteriza así los ataques de Baudoin contra Calvino:

“Por parciales que sean las críticas de estas dos obras contra el Reformador (acusando de cobardía, falta de corazón y despotismo), ellas todavía están lejos de los ataques injuriosos de Bolsee [en 1577] y de sus epígonos.”

Lo que nos interesa aquí es ve cómo Calvino, dos años antes de su muerte, reaccionó ante tal traición de un hombre de su confianza, íntimo suyo, y ante tales calumnias. La Défense de Calvin de Charles Drelincourt que nos permite entrever un Calvino total-mente más humano y simpático que no lo deja entender la caricatura convencional. Respondiendo a Baudoin, que acusaba a su antiguo maestro de “presunción inso-portable” con respecto a sus colegas, Drelincourt escribe:

“Es necesario que pregunte una ve más: ¿Quiénes son estos colegas de: Calvino, que se han quejado de su fasto increíble y de su insoportable arrogancia.”

Drelincourt da la palabra a Calvino mismo:

“Me acusa, dice, de que yo no puedo sufrir a ningún colega. Pero mi moderación a sufrir no solo a mis colegas, sino también a todos aquellos que están por encima de mí, y no solo a sufrirlos, sino también a desearlos, es tan conocida, que no es necesario refutar una calumnia tan fútil. No ha sobresalido nadie de mi tiempo en piedad y en doctrina a quien yo no haya rendido el honor y el respeto que se le debe, y del cual no haya publicado las virtudes a plena voz. Tampoco hay uno de ellos que no me haya deferido más de lo que yo hubiera querido. Como Felipe Melanchton acostumbraba a decir de mí, del cual una sola palabra es capaz de hacer callar los ladridos de Baudoin.”

Tras haber citado la reacción de Calvino a la acusación de Bau-doin de que no soportaba a nin-gún colega, continúa diciendo:

“Y sin embargo [dice Calvino] no hay en todo el mundo ningún fiel servidor de Cristo a quien yo no haya tendido la mano en sociedad fraternal. Que mis colegas respondan de nuestro consentimiento doméstico, de los cuales la administración de esta Iglesia es común conmigo. A todos aquellos que despuntan de manera esperanzadora yo los ayudo por todos los medios que puedo para hacerles florecer en gracia y en autoridad. Y puedo dar testimonio en buena conciencia, de que digo de buen corazón con Moisés: Quiera Dios que todos profetizaran en el campamento de Dios. En fin, que el calumniador nombre, si puede, uno solo a quien yo haya impedido por envidia o por emulación ser mi colega, si pudiera hacerlo. E incluso de estar en un grado más alto.”

Pero Drelincourt no se limita solamente al testimonio de Calvino sobre su generosidad en su actitud hacia sus colegas. Lleva al tribunal de estas acusaciones gratuitas y ma-lintencionadas a un testigo de excepción: Teodoro de Beza. Respondiendo a aquellos que afirmaban que Calvino “quería gobernarlo todo”, Beza escribe:

“¡Oh, vil y falsa impudicia! ¿Qué preeminencia ha buscado él jamás? ¿Con quién ha tenido alguna vez debate sobre el primer o segundo lugar? ¿Cuándo se le ha reconocido lo que correspondía a los dones y las gracias que Dios había puesto en él, cuándo se le ha visto cambiado, por poco que sea? ¿Cuándo se hallará haber jamás abusado de su cargo y autoridad, hacia el menor del mundo? ¿Cuándo ha emprendido hacer cosa alguna sin el consejo y contra la opinión de sus compañeros? Incluso al haber acabado un libro de la Escritura en sus lecciones, o en sus sermones, aun sabiendo mejor que nadie qué texto sería el más apropiado para la edificación de la Iglesia, nunca ha comenzado otro libro sin preguntar el parecer de sus compañeros. En definitiva, ¿qué disputa hemos jamás visto entre él y nosotros, sino que nos sobrepasaba a todos en toda humildad, entre sus demás virtudes, en lo que él solo se esforzaba más que todos nosotros; pero también de un gran coraje y virtuosamente, no obstante sin ostentación, e incluso sin apariencia externa? Puesto que se puede decir de él que Dios lo había trabajado tanto, como la medida de la condición de los fieles en este mundo puede albergar estas cosas, era un hombre que tenía una humildad sin pusilanimidad y una magnanimidad sin orgullo.”

Beza refuta la acusación de Baudoin según la cual Calvino no podía sufrir a sus colegas:

“Tú le acusas de que no puede sufrir a ningún colega, pero no hay nada más falso. ¿A quién harás tú ver que haya ejercido la menor enemistad contra quien sea de sus colegas? ¿Contra quién él ha hablado mal? ¿O quién es el que por envidia o por mal humor él haya buscado que disminuya, o le haya impedido elevarse? ¿Y qué, no sabes tú que conversamos en la Iglesia de Dios y no en un convento de monjes? Sabes bien tú mismo con qué fidelidad, mientras estuvo en Estrasburgo, ha mantenido una amistad santa con los mayores teólogos de nuestro tiempo: Capiton, Bucero y Pedro Mártir. También parece por testimonios públicos cuál ha sido su relación confirmada por tantos años con Farel y Viret, cuál ha sido su particular amistad entre él y Mr. Bullinger. Y el afecto que le muestran los principales Ministros de Suiza y de Grisons.”

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 3

Blog110C

Acerca de la preocupación del marido y de la esposa por ganar a su cónyuge cuando este no es creyente:

A fin de que el alma sea influenciada para bien, hay que tener muy en cuenta el estado presente del cónyuge en cuestión. Si uno es creyente y el otro no,
el creyente debe usar todos los medios que pueda haber para lograr que el otro también crea. Si ambos son creyentes, su cuidado mutuo debe ser edificarse uno al otro en su fe.

En primer lugar, es el sentir principal de la exhortación de San Pedro a la esposa creyente en cuanto a su conducta a fin de atraer a su esposo a una fe auténtica… Ahora bien, si este deber es de la esposa, con más razón lo es del esposo, quien es designado como la cabeza y un salvador de su esposa. Con este fin, San Pablo aconseja a los esposos y a las esposas casados con no creyentes que vivan con ellos…

Los medios de conversión son la mejor razón para amar: Le place al Señor dar esta bendición al esfuerzo del esposo o de la esposa por ser el medio de conversión de su pareja; el que se convierte amará entrañablemente al otro y bendecirá a Dios con todo su corazón… porque han podido entrelazarse tan fuertemente…

ACERCA DE LA EDIFICACIÓN MUTUA DE ESPOSOS Y ESPOSAS: El segundo deber relacionado con la salvación del alma es que ambos cónyuges creyentes se esfuercen mutuamente por edificarse el uno al otro. El cristiano les debe esto a los demás, cuanto más el hombre y la esposa… La edificación espiritual mutua es el mejor uso que pueden y deben hacer de las coyunturas y ligamentos que los une. En virtud de esto, el cuerpo (concretamente el cuerpo místico de Cristo) crece con el crecimiento que da Dios (Col. 2:19). Ahora bien, el vínculo matrimonial, siendo el más firme de todos los demás y por el cual estamos íntimamente entrelazados, ¿en virtud de qué otro vínculo habríamos de edificarnos el uno al otro, sino en virtud del vínculo matrimonial?…

El hombre y su esposa deben prevenir el pecado de su pareja:  Hasta donde les sea posible es el deber mutuo de esposos y esposas prevenir el pecado el uno del otro, esto se hace evidente por lo que dice el Apóstol: para prevenir que se engañen uno al otro “para que no [los] tiente Satanás” (1 Cor. 7:5). De estas palabras podemos arribar a esta doctrina general: Los cónyuges tienen que tener cuidado de protegerse el uno al otro de las tentaciones de Satanás, es decir del pecado, que es a lo que llevan todas sus tentaciones…

Indicaciones para prevenir el pecado: Para un mejor cumplimiento de este deber, el esposo y la esposa tienen que estar atentos y observar en qué pecado han caído, ya sea el uno o el otro, o qué ocasiones se presentan que puede conducirlos a pecar… Si ambos se irritan y enseguida se enojan, y uno nota esto primero en el otro, el que todavía está calmo debiera más bien sosegarse y con humildad y paciencia mantenerse tranquilo, no sea que al explotar ambos al mismo tiempo, toda la familia sufra…

Al esposo y la esposa les corresponde corregirse mutuamente los pecados: Ya sea que el esposo o la esposa ha pecado, el deber mutuo es que el que es inocente corrija al otro. Como si uno de ellos estuviera herido, el otro debe ocuparse de curar la herida. Esto es lo que hizo Abigail, esposa de Nabal, cuando se enteró de la furia de David contra Nabal por el desaire recibido de este. Se apresuró a llevarle alimento, y se humilló ante él (1 Sam. 25:23). Esto conmovió tanto a David que se tranquilizó. Sí, y Abigail se tomó el tiempo para hacerle ver a su marido su falta y el peligro en que esto lo había puesto. Más directamente y con más éxito corrigió Jacob la superstición o idolatría de su esposa Raquel, como puede verse comparando Génesis 31:19 con 35:2, 4. Un hermano no debe dejar que su hermano permanezca en pecado: cuánto menos puede la pareja dejar que esto suceda entre ellos.

Es un corolario del odio ser indiferente al pecado ajeno: No debes aborrecer a tu hermano (dice la Ley) y ser indiferente a su pecado (Lev.19:17). Hacerlo es muestra y fruto del odio. Si un esposo viera a su esposa o una esposa viera a su esposo en medio del fuego o en el agua, a punto de ser quemado o de ahogarse, y no hace todo lo que puede para rescatarlo, ¿no pensaríamos con razón que lo aborrece? El pecado es como fuego y agua, que quema o ahoga a los hombres para su perdición. Este deber puede cumplirse con sugerencias humildes, expresiones concisas, mansas llamadas de atención y con la ayuda de un pastor bueno o algún amigo discreto y fiel…

Cómo impulsar el crecimiento en la gracia: Este deber puede cumplirse de estas maneras:

1. Notando y mostrando aprobación por el comienzo y aun el paso más  pequeño de adelanto en la gracia.

2. Conversando frecuentemente acerca de las cosas que les conciernen: haciéndose preguntas el uno al otro sobre el tema y contestándolas.

3. Poniendo esto en práctica y siendo ejemplos mutuos: siendo el uno para el otro un ejemplo constante de devoción.

4. Realizando juntos ejercicios religiosos, tales como orar, cantar salmos, leer la Palabra y otros.

5. Ejecutando ejercicios santos y religiosos en la familia: Aunque este deber corresponde especialmente al marido, a la esposa le  corresponde recordárselo en caso de que se olvide y motivarlo a hacerlos, si le faltan ganas… En este tipo de persuasión, nadie puede prevalecer con un hombre mejor que su esposa.

6. Motivándose el uno al otro a concurrir a la casa de Dios para escuchar la Palabra, participar de las ordenanzas de Cristo y a conciencia ser parte de todo el culto público a Dios.

De Of Domestical Duties
_______________________
William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres; poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 5

Blog109E

B) LA HUMANIDAD DE JUAN CALVINO A LA LUZ DE LA DELACIÓN, LA CALUMNIA Y LA PERSECUCIÓN.

Una visión tan poderosa y completa de la fe bíblica en un Dios justo, tan soberanamente Señor de todas las cosas, tan clemente y lleno y bondad y de misericordia hacia sus criaturas, no podía más que suscitar la rabia del Diablo y el odio irreductible de los hombres impíos. Calvino conoció durante su vida la persecución que suscitan tales odios. Pero ella se volvió todavía más feroz tras su muerte. Es a la luz de estos ataques de Sa-tanás y de sus servidores como aparece de manera aún más viva la humanidad —en el sentido de las primeras definiciones de Robert que hemos citado en nuestra in-troducción— de Calvino: (1) su carácter humano, (2) su clemencia incansable y (2) la manifestación en él de una naturaleza humana plenamente realizada, a la imagen de Jesucristo, renovada por la gracia de Dios en él.

A fin de aclarar mejor esta luz tan humana que emanaba de nuestro reformador y para contrastarla con las tinieblas más que inhumanas de sus innumerables detractores y adversarios, me basaré en los escritos de sus más eminentes defensores: Charles Drelin-court, pastor de la Iglesia de Charenton, cerca de París durante buena parte del siglo XVII; Richard Stauffer, pastor suizo y profesor de Historia de la Reforma en París; y Gabriel Mützen-berg, hombre de letras ginebrino, intrépido defensor evangélico de Calvino y de la Reforma ante sus detractores evangélicos, protestantes, ateos y católicos romanos. Nos inspiraremos amplia-mente en estos tres autores, principalmente en Charles Drelincourt.

1. Calvino calumniado entre los protestantes

El eminente biógrafo de Calvino e historiador Émile Doumergue evoca la forma en que, por 1893, intentaba desprenderse de la interpretación convencional, entonces unánimemente recibida en el mundo francófono, del gran reformador. Describe así en su Iconographie calvinienne, los sentimientos de moda contra los que tenía que luchar para intentar restablecer la verdadera figura de Juan calvino:

“En esta época, yo comenzaba a sacudir el yugo de la leyenda, a mantener a un Calvino totalmente distinto que el Calvino convencional, casi el único conocido, un Calvino que no nació a la edad de casi sesenta años, agotado por el trabajo y la enfermedad, caricatura en lo moral y en los físico, por los escritores y los pintores de un talento o de una buena fe bastante sospechosos.”

¿Cómo es esta tradición de escritores y pintores encarnizados desde muchos siglos en calumniar al reformador de Ginebra? Tiene un doble aspecto:

Primeramente, católica romana; después protestante liberal, atea, democrática y humanista. Para comenzar, examinaremos brevemente el ataque protestante contra el gran reformador de Ginebra, después, principalmente con ayuda de la obra del pastor Drelincourt, observaremos más en detalle el ataque romano contra Calvino. Richard Stauffer hace una buena presentación de la hostilidad de los ámbitos protestantes liberales del siglo XIX hacia Calvino. Presentado por estos autores pretendidamente reformados, Calvino es irreconocible. Lo trágico es que esta caricatura se ha convertido en la imagen típica del reformador, tal y como se ha recibido en los ámbitos francófonos, y esto no solo por los protestantes en general, sino simplemente por todo hombre cultivado. Alfred Franklin, en la “Introducción” que escribió para su edición de la Vida de Calvino de Teodoro de Be-za, nos presenta el modelo de este género de desinformación histórica:

“Este gran fantasma negro, de figura glacial que, sombrío, seco, apresurado, a la caza de una idea excesiva, que surca rápidamente el mundo y le deja una marca tan profunda, atrae irresistiblemente las miradas, sin inspirarle simpatía; la gente se resiste a su ascen-diente, puesto que no puede satisfacer la razón y no le dice nada al corazón.”

 
Franklin dio así el tono del desprecio protestante por Calvino, desprecio liberal, demócrata y humanista, en definitiva, el de la Ilustración de inspiración gnóstica y masónica. Es frente a esta cultura del desprecio que se alzaron esas figuras a las que nosotros somos tan deudores: los J.H. Merle d’Aubigné, los Louis Gausse, Émile Doumergue, Auguste Lecerf, Jean-Daniel Benorit, Jean Cadier, Pierre Marcel y Pierre Courthial, valientes y lúcidos cristianos calvinistas, el combate de los cuales, nos parece, continuamos hoy aquí. Nombremos, por el deber de la memoria, algunos de los des-tructores protestantes de nuestra herencia reformada:

—Oskar Pfister, pastor y psicólogo de Zurich dibujó en 1947 el retrato de un Calvino sádico, perseguidor de las brujas ginebrinas, verdadero psicópata.

—Jean Schorer (1885-1973), pastor en la Catedral de San Pedro en Ginebra, en una obra llena de “citas mutiladas y falsificadas” (Stauffer, op.cit., p. 17) dibujó el retrato de un Calvino dictador, a imagen de los Hitler o Stalin de su época.”

—El novelista judío austríaco Stefan Zweig, por incitación del pastor Schorer, dibujó el retrato de Castellón, adversario humanista y pacifista de Calvino obra que, según Roland de Pury es, en su injusticia para con el reformador, “una de las mentiras más profundas y perniciosas que hayan sido proferidas en literatura histórica”.

—Henry Babel, pastor en San Pedro, ha también evocado la vida y obra de Calvino. En la conclusión de su obra Calvino le pour et le contre evoca el retorno de Calvino a Ginebra e imagina al Reformador emplearse a redefinir el contenido de la fe reformada según el modelo de una religión mejor adaptada al progreso técnico y al pluralismo ideológico de moda en la Ginebra de mediados del siglo XX. Todavía aquí la ideologia liberal y humanista del sucesor de Calvino le impide percibir el objeto mismo de su estudio.

—Por último, incluso el cine se ha ocupado de la figura de Juan Calvino. El poeta ginebrino Georges Haldas y el cineasta Claude Goretta se han asociado para evocar, en detrimento del Reformador (¡y del Evangelio!) la Pasión y muerte de Michel Servet. Este, que con todas sus fuerzas negó la divinidad de Jesucristo y la Trinidad misma, y pagó con su vida tal blasfemia, ¡es identificado con la Persona misma del Salvador! La obra de Haldas está, también ella, llena de errores y de los peores anacronismos: Calvino sería el Stalin de la Reforma. Además, Haldas afirma haber visto, en su infancia, y con sus propios ojos, el edificio en el que Servet fue encerrado, edificio desgraciadamente reconstruido en 1841-1842. Pero lo peor es el humanismo sentimental perfectamente unilateral en el que se baña toda esta obra. De esta manera el antitrinitario es un mártir, pero los cinco jóvenes estudiantes de teología de la Academia de Lausanne martirizados en Lyon en el mismo año no le merecen a Haldas la menor simpatía humana. ¡Como parcialidad malintencionada no se podría hacer mejor!

Pero dejemos ahí las divagaciones de una cierta historiografia protestante para volvernos hacia una guerra de propaganda mucho más devastadora.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 2

Blog110B

ACERCA DE LAS ORACIONES MUTUAS DE LOS ESPOSOS.

El mayor interés de los dos debe ser el bien del uno y del otro, que Salomón aplica en particular a la esposa; es decir, hacer bien y no mal todos los días de su vida. Recordemos que el bien del hombre incluye su alma, cuerpo, buena reputación y bienes.

La oración, un deber mutuo: Un deber general que incluye a todos los deberes es la oración. San Pedro exhorta que la relación entre esposos no sea un obstáculo para las oraciones. Da por sentado que la oración es un deber mutuo que uno le debe al otro, como el que Isaac demostró hacia su esposa (Gén. 25:21). Por medio de ella, que el hombre y su esposa se ayuden el uno al otro en todo lo que necesitan. Es el medio en que Dios, en su sabiduría, la ha santificado para obtener todas las bendiciones necesarias para otros y para uno mismo. Muchos la consideran un deber de poca importancia y de
poco provecho, pero la verdad es que orar correctamente en verdad y con fe es difícil, pero sus efectos son poderosos. Es el mejor deber que uno puede cumplir para bien de otros y el que menos hay que descuidar. Ya mencionamos que Isaac oró por su esposa. Para demostrar el bien que le hizo a ella, nos dicen las Escrituras que el Señor lo escuchó. Así ella, siendo antes estéril, por este medio concibió un hijo. Todos los tratamientos médicos del mundo no podían haberle hecho tanto bien. Entonces, siempre, sin cesar, hay que cumplir este deber. Cada vez que los dos eleven una oración, tienen que tenerse en cuenta el uno al otro: sí y a menudo han de proponerse elevar oraciones en especial el uno por el otro, ya sea estando juntos o separados.

Esto último concierne especialmente al esposo, quien es como un sacerdote para su esposa y debe llevar los ruegos de ella a Dios cuando están juntos…

Las cosas por las que los esposos y las esposas orarán solos: Hay varias bendiciones necesarias por las que los esposos y las esposas deben orar y que tienen que ver solo con ellos dos y corresponden ser  mencionadas en las oraciones privadas entre ellos, como:

1. Siendo ambos una sola carne, tienen que ser también un solo espíritu: para que sus corazones sean como uno, entretejidos por un amor matrimonial, auténtico y espiritual, deleitándose siempre el uno en el otro, siempre dispuestos a ayudarse el uno al otro, y listos para cumplir con buena voluntad y alegría todos esos deberes que el uno le debe al otro.

2. Que su lecho matrimonial sea santificado: Siendo que es ordenanza de Dios, les corresponde cumplirla, manteniendo su lecho sin mancilla. No hay nada tan importante por la que debe orar mutuamente el matrimonio… debido al calor de los apetitos de la carne que la mayoría tiene. Si no se contiene por medio de la oración (el mejor medio para este fin), puede suceder que el lecho sin mancilla sea mancillado, y el hombre y su esposa pueden llegar a adulterar el uno con el otro. Como en otros casos, así también es esto santificado por la Palabra y la oración. La Palabra da una garantía y dirección para su uso. La oración lo sazona e igualmente lo bendice.

3. Para que puedan tener hijos y que estos puedan ser herederos de la salvación y vivan en este mundo para su propio bien y el de los demás…

4. Para que Dios les dé capacidad en lo que se refiere a los bienes de este mundo, y otros buenos medios para alimentar, nutrir y darles a sus hijos un buen futuro: y suficiencia para mantener a su familia y los bienes donde Dios los colocó.

5. Para que los dones y las gracias que necesitan y faltan en cualquiera de los dos les sean dados: y que los males y las enfermedades a los cuales están sujetos puedan ser superados.

Estas cosas y muchas similares brindan ocasión para que el hombre y su esposa oren de manera especial el uno por el otro y con otros.

Acerca de la preocupación del esposo y de la esposa por su salvación mutua:

Acerca del deber particular de los maridos en este sentido: Del deber general de orar que es provechoso para todo, pasemos a las  ramificaciones de las providencias relacionadas con el cuidado mutuo del hombre y su esposa. Comencemos con lo primero que deben procurar, a saber: el bienestar del alma del uno y del otro. El Apóstol indica que es algo que hay que procurar, donde dice: “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:16). San Pedro insta a las esposas a esforzarse por ganar a sus esposos (1 Ped. 3:1-5). Y San Pablo establece para los maridos cómo es el amor de Cristo, que tiene un especial interés por el alma y su salvación (Ef. 5:22-32). Este es un deber de ambos que San Pedro subraya cuando dice que son coherederos de la gracia de la vida (1 Ped. 3:7).

El bien más grande que uno puede hacerle a otro es ser un medio que le ayude a obtener la salvación. Y no hay nada que puede entrelazar más profunda y firmemente dos corazones que ser este medio.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

_______________________
William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino IV

Blog109D

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 2.
Ocurre evidentemente lo mismo acerca de todos los aspectos de la realidad sobre los cuales Calvino hace brillar la claridad de la Palabra de Dios, el estallido de la luz que Jesucristo, por su Espíritu, hace brillar sobre todas las obras divinas. Es así como, siguiendo al apóstol Pablo, busca traer cautivos a la obediencia de Jesucristo todos los pensamientos extraviados de los hombres (II Corintios 10:5). Su estilo mismo suscitó toda una tradición de poetas y prosistas reformados, que van desde Teodoro de Beza a Agrippa d’Aubigné, desde Guillaume Salluste du Bartas en el fin del siglo XVI, a Jean Ogier de Gombauld y los Drelicourt (tanto el padre Charles que el hijo Laurent), desde Pierre du Moulin hasta Jacques Saurin y Bénédict Pictet, hasta el alba de la vaporosa Ilustración del siglo XVIII.

Por todas partes, estos escritores calvinistas volvían a este modelo de belleza que es el estilo de la Biblia, estilo del cual las formas tan diversas que usan los autores del Libro sagrado están puestas siempre al servicio de la verdad divina.

Vemos cómo el crítico protestante del siglo XIX, A. Sayous, caracterizaba el estilo de Juan Calvino:

El estilo de Calvino es del mismo temple que su pensamiento: preciso, enérgico, que prescinde de las gracias superfluas y de las inutilidades del lenguaje, es el reflejo exacto de la perfecta claridad de su inteligencia. Predicador, o escritor, la expresión justa y fuertemente recortada le llegaba sin esfuerzo, acuñada de un golpe, por así decirlo, por el peso del pensamiento; y sus sermones improvisados, sus escritos dictados al vuelo o escritos al correr de la pluma, están todos igualmente marcados por este mismo cuño de precisión y vigor […J. Para alcanzar tal claridad y vigor de expresión, sin cesar ni un mo-mento de ser natural, es necesario instinto o estudio, poseer esta inteligencia de un idioma del que uno se convierte en maestro.

Más recientemente, el eminente crítico literario protestante Albert-Marie Schmidt escribía acerca del estilo de Calvino:

Por una especie de prodigio, del cual no se llega a dar una explicación satisfactoria, Calvino enuncia sus sólidos pensamientos en una especie de lenguaje eterno que, preservado de los daños del tiempo, no pierde en ninguna circunstancia su actualidad. Mientras que el arte y la intención de Rabelais, su contemporáneo, se nos han vuelto igualmente oscuros, nosotros entendemos sus intenciones más ocultas, desciframos con agudeza las alusiones más secretas que implica su escritura, por cuanto ella, animada por un impecable espíritu de geometría intuitiva, pone discreción a no emplear, en su sentido más simple, más directo, más claro, más puro, que palabras comunes y claras.

Schmidt muestra qué propósito anima a tal estilo, límpido y enérgico, apasionadamente inteligible y concreto:

Los textos de Calvino, que no deparan y ocultan jamás la jerga oscura de los eruditos que no se dirigen más que a algunos doctos erizados orgullosos de su saber, sino al conjunto de los predestinados a creen a fin de preparar en ellos, por la resolución de las principales dificultades de la Escritura y la justa organización de sus máximas la irrupción familiar del Espíritu Santo.

Lo que acabamos de ver en el ámbito de la estética de Juan Calvino lo podríamos demostrar sobradamente en lo que se refiere a su pensamiento político, su filosofía,” por el ámbito económico y social,” por el de la caridad eclesial y privada, por el de la cura de almas y, finalmente, en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, pero puesto que el tiempo es un dueño exigente, continuemos sin más hacia nuestro segundo apartado.

Dejemos la última palabra de esta primera parte de Las humanidades de Juan Calvino, a dos grandes conocedores franceses del pensamiento de Calvino, Jean-Daniel Benoit y Jean Cadier. Este último escribe:

Esta soberanía de Dios [que enseña Calvino] sobre todos los momentos de la vida está evidentemente opuesta a la secularización que es la marca de nuestra época. Toda nuestra existencia ha sido poco a poco separada de sus raíces profundas en Dios. La  religión  aparece como un asunto privado, sin relación con la vida pública. Pero precisamente esta secularización debe obligar al cristiano de nuestro tiempo a reafirmar la gloria de Dios en un mundo que lo desconoce. El pensamiento de Calvino ciertamente fue marcado en el siglo XVI por un contexto de oposición y de persecución. Es una doctrina para los prisioneros, los torturados, los testigos que serán degollados. Pero ella también es totalmente necesaria en la situación dramática del siglo XX, donde también existen prisiones, torturas y ejecuciones para aquellos que confiesan a Cristo en algunos países, y donde también existe una voluntad de poner a Dios fuera de la vida. Pero Dios no quiere ceder su gloria a nadie.

Después Cadier evoca la piedad, a la vez Trinitaria y centrada en la unión personal del creyente con el Señor Jesucristo, por el Espíritu Santo:

Esta unión con Cristo es la obra del Espíritu Santo. Y esta obra del Espíritu Santo tiene otro nombre: se llama la fe. Calvino da esta definición admirable de la fe: “La fe abraza Jesucristo” (Institución III,ii,8). Pocos teólogos han tenido una concepción más viva, más mística en el sentido religioso de esta palabra, que esta. La vida religiosa es, pues, “la comunicación alta y mística que tenemos con Jesucristo”.

Por tanto, vemos que el geocentrismo de Calvino en modo alguno le conduce a una piedad que se alejaría de la relación con Cristo. ¿Pero de dónde viene entonces esta dureza en la lucha que hemos descrito anteriormente y que ha dado ocasión a los numerosos detractores de Calvino de componer esta figura legendaria de un ambicioso, que no retrocede ante nada para llegar a sus propósitos de dominación?

Si no se tiene la certeza de ser conducido por Dios, la fuerza inquebrantable da, a aquellos que están fuera de esta acción, la impresión de ambición. La tenacidad de un hombre conducido por Dios es para los incrédulos una voluntad orgullosa de alcanzar sus fines […]. Pero Calvino contempla el triunfo de la causa de Dios. Es necesario que Dios gane. Es por ello por lo que su obra tiene este carácter dramático y a veces violento.

Sin embargo, los siglos han pasado. El mensaje calvinista se ha extendido en el mundo. Contra todas las pretensiones humanas ha alzado la exigencia señorial de Dios. Los hugonotes de Cévennes, los gueux de Holanda [Literalmente, “miserables, mendigos”. Nombre dado a los reformados holandeses que se alzaron contra Felipe II, N. T.], los puritanos de Nueva Inglaterra, los confesantes de la Alemania de Hitler han mostrado que cuando la gloria de Dios se encuentra amenazada, los hombres pueden resistir a la opresión. La lucha continúa. Calvino permanecerá en esta lucha como un guía indispensable y su voz de mando permanece: ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Jean-Daniel Benoit plantea a su vez la siguiente cuestión en la conclusión de su bello libro sobre Juan Calvino:

¿Cuál es, pues, el espíritu del calvinismo, la característica dominante de esta piedad que hizo a los hugonotes, los puritanos, los mártires?.
Y responde:

El espíritu del calvinismo se encuentra en el gran principio teocéntrico: Dios en el centro, Dios ante todo, por encima de todo y de todos.

En efecto, el calvinismo es, principalmente la afirmación apasionada de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios. “Servir a la gloria de Dios”, es el fin supremo de la vida humana, la razón de ser de toda existencia, por alta o humilde que sea, es el principio motor del calvinismo, la fuente de la energía desbordante y de la actividad de la que los calvinistas siempre han hecho gala a lo largo de la Historia.

Tenemos ahí, en esta actitud teocéntrica, el principio de una renovación necesaria de nuestro pensamiento y de nuestra piedad.

En efecto, poco a poco estamos habituados a poner al hombre en el centro del universo, y a proclamar los derechos del hombre independientemente de los derechos de Dios. En el centro, el hombre, su angustia, su miseria, sus necesidades, sus aspiraciones. Y Dios parece no entrar en escena más que para responder a estas necesidades del hombre, para aportarnos el perdón y la paz, para calmar nuestras angustias, permitirnos avanzar con confianza a través de las brumas que nos ocultan el porvenir, y calmar nuestros terrores frente al misterio y el pavor de la muerte. Dios, ¡cómo sabemos utilizarlo para nuestros propios intereses! Nos imaginamos de buena gana que no tiene otra razón de ser que la de hacer por el hombre lo que la nodriza por el niño, y que su papel es únicamente velar por él, nutrirlo, consolarlo, guiarlo quitando de sus pasos las piedras del camino. ¡En verdad, a veces parece que Dios haya sido hecho para el hombre, y no el hombre para Dios!

Y Benoit añade:

Estas desviaciones egoístas y sentimentales se remontan lejos en el pasado. El racionalismo, con su “Dios de las buenas personas”, y un cierto pietismo, con su Cristo delicado y afeminado, no son totalmente ajenos de ello.

Ante tal desnaturalización de la fe cristiana Benoit recuerda las cimas espirituales a las que Dios nos llama:

Frente a tales desvíos, ¡cuánto se impone un retorno al espíritu del calvinismo, a esta afirmación fundamental de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios!

Y continúa diciendo:

Hemos hablado demasiado de nuestras necesidades, de nuestras aspiraciones, de las nostalgias de nuestros corazones; nos falta tomar conciencia de los derechos de Dios; no de nuestros derechos sobre Dios —derecho a la salvación, derecho a la felicidad, derecho a la consolación, derecho a la felicidad eterna, ¡como si tuviéramos derechos a la gracia y a la misericordia divinas!—, sino de los derechos de Dios sobre nosotros, nuestras vidas, derechos de Dios a nuestro servicio, a nuestra obediencia, a nuestra consagración; actitud austera y viril que nos inclina ante la majestad divina, que quebranta nuestro egoísmo y nuestro orgullo, y nos pone, ante Dios, en nuestro verdadero lugar.

Y Benoit nos muestra que únicamente es cuando ponemos a Dios en su justo lugar, el único lugar que por derecho es el suyo, que nuestras vidas serán saciadas y satisfechas todas nuestras necesidades más legítimas y profundas. Y termina citando una carta de Calvino recordando, incluso a un rey, esta prioridad suprema:

Escuchad a Calvino, escribiendo al rey de Navarra y recordándole que hay una cosa más digna y más preciosa que su salvación:

“Nos perdonará usted, Sir, la necesidad que nos constriñe a hablar de esta manera, ya que nos preocupa vuestra salvación, en verdad algo más digno y precioso: es la gloria de Dios y el avance del reino de Jesucristo, en el que consiste la salvación vuestra y de todo el mundo”.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO

Blog110

EL primer deber principal y absolutamente indispensable entre el hombre y su esposa es la unidad matrimonial, por la que ambos se consideran una sola carne y  consecuentemente preservan su unión inviolable. Ese es el deber que el Apóstol les recomienda con estas palabras: “Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer” (1 Cor. 7:10-11). Está hablando de la separación de la pareja, quebrantando e invalidando así el lazo matrimonial. Quiere que la unión se conserve firme e inviolable, y que los dos que fueron hecho uno, sigan siéndolo para que no vuelvan a ser dos. Esta unidad matrimonial es tan necesaria que no puede ser infringida ni disuelta aunque uno sea cristiano y el otro pagano. Dice el Apóstol: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Cor. 7:12-13)…

ACERCA DE LA PAZ ENTRE EL HOMBRE Y SU ESPOSA: Entre otros medios para mantener un afecto cariñoso interior entre esposos, algunos de los principales son: la paz, armonía y el acuerdo exterior. De hecho, el Apóstol les exhorta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), porque la paz es el lazo que amarra el uno al otro y hace que sean uno, aun uno en espíritu. Cuando sucede lo opuesto la discordia exterior desune el espíritu de los hombres. La Biblia nos estimula a seguir la paz con todos. Entonces, ¿con cuánta más razón deben los maridos tener paz con sus esposas y las esposas con sus maridos? Son más cercanos que hermanos y hermanas. ¡Entonces, cuánto más bueno y cuánto más delicioso es el habitar el esposo y la esposa juntos en armonía (Sal. 133:1)! Habitar juntos es algo que tienen que hacer, pero sin paz no hay un habitar juntos. Es mejor vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa (Prov. 21:9; 19; 25:24). Es mucho mejor que las personas que no se llevan bien permanezcan alejadas. No debe ser así con el hombre y su esposa, sino que más bien tienen que vivir en paz. La paz entre ellos es reconfortante, habiendo sido expuestos a las discordias de otros. Se ha dicho que en este sentido, la esposa es un remanso de paz para el hombre: ¿cuánto más el hombre lo es para su esposa?…

Para mantener la paz:
1. Eviten ofender: Hasta donde sea posible, eviten las ofensas. El esposo debe cuidarse de no ofender a su esposa, y lo mismo la esposa.
Las ofensas causan discordia.

2. No se ofendan: Cuando una parte ofende a la otra, la otra no debe darse por aludida. Así conservarán la paz. La reacción a las ofensas es lo que da inicio a las rencillas.

3. Procuren la reconciliación: Si ambos se enojan al mismo tiempo, el fuego se hará más grande. Por esta razón, sean rápidos en apagarlo. La ira no debe compartir la cama con los esposos, ni deben ellos dejar de compartir la cama por ella. Para que el fuego se apague más pronto, ambos tienen que esforzarse por reconciliarse. La gloria es del que da el primer paso, porque de hecho es bienaventurado por ser conciliador. No aceptar la conciliación cuando se ofrece es peor que ser pagano; cuando surge la ira, el deber del cristiano es procurar calmar los ánimos: una gracia que viene de lo Alto.

4. No permita que se formen partidos: No lleven sus desavenencias a sus hijos ni a sus sirvientes ni ningún otro familiar con el fin de que tomen partido con uno y se pongan en contra del otro. El hecho de que el hombre hable con cualquiera en su casa en contra de su esposa o que la esposa lo haga en contra de su esposo es, por lo general, causa de problemas entre ambos.

5. No hagan comparaciones: Deben evitar criticar constantemente a su pareja comparándola con otras personas o con sus esposos o esposas anteriores (en caso de haberlos tenido). Las comparaciones de este tipo son muy dañinas. Suscitan muchos malos sentimientos y causan grandes discordias.

6. No sean celosos: Sobre todo, hay que cuidarse de los celos imprudentes e injustos, que son la desgracia del matrimonio y la causa mayor de disgustos entre el hombre y su esposa. Las personas celosas son rápidas para empezar riñas y buscar ocasiones para sembrar la semilla de la discordia. Toman cada palabra, cada mirada, acción y moción de la peor manera posible y, en consecuencia, se ofenden sin razón. Una vez que se encienden los celos, son como un fuego llameante fuera de control. Es imposible sosegar al que los tiene.

7. Deléitense el uno al otro: En todas las cosas buenas, tienen que esforzarse por deleitarse el uno al otro sacrificando su propia voluntad y evitando causarle un disgusto al otro. San Pablo hace notar que es el deber de ambos hacerlo y describe el cariño mutuo que los esposos se tienen como un desvivirse por alegrarse mutuamente.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

_______________________
William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino III

Blog109C.jpg

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 1.

Deberíamos ahora considerar brevemente un cierto número de ámbitos donde tales preocupaciones a favor de las “humanidades cristianas” se manifiestan en la obra de Juan Calvino. Pero, por el límite de nuestro espacio, nos centraremos únicamente en su amor a la belleza.

Léon Wencelius, en su bella tesis dedicada a La estética de Calvino, se expresa así:

Antes de conocer la armonía de Calvino y la belleza de su estilo, tenemos que saber lo que él mismo pensaba acerca de la belleza, y cuál fue su actitud ante las artes de su época […]. En la exposición sistemática de su doctrina, tenía que dar una explicación de la belleza del universo […]. Escribió en medio de un mundo que se planteaba el problema de la belleza pagana. Estuvo obligado a responder a las acusación de múltiples adversarios, que ya reprochaban al culto reformado su falta de pompa y de esplendor externo. De nuevo, una actitud en el terreno estético se imponía. Guiados por estas reflexiones, hemos leído toda la obra de Calvino […]. A medida que realizábamos este escrutinio del pensamiento de Calvino, hemos advertido que todos los pasajes que descubríamos que hablaban acerca de la belleza y de las artes obedecían a una armonía común. Su orden no era distinto del orden que preside en el pensamiento de Calvino en su conjunto, y hemos visto que para exponer en toda claridad el problema estético, le bastó mostrar el brillo de la belleza a través de las partes de su teología.

Wencelius concluye estas apreciaciones introductivas con estas magníficas palabras:

Cualquiera que sea el problema que se estudie en el reformador, siempre se tiene que considerar a partir de lo que es el centro de su pensamiento, que es Dios, y su brillo en el universo. Esta es la realidad suprema del calvinismo. Pero las criaturas están obligadas a tener en cuenta otra realidad, desgraciadamente presente en la raza humana: el pecado. Todo problema, ya sea moral, social, político, estético, no puede, en el calvinismo, ser considerado más que a partir del brillo de Dios en un universo deformado por el pecado. Existen como tres momentos en el dinamismo del calvinismo: Dios brillando en su gloria y, por su Verbo, Creador del mundo que es conservado por su Espíritu, después el drama cósmico causado por la criatura que se separada del Creador; después la fulguración redentora de Dios que envía a su Hijo en medio de sus criaturas, a fin de salvarlas, redención que es culminada con la santificación del Espíritu Santo. Toda la Creación, ya sea en el equilibrio de sus formas, o en el impulso de su energía, obedece a este dinamismo y está englobada en este drama. Las criaturas humanas, ya sean en su contemplación, en su pensamiento, en sus actos, son parte integrante de este gigantesco plan de Dios, y examinar uno de sus elementos no es posible más que en relación con el plan divino. De esta manera siempre tenemos el mismo ritmo en el examen de toda cuestión que interese al calvinismo: exposición de la cuestión tal y como se presentaría si el pecado no existiera; la cuestión considerada frente a la deformación que el pecado le ha hecho sufrir; los medios que Dios pone a nuestra disposición a fin de triunfar sobre las dificultades suscitadas por el maligno.

Emile Doumerge confirma ampliamente lo que escribe Wencelius, en este caso en lo que respecta la música:

Entre las artes, Calvino otorga un lugar especial a la música. Lejos de perseguirla, como pretende la leyenda, él ha protegido y defendido al gran compositor de las melodías del Salterio, Louis Bourgeois. Lejos de condenar, como lo pretende la leyenda, el canto a cuatro voces continuamente se ha servido de comparaciones musicales, en las que ha hablado de la melodía y la armonía. En su prefacio del Salterio, ha hecho tal elogio de la música (he aquí una sola frase que se halla idéntica en dos lugares de sus obras: “Todos experimentamos qué gran poder tiene la música para conmover los sentidos de los hombres” (Comentarios I Corintios XIV,7)que su enemigo y detractor íntimo, aquel que lo trata de antiartístico y de antihumano, estuvo obligado a confesar: “Nadie ha hablado de la música como Calvino, excepto Lutero”.

Sin duda —y ello hace cuestionar cada vez más la leyenda—la música “sirve más bien a la voluptuosidad y delicias que a la necesidad”; sin embargo no hay que tenerla por “superflua”. Solo es reprensible “la voluptuosidad que no va unida al temor de Dios”. Con esta restricción, Calvino aprueba altamente todas las cosas que “son aptas para recrear al hombre y darle voluptuosidad”.

“Nuestro Señor, añade, quiere alegrarnos en todos los sentidos”. Y él se goza y alegra. Él goza del orden de las cosas: “Un orden decoroso sirve de mucho, no solo para dar gracia y belleza a todos los actos, sino también para acostumbrar nuestros espíritus a la honestidad” (Comentarios: I Corintios XI: 2).

Y Doumergue concluye estos comentarios sobre la belleza en Calvino citando de él este magnífico texto:

¿Pensamos que nuestro Señor haya dado tal belleza a las flores, que salta a la vista, y que no sea lícito ser tocado por algún placer al verla? ¿Pensamos que Él le ha dado tal suavidad de olor que no haya querido que el hombre se deleitara al aspirarla? Dejemos pues ahí esta filosofía inhumana (el estoicismo), que nos priva malignamente del fruto lícito de la bendición divina, e incluso no le da lugar, sino que habiendo despojado al hombre de todo sentimiento, lo hará parecido a un trozo de madera.

 

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 3

Blog108C.jpg

III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL RESPETO DE LA ESPOSA POR EL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son:

1. De palabra: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si hay ese temor y respeto interior en su corazón, como Dios lo requiere, será evidente en las palabras que dice. La misma ley que se aplica al corazón en este caso, también gobierna la lengua. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26). Y ciertamente aquí “la lengua apacible es árbol de vida”, mientras que “la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu” (Prov. 15:4).

Este respeto de la esposa se demuestra:

(1) En sus palabras acerca de su esposo: Las cuales siempre deben estar llenas de respeto y honra. El Apóstol menciona a Sara como ejemplo de esto: “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien” (1 Pedro 3:6). Este era el lenguaje de su corazón como lo dice antes Génesis 18:21. Y ninguna esposa es demasiado grande o buena como para no imitar su ejemplo en esto, hablando respetuosamente de su esposo… todas las críticas acerca de su esposo y las palabras que lo deshonran tienen infaliblemente consecuencias para su propia
vergüenza; su honra y respeto se mantienen o caen juntos.

(2) Las palabras de la esposa hacia su esposo deben ser llenas de respeto.

Tiene que evitar: (I) Hablar en exceso, interrumpir ridículamente a su esposo mientras él está hablando, y responder con diez palabras cuando una hubiera bastado. Porque el silencio demuestra más la sabiduría de una mujer que las palabras, y la que es sabia es de pocas palabras. Aunque parezca ser religiosa, si no controla su lengua, su religión es en vano.

Y (II) ella tiene que cuidarse que sus palabras sean de calidad, es decir, humildes y respetuosas. Porque el gran deseo de la esposa debe ser “un espíritu afable y apacible”, sí, y del hombre también “es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:4). Cuando el corazón ha sido humillado por la gracia de Dios, se notará en sus palabras… ¿Acaso no ha dicho Dios “la lengua blanda quebranta los huesos” (Prov. 25:15)? Esto es más de lo que puede hacer una lengua virulenta… Le será un consuelo indescriptible en la muerte y el juicio reflexionar en las victorias que su paciencia ha logrado y con cuánta frecuencia su silencio y sus respuestas blandas han mantenido la paz… Es indudable que si la mansedumbre y el respeto no prevalecen, menos lo harán la ira y la pasión…

2. La demostración del respeto de la esposa hacia su esposo tiene que ser también de hecho. Y eso por su obediencia a sus directivas y restricciones… La esposa ha de obedecer a su esposo en todo lo que no sea contrario a la voluntad de Dios. Pero si le manda hacer algo pecaminoso según la Ley de Dios—si le pide que mienta, que dé falso testimonio o algo parecido—ella tiene que negarse modesta y resueltamente. Si le prohíbe hacer algo que, según los mandatos de Dios es un deber indispensable—si él le prohíbe orar, leer la Biblia, santificar el día del Señor o algo parecido—entonces tiene ella que “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29). Pero en todos los
demás casos, aunque ella puede presentarle respetuosamente a él sus razonamientos, si él sigue insistiendo, su mejor sacrificio será obedecer y hacer lo que le pide lo cual alivianará su yugo…

El hogar es el lugar que le corresponde: porque ella es la hermosura del hogar. Allí están sus ocupaciones, allí está segura… Cuando desaparecen el sol y la luna, el cielo está oscuro; y cuando tanto esposo y esposa están fuera de casa, se fomentan muchos problemas en el hogar, y ya sabemos de quién es la culpa: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa” (Prov. 7:11). Donde sea que el esposo juzgue mejor vivir, allí tiene la esposa que alegremente consentir vivir, aunque quizá por los amigos de ella o de él, sea incómodo para ella. Entonces… aquel que designa “amar a sus maridos” (Ti. 2:4) en el versículo que sigue le indica “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (2:5). Porque aunque se pueden silenciar las palabras de una mujer buena, nunca se podrán silenciar sus buenas obras…

Pocos esposos hay tan malos que la discreción y el respeto de una esposa no los reformaría; y pocas esposas hay de tan mal genio, que la sabiduría y el afecto de un esposo no la mejoraría.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

_______________________
Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino II

Blog109B

I. LAS HUMANIDADES DE JUAN CALVINO

Para introducir esta primera parte, citaremos una página del bello libro de Susan Schreiner El teatro de su gloria. La naturaleza y el orden natural en el pensamiento de Juan Calvino.

“Aquellos que estudian la teología de Calvino no deben nunca perder de vista aquello que él afirmó en su debate con Sadoleto, es decir, que la preocupación mayor del cristiano no es la salvación individual de su alma, sino la gloria de Dios. Sin minimizar la importancia del pecado, de la justificación por la fe, o de la seguridad de la salvación en el pensamiento de Calvino, debemos acordarnos que él sabía que la gloria de Dios iba mucho más allá del individuo y se extendía a todos los aspectos de la Creación. Dios creó el mundo como un teatro de su gloria, y bien que el ser humano esté situado a la cabeza de la Creación, no constituye jamás, en su sola persona, toda esta Creación. Desde el movimiento ordenado de las estrellas hasta la estabilidad relativa de los Gobiernos, la naturaleza de Dios y su gloria se manifiestan en cada una de las partes de su Creación. La sugerencia de que “el mundo” se habría convertido en el dominio de las tinieblas, extranjero a la vida de la Iglesia, implicaba para Calvino que el propósito de Dios para su creación —ser el espejo o el teatro (de su gloria] — habría fracasado. Rehusar participar en este dominio terrestre o descuidar la contemplación de la naturaleza, manifiesta para él una ncomprensión del compromiso de Dios hacia su Creación y un olvido incluso de su gobierno del orden creado. En definitiva, limitar la visión de Calvino solamente a las doctrinas de la depravación total de la naturaleza humana, de la justificación por la fe y de la función condenatoria de la naturaleza [caída] sería imponerle una manera de ver a la cual se resiste todo lo que él ha escrito. En la perspectiva de Calvino, la especia humana pertenece al orden de la Creación, orden que revela o refleja el poder, la sabiduría y la gloria de Dios; no es entonces sorprendente que toda la Creación desempeñe un papel importante en su compresión de la naturaleza de Dios y de sus propósitos.”

En su bello libro El hombre cristiano y el saber en la época de la Reforma, E. Harris Harbison llega, en el capítulo que él dedica a Juan Calvino, a conclusiones totalmente parecidas. Hablando de la utilidad incomparable del estudio de la Biblia para los reformadores, Harbison plantea la pregunta: “¿Para qué es útil, según Calvino?”, y responde:

“La respuesta es que este saber bíblico [tal como se manifiesta en particular en la Institución de la religión cristiana] no debe solamente servir a la clarificación intelectual y doctrinal, y a la piedad personal, sino a una empresa mucho más vasta: el avance del Reino de Dios…. Estaba preocupado, de una manera que no era la de Lutero, a la vez en “la comunión y de la comunicación” de los beneficios espirituales. Esta preocupación social estaba asociada a una concepción asombrosamente dinámica de la Historia. El Dios de Calvino era un Dios activo, siempre activo y todopoderoso, tal como escribía, no aquel “imaginado por los sofistas [los escolásticos], vano, inactivo y casi dormido, sino más bien vigilante, eficaz, siempre obrando y continuamente en acción”. De igual manera, sus elegi-dos debían también trabajar en construir su Reino, estando constituidos como un ejército conquistador en marcha, avanzando en el mundo a partir de esta cabeza de puente del Reino de Dios establecida en Ginebra.”

Y Harbison concluye:

“Para Calvino, el saber puro, el hecho de estudiar y escribir por propio placen no podía nunca ser justificado. Pero si Calvino podía persuadirse, y persuadir con él a sus lectores, que esta forma de saber —sensible a las necesidades de los hombres, apropiada a los males sociales, productora de piedad cristiana, capaz para profundizar la comprensión por el cristiano de sus creencias esenciales, viva y concreta, allí donde la antigua tradición escolástica no era sino abstracción muerta— entonces los trabajos del erudito cristiano podían en efecto constituir una verdadera vocación cristiana de la mayor importancia. He aquí lo que se hallaba en el corazón de su visión de la búsqueda del saber como vocación cristiana.”

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

La humanidad de Juan Calvino I

Blog109.jpg

PREÁMBULO

Es para mí un gran placer hablar al lector de este célebre personaje al que celebramos hoy, no por sí mismo, sino por el honor y la gloria que dio, en su corta y tan fecunda vida, a Dios. Para mí es un placer especial hablar del tema que me ha sido encargado (“La humanidad de Juan Calvino”), puesto que fue este medio —el de su humanidad— el instrumento de Dios para mi propia conversión. Era en la primavera de 1966. Habiendo por largo tiempo caminado sin Dios, errando en los laberintos donde me llevaron mi orgullo y mis pasiones, en su gracia Dios interrumpió la vanidad de mi vida sin El y en contra de Él, al revelarme, de manera físicamente tangible, el vacío de mi vida. Los estudios que yo seguía entonces sobre los orígenes de lo que hoy llamamos la “secularización” me habían conducido a investigar diversos escritos del siglo XVI para discernir los indicios de dos estilos que me parecían dividir el mundo de las letras: el primero, formalista, de pura apariencia; el segundo, cuya forma manifestaba una plenitud de sentido, que expresaba el ser. El estilo de las apariencias (el espíritu de la corte, hoy en día, el de la televisión) era un formalismo vacío de todo sentido por el cual yo sentía la mayor repugnancia. Era la manifestación cultural de esta incipiente civilización moderna que yo rechazaba con todas mis fuerzas. Pero también veía otro estilo, al que llamaba el del ser, en el que el escritor busca, en la forma escogida por él, una plenitud de este sentido al cual yo aspiraba con todas mis fuerzas, sin saber que Aquel a quien yo buscaba palpando así era Dios mismo, el Ser en Persona, el Dios tres veces santo, quien es el único que da ser y sentido a todas sus criaturas.

Este estudio literario me condujo a leer, puesto que quería abordar de manera completa los textos literarios del siglo XVI francés, el Tratado de los escándalos de Juan Calvino. Descubrí entonces, con un asombro sin límites, toda la vivacidad y energía, la belleza y el vigor de la escritura del Reformador. Es este libro el que se hallaba sobre la mesa de mi pequeña buhardilla de Neuchátel cuando volví aquel domingo de primavera, absoluta-mente anonadado por la súbita revelación de mi vacío. Y fue una palabra de la Escritura escrita en la página en la que me fijé, palabra que me decía, como venida del Cielo mismo: “Quien clama a Dios en la angustia, Dios no lo dejará jamás”. En mi completa impotencia, en mi incredulidad, clamé a Dios y Dios respondió a mi pobre oración. Es por esta razón, ya bien lejana, por la que me hallo hoy aquí para hablar de este bello tema: “La humanidad de Calvino”.

INTRODUCCIÓN

En el “Prefacio” de su Institución de la religión cristiana, texto fechado el 1 de agosto de 1559, Calvino se defendía así contra los calumniadores (por aquel entonces ya eran numerosos; después han sido multitudes) que hacían correr, en la Dieta de Augsburgo en Alemania, el rumor de su vuelta a la Iglesia romana, noticia recibida con un celo precoz por muchos de los Príncipes del Imperio:

“Veis aquí el buen pago que muchos cortesanos me dan: los cuales muchas veces han experimentado mi constancia, y por tanto me debería servir de abogados, si la ingratitud no les hubiese sido impedimento; y tanto más justamente deberían juzgar de mí, cuanto más han conocido quien yo sea.”

Y Calvino añade:

“Pero el Diablo con todos los suyos se engaña muy mucho, si piensa abatirme y desanimarme haciéndome cargo de tan vanas y frívolas mentiras. Porque yo confío que Dios por su suma bondad me dará gracia de perseverar y de tener una paciencia invencible en el curso de su santa vocación; de lo cual aun ahora de nuevo yo doy muy buenas muestras a todos los cristianos con la impresión de este libro [la publicación de esta nueva edición francesa de su Institución] .”

Al concluir su Prefacio, elevando a Dios su oración por los lectores y pidiendo las de ellos:

“Dios sea con vos amigo lector, y si algún provecho recibiereis de estos mis trabajos, me encomiendo en vuestras oraciones a Dios nuestro Padre.”

Pero antes de que entremos de lleno en nuestro asunto, “La humanidad de Juan Calvino”, debemos brevemente intentar definir lo que significa para nosotros esta palabra “humanidad”. Trataremos la humanidad de Calvino según las tres primeras definiciones del diccionario Gran Robert: (1) su carácter realmente benigno; (2) la plenitud de su humanidad, recreada a la imagen divina; (3) su humanidad en sus relaciones con los demás. En estos tres aspectos de su humanidad él fue calumniado y perseguido. Pero an-tes de hablar de las cualidades humanas de Calvino, trataremos de la quinta y última definición que ofrece Robert: sus humanidades (en plural). Examinaremos, pues, la amplitud casi universal de su cultura podría él haber dicho “nada de los que es humano me resulta extraño”— pero sobre todo su voluntad de extender el Reino de Jesucristo, el Pantocrator — el Señor de todas las cosas— a todas las realidades de un mundo que pertenece, por su creación, y todavía más por su redención, a Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios bendito eternamente. Este verdadero imperialismo cultural para Jesucristo tenía como objetivo la reforma de los pensamientos, de los sentimientos, de la voluntad y de la acción de los hijos de Dios. Comenzaremos, pues, por este segundo punto: las humanidades de Juan Calvino, después veremos su humanidad para con su prójimo, en particular frente a la calumnia.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 4

Blog107D

4. TEÓLOGO DE LA ALIANZA

El conjunto de la enseñanza de Calvino puede muy bien ser presentado bajo el título de la Teología de la Alianza, la cual es, sin ningún género de duda, uno de los distintivos más importantes de la teología reformada. El concepto bíblico de Alianza o Pacto entre Dios y los hombres sirve en ella para integrar y organizar las distintas doctrinas cristianas, además de proporcionar una visión de conjunto de la Biblia, como un útil hermenéutico que articule, en especial, la relación entre la Ley y el Evangelio, Antiguo y Nuevo Testamentos. La Teología de la Alianza sería fruto de la orientación esencialmen-te teocéntrica de la teología reformada, así como del carácter eminentemente bíblico de la Reforma. Esto último se pone claramente de manifiesto al considerar que la Teología de la Alianza no es una elaboración de teología especulativa ni aun, en primera instancia, una construcción sistemática, sino que sería el resultado de una vasta y compleja integración de datos exegéticos y sobre todo de lo que hoy llamamos teología bíblica.

Aunque en tiempos recientes la Teología de la Alianza ha conocido intentos (podemos decir que todos fracasados) de reformulación,” en su periodo clásico (la de la Reforma en un sentido amplio, desde Lutero hasta la Asamblea de Westminster, aproximadamente) la Teología de la Alianza estaba estructurada por tres pactos que tendrían como resultado la salvación de los hombres: el pactum salutis o Pacto de Redención, el Pacto de las Obras, y el Pacto de Gracia. La precisión con la que opera la Teología clásica a la hora de integrar estos tres pactos o alianzas se evidencia, sobre todo, en la diferenciación entre el Pacto de Redención y el de Gracia, o entre el estado natural de Adam y el Pacto de Obras, además de nociones como la continuidad de la Ley tras el Pacto de Obras, de manera que la Alianza de Sinaí, aun siendo en esencia el mismo Pacto de Gracia que el Evangelio, sea presentada en parte como una Alianza legal, en contraste con el Nuevo Pacto o Evangelio.

Cabe decir que durante el pasado siglo XX hemos asistido al ataque en el mundo académico a la Teología de la Alianza por parte principalmente de la escolástica barthiana. Llevado al terreno eclesial, este ataque ha contribuido poderosamente el abandono definitivo de la Teología clásica de la Alianza por parte de las Iglesias re-formadas y presbiterianas más importantes, y su vacío ha sido sustituido por una teología con los acentos más característicos y distintivos de la teología barthiana, de la cual la Confesión de 1967 de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA) es el exponente más elocuente. En el terreno académico, la escolástica barthiana ha procedido a intentar minar la Teología de la Alianza, codificada por la segunda generación de la ortodoxia reformada, fundamentalmente negándole cualquier nexo de unión con el Reformador Calvino. Ciertamente, concebir a Calvino como enfrentado con la ortodoxia reformada en distintos aspectos de la Teología de la Alianza se ha convertido en un poderoso cliché del que no es fácil desprenderse.

No obstante, se puede decir que, a estas alturas, la crítica barthiana ha sido ampliamente rebatida por toda una generación de académicos reformados contemporáneos altamente erudita, de los que destacaríamos a Richard A. Muller y Peter A. Lillback. Gracias a su estudio cuidadoso ad fontes de las obras de los Reformadores, la relación de Calvino con la Teología de la Alianza ha sido suficientemente clarificada. Con Lillback, sostenemos que Calvino desarrolló toda una Teología de la Alianza, que era en esencia la misma que la ortodoxia reformada codificaría, aunque todavía fuera incompleta en el Reformador y estuviera todavía, podríamos decir, en estado embrionario.

Cierto, como afirman los escolásticos barthianos, el Pacto de las Obras no fue enseñado de manera formal por Calvino, pero sí que lo fueron todos los elementos que conforman esta doctrina: Adam como representante de la Humanidad ante Dios, relación legal en-tre Dios y Adam, situación probatoria en Edén, el hecho de que Adam hubiera recibido la vida por la obediencia, la comprensión del árbol de la vida como un sacramento, el paralelo Adam-Cristo como cabezas federales, la distinción entre Ley y Evangelio. Por consiguiente; la Alianza de Obras fue, en esencia, enseñada por Calvino, y lo que es completamente inexacto es querer hacer enseñar al Reformador de Ginebra que el estado original del hombre es uno de solo gracia, de lo cual se desprendería que todas las relaciones de Dios con el hombre, incluido por lo tanto ahora el estado natural de los hombres sin Cristo, sería asimismo uno exclusivamente de gracia. De lo cual, fácilmente se llegaría el universalismo soteriológico, que es a lo que la teología de Barth tiende inevitablemente.

De la misma manera, tampoco el Pacto de la Redención fue expresado en estos mismos términos por Calvino. Pero basta comprender la relación de Cristo con la predestinación en el pensamiento del Reformador, como fuente de la elección y en su mediación eterna de los elegidos, para concluir que la dicha formulación de la ortodoxia posterior, conocida como Pacto de Redención, es la expresión de la determinación intratrinitaria, desde antes de la fundación del mundo, de la salvación de los pecadores.

La relación de la Teología de la Alianza con las afirmaciones fundamentales de la Reforma se puede poner claramente de manifiesto. Tras la Caída de Edén, el Antiguo Testamento es, en esencia, la misma alianza de gracia que la del Nuevo Testamento; de hecho, le debemos a Calvino la formulación clásica de la única alianza de gracia en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento como “una esencia aunque diversa en administra-ciones”.” Pero al mismo tiempo Calvino mantiene la distinción entre Ley y Evangelio, la cual se corresponde a la de Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Si bien la Antigua Alianza es evangélica, es enteramente tipológica y en ella el elemento legal se hallaría sobredimensionado por el don del la Ley en Sinaí que hace recordar las estipulaciones del Pacto de las Obras. Por tanto, la plenitud de la revelación de la gracia corresponde a la Nueva Alianza en Jesucristo.

La plenitud evangélica del Nuevo Pacto en Cristo, por otra parte, conlleva una salvación por gracia en la que Dios es el único autor (monergismo divino), puesto que de otra manera, si ella ha de depender de algún concurso del hombre, aunque sea en parte (si-nergismo), entonces la salvación estaría situada en un terreno de remuneración legal, como en el Pacto de las Obras. Es de esta manera como la justificación por la sola gracia y la sola fe no son doctrinas aisladas ni fuera de lugar, sino que se hallan al interior del mismo conjunto de enseñanza bíblica del Pacto.

Todas estas cuestiones se pueden contemplar, asimismo, desde el ángulo de la incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza. La incondicionalidad en el Pacto, del que depende la salvación por la sola gracia y la sola fe, se correspondería al carácter monergista y absoluto de la salvación divina, que se evidencia en el Nuevo Pacto. La condicionalidad, al elemento legal, que se pone palmariamente de evidencia en el Pacto de las Obras, pero que asimismo se encuentra integrado de manera subordinada en el Nuevo Pacto. Aunque los principios de incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza nos resulten en principio conflictivos, hemos de mantener ambos al mismo tiempo en nuestra enseñanza de la misma, y ello, a poder ser, sin caer en planteamientos paradóji-cos, propios más bien del principio “et…et” del catolicismo romano, o incluso de la teología dialéctica barthiana. La condicionalidad, propia de la temporalidad, ha de ser el medio por el cual la incondicionalidad, cuyo origen es el pactum salutis eterno, se realiza en el tiempo.

Calvino entiende perfectamente las implicaciones del carácter incondicional y condicional de la Alianza. En su comentario del Salmo 132:12 lo podemos apreciar de manera clara cuando dice:

Pero primero hemos de considerar que este pacto, en la medida que Dios había prometido enviar un redentor; de cuya mano se tendría que buscar la salvación, era totalmente un don gratuito, puesto que brotó de la adopción originaria, la cual también fue un don gratuito. Y ciertamente la perfidia de aquella impía nación [e. d., los judíos] no impidió a Dios mostrar abiertamente que Él no cuenta con méritos para enviar a Cristo […. Ahora pues vemos que el dicho pacto no fue condicional, pero porque establecía con él otras cosas que eran accesorias, se le añadió esta condición “Si obedecen mis mandamientos los bendeciré”.

Podemos decir que el genio de Calvino se manifiesta definitivamente a la hora de sintetizar las distintas doctrinas de manera completa. Las doctrinas de la gracia, en el orden temporal, que conllevan la completa depravación humana, serian el cumpli-miento de la libre elección divina, en el orden eterno. Esta última había sido, en efecto, enseñada de manera explícita en la Iglesia, por lo menos, desde los tiempos de Agustín de Hipona. Pero al Padre de la Iglesia le falló completar de manera coherente el conjunto de la enseñanza, y de esta manera, enseñó también que la elección debía ser completada con el don de la perseverancia. La elección de gracia, por tanto, se trasladaba de la elección de individuos para la salvación, a la elección de individuos para la gracia, transmitida por la Iglesia, fundamentalmente a través de los sacramentos. De esta manera, dentro del espacio sagrado de la Iglesia, y por los deméritos de las personas, la salvación se podría perder.

Esta fue, precisamente, la evolución de los temas característicos de la teología agustiniana durante la Edad Media, que daría como resultado el discurso sacramentalista con el que la Reforma luchó y que es el propio de la Iglesia católica romana hasta nuestros días. La implicación eclesiológica de ello es inevitable: desde el punto de vista sacramentalista, la Iglesia es el transmisor infalible de la gracia divina. La incondicionalidad divina en la Alianza se traslada de los individuos a la comunidad de la Iglesia. Ella, por tanto, no puede conocer caída, apostasía. Luego, ella tampoco puede necesitar Reforma. Sin embargo, la Reforma reconoce una cierta incondicionalidad al pueblo de Dios, pero es ella, en última instancia, la que pertenece a las personas de los elegidos, y que le es aplicada al pueblo según uno de los conceptos clave en la teología de Calvino, por acomodación divina.
CONCLUSIÓN: UN REFORMADOR PARA LA MODERNIDAD

En definitiva, toda la obra teológica de Calvino es la que fija en la Escritura y presenta de manera del todo coherente la obra de Dios que fue la Reforma protestante del siglo XVI. Las afirmaciones teológicas de Calvino no suponen para los hijos espirituales suyos una regla de fe, pero tampoco podemos desentendernos de ella.

Primero, por evitar el individualismo teológico (y su acompañante obligado, el eclesial), que ciertamente es un mal a evitar. Calvino y el resto de los Reformadores desempeñan el papel de Padres de la Iglesia para nosotros. El consenso unánime de los Padres para nosotros no es una regla de fe, pero sería muestra de gran arrogancia por nuestra parte que no lo tomemos cuidadosamente en cuenta, recordando además que en la medida que su enseñanza sea la de la Palabra de Dios, también es una autoridad secundaria para nosotros. La voz del mayor de los Reformadores, Calvino, tampoco puede ser desechada sin más.

Segundo, porque si la enseñanza de Calvino es un todo coherente con la enseñanza de la Escritura y con el mensaje de la Reforma, entonces el dejarla, y al mismo tiempo querer seguir siendo protestante, reformado o evangélico, supone una incoherencia intelectual y espiritual que a la larga no puede sino conducirnos de regreso a Roma. A nivel personal e individual, cada uno es capaz de vivir a lo largo de su vida con sus propias contradicciones, pero ello es mucho más difícil a una escala mucho mayor, si hablamos de un país, de la Iglesia en un país o, más aún, de la Iglesia dispersa por distintos países lo largo de las épocas. La demonización obrada por Roma a Calvino no es en modo alguno casual: es que la enseñanza de Calvino es la que verdaderamente le resulta peligrosa. La enseñanza corriente evangélica, por el contrario, no lo es.

Y en cuanto a la demonización obrada por los liberales, al estilo de las blasfemias de Jefferson, tampoco tiene nada de extraordinario. La civilización moderna en Occidente precisamente está basada sobre un concepto de la libertad del individuo que tiene sus ra-íces en un concepto filosófico de una libertad humana indeterminada y no necesaria, que choca contra la soberanía divina enseñada por la Escritura, la Reforma y, en particular, Calvino.

Con lo que, para concluir, ante el grado de degeneración teológica, eclesial, social y política reinante en Occidente, mejor recordar las palabras del Reformador:
Igualmente el pacto que ha hecho el señor en Francia, Italia, Alemania, España e Inglaterra. Pues, aunque casi todo haya sido destruido por la tiranía del Anticristo, con todo quiso, para que así permaneciera inviolable su pacto, que quedara el bautismo como testimonio de la misma, el cual retiene su virtud, a pesar de la impiedad de los hombres, porque fue consagrado y ordenado por su boca.
Del cual, sin duda, el Reformador desprendería para hoy el ineludible deber de Reforma bíblica.

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

Blog106C

III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
_______________________
Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 3

Blog107C

3. TEÓLOGO DE LA IGLESIA

Este proceder teológico de Calvino, que, repetimos, era el propio de la Reforma en su conjunto, tiene unas consecuencias de una transcendencia verdaderamente capital. Por lo pronto, determina que es únicamente la Escritura la regla de la fe para los cristianos (lo que hoy conocemos por el principio de Sola Scriptura), lo cual implica que las Escrituras han de ser claras en sí mismas, sin que medien para ello las interpretaciones de la Iglesia (esto es, la doctrina de la perspicuidad y la claridad de las Escriptura). Se implica y se desprende de ahí todo un valor para la Tradición de la Iglesia, ya sea tanto de las obras particulares de los teólogos como de las resoluciones de los Concilios: bajo el principio de la Sola Scriptura, si alguna autoridad tienen para nosotros hoy, esta no la poseen de suyo propio, sino que se deriva de las Escrituras, y en la medida que están expresan-do la verdad enseñada por ellas.

Este principio fundamental de la Reforma ha sido y es objeto de ataques por parte de la Iglesia católica romana, que lo presenta como la causa primaria del subjetivismo e individualismo teológico y eclesial protestante. Por el contrario, nosotros sostenemos que si alguna acusación de subjetivismo e individualismo puede hacerse al protestantismo, no puede en modo alguno ser dirigida contra la Reforma como tal, sino más bien a su rechazo, principalmente, en el bando del liberalismo protestante. La aversión liberal a concebir el cristianismo como un sistema unificado de creencias y con un código moral concreto, contenidos en las Escrituras y confesados por la Iglesia a lo largo de los siglos, en definitiva, su rechazo del cristianismo como una religión, es la expresión máxima de este subjetivismo e individualismo teológico. Si este no tiende, en el bando liberal, a la atomización eclesial es porque tampoco la necesita: todas las opiniones tienen cabida, con tal de que se hagan dentro de la Iglesia institucional y sin romper la premisa básica, que es el relativismo común a todas ellas.

Lejos de ello, la Reforma, bajo el principio de la Sola Scriptura, no hizo, so pretexto de individualismo o subjetivismo, ni abstracción ni tabula rasa de todo lo precedente, así como tampoco le falta nada de, en palabras de hoy, conciencia eclesial. Baste decir este simple ejemplo: en la Institución, al Padre de la Iglesia Agustín de Hipona se le cita más de doscientas veces, y si a esto sumamos el resto de citas de Padres y teólogos, la cifra resulta verdaderamente abrumadora.’ Es de esta manera como Calvino no tenía dudas para poder hacer la siguiente afirmación al Cardenal Sadoleto:

Sabes muy bien que estamos más de acuerdo con la antigüedad que vosotros; y además no pedimos otra cosa sino que esta antigua faz de la Iglesia pueda por fin ser restaurada y renovada por entero.

Este uso continuo por Calvino de la patrística se debe, sin duda, a sus convicciones profundas en el terreno de la eclesiología.

Primero, que el período patrístico suponía la verdadera Edad de Oro de la Iglesia, al cual la Reforma del siglo XVI quería hacer volver a la Iglesia, tras el intervalo de la dominación y tiranía del papado. Ciertamente, Calvino no conocía nada de la noción tan corriente de que la conversión de los emperadores romanos y la cristianización de las naciones fue la gran apostasía de la Iglesia, a resultas de la cual la verdadera Iglesia de Jesucristo hubiera estado como escondida, anónima, bajo el manto de la Historia a lo largo de los siglos. Repetimos, esta concepción, que es más bien la del anabaptismo, y por la cual han nacido sectas de origen protestante como los Testigos de Jehová o los mor-mones, no es la propia de Calvino.

Segundo, que la Iglesia poseía el carácter de catolicidad, basado no en ninguna condición propia cumplida por los creyentes, sino solo en Jesucristo y las promesas absolutas de Dios en relación con Él. Esta cita, de su tratado Manera de reformar la Iglesia, lo pone bien de relieve:

Ciertamente nosotros no negamos que la Iglesia de Dios haya siempre existido en el mundo; puesto que escuchamos lo que Dios promete acerca de la perpetuidad de la si-miente de Cristo. En este sentido, tampoco negamos que ha habido una sucesión ininterrumpida de la Iglesia desde el principio del evangelio hasta nuestros días; pero lo que no concedemos es que esto esté tan fijado a las señales externas: que hasta ahora siempre ha estado, y por consiguiente siempre estará, en posesión de los obispos.

Por ello mismo, Calvino y la Reforma en su conjunto siguieron aceptando la validez del bautismo concedido por la Iglesia que permaneció bajo Roma, y le siguieron reconociendo el carácter de Iglesia, aunque caída en el error.” La sucesión apostólica en la Iglesia, según Calvino, no reside en las personas de los obispos, sino que no es otra cosa que “la perpetuidad de la doctrina”.” De esta manera, aunque limitado por la Palabra de Dios, se reconoce a la Tradición una cierta autoridad, puesto que la perpetuidad en doctrina conlleva que toda novedad doctrinal es, según Calvino, por definición falsa.” La Tradición, en Calvino y en la Reforma, no es completiva como en el catolicismo romano (es decir, no completa la revelación escrituraria), sino que es limitativa: la verdad de la Palabra de Dios ha de encontrarse en los límites de la verdadera tradición eclesial a lo largo de los siglos.

Esta conciencia eclesial, que es justo lo contrario de subjetivismo e individualismo teológico, fue sin duda lo que guió la obra de Calvino en el sentido de la búsqueda de la unidad cristiana. Lo cual fue indudablemente cierto con respecto a los distintos bandos en los que empezaba ya en su tiempo a dividirse la Reforma. El ejemplo por excelencia fue su enseñanza acerca de la Santa Cena, por la cual buscó la reconciliación entre las posiciones encontradas de los seguidores de Lutero y Zwinglio, y fue aceptada tanto por los últimos como, según parece, también por el reformador Lutero. Pero fue la misma actitud que mostró incluso con la Iglesia sometida a Roma. Sin llegar a sacrificar ningún elemento de la verdad central de la Reforma, Calvino fue capaz de aproximar máximo posiciones en cuanto a la doctrina de la justificación por la fe, por medio de su fórmula “no somos justificados sin obras, y no obstante, no somos justificados por las obras”,  hablando así de la necesidad de las obras para salvación: aunque no como siendo la causa misma. Esta afirmación se basa en la inseparabilidad de la justificación y la santificación en la participación de Cristo del creyente, puesto que en la justificación se recibe a un Cristo “entero” es decir, no para la justificación. Cabe señalar, de este modo, el acuerdo que el 27 de Abril de 1541 se alcanzó entre reformados (Calvino, Bucero y Melanchton) y representantes católicos romanos (el Cardenal Contarini y Eck) acerca de la justificación por la fe. Este acuerdo sería posteriormente rechazado tanto por Roma como por Wittenberg.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 2

Blog106B.jpg

II. CONSIDEREMOS EL AMOR DEL ESPOSO HACIA SU ESPOSA TAL COMO VA APARECIENDO EN LAS ESCRITURAS, Y PARTICULARMENTE EN EL CONTEXTO Y PALABRAS QUE ESTOY UTILIZANDO:

1. El esposo debe amar a su esposa, como nuestro Salvador Jesucristo ama a su iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25). El esposo “la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:29). Estos versículos nos hablan de la calidad del amor aunque no podamos ser iguales a Cristo en esto… Su amor se presenta aquí como:

(1) Desbordante, sin disimulo: El “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Su amor era verdadero, porque murió por ella. El esposo siga este ejemplo. No amar solamente de labios para afuera, sino con hechos y en verdad, como si el nombre de ella se encontrara escrito en su corazón…

(2) Libre, sin [esperar ser recompensado]: Porque él se dio a sí mismo para santificar a su iglesia (v. 26), esto implica que ella estaba en una condición deplorable cuando él inició sus primeros contactos. No era bella. Lo amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El esposo ama primero y con su amor forja el amor de su esposa, porque el amor, con amor se aviva. Si ella parece ser débil, por las características mismas de su género – en sabiduría, fortaleza y valentía, o muestra no tener amor o ser negligente en sus deberes aún así él esposo la amará, porque el amor no busca lo suyo propio (1 Cor. 13:5). El verdadero amor procura mejorar al ser amado, pero no para provecho del que ama. Amar a la esposa esperando solo algún provecho propio no es digno del esposo ni dista de seguir el ejemplo de Cristo.

(3) Santo, sin impurezas: Porque él “amó a la iglesia… para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (vv. 25-26)… El esposo no puede contar con un mejor ejemplo: tiene aquí la enseñanza de que debe esforzarse para continuar la santificación y salvación de su esposa.

(4) Grande, sin comparación: Porque, “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13), y así lo hizo nuestro Salvador. Él se entregó por su iglesia (v. 25)… El esposo imitará a su Señor y Maestro manteniendo un gran respeto por su esposa porque ella es miembro “de su cuerpo, de su carne y de sus huesos…”

(5) Es un amor activo y fructífero: Porque él a su iglesia “la sustenta y la cuida” (v. 26). Su humilde iglesia siempre está necesitada: él suple sus necesidades; está en problemas: él la protege; está a punto de desfallecer: él la levanta. Así debe ser el amor del esposo. No debe escatimar recursos ni sacrificios para hacerle bien a su esposa… el esposo tiene que amar a su esposa como Cristo ama a su iglesia.

2. El esposo tiene que amar a su esposa como se ama a sí mismo: Así lo dice mi Biblia. El Apóstol dice: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (v. 28) y, como si esto no fuera suficiente, continúa diciendo: “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…” Él no sabe con cuánto amor Cristo ama a su iglesia, pero sí sabe con cuanto amor se ama a sí mismo. Se ama a si mismo:

(1) Tiernamente: Ninguno puede tocar o manejar las heridas y penas de un hombre tan tiernamente como él mismo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” por desagradable que sea, sino que la sustenta y la cuida (v. 29). Así debe ser el amor del esposo hacia su esposa: lleno de ternura. Porque ella es como lente de cristal, que se
quiebra si no se trata con ternura…

(2) Con alegría: Nadie está más listo para ayudar a alguien que él mismo. Sus mejores amigos a veces fallan y se cansan; pero todos se ayudan a sí mismos. Por más difícil o peligroso que sea hacerlo, lo hace si es para propio beneficio. Así ha de ser la disposición del esposo para asistir, confortar y ayudar alegremente a su esposa. Si una nube se interpone entre ellos, el amor de él la disolverá rápidamente; porque nadie está enojado consigo mismo por mucho tiempo… sus oídos estarán abiertos, sus manos, su corazón listos para consolar, ayudar y agradar a su esposa, así como está listo para ayudarse a sí mismo.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

_______________________
Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 2

Blog107B.jpg

2. LA PREEMINENCIA DE LA ESCRITURA

Para comprender mejor lo que significó en su momento la obra del Reformador Calvino (así como la de Lutero) conviene situarla en el contexto de la tradición teológica de su momento. Durante la Edad Media se desarrollaron dos grandes tradiciones teológicas en Europa. La primera fue la monástica, llevada a cabo en comunidades cistercienses y benedictinas, de carácter más bien espiritual, por medio de la composición y transmisión de himnos, oraciones, liturgias o sermones, cuyo máximo representante fue Bernardo de Claraval (1090-1153). La segunda tradición fue la escolástica o escolasticismo, de la cual la Universidad de París fue el modelo para toda Europa. El objetivo de esta última era la de preparar intelectualmente a las elites de la Iglesia, siguiendo una metodología emi-nentemente racional, con una fuerte influencia de la filosofía. En la teología escolástica, los dos libros de texto básicos eran la Glossa Ordinaria, de Walafrid Strabo (808-848), y las Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160). La Glossa era un comentario de todos los libros de la Biblia, en la traducción latina de la Vulgata, por medio de una recolección de citas de los Padres y algunos teólogos del periodo carolingio. Ella representaba lo que podíamos llamar la exegesis normativa durante la Edad Media. Por su parte, en sus cuatro libros, las Sentencias de Lombardo trataban de las “distinciones” (pues así eran llamadas) hechas al contenido de la Escritura, es decir, de las doctrinas cristianas.

Por lo tanto, la teología escolástica procedía claramente en dos disciplinas distintas: la exegética y la doctrinal. La característica principal de la exegesis medieval era el uso exclusivo del texto latino de la Biblia, el cual era siempre abordado a partir de los comentarios de los Padres. En cuanto a la disciplina doctrinal, su método procedía principalmente a través de la diferenciación, o distinción, entre las diversas cuestiones, y el análisis de las mismas a partir de diferentes preguntas. De esta manera, la actividad teológica en las diferentes universidades europeas se centraba en comentar tanto las Glosas como las Sentencias, y subsiguientemente a debatir los comentarios sobre las mismas hechos por los miembros de otras universidades. Por lo general, el debate discurría siempre dentro de los márgenes de la corrección del mundo universitario. El objetivo fundamental era el mantenimiento del consenso intelectual (y por ende, eclesial), del cual las distintas opiniones no representaban sino variaciones.

Este estado de cosas se iba a ver profundamente transformado por el espíritu humanista del Renacimiento, el cual iba a despertar el interés por los estudios de los autores antiguos en sus fuentes originales. La aplicación de ello al cristianismo fue la renovación de los estudios de la Biblia, pero no en la traducción de la Vulgata y de las autoridades cristianas, sino en los idiomas originales hebreo y griego. Aunque manteniendo en común el principio de remontar ad fontes los estudios de los documentos de la Antigüedad (en este caso de la Biblia), la Reforma difería en esencia con el Renacimiento por su orientación absolutamente teocéntrica y su visión fundamentalmente pesimista del hombre, amén de que su materia se circunscribía estrictamente a la revelación escrita de Dios y al conjunto de las doctrinas cristianas. De esta manera, la Reforma pre-sentó su propia entidad tanto frente a la escolástica medieval, por un lado, como, por otro, al humanismo renacentista.

Por supuesto, Calvino tenía un buen conocimiento de la teología escolástica. Incluso en ocasiones llegó a emplear algunos de sus conceptos como útiles o herramientas teológicas, especialmente en el terreno doctrinal. Por ejemplo, a veces encuentra útiles algunas de sus distinciones, llegando a aceptar la distinción entre “necesidad de consecuente” y la “necesidad de consecuencia” en relación con la reprobación, la cual, dicho sea de paso, Lutero rechazó. El concepto escolástico más importante que usó Calvino fue, sin duda, el empleo del esquema de la múltiple causalidad de Aristóteles en relación con las causas de la salvación y, aún más importante, de la reprobación. No obstante, a diferencia de Tomás de Aquino, Calvino no elabora a partir de ella ningún discurso metafísico.

Aparte de estos usos puntuales, el ministerio de enseñanza de la Escritura que desarrolló Calvino discurre al margen de los parámetros de la escolástica. Calvino no comentó nunca las Glosas ni las Sentencias. En exegesis, Calvino comenta el texto directamente del griego y del hebreo, y ello en un estilo que acuñaría como propio. Según sus propias palabras, el principal cometido como comentador era la de resaltar el pensamiento del autor bíblico, y el método más adecuado el exponer breve y claramente el sentido literal de la Escritura.’ Sin lugar a dudas, Calvino fue “el Comentarista” de la Reforma protestante y debe ser señalado como uno de los padres del método gramático-histórico de interpretación de la Biblia: el cual no debe confundirse con su perversión, el “histórico-crítico”, propio de la teología liberal.

En lo que a la doctrina se refiere, en sus obras Calvino cita profusamente tanto a los Padres como a los mejores teólogos posteriores. Pero no se los cita para fundar a partir de sus afirmaciones el discurso teológico, sino en el transcurso en el discurso mismo. Las distintas doctrinas son derivadas, así, de su fuente primaria que es la Escritura, quien a su vez es la que juzga, confirmando o rechazando, las opiniones vertidas por los distintos teólogos. Ejemplo por excelencia de este proceder teológico, que basa la enseñanza doctrinal directamente de la Escritura, es su obra magna, la Institución de la religión cristiana, la cual, pese a ser en esencia una obra doctrinal, también podría ser percibida, gracias a este carácter y método, como una teología bíblica de las distintas doctrinas cristianas.

En la manera de hacer teología de Calvino, que fue la propia de la Reforma, el texto bíblico sale del marco primario de la interpretación exegética, para adquirir una dimensión mayor. Al hablar con autoridad entre las distintas voces de los teólogos y de las afirmaciones de la Iglesia a lo largo de la Historia, se pone claramente de manifiesto la, podríamos decir, “pertinencia dogmática” de los textos bíblicos. En esta forma de ha-cer teología, el discurso teológico no es un sistema cerrado en el que el texto bíblico es considerado tan solo como un objeto de estudio bajo un férreo protocolo intelectual, sino como un sistema abierto en el que el texto bíblico, además de ser cuidadosamente estudiado, interviene como actor, poseyendo la libertad y la supremacía para hablar de manera autoritativa.

En definitiva, todo lo expuesto evidencia la preocupación fundamental que fue la de la Reforma en su conjunto: es la Sagrada Escritura la que ha de proporcionar la verdad a la Iglesia para su fe y su vida. Esto es lo que conllevó su ruptura con la escolástica, al con-siderar a esta última como una forma diletante y contemporizadora de hacer teología para la Iglesia. Aunque no fueran dichas por él, Calvino participa plenamente del espíritu de las palabras que Lutero dirigió a Erasmo, que fueron con las que concluyó su obra fundamental De servo arbitrio, que muy bien expresan el espíritu fundamental de la Reforma:
“Y no es difícil suponer que, puesto que eres un hombre, tú hayas podido no comprender correctamente, ni observar con suficiente cuidado las Escrituras o las palabras de los Padres bajo cuya dirección crees haber alcanzado el objetivo. De esto nos damos suficientemente cuenta, cuando escribes que no escribes nada por aserción, sino que “haciendo comparaciones”. No escribe así el que ve el fondo del asunto y quien lo comprende correctamente. En cuanto a mí, con este libro, YO NO HE “HECHO COMPARACIONES” SINO QUE HE SOSTENIDO Y SOSTENGO POR ASERCIÓN; y no quiero dejar el juicio a nadie, sino que me esfuerzo por persuadir para que asientan.”

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

Blog106

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

_______________________
Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

Deberes mutuos en el matrimonio 3

Blog105

5. ES DEBER DE ESPOSOS Y ESPOSAS AYUDARSE MUTUAMENTE:

Esto se aplica a los cuidados de la vida… El esposo nunca debe emprender algo  importante sin comunicárselo a su esposa, quien, por su parte, en lugar de sustraerse de las responsabilidades como consejera dejándolo a él solo con sus dificultades e incertidumbres, tiene que animarlo a comunicarle libremente todas sus ansiedades. Porque si ella no puede aconsejar, puede confortar. Si no puede quitarle las  preocupaciones, puede ayudarle a aguantarlas. Si no puede dirigir el curso de sus negocios, puede cambiar el curso de sus sentimientos. Si no puede valerse de ninguna fuente de sabiduría terrenal, puede presentar el asunto al Padre y Fuente de Luz. Muchos hombres, pensando en resguardar, por delicadeza, a sus esposas, no le cuentan sus dificultades, que no hace más que prepararlos para sufrir la carga de tiempos peores cuando estos llegan.

Y así como la esposa debiera estar dispuesta a ayudar a su esposo en cuestiones relacionadas con sus negocios, él debiera estar dispuesto a compartir con ella la carga de las ansiedades y las fatigas domésticas. Algunos se pasan de la raya y degradan totalmente a la cabeza femenina de la familia tratándola como si no pudiera confiar en su honestidad o habilidad para administrar el manejo del hogar.

Se guardan el dinero y lo comparten como si estuvieran dándoles su sangre, resintiendo cada centavo y exigiendo un rendimiento de cuentas tan rígido como si se tratara de un sirviente cuya honestidad sospecha. Se hacen cargo de todo, se meten e interfieren en todo. Esto es para despojarla a ella de su autoridad, quitarle el lugar que le corresponde para insultarla y rebajarla delante de sus hijos y los demás. Otros, por el contrario, se van al otro extremo y no ayudan en nada. Me ha dolido ver la esclavitud de algunas esposas devotas, trabajadoras y maltratadas. Después de trabajar todo el día sin parar para su joven y numerosa familia, han tenido que pasar las últimas horas del día solitarias, mientras sus esposos, en lugar de llegar a casa para alegrarse con su compañía o para darles aunque fuera media hora de respiro, andan en alguna fiesta o escuchando algún sermón. Y después, estas desafortunadas mujeres han tenido que despertar y quedarse en vela toda la noche para cuidar a un hijo que está enfermo o inquieto, mientras que el hombre al que aceptaron como compañero en las buenas y las malas duerme a su lado, negándose a sacrificar aunque sea una hora de descanso, para darles un poco de reposo a sus esposas agotadas. Hasta las criaturas irracionales avergüenzan a hombres como estos. Porque es bien sabido que el pájaro macho se turna para quedarse en el nido durante el periodo de incubación a fin de darle tiempo a la hembra a renovar sus fuerzas comiendo y descansando, y la acompaña en su búsqueda de alimento y alimenta a los pichones cuando pían.

Ningún hombre debiera pensar en casarse si no está preparado para compartir, hasta donde puede, la carga de las tareas domésticas con su esposa. 

Tienen que ayudarse mutuamente en todo lo que atañe a su vida espiritual. Esto lo implica claramente el Apóstol cuando dice:

“Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:17). Sean ambos inconversos o lo sea uno de ellos, debieran hacer cariñosos esfuerzos por procurar la salvación. ¡Qué triste es que disfruten juntos los beneficios del matrimonio y luego vayan juntos a la perdición eterna; ser consoladores mutuos sobre la tierra y luego atormentadores mutuos en el infierno; ser compañeros felices en el tiempo y compañeros de tormentos en la eternidad! Y donde ambas partes son creyentes auténticos, debe existir una demostración de una constante solicitud, atención y preocupación recíproca de su bienestar eterno… ¿Conversan juntos, como debieran, sobre los grandes temas de la redención en Cristo y la salvación eterna? ¿Prestan atención al estado de ánimo, los obstáculos, problemas y bajones en la devoción de su pareja a fin de poder aplicar remedios adecuados? ¿Se exhortan el uno al otro diariamente, no sea que se endurezcan por lo engañoso del pecado? ¿Ponen en práctica su fidelidad sin tratar de encontrar faltas y elogian sin adular? ¿Se alientan el uno al otro a participar de los medios públicos de gracia más edificantes y recomiendan la lectura de libros que encuentran  beneficiosos para sí mismos? ¿Son mutuamente transparentes acerca de lo que piensan sobre el tema de su religión personal y sus inquietudes, sus alegrías, sus temores, sus tristezas? ¡Ay, ay! ¿Quién no tiene que avergonzarse de sus descuidos en estos aspectos? Aún así, tal negligencia es tanto criminal como lo es usual. ¡Huimos de la ira que vendrá y no obstante no hacemos todo lo que podemos para ayudarnos el uno al otro en la huida! ¡Contender lado a lado por la corona de gloria, el honor, la inmortalidad y vida eterna y no obstante no hacer todo lo que podemos para asegurar el éxito mutuo! ¿Es esto amor? ¿Es esta la ternura del cariño conyugal?

Esta ayuda mutua ha de incluir también todas las costumbres relacionadas con el orden, la disciplina y devoción domésticos. Al esposo le corresponde ser el profeta, sacerdote y rey de la familia para guiar sus pensamientos, dirigir sus meditaciones y controlar sus temperamentos. Pero en todo lo que se relaciona a estos aspectos importantes, la esposa tiene que ser de un solo sentir con él. En estas cuestiones tienen que trabajar juntos, ninguno de los dos dejando que el otro sea el único que se esfuerza, y mucho menos oponerse o boicotear lo que se está tratando de lograr… No existe una escena más hermosa sobre la tierra que la de una pareja devota usando su influencia mutua y las horas juntos para alentarse el uno al otro a realizar actos de misericordia y benevolencia religiosa. Ni siquiera Adán y Eva, llenos de inocencia, presentaban ante los ojos de los ángeles un espectáculo más interesante que este mientras trabajaban en el Paraíso levantando las enredaderas o cuidando de las rosas de ese jardín santo.

6. REQUIERE SOLIDARIDAD MUTUA:

Una enfermedad puede requerir solidaridad, y las mujeres por naturaleza parecen tener la inclinación a enfermarse. “¡Oh mujer!… ¡Un ángel ministrador eres tú!”…Si pudiéramos arreglarnos sin ella y ser felices cuando gozamos de buena salud, ¿qué somos sin la presencia y la ayuda tierna de ella cuando estamos enfermos? ¿Podemos, como puede la mujer, acomodar la almohada sobre la cual el hombre enfermo apoya su cabeza? No. No podemos administrar las medicinas y los alimentos como puede ella. Hay una suavidad en su toque, una delicadeza en sus pasos, una habilidad en las cosas que arregla, una compasión en su mirada, que quisiéramos tener…

Tampoco es esta solidaridad un deber exclusivo de la esposa, sino que lo es de igual grado del esposo. Es cierto que este no puede brindarle a ella las mismas ayudas que ella a él. Pero sí puede hacer mucho, y lo que puede hacer, debe hacerlo… Maridos: Les insto a hacer uso de toda la habilidad y ternura del amor, para bien de sus esposas si se encuentran débiles y enfermas. Estén junto a su lecho, hablen con ellas, oren con ellas, esperen con ellas. En todas sus aflicciones, súfranlas ustedes también. Nunca desestimen sus quejas. Y, por todo lo sagrado en el afecto conyugal, les imploro que nunca, por sus expresiones de descontento o irritación, en estos momentos cuando son inusualmente sensibles, aumente su temor de que la enfermedad que les ha destruido la salud destruya también su cariño. ¡Ay! Evítenles el dolor de pensar que son una carga para ustedes. La crueldad del hombre que en estas circunstancias se muestra  indiferente y despectivo no tiene nombre… Un hombre así comete acciones asesinas sin recibir castigo, y en algunos casos, sin recibir ningún reproche, pero no siempre sin remordimiento.

Pero la solidaridad debiera ser puesta en práctica por el hombre y su esposa, no solo en casos de enfermedad, sino en todas sus aflicciones, sean o no personales. Han de compartir todas sus tristezas: como dos hilos unidos, la cuerda del dolor nunca debe sonar en el corazón de uno sin causar una vibración correspondiente en el corazón del otro. O como la superficie de un lago reflejando el cielo, tiene que ser imposible que uno esté tranquilo y feliz, mientras que el otro está agitado e infeliz. El corazón debiera responder al corazón y el rostro al rostro.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 7

Blog102G.jpg

El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente y sus links.

http://www.solosanadoctrina.com 

http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina

http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

El evangelizador Juan Calvino 6

Blog102F

Evangelización en Brasil

Calvino sabía que había naciones y gente que aún no habían oído el Evangelio, y sentía la carga intensamente. Aunque no queda registrado que llegara a contactar con el recién descubierto mundo del paganismo asiático y africano, Calvino se implicó con los indios de Sudamérica a través de la misión ginebrina en Brasil.

Con la ayuda de Gaspard de Coligny, un simpatizante hugonote, y el apoyo de Enrique II, Nicolás Durand (también llamado Villegagnon) condujo una expedición a Brasil en 1555 para establecer allí una colonia. Los colonos incluían antiguos prisioneros, algunos de los cuales eran hugonotes. Cuando surgieron los problemas en la nueva colonia cerca de Río de Janeiro, Villegagnon pensó en los hugonotes de Francia, pidiendo mejores colonos. Apeló a Coligny, así como a Calvino y la iglesia de Ginebra. La carta no se preservó, y tan solo en el acta de la Compañía de Pastores hay un breve resumen de lo que ocurrió. No obstante, tenemos alguna luz de aquellos sucesos a partir de lo que Jean de Lery, un zapatero y estudiante de Teología en Ginebra, que pronto se incorporaría a la colonia brasileña, registró en su diario personal. Escribió: “La carta pedía que la iglesia de Ginebra enviara a Villegagnon de inmediato a ministros de la Palabra de Dios y, con ellos, a otras muchas personas ‘bien instruidas en la religión cristiana’ para mejor refor-marle a él y a su pueblo, y ‘llevar a los salvajes al conocimiento de la salvación’. La responsabilidad de la evangelización de los paganos, así pues, fue llanamente puesta a los pies de la iglesia de Ginebra.

La reacción de la iglesia, según Jean de Lery, fue esta: “Al recibir estas cartas y oír esta noticia, la iglesia de Ginebra enseguida dio gracias a Dios por la extensión del Reino de Jesucristo en un país tan distante y a la vez tan extraño, y entre una nación sin conoci-miento alguno del Dios verdadero”.

La Compañía de Pastores escogió a dos ministros para enviarlos a Brasil. El registro, sucintamente, reza: “El martes 25 de agosto (1556), en respuesta a una carta pidiendo a esta iglesia enviar misioneros a las nuevas islas (Brasil), que los franceses conquistaron, fueron elegidos el Sr. Pierre Richer y el Sr. Guillaume Charretier. Ambos fueron, subsiguientemente, encomendados al cuidado del Señor, y enviados con una carta de esta iglesia”. Once laicos fueron también reclutados para la colonia, incluyendo a Jean de Lery.

Aunque Calvino no estaba en Ginebra en este tiempo, se le mantuvo informado de lo que estaba ocurriendo, y ofreció su consejo en cartas que se enviaron a Villegagnon.

La obra con los indios en Brasil no fue bien. El pastor Richier escribió a Calvino en abril de 1557 que los salvajes eran increíblemente bárbaros. “El resultado es que nuestra esperanza de revelarles a Cristo se ha frustrado”, dijo. Richier no quería abandonar la misión, sin embargo, dijo a Calvino que los misioneros llevarían a cabo la obra por etapas, y esperarían pacientemente a que los seis jóvenes muchachos que fueron colocados con los indios (los Tupinambas) aprendieran su lengua. “Puesto que el Altísimo nos ha dado esta tarea, esperamos que esta Edom llegue a ser una futura posesión de Cristo”, añadió confiadamente. Mientras tanto, confió en que el testimonio de los piado-sos y diligentes miembros de la Iglesia reformada de la colonia tendría influencia sobre los indios.

Richier fue un destacado testigo del enfoque misionero de Calvino en cuatro sentidos: (1) obediencia a Dios haciendo todo lo posible en una situación difícil, (2) confianza en que Dios creará oportunidades para un nuevo testimonio, (3) insistencia en la importancia de las vidas y acciones de los cristianos como un medio de testimonio, y (4) confianza en que Dios hará avanzar su Reino.

El resto de la historia es trágico. Villegagnon se desencantó de Calvino y los reformadores. El 9 de febrero de 1558, en las inmediaciones de Río de Janeiro, estranguló a tres calvinistas y los arrojó al mar. Los creyentes huyeren para salvar sus vidas. Más tarde, los portugueses atacaron y destruyeron lo que quedaba de la colonia.

De esta manera acabó la misión para con los indios. No hay evidencias de ningún indio converso. Pero, cuando se publicó un informe de los mártires de Río de Janeiro seis años después, comenzó con estas palabras: “Una tierra bárbara, completamente asombrada de ver morir a los mártires de nuestro Señor Jesucristo, algún día producirá los frutos que esta sangre preciosa ha acostumbrado, en todos los tiempos, a producir”. Como una vez escribió Tertuliano: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Hoy, la fe reformada está creciendo en Brasil entre los presbiterianos conservadores a través de la predicación reformada, el Proyecto puritano y diferentes ministerios que reeditan títulos reformados y puritanos en portugués.

Claramente, Calvino estaba interesado en extender el Evangelio allende los mares, pero este interés se vio limitado por las siguientes realidades del siglo XVI:

Limitaciones de tiempo. La Reforma era aún tan nueva en el tiempo de Calvino que tenía que centrarse en construir la Verdad en las iglesias. Una iglesia misionera que no está construida sobre la verdad fundamental no está equipada para llevar su mensaje a tierras extranjeras.

Obra en casa. Quienes critican a Calvino, diciendo que su obra evangelizadora dejó de extenderse por el campo de misión extranjero son bastante injustos. ¿No ordenó Cristo a sus discípulos que comenzaran a extender el Evangelio por Jerusalén y Judea (misiones interiores) y, entonces, pasar a Samaria y a los confines de la tierra (misiones exteriores)? Obviamente, una iglesia bien constituida debería involucrarse tanto en misiones interiores como exteriores, pero erramos cuando juzgamos una más importante que la otra. Un genuino espíritu de evangelización ve la necesidad por todas partes. No es presa del espíritu mundano de que “cuanto más lejos de casa, mejor”.

Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católicos romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su Evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”. Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al Sur y Este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos ex-clusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la fuente http://www.solosanadoctrina.com http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina http://www.solosanadoctrinablog.wordpress.com

Deberes mutuos de esposos y esposas

Blog103

EL MATRIMONIO es el fundamento de la vida de hogar. Esto, dice el Apóstol, es honroso… en todos” (Heb. 13:4); y condena como “doctrinas de los demonios” las opiniones de los que lo prohíben (1 Tim. 4:1-3). Es una institución de Dios, la estableció en el Edén, fue objeto de honra por la asistencia personal de Cristo a una boda donde realizó el primero de una serie de milagros espléndidos con los que probó ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo… Distinguiendo al hombre de las bestias, proveyendo no solo la continuación, sino el bienestar de nuestra especie, incluyendo el origen de la felicidad humana y todas esas emociones virtuosas y generosas que perfeccionan y adornan la personalidad del hombre. Como tema general nunca puede dársele  demasiada atención, ni se puede encarar con demasiada prudencia y atención…  Mi primer objetivo será exponer los deberes que el esposo y la esposa tienen en común:

1. EL PRIMERO QUE MENCIONARÉ ES EL AMOR, LA BASE DE TODOS LOS DEMÁS: Cuando esto falta, el matrimonio se degrada inmediatamente convirtiéndose en algo brutal o sórdido. Este deber, que, enunciado especialmente como del esposo, es igualmente de la esposa. Tiene que ser mutuo o no habrá felicidad. No la hay para el que no ama, porque es atroz la idea de estar encadenado para toda la vida a un individuo por quien no tenemos ningún afecto, estar en la compañía casi constante de una persona que nos repulsa, pero aún así, a la que tenemos que mantenernos unidos por un lazo que impide toda separación y escapatoria. Ni puede haber felicidad para la parte que sí ama. Un amor no correspondido tiene que morir o seguir existiendo solo para consumir el corazón desdichado en el que arde. La pareja casada sin amor mutuo es uno de los espectáculos más lastimosos sobre la tierra. Los cónyuges no pueden, y de hecho normalmente, no deben separase; pero se mantienen juntos solo para torturarse uno al otro. No obstante, cumplen un propósito importante en la historia de la humanidad: ser un faro para todos los solteros, a fin de advertirles contra el pecado y la necedad de formar esta unión sobre cualquier otra base que no sea un amor puro y mutuo, y para exhortar a todos los casados que cuiden su cariño mutuo y que no dejen que nada apague la llama sagrada.

Como la unión debe ser formada sobre la base del amor, también hay que tener mucho cuidado, especialmente en las primeras etapas, que no aparezca nada que desestabilice o debilite la unión. Sea cual sea lo que sepan de los gustos y los hábitos uno del otro antes de casarse, no son ni tan exactos, ni tan amplios ni tan impresionantes como los que llegarán a conocer al vivir juntos. Y es de enorme importancia que cuando por primera vez se notan pequeños defectos y fallas y diferencias triviales, no dejen que produzcan una impresión  desfavorable.

Si quieren preservar el amor, asegúrense de aprender con la mayor exactitud los gustos y desagrados el uno del otro, y esforzarse por abstenerse de lo que sea fastidioso para el otro, por más pequeño que sea… Si quieren preservar el amor, eviten con cuidado hacer repetidamente la distinción entre lo que es MÍO y lo que es TUYO, porque esto ha sido la causa de todas las leyes, todas las demandas judiciales y todas las guerras en el mundo…

2. EL RESPETO MUTUO COMO UN DEBER DE LA VIDA MATRIMONIAL:                Porque aunque, como luego consideraremos, a la mujer le corresponde ser respetuosa, al esposo también le corresponde serlo. Como es difícil respetar a los que no lo merecen por ninguna otra razón que una posición superior o una relación común, es de inmensa importancia demostrar el uno ante el otro una conducta que merece respeto y lo demanda. La estima moral es uno de los apoyos más firmes y guardias más fuertes del amor, y comportarse excelentemente no puede menos que producir dicha estima. Los cónyuges se conocen mejor el uno al otro en este sentido que lo que son conocidos por el mundo o aun por sus propios sirvientes e hijos. Lo íntimo de tal relación expone motivaciones y todo el interior del carácter de cada uno, de modo que se conocen mejor el uno al otro que lo que se conocen a sí mismos. Por lo tanto, si quieren respeto  tienen que ser dignos de respeto. La caridad cubre una multitud de faltas, es cierto. Pero no hay que confiar demasiado en la credulidad y la ceguera del afecto. Llega un punto en que aun el amor no puede ser ciego ante la seriedad de una acción culpable. Cada parte de una conducta pecaminosa, cuya incorrección es indiscutible, tiende a rebajar la estima mutua, y quitar la protección del afecto… Por lo tanto, en la conducta conyugal, debe haber un respeto muy evidente e invariable aun en lo pequeño. No hay que andar buscando faltas ni examinar con un microscopio lo que no se puede esconder, ni decir palabras duras de reproche, ni groseras de desprecio, ni humillantes, ni de fría desidia. Tiene que haber cortesía sin ceremonias, civilidad sin formalismos, atención sin esclavitud. En suma, debe existir la ternura del amor, el apoyo de la estima y todo con buena educación. Además, hay que mantener un respeto mutuo delante de los demás… Es muy incorrecto que cualquiera de los dos haga algo, diga una palabra, dé una mirada que aun remotamente pueda rebajar al otro en público.

Continuara …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El Evangelizador Juan Calvino 5

Blog102E

Obra evangelizadora en Francia

Para entender cómo promovió Calvino la Reforma por toda Europa, tenemos que mirar lo que hizo en Francia.

Francia estaba solo en parte abierta a la evangelización reformada. Las hostilidades religiosas y políticas, que también amenazaban a Ginebra, eran un constante peligro en Francia. No obstante, Calvino y sus colegas obtuvieron el máximo provecho de la pequeña apertura que tenían. El acta de la Compañía de Pastores de Ginebra trata la supervisión de las obras misioneras en Francia más que en ningún otro país.

Así es cómo ocurrió. Había creyentes reformados de Francia que se refugiaban en Ginebra. Mientras estaban allí, muchos comenzaban a estudiar Teología. Después, se sentían obligados a regresar a su propio pueblo como evangelizadores y pastores refor-mados. Tras aprobar un riguroso examen teológico, a cada uno de ellos la Compañía de Pastores de Ginebrina asignaba una puesto, normalmente en respuesta a una petición formal de una iglesia francesa que necesitaba un pastor. En la mayoría de los casos, la iglesia receptora luchaba por la vida bajo persecución.

Los refugiados franceses que regresaron como pastores fueron muertos al final, pero su celo alentó las esperanzas de sus feligreses. Su misión, que, según los pastores, consistía en “hacer avanzar el conocimiento del evangelio en Francia, como ordena nuestro Se-ñor”, tuvo éxito. La predicación evangelizadora reformada produjo un avivamiento notable. En 1555, solo había una iglesia reformada plenamente organizada en Francia. Siete años más tarde, había cerca de 2000.

Los pastores reformados franceses fueron quemados por causa de Dios y, a pesar de la persecución masiva, Dios usó su obra para convertir a miles. Este es uno de los ejemplos más notables de una efectiva obra misionera interior en la historia del protestantismo, y uno de los avivamientos más asombrosos en la historia de la Iglesia.

Algunas de las congregaciones reformadas francesas se hicieron muy grandes. Por ejemplo, Pierre Viret pastoreó una iglesia de 8000 comulgantes en Nimes. Más del diez por ciento de la población francesa en los años 60 del siglo XVI —hasta tres millones— pertenecía a estas iglesias.

Durante la masacre del día de san Bartolomé de 1572, 70.000 protestantes fueron muertos. No obstante, la Iglesia continuó. La persecución al final hizo salir a muchos de los protestantes franceses, conocidos como los hugonotes. Abandonaron Francia para ir a muchas naciones diferentes, enriqueciendo la Iglesia por dondequiera que iban.

No todos los pastores refugiados fueron enviados a iglesias francesas. Algunos fueron al norte de Italia, otros a Antwerp, Londres y otras ciudades de Europa. Algunos fueron incluso más allá de Europa, a Brasil. Independientemente de adónde fueran, su predicación era fuerte y poderosa, y Dios con frecuencia bendijo su obra.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 4

Blog101D

Ahora, destaquemos para beneficio de los lectores jóvenes algunas de las características por las cuales se puede identificar una pareja consagrada e idónea.

Primero, la reputación: un hombre bueno por lo general tiene un buen nombre (Prov. 22:1). Nadie puede acusarlo de pecados patentes.

Segundo, el semblante: nuestro aspecto revela nuestro carácter, y es por eso que las Escrituras hablan de “miradas orgullosas” y “miradas lascivas”, “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos” (Isa. 3:9).

Tercero, lo que dice: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Prov. 16:23). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26).

Cuarto, la ropa: la mujer modesta se conoce por la modestia de su ropa. Si la ropa es vulgar o llamativa, el corazón es vanidoso. Quinto, la gente con quien anda: Dios los cría y ellos se juntan: se puede conocer a una persona por las personas con quien se asocia.

Quizá no vendría mal una advertencia. No importa con cuánto cuidado y oración uno elige su pareja, su matrimonio nunca será perfecto. No que Dios no la haya hecho perfecto, sino que, desde entonces el hombre ha caído, y la caída ha estropeado todo. Puede ser que la manzana siga siendo dulce, pero tiene un gusano adentro. La rosa no ha perdido su fragancia, pero tiene espinas. Queramos o no, en todas partes leemos de la ruina que causa el pecado. Entonces no soñemos de esa persona perfecta que una imaginación enferma inventa y que los novelistas describen. Aun los hombres y mujeres más consagrados tienen sus fallas, y aunque son fáciles de sobrellevar cuando existe un amor auténtico, de igual manera hay que sobrellevarlas.

Agreguemos algunos comentarios breves sobre la vida familiar de la pareja casada. Obtendrás luz y ayuda aquí si tienes en cuenta que el matrimonio es usado como un ejemplo de la relación entre Cristo y su iglesia. Esto, pues, incluye tres cosas.

Primero, la actitud y las acciones del esposo y la esposa tienen que ser reguladas por el amor. Ese es el vínculo que consolida la relación entre el Señor Jesús y su esposa; un amor santo, un amor sacrificado, un amor perdurable que nunca puede dejar de ser. No hay nada como el amor para hacer que todo marche bien en la vida diaria del hogar. El esposo tiene con su pareja la misma relación que el Redentor con el redimido, y de allí la exhortación: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25), con un amor fuerte y constante, buscando siempre el bien para ella, atendiendo sus necesidades, protegiéndola y manteniéndola, aceptando sus debilidades, “dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7).

Segundo, el liderazgo del esposo. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23). A menos que esta posición dada por Dios se observe, habrá confusión. El hogar tiene que tener un líder, y Dios ha encargado su dirección al esposo, haciéndolo responsable del orden en su administración. Se perderá mucho si el hombre cede el gobierno a su esposa. Pero esto no significa que la Biblia le da permiso para ser un tirano doméstico, tratando a su esposa como una sirvienta: su dominio debe ser llevado a cabo con amor hacia la que es su consorte. “Vosotros maridos, igualmente, vivid con ellas” (1 Ped. 3:7). Busquen su compañía cuando haya acabado la labor del día…

Tercero, la sujeción de la esposa. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22). Hay una sola excepción en la aplicación de esta regla: cuando el esposo manda lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios manda. “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Ped. 3:5). ¡Ay, qué poca evidencia de este “adorno” espiritual hay en la actualidad! “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Ped. 3:6). La sujeción voluntaria y amorosa hacia el marido por respeto a la autoridad de Dios es lo que caracteriza a las hijas de Sara. Donde la esposa se niega a someterse a su esposo, es seguro que los hijos desobedecerán a sus padres ––quien siembra vientos, recoge tempestades…

De “Marriage – 13:4) en An Exposition of Hebrews
_______________________
Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de
Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La
soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y
muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más
adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 3

Blog101C.jpg

CONSIDEREMOS AHORA LA ELECCIÓN DE NUESTRA PAREJA.

Primero,  la persona seleccionada para ser nuestra pareja de por vida no puede ser unpariente cercano que la ley divina prohíbe (Lev. 18:6-17).

Segundo, el matrimonio debe ser entre cristianos. Desde el principio, Dios ordenó que “un pueblo que vive apartado, que no se cuente entre las naciones” (Núm. 23:9, NVI).La ley para Israel en relacióncon los cananeos era: “Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo” (Deut. 7:3 y ver Jos. 23:12). Con cuánta más razón entonces, requiere Dios la separación entre los que son su pueblo por un vínculo espiritual y celestial y los que solo tiene una relación carnal y terrenal con él. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14)…

Hay solo dos familias en este mundo: los hijos de Dios y los hijos del diablo (1 Juan 3:10). Entonces, ¡si una hija de Dios se casa con un hijo del maligno, ella pasa a ser la nuera de Satanás! ¡Si un hijo de Dios se casa con una hija de Satanás, se convierte en el yerno del diablo! Con este paso tan infame, se forma una afinidad entre uno que pertenece el Altísimo y uno que pertenece a su archienemigo. “¡Lenguaje extraño!” Sí, pero no demasiado fuerte. ¡Ay la deshonra que tal unión le hace a Cristo! ¡Ay la cosecha amarga de tal siembra! En cada caso, es el pobre creyente el que sufre… Como sufriría un atleta que se amarra a una roca pesada y después espera ganar una carrera, así sufriría el que quiere progresar espiritualmente después de casarse con alguien del mundo.

Para el lector cristiano que contempla la perspectiva de comprometerse para casarse, la primera pregunta para hacer ante la presencia del Señor tiene que ser: ¿Será esta unión con un inconverso? Porque si tiene usted realmente conciencia de la diferencia inmensa que Dios, en su gracia, ha establecido en su corazón y su alma y aquellos que ––aunque atractivos físicamente–– permanecen en sus pecados, no tendrá ninguna dificultad en rechazar cualquier sugerencia y propuesta de hacer causa común con ellos. Es usted “la justicia de Dios” en Cristo mientras que los no creyentes son “inicuos”. Usted es “luz en el Señor” mientras que ellos son tinieblas. Usted ha sido trasladado al reino del Hijo amado de Dios, mientras que todos los inconversos se encuentran bajo el poder de Belial. Usted es el hijo de paz, mientras que todos los inconversos son “hijos de ira”. Por lo tanto: “Apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré” (2 Cor. 6:17).

El peligro de formar una alianza así aparece antes del matrimonio o aun antes del compromiso matrimonial, cosa que ningún creyente verdadero consideraría seriamente a menos que hubiera perdido la dulzura de la comunión con el Señor. Tiene que haber un apartarse de Cristo antes de poder disfrutar de la compañía de los que están enemistados con Dios, y cuyos intereses se limitan a este mundo. El hijo de Dios que está guardando su corazón con diligencia (Prov. 4:23) no disfrutará, no puede disfrutar de una amistad cercana con el no regenerado. Ay, con cuánta frecuencia es el buscar o aceptar una amistad cercana con no creyentes el primer paso que lleva a apartarse de Cristo. El sendero que el cristiano está llamado a tomar es realmente uno angosto, pero si intenta ampliarlo o dejarlo por un camino más ancho, lo hará violando la Palabra de Dios y para su propio e irreparable perjuicio.

Tercero,casarse… con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39) va mucho más allá que prohibir casarse con un no creyente. Aun entre los hijos de Dios hay muchos que no serían compatibles. Una cara linda es atractiva, pero oh cuán vano es basar en algo tan insignificante aquello que es tan serio. Los bienes materiales y la posición social tienen su valor, pero qué vil y degradante es dejar que controlen una decisión tan seria. ¡Oh, cuánto cuidado y oración necesitamos para regular nuestros sentimientos! ¿Quién entiende cabalmente el temperamento que coincidirá con el mío, que podrá soportar pacientemente mis faltas, corregir mis tendencias y ser realmente una ayuda en mi anhelo de vivir para Cristo en este mundo? ¡Cuántos hacen una magnífica impresión al principio, pero terminan siendo un desastre! ¿Quién sino Dios mi Padre puede protegerme de las muchas maldades que acosan al desprevenido?

“La mujer virtuosa es corona de su marido” (Prov. 12:4). Una esposa consagrada y competente es lo más valioso de todas las bendiciones temporales de Dios; ella es el favor especial de su gracia. “La esposa inteligente es un don del Señor” (Prov. 19:14, NVI) y el Señor requiere que busquemos definitiva y diligentemente una así (ver Gén. 24:12). No basta que tengamos la aprobación de amigos de confianza y de nuestros padres, por más valioso y necesario que esto sea (generalmente) para nuestra felicidad, porque por más
interesados que estén por nuestro bienestar, su sabiduría no es suficiente. Aquel que estableció la ordenanza tiene que ser nuestra prioridad si esperamos contar con su bendición sobre nuestro matrimonio. Ahora bien, la oración nunca puede tomar el lugar del cumplimiento de nuestras responsabilidades; el Señor requiere que seamos cuidadosos y discretos y que nunca actuemos apurados y sin reflexionar…

El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Prov. 18:22). “Halla” implica una búsqueda. A fin de guiarnos en esto, el Espíritu Santo nos ha dado dos reglas o calificaciones. Primero, consagración, porque nuestra pareja tiene que ser como la esposa de Cristo, pura y santa. Segundo, adecuada, una “ayuda idónea para él” (Gén. 2:18), que muestra que una esposa no puede ser una “ayuda” a menos que sea “idónea”, y para ello tiene que tener mucho en común con su pareja. Si el esposo es un obrero, sería una locura que escogiera una mujer perezosa; si es un hombre erudito, una mujer sin conocimientos sería muy inadecuada. La Biblia llama “yugo” al matrimonio, y los dos no pueden tirar parejo si todo el peso cae sobre uno solo, como el caso de que alguien débil y enfermizo fuera la pareja escogida.

Continuara …

De “Marriage – 13:4” en An Exposition of Hebrews
_______________________
Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 3

Blog102C.jpg

Evangelización en la congregación

Con demasiada frecuencia, hoy día pensamos en la evangelización solo como la obra regeneradora del Espíritu y la consecuente recepción de Cristo del pecador por la fe. En esto, rechazamos el acento que pone Calvino en la conversión como un proceso continuo que afecta a toda la persona.

Para Calvino, la evangelización implicaba una continua llamada autoritativa al creyente a ejercitar la fe y el arrepentimiento en el Cristo crucificado y resucitado. Esta convocatoria es un compromiso de por vida. La evangelización significa presentar a Cristo para que la gente, por el poder del Espíritu, venga a Dios en Cristo. Pero también significa presentar a Cristo para que el creyente sirva a Cristo como Señor en la comunión de su Iglesia y en el mundo. La evangelización demanda edificar a los creyentes en la fe más santa, según los cinco principios de la Reforma: sola Escritura, sola gracia, sola fe, solo Cristo, sola gloria de Dios.

Calvino fue un notable practicante de este tipo de evangelización dentro de su propia congregación. Su evangelización comenzó con la predicación. William Bouwsma escribe: “Predicó regular y frecuentemente sobre: el Antiguo Testamento los días entre semana a las seis de la mañana (a las siete en invierno), cada dos semanas; el Nuevo Testamento los domingos por la mañana; y los Salmos los domingos por la tarde. Durante su vida predicó, con este programa, unos 4000 sermones tras su regreso a Ginebra: más de 170 sermones al año”. La predicación era tan importante para Calvino que, cuando estaba repasando los logros de su vida en su lecho de muerte, mencionó sus sermones antes que sus escritos.

La intención de Calvino al predicar era tanto evangelizar como edificar. Predicaba sobre un promedio de cuatro o cinco versículos del Antiguo Testamento y dos o tres versículos del Nuevo Testamento. Consideraba una pequeña porción del texto cada vez, primero explicando el texto y, después, aplicándolo a las vidas de su congregación. Los sermones de Calvino jamás fueron breves en la aplicación; antes bien, la aplicación era a menudo más larga que la exposición en sus sermones. Los predicadores deben ser como padres, escribió, “partiendo el pan en pedacitos para dar de comer a sus hijos”.

También era sucinto. El sucesor de Calvino, Teodoro de Beza, dijo de la predicación del Reformador: “Cada palabra pesaba una libra”. Calvino frecuentemente instruía a su congregación sobre cómo escuchar un sermón. Les decía qué buscar en la predicación, con qué espíritu debían escuchar y cómo debían escuchar. Su objetivo era ayudar a la gente a participar del sermón tanto como pudieran, de modo que este alimentara sus almas. Venir a un sermón, dijo Calvino, debería incluir “deseo de obedecer a Dios completamente y sin reserva”.” “No hemos venido a la predicación simplemente a oír lo que no sabemos”, añadió Calvino, “sino a ser incitados a hacer nuestro deber”.

Calvino también se dirigió a las personas no salvas a través de su predicación, inculcándoles la necesidad de fe en Cristo y lo que esto significaba. Calvino dejó claro que no creía que todos los de su grey fueran salvos. Aunque caritativo para con los miembros de la iglesia que llevaban una vida externa recomendable, también se refirió más de treinta veces en sus comentarios y nueve veces en su Institución (solo contando las referencias entre 3.21 y 3.24) al pequeño número de aquellos que recibían la Palabra predicada con fe salvífica. “De cien personas que oyen el mismo sermón, veinte lo aceptarán con pronta fe, y las demás no harán caso de él; se reirán de él, lo rechazarán y condenarán”, dice Calvino. Escribe: “Pues, aunque todos sin excepción a quienes se predica la Palabra de Dios son enseñados, apenas hay uno entre diez que llegue a gustarla; mejor dicho, apenas hay uno entre cien que se beneficie al punto de ser capacitado a proceder por vía recta hasta el final”.

Para Calvino, las tareas más importantes de evangelización eran edificar a los hijos de Dios en la fe más santa, y convencer a los incrédulos de la abominación del pecado y dirigirlos a Jesucristo como el único Redentor.

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

 

LA EXCELENCIA DEL MATRIMONIO 2

Blog101B

Así como Dios el Padre honró la institución del matrimonio, también lo hizo Dios el Hijo.

Primero: por haber “nacido de mujer”(Gál. 4:4). Segundo: por sus milagros, porque su primera señal sobrenatural fue en la boda en Caná de Galilea (Juan 2:8), donde transformó el agua en vino, sugiriendo que si Cristo está presente en la boda de usted (es decir, si se “casa en el Señor”) su vida será gozosa o bendecida.

Tercero: por sus parábolas, porque comparó el reino de Dios con un matrimonio (Mat. 22:2) y la santidad con un “vestido de boda” (Mat. 22:11). Lo mismo hizo en sus enseñanzas. Cuando los fariseos trataron de tenderle una trampa con el tema del divorcio, dio su aprobación oficial al orden original, agregando “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mat. 19:4-6).
La institución del matrimonio también ha sido honrada por el Espíritu Santo: Porque la usó como un ejemplo de la unión que existe entre Cristo y la iglesia: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.

Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef. 5:31-32). La Biblia compara repetidamente la relación entre el Redentor y el redimido con la que existe entre un hombre y una mujer casados: Cristo es el “Esposo” (Isa. 54:5), la iglesia es la “esposa” (Apoc. 21:9). “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo” (Jer. 3:14). Así que cada persona de la bendita Trinidad ha puesto su sello de aprobación sobre el estado matrimonial.

No hay duda de que en el matrimonio verdadero, cada parte ayuda de igual manera a la otra, y en vista de lo que he señalado anteriormente, cualquiera que se atreve a creer o enseñar otra doctrina o filosofía lo hace en contra del Altísimo. No es que esto establezca la regla absoluta de que todos los hombres y todas las mujeres están obligados a contraer matrimonio: puede haber buenas y sabias razones para vivir solos y motivos adecuados para quedarse solteros física y moralmente, doméstica y socialmente. No obstante, la soltería debe ser considerada… la excepción en lugar de lo ideal. Cualquier enseñanza que lleve a los hombres y a las mujeres a pensar en el matrimonio como una esclavitud y el sacrificio de toda independencia o que considera que ser esposa y ser madre es algo desagradable que interfiere con el destino más importante de la mujer, cualquier sentimiento público que sugiere el celibato como algo más deseable y honroso o que sustituye cualquier otra cosa por el matrimonio y el hogar, no solo contradice la ordenanza de Dios sino que abre la puerta a crímenes indescriptibles y amenaza el fundamento mismo de la sociedad.

ES LÓGICO PENSAR QUE EL ESTABLECIMIENTO DEL MATRIMONIO TIENE QUE TENER SUS RAZONES.

Las Escrituras dan tres:
Primero, procrear hijos: Este es el propósito obvio y normal. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén 1:27), no ambos hombres o ambos mujeres, sino una hombre y una mujer. Para que esto fuera claro y no diera pie a equivocaciones, Dios dijo: “Fructificad y multiplicaos” (1:28). Por esta razón, a esta unión se la llama “matrimonio” lo cual significa maternidad, porque es el resultado de que vírgenes lleguen a ser madres. Por lo tanto, es preferible contraer matrimonio en la juventud, antes de haber pasado la flor de la vida: dos veces leemos en las Escrituras acerca de “la mujer de tu juventud” (Prov. 5:18; Mal. 2:15). Hemos destacado que tener los hijos es una finalidad “normal” del matrimonio; no obstante, hay momentos especiales que causan una “angustia” aguda como la que indica 1 Corintios 7:29.

Segundo, el matrimonio fue concebido como una prevención contra la inmoralidad: “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Cor 7:2). Si alguno fuera exento, se supone que serían los reyes a fin de evitar que no tuvieran un sucesor al trono por la infertilidad de su esposa; no obstante, al rey se le prohíbe tener más de una esposa (Deut. 17:17), demostrando que el hecho de poner en peligro la monarquía no es suficiente razón para justificar el pecado del
adulterio. Por esta razón, a la prostituta se la llama “mujer extraña” (Prov. 2:16), mostrando que debiera ser una extraña para nosotros; y a los niños nacidos fuera del matrimonio, se los llama “bastardos” los cuales bajo la Ley eran excluidos de la congregación del Señor (Deut. 23:2).

El tercer propósito del matrimonio es evitar la soledad: Esto es lo que quiere decir “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18), como si el Señor estuviera diciendo: “Esta vida sería tediosa e infeliz si al hombre no se le diera una compañera”. “¡Ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Ecl. 4:10). Alguien ha dicho: “Como una tortuga que ha perdido su pareja, como una pierna cuando amputaron la otra, como un ala cuando la otra ha sido cortada, así hubiera sido el hombre si Dios no le hubiera dado una mujer”. Por lo tanto, Dios unió al hombre y a la mujer para compañía y bienestar mutuo, de modo que los cuidados y temores de esta vida fueran mitigados por el optimismo y la ayuda de su pareja.

Continuara …

De “Marriage – 13:4” en An Exposition of Hebrews
_______________________
Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro de la Biblia itinerante, autor de Studies in the Scriptures, The Sovereignty of God (Estudios en las Escrituras, La soberanía de Dios—ambos reimpresos y a su disposición en Chapel Library), y muchos más. Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y más adelante volvió a su patria en 1934. Nació en Nottingham, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 2

Blog102B

Según Calvino, esta unión de soberanía divina y responsabilidad humana en la evangelización ofrece las siguientes lecciones:

1. Como evangelizadores reformados, debemos orar cada día por la extensión del Reino de Cristo. Como dice Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo“. Puesto que place a Dios usar nuestras oraciones para cumplir sus propósitos, debemos orar por la conversión de los paganos. Escribe Calvino: “Debemos desear que esto se haga cada día, a fin de que Dios reúna a todas sus iglesias de todas las partes del mundo, las multiplique y aumente en número, las enriquezca con sus dones, y establezca en ellas buen orden“. Mediante la oración diaria de que venga el Reino de Dios, “nos confesamos siervos e hijos de Dios profundamente comprometidos con su reputación“.

2. No nos debemos desalentar por la falta de un éxito visible en el esfuerzo evangelizador, sino seguir orando. “Nuestro Señor ejercita la fe de sus hijos no cumpliendo enseguida las cosas que les ha prometido. Y esto debiera aplicarse especialmente al Reino de nuestro Señor Jesucristo“, escribe Calvino, “Si Dios deja pasar un día o un año [sin dar fruto], no es para que nos rindamos sino que, entretanto, debemos orar y no dudar de que de cierto oyen nuestra voz“. Debemos seguir orando, creyendo que “Cristo manifiestamente ejercitará el poder que le es dado para nuestra salvación y para la de todo el mundo“.

3. Debemos trabajar con diligencia para la extensión del Reino de Cristo, sabiendo que nuestro trabajo no será en vano. Nuestra salvación nos obliga a trabajar por la salvación de los demás. Dice Calvino: “Somos llamados por el Señor con esta condición: que, después, todos nos esforcemos por llevar a los demás la Verdad, restaurar a los errantes al camino derecho, tender una mano ayudadora a los caídos, ganar a los que están afuera”. Además, no es suficiente con que todos estén ocupados con otras formas de servir a Dios. “Nuestro celo debe extenderse aún más allá para traer a otros hombres“. Debemos hacer todo aquello de que seamos capaces para llevar a Dios a todos los hombres sobre la tierra. Hay muchas razones por las que debemos evangelizar. Calvino nos ofrece las siguientes:

Dios nos manda a hacerlo. “Deberíamos recordar que el evangelio es predicado no solo por el mandato de Cristo, sino también por su instancia y guía”.

Dios nos guía por el ejemplo. Al igual que el Dios de gracia que buscó nuestro favor, debemos tener ” las manos tendidas como Él, hacía los que están fuera” de nosotros.

Queremos glorificar a Dios los verdaderos cristianos anhelan extender la verdad de Dios por todas partes para que “Dios sea glorificado”.

Queremos complacer a Dios como escribe Calvino, “es un sacrificio grato a Dios contribuir a la difusión del evangelio”. A cinco estudiantes que fueron sentenciados a muerte por predicar en Francia, Calvino escribió: “Viendo que [Dios] emplea vuestra vida en una causa tan digna como es el testimonio del evangelio, no dudéis que le debe de ser preciosa”.

Tenemos un deber parta con Dios. “Es muy justo que trabajemos […] para contribuir para el progreso del evangelio”, dice Calvino, “es nuestro deber proclamar la bondad de Dios a toda nación”.

Tenemos un deber para con nuestro prójimo pecador. Nuestra compasión para con los pecadores debería intensificarse por el conocimiento de que “no es posible que nadie invoque sinceramente a Dios, excepto aquellos de quienes su clemencia y bondad es conocida por la predicación del evangelio”. En consecuencia, todo encuentro con otros seres humanos debería motivarnos a llevarlos al conocimiento de Dios.

Le estamos agradecidos a Dios. Aquellos que están en deuda con la misericordia de Dios están obligados a convertirse, al igual que el Salmista, en “pregonero de la gracia de Dios” a todos los hombres.” Si la salvación es posible para mí, gran pecador, también es posible para otros. Debo a Dios esforzarme por la salvación de los demás. Si no lo hago, soy una contradicción. Como dice Calvino: “Nada podría ser más incoherente respecto a la naturaleza de la fe que aquella pasividad que lleva a un hombre a despreocuparse de sus hermanos y guardar la luz del conocimiento […] en su propio seno“. Debemos, por gratitud, llevar el Evangelio a otros que están en apuros, o parecer a Dios ingratos de nuestra salvación. Calvino nunca asumió que la tarea misionera fuese completada por los Apóstoles. En su lugar, enseñó que todo cristiano debe testificar, de palabra y hecho, de la gracia de Dios a todo aquel con quien se encuentre. La afirmación de Calvino del sacerdocio de todos los creyentes implica la participación de la Iglesia en el ministerio profético, sacerdotal y real de Cristo. Comisiona a los creyentes que confiesen el nombre de Cristo a otros (tarea profética), oren por su salvación (tarea sacerdotal) y los hagan discípulos (tarea real). Esta es la base para una poderosa actividad evangelizadora por parte de toda la Iglesia viviente, “hasta los confines del mundo“.

Calvino creía que debemos hacer pleno uso de las oportunidades que Dios da para evangelizar. “Cuando se presenta una oportunidad para la edificación, deberíamos darnos cuenta de que una puerta nos ha sido abierta por la mano de Dios para que introduzcamos a Cristo en ese lugar, y no deberíamos negarnos a aceptar la generosa invitación que Dios, de este modo, nos da“, escribe.

Por otro lado, cuando las oportunidades son restringidas y las puertas de la evangelización están cerradas a nuestro testimonio, no deberíamos persistir en intentar hacer lo que no puede hacerse. Antes bien, deberíamos orar y buscar otras oportunida-des. “La puerta está cerrada cuando no hay esperanza de éxito. [Entonces], tenemos que tomar un camino diferente en lugar de agotarnos con vanos esfuerzos por atravesarla“, escribe Calvino.

Las dificultades para testificar no son una excusa para dejar de intentarlo, sin embargo. A aquellos que sufrían severas restricciones y persecuciones en Francia, Calvino escribió: “Esfuércense todos por atraer y ganar para Jesucristo a los que puedan“. “Todo hombre debe cumplir con su deber sin rendirse ante ningún impedimento. Al final, nuestro esfuerzo y nuestras obras no fracasarán; obtendrán el éxito que aún no aparece“.

Examinemos la práctica evangelizadora de Calvino en su propia congregación, en su ciudad de Ginebra, en Europa (particularmente en Francia) y en esfuerzos misioneros allende los mares (particularmente en Brasil).

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

 

El evangelizador Juan Calvino 1

Blog102

Muchos eruditos estarían en desacuerdo con el título de este escrito. Algunos dirían que el catolicismo romano mantuvo encendida la antorcha del cristianismo mediante la poderosa fuerza del papado, los monasterios y el monarca, mientras que Calvino y los reformadores intentaron extinguirla. Pero otros afirmarían que Juan Calvino, el padre de la doctrina y la teología reformadas y presbiterianas, fue enormemente responsable de reencender la antorcha de la evangelización bíblica durante la Reforma.

Algunos también dan crédito de Calvino como padre teológico del movimiento misionero reformado. Las opiniones de la actitud de Calvino hacia la evangelización y las misiones han variado desde la defensa ferviente hasta la moderada, en el lado positivo, y desde la indiferencia hasta la oposición activa, en el lado negativo.

Una opinión negativa de la evangelización de Calvino es normalmente el resultado de: No estudiar los escritos de Calvino antes de sacar conclusiones. No entender la opinión de Calvino sobre la evangelización dentro de su contexto histórico, y/o Nociones doctrinales preconcebidas sobre Calvino y su teología.

Algunos críticos ingenuamente afirman que la doctrina de Calvino sobre la elección prácticamente niega la evangelización.

Para valorar la opinión de Calvino sobre la evangelización correctamente, debemos entender lo que el propio Calvino tenía que decir sobre la materia. En segundo lugar, debemos mirar el plano completo de la evangelización de Calvino, tanto en su enseñanza como en su práctica. Podemos encontrar decenas de referencias a la evangelización en la Institución, comentarios, sermones y cartas de Calvino. Después, podemos mirar la obra evangelizadora de Calvino (1) en su propia grey, (2) en su ciudad de Ginebra, (3) en otras partes de Europa y (4) en oportunidades misioneras allende los mares. Como veremos, Calvino era más evangelizador de lo que comúnmente se reconoce.

Calvino: maestro de la evangelización.

¿Cómo fue la enseñanza evangelizadora de Calvino? ¿De qué manera su instrucción obligó a los creyentes a buscar la conversión de toda la gente dentro de la Iglesia así como en el mundo, fuera de ella?

Junto con otros reformadores, Calvino enseñó la evangelización, de forma general, proclamando el Evangelio con fervor y reformando la Iglesia de acuerdo con los re-quisitos bíblicos. Más particularmente, Calvino enseñó la evangelización centrándose en la universalidad del Reino de Cristo y la responsabilidad de los cristianos de ayudar a extender tal Reino.

La universalidad del Reino de Cristo es un tema recurrente en la enseñanza de Calvino. Calvino dice que las tres personas de la Trinidad están involucradas en la extensión del Reino. El Padre mostrará “lo que es la verdadera religión no solo en un rincón […], sino que enviará su voz hasta los confines de la tierra”. Jesús vino a “extender su gracia por todo el mundo“. Y el Espíritu Santo descendió para “alcanzar todos los confines y extremos del mundo“. En resumen, una descendencia in-numerable “que se extenderá por toda la tierra” nacerá a Cristo. Y el triunfo del Reino de Cristo se hará manifiesto por todo lugar entre las naciones.

¿Cómo extenderá el Dios trino su Reino por todo el mundo? La respuesta de Calvino comprende tanto la soberanía de Dios como nuestra responsabilidad. Dice que la obra de evangelización es obra de Dios, no nuestra, pero Dios nos usará como sus instrumentos. Citando la parábola del sembrador, Calvino explica que Cristo siembra la simiente de vida en todo lugar (Mt. 13:24-30), juntando a su Iglesia no por medios humanos sino por poder celestial. El Evangelio “no cae de las nubes como la lluvia“, sin embargo; sino que es “traído por las manos de los hombres adonde Dios lo ha enviado“. Jesús nos enseña que Dios “usa nuestra obra y nos convoca a ser sus instrumentos para cultivar su campo“. El poder para salvar descansa en Dios, pero Él revela su salvación por medio de la pre-dicación de su Evangelio. La evangelización de Dios causa nuestra evangelización. Nosotros somos sus colaboradores y Él nos permite participar del honor de constituir a su Hijo en gobernador de todo el mundo.

Calvino enseñó que el  método ordinario de “reunir una Iglesia” es mediante la voz externa de los hombres; “pues, aunque Dios podría traer a sí a toda persona mediante una influencia secreta, emplea, sin embargo, la acción de los hombres para despertar en ellos la inquietud por la salvación de los demás. Llega a decir: “Nada retarda tanto el avance del Reino de Cristo como la escasez de ministros. Sin embargo, ningún esfuerzo humano tiene la última palabra. Es el Señor, dice Calvino, quien “hace resonar la voz del Evangelio no solo en un lugar, sino a lo largo y ancho de todo el mundo. El Evangelio no es predicado al azar a todas las naciones, sino por el decreto de Dios.”

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

El legado espiritual de Juan Calvino 8

Blog94H

Calvino y las fuentes de riqueza sociales y económicas

La actividad de Calvino no se circunscribió únicamente al campo religioso y educativo, sino que se manifestó también en la ideación y promoción de importantes proyectos sociales y económicos. Siempre tuvo el Reformador una clara conciencia de las implicaciones prácticas del cristianismo. Bajo su iniciativa se crearon en Ginebra innovadoras fuentes de trabajo y se emprendieron modernas medidas de racionalización de la industria y el comercio que, unidas a unas eficientes disposiciones de ahorro e interés bancario, pronto harían de esta ciudad una de las más prósperas de Europa. A él se debió la reglamentación de todo un conjunto de normas para el servicio de recogida de basura y de ordenación de los cuerpos de policía y de bomberos. También por iniciativa de Calvino se implantaron estrictas normas de seguridad en la construcción de edificios y viviendas. La introducción de la industria de la seda en Ginebra —fuente de gran prosperidad económica y laboral para la ciudad—, se debió también al genio intuitivo del Reformador. Fue también a instancias de Calvino que el Consejo de Ginebra, por primera vez en Europa, aprobara y pusiera en práctica normas sociales de ayuda a los parados y a los refugiados.

Por todas estas iniciativas sociales y laborales, a Calvino le pertenece el honor de haber puesto punto final a la inhibidora banausía de tradición milenaria en Europa. A la luz de la Revelación —afirmaba el Reformador— todas las actividades y tareas del hombre son dignas, honorables e incluso medios para la gloria del Creador. El cristiano no puede desentenderse de la banausía, de lo de “aquí abajo”. Todas las actividades laborales —sean cuales sean— caen bajo el mandato cultural dado por Dios en Génesis, y el hombre debe efectuarlas movido por un profundo sentimiento de vocación. Esta incorporación del trabajo a la esfera religiosa fue una de las grandes aportaciones que hizo Calvino en el orden económico y social. Para el Reformador el ámbito de la soberanía de Dios englobaba también la esfera laboral y la del trabajo bien hecho.

EXTENSIÓN Y PROPAGACIÓN DEL CALVINISMO

Francia

Los grandes líderes del calvinismo, empezando por el propio Calvino, fueron franceses, pero la mayoría de estos no ejercieron su labor evangélica en suelo patrio. Aun así, bajo el ministerio de consagrados pastores y maestros, el movimiento reformado en Francia pronto adquirió importancia numérica e influencia social y política relevante. Ante este rápido crecimiento la represión católica no se hizo esperar, y los hugonotes —como así se conocía a los calvinistas franceses— sufrieron dura persecución. En la tristemente cé-lebre “Noche de San Bartolomé” (1572.), miles de hugonotes perdieron la vida. En el campo cultural, y al amparo de las libertades otorgadas por el Edicto de Nantes (1598), se fundaron las universidades calvinistas de Nimes, Montpelier, Saumur, Montauban y Sedan, que destacaron por la excelencia de sus planes educativos. A la muerte de Enrique IV, las persecuciones y represiones de instigación católica causaron una huida masiva de hugonotes a otros países europeos, e incluso al continente americano. Con la revocación del Edicto de Nantes (1686), por decisión de Luis XIV, los hugonotes que permanecieron en el país vivieron durante un tiempo bajo una dura situación de marginación. Aun así, la población minoritaria calvinista continuó siendo influyente en la cultura, la economía y la política del país. Figura destacada del calvinismo francés contemporáneo es la de Auguste o Reglas de Doctrina de Dordre Lecerf, vigoroso defensor del calvinismo histórico y agudo crítico de la tesis de M. Weber y E. Troeltsch sobre el origen calvinista del capitalismo moderno.

Holanda

Holanda ha sido siempre uno de los bastiones más sólidos y de mas arraigada tradición calvinista. Sus habitantes pronto acusaron una fuerte influencia luterana, que unida a la masiva afluencia de refugiados hugonotes y al destacado ministerio de capacitados líderes evangélicos —formados en su mayoría en el Colegio de Ginebra hicieron posible la rápida calvinización del país. La lista de grandes teólogos reformados que ha pro-ducido la nación holandesa es realmente notable, tanto por su número como por la relevancia de sus escritos. De uno de sus teólogos contemporáneos procede una importante aportación teológica al tema de la depravación total del ser humano por la Caída. Nos referimos a Abraham Kuyper (t 1920). Además de primer ministro de Holanda y fundador de la Universidad Libre de Amsterdam (1880), Kuyper ha sido uno de los teólogos más importantes de los últimos tiempos. Según Kuyper, los efectos de la depravación humana por el pecado no alcanzan total desarrollo y consumación gracias a la intervención del Espíritu Santo, que con su “gracia común” sobre toda la Humanidad, no solo detiene la total perversidad espiritual del hombre, sino que hace posible el que este pueda actualizar logros morales y avanzar culturalmente en todos los campos del saber. De hecho, con su concepto de gracia común, Kuyper amplió y desarrolló una idea teológica intuida ya por Calvino. Al referirse a las huellas que aún persisten de la imagen de Dios en los logros del hombre, el Reformador escribe:

“[…] Cuando al leer a los escritores paganos vemos en ellos esta admirable luz de la verdad que resplandece en sus escritos, ello nos debe servir como testimonio de que el entendimiento humano, por más que haya caído y degenerado de su integridad y perfección, sin embargo no deja de estar aún adornado y enriquecido con excelentes dones de Dios. Si reconocemos al Espíritu de Dios por única fuente y Manantial de la verdad, no desecharemos ni menospreciaremos la verdad donde quiera que la halláremos […]. Si, pues, Dios ha querido que los infieles nos sirviesen para entender la física, la dialéctica, las matemáticas y otras ciencias, sirvámonos de ellos en esto, temiendo que nuestra negligencia sea castigada si despreciamos los dones de Dios doquiera nos fueren ofrecidos (Institución de la religión nimiana) Felire, Rijssvijk 1986, I, 185, 186).”

La Universidad Libre de Ámsterdam se ha distinguido siempre por la gran erudición de su profesorado. Alumnos de muchos países —particularmente de Estados Unidos— han cursado estudios superiores y de doctorado en este prestigioso centro. Kuyper, junta-mente con H. Bavinck, D.H. Vollenhoven, H. Dooyeweerd, G.C. Berkouwer y otros pensadores y teólogos holandeses contemporáneos, han buscado presentar y aplicar la visión calvinista de la realidad a la problemática del hombre de hoy, para de este modo ofrecer las respuestas —siempre actuales— de las Escrituras a las disyuntivas e interrogantes de una sociedad desorientada y sin rumbo.

Inglaterra y Escocia

En Inglaterra. la teología calvinista ejerció un papel decisivo en el puritanismo, en las iglesias presbiterianas, en algunos sectores del anglicanismo y en las influyentes congregaciones bautistas del país. Todos estos grupos evangélicos, en mayor o menor grado, padecieron la incomprensión y la intolerancia de la Iglesia estatal anglicana. Los puritanos, además de excelentes predicadores y expositores de las Escrituras, fueron grandes teólogos. Puritanos de renombre fueron John Owen, Thomas Goodwin, Thomas Manton, John Flavel y Stephen Charnock. En el siglo. XVII, la labor conjunta de presbiterianos escoceses y puritanos ingleses produjo uno de los documentos teológicos más importante del calvinismo anglosajón: la Confesión de fe de Westminster (1643-1649), base doctrinal de las iglesias presbiterianas y fuente directa de inspiración de las confesiones calvinistas independientes, tanto congregacionalistas como bautistas. Los teólogos escoceses Henderson, Rutherford y Gullispie tuvieron una parte decisiva en la preparación de sus artículos. Es precisamente en esta confesión donde de un modo claro se proclaman los derechos inalienables de la conciencia (“Solo Dios es Señor de la conciencia”).

El Reino Unido ha dado grandes comentaristas de las Escrituras. En el listado de más de 1400 comentarios de la Biblia que detalla y valora C.H. Spurgeon en su Commenting & Comentaries (1876), la casi totalidad de sus autores han sido calvinistas. Además de George Whitefield, otro de las grandes oradores ingleses fue Charles H. Spurgeon (1834- 1892), el gran predicador bautista calvinista de la Inglaterra victoriana. De él realmente se puede decir que “muerto todavía habla” a través de sus numerosos sermones y escritos en constante reedición. En nuestro tiempo, la antorcha de la sana doctrina y el ministerio de la sacra elocuencia han tenido en el Dr. D. Martyn Lloyd-Jones a uno de sus más dignos representantes. Desde el púlpito de la Westminster Chapel londinense, y a través de sus escritos teológicos y comentarios de la Escritura, el Dr. Lloyd-Jones ha dado testimonio fiel del viejo calvinismo bíblico. En las últimas décadas la editorial del Reino Unido The Banner of Truth Trust ha llevado a término una encomiable y meritoria labor de reedición de las obras del tesoro calvinista de los Old Writers ingleses: incluyendo todos los escritos del bautista John Bunyan.

La instauración del calvinismo en Escocia se debió principalmente a la incansable labor reformista de John Knox, y a su continuador Andrew Melville. La kirk escocesa posiblemente ha sido el bastión más importante e influyente del calvinismo mundial. Ce-losa a lo sumo del señorío de Cristo en la esfera eclesial, la Iglesia presbiteriana escocesa se mostró siempre fiel seguidora de las enseñanzas doctrinales de Calvino.

Al igual que Holanda, Escocia ha sido tierra de grandes teólogos, entre los que destacan los nombres de Thomas Crawford. John Craig, William Cunningham, James Bannerman, Thomas Boston, y Thomas Chalmers. De este trasfondo teológico calvinista surgió la “Escuela del sentido común”, Iiderada por Thomas Reid. Posiblemente la escuela escocesa del Common Sense ha sido la expresión más sólida y lograda de un genuino pensamiento filosófico protestante. Los hermanos Haldane, James y Robert, fueron influyentes líderes de la Iglesia bautista escocesa. Robert Haldane fue autor de un importante comentario a la Epístola a los romanos y bajo su ministerio en el sur de Francia, y en la misma ciudad de Ginebra, tuvo lugar un gran avivamiento evangélico de retorno al calvinismo. Entre las muchas conversiones que tuvieron lugar bajo la predicación y enseñanza de Haldane cabe mencionar los nombres de César Malan, prolífico teólogo, predicador y autor de grandes y célebres himnos, y J.H. Merle d’Aubigné, importante historiador de la Reforma.

El calvinismo en otras tierras

Los primeros calvinistas que llegaron al Nuevo Mundo procedieron de Francia y Holanda. A estos se unieron, poco después, grupos numerosos de puritanos ingleses que se establecieron primordialmente en los estados de Nueva Inglaterra. Los emigrantes holandeses se instalaron mayoritariamente en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Michigan. En la tercera década del siglo XVIII, y como resultado de la predicación del pastor reformado holandés Frelinghuysen y del ministro presbiteriano G. Tennent, se inició el famoso movimiento “avivacionista” conocido como The Great Awakening, y en el que tuvieron una parte muy activa el gran predicador George Whiteficld y el no menos famoso predicador y teólogo Jonatlum Edwards. Los calvinistas americanos ejercieron un papel decisivo en la separación de la Iglesia y el Estado y en el logro de otras libertades democráticas. Entre los firmantes de la Declaración de Independencia estaba el pastor calvinista John Witherspoon. Las más importantes y prestigiosas universidades estadounidenses se fundaron por iniciativa de ministros y líderes educativos calvinistas: Harvard (1636), Yale (1701), Princeton (1769), Auburn (1819), Western (1827) , McCormick (1830), etc. La lista de calvinistas americanos que han destacado en el campo de la teología es muy numerosa. Además del ya citado Jonathan Edwards, cabe destacar los nombres de C. Hodge, RJ. Breckinridge, J. H. Thornwell, H. B. Smith, Shedd, B.B. War-field, G. Machen, C. Van Til, etc. Los tres tomos de la Teología sistemática de Charles Hodge —durante más de cincuenta años profesor de Princeton— ha sido el texto base de teología utilizado por varias generaciones de estudiantes calvinistas en seminarios reformados.

También en el Ulster, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, la impronta del calvinismo ha sido notable. Durante un tiempo también en Alemania, en la zona de Heidelberg, el calvinismo echó raíces. y desde allí se extendió a regiones de la checa Bohemia y también a Polonia. El Catecismo de Heidelberg (1563), obra de Zacarías Ursinus y Gaspar Oliviano, por su piedad y estilo sumamente personal, es una de las joyas más preciadas de la catequesis calvinista. En Ginebra, Londres y otras ciudades europeas se fundaron congregaciones de habla hispana e italiana. El italiano Pedro Mártir Vermigli (t 1567) fue teólogo de renombre, pastoreó congregaciones en Zurich y en otras ciudades suizas, y tomó una parte muy activa en la introducción del calvinismo en Inglaterra. Según testimonio de T. Beza, el español Juan Pérez organizó en Ginebra una congregación de creyentes hispanohablantes. Como ya se ha indicado, Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, Constantino Ponce la Fuente, Cipriano de Valera y otros reformados españoles del siglo XVI, fueron también calvinistas.

Fin …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

Amenazas a la piedad del joven 2

Blog98B

IV. Concluyo esta horrible lista de peligros mencionando el predominio de la impiedad y el afán y los métodos astutos de sus instigadores y propagadores como otro peligro para la juventud. Nunca hubo una época cuando la impiedad estuviera más activa que ahora… Los esfuerzos de los incrédulos por difundir sus principios entre la gente común y la clase media son en este momento muy fuertes… El sistema [del socialismo], si es que sistema se le puede llamar… anuncia como su dogma principal que el hombre es totalmente una criatura de las circunstancias, que no es en ningún sentido el autor de sus opiniones y su voluntad, ni el originador ni apoyo de su propio carácter… Como si fuera poco horrorizar el pensamiento de la gente con un sistema tan monstruoso que la mentalidad pública y todos nuestros sentimientos sociales se espantan ante las afirmaciones descaradas de su autor, que son sus planes y su deseo abolir la institución del matrimonio y reconstruir a la sociedad sobre la base de una asociación ilegal de los sexos y la libertad sin restricciones del divorcio. A pesar de lo absurdo y desmoralizante de este sistema, muchos lo apoyan. La razón es evidente: su propia inmoralidad es para ellos su recomendación. Sienten que si pueden creerlo, cometan los crímenes que cometan, ya no tienen que rendir cuentas y los remordimientos desaparecen. No tienen la culpa de ningún pecado, sino que la tienen las circunstancias que los llevaron a ese punto: una manera rápida y fácil de ser villanos.

Es evidente que existe un vínculo estrecho entre la inmoralidad y la incredulidad y una reacción constante en algunas mentes. Un joven cae en tentación y comete un pecado, en lugar de arrepentirse como corresponde y le conviene. En muchos casos intenta acallar su conciencia convenciéndose que la religión es pura hipocresía y que la Biblia es falsa. Su infidelidad lo prepara ahora para caer más hondo en el pecado. Es así que el mal le pide ayuda al error, y el error fortalece al mal, y juntos, ambos llevan a su víctima a la ruina y al sufrimiento. Para guardarte de peligros como estos, estudia bien las
evidencias de la revelación… [Cristo] en el corazón es lo único en que se puede confiar como una defensa contra los ataques de los incrédulos y la influencia de sus principios.

Qué día triste en los anales de millares de familia, cuando un hijo tras despedirse de sus padres, ha comenzado su periodo de pruebas y luchas en la gran empresa que es vivir la vida. En muchos casos, las lágrimas derramadas en esa ocasión han sido un triste presagio, aunque sin saberlo en ese momento, de muchas más que serían derramadas por las locuras, villanías y sufrimientos del desgraciado joven. La historia de diez mil hijos pródigos, de la muerte innecesaria de diez mil padres con el corazón destrozado y las profundas y pesadas desgracias de diez mil familias deshonradas son prueba de la
realidad de los peligros que acechan al joven cuando se va de su hogar. Y en más peligro está el que ignora lo que le espera o aun sabiéndolo, no le da importancia. Sonríe ante los temores de sus amigos y él mismo no siente ningún temor.

Joven amigo, hay esperanza si esta presentación te causa alarma, produce inseguridad y te motiva a mantenerte en guardia y ser cauteloso. Sin experiencia, confiando en ti mismo e impetuoso con  todos tus apetitos a flor de piel y todas tus pasiones cada vez más fuertes, ––con una viva imaginación, una curiosidad lasciva y un corazón sensible–– ansioso de tomar tus propias decisiones, ávido por probar tus alas, y quizá ambicionando ser reconocido, estás en inminente peligro ante los apetitos de la carne y de la mente. Todos menos tú se sienten ansiosos. Haz una pausa y considera lo que
puedes llegar a ser: un orgullo de la profesión que has escogido, un miembro respetable de la sociedad, un profesante santo de tu religión, un ciudadano útil de tu país, un benefactor en tu entorno y una luz del mundo. Pero así como puedes llegar a una gran altura, en igual medida te puedes hundir, porque así como se supone que la profundidad del mar depende de la altura de las montañas, las tenebrosas honduras de pecado y condenación en las que puedes caer, son comparables a las cimas de excelencia y felicidad a las cuales puedes ascender… Examina un momento el entorno que puedes ocupar y llenar de desgracias, desolación y ruina. Considera las oportunidades de destrucción que tienes a la mano, y los estragos suicidas y criminales a los que te pueden llevar el pecado si cedes a su influencia y su poder.

Puedes arruinar tu reputación. Después de forjar con mucho cuidado durante años un buen nombre y conseguir el respeto y la estima de los que te conocían. “En apenas una hora, por ceder a alguna poderosa tentación, puedes manchar tu carácter, una mancha que las lágrimas no pueden jamás limpiar ni el arrepentimiento quitar, sino que será algo que todos sabrán y recordarán hasta que vayas a la tumba. Puedes convertirte en objeto de disgusto y aborrecimiento universal por parte de los buenos y ser el blanco de las burlas de los malos, de modo que mires donde mires, nadie te dará una sonrisa de complacencia. Cuántos en esta condición, comprendiendo amargamente que ‘sin un amigo, el mundo no es más que un desierto’, y en un arranque de desesperación, se han quitado la vida”.

Tu intelecto, fuerte por naturaleza y con capacidad de ser altamente cultivado puede, como una delicada flor, embrutecerse por descuido, ser pisoteado por concupiscencias groseras o ser quebrantado por la violencia. Tus sentimientos, que te fueron dados para que los disfrutes por medio de su uso virtuoso en esferas correctas, pueden pervertirse tanto que llegas a ser como muchos demonios que poseen y atormentan tu alma porque se obsesionan con cosas prohibidas y las practican en exceso. Tu conciencia, que te fue dada para ser tu monitora, guía y amiga, puede ser lastimada, entumecida y cauterizada al grado de tornarse insensible, ser muda, sorda e inútil para advertirte contra el pecado y para impedirlo o reprenderte por él. En suma, puedes destruir tu alma inmortal; ¿y qué peor ruina hay como la del alma, tan inmensa, tan horrible y tan irreparable?

Puedes llegar a romperles el corazón a tus padres, hacer que tus hermanos y hermanas se avergüencen de ti, ser un fastidio y un estorbo para la sociedad, una ruina para tu patria, el corruptor de la moralidad juvenil, el seductor de la virtud femenina, el consumidor de las propiedades de tus amigos, y como cúspide de tus fechorías, puedes convertirte en el Apolión del círculo de almas inmortales en que te desenvuelves, enviando algunos a la perdición antes de llegar a ella tú mismo y causando que otros te sigan a la fosa sin fondo donde nunca escaparás de la vista de sus tormentos ni del sonido de sus maldiciones. ¡Cuán grande es el poder, qué maligna la virulencia del
pecado que puede extender tanto su influencia y usar su poder con un efecto tan mortal, no solo destruyendo al pecador mismo sin agregar a otros en su ruina! Nadie va solo a la perdición. Nadie muere solo en su iniquidad, algo que todo transgresor debe tener en cuenta. Tiene el carácter no solo de un suicida, sino también de un asesino, y el peor de los asesinos, porque es el asesino de las almas. ¡Qué posición crítica ocupas en este momento, con la capacidad de alcanzar tanta excelencia o hundirte en una ruina tan profunda y un sufrimiento tan intenso!

Reflexiona. ¡Oh, sé sabio, comprende esto y considera tu final!

Tomado de Addresses to Young Men
_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico;
nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.

El legado espiritual de Juan Calvino 7

Blog94G.jpg

Calvino y la “teocracia” ginebrina

Ginebra bajo Calvino ha sido definida como teocracia, clerocracia también como bibliocracia. En esta concepción “teocrática” muchos son los estudiosos del Reformador que han llegado a la conclusión de que los fundamentos del gobierno eclesial, político y social desarrollados e implantados por Calvino en Ginebra fueron de carácter más vetotestamentario que neotestamentario. Estas afirmaciones no pueden tomarse a la ligera y, una vez más, merecen un juicio equilibrado a la luz de la enseñanza bíblica.

Las Escrituras describen la historia de la redención como un proceso de progresión creciente, que se inicia con la promesa de salvación dada a Adán y Eva, y que en el curso del tiempo, a través de la ley y los profetas, se amplía y enriquece en sus contenidos, hasta que en la “plenitud de los tiempos”, con la venida del Mesías, adquieren pleno cumplimiento. El Nuevo Testamento marca la pleroma de las crecientes y renovadas promesas de salvación del Antiguo Testamento. Evidentemente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, pero la luz de revelación soteriológica no es la misma en los dos Testamentos: de menos luz se pasa a más luz, hasta que en el Verbo encarnado la luz de la antigua dispensación se hace plena LUZ. “Dios es luz”, y los que han visto y ven al Hijo de Dios ven la luz del Padre. Y esto es así con todos los contenidos de la Escritura: encierran un mensaje revelacional que va constantemente a más en conformidad con los planes soberanos del Dios de la salvación y de la historia. Po-siblemente Calvino tuvo una idea demasiado horizontal del tiempo bíblico y situó los contenidos de ambos Testamentos a un mismo nivel de actualidad revelacional y de contenido. Esto podría explicar algunas de sus apelaciones al Antiguo Testamento como base argumentativa de sus concepciones más o menos teocráticas. ¿Pasaron estas apelaciones por el filtro de la pleroma del Nuevo Testamento?

Calvino rechazó la idea anabaptista de que toda la estructura eclesial concernía únicamente al ámbito de los creyentes, e hizo suya la distinción zuingliana de una Iglesia invisible en el seno de una Iglesia visible —la ecclesiola en ecclesia de Lutero—. En su aspecto visible la Iglesia es la comunidad de los que profesan la verdadera fe —con sus hijos—, predica fielmente la Palabra de Dios, administra correctamente los sacramentos y ejerce la disciplina sobre sus miembros. En su aspecto invisible la Iglesia es el cuerpo de los elegidos, la comunidad de los creyentes de todos los tiempos: la Iglesia católica, la Iglesia universal. Esta universalidad tiene también una manifestación visible. [Ni Calvino, ni los los reformados posteriores, han logrado clarificar suficientemente y convincentemente la idea de universalidad en la Iglesia visible]. Cristo es la cabeza de la Iglesia y la fuente de toda su autoridad. Cristo, a través de aquellos que han sido llamados a los diferentes ministerios eclesiales, ejerce su autoridad en la Iglesia. La elección de pastores, ancianos y diáconos por parte de la congregación “viene a ser la confirmación externa de la autoridad y llamamiento interno que estos han recibido de Cristo, el Señor de la Iglesia” —afirma Calvino—. El poder de la iglesia local reside en el cuerpo gobernante de la congregación local. La autoridad de la Iglesia es espiritual y concierne únicamente a los creyentes. A los presbíteros incumbe la implantación del buen orden y la disciplina en la Iglesia. Calvino hacía de la disciplina una de las señales de la verdadera Iglesia, y a través de ella confiaba instaurar el más alto grado de santidad y pureza moral en su seno.

En la aplicación de estos principios eclesiológicos, Calvino no fue consecuente. Y ello se debió, en parte, a que nunca pudo desprenderse de todo un lastre de prejuicios religiosos medievales, y que él pretendió de algún modo justificar recurriendo a cuestiona-bles paralelos con la teocracia vetotestamentaria. En contra de sus propias afirmaciones, Calvino fue incapaz de delimitar con precisión las diferencias de competencia entre lo estatal y lo eclesial. En la práctica, su idea de “iglesia visible” terminaría englobando en su seno a la esfera civil, e identificaría el ámbito eclesial con los límites geográficos de un territorio. Y es por esta identificación territorial por lo que en la Ginebra calvinista no había lugar para los disidentes religiosos: si pasado un tiempo razonable los extranjeros venidos a la ciudad no llegaban a identificarse con su credo doctrinal, obligatoriamente debían abandonar el cantón. Por otro lado, ¿era justo someter a los no creyentes de la Iglesia visible al régimen normativo y disciplinario de la autoridad eclesial?
Para Calvino, tanto la Iglesia como el Estado habían de supeditarse y regirse por la Palabra de Dios. Obviamente esto otorgaba a los pastores y teólogos un rango de autoridad superior al de los poderes civiles. Como intérpretes de la Revelación bíblica, los ministros del Evangelio podían determinar las pautas a seguir en todas las cuestiones de ámbito religioso, social y político. Y en tanto que Calvino era el gran expositor de las Escrituras, a todos los niveles sus consejos y dictámenes pesaban y eran tenidos en cuenta. Esto explica también el hecho de que el Reformador nunca pretendiera cargo político alguno, ni se diera prisa en obtener la ciudadanía ginebrina: en última instancia todo los resortes importantes de poder estaban en sus manos; e incluso en asuntos de índole muy secunda-ria, su juicio y opinión eran tenidos muy en cuenta. Al primer den-tista que se personó en Ginebra con ánimo de ejercer su profesión, no se le concedió la debida licencia hasta después de haber probado satisfactoriamente sus habilidades en la boca de Calvino.

En el ámbito de la disciplina eclesiástica, Calvino creía ver un ejemplo claro de interdependencia entre lo civil y lo eclesial. Esta creencia se basaba, una vez más, en la suposición de que todos los ciudadanos eran a la vez miembros de la Iglesia visible y, en con-secuencia, estaban sujetos también a su disciplina. Por otro lado, y en tanto que la autoridad del gobierno civil regía en el ámbito de las dos tablas de la Ley mosaica, entre sus obligaciones primaba la de “mantener el culto a Dios, preservar la verdadera doctrina y defender la constitución de la Iglesia”. Bajo este régimen autoritario, la vida de los habitantes de Ginebra transcurría dentro de unas reglas de estricta disciplina civil, moral y religiosa. La pena de muerte era preceptiva en casos de herejía, brujería y adulterio. Se castigaba con penas diversas las diversiones mundanas, la blasfemia, la lectura de libros “inmorales”, etc. Durante la semana, las actividades seculares se realizaban en estricta alternancia con las religiosas: estudio de las Escrituras, canto de los Salmos etc. La inasistencia a los servicios religiosos era sanciona-da, y con la finalidad de descubrir a los infractores inasistentes, se autorizaba a “oficiales espías” la entrada en las casas de los ciudadanos.

El juicio y muerte de Miguel Servet se enmarca en este contexto general de intolerancia que se vivía en Ginebra. En la condena y quema de herejes, la mente de muchos protestantes del siglo XVI permaneció ciegamente anclada en el catolicismo. De entre todas las formas de persecución, la más censurable y condenable es la religiosa, pues se practica en nombre de Dios y se opone radicalmente al espíritu del cristianismo y a las normas más esenciales de Humanidad. Y en esto las iglesias de la Reforma mostraron una tortuosa senda de actuación. Lutero —que en Worms revindicó los derechos inalienables de la conciencia, y en sus primeros escritos se nos muestra como campeón de la tolerancia— más tarde sucumbiría también a las viejas prácticas intransigentes del catolicismo.

La condena de Servet constituye la página negra de la biografía de Calvino. Calvino fue gran-de, sumamente grande en sus virtudes y talentos, pero en su talante religioso fue duro y radicalmente intolerante. Conoció personalmente a Servet en 1534, en París, y pronto se percató de que por su agudeza mental y radicalidad de ideas, el aragonés iba a ser un formidable enemigo de la teología reformada: como realmente así fue. Siete años antes de la muerte de Servet, en una carta a G. Farel, Calvino declaraba que de venir el aragonés a Ginebra haría uso de toda su autoridad para que no saliera de allí vivo ( […] Nam si venerit, modo valeat mea auctorita.s, vivum exire nunquam patiar). Para Calvino la persona y los escritos de Servet encarnaban la herejía en su grado más abyecto, y no cejó en su celo persecutorio del aragonés hasta verle en la hoguera ginebrina. (No se olvide, por otro lado, que Servet llegó a Ginebra huyendo de la condena a la hoguera que le había impuesto la Iglesia católica). Al reprobar y condenar a Calvino por la muerte de Servet, de hecho condenamos a toda una época. Los líderes religiosos de aquel tiempo —tanto católicos como protestantes— fueron radicalmente intolerantes con la herejía. Incluso para el suave y gentil Melanchton, la muerte de Servet constituyó “un piadoso y memorable ejemplo para toda la Humanidad”. A juicio de Beza la libertad religiosa era “un dogma diabólico”. Después de la muerte de Servet, y con el propósito de contra-rrestar las duras críticas recibidas por parte de unos pocos teólogos y humanistas del tiempo, Calvino escribió la Declaratio orthodoxae fidei de Sacra Trinitate. A nuestro jui-cio, esta réplica carece de la solidez argumentativa y base bíblica de todas sus otras producciones. Es uno de los escritos “argumentativos” más débiles que fluyeron de su pluma.
En mayor o menor grado, los líderes de la Reforma traicionaron los principios neotestamentarios de libertad religiosa y libertad de conciencia; y de perseguidos pasa-ron a perseguidores. En contra de esta negación de libertades, los protestantes españoles —también calvinistas— fueron unos adelantados de la Reforma. Casiodoro de Reina, Antonio del Corro, y Cipriano de Valera, condenaron siempre la intolerancia religiosa y la imposición de la pena capital a los herejes. Cuando Servet fue condenado y quemado en la hoguera, Casiodoro de Reina —el traductor de la Biblia al castellano (1569)— mos-tró total repulsa con la sentencia. Según el testimonio histórico, siempre que caminaba cerca del lugar en que fue quemado Servet, “las lágrimas fluían de sus ojos”. Antonio del Corro, Casiodoro de Reina y otros reformadores españoles que llegaron a Ginebra —huidos de la Inquisición española—, residieron durante muy poco tiempo en la ciudad de Calvino. No puede alegarse como justificante de la intolerancia protestante la repetida “excusa” de que en este tema Calvino, y los demás reforma-dores, fueron “hijos de su tiempo”. Más correcto sería decir que sucumbieron al tiempo; y sucumbieron con el agravante de haber pecado contra la luz del Nuevo Testamento que ellos mismos habían vislumbrado. Evidentemente, no todos los logros de la Reforma fueron in-mediatos y de fácil consecución. Fueron los calvinistas de segunda generación quienes, haciendo causa común con los bautistas y demás stepchildren de la Reforma, lograron desarrollar en las naciones protestantes los gérmenes democráticos de libertad y tolerancia implícitos en el calvinismo.

 

Continuará …

____________________________________

*Se permite compartir incluyendo la  fuente http://www.solosanadoctrina.com   http://www.facebook.com/SoloSanaDoctrina \ www. solosanadoctrinablog.wordpress.com

Amenazas a la piedad del Joven 1

Blog98.jpg

Es bueno saber cuáles son y dónde se presentan, a fin de saber cómo evitarlas. La ignorancia en cuanto a estas constituye en sí uno de los peligros principales. En muchos casos, saber los riesgos que enfrentamos es ya una manera de evitarlos.

Reflexivamente, pues, considera lo siguiente:
I. Corres peligro de caer en el mal cuando ya no estás bajo la vigilancia, los consejos y las restricciones de tus padres. Hay que admitir que a veces el hogar mismo es el entorno que representa una amenaza a la buena moral y la religión. En algunos hogares, los jóvenes ven y oyen muy poco que no tenga la intención de dañarlos; es decir, el ejemplo de los padres se inclina hacia el pecado, y casi todo lo que se dice o hace tiene muchas posibilidades de producir impresiones desfavorables a la piedad y aun quizá a la moralidad. Donde este es el caso, irse de la casa es beneficioso… Muchos jóvenes ––quienes en ese momento de dejar su casa lloraron por las cosas que los obligaron a dejar el hogar de su niñez y la protección de sus padres— han vivido para comprender que fue la mejor etapa de su vida. Su decisión los sacó del ambiente de peligro moral y los condujo a los medios de gracia y a la senda de vida eterna… Esto, no obstante, no se aplica a todas las familias. Aunque hay padres a quienes no les importa el carácter religioso o moral de sus hijos, no les son un buen ejemplo, ni se ocupan de su educación ni de ponerles límites, sino que los dejan que satisfagan sus pasiones sin freno y que cometan pecados sin reprenderlos, hay muchos otros que actúan mejor y con más sabiduría.

En muchos casos, los padres de familia son morales y muchos son piadosos. Mientras que los primeros ansían impedir que sus hijos caigan en vicios y los instruyen para ser virtuosos, los últimos van más allá y se esfuerzan por criarlos en el temor del Señor… Tú has sido criado dentro de una moralidad rígida. Tus padres han sido cuidadosos en formar tu carácter sobre una base correcta. Desde hace años conoces bien la voz de la instrucción, admonición y advertencia. Has sido objeto constante de una preocupación que no ignoras ni interpretas mal. Si te veían en compañía de un extraño o un joven de
dudosa fama, te cuestionaban y daban advertencias. Si traías a casa un libro, lo examinaban. Si llegabas a casa de noche más tarde que de costumbre, veías la mirada ansiosa de tu madre y oías decir a tu padre: “Hijo mío, ¿por qué tan tarde? ¿A dónde andabas?” En suma, te sentías siempre bajo vigilancia y bajo la presión de una contención sin descanso. El teatro y otros lugares contaminados eran estrictamente prohibidos; de hecho, no tenías ninguna inclinación por visitar esos antros de vicio. De mañana y de noche escuchabas la lectura de las Escrituras, y voces en oración ascendían a Dios y eran por ti.

Con semejantes ejemplos, y bajo tal instrucción y en medio de este ambiente, no tenías oportunidad ni disposición de ser malo. Quizá pensaste a veces que la falta de libertad era demasiada y el cuidado demasiado estricto… Ahora todo esto ha pasado: te has ido o estás por irte del hogar paterno. Llegó y nunca será olvidado el momento cuando esos brazos que te habían cargado de pequeño te abrazaron y la voz vacilante de tu madre exclamó: “Adiós, hijo mío”. Y tu padre, siempre cariñoso, pero ahora más cariñoso que nunca, prolongó la triste despedida diciendo: “Hijo mío, ya no puedo velar más por ti. El Dios cuya providencia te lleva de la casa de tu padre sea tu Protector y te proteja de las maldades de este mundo pecaminoso. Recuerda que aunque mis ojos no te vean, él si te ve ahora y siempre. Témelo a él”. Y ahora allí estás, joven, donde tus padres te pusieron, en medio de los engaños y peligros de este mundo impío, donde la vigilancia de tu padre no te puede alcanzar ni los ojos llorosos de tu madre ver…

Fuera de casa, el joven con inclinaciones viciosas encontrará oportunidades para satisfacer sus tendencias malas aun en situaciones propensas a la virtud. Su corazón malvado, contento por la ausencia de sus padres, aprovechará esa ausencia para pecar. De cuando en cuando en su interior susurrará: “Papá no está aquí para ver esto ni mamá para saberlo; ahora no estoy bajo su vigilancia, las restricciones han pasado. Puedo ir donde quiero, juntarme con quien me plazca sin temor a cuestionamientos ni reproches”. Oh joven amigo, piensa en lo vergonzoso de una conducta así. ¿No te parece que debieras aborrecerte si con tal dureza, al igual que maldad, te aprovechas de la ausencia de tu padre y haces lo que sabes muy bien le produciría un fuerte desencanto y causaría el dolor más amargo, si estuviera presente? Una multitud de jóvenes son así de viles, malvados, y han dejado la casa de sus padres para ir a su ruina eterna. Compórtate, joven, compórtate como lo harías si supieras que tu padre te está viendo.

II. Tu peligro aumenta por el espíritu independiente y de autosuficiencia (relacionado seguramente con la ignorancia y falta de experiencia) que los jóvenes son propensos a tener cuando dejan la casa paterna y se encuentran en el mundo. “El control paternal ha pasado, ya no tengo a mis padres para consultar ni para obedecer; y aun si los tuviera es hora que piense y actúe por mí mismo. Soy ahora el dueño de mi destino. Soy grande, ya no un niño. Tengo capacidad para juzgar, discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo. Tengo el derecho, y lo usaré, de dar forma a mis propias normas de moralidad, de seleccionar mis propios modelos de carácter y trazar mis propios planes de acción.

¿Quién tiene autoridad para interferir conmigo?”

Es posible que tus pensamientos se parezcan a estos, y son alentados por muchos que te rodean, quienes sugieren que no tienes que seguir con ataduras, sino que debes hacer valer tu libertad y comportarte como un hombre. Sí, y cuántos han usado y abusado de esta libertad con los peores propósitos criminales y fatales. Ha sido una libertad para destruir todas las costumbres virtuosas formadas en el hogar, para socavar todos los principios implantados por [el cuidado ansioso de] sus padres y para lanzarse a todas las prácticas malsanas contra las cuales han oído la voz de alarma desde su niñez.

Muchos jóvenes en cuanto se liberan de las restricciones paternales y se sienten dueños de su destino, se lanzan a todos los lugares de esparcimiento, recurren a toda especie de diversión malsana, se inician en todos los misterios de iniquidad, y con una curiosidad enfermiza por conocer aquello que es mejor no saber, han caído en todas las obras infructuosas de las tinieblas. Qué felices, felices habrían sido, si hubieran pensado que una independencia que los libera de los consejos y el control de sus padres puede significar la destrucción de la piedad, moralidad y felicidad, y ha probado ser, donde esto ha sucedido, la ruina para ambos mundos de multitudes de jóvenes que una vez estuvieron llenos de esperanzas. Sabio es el joven y con seguridad bendecido será, que habiendo dejado la casa de su padre, y habiendo llegado a su madurez, todavía considera un privilegio y su deber considerar a sus padres como sus consejeros, sus alentadores y en algunos sentidos, sus tutores. Lleva consigo las restricciones dondequiera que va. En medio de las peligrosas complejidades de la vida, acepta agradecido los oficios de un padre sabio para guiarlo en su juventud.

III. Los numerosos incentivos para pecar que abundan en todas partes, pero especialmente en las ciudades, y las oportunidades de hacerlo a escondidas son un gran peligro. A la cabeza de todos estos tenemos que colocar el teatro, que es donde se encuentran las atracciones más poderosas y las seducciones más destructivas. No podemos decir nada que sea demasiado fuerte ni demasiado malo en cuanto a las tendencias perjudiciales de las bambalinas ni ninguna advertencia que sea demasiado seria o apasionada para prevenir que los jóvenes entren por sus puertas. Es enfática y particularmente el camino ancho y la puerta amplia que lleva a la destrucción. Los temas principales de las representaciones dramáticas comunes llevan a corromper la mente juvenil apelando a las más inflamatorias, poderosas y peligrosas de sus pasiones. Las tragedias, aunque con algunos pasajes excelentes y nobles sentimientos ocasionales, por lo general tienen el propósito de generar orgullo, ambición y venganza; mientras que las comedias, diseñadas al gusto del público, y por ende las preferidas, son la escuela de intrigas, amoríos ilícitos y libertinaje. Pero no es solo el tema de la obra teatral misma que es corrupto, sino también lo es su presentación en el escenario con todos sus acompañamientos…

Es un sentimiento malo, que se vale de todas las ayudas posibles para empeorarlo. Es un mal disimulado con todos los encantos de la música, pintura, arquitectura, oratoria y elocuencia con todo lo que es fascinante en la hermosura femenina y lo deslumbrante de sus trajes… Aunque son muchas y grandes, sería fácil enumerar las impiedades a las cuales el teatro te expone… Despierta las pasiones más allá de lo que es moral y por ende induce una aversión por aquellos temas importantes y serios de la vida que no tienen más que su sencillez e importancia para recomendarlos. Enciende apetitos carnales y crea una pasión constante por satisfacerlos. No solo endurece el corazón en contra de la religión, sino que el que ama el teatro nunca se acerca a la religión hasta haberse persuadido de abandonar sus diversiones, y gradualmente endurece la conciencia hasta hacerse insensible a la buena moralidad. Las malas compañías son un peligro. Quizá más jóvenes hayan ido a su ruina por las malas compañías que por cualquier otro medio que podríamos mencionar. Muchos que han salido de su casa con un carácter sin mancha y una mente comparativamente pura, pero en realidad ignorante de los caminos del mal, quienes, sencillos y sin malicia no hubieran caído en la tentación de ninguno de los otros pecados burdos, han caído por la influencia nefasta y poderosa de amigos impíos. El hombre es un ser social, y querer tener amigos es especialmente fuerte en la juventud, época en que se les debe cuidar con más atención que en ninguna otra por el inmenso poder que ejerce sobre la formación del carácter. De cuando en cuando podemos encontrarnos con un joven tan concentrado en sus ocupaciones, tan enfocado en cultivar su mente o tan reservado que no quiere compañía.

Pero a la mayoría le gusta estar en sociedad y anhela disfrutarla; y, si no tienen muchísimo cuidado en elegir a sus amigos, corren peligro de elegir los que les harán daño. Es casi imposible, joven, permanecer limpio en una sociedad sucia… y no cesarán hasta hacerte tan malo como ellos. Cuanto más simpáticos, amables e inteligentes son, más peligrosa y engañosa es su influencia. El joven disoluto, de excelentes modales, alegre, buen temperamento e inteligente es el instrumento más pulido de Satanás para arruinar a las almas inmortales. Las malas mujeres son de temer tanto como los hombres malos y aún más…

Joven lector, mantente en guardia contra este gran peligro para tu salud, tu moralidad y tu alma. Donde quiera que vayas, encontrarás esta trampa a tus pies. Vela y ora para no entrar en tentación. Vigila celosamente tus sentidos, tu imaginación y tus pasiones. Una vez que cedes a la tentación estás perdido. Pierdes tu pureza. Tu autoestima se va por el suelo y te puedes entregar a cometer toda clase de depravaciones por pasión. Juergas alcohólicas, aunque no tan común como una vez lo fueron ni como lo son otras tentaciones, sigue siendo lo suficientemente común como para destacarlas como un peligro… Sigue siendo la ambición de algunos jóvenes insensatos poder acostumbrarse a tomar sin límites con sus compañeros. ¡Qué meta tan baja y sensual! Joven, así como no
te acostarías en la sepultura de un ebrio, víctima de sus enfermedades y terminando sus días en la miseria y la peor desdicha, cuídate del sucio, degradante y destructivo hábito de tomar. Recuerda las palabras del más sabio de entre los hombres: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura” (Prov. 23:29, 30). Estudia este incomparable y realista cuadro del bebedor y las consecuencias de beber, y comienza tu vida sintiendo horror por la ebriedad…Te lo vuelvo a decir y con el mayor énfasis posible: comienza tu vida aborreciendo la ebriedad.

Continuara …

Tomado de Addresses to Young Men: A Friend and Guide.

_______________________
John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacionalista británico; nacido en Blandford Forum, Dorset, Inglaterra.