Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne 3

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Continuación …

Carta de despedida a su madre

BERLÍN, 11 DE OCTUBRE DE 1944. AL ATARDECER.

Desde luego que yo he traído incesantemente a mis seres queridos ante Dios en mis oraciones. He reconocido su actuación en varios hechos de gracia, incluso ahora, en dones grandes y pequeños, y él me ha llenado de la confianza de que “quien cree en él no será avergonzado”. Sin embargo, en mis oraciones nunca le he pedido que les conceda una vida larga sobre la tierra, sino solo que les de fuerza, que los preserve del horror, la tristeza, y la falta de caridad, y, claro está, que les dé una bendita muerte. Esta ahora no significa nada para mí, aunque habría sido un gran gozo ir a casa con mi esposa y mis hijitos, a quienes ya no puedo cuidar ni proteger. Pero cuando me vienen tales pensamientos terrenales, el Señor me recuerda que según las probabilidades humanas, en cualquier caso, no hubiera estado junto a ellos en época de tensión y que, por encima de todo, él es una protección mucho mejor.

¡Qué bueno es saber que tengo unos hermanos y hermanas tan queridos que ciertamente estarán al lado de mi familia, como una roca, en cualquier forma que puedan! Pero ellos mismos están experimentando grandes dificultades ahora mismo. Me parece que, en primer lugar, nuestros queridos lapienenses (una propiedad familiar en Prusia) deben estar ahora en zona de guerra. El estar fuera de comunicación con todos vosotros ha sido a menudo duro para mí; al mismo tiempo, me he dado más cuenta de la suprema cercanía de nuestra unión ante el trono de Dios y, por encima de todo, la insignificancia de la duración de nuestra vida terrenal. Mi regocijo ha ido siempre en aumento al anticipar la feliz inmunidad a la separación que nos espera. ¡Qué indescriptiblemente glorioso será, y qué feliz sería si únicamente supiera que los que me son muy queridos, y todos vosotros, estáis incluso ahora en la paz de Dios, lejos de todo sufrimiento!

A todos vosotros, que probablemente estéis ahora en Rónkendorf, os envío saludos con todo mi corazón, encomendándoos a la mano de Dios y a su bendición. Que él os conduzca, en su gracia, por caminos suaves hasta su reino, como me está conduciendo a mí, como al ladrón, y puedo decir: “Hoy estaré en el paraíso”. Sé que nunca abandonarás a mi querida esposa, y que tendrás en mente sobre todo su infinitamente tierno corazón, que tiene tan gran necesidad de amor y, de la misma manera, os ama a todos tanto. Por esto, y por todo el inmenso amor de casi cuarenta y dos años, os doy las gracias a todos, y especialmente a ti, mi indescriptiblemente querida madre, desde el fondo de mi corazón.

Ningún niño ha recibido nunca un amor más rico ni más profundo de su madre que tu Alexís.

Con infinita gratitud he pensado hoy en la espléndida infancia que tu amor, por encima de todo lo demás, me dio en Mitau y Wilkajen. Todo está en una dorada gloria, contigo en el centro.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

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Deberes Familiares 4

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EL DEBER DE LAS ESPOSAS.
Pasando del padre de familia como cabeza, diré una palabra o dos a los que están bajo su cuidado.

Y, primero, a la esposa: Por ley, la esposa está sujeta a su marido mientras viva el marido (Rom. 7:2). Por lo tanto, ella también tiene su obra y lugar en la familia, al igual que los demás.

Ahora bien, hay que considerar las siguientes cosas con respecto a la conducta de una esposa hacia su marido, las cuales ella debe cumplir conscientemente.

Primero, que lo considere a él como su cabeza y señor. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Y Sara llamó señor a Abraham (1 Pedro 3:6).

Segundo, en consecuencia, ella debe estar sujeta a él, como corresponde en el Señor. El apóstol dice: “Vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 Ped. 3:1; Col. 3:18; Ef. 5:22).Ya se los he dicho, que si el esposo se conduce con su esposa como corresponde, será el cumplimiento de tal ordenanza de Dios a ella que, además de su relación de esposo, le predicará a ella la conducta de Cristo hacia su iglesia. Y ahora digo también que la esposa, si ella anda con su esposo como corresponde, estará predicando la obediencia de la iglesia a su marido. “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:24). Ahora bien, para llevar a cabo esta obra, primero tiene usted que evitar los siguientes males.

1. El mal de un espíritu errante y chismoso, es malo en la iglesia y es malo también en una esposa, que es la figura de la iglesia. A Cristo le encanta que su esposa esté en casa; es decir, que esté con él en la fe y práctica de sus cosas, no andando por allí, metiéndose con las cosas de Satanás; de la misma manera, las esposas no deben andar fuera de su casa chismoseando. Usted sabe que Proverbios 7:11 dice: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa”. Las esposas deben estar atendiendo los negocios de sus propios maridos en casa; como dice el apóstol, deben “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos”. ¿Y por qué? Para que de otra manera “la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:5).

2. Cuídese de una lengua ociosa, charlatana o contenciosa. Es también odioso que sirvientas o esposas sean como loros que no controlan su lengua. La esposa debe saber, como lo he dicho antes, que su esposo es su señor y que está sobre ella, como Cristo está sobre la iglesia. ¿Le parece que es impropio que la iglesia parlotee contra su esposo? ¿No debe guardar silencio ante él y poner por obra sus leyes en lugar de sus propias ideas? ¿Por qué, según el apóstol, debe conducirse así con su esposo? “La mujer aprenda,…”, dice Pablo, “en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Tim. 2:11, 12). Es impropio ver a una mujer, aunque no sea más que una sola vez en toda su vida, tratar de sobrepasar a su marido. Ella debe en todo estar sujeta a él y hacer todo lo que hace como si hubiera obtenido la aprobación, la licencia y la autoridad de él. Y ciertamente, en esto radica su gloria, permanecer bajo él, tal como la iglesia permanece bajo Cristo:

Entonces, abrirá “su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua”
(Prov. 31:26).

3. No use ropa inmodesta ni camine de un modo seductor; hacerlo es malo, tanto fuera como dentro de casa. Afuera, no sólo será un mal ejemplo, sino que también provocará la tentación de la concupiscencia y la lascivia y en casa, es ofensivo para el marido piadoso y contagioso para los hijos impíos, etc. Por lo tanto, como dice el apóstol, la ropa de las mujeres sea modesta, como conviene a mujeres que profesan piedad con buenas obras, “no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos” (1 Tim. 2:9, 10). Y tal como vuelve a decir: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Pedro 3:3-5).

Pero no piense que por la sujeción que he mencionado, opino que las mujeres deben ser esclavas de sus maridos. Las mujeres son socios de sus maridos, su carne y sus huesos, y no hay hombre que odie su propia carne o que la resienta (Ef. 5:29). Por lo tanto, todos los hombres amen “también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Ef. 5:33). La esposa es cabeza después de su marido y debe mandar en su ausencia; sí,en su presencia debe guiar la casa, criar sus hijos, siempre y cuando lo haga de manera que no dé al adversario ocasión de reproche (1 Tim. 5:10, 13). “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Prov. 31:10); “La mujer agraciada tendrá honra,..” (Prov. 11:16) y “la mujer virtuosa es corona de su marido;…” (Prov.12:4).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

Testimonio de la buena profesión de Alexís Barón von Roenne

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“Todos sabemos, en mayor o menor grado, las inimaginables atrocidades que los hombres y mujeres fueron culpables de cometer en nombre del Nacional Socialismo. Y, sin embargo, hasta en medio de esta terrible oscuridad, la luz de la gracia de Dios brillaba en las vidas de al menos un pequeño número del pueblo alemán”,

Mathew Henry, al comentar sobre la excusa que Abraham puso por su pecado cuando hizo que Sara pasara por su hermana en lugar de identificarla como su esposa, mientras viajaban por la tierra de Gerar, dice: “Abraham alegó la mala opinión que tenía de aquel lugar (‘Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar [Gn. 20:11]’) […] Hay muchos lugares y personas que tienen más temor de Dios de lo que nosotros pensamos”.

Alexis, Barón von Roenne, nació en una familia prusiana de nobles el 12 de febrero de 1902. Fue criado por una madre que amaba al Salvador y que oraba diligente y fervientemente por la salvación de su hijo. Alexis, como muchos otros hijos de Prusia, se alistó para hacer carrera en el ejército, llegando a ser oficial y ascendiendo al rango de coronel. Aunque era un patriota oficial del ejército alemán, Alexis von Roenne nunca fue nazi; de hecho, desde su posición de poder en el país, consideraba el Nacional Socialismo como un desastre para su amada tierra natal. Mientras varios de sus íntimos amigos hicieron un complot para asesinar a Hitler en lo que llegó a ser el golpe de estado del 20 de julio de 1944 (“Operación Valkyria”), motivos de conciencia impidieron a Alexis tomar parte. Sin embargo, no se salvó de ser detenido con muchos otros sospechosos de conspirar contra el Führer. Fue condenado a muerte sobre la base de su íntima amistad con los líderes de la resistencia, y el 12 de octubre de 1944 encontró la muerte a manos del verdugo en Berlin-Plbtzensee.

Lo que sigue son tres cartas: una escrita a su madre la víspera de su ejecución y las otras dos dirigidas a su esposa, Úrsula, madre de sus dos pequeños hijos. La primera carta a su esposa fue escrita el 25 de julio, justo cinco días después del fallido complot y antes de su encarcelamiento y, la segunda, la misma mañana de su muerte. Las tres revelan los pensamientos de un hombre que sabe que va a morir pronto; sin embargo, al confiar en el Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su mente está tranquila y su corazón en paz. Sus allegados han tomado nota de este “asombroso fenómeno” y lo han atribuido a su verdadero origen: el Señor mismo.

El testimonio de Alexis, Barón von Roenne es una maravillosa evidencia de la verdad y de la fiabilidad de la Palabra de Dios. Al leer estas cartas vinieron a mi mente dos versículos de los Salmos: “Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos” (Sal. 112:4); “Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz” (Sal. 37:37).

Carta de despedida a su madre

Berlín, 11 de octubre de 1944. Al atardecer.

Mi única amada mamá: hoy, por una razón especial, me vino la idea de escribirte una vez más, aunque en mis anteriores cartas de despedida hubiera incluido una carta corta para ti. Yo sé que, a pesar de tu gran anhelo y gozo ante la perspectiva de ir con el Salvador, el temor mortal ante el pensamiento del proceso físico mismo de la muerte te atormenta. Y debido a eso he deseado muchísimo decirte que nuestro Señor puede borrar completamente también esto si le pedimos que lo haga.

Continuará …

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Jonathan Watson (The Banner of Truth).

Deberes Familiares 3

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¿Tiene usted una esposa? Debe considerar cómo se comporta en esa relación y, para hacerlo correctamente, tiene que considerar la condición de su esposa, si realmente cree o no. Primero, si cree, entonces:

1. Tiene usted el compromiso de bendecir a Dios por ella porque su estima sobrepasa a la de piedras preciosas y ella es la bendición de Dios para usted y es para su gloria (Prov. 12:4; 31:10; 1 Cor. 11:7). “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada” (Prov. 31:30).

2. Debe amarla por dos razones: 1) Es su propia carne y hueso: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” (Ef. 5:29). 2) Es, junto con usted, heredera de la gracia de vida (1 Pedro 3:7). Esto, digo, debe motivarlo a amarla con amor cristiano; amarla, creyendo que ambos son los muy amados de Dios y del Señor Jesucristo y que estarán juntos cuando
disfruten de la vida eterna con él.

3. Debe conducirse usted hacia ella y delante de ella, como lo hace Cristo hacia su iglesia y delante de ella; como dice el apóstol: Los hombres deben amar a sus esposas “así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Cuando los esposos se comportan como deben, entonces no serán sólo esposos, sino el cumplimiento de una ordenanza de Dios para la esposa, que le predica a ella la conducta de Cristo hacia su
esposa. Una dulce fragancia envuelve las relaciones de los esposos y esposas que creen (Ef. 4:32); la esposa, digo significando la iglesia, y el esposo su cabeza y salvador, “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia” (Ef. 5:23) y él es el Salvador del cuerpo.

Éste es uno de los propósitos principales por el cual Dios instituyó el matrimonio, que Cristo y su iglesia, figuradamente, estén dondequiera que haya una pareja que cree por gracia. Por lo tanto, el esposo que se comporta indiscretamente hacia su esposa, no sólo se comporta contrariamente a la regla, sino que provoca que su esposa pierda el
beneficio de tal ordenanza, frustra el misterio de su relación.

Por lo tanto digo: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:28, 29). Cristo dio su vida por su iglesia, cubre sus debilidades, le transmite su sabiduría, la protege y la ayuda en sus asuntos en este mundo; y lo mismo debe hacer el esposo por su esposa. Salomón y la hija de Faraón dominaban el arte de hacer esto, como pueden comprobarlo en el Cantar de los Cantares. Por lo tanto, cargue con las debilidades de ella, ayúdela en sus enfermedades, hónrela como al vaso más débil y tenga en cuenta la fragilidad de su cuerpo (1 Pedro 3:7).

En resumen, sea tal esposo para su esposa creyente que ella pueda decir que Dios, no sólo le ha dado marido, sino un esposo que demuestra todos  los días la conducta de Cristo hacia su iglesia.

Segundo, si su esposa es inconversa o carnal, también tiene un deber que cumplir, que está obligado a cumplir por dos razones: 1. Porque corre el peligro continuo de la condenación eterna. 2. Porque es su esposa la que está en esta condición impía.

¡Oh! ¡Qué poco sentido del valor de las almas hay en el corazón de algunos maridos, que manifiestan una conducta poco cristiana hacia sus esposas y delante de ellas! Ahora bien, si quiere tener las cualidades de una conducta apropiada:

1. Piense seriamente en el estado desgraciado de ella, a fin de que su corazón anhele la salvación de su alma.

2. Cuídese de que debido a una conducta incorrecta suya, no tenga ella ocasión de justificar sus propias impiedades. Y aquí necesita ser doblemente diligente porque ella reposa en su seno y, por lo tanto, puede percibir aun la falta más pequeña en usted.

3. Si ella se comporta indebida o incontrolablemente, como bien puede ser porque vive sin Cristo y sin su gracia, entonces esfuércese por vencer la maldad de ella con su propia bondad, los infortunios de ella con su propia paciencia y mansedumbre. Es una vergüenza para usted, que vive bajo otros principios, comportarse como ella.

4. Aproveche las oportunidades para convencerla. Observe su estado de ánimo y cuando parece bien predispuesta, háblele a su corazón.

5. Cuando hable, hágalo con propósito. No es necesario decir muchas palabras, sólo las pertinentes. Job en pocas palabras responde a su esposa y la desvía de sus palabras necias: “Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10).

6. Haga todo sin amargura y sin la menor apariencia de enojo: “Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Tim. 2:25, 26). “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido?” (1 Cor. 7:16).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

 

¿Cómo podemos desarrollar un pensamiento serio y reflexivo 2?

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¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

No solo debes esforzarte por desarrollar un buen hábito de lectura bíblica; el cristiano está llamado a desarrollar un buen hábito de lectura en general. Nutre tu mente y tu corazón con todas esas obras, escritas por hombres de Dios del pasado y del presente, que te ayudarán a comprender mejor las Escrituras y te ayudarán también a lidiar mejor con las dificultades de tu propio corazón.

Procura también rodearte de amistades que sean un estímulo para ti con sus conversaciones. No olvides que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Es imposible llegar a ser una persona reflexiva si nos exponemos a menudo a conversaciones insulsas y vanas.

En tercer lugar, ocupémonos de ayudar a nuestros hijos a que desarrollen ese hábito de pensamiento piadoso desde pequeños. Conversa con ellos de temas bíblicos apropiados para su edad, ayúdales a cultivar el hábito de la lectura desde la infancia. Protégelos de todo aquello que pueda contribuir a volverles vanos o vagos para pensar; como el uso excesivo de la TV, por ejemplo. (Cuántas veces hemos oído la queja de creyentes que nos dicen que sus padres no los ayudaron a forjar un buen hábito de lectura! ¿Repetiremos nosotros ahora ese mismo error con nuestros hijos? Es nuestra responsabilidad levantar una generación que no solo cultive su mente y su intelecto, sino que sepa también ponerlos al servicio de Dios y de los hombres.

¿Sabes por qué muchas personas terminarán perdidas en el Infierno? Por ser irreflexivas. Escucha lo que un siervo de Dios del siglo pasado dijo al respecto: “La falta de reflexión es una razón simple de por qué miles de almas se pierden para siempre. Los hombres no consideran, no miran hacia el futuro, no observan a su alrededor, no meditan en el fin de su camino actual ni en las infalibles consecuencias de su andar presente. Y al fin despiertan para ver que están condenados por falta de reflexión” (J.C. Ryle).

El enemigo de nuestras almas no quiere que nos detengamos a pensar. Él hará todo lo posible para que el hombre no considere seriamente que la vida tiene un fin y que, algún día, todos nos presentaremos delante del tribunal de Dios para dar cuenta. Él no quiere que los hombres mediten en el verdadero estado de su corazón delante de Dios, ¿sabes por qué? Porque, como alguien ha dicho, “él sabe que un corazón no convertido es como los libros de un comerciante deshonesto, que no resistirán una inspección minuciosa”.

El problema es que llegará el día en que esos libros serán verificados, y entonces no habrá escapatoria. Cultivemos un pensamiento serio y profundo y, dentro de nuestras posibilidades, ayudemos a otros a hacer lo mismo, sobre todo a nuestros hijos. Espero de todo corazón que el Señor despierte a algunos por medio de estas palabras; si somos creyentes no solo debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, sino también con toda nuestra mente.

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.

Deberes Familiares 2

Blog122B

Ya hemos considerado el estado espiritual de su familia. Ahora veamos su estado exterior.

Segundo, tocante al estado exterior de su familia, usted debe considerar estas tres cosas.

1. Que es su obligación asegurarse de que cuenten con el sustento necesario. “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Tim. 5:8). Observe que cuando la Palabra dice que debe tener cuidado de los suyos, no le da licencia para descuidarlos, ni permite que el mundo entre en su corazón, ni en su cuenta de banco, ni que se preocupe de los años o días venideros, sino que provea el sustento, a fin de que tengan comida y ropa y si cualquiera de ustedes o usted mismo no se contentan con eso, se salen de los límites del gobierno de Dios (1 Tim. 6:8; Mat. 6:34). De esto se trata trabajar, a fin de contar con los medios para “ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad” (Tito 3:14). Y nunca objete, que a menos que logre tener más, no estará satisfecho, porque eso es falta de fe. La Palabra dice que Dios da de comer a los cuervos, cuida a los gorriones y viste a la hierba. ¿Qué más puede desear el corazón que ser alimentado, vestido y cuidado? (Luc. 12:6-28-31).

2. Por lo tanto, aunque usted mantenga a su familia, haga que todo su trabajo sea con moderación: “Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres” (Fil. 4:5 – VRV 1909). Cuídese de ocuparse tan intensamente de las cosas de este mundo, que llegue al punto de obstaculizar el cumplimiento de sus deberes y los de su familia hacia Dios, los cuales, por gracia, tiene que cumplir; como es orar en privado, leer las Escrituras y reunirse con otros creyentes. Es indigno que los hombres, junto con sus familias, vayan detrás de este mundo al punto de apartar su corazón de la adoración a Dios.

Cristianos, “el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen;… y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Cor. 7:29-31). Muchos cristianos viven y actúan en este mundo como si la religión fuera algo secundario y como si este mundo fuera lo único que realmente necesita, cuando en realidad, todas las cosas de este mundo son transitorias y la religión es lo único verdaderamente necesario (Luc. 10:40-42).

3. Si quiere ser la cabeza de una familia digna de usted, debe ocuparse de que haya armonía cristiana entre los que dependen de usted, como sucede en la familia donde gobierna alguien que teme a Dios.

1) Debe usted asegurarse de que sus hijos y sirvientes estén sujetos a la Palabra de Dios porque aunque le corresponde sólo a Dios gobernar el corazón, él espera que usted gobierne al hombre exterior porque si no lo hace, puede en poco tiempo cortar su descendencia [aun todos los varones] (1 Sam. 3:11-14). Ocúpese, entonces, de que sean sobrios en todas las cosas, en sus vestidos, su lenguaje, que no sean glotones ni borrachos; ni deje que sus hijos maltraten sin razón a sus sirvientes ni que se traten neciamente los unos a los otros.

2) Aprenda a distinguir entre cualquier ofensa que su familia le haya hecho a usted y la que le haya hecho a Dios y, aunque debe ser muy celoso del Señor y no tolerar nada que sea una transgresión abierta contra él; debe aquí mostrar su discernimiento y pasar por alto y olvidar las ofensas personales: “El amor cubrirá multitud de pecados”. No sea como los que se enfurecen, cuyas miradas parecen las de un loco cuando alguien los ofende; pero que se ríen o hacen caso omiso y no reprenden, cuando alguien deshonra a Dios.

Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Tim. 3:4). Salomón, a veces era tan grandioso en este sentido, que dejaba atónitos a los que lo visitaban (2 Crón. 9:3, 4). Pero pasemos de lo general a lo particular.

¿Tiene usted una esposa? Debe considerar cómo se comporta en esa relación y, para hacerlo correctamente, tiene que considerar la condición de su esposa, si realmente cree o no.

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

¿Cómo podemos desarrollar un pensamiento serio y reflexivo?

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En primer lugar, debemos clamar a Dios cada día y pedirle que nos ayude a desarrollar esa disposición de mente y de corazón. Muchas cosas se alían contra nosotros para que no seamos reflexivos, comenzando por la indisposición natural de nuestra carne que se opone violentamente a todo lo espiritual.

Dice Pablo en Romanos 8:7 que “los designios (o pensamientos) de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Se trata de una enemistad irreconciliable. Los pensamientos que emanan de nuestra carne son enemistad contra Dios y se oponen violentamente a todo lo bueno y espiritual.

Pensar en aquellas cosas en las que un creyente debe pensar requiere de un esfuerzo por nuestra parte, de una lucha. Observa la foto de “El pensador”, de Rodin, y te darás cuenta de que no se encuentra en una posición relajada. Todos sus músculos están en tensión. ¿Sabes por qué? Porque está pensando, no sabemos exactamente en qué, pero podemos suponer que se trata de algo serio; y pensar seriamente requiere esfuerzo. (Cuánto más cuando se está pensando en cosas santas y espirituales! Encontraremos indisposición en nuestra carne para pensar en estas cosas; debemos saber que tendremos que luchar con nuestros pensamientos.

Pero ese no es el único obstáculo que debemos vencer. También tenemos que luchar contra el espíritu de nuestra época. Vivimos en un tiempo en el que, paradójicamente, se tiene mucha información a mano, pero, al mismo tiempo, se atenta seriamente contra el proceso de pensamiento del hombre. Nunca antes había tenido el ser humano tantas    cosas en las que refugiarse para no pensar y, sobre todo, cosas tan accesibles: televisión, videos, revistas insulsas y todo lo que ofrece Internet. No es tarea fácil abstraerse de esas cosas para ocupar nuestro tiempo en algo útil y productivo. Es más sencillo desconectar la mente frente a una pantalla de TV, o divagar por Facebook, que tomar un buen libro y alimentar el alma. Debemos clamar incesantemente a nuestro Dios para que nos libre de ese terrible espíritu de la época, de esa ligereza que tristemente caracteriza a nuestra generación.

En segundo lugar, debemos esforzarnos por llenar nuestra mente de todo aquello que nos permita ser cada vez más reflexivos, más serios y más profundos en nuestro proceso de pensamiento. Hay varias cosas que debemos hacer en ese sentido.

Lo primero de todo, esfuérzate por leer diaria, ordenada y sistemáticamente la Palabra de Dios. Dice Pablo en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar abundantemente en nosotros. ¿Quién es el varón bienaventurado según la enseñanza del Salmo 1? Aquel que medita día y noche en la ley del Señor. ¿Pero cómo podría este hombre meditar en estas cosas si no crece día a día en el conocimiento de dicha ley?

Continuará …

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Sugel Michelén tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”.

Nacido en un hogar no cristiano, conoció la gracia de Dios en Cristo a la edad de 17 años. Desde sus primeros tiempos como creyente sentía el deseo de servir al Señor en su obra, pero no sabía con exactitud cuál era la voluntad de Dios al respecto. Finalmente entró a estudiar para el ministerio en el 1979, y posteriormente fue enviado por la Iglesia a la ciudad de Puerto Plata, Rep.Dominicana, a comenzar una obra allí. Pero en el 1984 regresó a la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo sirviendo desde entonces como parte del consejo de pastores de dicha congregación. Como parte de su ministerio pastoral, tiene la responsabilidad de exponer regularmente la palabra de Dios en el día del Señor. El pastor Michelén es casado y padre de tres hijos.

Deberes Familiares 1

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EL DEBER DEL PADRE HACIA LA FAMILIA EN GENERAL.
El que es cabeza de una familia tiene, bajo esa relación, una obra que realizar para Dios: Gobernar correctamente a su propia familia. Y su obra es doble.
Primero, tocante a su estado espiritual. Segundo, tocante a su estado exterior.

Primero, tocante al estado espiritual de su familia, ha de ser muy diligente y sobrio, haciendo lo máximo para aumentar la fe donde ya la hay y para iniciarla donde no la hay. Por esta razón, basándose en su Palabra, debe con diligencia y frecuencia, compartir con los de su casa las cosas de Dios que sean apropiadas para cada caso. Y nadie cuestione esta práctica de gobernar de acuerdo con la Palabra de Dios porque si la enseñanza en sí, es de buen nombre y honesta, se encuentra dentro de la esfera y los límites de la naturaleza misma y debe hacerse; con más razón, muchas otras enseñanzas de una naturaleza más elevada. Además, el apóstol nos exhorta: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). Poner en práctica este piadoso ejercicio en nuestra familia es digno de elogio y es muy apropiado para todos los cristianos. Ésta es una de las cosas que Dios encomendó tanto a su siervo Abraham y que tanto afectó su corazón. Conozco a Abraham, dice Dios, “conozco” (Gen. 18:19 – VRV 1909) que es, de verás, un buen hombre “porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová,…” (Gén. 18:19). Esto fue algo que también el buen Josué determinó que sería su práctica durante todo el tiempo que viviera sobre esta tierra: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15).

Además, también encontramos en el Nuevo Testamento, que los que no cumplían este deber eran considerados de un rango inferior; sí, tan inferiores que no eran dignos de ser elegidos para ningún oficio en la iglesia de Dios. El [obispo o] pastor tiene que ser alguien que gobierna bien su propia casa, que tiene a sus hijos sujetos con toda seriedad porque el hombre que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la iglesia de Dios? “Pero es necesario que el obispo sea… marido de una sola mujer,… que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad” (1 Tim. 3:2, 4). Note que el apóstol parece determinar al menos esto: Que el hombre que gobierna bien su familia tiene una de las cualidades que debe tener el pastor o diácono en la casa de Dios porque el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo puede cuidar la iglesia de Dios?

Considerar esto, nos aclara la obra de la cabeza de una familia, tocante al gobierno de su casa.

1. El pastor debe ser firme e incorrupto en su doctrina y, por cierto, que también debe serlo la cabeza de una familia (Tito 1:9; Ef. 6:5).

2. El pastor debe ser apto para enseñar, redargüir y exhortar; y así debe ser también la cabeza de una familia (1 Tim. 3:2; Deut. 6:7).

3. El pastor mismo tiene que ser ejemplo de fe y santidad; y así debe ser también la cabeza de una familia (1 Tim. 3:2-4; 4:12). “Entenderé,…” dice David, “el camino de la perfección… En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Sal. 101:2).

4. El pastor tiene la función de reunir a la iglesia y, cuando la haya reunido, orar juntos y predicar. Esto es recomendable también para la cabeza de la familia cristiana.

Objeción: Pero mi familia es impía y rebelde tocante a todo lo que es bueno. ¿Qué debo hacer?

Respuesta:

1. Aunque esto sea así, igualmente, debe usted gobernarlos ¡y no ellos a usted! Dios lo ha puesto sobre ellos y usted debe usar la autoridad que Dios le ha dado, tanto para reprender sus vilezas, como para mostrarles que la maldad de su rebelión es contra el Señor. Elí lo hizo, pero no lo suficiente; igualmente David (1 Sam. 2:24, 25; 1 Crón. 28:9). También, debe contarles qué triste era su propio estado cuando se encontraba en la condición de ellos, así que esfuércese en recobrarlos de la trampa del diablo (Mar. 5:19).

2. También debe esforzarse para que asistan a los cultos de adoración a Dios, por si acaso Dios convierta sus almas. Jacob le dijo a su familia y a todos los que lo rodeaban “Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia,…” (Gén. 35:3). Ana llevó a Samuel a Silo, a fin de que morara con Dios para siempre (1 Sam. 1:22). El alma tocada por el Espíritu se esforzará por llevar a Jesucristo, no sólo a su familia, sino a toda la ciudad (Juan 4:28-30).

3. Si son obstinados y no quieren acompañarlo, entonces traiga hombres piadosos y de convicciones firmes a su casa, para que allí prediquen la Palabra de Dios cuando usted haya, como Cornelio, reunido a su familia y amigos (Hechos 10).

Usted sabe que el carcelero, Lidia, Crispo, Gayo, Estéfanas y otros fueron salvos, no sólo ellos mismos, sino que también los de su familia por la palabra predicada y algunos de ellos por la palabra predicada en sus casas (Hech. 16:14-34; 18:7, 8; 1 Cor. 1:16). Y ésta puede haber sido una razón, entre muchas, por la cual los apóstoles, en su época, enseñaban, no sólo en público, sino también de casa en casa. Posiblemente, creo yo, para ganar a los miembros de la familia que todavía eran inconversos y vivían en sus pecados (Hech. 10:24; 20:20, 21). Algunos de ustedes saben qué común era invitar a Cristo a sus casas, especialmente si tenían algún enfermo que no quería o no podía acudir a él (Luc. 7:2, 3; 8:41). Si es así con los que tienen enfermos físicos en su familia, entonces cuanto más lo es donde hay almas que necesitan a Cristo, ¡necesitan ser salvas de la muerte y la condenación eterna!

4. No descuide usted mismo los deberes familiares entre ellos; como es leer la Palabra y orar. Si tiene algún familiar que es salvo, esté contento. Si está solo, no obstante, sepa que tiene en ese momento, tanto la libertad de acercarse a Dios por medio de Cristo, como la capacidad de contar con el apoyo de la iglesia universal, uniéndose a usted en oración a favor de todos los que habrán de ser salvos.

5. No permita en su casa libros impíos, profanos o herejes, ni conversaciones del mismo tenor. “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33). Me refiero a libros profanos o herejes que tienden a provocar una vida liviana o los que son contrarios a las enseñanzas fundamentales del evangelio. Sé que se debe permitir que los cristianos tengan su libertad con respecto a cosas que no atañen a la fe, pero esas cosas que atacan la fe o la santidad, deben ser abandonadas por todos los cristianos, especialmente por los pastores de las iglesias y las cabezas de familias. Tal como sucedió con Jacob cuando ordenó a su familia y a todos los que estaban con él que se libraran de los dioses extraños entre ellos y que se cambiaran sus vestidos (Gén. 35:2). Dejaron un buen ejemplo o dos aquellos que, según el relato de Hechos, tomaron sus libros mundanos y los quemaron delante de todos los hombres, aunque valían cincuenta mil piezas de plata (Hech. 19:18, 19). El descuido de este cuarto asunto ha ocasionado la ruina de muchas familias, tanto entre los hijos como los sirvientes. El que vanos charlatanes y sus obras engañosas desvíen a familias enteras, es más fácil de lo que muchos suponen (Tito 1:10, 11).

Continuará …

Tomado del folleto “Christian Behavior”
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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, y uno de los escritores más
influyentes del siglo XVII. Autor preciado de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchas otras obras. Nacido en Elstow, cerca de Bedford, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 3

Blog121C

La historia, espejo de la misericordia divina

Siguiendo el ejemplo de Cristo, podemos asumir sin miedo nuestro propio pasado. Con todas sus grandezas y todas sus flaquezas. Así, podemos asumir la historia de nuestras iglesias; el pasado de la Iglesia militante, imperfecta, llena de arrugas y pecados. Un pasado que, sin embargo, no la hace menos Iglesia de Cristo, con tal que confiese su insuficiencia y sus pecados a Dios, y acepte tan solo su gracia como única suficiencia. Una iglesia deja de ser iglesia únicamente cuando pretende gobernarse a si misma en lugar de dejarse gobernar por Cristo, cuando como la iglesia en Laodicea se resiste a toda reforma de parte de Dios (Ap. 3:14 22).

El pueblo de Dios deja de ser pueblo de Dios cuando, rechazando la oportunidad que le ofrece el cisma querido por el Señor (1 R. 11:20 33), desprecia como Jeroboam (1 R. 12:26 33; 13:33,34) tal oportunidad y cae en la infidelidad y la idolatría. Solo puede ser restaurado mediante el arrepentimiento que lleva a una nueva reforma, como ilustra la experiencia del rey Josías (2 R. 23 y 24).

Al asumir nuestro pasado histórico comprobamos la misericordia divina, que no tiene limites; la gracia de Cristo que perdona y transforma.

Es así como podemos asumir la historia de la Iglesia, sin preocupaciones de hagiógrafos, sin que esta historia nos hinche ni nos aplaste. Pero orgullosos de ella, y reconocidos al Señor por ella, por cuanto es el relato de la gracia y la misericordia divinas en favor de una raza caída y perdida.

Podemos asumir la historia de la Iglesia como Cristo la asume. No con la hipocresía, o ceguera, del que cree que los suyos siempre tuvieron razón, sino con la buena conciencia del que sabe que Cristo le ha perdonado a él como perdonó a sus antepasados en la fe. Podemos asumirla con el amor de quien conoce el arrepentimiento tanto en él como en los que le precedieron en la fe. Se trata de un asumir forjado en la humildad, no en el orgullo. Este es el asumir del cristiano, no del fariseo. Es la actitud del que sabe que sus padres en la fe fueron perdonados total y perfectamente por Jesucristo. Y que supieron morir para anunciar al mundo que la única y auténtica manera de vivir es la que brota del poder y de la gracia de Dios y se sustenta en el perdón divino.

No es cuestión ni de criticar ni de ensalzar descomedidamente a los siervos de Dios, ni al pueblo de Dios, del pasado. Jesucristo ha muerto por ellos. Esto basta. Murió por los criticados y por los ensalzados. Todos ellos nos fueron dados, sencilla y simplemente, como antepasados en la comunión del cuerpo de Cristo. Cuando consideramos este pasado, no podemos por menos que exclamar: “Esto viene de Dios”. Porque nuestros padres en la fe vinieron de Dios. Eran pecadores como nosotros, pero al igual que nosotros fueron justificados por el Señor, el cual asimismo justificó sus esfuerzos y trabajos para reformar la Iglesia cuando esta se hallaba decadente y deformada.

Dios quiso la Reforma

Tenemos derecho a pensar que Dios podía desear un cisma. La Biblia así lo enseña. No ignoro que esta afirmación, en nuestro tiempo de ecumenismo y de sincretismo, sonará como nota extraña, inoportuna y escandalosa.

No obstante, hemos de precisar que si Dios ama la unidad de su pueblo, no la ama por ella misma como si se tratara de un valor absoluto superior a la verdad. Ciertamente, Dios quiere la unidad de los suyos en tanto que la misma sea el fruto de la verdad y del amor, en tanto que esta unidad testifique de la comunión fraternal de los hijos de Dios. La oración de Cristo por la unidad de los suyos (Jn. 17) no expresa el deseo de una amalgama abstracta como si tal unidad fuera el sumo bien. Lo que desea Dios es que sus hijos se amen como el Padre y el Hijo se aman en la sacra intimidad de la Trinidad.

Pero cuando no todos los que se autoproclaman hijos de Dios lo son realmente, cuando en el seno de la Cristiandad nominal hay peleas y el amor brilla por su ausencia, cuando en medio de la Iglesia visible (no de la invisible, porque ésta se halla a salvo de tales contingencias) se levantan quienes desean acallar a quienes precisamente se alzan para proclamar la proclamar la verdad y la libertad, sin las cuales el amor no es más que una palabra sin sentido. Cuando se producen tales circunstancias no es de extrañar que, entonces, Dios en su soberana providencia decida llevar a cabo una división en el que se dice su pueblo. Y ello justamente para que la verdad de la Palabra de Dios sea salvaguardada, para que las iglesias sean incitadas a buscar una mayor fidelidad y una mejor disposición a dejarse reformar por la Palabra santa.

Dios se hallaba en el origen de la Reforma. Esto significa no solamente que Dios quiso una reforma sino que, además, quiso las iglesias que de ella nacieron.

Supone un gran error creer que en el plan de Dios solo hay lugar para una sola y única Iglesia visible.

Tenemos un pasado que viene de Dios. Pero no olvidemos que tenemos también un presente que viene de él. ¿Sabremos vivir el presente de la misma manera que apreciamos y amamos la obra de Dios en el pasado, es decir, como don de Dios?

La enseñanza del Nuevo Testamento

¿Es acaso diferente la enseñanza del N.T. que hemos aprendido de los ejemplos del A.T.?

Recordemos. La Iglesia, en Pentecostés, surge de una división en el pueblo judío por lo que respecta a la figura de Jesucristo.

Ni por un instante se les ocurrió a los apóstoles someterse al Sanedrín y negar a Cristo para preservar la unidad de Israel.

Israel rechazó a los apóstoles, de la misma manera que Roma rechazó la Reforma del siglo XVI.

La unidad es importante, pero la verdad lo es muchísimo más. La unidad es auténtica solamente cuando es unidad en la verdad (Jn. 17). Porque el evangelio es la garantía de la Iglesia, no la Iglesia la garantía del evangelio.

El cisma, en ocasiones, puede ser inevitable para que la fidelidad al Señor y a su Palabra se pongan de manifiesto. También es verdad que, a veces, el cisma puede ser voluntad de la carne (Gá. 5:13 15 y ss.; 6:1 10), en cuyo caso es pecado grave tratar de disfrazarlo como si se tratara de una verdadera reforma.

Toda la Biblia enseña que el cisma está justificado solamente cuando se trata de renovar, reformar y avivar una iglesia infiel (cf. Ro.12:2 y ss.).

 

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 4

Blog120D

El deber especial de la esposa: Respetar (A)

Esta es la cualidad especial de ella. Si tiene toda hermosura y todo conocimiento, pero no respeta a su marido, no es una buena esposa. La creación lo sugiere. Fue creada después del hombre (1 Tim. 2:13), tomada del hombre (1 Cor. 11:8) y para el hombre (1 Cor. 11:9). Este orden no es del hombre, sino de Dios. Aun después de la Caída, la orden divina sigue
en pie: “Él se enseñoreará de ti” (Gén. 3:16). El Nuevo Testamento confirma todo esto (Col. 3:18; 1 Ped. 3:1-6). Aun cuando ella sea la cosa más dulce y su marido el más malo, ella sigue teniendo el deber de respetarlo. Primero, tiene que fijar en su corazón que su posición es inferior a la de él y, entonces, podrá cumplir con facilidad y alegría todo lo que el respeto implica. No es correcto colocar la costilla sobre la cabeza, ni aun a su mismo nivel.

1. Descripción del respeto de la esposa piadosa.
A. Lo tiene en alta estima. “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Ester 1:20). Reflexione en la excelencia de su persona y valórela como debe. Y si él no es un hombre realizado, entonces debe ella considerar la excelencia de su lugar como “imagen y gloria de Dios” (1 Cor. 11:7). Lo estimó usted cuando lo eligió como marido y debe seguir haciéndolo. Recuerde la falta de respeto de Mical para con David y el consecuente castigo de Dios (2 Sam. 6:16, 23). Su familia y sus vecinos la respetarán como ella respeta a su marido. Así que, al honrarlo a él, se honra a ella misma.

B. Lo ama de verdad. Este respeto está compuesto de amor, que es también el deber de la esposa (Tito 2:4). Sara, Rebeca y Raquel dejaron completamente a sus padres, amigos y patria por amor a sus maridos. Una joven llamada Clara Cerventa estaba casada con Valdaura, cuyo cuerpo estaba tan lleno de enfermedades que nadie más se atrevía a tocarlo, pero ella curaba sus llagas con todo cuidado y vendió sus propias ropas y joyas para mantenerlo. Por último, él murió y cuando llegaron los que venían a consolarla, les dijo que, si pudiera, lo compraría de vuelta, aun si significara perder a sus cinco hijos. No hay manera mejor de generar el amor de su esposo que respetándolo.

C. Lo complace con diligencia. La palabra “respete” en Efesios 5:33 es, literalmente, “tema”. Ella debe mantener “casta conversación, que es en temor” (1 Ped. 3:2 – VRV 1909) porque el uno sin el otro, es inadecuado. Este temor no es servil, sino un sincero deseo de complacerle y negarse a ofenderlo. “Haré todo lo posible para complacerlo, aunque no temo su mano, sino su ceño fruncido. Preferiría desagradar al mundo entero antes que a mi marido”.

2. El patrón para el respeto de la esposa piadosa.
A. El respeto de la iglesia por Cristo. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;…” (Ef. 5:22). “…como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (5:24). Su sumisión ha de ser como la sumisión ideal de la iglesia a Cristo.

1) En todo. En lo grande y en lo pequeño, en lo que le es agradable y lo que le es desagradable a ella. Sólo cuando él requiere lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios requiere, ha de negarle ella, su sumisión. Ella puede razonar con él en cuestiones que le son inconvenientes a ella, pero si no lo convence y no se trata de un pecado, ella debe someterse a él. 

2) Libre, con buena disposición y alegre. El servicio que el cristiano rinde al Señor es con buena voluntad (Ef. 6:7). Así que la esposa debe someterse a su marido como si hubiera una sola voluntad en el corazón de ambos. Lea y Raquel seguían a Jacob como su sombra (Gén. 31:14-17). La reverencia de Sara era sincera, pues llamaba “señor” a su marido (Gén. 18:12) y esto es un ejemplo para las esposas cristianas (1 Ped. 3:6). Por lo tanto, una obediencia a regañadientes es inaceptable y, por lo general, brota del orgullo y engreimiento que ella no ha mortificado. Aun si él es severo, es mejor que ella cumpla su deber y deje que Dios sea quien juzgue.

B. El respeto del cuerpo por la cabeza. “Porque el marido es cabeza de la mujer,…” (Ef. 5:23). Todos los miembros del cuerpo saben que la cabeza es útil para el bien de ellos. La mano aceptará una herida para proteger la cabeza. Sea lo que fuere que la cabeza decide hacer, el cuerpo se levanta y la sigue todo el tiempo que puede. Este es el modo como la esposa debe honrar a su marido, segundo sólo a Dios. Es ridículo pensar que la cabeza
puede ir en una dirección y la costilla por otra, que un soldado mande a su general o que la luna pretenda ser superior al sol. Esto se altera, únicamente, si el marido es insano. “El hombre tiene autoridad en su casa, a menos que sea verbum anomalum; es decir, un necio” (Lutero). 

3. La demostración de respeto de la esposa piadosa.
A. De palabra.
“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si ella realmente lo respeta, se notará en lo que dice. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26; vea 15:4).

1) Habla respetuosamente de él, en su ausencia. Ninguna esposa es demasiado grande ni buena como para no imitar el ejemplo piadoso de Sara y darle un título de respeto como “señor” (1 Ped. 3:6). La mujer malvada se refiere a su marido como “el hombre” (Prov. 7:19, literalmente en hebreo). ¡Oh, que esto fuera lo peor que las esposas llamaran a sus maridos a sus espaldas!

2) Le habla respetuosamente en su presencia. Cuídese de:
a. Interrumpirlo cuando habla o decir diez palabras por una de las de él. El silencio, más que el hablar, muestra la sabiduría de la mujer. La mujer sabia usa las palabras con moderación.

b. Usar palabras o un tono irrespetuoso. Procure ser un “espíritu agradable y paciente” (1 Ped. 3:4). No tema que esto empeorará a su marido, más bien confíe en la sabiduría de Dios (1 Ped. 3:1; Prov. 25:15). Recuerde que Dios le escucha y le juzgará por cada palabra ociosa (Mat.12:36). Idealmente, tanto el esposo como la esposa, deben ser lentos para apasionarse, no obstante esto, donde uno debe ceder, lo más razonable es que sea la esposa. Ninguna mujer recibe honra por haber tenido la última palabra. Algunas mujeres argumentan que su lengua es su única arma, pero el sabio sabe que a su lengua la enciende el infierno (Stg. 3:6). Note cómo Raquel le habló impulsivamente a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gén. 30:1) y en cuanto tuvo dos, ¡murió! (Gén. 35:18). Por otro lado, Abigail se comportó con prudencia y recibió honra. Si el respeto no prevalece con él, el enojo tampoco. Por eso es que el marido y la esposa deberían acordar que nunca se levantarán la voz uno al otro.

B. De hecho.
1) Ella obedece sus instrucciones y sus restricciones. Sara obedeció a Abraham y ella es un ejemplo digno (1 Ped. 3:6). Él le dijo: “Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes” (Gén. 18:6) y ella lo hizo inmediatamente. La esposa está obligada a obedecer a su marido con sinceridad en todo lo que no sea contrario a la voluntad revelada de Dios y, aun en este caso, debe negarse respetuosamente. Por ejemplo, ella no puede dar su consentimiento a omitir la lectura bíblica o la oración o a no santificar el Día del Señor, aunque él lo mande enérgicamente. El hogar es el lugar apropiado para ella; ella es su hermosura; allí es donde se desenvuelve y es su seguridad. Sólo una necesidad urgente debe impulsarla a salir. Los pies de la prostituta no moraban en su casa (Prov. 7:11). La esposa debe vivir donde su marido lo juzga mejor. Las esposas deben “amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa [en griego, oikouros, que significa cuidar la casa, trabajar en el hogar, quedándose en casa y atendiendo los asuntos de la familia, Concordancia de Strong], buenas, sujetas a sus maridos” (Tito 2:4, 5).

2) Ella le pide su consejo y escucha sus reconvenciones. Rebeca no mandó a Jacob a su hermano Laban sin consultarle a Isaac (Gén. 27:46). Sara no echó a la sierva Agar sin consultarle a Abraham (Gén. 21:10). La mujer sunamita no iba a recibir al profeta en su casa sin decirle a su marido (2 Rey. 4:10). Su tarea más difícil es escuchar la reconvención con cariño y gratitud, especialmente, si tiene un espíritu orgulloso y contencioso. Pero ella debe recordar que tiene sus faltas y que nadie las ve mejor que su marido. Así que contestarle con dureza por sus reconvenciones muestra una gran ingratitud. Si ella realmente lo respeta, esta será una píldora mucho más fácil de tragar.

3) Ella mantiene una actitud respetuosa y alegre en todo momento. No debe ceder a la irritabilidad o la depresión cuando él está contento, ni estar eufórica cuando él está triste. Debe hacer todo lo posible para que él se complazca en ella. Exprese ella contentamiento con lo que tiene y con su posición, y un temperamento dulce a fin de que él disfrute de estar en casa con ella. Estudie ella cómo le gustan a él sus comidas, sus ropas, su casa y obre conforme a lo que le agrada porque, aun debido a estas pequeñeces, surgen muchas agrias discusiones. Nunca debe permitir que su exceso de confianza con él, genere desdén. El amor de él no debe hacerle olvidar sus deberes, sino aumentar sus esfuerzos. Su cariño no debe disminuir su respeto por él. Es mejor obedecer a un hombre sabio que a uno necio. La mayoría de los maridos se reformarán si sus esposas los respetan adecuadamente. De la misma manera, la sabiduría y el afecto de él se ganan el respeto de la esposa, en la mayoría de los casos.

Algunos harán caso omiso a estos consejos con la excusa de que nadie puede ponerlos por obra, pero esto es una burla a Dios. Él castigará a los tales. Si su venganza no le llega en esta vida, como sucede con frecuencia con los rebeldes, entonces le llegará en la próxima. El cristiano auténtico se caracteriza por un sometimiento fundamental al consejo bíblico; sin estos, somos meros hipócritas.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El cisma y los designios de Dios 1

blog121

¿Cabe el cisma en los propósitos de Dios?
¿Puede Dios desear la división del que se dice su pueblo?

¿Conoces la historia del cisma entre el Reino del Norte (Israel), y el Reino del Sur (Judá)? Abre tu Biblia en el capítulo 11 del Primer Libro de Reyes y aprenderás que después de la muerte de Salomón, Roboam (su sucesor) en lugar de aligerar el yugo que pesaba sobre el pueblo de Dios, lo agravó todavía más. Entonces, Jeroboam, un hombre del norte, levanta en rebeldía a las tribus del norte. Y consuma la división.

Esto ocurría 931 años antes de Jesucristo.

Desde entonces, ante nosotros se plantea una pregunta grave: ¿Permitirá Dios el que su antiguo pueblo sea dividido? Esta pregunta es de un interés angustioso sobre todo si la hacemos a la luz de los acontecimientos que siguieron al cisma. El cisma no fue un éxito completo ni para unos ni para otros, aunque la bendición de Dios se volcó evidentemente sobre el Reino del Sur. El Reino del Norte, Israel, se convirtió en el baluarte de la idolatría. El Reino del Sur sobrevivió en ciertas épocas y bajo ciertos reyes, pero finalmente también sucumbió. El pecado, inherente a la naturaleza humana, hizo su obra en ambos reinos, aunque la fidelidad a Dios se manifestó particularmente en ciertos hombres y períodos de la historia del Reino del Sur.

Tanto para el Norte como para el Sur, la historia termina trágicamente. Lee los libros de Crónicas y Reyes y verás en qué terminó la idolatría y la apostasía de Judá e Israel.

Y nosotros hacemos la pregunta: ¿Quería Dios el cisma?

La respuesta es clara y terminante. Dios mismo nos dice: “Esto lo he hecho yo” (I Reyes 12:24).

Y si todavía esto no fuera suficiente para convencernos, la Biblia misma nos invita a volver al capítulo 11, el anterior, en donde veríamos que, ya en vida de Salomón, Dios había enviado otro profeta, Ahías silonita (I Reyes 11:29 y ss), para predecir el cisma y escoger, anticipadamente, a Jeroboam como rey de las tribus del norte.

Nuestra posición ante el cisma del siglo XVI.
Está, pues, bien claro. Ha sido Dios mismo el que ha querido, preparado y realizado, el cisma en su pueblo. Y ha previsto incluso a aquellos que se opondrían al mismo. Esto nos permitirá poder hablar fraternalmente a todos cuantos hacen del problema de la unidad visible de la Iglesia de Cristo la más angustiosa de las cuestiones religiosas. La preocupación por la unidad del pueblo de Dios es una preocupación santa, siempre que se albergue dentro de una perspectiva equilibrada en la que la verdad sea más importante que la unidad misma. El peligro de desorbitar el problema de la unidad conduce a un falso ecumenismo (tan extendido, desgraciadamente, en nuestros días) que tiende a contagiar a muchas iglesias y personas.

La Biblia enseña otras perspectivas muy diferentes de las que tiene cierto ecumenismo moderno para enjuiciar el problema del cisma y la unidad.

Ciertamente, aunque nada nuevo hay debajo del sol, por otro lado la historia no se repite nunca exactamente igual. No se trata de aplicar, como si fuera una calcomanía, la situación del antiguo Israel a las circunstancias de la Iglesia. Pero sería menospreciar la enseñanza de la Palabra de Dios si no supiésemos ver en el A.T. la norma y el ejemplo para el pueblo de Dios de todas las edades, pues como escribió Pablo, las viejas cosas fueron dichas para nuestra admonición.

Resulta claro que el Primer Libro de Reyes muestra cómo Dios puede querer el cisma y puede efectuarlo por sí mismo. Además, la Biblia enseña que la coyuntura a que es llevado el “cismático”, considerada para algunos como la más grande de las tragedias, puede inspirarse en una necesidad de obediencia y fidelidad a Dios y su Palabra.

Desde luego, no queremos decir con ello que todos los “cismas” han sido queridos por Dios, ni mucho menos. Del mismo modo que no todos los anhelos ecuménicos son según la voluntad de Dios. Tan solo queremos subrayar el hecho de que hay “cismas” y “cismas”. Y por consiguiente, los hay que son deseados y efectuados por Dios.

Enjuiciando la Reforma del siglo XVI, la cual produjo un cisma en la Iglesia visible, hay quien le reprocha el no haber podido alcanzar a toda la comunidad nominal de la cristiandad. Por consiguiente, piensan que puestos a elegir entre reformar a una parte solamente de la Iglesia (a expensas de su unidad visible) o guardar esta unidad (a expensas de dejar a la Iglesia sin reformar), era mejor optar por lo segundo. En otras palabras: estas personas consideran la Unidad visible como algo mucho más importante que la fidelidad a la verdad de la Palabra revelada. Pero este concepto entra en pugna con la enseñanza bíblica.

Decir que la Reforma del siglo XVI fue un fracaso porque no logró reformar a toda la cristiandad equivale a decir que Dios también fracasó al provocar el cisma entre Israel y Judá, cisma que tan solo consiguió mantener un destello de fe en el Reino del Sur, y aún no siempre.

Todo aquel que juzga el pasado desde una posición de cómoda crítica se expone a que el pasado lo juzgue a él. Todos estos, católicos o no católicos, que en aras de un mal entendido ecumenismo dicen, o piensan, más o menos: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de la Reforma, ubiésemos sido menos dogmáticos, menos intransigentes, me-nos rigurosos, en suma: ¡menos reformados”. Todos los que piensan así, explícita o implícitamente, ¿qué papel hubieran desempeñado en el siglo XVI? Por más que nos esforcemos, no podemos asignarles otro que el de espectadores, insensibles o sensibles (pero de sensibilidad sentimentaloide e ineficaz), de los autos de fe y serviles aduladores de hombres y doctrinas en los cuales ya no creían sinceramente.  En suma, su papel hubiera sido bien triste y cobarde … Y, por tanto, si actitud hoy, pretendiendo juzgar a la Reforma, olvidando su contexto histórico, y hablando de lo que o no entienden o no aman, en la Biblia se llama fariseísmo.

Ante la Reforma, y ante los reformadores, no podemos decir otra casa que: “Esto viene de Dios”. ¡Ni más ni menos.

Continuará …

José Grau Balcells (1931-2014) Pastor, maestro y escritor prolífico, su legado es el de una vida rica, fructífera, consagrada además de una inmensa labor literaria, gran parte de ella al frente de Ediciones Evangélicas Europeas (EEE).

Los deberes de esposos y esposas 3

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El deber especial del esposo: Amar

El amor es el fundamento de todos los demás deberes para con ella. Todo fluye de esto. Sin amor, cada cumplimiento de un deber para con ella parece difícil. La ternura, el honor y la amabilidad son meros rayos del sol del amor.

1. Las dimensiones del marido piadoso. El amor de un esposo por su esposa es particular a esta relación. Es distinto del amor paternal y de la lascivia animal.

A. La razón de él. Usted está casado con ella y Dios ordena a los esposos que amen a sus esposas. Solamente esto durará para siempre, ya que ella puede perder sus encantos de muchas maneras.

B. La extensión de él. Usted debe amar tanto su cuerpo como su alma. Por lo tanto, debe escoger una esposa que le es atractiva por su físico y por su personalidad y espiritualidad. De otra manera, no le hace justicia a ella.

C. El grado de él. Por sobre el amor hacia todos los demás, incluyendo a sus padres e hijos y, ciertamente, sobre cualquier persona fuera de la familia. “En su amor recréate siempre” (Prov. 5:19).

D. La duración de él. “Siempre” (Prov. 5:19, recién citado), no sólo en público, sino también en privado, no por una semana o un mes o un año, sino hasta la muerte. Su amor debe aumentar diariamente, incluyendo en la vejez. Tuvo usted su hermosura y su fuerza, así que ¿por qué no sus arrugas y enfermedades? La hermosura interior aumenta a medida que la hermosura exterior disminuye. Existen muchas razones bíblicas por las cuales el amor del marido debe ser perpetuo.

2. El patrón para el amor del marido piadoso.

A. El amor de Jesucristo por su iglesia. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25); “…sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (5:29). Aunque no podemos lograr ser iguales a Cristo, esta cualidad de nuestro amor debe ser como la de él. Entonces, ¿cómo ama Jesucristo a su iglesia?

1) Auténticamente, sin hipocresía. Su amor fue tan real e intenso que murió por la iglesia.

2) Libremente, incondicional antes y sin expectativas después. Se dio a sí mismo para limpiar su iglesia, lo cual implica que antes ella no era ninguna belleza. El esposo, por su propio amor, debe generar amor en ella. El amor verdadero se trata más de mejorar el objeto del amor, que de enriquecer el tema.

3) Santamente, sin impureza. Cristo amó a la iglesia “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (5:26). Esto enseña al marido a obrar diligentemente para promover la santificación de su esposa.

4) Grandemente, sin comparación. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Esto es lo que Cristo hizo por su iglesia (Ef. 5:25).

5) Constantemente, sin cambiar. “A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…” (Ef. 5:27). Muchas veces ella ha hecho a un lado a Cristo, no obstante, él sigue amándola. Los esposos deben copiar su ejemplo. Ninguna mala conducta de parte de ella, justifica que la deje de amar.

6) Activamente, sin descuidarla. “…La sustenta y la cuida,…” (Ef. 5:29). Debe hacer lo máximo para llenar las necesidades de ella, ya sea de sustento, de su amistad constante o de su cuidado cuando está enferma.

B. El amor del esposo por él mismo. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (5:28). “…Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo;…” (5:33). Si bien este modo de amar es menor que el amor de Cristo por su iglesia, es más fácil de entender.

1) Tiernamente. Tratamos nuestras propias heridas y angustias con más ternura que nadie. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne,…” (5:29). Las esposas son como vasos de cristal, que se rompen fácilmente si no se las trata con ternura. Las mujeres son más propensas a los temores y las pasiones y los sufrimientos.

2) Alegremente. Nadie está tan listo para ayudarlo a uno como lo está uno mismo. Los mejores amigos a veces fallan, pero usted se ayuda a sí mismo. Así que esté listo para ayudar a su esposa. Si una nube se cierne entre ustedes, disípela con su amor. Usted no seguirá enojado consigo mismo por mucho tiempo. Ne deben necesitar un mediador.

3. La demostración del amor del marido piadoso.

A. De palabra.                                                  1) Le enseña. “…Vivid con ellas sabiamente,…” (1 Ped. 3:7). Ellas deben preguntar “en casa a sus maridos” si desean aprender algo y no hablar en la congregación (1 Cor. 14:35). ¡Ay del esposo a quien le falta la voluntad o la habilidad de enseñar a su esposa! En cualquiera de los dos casos, debe adquirirla. De no ser así, ¡ella probablemente lo maldiga para siempre en el infierno!

2) La reprende. “…el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8), de manera que pase por alto muchas de sus faltas. La espada pierde su filo por el uso constante, lo mismo sucede con la reprensión. No obstante, el amor verdadero, a veces, requiere la reprensión, pero debe hacerse con la mayor sabiduría y ternura imaginable, no delante de extraños, raramente ante la familia, principalmente por pecados, rara vez por otra cosa. Elogie primero y explique después. La reprensión debe ser corta, como una  palmada rápida y leve (es claro que esto es puramente una comparación; el marido jamás debe pegar a su esposa). Si la poción está demasiado caliente, hace más daño que bien. Siga el ejemplo de Job cuando dijo simplemente: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (Job 2:10). La reprensión leve es la que más  posiblemente le impulse a ella a arrepentirse sinceramente (Prov. 25:15).

3) La alienta. Elógiela cuando hace algo bueno. Esto es importante porque le ayudará a ver la sinceridad de su amor cuando tiene que reprenderla y hará que las reprensiones sean más convincentes.

4) La conforta. Especialmente cuando está sufriendo emocional o físicamente. Por los tiernos razonamientos de Elcana con Ana, ella volvió a comer (1 Sam. 1:8, 9). Las palabras gentiles de un esposo, son como medicina para su esposa. No la subestime.

B. De hecho.
1) Le provee el sustento. Es principalmente deber del esposo proveer sustento para su esposa (Éxo. 21:10). Ella debe ayudar hasta donde puede. El “honor” que debe darle el marido a su esposa como el vaso más frágil, bien puede referirse a su mantenimiento (1 Ped. 3:7; Mat. 15:6; 1 Tim. 5:3). Debe proporcionarle sustento, no sólo en vida de él, sino también para cuando él haya partido, como lo hizo Cristo en relación con su iglesia. Si puede, debe darle un monto para que maneje a su gusto, a fin de que ella pueda hacer caridad y animar a los siervos e hijos en el cumplimiento de sus obligaciones.

2) Le demuestra gran ternura. Esto se expresa especialmente en protegerla de peligros, tentaciones, daños, reproches, desprecios y su comprensión en los momentos de dificultades.

3) Le es un buen ejemplo. Por lo general, las esposas siguen a sus maridos al infierno o al cielo. El ejemplo de él es de más influencia de lo que él cree. Salomón lo llama “al compañero (guía) de su juventud (de ella)” (Prov. 2:17). Por lo tanto, establezca pautas de piedad, seriedad, caridad, sabiduría y bondad. Ella aprenderá a orar al escuchar sus oraciones. Su vida será una regla o una ley para la de ella.

4) Le concede pedidos razonables. Recuerde que David le otorgó a Betsabé el pedido que le hizo de que su hijo ocupara el trono (1 Rey. 1:15- 31), Isaac le otorgó a Rebeca su pedido de una esposa piadosa para Jacob (Gén. 27:46; 28:1) y Jesucristo otorga pedidos razonables a su iglesia. El esposo debe estar anticipando los pedidos de ella y otorgárselos antes de  que los pida. Él debe buscar su consejo, como lo hicieron Elcana y
Abraham (1 Sam. 1:23; Gén. 21:12) y ceder cuando ella tiene razón.

5) Confía en ella en cuestiones domésticas. “El corazón de su marido está en ella confiado” (Prov. 31:11), especialmente si tiene el criterio suficiente que necesita tener para manejar los asuntos del hogar. El esposo tiene cosas más importantes que hacer que mandar a los sirvientes de la casa. Ella quizá le consulte ocasionalmente a él, a fin de que si las cosas no salen bien, ella no tenga la culpa. Pero, por lo general, él debe moverse en una esfera fuera de la casa y ella en la de ella, dentro del hogar. Él debe traer la miel y ella debe trabajarla en el panal.

6) Ejerce autoridad para con ella. El omnisciente Dios invistió al primer esposo con esa autoridad (Gén. 2:23) y no se la quitó en su caída (Gén. 3:16). La luz de la naturaleza y del evangelio lo requieren (Ester 1:22; 1 Cor. 11:3). Sólo las mujeres orgullosas e ignorantes lo cuestionan. Pero el esposo debe usarla:

a. Sabiamente. Puede mantener su autoridad únicamente por medio de una conducta realmente espiritual, seria y varonil. Le será difícil a ella reverenciarlo, si él no reverencia a Dios. Si él es superficial o afeminado, la perderá.

b. Gentilmente. Recuerde que aunque su posición es superior, sus almas son iguales. Ella es su compañera, por lo tanto, no puede ejercer dominio sobre ella como un rey lo hace con sus vasallos, sino como la cabeza lo hace con su cuerpo. Eva no fue formada de la cabeza ni del pie de Adán, sino de su costado, cerca de su corazón. Su actitud debe ser amistosa, sus palabras dulces, sus órdenes escasas y respetuosas y sus reprensiones gentiles (Col. 3:16). No piense que el modo de mantener a una esposa bajo su autoridad
es por intimidarla. Si la mansedumbre de la sabiduría no prevalece con ella, entonces ha fracasado usted en este mundo y ella en el mundo venidero.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 4

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Las palabras de Pablo: “Dios […] pagará a cada uno conforme a sus obras” (Ro. 2:5,6) y “porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo […) de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:10,12), claramente enfocan la responsabilidad individual a la que se da prioridad en el Nuevo Testamento. Estos pasajes deben ser vistos como la unificada enseñanza de las Escrituras, empezando por Moisés (Dt. 24:16), continuando con los profetas (Jer. 31:29,30; Ez. 18:1-4,14-16,18-20; Dn. 9:4, 5,7-9), y culminando con las enseñanzas de Jesús (Jn. 8:11; 9:1-3).

Moisés había tratado de corregir el paganismo de sus días, pero para el tiempo de los profetas el pueblo había vuelto a sus caminos paganos. Los profetas también trataron de corregirlo, pero para el tiempo de Jesús el pueblo había vuelto a caer en el pensamiento pagano.

La iglesia tiene hoy el testimonio de Moisés, de los profetas, de Jesús, y de los apóstoles, juntamente con el Nuevo Testamento, la plenitud del Espíritu y sus dones, incluido el de discernimiento. No obstante, un gran porcentaje de la iglesia cristiana está cayendo en el evangelio metafísico y pagano de la nueva era.

La iglesia en el siglo XXI debe afirmar la suficiencia del sacrificio de Cristo tan inequívocamente como lo hizo al principio. Pablo declaró, sin temor a contradicción: “A vosotros, estando muertos en pecado y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente [la referencia es a los espectáculos romanos en que los emperadores y generales que ganaban una guerra marchaban por las calles de Roma con el botín y los prisioneros conquistados para mostrar, tanto al ciudadano como al enemigo, el poder del Imperio], triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:13-15). Ver también: Gálatas 3:13; 1 Corintios 6:9-10; Romanos 3:23-24.

¿Qué podemos aprender del roce con esta herejía?

1. Las Escrituras son la única lámpara a nuestros pies y luz a nuestro sendero en que podemos confiar.

2. Las palabras del hombre solo pueden llevarnos de vuelta a la esclavitud: por ejemplo, el temor. Tenemos que obtener todo el consejo de Dios en las Escrituras, en vez de seguir la última decadencia teológica.

3. El hombre caído siempre busca soluciones rápidas. Casi ninguno de los problemas encarados por las ceremonias de maldición generacional puede ser echado fuera o atado. Los problemas de conducta tienen que ser tratados en nuestro andar de discipulado. Necesitamos diariamente tomar nuestra cruz, considerarnos muertos al pecado y vivos a Dios en Cristo, traer a sujeción nuestro cuerpo, llevar cautivo cada pensamiento a la obediencia de Cristo, y renovar nuestra mente por la Palabra de Dios. Un exorcismo “a la volada” de nuestras imperfecciones de carácter nos dejará decepcionados porque despertaremos el próximo día para descubrir que todavía tenemos esas imperfecciones. Jesús no nos ha llamado a una versión de método fácil del cristianismo. Él nos ha llamado al discipulado, a diariamente seguir al Maestro, sometiéndonos a su señorío, aprendiendo de él, para llegar a ser más como él.

1. Sirve para recordarnos el poder y la suficiencia de la sangre de Cristo.

2. Porque la maldición generacional nos ha llevado a retornar a la Biblia para reevaluar su mensaje, de nuevo se nos recuerda que nuestras obras tienen consecuencias, y que nuestra vida tiene un poderoso impacto en nuestros hijos, para bien o para mal. Por la manera en que viven algunos creyentes, es como dice el profeta Oseas: “Porque sembraron vientos, y segarán torbellinos” (Os. 8:7). Mucha gente en nuestras iglesias necesita de un verdadero arrepentimiento bíblico, una transformación, y el poder del Espíritu para que vivamos en forma ejemplar conforme al llamado de Dios. Las palabras de Pablo claramente muestran que cualquier deuda de pecado que hayamos acumulado fue efectivamente cancelada gracias a la muerte vicaria o sustitutiva de Jesús. Además, Pablo afirma que los poderes y principados que nos tenían esclavizados en el pecado no solo fueron vencidos y desarmados, sino también totalmente humillados. La muerte de Cristo ofrece tanto el perdón de pecados como la liberación de la opresión, y la posesión demoníaca a quienes se apropian de este sacrificio. Conclusión: Las Escrituras nos enseñan que el sacrificio de Cristo es suficiente y completo para el perdón de nuestros pecados, que no estamos atados a los pecados de nuestros padres, cada quién es responsable de su propia vida y obras delante de Dios de forma individual. No necesitamos ceremonias ni ritos de exorcismo para ser libres. “Así que, sí el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36).

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

Los deberes de esposos y esposas 2

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Deberes que corresponden a ambos por igual

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24) y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de (tu) padre” (Sal. 45:10). Él tiene que “vivir con” su esposa (1 Ped. 3:7) y ella que “no se separe de su marido”, aunque éste sea inconverso (1 Cor. 7:10). Los otros deberes del matrimonio  requieren vivir juntos, teniendo relaciones sexuales regularmente, las cuales cada uno le debe al otro (1 Cor. 7:3-5). El A.T. prohíbe que los esposos vayan a la guerra durante su primer año de matrimonio (Deut. 24:5). Esto muestra la importancia de vivir juntos.

2. Amándose el uno al otro. Éste es un deber tanto del esposo (Col. 3:19) como de la esposa (Tito 2:4). El amor es la gran razón y el consuelo del matrimonio. Este amor no es meramente romance, sino afecto y cuidado auténtico y constante y “entrañablemente de corazón puro” (1 Ped. 1:22) el uno por el otro. El amor matrimonial no puede basarse en belleza o riqueza, pues éstas son pasajeras y ni siquiera en la piedad, pues ésta puede menguar. Tiene que basarse en el mandato de Dios que nunca cambia. El voto matrimonial es “para bien o para mal” y los casados deben considerar a sus cónyuges como lo mejor en este mundo para ellos. El amor matrimonial tiene que ser duradero, perdurando aun después de que la muerte haya roto el vínculo (Prov. 31:12). Este amor de corazón puro produce, como consecuencia, el contentamiento y consuelo. Guarda contra el adulterio y los celos. Previene o reduce los problemas familiares. Sin él,el matrimonio es como un hueso dislocado. Duele hasta que vuelve a encajarse en su lugar.

3. Siendo fieles el uno al otro. Cada varón debe tener (sexualmente) su propia esposa y cada esposa, su propio marido (1 Cor. 7:2) y sólo los suyos propios. Imiten al primer Adán, quien tuvo sólo una esposa y al segundo Adán, quien tiene una sola iglesia. El pacto matrimonial los enlaza a ustedes a sus propios cónyuges: Los más queridos, dulces y mejores del mundo. La infidelidad más pequeña, aun en el corazón, puede llevar a un adulterio en toda la extensión de la palabra. Sin arrepentimiento, el adulterio destruye la felicidad terrenal, al igual que la expectativa razonable del cielo. Casi disuelve el matrimonio y, en el A.T., era un crimen sancionado con la pena de muerte (Deut. 22:22). Cuídense para evitar las tentaciones de este pecado. El hombre que no se satisface con una mujer, nunca se satisfará con muchas porque este pecado no tiene límites. La fidelidad también incluye guardar el uno, los secretos del otro. Estos no deben revelarse, a menos que exista una obligación mayor. Contar los secretos del cónyuge es malo cuando sucede por accidente, peor cuando es el resultado de un enojo y peor todavía cuando es motivado por el odio.

4. Ayudándose el uno al otro. La esposa ha de ser “ayuda idónea” para su esposo (Gén. 2:18), lo cual implica que ambos deben ayudarse mutuamente. Deben compartir estas cosas:

A. Su trabajo. Si ella trabaja en casa y él trabaja fuera, el trabajo de ambos será más fácil. Para motivación, preste él atención a todo el libro de Proverbios y ella, especialmente, al último capítulo.

B. Sus cruces. Aunque los recién casados esperan que el matrimonio sea sólo placer, las dificultades de seguro llegarán (1 Cor. 7:28). Quizás tengan que enfrentar la pérdida de bienes mundanales, daño a sus hijos, aflicciones causadas por amigos, tanto como por enemigos. Cada cónyuge tiene que ser un amigo para el otro, venga lo que venga.

C. Su consagración a Cristo. Vivan como herederos “juntamente de la gracia de la vida” (1 Ped. 3:7). La meta más alta del matrimonio es promover la felicidad eterna mutua. En esto, la cooperación es muy importante. Los conocimientos de él, deben ayudar a vencer la ignorancia de ella y el fervor de ella, el desaliento de él. Cuando el esposo está en casa, debe instruir y orar con su familia y santificar el Día de reposo pero, en su ausencia, ella debe atender estas cuestiones.

5. Siendo pacientes el uno con el otro. Este deber es hacia todos, pero especialmente, hacia nuestro cónyuge (Ef. 4:31, 32). ¡En el matrimonio hay muchas tentaciones para impacientarse! Perder los estribos causa guerras civiles en casa y nade bueno viene de ello. Ambos necesitan un espíritu humilde y quieto. Aprendan a estar en paz consigo mismos para mantener la paz. Retírense hasta que la tormenta haya pasado. Ustedes no
son dos ángeles casados, sino dos hijos pecadores de Adán. Disimulen las faltas menores y tengan cuidado al confrontar las mayores. Reconozcan mutuamente sus propios pecados y confiésenlos todos a Dios. Cedan el uno al otro en lugar de ceder al diablo (Ef. 4:27).

6. Salvando el uno al otro. 1 Corintios 7:16 insinúa que nuestro gran deber es promover la salvación de nuestro cónyuge. ¿De qué sirve disfrutar del matrimonio ahora y luego irse al infierno juntos? Si uno deja que su cónyuge vaya a condenación ¿dónde está su amor? Ambos deben inquirir sobre el estado espiritual del otro y usar los medios debidos para mejorarlo. Crisóstomo dijo: “Vayan los dos a la iglesia y luego dialoguen juntos sobre el sermón”. Si los dos ya son cristianos, entonces han de hacer lo que pueden para ayudarse mutuamente a llegar a ser santos más perfectos. Hablen con frecuencia de Dios y de cosas espirituales. Sean compañeros peregrinos a la Ciudad Celestial.

7. Manteniendo relaciones sexuales matrimoniales con regularidad, pero  moderadas. “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb.13:4. La relación sexual en el matrimonio ha sido diseñada para remediar los afectos impuros, no excitarlos. No pueden ustedes realizar con su cónyuge cada necedad sexual que se les ocurra, por el mero hecho de estar casados. Ser dueños de un vino, no les da permiso para emborracharse. Sean moderados y sensatos. Por ejemplo, pueden abstenerse por un tiempo para dedicarse a la oración (1 Cor. 7:5). Aun en las relaciones matrimoniales tenemos que demostrar reverencia a Dios y respeto mutuo. El amor auténtico no se comporta groseramente.

8. Cuidando el uno los intereses del otro, en todas las cosas. Ayúdense a mantener una buena salud y estén enfermos juntos, por lo menos en espíritu. El uno no debe ser rico, mientras el otro sufre necesidad. Promueva cada uno, la buena reputación de su cónyuge. El esposo, naturalmente y con razón, se interesa por las cosas que son del mundo, cómo puede agradar a su esposa y la esposa hace lo mismo (1 Cor. 7:33, 34). Esto da honor a su fe, consuelo a sus vidas y una bendición en todo lo que tienen. Deben ser amigos íntimos, riendo y llorando juntos, siendo la muerte, lo único que separa sus intereses.

9. Orando el uno por el otro. Pedro advierte qué hacer para que “vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Ped. 3:7), lo que sugiere es que deben orar el uno por el otro y juntos. “Oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril” (Gén. 25:21). Tenemos que orar por todos, pero, especialmente, por nuestro cónyuge. El amor más puro se expresa en la oración sincera y la oración preserva el amor. Procuren tener momentos de oración juntos. El Sr. Bolton oraba todos los días dos veces en privado, dos veces con su esposa y dos veces con su familia. La oración eleva al matrimonio cristiano por encima de los matrimonios paganos y de la cohabitación de los animales.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

El mito de las maldiciones generacionales 3

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Herejías en la enseñanza de la maldición generacional

¿Qué daño hace tomar livianamente las Escrituras y decir algunas oraciones extras? He aquí una lista incompleta de los efectos perjudiciales de la maldición generacional.

1. Niega la suficiencia de las Escrituras y requiere que se añadan a la Palabra de Dios pruebas, rituales, y fórmulas generadas por el hombre (cf. 2 Ti. 3:15-17; 2 P. 1:3-8).

2. Niega la perfecta obra de Cristo en la Cruz.

3. Tergiversa el evangelio de Cristo (cf.Gá.1:6-9)

4. Niega la enseñanza bíblica de la responsabilidad personal. La popularidad de la doctrina de las maldiciones generacionales se centra en la corriente de la psicología moderna, se rehúsa a aceptar responsabilidad por sus propias faltas y pecados. Los cristianos, en muchos casos, nos negamos a aceptar la verdad bíblica de que somos tentados de nuestra propia concupiscencia y ni aun el diablo puede obligarnos a pecar (Stg. 1:14). Hoy la Iglesia, en gran parte, colabora en el plan de victimización de la sociedad moderna. Todo el mundo es una víctima, ya sea de las circunstancias, de nuestros padres, del ambiente, de la herencia genética, de la sociedad, etc., y si bien en algunos casos puede haber una medida de verdad en esto, la tendencia general consiste en pensar que nadie es responsable por su propia conducta. Esto no es verdad, de lo contrario la Escritura nos ha mentido en un sin número de pasajes que nos exhortan a una conducta santa, y nos advierten que vamos a dar cuenta ante el Tribunal de Cristo. Dios no cree en el dicho: “El Diablo me hizo hacerlo“.

1. Nos acerca un paso más al paganismo de la nueva era del que fuimos llamados.

2. Pone exagerado énfasis en la obra del hombre, y da vueltas a la idea de una relación con Dios basada en las obras.

Las Escrituras nos enseñan que cada persona es responsable de sus propios pecados y que ninguno pagará por los pecados de sus padres

Jeremías, contemporáneo de Ezequiel, habló a los judíos en Jerusalén: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jer. 31:29,30).

Estos pasajes son claros. En efecto, este es el principio de que las Escrituras se interpretan a sí mismas: los pasajes difíciles deben ser interpretados a la luz de pasajes más claros, como estos de Ezequiel y Jeremías.

Es importante notar que no todos los judíos en esos tiempos trataban de culpar a los demás. Aun-que tuvo las mismas pruebas del cautiverio en Babilonia, el profeta Daniel mostró una actitud opuesta a sus contemporáneos en Judá y Babilonia. En vez de culpar por su destino a sus antecesores, como hacía el público oyente de Jeremías y Ezequiel, él aceptó su propia responsabilidad personal y la de sus contemporáneos por el juicio que había caído sobre ellos. Escribió: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas […]. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Dn. 9:4, 5,7-9).

En la oración de Daniel, no se menciona que la razón del exilio sea por los pecados de los padres. Esto es aun más asombroso si recordamos que Daniel era consciente de que, por generaciones, Dios había enviado profetas para advertir a Israel de ese juicio si no se arrepentían.

En el tiempo de Jesús, los judíos habían olvidado otra vez las correcciones del paganismo expresadas por Moisés y los profetas. Jesús encaró los mismos asuntos. En Juan 9:1-3 leemos: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Aunque los discípulos tenían el antiguo punto de vista pagano de que la culpa y el pecado podrían ser heredados, Jesús enfatizó la gloria y la gracia de Dios.

Jesús también afirmó: “Vete, y no peques más” (Jn. 8:11). Las palabras de Jesús sugieren que el perdón de Dios basta para alcanzar un grado tal de transformación espiritual que produzca un cambio de vida. Jesús creía que la mujer a quien acababa de perdonar era libre de escoger si permanecería en el pecado o se apartaría de él. No se hace ninguna referencia a la necesidad de una oración adicional, una ceremonia, o una fórmula de renunciación para complementar la oferta de la gracia y el perdón de Dios.

Continuará …

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Esta investigación fue realizada y editada por el Dr. Jesús María Yépez, médico cirujano, doctor en Teología, pastor, y profesor de Biblia y Teología en el Seminario Teológico Alfa y Omega. Puerto Ordaz, Venezuela.

 

Los deberes de esposos y esposas 1

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El matrimonio es el fundamento de toda la sociedad. Por lo tanto, este tema es muy importante. Explicar a ustedes los deberes conyugales es mucho más fácil que convencerlos a cumplirlos en la práctica. Ajusten su voluntad a las Escrituras, no viceversa. Hagan suyo Efesios 5:33.

1. La conexión. 

“Empero” es una transición de la realidad de la relación de Cristo con la iglesia. Significa que a pesar de ser un ideal inalcanzable, deben tratar de alcanzarlo o que, por ser un noble ejemplo, deben imitarlo en su relación con su cónyuge.

2. La directiva.

A. La obligación universal de ella. “Cada uno… de vosotros”, no importa lo bueno que sean ustedes o lo malo que sean sus cónyuges. Todos los maridos tienen derecho al respeto de sus esposas, sean ellos sabios o necios, inteligentes o lentos, habilidosos o torpes. Todas las esposas tienen derecho al amor de sus esposos, sean hermosas o feas, ricas o pobres, sumisas o rebeldes.

B. La aplicación particular de ella. “De por sí”, cada uno, cada esposo y esposa debe aplicar esto a su propio caso en particular.

3. Resumen de los deberes.

A. El deber de cada esposo. Amar a su esposa. Éste no es el único deber, pero incluye a todos los demás. Debe amarla como a sí mismo. Esto es cómo (la Regla de Oro) y por qué ha de amarla (porque ambos son en realidad uno, amarla dará como resultado bendiciones para él).

B. El deber de cada esposa. Temer (griego) o reverenciar (RV 1909) o respetar (RV 1960) a su marido, por su persona y por su posición. Esto incluye necesariamente amor porque si ella lo ama, tratará de agradarle y evitar ofenderlo.

Doctrina: Cada esposo debe amar a su esposa como a sí mismo y cada esposa debe respetar a su esposo.

Recuerden que éste es el consejo de su Creador, articulado claramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y, tanto por Pablo, el apóstol a los gentiles (Ef. 5:23ss; Col. 3:18ss) como por Pedro, el apóstol a los judíos (1 Ped. 3:1ss). Estos dos deberes (marido-amor, esposa-respeto) no son exhaustivos, pero se mencionan particularmente, ya sea porque son las fallas más comunes de cada uno o porque incluyen a todos los demás deberes. Otra explicación es que respeto, es lo que los maridos más necesitan y amor, lo que las esposas más necesitan de sus cónyuges (Doug Wilson). Dios los aconseja, no sólo a fin de que tengamos vida eterna, sino para que seamos confortados aquí y ahora. El matrimonio piadoso es un pedacito de cielo sobre la tierra. Repasar estos deberes tiene que humillarnos por nuestros fracasos pasados y retarnos a mejorar en el futuro.

Continuará …

Disponible en forma de tratado. Una versión moderna condensada y parafraseada por D. Scott Meadows, el pastor de Calvary Baptist Church, una congregación Reformada Bautista en Exeter, New Hampshire.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador y escritor puritano; echado de su púlpito por el Acto de Uniformidad en 1662 y después por “The Five Mile Act”, nunca cesó de proclamar oralmente las riquezas de Cristo. Recordado como “un hombre muy valioso y útil, un buen erudito, un estudioso y excelente predicador”. Nació en Barthomley, Cheshire, Inglaterra.

Culto familiar 2

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Un antiguo escritor bien dijo: “Una familia sin oración es como una casa sin techo, abierta y expuesta a todas las tormentas del cielo”. Todas nuestras comodidades domésticas y las misericordias temporales que tenemos proceden del amor y la bondad del Señor, y lo mejor que podemos hacer para corresponderle es reconocer con agradecimiento, juntos, su bondad para con nosotros como familia. Las excusas para no cumplir este sagrado deber son inútiles y carecen de valor. ¿De qué nos valdrá decir, cuando rindamos cuentas ante Dios por la mayordomía de nuestra familia, que no
teníamos tiempo ya que trabajábamos sin parar desde la mañana hasta la noche? Cuanto más urgentes son nuestros deberes temporales, más grande es nuestra necesidad de buscar socorro espiritual. Tampoco sirve que el cristiano alegue que no es competente para realizar semejante tarea: Los dones y talentos se desarrollan con el uso y no con descuidarlos.

El culto familiar debe realizarse reverente, sincera y sencillamente. Es entonces que los pequeños recibirán sus primeras impresiones y formarán sus primeros conceptos del Señor Dios. Debe tenerse sumo cuidado a fin de no darles una idea falsa de la Persona Divina. Con este fin, debe mantenerse un equilibrio entre comunicar su trascendencia y su inmanencia, su santidad y su misericordia, su poder y su ternura, su justicia y su gracia. La adoración debe empezar con unas pocas palabras de oración invocando la presencia y bendición de Dios. Debe seguirle un corto pasaje de su Palabra, con breves comentarios sobre el mismo. Pueden cantarse dos o tres estrofas de un salmo y luego concluir con una oración en que se encomienda a la familia a las manos de Dios. Aunque no podamos orar con elocuencia, hemos de hacerlo de todo corazón. Las oraciones que prevalecen son generalmente breves. Cuídese de no cansar a los pequeñitos.

Los beneficios y las bendiciones del culto familiar son incalculables. Primero, el culto familiar evita muchos pecados. Maravilla el alma, comunica un sentido de la majestad y autoridad de Dios, presenta verdades solemnes a la mente, brinda beneficios de Dios sobre el hogar. La devoción personal en el hogar es un medio muy influyente, bajo Dios, para comunicar devoción a los pequeños. Los niños son mayormente criaturas que imitan, a quienes les encanta copiar lo que ven en los demás. “El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos, para que lo sepa la generación venidera, los hijos que nacerán, y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos. A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos” (Sal. 78:5-7). ¿Cuánto de la terrible condición moral y espiritual de las masas en la actualidad puede adjudicarse al descuido de este deber por parte de los padres de familia? ¿Cómo pueden los que descuidan la adoración a Dios en su familia pretender hallar paz y bienestar en el seno de su hogar? La oración cotidiana en el hogar es un medio bendito de gracia para disipar esas pasiones dolorosas a las cuales está sujeta nuestra naturaleza común. Por último, la oración familiar nos premia con la presencia y la bendición del Señor. Contamos con una promesa de su presencia que se aplica muy apropiadamente a este deber:

Vea Mateo 18:19, 20. Muchos han descubierto en el culto familiar aquella ayuda y comunión con Dios que anhelaban y que no habían logrado en la oración privada.
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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Culto familiar 1

Blog118

Existen algunas ordenanzas exteriores y medios de gracia exteriores claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero en la práctica tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio y es así cómo se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para hacer evidente si los cristianos descuidan un deber claramente implícito por el hecho de no poder cumplirlo. Así, se descubre más del verdadero estado de nuestra mente y se hace manifiesto si tenemos o no, un amor ardiente por Dios y por servirle. Esto se aplica tanto a la adoración pública como a la familiar. No obstante, no es difícil dar pruebas de la obligación de ser devotos en el hogar.

Considere primero el ejemplo de Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios. Fue por su devoción a Dios en su hogar que recibió la bendición de: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Gén. 18:19). El patriarca es elogiado aquí por instruir a sus hijos y siervos en el más importante de los deberes, “el Camino del Señor”; la verdad acerca de su gloriosa persona, su derecho indiscutible sobre nosotros, lo que requiere de nosotros. Note bien las palabras “que mandará”, es decir que usaría la autoridad que Dios le había dado como padre y cabeza de su hogar para hacer cumplir en él, los deberes relacionados con la devoción a Dios. Abraham también oraba a la vez que enseñaba a su familia: Dondequiera que levantaba su tienda, edificaba “allí un altar a Jehová” (Gén. 12:7; 13:4). Ahora bien, mis lectores, preguntémonos: ¿Somos “linaje de Abraham” (Gál. 3:29) si no em>“hacéis las obras de Abraham” (Juan 8:39) y descuidamos el serio deber del culto familiar? El ejemplo de otros hombres santos es similar al de Abraham. Considere la devoción que refleja la determinación de Josué quien declaró a Israel: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). No dejó que la posición exaltada que ocupaba ni las obligaciones públicas que lo presionaban, lo distrajeran de procurar el bienestar de su familia. También, cuando David llevó el arca de Dios a Jerusalén con gozo y gratitud, después de cumplir sus obligaciones públicas, “volvió para bendecir su casa” (2 Sam. 6:20). Además de estos importantes ejemplos, podemos citar los casos de Job (1:5) y Daniel (6:10). Limitándonos a sólo uno en el Nuevo Testamento pensamos en la historia de Timoteo, quien se crió en un hogar piadoso. Pablo le hizo recordar la “fe no fingida” que había en él y agregó: “…la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice,…”. ¡Con razón pudo decir enseguida: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras” (2 Tim. 3:15)!

Por otra parte, podemos observar las terribles amenazas pronunciadas contra los que descuidan este deber. Nos preguntamos cuántos de nuestros lectores han reflexionado seriamente sobre estas palabras impresionantes: “¡Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu Nombre!” (Jer. 10:25). Qué tremendamente serio es saber que las familias que no oran son consideradas aquí iguales a los paganos que no conocen al Señor. ¿Esto nos sorprende? Pues, hay muchas familias paganas que se juntan para adorar a sus dioses falsos. ¿Y no es esto causa de vergüenza para los cristianos profesos? Observe también que Jeremías 10:25 registra imprecaciones terribles sobre ambas clases por igual: “Derrama tu enojo sobre…”. Con cuánta claridad nos hablan estas palabras. No basta que oremos como individuos privadamente en nuestra cámara; se requiere que también honremos a Dios. Dos veces cada día como mínimo, –de mañana y de noche— toda la familia debe reunirse para arrodillarse ante el Señor —padres e hijos, amo y siervo— para confesar sus pecados, para agradecer las misericordias de Dios, para buscar su ayuda y su bendición. No debemos dejar que nada interfiera con este deber: Todos los demás quehaceres domésticos deben supeditarse a él. La cabeza del hogar es el que debe dirigir el momento devocional, pero si está ausente o gravemente enfermo, o es inconverso, entonces la esposa tomará su lugar. Bajo ningún concepto ha de omitirse el culto familiar. Si queremos disfrutar de las bendiciones de Dios sobre nuestra familia, entonces reúnanse sus integrantes diariamente para alabar y orar al Señor. “Honraré a los que me honren” es su promesa.

Continuará …

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A. W. Pink (1886-1952): Pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures  y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

Las bendiciones espirituales y el evangelio de la prosperidad

Blog117

Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar”

En Efesios 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales“. Esta es una declaración que debe ser resaltada en esta época tan materialista en que nos ha tocado vivir. Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar.

Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos —dicen algunos— debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio […] de la prosperidad —ha dicho Warren Wiersbe— trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.

Pero lo cierto es que nuestro bendito Salvador no murió en una cruz para darnos riqueza, salud y una vida cómoda y placentera en esta vida terrenal, sino para hacernos santos y luego llevarnos a su presencia para participar de su gloria. Los cristianos vivimos en este mundo, y por lo tanto, disfrutamos de los bienes terrenales que Dios derrama sobre todos los hombres. Pero no debemos olvidar que son bienes temporales.

“Nada hemos traído a este mundo —dice Pablo en 1 Timoteo 6:7— y sin duda nada podremos sacar”. Cuando concluya nuestro tiempo aquí dejaremos atrás todas esas cosas. Eso es lo que el hombre incrédulo parece ignorar. Vive para las cosas de este mundo como si eso fuera todo, y de ese modo desprecia las verdaderas riquezas.

Pero los creyentes somos distintos. Aunque vivimos en este mundo, y disfrutamos de las mismas cosas lícitas que los demás, vivimos con la conciencia de ser ciudadanos del Cielo, y que como tales gozamos de enormes privilegios que no todos los hombres poseen. Y es acerca de esos privilegios que Pablo está hablando en este pasaje de Efesios 1.

Por el momento vivimos en este mundo, pero realmente pertenecemos a otro lugar. Y aunque nos es lícito disfrutar de las bendiciones temporales que Dios derrama sobre todos los hombres, en ningún momento debemos olvidar que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (1P 2:11).

“Nuestra ciudadanía está en los cielos”, dice Pablo en Filipenses 3:20, y nos da derecho a grandes privilegios. Hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. No con algunas, sino con todas. Somos ciudadanos del Cielo con todos los derechos que esa ciudadanía encierra. No hay ciudadanos de segunda clase aquí.
Nos relacionamos con Dios como nuestro Padre, podemos entrar cuantas veces queramos al trono de la gracia, tenemos el poder de Dios obrando a nuestro favor, sabemos que él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al Cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él.

Por eso no importa si tenemos poco o mucho de los bienes de este mundo; si somos creyentes genuinos, nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo.
Sugel Michelén
Todo Pensamiento Cautivo

¿Quién es el Espíritu Santo 4?

Blog116D

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

Juan 16:7, 12-15

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré… Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. Este texto es muy parecido al anterior; también contiene una promesa que, sin duda, incluye la inspiración por parte del Espíritu Santo de aquellos de los apóstoles que serían autores de documentos canónicos.

Hechos 1:15-16, 20

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús… Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella”. Aquí el apóstol Pedro dice claramente que lo que había escrito David en el Salmo 69:25 en realidad era lo que el Espíritu Santo había dicho “por boca de David.” Nuevamente vemos el importantísimo papel del Espíritu Santo en la inspiración de un autor humano de parte de la Palabra de Dios.

1 Corintios 2:6-13

Sin citar todo este pasaje, baste que se diga que al hablar el apóstol Pablo de las cosas que Dios había revelado, afirma lo siguiente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (vv. 10, 11 b). Una vez más, en la transmisión de aquello que Dios quiso revelar al hombre, el principal agente inspirador fue el Espíritu Santo.

2 Timoteo 3:15-17

“Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden haber sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es cierto que este texto no menciona —de forma explícita— a la persona del Espíritu Santo. Sin embargo, sí usa la palabra griega theópneustos, “Dios espirado”, cuya segunda parte parece estar estrechamente relacionada con el Espíritu Santo. Esto sería de esperar a la luz del resto de la evidencia del papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores de los documentos canónicos.

Hebreos 3:7-11

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto…”.En este caso es el autor de Hebreos quien atribuye palabras del Salmo 95 (un salmo técnicamente anónimo) al Espíritu Santo: “Como dice el Espíritu Santo…”. Para el autor de Hebreos, el Espíritu Santo era tan autor del Salmo 95 como quienquiera que fuese su autor humano.

1 Pedro 1:10-11

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”.
Este interesantísimo texto enseña, por implicación clara, tres cosas sobre la estrecha relación entre el Espíritu Santo y los profetas del Señor: 1. El Espíritu Santo estaba en los profetas; 2. El Espíritu Santo apuntaba hacia una persona y un tiempo determinados; 3. El Espíritu Santo “anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.” Otra vez, vemos el decisivo papel del Espíritu Santo en la inspiración de los autores humanos de la Palabra de Dios.

2 Pedro 1:20-21

“Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Pese a la palabra “interpretación” aquí, que podría despistar, y que, de hecho, lo ha hecho en más de una ocasión, el tema de este texto en su contexto no es tanto la interpretación de las Escrituras como su origen; ese origen no fue humano, sino divino —sí, “hablaron”— y escribieron “santos hombres de Dios”, pero “siendo [estos] inspirados por el Espíritu Santo”, llevados por él como un velero por el viento.

Conclusiones

Este es otro aspecto del multiforme ministerio del Espíritu Santo del que se habla poco. ¿Cuándo fue la última vez que oíste una predicación o un estudio bíblico sobre el vital papel del Espíritu Santo en la inspiración tanto de los autores humanos de la Palabra de Dios como de las palabras escritas por ellos?

Según la Biblia:

1. La inspiración de los libros que componen la Biblia se atribuye no tanto al Padre, ni al Hijo, sino de manera especial al Espíritu Santo;

2. Todo lo que escribieron los autores humanos de los libros de la Biblia, también lo inspiró el Espíritu Santo;

3. Todo lo que dice la Biblia, lo dice también el Espíritu Santo;

4. De esa inspiración del Espíritu Santo los libros de la Biblia recibieron su carácter infalible;

5. Pero nada de todo esto en absoluto cuestiona, niega o anula la humanidad de los libros de la Biblia.

 

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 3

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El matrimonio es la unión más perfecta.

Si yo, en mi estado actual, pudiera escoger entre ver a mi Señor en su gloria o en su cruz, optaría por lo último. Por supuesto preferiría estar allá con él y ver su gloria, pero mientras vivo aquí rodeado de pecado y de aflicción, una visión de sus sufrimientos tendría más efecto sobre mí. “Oh cabeza sagrada una vez herida”, ¡cuánto anhelo contemplarte! Nunca me siento tan cerca de mi Señor como cuando reflexiono en su cruz maravillosa y lo veo derramando su sangre por mí… me parece estar en sus brazos, y como Juan, me reclino en su pecho al vislumbrar su pasión. Por lo tanto, no me sorprende que por acercarse más a nosotros como el Cordero, y por acercarnos nosotros a él y contemplarlo como tal, se agrade él en llamar a su más excelsa unión eterna con su iglesia: “las bodas del Cordero”.

Y, queridos hermanos, cuando pensamos en esto: estar desposados con él, ser uno con él, no tener ningún pensamiento, ningún propósito, ningún deseo, ninguna gloria sino la que mora en Aquel quien, habiendo muerto ahora vive, es esto ciertamente el cielo, el lugar del cual el Cordero es la luz. Contemplar y adorar eternamente a Aquel que se ofreció sin mancha a Dios como nuestro sacrificio y propiciación será un festín sin fin de amor agradecido. Nunca nos cansaremos de este tema. Si vemos al Señor que viene de Edom, con vestiduras teñidas de Bozra, del lagar donde había hollado a sus enemigos, nos sentimos sobrecogidos y pasmados por el terror de esta terrible manifestación de su justicia, pero cuando lo vemos vestido con la ropa sumergida en su propia sangre y la de nadie más, cantaremos eternamente a gran voz: “Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios; a ti sea la gloria por los siglos de los siglos”. Podríamos seguir cantando por toda la eternidad: “Digno es el Cordero que fue inmolado”. El tema tiene un interés inagotable e incluye todo: justicia, misericordia, poder, paciencia, amor,  aprobación, gracia y justicia. Sumamente glorioso es nuestro Señor cuando lo contemplamos como un Cordero. Esto hará que el cielo sea siete veces cielo para nosotros al pensar que, además, estaremos unidos a él como el Cordero con lazos eternos. [En ese momento una voz del público exclamó: “¡Alabado sea el Señor!”] Sí, amigos míos, ¡alabemos al Señor! “Alabad a nuestro Dios” es el mandato que se oyó venir del Trono. “Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

Concluiré repitiendo esta pregunta: ¿Confías en el Cordero? Te advierto que si la religión en que crees no incluye nada de la sangre de Cristo, de nada vale. Te advierto también que a menos que ames al Cordero no podrás desposarte con el Cordero. Él jamás se desposará con quienes no sienten nada de amor por él. Tienes que aceptar a Jesús como un sacrificio, de lo contrario, no lo aceptas para nada. Es inútil decir: “Seguiré el ejemplo de Cristo”. No harías nada que se le parezca. Es en vano decir: “Él será mi maestro”. Él no te reconocerá como su discípulo a menos que lo reconozcas como un sacrificio. Es preciso que lo recibas como el Cordero o lo dejes completamente. Si desprecias la sangre de Cristo, desprecias toda su persona. Cristo no es nada para ti si no fuera por su expiación. Todos los que esperan ser salvos por las obras de la ley, o por cualquier otra cosa que no sea su sangre y su justicia, no son cristianos, no tienen parte alguna con él aquí, ni tendrán parte con él en el más allá, cuando tome para sí a su propia iglesia redimida para ser su esposa por los siglos de los siglos. Dios te bendiga, en el nombre de Cristo. Amén.

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos. Los 20-25 millones de palabras equivalen a la novena edición de la Enciclopedia Británica y constituye la serie de libros más numerosa de un mismo autor en la historia del cristianismo. Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 3?

Blog116C

“Si la principal pregunta planteada en el artículo anterior era: ¿Quién es el Espíritu Santo?, la que se plantea en este artículo es: ¿Cuál es la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios?”

La respuesta a la pregunta

Fue el Espíritu Santo quien inspiró a los autores humanos de los libros de la Biblia.

Este papel se le atribuye al Espíritu Santo muchas veces en la Biblia, pero nunca —o casi nunca— al Padre o al Hijo.

Esta inspiración no fue mecánica (como si de una especie de dictado se tratase), sino orgánica; no anuló en absoluto la humanidad, la personalidad, la participación activa, el estilo propio, etc., de cada autor humano.

La base bíblica

¿Dónde enseña la Biblia esta relación especial entre el Espíritu Santo y los autores humanos de los libros de la Biblia? Vamos a echar un vistazo a diez textos bíblicos que hacen referencia a ello.

2 Samuel 23:1 y 2

“Estas son las palabras postreras de David.

Dijo David hijo de lsaí,

Dijo aquel varón que fue levantado en alto,

El ungido del Dios de Jacob,

El dulce cantor de Israel:

El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,

Y su palabra ha estado en mi lengua”.

Al llegar al final de su vida, David demuestra ser consciente de haber sido inspirado por el Espíritu de Jehová y usado por él como instrumento de revelación. Esto no contesta todas nuestras preguntas sobre hasta qué punto, por ejemplo, David fue consciente de escribir profecías mesiánicas, o sobre cuánto entendía de esas profecías; pero no deja ningún lugar a dudas en cuanto al hecho en sí de la conciencia que tenía David de no haber sido más que el instrumento humano de un acto de revelación divino.

Parece razonable deducir que los demás salmistas y autores inspirados, en mayor o menor grado, también fueron conscientes de la misma acción del Espíritu del Señor sobre ellos.

Mateo 22:41-44

“Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?”.

En este pasaje el Señor Jesucristo, en medio de sus controversias con los líderes religiosos, pasa de la defensa al ataque, y para demostrar que el Mesías, además de ser un descendiente de David, es “el Señor” —es divino— cita del Salmo 110, donde, según el Señor, David, “en el Espíritu“, llama Señor al Mesías.

Aparte del argumento a favor de la filiación divina (y, por lo tanto, la naturaleza divina) del Mesías, lo que más nos interesa en el contexto de la relación entre el Espíritu Santo y la Palabra de Dios es el hecho de que el Señor, no conforme con citar la Escritura sin más, recuerda a los fariseos que lo que David había escrito sobre el Mesías, lo había escrito “en el Espíritu“, o sea, por el Espíritu, inspirado por el Espíritu de Dios.

Juan 14:25 y 26

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Sin duda esta promesa del Señor Jesucristo a sus discípulos no se puede limitar, ni mucho menos, solamente a la composición de aquellos escritos apostólicos que, tarde o temprano, llegarían a formar parte del canon de las Escrituras, y eso por varias razones:

1. Se trata de una promesa general de la ayuda del Espíritu Santo a los apóstoles una vez que el Señor Jesucristo ya no estuviera físicamente con ellos;

2. A partir de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, pasarían años antes de que hubiera escritos apostólicos; en los primeros años de la nueva Iglesia cristiana el ministerio del Espíritu Santo estaría relacionado con el ministerio verbal, y no escrito, de los apóstoles;

3. La promesa del Señor iba dirigida a los once apóstoles que estaban presentes en ese momento; sin embargo solo una pequeña minoría de ellos escribiría obras que se incluirían en el canon de la Palabra de Dios. Pero, dicho lo dicho, no sería necesario ni acertado pretender negar el hecho de que, en el caso de aquellos apóstoles que sí escribiesen documentos canónicos, quien de manera especial les ayudaría a hacerlo sería el Consolador, el Espíritu Santo.

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 2

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EL NOVIO ES PRESENTADO COMO UN CORDERO: “Han llegado las bodas del Cordero”. Así tiene que ser porque, ante todo, nuestro Salvador fue el Cordero en el pacto eterno cuando todo este plan fue programado, organizado y establecido por voluntad y decreto de la eternidad. Él es “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8), y el pacto fue con él, que sería las Arras, el Sustituto y el Sacrificio tomando el lugar de los hombres culpables. Así, y de ningún otro modo, fue desde la eternidad.

Luego, fue como el Cordero que nos amó y demostró su amor.

Amados míos, él no se limitó a hablarnos de amor cuando descendió del cielo a la tierra y habitó entre nosotros como “un hombre humilde delante de sus enemigos”, sino que lo demostró con actos de verdadero amor. La prueba suprema de su amor es que fue llevado al matadero como se lleva a un cordero. Cuando derramó su sangre como un sacrificio, podríamos haber dicho apropiadamente: “¡Mirad cómo los amaba!”. Si queremos demostrar el amor de Jesús, no mencionamos la transfiguración sino la crucifixión. Hablamos del Getsemaní y el Gólgota. Allí, sin dejar lugar a ninguna duda, el Hijo amado demostró su amor por nosotros. Dice el escritor bíblico: “Él me amó, y se entregó por mí”, expresando que su entrega por mí es la prueba clara de que me ama. Dice también: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). La prueba de su amor por la iglesia fue que se entregó a sí mismo por ella. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8). “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros” (1 Juan 4:10). Vemos pues que, como un Cordero, demostró su amor, y como un Cordero se desposó con nosotros.

Demos un paso más. El amor matrimonial tiene que ser de ambas partes, y es como el Cordero que le amamos inicialmente. Cuando yo todavía no amaba a Cristo, ¿cómo podía haber apreciado sus heridas y su sangre sin amor? “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su vida perfecta era una condenación para la mía, aunque no podía menos que admirarla; en cambio, lo que me atrajo a amarle fue lo que hizo como mi sustituto cuando cargó con mis pecados en su propio cuerpo en el madero. ¿No ha sido así con ustedes, amados míos? He oído hablar mucho de conversiones como consecuencia de la admiración del carácter de Cristo, pero nunca he conocido una personalmente, en cambio, siempre me he encontrado con conversiones como resultado de sentir una gran necesidad de salvación y una conciencia culpable, cosas que no pueden ser satisfechas nunca, excepto por su agonía y por su muerte, gracias a las cuales el pecado es justificado y perdonado, y la maldad es subyugada.  Esta es la maravillosa doctrina que nos gana el corazón. Cristo nos ama como el Cordero, y nosotros lo amamos a él como el Cordero.

Además, el matrimonio es la unión más perfecta. Es indudable que es como el Cordero que Jesús está tan íntimamente unido a su pueblo. Nuestro Señor se acercó entrañablemente a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en carne y hueso como lo somos nosotros. Se acercó mucho a nosotros cuando, por esa causa, dejó a su Padre y se convirtió en una sola carne con su iglesia. Él no podía estar en pecado como lo estamos nosotros por naturaleza, en cambio tomó sobre sí nuestros pecados de ellos y los quitó, como está escrito: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6. Cuando “fue contado entre los pecadores”, y cuando la espada vengadora lo hirió por sustituirnos, se acercó más aún a nosotros y de una manera que nunca podía haber hecho en la perfección de su encarnación. No puedo concebir una unión más cercana que la de Cristo con las almas redimidas por su sangre. Al contemplar su muerte, no puedo menos que exclamar: “¡Ciertamente tú me eres un esposo de sangre, oh Jesús! Estás unido a mí por algo más íntimo que por el hecho de que eres de mi misma naturaleza, pues tu naturaleza cargó con mi pecado y sufrió el castigo de la ira en mi lugar. Ahora eres uno conmigo en todas las cosas por una unión como la que te vincula con el Padre”. De este modo, se forma una maravillosa unión por el hecho de que nuestro Señor asume el carácter del Cordero…

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo 2?

Blog116B

3. El Espíritu Santo es una persona.

Aun reconociendo que la palabra “persona” en este contexto no es perfecta —sobre todo, por cuanto podría dar a entender que las tres personas divinas sean tres Dioses, y no un solo Dios, ya que las otras opciones que a lo largo de los siglos se han propuesto tampoco están exentas de dificultades—, creo que “persona” sigue siendo la opción menos mala.

En el texto bíblico ya citado sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31 y 32), además de constituir un importante argumento a favor de la deidad o divinidad del Espíritu Santo, lo es también a favor de su personalidad; la blasfemia es un pecado no contra objetos inánimes, sino contra seres personales. Si el Espíritu Santo fuera (como algunos dicen) una mera “fuerza activa”, una especie de “energía divina”, ¡¿cómo se podría blasfemar contra tal “fuerza” o “energía”?!

Y en la fórmula bautismal instituida por el Señor de la Iglesia (Mt. 28:19), siendo el Padre y el Hijo indiscutiblemente personas, ¡¿cómo se podría asociar con ellos no una tercera persona, sino una “fuerza activa” o “energía divina”, para bautizar a los nuevos creyentes en “el nombre” de dos personas y de una mera “fuerza” o “energía”?!

Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en las aguas del Jordán, leemos: “Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lc. 3:21 y 22). En esta escena hermosa y altamente significativa, se ven las tres personas divinas juntas pero claramente diferenciables: el Padre hablando desde el cielo; el Hijo —encarnado— en el agua, siendo bautizado; y: el Espíritu Santo “en forma corporal, como paloma”, descendiendo sobre el Hijo. La persona del Espíritu Santo se manifiesta en la forma de una paloma.

Al hablar con sus discípulos en el aposento alto la noche antes de su muerte, Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce […]. El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:16 y 17, 26). La figura del Consolador (el “Paráclitos”) —”otro Consolador” como Jesús, otro abogado defensor, que viene a los creyentes para ayudarles, enseñarles, guiarles, recordarles cosas, etc.— es claramente la de una persona, y no de una mera “fuerza” o “energía” impersonal.

Se ve la personalidad del Espíritu Santo también en su dirección de los misioneros cristianos en sus viajes evangelísticos: “Les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia […]. Intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hch. 16:6 y 7). ¿Qué impresión nos dan estas intervenciones del Espíritu Santo: de ser impersonales o personales?

En Romanos capítulo 8, sin duda uno de los capítulos más conocidos y más queridos de toda la Biblia, el apóstol Pablo tiene esto que decir sobre el Espíritu Santo: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). !¿Acaso nos podemos imaginar una “fuerza” o “energía” divina ayudándonos así: intercediendo por nosotros “con gemidos indecibles”?! Y además, la palabra “interceder” implica ponerse uno entre otros dos (o más); ¿entre quiénes se pone el Espíritu Santo cuando él intercede por nosotros de esa manera?: entre nosotros y el Padre, se supone. Se trata de otro indicio más de la personalidad del Espíritu Santo.

En la enseñanza del apóstol Pablo sobre los dones espirituales (1 Co. 12), que por cierto contiene claras referencias trinitarias, el autor de los dones y el que decide qué dones dar a cada creyente es el Espíritu Santo: “Todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). Aquí se ve la voluntad soberana del Espíritu Santo en el reparto de los dones espirituales.

Al igual que en la fórmula bautismal a la que ya hemos hecho referencia, hay otro texto bíblico donde se une la persona del Espíritu Santo a las del Padre y del Hijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14). Si en esta doxología paulina tanto “Dios” como “el Señor Jesucristo” son personas, ¿cómo no lo va a ser también “el Espíritu Santo”?

Y por último (sobre este punto), el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Éfeso: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios…” (Ef. 4:30). Por mucho que se recurra al argumento de que se trata de una forma de expresarse altamente metafórica, el sentido más natural de esta frase paulina es que el Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es una persona divina susceptible a sentir tristeza ante nuestros pecados.

El simple hecho es que en la mayoría de estos textos, por no decir en todos ellos, si intentamos sustituir cualquier alternativa impersonal, como “fuerza activa” o “energía divina”, por el Espíritu Santo como persona, !hacemos violencia a la Palabra de Dios y la reducimos a un texto incomprensible, contradictorio y hasta blasfemo! !No!, ¡el Espíritu Santo es una persona, una persona divina!

4. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo.

En la fórmula bautismal de Mateo 28:19 hay un solo nombre pero tres personas distintas. Casi nadie discute que el Padre y el Hijo son dos personas distintas; por lo tanto, es lógico pensar que el Espíritu Santo es otra persona distinta del Padre y del Hijo. Si no fuera así, la fórmula perdería su evidente paralelismo entre las tres personas.

En el relato del bautismo de Jesús (Lc. 3:21 y 22) llegamos a la misma conclusión: hay tres personas divinas y distintas en el escenario: el Padre en el Cielo; el Hijo en el agua; y el Espíritu Santo en el aire. Lucas distingue entre las tres personas divinas.

Y en las palabras de Jesús a sus discípulos en el aposento alto: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Jn. 14:26), también se ven tres personas distintas: (1) el Padre, quien enviaría al Espíritu Santo en el nombre del Hilo; (2) El Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en el nombre del Hijo; y: (3) El Hijo, en cuyo nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo. En otras palabras, el Espíritu Santo no solo es una persona divina; es una persona divina distinta del Padre y del Hijo.

Lo mismo ocurre con la doxología paulina en 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Si, como algunos alegan, el Espíritu Santo no fuera una persona distinta del Padre, entonces en este texto nos encontraríamos ante el muy improbable resultado de tres bendiciones: gracia, amor y comunión, impartidas por solo dos personas: el Hijo y el Padre.

5. El Espíritu Santo tiene los mismos atributos que el Padre y el Hijo.

Sobre este aspecto del tema existe una tendencia, incluso por parte de muchos creyentes, de repartir los atributos de Dios entre las tres personas divinas. Pero, tal como nos enseña la buena teología bíblica, las tres personas divinas tienen exactamente los mismos atributos; las tres son santas y buenas, eternas e infinitas, omnipotentes, omniscientes y omnipresentes, etc.

Y tal como se puede apreciar en los siguientes textos bíblicos, el Espíritu Santo es todo lo que son el Padre y el Hijo: es santo (tal como indica su nombre); es bueno (Neh. 9:20; Sal. 143:10); es eterno (He. 9:14); es omnipresente (Sal. 139:7a); es poderoso (Mi. 3:8; Lc. 4:14; Ro. 15:13, 19); es soberano (Hch. 16:6 y 7; 1 Co. 12:11); es el Crea-dor (Gn. 1:1 y 2; Job 26:13a; 33:4; Sal. 104:30); y participa, tanto como lo hacen el Padre y el Hijo, en nuestra salvación (Jn. 3:1 y ss.; Tit. 3:5; etc.).

Continuará …

Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca.

Las bodas del cordero 1

Blog115

LAS BODAS DEL CORDERO SON EL RESULTADO DEL DON ETERNO DEL PADRE.

Nuestro Señor dijo: “Tuyos eran, y me los diste” (Juan 17:6). Luego oró diciendo: “Padre,aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). El Padre hizo una elección y dio los escogidos a su Hijo para que fueran su porción. Por ellos, hizo un pacto de redención comprometiéndose a asumir la naturaleza de ellos a su debido tiempo, a pagar el castigo por sus ofensas y a liberarlos para que fuesen suyos. Amados míos, eso que fue determinado en los concilios de la eternidad y acordados allí por las altísimas partes contrayentes, será consumado definitivamente el día cuando el Cordero tome para sí, en una unión eterna, a todos los que le fueron dados por su Padre desde la eternidad.

Este será el cumplimiento del compromiso matrimonial que, a su tiempo, realizó con cada uno de ellos. No voy a intentar entrar en distinciones, pero hasta donde nos concierne a ustedes y a mí, el Señor Jesucristo celebró su boda con nosotros individualmente justificándonos en el momento que por primera vez creímos en él. Luego nos tomó para ser suyos y se entregó para ser nuestro, de modo que podemos cantar “Mi amado es mío y yo [suyo]” (Cantares 2:16). Esta era la esencia de la boda. Pablo, en la epístola a los Efesios, representa a nuestro Señor como estando desposado con su iglesia. Podemos ilustrar esto con la costumbre oriental por la cual, cuando la novia es prometida en matrimonio, entra en efecto toda la inviolabilidad del matrimonio mismo aunque puede pasar todavía algún tiempo antes de que sea llevada a la casa de su esposo. Ella vive en su hogar paterno, no deja atrás a su propia familia a pesar de estar desposada en verdad y justicia. En el día señalado, el día que podríamos llamar el de la boda verdadera, es llevada a su casa de casada. No obstante, el compromiso matrimonial es la propia esencia del matrimonio. Siendo así, entonces ustedes y yo estamos comprometidos en matrimonio con nuestro Señor ahora, y él está unido a nosotros con lazos indisolubles. Él no quiere separarse de nosotros, ni podemos nosotros separarnos de él. Él es el gozo de nuestra alma y se regocija por nosotros con cánticos. ¡Alegrémonos porque él nos ha escogido y llamado, y estando ya comprometidos, espera con anticipación el día de la boda! ¡Sintamos aun ahora que aunque estamos en el mundo, somos de él, nuestro destino no está aquí en medio de estos hijos frívolos de los hombres! Desde ya, ¡nuestro hogar está en lo Alto!

El día de las bodas indica el perfeccionamiento del cuerpo de la iglesia. Ya he dicho que en ese entonces la iglesia estará completa, pero que aún no lo está. Estando Adán dormido, el Señor tomó de su costado una costilla, y con ella formó una ayuda idónea para él. Adán no la vio mientras Dios la estaba formando, pero cuando abrió los ojos vio ante él la forma perfecta de su ayuda idónea. Amados míos, Dios está formando la verdadera iglesia ahora… La iglesia que está comprometida con el Novio celestial no es visible todavía porque está en proceso de formación. El Señor no va a permitir que simplones como nosotros veamos su obra a medio terminar. Pero llegará el día cuando habrá terminado su nueva creación, y entonces la presentará para que sea el deleite del segundo Adán para toda la eternidad. La iglesia no ha sido aún perfeccionada. Leemos de la parte de ella que está en el cielo: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Heb. 11:40). Si somos verdaderamente creyentes, ¡hasta que lleguemos nosotros allá, no puede haber una iglesia perfecta en la gloria! A la música de las armonías celestiales todavía le faltan ciertas voces. Algunas de las notas necesarias son demasiado bajas para los que ya están allá, y otras demasiado altas para ellos, hasta que arriben todos los cantores que han sido escogidos para completar las notas que faltan y conformar así el coro perfecto… Amados míos, en el día de las bodas del Cordero allí estarán todos los escogidos ––los grandes y los pequeños— hasta los creyentes que están luchando duramente hoy con sus pecados, dudas y temores. ¡Allí estará cada miembroviviente de la iglesia viviente para ser desposado con el Cordero!

Estas bodas significan más de lo que les he dicho: Es la ida al hogar celestial. No hemos de vivir para siempre en estas tiendas de Cedar en medio de un pueblo extraño. El Novio bendito viene para llevarnos al reino de la felicidad, donde ya no diremos: “Mi vida está entre leones”. Todos los fieles partiremos pronto a tu tierra, ¡oh Emanuel! Moraremos en la tierra que fluye leche y miel, en la tierra del sol radiante que no se oculta nunca, la morada de los benditos del Señor. ¡Ciertamente feliz será llegar a la patria de la iglesia perfecta!

Las bodas son la coronación. ¡La iglesia es la esposa del gran Rey, y él colocará la corona sobre su sien y la dará a conocer como su verdadera esposa para siempre! ¡Oh, qué día será aquel cuando cada miembro de Cristo será coronado en él y con él, y cada miembro del cuerpo místico será glorificado en la gloria del Novio! ¡Oh, que esté yo allí en aquel día! Hermanos, tenemos que estar con nuestro Señor en la batalla si queremos estar con él en la victoria. Tenemos que estar con él llevando la corona de espinas, si queremos estar con él para llevar la corona de gloria. Tenemos que ser fieles por su gracia hasta la muerte, si hemos de compartir la gloria de su vida eterna.

Es imposible expresar todo lo que significan estas bodas, pero ciertamente significan que todos los que creyeron en él entrarán en ese momento en una vida de total felicidad que nunca acabará, una felicidad nunca empañada por el temor ni las sombras. Ellos estarán con el Señor para siempre, glorificado con él eternamente. No esperemos que labios humanos hablen acertadamente sobre un tema como este. Se necesitan lenguas de fuego y palabras que penetren el alma como lenguas de fuego.

¡Vendrá el día, el Día entre los días, corona y gloria del tiempo cuando, habiendo concluido para siempre todo conflicto, peligro y juicio, los santos, arropados con la justicia de Cristo, serán eternamente uno con él en una unión viva, amante y permanente, compartiendo unidos la misma gloria, la gloria del Altísimo! ¡Cómo será estar allí! Amados míos, ¿estarán allí ustedes? Afirmen su vocación y elección. Si no confían en el Cordero estando en la tierra, no reinarán con el Cordero en su gloria. El que no ama al Cordero como el sacrificio expiatorio, nunca será la esposa del Cordero. ¿Cómo podemos esperar ser glorificados con él si lo abandonamos en el día de su escarnio? ¡Oh, Cordero de Dios, sacrificio mío, yo quiero ser uno contigo, pues esto es mi vida misma! Si podemos hablar de este modo, podemos esperar que participemos de las bodas del Cordero.

Continuará …

Predicado el 21 de julio de 1889 en el Tabernáculo Metropolitano, Newington.
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Charles H. Spurgeon (1834-1892): Charles Haddon Spurgeon (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Menton, Francia, 31 de enero de 1892)​ fue un pastor bautista reformado inglés. Influyente pastor bautista inglés. La colección de sermones de Spurgeon durante su ministerio ocupa 63 tomos.  Nació en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

¿Quién es el Espíritu Santo? 1

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“¿Qué enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? Esa es la pregunta que, con la ayuda del Señor; quiero intentar contestar en una serie de artículos, comenzando con este.”

¿Por qué debemos interesarnos por lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo?

1. Porque es un tema sobre el cual la Biblia tiene mucho que decir.

2. Porque es un tema muy importante: tiene que ver nada menos que con quién es Dios.
3. Porque es un tema sobre el cual existe: (a) bastante ignorancia, incluso por parte demuchos creyentes; (b) algunas ideas y enseñanzas populares pero erróneas (o sea, no bíblicas); y: (c) mucha confusión.
4. Porque es un tema al que se dice que los cristianos reformados no le damos la suficiente atención o importancia.
5. Porque es un tema de mucho ánimo y muy práctico. (La buena teología bíblica, bien entendida, siempre lo es).

¿Quién es el Espíritu Santo?

La palabra “quién”, que no “qué”, es de suma importancia; como veremos a continuación; el Espíritu Santo no es una cosa, sino una persona, no un algo, sino un alguien.

1. Los nombres del Espíritu Santo.

Muchas veces se le llama sin más, “el Espíritu”, “mi Espíritu”,  “su Espíritu”, etc. Aparte de estos nombres sencillos, los nombres más importantes son:

“El Espíritu Santo” (Mt. 1:18, 20; 3:11; 12:32; 28:19; Mr. 12:36; 13:11; etc.).

“El Espíritu de Dios” (Gn. 1:2; Nm. 24:2; 1 S. 10:10; 2 Cr. 15:1; Mt. 3:16; 12:28; Ro. 8:9, 14; 1 Co. 2:14; 1 R 4:14; etc).

“El Espíritu de Jehová” (Jue. 3:10; 6:34; 14:6, 19; 1 S. 16:13; Is. 11:2; 61:1; Ez. 11:5; etc.).

“El Espíritu del Señor” (Lc. 4:18; Hch. 5:9; 8:39; 2 Co. 3:17 y 18; etc.).

“El Espíritu de Cristo” (Ro. 8:9; 1 R 1:11)

“El Espíritu de Jesucristo” (solo en Fil. 1:19)

“El Espíritu de su Hijo” (solo en Gá. 4:6)

“El Consolador” (Jn. 14:16, 26; 15:26; 16:7)

“El Espíritu de verdad” (Jn. 14:17; 15:26; 16:13)

“El Espíritu de santidad” (solo en Ro. 1:4)

“El Espíritu eterno” (solo en He. 9:14)

“El Espíritu de gracia” (solo en He. 10:29)

¡Sí, más nombres de lo que pensábamos!, ¿verdad?

Los nombres más comunes son: “El Espíritu”; “el Espíritu Santo”; “el Espíritu de Dios”; y: “el Espíritu de Jehová”.

2. El Espíritu Santo es Dios.

El Señor Jesucristo dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:31 y 32). Sería muy difícil entender la naturaleza y la extrema gravedad de este único pecado imperdonable, si el Espíritu Santo no fuera Dios.

La llamada “gran comisión” incluye estas palabras: “Haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Sería un atrevimiento blasfemo nombrar al Espíritu Santo en tan estrecha relación con el Padre y con el Hijo, y bautizar en el nombre del Espíritu Santo (además de en el nombre del Padre y del Hijo), si el Espíritu Santo no fuera, al igual que Padre y el Hijo, Dios.

En los primeros tiempos de la Iglesia cristiana, Ananías y su esposa Safira mintieron sobre el precio por el que habían vendido una heredad. El apóstol Pedro le dijo a Ananías: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5:3 y 4). Tan evidente como dos más dos son cuatro, si mentir al Espíritu Santo es lo mismo que mentir a Dios, entonces el Espíritu Santo es Dios

Continuará …

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Andrés Birch es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España.

Cómo encontrar pareja matrimonial 3

Blog112C

EL MATRIMONIO SIEMPRE DEBE CONTRAERSE SIGUIENDO LOS DICTADOS DE LA RELIGIÓN.

La persona devota no debiera casarse con alguien que no sea también devota. No es conveniente unirse a un individuo, aun de una denominación distinta, cuando cada uno, obedeciendo a su conciencia, asiste a su propia iglesia. No es bueno separarse los domingos por la mañana para ir uno a un templo y el otro a otro. La caminata más deliciosa que una pareja consagrada puede hacer es ir juntos a la casa de Dios y conversar sobre los temas importantes de la redención y las realidades invisibles de la eternidad. Nadie quiere perderse esto voluntariamente… No obstante, si el interés de la pareja fuera lo único en juego, sería una cuestión de menos consecuencia. Pero es una cuestión de conciencia y un asunto en el cual no tenemos opción. “Libre es para casarse con quien quiera”, dice el Apóstol refiriéndose a las viudas, “con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39).

Ahora bien, aunque esto fue dicho con referencia a una mujer, toda la Ley se aplica con la misma fuerza al otro sexo. Esto es no solo un consejo, sino una ley. Es tan inapelable como cualquier otra ley que encontramos en la Palabra de Dios. El modo imprevisto como ocurre este mandamiento judicial es… la confirmación más fuerte de que la regla es para todos los casos donde se contempla el matrimonio y donde no ha habido un compromiso matrimonial antes de la conversión. En cuanto al otro pasaje, donde el Apóstol nos ordena a no unirnos “en yugo desigual con los incrédulos” (2 Cor. 6:14), no se aplica al matrimonio excepto por inferencia, sino a la comunión en la iglesia o más bien las asociaciones y conductas en general que no deben formar los cristianos con los inconversos. Pero si esto es incorrecto en otras esferas, ¡cuánto más lo es en esa relación que ejerce una influencia sobre nuestra personalidad al igual que nuestra felicidad! El que un cristiano, entonces, contraiga matrimonio con alguien que decidida y evidentemente no es creyente, es algo directamente opuesto a la Palabra de Dios…Tener gustos distintos en cuestiones secundarias es un obstáculo para la armonía doméstica. Entonces, las diferencias de opiniones en lo que respecta al importantísimo tema de la religión es un peligro, no solo para la armonía sino también es una imprudencia que el cristiano ni siquiera debiera considerar. ¿Cómo pueden lograrse los altos ideales de la familia donde uno de los padres no cuenta con las calificaciones necesarias para lograrlos? ¿Cómo puede llevarse a cabo la educación religiosa y los hijos ser formados en el conocimiento y la admonición del Señor? En lo que respecta a la ayuda individual y personal en cuestiones religiosas, ¿acaso no queremos ayudas en lugar de obstáculos? El cristiano debe doblegar todo a la religión, y no dejar que la religión se doblegue a nada. Esto es lo primordial, a lo cual todo ha de subordinarse…Me temo que el descuido de esta regla clara y razonable se está haciendo más y más común…En el excelente tratado que publicó el Sr. Jay… hace él los siguientes comentarios acertados e importantes. “Estoy convencido de que se debe a lo prevalente de estas relaciones indiscriminadas y no consagradas, que nos hemos distanciado erradamente de aquellos hombres de Dios que nos precedieron en nuestro aislamiento del mundo, en la simplicidad de nuestra manera de ser, en la uniformidad de nuestra profesión de fe, en el cumplimiento del culto familiar y en la formación de nuestros hijos en el conocimiento y la admonición del Señor” (William Jay, 1769-1853).

Nadie debe contemplar la posibilidad de una relación como el matrimonio sin la mayor y más profunda consideración, ni sin las oraciones más serias a Dios pidiendo su dirección. Pero las oraciones, para ser aceptables ante el Altísimo, tienen que ser sinceras y elevadas con un verdadero anhelo de conocer y hacer su voluntad. Creo que muchos actúan con la Deidad como lo hacen con sus amigos: toman sus decisiones y luego piden orientación. Tienen algunas dudas, y a menudo, fuertes, acerca de que si el paso que están por tomar es el correcto, pero estas se van disipando gradualmente con sus oraciones por las que ellos mismos se van convenciendo de que su decisión es la  apropiada, decisión que, de hecho, ya habían tomado. Orar por algo que ya sabemos es contrario a la Palabra de Dios y que ya hemos resuelto hacer, es agregar hipocresía a la rebelión. Si hay razón para creer que el individuo que pide casamiento a una creyente no es verdaderamente devoto, ¿para qué va a orar ella pidiendo dirección? Esto es pedirle al Todopoderoso que le permita hacer aquello que él ya ha prohibido hacer.

No hay palabras para deplorar lo suficiente el hecho de que por lo general toda preparación apropiada para el matrimonio se deja a un lado y en cambio toda la atención se da a vanidades que de hecho no son más que polvo en la balanza del destino conyugal. Todo pensamiento, sentido de anticipación y ansiedad son absorbidos con demasiada frecuencia por la elección de una casa y los muebles, y por cuestiones aún más insignificantes y frívolas. Qué común es que la mujer pase horas, día tras día y semana tras semana, en comunión con su modista, decidiendo y discutiendo colores, estilos y telas en que aparecerá en esplendor nupcial, cuando debiera emplear todo ese tiempo en reflexionar sobre el paso crucial que decidirá su destino y el de su futuro esposo; como si la gran finalidad fuera ser una novia esplendorosa y a la moda, en lugar de ser una esposa buena y feliz…

“Estudia”, dice un viejo autor, “los deberes del matrimonio antes de casarte. Hay cruces que cargar, trampas que evitar y múltiples obligaciones que cumplir al igual que gran felicidad que disfrutar. ¿Y acaso no hay que estar seguro de las previsiones para el futuro? No hacerlo resulta en los frecuentes desencantos de este estado respetable. De allí ese arrepentimiento que viene demasiado pronto y a la vez demasiado tarde. El esposo no sabe cómo liderar y la esposa no sabe cómo obedecer. Ambos son ignorantes, ambos engreídos y ambos infelices”.

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS VEREDAS (Prov. 3:6).

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

Elevar el nivel de la predicación 2

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“Una de las cosas de ánimo para mí fue una visita a una iglesia en Londres. Muchos que no son evangélicos dicen que lo único para hacer que la gente entre en la iglesia es hablar sobre cosas en las que la gente está interesada: la guerra en Biafra y así sucesivamente. Puedo testificar por experiencia que esto no es verdad. Fui a escuchar a Howard Williams, que es considerado por la Unión Baptista y la televisión como un hombre que ‘trata problemas prácticos’ y ‘atrae a los intelectuales’. ‘Tiene una de las mayores audiencias en Londres’; sin embargo, yo solo vi ciento veinte personas. !No tenía muchos intelectuales aquella noche! Salí de allí realmente animado. La gente sabe que eso es inútil. No tenemos nada de qué preocuparnos con el liberalismo; está muerto y acabado.

“He aquí una maravillosa oportunidad para nosotros. Bien, ¿qué nos pasa? Nuestro planteamiento está equivocado. Ellos (los liberales) empiezan con aquello en lo que la gente está interesada; nuestro peligro está en olvidar del todo a la gente. Nuestras ideas, y los resultados de nuestra predicación, sugieren que no hemos pensado en la gente en absoluto. Somos demasiado objetivos. (Estoy cansado de oír sermones sobre “la iglesia”, de denunciar el Concilio Mundial de Iglesias, etc.). Hubo una vez en que la predicación evangélica era demasiado subjetiva; ahora es demasiado objetiva. Esto conduce a un planteamiento mecánico de la predicación.

“Yo creo en hacer series (de sermones) pero se pueden hacer de una manera equivocada: sin tener en cuenta el estado de la gente que escucha; de tal modo que aunque podamos tratar con un pasaje excelentemente, no haya mensaje para ellos. Hay una diferencia entre un comentario superficial sobre un pasaje y un sermón. Creo en los sermones ex-positivos, no en un comentario rápido. ¿Cuál es la diferencia?

“Un sermón tiene una forma; tiene un mensaje para ser aplicado. Esto es mucho más difícil que un comentario superficial (no estoy seguro de que esto último tenga siquiera un mensaje). La preocupación de un predicador debería ser el tener un mensaje y tiene que trabajar para exponerlo de la mejor forma en que pueda ser predicado. Esta era la gloria de un hombre como Charles Haddon Spurgeon. Sus sermones tenían forma, empuje, y el impacto de un mensaje. Un comentario rápido no es su sermón. Es necesario retomar toda la noción de lo que es un mensaje: “la carga del Señor”. Tiene que haber un impacto, mientras que el dar únicamente una “exposición”, que no lleve ningún mensaje a través de ella, es hacer que la predicación sea meramente intelectual. Tampoco debe ser solo emocional; demasiado a menudo suele ser una u otra de estas dos cosas. iSin vida! iSin poder! Nosotros sí que deberíamos tenerlo. Y el gozo y el poder están íntimamente relacionados, lo uno sin lo otro es falso.

“Lo contrario de la predicación sociológica no es este comentario superficial. La gente dice: “Es bíblico”. No lo es. La predicación bíblica conlleva un mensaje. Una explicación mecánica del significado de las palabras (no fundida en el mensaje con un objetivo y poder que deje a los oyentes gloriándose en Dios) no es predicación. No es suficiente hacer una afirmación de la verdad cristiana; se puede oír solo como un punto de vista frente a otro. Tenemos que traer un mensaje.

“!Desde luego que tenemos que tener ‘la demostración del Espíritu y el poder!’. Esta es nuestra mayor necesidad, y no la separo del gozo. Miremos a Robert M’Cheyne: lo que sabía es lo que finalmente cuenta. El tenía el peso de su gente sobre su alma. Él no venía al púlpito simplemente habiendo preparado un sermón. Él venía de parte de Dios con un mensaje.

“El tiempo ha llegado en que debemos valorar la situación completa. Es del todo equivocado trasladar nuestros problemas a la gente; tenemos que predicar lo que es más provechoso para ellos, lo que realmente va a ayudarles. El principal problema del evangelicismo hoy (aparte del deslizarse fuera de la verdad) es la falta de poder. ¿Qué conoce nuestra gente del ‘gozo en el Espíritu Santo’? iNo conseguirás atraer a la gente hacia la enseñanza si eres un maestro pesado! La esposa de un diácono me dijo acerca de alguien a quien ella había escuchado: ‘Él no es como muchos de nuestros predicadores reformados que son tan pesados’. Si predicas sin conmover a la gente, has fallado tanto como otros. Si no conocemos el gozo del Señor, ¿cuál es el valor de lo que decimos? Tenemos que empezar por nosotros mismos. El oír ‘excelentes conferencias sobre doctrina’ predicadas un domingo por la tarde es verdaderamente espantoso. ¿Estás en lo cierto al presuponer que los que están frente a ti disfrutan de la vida cristiana, y que son capaces de convencer a otros? Estas dos cosas van juntas. El argumentar sobre los detalles no nos ayudará. ¿Cuál es el valor de algo si no somos ‘epístolas vivientes’?

“Os he estado comunicando mi experiencia, como paciente y como oyente común. He estado atravesando un periodo de autoexamen y puedo dar gracias a Dios por concederme una pausa que me permita hacerlo. Lo que me quede de vida y vigor me he propuesto usarlo para mostrar este aspecto particular. Sin ello, la situación es desesperada. No es desesperada, pero tenemos que comenzar por nosotros mismos. ¿Conozco yo algo de este fuego y, si no, qué estoy haciendo en el púlpito?”. En el debate que hubo después, surgieron preguntas y un comentario adicional de Martyn Lloyd-Jones. Un defecto en su predicación, opinaba él, era que a veces había sido demasiado exigente en el contenido de la misma, y habló de dos ocasiones en que había sido corregido por hombres mayores debido a este defecto.

“Expondré un concepto, y lo presentaré de tres maneras”, le dijo un amigo mayor que él con quien estaba compartiendo los cultos al principio de su ministerio. El peligro reside en la predicación que se dirige a la mente y no al hombre completo. “Tenemos que diagnosticar tanto a nosotros mismos como a la gente. Si no podemos valorar el estado de nuestra gente, hemos fallado como predicadores. Yo no siempre prediqué sermones largos; tenemos que educar a la gente para ello. Los predicadores antiguos sabían esto; ellos eran grandes exhortadores.

“Hemos de ser como una madre alimentando a su hijo: ella estudia tanto la comida como la canti-ad. No hay nadie sin remedio; todos pueden comprender las doctrinas. Pero nosotros tenemos que cocinarlo todo bien, y hacerlo tan atractivo como podamos. Utilizad la historia y las anécdotas como ilustraciones (yo reaccioné demasiado contra ellas) pero en la medida correcta”.

Durante los anteriores comentarios, añadió de paso: “No estoy seguros ni mi prole me ha hecho honor o si refleja un defecto mío”.

También estoy atribulado sobre nuestro orar, y que se aprueba como oración. La oración no debería ser una confesión de fe, un recital de doctrina; eso es pobreza espiritual. No, en la oración tenemos que apropiarnos de toda esta doctrina”.

Sobre la naturaleza de los sermones, continuó diciendo: “Debería haber un elemento de misterio en la predicación efectiva. Cuando un granjero va a comprar ganado en un mercado, los animales que le atraen son aquellos cuyos esqueletos no están a la vista”. De un modo similar, los sermones no deberían mostrar los libros que lee un predicador, en un “defecto fatal” para un predicador no asimilar su lectura. Más bien debería “atravesarle” de tal modo que saliera como algo nuevo. Algunos hombres, se temía, leen a los puritanos y después transmiten su lectura como discos de gramófono. “No leáis para obtener material para predicar; el leer es primeramente para alimentarme y para hacerme pensar originalmente”. La preparación de un sermón es un proceso difícil. La parte más dura del trabajo de un ministro es la preparación de los sermones. Es por eso por lo que me siento tan bien de momento; no preparo tres sermones por semana. Hay una agonía, un acto de creación, en la preparación. El peso de un sermón tiene que involucrar mi personalidad entera.

Un especialista médico en Cardiff dijo una vez a Martyn Lloyd-Jones que tenía un problema en cuanto a su predicación. Era cómo los inconversos podían evidentemente disfrutarla. Esto no dejó perplejo a Martyn Lloyd-Jones: “Son atraídos por la presen-tación, y eso debería ser atractivo (como la predicación de Whitefield fue para Benjamin Franklin). Presentemos el sermón lo mejor que podamos: las mejores palabras, lo mejor de todo. Tenemos la curiosa noción de que ‘es la doctrina lo que importa’, y pasamos esto por alto. Con el mensaje que tenemos, es trágico que podamos ser fríos, sin vida y pesados”.

La reunión terminó con una oración y el anuncio de que la próxima reunión sería el primer lunes de noviembre (1968). El Dr. Lloyd-Jones iba a presidir la Asociación durante otros once años, y lo hizo por última vez el 3 de diciembre de 1979.

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Iain Hamish Murray (nacido en 1931) es un pastor y autor británico. Fue asistente de Martyn Lloyd-Jones en Westminster Chapel (1956–59) y posteriormente en Grove Chapel, Londres (1961–69) y St. Giles Presbyterian Church, Sydney, Australia, (1981–84). En 1957, él y Jack Cullum fundaron la editorial Reformada, Banner of Truth  de la que sigue siendo fideicomisario.

Nota. El Dr. Lloyd-Jones falleció el 1 de marzo de 1981.

Cómo encontrar pareja matrimonial 2

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EL MATRIMONIO DEBE, EN TODOS LOS CASOS, BASARSE EN EL AMOR MUTUO.

Si no hay amor antes del matrimonio, no se puede esperar que lo haya después. Los enamorados, que se supone deben estarlo todos los que esperan con anticipación esta unión, si no tienen amor, no pueden esperar ser felices. En este caso, la frialdad de la indiferencia muy posiblemente se convierta pronto en antipatía. Tiene que haber un sentimiento personal de querer estar unidos. Si hubiera algo, aun exteriormente, que produce disgusto, la voz de la naturaleza misma hasta prohíbe anunciar el compromiso matrimonial. No digo que la belleza física o la elegancia sea necesaria. A menudo ha existido un fuerte amor sin estas. No me corresponde determinar que es absolutamente imposible amar a alguien que tenga una deformidad. Pero ciertamente no nos debemos unir con alguien así a menos que podamos amarlo o por lo menos estar tan enamorados de sus cualidades mentales, que su físico deja de tener importancia ante la hermosura de su mente, corazón y manera de ser. En suma, lo que argumento es que proceder a casarse a pesar de una antipatía y revulsión es irracional, vil y pecaminoso.

El amor debe incluir la mente tanto como el cuerpo. Porque estar enamorado con alguien sencillamente por su belleza es enamorarse de una muñeca, o una estatua o una foto. Tal enamoramiento es concupiscencia o una quimera, pero no un afecto racional. Si amamos el físico, pero no amamos la mente, el corazón y la manera de ser de la persona, nuestros sentimientos se basan en la parte inferior de ella, y por lo tanto, algo que para el año próximo puede cambiar totalmente. Nada se desvanece con más rapidez que la belleza. Es como el pimpollo delicado de una fruta atractiva que, si no tiene buen sabor, es arrojado con disgusto por la misma mano que lo arrancó. Dice un proverbio que los encantos de la mente aumentan al ir conociendo mejor a alguien, mientras que los encantos exteriores van menguando. Mientras lo primero nos lleva a aceptar un aspecto poco agraciado, lo segundo incita, por contraste, una aversión por lo insulso, la ignorancia y falta de corazón que ha resultado su unión, que es como una flor sin aroma que crece en el desierto. En lugar de jugarnos nuestra felicidad juntando estas malezas florecientes y poniéndolas en nuestro regazo, preguntémonos cómo se verán dentro de algunos años o cómo adornarán y bendecirán nuestro hogar. Preguntémonos: ¿Acompañará a este semblante una comprensión que le haga apto/a para ser mi compañero/a e instructor/a de mis hijos? ¿Tendrá la paciencia para tolerar mis debilidades, amablemente consultar mis gustos y con afecto procurar mi confort? ¿Me complacerá su manera de ser en privado al igual que en público? ¿Harán sus costumbres que mi hogar sea placentero para mí y mis amigos? Tenemos que analizar estas cuestiones y controlar nuestra pasión para poder razonar pragmáticamente y formarnos un criterio inteligente.

Este pues, es el amor sobre el cual ha de basarse el matrimonio: amor por la persona integral, amor por la mente, el corazón y su manera de ser al igual que por su aspecto exterior, amor acompañado de respeto. Solo este cariño es el que puede sobrevivir la fascinación de lo Pensamientos sobre cómo encontrar pareja matrimonial novedoso, los estragos de las enfermedades y del tiempo. Solo este puede mantener la ternura y exquisitez del estado conyugal de por vida, como fue la intención de aquel que instituyó la unión matrimonial: que fuera de ayuda y confort mutuo.

¿Qué palabras hay, que sean suficientemente fuertes y expresen la indignación con que rechazamos esos compromisos, tan indignos y no obstante tan comunes, por los que el matrimonio se convierte en una especulación monetaria, un negocio, una cuestión meramente de dinero?… Los jóvenes mismos deben tener muchísimo cuidado de no dejar que las persuasiones de otros, ni un impulso de su propia  concupiscencia, ninguna ansiedad por ser independientes, ninguna ambición de esplendor secular, los lleve a una relación que no sea por puro y virtuoso amor. ¿De qué valen una casa grande, muebles hermosos y adornos costosos si no hay amor conyugal? “¿Es por estas chucherías, estos juguetes?”, exclama al despertar el corazón atribulado demasiado tarde en medio de alguna triste escena de infelicidad doméstica. “¿Es para esto que me he vendido y he vendido mi felicidad, mi honor?”

¡Ah, hay en el afecto puro y mutuo una dulzura, un encanto y un poder para complacer, aunque sea en la más humilde de las viviendas, mantenido en medio de la pobreza teniendo que lidiar con muchas dificultades! Comparado con esto, la elegancia y brillantez de un palacio oriental no son más que una de las enramadas del Huerto de Edén …

EL MATRIMONIO DEBE CONTRAERSE CON LA MAYOR PRUDENCIA…

Los matrimonios imprudentes, como ya hemos considerado, tienen malas y muy extensas consecuencias y también pasan esas consecuencias a la posteridad. Contamos con la comprensión para controlar nuestras pasiones e ilusiones falsas. Aquel que, en un asunto de tanta consecuencia como lo es elegir un compañero de por vida, deja a un lado lo primero y escucha solo la voz de lo segundo, ha renunciado al carácter de un ser racional para dejarse gobernar totalmente por los apetitos carnales. La prudencia previene mucha de la infelicidad humana cuando permitimos que nos guíe.

En este sentido, la prudencia no deja que nadie se case hasta tener un medio de vida seguro. Me resulta obvio que la presente generación de jóvenes no se distingue por su discreción en este aspecto. Muchos tienen mucho apuro por contraer matrimonio y ser cabeza de familia antes de tener con qué mantenerla. En cuanto llegan a la mayoría de edad, si tienen trabajo o no, antes de haberse asegurado que su trabajo sea un éxito, buscan esposa y hacen una elección apurada y quizá insensata. Los hijos comienzan a llegar antes de tener los medios adecuados para mantenerlos… Los jóvenes tienen que razonar y contemplar el futuro. Si no lo hacen, y en cambio se precipitan a tener que enfrentar los gastos del hogar antes de tener los  recursos para hacerlo, a pesar del canto de la sirena que son sus ilusiones, presten atención a la voz de advertencia o prepárense para comer las hierbas amargas de inútiles lamentos…

“Se ha dicho que nadie yerra en este sentido tanto como los pastores. ¡Cómo puede ser! Es difícil imaginar que aquellos cuyo deber es inculcar prudencia sean ellos mismos conocidos por su indiscreción… El pastor quien debe recomendar prolijidad en todos los aspectos de la vida, ¡cómo se va a casar con una mujer sucia y desprolija! El pastor quien debe demostrar un espíritu humilde y tranquilo preciado ante los ojos de Dios, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que regaña y critica constantemente! El pastor quien debe tener la misma relación con toda su congregación por igual, a quien le debe su amor y su servicio, ¡cómo se va a casar entonces con una mujer que se apega a unas pocas amigas, escucha sus secretos y divulga los propios, y se limita a relaciones dentro de un grupito seleccionado y exclusivo de sus preferidos, lo cual haría que su pastorado fuera insoportable o motivo de despido!

A mis hermanos en el ministerio recomiendo, y lo recomiendo con tanta seriedad que no tengo palabras suficientemente enfáticas para expresarla, que tengan gran cautela en este asunto tan delicado e importante. En su caso, los efectos de un matrimonio imprudente se sienten en la iglesia del Dios viviente…

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 8

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Al final de la sesión, Bolsee fue conducido, según las leyes de aquellos tiempos, a la prisión, lo cual no le impidió recibir visita de sus amigos. El 22 de diciembre de 1551 fue, como extranjero, condenado al destierro. Desde ese día, su odio por Calvino no conoció límites, pero fue tan solo en 1577, trece años después de la muerte del Reformador, cuando conoció su satisfacción con la publicación del primero de sus dos violentos panfletos, uno dirigido a un hombre muerto desde hacía mucho tiempo, y el otro destinado, en 1582, a un hombre todavía bien vivo, Teodoro de Beza. El título de las calumnias vengativas imaginadas de todas las maneras acerca de Calvino era Historia de la vida, costumbres, actos, doctrina y muerte de Jean Calvino, otrora ministro en Ginebra. Bolsee, tras haber cambiado de chaqueta confesional muchas veces, definitivamente había caído en los brazos del papado romano, del cual se hizo como el portavoz, el instrumento delator y calumniador de elite. Una multitud de autores católicos romanos —entre los cuales el cardenal Richelieu, que Drelincourt intenta refutar—han bebido de este estercolero de inmundicias para calumniar —cuanto más, mejor— la fe evangélica de los reformadores. Richard Stauffer, historiador de la Reforma, reputado por el equilibrio, la seguridad y ponderación de sus escritos, describe sin embargo este “vil panfleto” de la siguiente manera:

“Calvino era tratado de ambicioso, de pretencioso, de arrogante, de cruel, de maligno, de vindicativo y, sobre todo, de ignorante. Mucho más: era presentado como un hombre avaro y codicioso, como un impostor con apariencia de resucitar a los muertos, como un amante de banquetes; todavía peor: como un aventurero y un sodomita, que por sus prácticas infames habría sido condenado en su Noyon natal, a ser marcado por hierro incandescente. Para concluir este cuadro, Bolsec hacía del Reformador un reprobado de Dios, quien, tras haber sido castigado con una “irrupción de piojos y parásitos por todo su cuerpo”, tras haber sido roído de gusanos en castigo por sus vicios, habría muerto mascullando, jurando y blasfemando, víctima de la más profunda desesperación.”

Mützenberg no se queda corto:

“Esta historia singular […] proporciona un ejemplo típico del uso sin límites de la calumnia al servicio de la religión. De este antro nauseabundo en que se ha convertido la imaginación de Bolsee sale un torrente de excremento. Calvino, cuya historia auténtica conoce la simplicidad, la sobriedad, el desinterés, la pureza, la rectitud e incluso la pobreza, virtudes que a menudo se le reprochan, es aquí acusado de todos los vicios contrarios […]. El autor hace de él incluso —¿quién le ha creído?— un ignorante. Sin embargo, lo conocía bien, lo había oído y habido sido brillantemente refutado por él en el terreno que él mismo había elegido, el del pensamiento de S. Agustín. Algunos émulos jesuitas de Bolsee llegarán a decir incluso que Calvino a penas había hecho Gramática.”

Para concluir nuestras palabras, nos centraremos algo en lo que Bolsee mismo nos dice de la muerte de Calvino, contrastando sus fabulaciones con la realidad de los hechos auténticos. Puesto que Bolsee, contra todos los testimonios bien conocidos de su época —entre los cuales, en particular, L’histoire de la vie et mort de Maitre Jean Calvin, de Teodoro de Beza— que relatan en detalle las circunstancias de la muerte tan edificante de Juan Calvino, busca acosar de calumnias al Reformador hasta su lecho de muerte. He aquí cómo esta última infamia de Bolsee es descrita por Drelincourt:

“Habiendo intentado oscurecer de humos de los pozos del abismo la bella e inocente vida de este hombre de Dios, lo representa en el lecho de la muerte como un hombre desesperado, que jura y que blasfema, que invoca los diablos, que reniega de la fe, que detesta la obra de la Reforma de la Iglesia, y que maldice el día que puso su mano en la pluma.”

He aquí la versión de la muerte de Calvino que la venenosa pluma de Bolsee expandió por todo el mundo católico romano. ¿Qué fue de su muerte, en realidad? Drelincourt nos lo dirá:

“En medio de sus más violentos dolores, alzando sus ojos al Cielo, decía a menudo estas palabras: “Señor, ¿hasta cuándo?”. Era la frase que había tomado hacía tiempo por divisa. Trabajó sin cesar en sus obras, y estuvo dictando hasta ocho horas antes de su muerte. Y cuando se le quería apartar de este trabajo, su réplica habitual era:

“Que él hacía como si nada. Y se le dejara que Dios lo hallara siempre velando y trabajando en su obra, como él pudiera, hasta el último suspiro”. Tenía el espíritu tan libre y presente que, poco antes de su muerte, habiendo sabido que G. Petrel, ministro de Neuchátel, su buen amigo y antiguo colega, lo quería venir a visitar, a pesar de su avanzada edad, que era de más de 80 años, le escribió en latín la siguiente carta:

“Bien a vos, mi muy buen y querido amigo. Y puesto que le place a Dios que permanezcáis cerca de mí, acordándoos de nuestra unión, de la cual el fruto nos espera en el Cielo, tan provechosa ella, ha sido a la Iglesia de Dios. No quiero que os fatiguéis por mi. Apenas respiro, y espero de un momento a otro que el aliento me falte. Ya es demasiado que viva y que muera en Cristo, que es ganancia para los suyos en la vida y en la muerte. Os recomiendo a Dios, con los hermanos”.

“En Ginebra este segundo mes de 1564. Juan Calvino”

Y Drelincourt continúa su cela to del final de Calvino:

“De Beza dice que de ahí en adelante su enfermedad hasta su muerte, el 27 de mayo de 1564, no fue más que una oración continua. Y que a pesar de sus crueles dolores, tenía a menudo en la boca estas palabras del Salmo 39: Me he callado, Señor, porque eres Tú quien lo ha hecho. Que otra vez decía estas palabras del rey Exequias, que están en el capítulo 38 de Isaías: “Gimo como la paloma”. Y que alzándose hacia Dios por un anhelo de celo, clamaba: “Señor, Tú me quebrantas, pero me basta que sea tu mano”.

En definitiva, De Beza, tras haber hecho la oración cerca de él por última vez, apenas había salido cuando le vinieron a avisar que [Calvino] había caído de debilidad. Al instante vino corriendo, pero supo que Dios lo había quitado del mundo, que había muerto lo más dulcemente que se podría desear, sin ningún movimiento convulsivo. E incluso que no pare-cía más muerto que cuando estaba todavía vivo.

Drelincourt continúa:

Toda la ciudad de Ginebra fue testigo de la vida santa e inocente de Calvino. Y como ya lo he dicho, ella lo vio morir la muerte de los Justos. Ella lo oyó enseñar en su lecho de muerte, como si hubiera sido su Auditorio de Teología, o su pálpito de Pastor. Los Señores no podían ignorar las santas disposiciones de este hombre de Dios. Porque algunas semanas antes de dejar este mundo se hizo llevar hasta su Consejo, y les agradeció muy humildemente todas las gracias y favores que había recibido de la Señoría. E incluso pocos días antes de su muerte, quiso todavía que lo llevaran para darles el último adiós. Pero se lo impidieron y vinieron ellos mismos a visitarlo en su casa; y hallaron que se iba a Dios con una maravillosa paz de espíritu, y que en medio de sus dolores estaba totalmente lleno de un santo gozo y de una gloriosa esperanza. Le agradecieron efectivamente de todos los servicios buenos y agradables que había hecho al Estado y a la Iglesia y se retiraron grandemente consolados y satisfechos. La Iglesia de Ginebra tampoco podía ignorar cuál había sido la cristiana manera de vivir y el fin ejemplar de su fiel pastor. Porque los principales cabezas de familia le rindieron los últimos respetos con mucha cordialidad y testimonios de honor y de respeto.

Él fue cuidadosamente visitado por todos los Señores Pastores, todos los cuales oraban por él. E incluso pocos días antes de su muerte, él quiso tener la alegría de que todos cenaran en su casa. Y a pesar de que estaba grandemente débil, se hizo llevar al borde de la mesa, donde permaneció algún tiempo, y les dio discursos dignos de su piedad y de su celo. Y les dijo que no esperaba más que verlos en el Reino de los cielos. Y cuando la debilidad le obligó a retirarse a su habitación, profirió estas palabras dignas de recordar, y que mos-traban la presencia de su espíritu: “Una pared entre los dos no impedirá que esté unido en espíritu con vosotros”.

Los pastores continuaron visitándolo cuidadosamente unos tras otros. Y no lo abandonaron hasta que rindió apaciblemente su alma a Dios. En fin, no hubo persona en Ginebra que al ver un final tan bendito y cristiano, no dijera de corazón: “Que yo muera la muerte de los justos, y que mi fin último sea parecido al de ellos”. 

He aquí el testimonio que el célebre historiador católico romano, contemporáneo del Reformador, el Presidente de Thou, hizo a Calvino cuando murió:

Poco antes del 13 de las calendas de junio (el 27 de mayo), Juan Calvino, nativo de Noyon en Vendamois, personaje de un espíritu vivo y ardiente y dotado de una admirable elocuencia, y que también era entre los protestantes un teólogo muy renombrado, habiendo sido durante el espacio de siete largos años, afligido de diversas enfermedades y diferentes tormentos, y que no por ello era menos asiduo en su ministerio, ni impedido de escribir continuamente, en fin, por la dificultad de respirar, murió en Ginebra, donde había enseñado durante veintitrés años, habiendo casi cumplido el quincuagésimo sexto año de su vida.

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Cómo encontrar pareja matrimonial 1

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EL matrimonio es un paso de importancia incalculable y nunca debiera tomarse sin la más grande consideración y cautela. Si los deberes de la vida matrimonial son tan numerosos y de tanto peso, y si el cumplimiento correcto de estos al igual que la felicidad de toda nuestra vida… dependen, como necesariamente sucede, en gran medida en la elección que hacemos de un marido o una esposa, entonces procuremos que la razón determine la consideración con que tenemos que contemplar esta unión.

Es obvio que ninguna decisión en toda nuestra existencia terrenal requiere más calma que esta, pero la realidad es que rara vez tal decisión es el resultado de un análisis desapasionado sino que por lo general las ilusiones falsas y las pasiones son las que determinan el rumbo que la pareja toma. Gran parte del sufrimiento y el crimen que flagela a la sociedad es el resultado de matrimonios mal constituidos. Si se permite que la mera pasión sin prudencia o la concupiscencia sin amor guíen la elección de la pareja, es lógico ir al matrimonio erróneamente con consecuencias desastrosas. Con cuánta frecuencia son solo la pasión y la concupiscencia las que se consultan… Si fuera que solo afecta a la pareja casada, sería de menos consecuencia, estaría en juego algo de menos valor. Pero el bienestar de la familia, no solo para este mundo sino también para el venidero, al igual que el bienestar de sus descendientes por incontables generaciones, depende de esta unión. En el ardor de la pasión, son pocos los que están dispuestos a escuchar los consejos de la prudencia. Quizá no haya consejos, hablando en términos generales, que más se descarten que aquellos sobre el tema del matrimonio. La mayoría, especialmente si ya están encariñados con alguien que seleccionaron, aunque no se hayan comprometido de palabra, seguirán adelante cegados por el amor a la persona errada que eligieron… Tratar de razonar en estos casos, es perder el tiempo. Hay que dejarlos para que se hagan sabios de la única manera que algunos adquieren sabiduría: por dolorosa experiencia. Ofrecemos las siguientes exhortaciones a los que todavía no se han comprometido y que están dispuestos a escuchar nuestros consejos.

EN LO QUE A CASARSE SE REFIERE, GUÍATE POR EL CONSEJO DE TUS MAYORES.

Tus progenitores no tienen el derecho de elegir tu pareja, ni tú debes elegirla sin consultarles a ellos. Hasta qué punto tienen ellos autoridad de prohibirte casarte con alguien que no aprueban es una cuestión casuística, muy difícil de determinar. Si eres mayor de edad y cuentas con los medios para mantenerte a ti mismo o si la persona con quien piensas unirte cuenta con ellos, tus padres solo pueden aconsejarte y tratar de persuadirte. Pero hasta que seas mayor de edad, tienen la autoridad de prohibirte. Es irrespetuoso de tu parte comenzar una relación sentimental sin su conocimiento y de continuarla si te la prohíben.  Admito que sus objeciones siempre debieran basarse en razones válidas, no en caprichos, orgullo o codicia. Cuando este es el caso y los hijos, siendo mayores de edad, actúan con prudencia, devoción y amor, de hecho tienen que dejarlos que tomen sus propias decisiones.

No obstante, donde las objeciones de los padres tienen un buen fundamento y muestran clara y palpablemente razones para prohibir una relación, es el deber incuestionable de los hijos y especialmente las hijas, renunciar a ella. La unión en oposición a las objeciones de un padre o madre discreto raramente es una feliz. La copa agria se hace aún más agria por la recriminación propia. ¡Cuántas desgracias de este tipo hemos visto! ¡Cuántas señales hay, si al menos los jóvenes les hicieran caso, para advertirles contra la necedad de ceder al impulso de un amor imprudente y seguir adelante con él a pesar de los consejos, las protestas y la prohibición de sus padres! Rara vez resulta esa relación en otra cosa que no sea infelicidad, la cual los padres ya habían previsto desde el principio. Dios parece emitir su juicio y apoyar la autoridad de los padres confirmando el desagrado de ellos con el suyo propio.

Continuará …

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

La muerte de la predicación bíblica 2

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El entusiasmo religioso es otra desviación más de la fe en el Evangelio. El entusiasmo, que implica buscar nuevas experiencias de Dios constantemente, fue censurado sin rodeos por Lutero y Wesley. Aquí el Espíritu es elevado por encima de la Palabra, y la experiencia religiosa es más apreciada que la fidelidad al Evangelio y a la Ley. El compartir experiencias a menudo ocupa el lugar de la exposición de un texto bíblico. Sin duda, la fe es una experiencia así como un acto de compromiso, pero es una experiencia que nos transporta sobre todas las experiencias a entrar en comunión con el Cristo vivo. En la fe, somos sacados fuera de nuestra subjetividad para entrar al servicio del Reino de Cristo, lo cual implica ministrar a otros. Lutero dijo: “Nuestra teología es cierta porque nos lleva fuera de nosotros mismos, fuera de nuestros sentimientos y experiencias, y nos adentra en las promesas de Dios, que nunca defraudan”. Puede que haya ocasiones cuando la experiencia personal tenga lugar en nuestra predicación; sin embargo, nunca debemos persistir en la experiencia sino señalar siempre a la experiencia de Cristo de nuestro pecado, culpa y muerte, única-mente la cual procuró nuestra salvación.

Por último venimos a la herejía de politizar el Evangelio en que la Iglesia se reduce a una sociedad ético-cultural o una camarilla política. La politización del Evangelio está a menudo asociada con el cristianismo liberal más que con el cristianismo evangélico, pero hoy vemos una agenda ideológica entremetiéndose en la proclamación de la Iglesia conservadora también. El evitar un Evangelio ideológico no significa que deberíamos refrenarnos de señalar a nuestra gente hacia las implicaciones políticas del evangelio bíblico. Tampoco se nos exime de la obligación de predicar contra los males sociales, porque esto está incluido en la predicación de la Ley. Al mismo tiempo, nunca deberíamos confundir el Reino de Dios con un programa social, o la justificación divina con la justicia social. Politizar el Evangelio es una forma de moralismo, porque convierte la Ley, más que el Evangelio, en el tema de nuestro mensaje.

¿Qué ha producido este abismal estado de cosas? Sin duda, un factor determinante es el deseo de hacer el Evangelio agradable a sus despreciadores culturales y así quitar el escándalo de la Cruz (1 Corintios 1:23). En el proceso, el Evangelio ha sido redefinido para incluir la celebración del potencial y la libertad humanos. O sucumbimos a la tentación de interpretar el Evangelio a la luz del carácter religioso cultural que ha modelado nuestra identidad (tal como “El estilo de vida” americano) volviendo rombos los ásperos filos del Evangelio. Aun en círculos conservadores el Evangelio como revelación divina se confunde a menudo con el bagaje cultural de diversas tradiciones de fe. En una ocasión, un amigo en un instituto teológico puso un examen a su clase, pidiéndoles que definieran el Evangelio. Recibió tantas definiciones como estudiantes había en la clase, y muchas de aquellas respuestas no podían concordar. El Evangelio, desde luego, no puede ser encerrado en una simple definición, porque esto convertiría el Evangelio sencillo en un Evangelio simplificado. La doctrina de la justificación por la fe pertenece a la esencia del Evangelio, pero no es el todo del Evangelio. El Evangelio también incluye la santificación por medio del derramamiento del Espíritu. El Evangelio no es solo el mensaje de salvación sino también el poder de salvación (Romanos 1:16), pero este poder no está dentro de nuestro control o posesión.

Hacia el restablecimiento de la predicación bíblica

La iglesia contemporánea (protestante, católica, ortodoxa) penosamente necesita el restablecimiento de la predicación bíblica, evangélica. El protestantismo, en la tradición de la Reforma, ha sido conocido por su acento en el carácter crucial de la predicación, pero ahora es parte del problema más que de la solución.

Tenemos que aprender de nuevo a predicar todo el consejo de Dios (el Evangelio completo) y esto incluye la Ley como también el Evangelio. Predicamos la Ley para convencer de pecado a las personas y también para guiarlas en los caminos de la justicia. Predicamos el Evangelio para consolar y también para inspirar la motivación para hacer obras de fe y amor. Nunca tenemos que confundir la Ley y el Evangelio, pero al mismo tiempo es imperativo que afirmemos su inseparable unidad. El Evangelio nunca debe ser convertido en una nueva Ley, ni debe nunca la Ley ser un sustituto para el Evangelio.

La predicación desempeña un papel de eje en el culto de adoración, pero no agota la adoración. Debería tener lugar en el contexto de la adoración, pero la adoración conlleva mucho más que la predicación. La adoración es la respuesta corporativa (en oración, canto y reflexión) a la revelación de Dios de sí mismo y a la obra reconciliadora en Cristo Jesús. La adoración no es una representación diseñada para producir la fe sino una celebración de los hechos poderosos de Dios, incluyendo el don de la fe por el poder de su Espíritu. La adoración, como la predicación misma, está centrada en lo audible, no en lo visual. Respondemos a lo que oímos de la lectura de la Escritura y de la boca del predicador. Lo visual no está excluido, pues adoramos a Dios por medio de la celebración de los sacramentos así como a través de la oración y el oír. Sin embargo, lo visual está subordinado a lo audible, pues el sacramento obtiene su poder únicamente en su unidad con la Palabra de Dios proclamada y escrita.

Idealmente, el sermón es una interpretación del texto de la Escritura, no una exhibición de conocimiento superior o la demostración de las habilidades de comunicación. La predicación, así como la adoración entera, tiene como objeto la gloria de Dios y la regeneración de la humanidad pecadora. Está también concebida para equipar a los santos para el servicio en el Reino de Dios.

Los sermones que son bíblicos serán ipsofacto teológicos también. Lo que es desconcertante es que tantos sermones desde los púlpitos evangélicos hoy son palpablemente no teológicos. Los intereses prácticos hacen sombra a los intereses doctrinales, un punto de vista bien pensado por parte de Os Guinness, Marfk Noll, David Wells y muchos otros agudos observadores de la escena evangélica. El enfoque está en resolver problemas más que en interpretar la Palabra de Dios correctamente. Necesitamos urgentemente sobreponemos a nuestro temor a la teología si hemos de ser buenos expositores de la Palabra de Dios y, por tanto, instrumentos de la gracia de Dios.

Hace unas pocas décadas, la predicación bíblica era primordial para las principales denominaciones protestantes. Bajo la influencia del movimiento de teología bíblica y neoortodoxia, los seminarios teológicos se ocupaban en la desafiante tarea de hacer que la Biblia fuera central de nuevo en la adoración y la misión de la Iglesia. Sin embargo, el acento estaba puesto en librarse de la duda personal y la ansiedad interior más que en la libertad del pecado, la muerte y el Infierno. La obra reconciliadora de Dios en Cristo era debidamente celebrada, pero a menudo se hacía para servir a una agenda social (la reconciliación de las clases y las razas). Mientras que la predicación todavía se veía como un elemento vital en la vida de la iglesia y en la adoración, el cambio de la predicación por el hacer, del dogma por la práctica era ya evidente. Con la aparición de las teologías de la revolución, la liberación y el multiculturalismo, la predicación ha sido cada vez mas relegada al último término. También no tomado nuevas formas: por ejemplo, el compartir listadas de lucha y triunfo personal. La Biblia ya no es la infalible guía y norma de fe y práctica sino que hora es una fuente para el crecimiento y la realización espiritual. La Escritura se interpreta a través de los lentes de una hermenéutica de suspicacia más que a través de las lentes de la fe en el Salvador crucificado y resucitado.

No niego que aún haya muchos pastores fieles que se esfuerzan con la Escritura y que saben lo que es el Evangelio. Aun así, raramente sabemos de ellos porque gastan sus energías en el servicio de darse a sí mismos para sus congregaciones más que en buscar puestos de influencia y poder con sus conferencias y denominaciones. Aún existe un remanente (incluidos algunos ministros conferenciantes y obispos) que confiesan el nombre de Cristo y cuyo testimonio es usado, por el Espíritu de Dios para preservar la Iglesia de la capitulación ante las fuerzas desmoralizantes dentro de la cultura. Pero no es suficiente que la Iglesia sea preservada. La Iglesia está llamada a avanzar bajo la bandera del Evangelio y a llevar al mundo entero bajo la sumisión a Cristo Jesús. Los símbolos de la Iglesia adquirirán nueva vitalidad y poder cuando el Evangelio sea recuperado tanto por los clérigos como por los laicos. Cuando las personas vuelvan a oír el Evangelio y la Ley proclamados desde los púlpitos, serán motivados a confesar sus pecados y convertirse en luz y sal en la sociedad que vehementemente necesita regeneración.

Lo que la Iglesia necesita hoy no es una vuelta a la ortodoxia escolástica ni a la neoortodoxia. Ni tampoco deberíamos tratar de restaurar la prístina teología de la Reforma. En lugar de eso, deberíamos volver a la Biblia como oidores y aprendices, esperando que Dios nos hable en una manera pura a través de su Espíritu. Deberíamos vernos a nosotros mismos no como maestros de una sabiduría secreta sino como siervos de la Palabra. No somos corredentares ni cocreadores en forjar el Reino de Dios, sino que somos embajadores del Señor Jesucristo que tenemos un mensaje que proclamar y una comisión que cumplir. Si tomamos esta tarea en serio, las palabras de Jesús serán satisfechas: “El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lucas, 10:16). Entonces, y solo entonces, seremos un medio de gracia para un mundo perdido y doliente.

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Donald G. Bloesch fue Profesor de Teología Emérito en el Seminario Teológico Dubuque. Ha escrito numerosos libros, incluido The Future of Evangelical Christianity, The Struggle for Prayer, Freedom for Obedience.

La humanidad de Juan Calvino 6

Blog109F

2. La empresa de calumnia romana de Juan Calvino. A

En la época, desde el fin del siglo XVII, cuando se desarrollaban los principios de la propaganda humanista y liberal contra Calvino, la máquina de guerra romana contra el Reformador llevaba ya mucho tiempo bien engrasada. A finales del siglo XVII, Bossuet, aunque reconociendo en Calvino muchas cualidades, afirmaba al mismo tiempo que la obra del reformado estaba viciada por numerosas faltas.

“Calvino habría sido un ambicioso: habría sido arrebatado de orgullo […] un autócrata con arrebatos fáciles […] un espíritu moroso y amargo.”

En el siglo XIX, Balzac en su novela Mártir calvinista hace un retrato fantasioso de Calvino, describiéndolo como el revolucionario de Picardía, imagen que será vehiculada en los ambientes católicos conservadores. En el siglo XX, la palma de la  desinformación histórica católica romana debe atribuirse al padre André Favre-Dorsaz. Richard Stauffer caracteriza así este retrato que se pretende histórico:

“André Favre-Dorsaz ha escrito sobre el Reformador el libro más insidioso, el más nocivo que conocemos. Pone a Calvino en paralelo con Ignacio de Loyola y para mejor mostrar la superioridad espiritual del fundador de la Compañía de Jesús, habla del teólogo de Ginebra en un tono de ironía, de mofa, de burla y de desprecio que es todavía más penoso que los ataques groseros de Bolsec.” 

Gabriel Mützenberg no se muestra menos indignado:

“El autor fuerza la verdad en su sentido propio: siempre en el peor; ignora sistemática- mente los testimonios que podrían invalidar sus tesis; construye su retrato sobre indicios imperceptibles sobre comienzos de líneas indistintas que él prolonga según su imaginación .Afirma sin saber: Supone. Su mala intención le hace suponer. ¡Pero qué importa! La palabra está escrita y será recordada: “delación edificante”. El golpe es bajo, pérfido, pero consciente. El fin justifica los medios. A medida que se avanza en esta lectura, uno se siente tomado, enganchado por la marea de esta hipocresía.”

Pero vengamos a la fuente de esta desinformación histórica anticalvinista.

Calvino fue el blanco de los ataques romanos desde los inicios de su combate por la renovación de la fe verdaderamente evangélica en el mundo francófono. Sin embargo, no fue hasta 1562 cuando empezó a ser objeto de verdaderas calumnias de parte de uno de sus colaboradores próximos, un hombre que había sido a la vez su doméstico y su secretario, Francois Baudoin. Abandonó Ginebra bruscamente para volver a la Iglesia romana, partiendo con un buen número de documentos robados a Calvino. Utilizó este robo falsificando abusivamente estos documentos en dos libelos contra el Reformador.

Richard Stauffer caracteriza así los ataques de Baudoin contra Calvino:

“Por parciales que sean las críticas de estas dos obras contra el Reformador (acusando de cobardía, falta de corazón y despotismo), ellas todavía están lejos de los ataques injuriosos de Bolsee [en 1577] y de sus epígonos.”

Lo que nos interesa aquí es ve cómo Calvino, dos años antes de su muerte, reaccionó ante tal traición de un hombre de su confianza, íntimo suyo, y ante tales calumnias. La Défense de Calvin de Charles Drelincourt que nos permite entrever un Calvino total-mente más humano y simpático que no lo deja entender la caricatura convencional. Respondiendo a Baudoin, que acusaba a su antiguo maestro de “presunción inso-portable” con respecto a sus colegas, Drelincourt escribe:

“Es necesario que pregunte una ve más: ¿Quiénes son estos colegas de: Calvino, que se han quejado de su fasto increíble y de su insoportable arrogancia.”

Drelincourt da la palabra a Calvino mismo:

“Me acusa, dice, de que yo no puedo sufrir a ningún colega. Pero mi moderación a sufrir no solo a mis colegas, sino también a todos aquellos que están por encima de mí, y no solo a sufrirlos, sino también a desearlos, es tan conocida, que no es necesario refutar una calumnia tan fútil. No ha sobresalido nadie de mi tiempo en piedad y en doctrina a quien yo no haya rendido el honor y el respeto que se le debe, y del cual no haya publicado las virtudes a plena voz. Tampoco hay uno de ellos que no me haya deferido más de lo que yo hubiera querido. Como Felipe Melanchton acostumbraba a decir de mí, del cual una sola palabra es capaz de hacer callar los ladridos de Baudoin.”

Tras haber citado la reacción de Calvino a la acusación de Bau-doin de que no soportaba a nin-gún colega, continúa diciendo:

“Y sin embargo [dice Calvino] no hay en todo el mundo ningún fiel servidor de Cristo a quien yo no haya tendido la mano en sociedad fraternal. Que mis colegas respondan de nuestro consentimiento doméstico, de los cuales la administración de esta Iglesia es común conmigo. A todos aquellos que despuntan de manera esperanzadora yo los ayudo por todos los medios que puedo para hacerles florecer en gracia y en autoridad. Y puedo dar testimonio en buena conciencia, de que digo de buen corazón con Moisés: Quiera Dios que todos profetizaran en el campamento de Dios. En fin, que el calumniador nombre, si puede, uno solo a quien yo haya impedido por envidia o por emulación ser mi colega, si pudiera hacerlo. E incluso de estar en un grado más alto.”

Pero Drelincourt no se limita solamente al testimonio de Calvino sobre su generosidad en su actitud hacia sus colegas. Lleva al tribunal de estas acusaciones gratuitas y ma-lintencionadas a un testigo de excepción: Teodoro de Beza. Respondiendo a aquellos que afirmaban que Calvino “quería gobernarlo todo”, Beza escribe:

“¡Oh, vil y falsa impudicia! ¿Qué preeminencia ha buscado él jamás? ¿Con quién ha tenido alguna vez debate sobre el primer o segundo lugar? ¿Cuándo se le ha reconocido lo que correspondía a los dones y las gracias que Dios había puesto en él, cuándo se le ha visto cambiado, por poco que sea? ¿Cuándo se hallará haber jamás abusado de su cargo y autoridad, hacia el menor del mundo? ¿Cuándo ha emprendido hacer cosa alguna sin el consejo y contra la opinión de sus compañeros? Incluso al haber acabado un libro de la Escritura en sus lecciones, o en sus sermones, aun sabiendo mejor que nadie qué texto sería el más apropiado para la edificación de la Iglesia, nunca ha comenzado otro libro sin preguntar el parecer de sus compañeros. En definitiva, ¿qué disputa hemos jamás visto entre él y nosotros, sino que nos sobrepasaba a todos en toda humildad, entre sus demás virtudes, en lo que él solo se esforzaba más que todos nosotros; pero también de un gran coraje y virtuosamente, no obstante sin ostentación, e incluso sin apariencia externa? Puesto que se puede decir de él que Dios lo había trabajado tanto, como la medida de la condición de los fieles en este mundo puede albergar estas cosas, era un hombre que tenía una humildad sin pusilanimidad y una magnanimidad sin orgullo.”

Beza refuta la acusación de Baudoin según la cual Calvino no podía sufrir a sus colegas:

“Tú le acusas de que no puede sufrir a ningún colega, pero no hay nada más falso. ¿A quién harás tú ver que haya ejercido la menor enemistad contra quien sea de sus colegas? ¿Contra quién él ha hablado mal? ¿O quién es el que por envidia o por mal humor él haya buscado que disminuya, o le haya impedido elevarse? ¿Y qué, no sabes tú que conversamos en la Iglesia de Dios y no en un convento de monjes? Sabes bien tú mismo con qué fidelidad, mientras estuvo en Estrasburgo, ha mantenido una amistad santa con los mayores teólogos de nuestro tiempo: Capiton, Bucero y Pedro Mártir. También parece por testimonios públicos cuál ha sido su relación confirmada por tantos años con Farel y Viret, cuál ha sido su particular amistad entre él y Mr. Bullinger. Y el afecto que le muestran los principales Ministros de Suiza y de Grisons.”

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 3

Blog110C

Acerca de la preocupación del marido y de la esposa por ganar a su cónyuge cuando este no es creyente:

A fin de que el alma sea influenciada para bien, hay que tener muy en cuenta el estado presente del cónyuge en cuestión. Si uno es creyente y el otro no,
el creyente debe usar todos los medios que pueda haber para lograr que el otro también crea. Si ambos son creyentes, su cuidado mutuo debe ser edificarse uno al otro en su fe.

En primer lugar, es el sentir principal de la exhortación de San Pedro a la esposa creyente en cuanto a su conducta a fin de atraer a su esposo a una fe auténtica… Ahora bien, si este deber es de la esposa, con más razón lo es del esposo, quien es designado como la cabeza y un salvador de su esposa. Con este fin, San Pablo aconseja a los esposos y a las esposas casados con no creyentes que vivan con ellos…

Los medios de conversión son la mejor razón para amar: Le place al Señor dar esta bendición al esfuerzo del esposo o de la esposa por ser el medio de conversión de su pareja; el que se convierte amará entrañablemente al otro y bendecirá a Dios con todo su corazón… porque han podido entrelazarse tan fuertemente…

ACERCA DE LA EDIFICACIÓN MUTUA DE ESPOSOS Y ESPOSAS: El segundo deber relacionado con la salvación del alma es que ambos cónyuges creyentes se esfuercen mutuamente por edificarse el uno al otro. El cristiano les debe esto a los demás, cuanto más el hombre y la esposa… La edificación espiritual mutua es el mejor uso que pueden y deben hacer de las coyunturas y ligamentos que los une. En virtud de esto, el cuerpo (concretamente el cuerpo místico de Cristo) crece con el crecimiento que da Dios (Col. 2:19). Ahora bien, el vínculo matrimonial, siendo el más firme de todos los demás y por el cual estamos íntimamente entrelazados, ¿en virtud de qué otro vínculo habríamos de edificarnos el uno al otro, sino en virtud del vínculo matrimonial?…

El hombre y su esposa deben prevenir el pecado de su pareja:  Hasta donde les sea posible es el deber mutuo de esposos y esposas prevenir el pecado el uno del otro, esto se hace evidente por lo que dice el Apóstol: para prevenir que se engañen uno al otro “para que no [los] tiente Satanás” (1 Cor. 7:5). De estas palabras podemos arribar a esta doctrina general: Los cónyuges tienen que tener cuidado de protegerse el uno al otro de las tentaciones de Satanás, es decir del pecado, que es a lo que llevan todas sus tentaciones…

Indicaciones para prevenir el pecado: Para un mejor cumplimiento de este deber, el esposo y la esposa tienen que estar atentos y observar en qué pecado han caído, ya sea el uno o el otro, o qué ocasiones se presentan que puede conducirlos a pecar… Si ambos se irritan y enseguida se enojan, y uno nota esto primero en el otro, el que todavía está calmo debiera más bien sosegarse y con humildad y paciencia mantenerse tranquilo, no sea que al explotar ambos al mismo tiempo, toda la familia sufra…

Al esposo y la esposa les corresponde corregirse mutuamente los pecados: Ya sea que el esposo o la esposa ha pecado, el deber mutuo es que el que es inocente corrija al otro. Como si uno de ellos estuviera herido, el otro debe ocuparse de curar la herida. Esto es lo que hizo Abigail, esposa de Nabal, cuando se enteró de la furia de David contra Nabal por el desaire recibido de este. Se apresuró a llevarle alimento, y se humilló ante él (1 Sam. 25:23). Esto conmovió tanto a David que se tranquilizó. Sí, y Abigail se tomó el tiempo para hacerle ver a su marido su falta y el peligro en que esto lo había puesto. Más directamente y con más éxito corrigió Jacob la superstición o idolatría de su esposa Raquel, como puede verse comparando Génesis 31:19 con 35:2, 4. Un hermano no debe dejar que su hermano permanezca en pecado: cuánto menos puede la pareja dejar que esto suceda entre ellos.

Es un corolario del odio ser indiferente al pecado ajeno: No debes aborrecer a tu hermano (dice la Ley) y ser indiferente a su pecado (Lev.19:17). Hacerlo es muestra y fruto del odio. Si un esposo viera a su esposa o una esposa viera a su esposo en medio del fuego o en el agua, a punto de ser quemado o de ahogarse, y no hace todo lo que puede para rescatarlo, ¿no pensaríamos con razón que lo aborrece? El pecado es como fuego y agua, que quema o ahoga a los hombres para su perdición. Este deber puede cumplirse con sugerencias humildes, expresiones concisas, mansas llamadas de atención y con la ayuda de un pastor bueno o algún amigo discreto y fiel…

Cómo impulsar el crecimiento en la gracia: Este deber puede cumplirse de estas maneras:

1. Notando y mostrando aprobación por el comienzo y aun el paso más  pequeño de adelanto en la gracia.

2. Conversando frecuentemente acerca de las cosas que les conciernen: haciéndose preguntas el uno al otro sobre el tema y contestándolas.

3. Poniendo esto en práctica y siendo ejemplos mutuos: siendo el uno para el otro un ejemplo constante de devoción.

4. Realizando juntos ejercicios religiosos, tales como orar, cantar salmos, leer la Palabra y otros.

5. Ejecutando ejercicios santos y religiosos en la familia: Aunque este deber corresponde especialmente al marido, a la esposa le  corresponde recordárselo en caso de que se olvide y motivarlo a hacerlos, si le faltan ganas… En este tipo de persuasión, nadie puede prevalecer con un hombre mejor que su esposa.

6. Motivándose el uno al otro a concurrir a la casa de Dios para escuchar la Palabra, participar de las ordenanzas de Cristo y a conciencia ser parte de todo el culto público a Dios.

De Of Domestical Duties
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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres; poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino 5

Blog109E

B) LA HUMANIDAD DE JUAN CALVINO A LA LUZ DE LA DELACIÓN, LA CALUMNIA Y LA PERSECUCIÓN.

Una visión tan poderosa y completa de la fe bíblica en un Dios justo, tan soberanamente Señor de todas las cosas, tan clemente y lleno y bondad y de misericordia hacia sus criaturas, no podía más que suscitar la rabia del Diablo y el odio irreductible de los hombres impíos. Calvino conoció durante su vida la persecución que suscitan tales odios. Pero ella se volvió todavía más feroz tras su muerte. Es a la luz de estos ataques de Sa-tanás y de sus servidores como aparece de manera aún más viva la humanidad —en el sentido de las primeras definiciones de Robert que hemos citado en nuestra in-troducción— de Calvino: (1) su carácter humano, (2) su clemencia incansable y (2) la manifestación en él de una naturaleza humana plenamente realizada, a la imagen de Jesucristo, renovada por la gracia de Dios en él.

A fin de aclarar mejor esta luz tan humana que emanaba de nuestro reformador y para contrastarla con las tinieblas más que inhumanas de sus innumerables detractores y adversarios, me basaré en los escritos de sus más eminentes defensores: Charles Drelin-court, pastor de la Iglesia de Charenton, cerca de París durante buena parte del siglo XVII; Richard Stauffer, pastor suizo y profesor de Historia de la Reforma en París; y Gabriel Mützen-berg, hombre de letras ginebrino, intrépido defensor evangélico de Calvino y de la Reforma ante sus detractores evangélicos, protestantes, ateos y católicos romanos. Nos inspiraremos amplia-mente en estos tres autores, principalmente en Charles Drelincourt.

1. Calvino calumniado entre los protestantes

El eminente biógrafo de Calvino e historiador Émile Doumergue evoca la forma en que, por 1893, intentaba desprenderse de la interpretación convencional, entonces unánimemente recibida en el mundo francófono, del gran reformador. Describe así en su Iconographie calvinienne, los sentimientos de moda contra los que tenía que luchar para intentar restablecer la verdadera figura de Juan calvino:

“En esta época, yo comenzaba a sacudir el yugo de la leyenda, a mantener a un Calvino totalmente distinto que el Calvino convencional, casi el único conocido, un Calvino que no nació a la edad de casi sesenta años, agotado por el trabajo y la enfermedad, caricatura en lo moral y en los físico, por los escritores y los pintores de un talento o de una buena fe bastante sospechosos.”

¿Cómo es esta tradición de escritores y pintores encarnizados desde muchos siglos en calumniar al reformador de Ginebra? Tiene un doble aspecto:

Primeramente, católica romana; después protestante liberal, atea, democrática y humanista. Para comenzar, examinaremos brevemente el ataque protestante contra el gran reformador de Ginebra, después, principalmente con ayuda de la obra del pastor Drelincourt, observaremos más en detalle el ataque romano contra Calvino. Richard Stauffer hace una buena presentación de la hostilidad de los ámbitos protestantes liberales del siglo XIX hacia Calvino. Presentado por estos autores pretendidamente reformados, Calvino es irreconocible. Lo trágico es que esta caricatura se ha convertido en la imagen típica del reformador, tal y como se ha recibido en los ámbitos francófonos, y esto no solo por los protestantes en general, sino simplemente por todo hombre cultivado. Alfred Franklin, en la “Introducción” que escribió para su edición de la Vida de Calvino de Teodoro de Be-za, nos presenta el modelo de este género de desinformación histórica:

“Este gran fantasma negro, de figura glacial que, sombrío, seco, apresurado, a la caza de una idea excesiva, que surca rápidamente el mundo y le deja una marca tan profunda, atrae irresistiblemente las miradas, sin inspirarle simpatía; la gente se resiste a su ascen-diente, puesto que no puede satisfacer la razón y no le dice nada al corazón.”

 
Franklin dio así el tono del desprecio protestante por Calvino, desprecio liberal, demócrata y humanista, en definitiva, el de la Ilustración de inspiración gnóstica y masónica. Es frente a esta cultura del desprecio que se alzaron esas figuras a las que nosotros somos tan deudores: los J.H. Merle d’Aubigné, los Louis Gausse, Émile Doumergue, Auguste Lecerf, Jean-Daniel Benorit, Jean Cadier, Pierre Marcel y Pierre Courthial, valientes y lúcidos cristianos calvinistas, el combate de los cuales, nos parece, continuamos hoy aquí. Nombremos, por el deber de la memoria, algunos de los des-tructores protestantes de nuestra herencia reformada:

—Oskar Pfister, pastor y psicólogo de Zurich dibujó en 1947 el retrato de un Calvino sádico, perseguidor de las brujas ginebrinas, verdadero psicópata.

—Jean Schorer (1885-1973), pastor en la Catedral de San Pedro en Ginebra, en una obra llena de “citas mutiladas y falsificadas” (Stauffer, op.cit., p. 17) dibujó el retrato de un Calvino dictador, a imagen de los Hitler o Stalin de su época.”

—El novelista judío austríaco Stefan Zweig, por incitación del pastor Schorer, dibujó el retrato de Castellón, adversario humanista y pacifista de Calvino obra que, según Roland de Pury es, en su injusticia para con el reformador, “una de las mentiras más profundas y perniciosas que hayan sido proferidas en literatura histórica”.

—Henry Babel, pastor en San Pedro, ha también evocado la vida y obra de Calvino. En la conclusión de su obra Calvino le pour et le contre evoca el retorno de Calvino a Ginebra e imagina al Reformador emplearse a redefinir el contenido de la fe reformada según el modelo de una religión mejor adaptada al progreso técnico y al pluralismo ideológico de moda en la Ginebra de mediados del siglo XX. Todavía aquí la ideologia liberal y humanista del sucesor de Calvino le impide percibir el objeto mismo de su estudio.

—Por último, incluso el cine se ha ocupado de la figura de Juan Calvino. El poeta ginebrino Georges Haldas y el cineasta Claude Goretta se han asociado para evocar, en detrimento del Reformador (¡y del Evangelio!) la Pasión y muerte de Michel Servet. Este, que con todas sus fuerzas negó la divinidad de Jesucristo y la Trinidad misma, y pagó con su vida tal blasfemia, ¡es identificado con la Persona misma del Salvador! La obra de Haldas está, también ella, llena de errores y de los peores anacronismos: Calvino sería el Stalin de la Reforma. Además, Haldas afirma haber visto, en su infancia, y con sus propios ojos, el edificio en el que Servet fue encerrado, edificio desgraciadamente reconstruido en 1841-1842. Pero lo peor es el humanismo sentimental perfectamente unilateral en el que se baña toda esta obra. De esta manera el antitrinitario es un mártir, pero los cinco jóvenes estudiantes de teología de la Academia de Lausanne martirizados en Lyon en el mismo año no le merecen a Haldas la menor simpatía humana. ¡Como parcialidad malintencionada no se podría hacer mejor!

Pero dejemos ahí las divagaciones de una cierta historiografia protestante para volvernos hacia una guerra de propaganda mucho más devastadora.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO 2

Blog110B

ACERCA DE LAS ORACIONES MUTUAS DE LOS ESPOSOS.

El mayor interés de los dos debe ser el bien del uno y del otro, que Salomón aplica en particular a la esposa; es decir, hacer bien y no mal todos los días de su vida. Recordemos que el bien del hombre incluye su alma, cuerpo, buena reputación y bienes.

La oración, un deber mutuo: Un deber general que incluye a todos los deberes es la oración. San Pedro exhorta que la relación entre esposos no sea un obstáculo para las oraciones. Da por sentado que la oración es un deber mutuo que uno le debe al otro, como el que Isaac demostró hacia su esposa (Gén. 25:21). Por medio de ella, que el hombre y su esposa se ayuden el uno al otro en todo lo que necesitan. Es el medio en que Dios, en su sabiduría, la ha santificado para obtener todas las bendiciones necesarias para otros y para uno mismo. Muchos la consideran un deber de poca importancia y de
poco provecho, pero la verdad es que orar correctamente en verdad y con fe es difícil, pero sus efectos son poderosos. Es el mejor deber que uno puede cumplir para bien de otros y el que menos hay que descuidar. Ya mencionamos que Isaac oró por su esposa. Para demostrar el bien que le hizo a ella, nos dicen las Escrituras que el Señor lo escuchó. Así ella, siendo antes estéril, por este medio concibió un hijo. Todos los tratamientos médicos del mundo no podían haberle hecho tanto bien. Entonces, siempre, sin cesar, hay que cumplir este deber. Cada vez que los dos eleven una oración, tienen que tenerse en cuenta el uno al otro: sí y a menudo han de proponerse elevar oraciones en especial el uno por el otro, ya sea estando juntos o separados.

Esto último concierne especialmente al esposo, quien es como un sacerdote para su esposa y debe llevar los ruegos de ella a Dios cuando están juntos…

Las cosas por las que los esposos y las esposas orarán solos: Hay varias bendiciones necesarias por las que los esposos y las esposas deben orar y que tienen que ver solo con ellos dos y corresponden ser  mencionadas en las oraciones privadas entre ellos, como:

1. Siendo ambos una sola carne, tienen que ser también un solo espíritu: para que sus corazones sean como uno, entretejidos por un amor matrimonial, auténtico y espiritual, deleitándose siempre el uno en el otro, siempre dispuestos a ayudarse el uno al otro, y listos para cumplir con buena voluntad y alegría todos esos deberes que el uno le debe al otro.

2. Que su lecho matrimonial sea santificado: Siendo que es ordenanza de Dios, les corresponde cumplirla, manteniendo su lecho sin mancilla. No hay nada tan importante por la que debe orar mutuamente el matrimonio… debido al calor de los apetitos de la carne que la mayoría tiene. Si no se contiene por medio de la oración (el mejor medio para este fin), puede suceder que el lecho sin mancilla sea mancillado, y el hombre y su esposa pueden llegar a adulterar el uno con el otro. Como en otros casos, así también es esto santificado por la Palabra y la oración. La Palabra da una garantía y dirección para su uso. La oración lo sazona e igualmente lo bendice.

3. Para que puedan tener hijos y que estos puedan ser herederos de la salvación y vivan en este mundo para su propio bien y el de los demás…

4. Para que Dios les dé capacidad en lo que se refiere a los bienes de este mundo, y otros buenos medios para alimentar, nutrir y darles a sus hijos un buen futuro: y suficiencia para mantener a su familia y los bienes donde Dios los colocó.

5. Para que los dones y las gracias que necesitan y faltan en cualquiera de los dos les sean dados: y que los males y las enfermedades a los cuales están sujetos puedan ser superados.

Estas cosas y muchas similares brindan ocasión para que el hombre y su esposa oren de manera especial el uno por el otro y con otros.

Acerca de la preocupación del esposo y de la esposa por su salvación mutua:

Acerca del deber particular de los maridos en este sentido: Del deber general de orar que es provechoso para todo, pasemos a las  ramificaciones de las providencias relacionadas con el cuidado mutuo del hombre y su esposa. Comencemos con lo primero que deben procurar, a saber: el bienestar del alma del uno y del otro. El Apóstol indica que es algo que hay que procurar, donde dice: “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:16). San Pedro insta a las esposas a esforzarse por ganar a sus esposos (1 Ped. 3:1-5). Y San Pablo establece para los maridos cómo es el amor de Cristo, que tiene un especial interés por el alma y su salvación (Ef. 5:22-32). Este es un deber de ambos que San Pedro subraya cuando dice que son coherederos de la gracia de la vida (1 Ped. 3:7).

El bien más grande que uno puede hacerle a otro es ser un medio que le ayude a obtener la salvación. Y no hay nada que puede entrelazar más profunda y firmemente dos corazones que ser este medio.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino IV

Blog109D

A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 2.
Ocurre evidentemente lo mismo acerca de todos los aspectos de la realidad sobre los cuales Calvino hace brillar la claridad de la Palabra de Dios, el estallido de la luz que Jesucristo, por su Espíritu, hace brillar sobre todas las obras divinas. Es así como, siguiendo al apóstol Pablo, busca traer cautivos a la obediencia de Jesucristo todos los pensamientos extraviados de los hombres (II Corintios 10:5). Su estilo mismo suscitó toda una tradición de poetas y prosistas reformados, que van desde Teodoro de Beza a Agrippa d’Aubigné, desde Guillaume Salluste du Bartas en el fin del siglo XVI, a Jean Ogier de Gombauld y los Drelicourt (tanto el padre Charles que el hijo Laurent), desde Pierre du Moulin hasta Jacques Saurin y Bénédict Pictet, hasta el alba de la vaporosa Ilustración del siglo XVIII.

Por todas partes, estos escritores calvinistas volvían a este modelo de belleza que es el estilo de la Biblia, estilo del cual las formas tan diversas que usan los autores del Libro sagrado están puestas siempre al servicio de la verdad divina.

Vemos cómo el crítico protestante del siglo XIX, A. Sayous, caracterizaba el estilo de Juan Calvino:

El estilo de Calvino es del mismo temple que su pensamiento: preciso, enérgico, que prescinde de las gracias superfluas y de las inutilidades del lenguaje, es el reflejo exacto de la perfecta claridad de su inteligencia. Predicador, o escritor, la expresión justa y fuertemente recortada le llegaba sin esfuerzo, acuñada de un golpe, por así decirlo, por el peso del pensamiento; y sus sermones improvisados, sus escritos dictados al vuelo o escritos al correr de la pluma, están todos igualmente marcados por este mismo cuño de precisión y vigor […J. Para alcanzar tal claridad y vigor de expresión, sin cesar ni un mo-mento de ser natural, es necesario instinto o estudio, poseer esta inteligencia de un idioma del que uno se convierte en maestro.

Más recientemente, el eminente crítico literario protestante Albert-Marie Schmidt escribía acerca del estilo de Calvino:

Por una especie de prodigio, del cual no se llega a dar una explicación satisfactoria, Calvino enuncia sus sólidos pensamientos en una especie de lenguaje eterno que, preservado de los daños del tiempo, no pierde en ninguna circunstancia su actualidad. Mientras que el arte y la intención de Rabelais, su contemporáneo, se nos han vuelto igualmente oscuros, nosotros entendemos sus intenciones más ocultas, desciframos con agudeza las alusiones más secretas que implica su escritura, por cuanto ella, animada por un impecable espíritu de geometría intuitiva, pone discreción a no emplear, en su sentido más simple, más directo, más claro, más puro, que palabras comunes y claras.

Schmidt muestra qué propósito anima a tal estilo, límpido y enérgico, apasionadamente inteligible y concreto:

Los textos de Calvino, que no deparan y ocultan jamás la jerga oscura de los eruditos que no se dirigen más que a algunos doctos erizados orgullosos de su saber, sino al conjunto de los predestinados a creen a fin de preparar en ellos, por la resolución de las principales dificultades de la Escritura y la justa organización de sus máximas la irrupción familiar del Espíritu Santo.

Lo que acabamos de ver en el ámbito de la estética de Juan Calvino lo podríamos demostrar sobradamente en lo que se refiere a su pensamiento político, su filosofía,” por el ámbito económico y social,” por el de la caridad eclesial y privada, por el de la cura de almas y, finalmente, en el ámbito de las ciencias de la naturaleza, pero puesto que el tiempo es un dueño exigente, continuemos sin más hacia nuestro segundo apartado.

Dejemos la última palabra de esta primera parte de Las humanidades de Juan Calvino, a dos grandes conocedores franceses del pensamiento de Calvino, Jean-Daniel Benoit y Jean Cadier. Este último escribe:

Esta soberanía de Dios [que enseña Calvino] sobre todos los momentos de la vida está evidentemente opuesta a la secularización que es la marca de nuestra época. Toda nuestra existencia ha sido poco a poco separada de sus raíces profundas en Dios. La  religión  aparece como un asunto privado, sin relación con la vida pública. Pero precisamente esta secularización debe obligar al cristiano de nuestro tiempo a reafirmar la gloria de Dios en un mundo que lo desconoce. El pensamiento de Calvino ciertamente fue marcado en el siglo XVI por un contexto de oposición y de persecución. Es una doctrina para los prisioneros, los torturados, los testigos que serán degollados. Pero ella también es totalmente necesaria en la situación dramática del siglo XX, donde también existen prisiones, torturas y ejecuciones para aquellos que confiesan a Cristo en algunos países, y donde también existe una voluntad de poner a Dios fuera de la vida. Pero Dios no quiere ceder su gloria a nadie.

Después Cadier evoca la piedad, a la vez Trinitaria y centrada en la unión personal del creyente con el Señor Jesucristo, por el Espíritu Santo:

Esta unión con Cristo es la obra del Espíritu Santo. Y esta obra del Espíritu Santo tiene otro nombre: se llama la fe. Calvino da esta definición admirable de la fe: “La fe abraza Jesucristo” (Institución III,ii,8). Pocos teólogos han tenido una concepción más viva, más mística en el sentido religioso de esta palabra, que esta. La vida religiosa es, pues, “la comunicación alta y mística que tenemos con Jesucristo”.

Por tanto, vemos que el geocentrismo de Calvino en modo alguno le conduce a una piedad que se alejaría de la relación con Cristo. ¿Pero de dónde viene entonces esta dureza en la lucha que hemos descrito anteriormente y que ha dado ocasión a los numerosos detractores de Calvino de componer esta figura legendaria de un ambicioso, que no retrocede ante nada para llegar a sus propósitos de dominación?

Si no se tiene la certeza de ser conducido por Dios, la fuerza inquebrantable da, a aquellos que están fuera de esta acción, la impresión de ambición. La tenacidad de un hombre conducido por Dios es para los incrédulos una voluntad orgullosa de alcanzar sus fines […]. Pero Calvino contempla el triunfo de la causa de Dios. Es necesario que Dios gane. Es por ello por lo que su obra tiene este carácter dramático y a veces violento.

Sin embargo, los siglos han pasado. El mensaje calvinista se ha extendido en el mundo. Contra todas las pretensiones humanas ha alzado la exigencia señorial de Dios. Los hugonotes de Cévennes, los gueux de Holanda [Literalmente, “miserables, mendigos”. Nombre dado a los reformados holandeses que se alzaron contra Felipe II, N. T.], los puritanos de Nueva Inglaterra, los confesantes de la Alemania de Hitler han mostrado que cuando la gloria de Dios se encuentra amenazada, los hombres pueden resistir a la opresión. La lucha continúa. Calvino permanecerá en esta lucha como un guía indispensable y su voz de mando permanece: ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Jean-Daniel Benoit plantea a su vez la siguiente cuestión en la conclusión de su bello libro sobre Juan Calvino:

¿Cuál es, pues, el espíritu del calvinismo, la característica dominante de esta piedad que hizo a los hugonotes, los puritanos, los mártires?.
Y responde:

El espíritu del calvinismo se encuentra en el gran principio teocéntrico: Dios en el centro, Dios ante todo, por encima de todo y de todos.

En efecto, el calvinismo es, principalmente la afirmación apasionada de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios. “Servir a la gloria de Dios”, es el fin supremo de la vida humana, la razón de ser de toda existencia, por alta o humilde que sea, es el principio motor del calvinismo, la fuente de la energía desbordante y de la actividad de la que los calvinistas siempre han hecho gala a lo largo de la Historia.

Tenemos ahí, en esta actitud teocéntrica, el principio de una renovación necesaria de nuestro pensamiento y de nuestra piedad.

En efecto, poco a poco estamos habituados a poner al hombre en el centro del universo, y a proclamar los derechos del hombre independientemente de los derechos de Dios. En el centro, el hombre, su angustia, su miseria, sus necesidades, sus aspiraciones. Y Dios parece no entrar en escena más que para responder a estas necesidades del hombre, para aportarnos el perdón y la paz, para calmar nuestras angustias, permitirnos avanzar con confianza a través de las brumas que nos ocultan el porvenir, y calmar nuestros terrores frente al misterio y el pavor de la muerte. Dios, ¡cómo sabemos utilizarlo para nuestros propios intereses! Nos imaginamos de buena gana que no tiene otra razón de ser que la de hacer por el hombre lo que la nodriza por el niño, y que su papel es únicamente velar por él, nutrirlo, consolarlo, guiarlo quitando de sus pasos las piedras del camino. ¡En verdad, a veces parece que Dios haya sido hecho para el hombre, y no el hombre para Dios!

Y Benoit añade:

Estas desviaciones egoístas y sentimentales se remontan lejos en el pasado. El racionalismo, con su “Dios de las buenas personas”, y un cierto pietismo, con su Cristo delicado y afeminado, no son totalmente ajenos de ello.

Ante tal desnaturalización de la fe cristiana Benoit recuerda las cimas espirituales a las que Dios nos llama:

Frente a tales desvíos, ¡cuánto se impone un retorno al espíritu del calvinismo, a esta afirmación fundamental de los derechos de Dios, del honor de Dios, de la gloria de Dios!

Y continúa diciendo:

Hemos hablado demasiado de nuestras necesidades, de nuestras aspiraciones, de las nostalgias de nuestros corazones; nos falta tomar conciencia de los derechos de Dios; no de nuestros derechos sobre Dios —derecho a la salvación, derecho a la felicidad, derecho a la consolación, derecho a la felicidad eterna, ¡como si tuviéramos derechos a la gracia y a la misericordia divinas!—, sino de los derechos de Dios sobre nosotros, nuestras vidas, derechos de Dios a nuestro servicio, a nuestra obediencia, a nuestra consagración; actitud austera y viril que nos inclina ante la majestad divina, que quebranta nuestro egoísmo y nuestro orgullo, y nos pone, ante Dios, en nuestro verdadero lugar.

Y Benoit nos muestra que únicamente es cuando ponemos a Dios en su justo lugar, el único lugar que por derecho es el suyo, que nuestras vidas serán saciadas y satisfechas todas nuestras necesidades más legítimas y profundas. Y termina citando una carta de Calvino recordando, incluso a un rey, esta prioridad suprema:

Escuchad a Calvino, escribiendo al rey de Navarra y recordándole que hay una cosa más digna y más preciosa que su salvación:

“Nos perdonará usted, Sir, la necesidad que nos constriñe a hablar de esta manera, ya que nos preocupa vuestra salvación, en verdad algo más digno y precioso: es la gloria de Dios y el avance del reino de Jesucristo, en el que consiste la salvación vuestra y de todo el mundo”.

Continuará …

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DEBERES QUE PRESERVAN EL MATRIMONIO

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EL primer deber principal y absolutamente indispensable entre el hombre y su esposa es la unidad matrimonial, por la que ambos se consideran una sola carne y  consecuentemente preservan su unión inviolable. Ese es el deber que el Apóstol les recomienda con estas palabras: “Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer” (1 Cor. 7:10-11). Está hablando de la separación de la pareja, quebrantando e invalidando así el lazo matrimonial. Quiere que la unión se conserve firme e inviolable, y que los dos que fueron hecho uno, sigan siéndolo para que no vuelvan a ser dos. Esta unidad matrimonial es tan necesaria que no puede ser infringida ni disuelta aunque uno sea cristiano y el otro pagano. Dice el Apóstol: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Cor. 7:12-13)…

ACERCA DE LA PAZ ENTRE EL HOMBRE Y SU ESPOSA: Entre otros medios para mantener un afecto cariñoso interior entre esposos, algunos de los principales son: la paz, armonía y el acuerdo exterior. De hecho, el Apóstol les exhorta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef. 4:3), porque la paz es el lazo que amarra el uno al otro y hace que sean uno, aun uno en espíritu. Cuando sucede lo opuesto la discordia exterior desune el espíritu de los hombres. La Biblia nos estimula a seguir la paz con todos. Entonces, ¿con cuánta más razón deben los maridos tener paz con sus esposas y las esposas con sus maridos? Son más cercanos que hermanos y hermanas. ¡Entonces, cuánto más bueno y cuánto más delicioso es el habitar el esposo y la esposa juntos en armonía (Sal. 133:1)! Habitar juntos es algo que tienen que hacer, pero sin paz no hay un habitar juntos. Es mejor vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa (Prov. 21:9; 19; 25:24). Es mucho mejor que las personas que no se llevan bien permanezcan alejadas. No debe ser así con el hombre y su esposa, sino que más bien tienen que vivir en paz. La paz entre ellos es reconfortante, habiendo sido expuestos a las discordias de otros. Se ha dicho que en este sentido, la esposa es un remanso de paz para el hombre: ¿cuánto más el hombre lo es para su esposa?…

Para mantener la paz:
1. Eviten ofender: Hasta donde sea posible, eviten las ofensas. El esposo debe cuidarse de no ofender a su esposa, y lo mismo la esposa.
Las ofensas causan discordia.

2. No se ofendan: Cuando una parte ofende a la otra, la otra no debe darse por aludida. Así conservarán la paz. La reacción a las ofensas es lo que da inicio a las rencillas.

3. Procuren la reconciliación: Si ambos se enojan al mismo tiempo, el fuego se hará más grande. Por esta razón, sean rápidos en apagarlo. La ira no debe compartir la cama con los esposos, ni deben ellos dejar de compartir la cama por ella. Para que el fuego se apague más pronto, ambos tienen que esforzarse por reconciliarse. La gloria es del que da el primer paso, porque de hecho es bienaventurado por ser conciliador. No aceptar la conciliación cuando se ofrece es peor que ser pagano; cuando surge la ira, el deber del cristiano es procurar calmar los ánimos: una gracia que viene de lo Alto.

4. No permita que se formen partidos: No lleven sus desavenencias a sus hijos ni a sus sirvientes ni ningún otro familiar con el fin de que tomen partido con uno y se pongan en contra del otro. El hecho de que el hombre hable con cualquiera en su casa en contra de su esposa o que la esposa lo haga en contra de su esposo es, por lo general, causa de problemas entre ambos.

5. No hagan comparaciones: Deben evitar criticar constantemente a su pareja comparándola con otras personas o con sus esposos o esposas anteriores (en caso de haberlos tenido). Las comparaciones de este tipo son muy dañinas. Suscitan muchos malos sentimientos y causan grandes discordias.

6. No sean celosos: Sobre todo, hay que cuidarse de los celos imprudentes e injustos, que son la desgracia del matrimonio y la causa mayor de disgustos entre el hombre y su esposa. Las personas celosas son rápidas para empezar riñas y buscar ocasiones para sembrar la semilla de la discordia. Toman cada palabra, cada mirada, acción y moción de la peor manera posible y, en consecuencia, se ofenden sin razón. Una vez que se encienden los celos, son como un fuego llameante fuera de control. Es imposible sosegar al que los tiene.

7. Deléitense el uno al otro: En todas las cosas buenas, tienen que esforzarse por deleitarse el uno al otro sacrificando su propia voluntad y evitando causarle un disgusto al otro. San Pablo hace notar que es el deber de ambos hacerlo y describe el cariño mutuo que los esposos se tienen como un desvivirse por alegrarse mutuamente.

Continuará …

De Of Domestical Duties.

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William Gouge (1575-1653): durante 46 años pastor en Blackfriars, Londres;
poderoso en las Escrituras y la oración, predicó 30 años sobre Hebreos, los puntos
fundamentales de estos sermones se plasmaron en un comentario famoso. Nació
en Stratford-Bow, Condado de Middlesex, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino III

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A) JUAN CALVINO Y LA BELLEZA 1.

Deberíamos ahora considerar brevemente un cierto número de ámbitos donde tales preocupaciones a favor de las “humanidades cristianas” se manifiestan en la obra de Juan Calvino. Pero, por el límite de nuestro espacio, nos centraremos únicamente en su amor a la belleza.

Léon Wencelius, en su bella tesis dedicada a La estética de Calvino, se expresa así:

Antes de conocer la armonía de Calvino y la belleza de su estilo, tenemos que saber lo que él mismo pensaba acerca de la belleza, y cuál fue su actitud ante las artes de su época […]. En la exposición sistemática de su doctrina, tenía que dar una explicación de la belleza del universo […]. Escribió en medio de un mundo que se planteaba el problema de la belleza pagana. Estuvo obligado a responder a las acusación de múltiples adversarios, que ya reprochaban al culto reformado su falta de pompa y de esplendor externo. De nuevo, una actitud en el terreno estético se imponía. Guiados por estas reflexiones, hemos leído toda la obra de Calvino […]. A medida que realizábamos este escrutinio del pensamiento de Calvino, hemos advertido que todos los pasajes que descubríamos que hablaban acerca de la belleza y de las artes obedecían a una armonía común. Su orden no era distinto del orden que preside en el pensamiento de Calvino en su conjunto, y hemos visto que para exponer en toda claridad el problema estético, le bastó mostrar el brillo de la belleza a través de las partes de su teología.

Wencelius concluye estas apreciaciones introductivas con estas magníficas palabras:

Cualquiera que sea el problema que se estudie en el reformador, siempre se tiene que considerar a partir de lo que es el centro de su pensamiento, que es Dios, y su brillo en el universo. Esta es la realidad suprema del calvinismo. Pero las criaturas están obligadas a tener en cuenta otra realidad, desgraciadamente presente en la raza humana: el pecado. Todo problema, ya sea moral, social, político, estético, no puede, en el calvinismo, ser considerado más que a partir del brillo de Dios en un universo deformado por el pecado. Existen como tres momentos en el dinamismo del calvinismo: Dios brillando en su gloria y, por su Verbo, Creador del mundo que es conservado por su Espíritu, después el drama cósmico causado por la criatura que se separada del Creador; después la fulguración redentora de Dios que envía a su Hijo en medio de sus criaturas, a fin de salvarlas, redención que es culminada con la santificación del Espíritu Santo. Toda la Creación, ya sea en el equilibrio de sus formas, o en el impulso de su energía, obedece a este dinamismo y está englobada en este drama. Las criaturas humanas, ya sean en su contemplación, en su pensamiento, en sus actos, son parte integrante de este gigantesco plan de Dios, y examinar uno de sus elementos no es posible más que en relación con el plan divino. De esta manera siempre tenemos el mismo ritmo en el examen de toda cuestión que interese al calvinismo: exposición de la cuestión tal y como se presentaría si el pecado no existiera; la cuestión considerada frente a la deformación que el pecado le ha hecho sufrir; los medios que Dios pone a nuestra disposición a fin de triunfar sobre las dificultades suscitadas por el maligno.

Emile Doumerge confirma ampliamente lo que escribe Wencelius, en este caso en lo que respecta la música:

Entre las artes, Calvino otorga un lugar especial a la música. Lejos de perseguirla, como pretende la leyenda, él ha protegido y defendido al gran compositor de las melodías del Salterio, Louis Bourgeois. Lejos de condenar, como lo pretende la leyenda, el canto a cuatro voces continuamente se ha servido de comparaciones musicales, en las que ha hablado de la melodía y la armonía. En su prefacio del Salterio, ha hecho tal elogio de la música (he aquí una sola frase que se halla idéntica en dos lugares de sus obras: “Todos experimentamos qué gran poder tiene la música para conmover los sentidos de los hombres” (Comentarios I Corintios XIV,7)que su enemigo y detractor íntimo, aquel que lo trata de antiartístico y de antihumano, estuvo obligado a confesar: “Nadie ha hablado de la música como Calvino, excepto Lutero”.

Sin duda —y ello hace cuestionar cada vez más la leyenda—la música “sirve más bien a la voluptuosidad y delicias que a la necesidad”; sin embargo no hay que tenerla por “superflua”. Solo es reprensible “la voluptuosidad que no va unida al temor de Dios”. Con esta restricción, Calvino aprueba altamente todas las cosas que “son aptas para recrear al hombre y darle voluptuosidad”.

“Nuestro Señor, añade, quiere alegrarnos en todos los sentidos”. Y él se goza y alegra. Él goza del orden de las cosas: “Un orden decoroso sirve de mucho, no solo para dar gracia y belleza a todos los actos, sino también para acostumbrar nuestros espíritus a la honestidad” (Comentarios: I Corintios XI: 2).

Y Doumergue concluye estos comentarios sobre la belleza en Calvino citando de él este magnífico texto:

¿Pensamos que nuestro Señor haya dado tal belleza a las flores, que salta a la vista, y que no sea lícito ser tocado por algún placer al verla? ¿Pensamos que Él le ha dado tal suavidad de olor que no haya querido que el hombre se deleitara al aspirarla? Dejemos pues ahí esta filosofía inhumana (el estoicismo), que nos priva malignamente del fruto lícito de la bendición divina, e incluso no le da lugar, sino que habiendo despojado al hombre de todo sentimiento, lo hará parecido a un trozo de madera.

 

Continuará …

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EL RESPETO DE LA ESPOSA POR SU ESPOSO 3

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III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL RESPETO DE LA ESPOSA POR EL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son:

1. De palabra: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Si hay ese temor y respeto interior en su corazón, como Dios lo requiere, será evidente en las palabras que dice. La misma ley que se aplica al corazón en este caso, también gobierna la lengua. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Prov. 31:26). Y ciertamente aquí “la lengua apacible es árbol de vida”, mientras que “la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu” (Prov. 15:4).

Este respeto de la esposa se demuestra:

(1) En sus palabras acerca de su esposo: Las cuales siempre deben estar llenas de respeto y honra. El Apóstol menciona a Sara como ejemplo de esto: “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien” (1 Pedro 3:6). Este era el lenguaje de su corazón como lo dice antes Génesis 18:21. Y ninguna esposa es demasiado grande o buena como para no imitar su ejemplo en esto, hablando respetuosamente de su esposo… todas las críticas acerca de su esposo y las palabras que lo deshonran tienen infaliblemente consecuencias para su propia
vergüenza; su honra y respeto se mantienen o caen juntos.

(2) Las palabras de la esposa hacia su esposo deben ser llenas de respeto.

Tiene que evitar: (I) Hablar en exceso, interrumpir ridículamente a su esposo mientras él está hablando, y responder con diez palabras cuando una hubiera bastado. Porque el silencio demuestra más la sabiduría de una mujer que las palabras, y la que es sabia es de pocas palabras. Aunque parezca ser religiosa, si no controla su lengua, su religión es en vano.

Y (II) ella tiene que cuidarse que sus palabras sean de calidad, es decir, humildes y respetuosas. Porque el gran deseo de la esposa debe ser “un espíritu afable y apacible”, sí, y del hombre también “es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:4). Cuando el corazón ha sido humillado por la gracia de Dios, se notará en sus palabras… ¿Acaso no ha dicho Dios “la lengua blanda quebranta los huesos” (Prov. 25:15)? Esto es más de lo que puede hacer una lengua virulenta… Le será un consuelo indescriptible en la muerte y el juicio reflexionar en las victorias que su paciencia ha logrado y con cuánta frecuencia su silencio y sus respuestas blandas han mantenido la paz… Es indudable que si la mansedumbre y el respeto no prevalecen, menos lo harán la ira y la pasión…

2. La demostración del respeto de la esposa hacia su esposo tiene que ser también de hecho. Y eso por su obediencia a sus directivas y restricciones… La esposa ha de obedecer a su esposo en todo lo que no sea contrario a la voluntad de Dios. Pero si le manda hacer algo pecaminoso según la Ley de Dios—si le pide que mienta, que dé falso testimonio o algo parecido—ella tiene que negarse modesta y resueltamente. Si le prohíbe hacer algo que, según los mandatos de Dios es un deber indispensable—si él le prohíbe orar, leer la Biblia, santificar el día del Señor o algo parecido—entonces tiene ella que “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29). Pero en todos los
demás casos, aunque ella puede presentarle respetuosamente a él sus razonamientos, si él sigue insistiendo, su mejor sacrificio será obedecer y hacer lo que le pide lo cual alivianará su yugo…

El hogar es el lugar que le corresponde: porque ella es la hermosura del hogar. Allí están sus ocupaciones, allí está segura… Cuando desaparecen el sol y la luna, el cielo está oscuro; y cuando tanto esposo y esposa están fuera de casa, se fomentan muchos problemas en el hogar, y ya sabemos de quién es la culpa: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa” (Prov. 7:11). Donde sea que el esposo juzgue mejor vivir, allí tiene la esposa que alegremente consentir vivir, aunque quizá por los amigos de ella o de él, sea incómodo para ella. Entonces… aquel que designa “amar a sus maridos” (Ti. 2:4) en el versículo que sigue le indica “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (2:5). Porque aunque se pueden silenciar las palabras de una mujer buena, nunca se podrán silenciar sus buenas obras…

Pocos esposos hay tan malos que la discreción y el respeto de una esposa no los reformaría; y pocas esposas hay de tan mal genio, que la sabiduría y el afecto de un esposo no la mejoraría.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

La humanidad de Juan Calvino II

Blog109B

I. LAS HUMANIDADES DE JUAN CALVINO

Para introducir esta primera parte, citaremos una página del bello libro de Susan Schreiner El teatro de su gloria. La naturaleza y el orden natural en el pensamiento de Juan Calvino.

“Aquellos que estudian la teología de Calvino no deben nunca perder de vista aquello que él afirmó en su debate con Sadoleto, es decir, que la preocupación mayor del cristiano no es la salvación individual de su alma, sino la gloria de Dios. Sin minimizar la importancia del pecado, de la justificación por la fe, o de la seguridad de la salvación en el pensamiento de Calvino, debemos acordarnos que él sabía que la gloria de Dios iba mucho más allá del individuo y se extendía a todos los aspectos de la Creación. Dios creó el mundo como un teatro de su gloria, y bien que el ser humano esté situado a la cabeza de la Creación, no constituye jamás, en su sola persona, toda esta Creación. Desde el movimiento ordenado de las estrellas hasta la estabilidad relativa de los Gobiernos, la naturaleza de Dios y su gloria se manifiestan en cada una de las partes de su Creación. La sugerencia de que “el mundo” se habría convertido en el dominio de las tinieblas, extranjero a la vida de la Iglesia, implicaba para Calvino que el propósito de Dios para su creación —ser el espejo o el teatro (de su gloria] — habría fracasado. Rehusar participar en este dominio terrestre o descuidar la contemplación de la naturaleza, manifiesta para él una ncomprensión del compromiso de Dios hacia su Creación y un olvido incluso de su gobierno del orden creado. En definitiva, limitar la visión de Calvino solamente a las doctrinas de la depravación total de la naturaleza humana, de la justificación por la fe y de la función condenatoria de la naturaleza [caída] sería imponerle una manera de ver a la cual se resiste todo lo que él ha escrito. En la perspectiva de Calvino, la especia humana pertenece al orden de la Creación, orden que revela o refleja el poder, la sabiduría y la gloria de Dios; no es entonces sorprendente que toda la Creación desempeñe un papel importante en su compresión de la naturaleza de Dios y de sus propósitos.”

En su bello libro El hombre cristiano y el saber en la época de la Reforma, E. Harris Harbison llega, en el capítulo que él dedica a Juan Calvino, a conclusiones totalmente parecidas. Hablando de la utilidad incomparable del estudio de la Biblia para los reformadores, Harbison plantea la pregunta: “¿Para qué es útil, según Calvino?”, y responde:

“La respuesta es que este saber bíblico [tal como se manifiesta en particular en la Institución de la religión cristiana] no debe solamente servir a la clarificación intelectual y doctrinal, y a la piedad personal, sino a una empresa mucho más vasta: el avance del Reino de Dios…. Estaba preocupado, de una manera que no era la de Lutero, a la vez en “la comunión y de la comunicación” de los beneficios espirituales. Esta preocupación social estaba asociada a una concepción asombrosamente dinámica de la Historia. El Dios de Calvino era un Dios activo, siempre activo y todopoderoso, tal como escribía, no aquel “imaginado por los sofistas [los escolásticos], vano, inactivo y casi dormido, sino más bien vigilante, eficaz, siempre obrando y continuamente en acción”. De igual manera, sus elegi-dos debían también trabajar en construir su Reino, estando constituidos como un ejército conquistador en marcha, avanzando en el mundo a partir de esta cabeza de puente del Reino de Dios establecida en Ginebra.”

Y Harbison concluye:

“Para Calvino, el saber puro, el hecho de estudiar y escribir por propio placen no podía nunca ser justificado. Pero si Calvino podía persuadirse, y persuadir con él a sus lectores, que esta forma de saber —sensible a las necesidades de los hombres, apropiada a los males sociales, productora de piedad cristiana, capaz para profundizar la comprensión por el cristiano de sus creencias esenciales, viva y concreta, allí donde la antigua tradición escolástica no era sino abstracción muerta— entonces los trabajos del erudito cristiano podían en efecto constituir una verdadera vocación cristiana de la mayor importancia. He aquí lo que se hallaba en el corazón de su visión de la búsqueda del saber como vocación cristiana.”

Continuará …

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La humanidad de Juan Calvino I

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PREÁMBULO

Es para mí un gran placer hablar al lector de este célebre personaje al que celebramos hoy, no por sí mismo, sino por el honor y la gloria que dio, en su corta y tan fecunda vida, a Dios. Para mí es un placer especial hablar del tema que me ha sido encargado (“La humanidad de Juan Calvino”), puesto que fue este medio —el de su humanidad— el instrumento de Dios para mi propia conversión. Era en la primavera de 1966. Habiendo por largo tiempo caminado sin Dios, errando en los laberintos donde me llevaron mi orgullo y mis pasiones, en su gracia Dios interrumpió la vanidad de mi vida sin El y en contra de Él, al revelarme, de manera físicamente tangible, el vacío de mi vida. Los estudios que yo seguía entonces sobre los orígenes de lo que hoy llamamos la “secularización” me habían conducido a investigar diversos escritos del siglo XVI para discernir los indicios de dos estilos que me parecían dividir el mundo de las letras: el primero, formalista, de pura apariencia; el segundo, cuya forma manifestaba una plenitud de sentido, que expresaba el ser. El estilo de las apariencias (el espíritu de la corte, hoy en día, el de la televisión) era un formalismo vacío de todo sentido por el cual yo sentía la mayor repugnancia. Era la manifestación cultural de esta incipiente civilización moderna que yo rechazaba con todas mis fuerzas. Pero también veía otro estilo, al que llamaba el del ser, en el que el escritor busca, en la forma escogida por él, una plenitud de este sentido al cual yo aspiraba con todas mis fuerzas, sin saber que Aquel a quien yo buscaba palpando así era Dios mismo, el Ser en Persona, el Dios tres veces santo, quien es el único que da ser y sentido a todas sus criaturas.

Este estudio literario me condujo a leer, puesto que quería abordar de manera completa los textos literarios del siglo XVI francés, el Tratado de los escándalos de Juan Calvino. Descubrí entonces, con un asombro sin límites, toda la vivacidad y energía, la belleza y el vigor de la escritura del Reformador. Es este libro el que se hallaba sobre la mesa de mi pequeña buhardilla de Neuchátel cuando volví aquel domingo de primavera, absoluta-mente anonadado por la súbita revelación de mi vacío. Y fue una palabra de la Escritura escrita en la página en la que me fijé, palabra que me decía, como venida del Cielo mismo: “Quien clama a Dios en la angustia, Dios no lo dejará jamás”. En mi completa impotencia, en mi incredulidad, clamé a Dios y Dios respondió a mi pobre oración. Es por esta razón, ya bien lejana, por la que me hallo hoy aquí para hablar de este bello tema: “La humanidad de Calvino”.

INTRODUCCIÓN

En el “Prefacio” de su Institución de la religión cristiana, texto fechado el 1 de agosto de 1559, Calvino se defendía así contra los calumniadores (por aquel entonces ya eran numerosos; después han sido multitudes) que hacían correr, en la Dieta de Augsburgo en Alemania, el rumor de su vuelta a la Iglesia romana, noticia recibida con un celo precoz por muchos de los Príncipes del Imperio:

“Veis aquí el buen pago que muchos cortesanos me dan: los cuales muchas veces han experimentado mi constancia, y por tanto me debería servir de abogados, si la ingratitud no les hubiese sido impedimento; y tanto más justamente deberían juzgar de mí, cuanto más han conocido quien yo sea.”

Y Calvino añade:

“Pero el Diablo con todos los suyos se engaña muy mucho, si piensa abatirme y desanimarme haciéndome cargo de tan vanas y frívolas mentiras. Porque yo confío que Dios por su suma bondad me dará gracia de perseverar y de tener una paciencia invencible en el curso de su santa vocación; de lo cual aun ahora de nuevo yo doy muy buenas muestras a todos los cristianos con la impresión de este libro [la publicación de esta nueva edición francesa de su Institución] .”

Al concluir su Prefacio, elevando a Dios su oración por los lectores y pidiendo las de ellos:

“Dios sea con vos amigo lector, y si algún provecho recibiereis de estos mis trabajos, me encomiendo en vuestras oraciones a Dios nuestro Padre.”

Pero antes de que entremos de lleno en nuestro asunto, “La humanidad de Juan Calvino”, debemos brevemente intentar definir lo que significa para nosotros esta palabra “humanidad”. Trataremos la humanidad de Calvino según las tres primeras definiciones del diccionario Gran Robert: (1) su carácter realmente benigno; (2) la plenitud de su humanidad, recreada a la imagen divina; (3) su humanidad en sus relaciones con los demás. En estos tres aspectos de su humanidad él fue calumniado y perseguido. Pero an-tes de hablar de las cualidades humanas de Calvino, trataremos de la quinta y última definición que ofrece Robert: sus humanidades (en plural). Examinaremos, pues, la amplitud casi universal de su cultura podría él haber dicho “nada de los que es humano me resulta extraño”— pero sobre todo su voluntad de extender el Reino de Jesucristo, el Pantocrator — el Señor de todas las cosas— a todas las realidades de un mundo que pertenece, por su creación, y todavía más por su redención, a Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios bendito eternamente. Este verdadero imperialismo cultural para Jesucristo tenía como objetivo la reforma de los pensamientos, de los sentimientos, de la voluntad y de la acción de los hijos de Dios. Comenzaremos, pues, por este segundo punto: las humanidades de Juan Calvino, después veremos su humanidad para con su prójimo, en particular frente a la calumnia.

Continuará …

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El teólogo de la Reforma Juan Calvino 4

Blog107D

4. TEÓLOGO DE LA ALIANZA

El conjunto de la enseñanza de Calvino puede muy bien ser presentado bajo el título de la Teología de la Alianza, la cual es, sin ningún género de duda, uno de los distintivos más importantes de la teología reformada. El concepto bíblico de Alianza o Pacto entre Dios y los hombres sirve en ella para integrar y organizar las distintas doctrinas cristianas, además de proporcionar una visión de conjunto de la Biblia, como un útil hermenéutico que articule, en especial, la relación entre la Ley y el Evangelio, Antiguo y Nuevo Testamentos. La Teología de la Alianza sería fruto de la orientación esencialmen-te teocéntrica de la teología reformada, así como del carácter eminentemente bíblico de la Reforma. Esto último se pone claramente de manifiesto al considerar que la Teología de la Alianza no es una elaboración de teología especulativa ni aun, en primera instancia, una construcción sistemática, sino que sería el resultado de una vasta y compleja integración de datos exegéticos y sobre todo de lo que hoy llamamos teología bíblica.

Aunque en tiempos recientes la Teología de la Alianza ha conocido intentos (podemos decir que todos fracasados) de reformulación,” en su periodo clásico (la de la Reforma en un sentido amplio, desde Lutero hasta la Asamblea de Westminster, aproximadamente) la Teología de la Alianza estaba estructurada por tres pactos que tendrían como resultado la salvación de los hombres: el pactum salutis o Pacto de Redención, el Pacto de las Obras, y el Pacto de Gracia. La precisión con la que opera la Teología clásica a la hora de integrar estos tres pactos o alianzas se evidencia, sobre todo, en la diferenciación entre el Pacto de Redención y el de Gracia, o entre el estado natural de Adam y el Pacto de Obras, además de nociones como la continuidad de la Ley tras el Pacto de Obras, de manera que la Alianza de Sinaí, aun siendo en esencia el mismo Pacto de Gracia que el Evangelio, sea presentada en parte como una Alianza legal, en contraste con el Nuevo Pacto o Evangelio.

Cabe decir que durante el pasado siglo XX hemos asistido al ataque en el mundo académico a la Teología de la Alianza por parte principalmente de la escolástica barthiana. Llevado al terreno eclesial, este ataque ha contribuido poderosamente el abandono definitivo de la Teología clásica de la Alianza por parte de las Iglesias re-formadas y presbiterianas más importantes, y su vacío ha sido sustituido por una teología con los acentos más característicos y distintivos de la teología barthiana, de la cual la Confesión de 1967 de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA) es el exponente más elocuente. En el terreno académico, la escolástica barthiana ha procedido a intentar minar la Teología de la Alianza, codificada por la segunda generación de la ortodoxia reformada, fundamentalmente negándole cualquier nexo de unión con el Reformador Calvino. Ciertamente, concebir a Calvino como enfrentado con la ortodoxia reformada en distintos aspectos de la Teología de la Alianza se ha convertido en un poderoso cliché del que no es fácil desprenderse.

No obstante, se puede decir que, a estas alturas, la crítica barthiana ha sido ampliamente rebatida por toda una generación de académicos reformados contemporáneos altamente erudita, de los que destacaríamos a Richard A. Muller y Peter A. Lillback. Gracias a su estudio cuidadoso ad fontes de las obras de los Reformadores, la relación de Calvino con la Teología de la Alianza ha sido suficientemente clarificada. Con Lillback, sostenemos que Calvino desarrolló toda una Teología de la Alianza, que era en esencia la misma que la ortodoxia reformada codificaría, aunque todavía fuera incompleta en el Reformador y estuviera todavía, podríamos decir, en estado embrionario.

Cierto, como afirman los escolásticos barthianos, el Pacto de las Obras no fue enseñado de manera formal por Calvino, pero sí que lo fueron todos los elementos que conforman esta doctrina: Adam como representante de la Humanidad ante Dios, relación legal en-tre Dios y Adam, situación probatoria en Edén, el hecho de que Adam hubiera recibido la vida por la obediencia, la comprensión del árbol de la vida como un sacramento, el paralelo Adam-Cristo como cabezas federales, la distinción entre Ley y Evangelio. Por consiguiente; la Alianza de Obras fue, en esencia, enseñada por Calvino, y lo que es completamente inexacto es querer hacer enseñar al Reformador de Ginebra que el estado original del hombre es uno de solo gracia, de lo cual se desprendería que todas las relaciones de Dios con el hombre, incluido por lo tanto ahora el estado natural de los hombres sin Cristo, sería asimismo uno exclusivamente de gracia. De lo cual, fácilmente se llegaría el universalismo soteriológico, que es a lo que la teología de Barth tiende inevitablemente.

De la misma manera, tampoco el Pacto de la Redención fue expresado en estos mismos términos por Calvino. Pero basta comprender la relación de Cristo con la predestinación en el pensamiento del Reformador, como fuente de la elección y en su mediación eterna de los elegidos, para concluir que la dicha formulación de la ortodoxia posterior, conocida como Pacto de Redención, es la expresión de la determinación intratrinitaria, desde antes de la fundación del mundo, de la salvación de los pecadores.

La relación de la Teología de la Alianza con las afirmaciones fundamentales de la Reforma se puede poner claramente de manifiesto. Tras la Caída de Edén, el Antiguo Testamento es, en esencia, la misma alianza de gracia que la del Nuevo Testamento; de hecho, le debemos a Calvino la formulación clásica de la única alianza de gracia en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento como “una esencia aunque diversa en administra-ciones”.” Pero al mismo tiempo Calvino mantiene la distinción entre Ley y Evangelio, la cual se corresponde a la de Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Si bien la Antigua Alianza es evangélica, es enteramente tipológica y en ella el elemento legal se hallaría sobredimensionado por el don del la Ley en Sinaí que hace recordar las estipulaciones del Pacto de las Obras. Por tanto, la plenitud de la revelación de la gracia corresponde a la Nueva Alianza en Jesucristo.

La plenitud evangélica del Nuevo Pacto en Cristo, por otra parte, conlleva una salvación por gracia en la que Dios es el único autor (monergismo divino), puesto que de otra manera, si ella ha de depender de algún concurso del hombre, aunque sea en parte (si-nergismo), entonces la salvación estaría situada en un terreno de remuneración legal, como en el Pacto de las Obras. Es de esta manera como la justificación por la sola gracia y la sola fe no son doctrinas aisladas ni fuera de lugar, sino que se hallan al interior del mismo conjunto de enseñanza bíblica del Pacto.

Todas estas cuestiones se pueden contemplar, asimismo, desde el ángulo de la incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza. La incondicionalidad en el Pacto, del que depende la salvación por la sola gracia y la sola fe, se correspondería al carácter monergista y absoluto de la salvación divina, que se evidencia en el Nuevo Pacto. La condicionalidad, al elemento legal, que se pone palmariamente de evidencia en el Pacto de las Obras, pero que asimismo se encuentra integrado de manera subordinada en el Nuevo Pacto. Aunque los principios de incondicionalidad y condicionalidad de la Alianza nos resulten en principio conflictivos, hemos de mantener ambos al mismo tiempo en nuestra enseñanza de la misma, y ello, a poder ser, sin caer en planteamientos paradóji-cos, propios más bien del principio “et…et” del catolicismo romano, o incluso de la teología dialéctica barthiana. La condicionalidad, propia de la temporalidad, ha de ser el medio por el cual la incondicionalidad, cuyo origen es el pactum salutis eterno, se realiza en el tiempo.

Calvino entiende perfectamente las implicaciones del carácter incondicional y condicional de la Alianza. En su comentario del Salmo 132:12 lo podemos apreciar de manera clara cuando dice:

Pero primero hemos de considerar que este pacto, en la medida que Dios había prometido enviar un redentor; de cuya mano se tendría que buscar la salvación, era totalmente un don gratuito, puesto que brotó de la adopción originaria, la cual también fue un don gratuito. Y ciertamente la perfidia de aquella impía nación [e. d., los judíos] no impidió a Dios mostrar abiertamente que Él no cuenta con méritos para enviar a Cristo […. Ahora pues vemos que el dicho pacto no fue condicional, pero porque establecía con él otras cosas que eran accesorias, se le añadió esta condición “Si obedecen mis mandamientos los bendeciré”.

Podemos decir que el genio de Calvino se manifiesta definitivamente a la hora de sintetizar las distintas doctrinas de manera completa. Las doctrinas de la gracia, en el orden temporal, que conllevan la completa depravación humana, serian el cumpli-miento de la libre elección divina, en el orden eterno. Esta última había sido, en efecto, enseñada de manera explícita en la Iglesia, por lo menos, desde los tiempos de Agustín de Hipona. Pero al Padre de la Iglesia le falló completar de manera coherente el conjunto de la enseñanza, y de esta manera, enseñó también que la elección debía ser completada con el don de la perseverancia. La elección de gracia, por tanto, se trasladaba de la elección de individuos para la salvación, a la elección de individuos para la gracia, transmitida por la Iglesia, fundamentalmente a través de los sacramentos. De esta manera, dentro del espacio sagrado de la Iglesia, y por los deméritos de las personas, la salvación se podría perder.

Esta fue, precisamente, la evolución de los temas característicos de la teología agustiniana durante la Edad Media, que daría como resultado el discurso sacramentalista con el que la Reforma luchó y que es el propio de la Iglesia católica romana hasta nuestros días. La implicación eclesiológica de ello es inevitable: desde el punto de vista sacramentalista, la Iglesia es el transmisor infalible de la gracia divina. La incondicionalidad divina en la Alianza se traslada de los individuos a la comunidad de la Iglesia. Ella, por tanto, no puede conocer caída, apostasía. Luego, ella tampoco puede necesitar Reforma. Sin embargo, la Reforma reconoce una cierta incondicionalidad al pueblo de Dios, pero es ella, en última instancia, la que pertenece a las personas de los elegidos, y que le es aplicada al pueblo según uno de los conceptos clave en la teología de Calvino, por acomodación divina.
CONCLUSIÓN: UN REFORMADOR PARA LA MODERNIDAD

En definitiva, toda la obra teológica de Calvino es la que fija en la Escritura y presenta de manera del todo coherente la obra de Dios que fue la Reforma protestante del siglo XVI. Las afirmaciones teológicas de Calvino no suponen para los hijos espirituales suyos una regla de fe, pero tampoco podemos desentendernos de ella.

Primero, por evitar el individualismo teológico (y su acompañante obligado, el eclesial), que ciertamente es un mal a evitar. Calvino y el resto de los Reformadores desempeñan el papel de Padres de la Iglesia para nosotros. El consenso unánime de los Padres para nosotros no es una regla de fe, pero sería muestra de gran arrogancia por nuestra parte que no lo tomemos cuidadosamente en cuenta, recordando además que en la medida que su enseñanza sea la de la Palabra de Dios, también es una autoridad secundaria para nosotros. La voz del mayor de los Reformadores, Calvino, tampoco puede ser desechada sin más.

Segundo, porque si la enseñanza de Calvino es un todo coherente con la enseñanza de la Escritura y con el mensaje de la Reforma, entonces el dejarla, y al mismo tiempo querer seguir siendo protestante, reformado o evangélico, supone una incoherencia intelectual y espiritual que a la larga no puede sino conducirnos de regreso a Roma. A nivel personal e individual, cada uno es capaz de vivir a lo largo de su vida con sus propias contradicciones, pero ello es mucho más difícil a una escala mucho mayor, si hablamos de un país, de la Iglesia en un país o, más aún, de la Iglesia dispersa por distintos países lo largo de las épocas. La demonización obrada por Roma a Calvino no es en modo alguno casual: es que la enseñanza de Calvino es la que verdaderamente le resulta peligrosa. La enseñanza corriente evangélica, por el contrario, no lo es.

Y en cuanto a la demonización obrada por los liberales, al estilo de las blasfemias de Jefferson, tampoco tiene nada de extraordinario. La civilización moderna en Occidente precisamente está basada sobre un concepto de la libertad del individuo que tiene sus ra-íces en un concepto filosófico de una libertad humana indeterminada y no necesaria, que choca contra la soberanía divina enseñada por la Escritura, la Reforma y, en particular, Calvino.

Con lo que, para concluir, ante el grado de degeneración teológica, eclesial, social y política reinante en Occidente, mejor recordar las palabras del Reformador:
Igualmente el pacto que ha hecho el señor en Francia, Italia, Alemania, España e Inglaterra. Pues, aunque casi todo haya sido destruido por la tiranía del Anticristo, con todo quiso, para que así permaneciera inviolable su pacto, que quedara el bautismo como testimonio de la misma, el cual retiene su virtud, a pesar de la impiedad de los hombres, porque fue consagrado y ordenado por su boca.
Del cual, sin duda, el Reformador desprendería para hoy el ineludible deber de Reforma bíblica.

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 3

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III. ESTO NOS TRAE A LAS DEMOSTRACIONES DEL AMOR DEL ESPOSO, QUE ES LO TERCERO QUE VOY A DESCRIBIR.

Estas son: 1. De palabra:

(1) Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: A los maridos les dice el Señor: “Vivid con ellas sabiamente” (1 Ped. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten a sus propios maridos en casa”, cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Col. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad, y ¡pobre de él si le falta voluntad o habilidad!… Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella se lo reprochará para siempre en el infierno!

(2) El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 Ped. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero, que sea con toda sabiduría y ternura: no frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas; y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la
reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es cerril, se lo agradecerá y se corregirá.

(3) El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Prov. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa…

2. La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:

(1) Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éxo. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido. Porque eso hizo Cristo por su iglesia.

(2) El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe  proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… en base a esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos, o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción.

(3) El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente: en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y por lo general ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo.

(4) Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su  comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… En esto radica la demostración de amor del esposo: Será (I) sabio para conservarlo, (II) moderado en el uso de su autoridad. (I) Religioso, serio y varonil… si el comportamiento del esposo es liviano, lo más probable es que el de ella también lo sea. Si él es débil y demasiado blando, perderá su autoridad… Pero por otro lado, (II) si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura…no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella: prudente y dulce; su comportamiento: servicial; sus órdenes: escasas y respetuosas, y sus reprensiones: gentiles… el esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.

 

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?”
en Puritan Sermons 1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.
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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un
gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley,
Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 3

Blog107C

3. TEÓLOGO DE LA IGLESIA

Este proceder teológico de Calvino, que, repetimos, era el propio de la Reforma en su conjunto, tiene unas consecuencias de una transcendencia verdaderamente capital. Por lo pronto, determina que es únicamente la Escritura la regla de la fe para los cristianos (lo que hoy conocemos por el principio de Sola Scriptura), lo cual implica que las Escrituras han de ser claras en sí mismas, sin que medien para ello las interpretaciones de la Iglesia (esto es, la doctrina de la perspicuidad y la claridad de las Escriptura). Se implica y se desprende de ahí todo un valor para la Tradición de la Iglesia, ya sea tanto de las obras particulares de los teólogos como de las resoluciones de los Concilios: bajo el principio de la Sola Scriptura, si alguna autoridad tienen para nosotros hoy, esta no la poseen de suyo propio, sino que se deriva de las Escrituras, y en la medida que están expresan-do la verdad enseñada por ellas.

Este principio fundamental de la Reforma ha sido y es objeto de ataques por parte de la Iglesia católica romana, que lo presenta como la causa primaria del subjetivismo e individualismo teológico y eclesial protestante. Por el contrario, nosotros sostenemos que si alguna acusación de subjetivismo e individualismo puede hacerse al protestantismo, no puede en modo alguno ser dirigida contra la Reforma como tal, sino más bien a su rechazo, principalmente, en el bando del liberalismo protestante. La aversión liberal a concebir el cristianismo como un sistema unificado de creencias y con un código moral concreto, contenidos en las Escrituras y confesados por la Iglesia a lo largo de los siglos, en definitiva, su rechazo del cristianismo como una religión, es la expresión máxima de este subjetivismo e individualismo teológico. Si este no tiende, en el bando liberal, a la atomización eclesial es porque tampoco la necesita: todas las opiniones tienen cabida, con tal de que se hagan dentro de la Iglesia institucional y sin romper la premisa básica, que es el relativismo común a todas ellas.

Lejos de ello, la Reforma, bajo el principio de la Sola Scriptura, no hizo, so pretexto de individualismo o subjetivismo, ni abstracción ni tabula rasa de todo lo precedente, así como tampoco le falta nada de, en palabras de hoy, conciencia eclesial. Baste decir este simple ejemplo: en la Institución, al Padre de la Iglesia Agustín de Hipona se le cita más de doscientas veces, y si a esto sumamos el resto de citas de Padres y teólogos, la cifra resulta verdaderamente abrumadora.’ Es de esta manera como Calvino no tenía dudas para poder hacer la siguiente afirmación al Cardenal Sadoleto:

Sabes muy bien que estamos más de acuerdo con la antigüedad que vosotros; y además no pedimos otra cosa sino que esta antigua faz de la Iglesia pueda por fin ser restaurada y renovada por entero.

Este uso continuo por Calvino de la patrística se debe, sin duda, a sus convicciones profundas en el terreno de la eclesiología.

Primero, que el período patrístico suponía la verdadera Edad de Oro de la Iglesia, al cual la Reforma del siglo XVI quería hacer volver a la Iglesia, tras el intervalo de la dominación y tiranía del papado. Ciertamente, Calvino no conocía nada de la noción tan corriente de que la conversión de los emperadores romanos y la cristianización de las naciones fue la gran apostasía de la Iglesia, a resultas de la cual la verdadera Iglesia de Jesucristo hubiera estado como escondida, anónima, bajo el manto de la Historia a lo largo de los siglos. Repetimos, esta concepción, que es más bien la del anabaptismo, y por la cual han nacido sectas de origen protestante como los Testigos de Jehová o los mor-mones, no es la propia de Calvino.

Segundo, que la Iglesia poseía el carácter de catolicidad, basado no en ninguna condición propia cumplida por los creyentes, sino solo en Jesucristo y las promesas absolutas de Dios en relación con Él. Esta cita, de su tratado Manera de reformar la Iglesia, lo pone bien de relieve:

Ciertamente nosotros no negamos que la Iglesia de Dios haya siempre existido en el mundo; puesto que escuchamos lo que Dios promete acerca de la perpetuidad de la si-miente de Cristo. En este sentido, tampoco negamos que ha habido una sucesión ininterrumpida de la Iglesia desde el principio del evangelio hasta nuestros días; pero lo que no concedemos es que esto esté tan fijado a las señales externas: que hasta ahora siempre ha estado, y por consiguiente siempre estará, en posesión de los obispos.

Por ello mismo, Calvino y la Reforma en su conjunto siguieron aceptando la validez del bautismo concedido por la Iglesia que permaneció bajo Roma, y le siguieron reconociendo el carácter de Iglesia, aunque caída en el error.” La sucesión apostólica en la Iglesia, según Calvino, no reside en las personas de los obispos, sino que no es otra cosa que “la perpetuidad de la doctrina”.” De esta manera, aunque limitado por la Palabra de Dios, se reconoce a la Tradición una cierta autoridad, puesto que la perpetuidad en doctrina conlleva que toda novedad doctrinal es, según Calvino, por definición falsa.” La Tradición, en Calvino y en la Reforma, no es completiva como en el catolicismo romano (es decir, no completa la revelación escrituraria), sino que es limitativa: la verdad de la Palabra de Dios ha de encontrarse en los límites de la verdadera tradición eclesial a lo largo de los siglos.

Esta conciencia eclesial, que es justo lo contrario de subjetivismo e individualismo teológico, fue sin duda lo que guió la obra de Calvino en el sentido de la búsqueda de la unidad cristiana. Lo cual fue indudablemente cierto con respecto a los distintos bandos en los que empezaba ya en su tiempo a dividirse la Reforma. El ejemplo por excelencia fue su enseñanza acerca de la Santa Cena, por la cual buscó la reconciliación entre las posiciones encontradas de los seguidores de Lutero y Zwinglio, y fue aceptada tanto por los últimos como, según parece, también por el reformador Lutero. Pero fue la misma actitud que mostró incluso con la Iglesia sometida a Roma. Sin llegar a sacrificar ningún elemento de la verdad central de la Reforma, Calvino fue capaz de aproximar máximo posiciones en cuanto a la doctrina de la justificación por la fe, por medio de su fórmula “no somos justificados sin obras, y no obstante, no somos justificados por las obras”,  hablando así de la necesidad de las obras para salvación: aunque no como siendo la causa misma. Esta afirmación se basa en la inseparabilidad de la justificación y la santificación en la participación de Cristo del creyente, puesto que en la justificación se recibe a un Cristo “entero” es decir, no para la justificación. Cabe señalar, de este modo, el acuerdo que el 27 de Abril de 1541 se alcanzó entre reformados (Calvino, Bucero y Melanchton) y representantes católicos romanos (el Cardenal Contarini y Eck) acerca de la justificación por la fe. Este acuerdo sería posteriormente rechazado tanto por Roma como por Wittenberg.

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA 2

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II. CONSIDEREMOS EL AMOR DEL ESPOSO HACIA SU ESPOSA TAL COMO VA APARECIENDO EN LAS ESCRITURAS, Y PARTICULARMENTE EN EL CONTEXTO Y PALABRAS QUE ESTOY UTILIZANDO:

1. El esposo debe amar a su esposa, como nuestro Salvador Jesucristo ama a su iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25). El esposo “la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:29). Estos versículos nos hablan de la calidad del amor aunque no podamos ser iguales a Cristo en esto… Su amor se presenta aquí como:

(1) Desbordante, sin disimulo: El “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Su amor era verdadero, porque murió por ella. El esposo siga este ejemplo. No amar solamente de labios para afuera, sino con hechos y en verdad, como si el nombre de ella se encontrara escrito en su corazón…

(2) Libre, sin [esperar ser recompensado]: Porque él se dio a sí mismo para santificar a su iglesia (v. 26), esto implica que ella estaba en una condición deplorable cuando él inició sus primeros contactos. No era bella. Lo amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El esposo ama primero y con su amor forja el amor de su esposa, porque el amor, con amor se aviva. Si ella parece ser débil, por las características mismas de su género – en sabiduría, fortaleza y valentía, o muestra no tener amor o ser negligente en sus deberes aún así él esposo la amará, porque el amor no busca lo suyo propio (1 Cor. 13:5). El verdadero amor procura mejorar al ser amado, pero no para provecho del que ama. Amar a la esposa esperando solo algún provecho propio no es digno del esposo ni dista de seguir el ejemplo de Cristo.

(3) Santo, sin impurezas: Porque él “amó a la iglesia… para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (vv. 25-26)… El esposo no puede contar con un mejor ejemplo: tiene aquí la enseñanza de que debe esforzarse para continuar la santificación y salvación de su esposa.

(4) Grande, sin comparación: Porque, “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13), y así lo hizo nuestro Salvador. Él se entregó por su iglesia (v. 25)… El esposo imitará a su Señor y Maestro manteniendo un gran respeto por su esposa porque ella es miembro “de su cuerpo, de su carne y de sus huesos…”

(5) Es un amor activo y fructífero: Porque él a su iglesia “la sustenta y la cuida” (v. 26). Su humilde iglesia siempre está necesitada: él suple sus necesidades; está en problemas: él la protege; está a punto de desfallecer: él la levanta. Así debe ser el amor del esposo. No debe escatimar recursos ni sacrificios para hacerle bien a su esposa… el esposo tiene que amar a su esposa como Cristo ama a su iglesia.

2. El esposo tiene que amar a su esposa como se ama a sí mismo: Así lo dice mi Biblia. El Apóstol dice: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (v. 28) y, como si esto no fuera suficiente, continúa diciendo: “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…” Él no sabe con cuánto amor Cristo ama a su iglesia, pero sí sabe con cuanto amor se ama a sí mismo. Se ama a si mismo:

(1) Tiernamente: Ninguno puede tocar o manejar las heridas y penas de un hombre tan tiernamente como él mismo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” por desagradable que sea, sino que la sustenta y la cuida (v. 29). Así debe ser el amor del esposo hacia su esposa: lleno de ternura. Porque ella es como lente de cristal, que se
quiebra si no se trata con ternura…

(2) Con alegría: Nadie está más listo para ayudar a alguien que él mismo. Sus mejores amigos a veces fallan y se cansan; pero todos se ayudan a sí mismos. Por más difícil o peligroso que sea hacerlo, lo hace si es para propio beneficio. Así ha de ser la disposición del esposo para asistir, confortar y ayudar alegremente a su esposa. Si una nube se interpone entre ellos, el amor de él la disolverá rápidamente; porque nadie está enojado consigo mismo por mucho tiempo… sus oídos estarán abiertos, sus manos, su corazón listos para consolar, ayudar y agradar a su esposa, así como está listo para ayudarse a sí mismo.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

El teólogo de la Reforma Juan Calvino 2

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2. LA PREEMINENCIA DE LA ESCRITURA

Para comprender mejor lo que significó en su momento la obra del Reformador Calvino (así como la de Lutero) conviene situarla en el contexto de la tradición teológica de su momento. Durante la Edad Media se desarrollaron dos grandes tradiciones teológicas en Europa. La primera fue la monástica, llevada a cabo en comunidades cistercienses y benedictinas, de carácter más bien espiritual, por medio de la composición y transmisión de himnos, oraciones, liturgias o sermones, cuyo máximo representante fue Bernardo de Claraval (1090-1153). La segunda tradición fue la escolástica o escolasticismo, de la cual la Universidad de París fue el modelo para toda Europa. El objetivo de esta última era la de preparar intelectualmente a las elites de la Iglesia, siguiendo una metodología emi-nentemente racional, con una fuerte influencia de la filosofía. En la teología escolástica, los dos libros de texto básicos eran la Glossa Ordinaria, de Walafrid Strabo (808-848), y las Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160). La Glossa era un comentario de todos los libros de la Biblia, en la traducción latina de la Vulgata, por medio de una recolección de citas de los Padres y algunos teólogos del periodo carolingio. Ella representaba lo que podíamos llamar la exegesis normativa durante la Edad Media. Por su parte, en sus cuatro libros, las Sentencias de Lombardo trataban de las “distinciones” (pues así eran llamadas) hechas al contenido de la Escritura, es decir, de las doctrinas cristianas.

Por lo tanto, la teología escolástica procedía claramente en dos disciplinas distintas: la exegética y la doctrinal. La característica principal de la exegesis medieval era el uso exclusivo del texto latino de la Biblia, el cual era siempre abordado a partir de los comentarios de los Padres. En cuanto a la disciplina doctrinal, su método procedía principalmente a través de la diferenciación, o distinción, entre las diversas cuestiones, y el análisis de las mismas a partir de diferentes preguntas. De esta manera, la actividad teológica en las diferentes universidades europeas se centraba en comentar tanto las Glosas como las Sentencias, y subsiguientemente a debatir los comentarios sobre las mismas hechos por los miembros de otras universidades. Por lo general, el debate discurría siempre dentro de los márgenes de la corrección del mundo universitario. El objetivo fundamental era el mantenimiento del consenso intelectual (y por ende, eclesial), del cual las distintas opiniones no representaban sino variaciones.

Este estado de cosas se iba a ver profundamente transformado por el espíritu humanista del Renacimiento, el cual iba a despertar el interés por los estudios de los autores antiguos en sus fuentes originales. La aplicación de ello al cristianismo fue la renovación de los estudios de la Biblia, pero no en la traducción de la Vulgata y de las autoridades cristianas, sino en los idiomas originales hebreo y griego. Aunque manteniendo en común el principio de remontar ad fontes los estudios de los documentos de la Antigüedad (en este caso de la Biblia), la Reforma difería en esencia con el Renacimiento por su orientación absolutamente teocéntrica y su visión fundamentalmente pesimista del hombre, amén de que su materia se circunscribía estrictamente a la revelación escrita de Dios y al conjunto de las doctrinas cristianas. De esta manera, la Reforma pre-sentó su propia entidad tanto frente a la escolástica medieval, por un lado, como, por otro, al humanismo renacentista.

Por supuesto, Calvino tenía un buen conocimiento de la teología escolástica. Incluso en ocasiones llegó a emplear algunos de sus conceptos como útiles o herramientas teológicas, especialmente en el terreno doctrinal. Por ejemplo, a veces encuentra útiles algunas de sus distinciones, llegando a aceptar la distinción entre “necesidad de consecuente” y la “necesidad de consecuencia” en relación con la reprobación, la cual, dicho sea de paso, Lutero rechazó. El concepto escolástico más importante que usó Calvino fue, sin duda, el empleo del esquema de la múltiple causalidad de Aristóteles en relación con las causas de la salvación y, aún más importante, de la reprobación. No obstante, a diferencia de Tomás de Aquino, Calvino no elabora a partir de ella ningún discurso metafísico.

Aparte de estos usos puntuales, el ministerio de enseñanza de la Escritura que desarrolló Calvino discurre al margen de los parámetros de la escolástica. Calvino no comentó nunca las Glosas ni las Sentencias. En exegesis, Calvino comenta el texto directamente del griego y del hebreo, y ello en un estilo que acuñaría como propio. Según sus propias palabras, el principal cometido como comentador era la de resaltar el pensamiento del autor bíblico, y el método más adecuado el exponer breve y claramente el sentido literal de la Escritura.’ Sin lugar a dudas, Calvino fue “el Comentarista” de la Reforma protestante y debe ser señalado como uno de los padres del método gramático-histórico de interpretación de la Biblia: el cual no debe confundirse con su perversión, el “histórico-crítico”, propio de la teología liberal.

En lo que a la doctrina se refiere, en sus obras Calvino cita profusamente tanto a los Padres como a los mejores teólogos posteriores. Pero no se los cita para fundar a partir de sus afirmaciones el discurso teológico, sino en el transcurso en el discurso mismo. Las distintas doctrinas son derivadas, así, de su fuente primaria que es la Escritura, quien a su vez es la que juzga, confirmando o rechazando, las opiniones vertidas por los distintos teólogos. Ejemplo por excelencia de este proceder teológico, que basa la enseñanza doctrinal directamente de la Escritura, es su obra magna, la Institución de la religión cristiana, la cual, pese a ser en esencia una obra doctrinal, también podría ser percibida, gracias a este carácter y método, como una teología bíblica de las distintas doctrinas cristianas.

En la manera de hacer teología de Calvino, que fue la propia de la Reforma, el texto bíblico sale del marco primario de la interpretación exegética, para adquirir una dimensión mayor. Al hablar con autoridad entre las distintas voces de los teólogos y de las afirmaciones de la Iglesia a lo largo de la Historia, se pone claramente de manifiesto la, podríamos decir, “pertinencia dogmática” de los textos bíblicos. En esta forma de ha-cer teología, el discurso teológico no es un sistema cerrado en el que el texto bíblico es considerado tan solo como un objeto de estudio bajo un férreo protocolo intelectual, sino como un sistema abierto en el que el texto bíblico, además de ser cuidadosamente estudiado, interviene como actor, poseyendo la libertad y la supremacía para hablar de manera autoritativa.

En definitiva, todo lo expuesto evidencia la preocupación fundamental que fue la de la Reforma en su conjunto: es la Sagrada Escritura la que ha de proporcionar la verdad a la Iglesia para su fe y su vida. Esto es lo que conllevó su ruptura con la escolástica, al con-siderar a esta última como una forma diletante y contemporizadora de hacer teología para la Iglesia. Aunque no fueran dichas por él, Calvino participa plenamente del espíritu de las palabras que Lutero dirigió a Erasmo, que fueron con las que concluyó su obra fundamental De servo arbitrio, que muy bien expresan el espíritu fundamental de la Reforma:
“Y no es difícil suponer que, puesto que eres un hombre, tú hayas podido no comprender correctamente, ni observar con suficiente cuidado las Escrituras o las palabras de los Padres bajo cuya dirección crees haber alcanzado el objetivo. De esto nos damos suficientemente cuenta, cuando escribes que no escribes nada por aserción, sino que “haciendo comparaciones”. No escribe así el que ve el fondo del asunto y quien lo comprende correctamente. En cuanto a mí, con este libro, YO NO HE “HECHO COMPARACIONES” SINO QUE HE SOSTENIDO Y SOSTENGO POR ASERCIÓN; y no quiero dejar el juicio a nadie, sino que me esfuerzo por persuadir para que asientan.”

Continuará …

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EL AMOR DEL ESPOSO POR SU ESPOSA

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“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (Ef. 5:33a)

El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial, y resume todos los demás deberes del esposo.

I. PARA EMPEZAR: LA NATURALEZA Y LAS PROPIEDADES DE ESTE AMOR:                Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.

1. Su fundamento… la ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, igual es un pedazo de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, este es el único fundamento seguro y eterno.

2. Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.

3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella … Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos … Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor Recréate siempre” (Prov. 5:19).

4. El amor del esposo tiene que ser para siempre: El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre”, esto se logra no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino siempre, no por una semana, o un mes, o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? … Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; de modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia para perpetuar el amor conyugal.

Continuará …

Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” en Puritan Sermons  1659-1689, Being the Morning Exercises at Cripplegate.

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Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man (El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.

Deberes mutuos en el matrimonio 3

Blog105

5. ES DEBER DE ESPOSOS Y ESPOSAS AYUDARSE MUTUAMENTE:

Esto se aplica a los cuidados de la vida… El esposo nunca debe emprender algo  importante sin comunicárselo a su esposa, quien, por su parte, en lugar de sustraerse de las responsabilidades como consejera dejándolo a él solo con sus dificultades e incertidumbres, tiene que animarlo a comunicarle libremente todas sus ansiedades. Porque si ella no puede aconsejar, puede confortar. Si no puede quitarle las  preocupaciones, puede ayudarle a aguantarlas. Si no puede dirigir el curso de sus negocios, puede cambiar el curso de sus sentimientos. Si no puede valerse de ninguna fuente de sabiduría terrenal, puede presentar el asunto al Padre y Fuente de Luz. Muchos hombres, pensando en resguardar, por delicadeza, a sus esposas, no le cuentan sus dificultades, que no hace más que prepararlos para sufrir la carga de tiempos peores cuando estos llegan.

Y así como la esposa debiera estar dispuesta a ayudar a su esposo en cuestiones relacionadas con sus negocios, él debiera estar dispuesto a compartir con ella la carga de las ansiedades y las fatigas domésticas. Algunos se pasan de la raya y degradan totalmente a la cabeza femenina de la familia tratándola como si no pudiera confiar en su honestidad o habilidad para administrar el manejo del hogar.

Se guardan el dinero y lo comparten como si estuvieran dándoles su sangre, resintiendo cada centavo y exigiendo un rendimiento de cuentas tan rígido como si se tratara de un sirviente cuya honestidad sospecha. Se hacen cargo de todo, se meten e interfieren en todo. Esto es para despojarla a ella de su autoridad, quitarle el lugar que le corresponde para insultarla y rebajarla delante de sus hijos y los demás. Otros, por el contrario, se van al otro extremo y no ayudan en nada. Me ha dolido ver la esclavitud de algunas esposas devotas, trabajadoras y maltratadas. Después de trabajar todo el día sin parar para su joven y numerosa familia, han tenido que pasar las últimas horas del día solitarias, mientras sus esposos, en lugar de llegar a casa para alegrarse con su compañía o para darles aunque fuera media hora de respiro, andan en alguna fiesta o escuchando algún sermón. Y después, estas desafortunadas mujeres han tenido que despertar y quedarse en vela toda la noche para cuidar a un hijo que está enfermo o inquieto, mientras que el hombre al que aceptaron como compañero en las buenas y las malas duerme a su lado, negándose a sacrificar aunque sea una hora de descanso, para darles un poco de reposo a sus esposas agotadas. Hasta las criaturas irracionales avergüenzan a hombres como estos. Porque es bien sabido que el pájaro macho se turna para quedarse en el nido durante el periodo de incubación a fin de darle tiempo a la hembra a renovar sus fuerzas comiendo y descansando, y la acompaña en su búsqueda de alimento y alimenta a los pichones cuando pían.

Ningún hombre debiera pensar en casarse si no está preparado para compartir, hasta donde puede, la carga de las tareas domésticas con su esposa. 

Tienen que ayudarse mutuamente en todo lo que atañe a su vida espiritual. Esto lo implica claramente el Apóstol cuando dice:

“Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Cor. 7:17). Sean ambos inconversos o lo sea uno de ellos, debieran hacer cariñosos esfuerzos por procurar la salvación. ¡Qué triste es que disfruten juntos los beneficios del matrimonio y luego vayan juntos a la perdición eterna; ser consoladores mutuos sobre la tierra y luego atormentadores mutuos en el infierno; ser compañeros felices en el tiempo y compañeros de tormentos en la eternidad! Y donde ambas partes son creyentes auténticos, debe existir una demostración de una constante solicitud, atención y preocupación recíproca de su bienestar eterno… ¿Conversan juntos, como debieran, sobre los grandes temas de la redención en Cristo y la salvación eterna? ¿Prestan atención al estado de ánimo, los obstáculos, problemas y bajones en la devoción de su pareja a fin de poder aplicar remedios adecuados? ¿Se exhortan el uno al otro diariamente, no sea que se endurezcan por lo engañoso del pecado? ¿Ponen en práctica su fidelidad sin tratar de encontrar faltas y elogian sin adular? ¿Se alientan el uno al otro a participar de los medios públicos de gracia más edificantes y recomiendan la lectura de libros que encuentran  beneficiosos para sí mismos? ¿Son mutuamente transparentes acerca de lo que piensan sobre el tema de su religión personal y sus inquietudes, sus alegrías, sus temores, sus tristezas? ¡Ay, ay! ¿Quién no tiene que avergonzarse de sus descuidos en estos aspectos? Aún así, tal negligencia es tanto criminal como lo es usual. ¡Huimos de la ira que vendrá y no obstante no hacemos todo lo que podemos para ayudarnos el uno al otro en la huida! ¡Contender lado a lado por la corona de gloria, el honor, la inmortalidad y vida eterna y no obstante no hacer todo lo que podemos para asegurar el éxito mutuo! ¿Es esto amor? ¿Es esta la ternura del cariño conyugal?

Esta ayuda mutua ha de incluir también todas las costumbres relacionadas con el orden, la disciplina y devoción domésticos. Al esposo le corresponde ser el profeta, sacerdote y rey de la familia para guiar sus pensamientos, dirigir sus meditaciones y controlar sus temperamentos. Pero en todo lo que se relaciona a estos aspectos importantes, la esposa tiene que ser de un solo sentir con él. En estas cuestiones tienen que trabajar juntos, ninguno de los dos dejando que el otro sea el único que se esfuerza, y mucho menos oponerse o boicotear lo que se está tratando de lograr… No existe una escena más hermosa sobre la tierra que la de una pareja devota usando su influencia mutua y las horas juntos para alentarse el uno al otro a realizar actos de misericordia y benevolencia religiosa. Ni siquiera Adán y Eva, llenos de inocencia, presentaban ante los ojos de los ángeles un espectáculo más interesante que este mientras trabajaban en el Paraíso levantando las enredaderas o cuidando de las rosas de ese jardín santo.

6. REQUIERE SOLIDARIDAD MUTUA:

Una enfermedad puede requerir solidaridad, y las mujeres por naturaleza parecen tener la inclinación a enfermarse. “¡Oh mujer!… ¡Un ángel ministrador eres tú!”…Si pudiéramos arreglarnos sin ella y ser felices cuando gozamos de buena salud, ¿qué somos sin la presencia y la ayuda tierna de ella cuando estamos enfermos? ¿Podemos, como puede la mujer, acomodar la almohada sobre la cual el hombre enfermo apoya su cabeza? No. No podemos administrar las medicinas y los alimentos como puede ella. Hay una suavidad en su toque, una delicadeza en sus pasos, una habilidad en las cosas que arregla, una compasión en su mirada, que quisiéramos tener…

Tampoco es esta solidaridad un deber exclusivo de la esposa, sino que lo es de igual grado del esposo. Es cierto que este no puede brindarle a ella las mismas ayudas que ella a él. Pero sí puede hacer mucho, y lo que puede hacer, debe hacerlo… Maridos: Les insto a hacer uso de toda la habilidad y ternura del amor, para bien de sus esposas si se encuentran débiles y enfermas. Estén junto a su lecho, hablen con ellas, oren con ellas, esperen con ellas. En todas sus aflicciones, súfranlas ustedes también. Nunca desestimen sus quejas. Y, por todo lo sagrado en el afecto conyugal, les imploro que nunca, por sus expresiones de descontento o irritación, en estos momentos cuando son inusualmente sensibles, aumente su temor de que la enfermedad que les ha destruido la salud destruya también su cariño. ¡Ay! Evítenles el dolor de pensar que son una carga para ustedes. La crueldad del hombre que en estas circunstancias se muestra  indiferente y despectivo no tiene nombre… Un hombre así comete acciones asesinas sin recibir castigo, y en algunos casos, sin recibir ningún reproche, pero no siempre sin remordimiento.

Pero la solidaridad debiera ser puesta en práctica por el hombre y su esposa, no solo en casos de enfermedad, sino en todas sus aflicciones, sean o no personales. Han de compartir todas sus tristezas: como dos hilos unidos, la cuerda del dolor nunca debe sonar en el corazón de uno sin causar una vibración correspondiente en el corazón del otro. O como la superficie de un lago reflejando el cielo, tiene que ser imposible que uno esté tranquilo y feliz, mientras que el otro está agitado e infeliz. El corazón debiera responder al corazón y el rostro al rostro.

Tomado de A Help to Domestic Happiness.
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John Angell James (1785-1859): Predicador y autor congregacional inglés; autor de Female Piety, A Help to Domestic Happiness, An Earnest Ministry (Devoción femenil, Una ayuda para la felicidad doméstica, Un ministerio ferviente) y muchos más. Nació en Blandford, Dorsetshire, Inglaterra.

El evangelizador Juan Calvino 7

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El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

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