El evangelizador Juan Calvino 7

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El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmen-samente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el Reino de nuestro Señor Jesucristo a los confines de la Tierra. Era el deseo de Calvino que “el Reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el Reino celestial de Dios sobre la Tierra era tan importante —decía Calvino— que “no solo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y el desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.

Calvino jamás permitió que la elección limitara el ofrecimiento gratuito del Evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos. La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el Evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del Evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada solo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos. Dios abre puertas a la Iglesia para que el Evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Farel conminó a Calvino a quedarse en Ginebra Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando, y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el Reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando sin ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estarnos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espi-ritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquellos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentimiento permanente de inadecua-ción. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra vision del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen: Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14). Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa, pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: solo te pide seguir trabajando.

Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que, cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atiende al consejo del puritano John Flavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Ora más y mira menos las circunstancias. Continúa con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante ti. Resiste la difi-cultad como buen soldado de Cristo. Está dispuestos a ser tenido por necio por amor a Cristo. Asegúrate de que estás en Dios, pues entonces puedes estar seguro de que Dios está en ti.

En palabras de M’Cheyne: “Hable tu vida más alto aún que tus sermones. Sea tu vida la vida de tu ministerio”. Sé ejemplar en el púlpito y fuera de él, y deja los frutos de tu ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobra ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización refor-mada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: “Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo […], cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvacion y para la de todo el mundo”.

 

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365 días con Juan Calvino

Reseña 4

Aún recuerdo mi primer devocional familiar. Con C. H. Spurgeon mi esposa y yo, pudimos compartir nuestro altar diario a nuestro Señor y Dios, con las promesas de las escrituras, de Dios mismo, firmadas de su puño y letra como un cheque al portador del banco de la fe. Después vinieron otros y antes hubo otros tantos, de niño, de joven, de soltero y ahora de casado.

“Un devocional diario es una ayuda espiritual para la oración y lectura disciplinada de la Escritura. Tienen una tradición de siglos, y sí que recomendamos que los elegidos alcancen el requisito necesario de excelencia para sernos de utilidad, en nuestro caminar de los próximos trescientos sesenta y cinco días. Juan Calvino es uno de los autores que te recomendamos, ya que personalmente, nos gustaría pasar un año con él. Joel Beeke selecciona los textos de este reformador para darnos a conocer la ayuda y la lucidez que todo cristiano necesita para poder vivir una vida honrosa para Jesucristo.” Esta es la introducción que hace el profesor de Teología, pastor y escritor: Derek W.H. Thomas, a modo de escueto prólogo.

 “Aunque la publicación de 365 días con Juan Calvino tiene el propósito de conmemorar el quinto centenario del nacimiento de Calvino (julio de 2009), no ha dejado de impresionarme lo intemporales que son sus textos durante la fase de preparación de esta obra. Calvino es un autor reformado en un sentido estricto y experiencial del término, puesto que aborda tanto lo que experimentan los creyentes cristianos en su peregrinaje con Dios como lo que deben hacer para crecer en su gracia y conocimiento del Señor Jesucristo. Tenemos ante nosotros el cristianismo en su mejor expresión: Calvino señalándonos a Cristo, dirigiéndonos en su caminar cristiano, desafiándonos a examinarnos a nosotros mismos y mostrándonos cómo crecer; y, a la vez, insistiendo en nuestra dependencia del Espíritu Santo. Cuando uno estudia a Calvino no puede más que advertir el impresionante abanico de experiencias que, por la gracia de Dios, dieron lugar a un cristiano extraordinariamente maduro.

Hemos organizado esta selección de una forma muy sencilla y directa. Los textos seleccionados entre enero y mayo proceden de los comentarios de Calvino al Antiguo Testamento; de junio a septiembre proceden de sus comentarios al Nuevo Testamento: los de octubre corresponden a sus sermones acerca de Efesios; del 1 al 16 de noviembre se utilizan sus sermones acerca de Timoteo y Tito; el resto de noviembre está dedicado a sus sermones acerca de 2º Samuel; y, por último, diciembre cubre sus sermones acerca de Gálatas. Al objeto de proporcionar una lectura cómoda, hemos editado los textos de una manera actual, aunque rigurosa y fiel a Calvino.” De esta manera Joel Beeke nos adentra en este reconstituyente y reparador libro.

La influencia de Calvino, principalmente a través de sus escritos, ha pervivido a lo largo de los siglos e impregnado millones de corazones. Es importante quien te acompaña, pero aún más importante es el suelo bajo tus rodillas y tu mirada al cielo, desde las Escrituras. Quien te acompañe en tus devocionales diarios debe llevarte a los pies de Cristo, a la glorificación del Padre Dios, del Hijo Dios, viviendo en el Espíritu Dios, cada instante, de cada nuevo día.

Este libro y las enseñanzas de Juan Calvino te ayudaran en esta tarea.

Solo a Dios toda la Gloria.

 

A continuación te ofrecemos un fragmento de “365 días con Calvino”, de Joel Beeke:

1 ENERO

Luz de entre las tinieblas

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Génesis 1:3-4

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: 2 Corintios 4:3-6

Era oportuno que la luz, que adornaría de belleza el mundo, fuera creada en primer lugar. No fue por improvisación o accidente que la luz precediera al Sol y a la Luna. Tendemos a asociar el poder de Dios a los instrumentos de los que se sirve. El Sol y la Luna nos proporcionan luz. Y así, de acuerdo con nuestras ideas, valoramos de tal forma su capacidad de dar luz que, si desaparecieran del mundo, nos parecería imposible que quedara luz alguna. Sin embargo, el Señor, por el mismísimo orden de la creación, sostiene la luz, que nos imparte sin el concurso del Sol y de la Luna. Y no solo eso, sino que el contexto nos indica que creó la luz para que sustituyera las tinieblas. Y vio Dios […] la luz. Moisés nos presenta aquí a Dios contemplando su obra para poder complacerse en ella. Sin embargo, su finalidad también es enseñarnos que Dios jamás hace nada sin razón o sin un plan. No debemos interpretar estas palabras como si Dios no supiera que su obra era buena hasta que la terminó. Más bien, el significado del pasaje es que Dios aprobó la obra que ahora vemos. Nuestro único cometido, pues, es asentir ante este juicio de Dios. Se trata de una útil admonición puesto que, si bien el ser humano debe aplicar todos sus sentidos a la contemplación admirada de las obras de Dios, vemos el lujo que se permite al restarles valor.

MEDITACIÓN:

El poder creador de Dios nunca debiera dejar de asombrarnos. Habla y la luz comienza a existir de inmediato. Solemos dar la luz por supuesto y atribuimos su presencia por entero a los medios que Dios utiliza para proporcionarla. Sin embargo, debiéramos considerarla una bendición de nuestro Padre y, tal como dice Calvino, aplicar todos nuestros sentidos en su contemplación admirada.

 

2 ENERO

Las provisiones de Dios en la naturaleza

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:28

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 8

Aquí Dios confirma lo que ha dicho anteriormente sobre el señorío. El hombre fue creado con la condición de que pusiera la tierra a su servicio; pero ahora, al oír lo que el Señor le ha dado, recibe el pleno disfrute de su derecho. Moisés lo expresa más detalladamente en el versículo siguiente, cuando dice que Dios concede al hombre las hierbas y los frutos. Es de gran importancia que no toquemos ninguna provisión de Dios a excepción de la que sabemos que podemos tocar, puesto que no podemos disfrutar de nada con una conciencia tranquila a menos que lo recibamos de la mano de Dios. Pablo nos enseña, pues, que, a menos que la fe esté presente, pecamos al comer y al beber (Ro. 14:23). Se nos enseña a buscar únicamente en Dios aquello que necesitamos. Debemos meditar acerca de su bondad y su cuidado paternal hasta en la mismísima utilización que hagamos de sus dones. Puesto que Dios viene a decir: «Observa cómo preparé alimento para ti antes de que fueras formado siquiera. Reconóceme, por tanto, como tu Padre, que con tanta diligencia proveyó para ti cuando ni siquiera habías sido creado. Y no solo eso, mi cuidado de ti llega más lejos aún. Tu tarea era cuidar de las cosas que se te habían encomendado, pero me he responsabilizado hasta de eso. Aunque, en un sentido, hayas sido nombrado padre de la familia terrenal, pues, no debes preocuparte en exceso por el sustento de los animales». MEDITACIÓN: Dios ha provisto de forma maravillosa para nuestras necesidades y nos ha concedido el señorío sobre la tierra que creó. No es un pecado, por tanto, utilizar lo que Dios nos ha entregado. No obstante, nuestro señorío debe ser sabio y benevolente; no debemos maltratar o consumir irresponsablemente la buena creación de Dios, sino cuidarla como buenos mayordomos.

Puedes solicitar tu ejemplar en el siguiente link:

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

 

 

El Gemido de la creación

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“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”. Génesis 3:17

Dios, en respuesta al pecado de Adán, anuncia que la tierra quedará maldita. Dado que la Escritura nos dice que la bendición de la tierra hace referencia a la fertilidad que Dios le infunde por medio de su poder oculto, la maldición es la privación de eso, lo que significa que Dios le retira su favor. De este modo, pues, el estado del mundo varía con respecto a los seres humanos dependiendo de si Dios está airado con ellos o bien les demuestra su favor. Cabe añadir que el castigo no se aplica a la tierra en sí misma, sino únicamente al hombre, puesto que la tierra no da fruto para sí misma, sino para proveernos de alimento. No obstante, el Señor determinó que su ira, cual diluvio, alcanzara todos los rincones de la tierra, de tal forma que el hombre viera la atrocidad de su pecado allá donde mirara. Antes de la Caída el mundo era un hermoso y límpido espejo de la bondad y el favor paternos de Dios para con el hombre. Ahora todos los elementos nos muestran que estamos malditos. Y, aunque –tal como dice David– la tierra sigue llena de la misericordia de Dios (Sal. 33:5), ahora vemos las señales de su terrible distanciamiento de nosotros. Si esas señales no nos perturban, estaremos traicionando nuestra ceguera y nuestra insensibilidad. Sin embargo, para que la tristeza y el horror no nos abrumen, el Señor también reparte muestras de su bondad por doquier. Y no solo eso, sino que, aun cuando la bendición de Dios nunca se ve de forma tan transparente y pura como en su primera manifestación en la época de la inocencia humana, sus vestigios, considerados por sí mismos, permiten que David exclame veraz y fidedignamente: «De la misericordia de Jehová está llena la tierra».

La perturbadora brutalidad del mundo natural que nos rodea es resultado de nuestro pecado. El sufrimiento y el dolor de los animales es a consecuencia de nuestra transgresión. ¿Acaso no debiera eso impulsarnos a lamentar el pecado y sus consecuencias para toda la creación?

Lectura recomendada Romanos 8:18-25

Extraído del libro “365 días con Juan Calvino” (Editorial Peregrino 2016)