Preguntas y respuestas sobre como interpretar la Biblia

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El libro es presentado por el autor en la introducción como pensado para ayudar entender la Biblia. En tanto que  profesor de Introducción a la Hermenéutica en un seminario no encontraba ningún libro de texto que incluyera los temas que él quería dar, frase que no está exenta de cierta ironía. Así que escribió este para abordar todas las materias que entraban en el curso que impartía.

Plummer es un joven profesor de interpretación del NT del Seminario Teológico Bautista del Sur, Louisville, Ky. Es anciano de la iglesia Comunidad Sojourn en Louisville. Ha formado parte de las tareas de la misión en China, India, Malasia, Ghana, Israel, Turquía y Trinidad. Él y su esposa Chandi tienen tres hijas. En su tiempo libre le gusta correr mini-maratones.

Esta obra consta de cuatro partes: en la primera trata sobre la Biblia y en conformidad con el título del libro, cada capítulo está formulado con una pregunta, siendo la respuesta la exposición del asunto. Aunque en muchas obras de hermenéutica se suele hacer lo mismo, en realidad  el contenido de esta sección es más propio de la bibliología, pues trata sobre el texto, el canon y la traducción. Pero  aunque lo ponga en el epígrafe, no hay ninguna exposición sobre las técnicas para traducir la  Biblia.  La segunda parte es un acercamiento general a la Biblia dividido en dos secciones: en la primera, con preguntas relacionadas con la interpretación; en la segunda, concernientes con el significado. Uno de los capítulos más interesantes es el de la historia de la interpretación de la Biblia en la Iglesia. Aunque relata lo más destacado, tiene algunas lagunas, porque da saltos muy grandes concentrándose en cinco periodos de tiempo.

La tercera parte tiene tres secciones: en la primera contempla los diversos géneros literarios de la Escritura en general, en la segunda los del AT y en la tercera los del NT. Por último en la cuarta parte, Plummer expone algunos temas de debates recientes. Y aquí nos encontramos en que no todos los debates son recientes, como por ejemplo, el de las diferentes interpretaciones escatológicas y la crítica bíblica. Por otro lado, hay otras que ya existían,  pero lo novedoso es que con el mismo nombre se han abierto paso nuevos métodos, como por ejemplo, la interpretación teológica y la interpretación bíblica. La interpretación teológica ha surgido hace unos diez años y tiene su origen en la desilusión con el método histórico-crítico y rebuscadas interpretaciones ideológicamente motivadas, como por ejemplo, las lecturas homosexuales de las Escrituras; un deseo de continuidad teológica con la iglesia anterior a la Ilustración y una creciente aceptación en el mundo académico de movimientos interpretativos que juntan el escepticismo y las cuestiones críticas, como por ejemplo, el enfoque de la respuesta del lector, la crítica canónica, el enfoque del proceso canónico, la crítica narrativa o literaria, historia de la recepción, historia efectiva, etc. En cuanto a la teología bíblica, se entendía en el pasado al hecho de centrarse en el significado histórico gramatical de los textos, es decir en la exégesis bíblica siguiendo el proceso de la revelación progresiva, proveyendo la interpretación de texto que luego recogía la teología sistemática. Sin embargo, en la actualidad, se han añadido las tendencias siguientes: la crítica canónica, el enfoque del  proceso canónico, la historia de la recepción, la historia eficaz, la intertextualidad, la hermenéutica del movimiento redentor, la hermenéutica misional y la hermenéutica filosófica.

Una obra excelente y muy apropiada como libro de texto en Seminarios, Escuelas e Institutos Bíblicos, ya que da pie a la ampliación por el  profesor de los diferentes temas.

Pedro Puigvert

 

Compartimos a continuación una porción de la entrevista realizada  por Coalición por el Evangelio a Robert Plummer autor de la obra.

1. ¿Siempre ha disfrutado de leer la Biblia? ¿Cuál fue su primer acercamiento a la interpretación de la Escritura?

Afortunadamente fui criado en un hogar cristiano en el que mis padres me leían la Biblia desde pequeño. La parte más importante de mi educación teológica fue cuando tenía 13 años y mi madre me enseñó a leer la Biblia en un año. El Espíritu Santo amorosamente usó esos años de adolescencia para afirmar la Palabra de Dios en mi corazón.

2. ¿Dónde cree que debería empezar alguien que jamás ha estudiado la Biblia por sí mismo?

Si alguien jamás ha leído la Biblia, quizá el Evangelio de Juan es un buen lugar para empezar. La narrativa es clara y atrapante, y al lector se le presentan las preguntas fundamentales de (a) quien Jesús es y (b) cómo debemos responder al amor de Dios en Cristo.

3. Usted escribe, “Incluso el pueblo de Dios, aunque ha recibido una nueva naturaleza y el Espíritu Santo como guía, debe tener cuidado con las inclinaciones engañosas de lo que le queda de su naturaleza pecaminosa”. ¿Cuáles diría que son las maneras más comunes en las que nos engañamos a nosotros mismos al estudiar la Biblia?

Tenemos la tendencia a poner excusas o ignorar nuestro pecado, lo que puede llevar a que ignoremos los pasajes de la Escritura que exponen nuestro pecado, o podríamos enfocarnos en los pasajes que creemos que “otros” necesitan escuchar sin primero haberlos escuchado nosotros mismos del Señor.

4. En la práctica, ¿cuáles son algunos de los errores más comunes que cometemos al estudiar la Biblia?

Uno de los errores más comunes al interpretar la Biblia es ignorar la intención del autor inspirado. Los maestros y pastores “usan” un texto para enseñar algo diferente a la intención del autor inspirado.

5. ¿Cómo exhortaría a una madre soltera o a un hombre de edad avanzada que no creen que necesitan ni pueden estudiar la Biblia por sí mismos?

En los Salmos, David nos dice que la Palabra de Dios es más valiosa que montones de oro y más deliciosa que la miel más dulce. Los creyentes que han leído y estudiado la Biblia saben que esto es verdad. La vida en este mundo quebrantado está llena de aflicción y problemas, pero la Palabra de Dios (aplicada a nuestros corazones por el Espíritu) conforta, instruye, y nos hace capaces de vivir vidas de significado, gozo, y amor.

 

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El Canon de la Escritura

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En esta ocasión reseñamos esta obra maestra, erudita y científicamente documentada; pero, a la vez, asequible a la comprensión de cualquier lector.

Desde que Anastasio, Obispo de Alejandría -uno de los hombres más ilustres y preclaros entre los llamados “Padres de la Iglesia”-, utilizó por primera vez, en el año 367, la palabra “canon” en una de sus cartas para referirse a la lista de libros reconocidos como dignos de ser considerados escritos sagrados de inspiración divina, el Canon de la Escritura ha sido uno de los puntos de mayor debate en el seno de la cristiandad.

Cuando hablamos del canon de la Escritura, la palabra “canon” tiene un significado sencillo. Hace referencia a la lista de libros contenidos en la Escritura, la lista de libros reconocidos dignos de ser incluidos dentro de los escritos sagrados de una comunidad de culto. En un contexto cristiano, podemos definir la palabra como la lista de escritos reconocidos por la Iglesia como documentos revelados por Dios.  Al parecer, fue Atanasio, obispo de Alejandría, quien utilizó por primera vez esta palabra en dicho sentido, en una carta que circuló en el año 367 d.C.

La palabra “canon” se ha introducido en nuestro lenguaje (a través del latín) a partir de la palabra griega kanon. En griego significa caña, especialmente en referencia a la caña recta que se utiliza como regla. De este uso procede el otro significado que suele tener en inglés: “regla” o “patrón de medida”. Hablamos, por ejemplo, de los “cánones” o las reglas de la Iglesia de Inglaterra. Pero una caña recta utilizada como regla puede ser dividida en unidades de longitud (como una regla moderna en pulgadas o centímetros); de esta costumbre se deriva que la palabra griega kanon pasara a ser utilizada para referirse a una serie de estas marcas y después con el sentido general de “serie” o “lista”. Es este último uso el que se aplica al término “el canon de la Escritura”.

Antes de que la palabra “canon” se utilizara con el significado de “lista”, la Iglesia la utilizó en otro sentido: como “regla de fe” o “regla de verdad”. En los primeros siglos de cristianismo era un resumen de la enseñanza cristiana que se creía que reproducía lo que enseñaron los apóstoles mismos y que se utilizaba para examinar todo sistema doctrinal o toda interpretación de los escritos bíblicos antes de ser aceptados por la cristiandad. Pero, una vez que los límites de la Sagrada Escritura quedaron generalmente aceptados, la Escritura misma llegó a considerarse la regla de fe. Por ejemplo, Tomás de Aquino (c 1225-1274) dice que sólo la escritura canónica es la regla de fe. Desde otro punto de vista teológico, la Confesión de Fe de Westminster (1647), tras establecer la lista de los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamentos, añade: los cuales son proporcionados por la inspiración de Dios para ser la regla de fe y conducta.‘ Estas palabras afirman la posición de la Sagrada Escritura como el “canon” o “patrón de medida” por el cual regular la enseñanza y actuación cristianas. Mientras que “canon” de la Escritura significa lista de libros aceptados como Sagrada Escritura, el otro sentido de “canon” —regla o patrón de medida— ha desaparecido, por lo que se entiende como “canon” de la Escritura únicamente la lista de libros que se reconocen como la regla de fe y conducta.

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– ¿Qué libros son los que propiamente forman parte del texto bíblico? – ¿Quién decidió qué libros debían aceptarse o rechazarse? – ¿En qué se fundamentó tal decisión? – ¿Continúan teniendo validez tales argumentos en el día de hoy?

Por otro lado, nuestra sociedad actual, tan aficionada a lo esotérico y fácilmente encandilada por todo aquello que tenga aureola de “misterio”, se ve con frecuencia perturbada por un enjambre de escritores sensacionalistas que recurren a supuestos escritos “secretos” o escondidos atribuidos a escritores bíblicos para apoyar sus fantasías.

– ¿Qué hay de cierto en todo esto? – ¿Es el Canon de la Sagrada Escritura un canon cerrado? – ¿Cabe pensar en la posibilidad de añadir otros textos originales en caso de ser actualmente descubiertos y probada su autenticidad°

Sobre el autor contarte:

F. Bruce, fue profesor emérito de la Universidad de Manchester en el área de Exégesis y Crítica bíblica, y una de las mayores autoridades mundiales en el tema, aporta en este libro el trabajo de investigación y estudio más serio y documentado que se conoce, dentro del campo conservador, analizando con microscopio los criterios utilizados en la forja del Canon de la Escritura a través de los siglos y las garantías sobre las que descansa el texto de nuestra Biblia.

Índice:

Prefacio y Abreviaturas

Primera parte: Introducción
1. La Santa Escritura

Segunda parte: el Antiguo Testamento
2. La ley y los profetas
3. El Antiguo Testamento griego
4. El Antiguo Testamento se convierte en un nuevo libro
5. El canon cristiano del Antiguo Testamento: A. Zona oriental
6. El canon cristiano del Antiguo Testamento: B. Zona occidental latina
7. Antes y después de la Reforma

Tercera parte: el Nuevo Testamento
8. Escritos de la nueva era
9. Marción
10. Valentino y su escuela
11. La respuesta católica
12. El fragmento de Muratori
13. Ireneo, Hipólito, Novaciano
14. Tertuliano, Cipriano y otros
15. Los padres alejandrinos
16. Eusebio de Cesasea
17. Atanasio y posteriores
18. Occidente en el siglo IV hasta Jerónimo
19. De Agustín hasta el final de la Edad Media
20. El canon del Nuevo Testamento en la era de la imprenta

Cuarta parte: Conclusión

Apéndice 1: El evangelio “secreto” de Marcos
Apéndice 2: Sentido primario y sentido plenario

Bibliografía e Índice analítico

* Editorial Andamio 2014Nº páginas: 350 pp.

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Sermones sobre Efesios

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La predicación en la Iglesia es la verdadera alma del ministerio pastoral de Calvino, y esto fue lo que dio forma a su obra como teólogo.

Calvino fue fundamentalmente un predicador. Su mensaje en el púlpito estaba dominado tanto por la reverencia hacia la Sagrada Escritura como por el sentimiento de la dignidad y responsabilidad de la misión de predicar la Palabra de Dios.

Los sermones sobre la Epístola a los Efesios fueron predicados entre 1558 y 1559, cuando Calvino comenzó a recoger los frutos de veinte años de ministerio y de intensas luchas. En ellos, la voz de Calvino resuena llamando siempre a la conversión al Evangelio y a la reforma de la vida de los creyentes y de la Iglesia, bajo la autoridad soberana de las Sagradas Escrituras. Ahora, unos 450 años después, los sermones de Calvino sobre Efesios, por primera vez en la Historia, están disponibles en español.

En cuanto al presente volumen de sermones en Efesios, hay que tener en cuenta que ellos fueron predicados los domingos por la mañana. El primer sermón se dio el 1 de mayo de 1558 y la serie finalizaría el mes de marzo del año siguiente. Este periodo puede ser visto como la culminación de todos los esfuerzos y conflictos mantenidos por Calvino en Ginebra, que culminaron con la resolución del affaire Servet (1553) y la posterior derrota del bando libertino. Por ello, sus directrices como pastor habían podido ser implantadas en la iglesia, pero no sólo esto, sino también orientar la marcha de los asuntos generales de la ciudad que unos veinte años antes había abrazado la Reforma. Precisamente en este tiempo (1556-1559) fue cuando estaba refugiado en la ciudad un joven escocés, John Knox, quien diría de aquella Ginebra: “Aquí está la escuela de Cristo más perfecta que ha habido sobre la tierra desde los tiempos de los apóstoles”, y que regresaría a Escocia con la intención de poner en práctica lo que allí vio.

Bien significativamente, Calvino escogió para este tiempo predicar consecutivamente en Efesios, a la que no es raro hoy día que se la llame como la epístola de “la gloria de la Iglesia”. Dejamos hablar a Thea B. Van Halsema acerca de lo que este periodo significó en la vida y ministerio de Calvino:

“El año 1559 fue un año glorioso. En mayo la iglesia clandestina reformada de Francia pudo celebrar su primer sínodo nacional en París. Mientras sus miembros sufrían torturas y muerte por causa de su fe, la iglesia se organizaba y adoptaba el sistema eclesiástico de gobierno que Calvino había trazado (…)

En el mes de junio, la academia de Ginebra se inauguró oficialmente, y llegó a ser un modelo para muchas otras universidades protestantes en los años próximos.

En julio, Calvino celebró su cumpleaños número cincuenta. A pesar de su enfermedad podía mirar a su alrededor y dar gracias a Dios por lo que se había logrado en Ginebra. Estaba agradecido también por haberse salvado de la muerte por la fiebre malaria sufrida el año anterior. Durante esos meses de grave enfermedad se había esforzado para terminar una última edición de la Institución. Era una edición mucho más extensa que las anteriores. Pero había días en que dudaba llegar a vivir lo suficiente como para ver su obra finalizada.

El Señor lo había guardado. En agosto de 1559, salió a la luz la edición final. Eran ochenta capítulos en cuatro gruesos volúmenes.

Fueron días, por tanto, en los que, en la debilidad, Calvino comenzaba a probar también la gloria. Sin embargo, el mensaje de Calvino a partir de Efesios está bien lejos de caer en triunfalismos anticipados, que se sitúan en este tiempo fuera de la cruz de Cristo. La voz del predicador siempre llama a una conversión al Evangelio y a una continua Reforma de vidas de creyentes e Iglesia.

Las repercusiones de estos sermones sólo Dios las tiene ante Sus ojos y algún día nos será dado contemplarlas en su plenitud. No obstante, podemos señalar que la lectura de volumen de predicaciones sobre Efesios en francés –las mismas predicaciones que escuchara en vivo durante su juventud– asistiría a John Knox en su lecho de muerte. La traducción al inglés de este volumen, juntamente con otros libros de sus sermones, contribuiría poderosamente, asimismo, a la influencia de Calvino en Gran Bretaña, configurando lo que hoy conocemos como movimiento puritano y la extensión del mismo en el mundo anglosajón.

Los sermones de Calvino en Efesios están nuevamente disponibles en español. Quiera el Señor que su lectura contribuya, aun en nuestros días, a que la Iglesia de Cristo sea reformada según Su voluntad, a la espera del día en el que será presentada como “una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante” a Aquel que la “amó y se entregó por ella para santificarla habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-27).

 

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Descubrieron el secreto

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¡La mayoría de la gente ama una buena historia! A la mayoría le encanta leer una biografía.

En descubrieron el secreto el autor teje un hilo común entre las historias de varios hombres y mujeres influyentes de otra generación. Ese “hilo” es el “secreto” que cambió la forma en la que vivieron y sirvieron. Las circunstancias cambian, las personalidades son diferentes, pero estos ejemplos ilustran poderosamente el secreto que trasciende las circunstancias y la personalidad. Este secreto necesita ser descubierto y redescubierto por todos.

Con la lectura de los testimonios de los hombres y mujeres protagonistas en este libro se busca el acercamiento y conocimiento de la plenitud de Cristo de una forma mucho más profunda.

En este libro descubriremos vidas radiantes, que revelan una riqueza, una calidez, un triunfo que nos intriga a la par que nos desafía.

Son las vidas que encontramos en biografías del pasado; y justo cuando empezamos a pensar que tales personas vivieron solo en tiempos pasados, nos encontramos con una en la vida real, ¡justo a mediados del siglo XX!

Normalmente, los detalles de sus experiencias difieren bastante; sin embargo, cuando escuchamos sus historias y contemplamos sus vidas, ya sea mediante la lectura o a través del contacto personal con ellas, empezamos a ver un patrón que revela su secreto. Han dejado atrás el desánimo y la derrota para obtener la victoria. La debilidad y el cansancio los han fortalecido. Partiendo de la ineficacia y de una aparente inutilidad, se han vuelto eficaces y entusiastas. El patrón parece ser este: egocentrismo, confianza en sus propios esfuerzos, insatisfacción interna creciente y desánimo externo, la tentación de abandonarlo todo porque no hay otro camino; y luego el descubrimiento de que el Espíritu de Dios es su fortaleza, su guía, su confianza y su compañero; en una palabra, su vida.

La crisis de la vida profunda es la clave que revela el secreto de su transformación. Es el principio de la vida intercambiada.

¿Qué es la vida intercambiada? En realidad, no es algo, sino Alguien. Es la presencia del Señor Jesucristo hecha real y fructífera mediante el Espíritu Santo.

En el mundo no hay realidad más gloriosa que esta. Es la vida con V mayúscula.

Es una vida nueva en lugar de la vieja. Es alegría en lugar de cansancio y brillantez en lugar de monotonía. Es fortaleza en vez de debilidad y seguridad en vez de incertidumbre. Es triunfo aun en medio de las lágrimas y ternura de corazón en lugar de susceptibilidad. Es humildad de espíritu en vez de la exaltación de uno mismo, y es también la belleza de la vida debida a la presencia del Hermoso.

Podemos usar muchos adjetivos para describirla: abundante, rebosante, vencedora, omnipresente, satisfactoria, gozosa, victoriosa; y cada adjetivo es solo un aspecto de una vida que se puede experimentar, pero no explicar por completo.

El Salvador dijo: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Hallamos la novedad de vida en Cristo cuando le recibimos como nuestro Salvador frente a la condenación del pecado. Encontramos la abundancia de esa vida cuando entregamos nuestro yo y aprovechamos los recursos infalibles del Todopoderoso. Ahí está la vida y vida abundante. Esta es la vida intercambiada.

Este libro contiene testimonios de hombres y mujeres que han descubierto que la promesa de una vida más abundante es cierta. Siguiendo el proceso adecuado para un testigo, nos dicen qué sucedió en lugar de intentar enseñarnos con todo detalle la doctrina subyacente en su experiencia. De entre una multitud de testigos repartidos por los siglos se ha escogido solamente a unos pocos a modo de ilustración. El patrón de sus experiencias se parece bastante. Todos habían creído en el Salvador, pero aun así estaban cargados y confusos, no eran fieles ni fructíferos, anhelaban sin cesar un camino mejor, y sus esfuerzos no les permitían alcanzar una vida mejor. Entonces pasaron por una crisis en la cual entregaron por completo su corazón al Señor, tuvieron un encuentro con él en lo más profundo de su espíritu; allí descubrieron que el Espíritu Santo es una fuente infalible de vida y de renovación. A partir de ese momento sus vidas no volvieron a ser las mismas, porque de una u otra manera habían aprendido lo que testificó el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Hay personas del pasado, como John Bunyan, y de hoy en día, como Richard C. Halverson y William P. Nicholson. Hay pastores como A. J. Gordon y laicos como Dwight L. Moody. Algunos son muy conocidos, como Charles G. Finney, mientras que quizá otros lo sean menos o hayan caído en el olvido, como J. A. Wood. Hay místicos como Andrew Murray y hombres pragmáticos como Charles G. Trumbull y Robert E. Nicholas. Hay mujeres además de hombres: Frances Ridley Havergal, británica, Amy Carmichael, de la India, y Eugenia Price, de los Estados Unidos contemporáneos.

Los detalles de sus experiencias de la crisis de esa vida más profunda son encantadoramente distintos; sin embargo, su testimonio sobre la realidad de la alegría y el poder de la vida llena del Espíritu es unánime. En la Escritura no se nos enseña a buscar la experiencia. Más bien la Palabra dice: “Buscad al Señor”. Es él quien satisface al alma que anhela; ¡él es el secreto de la vida intercambiada!

ÍNDICE

01. J. Hudson Taylor: La vida intercambiada
02. Samuel Logan Brengle: La vida purificada
03. John Bunyan: La vida desencadenada
04. Amy Carmichael: La vida radiante
05. Oswald Chambers: La vida más elevada
06. Charles Grandison Finney: La vida poderosa
07. Adoniram Judson Gordon: La vida disciplinada
08. Richard C. Halverson: La vida ardiente
09. Frances Ridley Havergal: La vida desbordante
10. John Hyde: La vida prevaleciente
11. Dwight Lyman Moody: La vida dinámica
12. Handley C. G. Moule: La vida fragante
13. Andrew Murray: La vida duradera
14. Robert E. Nicholas: La vida satisfactoria
15. William P. Nicholson: La vida que gana almas
16. Eugenia Price: La vida creciente
17. Charles G. Trumbull: La vida victoriosa
18. Walter L. Wilson: La vida entregada
19. John Allan Wood: La vida santa
20. W. Ian Thomas: La vida aventurera

V. Raymond Edman Publicaciones Andamio, 2017

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El valor de ser protestante

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El Autor de la obra que nos ocupa reseñar en esta ocasión  es doctor por la Universidad de Mánchester, profesor-investigador emérito del Seminario Teológico Gordon-Conwell. Sirvio como decano del campus que Gordon-Conwell tiene en la ciudad de Charlotte.

Con esta carta de presentación Wells comienza esta valiente obra con esta frase “No hace falta valor para presentarse como protestante”.  En este libro David Wells hace una relevante crítica al panorama evangélico. Una lamentación al estilo de Jeremías contra las “nuevas” versiones del mundo evangélico, la iglesia empresarial, la iglesia emergente. Esas nuevas iglesias que funcionan como empresas intentando captar fieles como si fueran consumidores en vez de adoradores, vendiéndoles un entorno apetecible, donde encontrar un Dios caramelo, a nuestro gusto, un Dios diseñado a nuestras necesidades, y donde la verdad bíblica es sustituida por las verdad más atractiva a nuestras circunstancias personales y sociales.

Wells defiende que el movimiento evangélico histórico, Bíblico y clásico está marcado por la seriedad doctrinal. ¿Qué puede aportar el hombre como novedad a la revelación bíblica?, nada.

El valor de ser protestante es un argumento contundente del valor de ser fiel, a lo que siempre ha significado el cristianismo en su forma bíblica, y que la iglesia que solo tiene como cimientos la palabra de Dios tendrá futuro y esperanza.

ÍNDICE

Prólogo a la serie
Prefacio
1. La configuración del territorio evangélico
2. Cristianismo en venta
3. Verdad
4. Dios
5. Yo
6 Cristo
7. La iglesia

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Lo más importante que aprendemos de la iglesia cuando vamos ante Dios es que la iglesia es suya, y Él es el que la constituye. De hecho, tenemos esto en las propias palabras de Jesús. Sobre la “roca” de la confesión de Pedro, Cristo dijo: “edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades (los poderes de la muerte) no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). El Nuevo Testamento utiliza muchas metáforas para hablar de este proceso, pero la construcción y el crecimiento son frecuentes. Y el punto clave es que esto es obra de Dios. La iglesia necesita ser liderada, enseñada, pastoreada y organizada, pero solo Dios es quien la edifica y nutre.

Este es el punto clave en 1 Corintios 3:1-5. ¿Qué es la iglesia y cómo se construye? ¿Qué es el ministerio de la iglesia y cómo se supone que hemos de hacerlo? Estas preguntas están obviamente conectadas. Lo que pensamos que es la iglesia explicará cómo pensamos que crecerá. Cómo pensamos que crecerá la iglesia explica qué es el ministerio. Pablo fue empujado a presentar estas cuestiones porque mucha gente en Corinto actuaba en la vida de la iglesia de manera equivocada. No eran espirituales en su comprensión y su conducta. Pablo no podía dirigirse a ellos como “espirituales” (3:1) porque estaban interpretando la iglesia desde el interior de su perspectiva caída. Se les tenía que hablar como los niños que eran (3:1).

¿Acaso no está hoy la iglesia evangélica en el mismo barco? Se suele aceptar de manera general que este es un momento de gran debilidad. Cuál ha de ser el remedio se convierte en materia de debate. El paralelismo entre nuestra situación y la de Corinto, no obstante, realmente es asombroso. ¿No haríamos bien en preguntar, pues, qué no comprendieron ellos?

La perspectiva de Pablo sobre esta cuestión se resume en unas cuantas palabras señaladas. ¿Cómo debemos pensar en nosotros mismos? La respuesta es como “colaboradores en la labor de Dios” (3:9; en el griego de Pablo, la palabra “Dios” está colocada en primer lugar por énfasis). ¿Cómo deberíamos pensar en la iglesia? Es “el campo de cultivo de Dios, el edificio de Dios” (3:9). ¿Y por qué hemos de pensar en ella como labranza y edificio de Dios? Porque la iglesia es su creación y solo Él puede hacerla crecer. Le da su crecimiento cualitativo internamente, en términos de carácter y obediencia, y el crecimiento cuantitativo externamente, en términos de expansión numérica.

Vemos esta segunda verdad en funcionamiento en los primeros días de la vida de la iglesia cuando leemos que “el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos” (Hch. 2:47; cursiva mía). Siendo verdad todo esto, es el Señor quien “asigna” la obra en la iglesia (1 Cor. 3:5), dice Pablo, para provocar su crecimiento, su alimentación, y formación. Los objetivos y funciones de la iglesia, por lo tanto, se dan a ella. No provienen de manuales de negocios, ni de normas culturales, ni de la inteligencia del marketing, sino de lo que el Señor nos ha dicho en las Escrituras. Seremos juzgados a la luz de estas verdades (1 Cor. 3:8). Y esto conduce a Pablo al meollo de la cuestión. Nosotros aramos y regamos, pero es Dios el que produce el crecimiento (3:6-7).

Podemos orar por la gente, buscar la bendición para la iglesia, predicar, aconsejar, y ser testigos, pero solo Dios da el crecimiento.

Esta última afirmación descansa sobre tres doctrinas del Nuevo Testamento. Cada una está en peligro en la iglesia de hoy, y cada una necesita ser preservada si hemos de ver de nuevo la completa expresión de la excelencia de Dios en la vida de la iglesia. Y esta es la clave de la completa restauración de su salud.

Primero, cuando Pablo dice que es Dios quien hace crecer la iglesia, claramente está dando por hecho que Dios es soberano. Dios gobierna sobre toda la vida, llevando a cabo su voluntad providencial, desde poderosos eventos como la caída de los imperios hasta lo más insignificante como la caída de un gorrión. Esto significa que, dentro de este mundo, los reinos y las culturas se alzan y caen según su soberana voluntad.

En segundo lugar, esta creencia descansa en una convicción acerca de la incapacidad humana. Por eso solo Dios puede hacer crecer la iglesia. La cuestión es que únicamente Dios puede impartir nueva vida sobrenatural. Podemos orar por la gente, buscar la bendición para la iglesia, predicar, aconsejar, y ser testigos, pero solo Dios da el crecimiento.

Podemos orar por la gente, buscar la bendición para la iglesia, predicar, aconsejar, y ser testigos, pero solo Dios da el crecimiento.

En tercer lugar, esta comprensión de cómo crece la iglesia debe ir unida a los medios que Dios ha ordenado para su crecimiento. Pablo dice que él plantó la semilla y Apolos la regó. ¿Qué se plantó? ¿Cuál era el agua?

Lo que se plantó fue seguramente la verdad que Dios nos ha dado en las Escrituras. ¿Cómo vamos a acudir a Dios y a creer en Él, pregunta Pablo en otro lugar, a menos que tengamos una Palabra predicada por medio de la cual responder (Rom. 10:14)?

Permitir que Dios sea Dios sobre su iglesia, verle como su centro y su gloria, su fuente y su vida, es una experiencia realmente liberadora. Nos libera de pensar que tenemos que hacerlo por nosotros mismos, nos permite asumir que somos completamente incapaces de realizarlo. El crecimiento de la iglesia depende de Él. No podemos llevar a cabo la obra que solo Dios puede hacer. Podemos trabajar en la iglesia, predicar y enseñar, expandir el evangelio, animarnos y urgirnos, pero no impartir nueva vida. Tampoco nunca podremos santificar a la iglesia. De hecho, no podemos siquiera nutrirla. Es Dios quien proporciona el alimento; a nosotros simplemente se nos llama a servir (1 Cor. 3:5). Por esto, no obstante, Pablo dice precisamente, un poco más adelante, que “no desmayamos” (2 Cor. 4:1, 16), sino que “tenemos confianza” (3:4; cf. 5:6).”

* Editorial Andamio 2017Nº páginas: 408p

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Caminar en sintonía con el Espíritu

Reseña 12

“El Espíritu Santo nos da fuerzas, nos guía y nos capacita, para crecer y perseverar en nuestra relación con el Padre por medio de Jesucristo. El Espíritu Santo es la persona de la Trinidad menos comprendida, pero aun así, sigue siendo el foco principal de renovación y avivamiento.”

J. I. Packer busca ayudar a los creyentes a reafirmarse en el llamamiento a la santidad, atentos a la función que desempeña el Espíritu en el nuevo pacto con Dios. Packer nos muestra la riqueza y profundidad de la obra en acción del Espíritu, evaluando para ello las facetas de la santidad y de los carismas, permaneciendo Cristo en todo momento en el centro y fundamento de un genuino ministerio del Espíritu. Un capítulo complementario analiza la seguridad con que el cristiano puede contar.

Los acercamientos que ha habido al tema de la persona y obra del Espíritu Santo han estado mediados por prejuicios y presupuestos teológicos que han inclinado la balanza hacia la más sosa pasividad o hacia la más exaltada actividad, olvidando el ministerio distintivo y constante del Espíritu Santo bajo el nuevo pacto, que es mediar la presencia de Cristo a los creyentes con las implicaciones prácticas y radicales que eso supone: comunión personal con Jesús, transformación del carácter en la semejanza de Jesús y la certeza de ser amados, redimidos y adoptados en la familia de Dios.

“El Espíritu Santo de Dios, el Señor, el dador de vida, que sobrevoló las aguas en la creación y habló en la historia por los profetas, se derramó en los discípulos de Jesucristo en Pentecostés para cumplir el nuevo papel del Paracleto que Jesús había definido para ellos. En Su carácter de segundo Paracleto, el sustituto de Jesús y agente representativo en la mente y en el corazón de los hombres, el Espíritu ministra hoy. Paracleto (paraklétos en griego) significa “Consolador; Consejero; Ayudador; Abogado; Fortalecedor; Sostén”. Jesús, el Paracleto original, continúa Su ministerio a la humanidad a través de la obra del segundo Paracleto. Así como Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, lo mismo ocurre con Su Espíritu; y en cada época desde Pentecostés, dondequiera que ha llegado el evangelio, el Espíritu ha seguido haciendo, en mayor o menor escala, las cosas que Jesús prometió que haría cuando lo enviase en esta nueva capacidad.” Prefacio 1984

Relevante y pleno de significado, este libro aporta un conocimiento vital para una vida cristiana sana y gozosa, mediante el conocimiento y experiencia propia de Dios Espíritu Santo. Un libro que el creyente comprometido leerá una y otra vez.

ÍNDICE

Prólogo a la serie
Prólogo al prólogo (2005)
Prefacio (1984)
1. Enfocar el Espíritu
2. El Espíritu Santo en la Biblia
3. Trazado de la senda del Espíritu: El camino de santidad
4. Trazado de la senda del Espíritu: Versiones de santidad
5. Trazado de la senda del Espíritu: La vida carismática
6. Trazado de la senda del Espíritu: Interpretación de la vida carismática
7. Ven, Espíritu Santo
8. El cielo en la tierra: Una exposición de Pentecostés

* Editorial Andamio 2017* Nº páginas: 420p 

 

 

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La iglesia y las últimas cosas

La Iglesia 4

Bien conocido por muchos, conocedores de la importancia y relevancia de todo el trabajo realizado por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, este libro es el último tomo de una serie de grandes e importantes obras en las que el magistral predicador expone la Biblia para mostrar la esencia de la fe cristiana.

Durante muchos años ante el presente volumen, las personas con las que nos hemos encontrado que se interesaban por esta obra en particular, tomaban el título de la misma comprendiendo que se trataría de un estudio de como afrontará la Iglesia los últimos tiempos, o lo que es lo mismo, un acercamiento escatológico a la doctrina de las últimas profecías que ocurrirán con referencia al fin del mundo en el plan de Dios, centrado en la Iglesia.

Mas bien confundidos siempre hemos aclarado que el presente libro, explora en una primera parte profunda y biblicamente la Iglesia y sus sacramentos, especialmente por una comprensión correcta del bautismo y la cena del Señor e igualmente, las marcas y el gobierno de la iglesia.

Ahora si, en una segunda parte afrontamos en esta misma obra la segunda venida de Cristo, el juicio final y la resurrección del cuerpo. Además de un detallado estudio de la enseñanza clave de la Biblia en Daniel 9 y el Apocalipsis, Lloyd-Jones también examina las distintas ideas al respecto y analiza cómo se lleva a cabo el plan de Dios para los Judios.

 

Integran este libro los siguientes capítulos:
1 La Iglesia
2 Las marcas y el gobierno de la Iglesia
3 Los sacramentos: señales y sellos
4 El bautismo
5 La Cena del Señor
6 La muerte y la inmortalidad
7 ¿La inmortalidad condicional o una segunda oportunidad?
8 La segunda venida: una introducción general
9 El tiempo de su venida: las señales
10 El plan de Dios para los judíos
11 El anticristo
12 La interpretación de Daniel 9:24-27
13 La conclusión de Daniel 9 y el rapto secreto
14 El libro del Apocalipsis: introducción
15 Los conceptos preterista y futurista
16 El concepto historicista espiritual
17 El sufrimiento y la seguridad de los redimidos
18 Las trompetas
19 El juicio final
20 El concepto premilenarista
21 El posmilenarismo y el concepto espiritual
22 La resurrección del cuerpo
23 El destino final

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

“Por una razón u otra, nuestros padres y abuelos creyeron que era suficiente formar movimientos y no pensaron en términos de la Iglesia, con el resultado de que el testimonio se ha diluido entre multitud de denominaciones y los cristianos solo se reúnen en movimientos en lugar de en iglesias. Desde esa perspectiva, pues, se trata de una cuestión sumamente importante. Si tenemos una profunda preocupación por el mensaje evangélico y su vital importancia en la actualidad, entonces estamos obligados a considerar la doctrina de la Iglesia. […] La primera cuestión que debemos tratar es esta: ¿cuál es la relación de la Iglesia con el Reino de Dios? En la Biblia encontramos enseñanza acerca del Reino y enseñanza acerca de la Iglesia. Entre los cristianos suele haber gran confusión con respecto a estas dos cuestiones. Esto se debe en gran medida a la manera como la Iglesia católica identifica a ambas. En la enseñanza católica romana, la Iglesia es el Reino de Dios, y los católicos son completamente coherentes en la forma en que lo desarrollan, reivindicando el derecho a gobernar y dominar hasta el último aspecto de la vida. Y podemos recordar cómo en el Medioevo la Iglesia gobernaba sobre señores, príncipes, países y potestades, sobre la base de que ella era el Reino de Dios, era superior. Y de alguna forma, ese concepto tendió a persistir. Debemos tener clara, pues, la relación entre la Iglesia y el Reino. ¿Qué es el Reino de Dios? Bien, su mejor definición es el gobierno de Dios. El Reino de Dios está presente dondequiera que reine Dios. Ese es el motivo por que nuestro Señor pudo decir que, debido a su actividad y obras, «el reino de Dios está entre vosotros » (Lucas 17:21). «Mas si —dijo— por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lucas 11:20). Si consideramos, pues, el Reino de Dios como el gobierno y el reinado de Dios, el Reino estaba aquí cuando nuestro Señor estuvo en persona. Está presente ahora dondequiera que al Señor Jesucristo se le acepte como Señor. Pero vendrá en toda su plenitud cuando todo el mundo tenga que aceptar su señorío. Podemos, pues, decir que el Reino ha venido, que el Reino está entre nosotros, y que el Reino está por venir. ¿Cuál es, entonces, la relación entre la Iglesia y el Reino? Sin duda esta: la Iglesia es una expresión del Reino pero no es equivalente a él. El Reino de Dios es más amplio que la Iglesia. En la Iglesia, dondequiera que la Iglesia sea verdaderamente la Iglesia, se acepta y se reconoce el señorío de Cristo y este mora allí. El Reino, pues, está ahí en ese punto. De manera que la Iglesia es parte del Reino, pero solo parte. El Reino de Dios es mucho más amplio que eso. Él gobierna fuera de la Iglesia, en lugares donde no se le reconoce, porque todas las cosas, incluyendo la historia, están en su mano. La Iglesia, pues, no es equivalente en extensión al Reino. Ahora bien, permítaseme mostrar algunos de los términos que se utilizan. La palabra griega que se traduce como «iglesia» es el término ekklesia, y ekklesia significa «aquellos que son llamados fuera». No necesariamente llamados fuera del mundo, sino fuera de la sociedad para alguna clase de función o propósito específicos; son «reunidos». Podemos traducir la palabra ekklesia por «asamblea». En las Escrituras ekklesia no está restringido a una asamblea espiritual. Si leemos el relato de Hechos 19 sobre la extraordinaria reunión que tuvo lugar en la ciudad de Éfeso, una reunión que casi se convirtió en revuelta, encontraremos que el escribano de la ciudad lo llama una asamblea, una ekklesia, con lo que quería decir un cierto número de personas que se habían reunido. De la misma manera, Esteban en su discurso de Hechos 7 hace referencia a Moisés estando en «la congregación en el desierto» (versículo 38). Los hijos de Israel, pues, eran una iglesia, una reunión, una asamblea del pueblo de Dios. Eran la ekklesia, la Iglesia en el Antiguo Testamento. Ese es el significado fundamental de la palabra «iglesia». Ahora bien, nuestra palabra «iglesia» y todos los términos y palabras afines, contienen un significado levemente distinto. Utilizamos la palabra aludiendo a nuestra pertenencia al Señor. La palabra inglesa «church» (iglesia) proviene de la palabra griega kurios, que significa «señor», tiene la misma derivación que las palabras káiser y césar. Es importante que recordemos eso, porque debemos unir estos dos significados: la Iglesia se constituye de aquellas personas que pertenecen al Señor, que están reunidas. Pero vayamos más allá. Consideremos ciertas afirmaciones que se hacen en la Escritura con respecto a la Iglesia, y estas son verdaderamente importantes. En la Biblia, la palabra ekklesia, cuando se aplica a los cristianos, en general se utiliza en referencia a una reunión local. Ahora bien, la distinción que estamos estableciendo es la diferencia entre la Iglesia considerada como un concepto general y la Iglesia considerada como un concepto local, particular. El término que se utiliza casi invariablemente en las Escrituras conlleva este significado local. Por ejemplo, en Romanos 16, cuando Pablo envía sus saludos a Aquila y Priscila, hace referencia a «la iglesia de su casa» (versículo 5). Una serie de cristianos se reunía en la casa de Aquila y Priscila y el apóstol Pablo no duda en llamar a esa reunión local una iglesia. No está pensando en término del ideal ecuménico moderno, según el cual la Iglesia es lo grande. Luego, además, Pablo dirige sus epístolas, por ejemplo, «a la iglesia de Dios que está en Corinto. Escribe la Epístola a los Gálatas a «las iglesias de Galacia» (Gálatas 1:2), no a «la Iglesia de Galacia». Pablo no está pensando en una unidad dividida en ramas locales, sino en las iglesias, un número de estas unidades, en Galacia. Ese es un punto sumamente importante y significativo. Ahora bien, si repasamos las Escrituras, hallaremos que esa es la manera apostólica habitual de manejar la cuestión. Pero debemos advertir que hay dos o tres ocasiones donde se emplea la palabra «iglesia» más que «iglesias» y una de ellas muy interesante. La encontramos en Hechos 9:31. Aquí hay una diferencia entre la versión de la Biblia de las Américas y la Reina-Valera. La Reina-Valera dice: «Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas». Pero en la Biblia de las Américas se puede leer en singular, «iglesia», e indudablemente es una traducción mejor. Sí, pero aun así, debemos recordar que la referencia es casi con toda certeza a los miembros de la iglesia en Jerusalén que se habían dispersado como resultado de la persecución. Lucas, pues, probablemente no se estaba refiriendo al concepto de «la Iglesia» como algo distinto de «las iglesias», sino que estaba pensando en la Iglesia diseminada por distintos lugares. En cualquier caso, este no es un punto vital. Por otro lado, en 1 Corintios 12:28 leemos: «Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas». Pablo no dice que Dios los pusiera «en las iglesias», sino «en la iglesia».”

 

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Otros dos volúmenes que forman parte de la trilogía:

  1. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/01/18/dios-el-padre-dios-el-hijo-2/
  2. https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/04/15/dios-el-espiritu-santo/

Objetivo: El corazón

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“El arte de aplicar la Palabra de Dios al corazón del oyente”

El libro que nos ocupa en esta ocasión (Objetivo el Corazón) es la segunda obra seleccionada dentro del llamado “Taller de Predicación”.

El primero de los títulos de este taller creado por editorial Andamio “El arte de la predicación”, está escrito por diez autores, todos ellos contextualizados en España, por nacimiento o por identificación misionera y espiritual, o por ambas. Todos ellos están comprometidos con el ministerio de predicación en sus iglesias locales. Cada hermano de los que contribuye desde su experiencia, formación, y de la gracia que ha recibido para desarrollar este ministerio, pone en evidencia un estilo, una visión única que aporta una riqueza singular a esta obra.

Nuestro mundo y sociedad necesita desesperadamente escuchar la Palabra de Dios expuesta fielmente y de forma relevante.

En Objetivo: el corazón, Murray Capill ayuda a los predicadores a dar forma a sus mensajes de tal manera que impacten de forma duradera en las vidas de sus oyentes. Acompaña a los predicadores en un proceso de “aplicación vital” que traslada la Palabra de Dios, a través de la vida de los predicadores, para que llegue a las vidas de los oyentes. Su modelo evita las trampas de la aplicación artificial, permitiendo así que los predicadores apunten al corazón de principio a fin. Además explica cómo hacerlo frente a determinados retos específicos en la predicación. Aquí encontrarás herramientas que, de forma sistemática, exploran las aplicaciones potenciales de cualquier texto en cualquier situación.

Mejor que nadie es el propio autor el que nos habla sobre el libro y su trasfondo por medio de esta entrevista.

Objetivo: El Corazón.

El arte de aplicar la Palabra de Dios al corazón del oyente, es una obra creada por Murray Capill. Él es  director del  Reformed Theological College en Geelong (Australia) un predicador regular.

¿Cuál fue el camino que te llevó a predicar?

En mi adolescencia empecé a interesarme en la predicación. Escuché a algunos predicadores que me inspiraron y comencé a sentir un tirón en mi corazón, deseando poder abrir la Palabra de Dios de esa manera. Pero era un desarrollador retrasado académicamente, así que fue más tarde en mi adolescencia que comencé a leer. Comencé a leer a Martyn Lloyd-Jones y su predicación me cautivó. De él me trasladé a CH Spurgeon y luego a JC Ryle. Esos grandes predicadores del pasado despertaron en mí el apetito y el aprecio por la predicación expositiva reformada.

Al mismo tiempo, Dios estaba trabajando en mí de otras maneras también. Dejé la iglesia en la que crecí y pasé un año saltando y comprando en la iglesia, y en muchos sentidos fue un momento muy inquietante. Parecía difícil encontrar una iglesia que fuera holísticamente sana, que tuviera buena predicación, compañerismo cálido, servicios dinámicos de la iglesia, sana doctrina y alcance efectivo. Encontré que las iglesias tendían a ser buenas en un frente pero decepcionantes en muchas otras. Muy a menudo  la predicación fue decepcionante. Entonces el Señor usó eso para fortalecer mi deseo de predicar y ayudar a construir iglesias sanas.

Al mismo tiempo, comencé la universidad y me involucré en la Unión Cristiana, donde aprendí mucho sobre el liderazgo y la participación del ministerio, y descubrí que tenía un verdadero corazón para el ministerio y el liderazgo. Así que estas tres cosas juntas: predicadores inspiradores del pasado, una preocupación por la iglesia de hoy y oportunidades iniciales para el ministerio, llevaron a una creciente aspiración de ser pastor y predicador.

¿Quién te influenció mientras seguías el ministerio evangélico?

Al principio, las influencias más importantes fueron los predicadores que leí y escuché. Como dije, Martyn Lloyd-Jones fue probablemente el más significativo. Spurgeon fue otro. Y luego estaban todos los sermones que escuchaba (¡en casetes en aquellos días!). Escuché a Al Martin, John Stott, David Pawson, Stuart Briscoe, Charles Price y otros: una verdadera mezcla de estilos y enfoques. Hoy, por supuesto, hay otra generación de predicadores, pero descubrí que escuchar a una variedad de expositores dotados de la Biblia era enormemente estimulante e influyente.

Para ser honesto, ellos fueron más formativos para mi predicación que las personas que realmente conocía en la carne. En ese momento, poco sucedía en los círculos de mi iglesia en términos de tutoría intencional y discipulado. Pero lo que fue realmente significativo fue el aliento que recibí de mi iglesia local, de mi pastor, y más tarde de los conferenciantes en el RTC (Colegio Teológico Reformado en Geelong) donde estudié. Eso realmente me estimuló y confirmó mi sensación de que allí era donde Dios me estaba guiando.

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Con la publicación de este libro “El corazón es el objetivo” sobre la importancia de la aplicación en la predicación. ¿Por qué vio la necesidad de un libro sobre este tema?

Al entrenar a los predicadores expositivos, tendemos a darles a las personas sólidos fundamentos teológicos, excelentes herramientas de lenguaje y exegéticas, y, a menudo, un buen entrenamiento en los principios básicos de la homilética. Pero lo que los predicadores no entienden es una gran ayuda al aplicar el texto bíblico, aplicándolo de forma fresca, penetrante, convincente y bíblicamente fiel. Además, los comentarios a menudo tampoco ayudan mucho. La mayoría de ellos son escasos cuando se trata de ayudar a los predicadores a saber cómo aplicar el texto hoy.

El problema es que si los predicadores tienen grandes habilidades exegéticas y conocimiento teológico, pero no saben cómo aplicar la verdad a la vida de las personas, sus sermones terminan en conferencias. Una conferencia, no importa cuán brillante sea, no es un sermón. Un sermón no solo debe explicar el texto, sino también debe presionar el mensaje principal del texto contra la vida de las personas. Necesita relacionar la verdad bíblica con las realidades de las experiencias de vida de las personas.

Entonces, lo que quería hacer era proporcionar a los predicadores algunas herramientas para pensar más profundamente sobre la aplicación de la Palabra de Dios. Quería ayudarlos a evitar añadir al final del mensaje algunas exhortaciones muy predecibles para leer más la Biblia, orar más y atestiguar más. Quería ayudarlos a ver que la aplicación debe moldear e impregnar todo el mensaje y debe llevar el mensaje a los corazones de las personas.

¿Cómo se ha recibido ese libro en Australia y más allá?

Bueno, no creo que escribas libros sobre aplicaciones expositivas para convertirte en un best-seller. Pero ha sido muy reconfortante escuchar a predicadores nuevos y experimentados en muchos lugares diferentes que el libro ha sido de gran ayuda para ellos. Creo que el hecho de que sea legible y práctico, dándoles a las personas herramientas que puedan usar cuando preparan su próximo sermón, lo ha hecho útil para las personas.

En nuestras experiencias personales, muchos de nosotros podemos señalar momentos en los que fuimos particularmente sorprendidos por algo en un sermón. Y luego están los momentos “normales” de escuchar una predicación buena pero, sin embargo, más regular. ¿Cuánto control ejerce un predicador sobre si su mensaje llega al corazón? 

Me gusta la distinción que hace Tim Keller entre un “buen” sermón y un “gran” sermón. Básicamente dice que el predicador puede trabajar para producir un buen sermón, pero solo el Espíritu Santo puede tomarlo y convertirlo en un gran sermón. Algunas veces el Espíritu toma nuestro trabajo, tal vez nuestro trabajo ordinario, y lo usa poderosamente en las vidas de las personas. Eso es algo maravilloso por lo que debemos orar fervientemente.

Pero nuestra tarea como predicadores, además de orar por eso, es hacer todo lo posible para predicar ‘buenos’ sermones. Y mi definición de eso incluye no solo ser fiel al texto bíblico, no solo comunicar clara y convincentemente, sino también dirigir el mensaje del texto a los corazones de los oyentes. En el sermón después del sermón debemos ir tras los corazones de las personas. Deberíamos tratar de iluminar sus mentes, condenar sus conciencias, despertar pasiones y afectos piadosos, y moverlos a la acción y respuesta correctas.

De modo que la predicación normal, regular, de pan y mantequilla debe dirigirse al corazón. Debe estar dirigido a cambiar vidas e impactar a las personas en el nivel más profundo de su alma. Por supuesto, si realmente penetra en los corazones de las personas depende por completo del trabajo interno del Espíritu. Solo por el Espíritu pueden los corazones ser cambiados. Pero el Espíritu usa medios, y uno de los principales medios que usa es la habilidad del predicador para aplicar la Palabra. Entonces debemos hacer todo lo que podamos, y entonces debemos depender totalmente del Espíritu de Dios.

¿Cuáles son algunas de las cosas que los predicadores más jóvenes necesitan aprender consistentemente?

Creo que hay tres cosas que hacen buena predicación: contenido, conexión y comunicación.

El contenido es la sustancia bíblica y teológica del mensaje y si eso no es fuerte, entonces el sermón nunca llegará a nada.

La conexión es la forma en que el mensaje principal del texto se conecta con los corazones y las vidas de las personas de hoy. Si eso es débil o falta, entonces tienes una conferencia, no un sermón.

La comunicación es la forma en que se presenta el contenido y la aplicación. Tiene que ser claro y convincente, interesante y atractivo, predicado con calidez y fuerza.

Así que eso es lo primero que les diría a los jóvenes predicadores: un buen sermón es la combinación de los tres juntos. No puedes elegir. Trabaja duro en los tres. Cada uno implica habilidades que deben aprenderse y lleva tiempo. A menudo bromeo que los primeros cien sermones son los más difíciles. Chappo fue más duro: dijo que los primeros 50 años son los más difíciles.

La segunda cosa que diría, sin embargo, es que aunque deberías esforzarte por ser lo más hábil posible, no intentes ser increíble. No trates de ser el próximo Keller, Piper, Jensen o el héroe que sea. Estamos rodeados de celebridades predicadoras evangélicas a quienes Dios ha bendecido y dotado. No creo que pretendieran ser de alto perfil, eso acaba de pasar porque Dios los ha usado. Y debemos estar contentos con cómo Dios quiere usarnos, lo que para la mayoría de nosotros será de muy bajo perfil.

De hecho, creo que el trabajo de la iglesia de Cristo es promovido principalmente por gente común, haciendo su mejor esfuerzo en ministerios que nunca serán mundialmente famosos. Lo que su iglesia necesita no es que usted sea famoso, sino que sea real, diligente, humilde y amoroso. Solo haz lo mejor para tu gente. Ámenlos lo suficiente como para trabajar por la Palabra y destilar la esencia de cada texto que predican. Ámalos lo suficiente como para hacer las cosas tan claras y atractivas como puedas. Ámenlos lo suficiente como para predicar a sus corazones y llevar el mensaje a la vida como realmente es. Ámenlos lo suficiente como para que su ministerio sea sobre Jesús, no usted. 29852896_1626113814111142_428033708_n

A veces se argumenta sobre la base de 1 Corintios 2: 1 que el estilo del predicador no es significativo siempre y cuando el evangelio esté presente en el mensaje. ¿Puede un predicador trabajar en técnicas estilísticas y su entrega sin comprometer el evangelio?

Esa es una gran pregunta. Desde luego, parece que Pablo desprecia cualquier interés en cuestiones de estilo, retórica y comunicación. Pero luego observas la forma en que escribe, y te das cuenta de que es un maestro de los recursos retóricos, los argumentos poderosos, las ilustraciones simples y el lenguaje apasionado.

Pablo no estaba hablando en contra de desarrollar habilidades en comunicación. Estaba hablando en contra del amor de un brillante discurso del griego. Él está diciendo que predicar no se trata del discurso, no se trata de mostrar nuestro ingenio y sabiduría. Se trata de la gloria de Jesús y la maravilla del evangelio.Nuestra tarea, entonces, es hablar lo mejor que podamos para que Jesús se mantenga en alto. Queremos hablar de manera clara, convincente, interesante, clara, convincente y persuasiva. Eso requiere una gran habilidad, pero el objetivo nunca debe ser mostrar lo maravillosos que somos, sino usar esas habilidades para mostrar cuán maravilloso es el evangelio. Necesitamos comunicarnos lo mejor que podamos, pero también debemos buscar en nuestros corazones y asegurarnos de que nuestra predicación se trata de Jesús, no de nosotros.

¿Qué es lo más difícil de predicar?

La buena predicación por lo general suena sin esfuerzo y los buenos predicadores hacen que parezca bastante fácil. Pero no lo es. Detrás de una buena predicación se encuentran muchas horas de trabajo arduo, en exégesis, aplicación y comunicación. Y creo que lo más difícil de predicar es sostenerse semana tras semana, año tras año. No es tan difícil producir una maravilla única. Pero cuanto más prediques, más profundo tendrás que cavar. No puedes mantenerte fresco si solo estás haciendo los movimientos y generando otro mensaje. El peligro es que sabes cómo hacer eso y solo tienes que pasar por la mecánica. Pero si quieres ser usado por Dios, necesitarás seguir creciendo en la palabra, seguir aprendiendo cosas nuevas, seguir orando más que nunca para que Dios bendiga su Palabra. Nunca piense que ha llegado, tiene predicación en la bolsa, y puede hacerlo sobre la marcha mientras atiende otras necesidades del ministerio. La predicación siempre garantiza lo mejor de tu tiempo, energía y concentración.

 

*(Entrevista publicada originalmente en ingles por http://www.au.thegospelcoalition.org

 

ÍNDICE

Introducción: ¿Qué es la predicación?
1. Un manual de aplicación para el principiante
Parte I. El proceso de la aplicación viva en la predicación 
2. La Palabra viva: Tiene una obra que hacer
3. La vida del predicador: Un depósito lleno
4. La vida de nuestros oyentes: El corazón es el objetivo
5. La vida de nuestros oyentes: Una talla no sirve para todos
6. Aplicaciones vivas: Disparar flechas afiladas
Parte II. Poner la aplicación viva en práctica
7. Predicar el Reino
8. Captar la atención con historias
9. Predicar los tres «ivos»
10. La preparación integral
Pensamientos finales
Apéndice. Herramientas para una aplicación

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Dios el Espíritu Santo


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Este es el segundo tomo de una serie de grandes e importantes obras de el Dr. Martyn Lloyd-Jones en el que el magistral predicador expone la Biblia para mostrar la esencia de la fe cristiana. Aquí se explora detalladamente la persona y la obra vital del Espíritu Santo.

Ya le hemos hablado del primero de los tomos de esta trilogía esencial en toda biblioteca reformada que se precie, “Dios el Padre, Dios el Hijo” en nuestro apartado de reseñas literarias: (https://solosanadoctrinablog.wordpress.com/2018/01/18/dios-el-padre-dios-el-hijo-2/).

En este libro,  El Espíritu Santo se muestra claramente como un tremendo poder divino que actúa en la conversión, la redención, la regeneración, la santificación y la seguridad. Se hace una consideración adicional de Pentecostés, el bautismo y los dones del Espíritu Santo, dando así a los lectores una mejor comprensión de la persona menos conocida de la Trinidad.

Se estudian en este tomo los siguientes capítulos:

1. La persona del Espíritu Santo 10
2. La divinidad del Espíritu Santo 22
3. Creación y gracia común 34
4. El significado de Pentecostés 44
5. La obra del Espíritu Santo en general 58
6. La obra del Espíritu Santo en la redención 72
7. El llamamiento eficaz 84
8. La regeneración: una nueva disposición 96
9. El nuevo nacimiento 108
10. Un hijo de Dios y en Cristo 122
11. La unión con Cristo 136
12. La conversión 150
13. El arrepentimiento 164
14. La fe salvadora 178
15. La seguridad 194
16. La justificación por la fe 212
17. La adopción 226
18. La santificación: las distintas ideas 240
19. La santificación: la obra de Dios y la nuestra 252
20. El poderoso proceso del Espíritu Santo 264
21. La santificación en Romanos 6 al 8 278
22. El bautismo y el ser llenos 294
23. Otras reflexiones acerca del bautismo del Espíritu 306
24. El sello y las arras 320
25. Los dones del Espíritu Santo 332

A continuación te ofrecemos un fragmento de “Dios el Espíritu Santo”, de Lloyd-Jones:

“La mejor forma de enfocar la doctrina del Espíritu Santo es comenzar por advertir los nombres y títulos que se atribuyen a esta persona.

En primer lugar, están todos los nombres que lo relacionan con el Padre; permítaseme enumerar algunos de ellos: el Espíritu de Dios (Génesis 1:2); el Espíritu del Señor (Lucas 4:18); el Espíritu de nuestro Señor (1 Corintios 6:11).

Luego hay otro que es el Espíritu de Jehová el Señor, que se encuentra en Isaías 61:1. Nuestro Señor habla, en Mateo 10:20 del Espíritu de vuestro Padre, mientras que Pablo se refiere al Espíritu del Dios viviente (2 Corintios 3:3).

Mi Espíritu, dice Dios en Génesis 6:3, y el Salmista pregunta: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” (Salmo 139:7). Hay referencias a Él como su Espíritu —el Espíritu de Dios— en Números 11:29; y Pablo, en Romanos 8:11, utiliza la frase y si el Espíritu de aquel [Dios el Padre] que levantó de los muertos a Jesús.

Todos estos son títulos descriptivos que se refieren al Espíritu Santo en términos de su relación con el Padre.

En el segundo grupo se encuentran los títulos que relacionan al Espíritu Santo con el Hijo.

Primero: “Y si alguno no tiene el espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9), lo que constituye una frase muy importante. La palabra “Espíritu” se refiere aquí al Espíritu Santo.

En Filipenses 1:19, Pablo habla acerca del Espíritu de Jesucristo, y en Gálatas 4:6 dice: “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo”. Finalmente, hay referencias a Él como el Espíritu del Señor (Hechos 5:9).

Finalmente, el tercer grupo reúne los títulos directos o personales y aquí, en primer lugar y antes que nada está, por supuesto, el de Espíritu Santo. La palabra “Espíritu” se deriva del latín spiritus.

Un segundo título dentro de este grupo es el Espíritu de santidad. Romanos 1:4 dice: “Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos”.

Otro título es el de el Santo: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo” (1 Juan 2:20). En Hebreos 9:14 se habla de Él como el Espíritu eterno y Pablo, en Romanos 8:2, dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.

En Juan 14:17 se le denomina el Espíritu de verdad, y en los capítulos 14, 15 y 16 del Evangelio de Juan, se habla de Él como el Consolador.

Esos son, entonces, los nombres o títulos principales que se le aplican. ¿Pero nos hemos preguntado alguna vez por qué se le denomina Espíritu Santo? Ahora bien, si planteamos esa pregunta a la gente, creo que su repuesta será: “Se le describe así porque es santo”.

Pero esa no puede ser la verdadera explicación porque el propósito de un nombre es diferenciar a alguien de los demás, pero Dios el Padre es santo y Dios el Hijo es igualmente santo.

¿Por qué, entonces, se le denomina santo? Sin duda, la explicación es que su obra particular consiste en producir la santidad y el orden en todo lo que hace al aplicar la obra de salvación de Cristo.

Su objetivo es producir la santidad, y lo hace en la creación y en la naturaleza, así como en los seres humanos.Pero en última instancia, su obra es hacernos personas santas, santos como los hijos de Dios.

Es probable también que se le describa como el Espíritu Santo a fin de diferenciarlo de otros espíritus: los espíritus malignos. Ese es el motivo por que se nos dice que probemos los espíritus y sepamos si son de Dios o no (1 Juan 4:1).

A continuación, el siguiente y gran asunto es la personalidad o la persona del Espíritu. Ahora bien, esto es vital y por ello es esencial que lo exprese de la siguiente forma. El Espíritu Santo no ha sido olvidado solo por aquellos que definimos como liberales o modernistas en su teología (siempre es cierto en su caso), sino que nosotros mismos a menudo somos culpables de exactamente lo mismo.”

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

Escándalo. La cruz y la resurrección de Jesús

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Donald Arthur Carson (nacido el 21 de diciembre de 1946) es un teólogo evangélico reformado nacido en Canadá y profesor del Nuevo Testamento .

Permítanme, antes de que muchos piensen en la lapidación, por la recomendación de este libro para su lectura, en estos días que se aproximan, “semana santa”, que les hablemos sobre esta obra del bien conocido por todos (o casi todos), Donald A. Carson.

Sirva de introducción lo anterior para pensar  que mientras unos celebran de una forma, los creyentes bien podríamos leer el libro que nos ocupa y estudiar profundamente el significado de la Cruz y la Resurrección de Jesús. 

Nada es más central en la Biblia que la muerte y la resurrección de Jesús. La Biblia entera gira alrededor de un fin de semana en Jerusalén hace unos dos mil años. Todo intento de entender la Biblia sin pensar sobre cómo integrar la crucifixión y resurrección de Jesús fracasará, no será más que un ejercicio de irrevelancia. Los mismos seguidores de Jesús no esperaban que le crucificaran y definitivamente no esperaban que resucitara. Sin embargo, después de ocurridos estos eventos, sus pensamientos y actitudes fueron transformados de tal manera que entendieron que era inevitable que Jesús muriera en una cruz y dejara una tumba vacía. Desde ese momento, sus vidas enteras cambiaron.

Este libro resume no meramente lo que sucedió, sino las implicaciones de estos sucesos. Es decir, la intención del autor es proveer una explicación introductoria de la cruz y la resurrección, estudiando los escritos de algunos de los testigos más antiguos de la muerte y resurrección de Jesús. Las palabras de estos testigos han sido preservadas en la Biblia; los capítulos de este libro son explicaciones de cinco secciones de la Biblia que se expresan sobre estas preguntas.

  1. Las ironías de la Cruz (Mt. 27:27-51a)
  2. El centro de toda la Biblia (Ro. 3:21-26)
  3. El extraño triunfo de un Cordero inmolado (Ap.12)
  4. Un milagro lleno de sorpresas (Jn, 11:1-53)
  5. Dudando de la resurrección de Jesús (Jn. 20:24-31)

¿Crees? ¿O te encuentras entre los millones de personas que en cuanto comienzan a ver de qué trata la cruz, descartan el relato completamente porque les parece un escándalo? ¿Un Dios que vive, muere y resucita? ¿Un Dios que nos mira con ira pero nos ama igualmente? ¿Una cruz en la cual Dios envía y a la vez recibe el castigo? ¡Un escándalo!

“NO HAY CRISTIANISMO SIN LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ Y SU RESURRECCIÓN DE ENTRE LOS MUERTOS.”

Mediante un contenido bíblico directo y sólido, y al mismo tiempo lúcido, revelador y perspicaz, Carson hace una exposición fascinante que nos ayuda a entender más claramente la pasión de la cruz y el triunfo de la resurrección.

 

Donald A. Carson. Publicaciones Andamio, 2011

 

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Puedes ver y ampliar la información viendo el siguiente vídeo:

Lo que el boleto de avión no te dice

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“Nuestro matrimonio es uno que se basa en Dios. Para los que no creen esto suena absurdo, pero no puedo justificar mi fe ante unos que no la tienen y no la ven. Es como tratar de hacer distinguir a un daltónico el rojo del verde o el azul. Dios ha planificado todo esto y gracias a Él estamos aquí, pero no es fácil. El hecho de ser cristianos no nos promete una vida en la que falten las aflicciones. Al contrario”.

Sabía que tenía que comenzar con esta porción. Lo supe desde la primera vez que leí el libro, lo hice en 3 horas. Pocos libros he leído tan rápido. Es tan lindo, tan real, tan sentido, tan nuestro. Nuestro, sí, el de personas que creen, que creen en la Soberana Voluntad Divina de Dios, tanto Predestinando nuestras vidas para la salvación, como escribiendo cada una de las cosas que nos han de ocurrir a lo largo de este largo periplo al que llamamos vida. Una invitación a la lectura (resuena en mi mente esta frase de Abraham). No sé si estos párrafos animaran a alguien a la lectura, espero que sí, (como a mí que ya voy por la segunda vez), aunque prefiero pensar que aparezcan en el prólogo del libro o en la contraportada (soy más pretencioso).

Esta historia, como la describí en mi primer pensamiento, es: “una historia de fe, real, sincera, de cambio. Una historia para compartir, para soñar. Un cambio de vida, de estado, pero también un paso de la inocencia a la realidad, como de la juventud a la edad adulta en tan solo el tiempo que dura un vuelo de avión”. Puedo añadir ahora que es una historia de hoy. Un libro que presenta ante el lector una historia de amor (a la antigua usanza) en pleno siglo XXI. Dos jóvenes cristianos, separados por 13.212 kilómetros para el mundo, y tan solo un paso para Dios, quien bajo su pluma escribió cada una de sus vidas por separado y unos capítulos después juntó sus caminos según sus designios. Lo que es imposible para el mundo, es el día a día para Dios, lo inalcanzable para muchos está a un tiro de piedra para los que tienen fe. Por eso este libro es una historia de fe. Sí claro, es una historia de amor, pero no se puede entender sin la fe, la fe en el mismísimo amor, la fe en Dios.

Una red social tan acorde y valida en nuestros días, (aunque muchos piensen lo contrario) es el cauce utilizado en principio para hacerles coincidir. Dos culturas diferentes, dos idiomas distintos, las familias, el trabajo, la escasez económica, son problemas que se rompen con solo un abrazo, en un aeropuerto.

Este libro te abraza, te acaricia los sentidos, te enamorara, te hará llorar, soñar, sufrir. Te hará creer o volver a hacerlo. Te acercará a Dios, al Dios de las vidas de sus dos protagonistas y sentirás el amor que tan solo separa un billete de avión, que ahora sí, tiene muchas cosas que contarte.

 

Georgia Blidar. Rumana de nacimiento, pero peregrina en esta tierra, hoy está radicada en Chile junto a su esposo Abraham Serey, comenzando una nueva vida. De profesión periodista, nos presenta esta primera novela que te recomendamos encarecidamente. 

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Puedes hacerte con una copia digital del libro en:

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Institución de la Religión Cristiana

Reseña 8

En Marzo de 2018 se cumpliran 482 años de la publicación de la Institución de la Religión Cristiana, la primera y más famosa obra teológica del reformador francés Juan Calvino.

Impresa en Basilea, apareció después de su estudio sobre De Clemetia, de Séneca (1532). Hacía poco tiempo que Calvino se había convertido al protestantismo. Luego de un conflicto en La Sorbona y de la proscripción del grupo protestante, abandonó París (1534) y se estableció en Basilea, un centro protestante donde vivió bajo el seudónimo de Martinus Lucanius. Allí se consagró al estudio de la teología, concentrándose en la Biblia, así como a la revisión de los Padres Apostólicos y de teólogos contemporáneos como Lutero y Bucero.

La mayor parte de su conocimiento sobre teología católica la adquirió de dos textos medievales: las sentencias de Pedro Lombardo y los decretos de Gracián. El resultado de semejante estudio fue precisamente la Institución de la Religión Cristiana, que en su forma inicial era un catecismo ampliado, en latín, organizado a la manera tradicional las doctrinas esenciales del protestantismo naciente. Contenía también un material suplementario contra los sacramentos que veía como falsos, y algunas ideas sobre la organización de la iglesia.

Esta obra pronto le ganó prestigio como vocero autorizado del protestantismo. Fue la obra de su vida, pues la revisó, tradujo y amplió sustancialmente en ediciones subsecuentes. La edición latina definitiva apareció en 1559, la francesa en 1560, y la primera en castellano, traducida por Cipriano de Valera, en 1597. De 85 mil palabras pasó a 450 mil. La Institución llegó a ser un manual sistemático y completo de la teología dogmática, el más influyente, de hecho, producido durante la Reforma.

Lucien Febvre escribió acerca de esta obra:

“Equívoco, confusión, desamparo. Fue entonces cuando se alzó un hombre. Y apareció un libro. El hombre: Juan Calvino. El libro: la Institución Cristiana […]. ¿Qué aportaba? Una doctrina clara, lógica, coherente, perfectamente ordenada por un maestro al cual, de vez en cuando, resulta tentador aplicar las palabras destinadas a Ario: “una lucidez autoritaria”… Desde luego, y ello no supone disminuir su valor. Lo esencial, sin embargo, es otra cosa —si es verdad que la gran obra histórica de Calvino no fue componer libros, pronunciar sermones, formular y defender dogmas. Fue “educar hombres”. Calvino ha creado, ha formado, ha moldeado un tipo humano que puede o no gustar, con el que pueden o no sentirse afinidades: tal y como es, constituye uno de los fermentos de nuestro mundo, y no sólo de nuestra Francia.”

La Institución es un trabajo destinado a influir en el rey de Francia para que tratase con benevolencia y comprensión a aquellos profesaban la fe protestante. Es asimismo una declaración de las doctrinas evangélicas y bíblicas a las cuales el autor se hallaba ya definitivamente adherido. A la edad de 27 años Calvino es ya un reformador maduro y un excelente exegeta de las Escrituras. En su epístola dirigido al rey de Francia, Francisco I, explica cómo su intención original ha sido la de suministrar una especie de manual elemental de instrucción para sus compatriotas cuya mayoría esta sufriendo hambre y sed de Cristo y tan poco conocimiento tienen de él. Es sorprendente el arrojo y la intrepidez con que Calvino se dirige a su soberano.

El propósito de Calvino de edificar e instruir mediante este libro a aquellos que se acercaban a la luz de la fe Reforma, no sólo fue alcanzado, sino sobrepasado. El libro, más bien pequeño, que comprendía sólo 6 capítulos sobre la ley, el Credo, la Oración del Señor, los sacramentos, los cinco falsos sacramentos y la libertad cristiana, el poder eclesiástico y la administración pública fue vendido rápidamente. La segunda edición apareció en 1539. Había crecido de tamaño hasta casi tres veces la edición original, con un total de 17 capítulos.

El desarrollo del pensamiento de Calvino se refleja en el hecho de que los dos primeros capítulos están dedicados al conocimiento de Dios y el conocimiento del hombre. El conocimiento de la criatura está ligada al conocimiento de su creador, y este conocimiento es fundamentalmente para todos los demás conocimientos. De acuerdo con esto, forma una magnífica introducción para una gran obra de teología cristiana. En la edición de 1539 encontramos la famosa sentencia inicial, que fue impresa en todas la ediciones subsiguientes: “Casi la totalidad de la suma de nuestra sabiduría que debe ser considerada como verdadera y sólida sabiduría consiste en dos partes: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos”. En la Epístola al Lector Calvino declara que su objeto fue preparar y entrenar candidatos en sagrada teología por la lectura de la divina palabra, de tal forma que pudiesen tener una fácil introducción a la misma y proseguir luego en ella con paso inalterable.

La versión francesa (1541) muestra sus progresos literarios, al grado de ser capaz de eludir los artificios. Su prosa trata, sobre todo, de ser vehículo de la verdad. La dignidad, la sinceridad y completa sencillez de propósito son los contrastes del hombre y sus criterios.

La obra, en su versión final, está dividida por Calvino en cuatro libros separados, que a su vez están subdivididos en un total de 80 capítulos. El primer libro se titula “Del conocimiento de Dios creador”, el segundo, “Del conocimiento de Dios redentor, en Cristo, que fue manifestado primero a los padres bajo la ley y a nosotros, después, en el Evangelio”; El tercero, “El medio de obtener la gracia de Cristo: qué beneficios fluyen de ella para nosotros y qué efectos siguen”; y el cuarto, “De los medios externos o auxilios por los cuales Dios nos invita ala unión con Cristo y nos mantiene en ella”. En otras palabras, queda cubierta la totalidad del campo teológico y bíblico. Procede después con lo relativo al pecado, la caída, la servidumbre de la voluntad, la exposición de la ley moral, la comparación del Antiguo y el Nuevo Testamento y la persona y la obra de Cristo como mediador y redentor. Sigue luego con una consideración de la obra del Espíritu Santo en la regeneración, la vida del hombre cristiano, la justificación por la fe, la reconciliación, las promesas de la ley y el Evangelio, la libertad cristiana, la oración, la elección eterna y al escatología (las últimas cosas). Finalmente trata la doctrina de la Iglesia y su ministerio, su autoridad, su disciplina, los sacramentos y el poder del estado. Estamos, pues ante un monumento teológico cuya validez se ha mantenido con el paso del tiempo.

Después de la publicación de la Institución en 1536, Calvino salió de Basilea y fue a Ferrara, Italia, donde la duquesa Renata hija de Luis XII de Francia, toleraba a los protestantes, quizá él, como humanista que era, tenía muchos deseos de conocer Italia. Poco tiempo después salió rumbo a Estrasburgo, pero la guerra entre Carlos V y Francisco I le obligó a desviarse y pasar por Ginebra. El resto de la historia es muy conocido.

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Puedes ver el video de esta reseña en el siguiente enlace: https://youtu.be/P2x0r1cRsNk 

 

 

 

Teología Práctica

Reseña 7

Es algo común en la actualidad que la gente cuestione la importancia de estudiar teología. Algunos cristianos afirman que ellos solo quieren escuchar sermones prácticos, no sermones que enseñan teología. Otros afirman que la teología divide, de modo que concluyen en que toda la teología es perjudicial.

La teología cristiana es el conjunto de creencias del cristianismo, las cuales están basadas fundamentalmente en la Biblia. Para los cristianos, tales creencias son consideradas «verdades fundamentales».

Dentro de esta teología se encuentra también la teología sistemática, la teología bíblica, la “teología práctica” y la teología histórica. Este libro trata acerca de la “teología práctica”.

Partiendo de esta definición, el libro que nos ocupa aporta desde sus comienzos que la teología cristiana es uno de los campos de estudio mas emocionantes y estimulantes, rico en recursos para la vida de fe y el servicio de la iglesia. Este libro es una defensa del lugar de la teología en la vida cristiana, y también como un ruego a que la iglesia cristiana tome en serio el ámbito de la mente, sobre todo a la luz de los debates públicos contemporáneos

Por “teología práctica”, el autor Alister McGrath se refiere a los temas básicos que han caracterizado la visión cristiana a lo largo de los siglos, investigando la forma en la que la gran tradición de reflexión teológica cristiana enriquece nuestra fe y hace más profunda nuestra involucración en las preocupaciones y los debates del mundo que nos rodea.

La primera parte del libro habla del propósito, lugar y relevancia de la teología cristiana: ¿Cómo transforma la teología el modo en el que vemos las cosas? ¿Cómo podemos enfrentarnos a las cuestiones teológicas que nos desconciertan? ¿La fe cristiana tiene algo que decir sobre cómo acercarnos al mundo natural? ¿Qué relación hay entre la teología y la apologética?

La segunda parte se centra en cómo interactuar con la cultura y sus preocupaciones, sin dejar a un lado el revuelo que está causando el nuevo ateísmo. Por eso habla de la relación entre las ciencias naturales y la fe, y examina de forma minuciosa y crítica los argumentos de los nuevos ateos, incluyendo su campaña sobre la necesidad de una “nueva Ilustración”.

En resumen, este libro nos ayuda a ver que para cultivar una vida cristiana fructífera es imprescindible cultivar la mente con la que Dios nos ha dotado. Sin duda con la publicación de este texto, Editorial Andamio consigue un nuevo acierto a la hora de armar al cristiano con herramientas prácticas, útiles y necesarias.

ÍNDICE

Parte 1
EL PROPÓSITO, LUGAR Y RELEVANCIA DE LA TEOLOGÍA CRISTIANA
1 Teología práctica: el paisaje de la fe (1)
2 Teología práctica: el paisaje de la fe (2)
3 El evangelio y la transformación de la realidad: El elixir de George Herbert
4 La cruz, el sufrimiento y la perplejidad teológica: reflexiones sobre Martín Lutero y      C. S. Lewis
5 El teatro de la gloria de Dios: una visión cristiana de la naturaleza
6 El tapiz de la fe: teología y apologética

Parte 2
INTERACTUANDO CON NUESTRA CULTURA
7 Las ciencias naturales: ¿amigas o enemigas de la fe?
8 Fe científica y religiosa: el caso de El origen de las especies de Charles Darwin
9 Agustín de Hipona sobre creación y evolución
10 ¿La religión lo envenena todo? El nuevo ateísmo y la creencia religiosa
11 Ateísmo y la Ilustración: reflexiones sobre las raíces intelectuales del nuevo ateísmo

Sobre el autor:

Alister McGrath (Belfast, Irlanda del Norte, 1953), biofísico y teólogo, es profesor de Teología histórica en la Universidad de Oxford.​ Estudió en las Universidades de Oxford —donde obtuvo tres doctorados, en Biofísica molecular, en Teología, Letras y sirvió en una parroquia en Nottingham antes de unirse al personal de Wycliffe Hall. Es uno de los más leídos e influyentes escritores cristianos en el mundo, y viaja extensamente para hablar en conferencias y misiones.

Su reciente trilogía A Scientific Theology (2001-3) ha sido aclamada como una de las más importantes obras de teología sistemática de los últimos años. McGrath tiene un interés especial por el ateísmo, sobre todo desde la publicación de su libro Dawkins’ God: Genes, Memes and the Meaning of Life. Enseña en los ámbitos de la teología sistemática, la ciencia y la religión, la espiritualidad y la apologética. Fue elegido miembro de la Royal Society of Arts en 2005. En 2009 pronunció las Gifford Lectures en la Universidad de Aberdeen.

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Puedes saber más de este libro en este video:

 

Dios el Padre, Dios el Hijo

Reseña 6

El libro que nos ocupa en esta ocasión, es el primer tomo de una trilogía, que se han convertido en obras indispensables para cualquier biblioteca Sana que se precie de serlo (biblioteca y Sana) así, de esta manera, se transforma en  un material de estudio y consulta  inigualable a la vez que un placer para los sentidos y el conocimiento su lectura y discernimiento.

Nos cuentan los editores de la dificultad que supuso su creación, debido a que estas conferencias en las que se basa el texto fueron impartidas en los primeros tiempos de las grabaciones en cinta, por lo que en algunas ocasiones hay palabras difíciles de descifrar, aparte de que algunas de las cintas se han perdido. Además, solo se tomaron notas taquigráficas de muy contadas conferencias, por lo que en uno o dos casos no contaban ni con la cinta ni con el manuscrito. Por fortuna nos siguen relatando los editores, el Doctor conservaba sus muy extensas notas de todas las conferencias, de modo que las han empleado. Es una lástima que durante muchos años la editorial encargada de la publicación de estos textos nos hallan restado bendición al no publicar estos libros que tanto esfuerzo les costó dar forma en un principio, anteponiendo otros textos no de menos calidad, pero sin duda, si menos relevancia para el seno histórico y reformado. Echamos de menos igualmente tras tanto tiempo sin ser publicadas, el que no apareciera una nueva edición revisada y actualizada trás siete años en el armario desde la última edición.

Estas exposiciones doctrinales magistrales, fueron realizadas entre los años 1952 a 1955 convirtiendose en regulares debido al aprecio de las grandes congregaciones que los escucharon y, años después, mucho han dado testimonio de la forma en que sus vidas cristianas resultaron fortalecidas por ellos. Libros de gran fuerza en sus estudios doctrinales sin ser áridas conferencias debido a que no fueron concebidas en forma de libro de texto. El doctor Lloyd-Jones por encima de todo era un predicador, y eso sale a relucir en todos ellos. Fue también un pastor, y quería que los hombres y las mujeres compartieran su sentimiento de asombro y gratitud hacia Dios por los poderosos hechos del Evangelio, de modo que su lenguaje es claro y no está cargado de una compleja terminología académica. Quería que la verdad estuviera en palabras “comprendidas por la gente”. Además, no quería que la enseñanza permaneciera solo en la cabeza, por lo que en cada conferencia hay una aplicación para asegurar que el corazón también resulte tocado. En cada uno de los tres libros encontramos las verdades fundamentales y esenciales de la Palabra de Dios.

Se divide este primer libro en los siguientes capítulos:
1 Mi propósito y método
2 La revelación
3 La autoridad de la Biblia
4 Cómo encontramos las doctrinas
5 La existencia y el ser de Dios
6 Los atributos de la personalidad absoluta de Dios
7 Los atributos morales de Dios
8 Los nombres de Dios y la Santísima Trinidad
9 Los decretos eternos de Dios
10 Los ángeles buenos
11 El diablo y los ángeles caídos
12 La creación del mundo
13 La providencia
14 La creación del hombre
15 La imagen divina en el hombre
16 La Caída
17 La posteridad de Adán y el pecado original
18 La contaminación original
19 La redención: el plan eterno de Dios
20 El pacto de gracia en el Antiguo Testamento
21 El pacto de gracia en el Nuevo Testamento
22 El Señor Jesucristo
23 La encarnación
24 Evidencias de la deidad y humanidad de Cristo
25 El Dios-hombre: la doctrina
26 Cristo el Profeta
27 Cristo el Sacerdote
28 La expiación
29 La sustitución
30 La necesidad de la expiación
31 Cristo el Vencedor
32 Las bendiciones del nuevo pacto
33 Cristo el Rey

Te ofrecemos a continuación una porción del libro:

La revelación

Quizá nos vendría bien tener en mente las palabras que encontramos en Hechos 14:15–17:

Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.

Ahora bien, cualquier consideración de las doctrinas bíblicas, y de la doctrina cristiana en general, obviamente, en última instancia, está centrada en esta gran pregunta: ¿Cómo podemos conocer a Dios? El clamor está ahí en el corazón humano, como lo expresa Job tan acertadamente: “¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!”. Damos por supuesto lo que muchas veces se ha señalado: que en toda la raza humana encontramos lo que se podría describir como un “sentimiento de Dios”. Muchos dicen que no creen en Dios, pero, al decirlo, deben luchar contra algo fundamental e innato en ellos que les dice que Dios existe, que tienen una relación con Él y que, de una forma u otra, deben enfrentarse a Él, aun cuando ese enfrentamiento consista en negarle por completo. Aquí, por tanto, hay algo básico en la naturaleza del ser humano, y fundamental en toda la raza humana. Y este sentimiento de Dios, esta sensación de Dios, es algo que o bien bendice a los hombre y mujeres o bien los atormenta. Y todo el mundo debe encararlo.

Aquellos a los que esto les preocupa, y que desean encontrar a Dios y conocerle, se encuentran con dos maneras posibles de hacerlo. La primera, y la que nos viene instintivamente debido a nuestra naturaleza caída, es creer que nosotros, por nuestra propia búsqueda y esfuerzos, podemos encontrar a Dios; y desde el principio de la Historia, los hombres y las mujeres se han dedicado a esta búsqueda. Lo han hecho por medio de dos métodos principalmente. Uno es seguir esa especie de sensación instintiva o intuitiva que tenemos, y eso se manifiesta de varias maneras. A veces la gente habla de una “luz interior”, y dicen que lo único que hay que hacer es seguir esa luz adonde nos conduce.

Ese es el camino de los místicos y otros más. Dicen: “Si quieres conocer a Dios, lo mejor que puedes hacer es sumergirte en ti mismo, dentro de todos hay una luz que finalmente conduce a Dios. No te hace falta ningún conocimiento”. “No necesitas más que someter tus fuerzas y tu ser a esta luz y su guía”. Ese método intuitivo es algo que a todos nos resulta familiar. Se manifiesta de muchas maneras, y está presente en muchas de las sectas del mundo moderno.

El otro método que se ha adoptado ha sido el que se basa en la razón, la sabiduría y el conocimiento. La gente, por ejemplo, puede empezar por la naturaleza y la creación, y razonar a partir de eso. Sostienen que, como resultado de ese proceso, pueden llegar al conocimiento de Dios. Otros dicen que mirando a la Historia, y razonando sobre su desarrollo, pueden llegar a creer en Dios. Y aún hay otros que dicen que el camino para llegar a Dios se reduce a un proceso de razón pura. Dicen que si nos ponemos a razonar verdadera y correctamente, debemos llegar por fuerza a creer en Dios. Recordemos que está ilustrado por el argumento moral: puesto que en este mundo soy consciente de un bueno y un mejor morales, eso supone que debe de haber un óptimo en algún sitio. ¿Pero dónde está? No lo encuentro en este mundo; por tanto, debe de estar fuera de él, y la creencia es que eso es Dios.

Por otra parte, no quiero adentrarme en esos asuntos. Simplemente te estoy recordando que esas son las formas en las que muchas personas piensan que pueden encontrar a Dios y llegar a un conocimiento de Él. Pero la respuesta cristiana es que ese método está inevitablemente condenado al fracaso. El apóstol Pablo lo expresa en estas palabras memorables: “El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:21); y es significativo que lo dijera a los corintios, que eran griegos y que, por tanto, estaban familiarizados con las enseñanzas filosóficas. Pero a pesar de que Pablo dijera eso, la gente aún confía en las ideas y los razonamientos humanos para encontrar a Dios.

Me parece que éste no es un asunto sobre el que se pueda discutir, porque simplemente es una cuestión de hechos, y el hecho es que uno no puede llegar al conocimiento de Dios siguiendo esa dirección por dos razones muy obvias. La primera es (como esperamos ver más adelante al tomar en consideración estas doctrinas en particular) la naturaleza de Dios mismo: su infinitud, su carácter absoluto y su completa santidad. Todo en Él y sobre Él hace imposible tener un conocimiento de Dios en términos de razón o intuición.

Pero cuando a eso se le añade la segunda razón, que es el carácter y la naturaleza de los hombres y las mujeres en su estado pecaminoso, la cosa se vuelve doblemente imposible. La mente humana es demasiado pequeña para abarcar o aprehender a Dios y comprenderle. Y cuando llegamos a la comprensión de que, a causa de la Caída, todas nuestras facultades se ven afectadas por el pecado y la enemistad natural, entonces, de nuevo, un conocimiento de Dios por medio del esfuerzo humano se torna completamente imposible.

Ahora bien, la Biblia siempre ha empezado por eso y, sin embargo, las personas en su necedad aún intentan emplear estos desgastados métodos que ya han probado ser un fracaso. Debemos, pues, empezar por asentar este postulado: nuestra única esperanza de conocer a Dios verdaderamente es que Él en su gracia se complazca en revelarse a nosotros, y la enseñanza cristiana es que Dios lo ha hecho. Está claro, pues, que la primera doctrina que habremos de considerar juntos es la doctrina bíblica de la revelación. No puedo llegar a Dios sin ayuda, por medio de mis propios esfuerzos. Dependo de que Dios se revele a sí mismo. La pregunta es: “¿Lo ha hecho?”. La respuesta: “Sí, lo ha hecho”, y la Biblia nos habla de ello………..

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Los cánticos de Jesús

Reseña 5

Si para terminar el año, nuestra última reseña era de un devocional anual, la primera no podía ser de otra manera, otro gran devocional. Cambian los autores pero continúa la inspiración de dos grandes y prolíficos autores (terminamos con Calvino y comenzamos con Keller, pasado, presente). Y es que Enero es el mes de las promesas, la mayoría perdidas en los próximos meses, ir al gimnasio, hacer ejercicio (sin gimnasio), hacer dieta (con o sin gimnasio). ¿Dedicarle un tiempo diario a Dios?, parece que la pregunta para algunos tiene una contestación obvia, ni aún tendría cabida hacerla, pero sí, se puede hacer.

Si reservas tu tiempo devocional para y con Dios, enhorabuena, es una actitud más que normal para todo aquel que se dice ser cristiano. Pero ¿si no lo tienes?, querido hermano, si no lo tienes, estas perdiendo un gran tesoro y una herramienta de bendición grandísima en tu día a día. Es como el soldado que marcha a la batalla sin preparación, ni con las armas adecuadas. En tu vida no puede faltar un altar diario.

Los cánticos de Jesús es el segundo libro conjunto del matrimonio Keller, después de su extraordinaria obra “El significado del matrimonio” (uno de los mejores libros sobre el tema del matrimonio). Se trata de un devocional que cubre los ciento cincuenta cánticos que componen el libro bíblico de los Salmos en exactamente un año, ¡una idea genial y muy lograda por los Keller!

El pastor Andrés Birch nos hablaba  hace un par de años sobre este libro, con sus propias palabras:

“Si necesitas algo para ayudarte a renovar tu relación con el Señor, ¡prueba Los cánticos de Jesús! ¡Déjame que te ayude a decidirte! Aquí van siete razones por las que te animo a adquirir y leer Los cánticos de Jesús:

1. Es un libro fiel a la Biblia y al evangelio Esto es algo fácil de dar por sentado, pero muy importante. Los Keller no ostentan su conocimiento teológico, pero todo lo que escriben tiene una sólida base bíblica y “evangélica” (del evangelio).

2. Es un libro lleno de Jesús Ya lo dice el título: Los cánticos de Jesús. Se trata de un juego de palabras: son “de Jesús” porque hablan de él (y no solo en los salmos mesiánicos como tales), pero también porque Jesús mismo los cantaría. Una y otra vez los Keller nos llevan a Jesús y a la gracia de Dios en él.

3. Es un libro sencillo pero a la vez profundo Es sencillo tanto en el formato como en el contenido. Cada lectura diaria consiste en el texto de un salmo o de parte de un salmo, un breve comentario sobre algo que sale en el salmo y una sencilla pero sentida oración. Pero ¡nada de superficialidad! Una de las cosas que más me ayudaron fue la luz que se arroja sobre los difíciles salmos imprecatorios.

4. Es un libro realista y honesto El realismo y la honestidad son virtudes a las que los Keller ya nos tienen acostumbrados. ¡Saben cómo somos los seres humanos! Rehúyen de todo lo que huela a fariseísmo o a falsa espiritualidad. Esto hace que el lector se reconozca en los Salmos y encuentre verdadera ayuda.

5. Es un libro devocional sin ser sentimental Como reza el subtítulo del libro, “Un devocional anual basado en el libro de los Salmos”. Es un devocional, pero no uno de esos devocionales sentimentaloides que tanto abundan. Pero los Keller nos ayudan a renovar nuestra devoción al Señor, mostrándonos el multiforme carácter de Dios y sobre todo su amor y su gracia para con nosotros, los pecadores, en el evangelio de Jesús que permea los salmos bíblicos.

6. Es un libro para calentar el corazón Lo que más buscamos en un devocional anual es algo un poco diferente, algo fresco, que nos salve de la rutina y que nos ayude a renovar nuestra relación con el Señor a través de su Palabra. Este libro lo hace con creces.

7. Es un libro para leer y para compartir Los cánticos de Jesús fue escrito por un equipo matrimonial, Timothy y Kathy Keller, quienes nos cuentan lo que les costó llegar al texto definitivo. Aunque yo no sé ni qué ni cuánto del libro aportó cada uno de ellos, me da la sensación de que la autoría conjunta del libro lo hace especialmente idóneo tanto para mujeres como para hombres y tanto para individuos como para matrimonios o incluso grupos.   Conclusión Podrás leer el texto bíblico, el comentario y la oración correspondientes a cualquier día del año en solo dos o tres minutos. Ahora, imagínate por un momento que decidieras dedicar cinco minutos más a “digerir” un poco más despacio los tres “platos” que componen “la dieta” de cada día. ¡Podría ser la revolución espiritual que tu corazón te está pidiendo!   (Andrés Birch es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España. Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio).

Si todavía no tienes una vida devocional, este libro es una forma maravillosa de comenzar. Si ya has pasado tiempo en estudio y oración, comprender cada versículo de los Salmos te llevará a un nuevo nivel de intimidad con Dios, descubriendo tu propósito dentro del reino de Dios.

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Puedes ver y ampliar la información viendo el siguiente vídeo:  https://www.youtube.com/watch?v=NrLZ9eqaWIQ

 

365 días con Juan Calvino

Reseña 4

Aún recuerdo mi primer devocional familiar. Con C. H. Spurgeon mi esposa y yo, pudimos compartir nuestro altar diario a nuestro Señor y Dios, con las promesas de las escrituras, de Dios mismo, firmadas de su puño y letra como un cheque al portador del banco de la fe. Después vinieron otros y antes hubo otros tantos, de niño, de joven, de soltero y ahora de casado.

“Un devocional diario es una ayuda espiritual para la oración y lectura disciplinada de la Escritura. Tienen una tradición de siglos, y sí que recomendamos que los elegidos alcancen el requisito necesario de excelencia para sernos de utilidad, en nuestro caminar de los próximos trescientos sesenta y cinco días. Juan Calvino es uno de los autores que te recomendamos, ya que personalmente, nos gustaría pasar un año con él. Joel Beeke selecciona los textos de este reformador para darnos a conocer la ayuda y la lucidez que todo cristiano necesita para poder vivir una vida honrosa para Jesucristo.” Esta es la introducción que hace el profesor de Teología, pastor y escritor: Derek W.H. Thomas, a modo de escueto prólogo.

 “Aunque la publicación de 365 días con Juan Calvino tiene el propósito de conmemorar el quinto centenario del nacimiento de Calvino (julio de 2009), no ha dejado de impresionarme lo intemporales que son sus textos durante la fase de preparación de esta obra. Calvino es un autor reformado en un sentido estricto y experiencial del término, puesto que aborda tanto lo que experimentan los creyentes cristianos en su peregrinaje con Dios como lo que deben hacer para crecer en su gracia y conocimiento del Señor Jesucristo. Tenemos ante nosotros el cristianismo en su mejor expresión: Calvino señalándonos a Cristo, dirigiéndonos en su caminar cristiano, desafiándonos a examinarnos a nosotros mismos y mostrándonos cómo crecer; y, a la vez, insistiendo en nuestra dependencia del Espíritu Santo. Cuando uno estudia a Calvino no puede más que advertir el impresionante abanico de experiencias que, por la gracia de Dios, dieron lugar a un cristiano extraordinariamente maduro.

Hemos organizado esta selección de una forma muy sencilla y directa. Los textos seleccionados entre enero y mayo proceden de los comentarios de Calvino al Antiguo Testamento; de junio a septiembre proceden de sus comentarios al Nuevo Testamento: los de octubre corresponden a sus sermones acerca de Efesios; del 1 al 16 de noviembre se utilizan sus sermones acerca de Timoteo y Tito; el resto de noviembre está dedicado a sus sermones acerca de 2º Samuel; y, por último, diciembre cubre sus sermones acerca de Gálatas. Al objeto de proporcionar una lectura cómoda, hemos editado los textos de una manera actual, aunque rigurosa y fiel a Calvino.” De esta manera Joel Beeke nos adentra en este reconstituyente y reparador libro.

La influencia de Calvino, principalmente a través de sus escritos, ha pervivido a lo largo de los siglos e impregnado millones de corazones. Es importante quien te acompaña, pero aún más importante es el suelo bajo tus rodillas y tu mirada al cielo, desde las Escrituras. Quien te acompañe en tus devocionales diarios debe llevarte a los pies de Cristo, a la glorificación del Padre Dios, del Hijo Dios, viviendo en el Espíritu Dios, cada instante, de cada nuevo día.

Este libro y las enseñanzas de Juan Calvino te ayudaran en esta tarea.

Solo a Dios toda la Gloria.

 

A continuación te ofrecemos un fragmento de “365 días con Calvino”, de Joel Beeke:

1 ENERO

Luz de entre las tinieblas

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Génesis 1:3-4

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: 2 Corintios 4:3-6

Era oportuno que la luz, que adornaría de belleza el mundo, fuera creada en primer lugar. No fue por improvisación o accidente que la luz precediera al Sol y a la Luna. Tendemos a asociar el poder de Dios a los instrumentos de los que se sirve. El Sol y la Luna nos proporcionan luz. Y así, de acuerdo con nuestras ideas, valoramos de tal forma su capacidad de dar luz que, si desaparecieran del mundo, nos parecería imposible que quedara luz alguna. Sin embargo, el Señor, por el mismísimo orden de la creación, sostiene la luz, que nos imparte sin el concurso del Sol y de la Luna. Y no solo eso, sino que el contexto nos indica que creó la luz para que sustituyera las tinieblas. Y vio Dios […] la luz. Moisés nos presenta aquí a Dios contemplando su obra para poder complacerse en ella. Sin embargo, su finalidad también es enseñarnos que Dios jamás hace nada sin razón o sin un plan. No debemos interpretar estas palabras como si Dios no supiera que su obra era buena hasta que la terminó. Más bien, el significado del pasaje es que Dios aprobó la obra que ahora vemos. Nuestro único cometido, pues, es asentir ante este juicio de Dios. Se trata de una útil admonición puesto que, si bien el ser humano debe aplicar todos sus sentidos a la contemplación admirada de las obras de Dios, vemos el lujo que se permite al restarles valor.

MEDITACIÓN:

El poder creador de Dios nunca debiera dejar de asombrarnos. Habla y la luz comienza a existir de inmediato. Solemos dar la luz por supuesto y atribuimos su presencia por entero a los medios que Dios utiliza para proporcionarla. Sin embargo, debiéramos considerarla una bendición de nuestro Padre y, tal como dice Calvino, aplicar todos nuestros sentidos en su contemplación admirada.

 

2 ENERO

Las provisiones de Dios en la naturaleza

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:28

LECTURA ADICIONAL RECOMENDADA: Salmo 8

Aquí Dios confirma lo que ha dicho anteriormente sobre el señorío. El hombre fue creado con la condición de que pusiera la tierra a su servicio; pero ahora, al oír lo que el Señor le ha dado, recibe el pleno disfrute de su derecho. Moisés lo expresa más detalladamente en el versículo siguiente, cuando dice que Dios concede al hombre las hierbas y los frutos. Es de gran importancia que no toquemos ninguna provisión de Dios a excepción de la que sabemos que podemos tocar, puesto que no podemos disfrutar de nada con una conciencia tranquila a menos que lo recibamos de la mano de Dios. Pablo nos enseña, pues, que, a menos que la fe esté presente, pecamos al comer y al beber (Ro. 14:23). Se nos enseña a buscar únicamente en Dios aquello que necesitamos. Debemos meditar acerca de su bondad y su cuidado paternal hasta en la mismísima utilización que hagamos de sus dones. Puesto que Dios viene a decir: «Observa cómo preparé alimento para ti antes de que fueras formado siquiera. Reconóceme, por tanto, como tu Padre, que con tanta diligencia proveyó para ti cuando ni siquiera habías sido creado. Y no solo eso, mi cuidado de ti llega más lejos aún. Tu tarea era cuidar de las cosas que se te habían encomendado, pero me he responsabilizado hasta de eso. Aunque, en un sentido, hayas sido nombrado padre de la familia terrenal, pues, no debes preocuparte en exceso por el sustento de los animales». MEDITACIÓN: Dios ha provisto de forma maravillosa para nuestras necesidades y nos ha concedido el señorío sobre la tierra que creó. No es un pecado, por tanto, utilizar lo que Dios nos ha entregado. No obstante, nuestro señorío debe ser sabio y benevolente; no debemos maltratar o consumir irresponsablemente la buena creación de Dios, sino cuidarla como buenos mayordomos.

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Puedes ver más sobre este libro en nuestro canal de Youtube:

 

 

Navidad Escondida

Reseña 3

Que en algún momento la navidad comenzará a celebrarse en el mes de Agosto es una broma recurrente todos los años que le hago a mi esposa, al comenzar a ver iluminación encendida y publicidad en televisión, que anuncian tras el día de todos los santos (1 de noviembre), la inminente llegada de estas. Advertidos todos casi 2 meses antes, es el momento de comenzar a pensar en:

Tarjetas navideñas, reuniones familiares, cenas o comidas de empresa, cestas, arboles, belenes o adornos navideños, la foto o selfie navideño más original comiendo mazapanes o con la gamba, langostino, carabinero o similar, de la familia de los crustáceos preferiblemente jurásicos (el tamaño importa) en modo pause, dispuestas a pasar a la inmortalidad de nuestros muros en redes sociales.

Otro clásico que no puede faltar son las controversias entre cristianos acerca de si celebrar o no celebrar la Navidad. Seguramente muchos solo nos pongamos de acuerdo en cuanto a la Salvación por Gracia de nuestro eterno Dios y Padre, por medio del señor Jesucristo, así como otros puntos o dogmas fundamentales, no obstante en lo que no es fundamental sacamos ávidos nuestra espada esperando despedazar las ideas de cualquier adversario.

En su libro  Navidad escondida. La asombrosa verdad detrás del nacimiento de Jesús: “La Navidad es más maravillosa y más trascendente aún de lo que imaginamos”. El autor norteamericano se basa en los evangelios de Mateo, Lucas y Juan para mostrar la significación que cobra este hecho en nuestros días y para hacernos una invitación: ¡Deja de infravalorar la Navidad!.

En una entrevista realizada por TGC a Tim Keller, este nos habla más acerca de su libro:

“En relación con la expresión de “luz en las tinieblas”, en el libro explico que esta resulta importante no solo en el concepto bíblico del nacimiento de Cristo (Isaías 9:2; Mateo 4:16), sino que también tiene su cabida en las celebraciones navideñas de hoy en día. La Biblia no dice “luz resplandeció de ellos”, sino “luz resplandeció sobre ellos”. Esto nos muestra que el mundo es un lugar sumido en las tinieblas que necesita de la salvación que no proviene de él mismo. De este modo acabaríamos con frases muy oídas como, por ejemplo: “Si trabajamos juntos, haremos de este mundo un lugar mejor”. En absoluto. No tenemos lo que hace falta para poder conseguirlo”.

La Biblia no dice: “luz resplandeció de ellos”, sino “luz resplandeció sobre ellos”. Esto nos muestra que el mundo es un lugar sumido en las tinieblas que necesita de la salvación que no proviene de él mismo.

Esta es una perspectiva clara y realista de nuestros problemas que se contrapone al optimismo bañado de falsas ilusiones. Y, con todo, esta propuesta no llega a ser una idea pesimista, porque, frente a eso, hay esperanza y certeza de que Dios al final destruirá toda maldad.

¿Por qué no es buena idea saltarse la genealogía que introduce el evangelio de Mateo?

La genealogía de Jesús que narra Mateo cumple dos finalidades. Primero, ubica a Jesús en la Historia. El evangelio no comienza con “érase una vez”. Todo lo contrario: Cristo no es una leyenda, sino un humano de carne y hueso que ha sido real en un espacio y un tiempo. Segundo, la genealogía incluye a diversas mujeres que estaban marginadas por motivos raciales y culturales (Rahab y Rut) y por otras que habían incurrido en el incesto, el adulterio o la prostitución (Tamar, “la esposa de Urías” y Rahab).

Incluso las genealogías de la Biblia nos muestran pinceladas de la misericordia de Dios.

En épocas más antiguas y menos individualistas, la genealogía de alguien era como su currículum vitae. Y, como ocurre también hoy en día, hay ciertas cosas que se suelen omitir para dar mejor impresión al lector. Rara vez se mencionaba a las mujeres en las genealogías y, en cualquier caso, solían incluirse aquellas que recordaran al lector algún pecado o perversidad de sus antepasados, como en el caso de Judá y David. Todas estas figuras femeninas habrían sido apartadas o ignoradas en una genealogía común y corriente, pero en esta en concreto no fue así. Todos los componentes, tanto hombre como mujer, tanto rey como prostituta, ya fuera judío o gentil, representan una parte de igual valor en la familia de Jesús. Incluso las genealogías de la Biblia nos muestran pinceladas de la misericordia de Dios.

Según apuntas en el libro, ni el moralismo ni el relativismo se han interesado por la Navidad. ¿Por qué?

El moralismo, básicamente, defiende que puedes salvarte a ti mismo a través de buenas obras, con lo cual la Navidad se haría innecesaria. ¿Por qué Dios necesitaría encarnarse para vivir y morir en nuestro lugar si somos capaces de satisfacer las demandas de la justicia por nosotros mismos? El relativismo, por otra parte, aboga por que nadie está realmente “perdido” y que cada cual debería vivir según sus propios principios y determinar qué está bien y qué está mal. Así, el “dios de amor que todo lo consiente” en el que muchas personas creen actualmente nunca habría tenido que pasar por la encarnación. De hecho, ese dios habría estimado totalmente inútil ese acto.

Así, el “dios de amor que todo lo consiente” en el que muchas personas creen actualmente nunca habría pasado por la encarnación. De hecho, ese dios habría estimado totalmente inútil ese acto.

¿Por qué el poner un nombre al bebé Jesús fue tan significativo?

Todos los padres tienen el derecho de ponerle nombre a sus hijos. Es una señal de su autoridad sobre el niño y del poder que tienen sobre el modo en que vivirá y sobre quién será cuando crezca. Esta idea era mucho más arraigada en las sociedades patriarcales antiguas de lo que lo es ahora. El ángel no le permite a José ni a María darle un nombre a Jesús por dos causas. En primer lugar, ¡Jesús fue el primer niño que era mayor que sus padres! En segundo lugar, pese a que Jesús se sometió a la autoridad de sus padres humanos durante su niñez (Lucas 2:51), ellos no eran sus maestros. Al contrario, Jesús era el maestro de ellos. El ángel, al no permitirles ponerle un nombre a Jesús, les estaba diciendo: “Si Jesús está en vuestras vidas, no es porque seáis su guía. Él es vuestra guía. Vosotros no le decís a él cómo se ha de llamar o quién es: él ha venido a deciros quiénes sois vosotros”.

ÍNDICE

01 > Una luz ha resplandecido
02 > Las madres de Jesús
03 > Los padres de Jesús
04 > ¿Dónde está el Rey?
05 > La fe de María
06 > La fe de los pastores
07 > Una espada en el alma
08 > La doctrina de la Navidad

A continuación te ofrecemos una porción del mismo:

Finalmente, y de manera fundamental, no puedes conocer personalmente a Jesús a no ser que tengas la valentía de admitir que eres pecador. ¿Cuál era la misión de Jesús? Nos lo dice aquí mismo: “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Quizás digas: “Espera, pensaba que Jesús vino a darnos fuerza y a amarnos”. Sí, pero primero vino a perdonarnos ya que el resto surge de ahí.

¿Estás dispuesto a afirmar: “Soy un fracaso moral. No amo a Dios con todo mi corazón, mi alma, mi fuerza y mi mente. No amo a mi prójimo como a mí mismo. Y, por tanto, soy culpable y necesito perdón antes que cualquier otra cosa”? Admitir esta realidad requiere mucha valentía, ya que supone deshacerte de la imagen que tenías de ti mismo y conseguir una nueva a través de Jesucristo. Sin embargo, esta es la base para el resto de cosas que Jesús puede traer a tu vida: todo el consuelo, la esperanza, la humildad alegre y todo lo demás.

¿De dónde vas a sacar las fuerzas para ser así de valiente? De mirar al mismo Jesús. Porque si crees que requiere valor estar con él, piensa que él necesitó ser infinitamente más valiente para estar con nosotros. Solo el cristianismo dice que uno de los atributos de Dios es la valentía. Ninguna otra religión tiene un Dios que necesitase ser valiente. Como señala Packer, Jesús solo pudo salvarnos enfrentándose a una muerte agonizante que le hizo luchar en sudor en el Huerto de Getsemaní. Se hizo mortal y vulnerable para poder sufrir, ser traicionado y matado. Se enfrentó a todo ello por ti y pensó que merecía la pena. Mira cómo él se enfrentó a la oscuridad por ti. Eso te permitirá enfrentarte a cualquier oscuridad.

Has escuchado la frase en “Oíd un son en alta esfera” que dice: “Has tu majestad dejado”. ¿Qué quiere decir? Que lo hizo voluntariamente, porque quería y por amor. Nadie le forzó a ello. No era solo una obligación. Experimentó un dolor imaginable y la muerte por amor a ti. Nunca te interpongas entre una madre oso y su cría. Piensa en las muchas historias o películas que muestran a una madre defendiendo con todas sus fuerzas a sus hijos de un enemigo incontenible. ¿De dónde sacan la valentía para hacerlo? Es del amor. ¿Por qué Jesús tuvo el valor de hacer lo que hizo por nosotros? ¡Por amor! ¿Y cómo conseguirás tú ser valiente? De la misma manera.

Ver lo que hizo por ti hará que le ames y entonces tendrás la valentía de ponerle en el centro de tu vida y él estará contigo y tú con él.

Fragmento adaptado de “Navidad Escondida; La asombrosa verdad detrás del nacimiento de Jesús” Timothy Keller. Publicaciones Andamio, 2017

Puedes ver un video sobre el libro en nuestro canal:

 

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Quinientos años después

Reseña 2

Sin preámbulos, cinco respetados autores presentan en su más puro y sólido estado la fe bíblica, desde un punto de vista directo y reformado, con un enfoque teológico al alcance de cualquier lector.

Desde los comienzos del libro con el pastor Luis Cano dando una introducción a la fe reformada y continuando con el pastor Andrés Birch abordando la soteriología reformada, complementan esta obra, José Grau, dándonos una magistral introducción a los aspectos históricos de la fe reformada. Demetrio Cánovas analiza la manera en como se lleva a cabo la alabanza en el evangelicalismo actual, con un análisis del modelo bíblico y cómo se paso a un espectáculo circense en amplios segmentos de las iglesias evangélicas en el día de hoy. En el siguiente capítulo José Moreno expone con suficiente claridad que el Calvinismo y la evangelización no son dos conceptos excluyentes sino caras de una misma moneda.

Finalmente y como colofón, José de Segovia nos habla de la responsabilidad del cristiano y de la iglesia cristiana en cuanto a áreas como la política, la cultura, la economía, el arte, la educación, etc.

  1. Una fe mal entendida. Luis Cano
  2. Una fe bíblica. Andrés Birch
  3. Una fe con raíces. José Grau
  4. Una fe que lleva a la adoración. Demetrio Canovas
  5. Una fe para un mundo perdido. José Moreno
  6. Una fe para la vida entera. José de Segovia

 

A continuación te ofrecemos una porción del mismo:

JUSTIFICACIÓN POR LA FE SOLA

[El 31 de octubre de 1999], y 482 años después de que Lutero clavara las 95 Tesis en la iglesia de Wittenberg, la Iglesia Luterana Mundial, representada por Christian Krause y el Cardenal Edward I Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los cristianos, en representación de la Iglesia de Roma, firmaron en Augsburgo (irónicamente, la Confesión Luterana de F. Melanchton lleva el nombre de este lugar), un documento al que llaman la Declaración Conjunta sobre la Justificación, una declaración que contenta a muchos, entontece a algunos, pero que no convence a casi nadie.

Otra ironía con respecto a esto. Dos meses antes de esa firma, el Cardenal William Baum, Penitenciario Mayor, presentó el Manual (Enchiridion), que intenta actualizar y revitalizar las indulgencias, contra las que luchó Lutero con su “justificación por la fe sola”. Otra vez la astucia de Roma contra el candor protestante.

Había un curioso cuestionario de diez preguntas sobre la justificación por la fe en cierta revista cristiana, que mostraba a los lectores el poco y mal conocimiento que se tiene de esa doctrina. De las veces que yo se la hice a diferentes personas, pocas son las que salieron cien por cien protestantes.

¿Qué quería decir Lutero y qué queremos decir nosotros? ¿Ha cambiado nuestra respuesta? ¿Ha cambiado la de la Iglesia de Roma?

El Catecismo de la Iglesia Católica dice (generalmente citando aquí al Concilio de Trento): “La justificación entraña, por tanto, el perdón de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior […]. La justificación es concedida por el bautismo, sacramento de la fe. Nos asemeja a la justicia de Dios que nos hace interiormente justos por el poder de su misericordia […]. La justificación implica la santificación de todo el ser. La gracia (de Dios) es una participación en la vida de Dios…”. El cardenal católico J. Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y que fue el presidente de la comisión que preparó el proyecto del catecismo, ha dicho que “si alguno no es justo, no es tampoco justificado”.

Dijo ya Lutero, con referencia a Romanos 3:28:

Al excluir con tanta nitidez cualquier categoría de obras, hay que pensar forzosamente que es solo la fe la que justifica; y el que quiera referirse con claridad y a secas a esta exclusión de las obras tendrá que decir que solamente la fe —y no las obras— es la que justifica. Es una conclusión obligada por la realidad misma y por la lingüística […]. Además, no he sido yo el único ni el primero en decir que solo la fe justifica; lo han afirmado antes que yo Ambrosio, Agustín y otros muchos, y tendrá que afirmarlo también —sin que quepa otra posibilidad— quien esté dispuesto a leer y a comprender a S. Pablo […]. ¡Sería bonito, estupendo, mucho mejor y más cómodo que la gente aprendiese que puede justificarse por las obras junto a la fe! Equivaldría a decir que no ha sido solo la muerte de Cristo la que nos ha remitido los pecados, sino que a ello han contribuido también y en cierta medida nuestras obras.

Más tarde, Felipe Melanchton —que colaboró con Lutero, entre otras cosas, en la traducción de la Biblia al alemán— dijo en la Confesión de Augsburgo —que antes he citado y que ha mencionado la Iglesia Luterana Mundial— en el artículo IV: “Asimismo, enseñamos que no somos justificados ante Dios en virtud de nuestros méritos y obras, sino que somos justificados gratuitamente en virtud de Cristo, por la fe, creyendo que Cristo murió para expiar nuestros pecados y que nosotros recibimos por Cristo el perdón de los pecados. Pues Dios imputa nuestra fe por justicia”.

H.C.G. Moule dijo que “la justificación por la fe es la aceptación del culpable ante Dios por razón de un Cristo en quien se ha depositado confianza […]. No es una virtud, no es un mérito, sino el proceso correcto”.

Cuando decimos, entonces, que somos justificados por la fe sola, estamos diciendo que:

1.º- Esta justificación debe ser tomada en sentido forense: “Una declaración meramente ante el tribunal de Dios”, como dijo el Dr. Lloyd-Jones.

2.º- La justificación no nos hace mejores, ni un poco siquiera.

3.º- Realmente, sí somos salvos por obras, pero las obras de Cristo fuera de nosotros.

4.º- La fe es la causa instrumental por la que el creyente se une a Cristo.

5.º- La fe no tiene valor alguno por sí misma, si no está puesta en Cristo. El mérito de la justificación no es la fe, sino el objeto donde descansa la fe. Todos los seres humanos en todas las religiones dicen creer en algo, pero eso no los salva. Solo Cristo salva.

6.º- La fe que salva, que lleva a Cristo, la fe bíblica no es innata en el ser humano ni producto de acción alguna suya, sino un regalo no merecido y soberano de parte de Dios (Efesios 2:8).

7.º- Todo añadido a la fe, ya sea bautismos, cumplimientos sabáticos u otros méritos, mandatos u obligaciones humanas invalidan la fe. Dios no necesita ritos humanos para hacer declaraciones. “No se merece nada por el acto de aceptarlo todo”

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Toda buena obra

Reseña 1

¿Cuál es tu papel como cristiano en tu vida laboral? ¿Lo has pensado alguna vez?. “Toda buena obra” escrito por Timothy Keller y Katherine Leary Alsdorf  aborda este fundamental aspecto de la vida cristiana.

Este libro nos ayuda a recordar la posición como cristianos en nuestro trabajo. En cualquier faceta de nuestra vida debemos de brillar y que el mundo pueda ver el reflejo de lo que decimos creer, en todo lugar, en todo momento, algo tan natural y esencial como el respirar, ¿cómo no en nuestro puesto de trabajo?, en la relación con nuestros compañeros, jefes, clientes.

Debemos de ser profesionales en cualquier trabajo, y que nuestra fe se vea reflejada en todo lo que hacemos, con excelencia y gratitud. Vivir el evangelio, es desarrollar el fundamento del mismo, compartiéndolo con todo aquel que nos rodea.

Índice del libro. “Toda buena obra”

Primera parte: El Plan de Dios para el Trabajo
01 > El diseño del trabajo
02 > La dignidad del trabajo
03 > El trabajo como cultivo
04 > El trabajo como servicio

Segunda parte: Nuestros Problemas con el Trabajo
05 > El trabajo se vuelve infructuoso
06 > El trabajo deja de tener sentido
07 > El trabajo se vuelve egoísta
08 > El trabajo revela nuestros ídolos

Tercera parte: El Evangelio y el Trabajo
09 > Una nueva historia para el trabajo
10 > Una nueva concepción del trabajo
11 > Una nueva brújula para el trabajo
12 > Un nuevo poder para el trabajo

A continuación te ofrecemos una porción del mismo:

Una audiencia diferente
En Efesios 6 Pablo expone un principio simple pero profundo que ennoblece el trabajo
(para los que tienen el peligro de verlo como una pesadez) y a la vez desmitifica el
trabajo (para los que tienen el peligro de convertirlo en su identidad). Dice que todo el
trabajo debería hacerse “como si sirvieras al Señor”.
La clave de la enseñanza de Pablo aquí es tanto psicológica como espiritual. Le dice tanto
a empleados como a empleadores que cambien su audiencia. ¿Quién está observando
tu trabajo? ¿Para quién estás trabajando? ¿Qué opinión importa más al final?
Para empleados. Primero, se dice que los trabajadores sean diligentes en su trabajo
(“con integridad de corazón”, v. 5). No deben hacer solo el trabajo mínimo necesario
para evitar el castigo; no solo deben trabajar duro cuando sus supervisores los observan;
no deben trabajar mecánicamente ni distraídos. Más bien, los cristianos deben
comprometerse totalmente con el trabajo como personas completas, dando sus
mentes, corazones y cuerpos para hacer el mejor trabajo posible con la tarea que tienen
entre manos. ¿Por qué?
Los trabajadores cristianos pueden pensar y trabajar de este modo porque tienen una
nueva motivación para el trabajo. Trabajan “como quien sirve al Señor” (v. 5). Así que
debido a que tienen una recompensa inimaginable en Cristo (v. 8), su trabajo no tiene
que estar demasiado condicionado por la cantidad de recompensa que obtienen de sus
amos.
Los cristianos han sido liberados para disfrutar del trabajo. Si comenzamos a trabajar
como si sirviéramos al Señor, seremos libres tanto del exceso como de la escasez de
trabajo. Ni la perspectiva del dinero ni de la alabanza, ni de la falta de ella, será lo que
nos controle. El trabajo será en primer lugar un modo de complacer a Dios haciendo su
obra en el mundo, en honor a su nombre.
Segundo, los cristianos deben trabajar con “integridad de corazón”, que literalmente
significa sinceridad de corazón, un término que connota tanto resolución como
honradez. Significa que nuestro trabajo debe ser ético, no deshonesto ni engañoso en
ningún aspecto. Tercero, debemos trabajar no “solo cuando os estén mirando, como los
que quieren ganarse el favor humano”. Esto significa que no debemos trabajar duro solo
cuando se nos observa; ni que hagamos solo lo necesario para salir del paso. Finalmente,
el término “de buena gana” en el versículo 7 significa que los cristianos deben trabajar
con alegría y energía.
Para empleadores. Aquí Pablo dice a los amos que ellos también son esclavos… esclavos
de Cristo (v. 9). Esto es algo muy extraordinario y radical en una cultural rígidamente
jerárquica. Está diciendo: “¡Comportaos con vuestros sirvientes como si vosotros
también fueseis esclavos!”. Es fácil pasar por alto esta pequeña frase, “haced con ellos
lo mismo”. ¿En qué sentido? En el que los esclavos debían tratar a sus amos: ¡con el
mayor respeto por sus necesidades! 
La razón de Pablo para esta actitud radical no solo es que sean iguales que los esclavos
ante el Señor, sino también que el Señor (para quien todos son igualmente
responsables) e imparcial. No hay favoritismos con él. Dios no trata a nadie de manera
diferente con base en la raza, la clase o la educación.
Todos trabajamos para una audiencia, seamos conscientes de ello o no. Algunos se
esfuerzan por complacer a los padres, otros para impresionar a los compañeros, otros
para convencer a los superiores, mientras que muchos hacen lo que hacen
estrictamente para vivir según sus propios estándares. Todas estas audiencias son
inadecuadas. Trabajar solo para ellas conducirá a un exceso o a una carencia de trabajo:
a veces una mezcla de ambas, basándonos en quién mira. Pero los cristianos miramos a
una Audiencia de Uno, nuestro amoroso Padre celestial y eso nos da responsabilidad
como alegría en el trabajo.

Fragmento adaptado de “Toda buena obra. Conectando tu trabajo con la obra de Dios”.
Timothy Keller y Katherine Leary Alsdorf, Publicaciones Andamio, 2017