“Bueno es para mí ser afligido” (Salmo 119:71 LBLA12)

El alma llena de gracia llega secretamente a la conclusión de que “así como las estrellas brillan con más esplendor en la noche, Dios hará brillar mi alma y hará que resplandezca como oro mientras estoy en el horno de fuego, y me sacará del fuego de la aflicción”. “Mas él
conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

Es indudable que como el gusto de la miel abrió los ojos de Jonatán, esta cruz, esta aflicción abrirá mis ojos. ¡Por este golpe, tendré una percepción más clara de mis pecados y de mi yo, y una vista más completa de mi Dios (Job 33:27-28; 40:4-5; 13:1-7)!

¡Es indudable que esta aflicción precederá a la purga de mi escoria (Is. 1:25)!

¡Es indudable que como la reja del arado mata la maleza y rompe los terrones duros, estas aflicciones matarán mis pecados y ablandarán mi corazón (Os. 5:15, 6:1-3)!

¡Es indudable que como los emplastos extirpan el pus de la llaga infecciosa, las aflicciones que sufrimos extirpan el pus del orgullo, del egocentrismo, de la envidia, de la mundanalidad, del formulismo y el de la hipocresía (Sal. 119:67, 71)!

¡Es indudable que por estas aflicciones, el Señor apartará más y más mi corazón del mundo y el mundo de mi corazón (Gá. 6:14; Sal. 131:1-3)! ¡Es indudable que por estas aflicciones, el Señor impedirá que haya orgullo en mi alma (Job 33:14-21)!

¡Es indudable que estas aflicciones no son más que hoces del Señor con las que purgará mis pecados, podará mi corazón y lo hará más fértil y fructífero! ¡No son más que la poción del Señor con la que me librará de estas enfermedades y dolencias que son mortales y peligrosas para mi alma! ¡La aflicción es una poción tan curativa que sana todos los padecimientos del alma, mejor que cualquier otro remedio (Zac. 13:8-9)!

¡Es indudable que estas aflicciones harán que mi comunión espiritual con Dios se profundice (Ro. 5:3-4)!

¡Es indudable que, por estas aflicciones, podré disfrutar más de la santidad de Dios (He. 12:10)! ¡Así como el jabón negro [que proviene del África] blanquea la ropa, las aflicciones agudas santifican los corazones! ¡Es indudable que por estas aflicciones el Señor conmoverá más y más mi corazón para que lo busque! “En su angustia me buscarán” (Os. 5:15). ¡En tiempos de aflicción, el cristiano se esfuerza por buscar a Dios con diligencia!

¡Es indudable que por estas pruebas y aflicciones, el Señor llevará mi alma a reflexionar más que nunca sobre las grandes verdades relacionadas con la eternidad (Jn. 14:1-3; Ro. 8:17-18; 2 Co. 4:16-18)!

¡Es indudable que por estas aflicciones el Señor obrará en mí para que sienta más ternura y compasión por los que sufren (He. 10:34; 13:3)!

¡Es indudable que estas aflicciones no son más que muestras del amor de Dios! “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Ap. 3:19). Por lo tanto, el cristiano santo dice: “¡Oh, alma mía! No te turbes, guarda silencio. Todo lo que te mando es por amor, todo es fruto de un favor
divino. Veo miel sobre cada ramita, veo que la vara no es más que una rama de romero, recibo miel con mi hiel y vino con mi ajenjo, ¡guarda silencio, alma mía!”.

¡Las aflicciones aplacan las atracciones carnales a nuestro alrededor que pudieran tentarnos! ¡La aflicción apacigua la lascivia de la carne en nuestro interior que, de otra manera, nos atraparía!

¡Las aflicciones nos humillan y mantienen humildes! El corazón santo se humilla bajo la mano de aflicción de Dios. ¡Cuando la vara de Dios caiga sobre su espalda, su rostro caerá al polvo! El corazón consagrado más se postra cuando la mano de Dios más se eleva.

¡Todo esto prueba que la aflicción es un gran beneficio para nosotros! “Bueno es para mí ser afligido…” (Sal. 119:71 LBLA14).

“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5).


Su llanto durará hasta la mañana. Dios cambiará
su noche invernal en día de verano,
sus suspiros en cantos,
su tristeza en alegría,
su lamento en danza,
su amargura en dulzura,
su desierto en un paraíso.


La vida del cristiano está llena de cambios entre
enfermedad y buena salud,
debilidad y fuerza,
pobreza y riqueza,
vergüenza y honor,
aflicciones y conforts,
desgracias y misericordias,
alegrías y tristezas,
regocijos y congojas.


Si todo fuera miel, eso nos perjudicaría; si todo fuera ajenjo nos devastaría. Una combinación de ambos es la mejor manera de conservar la buena salud de nuestra alma. Es mejor para la salud del alma que el viento cálido de misericordia, tanto como el viento helado de la adversidad sople sobre ella. Y aunque todos los vientos son buenos para los santos,
es indudable que sus pecados mueren más y sus gracias prosperan mejor cuando están bajo el azote del viento frígido, seco y fuerte de la calamidad, al igual que bajo el viento tibio y alentador de la misericordia y prosperidad.

“En el día de la adversidad considera” (Eclesiastés 7:14).

Esté quieto y guarde silencio en medio de los problemas y pruebas que está pasando, luego reflexione en los beneficios, dones y favores que han colmado su alma gracias a todas las pruebas y aflicciones que ha sufrido. ¡Oh! ¡Considere cómo por medio de las aflicciones del pasado, el Señor le ha revelado los pecados, los ha prevenido y mortificado!

Continuará …

Tomado de “The Mute Christian under the Smarting Rod” en The Complete Works of Thomas
Brooks.


Thomas Brooks (1608-1680): Predicador congregacional, nacido en una familia puritana y enviando más adelante a estudiar en Emmanuel College, Cambridge.

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