“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

Job, en este versículo, se corrige a sí mismo. Al principio del capítulo lo encontramos diciendo: “Hoy también hablaré con amargura; porque es más grave mi llaga que mi gemido” (23:2). El pobre Job sentía que su situación era inaguantable, pero se recupera. Controla su
arrebato y su impetuosa desesperación. ¡Cuántas veces nos tenemos que retractar! Sólo ha caminado sobre esta tierra Uno que nunca tuvo que hacerlo.

Job también se consuela a sí mismo. No podía comprender los misterios de la Providencia, en cambio Dios conocía el camino que tomaba. Job había buscado con diligencia la tranquilizante presencia de Dios pero, desde hacía un tiempo, había sido en vano. “He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré; si muestra su poder al norte, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré” (23:8-9). Pero se consoló con esta realidad bendita: que aunque él no podía ver a Dios, éste podía verlo a él, lo cual era mil veces mejor. “Él conoce”: el Altísimo no es insensible ni indiferente a nuestro destino. Si nota la caída de un pajarillo, si cuenta los cabellos de nuestra cabeza, por supuesto que “conoce” el camino por el que andamos.

Job, además, enuncia un concepto noble de la vida. ¡Qué espléndidamente optimista era! No dejó que sus aflicciones lo convirtieran en un escéptico. No permitió que las terribles pruebas y los problemas que estaba sufriendo lo vencieran. Miraba el lado radiante del tenebroso
nubarrón: el lado de Dios, velado del sentido y la razón. Pensó en la vida en su totalidad. Miró más allá de “las pruebas de fuego” y dijo que después de pasarlas sería como oro refinado.

“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro”. Encontramos aquí tres grandes verdades. Consideremos brevemente a cada una.

  1. CONOCIMIENTO DIVINO DE MI VIDA: “Él conoce mi camino”. La Omnisciencia2 es uno de los atributos maravillosos de Dios. “Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos” (Job 34:21). “Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Pr. 15:3). Spurgeon3 dijo: “Una de las pruebas más
    grandes de la fe cristiana práctica o empírica es: ¿Cuál es mi relación con el Dios omnisciente?”. ¿Cuál es su relación con él, querido lector? ¿Cómo le afecta? ¿Lo aflige o lo reconforta? ¿Rehúye del pensamiento que Dios conoce todo su camino; quizá un camino de mentiras, egoísmo e hipocresía? Para el pecador, éste es un pensamiento terrible. Si lo niega no, lo cierto es que procura olvidarlo. Pero para el cristiano, hay
    en esto un auténtico consuelo. ¡Qué reconfortante es recordar que mi Padre conoce todo acerca de mis pruebas, mis dificultades, mis sufrimientos y mis esfuerzos por glorificarle! Verdad preciosa para los que están en Cristo, pensamiento horroroso para los que no lo están, es saber que el camino que estoy transitando es totalmente conocido y observado por Dios.

El conoce mi camino”. Los hombres no conocían el camino de Job. Era crasamente incomprendido y, para alguien con un temperamento sensible, ser incomprendido es una prueba dolorosa. Sus propios amigos pensaban que era un hipócrita. Se defendió contra ese veredicto indigno declarando: “Él conoce mis caminos; me probará, y saldré como oro”. Aquí tenemos una enseñanza para cuando atravesamos por circunstancias similares. Hermanos creyentes, sus amigos y, aun también sus hermanos cristianos, pueden no comprenderlo o interpretar mal los tratos de Dios con usted, pero consuélese con la realidad bendita de que el Omnisciente lo conoce.

“Él conoce mi camino”. En el sentido más amplio de la palabra, Job mismo no conocía su camino, como tampoco conocemos el nuestro ninguno de nosotros. La vida es profundamente misteriosa y el paso de los años no ofrece una solución. Tampoco filosofar nos ayuda. La voluntad humana es un enigma extraño. El hecho de que somos conscientes es
prueba de que somos más que autómatas. Usamos el poder de elegir en cada movimiento que hacemos. No obstante, resulta claro que nuestra libertad no es absoluta. Hay fuerzas que entran en juego para bien o para mal y que sobrepasan nuestro poder de resistirlas. Tanto la herencia como el ambiente ejercen poderosas influencias sobre nosotros.

Nuestro entorno y circunstancias son factores que no pueden ser ignorados. ¿Y qué de la Providencia que “determina nuestros destinos”? ¡Ah, qué poco sabemos del camino en que andamos! Dijo el profeta: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer. 10:23). Aquí entramos en la esfera de los misterios y no vale la pena negarlo. Mucho mejor es reconocer con el sabio: “De Jehová son los pasos del hombre; ¿cómo, pues, entenderá el hombre su camino?” (Pr. 20:24).

En el sentido más específico de la expresión, Job sí conocía su camino o sea, el camino que transitaba. Cuál era ese “camino”, nos lo dice en estos dos versículos: “Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté. Del mandamiento de sus labios nunca me
separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:11- 12). El camino que Job escogió era el mejor camino, el camino bíblico, el camino de Dios: “Su camino”.

¿Qué opina de ese camino, querido lector? ¿No fue una elección maravillosa? ¡Ah, Job no era sólo “paciente”, sino también sabio! ¿Ha hecho usted una elección similar? ¿Puede decir: “Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté” (23:11)? Si puede, alabe
al Señor por su gracia que lo hizo posible. Si no puede, confiese con vergüenza que no se ha apropiado de su gracia que es todo suficiente. Póngase ahora mismo de rodillas y sincérese con Dios. No esconda ni retenga nada. Recuerde que está escrito: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9). ¿Acaso no explica el versículo 12 su fracaso y mi fracaso, querido lector? ¿No será porque no hemos temblado ante los mandamientos de Dios o porque hemos estimado tan poco su Palabra que nos hemos desviado de su camino? Entonces ahora y todos los días, busquemos gracia de lo Alto para obedecer sus mandamientos y guardar su Palabra en nuestro corazón.

“Él conoce mi camino”. ¿Cuál es su camino? ¿El camino angosto que lleva a la vida o el camino ancho que lleva a la destrucción? Asegúrese en cuanto a esto, querido amigo. Las Escrituras declaran: “Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12). No tiene por qué caer en el engaño o la incertidumbre. El Señor declaró: “Yo soy el camino” (Jn. 14:6).

Continuará …

Tomado de Comfort for Christians


A. W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros. Nacido en Nottingham, Inglaterra, emigró a los Estados Unidos y luego volvió a su tierra en 1934.