¿Cómo puedo saber si el Señor me ha llevado a un estado de mortificación? Es muy posible que algunos de mis lectores anhelen saberlo, por lo que daré y comentaré brevemente
seis características que lo revelan. Espero que al final de este artículo sepa si usted se encuentra en un estado de mortificación bajo Dios o no.

1.) Puede saberlo por esta característica: Teme ahora encontrarse con ocasiones y oportunidades de pecar más de lo que lo temía en el pasado: Esto indica que es un hombre mortificado. Un corazón que no ha sido mortificado, es audaz y aventurero, y aprovecha las ocasiones para pecar, mientras que el corazón mortificado tiene mucho cuidado de evitarlas.

Podemos comparar al hombre mortificado con una paloma o una perdiz. Los cazadores de aves reportan que las palomas o perdices le tienen un temor tan innato al halcón que, no sólo le temen al depredador mismo, sino también a sus plumas. De manera similar, el hombre mortificado, no sólo teme categóricamente al pecado, sino a cualquier cosa que pueda significar una provocación o un primer paso hacia un pecado. Ahora bien, me atrevo a afirmar con plena confianza que, si usted siente este temor santo de desagradar y ofender a Dios, y tiene una actitud y un temperamento tan espiritual como el de Judas 23, que aun aborrece la ropa contaminada por su carne, es usted un hombre mortificado…

2.) Otra característica: Cuando se le presenta abiertamente una ocasión para cometer un pecado, junto con circunstancias que provocan a cometerlo, refrena y contiene su deseo y no lo comete. Esto es una señal de un corazón verdaderamente mortificado y, si Dios lo tiene en tal estado, ha mortificado completamente sus corrupciones. Amados, el hombre no mortificado puede abstenerse de un pecado cuando no tiene oportunidad y ocasión para cometerlo. En cambio, ésta es señal de un corazón mortificado: Aunque se presenten todas las ocasiones posibles para cometer el pecado, se abstiene de él… a José en Génesis 39:9, se le presentó una buena oportunidad para cometer el pecado de adulterio. Tuvo la oportunidad porque él y su señora estaban solos. Ella lo importunaba, lo acosaba e insistía día tras día para que lo hiciera. También estaban en secreto porque el texto dice que las puertas estaban cerradas. No había nadie más que ellos dos en la casa. Él hubiera obtenido
muchas ventajas porque ella lo hubiera nombrado señor de su casa. Como ven, tuvo oportunidad, acoso, secreto y ventajas. Todas estas circunstancias se le ofrecieron claramente para invitarlo a cometer el pecado de impureza. Sí, pero a pesar de todo esto, José respondió: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gn. 39:9). Vemos
aquí el poder del pecado mortificado en el corazón de José. ¿Qué, si probamos nuestros propios corazones según este modelo? En todas las ocasiones que se nos presentan para cometer un pecado, ¿podemos seguir diciendo “no” a los deseos de nuestra carne?…

3.) Si hay en su corazón una tendencia más fuerte que antes a resistir las tentaciones del diablo, esto es una buena señal de que el Señor le ha llevado a un estado de mortificación. Pudiera ser que hasta ahora su naturaleza era como pólvora, lista para estallar ante cualquier tentación. Pero ahora es como madera verde que cuesta mucho encender. En este caso, es imposible que una tentación lo convenza a ceder. Ha avanzado grandemente en esta obra de mortificación.

4.) Si hay una proporción justa entre la muerte al pecado y la vida de gracia en su alma, entonces es usted un hombre mortificado. Amados, la obra del Señor no es a medias, no hace morir las corrupciones en su corazón y nada más; si el Señor ha hecho morir al pecado en su alma para salvación, hará la obra opuesta de gracia en usted que vivirá y actuará en su alma. La mortificación y la muerte del pecado tienen que actuar en conjunto con la vivificación y la vida de gracia. Entonces, si el pecado ha muerto, la gracia vivirá en su corazón. Por lo tanto, el Apóstol los une en Romanos 6:11: “Consideraos muertos al pecado,
pero vivos para Dios”. 1 Pedro 4:1-2: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios”. Aquí el Apóstol, no sólo nos exhorta a no perder nuestro tiempo en satisfacer los deseos de la carne, sino también a vivir para Dios. Eso amados, se trata entonces, sólo de una cesación, no de una mortificación de corrupción donde hay una contención forzosa sobre los deseos de la carne.
Sólo parecen estar muertas, pero no lo están.

5.) La mortificación se revela por esta característica: Que el sometimiento de cualquier corrupción, es el resultado de una profunda humillación. La mortificación a la cual nunca le precedió verdadera humillación, es sólo un dejar de pecar. Sus pecados nunca han sido verdaderamente mortificados en su corazón, si no ha sido verdaderamente humillado. Muchos hacen con sus pecados lo que algunos esgrimistas en sus justas: A veces se dan el uno al otro, estocadas o sustos, pero nunca una estocada de gracia. Algunos juegan con el pecado, pero nunca le dan una herida mortal. El hombre verdaderamente mortificado es como un guerrero: O matará o lo matarán. Matará sus pecados o estos lo matarán a él. Ahora examínese en esto: ¿Es sólo un esgrimista que corretea y juega con sus lascivias o es un guerrero que lucha implacablemente contra el pecado? ¿La da apenas un pequeño susto al pecado o le ha dado una herida mortal?

6.) La mortificación se revela por su alcance porque no consiste en hacer morir un pecado en particular, sino atacar de raíz a todo el cuerpo de pecado. Por lo tanto, el Apóstol nos exhorta a mortificar nuestros miembros que están sobre la tierra –fornicación, impureza, etc.– a crucificar la carne con sus afectos y lascivias: Hacer morir todo el cuerpo de pecado. Sucede con la mortificación del pecado lo que sucede con la muerte del cuerpo. Sabemos que la muerte no es sólo de un brazo o una pierna ni ningún otro miembro en particular, sino de todos los miembros del cuerpo; mueren todos juntos. Del mismo modo, la mortificación
no es sólo hacer morir a algún miembro de pecado, sino un ataque sobre todo el cuerpo de pecado. Vencer algunos pecados en particular, no significa mortificación, a menos que se haya dado un golpe mortal a todo el cuerpo y cúmulo de corrupción….

Sea éste su bálsamo: En la mortificación de todo pecado, tenemos la fuerza de Cristo, al igual que la nuestra para ayudarnos… Nos recompensa como si lo hubiéramos logrado nosotros solos.

Tomado de The Mortified Christian.


Christopher Love (1618-1651): Predicador y autor presbiteriano; predicador popular
y miembro de la Asamblea de Westminster; nacido en Cardiff, Gales.