Facebook, Instagram, Twitter, y Snapchat, entre otras opciones, han impactado nuestra generación de una manera impredecible. Las redes sociales se han hecho una parte tan esencial de nuestras vidas que no podemos imaginar el relacionarnos con otros sin la existencia de ellas.

En su breve libro titulado «Facebook: las redes sociales y el evangelio», Tim Chester abarca puntos importantes acerca de esta nueva realidad para el creyente. En esta publicación te compartimos algunos puntos de su libro que serán de ayuda para evaluar tu uso de las redes sociales. Si deseas adquirirlo, puedes localizar un proveedor en este enlace.

Las siguientes cinco preguntas pueden servir como señales de alerta para saber si estás en peligro de una sobredosis de Facebook:

  1. ¿Revisas tu Facebook más de una o dos veces al día?
  2. ¿Pasas más de 20 minutos al día en Facebook?
  3. ¿Te resulta difícil imaginar un día sin acceso a la tecnología?
  4. ¿Te has ido a la cama más tarde de lo normal porque estabas en Facebook o jugando juegos en el internet?
  5. ¿Usas el celular mientras comes? ¿Te permites tenerlo en tu habitación?

El uso de Facebook (u otra red social) resulta ser compulsivo, en parte porque en Facebook podemos recrear nuestro mundo a través de nuestras publicaciones para conseguir la aprobación de otros. Nos permite darle forma a nuestro perfil con palabras y fotos, y así proyectar la imagen que deseamos. Tenemos un pequeño mundo propio, en el cual somos siempre el centro. De esta manera, Facebook nos permite jugar a ser Dios y solo rodearnos de las personas que escogemos. Podemos elegir a quién agregar y a quién aceptar, y eliminar al que no queremos cerca.

Buscamos aprobación y aceptación en un mundo falso. Recreamos nuestra imagen y nuestro mundo por medio de nuestras palabras para encontrar aprobación y no justificarnos. ¡Es un «evangelio» alternativo! El evangelio rehace al hombre a la imagen de Cristo, pero Facebook te permite rehacer tu imagen a tu propio gusto. Este falso «evangelio» no funciona. Estudios indican que la gente frecuentemente se siente deprimida después de pasar tiempo en Facebook.

Facebook también resulta adictivo por otra razón. En Facebook podemos escapar de las limitaciones del cuerpo. Nos promete la posibilidad de conectarnos con todo el mundo en todas partes al mismo tiempo. Es como si nos hiciera omniscientes y omnipresentes, pero sabemos que, en la vida real, estos atributos solo pertenecen a Dios. También, la «intimidad» que ofrece, es artificial porque es sin responsabilidad. Decimos cosas de otros, y a otros, que jamás les diríamos en persona.

Dios nos diseñó para vivir dentro de nuestros cuerpos. Nos dio una vida «encarnada». El mundo de la tecnología, y en especial el de las redes sociales, nos proporciona un escape de las limitaciones del cuerpo que no es parte del diseño de Dios. Nos ofrece una vida «desencarnada», que otra vez, nos permite jugar a ser Dios. Desperdiciamos miles de horas de nuestras vidas en relaciones sin significado real, y desatendemos o abandonamos las relaciones que Dios nos ha dado como prioridad. Facebook te anima a vivir en otro lugar. El evangelio te anima a vivir aquí y ahora. 

El evangelio es el lugar donde Dios «alza sobre ti Su rostro» (Num. 6:26). En el evangelio vemos la gloria de Dios y somos transformados. «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor. 3:18).

  • Si a través de Facebook mostramos al mundo nuestra cara, a través del evangelio vemos la cara de Dios.
  • Si Facebook nos permite recrear nuestra imagen, el evangelio nos recrea a imagen de Jesús.
  • Si en Facebook nos promocionamos a nosotros mismos, en el evangelio, Jesús es promocionado como Señor.

La Biblia es el verdadero Facebook, el libro en que vemos el rostro (el «face») de Dios. Busquemos su rostro con el salmista: «Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová» (Sal. 27:8).

Siendo una red social, Facebook, en su esencia, se trata de relaciones interpersonales. Sus peligros y riesgos son muchos, pero son manejables cuando sometemos su uso a Dios y a su Palabra. Dios nos llama a cuidar y a fomentar nuestras relaciones para promover el evangelio y ser de edificación para otros. ¿Estás dispuesto a someter tu uso de Facebook, y otras redes sociales, al estándar que Dios nos establece en Efesios 4:29? «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan».


Índice

  1. ¿Cuál es el problema? 9
  2. Recreando mi mundo 29
  3. Escapando de mis limitaciones 47
  4. La «Face» y el «Book» de Dios 67
    +12 pautas para el uso de las redes sociales 77

* Editorial Andamio. 77 pp. Rústica. Septiembre de 2014.

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