“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24).

Primero, el sujeto de la oración: “Los que son de Cristo”, es decir, los cristianos auténticos, miembros auténticos de Cristo; los que de verdad pertenecen a Cristo, los que se han entregado para ser gobernados por él y avivados por su Espíritu. Estos, cada uno de estos…
todos estos y nadie fuera de estos.

Segundo, el predicado: “Han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Hemos de entender que carne se refiere a los pecados de la carne, los sexuales y otros, las obras y acciones de la naturaleza corrupta; que pasiones no se refiere a las naturales, sino a las inmorales fuera de control, los deseos lascivos y antojos pecaminosos. Porque Cristo no
abole, ni destruye, sino que corrige y regula las pasiones de los que están en él. Y crucificar la carne, no es la extinción total, ni el sometimiento perfecto de la naturaleza corrupta, sino sólo derrocar la corrupción de su trono y de su dominio en el alma. Su dominio es quitado,
aunque su vida se prolongue por un tiempo. No obstante, así como es seguro que la crucifixión causa lentamente la muerte –la vida de los crucificados se va perdiendo con su sangre– lo mismo sucede con la mortificación del pecado. Por lo tanto, lo que el Apóstol llama aquí crucificado, en Romanos 8:13 lo llama mortificar: “Si por el espíritu mortificáis”
(Versión Reina Valera Antigua), si hacéis morir las obras de la carne. Pero escoge llamarlo crucificar en este versículo de Gálatas, no sólo para mostrar la relación entre la muerte de Cristo y la muerte del pecado con respecto a su vergüenza, sufrimiento y lentitud continua;
sino para denotar también el medio y los instrumentos de mortificación o sea, la muerte de Jesucristo en la cruz, en virtud de la cual los creyentes mortifican las corrupciones de su carne, teniendo como gran argumento y motivación los sufrimientos de Cristo por el pecado…

Doctrina: Podemos estar seguros de que existe una relación de salvación en Cristo, a partir de la mortificación de la carne con su pasiones y deseos: Las siguientes palabras del Apóstol lo confirman: “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Ro. 6:5-8)… La mortificación
del pecado es una evidencia indubitable de la unión del alma con Cristo, la cual es el fundamento mismo de la resurrección bendita y gloriosa. Por lo tanto, dice el Apóstol: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor
nuestro” (6:11), [como si estuviera diciendo]: “Consideren esto ustedes mismos: Estas influencias de la muerte de Cristo sobre la mortificación son presagios incuestionables de bendiciones futuras, algo que Dios nunca daría, sino a los que están en Cristo y han sido escogidos para ser glorificados con él”. La muerte de su pecado es tan cierta como puede serlo cualquier otra cosa en el mundo de su vida espiritual para el presente y para su vida eterna con Dios en el más allá. La mortificación es el fruto y la evidencia de su unión con Cristo y esa unión es el fundamento firme y promesa segura de su glorificación. Por lo tanto,
cada uno debe considerar y razonar esta realidad individualmente…

Lo que la mortificación o crucifixión significa: Para ser más claro, me referiré al tema, tanto negativa como positivamente, mostrando lo que, principalmente, no quiere decir y lo que sí quiere decir, el Espíritu de Dios con esta expresión.

  1. Crucificar la carne no implica una abolición total del pecado en los creyentes, ni la destrucción de su ser o existencia en ellos en el presente. Las almas santificadas quedarán con sus cuerpos muertos en la hora de su muerte. Esta será el efecto de nuestra glorificación futura, no nuestra santificación presente. El pecado sigue existiendo en el más mortificado creyente en el mundo (Ro. 7:17). Sigue actuando y generando deseos en el alma regenerada (Gá. 5:17). En efecto, a pesar de su crucifixión en el creyente, todavía puede sorprenderlo y cautivarlo con alguna acción (Sal. 65:3; Ro. 7:23)…
  2. La crucifixión del pecado tampoco consiste, únicamente, en evitar las acciones externas. Porque el pecado puede reinar en el alma de los hombres, aunque no se manifieste en su vida con acciones graves y visibles (1 P. 3:20; Mt. 12:43)… Muchos muestran una mano blanca y hermosa, mientras que tienen un corazón negro y muy sucio.

Continuará …

Tomado de “The Methods of Grace” en (The Works of John Flavel).

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John Flavel (c. 1630-1691): Presbiteriano inglés y pastor en Darmouth, Devonshire,
Inglaterra. Prolífico autor de obras evangélicas como The Fountain of Life Opened (La
fuente abierta de vida) y Keeping the Heart (Guardando el corazón). Sus vívidas imágenes
descritas en palabras, resultaron en sermones memorables que transforman vidas. Uno de sus oyentes ha dicho: “Tiene que tener una cabeza muy blanda y un corazón muy duro o ambos, el que puede estar bajo su ministerio sin que le afecte”; nacido en Bromsgrove, Worcestershire, Inglaterra.

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