Éste es un hecho triste, pero muy cierto. Puede haber poca duda de que la iniquidad comenzó aun antes de la época recién mencionada por los autores de la homilía. Opino que nadie que considera calmadamente la reverencia excesiva que se le daba desde el principio a las partes visibles de la religión, no se sorprenderá por el surgimiento de la idolatría en la iglesia primitiva. Creo que nadie que sea imparcial puede leer el lenguaje usado por casi todos los Padres de la iglesia cuando hablan en general de la iglesia, los obispos, el ministerio, el bautismo, la Cena del Señor y los mártires ya partidos. No, nadie puede leer todo esto sin ser impactado por la gran diferencia entre su lenguaje y el lenguaje de las Escrituras referente a estos temas. El lector parece estar inmediatamente en un ambiente nuevo. Siente que ya no pisa tierra santa. Se encuentra con que las cosas que en la Biblia
son evidentemente de segunda importancia, aquí son de primera importancia. Se encuentra con que las cosas de los sentidos y la vista son exaltadas a una posición que Pablo, Pedro, Santiago y Juan, hablando inspirados por el Espíritu Santo, en ningún momento les dieron. No es meramente la debilidad de escritos no inspirados de lo que uno tiene que quejarse; es algo peor: Es un nuevo sistema. ¿Y cómo se explica todo esto? Es, en una palabra, que uno ha entrado a una región donde la malaria de la idolatría ha comenzado a surgir. Uno percibe las primeras obras del misterio de iniquidad. Detecta los brotes de ese enorme sistema de idolatría que, como la homilía lo describe, fue más adelante reconocido formal y en última instancia, como algo que floreció con gran lujo en cada sector de la cristiandad.

Pero pasemos ahora del pasado al presente. Examinemos la cuestión que más nos concierne. Consideremos en qué forma se nos presenta la idolatría como un pecado de la iglesia visible de Cristo en nuestra propia época.

No me resulta difícil contestar esta pregunta. No vacilo en afirmar que la idolatría nunca ha tomado una forma más flagrante que en la iglesia de Roma en la actualidad.

Y acá llego a un tema del cual, por los tiempos en que vivimos, es difícil hablar. La verdad, en su totalidad, debiera ser dicha por los ministros de Cristo, sin importar los tiempos y prejuicios. Lo digo con mucha tristeza. Lo digo, reconociendo totalmente que en la iglesia protestante tenemos nuestras faltas; que en la práctica, quizá en algunos sectores, no poca
idolatría. Mientras que, en lo que atañe a la iglesia de Roma, si no hay una enorme cantidad de idolatría sistemática y organizada, confieso, francamente, que no sé qué es idolatría.

A mi modo de entender, es idolatría tener imágenes y cuadros de santos en las iglesias y reverenciarlos de un modo que no tiene justificación ni precedentes en las Escrituras. Y si esto es así, afirmo que hay idolatría en la iglesia de Roma.

A mi modo de entender, es idolatría invocar a la Virgen María y a los santos en gloria, y dirigirse a ellos de una manera que jamás aparece en las Escrituras, excepto para dirigirse al Espíritu Santo. Y si esto es así, afirmo que hay idolatría en la iglesia de Roma.

A mi modo de entender, es idolatría inclinarnos ante cosas materiales y atribuirles un poder y santidad que exceden, por mucho, a la que se atribuía al arca o al altar en la dispensación del Antiguo Testamento, y un poder y también santidad para los cuales no hay ni un ápice de fundamento en la Palabra de Dios. Y si esto es así, afirmo que hay idolatría en la iglesia de Roma.

A mi modo de entender, es idolatría adorar algo hecho por manos de hombres, llamarlo Dios y adorarlo cuando lo levantan ante nuestros ojos. Y si esto es así, junto con la doctrina notoria de la transubstanciación y la elevación de la hostia, afirmo que hay idolatría en la iglesia de Roma.

A mi modo de entender, es idolatría hacer de los hombres ordenados para el ministerio, mediadores entre nosotros y Dios, quitándole, por así decir, a nuestro Señor Jesucristo su oficio y dándoles el honor que, aun los apóstoles y los ángeles, repudian lisa y llanamente en las Escrituras. Y si esto es así, por la honra que veo se da a papas y sacerdotes, afirmo que hay idolatría en la iglesia de Roma.

Continuará …

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J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana. Descrito alguna vez como “un hombre de granito con el corazón de un niño”. Spurgeon lo llamaba “el mejor en la Iglesia Anglicana”. Reverenciado autor de Holiness, Knots Untied, Old Paths, Expository Thoughts on the Gospels (Santidad, Nudos desatados, Sendas antiguas, Pensamientos expositivos sobre los Evangelios) y otros. Nacido en Macclesfield, condado de Cheshire, Inglaterra.

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