Dice el Sr. Robe: “Hacer una imagen de la segunda Persona de Dios es, de hecho, expresamente prohibido. Pero prohibir hacer una imagen auténtica sería prohibir lo imposible; tampoco se prohíbe como si fuera burda idolatría. La adoración de semejante imagen es la idolatría prohibida. El hacer la imagen es prohibido por otra razón. No acusamos a los luteranos de burda idolatría porque hacen semejantes imágenes,
aunque sí a los papistas porque las adoran”.

Comentario: El Sr. Robe no puede librarse del cargo de burda idolatría que menciona aquí porque, no sólo permite el hacer en su mente una imagen de la naturaleza humana de Cristo, sino que permite que se le rinda culto. Porque lo hace parte del objeto de la fe, siendo la fe la primera y principal parte de la adoración divina. De manera que en cuanto a esta cuestión, prueba ser un idólatra. No condena a los luteranos por ser fabricantes de imágenes, sino a los papistas por ser adoradores de imágenes. Pero en lo que concierne a la religión, fabricar y adorar cualquier estatua es igualmente prohibido por el Segundo Mandamiento. Porque si una imagen mental de la naturaleza humana de Cristo o sea, una idea imaginaria se
permitiera como necesaria para tener fe, parecería que una imagen de fundición sería preferible a una imagen mental y la costumbre papal la preferible. ¿Por qué? Porque según el argumento papista: “Ver las cosas es más conmovedor que escucharlas”, de igual manera, la vista da un panorama más claro y un conocimiento más conmovedor de las cosas, es mejor que cualquier noción imaginaria e imagen mental de ellas. Así, ver la luz del sol con los ojos es una vista mucho más clara que tener los ojos cerrados y sólo percibir el sol en la mente e imaginación; o la imagen que, después de ponerse el sol y a medianoche, de él forma en la mente.

De igual modo, supongamos que dos hombres entran en una casa, uno tiene puesta una máscara y el otro no. La idea sensible que tenemos del rostro sin máscara es mucho más nítida y clara que la idea imaginaria que tenemos del rostro detrás de la máscara. Al enmascarado sólo lo podemos imaginar como un rostro semejante al de cualquier otro hombre. Pero no podemos tener una noción fehaciente de él como la tenemos del que tiene
su cara descubierta. Todo lo cual prueba que sólo lo corpóreo o un cuerpo humano puede ser representado mejor a la mente por medio de una imagen corporal externa, colocada delante de los ojos corporales. No pasa lo mismo con una imagen mental interior formada con la ayuda de una idea imaginaria. Y, consecuentemente, se podría suponer que sería
mucho más útil que la imaginería interior del Sr. Robe, que de por sí, es más abominable porque es la madre, la fuente y el origen de lo antedicho.

De hecho, es la raíz de la cual toda burda idolatría en el mundo crece, como lo he indicado ya. Por eso Charnock, hablando de Romanos 1:21, 23 dice: “Crearon imágenes vanas de Dios en su imaginación, antes de colocar idólatras representaciones de él en sus templos”. Y unos renglones antes dice: “Ponemos a trabajar ese poder activo de la imaginación y por allí sale nuestro dios, (un becerro) que tomamos como una noción de Dios… hay tantas imágenes esculpidas de Dios como hay mentes humanas, y tantas formas monstruosas como estas corrupciones en que lo transformamos”. Luego nos muestra cómo estas vanas imaginaciones
relacionadas con Dios son peor que la idolatría y el ateísmo. La burda idolatría en el mundo pagano no es peor que las vanas figuras de Dios en la imaginación, que en el mundo cristiano lo son las vanas imágenes del cuerpo humano de Cristo en la mente. Éstas abusan tanto del entendimiento y entenebrecen la mente que estropean todo concepto racional e intelectual y, en consecuencia, toda contemplación espiritual y creyente de la persona gloriosa de Cristo.

El Sr. Robe vuelve a decir: “Es imposible tener una idea imaginaria verdadera de Dios”. Pero agrega: “Afirmar que no podemos recibir a Cristo, tal como lo ofrece el evangelio, sin una concepción imaginaria de él como hombre, tiende a apartar a las personas del verdadero Cristo que anuncia la Palabra y llevarlas a un Cristo falso de la imaginación; esto es
lo que usted [Sr. Fisher] no ha hecho el menor intento de probar, ni nunca podrá hacerlo”.

Comentario: Parecería muy fácil probar que lo que el Sr. Robe, tan audazmente piensa, nunca podría ser. Esto hago por medio del siguiente argumento sencillo: Afirmar que uno no puede creer en Cristo sin que necesariamente presente un Cristo falso a su imaginación, es desviar a la gente del Cristo verdadero en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación. Pero afirmar que alguien no puede creer en Cristo sin un concepto imaginario o una idea de él como hombre, es afirmar que no podemos creer sin aquello que obligadamente nos presenta en la imaginación a un Cristo falso. Por lo tanto, afirmar que no podemos creer
en Cristo tal como el evangelio lo ofrece, sin una idea imaginaria de él como hombre tiene la tendencia natural de desviar a las personas del verdadero Cristo en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación. No veo nada que el Sr. Robe pueda negar aquí, sino que… su idea imaginaria de Cristo como hombre presenta necesariamente a la imaginación a un Cristo falso y, en consecuencia, tiene una tendencia de desviar al pueblo del Cristo verdadero en la Palabra a un Cristo falso en la imaginación. Por lo tanto, doy prueba de esto por medio de los siguientes argumentos:

(1) El Cristo verdadero en la Palabra es otra cosa distinta a la de un objeto corporal: Pero un concepto imaginario de Cristo como hombre no es otra cosa, sino un objeto corporal. Por lo tanto, un concepto imaginario de Cristo como hombre, de hecho, tiene la tendencia de apartar a la gente del Cristo verdadero en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación.

(2) El Cristo verdadero en la Palabra es Dios-hombre. Pero el Cristo representado en la imaginación como hombre no es el Dios-hombre. Por lo tanto, de hecho, como dice el punto anterior, conduce a crear un Cristo falso en la imaginación.

(3) El Cristo verdadero presentado en la Palabra es mostrado allí como Profeta, Sacerdote y Rey. Pero ningún concepto imaginario de Cristo puede tener oficio o relación alguna con su objeto. Por lo tanto, conduce a un Cristo falso en la imaginación.

(4) El Cristo verdadero no puede ser visto en ninguna parte fuera de la Palabra. Pero una cosa es tener una idea o concepción imaginaria y otra muy distinta verlo en la Palabra, la cual es espíritu y verdad, el objeto solo de fe y conocimiento racional. Por la tanto, esa idea conduce a un Cristo falso en la imaginación.

(5) El Cristo verdadero en la Palabra es Cristo en su totalidad. Pero la concepción imaginaria de él como hombre no es una de un Cristo en su totalidad, sino sólo de un cuerpo humano. Por lo tanto, conduce a un Cristo falso en la imaginación.

(6) La humanidad verdadera de Cristo en la Palabra es una humanidad divina, como lo expresa Agustín, porque la Palabra o Verbo, fue hecho carne y es Dios manifestado en nuestra naturaleza. Pero, la concepción imaginaria de Cristo como hombre no puede incluir nada divino. Por lo tanto, una concepción imaginaria de Cristo como hombre tiene la
tendencia de apartar a las personas del Cristo verdadero y la humanidad de Cristo en la Palabra y conducirlas a un Cristo falso y a una humanidad falsa en la imaginación.

Los argumentos para estos fines son múltiples. Pero cualquiera de estos es suficiente para probar que lo que dice el Sr. Robe es una imposibilidad.

Continuará …


Tomado de Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images, W. & T. Ruddimans, Edinburgo.

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Ralph Erskine (1685-1752): Uno de los predicadores más populares en la Iglesia de Escocia de su época. Junto con Thomas Boston participó en la Marrow’s Controversy (Controversia de Médula). Sus sermones estaban llenos del amor de Dios y los llamados de Cristo en el evangelio. Su publicación más extensa fue Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images. Nacido en Monilaws, Escocia.