En el Despertar Evangélico de 1740, surgió una controversia en Escocia sobre el tema de imágenes mentales. El punto principal de la cuestión era: “¿Puede una imagen mental de Cristo ser idólatra?”. Estalló una guerra de panfletos entre James Robe (1688-1753), hombre usado por Dios en los avivamientos escoceses, y Ralph Erskine (1695-1752), uno de los predicadores más renombrados de su época. Esta guerra de folletos nunca llegó a una conclusión satisfactoria, sino que simplemente se fue esfumando. En general, nuestros
sentimientos coinciden con Erskine. No obstante, mientras Mount Zion no apoya todo lo que Erskine arguye, creemos que sus argumentos en este pasaje seleccionado representan un concepto correcto basado en la Palabra de Dios con respecto a las imágenes mentales.

Cuando la adoración falsa prevalecía en la iglesia de la antigüedad para su propia ruina, Dios mostró a sus profetas lo que los ancianos de la casa de Israel hacían en tinieblas en sus cámaras pintadas de imágenes (Ez. 8:12). En ellas se retrataban todas las abominaciones con que era profanada la adoración a Dios y era corrompida la religión. La mayor parte de mi trabajo actual es echar una mirada a algunas de las cámaras con imágenes aún más secretas y escondidas, a saber, las imágenes mentales guardadas en que podemos ver muchas abominaciones por las que, tanto la doctrina de la fe espiritual como la adoración divina del evangelio, se han corrompido y la fe cristiana corre el peligro de acabar en la ruina. Desde esta cámara secreta de imágenes mentales o interiores han surgido todas las burdas
iconografías externas que han existido en el mundo y, especialmente, en la iglesia cristiana por las cuales la iglesia de Roma terminó siendo anticristiana. Esas ideas imaginarias, que no son más que representaciones vanas acerca de cuerpos materiales, presentados ahora por el Sr. Robe6 como pertenecientes al objeto de fe, son, en mi opinión, como una nueva apertura del pozo abismal, de cuyo humo salían langostas sobre la tierra (Ap. 9:2-3) porque en tanto estas ideas sean sacadas de su propio lugar natural suponiendo que son útiles para los sujetos sobrenaturales de la divinidad, no son mejor que humo que sale de un pozo, oscureciendo el sol y el aire, corrompiendo la doctrina, eclipsando la luz de la verdad de Dios, tendiendo a cubrir la faz de la tierra con las tinieblas de los burdos errores y las vanas ilusiones.

[Estas ideas] establecen nuevamente un pretendido fundamento para extender la idolatría y superstición llenando la mente de las personas con nociones naturales y carnales de Cristo como hombre y, su obra y muerte, como acciones y sufrimientos humanos, como si tales nociones fueran útiles para asirnos de Cristo el Dios-hombre en sus obras de mediador que
pone de manifiesto el evangelio. La gloria del evangelio es espiritual e invisible, no evidente a los sentidos y a la imaginación de los hombres. Nada hay en el evangelio que sea visible, excepto por fe, así como la luz del sol no es nada para los que no tienen ojos. Un perro guía o un bastón son de más utilidad para el ciego que el sol en el firmamento. El espiritualmente ciego y que carece de los ojos de la fe —o ha perdido la capacidad de ver por falta de usar o ejercitar sus ojos— no puede ver nada en el evangelio, no importa lo grande y gloriosas [que] sean las cosas que se dicen de él. La luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no la
comprenden. La gloria de la imagen de Cristo como Dios en nuestra naturaleza, representada en la luz del evangelio, la podemos contemplar únicamente como por un espejo (2 Co. 3:18). Ninguna imagen de su cuerpo humano formado en la mente puede permanecer de pie delante de él tal como Dagón7 no pudo hacerlo delante del arca de Dios. Así como Cristo
está presente en el evangelio y presente como él mismo en su gloria personal, mediadora y sin igual, lo está sólo por nuestra fe y comprensión espiritual. Cerca de nosotros está la palabra, la palabra de fe (Ro. 10:6-8) de manera que nadie necesita decir que el Señor está ausente. ¿Y quién ascenderá al cielo para traerlo de allí o descender en lo profundo para
levantarlo de entre los muertos? Cristo, por medio de su cuerpo humano, una vez estuvo aquí presente para ser percibido por los sentidos y experiencias naturales. Por su Espíritu divino, a veces está presente para el sentido y experiencia espiritual. Pero de ninguna manera está presente para nuestra fe, sino en el evangelio, el cual [aunque] lo veamos como por
espejo, oscuramente, aun así es la mejor manera que se nos concede de verlo hasta que podamos verlo cara a cara (1 Co. 13:12).

Pero el Sr. Robe nos ha contado otro modo en que está presente Cristo, a saber, imaginarnos su naturaleza humana ahora en el cielo: [que deberíamos pensar en eso] de la misma manera como pensamos en cualquier persona ausente, y que es absolutamente necesario y de mucha ayuda para nuestra fe. Ésta es la nueva doctrina extraña y absurda publicada en la cuarta carta del Sr. Robe al Sr. Fisher8, y tenemos lo que podríamos llamar la sustancia de ella en el siguiente párrafo de esa carta, páginas 30 y 31.

“…he afirmado y afirmo que no podemos pensar en quién es realmente Jesucristo (dado que es Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una persona para siempre), sin una idea imaginaria de él en su naturaleza humana, que consta de un cuerpo real y un alma razonable. El fundamento y las razones de esto es que no podemos tener una concepción justa del
glorioso Mediador, si no tenemos una concepción o idea de él como el verdadero y eterno Dios. Igualmente, no podemos tener una idea clara de él como realmente hombre, si no tenemos una concepción e idea de él como un hombre humano y real al igual que como el verdadero y eterno Dios. El Mediador es tanto hombre como Dios (una concepción pura sin ningún tipo de representación de él como Dios en nuestra mente), de modo que no
podemos concebir y tener una idea de él a nuestro entender como hombre, sino por aquello que se llama idea imaginaria de él en nuestra mente, por el ejercicio de nuestra imaginación. Así como podemos imaginarnos cómo era Enoc o Elías o cualquier otro hombre que está ahora en el cielo, así podemos imaginarnos cómo era Jesús. Por esta razón, la naturaleza humana de nuestro Señor y, particularmente su cuerpo glorificado y superexaltado, tiene todas las propiedades esenciales de cualquier otro cuerpo y ningunas otras. Por lo tanto, si no podemos pensar de ninguna otra naturaleza humana o cuerpo humano, debido a nuestra constitución natural y la naturaleza de los cuerpos, sino por medio de una idea imaginaria cuando están ausentes (como de hecho no podemos), [entonces] tampoco podemos pensar en el Mediador como un hombre y su cuerpo ahora en el cielo, de ninguna otra manera. Entonces pues, cuando pensamos en nuestro Señor Jesucristo, quien para siempre es Dios y hombre en dos distintas naturalezas y una sola persona, tenemos que concebirlo como un hombre real y verdadero. Esto es lo que llamo una idea imaginaria de él. Y debo además, por un solo acto de mi entendimiento, concebirlo, no sólo como hombre, sino como el mismísimo verdadero y eterno Dios. Y, en tercer lugar, tengo que concebir lo humano, personalmente unido con la Divinidad en la segunda persona. Si cualquiera de estos tres faltan, no tengo una concepción del Mediador Dios-hombre como la que debo tener.
[Sr. Fisher], por favor dígales a las personas sinceras y bienintencionadas en su próxima advertencia, que la verdad simple y llana de lo que he afirmado aquí es que no podemos pensar en Jesucristo como realmente es (Dios-hombre) sin pensar en él como hombre y como Dios, y con el uso de las mismas facultades y poderes que usamos para pensar y concebir a otras personas”. [Aquí va una muestra de la extraña teología y filosofía del Sr. Robe].

Continuará …


Tomado de Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images, W. & T. Ruddimans, Edinburgo.

_________________________________

Ralph Erskine (1685-1752): Uno de los predicadores más populares en la Iglesia de Escocia de su época. Junto con Thomas Boston participó en la Marrow’s Controversy (Controversia de Médula). Sus sermones estaban llenos del amor de Dios y los llamados de Cristo en el evangelio. Su publicación más extensa fue Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images. Nacido en Monilaws, Escocia.