Una pregunta vital para hoy

ESTAMOS profundamente convencidos de que la pregunta vital que más se debe plantear hoy es ésta: ¿Es el hombre una criatura total y completamente depravada 1 por naturaleza? ¿Entra en el mundo completamente arruinado e indefenso, espiritualmente ciego y muerto en delitos y pecados? Acorde con nuestra respuesta a esta pregunta, serán nuestros puntos de vista sobre muchas otras cosas. Es sobre la base de este oscuro telón de fondo que toda la Biblia se genera. Cualquier intento de modificar o disminuir, repudiar o atenuar la enseñanza de las Escrituras sobre el asunto es fatal. Ponga la pregunta en otra forma: ¿Está el hombre ahora en tal condición que no puede ser salvado sin la intervención especial y directa del Dios trino en su favor? En otras palabras, ¿hay alguna esperanza para él aparte de la elección personal del Padre, su redención particular por el Hijo y las operaciones sobrenaturales del Espíritu dentro de él? O, dicho de otra manera: Si el hombre es un ser totalmente depravado, ¿puede dar el primer paso para regresar a Dios?

La respuesta bíblica a esa pregunta pone de manifiesto la absoluta futilidad de los esquemas de los reformadores sociales para “la elevación moral de las masas”, los planes de los políticos para la paz de las naciones y las ideologías de los soñadores para dar paso a una edad de oro para este mundo. Es patético y trágico ver a muchos de nuestros más grandes hombres poniendo su fe en tales quimeras4. Las divisiones y las discordias, el odio y el derramamiento de sangre, no pueden ser desterrados mientras la naturaleza humana sea lo que es. Pero durante el siglo pasado, la tendencia constante de una cristiandad en deterioro, ha sido subestimar la maldad del pecado y sobrevalorar la capacidad moral de los hombres. En vez de proclamar la atrocidad del pecado, se ha insistido más en sus inconvenientes y, la descripción abrumadora de la condición perdida del hombre como se establece en la Sagrada Escritura, ha sido oscurecida, si no borrada, por las halagadoras disquisiciones6 sobre el progreso humano. Si la religión popular de “las iglesias” —incluido el noventa por ciento de lo que se denomina Cristianismo Evangélico— se pone a prueba en este momento, se descubrirá que riñe directamente con la idea del hombre caído, arruinado y espiritualmente muerto.

Por lo tanto, hoy existe una necesidad imperiosa de que el pecado sea visto a la luz de la ley de Dios y del evangelio, para que su excesiva pecaminosidad pueda ser demostrada y las oscuras profundidades de la depravación humana sean expuestas por la enseñanza de la Sagrada Escritura, para que podamos aprender lo que implican esas temibles palabras “muerto en delitos y pecados”. El gran objetivo de la Biblia es darnos a conocer a Dios, describir al hombre tal como aparece a los ojos de su Creador y mostrar la relación de uno con el otro. Es, por lo tanto, asunto de sus siervos, no sólo declarar el carácter y las perfecciones divinas, sino también delinear la condición original y la apostasía del hombre, así como el remedio divino para su ruina. Hasta que no veamos realmente el horror del pozo en el que por naturaleza yacemos, nunca podremos apreciar apropiadamente la gran
salvación de Cristo. Es la condición caída del hombre, la terrible enfermedad para la cual la redención divina es la única cura, y nuestra estimación y valoración de las provisiones de la gracia divina serán necesariamente modificadas, en la medida en que modifiquemos la necesidad que se pretendía satisfacer.

David Clarkson, uno de los puritanos, señaló este hecho en su sermón sobre el Salmo 51:5: “El fin del ministerio del evangelio es traer a los pecadores a Cristo. Su camino hacia este fin radica en el sentido de su miseria sin Cristo. Los ingredientes de esta miseria son nuestra pecaminosidad, original y actual; la ira de Dios, a la cual el pecado nos ha expuesto; y nuestra impotencia para liberarnos del pecado o de la ira. Para que podamos promover este gran fin, nos esforzaremos, tanto como el Señor nos asista, para guiarlo de esta manera, por un sentido de miseria, hacia a Aquel que es el único que puede librar de ella. Ahora, siendo la corrupción el origen de la miseria de nuestras naturalezas o del pecado original, pensamos que era apropiado comenzar aquí y, por lo tanto, hemos puesto estas palabras como muy apropiadas para nuestro propósito”: …He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.

Este tema es realmente muy solemne y nadie puede escribirlo o predicarlo, a menos que su corazón esté profundamente impresionado por él. No es algo de lo que cualquier hombre pueda desprenderse, y escribir largo y tendido como si no estuviera directamente involucrado en él; menos aún, desde un nivel superior despreciando a aquellos a quienes denuncia. Nada es más [inadecuado] e impropio que un joven predicador capaz de recitar los pasajes de la Escritura que retratan su propia vileza natural. Más bien, deben ser leídos o citados con la mayor solemnidad. J. C. Philpot declaró: “Como ningún corazón puede concebir suficientemente, tampoco ninguna lengua puede expresar adecuadamente, el estado de miseria y ruina en el cual el pecado ha hecho al hombre culpable y miserable. Al separarlo de Dios, lo ha separado de la única fuente y origen de toda felicidad y toda
santidad. Lo ha arruinado, en cuerpo y alma. Lo ha llenado de enfermedad y dolencia; ha desfigurado y destruido la imagen de Dios en la cual fue creado. Ha destrozado todas sus facultades humanas; ha roto su juicio, ha contaminado su imaginación y ha enajenado sus afectos. Le ha hecho amar el pecado y odiar a Dios”.

La doctrina de la depravación total es muy humillante. No es que el hombre se incline hacia un lado y necesite apoyo, ni que sea meramente ignorante y requiera instrucción, ni que esté agotado y pida un tónico; sino más bien que está deshecho, perdido, espiritualmente muerto. En consecuencia, él está “sin fuerzas” y es completamente incapaz de valerse por sí mismo. Él está expuesto a la ira de Dios y es incapaz de realizar una sola obra que pueda ser aceptada por Él. Casi todas las páginas de la Biblia dan testimonio de esta verdad. Todo el esquema de redención lo da por sentado. El plan de salvación enseñado en las Escrituras no se podía establecer sobre ninguna otra hipótesis. La imposibilidad de que un hombre obtenga la aprobación de Dios por sus propias obras aparece claramente en el caso del joven rico que vino a Cristo. Juzgado por los estándares humanos, fue un modelo
de virtud y logros religiosos. Sin embargo, como todos los que confían en el esfuerzo propio, ignoraba la espiritualidad y el rigor de la Ley de Dios; cuando Cristo lo puso a prueba, sus justas expectativas fueron desvanecidas y “se fue triste” (Mt. 19:22).

Por lo tanto, es una doctrina de lo más desagradable11. Y no puede ser de otra manera para el amor no regenerado que quiere oír hablar de la grandeza, la dignidad y la nobleza del hombre. El hombre natural piensa muy bien de sí mismo y sólo aprecia lo que le es halagador. Nada le agrada más que escuchar lo que ensalza la naturaleza humana y alaba el estado de la humanidad, aunque sea en términos que, no sólo repudian la enseñanza de la Palabra de Dios, sino que se contradicen de plano por la observación común y la experiencia universal. Y hay muchos que [lo gratifican] por sus abundantes elogios de la excelencia de la civilización y el progreso constante de la raza humana. Por lo tanto, afirmar que la popular teoría de la evolución es mentira, es muy desagradable para sus engañados adeptos. Sin embargo, el deber de los siervos de Dios es manchar el orgullo de todo aquello en lo que el hombre se gloría, despojarlo de sus plumas robadas, ponerlo en el polvo ante Dios. Por repugnante que sea esta enseñanza, el
emisario de Dios debe cumplir fielmente con su deber así “escuchen o dejen de escuchar” (Ez. 3:11).

Continuará …

De (Studies in the Scriptures).

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Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, autor; nacido en Nottingham, Inglaterra, Reino Unido.