El Juicio y la recompensa de los Santos

“Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos” (Hechos 24:15).

Cuando los santos resuciten tendrán que dar cuenta de todas las cosas que hicieron aquí en este mundo, en general, hayan sido
buenas o malas… En esa ocasión, todas las acciones serán contadas, desde la primera buena que hizo Adán o Abel, hasta la última
que se realizará en el mundo…

Primero, entonces [cuando los santos resuciten] habrá una recompensa para todos los que han andado sinceramente en la Palabra y la doctrina, sí, una recompensa para todas las almas que han sido salvas y regadas por sus palabras. Ese día, Pablo, el que plantó, y Apolo, el que regó, junto con todos sus compañeros, recibirán su recompensa conforme a su labor (1 Co. 3:6-8).

Ese día, toda la predicación, oración, fidelidad y labor en que nos hemos ocupado para quitarle gente a Satanás y llevarla a Dios, será recompensada con una gloria esplendorosa. Cada alma que hayamos llevado al Señor Jesús, cada alma que hayamos consolado, fortalecido o ayudado con sanos consejos, exhortaciones y conversaciones útiles, será una perla en nuestra corona: “la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2 Ti. 4:7-8). Esto es, si hemos enaltecido, entusiasta y gozosamente, el nombre de Dios entre los hombres y si lo hemos hecho con amor, anhelando la salvación de los pecadores porque, de otra manera, tendremos sólo la carga que significó nuestros esfuerzos y nada más. “Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si
de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada” (1 Co. 9:17; Fil. 1:15). Repito, si lo hacemos por gracia, recibiremos una recompensa: “Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo” (1 Ts. 2:19, 20). Por lo tanto, cobremos aliento porque Cristo nos ha puesto a trabajar en su cosecha, animémonos en medio de toda nuestra aflicción y sepamos que Dios reconoce que “el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Stg. 5:20). Por lo tanto, trabajemos para convertir, trabajemos para regar, trabajemos para edificar y para atender el consejo apostólico: “Apacentad la
grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto, y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 P. 5:2, 4).

Segundo, así como los ministros del evangelio de Cristo serán recompensados en aquel día, lo serán también los miembros de la congregación de los santos. El Señor posará sus ojos sobre ellos con tierno amor y serán recompensados por toda su obra de amor al servir a sus santos y sufrir por su nombre (He. 6:10). “Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre” (Ef. 6:8). ¡Ah! El pueblo de Dios rara vez piensa con cuánta generosidad y plenitud reconocerá y recompensará él todas las buenas y santas acciones de su pueblo en aquel día. Cada detalle, cada gota de agua, cada vestido y cada
acto de hospitalidad, aunque haya parecido ser lo más insignificante, será recompensado delante de los hombres y de los ángeles, “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mt. 10:42). Por lo tanto, dice él: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lc. 14:13-14). Si acaso hubiera algún arrepentimiento entre los fieles en aquel día, sería porque no habrían honrado más, ni tenido más en cuenta ni servido más al Señor Jesús con sus hechos y palabras cuando estaban en este mundo. Porque será extraordinario para todos comprobar la importancia que le da el Señor Jesús a las monedas de las viudas. Traerá a luz todos los actos de misericordia y bondad que por él hicieron cuando estaban aquí entre los hombres. Él recordará, anunciará y proclamará ante ángeles y santos aquellos hechos nuestros que ya hemos olvidado creyendo que en aquel día no merecían ninguna mención. Él las presentará con tanta presteza y tan plenamente que nos hará clamar: “Señor, ¿cuándo hice esto? ¿Y cuándo hice aquello?
¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer? ¿O sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te servimos? ¿O desnudo y te vestimos? ¿O cuando te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a visitarte? Entonces el Rey responderá diciendo: ‘De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Me nutrí con el alimento que me dieron y disfruté la calidez del abrigo que me hicieron llegar. Recuerdo sus amables y reconfortantes visitas cuando estuve tan enfermo y cuando caí en prisión… y tantas otras buenas obras. Bien, buen siervo y fiel… Entra en el gozo de tu Señor’” (cf. Mt. 25:21-23, 34-47).

Continuará …

Tomado de “The Resurrection of the Dead and Eternal Judgment” en The Works of John Bunyan, Tomo II

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John Bunyan (28 de noviembre de 1628​ – 31 de agosto de 1688) fue un escritor y predicador cristiano inglés, famoso por su novela El progreso del peregrino.