La mejor manera de motivar las buenas obras 2

TERCERO, LA DOCTRINA DEL PERDÓN DE LOS PECADOS POR FE TENDRÁ UN EFECTO EXTRAORDINARIO EN EL CORAZÓN DEL PECADOR PARA PRODUCIR BUENAS OBRAS. Pero, dado que hay un cuerpo de muerte y
pecado en todo el que tiene la gracia de Dios en este mundo y, dado que, como dice el Apóstol (Ro. 7:21), este cuerpo de pecado seguirá oponiéndose siempre a lo bueno, tratemos más detenidamente estos temas para poder descartar lo que nos impide vivir una vida fructífera.

Mantengámonos continuamente en guardia por lo miserable de nuestro propio corazón, no para desanimarnos ante su vileza, sino para prevenir su maldad. Esta vileza procurará impedir que hagamos buenas obras o nos impulsará a hacer las malas porque en nosotros mora el mal con estos dos propósitos. Cuidémonos entonces, de no prestarle atención, sino rechazar las obras del pecado, aunque nos exija muchísimo esfuerzo.

Estemos continuamente conscientes de que Dios tiene sus ojos sobre nosotros y ve cada impulso secreto de nuestro corazón, ya sea cuando nos acercamos o cuando nos alejamos de él. “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He. 4:13).

Si nos negamos a realizar el bien que nos corresponde hacer con lo que Dios nos ha dado, sepamos que aunque él ama nuestra alma, igual nos puede castigar: Primero, puede castigar nuestro ser interior con tantas aflicciones que nuestra vida estará llena de agitación y confusión. Segundo, puede también arruinar tanto a nuestro ser exterior que todo lo que ganamos caerá en saco roto (Sal. 89:31-33; Hag. 1:6). Supongamos que Dios permitiera a un ladrón apoderarse de nuestros bienes o que una chispa de fuego incendiara lo que hemos almacenado, ¡qué rápido y sin haberlo querido, podríamos quedarnos sin nada, cuando lo que teníamos, si hubiéramos querido, podríamos haberlo usado para gloria de Dios! Y digo más: Si no tenemos un corazón predispuesto a hacer el bien cuando tenemos con qué hacerlo, no recibiremos tampoco ningún bien de otros, cuando lo nuestro nos haya sido quitado (ver Jue. 1:6-7).

Reflexionemos en que una vida llena de buenas obras es la única manera que tenemos de responder a la misericordia de Dios que hemos recibido. Dios no vaciló en darnos su Hijo, su Espíritu y el reino de los cielos. Pablo dice: “Os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1; Mt. 18:32-33).

Consideremos que éste es el camino para convencer a todos que el poder de las cosas de Dios se ha apoderado de nuestro corazón. Me dirijo ahora a los que le dan importancia a su vida religiosa: Digan lo que digan, si su fe no va acompañada de una vida santa, será juzgado como un rama seca, como alguien cuya fe en Cristo es pura palabrería, sal sin sabor y tan muerta como metal que resuena y címbalo que retiñe (Jn. 15; Mt. 13; 1 Co. 13:1, 2). Y los demás le pedirán que les muestre su fe con sus obras porque no pueden ver su corazón (Stg. 2:18). Pero yo digo que al contrario, si usted anda como es digno por haber sido salvo por gracia, será un testigo a la conciencia de otros que usted es auténtico, y hará que el malo se sienta culpable (1 S. 24:16, 17). De esta manera, usted da la oportunidad de seguir al Señor a los que quieran hacerlo y ya no es culpable de la sangre de todos ellos (2 Co. 11:12; Hch. 20:26, 31-35). Y también motivará a otros a ocuparse en buenas obras. El que lo oye, lo bendecirá, el que lo ve, testificará de usted. Dijo David: “Por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo” (Sal. 112:6; He. 10:24; Job 29:11).

Además, el corazón que está lleno de buenas obras no tiene ningún espacio para las tentaciones de Satanás. Y esto es lo que quiere significar Pedro cuando escribe: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8). El que anda en rectitud, anda seguro. Y los que agregan a la fe “virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 P. 1:5-10, Pr. 10:9).

El que más lleno está de buenas obras, es el que está en mejor condición para vivir y en mejor condición para morir. “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (2 Ti. 4:6). En cambio el improductivo no está en condición para vivir ni para morir; él mismo sabe muy bien que no está en condición para morir y Dios mismo sabe que no está en condición para vivir: “Córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?” (Lc. 13:7).

Para concluir, como motivación para ocuparnos de buenas obras, pensemos que cuando estemos en gloria, recibiremos de Dios una recompensa por todo lo que hicimos por él en la tierra. Pocos son los hijos de Dios que piensan en cuán ricamente Dios recompensará lo que hicieron para él aquí, movidos por un principio correcto y para un fin correcto. Ni un pedazo de pan para el pobre, ni una gota de agua dada por los que son de Cristo, ni la caída de un cabello de su cabeza quedará sin su recompensa en aquel día (Lc. 14:13-14; Mt. 10:42). “Porque esta leve tribulación momentánea” y todos los demás actos de negarnos a nosotros mismos “produce[n] en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). Abundemos en buenas obras, pues entonces, tendremos más que salvación. La salvación ya la tenemos a través de Cristo por gracia y sin obras (Ef.2:8-10), pero ahora, siendo justificados y salvos, como fruto de serlo, somos renovados por el Espíritu Santo. Después de esto, seremos recompensados por toda obra que demostró ser buena.

Tomado de “Christian Behavior” (Comportamiento cristiano) en The Works of John Bunyan.

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John Bunyan (1628-1688): Pastor y predicador inglés, uno de los escritores más influyentes del siglo XVII. Amado autor de El Progreso del Peregrino, La Guerra Santa, El Sacrificio Aceptable y muchos otros. Nacido en Elstow cerca de Bedford, Inglaterra.