Celoso de Buenas Obras 2

PRIMERA APLICACIÓN: La gracia no es enemiga de las buenas obras. El libertinaje siempre ha existido y es natural. Cristo murió para mejorar la piedad, no para disminuirla, para elevarla a su nivel más alto, para hacernos celosos de buenas obras, a fin de que podamos ser llevados al cielo a toda marcha. Por otro lado, el que flaquea no se mantiene en guardia contra el pecado, es menos diligente en el ejercicio de la santidad, tiene menos comunión con Dios, es menos humilde y menos arrepentido después de cometer un pecado, lo cual es el peor abuso de la gracia que puede haber, pervirtiendo su aplicación natural. Al lado del fuego no nos congelamos. Es muy distinto que estar al lado de la pintura de una fogata donde nos podemos congelar y sufrir enfriamiento
y sopor. En cambio, la verdadera gracia es un fuego que calienta y da fervor a nuestros afectos. Cristo vino para que seamos más alegres y entusiastas, no perezosos, indiferentes y fríos. Un cristiano frío tendrá poco consuelo. ¿Por quiénes murió Jesús? Por los que son celosos de buenas obras… No son las oraciones frías, las devociones aburridas ni los deseos soñolientos del hombre medio dormido lo que servirá en este caso. El cielo se toma por fuerza y se le arremete con intensidad. Es romper barreras y todos los impedimentos que intentan apartarnos de Dios.

SEGUNDA APLICACIÓN: Es hora de intensificar este celo de buenas obras. En esta época de muertos y somnolientos necesitamos una voz de alarma. El conocimiento ha devorado la práctica de buenas obras en estos tiempos decadentes. Séneca se quejaba de que los hombres estudiaban con el fin de llenar sus cerebros, dejando vacíos sus corazones; y que, en cuanto los hombres eran más letrados, eran menos buenos. El mundo está totalmente a favor de almacenar ideas en la cabeza, ideas vacías y superficiales, de modo que si apareciera Cristo entre nosotros, encontraría pocos celosos, pero muchos cristianos perezosos que viven un cristianismo superficial y barato. Somos altisonantes con nuestras fantasías, nuestras nociones y pretensiones, pero callados y apagados en la práctica y conversación. Por lo general, esto sucede durante las épocas de prosperidad de la iglesia, a semejanza de un río que pierde su profundidad a medida que aumenta su caudal. Entonces tiene muchos amigos, pero su amor no es tan fuerte ni ardiente como en otras épocas… Por eso, a menudo sucede con la iglesia de Dios, que cuando la religión es atractiva muchos la siguen, pero ¡ay! lamentablemente es débil y sin espíritu, exenta de vida y vigor… Por lo tanto, pensemos en qué tipo de refuerzos y consideraciones serían los más eficaces para impulsarnos a tener este celo y cuidado de las buenas obras.

Consideremos qué violentos y apasionados son los hombres carnales en los caminos del pecado ¿y servirán ellos a Satanás mejor que nosotros a Dios? Pensemos en que tenemos un dueño mejor, un trabajo mejor y mejor pago. El dueño de los hombres carnales es el diablo, su obra es la conducta más baja, puesto que son esclavos de sus propias lascivias, y la paga que reciben es la que merecen: Su recompensa es condenación eterna y separación de la presencia de Dios ¡Cuán activos son los hombres impíos en el reino de las tinieblas! ¡Qué celosos y dedicados son en lograr su propia ruina, como si no pudieran esperar a ser condenados…!
[Dios le ordena al profeta Jeremías que considere una visión]. “¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira” (Jer. 7:17-18). ¡Cuánta actividad diligente vemos aquí para promover su adoración falsa! Padres, hijos, esposos y esposas, todos ponen sus manos al arado y encuentran algo que hacer para lograr su objetivo. ¿Dónde encontraríamos una familia así, tan trabajadora y celosa para realizar la obra de Dios? ¡Oh! ¿Cómo podemos observar semejante espectáculo sin avergonzarnos? ¿Cómo imaginarnos que la lujuria pueda tener más poder sobre ellos
que el amor que Dios tiene por nosotros? Nosotros tenemos motivos más elevados y la ocupación más noble; nuestra obra es perfeccionar a la criatura para lo cual se practican las obras más insignes, de las maneras más nobles, nuestras recompensas son más excelentes y tenemos mayores ventajas y ayuda. ¿Se esforzarán más ellos por arruinar sus almas que nosotros por salvar las nuestras? Hay un pasaje en la historia de la Iglesia que narra que cuando Pambus, [un santo de la Edad Media] vio una prostituta extravagantemente vestida, lloró, en parte, por ver lo mucho que se esforzó para su propia ruina eterna y, en parte, porque él mismo no había puesto tanto empeño por complacer a Cristo y vestir su alma para Cristo como la había hecho ella para complacer a su amante de ocasión. Los cristianos deberíamos, por lo menos, sonrojarnos cada vez que vemos tal clase de espectáculo. Cuando caminamos por la calle y en los comercios vemos a tantas personas trabajando arduamente por una ganancia temporal, deberíamos avergonzarnos de lo negligentes y descuidados que hemos sido en la obra de Dios.

Continuará …

Tomado del Sermón 22 en “Sermons upon Titus 2:11-14” en The Complete Works of Thomas Manton.

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Thomas Manton (1620-1677): Predicador puritano no conformista. James Ussher lo llamó “uno de los mejores predicadores en Inglaterra”. Nombrado como una de los tres secretarios de la Asamblea de Westminster. Nacido en Lawrence-Lydiat, Somerset, Inglaterra.