Obras, Gracia y Salvación 3

Esto nos trae al último principio, que resumiré de esta manera: El hecho de que seamos cristianos es enteramente el resultado de la obra de Dios. El verdadero problema de muchos de nosotros es que nuestro concepto de lo que nos hace cristianos es tan bajo, tan pobre. Somos incapaces de comprender la grandeza de lo que significa ser cristianos. ¡Pablo dice que “somos hechura suya”! Es Dios quien ha hecho algo, es Dios quien está obrando; somos hechura suya. No nuestras obras, sino su obra. Entonces, vuelvo a repetir que no es nuestra vida recta, ni son todos nuestros esfuerzos, ni nuestra esperanza de ser cristianos al final, lo que nos hace cristianos.

Pero permítanme decir algo más. No es tampoco nuestra decisión, nuestra “decisión de seguir a Cristo” lo que nos hace cristianos; esa es obra nuestra. La decisión tiene su lugar, pero no es nuestra decisión lo
que nos hace cristianos. Pablo dice que somos hechura suya. Vemos, pues, ¡cuán extremadamente grave es nuestro pensamiento superficial y cómo nuestras palabras superficiales representan mal al cristianismo! Recuerdo a un buen hombre —sí, un buen hombre cristiano— cuya manera de dar su testimonio era siempre: “Hace treinta años decidí seguir a Cristo y nunca me he arrepentido”. Éste era su modo de expresarlo. Éste no es el modo como Pablo describe cómo se llega a ser cristiano. “¡Somos hechura suya!”, ese es el énfasis. No algo que yo emprendí, no algo que yo decidí, sino algo que Dios me ha hecho. Aquel hombre lo hubiera expresado mejor si hubiera dicho: “Treinta años atrás, yo estaba muerto en delitos y pecados, pero Dios empezó a hacer algo conmigo, tenía conciencia de que Dios estaba haciendo algo en mí, sentía que Dios me quebrantaba, sentía las manos de Dios que me estaban renovando”. Así era como lo decía Pablo: No decía yo decidí, no yo acepté el cristianismo, no yo decidí seguir a Cristo, no señores. Eso es parte, pero viene después.

Somos hechura suya. El cristiano es alguien en el cual Dios ha obrado. Y podemos notar qué tipo de obra es, según Pablo. No es nada menos que una creación. “Creados en Cristo Jesús para buenas obras”. Al Apóstol le gustaba decir esto. Miren como lo expresa a los filipenses: “[Estoy] convencido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (1:6). ¡Dios! ¡Él es el que ha comenzado la buena obra en ustedes! ¡Es la obra de Dios! Vino cuando estaban muertos y les vivificó, les dio vida. Esto es lo que los convierte en cristianos. No nuestras buenas obras, no nuestra decisión, sino la determinación de Dios en cuanto a nosotros llevada a la práctica.

Es aquí donde comprobamos cómo nuestras ideas de lo que es ser cristiano están irremediablemente equivocadas cuando las consideramos a la luz de lo que enseña la Biblia. El cristiano es una nueva creación. No es simplemente un hombre bueno o un hombre que ha mejorado algo, es un hombre nuevo, “creado en Cristo Jesús”. Ha sido colocado en Cristo y la vida de Cristo mora en él. Somos “participantes de la naturaleza divina” (2 P. 1:4). “¡Participantes de la naturaleza divina!”. ¿Qué es un cristiano? ¿Es un hombre bueno, un hombre de buena moralidad, un hombre que cree ciertas cosas? ¡Sí, pero infinitamente más! ¡Es un hombre nuevo; la vida de Dios ha venido a su alma; ha sido “creado en Cristo, es “hechura de Dios”! ¿Se habían dado cuenta ustedes de que eso es lo que los hace cristianos? No es su asistencia a los cultos. No es cumplir ciertos deberes. Estas cosas son todas excelentes, pero nunca pueden convertirnos en cristianos. (¡Podrían convertirnos en fariseos!). Es Dios quien convierte al hombre y ésta es su manera de hacerlo. Creó todo de la nada al principio y se acerca al hombre y lo
vuelve a crear dándole una nueva naturaleza, convirtiéndolo en un hombre nuevo. El cristiano es “una nueva creación”, nada menos que esto.

“Si están ustedes interesados en las obras”, dice Pablo, “les diré qué tipos de obras son las que le interesan a Dios”. No son las obras lamentables que podemos hacer por naturaleza como criaturas en pecado. Es un nuevo tipo de obra —“Creados en Cristo Jesús para buenas obras”— ¡las buenas obras de Dios! ¿Qué significa esto? Significa que nuestro problema no es sólo que nuestro concepto del cristianismo es inadecuado, sino que nuestro concepto de las buenas obras es más inadecuado todavía. Anote en un papel las buenas obras que, según la gente, son suficientemente buenas para convertir a alguien en un cristiano. Pídales que anoten ellos todas las cosas en que confían. Anótenlas en papel y luego llévenselas a Dios y díganle: “Esto es lo que he hecho”. ¡Es una acción ridícula, es monstruosa! ¡Observen lo que están haciendo! No son las buenas obras lo que le interesa a Dios. ¿Cuáles son las buenas obras de Dios? El Sermón del Monte y la vida de Jesucristo tienen la respuesta: No sólo un poquito de bondad y moralidad, ni hacer ocasionalmente algo bondadoso y tenerlo muy en cuenta, ¡no!
¡Se trata de un amor desinteresado! “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8), que se da a otros sin contar el costo. Esas son las buenas obras de Dios. ¡Amarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos! ¡No se trata de una buena acción de cuando en cuando, sino de amarlo como a nosotros mismos! ¡Olvidarnos de nosotros mismos mientras nos preocupamos por nuestro prójimo! Esas son las buenas obras de Dios. Y esas son las obras para las cuales nos ha creado.

Tomado de Ephesians: God’s Way of Reconciliation.

___________________________________________________________________________

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Probablemente el predicador expositivo más grande del siglo XX. Sucesor de G. Campbell Morgan como pastor de Westminster Chapel, Londres, Inglaterra, 1938-68. Nacido en Newcastle Emlyn, Gales.