El Gozo del Cielo y el Arrepentimiento 2

¿Por qué se regocija el Hijo de Dios por cada pecador que se arrepiente?… Si nos preguntaran por qué Cristo se regocija por los pecadores que se arrepienten, contestaríamos que porque él les ha dado vida espiritual y sustento, porque los ha redimido de una eternidad de sufrimientos y desdichas con su propia sangre preciosa. Él comparte con su Padre y el Espíritu Santo el gozo motivado por otras cosas. En cambio, en este caso la causa del gozo es casi exclusivamente de él. Desde antaño había sido predicho en cuanto a él que vería el fruto de la aflicción de su alma, y quedaría satisfecho (Isa. 53:11). ¡O sea que vería los efectos de sus sufrimientos en el arrepentimiento y la salvación de los pecadores y consideraría esto recompensa suficiente por toda la agonía que tuvo que sufrir! Esta predicción se cumple diariamente. Nuestro Emmanuel ve el fruto de la aflicción de su alma en cada pecador que se arrepiente, y se
regocija porque las aflicciones que tuvo que sufrir, no fueron en vano… ¿Quién puede concebir las emociones con las cuales el Hijo de David contempla a un alma inmortal atraída a sus pies por las cuerdas del amor, rescatada por él del león rugiente por un precio tan infinito? Si nosotros amamos, valoramos y nos regocijamos por cualquier objeto en proporción al trabajo, el sufrimiento y el precio que nos ha costado obtenerlo, ¡cuánto más debe Cristo amar, valorar y regocijarse por cada pecador arrepentido!

Su amor y gozo debe ser tan indescriptible, inefable, infinito… Y quiero agregar que si él se regocija por un pecador que se arrepiente, ¡cuánto más se habrá de regocijar cuando todo su pueblo sea reunido de entre toda lengua y raza y nación y pueblo, y presentado sin mancha ante el trono de su Padre?… ¡Qué especial debe ser ese gozo, esa felicidad que satisface la generosidad de Cristo!

¿Por qué se regocijan los ángeles por cada pecador que se arrepiente? Se regocijan cuando los pecadores se arrepienten porque Dios es glorificado y sus perfecciones se demuestran al darles arrepentimiento y remisión de pecados. Las perfecciones de Dios se ven solo en sus obras. Sus perfecciones morales se ven solo, o al menos principalmente, en sus obras de gracia. Más de Dios, más de su gloria esencial se manifiestan al traer a un pecador al arrepentimiento y perdonar sus pecados en nombre de Cristo, que en todas las demás maravillas de la creación… En esta obra, las criaturas pueden ver, por así decirlo, el propio corazón de Dios.

Es probable que de esta obra, los ángeles mismos hayan aprendido más del carácter moral de Dios de lo que hubieran podido aprender anteriormente. Antes sabían que Dios era sabio y poderoso, porque los había hecho totalmente santos y felices. Sabían que era justo, porque lo habían visto echar del cielo y al infierno a sus hermanos rebeldes por sus pecados. Pero hasta no verlo dar arrepentimiento y remisión de pecados por medio de Cristo, no sabían que era misericordioso. No sabían que podía perdonar a un pecador.

¡Y oh! ¡Qué hora fue aquella en el cielo, cuando se dio a conocer por primera vez esta gran verdad, cuando el primer arrepentido fue perdonado! Entonces a los ángeles les fue dado un canto nuevo, ¡y comenzaron a cantarlo con expresiones indescriptibles de portento, amor y alabanzas, alzando sus voces a un tono más alto, y sintiendo gozos que nunca habían sentido! ¡Oh, cómo los sonidos gozosos de “sus misericordias [que] permanecen para siempre” se extendieron de coro en coro, con sus ecos atravesando los altos arcos del cielo y estremeciendo a todos los embelesados seres angelicales! Y cómo cantaron a una voz: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Luc. 2:14).

Ni es la misericordia de Dios la única perfección demostrada en esta obra. ¡Hay más poder y sabiduría demostrados en traer a un pecador al arrepentimiento que en crear un mundo! Por lo tanto, así como los hijos de Dios aunaron sus voces y se alzaron de puro gozo cuando Dios puso los fundamentos de la tierra, ¡con todavía más razón se regocijan al contemplar las maravillas de la nueva creación en el alma de los hombres! Se deleitan en observar los comienzos de la vida espiritual en aquellos que por tanto tiempo habían estado muertos en pecado: ver la luz y el orden irrumpiendo en la oscuridad natural y la confusión de la mente, ver cómo desaparece la imagen de Satanás y notar las primeras características de la imagen de Dios en el alma. Con satisfacción inexpresable ven cómo el corazón de piedra se transforma en carne, notan las primeras lágrimas de arrepentimiento que brotan de los ojos del pecador, y escuchen las peticiones expresadas toscamente, el llanto infantil del infante en la gracia. Con gran gusto descienden de su morada feliz para ministrar al heredero de salvación recién nacido y rodearlo en tropel, celebrando su nacimiento con cantos de alabanza. “Miren”, claman, “¡otro trofeo de la gracia soberana que todo lo puede!” ¡Miren a otro cautivo liberado por el Hijo de David de la esclavitud del pecado, otro cordero de su rebaño rescatado de las zarpas del león y la boca del oso! Vean frustrados los principados y las potestades de las tinieblas. Vean cómo es echado el hombre fuerte armado. Vean extenderse el reino de Jesús. Vean la imagen de nuestro Dios multiplicada. Vean otra voz sumándose a los aleluyas de los coros celestiales. Esta, oh Creador, es tu obra. ¡Gloria a Dios en las alturas! Este, oh adorable Emmanuel, es el efecto de tus sufrimientos. ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendición y honor y poder al que se sienta en el trono y al Cordero para siempre!…

Oh, entonces, convénzanse mis amigos… propónganse darle gozo a Dios, a su Hijo y a los ángeles benditos, a hacer este un día de fiesta en el cielo por haberse arrepentido.

De “Joy in Heaven over Repenting Sinners” en The Complete Works of Edward Payson (Las obras completas de Edward Payson).


Edward Payson (1783-1827): Predicador congregacional norteamericano; sus sermones han sido coleccionados en tres tomos; nacido en Rindge, New Hampshire, EE.UU.