El Arrepentimiento y el Juicio Universal 1

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).

En los tiempos oscuros de ignorancia que precedieron a la publicación del evangelio, Dios parecía pasar por alto o cerrar los ojos a la idolatría y a las diversas formas de impiedad que se habían extendido por el mundo. Es decir, parecía no tener en cuenta ni notarlas como para castigarlas ni para dar a las naciones llamados explícitos para
que se arrepintieran. Ahora, dice San Pablo, la situación ha cambiado. Ahora el evangelio es publicado por todo el mundo, y por lo tanto Dios ya no parece indiferente a la maldad y la impenitencia de la humanidad, sino que publica su gran mandato a un mundo rebelde, explícitamente y a gran voz, mandando que todos los hombres en todas partes se arrepientan. Les da motivos y exhortaciones particulares a este fin.

Un motivo de mayor peso, que antes no había sido publicado clara y extensivamente, es la doctrina del juicio universal. Sin lugar a dudas, la perspectiva de un juicio debe ser una motivación fuerte para que los pecadores se arrepientan; esto, si acaso se puede, tiene que despertarlos de su seguridad irreflexiva y traerlos al arrepentimiento.

Dios ha asegurado a todos los hombres, es decir, a todos los que oyen el evangelio, que tiene un día designado a este gran propósito, y que Jesucristo, el Dios-hombre, habrá de presidir en persona esta majestuosa solemnidad. Ha garantizado esto… La resurrección de Cristo lo garantiza varios modos. Es un ejemplo y promesa de una resurrección general, ese gran preparativo para el Juicio. Es también una prueba auténtica de que el Señor es quien afirma ser y prueba irrefutable de su misión divina…

Entremos ahora a la escena majestuosa. Pero, ¡ay!, ¿qué imágenes usaré para representarlo? Nada que hayamos visto, nada que hayamos oído, nada que jamás haya sucedido en el curso del tiempo puede proporcionarnos ilustraciones adecuadas. Todo es bajo y humillante, todo es débil y obsceno debajo del sol en comparación con el gran fenómeno de aquel día. Estamos tan acostumbrados a lo bajo y a las pequeñeces que es imposible elevar nuestro pensamiento a una altura apropiada. Dentro de pronto seremos espectadores atónitos de estas maravillas majestuosas, y nuestros ojos y nuestros oídos serán nuestros instructores. Pero ahora es necesario que tengamos los conceptos de ellos que puedan afectar nuestro corazón y prepararnos para la escena. Pasemos, pues, a mostrar esas representaciones que nos da la revelación divina que es nuestra única guía para este caso…

En cuanto a la persona del Juez, nos dice el salmista, Dios mismo es el Juez. Sin embargo, Cristo nos dice que el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio a su Hijo, y que le ha dado autoridad para ejecutar el juicio porque él es el Hijo del hombre. Es, por lo tanto, Cristo Jesús, el Dios-hombre, como ya lo mencioné, quien tendrá esta elevada misión. Por razones ya mencionadas, comprendemos que es muy apropiado que le fuera delegada a él. Siendo Dios y hombre, todas las ventajas de la divinidad y la humanidad se centran en él y lo hacen más digno para este oficio que si fuera únicamente Dios o únicamente hombre. Este es el Juez augusto ante quien hemos de comparecer. Tal perspectiva puede inspirarnos reverencia, gozo y terror.

En cuanto a la forma de su aparición, será la apropiada para la dignidad de su persona y oficio. Brillará en todas las glorias intachables de la Divinidad y en las glorias más moderadas del hombre perfecto. Sus asistentes agregarán dignidad a su gran aparición, y la alegría de la naturaleza aumentará la solemnidad y el terror de ese día. Sus propias
palabras lo describen: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria” (Mat. 25:31). “Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tes. 1:7-8). Este es el Juez ante quien hemos de comparecer…

Continuará …

De “The Universal Judgment” en Sermons on Important Subjects.


Samuel Davies (1723-1761): Pastor presbiteriano, cuarto presidente de Princeton y predicador durante el Gran Despertar, nacido cerca de Summit Ridge, Delaware, EE.UU.