Los Frutos del Arrepentimiento 3

Acompañado de restitución donde es necesario y posible. Ningún arrepentimiento puede ser auténtico si no va acompañado por una transformación total de la vida. La oración del alma auténticamente arrepentida es: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10). Y cuando uno realmente anhela
estar bien con Dios, anhela estarlo también con sus prójimos. Aquel que en su vida pasada ha agraviado a alguien, y ahora no hace todo lo que esté dentro de su alcance para reparar el mal que hizo, ¡por cierto no se ha arrepentido! John G. Paton cuenta cómo después de que cierto sirviente se convirtió, ¡lo primero que hizo fue devolverle a su amo todos los artículos que le había robado!

Estos frutos son permanentes. Porque el verdadero arrepentimiento va precedido por una comprensión de la hermosura y excelencia del carácter divino y una aprehensión por lo extremadamente grave del pecado de haber tratado con desprecio a un Ser tan infinitamente glorioso, la contrición y el aborrecimiento hacia toda impiedad permanecen. Al ir creciendo en la gracia y en el conocimiento del Señor, y de nuestra deuda y responsabilidades para con él, nuestro arrepentimiento se profundiza, nos juzgamos a nosotros mismos más a fondo, y asumimos un lugar cada vez más bajo ante él. Cuanta más sed tiene el corazón por un andar más íntimo con Dios, más descartaremos todo lo que lo impide.

No obstante, el arrepentimiento nunca es perfecto en esta vida. Nuestra fe nunca es tan completa como para llegar al punto en que el corazón ya no es acosado por las dudas. Y nuestro arrepentimiento nunca es tan puro como para estar totalmente libre de la dureza del corazón. El arrepentimiento es un acto de por vida. Tenemos que orar diariamente
pidiendo un arrepentimiento más profundo.

En vista de todo lo dicho, confiamos que ahora le sea muy claro a todo lector imparcial de que aquellos predicadores que repudian el arrepentimiento son, para las almas perdidas, “médicos que no valen nada”. Los que omiten de su predicación el arrepentimiento están predicando “un evangelio diferente” (Gál. 1:6) que el que Cristo (Marc. 1:15; 6:12) y sus apóstoles (Hch. 17:30; 20:21) proclamaron. El arrepentimiento es una responsabilidad evangélica, aunque no se puede confiar en ella porque no contribuye nada para salvación. Los que nunca se han arrepentido siguen estando engañados por el diablo (2 Tim. 2:25-26) y están atesorando para sí ira para el día de ira (Rom. 2:4-5).

“Si, por lo tanto, los pecadores han de tomar el camino más sabio a fin de ser más aptos para el uso de los medios de gracia, tienen que procurar seguir los designios de Dios y las influencias del Espíritu, y esforzarse por ver y sentir su estado pecaminoso, culpable y perdido. Para este fin tienen que renunciar a las malas compañías, desistir de sus pasatiempos desmedidamente mundanos, abandonar todo lo que tiende a mantenerlos en pecado y que apaga las acciones del Espíritu, y hacia estos fines tienen que leer, meditar y orar; comparándose con la Ley santa de Dios, tratando de verse a sí mismos como Dios los ve, y emitirse el mismo juicio que él les emite, a fin de estar capacitados para aprobar de la Ley y admirar la gracia del evangelio, de juzgarse a sí mismos y apelar humildemente a la gracia de Dios a través de Jesucristo para todas las cosas, y por medio de él, volver a Dios”

Un resumen de lo antedicho puede ser provechoso para algunos: 1. El arrepentimiento es una responsabilidad evangélica, y ningún predicador merece ser considerado siervo de Cristo si guarda silencio sobre el tema (Luc. 24:47). 2. El arrepentimiento es requerido por Dios en esta dispensación (Hch. 17:30) al igual que en todas las anteriores. 3. El arrepentimiento de ninguna manera constituye un mérito, no obstante, sin él no se puede creer para salvación (Mat. 21:32; Mar. 1:15). 4. El arrepentimiento es una comprensión dada por el Espíritu de lo extremadamente grave del pecado y de ponerse del lado de Dios y en contra de sí mismo. 5. El arrepentimiento presupone una aprobación total de la Ley de Dios y un consentimiento pleno de sus requerimientos justos, los cuales se resumen todos en: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” 6. El arrepentimiento va acompañado de un auténtico aborrecimiento y dolor por el pecado. 7. El arrepentimiento se evidencia por la renuncia al pecado. 8. El arrepentimiento se reconoce por su permanencia, tiene que haber un rechazo continuo del pecado y dolor por él cada vez que uno cae. 9. El arrepentimiento, aunque permanente, nunca es completo ni perfecto en esta vida. 10. El arrepentimiento debe buscarse como un don de Cristo (Hch. 5:31).

De Repentance: What Saith the Scriptures? (Arrepentimiento: ¿Qué dicen las Escrituras?), reimpreso y disponible de Chapel Library.


Arthur W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia; autor de The Sovereignty of God (La soberanía de Dios), Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos más; nacido en Nottingham, Inglaterra.