Pecado, Pecadores y Arrepentimiento 2

(6) Sexto, no solo hay que arrepentirse de pecados reales y transgresiones del pensamiento, las palabras y las acciones, sino también del pecado original que mora en nosotros. Por eso David, cuando cometió pecados
terribles y fue llevado a un auténtico sentimiento de sincero arrepentimiento por ellos, no solo los confesó en el salmo de arrepentimiento que escribió en esa ocasión, sino que fue guiado a notar, reconocer y lamentarse de la corrupción original de su naturaleza. De esto se originaban todas sus acciones pecaminosas: “He aquí, en maldad he sido formado” (Sal. 51:5)… Ahora bien, cuando un pecador sensible confiesa, lamenta y sufre por la corrupción original de su naturaleza y del pecado que mora en él, es una indicación clara de que su arrepentimiento es auténtico y sincero…

EN SEGUNDO LUGAR, EL TEMA DEL ARREPENTIMIENTO GIRA ALREDEDOR DE LOS PECADORES Y SOLO TALES. Adán, en un estado de inocencia, no estaba sujeto al arrepentimiento. No habiendo pecado, no tenía ningún pecado del cual arrepentirse. Los tales, que en su propia opinión son perfectamente justos y sin pecado, no necesitan arrepentirse. Por lo tanto, Cristo dice: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mat. 9:13; Luc. 15:7). Ahora bien,

(1) Todos los hombres son pecadores, todos descendientes de Adán. Toda su posteridad, estando seminalmente en él y representada por él cuando pecó, peca en él. A todos les es imputado su pecado y de él derivan una naturaleza corrupta. Por lo tanto, son transgresores desde la matriz y son todos culpables de pecados y transgresiones concretos. Por lo tanto, todos necesitan arrepentirse, aun los que se creen que son justos y desprecian a los demás como menos santos que ellos mismos. Estos creen que no necesitan arrepentirse, pero sí necesitan hacerlo. Y no solo ellos, sino los que son justos en el mejor sentido de la palabra necesitan arrepentirse cotidianamente, dado que continuamente pecan en todo lo que hacen.

(2) Los hombres de todas las naciones, judíos y gentiles, deben arrepentirse. Todos pecan, se encuentran bajo el poder del pecado, son culpables de él y por él les corresponde ser castigados. Dios mandó “a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30). Durante el tiempo de Juan el Bautista y de nuestro Señor sobre la tierra, la
doctrina del arrepentimiento era predicada solo a los judíos. Pero después de su resurrección, Cristo instruyó y ordenó a sus apóstoles “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Luc. 24:47). En consecuencia, los apóstoles primero exhortaron a los judíos y luego a los
gentiles que se arrepintieran. Y particularmente el apóstol Pablo testificó “a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios”, al igual que “de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21).

(3) Los hombres son el tema del arrepentimiento solo en la vida presente. Cuando esta vida se acabe, acaba la dispensación del evangelio, y cuando Cristo vuelva, la puerta del arrepentimiento, al igual que la de la fe, se cerrará. No se encontrará ningún lugar para hacerlo, ninguna oportunidad, ningún medio, ni nadie capaz de hacerlo. En cuanto a los santos en el cielo, no lo necesitan, ya que están completamente sin pecado. En cuanto a los impíos en el infierno, se encuentran en total desamparo y sin la capacidad de arrepentirse para vida… porque aunque allí hay llanto y lamentos, no hay arrepentimiento. Es por eso que el rico en el infierno estaba tan ansioso de que Lázaro fuera enviado a sus hermanos en vida, con la esperanza de que se arrepentirían si alguien ya muerto les llegara para advertirles acerca del lugar de tormento. Él sabía que nunca lo harían, si no en la vida presente, antes de llegar al lugar donde él estaba.
Por lo tanto, el arrepentimiento no debe dejarse para mañana.

De A Complete Body of Doctrinal Divinity Deduced from Sacred Scripture.


John Gill (1697-1771): Pastor, teólogo y erudito bíblico bautista; nacido en Kettering, Northamptonshire, Inglaterra.