Pecado, Pecadores y Arrepentimiento 1

EL OBJETO DEL ARREPENTIMIENTO ES EL PECADO. Por lo tanto, se denomina “arrepentimiento de obras muertas” (Heb. 6:1), lo cual son los pecados. De esto, la sangre de Cristo limpia la conciencia del pecador arrepentido y le da paz y perdón (Heb. 9:14). Y,

(1) Primero, es necesario arrepentirse no solo de los pecados más terribles, sino también de los más pequeños. Existen diferencias en los pecados. Algunos son mayores, otros menores (Juan 19:11). De ambos hay que arrepentirse. Los pecados contra la primera y la segunda tabla de la Ley: pecados más directamente contra Dios, y pecados contra los hombres. Algunos contra los hombres son más atroces y enormes que otros, al igual que los que son contra Dios, como ser: adorar a los demonios e ídolos de oro y plata, etc., y homicidios, brujerías, fornicaciones y robos… Y no solo
eso, sino también de pecados menores hay que arrepentirse, hasta de los pensamientos pecaminosos, porque “el pensamiento del necio es pecado” (Prov. 24:9)… El pecador tiene que arrepentirse de sus pensamientos y apartarse de ellos, tal como el impío de sus caminos, y volverse al Señor. No solo hay que arrepentirse de pensamientos impuros, soberbios, maliciosos, envidiosos y vengativos, sino aun de los pensamientos que buscan justificación1 ante Dios sobre la base de la justicia del hombre, a lo cual puede estar refiriéndose el texto (Isa. 55:7).

(2) Segundo, es necesario arrepentirse no solo de los pecados públicos sino también de los privados. Algunos pecados son cometidos de un modo muy público, a la luz de día, y todos los conocen. Otros son más secretos.
El verdadero pecador sensible2 de sus pecados… se arrepiente de ellos con todo su ser, hasta de los pecados desconocidos por todos, excepto Dios y su propia alma. Esto es una prueba de la autenticidad de su arrepentimiento.

(3) Tercero, existen pecados de omisión al igual que de comisión de los cuales hay que arrepentirse. Cuando alguien excluye las cuestiones más importantes de la religión y solo se ocupa de las menores, cuando debió haber hecho lo primero sin haber dejado de hacer lo segundo; y debido a 1 justificación – La justificación es un acto de la gracia de Dios, por la cual perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de él solo por la justicia de Cristo imputada que Dios perdona ambos (Isa. 43:22-25), de ambos hay que arrepentirse. Sentir su gracia perdonadora impulsará al pecador sensato a hacerlo.

(4) Cuarto, existen pecados que son cometidos en el culto más solemne, serio, religioso y santo del pueblo de Dios, de los cuales hay que arrepentirse. No existe justo que haga lo bueno y que no peque en eso bueno que hace. Hay no solo una imperfección, sino una impureza en la mejor rectitud y justicia de los santos las cuales son sus propias acciones y por lo tanto se las llama “trapo de inmundicia” (Isa. 64:6)…

(5) Quinto, existen pecados del diario vivir de los cuales hay que arrepentirse. Nadie vive sin pecado. Aun el mejor de los hombres lo comete cotidianamente. Todos ofendemos de muchas maneras, y también en todas las cosas. Así como necesitamos orar y somos guiados a orar diariamente pidiendo el perdón de los pecados, necesitamos arrepentirnos
de ellos diariamente… Tiene que ser algo practicado continuamente por los creyentes, debido a que pecan continuamente contra Dios con el pensamiento, las palabras y las acciones.

Continuará …

De A Complete Body of Doctrinal Divinity Deduced from Sacred Scripture.


John Gill (1697-1771): Pastor, teólogo y erudito bíblico bautista; nacido en Kettering, Northamptonshire, Inglaterra.