Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. (Salmo 1:1-2)

Una exposición del Salmo 1. La gente busca la felicidad por todas partes sin encontrar más que decepciones. Esto se debe a que la buscan como un fin en sí misma mientras que, según el Dr. Lloyd-Jones, únicamente puede hallarse en el conocimiento de Dios.

En esta exposición del Salmo 1, predicada originariamente en forma de cuatro sermones de Año Nuevo a comienzos de 1963, el Dr. Lloyd-Jones muestra la profunda diferencia que existe entre la verdadera felicidad y los falsos sustitutos que la gente intenta poner en su lugar. El Dr. Lloyd-Jones ministró en Westminster Chapel, Londres, durante treinta años hasta su jubilación en 1965. Murió el 1 de marzo de 1981.

Este primer salmo es de gran interés y los expertos están de acuerdo en que es verdaderamente significativo. Sin lugar a dudas, es una especie de introducción general a todo el libro de los Salmos. Este es un libro que enseña una filosofía concreta, una forma de ver la vida. También la encontramos en Proverbios y en los otros libros de sabiduría (Job, Eclesiastés); asimismo, la encontramos en las partes más didácticas de la Biblia, las teológicas. Pero aquí la tenemos, bajo esta forma poética en concreto, expresada como una experiencia por la que ha pasado el autor, el salmista; cómo ha entendido la enseñanza de Dios con respecto a eso y cómo Dios, en esa misma experiencia, lo ha guiado a una comprensión más profunda de sus caminos con respecto a los hombres. Este salmo es, pues, una introducción y, por tanto, tal como podríamos esperar, en él encontramos la enseñanza y la filosofía básicas de todo el libro.

UN MENSAJE

Pero al mismo tiempo, pues, y por la razón que acabo de exponer, es una introducción y un resumen muy bueno del mensaje de toda la Biblia. Porque la Biblia contiene un solo mensaje: lo expresa de diversas formas, pero se trata de un solo mensaje. Encontramos bastante geografía y geología, y bastante historia; se nos habla mucho de reyes, príncipes, guerras, luchas, nacimientos, bodas, muertes; infinitos detalles, pero un solo tema: los hombres y las mujeres en su relación con Dios y lo que Dios ha hecho por nosotros y nuestra salvación.

Hallamos esto, pues, en cada lugar y pasaje de la Biblia; y puesto que es el gran tema del Libro de los Salmos en general, también lo encontramos concentrado en este Salmo 1. Podemos decir, pues, que aquí tenemos la quintaesencia de la enseñanza de la Biblia con respecto a los hombres y las mujeres y a sus vidas en este mundo y en el tiempo. Por eso pido que prestes atención. Somos criaturas del tiempo y por eso cada año que pasar es significativo para nosotros. Dividimos el tiempo de esa forma: no tiene nada de malo si lo utilizamos correctamente. Cualquier cosa que nos haga detenernos y reflexionar y meditar, cual-quier cosa que nos haga considerar estas cuestiones y nuestra relación con el Dios todopoderoso, es positiva.

«Pero —dirá alguno—, ¿por qué nos cuentas estas cosas? ¿No te has quedado un poco anticuado? ¿No es esto una especie de anacronismo con respecto a este mundo moderno? ¿No nos puedes ofrecer algo más actual? ¿No puedes ofrecernos algo moderno? ¿No puedes ofrecernos una enseñanza nueva? Estamos en un nuevo mundo, en una época científica. ¿No puedes analizar la vida tal como es hoy día y ofrecernos tus conclusiones, así como lo que otros piensan y defienden? ¿Por qué no intentas aventurar lo que sucederá en el futuro? ¿Por qué no nos dices ~que debiéramos hacer, aquello por lo que deberíamos movilizarnos y que tendríamos que intentar que hicieran nuestros gobernantes? ¿Por qué no intentas planificar un nuevo orden mundial o una forma mejor de vivir? ¿Por qué no haces algo así, por qué retroceder a ese viejo Libro tuyo? ¿Por qué no haces algo nuevo?».

Esa, en mi opinión, es una pregunta justa. No pongo objeciones a ella. Y su respuesta se ofrece en un libro de la Biblia llamado Eclesiastés: «Nada hay nuevo debajo del sol» (Eclesiastés 1:9). ¡Nada en absoluto, nada nuevo! Si alguien pudiera demostrarme que la situación en que nos encontramos en la actualidad es verdaderamente distinta, pensaría que la argumentación precisa de un nuevo enfoque; pero creo que podré demostrar que no hay nada diferente en absoluto.

La situación de los hombres y las mujeres en el mundo sigue siendo la de siempre. Podemos advertir lo que la gente buscaba en los tiempos del salmista. La felicidad. «Feliz es el hombre —¡ahí lo tenemos!—, feliz es el hombre que no anduvo en consejo de malos»: Bienaventurado, feliz. Estaban buscando la felicidad, y este hombre lo sabía; él mismo la había estado buscando.

Hoy día, pues, la necesidad fundamental de las personas sigue siendo la felicidad. No somos las primeras personas que han deseado ser felices: el género humano siempre ‘ha estado en busca de ello. Toda la vida, la Historia y la civilización no es sino esta gran búsqueda de la felicidad. Nadie quiere ser desgraciado; nadie quiere ser infeliz; todo el mundo busca el gozo, la felicidad y el regocijo. La situación, pues, es exactamente la misma, no hay nada nuevo.

«¡Ay —dirás—, pero mira el mundo»! Pero el mundo siempre ha sido como es: un lugar de guerra y envidia; un lugar de celos, malicia, pesar y decepción. Siempre ha sido así. Puede adoptar diversas formas, pero eso no supone diferencia alguna en sí. Hubo un tiempo en que el cañón era tan terrible como lo es la bomba para nosotros.

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